Lo Inconsciente
El psicoanálisis nos ha enseñado que la esencia del proceso de la represión no consiste en
cancelar, en aniquilar una representación representante de la pulsión, sino en impedirle que
devenga consciente. Decimos entonces que se encuentra en el estado de lo
«inconsciente», y podemos ofrecer buenas pruebas de que aun así es capaz de exteriorizar
efectos, incluidos los que finalmente alcanzan la conciencia. ¿De qué modo podemos llegar
a conocer lo inconsciente? Desde luego, lo conocemos sólo como consciente, después que
ha experimentado una transposición o traducción a lo consciente. El trabajo psicoanalítico
nos brinda todos los días la experiencia de que esa traducción es posible. Para ello se
requiere que el analizado venza ciertas resistencias, las mismas que en su momento
convirtieron a eso en reprimido por rechazo de lo conciente.
Justificación de lo inconsciente.
Los experimentos hipnóticos, en particular la sugestión post hipnótica, pusieron de
manifiesto de manera palpable, incluso antes de la época del psicoanálisis, la existencia y el
modo de acción de lo inconsciente.
Todos los actos y exteriorizaciones que yo noto en mí y no sé enlazar con el resto de mi
vida psíquica tienen que juzgarse como si pertenecieran a otra persona y han de
esclarecerse atribuyendo a ésta una vida anímica. La experiencia muestra también que
esos mismos actos a los que no concedemos reconocimiento psíquico en la propia persona,
muy bien los interpretamos en otros, vale decir, nos arreglamos para insertarlos dentro de la
concatenación anímica. Es evidente que nuestra indagación es desviada aquí de la propia
persona por un obstáculo particular, que le impide alcanzar un conocimiento más correcto
de ella. Esto nos prueba la existencia en nosotros de actos psíquicos que carecen de
conciencia.
La multivocidad de lo inconsciente, y el punto de vista tópico.
Un acto psíquico en general atraviesa por dos fases de estado, entre las cuales opera como
selector una suerte de examen (censura). En la primera fase él es inconciente y pertenece
al sistema Icc; si a raíz del examen es rechazado por la censura, se le deniega el paso a la
segunda fase; entonces se llama «reprimido» y tiene que permanecer inconciente. Pero si
sale airoso de este examen entra en la segunda fase y pasa a pertenecer al segundo
sistema, que llamaremos el sistema Cc. Empero, su relación con la conciencia no es
determinada todavía unívocamente por esta pertenencia. No es aún conciente, sino
susceptible de conciencia (según la expresión de J. Breuer)," vale decir, ahora puede ser
objeto de ella sin una particular resistencia toda vez que se reúnan ciertas condiciones. En
atención a esta susceptibilidad de conciencia llamamos al sistema Cc también el
«preconciente». Si se llegara a averiguar que a su vez el devenir-conciente de lo
preconciente es codeterminado por una cierta censura, deberíamos aislar entre sí con rigor
los sistemas Prcc y Cc. Provisionalmente basta con establecer que el sistema Prcc
participa de las propiedades del sistema Cc, y que la censura rigurosa está en funciones en
el paso del Icc al Prcc (o Cc).
Nuestra tópica psíquica provisionalmente nada tiene que ver con la anatomía; se refiere a
regiones del aparato psíquico, dondequiera que estén situadas dentro del cuerpo, y no a
localidades anatómicas.
Sentimientos inconscientes
Dijimos que había representaciones concientes e inconscientes; ¿existen también mociones
pulsionales, sentimientos, sensaciones inconscientes, o esta vez es disparatado formar
esos compuestos?
Por la represión de su representante genuino fue compelida a enlazarse con otra
representación, y así la conciencia la tiene por exteriorización de esta última. Cuando
restauramos la concatenación correcta, llamamos «inconsciente» a la moción afectiva
originaria, aunque su afecto nunca lo fue, pues sólo su representación debió pagar tributo a
la represión.
Tres destinos posibles → el afecto persiste (en un todo o en parte) como tal, o es mudado
en un monto de afecto cualitativamente diverso (en particular, en angustia), o es sofocado,
es decir, se estorba por completo su desarrollo.
En la represión se produce un divorcio entre el afecto y su representación, a raíz de lo cual
ambos van al encuentro de sus destinos separados.
Tópica y dinámica de la represión
Llegamos entonces a este resultado: la represión es en lo esencial un proceso que se
cumple sobre representaciones en la frontera de los sistemas Icc y Prcc. La representación
reprimida sigue teniendo capacidad de acción dentro del Icc; por tanto, debe de haber
conservado su investidura.
La representación queda entonces desinvestida, o recibe investidura del Icc, o conserva la
investidura icc que ya tenía. Por tanto, hay sustracción de la investidura preconciente,
conservación de la investidura inconsciente o sustitución de la investidura preconciente por
una inconsciente.
Necesitamos entonces de otro proceso, que en el primer caso [el del esfuerzo de dar caza]
mantenga la represión, y en el segundo [el de la represión primordial] cuide de su
producción y de su permanencia, y sólo podemos hallarlo en el supuesto de una
contrainvestidura mediante la cual el sistema Prcc se protege contra el asedio de la
representación inconsciente. La contrainvestidura del Pcc representa el gasto permanente
[de energía] de una represión primordial, pero es también lo que garantiza su permanencia.
La contrainvestidura es el único mecanismo de la represión primordial; en la represión
propiamente dicha (el esfuerzo de dar caza) se suma la sustracción de la investidura prcc. Y
es muy posible que precisamente la investidura sustraída de la representación se aplique a
la contrainvestidura. Reparamos en que poco a poco hemos ido delineando, en la
exposición de ciertos fenómenos psíquicos, un tercer punto de vista además del dinámico y
del tópico, a saber, el económico, que aspira a perseguir los destinos de las magnitudes de
excitación y a obtener una estimación por lo menos relativa de ellos. Propongo que cuando
consigamos describir un proceso psíquico en sus aspectos dinámicos, tópicos y económicos
eso se llame una exposición metapsicológica.
Las propiedades particulares del sistema Icc
El núcleo del Icc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar su
investidura; por tanto, en mociones de deseo. Estas mociones pulsionales están
coordinadas entre sí, subsisten unas junto a las otras sin influirse y no se contradicen entre
ellas .Dentro de este sistema no existe negación, no existe duda ni grado alguno de certeza.
Prevalece [en el icc] una movilidad mucho mayor de las intensidades de investidura. Por el
proceso del desplazamiento, una representación puede entregar a otra todo el monto de su
investidura; y por el de la condensación, puede tomar sobre sí la investidura íntegra de
muchas otras. He propuesto ver estos dos procesos como indicios del llamado proceso
psíquico primario.
Los procesos del sistema Icc son atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al
tiempo, no se modifican por el transcurso de este ni, en general, tienen relación alguna con
él.
Tampoco conocen los procesos Icc un miramiento por la realidad. Están sometidos al
principio de placer.
Resumamos: ausencia de contradicción, proceso primario (movilidad de las
investiduras), carácter atemporal y sustitución de la realidad exterior por la psíquica,
he ahí los rasgos cuya presencia estamos autorizados a esperar en procesos
pertenecientes al sistema Icc
El comercio entre los dos sistemas
A modo de síntesis debe decirse que el lcc se continúa en los llamados retoños, es
asequible a las vicisitudes de la vida, influye de continuo sobre el Prcc y a su vez está
sometido a influencias de parte de este. El estudio de los retoños del Icc deparará un radical
desengaño a nuestras expectativas de obtener una separación esquemáticamente límpida
entre los dos sistemas psíquicos.
Notamos que retoños del Icc devienen concientes como formaciones sustitutivas y como
síntomas, por lo regular tras grandes desfiguraciones respecto de lo inconsciente, aunque
suelen conservar muchos caracteres que invitan a la represión.
Lo Icc es rechazado por la censura en la frontera de lo Prcc; sus retoños pueden sortear
esa censura, organizarse en un nivel alto, crecer dentro del Prcc hasta una cierta intensidad
de investidura, pero después, cuando la han rebasado y quieren imponerse a la conciencia,
pueden ser individualizados como retoños del Icc y reprimidos otra vez en la nueva frontera
de censura situada entre Prcc y Cc. Así, la primera censura funciona contra el Icc mismo; la
segunda, contra los retoños prcc de él.