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Santiago, doce de noviembre de dos mil trece.
VISTO:
En este proceso judicial tramitado conforme a las normas del juicio
ejecutivo, Rol Nº 25.585-2008, del Trigésimo Juzgado Civil de Santiago,
caratulado “Banco Santander-Chile con Riveros Saavedra Sergio”, por
resolución de dieciséis de marzo de dos mil doce, corriente a fojas 105, el
juez del reseñado tribunal dio lugar, sin costas, al incidente de abandono de
procedimiento deducido por el ejecutado.
Apelado este fallo por la parte ejecutante, una de las Salas de la Corte
de Apelaciones de Santiago, por sentencia de siete de septiembre de dos mil
doce, que se lee a fojas 134, rectificada por resolución de once de enero de
dos mil trece, escrita a fojas 151, lo confirmó.
En contra de esta última decisión el ejecutante ha interpuesto recurso
de casación en el fondo.
Se trajeron los autos en relación.
CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que el recurrente sostiene que la sentencia impugnada,
que declaró el abandono del procedimiento, ha sido dictada con infracción a
lo dispuesto en los artículos 152, 153 y 472 del Código de Procedimiento
Civil, 19 inciso 1º y 22 inciso 1º del Código Civil, según pasa a explicar.
Argumenta, en resumen, que la infracción de los artículos 152, 153 y
472 del Código de Procedimiento Civil se configura por cuanto en el caso
de autos no se dan los presupuestos que contempla la primera de las normas
referidas para declarar el abandono del procedimiento, puesto que,
tratándose en la especie de un juicio ejecutivo, y no habiéndose opuesto
excepciones a la ejecución -circunstancia que en su oportunidad se certificó
por el tribunal- procedía aplicar la norma del señalado artículo 153, esto es,
la exigencia de un plazo de tres años para decretar el abandono, teniendo en
consideración que el mandamiento de ejecución y embargo hace las veces
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de sentencia de término, conforme lo que dispone el artículo 472 del código
procedimental.
Expone que el fallo recurrido se basó, para resolver, que en este
juicio no había habido requerimiento de pago, y por ende, el plazo para
declarar el abandono del procedimiento era de seis meses, de conformidad
con lo dispuesto en el artículo 152 ya indicado, y no de tres años de acuerdo
a lo que previene el artículo 153 del cuerpo de leyes ya mencionado.
Es del caso que, indica, el propio tribunal del grado estimó que el
ejecutado se encontraba requerido de pago, ya que de otra manera no se
entiende que se haya certificado que no opuso excepciones dentro del
término legal y que éste se encontraba vencido.
En cuanto a las argumentaciones efectuadas por el ejecutado para
solicitar el abandono del procedimiento, esto es, que las notificaciones por
aviso que se practicaron a través de los diarios El Mercurio y Oficial, no
habrían tenido por objeto requerirlo de pago, del mérito del proceso se
desprende que dichas comunicaciones tuvieron el efecto de notificar la
demanda, y obviamente, de requerirlo de pago, por lo que el proceso se
encontraba en la situación prevista en el artículo 472 del Código de
Procedimiento Civil. Todo ello se desprende, explica, del tenor de la
demanda, de la resolución que la proveyó, del mandamiento de ejecución y
embargo, y de los avisos que se publicaron, los que contienen la orden de
requerir de pago al ejecutado, al incorporar en forma íntegra el referido
mandamiento. De esta manera, sostiene, lo que se puso en conocimiento del
ejecutado a través de los referidos avisos, no sólo fue el hecho de haberse
interpuesto una demanda en su contra, sino que también la resolución del
tribunal que dispuso que se despachara un mandamiento de ejecución y
embargo, y el requerimiento de pago, de manera que no cabe duda que el
ejecutado se encontraba debidamente emplazado.
Finalmente sostiene que las infracciones denunciadas son el producto
de una interpretación ilegal de las normas citadas, lo que a su vez constituye
una vulneración de los artículos 19 inciso 1º y 22 inciso 1º del Código Civil,
por falta de aplicación.
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Concluye señalando que de haberse aplicado correctamente las
disposiciones referidas, sin alterar su fondo, contenido e interpretación
armónica, necesariamente se debería haber desestimado el incidente de
abandono del procedimiento alegado, puesto que a su respecto se aplicaban
las normas contenidas en los artículos 153 y 472 del Código de
Procedimiento Civil y no el artículo 152 del mismo cuerpo legal, como
infundada y erróneamente se hizo.
SEGUNDO: Que para una adecuada inteligencia del asunto y
resolución del recurso de casación en el fondo interpuesto, cabe tener
presente las siguientes circunstancias del proceso:
a).- El 14 de febrero de 2008, el abogado don Luis Eduardo Montes
Montes, en representación del Banco Santander-Chile, interpuso demanda
ejecutiva en contra de don Sergio Abiu Riveros Saavedra, por medio de la
cual se solicitaba que se lo condenara al pago de la suma de 2.299, 86
unidades de fomento, más intereses penales y las costas de la causa. Explica
que se otorgó al demandado, el 20 de marzo de 2006, un préstamo de dinero
por el equivalente en moneda nacional a 2.250 unidades de fomento,
cantidad que se obligó a restituir en el plazo de 360 meses, por medio de
igual número de cuotas mensuales, vencidas y sucesivas de 13,6178
unidades de fomento, venciendo la primera de ellas el 1 de mayo de 2006.
Es del caso, indica, el mutuario no dio cumplimiento al pago de los
dividendos devengados a partir del mes de agosto de 2007, razón por la cual
adeuda la suma ya indicada;
b).- Mediante resolución de 2 de mayo de 2008, la señora juez titular
del tribunal de primer grado proveyó la referida demanda ordenando que se
despachara el correspondiente mandamiento de ejecución y embargo;
c).- El 9 de julio de 2008, atendido a que el ejecutado no fue
encontrado en los domicilios que se indicaron en la demanda para los
efectos de su notificación, y que se ignoraba su actual paradero, la parte
ejecutante solicitó, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 54 del
Código de Procedimiento Civil, que se notificara la referida solicitud
mediante avisos extractados por el secretario del tribunal, disponiendo que
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fueran publicados en el Diario que se determine. Por otra parte, y en la
misma presentación, pidió que se oficiara a las instituciones que indicó para
los efectos que informaran sobre el actual domicilio del demandado;
d).- Con fecha 11 de julio de 2008, el tribunal dispuso que
previamente a resolver lo referente a la solicitud de publicaciones por aviso,
se oficiara en los términos solicitados por el ejecutante;
e).- El 6 y 20 de agosto de 2008, el ejecutante informó al tribunal
nuevos domicilios del ejecutado, solicitando que se exhortara para los
efectos de proceder a notificar la demanda y requerir de pago al
demandado, presentaciones que fueron resueltas positivamente por el
tribunal por resoluciones de 8 y 21 del mismo mes y año, respectivamente;
f).- Con fecha 6 y 21 de octubre de 2008, el tribunal tuvo por
devueltos los exhortos diligenciados con resultado negativo, ordenando su
agregación a los autos, con conocimiento de las partes;
g).- El 18 de noviembre de 2008, el ejecutante solicitó que se
resolviera derechamente la petición de notificación por avisos formulada el
9 de julio del mismo año, teniendo en consideración el resultado negativo
de los oficios que se dispusieron en su oportunidad;
h).- Por resolución de 21 de noviembre de 2008, el tribunal dispuso,
accediendo a la petición del ejecutante, que se notificara mediante avisos,
ordenando que ellos fueran redactados por la señorita Secretaria Titular del
Tribunal, debiendo publicarse por una vez, los días primero o quince del
mes en el Diario Oficial, y por tres veces en un diario de circulación
nacional, recayendo a lo menos una de estas publicaciones en día hábil;
i).- El 21 de abril de 2011 se agregó a los autos el aviso publicado en
el Diario Oficial el día 3 de mayo de 2010, certificándose tal circunstancia
por el Secretario del Tribunal el 28 del mismo mes y año;
j).- El 2 de agosto de 2011 se agregó al expediente el aviso publicado
en el Diario El Mercurio los días 3, 4 y 5 de mayo de 2010, certificándose
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por el Secretario del Tribunal la efectividad de tal circunstancia el 3 de
agosto del mismo año;
k) Con fecha 17 de agosto de 2011, el ejecutante solicitó que se
certificara por el Secretario del Tribunal que el demandado no había
opuesto excepciones dentro de término legal y que éste se encontraba
vencido;
l).- El 19 de enero de 2012, el secretario subrogante del tribunal,
dando cumplimiento a lo resuelto el 19 de agosto del año anterior, certificó
que la parte demandada no opuso excepciones dentro del término legal el
cual se encuentra vencido;
m).- La parte ejecutada solicitó el abandono del procedimiento el 25
de enero de 2012, exponiendo que la causa se encontraba paralizada desde
hacía más de seis meses, a contar del 5 de mayo de 2010, fecha en que se
publicó el último de los avisos a que se refiere el artículo 54 del Código de
Procedimiento Civil, momento que por tanto correspondía a aquél en que se
debía entender notificada la demanda y sus resoluciones. Agregó que el
término debía ser el ya referido, por cuanto en estos autos no había habido
requerimiento de pago, ya que los avisos que se publicaron sólo tuvieron
por objeto y efecto la notificación de la demanda;
n).- Por resolución de 16 de marzo de 2012 se tuvo por evacuado el
traslado en rebeldía del demandante, y se declaró abandonado el
procedimiento;
TERCERO: Que, según se ha dejado consignado, la sentencia de
primera instancia acogió el incidente de abandono del procedimiento
interpuesto por la demandada, por estimar que concurría el presupuesto
fáctico del transcurso del término legal de seis meses de inactividad de las
partes en el proceso. Para ello, en primer término, tuvo en consideración
que del tenor de las publicaciones efectuadas en este juicio constaba que no
se había practicado el requerimiento de pago. Enseguida estimó que entre la
resolución del 21 de noviembre de 2008 -que ordenó la notificación por
avisos- y la gestión posterior de 21 de abril de 2011 -agregación a los autos
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del aviso publicado en el Diario Oficial- había transcurrido más de seis
meses, término aplicable en la especie en virtud de lo dispuesto en el
artículo 152 del Código de Procedimiento Civil, por cuanto, como se
consignó, no se había efectuado requerimiento alguno, de manera que no se
estaba en la situación prevista en el artículo 472 del mismo cuerpo legal.
CUARTO: Que, por su parte, el fallo confirmatorio tuvo además en
consideración que el artículo 462 del Código Procedimental dispone que el
término para deducir oposición se cuenta desde el requerimiento de pago,
afirmando que éste no se verificó en estos autos. Agregó que el aviso de que
tratan las publicaciones efectuadas en este procedimiento contienen la orden
de requerir de pago al demandado, sin que tras ello conste de modo alguno
el acto mismo del requerimiento practicado por el ministro de fe.
QUINTO: Que los hechos y antecedentes generales de la causa,
relacionados en los motivos precedentes, dejan en claro que los problemas
planteados a la resolución de los tribunales de la instancia, como a esta
Corte de Casación, consisten, básicamente, en determinar cuál es el plazo
que debía ser considerado para los efectos de declarar el abandono del
procedimiento -si los seis meses establecidos en el artículo 152 del Código
de Procedimiento Civil, o los tres años a que se refiere el artículo 153 del
mismo cuerpo legal- Para los mismos efectos, se hace necesario determinar
si en este procedimiento ejecutivo se verificó requerimiento de pago en
relación con el ejecutado, toda vez que ello tiene consecuencias fácticas y
jurídicas en relación con la primera materia referida.
SEXTO: Que, en este contexto, la situación normativa está
circunscrita, en principio, en lo que dispone el legislador en el artículo 152
del Código de Procedimiento Civil, cuando estatuye: “El procedimiento se
entiende abandonado cuando todas las partes que figuran en el juicio han
cesado en su prosecución durante seis meses, contados desde la fecha de la
última resolución recaída en alguna gestión útil para dar curso progresivo a
los autos”.
Que, por su parte, el artículo 153 del mismo cuerpo legal prevé que:
“El abandono podrá hacerse valer sólo por el demandado, durante todo el
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juicio y hasta que se haya dictado sentencia ejecutoriada en la causa. En los
procedimientos ejecutivos el ejecutado podrá, además, solicitar el abandono
del procedimiento, después de ejecutoriada la sentencia definitiva o en el
caso del artículo 472. En estos casos, el plazo para declarar el abandono del
procedimiento será de tres años contados desde la fecha de la última gestión
útil, hecha en el procedimiento de apremio, destinado a obtener el
cumplimiento forzado de la obligación, luego de ejecutoriada la sentencia
definitiva o vencido el plazo para oponer excepciones, en su caso. En el
evento que la última diligencia útil sea de fecha anterior, el plazo se contará
desde la fecha en que quedó ejecutoriada la sentencia definitiva o venció el
plazo para oponer excepciones. En estos casos, si se declara el abandono del
procedimiento sin que medie oposición del ejecutante, éste no será
condenado en costas”.
Por último, el artículo 472 del Código Procedimental indica que: “Si
no se oponen excepciones, se omitirá la sentencia y bastará el mandamiento
de ejecución para que el acreedor pueda perseguir la realización de los
bienes embargados y el pago, de conformidad a las disposiciones del
procedimiento de apremio”.
SÉPTIMO: En el análisis de la expresión “cesación” de las partes en
la prosecución del juicio, cabe señalar que la doctrina la asimila al silencio
en la relación jurídica, a la inactividad de las partes, motivada por su
desinterés en obtener una decisión por parte de los tribunales del conflicto
sometido a su conocimiento. Sin embargo, tal pasividad debe ser culpable,
esto es, advirtiendo y aceptando el interesado las consecuencias
perjudiciales que se derivarán de su desidia, no obstante lo cual, nada hace
por activar el procedimiento. Se trata de un comportamiento
voluntariamente omisivo, pudiendo la parte interesada -el actor-
representarse o no el resultado perjudicial, confiando en que éste no se
producirá o aceptándolo. En estas condiciones, la parte ha de estar en
situación de interrumpir efectivamente esta suspensión en la tramitación del
procedimiento o de haber realizado todo lo que la ley le requiere para
dejarlo en condiciones que el conflicto sea decidido por el órgano
jurisdiccional. Así, debe haber tenido la posibilidad de hacer cesar la
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inactividad del procedimiento y de impulsarlo a su término por medio de
actuaciones útiles a tal fin, las que no deben ni pueden consistir en la mera
repetición de presentaciones que en nada contribuirán a poner término al
procedimiento.
“Podemos afirmar que se habrá cesado en la tramitación del juicio cuando,
existiendo la posibilidad de que las partes del proceso realicen actos
procesales útiles a la prosecución del mismo, omiten toda gestión o
actuaciones tendientes a preparar los elementos que permiten llegar al
estado de sentencia. Por consiguiente, sólo cabe decir que todas las partes
de un juicio han cesado en su prosecución, cuando teniendo los medios
conducentes a instar por la terminación del pleito se niegan a utilizarlos, sea
por negligencia u otra causa dependiente de su voluntad”. (Del Abandono
del Proceso, Alma Wilson Gallardo, página 20, Editorial Jurídica de Chile).
OCTAVO: Que, se ha sostenido que el procedimiento civil reposa
sobre el principio de la pasividad -consagrado en el artículo 10 del Código
Orgánico de Tribunales que dispone: “Los tribunales no podrán ejercer su
ministerio sino a petición de parte, salvo los casos en que la ley los faculte
para proceder de oficio”- que entrega a las partes la iniciación, dirección,
impulso procesal, tanto en lo relativo al curso del juicio, prueba, recursos e
incluso en su terminación, pues mantienen la propiedad de la acción que les
faculta para disponer del derecho controvertido. Teniendo en consideración
que todo conflicto, en esencia constituye un estado de violencia, que puede
ser resuelto por la autotutela, la autocomposición o el proceso, el Estado
estimó procedente reaccionar en torno a los juicios que se mantienen
indefinidamente, puesto que la incertidumbre en la circulación de los bienes
y la inestabilidad en las relaciones jurídicas debe extenderse el menor
tiempo posible, acudiendo a la aplicación de principios tan conocidos como
antiguos. Es así como el fumus boni iuris inspira las medidas prejudiciales y
las precautorias, como la aceptación provisional de la demanda en el
juicio sumario y ejecutivo, que en este último puede ser definitiva si no
existe oposición; “la promoción de incidentes, con el solo fin de retardar la
entrada en la litis o de paralizar su prosecución, es un arbitrio de que con
frecuencia usan los litigantes de mala fe. Para corregir este mal, se adoptan
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diversas precauciones, facultando a los jueces para rechazar de oficio los
incidentes que aparecieren inconexos con el pleito, determinando el tiempo
en que es lícito promoverlos, estableciendo que su tramitación se haga en
ramo separado y no detenga la de la acción principal, salvo que sea ello
absolutamente indispensable, y fijando penas para los litigantes que
promovieren y perdieren más de tres incidentes dilatorios, pues hay en tal
caso presunción vehemente de mala fe”, dirá el Mensaje con que el
Ejecutivo envía al Parlamento el Código de Procedimiento Civil, agregando
que “en las leyes de procedimiento, se hace preciso conciliar el interés de
los litigantes, que exige una pronta solución de los pleitos, y el interés de la
justicia, que requiere una concienzuda y acertada apreciación del derecho
sobre que debe recaer el fallo. En obedecimiento a este doble propósito, se
ha creído necesario, por una parte, simplificar en lo posible la tramitación y
adoptar al mismo tiempo una serie de medidas encaminadas a hacer
ineficaces los expedientes dilatorios a que apela la mala fe para retardar la
solución de los pleitos; y por otra parte, dar a los magistrados mayor latitud
en sus atribuciones a fin que puedan hacer sentir en mayor grado que hasta
ahora su acción en la formación y marcha de los procesos. Confiados éstos
a la sola iniciativa de las parte, se desvían a menudo de su verdadera
marcha, resultando de allí que la acción de la justicia se hace más fatigosa y
menos eficaz”, puesto que la justicia juega un rol preponderante en la
democracia, como en la producción de la riqueza y en la paz social, se
indica en el Mensaje de reforma al mismo cuerpo de leyes, ahondando en el
hecho que “se amplían las atribuciones de los magistrados, que en
numerosos casos, hasta podrán proceder de oficio; a los jueces se les saca
de su rol pasivo de meros espectadores en la contienda judicial, para
llevarlos al plano de personeros activos de la justicia, premunidos de las
facultades necesarias para establecer, con pleno conocimiento de causa, la
verdad jurídica que permita, fundada y rápidamente, dar a cada uno lo que
es suyo”. Por tales fundamentaciones se contempla el desistimiento de la
acción, el abandono del procedimiento, la posibilidad de declarar nulidad,
casar las sentencias por el tribunal competente, los plazos fatales para
realizar algunas actuaciones, audiencias de conciliación, etc. Se puede
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concluir que actualmente el legislador ha hecho compatibles los principios
de la pasividad y oficialidad, reglando el campo de acción de las partes y de
los jueces. Es así que, con este mismo espíritu, la Ley 18.705 estableció
que el trámite de citación para oír sentencia en el juicio ejecutivo queda
entregado en su iniciativa en forma preeminente al juez, al disponer que
luego de vencido el plazo que tienen las partes para realizar sus
observaciones a la prueba, “háyanse o no presentado escritos, y sin nuevo
trámite, el tribunal citará -a las partes- para oír sentencia” (artículo 469 del
Código de Procedimiento Civil), sustituyendo de esta forma la antigua
referencia a que vencido el término legal conferido a las partes para hacer
observaciones a la prueba, “se llevarán los autos al tribunal para dictar
sentencia definitiva”. Este examen o análisis de la prueba que pueden o no
hacer las partes, es análogo al que puede efectuarse en el juicio ordinario,
con la sola diferencia de que el plazo para formular estas observaciones es
de seis días, en tanto que en el juicio ordinario es de diez días. Lo anterior
nos permite señalar que la tendencia legislativa en materia procesal, tanto
en la tramitación del procedimiento ejecutivo, como en la del ordinario, ha
sido plasmar en las disposiciones del código respectivo, el interés y la
intención social de que sea el juez, quien en ciertas instancias procesales,
asuma la responsabilidad de instar por la prosecución y término del juicio.
NOVENO: Que, ahora bien, haciéndonos cargo del asunto que se
plantea en el recurso -según se apuntó en el motivo quinto- y atendida la
gravedad de los efectos jurídicos que conlleva la declaración de abandono
del procedimiento, la cual, como toda sanción procesal, constituye una
norma de orden público, que debe ser interpretada en sentido restringido y
con estricto apego al texto legal que la contempla, es dable razonar que la
finalidad de dicha institución jurídica, como se ha señalado reiteradamente,
no es otra que la de castigar la conducta omisiva y poco diligente del actor,
en orden a promover el impulso del procedimiento, durante la tramitación
del “juicio”, el que, entendido como sinónimo de “proceso”, encuentra su
origen etimológico en la voz latina “pro-cedere”, es decir, avanzar hacia
algo, y que ha sido definido por la doctrina como un conjunto sucesivo de
actos, de las partes de un conflicto de relevancia jurídica, de ciertos terceros
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y del tribunal, desarrollados en forma dinámica ante este último, de acuerdo
con las normas de procedimiento que la ley en cada caso señala, a través del
cual, el juez desempeña la función jurisdiccional que le ha encomendado el
Estado, cuyo ejercicio normalmente concluye con la dictación de la
sentencia definitiva, en la cual éste consigna la solución del asunto
controvertido.
DÉCIMO: Que conforme a lo reflexionado, la declaración de
abandono del procedimiento “lo que sanciona es la inactividad de las partes
en todo el juicio, y éste último está compuesto por todas las acciones y
excepciones que han hecho valer y que se tramitan en sus diversos
cuadernos. Así, la inactividad está relacionada con la totalidad del litigio y
no sólo referida a uno de sus cuadernos”. (Sentencia Corte Suprema, 21 de
septiembre de 1994, RDJ, Tomo XCI, septiembre-diciembre de 1994,
sección 1ª, pág. 83).
Que de lo anotado fluye que el abandono del procedimiento sólo
puede prosperar si es que el litigante interesado en la resolución del pleito
ha sido negligente, cesando en el acometimiento de la actividad que le
corresponde de acuerdo al impulso procesal que le es exigible, por un
período superior al legal –seis meses o tres años según el caso- contados
desde la última resolución recaída en una gestión útil para dar curso
progresivo a los autos, o desde la última gestión útil, hecha en el
procedimiento de apremio, destinado a obtener el cumplimiento forzado de
la obligación, luego de ejecutoriada la sentencia definitiva, o vencido el
plazo para oponer excepciones, en su caso.
De esta manera, entonces, la carga que los litigantes han de ejercer,
so pena de perder -dejando a salvo las excepciones legales- el derecho a
continuar el procedimiento abandonado y de hacerlo valer en otro juicio,
según dispone el artículo 156 de la Codificación Procesal Civil, únicamente
encuentra sentido en tanto sea exigible a aquéllos desplegar su diligencia en
pos de obtener la decisión jurisdiccional a la controversia que se haya
planteado, circunstancia que, indudablemente, se encuentra ausente cada
vez que el ordenamiento procesal prescribe el pronunciamiento del tribunal.
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UNDÉCIMO: Que en el caso en análisis, y de conformidad con los
antecedentes fácticos descritos en el razonamiento segundo de esta
sentencia, no cabe duda que el impulso para llevar adelante el juicio o el
proceso estaba radicado en las partes, y más específicamente en el
demandante, quien por medio de la presentación de la acción ejecutiva puso
en marcha el sistema jurisdiccional con el objeto de obtener la protección
del ente que por ley está encargado de conocer y resolver las asuntos
judiciales que se promuevan dentro del territorio de la República, de
conformidad con lo dispuesto en Título I del Código Orgánico de
Tribunales.
DUODÉCIMO: Que para los efectos de resolver es necesario tener
en consideración que el juicio ejecutivo ha sido concebido como un
procedimiento contencioso, de aplicación general o especial, según el caso,
por cuyo medio se persigue el cumplimiento forzado de una obligación que
consta en un título fehaciente o indubitado. Entre otras de sus características
cabe destacar que se trata de un procedimiento compulsivo o de apremio, en
razón que se inicia por la inercia del deudor a cumplir voluntariamente la
obligación que lo vincula frente a un acreedor. Desde este punto de vista, se
puede afirmar que está inspirado “en sentimientos de protección del
acreedor y de presunción en contra de los del deudor” (Casarino Viterbo
Mario, Manual de Derecho Procesal, Derecho Procesal Civil, Quinta
Edición Actualizada, Editorial Jurídica de Chile, Tomo V, pág. 71 y 72).
Este tipo de procedimiento se caracteriza, por lo tanto, por la “ejecución
forzada procesal” que “es la cual, por oposición al cumplimiento o
ejecución voluntaria de la obligación del deudor, se lleva a cabo
procesalmente, con la intervención de los órganos jurisdiccionales, para
que, mediante coacción estatal legalmente autorizada, se ejecuta
prácticamente la obligación incumplida” (Gruss Mayers Guillermo, Tratado
del Juicio Ejecutivo, Tercera Edición, Editorial El Jurista, Tomo I, pág. 32).
En cuanto a la estructura de este particular procedimiento, cabe
señalar que consta, fundamentalmente, de dos cuadernos, el principal o
ejecutivo y el de apremio. El primero, es el que constituye el juicio mismo,
es decir, la contienda jurídica que las partes someten a la decisión del
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tribunal, en tanto que el segundo representa el aspecto de fuerza en el juicio.
El cuaderno principal se inicia con la demanda ejecutiva, que es el acto
procesal por medio del cual el acreedor deduce su acción exhibiendo el
título indubitado en que la funda, la que si cumple con todos los requisitos
legales -acción actualmente exigible, líquida y no prescrita ejecutivamente-
posibilitará al tribunal a ordenar despachar el mandamiento de ejecución
mediante una resolución que reza simplemente “Despáchese”. Ahora bien,
admitida la demanda a tramitación, ella debe ser notificada al deudor de
acuerdo a las reglas generales, y junto con ello, se le debe requerir de pago,
de manera que en el evento que no lo haga, se le embargarán bienes en
cantidad suficiente para responder de la deuda.
DECIMOTERCERO: Que, el cuaderno de apremio, por su parte, se
inicia con el mandamiento de ejecución y embargo sobre cuyos objetivos la
doctrina ha definido varios. En palabras de don Mario Casarino Viterbo, el
requerimiento: "persigue dos finalidades fundamentales; notificar al deudor
de la demanda ejecutiva y requerirlo para que pague la obligación cuyo
cumplimiento ejecutivo se pretende; y luego, una consecuencial, para el
caso de desobediencia, cual es, la de embargarle bienes suficientes para
cubrir capital, intereses y costas adeudadas" y, reitera luego: "el
requerimiento de pago persigue dos finalidades esenciales; poner en
conocimiento del deudor la demanda ejecutiva que se ha iniciado en su
contra y constreñirlo para que pague la obligación cuyo cumplimiento
compulsivo pretende el acreedor. En consecuencia, requerir de pago al
deudor significa también emplazarlo al juicio, poner en su conocimiento la
demanda ejecutiva que se ha iniciado en su contra para que haga su
correspondiente defensa". (Manual de Derecho Procesal, T.V., Sexta
Edición actualizada por Cristián Maturana Miquel y revisada por el autor,
págs. 65 y 76).
DECIMOCUARTO: Que desde el punto de vista del sujeto pasivo
de la litis, el planteamiento de su defensa presupone, ineludiblemente, su
emplazamiento que, a su vez, presenta dos aspectos fundamentales, a saber:
el conocimiento de la demanda, que se cumple por la notificación de la
misma, y el transcurso del plazo para acudir al llamamiento del tribunal.
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DECIMOQUINTO: Que a la luz de lo precedente, aunado a lo
dispuesto en el primer numeral del artículo 443 del Código de
Procedimiento del ramo, el requerimiento de pago constituye, entonces, una
actuación de carácter complejo, en el sentido que en ella se reúnen varios
actos cuya ritualidad dependerá de la forma en que el mismo tenga lugar.
En otras palabras, tendrá un inicio y una conclusión más o menos definidos,
en la medida que se efectúe en una sola actuación o en un conjunto de ellas.
Así y según lo anotado, el requerimiento se iniciará con la notificación de la
demanda y terminará con la intimación al deudor de pagar lo adeudado;
procediendo luego, como gestión anexa y eventual, la traba del embargo
correspondiente. Esa notificación que da punto de partida a la gestión
procesal del requerimiento se puede concretar mediante la notificación
personal de la demanda ejecutiva o la personal subsidiaria prevista en el
artículo 44 de la compilación procesal o, incluso, de acuerdo a lo prescrito
en los artículos 48 a 54 del mismo estatuto, para culminar, seguidamente,
con el requerimiento en propiedad.
DECIMOSEXTO: Que en el caso de autos, y como se consignó en
el razonamiento segundo de esta sentencia, la notificación de la demanda
ejecutiva y del correspondiente mandamiento de ejecución y embargo se
practicó por medio de sendos avisos publicados en el Diario Oficial y en el
Diario El Mercurio, dando cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 54 del
Código de Procedimiento Civil, en atención a que por tratarse de la primera
comunicación que se efectuaría en el procedimiento, para su validez se
requería que se insertara el aviso en el primero de los medios de
comunicación reseñados, teniendo además en consideración que fue el
tribunal quien ordenó, con conocimiento de causa, que se practicara tal tipo
de comunicación, luego de haberse agotado los intentos de notificar
personalmente o por cédula al ejecutado.
DECIMOSÉPTIMO: Que, es necesario señalar que la notificación
es un acto procesal formal de comunicación, que tiene por objeto dar a
conocer a quien corresponda una resolución judicial, que es otro acto
procesal. Ello tiene gran importancia si se considera que el proceso -en este
caso un juicio ejecutivo- está conformado por diversos eventos que son
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realizados por los distintos intervinientes, esto es, por el Tribunal, las
partes, y eventualmente, por terceros. Estos sujetos procesales requieren
relacionarse entre sí, y sin duda, una de las formas más importantes de
lograrlo es a través de las notificaciones. En los procedimientos regidos por
el principio de la inmediación “como ocurre en los orales, el contacto, la
relación de las partes entre sí y con respecto al tribunal se produce de forma
directa, inmediata e instantánea, de tal suerte que no es menester la
realización de una actividad específica destinada a poner en conocimiento
de un sujeto lo realizado por otro. En aquellos regidos por el principio de la
mediatividad, en cambio, como son los procedimientos escritos, el contacto
y relación entre las partes no es inmediata, ni directa, ni instantánea, sino
que se provoca a través de la actividad del tribunal, por lo que resulta
necesario recurrir al trámite de las notificaciones”. (Román R Roberto, De
las Notificaciones Procesales, Segunda Edición, Ediciones Jurídicas y
Técnicas S.A., pág. 5). En el mismo sentido cabe tener en consideración
que por regla general, las resoluciones judiciales que son pronunciadas en
los procedimientos escritos, lo son sin que aquéllos a quienes van a afectar
se hallen presente, por lo que resulta forzoso que tengan un conocimiento
cabal, veraz, oportuno y eficaz de ellas, lo que se logra por medio de las
notificaciones, las que efectuadas cumpliendo con las formalidades
respectivas, permiten presumir de derecho que tal conocimiento se ha
verificado, sin que admita, salvo casos excepcionales, la prueba de la falta
de tal noticia.
DECIMOCTAVO: Que lo referido en el razonamiento anterior ha
encontrado su réplica en el contenido del artículo 38 del Código de
Procedimiento Civil, según el cual, las resoluciones judiciales sólo
producen efecto en virtud de notificación hecha con arreglo a la ley, salvo
los casos expresamente exceptuados por ella, constituyéndose éste en un
principio inconcuso de derecho universal. Ahora bien, se entiende que una
providencia se ha efectuado de conformidad con la ley, cuando lo ha sido de
una forma válida y además, aplicable. “En efecto, la ley establece varias
formas de notificación y señala, además, ciertas resoluciones que por su
naturaleza o por las personas respecto de quienes van a producir efecto
16
deben ser notificadas mediante una forma determinada y no mediante otra”
(Camiruaga Ch. José Ramón, De Las Notificaciones, Editorial Jurídica de
Chile, Tercera Edición, pág. 31).
Ahora bien, la importancia de que las notificaciones se efectúen en la
forma que lo determina la ley radica, básicamente, en que “… ninguna de
ellas, salvo la notificación personal en persona o principal y la notificación
tácita, permiten tener plena certeza de que el sujeto pasivo ha tomado real
conocimiento de la resolución de que se trata. La rigurosidad de las formas
en las notificaciones tiene un sentido de seriedad, que desemboca en la
validez de los actos del proceso a partir de la presunción de conocimiento
del sujeto pasivo, cumplidas que sean esas formas” (Román R Roberto, De
las Notificaciones Procesales, Segunda Edición, Ediciones Jurídicas y
Técnicas S.A., pág. 249). Es decir, la notificación procesal, lo que hace, es
dar por supuesto que la resolución respectiva ha llegado al conocimiento del
sujeto pasivo, presunción que es tanto más importante cuando, como en este
caso, se trata de la primera comunicación que permite la formación de la
relación procesal, el emplazamiento del sujeto pasivo, y la posibilidad que
éste ejerza su defensa, situación que en el juicio ejecutivo reviste una
especial característica, ya que presentada la demanda ejecutiva el tribunal
debe examinar el título, y despachar o denegar la ejecución sin audiencia ni
notificación del demandado, aun cuando éste se haya apersonado en el
juicio, es decir, sin que sea oído antes de proceder a su ejecución, tomando
conocimiento de la demanda sólo cuando es requerido de pago.
DECIMONOVENO: Ahora bien, sin duda que lo ideal es que las
resoluciones judiciales sean notificadas personalmente, ello por cuanto,
como se dijo, sólo tal forma de comunicación permite asegurar que se ha
tenido un conocimiento cierto de la providencia correspondiente. Sin
embargo, existen muchas circunstancias que impiden este tipo de noticia,
por ello la ley procesal -Código de Procedimiento Civil- ha contemplado
otros tipos de notificaciones, a saber, por cédula, por el estado diario,
personal subsidiaria y la notificación por avisos.
Esta última se encuentra reglamentada en el artículo 54 del Código de
Procedimiento Civil, que está ubicado dentro del Título VI, del Libro I, que
17
trata de las “Disposiciones Comunes a todos Procedimiento”, de manera
que es de aplicación general a todos los procedimientos que se encuentran
regulados por el Código, sean de jurisdicción contenciosa o voluntaria, y a
todas las gestiones, trámites y actuaciones que no estén sometidos a una
regla especial diversa, cualquiera que sea su naturaleza.
El referido artículo dispone que: “cuando haya de notificarse
personalmente o por cédula a personas cuya individualidad o residencia sea
difícil de determinar, o que por su número dificulten considerablemente la
práctica de la diligencia, podrá hacerse la notificación por medio de avisos
publicados en los diarios del lugar donde se sigue la causa, o de la cabecera
de la provincia o de la capital de la región, si allí no los hay”. Continúa la
norma señalando que: “Dichos avisos contendrán los mismos datos que se
exigen para la notificación personal; pero si la publicación de esta forma es
muy dispendiosa, atendida la cuantía del negocio, podrá disponer el tribunal
que se haga en extracto redactado por el secretario”.
VIGÉSIMO: Que entre las características principales de la
notificación por avisos, se encuentra que se trata de una notificación
supletoria, es decir, sólo tiene lugar cuando no es posible practicar una
personal o por cédula, en los casos que la ley señala; es una notificación
excepcional porque su aplicación no es de carácter general, sino que
procede sólo en ciertos y determinados casos, especialmente regulados por
el legislador; y a través de ella se presume que el notificado toma
conocimiento de la resolución de que se trata por una mera ficción procesal.
En cuanto a los requisitos para su procedencia, debe tratarse de una
resolución que deba notificarse personalmente o por cédula; que el
notificado sea una persona cuya individualidad o residencia sea difícil de
determinar; o que se trate de personas que por su número dificulten
considerablemente la práctica de la diligencia, y por último, es aplicable a
toda clase de procesos y procedimientos, teniendo en consideración que la
norma que la regula se encuentra inserta en el Libro I del Código de
Procedimiento Civil. Es así como, la mayoría de la doctrina y
jurisprudencia admiten la notificación por avisos en el procedimiento
ejecutivo y en el requerimiento de pago.
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VIGESIMOPRIMERO: Que, ahora bien, abordando lo que viene
planteado por el impugnante, cabe recordar que éste sostiene que las
notificaciones por avisos que se practicaron en este proceso a través de los
diarios El Mercurio y Oficial, sí habrían tenido por objeto requerir de pago
al ejecutado, lo que a su juicio se desprendería del mérito del proceso,
especialmente del tenor de la demanda, de la resolución que la proveyó, del
mandamiento de ejecución y embargo, y de los avisos que se publicaron,
los que, afirma, contienen la orden de requerir de pago al ejecutado, al
incorporar en forma íntegra el referido mandamiento.
VIGESIMOSEGUNDO: Que para los efectos de resolver,
imprescindible resulta tener en consideración el tenor del artículo 443 del
Código de Procedimiento Civil, que regula las menciones que debe
contener el mandamiento de ejecución que se expide después que el tribunal
examina el título ejecutivo que se ha esgrimido y comprueba que cumple
las condiciones legales, resolviendo despachar la ejecución. El numeral 1º
de esa norma dispone que la referida resolución debe comprender: “La
orden de requerir de pago al deudor”, agregando que: “Este requerimiento
debe hacérsele personalmente; pero si no es habido, se procederá en
conformidad al artículo 44, expresándose en la copia a que dicho artículo se
refiere, a más del mandamiento, la designación del día, hora y lugar que fije
el ministro de fe para practicar el requerimiento”.
VIGESMOTERCERO: Que una cuidada lectura de los avisos que
se publicaron en este juicio permite comprobar que en ellos no se incluyó la
exigencia contenida en la norma referida en el razonamiento precedente, en
relación con “la designación del día, hora y lugar que fije el ministro de fe
para practicar el requerimiento”, en el caso en que éste no se haya hecho en
forma personal. Es así como se observa que las comunicaciones que se
efectuaron para los efectos de notificar la demanda y el mandamiento de
ejecución y embargo contienen, en primer término, la información relativa
al cuaderno principal, respecto del que, además de indicar los datos de la
causa, esto es, tribunal, rol y partes, consignó un “extracto de la demanda
ejecutiva”, para luego referirse a las distintas resoluciones que se dictaron
en el referido cuaderno, entre las que cabe destacar aquella que proveyó la
19
señalada solicitud, y la que ordenó la notificación por avisos. Por su parte,
en relación con el cuaderno de apremio, y tal como lo reconoce el
recurrente, se incluyó en los avisos en forma íntegra el mandamiento de
ejecución y embargo, en los siguientes términos en forma literal: “FOJAS 1,
SANTIAGO, DIECINUEVE DE MAYO DE DOS MIL OCHO. UN
MINISTRO DE FE REQUERIRÁ A DON SERGIO ABIU RIVEROS
SAAVEDRA EN SU CALIDAD DE DEUDOR, PARA QUE EN EL
ACTO DE LA INTIMACIÓN PAGUE A BANCO SANTANDER CHILE
O A QUIEN SUS DERECHOS REPRESENTE LA SUMA DE UF.
2.295,4447 EQUIVALENTES A $ 45.135.444 (CUARENTA Y CINCO
MILLONES CIENTRO TREINTA Y CINCO MIL CUATROCIENTOS
CUARENTA Y CUATRO PESOS), MAS INTERESES Y COSTAS. NO
VERIFICADO EL PAGO, TRÁBESE EMBARGO SOBRE BIENES
SUFICIENTES DEL EJECUTADO, EN ESPECIAL SOBRE LOS
BIENES MUEBLES QUE GUARNECEN SU DOMICILIO, LOS QUE
QUEDARAN EN SU PODER EN CALIDAD DE DEPOSITARIO
PROVISIONAL DE LOS MISMOS, BAJO LAS RESPONSABILIDADES
CIVILES Y PENALES QUE CORRESPONDAN. CUANTÍA: UF.
2.295,4447 EQUIVALENTES A $ 45.135.444 AL 08.01.2008. MARIA
EUGENIA CAMPO ALCAYAGA, JUEZ TITULAR.- IVAN
COVARRUBIAS PINOCHET, SECRETARIO SUBROGANTE.-“.
VIGESIMOCUARTO: Que es útil tener en consideración que en
relación con la reglamentación que históricamente ha tenido el plazo para
oponerse a la ejecución, denota que las modificaciones y nuevas
disposiciones legales del Código de Procedimiento Civil, han determinado
que la primera notificación que se realiza al demandado en el juicio
ejecutivo importa el objetivo esencial de ponerle en conocimiento de la
demanda ejecutiva, de la resolución recaída en ella y del mandamiento de
ejecución y embargo, procediendo luego a embargarle bienes suficientes, si
aquél no paga lo que le viene requerido.
A la luz de lo referido en el párrafo anterior, y de lo dispuesto en el
artículo 443 Nº 1 del código del ramo, y según esta Corte ha tenido la
oportunidad de señalarlo en otras oportunidades, y como ya se señaló en
20
esta sentencia, el requerimiento de pago es una actuación de carácter
complejo, que en atención a la forma en que se realice tendrá un inicio y
conclusión más o menos definidos, dado que se puede efectuar en una sola
actuación o en un complejo de ellas. Dicho de otra manera, se inicia con la
notificación de la demanda y concluye con la intimación al deudor de pagar
lo adeudado, procediendo luego, como gestión anexa, a trabar embargo. Esa
notificación que da punto de partida a la gestión procesal del requerimiento
se puede concretizar mediante la notificación personal de la demanda
ejecutiva o personal subsidiaria del artículo 44 del aludido cuerpo legal o,
incluso, según lo prescrito en los artículos 48 a 54 del mismo estatuto
normativo, debiendo culminar con el requerimiento propiamente tal.
De esta forma, entonces, entre las modalidades de requerimiento de
pago se cuenta la que se realiza según lo prevenido en el artículo 54 del
Código de Procedimiento Civil, debiendo expresarse en los avisos que se
publiquen, amén del mandamiento, la designación del día, hora y lugar que
se fije para practicar el requerimiento y, el apercibimiento que de no
concurrir el deudor a esa citación, se hará de inmediato y sin más trámite el
embargo de bienes suficientes, de manera que se trata de menciones
imprescindibles si se considera, que además de tratarse de una exigencia
legal, ellas son las que permiten que el demandado tenga una instancia para
satisfacer su acreencia, o, en el caso de no concurrir a la referida citación,
proceder por medio de la fuerza a obtener el cumplimiento de la obligación
que en su oportunidad asumió.
VIGESIMOQUINTO: Que, teniendo en consideración lo
relacionado, y ante la hipótesis de iniciarse el requerimiento de pago con la
notificación de la demanda de conformidad con lo dispuesto en el artículo
54 del Código de Procedimiento Civil , para los efectos de resolver los
efectos que tal comunicación ha tenido en el proceso, y en particular, en
relación con el ejecutado, ha de adoptarse una línea de interpretación que se
avenga, por una parte, con las particularidades de ese trámite complejo que
no se observa posible de dividir y, de otro lado, con las exigencias de un
procedimiento racional y justo, entendido como uno de los presupuestos de
la garantía constitucional del debido proceso, al cual deben sujetarse los
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tribunales, la que, a su vez, lleva a privilegiar el hecho que en cualquiera de
las actuaciones que informan el trámite en mención, éste deberá entenderse
realizado de tal manera que importe el cumplimiento de las exigencias que
la ley contempla para los efectos de poder proceder compulsivamente al
pago de la acreencia que consta en un título que tiene el carácter de
indubitado, lo que necesariamente lleva a concluir, y tal como lo
resolvieron en su oportunidad los jueces del fondo, que en este juicio
ejecutivo el demandado no fue requerido de pago en la forma y oportunidad
que exige la ley.
VIGESIMOSEXTO: Que teniendo en cuenta lo relacionado, no
puede sostenerse, como lo pretende el recurrente, que se debe entender
requerido de pago el ejecutado por el solo hecho de haberse incluido en los
avisos tantas veces mencionados, el mandamiento de ejecución y embargo
que se dictó en este juicio, por cuanto en él no se consignó las menciones
necesarias para poder otorgar efecto jurídico a una eventual conducta
omisiva del ejecutado. Entender la situación descrita de una forma diversa,
esto es, que la notificación practicada en este proceso en los términos
descritos en los considerandos precedentes tuvo por objeto requerir de pago
al ejecutado, en los términos previstos en el artículo 443 Nº 1 del Código de
Procedimiento Civil, importa desconocer una situación que se desprende
claramente de lo actuado en este juicio, esto es, que el demandado no fue
debidamente emplazado para los efectos de hacer valer sus derechos en la
oportunidad procesal correspondiente, circunstancia no deseada por el
legislador procesal, atento a favorecer el ejercicio del derecho a defensa y
vencer sus limitaciones.
VIGESIMOSÉPTIMO: Que, por otra parte, aplicar un criterio
diferente resulta contradictorio con la propia finalidad del artículo 443 Nº 1
tantas veces mencionado, ya que si al legislador no le bastó con la
notificación del artículo 44 cuando el deudor no era habido, sino que ideó
un mecanismo especial, mediante el cual se lo cita a las oficinas del
ministro de fe para practicarle el requerimiento, esto es, para instarlo a que
se efectúe el pago, fue justamente porque le pareció que el emplazamiento
en un juicio ejecutivo, por las especiales características que presenta, y a las
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que se ha hecho mención en los razonamientos que preceden, ameritaba un
tratamiento distinto, bastante más complejo". (C. Santiago, Rol Nº 8817-
2004, 18 de agosto de 2006).
VIGESIMOCTAVO: Que, por último, y en relación con las
argumentaciones referidas por el recurrente en orden a que el propio
Tribunal habría entendido que el ejecutado fue debidamente requerido de
pago al haber certificado en su oportunidad, y a solicitud del ejecutante, que
no había opuesto excepciones y que el plazo se encontraba vencido, cabe
tener en consideración que tal circunstancia no pudo sanear la falta del
requerimiento efectuado de conformidad con la ley, según lo que se ha
razonado en los considerandos precedentes, teniendo en consideración que
la reglamentación correspondiente tiene el carácter de orden público, y que
de conformidad con lo dispuesto en el artículo 52 del Código de
Procedimiento Civil, las resoluciones respectivas y por consiguiente las
notificaciones que se efectuaron por medio de su inclusión en el Estado
Diario, no pueden ser consideradas como válidas, por cuanto había
transcurrido más de seis meses sin que se hubiera dictado resolución alguna
en el proceso, de manera que debía procederse a una nueva notificación
personal o por cédula.
VIGESIMONOVENO: Que por consiguiente, al haber determinado
los sentenciadores del grado que el término que debía ser considerado para
los efectos de resolver si se daban los presupuestos del abandono del
procedimiento, era aquel previsto en el artículo 152 del Código de
Procedimiento Civil -seis meses- y no el que contempla el artículo 153 del
mismo cuerpo legal -tres años- teniendo en consideración para ello que no
se había practicado el requerimiento de pago, no han incurrido en los
errores de derecho en que se ha fundado el presente recurso de casación en
el fondo, motivo por el cual, necesariamente, habrá de ser desestimado.
Por estas consideraciones y de conformidad, además, con lo
dispuesto en los artículos 764, 765, 767 y 805 del Código de Procedimiento
Civil, se rechaza el recurso de casación en el fondo, interpuesto por el
abogado don Pablo Consiglio Fonck, en representación de la parte
23
ejecutante, en lo principal de la presentación fojas 137, en contra de la
sentencia de siete de diciembre de dos mil doce, que se lee a fojas 134,
rectificada por resolución de once de enero de dos mil trece, escrita a fojas
151.
Regístrese y devuélvase con su agregado.
Redacción a cargo del Ministro Sr. Fuentes.
Rol Nº 748-13.
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sres. Nibaldo Segura
P., Guillermo Silva G., Sra. Rosa Maggi D., Sr. Juan Fuentes B. y Abogado Integrante Sr. Jorge
Baraona G.
No firma el Abogado Integrante Sr. Baraona, no obstante haber concurrido a la vista del recurso
y acuerdo del fallo, por estar ausente.
Autorizado por la Ministra de fe de la Corte Suprema.
En Santiago, a doce de noviembre de dos mil trece, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario la
resolución precedente.