RESUMEN PARA EL PARCIAL FINAL DE IDEAS
JURÍDICO- POLÍTICAS EN LA CONSTRUCCIÓN
DEL ORDEN MODERNO
El siguiente resumen se ha hecho extrayendo información de los libros de los
autores abordados, así como también de materiales complementarios
proporcionados por docente, apuntes de clase, indagación de páginas de la web,
apuntes de años anteriores, etc.
Temas:
● El Príncipe de Nicolás Maquiavelo.
● El Leviatán de Thomas Hobbes.
● El segundo tratado del gobierno civil de John Locke.
● Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los
hombres y El contrato social de Rousseau.
● El Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels. Contribución a la
crítica de la economía política de Marx.
EL PRÍNCIPE- NICOLÁS MAQUIAVELO
(1469- 1527)
VIDA Y OBRA DEL AUTOR:
Nicolás Maquiavelo nació el 3 de mayo del año 1469
en San Casciano in Val di Pesa, a unos quince
kilómetros de Florencia, Italia; y falleció el 21 de junio
del año 1527, en Florencia, Italia.
Hijo de un abogado perteneciente a una antigua
familia en otros tiempos influyente pero luego
empobrecida. Su madre también provenía de familia
culta y con orígenes nobiliarios, pero con pocos
recursos económicos.
Maquiavelo fue un canciller, funcionario, filósofo
político y escritor italiano. Es considerado padre de la
Ciencia Política Moderna, así como también se lo
reconoce como un gran defensor de la República.
Cuando se encontraba en el cargo de canciller, los
Médici lo expulsan de dicho cargo, así como también lo torturan y ahí es cuando
este escribe “El Príncipe”.
Este autor observó las fortalezas y debilidades acerca de las repúblicas, al igual que
también comprendió cómo funcionaban las relaciones internacionales. Observó lo
que ocurría en Italia (diferentes Estados, Repúblicas, Principados y Monarquías que
buscaban alianzas con otros Estados como España y Francia- Estados en
conflicto-). El mismo ve cómo se maneja el gobernante en Francia (de manera
exitosa) y comprende lo que le hace falta a Florencia para ser perfecta, es, entre
esas cosas: militares.
En Roma conoce a Borgia (hijo del papa, que obtiene el poder por medio de la
fortuna) y observa que el mismo cumple el papel de cómo sería el príncipe o cómo
debería actuar, reconociendo en él las características de un buen líder.
CONTEXTO HISTÓRICO :
Ubicamos al autor en el contexto del Renacimiento. La vigencia de estos ideales
permite explicar cómo Maquiavelo fue designado a una edad relativamente
temprana para un puesto de considerable responsabilidad en la administración de la
República. La familia del autor estrechaba relaciones con algunos de los más
destacados círculos humanistas- eruditos de la ciudad.
ASPECTOS GENERALES DEL RENACIMIENTO. (DICHOS ASPECTOS SE VERÁN
PLASMADOS EN LA PRESENTE OBRA)
El hombre comienza a ser protagonista de su mundo, de todo lo que ocurre. Pero,
pese a esto, Dios sigue importando y ocupando un lugar importante; aunque no
tanto como antes.
El hombre es protagonista de su belleza, arte, cultura, etc. Explica todo lo que ocurre
(conoce y averigua cómo funciona el mundo y protagoniza la historia). Dios
comienza a dejar de ser el centro de las explicaciones, y la religión pasa a ser
personal, individual.
El proceso de secularización separa la explicación religiosa de la explicación
jurídica.
Entra el capitalismo- junto con el individualismo-.
Cada uno busca sus propios beneficios para consigo, se preocupan por ellos,
enriquecerse a sí mismos (intereses individuales y mejoras económicas).
Comienza la valoración del hombre, es este quien decide; el trabajo, el esfuerzo, la
capacidad, el raciocinio es la clave para el desarrollo de estrategias para que el
hombre crezca individualmente.
PUNTOS A TENER EN CUENTA:
1- Clasificación de las formas de gobierno:
Las formas de gobierno que se encuentran son repúblicas o principados.
Los principados son hereditarios o nuevos (completamente nuevos o mixtos).
2- Realismo político y empirista:
El realismo político es algo que se debe de considerar y tener en cuenta si es que un
príncipe quiere mantenerse en el poder. Este debe aparentar no ser bueno. La
cuestión es que, a veces, cuanto más bueno es, hace que todo sea más flexible y
las personas puedan hacer todo lo que quieran; pero tiene que ser cruel, poner
límites, debe ser justo y duro, porque si así lo es, las personas le van a temer, y
también van a temer el castigo que este pueda darles.
Si no tiene ciertas cualidades, no puede sobrevivir como príncipe.
Debe aparentar cinco cualidades: compasión, lealtad, religión, humanidad,
clemencia.
BREVE ACOTACIÓN QUE ENMARCA TODA LA OBRA PARA TENER EN CUENTA
En su obra "El Príncipe", Nicolás Maquiavelo trata sobre teoría política. Este tiene
como objeto intentar analizar los principados, desde su esencia hasta los tipos.
Asimismo, hace especial énfasis en cómo un príncipe puede mantenerse en el poder
y cómo evitar perderlo. También expone formas de conquista de nuevos
principados.
Plantea que el dominio se produce por la fuerza; el poder, el más fuerte es el que
triunfa.
Es decir, los principados son creaciones de la fuerza; pero como él dice, el deseo de
adquirir es algo natural, y teniendo los medios necesarios es algo digno de admirar.
El tener suficiente fuerza es lo que nos mantiene en el poder o quien nos da más;
nos aporta el pensamiento de que la guerra, las instituciones y sus reglas es lo único
que le debe de interesar al príncipe, pues siendo este su oficio, se puede mantener,
y los que nacieron particulares pueden llegar a ser príncipes.
Conocer el arte de la guerra es conocer el modo de llegar al poder.
Propone entonces cuatro maneras de adquirir, a las que corresponden cuatro
maneras de conservar o de perder el poder: por la virtú, la fortuna, por sus propias
armas, y por las armas de otro.
1- Los que llegan a príncipes por su propia virtú y por sus propias armas van a
conocer muchos problemas y dificultades, para sentarse en el trono, pero una vez
sentados va a ser muy difícil que sean destronados; lo más difícil del comienzo, es el
establecer las nuevas instituciones. El problema es que, los que estaban en las
instituciones antiguas ya no se van a poder beneficiar, van a buscar la forma de
causar un conflicto, y nuestros defensores van a ser muy tibios, porque tienen miedo
de los antiguos, que van a pelear con todo el espíritu de partido, mientras que
nuestros aliados se van a defender flojamente. He aquí donde el príncipe tiene que
demostrar un gran poder de coacción y una fuerza singular, para que se logre el
éxito de tan dificultosa estructura; a los aliados hay que llenarlos de confianza, y
cuando el príncipe logre esto, cuando se apoye en la fuerza, y consiga atravesar
estos obstáculos, entonces será venerado, y permanecerán poderosos, tranquilos,
honrados y felices.
2- Los principados nuevos conseguidos con las armas de otro, es fácil llegar al
poder, pero difícil conservarlo, ellos dependen mucho de su voluntad, y de la fortuna.
A menos que el príncipe servido por la fortuna, sepa prepararse sobre la marcha
para conservar lo que la fortuna puso en sus manos.
El príncipe es llevado al poder, por los grandes o por el pueblo. El que llega al
principado con la ayuda de los grandes se mantiene con más dificultades al
momento de gobernar; que si llega al principado por medio del pueblo. Es decir, si el
príncipe llega al poder con la ayuda del pueblo no tiene a nadie que le reclame
recompensas, puesto que todos los que tiene a su alrededor están dispuestos a
obedecer y son todos iguales entre sí.
Con este libro, Maquiavelo intenta explicar cómo funciona el poder y qué
requisitos son los necesarios para que un príncipe pueda llegar al trono,
establecerse y cumplir. El príncipe debe saber luchar, debe ser malo, mentiroso y
debe estar dispuesto a sacrificar lo "éticamente correcto" para lograr su objetivo. Un
príncipe con características buenas tiende más a perder su Estado que quien se
hace de una imagen poderosa.
Por otra parte, con el fin de que un Estado sea fuerte, este tiene que estar bien
conformado. Para esto es necesario "buenas leyes y buenas armas". Estas son las
principales bases. El término "buenas armas" hace alusión al pueblo. El Príncipe
debe contar con el apoyo del mismo para fortalecer su estatuto y posición política.
A lo largo de la obra, el autor refleja su postura con respecto al accionar de los
hombres, haciendo evidente que sostiene que estas deben ser juzgadas por los
resultados, no por los medios empleados para lograrlos.
Reiterando la imagen del príncipe, lo mencionado previamente no significa que deba
ser odiado, pues si este es odiado no va a tener el respaldo popular. Maquiavelo
sugiere que "es más seguro ser temido que amado". Sin embargo, este sostiene que
es posible, y se debe lograr para que la postura del príncipe sea fortalecida, "ser
temido, pero no odiado"
TEMÁTICAS ABORDADAS EN CLASE
Maquiavelo introduce el término “Estado” por primera vez en sentido moderno.
Este era un lector ferviente de la Antigua Roma. El mismo sostenía que la historia
era una maestra de vida y pasa por la voluntad externa de Dios.
Este autor va a negar el concepto de hombre como bueno y sin maldad; por lo que
va a sostener que el hombre es malo.
Estructura de El Príncipe:
I) Dedicatoria.
II) Capítulo I al capítulo XIV- armas.
III) Capítulo XV- XXV- características de un príncipe virtuoso.
IV) Capítulo XXVI- expresa cómo las cosas deberían ser.
NOS CENTRAMOS EN LA OBRA
Dedicatoria: la principal preocupación de Maquiavelo, era, naturalmente, dejar claro
ante los Médici que él era un hombre digno de un cargo. Este insiste en la
dedicatoria que “para discernir claramente” la naturaleza de un príncipe, el
observador no debe ser el mismo príncipe, sino “alguien del pueblo”. Hace énfasis
en “la amplia experiencia en los recientes asuntos” que ha adquirido a lo largo de
“muchos años” y a través de “muchas inquietudes y peligros”. Este conocimiento
está a la altura de los recursos del príncipe y es digno de un obsequio. Esto era así
porque en aquel momento a los príncipes y reyes se les otorgaban grandes
presentes (como caballos, piedras preciosas- es decir, objetos materiales-) que eran
o muy difíciles de conseguir o que su costo era realmente elevado, con el fin de que
se sintieran especiales. Por esto Maquiavelo recalca que ha buscado un obsequio
que se encuentre a la altura de su Magnificencia pero que por otro lado, señala con
orgullo el dominio teórico que del gobierno ha adquirido al mismo tiempo a través de
la “continua lectura” de las antiguas escrituras.
SÍNTESIS DE CAPÍTULOS GENERALES
Maquiavelo ofrece de manera muy esquematizada un análisis de los distintos tipos
de principados y los medios “para adquirirlo y mantenerlo”. En el capítulo primero
comienza diciendo que todos los dominios son “repúblicas o principados”. Se
interesará en este último.
Pero cabe destacar que esta no era la única forma de catalogar a los principados, ya
que existían también, en una minoría, los principados mixtos (capítulo III).
Centrándose en los principados de nueva creación, distingue ahora los “totalmente
nuevos” de aquellos que “son como miembros unidos a la condición hereditaria
(ejemplo del Imperio Turco) del príncipe que los conquista”.
A Maquiavelo le fascinan los “principados completamente nuevos”.
Ya que estos, manifiestan que son bien adquiridos y mantenidos “por medio de las
propias armas y de la propia virtú”, o “por medio de las fuerzas de otro o gracias a la
Fortuna”.
Afirma que aquellos que han conseguido el poder a través de “su propia virtú y no a
través de la Fortuna” han sido “los gobernantes más admirables”, y pone como
ejemplos a “Moisés,Ciro, Rómulo, Teseo y otros como ellos”. Pero no puede poner
ningún ejemplo italiano de la actualidad (con la posible excepción de Francesco
Sforza- que llegó por la virtú).
Se centra en el caso de los principados adquiridos gracias a la Fortuna y con la
ayuda de armas extranjeras. Aquí, por contraste, encuentra a la moderna Italia llena
de ejemplos, siendo el más instructivo el de César Borgia, quien “adquirió su
posición gracias a la Fortuna de su padre”, y cuya carrera es “digna de imitación por
parte de todos aquellos” que han llegado a ser príncipes “debido a la Fortuna y por
medio de las fuerzas de otro”.
Debemos aclarar que la Fortuna y la Virtú (conseguir el poder y mantenerlo) no son
concepciones aisladas, sino que funcionan conjuntamente, por lo que se necesitan
una de la otra.
¿Qué pensaba Maquiavelo de la fortuna?
Básicamente nos decía que si dependemos de la fortuna para elevarnos, estamos
expuestos a caer de la “manera más trágica” cuando se vuelva contra nosotros,
como es casi seguro que sucederá.
En ese marco histórico se pensaba en la fortuna como una diosa, mujer que se
sentía ante todo atraída por el vir, el hombre de verdadera hombría. “La Fortuna
gusta de seguir incluso de servir a la virtud, y generalmente sonríe a aquellos que
muestran tenerla”.
Para Maquiavelo “la fortuna es una mujer”, por lo que se siente atraída por las
cualidades viriles. Ve con auténtica posibilidad el hacerse uno mismo aliado de la
Fortuna aprendiendo a obrar en armonía con sus poderes, neutralizando su variable
naturaleza y saliendo triunfador en todos los asuntos propios.
¿Qué pensaba este autor de las armas?
Armas: rechazar ejércitos y aplicarse los propios “prefieran perder con sus propios
soldados que vencer con los otros”.
“Dejar de confiar en la Fortuna y en las armas extranjeras, llegar a tener soldados
propios y construirse en un único señor de sus tropas.” Un príncipe que quiera
escalar las más altas cimas de la gloria, debe cultivar las cualidades propias del
gobierno principesco.
En el capítulo VII nos habla de gobernar en función del temor, menciona el caso del
terror caótico, como promotor del orden.
Vemos el caso del asesinato en la plaza pública a Ramiro Lorqua, quien antes había
hecho uso de la violencia de forma desconciderada para intentar imponer la
pacificidad; pero Borgia, ante estos actos de violencia y el desacato a sus órdenes,
se venga del mismo y a la vez calma al pueblo, mostrándoles que se hizo venganza.
Muestra que solo él puede usar la violencia y controlarla.
Vemos aquí que hay buenos y malos usos de la violencia.
Porque como Maquiavelo dice, el uso de la violencia debe ser utilizado para
controlar al pueblo, más no para generar terror, ya que si se lleva a un extremo la
disconformidad del pueblo puede llegar a que la corona fuera arrebatada del
príncipe.
Más adelante nos habla del equilibrio que debe realizar el príncipe para que el
pueblo se encuentre conforme, generar ese equilibrio entre ser temido y ser amado.
¿Qué nos dice de la virtú? ¿Cómo tiene que actuar un príncipe? ¿Cuáles son
las cualidades que debe tener un príncipe?
Tiene que aparentar la bondad.
Debe mostrar algo que no es, debe estar sometido a controlarse a sí mismo.
Virtudes: ser generoso, misericordioso y veraz. Aparentar cinco cualidades:
compasión, lealtad, religión, humanidad, clemencia.
“Practicar todas aquellas cosas por las que los hombres se consideran buenos”. Se
debe mostrar como malo, aunque debe aparentar ser bueno. Es mejor ser temido
que odiado.
Debe de evitar el odio del pueblo y al mismo tiempo mantenerlo en temor, a la vez
que debe aparentar ser bueno, puesto que puede alimentar sed de venganza en su
pueblo.
Ser temido, pero no odiado. “Llegar a ser un gran disimulador”, aprendiendo a
confundir las cabezas de los hombres. No le debe de importar si lo llaman cruel.
El príncipe debe de obrar como dos animales: zorra y león.
Cuánto más astuto es, menos va a utilizar la fuerza. Los hombres muy a menudo se
dejan engañar.
Cualquier gobernante que quiera alcanzar sus más nobles propósitos “debe
animarse a seguir los dictados de la virtud” en todos sus actos públicos. Virtud “es la
cosa más espléndida del mundo”.
Pero también debemos destacar que el príncipe tiene un listado de virtudes
cardenales que debe aprender para poder ser bueno en el cargo:
-Prudencia
-Justicia
-Fortaleza
-Templanza.
Todo esto genera que los buenos cristianos se vean obligados a perdonar y que a su
vez, confíen en la bondad humana.
Además de las virtudes que debe tener, tiene que tener 5 cualidades fundamentales:
1-Lealtad.
2-Integridad.
3-Religión.
4-Compasión.
5-Humanidad.
Pero no todo esto era lo que realmente sucedía en los principados, ya que el
príncipe debe aprender a guardar sus apariencias, debido a que en el medio político
se encontrará rodeado de personas malas y es en ese lugar en el que debe
aparentar crueldad para ser respetado y así mantener al Estado.
Para Maquiavelo los príncipes pierden sus Estados porque no son virtuosos.
Maquiavelo comprende la Virtud como el conjunto de cualidades capaces de hacer
frente a los vaivenes de la Fortuna, de atraer el favor de la diosa y remontarse en
consecuencia a las alturas de la fama principesca, logrando honor y gloria para sí
mismo y seguridad para su propio gobierno.
Si se quiere alcanzar el honor y la gloria, hay que comportarse de la manera más
virtuosa.
El hombre puede alcanzar dicha virtud de dos formas:
1- En algunos casos podemos llegar a ver como los hombres nacen con una virtud
que pocos pueden llegar a alcanzar, pero este no es el caso de todos los grandes
hombres a los cuales Maquiavelo hace referencia.
2- La virtud puede ser aprendida, o mejor dicho, la virtud puede ser cultivada. Ya que
es algo muy necesario para que la fortuna también pueda desarrollarse.
No debemos olvidar que la fortuna y la virtud están unidas, ya que sin virtud no hay
fortuna y sin la ocasión de la fortuna no hay virtud.
Esto se ve reflejado en una parte de su obra:
“Estas ocasiones, por tanto, hicieron afortunados a estos hombres, y a su vez las
excelentes capacidades de estos hombres les permitieron reconocer las ocasiones,
con lo que sus patrias se ennoblecieron y devinieron prósperas” (Maquiavelo- El
príncipe 1532)
Debemos hablar sobre el concepto erróneo que se tiene sobre Maquiavelo, ya que
cuando solemos pensar en él la frase que aparece en nuestra mente es: “El fin
justifica los medios”
Y esto no está del todo alejado de lo que Maquiavelo nos plantea, puesto que en su
obra nos habla de que hay un fin en particular que justifica todos los medios que
sean tomados para alcanzarlo, y este era el Estado.
Ya que para Maquiavelo el príncipe debía tomar las medidas necesarias para que
esta forma de gobierno no fuera destruida nunca.
Este fin nos demuestra que el príncipe a pesar de tener un gran poder está
controlado por el hecho de mantener dicha estructura bajo todas las circunstancias
que puedan llegar a suceder.
Capítulos que debemos de tomar en cuenta, leerlos bien:
Dedicatoria.
Capítulo I.
Capítulo III- habla de los principados mixtos.
Capítulo VI- escalar posiciones hasta convertirse en príncipe.
Capítulo VII- gobernar en función del temor.
Capítulo VIII- hombres que llegaron al poder por la virtú.
Capítulo XI- habla de los estados papales.
Capítulo XV en adelante- habla de las cosas como realmente son y no desde lo
ideal.
Capítulo XVII- es mejor ser temido que odiado.
Capítulo XX- armar súbditos.
Capítulo XXI- cuidado con quién se alía el príncipe.
Capítulo XXIV- habla de príncipes italianos que no han sido poderosos.
INFORMACIÓN EXTRAÍDA Y MODIFICADA DE LA OBRA MISMA Y DE
MATERIALES COMPLEMENTARIOS
¿Qué se entiende por Fortuna?
Antes de Maquiavelo, cuando se hablaba de la Fortuna, se establecía que se le
debía de temer a la misma, adjudicando la siguiente expresión para referirse a ello
“temer a la diosa”. Se le debía temer incluso cuando se presentara como portadora
de favores. Si se dependía de esta para elevarse, se estaba expuesto a caer “de la
manera más trágica”. Esto último cuando se volviese contra nosotros, como es casi
seguro que sucedería al fin.
Se describía a la fortuna como una buena diosa y como un aliado potencial del que
bien vale la pena atraer la atención.
La razón para procurar su amistad es, naturalmente, que ella dispone de los bienes
de Fortuna, que todos los hombres se supone que desean. Bienes que son descritos
de diversas maneras: “los honores, riquezas e influencia”, “la gloria, el honor, el
poder”. Lo más grande de la Fortuna era, para la concepción que se tenía, el honor
y la gloria que la acompañaban.
Luego se había empezado a cambiar la noción. Se afirmaba que aunque la Fortuna
es una diosa, también es una mujer; y puesto que es una mujer, se siente ante todo
atraída por el vir, el hombre de verdadera hombría.
La Fortuna generalmente, para la nueva idea que se tenía, le sonreía a aquellos que
mostraban tenerla.
Maquiavelo, dejaría sentado que “la Fortuna es una mujer” y, en consecuencia, es
fácilmente atraída por las cualidades viriles. Así ve como una auténtica posibilidad el
hacerse uno mismo aliado de la Fortuna aprendiendo a obrar en armonía con sus
poderes, neutralizando su variable naturaleza y saliendo triunfador de los asuntos
propios. Arguye que la Fortuna puede realmente experimentar un perverso placer al
ser tratada con rudeza. No solamente sostiene que, porque es mujer, es “necesario,
para mantenerla sometida, pegarle y maltratarla”, añade que “con más frecuencia
permite ser dominada por hombres que usan tales métodos que por quienes
proceden fríamente”.
¿Qué es la virtú?
● Conjunto de cualidades capaces de hacer frente a los vaivenes de la Fortuna,
de atraer el favor de la diosa y remontarse en consecuencia a las alturas de la
fama principesca, logrando honor y gloria para sí mismo y seguridad para su
propio gobierno.
● Virtú es el nombre de aquel conjunto de cualidades que hacen capaz a un
príncipe de aliarse con la Fortuna y obtener honor, gloria y fama.
Obra
Antes de adentrarnos en la obra, debemos de considerar el contexto enmarcado,
puesto que es de vital importancia para el desarrollo del majestuoso escrito, pues sin
él, no hubiese surgido la inspiración. Para aquel entonces tenemos que los Médici
volvieron a entrar a la ciudad de Maquiavelo luego de una ausencia de ochenta
años, y unas semanas más tarde la república fue disuelta. Ante esto, la suerte de
Maquiavelo se vino abajo junto a la del régimen repúblicano. Fue relevado de su
puesto de cancillería (el siete de noviembre de 1512). En febrero del año 1513 llegó
el peor de los golpes para el autor abordado. Cayó, por error, en sospecha de haber
fomado parte en una alborotada conspiración contra el nuevo gobierno de los
Médici, y después de haber sido sometido a tortura se lo condenó a la cárcel y a la
paga de una fuerte suma. Luego de este hecho se le otorga una amnistía y es
puesto en libertad.
Maquiavelo comienza El Príncipe con una dedicatoria, en la cual establece que
para ganarse a un príncipe, con frecuencia les son otorgados a este grandes
obsequios dignos de su majestad, objetos tales como: caballos, armas, paños
recamados en oro, piedras preciosas y adornos semejantes dignos de su grandeza.
En cambio él, lo que tiene para ofrecerle es el conocimiento de las acciones de los
grandes hombres aprendido mediante una larga experiencia de los hechos
modernos y una continua lectura acerca de los antiguos, que tras haber examinado y
meditado consideradamente y largamente, y resumido le ofrece a Vuestra
Magnificencia. Recalca, a su vez, que lo que ahí está plasmado es tal cual, es decir
que presenta las cosas tal cual son.
Con esto vemos que, la principal preocupación de Maquiavelo era, naturalmente,
dejar claro ante los Médici que él era un hombre digno de un cargo, un experto al
que sería insensato omitir. Insiste en su dedicatoria en que “para discernir
claramente” la naturaleza de un príncipe, el observador no debe ser el mismo
príncipe, sino “uno del pueblo”.1 Hace, asimismo, hincapié en “la amplia experiencia
en los recientes asuntos” que ha adquirido a lo largo de “muchos años” y a través de
“muchas inquietudes y peligros”. Y señala con orgullo el dominio teórico que del
gobierno ha adquirido al mismo tiempo a través de la “continua lectura” de las
antiguas historias.
Luego de la dedicatoria, se adentra de lleno en el tema que compete: el
esquematizado análisis de los tipos de principados y los medios “para adquirirlo y
mantenerlo”.
Establece que todos los Estados han sido y son repúblicas o principados. En cuanto
a la república, ya había escrito un libro, por lo que sería redundante que se
adentrara en la misma; por lo que se centra e interesa exclusivamente en los
últimos, tema que es de importancia también para la Magnificencia.
Los principados son hereditarios (unidos a la condición hereditaria del príncipe que
los conquista) o nuevos. Los nuevos o lo son del todo (como fue Milán para
1
Veamos dicha cita tal cual: “al igual que quienes dibujan el paisaje se sitúan en la llanura para
calibrar la naturaleza de los montes y de los lugares elevados, y sobre los montes para calibrar la del
llano, del mismo modo es menester ser príncipe para conocer a fondo la naturaleza de los pueblos,
pero ser del pueblo para conocer a fondo a la de los príncipes”.
Francesco Sforza) o son como miembros añadidos al Estado hereditario del príncipe
que los adquiere (como el reino de Nápoles para el rey de España).
Los principados se adquieren: con las armas de otros o con las propias; así como
también por medio de la virtud o por medio de la fortuna.
A Maquiavelo le fascina más que ningún otro: los principados completamente
nuevos.
Los nuevos principados, reiteramos, son o bien adquiridos y mantenidos “por medio
de las propias armas y de la propia virtú”, o bien “por medio de las fuerzas de otro o
gracia de la Fortuna”.
Afirma que aquellos que han conseguido el poder a través de “su propia virtú y no a
través de la fortuna” han sido “los gobernantes más admirables”, y pone como
ejemplos a “Moisés, Ciro, Rómulo, Teseo y otros como aquellos”; pero no puede
poner ningún ejemplo italiano de la actualidad (con la posible excepción de
Francisco Sforza). Se centra en el caso de los principados adquiridos gracias a la
Fortuna y con la ayuda de las armas extranjeras. Aquí, por contraste, encuentra a la
moderna Italia llena de ejemplos, siendo el más destacable el de César Borgia,
quien “adquirió su posición gracias a la Fortuna de su padre” y cuya carrera es
“digna de admiración por parte de todos aquellos” que han llegado a ser príncipes
“debido a la Fortuna y por medio de las fuerzas de otro”.
En cuanto los Estados hereditarios y hechos de linaje del príncipe, las dificultades
para conservarlos son bastantes menores que en los nuevos, pues basta con no
abolir el orden de sus antepasados y además con adaptarse a las circunstancias.
Las dificultades se dan, en cambio, en los principados nuevos. Y si no son del todo
nuevo, sino una especie de miembro de otro, pudiéndose el conjunto casi llamar
principado mixto, los cambios derivan, en principio, de una dificultad natural,
presente en todos los principados nuevos, a saber: los hombres cambian de buen
grado de señor con la esperanza de mejorar, lo que les hace tomar las armas contra
él; más se engañan, al constatar luego por experiencia su empeoramiento. Es por
esto que aconseja que siempre es mejor requerir el apoyo de los naturales del lugar
para introducirse a él. Pone de ejemplo a Luis XII de Francia que ocupó Milán “en un
suspiro y en un suspiro lo perdió”. Le habían abierto las puertas, pero luego se
desengañaron y no pudieron soportar la carga de un nuevo príncipe.
Afirma que los Estados que, conquistados, se añaden al que los conquista, o son del
mismo ámbito geográfico y tienen idéntica lengua, o no. Si lo son, resulta
sumamente fácil conservarlos, de no ser así resulta más complejo. También
resultaría conveniente ante estos casos, no modificar ni sus leyes ni sus tributos.
Al adquirir Estados en un territorio que es diverso por su lengua, sus costumbres y
sus instituciones, hace que cuando surjan contrariedades, y se requiera de la gran
fortuna y habilidad para conservarlos.
Aconseja que cuando se trata de los nuevos, es aconsejable que se vaya a vivir a
dicha área adquirida.
Cuando un pueblo se acostumbró a sus leyes y aparece otro:
Los Estados ocupados están habituados a vivir de acuerdo a sus leyes y en libertad,
si se les quiere conservar se dispone de tres modos: uno, desbaratarlos; otro, ir a
vivir en persona; en tercer lugar, dejarlos vivir según sus leyes, gravándolos con una
renta.
Principados nuevos:
Afirma que en los principados completamente nuevos, siendo nuevo también el
príncipe, las dificultades para conservarlos a los mismos dependen de que sea más
o menos virtuoso aquel que los adquiere. Y como ese hecho de convertirse de
particular en príncipe presupone virtud o fortuna, parece que la una o la otra mitigan
parte de las muchas dificultades. Vemos con esto los roles cruciales que juegan la
virtú y la fortuna, así como vemos que funcionan conjuntamente. Como ejemplos de
quienes se convirtieron en príncipes por la virtud, tenemos: Moisés, Ciro, Rómulo,
Teseo. Quienes, semejantes a estos, por caminos virtuosos se convierten en
príncipes, adquieren el principado con dificultades, pero lo conservan fácilmente.
Luego pone de ejemplo a Hierón de Siracusa, un simple particular que terminó
siendo príncipe de su ciudad. Este no conoció de la fortuna más que la ocasión. Los
siracusanos lo eligieron. Después el mismo eliminó la antigua malicia, estableció otra
nueva; abandonó antiguas alianzas e hizo nuevas; y cuando dispuso de alianzas y
soldados suyos, pudo sobre tales cimientos elevar cualquier edificio, al punto de que
lo que le costó gran esfuerzo conseguir, con poco lo pudo mantener.
Quienes solo mediante la fortuna de simples particulares llegan a ser príncipes, sin
apenas esfuerzo llegan, pero con mucho se mantienen.
Se llega a ser príncipe por la virtú o por la fortuna, como dijimos. Ante esto, pone de
ejemplos a Francesco Sforza y a César Borgia. Francesco, con los medios
apropiados y merced a su gran virtud, llegó a convenirse de particular en duque de
Milán, conservando sin apenas esfuerzo lo que con tantas penalidades había
llegado a adquirir. Por otro lado, César Borgia, adquirió el Estado gracias a la
fortuna de su padre, y lo perdió con ella.
El duque no dependió ni de las armas ni de la fortuna ajena.
Con lo que respecta al uso de la violencia para mantenerse en el poder, vemos el
ejemplo de Ramiro de Lorqua, quien hacía un uso exacerbado de la misma y a
César Borgia esto no le gustó, por lo que cuando se le presentó la ocasión, lo hizo
llevar una mañana a la plaza partido en dos, con un trozo de madera y un cuchillo
ensangrentado al lado. Este espectáculo tan feroz provocó en aquellos pueblos
satisfacción y estupor un tiempo. Con esto, demostraba que solo él (es decir, César)
podía aplicar la violencia. Dicho acontecimiento generó satisfacción y admiración,
dado que de esta manera liberaba al pueblo de la violencia. Borgia también con tal
acontecimiento impuso temor.
Comenta, también, que se convierten en príncipes en otros dos modos no atribuibles
del todo ni a la fortuna ni a la virtud. Dichos modos son: o cuando se accede al
principado en modo criminal y nefando, o cuando un ciudadano particular se
convierte en príncipe de su patria con el favor de sus demás conciudadanos.
En el primer caso pone de ejemplo a Agatocles, quien se convirtió en temible para
sus vecinos, dado que utilizaba la crueldad sin descuento. Con esto tenemos que
hacía un mal uso de la misma.
Con respecto al segundo caso, el de un ciudadano particular que se convierte en
príncipe de su patria no mediante ni violencia, sino a través del favor de sus
conciudadanos; cabría denominarse principado civil. Llegar hasta él no requiere
solamente virtud y fortuna, sino más bien una astucia afortunada. Se accede o
mediante el favor del pueblo o mediante el favor de los notables, pues en toda
ciudad se hallan estos dos humores contrapuestos. Surge de que el pueblo desea
que los notables no le dominen ni le opriman, mientras los notables desean dominar
y oprimir al pueblo; de esos dos apetitos contrapuestos emerge en la ciudad una de
estas tres consecuencias: el principado, la libertad o la licencia.
El que llega al principado con el apoyo de los notables se mantiene con mayor
dificultad que el que accede apoyándose en el pueblo.
Luego de esto, afirma que es menester a un príncipe mantener al pueblo de su lado,
pues si no, carecerá de todo auxilio en la adversidad.
En lo que refiere a los principados eclesiásticos, se conquistan por virtud o por
fortuna, más sin la una ni la otra se mantienen.
Los fundamentos de todos los Estados son: las buenas leyes y las buenas armas.
No puede haber buenas leyes donde no hay buenas armas; y donde hay buenas
armas, las leyes son por cierto buenas. Establece que un buen príncipe, debe dejar
de confiar en la Fortuna y en las armas extranjeras, por lo que debe llegar a tener
soldados propios y construirse en un único señor de sus tropas.
Cuando habla de las armas, sostiene que son: propias, mercenarias, auxiliares o
mixtas. Las mercenarias y auxiliares son inútiles y peligrosas, y si alguien mantiene
su Estado apoyándose en tropas mercenarias, jamás se hallará estable ni seguro.
Esto se debe más que nada a que depende de armas externas, es decir que no se
vale de las suyas. Ante estos casos, corre el peligro de que otro pague más por las
armas y se le declaren en su contra, así como también corre el peligro de quedar
dependiente de otros debido a la ayuda proporcionada.
La armas auxiliares son, según el autor, también inútiles, las hay cuando se llama a
un potentado para que acuda con sus armas en la ayuda y defensa, como hizo el
papa Julio, quien, tras constatar la penosa experiencia de las tropas mercenarias en
la empresa de Ferrara, recurrió a las auxiliares, acordando con Fernando, rey de
España, que este lo ayudara con sus hombres y ejércitos. Dichas tropas pueden ser
útiles y buenas en sí mismas, pero para quien las solicita son casi siempre
nocivas, pues una derrota te hunde, una victoria te hace su prisionero. En este
sentido, es mejor perder con las armas propias que ganar con las de otro. Las armas
propias son las compuestas por súbditos, ciudadanos o por siervos propios, todas
las demás son mercenarias o auxiliares.
Características de un príncipe virtuoso:
Cualquier gobernante que quiera alcanzar sus más nobles propósitos “debe
animarse a seguir los dictados de la virtú” en todos los actos públicos. Virtú “es la
cosa más espléndida del mundo”, más espléndida incluso que el sol, porque “los
ciegos no pueden ver el sol”; mientras que “sí pueden ver la virtú con su máxima
claridad”.
Cuando Maquiavelo habla de las características que debe presentar un príncipe
virtuoso, se ostenta de ir directamente a la verdad objetiva de los hechos, más que a
su imaginaria representación. Con esto tenemos que dice las cosas como son.
Para que un príncipe se quiera mantener, necesita aprender a no ser bueno.
Sostiene que, a menudo, en las opiniones que se tiene de los mismos, se puede
encontrar con las siguientes: tacaños, liberales, desprendidos, rapaces, crueles,
traidores, leales, clementes, afeminados, pusilánimes, fieros, valerosos, humanos,
soberbios, lascivos, castos, íntegros, desleales, rígidos, flexibles, graves, frívolos,
devotos, incrédulos, etc. Todos van a tener opiniones acerca del príncipe, algunas
las cuales pueden distar y otras no. Lo cierto es que al príncipe no le debe preocupar
lo que se diga de él.
Prosiguiendo hacia las demás propiedades antedichas, afirma que todo príncipe
debe desear que se lo tenga por clemente y no por cruel, si bien debe estar atento a
no hacer mal uso de dicha clemencia.
Es mucho más seguro ser temido que amado cuando se ha de prescindir de una de
las dos. Porque de los hombres cabe en general decir que son ingratos, volubles,
falsos, cobardes y codiciosos; y que mientras los tratas bien son todo tuyos, te
ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, y cuando no los necesites; pero
cuando es así, se dan media vuelta.
Volviendo a Io de ser temido y amado, concluye que, puesto que los hombres aman
por voluntad propia, y temen por voluntad del príncipe, un príncipe prudente debe
fundarse en lo que es suyo, y no en Io que es de otros. Debe únicamente
ingeniárselas en evitar el odio, dado que el amor no es tan crucial ni le debe de
importar al príncipe.
¿Cómo deben mantener la palabra?
Hay dos modalidades de combate: con las leyes, uno; con la fuerza, el otro. La
primera es propia del hombre, la segunda, de las bestias; más al no ser a menudo
suficiente la primera, es menester recurrir a la segunda.
El príncipe debe hacer un buen uso de la bestia, secundando a la zorra y al león. Un
ferocísimo león (fuerza) y una astutísima zorra (engaño). Requiere ser zorra para
reconocer las trampas y león para amedrentar a los lobos.
Además, el príncipe debe ser un gran simulador y disimulador. El príncipe necesita
recordar solamente que, no es necesario poseer todas las cualidades generalmente
consideradas como buenas, es “muy necesario aparentar tenerlas”. Bueno es que
se le considere generoso; es sensato el parecer misericordioso y no cruel; es
esencial en general ser “considerado como persona de grandes méritos”. La
solución consiste en llegar a ser “un gran simulador y un gran disimulador”,
aprendiendo “a confundir las cabezas de los hombres con patrañas” y hacer que
crean en los engaños.
Así pues, un príncipe no tiene por qué poseer todas las propiedades antedichas,
pero sí es del todo necesario que parezca poseerlas. Debe aparentar ser clemente,
leal, humano, íntegro, devoto y serlo; pero puede convertirse en lo contrario. Para
mantener un Estado, debe obrar contra la lealtad, contra la compasión, contra la
humanidad, contra la religión.
Cuando se le ve o se le oye, todo clemencia, todo lealtad, todo integridad, todo
religión. Siendo esta última la que más de todas debe aparentar tener, pues los
hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, pues ver es de
todos, mientras que tocar es de pocos.
Por tanto, un príncipe debe tratar de vencer y conservar el Estado: los medios
siempre serán juzgados honrosos y encomiados por todos, pues el vulgo siempre se
deja llevar por la apariencia y el resultado final de las cosas, y en el mundo no hay
más que vulgo, careciendo los pocos de sitio donde la mayoría tiene donde
apoyarse.
El príncipe debe cuidarse, de evitar todo aquello que genere odio y desprecio.
También establece que el príncipe debe de tomar consejos.
EL LEVIATÁN- THOMAS HOBBES (1588- 1679)
VIDA Y OBRA DEL AUTOR:
Thomas Hobbes nació el 5 de abril del año 1588 en Westport,
una pequeña aldea junto a Malmesbury, Reino Unido; y falleció
el 4 de diciembre de 1679 en Derbyshire, Reino Unido.
Su tío paterno, un acomodado guantero, se hizo cargo de sus
sobrinos y proporcionó a Hobbes la posibilidad de estudiar en
Oxford. Aquí entra en contacto con la filosofía escolástica de
raíz aristotélica y se entretiene leyendo libros de viajes y cartas
geográficas.
A Hobbes le interesarían, entre tantas cosas, la matemática
(principalmente la geometría) y las nuevas ciencias naturales.
Veremos luego que adoptaría un método muy peculiar a su filosofía, inspirado
también en las áreas de conocimiento externas que le eran de su interés.
Se vinculó con grandes intelectuales de la época, tales como: Galileo, Gasendi,
Descartes, entre otros más.
Durante estos fructíferos intercambios intelectuales se gesta ya el primer esbozo de
su sistema de pensamiento. Se trata del diseño de una trilogía filosófica: De corpore,
donde plasmó la idea de que todos los fenómenos físicos son explicables a través
del principio fundamental del movimiento; De homine, donde puso de manifiesto las
facultades y apetitos del hombre como encarnación del principio del movimiento en
la naturaleza humana; y, finalmente, De cive, donde se estudian las implicaciones de
los análisis anteriores sobre el gobierno civil y la organización social.
En la influencia de su obra De cive de 1647, encontramos los preocupantes
acontecimientos políticos y sociales de su país, los cuales lo condujeron a centrarse
más en la filosofía política:
“El país estaba hirviendo con cuestiones relativas a los derechos de dominación, y a
la obediencia debida por parte de los súbditos, las verdaderas precursoras de una
guerra que se avecinaba”.
El Leviatán, obra la cual nos compete, estaba dirigido fundamentalmente a
destinatarios ingleses con la clara intención de solventar de una vez por todas, no ya
solo sus inquietudes filosófico-políticas, sino su misma postura ante los
acontecimientos de su país. Fue editado en Inglaterra en 1651, en pleno período
republicano, y conteniendo una legitimación implícita del nuevo orden.
En dicha obra presupone que solo le es debida la obediencia al soberano en tanto
en cuanto sea capaz de garantizar efectivamente la seguridad de sus súbditos, algo
que, en verdad, no parecía estar al alcance de un rey en el exilio. Si a esto añadimos
los furibundos ataques que el Leviatán dirige contra las argumentaciones teológicas
y, en particular, a la Iglesia católica, es fácil imaginar la reacción de rechazo por
parte de los clérigos del entorno del Rey y, sobre todo, de las propias autoridades
eclesiásticas.
CONTEXTUALIZACIÓN GENERAL
Durante los noventa y un años de la vida de Hobbes Inglaterra vivió uno de los
períodos más cruciales de su historia moderna, destacándose los procesos
decisivos que luego construirían la fuente de su identidad política.
Hobbes nace un par de meses antes de la derrota de la Armada española, que
supuso el afianzamiento de una Inglaterra protestante e independiente, y durante la
época en la que este país consigue al fin asentarse como Estado moderno tras
superar las fracturas creadas por las disputas feudales y los enfrentamientos con el
papado. Su infancia transcurre así durante el período álgido del absolutismo
progresista isabelino, que pronto dará paso, tras el establecimiento de la dinastía
Tudor (1603), a una época de creciente conflictividad social y política. Entre 1640,
año de la convocatoria del “Parlamento Corto” y del primer enfrentamiento frontal de
esta institución con la Corona, hasta 1660, año de la restauración monárquica de
Carlos II, discurre el período de guerra o guerras civiles, de las que el autor
trabajado va a ser un testigo de excepción.
Luego se va a gestar una “Gran Rebelión”, producto de una larga y fiera disputa
constitucional entre el Parlamento y la Corona. A ello hay que añadir un complejo
trasfondo de intereses económicos y, sobre todo, la pervivencia del problema
religioso. No solo en lo que se refiere a la relación entre el poder espiritual y político,
sino a la misma naturaleza de la tolerancia religiosa. Las creencias religiosas fueron
un factor decisivo a la hora de optar por uno u otro bando en la guerra civil.
MÉTODO CIENTÍFICO Y ESTUDIO DE LA POLÍTICA
Al igual que Maquiavelo, Hobbes es considerado uno de los padres fundadores de la
ciencia política moderna.
A Hobbes, se le reconoce por haber intentado fundamentar el estudio de la filosofía
política en el nuevo método mecanicista de la ciencia natural moderna. Desarrolla
una teoría política apoyada en determinados presupuestos éticos derivados de la
tradición del derecho natural cristiano.
Vemos con este autor el tránsito hacia el nuevo paradigma metodológico que él
introduce no implica una renuncia total y drástica a muchos de los supuestos del
paradigma convencional y, en segundo lugar, que su reflexión política posee una
ambiciosa dimensión de tipo retórico que no es fácil de ajustar a su proyecto
filosófico general, y no sale a la luz sino tras una cuidadosa contrastación con los
elementos contextuales.
Primero: en aplicación del método resolutivo- compositivo, el análisis se centra
sobre el hombre y los principios que le gobiernan. A partir de estos se engarzará
toda la cadena causal hasta llegar al Estado. Se trata fundamentalmente de una
teoría de las pasiones, la razón y el “poder” en tanto que atributo humano.
Segundo: la anterior descripción de la naturaleza humana debe cumplir la función
de ilustrar a las personas sobre las consecuencias de imaginar un estado o
situación sin el sometimiento a leyes firmes y eficaces. Así se introduce la ficción
del estado de naturaleza, destinado a resaltar las consecuencias desestabilizadoras
y destructivas de los rasgos “inmutables” de la naturaleza humana.
Tercero: Hobbes nos presenta ahora las leyes de la naturaleza en tanto que
“artículos de la paz”. Son los preceptos de racionalidad moral que nos dictan
“aquellos deberes que es preciso cumplir con respecto a los otros en orden a
garantizar la propia supervivencia”. Imponen, pues, el sometimiento racional y
consciente de los hombres a determinadas pautas de cooperación social. Sirven de
coto y disciplinamiento de ese “derecho a todo” de que gozan en el estado de
naturaleza, mostrándoles las pautas que han de seguir para evitar caer en toda
amenaza a la paz social.
Cuarto: la convicción de que, dada la naturaleza humana, no existe ninguna
seguridad de que las personas se sometan a las leyes de la naturaleza, lleva a
Hobbes a presentar al Estado o Leviatán como la institución necesaria para
resolver el problema humano de la convivencia y el orden social. El poder del
soberano debe completar ahora lo que los seres humanos son incapaces de
conseguir por sí mismos. Como luego veremos, solo un Estado que satisfaga
determinadas condiciones y ejerza determinados derechos estará capacitado para
llevar a cabo esta tarea.
TEORÍA DEL HOMBRE
El movimiento específico presente en el ser humano reside en su intento por
conservar su vitalidad a través de un impulso dialéctico de atracción y repulsión.
Sería algo similar al principio de la inercia que venía desarrollando Galileo (toda
materia dejada por sí misma tiende a mantener el estado de movimiento o de
reposo en que se encuentra). Los deseos o “apetitos” son las respuestas a
estímulos placenteros que nos suscita un determinado objeto, cuando este nos
produce la reacción contraria estamos ante un impulso de “aversión” o rechazo.
EL ESTADO DE NATURALEZA
El estado de naturaleza es una mera ficción o situación hipotética, dirigida a sacar
a la luz lo que quizá no era algo latente. Este estado de naturaleza establecía
cómo se van desarrollando las formas de organización social y política.
Recordemos algunas características de la naturaleza humana que nos inclinan a
caer en tal situación. Está, en primer lugar, el egoísmo del hombre, su impulso por
dotar de prioridad a todo lo que contribuya a satisfacer su autoconservación,
seguridad y vida confortable; no posee un deseo original de fomentar su asociación
con otras personas, ni ningún otro sentimiento de simpatía natural hacia sus
semejantes, aunque esto no tiene por qué presuponer que seamos maliciosos, que
deseemos el sufrimiento ajeno por sí mismo. El vínculo social deriva esencialmente
de los beneficios que nos reporta, no de un imperativo natural. De otro lado, esta
asociación nos predispone a dejarnos guiar por el orgullo y la vanagloria que hacen
a las personas sentirse por encima de los demás y son irracionales. En suma, los
deseos y necesidades humanas son de una naturaleza tal que, unidos a la escasez
de medios para satisfacerlos, necesariamente las colocan en una situación de
competencia permanente. A ello hay que añadir que los hombres son lo
suficientemente iguales en dotes naturales y facultades mentales como para que
nadie pueda escapar a la hostilidad de los demás;
“aun el más débil tiene fuerza suficiente para matar al más fuerte, ya mediante
maquinaciones secretas, o agrupado con otros que se ven en el mismo peligro que
él”.
El aspecto más sobresaliente de la igualdad humana reside entonces en la
correlativa exposición al riesgo de perder la vida.
A partir de estos supuestos, la argumentación que conduce del estado de naturaleza
al estado de guerra sigue el siguiente escalonamiento lógico: la igualdad (de dotes
naturales y facultades mentales) conduce a una igualdad en la esperanza de
obtener nuestros fines; esta igualdad en las esperanzas (dada la escasez de
medios) sitúa a las personas en una situación de competencia generalizada y las
convierte en enemigos potenciales; esta competencia (ante la falta de certeza
respecto de las pretensiones de los demás) las estratagemas que pudieran estar
urdiendo con otros en nuestra contra siembra la desconfianza; esta desconfianza, a
su vez, potenciada por la posibilidad de que otros se dejen arrastrar por su ambición
y deseo de gloria, y de que ningún pacto sea capaz de dotarnos de la suficiente
seguridad, les lleva a la convicción de que una actividad predatoria es quizá más
rentable que la propia actividad productiva, y que bajo circunstancias favorables un
ataque anticipatorio permite gozar de una mayor seguridad, siempre relativa.
Cuando este estado de cosas se generaliza y todos se encuentran por igual en esta
situación latente o expresa de conflicto generalizado, estamos ya en pleno estado de
guerra.
“Y la vida de cada hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”.
OBLIGACIÓN MORAL Y LEY NATURAL
En Hobbes encontramos el concepto de “ley natural”.
Consiste en un precepto o regla general encontrada por la razón, por la cual se
prohíbe al hombre hacer aquello que sea destructivo para su vida o le arrebate los
medios para preservarla.
Las leyes naturales, de las que Hobbes nos ofrecerá unas dieciocho o diecinueve,
son, por tanto, “artículos de la paz”, y como tales imponen el sometimiento racional y
consciente de los hombres a ciertas pautas de cooperación social. En principio,
pues, estas pautas racionales nos conminan a abandonar el despecho natural que
en el estado de naturaleza tenemos todos a todo, el derecho a usar de nuestro
propio poder como nos plazca. No hay que olvidar que en el estado de naturaleza,
aunque inseguros y cargados de temores, somos libres de aplicar todos los medios
a nuestro alcance para satisfacer nuestro impulso de autoconservación.
Entre las leyes de la naturaleza que Hobbes nos irá presentando solo nos interesa
detenernos en las tres primeras, que son las que nos van a dar la clave de su
contrato social.
La primera de ellas define el fin o la obligación principal.
Las otras dos se encargan de poner los medios para que este fin principal pueda ser
llevado a cabo. La segunda ley establece e impone que cada cual debe estar
dispuesto, cuando los otros lo estén también, a “no hacer uso de su derecho a todo,
y a contentarse con tanta libertad en su relación con los otros hombres como la que
él permitiría a los otros en su trato con él”. Esta transferencia mutua de sus
derechos “es lo que los hombres llaman contrato”.
Cuando a través suyo se obligan moralmente a respetar lo acordado estamos ya en
presencia de la tercera ley de la naturaleza (“que los hombres deben cumplir los
convenios que han hecho. Sin esta ley los convenios se hacen en vano y sólo son
palabras vacías”). En general, todas las leyes de la naturaleza serían derivaciones
de la máxima contenida en la regla de oro “no hagas a otro lo que no quieras que te
hagan a ti”.
“Tiene que haber un poder coercitivo. que obligue a todos los hombres por igual al
cumplimiento de sus convenios, por terror a algún castigo que sea mayor que los
beneficios que esperarían obtener del infringimiento de su acuerdo”.
Esa realidad política, esa instancia de poder que haga efectivas las leyes de la
naturaleza será, obviamente, el Estado.
EL PODER DEL LEVIATÁN
La institucionalización del Estado responde a la voluntad de cada uno de los
individuos de entrar en un pacto que sigue la siguiente formulación: “Autorizo y
concedo el derecho de gobernarme a mí mismo, dando esa autoridad a este hombre
o a esta asamblea de hombres, con la condición de que tú también le concedas tu
derecho de igual manera, y les des esa autoridad en todas sus acciones”.
El Leviatán, se trata del monstruo marino del que nos habla la Biblia en el Libro
de Job. Con ello se quiere hacer referencia tanto a la desmesura de su poder
cuanto a una de las finalidades básicas que debe cumplir: obligar “por el terror
que ese poder y esa fuerza producen” a que se mantenga la paz interna y se
genere la ayuda mutua contra los enemigos de fuera. Pero su naturaleza no es la
de un ser animado; es ante todo un automaton o máquina, un artificio creado o
producido por el hombre, el cual responde a un diseño racional.
CONTRACTUALISMO
Comprende todas aquellas teorías políticas que ven el origen de la sociedad y el
fundamento del poder político en un contrato, es decir en un acuerdo tácito o
expreso entre varios individuos, acuerdo que significaría el fin de un estado de
naturaleza y el inicio del estado social y político. Esta corriente floreció en Europa
entre el inicio del siglo XVII y el fin del siglo XVIII. Tiene sus máximos
representantes: B. Spinoza (1632-1677), J. Locke (1632-1704), J. Rousseau
(1712-1778), I. Kant (1724-1804).
Es necesario hacer una distinción analítica entre tres distintos posibles niveles de
discurso: están aquellos que opinan que el paso del estado de naturaleza al
estado de sociedad es un hecho histórico realmente acontecido, es decir que
están dominados por el problema antropológico del origen del hombre civil; otros,
en cambio, hacen del estado de naturaleza una mera hipótesis lógica, con el fin
de crear la idea racional y jurídica de estado, del estado como debe ser, y de dar
así un fundamento a la obligación política en el consenso expreso o tácito de los
individuos de una autoridad que los representa y los encarna; otros, finalmente,
prescindiendo por completo del problema antropológico del origen del hombre civil
y del problema filosófico y jurídico del estado racional, ven en el contrato un
instrumento de acción política para imponer límites a quien detenta el poder.
APUNTES DE CLASE:
Con este autor nos introducimos en lo que es el contractualismo. ¿Qué es el
contractualismo? Se trata de una corriente moderna de Filosofía Política y del
Derecho, por tanto, es una doctrina filosófico- jurídica, la cual sostiene que la
sociedad y el Estado nacen de un pacto (conocido como "contrato social"). Ese
pacto lo establecen los individuos que comienzan a ser parte de la sociedad,
dirigida por el Estado. Y es a través de dicho trato, que se acepta una limitación
de las libertades a cambio de que las leyes garanticen la perpetuación y ciertas
ventajas del cuerpo social.
El contractualismo considera que puede pensarse en un estado anterior a
la institución de la sociedad civil y al Estado. A ese estado previo, se le denomina
"estado de naturaleza", y en este los hombres llevaban una existencia individual sin
ninguna conciencia de grupo, los hombres vivían separados, sin organización
política y social. Y es por algún motivo, que los hombres deciden unirse, formar una
comunidad con autoridades, constituir un "contrato social", es decir, un pacto de
unión entre ellos, con el cual dan origen a la "sociedad civil", y, según algunos
autores, un segundo pacto de sumisión, con el que dan forma al Estado.
En lo que respecta al contexto, nos encontramos a la Inglaterra del 1600 en
adelante, por lo que se ve enmarcada por la Revolución Inglesa y una monarquía
parlamentaria.
Hobbes vive el proceso de la Guerra Civil en Inglaterra.
Tanto la Guerra Civil como la Revolución Inglesa, tuvieron una gran influencia en la
burguesía, clase impulsora de dichos acontecimientos. También el contexto histórico
se ve influenciado por el Renacimiento inglés.
Si nos adentramos en la Inglaterra en la que vivió Hobbes, podemos decir a grandes
rasgos que predominaba el absolutismo en dicho país, el cual atemorizaba al pueblo
con impuestos. Esto último afectaría a la burguesía y a la nobleza inferior.
Cabe agregar que, la alta nobleza no pagaba impuestos.
El parlamento era un comité, es decir, un conjunto de personas: burguesía y
nobleza, la cual asesoraba al rey.
Había muchas divisiones religiosas. Divisiones sociales y religiosas. Políticas.
Se establecía en esa época que cada hombre podía ser su propio sacerdote; cada
hombre tenía que conocer por sí mismo la palabra de Dios. Esto nos dice que
debían de leer la Biblia.
En esos tiempos, la Iglesia se encontraba aliada a la monarquía.
Como se hizo mención anteriormente, los altos impuestos empezaron a afectar a
determinados grupos sociales, lo cual trajo aparejado que el pueblo empezara a
reclamar ante la suba de los impuestos, además de que eran numerosos. Incluso el
mismo parlamento se termina revelando en contra.
Lo redactado ocurre en 1628, antes de la revolución liberal.
Siguiendo con esto, tenemos que se establecen límites al poder del monarca. Este lo
aprueba y luego lo corrompe. Se vuelve un monarca absoluto, estando once años y
aumentando los impuestos.
Ante este hecho, se sugiere por escrito un informe con los abusos del rey. Se
organiza el ejército, por tanto, una revolución no planeada. Matan a Carlos I.
Luego el parlamento hace grandes cambios, aunque se lo termina disolviendo
puesto que no se estaba de acuerdo con lo que había plasmado.
Cuasi Monarca. Hereda el poder a su hijo, y se le devuelve a Carlos II.
Luego ocurre una revolución pacífica, para el año 1668. Se procura instaurar el
parlamento.
En lo que respecta a Hobbes, este era un gran defensor de la monarquía absoluta,
estaba del lado de los monárquicos en manos de una persona o varias. Poder
absoluto e ilimitado.
Para el año 1651, escribe el Leviatán.
Nada puede limitar el poder del soberano. No saca del todo a Dios, pero este es muy
diferente. Se trata de un Dios cartesiano, racionalizado, relojero.
En lo que respecta al ser humano, se ve influenciado por el mecanicismo, por la
capacidad de razonar y de calcular. Se gesta en esa época un gran auge de la
ciencia y la racionalidad. El hombre es intérprete de la naturaleza.
Ley= mandato obligatorio.
Ley natural, ley mecánica.
Hay cambios en la divinidad, se establece que Dios creó el mundo; pero que no
interfiere en él. A esta corriente se le llama deísmo.
Método cartesiano, es decir, poder demostrar lo que se argumenta. Se vale de este
método, aplicando la matemática, geometría y astronomía a la política.
Vemos al contractualismo y al iusnaturalismo.
El contractualismo nos va a decir que el origen de la sociedad política hay que
buscarlo en un contrato, es decir, en un acuerdo que se hace entre individuos. Este
contrato determina el fin del Estado de naturaleza. Contrato legítimo.
Tenemos tres situaciones:
● Estado de naturaleza o situación de naturaleza. Esta es la condición natural
del hombre (no hay Estado). Se trata de la vida de los hombres en ausencia
política.
● Pacto o contrato. Cuando libre y voluntariamente, los hombres deciden pactar,
por tanto, salir del estado de naturaleza e ingresar en una sociedad política.
Deciden crear el Estado.
El Estado se crea por temor, para poder sobrevivir.
Cualquier Leviatán es mejor que la ausencia del Estado.
En lo que respecta a la ley natural, esta se trata del iusnaturalismo, es decir, del
derecho natural. Hay un sistema de normas o al menos alguna ley que son
superiores al derecho positivo.
El punto de partida del contractualismo, es el individualismo, es decir, los individuos
aislados. El Estado no es una situación natural.
● ¿Por qué contratamos? Para estar en una situación más ventajosa que en el
estado de naturaleza. El decidir contratar va a tener un costo.
OBRA:
Portada: en esta vemos una especie de rey (es el
Levitán, representando a un monstruo bíblico) con
numerosos individuos, estos componen el Estado y están
mirando hacia el Leviatán.
Debemos de tener en cuenta que la noción de Dios aún
no desaparece, por lo que sigue vigente.
Tanto en la dedicatoria como en la introducción, Hobbes deja de manifiesto
que la NATURALEZA, arte por el que Dios ha hecho y gobierna el mundo, es
imitada por el arte del hombre, como en tantas otras cosas, en que este puede
fabricar un animal artificial. Siguiendo con esto, deja plasmado que es mediante el
arte como se crea ese gran Leviatán que llamamos República o Estado, en latín
civitas, y que no es otra cosa que un hombre artificial. Es este de mayor estatura y
fuerza que el natural, para cuya protección y defensa fue concebido. En él, la
soberanía actúa como alma artificial, como algo que da vida y movimiento a todo
cuerpo.
En la introducción vemos que Dios creó al hombre. Luego establece el término
“automata”, que se trata de una máquina que genera su propio movimiento, que
sigue su propia lógica. Esto es el hombre para Hobbes. Puede crear, por lo tanto,
el Leviatán es una creación del hombre, propia de la lógica y de la voluntad.
Posteriormente, nos habla de la sabiduría y establece que esta se adquiere, no
leyendo libros, sino hombres. Con esto nos dice que nos conozcamos a nosotros
mismos, esto es algo casi socrático, incita a mirar internamente.
Siguiendo con la sabiduría de leer a los hombres,
“lo que ese dicho nos enseña es que, por la semejanza entre los pensamientos y
pasiones de un hombre, y los pensamientos y pasiones de otro, quien mire dentro
de sí mismo y considere lo que hace cuando piensa, opina, razona, espera, teme,
etc., y por qué, leerá y conocerá cuáles son los pensamientos y pasiones de todos
los otros hombres en circunstancias parecidas”.
Se habla de las semejanzas entre las pasiones, que son las mismas en todos los
hombres: deseo, miedo, esperanza, etc: no dice que haya semejanza entre los
objetos de esas pasiones, los cuales son las cosas deseadas, temidas,
esperadas, etc., pues estas varían tanto la constitución de cada individuo y su
particular educación.
Quien gobierna toda una nación debe leer dentro de sí mismo, no a este o a aquel
hombre en particular, sino a la humanidad entera.
CAPÍTULO VI:
En este capítulo se pregunta sobre movimientos. Todo movimiento ordenado en
función de las pasiones. Pasión natural, impulso natural. El hombre se mueve en
función del placer y el dolor.
Aversión. Algo que no tengo y no quiero. Algo que tengo y me lastima. Me genera
dolor, es algo malo.
El deseo es algo que no tengo y quiero. Amor por algo que poseo. El deseo es lo
bueno, lo que amo y lo que me genera placer.
CAPÍTULO XI:
Comienza hablando de las cualidades de la humanidad, las cuales tienen que
ver con la pacífica convivencia y la unidad entre los hombres. Luego se centra a
hablar de la felicidad y establece lo siguiente: “La felicidad es un continuo
progreso en el deseo; un continuo pasar de un objeto a otro. Conseguir una cosa
es solo un medio para lograr la siguiente”. Con esto vemos que la felicidad
consiste en conseguir los permanentes deseos. Los hombres dejan de desear
algo únicamente cuando se mueren. Es el deseo quien nos mantiene en
movimiento. Por lo tanto, las acciones voluntarias y las inclinaciones de todos los
hombres no solo tienden a procurar una vida feliz, sino a asegurarla. Vemos esto
mejor plasmado en la siguiente cita: “Doy como primera inclinación natural de
toda la humanidad un perpetuo e incansable deseo de conseguir poder tras poder,
que solo cesa con la muerte”.
Siguiendo con lo expresado anteriormente, deja de manifiesto un ejemplo a fin de
constatar lo expuesto: “De ahí que los reyes, cuyo poder es el más grande, se
empeñen en asegurarlo dictando leyes en el interior y haciendo la guerra en el
exterior. Y cuando esto ha sido hecho, otro nuevo deseo tiene lugar. En algunos, es
el de adquirir fama mediante nuevas conquistas; en otros, el le da comodidad y los
placeres sensuales; en otros el de suscitar admiración sobresaliendo en algún arte o
en cualquier otro menester de la mente”.
La constante competencia entre los hombres por alcanzar determinados honores,
riqueza y poderes, lleva a los hombres a una situación de enemistad y a la guerra.
Esta constante situación de guerra lleva a los hombres a querer salir de la misma,
puesto que sienten temor de tal situación y quieren conservar su vida e integridad
física. El miedo a la opresión hace que un hombre espere o busque ayuda de la
sociedad.
CAPÍTULO XIII:
Nos habla de la condición natural de la humanidad. ¿Qué pasa cuando se ponen
en el mismo tiempo y espacio?
Somos todos iguales. Ninguno sobresale. La naturaleza nos ha hecho iguales.
Nadie tiene más derechos que otros en términos de deseos. Todos tenemos la
misma expectativa para conseguir algo. Esto no va a alcanzar para todos. No
alcanza para satisfacer las necesidades de todos. Escasez. Vivimos en un mundo
de escasez. Todos somos iguales. No hay conflictos, pero la igualdad es la causa
de estos. La igualdad genera conflictos. Se necesita desigualdad para que haya
seguridad.
Que todos podamos desear supone una amenaza.
De la desconfianza procede la guerra.
El otro va a querer lo mío. Esta situación lleva a conflictos.
Naturalmente el hombre no es sociable. Se antepone a lo dicho por Aristóteles,
que decía que el hombre es un animal político.
Estado de naturaleza: estado de guerra. Dispuestos a confrontar con otros. Es un
estado de guerra permanente. Estado de supervivencia.
No hay justicia o injusticia. Me voy a proteger. Todo está habilitado. Luego se
funda el Leviatán, y con él el derecho y moral.
Estado de naturaleza: ¿qué pasaría si no tuviese Estado? Enemistad y estado de
guerra.
Se trata de una condición natural que les toca vivir. Todo está permitido, salvo lo
que vaya en contra de nosotros.
Hay igualdad. Nadie impone nada. Se busca la forma de salir.
Lo que motiva a los hombres a salir de ese estado de naturaleza es el miedo a la
muerte y el deseo y el confort.
Hobbes nos habla de que la naturaleza ha hecho a los hombres iguales, por lo que
en ese estado de naturaleza, todos son iguales y poseen los mismos derechos.
Como tema central de este capítulo, vamos a tener la condición natural de la
humanidad.
“La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades de cuerpo y de
alma, que aunque puede encontrarse en ocasiones a hombres físicamente más
fuertes o mentalmente más ágiles que otros, cuando consideramos todo junto, la
diferencia entre hombre y hombre no es tan apreciable como para justificar el que un
individuo reclame para sí cualquier beneficio que otro individuo no pueda reclamar
con igual derecho. Pues, en lo que se refiere a lo corporal, el más débil tiene fuerza
suficiente para matar al más fuerte”. Esta cita deja de manifiesto cómo es el estado
de naturaleza. Los hombres, son, en ese punto, más iguales que desiguales.
Esta situación de igualdad, traerá aparejado grandes dilemas, puesto que los
hombres se ven movidos por sus pasiones y puede pasar que las mismas coincidan
con las de otros, es decir, un hombre puede desear lo de otro y ahí estaríamos frente
a un problema que conduciría a una situación de enemistad entre los mismos. Se
generaría una guerra entre ellos, dado que al desear lo mismo van a luchar por
obtenerlo y si el otro se interpone en el camino, estarán en conflictos. Aquí se
visualiza la escasez también. Vemos que la siguiente cita expone acerca de dicho
tema expresado: “De esta igualdad en las facultades surge una igualdad en la
esperanza de conseguir nuestros fines. Y, por tanto, si dos hombres desean una
misma cosa que no puede ser disfrutada por ambos, se convierten en enemigos; y
para lograr su fin, que es, principalmente, su propia conservación y, algunas veces,
solo su deleite, se empeñan en destruirse y someterse mutuamente”.
Cabe agregar que cuando se ven en una situación de guerra, no tienen aún vigente
a un Estado o Leviatán que los atemorice y les regule su conducta. Esto se observa
en la siguiente cita: “Los hombres no encuentran placer, sino, muy al contrario, un
gran sufrimiento, al convivir con otros allí donde no hay un poder superior capaz de
atemorizarnos a todos”.
Hobbes nos dice que vivimos en un mundo de escasez, y eso genera un problema.
La igualdad genera conflictos “ de la igualdad procede la desconfianza y de la
desconfianza procede la guerra” , o sea que solo sobreviven los que se anticipen a
esas amenazas.
Tres causas del conflicto:
- Competencia.
- Desconfianza.
- Gloria.
La guerra para Hobbes es la voluntad de confrontación violenta, es un estado
permanente de salvarse quien pueda.
A fin de comprender mejor lo expresado, se extrae la cita en la que establece lo ya
comentado: “De modo que, en la naturaleza del hombre, encontramos tres causas
principales de disensión. La primera es la competencia; en segundo lugar, la
desconfianza; y en tercer lugar, la gloria.
La primera hace que los hombres invadan el terreno de otros para adquirir ganancia;
la segunda, para lograr seguridad; y la tercera, para adquirir reputación. La primera
hace uso de la violencia, para que así los hombres se hagan dueños de otros
hombres, de sus esposas, de sus hijos y de su ganado. La segunda usa la violencia
con un fin defensivo.Y la tercera, para reparar pequeñas ofensas, como una palabra,
una sonrisa, una opinión diferente, o cualquier otra señal de desprecio dirigido hacia
la propia persona o, indirectamente, a los parientes, a los amigos, a la patria, a la
profesión o al prestigio personal”.
Por lo tanto, tenemos que en el mismo estado de naturaleza, los deseos de los
hombres los conducen a invadirse y destruirse mutuamente. “La naturaleza separa
de este modo a los hombres y los predispone a invadir y destruirse mutuamente”.
Los hombres luego se cansaran de dicha situación y se ponen de acuerdo para que
alguien sea capaz de establecer leyes y agentes públicos armados preparados para
vengar todos los daños que alguien haga. “Y no puede hacerse ninguna ley hasta
que los hombres no se han puesto de acuerdo sobre quién será la persona
encargada de hacerla “.
Cabe agregar que en ese estado de naturaleza no existe lo justo o lo injusto, ni lo
malo o lo bueno, dado que no hay una moral establecida. Se rigen simplemente por
los meros instintos, es decir, por sus deseos y luchan por su supervivencia.
“De esta guerra de cada hombre contra cada hombre se deduce también esto: que
nada puede ser injusto. Las nociones de lo moral y lo inmoral, de lo justo y de lo
injusto no tienen allí cabida.”
“La justicia y la injusticia se refieren a los hombres cuando están en sociedad, no en
soledad. En una situación así, no hay tampoco propiedad, ni dominio, ni un mío
distinto a un tuyo, sino que todo es del primero que pueda agarrarlo y durante el
tiempo que pueda conservarlo.”
Las pasiones de los hombres que los incitan a buscar la paz, y por lo tanto, a salir de
dicho estado de naturaleza son: el miedo a la muerte y el deseo de obtener las
cosas necesarias para vivir cómodamente, y de la esperanza de que, con su trabajo,
puedan conseguirlas. La razón sugiere convenientes normas de paz, basándose en
las cuales los hombres pueden llegar a un acuerdo. Estas reciben el nombre de
Leyes de Naturaleza.
CAPÍTULO XIV:
Debemos de enfocarnos en las tres primeras leyes naturales.
¿De dónde deriva el Derecho Natural? De la ley natural, la cual está inscrita en la
propia naturaleza.
Ley natural (de esta, que es ÚNICA/ SOLA, salen las otras)⇛ normas de paz
⇛ leyes naturales
La ley natural es un principio, y es solo uno.
Las leyes naturales (que son diecinueve), son derivaciones que pueden hacer
conformar el Leviatán. Se trata de reglas naturales, leyes naturales de la razón.
● Buscar la paz y mantenerla.
● ¿Cómo mantenerla? Renunciar derecho a todo siempre que los otros
también estén dispuestos,
● Renunciar y ceder a un tercero un derecho. Principio de obligación.
Renuncio con expectativa de un bien mayor.
¿Debo renunciar a mi vida e integridad física? NO. Renuncian para garantizar su
bien.
El miedo es la mayor garantía de los contratos.
En el estado de naturaleza, como ya se ha dicho, los hombres poseen libertad de
hacer lo que les plazca para conseguir sus deseos. Vemos aquí la cita: “El derecho
natural ( jus naturale), es la libertad que tiene cada hombre de usar su propio poder
según le plazca, para la preservación de su propia naturaleza, esto es, de su propia
vida; y, consecuentemente, de hacer cualquier cosa que, conforme a su juicio y
razón, se conciba como la más apta para alcanzar ese fin. “
¿Qué es la libertad para Hobbes? “La ausencia de impedimentos externos,
impedimentos que, a menudo, pueden quitarle a un hombre parte de su poder para
hacer lo que quisiera, pero que no le impiden usar el poder que le quede según los
dictados de su juicio y de su razón.”
¿Cuál es la ley natural para Hobbes? “Una LEY NATURAL, lex naturalis, es un
precepto o regla general, descubierto mediante la razón, por el cual a un hombre se
le prohíbe hacer aquello que sea destructivo para su vida, o elimine los medios de
conservarla”. Esta ley los obliga a conservar su propia vida.
Hay una diferencia entre el Derecho y la ley, puesto que el primero consiste en la
libertad de hacer o no hacer; mientras que la segunda, determina y obliga a una de
las dos cosas.
En el estado de naturaleza, cada hombre tiene derecho a todo, es decir, puede
hacer, en palabras del autor “lo que le plazca”, e incluso puede atentar contra la vida
de los otros. “Cada hombre tiene derecho a todo, incluso a disponer del cuerpo de
su prójimo. Y por lo tanto, mientras dure ese derecho natural de cada hombre sobre
cada hombre, no puede haber seguridad para ninguno”.
“Como consecuencia, es un precepto o regla general de la razón, el que cada
hombre debe procurar la paz hasta donde tenga esperanza de lograrla; y cuando no
puede conseguirla, entonces puede buscar y usar todas las ventajas y ayudas de la
guerra”.
“La primera y fundamental ley natural es buscar la paz y mantenerla. En la segunda
se resume el derecho natural: defendernos con todos los medios que estén a
nuestro alcance.”
El precepto general del cual se deriva todo lo demás es el siguiente: “NO hagas a
otro lo que no quieras que te hiciesen a ti. Esta regla servirá para que un hombre
sepa todo lo necesario acerca de las leyes de la naturaleza”.
En lo que respecta a la tercera ley, debemos de considerar que los hombres deben
de cumplir lo pactado. “Pero si los demás hombres no renuncian a su derecho, no
hay razón para que uno esté obligado a hacerlo, pues ello impediría el convertirse en
una presa para los otros, cosa a la que nadie está obligado."
Los hombres se ven obligados a renunciar a sus derechos. Mediante la transferencia
de un derecho, se intenta que el beneficio recaiga sobre alguna persona o personas
en particular. Cuando el hombre ha abandonado o cedido su derecho, se dice que
está obligado a no impedir que aquellos a quienes se ha concedido o dejado ese
derecho, se beneficien de él; y que debe, y es su deber, no aluar ese acto suyo que
ha realizado por su propia voluntad; y que si causa algún impedimento, incurre en
INJUSTICIA O INJURIA. Los hombres renuncian a sus derechos en pos de un bien
común, es decir, para ser gobernados. Los hombres una vez se encuentran ya en el
Estado, no deben de cometer injusticias, esto es, incumplir lo pactado.
El modo mediante el cual un hombre simplemente renuncia, o transfiere su derecho,
es una declaración o significación, mediante un signo voluntario y suficiente, de que
efectivamente renuncia o transfiere, o de que ha renunciado o transferido ese
derecho a otro que lo ha aceptado, y estos signos pueden ser, o palabras solamente,
o solo actos, o, como suele ocurrir con mayor frecuencia, palabras y actos.
La transferencia mutua de un derecho es lo que los hombres llaman contrato.
Hay una diferencia entre transferir el derecho que se tiene sobre una cosa, y la
transferencia o intercambio que consiste en entregar la cosa misma. Una cosa
puede ser entregada junto con el derecho a disponer de ella, como sucede en la
compra- venta que se efectúa con dinero en metálico, o con intercambio de bienes o
tierras; y también puede ser entregada algún tiempo después. Así, uno de los
contratantes puede entregar la cosa cumpliendo con su parte del contrato, y dejar
que el otro cumpla con la suya en un momento posterior determinado, fiándose de él
mientras tanto, y entonces el contrato por parte de este es llamado PACTO o
CONVENIO.
Cuando la transferencia de un derecho no es mutua, sino que una de las partes
transfiere con la esperanza de ganar por ello la amistad o el servicio de otro o de sus
amigos, o con la esperanza de ganar una reputación de caridad o magnanimidad, o
para liberar su mente del dolor suscitado por la compasión, o con la esperanza de
obtener recompensa en el cielo, entonces no hay contrato, sino REGALO, FAVOR,
GRACIA.
Un convenio que me obligue a no defenderme usando la fuerza cuando la fuerza es
ejercida sobre mí; siempre será nulo. Ningún hombre puede transferir o ceder su
derecho a salvarse de la muerte, del daño físico o del encarcelamiento. El único fin
de ceder cualquier derecho suyo es precisamente evitar esas cosas. Por lo tanto, la
promesa de no defenderse usando la fuerza, no transfiere ningún derecho, y un
convenio que implique esa cesión no es obligatorio.
Un convenio que implique acusarse a sí mismo sin garantía de perdón, es
igualmente inválido.
CAPÍTULO XV:
Sigue analizando normas. “La tercera ley natural”.
Los hombres deben cumplir con el contrato.
Se trata de justicia si se cumple el contrato; se trata de injusticia si se incumple el
contrato. En el estado de naturaleza la noción de justicia e injusticia no está
vigente.
La justicia aparece una vez está el contrato, no es contraria a la razón.
Si alguien incumple lo pactado, se convierte en irracional.
El Leviatán se creó con motivos. No hay manera racional de salir de él.
Hay un gran principio que dice que no hay que hacer lo que no nos gustaría que
nos hagan.
Las 19 leyes de la naturaleza son inmutables y eternas.
La paz es lo bueno; la guerra, es lo malo.
La tercera ley de la naturaleza establece lo siguiente: “los hombres deben cumplir
los convenios que han hecho. Sin esta ley los convenios se hacen en vano y sólo
son palabras vacías”.
Esto nos dice básicamente que los hombres decidieron salir del estado de
naturaleza y, por consiguiente, estado de guerra en el que estaban inmersos, con la
finalidad de procurar su bienestar, integridad física y vida; por lo que cedieron de
manera racional sus derechos para obtener un bien mayor, incumplirlo sería algo
irracional e injunto. Antes podían hacer lo que ellos querían y nada era injusto.
“Donde no ha tenido lugar un convenio, no se ha transferido ningún derecho a todo;
y, en consecuencia, ninguna acción puede ser injusta. Pero cuando un convenio ha
sido hecho, entonces es injusto quebrantarlo. Y la definición de INJUSTICIA no es
otra que el incumplimiento de un convenio. Y todo aquello que no es injusto, es
justo.”
Antes de establecer lo que es justo o lo que es injusto, tiene que haber un poder
coercitivo que obligue a todos los hombres por igual al cumplimiento de sus
convenios, por terror o por algún castigo que sea mayor que los beneficios que
esperarían obtener del infringimiento de su acuerdo, y para hacer efectiva esa
propiedad que los hombres adquieren en sus contratos mutuos, como recompensa
por el derecho universal al que han renunciado.
Allí donde no hay Estado, nada es injusto.
En un estado de guerra, en el que cada hombre, por falta de un poder común que
atemorice a todos, es enemigo de cada hombre, no hay nadie que pueda esperar,
valiéndose de su propia fuerza o ingenio, defenderse de la destrucción sin ayuda de
alianzas en las que cada uno espera recibir el mismo grado de protección de los
demás.
CAPÍTULO XVII:
El fin del Estado ⇛ vida más grande.
Las abejas y las hormigas son seres políticos y sociales, decía Aristóteles.
Los humanos son seres no sociales naturalmente, por lo que no se parecen a esas
criaturas, dice Hobbes, oponiéndose a lo que había dicho Aristóteles (que el
hombre es un animal político, comparándolo con los insectos mencionados) .
Los hombres crean un acuerdo artificial.
Estado de naturaleza⇛ ¿A quién se transfieren los derechos al pasar de este
estado mencionado a formar un Estado?
A un hombre o asamblea de hombres. Antes, en el estado de naturaleza, se tenía
derecho a todo; ahora, ya no (es decir, cuando se pasa a formar el Leviatán).
Cedemos todos los derechos y fuerza individual, salvo el derecho a la vida. Todo
poder individual transferimos a un hombre o asamblea de hombres.
Súbditos ⇛ al ceder sus derechos, la igualdad que antes poseían se convierte en
desigualdad. Hay un superior al que obedecer.
Para pactar, autorizo a un hombre o asamblea de hombres a que me gobierne. Se
trata de una entrega absoluta. Todos ceden sus derechos. Es un pacto entre
iguales, al mismo tiempo. Tiene que ser cedido a un tercero. Este no pacta nada,
es externo. ¿A qué se compromete? A nada, no se compromete a nada.
Hobbes aquí se antepone a lo dicho por Aristóteles, el cual establecía que el hombre
es social y un ser político por naturaleza, comparándolos con las abejas y hormigas.
“Es verdad que algunas criaturas vivientes, como las abejas y hormigas, viven
socialmente unas con otras, y por eso Aristóteles las incluye en la categoría de los
animales políticos. Y, sin embargo, no tienen otra dirección que la que les es
impuesta por sus decisiones y apetitos particulares y carecen de lenguaje con el que
comunicarse entre sí lo que cada una piensa que es más adecuado para lograr el
beneficio común.” Luego expone lo siguiente: “los hombres están compitiendo
continuamente por el honor y la dignidad, cosa que no hacen estas criaturas. Como
consecuencia, surge entre los hombres, por esa razón, envidia y odio, y, en esta
última instancia, la guerra”.
“Autorizo y concedo el derecho de gobernarme a mí mismo, dando esa autoridad a
este hombre o a esta asamblea de hombres, con la condición de que tú también le
concedas tu propio derecho de igual manera, y les des esa autoridad en todas sus
acciones. Una vez hecho esto, una multitud así unida en una persona es lo que
llamamos ESTADO, en latín CIVITAS. De este modo se genera ese gran LEVIATÁN,
o mejor, para hablar con mayor reverencia, ese dios mortal a quien debemos, bajo el
Dios inmortal, nuestra paz y seguridad”.
La persona del Estado está encarnada en lo que se llama el SOBERANO; a lo
demás se le llama súbdito.
Llamamos Estado político o Estado por institución, cuando los hombres acuerdan
entre ellos mismos someterse voluntariamente a algún hombre o asamblea de
hombres, confiando en que serán protegidos por ellos frente a todos los demás.
CAPÍTULO XVIII:
Derecho de personificar a todos. Los que no quisieron, también están sometidos.
Es cuestión de mayorías. Lo que haga el Leviatán, lo hacemos todos por algo le
dimos ese poder.
REPRESENTA A CADA UNO DE NOSOTROS.
Todo lo que él haga, es justo, pues nosotros cedimos ese poder y, por lo tanto, lo
hicimos de forma racional, confiando.
El Leviatán dice lo que es justo, establece propiedad, hace la paz y la guerra, etc.
Es preferible un soberano a la ausencia de este.
“Se dice que un Estado ha sido instituido, cuando una multitud de hombres
establece un convenio entre todos y cada uno de sus miembros, según el cual se le
da a un hombre o a una asamblea de hombres, por mayoría, el derecho de
personificar a todos, es decir, de representarlos. Cada individuo de esa multitud,
tanto el que ha votado a favor como el que ha votado en contra, autorizará todas las
acciones y juicios de ese hombre o asamblea de hombres, igual que si se tratara de
los suyos propios, a fin de vivir pacíficamente en comunidad, y de encontrar
protección contra todos los hombres. De esta institución del Estado se derivan todos
los derechos y facultades”.
CAPÍTULO XIX:
Aquí se plasman las formas de Estado. Los súbditos son quejumbrosos y los
suelen llamar de otra manera.
Hobbes era partidario del gobierno absoluto, aunque apoyaba cualquiera de las
tres formas de gobierno que ahora vamos a ver.
Hobbes nos dice que el representante tiene que ser o un solo hombre, o más de
uno; y si es más de uno, será, o una asamblea de todos, o solo de una parte.
Cuando el representante es un solo hombre, el Estado es una MONARQUÍA;
cuando es una asamblea de todos cuantos quieran unirse, es una DEMOCRACIA o
Estado popular; cuando el representante es una asamblea de solo unos pocos, el
Estado se llama ARISTOCRACIA.
Quienes no están contentos bajo una monarquía, la llaman tiranía; y quienes están
descontentos con la aristocracia, la llaman oligarquía; y, finalmente, los que se
encuentran descontentos bajo una democracia, la llaman anarquía (la cual significa
falta de gobierno).
La diferencia entre estos tipos de Estado no radica en una diferencia de poder, sino
en la diferencia de conveniencia o aptitud para producir la paz y seguridad del
pueblo, fin para el cual todos los Estados fueron constituidos.
CAPÍTULO XXI:
Vemos básicamente los derechos inalienables que son la vida e integridad física.
LIBERTAD significa, propiamente, ausencia de oposición. Esta se refiere a
impedimentos externos del movimiento, y puede referirse tanto a las criaturas
irracionales e inanimadas, como a las racionales. Pues cualquier cosa que esté
atada o cercada de tal forma que solo pueda moverse dentro de un cierto espacio,
espacio que viene determinado por la oposición de algún cuerpo externo, decimos
que no tiene libertad de ir más allá.
Un hombre libre es aquel que, en aquellas cosas que puede hacer en virtud de su
propia fuerza e ingenio, no se ve impedido en la realización de lo que tiene voluntad
de llevar a cabo.
“Del mismo modo que los hombres, a fin de conseguir la paz y la conservación de sí
mismos, han fabricado un hombre artificial al que llamamos ESTADO, así también
han fabricado una serie de ataduras artificiales, llamadas leyes civiles, que los
hombres mismos mediante convenios mutuos han prendido, por un extremo, a los
labios del hombre o asamblea a los que han entregado el poder soberano, y, por el
otro, a sus propios oídos.”
“Las leyes no tendrán fuerzas para protegerlos si no hay una espada en manos de
un hombre, o de una asamblea de hombres que obliguen a que dichas leyes se
cumplan”.
En el estado de naturaleza no hay propiedad de bienes y tierras, no hay seguridad, y
tiene lugar una libertad absoluta en cada individuo. Aquí tienen absoluta libertad,
pero sabemos que actuando así están condicionados a un estado de guerra
perpetuo.
“Si el soberano manda a un hombre ( aunque este haya sido condenado justamente)
que se mate, se hiera o se mutile a sí mismo, o que no haga resistencia a quienes lo
asaltan, o que se abstenga de hacer uso de comida, aire, medicina y cualquier otra
cosa sin la cual no podrá vivir , ese hombre tendrá la libertad de desobedecer”.
“Ningún hombre está obligado por las palabras mismas a matarse, ni a matar a
ningún otro hombre; y, en consecuencia, que la obligación que un hombre puede a
veces tener, por orden del soberano, de realizar alguna misión peligrosa o
deshonorable, no depende de las palabras con las que expresamos nuestras
sumisión , sino de la intención que ha de sobreentenderse en el fin que con dicha
sumisión se persigue”.
En muchos casos, si se obliga a un hombre a luchar contra un enemigo, podrá
negarse a dicha petición.
CAPÍTULO XXIV:
Se habla básicamente de la economía, del derecho de propiedad, y que nada es del
súbdito.
La NUTRICIÓN de un Estado consiste en la abundancia y distribución de materiales
conducentes de la vida; en su elaboración o preparación; y una vez elaborados, en
su entrega, a través de canales adecuados, al uso público.
CAPÍTULO XXVI:
Las leyes civiles son aquellas leyes que los hombres están obligados a observar, no
por pertenecer a este o aquel Estado en particular, sino por el hecho de ser
miembros de un Estado.
Esta es para cada súbdito, aquella serie de reglas que el Estado le ha mandado de
palabra, o por escrito, o con otros signos suficientes de la voluntad, para que las
utilice a la hora de distinguir lo que está bien y lo que no está bien, es decir, lo que
es contrario y lo que no es contrario a la regla.
1. En todos los Estados, el legislador es únicamente el soberano, ya sea este un
hombre, como ocurre en una monarquía, o una asamblea de hombres, como
es el caso de una democracia o aristocracia. El legislador es el que hace la
ley, y es solo el Estado el que prescribe y ordena la observancia de esas
normas a las que llamamos ley.
2. El soberano de un Estado, ya sea una asamblea o un hombre, no está sujeto
a las leyes civiles.
3. Cuando un uso prolongado adquiere autoridad de ley, no es su permanencia
en el tiempo lo que le da esa autoridad, sino la voluntad del soberano.
4. La ley natural y la ley civil están contenidas la una en la otra, y tienen igual
extensión. Las leyes de la naturaleza, que son la equidad, la justicia, la
gratitud y las demás virtudes morales no son propiamente leyes, sino
cualidades que disponen a los hombres a la paz y a la obediencia. Una vez
que el Estado ha sido establecido, es cuando aparecen las leyes, y no antes.
Cuando las leyes son órdenes del Estado y, en consecuencia, leyes civiles,
pues es el poder soberano el que obliga a los hombres a obedecerlas.
La ley civil y la ley natural no son específicamente diferentes, sino partes
diferentes de la ley; la parte escrita se llama civil, y la no escrita, natural. Pero
el derecho de naturaleza, es decir, la libertad natural del hombre, puede ser
reducida y controlada por la ley civil; más aún, la finalidad misma de hacer
leyes no es otra que imponer ese control, sin el cual no es posible que haya
paz alguna.
5. Si el soberano de un Estado somete a un pueblo que ha vivido bajo otras
leyes escritas, y lo gobierna según las mismas leyes por las que dicho pueblo
estaba gobernado antes, esas leyes serán ahora las leyes civiles del
vencedor y las del Estado conquistado.
6. Todas las leyes, escritas y no escritas , derivan su autoridad de la voluntad del
Estado, esto es, de la voluntad del representante, el cual es un monarca si el
Estado es una monarquía , y una asamblea en los demás Estados, un
hombre podría preguntarse de dónde provienen esas opiniones que se
encuentran en los libros de juristas eminentes en varios Estados, haciendo
que, ya directamente, ya por deducción, el poder legislativo dependa de las
personas privadas o de jueces subordinados. Así sucede, por ejemplo, con la
opinión de que la ley común no es controlada por nadie , excepto por el
Parlamento, lo cual solo es cierto cuando el Parlamento tiene el poder
soberano, y no puede reunirse ni disolverse como no sea por su propia
decisión.
7. La ley nunca puede ir en contra de la razón.
8. La ley es un mandato. El mandato del Estado será solamente ley para
quienes tengan los medios de ser conscientes de ella.
Exceptuada la ley de naturaleza, pertenece a la esencia de todas las demás leyes el
que estas se den a conocer a todo hombre que esté obligado a obedecerlas.
DISTINCIÓN ENTRE LEYES NATURALES Y POSITIVAS:
Naturales son aquellas leyes que lo han sido desde toda la eternidad. Estas también
reciben el nombre de leyes morales. Las mismas consisten en las virtudes morales
como la justicia, la equidad, y todos los demás hábitos mentales que conducen a la
paz y a la caridad.
Positivas son aquellas que no han existido desde la eternidad , sino que han venido
a ser leyes por voluntad de quienes han tenido poder soberano sobre otros. Son
leyes escritas, o dadas a conocer mediante algún otro argumento en el que se
manifiesta la voluntad de quien las legisla.
CAPÍTULO XXIX:
Entre las cosas que debilitan o tienden a la disolución de un Estado, encontramos
enfermedades internas. Esto se refiere a desórdenes internos. “Aquellas que surgen
de una institución imperfecta y que se asemejan a las enfermedades de un cuerpo
natural que proceden de una procreación defectuosa.”
Cada individuo particular es juez de las buenas y de las malas acciones, esto es
propio de cuando no había leyes civiles. Cuando está esta vigente,es ella la que
establece la norma de lo que es una buena o mala acción, y es el juez, el cual
siempre representa al Estado, el que puede legislar. Ante esto, algunos hombres se
consideran capacitados para debatir y disputar entre sí acerca de los mandatos del
Estado, para después obedecerlos o desobedecerlos según les parezca mejor
conforme a su juicio personal. De esta forma el Estado se desequilibra y debilita.
Otra de las tantas formas con las cuales se puede debilitar el Estado, tiene que ver
con que cada individuo tiene propiedad sobre sus bienes, hasta el punto de excluir el
derecho soberano. También encontramos la dificultad de recaudar dinero para usos
necesarios del Estado, especialmente cuando hay una inminencia de guerra. La
causa externa de la disolución del Estado, sería la guerra.
Otra enfermedad del Estado es la grandeza inmoderada de una ciudad.
CAPÍTULO XXX:
Nos habla de las funciones del soberano. Es un Estado de bienestar. No se
imagina a un Leviatán cruel.
La función principal del poder soberano es procurar la seguridad del pueblo.
Debe de reconocer los derechos de todas las personas, tanto de las personas ricas
y poderosas como de las pobres y humildes, de modo que nadie tenga más poder
que otro.
Una ley puede considerarse como buena cuando va en beneficio del soberano,
aunque no sea necesaria para el pueblo; pero de hecho no lo es tal. Pues el bien del
soberano y el bien del pueblo son inseparables.
EL SEGUNDO TRATADO DEL GOBIERNO
CIVIL- JOHN LOCKE (1632- 1704)
VIDA Y OBRA DEL AUTOR:
John Locke nació el 29 de agosto de 1632 en Wrington,
en el condado inglés de Somerse; y falleció el 28 de
octubre de 1704 en High Laver, Reino Unido. Su primera
infancia la pasó, sin embargo, en Pensdorf, al sureste de
Bristol, donde su padre había recibido de su abuelo una
amplia casa. La familia de Locke, por ambas partes, se
dedicaba al comercio y eran de confesión puritana.
En 1652 obtuvo una beca para estudiar en el Christ
Church College de Oxford. Ahí estudió filosofía
escolástica. Locke se interesó por las últimas doctrinas
filosóficas, estudiando las obras de René Descartes,
tanto sus originales latinos como las traducciones
inglesas de sus escritos franceses, quien le despertó realmente un auténtico interés
filosófico.
EL CONTEXTO INTELECTUAL:
Dentro del contexto histórico, hay que señalar además que las tesis elaboradas por
Locke en los Dos Ensayos, fueron su respuesta a las tesis de sir Robert Filmer, y no
a las de Hobbes, como normalmente se suele decir dentro de la polémica entre los
Whigs partidarios de la exclusión de los católicos a la sucesión en el trono de
Inglaterra. No tenía realmente mucho sentido polemizar entonces contra un autor
como Hobbes, que en aquellos momentos era un autor muy rechazado y el menos
importante de los escritores absolutistas. Su materialismo no era aceptado por casi
nadie. Filmer, por el contrario, era el pensador absolutista del momento, el
representante máximo del sistema establecido.
A lo largo del Primer Ensayo sobre el Gobierno, Locke critica los argumentos
empleados por Filmer desarrollando sus propias tesis sobre el poder político. Los
contraargumentos que ofrece Locke expresan que, según él, Dios no ha entregado
la tierra a Adán como su único propietario, sino que la ha entregado a toda la
humanidad. Dice asimismo que, aunque Adán como su único propietario hubiera
tenido un derecho absoluto sobre Eva y sobre sus descendientes, este derecho no
habría pasado a sus sucesores.
Lo fundamental de la contraargumentación de Locke es que el Estado no surge
como una creación divina directa, en donde la cabeza monárquica tenga un título
que pueda remitirse al poder absoluto de Adán, sino que para él el Estado se
entiende como una unión política realizada a partir de hombres libres e iguales.
Estado de naturaleza:
Locke muestra los derechos y las obligaciones que tienen los hombres “por
naturaleza”, es decir, con independencia de cualquier legislación positiva dada
por cualquier Estado concreto.
La nota más sobresaliente en la concepción lockeana de la naturaleza humana es
su no equiparación a un estado de guerra de todos contra todos, pues para este
autor solo hay una situación de guerra cuando alguien utiliza su poder
injustamente, y esto podría suceder tanto en estado de naturaleza como en estado
de sociedad. El estado de naturaleza lo concibe como una situación de libertad e
igualdad total, lo cual significa que, por naturaleza, ningún hombre está
jurídicamente o legalmente por encima de otro. Los hombres son criaturas de
Dios, propiedad de Dios, y originariamente no son súbditos de ningún hombre. Y
como criaturas de Dios tienen el deber, el mandamiento, de conservar la vida, es
decir, no tienen ningún derecho a destruirla, lo cual implica también que nadie
puede someterse al total arbitrio de otro, nadie puede convertirse en esclavo de
otro hombre. Y de ese mandato divino de conservar la existencia se deriva el
derecho de hacer todo lo necesario para conservarla. Esto, sin embargo, no
significa que uno pueda actuar sin límites respecto a otros, ya que en el estado de
naturaleza rige la ley natural, que es obligatoria y vinculante para todos.
La ley natural, que está en la base de la ética lockeana, es realmente el
fundamento de la relación jurídica entre los hombres. Esa ley vale para todos y
obliga a todos; y obliga con anterioridad e independencia de cualquier ley positiva.
Y su contenido se corresponde con lo que la razón determina como racional.
El principio supremo que establece la razón en la relación entre los seres
humanos (y por consiguiente, el contenido esencial de la ley natural) es no hacer
daño a la vida, a la salud, a la libertad o a la propiedad del otro.
De esta manera, esos bienes (la vida, la libertad, la propiedad) son vistos como
bienes a los que se tiene derecho y que nadie debe atacar.
Estos tres bienes son descritos por Locke como la propiedad de todo individuo.
Esa ley natural no solo genera una responsabilidad moral sino también jurídica, es
decir, que un individuo tiene derecho a juzgar y a castigar a alguien que no haya
respetado sus bienes. Cada individuo, por naturaleza, tiene, por tanto, el poder de
juzgar y castigar a quien conculque sus bienes.
Obviamente tendría que hacerlo de acuerdo con los mandatos de la razón y de la
conciencia, es decir, de manera que el castigo se corresponda con la gravedad de
la transgresión, pero nunca está garantizado que los individuos cumplan
adecuadamente estos preceptos de la razón.
Así pues, los hombres tienen el deber de conservar su existencia y el derecho a
conservarla, teniendo derecho a los alimentos y a la bebida que la naturaleza
produce para su subsistencia.
Ahora bien: ¿cómo explicar el paso de ese derecho a los bienes en general a un
derecho individual, concreto, de cada uno, a la propiedad? Locke desarrolla aquí
su célebre teoría de que el trabajo es la vía de acceso a la propiedad. Mío es
aquello que puedo apropiarme con mi trabajo, pues el trabajo es lo más propio, lo
más personal, la propiedad más innegable del hombre. Mediante el trabajo se
logra una fusión entre la persona y el objeto que trabaja, que transforma, al que
pone su sello personal. Lo que uno no necesita, ya no es propiedad de uno,
pertenece a otro.
La introducción del dinero, sin embargo, significa un cambio importante en esta
cuestión de la adquisición o acumulación de bienes.
Al ser el dinero un medio de cambio imperecedero, al ser un bien cuya
acumulación no implica que se eche a perder, es posible cambiar por dinero el
exceso de bienes que sobrepasen las necesidades del individuo para su propia
subsistencia.
El estado de naturaleza es ciertamente una situación jurídica, regida por la ley
natural, pero la aplicación de esta por los individuos no garantiza la seguridad de la
vida, de la libertad y de la propiedad de cada individuo. Y es precisamente la
existencia de esta inseguridad donde se enraizan la legitimación y la autoridad del
Estado, según Locke. Solo en una comunidad política, más allá del estado de
naturaleza, se pueden garantizar verdaderamente la libertad, la vida y la propiedad,
pues en esa comunidad política sí habrá instrumentos que puedan funcionar como
garantes de estos bienes.
OBRA :
Apuntes de clase:
En lo que respecta al contexto histórico, se va a ver influenciado por la Revolución
Inglesa.
Para el año 1689 va a publicar el Segundo Ensayo del Gobierno Civil.
Se le considera hoy en día padre del liberalismo.
Fue un ideólogo de la última etapa de la Revolución Inglesa (esto lo deja plasmado
en su obra El ensayo sobre el conocimiento humano). Establecía en esta que el
conocimiento es una fuente empírica; luego le da una explicación iusnaturalista.
En la obra en la que nos adentraremos, vamos a encontrar una justificación a la
propiedad y también al Poder Político.
En el capítulo I del Segundo tratado sobre el gobierno civil, vamos a encontrar que
comienza nombrando a otro autor, el cual justificaba el poder del monarca. Ante
esto, Locke va a realizar una crítica.
Establece que es imposible que quienes gobiernan ahora continúen. A su vez, nos
dice también que hay diversos tipos de poder, los cuales son diferentes entre sí. No
es lo mismo el poder del amo sobre su esclavo que el poder que un hombre tiene
sobre sus hijos o su mujer. En lo que respecta al poder político, este tiene como
finalidad, la preservación de la propiedad, dictar penas, entre otras cosas. Este
poder político no puede hacer cualquier cosa, debe estar mirando siempre hacia la
protección de la propiedad.
“Creo que no estará de más el que yo establezca lo que entiendo por poder político,
a fin de que el poder de un magistrado sobre su súbdito pueda distinguirse del que
posee un padre sobre sus hijos, un amo sobre sus siervos, un esposo sobre su
mujer y un señor sobre su esclavo. Todos estos poderes, que son distintos entre sí,
se reúnen a veces en un mismo hombre; más si estudiamos a este hombre según
estas diferentes relaciones, ello podrá ayudarnos a distinguir unos poderes de otros,
y nos mostrará la diferencia que existe entre quien gobierna un Estado y un padre de
familia o un capitán de galeras”.
Luego de esa cita, establece que el poder político es el derecho de dictar leyes bajo
pena de muerte y otras bajo penas menos graves, con el fin de regular y preservar la
propiedad. También establece que se debe emplear la fuerza de la comunidad en la
ejecución de dichas leyes y en la defensa del Estado frente a injurias extranjeras.
Todo esto con la intención de lograr el bien público.
En el capítulo II, establece características del estado de naturaleza.
● Perfecta libertad: persona y posesiones, dentro de la ley natural.
● Perfecta igualdad, aunque cabe agregar que no es un estado de licencia, no
es hacer lo que uno quiera. La ley natural obliga a hacer o no hacer. Tiene
dos dimensiones. No podemos destruirnos, principio de autoconservación. No
podemos destruir a ninguna otra criatura, a ningún otro individuo. Todos los
individuos son creaciones de Dios, no hay que dañarlos.
Locke establecía que el individuo es naturalmente SOCIAL.
Para este autor, la ley natural está a disposición de todos, porque todos
somos racionales.
Son jueces y policías al mismo tiempo. Si alguien infringe la ley, puede ser
castigado.
Cuando alguien comete un crimen este no es contra uno, es declararle la
guerra a la humanidad.
En lo que respecta a las penas, estas son proporcionales a la transgresión, es
decir que son acorde al daño que se infringió. Cuando se aplica la pena, se
aplica la serena razón. Lo cierto es que ocurre un problema: pueden haber
abusos de esta.
Por ejemplo: tengo un cajón de manzanas y me lo roban, ¿qué hago ante
este caso? Trato de prevenir que lo vuelvan a hacer con el castigo. Si el
ladrón solo me devuelve, no tengo certezas de que no lo vuelva a hacer, por
lo que puede volver a hacerlo si no lo ven. Ante esto: ¿cómo calculo la pena?
Aquí es difícil calcularla desde la serena razón actuar.
No es muy razonable, digamos, que los hombres sean jueces de las
circunstancias que les suceden porque, como se dijo antes, pueden haber
abusos. Por eso, la solución es el GOBIERNO CIVIL.
El estado de naturaleza para el autor abordado, es un estado de perfecta libertad
para que cada uno ordene sus acciones y disponga de posesiones y personas como
juzgue oportuno, dentro de los límites de la ley de naturaleza, sin pedir permiso ni
depender de la voluntad de ningún otro hombre.
Es un estado de igualdad, en el que todo poder y jurisdicción son recíprocos, y
donde nadie los disfruta en mayor medida que los demás. Todas las criaturas
nacieron para disfrutar en conjunto las mismas ventajas naturales y para hacer uso
de las mismas facultades. Esto se puede disfrutar a menos que las criaturas se
encuentren sujetas a un amo.
Esta consideración de la igualdad natural ha hecho que los hombres sepan que no
es menor su deber de amar a los otros que el de amarse a sí mismos.
En este estado de naturaleza, si un hombre le causa sufrimiento a otro, este último
debe de aplicar una pena. De tal manera, que si yo daño a alguien, debo esperar
sufrir, pues no hay razón para que los otros muestren para conmigo más amor que el
que yo he mostrado para con ellos. Por lo tanto, mi deseo de ser amado todo lo
posible por aquellos que son naturalmente iguales a mí me impone el deber natural
de concederles a ellos el mismo afecto.
El hombre tiene una incontrolable libertad de disponer de su propia persona o de sus
posesiones, no tiene, sin embargo, la libertad de destruirse a sí mismo, ni tampoco a
ninguna criatura de su posesión, excepto en el caso de que ello sea requerido por un
fin más noble que el de su simple preservación. El estado de naturaleza tiene una
ley de naturaleza que lo gobierna y que obliga a todos; y la razón, que es esa ley,
enseña a toda la humanidad que quiera consultarla que siendo todos los hombres
iguales e independientes, ninguno debe dañar a otro en lo que atañe a su vida,
salud, libertad o posesiones.
Todos los hombres dotados con las mismas facultades, y al participar todos de una
naturaleza común, no puede suponerse que haya entre nosotros una subordinación
que nos dé derecho a destruir al prójimo como si este hubiese sido creado para
nuestro uso, igual que ocurre con esas criaturas que son inferiores a nosotros. Por la
misma razón que cada uno se ve obligado a preservarse a sí mismo y a no
destruirse por propia voluntad, también se verá obligado a preservar al resto de la
humanidad en la medida en que le sea posible.
Y para que todos los hombres se abstengan de invadir los derechos de los otros y
de dañarse mutuamente, y sea observada esa ley de naturaleza que mira por la paz
y la preservación de toda la humanidad, los medios para poner en práctica esa ley
les han sido dados a todos los hombres, de tal modo que cada uno tiene el derecho
de castigar a los transgresores de dicha ley en la medida en que esta sea violada.
Pues la ley de naturaleza, igual que todas las demás leyes que afectan a los
hombres en este mundo, sería vana si no hubiese nadie que, en el estado natural,
tuviese el poder de ejecutar dicha ley protegiendo al inocente y poniendo coto al
ofensor. Y si en el estado natural cualquier persona puede castigar a otra por el mal
que ha hecho, todos pueden hacer lo mismo; pues en ese estado de perfecta
igualdad en el que no hay superioridad ni jurisdicción de uno sobre otro, cualquier
cosa que uno pueda hacer para que se cumpla esa ley será algo que todos los
demás tendrán también el mismo derecho de hacer.
Y así es como en el estado de naturaleza un hombre llega a tener poder sobre otro.
Al transgredir la ley de naturaleza, el que realiza una ofensa está declarando que
vive guiándose por reglas diferentes de las que manda la razón y la equidad común.
Se castiga a quien haya transgredido esa ley haciendo de este modo que se
arrepienta de haberlo hecho. Mediante este procedimiento, hay que lograr que el
delincuente se abstenga de volver a cometer el mismo delito, y disuadir con el
ejemplo a otros para que tampoco lo cometan. Cada hombre tiene el derecho de
castigar al que comete una ofensa, y de ser ejecutor de la ley de naturaleza.
Quien ha sufrido el daño tiene el derecho de exigir, en su propio nombre, una
reparación, y es él y solo él quien puede perdonarla. La persona dañada tiene el
poder de apropiarse de los bienes o del servicio del ofensor. Y ello es así por el
derecho de autoconservación; pues cada hombre tiene el poder de castigar el
crimen a fin de prevenir que vuelva a ser cometido; y tiene ese poder en virtud de su
derecho de conservar a toda la humanidad y de hacer todo lo que estime razonable
para alcanzar ese propósito. Y así es como cada hombre, en el estado de
naturaleza, tiene el poder de matar a un asesino, para disuadir a otro de cometer la
misma injuria, la cual no admite reparación. Tiene también el poder de proteger a los
hombres de los ataques de un criminal que, habiendo renunciado a hacer uso de la
razón, ha declarado la guerra a todo el género humano al haber cometido injusta
violencia matando a uno de sus miembros. En esto se funda esa gran ley de
naturaleza: “Quien derrama la sangre de un hombre está sujeto a que otro hombre
derrame la suya”.
Cada transgresión puede ser castigada en el grado y con la severidad que sea
suficiente para que el ofensor salga perdiendo, para darle motivo a que se arrepienta
de su acción y para atemorizar a otros con el fin de que no cometan un hecho
semejante.
El problema es que el amor propio los hará juzgar en favor de sí mismos y de sus
amigos, y que, por otra parte, sus defectos naturales, su pasión y su deseo de
venganza los llevarán demasiado lejos al castigar a otros. Ante esto, el gobierno civil
ha de ser el remedio contra las inconveniencias que lleva consigo el estado de
naturaleza. Aquí los hombres dejan de ser jueces de su propia causa.
En el capítulo III, habla del estado de guerra. Este es un estado de enemistad y
destrucción.
Aquel que, en el estado de naturaleza, arrebatase la libertad de algún otro que se
encuentra en dicho estado debe ser considerado, necesariamente, como alguien
que tiene la intención de arrebatar también todo lo demás, pues la libertad es el
fundamento de todas las otras cosas. Del mismo modo, aquel que en el estado de
sociedad arrebata la libertad que pertenece a los miembros de esa sociedad o
Estado debe ser considerado como alguien que tiene la intención de apropiarse
también de todo lo demás, y debe ser mirado igual que lo haríamos en un estado de
guerra.
Diferencia entre el estado de naturaleza y el estado de guerra.
El primero es un estado de paz, buena voluntad, asistencia mutua y conservación;
mientras que el segundo, es un estado de enemistad, malicia, violencia y mutua
destrucción. El estado de naturaleza es aquel en el que los hombres viven juntos
conforme a la razón, sin un poder terrenal, común y superior a todos, con autoridad
para juzgarlos. Pero la fuerza, o una intención declarada de utilizar la fuerza sobre la
persona de otro individuo allí donde no hay un poder superior y común al que recurrir
para encontrar en él alivio, es el estado de guerra; y es la falta de la
oportunidad de apelar lo que le da al hombre el derecho de hacer la guerra a un
agresor, incluso aunque este viva en sociedad y sea un conciudadano.
Para evitar este estado de guerra es por lo que, con gran razón, los hombres se
ponen a sí mismos en un estado de sociedad y abandonan el estado de naturaleza.
Porque allí donde hay una autoridad, un poder terrenal del que puede obtenerse
reparación apelando a él, el estado de guerra queda eliminado y la controversia es
decidida por dicho poder.
En el capítulo IV, nos habla de la esclavitud. Vemos que Locke es un defensor de
esta. Sabemos que en el estado de guerra cualquiera puede actuar como juez,
imponiendo castigos proporcionales al daño, por lo que la esclavitud es una pena.
Capítulo V
Habla de la propiedad. Ubica a esta antes de que empezara la sociedad política.
Empieza en el estado de naturaleza, en el estado pre-político. Este no es un
estado pre- económico; aunque sí hay economía y mercado.
Observamos la propiedad y la acumulación. Hay un valor de los objetos, el cual es
calculable en dinero. Se intercambian objetos por dinero. Esto es muy
evolucionado. Todo está antes. Intercambio de mercancías.
Vemos el uso de la razón, para esforzarse y para tener cosas. El hombre es
propietario.
Se plasma la idea de trabajador racional.
Para Locke, la naturaleza ha sido dada para beneficio.
Los individuos son libres de hacer las cosas que la ley permite. Ley de naturaleza
(esta está en el estado de naturaleza y sigue vigente en el estado de sociedad).
En lo que respecta a la propiedad, tenemos que esta se adquiere cuando
encuentro algo en el estado de naturaleza (que no le pertenece a nadie) y le
pongo mi esfuerzo. Ahí digo que es de mi posesión, una vez que tiene mi esfuerzo
y trabajo.
Cuando un ladrón me roba, se mete también con mi esfuerzo y con mi vida.
Se crea el gobierno civil para la protección de la propiedad.
El caprichoso que roba, se aprovecha del esfuerzo ajeno. Él pudo tener lo mismo.
¿Hay un límite de propiedad? Sí. Debo usar lo que voy a consumir. Todo aquello
que vaya a usar. Tanto que pueda producir, usar. No debo de usar de más.
El problema es que luego aparece el intercambio de bienes, y el límite se empieza
a correr. El intercambio va a permitir la acumulación. Voy a poder acumular los
bienes durables.
Aparece el dinero, los metales preciosos. Estos no se echan a perder.
El límite natural desaparece con la llegada del dinero.
La sociedad política no va a decir nada de la desigualdad en la distribución de
bienes. El que no acumuló bienes fue porque no quiso.
Los hombres tienen derecho a su autoconservación y, en consecuencia, a comer, a
beber y a beneficiarse de todas aquellas cosas que la naturaleza procura para su
subsistencia.
Dios, que ha dado en común el mundo a los hombres, también les ha dado la razón,
a fin de que hagan uso de ella para conseguir mayor beneficio de la vida, y mayores
ventajas. La tierra y todo lo que hay en ella le fueron dados al hombre para soporte y
comodidad de su existencia.
Aunque la tierra y todas las criaturas inferiores pertenecen en común a todos los
hombres, cada hombre tiene una propiedad que pertenece a su propia persona; y a
esa propiedad nadie tiene derecho, excepto él mismo. El trabajo de su cuerpo y la
labor producida por sus manos podemos decir que son suyos. Cualquier cosa que él
saca del estado en que la naturaleza la produjo y la dejó, y la modifica con su labor y
añade a ella algo que es de sí mismo, es, por consiguiente, propiedad suya. Esto
hace que no tengan derecho a ella los demás hombres.
La ley de naturaleza establece límites de la propiedad, es decir que, podemos utilizar
aquello que nos sea útil y para ventaja de nuestra vida antes de que se eche a
perder. Todo aquello que excede lo utilizable será de otros. Dios no creó ninguna
cosa para que el hombre la dejara echarse a perder o para destruirla.
Dios, y su propia razón, ordenaron al hombre que este sometiera la tierra, que la
mejorara para beneficio de su vida, agregándole algo que fuese suyo, es decir, su
trabajo. Por lo tanto, aquel que obedeciendo el mandato de Dios sometió, labró y
sembró una parcela de la tierra añadió a ella algo que era de su propiedad y a lo que
ningún otro tenía derecho.
Dios ha dado el mundo para que el hombre trabajador y racional lo use; y es
el trabajo lo que da derecho a la propiedad, y no los delirios y la avaricia.
Todo aquello que el hombre acumule y no le sea útil, es decir, que le sobre, puede
considerarse de nadie y otro puede hacer uso de esto. Ante esto, no está
cometiendo ningún delito, ya que al otro le sobra. Veamos la cita que explica mejor
esto: “Todo terreno que era labrado y cosechado por un hombre, y cuyos frutos
podían ser utilizados por él antes de que se echaran a perder, era por derecho
propiedad suya. Y todo pasto que él pudiese acorralar, mantener y utilizar era
también suyo, así como los productos del ganado. Pero si la hierba de su corral se
echaba a perder en la misma tierra, o si los frutos de su huerta perecían sin haber
sido cosechados, esa parcela de terreno, aunque estuviese cercada, podía
considerarse como terreno silvestre y cualquier otra persona podía tomarlo en
posesión”.
A medida que sus necesidades fueron creciendo, sus bienes y posesiones también.
Las familias se reunieron, construyeron ciudades y las mismas crearon límites entre
las tierras, también límites entre su tierra y la del vecino. A su vez estipularon lo que
era propiedad mediante leyes internas.
Lo único que el propietario debía tener en cuenta era hacer uso de ellas antes de
que se echaran a perder; si no, habría tomado más de lo que le correspondía y, por
ello mismo, estaría robando a los otros. Y era, ciertamente, cosa insensata, además
de deshonesta, acumular más de lo que podía ser utilizado. Si regalaba una parte a
otra persona, puede decirse que también estaba haciendo uso de ellos. Y si trocaba
ciruelas que se habrían echado a perder en una semana por nueces que se
conservarían en condiciones comestibles durante todo un año, tampoco estaba
haciendo daño a nadie, es decir, que no estaba desperdiciando los productos del
común, ni estaba destruyendo parte alguna de los bienes que pertenecían a los
demás.
Si cambiaba sus nueces por una pieza de metal porque le gustaba el color de esta; o
si trocaba su ganado por conchas, o lana por una gema vistosa o por un diamante, y
se los quedaba durante toda su vida, tampoco estaba entrometiéndose en los
derechos de los demás; de estos objetos durables podía acumular tantos como
quisiese.
Así fue como se introdujo el uso del dinero: una cosa que los hombres podían
conservar sin que se pudriera, y que, por mutuo consentimiento, podían cambiar por
productos verdaderamente útiles para la vida.
Capítulo VII
Dios, al hacer del hombre una criatura que, según el juicio divino, no era bueno que
estuviese sola, lo puso bajo fuertes obligaciones, tanto de necesidad como de
conveniencia, que lo inclinaban a vivir en sociedad.
La primera sociedad que se creó fue la de hombre y mujer; y esto dio luego lugar a
la sociedad entre padres e hijos. Luego, se le añadió la sociedad entre amo y siervo.
El hombre posee, en el estado de naturaleza, derecho a la libertad perfecta y a
disfrutar todos los derechos y privilegios que le otorga la ley de naturaleza, y tiene
por naturaleza el poder de proteger su propiedad, es decir, su vida, su libertad y sus
bienes, frente a los daños y amenazas de otros hombres. Además de esto, también
puede juzgar y castigar los infringimientos de la ley que sean cometidos por otros, y
en el grado que la ofensa merezca.
Podrá haber sociedad política allí donde cada uno de sus miembros haya
renunciado a su poder natural y lo haya entregado en manos de la comunidad, en
todos aquellos casos en que no esté imposibilitado para pedir protección de la ley
que haya sido establecida por la comunidad misma.
La comunidad viene a ser un árbitro que decide según normas y reglas establecidas,
imparciales y aplicables a todos por igual, y administradas por hombres a quienes la
comunidad ha dado autoridad para ejecutarlas.
El Estado se origina mediante un poder que establece cuál es el castigo que
corresponde a las diferentes transgresiones. Este es el poder de hacer leyes, y a él
debe añadirse el poder de castigar cualquier daño que se le haga a un miembro de
la sociedad, cometido por alguien que no pertenece a ella. Este segundo poder es el
de hacer la guerra y la paz. Y ambos poderes están encaminados a la preservación
de la propiedad de todos los miembros de esa sociedad, hasta donde sea posible.
Cuando el hombre se ha convertido en miembro de un Estado ha renunciado a su
poder de castigar las ofensas contra la ley de naturaleza según le dicte su juicio
personal.
Poder legislativo: poder que consiste en juzgar, mediante leyes, hasta qué punto
deben castigarse las ofensas cuando son cometidas dentro del Estado, y, también,
determinar, mediante juicios ocasionales fundados en las circunstancias presentes
del hecho, en qué medida deben vindicarse las injurias procedentes de afuera.
Debe hacer leyes para el bien público de la sociedad.
Capítulo VIII
Al ser los hombres todos libres por naturaleza, iguales e independientes, ninguno
puede ser sacado de esa condición y puesto bajo el poder político de
otro sin su propio consentimiento. El único modo en que alguien se priva a sí mismo
de su libertad natural y se somete a las ataduras de la sociedad civil, es mediante un
acuerdo con otros hombres, según el cual todos se unen formando una comunidad,
a fin de convivir los unos con los otros de una manera confortable, segura y pacífica,
disfrutando sin riesgo de sus propiedades respectivas y mejor protegidos.
Esto se consigue mediante la voluntad y determinación de la mayoría. Por lo tanto,
cada uno está obligado, por consentimiento, a someterse al parecer de la mayoría.
Una vez ha pactado, no podrá ser parte del estado de naturaleza, es decir, no podrá
volver a menos que el gobierno al que está sometido se disuelva por causa de
alguna calamidad, o que él mismo cometa un acto público que lo separe de dicho
gobierno y no le permita formar parte de él por más tiempo.
Capítulo IX
Se somete al gobierno civil porque, aunque en el estado de naturaleza tiene el
hombre todos los derechos, está expuesto constantemente a la incertidumbre y a la
amenaza de ser invadido por otros. Esto lo lleva a querer abandonar una condición
en la que, aunque él es libre, tienen lugar miedos y peligros constantes. Quiere, por
tanto, salir de esa situación uniéndose a una sociedad civil que tiene como fin
preservar sus vidas, libertad y posesiones.
La falta de un juez capaz de resolver todas las transgresiones, impulsa a los
hombres también a querer salir de dicho estado, ya que estos eran jueces de sus
circunstancias cuando se infringía la ley natural, por lo que cuando aplicaban las
penas, siempre lo hacían atenidos a sus intereses.
La situación en la que se encontraban los llevan a buscar protección bajo las leyes
establecidas del gobierno, a fin de procurar la conservación de su propiedad. Esto es
lo que los hace estar tan deseosos de renunciar al poder de castigar que tiene cada
uno, y de entregárselo a una sola persona para que lo ejerza entre ellos.
El poder legislativo en un Estado está obligado a gobernar según lo que dicten las
leyes establecidas, promulgadas y conocidas del pueblo, y a resolver los pleitos de
acuerdo con dichas leyes, y a emplear la fuerza de la comunidad, exclusivamente,
para que esas leyes se ejecuten dentro del país; y si se trata de relaciones con el
extranjero, debe impedir o castigar las injurias que vengan de afuera, y proteger a la
comunidad contra incursiones e invasiones. Todo esto no debe estar dirigido a otro
fin que no sea el de lograr la paz, la seguridad y el bien del pueblo.
Capítulo XI
La primera y fundamental ley natural que ha de gobernar el poder legislativo mismo
es la preservación de la sociedad y la de cada persona que forme parte de ella.
Este poder legislativo no solo es el poder supremo del Estado, sino que también es
sagrado e inalterable.
El poder legislativo (ya reside en uno o en varios, ya sea ejercido constantemente o
sólo a intervalos) ha de ser considerado como el poder supremo dentro de cada
Estado.
No puede ser ejercido absoluta y arbitrariamente sobre las fortunas y las vidas del
pueblo.
Un hombre no puede someterse al poder arbitrario de otro; sino solo el que la ley de
naturaleza le ha dado a fin de preservarse.
La ley de naturaleza permanece como regla eterna a la que han de someterse todos
los hombres, tanto los que son legisladores como los que no lo son.
La principal ley de naturaleza es la preservación de la humanidad,
ninguna acción humana que vaya contra esto puede ser buena o válida.
Los hombres no abandonarían la libertad del estado de naturaleza, ni se someterían
a una norma, si no fuera porque buscan con ello preservar sus vidas, sus libertades
y sus fortunas, y porque quieren que su paz y tranquilidad sean aseguradas por
reglas establecidas en lo concerniente a su derecho y a su propiedad. Esto
significaría ponerse a sí mismos en una condición peor que la del estado de
naturaleza, en el cual tenían la libertad de defender sus derechos frente a las injurias
de otros, y estaban todos en igualdad de fuerzas para mantenerlos.
El poder supremo no puede apoderarse de parte alguna de la propiedad de un
hombre, sin el consentimiento de este.
Los hombres que viven en sociedad pueden ser propietarios, tienen derecho a esos
bienes que, según la ley de la comunidad, son suyos; y nadie tiene el derecho de
quitárselos ni total ni parcialmente, sin que ellos den su consentimiento.
La legislatura no puede transferir a nadie el poder de hacer leyes; pues como ese
poder le ha sido delegado por el pueblo, no puede pasárselo a otros. Solo el
pueblo puede determinar el tipo de Estado, lo cual hace constituyendo el poder
legislativo e indicando en qué manos ha de estar. Cuando el pueblo ha dicho: “Nos
someteremos a las reglas, y seremos gobernados por las leyes que hagan estos
hombres, y de esta manera”.
Tienen que gobernar guiándose por leyes promulgadas y establecidas, que no han
de variarse en casos particulares, sino que han de aplicarse igualmente a todos.
Estas leyes no pueden estar encaminadas a otro fin último que no sea el bien del
pueblo.
No podrán los gobernantes aumentar los impuestos sobre la propiedad del pueblo
sin el consentimiento de este, ya venga dado por el pueblo mismo o por sus
diputados.
La legislatura no deberá ni podrá transferir a nadie el poder de hacer leyes, ni
depositarlo en lugar diferente de aquel en el que el pueblo lo ha depositado.
Capítulo XII
El poder legislativo es aquel que tiene el derecho de determinar cómo habrá de ser
empleada la fuerza del Estado.
Es necesario que haya un poder que esté siempre en activo y que vigile la puesta en
práctica de esas leyes y la aplicación de las mismas. De ahí el que los poderes
legislativo y ejecutivo suelan estar separados.
Un poder de hacer la guerra y la paz, de establecer ligas y alianzas y de realizar
tratos con todas las personas y comunidades fuera del Estado, es llamado
“federativo”.
Estos dos poderes, el ejecutivo y el federativo, aunque en realidad son distintos el
uno del otro, pues el primero se refiere a la ejecución de las leyes municipales de la
comunidad, dentro de ella y en referencia a las partes que la componen, y el
segundo atañe a la seguridad y al interés en asuntos exteriores con respecto a los
beneficios o daños que la comunidad pueda recibir desde fuera, ambos están
siempre casi unidos.
Capítulo XIII
La comunidad conserva siempre un poder supremo de salvarse a sí misma frente a
posibles amenazas e intenciones maliciosas provenientes de cualquier persona,
incluso de los legisladores mismos; pues puede ocurrir que estos sean tan
insensatos o tan malvados como para planear y llevar a cabo proyectos que vayan
contra la libertad y la propiedad de los súbditos.
El poder supremo será el legislativo y todos los demás poderes que residan en
cualquier parte o miembro de la sociedad derivan de él y están subordinados a él.
Este poder, no tiene por encima a un legislador superior al que subordinarse y al que
rendir cuentas, excepto a quien él mismo se haya unido y haya dado su
consentimiento.
Cuando el poder legislativo ha depositado en otras manos el poder de ejecución,
puede todavía volverlo a quitar de esas manos, si encuentra una causa que lo
justifique, y castigar a quienes hayan hecho mala administración de las leyes.
El poder político es el que los miembros del estado de naturaleza han elegido que
los represente para que sea empleado con el fin de procurar el bien y para la
preservación de su propiedad. No puede, por tanto, tratarse de un poder absoluto y
arbitrario sobre sus vidas y fortunas las cuales han de ser preservadas hasta donde
sea posible.
Capítulo XV
El poder despótico es un poder absoluto y arbitrario que un hombre ejerce sobre
otro, hasta el punto de quitarle la vida si le parece. Poder que la naturaleza jamás
concede, ya que no hace distinción entre un hombre y otro, es únicamente el efecto
de haber renunciado el agresor a su propia vida poniendo en estado de guerra con
otro.
Capítulo XIX
La manera en la que se puede disolver la sociedad civil es a través de la intromisión
de una fuerza extranjera que llegue a imponerse sobre los miembros de la
comunidad.
Cuando las libertades le son quitadas o alteradas hasta el punto de privar a la
sociedad del ejercicio de su poder, el poder legislativo queda, en verdad,
descompuesto.
El entregar al pueblo a la sujeción de un poder extranjero, ya sea esta entrega
llevada a cabo por el príncipe o por la legislatura, implica, ciertamente, una
alteración del poder legislativo y, con ello, una disolución del gobierno.
LOCKE
En dicha obra se dan conflictos entre la monarquía y el parlamento, dos fuerzas en
disputa.
El poder parlamentario era vanguardista de una sociedad cambiante. Los monarcas
se apegaban a la teoría del derecho divino de los reyes, de la facultad para ejercerlo,
y el deber de obedecerlo, vienen en un mandato divino.
La obra trata de justificar un liberalismo y una oposición a la teoría del derecho
divino de los reyes; la rebelión y el cambio de gobernante cuando este hubiera
incumplido sus obligaciones. Se trataba de crear una nueva definición de la
legitimidad del poder político.
Locke refleja la opinión de la clase ascendente, expresa el ideal de la burguesía.
SEGUNDO TRATADO DEL GOBIERNO CIVIL: LOCKE
En este segundo tratado el autor explora cómo sería la vida sin este Estado, y así
llega a la concepción del Estado de Naturaleza el cual ya fue utilizado por Hobbes.
Pero el estado natural de Hobbes difiere del de Locke: en el primero, la realidad es
el potencial del conflicto. En cambio, Locke, ve en el Estado Natural que los seres
humanos se guían de acuerdo con la razón, la cual no prescribe más cosas de las
que son necesarias para el bien general de quienes están sujetos a dicha ley. Por
eso la ley de la razón es fundamento, además, de todas las demás leyes. La razón
enseña al hombre la necesidad de respetar la vida, la salud, la libertad, y propiedad
de los demás seres. Sin embargo, puede suceder que esta ley sea corrompida, y
cada hombre castigue a quien comete la ofensa, siempre dentro de lo que dicta la
razón.
Locke interpreta el derecho natural como la pretensión de unos derechos innatos e
inviolables como la propiedad privada,
Sostiene que el estado de naturaleza es uno de paz y buena voluntad, no tiene
organización y todo hombre debe proteger lo suyo. El cree que la propiedad privada
era común puesto que todos tienen derecho a tomar lo que necesiten para satisfacer
sus necesidades.
Definió al poder civil como el derecho de hacer leyes y poder emplear la fuerza para
el bien público. Es un acuerdo tácito entre el pueblo y surge con el consentimiento,
un pacto original por el cual los hombres se unen en una sociedad.
Establece de manera ambigua una doble forma de contrato y así un acto de la
comunidad está constituido por el acuerdo de una mayoría de sus miembros y el
consentimiento por el cual una persona representa a las demás obligadas a
someterse a la mayoría.
Suponía que el poder legislativo era el más importante.
Poder político: existencia de un estado, en el cual todos los individuos están
constituidos en él. En dicho Estado el poder político no puede ser impuesto, sino que
la comunidad civil debe protegerse entre sí para no sufrir injusticias, para que nadie
se apodere del poder sino el consentimiento explícito de la mayoría.
● Estado de naturaleza: aquí los hombres son libres, deben de respetar la vida,
la salud, la libertad y posesiones de los demás, cada hombre puede castigar,
en caso de una transgresión, a otro, y ese castigo deberá ser proporcional al
daño que se le haya causado; sirviendo como ejemplo para los demás.
● Ley natural: dentro de este estado existe una ley natural donde el hombre
tiene el derecho y la obligación de la propia conservación, tendrá el derecho
de poseer todo aquello que considere necesario para ese fin, defender su
vida, su libertad, sus posesiones, y su propiedad privada.
La ley natural está en manos de Dios, el hombre es quien la ejecuta; todo
hombre tiene derecho a ejecutar la ley natural; es también en caso de
transgresión el que aplica un castigo. La finalidad de ésta es preservar a los
inocentes y que sirva como ejemplo para todos, sobre todo para frenar a los
transgresores y que sepan que si siguen así serán castigados.
El castigo es la única manera en la que un hombre podrá legalmente
causarle daño a otro, también se utiliza para saldar la deuda causada, como
una recompensa.
(transgresores: personas que violan una ley, [Link]..)
● Estado de Guerra: un hombre pasa del estado natural al estado de guerra
cuando atenta o amenaza contra la vida o bienes de otro hombre, quedando
sometidos ambos en un estado de guerra; este es un estado de violencia, de
malicia, destrucción y enemistad.
● Comunidad política: los tres elementos necesarios para asegurar la existencia
de la comunidad política son:
❖ Una ley establecida.
❖ Un juez que actúe mediante dicha ley.
❖ Un poder que respalde la sentencia.
● Gobierno: La finalidad del gobierno es que se castigue a los transgresores,
conseguir el bien público para luego retornar al estado de naturaleza.
El gobierno va a estar dividido en tres; poder legislativo, poder ejecutivo y
poder federativo.
- Al poder legislativo le incumbe el empleo de la fuerza para la
preservación de la República y sus miembros.
- El poder ejecutivo comprende la ejecución de las leyes interiores de la
sociedad.
- El poder federativo se encarga del manejo de la seguridad de
intereses públicos, del vínculo entre el Estado con otros Estados.
El poder legislativo prima sobre los demás porque es sagrado e inalterable ya que
nadie está capacitado para alterar sus funciones, además nada tendrá fuerza de ley
sin antes ser sancionado por tal poder. La base del poder legislativo reside en el
consentimiento de la sociedad.
Locke agrupa el poder legislativo y el judicial, luego encontramos al ejecutivo y por
último el federal.
● Propiedad:el hombre llega a la propiedad mediante el trabajo, este es el
determinante que distingue entre propiedad privada y común.
● Postura contractualista: hay un contrato con el fin de preservar sus derechos
y libertades. El contrato se genera cuando los individuos dentro del Estado de
Naturaleza deciden por consentimiento explícito, salir de dicho estado para
que exista un poder que ejecute las leyes, que sea juez imparcial.
JEAN- JACQUES ROUSSEAU
(1712- 1778, entre Suiza y Francia)
Jean- Jacques Rousseau nació el 28 de junio del año 1712 en Ginebra, Suiza; y
falleció el 2 de julio del año 1778 en Ermenonville, Francia. Fue un escritor,
pedagogo, filósofo, músico, botánico y naturalista.
A GRANDES RASGOS:
La primera obra de Rousseau fue un discurso sobre las ciencias y las artes (ataque directo
contra los valores de la época).
Para el año 1715 publica El discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre
los hombres y la compasión.
En el año 1762 publica el Contrato social, obra proyectada en las instituciones y el derecho
político.
Rousseau presenta una nueva doctrina; pero, sin embargo, no discute con otras teorías dado
que su intención no es agresiva. Este considera que mediante la conciencia se puede conocer
lo que está bien y lo que está mal y que la moral no se razona, simplemente se siente.
Rousseau considera que el hombre vive aparentando ser alguien que no es en realidad, dado
que él considera que “ el hombre de sociedad se cubre completamente con una máscara”, es
decir que se ha alejado completamente de su propio ser.
Considera que el hombre en su estado de naturaleza corresponde a instintos primarios, que
son necesarios para sobrevivir. Es un ser emocional que se rige por la autoconservación y por
la piedad. No lo considera como un estado negativo (como lo hacen otros autores), ya que él
considera que al no tener curiosidades y razonamiento estos individuos son más sanos y
felices, puesto que sus deseos no superan sus necesidades.
Sin embargo, este es un estado que va a evolucionar a medida que los individuos se
relacionan con otros individuos, los cuales comienzan a realizar actividades en las que
se destacan, generando de esta manera satisfacción individual. Comienzan a tener
bienes que otros no tienen, originando que algunos los admiren; y otros, los envidien.
Con esto tenemos que los hombres comienzan a tener pasiones que van más allá de las
pasiones naturales del hombre salvaje. Surge la propiedad privada la cual es uno de los
principales factores de la desigualdad y del conflicto, ya que de esta parten los lujos y
exigencias, se promulgaron leyes y se destruye la libertad natural del hombre. De este modo
se crea la sociedad civil. Estos efectos de la sociedad civil llevaron a que los hombres cayeran
en guerra, entre el rico y el pobre, el fuerte y el débil.
El autor plantea como negativo que el ser humano no pueda separarse de la opinión de los
demás, dado que el hombre en sociedad vive constantemente en busca de la aprobación por
parte de sus semejantes. Esto hace que a pesar de los progresos por los que pasó el ser
humano, no logre ser feliz. Asimismo, dice que el hombre en sociedad civil transforma al
hombre en un esclavo de lo material, ya que disminuyen las capacidades físicas y se genera
una dependencia de otros hombres y cosas.
Por lo tanto, Rousseau plantea que la forma de solucionar el problema es intentar conciliar la
libertad del individuo con la libertad de todos los miembros de la comunidad, es decir, con la
libertad civil. El problema es “encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de
toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual
cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como
antes“. Él considera que la soberanía es una forma colectiva y cada uno al entregarse a la
comunidad, no se entrega a nadie en particular (todo esto parte de la voluntad general, -la cual
es diferente a la voluntad de todos porque no se basa en totalizaciones numéricamente de las
voluntades particulares y egoístas, las cuales son la mayoría.). La voluntad general pone por
delante el bien común dado que busca preservar el bienestar de la comunidad.
Rousseau considera que la sociedad no es creación de Dios, sino voluntad del hombre, por
ende, remarca que el ciudadano es soberano ya que participa en la elaboración de las leyes y
es súbdito también cuánto se somete a ellas.
Esta sociedad política, civil requiere de atributos morales para poder acceder a libertad y eso
implica estudiar la sociedad a través de los hombres, y a los hombres a través de la sociedad.
Rousseau considera que aquellos que deseen separar la política y lo moral, jamás
comprenderán nada de ninguna, dado que se necesita de una personalidad moral para poder
estar en sociedad.
Contrato social:
Parte de un primer contrato ilegítimo que se basa en la desigualdad y en la sociedad civil
corrupta; y de un segundo contrato legítimo el cual yace de un contrato que da origen a la
república y que establece una posibilidad de reconciliación entre la naturaleza y la cultura.
Este segundo contrato tiene como fin proteger a los asociados y asegurar la libertad civil.
Mediante el pacto se garantiza la igualdad de derechos y asegura que nadie domine a otro
ciudadano, ya que cada uno es igualmente soberano y súbdito.
Por lo tanto la solución al problema que plantea Rousseau, radica en un contrato social
basado en la enajenación de todas las voluntades, de forma que cada uno recupere
finalmente todo lo que ha cedido a la comunidad. En el cual cada individuo obedece a
todos, por lo tanto, no se da a nadie en específico y, por consiguiente, no hay ningún
miembro de la sociedad superior. Este contrato será la expresión de la voluntad general,
dado que es justo y mira por el interés social de la comunidad, por la utilidad pública. Este
contrato no es un contrato entre individuos como en Hobbes; no es un contrato bilateral como
en Locke, es un contrato entre la comunidad. La aspiración político es compatible con la
igualdad y la libertad, aunque siempre bajo la autoridad de las leyes.
Para Rousseau el paso del estado de naturaleza al estado de sociedad civil, no es una
sustitución de la libertad natural por la esclavitud, sacando como beneficio la seguridad
ciudadana. Es un estado en el que la sociedad adquiere una forma de libertad superior a
aquella que existía en el estado de naturaleza.
IDEAS CENTRALES DEL PENSAMIENTO DE ROUSSEAU:
➔ Los seres humanos no solo se han vuelto peores, sino que además son
menos felices.
➔ La naturaleza ha creado feliz al ser humano; la sociedad lo ha hecho infeliz.
La naturaleza lo ha creado libre, la sociedad lo ha esclavizado.
Contexto y vida del autor:
Desde hacía tres siglos los europeos se consideraban muy progresistas y
efectivamente habían logrado progresar. Los descubrimientos e inventos habían
ampliado su horizonte, enriqueciendo sus vidas. Habían abandonado el mundo
estrecho en el que los había encerrado la civilización absolutamente religiosa de la
Edad Media. La filosofía racionalista y el desarrollo de las ciencias naturales le
habían dado a su existencia bases más sólidas, más positivas. El perfeccionamiento
de la literatura y las artes le había conferido a su gusto una disposición más estética,
más noble. Ningún pueblo había disfrutado tanto de esos beneficios como el francés.
Tenemos que también el francés había pasado a ser directamente la lengua
administrativa de la civilización europea.
Pero por otra parte, el final de la época de Luis XIV no fue tan esplendoroso como
sus inicios. Las largas guerras habían debilitado las fuerzas de la monarquía; se
habían producido complicaciones económicas y fiscales.
En aquella época el pueblo aún no estaba en condiciones de alzar la voz; el pueblo
estaba sumido en la apatía por la presión económica y vivía en ignorancia absoluta.
Las ideas de crítica y de reforma surgieron en los estratos superiores, entre los
ilustrados que habían comenzado a liberarse de la superstición del pasado, de las
doctrinas religiosas y políticas, de la vieja visión de la historia y el mundo.
La primera mitad del siglo XVIII y hasta mediados de siglo, cuando Rousseau
ingresó a la vida intelectual, fue la época dorada en la que nació la idea de la
libertad. En esa época, que recuerda a una primavera plena de todas las alegrías y
placeres imaginables, las ideas de libertad y progreso se difundían en ropajes
elegantes en los salones, sin descender todavía al pueblo. Esas ideas servían para
construir delicados mundos de fantasía o para distinguir a un hombre en los salones.
Dichas ideas, se basaban en la razón y en el sentido común. En aquel entonces, se
había sacado muchas conclusiones respecto a las leyes físicas y otros
descubrimientos de los grandes pensadores del siglo XVIII; así como también se
había llegado a la conclusión de que las doctrinas religiosas se basaban en ideas
supersticiosas, incompatibles con la verdad científica, que las instituciones políticas
existentes no tenían bases racionales y lógicas, sino que eran formas arbitrarias
nacidas de las contingencias históricas, y que una pequeña minoría que estaba en
condiciones de disfrutar plenamente de los placeres de la vida solo los preservaba y
cultivaba en beneficio propio.
Los movimientos intelectuales se oponían en especial a los dogmas religiosos. Los
viajes de descubrimiento habían enseñado a los europeos que en el mundo había
innumerables religiones y creencias; y el progreso de las ciencias había demostrado
que todas ellas infringían la verdad en igual medida. Ellos no deseaban ver en el
mundo distintos seres humanos, separados por supersticiones absurdas, ridículas,
sino un solo humano, un único tipo verdadero y natural, que estuviera sometido
exclusivamente a la razón. La razón sería la guía de la humanidad para aquel
entonces; siendo la tradición, el pasado, la historia y las supersticiones religiosas, los
grandes enemigos. Una vez que los seres humanos se liberaran de los delirios
absurdos que los separaban en diferentes grupos y los llevaban a confrontar
mutuamente, vivirían libres y felices, se amarían y entrarían en una nueva Edad de
Oro.
Rousseau contribuyó en un inicio con los intelectuales de la época. Este era
enemigo de la superstición, de las instituciones políticas, de la tradición heredada,
que obstaculizaban la prosperidad de la humanidad. Pero, a diferencia de los demás
filósofos, Rousseau tampoco creía en la razón y la ciencia. No estaba convencido
de que los ilustrados que disfrutaban de los beneficios de la civilización fueran más
perfectos o felices que los salvajes sin educación.
Rousseau despreciaba el progreso, las ciencias, la vida social. Mientras que las
ideas reformistas de otros filósofos se basaban en la razón; Rousseau partía
simplemente de la naturaleza y el corazón. Este pensamiento del autor que
trabajamos haría que perdiese amistades con la mayoría de los demás filósofos.
Aparte, Rousseau por su origen era muy diferente a ellos. Todos ellos eran
franceses y católicos de nacimiento. Algunos eran aristócratas, otros eran burgueses
acaudalados. Ocupaban posiciones favorables y disfrutaban del máximo nivel de
vida de su época. Rousseau, en cambio, había nacido en Ginebra y protestante. Era
hijo de un artesano de las capas inferiores.
Rousseau perdió a su madre al nacer. De su padre, que vivió durante un tiempo en
Galata, fue separado muy pronto. Las familias que se esforzaron por criarlo no
sabían qué hacer con él.
A los dieciséis años, Rousseau se siente un día profundamente infeliz, se va de su
casa y después de un tiempo de vagabundeo se dirige a Annecy, a la casa de una
rica dama llamada Madame de Warens. Allí vivió durante trece años, hasta su época
en París, bajo la protección de esta mujer. Ahora bien, Rousseau no se encuentra a
su lado en forma ininterrumpida. Algunas veces se separa de ella para llevar una
vida libre y buscar un trabajo. Prueba numerosos oficios: es criado, entra a un
monasterio para hacerse sacerdote católico, trabaja como maestro de música,
empleado de catastro, jardinero, preceptor, entre otros. Cabe agregar que Rousseau
no se entendía con nadie y solo disfrutaba de estar solo en la naturaleza.
Luego se vincularía con una mujer llamada Thérése Levasseur (en los años en los
que escribió Encyclopédie). Los contemporáneos de su época definían a esta mujer
como: inculta, tonta, envidiosa, intrigante, rezongona, pendenciera, belicosa,
pedante, inaccesible y deshonesta. Además, estaba bajo la influencia de una familia
de delincuentes. Lo cierto es que esta mujer intensificó la desconfianza de Rousseau
hacia todo el mundo y tuvo una participación considerable en el hecho de que
Rousseau enfermara de paranoia y creyera que todos eran sus enemigos.
Este autor tendría cinco hijos con la mencionada mujer, a los cuales enviaría a un
orfanato. Esto puede sonar un tanto contradictorio, ya que él (nuestro autor) había
escrito libros en los que enseñaba cómo educar a los niños y, además se esforzó por
reformar la familia.
PUNTOS IMPORTANTES (ideas básicas y contrato/pacto social):
➔ La naturaleza ha creado bueno al ser humano, la sociedad lo ha echado a
perder.
➔ La naturaleza lo ha creado libre, la sociedad lo ha esclavizado.
➔ La naturaleza ha creado feliz al ser humano, la sociedad lo ha hecho
infeliz.
➔ Síntesis: la naturaleza es buena, la sociedad es mala. La naturaleza ha
dado origen al humano como un ser bueno, libre y feliz, y el humano se ha
vuelto malo y desdichado por el surgimiento y la evolución histórica de la
sociedad ( a la que Rousseau considera antinatural).
Esta idea no era nueva. Antes, algunos eruditos habían ideado una Edad de Oro del
estado de naturaleza, habían añorado tiempos calmos, dichosos, en los que los
seres humanos únicamente satisfacían sus necesidades naturales, obtenían del
suelo lo que desearan, en cantidad suficiente y sin esfuerzo.
➔ Rousseau no pretendía retrotraer la nueva sociedad a su estado primitivo.
No era tan ingenuo como para pretender algo así, ya que sabía
perfectamente que eso era algo imposible. Lo que pretendía era
reencontrar los sentimientos naturales en las nuevas circunstancias de
vida y hacer que el alma estuviese guiada por los sentimientos.
➔ El ser humano nace libre, y todos los seres humanos nacen iguales. La
libertad y la igualdad son sus derechos naturales, inalienables. Cuando las
personas que viven cada una por su lado se reúnen en una sociedad,
celebran un contrato por propia voluntad: la vida y la propiedad de cada
uno de los individuos que suscriben ese contrato quedan bajo la
protección de un poder común. Pero el individuo que se une con los otros
sigue siendo dueño de su propia voluntad y tan libre como antes.
➔ El individuo transfiere todos sus derechos a la sociedad. La voluntad del
individuo se fusiona así con la voluntad general. La libertad y la igualdad se
convierten en metas tanto de cada individuo como de la sociedad en su
conjunto. Esto significa que el individuo renuncia primero
incondicionalmente a todos sus derechos, para recuperarlos luego como
miembro de una comunidad que reúne en sí todas las voluntades
individuales.
➔ El pueblo no cede su soberanía en ningún momento a ningún poder. Solo
puede confiar un poder ejecutivo a sus representantes. Es libre de
recuperar ese poder, es decir, de formar otro gobierno, cuando quiera. Otra
consecuencia de esta doctrina es que la voluntad personal del individuo,
llamado ahora “ciudadano” pierde todos sus derechos si no se corresponde
con la voluntad general. Si el individuo no se subordina voluntariamente a
la voluntad general, será obligado a hacerlo a la fuerza, lo cual según
Rousseau significa obligarlo a vivir en libertad.
Discurso sobre el origen y los fundamentos de la
desigualdad entre los hombres
INTRODUCCIÓN
Comienza la introducción diciendo: Es del hombre de quien tengo que hablar,
y la cuestión que examino me dice que voy a hablar a hombres, porque no se
propone uno cuestiones semejantes cuando se teme honrar la verdad.
Defenderé, pues, confiado la causa de la humanidad ante los sabios que a
ello me invitan, y no quedaré descontento de mí mismo si me vuelvo digno de
mi tema y de mis jueces.
Posteriormente, nos habla de dos desigualdades: natural o física y la moral o
política. La primera (natural o física) es establecida en la naturaleza, y
consiste en las diferencias en las edades, en la salud, en la fuerza del cuerpo,
en las cualidades el espíritu y del alma, etc; mientras que la segunda (moral o
política) depende de una especie de convención. Consiste esta, dice
Rousseau, en los diferentes privilegios de que algunos gozan en perjuicio de
otros, como el de ser más ricos, más respetados, más poderosos que otros,
etc.
Luego nos va a hablar de que los filósofos que han examinado los
fundamentos de la sociedad han sentido la necesidad de remontarse hasta
el estado de naturaleza, pero que ninguno ha llegado hasta él.
Unos, dice nuestro autor, no han vacilado en suponer en el hombre en ese
estado la noción de lo justo y de lo injusto, sin preocuparse de mostrar si
debió tener esa noción, ni siquiera si le fue útil. Otros, continúa diciendo
Rousseau, han hablado del derecho natural que cada cual tiene de conservar
lo que le pertenece; otros, otorgando desde el primer momento al más fuerte
autoridad sobre el más débil, han hecho nacer al punto el gobierno, sin
pensar en el tiempo que debió transcurrir antes de que el sentido de las
palabras autoridad y gobierno pudiera existir entre los hombres.
En la parte final de la introducción, nos va a decir que no hay que tomar las
investigaciones que se han realizado sobre ese tema por verdades históricas,
sino que hay que considerarlos como razonamientos hipotéticos y
condicionales, más propios para esclarecer la naturaleza de las cosas que
para mostrar su verdadero origen.
SEGUNDA PARTE
Comienza la segunda parte de la siguiente manera:
El primero al que tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir esto es
mío y encontró personas lo bastante simples para creerle, fue el verdadero
fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos,
miserias y horrores habría ahorrado al género humano quien, arrancando las
estacas o rellenando la zanja. hubiera gritado a sus semejantes!: “¡Guardaos
de escuchar a este impostor!; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de
todos y que la tierra no es de nadie”.
Posteriormente, nos va a decir puntos centrales de cómo era el hombre en un
estado primitivo.
● El primer sentimiento del hombre fue el de su existencia; su primer
cuidado, el de su conservación.
● Los productos de la tierra le proporcionaban todos los socorros
necesarios, es decir que satisfacía sus necesidades con lo que la
naturaleza le brindaba.
● Luego nos va a decir que los animales (así se refiere a los hombres) se
relacionaban únicamente con finalidades reproductivas: “no producía
más que un acto puramente animal. Satisfecha la necesidad, los dos
sexos ya no se reconocían, y el hijo mismo no era nada para la madre
tan pronto como podía prescindir de ella”.
● A duras penas aprovechaba los dones que le ofrecía la naturaleza,
lejos todavía de pensar él (hace referencia al hombre) en arrancarle
nada.
Luego, va a comentar las dificultades que se le presentan a ese hombre o animal en
estado primitivo.
- La altura de los árboles que le impedía alcanzar sus frutos.
- La competencia de los animales que buscaban alimentarse con ellos.
- La ferocidad de los que amenazaban su propia vida.
Eso mencionado, lo obligó a aplicarse a ejercicios corporales: “hubo de volverse
ágil, rápido en la carrera, vigoroso en el combate”.
“Las armas naturales que son las ramas de árbol y las piedras se hallaron pronto en
su mano. Aprendió a superar los obstáculos de la naturaleza, a combatir en caso de
necesidad con los demás animales.”
A medida que el género humano se extendió, las penalidades se multiplicaron con
los hombres. La diferencia de los terrenos, de los climas, de las estaciones, pudo
forzarlos a introducirla en sus maneras de vivir. Las condiciones más bien climáticas
y con referencia a la naturaleza en sí, los hizo exigir de una nueva industria.
En las orillas del mar, y de los ríos, inventaron la caña y el anzuelo, por lo que se
convirtieron en pescadores.
En las selvas, hicieron arcos y flechas, y se convirtieron en cazadores y guerreros.
En los países fríos se cubrieron con las pieles de las bestias que habían matado.
Inventaron el fuego, aprendieron a conservarlo, a reproducirlo y a preparar carnes
con él antes de ingerirlas crudas.
Los hombres empezarían a relacionarse, empezó a contar con la ayuda de los
semejantes.
He ahí cómo insensiblemente pudieron adquirir los hombres alguna tosca idea de los
compromisos mutuos, y de la ventaja de cumplirlos.
Dejando pronto de recogerse bajo el primer árbol, o de retirarse a las cavernas,
aparecieron algunas clases de hachas de piedras duras y cortantes, que sirvieron
para cortar madera, cavar la tierra y hacer chozas de ramajes, que enseguida se les
ocurrió endurecer con arcilla y barro. Fue esta la época de una primera revolución
que dio lugar al establecimiento y a la diferenciación de las familias, y que introdujo
una especie de propiedad.
Con la introducción de la familia, se comienzan a diferenciar los roles entre los
sexos.
Cada familia se convirtió en una pequeña sociedad tanto mejor unida cuanto que el
apego recíproco y la libertad eran sus únicos vínculos; y es entonces cuando se
establece la primera diferencia en la manera de vivir de los dos sexos, que hasta
aquí solo tenían una. Las mujeres se volvieron más sedentarias y se acostumbraron
a guardar la cabaña y los hijos; mientras que el hombre iba a buscar la subsistencia
común.
Con esto, tenemos que los hombres van a empezar a gozar de mayor ocio. Esto “fue
el primer yugo que se impusieron sin darse cuenta, y la primera fuente de los males”.
Los hombres, errantes hasta aquí por las selvas, tras haber tomado un asiento
más fijo, se acercan lentamente, se reúnen en diversos grupos, y forman finalmente
en cada comarca una nación particular, unida en costumbres y caracteres no por
reglamentos ni leyes, sino por el mismo género de vida y de alimentos, y por la
influencia común del clima.
Al tener más tiempo libre dado que habían formado una familia y se distribuían los
roles, solían reunirse delante de las cabañas o en torno a un gran árbol: el canto y la
danza, verdaderos hijos del amor y del tiempo libre, se convirtieron en la diversión o,
mejor, la ocupación de hombres y mujeres ociosos y agrupados. Todos comenzaron
a mirar a los demás y a querer ser mirado uno mismo, y la estima pública tuvo un
precio. Aquel que cantaba o danzaba mejor, así como el más bello, el más fuerte, el
más diestro o el más elocuente se convirtió en el más considerado, y este fue el
primer paso hacia la desigualdad, y hacia el vicio al mismo tiempo: de estas
primeras preferencias nacieron, por un lado, la vanidad y el desprecio; por otro, la
vergüenza y la envidia.
➔ Todos los puntos anteriores han causado la “decrepitud de la especie”.
Desde el instante en que un hombre tuvo necesidad del socorro de otro, desde que
se dio cuenta de que era útil para uno solo tener provisiones para dos, la igualdad
desapareció, se introdujo la propiedad, el trabajo se hizo necesario y las vastas
selvas se trocaron en campiñas risueñas que hubo que regar con el sudor de los
hombres, y en las que pronto se vio la esclavitud y la miseria germinar y crecer.
La metalurgia y la agricultura fueron las dos artes cuyo invento produjo esta gran
revolución. Para el poeta son el oro y la plata, pero para el filósofo son el hierro
y el trigo los que civilizaron a los hombres y perdieron al género humano.
En este estado, hubieran podido permanecer todos iguales los hombres, dice
Rousseau, si los talentos hubieran sido iguales y si, por ejemplo, el empleo del
hierro y el consumo de alimentos hubieran estado siempre en exacto equilibrio; pero
eso no fue así. El más fuerte hacía más labor; el más diestro sacaba mejor partido
de la suya; el más ingenioso hallaba medios para abreviar el trabajo; el campesino
tenía más necesidad de hierro, o el forjador más necesidad de trigo y, trabajando lo
mismo, el uno ganaba mucho mientras el otro apenas tenía para vivir. Así se
gestaría, entonces, la desigualdad, la cual emerge de las diferencias de los
hombres.
● El rico necesita de los servicios de otros; mientras que el pobre necesita de su
ayuda. Esto lo pone (al pobre) en una situación de prescindir de ellos.
● Los ricos conocieron el placer de dominar, despreciaron pronto a todos los
demás, y sirviéndose de sus antiguos esclavos para someter a otros nuevos,
no pensaron más que en sojuzgar y someter a sus vecinos, semejantes a
esos lobos hambrientos que habiendo gustado una vez carne humana
rechazan cualquier otro alimento y no quieren otra cosa sino devorar
hombres.
● Así es como haciendo los más poderosos o los más miserables de su fuerza
o de sus necesidades una especie de derecho a los bienes ajenos,
equivalente según ellos al de propiedad, a la igualdad rota siguió el más
horroroso desorden; así fue como las usurpaciones de los ricos, los
bandidajes de los pobres, las pasiones desenfrenadas de todos, ahogando la
piedad natural y la voz aún débil de la justicia, volvieron a los hombres
avaros, ambiciosos y malvados. Entre el derecho del más fuerte y el derecho
del primer ocupante se alzaba un conflicto perpetuo que no terminaba sino
mediante combates y asesinatos.
● La sociedad naciente dio paso al más horrible estado de guerra: el género
humano, envilecido y desolado, sin poder volver ya sobre sus pasos ni
renunciar a las desventuradas adquisiciones que había hecho, y trabajando
exclusivamente para vergüenza suya por el abuso de las facultades que le
honran, se puso él mismo en vísperas de su ruina.
● El rico, acuciado por la necesidad, concibió finalmente el proyecto más
meditado que jamás haya entrado en mente humana: fue emplear en su favor
las fuerzas mismas de quienes lo atacaban, hacer defensores suyos de sus
adversarios, inspirarles otras máximas, y darles otras instituciones que le
fuesen tan favorables.
● Inventó razones especiosas para traerles a su objetivo: “Unámonos, les dijo,
para proteger de la opresión a los débiles, contener a los ambiciosos, y
asegurar a cada uno la posesión de lo que le pertenece. Instituyamos
reglamentos de justicia y de paz con los que todos estén obligados a
conformarse, que no hagan acepción de persona, y que reparen en cierto
modo los caprichos de la fortuna sometiendo por igual al poderoso y al débil a
deberes mutuos. En una palabra, en lugar de volver nuestras fuerzas contra
nosotros mismos, reunámoslas en un poder supremo que nos gobierne según
leyes sabias, que proteja y defienda a todos los miembros de la asociación,
rechace a los enemigos comunes y nos mantenga en concordia eterna”.
● Rousseau, recalca que se necesitó mucho menos del equivalente de este
discurso para arrastrar a hombres toscos, fáciles de seducir.
● “Todos corrieron al encuentro de sus cadenas creyendo asegurar su libertad”.
● Con suficiente razón para sentir las ventajas de una organización política, no
tenían bastante experiencia para prever sus peligros; los más capaces para
presentir los abusos eran precisamente quienes contaban con aprovecharse
de ellos, y los mismos sabios vieron que era menester resolverse a sacrificar
una parte de su libertad a la conservación de la otra, lo mismo que un herido
se hace cortar el brazo para salvar el resto del cuerpo.
● El origen de la sociedad y de las leyes, dieron nuevos obstáculos al débil y
nuevas fuerzas al rico, destruyeron sin remisión la libertad natural, fijaron para
siempre la ley de la propiedad y de la desigualdad, hicieron de una hábil
usurpación un derecho irrevocable, y sometieron desde entonces, para
provecho de algunos ambiciosos, a todo el género humano al trabajo, a la
servidumbre y a la miseria.
● Este es un contrato ilegítimo.
Sería ilógico pensar que los pobres (que no tenían nada que perder salvo su
libertad) renunciasen de forma voluntaria a lo único que tenían. Los ricos eran
quienes tenían que perder y por ello deciden hacer ese contrato ilegítimo.
“Sería difícil de mostrar la validez de un contrato que solo obligaría a una de las
partes, en el que se pusiera todo de un lado y nada del otro, y que solo se convirtiera
en perjuicio de aquél que se compromete”.
El contrato social
PRÓLOGO. Puntos fundamentales.
➔ Rousseau dista de los pensadores de su época en lo que refería a la fe
en el futuro y la razón.
➔ Sus escritos trajeron grandes consecuencias, tanto así que se
mandaron quemar y terminaron enviando a la muerte a muchos que
eran partidarios de sus ideales.
➔ El contrato social no es ni ha pretendido ser una hipótesis histórica,
sino que se trata de una fundamentación teórica.
➔ Por ese pacto cada cual pone su persona y sus poderes a la
disposición de una voluntad general que emana de un cuerpo moral y
colectivo creado por la asociación de todos.
➔ Para Rousseau se trata de una creación de nueva planta a base de
negar los estratos precedentes: estado de naturaleza con las libertades
primarias; alienación total de poderes individuales de hecho; creación
de un cuerpo social nuevo, cuyo mecanismo decisorio es la voluntad
general que será en adelante la fuente de todo poder político.
➔ Según Rousseau, los hombres ceden mediante el contrato social el
derecho ilimitado a todo cuanto les apetece. Ganan, en cambio, la
libertad civil que les hace dueños de sí mismos y les garantiza contra
toda dependencia personal.
➔ El contrato da origen a una persona colectiva, con voluntad propia;
esta es la voluntad general. Hay que guardarse de confundir la
voluntad general con la voluntad de todos; la voluntad general no es
igual a la suma de voluntades particulares ni es cuestión de votos. Lo
que hace que la voluntad sea general es menos el número de votos
que el interés común que les une.
➔ Rousseau estima que “un pueblo es siempre, en todo momento, dueño
de cambiar sus leyes, incluso las mejores”.
➔ La Revolución Francesa llevó como bandera los escritos de este autor.
LIBRO PRIMERO DEL CONTRATO SOCIAL.
Comienza diciendo:
Quiero averiguar si puede haber en el orden civil alguna regla de administración
legítima y segura tomando a los hombres tal como son y las leyes tales como
pueden ser. Procuraré aliar siempre, en esta indagación, lo que la ley permite con lo
que el interés prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no se hallen separadas.
Se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Yo
contesto que no, y que por eso mismo es por lo que escribo sobre política. Si fuese
príncipe o legislador, no perdería el tiempo en decir lo que es preciso hacer, sino que
lo haría o me callaría.
CAPÍTULO I. ASUNTO DE ESTE PRIMER LIBRO.
El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra
encadenado. Tal cual se cree el amo de los demás, cuando, en verdad, no deja de
ser tan esclavo como ellos.
¿Cómo se ha verificado este camino? Lo ignoro. ¿Qué puede hacerlo legítimo? Creo
poder resolver esta cuestión.
CAPÍTULO II. DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES.
➔ El hombre se debe de conservar.
➔ Una vez nace y su necesidad cesa, el lazo natural se deshace.
➔ La libertad común es una consecuencia de la naturaleza del hombre.
➔ Su primera ley es velar por su propia conservación.
CAPÍTULO III. DEL DERECHO DEL MÁS FUERTE.
El más fuerte no es nunca bastante fuerte para ser siempre el señor, si no
transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.
Ceder a la fuerza es un acto de necesidad, no de voluntad; es, a lo más, un acto de
prudencia.
CAPÍTULO IV. DE LA ESCLAVITUD.
Puesto que ningún hombre tiene una autoridad natural sobre sus semejantes, y
puesto que la Naturaleza no produce ningún derecho, quedan, pues, las
convenciones como base de toda autoridad legítima entre los hombres.
Renunciar a la libertad es renunciar a la cualidad de hombres, a los derechos de
humanidad e incluso a los deberes.
Los hombres, mientras viven en su independencia primitiva, no tienen entre sí
relaciones suficientemente constantes como para constituir ni el estado de paz ni el
estado de guerra, ni son por naturaleza enemigos.
Es la relación de las cosas y no la de los hombres la que constituye la guerra; y no
pudiendo nacer esta de las simples relaciones personales, sino solo de las
relaciones reales, la guerra privada o de hombre a hombre no puede existir, ni en el
estado de naturaleza, en que no existe ninguna propiedad constante, ni en el estado
social, en que todo se halla bajo la autoridad de las leyes.
La guerra no es, pues, una relación de hombre a hombre, sino una relación de
Estado a Estado, en la cual los particulares solo son enemigos incidentalmente, no
como hombres, ni aun siquiera como ciudadanos, sino como soldados; no como
miembros de la patria, sino como sus defensores.
Siendo el fin de la guerra la destrucción del Estado enemigo, se tiene derecho a dar
muerte a los defensores en tanto tienen las armas en la mano; más en cuanto
entregan las armas y se rinden, dejan de ser enemigos o instrumentos del enemigo y
vuelven a ser simplemente hombres, y ya no se tiene derecho sobre su vida. A
veces se puede matar al Estado sin matar a uno solo de sus miembros. Ahora bien;
la guerra no da ningún derecho que no sea necesario a su fin. Estos principios no
son los de Grocio; no se fundan sobre autoridades de poetas, sino que se derivan de
la naturaleza misma de las cosas y se fundan en la razón.
El derecho de conquista no tiene otro fundamento que la ley del más fuerte.
CAPÍTULO VI. DEL PACTO SOCIAL.
Supongo a los hombres llegados a un punto en que los obstáculos que perjudican a
su conservación en el estado de naturaleza logran vencer, mediante su resistencia, a
la fuerza que cada individuo puede emplear para mantenerse en dicho estado.
Desde este momento, el estado primitivo no puede subsistir, y el género humano
perecería si no cambiase de manera de ser.
Ahora bien: como los hombres no pueden engendrar nuevas fuerzas, sino unir y
dirigir las que existen, no tienen otro medio de conservarse que formar por
agregación una suma de fuerzas que pueda exceder a la resistencia, ponerlas en
juego por un solo móvil y hacerlas obrar en armonía.
Esta suma de fuerzas no puede nacer sino del concurso de muchos; pero siendo la
fuerza y la libertad de cada hombre los primeros instrumentos de su conservación,
¿cómo va a comprometerlos sin perjudicarse y sin olvidar los cuidados que se
debe? Esta dificultad, referida a nuestro problema, puede enunciarse en estos
términos:
“Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a
la persona y a los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno,
uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como antes”. Tal
es el problema fundamental, al cual da solución el Contrato social.
Estas cláusulas, debidamente entendidas, se reducen todas a una sola, a saber: la
enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a toda la humanidad;
porque, en primer lugar, dándose cada uno por entero, la condición es la misma
para todos, y siendo la condición igual para todos, nadie tiene interés en hacerla
onerosa a los demás.
“Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema
dirección de la voluntad general, y nosotros recibimos además a cada miembro
como parte indivisible del todo”.
Este acto produce inmediatamente, en vez de la persona particular de cada
contratante, un cuerpo moral y colectivo, compuesto de tantos miembros como votos
tiene la asamblea, el cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su
vida y su voluntad. Esta persona pública que así se forma, por la unión de todos los
demás, tomaba en otro tiempo el nombre de ciudad y toma ahora el de república o
de cuerpo político, que es llamado por sus miembros Estado, cuando es pasivo;
soberano, cuando es activo; poder, al compararlo a sus semejantes; respecto a los
asociados, toman colectivamente el nombre de pueblo, y se llaman en particular
ciudadanos, en cuanto son participantes de la autoridad soberana, y súbditos, en
cuanto sometidos a las leyes del Estado. Pero estos términos se confunden
frecuentemente y se toman unos por otros; basta con saberlos distinguir cuando se
emplean en toda su precisión.
CAPÍTULO VII. DEL SOBERANO.
Se ve por esta fórmula que el acto de asociación encierra un compromiso recíproco
del público con los particulares, y que cada individuo, contratando, por decirlo así,
consigo mismo, se encuentra comprometido bajo una doble relación, a saber:
como miembro del soberano, respecto a los particulares, y como miembro del
Estado, respecto al soberano.
Tan pronto como esta multitud se ha reunido así en un cuerpo, no se puede ofender
a uno de los miembros ni atacar al cuerpo, ni menos aún ofender al cuerpo sin que
los miembros se resistan. Por tanto, el deber, el interés, obligan igualmente a las dos
partes contratantes a ayudarse mutuamente, y los mismos hombres deben procurar
reunir bajo esta doble relación todas las ventajas que dependan de ella.
Ahora bien; no estando formado el soberano sino por los particulares que lo
componen, no hay ni puede haber interés contrario al suyo; por consiguiente, el
poder soberano no tiene ninguna necesidad de garantía con respecto a los súbditos,
porque es imposible que el cuerpo quiera perjudicar a todos sus miembros, y ahora
veremos cómo no puede perjudicar a ninguno en particular-
El soberano, solo por ser lo que es, es siempre lo que debe ser.
En efecto; cada individuo puede como hombre tener una voluntad particular contraria
o disconforme con la voluntad general que tiene como ciudadano; su interés
particular puede hablarle de un modo completamente distinto de como lo hace el
interés común.
CAPÍTULO VIII. DEL ESTADO CIVIL.
Este tránsito del estado de naturaleza al estado civil produce en el hombre un
cambio muy notable, al sustituir en su conducta la justicia al instinto y al dar a sus
acciones la moralidad que antes le faltaba. Solo cuando ocupa la voz del deber el
lugar del impulso físico y el derecho el del apetito es cuando el hombre, que hasta
entonces no había mirado más que a sí mismo, se ve obligado a obrar según otros
principios y a consultar su razón antes de escuchar sus inclinaciones.
Lo que el hombre pierde por el contrato social es su libertad natural y un derecho
ilimitado a todo cuanto le apetece y puede alcanzar; lo que gana es la libertad civil y
la propiedad de todo lo que posee. Para no equivocarse en estas complicaciones es
preciso distinguir la libertad natural, que no tiene más límite que las fuerzas del
individuo, de la libertad civil, que está limitada por la voluntad general, y la posesión,
que no es sino el efecto de la fuerza o el derecho del primer ocupante, de la
propiedad, que no puede fundarse sino sobre un título positivo.
LIBRO SEGUNDO DEL CONTRATO SOCIAL.
CAPÍTULO II. LA SOBERANÍA ES INDIVISIBLE.
Por la misma razón que la soberanía no es enajenable es indivisible; porque la
voluntad es general o no lo es; es la del cuerpo del pueblo o solamente de una parte
de él. En el primer caso, esta voluntad declarada es un acto de soberanía y hace
ley; en el segundo, no es sino una voluntad particular o un acto de magistratura; es,
a lo más, un decreto.
Más no pudiendo nuestros políticos dividir la soberanía en su principio, la dividen en
su objeto; la dividen en fuerza y en voluntad; en Poder legislativo y Poder ejecutivo;
en derechos de impuesto, de justicia y de guerra; en administración interior y en
poder de tratar con el extranjero; tan pronto confunden todas estas partes como las
separan. Hacen del soberano un ser fantástico, formado de piezas relacionadas; es
como si compusiesen el hombre de muchos cuerpos, de los cuales uno tuviese los
ojos, otro los brazos, otro los pies, y nada más.
CAPÍTULO III. SOBRE SI LA VOLUNTAD GENERAL PUEDE ERRAR.
Hay, con frecuencia, bastante diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad
general. Esta no tiene en cuenta sino el interés común; la otra se refiere al interés
privado, y no es sino una suma de voluntades particulares. Pero quitad de estas
mismas voluntades el más y el menos, que se destruyen mutuamente, y
queda como suma de las diferencias la voluntad general.
Si cuando el pueblo delibera, una vez suficientemente informado, no mantuviesen
los ciudadanos ninguna comunicación entre sí, del gran número de las pequeñas
diferencias resultaría la voluntad general y la deliberación sería siempre buena. Más
cuando se desarrollan intrigas y se forman asociaciones parciales a expensas de la
asociación total, la voluntad de cada una de estas asociaciones se convierte en
general, con relación a sus miembros, y en particular con relación al Estado;
entonces no cabe decir que hay tantos votantes como hombres, por tanto
como asociaciones. Las diferencias se reducen y dan un resultado menos general.
Finalmente, cuando una de estas asociaciones es tan grande que excede a todas
las demás, no tendrá como resultado una suma de pequeñas diferencias sino una
diferencia única; entonces no hay ya voluntad general, y la opinión que domina no es
sino una opinión particular.
CAPÍTULO IV. DE LOS LÍMITES DEL PODER SOBERANO.
La voluntad general, para ser verdaderamente tal, debe serlo en su objeto tanto
como en su esencia; que debe partir de todos, para aplicarse a todos, y que pierde
su natural rectitud cuando tiende a algún objeto individual y determinado, porque
entonces, juzgando de lo que nos es extraño, no tenemos ningún verdadero principio
de equidad que nos guíe.
Sería ridículo entonces quererse referir a una expresa decisión de la voluntad
general, que no puede ser sino la conclusión de una de las partes, y que, por
consiguiente, no es para la otra sino una voluntad extraña, particular, llevada en esta
ocasión a la injusticia y sujeta al error. La voluntad particular no puede representar la
voluntad general, esta cambia de naturaleza teniendo un objeto particular, y no
puede, como general, pronunciarse ni sobre un hombre ni sobre un hecho.
El pacto social establece entre los ciudadanos una igualdad tal, que se
comprometen todos bajo las mismas condiciones y, por tanto, que deben gozar
todos los mismos derechos. Así, por la naturaleza de pacto, todo acto de soberanía,
es decir, todo acto auténtico de la voluntad general, obliga y favorece igualmente a
todos los ciudadanos; de suerte que el soberano conoce solamente el
cuerpo de la nación y no distingue a ninguno de aquellos que la componen. ¿Qué es
propiamente un acto de soberanía? No es, en modo alguno, una convención del
superior con el inferior, sino una convención del cuerpo con cada uno de sus
miembros; convención legítima, porque tiene por base el contrato social; equitativa,
porque es común a todos; útil, porque no puede tener más objeto que el bien
general, y sólida, porque tiene como garantía la fuerza pública y el poder supremo.
En tanto que los súbditos no se hallan sometidos más que a tales convenciones, no
obedecen a nadie sino a su propia voluntad; y preguntar hasta dónde se extienden
los derechos respectivos del soberano y de los ciudadanos es preguntar hasta qué
punto pueden estos comprometerse consigo mismos, cada uno de ellos respecto a
todos y todos respecto a cada uno de ellos.
De aquí se deduce que el poder soberano, por muy absoluto, sagrado e inviolable
que sea, no excede, ni puede exceder, de los límites de las convenciones generales,
y que todo hombre puede disponer plenamente de lo que por virtud de esas
convenciones le han dejado de sus bienes y de su libertad.
De suerte que el soberano no tiene jamás derecho de pesar sobre un súbdito más
que sobre otro, porque entonces, al adquirir el asunto carácter particular, hace que
su poder deje de ser competente.
Una vez admitidas estas distinciones, es preciso afirmar que es falso que en el
contrato social haya de parte de los particulares ninguna renuncia verdadera; pues
su situación, por efecto de este contrato, es realmente preferible a la de antes, y
en lugar de una enajenación no han hecho sino un cambio ventajoso, de una
manera de vivir incierta y precaria, por otra mejor y más segura; de la independencia
natural, por la libertad; del poder de perjudicar a los demás, por su propia seguridad,
y de su fuerza, que otros podrían sobrepasar, por un derecho que la unión social
hace invencible. Su vida misma, que han entregado al Estado, está continuamente
protegida por él.
LIBRO TERCERO DEL CONTRATO SOCIAL.
CAPÍTULO I. DEL GOBIERNO EN GENERAL.
Habla del cuerpo político, el cual tiene móviles: se distinguen en él, la fuerza y la
voluntad; esta, con el nombre de poder legislativo; la otra, con el de poder ejecutivo.
No se hace, o no debe hacerse, nada sin el concurso de ambos.
¿Qué es, pues, el gobierno? Un cuerpo intermediario establecido entre los súbditos
y el soberano para su mutua correspondencia, encargado de la ejecución de las
leyes y del mantenimiento de la libertad, tanto civil como política.
Los miembros de este cuerpo se llaman magistrados o reyes, es decir, gobernantes,
y el cuerpo entero lleva el nombre de príncipe. Así, los que pretenden que el acto por
el cual un pueblo se somete a los jefes no es un contrato tiene mucha razón. Esto no
es absolutamente nada más que una comisión, un empleo, en el cual, como simples
oficiales del soberano, ejercen en su nombre el poder, del cual les ha hecho
depositarios, y que puede limitar, modificar y volver a tomar cuando le
plazca. La enajenación de tal derecho, siendo incompatible con la naturaleza del
cuerpo social, es contraria al fin de la asociación.
Llamo, pues, gobierno, o suprema administración, al ejercicio legítimo del poder
ejecutivo, y príncipe o magistrado, al hombre o cuerpo encargado de esta
administración.
En el gobierno es donde se encuentran las fuerzas intermediarias, cuyas relaciones
componen la del todo al todo o la del soberano al Estado.
Supongamos que se componga el Estado de 10.000 ciudadanos. El soberano no
puede ser considerado sino colectivamente y en cuerpo; pero cada particular, en
calidad de súbdito, es considerado como individuo; así, el soberano es el súbdito
como diez mil es a uno: es decir, que cada miembro del Estado no tiene, por su
parte, más que la diezmilésima parte de la autoridad soberana, aunque esté
sometido a ella por completo. Si el pueblo se compone de 100.000 hombres, el
estado de los súbditos no cambia y cada uno de ellos lleva igualmente el imperio de
las leyes, mientras que su sufragio, reducido a una cienmilésima, tiene diez veces
menos influencia en la forma concreta del acuerdo. Entonces, permaneciendo el
súbdito siempre uno, aumenta la relación del soberano en razón del número de
ciudadanos; de donde se sigue que mientras crece el Estado, más disminuye la
libertad.
Al decir que la relación aumenta, entiendo que se aleja de la igualdad. Así, mientras
mayor es la relación en la acepción de los geómetras, menos relación existe en la
acepción común; en la primera, la relación, considerada desde el punto de vista
de la cantidad, se mide por el exponente, y en la otra, considerada desde el de la
identidad, se estima por la semejanza.
Ahora bien; mientras menos se relacionan las voluntades particulares con la
voluntad general, es decir, las costumbres con las leyes, más debe aumentar la
fuerza reprimente. Por tanto, el gobierno, para ser bueno, debe ser relativamente
más fuerte a medida que el pueblo es más numeroso.
De otro lado, proporcionando el engrandecimiento del Estado a los depositarios de la
autoridad pública más tentaciones y medios para abusar de su poder, debe tener el
gobierno más fuerza para contener al pueblo, y, a su vez, más también el soberano
para contener al gobierno. No hablo aquí de una fuerza absoluta, sino de la fuerza
relativa de las diversas partes del Estado.
Se sigue de esta doble relación que la proporción continúa entre el soberano, el
príncipe y el pueblo no es una idea arbitraria, sino una consecuencia necesaria de la
naturaleza del cuerpo político y que, siendo permanente y estando representado por
la unidad uno de los extremos, el pueblo, como súbdito, siempre que la razón doble,
aumente o disminuya, la razón simple aumenta o disminuye de un modo semejante,
y, por consiguiente, el término medio ha cambiado. Esto muestra que no hay una
constitución de gobierno único y absoluto, sino que puede haber tantos gobiernos,
diferentes en naturaleza, como hay Estados distintos en extensión.
CAPÍTULO II. DEL PRINCIPIO QUE CONSTITUYE LAS DIVERSAS FORMAS DE
GOBIERNO.
Podemos distinguir en la persona del magistrado tres voluntades esencialmente
diferentes: primero, la voluntad propia del individuo, que no tiende sino a su ventaja
particular; segundo, la voluntad común de los magistrados, que se refiere
únicamente a la ventaja del príncipe, y que se puede llamar voluntad de cuerpo, que
es general con relación al gobierno y particular con relación al Estado, del cual forma
parte el gobierno; en tercer lugar, la voluntad del pueblo o la voluntad
soberana, que es general, tanto en relación con el Estado, considerado como un
todo, cuanto en relación con el gobierno, considerado como parte del todo.
En una legislación perfecta, la voluntad particular o individual debe ser nula; la
voluntad del cuerpo, propia al gobierno, muy subordinada, y, por consiguiente, la
voluntad general o soberana ha de ser siempre la dominante y la regla única de
todas las demás.
CAPÍTULO III. DIVISIÓN DE LOS GOBIERNOS.
El soberano puede, en primer lugar, entregar las funciones del gobierno a todo el
pueblo o a la mayor parte de él, de modo que haya más ciudadanos magistrados
que ciudadanos simplemente particulares. Se da a esta forma de gobierno el nombre
de democracia.
Puede también limitarse el gobierno a un pequeño número, de modo que sean más
los ciudadanos que los magistrados, y esta forma lleva el nombre de aristocracia.
Puede, en fin, estar concentrado el gobierno en manos de un magistrado único, del
cual reciben su poder todos los demás.
Esta tercera forma es la más común, y se llama monarquía, o gobierno real.
En todas las épocas se ha discutido mucho sobre la mejor forma de gobierno, sin
considerar que cada una de ellas es la mejor en ciertos casos y la peor en otros.
Si en los diferentes Estados el número de los magistrados supremos debe estar en
razón inversa del de ciudadanos, se sigue que, en general, el gobierno democrático
conviene a los pequeños Estados; el aristocrático, a los medianos, y la monarquía, a
los grandes. Esta regla está deducida de un modo inmediato del principio. Pero
¿cómo contar la multitud de circunstancias que pueden dar lugar a excepciones?
CAPÍTULO XV. DE LOS DIPUTADOS O REPRESENTANTES.
La soberanía no puede ser representada, por la misma razón que no puede ser
enajenada; consiste esencialmente en la voluntad general, y esta no puede ser
representada; es ella misma o es otra; no hay término medio.
LIBRO CUARTO DEL CONTRATO SOCIAL.
CAPÍTULO VIII.
El derecho que el pacto social da al soberano sobre los súbditos no traspasa, como
he dicho, los límites de la utilidad pública. Los súbditos no tienen, pues, que dar
cuenta al soberano de sus opiniones sino en tanto que estas opiniones
importan a la comunidad.
APUNTES DE LAS CLASES.
Rousseau estuvo influenciado por la cultura francesa.
Su contexto fue diferente al de los otros autores.
➔ Ilustración.
➔ Iluminismo.
➔ Modernidad.
En la época de Rousseau se tenía el pensamiento de que la razón era un espacio de
optimismo, y que el futuro era mejor que el pasado.
Se empezaba a reemplazar a Dios por la diosa razón.
Existía una capacidad de difundir ideas.
La razón no estaba únicamente en aspectos filosóficos, sino que también estaba en
aspectos astronómicos, físicos, químicos, entre otros.
Rousseau, se antepone al pensamiento de su época. Pertenece a la corriente del
romanticismo. Crítico de la modernidad. Ponía los sentimientos antes que la razón.
Precursor de la crítica a la modernidad.
El rol de la nobleza se comienza a cuestionar.
La Revolución Francesa no hubiese sido igual sin las ideas de Rousseau.
Rousseau decía que el gran avance en las ciencias y en la razón, facilitaba la vida;
pero, sin embargo, volvía infelices a los hombres.
OBRA.
¿Cómo era el hombre antes de haber socialización?
- Punto 0.
- La civilización es mala, dice Rousseau.
- La civilización corrompe la naturaleza humana.
El hombre antes de la civilización era parecido a un animal.
El estado de naturaleza es un proceso de transformaciones. Es un proceso histórico
y civilizatorio. El hombre es una construcción de la civilización.
Cabe aclarar que Rousseau ve ese proceso histórico de una manera hipotética, por
lo que es claro que esto nunca pasó, aunque podemos decir que los
descubrimientos científicos no están tan alejados de la idea principal de civilización
de Rousseau, es decir, ese hombre que va a comenzar a interactuar cada vez más y
más con otros.
Estaba guiado por dos principios:
➔ Bienestar y conservación. Instinto de autoconservación.
➔ Repugnancia por el sufrimiento ajeno. Piedad natural. Perfectibilidad humana.
Principios:
● Amor de sí.
● Repugnancia al sufrimiento del otro. Evitar que sufra el otro. Conmiseración.
Preexisten a la razón y sociedad.
Estos principios son anteriores a la RAZÓN. Es un “buen salvaje”, es un ser puro.
El hombre vive en solitario. Este no vive en sociedad.
Los hombres no son buenos por ser racionales e inteligentes; sino que el ser bueno
es un mero instinto de estos.
La ley natural está en estado no contaminado.
Vemos que en Rousseau, el proceso civilizatorio va a estar en el estado de
naturaleza, algo diferente de los otros dos autores contractualistas ya abordados.
El hombre en un punto 0 es casi como un animal.
Rousseau nos va a hablar de dos desigualdades:
➔ Natural. Esta refiere a las diferencias físicas, como, por ejemplo: la edad, la
fuerza, la salud, etc.
➔ La no natural. A esta la llamará política o moral.
Rousseau nos va a decir que la propiedad privada tiene la culpa de “corromper la
sociedad”.
Propiedad= decadencia humana.
Etapas:
Primeramente, el hombre natural va a estar guiado por dos principios (ya se
mencionaron más arriba). Va a vivir y estar siempre SOLO. No hay familia aquí. Las
hembras y los machos se vinculan únicamente con fines de reproducción.
El hombre (o animal) va a cazar para él. Este es puro, pues es un buen salvaje. Vive
el día a día. No genera acumulación. Aquí no hay propiedad.
Posteriormente, se va a producir un cambio demográfico. Se multiplican los trabajos.
Aparecen instrumentos, tales como la pesca. Aparece el fuego. Comienza a haber
una especie de propiedad. Comienza a gestarse la familia. La razón humana se
empieza a desarrollar.
Las familias comienzan a asentarse en tierras. Dejan de ser nómades para ser
sedentarios.
Comienza a haber división en el trabajo, aparecen los roles de cada sexo.
Al dividirse los roles, los hombres y las mujeres van a empezar a tener más tiempo
libre, más tiempo de ocio. El hombre cuanto más va a tener, más va a empezar a
querer. Cuanto más tiene, más infeliz se siente. Satisface una necesidad y tiene que
empezar a satisfacer otras nuevas. No puede ser feliz.
Finalmente, va a empezar a haber una competitividad con otros. Transforman el
principio. Se transforma en amor propio. Va a tener una gran necesidad de
reconocimiento del otro. Va a necesitar de que el otro lo mire. Se van a gestar
desigualdades artificiales. Aquí se valora:
● Virtudes.
● Méritos.
Aparece:
● Vanidad.
● Desprecio.
Entre el hombre primitivo y el civilizado va a haber un equilibrio.
Luego va a aparecer la agricultura, por lo que va a haber una necesidad de dividir la
tierra. Este es el gran punto de quiebre para nuestro autor.
Van a comenzar a producir más los más ricos; mientras que van a producir menos,
los menos ricos.
Acá se intensificará el reconocimiento y los hombres se volverán más y más
competitivos.
Va a empezar a desarrollarse un estado de guerra.
Ante esto, los ricos van a idear un contrato, pues tienen miedo que en ese estado de
guerra, se les arrebate su propiedad.
DISCURSO. PREFACIO.
Aquí Rousseau nos va a decir que es imposible pensar la ley natural sin pensar
cómo es el hombre natural. Metafóricamente sería como ir quitando las capas de la
cebolla.
- Piedad natural.
- Instintos antes que la razón.
- La civilización hace que el hombre se corrompa.
¿Cómo pensaba la desigualdad?
- Desigualdades naturales= legítimas.
- Desigualdades morales o políticas= ilegítimas.
Busca el momento en el que el hombre se encadenó. Enajenación del hombre.
De a poco el desarrollo genera falsas necesidades.
Facilita la vida del hombre.
La felicidad es momentánea.
Nunca llegamos a ser felices.
La privación nos vuelve completamente infelices.
Hombre en punto 0, luego llega a la socialización.
No se vinculaba con otros en un principio, solo únicamente con fines reproductivos.
La cría estaba con su madre hasta que se podía valer por sí misma.
Tiempo libre y ocio= socialización. Aparecen vínculos o relaciones que antes no.
Aparecen costumbres que hacen que uno se mida con otro. Alguno bailaba mejor
que otro; otro cantaba mejor que otro, etc, etc. Se vuelve sedentario. El hombre
civilizado vive fuera de sí. Vive partiendo de cómo lo ven.
Nunca deberíamos haber salido de ese estado natural, dice Rousseau.
Metalurgia y agricultura = control sobre naturaleza. Asentar en un territorio.
La división del trabajo o roles se da en función de las capacidades.
El + fuerte, tiene + trabajo.
El + ingenioso, tiene + medios, etc, etc.
Las personas comienzan a especializarse en algo.
Algunas ganaban mucho; mientras que otras, apenas tenían para vivir. Tenemos a
los pobres y a los ricos.
Estado de naturaleza= proceso.
Los ricos conocieron el placer de la dominación; mientras que los pobres eran la
mayoría y estaban dispuestos a recibir de los ricos o, sino, a arrebatar (robar).
Tenemos posiciones sociales desiguales. Aparece la ruptura del amor de sí en amor
propio.
El hombre rico va a buscar salir de la situación.
Los ricos impulsaron el pacto. El pacto fue ideado por los ricos para garantizar su
vida y sus bienes. Los pobres solo aseguraban su vida.
“Todos” cayeron en el engaño: tanto ricos como pobres.
Proceso de civilización.
Punto intermedio= época de oro.
Pérdida de libertad natural. También los ricos perdieron la libertad natural. Todos los
encadenados perdieron. Este no puede ser considerado plenamente un contrato.
Una vez hecho este, no se puede volver a la mejor etapa. Hay que seguir
transformando la sociedad para recuperar parcialmente la piedad natural. Propone el
CONTRATO SOCIAL. Este es hacia el futuro. Optimismo. Iluminismo.
Se puede pensar en tres estados:
➔ Estado de naturaleza.
➔ Sociedad civil (fruto del engaño, ilegítima).
➔ Pacto legítimo que intente reparar el contrato ilegítimo.
CONTRATO SOCIAL.
Se divide en cuatro libros.
Rousseau se va a ver influenciado por las ideas de Hugo Grocio.
Nuestro autor nos va a decir que aquel que es fuerte no lo es siempre.
El fuerte va a tener que transformar el poder en obediencia.
Los hombres entregan todo, pero ganan más.
La sociedad civil es ilegítima.
No es un contrato meramente.
Es un pacto ilegítimo.
Hay que crear un contrato social.
¿Cómo unirnos sin perder libertad?
Un cambio en la concepción de libertad. Enajenación total.
Fórmula= cada uno pone voluntad, todo sobre la voluntad general.
Activo: soberano (conjunto de ciudadanos).
Pasivo: Estado. Son súbditos. Están sometidos al Estado.
Somos ciudadanos y somos súbditos.
No todos son ciudadanos. Las mujeres no lo son.
No hay ley que someta a la voluntad general.
Características de la voluntad general:
● Inalienable.
● Cuerpo colectivo.
● Solo puede reservarse a sí mismo.
La soberanía es indivisible.
Voluntad particular= es diferente.
Hay que estar muy atentos a cómo se construye la voluntad general, principalmente
en el momento de escribir las Constituciones.
Voluntad mayoría= son intereses particulares.
Las asociaciones= buscan intereses individuales, por ejemplo: partidos políticos,
sindicatos, centros estudiantiles, etc, etc.
El hombre adquirió los vicios de la civilización, por lo cual ha quedado corrompido
por la misma.
Aquí podríamos utilizar una metáfora.
“Si pelamos al ser humano como a una cebolla, lo que encontraríamos serían dos
principios o dos instintos fundamentales:
1. Autoconservación
2. Piedad natural
Son instintos anteriores a toda reflexividad.”
- Las facilidades en algún momento se comienzan a convertir en verdaderas
necesidades.
- Los desarrollos nos generan una felicidad que podemos denominar como
momentánea. Nos vamos a volver dependientes y vamos a necesitar de
dichos desarrollos, conduciendo esto a una infelicidad.
- La generación de las nuevas necesidades no nos hacen felices, pero la
privación de estas nos hacen infelices.
- De a poco este ser humano que va mutando con el proceso de civilización,
comienza a conocer el deseo y la insatisfacción del deseo.
- Antes vivíamos en el amor de sí, en la conservación de la especie.
- Se genera un aumento demográfico y comienza a generarse mayor relación
entre las personas, y aparejado a esto aparece una nueva industria. Estos
son los saltos tecnológicos, innovaciones que permiten tener condiciones de
vida un poco más fáciles.
- Este conjunto de innovaciones y de la idea del espacio libre, nos permite la
socialización. De alguna manera aparecen vínculos que antes no se
conocían.
- Aparece también una segunda distinción, algo así como unas costumbres que
permiten que uno se comience a medir con otros, aparece este sentimiento
que no es puramente natural, sería como la estima pública.
- Ese proceso civilizatorio trae esos lazos de sedentarismo. Aparecerá un
primer sentimiento de comparación o competitividad sobre estas actividades.
- La idea de autoconservación genera la idea del amor propio, el hombre
civilizado termina viviendo fuera de sí, a diferencia del hombre salvaje que
vivía para dentro de sí.
- División de roles de trabajo. División del trabajo para las capacidades. Uno
podía ganar mucho y otro podía apenas ganar para vivir.
- Aparece la figura de ricos y pobres. Los pobres, que eran la mayoría, se veían
en la calidad de arrebatar o pedir a los más ricos para su subsistencia, y los
ricos conocieron la capacidad de controlar.
Contrato social
Vivimos en una sociedad civil ilegítima.
No es un contrato, sino un pacto legítimo, pero no deja de ser un estado político.
Lo que tenemos por delante es hacer un verdadero contrato social, y por medio de
este contrato llegar a un estado civil legítimo.
La fórmula de este pacto es que cada uno de nosotros pone en común su persona y
poder bajo la suprema voluntad general. Es esta la que dirige el estado político.
Momento activo: los súbditos están sometidos a las leyes del Estado. Somos al
mismo tiempo ciudadanos y súbditos.
“Somos nuestros propios legisladores”. Somos los artífices de las leyes a las que
nos vamos a ver sujetados.
Esa voluntad nunca puede ser entregada a un tercero. No puede suceder, como en
Hobbes, que este nos habla de entregar nuestra voluntad al Leviatán.
Lo que tenemos en el Estado de Naturaleza es basicamente una libertad natural,
que significa una esclavitud.
Al salir de este Estado de Naturaleza, nos convertimos en dueños de nosotros
mismos.
Lo que tenemos en el estado civil precontractual, es una usurpación sobre los
bienes.
EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA.
MARX (1818- 1883) Y ENGELS (1820- 1895)
Acerca de la información que nos dice Pérez Pérez.
Ubicación: en la clasificación de doctrinas sobre la naturaleza del Estado, se ha
ubicado a la teoría marxista (o de Marx y Engels) entre las doctrinas sociológicas.
Las doctrinas sociológicas tienen en común que consideran al Estado como un
fenómeno real, que exclusiva y predominantemente es de índole social, además
explica al Estado como un fenómeno de conflicto, de lucha entre dos grupos sociales
y de dominación de un grupo sobre otro.
Estas vertientes ideológicas suelen reducirse, con respecto a la doctrina marxista, a
tres:
● En lo político, a las corrientes socialistas francesa e inglesa, a la que Marx y
Engels llamaron “socialismo utópico”.
● En lo filosófico, al pensamiento alemán (la dialéctica hegeliana, pero “puesta
sobre sus pies” al no ser ubicada dentro de una filosofía idealista, sino dentro
de un materialismo diferente al materialismo mecanicista de Feuerbach).
● En lo económico (que tomaba de importancia especial en virtud del
determinismo económico al que, en el plano social e histórico, conducía el
materialismo), a la Escuela Clásica inglesa (y por lo tanto, medianamente, la
de los fisiócratas franceses).
Finalidad política: llegar a una organización socialista.
Se destaca el materialismo dialéctico, y la interpretación económica de la historia,
que desemboca, al construir a la Historia como Ciencia, en la afirmación de que
necesariamente la sociedad ha de llegar al socialismo y al comunismo.
Los autores (Marx y Engels) afirmaron que lo suyo era un socialismo científico, por
oposición al socialismo utópico de todos sus predecesores y de algunos de sus
contemporáneos y opositores.
MATERIALISMO DIALÉCTICO: El aspecto filosófico de la doctrina marxista es el
más específicamente alemán del pensamiento de Marx y Engels; usualmente se
hace radicar en Feuerbach el origen del aspecto materialista, y en Hegel la fuente
del aspecto dialéctico; pero ambos aspectos se hallan indisolublemente unidos en
marxismo, que adquiere así un carácter nítidamente distinto de sus predecesores.
MATERIALISMO : Marx fue, al igual que Feuerbach y a diferencia de Hegel,
materialista en filosofía. “Para Hegel”-dijo él- “el proceso del pensamiento, al que
convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo
(el creador) de lo real”; para él, en cambio, “lo ideal no es más que lo material
traspuesto y traducido en la cabeza del hombre”.
“El gran problema cardinal de toda la filosofía, especialmente de la moderna, es el
problema de la relación entre el pensar y el ser (...) el problema de saber qué es lo
primario, si el espíritu o la naturaleza, este problema revestía, frente a la Iglesia, la
forma agudizada siguiente: ¿el mundo fue creado por Dios, o existe desde toda una
eternidad?
Los filósofos se dividían en dos campos: los que afirmaban el carácter primario del
espíritu frente a la naturaleza, por tanto, admitían la creación del mundo en una u
otra forma (por ejemplo Hegel), los cuales formaban el campo idealista; por otro
lado, tenemos los filósofos que reputaban la naturaleza como lo primario, figuraban
en las diversas escuelas del materialismo.
DIALÉCTICO :algo subsiste del pensamiento hegeliano, pero “puesto sobre sus pies”,
interpretando dentro de una concepción materialista, ya que dentro del idealismo de
Hegel estaba puesto “sobre su cabeza”: la dialéctica.
La dialéctica aquí aparece invertida, puesta de cabeza. “No hay más que darle la
vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y enseguida se descubre bajo la corteza mística
la semilla racional”.
Ese proceso del pensamiento se desarrolla en una constante lucha de contrarios, en
una constante oposición de términos contradictorios, a través del triángulo en que a
una tesis se opone su antítesis; pero esa oposición no es estática, no es quieta, sino
que se resuelve en una síntesis, que, a su vez, tampoco es el punto de llegada
definitivo de la evolución, sino por el contrario el punto de partida de una nueva
oposición: se convierte en tesis y ante ella se desarrolla una nueva antítesis, lo que
da lugar al surgimiento de otra síntesis, que se convertirá en tesis, y así
sucesivamente.
"Como vemos en Hegel", (dice Engels) "el desarrollo dialéctico que se revela en la
naturaleza y en la historia, es decir, la concatenación causal del progreso que va de
lo inferior a lo superior, y que se impone a través de todos los zigzags y retrocesos
momentáneos, no es más que un cliché del automovimiento del concepto (...). Esta
inversión ideológica era la que había que eliminar”.
“Invertir la dialéctica, que estaba cabeza abajo, poniéndola de pie”.
MATERIALISMO HISTÓRICO: aquí vemos una disciplina histórica y filosófica.
“Mi investigación desembocaba en el resultado de que, tanto las relaciones jurídicas
como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la
llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en
las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el
precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de "sociedad
civil", y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía
política. (...) hube de proseguir mis estudios de Economía política. El resultado
general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor de mis
estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres
contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad,
relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo
de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción
forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la
superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de
conciencia social.
El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida
social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que
determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su
conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas
materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo
que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad
dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. (...)
A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la
formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el
feudal, y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última
forma antagónica de proceso social de producción (....) las fuerzas productivas que
se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las
condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación
social se cierra, por tanto, la prehistoria de la sociedad humana”.
PRECISIONES EN CUANTO AL DETERMINISMO ECONÓMICO: el factor que en última instancia
determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. La situación
económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre
ella se levanta -las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las
constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc.,
las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro
de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y
el desarrollo ulterior de estas hasta convertirlas en un sistema de dogmas- ejercen
también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan,
predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y
reacciones entre todos estos factores.
“Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en
primer lugar, con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son
las económicas las que deciden en última instancia”.
DEL COMUNISMO PRIMITIVO Y LA LUCHA DE CLASES: “la historia de todas las sociedades
que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”.
● Hombres libres y esclavos.
● Patricios y plebeyos.
● Señores y siervos.
● Maestros y oficiales.
En resumidas cuentas: opresores y oprimidos.
● Burguesía y proletariado.
CLASES, LUCHA DE CLASES Y ESTADO: nos encontramos con las relaciones de
producción. A cambio del trabajo, el trabajador va a obtener lo necesario para
subsistir. Estas relaciones de producción contribuyen a clases sociales diferentes y
antagónicas.
¿Qué rol cumple el Estado? El Estado aparece entonces en la historia como un
instrumento de explotación de una clase sobre otra. “No es más que una máquina
para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que
bajo la monarquía”.
“Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un desarrollo determinado”.
“Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se
divorcia de ella más y más, es el Estado”.
“Como el Estado nació de la necesidad de frenar los antagonismos de clase, y
como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es por regla
general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente
dominante, que, con ayuda de él, se convierte en la clase políticamente dominante,
adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase
oprimida”.
EL CAPITALISMO Y LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA:
En la sociedad capitalista, los burgueses poseen los medios de producción, y los
proletarios solo tienen su fuerza de trabajo, que deben vender para
poder subsistir. La fuerza de trabajo es una mercancía que el capitalista compra,
y que, al consumirse, produce otros valores de uso, otras mercancías; y ese
producto es apropiado por el capitalismo.
Esa mercancía que es la fuerza de trabajo tiene un valor: el tiempo de trabajo
socialmente necesario para su producción que, en este caso, es el salario necesario
para cubrir el sustento del obrero y de su familia; para que siga existiendo y
reproduciéndose el proletariado que ha de abastecer al sistema de producción. Pero
el proletario trabaja solo una parte de la jornada para producir ese valor; durante el
resto de la jornada está generando un valor que el capitalista no paga: la llamada
plusvalía.
Revolución socialista: "El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y
comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con
este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado, y destruye toda
diferencia y todo antagonismo de clases, y con ello mismo, el Estado como tal. La
sociedad, que se había movido hasta el presente entre antagonismos de clase, ha
necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase
explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y, por tanto,
particularmente, para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones
de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado),
determinadas por el modo de producción existente".
Ese vendría a ser el punto de partida ideológico socialista, convertido en un punto de
evolución histórica. Este socialismo no es utópico (como ya se mencionó al inicio),
sino que se trata de un socialismo científico, dado que corresponde a una
interpretación científica de la evolución de las sociedades humanas, de tal modo que
llegaba a ser una sociedad justa, deseable. Esto necesariamente tendría que
producirse como resultado de la evolución histórica.
LA DICTADURA DEL PROLETARIADO: “Constitución de los proletarios en clase,
derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el
proletariado”. “El primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado
a clase dominante, la conquista de la democracia”.
"El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente
a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción
en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y
para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas”.
“Violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de
producción”.
“En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos
de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será
la condición del libre desenvolvimiento de todos”.
LA EXTINCIÓN DEL ESTADO:
“Cuando el Estado (establece Engels) se convierta finalmente en representante
efectivo de toda la sociedad será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista
ninguna clase social a la que haya que mantener sometida; cuando desaparezcan,
junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual,
engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos
resultantes de esto, no habrá ya nada que reprimir, ni hará falta, por tanto, esa
fuerza especial de represión que es el Estado.
El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante
de toda la sociedad: toma de posesión de los medios de producción en nombre
de la sociedad es a la par su último acto independiente como Estado. La
intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua
en un campo tras otro de la vida social y cesará por sí misma. El gobierno sobre las
personas es sustituído por la administración de las cosas y por la dirección de los
procesos de producción. El Estado no será "abolido"; se extingue”.
Debemos de tener en cuenta que el Estado no ha existido eternamente. Ha habido
sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado
ni de su Poder.
“Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron un su día. Con
la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad,
reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación
libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que
entonces le ha de corresponder: el museo de antigüedades, junto a la rueca y al
hacha de bronce”.
En una sociedad comunista no van a existir las clases, todos van a ser iguales.
“Este derecho igual es un derecho desigual para trabajo desigual. No reconoce
ninguna distinción de clase, porque aquí cada individuo no es más que un obrero
como los demás”.
DEL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA
- El Manifiesto Comunista es el documento revolucionario más importante y de
ideas históricas más seguras que nunca se haya escrito.
- Toda la historia ha sido una historia de luchas de clases, de luchas entre las
clases explotadas y las clases explotadoras, entre las clases dominadas y las
clases dominantes, en los diferentes estados de su desenvolvimiento
histórico; pero esa lucha atraviesa actualmente una etapa en que la clase
explotada y oprimida (el proletariado) no puede emanciparse de la clase que
la explota y oprime sin emancipar al propio tiempo, y para siempre, a toda la
sociedad de la explotación, de la opresión y de las luchas de clases, esta idea
fundamental pertenece única y exclusivamente Marx (establece Engels).
El Manifiesto comienza así: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del
comunismo”. Luego, va a establecer que todas las potencias de dicho continente se
han unido para acorralar a ese fantasma.
Enseñanza:
1- El comunismo está reconocido como una fuerza por todas las potencias de
Europa.
2- Ha llegado el momento de que los comunistas expongan a la faz del mundo su
manera de ver, sus fines y sus tendencias; que opongan a la leyenda del fantasma
del comunismo un manifiesto del partido.
Burgueses y proletarios
La historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de las
luchas de clases.
➔ Hombres libres y esclavos.
➔ Patricios y plebeyos.
➔ Nobles y siervos.
➔ Maestros jurados y compañeros.
➔ En una palabra: opresores y oprimidos. En lucha constante, mantuvieron una
guerra ininterrumpida, ya abierta, ya disimulada; una guerra que termina
siempre, bien por una transformación revolucionaria de la sociedad, bien por
la destrucción de las dos clases antagónicas.
En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad
Media, señores, vasallos, maestros, compañeros y siervos.
La sociedad burguesa moderna, levantada sobre las ruinas de la sociedad feudal, no
ha abolido los antagonismos de clases. No ha hecho sino sustituir
con nuevas clases a las antiguas, con nuevas formas de lucha.
La sociedad se divide cada vez más en dos grandes campos opuestos, en dos
clases enemigas:la burguesía y el proletariado.
Vemos que la burguesía es producto de una lucha, dado que se trata de una clase
revolucionaria, que salió de la sociedad feudal.
“La burguesía, como vemos, es también producto de un largo desenvolvimiento, de
una serie de revoluciones en los medios de producción y de comunicación”.
Tanto Marx como Engels, van a admirar en cierta forma a la clase burguesa, debido
a los grandes cambios que produjo. Veamos, a grandes rasgos, lo que más se
destaca:
El Gobierno moderno no es sino un Comité administrativo de los negocios de la
clase burguesa.
La burguesía ha ejercido en la Historia una acción esencialmente revolucionaria.
Todas las ligaduras multicolores que unían el hombre feudal a sus superiores
naturales las ha quebrantado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre
hombre y hombre que el frío interés, el duro pago al contado.
Ha ahogado el éxtasis religioso, el entusiasmo caballeresco, el sentimentalismo del
pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad
personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades.
La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones .
La burguesía ha desgarrado el velo de sentimentalidad que encubría las relaciones
de familia y las ha reducido a simples relaciones de dinero.
Luego, nos van a decir que esta clase ha introducido un cambio continuo en los
medios de producción.
➔ La burguesía ha sometido el campo a la ciudad.
➔ Ha aumentado la población de las ciudades.
➔ Ha subordinado los países de agricultores a los países de industriales. El
Oriente al Occidente.
➔ La burguesía suprime cada vez más el desparramo de los medios de
producción, de la propiedad y de la población.
➔ Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y
concentrado la propiedad en un pequeño número de manos.
De las fuerzas productivas y medios de producción:
Quienes van a poseer los medios de producción van a ser los burgueses. Estos van
a necesitar de la fuerza de trabajo del proletariado.
“Con el desenvolvimiento de la burguesía, es decir, del capital, se desarrolla el
proletariado, la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de
encontrar trabajo y que no lo encuentran si su trabajo no acrecienta el capital.
Estos obreros, obligados a venderse diariamente, son una mercancía como
cualquier artículo de comercio”.
Masas de obreros, amontonados en la fábrica, están organizados militarmente. Son
como simples soldados de la industria, colocados bajo la vigilancia de una jerarquía
completa de oficiales y suboficiales. No son solamente esclavos de la clase
burguesa, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos de la
máquina, del contramaestre y, sobre todo del mismo dueño de la fábrica. Cuanto
más claramente proclama este despotismo la ganancia como fin único, más
mezquino, odioso y exasperante resulta.
Las distinciones de edad y sexo no tienen importancia social para la clase obrera.
No hay más que instrumentos de trabajo, cuyo precio varía según la edad y el sexo.
Pequeños industriales, comerciantes y renteros, artesanos y labradores, toda la
escala inferior de las clases medias del otro tiempo, caen en el proletariado: de una
parte, porque sus pequeños capitales no les permiten emplear los procedimientos de
la gran industria y sucumben en la concurrencia con los grandes capitalistas; de otra
parte, porque su habilidad técnica es anulada por los nuevos modos de producción.
El proletariado pasa por diferentes fases de evolución. Su lucha contra la burguesía
comienza desde su nacimiento.
De todas las clases que actualmente se encuentran enfrentadas con la burguesía,
solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria.
Del proletariado:
Todos los movimientos históricos han sido hasta ahora realizados por minorías en
provecho de minorías.
El movimiento proletario es el movimiento espontáneo de la inmensa mayoría en
provecho de la inmensa mayoría. El proletariado, capa inferior de la sociedad
actual, no puede sublevarse, enderezarse, sin hacer saltar todas las capas
superpuestas que constituyen la sociedad oficial.
La lucha del proletariado contra la burguesía, aunque en el fondo no sea una lucha
nacional, reviste, sin embargo, al principio, tal forma. Huelga decir que el
proletariado de cada país debe acabar antes de nada con su propia burguesía.
El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que
la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía es incapaz de
desempeñar el papel de clase dirigente y de imponer a la sociedad como ley
suprema las condiciones de existencia de su clase.
La condición esencial de existencia y de supremacía para la clase burguesa es la
acumulación de riqueza en manos de particulares, la formación y el acrecentamiento
del capital; la condición de existencia del capital es el salariado, que reposa
exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí.
proletarios y comunistas
Los comunistas no se distinguen de los otros partidos obreros más que en dos
puntos:
1- En las diferentes luchas nacionales de los proletarios, ponen por delante y hacen
valer los intereses independientes de la nacionalidad y comunes de todo el
proletariado.
2- En las diferentes fases de la lucha entre proletarios y burgueses representan
siempre y por todas partes los intereses del movimiento integral.
El propósito inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los partidos
obreros: constitución de los proletarios en clase, destrucción de la supremacía
burguesa, conquista del poder político por el proletariado.
De los comunistas: no son sino la expresión del conjunto de las condiciones reales
de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico en constante evolución.
La abolición de las relaciones de propiedad que han existido hasta aquí no es el
carácter distintivo del Comunismo.
El carácter distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general,
sino la abolición de la propiedad burguesa.
Según esto, la propiedad privada actual, la propiedad burguesa es la última y la más
perfecta expresión del modo de producción y de apropiación basado sobre los
antagonismos de las clases, sobre la explotación de los unos por los otros.
En este sentido los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única:
abolición de la propiedad privada.
Del capital:
En su forma actual, la propiedad se mueve entre estos dos términos antinómicos:
capital y trabajo.
Ser capitalista significa que no solo se ocupa una posición personal en la
producción, sino también una posición social. El capital es un producto colectivo; no
puede ser puesto en movimiento sino por los esfuerzos combinados de muchos
miembros de la sociedad, y también, en último término, por los esfuerzos
combinados de todos los miembros de la sociedad.
El capital no es, pues, una fuerza personal; es una fuerza social.
El obrero va a necesitar trabajar, dado que sin su fuerza de trabajo no puede
subsistir. Vive para los intereses de la clase dominante.
En la sociedad burguesa el capital es independiente y personal, mientras que el
individuo que trabaja está sometido y privado de personalidad.
Marx y Engels lo que van a querer es abolir la propiedad privada. “Nos acusáis de
querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos”.
De la familia:
Luego, nuestros autores van a decir que la familia no existe sino para la burguesía.
Esta clase va a someter a la familia del obrero, destruyéndola en cierta forma.
La familia burguesa se desvanece naturalmente con el desvanecimiento de su
complemento necesario, y una y otra desaparecen con la desaparición del capital.
¿Nos reprocháis el querer abolir la explotación de los niños por sus familias?
Confesamos este crimen.
Pero nosotros quebrantamos, decís, los lazos más sagrados, sustituyendo la
educación de la familia por la educación de la sociedad.
Los comunistas buscan cambiar el carácter y arrancar la educación de la influencia
de la clase dominante.
La gran industria destruye todo vínculo de familia para el proletario y transforma a
los niños en simples objetos de comercio, en simples instrumentos de trabajo.
Además, se acusa a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad, los
obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen.
Si el comunismo aboliera las verdades eternas, aboliría la religión y la moral en lugar
de darles una forma nueva, y eso contradiría todo el desenvolvimiento histórico
anterior.
¿A qué se reduce esta objeción? La historia de toda sociedad se resume en el
desarrollo de los antagonismos de las clases, antagonismos que han revestido
diversas formas en las distintas épocas. Pero cualquiera que haya sido la forma
revestida por esos antagonismos, la explotación de una parte de la sociedad por la
otra es un hecho común a todos los siglos anteriores.
Por consiguiente, no tiene nada de asombroso que la conciencia social de todas las
edades a despecho de toda divergencia y de toda diversidad, se haya siempre
movido dentro de ciertas formas comunes; formas de conciencia que no se
disolverán completamente sino la definitiva desaparición del antagonismo de las
clases.
El proletariado se servirá de su supremacía política para arrancar poco a poco todo
el capital a la burguesía, para centralizar todos los instrumentos de producción en
manos del Estado, es decir, del proletariado organizado en clase directora, y para
aumentar rápidamente la cantidad de fuerzas productivas.
Para los países más avanzados las medidas siguientes podrán ser puestas en
práctica:
1- Expropiación de la propiedad territorial y aplicación de la renta a los gastos del
Estado.
2- Impuesto fuertemente progresivo.
3- Abolición de la herencia.
4- Confiscación de la propiedad de los emigrados y rebeldes.
5- Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional
con capital del Estado y con el monopolio exclusivo.
6- Centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte.
7- Multiplicación de las manufacturas nacionales y de los instrumentos de
producción, roturación de los terrenos incultos y mejoramiento de las tierras
cultivadas según un sistema general.
8- Trabajo obligatorio para todos, organización de ejércitos industriales,
particularmente para la agricultura.
9- Combinación del trabajo agrícola y del trabajo industrial, medidas
encaminadas a hacer desaparecer gradualmente la distinción entre la
ciudad y el campo.
10- Educación pública y gratuita de todos los niños, abolición del trabajo de estos en
las fábricas tal como se practica hoy; combinación de la educación con la producción
material, etcétera.
Una vez desaparecidos los antagonismos de clases en el curso de su
desenvolvimiento, y estando concentrada toda la producción en manos de los
individuos asociados, entonces perderá el Poder público su carácter político.
APUNTES DE LA CLASE ACERCA DEL MANIFIESTO DEL PARTIDO
COMUNISTA DE MARX Y ENGELS.
De Marx: 1818- 1883. Hijo de judíos. Se hacen protestantes. Recibió una educación
liberal y burguesa. Sentó una base crítica de la filosofía de Hegel. Se vio
influenciado por corrientes anarquistas y socialistas.
Su amigo Engels había formulado una idea de revolución.
Contexto: en el 1830 ocurren reclamos en el sufragio.
En 1848 ocurren los levantamientos obreros.
Influencias:
- Hegel. Composición dialéctica.
- Economía política.
- Socialismo utópico. Visión romántica de la realidad.
Marx va a proponer una teoría científica.
● Se trata de una mirada histórica.
● Crítica al capitalismo.
● Alternativa al capitalismo.
Su argumento va a ser científico. Producto de la RAZÓN. Es un crítico del
capitalismo; pero no de la modernidad.
Vamos a ver que la idea de Marx no es nada nueva, puesto que antes Saint- Simon
había propuesto algo similar (ideas centrales).
Del Manifiesto:
El hombre está muy vinculado al trabajo. Nos vinculamos de determinado modo.
Lo que Marx y Engels escriben es un Manifiesto. Una obra política. Manifiesto de un
partido.
Consta de cuatro partes dicha obra.
Esta obra va a tener mucha difusión e incluso hasta nuestros días, dado que sirve de
base para numerosos partidos políticos.
Este Manifiesto, como bien se mostró anteriormente, va a comenzar diciendo “un
fantasma”. Se trata de una amenaza real, de un fantasma que recorre Europa.
Con respecto a la primera parte: Burgueses y proletarios.
Lucha de clases.
Vamos a ver una oposición al pensamiento de Hegel. Este va a decir que las ideas
son resultado de un proceso anterior. Es un proceso de oposiciones.
Marx y Engels se van a centrar en la materialidad.
Hegel: lucha de opuestos. Situación resultado de anteriores.
Dialéctica materialista: no se trata de una dialéctica de ideas.
¿Cómo ha sido esa lucha de clases?
Nos lo van a indicar: OPRESORES Y OPRIMIDOS.
Antes esta dicotomía no existía. Existe desde que tenemos registros históricos. Ven
a la ciencia como un instrumento que nos permite conocer la verdad. Se explica la
historia con leyes científicas.
¿Cómo se expresa? Lucha de clases: burguesía (opresor) y proletariado (oprimidos).
Aparece el concepto de plusvalía. Hay explotaciones y opresiones. No hay
posibilidad de salir de esa lógica. No se trata de una decisión individual. Obliga a los
individuos a pertenecer a una clase.
Proponen un modo de sociedad diferente. Se proyecta una sociedad a futuro (punto
en común con Rousseau).
Vamos a ver que los burgueses son los propietarios y productores. A partir de ahí
van a aparecer el proletariado que solo va a contar con su fuerza de trabajo.
Los burgueses debemos de tener en cuenta que son una clase revolucionaria. Una
clase avanzada y de producción. Revolucionaron la sociedad anterior. Van a poseer
los medios de producción. También van a conquistar la hegemonía política.
Con respecto a lo último mencionado.
¿Cómo concibe Marx al Estado? ¿Cómo entiende la “sociedad del Estado”?
Siempre que hay un Estado, hay clases. Este Estado va a reflejar los intereses de la
clase dominante. No hay un Estado neutral, árbitro.
El Estado va a ser de forma burguesa, es decir, va a reflejar los intereses de estos.
El Estado, en ese sentido, no va a poder ser neutral.
Si el modo de producción no se cambia, seguirá habiendo opresión.
LIBERTAD= no la podemos pensar por fuera de la producción. Esta “se juega” en la
producción.
Todas las relaciones humanas se mercantilizan. Hay desigualdades existenciales.
La burguesía va a crear una nueva clase social.
¿Cuán libre es el obrero? Va a poder vender su propio cuerpo. Es lo único que tiene.
Se trata de una situación desigual.
En esta sociedad burguesa, de la que hablan Marx y Engels, los que más trabajan
(los únicos que trabajan) no tienen propiedad. Sin embargo, los que tienen
propiedad, no trabajan. He aquí la contradicción.
La burguesía va a crear los sepultureros (los obreros).
¿Cuál es la finalidad? Abolir el régimen de la propiedad privada.
- La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases.
- Lucha de clases hoy: (donde ellos escriben) es la burguesía y el proletariado.
La burguesía= clase revolucionaria.
Relaciones de producción traba para el desarrollo.
Las relaciones de producción deben de modificarse.
La burguesía genera semilla de su destrucción.
El burgués es el dueño del capital.
El proletariado es la clase mayoritaria. Clase revolucionaria.
Con la revolución la propiedad se va a abolir.
Objetivo último= eliminación propiedad privada de los medios de producción.
Hay que tomar el Estado para ahí modificar las relaciones de poder.
El Estado es un instrumento de dominación.
Los representantes velan por sus propios intereses.
Es violento que unos tengan medios de producción y que no tengan que trabajar;
mientras que otros deben trabajar.
Burgueses= no producen con su propia fuerza.
Medios de producción: estatales.
Se trata de una dictadura científica.
Hoy en día se discute si realmente ha existido una sociedad comunista.
Con el comunismo, desaparecen las clases. El Estado pierde el poder político. El
Estado desaparecería por innecesario.
Es diferente al anarquismo. La forma de llegar es diferente.
DE LA CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
Aquí Marx va a dejar de manifiesto el materialismo dialéctico.
El Estado, la sociedad, el ámbito político, la cultura y el ámbito jurídico. Esto es,
elementos por los cuales nos formamos, están sujetos a una BASE ECONÓMICA.
Nada funciona por sí mismo. Dependen de la estructura económica.
Marx va a discutir las ideas de Hegel. Este nos va a decir que la conciencia
determina el propio ser. Se va a invertir este modelo de Hegel.
Marx nos va a decir que todo está condicionado por las fuerzas de producción. La
conciencia está determinada por el ser.
- En el prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx va
a explicar lo presentado.
- Nos va a decir que su carrera profesional ha sido de jurisprudencia, aunque
no ha ejercido como tal, sino que se ha dedicado más que nada a la filosofía y
a la historia. También nos va a decir que se vio obligado a opinar de intereses
materiales.
Pasaje:
“Mi investigación desembocó en el resultado de que tanto las condiciones jurídicas
como las formas políticas no podían comprenderse por sí mismas ni a partir de lo
que ha dado en llamarse el desarrollo general del espíritu humano, sino que, por el
contrario, radican en las condiciones materiales de vida, cuya totalidad agrupa
Hegel, según el procedimiento de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el
nombre de "sociedad civil", pero que era menester buscar la anatomía de la
sociedad civil en la economía política. Comencé en París la investigación de esta
última, prosiguiéndola en Bruselas, hacia donde había emigrado como consecuencia
de una orden de expulsión del señor Guizot. El resultado general que obtuve y que,
una vez obtenido, sirvió de hilo conductor de mis estudios, puede formularse
brevemente de la siguiente manera. En la producción social de su existencia, los
hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su
voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio
evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de
producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la
cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas
formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el
proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los
hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que
determina su conciencia. En un estudio determinado de su desarrollo, las fuerzas
productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de
producción existentes o -lo cual solo constituye una expresión jurídica de lo mismo-
con las relaciones de producción dentro de las cuales se habían estado moviendo
hasta ese momento. Esas relaciones se transforman de formas de desarrollo de las
fuerzas productivas en ataduras de las mismas. Se inicia entonces una época de
revolución social. Con la modificación del fundamento económico todo ese edificio
descomunal se trastoca con mayor o menor rapidez. Al considerar esta clase de
trastocamientos, siempre es menester distinguir entre el trastocamiento material de
las condiciones económicas de producción, fielmente comprobables desde el punto
de vista de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas,
artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de las cuales los hombres
cobran conciencia de este conflicto y lo dirimen. Así como no se juzga a un individuo
de acuerdo a lo que este cree ser, tampoco es posible juzgar una época semejante
de revolución a partir de su propia conciencia, sino que, por el contrario, se debe
explicar esta conciencia a partir de las contradicciones de la vida material, a partir
del conflicto existente entre fuerzas sociales productivas y relaciones de producción.
Una formación social jamás perece hasta tanto no se hayan desarrollado todas las
fuerzas productivas para las cuales resulta ampliamente suficiente, y jamás ocupan
su lugar relaciones de producción nuevas y superiores antes de que las condiciones
de existencia de las mismas no hayan sido incubadas en el seno de la propia
antigua sociedad. De ahí que la humanidad siempre se plantee solo tareas que
puede resolver, pues considerándolo más profundamente siempre hallaremos que la
propia tarea solo surge cuando las condiciones materiales para su resolución ya
existen o, cuando menos, se hallan en proceso de devenir. A grandes rasgos puede
calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de
épocas progresistas de la formación económica de la sociedad. Las relaciones de
producción burguesas son la última forma antagónica del proceso social de la
producción, antagónica no en el sentido del antagonismo individual, sino en el de un
antagonismo que surge de las condiciones sociales de vida de los individuos, pero
las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa
crean, al mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver este antagonismo.
Con esta formación social concluye, por consiguiente, la prehistoria de la sociedad
humana.”
Luego nos va a decir que Engels también llegó a su misma conclusión.