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Derechos y Recompensas en la Religión Yoruba

El documento aborda la importancia de reconocer y recompensar el trabajo de los babalawos e iyanifas en la religión Yoruba, enfatizando que la caridad y los favores de los Orishas deben ser correspondidos materialmente. Orunmila establece que el sacrificio y la dedicación de los sacerdotes son equivalentes a cualquier otra profesión, y que su labor social merece una remuneración justa. Se critica la indiferencia de la sociedad hacia las necesidades de estos religiosos, quienes también requieren sustento y reconocimiento por su labor.
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Derechos y Recompensas en la Religión Yoruba

El documento aborda la importancia de reconocer y recompensar el trabajo de los babalawos e iyanifas en la religión Yoruba, enfatizando que la caridad y los favores de los Orishas deben ser correspondidos materialmente. Orunmila establece que el sacrificio y la dedicación de los sacerdotes son equivalentes a cualquier otra profesión, y que su labor social merece una remuneración justa. Se critica la indiferencia de la sociedad hacia las necesidades de estos religiosos, quienes también requieren sustento y reconocimiento por su labor.
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Derechos

“En nuestra religión, como todo en la vida-, todo tiene su precio, no se hace
nada sin cumplimentar éste, porque así ha sido determinado por los Orishas…”

En una oportunidad Orunmila le dijo a sus hijos los babalawos e iyanifas:

“Vosotros tenéis que enseñar a la gente que, pagar por el bien que se recibe no es
retribuir al pie de la letra; es agradecer, apreciar, respetar y corresponder en alguna
medida a los Orishas y a ustedes, sus sacerdotes y sacerdotisas…”

Antes de que Orunmila emitiera a sus hijos el mensaje que acabamos de citar, los
babalawos predicaban y practicaban el bien a la humanidad gratuitamente, vivían
en la más absoluta pobreza y desposeídos totalmente de bien material alguno. Se
sustentaban, o al menos lo intentaban, de la caridad publica, y se conformaban con
lo que ésta, cada vez más miserablemente, les concedía en reciprocidad por el
incalculable bien recibido. Sin embargo, llegó un momento en el cual los babalawos
comenzaron a padecer la miseria, el hambre, el frío y la muerte prematura,
mientras que para la mayoría de la gente el holocausto de estos seres humanos les
fue indiferente. Aún así, los babalawos prosiguieron en el cumplimiento de su noble
y sagrada misión, hasta que casi llegaron a extinguirse por inanición. Ya sus fuerzas
habían tocado fondo.

Mientras todo esto sucedía la mayoría de la gente se olvidaba rápidamente del


beneficio recibido de manos de aquellos religiosos. Muchos habían sido curados de
graves enfermedades, otros se habían salvado de mortales accidentes, otros habían
recuperado la felicidad y la paz de sus vidas y familias, otros habían hecho grandes
fortunas, otros fueron salvados de la muerte y la desgracia, y así, la lista de
beneficios obtenidos por la gente, de manos de aquellos dedicados sacerdotes, se
hacia interminable. Pero, sin embargo, el ser humano ponía de manifiesto su febril
egoísmo, al desconocer de manera irrespetuosa las necesidades vitales de aquellos,
por cuya intermediación, habían recibido la caridad de los Orishas y ancestros. Y,
Orunmila prosiguió con el mensaje…

“Porque hasta hoy he visto con gran tristeza, cómo muchos seres humanos, tan
rápidamente olvidan el bien que reciben. Es menester entonces, ante tan abusivo
egoísmo, que vosotros no vivan a expensas de la buena voluntad, la iniciativa
humanitaria y la caridad de quienes cada vez más, demuestran con sus actitudes, la
indiferencia y el desprecio que sienten por todo aquello que consiguen fácilmente.
La mayoría de los hombres han aprendido equivocadamente a darle valor material a
todo lo que les concierne. La mercadería que ustedes ofrecen no tiene un valor
material, porque ella misma, en sí, no es material; pero sin embargo, les puedo
asegurar que, la salud, el amor, la paz, el equilibrio, la vida misma y la salvación
que a través de ustedes ellos obtienen, no puede ser valorado materialmente,
porque ningún ser humano puede pagar el verdadero valor que estos aspectos
tienen en sus vidas”.

“Por todo lo que les he dicho hasta aquí, a partir de estos momentos toda acción
vuestra, a título personal o a favor de terceras personas, que implique una
participación directa o indirecta de algún Orisha o ancestro, sea cual fuere ésta,
tendrá que ser recompensada materialmente siempre, mediante la ofrenda de
animales u objetos valiosos de cambio, que obliguen al beneficiario de nuestros
favores, a demostrar en todo momento, una acción reciproca que nos demuestre su
disposición al sacrificio, cualquiera que este sea, a cambio de la caridad incalculable
que recibe”.
“El ser humano ha recibido de nosotros los Orishas la vida y la naturaleza para que
crezca, se desarrolle y se engrandezca mediante el sacrificio, la honestidad, la
justicia y el amor a sus semejantes. Grandes cosas hemos hecho previamente para
ellos a fin de facilitarles el camino, pero una vez más ahora se hacen
los desentendidos y se auto consideran con el derecho a recibir gratuitamente
vuestro sacrificio unido a nuestros favores. Sin embargo, ante tales actitudes, a
partir de ahora nuestros favores y vuestro trabajo tendrán que ser recompensados
materialmente por todo aquel que les requiera”.

“Cada babalawo deberá exigir siempre el `derecho del Orisha o contrapartida material, previa o
posteriormente a la consumación de su trabajo. Y, dejará claro con cada cual, que el pago de
esos derechos, en ningún momento significará que se ha comprado el favor de los Orishas o
ancestros. El abono de los mencionados derechos siempre será una representación simbólica del
espíritu de sacrificio de la persona que solicite vuestros servicios, pero a nosotros nos corresponderá
siempre la última palabra, con respecto a si concedemos o no, el favor solicitado, solamente después
de haber valorado si esa persona ha hecho lo suficiente para merecer nuestra ayuda”.

“Los hombres deben dedicar sus vidas a labrar la madera, a cultivar los campos, a
cazar, a pescar, a curar enfermos, a enseñar a los niños, a cuidar los animales, a las
labores artísticas, a extraer las riquezas naturales…pero también hay quienes
tienen la sagrada misión de servir de intermediarios entre los hombres y sus dioses,
dedicando su tiempo y su vida a tan noble y encomiable labor…¡y por ello tienen
tanto derecho a recibir lo mismo que los demás!. La labor de ustedes, es una labor
tan socialmente importante como cualquier otra, y por ello deben recibir lo
necesario para vivir dignamente entre sus semejantes. Por tanto, si la gente no es
capaz de reconocer en toda su magnitud el valor de vuestro trabajo, entonces que a
partir de ahora aprendan que la caridad hay que merecerla, que ésta requiere
acción y trabajo, que por ello también tiene un precio, y que a quienes son aptos
por sus consagraciones y Asé para tramitarla -vosotros-, también tendrán que
pagarles, en su justa medida, por su trabajo”. “Por lo dicho, decreto que…:”

“No habrá acción vuestra, ni nuestra, que quede libre de derechos, excepto cuando
previamente nosotros dispongamos lo contrario. Ello significa que, la caridad y su
justa administración será cuestión exclusiva de vuestros Orishas, y en ningún
momento de alguno de vosotros. Si una persona, por sus actitudes en vidas pasadas
o en la presente, merece ser premiada con una caridad, librándola de derechos,
será exclusivamente un asunto a determinar por nosotros, vuestros Orishas…”

A partir del momento en que el mensaje de Orunmila fue recibido por los sacerdotes las cosas
cambiaron mucho para éstos. La gente aceptó y se adaptó rápidamente al “derecho”. Por ello,
cualquier olorisa o babalawo, donde quiera que se encuentre, esta obligado a cobrar los “derechos”
de los Orishas para que sus rogaciones y trabajos tengan la bendición y el Asé suficiente; de lo
contrario, y sobre todo si la situación se repite, puede llegar a perder el Asé y el privilegio que le ha
sido otorgado por nuestras deidades.

Después de repasar lo anterior, se comprende perfectamente porqué, iniciarse o


recibir los Ilekes (collares) de nuestra religión, cuesta dinero; porqué recibir Ajagun
(Orishas Guerreros), cuesta dinero; porqué recibir otras consagraciones y
fundamentos, cuesta dinero; porqué hacer Elehan (asentar Orishas), cuesta dinero;
porqué hacer Itefa (hacer ifá), cuesta dinero; porqué realizar una simple rogación o
ebó, también cuesta dinero.

También cada etapa de formación religiosa requiere un largo y duro camino a


recorrer, así como un gran esfuerzo y tiempo de la vida útil de una persona, por lo
cual ésta no sólo está limitada a recibir recompensa y reconocimiento por parte de
los Orishas, sino, también de sus semejantes.
Todo puede resumirse en largos años de esfuerzos y sacrificios en pos de una formación adecuada
que les permita a los iniciados, estar en condiciones óptimas para ayudar a los demás. No hay
diferencias entre el tiempo, el esfuerzo, el sacrificio, la disciplina y la dedicación que un iniciado
dedica a su formación religiosa dentro de la Religión Yoruba Tradicional y/o Ancestral, y el que otro
miembro de la sociedad, sea éste quien sea, dedica a formarse en cualquier otra disciplina
del conocimiento humano. En ambos casos, tanto uno como el otro, son igualmente útiles a la
sociedad, y por tanto, poseen los mismos derechos a ser remunerados material y espiritualmente por
su trabajo.

No hay motivos lógicos y razonables para pensar que un sacerdote y/o


sacerdotisa Orisha, por el simple hecho de ser un religioso(a), está obligado(a) al
altruismo…entonces, ¿quién le brindaría el sustento a este sujeto? ¿Cómo se
calzaría y se vestiría? ¿Cómo cubriría sus gastos más elementales? ¿Cómo y dónde
viviría? ¿Cómo podría acceder a la salud pública, a los hospitales, a la asistencia
médica en general?

A pesar de que el propio Orumila ya lo reconoció una vez, ¿creen vosotros que
nuestro sacerdote y/o sacerdotisa, de verdad, podría vivir a expensas de la voluntad
y la caridad pública…? ¡Claro que no es posible!

A un médico cualquiera (el cual lógicamente ha comprometido su vida bajo el


obligatorio juramento hipocrático de no denegar jamás el auxilio a un ser humano),
cuya labor social es inminentemente humanitaria e importante para preservar la
salud de la sociedad en la que vive, si no se le paga una retribución por sus
servicios, sencillamente no trabaja, pues aunque quiera, humanamente no puede
hacerlo. Tampoco a nadie se le ocurriría que éstos vivieran de la caridad pública o
de la voluntad de la gente; si ello fuese así no existirían médicos en nuestra
sociedad, pues nadie estaría dispuesto a pasarse años estudiando para al final
quedar a expensas de la voluntad ajena. Sin embargo, a pesar de que la profesión
de médico implica un alto sentido de la humanidad y el sacrificio por los demás, una
gran parte de nuestros médicos lucran y se enriquecen con su “humanitaria
profesión” exigiendo precios elevadísimos -a veces impagables por los
desposeídos-, por cualquier intervención quirúrgica o por un simple tratamiento
para adelgazar. Pero la gente parece aceptar esto como algo inexorable, que tiene
que ser así, porque sí, y nada más.

Mientras todo esto es una realidad, a mucha gente no se le ocurre pensar que un
sacerdote nuestro también dedica toda su vida a estudiar y a prepararse para
ayudarles de muchas maneras. Es como la ley del embudo; lo ancho para unos y lo
estrecho para otros. ¿Y, por qué? Piénsenlo vosotros mismos y verán que es una
total injusticia social. Tal vez algunos piensen que sacerdote y/o sacerdotisa puede
ser cualquiera y que detrás de estas ocupaciones se encubren muchas formas de
fraude y engaño; ello es cierto también, pero, ¿acaso no hay también muchos
profesionales malvados e inescrupulosos en nuestra sociedad?

Para mucha gente es muy fácil pensar que por un bien recibido del más allá, por
mediación de un sacerdote, el pago por los servicios de éste corre exclusivamente a
cargo de los dioses. Aquí se aplica estúpida y egoístamente la relación patrón y
empleado; estiman que como el sacerdote es empleado de las deidades, son estas
las que deben recompensarle por su trabajo… ¡nada más absurdo! El sacerdote y/o
sacerdotisa Orisha también es un ser humano; nace, vive y muere como todos los
seres humanos; básicamente tiene las mismas necesidades materiales de vida que
los demás, y el servicio social que presta a la humanidad, lo realiza en la tierra,
entre los seres humanos, por tanto; también tiene que vivir como un ser humano.

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