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El deseo prohibido de Doug

El deseo prohibido de Doug es una novela que explora la compleja relación entre Doug McQueen y Hilary Jefferson, quienes luchan con sus sentimientos mutuos a pesar de las restricciones familiares y sociales. Doug se siente atraído por Hilary, la hermana de sus amigos, lo que complica su vida y su música, mientras que Hilary también enfrenta sus propios deseos y la presión de ser vista solo como la hermana de los miembros de una banda. La historia se desarrolla en un contexto de amor prohibido, dilemas emocionales y la búsqueda de la valentía para expresar sus verdaderos sentimientos.

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El deseo prohibido de Doug

El deseo prohibido de Doug es una novela que explora la compleja relación entre Doug McQueen y Hilary Jefferson, quienes luchan con sus sentimientos mutuos a pesar de las restricciones familiares y sociales. Doug se siente atraído por Hilary, la hermana de sus amigos, lo que complica su vida y su música, mientras que Hilary también enfrenta sus propios deseos y la presión de ser vista solo como la hermana de los miembros de una banda. La historia se desarrolla en un contexto de amor prohibido, dilemas emocionales y la búsqueda de la valentía para expresar sus verdaderos sentimientos.

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Darlis Stefany

El deseo prohibido

de Doug

LIBRO II DE LA SAGA BG.5

Nova Casa Editorial

1
El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Publicado por:

Nova Casa Editorial

[Link]

info@[Link]

© 2017, Darlis Stefany

© 2017, de esta edición: Nova Casa Editorial

Editor

Joan Adell i Lavé

Coordinación

Claudia Márquez

Daniel García P.

Portada

María Alejandra Domínguez

Maquetación

Daniela Alcalá

Revisión

Mario Morenza

ISBN: 978-84-16942-94-7

Cualquier for ma de reproducción, distribución, comunicación pública o trans-

for mación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titu-

lares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de

Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de

esta obra. ([Link]; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Índice

Portadilla

Sinopsis

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV

Capítulo XV

Capítulo XVI

Capítulo XVII

Capítulo XVIII

Capítulo XIX

Capítulo XX

3
El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Capítulo XXI

Capítulo XXII

Capítulo XXIII

Capítulo XXIV

Capítulo XXV

Capítulo XXVI

Capítulo XXVII

Capítulo XXVIII

Capítulo XXIV

Capítulo XXX

Capítulo XXXI

Capítulo XXXII

Capítulo XXXIII

Capítulo XXXIV

Capítulo XXXV

Capítulo XXXVI

Capítulo XXXVII

Capítulo XXXVIII

Capítulo XXXIX

Capítulo XL

Capítulo XLI

Capítulo XLII

Capítulo XLIII

Capítulo XLIV

Capítulo XLV

Capítulo XLVI

Capítulo XLVII

Capítulo XLVIII

Capítulo XLIX

4
El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Capítulo L

Capítulo LI

Capítulo LII

Capítulo LIII

Capítulo LIV

Capítulo LV

Capítulo LVI

Capítulo LVII

Capítulo LVIII

Capítulo LIX

Capítulo LX

Epílogo

Forbidden Fantasy (versión original)

Darlis Stefany

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Sinopsis

Algo que Doug siempre supo es que la her mana Jeffer-

son era intocable, perfecta y definitivamente no destinada

para él. ¿Pero algo que también supo? Que por más que lo

intentara no podría huir de ella, no cuando esos ojos azules

verdosos y sonrisa angelical estaban destinados a perse-

guirlo en sueños, duchas e incluso en el escenario, ¿y por

qué no decirlo? También lo perseguían mientras escribía

una canción.

El problema de Hilary siempre se ha reducido en volver

al mismo punto de partida: desear a Doug McQueen. Inclu-

so viéndolo en revistas con todos sus ligues, ella no puede

huir de los cosquilleos en su estómago, ni el deseo de te-

nerlo para sí misma.

¿Qué se hace cuando se desea lo prohibido? Lo tomas

y ese es el error que Doug ha creído cometer. Ha tomado

su deseo.

¿Dónde radica el error de Doug? En tomar el deseo que

lleva por apellido Jefferson, el mismo apellido que sus dos

sobreprotectores amigos, compañeros y her manos de ban-

da poseen.

Se han dejado llevar, las cosas fueron más allá de lo pla-

neado y ahora no saben cómo enfrentarlo.

Una cosa es cierta: Doug no sabe cómo decirle a los

her manos Jefferson que ha dejado algo más que besos en

su her mana, que ha dejado algo echando raíces en su cuer-

po.

Entonces así es como sucede, así es como Hilary siem-

pre ha sido y parece ser el deseo prohibido de Doug.

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Renunciar a lo que se quiere, nunca ha sido fácil.

Vencer los miedos nunca ha sido difícil.

¿Un «te amo»? Mierda, es de valientes.

Hay tantas jodidas palabras para describir una emoción.

Pero, princesa, tú me dejas sin una palabra que decir.

Quiero alabar tus curvas, perder me en tus

labios y saborear tu cuerpo.

Pero la cosa es esta:

Cuando te veo, todo me da vueltas.

¿Es amor?

Dime qué es esto. Me estoy volviendo loco,

pero no quiero dejar de sentirlo.

Puedo atravesar obstáculos solo si tú te atreves a amar-

me.

La princesa Jefferson es prohibida, pero lo prohibido

siempre me ha llamado y cautivado.

Esta no ha sido la excepción.

DOUG MCQUEEN.

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Prólogo

3 de junio, 2005.

—¿Cariño, estás molesta? —pregunta mamá, sonrío

aunque no quiero hacerlo.

Por supuesto que estoy molesta, es mi cumpleaños nú-

mero trece, quería hacer una pijamada, realmente lo desea-

ba. Pero entonces hace cinco meses mis her manos queda-

ron en una banda y hoy conoceremos a sus miembros.

—No, mamá, estoy bien, de verdad.

—Luego prometo que te llevaremos a comer helado ca-

riño —asegura papá entrando en la cocina y robando un

beso de mamá.

Hago mi sonrisa aún más grande para que sea más creí-

ble, luego suspiro y me dirijo a la sala, en donde me dejo

caer en un acogedor sofá. Paso una mano continuamente

por mi pantalón, que debería ser ajustado, pero bueno, pa-

rece que aún por asuntos del destino seré una chica plana,

por lo menos no soy fea, es mi consuelo al ser plana.

Llevo puesta la camisa que Dexter y Harry me regalaron,

aun cuando esta dice «Princesa», me gusta porque me la

dieron mis her manos, her manos que ya extraño.

Cinco meses atrás mis her manos audicionaron y queda-

ron en una banda, pero anterior a eso, dos meses antes, al

vivir juntos en un pequeño apartamento, solían venir a me-

nudo, pero ahora sus visitas no son tan frecuentes.

Lo bueno es que las odiosas chicas ya no se pasean por

nuestra casa intentando tener la atención de mis her manos.

—Vamos, cariño, regálame una sonrisa —dice papá de-

trás de mí tomándome por sorpresa.

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

—¡Papá, me has asustado!

—Prometo que este será un genial cumpleaños, sabes

que yo, Carter Jefferson, no rompo mis promesas nunca.

—Creo en ti.

—Y yo creo en ti, cariño.

Le doy una sonrisa sincera antes de sentir sus labios pre-

sionar mi frente, el timbre suena, suspiro lentamente. Es mi

cumpleaños, quiero estar con mis amigas, no conocer a la

banda que se está llevando a mis her manos.

Doy otro suspiro cuando escucho voces masculinas y

roncas de tanto reír. La risa de Dexter sobresale entre las

demás y no puedo evitar sonreír, Dexter nunca ha sido un

chico callado.

Sigo pasando la mano continuamente por mi pantalón,

unos brazos me rodean desde atrás y no puedo evitar son-

reír realmente.

—Hola, pero si es mi her mosa cumpleañera, mi Hil —di-

ce Harry besando sonoramente mi mejilla. No puedo evitar

emocionar me, poner me de pie y arrojar me a los brazos de

mi her mano—. Feliz cumpleaños, her mosa.

Dejo que me abrace por cuánto tiempo quiera. Mamá

dice que soy demasiado apegada con mis her manos, que

soy algo dependiente de ellos, pero para mí ellos son más

que mi familia, incluso unos héroes.

—Te amo, Hil.

—Y yo a ti Harry, aunque ya no me visites.

Harry me separa de su cuerpo y frunce el ceño, pero rá-

pidamente Dexter aparece con su sonrisa ladeada y diverti-

da.

—Mi her mosa her mana cumple 13 años, que belleza —

dice a paso apresurado antes de alzar me sobre mis pies y

comenzar a dar vueltas.

—¡Dex! —digo riendo. Cuando me libera comienza a

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

apretar mis mejillas con diversión, haciendo que Harry gire

sus ojos.

Tras de Dexter veo tres sombras, sus compañeros de

banda. Los roba her manos. Plasmo de nuevo mi sonrisa fal-

sa, mientras Harry me encamina hacia ellos.

—Ellos son BG.5 Hil, él es Andrew —anuncia Harry, un

atractivo chico de cabello rubio color miel me tiende la ma-

no con una bella sonrisa.

—Es un placer conocerte Hilary, feliz cumpleaños.

—Gracias, Andrew.

—Él es Ethan —sigue Dexter, señalando a un muy atrac-

tivo chico que me guiña un ojo y besa mi mano—, eh, no te

la des de listillo.

—Y él es Doug —finaliza Harry.

Es un chico rubio, por supuesto que increíblemente

atractivo, con unos ojos azules claros y profundos. Me rega-

la una pequeña sonrisa mientras una de sus manos se man-

tiene tras su espalda. Por alguna razón solo me mantengo

en silencio mientras él toma mi mano y la sacude.

Mis palabras ter minan de desaparecer cuando de su es-

palda saca una rosa blanca, una her mosa rosa blanca que

pasa por mi nariz haciéndome reír por la cosquilla que me

produce.

—Es un placer conocerte princesa Jefferson —señala mi

camisa, justo en «Princesa»—, esta rosa es para ti. Feliz

cumpleaños —agranda su sonrisa mientras me ve tomar la

rosa.

Dexter lo empuja levemente mientras dice cuan «estúpi-

do» es que me diera una rosa sin conocer me, pero yo solo

lo observo y quiero creer que él me observa a mí.

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

Capítulo I

23 de agosto, 2012.

¿Alguien conoce esa sensación de humillación? Es exac-

tamente la sensación que invade mi cuerpo en este mo-

mento, me siento humillada y no puedo rehuir de ese senti-

miento.

Josh habla y habla tantas veces como puede, pero to-

das sus palabras son más de lo mismo: mis her manos. Es al-

go tan común y repetitivo que ya no me per mito sentir mo-

lestia, ya es algo más cercano a la resignación.

Mi celular vibra, por lo que lo tomo y bajo la vista hacia

él. Leo el mensaje de Katherine.

«La boda va a empezar ¿En dónde estás? Te nece-

sito Hil, Ashton está aquí y él ha aceptado hablar con-

migo, tengo miedo de lo que vaya a decir me».

Leo el mensaje al menos tres veces, me encanta la pare-

ja que hacen Keith y Bridget. Ellos son geniales, pero, ho-

nestamente, no me siento con ánimos de festejar el amor

de otros, aun cuando eso suene egoísta y totalmente no

suena como yo.

Tengo grandes dilemas para decidir si quiero o no ir, so-

bre todo tomando en cuenta de que Katherine, quien se ha

convertido en la amiga más importante y sincera que ten-

go, parece necesitar me.

Una vez más veo a Josh, me parece que dice algo acer-

ca del nuevo CD de la banda a la que pertenecen mis ama-

dos her manos y que pronto será lanzado a la venta. Josh

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

parecía tan perfecto que realmente pensé que no pasaría

por esto de nuevo, pero heme aquí, escuchando a un chico

que debería estar interesado en mí hablando de BG.5 e ig-

norando todo lo que yo pueda tener para decir.

Quizás estoy destinada a morir soltera…, y virgen.

Ese pensamiento me hace estremecer, mierda, nadie

quiere morir virgen y sola.

—Y te juro que aquella vez que los vi yo… —sigue Josh,

creo que ahora habla acerca de un concierto de BG.5 al

que acudió.

Ni pensar que estuve saliendo dos meses con Josh y fue

agradable, pero hoy, que he nombrado a mis her manos y él

ha hecho cálculos, la magia se esfumó, ahora para él solo

soy Hilary Jefferson, la her mana de Harry y Dexter Jeffer-

son.

Creo que tengo fuertes ganas de llorar.

Quien diga que las chicas bonitas lo tienen todo fácil no

saben lo que dicen.

—Por favor, cállate, Josh —pido finalmente antes de

respirar hondo y tratar de contener las estúpidas ganas de

llorar—, has arruinado esta cita, será mejor que lo dejemos

de este modo.

—¿Qué sucede Hilary?

—Sucede que soy Hilary, una persona, una chica que

quería tener algo contigo, no soy solamente la her mana Je-

fferson.

—Debes entender que es algo grandioso el que seas su

her mana…

—Sé que es algo grandioso, amo tener a esos idiotas

como her manos, pero no me gusta la manera en la que lo

estás enfocando, simplemente que te vaya bien, Josh.

Creo que Josh está diciéndome algo, pero salgo a toda

prisa de la cafetería buscando un taxi que desearía me lle-

vara a mi casa donde mamá pueda dar me un abrazo y de-

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

cir me que no es la gran cosa, ella puede entender me, pero

estoy en Liverpool, quizás sea un poco cruel haber traído a

Josh a Liverpool y ter minarle, pero se suponía él sería mi

acompañante a la boda.

Lo he decidido, iré a la boda, Katherine me necesita y

no dejaré que se hunda de la manera en la que siento que

me estoy hundiendo yo.

• • •

Cuando llego a la casa de los Stuart me parece que to-

dos ya están celebrando, incluso me topo con Andrew

quien me da una de sus dulces sonrisas mientras se detiene

a saludar me.

—Pensé que no vendrías.

—Sí… Solo se me hizo un poco tarde —digo, devolvién-

dole la sonrisa cuando besa mi mejilla a modo de saludo.

—Te ves preciosa, déjame decirte —me hace dar una

vuelta y escucho un bufido, al dar me vuelta se trata de

Dexter quien me estrecha entre sus brazos.

—Llegaste tarde, cariño —mur mura cerca de mi frente.

—Estaba haciendo algo —respondo, devolviéndole el

abrazo. Abrazar a cualquiera de mis dos her manos se siente

genial, se siente como que estoy siendo protegida y ama-

da.

—¿Sucede algo? —cuestiona Dexter viéndome fijamen-

te con esos ojos verdes nítidos que, en ocasiones, pueden

resultar intimidantes.

Dexter puede afir mar que Harry y yo poseemos ojos in-

creíbles, pero los suyos no se quedan atrás, son de un ver-

de muy vivido que resulta intenso bajo una mirada.

—Estoy bien.

—¿No ibas a venir con el enclenque del chico de tu uni-

versidad? —pregunta mi her mano liberándome de su abra-

zo, haciéndome reír, tal vez debí decirle a Josh la manera

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El deseo prohibido de Doug Darlis Stefany

en la que Dexter lo llama.

—No, para nada, él quedó atrás —digo con una peque-

ña sonrisa mientras desplazo mi mirada por el jardín.

Inmediatamente mis ojos dan con Doug, que se en-

cuentra hablando con Ashton. Siento esa molestia que me

invade cada vez que aparecen esas cosquillas al ver a al-

guien que siempre me ha visto como «la her manita Jeffer-

son».

Desde que tengo uso de memoria Doug me ha gusta-

do, me ha gustado de una manera que antes solía asustar-

me y hacer me llorar por anhelar a alguien que no era capaz

de ver me de la misma for ma.

Recuerdo que cuando lo conocí a los 13 años, pasó de

llamar me la atención a hacer me tener un vergonzoso ena-

moramiento que desde luego resultó un poco obvio.

La etapa 15/16 no fue mucho mejor, para ese entonces:

él era increíblemente dulce y hacía sus comentarios listillos

y picantes pero siempre midiendo sus límites cuando se tra-

taba de mí, aunque a veces me daba algunas miradas siem-

pre parecía tener me detrás de unas barreras.

Cuando él comenzó a coquetear con una amiga, incluso

frente a mí, fue como sentir mis ilusiones esfumarse con to-

dos esos sueños tontos de nosotros dos juntos. Me di cuen-

ta de la realidad y volví al anonimato de imaginaciones, pe-

ro siempre procurando no dejar me llevar, después de todo

debía proteger me.

Pero esta es la cosa, uno no tiene el poder de controlar

el hecho de que alguien te guste de tal manera como para

colarse en tus pensamientos. Las emociones pueden ser

manipulables, pero no pueden dirigirse.

Y aunque me molesta que aún Doug me guste, también

me agrada la sensación de cosquilleo y expectación de lo

que suelen ser pequeñas conversaciones divertidas. No

puedo culparlo, nunca me ha ilusionado, solo soy como

cualquier típica chica que no puede evitar caer bajo sus en-

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FIN DEL FRAGMENTO

Sigue leyendo, no te quedes con las ganas


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