LOS REGIONALISMOS MODERNISTAS
La historia de la dependencia colonial ibérica –al parecer– podía ser superada. El pasado de
la cultura adquirida como dimensión de convalidación, focalizó en su mirada elementos de la
raza, la fe y el habla común. Como proyecto, la emancipación cultural de América Latina es
una propuesta específicamente moderna. La independencia política fue solamente un primer
paso en la búsqueda de la autonomía y el derecho a expresar la condición propia de la
comunidad cultural continental. En la historia de la arquitectura de los países latinoamericanos
diversos autores han escrito sobre el tema. En tanto que la búsqueda de la expresión nacional
de la arquitectura mexicana tiene sus razones en las nuevas actitudes políticas que aparecen
para superar la compleja y larga fase marcada por la revolución de la segunda década del
siglo, la arquitectura nacional, según Katzman, sería la interpretación crítica de las propuestas
prehispánicas y novohispanas condensadas socialmente en el ambiente político de
transformación generado por el movimiento revolucionario. Estas propuestas estéticas
arquitectónicas, en una primera etapa, se amalgamaron con expresiones de la técnica
contemporánea necesarias para dar respuesta a edificaciones de vivienda colectiva, escuelas,
A ese caso específico más adelante nos referiremos. En Argentina Mario Buschiazzo14, al
analizar lo ocurrido durante la segunda década del siglo XX, dice: surgió la “restauración
nacionalista” usando una expresión de Ricardo Rojas, cuyos libros
“La argentinidad” (1916) y “Eurindia” (1924) no fueron ajenos a esta posición esteticista
Adalid de este América, pretendiendo con esto presentar una imagen más clara de nuestra
ideología nuestra actitud está en no perder el ritmo de la corriente moderna sugerida por
Europa ni renegar de él, sino muy al contrario: tratar de ser modernos, pero ser nosotros
mismos; decir y hacer todas las cosas, pero no con inspiración prestada, sino creación bien
nuestra, recónditamente americana (Guido, 1927: 76). Juan Kronfuss, arquitecto alemán –
antes citado por Buschiazzo- había viajado a Argentina para construir el edificio para la
Facultad de Ingeniería el cual había ganado en un concurso internacional, sin embargo, los
problemas económicos del Estado no permitieron el desarrollo de ese proyecto. Ante tal
problema el arquitecto Kronfuss aceptó ser profesor en la Universidad de Córdoba. La
permanencia prolongada en esa universidad le permitió desarrollar una investigación sobre las
obras más importantes del periodo virreinal. La recuperación del pasado como propuesta de
Noel y Kronfuss contrasta con voces que sin perder la perspectiva nacional pedían nuevas
miradas de evaluación a lo local. Los arquitectos Vautier y Prebisch en su artículo “Fantasía y
cálculo” en la revista argentina Martín Fierro (No. 20, agosto 5 de 1925) dicen: El artista de
hoy, cometiendo una grosera alteración de los términos del proceso estético, ha tomado como
punto de partida el resultado de pasadas experiencias. Así, la preocupación del “estilo”
preside tiránicamente todos sus intentos, En la siguiente edición de la misma revista
ejemplifican su crítica al diseño de algunos edificios locales. En el artículo “Hacia un nuevo
estilo” afirman: El pasaje Güemes y el edificio Barolo15, cuya hiriente fealdad es demasiado
notoria para no ser percibida por el
transeúnte menos cultivado, son
las pruebas contundentes de lo que
queremos demostrar: que es
absurdo todo intento de
rejuvenecer viejos estilos; que un
nuevo método de construcción
exige formas nuevas, y que no se
puede forzar impunemente una estructura adaptándola a las arbitrarias exigencias de un estilo
cualquiera.
Imagen de Estela Moya
En tanto, en Chile, arquitectos
como Andrés Garafulic, siguen la
línea de exploración de lo
americano, materializada en una
arquitectura argumentada en sus
características plásticas a partir de
sus raíces hispánicas. En 1937,
Garafulic escribió: Desgracia
grande de nuestra arquitectura su
eclecticismo anárquico y el absoluto
desarraigo con que ella crece y se
sustenta. Desgracia, y casi,
coincidencia de una lamentable
fatalidad. Es justamente esa consideración la que nos hace pensar hasta qué punto es serio
seguir aceptando que en la creación de las formas arquitectónicas, nuestro espíritu pueda
estar condicionado por las mismas premisas que hacen de nosotros en el terreno económico
una factoría de lo extranjero Así, a la pregunta formulada al inicio de este capítulo tendríamos
opción de dar más de una respuesta: ¿Es lo nacional moderno? La diversidad en las
respuestas parte de la pluralidad de las definiciones de lo nacional y de lo moderno. Todo ello
en medio de un ambiente plural, heterogéneo y, sobre todo, polémico. Lo moderno es la
evidencia de la transformación en las maneras de entender y expresar el momento en que se
supera lo convencional mediante la integración de la modernización. Es el resultado de
compartir las experiencias individuales en el espacio público, en un tiempo que tiene la
particularidad de ser a la vez diacrónico y sincrónico. Es diacrónico en la formulación de las
intenciones sobre los derechos individuales; es sincrónico en el desarrollo práctico de las
rutinas y los deberes sociales. Es, en síntesis, la experiencia social de vivir un presente
continuo donde se tiene el compromiso individual de hacer mutar lo inmediatamente
contemporáneo en futuro posible.
El segundo concepto es el de programa de construcción. Aquí se utiliza en un sentido no
convencional, atendiendo la propuesta del historiador alemán de la arquitectura Paul Frankl.
De siempre se ha sabido que existe una relación entre ambas disciplinas. Lo único discutido
es la naturaleza de esta conexión. Porque antes era costumbre esbozar un cuadro de una
civilización, como telón de foro, y situar delante de éste el deseado período del desarrollo
artístico. Este puente no es otra cosa que el programa de construcción, la intención general, y
por eso es un problema partir de la imagen cultural, de la que tantos puentes arrancan hacia
todos los aspectos de la vida.
La forma, aquella que surge inducida por la búsqueda de un estilo regional y que procura
responder a un programa que liga las expresiones de la sociedad con las condiciones de uso
de la edificación, respaldada en propuestas técnico constructivas aplicables a lo local, con el
empleo de materiales modernos específicos, da como resultado objetos que son analizables
con la aplicación de métodos morfológicos. En síntesis, el análisis de la forma en la
arquitectura de los pabellones nos permitirá aclarar los problemas conceptuales de estilo
regional y programa. Antes de emprender el camino de análisis de la arquitectura de los
pabellones abordaremos otro de los aspectos centrales para
tener en cuenta en el proceso de la formalización de esa clase de
arquitectura: las influencias.