Ciencia al Viento 20 (noviembre 2017) 5
La noción de vida en la biología contemporánea1
Introducción
La pregunta “¿qué es la vida?” ha sido un rompecabezas para biólogos,
físicos, teólogos, poetas y en general para cualquier ser humano; es uno
de los problemas científicos y filosóficos por excelencia y a los cuales,
en la mayoría de los casos, se unen las concepciones religiosas en la
búsqueda de una visión del universo, una visión del mundo y una visión
del hombre. De la forma como el hombre ha respondido a esta pregunta
construye su forma de sentir y de entender la vida (de respetarla o de-
gradarla, de exaltarla o de humillarla). De las preguntas centrales de la
ciencia sobre: el universo, las especies, la humanidad y la conciencia,
todas tienen que ver con el problema del origen de la vida.
¿Qué es la vida?, es una de las preguntas más difíciles que se le pue-
den formular a un ser humano, y se presenta mucha dificultad cuando
se trata de explicar, de conceptualizar, de verbalizar y definir. En la
mayoría de los textos biológicos que tratan el problema se encuentran
frases como: “la vida no existe como tal, nadie la ha visto”, “la vida
no existe, no hay más que seres vivos”, “la vida es imposible aislarla
o concebirla en abstracto”, “pedir una definición de vida es pedir algo
acerca de lo cual no se llega a ningún acuerdo satisfactorio”, “se puede
1 Ensayo publicado originalmente en la revista Javeriana, 17:557, Agosto de1989.
Autorizado por su autor.
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caracterizar la vida, mas no definirla”, “se pueden establecer las leyes
de la vida, pero no se debe esperar del biólogo alguna respuesta acerca
de la íntima esencia de la vida”, “la vida es un axioma, un dato primor-
dial que debe ser simplemente aceptado, no explicado”.
Actualmente la pregunta qué es la vida ya ni siquiera se formula, anda
perdida en el lenguaje, en la falta de tiempo, en el papeleo de las ofi-
cinas, en la retórica inútil, en los discursos a los vivos y a los muertos,
en los símbolos e ideologías, en los afanes de la vida ausente. Casi
nadie tiene tiempo para reflexionar sobre la vida, porque nadie quiere
empezar a ver el ejemplo más cercano: su propia vida.
Los físicos en sus expresiones utilizan frases como: “la vida de una
estrella”, “la vida media de un átomo”. Los místicos y poetas hablan
de “la vida del espíritu” y de la “vida interior”. La palabra vida la uti-
lizamos con múltiples significados para expresar la existencia de un
fenómeno, de un proceso, de una relación en un estado cambiante. En
algunas definiciones se habla de la vida como de un conjunto de fenó-
menos, una acomodación continua de relaciones, un conjunto de fun-
ciones, una organización, una actividad especial, una manera de ser,
un estado de cosas. Pero ante todo la palabra vida está cargada de un
profundo misterio cuyo origen se encuentra en la explicación de nues-
tra propia vida y su sentido; porque el concepto vida es uno de esos
conceptos intuitivos, inexpresables, que están en nuestra experiencia
directa, y el mayor de nuestros afanes es dar razón de todo desde no-
sotros mismos, dar razón de la vida desde nuestra vida; de explicar el
misterio desde el misterio. Sólo hablamos de lo que podemos entender
y por consiguiente asimilamos nuestra vida a la vida de los demás se-
res vivientes. Asimilamos nuestra vida mental y nuestra vida orgánica
a la vida que está fuera de nosotros. Todos tenemos la experiencia de
la vida y su negación: la experiencia de la muerte, la eterna dualidad
entre lo viviente y lo no viviente, entre lo orgánico y lo inorgánico,
entre la vida y la no-vida. Intuimos algo de la vida de los demás seres
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humanos, porque nacemos y morimos de la misma forma; pero, cuan-
do reflexionamos sobre la vida de las plantas y animales quedamos
abismados por su significado y buscamos algo que nos conecte a ellos.
¿Qué tiene que ver esa vida con la nuestra? ¿Qué significado tiene esa
vida que no es consciencia y qué significado tiene nuestra conciencia
en relación a esa vida? Esa angustia de saberse distinto a otras vidas la
expresa bellamente el poeta de Praga Rainer María Rilke así:
“A solas con una persona difunta no queda uno, ni lejanamente, tan des-
amparado como entre los árboles. Porque, por muy misteriosa que sea la
muerte, más misteriosa es aún la vida que no es nuestra vida”.
Esa vida, que no es nuestra vida, es a la vez misterio y conocimiento
y lo único que refleja es la dualidad de la condición humana; entre un
mundo interior lleno de preguntas sobre el universo y la totalidad, y un
mundo exterior lleno de fenómenos y teorías que tratan de explicarlos.
Es la dualidad entre la razón y la sensibilidad.
La biología contemporánea está absorta en especialidades, en un pe-
dazo de organismo y sus funciones, en un conjunto de biomoléculas,
o en un grupo de especies con sus estructuras y nombres científicos; la
biología es el estudio de la vida; pero la vida se nos ha perdido en el
bios fraccionado de las especialidades; y ahora más que nunca -en esta
época de la cultura de la muerte, de la destrucción, del arrasamiento de
toda vida- se nos exigen categorías con las cuales podemos contribuir
a la defensa de la vida, a construir conceptos cargados de significado
que sirvan para superar la degradación e irrespeto por la vida. Catego-
rías nacidas de la razón y la sensibilidad que den una nueva visión al
hombre del significado de la vida como una totalidad.
La biología se ha tornado una ciencia de moda por los avances espec-
taculares de la biología molecular y por la crisis del medio ambiente.
Hemos entrado en nuevos paradigmas y nos encontramos al borde de
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un abismo. Así como la física reconoció el abismo de la destrucción
con la bomba atómica, así, la biología está conociendo el abismo con
las guerras biológicas y las manipulaciones genéticas y cerebrales.
Si a un biólogo molecular le preguntamos: ¿Qué es la vida? Posible-
mente no nos responda, pero si le preguntamos: ¿qué caracteriza un
organismo o un sistema viviente?, nos hablará de un ciclo de materia,
un flujo de energía y un flujo de información. Un ecólogo que define
su ciencia como la “biología de los ecosistemas” nos hablará de un
ciclo de materia, un flujo de energía y un flujo de organización. Se
nos explicaría así los sistemas vivientes en términos de moléculas e
individuos que son capaces de autoduplicarse o reproducirse; de mo-
léculas con enlaces ricos en energía, de fotosíntesis y niveles tróficos;
de las relaciones entre entropía e información, y de los mecanismos de
evolución por selección natural desde las biomoléculas al hombre y de
los individuos a los ecosistemas.
Pero todos sabemos que la vida es más que eso, y que nos falta explicar:
el sentido de la vida, su finalidad, su belleza, su totalidad, el misterio de
la muerte y sobre todo el fenómeno humano: la vida que es consciente
de la vida, la vida que quiere hacerse uno con la totalidad de la vida.
¿Cómo puede la biología contemporánea contribuir a la reflexión de
la vida? Jacques Monod (1984) ha dicho que la biología es la más
significativa de todas las ciencias, porque la ambición última de la
ciencia entera es fundamentalmente dilucidar la relación del hombre
con el universo. ¿Hasta qué punto la biología ha hecho sus aportes en
este esfuerzo? La biología solo puede contribuir desde el nivel de sus
apreciaciones sobre la naturaleza del fenómeno vital. “La biología ha
perdido hoy muchas de sus ilusiones, no busca ya la verdad, construye
la suya”, “actualmente ya no se interroga a la vida en los laboratorios,
no se busca abarcar su ámbito, sino solamente analizar sistemas vi-
vientes, sus estructuras, sus formas, su historia” (Jacob, 1986).