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Mitos y leyendas: Pegaso y más

El documento presenta diversas leyendas y mitos, incluyendo el nacimiento de Pegaso de la Medusa, la trágica historia de amor en el cenote Zací, la elección de un rey basada en la fortaleza, y la fábula del Viento y el Sol. Cada relato destaca temas de amor, valentía y la naturaleza del poder. También se incluye una elegía de Miguel Hernández que expresa el profundo dolor por la pérdida de un ser querido.
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Mitos y leyendas: Pegaso y más

El documento presenta diversas leyendas y mitos, incluyendo el nacimiento de Pegaso de la Medusa, la trágica historia de amor en el cenote Zací, la elección de un rey basada en la fortaleza, y la fábula del Viento y el Sol. Cada relato destaca temas de amor, valentía y la naturaleza del poder. También se incluye una elegía de Miguel Hernández que expresa el profundo dolor por la pérdida de un ser querido.
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2.

El nacimiento de Pegaso

mito

Según la mitología griega, Pegaso era un caballo volador mágico con


enormes alas de plumas blancas. Vivía en el Monte Olimpo junto a los
dioses, a los que servía y trasladaba en sus numerosas aventuras.

Este bello ser nació de la cabeza de la Medusa, una criatura castigada


por la diosa Atenea con un aspecto terrible. Su cabello estaba
conformado por miles de serpientes y su mirada era capaz de convertir
en piedra a quien la miraba.

Cuando el héroe Perseo fue enviado a conseguir la cabeza de la Medusa,


fue asistido por varios dioses. Así, logró escabullirse en la morada de la
temida dama y logró su cometido. Cuando su cuchillo la atravesó, en
lugar de sangre surgieron dos seres mágicos: el gigante Crisaor y
Pegaso.

El corcel voló inmediatamente hacia el Olimpo, siendo querido por todos.


Cuando murió, Zeus lo transformó en una constelación del norte.
1. Leyenda del cenote Zací

Los cenotes son pozos de agua dulce que se encuentran en México


y se crearon como consecuencia de la erosión de la piedra caliza.

El cenote Zací estaba ubicado en la ciudad del mismo nombre. Allí


vivía una joven llamada Sac-Nicte, nieta de una bruja. Sac-Nicte
estaba enamorada de Hul-Kin, hijo del cacique del pueblo. La
familia de la bruja y la del cacique eran enemigas, por lo que los
jóvenes se veían a escondidas. Cuando el padre se enteró del
romance, envió a Hul-Kin a otro pueblo, a casarse con otra joven.
La bruja hizo rituales para que Hul-Kin regresara y le devolviera la
alegría a su nieta, pero todo fue en vano.

La noche anterior a la boda de Hul-Kin, Sac-Nicte se arrojó al


cenote con una piedra atada a su cabello. En el momento de la
muerte de la joven, Hul-Kin sintió un dolor en el pecho que lo
obligó a volver a Zací. Al enterarse de lo sucedido, Hul-Kin se
arrojó también al cenote para morir con su verdadero amor.
Finalmente, los sortilegios de la bruja habían obtenido una
respuesta: Hul-Kin regresó y permanecería para siempre con Sac-
Nicte, su nieta.
EL RAYO DE FUEGO

Cuenta la leyenda, que hace muchos, muchos siglos, en un lejano país


del norte, el rey Erico el Viejo, enfermo y cansado de gobernar, anunció
a todos sus súbditos que elegiría a un sucesor basándose únicamente en
la fortaleza que este demostrara.

Pronto, se presentaron ante el rey los hombres más valientes de la


región y narraron sus heroicas hazañas.

El primero en participar fue Trim, un hombre fornido y de barba roja que


dijo:

—Una noche se desató una tormenta mientras navegaba y gracias a mi


increíble fuerza, tomé mi embarcación con una mano y nadé con la otra
hasta alcanzar la orilla.

Después de Trim, era el turno de Trom, un hombre moreno de barba


negra, tan alto y musculoso que parecía un gigante:

—Mi señor rey —dijo Trom—, mi encuentro con el mar fue más heroico
que el de Trim. Una noche de tormenta, el viento estaba tan iracundo
que debí tomar mi embarcación con ambas manos y nadar solo con mis
piernas.

El último en hablar fue Trum, un hombre fortachón de barba rubia que


por violento y presuntuoso no era del agrado del público.

Erico el Viejo, Trim, Trum y todo el reino lo escucharon con toda atención.

—Su majestad, si lo que busca es el mayor acto de fortaleza, soy


entonces su único aspirante al trono. Las historias de Trim y Trom
palidecen ante la mía —dijo Trim, convencido de ser el mejor de todos
tres y añadió—: a mí también me sorprendió la tormenta mientras
comandaba una flota de 52 barcos. Entonces, llamé a mi caballo, Rayo
de Fuego, que puede desplazarse sobre la tierra y el mar, até la costa a
su cola con una soga de hierro y remolqué al reino entero hasta los
barcos. Como no me era posible llevar los barcos a tierra, llevé la tierra
hasta los barcos.

—¡Increíble, fantástico! —dijo Erico el Viejo, muy sorprendido.


Sin embargo, el rey sabía que elegir a Trum como su sucesor causaría un
enorme descontento entre su pueblo y exclamó:

—Tu hazaña es en realidad heroica, pero Rayo de Fuego, tu caballo,


demostró ser más fuerte que tú. Él salvó a toda una flota y merece ser el
rey.

El pueblo celebró la decisión del sabio rey, pues preferían ser


gobernados por un caballo que por un tirano.

FABULA EL VIENTO Y EL SOL DEL NORTE

El Viento del Norte y el Sol tuvieron una discusión sobre cuál de los dos
era el más fuerte y poderoso. Mientras discutían vieron a un caminante
que llevaba puesto un abrigo.

—Esta es la oportunidad de probar nuestro poder y fortaleza —dijo el


Viento del Norte—. Veamos quién de nosotros es lo suficientemente
fuerte como para hacer que este caminante se quite el abrigo. Quien lo
logre será reconocido como el más poderoso.

—De acuerdo —dijo el Sol—. Comienza tú.

Entonces, el Viento comenzó a soplar y resoplar. Con la primera ráfaga


de viento, los extremos del abrigo se agitaron sobre el cuerpo del
caminante. Pero cuanto más soplaba el Viento, más fuerte el hombre
sujetaba su abrigo.

Ahora, era el turno del Sol y él comenzó a brillar. Al principio sus rayos
eran suaves; sintiendo el agradable calor después del amargo frío del
Viento del Norte, el caminante se desabrochó el abrigo. Los rayos del Sol
se volvieron más y más cálidos. El hombre se quitó la gorra y enjugó su
frente. Se sintió tan acalorado que también se quitó el abrigo y para
escapar del ardiente sol, se arrojó en la acogedora sombra de un árbol al
borde del camino. ¡El Sol había ganado!
1 Elegía, de Miguel Hernández

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se


me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano


de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas


y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.


Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,


un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,


lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,


y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,


temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,


no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,


quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte


y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:


por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.


Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,


y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,


llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas


del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

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