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TEMA1: LA INTERVENCIÓN SOCIAL
ESQUEMA:
1. INTRODUCCIÓN.
2. LA INTERVENCIÓN SOCIAL: EVOLUCIÓN HISTÓRICA Y PRINCIPIOS
BÁSICOS DE LA INTERVENCIÓN EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.
2.1. Evolución histórica.
2.2. Principios básicos de la intervención en la sociedad contemporánea.
3. MODELOS DE ORGANIZACIÓN EN INTERVENCIÓN SOCIAL: ESTADO DEL
BIENESTAR Y ORGANIZACIONES HUMANITARIAS.
3.1. Estado del bienestar.
3.2. Organizaciones humanitarias.
4. METODOLOGÍA DE LA INTERVENCIÓN SOCIAL.
5. CONCLUSIONES.
6. BIBLIOGRAFÍA.
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1. INTRODUCCIÓN.
Podemos ubicar el desarrollo del siguiente tema en el CFGS de Integración Social,
más concretamente en los módulos profesionales de “Contexto de la intervención
social” y “Metodología de la intervención social”, según aparece en el Decreto
29/2017, de 3 de marzo, del Consell, de currículo en el ámbito educativo de la
Comunitat Valenciana.
A lo largo del tema trataremos uno de los conceptos centrales de la profesión, el de la
intervención social. Tras definirlo, haremos un breve repaso histórico de la forma en
que las sociedades la han llevado a cabo hasta llegar al modelo actual: el de Estado
del bienestar. Concluiremos la exposición adentrándonos en la lógica del
procedimiento científico que se sigue para planificar y ejecutarla; es decir, en su
metodología.
2. LA INTERVENCIÓN SOCIAL: EVOLUCIÓN HISTORICA Y PRINCIPIOS
BÁSICOS DE LA INTERVENCIÓN EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.
Entendemos por intervención social la actuación profesional destinada al desarrollo
comunitario, así como a la satisfacción de problemas de índole social que atañen a
una persona o grupo de personas. Estos problemas suelen estar relacionados con la
marginación y exclusión social, movidas por factores como la pobreza, la discapacidad
y en general, la diferencia respecto al grupo normativo. A un nivel más amplio, la
intervención social se entiende como acción social, que es la respuesta que la
sociedad organiza para cubrir los problemas sociales.
2.1. Evolución histórica.
Esta intervención no ha existido siempre como la conocemos, sino que ha pasado por
diversos periodos históricos, con características definitorias:
1. Primera etapa: la caridad medieval.
La intervención social organizada tiene sus inicios en el momento en que la Iglesia
deja de sufrir persecuciones, pasa a tener ciertos privilegios y capacidad para
organizar su propia acción social. Así, durante la Edad Media proliferan los hospitales
para enfermos y ancianos, y los obispos crean en sus tierras talleres para emplear a
los pobres. En esta época la caridad no cuestiona el hecho mismo de la pobreza y sus
causas, sino que cumple un deber moral.
2. Segunda etapa: la beneficencia del Renacimiento.
Durante los siglos XV y XVI aparecen nuevos movimientos como el Humanismo, que
aporta una nueva perspectiva sobre la dignidad del ser humano y su posición en la
sociedad. Así, humanistas como Juan Luís Vives (1492-1540), defienden el principio
de ayuda a la persona, no por caridad, sino como un derecho propio. Por tanto, debe
ser el Estado y no la Iglesia quien se ocupe de la beneficencia, como ocurre en
Inglaterra tras la Reforma.
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En esta época y durante los siglos siguientes en España no hay gran avance en este
sentido. Tras la grandeza conseguida con los descubrimientos, se inicia una
vertiginosa caída por diversos motivos (alza de los precios, desprecio del trabajo
manual, emigración, deudas por guerras exteriores, etc.). Frente a esta situación se
multiplican las órdenes religiosas para atender a los indigentes, cuyo número
aumentaba alarmantemente.
3. Tercera etapa: la asistencia social.
A finales del siglo XVIII, irrumpe en la historia el fenómeno de la Revolución industrial.
La máquina trae consigo, además de tecnología ahorradora de mano de obra, una
secuela de problemas sociales (hacinamiento, insalubridad, explotación, desempleo,
subempleo, trabajo infantil, inseguridad laboral, etc.). La magnitud del problema hace
que el Estado empiece a dictar disposiciones legales al respecto.
Además, en la visión de la pobreza como problema social están influyendo las
corrientes filosóficas y culturales de la época, como el Liberalismo, el Socialismo
utópico, el Romanticismo y el Idealismo humanitario. Surgen en Inglaterra los primeros
sindicatos, que pronto se exportarán al resto de países en proceso de
industrialización.
4. Cuarta etapa: los servicios sociales.
A partir del siglo XIX las crisis del momento fuerzan al Estado a aprobar nuevas
medidas de tipo económico y laboral con las que mejorar la calidad de vida de los
trabajadores. En Alemania, el canciller Bismarck establece tres seguros sociales -de
enfermedad, de accidentes de trabajo y de invalidez y vejez- que representan el primer
sistema de seguridad social.
La Iglesia, por su parte, también colabora activamente en la fundación de obras
sociales, surgiendo en esta época muchas órdenes religiosas (Conferencias de San
Vicente de Paúl, Hermanitas de los Pobres, Conferencias Don Bosco...) que continúan
hasta nuestros días.
Ya en el siglo XX las grandes crisis económicas y sociales motivadas por las dos
guerras mundiales y la caída de la bolsa de 1929 requieren de medidas institucionales
organizadas y coherentes. Se extienden y consolidan entonces los servicios sociales
y los sistemas de seguridad social públicos.
5. Acción social en la España de los siglos XIX y XX.
En España durante el siglo XIX e inicios del siguiente coexisten la beneficencia y la
asistencia social. Si bien la Iglesia continúa teniendo un papel dominante, esta labor
es asumida cada vez más por el Estado, empezando por la Ley de Beneficencia de
1849. También en esta época se deja notar el influjo del movimiento obrero: se
reconoce el derecho de asociación; se dictan disposiciones legales sobre accidentes,
seguridad e higiene en el trabajo.
Durante el siglo XX se van a producir profundas transformaciones que se inician
durante los años 30 con la preparación de diversas leyes sociales. En las décadas
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siguientes tendrá un papel relevante la Dirección General de Beneficencia y Obras
Sociales, así como el Instituto Nacional de Asistencia Social. El hito más importante
de esta época es la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963, que amplía las
prestaciones y el colectivo de beneficiarios.
En los años 80 España termina de edificar su Estado del bienestar, gracias sobre todo
a la reforma fiscal, que establece un sistema impositivo progresivo y proporcional. Esta
mejora en la recaudación permite una redistribución de la renta y la generalización de
prestaciones sociales.
2.2. Principios básicos de la intervención en la sociedad contemporánea.
El actual sistema español de protección social, producto de esta evolución, opera en
base a una serie de principios. Son los siguientes:
1. Principio de responsabilidad pública. Cada Comunidad Autónoma garantiza a
su población el derecho a los servicios sociales ([Link].). La prestación de estos
servicios no podrá ser discrecional o graciable sino regulada y obligatoria.
2. Principio de solidaridad, de adhesión y ayuda desinteresada a cualquier
ciudadano en momentos de dificultad.
3. Principio de igualdad–universalidad, entendido como la apertura de los [Link]. a
toda suerte de ciudadanos.
4. Principio de participación ciudadana. La intervención social prevé la
colaboración activa de las personas a las que va destinada, así como su
retroalimentación. Se trata pues de una acción “con” y no solo “para” la comunidad y
la mejora de su calidad de vida.
5. Principio de integración. Implica que siempre que sea posible, se preferirá el
mantenimiento de los usuarios en su propia familia y medio social.
6. Principio de descentralización. La intervención será más efectiva cuanto más
cerca esté de las realidades concretas de cada barrio o localidad. Por ello el municipio
es el principal agente en la gestión de los [Link]. en España.
7. Principio de planificación, por el que se prevé el mejor uso posible de los recursos
disponibles, así como la coordinación entre los distintos agentes.
8. Principio de prevención. El objetivo preferente de la intervención social es
prevenir las causas de la marginación y exclusión social, para que estas no lleguen a
aparecer.
9. Principio de globalidad. Las necesidades sociales normalmente son
multicausales. La intervención ha de considerar a los usuarios de manera holística, y
postular el tratamiento integral de sus problemas.
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3. MODELOS DE ORGANIZACIÓN EN INTERVENCIÓN SOCIAL: ESTADO DEL
BIENESTAR Y ORGANIZACIONES HUMANITARIAS.
Para llevar a cabo la acción social de manera formal y con cierto alcance hacen falta
instituciones capaces de gestionar los recursos disponibles. A gran escala, son los
Estados quienes se encargan de ello; a otros niveles, las organizaciones humanitarias.
3.1. Estado del bienestar.
Entendemos por Estado del bienestar (EdB) el conjunto de actuaciones, por parte de
las administraciones públicas, tendentes a asegurar a todos los ciudadanos el acceso
a unos servicios que garanticen su supervivencia. Estos servicios se financian con las
cotizaciones de los trabajadores, de las empresas y con aportaciones directas del
Estado. En España el EdB se fundamenta en cuatro pilares básicos: la sanidad, la
educación, la protección a la dependencia y la Seguridad Social. A estos cabe añadir
los servicios sociales, que junto con el sistema de pensiones (Seguridad Social),
representan la protección que el Estado provee a los ciudadanos en coyunturas de
necesidad o riesgo económico y/o social.
Así, la Seguridad Social (S.S.) consiste en una serie de seguros, normalmente
contributivos y obligatorios, que protegen al trabajador y su familia contra las
privaciones económicas y sociales en casos de enfermedad, desempleo, maternidad,
accidente de trabajo, invalidez, vejez y muerte.
En cuanto a los servicios sociales, están desvinculados del mundo del trabajo, por lo
que tienen un carácter más asistencial y humanitario, si bien su campo de actuación
es complementario al de la S.S. Consisten en un conjunto de servicios y prestaciones
que tienen como finalidad:
a) La promoción y desarrollo pleno de todas las personas y grupos dentro de la
sociedad, para la obtención de un mayor bienestar social y mejor calidad de vida, en
el entorno de la convivencia.
b) Prevenir y eliminar las causas que conducen a la exclusión y marginación social.
Para ello, cada Administración (especialmente la local y autonómica) pone a
disposición de su ciudadanía una cartera de recursos de diversa índole: orientación,
mediación, acogimiento, ayudas económicas, valoración, ayuda a domicilio, atención
residencial, etc. De ellos pueden beneficiarse todo tipo de personas y colectivos en
riesgo, ya sea por índole económica, dependencia, violencia, desestructuración
familiar, etc.
3.2. Organizaciones humanitarias.
Son organizaciones humanitarias ([Link].) aquellas entidades públicas o privadas
que, a través de la intervención social, buscan la satisfacción de necesidades
humanas básicas y el desarrollo de las comunidades. Este tipo de organizaciones
surgen ante necesidades sociales en las que el Estado no puede dar una cobertura
directa, por lo que son un complemento al EdB. Las más representativas son la Iglesia
en su dimensión social, las fundaciones culturales, educativas y asistenciales, las
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obras sociales de patrocinio público (Cruz Roja) y las numerosas ONG de carácter
privado (UNICEF, Médicos sin Fronteras, FEAPS, AECC, Proyecto Hombre, FACUA,
etc.). En cuanto a su financiación, proviene de diversas fuentes: particulares, Estados,
empresas, organismos internacionales, etc.
Además de los cometidos propios del campo de intervención de cada organización,
existen unas funciones que desempeñan de manera general:
1. Ayuda mutua, colaborando con otras personas de forma desinteresada.
2. Promoción de entidades y servicios, cuando estos no existen o carecen de la
calidad exigible.
3. Mentalización social, pues la publicidad que hacen de los problemas supone su
popularización.
4. Prevención, para evitar los problemas que combaten actuando sobre las causas
que los motivan.
5. Control y reivindicación. Especialmente las ONG, que pueden ejercer cierta
presión mediante la denuncia y la participación en los [Link].
6. Investigación y estudio. Muchas organizaciones encargan estudios acerca de los
problemas que intentan paliar, a la vez que son fuente de información y divulgación
por su experiencia de trabajo.
7. Promoción del voluntariado. El carácter no lucrativo de las [Link]. las convierte
en excelentes receptoras de personas que colaboran desinteresadamente.
8. Formación. Muchas [Link]. desarrollan un papel destacable en la especialización
de profesionales en problemáticas concretas.
4. METODOLOGÍA DE LA INTERVENCION SOCIAL.
Toda intervención profesional ha de basarse en un conjunto de principios lógicos que
la justifiquen y le den sentido; es decir, ha de seguir una metodología. Por lo general,
esta habrá de ajustarse a una serie de fases que se plasmarán en su planificación.
A) Fase de diagnóstico.
Previamente a la planificación de la intervención social se debe realizar un análisis de
la realidad o diagnóstico, el cual consiste en una investigación sobre el contexto social,
económico, cultural, etc. del usuario o grupo con el que se va a intervenir.
A través de diversas técnicas se recoge información acerca de:
- Las características de los usuarios o grupo social.
- Cuál es la necesidad o problema social.
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- Sus posibles causas.
- Sus procesos estables.
- Las variables susceptibles de manipular, es decir, qué podemos cambiar.
- Los recursos de que dispone el grupo o comunidad.
El análisis de la realidad permite explicar por qué suceden las cosas, sus causas y
comprender cómo están relacionados entre sí los distintos factores, necesidades y
problemas de una situación. También nos permite predecir, a grandes rasgos, cómo
se desarrollarán determinados acontecimientos. Por todo ello, resulta muy útil para
determinar los objetivos, procedimientos y técnicas a seguir.
B) Fase de programación.
La programación implica planificar las actuaciones concretas que se van a ejecutar
con el usuario o grupo en cuestión. Estas suelen plasmarse en un proyecto donde se
detallan diversos aspectos de la intervención. Ander-Egg (2010) establece una serie
de criterios, en forma de pregunta, que sirven de guía para establecer los elementos
básicos de tal programación:
1. ¿Para qué se quiere hacer? Lleva a formular unos objetivos definidos
operativamente, viables y que respondan a necesidades sentidas por los usuarios.
2. ¿Cómo se quiere hacer? Supone establecer la metodología y el conjunto de
actividades que deben desarrollarse para alcanzar los objetivos.
3. ¿Con qué medios? Implica concretar los recursos humanos, materiales y
económicos de que se dispone; y organizarlos.
4. ¿Cuándo se quiere hacer? Supone precisar el ritmo del proyecto y su
temporalización.
C) Fase de ejecución.
Consiste en realizar lo planificado estableciendo, dentro de lo posible, estructuras en
el usuario o colectivo que al desaparecer la intervención sean capaces de generar
nuevas acciones. Es muy deseable que las personas que trabajan en la planificación
también sean los protagonistas de su puesta en práctica, ya que de esta manera se
incentiva su responsabilidad e implicación en el proyecto.
También es muy importante prever mecanismos de retroalimentación para esta fase;
cualquier cambio en las necesidades de los usuarios o en las circunstancias debe
poder ser respondido con suficiente flexibilidad.
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D) Fase de evaluación o control.
La evaluación consiste en un doble proceso de recogida de información y de
valoración de la misma; en este caso respecto de la planificación y ejecución de la
intervención y muy especialmente de la consecución de sus objetivos.
Mediante el uso de diversos procedimientos e instrumentos, nos permitirá conocer
cómo se desarrollan en la práctica las acciones previstas e identificar aquellos
elementos que se han de corregir para optimizar la intervención en términos de
eficacia y eficiencia. De hecho, la tarea evaluativa tiene sentido únicamente si los
resultados obtenidos se traducen en decisiones y acciones, las cuales modifiquen
aquellos aspectos que han aparecido como susceptibles de mejora.
5. CONCLUSIONES.
Desde los inicios de la civilización, las personas se han ayudado mutuamente, y las
comunidades han procurado cuidar de sus miembros más desfavorecidos. Hemos
visto cómo la forma en que lo han hecho ha ido cambiando a lo largo del tiempo, hasta
llegar al amplio modelo de protección social que disfrutamos hoy día. Esta protección,
no obstante, no es un regalo de los Estados a sus ciudadanos, sino un factor de
estabilidad social que facilita su propia supervivencia y una obligación moral de
cualquier sociedad. En una historia que fluctúa, nuestro deber es procurar su
supervivencia reivindicándola y haciendo un uso responsable de ella.
6. BIBLIOGRAFÍA.
- Ander-Egg, E. (2010). Metodologías de acción social. Lumen Humanitas.
- Douglas, E. (1989). La aparición de los Estados de bienestar. Ministerio de Trabajo
y Seguridad Social.
- García, M. A.; Hombrados M. I.; López, T. (2006). Intervención social y comunitaria.
Aljibe.
- Hernández Aristu, J. (1991). Acción comunitaria e intervención social. Popular.
- Ídem (2009). Trabajo social comunitario en la sociedad individualizada. Nau llibres.
- Perlman, H. (1971). El trabajo social individualizado. Rialp.
Referencias legales:
- Decreto 29/2017, de 3 de marzo, del Consell, por el que se establece el currículo del
ciclo formativo de grado superior correspondiente al título de Técnico/a Superior en
Integración Social.
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