Definición y Evolución del Arte
Definición y Evolución del Arte
La noción de arte continúa sujeta a profundas disputas, dado que su definición está abierta a
múltiples interpretaciones, que varían según la cultura, la época, el movimiento, o la sociedad
para la cual el término tiene un determinado sentido. El vocablo ‘arte’ tiene una extensa
acepción, pudiendo designar cualquier actividad humana hecha con esmero y dedicación, o
cualquier conjunto de reglas necesarias para desarrollar de forma óptima una actividad: se
habla así de “arte culinario”, “arte médico”, “artes marciales”, “artes de arrastre” en la pesca,
etc. En ese sentido, arte es sinónimo de capacidad, habilidad, talento, experiencia. Sin
embargo, más comúnmente se suele considerar al arte como una actividad creadora del ser
humano, por la cual produce una serie de objetos (obras de arte) que son singulares, y cuya
finalidad es principalmente estética. En ese contexto, arte sería la generalización de un
concepto expresado desde antaño como “bellas artes”, actualmente algo en desuso y reducido
a ámbitos académicos y administrativos. De igual forma, el empleo de la palabra arte para
designar la realización de otras actividades ha venido siendo sustituido por términos como
‘técnica’ u ‘oficio’. En este artículo se trata de arte entendido como un medio de expresión
humano de carácter creativo.
Concepto
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El concepto ha ido variando con el paso del tiempo: hasta el Renacimiento, solo las artes
liberales eran consideradas arte; la arquitectura, la escultura y la pintura eran consideradas
“manualidades”. El arte ha sido desde siempre uno de los principales medios de expresión del
ser humano, a través del cual manifiesta sus ideas y sentimientos, la forma como se relaciona
con el mundo. Su función puede variar desde la más práctica hasta la más ornamental, puede
tener un contenido religioso o simplemente estético, puede ser duradero o efímero. En el
siglo XX se pierde incluso el sustrato material: decía Beuys que la vida es un medio de
expresión artística, destacando el aspecto vital, la acción.
El término arte procede del latín ars, y es el equivalente al término griego τέχνη (téchne, de
donde proviene ‘técnica’). Originalmente se aplicaba a toda la producción realizada por el
hombre y a las disciplinas del saber hacer. Así, artistas eran tanto el cocinero, el jardinero o
el constructor, como el pintor o el poeta. Con el tiempo la derivación latina (ars -> arte) se
utilizó para designar a las disciplinas relacionadas con las artes de lo estético y lo emotivo; y la
derivación griega (téchne -> técnica), para aquellas disciplinas que tienen que ver con las
producciones intelectuales y de artículos de uso.[3] En la actualidad es difícil encontrar que
ambos términos (arte y técnica) se confundan o utilicen como sinónimos.
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Con el manierismo comenzó el arte moderno: las cosas ya no se representan tal como son, sino
tal como las ve el artista. La belleza se relativiza, se pasa de la belleza única renacentista,
basada en la ciencia, a las múltiples bellezas del manierismo, derivadas de la naturaleza.
Apareció en el arte un nuevo componente de imaginación, reflejando tanto lo fantástico como
lo grotesco, como se puede percibir en la obra de Brueghel o Arcimboldo. Giordano Bruno fue
uno de los primeros pensadores que prefiguró las ideas modernas: decía que la creación es
infinita, no hay centro ni límites –ni Dios ni hombre–, todo es movimiento, dinamismo. Para
Bruno, hay tantos artes como artistas, introduciendo la idea de originalidad del artista. El arte
no tiene normas, no se aprende, sino que viene de la inspiración.[10]
Los siguientes avances se hicieron en el siglo XVIII con la Ilustración, donde comenzó a
producirse cierta autonomía del hecho artístico: el arte se alejó de la religión y de la
representación del poder para ser fiel reflejo de la voluntad del artista, centrándose más en las
cualidades sensibles de la obra que no en su significado.[11] Jean-Baptiste Dubos, en Reflexiones
críticas sobre la poesía y la pintura (1719), abrió el camino hacia la relatividad del gusto,
razonando que la estética no viene dada por la razón, sino por los sentimientos. Así, para
Dubos el arte conmueve, llega al espíritu de una forma más directa e inmediata que el
conocimiento racional. Dubos hizo posible la popularización del gusto, oponiéndose a la
reglamentación académica, e introdujo la figura del ‘genio’, como atributo dado por la
naturaleza, que está más allá de las reglas.
A finales del siglo XIX surgió el esteticismo, que fue una reacción al utilitarismo imperante en la
época y a la fealdad y el materialismo de la era industrial. Frente a ello, surgió una tendencia
que otorgaba al arte y a la belleza una autonomía propia, sintetizada en la fórmula
de Théophile Gautier “el arte por el arte” (l'art pour l'art), llegando incluso a hablarse de
“religión estética”.[16] Esta postura pretendía aislar al artista de la sociedad, para que buscase de
forma autónoma su propia inspiración y se dejase llevar únicamente por una búsqueda
individual de la belleza.[17] Así, la belleza se aleja de cualquier componente moral,
convirtiéndose en el fin último del artista, que llega a vivir su propia vida como una obra de
arte –como se puede apreciar en la figura del dandi–.[18] Uno de los teóricos del movimiento
fue Walter Pater, que influyó sobre el denominado decadentismo inglés, estableciendo en sus
obras que el artista debe vivir la vida intensamente, siguiendo como ideal a la belleza. Para
Pater, el arte es “el círculo mágico de la existencia”, un mundo aislado y autónomo puesto al
servicio del placer, elaborando una auténtica metafísica de la belleza.[19]
Por otro lado, Charles Baudelaire fue uno de los primeros autores que analizaron la relación del
arte con la recién surgida era industrial, prefigurando la noción de “belleza moderna”: no existe
la belleza eterna y absoluta, sino que cada concepto de lo bello tiene algo de eterno y algo de
transitorio, algo de absoluto y algo de particular. La belleza viene de la pasión y, al tener cada
individuo su pasión particular, también tiene su propio concepto de belleza. En su relación con
el arte, la belleza expresa por un lado una idea “eternamente subsistente”, que sería el “alma
del arte”, y por otro un componente relativo y circunstancial, que es el “cuerpo del arte”. Así,
la dualidad del arte es expresión de la dualidad del hombre, de su aspiración a una felicidad
ideal enfrentada a las pasiones que le mueven hacia ella. Frente a la mitad eterna, anclada en
el arte clásico antiguo, Baudelaire vio en la mitad relativa el arte moderno, cuyos signos
distintivos son lo transitorio, lo fugaz, lo efímero y cambiante –sintetizados en la moda–.
Baudelaire tenía un concepto neoplatónico de belleza, que es la aspiración humana hacia un
ideal superior, accesible a través del arte. El artista es el “héroe de la modernidad”, cuya
principal cualidad es la melancolía, que es el anhelo de la belleza ideal.[20]
La estética sociológica tuvo una gran vinculación con el realismo pictórico y con movimientos
políticos de izquierdas, especialmente el socialismo utópico: autores como Henri de Saint-
Simon, Charles Fourier y Pierre Joseph Proudhon defendieron la función social del arte, que
contribuye al desarrollo de la sociedad, aunando belleza y utilidad en un conjunto armónico.
Por otro lado, en el Reino Unido, la obra de teóricos como John Ruskin y William Morris aportó
una visión funcionalista del arte: en Las piedras de Venecia (1851-1856) Ruskin denunció la
destrucción de la belleza y la vulgarización del arte llevada a cabo por la sociedad industrial, así
como la degradación de la clase obrera, defendiendo la función social del arte. En El arte del
pueblo (1879) pidió cambios radicales en la economía y la sociedad, reclamando un arte
“hecho por el pueblo y para el pueblo”. Por su parte, Morris –fundador del movimiento Arts &
Crafts– defendió un arte funcional, práctico, que satisfaga necesidades materiales y no solo
espirituales. En Escritos estéticos (1882-1884) y Los fines del arte (1887) planteó un concepto
de arte utilitario pero alejado de sistemas de producción excesivamente tecnificados, próximo
a un concepto del socialismo cercano al corporativismo medieval.[22]
Por otro lado, la función del arte fue cuestionada por el escritor ruso Lev Tolstoi: en ¿Qué es el
arte? (1898) se planteó la justificación social del arte, argumentando que siendo el arte una
forma de comunicación solo puede ser válido si las emociones que transmite pueden ser
compartidas por todos los hombres. Para Tolstoi, la única justificación válida es la contribución
del arte a la fraternidad humana: una obra de arte solo puede tener valor social cuando
transmite valores de fraternidad, es decir, emociones que impulsen a la unificación de los
pueblos.[23]
Wilhelm Dilthey, desde la estética cultural, formuló una teoría acerca de la unidad entre arte y
vida. Prefigurando el arte de vanguardia, Dilthey ya vislumbraba a finales del siglo XIX cómo el
arte se alejaba de las reglas académicas, y cómo cobraba cada vez mayor importancia la
función del público, que tiene el poder de ignorar o ensalzar la obra de un artista determinado.
Encontró en todo ello una “anarquía del gusto”, que achacó a un cambio social de
interpretación de la realidad, pero que percibió como transitorio, siendo necesario hallar «una
relación sana entre el pensamiento estético y el arte». Así, ofreció como salvación del arte las
“ciencias del espíritu”, especialmente la psicología: la creación artística debe poder analizarse
bajo el prisma de la interpretación psicológica de la fantasía. En Vida y poesía (1905) presentó
la poesía como expresión de la vida, como ‘vivencia’ (Erlebnis) que refleja la realidad externa
de la vida. La creación artística tiene pues como función intensificar nuestra visión del mundo
exterior, presentándolo como un conjunto coherente y pleno de sentido.[26]
Visión actual
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El siglo XX ha supuesto una radical transformación del concepto de arte: la superación de las
ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e individuales,
partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores
como Kierkegaard y Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la belleza
clásica. El concepto de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías científicas: la
subjetividad del tiempo de Bergson, la Teoría de la relatividad de Einstein, la mecánica
cuántica, la teoría del psicoanálisis de Freud, etc. Por otro lado, las nuevas tecnologías hacen
que el arte cambie de función, debido a que la fotografía y el cine ya se encargan de plasmar la
realidad. Todos estos factores producen la génesis del arte abstracto, el artista ya no intenta
reflejar la realidad, sino su mundo interior, expresar sus sentimientos.[27] El arte actual tiene
oscilaciones continuas del gusto, cambia simultáneamente junto a este: así como el arte clásico
se sustentaba sobre una metafísica de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra
gusto en la conciencia social de placer (cultura de masas). También hay que valorar la
progresiva disminución del analfabetismo, puesto que antiguamente, al no saber leer gran
parte de la población, el arte gráfico era el mejor medio para la transmisión del conocimiento –
sobre todo religioso–, función que ya no es necesaria en el siglo XX.
Una de las primeras formulaciones fue la del marxismo: de la obra de Marx se desprendía que
el arte es una “superestructura” cultural determinada por las condiciones sociales y
económicas del ser humano. Para los marxistas, el arte es reflejo de la realidad social, si bien el
propio Marx no veía una correspondencia directa entre una sociedad determinada y el arte
que produce. Georgi Plejánov, en Arte y vida social (1912), formuló una
estética materialista que rechazaba el “arte por el arte”, así como la individualidad del artista
ajeno a la sociedad que lo envuelve.[28] Walter Benjamin incidió de nuevo en el arte de
vanguardia, que para él es «la culminación de la dialéctica de la modernidad», el final del
intento totalizador del arte como expresión del mundo circundante. Intentó dilucidar el papel
del arte en la sociedad moderna, realizando un análisis semiótico en el que el arte se explica a
través de signos que el hombre intenta descifrar sin un resultado aparentemente satisfactorio.
En La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica (1936) analizó la forma cómo las
nuevas técnicas de reproducción industrial del arte pueden hacer variar el concepto de este, al
perder su carácter de objeto único y, por tanto, su halo de reverencia mítica; esto abre nuevas
vías de concebir el arte –inexploradas aún para Benjamin– pero que supondrán una relación
más libre y abierta con la obra de arte.[29]
Representante del pragmatismo, John Dewey, en Arte como experiencia (1934), definió el arte
como “culminación de la naturaleza”, defendiendo que la base de la estética es la experiencia
sensorial. La actividad artística es una consecuencia más de la actividad natural del ser
humano, cuya forma organizativa depende de los condicionamientos ambientales en que se
desenvuelve. Así, el arte es “expresión”, donde fines y medios se fusionan en una experiencia
agradable. Para Dewey, el arte, como cualquier actividad humana, implica iniciativa y
creatividad, así como una interacción entre sujeto y objeto, entre el hombre y las condiciones
materiales en las que desarrolla su labor.[31]
José Ortega y Gasset analizó en La deshumanización del arte (1925) el arte de vanguardia
desde el concepto de “sociedad de masas”, donde el carácter minoritario del arte vanguardista
produce una elitización del público consumidor de arte. Ortega aprecia en el arte una
“deshumanización” debida a la pérdida de perspectiva histórica, es decir, de no poder analizar
con suficiente distancia crítica el sustrato sociocultural que conlleva el arte de vanguardia. La
pérdida del elemento realista, imitativo, que Ortega aprecia en el arte de vanguardia, supone
una eliminación del elemento humano que estaba presente en el arte naturalista. Asimismo,
esta pérdida de lo humano hace desaparecer los referentes en que estaba basado el arte
clásico, suponiendo una ruptura entre el arte y el público, y generando una nueva forma de
comprender el arte que solo podrán entender los iniciados. La percepción estética del arte
deshumanizado es la de una nueva sensibilidad basada no en la afinidad sentimental –como se
producía con el arte romántico–, sino en un cierto distanciamiento, una apreciación de
matices. Esa separación entre arte y humanidad supone un intento de volver al hombre a la
vida, de rebajar el concepto de arte como una actividad secundaria de la experiencia humana.
[32]
Como conclusión, cabría decir que las viejas fórmulas que basaban el arte en la creación de
belleza o en la imitación de la naturaleza han quedado obsoletas, y hoy día el arte es una
cualidad dinámica, en constante transformación, inmersa además en los medios de
comunicación de masas, en los canales de consumo, con un aspecto muchas veces efímero, de
percepción instantánea, presente con igual validez en la idea y en el objeto, en su génesis
conceptual y en su realización material.[36] Morris Weitz, representante de la estética analítica,
opinaba en El papel de la teoría en la estética (1957) que «es imposible establecer cualquier
tipo de criterios del arte que sean necesarios y suficientes; por lo tanto, cualquier teoría del
arte es una imposibilidad lógica, y no simplemente algo que sea difícil de obtener en la
práctica». Según Weitz, una cualidad intrínseca de la creatividad artística es que siempre
produce nuevas formas y objetos, por lo que «las condiciones del arte no pueden establecerse
nunca de antemano». Así, «el supuesto básico de que el arte pueda ser tema de cualquier
definición realista o verdadera es falso».[37]
Clasificación
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La clasificación del arte, o de las distintas facetas o categorías que pueden considerarse
artísticas, ha tenido una evolución paralela al concepto mismo de arte: como se ha visto
anteriormente, durante la antigüedad clásica se consideraba arte todo tipo de habilidad
manual y destreza, de tipo racional y sujeta a reglas; así, entraban en esa denominación tanto
las actuales bellas artes como la artesanía y las ciencias, mientras que quedaban excluidas
la música y la poesía. Una de las primeras clasificaciones que se hicieron de las artes fue la de
los filósofos sofistas presocráticos, que distinguieron entre “artes útiles” y “artes placenteras”,
es decir, entre las que producen objetos de cierta utilidad y las que sirven para el
entretenimiento. Plutarco introdujo, junto a estas dos, las “artes perfectas”, que serían lo que
hoy consideramos ciencias. Platón, por su parte, estableció la diferencia entre “artes
productivas” y “artes imitativas”, según si producían objetos nuevos o imitaban a otros.[39]
Durante la era romana hubo diversos intentos de clasificar las artes: Quintiliano dividió el arte
en tres esferas: “artes teóricas”, basadas en el estudio (principalmente, las ciencias); “artes
prácticas”, basadas en una actividad, pero sin producir nada (como la danza); y “artes poéticas”
–según la etimología griega, donde ποίησις (poíêsis) quiere decir ‘producción’–, que son las
que producen objetos. Cicerón catalogó las artes según su importancia: “artes mayores”
(política y estrategia militar), “artes medianas” (ciencias, poesía y retórica) y “artes menores”
(pintura, escultura, música, interpretación y atletismo). Plotino clasificó las artes en cinco
grupos: las que producen objetos físicos (arquitectura), las que ayudan a la naturaleza
(medicina y agricultura), las que imitan a la naturaleza (pintura), las que mejoran la acción
humana (política y retórica) y las intelectuales (geometría).[40]
Sin embargo, la clasificación que tuvo más fortuna –llegando hasta la era moderna– fue la
de Galeno en el siglo II, que dividió el arte en “artes liberales” y “artes vulgares”, según si
tenían un origen intelectual o manual. Entre las liberales se encontraban: la gramática,
la retórica y la dialéctica –que formaban el trivium–, y la aritmética, la geometría,
la astronomía y la música –que formaban el quadrivium–; las vulgares incluían la arquitectura,
la escultura y la pintura, pero también otras actividades que hoy consideramos artesanía.[41]
Durante la Edad Media continuó la división del arte entre artes liberales y vulgares –llamadas
estas últimas entonces “mecánicas”–, si bien hubo nuevos intentos de
clasificación: Boecio dividió las artes en ars y artificium, clasificación similar a la de artes
liberales y vulgares, pero en una acepción que casi excluía las formas manuales del campo del
arte, dependiendo este tan solo de la mente. En el siglo XII, Radulfo de Campo Lungo intentó
hacer una clasificación de las artes mecánicas, reduciéndolas a siete, igual número que las
liberales. En función de su utilidad cara a la sociedad, las dividió en: ars victuaria, para
alimentar a la gente; lanificaria, para vestirles; architectura, para procurarles una
casa; suffragatoria, para darles medios de transporte; medicinaria, que les
curaba; negotiatoria, para el comercio; militaria, para defenderse.[42]
Sin embargo, faltaba aglutinar estas artes del diseño con el resto de actividades consideradas
artísticas (música, poesía y teatro), tarea que se desarrolló durante los dos siglos siguientes con
varios intentos de buscar un nexo común a todas estas actividades: así,
el humanista florentino Giannozzo Manetti propuso el término “artes ingeniosas”, donde
incluía las artes liberales, por lo que solo cambiaba el vocablo; el filósofo neoplatónico Marsilio
Ficino elaboró el concepto de “artes musicales”, argumentando que la música era la inspiración
para todas las artes; en 1555, Giovanni Pietro Capriano introdujo en su De vera poetica la
acepción “artes nobles”, apelando a la elevada finalidad de estas actividades; Lodovico
Castelvetro habló en su Correttione (1572) de “artes memoriales”, ya que según él estas artes
buscaban fijar en objetos la memoria de cosas y acontecimientos; Claude-François Menestrier,
historiador francés del siglo XVII, formuló la idea de “artes pictóricas”, remarcando el carácter
visual del arte; Emanuele Tesauro ideó en 1658 la noción de “artes poéticas”, inspirado en la
célebre cita de Horacio ut pictura poesis (la pintura como la poesía), describiendo el
componente poético y metafórico de estas artes; ya en el siglo XVIII, coincidieron en un mismo
año (1744) dos definiciones, la de “artes agradables” de Giambattista Vico, y la de “artes
elegantes” de James Harris; por último, en 1746, Charles Batteux estableció en Las bellas artes
reducidas a un único principio la concepción actual de bellas artes, remarcando su aspecto de
imitación (imitatio).[44]
Batteux incluyó en las bellas artes pintura, escultura, música, poesía y danza, mientras que
mantuvo el término artes mecánicas para el resto de actividades artísticas, y señaló como
actividades entre ambas categorías la arquitectura y la retórica, si bien al poco tiempo se
eliminó el grupo intermedio y la arquitectura y la retórica se incorporaron plenamente a las
bellas artes. Sin embargo, con el tiempo, esta lista sufrió diversas variaciones, y si bien se
aceptaba comúnmente la presencia de arquitectura, pintura, escultura, música y poesía, los
dos puestos restantes oscilaron entre la danza, la retórica, el teatro y la jardinería, o, más
adelante, nuevas disciplinas como la fotografía y el cine. El término “bellas artes” hizo fortuna,
y quedó fijado como definición de todas las actividades basadas en la elaboración de objetos
con finalidad estética, producidos de forma intelectual y con voluntad expresiva y
trascendente. Así, desde entonces las artes fueron “bellas artes”, separadas tanto de las
ciencias como de los oficios manuales. Por eso mismo, durante el siglo XIX se fue produciendo
un nuevo cambio terminológico: ya que las artes eran solo las bellas artes, y el resto de
actividades no lo eran, poco a poco se fue perdiendo el término ‘bellas’ para quedar solo el de
‘artes’, quedando la acepción ‘arte’ tal como la entendemos hoy día. Incluso sucedió que
entonces se restringió el término “bellas artes” para designar las artes visuales, las que en el
Renacimiento se denominaban “artes del diseño” (arquitectura, pintura y escultura), siendo las
demás las “artes en general”. También hubo una tendencia cada vez más creciente a separar las
artes visuales de las literarias, que recibieron el nombre de “bellas letras”.[45] Se podría decir
que las “bellas artes” son aquellas que cumplen con ciertas características estéticas dignas de
ser admiradas: tienen como objetivo expresar la belleza aunque esta sea definida por el artista
o por la particular perspectiva del observador, cayendo en la ambigüedad de lo que es
bello. Gary Martin señaló que debido a que constituye una experiencia subjetiva, a menudo se
dice que «la belleza está en el ojo del observador». Las “bellas artes” han tenido
históricamente tal adjetivo debido a que representan la máxima expresión sentimental del ser
humano desde épocas remotas.
Sin embargo, pese a la aceptación general de la clasificación propuesta por Batteux, en los
siglos siguientes todavía se produjeron intentos de nuevas clasificaciones del arte: Immanuel
Kant distinguió entre “artes mecánicas” y “artes estéticas”; Robert von Zimmermann habló de
artes de la representación material (arquitectura y escultura), de la representación perceptiva
(pintura y música) y de la representación del pensamiento (literatura); y Alois Riegl, en Arte
industrial de la época romana tardía, dividió el arte en arquitectura, plástica y
ornamento. Hegel, en su Estética (1835-1838), estableció tres formas de manifestación
artística: arte simbólico, clásico y romántico, que se relacionan con tres formas diferentes de
arte, tres estadios de evolución histórica y tres maneras distintas de tomar forma la idea:
Arte Historia Idea Forma
En la idea, primero hay una relación de desajuste, donde la idea no encuentra forma; después
es de ajuste, cuando la idea se ajusta a la forma; por último, en el desbordamiento, la idea
sobrepasa la forma, tiende al infinito. En la evolución histórica, equipara infancia con el arte
prehistórico, antiguo y oriental; madurez, con el arte griego y romano; y vejez, con el
arte cristiano. En cuanto a la forma, la arquitectura (forma monumental) es un arte tectónico,
depende de la materia, de pesos, medidas, etc.; la escultura (forma antropomórfica) depende
más de la forma volumétrica, por lo que se acerca más al hombre; la pintura, música y poesía
(formas suprasensibles) son la etapa más espiritual, más desmaterializada. La creación artística
no ha de ser una mimesis, sino un proceso de libertad espiritual. En su evolución, cuando el
artista llega a su límite, se van perdiendo las formas sensibles, el arte se vuelve más conceptual
y reflexivo; al final de este proceso se produce la “muerte del arte”.[46]
Pese a todo, estos intentos de clasificación resultaron un tanto baldíos y, cuando parecía que
por fin se había llegado a una definición del arte universalmente aceptable, después de tantos
siglos de evolución, los cambios sociales, culturales y tecnológicos producidos durante los
siglos XIX y XX han comportado un nuevo intento de definir el arte con base en parámetros
más abiertos y omnicomprensivos, intentando abarcar tanto una definición teórica del arte
como una catalogación práctica que incluyese las nuevas formas artísticas que han ido
surgiendo en los últimos tiempos (fotografía, cine, cómic, nuevas tecnologías, etc.). Como el
de Juan Acha con su ensayo Arte y sociedad. Latinoamérica: el producto artístico y
estructura (1979), cuya compleja organización de las artes es según su aplicación y origen; en
grupos como "Cuerpo-Objeto", "Superficie-Objetos", "Superficies-Icónicas", "Superficies-
Literarias", "Espectáculos" y "Audiciones". Y otra más simple en Lógica del Límite (1991)
de Eugenio Trías, en la que el artista es como un habitante y a un determinado oficio artístico
como un habitáculo, que constituyen tres grandes áreas del arte: artes estáticas o del espacio,
artes mixtas y artes temporales o dinámicas.
Estos intentos, un tanto infructuosos, han producido en cierta forma el efecto contrario,
acentuando aún más la indefinición del arte, que hoy día es un concepto abierto e
interpretable, donde caben muchas fórmulas y concepciones, si bien se suele aceptar un
mínimo denominador común basado en cualidades estéticas y expresivas, así como un
componente de creatividad.[36]
Cinco artes son comúnmente citadas en el siglo XIX, a las cuales en el siglo XX se le añadirán
cuatro más para llegar a un total de nueve artes, sin ser capaces los expertos y críticos de
ponerse de acuerdo sobre la clasificación un "décimo arte".
Al final del siglo XX, la siguiente lista establece las nuevas clasificaciones, al igual que el número
de musas antiguas:
1. Arquitectura
2. Escultura
4. Música
7. Cinematografía
8. Fotografía
9. Historieta
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Artista: se denomina artista a aquella persona que, o bien practica un arte, o bien
destaca en él. Por definición, un artista es quien elabora una obra de arte; así pues, y
en paralelo a la evolución del concepto de arte que hemos visto anteriormente, en
épocas pasadas un artista era cualquier persona que trabajase en las artes liberales o
vulgares, desde un gramático, un astrónomo o un músico hasta un albañil,
un alfarero o un ebanista. Sin embargo, hoy día se entiende por artista a alguien que
practica las bellas artes. Aun así, el término artista puede tener diversas acepciones,
desde el artista como creador, hasta el artista como el que tiene en la práctica de un
arte su profesión. Así, a menudo llamamos artistas a actores o músicos que solo
interpretan obras creadas por otros autores. También se suele emplear el vocablo
artista para diferenciar a quien practica una actividad liberal para distinguirlo del que
practica un oficio: en ese sentido, se suele decir “pintor artista” para diferenciarlo de
un “pintor de brocha gorda”. Al artista se le supone una disposición especialmente
sensible frente al mundo que lo rodea: ha desarrollado su propio punto de vista, así
como su creatividad, una buena técnica y un medio de comunicación hacia el
espectador por medio de sus obras. El artista adquiere su propio dominio de la técnica
y su desarrollo artístico intelectual para llegar al camino del profesionalismo. Con esta
personalidad, el artista se manifiesta hacia el mundo tratando de reflejar lo que
acontece –o le gustaría que aconteciera– en él.[48]
Obra de arte: una obra es una realización material, que tiene una existencia objetiva y
que es perceptible sensiblemente. El término proviene del latín opera, que deriva
de opus (‘trabajo’), por lo que equivale a trabajo como objeto, es decir, como resultado
de un trabajo. Una obra de arte puede ser tanto el objeto material en sí –una pintura,
una escultura, un grabado– como una producción intelectual donde la artisticidad se
encuentra en el momento de su ejecución o captación por medio de los sentidos: así,
en la literatura, el arte se encuentra más en la lectura de la obra que no en el lenguaje
escrito que le sirve de vehículo de comunicación, o en el medio material (libro, revista)
que le sirva de soporte; en música, el arte se encuentra en su percepción auditiva, no
en la partitura en que se ve reflejada. Así, en el arte conceptual se valora más la
concepción de la obra de arte por parte del artista que no su realización material. En
ese sentido, una obra de arte puede tener varios niveles de elaboración:
decía Panofsky que, al escribir una carta, se cumple básicamente el objetivo de
comunicarse; pero si se escribe poniendo especial atención en la caligrafía, puede
tener un sentido artístico valorable per se; y si, además, se escribe en un tono poético
o literario, la carta trasciende su sustrato material para convertirse en una obra de arte
valorable por sus cualidades intrínsecas. Por otro lado, hay que valorar la percepción
del receptor: un objeto puede no estar elaborado con finalidades artísticas pero ser
interpretado así por la persona que lo percibe –como en los ready-
made de Duchamp–. Igualmente, una obra de arte puede tener diversas
interpretaciones según la persona que lo valore, como remarcó Umberto Eco con su
concepto de “obra abierta”. Y una misma obra puede ser percibida como artística por
unos y como no artística por otros: decía Marcel Mauss que «es obra de arte el objeto
que es reconocido como tal por un grupo social definido». Así, habría que reconocer
que una obra de arte es un objeto que tiene un valor añadido, sea este valor un
concepto artístico, estético, cultural, sociológico o de diversa índole.[49] En conclusión,
se podría decir que una obra de arte es un hecho sensorial, realizado artificialmente,
con intencionalidad comunicativa y orientación lúdica. La obra de arte, para ser
considerada como tal, debe trascender su sustrato material para adquirir una
significación trascendente, basada tanto en su aspecto estético como en el histórico, al
ser reflejo de un lugar y tiempo determinados, así como de una determinada cultura
que subyace en la génesis de toda obra de arte.[50]
Sea cual sea su antigüedad y clasicismo, una obra de arte es en acto y no sólo potencialmente
una obra de arte cuando pervive en alguna experiencia individualizada. En cuanto pedazo de
pergamino, de mármol, de tela, permanece (aunque sujeta a las devastaciones del tiempo)
idéntica a sí misma a través de los años. Pero como obra de arte se recrea cada vez que es
experimentada estéticamente.
Público: un factor cada vez más determinante en el mundo del arte es el del público, la
gente que acude a museos o exposiciones y que manifiesta cada vez más un sentido
crítico y apreciativo del arte, pudiendo influir en las modas y los gustos artísticos. En
siglos anteriores, el arte era un círculo cerrado al que solo tenían acceso las clases más
favorecidas, que eran las que encargaban y adquirían obras de arte. Sin embargo,
desde la apertura de los primeros museos públicos en el siglo XVIII, la participación del
público en general en la apreciación del arte ha sido cada vez mayor, favorecida sobre
todo por el aumento de medios de comunicación de masas (prensa, libros, revistas y,
más recientemente, medios digitales e Internet). Asimismo, las nuevas corrientes
artísticas, sobre todo desde pasada la Segunda Guerra Mundial, han favorecido la
participación del público en la propia génesis del hecho artístico, a través de acciones
artísticas como los happenings y las performances.[52]
Función del arte: el arte puede cumplir diversas funciones, según la voluntad del
propio artista o según la interpretación que de la obra haga el público:
Práctica: el arte puede tener una utilidad práctica siempre y cuando cumpla
diversas premisas de satisfacer necesidades o de tener una finalidad destinada
a su uso o disfrute, como es el caso de la arquitectura, o bien de la artesanía y
las artes aplicadas, decorativas e industriales.
Crítica: el arte puede tener una voluntad crítica, bien de tipo político, religioso
o social, haciéndose eco de las reivindicaciones sociales de cada periodo
histórico.
Fundaciones de arte: conocidas como el “tercer sector”, ya que son privadas pero no
persiguen fines lucrativos, por lo que se sitúan entre los museos y las galerías de arte,
las fundaciones son instituciones de ámbito privado y filantrópico encargadas de
difundir y fomentar el arte. Entre sus funciones se cuentan tanto la conservación de
obras de arte –generalmente estas fundaciones tienen sus propias colecciones– como
el estímulo y fomento de la creatividad artística, a través de becas para jóvenes
artistas. Instancia intermedia entre la sociedad civil y el estado, las fundaciones
favorecen la participación ciudadana en las esferas culturales, fomentando la
democratización del estamento artístico. Entre las diversas fundaciones internacionales
destacan la Fundación Maeght, la del Chase Manhattan Bank, la Fundación Beyeler,
la Fundación Cartier, la Fundación Lucio Fontana, la Fundación Calouste Gulbenkian,
la Fundación Solomon R. Guggenheim, la Fundación Robert Mapplethorpe,
la Fundación Vincent Van Gogh, etc.; en España, la Fundación Miró, la Fundación
Antoni Tàpies, la Fundación BBVA, la Fundación Caixa Fòrum, la Fundación Telefónica,
la Fundación Juan March, la Fundación Gala-Salvador Dalí, la Fundación Thyssen-
Bornemisza, etc.[56]
Ferias: uno de los principales medios de comercialización del arte son las ferias, donde
los artistas dan a conocer sus obras, mientras que el público puede apreciarlas y estar
al corriente de las diversas novedades que se van sucediendo en el tiempo. Las ferias
han ido adquiriendo cada vez mayor relevancia, existiendo un circuito donde a lo largo
del año diversas ciudades de todo el mundo acogen ferias de diversa índole.
Actualmente, su cometido no es solo comercial, sino también cultural e institucional,
ya que suponen una fuente de difusión del arte. Una de las primeras ferias conocidas
fue la celebrada en el Salone degli Innocenti de la Academia de Florencia, donde en
1564 se vendieron 17 de 25 cuadros pintados en homenaje a Miguel Ángel tras su
fallecimiento. En 1737 se abrió la muestra bienal del Salón Carré del Louvre, organizada
por la Académie Royal d’Art, primeras ferias abiertas a un público mayoritario. En la
actualidad destacan: la Bienal de Venecia, la Documenta de Kassel, la Bienal de São
Paulo, la Trienal de Milán, la feria ARCO de Madrid, la FIAC de París, ArtBasel
de Basilea, etc.[59]
Exposiciones: uno de los factores clave en la difusión del arte, sobre todo actualmente,
es la organización de exposiciones, públicas o privadas, de arte antiguo o
contemporáneo, individuales o colectivas, temáticas o antológicas. Las primeras
exposiciones surgieron en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, propiciadas por el exilio
de artistas provocado por la Revolución francesa. En el siglo XIX surgieron
las exposiciones universales, primeros fenómenos de masas donde se exponían las
principales novedades tanto del mundo del arte como de la ciencia, la industria y
cualquier otra actividad humana. Desde entonces se han sucedido las exposiciones por
todo el mundo, circunscritas a menudo en los propios museos de arte, como forma de
favorecer una mayor afluencia de público. Actualmente, son habituales las
exposiciones antológicas e itinerantes, que suelen recorrer los principales centros
artísticos mundiales. Otro factor a tener en cuenta, sobre todo dada la temporalidad
de estas exposiciones, es la cada vez mayor importancia de los catálogos, únicos
testimonios del conjunto de obras de arte expuestas de forma, muchas veces,
irrepetible. La exposición más visitada ha sido la de Arte degenerado, organizada en
1937 por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, que fue visitada por unos
tres millones de personas en diversas ciudades alemanas a lo largo de cuatro años.[60]
Disciplinas artísticas
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Arquitectura: Casa de la Cascada (1939), de Frank Lloyd Wright.
Las artes creativas a menudo son divididas en categorías más específicas, como las artes
decorativas, las artes plásticas, las artes escénicas o la literatura. Así, la pintura es una forma de
arte visual, y la poesía es una forma de literatura. Algunos ejemplos son:
Artes visuales
Arte corporal: es el que utiliza el cuerpo humano como soporte. Incluye actividades
como el maquillaje, el vestuario, la peluquería, el tatuaje, el piercing, etc.
Artes gráficas: son las que se realizan por medio de un proceso de impresión; así, son
artes gráficas tanto el grabado como la fotografía, el cartelismo o el cómic, o cualquier
actividad artística que utilice un medio impreso. En su realización intervienen, por un
lado, la creación de un diseño y, por otro, su traslado a un determinado sustrato —
como el papel—. Las artes gráficas aparecieron con la invención de
la imprenta por Johannes Gutenberg hacia 1450, agrupando todos los oficios que se
relacionaban con la impresión tipográfica. Más tarde, la necesidad de generar
impresiones de mejor calidad propició la aparición de la preprensa o fotomecánica.
Artes industriales: son las desarrolladas con una elaboración industrial o artesanal pero
persiguiendo una cierta finalidad estética, sobre todo en la elaboración de
determinados objetos como vestidos, viviendas y utensilios, así como diversos
elementos de decoración. Muchas artes decorativas son también industriales.
Artes y oficios: son las que comportan un trabajo manual, que puede tener un carácter
artesanal o industrial. Engloba diversas actividades como la cerámica, la corioplastia,
la ebanistería, la forja, la jardinería, la joyería, el mosaico, la orfebrería, la tapicería,
la vidriería, etc.
Fotografía: es una técnica que permite obtener imágenes del mundo sensible y fijarlas
en un soporte material –una película sensible a la luz o un sensor digital–. Se basa en el
principio de la cámara oscura, con la cual se consigue proyectar una imagen captada
por un pequeño agujero sobre una superficie, de tal forma que el tamaño de la imagen
queda reducido y aumentada su nitidez. La fotografía moderna comenzó con la
construcción del daguerrotipo por Louis-Jacques-Mandé Daguerre, a partir de donde
se fueron perfeccionando los procedimientos técnicos para su captación y
reproducción. Pese a tomar sus imágenes de la realidad, la fotografía fue enseguida
considerada un arte, pues se reconoce que la visión aportada por el fotógrafo a la hora
de elegir una toma o encuadre es un proceso artístico, realizado con una voluntad
estética.
Artes escénicas
Danza: la danza es una forma de expresión del cuerpo humano, que consiste en una
serie de movimientos rítmicos al compás de una música –aunque esta última no es del
todo imprescindible–. Entre sus modalidades figura el ballet o danza clásica, aunque
existen innumerables tipos de danzas rituales y folclóricas entre las diversas culturas y
sociedades humanas, así como infinitud de bailes populares. Las técnicas de danza
requieren una gran concentración para dominar todo el cuerpo, con especial hincapié
en la flexibilidad, la coordinación y el ritmo.
Artes musicales
Ópera: es un arte donde se combina la música con el canto, sobre la base de un guion
(libreto) interpretado según los principios de las artes escénicas. La interpretación es
realizada por cantantes de diversos registros
vocales: bajo, barítono, tenor, contralto, mezzosoprano y soprano.
Artes literarias
Drama: es una forma de escritura basada en el diálogo de diversos personajes, que van
contando una historia a través de la sucesión cronológica y argumental de diversas
escenas donde se va desarrollando la acción. Aunque tiene un carácter literario
autónomo, generalmente está concebido para ser representado de forma teatral, por
lo que el drama está íntimamente ligado a las artes escénicas.
Estilos artísticos
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Cada periodo histórico ha tenido unas características concretas y definibles, comunes a otras
regiones y culturas, o bien únicas y diferenciadas, que han ido evolucionando con el devenir de
los tiempos. De ahí surgen los estilos artísticos, que pueden tener un
origen geográfico o temporal, o incluso reducirse a la obra de un artista en concreto, siempre y
cuando se produzcan unas formas artísticas claramente definitorias. ‘Estilo’ proviene
del latín stilus (‘punzón’), escrito en época medieval como stylus por influencia del
término griego στύλος (stylos, ‘columna’). Antiguamente, se denominaba así a un tipo de
punzón para escribir sobre tablillas de cera; con el tiempo, pasó a designar tanto el
instrumento, como el trabajo del escritor y su manera de escribir. El concepto de estilo surgió
en literatura, pero pronto se extendió al resto de artes, especialmente música y danza.
Actualmente se emplea este término en su sentido metonímico, es decir, como aquella
cualidad que identifica la forma de trabajar, de expresarse o de concebir una obra de arte por
parte del artista, o bien, en sentido más genérico, de un conjunto de artistas u obras que
tienen diversos puntos en común, agrupados geográfica o cronológicamente. Así, el estilo
puede ser tanto un conjunto de caracteres formales, bien individuales –la forma de escribir, de
componer o de elaborar una obra de arte por parte de un artista–, o bien colectivos –de un
grupo, una época o un lugar geográfico–, como un sistema orgánico de formas, en que sería la
conjunción de determinados factores la que generaría la forma de trabajar del grupo, como en
el arte románico, gótico, barroco, etc. Según Focillon, un estilo es «un conjunto coherente de
formas unidas por una conveniencia recíproca, sumisas a una lógica interna que las organiza».
Estos caracteres individuales o sociales son signos distintivos que permiten diferenciar, definir y
catalogar de forma empírica la obra de un artista o un grupo de artistas adscritos a un mismo
estilo o “escuela” –término que designa un grupo de autores con características comunes
definitorias–. Así, la “estilística” es la ciencia que estudia los diversos signos distintivos,
objetivos y unívocos, de la obra de un artista o escuela. Este estudio ha servido en la Historia
del arte como punto de partida para el análisis del devenir histórico artístico basado en el
estilo, como se puede apreciar en alguna escuela historiográfica como el formalismo.[61]
El estilo estudia al artista y a la obra de arte como materialización de una idea, plasmada en la
materia a través de la técnica, lo que constituye un lenguaje formal susceptible de análisis y de
catalogación y periodificación. Por otro lado, así como la similitud de formas crean un lenguaje
y, por tanto, un estilo, una misma forma puede tener distinta significación en diversos estilos.
Así, los estilos están sujetos a una dinámica evolutiva que suele ser cíclica, recurrente,
perceptible en mayor o menor grado en cada periodo histórico. Se suelen distinguir en cada
estilo, escuela o periodo artístico diversas fases –con las naturales variaciones concretas en
cada caso–: “fase preclásica”, donde se comienzan a configurar los signos distintivos de cada
estilo concreto –se suelen denominar con los prefijos ‘proto’ o ‘pre’, como
el prerromanticismo–; “fase clásica”, donde se concretan los principales signos característicos
del estilo, que servirán de puntos de referencia y supondrán la materialización de sus
principales realizaciones; “fase manierista”, donde se reinterpretan las formas clásicas,
elaboradas desde un punto de vista más subjetivo por parte del autor; “fase barroca”, que es
una reacción contra las formas clásicas, deformadas a gusto y capricho del artista; “fase
arcaizante”, donde se vuelve a las formas clásicas, pero ya con la evidente falta de naturalidad
que le es intrínseca –se suele denominar con el prefijo ‘post’, como el postimpresionismo–; y
“fase recurrente”, donde la falta de referentes provoca una tendencia al eclecticismo –se
suelen denominar con el prefijo ‘neo’, como el neoclasicismo–.[62]
Estilos artísticos
Fase preclásica:
Kurós del Asclepeion de Par
os.
Fase clásica:
Discóbolo, de Mirón.
Fase manierista:
Apolo Sauróctono,
de Praxíteles.
Fase barroca:
Laocoonte y sus hijos, de
Agesandro, Polidoro y
Atenodoro de Rodas.
Fase arcaizante:
Grupo de San
Ildefonso, escultura
romana inspirada en
modelos griegos.
Fase recurrente:
Napoleón divinizado,
de Antonio Canova,
escultura neoclasicista inspir
ada en modelos clásicos
grecorromanos.
Géneros artísticos
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Un género artístico es una especialización temática en que se suelen dividir las diversas artes.
Antiguamente se denominaba “pintores de género” a los que se ocupaban de un solo
tema: retratos, paisajes, pinturas de flores, animales, etc. El término tenía un cierto sentido
peyorativo, ya que parecía que el artista que trataba solo esos asuntos no valía para otros, y se
contraponía al “pintor de historia”, que en una sola composición trataba diversos elementos
(paisaje, arquitectura, figuras humanas). En el siglo XVIII, el término se aplicó al pintor que
representaba escenas de la vida cotidiana, opuesto igualmente al pintor de historia, que
trataba temas históricos, mitológicos, etc. En cambio, en el siglo XIX, al perder la pintura de
historia su posición privilegiada, se otorgó igual categoría a la historia que al paisaje, retrato,
etc. Entonces, la pintura de género pasó a ser la que no trataba las principales cuatro clases
reconocidas: historia, retrato, paisaje y marina. Así, un pintor de género era el que no tenía
ningún género definido. Por último, al eliminar cualquier jerarquía en la representación
artística, actualmente se considera pintura de género cualquier obra que represente escenas
de la vida cotidiana, temas anecdóticos, al tiempo que aún se habla de géneros artísticos para
designar los diversos temas que han sido recurrentes en la Historia del arte (paisaje, retrato,
desnudo, bodegón), haciendo así una síntesis entre los diversos conceptos anteriores.[63]
Géneros artísticos
Retrato:
La Gioconda (1503), de Leonardo
da Vinci.
Paisaje:
Puerto con el embarque de la
Reina de Saba (1648), de Claudio
de Lorena.
Desnudo:
Venus del espejo (1647-1651),
de Diego Velázquez.
Bodegón:
Bodegón con cebollas (1895-
1900), de Paul Cézanne.
Técnicas artísticas
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Johann Sebastian Bach, considerado el gran maestro
del contrapunto.
Música
Armonía: es la ciencia que enseña a constituir los acordes (conjuntos de sonidos) y que
sugiere la manera de combinarlos en la manera más equilibrada, consiguiendo así
sensaciones de relajación (armonía consonante) o de tensión (armonía disonante).
Establece un estilo de composición esencialmente vertical, entre notas que se tocan al
unísono.
Homofonía y Monodia: es una textura musical donde dos o más partes musicales se
mueven simultáneamente desde el punto de vista armónico, y cuya relación forma
acordes. Se contrapone a la polifonía ya que en esta las partes tienen independencia
rítmica y melódica y donde no hay predominancia de ninguna parte.
Adornos musicales: son recursos que pueden ser utilizados en las composiciones con el
objeto de imprimirles a éstas expresión, ornamento, variedad, gracia o vivacidad.
Incluyen los trinos, los mordentes, las florituras...
Dibujo
Carboncillo: es uno de los materiales más antiguos para el dibujo, empleado desde
la prehistoria. Se hace con ramitas de sauce asadas al horno en una cacerola cerrada,
dejándolo cocer a baja temperatura toda la noche. Después se le saca punta y se
inserta en una caña o bastoncillo. Es ideal para bocetos y estudios preparatorios, ya
que es friable y fácil de borrar.
Pluma: uno de los medios más antiguos e ideales para el dibujo, así como la escritura y
cualquier tipo de expresión gráfica, es la pluma, bien de bastoncillos de caña, a los que
se saca punta, o bien de plumas de animales, preferentemente la oca. Se aplica con
tinta, sobre papel o pergamino.
Puntas metálicas (stilum): la punta de metal (plomo, estaño, plata) se usa desde época
romana, aplicada sobre papel, pergamino o madera.
Sanguina: es un tipo de lápiz de color rojizo, obtenido de arcilla ferruginosa, que hace
un tipo de dibujo de color rojizo muy característico, de moda en la Italia del
Renacimiento.
Pintura
La pintura, como elemento bidimensional, necesita un soporte (muro, madera, lienzo, cristal,
metal, papel, etc.); sobre este soporte se pone el pigmento (colorante + aglutinante). Es
el aglutinante el que clasifica los distintos procedimientos pictóricos:
Aguada o gouache: técnica similar a la acuarela, con colores más espesos y diluidos en
agua o cola mezclada con miel. A diferencia de la acuarela, contiene el color blanco.
Encáustica: técnica donde los colores se diluyen en cera fundida, cola y lejía, pintando
en caliente. Es una pintura densa y cremosa, resistente a la luz y al agua. Una vez
aplicado el pigmento, debe procederse al pulido, con trapos de lino.
Fresco: la pintura al fresco se realiza sobre un muro revocado de cal húmeda y con
colores diluidos en agua de cal. El fresco se debe ejecutar muy deprisa, ya que la cal
absorbe rápidamente el color, habiendo de retocarse posteriormente al temple en caso
de ser necesario. Conocido desde la antigüedad, se practicó frecuentemente durante la
Edad Media y el Renacimiento.
Óleo: técnica que consiste en disolver los colores en un aglutinante de tipo oleoso
(aceite de linaza, nuez, almendra o avellana; aceites animales), añadiendo aguarrás
para que seque mejor.
Temple: pintura realizada con colores diluidos en agua temperada o engrosada con
aglutinantes con base de cola (yema de huevo, caseína, cola de higuera, cerezo
o ciruelo). Se utiliza sobre tabla o muro y, a diferencia del fresco, puede retocarse en
seco.[65]
Técnicas mixtas:
frottage: técnica ideada por Max Ernst en 1925, consiste en frotar un lápiz
sobre una hoja colocada sobre un objeto, consiguiendo una impresión de la
forma y textura de ese objeto. Se puede hacer también con lápices de colores,
o pintar sobre el primer esbozo.
Escultura
Escultura en metal: se realiza con cobre, bronce, oro o plata, trabajado directamente
con martillo y cincel, generalmente en láminas de metal sobre placas de madera. El
metal se vuelve rígido al ir golpeándolo, por lo que hay que ir calentándolo para seguir
trabajando, proceso conocido como “recocido”. También se puede trabajar en
“repujado”, practicando el bajorrelieve con martillo y punzón. Otra técnica es a la “cera
perdida”, sobre un modelo de arcilla o yeso, sobre el que se aplica una aleación de
bronce o latón.
Estuco: formado por cal, polvo de mármol, arena lavada y cola de caseína, el estuco se
emplea desde la antigüedad en escultura o como elemento decorativo en la
arquitectura. Fácilmente moldeable, se puede dejar al natural o policromarlo.
Talla: la talla en madera es una de las técnicas escultóricas más antiguas, fácil de
ejecutar y de múltiples cualidades plásticas. Su carácter irregular le da un aire
expresivo, inacabado, que puede ser ideal para determinados estilos artísticos pero
que es rechazado por otros de corte más clásico y perfeccionista. Una vez realizada la
talla, se puede policromar, aplicarle diversos tratamientos con ceras o lacas, láminas
metálicas, tejidos o incrustaciones de piedras preciosas u otros elementos.
Terracota: escultura realizada con arcilla cocida, fue el primer material utilizado para
modelar figuras. Se trabaja sobre un caballete, con estiques o espátulas, o bien con un
molde de yeso. Una vez modelada y dejada secar, se cuece a 750-950 °C. Una vez
terminada, se puede dejar al natural, decorarla con pintura o esmaltarla (forma esta
última ideada en el siglo XV por Luca della Robbia).[66]
Raku: El raku es una cocción a baja temperatura en la que las piezas al rojo vivo se
extraen del horno con pinzas y se introducen en serrín. Si se cubren por completo, las
piezas experimentaran una reducción posterior a la cocción. Se pueden obtener
efectos de brillo metálico a partir del carbonato de cobre o del nitrato de plata.[67]
Grabado
Serigrafía: técnica por la cual se obtienen impresiones filtrando los colores por una
trama de seda –o, actualmente, nailon–, recubriendo con cola las partes que no deben
filtrarse para impermeabilizarlas. Fue inventado en China.
Mosaico
Mosaico: también llamado opus musivum, es la misma técnica que el lithóstroton, pero
aplicada a la decoración mural, en vez de la pavimental. Se realiza con teselas de
pasta vítrea, aplicadas sobre la pared preparada con varias capas de mortero,
elaborando figuras y dibujos.
Taracea: técnica similar a las anteriores, puede ser pavimental o parietal, o incluso se
puede aplicar a muebles u otros objetos. Consiste en incrustar sobre una superficie
compacta finas losas de piedra y mármol de color, cortadas y encajadas formando
imágenes o composiciones diversas. También puede realizarse en madera (“intarsia”),
siendo una técnica frecuente en ebanistería. En Carpi, en el siglo XVII, surgió también
una taracea en escayola.[69]
Vidrio
Existen diversos tipos de vidrio: “vidrio sódico” (el más básico, a partir de sílice), cristal (sílice
y óxido de plomo o potasio), “vidrio calcedonio” (sílice y óxidos metálicos) y “vidrio lácteo”
(sílice, bióxido de manganeso y óxido de estaño). La principal técnica para trabajarlo es
el soplado, donde se le puede dar cualquier forma y espesor. En cuanto a la decoración, puede
ser pintada, esgrafiada, tallada, con pinzas, a filigrana, etc.[70]
Vidriera: se realiza sobre cristales engarzados en madera, yeso, oro o plomo, los cuales
se van encajando con láminas de plomo, estañándolos, con una capa de masilla (blanco
pintor con aceite de linaza). Las vidrieras antiguas tienen grisallas, óxido férrico líquido,
aplicado para dibujar con precisión detalles pequeños; hacia 1340 se sustituyó por el
óxido de plata y, a partir de aquí, ya no se hacen cristales de colores, sino que se
colorea sobre cristal blanco.
Esmalte: es una pasta de vidrio (sílice, cal, potasa, plomo y minio), sobre soporte de
metal, trabajado según diversas técnicas: cloisonné, pequeños filamentos de oro o
cobre, con los que se dibuja la figura sobre el soporte, para separar el esmalte en
tabiques; champlevé, rebajando el soporte en alvéolos, ahuecando el material en
concavidades, rellenadas con el esmalte; ajougé, superficie de oro donde se recortan
las formas con sierras o limas, rellenando con esmalte la parte eliminada.
Cerámica
Orfebrería
Es el arte de confeccionar objetos decorativos con metales nobles o piedras preciosas, como
el oro, plata, diamante, perla, ámbar, coral, etc.
Filigrana: se crea con hilos de metal precioso, con los que se elabora la pieza trenzando
o enroscando los hilos, hasta obtener la forma deseada.
Fusión: son los trabajos ejecutados a molde, elaborados de dos formas: “fusión
permanente”, realizada con un molde bivalvo, con la forma ya trabajada, de piedra o
terracota; “a la cera perdida”, donde se modela el objeto en cera, al que se aplica un
embudo con respiraderos, cubriéndose de creta, que una vez seca se calienta hasta
que expulse la cera, llenándose luego del metal fundido.
Granulado: es un procedimiento por el que se obtienen minúsculas esferas de oro con
las que se elaboran dibujos o decoraciones geométricas.
Nielado: consiste en grabar un dibujo sobre una lámina de metal —generalmente plata
—, rellenando los surcos con el “nielado”, aleación de plata, cobre y plomo,
con azufre y bórax, que produce una mezcla negra y brillante.
Opus interrasile: técnica de origen romano que consiste en realizar pequeñas incisiones
en las láminas de metal precioso, realizando una función de calado que da a la obra un
aspecto de encaje.
Forja
Se hace con hierro (limonita, pirita o magnetita), reduciéndolo con calor, saliendo una pasta al
rojo con la que se hacen lingotes. Hay tres clases: “colado”, con
mucho carbono, sílice, azufre y manganeso, no sirve para forjar, solo para fundir en molde;
“hierro dulce o forjado”, con menos carbono, es más maleable y dúctil, se puede forjar, pero es
blando y desafilable; “acero”, con manganeso, tungsteno, cobalto y wolframio, es más duro,
para instrumentos cortantes. El modelado se realiza sin añadir ni quitar material, sino que
existen diversas técnicas alternativas: estirar, ensanchar, hendir, curvar, recalcar, etc.
Varias herramientas informáticas como Midjourney, Stable Diffusion o Dall-e permiten generar
imágenes que podrían considerarse arte. Estos medios utilizan mediante inteligencia
artificial multitud de imágenes disponibles en internet para la creación de la obra que
demanda un usuario a través de la comunicación de descripciones y otros elementos.
Restauración
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La restauración de obras de arte es una actividad que tiene por objeto la reparación o
actuación preventiva de cualquier obra que, debido a su antigüedad o estado de conservación,
sea susceptible de ser intervenida para preservar su integridad física, así como sus valores
artísticos, respetando al máximo la esencia original de la obra.[73]
Estética
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El término estética proviene del griego αἴσθησις (aísthêsis, ‘sensación’). Fue introducido por el
filósofo alemán Alexander Gottlieb Baumgarten en su obra Reflexiones filosóficas acerca de la
poesía (1735), y más tarde en su Aesthetica (1750).[77] Así pues, la Historia de la estética,
rigurosamente hablando, comenzaría con Baumgarten en el siglo XVIII, sobre todo con la
sistematización de esta disciplina realizada por Immanuel Kant. Sin embargo, el concepto es
extrapolable a los estudios sobre el tema efectuados por los filósofos anteriores,
especialmente desde la Grecia clásica. Cabe señalar, por ejemplo, que los antiguos griegos
tenían un vocablo equiparable al actual concepto de estética, que era Φιλοκαλία (filocalía,
‘amor a la belleza’). Se podría decir que en Grecia nació la estética como concepto, mientras
que con Baumgarten se convierte en una ciencia filosófica.
Según Arnold Hauser, las «obras de arte son provocaciones con las cuales polemizamos», pero
que no nos explicamos. Las interpretamos de acuerdo con nuestras propias finalidades y
aspiraciones, les trasladamos un sentido cuyo origen está en nuestras formas de vida y hábitos
mentales. Nosotros, «de todo arte con el cual tenemos una relación auténtica hacemos un arte
moderno». Hoy día, el arte ha establecido unos conjuntos de relaciones que permiten englobar
dentro de una sola interacción la obra de arte, el artista o creador y el público receptor o
destinatario. Hegel, en su Estética, intentó definir la trascendencia de esta relación diciendo
que «la belleza artística es más elevada que la belleza de la naturaleza, ya que cambia las
formas ilusorias de este mundo imperfecto, donde la verdad se esconde tras las falsas
apariencias para alcanzar una verdad más elevada creada por el espíritu».
El arte es también un juego con las apariencias sensibles, los colores, las formas, los
volúmenes, los sonidos, etc. Es un juego gratuito donde se crea de la nada o de poco más que
la nada una apariencia que no pretende otra cosa que engañarnos. Es un juego placentero que
satisface nuestras necesidades eternas de simetría, de ritmo o de sorpresa. La sorpresa que
para Baudelaire es el origen de la poesía. Así, según Kant, el placer estético deriva menos de la
intensidad y la diversidad de sensaciones, que de la manera, en apariencia espontánea, por la
cual ellas manifiestan una profunda unidad, sensible en su reflejo, pero no conceptualizable.
Para Ernst Gombrich, «en realidad el arte no existe: solo hay artistas». Más adelante, en la
introducción de su obra La historia del arte, dice que no tiene nada de malo que nos
deleitemos en el cuadro de un paisaje porque nos recuerda nuestra casa, o en
un retrato porque nos recuerda un amigo, ya que, como humanos que somos, cuando miramos
una obra de arte estamos sometidos a un conjunto de recuerdos que para bien o para mal
influyen sobre nuestros gustos. Siguiendo a Gombrich, se puede ver cómo a los artistas
también les sucede algo parecido: en el Retrato de un niño (Nicholas Rubens), el
pintor flamenco Rubens lo representó hermoso, ya que seguramente se sentía orgulloso del
aspecto del niño, y nos quiso transmitir su pasión de padre a la vez que de artista; en el Retrato
de la madre, el pintor alemán Alberto Durero la dibujó con la misma devoción y amor que
Rubens sentía por su hijo, pero aquí vemos un estudio fiel de la cara de una mujer vieja, no hay
belleza natural, pero Durero, con su enorme sinceridad, creó una gran obra de arte.
[editar]
La sociología del arte es una disciplina de las ciencias sociales que estudia el arte desde un
planteamiento metodológico basado en la sociología. Su objetivo es estudiar el arte como
producto de la sociedad humana, analizando los diversos componentes sociales que concurren
en la génesis y difusión de la obra artística. La sociología del arte es una ciencia multidisciplinar,
recurriendo para sus análisis a diversas disciplinas como la cultura, la política, la economía,
la antropología, la lingüística, la filosofía, y demás ciencias sociales que influyan en el devenir
de la sociedad. Entre los diversos objetos de estudio de la sociología del arte se encuentran
varios factores que intervienen desde un punto de vista social en la creación artística, desde
aspectos más genéricos como la situación social del artista o la estructura sociocultural del
público, hasta más específicos como el mecenazgo, el mercantilismo y comercialización del
arte, las galerías de arte, la crítica de arte, el coleccionismo, la museografía, las instituciones y
fundaciones artísticas, etc.[78] También cabe remarcar en el siglo XX la aparición de nuevos
factores como el avance en la difusión de los medios de comunicación, la cultura de masas, la
categorización de la moda, la incorporación de nuevas tecnologías o la apertura de conceptos
en la creación material de la obra de arte (arte conceptual, arte de acción).
[editar]
Artículo principal: Psicología del arte
La psicología del arte es la ciencia que estudia los fenómenos de la creación y la apreciación
artística desde una perspectiva psicológica. El arte es, como manifestación de la actividad
humana, susceptible de ser analizado de forma psicológica, estudiando los diversos procesos
mentales y culturales que en la génesis del arte se encuentran, tanto en su creación como en
su recepción por parte del público. A su vez, como fenómeno de la conducta humana, puede
servir como base de análisis de la conciencia humana, siendo la percepción estética un factor
distintivo del ser humano como especie, que lo aleja de los otros animales. La psicología del
arte es una ciencia interdisciplinar, que debe recurrir forzosamente a otras disciplinas
científicas para poder efectuar sus análisis, desde –lógicamente– la Historia del arte, hasta la
filosofía y la estética, pasando por la sociología, la antropología, la neurobiología, etc. También
está estrechamente conectada con el resto de ramas de la psicología, desde
el psicoanálisis hasta la psicología cognitiva, evolutiva o social, o bien la psicobiología y los
estudios de personalidad. Asimismo, a nivel fisiológico, la psicología del arte estudia los
procesos básicos de la actividad humana —como la percepción, la emoción y la memoria—, así
como las funciones superiores del pensamiento y el lenguaje. Entre sus objetos de estudio se
encuentran tanto la percepción del color (recepción retiniana y procesamiento cortical) y el
análisis de la forma, como los estudios sobre creatividad, capacidades cognitivas
(símbolos, iconos), el arte como terapia, etc. Para el desarrollo de esta disciplina han sido
esenciales las contribuciones de Sigmund Freud, Gustav Fechner, la Escuela de la
Gestalt (dentro de la que destacan los trabajos de Rudolf Arnheim), Lev Vygotski, Howard
Gardner, etc.[80]
Una de las principales corrientes de la psicología del arte ha sido la Escuela de la Gestalt, que
afirma que estamos condicionados por nuestra cultura –en sentido antropológico–, tanto que
la cultura condiciona nuestra percepción. Toma un punto de partida con la obra de Karl Popper,
quien afirmó que en la apreciación estética hay un punto de inseguridad (gusto), que no tiene
base científica y no se puede generalizar; llevamos una idea preconcebida (“hipótesis previa”),
que hace que encontremos en el objeto lo que buscamos. Según la Gestalt, la mente configura,
a través de ciertas leyes, los elementos que llegan a ella a través de los canales sensoriales
(percepción) o de la memoria (pensamiento, inteligencia y resolución de problemas). En
nuestra experiencia del medio ambiente, esta configuración tiene un carácter primario sobre
los elementos que la conforman, y la suma de estos últimos por sí solos no podría llevarnos a la
comprensión del funcionamiento mental. Se fundamentan en la noción de estructura,
entendida como un todo significativo de relaciones entre estímulos y respuestas, e intentan
entender los fenómenos en su totalidad, sin separar los elementos del conjunto, que forman
una estructura integrada fuera de la cual dichos elementos no tendrían significación. Sus
principales exponentes fueron Rudolf Arnheim, Max Wertheimer, Wolfgang Köhler, Kurt
Koffka y Kurt Lewin.[81]
Crítica de arte
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La crítica de arte es un género, entre literario y académico, que hace una valoración sobre las
obras de arte, artistas o exposiciones, en principio de forma personal y subjetiva, pero
basándose en la Historia del arte y sus múltiples disciplinas, valorando el arte según su
contexto o evolución. Es a la vez valorativa, informativa y comparativa, redactada de forma
concisa y amena, sin pretender ser un estudio académico pero aportando datos empíricos y
contrastables. Denis Diderot es considerado el primer crítico de arte moderno, por sus
comentarios sobre las obras de arte expuestas en los salones parisinos, realizados en el Salón
Carré del Louvre desde 1725. Estos salones, abiertos al público, actuaron como centro difusor
de tendencias artísticas, propiciando modas y gustos en relación con el arte, por lo que fueron
objeto de debate y crítica. Diderot escribió sus impresiones sobre estos salones primero en una
carta escrita en 1759, que fue publicada en la Correspondance littéraire de Grimm, y desde
entonces hasta 1781, siendo el punto de arranque del género.[82]
En la génesis de la crítica de arte hay que valorar, por un lado, el acceso del público a las
exposiciones artísticas, que unido a la proliferación de los medios de comunicación de masas
desde el siglo XVIII produjo una vía de comunicación directa entre el crítico y el público al que
se dirige. Por otro lado, el auge de la burguesía como clase social que invirtió en el arte como
objeto de ostentación, y el crecimiento del mercado artístico que llevó consigo, propiciaron el
ambiente social necesario para la consolidación de la crítica artística. La crítica de arte ha
estado generalmente vinculada al periodismo, ejerciendo una labor de portavoces del gusto
artístico que, por una parte, les ha conferido un gran poder, al ser capaces de hundir o
encumbrar la obra de un artista, pero por otra les ha hecho objeto de feroces ataques y
controversias. Otra faceta a remarcar es el carácter de actualidad de la crítica de arte, ya que se
centra en el contexto histórico y geográfico en el que el crítico desarrolla su labor, inmersa en
un fenómeno cada vez más dinámico como es el de las corrientes de moda. Así, la falta de
historicidad para emitir un juicio sobre bases consolidadas, lleva a la crítica de arte a estar
frecuentemente sustentada en la intuición del crítico, con el factor de riesgo que ello conlleva.
Sin embargo, como disciplina sujeta a su tiempo y a la evolución cultural de la sociedad, la
crítica de arte siempre revela un componente de pensamiento social en el que se ve inmersa,
existiendo así diversas corrientes de crítica de
arte: romántica, positivista, fenomenológica, semiológica, etc.[83]
Para ser justa, es decir, para tener su razón de ser, la crítica debe ser parcial, apasionada,
política; esto es: debe adoptar un punto de vista exclusivo, pero un punto de vista exclusivo
que abra al máximo los horizontes.
Entre los críticos de arte ha habido desde famosos escritores hasta los propios historiadores del
arte, que muchas veces han pasado del análisis metodológico a la crítica personal y subjetiva.
Como nombres, se podría citar a Charles Baudelaire, John Ruskin, Oscar Wilde, Émile
Zola, Joris-Karl Huysmans, Guillaume Apollinaire, Wilhelm Worringer, Clement
Greenberg, Michel Tapié, etc.; en el mundo hispanohablante, destacan Eugeni d'Ors, Aureliano
de Beruete, Jorge Romero Brest, Juan Antonio Gaya Nuño, Alexandre Cirici, Juan Eduardo
Cirlot, Enrique Lafuente Ferrari, Rafael Santos Torroella, Francisco Calvo Serraller, José Corredor
Matheos, Irma Arestizábal, Ticio Escobar, Raúl Zamudio, etc.[85]
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La historiografía del arte es la ciencia que analiza el estudio de la Historia del arte, desde un
punto de vista metodológico, es decir, de la forma cómo el historiador afronta el estudio del
arte, las herramientas y disciplinas que le pueden ser de utilidad para este estudio. El mundo
del arte siempre ha llevado en paralelo un componente de autorreflexión, desde antiguo los
artistas, u otras personas a su alrededor, han plasmado por escrito diversas reflexiones sobre
su actividad. Vitruvio escribió el tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva, De
Architectura. Su descripción de las formas arquitectónicas de la antigüedad grecorromana
influyó poderosamente en el Renacimiento, siendo a la vez una importante fuente documental
por las informaciones que aporta sobre la pintura y la escultura griegas y romanas.[86] Giorgio
Vasari, en Vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue
hasta nuestros tiempos (1542–1550), fue uno de los predecesores de la historiografía del arte,
haciendo una crónica de los principales artistas de su tiempo, poniendo especial énfasis en la
progresión y el desarrollo del arte. Sin embargo, estos escritos, generalmente crónicas,
inventarios, biografías u otros escritos más o menos literarios, carecían de perspectiva histórica
y el rigor científico necesarios para ser considerados historiografía del arte.[87]
Johann Joachim Winckelmann es considerado el padre de la Historia del arte, creando una
metodología científica para la clasificación de las artes y basando la Historia del arte en una
teoría estética de influencia neoplatónica: la belleza es el resultado de una materialización de
la idea. Gran admirador de la cultura griega, postuló que en la Grecia antigua se dio la belleza
perfecta, generando un mito sobre la perfección de la belleza clásica que aún condiciona la
percepción del arte hoy día. En Reflexión sobre la imitación de las obras de arte griegas (1755)
afirmó que los griegos llegaron a un estado de perfección total en la imitación de la naturaleza,
por lo que nosotros solo podemos imitar a los griegos. Asimismo, relacionó el arte con las
etapas de la vida humana (infancia, madurez, vejez), estableciendo una evolución del arte en
tres estilos: arcaico, clásico y helenístico.[88]
Durante el siglo XIX, la nueva disciplina buscó una formulación más práctica y rigurosa, sobre
todo desde la aparición del positivismo. Sin embargo, esta tarea se abordó desde diversas
metodologías que supusieron una gran multiplicidad de tendencias historiográficas:
el romanticismo impuso una visión historicista y evocadora del pasado, rescatando y poniendo
nuevamente de moda estilos artísticos que habían sido minusvalorados por
el neoclasicismo winckelmanniano; así lo vemos en la obra de Ruskin, Viollet-le-
Duc, Goethe, Schlegel, Wackenroder, etc. En cambio, la obra de autores como Karl Friedrich
von Rumohr, Jacob Burckhardt o Hippolyte Taine, supuso un primer intento serio de formular
una Historia del arte basada en criterios científicos, basándose en el análisis crítico de las
fuentes historiográficas. Por otro lado, Giovanni Morelli introdujo el concepto del connoisseur,
el experto en arte, que lo analiza en base tanto a sus conocimientos como a su intuición.[89]
La primera escuela historiográfica de gran relevancia fue el formalismo, que defendía el estudio
del arte a partir del estilo, aplicando una metodología evolucionista que otorgaba al arte una
autonomía alejada de cualquier consideración filosófica, rechazando la estética romántica y el
idealismo hegeliano, y acercándose al neokantismo. Su principal teórico fue Heinrich Wölfflin,
considerado el padre de la moderna Historia del arte. Aplicó al arte criterios científicos, como
el estudio psicológico o el método comparativo: definía los estilos por las diferencias
estructurales inherentes a los mismos, como argumentó en su obra Conceptos fundamentales
de la Historia del Arte (1915). Wölfflin no otorgaba importancia a las biografías de los artistas,
defendiendo en cambio la idea de nacionalidad, de escuelas artísticas y estilos nacionales. Las
teorías de Wölfflin fueron continuadas por la llamada Escuela de Viena, con autores como Alois
Riegl, Max Dvořák, Hans Sedlmayr y Otto Pächt.[90]
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Venus de Willendorf
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Victoria de Samotracia, anónimo, años 190 a. C.
Arte romano: con un claro precedente en el arte etrusco, el arte romano recibió una
gran influencia del arte griego. Gracias a la expansión del Imperio romano, el arte
clásico grecorromano llegó a casi todos los rincones de Europa, norte
de África y Próximo Oriente, sentando las bases del arte occidental. Grandes ingenieros
y constructores, destacaron en arquitectura civil, con la construcción
de carreteras, puentes, acueductos y obras urbanísticas, así
como templos, palacios, teatros, anfiteatros, circos, termas, arcos de triunfo, etc. La
escultura, inspirada en la griega, se centra igualmente en la figura humana, aunque con
más realismo, no les importaba mostrar defectos que eran ignorados por la idealizada
escultura griega. La pintura es conocida sobre todo por los restos hallados en Pompeya,
y destacó especialmente el mosaico.[94]
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Arte paleocristiano: con la aparición del cristianismo se generó a lo largo del Imperio el
llamado arte paleocristiano, que adquirió estatus oficial tras la conversión al
cristianismo del emperador Constantino. El arte paleocristiano reinterpretó tanto las
formas clásicas como las judías para servir como vehículo de expresión de la nueva
religión oficial, y se produjo una atomización de estilos por zonas geográficas. En
arquitectura destacó como tipología la basílica, mientras que en escultura destacan
los sarcófagos y continúan como en época romana la pintura y el mosaico.
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Catedral de Pisa.
Arte gótico: desarrollado entre los siglos XII y XVI, fue una época de desarrollo
económico y cultural. La arquitectura sufrió una profunda transformación, con formas
más ligeras, más dinámicas, con un mejor análisis estructural que permitió hacer
edificios más estilizados, con más aberturas y, por tanto, mejor iluminación.
Aparecieron nuevas tipologías como el arco apuntado y la bóveda de crucería, y la
utilización de contrafuertes y arbotantes para sostener la estructura del edificio,
permitiendo interiores más amplios y decorados con vitrales y rosetones. La escultura
continuó enmarcada en la obra arquitectónica, aunque comenzó a desarrollarse la
escultura exenta, con formas más realistas, inspiradas en la naturaleza. La pintura dejó
de ser mural para pasar a retablos situados en los altares de las iglesias, y empezó a
desarrollarse la pintura en lienzo, al temple o al óleo. Se sucedieron cuatro estilos
pictóricos: el gótico lineal o franco-gótico, el gótico itálico o
trecentista (Cimabue, Giotto, Duccio), el gótico internacional (Stefan Lochner, Bernat
Martorell) y el gótico flamenco (Jan Van Eyck, el Bosco).[96]
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Renacimiento: época de gran esplendor cultural en Europa, la religión dejó paso a una
concepción más científica del hombre y el universo, surgiendo el humanismo. Los
nuevos descubrimientos geográficos hicieron que la civilización europea se expandiese
por todos los continentes, y la invención de la imprenta supuso una mayor
universalización de la cultura. El arte se inspira en el arte clásico grecorromano, por lo
que se habla de “renacimiento” artístico tras el oscurantismo medieval. Inspirado en la
naturaleza, surgen nuevos modelos de representación, como el uso de la perspectiva.
La arquitectura recuperó los modelos clásicos, reelaborados con un concepto
más naturalista y con bases científicas: destacan Filippo Brunelleschi, Leon Battista
Alberti y Bramante. La escultura buscó igualmente la idealizada perfección del
clasicismo, como en la obra de Lorenzo Ghiberti y Donatello. La pintura sufrió una
notable evolución desde las formas medievales, con formas naturalistas y temáticas
profanas o mitológicas junto a las religiosas, destacando Botticelli, Perugino, Piero della
Francesca, Andrea Mantegna, Leonardo Da Vinci, Rafael, Alberto Durero, Pieter
Brueghel, etc.
Barroco: época de grandes disputas en el terreno político y religioso, surge una división
entre los países católicos contrarreformistas, donde se afianza el estado absolutista, y
los países protestantes, de signo más parlamentario. El arte se vuelve más refinado y
ornamentado, con pervivencia de un cierto racionalismo clasicista pero con formas
más dinámicas y efectistas, con gusto por lo sorprendente y anecdótico, por las
ilusiones ópticas y los golpes de efecto. La arquitectura, bajo unas líneas clásicas,
asume unas formas más dinámicas, con una exuberante decoración, destacando Gian
Lorenzo Bernini, Francesco Borromini, Fischer von Erlach, José Benito Churriguera, etc.
La escultura adquiere el mismo carácter dinámico, sinuoso, expresivo, ornamental,
destacando nuevamente Bernini, así como Pedro de Mena, Francisco Salzillo, etc. La
pintura se desarrolló en dos tendencias contrapuestas: el naturalismo, basado en la
estricta realidad natural, con gusto por el claroscuro –el llamado “tenebrismo”–, donde
cabe citar a Caravaggio y Georges de La Tour; y el clasicismo, que es igualmente realista
pero con un concepto de la realidad más intelectual e idealizado, englobando
a Annibale Carracci, Nicolas Poussin, Claude Lorrain, etc. Aparte de estas dos
corrientes, hubo infinitud de escuelas, estilos y autores de muy diverso signo,
destacando dos escuelas regionales: la flamenca (Rubens, Van Dyck), y
la neerlandesa (Rembrandt, Johannes Vermeer). En España destacó la figura
excepcional de Velázquez, así como José de Ribera, Francisco de Zurbarán y Bartolomé
Esteban Murillo.
Arte no europeo
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Arte chino: como la mayoría del arte oriental tiene un fuerte sello religioso –
principalmente taoísmo, confucianismo y budismo–. Se suele estudiar por etapas, que
coinciden con las dinastías reinantes: la Dinastía Shang (1600-1046 a. C.) destacó por
sus objetos y esculturas en bronce, especialmente vasijas decoradas en relieve y
máscaras y estatuas antropomórficas, como las halladas en la zona de Chengdu.
La Dinastía Zhou (1045-256 a. C.) creó un estilo decorativo y ornamentado, de figuras
estilizadas y dinámicas, continuando el trabajo en cobre. La Dinastía Qin (221-206 a. C.)
destacó por la construcción de la Gran Muralla, así como el
hallazgo arqueológico del Ejército de terracota de Xian. La Dinastía Han (206 a. C.-220
d. C.) vio la introducción del budismo, destacando por la pintura y los relieves en
santuarios y cámaras de ofrendas. Durante el Periodo de las Seis dinastías (220-618) se
difundió más ampliamente el budismo, construyéndose grandes santuarios con
estatuas colosales de Buda (Yungang, Longmen). La Dinastía Tang (618-907) fue uno de
los periodos más florecientes del arte chino, destacando por su escultura y sus célebres
figuras de cerámica, mientras que en arquitectura la tipología principal fue
la pagoda (Hua-yen, Hsiangchi), y en pintura apareció el paisaje. En la Dinastía
Song (960-1279) se alcanzó un nivel de elevada cultura que sería recordado con gran
admiración en posteriores etapas, destacando igualmente la cerámica y la pintura de
paisaje. Durante la Dinastía Yuan (1280-1368) se desarrollaron especialmente las artes
decorativas, principalmente alfombras, cerámica y obras de metalistería, y en pintura
proliferaron los temas religiosos. En la Dinastía Ming (1368-1644) se construyó el
Palacio Imperial (la Ciudad Prohibida), y la pintura era tradicional, de signo naturalista y
cierta opulencia; también destacó la porcelana. Por último, la Dinastía Qing (1644-
1911) supuso la continuidad de las formas tradicionales: la pintura era
bastante ecléctica, dedicada a temas florales (Yun Shouping), religiosos (Wu Li),
paisajes (Gai Qi), etc.; continuó la tradición en las artes aplicadas,
especialmente ebanistería, porcelana, tejidos de seda, lacas, esmalte, jade, etc.[102]
Arte japonés: también cabe estudiarlo por períodos: el Período Jōmon (5000 a. C.-200
a. C.) estuvo marcado por la producción de cerámica, la más antigua producida por
el ser humano, decorada con incisiones o impresiones de cuerda. Durante el Período
Yayoi (200 a. C.-200 d. C.) se difundió un tipo de sepulturas de gran tamaño con cámara
y túmulo ornamentado con cilindros de terracota. En el Período Kofun (200-600)
destacan las grandes sepulturas llamadas kofun, así como unas figuras de terracota
llamadas haniwa; en arquitectura destaca el santuario de Ise. En el Período Asuka (552-
646) se introdujo el budismo, destacando el templo de Hōryū-ji (607) y las estatuas
de Buda. En el Período Nara (646-794) tuvo su apogeo el arte budista, plasmado
igualmente en arquitectura (Pagoda del Este de Yakushi-ji, templo de Tōdai-ji) y
escultura (Buda de Tachibana, Bodhisattva Gakko). El Período Heian (794-1185) fue el
más clásico del arte japonés: monasterio de Byōdō-in, escuela pictórica de yamato-e.
En el Período Kamakura (1185-1333) se introdujo la secta zen, que influyó
poderosamente en el arte figurativo: en escultura destacó Unkei, en arquitectura el
conjunto de cinco grandes templos de Sanjūsangen-dō (1266), y en pintura el retrato y
el paisaje. En el Período Muromachi (1333-1573) floreció notablemente la pintura,
enmarcada dentro de la estética zen, apareciendo el estilo sumi-e, representado
fundamentalmente por Sesshū; también se desarrolló el arte de la jardinería, y
cobraron importancia los objetos de laca y metal. Durante el Período
Momoyama (1573-1615) el arte se alejó de la estética budista, remarcando los valores
tradicionales japoneses: se construyeron grandes castillos, como el de Himeji y el
de Fushimi-Momoyama; en pintura continuó la tradición épica japonesa, la cerámica
alcanzó un momento de gran apogeo, y en laca destacó Honami Kōetsu. En el Período
Edo (1615-1868) Japón se cerró a todo contacto exterior, aunque fue una época de
gran prosperidad: se desarrolló notablemente la pintura, que adquirió gran vitalidad,
destacando Tawaraya Sōtatsu y Ogata Kōrin, así como la escuela de ukiyo-e, que
destacó por la representación de tipos y escenas populares ( Kitagawa
Utamaro, Katsushika Hokusai, Utagawa Hiroshige).[103]
Arte oceánico: está marcado por la multiplicidad de territorios insulares que jalonan
el océano Pacífico, destacando las islas de Australia y Nueva Zelanda, y tres principales
áreas de islas y archipiélagos: Polinesia, Melanesia y Micronesia. La primera cultura
desarrollada en la zona fue la lapita (1500-500 a. C.), que se caracteriza por su cerámica
decorada con motivos dentados hechos con peines o púas, así como objetos
de obsidiana y conchas. En Australia destacan las pinturas rupestres, que son bastante
esquemáticas, llegando a la simplificación geométrica. Más adelante continuó la
expansión hacia la periferia oceánica, produciéndose una gran diversificación cultural.
La mayoría de manifestaciones artísticas eran de carácter ritual, relacionadas con
danzas y ceremonias de tipo religioso: en Micronesia se produjeron elaborados
complejos arquitectónicos con esculturas de piedra y megalitos; en Guam y las islas
Marianas destacan las casas sobre columnas de piedra (latte); en Hawái se
construyeron grandes templos (heiau), con esculturas de madera de hasta tres metros
que representaban a sus dioses; en Nueva Zelanda, los maoríes desarrollaron un tipo
de talla de madera con figuras de líderes políticos y religiosos; en la isla de Pascua se
construyeron las famosas cabezas monolíticas (moái) entre el año 900 y el 1600; en
Melanesia destacan las grandes casas de reunión o «casas de los espíritus», dedicadas
a ceremonias relacionadas con el culto a los antepasados; las máscaras fueron
características de Nueva Guinea (mai), Nueva Irlanda (malanggan) y Nueva
Caledonia (apuema); los asmat de Irian Jaya (Nueva Guinea) construían unos postes
conmemorativos (bisj) de entre 5 y 10 metros de altura, tallados con figuras
antropomórficas; en las islas Salomón se dieron estatuas de madera (indalo) de figuras
humanas o animales, con incrustaciones de conchas.[104]
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siglo XIX
Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX se sentaron las bases de la sociedad
contemporánea, marcada en el terreno político por el fin del absolutismo y la instauración de
gobiernos democráticos –impulso iniciado con la Revolución francesa–; y, en lo económico, por
la Revolución industrial y el afianzamiento del capitalismo, que tendrá respuesta en
el marxismo y la lucha de clases. En el terreno del arte, comienza una dinámica evolutiva de
estilos que se suceden cronológicamente cada vez con mayor celeridad, que culminará en el
siglo XX con una atomización de estilos y corrientes que conviven y se contraponen, se influyen
y se enfrentan.
Arquitectura del siglo XIX: la arquitectura decimonónica sufrió una gran evolución
debido a los avances técnicos que comportó la Revolución industrial, con la
incorporación de nuevos materiales como el hierro y el hormigón, que permitieron la
construcción de estructuras más sólidas y diáfanas. Estilísticamente, la primera mitad
de siglo vio un cierto eclecticismo de las formas, así como un revival de estilos
anteriores reinterpretados según conceptos modernos: es el llamado historicismo, que
produjo movimientos como el neorrománico, el neogótico, el neobarroco, etc. A finales
de siglo surgió el modernismo, que supuso una gran revolución en terreno del diseño,
con nombres como Victor Horta, Otto Wagner, Antoni Gaudí, Lluís Domènech i
Montaner, Josep Puig i Cadafalch, etc.[105]
Realismo: desde mediados de siglo surgió una tendencia que puso énfasis en la
realidad, la descripción del mundo circundante, especialmente de obreros y
campesinos en el nuevo marco de la era industrial, con un cierto componente de
denuncia social, ligado a movimientos políticos como el socialismo utópico. En pintura
destacan Camille Corot, Gustave Courbet, Jean-François Millet, Honoré
Daumier y Mariano Fortuny. En Gran Bretaña surgió la escuela de los prerrafaelitas,
que se inspiraban –como su nombre indica– en los pintores italianos anteriores a
Rafael, así como en la recién surgida fotografía. En escultura, destacó Constantin
Meunier.
siglo XX
El [[arte del siglo XX]] padece una profunda transformación: en una sociedad más materialista,
más consumista, el arte se dirige a los sentidos, no al intelecto. Igualmente, cobra especial
relevancia el concepto de moda, una combinación entre la rapidez de las comunicaciones y el
aspecto consumista de la civilización actual. Surgen así los movimientos de vanguardia, que
pretenden integrar el arte en la sociedad, buscando una mayor interrelación artista-espectador,
ya que es este último el que interpreta la obra, pudiendo descubrir significados que el artista ni
conocía. Las últimas tendencias artísticas pierden incluso el interés por el objeto artístico: el
arte tradicional era un arte de objeto, el actual de concepto. Hay una revalorización del arte
activo, de la acción, de la manifestación espontánea, efímera, del arte no comercial (arte
conceptual, happening, environment).
Vanguardismo (1905-1945):
Fovismo: primer movimiento vanguardista del siglo XX, el fovismo supuso una
experimentación en el terreno del color, que es concebido de modo subjetivo y
personal, aplicándole valores emotivos y expresivos. Destacan Henri
Matisse, Albert Marquet, Raoul Dufy, André Derain y Maurice de Vlaminck.
Expresionismo: surgido como reacción al impresionismo, los expresionistas
defendían un arte más personal e intuitivo, donde predominase la visión
interior del artista –la ‘expresión’– frente a la plasmación de la realidad –la
‘impresión’–, reflejando en sus obras una temática personal e intimista con
gusto por lo fantástico, deformando la realidad para acentuar el carácter
expresivo de la obra. Con precedentes en las figuras de Edvard Munch y James
Ensor, se formó principalmente en torno a dos grupos: Die Brücke (Ernst
Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff, Emil Nolde), y Der Blaue
Reiter (Vasili Kandinski, Franz Marc, August Macke, Paul Klee), destacando
igualmente Egon Schiele, Oskar Kokoschka, Amedeo Modigliani, Marc Chagall,
etc.
Futurismo: movimiento italiano que exaltó los valores del progreso técnico e
industrial del siglo XX, destacando aspectos de la realidad como el movimiento,
la velocidad y la simultaneidad de la acción. Destacan en pintura Giacomo
Balla y Gino Severini, y Umberto Boccioni en escultura.
Arte cinético: también llamado op-art (‘arte óptico’), es un estilo que pone
énfasis en el aspecto visual del arte, especialmente en los efectos ópticos, que
son producidos bien por ilusiones ópticas (figuras ambiguas, imágenes
persistentes, efecto de moiré), bien mediante el movimiento o los juegos de
luces. Destacan Victor Vasarely, Jesús Rafael Soto, Yaacov Agam, Julio Le
Parc, Eusebio Sempere, etc.
Videoarte aparece en los años 1960 con artistas como: Nam June Paik, Joseph
Beuys, Wolf Vostell, Charlotte Moorman entre otros.
Véase también: Historia de la literatura, Historia de la música, Historia del teatro, Historia de
la ópera, Historia de la danza, Historia de la fotografía, Historia del cine e Historia del cómic
Véase también
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Belleza
Bellas Artes
Estética
Artes liberales
Arte autodestructivo
Arte marcial
Arte y anatomía
Artes decorativas
Artesanía
Referencias
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Bibliografía
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