MODULO 1
LECTURA 1 Que es la filosofía?
DEFINICIONES DE FILOSOFIA
“Filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma
para su conducta” (Sócrates).
“La filosofía se ocupa de las preguntas que nos constituyen como seres humanos. Si dejáramos de
planteárnoslas, perderíamos nuestra humanidad” (Cortina citado en Sinay, 2019,
[Link]
“Las humanidades son fundamentales para la democracia. La filosofía aporta herramientas de
pensamiento crítico que ayudan a cuestionar la tradición y la autoridad” (Nussbaum citado en
Mosquera, 2019, [Link]
“Filosofar no es un deber moral sino una necesidad. La vida es tan difícil, que tenemos necesidad de
utilizar nuestra inteligencia para vivir un poco mejor. A fin de cuentas, ¿qué es la filosofía? Es el
esfuerzo por pensar, pensar mejor para vivir mejor. El amor a la sabiduría (la filosofía) consiste en
intentar vivir de manera un poco menos estúpida, un poco más inteligente, para ser más felices”.
(Comte-Sponville citado en Mosquera, 2019, [Link]
“Desde cierto punto de vista, la filosofía no tiene ninguna utilidad especial en esta vida. Desde otro
punto de vista, en cambio, si se pierde la filosofía, se pierde algo más importante que la vida misma:
aquello que hace a la vida digna de ser vivida. Se puede vivir sin justicia, sin verdad y sin belleza.
Pero la cuestión es si la vida sigue entonces mereciendo la pena” (Fernández Liria citado en
Mosquera, 2019, [Link]
PENSAMIENTO CRITICO
Que la filosofía sea un pensamiento crítico significa básicamente que posee un carácter problematizador, es
decir, que no se limita a lo dado, sino que implica el desarrollo de cierta capacidad para cuestionar lo
existente.
Por medio del carácter crítico que posee, la filosofía intenta ir a la raíz de las cosas y por ello, ese carácter
es estructurador de su modo de penetrar y comprender la realidad.
La filosofía, en cambio, es un saber que busca cuestionar siempre sus propios fundamentos, y de ese modo,
nos debe conducir a la práctica de no asumir nada como inamovible e incuestionable. La filosofía es crítica
de las ideologías. El saber filosófico puede verse, de este modo, no como un saber sustantivo en el sentido
de un saber de verdades inamovibles, sino como uno que busca siempre nuevas formas de comprender la
realidad.
Hay diversas ramas de la filosofía. Costa y Divenosa (2004) distinguen las siguientes:
Ética: encargada del análisis de la conducta moral
Antropología filosófica: busca esclarecer la esencia de lo humano·
Gnoseología: encargada del análisis del conocimiento
Metafísica: encargada del análisis de la estructura de la realidad
Estética: encargada del análisis de las formas de belleza
Lógica: encargada del análisis del razonamiento
También podemos hablar de filosofía política, filosofía del lenguaje, filosofía de las ciencias, filosofía de la
educación, etcétera.
La filosofía brota de la naturaleza misma de la razón: en su ansia de preguntas y respuestas, de nuevas
preguntas y respuestas, excede los límites de la experiencia. Una cosa es conocer dentro de los límites de la
experiencia y otra cosa es pensar, sobreponerse a dichos límites. La filosofía aspira, decían los clásicos, a las
primeras causas.
LECTURA 2 – La cuestión del Arkhe
La expresión “filosofía antigua” hace referencia al primer capítulo de la reflexión filosófica que surge
alrededor del siglo VII a.C. en Grecia y se extiende hasta el siglo VII d.C. Durante este período, tuvo lugar
una gran transformación intelectual debido a que empiezan a abandonarse las tradicionales explicaciones
del mundo basadas en argumentos de tipo religioso o mitológico para sustituirse por formas de
pensamiento basadas en la razón.
En los presocráticos se inicia un pensar «demostrativo», que no se limita ya a escuchar relatos, sino que con
su propia observación y reflexión crítica trata de captar algo y al mismo tiempo de razonarlo. Al surgir así
con los presocráticos el pensar conceptual, nacía al mismo tiempo la filosofía de Occidente (Hirschberger,
2012, p. 14).
Suelen reconocerse dos grandes tradiciones que reciben el nombre de fisicalista y lógico-racionalista.
Ambas formas de pensamiento se difundieron por todo el mar Mediterráneo.
Fisicalista: interesada por la búsqueda del principio (arkhé) del universo en un principio material.
Constituye la vertiente, en general, más naturalista, es decir, más próxima al estudio de la physis o
naturaleza. Podríamos decir que una de las cuestiones clave aquí es saber qué componentes físicos
constituyen el cosmos. Escuela de Mileto.
o Tales de Mileto (624-546 a. C.): Consideró que el agua era el principio u origen de todas las
cosas.
o Anaxímenes (585-524 a. C.): Supuso que era el aire el principio que explicaba el universo.
o Anaximandro (610-545 a. C.): El principio explicativo o arkhé que propone es algo que él
llamó “lo indefinido” o ápeiron. Se trata de algo imperecedero e indestructible, que
engendra todas las cosas.
Hay otras tres figuras que se inscriben en esta tradición fisicalista aunque se identifican como
pluralistas dado que suponen una pluralidad de principios explicativos del universo.
o Empédocles (495-455 a. C.): Para él no, hay un solo elemento sino cuatro: aire, tierra,
fuego y agua. Estos se combinan mediante relaciones de amor u odio o fuerzas de
atracción y repulsión, y son el origen de lo existente.
o Anaxágoras (500-428 a. C.): Apeló a unos componentes minúsculos, que denominó
“gérmenes” o “semillas”, que se combinaban siguiendo las leyes de una inteligencia
ordenadora (nous) de carácter natural y físico.
o Demócrito (460-370 a. C.): Junto con Leucipo, se conocen como “los fundadores del
atomismo”. Sostuvo que todo está constituido por unas unidades pequeñas e invisibles
que las denominó “átomos”. La palabra.
Lógico – Racionalista: Recibe esta denominación porque su preocupación central gira en torno a la
identificación de las leyes que regulan el universo.
Heráclito (540-480 a.C.) es uno de sus principales exponentes. A él se le atribuye una concepción
dinámica de la realidad, signada por el cambio permanente: todo fluye al modo de la corriente en el
río, razón por la que nunca “descendemos dos veces en el mismo río”.
Heráclito mantuvo además un firme compromiso con la idea de que el mundo está caracterizado
por un juego de fuerzas opuestas o contrarias que mantienen entre sí una relación de unidad. Esa
tensión entre los contrastes (por ejemplo, invierno-verano, guerra-paz, etc.) es indispensable para
reconocer la existencia de las cosas.
Otro gran exponente de esta tradición es Pitágoras (570-469 a. C), discípulo de Tales. A él se le
atribuyen, además de sus reflexiones filosóficas, importantes descubrimientos en el campo de las
matemáticas. Las ideas de Pitágoras se combinan con muchos elementos religiosos presentes en
orfismo tales como el dualismo (mente-cuerpo) y la doctrina de la salvación del alma. Pitágoras
consideraba que la forma o el número era el rasgo más fundamental de la naturaleza. Él también
señaló la importancia de la idea de armonía cósmica o universal. La armonía era precisamente
identificada con el alma, y ambas poseían un papel indispensable para conservar la unidad del Todo
LECTURA 3 – LA SABIA IGNORANCIA
Movimiento Sofista – Comienza en el siglo V a.c. comienza a ser el punto de partida el hombre y lo colocan
en el centro de la discusión.
Con los sofistas, la filosofía experimenta así un giro antropológico: la reflexión se vuelve desde la
consideración de la naturaleza hacia la del ser humano.
Los sofistas son los primeros en utilizar técnicas pedagógicas en sus clases. Iban de ciudad en ciudad
impartiendo sus enseñanzas en diversas materias: cálculo, geometría, astronomía, música, gramática y
retórica. De ahí su nombre: “expertos en cosas sabias”
Características de los Sofistas:
Los sofistas se fueron especializando fundamentalmente en gramática, retórica, derecho y política.
Dado su carácter viajero –iban de ciudad en ciudad–, y al enfrentarse a diversas costumbres, leyes
(nomos) y cosmovisiones, desarrollaron ideas relativistas.
La retórica fue su principal instrumento de persuasión. Protágoras, Gorgias y Trasímaco fueron
algunos de los más consumados oradores de este período.
Dada su habilidad para combatir a través del lenguaje con miras a hacer imperar sus propios puntos
de vista y refutar las opiniones de sus adversarios, reciben el nombre de erísticos. Esta expresión
proviene de erística (del griego eristiké téchne, “técnica del discutir”).
Hacer prevalecer la tesis propia precede en importancia a la veracidad o falsedad de los argumentos
empleados para ello.
El discurso comienza a poseer un sello propio, una estructura específica.
A cambio de transmitir su sabiduría, exigían que se les pagase, y esto no era bien visto, por lo que
fue objeto de fuertes críticas.
La mayéutica era la «obstetricia» de Sócrates. Este arte lo ejercía principalmente con jóvenes, a los que
enzarzaba en discusiones filosóficas, y consistía en destacar algún dicho de su interlocutor en el que éste
expresaba algo que sabía sin saber que lo sabía, mostrándole con sus hábiles interrogaciones que podía
saberlo con sólo reflexionar debidamente sobre los problemas. Lo que así practicaba Sócrates era el mejor
entrenamiento filosófico.
La huella de la mayéutica es tan enorme que puede considerarse como una de las aportaciones filosóficas
más fundamentales en la historia del pensamiento. Para Sócrates, la actitud fundamental que acompaña a
la mayéutica es antidogmática: se construye reconociendo la limitación del conocimiento humano. Y ese
reconocimiento empieza por uno mismo.
La virtud es conocimiento, pero un conocimiento que exige considerar las acciones y pensamientos propios
a la luz de la excelencia. Alcanzar cualquier virtud exige como paso previo conocerse a sí mismo. Y el
ejercicio de la virtud se identifica para Sócrates con la felicidad. Así, aparecen tres nociones estrechamente
conectadas:
Dominio de sí: hace referencia a la capacidad del alma de gobernar las propias pulsiones del cuerpo.
Libertad interior: se cultiva como una robusta protección frente a lo que nos sustrae del ámbito de
la razón
Felicidad
LECTURA 4 – La época clásica
La condena a muerte de Sócrates (399 a. C.), su maestro amado, hizo a Platón desarrollar una visión
pesimista de la democracia, que se traduce en la figura del filósofo que ajustician en el mito de la caverna.
Siguiendo la estela de los pitagóricos, Platón busca establecer reformas políticas en Siracusa, pero
terminaron en sedición y en su venta como esclavo. De regreso a Atenas, fundará la Academia (387 a. C.)
con la pretensión de desarrollar un programa educativo integral, del que pudieran salir los futuros
gobernantes del Estado, en la versión que ofrece en su República. La Academia, centro de enseñanza y
formación, albergó a numerosos discípulos, entre ellos, el que habría de convertirse en uno de los más
grandes pensadores de la historia de la filosofía: Aristóteles.
La época clásica asiste al nacimiento de dos grandes sistemas de pensamiento: el de Platón y el de
Aristóteles. Entre ambos, pese a sus afinidades, emergen también diferencias que van a signar el posterior
curso del pensamiento filosófico.
Las obras de Platón suelen agruparse en cuatro grandes períodos, cuya ordenación más tradicional es la
siguiente:
Período Socrático: Aquí se observa claramente la influencia en los escritos de Platón de su maestro,
y, por tanto, de la mayéutica y la ironía socrática. Los escritos de esta etapa se conocen bajo el
nombre de “diálogos socráticos” o “diálogos menores”. (Apología de Sócrates, Protágoras, y La
república)
Período de transición: Las obras que se agrupan aquí tienen lugar durante y después del primer
viaje de Platón a Sicilia y su encuentro con el pitagorismo itálico (Gorgias y Menón)
Diálogos de Madurez: Se agrupan aquí cuatro diálogos que se convierten en la puerta grande del
pensamiento platónico. (Banquete, Fedón, Libros II-X de La República, y Fedro)
Obras de Vejez: En esta producción sobresale un Platón atento a la revisión y a la autocrítica con
respecto a sus propias ideas. (Teeteto, Parménides, y El Timeo)
Platón: El alma se compone, en Platón, de tres dimensiones (tres tipos de alma): el alma apetitiva, el alma
volitiva, y el alma racional. Todos los seres humanos tienen estos tipos de alma, pero en algunos predomina
más uno que otro.
La virtud de la justicia emerge cuando en una sociedad se ha fomentado para cada grupo de personas,
definido en función del predominio de uno de estos tres tipos de alma, la virtud (excelencia de la acción)
que les es propia. En el modelo social propuesto por Platón, “los niños” (en esto Platón fue muy avanzado)
han de ser orientados en función del tipo de alma que en ellos predomina, de tal modo que:
Aquellos en los que predomine la parte apetitiva del alma se han de orientar hacia el grupo de los
productores, pues la pasión por la posesión es fuente de riqueza.
Los que tengan una mayor propensión hacia el alma volitiva, por su arrojo, podrán ser buenos
guardianes.
Cuando se observe que los niños tienen mayor propensión hacia el alma racional, habrá que
potenciarles la pasión por el conocer y llevarlos a indagar en las últimas verdades.
En Aristóteles el alma opera en conjunción al cuerpo; asimismo, existen tres tipos de alma: la vegetativa
(plantas), la sensitiva (animales) y la racional (ser humano), de tal modo que la diferencia específica del ser
humano es la racional.
Cada saber tiene su propio bien. Existen tres tipos de saberes: el productivo (técnico, cuyo bien es el objeto
útil), el contemplativo (cuyo bien es el conocimiento teorético) y el práctico, cuyo bien es la buena
disposición del carácter (ética) o de la polis (política).
DUALISMO PLATONICO (APARIENCIA Y REALIDAD | SER O NO SER)
MITO DE LA CAVERNA (LA REPUBLICA)