Blaise Pascal
Barroco e Ilustración. Trabajo de reflexión Pablo Márquez
Luana Martinelli, Milagros Telis, Tatiana Costa
1. ¿Quién fue Blaise Pascal, y cuál es su relevancia en la Historia del Pensamiento? ¿Cómo
se vinculó a Port-Royal?
Blaise Pascal fue un matemático, físico, filósofo, teólogo católico y apologista francés del
siglo XVII. Nacido el 19 de junio de 1623 en Clermont-Ferrand y fallecido el 19 de agosto de 1662 en
París.
Su relevancia en la historia del Pensamiento recae en que Pascal le enseñó al hombre su
grandeza, es decir, su Pensamiento. En “Pascal. El hombre es una caña que piensa”, Muñoz
Barallobre, G. dice que “la filosofía de este autor tiene como fin responder a una única pregunta:
¿qué es el hombre?... Para Pascal, el hombre es un ser paradójico, y su filosofía se mueve y crece
dentro de este principio: ni ángel ni bestia.”
En el ámbito de la filosofía y la teología, Pascal es autor de los “Pensées” (Pensamientos),
una colección de notas y ensayos sobre la fe, la razón y la naturaleza humana, donde defiende el
cristianismo y reflexiona sobre la condición humana. Es famoso por la Apuesta de Pascal, un
argumento filosófico que justifica la creencia en Dios basándose en la teoría de la probabilidad y la
lógica pragmática.
La vinculación de Pascal con Port-Royal fue significativa. Port-Royal, un convento jansenista
cerca de París, era conocido por su rigor religioso y su énfasis en la reforma moral y teológica dentro
del catolicismo. Pascal se alineó con el jansenismo, una corriente teológica católica que enfatizaba la
gracia divina y la predestinación, oponiéndose a la doctrina jesuita del libre albedrío y la suficiencia
de la gracia. Escribió una serie de cartas conocidas como "Les Provinciales" (Las Provinciales),
defendiendo a Antoine Arnauld y criticando las prácticas y doctrinas de los jesuitas. Su hermana
Jacqueline ingresó al convento de Port-Royal, y Pascal mismo pasó temporadas en Port-Royal-des-
Champs, buscando retiro espiritual y apoyo intelectual.
2. ¿Cuáles son sus obras más relevantes? ¿Qué importancia tiene sus Pensamientos dentro
de su creación intelectual, y qué particularidades estilísticas y estructurales se pueden
establecer respecto a esta obra?
“Pensées” es una defensa de la religión cristiana y una reflexión sobre el ser humano escrita por
Blaise Pascal. La conversión religiosa de Pascal lo condujo a una vida de asceta, y los Pensées fueron
de varias maneras la obra de su vida. La Apuesta de Pascal se encuentra contenida en los Pensées.
Arnold Hauser – Historia social de la literatura y el arte (Tomo II):
Hauser analiza a Pascal desde la perspectiva del barroco y el desarrollo de una visión trágica del
mundo en el arte y la literatura de la época. Ve en Pascal una figura clave que refleja la tensión
barroca entre lo mundano y lo trascendental, la miseria y la grandeza del hombre. Para Hauser, Pascal
representa el conflicto de su tiempo: la crisis de fe y el escepticismo que surgieron en el contexto del
racionalismo emergente.
Luego tenemos a “Lettres provinciales” (Cartas provinciales) son una serie de dieciocho cartas
escritas por el filósofo y teólogo francés, Blaise Pascal, bajo el seudónimo Louise d Montalte, entre
los años 1656 y 1657. La primera carta está fechada el 23 de enero de 1656 y la decimoctava el 24 de
marzo de 1657. Existe una decimonovena carta fragmentaria, que con frecuencia se incluye junto con
las otras [Link] en medio de la controversia teológica entre los jansenistas y los jesuitas,
las cartas son una defensa del jansenista Antoine Arnauld, de Port-Royal, un amigo de Pascal que en
1656 fue condenado por la Faculté de Théologie de la Sorbona en París por opiniones que se
consideraron heréticas. El contenido de estas cartas es un ataque de carácter humorístico que Pascal
dirige contra la casuística, un método retórico popular utilizado por los teólogos y en particular por los
jesuitas, a los que acusa de laxitud moral.
Al referirnos a su pensamiento dentro de la creación intelectual podemos encontrar distintas
particularidades estilísticas. Ya que cuando hablamos de las “Lettres provinciales” su propósito era
dedicada a una controversia teológica, mientras que por otra parte “pensées” podría estar
representando una profundización por parte de Pascal por abordar distintas cuestiones fundamentales
conforme a la existencia del ser humano llevándolo a una conexión con la fe.
3. En la Sección I, ¿qué diferencias establece el autor entre los diferentes espíritus? ¿A qué
designa con ese nombre? Fundamenta tu respuesta.
En la sección I se nos presentan dos espíritus, uno llamado Espíritu de Geometría y el otro Espíritu de
Finura, ambos se diferencian uno del otro en donde cada uno podría ejemplificar una forma distinta
del otro de pensar.
Cuando hablamos del espíritu de Geometría se le pueden atribuir características como la razón,
respaldandose de principios claros y acertados, como puede ocurrir en las ciencias de matemáticas o
la geometría. Si bien el proceso tiende a ser complicado se puede llegar a un razonamiento claro.
Mientras que por otro lado, cuando nos referimos al Espíritu de Finura,se lo describe como una forma
de comprender situaciones o cosas que tienden a ser más intuitivas. El razonamiento es más claro
siendo una comprensión más precisa, sin necesidad de seguir una cadena de razonamientos.
4. ¿Qué expresa acerca del ser humano en la Sección II, y cuáles son sus limitaciones
respecto a Dios? ¿Por qué es importante la noción de infinito? Ejemplifica y explica.
Según Joaquín Llansó,” la época de Pascal es una época de crisis, en donde el hombre se
encuentra efectivamente, en la intemperie, arrojado a un mundo que ya no es capaz de comprender,
que no lo siente ya suyo y que se resquebraja a sus pies. Ha pasado el tiempo en el que el hombre, sin
adivinar todavía el abismo que se abría bajo él, se asombraba a la vista de los maravillosos e infinitos
mundos que se desplegaban frente a él.” (J. Llasón. En qué sentido puede ser llamada trágica la
filosofía de Pascal. p. 108).
Pascal se adentra en el análisis del ser humano desde una perspectiva de incertidumbre y
angustia, reconociendo que el hombre supera infinitamente al hombre, pero está atrapado en su propia
contradicción. Esta crisis es tanto interna como externa: la imagen del universo cambia y el ser
humano ya no ocupa un lugar central en él. A partir de esta crisis, Pascal propone que la comprensión
del hombre no puede depender del cosmos, sino que el hombre debe conocerse desde sí mismo. (J.
Llansó)
Ahora bien, en la Sección II, Blase Pascal presenta una visión del ser humano marcada por su
finitud y su relación con el infinito. Para Pascal, el ser humano es una criatura débil y limitada, situada
entre dos infinitos: el infinito pequeño (la nada) y el infinito grande (la inmensidad del universo y de
Dios). Esta idea subraya la insignificancia del hombre frente a la inmensidad del cosmos y a la
perfección divina, lo que genera una sensación de desamparo y fragilidad. De igual manera lo destaca
Llansó, ya que él expone que Pascal reside en la visión de la finitud humana y en su inevitable
confrontación con la muerte. A través de esta experiencia trágica, el ser humano logra una
comprensión más profunda de sí mismo y de su lugar en el universo, en una lucha constante entre el
todo y la nada.
Pascal destaca las limitaciones del hombre, que no puede conocer ni abarcar lo infinito. El ser
humano está atrapado entre su finitud y el deseo de comprender lo absoluto, pero nunca logra hacerlo
plenamente. Esta incapacidad para alcanzar a Dios y lo infinito refleja la necesidad del ser humano de
la gracia divina para encontrar sentido y salvación. Para Pascal, solo mediante la fe y la revelación el
hombre puede trascender sus limitaciones.
La noción de infinito es importante porque, según Pascal, confronta al ser humano con la
realidad de su propia ignorancia y dependencia de Dios. Además, la razón humana es incapaz de
comprender completamente a Dios, apostar por la existencia de Dios es la opción más razonable, pues
los beneficios potenciales (la vida eterna) superan los riesgos de la no creencia.
Blaise expone “Considere el hombre lo que es él a costa de lo que es; considérese perdido en
este cantón apartado de la naturaleza, y desde esta célula en que se halla alojado (universo), aprenda a
estimar la tierra, los reinos, las ciudades y a sí mismo en su justo precio.”
El ser humano no solo tiene que conocer lo visible, el mundo que ya conoce, sino más allá, la
inmensidad concebible de la naturaleza. “Que vea en él una infinidad de universos, cada uno con su
firmamento, sus planetas, su tierra, en la misma proporción que en el mundo visible, en esta tierra,
animales, y finalmente cirones, en los cuales encontrara lo que han dado los anteriores; y al encontrar
todavía en los otros la misma cosa sin fin y sin reposo, que se pierda en estas maravillas, tan pasmosas en
su pequeñez como lo son las otras por su extensión; porque ¿quién no se admirará de que nuestro cuerpo,
que antes no era perceptible en el universo, imperceptible en el seno del todo, sea ahora un coloso, un
mundo, o más bien un todo respecto de esa nada a que no se puede llegar?” (Sección II).
Pascal plantea que el hombre frente a la naturaleza es la nada frente al infinito, un todo frente a la
nada, un medio entre nada y todo.
A falta de haber contemplado estos infinitos, los hombres se han lanzado temerariamente a la
investigación de la naturaleza, como si fueran proporcionados a ésta. Es extraño que hayan querido
comprender los principios de las cosas y llegar con ello hasta conocerlo todo, por una presunción tan
infinita como su objeto. Porque no hay duda ninguna que no se puede concebir este intento sin una
presunción o sin una capacidad infinita, como la naturaleza.
Reconozcamos, pues, nuestro alcance; somos algo y no somos todo; lo que tenemos de ser nos
arrebata el conocimiento de los primeros principios que nacen de la nada; y lo poco que tenemos de ser nos
oculta la visión del infinito. Nuestra inteligencia posee, en el orden de las cosas inteligibles, el mismo
rango que nuestro cuerpo en la extensión de la naturaleza.
“Hasta entonces, como dice Martin Buber, el hombre era comprendido desde el mundo; ahora, el
hombre es el que’ debe comprender el mundo” (J. Llansó. p. 108).
Limitados en todos los sentidos, este estado que ocupa el medio entre los dos extremos se
encuentra en todas nuestras potencias. Nuestros sentidos no se dan cuenta de nada extremo: demasiada luz,
ofusca; demasiada verdad nos pasma; y demasiados beneficios irritan. Las cualidades excesivas nos son
enemigas y no sensibles; no las sentimos ya, las padecemos. Demasiada juventud y demasiada vejez privan
de espíritu, las cosas extremas son para nosotros como si no fueran, y nosotros tampoco somos respecto de
ellas: nos escapan, o nosotros a ellas. Bogamos en un vasto medio, siempre inciertos y flotantes. Nada se
detiene por nosotros.
Nuestra razón se ve siempre decepcionada por la inconstancia de las apariencias; nada puede fijar
lo finito entre los dos infinitos que lo envuelven y le huyen.
El hombre, por ejemplo, tiene relación con todo lo que conoce. Necesita lugar para contenerlo,
tiempo para durar, movimiento para vivir, elementos para componerlo, calor y alimentos para nutrirlo, aire
para respirar; ve la luz, siente los cuerpos; finalmente, todo se alía con él. Para conocer al hombre es
preciso, pues, saber de dónde viene el que tenga necesidad de aire para subsistir; y para conocer el aire,
saber por dónde tiene éste relación con la vida del hombre, etc. La llama no subsiste sin aire; por tanto,
para conocer la una es preciso conocer al otro. Siendo, pues, todas las cosas causadas y causantes,
ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y manteniéndose todas por un nexo natural e insensible que
liga las más alejadas y las más diferentes, tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, así
como conocer el todo sin conocer particularmente más partes.
Y lo que remata nuestra impotencia para conocer las cosas es que ellas son simples en sí mismas,
y nosotros estamos compuestos de dos naturalezas opuestas y de distinto género: alma y cuerpo. Porque es
imposible que la parte que razona en nosotros no sea sino espiritual; y si se pretendiera que fuéramos
simplemente corporales, ello nos excluiría mucho más del conocimiento de las cosas, puesto que nada hay
tan inconcebible como decir que la materia se conoce a sí misma; no es posible conocer cómo habría de
conocerse a sí misma.
5. ¿Cuáles son los límites del amor propio, según Pascal? ¿Y qué problemas comportan el
aburrimiento (existencial) y el divertimento? Vincúlalo con el poema Al lector,
deCharles Baudelaire. ¿Existe alguna coincidencia de perspectiva entre ambos autores,
a pesar de no ser contemporáneos?
Blaise Pascal critica profundamente el amor propio en sus "Pensamientos" como una
fuente de distorsión de la realidad y de corrupción moral. Para Pascal, el amor propio es un
impulso egoísta que lleva a las personas a buscar constantemente su propia satisfacción,
proyectando una imagen inflada de sí mismos y cegándolos ante la verdad. Los límites del
amor propio están en que este impide al ser humano reconocerse tal como es: débil, finito y
dependiente de Dios. Este autoengaño lleva a la alienación de la verdad y a la incapacidad de
encontrar la gracia divina.
Pascal conecta el amor propio con el aburrimiento existencial y el divertimiento. Para
él, el aburrimiento surge cuando el ser humano se enfrenta a su propia pequeñez y vacío. El
divertimiento es una estrategia para escapar de esta angustia, pero es un escape superficial: las
personas se entregan a distracciones mundanas (juegos, placeres, entretenimientos) para evitar
la confrontación con el sentido de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Este mecanismo es
problemático porque mantiene al ser humano alejado de las preguntas fundamentales sobre su
existencia y su relación con lo divino.
En el "Poema al lector" que abre "Las flores del mal", Baudelaire también presenta
una crítica mordaz del ser humano, pero desde una perspectiva más secular y cargada de
pesimismo. El poema describe a la humanidad como profundamente corrupta, viciosa y
decadente. Como Pascal, Baudelaire observa que las personas se distraen y engañan a sí
mismas, pero para Baudelaire este engaño no proviene solo del amor propio, sino de una
inclinación hacia el mal y el hastío.
El aburrimiento, o "Ennui", es decir tedio, es central en Baudelaire y coincide con la
visión de Pascal. El tedio es el mal supremo, un estado de apatía existencial que conduce a
una búsqueda desesperada de distracciones (similares al divertimiento pascaliano), pero estas
distracciones son transitorias e insatisfactorias. Tanto Baudelaire como Pascal ven en el ser
humano una incapacidad para confrontar lo esencial de su existencia sin recurrir a escapes, ya
sean en forma de placeres banales (Baudelaire) o entretenimientos vacíos (Pascal).
Aunque no fueron contemporáneos, ambos autores comparten una visión crítica del
ser humano, su tendencia al autoengaño y su incapacidad de enfrentar las verdades más
profundas de la vida. Tanto Pascal como Baudelaire resaltan la fragilidad humana frente a la
verdad, y cómo el aburrimiento existencial lleva al ser humano a evadir su realidad. Sin
embargo, mientras Pascal busca una salida a través de la fe y el reconocimiento de la
dependencia divina, Baudelaire, más nihilista, parece resignarse a la decadencia y la
corrupción del hombre, hallando belleza incluso en el mal.
6. Selecciona una sección cualquiera de los Pensamientos y explica cómo se vincula con la
teología y/o la filosofía jansenista. ¿Existe alguna coincidencia con lo planteado por
Racine en Fedra?
En la Sección II de los “Pensamientos” de Blaise Pascal el autor analiza la naturaleza humana
desde dos perspectivas: la miseria del hombre sin Dios y la felicidad del hombre con Dios. Según
Pascal, la naturaleza del ser humano está corrompida y, sin la intervención divina, la vida humana se
caracteriza por el sufrimiento y la confusión constante.
Vinculación con la Teología/filosofía Jansenista:
- Corrupción de la Naturaleza Humana: Pascal afirma que la naturaleza humana está
inherentemente corrompida, un punto de vista que refleja la doctrina jansenista de la
depravación total. Según esta doctrina, la humanidad está profundamente afectada por el
pecado original y todas las acciones humanas están manchadas por esta condición.
- Necesidad de la Gracia: Pascal subraya que sólo a través de la intervención divina y la gracia
de Dios puede el hombre alcanzar la verdadera felicidad. Los jansenistas también destacaban
la importancia de la gracia divina, afirmando que sin ella, el ser humano está condenado a una
existencia de miseria y desesperación.
- Crítica al Orgullo Humano: En este aspecto, Pascal critica al orgullo humano, sugiriendo que
el reconocimiento de la propia miseria es esencial para abrirse a la gracia de Dios. Esta crítica
está en línea con la perspectiva jansenista, que ve el orgullo como un gran obstáculo para la
salvación.
Coincidencias con Racine en “Fedra”
Jean Racine, aunque no tan estrechamente vinculado al jansenismo como Pascal, fue
influenciado por su educación en Port-Royal. En su tragedia Fedra, se pueden encontrar similitudes
con los temas presentes en la sección II de los “Pensamientos” de Pascal:
- La fragilidad humana: En Fedra, los personajes están atrapados en sus pasiones y debilidades,
lo que los lleva a la tragedia. Esta representación de la fragilidad humana refleja la visión
pesimista de la naturaleza humana que comparten tanto Pascal como los jansenistas. Fedra es
consumida por un amor prohibido que no puede controlar, simbolizando la batalla interna
entre la razón y las pasiones que Pascal describe como parte de la miseria humana.
- La lucha interna y la culpa: Fedra, la protagonista, está atormentada por su amor prohibido y
su sentido de culpa. Esta lucha interna y el reconocimiento de su propia miseria resuenan con
la visión jansenista de la condición humana que Pascal describe en sus “Pensamientos”. La
culpa y el sufrimiento de Fedra son una manifestación teatral de las tensiones internas que
Pascal señala como características de la vida humana sin la redención divina.
- El destino y la Gracia: Aunque el destino en Fedra se presenta de manera más mundana, la
idea de fuerzas incontrolables que determinan el curso de la vida humana puede ser vista
como una reflexión sobre la predestinación y la dependencia de la gracia, temas centrales en
el jansenismo. La tragedia de Fedra puede interpretarse como una alegoría de la impotencia
humana frente a las fuerzas del destino y la necesidad de la intervención divina para alcanzar
la salvación.
7. ¿Podrías establecer una conclusión debidamente fundamentada de tu lectura de Pascal?
¿Qué conceptos de su pensamiento te resultaron actuales? Fundamenta tu respuesta.
En "Pensamientos", Pascal explora las paradojas de la condición humana, situando al ser
humano en una dualidad entre la grandeza y la miseria, la razón y la fe, el finito y el infinito. Su
visión del ser humano como una criatura que anhela respuestas absolutas pero es incapaz de
alcanzarlas por sí misma, sigue resonando en nuestra época, marcada por la incertidumbre y el
cuestionamiento de los absolutos.
La fragilidad y el vacío existencial:
Pascal describe al ser humano como un ser débil, capaz de darse cuenta de su propia finitud,
lo que genera una sensación de vacío existencial. Este concepto es de gran relevancia hoy en día,
cuando muchos individuos se enfrentan a un aburrimiento existencial y buscan significado en un
mundo donde las certezas tradicionales se han debilitado. El vacío, que Pascal intentaba llenar con la
fe, es hoy una cuestión abierta, ya que las respuestas trascendentes han sido reemplazadas en muchos
casos por búsquedas más individuales y fragmentadas.
El divertimiento como escape:
El concepto de divertimiento que Pascal presenta la idea de que los humanos buscan
constantemente distracciones para evitar pensar en la muerte y el sentido de la vida es sumamente
actual en una era dominada por las redes sociales, el entretenimiento constante y la sobreestimulación.
Pascal observa que, en lugar de enfrentarse a sus preguntas más profundas, las personas se entretienen
para evitar el dolor existencial. Esto es claramente visible en nuestra sociedad, donde el consumo de
entretenimiento y la búsqueda de placer inmediato ocupan un lugar central.
Conclusión
Punsatí-Murlá expone que “Los Pensamientos” es una obra inagotable, en la que Pascal
vuelve sobre temas ya tratados en anteriores trabajos a la vez que desarrolla y apunta nuevos motivos.
Uno de los más justamente famosos es el que plantea la fe, o el fundamento de la fe, como una
apuesta: se trata de la necesidad que todo hombre tiene de apostar sobre la existencia de Dios.” (O.
Punsatí- Murlá. p. 139)
La apuesta de Pascal, es uno de sus argumentos más famosos; aunque la existencia de Dios no
puede ser probada racionalmente, es más prudente creer en Él. Según Pascal, si uno apuesta por la
existencia de Dios y Él existe, se gana la vida eterna; si no existe, no se pierde nada. En cambio, si
uno apuesta contra la existencia de Dios y se equivoca, las consecuencias son eternamente graves.
“En el fondo, un argumento como el de la apuesta parece haber sido pensado con el fin de
introducir una analogía casi poética entre la estimación racional de riesgos que se hace cuando se
apuesta en un juego de azar y la estimación racional de riesgos que supone afirmar la existencia de
Dios y de la vida perdurable.” (O. Punsatí- Murlá. p. 139)
En realidad, la apuesta no es únicamente un argumento, sino también una actitud humana la
cual sigue existiendo en la actualidad. La apuesta de Pascal sigue siendo relevante en la actualidad ,
no tanto en términos teológicos, sino en el marco de la toma de decisiones bajo incertidumbre y el
valor de apostar por una causa, una creencia o una esperanza, incluso cuando el resultado es incierto.
Pascal sigue siendo actual porque capta una verdad sobre la condición humana que trasciende
su contexto histórico: la tensión entre la finitud y el deseo de trascendencia, entre el sufrimiento y el
placer efímero. Su visión pesimista pero a la vez esperanzadora, sugiere que el ser humano, con todo
su sufrimiento y búsqueda constante de sentido, solo puede encontrar verdadera paz si reconoce sus
límites y se abre a algo más grande que él mismo. En un mundo que, en gran medida, ha reemplazado
a Dios con otros "ídolos" como la tecnología, el consumo o el entretenimiento, las advertencias de
Pascal sobre el amor propio, el aburrimiento existencial y el divertimiento cobran una relevancia
crítica para la reflexión contemporánea.