Mi amado Bizcocho,
Quiero comenzar agradeciéndote por la gracia de permitirme rozar tu
vida, aunque sea como una estrella fugaz. Como te he confesado
antes, aunque sea en susurros temblorosos, estoy infinitamente más
cerca de adorarte que de no hacerlo. "Te amdoro", con cada fibra de
mi ser.
Adoro cada instante que hemos tejido juntos, cada melodía de risa
compartida, cada secreto desvelado en la penumbra cómplice de la
noche. Amo la esencia misma de tu ser, la ternura que emana de
cada uno de tus poros, la manera en que me mimas con esos gestos
únicos, grabados a fuego en mi alma. Me embriaga haber encontrado
un alma gemela que vibra al unísono con mis pasiones y aversiones,
una conexión tan profunda que parece haber sido forjada en el crisol
de las constelaciones.
Sé que el tiempo que hemos compartido ha sido un suspiro en la
inmensidad del universo, pero te juro, por lo más sagrado que hay en
mí, que me haces sentir tan intensamente viva. Tal vez todo ha
acontecido con la vertiginosa velocidad de un cometa, pero no me
arrepiento ni un poco de haberme entregado por completo a este
sentimiento torrencial que inunda cada rincón de mi corazón. Eres el
antídoto contra las sombras de mi pasado; no soportaré jamás
fallarte, porque eres la luz radiante que ha devuelto el brillo a mi
mirada.
Anhelo estar a tu lado incluso en los momentos más sombríos,
cuando tus alas se sientan demasiado pesadas y necesites
desesperadamente un refugio seguro. No me importa si hay días en
los que la sonrisa se niega a florecer en tus labios o si prefieres
refugiarte en el silencio; prometo ser ese santuario donde no
necesites máscaras. Deseo fervientemente explorar cada rincón de tu
ser, contemplarte en todas tus facetas y estados de ánimo. Cuando
las tormentas de la vida se desaten con furia, quiero ser la primera en
levantarme a tu lado, hacer tuyas tus heridas y encontrar juntos la
sanación en el abrazo mutuo.
¿Cómo puedo transmitir la certeza inquebrantable de que te elegí
hace tiempo? Sé que la perfección es un mito y que la vida a menudo
nos presenta desafíos implacables. Pero es precisamente en esos
instantes de adversidad donde anhelo estar: a tu lado, como un faro
en la tempestad.
Sin embargo, la cruel realidad me obliga a enmascarar mis
verdaderos sentimientos. Cuando tu presencia ilumina cualquier
rincón, debo fingir indiferencia, apretando mis manos hasta el punto
de sentir el dolor punzante de mis uñas clavándose en mis palmas,
todo para contener esta dulce agonía de no poder ser lo que mi
corazón suplica. Tengo que aparentar que no te pienso, que no
orquesto mi día para coincidir contigo como si fuera una mera
casualidad. Debe parecer que no eres el epicentro de mi universo,
aunque en la intimidad de mi alma, lo seas absolutamente.
A veces, mis dedos tiemblan al querer escribirte un simple "te
extraño", sin segundas intenciones ni expectativas ocultas; solo
quiero que sepas que te echo de menos con cada latido de mi
corazón. Así es como transitamos este laberinto de emociones: con
nuestras manos anhelándose en la distancia, dejando que nuestras
vidas fluyan por senderos paralelos, condenados a no converger.
Comprendo que tal vez este no es nuestro momento predestinado,
pero aún así, te extraño con una intensidad desgarradora. ¡Me he
vuelto adicta a una persona a la que solo puedo contemplar en
secreto, como un tesoro prohibido!
Como dijo Mario Benedetti: "Si hago cosas por ti, no es para que me
quieras; es porque te quiero". No sé si esto es un sueño febril o una
locura sublime, pero entre mis anhelos más profundos yace la
ferviente esperanza de tenerte a mi lado, no a hurtadillas, sino de una
manera en la que pueda amarte sin el yugo del miedo.
Quiero compartir contigo la amarga frustración de tener que morder
mis propias palabras, de tener que silenciar el torrente de emociones
que clama por ser liberado. Por primera vez en mi vida, ansío gritarle
al mundo la palabra "amor", pero me veo obligada a mantenerla
prisionera en la jaula de mi garganta.
Si alguna vez me preguntan qué fuimos tú y yo, responderé con la
melancolía pintada en el alma que fuimos las inmensas ganas de
serlo todo el uno para el otro, aunque al final, la cruel ironía del
destino nos relegó a no ser nada. Pues cometí el imperdonable error
de enamorarme perdidamente de un amor que nunca me perteneció.
Y sé, con la certeza de un oráculo, que si te miro una vez más a los
ojos, volveré a caer rendida a tus pies, enamorándome mil vidas más
de ti.
Pero también me amo lo suficiente como para no languidecer
añorando lo imposible, para no permitir que la llama de la esperanza
me consuma hasta las cenizas. Tu presencia junto a otra persona
despierta en mí un sentimiento de culpa corrosivo, como si estuviera
traicionando un juramento sagrado.
Por eso el "trato", perdóname desde lo más profundo de mi ser por
haberte infligido dolor, mi única intención era evitar un sufrimiento
aún mayor en el futuro. No sé si eres consciente de cuánto te
"amdoro", te has convertido en una parte irremplazable de mi vida, te
extraño con una intensidad que me roba el aliento. Esta situación me
sume en una tristeza tan profunda que las lágrimas brotan sin previo
aviso, como un río desbordado. Me duele en el alma haber tenido que
tomar esta decisión drástica, pero necesito que comprendas que, si
no lo hago, mi sufrimiento posterior será infinitamente mayor, porque
ha llegado el momento de admitir que me enamoré de un hombre
que no puede corresponderme, que incluso si llegara a amarlo con
locura, es probable que él no me ame de la misma manera. Prefiero
enfrentar la tristeza ahora y no ser destrozada irremediablemente
después.
El "trato" no fue motivado por una falta de amor, sino por el deseo de
no amar sin ser amada, de no entregar mi corazón a un abismo sin
fondo.
Si algún día las estrellas se alinean a nuestro favor y decides darnos
una oportunidad, si el destino te libera de tus ataduras, búscame;
estaré aquí, aguardando pacientemente tu llegada.
Te dejo este recuerdo como un testimonio tangible de nuestro efímero
pero intenso romance: cada vez que lo contemples, espero que mi
imagen evoque en ti una experiencia hermosa, un oasis en el desierto
de la vida. Y si te lo preguntas, sigues siendo tú el dueño de mis
pensamientos, el protagonista de mis sueños... ¡ah! Y mis suspiros
aún llevan grabado a fuego tu nombre.
Jamás permitas que el tiempo o la distancia diluyan la certeza de que
te has convertido en una persona sumamente importante en mi vida.
Gracias por mostrarme la maravillosa persona que eres: tierno,
consentido, complaciente, amable, bondadoso... Me quedo corta al
intentar describir la grandeza de tu ser.
Gracias infinitas por todo.
P.D. Por favor, no me odies, quiero que sigas siendo mi amigo