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Tipos somáticos y delincuencia en positivismo

El documento analiza la relación entre tipos somáticos y delincuencia, destacando las teorías de Sheldon y Kretschmer, que clasifican a las personas en endomorfos, mesomorfos y ectomorfos, y su posible correlación con comportamientos delictivos. También se discute la teoría del cromosoma XYY, sugiriendo un vínculo entre esta anomalía genética y la predisposición a la delincuencia, aunque se critican sus limitaciones y la falta de consideración de factores sociales. Finalmente, se menciona la perspectiva de Eysenck, quien propone un enfoque más integral que incluye la influencia de factores ambientales en la conducta delictiva.

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Tipos somáticos y delincuencia en positivismo

El documento analiza la relación entre tipos somáticos y delincuencia, destacando las teorías de Sheldon y Kretschmer, que clasifican a las personas en endomorfos, mesomorfos y ectomorfos, y su posible correlación con comportamientos delictivos. También se discute la teoría del cromosoma XYY, sugiriendo un vínculo entre esta anomalía genética y la predisposición a la delincuencia, aunque se critican sus limitaciones y la falta de consideración de factores sociales. Finalmente, se menciona la perspectiva de Eysenck, quien propone un enfoque más integral que incluye la influencia de factores ambientales en la conducta delictiva.

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Los tipos somáticos en el positivismo biológico

Una resultante directa de la obra de Lombroso es la investigación


de la relación entre delincuencia y forma del cuerpo. Los pre-
cursores en esta materia fueron Ernst Kretschmer [1921] y William
Sheldon [1940].
Desarrollando los trabajos de Kretschmer, Sheldon diitinguió tres
tipos somáticos: el endomorfo (suave y grueso), el mesomorfo
(sólido y grueso) y el ectomorfo (frágil y delgado). Sostuvo que,
a cada uno de estos tipos le correspondía un temperamento par-
ticular. Los endomorfos son fundamentalmente lentos, amantes
de la comodidad y extravertidos; los mesomorfos, agresivos y acti-
vos; y los ectomorfos, moderados e introvertidos.l9 Los Glueck
[1950-19561 aplicaron en forma estadísticamente significativa la
tipologia de Sheldon y descubrieron que, entre los delincuentes,
había una cantidad de mesomorfos igual al doble de la que podría
haberse obtenido al azar, y la mitad de ectomorfos. En Alemania,
Klaus Conrad [1963] desarrolló posteriormente esta teoría y estu-
dió los cambios porcentuales de la configuración corporal a me-
dida que el niño crece. Relacionó la cabeza con la longitud del
cuerpo para las distintas edades, y observó que, término medio,
los niños eran más mesomorfos v, los adultos más e c t o m o r f o ~ . ~ ~
--
-

Por ello, sostuvo que los adultos mesomorfos se parecían a niños


de una edad media de ocho años. mientras aue los ectomorfos se
1 -

parecian más a adultos. Conrad llegó a la conclusión de que los


mesomorfos alcanzaban un nivel inferior de «desarrollo ontoeé- J

nico» que los ectomorfos. Esta idea del nivel de desarro110 onto-
gCnico es semejante al «atavismo» de Lombroso. Conrad pensaba
también que los mesomorfos eran más inmaduros psicológicamente
y, en este sentido, su teoría se aproxima a la de Eysenck, que tam-
bién emplea la noción de forma corporal y cita, aceptándolos, los
resultados de C ~ n r a d . ~ '
Las críticas formuladas a esta escuela se centran en los orígenes
sociales del tipo somático; es decir, en la forma en que ha de ex-
plicarse un tipo somático determinado. Bien puede suceder que
los niños de clase trabajadora baja, a los que es más probable
encontrar en las estadísticas criminales, tengan también,-a causa
de su dieta, trabajo manual permanente, salud y energía física,
más probabilidades de ser mesomorfos que ectomorfos. Además,
puede suceder que la posibilidad d e ingresar en subculturas de-
lincuentes dependa del aspecto físico. Donald Gibbons r1968, pág.
1341 dice:

tPodría sostenerse que las subculturas delincuentes reclutan nue-


VOS miembros en forma selectiva, asignando mayor valor a los
muchachos ágiles y atléticos [. . .] los jóvenes excesivamente gor-
dos o muy delgados y enfermizos no son buenos candidatos para
el mundo violento de la conducta delictiva, por lo cual se los
excluye. [. . .] De ser así, se trataría de un proceso social y no de
una pauta de comportamiento biológicamente determinadas.
El hecho de que en muchos de los estudios de esta tradición se
haya utilizado como sujetos a reclusos (y se hayan obtenido re-
sultados significativos) puede, evidentemente, reflejar solo la ten-
dencia a encarcelar en mayor proporción a los mesomorfos que
a los e c t o m ~ r f o s . ~ ~

La teoría de la combinación cromosómica XYY 25


Una teoría genética reciente y muy difundida del delito intenta
establecer un vínculo entre la posesión de un conjunto cromosó-
mico XYY y la delincuencia.
La pareja normal de cromosomas complementarios es en la mu-
jer XX y en el hombre XY. Sin embargo, en unos pocos casos
puede faltar un cromosoma o puede haber otros adicionales. Por
ejemplo, la combinación XXY se presenta 1,3 veces en cada 1.000
bebés varones, y la X W , 1,O veces. En muy pocas ocasiones, pue-
den encontrarse también las combinaciones XYYY, XXYY y
xxxW.24
La primera anormalidad cromosómica sexual investigada fue la
de los varones con una combinación XXY. Esta combinación.
denominada «síndrome de Klinefelter*, aparecía asociada con la
degeneración de los testículos durante la adolescencia y con una
escasa inteligencia, y se hallaba presente en proporción muy ele-
vada entre las personas internadas en instituciones para débiles
mentales.
Como los casos XXYY parecían manifestar características simi-
lares a las del síndrome de Klinefelter (es decir, XXY) y los
casos XYY presentaban defectos mentales débiles, se pensaba que
el cromosoma Y adicional era de muy poca importancia. Luego,
en 1962, Coilrt Brown descubrió que la tasa de delincuencia en-
tre sus pacientes con anormalidades cromosómicas era significati-
vamente elevada [pág. 5081. Casey et al. 119661, sobre la base de
esta observación, buscaron anormalidades en los cromosomas se-
xuales en pacientes mentalmente anormales internados en Shef-
field en condiciones especiales de seguridad y que eran conside-
rados potencialmente criminales. Encontraron en esa población
una cantidad de anormalidades de los cromosomas sexuales igual
al doble de :as de los «defectuosos normales» y diez veces superior
a las de la población anormal>. Sin embargo, lo más importante
era que una gran proporción tenía combinaciones X X W . El
exceso de anormalidades correspondía casi exclusivamente a tales
casos, por lo cual se creyó que esos pacientes tenían una tendencia
eswecial a ser delincuentes. También se observó aue eran extraor-
dinariamente altos.
Puesto que en estos aspectos dichos pacientes tenían los rasgos
del más habitual síndrome de Klinefelter, podía deducirse que
la altura adicional y la mayor delincuencia eran producto del
cromosoma Y adicional (que constituía la diferencia entre la anor-
malidad de XXY y la aberración de XXYY de esos pacientes

Basándose en este supuesto, Price et al. [1966, pág. 5651 procedie-


ron a establecer los cromosomas de todos los pacientes varones de
un hospital escocés para internación de enfermos peligrosos, y des-
cubrieron que los varones con la combinación XYY: a) no eran
físicamente excepcionales, salvo en estatura, b ) sus genitales pa-
recían estar perfectamente desarrollados ( a diferencia de lo que
sucedía en el síndrome de Klinefelter), y c) había algunas prue-
bas de que padecían de deficiencias mentales leves. Dado que
también se disponía de pruebas de acuerdo con las cuales entre
las mujeres que presentaban una combinación XXY había al-
gunas anormalmente altas, se llegó a Ia conc~usiónde que e1 cro-
mosoma Y adicional era el responsable del aumento de estatura
del individuo.
En una investigación posterior [1967, págs. 533-361, el equipo de
Price vio que aquellos pacientes que tenían un cromosoma Y adi-
cional tendían, en primer lugar, a ser psicópatas graves; segundo,
a recibir condenas a una edad más temprana que otros psicópatas;
tercero, a cometer delitos contra la propiedad más que contra las
personas; y, por último, a proceder de medios en los que no había
evidencias reales de delito. Por lo tanto, el cromosoma Y adicional
parecía estar positivamente relacionado con una estatura y una
psicopatía mayores.
La teoría de la combinación de cromosomas sexuales XYY es
extraordinaria porque, sorprendentemente, sostiene estar en con-
diciones de establecer la base genética precisa de una predisposi-
ción delictiva concreta.26 En todos los demás aspectos, es una
teoría manifiestamente muy burda, que ( a diferencia de la ver-
sión del positivismo biológico propuesta por Eysenck) ni siquiera
intenta explicar, o indicar, los mecanismos en virtud de los cuales
esas diferencias genéticas se traducen en diferencias de compor-
tamiento (es decir, en distintas orientaciones respecto de Ia ac-
ción social). La teoría también es muy limitada porque sus ex-
plicaciones, tal como se dan, son aplicables a una proporción muy
reducida de delincuente~.~6
Las limitaciones de la teoría de la anormalidad en los cromoso-
mas sexuales son análogas a las de las teorías basadas en los tipos
somáticos. Hunter señaló con agudeza en una carta a The Lancet
11966, pág. 9841:

aIncluso aunque su comportamiento no sea más agresivo que el de


varones con combinaciones XXY, podría suceder que, a causa de
su gran estatura y corpulencia, presentasen un aspecto tan ame-
nazador que los tribunales y los psiquiatras se viesen motivados a
recluirlos en hospitales especia!es para garantizar la seguridad de
la comunidad. Esa motivación podría verse afianzada por la anor-
malidad intelectual conexa. Este factor se manifestaría en la ma-
yor frecuencia de varones con combinaciones XYY (y XXYY)
en grupos especiales de internados en hospitales,.
Sarbin y Miller [1970] han destacado que la teoría cromosómica
no puede distinguir entre las causas eficientes del delito (los an-
tecedentes que llevan a una persona a cometer un acto ilegal) y
la causa formal (los motivos por los que determinados actos son
calificados de ilegales en primer lugar). Como Lemert sostuvo en
otro contexto [1967, cap. 51, estos dos tipos de causa están vincu-
lados solo transitivamente y los motivos por los que una persona
comete un acto delictivo pueden ser completamente distintos, en
orden e importapcia, de los motivos por los que se detiene a un
determinado infractor.
Sarbin y Miller se refieren a la difusión de la delincuencia en
toda la población y al hecho de que una de las preocupaciones
centrales de la criminología contemporánea sea la investigación
de los procesos de selección y clasificación que dan por resultado
que solo una pequeña proporción de infractores sean aprehendi-
dos. Simplemente, es imposible saber si los varones con combina-
ciones cromosómicas XYY cometen más actos ilegales que los
varones con combinaciones X Y (es decir, mormalesw), a menos
que se pueda especificar si las anormalidades de los cromosomas
sexuales son parte de las causas eficientes o de las causas formales
del delito. En realidad, la teoría de las diferencias en los cromo-
somas sexuales no examina las causas formales del delito, entre
las que se puede contar lo que la policía percibe como apeligro-
~ i d a d » , 2que
~ quizás esté vinculado (como propuso Hunter) con
una estatura excesiva y con deficiencias mentales. También-puede
suceder, dicen Sarbin y Miller, que la cantidad de varones con
cromosomas XYY encontrados- e; la clase trabajadora era des-
proporcionadamente elevada (por motivos que nadie ha explica-
si esto es verdad, el hecho de que haya una representación
desproporcionada de varones con combinaciones XYY en las cár-
celes Puede ser mera consecuencia de la tendencia de la policía
2 detener a varones de clase trabajadora (y de la naturaleza cla-
sista de la ley misma).
De todos modos, este tipo de análisis, por sí solo, pese a ser per-
tinente, es esencialmente estático. La apariencia y el comporta-
miento extraños de los varones con combinaciones X W pueden
estar inextricablemente vinculados, en forma dialéctica, con la
calificación y estigmatizacióri social que experimentan; su exclu-
sión de la interacción social «normal» puede (juntamente con la
privación material que acompaña a esa situación) aumentar la
probabilidad de que se vean atraídos por opciones ilegítimas o
i!egales. Es decir que la e~ti~matización de individuos con com-
binaciones XYY (la causa formal de la conducta desviada) a la
larga provoca las causas eficientes de la conducta desviada, que,
por su apariencia inusual, les crea mayores probabilidades que a
otros infractores de ser detenidos (las causas formales del delito).
En síntesis, la anormalidad biológica se interpreta de forma tal
que es probable que haga que la persona estigmatizada reaccione
en forma desviada ante quienes interpretan que es anormal. Los
factores biológicos inciden en el delito únicamente en forma in-
directa; la mediación decisiva, que el positivismo no examina, es
la interpretación que se hace de las características biológicas.
Nos ocuparemos ahora de una teoría biológica que representa un
adelanto considerable respecto de las que acabamos de examinar.
Las formulaciones de Hans Eysenck son mucho más eficaces que
las demás interpretaciones biológicas de la sociedad, porque ana-
luan .los mecanismos mediante los cuales las posibilidades gené-
ticas se traducen en comportamiento delictivo, en particuiar, y en
acción socia1,'en general, y porque reconocen plenamente la in-
fluencia de los factores ambientales. Eysenck ha prestado atención
a una amplia gama de cuestiones y, por ello,'.nos brinda la opor-
tunidad de estudiar los atributos fundamentales del positivismo
biológico en su forma más elaborada, es decir, sil concepción de
la naturaleza humana, el orden social, el comportamiento desviado
y el método científico.

Eysenck

La concepción de la naturaleza humana


La motivación ft-indamental del hombre consiste en buscar el pla-
cer y evitar el dolor; en este sentido, Eysenck coincide con los
filósofos clásicos. Pero disiente respecto de ellos en que no cree
en la libre voluntad y la racionalidad de los hombres, ya qiie el
principal escollo a que tiene que hacer frente esta noción utilitaria
de la motivación es que el castigo del delito, infligiendo un dolor
proporcional a sus consecuencias (como proponía Beccaria, según
hemos visto), no elimina, en realidad, la delincuencia. La misión
de la psicología moderna, según Eyspnck, es complementar el he-
donismo clásico con perfeccionamientos positivistas. Ante todo,
expone lo que ha dado en denominar el principio de la inmediatez
[196?, pág. 6891:

aEn lo referente a las consecuencias de determinado acto, hablar


del equilibrio entre el placer y el dolor es lo mismo que hablar
acerca de dos pesas ubicadas en los extremos opuestos de la cruz
de una balanza; tenemos que tener en cuenta no solamente las
pesas mismas sino también la distancia a la que se encuentran del
punto de apoyo. Una pesa liviana situada lejos del punto de apoyo
puede ejercer más fuerza que tina pesada colocada cerca de 61. En
el caso del dolor y el placer, lo que tenemos que considerar es la
contigüidad temporal de esos dos estados resultantes respecto de la
acción que los produce; cuanto más próximas a la acción sean las
consecuencias, tanto mayor ser5 su influencia en acciones futuras.
De esta forma, un acto acompañado de una gratificación reducida
pero inmediata tenderá a repetirse, incluso aunque vaya seguido
de una gran consecuencia dolorosa pero demorada>.
«Por tanto, los efectos negativos de la pena se verán muy atenua-
dos por el largo período entre el delito y el castigo. Además, mien-
tras que las consecuencias positivas del delito son bastante seguras,
las negativas lo son mucho menos, [Eysenck, 1965, pág. 2591.

Después de todo, como dice Eysenck, solo se dilucida una pequeña


proporción de delitos y la posibilidad de evitar ser descubierto suele
ser considerable. Acá, el hombre es considerado un hedonista a cor-
to plazo: hoy vive y disfruta porque nunca sabrá qué puede pasar
mañana.
Dado que la pena, a causa de la distancia que la separa del acto
criminal y de su naturaleza probabilística, ha demostrado ser cla-
ramente ineficaz, qué alternativa razonable puede ofrecer el po-
sitivista para controlar el delito? Eysenck [1965, págs. 260-611 re-
curre a un concepto evidentemente no utilitario: la conciencia mo-
rai, a la que sin embargo priva de toda connotación de búsqueda
de valores por sí mismos. Sostiene en cambio:

«;Cómo se origina la conciencia moral? Nuestra opinión es que es


solo un reflejo condicionado. [. . .] Lo que sucede es que el niño
pequeño, a medida que crece, tiene que aprender varios actos que,
en sí mismos, no son agradables ni placenteros y que, en realidad,
se oponen a sus deseos. Tiene que aprender a ser limpio y no de-
fecar ni orinar donde y cuando quiera; tiene que reprimir la ex-
presión abierta de sus ansias sexuales y agresivas; no debe golpear
a otros niños cuando hacen algo que no le gusta; tiene que apren-
der a no tomar lo que no le pertenece. En cada sociedad hay una
larga lista de actos prohibidos que se declaran malos, traviesos o
inmorales y que, aunque le resulten atractivos y gratificantes, debe
de todas formas desistir de llevar a cabo. Como ya hemos dicho, es
improbable que este resultado se obtenga con procesos formales
de castigo demorado, porque lo que hace falta para eliminar el
placer inmediato derivado de la actividad es un castigo inmediato
que sea mayor que el placer y que, en lo posible, se produzca en
forma muy próxima a la comisión del delito. En la niñez, los pa-
dres, los maestros y los demás niños pueden administrar ese castigo
en el momento oportuno; el niño que hace algo indebido recibe
al punto una palmada, es reprendido o enviado a su cuarto, o sufre
un castigo cualquiera. Por ello, podemos considerar que el acto
malo mismo es el estímulo condicionado y el castigo -la palmada,
la vergüenza moral o cualquier otra cosa- es el estímulo no con-
dicionado que produce dolor o, por lo menos, alguna forma de
sufrimiento y, por lo tanto, de respuesta congruente. Sobre la base
del principio del condicionamiento, cabe esperar que, después de
varias repeticiones iguales, el acto mismo produzca la respuesta
condicionada; en otras palabras, cuando el niño va a hacer una de
las muchas cosas que se le han prohibido y por las que ha sido
castigado en el pasado, entonces la respuesta autónoma condicio-
nada se producirá de inmediato y lo disuadirá enérgicamente por
ser desagradable en sí misma. Así, el niño tendrá que elegir entre
persistir en su conducta y obtener el objeto deseado pero, al mismo
tiempo (o quizás antes) padecer el castigo desagradable sdminis-
trado por su sistema autónomo condicionado, o desistir de actuar
y así evitar ese castigo. Si el proceso de condicionamiento ha sido
bueno y eficiente, se puede predecir, basándose en principios psi-
cológicos, que optará por desistir y no efectuar el acto. De este mo-
do, el niño adquiere, por así decirlo, un "policía interior" que lo
ayuda a controlar sus impulsos atávicos y que complementa a la
policía ordinaria que, con toda probabilidad, será menos eficiente
y mucho menos omnipresente».

Esta concepción de la conciencia moral permite concebir castigos


intrínsecos del sistema nervioso autónomo: la ansiedad y la alar-
ma, desconocidas para los clásicos y los criminólogos. Se entiende
que el comportamiento se adquiere de dos maneras:

a. Por aprendizaje, basado en el simple hedonismo y en el que


interviene el sistema nervioso central. Los problemas se resuelven
racionalmente por refuerzos: lo que produce placer recibe un re-
fuerzo positivo y las actividades que provocan dolor uno negativo.
(Esto corresponde al condicionamiento instrumental u operante.)
Como hemos visto, la proximidad del placer es un factor importan-
te en 'a determinación del refuerzo positivo.
b. Por condicionamiento. El condicionamiento clásico funciona no
por refuerzo directo sino por contigüidad, y en él interviene el sis-
tema nervioso autónomo. Como se puede apreciar en la última
cita, las actividades placenteras en sí mismas están asociadas en for-
ma refleja con la experiencia autónoma d e ~ a g r a d a b l e . ~ ~

Por lo tanto, se entiende que la actividad voluntaria y racional


del hombre tiene por única finalidad satisfacer sus deseos indivi-
duales y presociales. La satisfacción de esos impulsos se aprende
por ensayo y error: el éxito produce un refuerzo positivo y el fra-
caso uno negativo (la llamada <<leydel efecto»). El modelo del
aprendi~ajees darwinista en su prescindencia d~ la mente; la ra-
zón es e' motor de la búsqueda del placer; un ardid, por así decir,
tendiente a aumentar al máximo la satisfacción y reducir al mí-
nimo el dolor. La conciencia moral es un reflejo pasivo que, sin
pensar, controla esos impulsos hedonistas mediante la angustia
autónoma. ¡Extraño modelo del hombre, en el que la razón aloja
'as pasiones, en tanto que la concienria moral queda relegada a
las vísceras!
La naturaleza ideológica de este modelo es bien evidente. Lo pla-
centero (lo bueno) no plantea problemas: es un elemento bioló-
~ i c odado que el organismo tratará de maximizar. Las restricciones
que se imponen no son creadas por los actores mismos sino que se
derivan misteriosamente del orden normativo, tal como existe. El
hombre no genera sus propias reglas ni se opone a las reglas aje-
nas; sólo es un ser activo en tanto y en cuanto trata de reducir las
tensiones del dolor y sus deseos de satisfacción.
Por consiguiente, el individuo no formula sus deseos ni controla la
posibilidad de ponerles freno. Su concentración catéctica en deter-
minados objetos es función del «aprendizaje racionalxr, y su inca-
pacidad para evitar actividades «antisociales», resultado de la fal-
ta de condicionamiento. El grado en que una persona ha sido con-
dicionada para evitar el comportamiento «antisocialw es funda-
mental. en la explicación que da Eysenck de la delincuencia. La
medida de ese condicionamiento depende de dos variables: a ) la
sensibilidad del sistema nervioso autónomo aue ha heredado:, bl,
la calidad del condicionamiento que ha recibido en su familia, que
a su vez d e ~ e n d ede la eficiencia con aue la familia utiliza técnicas
de condicionamiento adecuadas.
Así, a las posibilidades genéticas que tiene la persona para llegar
a ser plenamente social se añade la variable ambiental de la familia
de origen. Corresponde destacar que estos dos factores se sitúan
en los primeros momentos de la vida del individuo. La importan-
cia ideológica que esto encierra consiste en que trasfiere las criticas
respecto de los orígenes de la desviación actual a la historia pasada
de la persona o grupo de que se trata.
Las diferencias del sistema nervioso autónomo ocasionan variacio-
nes en la capacidad que el individuo tiene de ser condicionado.
Esto quiere decir que las personas oscilan entre aquellas en quienes
es fácil excitar reflejos condicionados y cuyos reflejos son difíciles
de inhibir, y aquellas cuyos reflejos son difíciles de condicionar y
fáciles de extinguir. A esto corresponde la principal dimensión de
la personalidad según Eysenck, la que va de la introversión a la
e x t r a ~ e r s i ó nUna
. ~ ~ vez formada, al término de la primera infan-
cia, se constituye un potencial biológico, medible como punto en
un continuo introversión-extraversión, que determinará la propen-
sión del individuo al delito.
En contraposición a todo esto, pensamos que la conducta del hom-
bre no es un s i m ~ l eintento de reducir la tensión entre los deseos
socializados y las prohibiciones condicionadas y que una caracte-
rística esencial del hombre consiste en que es, a la vez, el producto
y el productor de la sociedad. En ciertos momentos acepta los va-
lores existentes, y en otros los reinterpreta, los trasciende o se opo-
ne a ellos. En realidad, gran parte de su conducta puede atimentar
la tensión en lugar de reducirla, porque quizá sea necesario que,
para satisfacer sus ideales, la persona tenga que hacer frente a
la desaprobación social y el condicionamiento temprano (refuerzo
negativo) .31
El sistema nervioso central y el autónomo sin duda intervienen en
el proceso de aprendizaje; negar esto equivaldría a negar que el
hombre tiene un cuerpo. Pero la razón no es meramente un coq-
junto de reflejos deterministas, sino una conciencia del mundo,>
la capacidad del individuo de dar sentido a su universo y de inter-
pretar y modificar creativamente el orden moral vigente. La razón
del hombre no es una amoralidad condicionada sino un medio
consciente para optar en la forma más eficaz posible. Del mismo
modo, existen sin duda respuestas autónomas de carácter condicio-
nado pero su significado depende de la conciencia. Un honibre
bien puede sentir ansiedad autónoma cuando está frente a la po-
sibilidad de robar, y esa ansiedad puede ser consecuencia de su
socialización temprana, pero su conducta podrá seguir cursos di-
versos, los que no necesariamente tienden a la reducción de la ten-
sión. Así, puede: a ) sentir ansiedad y aceptar conscientemente que
tal acto es amoral y, por lo tanto, negarse a robar; b) sentir ansie-
dad y decidir conscientemente que, a pesar de todo, en este caso
se justifica robar y, por lo tanto, hacerlo no obstante la tensión
autónoma; c ) sentir ansiedad y conscientemente ( a lo largo del
tiempo) resocializarse para deshacerse de las «rémoras, de su so-
cialización inicial.
Gordon Allport 11955; pigs. 31-35] dice:

*La verdad [. . .] es que el sentido moral y los estilos de vida de la


mayoría de las personas trascienden los confines de las costumbres
domésticas y comunitarias que las condicionaron en primera ins-
tancia. Si nos autoexaminamos, veremos que nuestra moral tribal
parece que ocupa un lugar periférico respecto de nuestra integri-
dad personal. Es cierto que cumplimos con las convenciones de la
modestia, el decoro y el autocontrol, y que tenemos muchos hábitos
que hacen de nosotros el reflejo de nuestro hogar y clase y de las
formas de vida impuestas culturalmente, pero también sabemos
que hemos elegido, reformado y trascendido esas formas de vida
en grado notable,.

El mismo autor añade [pág. 711:

<Aunque esta teoría es aplicable a las primeras etapas del desarro-


llo de la conciencia moral, no es convincente para etapas posterio-
res. Para dar un solo ejemplo: no suele ser la violación de los ta-
búes tribales o de las prohibiciones paternas lo que nos hace sentir
más culpables a los adultos. Tenemos códigos personales de virtud
y de pecado, y lo que para nosotros es motivo de culpa puede tener
poco que ver con los hábitos de obediencia que adquirimos algu-
na vez. Si se acepta que la conciencia moral es solo un medio
para castigarnos a nosotros mismos por violar un hábito adquirido
impuesto con autoridad, no se puede explicar el hecho de que a
menudo rechacemos las normas impuestas por nuestros padres y la
cultura y elaboremos otras propias,.

Sin duda es un defecto de la teoría sociológica no haber exami-


nado casi nunca conceptos como el de culpa y conciencia moral.
Por esta razón, expone un flanco débil a las críticas conductistas y
freudianas. Lo que se necesita urgentemente es distinguir entre la
culpa reflexiva de carácter autónomo y la culpa que surge del
conflicto entre 'os valores conscientemente aceptados y un compor-
tamiento eficaz.
Por último, el fenómeno de la eficacia debe interpretarse a la luz,
no del fracaso de las prohibiciones internas aprendidas en el pasa-
do, sino de la posibilidad de evitar sanciones de carácter presente
y externo, es decir, de evitar la reacción social de los poderosos
empeñados en proteger sus intereses manipulando recompensas ma-
teriales y sociales. Los «refuerzos positivos y negativos, no son la
respuesta autónoma, ante la cordormidad o la desviación, de un
universo de cuya existencia no se duda, sino intentos plenos de sen-
tido de los poderosos por mantener y justificar el statu quo de la
riqueza y los intereses.

El orden social
Eysenck tiene que hacer frente al problema de cuál es el origen de
las normas sociales y de cómo la sociedad logra no degenerar en
una <guerra de todos contra todos,. Para usar su propia termino-
logía: lquién decide lo que ha de ser positiva o negativamente re-
forzado? Este es el talón de Aauiles de toda teoría individualista
utilitaria. Eysenck no sostiene que lo agradable y lo doloroso deri-
van de impulsos biológicos innatos porque tiene perfecta concien-
cia de la naturaleza relativa de los deseos y gustos humanos.32 Es-
tos son diferentes en distintas sociedades [1953, pág. 1791:

<La tendencia a considerar que determinadas formas de conducta


son naturales y biológicamente innatas no es absurda desde un
punto de vista lógico. Sin embargo, al parecer se basa, en muchos
casos, en una identificación errónea de lo que es natural con lo
que es habitual en nuestra sociedad. Esta tendencia a estimar na-
tural (instintivamente innato) aquello a lo que estamos acostum-
brados queda perfectamente clara en algunos estudios sobre ani-
males. Consideramos instintivo y natural, por ejemplo, el compor-
tamiento de gatos que cazan y matan ratones y se alimentan de
ellos. Quizá pensemos que este no es un comportamiento ideal y,
en muchos casos, nos parece mal que un gato bien alimentado ma-
te pájaros y otros animales sin ningún motivo visible, pero creemos
que ese comportamiento es innato y, por lo tanto, natural y nor-
mal. Sin embargo, hay pruebas concluyentes de que no es así,.

Entonces, si los valores varían, presumiblemente deben estar vin-


culados con la naturaleza de la sociedad en la que han surgido.
Un determinismo biológico estricto buscaría las causas en caracte-
rísticas raciales o en ideas danvinianas acerca de las posibilidades
de la supervivencia humana. Eysenck, sin embargo, no es tan sim-
plista, porque en «The technology of consent, [1969, pág. 6901
(que examinamos antes en este capítulo) demostró estar dispuesto
a reconocer a los factores sociales su justa influencia, sosteniendo
que la conducta humana depende de los imperativos tecnológicos
de una sociedad con una gran división del trabajo: <Pienso que
esa evolución es necesaria para que la sociedad sobreviva a las con-
diciones tecnológicas creadas por la ciencia física y química,.
La sociedad, dice tina y otra vez, no logra adaptarse en forma
racional a los problemas que tiene que enfrentar. Sus prácticas de
crianza son demasiado tolerantes (critica duramente al doctor
Spock) y, sobre todo, no quiere aplicar realmente las conclusiones
de la psicología científica. En este sentido, dice [1953, pág. 1751:

«Son pocos quienes se han dado cuenta de que quizás esté surgien-
do un nuevo enfoque de los problemas sociales y políticos, enfoque
basado en el conocimiento real de la naturaleza humana y no en
creencias hipotéticas y nociones preconcebidas. En general, los par-
tidos políticos parecen haber agotado la fuerza dinámica que antes
los motivaba y están tratando de encontrar nuevas ideas y concep-
ciones. i N o será que esas ideas y concepciones nuevas han de en-
contrarse en una evaluación realista de las posibilidades, la capaci-
dad, las actitudes y los motivos de los seres humanos que compo-
nen la sociedad? Dado que los partidos coinciden tanto respecto
de los fines de la sociedad, ;no corresponde confiar la solución de
las controversias acerca de los medios a la investigación científica?
La solución de los problemas sociales puede, en principio por lo
menos, encontrarse de la misma forma que la solución de los pro-
blemas físicos y químicos; para determinar el peso atómico del oro,
o 'as dimensiones de la luna, o los colores del espectro del hidró-
geno, no procedemos mediante un cómputo aritmético, y no pa-
rece haber motivos para suponer que ese método sea más eficaz
cuando se trata de tomar decisiones correctas sobre la productivi-
dad industrial, la motivación u otros problemas psicológicos~.

Así, pues, para Eysenck en particular, y para los positivistas bio-


lógicos en general, existe un consenso general en la sociedad y
una élite que es capaz de entender la naturaleza <<real»de la mo-
tivación humana.
Eysenck critica el laissez faire del orden social y la búsqueda de
satisfacciones inmediatas en lugar de la solución científicamente
planificada. Parecería que las propias características de la natu-
raleza humana que ha descubierto empíricamente le ocasionan di-
ficultades. Pero es iin pesimista constante, porque cree que se han
cometido errores mayúsculos en trabajos de planificación que no
se ajustaban a los «hechos» básicos de la naturaleza humana. El
hombre siempre buscará el placer inmediato a menos que esté con-
dicionado para hacer otra cosa. quiéne es, entonces, serán los honi-
bres previsores y «aritinaturales, que podrán trascender su natu-
raleza estrechamente utilitaria y planificar racionalmente para la
sociedad en su conjunto? Presumiblemente los psicólogos, pero, si
esta es verdad, impide que el paradigma del comportamiento de
Eysenck se aplique a todos los hombres. Algunos, gracias a su
previsión, pueden crear nuevas normas más aplicables a una nue-
va circunstancia, pero el conductismo sólo puede explicar la crea-
tividad mvdiante el refuerzo positivo. Koestler [1964], en una re-
futación brillante de la metafísica conductista, cita el siguiente
intento del padre de esa escuela, John Broadus Watson 11925,
pág. 198 y sigs.], por explicar la creatividad:
uUna pregunta que surge a menudo naturalmente es de qué ma-
nera se producen creaciones verbales nuevas, como una poesía o
un ensayo brillantes. La respuesta es que se obtienen manipulando
palabras, cambiándolas de lugar hasta que se llega por casualidad
a una nueva composición. [. . .] ,j Cómo suponen ustedes que Patou
diseña un nuevo vestido? ,jTiene alguna "imagen en su mente"
del aspecto que tendrá? Nada de eso. [. . .] Llama a su modelo,
elige un nuevo corte de sedi. se lo pone encima, lo levanta acá, 10
baja allá. [. . .] Manipula el material hasta que llega a tener el
aspecto de un vestido. [. . .] Mientras la nueva creación no des-
pierta admiración y elogios, tanto de él mismo como de los demás,
la manipulación es incompleta; de la misma forma, una rata en-
cuentra comida [. . .] el pintor trabaja de la misma manera y el
poeta no puede decir que emplee ningún otro método,.

Pero ,j de dónde vendrán los refuerzos positivos si la innovación vio-


la los valores existentes? El propio Eysenck se refiere una y otra
vez a la resistencia y el desprecio con que se recibieron sus propias
conclusiones. Es difícil imaginar cómo la psicología pudo desarro-
llarse en medio de la apatía política y pública. La creación de
nuevas normas, la innovación de teorías científicas y proyectos ar-
tísticos, la dinámica del cambio social. . . nada de ello puede ser
explicado por la teoría positivista. En realidad, lo que sirve de
refuerzo para los hombres deriva de su respuesta deliberada ante
la situación que lo rodea, y la preponderancia de un refuerzo para
un hombre debe explicarse en función de opciones hechas libre-
mente pero en condiciones de limitación material y social. La eva-
luación de lo que debe ser no puede derivarse ni de los imperativos
de la tecnología ni de la configuración actual de valores.
El afán de Eysenck en respetar los ehechos, de la. existencia hu-
mana -la necesidad tecnoló[Link].
u ,
los -valores dominantes o el ca-
rácter esencialmente psicológico del hombre- lo coloca en una
posición contradictoria, porque con frecuencia tiene que reconocer
que esos «hechos» pueden no ser compatibles entre si. Sin embar-
go, se empecina en negar la creatividad y la intencionalidad del
hombre deduciendo d o que debe ser, de lo *que es». Siempre se
ve a sí mismo en un ámbito distinto de aquel en el que se encuen-
tran los sujetos que estudia, y él es el único que puede criticar el
orden existente. Es precisamente esta clase de autoengaño la que
Marx describió, en 1845, de la siguiente forma [Marx y Enge!s,
1968, pág. 281:

uLa doctrina materialista de que los hombres son productos de las


circunstancias y del cambio en su educación olvida que son los
hombres los que cambian las circunstancias y que el mismo edu-
cador tiene que ser educado. Por lo tanto, esta doctrina desemboca
por fuerza en una división de la sociedad en dos partes, una de las
cuales es superior a la sociedad misma>.
La conducta desviada
Para Eysenck, la caracterización de un acto como desviado no
plantea problemas; el consenso define qué es conducta normal o
desviada, y la tarea del psicólogo consiste únicamente en propor-
cionar medios eficaces de t r a t a m i e n t ~ No
. ~ ~cae en la trampa de
los deterministas biológicos que lo precedieron de sostener qtie el
comportamiento desviado sea intrínseco a la naturaleza biol6gica
de un individuo. Afirma [1970,págs. 74-75]:

&Nada de lo dicho hasta ahora debe llevar al lector a pensar que


el ambiente no desempeiia ningún papel entre las causas del delito.
T.. .1 La noción misma de delincuencia o de delito carecería de
L J

sentido fuera de un contexto de aprendizaje o de experiencia so-


cial y, en general, de interacción humana. Lo que las estadísticas
han demostrado es que la herencia es un factor de predisposición
niuy fuerte en lo referente a la comisión de delitos. Sin embargo,
la forma efectiva en que se comete un delito y el hecho de que el
culpable sea descubierto y castigado son cosas evidentemente suje-
tas a las vicisitudes de la vida diaria. No tendría sentido hablar
de la criminalidad o falta de criminalidad de un Robinson Crusoe,
criado y siempre confinado en su soledad en una isla desierta. La
noción de delincuencia y de predisposición al delito solo tiene
significado en relación con la sociedad. Por consiguiente, aunque
admitimos la tremenda influencia de lo hereditario, de ninguna
manera podemos sostener que las influencias ambientales no pue-
dan ser también igualmente poderosas e importantes,.

La sociedad define qué es delictivo y no delictivo, y el ambiente


social desempeña un papel importante en la determinación del
grado de socialización que ha experimentado una persona. Con
esto se supera la crítica de los ambientalistas, que sostienen que las
variaciones biológicas por sí solas no bastan para explicar los cam-
bios de las tasas de d e l i n ~ u e n c i a Entendemos
.~~ que el análisis de
Eysenck es erróneo, no porque omita los factores sociales, sino
porque tiene una noción falsa de la interrelación entre biología y
sociedad. Para Eysenck, la interacción entre la sociedad y las po-
sibilidades individuales de actuar en forma desviada es aditiua.
Tiene una noción estática del potencial biológico, que es algo fijo
y medible que el hombre conserva durante toda su vida. En cam-
bio, pensamos que la conciencia del hombre no es un producto de
10 que la sociedad hace con sus atributos bio!ógicos. Una caracte-
rística distintivamente humana la constituye el hecho de poder
replegarse e interpretar tanto la constitución corporal como las
circunstancias sociales.
Los impulsos biológicos netos y la aceptación pasiva de las rotula-
ciones impuestas por la sociedad solo se dan verdaderamente en el
momento del nacimiento, pero disminuyen luego. Las definiciones
que el hombre se da de sí mismo evolucionan, no como resultado
determinado de la superposición de factores sociales a un sustrato
biológico, sino como praxis, como deseo pleno de significado del
actor de construir y desarrollar su propia concepción de sí.
Eysenck, por el contrario, piensa que el comportamiento desviado
carece de significado: es un comportamiento ajeno al consenso
monolítico. Se lo percibe, independientemente de cualquier con-
texto social, como la manifestación patológica de un individuo
aislado. Ronald Laing [1967, pág. 171, refiriéndose a la enferme-
dad mental, ha señalado cómo un procedimiento así puede hacer
que toda conducta parezca inimeligible:

«Un hombre está mascullando algo, arrodillado, hablando con al-


guien que no está ahí. Sí, está rezando. Si su comportamiento no
se hace inteligible dándole una interpretación social, so!o puede ser
considerado loco. Fuera del contexto social, su comportamiento
solo puede ser consecuencia de un proceso "psicológico" y/o "fi-
sico" ininteligible, por el que necesita tratamiento. Esta metáfora
sanciona una ignorancia general del contexto social en el que la
persona interactuaba,.

En contraposición a Eysenck, pensamos que, en lugar de consi-


derar la extraversión un rasgo aislado, caracterizado por una so-
cialización insuficiente en términos absolutos, debemos entender
que representa un comportamiento significativo de determinados
individuos que otros, en este caso los psicólogos, estiman indesea-
ble. Se trata de una socialización insuficiente respecto de ciertos
valores y no de una falta total de valores. Si examinamos la carac-
terización que hace Eysenck de los extravertidos y los introvertidos
[1970, pág. 501, podremos apreciar los juicios sociales de valor que
aparecen detrás de la superficie de sus descripciones <objetivas,:

<El extravertido típico es sociable, le gustan las fiestas, tiene mu-


chos amigos, necesita tener gente c o i la cual conversar y no le
gusta leer o estudiar solo. Ansía la excitación, corre riesgos, actúa
sin meditar mucho y, en general, es impulsivo. Adora las bromas,
siempre tiene una respuesta lista y, en general, ve con simpatía
el cambio; es despreocupado, tranquilo y optimista y le gusta la
diversión. Prefiere estar en actividad y hacer cosas, tiende a ser
agresivo y pierde la paciencia fácilmente; no mantiene sus senti-
mientos bajo un control estricto y no es siempre una persona
confiable.
xEl introvertido típico es una persona callada y que se mantiene
al margen, introspectiva, amante de los libros más que de la gente;
es reservado y reticente, excepto con sus amigos íntimos. Tiende
a planificar, "mira bien antes de dar el salto" y desconfía de los
impulsos momentáneos. No le gusta la excitación, toma con la de-
bida seriedad las cuestiones de todos los días y prefiere una forma
de vida ordenada. Controla estrictamente sus sentimientos, rara
vez se comporta agresivamente y no pierde la paciencia con faci-
lidad. Es de fiar, a veces pesimista, y asigna gran valor a las nor-
,mas éticas,.
Es extraordinaria la similitud eiitre esa lista y la forma en que
Matza y Sykes distinguen entre valores forma!es y valores sub-
terráneos [196 11:

Valores formales: gratificación diferida, planificación, aceptación


dc reglas burocráticas, rutina, predecibilidad, no agresión, centra-
do en sí mismo.
Introversión: introspectivo, reservado, tiende a planificar, descon-
fía de los impulsos, no le gusta la excitación, prefiere una forma
de vida ordenada, controla sus sentimientos, rara vez se comporta
agresivamente, es de fiar.
Valores subterráneos: hedonismo a corto plazo, espontaneidad, ex-
presividad personal, nuevas experiencias, excitación, papel mascu-
lino agresivo, centrado en sus pares.
Extraversión : sociable, tiene muchos amigos, ansia la excitación,
corre riesgos, actúa sin meditar mucho, impulsivo, despreocupado,
tranquilo, le gusta el cambio, agresivo.

Matza y Sykes sostienen que los valores subterráneos se encuen-


tran en todos los planos de la sociedad y por lo común se expre-
san en momentos de esparcimiento y juego. Además, destacan que
determinados grupos --como es el caso de los delincuentes juve-
niles- tienden a acentuar estos valores a expensas de los valores
formales del trabajo.
Uno de los autores del presente estudio ha indicado que la acen-
tuación de los valores subterráneos está vinculada con la posición
estructural que ocupan y los problemas que enfrentan determina-
dos grupos sociales [Young, 1971~[Link] ellos, los más importan-
tes son la clase trabajadora baja, los grupos minoritarios represen-
tados y las ~culturas, de jóvenes desviados. Estos son también los
[Link] tienen más probabilidades de aparecer en las estadís-
ticas sobre delitos. Así, la existencia de valores que se oponen a la
cultura general y que están estrechamente vinculados con activi-
dades delictivas que persiguen una finalidad es interpretada por
Eysenck como una manifestación de propensiones psicológicas (es
decir, una gran extraversión) que denota la ausencia de valores
sociales. En algunos casos, la escala de extraversión-introversión
puede, en realidad, medir con exactitud, aunque en forma no de-
liberada, esas diferencias valorativas. Sin embargo, el delito está
vinculado con valores subterráneos solo en algunos casos. El cii-
mina1 profesional de la Mafia, el ladrón de oficio, el delincuente
que actúa en el marco de una gran empresa y el empleado de ban-
co malversador de fondos difícilmente tienen los mismos valores
que el negro de un gueto o el matón. Por estú, el intento está con-
denado al fracaso; abundan los resultados incongruentes 6, cuando
se obtienen correlaciones «significativas,, solo dan por resultado
falsas imputaciones causales.
El método científico
Muchas son las críticas hechas a Eysenck desde las filas mismas
del positivismo; así, Hoghughi y Forrest [1970] señalan que fre-
cuentemente se ha observado que los jóvenes que delinquen de
manera reiterada son significativamente más introvertidos que los
grupos de control [véase también Little, 19631. Además, sus téc-
nicas de investigación han sido criticadas duramente. Richard
Christie 11956, pág. 4501 escribió:

«Errores de cómputo, muestras con vicios graves que impiden toda


generalización, escalas con sesgos que no miden lo que dicen medir,
incong?uencias no explicadas en los datos, interpretaciones erró-
neas y contradicciones con investigaciones pertinentes de otros in-
vestigadores, manipulación injustificada de los datos: uno cual-
quiera de los muchos errores de Eysenck basta para plantear serias
dudas acerca de la validez de sus conclusiones. En general, un ab-
surdo se añade a otros, con lo que resulta imposible determinar
dónde está la verdad,.

De todos modos, no es nuestro propósito hacer críticas técnicas a


Eysenck. Como lo expusimos en la sección precedente, sostenemos
qúe, incluso aunque en algunos casos se pudieran encontrar corre-
laciones confiables entre extraversión y delito, estas se basarían en
una causalidad social y no en una teoría fundada en el sistema
nervioso autónomo. Esto no equivale a decir que la teoría de
Eysenck no es refutable, porque Si n ~ e s t r oargumento es acertado,
solo se encontrarán correlaciones efectivas en pocos delincuentes.
Eysenck, mientras tanto, para hacer frente a sus críticos, tiene que
recurrir desesperadamente a análisis factoriales complejos y añadir
nuevas complicaciones y dimensiones a su teoría [p. ej., Eysenck y
Eysenck, 19701. Como un astrónopo discípulo de Ptolomeo, tiene
que añadir epiciclo tras epiciclo para que su teoría siga siendo
compatible con los hechos, hasta que se pierde toda parsimonia y
desaparece el Último vestigio
" de obietividad científica.
En esta obra, nuestro propósito es concentrarnos en las críticas a
la teoría de Eysenck y no intervenir en las querellas internas del
positivismo. Por este motivo, nos ocuparemos de su concepto bá-
sico de reduccionismo [1970, pág. 751:

«Lo que se sostendrá es que, si no se comprende la forma en que


la delincuencia innata, la predisposición de la persona a cometer
un delito, se traduce en la realidad, será muy dificil, o imposible,
efectuar investigaciones sobre las influencias ambientales que de-
terminan la criminalidad o falta de criminalidad de una persona
en particular. Se dirá también que los estudios exclusivamente es-
tadísticos, como los que los sociólogos y otros han solido hacer en
un esfuerzo por correlacionar con la delincuencia características
como la falta del padre, la falta de la madre, malas condiciones de
crianza, falta de vida familiar, etc., aunque son interesantes, no
tienen gran importancia causal porque es difícil ver de qué manera
exactamente ejercen su influencia esos factores. Relacionando di-
chos factores con una teoría general que también explique cómo
funcionan las causas hereditarias, confiamos en dar una imaqen
más satisfactoria de todo e1 complejo de causas que provocan la
conducta delictiva e;; el mundo moderno».

Eysenck cree que hay leyes psicológicas y fisiológicas que explican


el comportamiento social. Ese reduccionismo supuestamente aumen-
ta la validez científica del análisis. Lo que Eysenck trata de hacer
es relacionar esos estados psicológicos y fisiológicos mensurab!es
con el comportamiento «objetivo» 11965, págs. 13-14; las bastar-
dillas son nuestras] :

«La "mente", el "alma" o la "psique" son demasiado inmateriales


para ser investigadas como tales con procedimientos científicos; el
psicó'qgo, en realidad, se ocupa de conductas suficientemente pal-
pables como para ser observadas, registradas y analizadas. Esta
opinión, de perfecto sentido común, es a menudo criticada por per-
sonas que dicen que dicha forma de estudiar las cosas deja de lado
cualidades y aspectos importantes del ser humano. Tal objeción
puede o no ser valedera en última instancia; este es casi un proble-
ma fiIosófico y no científico, y carecería de sentido debatirlo acá».

El «significado» de la conducta es entonces algo que el psicólogo


considera obvio, y es legítimo obtener información valiosa de estu-
dios sobre animales, en los que la conducta desviada está sujeta a
un simple cálculo estadístico [Eysenck, 1965, pág. 2281:

«Cuando se han comparado animales y seres humanos se h a de-


mostrado que existen demasiadas analogías de condicionamiento y
aprendizaje, por lo que es imposible negar que hay una base bio-
lógica considerablemente parecida en estos distintos tipos de orga-
nismos; si postulamos, como creo que debemos hacerlo, qne la
conducta social es aprendida y está condicionada igual que otros
tipos de comportamiento, es fácil sostener que el conocimiento de
esas leyes, derivado de la investigación de animales o de seres hu-
manos, es un requisito esencial para comprender tal conducta».

Eysenck parte del supuesto de que el significado de una conducta


dada no plantea problemas y que explicar su base física equivale a
explicarla como fenómeno social. Sin embargo, Alasdair MacIntyre
[1962] señaló con precisión :

<Los mismos movimientos físicos constituyen, en diferentes contex-


tos, acciones muy distintas. Un hombre quizás haga los mismos
movimientos físicos que supone el acto de firmar pero puede estar
celebrando un tratado o pagando una factura, dos acciones bastan-
te distintas. Sin embargo, ;no está acaso ese hombre haciendo la
misma cosa, es decir, firmar? La respuesta es que escribir el propio
nombre nunca es en sí mismo una acción; uno puede estar firman-
do un documento, dando una información o garabateando. Estas
sí son acciones, pero escribir el propio nombre no lo es. Del mismo
modo, la misma acción puede estar constituida por movimientos
físicos bastante diferentes. Escribir algo en un papel, entregar una
moneda o incluso decir unas palabras puede constituir la misma
acción de pagar una factura. Cuando hablamos de "explicar la
conducta humana", a veces nos olvidamos de esta distinción. Dado
que no hay acción humana que no implique un movimiento físico,
podemos suponer que explicar el movimiento es lo mismo que ex-
plicar la acción~.

Incluso aunque sea cierto que la base física del comportamiento


radica en los refleios del sistema nervioso autónomo. ello no ex-
plicaría la naturaleza de la conducta desviada. La explicación de
fenómenos sociales exige un análisis social en el que se tenga en
cuenta el significado que el comportamiento encierra para el actor.
El hombre que rompe una ventana de la embajada británica en
Dublín bien puede tener una mala respuesta autónoma, pero tanto
su falta de reflejo como su conducta violenta solo pueden com-
prenderse a la luz del significado que la situación tiene para él y
del contexto social del movimiento en pro de una Irlanda unida.
En efxto, como dice MacIntyre, la causalidad de las ciencias so-
cia!es es diferente de la causalidad de las ciencias naturales en la
medida en qut: el nexo entre el mero comportamiento y la acción
social ha de encontrarse en el plano de las creencias. Por ello, la
relación entre creencias y acción es «interna y conceptualw. Si, co-
mo hace Eysenck, se piensa que es posible reducir la explicación
de los actos a ex~licacionesbasadas en la adauisición de refleios
condicionados que, a su vez, pueden ser explicados genéticamente,
entonces la situación en Ia que se produce un acto y el significado
que el ,actor da a su comportamiento físico carecerían de impor-
tancia. Sin embargo, hay una brecha epistemológica criicial entre
la explicación biológica y la explicación social (y no un continuo
de reducciones). En las exblicaciones sociales. las causas son ~ i n -
ternas y conceptuales», es decir que la vinculación entre e1 movi-
miento físico y el mundo exterior se basa en lo que los hombres
creen (los fines que persiguen). Así, la gente roba bancos porque
cree que se puede hacer rica y no porque algo la incite biológica-
mente a asaltar un banco. El hecho de que las personas tengan
configuraciones cromosómicas distintas o tipos biofisiológicos dife-
rentes puede ser interesante para explicar las diferencias constitu-
cionales de los hombres, pero nada aporta a la explicación de la
conducta desviada como acción social. La e~istemolocia " de la cien-
tia social es de un orden diferente a la de la ciencia natural y toda
teoría social debe tener en cuenta la teleoIogía del ser humano, sus
fines, sus creencias y los contextos en los que actúa en función de
esos fines v creencias.
Esa epistemología no se encuentra en los análisis condiictistas y po-
sitivista~.En realidad, su atracción misma depende de que ven al
hombre como algo maleable y condicionable. Los positivistas se
rehúsan a cuestionar las creencias, porque esto supondría ocuparse
de va'ores, esfera que, a su juicio, nada tiene que ver con la cien-
cia. Se apela al cientificismo de la explicación físico-natural; cuan-
to más físico-natural es la explicación, más cientlfica es. La con-
cepción positivista de la ciencia, tal como se manifiesta en la obra
de Eysenck, considera carente de significado a toda acción efec-
tuada al margen del consenso y, por ende, al margen del orden
social establecido.

Trasler
Gordon Trasler es uno de los teóricos que recibió la influencia de
Eysenck pero que, al mismo tiempo, parece gozar de más respeto
entre los sociólogos, psicólogos y trabajadores sociales ingleses por-
que su punto de vista es supuestamente más equilibrado con res-
pecto a la relación entre lo ambiental y lo genético y la etiología
del delito.
Su teoría, siendo derivada de la de Eysenck, es por ello menos
abarcadora que esta; su aporte radica en un cambio de énfasis más
que en una innovación radical. En especial, ,al hacer hincapié en
la importancia de las prácticas de crianza basadas en principios
morales bien articulados, parece corregir, al menos a primera vista,
el peso indebido asignado por Eysenck a los factores genéticos. Sin
embargo, trataremos de demostrar que lo único que hace es aña-
dir, a los defectos del positivismo biológico, los de los estudios po-
sitivistas sobre la crianza de niños.
La mejor manera de hacer un resumen útil y conciso de la teoría
del aprendizaje social de Trasler es citar sus propias nueve propo-
siciones [1962,págs. 63, 71 y 741:

1. La adquisición de valores y actitudes de respeto hacia los bienes


y la persona de 'os demás se lleva a cabo en grado considera-
ble, por medio de reacciones condicionantes de carácter autónomo
(ansiedad) .
11. La reacción de ansiedad, así condicionada, actúa como impulso
aprendido y tiene el efecto de inhibir o motivar ciertos tipos de
conducta. Corolario de la proposición I I : La inhibición aprendida
de determinados tipos de conducta (robo, violencia), al deberse
a una reacción de ansiedad condicionada, será de muy difícil ex-
tinción porque es reforzada constantemente por la reducción de la
ansiedad.
111. Los extravertidos son resistentes al condicionamiento mien-
tras que los introvertidos se condicionan fácilmente. Conclusión
d p 1 y I I I : En una configuración dada de circunstancias sociales,
10s introvertidos tenderán a adquirir valores y actitudes más firmes
de respeto hacia los bienes y la persona de 10s demás (es decir, se
*socializarán» más) que los extravertidos.
IV. La posición que una persona ocupa en el continuo introver-
sión-extraversión obedece en parte a factores genéticos.
V. La eficacia del condicionamiento social dependerá de la fuerza
de la reacción no condicionada (ansiedad) con la que se halle
vinculada.
VI. Cuando existe una fuerte relación de dependencia entre un
niño y sus padres, la sanción que supone no aprobar su conducta
provocará una ansiedad intensa.
VII. Es probable que la relación entre un niño y sus padres sea
de dependencia si es: a ) exclusiva, b) afectuosa y c ) confiable.
VIII. El condicionamiento social será más eficaz cuando las san-
ciones se apliquen en forma congruente y confiable.
IX. El condicionamienta social será más eficaz cuando se presente
en términos de unos pocos principios bien definidos.

Por consiguiente, Trasler, igual que Eysenck, emplea dos variables


básicas (aunque dándoles a las dos un peso más equiparable), a
saber, la diferente capacidad de ser condicionado (relacionada con
la extraversión-introversión y genéticamente heredada) y la dife-
rente calidad del condicionamiento. Esta última depende de la
eficacia de las prácticas de crianza.
La clase media, por el hecho de usar técnicas de crianza que recu-
rren a las sanciones afectivas y que no son <primitivas», y por ba-
sar su disciplina moral en principios bien definidos, es superior a
la clase trabajadora en la calidad del condicionamiento que im-
parte a sus hijos. El predominio del delito en las clases bajas es,
por lo tanto, el producto de una crianza indulgente, inconstante,
punitiva y carente de principios,. La extraversión (dada su base
genética) se distribuye por igual en toda la población y, por con-
siguiente.
" ~ u e d eser causa de distintas tasas de delincuencia en-
, no *
tre las clases; las diferencias prácticas de socialización son así la
variable explicativa. La extraversión se emplea para explicar quién,
dentro de una clase determinada, tiene probabilidades de ser de-
lincuente. Por este motivo, Trasler piensa que los delincuentes
de clase media tienen mayor tendencia a ser extravertidos que los
de clase trabajadora, dado que, como tienen la ventaja de una
formación social eficiente, es más probable que los que delinquen
sean relativamente incondicionables.
El énfasis puesto por Trasler en la articulación de principios mo-
rales en la socialización es un adelanto respecto de la noción con-
ductista de que cada prohibición debe inculcarse específicamente.
Para él sucede precisamente lo contrario: el aprendizaje de prin-
cipios generales, con los que se relacionan actos concretos, cons-
tituye una técnica más eficaz.
La atracción de Trasler es aue brinda un fundamento Dara las
agencias de acción social que quieren contar con medios acientífi-
cos, pero humanitarios para minimizar el comportamiento delicti-
vo. Los que dudan en aplicar una terapia de la conducta reciben
complacidos la idea de recurrir a programas de formación median-
te un condicionamiento basado en principios que implican mani-
pular el aspecto afectivo y una posición teórica que destaca la im-
portancia de la familia como bastión contra la delincuencia.
Las críticas hechas a Trasler, como resultado de sus premisas teó-
ricas, corresponden a muchos de los puntos ya tratados cuando
examinamos la posición de Eysenck. Sin embargo, su. obra adolece
de ciertos defectos especiales.

La noción estática del potencial biológico


Trasler considera que el grado en el que una persona es suscepti-
ble de ser condicionada es relativamente constante, y respecto de él
la calidad efectiva del condicionamiento es un factor añadido. El
sistema nervioso autónomo determinado hereditariamente repre-
senta un caudal estático de predisposición biológica a la confor-
midad o la desviación. No se considera posible que esta predispo-
sición cambie. En realidad, parecería más lógico suponer que hay
una interacción en marcha entre condicionamiento y base biológi-
ca, de modo que la posición que una persona ocupa en una escala
de extraversión-introversión representa el producto tanto de sus
estructuras fisiológicas heredadas como de sus respuestas aprendi-
das. Si los fisiólogos como Hebb están en lo cierto al suponer que
hay una base celular para las respuestas aprendidas, y que tal base
radica en el sistema nervioso, entonces cabría esperar que la es-
tructura del sistema nervioso autónomo cambiase a lo largo del
tiempo mediante lo adquirido en el proceso de interacción social.
Por otro lado, entendemos que el aprendizaje racional, bajo la for-
ma de intentos creativos por dar significado y eficacia a la acción
individual, genera una situación en la que el medio social no es
solo un hecho externo impuesto a un individuo pasivo, sino una
situación en la que a menudo las respuestas se aprenden delibera-
damente y el condicionamiento previo se desecha con toda inten-
ción. Con esto no negamos la resistencia irracional del condiciona-
miento autónomo a la acción deliberada, sino que insistimos en
que esos reflejos varían a lo largo de la vida del individuo y que
frecuentemente son eliminados, controlados y remplazados.

La desorganización de la clase trabajadora baja


Trasler dice aue en los distritos de clase trabaiadora baia los Da-
dres tienen las mismas metas que los de clase media, pero que sus
técnicas para inculcarlas son menos eficaces. Como confirmación
de esta idea, cita los estudios ecológicos de Mays, Kerr, Jephcott y
Carter, y Morris. David Downes ha señalado correctamente [1966a,
pág. 1121 que esas obras en *,didad demuestran lo contrario, es
decir, el carácter desviado de los valores sustentados en tales dis-
tritos. Como dice Terence Morris [1957, pág. 1771, un niño de cla-
se trabajadora está socializado adecuadamente, pero en auna sub-
cultura definida sin ambigüedades y que, en ciertos aspectos, se di-
ferencia en forma manifiesta de las normas de clase media am-
pliamente aceptadasw.
Uno de los autores de este trabajo señaló [Young, 1971a, pág. 561:

«La aparente desorganización social de los barrios pobres suele ser


simplemente una organización basada en objetivos distintos de los
de la sociedad respethle. Lo que se percibe como prácticas de
crianza defectuosas de determinadas familias puede entenderse
más fácilmente como una socialización distinta bbservada en gru-
pos diferentes en los que se emplean técnicas también diferentes.
Para que alguien llegue a ser un adulto maduro en el East End hay
que inculcarle normas diferentes y por medios también diferentes
de aquellos que son necesarios para producir un habitante bien
equilibrado de Knightsbridgew.

La alta tasa de delincuencia entre la clase trabajadora baja pue-


de explicarse: a) como un producto de las privaciones padecidas
en la vida diaria, 6) como una función del hecho de que sus in-
tegrantes son más vu!nerables a ser detenidos, o c ) (lo que es más
probable) como una combinación de ambas influencias. Adjudi-
carla a defectos psicológicos aislados es una ideología conveniente,
una negación de la autenticidad de valores distintos amenazadores
y, en última instancia, una académica pero tortuosa justificación
del statu quo.

Los principios morales


Es correcto afirmar que el comportamiento del hombre está orien-
tado por principios morales, pero los principios de Trasler parecen
surgir
" de la nada. No se ex~licanla reflexión humana ni la bús-
queda de valores, ni cómo se crean esas generalizaciones morales.
Laurie Taylor [1971, pág. 811 ha señalado:

<Las nociones o conceptos genéticos sin duda exigen, por su misma


naturaleza, algún tipo de categorización antes de que puedan asig-
nárseles acontecimientos o situaciones. Esto significa que, antes de
aplicarlos a situaciones concretas, hay una reflexión consciente.
L Cómo es posible tener una respuesta autónoma inmediata (pues-
to que esa es la naturaleza d e la respuesta condicionada) vincula
da conceptualmente con la situación condicionante original?,.

Conclusiones
En la obra de positivistas psicológicos como Eysenck y Trasler, el
positivismo biológico ha alcanzado un nivel más alto de elabora-
ción que en la obra de los teóricos simplemente genéticos o físicos.
Se tienen en cuenta los factores sociales, se examina el relativismo
moral y se desarrollan postulaciones precisas de la forma en que
las influencias genéticas se manifiestan en el comportamiento. No
se pretende explicar las causas formales del delito (p. ej., los mo-
tivos por los que determinados actos se tildan de desviados y de-
terminados ejecutantes de esos actos desviados son aprehendidos) ;
solo se examinan las causas eficientes. El positivismo como doctri-
na está comprometido con la idea de que la reacción social debe
aceptarse sin discusión. Sin embargo, como hemos visto, Eysenck,
sometido a críticas, tropieza con el problema del orden social. La
explicación de la creación de valores y, por ende, la naturaleza
significativa de la acción desviada y de la reacción social, son aje-
nas a una teoría que emplea un modelo de la naturaleza humana
en el que el hombre es u n actor pasivo. Aunque no negamos la
influencia de las respuestas autónomas en el comportamiento hu-
mano, sostenemos que su papel debe ser interpretado en el con-
texto de la creatividad del hombre y de su búsqueda de objetivos.
Como dice Matza [1969a, págs. 92-93]:

<Capaz de crear y asignar significados, capaz de contemplar lo


que lo rodea e incluso su propia condición, proclive a la previsión
y la planificación, e1 hombre - e l sujeto- mantiene una relación
diferente y más compleja con su circunstancia. Reconocer esta ca-
pacidad netamente humana de ningún modo significa negar que
la existencia humana con frecuencia se manifiesta en formas ca-
racterísticas de los niveles inferiores. A menudo, el hombre es to-
talmente adaptable, como si fuese un mero ser orgánico, y, a veces
(aunque pocas) es totalmente reactivo, como si fuese un mero ob-
jeto. Pero la capacidad de reacción o de adaptación no deben con-
fundirse con la peculiar condición humana; representan en cam-
bio, una alienación o agotamiento de esa condición. Un sujeto
hace frente de manera activa a su circunstancia; por lo tanto, su
capacidad propia es la de modificar su circunstancia, esforzarse
por crearla y, en realidad, trascenderla. Ese peculiar proyecto hu-
mano no siempre es viable, pero siempre existe la capacidad para
ponerlo en práctica,.

En esta crítica, no estamos diciendo que la psicología debe ser


completamente negada o excluida. Pero, a medida que expon-
gamos nuestra argumentación, se verá que lo que más se necesita
es una psicología social que sea capaz de ubicar las acciones de los
hombres, condicionadas por creencias y valores, en su contexto his-
tórico y estructural. Martin Nicolaus [1969] ha dicho de la cien-
cia social: «iQué clase de ciencia es esta, que solo tiene validez
cuando los hombres permanecen inmóviles?,. Una teoría social
de la conducta desviada debe tratar de estudiar a hombres en
movimiento.

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