Grupos de Presión en Política Actual
Grupos de Presión en Política Actual
GUIA DE ESTUDIO:
GRUPOS DE PRESIÓN Y
ACTORES POLÍTICOS
Docente Responsable
Dr. Paulo César Lugo Rincón
24/08/2021
LOS GRUPOS DE PRESIÓN
Esther del Campo
1. Concepto y funciones
Podemos definir a los grupos de presión como aquellos grupos de intereses organizados
que no desean de forma directa el control del poder político sino sólo influir o presionar
a los centros de toma de decisiones, ya sea en el ámbito del Legislativo o del Ejecutivo y
de las diferentes organizaciones y administraciones públicas. Por tanto, se diferencian
claramente de los partidos políticos, porque éstos buscan directamente el poder político.
En cuanto a sus diversas estrategias y sus relaciones con el resto de actores e instituciones
al interior de un sistema político determinado, éstas varían de forma importante en función
de las estructuras políticas y las coyunturas históricas de cada uno de ellos.
El origen de la teoría de grupos se encuentra en las obras de Arthur Bentley -The Process
of Government. A Study of Social Pressure (1908)- y un poco más tarde, en la de David
Truman -The Governmental Process (1951). En ambos casos, pero especialmente en el
caso de Truman, se trata de una explicación sistémica del proceso gubernamental como
un medio a través del cual los valores sociales se asignan de modo imperativo a través de
las decisiones públicas. Éstas son producidas por actividades, que no son independientes,
sino que se articulan y conjugan en torno a las decisiones. Los grupos responderían a esta
suma de actividades, cuya lucha (entre grupos e intereses) determina qué decisiones se
han de tomar. De este modo, y en especial para estos autores, toda actividad política se
reduce a una lucha entre grupos.
Conviene aclarar también que en el análisis de estos grupos de intereses nos podemos
encontrar con un problema terminológico inicial y que es que muchos autores usan y
equiparan al grupo de interés con el grupo de presión. Truman, en su obra ya indicada,
distingue por ejemplo entre los grupos de presión y los grupos potenciales, donde éstos
últimos responderían a actitudes compartidas, intereses ampliamente difundidos en la
sociedad que inciden en el proceso político aunque no se encuentren organizados
formalmente. Considera, por tanto, este autor que son la formalización organizativa y la
existencia de un “mínimo de interacción” que dan carácter en origen a los grupos de
presión.
1
A favor de la expresión de grupos de presión, nos encontramos con textos como los de
Eckstein y Key -La política de los grupos de presión-, Stewart -Los grupos de presión
británicos-, Turner -La política en Estados Unidos-, Blaisdell -La democracia americana
bajo presión-, Mackenzie -Los grupos de presión-, Meynard -Los grupos de presión en
Francia-, Von Beyme -Los grupos de presión en las democracias- y un largo etcétera.
Por su parte, Finer -El Imperio Anónimo- utiliza por primera vez en 1955 el término lobby
para referirse a estos grupos. La expresión, tomada del corredor de los edificios
parlamentarios, indicaba que algunos grupos o individuos desarrollaban una actividad de
intermediarios, poniendo en conocimiento de los legisladores, o de los que participaban
o adoptaban las decisiones, los intereses y deseos de los grupos de presión. Por lo tanto,
en este contexto, la tarea específica de ejercer el lobby (el lobbying) es una transmisión
de mensajes de los grupos de presión al centro de decisiones por medio de representantes
especializados (que en el marco legislativo norteamericano, se encuentran además
legalmente autorizados para ejercer estas actividades1). En el caso de los Estados Unidos,
existen además una serie de figuras afines, próximas a los grupos de presión, como los
grass root, los GOP, los Caucus (grupos informales de congresistas y senadores en
defensa de unos intereses concretos), los consultores políticos, los think tank o los
Political Action comité (encargados de recaudar dinero para apoyar la nominación o la
elección de una o varias personas a una función pública federal o de un estado) (Rubio
Núñez, 2003).
A nuestros efectos, tomaremos la distinción de Truman (1951) que define a los grupos de
interés como cualquier grupo que, basándose en una o varias actitudes compartidas, lleva
adelante ciertas reivindicaciones ante los demás grupos de la sociedad, para el
establecimiento, el mantenimiento o la ampliación de las formas de conducta que son
inherentes a las actitudes compartidas. Los grupos de interés se constituyen en grupos de
presión cuando en cumplimiento de su propia y específica finalidad, influyen sobre el
gobierno, el Congreso, los partidos políticos, la administración pública o la opinión
pública. Hablaremos de grupos de intereses de manera omnicomprensiva para abarcar a
ambos grupos.
1. Tienen, por lo común, una organización permanente, con órganos propios que
los dirigen y representan.
2. El factor que une y reúne a sus integrantes es la defensa de un interés común
entre ellos y que es particular con referencia a la sociedad global.
3. Sus integrantes, en principio, no ocupan cargos de gobiernos.
4. Devienen en fuerzas políticas (se politizan) al desplegar una acción encauzada
a ejercer influencia en la adopción de decisiones políticas, pero no
1
En el caso español, el análisis de los grupos de presión ha sido ampliamente omitido. Las razones de este
desinterés pueden ser varias: en primer lugar, la dificultad objetiva de investigar una materia no regulada;
y en consecuencia, la inexistencia de datos fiables con los que sustentar cualquier análisis empírico
documentado, que vaya más allá de la defensa o crítica a ultranza de estos grupos, fundamentándose, o bien
en razones pragmáticas (si están ahí hay que contar con ellos), o en bien en el marco de la crisis de la
democracia representativa (estos grupos pervierten el funcionamiento de ésta).
2
se proponen obtener cargos de gobierno para sus componentes, ni participan
por tanto directamente en los procesos electorales.
En estas cuatro etapas, podemos encontrar cambios significativos como podrían ser la
revolución de las comunicaciones, el ferrocarril, el teléfono, que favorecieron la creación
de asociaciones en el ámbito nacional; y a finales del siglo XIX, el comienzo de la
regulación del mundo empresarial, a cargo de los poderes públicos, o la división del
trabajo y la necesidad de especialización, empresarial y gubernamental. Finalmente, el
aumento de la inmigración que en el caso norteamericano contribuyó a aumentar y
diferenciar los intereses de los diversos sectores.
3
Otros autores de forma más exhaustiva clasifican a los grupos de interés conforme a sus
distintos aspectos organizativos (grupos institucionales con una organización consolidada
frente a grupos puntuales o temáticos; grupos federados o uniones de otras organizaciones
frente a grupos unitarios; en función de su naturaleza jurídica: empresas, lobbies, grupos
profesionales o sectoriales); a sus fines, objetivos e intereses (grupos que promueven
asuntos de interés general frente a los que promueven intereses específicos de sus
miembros); a sus modos de actuación (grupos con una estrategia directa de presión ante
los poderes públicos frente a grupos que actúan indirectamente, frecuentemente creando
un estado de opinión sobre la materia, favorable a los intereses que defienden); y a sus
sujetos (ya sean sujetos que llevan a cabo las actividades de presión frente a los sujetos
interesados en la presión) (Rubio Núñez, 2003). Cualquiera de estas clasificaciones cabe
entenderla en la lógica de la ambigüedad conceptual en torno a los grupos de presión,
dado que según cómo hayamos procedido a su definición, las tipologías pueden
desbordarse.
4
Por ello, el reconocimiento de la importancia de los grupos de presión en la actividad
política de los distintos sistemas políticos varía también de forma importante, en función
del enfoque teórico que seleccionemos para estudiar su actividad. Es decir, mientras que
para los elitistas, la concentración de poder en manos de una élite hace que los grupos
estén subordinados y, a veces, puedan incluso resultar irrelevantes; para los pluralistas, la
fragmentación del poder hace que las decisiones sean el resultado de un complejo proceso
de interacciones e intercambios de grupo/grupos, donde éstos desempeñan un papel
trascendental.
Desde un enfoque marxista, existen unos intereses centrales que responden a aquéllos de
la clase dirigente que tiene el control del poder económico, mientras que los otros grupos
sólo tienen éxito marginalmente cuando sus demandas pueden acomodarse sin dañar los
intereses fundamentales de los anteriores.
Pero es sin duda la escuela del pluralismo político la que más relevancia ha tenido para el
estudio de los grupos de presión. Su principal exponente es Robert Dahl -Who Governs?
(1961)-, que partiendo del análisis de una comunidad típica de los Estados Unidos, New
Haven, concluye que las desigualdades en los recursos políticos son un hecho, pero éstas
presentan una tendencia no acumulativa, es decir, que la forma en que los recursos
políticos están distribuidos fortalece el pluralismo, la poliarquía. El poder está disperso
entre varios grupos de la sociedad, con fuerza diferente, representando intereses diversos,
y el proceso de intercambio de esos intereses se realiza a través de los organismos
gubernamentales. Las políticas públicas en una democracia están condicionadas por los
procesos de negociación de estos grupos, que representan intereses diversos. La
resolución de los conflictos, a través de la negociación y el intercambio en mercados libres
gobernados por un contrato social que hace vinculantes las promesas, sería el ideal del
modelo pluralista. En esta sociedad, los intereses opuestos se encuentran en equilibrio, y
la fortaleza de la propia sociedad hace que ningún interés importante se encuentre fuera
de estos mecanismos de intercambio.
Presuponer que existe una racionalidad en la participación de estos grupos constituye sin
duda una de las aportaciones básicas de Olson -La lógica de la acción colectiva (1992).
Las asociaciones de intereses se entienden como procesos de acción colectiva cuyos
5
objetivos son la consecución de bienes públicos. Olson supone que los individuos sólo
están interesados en participar de asociaciones de intereses cuando los beneficios de
participar en el grupo superan a los costes. El mantenimiento de la participación, incluso
en grandes organizaciones, que puede ser muy costoso, es posible gracias a los incentivos
selectivos o beneficios que sólo perciben los individuos que son miembros de la
organización. En suma, el análisis de Olson toca tres aspectos fundamentales en la
problemática de la participación política: las motivaciones de los individuos, la relación
entre la acción individual y la acción de los grupos y la naturaleza y la importancia de los
beneficios y de los incentivos, ya sean éstos individuales o colectivos. Sin embargo, este
análisis desenfoca un aspecto clave de la participación, reiteradamente olvidado y
pospuesto en las diferentes teorías de los grupos de presión, que es la función “expresiva”
e “identitaria” que pueden desarrollar estos grupos.
En los últimos años, y vinculado con el interés por el estudio de la elaboración, ejecución
y evaluación de las políticas públicas, se ha producido también una evolución en los
estudios sobre los grupos de presión. Así, del énfasis tradicional en las características de
las organizaciones de intereses se ha pasado a un análisis de las redes de políticas públicas,
donde las políticas emergen de la interacción de actores públicos y privados, que actúan
bajo unas determinadas estructuras, a medio camino entre las estructuras de mercado y
las estructuras jerárquicas, en ámbitos sectoriales o plurisectoriales y en niveles locales,
regionales, nacionales o internacionales. Se trataría, por tanto, de perfilar cómo es la
2
Conviene explicar expresamente el uso del término corporatista y no corporativista. Mientras que las
relaciones corporativistas se dieron con relativa frecuencia durante el período de entreguerras,
especialmente en aquellos países que contaron con regímenes autoritarios, ya fueran éstos más o menos
populistas; el corporatismo se desarrolla en Europa en los años sesenta (o el neocorporatismo en su variante
mediterránea en los setenta) y se corresponde con un modelo político bien distinto, democrático, donde los
intereses estratégicos son elevados por el Estado y tomados en consideración en la definición especialmente
de la política de rentas de esos Estados.
6
estructura/red de intermediación/juego de intereses en una sociedad con respecto a la
puesta en marcha de determinadas políticas.
3. Referencias clásicas
7
cosas, sin adquirir la facultad de producirlas en común, pronto volvería a la barbarie”
(pág. 272).
4. Fuentes en internet
A continuación se relacionan las páginas web de los grupos de presión más importantes
en el sistema político español:
- Sindicatos
CCOO [Link]
UGT [Link]
CGT [Link]
SUP [Link]
CSI/CSIF [Link]
- Empresarios
CEOE [Link]
- Iglesia
5. Ejercicios de autoevaluación
8
destinatarios de estas estrategias (Parlamento, gobierno, administración pública, medios
de comunicación…).
Este ejercicio puede también realizarse en el ámbito autonómico o en el ámbito local,
dado que los grupos de presión en estos niveles de gobierno o administración pueden
identificarse con mayor facilidad, o en el ámbito de otro país de tu elección.
5. ¿Consideras que los intereses defendidos por los grupos de presión podrían
incluirse en los programas de los partidos políticos, o bien por el contrario, que sus
intereses son más específicos y que por lo tanto deben mantenerse como mecanismo de
garantía y defensa de estos intereses? Argumenta a favor o en contra de la legalización
de los grupos de presión en el ámbito parlamentario. Es decir, ¿sería adecuado establecer
mecanismos de formalización del lobbying en los Parlamentos?
9
c) presuponer que hay una racionalidad en la participación de los grupos
d) considerar que los grupos están subordinados a la élite
e) evaluar que los grupos predominantes están vinculados a la clase dirigente
10- ¿Qué evolución ha incorporado en los últimos años el estudio de los grupos de
presión?
a) el análisis de las redes de políticas públicas
b) la constatación de que el proceso se semi-institucionaliza
c) la evaluación de que el poder se dispersa en la sociedad
d) la diferenciación entre grupos de presión y de interese
e) ninguna de las alternativas
6. Bibliografía
10
Citar: Apellidos, N. (2014) "Título", en: García Sansano J.; González García, E.;
Lago Morales, I. y Rubio Sánchez, R.(Coords.) Tiempos oscuros, décadas sin
nombres.
Toledo: ACMS, pp. ....
Resumen
Cuando los partidos políticos tratan de conquistar el poder y ejercerlo, dependen de la decisión
de los electores que acuden a las urnas para elegir democráticamente su gobierno. Los
votantes no deciden su voto únicamente por las promesas electorales de los diferentes partidos
y en respuesta a las actividades desarrolladas por el gobierno anterior. En cambio, los grupos
de presión no ejercen las mismas funciones que los partidos políticos, cuyos objetivos
principales son alcanzar el gobierno y mantenerlo, pero sí ejercen una importante influencia
sobre el poder, los votantes y las decisiones políticas importantes. Es aquí donde juegan un
papel fundamental estos grupos de interés. Aquí incluyo tanto al magnate de Eurovegas que
exigía cambiar la legislación en su favor, como los sindicatos que mantienen industrias
caducas y deficitarias como el carbón, las S.A.D. que cuentan con exención fiscal e inversión
pública, la SGAE y las compañías eléctricas que cuentan con managers de presión (Aznar y
González)…
Los grupos de presión ejercen una de sus mayores influencias sobre el poder, los votantes y
las decisiones políticas importantes, debido a su gran poder de manipulación sobre la opinión
pública del electorado y por consiguiente sobre los gobernantes
Palabras Clave
Grupos, Presión, Política, Sindicatos, CEOE, Iglesia
Introducción
Cuando los partidos políticos tratan de conquistar el poder y ejercerlo, dependen de la decisión
de los electores que acuden a las urnas para elegir democráticamente su gobierno. Los votantes
no deciden su voto únicamente por las promesas electorales de los diferentes partidos y en
respuesta a las actividades desarrolladas por el gobierno anterior. En cambio, los grupos de
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presión no ejercen las mismas funciones que los partidos políticos, cuyos objetivos principales
son alcanzar el gobierno municipal, regional o nacional y mantenerlo, pero sí ejercen una
importante influencia sobre el poder, los votantes y las decisiones políticas importantes. Es aquí
donde juegan un papel fundamental estos grupos de interés, tal y como se definirá a
continuación.
La Iglesia Católica fue un claro ejemplo de grupo de presión durante la Edad Media,
controlando los gobiernos monárquicos europeos para incitarlos a desarrollar las Cruzadas
contra infieles y herejes, lo que fue lícito también por parte de la ética civil medieval. Pero la
Iglesia no finalizó su influencia al terminar la Edad Media, sino que continuó ejerciendo una
gran presión para que los gobiernos europeos de la Edad Moderna mantuvieran una gran
variedad de tabús, prohibiciones y obligaciones religiosas sobre la población. Al comenzar la
Edad Contemporánea la Iglesia fue perdiendo fuerza sobre la legislación y las decisiones de
gobierno, pero la mantuvo en gran variedad de ámbitos como la educación, la confesionalidad
religiosa de los estados europeos, adoctrinamientos del poder civil y otros factores. Durante la
primera mitad del siglo XX la Iglesia Católica continuó siendo una gran embajada a nivel
internacional, por lo que los dictadores europeos tuvieron un gran interés por generar y
mantener una buena relación con el Arzobispado y el Papado. Grandes ejemplos de ello fueron
el Pacto de Letrán -1927- que firmó el estado fascista italiano con el Papado para darle la
independencia a la Ciudad del Vaticano o los tabús y las prohibiciones del régimen franquista:
sexo, divorcio, anticonceptivos, etc.
Es en la segunda mitad del s. XX cuando comienza a coger fuerza de presión un grupo que ya
existía antes con menos fuerza y posibilidades dentro de las legislaciones española y europea:
los sindicatos. Un claro ejemplo de esto lo estamos viviendo hoy en día con la famosa “Marcha
Negra” de la minería hacia Madrid. Por qué se ha seguido manteniendo la producción del carbón
hasta la actualidad siendo únicamente el 3% de la energía utilizada en España, de un coste
mayor y de menor poder calórico/energético que el carbón polaco, así como siendo un gran
contaminante que contradice los acuerdos del Protocolo de Kioto y que está siendo sustituido
su uso en la industria térmica por el gas, del mismo modo que se reemplazan las centrales
térmicas por las nucleares y las energías renovables paulatinamente. También es fácil
preguntarse por qué los fondos mineros de la UE que se firmaron con el objetivo de adaptar las
cuencas carboníferas europeas hacia una economía sostenible del predominante sector
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servicios, abandonando el caduco sector industrial europeo, siguen manteniendo la producción
del carbón.
Quién puede olvidar a la polémica SGAE, correctamente definible como la única entidad
privada española que tiene derecho a cobrar un impuesto sobre la población civil. El famoso y
polémico canon digital fue aprobado por el ejecutivo de Zapatero con el apoyo de diferentes
partidos en el Parlamento en junio de 2006, aunque Bruselas lo declarase ilegal. A pesar de que
Mariano Rajoy afirmase en diciembre de 2007 que “el canon es el pasado… y que no tiene
ningún futuro” y que reiterase en enero de 2008 que “si los españoles me dan su confianza…
eliminaré el canon digital”, no se ha visto ninguna modificación de la controvertida “ley Sinde”.
Así es fácil de comprobar que la SGAE es un grupo de presión muy influyente en la política
nacional, debido a que sus componentes son muy populares ante una población española entre
los que arrastra numerosos fans y seguidores; lo que dificulta a los partidos políticos el hecho
de revelarse en su contra, porque sería respondido por los artistas con numerosas
manifestaciones contra estos partidos hacia los electores.
Todo lo descrito hasta ahora nos ayuda a concluir que los partidos políticos son como las
empresas, por su sinonimia en la aplicación de Beneficios = Ingresos – Gastos, traduciendo los
ingresos por votos, los gastos por la propaganda electoral y los beneficios por ganar unas
elecciones. Es aquí donde los grupos de presión ejercen una de sus mayores influencias sobre
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el poder, los votantes y las decisiones políticas importantes, debido a su gran poder de
manipulación sobre la opinión pública del electorado y por consiguiente sobre los gobernantes.3
No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico (Aristóteles,
384322).
A partir de la transición española han cogido fuerza de presión sobre los gobiernos
autonómicos y el nacional dos grupos de interés que no tenían prácticamente valor legal alguno
debido a un régimen dictatorial de autarquía económica: los sindicatos en las regiones
industriales (Asturias, País Vasco, etc.) y la Confederación Española de Organizaciones
Empresariales y demás organizaciones de autónomos en Madrid y Barcelona debido al gran
número de empresas nacionales y transnacionales que se concentran y tienen su sede principal
en la capital española o en la ciudad condal. Tampoco puede ser dejada al margen como nuevo
grupo de presión del s. XXI la polémica SGAE, correctamente definible como la única entidad
privada española que tiene derecho a cobrar un impuesto sobre la población civil, un polémico
canon digital que fue declarado ilegal por Bruselas pero que sigue vigente debido a su poder de
influencia sobre sus seguidores que también son votantes.
Es aquí donde los grupos de presión ejercen una de sus mayores influencias sobre el
poder, los votantes y las decisiones políticas importantes, debido a su gran poder de
manipulación sobre la opinión pública del electorado y por consiguiente sobre los gobernantes.
No obstante, fuera del terreno de la política y los gobiernos hay otra serie de grupos de presión
bastante fuertes sobre otros temas de gran importancia internacional, principalmente si
3
VEGA, Eduardo. “Los grupos de presión”. El Comercio, p. 41, nº 11.848. 29 de julio de 2012.
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discutimos si es veraz o no que las transnacionales marcan las reglas del juego mundial y que
tienen más poder que los gobiernos parlamentarios.
Fitch, S&P y Moody’s han recibido numerosas críticas de varios miembros del BCE por
ser grandes grupos de presión corporativa sobre la crisis de deuda soberana. Los reproches hacia
estas agencias han llegado incluso hasta el Parlamento Europeo, donde el eurodiputado
socialista alemán -Schulz- ha cargado sin tapujos contra la dictadura de estas empresas de
notación de la deuda y la idea generalizada de que son más poderosas que “los gobiernos
democráticos”, debido a su interés de rodear el gobierno de Europa para que los parlamentarios
legislen a favor de intereses privados. De mayor calado han sido las críticas a nivel nacional por
haberse convertido en uno de los principales azotes de las empresas e instituciones españolas,
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por haber impulsado nuestra prima de riesgo a su record histórico 612 puntos- una cota propia
de rescate como en los casos de Grecia, Irlanda y Portugal, y un largo etcétera.
En resumidas cuentas, tras haber llegado a la conclusión de la existencia de una serie de grupos
de presión que influyen tanto en las promesas y acciones de gobierno de cualquier partido
político en un estado democrático y el grandísimo poder de influencia de las agencias de
calificación que determinan la evolución del riesgo soberano, con una gran influencia sobre los
mercados de valores y las inversiones en cada país, es más que fácil concluir que los
irrefrenables grupos de presión corporativa -Moody’s, S&P y Fitch- ejercen una presión sin
límites sobre la economía de cada país occidental, lo que repercutirá indiscutiblemente sobre
las acciones políticas de cada uno de estos países, los impuestos a aplicar, las posibilidades de
abrir un negocio, la renta per cápita, los porcentajes de desempleo de su población activa, así
como la necesidad de trabajadores, profesionales y autónomos de partir al exilio a probar suerte
en lugares con mayores oportunidades.4
Si les he mencionado que desde 1977 gozamos de un sistema democrático, con la posterior
aprobación de la Constitución española en 1978, que nos ofrece unas elecciones libres de cara
a la población civil española, quizá se estén pensando qué tiene de autoritaria esta democracia
4
VEGA, Eduardo. “La presión de las agencias de calificación”. El Comercio, p. 28, nº 11.938. 27 de
octubre de 2012.
5
ARENDT, HANNAH Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Taurus, 1998, p. 297.
681
española que nos permite elegir quién será el líder de un partido que dirija junto a su equipo de
gobierno las decisiones políticas y administrativas del Estado, pero si tiene un cierto toque de
autoritarismo en lo que se refiere al poder absoluto de mando desde un partido político hacia
los electores y su respectiva obediencia posteriormente desde el pueblo hacia el gobierno.
El sistema electoral español está regido por un sistema de listas cerradas aplicables tanto
en los comicios generales, autonómicos, municipales y del Parlamento Europeo. De esta forma,
los electores podemos elegir las listas de candidatos que han sido elaboradas por las distintas
formaciones políticas, lo que restringe las prioridades de los electores de votar por el candidato
de su preferencia, estando así bloqueadas por el partido al que votemos. En relación con todo
lo anterior es necesario que destaque que el artículo 6 de la Constitución Española dice
literalmente que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación
y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación
política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución
y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Si nos ceñimos a
la propia realidad o a la praxis desarrollada fuera de la legislación escrita en la Carta Magna
podremos comprobar que ningún partido político español desarrolla un funcionamiento
democrático de cara a las elecciones; ni en lo que se refiere a la selección de los candidatos que
se presentarán a los comicios ni en la preferencia de los mismos por parte de los electores,
debido al sistema de listas cerradas ofertado por cada partido, en obediencia a la legislación
política española. En la propuesta de candidatos de un partido y en el orden de los mismos no
se tienen en cuenta las propuestas de los afiliados, sino más bien de lo que se decide las bases
del partido internamente.
682
“Educación para la ciudadanía” como asignatura dentro de la Enseñanza Obligatoria, la cual
sería sustituida por “Religión”, o más bien para otros “educación para ser conservador”. Se
evidenciaría en ambos casos algo más que una invasión de las instituciones por parte del partido
que gobierna, sino más bien como un claro ejemplo de una estrategia de marketing político
conocida como “propaganda didáctica”.
Si volvemos al asunto anterior sería importante señalar que España cuenta con un
sistema electoral no solo de listas cerradas, sino también bloqueadas mediante las cuales el
partido determina quienes serán los candidatos de las elecciones del Congreso de los diputados,
dicta el orden numérico de los mismos, ofreciendo una lista con el orden de candidatos
preestablecido y sin posibilidades de alteración. Sin embargo, un extraño caso de la legislación
electoral española es que las listas electorales de los comicios del Senado si son abiertas,6 pero
con el defecto de que salgan por orden alfabético los candidatos de cada partido y de esta forma
la mitad de ellos salgan por la parte de atrás de la papeleta y así muchos votantes ni se fijan en
la parte de atrás como si fuera una Quiniela. Ante este problema el PP llegó a ofrecer en una
ocasión candidatos con apellidos cuya letra capital fuera lo más tardía en el alfabeto cuando
Ruiz-Gallardón se presentaba como candidato a senador, para que así tuviera más visibilidad.
El defecto de esto para quienes consideran que las listas abiertas son en la mayoría de los casos
más democráticas y correctas que las cerradas es que el Senado tiene poca aceptación pública
entre la población civil, ya sea porque se ve inútil que haya una cámara de segunda lectura para
reaprobar las leyes que se aprueban en el Congreso, por lo que si hubiera suficientes enmiendas
6
FERNÁNDEZ-VILLAVERDE, J (2011). “El mito de las listas abiertas”
683
contra estas volverían a debate del Congreso y si fueran aprobadas de nuevo serían irrevocables,
o porque los electores aprueben por cerrarlo.
Si fuera así, deberían ofrecerse también listas abiertas en los comicios del Congreso.
El gran problema de tener unas listas cerradas y bloqueadas es que los electores no se
fijen en los candidatos de cada partido que ya han sido preseleccionados, prestando atención
únicamente al cabeza de lista que se presenta, como si los presidentes tomaran decisiones por
sí solos sin tener en cuenta las decisiones de sus ministros al igual que en la época de las tiranías
totalitaristas del s. XX en las que el dictador se mostraba como una especie de superhombre que
tomaba las decisiones por sí solo (Hitler, Mussolini, Stalin, etc.). Ante todo lo anterior considero
buena la proposición del profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo -
Miguel Presno- en lo que se refiere a que las listas al Congreso deberían seguir siendo cerradas
pero desbloqueadas para dar mayor libertad al elector de quienes son sus candidatos de
preferencia, dotando así de mayor autonomía a los diputados respecto de la opción política que
los propone para que haya una mayor conexión entre representantes y representados.7
7
Europa Press (2013). “Miguel Presno propone listas cerradas pero desbloqueadas para dar mayor
libertad al elector”.
8
Primera plana. Presentador: Víctor Castillo (2010). TeleAsturias. 17 de diciembre de 2010.
684
José María Aznar saldría en la portada de todos los periódicos del 4 de marzo de 1996 por ser
la primera de la VI legislaturas con el PP en el gobierno, tras 14 años de felipismo. Sí, un nuevo
gobierno del PP con una imagen más españolista que la de sus predecesores pero que se había
alzado en las Cortes Generales del Estado gracias a los refuerzos aportados por CiU (16), PNV
(5) y CC (4), a cambio de un tratamiento favorable y más generoso a Cataluña, Euskadi y
Canarias. Sí, les estoy hablando de aquella Convergencia y Uniò dirigida por Jordi Pujol que
apoyaba al Partido Popular en la envestidura -Pacto del Majestic- convirtiendo así en Presidente
del Gobierno a José Mª Aznar, quien contaba con una imagen mucho más arrogante y
españolista que Mariano Rajoy a día de hoy. Seguro que este asunto les está pareciendo una
aserción completamente absurda e inverosímil si se contempla la idea de que CiU fuera el
partido que reforzaba la entrada en el Gobierno del PSOE de Felipe y la que entablaba grandes
relaciones con Aznar para que el partido fundado por Fraga gobernase en España, cuando a día
de hoy su dirigente -Artur Mas- no para de hacer manifestaciones de tipo catalanista y amenaza
continuamente con que convocarán un referéndum sobre el llamado “derecho de
autodeterminación” y la posible independencia de Cataluña.
Artur Mas, una figura política completamente polémica si tenemos en cuenta su sicofanta
metodología política cuando acusa a España de ser la causa de la crisis de la economía catalana
por los casos de corrupción de Blesa y Bárcenas. Sería importante recordarle al sr. Mas que
revise los casos Palau y Pretoria (2009) perpetrados por miembros de CiU, sin olvidar tampoco
al primogénito de Jordi Pujol que almacenaba millones de euros en Suiza, Andorra y Panamá,
tal y como se descubriría el pasado 15 de septiembre. Otro rasgo sicofanta de Artur Mas es que
su objetivo político no sea la independencia de Cataluña, sino más bien sea llevarse los votantes
de ERC a su bolsillo y hacer un chantaje emocional al resto de España con el objetivo que las
Cortes Generales del Estado aprueben una hacienda propia para Cataluña que sea independiente
de la Hacienda Pública Española.
Sin embargo, sería importante no centrar el problema únicamente en Cataluña, puesto que
cualquier partido político que se encuentre en el gobierno, le interesa y le preocupa el hecho
renovarse en el próximo Ejecutivo que se forme tras los próximos comicios. En este momento
me estoy refiriendo al Gobierno Nacional del Partido Popular, que como bien se sabe dentro de
su órgano administrativo su imagen pública se ha venido deteriorando ya sea con el caso
Bárcenas, la subida del IVA, los famosos recortes, las reformas sanitarias y educativas, etc.
Habiéndose dado perfectamente cuenta de que la contabilidad en B desarrollada por el ex
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tesorero del PP ya no se podría ocultar para que el mercado electoral español volviera a
consumir en mayoría su producto político, no les quedaba más remedio que aplicar el “si no
puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan” de Goebbels, ante lo que
optaron por ordenar a la Guardia Civil que efectuara una serie de controles en la verja de
Gibraltar, a un año de retraso de que la Royal Navy interceptara las patrulleras de la Guardia
Civil en las aguas españolas que rodean al Peñón, con el objetivo de que la ciudadanía discutiera
sobre Gibraltar y olvidase a Bárcenas.
Conozco perfectamente la existencia del llamado Partit Popular de Catalunya, pero a pesar de
esto CiU no deja de ser una versión catalana del PP y un socio interesante para el segundo, tanto
así como a la inversa.9 Por ello puedo asegurar con firmeza que el plan soberanista de Artur
Mas y la famosa consulta que asegura que convocará para el próximo 9 de noviembre no es más
que una estrategia de ambos partidos con grandes aspectos de alimentación para CiU con el
objetivo de ganarse facciones electorales catalanistas dentro de la cartera de ERC como de otros
partidos catalanes y de retroalimentación sobre el PP, dando así la imagen al mercado electoral
español de ser un partido que gobierna con firmeza y frena la independencia de Cataluña. El
objetivo de ambos partidos es explotar los sentimientos de las masas populares catalanas y
españolas general.10
“La propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología
nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir
argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas”.
Joseph Goebbels
9
VEGA, Eduardo. “No habrá consulta alguna en Cataluña”. La Nueva España, p. 15, nº 25.527. 18 de
diciembre de 2013.
10
VEGA, Eduardo. “La Propaganda política”. La Tribuna de Ciudad Real, p. 4, , nº 8.379, 29 de
diciembre de 2013.
686
nacional, puesto que la que se utilizaba por aquellas fechas era de tono blanco y una cruz roja
encima con forma de “X” (el aspa de Borgoña) que facilitaba la confusión de la Marina
Española en cuanto a la identificación de buques de guerra extranjeros que portaban una enseña
similar. Es de esta forma como el actual diseño de Bandera Nacional surgió con el Real Decreto
de 28 de mayo de 1785, a través del cual Carlos III resuelve la realización de un concurso
convocado para adoptar un nuevo pabellón de la Marina. A pesar de todo esto, sigue siendo
indiscutible la magnanimidad interpretativa popular de la rojigualda como la bandera de Franco
y que solo se ve en las calles cuando juega la selección española de fútbol en competiciones
internacionales de gran relevancia: Eurocopa y Mundial.
Es bien conocido por todos a fecha de hoy que el Monarca había confesado y negociado con el
presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y el jefe de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba el
momento y la forma de abdicar, durante los 5 meses que precedieron al 1 de junio, momento en
el que lo anunciaba públicamente ante todos los segmentos de la sociedad española. Con esto
quiero decirles que no es casualidad, ni hay falta de motivos para que el rey Juan Carlos
anunciara su abdicación en ese mismo momento, pero por qué.
A lo largo del último mes se han visto concentraciones pacíficas, parapetadas bajo la
tricolor, como reclamo de un referéndum popular que posibilite a los ciudadanos elegir por
sufragio si desean una monarquía parlamentaria o una república. Juan Carlos I ya preveía estos
acontecimientos cuando se planteó la idea de abdicar, por lo que no podía escoger mejor
momento para la sucesión en el trono que aquellas fechas en las que la rojigualda ondeara en
las fachadas de las viviendas de cualquier ciudadano, apoyando a la Selección, y que cualquier
individuo portase una camiseta de “la roja” en representación de España. Tampoco se podría
dejar de lado que toda España se plantaría ante el televisor para ver los partidos de la Selección,
durante el mismo momento que banderas rojigualdas ondearan al viento dentro de los estadios
en los que compita la Selección. Este ha sido indiscutiblemente el mejor momento a escoger
por el Rey para que todos los ciudadanos españoles, y no súbditos, veamos rojigualdas en
cualquier sitio y la tricolor únicamente en pequeñas concentraciones de protesta que no
marcarán ningún giro en la política nacional, ni siquiera en el PSOE con su disfraz llamado
Juventudes Socialistas, quienes supuestamente piden un referéndum, que pretende disimular el
apoyo de los socialistas a la sucesión borbónica firmada por Rubalcaba y demás miembros del
PSOE en el Congreso.
687
Aunque pueda parecerles mentira, el juego de la Selección Española sobre la propaganda
política española no se queda únicamente en la sucesión borbónica, ya que llega incluso a uno
de sus grandes opositores: Pablo Iglesias. Sí, me estoy refiriendo al líder y fundador de
Podemos. Puede parecerles bastante incoherente que se pueda cotejar la posibilidad del empleo
propagandístico de la misma estrategia o punto base por parte de dos segmentos políticos
ampliamente disímiles: monárquicos y 15-M o indignados. Es evidente que Podemos no se
aprovecha del Mundial como un elemento propagandístico a través de la rojigualda, pero es
fácil de analizar que se ha escogido ponerle el nombre de Podemos a su partido político
utilizando como recurso la Selección Española de fútbol. Quizá quieran preguntarme en qué
han aprovechado esta referencia propagandística, pero es sencillo. Todos recordarán que allá
por el año 2008, previamente a que España ganara la Eurocopa tras derrotar a Alemania en la
final, se creó una canción en homenaje a la Selección que rezaba “Podemos, podemos, podemos
sí”. Esta canción se volvía a utilizar para el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Eurocopa de 2012,
competiciones en las que la Selección volvía a ser la campeona indiscutible. La estrategia del
partido político Podemos es reunir a todos los integrantes del 15-M, a los indignados y
principalmente a votantes jóvenes que forman parte de nichos del mercado electoral
prácticamente invisibles por dirigir su voto a partidos políticos modernos y pequeños, como
muestra de descontento con el bipartidismo y la corrupción, que no logran representación
política alguna: Equo, PCPE, PACMA,
Anticapitalistas y [Link], por ejemplo. La estrategia de Iglesias es reagrupar a todos estos
electores bajo un mismo signo político -Podemos- un mes antes del Mundial de fútbol 2014,
durante las Elecciones Europeas, aprovechando la canción “Podemos, sí” que he mencionado
antes. Es evidenciable que esta canción no puede ser utilizada como himno oficial del partido,
puesto que tiene derechos de autor, pero sí se puede aprovechar que el principal nicho de su
mercado electoral es el de los jóvenes, quienes son el segmento poblacional que más utiliza
Internet como herramienta de ocio y que pueden escuchar “Podemos, sí” cuantas veces deseen,
gracias a youtube u otras plataformas.73
Bibliografía
ARENDT, Hannah (1998). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Taurus.
688
VEGA, Eduardo. “Los grupos de presión”. El Comercio, p. 41, nº 11.848. 29 de julio de
2012.
VEGA, Eduardo. “No habrá consulta alguna en Cataluña”. La Nueva España, p. 15, nº
25.527. 18 de diciembre de 2013.
73
VEGA, Eduardo. “El mundial marca la propaganda política española”. La Nueva España, p. 15, nº
25.710. 19 de junio de 2014.
Europa Press (2013). “Miguel Presno propone listas cerradas pero desbloqueadas para
dar mayor libertad al elector”. Disponible en:
[Link]
[Link]
Televisión:
Primera plana. Presentador: Víctor Castillo (2010). TeleAsturias. 17 de diciembre de
2010.
689
Estudios Políticos
ISSN: 0185-1616
revistaestudiospoliticos@[Link]
Universidad Nacional Autónoma de
México
México
Resumen
En el presente artículo la autora nos propone que la importancia de la aportación teórica de Arthur
Bentley se centra propiamente en el pluralismo pragmático que incorpora en su libro The process
of goverment, escrito en 1904, y vigente en su reflexión. El hecho trascendental en los estudios
en torno a los grupos de presión será el entramado político-económico que devela en las
relaciones establecidas entre el gobierno y el cuerpo que ocupan las corporaciones como
instancias decisivas y decisorias en la ejecución gubernamental. Palabras clave: Grupos de
presión, élites, pluralismo, pragmatismo, gobierno
Abstract
In the present article the author proposes that is important to consider the theoretical contribution
of Arthur Bentley focused strictly on pragmatic pluralism in his book The process of goverment,
written in 1904, and current in our reflection. The momentous event in studies around lobbyists
will be political-economic framework that reveals in the relations between the government and the
corporate body as instances take decisive and decisionmakers in government execution.
D.R. © 2011. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Centro de
Estudios Políticos. Estudios Políticos núm. 31 (enero-abril, 2014): 147-163. México, D.F. ISSN: 0185-1616
...que propone como modelo una sociedad compuesta por muchos grupos o
centros de poder, aún en conflicto entre ellos, los cuales se les ha asignado
la función de limitar, controlar, contrastar, e incluso eliminar el centro de poder
dominante históricamente indentificado con el Estado. Como tal, el pluralismo
es una de las corrientes de pensamiento político que se han opuesto y
continúan oponiéndose a la tendencia hacia la concentración y la unificación
del poder que es propia de la formación del Estado moderno (Dávila y Orozco,
1997: 364-374).
que es lo que hace al hombre tomar sus nuevas formas de acción...” (Bentley,
1967: 8).11
Al centrarse en los aspectos que engloban a la Ciencia Política, lo lleva a
una apreciación clara, objetiva, incluso cruda de la realidad que envuelve a
las relaciones de poder, aunque Bentley prefiere no nombrarlo de este modo
por asociarlo con elementos de carácter místico. Bentley denominará a las
relaciones e interacciones entre individuos concentrados en torno a un fin
común como agencias, y las ubicada en torno a la separación gubernamental
de los tres factores que caracterizan al gobierno, que tiene su conformación
legal y división específica dentro del cuerpo normativo que integra a la
Constitución, divididos en el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, con una
influencia explícita por parte de grupos de interés.
Para Bentley, los procesos gubernamentales no se concentran en una
actividad, son en sí mismos un grupo de actividades. Esto significa en sentido
amplio, que el gobierno como tal se compone de un cuerpo y éste, por
consiguiente, se integra de una serie de partes de acuerdo con las posiciones
o ubicaciones que tengan las diferentes personas que participan de este
cuerpo. De tal suerte que la distinción de funciones estará centrada en la
acción o actuación de diversos grupos de hombres con puestos claves dentro
del todo. Menciona así Bentley:
En otra esfera están los hombres que llamamos los plutocráticos, algunos de
ellos están francamente comprometidos en la persecución de lo que
llamamos fines profundamente egoístas; entre ellos, sin embargo, hay otros
que de la manera más desapegada imaginable ayudan, argumentan a favor
de los no plutocráticos y les votan también aquellos hombres cuya influencia
no podrían asegurar el dinero de ningún precio. Pero llamamos a este grupo
de individuos plutocráticos, y hablamos del incremento y decremento del
espíritu plutocrático, como si fuera una calidad, una cualidad del alma
humana. Nos condenamos como parte de la mayoría, aunque en los
momentos más calmos estamos más dispuestos a admitir, aunque a
regañadientes, que algunos cuantos de estos individuos de la plutocracia
también son honestos, pero seguramente todos estos plutócratas son
hombres igual que el resto de nosotros, que tienen los mismos motivos
mezclados, las mismas variaciones de carácter, no hay una marca del alma
que se les estampe, que gobierne sus acciones (Bentley, 1967: 9-10).12
11
La traducción es mía.
12
La traducción es mía
...la sujeta ahora al juego de los accesos pecuniarios del lobbying o las public
relations o a las rules of the game de una democracia que se canaliza a sí
misma en dos partidos y excluye represivamente desde 1919 a todo tercer
partido procedente de la izquierda. A partir de allí, es más, el centro vital se
des-ideologiza o, mejor, se post-ideologiza, y con ello amplia el ámbito de la
libertad individual (Orozco, 1997b: 49).
13
“Categoría asociada a una ‘concepción empresarial del mundo’ y vinculada a los modos
políticos de operación nacional y mundial de las diversas unidades de poder empresarial.
Presuntamente en medio del Estado y el mercado, de la sociedad y el individuo, el corporatismo
funciona bajo criterios pragmáticos que obvian el desfasamiento esencial que se da entre su
ubicación mesopolítica y su actuación macroeconómica como un todo. En castellano, la distinción
entre la corporación como instancia pública, política y la sociedad anónima (corporation) como
instancia privada, empresarial, dificulta enormemente captar sus combinaciones históricas y
empíricas y casi prohíbe que la teoría política ‘invada’ la ‘esfera propia’ de los negocios. En su
aceptación anglosajona, la corporación trasciende las formas asociativas empresariales y las
proyecta como modelos de asociación humana propicios a la productividad y adversos al
autoritarismo y el involuntarismo de las formas asociativas tradicionales, los estamentos, los
gremios, las órdenes, las dinastías, las castas o las clases... (Orozco,1997a: 37-47).
14
Entenderé por Estado pragmático la estructura flexible (en el sentido de acción) del poder
político en el ámbito del gobierno formal y las instancias formales de dominación, donde
De manera directa Bentley nos dirá: no hay grupo sin interés, y el interés
será equivalente al grupo y efectivo a la actividad que realiza. Esta relación
totalmente imprescindible, da valor explícito a la razón del proceso político
interno que comprende al grupo.
concurren grupos de interés cuyo objetivo es maximizar sus beneficios y minimizar sus pérdidas.
La acción de estos grupos se ejerce bajo la dirección de grandes corporaciones, grupos de
interés y élites políticas que se sujetan a reglas del juego establecidas entre ellas mismas y su
relación con la nación. Con ello se crea un consenso basado en el liberalismo de mercado que
dice incorporar a toda la sociedad en la mecánica el poder.
Aparece así una variación inicial en la que los grupos opuestos buscan ajuste
a través de un agente singular, sea un déspota o un jefe del Ejecutivo al estilo
americano. La segunda se caracteriza porque los diversos grupos tienen
agentes diferentes que mediatizan la lucha directa con una más estrecha por
su cuenta, como en el caso de las asambleas legislativas en Francia o en
Suiza...
el propio poder del gobierno, pueden ser tratados al margen de los poderes
efectivos que en ellos cobran expresión (Bentley, 1968: 179; Orozco, 1972:
108).
Las formas del pasado sólo tienen efecto en el juego político propio de un
presente instaurado, las reglas del juego son efecto de la persistencia de
determinados patrones de conducta colectiva que permitan el carácter
manipulable propio de los grupos y que de manera tácita, dan balance a las
actividades de un grupo contra otro, dando cuenta de su capacidad de
tensión, cohesión y líneas de desenvolvimiento, tal y como lo plantea Bentley.
Se entiende así al grupo de presión como el conjunto de individuos que
de manera unísona se acompañan y aglutinan intereses particulares, los
cuales colectivamente implantan como interés general. Con el propósito de
dar cuenta de su cometido, se agrupan en un orden institucional, político, que
les permita generar campos de influencia y de poder que, dada su fuerza,
impacte en la toma de decisiones con el consecutivo beneficio y satisfacción
del interés. Pero que a la vez tiene la capacidad y flexibilidad para reagruparse
de acuerdo a la opción de intereses vertidos en uno u otro grupo.
Entre las tendencias y los hechos constantes que se encuentran en todos los
organismos políticos, aparece uno cuya evidencia se le impone fácilmente a
todo observador: en todas las sociedades, empezando por las medianamente
desarrolladas que apenas han llegado a los preámbulos de la civilización,
hasta las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los
gobernantes y la de los gobernados. La primera que es siempre la menos
numerosa, desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y
disfruta de las ventajas que van unidas a él. En tanto la segunda, más
numerosa, es dirigida y regulada por la primera de una manera más o menos
legal, o bien de un modo más o menos arbitrario y violento, y a ella le
suministra, cuando menos aparentemente, los medios materiales de
subsistencia y los indispensables para la vitalidad del organismo político
(Mosca 2002: 106).
Una vez consumada dicha transformación, ocurrirá que, así como el poder
político produjo la riqueza, ahora la riqueza producirá el poder... (Mosca,
2002: 115).
Sin duda, los elementos vertidos por Michels lo obligan a revisar los
aspectos sustanciales del liberalismo clásico, con ello asume que:
Tampoco la teoría del liberalismo basa en principio sus aspiraciones sobre las
masas: reclama apoyo de ciertas clases definidas, que en otros campos de
actividad ya han madurado para la conducción, pero que aún no poseen
[e]l principio de división del trabajo [que] interviene cada vez más,
experimenta divisiones y subdivisiones. Así se constituye una burocracia
jerárquica y rigurosamente definida. En el catecismo de las obligaciones
partidarias, la observancia de las reglas jerárquicas llega a ser el artículo
primero… (Michels, 2003: 80).
Sin duda, la teoría elitista pone puntos de realismo al ejercicio del poder,
a la conformación de estructuras con un alto grado de unidad interna, la élite
se convierte en inevitable y necesaria, de acuerdo con los propios
planteamientos de Mosca y Michels aquí referidos y que se establece como
Ley de Hierro de la Oligarquía. Nos dirá Michels: “La organización es la que
da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios
sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice
organización, dice oligarquía” (Michels, 2003: 189). Con lo que se da pauta
para explicar la conducción representativa de la democracia, donde
finalmente la expresión del elector, propiamente la masa, en voz de los
elitistas: “…no gobernará nunca, salvo in abstracto…” (Michels, 2003: 190).
Con ello deja a debate la condición idealista de la democracia directa,
propuesta en su momento por J.J. Rousseau, y perfila los elementos de
consolidación y permanencia de la democracia representativa.
No existe duda de que las aportaciones que recoge Michels de Víctor
Considérant serán determinantes en su postura elitista de la democracia. Y al
respecto menciona que Considérant
Así entendido,
4. Breve Reflexión
Asistir al proceso de gobierno y a las reglas del juego desde Bentley, nos lleva
a transcender el actuar individual y colectivizarlo, hacerlo expansivo y a la vez
relativizarlo, lo que permite la permeabilidad entre los grupos. Con ello la
acción corporativa cobra vida en el hacer y actuar mediatizado por el interés
de grupo, per se, controlado y custodiado por el valor de verdad que en ese
momento lo anime, prácticamente de manera ritualizada, de la mano del factor
económico y su inseparable valor de competencia, que indiscutiblemente se
verterá en ganancia y poder.
Este hecho impacta al individuo y al Estado e indiscutiblemente la
aportación que Arthur Bentley le dará a la Ciencia Política norteamericana y
al resto del orbe, son elementos de construcción y consolidación teórica de
tal magnitud que, a nuestros días, se concibe como factor vigente a recuperar
y atender para esclarecer las relaciones de poder y de acción en las
sociedades complejas dirigidas por el interés, en esta conjunción económica
y política (Cf. Harmon y Wayne, 1972: 2). A decir de Arthur Bentley, no
pretende atender una situación psicológica del por qué una persona o grupo
de personas actúan de cierto modo ante ciertas circunstancias y se conduce
de otro en situaciones diferentes.
La postura no queda limitada a un hecho personal o aislado, sino al
proceso de gobierno, a la toma de decisiones y a la conducción
gubernamental que de manera casi natural, se guía por patrones asociados
al ejercicio del poder estrechamente vinculados a intereses de grupo.
Bibliografía
Michels, Robert (2003), Los partidos políticos I y II. Un estudio sociológico de las
tendencias oligárquicas de la democracia moderna, traducción de Enrique
Molina de Vedia, Buenos Aires, Amorrortu, sexta reimpresión.
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político y geopolítico norteamericano, México, UNAM/FONTAMARA.
Orozco, José Luis (coord.) (2007), ¿Hacia una globalización totalitaria?, México,
UNAM/FONTAMARA.
Resumen
El concepto grupo de interés se utiliza para referirse a actores muy diversos, lo que evita la
comparación de resultados entre investigaciones. Así pues, se enfrenta un problema de
acumulación que proviene de complicaciones en la definición de conceptos básicos. En este
trabajo se comparan los usos del concepto grupo de interés analizando las ventajas, limitaciones
e implicaciones empíricas de cada caso. Al final se propone identificar los elementos centrales
de dicho concepto, lo que ayuda a solucionar el problema de acumulación.
Abstract
The concept interest group is used to make reference to a wide set of actors, which inhibits the
comparison of results among studies. Therefore, these studies face a problem of accumulation
which derives from definitional problems of its core concepts. This text compares the
different uses of the concept interest group, it analyses the advantages, limitations and empirical
implications of each use of the term. Finally, it intends to identify the core elements of the
concept interest group that could help to confront the problem of accumulation.
Palabras clave: conceptos, ciencia política, grupos de interés, participantes de presión, poder
político de facto, stakeholders.
Keywords: Concepts, political science, interest groups, pressure participant, de facto political
power, stakeholders.
* Candidato a Doctor de Investigación en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede México (Flacso México). Maestro en Asuntos
Políticos y Políticas Públicas por El Colegio de San Luis A. C. | [Link]@[Link]
[ 83 ]
15
Introducción
15
El autor agradece las sugerencias de los dictaminadores, así como los comentarios de Andrea Pozas
Loyo, que contribuyeron sustancialmente en la elaboración de este trabajo.
84 •D. Perfiles Latinoamericanos,Solís Delgadillo | Hacia una definición del concepto 25(50) | Flacso México | pp.
83-101 | grupo de interésdoi : 10.18504/pl2550-005-2017
estructurado de la siguiente forma: en el primer apartado se expone por qué
los conceptos importan en la investigación social; en el segundo se detallan
algunas consecuencias empíricas de distintas conceptualizaciones; en el
tercero se revisa la literatura evaluando las ventajas y limitaciones de los
diferentes usos del concepto tema de este análisis, y se identifican los
elementos conceptuales comunes presentando que distingue al término
grupos de interés en relación con otros cercanos. Finalmente, se presentan las
conclusiones.
Como apunta Schedler (2010), los conceptos en ciencias sociales son con
frecuencia complejos y disputados. Por eso la investigación científica no
puede dar por sentado que los demás miembros de la comunidad los
comprenden de la misma manera. Por lo tanto, es necesario explicitar los
compromisos conceptuales de los que se parten, es decir, que se requiere de
transparencia para determinar con exactitud a qué fenómenos se hace
referencia.
La claridad conceptual es un punto importante pues permite o inhibe la
comparación de resultados. De tal forma que si un concepto se define con
incongruencia se puede obstaculizar la acumulación de conocimiento, ya que,
en lugar de estudiar un mismo fenómeno, se puede estar investigando a
varios con el mismo nombre (Schedler, 2010). Un ejemplo es el concepto
Estado fallido, que puede ser comprendido desde el colapso del gobierno hasta
la debilidad del Estado para hacer cumplir la ley. Estas definiciones inciden
sobre lo que se puede clasificar como Estado fallido y dependiendo de la
conceptualización de este se puede llegar a conclusiones distintas sobre su
origen y consecuencias. En suma, el concepto puede estar refiriéndose a
fenómenos distintos.
De lo anterior se desprende una regla fundamental: la conceptualización
consiste en que una palabra se debe referir a un solo significado (Sartori,
2012). La confusión surge cuando varias palabras se usan para un solo
concepto (sinonimia) o una palabra conduce a múltiples significados
(homonimia). En el estudio de los grupos de interés aparecen ambos
problemas: existen significados distintos de lo que es un grupo de interés y
también una amplia gama de términos para designar al mismo fenómeno,
esto es, hay ambigüedad (Sartori, 2012; Schedler, 2010).
86 •D. Perfiles Latinoamericanos,Solís Delgadillo | Hacia una definición del concepto 25(50) | Flacso México | pp.
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utilizado definiciones funcionales de grupo de interés y han sido capaces de
comparar el éxito de distintos tipos de grupos; por ejemplo, Dür et al. (2014)
encuentran que las asociaciones voluntarias han sido más exitosas en el
cabildeo en la Unión Europea que los grupos empresariales, mientras que
Grossman & Pyle (2013) demuestran que entre mayor es el número de
grupos de interés —independientemente de si son asociaciones voluntarias
o no— que presionan sobre una comisión legislativa con respecto a un
proyecto de ley, habrá más posibilidades de su aprobación.
En este texto se sostiene que para que un grupo de interés sea
considerado como tal es necesario que ejerza presión sobre las decisiones
públicas, lo que contrasta con Jordan et al. (2004) y Beyers et al. (2008), para
quienes la asociación voluntaria es la condición necesaria de ese concepto.
Por otra parte, si bien la presión política es una condición esta no es
suficiente para clasificar a un actor como grupo de interés, para ello tres
elementos adicionales lo distinguen de sus vecinos semánticos: 1) que los
grupos cuenten con una estructura estable en el tiempo, 2) que las presiones
ejercidas se den por medios no violentos, y 3) que no busquen
responsabilidades gubernamentales. La introducción de estos elementos
permite distinguir los grupos de interés de conceptos como movimiento
social, partido político o grupos terroristas o antisistema.
Consecuencias empíricas del concepto grupo de interés
88 •D. Perfiles Latinoamericanos,Solís Delgadillo | Hacia una definición del concepto 25(50) | Flacso México | pp.
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¿Cómo arribar a una conceptualización de grupo de interés?
90 •D. Perfiles Latinoamericanos,Solís Delgadillo | Hacia una definición del concepto 25(50) | Flacso México | pp.
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Ahora bien, la vaguedad de los conceptos de grupo de interés no es
exclusiva de la corriente pluralista. Tal hecho es también común en los
estudios de economía política, en especial en aquellos sobre comportamiento
electoral inclinados a atribuir actitudes a segmentos o estratos de la sociedad.
Esto lo muestra el trabajo de Grossman & Helpman (2001: p. 105), autores
para los que un grupo de interés “especial” se refiere a “cualquier grupo de
ciudadanos que comparte características identificables y preocupaciones
similares en un conjunto de temas”. La idea que subyace en esta definición
es que estos grupos enarbolan intereses distintos a los del votante mediano.
Partiendo de lo anterior, Grossman & Helpman (2001) consideran como
grupos de interés a segmentos sociales como los miembros de una misma
profesión o de una industria, o de una minoría racial o los adherentes a un
mismo credo. Al dotar teóricamente a estos grupos de actitudes e intereses
compartidos, dichos autores los introducen en el teorema del votante
mediano. De tal manera que esta conceptualización sirve para modelar a
estos grupos y tratar de ponderar cómo ellos pueden alejar a los candidatos
o tomadores de decisiones de las preferencias del votante mediano. Esta
conceptualización se encuentra también en otros estudios sobre
comportamiento electoral como los de Morton (1991) y Gilens & Page
(2014); ambos tienen como base modelos en los que los individuos pueden
ser clasificados en grupos mutuamente excluyentes y en los que los
miembros de cada grupo comparten preferencias idénticas sobre política
pública.
Esta definición de grupo de interés es aún más vaga, dado que el único
elemento que sirve de fundamento a dichos autores sería que comparte
características o preocupaciones sobre determinado tema. Siguiendo esta
definición, todo grupo social podría clasificarse como de interés, aun cuando
no se involucre en actividades políticas, es decir, que incluso los grupos
latentes teorizados por Truman podrían ser grupos de interés. Un problema
en esta definición es que los elementos considerados son insuficientes para
diferenciar el grupo de interés de actores no movilizados en el sistema de
presión. Más aún, cuando no se considera que los grupos realicen demandas
o que estos se encuentren organizados. En realidad estos autores se refieren
a segmentos del electorado y a cómo las decisiones políticas responden más
a uno que a otro. Asumirlos como grupos de interés induce a un problema
de ambigüedad ya que multiplica los significados del concepto.
92 •D. Perfiles Latinoamericanos,Solís Delgadillo | Hacia una definición del concepto 25(50) | Flacso México | pp.
83-101 | grupo de interésdoi : 10.18504/pl2550-005-2017
En resumen, estas definiciones introducen el elemento de una estructura
basada en membresías voluntarias, ponen en el centro de la organización las
preocupaciones políticas y el hecho de que estos intereses sean presentados
en el espacio público. Sin duda, las organizaciones que a estos autores les
interesa estudiar cumplen con esas características; tanto las membresías
individuales como las de grupos de organizaciones.
Sin embargo, aun así el concepto se puede traslapar con otros. Por
ejemplo, organizaciones terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico son
organizaciones con fines políticos en las que sus miembros ingresan
voluntariamente y se les encuentra en el espacio público mediante actos
violentos que buscan incidir en la toma de decisiones. Con los elementos de
las definiciones de arriba se podría considerar a ambos como grupos de
interés, y lo mismo podría suceder con agrupaciones antisistema, como las
guerrillas o las separatistas, que recurren a la violencia con fines políticos. En
consecuencia, los elementos de tales definiciones son insuficientes para
distinguir entre grupos de interés y dichas organizaciones. No obstante un
rasgo que podría contribuir a delimitar un grupo de interés respecto de
grupos ilegales o antisistémicos son los medios no violentos.
Por otro lado, esta conceptualización también puede confundirse con la
definición de partido político, ya que todas las características se cumplen: son
organizaciones con membresías voluntarias en forma de afiliados, con
intereses compartidos como ideologías o programas partidistas, y expresan
sus demandas dentro del sistema político. Sin embargo, hay algo que
distingue a los partidos políticos y que no se encuentra en los grupos de
interés, estos no pretenden asumir responsabilidades gubernamentales. Esto
último genera una discusión sobre la idea de Salisbury (1984), autor que
asume como grupo de interés a las asociaciones de gobiernos locales y a
funcionarios electos.
94 •D. Perfiles Latinoamericanos,Solís Delgadillo | Hacia una definición del concepto 25(50) | Flacso México | pp.
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constituidos por individuos, el tipo de relaciones de estos con sus
organizaciones son profundamente distintas. Consideran así que un
elemento crucial para calificar a una organización como “grupo” es si este
enfrenta dilemas de acción colectiva.
Entre los grupos considerados dentro de la definición funcional se
presenta un particular problema con los gobiernos locales, esto debido a que
uno de los elementos que distingue a los grupos de interés es que no buscan
asumir responsabilidades de gobierno. Para Salisbury (1984) y Lindblom
(1991 [1980]), aquellos pueden ser considerados como grupos de interés
cuando en realidad son dos tipos diferentes de actores que pertenecen al
proceso de toma de decisiones. Ahora bien, si las actividades de cabildeo son
un rasgo definitorio se puede llegar a excesos como el considerar que los
cuerpos diplomáticos son grupos de interés. Por eso el carácter no
gubernamental que introduce Key (1964 [1956]) es una característica del
grupo de interés que permite diferenciarlo de otros términos.
A pesar de las críticas a la idea de “grupos sin miembros” de Salisbury,
esta clasificación ha sido ampliamente utilizada. Ello quizá pueda entenderse
porque en los estudios sobre lobby se encuentra que las grandes empresas
como Google, General Electric o Exxon Mobil son las que invierten más
recursos en el sistema de presión. Por lo tanto, puede considerarse que
excluirlas de las investigaciones dejaría un hueco en las organizaciones que
inciden en la toma de decisiones.
16
Esta característica no estaría presente en el caso de los gobiernos locales, pero aun así los autores
incluyen en ella el lobby intragubernamental.
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grupos ilegales como los extremistas podrían incluirse como grupos de
interés. En eso consiste la importancia de incluir este elemento.
Autor
Intereses/valores Membresías Representación de Carácter no
compartidos voluntarias intereses gubernamental
Truman (1951) X X
LaPalombara (1964) X X X
Walker (1991) X X
Key (1956) X X
Knoke (1986) X X
Salisbury (1984) X
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responsabilidades gubernamentales. Partiendo del centro semántico y de
dichos elementos, podemos definir al grupo de interés como una
organización formalmente estructurada que busca incidir a través de medios
no violentos sobre la toma decisiones públicas sin asumir responsabilidades
gubernamentales.
Esta definición permite incluir tanto a grupos de miembros voluntarios
como a los de instituciones. Es una definición útil sobre todo para estudiar
la representación política, esto es, para investigar en qué medida diversos
actores inciden o no sobre la toma de decisiones. Asumir una definición
restringida de grupo de interés, como proponen Jordan et al. (2004), tiene
como consecuencia perder gran parte de la información de lo que sucede en
el sistema de presión. Más aún, con esta definición se pueden realizar
clasificaciones que permitirían comparar diferencias entre estrategias,
recursos o efectividad de distintos tipos de grupos de interés, pero sin excluir
a determinados grupos del campo de estudio.
Finalmente, otros conceptos son utilizados con frecuencia como
sinónimos de grupo de interés, entre estos, lobby, poderes fácticos y
stakeholders. Es decir, el concepto de grupo de interés se ha confundido tanto
con actividades, como con recursos y otro tipo de actores del sistema
político. En primer lugar se suele utilizar de modo indistinto lobby y grupo de
interés, lo que es un error porque el primero se refiere a una actividad con la
que determinados actores intentan persuadir a los tomadores de decisiones
sobre un tema determinado.17 Si bien los grupos de interés se pueden ver
involucrados en actividades de lobby, la actividad y la organización no son lo
mismo; además, estos no son los únicos actores en el sistema de presión
inmersos en actividades de cabildeo, como lo demuestra el lobby
intragubernamental.
Una segunda confusión es denominar al grupo de interés como poder
fáctico. Aquí se confunden características de la organización con la misma
organización, ya que mientras poderes fácticos remite a las fuentes
informales de poder, 18 grupo de interés designa a una organización con
17
Por ejemplo el concepto de lobby de Milbrath (1963) que lo define como “la estimulación y transmisión
de una comunicación […] dirigida a un decisor gubernamental con la esperanza de influenciar su
decisión”.
18
Esto es, que el poder que ejercen no proviene de un puesto de dentro de las instituciones públicas. 5
Dentro de esta literatura aparece un problema conceptual similar al aquí analizado: Eden & Ackerman
(1998) consideran que solo los actores con poder para afectar el futuro de la organización son stakeholders,
Conclusiones
mientras que Nutt & Backoff (1992) y Bryson (2004) abogan por una definición que incluye a los actores
“sin poder”.
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de este tipo resulta costoso debido a que excluye a gran parte de los actores
presentes en el sistema de presión.
En contraste, partiendo de la revisión de la literatura, este trabajo ha
identificado los elementos comunes entre las diferentes explicaciones sobre
lo que son los grupos de interés, para ello ha analizado sus
conceptualizaciones en distintas tradiciones buscando su centro semántico,
esto es, los elementos básicos del concepto. Tras analizar diversas tradiciones
conceptuales al respecto, se encuentra que el elemento en común es que el
grupo de interés represente demandas en el espacio público, es decir, que el
aspecto funcional es central en el concepto, el cual se encuentra incluso en
definiciones restringidas como las de Jordan et al. (2004) y Beyers et al. (2008).
Ahora bien, tras una análisis de los conceptos vecinos se establecieron
algunas fronteras que permiten diferenciar respecto de otros como
movimiento social, grupos antisistema o terroristas y partidos políticos,
fenómenos que pudieran ser considerados como grupos de interés según
algunas de las definiciones aquí presentadas. Al respecto vale reiterar que el
grupo de interés tiene como rasgos la organización, los canales no violentos
y el carácter no gubernamental. Surge así su definición: una organización
formalmente estructurada que busca incidir a través de medios no violentos
en la toma de decisiones públicas sin asumir responsabilidades
gubernamentales.
Esta delimitación de las fronteras con conceptos vecinos permite la
comparación entre grupos partiendo de sus funciones, es decir, que a pesar
de sus diferencias organizacionales pueden ser comparadas respecto a su
efectividad en la representación de intereses; esta explicación permite
preguntarse ¿qué tipos de grupos de interés son más eficaces en las
actividades de cabildeo? o ¿qué tipo de estrategias son más exitosas en el
sistema de presión? Esta clase de preguntas no pueden ser contestadas desde
una definición restringida que excluya a grupos empresariales o instituciones
que no enfrentan dilemas de acción colectiva. En suma, una definición como
la de este trabajo es más propicia para estudiar la representación política, ello
debido a que no excluye participantes del sistema de presión y, más
importante aún, incluye el centro semántico que atraviesa a la mayoría de las
conceptualizaciones de grupo de interés.
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Perfiles Latinoamericanos, 25(50) | Flacso México | pp. 83-101 | doi: 10.18504/pl2550-005-2017
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LA ACTIVIDAD DE LOS GRUPOS DE PRESIÓN
ANTE
EL PODER EJECUTIVO: UNA RESPUESTA
JURÍDICA
MÁS ALLÁ DEL REGISTRO1
RAFAEL RUBIO NÚÑEZ
Profesor Titular Derecho Constitucional Universidad Complutense
Sumario
I. Los grupos de presión: Denominación, sujetos y definición. II.
Informalidad y respuestas normativas. III. La regulación actual del lobby en
España. IV. Otras respuestas normativas a la influencia. V. La
democratización del lobby
el proceso legislativo socioeconómico: el caso del sector asegurador» PPU, 2012. VVAA «El Lobby en
España ¿Asignatura Pendiente? Algón, 2014. Villoria, M. «Una evaluación del lobby en España: Análisis y
propuestas», Transparencia Internacional, 2014. Ponce, J. «Negociación de normas y Lobbies», Thomson
Reuters Aranzadi, 2015. Molins, J; Muñoz, L. y Medina, I. «Los grupos de interés en España. La influencia
de los Lobbies en la política española»,Tecnos , 2016. Y un par de capítulos en «La corrupción en España.
Ámbitos, causas y remedios jurídicos» Villoria, M. Gimeno, J. M. y Tejedor, J. Atelier Libros, 2016. Además
se han defendido distintas tesis doctorales, por ejemplo: Cordova, D. «La regulación de los Lobbies en
Latinoamérica», UCM, 2016. Hernández Aguado, I. «El buen gobierno de la sanidad: Las influencias debidas
e indebidas en la formulación de políticas de salud«, UCM, 2017. Elguero, J.M. Lobby y grupos de presión:
análisis regulatorio y estudio en el sector asegurador, UCM, 2017.
4 Principles for Transparency and Integrity in Lobbying. Disponible en:
[Link] ethics/[Link]
5 Para las diferencias entre ambas denominaciones, y otras habituales para designar a los sujetos
de la influencia política, nos remitimos a Rubio, R. Los grupos de presión, Madrid, CEPC, 2003. Pág. 178
y ss. 6 Pertschuk, M., Giant Killers, New York, Norton, 1986.
7 Lewis, Ch., The Buying of the Congress: how Special Interests Have Stolen your Right to Life,
Liberty, and the Pursuit of Happiness, New York, Avon Books, 1998.
8 Godwin, K., One Billion Dollars of Influence: the Direct Marketing of Politics, Chatham, NJ,
Chatham House Publishers, 1988.
9 Bennett, J. y Dilorenzo, Th., Destroying Democracy: How Government Funds Partisan Politics,
Washington, DC, Cato Institute, 1985.
10 Rauch, J., Demosclerosis: the Silent Killer of American Government, New York, Times Books,
1994.
11 Rothenberg, L. S., Linking Citizens to Government, New York, Cambridge UP, 1992.
anunciando que están «presionando para el cambio social»12 y «el bien común»13:
«lobbying for people»14.
Aunque, según parte de la doctrina que distingue entre lobbies y grupos de
presión, los lobbies son aquellas organizaciones que desarrollan su actividad de
influencia en representación de otros a cambio de una contraprestación
económica por sus servicios, lo cierto es que, al referirnos a los lobbies, nos
enfrentamos a una diversidad de empresas y organizaciones que actúan por
cuenta propia o en representación de terceros, sin recibir, en muchos casos,
remuneración de ningún tipo.
A la confusión terminológica se une la creciente pluralidad de los actores
que desarrollan acciones de influencia, cada vez más numerosos y diversos, y
que van mucho más allá del mundo empresarial, alcanzando a los think tanks,
la academia, o los grupos de la sociedad civil que no dudan en adoptar estas
técnicas en defensa de los intereses defendidos15.
El problema surge a la hora de encontrar una denominación común para
todos aquellos que realizan actividades de presión e influencia. Empresas y
organizaciones parecen no ponerse de acuerdo y una mirada rápida a los
departamentos que ejercen la participación política no institucionalizada deja
una lista casi infinita de nomenclaturas: Lobby; cabildeo; Legal & Corporate
Affairs; relaciones institucionales; relaciones públicas; Public Affairs; Government
Affairs; Legislative Affairs; relaciones institucionales; asuntos públicos; diplomacia
corporativa, etc. Lo mismo ocurre con la forma jurídica que adoptan estos
grupos: ONG, PAC, think tanks, asociaciones, fundaciones, empresas, uniones
o confederaciones sectoriales-regionales, empresas, grupos empresariales,
agrupaciones ciudadanas, e incluso, hasta movimientos sociales, lo que dificulta
mucho su identificación, especialmente de cara a su regulación.
De este modo, afrontar el debate conceptual en este caso adquiere una
importancia mayor de lo habitual. Ante la diversidad de denominaciones y de
actores para ajustar nuestro objeto de estudio, se propone una definición de
grupos de presión como «toda unión de individuos, autónoma y organizada, que
lleva a cabo acciones para influir en el poder (…) en defensa de unos intereses
comunes»16. Esta definición resulta suficientemente amplia para cubrir el objeto
de nuestro estudio, y abarcaría las funciones que desarrolla la actividad de
presión e influencia, tales como la representación de sus miembros frente al
Gobierno; el ofrecimiento de un canal de participación política al margen de las
elecciones; la aportación de conocimiento a sus miembros sobre la situación del
proceso
12 Richan, W., Lobbying for Social Change, New York, Haworth Press, 1996.
13 Mc Farland, A. S., Common Cause: Lobbying in the Public Interest, Chatham, NJ,
Chatham House Publishers, 1984.
14 Berry, J., Lobbying for the People. The Political Behavior of Public Interest Groups
Princenton, NJ, Princenton University Press, 1977.
15 Alemanno, A. Lobbying for Change, Iconbooks, Londres, 2017.
16 Rubio Núñez, R., Los grupos de presión, Madrid, CEPC, 2003.
político; el diseño de la agenda pública y el seguimiento de la actividad del
gobierno para comprobar el estado de sus intereses17.
A efectos de este trabajo utilizaremos de manera indistinta los términos
grupos de presión, grupos de interés y lobby.
17 Berry, J. M. Lobbying for the People. The Political Behavior of Public Interest Groups
Princenton, NJ, Princenton University Press, 1977.
23 En este sentido el Tribunal Supremo (16.9.2003, RJ 2003, 6836) no considera que exista nada
ilegal en que la Administración se reúna con unos y no con otros.
24 Villoria, M. (dir) y Revuelta, A. (coordinadora) (2015), Una evaluación del lobby en España:
Análisis y propuestas. Transparencia Internacional España. Pág. 30
25 Agudo, J., «Actuación material e informalidad. El ejemplo de la concertación con la
Administración», Revista Aragonesa de Administración Pública, núm. 41-42, 2013, pp. 123 y ss.
26 Cassese, S., «New Paths for administrative law: A manifesto», International Journal of
Constitutional Law (2012), 10 (3), pág. 4.
27 Schdmidt-Assmann, E., La Teoría General del Derecho Administrativo como sistema , INAP-
Marcial Pons, 2003, Madrid.
presión, algo que para García Pelayo «no solo es un hecho, sino que es parte de
un mecanismo necesario para el funcionamiento de la sociedad y del Estado de
nuestro tiempo»28, haría necesaria su inserción dentro del sistema29. De esta
manera, se trata de compaginar su actividad legítima con las garantías de
independencia y salvaguarda del interés general de los poderes públicos.
En este asunto nos encontraríamos ante la paradoja que aquellos que más
reacios son a la actuación de los grupos de presión son los menos partidarios de
regularlo, en una actitud que combina la «estrategia del avestruz» con el
cervantino «peor es meneallo»30. Mientras, son aquellos que observan con mayor
interés la participación de estos grupos en la vida política, incluidos los sujetos
de la misma, los que tratan de impulsar su regulación31.
De esta manera al abordar la regulación del lobby podemos observar hasta
cuatro modelos centrados en el sujeto activo de la presión:
El primer modelo comprende la no regulación, lo que conlleva que los
actores que desarrollan actividades de influencia y su actuación quede sometida
a la normativa general que puede afectar a este tipo de actividades como el
tráfico de influencias32, las incompatibilidades, las puertas giratorias, el conflicto
de intereses, etc. Los argumentos que sostienen la defensa de este modelo son
variados, pero fundamentalmente se apoyan en dos ideas principales: por un
lado, se piensa que la respuesta frente a la toma de decisiones fraudulenta por
parte de los funcionarios públicos es suficiente para abarcar esta realidad y hace
innecesario regulaciones específicas; por otro lado, se considera que regular los
grupos de presión implicaría otorgarles carta de naturaleza dentro del sistema
democrático.
El problema de este modelo podría resumirse con las conocidas palabras
hipotéticamente pronunciadas por Galileo Galilei, «eppur si muove». Es decir, la
actuación de los grupos es generalizada, y reconocida como tal, tanto por los
poderes públicos, como por las empresas33, y sus modos de actuar presentan
unas
28 García Pelayo, M. Constitución y grupos de presión en América Latina, UNAM. 1977. Pág. 22 29
Kelsen, H. Esencia y valor de la democracia. Labor. Barcelona. 1977. Pág. 43
30 Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Primera parte. Capítulo XX.
31 Una muestra de este fenómeno puede observarse en los debates constituyentes españoles. Tras
el voto particular introducido por D. Manuel Fraga (Boletín Oficial de las Cortes, num. 44, de 5 de enero
de 1978, págs. 698-699) se plantea un debate que se celebra en la sesión número 15 de la Comisión de
Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas,, 2 de junio de 1978 y está recogida en el Diario Sesiones.
[Link] (págs. 2910-2914)
32 En el caso español, como recuerda PONCE «la tipificación del tráfico de influencias se realiza
en los artículos 428-430 del Código penal», artículos que, como ya advertíamos en 2003 hacen de difícil
aplicación este tipo penal. La último reforma de 2015, que afecta también al ámbito de la negociación de
normas jurídicas, ha pretendido dar respuesta a este problema aún no sabemos con qué éxito.
33 Según una encuesta de Burson-Marsteller y Cariotipo en España el 56% de los políticos
entrevistados afirma hablar con lobistas y lo hace porque es su obligación atender a quien se lo requiere.
Además el 86% considera que el lobby contribuye al desarrollo político. Por el lado de los grupos de presión,
según un estudio encargado por la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) y
realizado por la Escuela Internacional de Comunicación (2017), todas las grandes empresas (100%), la
práctica totalidad de asociaciones profesionales (98%), el 90% de ONGs o el 80% de los Sindicatos realizan
estas actividades para
peculiaridades, que, de no afrontarse de manera específica, pueden generar
situaciones de abuso.
Unido habitualmente a este modelo de regulación, que hace referencia a la
regulación no específica, se encuentra el segundo modelo, que opta por la
autorregulación. Según el modelo de autorregulación, correspondería a las
asociaciones profesionales de lobistas establecer los requisitos necesarios para
ejercer la profesión. El modelo de autorregulación ha tenido peso, de manera
autónoma, en regulaciones de tradición anglosajona, y durante los últimos años
se ha convertido en un modo de actuación complementario al de registro.
Este modelo el del registro, cuyo origen se encuentra en Estados Unidos,
es el más extendido entre los países que optan por una regulación específica y
sería el tercer modelo. Sus elementos centrales habitualmente combinan el
establecimiento de un registro con un código de conducta para los grupos de
influencia y sus miembros. Es el modelo regulatorio habitual desde 1946
(Estados Unidos) y es el que ha adoptado, tanto la Unión Europea34, como la
OCDE en sus recomendaciones a los países miembros35. A día de hoy, lo han
asumido con ligeras modificaciones países como Australia (1983), Canadá
(1989), Polonia (2005), Hungría (2006), Israel (2008), Francia (2009), Eslovenia
y México (2010), Austria y Holanda (2012), Chile y Reino Unido (2014).
Este tipo de regulaciones tiene su principal problema en la definición del
sujeto activo y el establecimiento de la obligatoriedad de registro, que podría
colisionar con los derechos de participación política, o el establecimiento de
incentivos suficientes para el registro, en caso de que este sea voluntario.
El último modelo regulatorio implica el ejercicio de control sobre los
poderes públicos. La base de este modelo serían las agendas públicas. De esta
manera, serían los poderes públicos los obligados a informar sobre las personas
de las que han recibido acciones de influencia, así como del contenido de las
mismas. La peculiaridad de este modelo, también de regulación específica, sería
su concentración en la actividad y la atención al sujeto pasivo, el poder público.
Este modelo es novedoso y ha empezado a ser aplicado recientemente por Chile
(2014)36, que establece un sistema de registro en el que cualquier autoridad
pública debe dar cuenta, tanto de las audiencias de lobby, como de los viajes
influir en la regulación de las actividades sectoriales (98%) y mejorar el entorno de negocio de las compañías
(94%).
34 El Parlamento Europeo estableció su registro en 1995 (tal y como establecía el artículo 9.2 de su
reglamento), la Comisión hizo lo propio en 2008. Años después, 2011, se unificó el registro en el Registro
de Transparencia Europea, en el que el Consejo es un mero observador. Actualmente se encuentra en
marcha una reforma que, entre otras cosas, plantea la adhesión del Consejo a este Registro.
35 [Link]
36 Ley Núm. 20.730 regula el lobby y las gestiones que representen intereses particulares ante las
autoridades y funcionarios. ([Link]
es posible controlar las influencias que se han ejercido sobre cualquier ley o
decisión pública.
Tras sus primeros años, las críticas a esta ley, que de momento es única en
su modelo, tienen que ver con la existencia de una falla legal que permite a las
autoridades no registrar aquellas reuniones celebradas a petición propia, aunque
es un aspecto que no sería difícil de solucionar. Otra crítica, más de fondo,
señala el exceso de carga administrativa que esta ley genera en las autoridades
públicas, al trasladar el peso de los procesos burocráticos de las organizaciones
de influencia a las autoridades.
En resumen, podemos decir que, aunque el modelo de la regulación no
específica es mayoritario en el mundo, por la mera ausencia de legislación
específica, en los últimos diez años se está produciendo una incorporación
progresiva de distintos países al modelo regulatorio específico.
Esta regulación creciente se centra en la transparencia a través del registro
de los grupos de presión. La gran mayoría se centra en la transparencia del sujeto
activo y los recursos que emplean en estas actividades, a través de los informes
periódicos en los que deben dar cuenta, al menos, de las políticas públicas en
las que han tratado de influir, y de aquellos actores políticos con los que han
contactado con este fin.
Esta ha sido, en nuestra opinión, la causa de gran parte de los problemas
regulatorios del lobby desde la primera ley estatal norteamericana37, la Federal
Regulation of Lobbying Act of 194638, hasta los distintos intentos de regulación en
la Unión Europea39. De este modo, se produce una paradoja por la que, como
consecuencia de la dificultad de definir el lobby como sujeto de la regulación, la
apuesta por la transparencia de los lobbies puede no ser la manera más eficaz
de lograr la transparencia del ejercicio del lobby.
De ahi que sea necesario buscar otras respuestas. Estas pueden centrarse
tanto en las actividades desarrolladas, como en el sujeto pasivo de la presión, o
en ambas.
Para intentar dar respuesta a una cuestión tan compleja es necesario tratar
de adoptar perspectivas diferentes. En este trabajo, se propone centrar la
atención
37 [Link]
38 United States v. Harriss, 347 U.S. 612 (1954) salvó la constitucionalidad de la ley pero restringió
su aplicación de una manera sustancial.
39 La regulación del registro ha sufrido cambios continuos en los últimos años. En 1995 se
estableció el Registro del Parlamento Europeo, en 2008 la Comisión estableció su propio registro y ambos
se unificaron en 2011. Actualmente se encuentra sometida, de nuevo, a revisión, con una propuesta que
plantea hacer el registro unificado obligatorio e incorporar al Consejo al sistema de transparencia.
sobre las acciones de influencia que los grupos de presión desarrollan sobre los
distintos actores que participan en el proceso de toma de decisiones públicas,
siguiendo con la definición de Transparencia Internacional, y no en el perfil de
los que las llevan a cabo, (o al menos no exclusivamente).
Vamos a detenernos brevemente en la naturaleza de estas actividades. El
primer punto sería considerar el objetivo común de este tipo de acción: la
influencia en los poderes públicos. De este modo, encontramos, por ejemplo,
que esta intención forma parte habitual de la definición del lobby. Por ejemplo,
la ley 19/2014 de Transparencia de Cataluña habla de «actuaciones con finalidad
de influir en la orientación de las políticas públicas o en procesos de toma de
decisiones»40. Así lo señala también la definición utilizada por Transparencia
Internacional que define el lobby por su «finalidad de influencia en la toma de
decisión pública». El objetivo de influencia definiría entonces de manera clara
el campo en el que se debería mover la regulación. Esta influencia no solo suele
ser una forma eficaz, normalmente la más eficaz, de alcanzar sus objetivos por
parte de las organizaciones, sino que suele resultar imprescindible. Esto conlleva
que todas las organizaciones que pretenden cumplir con su función traten de
lograr ejercer la influencia, de manera directa o a través de terceros, y que este
elemento no nos permita establecer distinciones entre ellas, de cara a una
propuesta normativa.
El segundo punto es la naturaleza de los intereses defendidos, otro de los
elementos fundamentales que están detrás del debate sobre la regulación del
lobby. Existe una tendencia natural a distinguir entre los intereses privados y el
interés general, como recoge, por ejemplo, la definición de la Asociación
Profesional de las Relaciones Institucionales (APRI) que se refiere al «traslado
de intereses privados a las instituciones públicas». De esta manera, se trataría de
diferenciar entre la defensa de intereses privados, que sería el objeto del lobby, y
la defensa del interés público, propio de la participación política. Desde nuestro
punto de vista, se trata de una distinción tan habitual como inadecuada para
afrontar la regulación de este fenómeno. En primer lugar, porque cualquier
45 Jiménez Aparicio, E., «El procedimiento de elaboración de los anteproyectos de ley: la fase
gubernamental», en Menéndez, A. (Dir.) y Pau, A. (Dir. adjunto), La proliferación legislativa: un desafío
para el Estado de Derecho, Civitas-Colegio libre de eméritos, Madrid, 2004. Pp. 315 y ss
46 La propuesta planteaba añadir dos apartados más a este punto: se añadían dos párrafos1: «3. Las
Comisiones podrán recibir delegaciones de grupos legítimos de intereses, en sesiones que siempre tendrán
carácter público. 4. Una ley orgánica establecerá un sistema de control y registro para los grupos de intereses
que actúen de modo permanente». BOCG, núm. 44, de 5 de enero de 1978, pp. 698 y 699.
47 Las primeras se remontan a la IV Legislatura donde podemos localizar la Proposición de Ley
relativa al establecimiento por el Congreso de los Diputados de un Registro público de grupos de interés y
un Código Deontológico de los mismos (122/000151), Proposición no de Ley relativa al establecimiento
por el Congreso de los Diputados de un Registro público de grupos de interés y un Código Deontológico
de los mismos. (162/000238), Proposición no de Ley sobre la regulación de los grupos de interés
(162/000244). E incluso la Solicitud de creación de una Ponencia en el seno de la Comisión de Reglamento
para debatir el establecimiento de un Registro público de grupos de interés y sus normas de funcionamiento
(154/000046).
Pasarán los años, hasta la IX Legislatura, para volver a encontrar iniciativas parlamentarias en este
sentido, como Proposición no de Ley sobre creación de un registro de lobbies o grupos de intereses
(162/000007) de ERC-ICV (2008) y la Proposición no de Ley sobre creación de un registro de lobbies o
grupos de intereses. (161/000001).
El debate adquirió más fuerza fue durante la discusión de la Ley 19/2013,
de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen
gobierno, especialmente después de que el presidente del Gobierno Mariano
Rajoy, en el Debate del Estado de la Nación de febrero de 2013 señalara la
necesidad de una «regulación parlamentaria de las organizaciones de intereses
(los llamados lobbies), con medidas que clarifiquen cuáles pueden ser sus
actividades y cuáles deben ser sus límites»48. En la fase de enmiendas a dicha ley
todas las fuerzas políticas salvo el Grupo Parlamentario Popular, plantearon
enmiendas en el sentido de regular la actividad de estos grupos49.
En los últimos tiempos algunas Comunidades Autónomas han afrontado la
regulación del lobby y lo han hecho desde la perspectiva del poder ejecutivo así
Aragón se refiere a «cualesquiera de los cargos o autoridades del sector público
de Aragón, de las Instituciones y órganos estatutarios, así como de sus
empleados»50, Castilla y La Mancha a aquellos que pretenden «influir directa o
indirectamente en los procesos de elaboración de las políticas o disposiciones
normativas, en la aplicación de las mismas o en las tomas de decisiones de la
Administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de sus
organismos y entidades
La siguiente legislatura, la X, sería la más prolífica en propuestas de ese tipo y así encontramos una
Proposición no de Ley relativa a la creación de un registro general de intereses o «lobbies» (162/001103),
Proposición no de Ley para la creación de un registro de lobbies o grupos de intereses (162/000148) (2012)
del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA: La Izquierda Plural, Proposición no de Ley para la
creación de un registro de lobbies o grupos de intereses (161/000168), Proposición de reforma del
Reglamento del Congreso de los Diputados sobre regulación de la actividad de los grupos de interés o
lobbies (410/000011) y la Proposición de reforma del Reglamento del Congreso de los Diputados sobre
regulación de la actividad de los grupos de interés o lobbies (410/000010).
También en la XI Legislatura se presentó una Proposición de reforma del Reglamento del Congreso
así como una Proposición de reforma del Reglamento del Congreso de los Diputados para la creación del
Registro de los Grupos de Interés o Lobbies (410/000001).
48 Debate del Estado de la Nación, Mariano Rajoy, 20.2.2013. Disponible en:
[Link]
es/docs/default-source/default-document-library/[Link]?sfvrsn=0 (consultado: 3 de
noviembre de 2017)
49 El Grupo Mixto solicitaba «Un registro de representantes de grupos de interés….y que estos
elaboraran informes periódicos de sus actividades y financiación asi como de sus interlocutores públicos y
sus contribuciones de campaña no dinerarias y pagos en eventos a entidades (30).
La propuesta de ERC consistía en solicitar al Gobierno español la presentación ante el Congreso de
los Diputados, un Proyecto de Ley de Regulación de los grupos de interés o lobbies. … En esta regulación
se establecerá la creación de un registro de lobbies, la regulación de un código de conducta con fuerza legal,
las medidas de transparencia, publicidad y control que deben regirlos, así como las oportunas sanciones en
caso de incumplimiento (77 y 178).
Izquierda Plural solicitaba un Proyecto de Ley de Regulación de los grupos de interés o lobbies, que
entre otras cuestiones regule la creación de un registro de lobbies, la regulación de mecanismos de control
y transparencia de su actividad, así como la descripción de infracciones y su correspondiente régimen
sancionador (259).
UPYD hablaba Registros en cada administración y Código de Conducta (362).
CiU planteaba un Registro General de Intereses, siguiendo la normativa europea al respecto. El
Registro de Grupos de Interés dependerá de la Agencia Estatal de Transparencia, Evaluación de Políticas
Públicas y la Calidad de los Servicios. Y Código de Conducta (438).
50 Ley 5/2017, de Integridad y Ética Públicas de Aragón, art. 35
públicas vinculados o dependientes»51, Cataluña incluye «todas las actividades
realizadas con la finalidad de influir directa o indirectamente en los procesos de
elaboración o aplicación de las políticas y la toma de decisiones, con
independencia del canal o medio utilizado, incluyendo los contactos con
autoridades y cargos públicos, diputados, funcionarios y personal al servicio de
las instituciones…»52 o en la Comunidad Autónoma Valenciana, cuyo
Anteproyecto de ley habla de «Los cargos públicos y el personal empleado
público de la Administración de la Generalitat y de su sector público
instrumental, cualquiera que sea su régimen jurídico»53.
Más allá de la normativa específica, o la ausencia de ésta, en el ámbito
nacional habría que acudir a aquellas las restricciones que afectan a la conducta
de los empleados públicos y que se encuentran en el CP, en las normas de
función pública, con sus respectivas normas de régimen disciplinario, en las
reglas sobre abstención de las leyes reguladoras del procedimiento
administrativo y las normas de incompatibilidades.
Las primeras se refieren a los delitos cometidos por la adopción fraudulenta
de decisiones públicas, e incluiría los delitos de prevaricación, abuso de
a) Transparencia
54 «Una evaluación del lobby en España: Análisis y propuestas», Transparencia Internacional, 2014.
Pág. 103
reuniones y audiencias celebradas con autoridades, cargos públicos, miembros
electos o diputados, y de las comunicaciones, los informes y otras
contribuciones con relación a las materias tratadas»55
Lo que resulta interesante desde nuestra perspectiva, es que es necesario
ofrecer el detalle de las actuaciones de influencia de cualquier tipo, sobre las que
han pretendido ejercer acciones de influencia. El modelo del registro que
nosotros planteamos sería muy similar al contemplado anteriormente con la
única diferencia de que, según nuestra propuesta, el registro se basaría no en la
naturaleza de los grupos, sino en las actividades desarrolladas, de las que ya es
3. La huella normativa
57 «Una evaluación del lobby en España: Análisis y propuestas», Transparencia Internacional, 2014.
Pág. 75
la conformación de la voluntad pública del órgano,… relevante para la rendición
de cuentas, el conocimiento de la toma de decisiones públicas y su aplicación»58.
58 CI/006/2015, de 12 de noviembre
59 La normativa española plantea una dificultad en este sentido al establecer en el artículo
18.1.b) de la ley 19/2013, que la «información que tenga carácter auxiliar o de apoyo como la contenida
en notas, borradores, opiniones, resúmenes, comunicaciones e informes internos o entre órganos o
entidades administrativas» podrá no ser entregada en caso de solicitud de acceso a la información pública.
Desde entonces esta excepción ha sido utilizada con frecuencia por la administración lo que ha requerido
una intervención del Consejo de la Transparencia que en su criterio interpretativo CI/006/2015, de 12
de noviembre, ha señalado que la obligada justificación de la inadmisión de la solicitud de esta
información debe motivar la «condición principal de auxiliar o apoyo» de la información denegada, y no
basta para ello alegar su condición de nota, borrador, opinión, resumen o informe interno… Esto dejaría
fuera a aquellos documentos que a) contienen opiniones o valoraciones del autor y no manifiesten la
posición de un órgano o entidad, B8 cuando se trate de un texto preliminar o borrador, c) o información
preparatoria de la actividad, d) se refiera a comunicaciones internas que no constituyan trámites de
procedimiento y, por último, e) los informes no preceptivos que no hayan sido incorporados como
motivación de la decisión final.
El diseño estratégico incluiría actividades como la aprobación de
elementos, el asesoramiento a estas campañas, la contribución con estudios y
b) Códigos de conducta
60 Por todos el Code of Conduct in Annex 3 of the 2014 Interinstitutional Agreement on the
Transparency Register, de la Unión Europea.
64 Por todos: País Vasco: Ley 1/2014, de 26 de junio, Reguladora del Código de Conducta y de los
Conflictos de Intereses de los Cargos Públicos; Decreto 156/2016, de 15 de noviembre, sobre obligaciones
y derechos del personal cargo público. Cataluña: Acuerdo GOV/82/2016, de 21 de junio. LCAT 2016\325.
Aprueba el Código de conducta de los altos cargos y personal directivo de la Administración de la
Generalidad y de las entidades de su sector público, y otras medidas en materia de transparencia, grupos de
interés y ética pública.
o cualesquiera otras que puedan colisionar con este principio (2), absteniéndose
en aquellos asuntos en los que tengan un interés personal, así como de toda
actividad privada o interés que pueda suponer un riesgo de plantear conflictos
de intereses con su puesto público, (5) vigilarán la consecución del interés
general y el cumplimiento de los objetivos de la organización(8), no influirán en
la agilización o resolución de trámite o procedimiento administrativo sin justa
causa y, en ningún caso, cuando ello comporte un privilegio en beneficio de los
titulares de los cargos públicos o su entorno familiar y social inmediato o cuando
suponga un menoscabo de los intereses de terceros, (9) ejercerán sus
atribuciones absteniéndose de conductas que comprometan la neutralidad en el
ejercicio de los servicios públicos, (11) y guardarán secreto de las materias
clasificadas u otras cuya difusión esté prohibida legalmente, y mantendrán la
debida discreción sobre aquellos asuntos que conozcan por razón de su cargo,
sin que puedan hacer uso de la información obtenida para beneficio propio o
de terceros, o en perjuicio del interés público(12).65
Se establecen también una serie de principios de conducta, que en lo que
afecta a la actuación de los lobbies supondría administrar los recursos y bienes
públicos con austeridad, y no utilizar los mismos en provecho propio o de
personas allegadas (5)66.
3. Regalos y expectativas
En esta línea la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, a la que ya
nos hemos referido, señala que los funcionarios públicos «(N)o aceptarán
ningún
65 Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la
Ley del Estatuto Básico del Empleado Público. Art. 53
66 Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la
Ley del Estatuto Básico del Empleado Público. Art. 54
67 Título XIX del Código Penal, Delitos contra la Administración Pública (419-424).
trato de favor o situación que implique privilegio o ventaja injustificada, por
parte de personas físicas o entidades privadas»68, y más adelante «se rechazará
cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que vaya más allá
de los usos habituales, sociales y de cortesía, sin perjuicio de lo establecido en
el Código Penal»69.
También lo hace la Ley de transparencia, cuando en su Título II, referido
al buen gobierno impone como principio de actuación el que los miembros del
Gobierno y altos cargos de la Administración General del Estado: «No
aceptarán para sí regalos que superen los usos habituales, sociales o de cortesía,
ni favores o servicios en condiciones ventajosas que puedan condicionar el
desarrollo de sus funciones. En el caso de obsequios de una mayor relevancia
institucional se procederá a su incorporación al patrimonio de la Administración
Pública correspondiente, (6) ni se valdrán de su posición en la Administración
para obtener ventajas personales o materiales. (9)70»
Así aunque del tenor literal de estos artículos se podría deducir la
prohibición absoluta de recibir regalos, la realidad es que, aunque hay una
censura clara ante los regalos cuando implican alguna actuación activa por parte
del funcionario, en cambio, en algunos sectores se considera normal la
aceptación de pequeños obsequios, invitaciones a comidas, etc., cuando,
aparentemente, no se está directamente implicado en la toma de decisiones. Esta
práctica habitual de aceptar determinados presentes de escaso valor o
invitaciones, por ejemplo a comer, hace que la regulación vaya más allá,
admitiendo que los empleados públicos aceptan determinados regalos, y
estableciendo cautelas adicionales y mecanismos de control.
c) Participación
1. Consejos Consultivos
Existen otras vías, más indirectas, que pueden también contribuir a mejorar
la transparencia de las actuaciones de los grupos de interés. Se tratar de las
normas que regulan la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones.
Desde los años noventa, se ha asentado en España un modelo asimétrico de
68 Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto básico del empleado público. Art. 53.7.
69 Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto básico del empleado público. Art. 54.6.
70 Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y
buen gobierno, Título II, artículo 26.2.b).
ciertos comités, consejos, grupos de expertos o foros que influyen en las
regulaciones sectoriales, foros a los que también tienen acceso por distintas vías
los grupos de interés.
Este modelo de participación institucional, inspirado en las teorías de
democracia deliberativa Habermasiana, se apoya en este tipo de órganos
colegiados como mecanismo para canalizar los distintos intereses y facilitar la
interacción de distintos actores.
Como recoge Cerrillo, la figura del órgano colegiado, puede constituir un
buen mecanismo a través del cual hacer frente a la institucionalización a la que
se refiere Habermas al afirmar que «el desarrollo y la consolidación de una
política deliberativa, la teoría del discurso los hace depender, no de una
ciudadanía colectivamente capaz de acción, sino de la institucionalización de los
correspondientes procedimientos y presupuestos comunicativos, así como de la
interacción de deliberaciones institucionalizadas con opiniones públicas
desarrolladas informalmente»71.
En España estos consejos consultivos se regulan dentro de los órganos
colegiados definidos como aquellos creados formalmente e integrados por tres
o más personas, «a los que se atribuyan funciones administrativas de decisión,
propuesta, asesoramiento o control, y que actúen integrados en la
Administración General del Estado o alguno de sus Organismos públicos»72. El
problema reside en que a pesar de la normativa básica aplicable73, el artículo 15.2
matiza que «(L) os órganos colegiados de las distintas Administraciones Públicas
en que participen organizaciones representativas de intereses sociales… podrán
establecer o completar sus propias normas de funcionamiento»74.
De esta forma hoy en día existen en España más de 90 consejos de este
tipo, permanentes o ad hoc, vinculados a la AGE que cuentan con estructura,
composición, funcionamiento y funciones diversas y poco claras que en la
práctica se muestran incapaces de responder al objetivo de hacer llegar los
intereses sociales a las administraciones públicas y evitar los riesgos que podría
causar una posición privilegiada de los grupos de presión.
75 Informe del grupo Mandelkern sobre mejora de la regulación (2011). Disponible en:
[Link] (consultado
el 3 de noviembre de 2017). Pág. 10
76 Informe del grupo Mandelkern sobre mejora de la regulación (2011). Disponible en:
[Link] (consultado
el 3 de noviembre de 2017). Pág. 27
77 Ley 19/2014, de 29 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen
gobierno, art. 47.2
78 Art. 133 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las
Administraciones Públicas, y art. 26 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno.
legítimos afectados por un proyecto normativo ya redactado, directamente o a
través de las organizaciones o asociaciones que los representen, así como
obtener cuantas aportaciones adicionales puedan realizar otras personas o
entidades79. En el caso del trámite de información pública resulta potestativo,
por lo que el órgano resolutorio puede acordar o no su apertura, en función de
la naturaleza del procedimiento80.
No es la única posibilidad de participación de los ciudadanos puesto que
las Administraciones Públicas podrán establecer otras formas, medios y cauces
de participación de las personas, directamente o a través de las organizaciones
y asociaciones reconocidas por la ley en el procedimiento en el que se dictan los
actos administrativos81.
En este sentido la web se presenta como la plataforma preferente para
facilitar estos instrumentos que son participativos, en cuanto que son condición
sine qua non para el ejercicio de la participación. Esto implica que el Portal de
Transparencia ofrezca información actualizada de todas las iniciativas
normativa, el estado de tramitación y los procesos de participación abiertos, así
como la forma y condiciones para ejercer la participación en los mismos.
El citado informe Mandelkern, señala como es mejor consultar a
demasiados que a pocos: «Es de suma importancia que la consulta, dejando
aparte casos excepcionables y específicos (por ejemplo, cuestiones de seguridad
nacional), no se limite a un grupo específico. Depende del sector consultor el
decidir qué personas deberían ser consultadas, aunque, por lo general, es
necesario dirigirse a una gama amplia de actores (no solamente los «sospechosos
habituales»). La consulta basada en Internet es un medio de garantizar la
difusión de información al mayor número posible de interesados».82
Para convertir este mecanismo en otra vía de participación abierta
verdaderamente a todo tipo de intereses se deberían modificar una serie de
han impulsado el uso de este derecho para la influencia política, que puede ser
aprovechado por los grupos de presión.
Por un lado su tardía regulación83 y por otro la creación, en el contexto
tecnológico actual, de las plataformas de peticiones ciudadanas, desvinculadas
de momento de las formas de ejercicio de este derecho que a través de
plataformas como [Link] o [Link], entre otras, permiten al ciudadano
una herramienta de participación para reclamar cambios.
El ejercicio de este derecho, tanto para el inicio del procedimiento de
elaboración de un anteproyecto de ley, como para la aprobación de reglamentos
es susceptible de control judicial. Así lo ha señalado la jurisprudencia del TS
cuando señala que no es rechazable de entrada una pretensión de condena a la
elaboración y promulgación de un reglamento, que tendrá base cuando haya una
obligación legal de dictarlo y cuando la no existencia de la regulación provoque
«la implícita creación de una situación jurídica contraria a la Constitución o al
ordenamiento jurídico»84.
***
Title: The activity of Lobbies and the Executive: a legal solution further than the registration
Abstract: The Regulation of lobbies has always found many difficulties for definition, application and
eficiency. This regulation has been focusing historically on identifying the key actors undertaking lobbying activities
and applying transparency to both their organization and their activities. In our opinion, this legislative model,
which comes from the American legislation on lobbying of 1946, is inefficient and insufficient as it typically leaves
out key actors that undertake lobbying activities. Our preferred option is to regulate this field by focusing on the
activities and not on the actors, and to search for means that far from adding more difficulties to the lobbying
activity, which converts it into something reserved only for the few with more resources, make it an easy activity for
all.
Resumen: La regulación de los grupos de presión a lo largo de la historia presenta dificultades de definición,
de aplicación y de eficacia. Esta regulación se ha centrado históricamente en identificar a aquellos que
85 Shapiro, M. «Equality and diversity», European Review of Public Law, vol. 11, núm. 2, 1999, p.
400
realizan estas labores de influencia y aplicar la transparencia tanto a su organización como a sus actividades. En
nuestra opinión este modelo, hijo de la legislación norteamericana de 1946 es ineficaz e insuficiente, al dejar fuera
organizaciones y sujetos que realizan este tipo de actividades. Abogamos por centrar la regulación en las actividades
y no en los sujetos que las desarrollan y buscar otros caminos que lejos de dificultar la acción de lobby, que convierte
esto en algo reservado a aquellos que cuentan con más recursos, facilite las acciones de influencia a través de
instrumentos institucionalizados
Key Words: Transparency; Lobby; Participation; Information.
Palabras clave: Transparencia; Grupos de presión; Grupos de interés; Cabildeo; Participación;
Información.
Fecha de recepción: 15.05.2017 Fecha de aceptación: 26.07.2017
Historical patterns of behavior play a foundational role in Bentley’s conceptualization by providing the institutional context in which political groups operate. He suggests that past behaviors establish norms and rules that influence how groups organize, interact, and exert power, thus shaping the political landscape . These patterns ensure continuity while allowing adaptation, enabling groups to maneuver within established frameworks and affecting the predictability of their actions . Such historical continuity offers groups a reference point for strategic behavior while shaping the structure of opportunities and constraints within which they operate .
Arthur Bentley emphasized the reciprocal nature of political dynamics where not only does the government influence underlying social activities, but these activities significantly shape government actions. He argued that political power is derived from specialized group activities, where interest concentration and intensity enable certain minority groups to direct or oppose others effectively . Bentley viewed the process of government as shaped by constant interaction among various pressure groups and highlighted how institutional patterns of behavior persist but are flexible enough to recombine based on interests . This dual directional influence reflects his broader perspective that power is articulated not just by government, but through the energy and organization of social activities .
Bentley’s theory relates to the concept of political elites by highlighting how elite groups, often minority ones with concentrated interests, can effectively guide policy and governance. This relationship implies that democratic governance is not purely majoritarian but shaped by the activities and interests of organized elite groups . Bentley’s perspective suggests that despite notions of democratic equality, power disparities persist due to the strategic operation of elite factions within political systems . This recognition calls for a critical examination of how democratic systems can be reformed to ensure broader participation and mitigate elite dominance, ensuring that power is more equitably distributed .
Bentley’s theories inform our understanding by positing that governance is a function of balancing diverse collective interests that are organized into pressure groups. He challenges the idea that governance solely reflects individual interests, instead emphasizing that it is more accurately a negotiation among organized groups representing collective interests . This balance suggests that policies emerge from the interaction and compromise between these groups, each striving to impose their collective will, rather than from a simplistic aggregation of individual preferences . Hence, understanding group dynamics is crucial in analyzing how public policy aligns with both collective and individual interests .
Bentley’s perspective implies that political reform and change are driven by shifts in the activities and interactions of interest groups rather than by state-led initiatives alone. It suggests that effective reform must consider the dynamic interplay of entrenched group interests and the capacity for new groups to emerge and influence the political process . This view highlights that change occurs through the alteration of group alignments and strategies, as well as through the gradual restructuring of norms and institutions shaped by historical and cultural factors . Hence, reform efforts must engage with the underlying power relations among groups to facilitate genuine change .
Bentley's view suggests that formal political institutions have inherent limitations because they are not the sole drivers of policy and decision-making. Instead, they are significantly influenced and even constrained by the activities and power of various interest groups that operate both inside and outside these institutions . This perspective indicates that institutional decisions are not merely products of bureaucratic or representative processes but also reflect the negotiated outcomes of competing social group interests . Consequently, it underscores the necessity for political institutions to engage with and adapt to these external influences to remain effective and representative .
Bentley's ideas imply that transparency and regulation of lobbying practices should account for the complex interplay between formal governmental actions and the activities of various interest groups. His view suggests that such groups wield significant power in shaping policy, therefore, transparency measures must illuminate these interactions to ensure accountability and democratic integrity. Regulation should focus on detailing the activities of these groups, their influence on decision-making processes, and how they leverage power both within governmental frameworks and in public arenas . The emphasis on transparency would involve regular disclosures of lobbying activities, ensuring that the influence exerted by groups like corporate entities does not circumvent democratic processes .
Interest intensity and concentration are crucial in Bentley’s analysis as they often determine a social group's efficacy in political processes. While numerical size can indicate potential influence, Bentley emphasizes that minority groups with high-intensity interests can outperform larger, less-focused groups by effectively mobilizing their resources and strategies to steer policy directions . This suggests that the effectiveness of a group in shaping political outcomes is more about the coherence and strength of its interests than simple numerical strength, highlighting the strategic advantages of well-organized and focused interest groups .
Bentley's concept of 'two directioned' power challenges traditional views by suggesting that government is not the sole force in policy-making; instead, it is shaped by the activities and influence of various social groups. He posits that power is not unilaterally exercised by the government over society; rather, societal activities influence and sometimes dominate governmental actions . This viewpoint challenges the conventional notion of government as the primary locus of power by introducing the idea that real political power derives from the organized efforts of interest groups capable of shaping policy from both inside and outside the formal political structure .
Bentley's approach provides a framework by emphasizing the interaction and influence of interest groups both within and outside formal government structures. He sees political processes as driven by the activities of groups representing diverse interests, each exerting influence to further their goals, thereby affecting legislation and policy. Bentley highlights the capacity of these groups to adjust and reorganize according to current interests, which reflects the dynamic nature of democratic systems where multiple actors compete for influence and power . This understanding underscores the importance of examining how interest groups shape political outcomes through institutional channels and societal influence .