ADIÓS
Capítulo 3.
Me sentí pérdida ,sin saber que [Link] algo, de eso estaba segura y en el
fondo, muy al fondo de mi alma hasta sabía que era, pero no lo quería ver ni creer
y tampoco sabía como afrontar algo así.
Llamé a Aurora de nuevo pero no me lo cogió.Le dejé un audio en WhatsApp en el
que le contaba la situación y que no sabía que hacer, pero que todo era raro de
cojones. Pensé en Jimena pero aún estaría trabajando porque últimamente salía
muy tarde del bufete de abogados. Y llamé a Mauro que me lo cogió al segundo
tono y ahora que lo pienso, menos mal que estaba conmigo para enfrentarme a lo
que me enfrenté.
Mauro tardó 5 minutos de reloj en recogerme en la puerta de casa. Cuando
estaba acercándose con el coche y la ventanilla abierta a mi altura, yo estaba
llamamando a "Antonio" y nada no lo cogía nadie.
Aún no sabíamos donde ir ni que hacer, pero lo pensaríamos en el coche. Él
estaba muy nervioso y me ponía aún más a mí. No sé si porque se olía lo que yo
no quería ver ó simplemente porque estaba nervioso al igual que yo desde que lo
llamé.
- ¿Mauro puedo fumar? – me miro y se rio, risa nerviosa diría yo.
- En otro momento te hubiera dicho que en mí A1 no fuma ni dios. Pero si hija mía
fuma tranquila. A todo esto – me miro de nuevo – ¿Dónde vamos?
- Pues es que no lo sé, Rosa me ha colgado el teléfono de esa manera, y él no lo
coge, la madre no sabe nada; he llamado a ese tal "Antonio" y no lo coge
tampoco, ya estoy empezando a pensar cosas muy raras. Y me gustaría saber que
cojones pasa, Mauro. - le di la primera calada al cigarro-.
- Vale, tranquila, vamos a ir al hotel a ver si está el coche allí, si está entras e
investigas. – me miro muy serio -.
- y sí… - no me dejó terminar-.
- Si no está… ya veremos que hacemos.
- Vale, ¡vamos! – y cruzamos los dedos juntos -.
Mauro era mi amigo desde la guardaría, siempre supe que era gay, siempre. Tenía
algo especial, me aportaba un cariño y me transmitía una sensibilidad que lo hacía
diferente, aunque siempre jugábamos todos con todos y quedaba con los niños de
clase y demás; siempre nos buscaba a nosotras para marujear y escribir cartas de
amor, ver Titanic, jugar al elástico o a verdad atrevimiento beso.
Se convirtió en mi mejor amigo, mi confidente, el me entendía siempre y me
aconsejaba también, lo de haber tenido un único novio con el que llevaba 9 años
lo veía fatal, siempre decía que tenía que haber probado más y no quedarme con
una única relación.
Él era muy presumido y haber tenido la suerte de sacarse su carrera de
periodismo y trabajar como Commuunity Manager gestionando las redes sociales
de empresas, le daba para vivir bien con su pareja Nando y vestir con ropa cara.
Tenía un pelo espeso ondulado y castaño que en ocasiones se dejaba más largo de
lo normal y le caía con rizos por la frente que lo hacían más atractivo aún, sus ojos
marrones y un cuerpo esbelto y marcado que cuidaba con cremas, dieta y
gimnasio que con su metro ochenta le hacían tremendamente buenorro. Yo lo
envidiaba porque toda la ropa le quedaba de fábula y tenía un estilo de fashion
victim que hasta poniéndose la camisa más horrorosa, escándalosa ó llamativa la
lucía y defendía como nadie.
Llegamos a la puerta del hotel y el coche no estaba, me puse más nerviosa aún.
Entre miré a todos lados y no sabía que hacer ni que decir porque tampoco quería
parecer la novia celosa y loca de Óscar y ser la comidilla del desayuno del día
siguiente.
Patricia ya no estaba, claro eran las diez de la noche y su turno de recepcionista
habría terminado. Había una chica que no conocía pero que por la insignia que
lucia en la solapa vi que se llamaba Inés. Me miró y me sonrió creería que iba a
necesitar una habitación.
-Hola, ¿en qué puedo ayudarte?
-Hola, preguntaba por Óscar, soy su novia, Patricia me conoce, - le sonreí-.
-Óscar creo que no está, pero si quieres te lo confirmo, llamó, un segundo.
Tardó algo más de un segundo o eso me pareció a mí.
Me miraba con el teléfono en la mano y me sonreía educadamente.
-Pues, eh ¿tú nombre?
-Malena, me llamó Malena.
-Me dice Rosa que no está.
- Ah, ¿Rosa sigue aquí? – me miró con duda-.
-Sí, el turno de Rosa no termina hasta las doce. – y seguía mirando con duda-
-Vale voy a ver a Rosa, muy amable Inés.
Vi que salía del mostrador para no se si a detenerme o decirme algo más, pero yo
corrí más que ella bajando escaleras.
Hasta llegar a la cocina, ni me acordé del ascensor y la ropa que llevaba me daba
calor, estaba sudando.
Me vio entrar y se le cambió la cara.
-Rosa, ¿dónde está Oscar? Sé que sabes dónde está, o sabes algo que no sé. – me
miraba si mediar palabra -.
-Rosa te lo pido por favor, por los años que nos conocemos y por mi y por Óscar,
dime ¿qué pasa? – se sirvió un vaso de agua y me sirvió otro a mí-.
-No puedo decirte nada Malena. Lo siento, te conozco de muchos años, pero él es
“mi niño” y no puedo decirte nada. Él es quien te lo tiene que decir. – bebió un
sorbo -.
-Rosa estoy preocupada, no sé que pasa, no me coge el teléfono, te llamo y me
cuelgas de esa forma tan rara. Ahora me dices esto y me pones aún peor.-hice el
amago de buscar el paquete de tabaco en el bolso pero después caí en que estaba
en una cocina y no se puede fumar-.
-Malena, él no está aquí, es lo único que puedo decirte. – y se encogió de
hombros -.
-¿En serio Rosa que no me vas a decir más nada? por el amor de dios Rosa, qué
escondes? Es mi futuro marido, nos casamos en julio, me conoces desde hace
mucho tiempo, no me puedes dejar así. – y la mire fijamente, pero no me
mantenía la mirada-.
-Lo siento Malena, pero no quiero meterme donde no me llaman, lo siento de
verdad. No puedo hacer nada más.- Y se volvió a seguir con lo que estaba
haciendo-.
-Espero que no te sientas orgullosa de ese comportamiento que estás teniendo,
porque el será tu “niño” pero yo estoy sufriendo. Y tú tienes una hija de mi edad
Rosa, le puede pasar a ella, reza porque nunca le pasa nada así y sí le pasa por lo
menos que tengan mas corazón con ella, porque tú desde luego conmigo no lo
estás teniendo. – y me fuí sin más -.
Salí llorando de allí, Inés se quedó sorprendida al verme salir así, pero no me paré
siquiera para decirle adiós. Me monté en el coche y ahí ya no eran lágrimas era un
río a compuerta abierta.
-Malena ¿qué pasa? – Mauro estaba que le iba a dar algo y cuando me vio ya era
un ataque cardíaco.
-¡¡No me dicen nada!! ¡¡la puta Rosa no me dice nada!! ¡¡y lo sabe Mauro, lo
sabe!! ¡¡sabe donde está!! ¡¡y no me quiere decir nada!! dice que es su “niño” y
que no le haría eso. Mauro ¿qué está pasando? ¿Dónde está mi futuro marido? –
y sollozaba más y más -.
-¡¡Yo me cagó en la cara de peo que lo parió y en todo lo cagable!! lo voy a llamar
yo, a ver que pasa. – y se puso muy serio con el móvil en la oreja -.
Yo me encendí un cigarro y abrí la ventanilla porque me faltaba el aire. Nada no se
lo cogía a él tampoco. Nos fuimos a mi casa, me hizo una tila y llamé a mi suegra,
que se puso muy nerviosa y preocupada. Me dijo que lo llamaría a ver si a ella se
lo cogía y después colgó.
Mauro se quedó conmigo toda la noche, sí como lo lees toda la noche porque a
las seis de la mañana aún no sabíamos nada de él, aunque el móvil daba tono de
llamada. Mi suegra llamó sobre las dos de la madrugada y nada no se lo cogía y
me dijo que si no aparecía llamaría a la policía por la mañana. A las 6 y media me
di una ducha para irme a trabajar, pero Mauro me dijo que llamará a Lili para
decirle lo que pasaba, Lili era muy buena, una señora de sesenta y dos años como
una madre para mí. Nunca tuvé ni un más ni un menos con ella, era especial, no
era una jefa, aunque también. Era una mujer que se casó ya madurita por
circustancias familiares, tuvo una única hija que era Doctora en Santa Isabel, una
clínica de Sevilla, estaba soltera y sin hijos.
Su marido Ignacio y ella vivian en la misma calle del negocio, pero soñaban con
vender y vivir su vejez en la costa de Málaga.
Mis padres vivían en la costa de Huelva en un ático que compraron al prejubilarse
mí padre y venderle la casa de Sevilla a mi hermana. Lili se convirtió con su calor
maternal en una segunda madre para mí. Me dijo que lo entendía y que no fuera
a trabajar, que llamará en cuanto supiéramos algo.
Puse la cafetera, porque necesitaba un café, no las cápsulas que yo siempre digo
que no son café de verdad. Si soys cafeteros me entenderéis. Bebimos café y yo no
comí nada, porque sabía que si comía vomitaba nada más tragará la comida de los
nervios que tenía, y cuando Mauro estaba haciéndose tostadas en la cocina la
cerradura se escuchó y se abrió la puerta de casa. Si hubierais visto como yo vi a
mi futuro marido entrar en casa…
No sé como no me dió un infarto en aquel momento. Estaba sucio de barro, tierra,
polvo… todo, su pelo, cara, ropa, manos, zapatos... Como sí se hubiera arrastrado
por el suelo toda la noche. Al verme empezó a llorar desconsolado y al verle las
heridas en la cabeza ,cuello y cara creía que había tenido un accidente ó había
atropellado a alguien. Pero como no dejaba de llorar y no podía gesticular palabra,
el no saber que le había pasado me pusó más nerviosa. Mis piernas eran dos
flanes, yo lo abrazaba y le preguntaba pero no decía nada.
Al escucharme mi llanto y mis gritos, Mauro apareció en el umbral del salón. Se
quedó alucinado al verlo, se tapó la boca con las manos y empezó a sollozar.
- ¡Díos mío Óscar! ¿ Qúe te ha pasado?
- Malena... - Eso era lo único que acertaba a decir-.
Bebió agua que le ofreció Mauro y lo subimos para que pudiera bañarse. Abajo
sólo teníamos un aseo. Yo me quedé en la cama de matrimonio sentada y Mauro
de pie, andando de una lado a otro de la habitación.
-Mauro ¿qué pasa? ¿Es lo que creó que es? – pero Mauro no me miraba-.
-Malena dale tiempo, tiene mucho que explicarte y contarte, dale espacio que
pueda desahogarse tranquilamente. No lo agobies con preguntas, el solo va a
hablar, ya lo verás.
-No quiero escucharlo- y me puse a llorar-.
-Mi niña, Malena, escúchame -se sentó al lado mía en la cama-. sí es lo que
creemos que es, te lo acabará contando, las marcas son claras, y si lo iba a hacer
tenía que tener un motivo muy fuerte para hacerlo, déjale que se expliqué. – me
dio un beso en la sien-. Me marcho.
Y Óscar salía del baño en ese momento.
-No Mauro no te vayas, quédate, por Malena, quédate. No quiero que este sola. –
el asintió y se salió de la habitación-. No Mauro no salgas no hace falta, me es más
fácil que estés delante. Así tendrá tú apoyo. – yo estaba como si no fuera conmigo
y fuera una película -.
Mauro se sentó a mi lado, y me cogió la mano para que me tranquilizara supongo,
pero a mi no me tranquilizaba ni un kilo de diazepam.
-Malena escúchame, déjame hablar y después dime lo que quieras, pero
escúchame primero. – asentí -. Yo no sabía que esto iba a llegar tan lejos. Malena
yo te quería y te quiero, eso no quiero que lo dudes, pero yo no sé como pasó,
simplemente pasó. La conocí en el trabajo, empezó hace dos veranos supliendo
unas vacaciones y al principio había buen rollo entre compañeros que éramos;
pero después yo empecé a ir a desayunar con ella todos los días, quedábamos
para tomar algo después del trabajo, la noche de la cena de navidad... bebimos
mucho y acabamos juntos – yo no me podía creer lo que estaba diciendo -.
Acabamos en una habitación del hotel Malena, y desde ahí ha ido a más y
llevamos dos años liados. Ella me ha estado presionando mucho estas semanas y
después de que tú y yo ayer nos despidiéramos en el supermercado, me llamó y
me dijo que tenía un retraso. Hicimos un predictor y ha dado positivo.
Mauro me miraba para ver si reaccionaba pero yo seguía sin creer lo que estaba
escuchando, creía que eso sólo pasaba en las películas y a mí jamás me pasaría.
No me lo esperaba de Óscar, sabía que algo pasaba no lo voy a negar. Que tenía
de hacía varios dias la mosca detrás de la oreja, tampoco lo voy a negar. Que
pensaba que podía ser un simple tonteo ó desliz, tampoco lo voy negar, y que me
estaba poniéndo un poco paranóica tampoco lo voy a negar.
No entendía, mi cabeza no entendía, no lograba entender como podía llevar una
doble vida y estar tan normal conmigo y que yo no notará nada. Me sentí
pérdida… flases de mí madre, mí hermana, mis amigas, mí boda, mí traje de novia,
mí casa... Mí vida.
El siguió hablando...
- Malena, yo no he sabido parar esto, y ayer me sentí tan mal conmigo mismo que
me fuí a la rivera y pensé en tirarme y quitarme del medio como un cobarde. Pero
después pensé que ahorcarme también podía ser una buena idea y estuve a
punto Malena- rompió a llorar-. Estuve a punto, pero después pensé que no te
merecías eso de mí, que mi novia de 9 años no se merecía eso de mí, ni mí madre,
ni el bebé que espera Amanda.
Mauro le preguntó que si Amanda era “Antonio” y efectivamente dijo que sí.
Yo entré en estado de shock. El principal signo que me llamó la atención fué que
mi presión arterial era muy baja, acompañada de un pulso muy rápido pero débil.
Sentí ansiedad, agitación, y temblores, uñas azuladas. Después ya me dijeron que
se produce como consecuencia del bajo aporte de oxígeno. Escalofríos, piel
húmeda y pálida, sudoración abundante, hiperventilación, todo esto acompañado
de llanto.
Recuerdo que Mauro lo echó de la habitación, al escuchar mis quejidos. Llamó a
urgencias, porque estaba muy asustado. Todo el tiempo estuvo a mí lado,
abrazándome y dándome calor con una manta. No sé cuánto tardaron pero se que
me pincharon, me auscultaron y ya no recuerdo más, porque me dormí.
Al despertarme eran las 4 de la tarde por el reloj de la mesita de noche, a los pies
de la cama mi madre lloraba y mi hermana le decía que se saliera a llorar fuera.
Me levanté de la cama le di un beso a mamá y busqué a Mauro, que estaba en la
habitación de al lado hablando por teléfono. Al verme colgó y me abrazó, yo lloré
más y más. Me dieron una pastilla para tranquilizarme o para que me durmiera no
lo sé. Pero bajé, y evidentemente no estaba en casa, había dejado sus llaves en la
encimera de la cocina con una nota.
“Malena, me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera, te he querido,
te quiero y te querré, pero no como debe quererte el hombre de tu vida. Quédate
la casa, tira todo lo que no quieras, yo me haré cargo de anular la boda. Ójalá
algún día encuentres lo que te mereces y lo que yo no te pudé dar. Te quiero.”
Me tiré al suelo con la nota en la mano, otro ataque de ansiedad. Mí madre
lloraba al verme, mí hermana lloraba al ver a mi madre, yo lloraba al ver a las dos
llorando y Mauro me subió a la habitación manteniendo la compostura. Me bañó
como se baña a una hermana, me acarició, me beso la piel, me peinó, me vistió y
me acostó en la cama.
Antes de cerrar los ojos, lo único que logré decir fué; Adiós Óscar.