LA LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XVIII
CONTEXTO SOCIOECONÓMICO Y CULTURAL
El siglo XVIII fue en toda Europa un periodo de crisis ideológica que modificó sustancialmente
el panorama político e influyó en la producción artística de los autores del momento. Entre
los hitos más importantes de la centuria podemos citar los siguientes:
⎯ La independencia de las colonias inglesas de América (1776) dio origen a una nueva
estructura de Estado en ese continente, que sirvió de impulso para los movimientos
revolucionarios que condujeron a la emancipación de las colonias españolas en América del
Sur.
⎯ La Revolución francesa (1789) cambió las relaciones entre los distintos estamentos y ejerció
su influencia sociopolítica y económica en todo el panorama occidental. Las monarquías
absolutistas fueron cayendo en Europa, pero este periodo también es conocido por el sistema
político del despotismo ilustrado (los monarcas ilustrados asumieron esa labor siendo ellos
los encargados de practicar los cambios necesarios sin contar, en muchos casos, con los
implicados: «todo para el pueblo, pero sin el pueblo»).
⎯ La Revolución Industrial (2ª mitad del siglo). La tecnificación afectó a las relaciones
comerciales y a la vida de los trabajadores en las fábricas, y estos cambios repercutieron en
otros ámbitos; por ejemplo, se modificó la estructura urbana de las ciudades, los campesinos
abandonaron las tierras para trabajar en las industrias, las labores agrícolas se fueron
tecnificando y la vida en las ciudades cambió las relaciones de estos grupos, dando origen a
los proletarios (trabajadores asalariados de las fábricas).
⎯ El progreso económico de los países del norte de Europa fue posible gracias a los avances
científicos, que influyeron en la manera de entender el mundo. Se impusieron cambios en el
pensamiento que llevaron a la construcción de la sociedad moderna. La burguesía fue la clase
social más favorecida con estos cambios. Al valorar a la persona por su esfuerzo individual,
sus conocimientos y su utilidad para el Estado, las circunstancias derivadas de la herencia o
de la pertenencia a una determinada clase social dejaron de ser significativas.
⎯ La educación de la sociedad se consideró una necesidad fundamental para lograr la
efectividad de los cambios propuestos. La mejora del nivel cultural fue el camino que hizo
posible el impulso regenerador necesario para superar la crisis del Barroco y culminar en la
Ilustración.
LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII
Una de las características del siglo XVIII es la importancia que se concede al conocimiento, y
la literatura será el vehículo para la transmisión de las ideas ilustradas. En esa defensa del
saber se pondrá en tela de juicio todo aquello que no haya sido suficientemente razonado y
que no guarde en su ser algo beneficioso para la sociedad. Desde este punto de vista práctico,
las costumbres o los saberes tradicionales se revisarán para establecer lo que merezca ser
conservado. La incidencia en la literatura de esta revisión de las obras será considerable
porque, en aras de la defensa de la razón y de la aplicación del método científico, las obras de
creación se contaminarán de este afán didáctico en detrimento de la imaginación. No en vano
durante el siglo XVIII el ensayo será el género literario que más se desarrolle, junto con las
obras en las que el impulso didáctico forme parte de su trama.
El siglo XVIII español no es homogéneo, como así lo demuestran las distintas corrientes
estilísticas que coexisten:
- Posbarroquismo: heredera de la tradición barroca e imitadora del estilo de Góngora, aunque
carente de su genio creador. Se desarrolla el rococó, un Barroco menor, refinado y elitista.
- Neoclasicismo: estilo que mejor define la literatura ilustrada, y que supone una vuelta al
mundo clásico grecolatino. Su base reside en la imitación de la naturaleza y el sometimiento
a las reglas.
- Prerromanticismo: rechaza la normativa neoclásica y ensalza los sentimientos frente a la
razón.
LA LÍRICA
El siglo XVIII se caracteriza por servir de puente entre dos movimientos: el Barroco y el
Romanticismo. En el Neoclasicismo ambos movimientos se cruzan y conviven en este mismo
periodo. Podemos afirmar que el Barroco se prolonga durante el primer cuarto de siglo y el
Romanticismo se anuncia en el último cuarto, bajo la influencia de los autores extranjeros y
como reacción a la rigidez de las normas neoclásicas.
El ambiente general del siglo no favorece una creación poética emotiva y original, y el afán
didáctico y la repetición de esquemas y expresiones determinaron unas formas poéticas sin
fuerza expresiva.
- Los autores de las primeras décadas del siglo XVIII presentan un estilo barroco que imita a
Góngora y Quevedo. Destacan autores como Álvarez de Toledo, Torres Villarroel o Gerardo
Lobo.
- En la lírica de la segunda mitad del siglo se impone la poesía neoclásica. Se simplifican las
estructuras sintácticas, el lenguaje es mucho más sencillo y los temas se centran en los ideales
de la Ilustración: la naturaleza y las cualidades morales del individuo. Esto explica que se
imiten formas clásicas como la sátira, la epístola, el epigrama, la oda o la poesía de corte
filosófico, y que sea significativa la influencia del poeta griego Anacreonte y sus cantos de
alabanza a la vida y a los dones de la naturaleza (anacreónticas). Pág. 329.
La publicación de la Poética de Luzán es determinante para la lírica de la segunda mitad. En
esta obra, de preceptiva clásica, se establece que la poesía ha de limitarse a imitar la
naturaleza y que su objetivo fundamental es contribuir a la mejora de la humanidad y a la
defensa de la razón y del buen gusto.
Existirán dos escuelas poéticas: la salmantina (Cadalso, Jovellanos y Meléndez Valdés) y la
madrileña (Nicolás y Leandro Fernández de Moratín).
Los temas de la poesía del XVIII se corresponden con las preocupaciones de los ilustrados y
reflejan los avances de la sociedad del momento; esto explica la novedad que significa en la
lírica la inclusión de los descubrimientos científicos como asunto de sus composiciones, junto
con la presencia de cuestiones morales que consideraban que debían ser difundidas, de ahí
el elogio de la amistad, la paz o la filantropía y la condena de la ociosidad y los vicios.
Juan Meléndez Valdés
Fue el poeta más destacado de la época y un intelectual ilustrado partidario de las reformas
del siglo XVIII que perseguían la modernización del país. Sus composiciones líricas se cuentan
entre las más interesantes del Neoclasicismo. Son famosas sus anacreónticas en torno a la
alegoría del amor, desarrolladas en parajes repletos de arroyos, grutas, bosques, ruiseñores
y elementos mitológicos.
Elogio de la amistad: Meléndez Valdés dedicó bastantes poemas a sus amigos ilustrados. Estas
composiciones se relacionaban con la fraternidad, tan del gusto de la época, y con las
emociones que desencadena la amistad.
Gaspar Melchor de Jovellanos
Fue un intelectual y político, que destacó por sus sátiras, que encierran un hondo afán de
reforma social: Sátira a Arnesto y epístola De Jovino a Anfriso desde el Paular.
José Cadalso
Fue uno de los grandes intelectuales de su tiempo y cultivó todos los géneros literarios.
Publicó sus poemas bajo el título Ocios de mi juventud.
Leandro Fernández de Moratín
Escribió poesía satírica, en la que censura las malas costumbres de la época (A Claudio), y
poesía lírica (Elegía a las musas).
LA NARRATIVA
En la primera parte del siglo aparecen vidas de santos, sermones, libros históricos o
narraciones de carácter popular con un lenguaje barroco. Hacia la mitad de siglo se inicia el
período plenamente neoclásico, en el que destacan el ensayo y la crítica.
El ensayo fue el género literario de erudición más difundido en el siglo XVIII gracias al
extraordinario desarrollo del periodismo. La prensa fue la vía de comunicación con esa
población a la que se quería educar y formar en una nueva manera de entender el mundo. En
las páginas de los numerosos diarios de la época, los autores neoclásicos exponían sus ideas
ilustradas con la intención de que sus opiniones llegasen a sus lectores y, también, a aquellos
que escuchaban atentamente la lectura de los periódicos. Fue muy importante para este fin
el auge de las tertulias en la sociedad del siglo XVIII.
Un asunto muy debatido en la época, y trascendental por su repercusión para la sociedad, fue
la necesidad de incluir a las mujeres en los derechos alcanzados y darles el lugar que merecían
en las distintas esferas del conocimiento. Fueron numerosos los ensayos destinados a
reflexionar acerca de este hecho.
Ensayistas relevantes: Jovellanos y Feijoo
FRAY BENITO JERÓNIMO FEIJOO presenta como obras más conocidas Teatro crítico universal
(en ella pretende desterrar todo tipo de errores cometidos en el campo del saber) y Cartas
eruditas y curiosas, en las que expone problemas filosóficos, científicos y literarios basados
en la razón.
GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS participó activamente en las reformas ilustradas y en la
política. Escribió numerosas obras ensayísticas dedicadas a elevar la educación cultural del
país, a mejorar los espectáculos o a contribuir al renacimiento de los valores intelectuales de
la patria. Entre sus títulos más destacados se encuentran Memoria para el arreglo de la policía
de espectáculos e Informe sobre el expediente de la Ley Agraria.
La crítica fue muy utilizada en la época para satirizar vicios o costumbres. Uno de los máximos
exponentes de la sátira social fue José Cadalso. En sus Cartas marruecas (inspiradas en las
Cartas persas de Montesquieu), el autor revisa los temas más preocupantes de la sociedad
española del momento: la falsa erudición, la historia del Imperio español, la libertad de las
mujeres...
Obras en prosa que conjugan lo didáctico y lo literario
La preocupación por la moral y por la instrucción de los lectores era una constante en buena
parte de la prosa del siglo XVIII, pero no impidió que la lectura, como acto placentero, tuviera
sus aficionados.
En este sentido, fueron importantes las obras de José Cadalso:
⎯ Los eruditos a la violeta o Curso completo de todas las ciencias dividido en siete lecciones
para los siete días de la semana: reflexión irónica acerca del conocimiento superficial de
aquellos cuyo interés reside en presumir de saber mucho.
⎯ Noches lúgubres: trata el asunto de la «difunta pleiteada». La melancolía del texto y el
entorno nocturno acercan esta obra al periodo romántico. En ella, el protagonista no soporta
el dolor por la muerte de la amada y desentierra su cadáver para poner fin a su vida
quemándose con la que fue su compañera.
Fábulas
Entre las obras de ideas del siglo XVIII hay que incluir las fábulas, si bien no se encuadran
completamente dentro de la prosa, pues su contenido narrativo suele expresar en verso la
intención didáctica. Podían ser adaptaciones de fábulas tradicionales, cuyos protagonistas
suelen ser animales, o textos que trataban cuestiones morales con la consiguiente moraleja
final. Los fabulistas más famosos de este periodo fueron Félix María de Samaniego y Tomás
de Iriarte.
La literatura de consumo
La prensa y la posibilidad de llegar a un mayor número de lectores, gracias a las publicaciones
por entregas que contenían los diarios, fue el cauce ideal para que otra forma de literatura se
hiciera hueco en la sociedad. Desde este punto de vista, la literatura de consumo,
paradójicamente, tendrá un desarrollo espectacular en el siglo XVIII.
Destaca el relato novelado Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias
Zotes, del Padre Isla; o uno de los autores con más éxito, Diego de Torres Villarroel, que en
sus almanaques y pronósticos aseguraba tener poderes para adivinar el futuro, para
escándalo de sus contemporáneos, que lo acusaban de aprovecharse de la ignorancia de la
gente.
EL TEATRO
No desaparecieron las propuestas que continuaban con la línea del teatro de Lope, Tirso y
Calderón, pero, paulatinamente, hacia la mitad del siglo, se fueron haciendo hueco en los
escenarios otras representaciones, más del gusto de los ilustrados, que incluían sus ideas y
trataban de incidir en la población para que asumiera como propios esos cambios que la
sociedad española de la época necesitaba.
La nueva fórmula del teatro neoclásico presentaba las siguientes características:
- Total separación de géneros para evitar confusión (recuperó la antigua división entre
tragedia y comedia).
- Respeto a las unidades de espacio (el transcurso de la acción en un mismo lugar), tiempo
(en un solo día) y acción (la concentración de la trama en un único asunto principal).
- Afán didáctico (empleo de temas útiles para la sociedad con un planteamiento de enseñanza
práctica).
- Planteamiento verosímil, acorde o parecido a la realidad.
- Estructuración de la obra en 3 actos.
Para la tragedia toma como modelo la griega o la francesa, y aborda temas de la Antigüedad
clásica o de la historia nacional; y entre las tragedias del siglo XVIII destaca Raquel, una obra
de Vicente García de la Huerta centrada en el amor entre la judía Raquel y el rey Alfonso VIII.
Esta relación era rechazada por los nobles castellanos, que consideraban a la judía una
advenediza contraria a sus intereses.
La comedia es el género teatral típicamente ilustrado, dentro del cual destacan Leandro
Fernández de Moratín y los sainetes de Ramón de la Cruz (La plaza Mayor por Navidad y
Manolo). Leandro Fernández de Moratín, con sus comedias moratinianas, conseguirá dar con
la fórmula intermedia entre lo didáctico y lo sentimental: los temas cotidianos, el sentido
virtuoso de sus desenlaces y la claridad de sus planteamientos conquistaron tanto el gusto de
los ilustrados como el aplauso de los espectadores. De entre todas sus obras destaca El sí de
las niñas, en la que critica los matrimonios de chicas jóvenes con hombres de mayor edad y
una economía saneada, concertados por los padres.
Mujeres dramaturgas ilustradas pág. 334.