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Historia y expansión de Pollo Campero

Pollo Campero, fundado en 1971 en Guatemala, ha crecido hasta convertirse en una cadena internacional con más de 350 restaurantes en 12 países, sirviendo a más de 80 millones de clientes anualmente. Su éxito se debe a un pollo frito distintivo, que combina un sabor único y una estrategia de expansión que incluye mercados en Estados Unidos, Europa y Asia. A pesar de enfrentar desafíos, la marca ha logrado convertirse en un símbolo de la gastronomía guatemalteca y un emblema de nostalgia para los migrantes.
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Historia y expansión de Pollo Campero

Pollo Campero, fundado en 1971 en Guatemala, ha crecido hasta convertirse en una cadena internacional con más de 350 restaurantes en 12 países, sirviendo a más de 80 millones de clientes anualmente. Su éxito se debe a un pollo frito distintivo, que combina un sabor único y una estrategia de expansión que incluye mercados en Estados Unidos, Europa y Asia. A pesar de enfrentar desafíos, la marca ha logrado convertirse en un símbolo de la gastronomía guatemalteca y un emblema de nostalgia para los migrantes.
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Antecedentes

Pollo Campero nace en Guatemala en 1971 y un año después inicia operaciones en El


Salvador, liderado por Don Juan Bautista Gutiérrez, y en compañía de su hijo Dionisio,
quien fue nombrado presidente del negocio. Unidos crean un nuevo concepto de sabor: un
pollo tierno, jugoso y crujiente; tres adjetivos que desde ese momento están asociados
inseparablemente a la marca Pollo Campero.

En la década de los noventa, Pollo Campero inicia su proceso de expansión global, con su
crecimiento en Latinoamérica.

En el 2002 Pollo Campero ingresa a Estados Unidos y logra con una aceptación inmediata;
las primeras aperturas llegan a romper récords de venta en la industria.

Al liderazgo en Latinoamérica y expansión por Estados Unidos se añade el ingreso a los


mercados de Europa y Asia con las aperturas de restaurantes Pollo Campero en España
(2006), China e Indonesia (2007) y próximamente Oriente Medio e India.

Presente en 12 países alrededor del mundo, Pollo Campero sirve a más de 80 millones de
clientes cada año a través de una red de más de 300 restaurantes.

Historia
¿Cómo un pollo frito que comenzó vendiéndose en un carrito en las calles de
Guatemala llegó a hacerse tan imprescindible como para que miles de personas se lo
lleven en el avión cuando viajan al extranjero?
No es una exageración. Desde hace años, es más que común ver en los aeropuertos de
Centroamérica a muchos pasajeros con sus cajitas de pollo antes de embarcar,
especialmente en dirección a Estados Unidos.
Así quieren aliviar, al menos en parte, la nostalgia de familiares que migraron al exterior y
que agradecen volver a degustar un plato que les recuerda inevitablemente a su tierra.
El olor que queda en la cabina del avión no importa.
El responsable de este logro se llama Pollo Campero, una cadena que hoy cuenta con más
de 350 restaurantes en el mundo y que afirma que solo en Guatemala sirve más de 80
millones de platos al año.
La marca, que empezó como un sueño familiar, consiguió convertir su pollo frito en uno de
los sabores más emblemáticos del país centroamericano y exportarlo a otros como [Link].,
España, China o Indonesia.
Sus ingresos actuales no son públicos, pero la clasificación Multilatinas de la revista
América Economía le atribuyó en 2016 ventas de US$469,6 millones.
De freidor en la calle a cientos de locales
La apertura de su primer restaurante en 1971 fue el comienzo de una fulgurante carrera que,
sin embargo, también enfrentó obstáculos.
“Pollo Campero es casi un milagro que se desarrolla en medio de la guerra de
Centroamérica. En Ciudad de Guatemala nos destruyeron varios restaurantes porque
decían que era de (Anastasio) Somoza (presidente de facto de Nicaragua)”, cuenta el
escritor español Francisco Pérez de Antón, uno de los fundadores de la empresa.
“Nos sobrepasó el éxito, casi nos destruye”, asegura el autor en conversación con BBC
Mundo. “Aquello era una avalancha de gente y no estábamos preparados”.
Pese a que el grupo de fundadores de Pollo Campero no tenía experiencia en el mercado del
pollo cocinado, logró que su producto atrajera a miles de personas. ¿Cómo?
Pérez de Antón, quien llegó a Guatemala en 1963 “detrás de una mujer” de la que se
había enamorado en Madrid mientras estudiaba para ser ingeniero agrónomo, fue
empleado por el tío abuelo de su esposa en una fábrica de piensos que había recibido dos
granjas de pollos como pago de un cliente.
El pollo no era entonces tan popular, por lo que el español pensó que había que darle un
“valor agregado” al animal crudo para sacarle beneficio.
“Un día se me ocurrió comprar una especie de carromato tirado por un pickup, puse un
freidor y lo coloqué frente a un cine donde pasaban muchas personas. Y en una semana,
vendí 700 pollos fritos”, cuenta.
Dice que en ese momento vio “polvo de estrellas”, aunque reconoce que en aquella época
no tenía “ni la más remota idea” del negocio en que se estaba metiendo.
La búsqueda del sabor
A esa prueba piloto siguieron horas de investigación y de viajes a [Link]., donde ya existía
el “método sureño” de freír pollo, al que Pérez de Antón quería darle un sabor “más
tropical y menos insípido”.
Adquirió un freidor cerrado, “con una especie de molinete arriba, con cuatro brazos y bolas
de colores, una cosa casi extraterrestre” y empezó a experimentar hasta encontrar el sabor
que buscaba.
“Probé con distintas mezclas de harina con especias hasta que encontré un sabor que me
parecía, sería del gusto de los guatemaltecos” para el empanizado.
Pero la clave de la fórmula de Pollo Campero aún estaba por llegar.
Pérez de Antón encontró en un libro de patentes una compañía de [Link]. que tenía un
producto “para agregar jugosidad al pollo frito”.
Lo probó y lo compró pensando que sería un éxito. No se equivocó.
“Hubo muchas bromas sobre el pollo, como que le agregábamos un estimulante de la libido
y que por eso la gente no podía dejar de comerlo. Era verdaderamente adictivo”, cuenta
divertido.
Un grupo de empresarios liderados por Dionisio Gutiérrez, cuyo padre Juan Bautista era el
dueño de las granjas, donde empezó todo, destinó una inversión inicial de capital de 2.000
quetzales, “que entonces sería como US$1.500″, a la creación de la empresa.
Pollo Campero era ya una realidad.
Su primer público objetivo fue la clase media.
Pero la llegada de clientes de todo tipo y condición a su primer restaurante les hizo cambiar
de enfoque y hacer un producto eminentemente popular, lo que facilitó la multiplicación
de su número de locales en el país.
Una empresa y dos países
Solo un año después de su fundación, llegó la apertura al mercado internacional con un
local en El Salvador, donde su éxito fue tal que a día de hoy hay salvadoreños que creen
que Pollo Campero es una marca creada en su propio país.
Pérez de Antón contribuyó de algún modo a esta confusión al crear el lema “Tan
guatemalteco como tú” -con el que la población se identificó y se sintió cercana- y que
reprodujo casi a la vez en El Salvador con “Tan salvadoreño como tú”.
“Así que mucha gente se creía que todo había nacido en El Salvador. Realmente, la
empresa se desarrolló en dos países a la vez”.
“Tiene la marca de Guatemala y es muy influyente al estar presente casi en cada cuadra.
Nosotros nos identificamos con su receta y con complementos como los frijolitos. Son
cosas muy propias del país que le diferencia de otras empresas”, le explica a BBC
Mundo desde el país centroamericano el periodista Carlos Duarte.
“Diría que lo diferencia el sabor que le da la corteza crujiente externa y la parte
interna blandita, eso que queda como dos sabores distintos es lo que gusta a la gente”,
dice este guatemalteco que confiesa haber viajado a [Link]. con su familia cuando era niño
cargado con cajas de pollo en el avión para sus familiares.
Un emporio familiar
Sin lugar a dudas, Pollo Campero es hoy una de las marcas con mayor historia y presencia
en Guatemala y dirigida por una de las familias más conocidas y poderosas del país.
En 1974, Dionisio Gutiérrez y su cuñado Alfonso Bosch murieron en un fatídico accidente
de avioneta. Se produjo entonces un “vacío generacional” que fue suplido por dos de los
jóvenes hijos de ambos, Dionisio y Juan Luis.
Los dos primos tomaron el mando de la empresa que es hoy el corazón de Corporación
Multi Inversiones, un gigantesco consorcio que engloba también negocios agroindustriales,
financieros o inmobiliarios.
Pérez de Antón, por su parte, abandonó la aventura empresarial en 1984 para dedicarse a su
gran pasión: la escritura. Quedó entonces como presidente de Pollo Campero otro de los
hijos del fallecido Dionisio, Juan José Gutiérrez.
La expansión no se detuvo y en la década de los 90 llegó “la época del desarrollo
corporativo y de franquicias” para Pollo Campero, con los primeros récords de ventas tras
su desembarco en Estados Unidos en 2002 y las posteriores aperturas en el resto de
América Latina, Asia o Europa.
Pero no todo es armonía en la familia Gutiérrez Bosch. Durante décadas, una serie de
demandas interpuestas entre algunos de sus miembros pasaron por tribunales
internacionales por supuestos fraudes económicos.
Desvinculado de ese ir y venir en Pollo Campero, Pérez de Antón recibió el Premio
Nacional de Literatura de Guatemala en 2011 y acaba de publicar la novela “La corrupción
de un presidente sin tacha”, pero sigue mirando con mucho orgullo su etapa en la
compañía.
“Es de las cosas más extraordinarias que me han podido suceder en la vida”.
Y entre tantos momentos, destaca uno que vivió cuando regresó a su país natal y descubrió
de casualidad un restaurante de Pollo Campero en pleno centro de Madrid.
“Habiendo salido de España cuando tenía 23 años para regresar con 70 y encontrarme eso
allí, me produjo una emoción muy fuerte y muy grande. No me eché a llorar de
milagro”, recuerda.

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