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Letrados de la Independencia: Discursos y Poder

El libro 'Letrados de la Independencia: Polémicas y discursos formadores' de Mariana Rosetti ofrece un enfoque original sobre el papel de los letrados en la construcción de una esfera pública en América durante el periodo de independencia. A través del análisis de figuras como Fray Servando Teresa de Mier y José Joaquín Fernández de Lizardi, Rosetti desafía paradigmas establecidos y propone una nueva perspectiva sobre la relación entre escritura, poder y autonomía cultural. Este trabajo interdisciplinario no solo enriquece los estudios literarios latinoamericanos, sino que también redefine el papel de los letrados en la búsqueda de identidad y legitimidad en un contexto de crisis política y social.

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Letrados de la Independencia: Discursos y Poder

El libro 'Letrados de la Independencia: Polémicas y discursos formadores' de Mariana Rosetti ofrece un enfoque original sobre el papel de los letrados en la construcción de una esfera pública en América durante el periodo de independencia. A través del análisis de figuras como Fray Servando Teresa de Mier y José Joaquín Fernández de Lizardi, Rosetti desafía paradigmas establecidos y propone una nueva perspectiva sobre la relación entre escritura, poder y autonomía cultural. Este trabajo interdisciplinario no solo enriquece los estudios literarios latinoamericanos, sino que también redefine el papel de los letrados en la búsqueda de identidad y legitimidad en un contexto de crisis política y social.

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Reseña.

Letrados de la Independencia: Polémicas y discursos formadores, de Mariana


Rosetti. Buenos Aires, Clacso, 2023
Nancy Calomarde (UNC)

El trabajo de Mariana Rosetti en torno a los “letrados de la independencia” se


propone un abordaje original acerca del lugar de los sujetos y discursos en la construcción de
una incipiente esfera pública americana. En tal sentido, me interesa destacar que, para llevar
adelante su propósito, la autora pone en cuestión ciertos paradigmas centrales de la crítica
literaria latinoamericana, aquellos que fundaron un saber en torno al rol derivativo y
subsidiario que ocuparon las elites criollas de los primeros años postindependentistas
respecto de los modos de pensar el vínculo entre escritura y Estado o, para decirlo en otros
términos, entre letra y poder. Rosetti promueve un giro de perspectiva fundamental al
concebir el lugar de esos sectores al interior de un programa de autonomización y
modernización propio de las sociedades que estudia. Nada menor podría resultar entonces
este giro para los estudios latinoamericanos ni para las investigaciones en torno a la literatura,
los discursos y el lugar de los letrados en dichos contextos habida cuenta de los efectos de
lectura creados por una profusa bibliografía teórico- crítica que había fundado un modo de
saber acerca de roles, discursos y paradigmas. Me refiero a una tradición que la autora retoma
y revisa y que abarca desde los estudios de Ángel Rama, Octavio Paz, Benedict Anderson a
Tulio Halperin Donghi entre otros.

Con respecto al corpus que selecciona para su investigación, resulta relevante el


recorte expuesto en torno a la obra de dos letrados de la Independencia americana, disímiles
pero fundamentales. Ubicados en las postrimerías del régimen colonial, las figuras de Fray
Servando Teresa de Mier y José Joaquín Fernández de Lizardi van a mostrar su singularidad
y a la vez ciertos matices que le permiten producir un desplazamiento en la mirada sobre el
conjunto. Un recorrido por la trayectoria de estos textos en la heterogénea República de las
letras dejará entrever la emergencia de una incipiente “esfera pública” donde coexisten
diversidad de proyectos, formas y perspectivas. Más allá de considerar sus aportes
específicos, considero que el trabajo en conjunto permite inferir la emergencia de proyectos
singulares, y sin embargo convergentes, en tanto coinciden en la búsqueda de la autonomía
de la voz letrada. La excepcionalidad de estas obras y de las trayectorias de sus autores
configuran para Rosetti atributos que permiten pensar la heterogeneidad como uno de los
rasgos propios de la élite letrada del período. No solo señala la autora la vocación de estos
escritores por erigirse en voceros de un espacio social más amplio, estudia en especial el
lugar que en ellos ocupa su magisterio orientado a una audiencia nueva como son los sectores
populares. Un segundo aspecto nada menor, sin embargo, permite entrever el estudio de este
corpus respecto de las especificidades de la ciudad letrada. Me refiero a una cualidad que
remite al lugar de enunciación que forjan estos escritores y que la estudiosa designa como
“criollista patriótico”, en tanto espacio propio del decir desde el cual es posible inscribirse
dentro de la más vasta “República de las letras”. A partir de la delimitación de ambas zonas,
la autora puede avanzar en el estudio de formas e imágenes que le resultan fundamentales
para delimitar cierto espacio de autonomía letrada que no solo impacta en la configuración de
sus proyectos individuales y grupales sino también en la configuración de una realidad que
comienza a ser percibida como singular
Con respecto al recorte cronológico que aborda, este se enmarca, en especial, en el
periodo de 1808 a 1814, años signados por la experiencia de la crisis ocurrida tras las
abdicaciones de Bayona y prolongada hasta la restauración monárquica absolutista en la
Península Ibérica. Esa periodización le permite poner en foco una crisis la que colaborará
de modo decisivo en la ruptura del lazo colonial y en la conformación de los estados
nacionales en América.

Más allá del evidente aporte que el texto ofrece en tanto exhibe un enfoque
interdisciplinario para el abordaje de los problemas que incluye la construcción de una
mirada compleja sobre estos procesos, me interesa señalar los aportes específicos que realiza
para el campo de los estudios de las literatura latinoamericanas. En relación al primer aspecto
quisiera señalar que Rosetti revisa los aportes de múltiples campos del conocimiento como
los de la crítica literaria, la sociología o la antropología cultural para cuestionarlos y
proyectar una lectura todavía más sinuosa junto a otras nociones críticas y perspectivas
teóricas. Sin embargo no se detiene allí, avanza en la producción de una nueva cartografía
crítica asignando nombre a problemas entrecruzados y a una nueva perspectiva respecto de la
relación de los letrados con la cultura colonial y sus proyectos de autonomía. En primer lugar
la reflexión acerca de la configuración del lugar de enunciación de estos sujetos incorpora las
modulaciones ideológicas de las diferentes regiones, lo cual permite matizar las ideas de un
tipo de letrado colonial atado a rasgos más o menos homogéneos. Por otra parte le asigna un
lugar estratégico al agenciamiento de los géneros. Por ejemplo, al analizar el uso público y
político del género epistolar que realiza de Mier puede avanzar cómo la revalorización de la
función social de los mitos regionales que realiza el escritor al interior del propio espacio
letrado, le permite ganarse un lugar dentro de él. En tal sentido, la autora considera a esta
una “tarea bifronte”, como destaca Palti en prólogo al volumen, dirigida en simultáneo hacia
dentro y fuera del espacio de enunciación. La adopción de esa perspectiva le permite
asignarle una naturaleza peculiar. Un ejemplo de ello sería la apertura política inaugurada
por la Constitución de 1812 y las condiciones que crea esta coyuntura para las búsquedas de
los letrados. La tarea que asume la élite, entonces, será la de dar expresión a los deseos de
un conjunto social más amplio con el que se identifica y al mismo tiempo contribuye a
“crear” desde el lugar de formador de sectores populares. En el contexto del estudio, esta
ambigüedad indicaría el tránsito de roles: del tradicional letrado colonial a la nueva figura
del “publicista patriota”. En los sentidos señalados como en otros muchos y divergentes que
el trabajo propone, las condiciones complejas y amenazantes del periodo permitirán a los
letrados vislumbrar nuevas posibilidades de intervención y legitimación

A lo largo de sus cinco capítulos que componen el volumen, Rosetti recorre “El despliegue de
la labor letrada” a través del análisis del grupo letrado urbano, la ciudad letrada y la noción
de criollismo al interior de los discursos formadores del contexto independentista. En el
Capítulo 2, avanza en el estudio del lugar del letrado criollo y de la tradición guadalupana en
la independencia novohispana. A través del análisis de los textos de Mier, puede vislumbrar
el lugar del mito guadalupano en la conformación de una conciencia “criolla” y, en diálogo
con Halperín Donghi, la conformación de un incipiente discurso “criollista patriótico”. En
este sentido, hace jugar el mito menos en el espacio de la búsqueda de subversión del orden
colonial que al interior de un proyecto de autonomización cultural. Esta lectura le conduce a
entender el surgimiento de un “guadalupismo cívico” que comporta las bases de un programa
cultural y un proyecto político. Señala la autora:
“ Mier ensaya un viaje hacia los orígenes de esta tradición para despojarla de todo
matiz mitológico o ficcional. Las distintas propuestas de lectura que configuró, si bien
complejas y por momentos contradictorias entre sí, estipulan la configuración de un
letrado criollo crítico que no se identifica plenamente con las características de un
letrado patriota ni con un letrado colonial (Rosetti: 105).
En las páginas siguientes se adentra en el análisis del lugar del letrado frente a la opinión
pública. “Entre el patriotismo y el periodismo” se titula uno de los apartados del capítulo
donde pone el foco en las estrategias de apropiación de estos nuevos espacios. Afirma
Rosetti que este proceso de reacomodación de la labor letrada criolla hizo posible un nuevo
locus de enunciación independentista “no tanto por su contenido ideológico,sino por las
posibilidades discursivas que habilitó esta enunciación, ya no meramente informativa,
monolítica y homogénea” (111). Asimismo produce una interesante reflexión acerca de los
usos políticos del criollismo al analizar la polémica entre Mier y Blanco White a través de la
opinión pública, como ventana a uno espectro de lectores, hace visible un sistema de los
acuerdos y alianzas entre americanos y peninsulares donde se redefine la noción de “patria”
y se forjan nuevas formas de arraigo y de pertenencia.
En el Capítulo 4 titulado “El letrado criollo y la escritura de la historia de la
revolución” estudia la crisis de legitimidad política producida en este contexto de profundos
cambios y la asunción de una soberanía americana. En este segmento Rosetti analiza el texto
que en 1813 Servando Teresa de Mier publica con seudónimo- José Guerra -bajo el título de
“Historia de la revolución de la Nueva España antiguamente llamada Anáhuac o Verdadero
origen y causas de ella con la relación de sus progresos hasta el presente año” en Londres.
Dos operaciones fundamentales señala en este texto. Por una parte, la asunción de un “doble
linaje” que le perimiría la salida del laberinto institucional de la monarquía española a través
de la asunción de una genealogía mutante que haría posible que los criollos pasen de una
paternidad política a otra:_ del rey a los conquistadores y los caciques aztecas. La asunción
de ese doble linaje configuró, según Rosetti, una estrategia retórica para desestimar y
condenar el legado católico impartido por los misioneros sobre los indígenas. Por otra parte,
este texto configura discursivamente a los actos insurgentes de los revolucionarios
americanos como parte de “un proceso de maduración y asunción de representación política,
crecimiento guiado por una reflexión cívica y constitucional profundas” (157)

En el último tramo del trabajo realiza una lectura donde articula el lugar del letrado criollo y
la torsión de las tradiciones narrativas [Link] ello observa que los desvíos,
apropiaciones y relecturas que realizan Mier y Lizardi de los géneros narrativos europeos los
lleva a reflexionar y cuestionar el rol del letrado colonial al que presentan como desfasado o
perdido en un sistema social que lo desconoce. En el apartado “El desplazamiento y la
ventriloquía cultural: la traducción caribeña de Mier y Rodríguez”, me interesa señalar que el
aporte de la autora radica en leer el encuentro parisino de ambos autores y la tarea
compartida de la traducción le permite comprender que ambos hechos se entrelazan para
ubicar ese discurso como distante de configuraciones previas tales como la búsqueda de
posibles identidades nacionales o uniones trasatlánticas entre letrados criollos y europeos
enfrentados a la Monarquía española. Por el contrario, el trabajo de Mier y Rodríguez
consistiría en una propuesta criolla de crítica el sistema colonial peninsular por su
“desconocimiento” de las riquezas culturales y naturales de América.
El libro, sin embargo, ofrece otras zonas de fecunda reflexión crítica y discusión que
el lector interesado en estos cruces podrá recuperar y poner en acción. Quiero afirmar
finalmente que Letrados de la Independencia: Polémicas y discursos formadores, constituye
un aporte sustantivo para estudio de las problemáticas vinculadas a los letrados americanos
en los primeros años de las independencias. Se trata de un trabajo riguroso y denso que al
tiempo que recupera una potente tradición de estudios produce un giro teórico y
metodológico algunos de sus interrogantes centrales.

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