Metáfora de los 2 escaladores
Es como si tú y yo fuésemos escaladores, cada uno se afana en su
propia montaña. Eso sí, las montañas se alzan cercanas una a la
otra. Yo puedo ver un camino por el que tú puedes subir tu
montaña, no porque yo la haya escalado antes, ni porque haya
coronado la cima, ni porque sea más listo que tú, sino porque estoy
situado en una posición desde donde puedo ver cosas que no pueden
verse desde donde estás tú. Yo estoy escalando mi propia montaña
y tú, llegado el caso, podrías hacerme indicaciones pertinentes sobre
el camino que me espera. Mi única ventaja con respecto a ti durante
la terapia será la perspectiva. Aunque hay cosas que yo no puedo
saber sobre tu montaña. Esas tendrás que contármelas tú y yo no
tendré más remedio que confiar en ti. Asimismo, aunque yo te
pueda aconsejar sobre la senda que veo, no subiré la montaña por
ti. En realidad, tú tienes la tarea más difícil.
Metáfora del jardín
Suponga que usted es un jardinero que ama su jardín, que le gusta
cuidar de sus plantas, y que nadie más que usted tiene
responsabilidad sobre el cuidado de sus plantas. Suponga que las
plantas son como las cosas que usted quiere en su vida… así, ¿cuáles
son las plantas de su jardín? ¿Cómo ve las plantas como jardinero?
¿Tienen flores, huelen bien, están frondosas? ¿Está cuidando las
plantas que más quiere como usted las quiere cuidar?… Claro que
no siempre dan las flores en el lugar que usted quieres, en el
momento que lo desee; a veces se marchitan a pesar del cuidado; la
cuestión es cómo ve que las está cuidando, ¿qué se interpone en su
camino con las plantas, en su quehacer para con ellas? Quizás está
gastando su vida en una planta del jardín. Ya sabe que en los
jardines crecen malas hierbas.
Imagine un jardinero que las corta tan pronto las ve, pero las malas
hierbas vuelven a aparecer y nuevamente el jardinero se afana en
cortarlas y así, ¿es ésa su experiencia con su problema?
Surge…(cualquier problema, ansiedad, depresión o pensamientos y
recuerdos que le hacen sentir mal) y… abandona el cuidado del
jardín para ocuparse de ese problema. No obstante, las malas
hierbas, a veces, favorecen el crecimiento de otras plantas, bien
porque den espacio para que otras crezcan, bien porque hagan
surcos. Puede que esa planta tenga algún valor para que las otras
crezcan. A veces, las plantas tienen partes que no gustan pero que
sirven, como ocurre con el rosal que para dar rosas ha de tener
espinas. ¿Qué le sugiere? ¿Puede ver sus plantas y las áreas de su
jardín donde aún no hay semillas? Algunas estarán mustias y otras
frondosas. Hábleme de sus plantas y de si las cuida como usted
quiere cuidarlas. Dígame si está satisfecho/a con el cuidado que da
a sus plantas, si las cuida de acuerdo con lo que valora en su vida.
(…)
Es importante que sepamos, los dos, que yo nunca podré plantar
semillas en su jardín, ni decirle qué semillas plantar, y cómo
crecerán mejor; que nunca podré cuidar de sus plantas. Sólo usted
podrá hacerlo. Y ahora, le pregunto si, por un minuto, ¿podría dejar
de centrarse en la planta que le molesta, la que le ha traído aquí?
¿Estaría dispuesto/a aun con cualquier pensamiento sobre esta
planta que no quiere hablar de las otras plantas de su jardín, de
cómo están, e incluso estaría dispuesto a hacer algo con ellas, a
cuidarlas incluso sin ganas?… Dígame, ¿qué hay entre usted y el
cuidado de sus plantas? ¿Qué le impide cuidarlas ya?…
Metáfora de las calles con tiendas
Y sí, la vida es como ir por las calles de la ciudad. Vas por unas calles
y no por otras, por las razones que sean. Las calles están repletas de
tiendas, de escaparates, de sonidos y de luminosos que te invitan a
pararte, a entrar en ellas y a comprar sus productos. Sin embargo,
no es lo mismo caminar por las calles en dirección a lo que uno
quiere, que ir por las calles y no llegar a ningún sitio porque
constantemente nos paramos a ver los escaparates y entramos a
comprar lo que allí se nos ofrece. Al cabo del tiempo, uno ve que su
vida está al arbitrio de lo que nos ofrecen estas tiendas y parece que
hemos perdido nuestra dirección y no sabemos por donde
caminamos, ni qué dirección vamos a tomar al llegar a la
encrucijada….excepto que nuestra elección fuera salir a comprar.
Comprar constantemente hace que la vida esté entrecortada
frecuentemente. Y tú, ¿Por qué calles quieres ir? ¿Por las numerosas
tiendas que tienes en el camino y cuyos productos te atrapan aunque
no lo quieras? Háblate de tus calles, a dónde te conducen, que
tiendas y productos te atrapan y si te hacen para o cambiar la
dirección en la que quieres ir.
El hombre en el hoyo
Un hombre iba por el campo, llevando una venda en los ojos y una
pequeña bolsa de herramientas. Se le había dicho que su tarea
consistía en correr por ese campo con los ojos vendados. El hombre
no sabía que en la granja había hoyos grandes y muy profundos, lo
ignoraba completamente. Así que empezó a correr por el campo y
cayó en uno de esos grandes agujeros. Empezó a palpar las paredes
del hoyo y se dio cuenta de que no podía saltar fuera y de que
tampoco había otras vías de escape. Miro en la bolsa de
herramientas que le habían dado, para ver si había algo que pudiera
usar para escapar del hoyo, y encontró una pala. Eso es todo lo que
tenía. Así que empezó con diligencia, pero muy pronto advirtió que
no salía del hoyo. Intento cavar más y más y más y más rápido, pero
seguía en el hoyo. Lo intento con grandes paladas y con pequeñas,
arrojando lejos la tierra o arrojándola cerca… pero seguía en el
agujero. Todo ese esfuerzo y todo ese trabajo, y lo único que
conseguía es que el hoyo se hiciese cada vez más y más profundo.
Entonces se dio cuenta, que cavar no era la solución, no era la forma
de salir del hoyo, al contrario, cavando es como se hacen los hoyos
más grande. Entonces empezó a pensar que quizás todo el plan que
tenía estaba equivocado y que no tenía solución, ya que cavando no
pueda conseguir una escapatoria, lo único que hacía era hundirse
más.
Metáfora del granjero y el asno
Había una vez un granjero que tenía un asno muy viejo. Un día,
mientras el asno estaba caminando por un prado, pisó sobre unas
tablas que estaban en el suelo, se rompieron y el asno cayó al fondo
de un pozo abandonado. Atrapado en el fondo del pozo el asno
comenzó a rebuznar muy alto. Casualmente, el granjero oyó los
rebuznos y se dirigió al prado para ver qué pasaba. Pensó mucho
cuando encontró al asno allí abajo. El asno era excesivamente viejo
y ya no podía realizar ningún trabajo en la granja. Por otro lado, el
pozo se había secado hacía muchos años y tampoco tenía utilidad
alguna. El granjero decidió que enterraría al viejo asno en el fondo
del pozo. Una vez tomada esta decisión, se dirigió a sus vecinos para
pedirles que vinieran al prado con sus palas. Cuando empezaron a
palear tierra encima del asno, éste se puso aún más inquieto de lo
que ya estaba. No sólo estaba atrapado, sino que, además, lo estaban
enterrando en el mismo agujero que le había atrapado. Al
entremecerse en llanto, se sacudió y la tierra cayó de su lomo de
modo que empezó a cubrir sus patas. Entonces, el asno levantó sus
cascos, los agitó, y cuando los volvió a poner sobre el suelo, estaban
un poquito más altos de lo que habían estado momentos antes. Los
vecinos echaron tierra, tierra y más tierra, y cada vez que una palada
caía sobre el asno, éste se estremecía, sacudía y pisoteaba. Para
sorpresa de todos, antes de que el día hubiese acabado, el asno
apisonó la última palada de tierra, y salió del agujero a disfrutar del
último resplandor del sol. (Anónimo)
Metáfora de la lucha con el monstruo
El contenido de esta metáfora puede hacerse a modo de diálogo
socrático.
El contenido tiene como objetivo que el cliente lo relacione con su
experiencia de lucha.
Se le pregunta al cliente si su problema (ansiedad, preocupación,
recuerdos, culpabilidad, pensamientos negativos...o el problema que
plantee) se parece a una persona que estuviese unida a un monstruo
por una cuerda y con un foso entre ambos.
Mientras el monstruo está tranquilo, dormido, tumbado, esa
persona puede verlo, pero en cuanto despierta se hace insoportable,
insufrible, y esa persona tira de la cuerda para conseguir tirar al
monstruo al foso. A veces parece que se calma al tirar de la cuerda,
como si se diera por vencido, pero lo que ocurre a la larga es que
cuanto más tira esa persona, más próxima está del filo del foso y,
por el contrario, más grande, fuerte y amenazante está haciéndose
el monstruo.
Así la situación es que esa persona tiene que estar pendiente
constantemente de si el monstruo se levanta para tirar de la cuerda,
y además, cuando ella tira el monstruo también lo hace, lo que a
veces lleva a que ella esté al borde del abismo. Y mientras, su vida se
limita a estar pendiente de la cuerda. A esa persona le gustaría no
estar atado al monstruo, pero eso no es algo que pueda cambiarse,
de manera que se plantea qué puede hacer basado en su experiencia.
Una posibilidad para hacer su vida es soltar la cuerda y ver al
monstruo. Otra que su vida se limite a estar pendiente de la cuerda.
En realidad, la ansiedad, los pensamientos negativos, la
culpabilidad, los recuerdos, la preocupación es como un monstruo
que vive y se alimenta de adrenalina. Cuando algo nos avisa de que
hay un peligro, como cuando bajamos por una escalera mucho más
empinada de lo que esperábamos, realizamos una descarga
automática de adrenalina y el monstruo de la adrenalina que estaba
dormido se despierta y hace que de forma automática nos
agarremos a la barandilla y así nos ayuda a no caernos. Nos damos
cuenta de que tenemos el monstruo dentro y que se ha quedado,
porque mientras digerimos la adrenalina todavía le queda alimento
para vivir y seguimos sintiendo ansiedad.
Cuando pasa el tiempo sin que veamos un nuevo peligro, el cuerpo
recupera su nivel normal de adrenalina y el monstruo hiberna.
Cuando es el propio monstruo el que nos da miedo y luchamos para
echarlo del cuerpo, para que desaparezca de inmediato, la lucha nos
lleva a hacer otra descarga de adrenalina.
El monstruo, encantado porque tiene más alimento, crece y se hace
más amenazador, nos dice cosas terribles como que va a comernos
el cerebro, que nos va a dañar el corazón y que nos va a paralizar la
garganta para siempre. Si aceptamos al monstruo en nuestro cuerpo
y no hacemos nada para que se vaya, entonces dejaremos de darle
alimento y el monstruo hibernará de nuevo.
La disposición a experimentar lo que sea que la historia de uno pone
sobre la mesa es la clave que permite ser capaz de establecer y
mantener compromisos para cambiar aquello que en la actualidad
no nos está funcionando. Antes de ello enumerar verbalmente las
diferentes soluciones que el cliente ha puesto en práctica para luchar
contra sus eventos privados negativos.
Se tiene que hacer ver el esfuerzo que ha realizado, la sensación de
impotencia del cliente y la sensación de haber perdido mucho
tiempo y muchas cosas que esperaba hacer en su vida.
Metáfora del ajedrez
Se pide al cliente que se imagine un tablero de ajedrez en el que hay
fichas blancas y negras jugando una partida. Las fichas blancas
serían, p. Ej., los pensamientos "positivos" que el paciente tiene,
aquellas cosas que le gusta pensar. Por el contrario, las fichas negras
son los pensamientos, emociones, etc. contra las que el paciente ha
estado luchando, aquello que ha intentado expulsar de su vida. Pues
bien, planteada así la situación, se pregunta al cliente quién sería él
en esta hipotética situación. Habitualmente, las personas suelen
contestar que ellos son las fichas blancas. Ante esta respuesta el
terapeuta debería pararse y pedirle al cliente que considere alguna
otra posibilidad. Si él no fuera las fichas blancas ¿quién sería? Se
puede sugerir al cliente que tal vez fuera el tablero que contiene
tanto las fichas blancas (los pensamientos, emociones, etc. que
gustan) como las negras (los que no gustan). De hecho, está claro
que él tiene (con-tiene) tanto aspectos "blancos" como "negros". El
juego ha sido, hasta ahora, intentar que las blancas ganen la
partida; pero este juego ha resultado muy poco fructífero y tal vez
haya traído más costos que beneficios. Otro juego posible sería
mover el tablero hacia la dirección que se estima adecuada, vayan
ganando las blancas o las negras. Tal vez sea más difícil mover el
tablero (la persona) cuando las negras van ganando la partida; pero
desde luego que no es imposible. La metáfora que se acaba de
explicar tiene la función de cambiar el marco desde el que el cliente
vive sus emociones o pensamientos "negativos", aquellos aspectos de
su experiencia que le molestan.