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Humanistas y Reforma en Francia

El capítulo aborda la Reforma en Francia, destacando la falta de líderes prominentes en comparación con otros países, y cómo el protestantismo se infiltró lentamente durante el reinado de Francisco I. Se mencionan figuras clave como Jacques Lefévre, Guillermo Briconnet y Guillermo Farel, quienes promovieron ideas reformistas a pesar de la oposición de la Sorbona y la persecución. A pesar de los esfuerzos de los hugonotes y la política oscilante de los reyes, el protestantismo continuó creciendo, culminando en eventos trágicos como la Matanza de San Bartolomé en 1572.

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Humanistas y Reforma en Francia

El capítulo aborda la Reforma en Francia, destacando la falta de líderes prominentes en comparación con otros países, y cómo el protestantismo se infiltró lentamente durante el reinado de Francisco I. Se mencionan figuras clave como Jacques Lefévre, Guillermo Briconnet y Guillermo Farel, quienes promovieron ideas reformistas a pesar de la oposición de la Sorbona y la persecución. A pesar de los esfuerzos de los hugonotes y la política oscilante de los reyes, el protestantismo continuó creciendo, culminando en eventos trágicos como la Matanza de San Bartolomé en 1572.

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CAPÍTULO 6

LA REFORMA EN FRANCIA:
Los humanistas

El protestantismo en Francia no surgió bajo la dirección de ningún líder destacado como lo


fueron Martín Lutero en Alemania y Ulfco Zwinglio en Suiza. La nueva fe se infiltró, más bien,
del extranjero durante el reinado de Francisco I, quien era el rey de Francia cuando Lutero clavó
sus Noventa y cinco tesis en Wittenberg.
Francisco I siguió durante su reinado una política oscilante en relación con la nueva fe
protestante. Es verdad que no se opuso a ella abiertamente, excepto en ciertas ocasiones, pero en
cambio no permitió su libre propagación. Fue precisamente esta política oscilante lo que permitió
en Francia que la fe protestante se fuera infiltrando paulatinamente y propagando. Pero a la vez,
esta misma política dio lugar a una confrontación entre los elementos protestantes y católicos que
fue en aumento hasta culminar en guerras sangrientas entre los protestantes hugonotes y el
catolicismo.

PRIMEROS BALBUCEOS DE REFORMA

A pesar de que durante la primera fase de la Reforma Francia no produjo ningún líder de
estatura, hubo varias lumbreras que hicieron brillar su luz y que prepararon el camino para la
naciente fe protestante. Lo mismo que en otros países, en Francia los humanistas siempre habían
expresado deseos de reformar la iglesia.

Jacques Lefévre

El más notable de ellos fue Jacques Lefévre. Nació en 1455 y estudió en la Universidad de París
donde recibió su licenciatura en artes. Viajó por Italia, donde bebió de las fuentes mismas del
humanismo. Al regresar a Francia fue nombrado profesor de matemáticas en la Universidad de
París y se distinguió con la publicación de varios libros.
Comenzó a estudiar las Escrituras en los idiomas originales y llegó a preferir el texto
griego del Nuevo Testamento, más bien que el latino de la Vulgata. No sería correcto tal vez
considerarlo como un verdadero heraldo del protestantismo, sin embargo Lefevre creía en la
autoridad suprema de las Escrituras en la vida del cristiano y ponía énfasis en la justificación,
que para él era más importante que las buenas obras. La principal característica de su vida fue un
amor místico hacia Cristo; él creía que este amor debiera guiar a los cristianos a hacer el bien y a
vivir vidas justas.
Lefévre enseñaba que el hombre debe aprender a conocer a Dios por medio del amor y
elevarse hasta él mediante la humildad, buscando satisfacción sólo en Dios. Aunque nunca dio
mucha importancia ala confesión, los peregrinajes, las indulgencias, las reliquias, y otras
prácticas de la iglesia, tampoco se opuso a las mismas en la forma en que Lutero lo hizo.
Anhelaba la purificación de ciertas prácticas religiosas y una reforma moderada en la iglesia, y se
oponía también al escolasticismo tradicional que controlaba los estudios teológicos de su tiempo.
Murió en 1536.

Guillermo Briconnet

Briconnet nació en 1472. Fue amigo personal de Lefevre cuyas ideas místicas y reformistas le
habían servido de inspiración. En 1516, al ser nombrado obispo de Meaux, se embarcó en un
admirable proceso de reforma. Briconnet, que deseaba una reforma ordenada, enlistó a un grupo
de espíritus escogidos -entre ellos Lefevre y Guillermo Farellos cuales pronto ganaron fama por
las innovaciones que introdujeron en la vida religiosa de la diócesis.
En 1523 Lefevre tradujo el Nuevo Testamento al francés para usarse en la instrucción del
pueblo. La lectura bíblica se convirtió en un hábito entre la gente de Meaux, y el estilo humanista
de criticar la vida religiosa de esos días pronto comenzó a dar su fruto. El obispo insistía en que
los sacerdotes no debieran ausentarse de sus parroquias. Se designaron buenos oradores para que
predicaran sermones bíblicos al pueblo con el fin de conducirlos a una vida mejor. Una
supervisión episcopal más rigurosa condujo a una reforma entre los sacerdotes. Los franciscanos,
que estaban dominados por un tradicionalismo sin vida, fueron excluidos de los púlpitos. «Los
obispos -decía Briconnet- son ángeles enviados por Cristo para proclamar su mensaje al pueblo,
y para llevar a cabo las tareas de los ángeles de purgar, iluminar, y perfeccionar las almas de los
hombres.» En su obra de reforma Briconnet recibió el apoyo del rey Francisco I. Aunque el rey
no tenía profundas convicciones religiosas ni vivía una vida ejemplar, estaba interesado en la
reforma de la iglesia. Briconnet murió en 1534.

Guillermo Farel

Farel fue sin duda el reformador francés más agresivo. Nació en 1489. Después de terminar sus
estudios en lenguas, filosofía, y teología en la Universidad de París, enseñó por un tiempo en uno
de los colegios de la universidad. Su maestro, Jacques Lefevre, lo condujo a aceptar principios
reformadores, los cuales comenzó a predicar con gran fervor.
Se le llamó el «Elías de la Reforma francesa» y «el azote de los sacerdo tes». Había sido
un entusiasta romanista, pero se convirtió en un protestante aun más entusiasta. Fue un
predicador temerario y poderoso y un valiente iconoclasta. En 1521 predicó su fe en forma tan
vigorosa en Meaux que el obispo Briconnet tuvo que silenciarlo. Luego visitó París, y en 1524
fue a Basilea. Su predicación y escritos eran tan cáusticos que las autoridades tuvieron que
expulsarlo.
Anduvo por Alemania y Suiza predicando valientemente al pueblo de habla francesa,
exponiendo su vida al peligro de muerte. Estuvo por un tiempo en Estrasburgo, y en 1532 fue a
Ginebra donde en 1535 convenció a las autoridades a que adoptaran un edicto reformador. Farel
continuó su obra de reforma viajando por muchos lugares, hasta el día de su muerte en 1565.
Margarita de Angulema

Margarita era hermana del rey Francisco I. En contraste con el rey, Margarita estaba animada de
un celo religioso muy profundo. Había bebido tanto del misticismo neoplatónico que prevalecía
en Italia como del humanismo expuesto por Lefévre, al cual este había dado un tinte cristiano.
Habiendo sido discípula de Briconnet, Margarita había llegado a apreciar la importancia
suprema de las Escrituras como fundamento de la fe. Esto la llevó a escribir dos libros:
Heptamerón, en el cual se queja del analfabetismo bíblico de los sacerdotes, y El espejo de un
alma pecadora, en el cual expresa su preferencia por una religión bíblica. Estas dos obras son un
buen ejemplo de la fe evangélica -bien que mística- de los humanistas franceses contemporáneos
de la Reforma.

LAS DOCTRINAS LUTERANAS

Ninguno de los personajes arriba mencionados se puede considerar como verdadero reformador
con un impacto serio en favor de la Reforma en Francia. Sin embargo, libros y predicadores
protestantes se infiltraban constantemente desde ciudades fronterizas como Ginebra y
Estrasburgo. Fue así como los panfletos de Lutero contra el papado romano comenzaron a
circular en Francia, y las doctrinas del gran reformador alemán comenzaron a interesar a muchos
franceses. Muchos los compraban y los leían, de manera que las librerías se esforzaban por
suplirlos. Algunos de los panfletos más devastadores para la iglesia fueron traducidos al francés.
La facultad de la Sorbona, extremadamente conservadora, se alarmó en gran manera.
Considerándose protectora del catolicismo, decidió resistir la diseminación de las doctrinas
heréticas. Un paso fue, en abril de 1521, la condenación de más de cien proposiciones sacadas de
los libros de Lutero, especialmente del más revolucionario, La cautividad babilónica de la
iglesia.
Finalmente la Sorbona apeló al Parlamento de París, el cuerpo jurídico más importante
del país, el cual en agosto ordenó que todos los libros de Lutero fueran entregados, bajo pena de
multa y encarcelamiento. Pero esta orden no se pudo imponer efectivamente, y los libros
prohibidos se hicieron cada vez más populares.

Los reformadores de Meaux

El grupo en Meaux, que dirigía Briconnet, no escapó a la crítica y la hostilidad de la Sorbona.


Temerosos de que la iglesia sería destruida, los celosos teólogos de la Sorbona, dirigidos por
Noel Bedier, procedieron contra el grupo de Meaux, pese al apoyo que Briconnet gozaba de
parte del rey Francisco I. Bedier, que pertenía a la escuela antigua de pensamiento, estaba en
contra de la libre investigación de los clásicos, y tenía temor de que la libre investigación de las
Escrituras pudiera tener malas consecuencias para la iglesia. Por lo tanto, se oponía al estudio
histórico y textual de la Biblia.
Los teólogos de la Sorbona se oponían especialmente a la traducción del Nuevo
Testamento de Lefévre. El Nuevo Testamento en francés había llegado a manos de muchas
personas, quienes lo leían con avidez y se interesaban en sus enseñanzas. Los teólogos creían que
puesto que las doctrinas luteranas se estaban diseminando rápidamente, era peligroso añadir leña
al fuego permitiendo la circulación de las Escrituras en el idioma del pueblo. De manera que
ordenaron que se confiscaran todos los ejemplares de la Biblia y se quemaran.
Siguiendo la sugerencia de su hermana Margarita, Francisco I puso a Lefévre bajo su
protección personal. Pero el problema vino cuando llegaron las noticias de que el rey había sido
derrotado y tomado prisionero en la batalla de Pavia en febrero de 1525. Ahora el Parlamento de
París estaba completamente libre para proceder en contra del grupo de Meaux, y Briconnet fue
citado a comparecer. Bajo presión accedió a que el Parlamento procediera a suprimir toda herejía
protestante. Lefévre se vio obligado a huir a Estrasburgo. Muchos sospechosos fueron
ejecutados.
Así terminaron los esfuerzos del grupo de Meaux por iniciar una reforma en la iglesia y en la
vida religiosa. Este grupo había estado compuesto de humanistas que habían querido ser
reformadores, pero el fuego de la persecución pronto les hizo cesar en sus actividades.
La condición en Francia desde este momento en adelante se caracterizó por la política
oscilante que Francisco I siguió hasta el día de su muerte en 1547. Cuando procuraba el apoyo de
los protestantes alemanes, su política hacia los protestantes franceses era de tolerancia, pues no
podía perseguir a los que profesaban la misma fe de aquellos cuya ayuda deseaba. Por otro lado,
cuando buscaba el apoyo del papa, su política hacia los protestantes franceses era de intolerancia,
persecución, y ejecución, porque no podía tolerar a aquellos que iban contra los intereses de la
iglesia oficial.
Pero no obstante la política incierta de Francisco I, el movimiento protestante iba
creciendo paulatinamente. Al mismo tiempo los vientos de persecución obligaron a algunos
líderes protestantes de mentes preclaras, como Juan Calvino, a huir al exilio, desde donde
desarrollaron sus actividades reformistas.

EL CALVINISMO EN FRANCIA

A la muerte de Juan Calvino en 1564, el calvinismo estaba bien establecido, no sólo en la Suiza
francesa sino también en Francia. Como ya vimos, Francisco I había seguido una política
vacilante, la cual permitió que el protestantismo se estableciera en Francia durante su largo
reinado (1515-1547).
Después de la muerte de Francisco I, subió al trono su hijo, Enrique II. Aunque Enrique II
era ortodoxo en su fe, su actitud fue de indiferencia y de cerrar los ojos a los problemas
religiosos. Pero los fuertes sentimientos anti protestantes de su esposa Catalina de Médicis,
influyeron tan fuertemente en él, que le hicieron adoptar una política de persecución y crueldad
hacia los protestantes.
Otro factor que influyó en la política de Enrique II, fue el casamiento de su hijo
Francisco, heredero aparente al trono, con María Stuart de Escocia, enemiga número uno del
protestantismo en ese país. Bajo tales circunstancias, y por conveniencia política, Enrique II se
vio tentado a erradicar el protestantismo de Francia, pues temía que cualquier perjuicio que la
iglesia sufriera podría reflejarse en forma negativa sobre el trono.

Los hugonotes

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Enrique II por erradicar la nueva fe, el protestantismo
continuó muy activo durante su reinado, al punto de que para el tiempo de su muerte en 1559 se
calcula que había más de cuatrocientos mil protestantes en Francia. En esta época se les llamaba
«hugonotes», un término de origen desconocido que significa «compañeros de juramento».
A la muerte de Enrique II, su hijo Francisco II, de veintiún años de edad, le sucedió en el
trono, pero murió inesperadamente al año siguiente. El heredero al trono era su hermano Carlos
IX, de apenas diez años de edad, de manera que su madre, Catalina de Médicis, asumió el título
de reina regente en nombre de su hijo.
Por motivos más políticos que religiosos, Catalina se alió a los hugonotes, que para
entonces hacían sentir su influencia en la vida política del país, al punto de que ya rivalizaban
con la familia católica de Guisa por el control del poder en Francia. La reina regente, usando de
mucha astucia, hizo promulgar un edicto proveyendo una libertad condicional a los protestantes,
permitiéndoles practicar su fe pero limitando sus actividades sólo al culto de adoración. A1
parecer la reina quería ganarse el apoyo de los hugonotes, al mismo tiempo que limitaba su
influencia política.
Pero las fuerzas católicas, bajo la dirección de representantes de la familia de Guisa, no
respetaron el edicto. En un atentado por recobrar el poder, atacaron de sorpresa a los hugonotes
cuando estaban reunidos adorando, y mataron a cuantos pudieron. Este incidente dio lugar a la
primera de una serie de guerras religiosas en Francia entre católicos y protestantes durante los
años 1560 a 1595.

La Matanza de San Bartolomé

Los hugonotes fueron ganando terreno poco a poco, hasta el punto de que para 1570 podían
aparecer libremente en lugares públicos, inclusive en la corte real. Tan bien estaban las cosas,
que en 1570, por la intervención de Coligny, uno de los más destacados jefes de los hugonotes,
se hicieron planes para que Margarita, hija de Catalina de Médicis y hermana del rey, se casara
con Enrique de Borbón, uno de los principales líderes del partido protestante. Nada parecía
indicar la horrible tragedia que se aproximaba.
Al parecer, Catalina comenzó a sentir celos y resentimiento hacia Coligny por el hecho de
que se había ganado la confianza y admiración del rey. De modo que la reina regente concibió
una macabra conspiración contra el líder protestante y los hugonotes.
Los principales jefes de los hugonotes se habían congregado en París en ocasión de la
boda de Enrique y Margarita. La misma noche de la boda hubo un atentado contra la vida de
Coligny. El atentado falló, pero Coligny resultó herido, y los hugonotes, indignados, pidieron al
rey que hiciera una investigación del incidente. La reina, cuyas intenciones eran malévolas,
convenció al rey de que los hugonotes habían tramado una conspiración, bajo la dirección de
Coligny, para apoderarse del trono. El rey, creyéndolo, ordenó la matanza de los hugonotes.
El 24 de agosto de 1572, la noche del día de San Bartolomé, por orden del rey Carlos IX,
obedeciendo el consejo de su madre, la reina regente, más de dos mil hugonotes fueron
asesinados por sorpresa. Pero la matanza de la noche de San Bartolomé en París fue sólo la señal
para que otras matanzas similares se llevaran a cabo en otras partes de Francia. Se calcula que
decenas de millares murieron de esa manera.

Enrique IV

Carlos IX murió en 1574, y le sucedió en el trono su hermano, Enrique III. Lo mismo que su
madre Catalina de Médicis, Enrique III no tenía más convicciones religiosas que las que le
ayudaran a mantenerse en el poder. Por lo tanto, persuadido de que eso era lo que le convenía,
tomó una actitud tolerante hacia los protestantes hugonotes, concediéndoles libertad de culto.
Los católicos, alarmados por la tolerancia del rey, reanudaron la guerra contra los protestantes.
Así estaban las cosas, cuando murió Francisco de Alencón, el último de los hijos de
Enrique II y Catalina de Médicis. Como Enrique 111 no tenía hijos, el heredero inmediato l trono
era Enrique de Borbón, el esposo de Margarita y cuñado del rey. Enrique, que también era un
astuto político, siempre había seguido una política de conveniencia. Durante su vida, a fin de
salvar su cabeza, cambió de posición entre el catolicismo y el protestantismo varias veces. Para
este tiempo Enrique de Borbón era un declarado calvinista. Aunque los hugonotes no lo
aceptaban muy bien, sin embargo era el líder más capaz que tenían.
Los acontecimientos que siguieron fueron muy interesantes, porque en un momento dado
había en Francia tres partidos, cada uno encabezado por un Enrique (Enrique III, el rey que
ocupaba el- trono; Enrique de Guisa, católico, que aspiraba a apoderarse del trono ilegalmente; y
Enrique de Borbón, el líder protestante, heredero legítimo del trono). La guerra que tuvo lugar
por la sucesión al trono, se conoce en la historia como «La Guerra de los Tres Enriques».
Aunque Enrique de Guisa se apoderó de París, Enrique III, tomándole de sorpresa, lo hizo
asesinar. Pero el elemento católico no quería a Enrique III en el trono, y bajo la presión de
nuevos ataques, el rey se vio forzado a huir de París y refugiarse en el campamento de Enrique
de Borbón, quien le reconocía como el rey legítimo. Pero al poco tiempo, un católico fanático se
infiltró en el campamento y mató al rey.
Tras la muerte del rey, Enrique de Borbón subió al trono asumiendo el nombre de
Enrique IV. Los católicos, que no podían tolerar que Francia tuviera un rey protestante, con la
ayuda de España continuaron su lucha contra Enrique IV. Después de cuatro años, convencido de
que la única forma de mantenerse en el trono sería haciéndose católico, Enrique IV una vez más
decidió cambiar de religión. Pero el rey no olvidó a los hugonotes. El 13 de abril de 1598 hizo
promulgar el Edicto de Nantes, por el cual concedía libertad de culto a los protestantes en toda
Francia, excepto en París.
Enrique IV tuvo un largo reinado. Fue asesinado en 1610 por un católico fanático que
estaba convencido de que Enrique IV era todavía un hereje protestante. Pero al tiempo de su
muerte ya el protestantismo estaba bien establecido en Francia.
***

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