Haesbaert, Rogério (2019).
Dilemas de la región y la regionalización en la
geografía contemporánea (págs. 21-90). CLACSO.
Edher Alejandro Vázquez Zárate
El concepto de región ha experimentado una evolución constante, especialmente
en el contexto de la globalización, un fenómeno que tiende a homogenizar
culturas, economías y sociedades. Sin embargo, este proceso de uniformización
no ha eliminado las diferencias, sino que, de manera paradójica, ha dado lugar a
una reconstrucción permanente de la heterogeneidad y la fragmentación. Esto se
manifiesta en la aparición de nuevas desigualdades y en la recreación de las
diferencias en diversas partes del mundo. Al mismo tiempo, el tema de la región
ha resurgido en el ámbito de las ciencias sociales, impulsado por diversos debates
académicos que reflejan la complejidad de analizar las dinámicas regionales
El término "región" es polisémico, es decir, tiene múltiples significados que varían
según el contexto en el que se utilice. Esta diversidad conceptual se hace evidente
cuando se analizan definiciones amplias; pensar en la región no se limita solo a su
definición, sino que implica reflexionar sobre los procesos de regionalización.
Estos procesos pueden ser abordados desde dos perspectivas: como un método
de análisis propuesto por el investigador, o como dinámicas concretas y vividas
por los grupos sociales, que dan forma y significado a las regiones en la práctica.
El concepto de región tuvo sus orígenes en los estudios de geografía, pero ha
experimentado una evolución significativa a lo largo del tiempo. Inicialmente, se
enfocaba en aspectos específicos y singulares, como La Blache denominó
"individualidad" o "personalidad geográfica", y lo que Hartshorne conceptualizó
como la "diferenciación de áreas". Estas ideas destacaban las características
únicas de cada región, integrando tanto dimensiones humanas como naturales.
Sin embargo, con el tiempo, el concepto ha transitado desde una visión centrada
en las bases naturales hacia una perspectiva en la que la acción humana juega un
papel central en la definición y configuración de las regiones. La región ha pasado
de ser entendida principalmente por sus rasgos físicos y naturales a ser concebida
como un espacio geográfico moldeado, sobre todo, por las actividades y
dinámicas humanas.
A lo largo de la construcción del concepto de región, se han identificado tres
grandes momentos en los que su validez ha sido cuestionada, dando lugar a la
“muerte” de la región. La visión neopositivista, impulsada por geógrafos
cuantitativistas, propuso reemplazar la diferenciación regional por la clasificación,
entendiendo las regiones como tipos o clases de áreas dentro de un sistema
categórico más amplio. Posteriormente, la visión marxista reformuló el concepto
desde una perspectiva económica, considerándola un producto de la división
territorial del trabajo y resaltando el papel de los movimientos sociales y los
regionalismos en la configuración territorial. Siguiendo con el globalismo
posmoderno, el concepto de región sufrió una nueva crisis, ya que la
globalización, concebida como un sistema de redes y flujos de movilidad, ha
difuminado las fronteras espaciales, haciendo que las regiones pierdan
estabilidad, singularidad y homogeneidad interna. Estos tres enfoques evidencian
cómo el concepto de región ha sido redefinido a lo largo del tiempo, respondiendo
a los cambios teóricos y estructurales.
Por lo que la propuesta del autor es abordarlo desde lo ideal y/o realista; desde el
racionalismo, la región se concibe como un mero constructo intelectual, un artificio
diseñado para comprender y analizar el espacio geográfico mediante principios de
diferenciación y homogeneización. En este sentido, no es una entidad real, sino
una herramienta teórica para organizar el conocimiento del territorio.
En contrario, los enfoques realistas consideran la región como un fenómeno
socioespacial efectivo que puede abordarse desde dos dimensiones. La primera
es una perspectiva objetiva y funcional, que entiende la región como una unidad
dentro de la división interregional del trabajo, es decir, como parte de una
organización económica más amplia. La segunda dimensión es simbólica e
inmaterial, en la que la región se manifiesta a través de las identidades regionales
y las experiencias subjetivas de los habitantes en sus espacios vividos. De este
modo, la región puede entenderse tanto como una construcción conceptual para el
análisis geográfico como una realidad concreta influida por factores económicos,
sociales y culturales.