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Oración: La Línea de Abastecimiento Espiritual

La oración es fundamental para la relación del creyente con Dios, actuando como una línea de abastecimiento que permite la comunicación bidireccional. Se enfatiza la importancia de orar de manera continua y activa, buscando respuestas y participando en la realización de las peticiones. Jesús enseña que Dios responde a las oraciones y que la persistencia en la oración es esencial para recibir lo que se pide.

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Oración: La Línea de Abastecimiento Espiritual

La oración es fundamental para la relación del creyente con Dios, actuando como una línea de abastecimiento que permite la comunicación bidireccional. Se enfatiza la importancia de orar de manera continua y activa, buscando respuestas y participando en la realización de las peticiones. Jesús enseña que Dios responde a las oraciones y que la persistencia en la oración es esencial para recibir lo que se pide.

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19 - Lección 2-5 La Línea de Abastecimiento- La Oración

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Lección 2-5:

La Línea de Abastecimiento—La Oración_

1Ts 5:16-18

Mat 7:7-11

Mat 26:36-45

La oración es la línea de abastecimiento del creyente. La Biblia es la comunicación de Dios a


nosotros; la oración es nuestra respuesta a EL De Su Palabra recibimos instrucciones y
aliento. De nuestras oraciones, El recibe nuestra gratitud y nuestros pedidos. Si la línea de
comunicación con Dios no funciona en ambas direcciones, nuestra relación con El nunca será
la correcta.

Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de
Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (1Ts 5:16-18)

"Orad sin cesar" no significa que hemos de orar 24 horas al día sin parar. La frase significa
literalmente que la oración debe ser como una tos persistente. Quien haya tenido un fuerte
resfriado sabe que la tos persistente siempre parece estar a ras, lista para soltar.

Debemos orar a Dios durante todo el día de la misma manera como conversaríamos con un
amigo íntimo. Cuando dos personas que se conocen bien trabajan juntas, comienzan en la
mañana una conversación que dura todo el día. Puede ser que no hablen continuamente;
que haya largos períodos de silencio durante los cuales quizá se comuniquen con sólo
miradas o gestos. Durante el día, su conversación puede cubrir cientos de temas: política, el
significado de la vida, qué comer al mediodía, los colores de un hermoso atardecer.

Cuando al fin nos damos cuenta que Dios es el mejor amigo que tenemos, nuestra vida de
oración comienza a tener este tipo de sabor. Llegamos a comprender que no hay nada en
nuestra vida por lo cual no debamos orar. Cuanto más escuchamos a Dios por medio del
estudio de la Palabra, mejor entendemos Su carácter; cuanto mejor entendemos Su carácter,
con más claridad percibimos que no hay nada en lo cual no nos podemos regocijar y por lo
cual no dar gracias.

La comunicación es la clave para tener una relación sana en el ámbito físico. Aún así,
nuestras conversaciones con otras personas nunca son lo que queremos que sean. Ninguno
de nosotros puede expresar plenamente lo que pensamos o cómo nos sentimos. Ninguno de
nosotros puede plenamente comprender o apreciar los pensamientos y sentimientos que los
demás tratan de explicarnos. Así que en el ámbito físico, siempre existe cierta frustración y
falta de realización en las relaciones.

En el ámbito espiritual podemos lograr una comunicación clara y llena de satisfacción, tanto
comprendiendo como siendo comprendidos. La Palabra de Dios dirigida a nosotros es
perfecta. Por la inspiración del Espíritu Santo, ha sido perfectamente comunicada en la forma
exacta que la necesitamos. Cuando estudiamos, el Espíritu Santo abre los ojos de nuestro
corazón para poder comprender lo que Dios nos dice por medio del pasaje que estemos
estudiando.

Cuando oramos, el Espíritu Santo intercede por nosotros a nuestro Padre, expresando los
pensamientos para los cuales no podemos encontrar palabras (Rom 8:26). Y, si hemos
almacenado la Escritura en nuestro corazón, el Espíritu podrá traer a mente las palabras que
necesitamos en el momento exacto que las necesitamos. En nuestro vivir cristiano contamos
con un sistema perfecto. Mientras confiemos en que el Espíritu Santo nos llene, el sistema no
puede fallar.

Ha sido dicho que la oración es el gimnasio del alma. Agustín, un padre de la iglesia del Siglo
IV dijo: "Ora como si todo dependiera de Dios, luego actúa como si todo dependiera de ti". Su
consejo es un resumen de las instrucciones del Señor a Sus discípulos en Mat 7:1-29.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide,
recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si
su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues
si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro
Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mat 7:7-11).

El Señor da tres mandatos y tres promesas: Si pedimos, Dios contestará; si buscamos,


hallaremos; si llamamos, Dios abrirá la puerta.

Dios quiere contestar la oración. Para ilustrar esta verdad, Jesús usa la analogía de un hijo
que tiene hambre y le pide alimento a su padre. El hijo hace el pedido. El padre es malo, pero
de ese padre malo surge una dádiva buena. ¿Por qué? El padre ama a su hijo y el amor puede
hacer brotar algo relativa- mente bueno, aún en los malos.

Ahora pensemos en Dios que es absolutamente bueno. ¿Por qué hemos de pensar que Dios,
que es justo y perfecto en todo sentido, nos habría de dar algo que no sea lo mejor? ¿Cómo
podemos imaginar que Dios sea menos generoso con nosotros que nosotros con nuestros
propios hijos?

Cada una de las tres promesas que Jesús hace relacionadas con la oración es condicional.
Cada una se basa en que obedezcamos un imperativo, un mandato del Señor mismo.

1. Pedid. Pedir es la expresión del anhelo del alma. "Por nada estéis afanosos" escribió Pablo
a los creyentes en Filipos "sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias" (Flp 4:6-7).

A veces nos resulta fácil decirle a Dios nuestras peticiones, otras veces nos es imposible. En
esas ocasiones cuando no sabemos qué decir, Dios el Espíritu Santo se hace cargo y El habla
de parte nuestra (Rom 8:26). El conoce nuestra necesidad. El sabe la forma correcta de hacer
la petición.

"Pedid" está en tiempo presente. Y se refiere a una acción continua en tiempo presente.
Significa que hemos de seguir pidiendo, hemos de ser persistentes. Pero cuando Dios
responde, ¿estaremos escuchando?

Cuando pedimos, debe ser porque queremos respuestas. Si de verdad las queremos,
debemos estudiar. Siempre debemos escuchar para captar alguna relación entre las cosas
que pedimos en oración y las cosas que Dios nos dice en su Palabra. Cuando estudiamos,
cuando estamos en una clase bíblica, debemos estar alertas a la posibilidad de que la
información que estamos recibiendo bien puede ser la respuesta a lo que hemos pedido en
oración.

2. Buscad. Buscar es ir un paso más allá de pedir. Una vez que hemos pedido, salimos en
busca de la respuesta. Vamos a la segura porque Jesucristo mismo prometió que Dios
contesta y que, si buscamos, hallaremos.

Cuando hemos hecho una petición a Dios, hemos de mantener el deseo espiritual de obtener
la respuesta. A veces, después que hemos orado, la situación por la cual oramos empeora; la
salida empieza a parecer imposible. A menudo Dios permite que esto suceda porque quiere
ver si creemos Su promesa y si vamos a seguir confiando.

Si oramos por alguien, ¿realmente deseamos que esa persona obtenga lo que pedimos? Y si
es así, ¿estamos dispuestos a procurar suplir esa petición nosotros mismos? Dios sí contesta
la oración, pero frecuentemente lo hace, como todos esos milagros que realiza, por medio
del ser humano, por medio de creyentes, quienes son las manos y los pies de Jesucristo
sobre la tierra.

Cuando oramos que alguien sea fortalecido y luego no nos acercamos, o escribimos una
carta o llamamos por teléfono a esa persona para fortalecerla, entonces no hemos buscado y
nuestra oración es perezosa. Cuando oramos que Dios provea las necesidades de una familia
pobre y no le damos de nuestro propio alimento o dinero, entonces no hemos buscado y
nuestra oración es perezosa. Dios puede que conteste nuestra oración, pero lo hará por
medio de otro, y no participaremos del gozo y la recompensa de ser parte de la respuesta.

La persona que lucha en oración nunca es inactiva. Siempre está comprometida al máximo
porque cree en el poder de la oración y en el poder de Dios. Cree que si pide algo, Dios puede
optar por usarle a él como instrumento para responder a su propia oración.

3. Llamad. Llamar significa que trabajamos para ver contestada nuestra oración. Podemos
llamar de varias maneras. Por ejemplo, llamamos como una manera de prepararnos.
¿Estamos dispuestos a seguir llamando como preparación para cumplir el plan de Dios en
nuestra vida?

Llamamos en relación con procurar. ¿Procuramos el cumplimiento de lo que hemos pedido y


buscado? Llamamos en el área de la aplicación práctica. Seguimos llamando y llamamos con
más fuerza. ¿Por qué? Porque realmente queremos lo que estamos pidiendo. Cualquier cosa
en la vida que nos llega sin persistencia, poco valor tiene.

Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo,
comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma
está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se
postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa;
pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo,
y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no
entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil Otra vez fue,
y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la
beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos
estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las
mismas palabras. Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí
ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. (Mat 26:36-45)

Quizá todos hemos dicho en algún momento de nuestra vida: "Mi dolor es tan grande que
quisiera morir". Así exactamente es como se sentía Cristo esa noche en el jardín de
Getsemaní. Sintió un dolor y una angustia imposibles de describir. ¿Qué hizo en respuesta a
Sus sentimientos? Hizo dos cosas que debieran sernos ejemplo. Primero, oró por Su propia
situación. Segundo, pidió a otros que oraran, intercediendo por El.
Pensemos en el hecho de que el Señor Jesucristo mismo pidió que lo apoyaran en oración. Y
después de haber abierto Su corazón a Sus amigos y haberles pedido que velaran y oraran
por un rato, se apartó para hablar El mismo con el Padre. Cuando regresó a donde estaban
Sus discípulos, los encontró orando con fervor. ¿Es esto lo que dice Mateo? No. Tres veces se
apartó Jesús para orar, y tres veces regresó para encontrarlos dormidos.

La primera vez que los encontró durmiendo les aconsejó que oraran por sí mismos, para no
entrar en tentación. Pero no escucharon. Y por causa de que Pedro, Santiago y Juan no
lucharon en oración, su descanso pronto fue interrumpido. Si queremos descansar antes de
luchar, descubriremos que nunca habremos descansado lo suficiente.

Cuando no podemos orar otra cosa, hay dos oraciones que siempre son buenas y siempre
apropiadas y siempre honran a Dios. Una es "Gracias" (Sal 50:23; 1Ts 5:18; Efe 5:20). La otra
es "Sea hecha Tu voluntad" (Mat 6:10; Mat 26:39).

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