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Introducción del torno en la Meseta

El documento analiza la introducción de la cerámica a torno en la Meseta, destacando su origen en la Celtiberia Oriental y su expansión hacia el oeste durante la II Edad del Hierro. Se discute la influencia de culturas ibéricas y la llegada de esta tecnología, así como su impacto en la cultura celtibérica, con evidencias arqueológicas que sugieren una adopción gradual y no simultánea en todas las regiones. La cronología propuesta para la aparición de la cerámica a torno en la Meseta se sitúa entre finales del siglo VI y principios del V a.JC.
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Introducción del torno en la Meseta

El documento analiza la introducción de la cerámica a torno en la Meseta, destacando su origen en la Celtiberia Oriental y su expansión hacia el oeste durante la II Edad del Hierro. Se discute la influencia de culturas ibéricas y la llegada de esta tecnología, así como su impacto en la cultura celtibérica, con evidencias arqueológicas que sugieren una adopción gradual y no simultánea en todas las regiones. La cronología propuesta para la aparición de la cerámica a torno en la Meseta se sitúa entre finales del siglo VI y principios del V a.JC.
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LA INTRODUCIÓN DEL TORNO EN ~A MESETA

por

Maria Luisa Cerdeíio* y Rosario Gorda Huerta**

esumen: Se anaiizan los datos existentes sobre las primeras cerámicas a tomo encontradas en la
Meseta, a las que se considera uno de los fósiles guia representativos de la cultura celtibérica. Las
cerámicas a tomo más antiguas se localizan en la [Link] Oriental, núcleo de Molina de Aragón,
a fines dei siglo VI — principios dcl V [Link]. por influencias Uegadas dei vafle dei Ebro. La adopción
del tomo deI alfarero siguió una reta este-oeste desde cl alto Jalón hacia ei vaile dcl Duero por donde
se extendió ya avanzada la II Edad dei Hierro. Sin embargo, no puede descartarse la ilegada de
cerámica a tomo a las zonas ocidentales de la Meseta por una via distinta, desde las regiones
meridionales de la Península.

[Link]: Cerámica a tomo. Meseta. Edad dcl Hierro.

INTRODUCCIÓN

La renovada atención prestada en los últimos aflos al estudio dei mundo


celtibérico, y ai mundo céltico en general, ha lievado a revisar y analizar nume
rosos aspectos cuiturales de aqueilas sociedades -funerarios, lugares de habita
ción. entre los que tampoco deben desatenderse los datos referidos a ia estricta
. . -,

cultura material.
De todos los elementos materiales, ei fósii-guía que sigue considerándose
más representativo de lo celtibérico es ia cerâmica de pastas claras fabricada a
torno con ia típica decoración pintada, razón por la cual, nos parecía interesante
analizar en que momento y por donde hizo su aparición en ei territorio meseteüo
y si verdaderamente ia adopción de esta novedad tecnoiógica supuso en sí misma
un cambio importante en ei contexto en en que se produjo.
Aunque el título dei trabajo hace referencia a un determinado âmbito geo
gráfico, la Meseta, debemos dotarlo de contenido cultural recordando que su
extremo oriental -provincias de Soria y norte de Guadalajara- constituyó ei núcleo

* Departamento de Prehistoria. Universidad Complutense.


** Departamento de Historia. Universidad de Casula — La Mancha.
262 Maria Luisa Cerdefio y Rosario Garc(a Huerta

central de la Celtiberia Citerior. El resto de los pueblos prerromanos de ia Meseta,


sobre todo septentrional, mantuvieron con elios enormes paralelismos cuiturales
durante la fase de sustrato para, posteriormente, recibir ei fenómeno de la
ceitiberización.
Con los datos que ahora tenemos disponibies, podemos afirmar que esta fase
precedente o Protoceitibérica se formó cuando grupos herederos de los Campos
de Urnas ilegaron desde ei Bajo Aragón hasta ei reborde oriental de la Meseta en
los primeros momentos de la Edad dei Hierro, o incluso antes. En estas regiones
son escasos o nulos los vestigios de ia cultura de Cogotas 1 y, en cambio, se
conocen las primeras necrópolis de incineración -necrópolis de Molina de Aragón
(Cerdeüo et alii, 1981) y los primeros pobiados en ilano Embid (Martinez,
-

1992)- y en altura Coronilia 1 (Cerdeflo-Garcia Huerta, 1992), etc.- en ei sigio


-

VI y antes, mostrando unas características materiales que preiudian ya ei inminente


desarrolio propiamente ceitibérico.
Este quedó perfilado desde ei siglo V [Link]. por una serie de características
clásicas: lengua ceita, necrópolis de incineración, habitat en altura o castro,
brillante manufactura dei bronce (ffbuias, broches de cintrurón...) y sobre todo
dei hierro (armas...), cerámica a torno de tonos claros con decoración pintada y,
ya en las últimas fases inmediatas a la conquista romana, aparición de ciudades,
de ia moneda y de la escritura, en iengua celta pero con caracteres ibéricos.
Algunas de estas características están documentadas desde fechas tempranas,
quedando bien perfiladas en la fase Protoceitibérica mientras que otras, como la
manufactura dei hierro o la cerámica a torno, se constatan a partir de los siglos
V y IV [Link]. por clara influencia de ia cultura ibérica, cuyas relaciones con estas
zonas dei interior se ilevaron a cabo por la tradicional ruta dei vaile dei Ebro.
Otros objetos típicos ibéricos hicieron su aparición casi sincronicamente
formando parte de los ajuares de algunas sepulturas: los broches de cinturón de
tipo ibérico, las falcatas de hierro o los pufiales de frontón. Hemos interpretado
su presencia, en escaso número de tumbas y normalmente en ias más ricas de ia
necrópolis, como una muestra de la capacidad de determinadas élites sociales para
adquirir piezas suntuarias a través dei comercio mantenido con ias pobiaciones
dei ámbito mediterráneo (Cerdeflo-Garcia Huerta, 1990). Las necrópolis de
Siguüenza (Cerdeflo-Perez Inestrosa, e.p.), Aguilar de Anguita (Schüle, 1969) o
El Altilio dei Cerropozo (Cabré, 1929) pueden servir para contrastar estos datos.
Las relaciones entre las poblaciones costeras y las dei interior, a través de
ia vía dei Ebro, han sido una reaiidad en todas ias épocas. No debemos olvidar
que las primeras cerámicas a torno ilegaron a ia zona de ia mano de los fenicios,
encontrándose los primeros fragmentos de estas producciones a mediados dei
sigio VII [Link]. en ei yacimiento de San Cristobal de Mazaleón (Sanmartf, 1975);
igualmente ocurrió con ia influencia griega, documentandose cerámicas típicas
La introdución dei torno en ia Meseta 263

primero e imitaciones después por toda la línea dei rio (San Antonio de Caiaceite,
Azaila, etc.). Parece evidente que ia pujanza de la cultura ibérica aumentó estos
contactos.
Aceptamos, pues, ei mecanismo de la difusión para explicar ia presencia de
las nuevas cerámicas en tenitorio celtibérico y consideramos ei tomo dei alfarero
como una novedad tecnológica importada a estas zonas.
Precisamente, ia determinación dei momento de su aparición sigue siendo
una cuestión debatida pues ia aparición de cerámicas a torno no fue sincrónica en
todas las regiones, existiendo cierto desfase entre las áreas orientales y
occidentales.

RUTAS DE ENTRADA Y FECHA DE INTRODUCCIÓN

Según ei esquema anteriormente apuntado, los influjos procedentes dei


mundo ibérico liegaron en primer término ai reborde más oriental de ia Meseta
por los caminos naturales más directos. Ya hemos defendido en otras ocasiones,
que serían los afluentes de la cuenca media dei rio Jalón, sobre todo ei Jiloca, ei
Piedra y ei Mesa en cuyas orilias se van descubriendo cada vez mayor número de
yacimientos que lo atestiguan; también devemos contemplar las posibies entradas
por ia cabecera dei propio río Jiloca que serviría de vía de acceso directo desde
la zona levantina (Fig. 1).
Esta región oriental que arqueologicamente conocemos como «núcleo de
Molina» corresponde en gran parte ai territorio que estuvo ocupado por los pueblos
denominados bellos y titos, aunque no todos los autores ciásicos coinciden a ia
hora de delimitar la ubicación de los distintos grupos prerromanos. Estas dos
tribus aparecen casi siempre mencionadas juntas dentro de un territorio que varfa
entre ei Alto Jalón y ias comarcas de Caiatayud o Daroca, poblaciones bastante
próximas a Molina.
Aparte de esta región más inmediata ai vaile dei Ebro, un segundo foco
importante para conocer ei primer desarroilo de ia cultura ceitibérica es ei «núcleo
arqueológico de Sigüenza», por ei gran número de pobiados y necrópoiis aiií
localizados. Está situado precisamente en la cabecera dei rio Jalón y estrechamente
conectado con ei sur de la provincia de Soria que ya es ia zona de conexión con
la cuenca dei rio Duero, otro de los ciásicos territorios de ia Celtiberia y vía de
penetración hacia ias zonas más occidentales de ia Meseta.
Para intentar determinar en que lugar, cuando y qué significó ia utiiización
de la cerámica a torno, debemos recordar la información más significativa obtenida
en los yacimientos situados a lo largo de esa hipotética ruta este-oeste que recorrió
la Meseta utilizando los vailes dei Jalón y dei Duero como arterias principaies de
264 Maria Luisa Cerdefio y Rosario Garc(a Hueria

acceso hacía los territorios dei interior.

* Los datos más novedosos que podemos citar son los procedentes de nuestras
excavaciones en ei núcleo arqueológico de Molina de Aragón que, sin duda,
recibió primero los influjos dei mundo ibérico.
Destacaremos los últimos datos obtenidos en ei castro de El Ceremefio,
habitat en altura que conserva perfectamente estratificados dos poblados
superpuestos. El pobiado superior (Ceremeüo II) representa un momento plena
mente cetibérico con objetos de hierro y predominio de ia típica cerámica a tomo
de pastas claras y decoración pintada, mientras que ei poblado más primitivo
(Ceremeflo 1) no ha proporcionado todavia objetos de hierro y ia mayoría de ia
cerâmica está fabricada a mano, aunque conserva también numerosos fragmentos
de cerámica a torno que merecen un comentario más detenido.
No queremos detenemos en la descripción del urbanismo dei poblado, tanto
defensivo (65 mts. de muralla con codo y torre), como doméstico (hasta el mo
mento, seis viviendas en ei nivel II y cuatro en el nivei 1) pero sí es necesario
decir que de las viviendas recuperadas, dos de ellas conservaban intactas sus
despensas.
En dichas habitaciones estaban almacenados numerosos recipientes compie
Los de cerámica a mano, de distintas calidades y tamaflos, junto a algunos
fragmentos de cerámica a torno que por sus características tipológicas interpreta
mos como importados desde ei ámbito ibérico.
Creemos que representan ias primeras producciones torneadas presentes en
ia región, a las que podemos asignar una fecha de principios dei siglo V o incluso
de finales dei VI [Link]., tanto por sus paralelos formales como por las fechas de
C-14 obtenidas en ei nivei en que fueron halladas (530 ± 80 y 430 ± 200).
Los fragmentos más característicos son (Fig. 2):
— Fragmento de borde de un plato de cerámica a torno de pasta beige clara
y barniz casí negro, con reflejos metálicos. Pensamos que se trata de una pieza
ilegada desde ei vaile del Ebro donde era frecuente la presencia de cerâmicas
importadas desde ei âmbito mediterrâneo y no parece clara su adscripción ai
amplio grupo de cerâmicas grises ibéricas.
— Numerosos fragmentos de bordes tipo «pico de pato», de pastas beige
ciaro y engobe dei mismo color, de buena calidad. Algunos no conservan
decoración mientras que otros muestran decoración pintada de color rojo oscuro
formando iíneas horizontales paraielas.
— Fragmentos de pared, de semejantes características técnicas con
decoración pintada en rojo, formando líneas horizontales paralelas y, en un caso,
también iíneas onduladas verticales.
Así pues, pensamos que estas primeras cerâmicas a torno presentes en
La inirodución dei torno en ia Meseta 265

Celtiberia son producto de la importación y que solo algún tiempo después


comenzaría ia producción local bien documentada en algunas necrópolis y en los
niveles superiores de casi todos los poblados conocidos en la zona.
La necrópolis de La Yunta (Garcia Huerta y Antona, 1992) puede ser un
buen ejemplo de eilo pues desde su primera fase de ocupaciÓn, fechada en un
momento avanzado dei siglo IV [Link]., está presente la cerámica fabricada a torno
de forma generalizada (Fig. 3, 1-2); elIo no pareció significar, en principio, un uso
masivo ni un abaratamiento del producto como han apuntado algunos autores en
otras regiones (Barrio, 1988:403).
En La Yunta se ha comprobado, por un lado, la continuidad de la cerámica
fabricada a mano y, por otro, la reutilización de recipientes rotos en época de uso,
presumiblemente de caracter doméstico, para funciones funerarias. En varias tum
bas intactas, se han encontrado urnas cinerarias a ias que faltaban Ias asas o
estaban meliadas de antiguo (Garcia Huerta y Antona, 1992:147).

* La región situada en la cabecera del rio Jalón fue otro de los enciaves
típicos de ia cultura celtibérica, donde se han descubierto numerosas necrópolis
de inceneración entre las que queremos destacar la de Sigüenza. En elia se
identificaron dos momentos sucesivos de utilización, situados respectivamente en
los períodos Celtibérico Inicial y Celtibérico Pleno (Cerdeflo y Perez Inestrosa
e.p.).
Los ajuares de la tumbas de la fase Sigüenza 1 mostraron una asociaciÓn
interesante puesto que contenían armas de hierro, tipologicamente antiguas, y
urnas cerámicas fabricadas exciusivamente a mano. En Sigüenza II la cerámica
era ya la típica celtibérica y ias armas de hierro tipologicamente más avanzadas.
Una de las conclusiones que podemos extraer de estos ajuares es que los
primeros objetos de hierro se manufacturaron antes de que se introdujera en la
zona ei torno del alfarero. Parece, pues, que ia adopción de estos dos avances
tecnológicos no fue inevitabiemente emparejada como muchas veces se había
propuesto. Otros autores también han observado este fenómeno en regiones como
eI Bajo Aragón, donde la veiocidad de expansión del torno dei alfarero fue muy
inferior a ia de ia metalurgia del hierro seguramente porque las poblaciones dei
interior no encontraron, en principio, demasiadas vantajas sobre la cerámica a
mano, teniendo en cuenta que su sistema económico no necesitaba todavía una
producción grande y estandarizada (Ruiz Zapatero, 1992:113).
La cronología que podemos apuntar en la Meseta para ambos fenómenos es
solo aproximada puesto que poseemos todavía pocas fechas absolutas que
confirmen nuestra propuesta. En cualquier caso, consideramos que si ia manufac
tura del hierro es ia característica más definitoria de la cultura celtibérica, su
presencia obliga a denominar dicha fase ya como Celtibérico Inicial, en un mo
266 Maria Luisa Cerdefio y Rosario Garc(a Hueria

mento no anterior ai final de ia 1 Edad dei Hierro.


En consecuencia, si ia fabricación de cerâmicas a torno se inició en momen
tos más tardíos, todo parece confirmar una fecha ya avanzado en siglo V o incluso
dei siglo IV [Link].

* Los territorios inmediatos ai norte dei Alto Jalón dan paso a la región dei
Alto Duero, ocupada hoy por la provincia de Soria. Culturalmente, podemos dis
tinguir la zona ai norte dei río donde tradicionalmente se documenta la cultura de
los castros y la zona dei sur donde en los últimos aflos se han documentado
también numerosos pobiados, además de las necrópolis de incineración ya
conocidas (Jimano y Revilia, 1986-87).
Para precisar ei momento en que se produjo ia implantación de torno dei
aifarero, hemos de recurrir a la información proporcionada por los castros de la
serranía donde se dispone de dos dataciones de C- 14.
Ei castro de El Royo proporcionó una fecha dei 320 [Link]. en un nivel, con
cerâmicas a torno generaimente sin decorar y fragmentos de hierro, que su
excavador definió como celtib&ico «claramente configurado» (Eiroa, 1980).
La segunda fecha radiocarbónica procede dei castro de El Castiliejo de
Fuensaúco, que conservaba una buena secuencia estratigráfica (Taracena, 1929)
confirmada por los recientes trabajos de Romero (1991:388-404). En la ocupación
más antigua dei poblado (estrato IIIb) se documenta cerâmica a mano fechada por
este úitimo autor en ei siglo V [Link]. y en ei estrato siguiente (lua), identificado
por u~n nivei de incendio que marca la separación entre ei mundo protoarévaco y
ei celtibérico, se obtuvo la datación de 350 ± 50 aJC. El estrato superior o II
representa la fase plenamente celtibérica, con presencia mayoritaria de cerâmica
a torno pintada, estando documentada ia cerámica a mano en porcentajes ya
pequenos.
Según Romero (1991:481), «la impiantación de ia cultura ceitibérica se
produciría a mediados dei sigio IV [Link]. y su generalización por todo ei territorio
soriano ocurriría con seguridad a partir dei aflo 300».
En la zona sur dei río, algunos investigadores sitúan también la aparición de
la cerâmica a torno a finaies dei siglo IV y su generaiización a finales dei siglo
III [Link]., a partir de ios datos obtenidos en las necrópolis dei Aito Duero donde
se asocia a elementos más arcaicos como la cerâmica a mano o las espadas de
antenas atrofiadas (Garcia Soto, 1990).
La revisión de estos datos, permite observar cierta indefinición cronoiógica
por parte de los autores, ai carecer de argumentos claros que sostengan una fecha
absoluta algo más sólida.
No queremos terminar de analizar la región dei Alto Duero sin mencionar
ei yacimiento celtibérico más representativo de la zona que es, sin duda, Numancia
La introdución dei torno en ia Meseta 267

aunque sus datos mejor conocidos corresponden a una fase tardía, posterior a la
fecha de ia conquista, y no aportan información sobre ei momento en que se
iniciaría ia producción tomeada.
Las famosas «cerámicas numantinas» representan uno de los conjuntos más
singulares de ia cerámica pintada ceitibérica, habiendose diferenciado dos grupos
principales, ei de decoración monócroma y ei polícromo. Siempre se aceptaron
sus fechas tardías y, efectivamente, Ariegui (1992:10) ha insistido en que ei
primero de elios hay que situario a lo largo dei sigio 1 [Link]., con posterioridad a
ia destrucción de la ciudad, cuando ia cultura ceitibérica seguía mostrando su
fuerza creadora. En ei mismo sentido se manifiesta Romero (1992:15) ai estudiar
ei grupo con decoración polícroma y aceptar una cronología tardorrepublicana
para ei conjunto de todos esos vasos.

* Fuera de estos territorios orientaies, que constituyeron ei núcleo principal


de ia Ceitiberia, se considera que ia ceitiberización fue un proceso paulatino de
aculturación que se produjo por todo ei interior de la Meseta en fechas
progresivamente más tardías, siendo su elemento identificador ia típica cerámica
a torno pintada.
Siguiendo ia vía dei Duero, son muchos los lugares que muestran este fenó
meno culturai en un momento ya avanzado dei sigio III [Link]. Un buen ejempio
de ia zona podía ser ei yacimiento de Roa (Burgos) donde Sacristán (1986: 125)
acepta que ia ceitiberización se produjo de forma rápida ai identificar niveles
perfectamente conformados y no encontrar elementos que indiquen una fase de
gestación. Aunque no posee demasidos datos cronoiógicos fiables, a la hora de
establecer una fecha clara para ia introducción dei torno, Sacristán se inclina por
aceptar una fecha no anterior ai afio 300 [Link]., ai igual que otros autores ya
mencionados.
Parecida hipótesis se mantiene ai estudiar los territorios occidentales, donde
se conocen numerosos yacimientos entre los que destaca ei de Soto de Medinilia
(Vailadoiid), situado a orillas dei rio Pisuerga (Paiol y Wattenberg, 1974). Su
niveles 1 y II son importantes a la hora de conocer ei desarroilo de ias pobiaciones
de ia 1 Edad dei Hierro y, tras un hiatus que aigunos autores caiifican de ruptura
(Garcia, 1986-87), ei nivei III es ya celtibérico con presencia de las típicas
cerámicas a torno, a ias que tampoco se considera anteriores ai citado afio 300
[Link].
En ias cerámicas a torno de Soto se observa una cierta evoiución, pues ai
principio fueron escasas y convivieron con modelos a mano estampiilados para,
luego, aumentar su variedad alcanzando su mayor briliantez en época sertoriana,
con vasos de tipo numantino (E. Wattenberg, 1978:13). Esta autora defendía la
liegada dei torno dei alfarero hasta ia zona desde ei alto Ebro (castro de Henayo),
268 Maria Luisa Cerdefio y Rosario Garc(a Huerta

siguiendo los pasos de Pancorbo y dei Arianzón (Fig. 3, 3-4-5).


Otros yacimientos de la región, como La Mota o Simancas, han proporcio
nado datos cronoiógicos relativos interesantes, pues en los niveles fechados antes
dei 400 [Link]. solamente se encontraron cerâmicas a mano con decoración a peine
o estampiliadas; se acepta que ia aparición de ia cerâmica a torno pintada fue, por
io menos, posterior a esta fecha (Garcia, 1986--87:103).

* En la zona centro-sur de ia Meseta norte se conocen todavía pocos


yacimientos, pero podemos destacar ia necrópoiis de Las Erijuelas en Cúellar
(Segovia), donde se ha podido documentar bien el proceso de celtiberización
(Barrio, 1988).
Durante su tercera etapa, fechada en el siglo IV [Link]., hacen su aparición las
primeras cerámicas a torno importadas desde el mundo ibérico, que impulsaron la
producción local de dicho modelos. A partir dei sigio III [Link]. la producción de
cerâmicas celtibéricas está claramente generalizada, con recipientes que guardan
gran simiiitud con los dei valle del Duero, aunque nunca ilegaron a desaparecer
las producciones arcaicas a mano (Ibidem: 415); la necrópoiis parece que pervivió
hasta ei siglo 1 aJC. aunque los materiales de esta última época son escasos y no
proceden de tumbas intactas.

* Por úitimo, cabe mencionar las áreas más occidentaies de la Meseta norte
donde aigunos yacimientos han proporcionado datos interesantes sobre la
cronología de las cerâmicas tomeadas.
En la necrópolis de El Raso de Candeleda (Avila), las primeras cerâmicas
a torno se pueden fechar, según su excavador (Fernandez, 1986), a mediados del
siglo IV [Link]. por su asociación con cerâmicas áticas. Por ejemplo, ia tumba 5
presentaba un rico ajuar formado por dos copas áticas de barniz negro, tres re
cipientes a tomo de pastas claras y sin decoración, nueve a mano y un cuchiiio
de hierro; la tumba 29 contenía una copa de barniz negro, una uma a tomo simiiar
a ia anterior, siete vasos a mano y un colgante de piedra (Ibidem: 555 y 613).
En general, toda la cerámica a torno dei yacimiento es bastante homogénea,
de maia calidad y sin decoración o con motivos estampillados. Hay que destacar
ei hecho de que esta cerámica a tomo no es de tipo celtibérico a pesar de que la
necrópolis continuó en uso hasta mediados dei siglo III [Link].
La necrópolis de La Osera (Avila) presenta un panorama simiiar pues ia
aparición dei tomo se fechó también a mediados del siglo IV [Link]. (Cabré et aiii,
1950). Esta cronologia se sigue aceptando en tanto no se haga una revisión com
pleta dei yacimiento y se estudien las restantes zonas que quedaron inéditas.
Los datos procedentes de ia zona VI reflejan que la cerâmica a tomo es
minoritaria (31,7%) frente a la cerámica fabricada a mano (Garcia Soto y De la
La introdución dei torno en Ia Meseta 269

Rosa, 1992). Son vasijas de pastas rojizas y grises, decoradas con motivos
estampiliados, siendo muy rara ia presencia de cerámica tipicamente celtibérica,
fenómeno que se documenta también en la necrópolis de Las Cogotas (Cabré,
1932).
Los tres yacimientos mejor conocidos en la zona -El Raso, La Osera y Las
Cogotas- reflejan que, a pesar de ia presencia de cerámica a tomo en ei sigio IV,
tardó en generalizarse dicha técnica pues ya entrado ei siglo III [Link]. ias
producciones a mano siguieron siendo mayoritarias. Las cerámicas a tomo ofrecen,
además, rasgos estilisticamente diferenciados dei resto de ia Meseta ai no tratarse
de cerámicas celtibéricas con la típica decoración pintada; todo ei fenómeno de
ia celtiberización queda en estas regiones más diluido.
Observando estas diferencias, cabe plantear una vía diferente de penetración
para ei torno dei alfarero, ai menos en los primeros momentos. Este avance tec
noiógico no entraría desde Ceitiberia sino desde ei área meridional, región con ia
que siempre se habían mantenido contactos. Recordemos que a través de ia ilamada
Vía de la Piata habían liegado hasta las tierras dei interior numerosos elementos
orientalizantes, como los bronces de El Barrueco, los broches tartésicos de
Sanchorreja o la figurilia etrusca de la mencionada necrópolis de El Raso.

CONCLUSIONES

Tras revisar algunos datos relevantes sobre la presencia de cerámicas


fabricada a tomo en ios territorios mesetefios, podemos resumir una serie de
puntos a modo de conlusión:
1. Ei torno dei aifarero fue un invento adoptado en la Meseta por influencias
ilegadas desde ei mundo ibérico. De hecho, ios tipos de cerámica producidos son
una ciara imitación de ios modeios originales.
2. La acuituración de los elementos ibéricos se produjo, en primer término,
en los territorios más orientaies que constituyeron ei núcleo ciásico de ia Ceitiberia.
3. Dichas influencias se iievaron a cabo principaimente por ia vía dei Ebro
y sus afluentes. De forma progresiva, ei fenómeno se fue extendiendo hacia los
territorios interiores utilizando ia ruta dei rio Duero.
Las regiones más occidentaies y meridionales de la Meseta contaron también
con ias influencias ilegadas desde ei sur por ia denominada Vía de ia Piata.
4. Parece demostrado que con anterioridad a ia adopción definitiva dei torno
y ai comienzo de ia producción local, se conocieron y utiiizaron cerámicas a tomo
importadas.
Los recientes datos obtenidos en los territorios orientaies de ia Ceitiberia,
permiten apuntar para estas primeras cerámicas una cronoiogía de principios dei
270 Maria Luisa Cerde,ïo y Rosario Garc(a Huerta

V, incluso finales dei VI [Link].


5. En consecuencia, creemos que la producción local de cerámica a torno se
inició en momentos posteriores, ya avanzado dei siglo V [Link]. En las regiones
interiores la cerámica a torno, símbolo de la celtiberización, no se adoptó hasta
una ffecha cercana ai afio 300 [Link].
6. En cuanto a la incidencia social que pudo tener la adopción de esta
novedad tecnológica, pensamos que no debió ser muy grande, al menos en ias
primeras etapas. Se ha comprobado que se siguió utilizando un gran porcentaje de
cerámica fabricada a mano así como se reutilizaron muchos recipientes a torno,
indicadores de una producción no demasiado especializada.

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Est. 1

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Fig. 1

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1,
Fig. 2
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