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Resiliencia y bienestar en adultos mayores

El estudio investiga los niveles de resiliencia, optimismo, esperanza y sentido de vida en adultos mayores con y sin enfermedades crónicas en Bogotá. Se encontró que aquellos con enfermedades crónicas presentan niveles significativamente más bajos en estas dimensiones en comparación con sus pares sanos. La investigación resalta la importancia de potenciar recursos psicológicos para mejorar la calidad de vida de esta población.
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Resiliencia y bienestar en adultos mayores

El estudio investiga los niveles de resiliencia, optimismo, esperanza y sentido de vida en adultos mayores con y sin enfermedades crónicas en Bogotá. Se encontró que aquellos con enfermedades crónicas presentan niveles significativamente más bajos en estas dimensiones en comparación con sus pares sanos. La investigación resalta la importancia de potenciar recursos psicológicos para mejorar la calidad de vida de esta población.
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Resiliencia, optimismo, esperanza y

sentido de vida en el adulto mayor con y


sin enfermedad crónica de la ciudad de
Bogotá*
Resilience, Optimism, Hope and Sense of Life in the
Elderly with and without Chronic Disease of the City of
Bogotá
[Artículos]
Citar como:
Consectetuer adipiscing elit. Maecenas porttitor congue massa. Fusce posuere, magna sed pulvinar ultricies,
purus lectus malesuada libero. Diversitas, 17(2). [Link]

Erika Ortiz Rodríguez**


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Correo electrónico: [Link]@[Link]
Universidad Sanitas, Colombia

Luisa Fernanda Forero Quintana


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Filiación institucional

Laura Valentina Arana Clavijo


ORCID: [Link]
Correo electrónico: correo@[Link]
Filiación institucional

Mauricio Polanco Valenzuela


ORCID: [Link]
ORCID: [Link]
Correo electrónico: correo@[Link]
Fundación Universitaria Sanitas, Colombia

Recibido: 10 de septiembre de 2020


Revisado: 22 de diciembre de 2020
Aceptado: 2 de marzo de 2021

*
Artículo de investigación.
**
Autora de correspondencia. Dirección postal: Calle22b # 66-46, Bogotá, Colombia.

Diversitas
ISSN: 1794-9998 | e-ISSN: 2256-3067 | DOI: [Link]
Vol. 17 N.º 2 | enero-junio de 2021
Resumen

La aparición de enfermedades crónicas impacta en la calidad de vida, el bienestar y el


funcionamiento de las personas adultas mayores, de allí la necesidad de potencializar las
cualidades y recursos psicológicos que incidan de forma positiva en su calidad de vida. En
ese sentido, el objetivo de la investigación fue describir los niveles de resiliencia, optimismo,
esperanza y sentido de vida en el adulto mayor con o sin enfermedad crónica. El diseño del
estudio es de tipo descriptivo correlacional, de corte transversal por encuesta. Para ello, se
trabajó con 200 personas, 100 que presentaban una enfermedad crónica y 100 que no la
presentaban, seleccionadas mediante muestreo no aleatorio de sujetos disponibles,
residentes en Bogotá. El análisis se realizó con base en los siguientes instrumentos:
Cuestionario Connor-Davidson Resilience Scale (CD-RISC 10), Escala de Optimismo
Disposicional (DIOP), Escala de esperanza para adultos AHS (Adult hope scale) y Test de
Propósito Vital (PIL). Los resultados indican que el adulto mayor con enfermedad crónica
presenta menores niveles de resiliencia, optimismo, esperanza y propósito de vida, en
comparación con el adulto mayor sin enfermedad crónica.
Palabras clave: resiliencia, optimismo, esperanza, sentido de vida, emociones, bienestar,
calidad de vida.

Abstract

The appearance of chronic diseases impacts the quality of life, well-being and functioning
of the elderly, thence the need to enhance the psychological qualities and resources that
positively affect their quality of life. In this sense, the objective of the research was to
describe the levels of resilience, optimism, hope and sense of life in the elderly with or
without chronic disease. The study design is descriptive, correlational, cross-sectional by
survey. For this, 200 people were selected, 100 who had a chronic disease and 100 who did
not have it, selected through non-random sampling of available subjects residing in Bogotá.
The analysis was performed based on the following instruments: Connor-Davidson
Resilience Scale Questionnaire (CD-RISC 10), Dispositional Optimism Scale (DIOP), Adult
Hope scale AHS and Vital Purpose Test (PIL). The results indicate that the older adult with
chronic disease has lower levels of resilience, optimism, hope and sense of life, compared
to the older adult without chronic disease.
Key words: resilience, optimism, hope, sense of life, emotions, well-being, quality of life.

Introducción

Los términos de vejez, envejecimiento y adulto mayor se vienen empleando indistintamente, así
traduzcan lo mismo. Aunque vejez se ha definido erróneamente como un periodo de deterioro que
afecta el desarrollo psicosocial y emocional (Zetina, 1999), en realidad hace referencia a la etapa
final del proceso de vida, diferente para hombres y mujeres, el cual varía con las influencias sociales
y culturales de la época. El envejecimiento se asocia al proceso diferenciado entre edad biológica,
psicológica, social, funcional y cronológica, aclarando que esta última no es indicador de la
funcionalidad y autonomía de la persona (González y De la Fuente, 2014). El concepto de adulto

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mayor, de acuerdo con la Ley 1251 de 2008, refiere a aquella persona con sesenta (60) años o más,
con ciertas características biopsicosociales condicionadas por aspectos genéticos, estilos de vida y
factores ambientales que se producen por el paso del tiempo en el individuo. En la actualidad el
número de personas adulto mayor se ha incrementado, fenómeno de alcance mundial. En Colombia,
la población adulto mayor corresponde a 5´965.158 (DANE, 2018), lo que conlleva implicaciones en
la persona, la familia y la sociedad, puesto que en esta etapa se incrementa el riesgo de padecer
enfermedades físicas y cognitivas y aumenta el costo económico y social que impide atender de
manera oportuna los requerimientos reales de esta población (Fajardo, Córdoba y Enciso, 2016).
Por ello, para favorecer el envejecimiento saludable, es necesario mantener y cuidar la salud
mediante el ejercicio físico, una dieta adecuada, buenos hábitos nutricionales y el mantenimiento
de la actividad psicológica, a través de tareas cotidianas y de programas de entrenamiento cognitivo,
lo que disminuye el riesgo de enfermedad y favorece al adulto mayor y a su entorno social (González
y De la Fuente, 2014).
De otra parte, la Enfermedad Crónica (EC) es aquella sobre la cual se desconoce cura y su
tratamiento está centrado en el cuidado paliativo. Caracterizado por el uso de fármacos, estos
permiten mantener a la persona en un estado funcional ante los problemas que se le presentan y
que al adulto mayor le dificultan el desarrollo pleno de su autonomía o lo hacen dependiente (Durán,
Valderrama, Uribe, González, y Molina, 2010). Una enfermedad crónica no se reduce a cambios a
nivel orgánico y funcional, también se afectan áreas de funcionamiento de la persona, se incrementa
el estado de discapacidad, se tiende a percibir la experiencia de vida como años productivos
perdidos e implica en la mayoría de las veces, el fallecimiento, el desgaste o el deterioro económico
de las familias (OMS, 2005).
Respecto de lo anterior, es importante hacer hincapié en los factores de riesgo que dan origen o
predisponen el sistema para el desarrollo y evolución de la enfermedad, como malos hábitos
alimenticios, dietas incontroladas, baja actividad física, consumo de tabaco o alcohol excesivo
(Sánchez, Otero, Villamizar y León, 2010), factores que indican anomalía y son señales de alerta. De
igual forma, existen factores protectores que de acuerdo con Garmezy y Rutter (1983, citado por
Amar, Abello y Acosta, 2003), son condiciones, cualidades o situaciones que permiten cambiar o
revertir efectos negativos como estresores ambientales, disminuyendo la probabilidad de entrar en
riesgo. Dentro de estos se hallan la seguridad, filiación, afectividad, valores, moralidad, el rol que se
ejerce dentro del contexto en que se desenvuelve y la funcionalidad vital física y emocional. Estos,
al ser elementos que si bien hacen parte de los recursos personales del adulto mayor, se alimentan
del ambiente externo (Amar, Abello y Acosta, 2003), promueven estrategias mediante las cuales es
capaz de afrontar su enfermedad y los cambios generados así como la manera en que repercute en
su salud psicológica.
Las emociones han sido altamente abordadas por la psicología. Desde ella se definieron dos
dimensiones: las emociones positivas, donde predomina el placer y el bienestar individual, ayudan
a otorgar sentido y significado positivo a las circunstancias cambiantes y adversas e implican el
reconocimiento de estas como estrategia terapéutica valiosa para el adulto mayor; y, las emociones
negativas, a las que se integran la ansiedad, la tristeza o el enfado (Barragán y Morales, 2014). Las
emociones no solamente cumplen una función adaptativa asociada a la supervivencia, sino también

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a nivel social para favorecer la comunicación. La aparición de enfermedades crónicas impacta en la
calidad de vida, el bienestar y el funcionamiento del adulto mayor e identifica la necesidad de
potencializar cualidades o recursos psicológicos que incidan de forma positiva en la calidad de vida
del adulto mayor en diferentes esferas de su vida y en la evaluación que realiza sobre sus metas y
objetivos (González y Padilla, 2006). Los autores reconocen estos recursos psicológicos como:
resiliencia, optimismo, esperanza y sentido de vida.
En el adulto mayor, centrar la atención en estímulos positivos favorece la adaptación y produce
resultados psicológicos efectivos ante situaciones adversas. De allí surge la resiliencia, como un
factor de protección ante las dificultades que se presentan en la vida del individuo (Cruz, 2015).
Actualmente, la psicología de la salud enfoca su atención en este constructo, estudia su influencia
sobre el bienestar de la persona y resalta que es una variable protectora de la salud física y mental
durante el envejecimiento, en momentos en que la enfermedad empieza a presentarse. La base de
formación de la capacidad de resiliencia es multidimensional y en este proceso el adulto mayor tiene
la capacidad para adaptarse a los riesgos biológicos, psicológicos y sociales a los que se enfrenta.
Por ejemplo ante factores estresantes, como: pérdida de seres queridos, jubilación, separaciones,
accidentes, enfermedad, discapacidad, problemas económicos, abandono y discriminación social
(Mendoza, Vivaldo y Martínez, 2017). En la actualidad se identifican cuatro características del adulto
mayor resiliente: 1) emociones positivas, como optimismo y sentido del humor; 2) capacidad de
afrontamiento, que integra estrategias de solución de problemáticas y control emocional; 3)
flexibilidad cognitiva, como interpretación positiva de eventos adversos en oportunidades y, 4)
límites morales, como el sentido prosocial y pertenecer a un grupo, comunidad o red de apoyo
(Quiceno & Vinaccia, 2011).
El optimismo es el impulso vital que permanece en presencia de situaciones adversas. En la aparición
de enfermedades crónicas en el adulto mayor, el optimismo depende del esfuerzo realizado frente
a modificaciones cognitivas, es decir, frente a la percepción sobre la situación a enfrentar. Estudios
recientes con el adulto mayor con enfermedades crónicas, se evidencia que aquellas personas más
optimistas presentan mayor adherencia al tratamiento, debido a la motivación y al compromiso con
el mejoramiento de su salud (Avia, 2009). Los niveles de bienestar tanto subjetivo como psicológico
están influenciados por el optimismo, como mediador de aspectos positivos frente a una situación
adversa como puede ser la enfermedad crónica. En este sentido, el optimismo es la variable
principal que influye en tener más cantidad de experiencias y emociones positivas a lo largo de la
vida (Vera, Pávez & Silva, 2012). El optimismo se correlaciona con el sentido del humor, puesto que
quienes tienen mayores capacidades o habilidades para este, perciben con mayor optimismo la vida.
Emociones positivas como alegría, esperanza y optimismo promueven la cohesión social, brindan
bienestar psicológico y una visión objetiva sobre las situaciones y eventos de la vida, generando en
el adulto mayor sentimientos más plenos y de satisfacción (Ramseyer, 2013).
La esperanza es una emoción que experimenta alguien cuando se encuentra en situación
desfavorable o se percibe vulnerable, sintiendo alivio y una salida, la cual puede llevarla a mejorar
sus condiciones de vida o a superar determinado obstáculo. Tal como sucede en la adultez mayor,
por medio de esta es posible obtener una reducción en la generación y somatización de
sentimientos negativos que lo desfavorecen, al dejarlo sin posibilidades de mejora o percepción

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positiva de su vida. La esperanza está ligada la mayor de las veces, a las creencias religiosas que las
personas profesan (Arroyo & Soto, 2013). Otras investigaciones indican que el apoyo social
percibido entre el adulto mayor y sus cónyuges, se correlaciona positivamente con su propio nivel
de esperanza y negativamente con el nivel de esperanza del otro (Goldzweig, Baider, Andritsch &
Rottenberg, 2016).
El sentido de vida se asocia al cumplimiento de objetivos personales propuestos. En el adulto mayor,
el hecho de valorar aquellos aspectos que fueron parte de su realización y el crecimiento personal
durante su vida, cobra relevancia en la forma como percibe su realidad actual. De ahí la importancia
de no limitarse sólo a la evocación de metas cumplidas sino también a tener un propósito de vida,
que le facilite la valoración positiva de los sucesos diarios. Cuando tienen una enfermedad crónica,
es pertinente que se restablezcan metas a corto plazo como estrategia motivadora para el desarrollo
vital, de la funcionalidad dentro del sistema de relaciones interpersonales y de la forma de asumir
la responsabilidad de su enfermedad (Stecconi, 2016). Tener un sentido de vida fortalece en el
adulto mayor la ejecución de actividades, tener bienestar y sentir que dispone del control sobre sus
decisiones y su vida (Segura & Negrini, 2004). Para Viktor Frankl (1994), el sentido de vida
proporciona al ser humano la sensación de autorealización, es la fuerza motivacional que ayuda a
tener una perspectiva más optimista de las vivencias y brinda una representación con significado
positivo a la propia vida. Cuando un plan se desvía del curso pensado, se afecta la libertad, la
responsabilidad, la autodeterminación, el cumplimiento y realización de metas, la visión positiva de
vida y la construcción de la visión de futuro (Frankl 1994, citado por García, Pérez & Delgado, 2008).

Método

La investigación corresponde a un estudio cuantitativo, de tipo descriptivo correlacional, al realizar


una descripción detallada de las variables a medir y especificando sus propiedades, componentes y
características, y correlacional, en donde a partir de la previa descripción se miden las diversas
variables entre sí para identificar de qué forma están relacionadas y analizar la correlación entre
ellas. Además, es de corte transversal por encuesta en tanto se realiza en un momento específico
con una población definida (Hernández, Fernández & Baptista, 2006).

Muestra
La población del estudio comprendió 200 personas, 99 hombres y 101 mujeres, de 60 a 92 años de
la ciudad de Bogotá, seleccionados mediante muestreo no aleatorio de sujetos disponibles (bola de
nieve), que presentaran o no una condición de enfermedad crónica diagnosticada y que obtuvieran
un puntaje superior a 23 puntos en el Mini Mental State Examination (MMSE).

Instrumentos.
Mini Mental State Examination (MMSE): test desarrollado por Folstein et al. en 1975, con escalas
cognitivas-conductuales. Evalúa orientación temporal y espacial, capacidad de fijación, atención y
cálculo, memoria, nominación, repetición y compresión, lectura, escritura y dibujo.

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Cuestionario Connor-Davidson Resilience Scale (CD-RISC 10): desarrollado originalmente por
Campbell y Stein (2007), es una escala que consta de 10 ítems en formato tipo Likert con 5 opciones
de respuesta. Para este estudio se hizo uso de la versión adaptada al español por Notario (2014). La
escala está disponible para aplicar a personas en un rango de edad entre 18- 80 años.
Escala de Optimismo Disposicional (DIOP): creada por Joiner (1997) con versión española de Chorot
(1998), fue diseñada para medir optimismo disposicional en mayores de 18 años. Está constituida
por 12 ítems con respuesta tipo Likert con cuatro (4) posibilidades de respuesta. A mayor
puntuación alcanzada más altos niveles de optimismo disposicional percibido.
Escala de esperanza para adultos AHS (Adult hope scale): basada en el modelo cognitivo de
esperanza de Snyder et al. (1991), que la define como "un estado motivacional positivo que se basa
en un sentido derivado de forma interactiva de (agencia, energía dirigida por objetivos) y (b) vías
(planificación para cumplir con las metas)" (p. 287). Contiene 12 ítems.
Test de Propósito Vital (PIL): desarrollado por Crumbaugh y Maholick en 1964. Su objetivo es evaluar
el “sentido de vida” o su contraparte “vacío existencial”, con una estructura cuantitativa y cualitativa.
Creada con interés clínico, al evaluar la percepción afectiva y cognitiva de valores. Cuenta con 20
ítems tipo Likert.

Procedimiento
Inicialmente se establecieron características asociadas a las variables de estudio y a la condición de
adulto mayor con y sin enfermedad crónica. A continuación se incorporaron otros elementos
asociados que aportaran al objetivo, como: presencia de enfermedad crónica, tipo de enfermedad
crónica si aplicaba, edad, régimen de salud, estrato socioeconómico, localidad, sexo y número de
personas con las que vivía. Para la información sobre características sociodemográficas se realizó
una entrevista semiestructurada, luego se aplicó el test de carácter cognitivo (MMSE) y finalmente
los cuatro instrumentos. El procesamiento de la información, análisis descriptivo y correlación entre
variables se hizo con el SPSS Statistics 24. En cuanto a aspectos éticos, se consideró la normatividad
vigente, el cumplimiento de las leyes que rigen la investigación con humanos y el reglamento para
ejercer la profesión de psicología. Prevalece el criterio de respeto a la dignidad así como la
protección de los derechos y de bienestar. Se protege la privacidad de los individuos, al no incluir su
nombre en los cuestionarios, solamente para el diligenciamiento del consentimiento informado, el
cual no guarda ninguna relación con los resultados.

Análisis de datos
El procesamiento de la información se realizó a través del programa estadístico SPSS Statistics 24,
por su capacidad de gestionar grandes volúmenes de datos. Para el análisis descriptivo se utilizaron
medidas de tendencia central y de variabilidad (rango, desviación estándar). Para la correlación de
variables de las dos muestras, personas con y sin enfermedad crónica, se identificó la distribución
normal mediante la prueba de Kolmogórov-Smirnov, teniendo en cuenta que la muestra es mayor
a 50 datos y para evaluar la normalidad del conjunto de datos a fin de definir las herramientas
estadísticas a trabajar, como pruebas paramétricas o no paramétricas.

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Resultados

De acuerdo con los objetivos, se analizó la información a partir de los puntajes obtenidos en los
instrumentos que miden nivel de resiliencia, optimismo, sentido de vida y esperanza, contrastados
con las variables “enfermedad crónica” y “sin enfermedad crónica”. Luego se cruzó la información
obtenida con las características sociodemográficas: tipo de enfermedad, sexo, régimen de salud,
estrato socioeconómico, localidad y número de personas con las que convive.

Características sociodemográficas
El promedio de edad de los participantes fue de 72,7 años, con un rango de 60 a 93, de los cuales
las mujeres correspondían al 50,5%, y los hombres el 49,5%. Del total de la muestra, el 75%
pertenece al régimen contributivo y el 25% a régimen subsidiado, vinculados todos a diversas
entidades prestadoras de salud. Prevalecen en el estudio los estratos socioeconómicos 2 y 3 con el
92% de los participantes. Para el tipo de enfermedad crónica, se presentaron las siguientes: cáncer,
hipertensión A, diabetes, enfermedad cardiaca, osteoporosis, artritis, enfermedad pulmonar,
tiroides, Alzheimer, Parkinson e insuficiencia renal.

Variables estudiadas
Niveles de resiliencia en el adulto mayor con o sin enfermedad crónica. En la tabla 1 se identifica que
los adultos mayores con presencia de enfermedad crónica tienen una puntuación baja, siendo
menor a 27, mientras que los adultos mayores que no tienen presencia de enfermedad crónica
obtuvieron un puntaje medio dentro de la calificación estimada de la prueba.

Tabla 1. Presencia o no de enfermedad crónica vs puntaje del cuestionario CD-RISC 10


Presencia o no de enfermedad crónica
NO SI
Puntaje total Promedio 28 26
N total 100 100
% del N de tabla 50,0% 50,0%

Fuente: elaboración propia.

Así mismo, los participantes con Alzheimer obtienen mayores puntajes, seguidos de personas con
Parkinson. El 50% que corresponde a adulto mayor sin enfermedad crónica, obtuvo un puntaje de
28, lo que indica niveles de normalidad en la capacidad de resiliencia. En el grupo adulto mayor con
enfermedad crónica, se observa que el 98% correspondiente a estratos 2, 3 y 4 se encuentra con
puntuaciones bajas frente a la capacidad de resiliencia, a diferencia de población adulto mayor sin
enfermedad crónica donde se encuentra un 43% con puntajes bajos en resiliencia del estrato 3. En
cuanto al sexo, en promedio no se identifican puntuaciones altas en resiliencia para los dos grupos,
sin embargo, es posible observar mayores niveles de resiliencia (53%) en la mujer adulto mayor sin
enfermedad crónica. También se evidencia que los hombres presentan más bajos niveles de
resiliencia, en mayor porcentaje los de enfermedad crónica.

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Niveles de optimismo en el adulto mayor con o sin enfermedad crónica. De acuerdo con la tabla 2,
se puede evidenciar mayores niveles de optimismo disposicional en la población que no presenta
ningún tipo de enfermedad crónica (25 %), siendo esta una puntuación global mayor al promedio
obtenido en la población con presencia de enfermedad crónica.

Tabla 2. Presencia o no de enfermedad crónica vs puntaje en Escala (DIOP)


Presencia o no de enfermedad crónica
NO SI
Puntuación global sobre optimismo Promedio 25 22
Moda 23 24
N total 100 100
% del N de tabla 50,0% 50,0%

Fuente: elaboración propia.

Así mismo, se identifica que el mayor puntaje en la escala de optimismo pertenece a la población
con Parkinson, seguido de las personas con Alzheimer y enfermedad cardiaca. La población con
menores puntajes fue la población con enfermedad pulmonar, con un puntaje de 19. Con relación
al estrato socioeconómico, el adulto mayor sin enfermedad crónica presenta mayores puntajes de
optimismo, siendo estos puntajes más altos en estratos 2 y 5, mientras que la población con
enfermedad crónica presenta puntajes bajos, especialmente en los estratos 3, 4 y 5. En cuanto al
sexo, no se evidencian grandes diferencias entre hombres y mujeres con y sin enfermedad crónica,
lo cual permite elucidar que el sexo no influye en los niveles de optimismo, pero podría verse
influido por la condición de enfermedad, siendo mayor en las mujeres. Respecto al optimismo y al
número de personas con las que vive, no se evidencia un patrón relacionado.
Niveles de esperanza percibida en el adulto mayor con o sin enfermedad crónica. Se aprecia que el
adulto mayor sin enfermedad crónica posee mayores niveles de esperanza en relación con el que si
la padece. Aunque no suponen una diferencia significativa, se puede inferir que existe un estado
emocional positivo mayor en quienes no padecen enfermedad crónica (tabla 3).

Tabla 3. Presencia o no de enfermedad crónica vs puntaje en la Escala de Esperanza


Presencia o no de enfermedad crónica
NO SI
Puntaje total Promedio 51 48
N total 50 100
% del N de tabla 50,0% 50,0%

Fuente: elaboración propia.

Según el tipo de enfermedad, se observa que el adulto mayor con puntuación alta son los que
padecen de tiroides, seguido de los que presentan enfermedad pulmonar. Por otra parte, los adultos
mayores con enfermedad cardiaca obtuvieron la puntuación más baja, 35 en la escala de esperanza
para adultos AHS, seguidos con Alzheimer. Igualmente se observa mayor esperanza en el adulto

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mayor sin enfermedad crónica, de estratos 2 y 3 equivalente al 94 % de la población, obteniendo
entre 2-4 puntos más que el adulto mayor con enfermedad crónica. Los más bajos están en estrato
4, adulto mayor con enfermedad crónica, con una puntuación de 43. Si bien para el 1 el puntaje es
menor, este solo corresponde al 1% de la población total. También se evidencia que el adulto mayor
sin enfermedad crónica tiene más nivel de esperanza en comparación con aquélla con enfermedad
crónica, sin importar la cantidad de personas con quien vive.
Niveles de sentido de vida en el adulto mayor con o sin enfermedad crónica. Para sentido de vida, se
logra identificar una puntuación promedio en el adulto mayor con enfermedad crónica (90-105) y
los adultos mayores sin enfermedad crónica presentan una puntuación alta de acuerdo con sus
resultados (tabla 4).

Tabla 4. Presencia o no de enfermedad crónica vs puntaje en el Test de Propósito Vital


(PIL)
Presencia o no de enfermedad crónica
NO SI
Puntaje total Promedio 110 102
N total 110 95
% del N de tabla 50,0% 50,0%

Fuente: elaboración propia.

También se observa el adulto mayor con Parkinson con un mayor puntaje en el test, mientras que
aquellos que padecen de enfermedad renal obtuvieron un puntaje de 57, considerado como bajo.
Con ello se evidencia las diferencias en el sentido de vida de acuerdo con el tipo de enfermedad del
adulto mayor. Según el estrato socioeconómico, la población sin enfermedad crónica tiene mayores
puntajes en el test, a diferencia de los adultos mayores que si la presentan. Así mismo, para la
población con enfermedad crónica, los adultos mayores que viven en estrato 1 presentan puntajes
bajos a diferencia de los demás, con puntajes más altos. Para la característica de número de
personas con las que se convive, el adulto mayor sin enfermedad crónica presenta mayores niveles
de propósito vital que el que si posee alguna, independientemente de su número.

Discusión

La calidad de vida en el adulto mayor se ve influenciada por múltiples cambios a nivel físico,
psicológico y social, que comprenden desde la percepción que tiene la persona sobre sí misma hasta
su interacción con el medio. Por ello, se evidencia en las investigaciones (Espinosa, 2015; Montalvo,
Cabrera & Quiñones, 2012; Amar, Abello & Acosta, 2003) y en el estudio, que la condición de
enfermedad es un factor que afecta los recursos psicológicos de la persona, tales como la resiliencia,
el optimismo, la esperanza y el propósito de vida, que a su vez funcionan como protectores de la
salud mental (González y Padilla, 2006).
Al determinar los niveles de resiliencia en el adulto mayor de la ciudad de Bogotá, con y sin presencia
de enfermedad crónica, se resalta lo comparado con las características sociodemográficas. Según
las condiciones socioeconómicas, se identifican bajos niveles de resiliencia en ambos grupos

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poblacionales de estrato 3 (medio-bajo), sugiriendo estas condiciones un posible factor de riesgo de
resiliencia bajo determinadas características del contexto. Según afirma Contreras (1998), la
pobreza entendida como una condición socioeconómica, es explicada por características como el
bajo nivel educativo, salud deficiente, discapacidad, marginalidad laboral e inequidad de
oportunidades, por lo que los resultados obtenidos no son directamente proporcionales con estas
características, ya que en estratos 1 y 2 no se evidencian bajos puntajes a nivel de resiliencia, ni en
estratos altos mayores niveles de resiliencia. Así mismo, los resultados indican que en la población
adulto mayor con presencia de enfermedad crónica, según la localidad o lugar de residencia, en más
del 50% de estas se identifican niveles bajos de resiliencia, caracterizados por dificultad para
recuperarse de situaciones complejas y de adaptación ante un proceso de cambio, a diferencia de
la población que no presenta una condición de enfermedad. Estos resultados se sustentan en la
literatura, al considerarse el proceso de enfermedad como un factor estresante, que generalmente
desencadena emociones negativas, así como el proceso en sí de la vejez que sugiere diversos
cambios, influye directamente sobre la capacidad de resiliencia de la persona (Mendoza, Vivaldo y
Martínez, 2017). Se evidencian también mayores niveles de resiliencia en la mujer adulto mayor en
comparación con los hombres adulto mayor, tengan o no enfermedad crónica, al igual que
resultados de otras investigaciones que relacionan resiliencia y sexo, en los cuales se encontró que
las mujeres puntúan significativamente más que los hombres, atribuyendo a la mujer una mayor
sensibilidad emocional, tendencia al cuidado (González, López y Valdez, 2013), apoyo social y
familiar, fortaleza y confianza en sí mismas (Camacho et al., 2015). Por otra parte, se identificó un
patrón en el grupo de adulto mayor con enfermedad crónica en donde a mayor número de personas,
el puntaje en el nivel de resiliencia tiende a aumentar. Estos resultados permiten considerar el
apoyo social mediado por el número de personas con las que se convive como un factor protector
de la salud mental, debido a la generación de vínculos relacionales que contribuyen a la adaptación
de la enfermedad y al desarrollo de características propias de la resiliencia. Además, es coherente
con el bienestar social o con aquellas condiciones necesarias para la supervivencia, la necesidad de
relacionarse con otros y de formar identidad social (Blanco, 2005), lo que favorece el estado de
bienestar en una condición de enfermedad en el adulto mayor.
Con respecto al nivel de optimismo en el adulto mayor, se pudo observar que en la población sin
enfermedad crónica los puntajes de optimismo son más altos en estratos como el 5, mientras que
con enfermedad crónica, los menores puntajes están en los estratos 4 y 5. Dichos resultados se
relacionan con la influencia del entorno socioeconómico, la búsqueda de aceptación social, las
percepciones del contexto y las interacciones con el entorno como influencia en el optimismo
disposicional (Trujillo, Tovar & Lozano, 2006). Además, cuando la población con y sin enfermedad
crónica tiene mayores puntajes en optimismo, indica que bajo ciertas condiciones se promueven
más emociones positivas, como la satisfacción y la felicidad (Vera, Pávez & Silva, 2012). Los
resultados indican que el número de personas con quien se convive no es un factor determinante
para puntajes altos de optimismo, pero sí que todas las personas con enfermedad crónica al vivir
con al menos una persona, se resalta la importancia de contar con entornos socio-familiares
respetuosos, cálidos, de aceptación y de acompañamiento. Al contrario, si se generan dinámicas
conflictivas, esto puede influir de manera negativa en el optimismo (Trujillo, Tovar & Lozano, 2006).

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De acuerdo con otros estudios, la presencia de cuidadores representa un apoyo social en la vida del
adulto mayor y favorece sentimientos de fe, amor, cuidado y positividad del futuro (Goldzweig,
Baider, Andritsch & Rottenberg, 2016), lo que concuerda con los resultados obtenidos.
En cuanto a la esperanza y las características sociodemográficas, por los resultados se puede afirmar
que a nivel general la presencia de una enfermedad crónica en el adulto mayor incide en ella como
recurso psicológico, entendiendo que la esperanza funciona como estrategia de afrontamiento
activo que le permite a la persona reorientar sus condiciones de vida en torno a una situación
desfavorable o sobre la cual no se tiene dominio (Arroyo & Soto, 2013). Adicionalmente, la
esperanza está relacionada con la calidad de las condiciones de vida, incluidas aquellas de orden
social, las cuales son facilitadoras de la superación de situaciones o acontecimientos percibidos
como un obstáculo (Arroyo & Soto, 2013). Dicho planteamiento es acorde con lo obtenido en la
presente investigación: la presencia de enfermedad crónica en estrato medio-bajo obtuvo menores
niveles de esperanza. Es decir, aparte del padecimiento de algún tipo de enfermedad, las
condiciones socioambientales bajo las cuales se desarrolle el adulto mayor y que posean factores
protectores, posibilitan tener estados motivacionales positivos ante estresores contextuales
(Garmezy & Rutter, 1983; citado por Amar, Abello & Acosta, 2003). En relación con el régimen de
salud, se evidencia que ante la ausencia de enfermedad crónica los niveles de esperanza que posee
el adulto mayor se ven favorecidos y que el bajo nivel de esperanza se puede corresponder con el
tipo de cronicidad y el requerimiento de una intervención de larga duración, que incluye el
desconocimiento de su cura y en algunos casos tratamiento (Durán, Valderrama, Uribe, González,
& Molina, 2010). Esto se relaciona como un posible factor determinante en el nivel de recursos
psicológicos que posea el adulto y sobre lo cual es apropiado orientar un proceso de atención en
salud integrado, que favorezca se estado psicológico ante la vivencia de dichas situaciones y su
afrontamiento. Adicionalmente, para la característica sociodemográfica sexo, pese a que los
resultados no muestran diferencias representativas, se evidencia que los hombres poseen mayores
niveles de esperanza, perciben diferentes formas de solucionar un problema, sienten mayor
preocupación en su salud y las actividades que realizan giran en torno al mantenimiento de la misma
(Arroyo & Soto, 2013).
Por otro lado, al determinar los niveles de sentido de vida en el adulto mayor, se halló que las
personas con enfermedad crónica presentan niveles más bajos, especialmente las que tiene
enfermedad renal, a diferencia de aquellas que no presentan ninguna enfermedad. Al tener una
enfermedad crónica los planes se desvían del curso y se ven afectados en aspectos como la libertad,
la responsabilidad, la autodeterminación, el cumplimiento y realización de metas, contrario a
quienes no la padecen, lo que permite aumentar los niveles de sentido de vida (Frankl, 1994 citado
por García, Pérez y Delgado, 2008). Por último, los adultos mayores con enfermedad crónica y que
pertenecen al estrato 1 presentan bajos niveles en el sentido de vida, a diferencia de aquellos de
estratos más altos con puntuaciones más altas. En ese sentido, es pertinente resaltar la importancia
de contar con un ambiente contextual positivo, que brinde una mayor motivación, oriente en el
establecimiento de metas y hagan sentirlo funcional (Stecconi, 2016). De igual forma, el estatus
socioeconómico alto trae consigo niveles de sentido de vida más significativos, debido a que el tener
dificultades económicas sumadas a la enfermedad crónica, se genera en el adulto mayor

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desesperanza, frustración, baja emocionalidad, percepción de los acontecimientos negativos y
dudas en el propósito de vida (García, Pérez & Delgado, 2008).

Conclusiones

Los resultados de la investigación son insumos para el establecimiento de programas de


intervención, enfocados en la promoción de las variables estudiadas: resiliencia, optimismo,
esperanza y propósito de vida, en la población adulto mayor con enfermedad crónica, sea
profundizando en alguna de ellas o enfatizando en determinada enfermedad crónica. Así mismo,
para incentivar programas de prevención trastornos mentales asociados a la presencia de
enfermedad crónica, mediante la detención temprana de factores de riesgo psicosociales. Aunque
los temas abordados se pueden trabajar desde diferentes campos de la psicología, en espacial desde
la psicología de la salud, es fundamental para generar diversas estrategias y procesos de evaluación
e intervención al adulto mayor, dado que por su dinámica se pueden afectar en los aspectos físicos,
psicológicos, familiares, laborales y sociales.
A partir de los resultados y su análisis, se requiere profundizar en estudios psicológicos en salud de
tipo cuantitativo o cualitativo con estas poblaciones, con el fin de fortalecer los recursos psicológicos
y las capacidades en los diferentes tipos de enfermedades crónicas, así como en otros contextos en
donde se desenvuelve el adulto mayor, tales como: hogares geriátricos, hospitales y hogares de
paso, entre otros. Para ello es importante contar con instrumentos de recolección de datos como
los empleados en la investigación, previamente validados para la población con la que se pretenda
trabajar. Finalmente, se considera importante ahondar específicamente en el tema de la
espiritualidad, teniendo en cuenta que es una esfera fundamental de la persona y que se relaciona
directamente con las variables de optimismo, sentido de vida y propósito vital para el adulto mayor
así como por el efecto favorable que tiene sobre las creencias positivas y como estrategia de
afrontamiento sobre la condición de salud y su tratamiento.

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