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Vida en las trincheras del Imperio austrohúngaro

El documento detalla el Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial, donde las trincheras se convirtieron en un símbolo de la brutalidad del conflicto y la difícil vida de los soldados. También se aborda la historia del Imperio austrohúngaro y su transformación tras el Compromiso austrohúngaro, así como la trágica ejecución de la familia Romanov en 1918. Finalmente, se analiza la Primera Guerra Mundial, sus causas y el impacto que tuvo en la historia moderna, incluyendo la neutralidad de España durante el conflicto.

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Vida en las trincheras del Imperio austrohúngaro

El documento detalla el Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial, donde las trincheras se convirtieron en un símbolo de la brutalidad del conflicto y la difícil vida de los soldados. También se aborda la historia del Imperio austrohúngaro y su transformación tras el Compromiso austrohúngaro, así como la trágica ejecución de la familia Romanov en 1918. Finalmente, se analiza la Primera Guerra Mundial, sus causas y el impacto que tuvo en la historia moderna, incluyendo la neutralidad de España durante el conflicto.

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TRINCHERAS

el Frente Occidental fue uno de los principales escenarios bélicos de la Primera Guerra
Mundial. Tras el estallido del conflicto el 28 de julio de 1914, el ejército alemán decidió
abrir este frente tras invadir Luxemburgo y Bélgica y conseguir el control militar de las
regiones industriales más importantes de Francia. El Frente Occidental sería tristemente
célebre por haberse convertido en un gigantesco campo de batalla en el que murieron
millones de hombres que se enfrentaron entre ellos desde las largas e insalubres
trincheras construidas con sacos de arena. En esos frágiles refugios los soldados
sobrevivían como podían sin las más mínimas condiciones de higiene.
En el transcurso de la guerra, las trincheras fueron evolucionado de manera que se
proyectaron corredores más largos, se cavaron a más profundidad y se incorporaron en su
construcción materiales resistentes como el hormigón y el acero. También se instalaron
más púas de alambre que nunca. Todo aquello sustituiría a las cadenas y a los sacos de
arena, e hizo de las trincheras una red continua de túneles y pasillos, a veces con cuatro o
cinco líneas paralelas que se podían comunicar entre sí.

Para mayor seguridad de los soldados que luchaban en el Frente Occidental, las trincheras
se excavaron muy por debajo del nivel de la tierra para evitar el fuego de artillería, que
reventaba literalmente las posiciones conquistadas, y el avance de la infantería.
LA CRUEL SUPERVIVENCIA EN LAS TRINCHERAS
Para los combatientes, la vida en las trincheras era agotadora física y mentalmente,
además de aburrida. Asimismo se enfrentaban en todo momento al temor de morir en
cuanto se daba la orden de atacar. De hecho, los soldados compartían su día a día con la
muerte puesto que se veían obligados a contemplar cómo los cadáveres de sus amigos (y
también de sus enemigos) se descomponían frente a las trincheras y las alimañas daban
buena cuenta de ellos. El sueño y el cansancio también contribuían a la desmoralización
general. Víctimas de la depresión, el agotamiento y sin apenas ánimos para vivir y seguir
luchando, muchos de ellos sufrían graves desórdenes mentales, algo que se agravó
durante los últimos años del conflicto.
IMPERIO ASTROUNGARO
El Imperio austrohúngaro fue un Estado centroeuropeo que existió entre 1867 y 1918. En
su momento de máxima extensión, su mapa abarcaba unos 675.000 kilómetros cuadrados
y cubría la práctica totalidad de las actuales Austria, Hungría, Chequia, Eslovaquia,
Eslovenia, Croacia y Bosnia y Herzegovina, además de buena parte de Rumanía, Serbia,
Polonia, Ucrania, Italia y la costa de Montenegro. Pese a que solo se extendió durante
medio siglo, este periodo imperial se ha convertido en una pieza fundamental para la
historia e identidad de Centroeuropa.

El Imperio austrohúngaro, o Austria-Hungría, fue el Estado sucesor del Imperio austriaco,


que a su vez había nacido de la transformación del Archiducado de Austria en Imperio tras
la destrucción del título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1804,
durante las guerras napoleónicas, y que durante siglos había ostentado el archiduque de
Austria. El Imperio austriaco se transformó en el austrohúngaro tras el Compromiso
austrohúngaro, alcanzado después de que la nobleza húngara presentase un ultimátum al
emperador Francisco José I para que equiparase al Reino de Hungría con Austria, en la
cual se había ido diluyendo pese a las diferencias que existían entre las regiones del
Imperio.

Temiendo una nueva sublevación húngara, y tras su reciente derrota en la guerra austro-
prusiana y la anexión italiana de Véneto y Friuli (1866), Viena aceptó la mayor parte de las
condiciones magiares y se creo la corona dual, un Imperio con capital en Viena pero con
dos parlamentos que administrarían cada mitad de la monarquía. El límite entre Viena y
Budapest se fijó sobre el mapa en el río Letia. Al oeste de este río quedaban las regiones
que seguían formando parte del Imperio austriaco, agrupadas en Cisleitania, mientras que
al este se situaban las regiones del Reino de Hungría, conocidas como Transleitania.
Ambas conformaban el Imperio austrohúngaro.
FAMILIA ROMANOV
La ejecución del zar Nicolás II y de sus cinco hijos fue tan traumática en 1918 como
polémica sigue siendo un siglo después. A veces las noticias sobre la familia Romanov son
de los más pintorescas, como la aparecida hace una semana, cuando se informó de que
los empleados del Hermitage de San Petersburgo, el museo más importante de Rusia,
habían encontrado un bombón de 118 años en la manga de uno de los vestidos de la
hermana de este, la gran duquesa Ksenia Aleksándrovna, una de las pocas que consiguió
escapar de la escabechina.

Según explicó la restauradora Galina Fiodorova, el dulce estaba escondido en la manga y


cayó cuando la especialista se proponía a revisar el estado de la prenda imperial. «Era de
color rosa y una forma irregular», declaró. Contó después que se dejó llevar por el instinto
y lo lamió, momento en el que se dio cuenta de que era un bombón y de que había sido
mordido por la gran duquesa.

Otras veces, las noticias son mucho más importantes, como la que adelantamos en julio
de 2020, al confirmarse el hallazgo de los cadáveres de dos de los hijos del zar Nicolás II.
Se acababa así con uno de los grandes misterios de aquel asesinato que cambió la historia
y que el Ejército ruso ni el mismo Alfonso XIII pudieron evitar. «Fue un crimen
vergonzoso», aseguró Boris Yeltsin en 1998.

El Rey de España trató por todos los medios de repatriarlos hasta Madrid cuando supo que
la familia real rusa estaba en peligro. Estuvo semanas presionando al nuevo Gobierno
bolchevique para que la dejaran salir sana y salva. Llegó, incluso, a escribir al Rey Jorge V
de Inglaterra , al káiser Guillermo II de Alemania y al Papa Benedicto XV para que le
ayudaran a traérselos a España como refugiados, pero el nuevo gobierno comunista ya
había declarado a Nicolás II «culpable, ante el pueblo, de innumerables crímenes
sangrientos» y no lo consiguió.
PRIMERA GUERRA MUNDIAL
La Gran Guerra, un conflicto por tierra, aire y mar, fue tan terrible que dejó más de ocho
millones de víctimas militares y 6,6 millones de víctimas civiles. Murieron casi el 60 por
ciento de las personas que lucharon. Muchas más desaparecieron o resultaron heridas. En
solo cuatro años, entre 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial cambió los conflictos
bélicos modernos, convirtiéndose en uno de los más letales en la historia mundial.

En aquel momento, la situación social y política en la que se encontraba España llevó al


rey Alfonso XIII a tomar la decisión de quedarse al margen de la Gran Guerra. “Es una
neutralidad un poco forzosa. España no está dentro de las alianzas ni de los bloques que
llevan a desencadenar la Primera Guerra Mundial, pero indirectamente sí forma parte de
ella”, explica a National Geographic Gutmaro Gómez Bravo, doctor en historia y profesor
de la Universidad Complutense.

Durante los 100 años previos al conflicto, España había sufrido una invasión,
pronunciamientos militares, el cambio de dinastía, el asesinato de un primer ministro y
una corta República. En este contexto, la pérdida de las últimas posesiones de ultramar en
1898, inclinó la balanza hacia la neutralidad ante la Gran Guerra. Sin embargo, nuestra
posición fue también protagonista a través de espionajes y exportación de armas.

(Relacionado: La arqueología revela los secretos de la guerra de trincheras de la I Guerra


Mundial)

Las causas de la Gran Guerra


La Primera Guerra Mundial tuvo diversas causas, pero sus raíces se encuentran en una
compleja red de alianzas entre las potencias europeas. En esencia, fue la desconfianza
entre —y la militarización de— la informal «Triple Entente» (Gran Bretaña, Francia y
Rusia) y la secreta «Triple Alianza» (Alemania, el Imperio austrohúngaro e Italia).

Los actores más poderosos, Gran Bretaña, Rusia y Alemania, gobernaban imperios
coloniales mundiales que querían expandir y proteger. A lo largo del siglo XIX,
consolidaron su poder y se protegieron forjando alianzas con otras potencias europeas.

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