Pasaron años antes de que me diera cuenta de que mi madre, que secaba mis lágrimas
cuando me caía y enderezaba mi pincel cuando escribía, era la Diosa de la Luna. Los
mortales la adoraban, haciendo ofrendas cada Festival de Medio Otoño: el quinceavo
día del octavo mes lunar, cuando la luna estaba más brillante. Ese día se quemaba
incienso para rezar y se preparaban pasteles de luna, cuya tierna corteza envolvía un
rico relleno de pasta dulce de semillas de loto y huevos de pato salados. Los niños
llevaban lámparas luminosas con forma de conejo, pájaro o pez, que simbolizaban la
luz de la luna. Ese día al año yo me asomPasaron años antes de que me diera cuenta
de que mi madre, que secaba mis lágrimas cuando me caía y enderezaba mi pincel
cuando escribía, era la Diosa de la Luna. Los mortales la adoraban, haciendo ofrendas
cada Festival de Medio Otoño: el quinceavo día del octavo mes lunar, cuando la luna
estaba más brillante. Ese día se quemaba incienso para rezar y se preparaban pasteles
de luna, cuya tierna corteza envolvía un rico relleno de pasta dulce de semillas de loto
y huevos de pato salados. Los niños llevaban lámparas luminosas con forma de
conejo, pájaro o pez, que simbolizaban la luz de la luna. Ese día al año yo me
asomPasaron años antes de que me diera cuenta de que mi madre, que secaba mis
lágrimas cuando me caía y enderezaba mi pincel cuando escribía, era la Diosa de la
Luna. Los mortales la adoraban, haciendo ofrendas cada Festival de Medio Otoño: el
quinceavo día del octavo mes lunar, cuando la luna estaba más brillante. Ese día se
quemaba incienso para rezar y se preparaban pasteles de luna, cuya tierna corteza
envolvía un rico relleno de pasta dulce de semillas de loto y huevos de pato salados.
Los niños llevaban lámparas luminosas con forma de conejo, pájaro o pez, que
simbolizaban la luz de la luna. Ese día al año yo me asomPasaron años antes de que
me diera cuenta de que mi madre, que secaba mis lágrimas cuando me caía y
enderezaba mi pincel cuando escribía, era la Diosa de la Luna. Los mortales la
adoraban, haciendo ofrendas cada Festival de Medio Otoño: el quinceavo día del
octavo mes lunar, cuando la luna estaba más brillante. Ese día se quemaba incienso
para rezar y se preparaban pasteles de luna, cuya tierna corteza envolvía un rico
relleno de pasta dulce de semillas de loto y huevos de pato salados. Los niños
llevaban lámparas luminosas con forma de conejo, pájaro o pez, que simbolizaban la
luz de la luna. Ese día al año yo me asomPasaron años antes de que me diera cuenta
de que mi madre, que secaba mis lágrimas cuando me caía y enderezaba mi pincel
cuando escribía, era la Diosa de la Luna. Los mortales la adoraban, haciendo ofrendas
cada Festival de Medio Otoño: el quinceavo día del octavo mes lunar, cuando la luna
estaba más brillante. Ese día se quemaba incienso para rezar y se preparaban pasteles
de luna, cuya tierna corteza envolvía un rico relleno de pasta dulce de semillas de loto
y huevos de pato salados. Los niños llevaban lámparas luminosas con forma de
conejo, pájaro o pez, que simbolizaban la luz de la luna. Ese día al año yo me
asomPasaron años antes de que me diera cuenta de que mi madre, que secaba mis
lágrimas cuando me caía y enderezaba mi pincel cuando escribía, era la Diosa de la
Luna. Los mortales la adoraban, haciendo ofrendas cada Festival de Medio Otoño: el
quinceavo día del octavo mes lunar, cuando la luna estaba más brillante. Ese día se
quemaba incienso para rezar y se preparaban pasteles de luna, cuya tierna corteza
envolvía un rico relleno de pasta dulce de semillas de loto y huevos de pato salados.
Los niños llevaban lámparas luminosas con forma de conejo, pájaro o pez, que
simbolizaban la luz de la luna. Ese día al año yo me asomPasaron años antes de que
me diera cuenta de que mi madre, que secaba mis lágrimas cuando me caía y
enderezaba mi pincel cuando escribía, era la Diosa de la Luna. Los mortales la
adoraban, haciendo ofrendas cada Festival de Medio Otoño: el quinceavo día del
octavo mes lunar, cuando la luna estaba más brillante. Ese día se quemaba incienso
para rezar y se preparaban pasteles de luna, cuya tierna corteza envolvía un rico
relleno de pasta dulce de semillas de loto y huevos de pato salados. Los niños
llevaban lámparas luminosas con forma de conejo, pájaro o pez, que simbolizaban la
luz de la luna. Ese día al año yo me asomPasaron años antes de que me diera cuenta
de que mi madre, que secaba mis lágrimas cuando me caía y enderezaba mi pincel
cuando escribía, era la Diosa de la Luna. Los mortales la adoraban, haciendo ofrendas
cada Festival de Medio Otoño: el quinceavo día del octavo mes lunar, cuando la luna
estaba más brillante. Ese día se quemaba incienso para rezar y se preparaban pasteles
de luna, cuya tierna corteza envolvía un rico relleno de pasta dulce de semillas de loto
y huevos de pato salados. Los niños llevaban lámparas luminosas con forma de
conejo, pájaro o pez, que simbolizaban la luz de la luna. Ese día al año yo me
asomPasaron años antes de que me diera cuenta de que mi madre, que secaba mis
lágrimas cuando me caía y enderezaba mi pincel cuando escribía, era la Diosa de la
Luna. Los mortales la adoraban, haciendo ofrendas cada Festival de Medio Otoño: el
quinceavo día del octavo mes lunar, cuando la luna estaba más brillante. Ese día se
quemaba incienso para rezar y se preparaban pasteles de luna, cuya tierna corteza
envolvía un rico relleno de pasta dulce de semillas de loto y huevos de pato salados.
Los niños llevaban lámparas luminosas con forma de conejo, pájaro o pez, que
simbolizaban la luz de la luna. Ese día al año yo me asom