Tobías
Hay algo que debo confesar, aunque me llena de culpa hacerlo. He sido
consciente de lo que siento desde hace mucho tiempo, pero lo he
escondido, como si al tratar de negarlo pudiera hacerlo desaparecer. Sin
embargo, el corazón siempre tiene sus propios caminos y se empeña en
recordarnos lo que preferiríamos olvidar.
Me ilusioné contigo, Tobías. Y sí, te mentí al decirte que ya no era así.
Fue un sentimiento que creció de manera silenciosa, alimentado por
nuestras conversaciones, tus palabras, tu forma de ser. En mi mente,
construí algo que no era real, algo que no tenía cabida en este mundo. Y
aun sabiendo eso, me permití soñar. No puedo evitar preguntarme cómo
algo tan fugaz, como unas cuantas palabras y gestos, puede calar tan
hondo, arraigarse tan profundamente en uno. Tal vez nunca lo
entenderé. Quizás fue la forma en que tu presencia, tan natural y
sincera, se cruzó con la mía, haciendo que mi corazón tomara un rumbo
que no era el suyo, me es imposible, en este momento, verte de otra
manera.
No sé si fue una idea de ti la que me atrapó, o si fui yo quien tomó lo
poco que sabía de ti y lo convirtió en algo más grande de lo que debería
haber sido. Me gusta pensar que siempre hay una respuesta para todo,
pero esta vez no logro encontrarla. Todo esto se siente como un acertijo
que no quiero resolver, aunque me pese llevarlo dentro.
Lo más desconcertante es que, a pesar de saber que esta ilusión no
tenía futuro, me permití aferrarme a ella. Me permití creer en algo que
no era más que una fantasía construida por la soledad y la necesidad de
encontrar una conexión que me llenara. Pero, aunque todo eso era un
espejismo, no me arrepiento de haber sentido lo que sentí. Porque, al
final, esas emociones me ayudaron a entenderme mejor, a descubrir
partes de mí misma que ni siquiera sabía que existían.
Sé que fui injusta contigo, Tobías. Al guardar silencio, también me dejé
llevar por el egoísmo. Sabía que tu vida ya tenía un camino, que tu
corazón ya pertenecía a otro, y aun así, permití que este sentimiento
creciera. No busco excusas ni justificaciones, porque sé que fue un error.
Permití que mi propia necesidad de conexión nublara mi juicio, y eso no
fue justo para ti, ni para mí.
No espero nada de ti con esta carta. No quiero que te sientas
responsable de algo que no te corresponde. Lo único que busco es
liberar este peso, ser honesta contigo y conmigo misma. Lo hago porque
tú mereces claridad y porque yo también necesito empezar a sanar.
Voy a seguir adelante, Tobías, con la lección aprendida. El amor, cuando
no es recíproco ni realista, puede convertirse en una carga si no se
maneja con cuidado. Te agradezco por todo lo que me diste sin siquiera
saberlo, y espero que encuentres la felicidad que tanto mereces.
Sé que no me perdonarás, que no hay camino de regreso y que no soy
digna de nada que venga de ti. Lo sé con una certeza que duele
profundamente, con cada parte de mí aceptando esta verdad
implacable.
No sé si recuerdes aquella noche en la que hablamos de Spinetta. Te
dije que personas como él ya no existen, y ahora no sé si lo entendiste
como yo lo sentía en ese momento. Porque, aunque pareciera que
hablaba de él, todo lo que dije en realidad era para ti.
Tú, con esa manera tan única de sentir que parece tan especial en estos
tiempos, me hiciste pensar que aún existen personas que llevan el
corazón a flor de piel, que no temen a lo que duele, que entienden la
música, las palabras y el silencio como si todo fuera parte de algo más
grande. Desde esa noche, cada canción que mencioné y cada palabra
que compartí tuvo un doble sentido que nunca notaste porque eres
torpe.
Quiero que vivas, que te permitas sentir que el mundo es tuyo, porque
lo es. Todo te pertenece, no por posesión, sino porque tienes la
capacidad de habitarlo como pocos. Quiero que te reconozcas en cada
instante, en cada respiración, en cada pedazo de cielo que mires. Que
sientas que incluso lo más minúsculo guarda algo de ti, porque tu
presencia tiene esa cualidad: transformar lo insignificante en algo
extraordinario.
Aprenderás que con la nada también se vive, que los vacíos no son
ausencia, sino espacio para crecer y redescubrirte. Vivir con el dolor no
es sencillo, lo sé perfectamente, pero se aprende. El dolor, aunque
amargo, no es adversario; es maestro. Nos enseña sobre nuestra
fortaleza, sobre los límites que creíamos tener y las profundidades que
podemos alcanzar. Quiero que por favor lo entiendas no como un
castigo, sino como un recordatorio de que estás vivo, de que sientes
intensamente, de que eres humano en toda su [Link] sé qué
traiga la vida conmigo y contigo. Los caminos son inciertos y, a veces,
cruelmente caprichosos. Pero en ese azar también hay belleza, porque
no sabemos cuándo una curva inesperada puede llevarnos a
encontrarnos nuevamente. Ojalá algún día pueda saber de ti, o tú de mí.
Porque incluso en la distancia, incluso en los silencios prolongados,
siempre tendrás mi alma inclinada ante ti, con mi corazón en mano,
dispuesto a ser tuya de manera incondicional.
Quizás no puedas percibirlo ahora, pero en algún rincón del universo, en
algún plano que no vemos, mi existencia sigue reverberando en
dirección a ti. Y eso, aunque parezca intangible, es una verdad que
nunca dejará de existir.
No quiero que respondas esto. Sé el peso de tus palabras y lo afligida
que me siento al leerlas. Créeme, lo último que quisiera leer es verte
despidiéndote de mí. Déjamelo a mí. Soy yo quien lleva ese dolor, soy yo
quien carga con todo lo que no nos hemos dicho, lo que hemos callado.
Pero, por favor, no seas tú quien cierre esa puerta. Aquí una playlist con
canciones que me hacen recordar a ti:
[Link]
si=cb479706e7d14e42.
Con cariño,
Ann.