Bienvenidos al avance del capítulo 34 de la telenovela La historia de juana
Juana miró a David con preocupación y le confesó que lo que él le proponía le parecía demasiado
fuerte. Aunque David intentaba convencerla de que solo quería ayudarla y, además, reconocer
públicamente que el hijo que ella esperaba era de él, Juana no estaba segura de que eso fuera lo
correcto. David la miró con firmeza y le sugirió que debía pensarlo bien, insistiendo en que, aparte
de reconocer al bebé, también deberían casarse para darle estabilidad al niño. Juana sintió que
todo estaba sucediendo con demasiada rapidez, y le dijo que necesitaba tiempo para procesarlo.
David, sin embargo, trató de tranquilizarla y convencerla de que tomar esa decisión era la mejor
opción, especialmente porque, si se casaban pronto, evitarían que Gabriel intentara reclamar al
hijo. Cada palabra de David hacía que Juana se sintiera más nerviosa y confundida, sin saber
realmente qué camino tomar, mientras la presión iba creciendo en su mente y en su corazón.
Carlos le comentó a Gabriel que Rogelio se había llevado una gran decepción con Camila. Había
esperado que ella apoyara su decisión sin dudar, pero el resultado no fue como él esperaba. Sin
embargo, Gabriel respondió que, al menos, él estaba agradecido con Camila por haber votado a su
favor. Carlos, sin dejar pasar ese detalle, le dijo a Gabriel que probablemente Camila tenía alguna
intención oculta al tomar esa decisión, pues no parecía algo hecho sin un propósito claro. Gabriel
intentó defenderla, explicando que Camila se le había acercado previamente para pedirle su ayuda,
aunque no mencionó más detalles. Pero Carlos no parecía tan convencido y, en su mente, empezó
a sospechar que Rogelio podía estar considerando hacer algo en contra de Camila como respuesta
a lo que él interpretaba como una traición.
Camacho se encontraba siguiendo a Camila, paso a paso, asegurándose de no perderla de vista en
ningún momento. Observaba cada uno de sus movimientos mientras ella salía a conversar con
Remi por un rato. No importaba cuánto se moviera ella o si la conversación parecía intrascendente,
Camacho estaba empeñado en vigilarla detenidamente, atento a cada pequeño detalle para no
perderse de nada.
El detective Castillo se encontraba en la oficina de Gabriel, quien, intrigado, le preguntó cuál era el
motivo de su presencia en la cervecería. Castillo, con su característico tono serio, le respondió que
había venido a buscar a Camila. Sin embargo, Gabriel le informó que Camila ya no estaba allí, que
se había marchado. Castillo, sin perder la compostura, continuó y le dijo que desde España alguien
había accedido recientemente a la cuenta de Francisco. Estas palabras dejaron a Gabriel
completamente desconcertado, ya que no solo le preocupaba la intromisión en la cuenta, sino que
también empezaron a surgirle preguntas sobre quién podría haber estado revisando las redes
sociales de Francisco desde otro país. Además, se preguntó si era el propio Francisco quien había
viajado a España sin avisar. La conversación lo dejó con muchas dudas y, sobre todo, inquieto por el
misterio que rodeaba a Francisco.
Camila viajaba en el camión cervecero junto a Remi, tratando de mantenerse tranquila a pesar de
lo que había dejado atrás. En el trayecto, Remi la miró preocupado y le preguntó cómo había
hecho para escapar de la cervecería sin ser detectada. Le advirtió que, si Rogelio llegaba a
encontrarla, probablemente le haría mucho daño. Remi añadió que también él corría un gran
riesgo al haber cambiado su ruta sin previo aviso, y que esto podría meterlo en serios problemas.
Camila, con un tono de urgencia, le dijo que hiciera lo que él creyera conveniente, pero en ese
momento, Remi se percató de algo alarmante: Camacho los estaba siguiendo muy de cerca.
Intentó maniobrar para perderlo, aunque parecía casi imposible despistarlo. Desesperado, Remi
decidió desviar el camión, pero Camacho continuaba tras ellos, incrementando la tensión de
ambos. La situación se tornó crítica cuando, en un tramo de la carretera, un automóvil se cruzó y
bloqueó el paso de Camacho, quien no pudo frenar a tiempo y terminó chocando. En ese instante,
Remi aceleró y logró escapar con Camila, dejándola con una mezcla de alivio y miedo por lo que
acababa de suceder.
David continuaba manipulando a Juana con palabras persuasivas, insistiéndole en que debían
casarse cuanto antes. Justo en ese momento, Jenny llegó y escuchó parte de la conversación. Sin
dudarlo, intervino para apoyar la idea de David, diciéndole a Juana que lo mejor era aceptar, ya
que de esa forma Gabriel no podría acercarse a ella ni a su futuro hijo. David, satisfecho, decidió
marcharse, mientras Jenny aprovechaba para hablar con Juana a solas. Le sugirió que debía
considerar la propuesta de David, asegurándole que él solo intentaba ayudarla y darle seguridad.
Juana, en respuesta, le explicó que en realidad no estaba buscando tener novio ni establecer una
relación en ese momento. Aun así, su madre la abrazó con fuerza, tratando de brindarle apoyo y
comprensión, esperando que, poco a poco, Juana reconsiderara la idea.
Gabriel seguía sumido en sus pensamientos, recordando cada momento que había compartido con
Juana. Repasaba una y otra vez las conversaciones y situaciones que los habían unido, lamentando
las decisiones que lo alejaron de ella. En medio de sus pensamientos, se dio cuenta de que había
esperado demasiado para sincerarse con Juana y decirle toda la verdad que había ocultado por
tanto tiempo. Justo cuando sus pensamientos llegaban a un punto álgido, recibió una llamada. Al
contestar, escuchó la voz de Amparo, quien le preguntó por qué aún no había llegado a casa.
Gabriel le respondió con voz cansada, lamentando profundamente el accidente que había sufrido
Paula, pero aclarando que no planeaba volver ni a estar con ella. Amparo quedó en silencio, y
Gabriel supo que su decisión sería definitiva: no pensaba regresar a esa vida ni a esa relación.
A la mañana siguiente, Felipe y Enriqueta despertaron juntos después de haber pasado la noche
juntos. Mientras se desperezaba, Felipe notó que tenía varias llamadas perdidas de su madre. Al
instante, recordó que él era el “hombre de la casa” y que Josefina siempre estaba pendiente de él,
lo que le hizo sentir una mezcla de culpa y ternura. Al ver su reacción, Enriqueta comenzó a reírse
y, en tono juguetón, le dijo que ahora tendría que compartir su tiempo entre ella y su madre. Sin
perder el momento, se acercó y le dio una serie de besos, entre risas, hasta que Felipe volvió a
relajarse y disfrutó de estar en ese instante tan especial junto a ella.
Daniela fue a visitar a Juana, curiosa por saber qué había hablado con David. Al ver a su amiga un
poco seria, le preguntó directamente qué le había propuesto. Juana, con una mezcla de sorpresa y
confusión, le confesó que la propuesta de David le parecía una locura. Daniela, intrigada, quiso
saber más y comentó que, en efecto, resultaba insólito que David quisiera reconocer un hijo que
en realidad no era suyo. Juana aclaró que entre ella y David solo había una amistad y que no había
nada más. Sin embargo, Daniela, sin dejar pasar la oportunidad, le preguntó si en el futuro podría
surgir algo más entre ellos, pero Juana negó con un suspiro y sonrió, asegurando que no había
nada de eso entre ellos.
Camila escuchaba uno por uno los mensajes de voz que le había enviado Rogelio, quien la
amenazaba sin piedad. Cada audio era peor que el anterior; Rogelio le advertía que si no aparecía,
la haría pagar y la reduciría a una miseria. En ese momento, su madre salió al escucharla llorando y
se acercó, preocupada. Aunque su madre era ciega, percibió la tristeza en la voz de su hija y, con
cariño, se acercó para abrazarla. Camila, sintiéndose más vulnerable, comenzó a llorar aún más
fuerte y, llorando, le pidió perdón por todo el daño que le había causado tanto a ella como a su
hermano. Su madre, en tono comprensivo, le confesó que le había dolido mucho cuando Camila se
marchó, pero también le aseguró que la perdonaba. Aquel abrazo y las palabras de su madre le
dieron a Camila una mezcla de consuelo y arrepentimiento, que la hicieron sentirse aún más
aliviada y protegida.
Rogelio y Camacho llegaron al apartamento de Camila con la intención de encontrarla, pero para
su frustración, el lugar estaba vacío. Rogelio comenzó a perder la calma, preguntándose en voz alta
dónde podría estar. Desesperado y visiblemente alterado, empezó a recorrer cada rincón,
buscando alguna señal de su paradero, pero Camacho, intentando mantener la serenidad, le
confirmó que Camila no estaba en la casa. Sin embargo, Rogelio, enfurecido, lo miró y le reclamó,
acusándolo de no haberla vigilado bien y dejándola escapar. Le ordenó a Camacho, con tono
amenazante, que no se diera por vencido y la buscara por todos lados, que no volviera hasta
haberla encontrado. Mientras tanto, Rogelio comenzó a revisar las pertenencias de Camila con
meticulosidad, con la esperanza de hallar alguna pista que lo llevara hasta ella. De repente, al
tomar uno de sus bolsos, notó que tenía una prenda roja cuidadosamente envuelta junto con una
foto de Camila abrazada a Gabriel. Al ver esto, Rogelio se llenó de furia; sus ojos parecían brillar de
enojo mientras encendía la foto y la prenda. Sin perder tiempo, llamó a Camacho y le dio una
orden directa: que contactara al Caimán para encargarle un “trabajo especial”. Su objetivo era
claro: quería que le quitaran la vida a Gabriel de inmediato.
Gabriel, con cierta preocupación en el rostro, le preguntó a Claudio acerca del contrato para la
fusión de la empresa con los socios españoles. Quería asegurarse de que no hubiera nada que
pudiera perjudicar la estabilidad de la cervecería, y por eso le insistió en los detalles. Claudio,
queriendo tranquilizarlo, le aseguró que todo estaba en orden y que no había ningún punto en el
acuerdo que pudiera resultar dañino para la empresa; al contrario, el trato parecía ser muy
favorable para su crecimiento. Pero antes de que la conversación terminara, Claudio recordó algo
que le había mencionado David y, mirándolo seriamente, le habló sobre un caso que David había
escuchado: una mujer había sido inseminada por error. Gabriel, intrigado por el relato, se
sorprendió de que David estuviera tan involucrado en intentar arreglar una situación tan
complicada y, en silencio, se preguntó qué tanto podría cambiar la vida de esa persona con todo lo
que David estaba haciendo.
David, sonriente y con un tono de admiración, le comentaba a Rumi que Juana era una genio en
publicidad. Según él, gracias a su creatividad y visión, la cervecería tenía el potencial de convertirse
en la número uno del mercado. Rumi asentía, sorprendido por los elogios de David hacia Juana,
cuando David, de manera inesperada, mencionó que planeaba casarse pronto. La noticia dejó a
Rumi impresionado; era claro que no esperaba que David estuviera pensando en el matrimonio tan
rápido.
Mientras Claudio conversaba con Gabriel, comenzó a contarle algunos detalles de su última charla
con David. Entre otras cosas, le comentó que David le había pedido consejo sobre cómo manejar la
situación de una mujer embarazada. Intrigado, Gabriel le preguntó a Claudio qué le había
recomendado, y Claudio, sin rodeos, le confesó que le sugirió a David que se casara con la joven y
reconociera al hijo que estaba esperando. La expresión de Gabriel cambió en un instante, y con voz
seria, le explicó a Claudio que la joven embarazada no era más que Juana, y que ese hijo, en
realidad, era suyo. Claudio, sorprendido y sin palabras, observó a Gabriel, procesando la
inesperada revelación.
Paula se encontraba abatida, negándose a probar bocado. Su madre, Amparo, la observaba con
Gabriel, aún perturbado por la idea de que David planeaba casarse con Juana, le pidió consejo a
Claudio, preguntándole qué podía hacer para evitar esa boda. Claudio, dispuesto a ayudarlo, le
aseguró que estaba a su disposición para lo que necesitara, y con una sonrisa cómplice, le
mencionó que acababa de tener una idea. Gabriel, intrigado y algo ansioso, miró a Claudio,
esperando ansiosamente que le revelara cuál era ese plan que tanto prometía.
Mientras tanto, Camacho se reunía en un lugar discreto con el Caimán, extendiéndole un sobre
abultado de dinero. Con voz firme y sin rodeos, le explicó que necesitaba que Gabriel muriera esa
misma noche. El Caimán, con su expresión fría e implacable, tomó el dinero y comenzó a planificar
el golpe, trazando cada paso para asegurarse de que no hubiera errores. Para él, aquella noche
sería definitiva: Gabriel no volvería a ver el amanecer.
Por otro lado, Carlos conversaba con Gabriel y le informaba que Claudio había revisado y verificado
cada uno de los documentos de la fusión con la empresa española. Según él, todo estaba en orden.
Sin embargo, Carlos notó que Gabriel lucía inquieto, casi tenso, y no pudo evitar preguntarle qué
sucedía. Gabriel, con un tono algo abatido, le confesó que sentía que David estaba haciendo todo
lo posible para pintarlo como un villano, cuando en realidad sus intenciones no eran tan oscuras.
Añadió que, a pesar de sus intentos, quizás era cierto que a veces actuaba con egoísmo. Carlos,
buscando consolarlo, le aseguró que todos pueden ser egoístas en algún momento. Fue entonces
cuando Gabriel, recordando una vieja amistad, mencionó a Francisco y confesó que temía
convertirse en alguien como él. Reveló que, al parecer, alguien había activado las cuentas de
Francisco desde España, pero hasta el momento no estaban seguros si era realmente él quien
estaba detrás de las publicaciones.
Amparo, enjada, llamó a Rogelio para informarle que Paula había comenzado a recuperar la
memoria y estaba haciendo preguntas sobre Juana. Rogelio, al escuchar esto, respondió con voz
despreocupada, asegurándole que no había de qué preocuparse, pues Paula pronto dejaría de
pensar en Gabriel. La frialdad en sus palabras dejó a Amparo impresionada, mientras colgaba el
teléfono con una sensación inquietante.
Mientras tanto, Carlos y Gabriel continuaban discutiendo sobre quién podría haber activado las
cuentas de Francisco. Carlos, pensando en las recientes traiciones y problemas, mencionó que
cuando Camila había votado en favor de Gabriel, Rogelio había tenido deseos de eliminarla.
Gabriel, sin embargo, se mostraba reacio a aceptar que Rogelio fuera tan traicionero y le pidió a
Carlos que dejara de obsesionarse con esa idea. Carlos, sin perder la paciencia, lo miró a los ojos y
le dijo con seriedad que considerara la posibilidad, pues estaba convencido de que Rogelio tenía
intenciones de destruirlo. Gabriel quedó pensativo, mientras el eco de las palabras de Carlos
resonaba en su mente.
Camacho llegó a la oficina de Rogelio con noticias impactantes. le informó que había encontrado
información sobre Camila. Le reveló que, siendo una niña, Camila había matado a su propio padre,
un hecho oscuro que había quedado enterrado en el pasado. Además, le dio la noticia de que el
Caimán ya había localizado a Gabriel y estaba listo para ejecutar el plan. Al escuchar esto, Rogelio
no pudo disimular su satisfacción; la idea de que Gabriel pronto dejaría de ser una amenaza lo
llenaba de un oscuro alivio. Para Rogelio, era la oportunidad de asegurar su poder sin nadie que lo
estorbara.
Mientras tanto, Gabriel salía de la cervecería, rodeado por sus escoltas y encaminándose a su
vehículo. Subió al auto, sin imaginar que alguien lo vigilaba muy de cerca. A cierta distancia, el
Caimán observaba cada movimiento de Gabriel, atento a cualquier oportunidad para ejecutar su
mortal encargo. Cuando el vehículo arrancó, el Caimán comenzó a seguirlo discretamente, su
mirada fija en su objetivo.
Juana, molesta y desconcertada, le expresó a David lo absurdo que le parecía la idea de casarse.
Para ella, esa propuesta no tenía sentido alguno, menos aún si la razón era proteger a su hijo.
David, sin embargo, intentó hacerle ver que lo proponía únicamente desde una posición de apoyo
como amigo, asegurándole que no buscaba nada más que su bienestar. Insistió en que, si se
casaban, eso le ayudaría a ella a mantener la custodia de su hijo y evitar que Gabriel intentara
alejarlo de ella. Pero Juana, firme en su postura, le respondió que no quería utilizar el matrimonio
para jugar con los derechos de Gabriel como padre. David, viéndose frustrado, le sugirió que
esperaran a ver qué opinaba el abogado sobre el asunto, tratando de ganar terreno. Aun así, Juana
no dio su brazo a torcer, reiterando que no quería hacer nada que alejara a Gabriel de su hijo, pues
sentía que sería injusto. Al ver que no la convencía, David intentó cambiar de estrategia y empezó a
decirle que sería mejor para ella y para su hijo alejar a Gabriel de sus vidas. Juana, manteniendo la
calma, le dejó en claro que, por encima de todo, tomaría la decisión que realmente fuera la mejor
para su hijo, sin hacer a un lado los lazos familiares que él también tenía derecho a tener.
Mientras tanto, el Caimán se encontraba en su auto, observando atentamente a Gabriel desde una
distancia considerable. Tenía una misión clara y no estaba dispuesto a dejar que nada se
interpusiera en su camino: iba a aprovechar cualquier oportunidad para dispararle a Gabriel y
cumplir su encargo, sin importar las consecuencias. En cuanto Gabriel descendió de su vehículo, el
Caimán sintió que había llegado su momento. Con calma y precisión, sacó su arma del asiento del
copiloto, y con mucho cuidado intentó apuntar hacia Gabriel desde su posición en el auto. Sin
embargo, cuando estaba a punto de apretar el gatillo, se dio cuenta de que aún estaba demasiado
lejos como para hacer un disparo certero. Frustrado por la distancia, bajó el arma lentamente,
consciente de que tendría que esperar otra oportunidad. A pesar de sus deseos de ejecutar el plan
cuanto antes, comprendía que un error en ese momento podría costarle mucho, así que decidió
mantenerse en alerta, observando cada movimiento de Gabriel, esperando que la ocasión perfecta
finalmente se presentara.
David y Juana se encontraban en una elegante sala de reuniones, ansiosos y algo tensos, mientras
esperaban la llegada de Claudio para comenzar a discutir los temas que les preocupaban. David
miraba de vez en cuando su reloj, impaciente, mientras Juana, aunque intentaba mantenerse
tranquila, no podía evitar pensar en todo lo que se estaba jugando. Pero, en medio de esa espera,
sucedió algo inesperado: Gabriel apareció en la puerta y entró a la sala, tomando a Juana por
sorpresa. Ella se quedó sin aliento, completamente impactada al verlo ahí, mientras que David,
desconcertado, no encontró palabras para expresar su sorpresa. Ambos no tenían idea de que
Gabriel había sido incluido en la reunión, y su presencia cambió por completo el ambiente. La
tensión aumentó notablemente, y los tres se miraron en silencio, sin saber exactamente cómo
iniciar aquella reunión, ahora que Gabriel estaba allí, tan cerca, con una mirada que lo decía todo.