COPARTICIPACIÓN
● Desde el comienzo, el terapeuta de familia debe tomar cierta posición de liderazgo.
En teoría, la familia y el terapeuta comienzan la terapia con las mismas metas.
● Los miembros de la familia y el terapeuta no entienden de la misma manera la
localización del sufrimiento, su causa y el proceso de la curación.
● Lo común es que los miembros de la familia individualizan en uno de ellos la
localización del problema. Creen que la causa es la patología internalizada de ese
individuo. Esperan que el terapeuta se concentre en él y procure cambiarlos. Para el
terapeuta de familia, en cambio, el paciente individualizado es sólo el portador de
síntoma; la causa del problema son [Link] interacciones disfuncionales de la familia.
La instrumentación del terapeuta
● Lyman Wynne y colaboradores han expuesto la confusión y la angustia que
experimentan los terapeutas en el trabajo con familias esquizofrénicas.
● Cari Whitaker propone que el problema de conservar el poder terapéutico es recurrir
a un coterapeuta: «No creo que un terapeuta solo posea la cantidad de poder que
se necesita para entrar en la familia, cambiarla y volver a salir (...) No deseo
permanecer el resto de mis días con el dedo metido en la rajadura del dique».
Entonces, con un coterapeuta, el terapeuta puede resolver su «problema de
contratransferencia refugiándose en su relación con el otro terapeuta; así el proceso
terapéutico se convierte en la relación recíproca de dos grupos». Whitaker confía en
el «nosotros», su coterapeuta y él mismo, cuando no siempre confiaría en uno de
ambos separadamente; juntos tienen una «visión estereoscópica»
En el extremo opuesto se sitúa la escuela de Milán; parte de la base de que aquella
absorción es inevitable si el terapeuta traba relación estrecha con la familia Para evitar esta
consecuencia, los terapeutas participan en un grupo propio formado por dos coterapeutas
que son observados y apoyados por otros dos miembros del equipo. Los terapeutas
planifican sus intervenciones para producir resistencia en la familia, lo que por contragolpe
engendrará la conducta que aquéllos consideran terapéutica. Se pone un cuidado
extremo en evitar el peligro de que los terapeutas entren en coparticipación con el sistema
familiar y queden prisioneros de conflictos sub sistémicos.
● En algún punto intermedio entre esos dos extremos se sitúa Murray Bowen, quien,
para mantener su objetividad y controlar su instrumentación de sí, obra como un
instructor. En este papel de especialista, el terapeuta ocupa una posición
extremadamente central: es la persona a quien se dirigen todas las
comunicaciones.
● Se promueve que los miembros de la familia hablen sobre procesos afectivos, y no
que los experimenten en la sesión.
A veces el terapeuta deberá desprenderse de la familia, hacer prescripciones como un
especialista de la escuela de Milán, quizá con un programa cuyos plazos de cumplimiento
mantendrá en reserva. Otras veces adoptará una postura intermedia y obrará como
instructor a la manera de Bowen. En otros momentos se enzarzaron en la contienda como lo
hace Whitaker. Hay limitaciones impuestas a la instrumentación de su persona, que están
determinadas por sus características individuales y los rasgos particulares de la familia. Pero
dentro de estos límites el terapeuta puede aprender el empleo de técnicas que demandan
diferentes niveles de participación.
● Coparticipar con una familia es más una actitud que una técnica y constituye la
cobertura bajo la cual se producen todas las interacciones terapéuticas.
Coparticipar con una familia es hacer saber a sus miembros que el terapeuta los
comprende y trabaja con ellos y para ellos.
● Para la formación del sistema terapéutico, tendrá que sacar a relucir aspectos de su
personalidad que faciliten edificar un terreno compartido con los miembros de la
familia. Y el terapeuta activará de manera deliberada segmentos de sí-mismo
congruentes con la familia. Pero no participará de un modo que le deje libertad
para oponerse a los miembros de la familia. Se adaptará a ésta, pero también le
exigirá que se acomode a él.
● El proceso de coparticipación en un sistema terapéutico rebasa el mero hecho de
brindar apoyo a una [Link] un terapeuta como Whitaker trabaja con
familias en que hay miembros psicóticos, a menudo se introduce en el sistema con la
exigencia de que los miembros de la familia se acomoden a él. Esta técnica de
«objeto inmóvil» es una potente maniobra de coparticipación, que combina la
cosmovisión del terapeuta, su comprensión del proceso de la familia y el respeto por
sí mismo. La técnica puede resultar totalmente desconcertante para los
observadores; no obstante, encuadra el sistema terapéutico de una manera que
transmite el mensaje de que la asistencia es posible.
Posición de cercanía
● el instrumento más útil para obtener esa connivencia sea la confirmación. El
terapeuta válida la realidad de los holones en que coparticipa. Busca los aspectos
positivos y se empeña en reconocerlos y premiarlos. También detecta sectores de
sufrimiento, de dificultad o de tensión y da a entender que no pretende evitarlos,
pero que responderá a ellos con delicadeza.
● Cuando confirma los aspectos positivos de las personas, el terapeuta se convierte en
fuente de autoestima para los miembros de la familia. Por otra parte, los demás
contemplan a la persona confirmada con nuevos ojos. El terapeuta incrementa su
capacidad de maniobra constituyéndose en fuente de la autoestima y el status de
la familia. De ese modo también reúne el poder de retirar su aprobación si los
clientes no responden a sus orientaciones.
● En muchos casos la confirmación no consiste más que en una respuesta simpatética
a la presentación afectiva de un miembro de la familia. Por ejemplo: «Se lo ve
preocupado... deprimido.', enojado... cansado. . harto». La confirmación puede
consistir en una mera descripción, que no contenga juicio alguno, de una
interacción entre los miembros de la familia, por ejemplo: «Usted parece empeñado
en una lucha continua» o «Cuando usted habla, él disiente, o guarda silencio, o se
siente cuestionado». Este tipo de intervención no es una interpretación. Los miembros
de la familia ya conocen lo que el terapeuta les dice. Su declaración no es más que
un modo de dar a entender que ha recibido el mensaje y desea trabajar con ellos
sobre el problema.
● Las intervenciones confirmatorias se producen durante toda la terapia. El terapeuta
de continuo busca y destaca los modos de contemplar positivamente a los
miembros de la familia, al tiempo que promueve sus propósitos de obtener un
cambio estructural. El terapeuta es siempre una fuente de apoyo y de cuidados, así
como el líder y director del sistema terapéutico.
● Gana en intensidad actuando de ese modo, pero se convierte en un participante
prisionero de las reglas de la participación. Es importante que el terapeuta sepa
instrumentarse en esta modalidad, pero es también esencial que sepa cómo
desasirse luego que se integró.
Posición intermediaç
● En la posición intermedia, el terapeuta coparticipa como un oyente activo, neutral.
Asiste a la gente para que cuente lo que le pasa. Esta modalidad de
coparticipación, que se llama rastreo, es la que instilan en el terapeuta las escuelas
objetivas de la terapia dinámica. Es un buen método para recopilar datos. Pero
nunca es tan neutral ni tan objetivo como creen quienes lo usan.
● También si trabaja a distancia intermedia puede el terapeuta sintoniza el proceso
familiar. Si la madre es la central de operaciones de la familia y el padre ocupa un
lugar periférico, puede entrar en coparticipación con la familia escuchando primero
respetuosamente a la madre, aunque su propósito último sea aumentar el poder del
padre dentro de la familia.
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