REPUBLICA ARGENTINA “Gral.
Martín Miguel de Güemes héroe de la Nación Argentina”
GENDARMERÍA NACIONAL “AÑO DE LA DEFENSA DE LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PROPIEDAD”
CURSO DE REENTRENAMIENTO INTENSIVO PARA PERSONAL DE LAS
UNIDADES DEPENDIENTES DEL COMANDO DE AGRUPACION VII “SALTA”
La presente capacitación ha sido pensada y planificada para la rememoración,
adquisición e integración de conocimientos, cuya comprensión y aplicación resultan
esenciales, con el fin de cumplir eficazmente con la legislación vigente en su
desempeño en el ejercicio de la función pública que el estado les confiere, en todo tipo
de operaciones o decisiones que deba adoptar. A continuación, abordaremos
conceptos y temas desde un pensamiento analítico y que ningún Gendarme puede ni
debe desconocer.
Como se hizo mención en el párrafo precedente, debemos tener en cuenta que, a partir
del día del egreso como Gendarmes, adquirimos la idoneidad, teniendo la obligación
ética, moral y legal de cumplir y hacer cumplir las leyes, con la finalidad del Estado de
garantizar el bien común. En consecuencia, procederemos a describir “idoneidad y
bien común”.
Idoneidad: Entiéndase como aptitud técnica, legal y moral, es condición esencial para
el acceso y ejercicio de la función pública. El servidor público debe propender a una
formación sólida acorde a la realidad, capacitándose permanentemente para el debido
cumplimiento de sus funciones. Ser idóneo no solo significa ser adecuado o apropiado
para “algo”, su significado va mas allá de ello. Idoneidad, es aquel principio que se
refiere al desenvolvimiento del servidor público con aptitud técnica, legal y moral en el
desempeño de su labor, teniendo disposiciones, capacidades y condiciones suficientes
para realizar una tarea específica o para un cargo.
Es menester mencionar que, para el ordenamiento jurídico argentino, cada persona con
capacidad, es penalmente responsable de sus actos, sin perjuicio de que pudieran
existir agravantes, atenuantes o eximentes. No obstante a ello, desde el concepto de
idoneidad desarrollado, todas las acciones punibles cometidas en el ejercicio de la
función pública, en nuestro proceder suelen tener agravantes.
Bien común: La acepción general de este concepto, alude a aquello que puede ser
aprovechado o utilizado por todas las personas, siendo este el principal objetivo del
aparato del Estado, haciendo referencia a que es un bien perteneciente a toda la
sociedad en su conjunto, es decir, que no es propiedad privada de ninguna persona.
El Estado, como órgano rector, tiene que proteger y promover el bien común ya que
éste redunda en beneficios para los habitantes. Las condiciones sociales que
garantizan la libertad, la justicia, la salud, la educación, la seguridad y el reparto
equitativo de los bienes materiales esenciales forman parte del bien común.
Visto este concepto, durante el desarrollo de la asignatura, haremos hincapié en en el
factor seguridad, debido a nuestras capacidades y competencias en la materia,
rememorando que es obligación legal salvaguardar los bienes jurídicos tutelados
protegidos constitucionalmente y por tratados internacionales, como la vida (mayor bien
jurídico), la integridad física, la libertad entre tantos otros.
Para seguir adentrándonos en la “Seguridad Pública” y conforme a nuestro rol en
carácter de funcionarios públicos, pasaremos a desarrollar el concepto de “delito” y su
teoría general.
Delito: Si bien no existe un único concepto, aquí lo desarrollaremos como toda acción
expresamente estipulada y penada por la ley en un tiempo y lugar determinado. Será
el legislador quién, en el afán de proteger determinados bienes sociales que considera
valiosos, le otorgará a una conducta la calidad de lesiva, reprochable y sancionable
dentro del sistema jurídico. En nuestro sistema legal, se punen conductas que lesionan
bienes jurídicos considerados merecedores de protección, y que causan un perjuicio.
En efecto, la lesión o el perjuicio de este bien jurídico puede ser causada por una
acción consumada, pero también por uno tentada. En consecuencia, definiremos al
delito como la acción típica, antijurídica, culpable sometida a una adecuada sanción
penal y que llena las condiciones objetivas de punibilidad. De esta manera, surge lo
que se conoce como la concepción estratificada del delito. ¿Qué significa esto?
Que los elementos del delito están vinculados lógicamente entre sí, por lo que cada
uno de ellos implica la presencia del que se menciona antes, Por ejemplo, no podemos
hablar de tipicidad sin la presencia de la acción. Seguidamente, definiremos en orden
cronológico la teoría general.
Acción: Es un hacer voluntario final. Es sinónimo de acción, de acto, de hecho humano
voluntario. Y puede consistir en tanto en una comisión (un hacer), como en una omisión
(un no hacer). Salvo aquellos actos producidos por fuerza física irresistible ya sean
internas o externas.
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Tipicidad: Es la descripción legal de la acción que constituye un delito. la prohibición
de una conducta ejercida en forma dolosa o culposa. Una acción es típica, cuando
encuadra estrictamente en una descripción precisa contenida en una ley penal no
retroactiva. (Véase Art 18 y 19 de la Constitución Nacional).
Antijuricidad: Conducta que es ilícita o contraria a al ordenamiento jurídico, siempre y
cuando no se encuentren amparadas al tenor de las causales de justificación previstas
en el Artículo 34 del Código Penal Argentino. Este artículo, será abordado como tema
exclusivo.
Culpabilidad: Una acción es culpable cuando está acompañada de un componente
psicológico característico que puede ser el “dolo” (intención) o “culpa” (negligencia o
imprudencia). La determinación de la culpabilidad conlleva una serie de juicios de valor
sobre el sujeto, sobre la posibilidad de actuar de modo distinto. No existe culpabilidad
para los casos que pudieran encuadrarse dentro del “error de prohibición” ya sean
vencibles o invencibles, previstos en el artículo 14.3 del Código Penal de la Nación.
Aquí abordaremos el error de prohibición invencible, el cual explica que debido a las
características el sujeto no podría evitar el error, por lo que se excluye la
responsabilidad criminal, es decir, determinará la impunidad de la conducta.
*Negligencia: Falta de cuidado, aplicación y diligencia de una persona en lo que hace,
en especial en el cumplimiento de una obligación.
*Imprudencia: Cuando se omiten los actos necesarios para prevenir o neutralizar el
riesgo.
Punibilidad: Cuando una acción es típica, antijurídica y culpable, puede ser punible, lo
que significa que la acción está sujeta a una pena, estas se encuentran señaladas en
nuestro Código Penal.
Para una mayor comprensión, aplicaremos la teoría general del delito a la siguiente
situación problemática:
En el momento en que una mujer caminaba por la vía pública, fue abordada por un
hombre quien la desapoderó de su teléfono celular. Minutos después, vio al agresor en
una estación de tren y le solicitó la devolución del aparato. Iniciado un altercado,
intervino la policía y lo detuvo. Realizado el juicio oral y público, el Tribunal lo encontró
autor penalmente responsable del delito de robo simple y lo condenó a la pena de ocho
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meses de prisión de efectivo cumplimiento y costas en función de los arts. 29, inc. 3°,
45 y 164 del Código Penal.
Acción: En el caso planteado, la acción estuvo dada por el desapoderamiento del
teléfono celular. Fue una acción comisiva.
Tipicidad: La acción realizada por el sujeto es típica de acuerdo a lo dispuesto por el
art. 164 del Código Penal, que establece: Será reprimido con prisión de un mes a seis
años, el que se apoderare ilegítimamente de una cosa mueble, total o parcialmente
ajena, con fuerza en las cosas o con violencia física en las personas, sea que la
violencia tenga lugar antes del robo para facilitarlo, en el acto de cometerlo o después
de cometido para procurar su impunidad.
Antijuricidad: La acción es antijurídica porque es prohibida al ordenamiento jurídico.
Culpabilidad: Se puede acreditar que la acción cometida sería dolosa ya que el sujeto
tuvo la intención de llevar a cabo su accionar delictivo.
Punibilidad: La pena aplicada al sujeto, como vimos, es la de prisión.
Continuando con el desarrollo de la materia, resulta imprescindible abordar al
Monopolio de la Violencia Legítima del Estado, como sabemos, las Fuerzas
Policiales y de Seguridad están facultadas para hacer uso de la fuerza pública en
medida de la necesidad (ART 184 CPPN). Las Fuerzas son instituciones públicas,
estatales, que están organizadas en el marco del Estado democrático de Derecho, y en
este sentido, el uso de la fuerza por parte de ellas, está estrictamente regulado por la
ley para prevenir y conjurar actos contra el orden jurídico y la convivencia ciudadana,
pero para recurrir al Monopolio de la Violencia Legítima del Estado debemos ajustarnos
estrictamente a ciertos principios que aquí detallaremos:
Principio de Oportunidad: ¿EN QUÉ MOMENTO ES NECESARIO USAR LA
FUERZA?
Cuando todos los demás medios legítimos para alcanzar ese objetivo resulten
ineficaces y el uso de la fuerza no acarree consecuencias más lesivas que aquellas
que se producirían en caso de no recurrir a ella. En este sentido, el uso de la fuerza es
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siempre un medio para la consecución de un fin legítimo. Por tanto, recurrir a él
requiere la evaluación desde un punto de vista táctico, así como ético. La oportunidad
de usar la fuerza por parte del Funcionario, resultará de la evaluación del riesgo que
presente la situación, conforme las circunstancias que objetivamente produzcan o
pudieran producir un agravamiento o des-escalamiento del conflicto y la violencia,
(situación que estrictamente amerite la intervención del Funcionario Público).
Principio de Proporcionalidad y Moderación: ¿CUÁNTA FUERZA SE DEBE
UTILIZAR?
El nivel de fuerza aplicado debe ser proporcional a la agresión recibida, la gravedad de
la amenaza y los riesgos objetivos que de ella surjan, procurándose evitar daños
innecesarios (moderación). Así, el grado de fuerza aplicado deberá ser evaluado por el
personal en relación a la gravedad del delito y al objetivo que persiga salvaguardar,
(Medios utilizados y bien jurídico que se protege y lesiona).
Principio de Legalidad: ¿CUÁNDO SE PUEDE USAR LA FUERZA?
El uso de la fuerza solo está autorizado cuando el objetivo que se pretende alcanzar y
el modo en que se utiliza ese recurso se encuentran respaldados por normas jurídicas
que así lo autorizan. En relación a ello, el uso de la fuerza por parte de las Fuerzas
Policiales y de Seguridad tiene que adecuarse a las normas Constitucionales, legales y
reglamentarias vigentes, así como a los tratados
internacionales en materia de Derechos Humanos. (El proceder del Funcionario, debe
ajustarse estrictamente a Derecho).
Principio de Responsabilidad y Rendición de Cuentas: ¿CÓMO SE CONTROLA EL
USO DE LA FUERZA?
El personal debe asumir las responsabilidades de su accionar y rendir cuentas por las
acciones efectuadas. Quién utiliza la fuerza, sus superiores, y en última instancia el
Estado, deben rendir cuentas por esa acción y responder por las consecuencias que
acarree su uso. (Rendir cuentas a la Superioridad Institucional y al Magistrado que
corresponda).
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Como hemos indicado en la teoría general del delito, en la antijuricidad existen causas
de justificación, tipificadas en el artículo 34 del Código Penal de la Nación, las cuales
serán mencionadas y desarrollaremos la “Legítima Defensa”.
Artículo 34: NO SON PUNIBLES (quiere decir que no pueden ser penados):
1º. El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus
facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconciencia,
error o ignorancia de hecho no imputables, comprender la criminalidad del acto o dirigir
sus acciones.
En caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la reclusión del agente en un
manicomio, del que no saldrá sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio
público y previo dictamen de peritos que declaren desaparecido el peligro de que el
enfermo se dañe a sí mismo o a los demás.
En los demás casos en que se absolviere a un procesado por las causales del presente
inciso, el tribunal ordenará la reclusión del mismo en un establecimiento adecuado
hasta que se comprobase la desaparición de las condiciones que le hicieren peligroso;
2º. El que obrare violentado por fuerza física irresistible o amenazas de sufrir un mal
grave e inminente;
3º. El que causare un mal por evitar otro mayor inminente a que ha sido extraño;
4º. El que obrare en cumplimiento de un deber o en el legítimo ejercicio de su
derecho, autoridad o cargo;
5º. El que obrare en virtud de obediencia debida; (No se encuentra vigente, debido a
que cada individuo con capacidad, es penalmente responsables de sus actos).
6º. El que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre que concurrieren
las siguientes circunstancias:
a) Agresión ilegítima;
b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla;
c) Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.
Se entenderá que concurren estas circunstancias respecto de aquel que durante
la noche rechazare el escalamiento o fractura de los cercados, paredes o
entradas de su casa, o departamento habitado o de sus dependencias, cualquiera
que sea el daño ocasionado al agresor.
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Igualmente, respecto de aquél que encontrare a un extraño dentro de su hogar,
siempre que haya resistencia;
7º. El que obrare en defensa de la persona o derechos de otro, siempre que concurran
las circunstancias a) y b) del inciso anterior y caso de haber precedido provocación
suficiente por parte del agredido, la de que no haya participado en ella el tercero
defensor.
Legítima Defensa: La legítima defensa, es entendida como “la reacción necesaria
contra una agresión injusta, actual y no provocada”, es un derecho de ejercicio
excepcional, que excluye la antijuridicidad de una conducta típica, tornándola lícita y
eximiendo de responsabilidad penal a su autor. Para ello, procederemos a describir las
condiciones que inequívocamente deben existir:
Condiciones de la legítima defensa:
El Código Penal argentino prevé en el art. 34, incs. 6º y 7º, las condiciones de
procedencia de la legítima defensa propia y de terceros, respectivamente.
Las condiciones o requisitos de procedencia de la legítima defensa propia son: a)
agresión ilegítima; b) necesidad racional del medio empleado para impedirla o
repelerla; y c) falta de provocación suficiente por parte del que se defiende (art. 34, inc.
6º, C.P.).
En la legítima defensa de terceros los requisitos de los apartados a) y b) se mantienen,
y en lo que respecta al apartado c), aun habiendo mediado provocación suficiente de
parte del agredido, la defensa es legítima si no ha participado en ella el tercero
defensor (art. 34, inc. 7º, C.P.).
Agresión ilegítima:
La agresión ilegítima requiere tres condiciones; debe ser conducta humana, agresiva y
antijurídica. Conforme a la primera de ellas, no hay agresión ilegítima cuando no hay
conducta, es decir no se admite legítima defensa contra lo que no es una acción
humana. Por consiguiente, no es admisible la legítima defensa contra animales y cosas
inanimadas. Las situaciones de peligro derivadas de éstos no dan lugar a la legítima
defensa, sino al estado de necesidad.
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La conducta debe ser agresiva, “la voz agresión indica la necesidad de una dirección
de la voluntad hacia la producción de una lesión.”
La agresión, aunque ordinariamente implica una acción del agresor, puede ocurrir
también por omisión, siempre que de la omisión misma derive la situación de
necesidad. Hay agresión por omisión cuando un sujeto que puede prestar auxilio no lo
presta, como el que hallando a un herido de muerte a la vera de la ruta, se niega a
transportarlo en su automóvil a un centro médico para que puedan atenderlo. La
conducta del tercero o del propio herido que amenaza con un arma al que se niega a la
conducta debida, está justificada por legítima defensa.
La conducta agresiva debe ser además, ilegítima, lo que es sinónimo de antijurídica.
Es ilegítima toda acción emprendida sin derecho. Así no es posible la legítima defensa
cuando la acción del agente le esta impuesta en virtud de un deber legal, salvo el caso
de ejecución de órdenes ilegales, o cuando implica el ejercicio legítimo de un derecho.
La antijuridicidad de la agresión coincide con el concepto de antijuridicidad de la teoría
del delito, de allí que una agresión no es ya antijurídica cuando amenace provocar un
desvalor de resultado, sino que tiene que suponer también un desvalor de acción.
“Faltará la antijuridicidad de la agresión cuando el agresor esté amparado por una
causa de justificación; pues entonces la agresión no supone ni desvalor de acción ni de
resultado.”
La doctrina penal incluye además, entre los requisitos de la agresión, que sea “actual” o
“inminente”. Como se planteó, particularmente controvertido resulta el requisito
temporal de la legítima defensa ¿Cuándo la agresión es actual? ¿Cuándo es
inminente? ¿Cuándo comienza y cuando finaliza el derecho de legítima defensa? No es
una cuestión sencilla, tanto es así que aún no existe un concepto unívoco al respecto.
No obstante, de la variedad que ofrece la doctrina, se coincide plenamente con la
hipótesis esgrimida por los maestros juristas, respecto que la agresión es “inminente”
cuando es susceptible de percibirse como amenaza manifiesta, dependiendo su
realización sólo de la voluntad del agresor. Los bienes jurídicamente protegidos del
agredido se ven amenazados desde que el agresor dispone del medio y por ello puede
legítimamente privarle de él.
El derecho de defensa comienza con la agresión y concluye con ella. Debe haber
unidad de acto entre agresión ilegítima y defensa. Ésta debe ser consecuencia
inmediata de aquélla. Por eso, no cabe defensa contra ataques pasados, pues no
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siendo factible repeler o impedir el ataque terminado, la violencia subsiguiente sería
venganza.
El que obra sin estar en peligro actual, no obra en estado de necesidad. Empero, lo
estrictamente correcto es afirmar que lo “actual” debe ser la situación de peligro en el
momento de la reacción.
Necesidad racional del medio empleado:
La doctrina es unánime en calificar a la defensa de legítima –contrapartida de la
ilegitimidad de la agresión– cuando reúne dos condiciones: necesaria y proporcionada.
Para ser legítima, la defensa requiere en principio ser necesaria. La necesidad es
conditio sine qua non (“condición sin la cual no”) de la defensa, sin esta, no puede
hablarse de defensa, ni completa ni excesiva. “Así como no hay defensa legítima sin
agresión ilegítima, no habrá legítima defensa sin necesidad.”
La defensa no es necesaria cuando el sujeto dispone de otra conducta, menos lesiva, y
le es exigible la realización de la misma en lugar de la conducta típica desplegada en
cuestión. Así no actúa en legítima defensa quién pudiendo repeler una agresión a
puñetazos responde con un disparo de arma de fuego. En estos casos queda excluida
la legitimidad de la defensa porque la conducta realizada no es la necesaria para
impedir o repeler la agresión.
La necesidad no refiere a la imposibilidad de usar otros medios, sino a la necesidad de
usar otros cuando fueran eficaces. Es decir, el medio no tiene que ser el absolutamente
preciso, ni el único que pueda emplear el agredido, sino que en cada caso dado, la
defensa se juzga conforme al criterio racional sobre la imperiosa necesidad de usar
éste o aquel procedimiento o recurso. Sólo se exige la necesidad racional de la defensa
desplegada, y la necesidad, es graduada por la razón. Para clarificar, podríamos decir
que en esta condición, debe existir la necesidad actual de defender un bien jurídico
protegido y la racionalidad del medio que se emplea para defender ese bien jurídico.
(Proporción entre el bien jurídico que se protege y el bien jurídico que se lesiona), salvo
casos excepcionales, los cuales serán explicados en la cátedra.
Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende:
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La tercera y última exigencia, que prescribe la norma para que la defensa sea legítima,
es que no haya mediado provocación suficiente por parte del que se defiende (art. 34,
inc. 6º, apart. c), C.P.). La ley exige que quién se defiende, es decir, quien está siendo
agredido ilícitamente, no haya estimulado previa y suficientemente a tal agresión. Para
ampararse en la eximente de legítima defensa, la ley argentina exige que además de
no ser agresor, el agente que ejerce la defensa, no sea provocador. Desde luego, para
excluir la legítima defensa no basta una provocación cualquiera; una pequeña falta de
uno y una reacción desmedida y arbitraria del otro frente a aquélla, no excluye, por
cierto, la legítima defensa. “Al calificarse la provocación de suficiente queda entendido
que no toda provocación torna ilegítima la defensa y que la provocación insuficiente la
mantiene en el ámbito de lo lícito.”
Habiendo conceptualizado las condiciones (elementos) que deben existir de manera
inequívoca para la legítima defensa, a continuación procederemos a mencionar y
describir los “tipos” de legítima defensa.
LEGÍTIMA DEFENSA PROPIA:
El derecho a la legítima defensa comienza en el mismo momento de la agresión
ilegítima, en que se hace evidente por parte del agresor, su intención de agredir, típico
el caso de un ataque delictivo contrario a derecho.
Es ahí cuando el que se defiende, debe hacerlo de manera proporcional, es decir,
equitativa, en el sentido de que al poder ofensivo que sufre por parte del atacante le
debe oponer un poder defensivo similar o equivalente con la capacidad de neutralizar o
rechazar eficientemente la agresión. Esto debe ser visto en el sentido de que siempre
es proporcional el medio utilizado para la defensa, cuando este puede lograr el mismo
resultado final que el que se utiliza para el ataque, pero nunca uno mayor, si no habrá
exceso. Se deben dar hacia mi persona, los 3 elementos mencionados y descriptos.
LEGÍTIMA DEFENSA PRIVILEGIADA:
Los tres requisitos que son exigidos y debe acreditar quien ejerce un acto de legítima
defensa, no van a ser requeridos cuando la víctima haya sufrido la agresión de noche y
en su vivienda, o en un lugar totalmente a oscuras, a cualquier hora del día, lo que se
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conoce con el nombre de nocturnidad, o en el mismo lugar, si fuere de día, siempre que
haya resistencia por parte del agresor, cualquiera sea el daño que se le ocasione al
mismo. Esta legítima defensa se denomina privilegiada, ya que el agredido se
encuentra en un lugar íntimo, como lo es el de su casa, totalmente desprevenido y en
desventaja, a expensas de quien actúa al acecho, violando su tranquilidad y poniendo
en riesgo su integridad física, la de su familia y sus bienes. Escalamiento, denota una
acción de superación de obstáculos por vía de ascenso o descenso. Fractura, es
romper el obstáculo.
LEGÍTIMA DEFENSA DE TERCEROS:
En este supuesto la ley autoriza la defensa de terceros y sus bienes, cuando se dan
siempre los dos primeros presupuestos de la legítima defensa, y aun cuando el tercero
que se defiende haya provocado a su agresor, siempre que el que lo defiende no haya
participado de la misma provocación. Puesto que, de lo contrario, dos personas se
podrían poner de acuerdo dolosamente para que mientras una lo provoca, la otra
pueda causarle un daño al supuesto agresor, bajo pretexto de actuar en legítima
defensa de un tercero.
LEGÍTIMA DEFENSA PUTATIVA O DE BUENA FE:
Aquí se dan los tres requisitos de la legítima defensa, pero el que la ejerce lo hace de
buena fe, bajo los efectos de un error esencial de conocimiento invencible, ya que para
defenderse eficientemente, no puede detenerse a preguntarle a quien lo ataca, si lo
hace para dañarlo, física o psíquicamente, leve o gravemente, o con la intención de
matarlo. Podríamos decir que el que se defiende, cree erróneamente estar siendo
agredido.
Para esclarecer los tipos de legítima defensa, expondremos a continuación situaciones
problemáticas de ejemplificación para cada tipo:
Legítima defensa Propia: Imagínese que Ud. se encuentra haciendo uso de su
Derecho Constitucional de circular libremente por las vías de comunicación terrestre del
territorio Nacional (véase Art 14 de la Carta Magna); cuando de repente una persona
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de sexo masculino que Ud. no conoce, lo intercepta violentamente sin motivo alguno y
comienza a agredirlo físicamente con un elemento contundente, vociferando que lo va
a matar, en virtud de lo expuesto Ud. tiene a su alcance una barra de hierro macizo, la
toma y le propina un golpe en la cabeza, produciéndole el deceso a esta persona.
La situación problemática expuesta en párrafo precedente, claramente es un caso de
legítima defensa propia.
Legítima defensa Privilegiada: Supóngase que Ud. se encuentra con su núcleo
familiar en su morada, cuando en horarios nocturnos un individuo rompe el cerco
perimetral e ingresa a su casa; Ud. dispone de un arma reglamentaria y, en un
determinado momento, dispara al ladrón en una pierna y le produce una lesión grave.
El objetivo principal aquí era preservar la vida y la integridad física de su familia y la
suya. En este caso, Ud. queda eximido del delito, amparado al tenor del Art 34 del
Código Penal, no es punible.
Legítima defensa de Terceros: Imagine que Ud. se encuentra desplazándose de
manera pedestre en cercanías de la estación de servicios YPF de la localidad de
Mosconi, cuando observa que una persona está a punto de dar un golpe final a otra,
entonces Ud. decide interceder y le brinda un golpe de puño a la altura de la sien y le
ocasiona la muerte.
En esta situación, Ud. obró en legítima defensa de un tercero, puesto que Ud. no fué
partícipe de la provocación que pudo haber desencadeno tal situación.
Legítima defensa Putativa o de Buena Fe: En vísperas de año nuevo, Ud. se dirige
solo hacia su casa, cuando repentinamente en un callejón aparece una persona con
una máscara de payaso con un hacha. Ud. le advierte que no se acerque, pero esta
persona sigue avanzando, levantando el hacha como para agredirlo, entonces Ud. le
efectúa un disparo, produciéndole lesiones graves, cuando esta persona cae y se quita
la máscara, resulta ser su amigo de toda la infancia que solo quería causarle un susto
siendo el hacha de juguete.
Lo expuesto en párrafo precedente, es una situación de clara legítima defensa putativa
o de buena fe, debido a que Ud. creyó erróneamente estar siendo agredido.
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Con esto damos por finalizado los temas que fueron abordados y los mismos serán
motivo de estricta evaluación. Esperamos entusiasmadamente que lo hasta aquí visto,
hayan sido temas de su agrado y hacemos propicia la ocasión para saludarlos con
atenta y distinguida consideración.
Autores:
PRIMER ALFÉREZ D. HÉCTOR DOMINGO CERVO.
CABO PRIMERO AVENDAÑO JUAN CARLOS.
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