Franco Dellacasa. 45.476.
965
1.a.
En primer lugar, definiremos la “inferencia a la mejor explicación” (IME) e identificaremos la
“abducción” con su “fase inventiva”. En segundo lugar, mostraremos el vínculo existente entre la IME
y el realismo científico, siguiendo la perspectiva de Azar en ¿Conduce la Inferencia a la mejor
explicación necesariamente al realismo científico? Finalmente, relacionaremos lo exhibido
anteriormente con la distinción entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación,
ofreciendo una breve exposición de las posiciones sostenidas por los filósofos clásicos de la ciencia y
contrastándola con la perspectiva de Hanson y Rodriguez.
Tal como la concebimos, la IME es una forma de inferencia científica que consta de dos fases:
una “inventiva” y otra “selectiva”. En la primera de ellas, ante un fenómeno sorprendente que los
científicos buscan explicar, estos producen un lote de hipótesis plausibles que intentan dar cuenta de
la naturaleza de aquel evento. Esta fase inventiva, no es otra cosa que lo que Rodríguez llama
abducción, que consiste en la propuesta de hipótesis que mejor se ajustan a los datos empíricos
disponibles, es decir, que mejor explican los datos (2015, p.1). A la luz de esta definición, resulta clara
la identificación entre la fase inventiva de la IME y la abducción. La “fase selectiva” es la selección
de la “mejor explicación” dentro de ese lote de explicaciones plausibles, lo cual se da en virtud de la
ponderación entre las virtudes explicativas que cada una de ellas posee; es decir, la mejor explicación
es aquella “que posee en mayor medida que sus rivales ciertas virtudes explicativas especialmente
privilegiadas por el científico o por la comunidad científica a la cual pertenece” (Azar, 2020, p.81).
Ahora bien, tradicionalmente, se ha asociado a la IME con el realismo científico. Esto se debe
a que el principal argumento realista es el argumento del no milagro (ANM), el cual tiene la forma
inferencial de una IME. Este parte de la premisa de que la ciencia es exitosa (es decir, que permite
realizar predicciones y retrodicciones precisas), y supone que la mejor (y única) explicación para ese
éxito es que las teorías científicas son verdaderas o aproximadamente verdaderas; ya que, si fueran
falsas, la ciencia sería exitosa por azar, lo que sería un “milagro”.
Resulta claro que el ANM tiene la forma de una IME, y que tiene una conclusión realista. Sin
embargo: ¿Necesariamente toda IME conduce al realismo científico? Siguiendo a Azar, sostenemos
que no, que la IME es simplemente una forma de inferencia científica, un “procedimiento neutral”
(2020, p.87) que, aplicado al nivel metacientífico, resultará cargado de supuestos realistas o
antirrealistas (conduciendo a conclusiones de un tipo u otro) en base a la actitud epistémica que posea
quien emplee este mecanismo inferencial, la cual lo llevará a ponderar unas u otras virtudes
explicativas a la hora de determinar cuál es la mejor explicación del lote obtenido por abducción.
Sin embargo, la IME tampoco debe aplicarse necesariamente al nivel metacientífico, es
simplemente un procedimiento en el que, ante la necesidad de explicar un fenómeno, se piensan varias
hipótesis plausibles (abducción) y es seleccionada la mejor de ellas (en función de las virtudes
explicativas ponderadas por el científico).
Ahora bien: ¿Qué pensarían los filósofos clásicos de la ciencia de la IME?
Franco Dellacasa. 45.476.965
Para la concepción clásica de la filosofía de la ciencia, la “mejor explicación” de un fenómeno
sorprendente no es aquella que es seleccionada de un lote de hipótesis plausibles debido a las virtudes
explicativas ponderadas por los científicos.
Según quienes sostienen esta concepción, la abducción se enmarcaría dentro del “contexto de
descubrimiento” de las hipótesis; y en tanto consideran que la tarea de la filosofía de la ciencia es el
análisis lógico de las teorías científicas, esta debe ocuparse de cómo se justifican o contrastan las
hipótesis, es decir, de su “contexto de justificación”. Para estos filósofos carece de importancia el
orígen de las hipótesis, puesto que consideran que no existe una lógica para descubrir las leyes
científicas, sino que estas se descubren debido a cuestiones históricas, sociológicas o psicológicas que
nada tienen que ver con la filosofía de la ciencia. Este último punto será puesto en cuestión por
Hanson, quien afirma que la sugerencia original de un tipo de hipótesis es a menudo un asunto
razonable; no es tan dependiente de la intuición, corazonadas y otros factores imponderables (2014,
p.8).
Así, autores como Hanson o Rodríguez, reivindican el papel que asume el razonamiento
abductivo en la metodología científica, contribuyendo a la rehabilitación del contexto de
descubrimiento en la filosofía de la ciencia (Rodríguez, 2015, p.1).
1.b.
El método hipotético deductivo (MHD), es el método de contrastación de hipótesis utilizado
por los filósofos de la concepción clásica de la filosofía de la ciencia, para ellos, en tanto consideraban
que la tarea de su disciplina era el análisis lógico de las teorías científicas, la aplicación de este
método era la única forma de hacer filosofía de la ciencia.
En este método, la distinción teórico-observacional es fundamental, puesto que la
contrastación de las hipótesis depende de las consecuencias observacionales que de ella se
desprenden, es decir, de ciertos enunciados singulares que sólo poseen términos observacionales y que
se deducen de la conjunción entre la hipótesis, las condiciones iniciales, las hipótesis auxiliares y la
ceteris paribus.
Si la consecuencia observacional resulta falsa, podemos descartar la hipótesis o intentar
salvarla con una hipótesis ad hoc (culpando a una de las hipótesis subsidiarias del resultado negativo
de la contrastación). Sin embargo, si tenemos una hipótesis que tiene muchas consecuencias
observacionales verdaderas, podemos decir o bien que la hipótesis se confirmó o bien que se
corroboró; en el primer caso estaríamos aplicando un razonamiento inductivo, según el cual la
hipótesis se vuelve más probable cuantas más consecuencias observacionales resultan verdaderas, en
el segundo caso simplemente estaríamos afirmando que esta no fue refutada.
Ahora bien, como afirma el dicho popular, parece que esta cuestión se dirime en torno a si
elegimos ver el vaso “medio lleno” o “medio vacío”.
Franco Dellacasa. 45.476.965
Viendo el vaso medio lleno, podemos afirmar que la adopción del MHD apoya la perspectiva
del realismo científico, ya que la confirmación de una hipótesis no dista del supuesto realista de que el
éxito de las teorías científicas yace en que estas son aproximadamente verdaderas. Sin embargo,
viendo el vaso medio vacío, podemos afirmar que la adopción del MHD desafía esta perspectiva, en
tanto nos condena a no poder afirmar que una hipótesis es verdadera, sin importar el éxito explicativo
o la cantidad de consecuencias observacionales verdaderas que tenga, sino que debemos
conformarnos con afirmar que esta se confirmó (que es probable) o simplemente con que no se refutó.
2.a.
Hanson, comienza Patrones de descubrimiento preguntándose si dos personas con
cosmovisiones distintas, como Tycho Brahe (quien sostiene el modelo tychónico) y Kepler (quien
sostiene el modelo copernicano), ven lo mismo al mirar el amanecer. El filósofo discute aquella
posición clásica que sostenía que ambos “ven lo mismo, pero lo interpretan distinto”, y afirma que la
interpretación no es un momento que se da posteriormente a la visión, sino que “las teorías y las
interpretaciones están «allí», en la visión, desde el principio” (1989, p.87).
Por otro lado, el autor explica que podemos aprender a organizar lo que observamos, esto lo
muestra con las figuras de perspectiva reversible de la Gestalt, en las que podemos visualizar distintas
figuras dentro de un mismo dibujo, en base a cómo configuremos la información. Adicionalmente,
Hanson destaca que el contexto nos puede ayudar a configurar la información de una manera u otra, y
que este puede ser de carácter lingüístico. Esto resulta fundamental para introducir aquello que los
filósofos de la ciencia llaman “carga teórica de la observación”, recordemos que el punto de partida
del texto era si dos personas con cosmovisiones distintas veían algo diferente al observar el atardecer.
Ahora bien, si el contexto que define la configuración de nuestra experiencia es lingüístico, y, tal
como sostienen los filósofos clásicos de la ciencia, las teorías no son otra cosa que lenguaje
(conjuntos de enunciados que describen y/o explican los fenómenos); entonces nuestro conocimiento
teórico acerca del mundo condiciona nuestra experiencia del mismo o, dicho de otra manera, “la
visión es una acción que lleva una «carga teórica»” (Hanson, 1989, p.99).
Esta idea hansoniana será retomada por Kuhn en su concepción de los paradigmas científicos.
Kuhn emplea esta noción en 2 sentidos. Por un lado, llama paradigma a los “logros científicos
universalmente aceptados que durante algún tiempo suministran modelos de problemas y soluciones a
una comunidad de profesionales” (1971, p. 14-15). Sin embargo, emplea aquel término con más
frecuencia para referirse a “todo lo que comparte una comunidad científica".
Ahora bien, podría decirse que el punto de partida de Kuhn fue, en cierto sentido, similar al de
Hanson, ya que este afirma haber dado con la noción de paradigma ante su sorpresa por el nivel de
desacuerdo existente entre los científicos sociales. Entonces, mientras que Hanson afirma que los
desacuerdos entre científicos se dan puesto que estos no suscriben a las mismas teorías científicas,
Franco Dellacasa. 45.476.965
Kuhn manifiesta que estos desacuerdos son producto de que los científicos no comparten un mismo
paradigma.
Dadas estas similitudes, afirmamos que puede integrarse la perspectiva de Hanson acerca de
la carga teórica de la observación a la idea kuhniana de los paradigmas científicos. No obstante,
debemos tener en cuenta que, en rigor, Hanson teoriza acerca de la observación. Se refiere a que dos
científicos que tienen cosmovisiones distintas ven literalmente un mismo hecho de la experiencia de
manera distinta; mientras que Kuhn sostiene que científicos que no comparten un mismo paradigma
ven el mundo de manera distinta en términos metafóricos, no se refiere puntualmente a la
observación. Además, cabe destacar que la tesis kuhniana tiene un nivel de generalidad mayor que la
hansoniana, es más abarcativa, puesto que los científicos que comparten un mismo paradigma, tienen
necesariamente los mismos compromisos teóricos, instrumentales, metafísicos y metodológicos;
mientras que los que comparten una teoría, sólo es necesario que tengan ciertos compromisos teóricos
en común.
2.b.
En orden de responder a lo solicitado, debemos profundizar un poco más sobre la concepción
kuhniana de la historia de la ciencia, según la cual existe cierto patrón que se repite luego del período
preparadigmático, que consta de períodos de ciencia normal, a los que le siguen períodos de crisis que
devienen en revoluciones científicas que resultan en cambios de paradigmas.
El período preparadigmático se caracteriza por el diálogo entre distintos científicos o escuelas
de científicos aisladas, y termina cuando alguna de esas escuelas llega a formar una comunidad
científica, es decir, cuando se establece un paradigma. Allí, comienza un período de la ciencia normal,
en el que la comunidad científica está gobernada por las reglas de un paradigma y sus integrantes se
dedican a la resolución de “rompecabezas” (puzzles). Si bien puede resultar extraño que la tarea del
científico sea “resolver rompecabezas”, Kuhn lo plantea en estos términos para hacer énfasis en que
cuando haces un experimento lo que se testea es la habilidad de los científicos, y no así la verdad de
una teoría; los rompecabezas no pueden estar mal, lo que está en juego es la destreza para resolverlos,
lo que denota que en estas etapas los paradigmas no son cuestionados en lo absoluto. Esto en algún
punto cambia, cuando un conjunto de “jóvenes” científicos no muy formados en el paradigma
empiezan a prestarle especial atención a las anomalías, es decir, a los fenómenos que violan las
expectativas generadas por el paradigma. Como adelantamos, gradualmente, este período de crisis
deviene en una revolución científica, que a su vez resulta en un cambio de paradigma, entrando en
otro período de ciencia normal.
Ahora bien, en lo que refiere al progreso científico, Kuhn sostiene algo que, bajo nuestra
comprensión de la dinámica de la ciencia y del avance científico, puede resultarnos contraintuitivo.
Afirma que no existe un progreso objetivo en la ciencia. Esto se debe a su tesis de la
inconmensurabilidad, según la cual no existe una base objetiva sobre la cual realizar comparaciones
Franco Dellacasa. 45.476.965
neutrales y concluyentes entre paradigmas sucesivos; los paradigmas son incomparables, por lo que
no podemos afirmar que uno es mejor que otro en ningún aspecto (por ejemplo, no podemos afirmar
que nuestra medicina sea mejor que la de los griegos).
Además, según Kuhn, solamente existe progreso acumulativo en los períodos de ciencia
normal (en los que se resuelven cada vez más rompecabezas), pero este progreso no se dirige hacia la
verdad ni hacia ninguna meta preestablecida, este es simplemente es una evolución a partir del estado
de conocimiento “previo” de la comunidad científica (1971, p.285). Progresamos en relación a lo que
sabíamos anteriormente, y no en pos de alcanzar un fin; lo que no tendría sentido alguno para Kuhn,
puesto que cuando se produce una revolución científica, se descarta todo puzzle resuelto en el
paradigma anterior.
En fin, según la concepción kuhniana, no existe un progreso objetivo en la ciencia debido a la
inconmensurabilidad existente entre paradigmas sucesivos, lo que si bien es coherente en el marco de
su desarrollo sobre las revoluciones científicas, nos resulta profundamente contraintuitivo dada
nuestra nuestra convicción en el progreso acumulativo de la ciencia.
Bibliografía utilizada.
- A. Azar,R.M. (2020). ¿Conduce la inferencia a la mejor explicación necesariamente al
realismo científico?Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia,20(40),61-92.
- C. Rodríguez, A. R. (2015). La abducción en las ciencias observacionales y teóricas. Algunos
ejemplos de IBE en paleontología y cosmología. Revista de Filosofía, 40(2), 143-153.
- [Link],N.R. (2014). Is There Logic Of Scientific Discovery?[¿Hay una lógica del
descubrimiento científico?] In Philosophy, Science, and History (pp.220-234).Routledge.
- D. Hanson, N. R. (1989). Observación. Olivé, León y Ana Rosa Pérez Ransanz (1989,
comps.), Filosofía de la ciencia: teoría y observación, México: Siglo XXI Editores/UNAM,
216-252.
- H. Kuhn, T. S. (1971). La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de
Cultura Económica.