Alexia Sofía Frausto Alvarez
Capitulo 3. Derecho a la identidad.
Articulo19. Niñas, niños y adolescentes, en términos de la legislación civil aplicable, desde
su nacimiento, tienen derecho a
Fracción IV. Preservar su identidad, incluidos el nombre, la nacionalidad y su pertenencia
cultural, así como sus relaciones familiares.
El maestro Juan ha sido asignado a una plaza en la comunidad indígena Ódami,
ubicada en San Bernardino de Milpillas Chico, en la Sierra Madre Occidental de
Durango. En esta comunidad, la lengua materna es el tepehuán del sur, aunque
algunos habitantes también hablan español.
Al llegar, Juan desconoce la cultura, las tradiciones y la dinámica comunitaria,
pues no recibió ninguna preparación previa para trabajar en una comunidad
indígena. Al notar que algunos pobladores hablan español, asume erróneamente
que todos los niños son bilingües.
Al iniciar clases, se enfrenta a la modalidad multigrado, con alumnos de segundo,
tercero y quinto grado. Desde el primer día, decide impartir todas las clases en
español, sin considerar la lengua materna de los niños. Como resultado, los
alumnos de quinto grado logran comprenderlo, pero los de segundo y tercero
tienen grandes dificultades, pues su dominio del español es limitado.
Con el tiempo, los niños más pequeños se atrasan significativamente, ya que no
entienden del todo las explicaciones ni las instrucciones del maestro. Además, ha
optado por enseñarles y promover la cultura en la que él fue educado, en un
contexto urbano. Juan se niega a aprender la lengua tepehuana y prohíbe a los
niños hablar en su idioma dentro del aula; e incluso castiga a los estudiantes por
no actuar conforme a lo que él ha establecido según su cultura. Su argumento es
que él está promoviendo la “interculturalidad” al sumergir a los niños en una
cultura diferente para que la conozcan; incluso cuando “no le pagan lo suficiente”
por hacerlo. Además, dice que en dos años será reasignado a otro lugar, por lo
que no considera necesario hacer un esfuerzo por adaptarse.
Alexia Sofía Frausto Alvarez
Capítulo Quinto. Del Derecho a la Igualdad Sustantiva
Artículo 36. Niñas, niños y adolescentes tienen derecho al acceso al mismo trato y
oportunidades para el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y las
libertades fundamentales.
Jaime, el niño cuya religión es Testigo de Jehová, no ha saludado a la bandera durante el
acto cívico ya que en su casa le han enseñado que es un acto pagano venerar a otro
objeto que no sea a su Dios. La maestra, conociendo que la escuela es totalmente laica,
obliga a Jaime a saludar a la bandera, él temeroso baja la mano pues él realmente es fiel
a lo que sus padres le han enseñado.
La maestra Zaira, molesta, castiga a su alumno dejándolo sin descanso por no acatar las
indicaciones correspondientes, ya que su religión no debe impedir su participación en
actividades escolares.
Jaime se queda en el salón sin receso, y analiza cuál es el principio que debe de seguir,
el de sus padres o el de la maestra. Se siente confundido por no saber como actuar.
Aquí se le esta discriminando y limitando su acceso a su derecho al descanso, por seguir
y actuar conforme a la religión que le han impuesto y con la que lo han educado.
Alexia Sofía Frausto Alvarez
Capítulo Octavo
Derecho de Acceso a una Vida Libre de Violencia y a la Integridad Personal
Artículo 46. Niñas, niños y adolescentes tienen derecho a vivir una vida libre de toda
forma de violencia y a que se resguarde su integridad personal, a fin de lograr las mejores
condiciones de bienestar y el libre desarrollo de su personalidad.
Analí es una adolescente apasionada por la cultural asiática, en sus ratos libres disfruta
leer mangas y hacer fanedits para su página en internet. En su salón, sus compañeros la
excluyen y le han llamado “la otaku apestosa” demostrando desprecio por sus gustos.
Una chica, ha sobrepasado ese acoso y le ha llenado su banca de mensajes
discriminatorios como: “Nadie te quiere por otaku”, “báñate, Anali-chan”. Harta de los
tratos de sus compañeros hacia ella, platica con la docente tutora de su grupo para que
ponga un alto a sus compañeros. La docente Gabriela, se lo toma a broma y le aconseja
que deje de consumir ese tipo de contenido para que el acoso cese.
La estudiante opta por comenzar a fingir que la cultura asiática ya no es de su agrado, sin
embargo, sus compañeros siguen con el acoso y la exclusión argumentando que ella
siempre será la rarita del salón, aunque cambie su forma de ser. La maestra por su parte,
no quiere meterse en problemas con sus estudiantes por lo que opta no intervenir en la
situación.