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Urbanismo en Zaragoza (1936-1957)

El libro 'Una y grande' de Ramón Betrán Abadía analiza la ordenación urbanística y la política de vivienda en Zaragoza durante la Guerra Civil y el primer franquismo, destacando un ambicioso programa de reforma y expansión urbana. Se examinan proyectos clave como la apertura de la plaza del Pilar y el primer plan general de reforma interior, que transformaron radicalmente el tejido urbano para prevenir revueltas sociales. La obra establece los fundamentos del desarrollo a largo plazo de Zaragoza, en un contexto político y económico convulso.

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Urbanismo en Zaragoza (1936-1957)

El libro 'Una y grande' de Ramón Betrán Abadía analiza la ordenación urbanística y la política de vivienda en Zaragoza durante la Guerra Civil y el primer franquismo, destacando un ambicioso programa de reforma y expansión urbana. Se examinan proyectos clave como la apertura de la plaza del Pilar y el primer plan general de reforma interior, que transformaron radicalmente el tejido urbano para prevenir revueltas sociales. La obra establece los fundamentos del desarrollo a largo plazo de Zaragoza, en un contexto político y económico convulso.

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pdf 1 21/06/17 13:47

Ramón Betrán Abadía


En cubierta,
Una y grande estudia la ordenación urbanística y

Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)

Ciudad y ordenación urbana en Zaragoza (-)


el libro realizaciones como la apertura de la
plaza del Pilar (1937), las ordenanzas genera-
les de edificación (1939), el plan de reforma in-
terior (1939) o el anteproyecto de ordenación
general de Zaragoza (1943), instrumentos me-
diante los que las nuevas autoridades impusie- Ramón Betrán Abadía
ron al tejido urbano mutaciones radicales para

Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).
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Ramón Betrán Abadía


En cubierta,
Una y grande estudia la ordenación urbanística y

Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)

Ciudad y ordenación urbana en Zaragoza (-)


el libro realizaciones como la apertura de la
plaza del Pilar (1937), las ordenanzas genera-
les de edificación (1939), el plan de reforma in-
terior (1939) o el anteproyecto de ordenación
general de Zaragoza (1943), instrumentos me-
diante los que las nuevas autoridades impusie- Ramón Betrán Abadía
ron al tejido urbano mutaciones radicales para

Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).
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Una y grande
Ciudad y ordenación urbana
en Zaragoza (1936-1957)

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Una y grande
Ciudad y ordenación urbana
en Zaragoza (1936-1957)

Ramón Betrán Abadía

Institución Fernando el Católico


Excma. Diputación de Zaragoza
Zaragoza, 2017

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Prólogo

El libro que aquí comienza es una nueva entrega del estudio sobre la evolución del
planeamiento urbano zaragozano a que vengo dedicándome desde hace ya algunos
años, y que hasta ahora ha dado lugar a tres publicaciones, detalladas en la biblio-
grafía final, sobre los períodos 1808-1908, 1920-1943 y 1986-2008. A lo que expuse
en los dos textos que ya publicó la Institución Fernando el Católico en 2013 y 2014,
remito cuanto atañe al método y los propósitos de este.
El período que ahora se estudia comienza el 19 de julio de 1936 y termina con
la aprobación inicial del primer plan general completo que tuvo la ciudad, redactado
por el arquitecto municipal José Yarza García en 1957; coincide, pues, con la Guerra
Civil y esos años azules del franquismo, que, ya muy descoloridos, liquidó la entrada
en el Gobierno de los tecnócratas. En mi anterior trabajo El pingüe negocio. Casas
baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943) (2013) traté de algunos
proyectos iniciados por los ayuntamientos republicanos y concluidos después de la
guerra, como la apertura de la calle de la Yedra (hoy San Vicente de Paúl), la refor-
ma del barrio del Sepulcro o la formación de la Ciudad Jardín. No volveré aquí so-
bre esos episodios, que doy por expuestos, y me centraré en los que el Ayuntamiento
puso en marcha a partir de julio del 36.
Su importancia para la evolución de la ciudad fue, sin exageración alguna, ex-
cepcional. Inmediatamente después del golpe de Estado iniciado en África el día
17, victorioso en Zaragoza el 19 y metamorfoseado acto seguido en larga guerra
civil, la clase dirigente local, aliada con el Ejército y la Iglesia, acometió un pro-
grama de reforma y expansión urbana de magnitud pasmosa. Ya en noviembre de
1936 se aprobó el anteproyecto para la apertura de la plaza del Pilar, que tendría
un proyecto definitivo en julio de 1937, aniversario del alzamiento, y constituiría la
primera operación urbanística relevante emprendida en la España de Franco. Junto

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 | Ramón Betrán Abadía

con la reforma del barrio del Sepulcro y la ampliación del plan de la calle de la Ye-
dra, aprobadas el mismo año, supuso la alteración profunda de más de un tercio de
la superficie del casco romano y la expropiación y el derribo de ocho hectáreas
de inmuebles privados. En 1939, se redactó el primer plan general de reforma inte-
rior que tuvo la ciudad y fueron aprobadas unas nuevas ordenanzas municipales. En
1943, se aprobó un anteproyecto de ordenación general de Zaragoza que, también
por primera vez, pretendía ordenar la completa extensión de su término municipal.
Todos estos trabajos se debieron a la desbordante actividad de Regino Borobio,
arquitecto municipal accidental, en sustitución del represaliado Miguel Ángel Na-
varro, desde los primeros días de agosto de 1936 hasta que dejó el Ayuntamiento
en 1942.
Durante estos años, se realizaron, amplificados y adecuados a las nuevas cir-
cunstancias, proyectos que venían rondando desde mucho tiempo atrás, como la
citada plaza de las Catedrales, la reforma de la de Salamero o la del entorno de las
murallas. Y aparecieron nuevas propuestas, que no siempre tendrían éxito, como la
ordenación conjunta de todo el suelo urbano y por urbanizar, el enlace de carrete-
ras (actual tercer cinturón), la delimitación de un anillo agrícola concéntrico que
contuviera el crecimiento de la ciudad, el desarrollo de una constelación de núcleos
satélite semirrurales o la concentración de todo el tráfico ferroviario de viajeros en
la estación central del Campo Sepulcro (El Portillo).
Este cúmulo de herencias y novedades mantuvo lazos complejos y no siempre
explícitos con los precedentes primorriveristas y republicanos, de los que resultó
una relación con el pasado a veces concordante y a veces reactiva. Pero, sobre todo,
se vinculó íntimamente con el clima político y financiero convulso y peculiar que
constituyó su caldo de cultivo, algo lógico en una actividad tan relacionada con la
estructura social y económica como el urbanismo. Aun proyectos como los de la
plaza del Pilar, la calle de la Yedra o la prolongación de Independencia, que venían
arrastrándose desde hacía decenios, adquirieron un carácter sustancialmente nue-
vo cuando los amparó una autoridad dispuesta a someter el plano de la ciudad a
mutaciones radicales que debían garantizar que no se repitieran revueltas urbanas
como las acaecidas en 1933, 1934 o 1936, o que la rentabilización del patrimonio
inmobiliario, ya en manos de los propietarios de siempre, ya recién cambiado de
dueño, no volviera a tropezar con los escollos que habían hecho fracasar anteriores
proyectos de gran alcance.
Sobre todo en el trienio bélico, la hiperactividad urbanística de la ciudad se
justificó con la expectativa de las multitudinarias peregrinaciones que acarrearía su
supuesta condición de centro espiritual de la Hispanidad, e incluso con la ilusión de
que sustituyera como capital de España a la sovietizada Madrid, que había preferido
ser capital de la Antiespaña.
De la mano de sucesivas corporaciones en perfecta sintonía con la banca y la
gran propiedad, pasado el 19 de julio se proyectó mucho, no se ejecutó poco y, sobre

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todo, se establecieron las bases objetivas y subjetivas del desarrollo a largo plazo de
la ciudad de Zaragoza, trazándose los rasgos cardinales de su futuro crecimiento y
consumándose un proceso de genuina acumulación originaria de suelo que explica
buena parte de lo que aquí ocurriría en lo restante del siglo.
En una primera aproximación sorprende que, tras haber llegado el Ayunta-
miento prácticamente a la quiebra por causa de la expansión urbanística del período
1925-1933, tan ambiciosa como mal concebida en sus aspectos financieros, el di-
nero afluyera a partir de 1936 en cantidades que, en plena guerra o durante la más
negra posguerra, permitieron simultanear la reforma interior, el ensanche incluso
más allá del ensanche, y la construcción de viviendas, con una gran expansión de
la propiedad en todas sus modalidades. Si puede afirmarse que, en buena parte, el
programa fascista de transformación de la ciudad resultó fallido (entre otras cosas
porque el fascismo, tal como podían entenderlo ciertos falangistas de primera hora,
fue una moda exótica, cara y efímera), tuvo un éxito completo la preparación de la
ciudad para un larguísimo período de prosperidad de las inversiones inmobiliarias.
Toda esta actividad debe relacionarse con la acumulación de capital que propi-
ciaron en Zaragoza la pujante producción de guerra, unas prácticas económicas muy
enrarecidas y condiciones laborales leoninas, y con las limitaciones para su reinver-
sión en la industria durante la segunda guerra mundial y los deprimidos años de la
autarquía. En las páginas que siguen se abundará en las razones de este fenómeno
y en las particularidades de una gestión urbanística muy atenta al comportamiento
del suelo como valor refugio.
Como en otras ocasiones, pretendo que el estudio de lo ocurrido en Zaragoza
sea una muestra que dé a conocer las líneas maestras del urbanismo contemporá-
neo. Relacionar los planes y proyectos que aquí se produjeron con los que al mismo
tiempo o poco antes se formaban en otras ciudades permitirá, además, compren-
derlos mejor, superando las dificultades que la proverbial parquedad verbal de nues-
tros arquitectos suele imponer a la interpretación de sus trabajos (compárense las
memorias de los planes posbélicos zaragozanos con las de Madrid, Salamanca u
Oviedo) y dando valor tanto a lo que expresamente manifestaron en ellos y en las
publicaciones que los divulgaron, como a lo que, por una u otra razón, omitieron.

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Capítulo I

Julio de 1936.
La disputa por el espacio urbano

El viernes 17 de julio de 1936, el ejército de África inició un alzamiento antidemocrá-


tico esperado por todos y con el que, de tiempo atrás, andaba comprometido el
general jefe de la V División Orgánica, Miguel Cabanellas, amparado en su fama
de militar republicano y masón. Ante los primeros rumores, la CNT intentó orga-
nizar la resistencia obrera; según escribió Jaime Ballus, ese día los sindicalistas se
plantaron en la calle: «en las barriadas, en los lugares de gran concurrencia y en los
paseos urbanos cacheaban a los transeúntes que eran suspectos de simpatizar con
los patrocinadores de la guerra civil» (Solidaridad Obrera, 26/8/36). En la sede del
Sindicato de la Construcción, situada en la plaza de San Miguel, se convino por la
noche formar en cada barrio un grupo de defensa que rondara las calles, vigilara a
las personas con antecedentes fascistas y se incautara de las armas halladas en poder
de particulares y en las armerías:
En la Barriada de San Pablo, desde la calle Conde de Aranda a la de Predicadores,
llegando a la altura de la Plaza del Portillo y la de Santo Domingo, en la que estaba el
Ayuntamiento, se organizó un plan de acción, que garantizó la posibilidad de que nadie
pudiera entrar ni salir de aquella zona, con puestos de control montados en los accesos a
la misma, mientras que en el interior había una actividad incesante de requisa de armas
y vigilancia de personas, sospechosas de colaboración […] La noche del sábado y todo
el domingo, nadie entró ni salió de la Barriada (Borrás, 1983: 102).

El alcalde Martínez Andrés entregó unas pocas armas a las Juventudes Socia-
listas Unificadas y el presidente de la Diputación Pérez-Lizano algunas pistolas que
fueron a Delicias, mientras se esperaba en vano las reclamadas al gobernador civil
Vera Coronel. Durante todo el día 18, los locales de los sindicatos y partidos de iz-
quierda estuvieron atestados de afiliados que esperaban un plan de resistencia, y un
gentío enorme llenaba los principales paseos y plazas de la ciudad, pidiendo armas
para defender la República (Borrás, 1983: 95 y 98).

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10 | Ramón Betrán Abadía

Mientras los sindicalistas salían casi indefensos a la calle, hacia el mediodía


del 18 militares en activo y retirados, cadetes de vacaciones y paisanos comenzaron
a concentrarse en los cuarteles zaragozanos, y sobre todo en el de caballería de
Castillejos, junto al puente de América, para adherirse a la rebelión1. Los días 18 y
19 se proporcionó fusiles, munición y alguna prenda militar distintiva a los volun-
tarios civiles, en general de clase media acomodada, para que patrullaran las calles,
cachearan viandantes y ayudaran en los registros y detenciones. En estos primeros
momentos, los falangistas se concentraron en la Politécnica Torres, que ocupaba
un gran solar limitado por las calles de Bruil y Puigcerdá (hoy Agustina Simón), la
Gran Vía Baja (Constitución) y las traseras de los chalés de la plaza de Aragón; de
ahí marcharon por la avenida de la República (Sagasta) hasta el cuartel de Castille-
jos, donde recibieron armas y pertrechos. Los carlistas se reclutaron en el instituto
Goya, el Frontón Cinema de la calle del Cinco de Marzo o Castillejos, y los japistas
y miembros de Acción Popular en la Aljafería y el cuartel de Hernán Cortés (Escri­
Bano, 2010: 43; Barrachina, 2010: 73).

Tras el pronunciamiento del Ejército, la artera actitud de Cabanellas, la pasi-


vidad de las autoridades republicanas y la indecisión de las organizaciones obreras,
que no hicieron valer su experiencia insurreccional ni sus aproximadamente 30.000
afiliados2, convirtieron durante horas las calles de Zaragoza en tierra de nadie. En el
centro, bajo la vigilancia aún difícil de interpretar de los militares, los desorientados
piquetes sindicales se cruzaban con patrullas armadas de Falange y otros volunta-
rios, en un clima tenso y confuso que describió arana (1980: 95) en su inacabada
novela ¡Viva Cristo Ray! En Memoria parcial, Lorén (1978: 204) se refirió también
a esos dos días en que los milicianos, como poco a poco se iba viendo, se estaban
adueñando de la ciudad con permiso del Ejército y tras una larga, perfilada y casi
multitudinaria conspiración, frente a la que el poder político había mostrado una
debilidad desconcertante:
[…] los pasos me llevaron a Capitanía, pero sin acercarme al edificio, que estaba
fuertemente custodiado, y por primera vez vi cañones montados en sus cureñas, con
sus bocas ominosamente dirigidas, parecía, contra la ciudad entera; la Facultad estaba
cerrada; por el paseo de Pamplona paseaba la gente, pero ya no me parecía tranquila su
andadura […]; si se paraban dos o tres personas a hablar, en seguida aparecía un guar-
dia o un soldado que disolvía el grupo mínimo; tampoco permitían andar juntos a más
de dos, y en la calle de Almagro y en la calle Pizarro, calles cortas y anchas, se habían
improvisado unos campos de instrucción; al mando de unos oficiales y varios sargentos,

1 En este cuartel prestaban servicio el coronel José Monasterio y el teniente coronel Gustavo
Urrutia, cuyo papel fue tan importante en los primeros momentos de la sublevación.
2 En Zaragoza, cuya población en 1936 era de unos 200.000 habitantes, la CNT tenía 20.000
o 22.000 afiliados y la UGT de 8.000 a 10.000. En las elecciones de febrero, el Frente Popu-
lar obtuvo 45.000 votos en números redondos, a los que habría que sumar los apoyos de los
jóvenes de dieciséis a veintiún años, en edad de trabajar pero no de votar, y los militantes de
CNT, que no acudieron a las urnas, para comprender el enorme peso social de la izquierda
(Borrás, 1983: 87).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 11

evolucionaban paisanos con fusiles; […] aquellos torpones hombres de mediana edad
que habían dejado sus chaquetas en las cancelas de las casas burguesas del barrio y mos-
traban unas camisas blancas y limpias […] no eran el mismo pueblo que pedía armas en
Madrid, a estos se las habían dado sin pedirlas a gritos, y de una suposición me fui a otra;
en mi barrio [San Pablo] y en cualquier otro barrio obrero aquellas demostraciones de
belicismo descarado no hubieran sido posibles […] resultaba desalentador que allí, en
lo que se podía llamar el ombligo militar de Zaragoza, al lado de Capitanía, muy cerca
del gran cuartel de Infantería del Carmen y del cuartel de Artillería de Hernán Cortés,
y del Gobierno Militar, y del cuartel de la calle Bilbao estuvieran todos sublevados […];
del paseo María Agustín venían unas escuadras de falangistas con uniforme, pantalón
gris, botas de cuero altas, camisa azul con las flechas bordadas en rojo sobre el bolsillo
del pecho; la mayoría llevaban pistola al cinto.

Antes de la medianoche del sábado 18 «ya era general el conocimiento de que


toda la guarnición se sublevaba» (coLás y PérEz, 1936: 12). La CNT envió una
nueva comisión a pedir armas al gobernador civil, que aplazó su decisión a las ins-
trucciones que diera el ministro de Gobernación. Esa noche, y con el pretexto de
evitar disturbios, unidades militares comenzaron a tomar discretas posiciones en los
puntos estratégicos de la capital, incautándose de Correos y Telégrafos o de Radio
Zaragoza. Luego, salieron de Capitanía dos destacamentos de la Guardia de Asalto.
Uno ocupó el Gobierno Civil para llevar a la Prisión Provincial a Vera, sustituido
por el comandante de la Guardia Civil Julián Lasierra. El otro recorrió las calles
del centro, deteniendo a cuantos llevaban armas sin licencia; tras leves altercados y
después de evitar la plaza de San Miguel, los guardias marcharon por el Coso Bajo
hasta el Boterón, donde encontraron alguna oposición (coLás y PérEz, 1936: 12;
Borrás, 1983: 100-101).
Trocado el gobernador y asegurado el apoyo al golpe de las fuerzas de segu-
ridad, Cabanellas, que el 16 de julio había prometido fidelidad a Azaña, firmó el
bando declarativo del estado de guerra en la V Región Militar, «pensando solo en
los altos intereses de España y la República». Anunció ahí que cualquier acto de vio-
lencia se repelería por la fuerza y sin mediar intimidación, decretó la censura previa
de todas las publicaciones y prohibió las reuniones, mítines, manifestaciones, juntas
políticas o sindicales no autorizadas expresamente, el estacionamiento en la vía pú-
blica y los grupos de más de cuatro personas. Además, sometió a la jurisdicción de
guerra la rebelión o la sedición (¡!), los desórdenes públicos, las coacciones contra la
libertad de trabajo, la desobediencia a la autoridad militar, la tenencia ilícita de armas
o la difusión de escritos opuestos al nuevo orden (coLás y PérEz, 1936: 13-14).
Hacia las cinco de la mañana del 19 de julio, varios jefes militares acompañados
por guardias de asalto ocuparon la Casa Consistorial. Más o menos al mismo tiem-
po, una compañía de trompetas y tambores del regimiento de infantería Gerona 22
recorría Conde de Aranda y el Coso para vocear el bando de Cabanellas en la plaza
de la Constitución. Después, la compañía marchó por otras calles y fijó el bando en
las paredes. Unos cuantos falangistas armados con fusiles atravesaban la ciudad en
camionetas y coches requisados (caBanELLas, 1977: 748).

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12 | Ramón Betrán Abadía

Solo tras la declaración formal de guerra se decidieron los sindicatos a convo-


car una huelga general, cuyo éxito fue notable en los primeros días. Pero la huelga,
además de tardía, fue al final ineficaz por causa de la dura represión, las graves
amenazas3 y varios bandos de Cabanellas que militarizaron los servicios públicos, de-
clararon a los huelguistas fuera de la ley, autorizaron a los empresarios a despedirlos
y los suplieron con soldados y milicianos.
Desde el anochecer del 18, las fuerzas de seguridad y las milicias paramilitares
se desplegaron por el centro e iniciaron la toma de los barrios populares con la tácti-
ca de un ejército de ocupación4. En estos primeros momentos, los oficiales rebeldes
desconfiaban de los soldados de reemplazo, a los que apenas permitieron salir de los
cuarteles, mientras voluntarios civiles y guardias localizaban sospechosos, acudían a
detenerlos donde estuvieran y disparaban al menor síntoma de resistencia5 (KELsEy,
1994: 367n; DíEz TorrE, 2003: 306-307n).
Aunque, de todas las fuerzas auxiliares, la Falange fue con diferencia la más
activa en las tareas represivas, deteniendo, torturando y asesinando (García MErca­
DaL, 1937: 148), al principio fue decisiva la colaboración de la ya muy radicalizada
Acción Popular (AP) y, en especial, de su Juventud. Antonio Blasco del Cacho, se-
cretario de la JAP, se presentó el 19 de julio en el cuartel de Castillejos; de ahí se le
envió al de Hernán Cortés al frente de 108 voluntarios de AP y JAP, que recibieron
uniformes e instrucción. Habilitado de sargento, el día 20 salió a rondar las calles e
hizo guardia en el Ayuntamiento; a las dos de la madrugada del 21, los rojos levan-
taron barricadas en la calle de las Armas6, y tres horas después, cuando patrullaba,

3 Por ejemplo, el 20 por la tarde sobrevolaron Zaragoza cinco aeroplanos que arrojaron octavi-
llas donde se afirmaba que nada escapaba al ojo de los insurrectos y que pagarían con la vida
quienes no se pusieran a su lado (coLás y PérEz, 1936: 17).
4 Escribió José García MErcaDaL (1937: 146-147) que desde el 19 «fueron ocupados militar-
mente los barrios extremos de la población, sin ocurrir incidentes».
5 El 21 de julio, Cabanellas hizo radiar una nota donde se decía que «las fuerzas del Ejército,
Guardia Civil, asalto y auxiliares movilizados, fusilarán también donde lo encuentren a todo
aquel que sorprendan en posesión ilegal de un arma de cualquier clase u objeto capaz de
producir daño irreparable, como explosivos y líquidos inflamables» (cfr. coLás y PérEz, 1936:
25). Según el periodista anarquista Eduardo de Guzmán, a veces los cadáveres se llevaron des-
de los parajes donde se les había fusilado a puntos estratégicos de los barrios populares, para
que todo el mundo los viera al ir a trabajar por la mañana (Solidaridad Obrera, 25/9/36).
6 EscriBano (2010: 42) reprodujo la siguiente anotación del diario de operaciones del Batallón
de Pontoneros: «Una Sección salió del Cuartel a las 21 horas de dicho día [21 de julio] con
objeto de evacuar de la calle de las Armas, un carro regimental de Sanidad Militar, un camión
destinado al transporte de carne y algunos pontoneros de servicio de protección del servicio
de alumbrado, que se encontraban bloqueados en la citada calle. El enemigo parapetado en
barricadas que había hecho al efecto y desde puertas, ventanas y tejados opuso tenaz resis-
tencia a nuestras fuerzas a las que recibió con nutrido fuego de fusil y de pistola, apagando
además las luces de la calle, en cuyo centro se hallaba situado el personal y material antes
mencionado. Nuestras fuerzas lograron llevar a efecto su propósito, dispersando al enemigo
tras un nutridísimo y arriesgado tiroteo».

una y [Link] 12 10/6/17 11:36:58


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 13

Sección femenina de Acción Ciudadana (calle del General Franco, 1936). [coLás y PérEz, 1936:
142].

su grupo fue tiroteado a quemarropa, tomó sin bajas las barricadas y las deshizo
(BLasco, 1974: 9). A las cuatro de la tarde del 22 de julio, hubo tiroteos en la Gran
Vía, paseo de Pamplona y alrededores; según este autor, poco después…
Se generaliza el tiroteo por las calles y detengo con mi gente a varios indeseables. Una de
mis escuadras tiene que defenderse a tiros. Tomo la plaza de Aragón y parapetándonos
en los árboles, la limpiamos pronto (BLasco, 1974: 10).

A las milicias de Falange, Acción Popular y el Requeté se sumó, ya consumado


el golpe, Acción Ciudadana, formada con gente madura de clase media que se iden-
tificaba con un brazalete gris con letras blancas frecuentemente colocado sobre la
manga de un traje, y que también dispuso de cuarteles y checas. Su organización
se dividió en ocho distritos urbanos, con cuartel general en el Frontón Aragonés7 y
sedes locales en el seminario de San Carlos, grupo escolar Joaquín Costa, colegios
Lanuza y San Felipe, palacio de Argillo, cine Goya y teatro Iris Park. Gracias a ellos,
los militares, guardias y voluntarios aptos para el combate pudieron liberarse de
tareas de retaguardia y marchar al frente o ejercer labores de depuración por los
pueblos (aLcaLDE, 2010: 52; EscriBano, 2010: 46).

7 Desde 1955, cine Aragón, en la calle de Bilbao; inmediato al Gobierno Militar y al cuartel del
Carmen.

una y [Link] 13 10/6/17 11:37:01


14 | Ramón Betrán Abadía

Cañones en la plaza de Aragón. [coLás y PérEz, 1936: 15].

Mientras las milicias se encargaban del trabajo sucio, el Ejército ocupó los pun-
tos neurálgicos del centro, apostando secciones de infantería en las plazas de la
Libertad, San Pablo, Pilar, la Seo, la Magdalena, Constitución, Aragón, Salamero,
Castelar, San Miguel y San Agustín. Este despliegue se completó antes de la media-
noche del 18 con la colocación de baterías de cañones en la plaza de Aragón, desde
donde podían barrer el paseo de la Independencia; en la plaza de la Libertad, frente
al Ayuntamiento, y en la plaza de San Miguel, sede del Sindicato de la Construcción
de la CNT, donde al final de la tarde se habían concentrado miles de trabajadores
en espera de noticias e instrucciones. El 19 de julio, el Ejército y la Policía insta-
laron ametralladoras en once azoteas estratégicas para dominar las calles próximas
y cubrir a las patrullas. Seis de ellas estaban en el barrio de San Pablo, y una sobre
la torre de su parroquia, convertida en atalaya desde la que se podía disparar en las
cuatro direcciones8. Se pusieron también bajo custodia las estaciones ferroviarias,
la central de tranvías, el edificio de Correos, los almacenes de CAMPSA, la fábrica
de la Unión Alcoholera, las centrales y estaciones eléctricas, la fábrica de gas, los

8 Las demás de San Pablo estaban en Ramón y Cajal, 75; plaza de la Libertad, 9; Armas, 23;
Cerdán, 65 y esquina de Escuelas Pías con Conde de Aranda. El resto de azoteas, en Cons-
titución, 1; Independencia, 14; Comandancia de Seguridad (Ambos Mundos), Coso, 8, y
esquina de Castelar con Sanclemente.

una y [Link] 14 10/6/17 11:37:05


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 15

depósitos de agua de Cuéllar y Casablanca, el Matadero y la Prisión Provincial (ca­


BanELLas, 1977: 80; EscriBano, 2010: 41-43).

El 21 de julio, Cabanellas llamó a filas a todos los reclutas de los reemplazos


de 1931 a 1935, advirtiendo que quienes no se hubieran presentado a las diez de la
mañana del día 22 incurrirían en la pena prevista para los desertores en el código de
justicia militar, que no era otra que la muerte por hallarse el territorio en estado de
guerra. De este modo, se reforzó el ejército insurrecto y, lo que era aún más impor-
tante, la resistencia quedó muy minada.
Casi desarmados, los sindicalistas protagonizaron débiles conatos de resistencia
en las calles de San Pablo y Armas, Coso, plazas de la Libertad, San Antonio, San
Lorenzo, San Miguel o Aragón, Gran Vía, paseo de Pamplona, o los barrios de San
José, Delicias, Torrero y Arrabal. Según el hijo del jefe de la V División…
Bastó la presencia de un tanque y fuerzas de Asalto para vencer la resistencia que en las
barriadas de San Pablo, San José y Arrabal intentaban algunos grupos de anarquistas. A
pesar de que la CNT contaba con superioridad numérica a las débiles fuerzas del Ejér-
cito, este pudo fácilmente imponerse. La sorpresa fue el factor decisivo (caBanELLas,
1977: 80).

El jesuita Vicente Gracia relataría a su manera estos hechos, con un expresivo


«sus» referido a las barriadas donde intentaron hacerse fuertes los anarquistas:
La ciudad vivió tres días de zozobra, miedo y duda, entre tiros y patrullas armadas sin
saber a qué lado caería. Las huestes anarco-sindicalistas […], cuando se vieron acorrala-
das por los heroicos guardias de Asalto en sus barriadas de San Pablo, San José y Arrabal
intentaron hacerles frente. Hubo intenso tiroteo […] y varios anarquistas pagaron su
osadía con su cuerpo. Al fin, reforzados por un puñado de falangistas y otros voluntarios
del orden y de la paz, ante la imponente mole de un carro de combate, anunciador con
bronco son de muertes y exterminio, callaron y se recogieron en sus cubiles (Gracia,
1938: 47-48).

Las patrullas rebeldes escudriñaron hasta el último rincón de los barrios popu-
lares, deteniendo a los sospechosos de pertenecer a organizaciones de izquierdas:
Si los detenidos eran poco numerosos, los vándalos no se tomaban la molestia de con-
ducirlos a ninguna parte; allí mismo les pegaban cuatro tiros, y sus cadáveres quedaban
tendidos en las aceras, o en la calzada, hasta que llegaba el día. A este propósito, un
testigo ocular que por entonces cumplía el servicio militar en Zaragoza, nos dice que
durante los primeros meses era frecuente, al apuntar el día, encontrar en las calles de la
ciudad hombres y mujeres muertos, tirados como perros […] Un taxista […] nos dijo:
«En el barrio de las Delicias, los grupos que se dedicaban a fusilar se presentaban ante
una manzana de casas, provistos de una lista de nombres y acompañados por el Sereno.
Desde la calle llamaban a los que en la lista estaban inscritos. Los que salían, iban al
matadero; los que no salían, si eran encontrados luego en su domicilio, corrían la misma
suerte. Si no se les encontraba, eran reemplazados por otros miembros de la familia
[…]». Los nuevos inquisidores detenían también a los ciudadanos que circulaban por
las calles hablando entre sí y, separadamente, les hacían la siguiente pregunta: «¿De qué
íbais hablando?». Si las respuestas no coincidían, eran detenidos y, muy frecuentemente,
asesinados (Borrás, 1983: 102).

una y [Link] 15 10/6/17 11:37:05


1 | Ramón Betrán Abadía

Delicias, feudo cenetista, fue batido por una verdadera tropa de conquista:
[…] a los golpistas les preocupaba en extremo aquel barrio obrero y cuando estuvieron
en condiciones de hacerlo, llevaron a cabo una operación de gran envergadura en la que
se utilizaron 6000 hombres del ejército, Guardia Civil, guardias de asalto, falangistas,
requetés, juventudes de la CEDA. Rodearon el barrio y fueron registrando casa por casa,
levantando tejados y cavando huertos en busca de armas.

Como en otras razias de menor envergadura, detuvieron a muchos hombres y


mujeres, pero no encontraron armas (JiMEno, 1987: 222).
No preocupaba menos San Pablo, donde se apostaron fuerzas militares al prin-
cipio y al final de las calles, mientras las recorrían pelotones de Falange y guardias de
asalto, rodeando manzanas de casas y desalojando todos sus pisos para registrarlos
en busca de armas, libros, periódicos, panfletos y personas escondidas. Durante los
quince días que duró la huelga general, el barrio quedó de hecho incomunicado,
sin que se dejara entrar o salir apenas a nadie, y en sus tiendas se agotaron todas las
subsistencias (Borrás, 1983: 103; JiMEno, 1987: 301-302).
Concluida la huelga, Zaragoza, ciudad con amplia base obrera y baluarte his-
tórico de la CNT, cayó sin apenas resistencia en manos de los rebeldes, sin duda
los primeros sorprendidos. Explicaba lo ocurrido el desgaste de veinte años de in-
tensa gimnasia revolucionaria, que en diciembre de 1933 habían culminado en una
insurrección armada que durante una semana puso en pie de guerra el centro y
los barrios obreros, y en abril y mayo de 1934 en una huelga de 35 días que causó
verdadera alarma en la patronal. Caída Zaragoza, su nutridísima fuerza militar la
convertiría, junto con Pamplona, en base principal del Ejército del Norte.
El éxito de la rebelión dio inicio a un largo período de intensa violencia, cuyo
fin no solo era ganar la guerra, sino imposibilitar que algún día, por lejano que fue-
ra, pudiera repetirse un 14 de abril. Nada más alzarse, los rebeldes promovieron un
programa sistemático de eliminación de desafectos, censados por diversos medios.
Se apresó y liquidó a los dirigentes políticos y sindicales y a los republicanos que ocu-
paban cargos públicos; se rastrearon los archivos de la administración, la Policía o la
Prisión Provincial; se incautaron ficheros de sindicatos y partidos; se recibió un sin-
fín de delaciones; se peinó la ciudad, y se interrogó y torturó a los ya arrestados para
obtener más nombres. La Falange lo hizo en checas u oficinas de investigación como
las que hubo en los Agustinos del camino de las Torres, donde murió el concejal
Aladrén; en el piso situado sobre la horchatería Mas en Coso, 25, cerca de Alfonso;
en la calle de Ponzano, donde estuvieron antes de morir el arquitecto Albiñana y los
hermanos Alcrudo, médicos, o en el chalé de Matías Bergua en el paseo de Ruiseño-
res (hoy centro regional de TVE), donde se recluyó a Vera Coronel, Pérez-Lizano o
al mismísimo Juan Moneva. Acción Ciudadana empleó con este fin el seminario de
San Carlos o el grupo Costa, e incluso el comandante retirado Antonio Torres, que
en la Gran Politécnica Torres preparaba el acceso a las academias militares, montó
en este lugar su propia checa, además de ponerlo a disposición del Ejército como

una y [Link] 16 10/6/17 11:37:05


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 17

Escenarios de la represión durante la Guerra Civil. [BETrán, 2015: 524].

hospital de sangre (Lorén, 1975: 58-59 y 209; E. E. G., 1977; Borrás, 1983: 220-
221; JiMEno, 1987: 113, 175, 201, 228, 236 y 269)9.

9 Como los cuarteles o los hospitales, las checas de las milicias gozaron al principio de cierta
autonomía, que iría dejando paso a la integración en una red coherente dependiente del
ejército. En Zaragoza, aceleró este proceso el hecho atípico de que, desde muy pronto, la
dirección de la represión correspondió directa y formalmente a los militares. Según García
VEnEro (1967: 237) y caBanELLas (1973, II: 859), el jefe territorial de Falange, Jesús Muro,
hizo dejación de autoridad cuando, en agosto de 1936, asumió el mando de la V División el
general monárquico Miguel Ponte; este puso sus milicias bajo el mando de los tenientes
coroneles Gustavo Urrutia, de Caballería, y Darío Gazapo, del Estado Mayor y falangista,
amén de militarizar el servicio de información e investigación, dirigido por el capitán San-
tiago Tena, y poner la represión, en definitiva, bajo la inspiración de Capitanía General y el
jefe de Orden Público José Derqui. Para Lorén (1981: 33-34), Ponte «acabó con las chulerías
ciudadanas del fascismo en Zaragoza; ya no vimos más a los torturados pelados al cero y
expuestos en el balcón de la checa del Coso […] En Zaragoza no quedó más que una checa
de momento, pero mucho más organizada y eficaz; la instalada en un chalet grande del paseo
de Ruiseñores, apenas visible desde la calle entre la frondosa umbría de sus árboles […], lo
suficientemente aislado por el canal y por los baldíos de su entorno para el triste cometido

una y [Link] 17 10/6/17 11:37:07


18 | Ramón Betrán Abadía

No me detendré aquí en los pormenores de la represión en Zaragoza y en su


reveladora expresión espacial, cuestiones a las que dediqué un extenso capítulo de
mi libro La ciudad y los muertos (BETrán, 2015: 520-559). Baste ahora recordar que,
de los 3.117 fusilamientos que se han documentado entre julio del 36 y abril del 39,
2.578 se produjeron antes de acabar 1936 (cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1995: 45). Se
desplegaba así una violencia contundente, cuyo fin era permitir a la minoría insu-
rrecta el dominio de una población mayoritariamente desafecta y sembrar un terror
paralizante, inductor de un sometimiento irreversible. Esa violencia se centró en los
barrios obreros donde se había manifestado la débil resistencia al golpe militar. Se-
gún el médico uriEL (2005: 61), durante los primeros meses de guerra la coerción
se cebó con las Delicias, el Arrabal y el entorno de la calle de las Armas, donde «era
muy rara la vivienda que no había sido tocada por los ejecutores falangistas»; en sus
memorias de adolescencia, Lorén (1978: 18) escribió que a partir del verano del 36
casi todos sus amigos de San Pablo, donde vivía, llevaron luto por sus padres fusi-
lados10. En los más peligrosos de estos lugares, como veremos, se aprobarían entre
1937 y 1939 instrumentos de transformación urbanística intensa.

al que fue destinado […] El siniestro coronel Gazapo […] se instaló en la checa del paseo de
Ruiseñores, para hacer una purga metódica y fría de la ciudad».
10 De los 2.430 ejecutados cuyo domicilio se conoce, «el 42 por ciento […] procedían de barria-
das exclusivamente obreras (Delicias, San José, Venecia, Arrabal y barrios rurales), un 27 por
ciento residían en los que podemos considerar como una mezcla de población asalariada y
pequeño-burguesa: La Seo-San Carlos, Magdalena, Democracia-San Pablo, Miraflores-Las
Fuentes. Por último, el 23 por ciento restante vivían en las zonas de la ciudad consideradas
burguesas por excelencia, como los distritos de Pilar-Audiencia, Azoque, Independencia, Re-
pública-Torrero, Hernán Cortés-Carmen» (cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1999: 66).

una y [Link] 18 10/6/17 11:37:07


Capítulo II

El Ayuntamiento y su Dirección de Arquitectura


tras el 19 de julio

Mientras todo esto ocurría, la ciudad sufría una radical transformación de sus es-
tructuras políticas. Además de aplastar todo conato de resistencia urbana, efectivo
o potencial, la autoridad militar depuso a la última corporación republicana, de ma-
yoría centroizquierdista, y designó una comisión gestora municipal de la que formaban
parte algunos concejales radicales y cedistas. Por decisión del general Cabanellas, la
presidió Miguel López de Gera (1899-1988), acomodaticio abogado que ya había
sido alcalde desde el 12 de enero de 1934 al 21 de febrero de 1936, y que Arsenio
JiMEno (1987: 177) describiría como «un radical, joven, elegante, lo que hoy llama-
ríamos un play boy»1.
En el pleno del 21 de julio, se leyeron los oficios mediante los que el goberna-
dor civil cesaba a todos los concejales anteriores y nombraba a los nuevos gestores.
En el del 29, Gera dedicó «patrióticas palabras a favor del movimiento de salvación
nacional», declaró que él y los demás gestores «quedaban movilizados al servicio de
España», recibió al teniente coronel de Ingenieros Anselmo Loscertales, delegado
de la autoridad militar ante la Corporación2, y echó los vivas de rigor; acto seguido

1 Gera fue cesado y sustituido por el teniente coronel Antonio Parellada en julio de 1937, a
causa de desacuerdos no concretados que podemos relacionar con su protesta ante el ministro
de Comercio, de visita en Zaragoza en junio, por los perjuicios que las decisiones del gober-
nador civil Planas de Tovar provocaban a los comerciantes locales. El 2 de julio, ingresó en la
cárcel, aunque por poco tiempo. Por sus opiniones sobre la marcha del Eje en la guerra mun-
dial, se le impuso en 1942 una multa de 100.000 ptas. y el destierro a no menos de 300 km
de Zaragoza. Se instaló entonces en Madrid y poco después emigró a Cuba, donde su mujer
poseía tierras y vacas; tras la revolución castrista volvió a Madrid y allí murió en diciembre de
1988 (Gran Enciclopedia Aragonesa, voz «López de Gera»).
2 Loscertales representaba en el Ayuntamiento la autoridad suprema del general jefe de la V
División; estaba «encargado de vigilar la marcha y las actuaciones de las distintas concejalías,

una y [Link] 19 10/6/17 11:37:07


20 | Ramón Betrán Abadía

se acordó, a propuesta del concejal Gasca, que todos los actos municipales fueran
presididos en adelante «por Nuestra Excelsa Patrona la Virgen del Pilar, volviendo a
ser reintegrada al lugar que ocupaba en el Salón de Sesiones»3.
Como escribieron cifuEnTEs y MaLuEnDa (1995: 90), «el primer ayuntamiento
del orden franquista en Zaragoza ya no va a ser el escenario en el que los distintos
partidos políticos se habían enfrentado durante la República, sino que perdió su di-
mensión política para pasar a convertirse en un mero centro de administración, una
“gran empresa” regida por técnicos y gestores, que se habían dado cuenta de que
tan importante como dirigir las actividades económicas era amarrar las riendas del
poder político. Detrás de ellos, atentamente, el Ejército supervisaba y dirigía todos
los engranajes del poder municipal»4. Las condiciones en que se produjo el desa-
rrollo de la burguesía zaragozana y las oportunidades que se le presentaron en este
período excepcional, estrechamente vinculadas a lo sucedido durante la dictadura
de Primo y la República, explican que la renacida gran empresa municipal tuviera
mucho de empresa inmobiliaria. Lo iremos viendo.
La renovación del Concejo se acompañó con una implacable purga del funciona-
riado municipal, que formaba parte de la ejemplar venganza de la clase dirigente
contra el sector de la clase trabajadora que durante un tiempo había pretendido dis-
putarle su hegemonía y, también, de la incautación de empleos en la administración
como botín de guerra que los vencedores podían repartir a su antojo.

de “recordarles” en todo momento la causa y finalidad de su misión, y [era] responsable en


última instancia de todas las decisiones adoptadas por ellos», lo que «pone de manifiesto la
relación de dependencia y subordinación en las tareas de gobierno de las autoridades civiles
frente a la omnipresencia militar» (cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1995: 94). No debe subestimarse
la autoridad de este cargo, existente de julio de 1936 a abril de 1939, en ninguno de los as-
pectos de la vida municipal, por alejados que parezcan de los intereses del Ejército.
3 Como concejal del Partido Radical, al que también pertenecía el entonces alcalde Sebastián
Banzo, Gera había apoyado su retirada el 12 de febrero de 1932. La imagen pasó a la Seo, y
de ahí la tomaron el 30 de julio de 1936 los requetés navarros y riojanos llegados a Zaragoza
cinco días antes, camino de Madrid, para llevarla a la Casa Consistorial; según coLás y PérEz
(1936: 59), «el alcalde y los concejales que se encontraban en el Ayuntamiento fueron grata-
mente sorprendidos por esta improvisada manifestación, ya que ellos pensaban organizarla
oficialmente y darle la importancia merecida». Forzadas así las cosas, el 31 de julio, el alcalde,
el presidente de la Audiencia, representantes de Falange, Acción Ciudadana, Acción Popular,
los tradicionalistas y otras autoridades asistieron a su colocación en el salón de sesiones. De
ahí marcharon todos a la Santa Capilla, donde un capellán del Requeté calificó ya la guerra de
«gran Cruzada de la Fe y de la Hispanidad» (El Noticiero, 30-31/7/36). También precipitaron
los carlistas navarros la adopción de la bandera roja y amarilla, tras la que entraron en la ciu-
dad y que acto seguido se izó en la Diputación Provincial, a pesar de las reiteradas profesiones
de fe republicana de Cabanellas.
4 Por ejemplo, el 2 de febrero de 1938 se leyó a la Corporación un oficio donde el gobernador
civil notificaba que el general jefe del V Cuerpo del Ejército le había comunicado el cese como
concejal de José María Julve, por haber pronunciado frases contra decisiones del mando.

una y [Link] 20 10/6/17 11:37:07


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 21

Para acabar con la huelga general declarada el 19 de julio y masivamente se-


guida en la ciudad, Cabanellas dictó el día 21 un bando donde ordenaba a todos los
trabajadores que volvieran al trabajo en la jornada siguiente; quienes no lo hicieran
serían considerados fuera de la ley y enemigos de la Patria y perderían sus empleos,
que se cubrirían con quienes se presentaran voluntarios para ocuparlos (coLás y
PérEz, 1936: 29). El 22 de julio, se militarizaron los servicios municipales.
Como resultado de estas disposiciones, entre el 23 de julio y el 5 de agosto se
cesó al menos a 175 trabajadores del Ayuntamiento. Más adelante, y en virtud del
decreto 108 de la presidencia de la Junta de Defensa Nacional, de 13 de septiembre
de 1936, y de la Ley de Responsabilidades Políticas de 9 de febrero de 1939, se
iniciaron nuevos expedientes de depuración que hasta 1942 supusieron el cese defi-
nitivo de otros 66 funcionarios (cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1995: 98-104).
A las doscientas y pico cesantías decididas por el Concejo se sumó el fusila-
miento de 81 empleados municipales (70 de ellos en 1936) y 8 concejales: los socia-
listas Antonio Ruiz y Bernardo Aladrén, y los republicanos de distintas tendencias
Genaro Sánchez Remiro, Casimiro Sarría, Alfonso Sarría, Antonio Aramendía, Joa-
quín Uriarte y Manuel Pérez-Lizano, que era además presidente de la Diputación
Provincial. Según cifuEnTEs y MaLuEnDa (1999: 61)…
[…] los trabajadores municipales aparecieron desde el principio en el objetivo extermi-
nador de los insurgentes. A pesar de no constituir un número tan numeroso como los
obreros de la industria o del campo y de no destacar por una marcada orientación políti-
ca hacia la izquierda, la relevancia de sus actividades para el normal funcionamiento de
la ciudad puede ser una de las causas por la que las nuevas autoridades pusieron sus ojos
en ellos. Mientras no se demostrase lo contrario, los funcionarios de la Administración
fueron considerados «manchados» y «contaminados» por la gestión republicana.
La Corporación salida del levantamiento militar se constituyó así en medio de
un clima de indecible violencia. Aunque las actas de sus sesiones plenarias apenas
permiten atisbarlo, hay en ellas detalles tan sobrecogedores como el ruego presen-
tado por José María García Belenguer ante la del 5 de agosto de 1936, que había co-
menzado con una declaración del alcalde sobre la reintegración al salón de sesiones
de la Virgen del Pilar y continuado con la declaración de cesantes de los funciona-
rios que no habían acudido a trabajar antes del 25 de julio, para «que fueran llevados
compresores al Cementerio de Torrero para verificar con mayor rapidez los trabajos
de apertura de zanjas». En un libro reciente demostré que la llegada de ese auxilio
técnico, que debió de verificarse hacia el 9 de agosto, permitió fusilar ese mes al me-
nos a 730 personas (media de 23,54 diarias) y significó el comienzo de una limpieza
atroz de elementos contrarios al Movimiento (BETrán, 2015: 541-542).
Los cientos de vacantes que dejó la depuración se cubrieron con individuos
afectos al nuevo régimen por activa o por pasiva. El 19 de agosto de 1936, la Corpo-
ración acordó, a instancia del gestor García Belenguer, que tras el cese masivo no se
contratara nuevo personal en cantidad equivalente, respetándose las plantillas solo
en los servicios públicos de sostenimiento ineludible y reduciéndose al mínimum en

una y [Link] 21 10/6/17 11:37:07


22 | Ramón Betrán Abadía

los servicios que pudieran sustituirse por concesiones a particulares; también se de-
cidió preferir para cubrir las vacantes a «los familiares de grado más cercano de los
muertos en defensa de la Patria, o los mismos defensores si hubiesen dado su sangre
por ella». Quedaba claro que la copiosa depuración de funcionarios, sobre todo en
1936, no tuvo solo una razón política, sino que fue parte del sistemático expolio que
permitió el enriquecimiento de los empresarios que habían apoyado el golpe y el
despojo del patrimonio y los empleos de los vencidos5.
El decreto 248, de 12 de marzo de 1937, dispuso que la mitad de las vacantes
de los escalafones y plantillas de los servicios del Estado, Provincia o Municipio de-
berían reservarse para quienes hubieran combatido durante tres meses, los heridos
en el frente y, en su defecto, los que hubieran perdido algún familiar en defensa de la
Patria. La otra mitad de las plazas podría cubrirse en turno libre, pero resolviendo
los empates por valoración de méritos de guerra, mayor permanencia en primera lí-
nea de combate, mayor categoría militar y mayor edad. Como advirtieron Cifuentes
y Maluenda, resultó de aquí una cohorte de funcionarios comprometidos con el
fascismo o, al menos, indiferentes, acobardados y prontos a someter eventuales es-
crúpulos de conciencia a la supervivencia y la promoción laboral.
El proceso de depuración municipal incluyó la formación de una nueva oficina
de arquitectura encargada de la muy importante misión de renovar a fondo y desde
el primer momento la política urbanística del Ayuntamiento, de conformidad con
los requisitos políticos y económicos del nuevo orden.
El 18 de julio, había sorprendido fuera de la ciudad a Miguel Ángel Navarro
Pérez (1883-1956), arquitecto municipal en propiedad desde 19206. Al no regre-
sar inmediatamente para incorporarse a su puesto, por acuerdo plenario de 9 de
septiembre de 1936 se le destituyó a título preventivo y se le incoó un expediente
disciplinario del que fue instructor el gestor municipal Francisco Caballero, exmi-
litante de Acción Popular; como resultado, el 21 de octubre se acordó suspenderle

5 En el pleno de 31 de diciembre del 36 que aprobó el presupuesto para 1937, se hizo constar
que se había superado algo la consignación total de 1936, contemplando las obligaciones deri-
vadas de «los intereses y amortización de títulos que por volumen de diez millones de pesetas
se han puesto en circulación para ejecución de los proyectos de construcción de viviendas
en la zona de Miralbueno y reforma del sector de la calle de la Yedra», a costa de «restringir
duramente las consignaciones de personal y material en casi todos los servicios municipales,
aprovechando la circunstancia de haberse producido numerosas vacantes, las que en su ma-
yoría se declaran amortizadas».
6 El 16 de julio, había firmado la primera certificación de las obras de ampliación del cemente-
rio de Torrero, lo que sugiere que abandonó Zaragoza justo cuando empezaba el movimiento
insurreccional y tal vez alarmado por sus posibles consecuencias. De él se dijo que, con el
nombre simbólico de Miguel Ángel, era masón desde 1930, y como tal lo incluyó Falange en
algunas listas negras, una de las cuales incluso se difundió por Zaragoza en octavillas impre-
sas; pero parece que a Navarro no podía atribuírsele más militancia que la del Rotary Club
(LacaDEna, 1953: 6; fErrEr, 1979, III: 177-179).

una y [Link] 22 10/6/17 11:37:08


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 23

de empleo y sueldo, y el 18 de noviembre se desestimó el recurso de reposición


que interpuso y se ratificó su destitución del cargo de arquitecto municipal jefe.
Igual suerte corrió el arquitecto segundo Marcelo Carqué Aniesa (1902-1967),
titular desde 1929 y destituido por abandono de destino por acuerdo de 20 de
enero de 19377.
El 5 de agosto de 1936, el alcalde comunicó a la Corporación que, «ausentes
de Zaragoza» Navarro y Carqué, había solicitado al Colegio de Arquitectos «la de-
signación de un colegiado que los sustituyese durante su ausencia» y, como conse-
cuencia, se había nombrado arquitecto municipal a Regino Borobio Ojeda (1895-
1976). Este era hombre de profundas convicciones religiosas8, militante de Acción
Popular antes de la guerra (aLarEs, 2008: 135)9, arquitecto escolar de la provincia
desde 1921, asesor de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana desde 1924 y de la
Confederación Hidrográfica del Ebro entre 1926 y 1931. A la capacidad de trabajo
que sugiere este sucinto currículum y demostraría su actividad en el Ayuntamiento,
Borobio unía su incuestionable calidad como arquitecto, que exhibiría también en
sus propuestas urbanísticas.
Aparte de los móviles funcionales a los que la ordenación urbana debía seguir
ateniéndose y de los requerimientos coyunturales que presionaron el espacio ur-
bano durante la guerra, la nueva Dirección de Arquitectura tuvo que asumir dos
nuevos condicionantes de carácter muy distinto. El más aparente tenía naturaleza
política y de él había de resultar una ciudad visiblemente sometida al nuevo orden,
presidido por la alianza de la alta burguesía local, el Ejército y la Iglesia católica.
Sin la misma autonomía y con importancia no menor, el lucro privado, alentado
con inversiones públicas, impregnaba y contaminaba toda suerte de decisiones ur-

7 En el capítulo X.1 se abordarán las ulteriores relaciones de Navarro y Carqué con el Ayunta-
miento y su sustitución definitiva por José Yarza y José Beltrán en 1941.
8 En una conferencia dictada ante la Sociedad de Amigos del País en 1977, Luis Horno se
refirió a la religiosidad del arquitecto, hombre de «un cristianismo ortodoxo ante la Iglesia, el
Papa y la Jerarquía», que «oía Misa a diario en el Pilar, en San Gil o en Santa Cruz […] y era
miembro activo de la Cofradía de la Piedad». Pozo (1990: 103-104), de quien tomo la cita
anterior, añade una referencia a la militancia católica de Borobio en los últimos meses de la
República: «Pertenecía a la Conferencia de San Vicente de Paúl, de la iglesia de S. Gil Abad;
presidió el centro de Acción Católica de esta parroquia y la Rama de Hombres diocesana, a
las que se adscribió desde su iniciación, en el año 35, y de las que fue su primer presidente. “Y
lo fue, nos refiere Horno, porque así se lo pidió Juan Antonio Cremades”; y Regino se limitó
a comentar en su casa, al respecto, que no había podido negarse; “me ha dicho que estamos
en una época en la que los católicos no podemos echarnos para atrás; y estoy de acuerdo con
él”».
9 horno (1993: 7) sintetizó así las ideas políticas de Borobio: «Nunca quiso intervenir [en polí-
tica], pero fue generoso ante ella. Dijo sí a Maura, al General Primo de Rivera y a José M.ª Gil
Robles. Se acongojó ante la República: abominó de Azaña, de Alcalá-Zamora, de Prieto. Dijo
no a don Alfonso XIII y a Calvo Sotelo. Más tarde diría de la CEDA que “ya están pasados”.
Pero rechazaba la propaganda contraria. Aceptó a Franco y la guerra. Creyó en Serrano Su-
ñer. No tuvo héroes. Militó en Acción Ciudadana. Y fue padeciendo una lenta desilusión».

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24 | Ramón Betrán Abadía

banísticas; a él se subordinaron tanto las operaciones de extensión urbana, impul-


sadas por el crecimiento demográfico y el excedente de capital consiguientes a la
guerra, como la reforma interior, empeñada en sanear las rentas inmobiliarias en el
centro urbano después de muchos años de congelación de los alquileres y deterioro
material.
Tras el alzamiento militar, la Dirección de Arquitectura realizó un trabajo ím-
probo. Se formaron entonces los proyectos de apertura de la plaza del Pilar (aproba-
do en 1937), de reforma del barrio del Sepulcro (1937) y de ensanche de la calle del
Teniente Coronel Valenzuela (1937), se amplió el proyecto de apertura de la calle
de la Yedra y se estudió la reforma del barrio de San Pablo. Se redactó también el
primer plan de reforma interior que tuvo la ciudad, aprobado inicialmente en 1939.
En 1938, se ordenó la prolongación de la Gran Vía (hoy paseo de Isabel la Cató-
lica) y se modificó el plan de ensanche de 1934 en el sector séptimo de la zona de
Miralbueno (estación de Cariñena) y en el segundo de Miraflores (las Adulas o área
de Madre Vedruna); en 1941, se reformó el sector octavo de Miraflores (Agustinos);
en 1942, fue reordenada la zona de Ruiseñores, y en 1943 se aprobó el enlace de las
carreteras de Logroño, Madrid y Valencia (vía de la Hispanidad). Por si fuera poco,
en 1938 se inició la redacción del anteproyecto de ordenación general de la ciudad,
concluido en 1943, y en 1939 se aprobaron unas ordenanzas generales cuyo tomo
tercero regulaba la edificación. Y, mientras tanto, se promovieron numerosos pro-
yectos relacionados con la vialidad en todo el territorio urbano.
En estas actuaciones de planeamiento, desarrolladas mientras avanzaban la ur-
banización y la edificación en el ensanche de Miralbueno, se acomodaban la plaza
de San Francisco y su entorno a los requisitos de la Ciudad Universitaria y se daban
los primeros pasos para la urbanización del ensanche de Miraflores (ejecución ya
en 1937 de la avenida del Ferrocarril a un lado de las vías, desde Mola al camino
de San José), acreditan el temprano empeño de las autoridades franquistas por fa-
vorecer la multiplicación de capitales mediante el negocio inmobiliario y dotar a la
ciudad, y en especial a su área central, de una ordenación de características acordes
con la nueva situación política10.

10 En mi trabajo El pingüe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-


1943), me referí por extenso al despliegue de la función especulativa durante la guerra y la
alta posguerra, al tratar del ensanche de la SZUC y de su ampliación a los lados de Isabel
la Católica y en Miraflores, y de actuaciones de reforma interior como Yedra o Sepulcro. En
lo que sigue, daré por expuestos estos episodios y me detendré solo en los que se iniciaron
después del 19 de julio.

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Capítulo III

El proyecto de la plaza de las Catedrales

1. El milagro de las bombas


La unión de las plazas del Pilar, la Seo y Huesca para formar la avenida de las Cate-
drales constituyó un genuino acto simbólico de toma de posesión de la ciudad por la
coalición entre el Ejército, la Iglesia y las gentes de orden que la habían reconquistado
el 19 de julio de 1936. Desde comienzos del siglo XX, cuando el arzobispo Soldevila
promovió la finalización del templo del Pilar, la coronación canónica de la Virgen y
su investidura como capitana general, anunciando la férrea alianza consumada tres
decenios después, la unión de las plazas catedralicias había sido el eje del programa
clerical del urbanismo zaragozano. En el mismo mes de mayo de 1905 en que Solde-
vila coronó a la Pilarica ante peregrinos de toda España, el concejal Manuel Franco
propuso al pleno unir las plazas y prolongar hasta ahí el paseo de la Independencia1,
medio de vincular lo que debía volver a ser el centro absoluto de la ciudad con la
plaza de la Constitución, donde en octubre de 1904 se había inaugurado el monu-
mento a los Mártires de la Religión y de la Patria, y, más al sur, con lo que ya era el
centro del prestigio social zaragozano.
El extenso vacío propuesto por Franco ante el Pilar obedecía al afán de explo-
tación turística que había movido desde los años 1860 a una burguesía zaragozana
muy pendiente de Lourdes2. Antes de la Guerra Civil, el catedrático de Derecho

1 Sobre la prolongación del paseo de la Independencia hacia el norte y su relación con la for-
mación de la avenida de las Catedrales, puede consultarse BETrán (2013: 223-253 y 2014:
83-86).
2 Las supuestas apariciones de Lourdes se produjeron entre febrero y julio de 1858, y el Ayun-
tamiento de Zaragoza acordó abrir la calle de Alfonso I el 13 de agosto del mismo año, para
ejecutarla a partir de 1866, lapso durante el que la ciudad quedó comunicada por ferrocarril
con Madrid y Barcelona.

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2 | Ramón Betrán Abadía

Canónico Juan Moneva ya alzó su voz solitaria contra el uso oportunista de la Vir-
gen por el comercio y la hostelería en artículos como «Los forasteros como origen
de lucro» o «La Virgen del Pilar como origen de renta (con perdón sea dicho)»; en
este último, no solo rechazaba la explotación «de esta gran finca que es la Virgen
del Pilar» (1953: 260) por creer profanación y vileza promover peregrinaciones
religiosas con interés mercantil, sino también porque el tipo de actividades que
crecería a su sombra podría hacer ganar dinero a unos pocos, pero no mejoraría
la ciudad.
Hasta 1936, la idea de Franco resurgiría en varias ocasiones (Félix Navarro en
1906, Magdalena en 1909, Yarza en 1914, Miguel Ángel Navarro en 1919, Zuazo en
1930), asociada siempre a la prolongación del Paseo, un propósito albergado ya por
la administración bonapartista y reflejado en el proyecto de plano geométrico gene-
ral de 1862, nunca aprobado: plaza y paseo irradiarían la presencia del Pilar a toda
la ciudad, sometida al santuario como París lo estaba al Sacré-Coeur (1875-1914).
Poco antes de proclamarse la República, el arquitecto Secundino Zuazo, el abo-
gado Manuel Cristóbal y el negociante y militar de carrera José Derqui pretendieron
obtener del Ayuntamiento la concesión de la redacción y, lo que es más importante,
la ejecución de un plan de reforma interior que tendría por primera y principal fase
la formación de la plaza de las Dos Catedrales y la prolongación hasta ella del paseo
de la Independencia mediante una avenida que proponían llamar del Doce de Octu-
bre, interrumpida antes de llegar al Ebro por una manzana donde podría construirse
la nueva casa consistorial. Además de permitir la formación en pleno centro de
grandes solares para viviendas y usos comerciales, la ambiciosa reforma provocaría
el derribo de un gran número de inmuebles, cuyos propietarios reinvertirían su ca-
pital en el extenso ensanche de la Gran Vía que el mismo Zuazo había proyectado
en 1928 por encargo de la SZUC, y para cuyos solares no había suficiente demanda
(BETrán, 2013: 223-253). Si Cristóbal murió en 1933 y Zuazo cayó en desgra-
cia tras el 18 de julio, corrió mejor suerte Derqui, oscuro personaje que desde su
puesto de director de la sucursal zaragozana del Banco Español de Crédito había
aglutinado en 1930 a un grupo inidentificado de capitalistas locales interesados en
la reforma3, autor en 1931 de un opúsculo de defensa del proyecto, y consejero de
Cementos Portland Morata de Jalón. Después de la insurrección de 1936, su som-
bra crecería hasta el punto de ser nombrado jefe de Orden Público y compartir la
máxima responsabilidad en la dura represión ejercida sobre la ciudad con el teniente
coronel Urrutia, jefe de las Milicias de Falange, el coronel Gazapo, jefe del Servicio

3 «Todo esto fue lo que recogió un grupo, compuesto en su mayoría de zaragozanos, poseído
de las vitandas manías de la iniciativa y la actividad, que consideró que el amor a Zaragoza
había que demostrarlo procurando su engrandecimiento y su prosperidad, en lugar de afir-
marlo bajo palabra. Y no hay por qué negar tampoco que […] buscamos al mismo tiempo el
provecho material, móvil legítimo de todas las empresas de esta clase» (DErqui, 1931: 16).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 27

de Información Militar, y Jesús Muro, jefe territorial de Falange (Solidaridad Obrera,


4/12/37; García VEnEro, 1967: 237; caBanELLas, 1973, II: 859)4.
En los años de la II República, tanto la formación de la plaza de las Catedrales
como la prolongación del Paseo estuvieron muy cerca de realizarse. En 1933, Se-
cundino Zuazo y el arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro, ambos firmantes
del ensanche de las Casas Baratas cinco años antes, defendieron dos propuestas
alternativas que, ajenas al propósito clerical primerizo, utilizaban la cruz formada
por el paseo y la plaza para ordenar el tráfico rodado a través del centro romano y
suscitar, de paso, una magna operación especulativa.
Nada más comenzar la guerra, resurgió con inusitada fuerza la idea de unir las
plazas del Pilar y la Seo en una gran explanada votiva cruzada con patio de cuar-
tel. El espectacular aparato de propaganda religioso-militar desplegado en torno al
proyecto se relacionó con las tres bombas arrojadas sobre el Pilar en la noche del 2
al 3 de agosto, un «atentado contra la Virgen» atribuido por Heraldo de Aragón a «las
hordas rusas y la canalla catalana». Dos de las bombas, que no estallaron, penetraron
en la iglesia cerca de la Santa Capilla y la tercera se incrustó en el suelo de la plaza,
junto a la pequeña fuente situada ante el centro de la fachada meridional del Pilar y
a eje con la calle de Alfonso; de esta se dijo que hizo saltar los adoquines formando
una cruz. El arquitecto Teodoro Ríos, director de las obras de consolidación del
templo, publicó en el número 131 de la revista Aragón (8/36) una reseña técnica del
oportuno bombardeo, coloreada con pasajes más propios de un pasquín propagan-
dístico que de un dictamen facultativo:
El siniestro avión […] dicen que iba más bajo que las torres, es evidente que el criminal
aviador conocía perfectamente la situación de la sagrada imagen y que venía decidido a
consumar sus feroces propósitos.
Desde el templo se ven perfectamente dos enormes boquetes: uno en la bóveda que se
apoya en la pilastra situada junto a la entrada y en el rincón que forma con la Santa Ca-
pilla, otro en la bóveda del coreto sobre el órgano […] Por la resonancia que ha tenido
este espantoso sacrilegio cometido contra la Patrona de Aragón y de España entera, y
al que el sentimiento popular atribuye carácter milagroso, he creído conveniente dar a
la publicidad estos datos concretos y completamente exactos, y cuyo hecho criminal
ha dado lugar al grandioso acto de reparación que Zaragoza ha realizado, y que por la
cantidad, calidad y entusiasmo de los asistentes puede calificarse de único en la historia
de las manifestaciones populares.
Que la Virgen del Pilar proteja y ampare a España concediéndole la victoria que todos
anhelamos, restableciendo la paz y armonía entre todos los buenos españoles.

4 Derqui se incorporó al servicio activo como comandante de Estado Mayor en diciembre de


1935 y tomó posesión como delegado militar de los servicios de la Comisaría de Vigilancia
de Zaragoza el 1.º de agosto de 1936, un día después de acceder Gil Yuste a la jefatura de la
V División Orgánica; desde marzo a noviembre de 1937, estuvo al frente de la Jefatura Supe-
rior de Policía del Estado Español, con sede en Valladolid; en la última fecha se le destinó al
V Cuerpo del Ejército, y en junio de 1939 fue reintegrado a la situación de actividad con el
empleo de teniente coronel.

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28 | Ramón Betrán Abadía

Cartel impreso en Barcelona en 1936. [Colección particular].

La prudencia de Ríos al valorar lo sobrenatural del suceso concordaba con


varias circunstancias que explicaban por qué no habían explotado las bombas, lan-
zadas desde una altura demasiado baja, con veinte años de antigüedad y, sobre todo,
mal montadas. Según un desvariado informe del director del Parque de Artillería,
metido a teólogo, el análisis de la bomba caída en la plaza, la única que quedó en-
tera, mostró que, aunque constaba de todos los elementos precisos, se habían mon-
tado en un orden indebido y jamás hubiera podido estallar; pero, «para el creyente,
el milagro es patente de todos modos; tanto si el trastocamiento se hizo por mano
divina, como si lo realizó la mano humana encargada de cargar las bombas por des-
cuido o ignorancia» (cfr. izquiErDo, 1937: 41).
El milagro no solo había salvado el templo y la imagen de la Virgen, sino que
llevó ante ella, en las horas siguientes, a «toda la Zaragoza católica», solidarizada con
los sublevados:
Los cánticos piadosos sucedían a los vivas a la Virgen, a España, al Ejército y a todas las
fuerzas colaboradoras en este gran movimiento de reconquista y salvación de la Patria
auténtica y tradicional (izquiErDo, 1937: 33).

El sacerdote Francisco Izquierdo, Orlando, exigía una feroz venganza:

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 29

La Virgen ha obrado un estupendo milagro […] El infernal furor de nuestros enemigos


se ha estrellado contra la Omnipotencia divina. El Pilar subsiste y, subsistirá, porque así
la Virgen lo ha prometido: «Elegí y santifiqué este lugar, para que mi nombre esté allí
sempiternamente» […] Por encima de todos los ataques, de que puedan hacernos objeto
esos miserables y cobardes, vibra el corazón de Zaragoza, la Zaragoza de los Sitios, la de
la Reconquista. Y Zaragoza es el alma de la raza española […] El león zaragozano ha sa-
cudido su melena y ruge furiosamente buscando a quién devorar. Teman los criminales
los zarpazos y mordiscos del león zaragozano (izquiErDo, 1937: 30-31).

Con consecuencias mucho más traumáticas, se repetía la reacción provocada


en 1920 por el atentado contra Yarza, Boente y Octavio de Toledo. Faltó tiempo
para exigir la respuesta más violenta contra la antipatria, que había atacado lo más
sagrado, lo más querido por los verdaderos zaragozanos, aragoneses y españoles. En
una proclama dirigida a sus sentimientos más íntimos, El Noticiero exigió «guerra
despiadada, sin cuartel, contra todo lo que no esté francamente a nuestro lado»,
«guerra despiadada y exterminio contra los malos españoles». El milagro probaba
que la Virgen estaba con los rebeldes y, ya en este comienzo de agosto, daba pie al
diario clerical a calificar de Cruzada a la guerra que empezaba5:
No es esto una guerra civil. No se trata de discutir con las armas un régimen o una
tendencia política.
Se trata de defender una Civilización y una Fe atacadas en sus fundamentos. Y esto da a
la lucha el carácter de una guerra de Cruzada.
A la Cruzada por España y por su razón religiosa de existencia se llama a los españoles.
A la Cruzada moderna, que es mandato de Dios y exigencia de la Patria6.

5 En los bandos de declaración de guerra de Franco en Canarias, Mola en Pamplona, Queipo


en Sevilla o Cabanellas en Zaragoza, faltó cualquier alusión a motivos religiosos. Ya advirtió
raGuEr (2001: 83-84) que los sublevados habían previsto un golpe rápido y solo cuando
se convirtió en una guerra muy imbricada en las tensiones internacionales del momento
vieron preciso argumentar su legitimidad. Para ello fue básico el apoyo de la Iglesia, que no
solicitaron y ella misma les brindó espontáneamente y en cuerpo y alma. En agosto de 1936
entraron en el teatro de operaciones la Virgen del Pilar, Santiago o el Sagrado Corazón, re-
vistiendo de transcendencia metahistórica las iniciales llamadas al restablecimiento del orden
público; y en ese giro de la insurrección armada hacia la guerra santa (lo que Álvarez Bolado
llamó la movilización de las Vírgenes) tuvieron un papel muy importante la Virgen del Pilar y el
eje Zaragoza-Pamplona, ciudad que, según raGuEr (2001: 147), fue durante toda la guerra
«la capital eclesiástica de España […] el gran feudo del tradicionalismo», donde «estaban los
dirigentes del sector más confesional del conglomerado del Movimiento, en el que la Iglesia
trataba de apoyarse para que no prevalecieran en el nuevo régimen ciertas tendencias anticle-
ricales o laicistas».
6 Como ya se vio, un capellán del Requeté había llamado a la insurrección antidemocrática
«Cruzada de la Fe y de la Hispanidad» el 31 de julio de 1936, en la ceremonia celebrada en la
Santa Capilla tras la vuelta de la Virgen al Ayuntamiento. A partir del 3 de agosto, esa califica-
ción fue permanente. En El Lunes de este día, Manuel Álvarez de Lana puso en boca de la Vir-
gen esta advertencia a los españoles: «mirar [sic] que son los hijos de la noche, los hijos de las
tinieblas, enemigo fuerte por ser hijos de Satán, los que luchan contra mis hijos, los hijos de la
luz, mirar que no es una guerra civil de ambiciones partidistas […], es una guerra santa, es la
guerra de la Cruz contra el triángulo masónico, […] desecho y hez de la sociedad, abortos del

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30 | Ramón Betrán Abadía

A través de Radio Zaragoza, Emilio Laguna Azorín también dio por hecho el
milagro, reclamó una justicia ejemplar para los criminales que habían creído poder
destruir «ese Faro esplendente de Aragón y de España», y convocó a los zaragozanos
a una inmensa manifestación de apoyo a la Virgen y a los sublevados, que habían en-
contrado en las bombas su argumento definitivo.
En la sobremesa del día 3, el alcalde llamó desde Radio Aragón a todos los
aragoneses a «manifestarse ante la Autoridad militar, a la que tanto debe Zaragoza,
y pedir ante la Imagen la salvación de España y la confusión de sus enemigos, y
al Excmo. Sr. General de la 5.ª División, el exterminio de los culpables» (coLás y
PérEz, 1936: 74). A las seis y media de la tarde, deberían cerrar los comercios para
que todo el mundo se sumara a la manifestación de desagravio que saldría de la plaza
de Aragón y marcharía hacia el Pilar bajo engalanaduras y cartelones con vivas a
España fijados a los balcones.
Además de Gera, presidieron la comitiva el nuevo general jefe de la V Divi-
sión Germán Gil Yuste, el general Álvarez Arenas, todos los generales con mando
en plaza, el arzobispo Rigoberto Doménech, el presidente de la Diputación Luis
Orensanz, el gobernador civil y comandante de la Guardia Civil Julián Lasierra,
el comisario jefe de Vigilancia Geminiano Díez, el comandante Marzo, jefe de las
fuerzas de Seguridad y Asalto, y el rector Calamita. Les precedían una gran bandera
rojigualda escoltada por milicianos de Falange, el Requeté y Acción Ciudadana, y
una banda militar de música:
A las seis y media en punto se puso en marcha la manifestación, por el andén central del
paseo de la Independencia, donde se había congregado una inmensa muchedumbre […]
El entusiasmo, que en todos los puntos del trayecto fue inenarrable, alcanzó caracteres
apoteósicos en la plaza de la Constitución, donde una multitud emotiva daba vivas al
Ejército, a España y a la Virgen del Pilar, que eran entusiásticamente contestados.
Al doblar la calle del Coso para entrar en la de Don Alfonso, pasaban de treinta mil las
personas que figuraban en la manifestación, además de estar materialmente atestados de
público las aceras, bocacalles y balcones, desde donde los vivas a España y a la Virgen del
Pilar se renovaban con ardor inusitado […] Al desembocar la manifestación en la plaza
del Pilar, donde esperaban varios millares de personas, el entusiasmo se desbordó en las
más exaltadas expresiones de patriotismo.

Averno, visten como vosotros, tienen vuestras costumbres, los desconocéis porque se visten
con la piel del cordero, para exterminar a mis hijos». El rector de la Universidad, Gonzalo
Calamita, clamaba en el número de octubre de Aragón, en nueve terribles párrafos abiertos
con otros tantos «No volverán…», por la liquidación de todos los profesores, políticos, curas y
ciudadanos de a pie que no se adhirieran a la «sublime cruzada». Unas páginas antes, Sancho
Izquierdo ponía a la Virgen del Pilar al frente de esa epopeya («Tú moviste, poniendo luz y brío
en la mente y en el brazo del caudillo y fe y entusiasmo en todos los españoles dignos de tal
nombre, la gran Cruzada Nacional»), y Allué Salvador explicaba que la guerra no solo es lícita,
sino Cruzada Santa. Lo que en julio se había disfrazado de pronunciamiento militar a la antigua
usanza mostraba sin tapujos su naturaleza de guerra de exterminio, que realizaría la exigencia
de Calvo Sotelo, en 1934, de exterminar la semilla revolucionaria en el vientre de las madres.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 31

Hubo un momento de extraordinaria emoción y fue aquel en que la gran bandera nacio-
nal traspuso los umbrales del templo (izquiErDo, 1937: 35).
La manifestación significaba la comunión espiritual de todos los buenos zarago-
zanos en torno a la Virgen, el Ejército y las fuerzas vivas. Pasada la confusión que
siguió al pronunciamiento militar, había llegado el momento de tomar posesión del
centro urbano y convertirlo en escenario de los fastos del régimen naciente. El día
3 se consagró como espacio representativo de la ciudad el recorrido que arrancaba
de la plaza de Aragón (sede de Capitanía y el Gobierno Civil, próxima al Gobierno
Militar, las Facultades –cuarteles de Falange y el Requeté– y los hospitales de sangre
instalados en el Clínico –Falange–, el excolegio del Salvador –Requeté– y la Acade-
mia Torres), seguía por Independencia (Santa Engracia), plaza de la Constitución
(Diputación Provincial), Coso (oficina de información de Falange) y Alfonso I, para
culminar en la muy revalorizada plaza del Pilar, ante el santuario en obras7.
En toda la España Nacional proliferaron en los días siguientes los actos de des-
agravio, se celebraron misas, se enviaron telegramas de protesta y se emprendieron
peregrinaciones a Zaragoza. Queipo de Llano afirmó desde Radio Sevilla que los
adoquines que habían saltado por los aires con el impacto de la bomba formaron la
frase «¡Viva la Virgen del Pilar!», al volver a caer en el suelo. Radio Castilla de Burgos
hizo del «vandálico acto», atribuido al gobierno masón de Valencia, la guarida de pisto-
leros de Barcelona y los agentes de Moscou, el inicio de una nueva etapa de la guerra
en que se debería «salvar la religión» y cristianizar el mundo, sin consideración a los
llamados derechos (coLás y PérEz, 1936: 79).
La Pilarica, Capitana Generala de los Ejércitos Nacionales8, se había erigido en
patrona de la clase dirigente sublevada, esta había despojado al enemigo de su con-

7 En adelante, este recorrido se repetiría en muchas celebraciones políticas, militares y eclesiás-


ticas. Por ejemplo, el 25 de agosto de 1936 la visita de Millán Astray al Pilar fue precedida
por un desfile militar, con participación de las tres milicias, que a partir de las seis y media
siguió la misma ruta entre un público multitudinario y balcones engalanados con la bandera
bicolor. Una vez en la Santa Capilla, el necrófilo general concedió a la Virgen el puesto de Jefa
(sic) de la Legión española. A la salida, comunicó a los buenos patriotas de Zaragoza que podían
dormir tranquilos porque velaba por ellos el valiente general Ponte: «Miradle; lleva el brazo en
cabestrillo a causa de las heridas sufridas por la explosión de una granada. Él y la Virgen son
iguales; indemnes han salido del atentado. Ahí está la Virgen del Pilar; ahí está el general Pon-
te». Por el contrario, los obreros (Millán no ocultaba la naturaleza clasista de la insurrección)
deberían deponer inmediatamente sus reticencias al nuevo régimen: «¡Obreros! Yo os llamo.
Venid a España. Si no venís, no dormiréis tranquilos» (izquiErDo, 1937: 50-51).
8 La Virgen del Pilar fue elevada al rango de capitán general por real orden de 8 de octubre
de 1908, imponiéndosele solemnemente un manto con las insignias del grado y fajín el 9 de
mayo de 1909. Tras el bombardeo del Pilar, en una solemne ceremonia celebrada el 15 de
agosto de 1936 se le impuso el manto de capitán general, que vestiría hasta el final de la gue-
rra. El 18 de enero de 1939, la Congregación de Caballeros de Nuestra Señora la Santísima
Virgen de la Victoria, patrona de Melilla (donde se había iniciado la rebelión), pidió para ella
honores de capitán general, desestimando Franco la demanda en febrero, «ya que el privilegio
solicitado solo lo tiene en nuestra Patria la Santísima Virgen del Pilar» y, de concederse tal

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32 | Ramón Betrán Abadía

dición nacional y aun humana, y la plaza del Pilar se había ganado el derecho a ser
centro ideológico de la Nueva España9.

2. La recuperación del proyecto de la plaza de las Catedrales


El importante pleno de 5 de agosto de 1936, primero presidido por la imagen de la
Virgen desde 1931, comenzó con unas palabras del alcalde condenando el atentado
contra el Pilar y dando cuenta del gran número de telegramas de protesta recibidos.
Luego, comunicó el cese de todos los funcionarios que habían secundado la huelga
general y la sustitución de los arquitectos municipales Navarro y Carqué por Regino
Borobio. Al final de la sesión, se acordó llevar al cementerio los compresores de las
brigadas, el gestor Aurelio Grasa pidió que se considerara «la alusión de la Prensa
relativa a colocar una Cruz en el lugar de la Plaza del Pilar en que cayó una bom-
ba», y Gera anunció que la idea ya había sido aceptada y los señores Beltrán y Jordá
habían ofrecido los materiales necesarios para su ejecución10.

grado militar a la de la Victoria, luego se pediría para todas las demás vírgenes. En la conversa-
ción de sobremesa recogida por Bormann el 5 de junio de 1942, Hitler quedó perplejo cuando
supo que Franco había concedido honores de mariscal de campo a santa Fuenciscla, patrona
de Segovia, por su apoyo a los rebeldes, y que años antes «una santa fue nombrada general
por impedir la explosión de una bomba que había penetrado en la iglesia de la que era santa
patrona», mostrando «las más serias dudas de que de este tipo de absurdos pueda salir algo
bueno» y asegurando que, si algún día visitaba algún país europeo, no sería España; el 7 de
julio, añadiría que quien desde el cielo había dado la victoria a Franco no era la Virgen sino
el general Von Richthofen (hiTLEr, 1953: 411 y 454). Durante el franquismo solo ostentaron
en España el rango de capitán general, abolido por la República, Franco, Muñoz Grandes y
la Virgen del Pilar.
9 Las bombas del Pilar fueron la ocasión ideal para sellar el pacto entre el estado franquista y la
Iglesia, que a cambio de su apoyo incondicional recuperó, ampliados, los anacrónicos privile-
gios políticos y, más aún, económicos de que había gozado hasta 1931: «Ya en agosto comen-
zaron a hacerse palpables los primeros efectos positivos y aparentes de esta alianza: la imagen
de la Virgen del Pilar volvía a presidir las reuniones del Consistorio; se repuso a los religiosos
en las tareas de enseñanza y asistencia a enfermos y hospitales; se procedió a la derogación
de lo legislado en materia anticlerical, divorcio, matrimonios civiles, prohibición de las fiestas
de Carnaval…; y, en suma, se experimentó un notable aumento de la participación popular
en las celebraciones de fervor religioso. Hecho corroborado en las continuas informaciones
recogidas en la prensa sobre actos de “Bendiciones de Banderas”, “Misas multitudinarias” en
honor de las víctimas “muertas por Dios y por España”, procesiones, donativos económicos
y suscripciones para reparar los daños causados por la “barbarie roja”. Pero, sobre todo,
el Ejército había logrado acabar con las “tres bestias negras” que amenazaron el dominio
de la Iglesia: el socialismo, el liberalismo y la masonería. El desencadenamiento de la fría y
sistemática ola de eliminación física, absolutamente necesaria para arrancar estos males de la
sociedad, quedó, por tanto, justificado por las altas jerarquías porque “la violencia no se hace
en servicio de la anarquía sino lícitamente en beneficio del orden, la Patria y la Religión”»
(cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1999: 84-85).
10 En el pavimento de la plaza del Pilar se mantuvo incluso después de la reforma de 1991 una
pequeña cruz de piedra blanca con la fecha «3-VIII-1936» inscrita en rojo, señalando el lugar

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 33

Por lo demás, la manifestación del 3 de agosto había demostrado la insuficien-


cia de la plaza del Pilar para albergar las concentraciones de masas requeridas por el
nuevo régimen. En el pleno de 26 de agosto de 1936, pasadas apenas tres semanas
desde el milagro y un mes de la asonada, Grasa propuso en otra moción que…
[…] con relación a las obras de prolongación del Paseo de la Independencia que ter-
minaban con la Plaza de las Catedrales, se procediera: primero, a la ejecución de esta
plaza, procurando coincidiera su inauguración con la terminación de las obras del Pilar,
tan deseada por los zaragozanos, ya que de este modo podrían ser recibidos dignamente
el sin número de fieles que con este motivo llegarían a nuestra Ciudad, peregrinacio-
nes, etcétera, por ser esta Plaza de las Catedrales el lugar adecuado para erigir el Altar
de la Patria11, el monumento a los héroes y ejército salvador de España, acelerando su
ejecución lo más posible, y que si existiera alguna razón económica no fuera olvidado el
estar en época de sacrificios, ya que la Plaza de las Catedrales debía ser llevada a efecto
inmediatamente.

Acto seguido, el gestor José Pellegero solicitó que se formulara «un proyecto de
urbanización y unión de las Plazas de Huesca y San Antón, cuya mejora supondría
la higienización de dichos sectores»; el pleno tomó en consideración la propuesta,
que pasó a la Dirección de Arquitectura12.
El 9 de septiembre, se aceptó y remitió a esa Dirección otra moción de la comi-
sión de Fomento, que retomaba propuestas anteriores de Loscertales y Grasa y una
vieja «aspiración unánime de la Ciudad de Zaragoza», para reclamar «la unión de las
Plazas de las dos Catedrales con el aislamiento del Templo del Pilar, obteniendo con
ello un vasto ámbito donde puedan tener lugar con toda esplendidez las manifesta-
ciones del culto a nuestra excelsa Patrona la Virgen del Pilar». Las «circunstancias
excepcionales» del momento llevaban a proponer al Concejo que se acordara, «del
modo más rápido y oportuno»:

sospechosamente idóneo donde había impactado la bomba. Fue colocada el 17 de agosto de


1936, mucho antes del inicio de las obras de apertura de la plaza de las Catedrales.
11 Nombre tomado del Altare della Patria construido entre 1883 y 1911 en Roma, entre la
Piazza Venezia y la colina Capitolina; se enfrentaba al Palazzo Venezia, donde Mussolini ins-
taló su despacho en 1929, y fue escenario predilecto de los actos multitudinarios del Partido
Fascista.
12 Desde 1931, el Partido Radical, al que perteneciera López de Gera, había hecho bandera de
la reforma a fondo del sector de la Zuda, uniendo la plaza de Huesca con la calle de Antonio
Pérez y demoliendo la iglesia de San Juan de los Panetes y, si finalmente se viera oportuno,
también el torreón de la Zuda y la muralla romana. Aunque, con buen criterio, el Estado de-
claró monumentos nacionales la iglesia, el torreón y las murallas por orden de 27 de noviem-
bre de 1933, todavía hubo peticiones de concejales y vecinos para que se derribara al menos
la iglesia y se construyera en su lugar un mercado mayorista de verduras (véase, por ejemplo,
el dictamen de la comisión especial de Mercados aprobado en el pleno de 26 de julio de
1935). En la sesión plenaria de 17 de julio de 1936 (la última celebrada por una corporación
republicana), el radical-socialista Uriarte aún exigió que, «teniendo en cuenta el mal estado
del edificio de San Juan de los Panetes […] se adopte una resolución enérgica, llegando, si
fuera preciso, a la demolición del inmueble».

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34 | Ramón Betrán Abadía

1.º Estudio de un anteproyecto, con los necesarios antecedentes técnicos y económicos


de la urbanización de la zona, expropiaciones necesarias para ello y posibilidades de
colocación de los solares que pudieran destinarse a la edificación.
Este estudio preliminar deberá de realizarse con la mayor rapidez posible.
2.º Sin perjuicio de lo previsto en el párrafo anterior, por la Dirección de Arquitectura,
se coordinará el estudio de la urbanización de la zona de las dos Catedrales con la
de las inmediaciones de la Plaza de S. Antón, para que todo se encauce en el sentido
de que en su día quede una explanada única desde la de S. Juan de los Panetes y Pla-
za de Huesca, hasta la iglesia de La Seo, lo que daría lugar a una gran extensión de
terreno y magnífica vía, donde con toda amplitud y adecuada disposición, pudieren
congregarse multitudes para la celebración de grandiosos actos religiosos como se
hace en otros santuarios de la fe de todos conocidos.
3.º Existiendo desde hace algún tiempo otros proyectos de urbanización que se rela-
cionan con el que preconizamos de la Plaza de las dos Catedrales, será conveniente
dilucidar si estos proyectos se adoptan o desechan y en el primer caso, si convendrá
realizarlos independientemente, o por el contrario deberán ser objeto de un proyecto
conjunto en el que bajo bases económicas y técnicas bien estudiadas, se señale como
parte primera a realizar la llamada Plaza de las dos Catedrales.
4.º Por los organismos técnicos del Municipio y previos los informes que se estimen
oportunos, se informará con toda actividad y urgencia sobre el aspecto o aspectos
legales y económicos más interesantes en relación con los intereses de Zaragoza13.

Así pues, el anteproyecto, que ya se cargaba de intención turístico-teocrática,


debía refundir tres estudios que en principio se habían encargado por separado a
Borobio, jefe accidental de la Dirección de Arquitectura: la unión de las plazas del
Pilar y de la Seo, la erección de un monumento conmemorativo de «la gloriosa gesta
nacional», y el aislamiento y la urbanización de San Juan de los Panetes y la muralla
romana (BoroBio, 1941: 40).
El 12 de octubre de 1936, se celebró la primera fiesta del Pilar de la guerra,
que puso sobre la ciudad los ojos de toda la España franquista y dio la medida de
lo que esperaba de ella el heteróclito y aún inestable pacto del Ejército, las derechas
de siempre, el catolicismo integrista y los aprendices de fascistas. El ABC de Sevilla
(14/10/36) refirió así esos festejos, mezcla insoluble de ritos totalitarios y cultos ba-
rrocos, que anunciaban el uso que se daría a la plaza cuando acabara la guerra:
La fiesta de la Virgen del Pilar, en el mismo día de la Raza, ha sido en Zaragoza un es-
pectáculo hermosísimo, aunque la lluvia persistente ha impedido que se realizaran las
tradicionales procesiones.
En las varias manifestaciones religiosas y patrióticas han tomado parte más de tres-
cientas mil personas, no pudiendo decirse cuáles han sido las más entusiásticas: si las
católicas o las patrióticas.
Zaragoza ha sido invadida por un verdadero ejército de peregrinos venidos de todos
los puntos del país en tren, en coche, en mulo y hasta a pie, agotándose las camas en la
ciudad. La población estaba profusamente engalanada. Además de las banderas roja y

13 AMZ, caja 003141, exp. 0000201/1938.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 35

gualda y las de Falange Española, ondeaban numerosas enseñas de Alemania, Portugal


e Italia.
Todas las ceremonias han sido presididas por los generales Cabanellas y Ponte, don An-
tonio Goicoechea, presidente de Renovación Española, y por 30 falangistas, defensores
del Alcázar de Toledo.
Desde primera hora de la mañana la muchedumbre invadió las iglesias y las calles, que
estaban recorridas constantemente por falangistas, carlistas y jóvenes de Renovación
Española, con banderas y músicas. La principal ceremonia tuvo lugar frente al templo
de la Virgen del Pilar, que sufrió algún tiempo los bombardeos aéreos de los aviadores
catalanes. La imagen de la Virgen estaba cubierta con el manto de Capitana Generala de
los Ejércitos españoles, que ya no le será quitado hasta que las tropas entren en Madrid.
En la iglesia están expuestas las bombas arrojadas por los aviadores catalanes, caídas
cerca de la Virgen y que no llegaron a estallar.

En los tres años siguientes y de la mano de Borobio, el Ayuntamiento somete-


ría el centro urbano a importantes alteraciones acordes con las nuevas necesidades
litúrgico-políticas. La explanada resultante de la unión de las plazas del Pilar, la Seo
y Huesca, constituiría el gran escenario para la representación permanente de esa
gran obra teatral que, como indicó MossE (1975: 23), venía a ser la construcción
fascista de la nación, en el caso español trufada de contrarreformismo14.

3. El anteproyecto de avenida de las Catedrales de 1936


El 14 de noviembre de 1936, Borobio entregó al Ayuntamiento un anteproyecto de
avenida de las Catedrales y urbanización de las zonas contiguas que, además de memo-
ria y plantas, incluía dos perspectivas axonométricas que la prensa se encargaría de

14 Durante la guerra, mientras se esperaba la ejecución de la avenida del Pilar, se localizaron


concentraciones profanas y, en especial, castrenses, en el Campo de la Victoria, un extenso te-
rreno perteneciente al Ayuntamiento que ocupaba el triángulo comprendido entre el final de
Fernando el Católico, la actual calle de Luis Vives y el parque. En este modestísimo remedo
del Campo Mussolini de Roma o el Campo de Congresos de Núremberg, se erigieron efíme-
ras tribunas, gradas y astas para banderas y gallardetes que engalanaron celebraciones comple-
tadas con desfiles a lo largo de los paseos de Fernando el Católico y Calvo Sotelo (Gran Vía),
que lo unían con Capitanía. Sirva de ejemplo la celebración del día del Caudillo de 1938
con un apoteósico acto nocturno en el que «se iluminó el campo por medio de los reflectores
instalados, ardieron las columnas flamígeras instaladas a los lados de la tribuna y se encen-
dieron millares de antorchas sostenidas por los que formaban en la concentración» (Ara-
gón, 157, 10/38): una obvia emulación de la concentración nacionalsocialista en Núremberg
de 1934, que Albert Speer decidió celebrar a la luz de las antorchas para disimular las barri-
gas de los jerarcas del partido. Tras la concentración, Falange, las milicias, la CNS y el Ejército
desfilaron hasta Capitanía, en la plaza de Aragón. Concluida la guerra y avanzada la apertura
de la plaza de las Catedrales, en enero de 1940 se adjudicó el Campo en pública subasta a
la editorial Luis Vives, que construyó ahí su sede con proyecto de los hermanos Borobio. En
el trienio bélico, también se celebraron actos multitudinarios en la propia plaza del Pilar, la
puerta del Carmen, el parque de Primo de Rivera, Independencia-Constitución o, cuando
eran de naturaleza estrictamente militar, la plaza de Paraíso.

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3 | Ramón Betrán Abadía

divulgar15. La memoria se iniciaba con una referencia a los antecedentes del trabajo,
«aspiración de muchas generaciones anteriores a la nuestra», que partía del proyecto
de Yarza Echenique (1914) e ignoraba los realizados durante la República por Zua-
zo (del que más adelante sí se haría mención) y Navarro. Ahora se reproducían las
razones aducidas por Yarza para unir las plazas de la Seo y el Pilar, y se añadía una
mera cuestión de grado16:
1.º Facilitar la comunicación entre las dos plazas y proporcionar cauce adecuado a la
intensa circulación rodada que se hace por la angosta calle del Pilar.
2.º Realzar, en un marco apropiado a su grandeza y mérito artístico, monumentos ar-
quitectónicos tan importantes como las dos Catedrales y la Lonja.
3.º Crear un gran espacio libre en el que puedan desarrollarse, con el desahogo necesa-
rio, actos colectivos de carácter popular o religioso en los que intervengan grandes
multitudes.
4.º Ofrecer al visitante forastero agradables perspectivas urbanas en las zonas que ha de
recorrer en primer término y con preferencia.
Estas razones, que hace veinte años justificaban la reforma, se han intensificado hoy por
el aumento evidente del tráfico y, principalmente, por el renacimiento que visiblemente
se observa en la devoción nacional hacia el primer santuario Mariano, que ha de tradu-
cirse en una mayor afluencia de grandes peregrinaciones.
Seguía la memoria con una incolora exposición del trazado propuesto:
La nueva vía abarca todo el espacio comprendido entre La Seo y San Juan de los Pane-
tes, con un ancho igual al de la plaza del Pilar frente al templo. Su longitud es de 480
metros y su latitud de 58 metros17.
Por el lado del Pilar se prolonga la alineación de este templo; por el lado opuesto se man-
tiene la del edificio del Pasaje. Quedan ligeramente retirados de la primera alineación los
edificios de la Lonja, el Seminario y el Palacio Arzobispal.
Se prevé la posible prolongación del Paseo de la Independencia, el eje de la cual se ha
obtenido, como en el proyecto del Sr. Zuazo, uniendo el extremo del eje del paseo ac-
tual en la Plaza de la Constitución, con el punto medio de la distancia entre el Pilar y
la Lonja. Ventajas de esta solución, sobre la prolongación geométrica del eje del paseo

15 Las publicó, junto con la memoria íntegra, el número 135 de Aragón (12/36). La documen-
tación municipal, en AMZ, caja B003118, exp. 0000000/1936, «Anteproyecto avenida de
las Catedrales»; la caja no incluye planos, pero en las planeras del archivo de Montemuzo se
conservan dos originales a escala 1/1000, de noviembre y diciembre de 1936 (ES 50297, AM
04.02, sig. 0558, «Plano reforma de la Avenida de Nuestra Señora del Pilar»; ES 50297, AM
04.02, sig. 0562, «Plano anteproyecto reformado de la Avenida de Nuestra Señora del Pilar»).
Véase también caja 003141, exp. 0000201/1938, «Plaza de Nuestra Señora del Pilar», que
incluye completo el proyecto definitivo de julio de 1937.
16 Cito por el ejemplar mecanografiado incluido en caja B003118. En Aragón se transcribió
con algunas correcciones que adelantaban las del anteproyecto reformado que presentaría
Borobio a la junta técnica de seguimiento de la avenida el 1.º de enero de 1937; la principal
se refería a la ubicación del Altar de la Patria en el extremo de la avenida más próximo a San
Juan de los Panetes.
17 Las dimensiones de la nueva avenida eran similares a las del tramo del paseo de la Indepen-
dencia comprendido entre las plazas de España y Aragón.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 37

actual son las siguientes: se consigue aumentar la separación entre la nueva calle y la de
D. Jaime, que, con la solución geométrica, quedan excesivamente próximas; se obtiene
una buena perspectiva de la nueva calle, colocando en su final un edificio adecuado, que
ocupe el solar resultante entre el Pilar y la Lonja.
El Pilar queda aislado lateralmente por dos calles de 25 metros de anchura. Otra igual
separa la Lonja del nuevo edificio situado entre esta y el Pilar, y se mantiene la calle de
D. Fernando el Católico. Por el lado opuesto desembocan en la nueva Avenida las calles
de D. Jaime I, prolongación de Independencia, Alfonso I y Virgen.
Entre la nueva Avenida y San Juan de los Panetes se establece una calle de 15 metros,
que une el paseo del Ebro con la Plaza de Lanuza y calle de la Manifestación. Del otro
lado de esta calle queda una pequeña plaza, rodeada de San Juan de los Panetes, el to-
rreón de la Zuda y la muralla romana.
Un pórtico, continuación de los porches de los edificios nuevos, separa la Avenida de
esta plaza de San Juan, produciendo un cierre agradable en la perspectiva de aquella y
aislando este pintoresco rincón de carácter arqueológico.
La necesidad de obtener solares adecuados a las importantes edificaciones, que en la
nueva vía deben alzarse, lleva consigo extender la reforma hasta la línea de las calles de
Santiago y Prudencio.
La calle de Santiago se amplía a doce metros de anchura. La de Prudencio se rectifica
con esta misma anchura. Se suprimen las calles de Danzas y Flores, y se prolonga la calle
de la Virgen hasta la nueva Avenida.
La calle de Antonio Pérez se amplía con la desaparición de las casas de los números
pares, para dejar al descubierto la muralla romana y el torreón de la Zuda. Desaparece
la plaza de San Antón y se obtiene un magnífico solar, apropiado para emplazamiento
del mercado de verduras, en proyecto.
En la parte de la plaza de La Seo se expropian solamente las fincas necesarias para la
nueva edificación, respetando las restantes de la manzana, entre las que se encuentra la
Casa de la Maestranza.

El vacío así obtenido era un espacio ambiguo, que no acababa de resolver la


contradicción entre el gran colector de tráfico previsto por Zuazo y Navarro, y el
salón ceremonial que ahora se quería constituir:
La presente vía participa del carácter de calle y del de plaza. Es calle en cuanto sirve para
conducir el intenso tráfico entre el puente de Piedra y el centro de la ciudad; es plaza,
como lugar donde habrán de congregarse grandes multitudes.

La imposible mixtura de la gran avenida rodada y la plaza de peregrinación se


enfocaba como un simple problema de ordenación de aceras y calzadas:
Una acera de cinco metros de ancha, con platabanda para una fila de árboles, corre a lo
largo de los edificios fronteros al Pilar. Junto a esta acera se establece una amplia calza-
da, de 15 metros de latitud, capaz para tres circulaciones de vehículos en cada sentido.
El espacio restante, hasta la alineación del Pilar, queda reservado a los peatones.
Con esta disposición se aleja el tráfico del Templo y se obtiene una gran zona para movi-
miento de peatones, sin los peligros de la circulación rodada. Esta zona se distribuye de
la siguiente forma: dos fajas arboladas laterales, dos andadores, para el paso de procesio-
nes ordinarias y, en el centro, una faja de jardines, cuyo nivel deberá ser más bajo que el
de los andadores, para dar lugar a una mayor visualidad del trazado de jardinería.

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38 | Ramón Betrán Abadía

La zona de peatones se interrumpe por calzadas de diez metros, correspondiendo con


las calles que salen al Paseo del Ebro.
Frente a la prolongación del Paseo de la Independencia se deja un amplio espacio para
estacionamiento de coches.

A los nuevos edificios que se erigieran en la plaza se les prescribía una estricta
uniformidad, a fin de constituir un fondo contra el que destacaran los monumentos.
La memoria reivindicaba las detalladas ordenanzas de fachada dictadas hasta el úl-
timo cuarto del XIX, que imponían composiciones de escala urbana en vez de dar
a cada edificio una libertad estética de la que resultaban conjuntos anárquicos. Para
definir esas reglas, se anunciaba un concurso nacional que nunca se convocaría. Se
proponía el mismo procedimiento para diseñar algún nuevo edificio público que
descollara de ese fondo monocorde, como podía ser el que se situara entre el Pilar y
la Lonja, frente al que desembocaría la prolongación de Independencia y donde ya
era idea dominante emplazar la futura casa consistorial, aunque solo la mencionara
el presupuesto del anteproyecto y como mera posibilidad:
Los nuevos edificios deben cumplir las siguientes condiciones:
Armonizar con los templos del Pilar y de La Seo y con los edificios de la Lonja, Semi-
nario y Palacio Arzobispal.
Constituir marco apropiado para estos edificios antiguos, de manera que su belleza que-
de realzada, nunca eclipsada por las nuevas edificaciones.
Formar un conjunto urbano, para lo que es preciso que no se conciba cada casa aisla-
damente, con la tendencia, hoy en boga, de procurar destacar lo más posible de la casa
vecina. Todo lo contrario: los constructores de edificios nuevos en la Avenida deberán
sujetarse a normas muy rígidas en cuanto al aspecto exterior de los mismos.
Para conseguir esto se propone que las fachadas de las nuevas edificaciones se ajusten
exactamente a las normas que apruebe el Excmo. Ayuntamiento, como resultado de un
concurso nacional entre arquitectos. Este concurso tendría por objeto proyectar con
todo detalle el alzado de cada uno de los frentes de la Avenida y fijar las condiciones
acerca de diversos extremos, tales como número de pisos, alturas de los mismos, dispo-
sición de los porches, vuelos de cornisas, clases de materiales, etc., etc. […]
En cuanto a los edificios públicos que puedan alzarse en la misma vía, tal como el
del solar situado entre el Pilar y la Lonja, deberán constituirse con arreglo a proyecto
elegido mediante concurso, buscando la misma finalidad del mayor acierto, y teniendo
en cuenta la gran dificultad que presenta proyectar un edificio en este emplazamiento,
que no desentone de los edificios contiguos y que no perjudique a la visualidad de los
mismos.
Con las normas esbozadas podría llegarse a obtener un conjunto urbano que mereciera
el nombre de tal y se habría legado a la ciudad un marco incomparable para toda clase
de manifestaciones populares y religiosas. No falta tradición de esta clase de obras en
nuestras ciudades: las plazas mayores de Salamanca y Madrid, la plaza de Chodes, en
nuestra región y, en nuestra Ciudad, la calle de Alfonso y el lado de los porches del
Paseo, antes de que recientes edificaciones rompieran su armonía, son ejemplos, entre
otros muchos, de urbanización y cooperación ciudadana, que tenemos el deber de imi-

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 39

tar, interrumpiendo definitivamente el período de anarquía constante que caracterizó el


final del siglo pasado y todo lo que llevamos de este18.
Por fin, el documento incluía un avance de presupuesto. En el capítulo de gas-
tos, que ascendía a 14.160.451,07 ptas.19, las expropiaciones suponían la partida
más importante, con 10.915.620,70 ptas. (39.731 m2, a 274,74 ptas./m2)20; a ellas
se sumaban 545.781,03 ptas. en concepto de indemnizaciones a industriales e in-
quilinos (5% x 10.915.620,70), 794.620 ptas. de demoliciones (a igual precio que
los últimos derribos de la calle de la Yedra) y 1.904.429,34 ptas. de movimientos
de tierras y obras de pavimentación21, infraestructuras y jardinería. Como contra-
partida, se preveía ingresar por venta de suelo, sin contar contribuciones especiales,
6.070.950 ptas., producto de aplicar a la superficie de las diez manzanas con apro-
vechamientos lucrativos (entre todas, 21.755 m2), precios comprendidos entre 100
y 400 ptas./m2 (media de 279,06), según sus características22. En consecuencia, la
reforma arrancaba con un déficit de 8.089.501,07 ptas.
La comisión de Fomento informó el mismo día 14, se dijo muy satisfecha con
el trabajo de Borobio y, al ponderar la perentoria necesidad de la reforma, recurrió
a argumentos que no eran nuevos y hacían de ella más un medio que un fin. Obli-
gada a mirar también por el futuro de los terrenos incautados a la SZUC en 1933,

18 Es evidente la analogía implícita entre la llamada anarquía arquitectónica y el desorden político


y social atribuido al largo período liberal recién liquidado. Como ejemplo contrario, en 1875
algunos concejales habían deplorado la regulación de la edificación en la plaza de Aragón,
oponiendo la alegre variedad que resultaría si cada cual pudiera obrar a su antojo a la unifor-
midad de la calle de Alfonso, que juzgaban monstruosa (BETrán, 2014: 46-48).
19 En lo que sigue, presupuestos de contrata cuando se trata de obras.
20 «En este estudio se ha preferido calcular por exceso y así se demuestra, comparando este
precio por metro cuadrado con el previsto por el Arquitecto Sr. Navarro en el proyecto de
calle de la Yedra, que es de 244,44 ptas. y que se ha visto reducido en la práctica, y con el que
resulta en el proyecto de prolongación del Paseo, del Arquitecto Sr. Zuazo, que es de 195,52
ptas. Debe advertirse que en este último proyecto se han seguido las normas marcadas por la
Ley de 18 de Marzo de 1895, de saneamiento y mejora interior de grandes poblaciones, que
fija tipos muy inferiores a los de expropiaciones ordinarias que viene realizando el Excmo.
Ayuntamiento».
21 «Las calzadas se proyectan de mosaico con bordillos de piedra caliza. Las aceras y zonas para
peatones recibirán pavimento de loseta de cemento».
22 «Se han incluido el solar para mercado de verduras y el del final de la prolongación del Paseo,
pues aunque en este último se acordase la construcción de la casa Ayuntamiento, su importe
deberá cargarse a los presupuestos de las obras respectivas y no al de la presente reforma
[…] No se han incluido en la reforma las expropiaciones comprendidas a las manzanas del
pasaje [de la Industria y del Comercio], ni a la situada entre Alfonso y Convertidos [simétrica
con la anterior, al oeste de la desembocadura de la calle de Alfonso en la plaza]. Cuando se
desarrolle en proyecto el presente anteproyecto, será conveniente estudiar la posibilidad de
expropiar estas dos manzanas [añadía aquí el texto publicado en Aragón: “…, para suprimir
las calles de Forment y Convertidos, que resultan inútiles en el plano definitivo”]. Con ello
se conseguiría no alterar el orden porticado de las edificaciones, precisamente en la parte más
importante de la Avenida, como es el frente del templo del Pilar».

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40 | Ramón Betrán Abadía

recuperaba la estrategia planteada por Zuazo, que en 1930 había querido impulsar
la venta de solares en el ensanche de las Casas Baratas mediante las demoliciones
masivas que provocaría una enérgica reforma interior23. Zuazo y la primera comi-
sión franquista coincidían también al vincular la reforma a la muy lucrativa prolon-
gación de Independencia hasta la nueva plaza. Por último, ahora se quería devolver
protagonismo urbano y rentabilidad inmobiliaria al centro histórico, donde poseían
un preciado patrimonio las fortunas zaragozanas de siempre, e, indirectamente, a la
margen izquierda del Ebro24:
Y al llevar a realidad esta reforma, habremos logrado: 1.º La urbanización de un impor-
tantísimo sector de la Ciudad, que abarca todo el espacio comprendido entre La Seo y
San Juan de los Panetes. 2.º La perspectiva de colocación de solares municipales en otras
zonas. 3.º Iniciación de proyecto no menos importante, que el llamado prolongación
del Paseo. Y con todo ello, volver la población hacia el Templo Mariano, que desde hace
unos años parece que se iba alejando.

Para terminar, el dictamen proponía sustituir el nombre de avenida de las Cate-


drales que desde el tiempo de la República se venía dando al futuro espacio por el de
avenida de Nuestra Señora del Pilar25.

23 Según resumiría Alejandro Palomar de la Torre en su alegación al proyecto definitivo de julio


de 1937, la apertura de la avenida del Pilar afectaría a más de doscientas casas y crearía un
problema gravísimo a un millar de familias y de comerciantes obligados a desalojar sus vivien-
das y tiendas.
24 Pretensión ya esgrimida por Félix Navarro en el proyecto de reforma del Pilar y su entorno
que realizó en 1906 por encargo del Arzobispado, y por el Sindicato de Iniciativas y Propa-
ganda de Aragón (SIPA) en el escrito que dirigió al Ayuntamiento durante la exposición pú-
blica del proyecto de ensanche del paseo del Ebro, publicado en el primer número de Aragón
(10/25) (BETrán, 2013: 78-80). En su número 135 (12/36), el presidente del SIPA escribiría:
«Veíamos con pena cómo cegados por un modernismo inconsciente, la ciudad se alejaba de
su centro el Pilar y el Ebro, y es natural que ahora veamos con inmensa alegría cómo vuelven
las aguas a su cauce y la reforma de la Avenida de Nuestra Señora del Pilar vuelve a ser eje de
todas las aspiraciones zaragozanas».
25 Avenida y pronto plaza. La denominación definitiva de la vía respondería a la transformación
de la función principal con que se había concebido hasta 1936, de colector que unía las vías
que atravesaban la ciudad de sur a norte y dirigía el tráfico de salida hacia el puente de Pie-
dra, en espacio celebrativo dominado por el santuario mariano. Pero también supondría el
triunfo de un nacionalismo lingüístico que repudiaba galicismos como avenida. El 10 de di-
ciembre de 1936, Gregorio García-Arista publicó en Heraldo de Aragón la columna «Minucias
Filológicas. Insistiendo: “Gran Plaza del Pilar”», donde decía haber recibido una carta que
aventuraba que, aunque el diccionario de la Academia admitía «eso de Avenida», «la Virgen
del Pilar “no quiere ser francesa”… ¿Qué dirían Palafox, el P. Boggiero, el Tío Jorge, el cura
Sas… ante palabra de origen tan de extranjis?». García-Arista añadía que el diccionario no
había aceptado el vocablo avenida referido a una vía urbana hasta su decimoquinta edición,
y «de un modo vergonzante, como 3.ª acepción»; más propios serían los nombres de rúa del
Pilar, Gran Vía del Pilar o si, como suponía, esto no se aceptaba, Gran Plaza del Pilar. Por lo
mismo, rechazaba el Nuestra Señora, que, además de alargar el nombre, tenía «un tufillo de
Nôtre Dame». Ya por estas razones, ya contaminado por la lógica inercia popular a favor del
viejo nombre de la parte principal de la nueva vía, Borobio la llamó plaza de Nuestra Señora

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El anteproyecto pasó al Pleno municipal el 18 de noviembre26, en un ambiente


de gran expectación y con la tribuna cuajada de «distinguidas damas, bellas señori-
tas y representaciones de variadas actividades de la ciudad». En su presentación, el
alcalde dio algo más de énfasis al aspecto turístico-religioso de la operación que el
dictamen de la comisión de Fomento, al señalar que, sobre sus ventajas urbanísticas,
tenía «el afán de atraer la atención de España y del mundo hacia nuestro primer tem-
plo mariano». En nombre de la comisión, Ignacio Gasca leyó parte de la memoria de
Borobio y, a propósito del importante déficit inicial previsto, dijo «suponer que no
solo los zaragozanos, sino los católicos de España y del Universo han de contribuir a
la realización de esta obra». Para afrontar ese déficit en solo cinco años, el delegado
militar Loscertales avanzó una propuesta que incluía el implícito de la pugna con
Sevilla por la capitalidad del Nuevo Estado, y que acreditaba el muy directo vínculo
del proyecto con el programa propagandístico del Ejército:
Para ello hay que realizar una activa y eficaz propaganda que llegue al pueblo. Yo no
quiero que este proyecto sea solo de Zaragoza. Tiene que patrocinarlo España entera y
todos los católicos del mundo que hablan español.
La propaganda debe comenzarse inmediatamente, y ha de ser corta: un mes. Hay que
nombrar seguidamente comisiones para que redacten los pliegos de condiciones de las
subastas, para que la del proyecto pueda estar adjudicada el próximo día 2 de enero
[celebración de la venida de la Virgen a Zaragoza].
Propagaremos en casinos, círculos, cafés, barrios, las excelencias y las conveniencias de
este proyecto por circulares, por conferencias, etc.
Bien sé que hay un déficit inicial de ocho millones. No hay que asustarse. En esta lucha
que sostenemos, y ganamos, solo dos capitales, Zaragoza y Sevilla, quedarán en las me-
jores condiciones para iniciar la reconstrucción de España.
Dijo […] que había hablado ya con el Cabildo y que este le prometió su ayuda. Se es-
tudiará también si conviene resucitar aquel proyecto de lotería con un primer premio a
base de una valiosa alhaja del joyero del Pilar. Por otra parte, la Junta de Peregrinacio-
nes, estudiando la imposición de una pequeña tributación, una peseta por peregrino,
podría recaudar mucho dinero en el plazo de los cinco años que se determinará para
dejar ultimado el proyecto.

Loscertales anunció la formación de una comisión especial presidida por el al-


calde y, dirigiéndose a la tribuna pública, preguntó: «¿Queremos ir a la realización de
este proyecto?». Como era de rigor, recibió el asentimiento unánime de concejales y
público, que corearon en pie vivas a España, Zaragoza y la Virgen del Pilar. Entre vi-
vas y aplausos, el gestor Grasa manifestó que en la avenida se levantaría «el Altar de
la Patria como motivo patriótico y sentimental dedicado a conservar el recuerdo de

del Pilar en el estudio sobre la iniciación de los trabajos que firmó el 8 de octubre de 1937; en
adelante, el Ayuntamiento utilizó esta denominación de un modo habitual, y el nomenclátor
callejero de 1940 la hizo oficial.
26 En lo que sigue, me guío por el acta del pleno y la reseña publicada en el número de diciem-
bre de la revista Aragón («Una sesión memorable de nuestro Ayuntamiento»).

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[Aragón, 135, 1936: 226].

los caídos en la actual contienda defendiendo a España». Y, tras ponerse a las órde-
nes del delegado de la autoridad militar, el alcalde afirmó que el proyecto tenía…
[…] aparte de la importancia material, dos de alta espiritualidad, como son el que será
escenario del «Altar de la Patria» y fomentará el culto a la Virgen. Además, atraerá la ciu-
dad hacia el Pilar, hacia el río Ebro. Y Zaragoza o es la plaza del Pilar o no es nada.

Dirigiéndose a todos los presentes, Gera concluyó el debate con unos vítores a
la patrona de Aragón, a Zaragoza y a España, para que acto seguido, según él mismo
dijo y en consonancia con el tono de la sesión, el anteproyecto se aprobara «por acla-
mación, y con el concurso del pueblo zaragozano». Se convocó el pertinente período
de información pública y se formó la comisión especial encargada de impulsar los
trabajos, compuesta por el alcalde, los miembros de la comisión de Fomento Gasca,
Caballero y Pellegero, el gestor Palá y Borobio.
El 27 de noviembre, este último impartió en el Centro Mercantil la primera de
las conferencias públicas convocadas «para divulgar la gran importancia que tiene
para Zaragoza» la apertura de la ya llamada avenida de Nuestra Señora del Pilar
(Heraldo de Aragón, 21/11/36). Le acompañaron el alcalde, todos los concejales, el
delegado militar Loscertales, el presidente de la Diputación Provincial Allué Sal-

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 43

vador, el capitán general Ponte, el deán de la catedral Pellicer, el presidente de la


Audiencia y múltiples representantes del Estado, el Ejército y la Iglesia. Advirtió
Borobio que estaba ahí «por disciplina, porque las circunstancias han hecho que
su servicio a España sea servir a la ciudad», y que gracias al «patriotismo y el fervor
religioso del actual Ayuntamiento» podía «hablar de este proyecto, que responde a
una realidad, puesto que hoy la ciudad vuelve al Pilar».Y, auxiliándose con diapositi-
vas, mostró los modelos locales y foráneos que inspiraban el anteproyecto, llenando
vacíos de su escueta memoria. Tras los planos de la nueva avenida, de 28.000 m2,
proyectó una fotografía de la explanada de Lourdes, de solo 20.000:
No queda mal nuestra Virgen –añade– en este pugilato de sus hijos por hacer algo que
sea digno de ella. Además, en Lourdes, la ciudad se desentiende en cierto modo de las
manifestaciones religiosas; sigue con su tráfico fuera del sagrado lugar. Aquí es la misma
ciudad, con sus mejores edificios, la que da guardia de honor al templo de la Virgen
(Heraldo de Aragón, 27/11/36).
Para dar idea de la armonía pretendida con los edificios que en el futuro es-
coltarían a los monumentos de la avenida, presentó vistas de las cuatro plazas que
rodean la catedral de Compostela, las plazas mayores de Madrid y Salamanca, las
de Castiglione en París y San Marcos en Venecia, y la calle porticada de Bath. Como
muestras locales de arquitectura regulada para lograr imágenes urbanas uniformes,
mencionó el paseo de la Independencia, la calle de Alfonso y la vieja plaza del Mer-
cado, de la que apenas quedaban restos. Advirtió también de la idoneidad del solar
comprendido entre el Pilar y la Lonja para erigir la futura Casa de la Ciudad y, por
último, se refirió en un pasaje que no tenía desperdicio a la conflictiva parte econó-
mica de la reforma, preguntándose:
¿Y esta obra se hará? […] Se hará si lo quiere la Virgen del Pilar (En este momento apa-
rece en la pantalla proyectada la imagen de la Virgen, y el público le tributa una ovación
estruendosa).
Afirma el señor Borobio que todo hace pensar que en el momento presente la voluntad
de la Virgen es que la obra se acometa, porque es ahora cuando se van a terminar las
obras de consolidación de su templo27, cuando hemos de celebrar el triunfo de las armas
españolas contra la barbarie roja y cuando se han de volcar en Zaragoza de todas las
regiones de España los romeros a dar gracias a la Virgen por la feliz terminación de tan
terrible guerra.

27 Las obras de urgente consolidación del templo del Pilar, amenazado de ruina, se realizaron
entre 1930 y 1944. La Junta Recaudatoria Civil de Defensa Nacional, que desde julio del
36 agrupaba a representantes de las instituciones locales y destacados elementos de la clase
dirigente zaragozana para recaudar fondos para el bando sublevado, destinó en 1938 un mi-
llón de pesetas a la construcción de la portada principal del templo. Desde 1942 a 1954, se
ejecutó una importante reforma de su fachada hacia la plaza, que dio realce arquitectónico a
las dos puertas y al segmento central, a eje con Alfonso, y coronó las nuevas estructuras con
un escudo y ocho estatuas. El 24 de junio de 1948, el Pilar accedió al rango de basílica, y con
este motivo el matrimonio Urzáiz-Sala aportó unos veinte millones de pesetas para costear las
torres de la fachada norte, que proyectó Miguel Ángel Navarro y se construyeron entre 1949
y 1961 (sancho y BLasco, 1962: 231; aLcaLDE, 2010: 152).

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Tras una larga ovación, López de Gera interrogó a voz en grito: «¿Queréis que
se realice la Avenida de Nuestra Señora del Pilar?». Y, como no podía ser de otro
modo, «en la sala se escucharon muchas voces afirmativas». Siguió el alcalde con un
discurso donde reconocía las grandes dificultades financieras del proyecto. Aunque
el Ayuntamiento tenía «medios legales para recargar con seis millones de pesetas las
fincas afectadas y mejoradas con la reforma», no debía aplicarlos; contaba también
con los ingresos que se obtendrían el día de la Medalla de la Virgen del Pilar y con la
«tributación especial» que representarían las futuras peregrinaciones, y esperaba que
los zaragozanos apoyaran a la Corporación pidiendo a España y al general Franco
la concesión de una lotería nacional que aportaría 8.135.000 ptas. si se vendieran
todos los billetes; sumada esta cantidad a solo cuatro millones obtenidos de contri-
buciones especiales, el déficit quedaría cubierto.
El 28 de noviembre, Heraldo de Aragón publicó el artículo «El progreso urbano.
La plaza de las Catedrales», firmado por «un zaragozano» que apoyaba que se diera
a «las peregrinaciones y las manifestaciones exteriores del culto la grandiosidad que
tienen en otras localidades del extranjero», y que contribuyeran a la obra España
entera e incluso «el mismo extranjero». Juzgaba el proyecto muy acertado, y solo
insistía en la precisión de evitar el individualismo arquitectónico que reinaba en el
Paseo e imponer la uniformidad lograda en la calle de Alfonso o en París, inmejora-
ble espejo para Zaragoza:
Ni la plaza Vendome, ni la de la Concordia, ni la plaza de la Estrella, serían lo que son,
si no velara severamente la autoridad municipal para evitar que el modernismo haga
desaparecer el carácter o que la utilización de frentes y alturas con publicidad, destruya
el conjunto y la severidad de la construcción. El proyectado concurso para determinar
las características de las edificaciones, el resolver si ha de ser estilo netamente regional
o simplemente español, el acondicionar las necesidades de la vivienda moderna con las
exigencias artísticas de una perspectiva grandiosa y armónica es requisito esencial de la
ejecución de proyecto que honrará a quienes lo realicen.
Loscertales y el canónigo Santiago Guallar intervinieron el 4 de diciembre
en una segunda sesión propagandística celebrada en las Escuelas Pías y dirigida
a sacerdotes, religiosos, párrocos y el Cabildo. Ni uno ni otro se refirieron a las
características arquitectónicas del proyecto, pero, tras sendas exposiciones muy
retóricas de la vocación militar y católica de la ciudad, el primero desgranó sus
ocurrencias sobre la financiación de las obras. Si Borobio la había confiado al
seguro amparo de la Virgen, el delegado militar esperaba, con no menor candor,
que el Cabildo cediera al Municipio los inmuebles que poseía en el área sin exigir,
al menos de momento, contraprestaciones económicas. Semejante pretensión se
disimulaba en una teoría general de las prestaciones morales a que estaban obligados
todos los aragoneses, característica de una concepción autoritaria de la economía
a mitad de camino entre el militarismo y la demagogia28. A la cantidad que des-

28 La propuesta emparentaba con las suscripciones nacionales para apoyo a la reconquista de Espa-
ña, reguladas por decreto de la Junta de Defensa de 26 de agosto de 1936, o con el día del plato

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 45

tinara a las obras el presupuesto municipal y a lo que diera la concesión de una


lotería («idea excelente del alcalde»), se sumarían las prestaciones personales de
todos los aragoneses: los empleados públicos, de la banca y empresas particulares
aportarían un día de haber; los obreros trabajarían una hora más; las mujeres se
privarían «de un día de cine, de un capricho, un vestido, un sombrero», y entrega-
rían su importe; los niños de las escuelas darían «diez céntimos semanales de sus
ahorros»; los turistas y peregrinos contribuirían con la cuota obligatoria de una
peseta y recibirían a cambio una medalla con la silueta de la iglesia del Pilar; las
parroquias dejarían una pequeña porción de sus ingresos por entierros o bodas;
la banca, la industria y el comercio, un 0,50% de sus beneficios, y los sacerdotes
pobres de los pueblos, exentos de contribución, harían propaganda entre los fieles.
Y en este cúmulo de obligaciones morales quedaba incluido el Cabildo, del que el
teniente coronel esperaba la donación de sus casas expropiables solo formalmente
a título gratuito: en el futuro, cuando el Ayuntamiento pudiera saldar la obra y
sanear sus presupuestos, recibiría de este, no el justiprecio correspondiente, sino
una donación de cuantía análoga con la que podría terminar las obras del templo
del Pilar (Heraldo de Aragón, 5/12/36).
El 9 de diciembre de 1936, la Corporación acordó constituir, a propuesta de
Loscertales, una junta técnica y otra administrativa para realizar la obra de la aveni-
da del Pilar, ambas bajo la suprema presidencia del alcalde. La junta técnica quedó
compuesta por Francisco Palá (presidente), Francisco Caballero (vicepresidente),
José Pellegero, Antonio Parellada, un miembro de la Academia de Nobles y Bellas
Artes de San Luis (José Galiay), un representante del Cabildo (Leopoldo Bayo),
los arquitectos Regino Borobio y Teodoro Ríos (vocales), y Luis Peclós (secreta-
rio). La administrativa la integraron Aurelio Grasa (presidente), José María García
Belenguer (vicepresidente), los gestores Daniel Ortiz de Landázuri y Juan Auger,
representantes del Cabildo (Santiago Guallar), la banca (Joaquín Bardavío), la
Asociación de la Prensa (Rafael Jiménez), la industria (José Jordá), el comercio (Fer-
nando Mercadal), la hostelería (Silvio Lardi) y la Cámara de la Propiedad Urbana
(José Sancho Arroyo), un patrono (Martín Serrano, de la Central de Empresarios

único, réplica del Eintopf nacionalsocialista instaurada en la España insurrecta por orden del
Gobierno General de 30 de octubre de 1936; con esta institución solo aparentemente volun-
taria, se pretendía que los españoles comieran un solo plato los días 1 y 15 de cada mes (otra
cosa es cuál fuera el plato) y entregaran lo ahorrado para atender a los comedores de asis-
tencia social, casas-cuna, orfanatos, gotas de leche y otras instituciones de asistencia. Un día
de plato único como el 15 de enero del 37 proporcionó 64.540 ptas. en Zaragoza capital (sin
barrios rurales), y en abril de 1937 se recaudaron en la provincia 1.038.613 ptas.; con este
dinero, captado directamente de los restaurantes o de casa en casa por señoritas de Falange,
Requeté y Acción Ciudadana, el Gobierno Civil proyectaba construir un grandioso orfanato
de guerra, diseñado por Teodoro Ríos (Heraldo de Aragón, 13/2/37, 14/4/37 y 31/1/37). Con
tales precedentes, que un representante de la autoridad militar propusiera pagar la avenida
del Pilar con una nueva exacción de base moral no podía dejar de inquietar a todos salvo, quizá,
al Cabildo.

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4 | Ramón Betrán Abadía

Nacional-Sindicalista) y un obrero (Jorge Medina, de la Central Obrera Nacional-


Sindicalista), además de Carmelo Zaldívar como secretario.
Los miembros de ambas juntas celebraron una reunión solemne en el Ayun-
tamiento el 19 de diciembre, para proceder a su constitución oficial. López de
Gera afirmó que con el proyecto se trataba «de construir como un relicario, en
cuyo centro figure el templo de la Patrona de Aragón», y les reclamó celeridad. Por
lo que significaba de homenaje a la Virgen, Sancho Arroyo se adhirió a «tan impor-
tante y simpático proyecto» en nombre de la Cámara de la Propiedad, la «entidad
acaso más directamente afectada»; en su opinión, la obra era «muy viable, sobre
todo si se coordina con la prolongación del Paseo de la Independencia, porque
resultarán muchos solares comerciales, y por tanto de fácil venta». Loscertales,
fiel a su empeño de buscar pesetas, vaticinó que no duraría más de cuatro años y
aventuró…
[…] que no sería mucho pedir a los ocho mil ochocientos treinta y cinco propietarios
urbanos que hay en Zaragoza, una tributación de dos mil pesetas en cuatro años, a
quinientas pesetas por anualidad, lo cual garantizará un ingreso no inferior a quince
millones de pesetas.
Habrá en Zaragoza entre industriales y comerciantes cinco mil. Yo les pongo una cuota
de quinientas pesetas, a pagar en los cuatro años, que representaría tres millones de pe-
setas; mas a esto habrá que añadir lo que produzca el «Día de la Medalla» en Zaragoza
y Aragón, y las contribuciones a los peregrinos. Con todo esto bien puede empezar a
actuar la Junta administrativa, ya que lo primero que tendrá que hacer es el índice que
señalamos.
Yo celebro –añade– que esté aquí presente la representación de patrones y obreros. Sé
que el obrero zaragozano es amante de Aragón y España. Y me lo han demostrado los
que actualmente trabajan a mis órdenes. No será mucho pedir que esos obreros cedan
semanalmente una hora o dos para las obras, porque en Zaragoza hallarán compensa-
ción en abundancia de trabajo (Heraldo de Aragón, 18/12/36).

Palá preguntó después si las juntas tendrían carácter autónomo o municipal,


proponiendo Gera, y así se aceptó, que los acuerdos y propuestas los llevara el alcal-
de, como propios, a la aprobación del Ayuntamiento.
El 22 de diciembre se celebró nueva conferencia divulgativa en el salón Fuen-
clara, esta vez dirigida a las señoras de la Corte de Honor de la Virgen y Caba-
lleros del Pilar, y a cargo de Guallar y del alcalde, acompañado de Loscertales y
otras autoridades municipales y eclesiásticas. El canónigo lamentó que anteriores
ayuntamientos hubieran relegado esta obra, «la más urgente»: «Porque quieran o
no quieran algunos, Zaragoza es lo que es por el Pilar, que constituye su máxima
atracción turística, su mejor fuente de ingresos y es el florón más expresivo de nues-
tra grandeza racial, de nuestro espíritu y de nuestra religiosidad […] Cuántas veces
–añadió– hemos escuchado la frase: “Si otra ciudad tuviera la Virgen del Pilar, qué
maravillas haría, qué fuente de ingresos supondría”». El primer deber de la «España
resucitada», una vez ganada «esta guerra santa», sería terminar el Pilar, poniendo a
contribuir a toda la Hispanidad; y como el templo ya no bastaba debían lograrse

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también «avenidas magníficas como la proyectada, para reunir grandes concentra-


ciones, magníficas expresiones de fe y devoción»:
En esta Avenida debe de haber monumento a los héroes, levantado por las regiones de
España. Y las Repúblicas americanas no deben contentarse con haber depositado sus
banderas en el Pilar, deben aportar su dinero para esta gran obra… Por algo es Zaragoza
la capital espiritual de España, de la fe y patriotismo, porque aquí está la piedra colocada
por la Virgen, contra la que se estrellarán siempre todas las acechanzas de la anarquía, de
la masonería y del anarquismo… (Heraldo de Aragón, 23/12/36).

Siete días después se reunieron por primera vez y por separado las juntas téc-
nica y administrativa de las Obras de la Avenida de la Virgen del Pilar. Esta vez la
prensa solo contó con las declaraciones del alcalde, que manifestó a la salida que
se habían esbozado «interesantes iniciativas» y se había iniciado una «intensa labor
que muy pronto tendrá realidad en acuerdos»29. También se publicó que el represen-
tante de la CONS, el pseudosindicato de Falange, había ofrecido «colocar entre los
obreros unos millares de medallas de las que se expenderán para allegar fondos con
destino a la citada obra» (Heraldo de Aragón, 30/12/36).Y por el acta del pleno del 30
de diciembre sabemos que la junta administrativa acordó celebrar el XIX centenario
de la venida de la Virgen a Zaragoza en 1940 y activar la obra de la avenida para que
este año estuviera terminada30.
El 30 de diciembre, la prensa anunciaba que, «por dificultades surgidas en su
organización», la celebración del día de la Medalla de la Virgen del Pilar prevista para
el 2 de enero de 1937 se había suspendido «para el momento oportuno», sin perjui-
cio de que la comisión administrativa del proyecto de la avenida vendiera en tiendas
e industrias de la ciudad las insignias que se habían fabricado, destinando lo obte-
nido a la ejecución de las obras. Lo poco que consta por escrito permite intuir que
el trabajo de las comisiones se vio afectado por los enfrentamientos entre sectores
beneficiados y perjudicados por la reforma. Pequeños propietarios, inquilinos y co-
merciantes que perderían sus inmuebles a cambio de poco, junto a ciertos sectores

29 En los meses siguientes, la prensa se referiría a los avances del proyecto con extrema par-
quedad y siempre reproduciendo comunicados oficiales que no reflejaban lo que realmente
sucedía.
30 El 9 de marzo de 1938, el alcalde expuso ante el pleno que, correspondiendo al Ayuntamiento
guiar a todo el mundo católico en la celebración del centenario, debía convocarse a las fuerzas
vivas para preparar los actos e iniciar la propaganda. Aprobada la moción por aclamación, el
16 de marzo dio su conformidad el arzobispo e inmediatamente se celebró la primera reunión
de fuerzas vivas; ahí se acordó, y así se corroboraría en la sesión municipal del 9 de abril, pedir
autorización al Gobierno para emitir sellos de correos con un valor de 275.000 ptas., que se
invertirían en la propaganda del proyecto de la plaza del Pilar, reconstrucción de la iglesia del
Pilar de Calanda y terminación de las obras de reparación del templo metropolitano. En su
visita a Zaragoza de abril de 1939, el ministro Serrano Suñer manifestó que la conmemora-
ción debía tener gran solemnidad y que, para apoyarla, el Estado emitiría el sello requerido y
abriría suscripciones en todos los gobiernos civiles españoles, intentando interesar, además, a
personalidades extranjeras supuestamente relevantes, sobre todo de Hispanoamérica.

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48 | Ramón Betrán Abadía

económicos de la ciudad que temían que la actuación cargara sobre ellos a través de
las contribuciones industrial y urbana (por no hablar de prestaciones morales), defen-
dían la posposición más o menos indefinida de las obras o, mejor aún, una notable
reducción de su alcance, aduciendo el tamaño excesivo de la avenida proyectada por
Borobio, su inadecuación al clima local y la incapacidad financiera de la ciudad para
llevarla a término en un plazo razonable, con el consiguiente riesgo de convertir el
centro urbano en un campo de ruinas. Podían apoyar la obra, en cambio, la banca,
personas interesadas en la hostelería, la construcción o el contenido político-religio-
so de la empresa, y quienes esperaban beneficiarse del ensanche de la población ha-
cia el sur que el Ayuntamiento impulsaba al mismo tiempo31. De momento, manten-
drían una postura ambigua importantes propietarios como el Cabildo, dispuestos a
aceptar la reforma solo si las expropiaciones les permitían materializar los beneficios
a que aspiraban.
La comisión técnica para la construcción de la avenida inició su funcionamien-
to formulando a Borobio diversas sugerencias para el proyecto definitivo, a las que
este respondió en un informe firmado el 1.º de enero del 37 y presentado a la reu-
nión que las dos comisiones celebraron este mismo día. Según el breve y neutro
comunicado reproducido por Heraldo y El Noticiero el 2 de enero, sin alteraciones
ni comentarios, aquí «se trataron diversos asuntos relacionados con esta importante
obra y quedó aprobado el proyecto definitivo del arquitecto»; aunque la nota afir-
maba que, «entre los reunidos reinó gran entusiasmo y se planearon importantes
aspectos de la obra, que irán ultimándose en días sucesivos», el informe de Borobio
sugiere un ambiente muy distinto.
«Con todo desapasionamiento», el autor del anteproyecto se decía ahí despoja-
do de amor propio en atención a la trascendencia de la obra y «dispuesto a romper
los papeles del proyecto primitivo tan pronto como encontrase otra solución me-
jor»32. Una tras otra, respondía a las cuatro principales objeciones planteadas, en
cuyo fondo se adivinan los poderosos intereses inquietados por la actuación:
1.º No conviene unir el Pilar, La Seo y la Lonja porque desentonan entre sí. Rotundamente
niego esta afirmación. El Pilar, La Seo y la Lonja son tres edificaciones del mismo
material, del mismo carácter, esencialmente aragonés, casi del mismo estilo; se lle-
van un par de siglos de diferencia. Comprendería la objeción si La Seo tuviese una
fachada como la Catedral de Burgos y la Lonja fuese un edificio románico.
2.º La avenida es desproporcionada, ni es calle ni es plaza. Conforme en que ni es calle ni es
plaza porque es las dos cosas a un tiempo, según dije en la memoria del anteproyec-
to. Con los patrones clásicos de urbanización no es una plaza, ni es una calle. Pero
quizás en esa misma condición resida su principal encanto y personalidad.
3.º El Pilar no ocupa el centro, no se ve de frente, le falta visualidad. El Pilar tiene tales di-
mensiones que, sin quererlo, allí donde esté él, allí estará el centro. Conforme en que

31 Entre todos ellos, bien podrían estar los capitalistas zaragozanos agrupados en 1930 en torno
a José Derqui y al proyecto de reforma interior redactado por Zuazo.
32 AMZ, caja 003141, exp. 0000201/1938.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 49

le falta visualidad de frente; sería conveniente una mayor anchura frente al Templo,
pero hay que convenir en que la perspectiva mejor del Pilar no es de frente sino es-
corzado, y la avenida le proporcionará de esta manera magníficos puntos de vista.
4.º La Avenida no va a ninguna parte. Va desde el Pilar a La Seo y ya es algo. Pero sobre
todo, conduce el tráfico de entrada y salida de la Ciudad por la estación del Norte
y las carreteras de Francia, Barcelona y múltiples poblados próximos a la Ciudad.
Conforme en que hay una parte sin tráfico: la comprendida entre el Pilar y San Juan
de los Panetes.
Dicho esto, el escrito planteaba dos posibles soluciones para los problemas
aludidos, ilustradas con dos dibujos que desconocemos. La comisión técnica había
rechazado la gran avenida, señalando que sus defectos se subsanarían si la actuación
se limitara a una «gran plaza delante del Pilar». Borobio decía haber estudiado la
«solución Plaza», de la que aportaba un croquis, y haber dejado el papel a las primeras
rayas, ya que:
La Plaza que se quiere ha de ser cerrada, con porches por sus cuatro frentes o al menos
por tres. Al estilo de las castellanas, tan bellas. Este ideal de la plaza castellana no se
puede conseguir aquí: 1.º Porque el Pilar, edificio gigantesco, ocupa todo uno de sus
frentes. El principal encanto de las castellanas es la regularidad y uniformidad de sus
cuatro frentes. El Pilar sí que desentonaría de los otros tres lados de la plaza. 2.º No es
fácil, casi diré que imposible, pasar los porches por encima de calzadas de quince metros
de anchura, sin recurrir a estilos de arquitectura que desentonarían por su modernidad
con el arcaísmo de los monumentos que se trata de realzar, de no obstaculizar el tráfico
con soportes en medio de la calzada. 3.º Las dimensiones de esta Plaza del Pilar serían
110 x 180 metros, 19.800 metros cuadrados. La Plaza Mayor de Madrid tiene 80 x 110
metros, 8.800 metros cuadrados, o sea menos de la mitad de aquella. Y ya es una buena
plaza. El efecto de conjunto cerrado, que tan agradable resulta en estas plazas castella-
nas, quedaría anulado al aumentar desmesuradamente sus dimensiones en planta.
Otros inconvenientes de la solución «Plaza»:
– La Seo queda separada. Es lástima perder la perspectiva única que tendría la mag-
nífica torre vista en toda su altura a gran distancia y sirviendo de eje al fondo de la
Avenida.
– Se pierde el emplazamiento para altar de la Patria o monumento a los muertos, que en
el proyecto de Avenida se obtenía con gran espontaneidad, en la zona próxima a San
Juan de los Panetes.
– Se imposibilita la prolongación del Paseo de la Independencia. Caso de exigir esta
posibilidad habría que ampliar todavía más el largo de la plaza y siempre resultaría que
una gran vía como la prolongación del Paseo desembocaría por uno de los ángulos
de la plaza. Fea solución. Se amplía notablemente la zona de expropiaciones, con el
consiguiente encarecimiento de la obra.

En lugar de la plaza propuesta por la comisión, el arquitecto intentó responder


a las objeciones que consideraba atendibles mediante un anteproyecto reformado
según los siguientes criterios:
– Conforme con que el anteproyecto de Avenida tiene tres zonas con diferente carácter
y destino, que no están allí debidamente diferenciadas: zona de tráfico rodado entre
el Pilar y D. Jaime; zona de tráfico de peatones, frente al Pilar; zona tranquila, entre el
Pilar y San Juan de los Panetes.

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50 | Ramón Betrán Abadía

– También conforme con que al Pilar debería dársele una zona de visualidad de frente
más amplia que la de la actual plaza.
– Debe preverse el adecuado emplazamiento del Altar de la Patria. La disposición de
andenes y calzadas se ha dispuesto ahora con arreglo a las necesidades del tráfico en
cada zona de la Avenida. Se ha suprimido el paso de coches por la parte comprendida
entre el Pilar y San Juan, para dejarla exclusivamente para peatones que allí se agru-
parán con ocasiones patrióticas o religiosas.
– Se han estudiado estacionamientos de coches junto a las puertas de la Basílica, y fácil
acceso en coche hasta las proximidades de las mismas.
– Se ensancha la avenida en todo el frente del Pilar, afectando una forma de arco elípti-
co que amplía a 85 metros la visibilidad de frente del templo.
– Con ello se consigue descongestionar la zona de peatones inmediata al templo, al
aumentar notablemente su extensión.
– Se han dispuesto las zonas verdes de manera que no se dificulte el movimiento de
grandes masas humanas, sin dejar desnudo el conjunto, ya que la inclemencia del
verano exige protección contra los rayos solares.
– En la zona del altar de la Patria los porches avanzan fuera de la línea de fachada, cu-
biertos con terraza, proporcionando así tribunas desde las cuales pueda asistirse a los
actos que allí se celebren.
– No he tratado de otra objeción, y es el viento. Sobre esto sí que no sé lo que cabe
hacer. Lo mismo soplaría en una plaza castellana de 19.800 metros cuadrados que en
esta Avenida. Algo favorecerá la forma cerrada que toma ahora el extremo oeste de la
Avenida.

Al final de su escrito, Borobio decía preferir sin vacilaciones su solución reforma-


da a la solución plaza, y esperar que, aun cuando su nueva propuesta fuera todavía
mejorable, «entre todos, y con el asesoramiento de tan buenos consejeros como los
aquí reunidos», podría llegarse «a hacer algo digno de nuestra Ciudad, y de nuestra
Virgen»: «Y si no, búsquense las colaboraciones que se juzguen necesarias. Desde el
primer momento las propuse. En esta obra, como en todas las que afecten a nuestra
querida Zaragoza, es preciso acertar».
El mismo 2 de enero en que los periódicos publicaban el comunicado munici-
pal que refería el entusiasmo reinante en la reunión donde se presentó este informe
y, al final, se aprobó el anteproyecto reformado de Borobio, daban cuenta también,
sin más explicaciones, de la suspensión definitiva por el Cabildo del permiso para
postular por las calles mediante entrega de siluetas del Santo Templo, fuente espe-
rada de ingresos para la obra; se añadía que la junta administrativa de las obras,
«atendiendo a los requerimientos del pueblo zaragozano, ha dispuesto que a partir
de hoy se distribuyan en el Ayuntamiento, al precio único de una peseta» (Heraldo
de Aragón, 2/1/37).
Cuanto puede intuirse de lo sucedido el primer día de 1937 y en los cuatro me-
ses siguientes hace pensar que no fue fácil mantener hasta el final la solución avenida
de Borobio. El 8 de enero, hubo una nueva reunión de las juntas de la que nada

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 51

trascendió. El día 10, El Noticiero33 publicó una defensa de la obra aprobada, donde
reconocía las grandes dificultades financieras que tendría su ejecución, «ya que se
han de expropiar muchos inmuebles que por ocupar terrenos que luego han de ser
vía pública, no producen solares que sean fuente de ingresos», y pedía superarlas
mediante soluciones imaginativas como la esperada lotería, apoyada con las postales
que se habían impreso para pedirla a Franco. Todo era poco para una obra vital para
el culto a la Virgen y para Zaragoza, que con esto y la prolongación del Paseo vería
completamente cambiada su fisonomía y daría «un estirón considerabilísimo para
colocarse a la cabeza de las capitales españolas».
Unas semanas después, el diario defendió la unión de las plazas del Pilar y la
Seo con argumentos menos abstractos que el culto pilarista o el prestigio de la ciu-
dad. Los días 5, 6 y 9 de febrero, publicó en tres entregas el editorial «El Coso de las
Catedrales»34, apelando ante todo a los intereses económicos en juego, que muchos
ignoraban o subordinaban a los suyos particulares, poniendo «pegas y reparos, en
lugar de ayudar y corregir los defectos que tuviere el proyecto»:
España está sufriendo una transformación, que debe ser rotunda y definitiva, y es la
ocasión propicia para que nos preocupemos de que nuestra querida ciudad la sufra
también, saliendo mejorada y engrandecida de esta convulsión regeneradora […] El
problema zaragozano del paro obrero y de prosperidad material de la ciudad, no puede
resolverse con abrir una calle, ni con la protección oficial para construir un edificio o
conceder una institución. Zaragoza no tiene otro porvenir, aparte la creación de una
economía regional potente, que una reforma interior de la ciudad. Su ensanche no se
verá realizado mientras no se derriben todas esas callejuelas sórdidas y miserables y
antihigiénicas.
La construcción del Coso de las dos Catedrales no es, en efecto, una reforma total de la
ciudad, pero puede ser su base principal, ya que una vez realizada, la prolongación del
paseo de la Independencia sería cosa sencillísima y entonces ya va tomando la obra el
aspecto de una reforma interior (El Noticiero, 5/2/37).

Al día siguiente, El Noticiero insistió en que una operación de esta magnitud,


aparte de su justificación espiritual, era el motor económico requerido por una Zara-
goza que tras la guerra no tendría más actividades productivas verdaderamente ren-
tables que la urbanización masiva. Como años atrás Zuazo, el periódico ultracatólico
defendía la necesidad imperiosa de derribos intensivos en el centro para alimentar la
demanda inmobiliaria en el atascado ensanche de Miralbueno:

33 Durante el tiempo que pasó hasta la aprobación definitiva del proyecto en julio de 1937, El
Noticiero publicó varios textos apoyando la obra, mientras Heraldo se mantenía prácticamente
en silencio.
34 Aunque en alguna rara ocasión también utilizó la denominación de Gran Vía del Pilar pro-
puesta por García-Arista desde Heraldo de Aragón, El Noticiero prefirió esta otra de Coso de
las Catedrales, con lo que se obviaba la calificación de avenida (desechada por el Ayunta-
miento en noviembre de 1936) y el sospechoso Nuestra Señora, pero también la referencia
a la Virgen.

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52 | Ramón Betrán Abadía

Es necesario resaltar hasta la machaconería, que Zaragoza es la que tiene que luchar por
su engrandecimiento, en lugar de concretarse a pedir […] Se ha dicho cuánto supone
espiritualmente para Zaragoza la construcción del Coso de las Catedrales; se ha cantado
en todos los tonos, la obligación que tenemos de realizar todo lo relacionado con la Vir-
gen del Pilar. Este es nuestro primer deber, pero no repugna este aspecto del problema
el que también sea tratado desde el punto de vista material y económico […]
Las grandes reformas urbanas no afectan solamente al sector donde se realizan; segu-
ramente los verdaderamente perjudicados son aquellos vecinos que tienen sus propie-
dades e industrias en las calles afectadas por la reforma […] Los terrenos de la Gran
Vía no se verán edificados, mientras no se hagan derribos en otra parte. El déficit de la
construcción de la nueva y gran vía Coso de las Catedrales tiene su compensación en la
revalorización de los terrenos del ensanche.
Si a esto añadimos el movimiento de capital para las construcciones, que lleva aparejado
una mayor intensidad en toda la industria local, puede comprenderse que el beneficio de
las grandes obras, como esta que nos ocupa, se extiende a toda la población.
¿Quién puede negar que la construcción del Coso de las Catedrales con su inmediato
añadido de la prolongación del Paseo, resolvería en muchos años el problema del paro?
(El Noticiero, 6/2/37).
Y en la tercera entrega, El Noticiero proponía que, si faltaba dinero para poner
en marcha el mecanismo y la lotería no llegaba o no bastaba, se impusieran contri-
buciones especiales a las propiedades vecinas a la nueva avenida; nada se decía de
los terrenos del ensanche, que se reconocían como los más beneficiados:
El crédito municipal, se dice que está agotado; es necesario pedir una Lotería, iniciar
suscripciones, estudiar medios de obtener dinero, pues de lo contrario la financiación
del proyecto no es posible y comenzar las obras a expensas de lo que se pueda recaudar
por estos medios, también se considera por muchos como ir a un fracaso rotundo, pues
no se terminarán nunca las obras por falta de dinero […] El déficit finalmente calcula-
do para la obra debe ser absolutamente saldado por estos que van a recibir los futuros
beneficios, imponiéndoles una contribución especial que no pueda ser en modo alguno
ingreso municipal diluido en sus presupuestos (El Noticiero, 9/2/37).
El 4 de marzo, Heraldo reprodujo una carta enviada al alcalde por Ángel Bayod,
jefe de la Central de Empresarios Nacional-Sindicalista (CENS), para protestar por
la denominación de Coso de las Catedrales que muchos utilizaban para referirse a la
vía, ignorando «el Nombre Excelso de la Virgen» y con ello que la obra no tenía otro
fin que expresar «la fe, el amor y la gratitud» hacia ella, «ampliando los alrededores
del templo» para su realce y para constituir el «espacio suficiente que permita las
manifestaciones de fervor mariano». De paso, la CENS dejaba caer la necesidad de
ciertos cambios en el proyecto, «a fin de aumentar su grandiosidad, para que, miran-
do al porvenir, la obra llene las necesidades de las generaciones que nos sucedan y
sea orgullo legítimo de las mismas»35.

35 No se pase por alto la paradoja de que, precisamente una organización que se presentaba como
falangista, concibiera la explanada proyectada como mera ampliación del santuario mariano
y no como expresión del estado totalitario en construcción, que además de las instituciones
religiosas, políticas y militares bien podría haber colocado en una posición relevante la sede
del partido único.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 53

Las dos comisiones volvieron a reunirse el 24 de marzo, y Palá expuso los traba-
jos realizados por la junta técnica «y su resultado, que no puede ser más satisfactorio».
El Noticiero publicó el día 25 que había «ofrecimientos de construcción de grandes
edificios en la parte izquierda, que están en estudio financiero y que prometen ser
una realidad», que se había aprobado por unanimidad las «normas fundamentales
a que habrán de someterse las construcciones de la Gran Plaza» presentadas por
Borobio, y que los arquitectos vocales de la junta, Borobio y Ríos (este, arquitecto
del Cabildo), realizarían determinados estudios, proyectos y planos. Heraldo repro-
dujo la misma nota sin cambiar una palabra, y añadió que «en la reunión existió el
mayor entusiasmo». Pero los ánimos no debían estar tan sosegados como transmitía
la prensa ni la tensión se mitigaría en el mes siguiente, a juzgar por los términos del
escrito que dirigieron al presidente de la junta técnica el 24 de abril de 1937 sus dos
arquitectos, y que solo firmó Borobio, para exponer…
Que insistiendo en las razones que expusimos en la última Junta y con arreglo a las
atribuciones que nos fueron conferidas, proponemos a Dn. José de Yarza y García, como
Arquitecto encargado de formar el proyecto definitivo de la Avenida del Pilar.
Parecía natural que el personal auxiliar fuese designado por el Sr. de Yarza, pero en su
ausencia, con carácter de interinos y a reserva siempre de que su jefe pueda o no con-
firmar estas designaciones, hemos encargado a Dn. Ángel Comps Sellés y a Dn. Emilio
Aranda Rotana, el levantamiento del plano de la zona afectada por el proyecto, cuyos
trabajos se llevan a cabo con toda actividad.
El órdago lanzado por Borobio tuvo el efecto que este debía de esperar y, en
lugar de ser sustituido por un Yarza que en marzo había cumplido treinta años36,
fue ratificado en su puesto y pudo llevar adelante su proyecto con las correcciones
anunciadas en enero. El 12 de mayo siguiente, la Corporación le autorizó «para en-
conmendar a personal ajeno a la casa trabajos técnicos de levantamiento de planos,
medición, valoración, delineación, etcétera», lo que no era sino la confirmación de
sus excepcionales prerrogativas al frente de la Dirección de Arquitectura37.
En el pleno de 8 de enero de 1937 (siete días después del pliego de descargos de
Borobio), el gestor Juan Auger había pedido la provisión interina de la plaza de ar-
quitecto segundo para absorber el exceso de trabajo de la Dirección de Arquitectura;

36 José Yarza García (1907-1995) era hijo de José Yarza Echenique, arquitecto municipal desde
1911 hasta 1920, cuando fue asesinado, y descendiente de Jose Yarza Lafuente y José Yarza
Miñana, arquitectos de la Ciudad entre 1813 y 1862. En 1935, dos años después de terminar
la carrera, Yarza García ya había pedido ocupar un puesto de arquitecto municipal interino,
rehusando su ofrecimiento la Corporación el 9 de agosto «por estimar que no hace falta dicho
cargo».
37 En esta época se dio una cierta marcha atrás en la municipalización de la oficina de arqui-
tectura del Ayuntamiento, que, a la usanza del siglo XIX, funcionó de modo más parecido al
despacho de un arquitecto que tuviera por cliente al Municipio que como servicio propio de
este. Es muy expresivo el acuerdo adoptado en el pleno del 11 de agosto de 1937 para dotar
de teléfono pagado por el Municipio al domicilio particular de José Beltrán, figurando en el
listín «Ayuntamiento Arquitecto segundo».

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54 | Ramón Betrán Abadía

el 3 de febrero y apelando a la necesidad de mitigar el paro obrero, el futuro alcalde


Antonio Parellada insistió en la designación de un arquitecto auxiliar de la confian-
za de Borobio para ultimar los proyectos que tenía encomendados, y de ahí resultó
el nombramiento de José Beltrán Navarro (1902-1974), arquitecto municipal de
Huesca entre 1931 y 1936, combatiente voluntario desde julio del 36 a marzo del 37
y afiliado a Falange el día 1.º de este mes, según él mismo alegó ante el Ayuntamien-
to para reclamar el puesto (ráBanos, 1984: 70)38.

4. El proyecto de avenida de Nuestra Señora del Pilar de 1937


Planteamiento general del proyecto
El 30 de junio de 1937, Borobio entregó al Ayuntamiento el proyecto definitivo de
la avenida de Nuestra Señora del Pilar, que corregía el anteproyecto conforme a
lo anunciado en enero. Lo formaban una escueta memoria con cuatro anejos39, un
muy conciso presupuesto que incluía la tasación de las fincas expropiables, y una
carpeta con siete planos40 cuyo esquematismo y reducida escala acreditaba un cier-
to apresuramiento, base de posteriores críticas tendentes, sobre todo, a reivindicar
mayores justiprecios expropiatorios.
La tramitación del documento fue otra vez vertiginosa: el 15 de julio, la Fiscalía
de la Vivienda comunicó su informe favorable; el 27 se reunieron las juntas técnica y
administrativa para proponer la aprobación y esta se otorgó el 28 de julio, en el pri-
mer pleno presidido por el segundo teniente de alcalde Antonio Parellada, todavía a
título accidental41. La sesión comenzó con la lectura de un escrito donde la Alcaldía
pedía la aprobación del proyecto y advertía que modificaba el anteproyecto visto
meses antes, principalmente, en «la línea Sur de la Avenida, donde ha de producirse
un ensanchamiento frente al Templo del Pilar, a fin de dar mayor perspectiva a este,
con el consiguiente aumento en la expropiación de fincas, siendo las demás varian-
tes de índole técnica y de escasa importancia».

38 Beltrán había levantado en Huesca las casas Sanagustín (1933), Francoy (1934) o Lacasa
(1934), edificios meritorios de una limpia tendencia racionalista que en Zaragoza no continua-
ría. La revista barcelonesa Jano Arquitectura trató de esas obras en su número 52 (11/77).
39 Relaciones de fincas expropiables, superficies de vías públicas actuales, manzanas resultantes
para la edificación y superficies de nuevas vías públicas.
40 Plantas de estado actual, nuevas alineaciones y reforma proyectada, más dos perspectivas
axonométricas desde el sudoeste y el nordeste. Todos los planos estaban a escala 1/1000.
41 Aunque en acuerdo inválido por falta de quorum, que demostraba las prisas por aprobarlo
antes del 3 de agosto, aniversario del milagro de las bombas. En el siguiente pleno, celebrado
el 4 de agosto, se volvió a votar, se aprobó por unanimidad y se convocaron treinta días de
exposición pública.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 55

[AMZ, caja 003141, exp. 0000201/1938].

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5 | Ramón Betrán Abadía

En su mayor parte, la memoria del proyecto de 193742 reproducía literalmente


la del anteproyecto. Como principales novedades, al describir la forma de la plaza,
se mencionaban el ensanchamiento de la fachada enfrentada al Pilar con un compás
de planta semielíptica y el Altar de la Patria:
Por el lado opuesto la alineación dominante es paralela a la fachada del Pilar, a una dis-
tancia de 58 metros. Todo el frente del templo está ocupado por un ensanchamiento en
arco de elipse, que proporcionará la debida visualidad al edificio.
El extremo de la Avenida más próximo a San Juan de los Panetes queda limitado por
el Altar de la Patria, monumento conmemorativo de los caídos en la empresa salvadora
de España.
En diciembre, la mayoría de miembros de la comisión técnica había objetado
que las alineaciones del anteproyecto reducían el santuario a mero tramo de una
fachada lateral de la avenida que empezaba en las murallas y acababa ante la Seo,
descentrado y sin perspectiva frontal. Ahora Borobio proponía una gran exedra o
lonja elíptica porticada, como el resto de los nuevos edificios de la avenida, que la
ensanchaba frente al templo, creaba una especie de plaza dentro de la plaza y enfati-
zaba la embocadura de la calle de Alfonso, a costa de destruir sus últimos edificios
y, entre ellos, el del pasaje del Comercio y de la Industria43. Esta importante mo-
dificación, que conscientemente o no evocaba la madrileña plaza de Oriente, reve-
laba la dificultad de controlar el proyecto de lo que al mismo tiempo quería ser
explanada ceremonial y vía colectora de tráfico, anteplaza del templo mariano y
avenida flanqueada por las sedes del poder militar, eclesiástico y civil, que firmaban
así su alianza en plena guerra. Volveremos sobre ello cuando tratemos del plan de
reforma interior de 1939, que reproducirá la ambigua decisión, y de la dura crítica
de Pedro Bidagor en el informe previo a su aprobación definitiva.
Varió también en 1937 la ordenación de la porción de avenida comprendida
entre el Pilar y la columnata que, a modo de diafragma, separaba la anteplaza de
San Juan de los Panetes, correspondiente en su mayor parte a la anterior plaza de
Huesca. Ahora, Borobio dio a este ámbito una planta basilical, lo flanqueó con los
porches de los edificios laterales, que avanzaban fuera de las líneas de fachada y se
cubrían con sendas terrazas desde las que podrían seguirse las ceremonias, y lo ter-
minó con una columnata de planta ya no recta, sino semicircular, conformando un
ábside descubierto en cuyo centro se alzaría la cruz de los Caídos sobre una ligera
elevación del suelo, a modo de presbiterio: era el futuro Altar de la Patria, que en
1936 no se había considerado. A través de la columnata y por encima de su cornisa,

42 Cito por la versión mecanografiada incluida en el proyecto, conservado en AMZ, caja 003141,
exp. 0000201/1938. La caja B003118 contiene una subcarpeta rotulada como «Manzana
n.º 19» que incluye un listado con todos los documentos que debían formar el proyecto y la
versión primera de las variaciones de la nueva memoria con respecto a la de 1936, manuscri-
tas en cuartillas apaisadas.
43 Se mantenía la anchura de 58 metros del anteproyecto, cuya causa era la distancia al Pilar del
edificio del pasaje del Comercio (conservado en 1936, aunque con recomendación de demo-
lerlo en el futuro), a pesar de que la lonja elíptica que ahora se preveía exigía su derribo.

una y [Link] 56 10/6/17 11:37:18


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 57

[Revista Nacional de Arquitectura, 1, 1941: 45].

puesto que su altura era la de la planta baja de los edificios de la plaza del Pilar, esta
y la de San Juan de los Panetes formarían una unidad espacial.
Por último, la memoria mantenía la previsión de ampliar las calles de Santiago
y Prudencio hasta los 12 metros, determinaba la supresión de las calles de Forment,
Convertidos y Muela, y ya no mencionaba la prolongación de la calle de la Virgen
hasta la avenida.

Disposición de andenes y calzadas


Como explicaba el apartado de la memoria dedicado a la distribución de andenes y
calzadas, que alteraba más que otros la redacción de 1936, el proyecto había acen-
tuado la división del espacio libre de la plaza en tres zonas de diferente carácter,
según la distinta proporción e intensidad del tránsito de vehículos y la aglomeración
de peatones. En su mitad oriental, la circulación rodada mantenía el protagonis-
mo, conforme exigían la prolongación de Independencia y el denso tráfico canali-
zado por Don Jaime hasta el puente de Piedra. La mitad occidental se especializaba
decididamente en las funciones patriótica (Altar de la Patria) y religiosa (Pilar).

una y [Link] 57 10/6/17 11:37:19


58 | Ramón Betrán Abadía

Entre el Pilar y Don Jaime, se proyectaba una calzada de 15 metros, por donde
circularían tres filas de vehículos por sentido. Igual anchura tendrían las tres calles
perpendiculares que llevarían hasta el paseo del Ebro. En esta parte oriental se dis-
ponía una zona ajardinada ante la Lonja y se rodeaba la plaza de la Seo con una
amplia calzada que permitiría usarla como estacionamiento de coches en caso de
solemnidad.
Ante el Pilar, en cambio, serían muy abundantes los peatones y por ello se
preveía una «amplísima explanada» con anchura media de 60 metros, sin circula-
ción rodada pero con cuatro contradictorios parterres con arbolado que hubieran
mermado su aptitud para peregrinaciones y actos solemnes, y que Borobio creía
precisos para paliar en verano los efectos de la insolación, uno de los inconvenientes
climáticos del proyecto.
Al oeste de esta lonja, el rectángulo alargado que llevaba hasta el Altar de la
Patria se cerraba al tráfico y se enlosaba, como correspondía a un lugar concebido
como iglesia a cielo abierto donde celebrar «solemnidades religiosas o patrióticas»,
con dos parterres simétricos que estrechaban la entrada desde la lonja del Pilar.
Aparte de la irrupción del Altar de la Patria, el trazado de aceras y calzadas se
sometía a la exigencia de la comisión técnica de reconocer el protagonismo absoluto
del templo del Pilar en la plaza / avenida. Por una parte, se trataba de construir un
foro en torno al que se situarían, conforme a la idea unitaria del poder en el Nuevo
Estado, sus principales centros directivos: a las tres iglesias, el Palacio Arzobispal, el
Seminario y la Lonja se irían sumando, en los años cuarenta y cincuenta, la Hospe-
dería del Pilar, el Ayuntamiento, el Gobierno Civil y los Juzgados. Constituiría así
la cúspide de una idea fuertemente jerarquizada de la ciudad, completada en 1943
con la organización radiocéntrica del anteproyecto de ordenación general. A tres-
cientos kilómetros de Madrid, en ese proyecto injustamente olvidado por Terán y
otros estudiosos del urbanismo franquista, cuajó por primera vez la creación de una
acrópolis donde se agruparan los centros directivos del Estado y pudieran celebrarse
desfiles y concentraciones, consigna que Pedro Bidagor y Luis Pérez Mínguez ex-
pondrían, pensando en Madrid, en las conferencias organizadas por Muguruza en
el teatro Español desde el 26 al 29 de junio de 193944.

44 Junto con las reconstrucciones del santuario de Nuestra Señora de la Cabeza y la Cámara
Santa de Oviedo, la reforma del acceso a la cripta de los Reyes Católicos en la Capilla Real de
Granada y los estudios para el plan de urbanización de Salamanca, el número 1 de la Revista
Nacional de Arquitectura, publicada por la Dirección General de Arquitectura, seleccionó el
proyecto de Borobio para difundir los principios categóricos que debían inspirar la Arquitectura
Nacional. Esta dirección general, dependiente del Ministerio de la Gobernación, se había
instituido por ley de 23 de septiembre de 1939 para posibilitar, según su preámbulo, que «los
profesionales, al intervenir en los organismos oficiales», fueran «representantes de un criterio
arquitectónico sindical-nacional, previamente establecido por los órganos supremos que ha-
brán de crearse para este fin».

una y [Link] 58 10/6/17 11:37:19


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 59

Si bien la plaza participaba del espíritu de realizaciones urbanas similares italia-


nas y alemanas, revelaba también la peculiar naturaleza clerical del fascismo español
y la diferencia, señalada por Giuliana Di fEBo (2012: 13-15), entre religión política
y religión politizada. En países ya adelantados en el proceso de secularización social,
como Alemania e incluso Italia, el fascismo había tenido por forma ideológica una
divinización de la política expresada en un nuevo tipo de ritos civiles de corte para-
militar (concentraciones, desfiles, culto a los caídos, exhibiciones gimnásticas, uni-
formes pseudomilitares, saludo romano…). El franquismo, nutrido del maridaje entre
la sacristía y el cuartel según Unamuno, reservó la coreografía castrense al Ejército y
a una Falange subordinada, burocrática y ornamental, dando un carácter esencial-
mente religioso a los actos de masas. La irrebatible hegemonía ideológica de la Igle-
sia se mostró en incesantes procesiones, misas, ofrendas, peregrinaciones, rogativas,
actos eucarísticos, santas misiones, culto a los mártires y milagros, con una forma-
lización netamente contrarreformista; en palabras de uMBraL (1993: 1163), desde
1936 España quedó inmersa en «una continua Semana Santa»45.
Desde los primeros meses de la guerra y gracias a la interpretación providencia-
lista de la sublevación y de la historia que fabricó la Iglesia española, Franco no se
presentó como personificación de la nación, a la manera de Hitler o Mussolini, sino
como caudillo de derecho divino46. La teoría del poder político que legitimaba al Ge-
neralísimo no importaba doctrinas totalitarias contemporáneas, sino que restablecía
la construcción absolutista del poder regio. Se entiende así la importante función le-
gitimadora del nuevo orden y de su violenta beligerancia que adquirieron baluartes
tradicionales de la guerra santa como Santiago, campeón mítico de la Reconquista,
la Virgen del Pilar, capitana general de los héroes de la Independencia, o el Sagrado
Corazón venerado por los carlistas y la moderna reacción. En la Nueva España no
se trataba solo de reponer la supremacía ideológica de la Iglesia, sino de fabricar una
mística nacional que identificaba la esencia de lo español con la defensa a ultranza de
una ortodoxia católica arcaica: España y el catolicismo contrarreformista eran una
misma cosa, como lo eran Zaragoza y el culto pilarista.
La Zaragoza redimida debía ser, ante todo, un espacio sagrado, la Ciudad de
Dios de que hablara Pla y Deniel en la célebre carta pastoral «Las dos ciudades»
(30/9/36) y, como tal, precisaba una estructura adaptada a la proliferación can-
cerígena de celebraciones religiosas. No en vano la Carta colectiva del episcopado

45 La expresión nacionalcatólica del régimen aún se reforzaría frente a una minoría de falangis-
tas proclives a la formalización fascista italiana y, más aún, alemana, tras los primeros reveses
serios del Eje en 1943, su derrota en 1945, o, en 1953, la firma del concordato con el Vaticano
y los acuerdos bilaterales con los Estados Unidos.
46 Responsable solo «ante Dios y ante la Historia», según el artículo 47 de los estatutos de FET
y de las JONS. Con todo, la diferencia entre la supuesta base del poder del Caudillo, el Duce
y el Führer se ligaba más al plano superestructural que a la sustancia de las cosas, como ya
vio el ideólogo José PEMarTín (1937: 61-62) al escribir que, si España quería ser nacional y
fascista, el Estado debía ser católico.

una y [Link] 59 10/6/17 11:37:20


0 | Ramón Betrán Abadía

[Revista Nacional de Arquitectura, 1, 1941: 45].

español a los obispos de todo el mundo explicando las razones del alzamiento y los fines de
la guerra (1/7/37) escindió la «España marxista», infierno en la Tierra donde se vivía
«sin Dios», de «las regiones indemnes o reconquistadas», semejantes a la Ciudad de
Dios porque en ellas se celebraba «profusamente el culto divino» y florecían a diario
«nuevas manifestaciones de la vida cristiana».
El lugar privilegiado de estas manifestaciones no podía ser otro que la pro-
porcionalmente recrecida plaza del Pilar, que reflejaba su sacralidad en su nombre
definitivo y en el absoluto dominio visual de los centros de culto (el Pilar, la Seo y
el Altar de la Patria, además de San Juan de los Panetes) sobre las sedes del resto de
instituciones estatales y locales. Así se respondía bien a las claras al laicismo repu-

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blicano, que había intentado separar el Estado de la religión y que hubiera tenido su
exacta traslación a la topografía institucional zaragozana en la construcción nunca
iniciada de las casas consistoriales de la plaza de Castelar.
El Altar de la Patria expresaba lo dicho con evidencia. Si el monumento homó-
nimo romano carecía de símbolos religiosos y se alzaba en un entorno profano (en-
tre el Foro Republicano, los Foros Imperiales, el Capitolio y el palacio Venezia), en
Zaragoza tenía por elemento principal una cruz y se subordinaba claramente a lo
religioso, casi como una capilla exterior del santuario del Pilar. No sorprende que,
aun siendo una típica explanada para concentraciones y contando con la pertinente
cruz de los caídos, faltara en la plaza, precisamente, la Casa de la Falange, que el ar-
quitecto y camisa vieja Víctor D’Ors había querido en 1938 elemento fundamental
del centro cívico de cada ciudad, erigida en la plaza mayor y provista de una torre
que compartiría protagonismo con la de la iglesia, y que solo con esta podía compa-
rarse en el proyecto de poblado modelo de Cerro Palomeras (1939)47.
Como ya se ha ido viendo, la operación pilarista no respondía a un puro fervor
religioso. En 1937, curas, militares, hosteleros y fuerzas vivas en general tenían pues-
tos los ojos en el auge de unos flujos turísticos de tanto interés económico como pro-
pagandístico. Desde noviembre de 1936, la revista Aragón, editada mensualmente
por el Sindicato de Iniciativas y Propaganda de Aragón (SIPA), venía dando cuenta
de las abundantes peregrinaciones al Pilar. En su número 134 (11/36), Eduardo
Cativiela, presidente del SIPA, había pedido que se impulsaran las reformas urba-
nísticas precisas para acogerlas y se reorganizara la Junta de Peregrinaciones con
representación del Ayuntamiento, la Diputación y otras entidades locales:
Pensemos en que el santo Pilar de Zaragoza ha de ser visitado por millares y millares de
romeros y peregrinos, y es preciso estar preparados para que Zaragoza sepa recibirlos
[…] La fe en la Virgen del Pilar es milagrosa; guerreros, pensadores, trabajadores de las
más diversas tendencias y creencias se han arrodillado ante Ella […], y tras estas mani-
festaciones que han de venir de todas partes de España, surcarán los mares inmensas
moto-naves que traerán de las Américas españolas enormes masas de fervientes adora-
dores de la Patrona de España, ya que de hecho así queda reconocido, y Zaragoza será
como la Tierra Santa española ante cuyo Pilar se ha estrellado la barbarie del comunis-
mo eslavo.

47 En la memoria del plan general de Madrid, BiDaGor (1941a: 8-9) previó que dominaran la
silueta de la ciudad hacia el Manzanares «los tres edificios simbólicos de máxima evocación
nacional, correspondiendo a los principios vitales de la Nueva España»: la Catedral, el Palacio
(real) y el edificio de FET y de las JONS, en el antiguo Cuartel de la Montaña. En Zaragoza,
la jefatura territorial (luego provincial) de Falange se instaló poco después de iniciada la gue-
rra en el número 33 del Coso, ante la plaza de España, y ahí seguiría hasta el final del fran-
quismo. El ejemplo zaragozano más puro, si no el único, de arquitectura de clara influencia
nazifascista no se situó en la plaza del Pilar ni en ninguno de los ejes principales de la ciudad
reordenada en 1939 y 1943, sino en el alto de Cuéllar, de camino al cementerio, donde el
Estado italiano levantó el Sacrario Militare de San Antonio para depositar los restos de todos
los legionari muertos en España (BETrán, 2015: 495-501).

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Regulación de la edificación en la avenida del Pilar


La memoria del proyecto definitivo de la avenida del Pilar reprodujo los párrafos
dedicados en el anteproyecto a la importancia de la regulación de las fachadas de los
nuevos edificios y a la necesidad de constituir un conjunto urbano homogéneo, don-
de las nuevas construcciones asumieran un mero papel de acompañamiento. Pero al
llegar al medio por el que se lograrían estos propósitos, se suplía la convocatoria de
un concurso nacional de arquitectos por un futuro proyecto de fachadas que elabo-
raría el propio Ayuntamiento a partir de normas ya más definidas:
Los edificios constarán de planta baja y cuatro pisos cuyas alturas se determinarán en
vista de la proporción más conveniente.
En lugares determinados de la Avenida, para señalar las desembocaduras de otras calles
o los cambios de dirección en las alineaciones, se permitirán torreones o cuerpos de
edificación de mayor número de pisos.
Los edificios tendrán pórtico en planta baja. En la zona próxima al Altar de la Patria
estos pórticos avanzarán fuera del paramento de fachada, y se cubrirán con terraza, uti-
lizable para presenciar los actos que se celebren en este lugar.
Los materiales de las fachadas serán exclusivamente piedra de sillería y ladrillo ordina-
rio a cara vista. Las repisas de balcones, alféizares de ventanas, impostas, etc., serán de
piedra natural.
Los aleros, preferentemente, serán de madera.
Se prohibirán los miradores.
Entre los huecos de fachada dominarán, por su número, los balcones.
La arquitectura será sobria, de acuerdo con el carácter de los monumentos existentes.
Además, se fijará la parcelación de manzanas señalando las zonas edificadas y libres, con
las siguientes prescripciones:
Los edificios serán eminentemente higiénicos, con prohibición de alcobas y cuartos os-
curos. Deberá reducirse a lo indispensable la existencia de patios pequeños cerrados,
limitándolos a la iluminación de escaleras o pasillos. Los restantes locales recibirán luz y
ventilación de grandes patios o espacios libres generales para cada manzana.
La parcelación y distribución de zonas edificadas y libres podrán alterarse en el caso de
que una entidad o grupo de entidades o particulares acometan, en conjunto, la construc-
ción de una manzana entera. En este caso las condiciones higiénicas de los edificios no
podrán desmerecer de las señaladas en las normas establecidas para el caso general48.
El 16 de marzo de 1938, cuando aún no se había redactado el proyecto ge-
neral de fachadas, el Ayuntamiento decidió crear, con carácter de servicio muni-
cipal, una hospedería para enfermos y peregrinos en alguno de los nuevos solares de
la plaza. En octubre, pasó a estudio de la comisión de Hacienda y la Dirección
de Arquitectura las bases generales de un concurso de proyectos que no llegaría a
convocarse, ya que en junio de 1939 se decidió enajenar un solar de la manzana

48 En AMZ, caja B003118 se conservan los proyectos de parcelación de las manzanas 3 (8 par-
celas de 442,50 a 646,90 m2, en torno a un patio común de 8 metros de ancho) y 6 (solares
para la Hospedería y un edificio del Cabildo catedral), firmados por Borobio y Beltrán en
octubre de 1939.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 3

Fachada de la Hospedería del Pilar (1939).


[Revista Nacional de Arquitectura, 1, 1941: 42].

6 a la Sociedad Angélica del Sagrado Corazón para que construyera el edificio;


por encargo suyo, Regino y José Borobio terminaron en agosto el proyecto de la
Hospedería del Pilar, cuyas obras concluyeron en diciembre de 1940. Este pro-
yecto sirvió de modelo a todos cuantos luego se construyeron en torno a la plaza y
permitió ajustar las normas esbozadas en 193749. Con ello, el Ayuntamiento ya no
consideró preciso el proyecto general y se limitó a elaborar una breve regulación

49 En el artículo que dedicó a la plaza del Pilar el número 1 de la Revista Nacional de Arquitectura
(1941), se publicaron detalles de las fachadas de la Hospedería, perspectivas desde el paseo
del Ebro y la nueva plaza, y varias fotografías con las obras en curso y terminadas. En enero
de 1941 se le sumó el proyecto de la Tienda Económica, también de los Borobio y enfrentado
a la Hospedería al sur del espacio reservado al Altar de la Patria (manzana 5); en la fachada
hacia la calle de Salduba, esta obra integró una portada barroca procedente del palacio de
Sora.

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escrita, incluida en la colección de ordenanzas especiales de noviembre de 1942 y


compuesta por las siguientes normas50:
1.ª El edificio tendrá cuatro plantas y baja. Las plantas tendrán respectivamente las
siguientes alturas:
– La baja será porticada, seis metros. La primera, 3,80 metros. La segunda y tercera,
3,20 metros. Y la última 2,80 metros.
– Se medirán de suelo a cielo raso.
– La altura del edificio será de 20 ms. y se contará a partir de los puntos de rasante
que fijará la Dirección de Arquitectura Municipal.
2.ª Los pórticos constarán de pilastras y entablamento de sillería de piedra de La Pue-
bla. La disposición en planta de los pórticos se ajustará al plano anexo51.
3.ª La fachada a partir de la altura de los porches estará constituida por los siguientes
materiales:
– Ladrillo ordinario a cara vista en paramentos y piedra natural en los siguientes
elementos: marco de huecos, alféizares, impostas y cornisa general.
– El paramento de fachada en el frente correspondiente al Altar de los Caídos, se
revestirá en sillería de piedra de La Puebla.
4.ª La cubierta del edificio en la parte recayente sobre la plaza será de teja árabe.
5.ª No se permite la construcción de miradores.
6.ª Sobre la cornisa general no se permitirá la construcción de planta alguna52.
Unos años después, BoroBio (1946: 14) abundaría en su propósito de formar
con los nuevos edificios «un fondo neutro» sobre el que destacaran los monumen-
tos de la plaza y que además sirviera de cemento óptico a un conjunto compuesto
por piezas arquitectónicamente muy distintas, que hasta entonces habían presidido
espacios urbanos independientes. Eso explicaba su opción por una cornisa general
horizontal y continua a 20 metros de altura, menos que el primer cuerpo del Pilar
y la Lonja. El entonamiento general se lograría con el uso de la sillería de piedra y
el ladrillo, prohibiéndose vuelos y miradores para forzar una fachada plana sin más
valor que el de telón de fondo. La neutralidad pretendida por el arquitecto no se

50 Con 7,50 metros o dos plantas menos y alguna variante menor, esta ordenanza imponía una
composición análoga a la de la plaza de San Francisco, a la que en julio de 1941 se había cam-
biado el abstracto soportal arquitrabado previsto por Borobio (ya fuera del Ayuntamiento)
por el porche de arcos de medio punto que conocemos, diseñado por Beltrán a imagen del
paseo de la Independencia (BETrán, 2013: 326-327).
51 Donde se fijaba para los porches intercolumnios de 3,60 metros (en algún caso levemente
corregidos para ajustarlos a la dimensión de la manzana) y fondo desde la línea de fachada de
4,80 metros, de los que 0,80 correspondían al espesor del pilar, de planta cuadrada.
52 Se aprobó luego una ordenanza singular para la manzana 7, situada al sur de la plaza de Cé-
sar Augusto o San Juan de los Panetes, con su frente mayor hacia la calle Imperial, y donde
el proyecto de 1937 había previsto un mercado mayorista de verduras. En ella se suprimían
la condición de construir un porche en la planta baja y el resto de las relativas a materiales
de fachada, y, aun manteniéndose una altura máxima de cornisa de 20 metros, se permitía
distribuirla en el número de pisos que permitieran las ordenanzas generales de la edificación;
esto suponía que, en lugar de cinco plantas, los edificios de la manzana 7 podrían tener seis.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 5

Vista de la Hospedería desde el Ebro. [Revista Nacional de Arquitectura, 1, 1941: 39].

reducía a las construcciones de acompañamiento y afectaba también a los nuevos edi-


ficios públicos, como acreditarían sus proyectos para el museo catedralicio (1949),
el Gobierno Civil (1949) o los Juzgados (1957), tan lejanos de la ajustada pero
desinhibida brillantez lograda por Alberto Acha en la nueva casa consistorial.
Podría relacionarse la solución de Borobio con multitud de realizaciones euro-
peas, de Madrid a Moscú, pasando por París y Berlín; pero tal vez la más próxima
fuera la plaza Augusto Imperatore de Roma, un vasto espacio cuadrado en torno al
Mausoleo, proyectado por Vittorio Ballio entre 1934 y 1937 («vaso creado para con-
tener la Reliquia», BaLLio, 1942: 11) y cuyas fachadas participaron de una análoga
composición neutra y uniforme, concretada en un pórtico arquitrabado de piedra,
sobremontado por un muro plano de ladrillo con ventanas rectangulares.
Muy en la línea ideológica del momento, se trataba de reducir un conjunto
heterogéneo, formado a lo largo de siglos y unido por el derribo de decenas de edifi-
cios intermedios, a la artificiosa idea de ese estilo aragonés53 (por supuesto, una forma

53 Término inconsistente pero que tuvo fortuna, y al que Borobio ya se había referido en su es-
crito de descargos de enero del 37. La Guía de Zaragoza editada por el SIPA en 1944 remitió

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del estilo español) que buscaban también las ordenanzas de la calle de la Yedra o el
Sepulcro. Borobio juzgaba «del mismo material, del mismo carácter, esencialmente
aragonés, casi del mismo estilo», la Seo, el Pilar y la Lonja, los tres monumentos
que debían destacar en la plaza proyectada y que muy poco tenían en común fuera
del uso del ladrillo, inevitable material local. En favor de las plazas del Pilar y San
Francisco (si exceptuamos las arcadas con que Beltrán contaminaría la idea inicial
de Borobio) puede aducirse la fría desnudez formal, privada de appliqués clasicistas y
emparentada con compromisos contemporáneos entre los postulados modernos y el
humo retórico del Nuevo Estado, herederos a su vez de la arquitectura encabalgada
entre el racionalismo y el academicismo que antes de la guerra ya había practicado
en Zaragoza el mismo Borobio.

Previsiones económicas
Aparte del mayor pero aún incompleto desarrollo de las normas de edificación, las
principales novedades del proyecto de 1937 atañeron a sus previsiones de ejecución
y, muy en particular, a la valoración de las expropiaciones. En abril y junio de este
año, el Ayuntamiento había aprobado dos proyectos de Borobio para ampliar las
zonas de expropiación a los lados de la calle de la Yedra y para la reforma del barrio
del Sepulcro; en ambos casos se empleó la técnica seguida cuando se abrió la calle
de Alfonso I en los años 1860, expropiando los solares laterales a las nuevas calles
para revenderlos en lotes mayores una vez hecha la urbanización (BETrán, 2013:
293-297). En la avenida del Pilar se eligió el mismo procedimiento, financieramente
más arriesgado que expropiar solo el suelo viario, pero que daba lugar a grandes so-
lares aptos para una edificación acorde con los nuevos espacios públicos, y también
a la sustitución generalizada de los dueños de inmuebles y sus inquilinos por nuevos
propietarios deseosos de invertir su capital.
El capítulo «Expropiaciones» de la memoria del proyecto se abría con la deli-
mitación del ámbito de ejecución, que incluía 49.058,50 m2 de calles existentes y
otros 48.452,76 m2 distribuidos en 19 manzanas, con 224 fincas edificadas54. Se-

los palacios de Sástago, Argillo o la Maestranza a ese «estilo Aragonés, arte puramente regio-
nal» (sinDicaTo DE iniciaTiVa y ProPaGanDa DE araGón, 1944: 45).
54 «Por el Norte [la zona a expropiar] queda limitada por el Paseo del Ebro. Por el Sur com-
prende la acera de los números impares de las calles de Prudencio y Santiago, las casas 2
y 4 de Prudencio y las 7, 9 y 11 de Manifestación. Por el Este se incluye la manzana entre
D. Jaime, Plaza de la Seo y calle de San Valero, y las casas de los números pares de esta mis-
ma calle. Por el Oeste quedan incluidas en la reforma todas las casas de los números pares
de la calle de Antonio Pérez, las de Manifestación, situadas entre aquella calle y la plaza de
San Antonio Abad y todas las de esta plaza. / Con la rectificación de la calle de Prudencio
quedarán unas zonas sobrantes de vía pública que deberán anexionarse a las casas de la calle
de la Manifestación, inmediatas, de no acordar el Ayuntamiento ampliar las expropiaciones
a estas últimas. / La nueva alineación propuesta para la calle de Santiago afecta también al
lado de los pares, pero no se ha incluido la expropiación de estas casas en el proyecto, ya que,

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 7

guía una exposición del método empleado para tasar en estas últimas el suelo y las
construcciones, basado en la elección de un precio justo a partir del cálculo de tres
valores a menudo muy distintos: por construcción, por renta declarada y por capita-
lización del líquido imponible. Elegido el justiprecio de cada finca y sumados todos
ellos, se obtenía un total de 13.098.960 ptas., que con el 3% de afección llegaba a
13.491.928,80 ptas. (278,46 ptas./m2).
Esta cifra se incrementaba en un 6% (785.937,60 ptas.) para cubrir las indemni-
zaciones a inquilinos e industriales alojados en las casas a expropiar55. Considerando
el valor de los materiales procedentes de los derribos, los precios recientes de estos y
el 15% de la contrata, se calculaba una partida de demoliciones de 837.039 ptas. Y
si a estos costes se sumaban otros 3.220.288,08 ptas. en concepto de instalación de
los servicios de agua, alcantarillado y alumbrado, plantación de jardines y urbaniza-
ción de los 71.254,26 m2 que ocupaban las vías públicas proyectadas56, se obtenía
un presupuesto total de gastos de 18.335.193,48 ptas. (188,03 ptas./m2).
De la ordenación proyectada resultaban seis manzanas edificables completas
(numeradas como 1, 3, 4, 5, 6 y 7) y con superficie media de 4.022,67 m2, y tres
porciones de manzana de diverso tamaño (2, 8 y 9). Por la venta de estos suelos, que
sumaban 26.257 m2, solo se esperaba obtener 8.595.050 ptas., a un precio medio de
327,34 ptas. por metro cuadrado de solar edificable, cuando la repercusión completa
de los costes hubiera exigido cobrar 698,30 ptas./m2: 2,13 veces más. La actuación
comenzaba así con el importante déficit inicial de 9.740.143,48 ptas., debido al ele-
vado coste de las expropiaciones y las indemnizaciones a arrendatarios (el 77,87%
del presupuesto de gastos) y a la reducción en un 45,81% de la superficie de solares
edificables, por haber aumentado un 45,24% la superficie del viario público57.
Pero un estudio algo atento del proyecto dejaba ver que el déficit sería mayor.
Por una parte, las expropiaciones e indemnizaciones se habían tasado de modo solo
aproximado y sin intervención de peritos de parte, lo que permitía imaginar que en
los futuros procedimientos sus importes crecerían. Por otra, entre los solares a ena-

separadamente de este, deberá ser motivo de estudio la reforma de la zona comprendida entre
Santiago y Espoz y Mina, en la cual deben desaparecer las calles de Forment y Cebrián, y debe
abrirse la prolongación del Paseo de la Independencia. / De momento, y mientras esta zona no
tenga proyecto aprobado, las casas de los números pares de la calle de Santiago, estarán some-
tidas a la legislación vigente, que impide consolidar las casas sujetas a nueva alineación».
55 En el anteproyecto se habían calculado como un 5% de las expropiaciones.
56 «El pavimento de las calzadas se proyecta de adoquín de piedra porfídica sentado sobre solera
de hormigón, rejuntado. / El bordillo será de piedra granítica de 20 cm de ancho. / En aceras
y andenes centrales, así como en la explanada del Altar de la Patria, se proyecta un pavimento
de losas grandes de piedra granítica. Este pavimento en la citada explanada formará dibujos
geométricos, a ser posible, con piedras de distintas coloraciones. / Las aceras de las calles
adyacentes se pavimentarán con loseta de cemento sobre solera de hormigón».
57 Por sí sola, la avenida del Pilar ocuparía 33.863,26 m2. Antes de la reforma, la plaza homó-
nima ocupaba 9.737,50 m2, la de la Seo 3.713 y la de Huesca 2.375.

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jenar se incluían las manzanas 1, donde ya se presumía que se construiría el nuevo


ayuntamiento, y 7, donde se preveía un mercado de verduras, sin contar con que en
otros suelos aún indeterminados se esperaba localizar más servicios públicos.
Para cubrir el déficit inicial del proyecto aprobado y posibilitar su ejecución, tan
necesaria para engrandecer la ciudad y conjurar por mucho tiempo el paro involuntario,
el pleno del 11 de agosto siguiente acordó por unanimidad, a propuesta del alcalde
Parellada, que se pidiera autorización a la Junta Técnica de Gobierno del Estado
para establecer una décima sobre la contribución territorial e industrial, acorde con
el decreto de 29 de agosto de 1935 contra el paro obrero. Si permitiera obtener de
cada contribuyente unas 590 ptas. anuales, en veinticinco años se podrían amor-
tizar y pagar los intereses de un empréstito de 8 millones de pesetas que la banca
zaragozana ofrecía en condiciones excepcionales; el resto del déficit se cubriría por el
procedimiento normal de las contribuciones especiales.
Y el 25 de agosto el alcalde aún haría la estrafalaria propuesta, aprobada por
aclamación y sin más fin que atraer turismo patrióticorreligioso, de suplicar a la
Superioridad la concesión a la Virgen del Pilar de…
[…] la Gran Cruz Laureada de San Fernando, con todos sus honores y preeminencias
[…]; de esta forma las madres españolas, esas madres modelo de patriotismo, virtud y
abnegación cristiana, que hoy se sienten orgullosas de tener a sus hijos en los frentes de
batalla, o de haber dado, muchas de ellas, la sangre o la vida de sus hijos por la Patria,
tendrían un piadoso motivo de rendir anualmente a la Virgen, el día doce de octubre, un
tributo de gratitud y devoción, haciéndole la ofrenda de la pensión vinculada a la citada
recompensa. Asimismo interesa que a los bravos soldados aragoneses, defensores del
prestigio y dignidad de España en la Ciudad Universitaria [de Madrid], se les conceda
el alto honor de venir a Zaragoza en esa fecha del próximo mes de octubre, si así lo per-
miten las exigencias militares, por desear el pueblo de Zaragoza rendirles un homenaje
de cariño y admiración por su bravura y valentía, ya que ellos quieren, en cambio, rezar
por los caídos una oración al pie del Pilar de la Virgen y ofrecerle las insignias de la Cruz
Laureada de San Fernando58.
Después, Caballero manifestó su extrañeza por la oposición expresada en la
última sesión plenaria de la Cámara de Comercio al acuerdo del día 11 sobre finan-
ciación de la avenida del Pilar, ya que el Municipio no había hecho sino recoger el
sentir de la población, de acuerdo con un acabado estudio y sin que hubieran mostra-
do discrepancia alguna los organismos consultados, incluida la Cámara.
La aceleración de las obras de la avenida y el procedimiento elegido para obte-
ner recursos satisfacía los deseos de las autoridades civiles y militares, acordes con
los intereses del Cabildo, la banca, la construcción, la hostelería y ciertos inversio-
nistas, pero hacía recaer parte importante de la carga sobre industriales, comer-

58 Para ruiz ViLaPLana (1937: 235), tal despropósito demostraba la devaluación de esa alta
condecoración militar, otorgada al año de empezar la guerra a casi todos los militares de
alguna categoría y, a título colectivo, a la guarnición de Oviedo y los defensores del Alcázar,
el santuario de la Cabeza o la Ciudad Universitaria.

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ciantes y propietarios urbanos. De ahí que, acordada la imposición de la décima,


las cámaras de la Propiedad Urbana y de Comercio e Industria alegaran en duros
términos, como veremos en el apartado siguiente.
Concluiremos este recordando que el Concejo también aprobó en 1937 la am-
pliación de las expropiaciones a los lados de la calle de la Yedra, la reforma del ba-
rrio del Sepulcro y el ensanche y apertura al Coso de la calle de Valenzuela. En el
primer proyecto, que comportaba un déficit total de 1.843.188,65 ptas., el coste de
las expropiaciones superaba en 1.482.502,50 ptas. a los ingresos por venta de suelo;
en el segundo, esta diferencia era de 1.108.936,10 ptas.; la ejecución del tercero
exigió aprobar un presupuesto extraordinario de 2.508.334 ptas. el 25 de noviem-
bre de 1938, iniciándose acto seguido las expropiaciones. Mientras, se redactaba
un plan de reforma del vasto barrio de San Pablo. Como referencia para apreciar
la magnitud de estas cifras, el presupuesto total de ingresos del Ayuntamiento en
1937 era de 16.885.839,43 ptas. Aun en la situación cada vez más dura de la pos-
guerra, los gastos urbanísticos comprometidos durante la guerra pudieron ir absor-
biéndose gracias a la venta de solares, sobre todo en el ensanche59, a las restricciones
presupuestarias, visibles en la lentísima ejecución de la nueva casa consistorial o el
monumento a los Caídos, y al manejo de las operaciones de crédito, ayudado por
la fuerte inflación acumulada en los años cuarenta; por esta razón, el presupuesto
municipal alcanzó en 1950 los 51.132.798,12 ptas., facilitando el pago de la deuda
contraída años antes. Además, en 1940 una ventajosa operación con el Banco de
Crédito Local de España revalidó 60.287.723,19 ptas. de deuda financiera de varias
emisiones de obligaciones realizadas desde 1891 a 1932 y amplió el crédito para cu-
brir los presupuestos extraordinarios aprobados en 1936 (6.000.000 de ptas.), 1937
(700.000), 1938 (3.000.000) y el propio 1940 (10.012.276,81, incluidos los gastos
de la operación); al presentar al Concejo la operación de conversión de deuda, el
teniente de alcalde Pío Altolaguirre advirtió que con ella «el presupuesto municipal
reduce su carga financiera anual en más de millón y medio de pesetas y el Ayunta-
miento podrá disponer de unos dieciocho millones de pesetas para desarrollar […]
la tarea de reconstrucción y engrandecimiento de la Ciudad que nos hemos impues-
to» (acta 19/2/40). En el siguiente pleno, de 6 de marzo de 1940, se adoptarían ya
acuerdos tendentes a la construcción del Altar de la Patria y el Ayuntamiento60.

59 El Ayuntamiento poseía por entonces mucho suelo edificable en el ensanche de las Casas
Baratas, incautado a la SZUC en 1933. Con vistas a su venta, Borobio y Beltrán firmaron
en diciembre de 1937 un proyecto de parcelación de las manzanas de vivienda libre y propie-
dad municipal lindantes con la Gran Vía, aprobado el 21 de septiembre de 1938 junto con la
valoración de los solares y unas ordenanzas especiales de edificación. El pleno del mismo día
aprobó provisionalmente otro proyecto de la Dirección de Arquitectura para la urbanización
del entorno de la prolongación de la Gran Vía hasta la carretera de Valencia (actual paseo de
Isabel la Católica) (BETrán, 2013: 321-323).
60 En el presupuesto de 1950 solo se destinaron 6.250.717 ptas. a la amortización de créditos y
pago de intereses, apenas un 12,2% del total, cuando se estimaba razonable un límite del 20%

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70 | Ramón Betrán Abadía

Resolución de las alegaciones al proyecto de la avenida


El 27 de septiembre de 1937, Borobio informó las reclamaciones presentadas du-
rante la exposición pública del proyecto, debidas a 34 propietarios de inmuebles
a expropiar61, comerciantes afectados por la reforma y tres instituciones (Cámara
de Comercio e Industria, Cámara de la Propiedad Urbana, y Sindicato de Inicia-
tiva y Propaganda). En su informe, no se detuvo en cuestiones arquitectónicas62,
aseguró que la planificación de las obras reduciría el tiempo en que los solares
quedarían vacantes63, y se centró en las valoraciones de las fincas y las indemniza-
ciones a inquilinos, a las que, como es fácil imaginar, se refería la mayoría de los
alegantes.
Presentó la más extensa y expresiva reclamación de propietarios particulares
Félix Ramón, dueño de la casa 18 de la plaza del Pilar, que debía expropiarse total-
mente. Ramón creía innecesaria la reforma, porque la plaza existente era «hermosa
y amplísima, más que suficiente para el culto y peregrinaciones», y bastaría mejorar
sus accesos abriendo una calle a cada lado de la basílica. Además, la obra perjudi-
caría a los propietarios de casas expropiadas, tasadas «por menos de la mitad de su
valor, fundándose, sin duda, en el líquido imponible, establecido por los arquitectos
del Estado, sin intervención de los propietarios […] Eso es injusto y no debe preva-
lecer en la España Nueva que están forjando nuestros hijos en las trincheras (el del
exponente murió ya en ellas hace un año). Perjudica a los vecinos y comerciantes
[…], que no encontrarán fácilmente ni habitación ni local, después de los derribos
de la calle de la Yedra». Las prisas con que se había formado el proyecto habían im-
pedido conocer suficientemente los inmuebles, agravando la iniquidad de las valora-

y, de hecho, el porcentaje medio en los presupuestos municipales de la primera mitad de siglo


había sido del 21%. Añádase a esto que el presupuesto municipal zaragozano de 1950 apenas
suponía 193,85 ptas. por habitante, repercusión superior a las de Málaga (122,35) o Valencia
(180,94), pero muy inferior a las de Sevilla (238,86), Madrid (279,57), Barcelona (321,65),
Bilbao (338,33) o San Sebastián (482,50). Tomo estas cifras de la detallada exposición sobre
el estado de la hacienda municipal que hizo el presidente de la comisión de Hacienda, Fran-
cisco Vera, ante el pleno del 27 de julio de 1950.
61 El 20% de los afectados, aunque la Cámara de la Propiedad pretendía representarlos a todos.
62 «Esta Dirección de Arquitectura nada ha de decir respecto a las reclamaciones que se refie-
ren al proyecto en sí, ya que este ha sido redactado y modificado siguiendo las atinadísimas
indicaciones de las Juntas para la Construcción de la Avenida». En realidad, solo se refirió a
la ordenación propuesta Alejandro Palomar de la Torre, y únicamente para sorprenderse, con
razón, del «hecho de colocar entre la muralla romana, el torreón de la Zuda, el edificio de San
Juan de los Panetes y el Altar de la Patria, el “mercado de verduras”».
63 «Es frecuente en los escritos la observación de que no deben producirse ruinas, para lo cual
antes de demoler se debe pensar en la edificación de los solares resultantes. Esta ha sido preo-
cupación constante de las Juntas, y se ha tratado repetidas veces de la necesidad de ordenar
las obras de manera que no se produzcan grandes perspectivas de edificios demolidos, sino
que, al contrario, cuando se decida el derribo de un sector, se tenga ya asegurada la edifica-
ción en el nuevo solar».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 71

ciones. Y, por añadidura, la reforma era inoportuna, ya que la ciudad estaba inmersa
en una actividad urbanística a todas luces excesiva:
Zaragoza tiene ahora pendiente la obra de cuatro calles importantísimas: la calle del
Generalísimo Franco, a mitad de construir; las dos grandes vías con solo tres casas
edificadas, y la calle de la Yedra, con la que se ha pretendido solucionar el paro obrero,
pero solo dio trabajo un par de meses, mientras se demolieron las casas antiguas, pues
ahora nadie edifica y está esa zona importante de la Ciudad que parece ha sufrido un
terremoto. Lo mismo sucederá, si llega a hacerse, con la obra de la avenida del Pilar, que
no estarán construidas las nuevas casas para el aniversario de la Venida de la Virgen.
Pero, aunque se construyeran todas las casas esperadas en las vías en curso de
urbanización, el paro obrero no se remediaría porque era un pozo sin fondo:
Antes del Glorioso Movimiento Nacional, había en la Ciudad, según las estadísticas,
más de 12.000 peones de albañil parados y no es posible darles trabajo permanente; son
labradores de los pueblos de Aragón, Navarra, Rioja, etc., que abandonan sus casas y sus
tierras y vienen a Zaragoza en busca de trabajo, y si fuera posible (que no lo es) propor-
cionárselo, pronto vendrían otros tantos o más con igual pretensión. El paro obrero solo
puede solucionarse haciendo que el cultivo de la tierra sea remunerador y entonces esos
obreros volverán a sus pueblos64.
Pedía por todo ello Ramón, como otros propietarios, que el Ayuntamiento desis-
tiera de la obra, la aplazara para ocasión más propicia o, al menos, pagara mayores
justiprecios.
El arquitecto no se detuvo en estas alegaciones económicas, limitándose a ad-
vertir que las valoraciones del proyecto eran indicativas y que, en su momento, se
aplicaría el procedimiento de la ley de expropiación forzosa, cada propietario podría
nombrar un perito y presentar las justificaciones del valor real de su finca que creye-
ra oportunas, y se procedería a fijar el justiprecio definitivo65.
Tan solo dedicó Borobio algo de atención a la reclamación de la Cámara de la
Propiedad Urbana, que había manifestado en su escrito su «absoluta conformidad
[…] y su identificación con esta obra, plétora de imponderables valores morales» y
«aspiración del alma Aragonesa, rebosante de espiritualidad […] y veneración para
su Excelsa Patrona», advirtiendo de paso que, «aun prescindiendo de su definitivo
valor espiritual», encerraba «destacados intereses materiales» dignos también de de-
fensa. Sin embargo, la Cámara discrepaba del gravamen de la contribución indus-

64 En otro escrito fechado el 11 de octubre, más amplio, Ramón insistiría: «Con este sistema
para remediar el paro obrero habría que derribar cada dos o tres meses una parte importante
de la población, y esto es absurdo […] No se edifica porque no hay dinero para ello, y para
realizar el Proyecto de esta Avenida se acude a la Banca local (¡pobre Banca local!) y se quiere
subir las contribuciones (¡pobres contribuyentes!) […] A la consideración del Sr. Alcalde,
militar pundonoroso [¿?], y de los señores Concejales, todos de derechas, dejo todo esto […]
¡Viva España! ¡Viva el Generalísimo!».
65 En AMZ, caja B003118 se conservan tasaciones, hojas de aprecio, actas y documentos varios
relacionados con las expropiaciones realizadas entre 1939 y 1943 en la avenida del Pilar y en
otras zonas.

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72 | Ramón Betrán Abadía

trial, de comercio y territorial urbana con una nueva décima, añadida a la impuesta
en 1923 para obras de higiene y saneamiento66 y, en su opinión, inoportuna e ilegal.
Más aún, el proyecto procedía «con una euforia y optimismo cuyos efectos hemos
palpado y estamos padeciendo en proyectos similares que redujeron parte de la
población a un solar»:
Lanzarse a una obra de esta monta e importancia sin tener certeza de que los solares que
se produzcan han de encontrar inmediata colocación, y han de servir para la construc-
ción seguida de adecuados edificios, no creemos sea muy prudente. Muchos han sido
los proyectos que en Zaragoza se han llevado a la práctica a base en parte de lo que en
su día produzca la venta de solares, pero desgraciadamente […] ese día no ha llegado,
los solares siguen sin transferirse y el erario municipal está cada vez más asfixiado por la
carga de un capital completamente improductivo.

Por fin, la Cámara de la Propiedad disentía de los justiprecios avanzados, ex-


traordinariamente inferiores a los señalados por el Ayuntamiento para cobrar los ar-
bitrios sobre solares y plusvalía. El informe de Borobio solo abordó este extremo
y para negarlo, asegurando que los precios asignados al suelo en el proyecto eran
siempre iguales o superiores a los de esos padrones, salvo en calles como Alfonso y
Don Jaime, donde el de plusvalía consideraba valores medios y el proyecto valores
de mercado junto al Pilar, mucho menores que en los tramos próximos al Coso.
No abordó Borobio las alegaciones del Sindicato de Iniciativa, del Cabildo Me-
tropolitano ni de la Cámara de Comercio. El SIPA se dijo íntimamente satisfecho
porque el «magno proyecto» afectaba «a la tradición, religiosidad y patriotismo del
pueblo de Zaragoza», y serviría «de base para el desenvolvimiento del turismo reli-
gioso que tanto puede beneficiar a esta Ciudad». Pero, aunque su realización fuera
de «extraordinaria importancia para la economía local» por representar «la moviliza-
ción del capital, las actividades de la industria y el pan para los obreros», el Ayunta-
miento debería ser realista y abordarla por etapas:
Primero el ensanche de la calle del Pilar, mejora que no admite espera, apertura inme-
diata al paseo del Ebro de los dos Retiros, aislando el Templo, y después seguir ejecutan-
do el proyecto a medida que la economía de la Ciudad lo permita y las circunstancias
lo aconsejen (así se procedió en la ejecución de la Gran Vía de Madrid), evitando el
espectáculo tan desolador que producen los derribos y solares sin edificar.

El Cabildo no solo iba a beneficiarse de la amplia explanada de peregrinación


proyectada y de una gran revalorización simbólica de su presencia urbana, sino que
era propietario de dieciocho inmuebles a expropiar, que ocupaban 4.786 m2 de
suelo67. Lejos de ofrecer su colaboración para financiar una obra que decía desear
especialísimamente, como esperaba el Ayuntamiento, se manifestaba desolado por las

66 El cubrimiento del Huerva y obras complementarias de alcantarillado y abastecimiento de


agua potable a la ciudad (BETrán, 2013: 28-40).
67 Un 9,88% del suelo a expropiar, un 4,91% del área ordenada por el proyecto y un 4,72% de
los 13.491.928,80 ptas. que su presupuesto destinaba a expropiaciones.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 73

tasaciones de sus fincas y obligado a impugnarlas. Y en su reclamación pretendía de-


mostrar que la suma del valor de sus terrenos según el padrón de plusvalía y el de las
construcciones por capitalización de la cifra anterior era de 2.614.322 ptas., mucho
más que las 637.120 ptas. que se le querían pagar; más aún, una vez ejecutada la
obra el Municipio obtendría, según el propio proyecto, 1.154.050 ptas. por venta de
los restos de solares no afectados por la urbanización.
No sin ironía, el largo escrito de la Cámara Oficial del Comercio y de la In-
dustria, reproducido en su Memoria correspondiente al ejercicio de 1937 (1938: 53-
64)68, comenzaba felicitando al Ayuntamiento «porque, en el período de consulta
al vecindario, hasta ahora, este con su silencio ha rubricado el acuerdo municipal».
Nada había que oponer a la «interesantísima reforma urbana», «porque lleva en sí
un contenido espiritual a honor y gloria de nuestra excelsa Patrona, y luego porque
es necesario preparar para el porvenir proyectos que, acabada la guerra, devuelvan
a Zaragoza el ritmo de su normal crecimiento», se entiende que económico. Ahora
bien, la Cámara pensaba que no se habían considerado todos los elementos técnicos
precisos para empezar una obra insuficientemente definida:
[…] queda mucho por hacer si la reforma ha de ser viable y aun estéticamente termi-
nada. No puede dejarse al albur la nueva reconstrucción de los edificios que rodearán
la gran plaza. Lanzarse a derribar sin preparar lo que haya de edificarse más tarde, sería
incurrir en un viejo defecto, y la plaza del Pilar no es la calle de la Yedra.

Debería asegurarse la rapidez de las reconstrucciones y que la plaza no quedara


rodeada por muchos años de solares sin destino. Solo la completa definición del
proyecto permitiría estimar su déficit real con la precisión necesaria para determinar
equitativamente las cargas a imponer, cuestión relacionada con los recursos con que
la Corporación pretendía cubrir el déficit. Se dudaba de la vigencia del decreto de
18 de julio de 1931, que autorizaba a los municipios a imponer una décima sobre
las contribuciones urbana e industrial para remediar el desempleo, y se advertía
que no había recurrido a él la última corporación republicana al embarcarse, con
ese propósito, en obras valoradas en casi 30 millones de pesetas69, sin contar con
que en la Zaragoza de 1937 no había paro obrero. La Cámara entendía que además
de sus afiliados deberían contribuir a esta obra, beneficiosa para toda la ciudad, el
Cabildo, las organizaciones nacionales pilaristas y aun todos los zaragozanos, para
lo que debería estudiarse «una imposición general de rápido desembolso, gravando
todas las actividades y todas las riquezas», incluidas la propiedad rústica, la tenencia
de papel, las utilidades y aun los sueldos y jornales. Habría que estudiar también la

68 El escrito original está, como las demás reclamaciones, en AMZ, caja 003141, exp.
0000201/1938.
69 Más de 7 millones para el alcantarillado de los barrios y obras diversas, 10 para la apertura
de la calle de la Yedra y casas baratas, y 12 para la construcción de la Ciudad Universitaria,
obras de pavimentación y absorción del déficit de anteriores presupuestos ordinarios (BE­
Trán, 2013: 270-283).

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74 | Ramón Betrán Abadía

constitución de «sociedades inmobiliarias, donde intervinieran todos los elementos


de la producción», coordinar «intereses de actuales propietarios y posibles capita-
listas, buscar la colaboración bancaria, preparar ya el tan esperado movimiento de
peregrinos con una propaganda bien dirigida»70: ancho campo todavía virgen, aun-
que el Ayuntamiento ya hubiera iniciado el camino al constituir las juntas técnica
y administrativa para las obras de la avenida. Sobre todo, debería saberse antes de
empezarlas si el Estado contribuiría con ayudas fiscales o con la participación en
algún sorteo de la Lotería Nacional:
La obra proyectada debe ser obra nacional y a gran honor. Se trata del Pilar, símbolo y
faro de la raza, y aún se proyecta construir cerca de él, y bajo su amparo, el altar de los
caídos, en homenaje a los mártires de la cruzada patriótica. Zaragoza puede y debe pedir
apoyo para ese desembolso, ninguna ciudad española con más títulos porque su interés
y generosidad vienen de siempre demostrados.

Y esto era más así cuanto «todavía puede lograrse que se instale en Zaragoza,
aun provisionalmente, la capitalidad del Nuevo Estado con una subvención directa
o indirecta, con la que hoy no se cuenta». Por todo lo dicho, la Cámara pedía que
los acuerdos municipales no se precipitaran, que la obra se demorara al menos hasta
el fin de la guerra, y que no se recargaran «las cuotas de contribución industrial por
una décima de su importe y para un largo período de tiempo»:
Si se quiere conseguir que nuestra ciudad prospere hace falta atraer a ella nuevos y
grandes elementos de producción o por lo menos poner a los que ya viven en ella en con-
diciones de competir con otros de regiones o localidades más favorecidas. Y es política
inversa la de aumentar los tributos de modo excepcional situando a los contribuyentes
zaragozanos en desigualdad de condiciones, en más grave situación que los de cualquier
otra localidad española en materia tributaria.

El retraso de las obras requerido por comerciantes e industriales contradecía la


voluntad de tener dispuesto el entorno del Pilar cuando, acabada la guerra, Zara-
goza fuera meta de multitudinarias peregrinaciones llegadas de toda la España libe-
rada. Así lo había expresado Borobio en la memoria del proyecto y así lo esperaban
muchos:
Todos los zaragozanos, pues, debemos estar preparados para el momento en que, in-
tensificadas estas piadosas paradas ante el Pilar, así que sea logrado el triunfo nacional,
acudan a Zaragoza multitudes incontables de peregrinos a satisfacer su piedad jun-
to a la Sagrada Imagen, que simboliza todas las epopeyas de nuestra gloriosa historia
(izquiErDo, 1937: 80).

70 «El Municipio debe dirigir su acción hacia una propaganda intensa de ese proyecto con el
fin último de atraer colaboraciones que ayuden al desenvolvimiento del mismo, creando, de
acuerdo con el M. I. Cabildo catedral de Zaragoza, un “sello del peregrino”, solicitando apo-
yos de organizaciones nacionales ya existentes o que se creen para fomentar viajes al Pilar».
Cuantos intervinieron en este expediente trataron sin muchos tapujos a los peregrinos y,
como motor de su afluencia, a la Pilarica, como puro recurso financiero con que impulsar la
economía zaragozana cuando terminara la guerra.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 75

Para resolver la oposición de la Cámara y a propuesta de Caballero, el Ayunta-


miento acordó el 25 de agosto (antes del informe de alegaciones de Borobio) sus-
pender por unos días la tramitación de la concesión de la décima y pedir a las jun-
tas técnica y administrativa ideas o soluciones económicas que hicieran factible la
ejecución del proyecto; además, se pidieron a la Cámara de Comercio «datos sobre
concesión de terrenos gratuitos para el establecimiento de industrias en la Ciudad,
al objeto de que la Municipalidad pueda conocer y estudiar este asunto»71.
Pero el aparente recule del Concejo no llegó a tiempo de evitar que la décima
se hiciera efectiva. El 8 de septiembre de 1937, se dio cuenta al pleno de la autoriza-
ción por la Presidencia de la Comisión de Hacienda de la Junta Técnica del Estado
para establecer ese recargo. El alcalde Parellada expresó su satisfacción por la dili-
gencia con que se había atendido la petición municipal, resolviéndose así la parte
económica del proyecto de avenida del Pilar, y «propuso que al aplicarse dicho re-
cargo perdiera todo matiz de aspereza, ya que estimaba que todos debían contribuir
a esta obra, incluso invitándose a la Nación, bien con la creación de un sello especial
o bien por medio de aportaciones, al objeto de que quedara disminuido el plazo de
amortización del empréstito que había de concertarse; y que, a su vez, se interesara
de las Cámaras de Comercio y Urbana para que las Entidades exentas por la Ley del
pago de contribuciones, contribuyeran igualmente». Con esto, se resolvió imponer
la décima desde el 1.º de enero de 1938 y quedó zanjado el conflicto surgido entre
el sector de la economía local representado por la Cámara y aquellos otros intereses
beneficiados por la rápida ejecución del proyecto.
El 19 de enero del 38, el pleno aprobó el dictamen elaborado por la comisión
de Fomento a partir del informe de Borobio, manteniendo el proyecto en todos sus
términos y advirtiendo que, cuando llegara el momento de expropiar, se determina-
rían las indemnizaciones y justiprecios definitivos: resolución estrictamente ajustada
a derecho, pero inquietante por la temeraria indeterminación en que dejaba la carga
financiera que finalmente gravitaría sobre el Municipio.

Aprobación definitiva y ejecución del proyecto


En el pleno del 6 de octubre de 1937, Francisco Caballero pidió que, concedidos los
recursos necesarios para ejecutar el proyecto de avenida del Pilar y urgiendo hacerlo,

71 La Cámara había pedido que, como en la población riojana de Haro, el Ayuntamiento diera
terrenos a título gratuito para la instalación de industrias. En 1937, la aceleración del desarro-
llo industrial no solo tenía en Zaragoza un obvio contenido económico, sino también político,
vista la fidelidad a la República de los principales centros industriales españoles. No en vano,
el gestor Palá había protestado en el pleno del 30 de junio por las machaconas alusiones de la
prensa franquista, tras la toma de Bilbao, a la importancia de la zona industrial vizcaína para
el porvenir de la causa, rogando que no se olvidara «la eficaz labor que desde la retaguardia
realizaban otras poblaciones y muy especialmente Zaragoza, que estaba desarrollando un
esfuerzo enorme y valioso».

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7 | Ramón Betrán Abadía

se formaran sin dilación los planes de obras y expropiaciones; el alcalde respondió


que ya había encargado el de obras a la Dirección de Arquitectura. En el Archivo
Municipal se conserva una hoja mecanografiada, fechada en septiembre del 37 y sin
firma, que esbozaba las sucesivas etapas de una fase inicial72:
Se podría comenzar aislando la parte derecha del templo, para lo cual sería necesario
expropiar algunas casas, dejando ya la calle de las dimensiones que tiene en el proyecto
y encauzando por esa nueva vía toda la circulación rodada, que quedaría prohibida por
la calle del Pilar, resolviéndose con ello un problema importante de la circulación.
Luego se podrían expropiar y derribar las casas 1, 2 y 3 de la plaza de la Seo, con lo
que se terminaría de alinear la calle de D. Jaime, que solo espera se eliminen esos tres
edificios para su completa alineación. Una de esas tres casas está ya expropiada y en
estos días ha quedado desalojada. Con esto quedaría terminada y cumplida una antigua
aspiración de la ciudad y se conseguirían, entre otras ventajas, la de poder instalar doble
vía de tranvía. Naturalmente, esos solares deberían de permanecer sin edificar, pues
forman parte de la plaza.
Aprovechando el estado ruinoso de los edificios que en la calle de D. Jaime, esquina a la
de Santiago, han quedado con motivo de los bombardeos y cuya adquisición ha de ser
económica por parte del Ayuntamiento, se podrían expropiar y marcar la entrada de la
calle de Santiago renovada. En los solares resultantes y aparte de lo necesario para calle,
aprovechando el solar existente, se podría tal vez construir algún edificio. Además de la
casa de la esquina a D. Jaime, hay otra próxima en el mismo lado derecho de la calle de
Santiago que también está en las mismas condiciones.
Cumplidos estos trabajos primordiales y tal vez algún otro que pueda presentarse, se
podría gestionar la adquisición de los edificios situados a la izquierda de la iglesia del
Pilar, cuya expropiación permitiría realizar la construcción de la manzana primera que
por ese lado presenta el proyecto, dejando como es natural la vía que a la izquierda del
templo debe de quedar. Tanto esa vía como la de la derecha deben de urbanizarse se-
guidamente.
Es de recomendar que la expropiación de edificios en esa manzana debe de llevarse pa-
ralelamente con las gestiones necesarias para una inmediata urbanización y edificación
en la misma.
Por varias razones, parece interesante a continuación seguir la construcción de la plaza
por la misma zona izquierda. Existen en ella importantes solares y la actual plaza de
Huesca, así como lo de la plaza de S. Antón, y siendo de menos valor lo que allí hay que
expropiar, sería más económico intensificar por esa parte los trabajos73.
Borobio firmó el 8 de octubre un Estudio para la iniciación de los trabajos de aper-
tura de la plaza de Nuestra Señora del Pilar que dividía la primera fase de las obras en
cuatro etapas y atribuía a cada una costes de expropiación, indemnizaciones, demo-
liciones, urbanización y dotación de servicios. De ahí resultaba que en esta fase se
gastarían 3.602.467,30 ptas. (2.965.414,90 en expropiaciones, indemnizaciones y

72 AMZ, caja B003118. En una cuartilla escrita a lápiz por Borobio y guardada en la misma caja,
se remiten las cuatro etapas a una propuesta de Pellegero.
73 Había una acusada desproporción de valor entre las viviendas y, más aún, los locales situados
a izquierda y derecha del Pilar, estos últimos mucho más caros por el mayor tráfico de vehícu-
los y peatones y un intenso comercio que contrastaba con la atonía de la parte occidental.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 77

derribos, y 637.052,40 en urbanización y servicios) y solo se ingresarían por venta


de suelo 1.047.500, lo que implicaba un déficit de 2.554.967,30 ptas.
En la sesión plenaria del 3 de noviembre, el alcalde resaltó el interés de la
Corporación por acometer cuanto antes la unión de las plazas catedralicias y la
terminación de las obras interiores del Pilar, para dar un marco adecuado a cuantas
peregrinaciones lo visitaran, y advirtió que «esta era la ocasión más apropiada para la
ejecución del proyecto, cuya obra unida a otros méritos que Zaragoza podía demos-
trar la ponían en condiciones para ser la Capitalidad de España»; por ello pidió, y
así se aprobó unánimemente, que se declarara urgente su realización y se convocara
a las juntas técnica y administrativa para constituir otra encargada de administrar
los fondos que pudieran recaudarse con ese fin. Salía a la luz una nueva razón en
favor del proyecto, que no era otra que postular a Zaragoza como capital nacional,
en un momento en que, siendo aún republicanas Madrid, Barcelona y Valencia, y la
lejana Sevilla feudo exótico de Queipo, varias poblaciones del interior aspiraban a
ese honor al menos provisional. Más adelante volveremos sobre ello.
El mismo 19 de enero de 1938 en que resolvió las alegaciones al proyecto de la
plaza del Pilar, el pleno decidió que, cumplido el cometido de las dos juntas forma-
das para impulsarlo y aprobada la imposición de una décima sobre la contribución
territorial e industrial, se constituyera una nueva junta legal o ejecutiva, presidida
por el alcalde y compuesta por dos representantes de los contribuyentes, dos de los
obreros, dos de los concejales y uno del Ministerio de Trabajo. Además de esta nue-
va junta, las dos existentes hasta entonces se sustituirían por otra de tipo consultivo,
en la que estarían representados el Cabildo Metropolitano, la banca local, la Central
de Empresarios Nacional-Sindicalista, la Asociación de la Prensa, la Federación de
Hoteles, la Academia de Bellas Artes de San Luis, los Caballeros del Pilar, el Sindi-
cato de Iniciativa y Propaganda, el arquitecto de la obra del Pilar Teodoro Ríos y el
arquitecto municipal Regino Borobio.
El 25 de marzo, la Junta Provincial de Sanidad aprobó el proyecto de ave-
nida del Pilar, y, cinco días después, el Ayuntamiento aprobó un presupuesto
extraordinario de 18.335.193,48 ptas. para ejecutarla, en el que 15.114.905,40
ptas. (12,03% más que en el proyecto) correspondían a expropiaciones y el res-
to a pavimentación, jardinería, infraestructuras y servicios. Se preveía ingresar
18.335.193,48 ptas., por venta de solares (8.595.050), contribuciones especiales
(1.740.143,48) e ingresos extraordinarios (8.000.000). El mismo día 30 se aproba-
ron las bases redactadas por los comisionados de la banca local y el Ayuntamiento
para la emisión de un empréstito de 8.000.000 ptas., y se acordó pedir autorización
al Ministerio de Hacienda para ponerlo en circulación. Y, el 5 de octubre, el alcalde
comunicó al pleno que había resuelto que el próximo día 12, festividad del Pilar, se
hiciera entrega solemne al Cabildo de las subvenciones consignadas en los presu-
puestos municipales de 1937 y 1938 para la terminación de las obras del templo,
que sumaban 100.000 ptas.

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78 | Ramón Betrán Abadía

Por fin, el 7 de octubre de 1938, la Comisión Central de Sanidad del Ministerio


del Interior aprobó definitivamente el proyecto de Gran Avenida de Nuestra Señora
del Pilar, posibilitando que se iniciaran las obras en enero de 1939. Con el acuerdo,
la Comisión remitió el informe suscrito el 8 de septiembre por la Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando, que había considerado el proyecto digno de aprobación
por unanimidad, pero añadiendo las siguientes prescripciones74:
El trazado, en sus tres zonas, responde, en líneas generales, a los fundamentos de la
reforma, a saber: mejora de circulación rodada; posibilidad de reunión de grandes mul-
titudes y realce de los tres monumentos nacionales que la reforma comprende: las Cate-
drales de La Seo y del Pilar y la Lonja; estos dos últimos principalmente.
La Academia estima digno de aprobación el proyecto […] Pero tiene que hacer algu-
nas observaciones precisamente en relación con los citados monumentos, intensamente
afectados por la reforma. Estos monumentos han de pasar de un conjunto urbano, irre-
gular, abigarrado y pintoresco, constituido por edificios pequeños de pobre pero variada
arquitectura, en la que aquellos dominan con superioridad evidente, a otro conjunto,
amplio, regular y uniforme, de preconcebida unidad en sus nuevos edificios, cuyos volú-
menes y carácter pueden restar valor a los antiguos. El exceso de amplitud de los espa-
cios creados y de alejamientos de puntos de vista; la separación exagerada en las masas
de fondo, pueden dejarlos (a la Lonja principalmente) disminuidos grandemente en su
tamaño. La altura e importancia de los edificios que se proyectan, especialmente el que
sirve de enlace entre el Pilar y la Lonja, pueden empequeñecerlos también.
Para atenuar estos inconvenientes, la Academia recomienda a la pericia del Arquitecto
autor del proyecto las modificaciones de detalle siguientes:
a) La futura avenida, siempre con la alineación del Pilar, podría disminuirse de anchura
y estar compuesta de dos aceras (3 + 3 = 6 ms.); dos calzadas para tres circulaciones
en sentido único cada una (8,50 ms. + 8,50 ms. = 17 ms.) y un andén central de
22 ms., es decir, en total 45 ms. Dicho andén deberá ser continuo entre la calle de D.
Jaime I y la Plaza del Pilar, sin estar interrumpido por la vía proyectada entre la Lon-
ja y el edificio o manzana inmediata.
b) Esta vía secundaria y, por consiguiente, las dos laterales del Templo del Pilar, debe-
rán tener el mismo ancho que la calle de Jaime I, con las circulaciones adaptadas,
para dejar bien centrada la Lonja.
c) Los nuevos edificios han de ofrecer el carácter de máxima neutralidad. Este fondo
pasivo ha de estar sujeto a una rigurosa ordenanza, como ya se advierte en la memo-
ria del proyecto, sobre cuya necesidad insiste la Academia, que está conforme con
el estilo que se propone. La cornisa general, constantemente horizontal y continua,
deberá estar situada a una altura inferior a la cornisa de la fachada del Templo del
Pilar, pues esta es la que ha de dominar en todo el conjunto. No parece pertinente
componer el edificio o conjunto de edificios que integran la manzana de enlace entre
dicho templo y la Lonja, con masas movidas y torres destacadas, por la misma razón
en que se fundan estas observaciones.
d) No parecen adecuados los jardines que se proyectan en un lugar de grandes aglo-
meraciones. Por el contrario, quizás se obtuviese un efecto de mayor severidad y que
acentuaría el carácter general que se desea, al considerar tanto la gran Plaza como

74 Como otros documentos citados en este capítulo, en AMZ, caja 003141, exp. 0000201/
1938.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 79

la Avenida y el compás del Altar de la Patria, como grandes espacios libres de todo
obstáculo, pavimentados con grandes losas de piedra (como la Plaza de la Señoría
de Florencia, la de San Marcos de Venecia, etc., etc.) que prestarían gran nobleza y
unidad al conjunto.
e) La Academia llama la atención acerca del mal efecto que ha de producirse al acome-
ter disimétricamente la calle de Alfonso I a la semielipse que limita la plaza. Aunque
es problema de evidente dificultad, convendría meditar sobre las diversas soluciones
que eviten este inconveniente.
f) La Academia considera un gran acierto el sacar a la luz la muralla romana y el urba-
nizar debidamente aquella zona que la rodea, pero ha de procurarse que el proyecta-
do mercado de verduras no malogre un conjunto de posible belleza.
g) Se considera muy acertada la idea del Altar de la Patria, tal como se ha concebido.
Quizás para que pueda ser dominada desde la mayor distancia en las grandes cere-
monias conmemorativas, debería elevarse, aumentando las gradas.

Como consecuencia de estas recomendaciones, Borobio y Beltrán formaron en


marzo de 1939 unos nuevos planos de la avenida, a escala 1/250 y más detallados
que los del proyecto de 193775. Borobio divulgó una memoria también reelaborada
en un artículo publicado en el número 1 de la Revista Nacional de Arquitectura (Bo­
roBio, 1941: 39-46).

La alteración más importante fue el estrechamiento de la avenida, ahora de


500 metros de longitud y 50 de anchura: 8 metros menos que el ancho de 1936 y
1937, pero 5 más de lo recomendado por Bellas Artes. Frente al Pilar, se mantenía
el compás semielíptico diseñado en 1937, a pesar de las reticencias manifestadas por
la Academia y del elevado coste de expropiación del edificio del Pasaje, puesto de
manifiesto en la información pública del proyecto.
También fue notable la transformación sufrida por el Altar de la Patria, donde
la columnata semicircular dibujada en 1937 como un ábside centrado en la cruz, se
sustituía por un muro recto que iba de lado a lado de la plaza sin más apertura que
las correspondientes a los porches laterales.
Variaron las anchuras de algunas de las calles vecinas a la plaza. Las dispuestas
a izquierda y derecha del Pilar y entre el solar del futuro ayuntamiento y la Lonja
(hoy de Florencio Jardiel, Milagro de Calanda y Ximénez de Embún) se redujeron
de 25 a 18 metros. A la inversa, pasó de 15 a 20 metros la calle que debía unir el
paseo del Ebro con la plaza de Lanuza. Y ya con mayor trascendencia, desapareció
la absurda previsión de un mercado mayorista de verduras en la manzana compren-
dida entre la plaza de San Juan de los Panetes y la calle de la Manifestación76.

75 AMZ, ES 50297, AM 04.02, peine sig. 0590 («Proyecto de plaza de Ntra. Sra. del Pilar. Plan-
ta» y «Proyecto de plaza de Ntra. Sra. del Pilar. Estado actual y nuevas alineaciones»). Estos
planos fueron los primeros del proyecto de la nueva plaza firmados por José Beltrán.
76 Al final, la unión de las plazas del Pilar y la Seo supuso la desaparición total de las calles de Agus-
tinos, Fin, Flores, Latassa, Muela, Pilar, Regla, Retiro Alto, Retiro Bajo y Zuda, y las plazuelas

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80 | Ramón Betrán Abadía

Proyecto reformado de la plaza del Pilar (1939). [AMZ, ES 50297, AM 04.02 peine sig. 0590].

Se modificaron, por fin, las dimensiones de aceras y calzadas, reduciéndose


estas y ampliándose ligeramente aquellas, conforme había sugerido Bellas Artes. Se
avanzaba así un paso más en la transformación de la idea de un potente colector de
tráfico que había inspirado los proyectos de Zuazo y Navarro por la amplia explana-
da celebrativa que finalmente imperaría.
El 20 de febrero, Borobio había preparado la valoración económica del llama-
do, por el concejal que lo pergeñó, plan Caballero de ejecución de la plaza del Pilar77.

de Huesca y La Muela, y la desaparición parcial de las calles de Bayeu, Convertidos, Danzas,


Goicoechea, Imperial, Prudencio, Santiago y Virgen, más la plazuela de San Antonio Abad.
77 AMZ, caja B003118.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 81

Según este programa, de momento se gastarían en la plaza 5.931.037,53 ptas.


(3.835.076,25 en expropiaciones y 2.095.961,28 en obras de urbanización), lo que
solo permitiría obtener los solares de la manzana 6, cuya venta procuraría al Municipio
1.231.500 ptas. (4.926 m2, a 250 ptas./m2) y dejaría 4.699.537,53 ptas. de déficit.
Caballero explicó en el pleno del 9 de junio de 1939 que, para que tan impor-
tante mejora urbana pudiera apreciarse en el ya inminente centenario de la visita de
la Virgen, las expropiaciones se concentrarían por ahora en el lado derecho de la pla-
za; además, en la plaza de Huesca se practicarían las necesarias para ubicar la Hos-
pedería, aunque la imposibilidad de construirla antes del centenario exigiera instalar
una provisional. Anunció también que las oficinas técnicas estudiaban los pliegos
de condiciones para el derribo de los inmuebles afectados y, a la vez, trabajaban en
el alumbrado, el alcantarillado y la pavimentación. El pleno del 19 de julio aprobó
algunas nuevas expropiaciones78 y ratificó la enajenación a la Sociedad Angélica del
Sagrado Corazón del solar de la manzana 6 donde debía construirse la Hospedería,
acordada por la comisión permanente el 30 de junio. El 19 de septiembre, se apro-
baron los proyectos y pliegos de condiciones para las subastas de la instalación del
alumbrado, con tipo de 59.361,35 ptas., y del agua y el alcantarillado, con tipo de
86.799,35 ptas.; también se acordó en esta sesión ejecutar la pavimentación de la
plaza mediante concurso, con un presupuesto de 1.470.961,64 ptas. El 4 de di-
ciembre, se comunicó a la Corporación la adjudicación a Mariano Cebrián de la
instalación del alcantarillado y el agua en la primera zona de la plaza, por 76.365,34
ptas., y a Fomento de Obras y Construcciones de la pavimentación y el movimiento
de tierras, por 1.323.000. El 6 de marzo de 1940, se declaró desierta la segunda su-
basta celebrada para contratar la instalación del alumbrado y se acordó su ejecución
directa por el Ayuntamiento; este mismo día, se decidió construir la nueva casa
consistorial en la manzana comprendida entre el Pilar y la Lonja.
En 1938, ya se habían expropiado inmuebles en la plaza de Huesca y en las
calles del Pilar, Flores, Antonio Pérez, Goicoechea o Bayeu. A mediados de 1939
se ultimaron las expropiaciones de la manzana 6, entre el paseo del Ebro y la plaza
de Huesca, donde ese mismo año comenzarían las obras de la Hospedería del Pilar.
El 2 de enero de 1940, se inauguró una nueva calzada ampliada entre las plazas del
Pilar y la Seo, y el 14 de enero de 1941 la Hospedería. En el artículo que publicó
Borobio en la Revista Nacional de Arquitectura, podía leerse que…
En la actualidad se procede a expropiar las casas de la parte Sur de la Plaza de Huesca
para determinar nuevos solares donde se alcen edificios fronteros con la Hospedería, y
así dejar iniciado el monumento conocido con el nombre de Altar de la Patria. Se ha ini-
ciado la urbanización del sector de San Juan de los Panetes y se tramita la expropiación

78 Solo en esta sesión de aprobaron las de las casas números 20, 24 y 26 de la calle del Pilar
(21.630, 126.000 y 27.000 ptas.), 18 de la plaza de Huesca (88.580), 1, 2 y 3 de la calle del
Fin (27.000, 120.000 y 20.600), 15 y 16 de la plaza del Pilar (183.000 y 75.000), y 112 del
paseo del Ebro (35.000 ptas.).

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82 | Ramón Betrán Abadía

de las fincas de la calle de Antonio Pérez, que con su desaparición dejarán al descubierto
la muralla romana […] De lo expuesto se deduce que el proyecto de la Plaza de Nuestra
Señora del Pilar, estudiado en plena guerra, se encuentra en vías de franca realización,
gracias al impulso que con el final victorioso de la contienda han recibido todas las acti-
vidades productoras de la ciudad (BoroBio, 1941: 46).
Las expropiaciones seguirían a buen ritmo durante los primeros años cuaren-
ta, y algunas todavía se demorarían hasta los cincuenta. Conforme expropiaba, el
Ayuntamiento iba subastando, con éxito dispar, los solares resultantes no utilizados
por la administración, acomodados a las nuevas alineaciones.
Con las expropiaciones llegaron los derribos, que se sumaban a los empren-
didos en otros lugares de la ciudad central para dar una imagen desolada que, a
diferencia de Madrid o Barcelona, no se debía a una guerra que apenas castigó a
la edificación zaragozana. La Cámara del Comercio y la Industria dirigió al alcalde
un escrito, reproducido en su Memoria de los trabajos realizados en el ejercicio corres-
pondiente al año 1939, Año de la Victoria (1940: 37-38), donde manifestaba…
[…] la conveniencia de dictar las medidas oportunas con el fin de evitar que los im-
prescindibles derribos que hay que realizar al poner en ejecución las medidas urbanas
proyectadas actualmente, causen mala impresión a los peregrinos y visitantes que han
de venir a Zaragoza con motivo de las próximas festividades del Centenario de la Virgen
[…] Como se halla patente el ejemplo de lo ocurrido recientemente al abrir nuevas vías,
cuyas obras ofrecen un espectáculo lamentable durante mucho tiempo, no es extraño
que los electores de la Cámara, comerciantes e industriales muy interesados en man-
tener la buena prestancia de nuestra ciudad, se sientan alarmados ante el anuncio de
rápidas reformas que tienen que ir precedidas de una considerable labor destructora.
El 30 de diciembre de 1939, a tres días de la conmemoración del XIX centena-
rio de la venida de la Virgen, el alcalde comunicó al Concejo la proclamación oficial
de la basílica del Pilar como Templo Nacional y Santuario de la Raza, y se acordó por
aclamación que constara en acta el agradecimiento al ministro de la Gobernación,
Serrano Suñer. A tanto llegó la manía pilarista, que también se aprobó ese día susti-
tuir el león coronado sobre campo de gules del escudo de Zaragoza, por un «Santo
Pilar en Jefe sobre campo azur sostenido por dos ángeles y con la inscripción For-
titudo Mea, que ocupará el tercio superior del escudo, quedando en los dos tercios
inferiores el león en su actual forma»; el 4 de julio de 1940, se conoció el dictamen
parcialmente favorable de la Real Academia de la Historia y se aprobó la reforma del
escudo con supresión de la leyenda Fortitudo Mea.
Con motivo de la elevación del Pilar a santuario de la Raza, Pío XII concedió
indulgencia plenaria a quienes peregrinaran a él en 1940, nombrado año del Pilar.
Entre ellos, el Caudillo se postró el 12 de octubre ante la Excelsa Patrona.
En agosto de 1941, el nuevo arquitecto jefe José Yarza79 firmó las hojas de
aprecio de las 19 fincas del Cabildo catedral, que por su estratégica situación, los

79 En un capítulo posterior se tratará del nombramiento de Yarza García en 1941.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 83

5.007 m2 que sumaban y el privilegiado fuero de que gozaba el propietario, reque-


rían un acuerdo si se quería llevar adelante la apertura de la plaza. La nueva valo-
ración subía a 959.053 ptas., que superaban en un 50% las 637.120 estimadas en
el proyecto de 1937 pero quedaban aún muy lejos de los 2.614.322 reclamados por
el Cabildo en sus alegaciones. Tampoco ahora tendría éxito el Ayuntamiento, que a
la postre debería doblegarse ante unas exigencias que Borobio había calificado de
«caprichosas» en las notas a las tasaciones del Cabildo que garabateó en 1937.
El 4 de septiembre de 1942, el alcalde Caballero comunicó al pleno el acuer-
do que finalmente pudo alcanzarse, por el que el Cabildo Metropolitano cedería al
Ayuntamiento todos los inmuebles y terrenos que poseía en los llamados Retiro Alto
y Retiro Bajo de la plaza del Pilar, recibiendo a cambio 1.000.000 ptas. en metálico
y el solar lindante con la Hospedería del Pilar, de 1.947 m2; aquí, el Cabildo se com-
prometía a construir por su cuenta un edificio que contendría el Colegio de Infan-
tes, la Casa de Opción y el Museo Catedralicio. El alcalde se dijo muy satisfecho por
el difícil pero justo e importante acuerdo, que hacía viable la urbanización de todo el
lado izquierdo de la avenida del Pilar y la construcción de la nueva casa consistorial,
además de posibilitar la creación de un museo donde se reunirían todas las riquezas
artísticas conservadas en las dos catedrales80.
A propuesta de la Alcaldía, el 11 de junio de 1945 se aprobó la cesión gratuita
al Estado de los solares 1 y 8 de la manzana 3 de la avenida del Pilar, de 627,59 y
646,90 m2, para que construyera un nuevo gobierno civil, cuyo proyecto debería
ajustarse a las ordenanzas especiales vigentes. Lo firmarían Regino y José Borobio
en febrero de 1949.
Al mismo tiempo se ejecutó la reforma del área de la antigua Zuda, demolién-
dose las casas comprendidas entre el Altar de la Patria y las murallas, y la manzana
comprendida entre la antigua calle de Antonio Pérez (antes Tripería) y la plaza de
San Antón, que también desaparecería81. Como consecuencia, el tramo de muralla
romana más próximo a la iglesia de los Panetes quedó completamente exento.

80 La manzana 6 se había valorado en el proyecto de 1937 a 250 ptas./m2 de suelo, luego se es-
taba dando un precio de 1.486.750 ptas. solo a los inmuebles de los Retiros. Consta en AMZ,
caja B003118, un escrito de 15 de enero de 1944 mediante el que el Ayuntamiento comunicó
al deán del Cabildo que había acordado la expropiación total de las casas de Latassa, 4 y
Goicoechea, 7 (no contempladas en el convenio de 1942) por 91.150 ptas., cantidad superior
en un 116% a las 42.230 ptas. tasadas por Yarza; aplicado este incremento al conjunto de su
presupuesto, supondría pasar de 959.053 a 2.071.555 ptas. La Iglesia (de la que ingenuamen-
te se había esperado incluso la donación de alguna joya de la Virgen) no renunciaba a ninguna
ganancia resultante de la operación, a pesar de lo mucho que le beneficiaba.
81 La vieja plaza de San Antón (no confundir con el desangelado espacio que hoy lleva ese nom-
bre, ordenado en la década de 1990 y llamado así por estar cerca de la antigua plazuela) se
había originado antes de 1830, por demolición del hospital de ese nombre y la iglesia aneja,
de origen bajomedieval.

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84 | Ramón Betrán Abadía

En el pleno del 31 de diciembre de 1947, se acordó pedir al Ministerio de Ha-


cienda la cesión de la propiedad del ruinoso palacio de Villahermosa de la calle de
Predicadores, en cuya parte frontal (mejor conservada) estaban lamentablemente ins-
talados los juzgados y que en el resto de su superficie se había dedicado a cárcel des-
de 1842 hasta la inauguración de la Prisión Provincial82; a cambio, el Ayuntamiento
se comprometía a rehabilitar a su costa las crujías utilizadas por la administración
de Justicia, restaurando su fachada de estilo aragonés; la parte posterior del inmueble,
lindante con el paseo de Echegaray y Caballero, se demolería para construir en su
lugar una estación central de autobuses. Aunque el Estado accedió y en 1948 cedió
el solar al Municipio, al final se vio imposible mantener ahí los juzgados. El 4 de
octubre de 1956 el Concejo ofreció para ese fin, a título gratuito, los cuatro solares,
con 1.966,69 m2 de superficie conjunta, que constituían la parte vacante de la man-
zana 5 de la plaza del Pilar, lindante con la Tienda Económica83; el Ministerio de
Justicia debería construir dentro de los cinco años siguientes un edificio que inclu-
yera los juzgados de primera instancia, los juzgados municipales y la Magistratura
de Trabajo. En 1957, Regino Borobio proyectó el nuevo edificio en el neutro estilo
ya consolidado en la plaza.
Entre tanto, Zaragoza había acogido el Congreso Mariano. El 29 de mayo de
1954, el recién nombrado alcalde Luis Gómez Laguna84 manifestó al pleno «que,
recogiendo el sentir unánime de la Ciudad de realizar obras en la Plaza del Pilar, en
donde se han de celebrar los grandiosos actos del Congreso Nacional Mariano85, a fin
de dejarla en las debidas condiciones de decoro urbano y de capacidad para contener
la muchedumbre que ha de presenciar tal acontecimiento, se han redactado los opor-
tunos proyectos por las oficinas técnicas». A continuación se refirió a las obras de ter-
minación del monumento a los Héroes y Mártires de la Cruzada (864.366,57 ptas.);
a la instalación del alumbrado eléctrico en la plaza (626.299,49 ptas.), en varias calles

82 La Prisión Provincial se inauguró el 5 de octubre de 1928, el mismo día que la Academia


General Militar, en un solar que el Municipio había cedido al Estado en 1926, lindante con
la avenida de América y ya fuera del caserío de Torrero. Aun después de esa fecha, la de Pre-
dicadores siguió siendo cárcel habilitada de mujeres.
83 El terreno se valoraba en 983.345 ptas., y el Ayuntamiento justificaba la cesión gratuita por
la tenacidad con que el Ministerio había perseguido la construcción de un edificio de nueva
planta que contribuyera al prestigio de la ciudad.
84 Abogado; desde enero del 34, militante de Falange; durante la guerra, asesor e intérprete de
la Legión Cóndor en Sevilla; en 1943 y 44, presidente de la Cámara de Comercio, y desde el
17 de mayo de 1954 al 10 de marzo de 1966, alcalde de Zaragoza (uña, 1993).
85 El Congreso se celebraría del 7 al 11 de octubre, para conmemorar la consagración de España
al Sagrado Corazón de María; además, 1954 fue año santo compostelano, con su correspon-
diente peregrinación nacional a Santiago. No deben desvincularse estos acontecimientos,
pletóricos de ritualidad neobarroca, de la firma del concordato con el Vaticano en 1953 y
del empeño por hacerse más católico y menos fascista de un régimen que, también en 1953,
había suscrito los tratados de cooperación militar y económica con los Estados Unidos.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 85

de su entorno (1.824.450,36 ptas.)86, en el monumento a los Héroes (863.066,41


ptas.) y en el tramo inmediato al Gobierno Civil de la proyectada prolongación de
Independencia (255.350,56 ptas.); al enlosado con granito y terrazo de la plaza
del Pilar (9.875.775,11 ptas.); a la pavimentación de calzadas y aceras en su en-
torno (1.824.450,36 ptas.), y a la construcción de un evacuatorio subterráneo en
los jardines posteriores a la Lonja, en sustitución del existente en la plaza del Pilar
(112.259,50 ptas.). Con estos fines se acordó formar un presupuesto extraordinario
y concertar con urgencia la correspondiente operación de crédito. El mismo pleno
acordó las expropiaciones y adjudicó los derribos de varias casas en las calles de
Danzas y Santiago y la plaza del Pilar, que a esas alturas todavía no estaba despejada
de todos los edificios que los planes de 1937, 1942 y 1943 habían dejado fuera de
ordenación87. En junio, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza aceptó
las condiciones acordadas por el Ayuntamiento y le concedió un crédito de unos 11
millones de pesetas para financiar el programa de obras88.
Según sancho y BLasco (1962: 230), a partir de ahí todo fue muy rápido. El 7
de junio, se inició el desmoche de árboles y jardines de la plaza del Pilar; se expro-
piaron y derribaron las casas pendientes; obreros y máquinas trabajaron veinticuatro
horas diarias; el 2 de octubre concluyeron las obras previstas y el día 4 se inauguró
el menoscabado monumento a los Caídos, que estudiaremos en su momento. Solo
cuatro días después, en palabras de Luis horno (Heraldo de Aragón, 8-9-10/10/54),
«la capital aragonesa se quedó pequeña para acoger a los miles de peregrinos» del
Congreso, cuya puesta en escena fue una versión económica del Congreso Eucarís-
tico Internacional celebrado en Barcelona en 195289. Tras una primera sesión aca-
démica en la Lonja, en la que participaron el legado pontificio Pla y Deniel, el arzo-
bispo de Tarragona y José María Pemán, Zaragoza disfrutó en la jornada inaugural

86 Paseo de Echegaray y Caballero, plaza de la Seo y calles de Florencio Jardiel, Milagro de Ca-
landa, Ximénez de Embún y Jaime I.
87 Se impuso así una cierta sensatez, dedicando el esfuerzo económico municipal a terminar lo
iniciado en el entorno inmediato del Pilar. En el pleno del 13 de febrero de 1954, se había
tomado en consideración una propuesta del alcalde García Belenguer para erigir un monu-
mento alegórico al Congreso Mariano, «de las nobles proporciones que tal solemnidad mere-
ce» y con la sugerencia de que se tratara de «una fuente artística y de ambicioso trazado, que
muy bien puede situarse en un punto de nuestro urbanismo tan céntrico como es la Plaza de
Paraíso».
88 El 10 de noviembre de 1955, el pleno quedó enterado del cobro de una subvención de
444.150 ptas., concedida por la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones
para ayudar a las «obras de reforma de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar (pavimentación
sector Basílica)».
89 En el que se había rechazado, por demasiado moderna, la superferolítica idea del obispo Mo-
drego de hacer partir de Zaragoza y Montserrat dos procesiones aéreas con imágenes de la
Pilarica y la Moreneta para que se encontraran en el cielo de la Imperial Tarraco y continua-
ran juntas hasta Barcelona. El mismo prelado había rechazado la utilización en los carteles del
Pantocrátor de San Clemente de Tahull por creerlo obra de un pintor cubista (cirici, 1977:
108).

una y [Link] 85 10/6/17 11:37:28


8 | Ramón Betrán Abadía

de «un coro fastuoso de obispos, teólogos, religiosos, autoridades, ciudadanos… Y


un escenario admirable, de una ciudad transformada en pocas horas, por la buena
voluntad, el entusiasmo, la laboriosidad de sus habitantes». El día 9, gran copia de
fieles separados por sexos fue llevada en procesión al Pilar, donde se les consagró
al corazón de María; más tarde se celebró en la basílica una misa de comunión
con 20.000 asistentes, y otros 30.000 acudieron al acto eucarístico celebrado por
la tarde en la plaza, mientras seguía «la incesante llegada de prelados y peregrinos
procedentes de toda España». El 10, el Congreso celebró el Día de la Mujer Espa-
ñola con «una grandiosa manifestación de fe». Día tras día, las calles de Zaragoza
presenciaron, en plena segunda mitad del siglo XX, un espectáculo de rancio sabor
tridentino que culminó los días 12, dedicado a la Excelsa Patrona, la Hispanidad
y la Raza, y 13 de octubre, cuando Franco en persona participó en «la apoteósica
procesión mariana presidida por la Virgen del Pilar», entró en el templo bajo palio
y consagró toda la nación al Corazón de la Virgen María. Jamás había conocido la
plaza del Pilar, ni volvería a conocer, una jornada de gloria semejante.
Como consecuencia de las obras de 1954, la plaza del Pilar quedó pautada por
distintos tratamientos de jardinería, que daban una cierta sensación de autonomía a
cada una de sus secciones. Ante la Lonja y la Casa Consistorial se dispusieron cinco
parterres sin arbolado (cuatro cuadrados ante el Ayuntamiento y uno más alargado
ante la Lonja) que configuraron la zona política donde se situaría también el Gobier-
no Civil. La calle de Don Jaime y, desde 1960, el monumento a Goya90, separaban
esta sección de la plaza de la Seo, con la fuente de la Samaritana rodeada de árboles;
desde el Pilar, privilegiado protagonista espacial cuya fachada se renovó a partir
de 1943, la vieja catedral quedaba así velada y prácticamente excluida de la plaza,
como San Juan de los Panetes, en el extremo opuesto, por obra del monumento a
los Caídos. El suelo comprendido entre este y el Pilar se pavimentó con granito, del
que emergían, alineados con los ejes del altar, cuatro filas de cipreses que, como
columnas vegetales, reforzaban el carácter de gran basílica funeraria al aire libre
dado a esta zona. Entre los cipreses del antealtar y los parterres de la Casa Consis-
torial, el tramo antepuesto al templo del Pilar se cubrió con un pavimento desnudo
de granito, apto para concentraciones multitudinarias y limitado por un pequeño

90 El Banco Zaragozano donó este monumento a la ciudad para conmemorar su quincuagésimo


aniversario, con una estrategia propagandística análoga a la de la Caja de Ahorros de Zarago-
za y el Banco de Aragón, que habían regalado las fuentes luminosas de las plazas de Paraíso
y España. En el pleno de 11 de febrero de 1960, el Ayuntamiento aceptó el ofrecimiento del
Banco, asumiendo la redacción del proyecto técnico y el coste de las obras complementarias
de urbanización y ornato del lugar donde se emplazaría el grupo esculpido por el catalán Fe-
derico Marés. Antes del acuerdo, el concejal Serrano Montalvo manifestó que, sin oponerse a
él, «expresaba su disconformidad con el proyecto de monumento presentado por el Escultor,
que no resulta de su agrado». Tras la inauguración, el mediocre bronce de Goya se apearía y
refundiría para suprimir el relieve genital que enriquecía la versión original y escandalizaba
a quienes frecuentaban tan piadoso sector (sobre este grotesco episodio, véase la página de
internet «Jabola y su cuaderno», [Link]

una y [Link] 86 10/6/17 11:37:28


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 87

Celebración del Congreso Mariano (1954), con la fachada del Ayuntamiento al fondo. [La plaza
del Pilar, 1960: 14].

una y [Link] 87 10/6/17 11:37:29


88 | Ramón Betrán Abadía

parterre transversal ante cada torre. Por fin, la plaza de San Juan de los Panetes, aun
comunicada con la del Pilar a los lados del monumento a los Caídos, quedó excluida
del espacio representativo y dominada por el tráfico rodado, del que se apartaba la
banda antepuesta a las murallas romanas, con la estatua de Augusto, y la plataforma
elevada de acceso a la iglesia, accesible por una escalinata y construida tras la guerra
para salvar la diferencia de cota entre aquella y el resto de la plaza, cuyas rasantes se
rebajaron para enrasarlas con el entorno.
En el pleno del 14 de marzo de 1957 (el mismo en que se aprobó inicialmente
el plan general de ordenación urbana redactado por Yarza), el alcalde Gómez La-
guna anunció que el día anterior había firmado el talón con el «que se terminó de
pagar las obras de urbanización de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar, dándose por
ultimado este gasto totalmente, que ha sido satisfecho por el Ayuntamiento, excepto
en la cantidad se setecientas cincuenta mil pesetas, recibidas como subvención por
resolución del entonces Ministro de la Gobernación Excelentísimo señor Don Blas
Pérez González». Concluía así, veinte años después de empezada, la radical trans-
formación del tercio norte del centro romano, de la que resultó la sustitución de un
denso entramado histórico de edificios, calles, plazas, plazuelas y patios, por la gran
explanada de la plaza del Pilar y sus anejas de la Seo y San Juan de los Panetes.

una y [Link] 88 10/6/17 11:37:29


Capítulo IV

Zaragoza y la capitalidad
de la España nacional

Buena parte del trabajo de la Dirección de Arquitectura durante el trienio bélico, y


muy en especial el proyecto de primerísima hora para la avenida de las Catedrales,
ha de vincularse al fracaso del golpe de estado en las principales capitales del país y
a la larga e incierta guerra de ocupación que le siguió. Conforme pasaba el tiempo,
iba cayendo sobre Madrid, Barcelona y Valencia un cúmulo de injurias proporcio-
nal a su resistencia; y como población relevante de la llamada zona nacionalista,
bien comunicada, a mitad de camino entre Madrid y Barcelona sin ser Castilla ni
Cataluña, con un mítico pasado religioso y castrense, unas clases dirigentes conser-
vadoras, capitanía general, dos catedrales a falta de una y a la espera de recuperar
la Academia General Militar1, Zaragoza podía aspirar a mejorar su posición relativa
en el conjunto de las ciudades españolas. Tanto, que diversos sectores locales vieron
plausible que sustituyera a Madrid como capital del Nuevo Estado, dando firmeza
política al rango todavía oficioso de capital de la Hispanidad a que le aupaba la tra-
dición pilarista.

1 Clausurada en 1931 y reabierta en septiembre de 1942, como consecuencia de una ley de


27 de septiembre de 1940 que se presentó como desagravio a la ciudad y al Ejército. Según
su preámbulo, debía regularse el reclutamiento de la oficialidad de acuerdo con la experien-
cia nacional, y «en ella se destaca esencialmente la antigua Academia General Militar, de
rancio abolengo español, y que, con indiscutible acierto renacida en mil novecientos veinti-
siete, disuelta más tarde por el sectarismo republicano, dio al Ejército un magnífico plantel
de Oficiales, aptos y entusiastas de su profesión, que en la pasada guerra sostuvieron ejem-
plarmente el alto renombre de su procedencia». El 7 de octubre de 1942, el pleno municipal
decidió agradecer la reapertura de la Academia pidiendo permiso al Ejército para erigir en
su patio central una estatua ecuestre de Franco; en abril de 1944, se falló un concurso de
bocetos a favor de Moisés Huerta, con el que el Ayuntamiento contrató la ejecución de la
estatua en 1946. De este modo, el recinto de la Academia se incorporó al espacio represen-
tativo de la ciudad.

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La primera constancia oficial de este anhelo se relacionó con un largo oficio


dirigido a la Junta Técnica del Estado y al Ayuntamiento por la Cámara Oficial del
Comercio y de la Industria de Zaragoza, que exponía varias consideraciones enca-
minadas a «solicitar de la Superioridad que la Capital de España se establezca en
Zaragoza»; el texto, publicado por la Cámara en la Memoria correspondiente al ejercicio
de 1937 (1938: 7-15), comenzaba dando por hecho que…
[…] por lo menos provisionalmente, y en un plazo más o menos dilatado, tendrá que
situarse la capital de la Nación, y por lo tanto los órganos centrales del Estado, en un
lugar distinto de Madrid. Los trastornos materiales y morales que ha tenido que sufrir
la antigua Villa y Corte, después de su prolongada y sistemática rebeldía, tienen que in-
capacitarla para que encuentren en ella su alojamiento y su centro los Poderes públicos.
Es de sospechar que tenga que preceder una larga labor de depuración y de habilitación
hasta que Madrid pueda volver a ser lo que fue.
Entre tanto esta Cámara […] se permite llamar la atención de V. E. sobre la posibilidad
de que la capital de España se establezca en Zaragoza […] No perdería gran cosa la
Nación con que su capitalidad desapareciera de Madrid, no solo por un plazo limitado,
sino de modo perdurable.

No solo se proponía, pues, una solución provisional mientras duraran la guerra


y la implacable depuración de responsabilidades que le seguiría, sino la definitiva de-
posición como capital de Madrid, que «no está bien emplazada», «no es ni puede ser
jamás un centro de comunicaciones» por lo accidentado del territorio circundante y
la ausencia de ríos importantes, y está rodeada por una comarca «árida y despobla-
da». Lo sucedido durante la República y tras el 18 de julio acreditaba que Madrid
llevaba siglos aislada «del resto de la Península y del mundo entero», y «de espaldas
a los verdaderos ideales nacionales». Al igual que San Petersburgo y Constantinopla
habían perdido su rango capital tras la Gran Guerra, Madrid debía pagar su culpa, y
por ello ofrecía la Cámara como sede del Nuevo Estado a la ciudad de Zaragoza, de
valor estratégico «evidente» e inmejorable en España. Como había escrito Giménez
Soler…
[…] quien domine Zaragoza, será dueño de la Península […] equidista del Cantábrico
y del Mediterráneo, la unen al Duero por Soria, comunicaciones naturales; la distancia
que la separa de Tolosa de Francia es la misma que la separa de Bilbao, Barcelona, Va-
lencia y Toledo, con todas las cuales tiene expeditos y directos caminos… Las circuns-
tancias actuales imponen en España la resurrección de aquella política internacional de
la nación del yugo y de las flechas; política netamente mediterránea y las circunstancias
nos llevan por esa misma causa a considerar como de fuerte tensión la frontera de los
Pirineos […] España vuelve a ser lo que fue: el Imperio Español que la Nueva España
pone en su lema, está en el Mediterráneo. Y esta política mediterránea es la tradición
zaragozana; su historia lo afirma.

Añadía la Cámara que «Zaragoza, como eje de la cuenca del Ebro, constituía
un núcleo de atrayente habitabilidad, y así lo demostraba que en medio siglo hu-
biera triplicado la población. La fecunda y extensa vega que rodeaba a la ciudad le
proporcionaba abundantes mantenimientos y no pocas materias primas transforma-
bles», beneficio que aún podría incrementarse fomentando el regadío. Había además

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abundantes industrias, no de categoría superior, pero variadísimas y susceptibles de


crecer; las grandes fuerzas hidráulicas del Pirineo y de los ríos de la margen derecha
del Ebro podrían suministrar a la ciudad hasta 175.000 kW, y aún habría que sumar
la riqueza minera aragonesa y una «posible salida al mar»2. Por todo esto, en cuanto
desaparecieran «los odiosos privilegios que han dado lugar a industrias artificiales
en la costa», surgiría «en la cuenca del Ebro una potente zona productora cuya me-
trópoli tiene que ser Zaragoza».
La posición geográfica de Zaragoza no era menos excéntrica con respecto al
resto de la Península que la de cualquier otra gran ciudad española que no fuera
Madrid, o que la mayoría de las capitales en relación con sus respectivos territorios
nacionales. Si en 1937 no era muy populosa, mucho menos lo había sido Madrid
cuando la eligió Felipe II, y tampoco las capitales de Estados Unidos, Australia u
Holanda eran sus ciudades más pobladas. Convenía, por añadidura, que la capital
de España siguiera en el interior, «aunque solo sea para contrarrestar el desnivel
monstruoso que existe entre la población de la periferia y la del resto de España».
Y, por encima de todas las ventajas materiales citadas, Zaragoza, que siempre
«sostuvo como principio incuestionable la unidad de España», estaba «vinculada al
culto milenario a la Virgen del Pilar», lo que la hacía centro religioso del Nuevo Es-
tado y de la pretendida recreación del Imperio.
Hasta tal punto reunía Zaragoza todas las cualidades de la capital ideal que, si
no existiera, habría que inventar una ciudad análoga situada en el mismo lugar. Al
final, la Cámara del Comercio rememoraba el proyecto de capital de nueva planta
que el arquitecto Nicolás Rubió y Tudurí había propuesto en el llano de la Almoza-
ra en los años de la República, argumentando que «la identidad de lengua de esta
comarca aragonesa con las dos Castillas y sus fáciles y abundantes comunicaciones

2 En pleno furor anticatalán tras el atentado contra el Pilar, el Concejo ya había reclamado el
traslado a Zaragoza del Archivo de la Corona de Aragón y la ampliación de la región hasta el
Mediterráneo, siguiendo el curso del Ebro. En el pleno de 26 de agosto de 1936, se dio cuenta
de un oficio donde el Ayuntamiento de Pamplona agradecía que el de Zaragoza hubiera pedi-
do la anexión a Navarra del puerto de Pasajes y el territorio guipuzcoano comprendido entre
el puerto y la frontera de Irún, y comunicaba que el 21 de agosto había acordado «interesar
que Zaragoza cuente con un puerto en el Mediterráneo, concesión a que es acreedora por su
participación destacada en este movimiento nacional»; López de Gera recordó que ya había
expresado desde Radio Castilla de Burgos que Zaragoza deseaba la incorporación de Tortosa
a su provincia, si bien la petición formal al Estado debía esperar a que la formulara otra cor-
poración, y que el acuerdo de la pamplonesa permitía iniciar las gestiones para obtener un
puerto en el Mediterráneo. Los municipios que habían apoyado el alzamiento reclamaban su
parte del botín. En el editorial «La gesta de Aragón», publicado en el número 150 de Aragón
(3/38), Eduardo Cativiela, presidente del SIPA, reivindicaría la heroica resistencia de la re-
gión frente a «las inmundas hordas soviéticas», «los sin Dios» y los «movimientos disolventes»
provenientes de Cataluña y Vasconia, para preguntarse si era el momento oportuno de «hablar
de que los rudos productos aragoneses tengan salida natural al mar por tierras aragonesas,
con lo cual siempre se puede contar con la acrisolada fidelidad de un pueblo que se sabe
sacrificar en aras de un ideal superior».

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con Francia y con todo el litoral Mediterráneo […] le hacen insustituible para el fin
apetecido»3.
Al final del pleno del 28 de julio de 1937 en que (sin quorum) se aprobó el
proyecto de la avenida del Pilar, se leyó el escrito de la Cámara y el Concejo acordó
hacerlo suyo.
En octubre, el número 145 de la revista Aragón publicó un suelto titulado «Rea-
lidades», donde Fernando Cavero examinaba las bazas de Zaragoza para alzarse con
la capitalidad nacional y, aun reivindicando mejoras en el trato recibido del Estado
y la vuelta a la ciudad de la Academia General y la Confederación Hidrográfica
del Ebro, mostraba su escepticismo hacia las desproporcionadas pretensiones de la
Cámara.
Pero este sensato llamamiento no influyó en el teniente coronel Antonio Pare-
llada, que aquel mismo 28 de julio se había estrenado como alcalde, de momento
accidental, y que en el pleno del 3 de noviembre de 1937 instó la declaración de
urgencia de la ejecución de la avenida del Pilar y la finalización de las obras en el
interior del santuario, para alentar el crecimiento de las peregrinaciones y acumular
méritos que acreditaran que Zaragoza reunía condiciones «para ser la Capitalidad
de España». Para afrontar la difícil competencia con las grandes ciudades que fueran
liberándose y con otras menores pero mejor situadas, como Burgos o Salamanca4, el
Ayuntamiento emprendió una urgente y ambiciosa reconstitución urbanística basa-
da en la explotación de la potencia simbólica de la capital aragonesa. Frente a las
prioridades de la ordenación urbana del período republicano, emergía ahora una

3 Se había reseñado el proyecto de Rubió para construir junto a Utebo una nueva capital polí-
tica de la República Federal Española en el número 78 (3/32) de la revista Aragón (BETrán,
2013: 292n).
4 En Burgos, sede de la VI División Orgánica, se establecieron la Junta de Defensa Nacional
presidida por Cabanellas desde julio de 1936 hasta su extinción en octubre, y en adelante, la
Junta Técnica de Gobierno. No obstante, solo tuvieron su sede en esa ciudad las comisiones
técnicas de Hacienda, Trabajo, Justicia, Industria y Comercio, mientras que en Salamanca se
ubicaron funciones tan importantes como la residencia oficial y el cuartel general de Franco
tras su acceso a la Jefatura del Gobierno del Estado, las embajadas de los países fascistas, el
aparato central de Falange y los ministerios de Guerra y Estado; y en Valladolid estuvo des-
de enero de 1938 el Ministerio de Orden Público. A pesar de esto y de su pequeño tamaño
(40.000 habitantes en 1936 y algo más de 100.000 en 1939), Burgos vio confirmado su rango
de Capital de la Cruzada en enero de 1938, con motivo de la formación del primer gobierno
de Franco y la publicación, el día 30, de la Ley sobre Organización de la Administración. ruiz
ViLaPLana (1937: 176) se refirió a la rivalidad entre candidatas a la capitalidad provisional
como Burgos, Salamanca, Valladolid, Pamplona o Zaragoza, y escribió de esta última: «Za-
ragoza, la afamada ciudad, cuya rebelión fue indiscutiblemente la clave de su desarrollo, al
interferirse al nervio vital Madrid-Barcelona, ofrecía asimismo grandes dificultades, pues el
frente catalán se hallaba a pocos kilómetros de su casco». En un texto publicado en El Noticie-
ro (12/10/39), el cardenal Gomá escribiría que Zaragoza era el epicentro desde el que se había
desplegado «la divina estrategia que nos dio la victoria definitiva».

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intención retórica, cuyos elementos dominantes se habían desplazado hacia el Pilar


y la Academia General Militar.
El urbanismo catalizó unas reivindicaciones en las que se fundieron el culto a la
patrona de la Raza, las reclamaciones de lealtad y heroísmo arraigadas en los Sitios
y el empeño industrializador, y todo ello permitía esperar, si no la capitalidad nacio-
nal, sí al menos una significativa mejora del rango de la ciudad. Tras un intento falli-
do por ubicar en Zaragoza un museo de la guerra de liberación5, Parellada habló en el
pleno del 22 de abril de 1938 de la asistencia del Generalísimo, tres días antes, a la
celebración en el Campo de la Victoria del aniversario del decreto de unificación de
partidos y milicias; recordó que Serrano había asegurado que fueron los actos «más
grandiosos, sublimes y magníficos de cuantos había presenciado en España, con
ocasión de manifestaciones patrióticas semejantes»; que a Franco le había encanta-
do el «homenaje espontáneo de cariño e inquebrantada adhesión» de los zaragoza-
nos y había aceptado la presidencia honoraria de la Junta de Honor del Centenario
de la Visita de la Virgen. Le constaba que el invicto Caudillo conocía las virtudes de
este pueblo, reconocía «su pujanza, su heroísmo tradicional y sus muchos dolores y
sufrimientos en esta Santa Cruzada», y sentía gran cariño por los aragoneses, a los
que consideraba los primeros en la devoción por la Virgen y «los mejores en la lucha
para salvar a Zaragoza, corazón de España»:
Después de estas halagadoras impresiones recibidas con la visita del Caudillo; después
de escuchar las palabras del Ministro del Interior, afirmando que Aragón es indiscuti-
blemente la columna de la fe de España y el más firme sillar de nuestra Patria, yo tengo
que deciros que estas afirmaciones […] nos obligan tanto a la gratitud como a la espe-
ranza […], porque los justos anhelos de este pueblo […] no sería extraño que se vieran
un día correspondidos, en primer término, con nuestra salida al Mar Mediterráneo, en
satisfacción de una necesidad y en uso de un legítimo derecho; en segundo lugar, con la
elevación del rango de nuestra Ciudad, siempre dispuesta a realizar los mayores sacri-
ficios y a facilitar cuanto se relacione con la reorganización Nacional; y finalmente, con
el reconocimiento por parte del pueblo católico del mundo entero del derecho que nos
asiste para asentar en Zaragoza, en su Templo Mariano, el centro universal del culto a
Nuestra Madre la Santísima Virgen del Pilar.

En el pleno del 9 de septiembre siguiente, el alcalde invocó la función transfor-


madora del urbanismo, promovida con inusual intensidad por la comisión gestora
constituida en julio de 1936 para elevar Zaragoza al «rango de gran Ciudad» y resol-
ver «una infinidad de problemas que afectan a la estética, a la higiene y a la salubri-
dad, a la comodidad del tráfico urbano y hasta el orden social y jurídico». Ante la im-
posibilidad de ejecutar a la velocidad deseada todos los proyectos de la Dirección de
Arquitectura, y visto que el vecindario no se privaba de comentarlos y criticarlos sin
conocerlos, había ordenado a Borobio y Beltrán que prepararan y ordenaran todos

5 A la petición formal del Ayuntamiento respondió José Moscardó, general del V Cuerpo del
Ejército, que toda decisión sería prematura mientras el territorio nacional no fuera liberado por
completo de las hordas marxistas (actas plenos 12/1/38 y 25/2/38).

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los trabajos gráficos realizados para someterlos «al conocimiento y juicio públicos en
una Exposición Municipal» que se celebraría pronto en algún punto céntrico. El ple-
no aprobó por unanimidad la celebración de la exposición tan pronto se ultimaran
los trabajos preparatorios6, el gestor José Pellegero pidió que se imprimieran folletos
explicativos de los proyectos, y José Jordá que la muestra coincidiera con las próxi-
mas fiestas del Pilar. No fue así y, a propuesta de Parellada, el Ayuntamiento acordó
el 2 de diciembre abonar con cargo al presupuesto de 1938 los gastos de una futura
Exposición Municipal de Arquitectura, Urbanística e Ingeniería, en la que se exhibirían
los proyectos aprobados y en estudio, «para que pudiera ser apreciada y juzgada la
labor realizada por este Ayuntamiento en su deseo de que Zaragoza pueda llegar a
poseer el rango de gran Ciudad que le imponen sus aumentos de población y pro-
greso de su industria y comercio».
El 12 de enero de 1939, Parellada cedió la Alcaldía a Juan José Rivas Bosch,
abogado y delegado en Zaragoza de la Fiscalía de la Vivienda desde su creación en
1937; en el pleno, pidió a su sucesor la pronta ejecución de los proyectos urbanísti-
cos iniciados, que enumeró, más o menos, según la importancia que les daba:
El proyecto de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar, que responde a un sentido de alta
espiritualidad, y resuelve importantes problemas de urbanismo; el de filtración y depura-
ción bacteriológica de las aguas, ya en trámite de concurso de proyectos de instalaciones
y cuya realización inmediata me permito recomendar a Sus Señorías, siquiera sea para
evitarnos el bochorno que nos producen las severas críticas que en ese punto de orden
higiénico se nos hacen; la apertura del Arco de San Roque y ensanche de la calle de
Valenzuela; la importante mejora del barrio de San Pablo; la del barrio del Sepulcro;
los estudios sobre la zona de ensanche de la Ciudad y otra porción de orientaciones y
sugerencias en el orden económico, con todos los cuales […] habrá de adquirir Zaragoza
la prestancia y grandeza que le haga digna de ser una de las primeras y más hermosas
ciudades de la España reconstruida.

A las obras de urbanización citadas se sumaban otras de mayor alcance terri-


torial que reforzarían la posición de Zaragoza frente a otras ciudades españolas.
Hemos hablado de la salida de Aragón al mar por Tortosa. Entraban en el mismo
capítulo el encauzamiento del Ebro para hacerlo navegable, la ampliación del rega-
dío mediante nuevos pantanos y ciertas obras de comunicación con el resto de la
Península y Europa, entre las que destacaban la mejora del ferrocarril de Canfranc y
la construcción de una línea férrea Santander-Zaragoza-Mediterráneo, para la que
llegó a constituirse una comisión especial. Mucho más que una mera obra de in-
fraestructura, ese eje daba nueva forma a la renacida vocación imperial de la ciudad,

6 Parellada lamentó que, por «las circunstancias creadas por la guerra», no pudiera exponerse
el plano general de urbanización y redes viarias que estaba en estudio; no obstante, afirmó
que procuraría que se mostrara un esquema del futuro plano general para que pudiera «com-
probarse que todas las reformas y planos parciales de ensanche en determinados sectores
obedecen a un minucioso estudio de conjunto en lo que se refiere a las alineaciones y rasantes
de las nuevas vías que se proyectan».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 95

que la historiografía del momento cimentó en la figura histórica de Fernando el Ca-


tólico, rey de Aragón y de España, que impuso la unidad religiosa y llevó la empresa
imperial hacia el Mediterráneo y el Atlántico.
En enero de 1939, muy pocos podrían seguir creyendo en Zaragoza como ca-
pital provisional o definitiva de la Nueva España7. En uno de los últimos consejos
de ministros celebrados en el burgalés palacio de la Isla, Serrano Suñer, ministro
de la Gobernación y exdiputado por Zaragoza en 1933 y 1936, recogió el sentir de
muchos falangistas y alimentó la expectativa de que Madrid, «la cuna de los errores
y el caldo de las corrupciones», no recuperara la capitalidad. Recordó que Carlos V
había recomendado a su sucesor que dejara la corte en Valladolid o Toledo si quería
conservar sus reinos, y que la llevara a Madrid si prefería perderlos, y que ya de-
masiadas veces el viciado ambiente político madrileño había arrastrado a España a
la decadencia. Pero, en su lugar, el ministro no pensaba en Burgos, todavía capital
provisional, ni menos en Zaragoza, sino en Sevilla, «que está más cerca de nuestro
futuro imperio africano y además es la vía de América».
Según MErino (2004: 264) y casTro (2006: 301), las intenciones de Serrano
tropezaron con el firme propósito de Franco, influido por Carmen Polo, y de los
demás ministros, de trasladarse en cuanto se tomara Madrid al palacio de Oriente,
al Pardo y a los grandes ministerios de siempre. El Cuñadísimo renunció a su pro-
puesta, y el 28 de marzo de 1939 disipó toda duda sobre la capitalidad del Estado
cuando anunció por Radio Nacional la Victoria española y la caída del Madrid rojo,
que de ciudad traidora había pasado a «tierra sagrada, porque es como un templo
que cobija las cenizas de nuestros mártires; tumba gloriosa de “fascistas” gloriosos
en la que la Historia escribirá un epitafio de áurea leyenda» (sErrano, 1941: 13).
Ese mismo mes de marzo, se había publicado en Valladolid una memoria escrita
apresuradamente por el ingeniero Paz Maroto y falta de aparato gráfico, que llevaba
el nada original título de El futuro Madrid y el inmerecido subtítulo Plan general de
ordenación, reconstrucción y extensión. En su presentación, Alberto Alcocer, prematu-
ro alcalde de la que todavía era capital de la República, justificaba la propuesta por
la necesidad de colocar la ciudad «mártir de la revolución», «minada por defectos
funcionales adquiridos en una vida trabajosa y acaso mal orientada […] sobre la
mesa de operaciones», para someterla «a compleja intervención quirúrgica», que pa-
saría por desplazar el centro urbano de la Puerta del Sol a la Castellana.

7 En su artículo «El Pilar, eje espiritual entre Madrid y Barcelona» (Aragón, 160, 1-2-3/39),
José María Martínez Val aún defendía la ventaja espiritual y política de Zaragoza sobre las
dos grandes capitales que por entonces sucumbían al ejército sedicioso: «Barcelona y Madrid
han sido dos negaciones: una, negación de la voz del Imperio; otra, la negación de la Unidad.
Entre las dos incomprensiones igualmente vitandas, […] ha estado, está y estará secularmente
enraizado en la tierra de Aragón el santo Pilar […] invencible en cuanto se trata de mantener
y defender la unidad de la Patria y el mito sagrado del Imperio […] y afirmación rotunda de
un apoyo divino que nunca ha de faltar».

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9 | Ramón Betrán Abadía

Sobre la mesa de operaciones estaba ya Zaragoza desde 1936.


La entrada en Madrid del ejército de Franco liquidó la absurda pretensión de
elevar Zaragoza a capital de España. GiMénEz caBaLLEro (1944: 64-65) se permitió
no recordarla siquiera cuando glosó el sacrificio de las provincias nacionales en su
Madrid nuestro. Ni a eso podía aspirar una ciudad cuya historia medieval y moderna
seguía siendo incómoda:
Y tú, que habías dirigido la lucha separatista y social de España, traicionando tu misión
central y unificadora, comenzaste a ser objeto del mimo, atención y cariño de toda Espa-
ña. Mientras tus calles se barrían, se reedificaban tus casas, se adecentaban tus fachadas,
se iluminaban tus vías y se inundaba de Auxilios Sociales, Escuelas, restoranes, cines,
teatros, vehículos, gentío, empleados y vida oficial toda tu urbe, quedaban, otra vez, en
voluntario sacrificio oscuro de «provincianismo», las ciudades que fueron «todo» en la
España nacional, castellana, liberadora: Burgos, Salamanca, Soria, Pamplona, Sevilla,
Vitoria…

Por orden de 27 de abril de 1939, se constituyó la Junta de Reconstrucción para


Madrid y su Provincia, que agrupó a todos los organismos interesados en adecuar
la ciudad recién tomada a su nuevo papel; con este fin, se encargó al jefe de su ofi-
cina técnica, Pedro Bidagor, la redacción de un plan total de urbanización de Madrid.
En su conferencia «Orientaciones sobre la reconstrucción de Madrid», el arquitecto
afirmaría que el nuevo plan debía ver en esa población, ante todo, la capital nacio-
nal, única razón de su existencia como gran ciudad y realidad que debía asumirse a
pesar de su comportamiento desde 1931. Para mayor desilusión, proponía fortale-
cerla con importantes inversiones que, entre otras cosas, absorbieran industria quí-
mica o militar, en perjuicio del tejido productivo desarrollado en Zaragoza durante
la guerra, y que el Estado asumiera una buena parte de los costes, «como se hace en
otras grandes capitales, y muy especialmente, en estos años, en Roma y en Berlín»
(BiDaGor, 1941a: 12).

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Capítulo V

El plan de reforma interior


de Borobio y Beltrán

1. El proyecto de plan de reforma interior de 1939

Principios generales de la reforma interior


En 1939, Regino Borobio y José Beltrán firmaron el primer plan de reforma in-
terior que tuvo Zaragoza, aprobado inicialmente el 30 de diciembre de ese año y
definitivamente el 22 de enero de 19421. Este instrumento, primer paso para la
formación de un plan general que viera en el casco la pieza nuclear de la ciudad y
no un acontecimiento aislado, refundió todos los proyectos parciales formados en
años anteriores, la mayoría aún en curso de ejecución (General Franco, San Vicente
de Paúl, plaza del Pilar, barrios del Boterón y San Pablo, prolongación de la calle de
Valenzuela), y los alteró cuando hizo falta para darles coherencia y relacionarlos con
los que estaban desarrollando en el ensanche.
Los dos primeros apartados de su memoria («Necesidad del plan de reforma
interior» y «Estado actual de la reforma interior») se referían al enfoque parcial y
a veces contradictorio de los muchos proyectos aprobados, y a la acumulación de
planos de alineaciones de calles, formados en su mayoría en la segunda mitad del
XIX y cuyos insuficientes procedimientos de ejecución habían llevado a resultados

1 Memoria datada en octubre; planos de ordenación en julio. Lo que se conserva del plan, en
dos carpetas incluidas en AMZ, caja 205755. En la misma caja se guardan partes del antepro-
yecto de ordenación general de 1943, la memoria publicada del plan de ensanche de 1934 y
el proyecto de plan general aprobado inicialmente en 1957. En las planeras de Montemuzo se
conservan el plano general de nuevas alineaciones del proyecto de reforma interior de 1939
(ES 50297, AM [Link], sobre 04090), las ocho hojas del plano de detalle de nuevas
alineaciones a escala 1/1000, de julio de 1939 (ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0586) y ocho
perspectivas (ES 50297, AM 04.02, sig. 0587).

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Planta general del proyecto de reforma interior (1939). [AMZ, ES 50297, AM [Link], sobre
04090; yarza, 1957: 35].

escasos, cuando no contraproducentes: «Algunas casas han ido entrando en línea


produciendo entrantes y salientes, de pésimo efecto. La mayor parte de las casas han
sufrido obras de reforma y consolidación al amparo de disposiciones anticuadas»2.
Se mencionaban también los graves problemas sanitarios y de tráfico que sufría la
ciudad, y las grandes zonas no edificadas incluidas en el perímetro urbano y necesita-
das de un trazado «que permita su paso de agrícolas a urbanas».
Se advertía, por último, que se había buscado coordinar la reforma con el plan
de ensanche aprobado en 1934, «de manera que quede perfectamente enlazado el
casco antiguo con los diferentes sectores del ensanche, con las estaciones de ferro-
carril y con las carreteras que parten de la Ciudad, mediante una importante red
de vías arteriales». El tercer apartado de la memoria («Tráfico») aludía a la mínima
atención que aquel plan había dedicado a su relación con la ciudad actual, produ-
ciendo «unos cuantos puntos de estrangulamiento de la circulación y la carencia de
vías directas que enlacen centros urbanos de tráfico». Por ejemplo, la anchura media
del Coso, de 20 metros, se reducía a menos de 10 en la esquina de la Universidad;
su enlace con el paseo del Ebro se complicaba mucho por la escasa sección de las

2 Me referí al sinnúmero de planes parciales de rectificación de alineaciones aprobados por el


Ayuntamiento entre 1855 y 1908 y al caos urbanístico que provocaron en BETrán (2014: 62-
99).

una y [Link] 98 10/6/17 11:37:32


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 99

calles de Cerdán y Escuelas Pías, de las calzadas laterales del Mercado y de la calle
de Antonio Pérez. Faltaba una vía de amplitud suficiente que uniera el Coso con
la puerta del Carmen, punto de afluencia de la carretera de Valencia y de comuni-
cación con el importante barrio de Hernán Cortés; y General Franco, que llevaba
la circulación de la carretera de Madrid hacia el Coso, se estrangulaba frente a la
iglesia del Portillo. Estaban también muy congestionadas las calles de Don Jaime y
del Pilar, el barrio entero de San Pablo era incapaz de absorber el tráfico rodado que
le correspondía por la extrema estrechez de sus calles y, para acabar, merecía una
mención particular el eje Predicadores-Manifestación-Mayor, con apenas 5 metros
de anchura media en esta última calle y un estrangulamiento en el encuentro de
Predicadores con la plaza de Santo Domingo.
A las necesidades del tráfico se sumaban carencias higiénicas producidas por
el hacinamiento de las viviendas, la angostura del viario y la falta de espacios libres,
que a veces eran verdaderamente graves y exigían una decidida modernización de la
trama urbana. El cuarto apartado de la memoria («Salubridad») destacaba los focos
de insalubridad del barrio del Sepulcro o Boterón, del sector Cerdán-Audiencia, del
entorno de la calle de Echeandía y de otras zonas del barrio de San Pablo.
El tercer y último condicionante general del plan, al que se dedicaba el escueto
apartado quinto de la memoria («Estética»), invocaba el valor testimonial de la ciu-
dad histórica. El interés cultural de algunos edificios, más que de las tramas urba-
nas, matizaba los imperativos supuestamente absolutos del tráfico y la salubridad, y
se asociaba a una implícita intención política acorde con los tiempos:
La guerra de los franceses y el poco apego que se ha tenido hacia nuestros valores tra-
dicionales, han causado la pérdida de tantos y tantos edificios que hoy constituirían el
mejor ornato de una ciudad del abolengo histórico de la nuestra3.
Aún quedan muestras de nuestro glorioso pasado, que debemos conservar y procurar
realzar, con el adecuado marco urbano.

Tampoco hemos de ignorar una inconfesa, pero importante motivación de la


reforma interior que ya abordé en mi trabajo sobre el urbanismo zaragozano duran-
te la dictadura de Primo y la República (BETrán, 2013). Desde que, por decreto de
29 de diciembre de 1931, se prorrogó sine die el régimen de congelación de rentas

3 Años después, un Borobio muy preocupado por la galopante destrucción del patrimonio
zaragozano reconocería que, aunque los franceses causaron daños irreparables, respetaron
buen número de iglesias, casas, palacios y barrios demolidos después, y aun mucho después,
por efecto de la desidia y de la codicia. Quizá le inquietaran actuaciones como las promovidas
o continuadas en los pocos años en que dirigió el urbanismo zaragozano, cuando escribió:
«En el siglo presente otras reformas urbanas han venido a seccionar la ciudad antigua, cau-
sando la desaparición de muchos edificios interesantes y rompiendo la unidad y armonía del
conjunto al quedar separados los distintos sectores por amplias vías cuyas proporciones no
concuerdan con la pequeña escala de las calles viejas» (BoroBio, 1967: 7). Quienes hemos
ocupado puestos parecidos sabemos bien que lo que se nos encomienda hacer puede ser muy
distinto de lo que nos gustaría.

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100 | Ramón Betrán Abadía

y prórrogas forzosas establecido por el real decreto de 21 de junio de 1920 (decreto


Bugallal)4, los propietarios de casas vieron atractivo su derribo por causa de ruina o,
mucho mejor, de planes de reforma que les permitían deshacerse de sus incómodos
inquilinos y de los gastos de mantenimiento, y beneficiarse además con indemniza-
ciones por el valor de las construcciones expropiadas.
Las operaciones de reforma interior promovidas por el Ayuntamiento desde el
inicio de los años treinta suponían el desalojo expeditivo, y con fuerte inversión de
dinero público, de gran número de casas de renta antigua, particularmente en zonas
con tan altas expectativas de revalorización como la calle de la Yedra, la plaza del
Pilar o San Roque. Sus privilegiados dueños se libraban así de los inquilinatos viejos
y rescataban el capital para reinvertirlo en fincas nuevas, que podían vender por pi-
sos, eludiendo los efectos de la legislación sobre arrendamientos, o en el peor de los
casos alquilar con rentas tasadas libremente y, sin duda, altas en prevención de su
futura fosilización. Por si fuera poco, los derribos dejaban en la calle contingentes de
exinquilinos obligados a realojarse en las zonas de ensanche o renovadas.
Y, en fin, no debemos pasar por alto la coincidencia de los focos de insalubri-
dad urbana con las zonas de renta inmobiliaria deprimida y población predominan-
temente obrera. De ahí que el saneamiento higiénico fuera inseparable del sanea-
miento social, la revalorización del suelo y la pacificación política. Al comienzo de
este libro me referí a la resistencia que opusieron al golpe de 1936 los vecinos del
Boterón y San Pablo (que contenía, según Uriel, la mayor concentración de anar-
cosindicalistas de España), donde inmediatamente después el Ayuntamiento aco-
metería enérgicas reformas de las que debían resultar la ruptura de una estructura
urbanística casi impenetrable y una campaña de demoliciones y expulsión masiva
de inquilinos hacia la periferia: táctica bien conocida desde su aplicación sistemática
en el París del prefecto Haussmann. Salvando la gran distancia entre Zaragoza y
Madrid (que pudo medirse el 19 de julio), la burda novela Madrid de corte a checa,
de Agustín de Foxá, da idea de la angustia que provocaba en la burguesía la vecin-
dad de sus viviendas y las de una clase obrera que, aun en pisos más altos y calles
más estrechas, compartía el centro urbano5. Tras la contrarrevolución de 1936, que

4 Y más aún cuando los principios supuestamente coyunturales de estos decretos fueron san-
cionados con el más alto rango legislativo y vocación de estabilidad por la Ley de Bases de
Arrendamientos Urbanos de 31 de diciembre de 1946, de nuevo en un período de inflación
sin precedentes y crisis social (coTorruELo, 1960: 48).
5 «[Después del 18 de julio de 1936] No sabía donde esconderse. Tenía la sensación de que era
una fiera acosada. Porque entre los raíles de los tranvías, los autos y los rascacielos volvían
los terrores de la selva. La caza del hombre por el hombre. No era posible escapar. Aquello
no era un ejército, una ola que viniera de fuera. El enemigo nos surgía de las plantas de los
pies; ascendía, vertical e implacable, de las porterías, de los sotabancos, de las alcantarillas.
Desconfiaba de todos. / No era una raza invasora que se distinguiera por la piel o el color del
pelo. El enemigo era la criada de nuestro cuarto, nuestro portero, el lavacoches de nuestro
automóvil, el guarda del Retiro de nuestra niñez, el lechero, el panadero, el maquinista del
tren de nuestros veraneos» (foxá, 1938: 250).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 101

pretendía abolir para siempre la capacidad política del proletariado, era preciso anu-
lar las ventajas que pudiera procurarle su posición en la ciudad6.
Volvamos ahora a la memoria del plan de reforma de 1939, que, tras exponer
sus móviles generales, describía con algún detalle las diez actuaciones particulares
más importantes que comprendía: apertura de San Vicente de Paúl, Boterón, plaza
del Pilar, prolongación de Independencia, barrio de San Pablo, enlace de la puerta
del Carmen con San Juan de los Panetes, plaza de la Magdalena, prolongación de
Valenzuela, plaza de San Felipe y urbanización de sectores no edificados.

Apertura de la calle de San Vicente de Paúl y reforma del Boterón


En varias de estas reformas, el plan se limitó a recoger proyectos aprobados en
años anteriores. Era el caso de la apertura de la calle de San Vicente de Paúl (Yedra
hasta enero del 38), que se remitía al proyecto firmado por Miguel Ángel Navarro
en diciembre de 1933 y modificado por Borobio en enero de 1937 para ampliar las
zonas laterales de expropiación, formar solares más grandes, regulares y rentables,
y salvar las casonas de interés histórico de Vera (calle de Santo Dominguito), Mor-
lanes (frente al Seminario de San Carlos) y Torreflorida (calle Mayor). Sobre estas
trazas, el proyecto de reforma interior suprimía las calles de la Red y de la Sartén, y
regularizaba las manzanas correspondientes7.
También se incorporó al plan de 1939 el proyecto aprobado el 16 de junio de
1937 para la reforma del barrio del Sepulcro, con solo tres pequeñas modificacio-
nes en atención a un mayor miramiento por el valor histórico de la trama urbana:
mantenimiento de la plazuela de San Nicolás en atención a su valor como «rincón
típico que conviene conservar»; modificación de la alineación de la calle del Sepul-
cro frente a la antigua casa de Esmir para evitar su derribo, y reforma de la manzana
limitada por las calles del Sepulcro, San Vicente de Paúl, Arcedianos y plaza de San
Bruno, que con el proyecto de 1937 habría desaparecido totalmente, para respetar
las alineaciones inmediatas a esta última plaza, contigua a la Seo.
En un libro reciente (BETrán, 2013: 283-298) estudié los precedentes de la
apertura de la calle de la Yedra, la aprobación y ejecución del plan de alineaciones

6 Tal vez pesó ese móvil político en el acuerdo de la Junta Municipal de Sanidad, comunicado
al pleno el 26 de mayo de 1937, que instaba el nombramiento de una ponencia encargada de
estudiar con urgencia el saneamiento del barrio de San Pablo, y prohibía autorizar ahí nuevas
construcciones o la reparación total o parcial de las casas siniestradas, hasta que la ponencia
confeccionara un plan de mejora. Como consecuencia, este mismo año se formó el proyecto
de reforma del que luego trataremos.
7 La supresión de la calle de la Red permitió que los maristas construyeran a partir de 1943 el
gran edificio del colegio del Pilar. La del callejón de la Sartén hizo que entre las calles de San
Vicente de Paúl, Santo Dominguito, Pedro Joaquín Soler y el Coso quedara una sola manza-
na de aproximadamente 4.000 m2 y planta cuadrada, conforme con lo pretendido a lo largo
de toda la calle.

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102 | Ramón Betrán Abadía

Proyecto de reforma interior: nuevas alineaciones, hoja 4. [aMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0586].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 103

de 1933, su modificación de 1937 y la reforma del Sepulcro. Remito a él unos epi-


sodios sobre los que no volveré aquí, pero que son fundamentales para entender el
comportamiento urbanístico de las primeras corporaciones franquistas.

Reforma general del barrio de San Pablo


También alcanzaba la escala del barrio, y mucho mayor que el del Sepulcro, la ac-
tuación propuesta en San Pablo, donde se incorporaba un proyecto de plan parcial
redactado en 1937, que en 1939 estaba en trámite de aprobación y pendiente de las
rectificaciones indicadas por la Subsecretaría del Interior.
Solo se han podido localizar en el Archivo Municipal seis de las hojas de ese
plano de reforma interior del sector Barrio de San Pablo, a escala 1/250 y sin firma
ni data8. El proyecto, más traumático que el posterior plan de reforma interior,
abría al tráfico el viario del área, sobre todo en dirección norte-sur, ensanchando
generosamente las calles de San Blas, Boggiero (entre Escuelas Pías y Miguel de
Ara), Aben Aire-Golondrina, Broqueleros-Echeandía, Miguel de Ara-Sacramento,
Cerezo-Aguadores-Postigo del Ebro y Mayoral9; Predicadores, Casta Álvarez, Ar-
mas, San Pablo y Cereros solo sufrirían ligeras rectificaciones para regularizar sus
alineaciones. Además, la plaza de San Pablo se ampliaba hacia el oeste y se creaban
dos plazas de cierto tamaño, extrañas a las pautas morfológicas del barrio, en el quie-
bro de Aben Aire y en el encuentro de Boggiero, Echeandía y el callejón del Saco.
Estas plazas, la notable ampliación de algunas calles y la consiguiente construcción
de nuevos edificios en buena parte del barrio le habrían dado un aspecto de sector
recién formado incluso superior al que tendría la ampliación hasta María Agustín
que se proyectaría dos años después.
Como en otras áreas donde el plan de reforma de 1939 recogió proyectos an-
teriores, en San Pablo redujo las alteraciones del tejido existente, tanto para hacer
la actuación más viable moderando costes y afecciones sobre el parque residencial,
como por lo que parecía un mayor respeto hacia la ciudad histórica. Con estos
presupuestos, la reforma se redujo a «los límites imprescindibles» para lograr unas
condiciones mínimas de circulación, salubridad y habitabilidad en un barrio que,
junto con el Sepulcro, se caracterizaba desde tiempo atrás por reunir el caserío más
constreñido y los mayores índices de mortalidad de la ciudad.
Aparte de mantener las tres nuevas plazas ajardinadas, muy aptas para el «espar-
cimiento de la población infantil», al oeste de la iglesia de San Pablo, tras los Esco-
lapios y en Aben Aire (ninguna de las cuales llegaría a practicarse), el plan de 1939
prescindió de ampliar calles como Cerezo, Aguadores, Sacramento y Postigo del
Ebro. Según su memoria, el tráfico longitudinal del barrio quedaría asegurado por el

8 ES 50297, AM 04.02, sig. 0583.


9 Sacramento hubiera pasado de 2-3,2 metros a 10; San Blas de 4-5 a 12; Aguadores de 4-4,5
a 12; Miguel de Ara, de 2,8-4,5 a 12, y Mayoral de 4-4,5 a 15 metros.

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104 | Ramón Betrán Abadía

ensanchamiento de la calle de San Blas, que constituía su eje, y las de Predicadores


y General Franco, que eran sus límites; en sentido transversal, bastaría ampliar la
calle de Mayoral, que enlazaba el barrio con otras zonas de la ciudad y salía al paseo
del Ebro por la plaza de Santo Domingo y una nueva calle contigua al Ayuntamien-
to. Además, se mejorarían las comunicaciones en la parte antigua ensanchando las
calles de Ramón y Cajal, Broqueleros, Golondrina y Aben Aire.
Por otra parte, el ámbito del proyecto de 1937 se amplió en 1939 con el terreno
de las antiguas huertas de los conventos de Santa Inés y Fecetas, sobre el que se pro-
longaron las calles de San Blas y de Boggiero, y se trazó una nueva calle transversal
que continuaba la de Santa Inés10.
La principal herramienta de que se valía el plan para mejorar las condiciones
residenciales del barrio, elogiada en 1941 por Bidagor como una de sus más in-
teligentes y modernas aportaciones (pero luego ineficaz), fue el señalamiento de
alineaciones a las fachadas interiores de los edificios, más allá de las cuales deberían
eliminarse todas las construcciones para recuperar los patios de manzana como jar-
dines y espacios libres privados. Se mejoraba así el asoleo y la aireación de las vivien-
das sin necesidad de ensanchar las calles más de lo exigido por el tráfico.
El proyecto se completó con una ordenanza especial para el barrio de San Pa-
blo, que distinguía entre edificios totalmente fuera de ordenación, afectados por
nuevas alineaciones y no afectados11.
En las casas cuya alineación no se modificaba, se admitían obras de consoli-
dación, de elevación de pisos dentro de la altura tolerada para la calle y de modifi-
cación de la distribución, siempre que no empeorara las condiciones higiénicas de
las viviendas. En las insalubres, solo se permitía modificar la distribución si así se
convertían en higiénicas, lo que equivalía a considerarlas fuera de ordenación.
En los inmuebles sujetos a expropiación parcial por causa de nuevas alinea-
ciones, se admitían en la parte no afectada las mismas obras que en los acordes con
el plan. En la parte del edificio exterior a la nueva línea, se prohibían obras de con-
solidación parcial o total, de elevación de pisos y de reforma de estructura; si no se
modificaban o reforzaban elementos estructurales, se permitía alterar la distribución
para mejorar las condiciones higiénicas y abrir en los muros huecos que dieran más
luz y ventilación a piezas oscuras. Se sometían al mismo régimen las construcciones
interiores que debían desaparecer para despejar los patios de manzana.

10 El Ayuntamiento pleno acordó el 11 de mayo de 1951 comprar a la Comunidad de Reli-


giosas Dominicanas de Santa Inés 2.963,75 m2 de terreno para prolongar la calle de Bog-
giero y otros 265,71 m2 para rectificar la del General Franco. El precio de ambas porciones
(725.605 ptas.) se pagó en terrenos colindantes y 394.750 ptas. en metálico, repartidas en
cinco anualidades.
11 Copias de la ordenanza en AMZ, cajas 209015/1943 y 213655.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 105

En las zonas que el proyecto de reforma calificaba de nueva edificación, la orde-


nanza preveía expropiar todas las construcciones actuales, consideradas fuera de
ordenación. Las nuevas deberían ajustarse a las ordenanzas generales de edificación
y, además, a las siguientes normas, tendentes a lograr manzanas con patio general
central y, en torno a él, edificios que solo tomaran luz de la calle y de ese patio:
— La planta de la edificación estaría limitada por la línea de fachada a la calle
y por una paralela a 9 metros.
— A partir de esta segunda línea, se permitían cuerpos avanzados de 1,20 me-
tros de saliente máximo. La suma de las longitudes de estos cuerpos no
superaría la tercera parte de la longitud de la fachada donde se situaran.
— También se permitían, más allá de la alineación posterior, vuelos de galería
de 1,20 metros de saliente máximo.
— Se prohibían los patios de luces cerrados, las alcobas y los cuartos oscuros.
Los solares situados fuera de esas zonas de expropiación total, pero cuya cons-
trucción se derribara, podrían reedificarse con arreglo a las siguientes normas:
— La fachada delantera se situaría sobre la nueva línea.
— La edificación no podría tener más profundidad que la determinada por una
paralela a la línea de fachada a la distancia siguiente:
– En casas situadas en las calles transversales del barrio, 20 metros.
– En casas situadas en las calles longitudinales, un tercio del ancho total de
la manzana, medido normalmente a la fachada en su punto medio.
— A partir de la línea de fachada interior, se permitirían vuelos de galerías de
1,20 metros de saliente máximo.
— En la parte de solar situada más allá de la alineación posterior, no se permi-
tirían edificaciones definitivas ni provisionales.
Regulaba luego la ordenanza especial de San Pablo las condiciones de los pa-
tios de manzana, previendo que, una vez demolidas las construcciones interiores de
las casas que los rodeaban, se convirtieran en espacios libres de los que todas ellas
tomarían luz y aire. Pero la norma no osaba profanar el santuario de la propiedad
privada, y permitía a cada casa cercar su parte del patio con tapias de 3 metros de
altura y reservarse su uso privativo.
Para acabar, la ordenanza especial, anterior a las ordenanzas generales de edi-
ficación, remitía a estas las alturas máximas según el ancho de calle y, hasta que el
Ayuntamiento las aprobara, establecía con carácter provisional que en calles ensan-
chadas hasta los 10, 12 o 15 metros los nuevos edificios podrían alcanzar una altura
máxima de 18 metros, y en las que tuvieran menos de 10 metros no superarían el
número medio de pisos de las casas de la calle.

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10 | Ramón Betrán Abadía

Prolongación de la calle de Valenzuela


En su propuesta de reforma interior de 1930, Secundino Zuazo había previsto ca-
nalizar el tráfico que penetraba en el centro urbano desde el sur por una calle de
550 metros de largo y 25 de ancho que enlazaría la puerta del Carmen con el Coso
en el arco de San Roque, resultado del ensanchamiento y la prolongación de la calle
de la Soberanía Nacional. El 30 de junio de 1933, el Ayuntamiento acordó que el
arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro redactara un proyecto de alineación
parcial de la calle de Valenzuela para prolongarla hasta el Coso, suprimiendo el arco
de San Roque; el concejal Casimiro Sarría pidió, sin éxito, que se incluyera una par-
tida de expropiaciones con ese fin en el presupuesto de 193512.
En 1937, la Sección Municipalista del Instituto de Economía Aragonesa, de-
pendiente de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, entregó al
alcalde un proyecto para la urbanización y ensanche de la zona del arco de San Roque
redactado por Luis de Lafiguera, arquitecto y presidente de la sección (Aragón, 143,
8/37). Como probable consecuencia, el arquitecto municipal accidental firmó en
agosto un proyecto de alineación y ensanche de la calle del Teniente Coronel Valenzuela y
su apertura al Coso, aprobado por el Ayuntamiento el 3 de noviembre de 193713. El
proyecto intentaba subsanar el problema que suponían para la circulación rodada
la estrechez e irregularidad de la calle de Valenzuela, atestada de vehículos que se
dirigían al Coso desde Azoque, y la persistencia en su final de una serie de cons-
trucciones que solo permitían salir a través del exiguo arco de San Roque. Para ello,
preveía:
— Demoler la fila de casas que separaba la vieja plazuela de San Roque del
Coso, entre las que estaba incluido el arco homónimo.
— Crear en medio de la plaza así ampliada de San Roque un estacionamiento
al aire libre para trece vehículos.
— Desplazar la alineación oeste de la calle de Valenzuela, ensanchándola hasta
los 12 metros.
— Regularizar las dos fachadas de la calle de Valenzuela, el lado norte de la
plaza de Salamero y el encuentro de la plaza de San Roque con la calle de

12 En el pleno del 7 de abril de 1936, en que se trató de un presupuesto extraordinario de 12


millones de pesetas para nuevas obras con que combatir el paro, Sarriá pidió que 250.000 ptas.
dedicadas a mejoras en el albergue municipal de mendigos se destinaran «a la alineación de
la calle de Valenzuela y demolición del Arco de San Roque, por existir conversaciones con el
Banco de Aragón para la ejecución del proyecto y por ser productiva para los intereses mu-
nicipales»; la propuesta se rechazó por el mal estado del albergue y por no tener la referida
alineación proyecto ni partida consignada para su ejecución (BETrán, 2013: 225, 243n, 280 y
284-285). Sobre los precedentes urbanísticos en la zona de la calle de Valenzuela y las plazas
de Salamero, Santa Fe y San Ildefonso, BETrán (2014: 36-38 y 91-94).
13 Planos de alineación y ensanche de la calle de Valenzuela, a escala 1/250 y firmados por Regino
Borobio en agosto de 1937, en AMZ, ES 50297, AM 04.02, sig. 0580, 0581 y 0582.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 107

Plazuela de San Roque. [aMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 225].

Palomeque y el Coso. Se formaban así cuatro terrenos enajenables, de los


que dos no tenían tamaño suficiente para soportar edificios independientes
y deberían unirse con los colindantes14.
— Reordenar la circulación rodada en el área, dando dos direcciones a la calle
de Valenzuela y una a la de Palomeque, y disponiendo rotondas en torno al
estacionamiento de San Roque y en la parte sur de la plaza de Salamero.
El 25 de noviembre de 1938, se aprobó un presupuesto extraordinario de
2.508.334 ptas. para ejecutar el proyecto, comenzando después las expropiaciones.

14 Dos de estos terrenos se incorporaron al convento y colegio de las Escolapias, al oeste de la


calle de Valenzuela (Teodoro Ríos, 1948-1955); otro formó parte del solar donde se edificó el
Banco de Aragón (Julián Laguna, 1944), y en el cuarto se construyó el minirrascacielos de La
Adriática (Joaquín Muro y Trinidad Silesio, 1948); este y la alta torre de esquina del Banco de
Aragón enmarcaban la embocadura de la calle de Valenzuela desde el Coso. Más datos sobre
los proyectos en yEsTE (1998: 227-234).

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108 | Ramón Betrán Abadía

Con el mismo criterio que ya había mostrado a propósito de la avenida del Pilar,
la Cámara de Comercio e Industria se opuso al inicio inmediato de la obra. En un
escrito dirigido al Concejo y reproducido en la Memoria correspondiente al ejercicio
de 1938 (1939: 55-57), decía ver «con satisfacción cómo ese Ayuntamiento dedica
amplio margen de sus actividades al estudio de reformas urbanas bien necesarias y
a la redacción de proyectos que tienen como principal finalidad el mejor aprovecha-
miento del casco urbano hacia una indudable mejora de la ciudad», y admitía que
una de las reformas más necesarias era la de Valenzuela, «por hallarse enclavada en
el centro de la ciudad, al que traerá la ventaja desde el punto de vista urbanístico,
resolviendo ante todo un grave problema de circulación». Ahora bien, aunque el
«proyecto mínimo» aprobado mejoraba anteriores estudios, debería ampliarse para
incluir «una mayor zona de expropiaciones que permitiese unir las plazas del Carbón
y del Pato con el ensanche de la calle de Azoque, entre esas plazas, para la creación
de un espacio libre de los que tan necesitada está la ciudad, que tuviera mayores
proporciones que las actuales y uniese la reforma accesoria para el Coso, ya estudia-
da, con la regulación de la circulación por Soberanía Nacional y Cádiz». Pero tanto
la segunda fase que se proponía como el proyecto aprobado deberían posponerse
a un momento más propicio para no causar graves perjuicios: a juicio de la Cáma-
ra, los derribos empeorarían «el problema del alojamiento creado por la falta casi
absoluta de viviendas que permitan el libre juego de los intereses particulares en
los contratos de arrendamiento» y suprimirían gran número de locales comerciales
cuando la ciudad andaba tan escasa de ellos, además de agravarse la falta de brazos
con que tropezaban los contratistas de obras en un tiempo en que la industria de la
construcción llevaba una marcha ascendente.
El plan de reforma de 1939 incorporó el proyecto del 37 sin apenas variacio-
nes, pero con unos efectos muy distorsionados por las reformas que se añadían en
su entorno inmediato. Conforme había sugerido la Cámara de Comercio, ahora se
ampliaba la plaza de Salamero hasta la fachada de San Ildefonso, ante la que se atra-
vesaba por una nueva avenida paralela (la actual César Augusto), más larga y capaz
que Valenzuela, que llevaría desde la puerta del Carmen a las murallas romanas y de
la que enseguida trataremos15.
El arco de San Roque fue demolido en 1942 y el 11 de junio de 1943 se declaró
conforme el Ayuntamiento con el proyecto formado por la Dirección de Arquitec-
tura para ejecutar la primera etapa del plan de reforma interior, correspondiente a
esta parte de la plaza de Salamero y calles de San Ildefonso, Biblioteca y Azoque,
«sin perjuicio de […] que en consideración a la actual carestía de viviendas, no se
lleve a cabo el derribo de inmuebles sin antes realizarse la construcción necesaria

15 La apertura de la plaza de Salamero hasta la iglesia de San Ildefonso no se materializó hasta


mucho después, como consecuencia de la aprobación en 1962 del plan parcial especial para
la ordenación de construcciones en el sector de la iglesia de San Ildefonso, del arquitecto municipal
José Yarza.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 109

Banco de Aragón (1945). [aMz, caja 200448].

para albergar a la mayor parte de los inquilinos, en habitaciones apropiadas»; el 10


de noviembre siguiente, se acordaría solicitar para esta actuación los beneficios de
la ley de 18 de marzo de 1895 y encargar a la Dirección de Arquitectura los ante-
proyectos necesarios para la construcción de las 112 viviendas protegidas que se
consideraban precisas para albergar a los residentes desahuciados, condición que
quedaría en mero trámite formal16.
Una consecuencia de la reforma de Valenzuela y San Roque fue la erección de
las nuevas sedes del Banco de Aragón, inmediata a la que ya tenía desde 1917 y con
una importante promoción residencial aneja alineada con Valenzuela, y de la com-
pañía de seguros La Adriática. Adquirió así esta zona un carácter predominante-

16 Más adelante veremos que estas viviendas no eran otras que las que el Ayuntamiento estaba
construyendo en la manzana 14 de Miralbueno, lo que daba al acuerdo un manifiesto carác-
ter fraudulento.

una y [Link] 109 10/6/17 11:37:38


110 | Ramón Betrán Abadía

mente financiero que reforzaba el extremo occidental del pequeño CBD establecido
en el tramo del Coso comprendido entre este lugar y Don Jaime17.
Las obras emprendidas por el Banco de Aragón en 194418 eran muy expresivas
de un momento de duras restricciones para la inversión, pero en el que las entidades
financieras y un selecto grupo de particulares retenían unos saneados capitales a la
espera de tiempos mejores. Sobre un solar de 3.642 m2, el banco promovió un gran
edificio ordenado en torno a un patio central, con siete plantas y ático, más una torre
de reloj de 47,65 metros de altura en la esquina del Coso con Valenzuela. Este volu-
men incluía la casa central y la sucursal de la entidad en las plantas baja y principal,
revestidas con granito; veintiuna oficinas para alquilar en la parte interior de todas
las plantas superiores; veintiuna espaciosas viviendas de alquiler en la parte exterior
de esas mismas plantas, y un pasaje en la baja por el que se accedería a una sala de
cine limítrofe19. La imagen del edificio se atenía a un pesado monumentalismo cla-
sicista muy a la madrileña, empeñado en hacerse notar aunque la memoria del pro-
yecto afirmara haber buscado una neutralidad afín a la pretendida por Borobio y la
Academia de San Fernando en la plaza del Pilar.

Nueva vía de enlace de la puerta del Carmen con San Juan de los Panetes
El plan de 1939 previó abrir desde la puerta del Carmen hasta San Juan de los
Panetes una amplia vía provista de la máxima importancia estructural en relación
con la circulación rodada, ya que relacionaría con el centro urbano la confluen-
cia de la avenida de Hernán Cortés y los paseos de Pamplona y María Agustín,
atravesando las zonas densamente pobladas de Azoque y Mercado20. La vía se

17 De las doce sedes centrales de bancos zaragozanos reseñadas por el Indicador municipal de
1945, siete estaban en el tramo este-oeste del Coso (Banco de Bilbao en el número 31; Banco
Vitalicio en el 33; Banco Zaragozano en el 47-49; Banco de Aragón en el 54; Banco Español
de Crédito en el 56; Banco Aragonés de Crédito en el 67, y Banco de España en la plaza de
España, número 8), cuatro en Independencia (Banco Hispano Americano en el número 2
–esquina a plaza de España–; Banco de Vizcaya en el 4; Banco de Crédito de Zaragoza en el
32, y Banco de la Propiedad en la inmediata calle de Costa, 2) y una en la calle de Alfonso
(Banco Popular de los Previsores del Porvenir, en el número 12).
18 Anteproyecto aprobado por la junta general del Banco de Aragón en junio de 1944, en
AMZ, caja 200200, exp. 2583/1944. Proyecto de diciembre de 1944, en AMZ, caja 200448,
0000000/1944. El banco compró los terrenos de Coso, 52 y Valenzuela, 1 en 1941, según
la Memoria sobre los ejercicios 1936 a 1941 (1942: 12), que refirió los saneados beneficios
logrados con entusiasmo apenas contenido.
19 También el edificio de La Adriática, de composición formal más afortunada, se atuvo a un
programa complejo, con locales comerciales en la planta baja y la entreplanta, oficinas en las
siguientes seis plantas y viviendas en las cuatro restantes y el ático.
20 En el futuro, la vía recibiría los nombres, no siempre oficiales, de Sanjurjo (en su parte meri-
dional), Imperial (al principio, el tramo inmediato a las murallas y los Panetes), de los Héroes
(al principio, el tramo situado al norte del Ebro) y César Augusto (al principio, la plaza de
San Juan de los Panetes).

una y [Link] 110 10/6/17 11:37:38


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 111

Proyecto de reforma interior: nuevas alineaciones, hoja 3. [aMz, Es 50297, aM 04.02, caja sig.
0586].

una y [Link] 111 10/6/17 11:37:40


112 | Ramón Betrán Abadía

Puerta del Carmen. [aMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 196].

proyectó con 20 metros de anchura, calzada de 11 y aceras de 4,50 metros. Puesto


que atravesaba zonas muy consolidadas, para reducir los derribos se descompuso
en cinco tramos de directriz cambiante, adaptados en lo posible al trazado viario
preexistente.
El primero de esos tramos, empezando por el sur, unía en línea recta la puerta
del Carmen con la iglesia de San Ildefonso o Santiago, siguiendo la dirección de la
calle existente de la Soberanía Nacional y atravesando la manzana del Parque Iris.
En el entorno de la puerta del Carmen, objeto de una de las perspectivas del pro-
yecto21, se alteraron las previsiones del plan vigente desde 1927, sustituyéndose los
grandes chaflanes curvos que debían escoltarla por sendos ángulos entrantes; estos

21 El plan de reforma incluyó ocho grandes perspectivas: plaza del Pilar hacia el Altar de la Pa-
tria (dos) y la Seo; prolongación de Independencia y plaza de la Santa Cruz; plaza de Santiago
desde Requeté Aragonés; Coso y plaza de San Roque; puerta del Carmen y avenida de San-
jurjo, y plaza de la Magdalena. Hemos de suponer que estos espacios eran los más valorados
por los arquitectos.

una y [Link] 112 10/6/17 11:37:40


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 113

Plaza de San Ildefonso. [AMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 198].

formaban una amplia semiplaza rectangular que permitía rodear con la circulación
rodada la glorieta ajardinada sobre la que quedaría la puerta22.

22 El 18 de junio de 1897, se aprobó provisionalmente un proyecto de ensanche por la entrada de la


puerta del Carmen, aislamiento de esta y prolongación de la calle de Canfranc, redactado por Ricardo
Magdalena; aunque en 1908 pareció que había llegado el momento de llevarlo adelante, su
aprobación definitiva se retrasó hasta el 14 de septiembre de 1927 y su ejecución todavía más. En
el pleno del 21 de octubre de 1936, el concejal Pellegero recordó que en tiempos del centenario
de los Sitios se había acordado aislar la puerta y colocar una balaustrada a su alrededor, y pidió
que se instalara esta; el 14 de abril de 1937, se aprobó el proyecto formado por la Dirección de
Arquitectura para el aislamiento de la puerta y la verja que debía rodearla (BETrán, 2014: 124-
126).

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114 | Ramón Betrán Abadía

El segundo tramo, también recto, enlazó la nueva plaza de San Ildefonso con el
encuentro del Coso y la calle del General Franco (hasta 1936, del Conde de Aranda,
y antes aún del Portillo). La plaza de San Ildefonso, a eje con la calle del Requeté
Aragonés (antes, del Cinco de Marzo) y objeto también de una perspectiva, era en
realidad una ampliación de la de Salamero, que sanearía el barrio de Peromarta y
enfatizaría el acceso a la iglesia de Santiago, «lugar donde se celebran grandes festi-
vidades». Esta nueva plaza también estaba afectada por el proyecto de ensanche de
la calle del Teniente Coronel Valenzuela, al que dedicamos el apartado anterior.
Los tramos siguientes de la vía unirían el Coso con San Juan de los Panetes,
elemento destacado de su recorrido junto con la puerta del Carmen, Santiago, el
Mercado y las murallas. El plan mantenía la estrecha manzana comprendida entre
las calles de Escuelas Pías y Cerdán, pero ensanchando esta última mediante el
retranqueo de la parte meridional de la manzana y, sobre todo, el trazado al este
de una nueva alineación que arrancaba del extremo occidental de la fachada de la
Audiencia para acordarse rápidamente con el lindero interior de los solares que
hasta entonces constituían ese frente, susceptibles de expropiación hasta la calle de
la Torre Nueva. Al norte, la manzana Cerdán-Escuelas Pías y la comprendida entre
Cerdán y Antón Trillo se acortarían hasta la alineación de la calle de San Pablo,
formándose así una plaza ante la fachada sur del Mercado Central. Aunque de todo
ello resultaba una afección sobre la edificación residencial existente mayor que la
que hubiera supuesto eliminar la manzana Cerdán-Escuelas Pías, la propuesta tenía
las ventajas implícitas de no exigir el derribo del Mercado y dejar fuera de ordena-
ción la fila de inmuebles que hasta entonces formaban (y en 2016 siguen formando)
la fachada oriental de la calle de Cerdán (hoy César Augusto), de lo que los arqui-
tectos podían esperar que quedara al aire un nuevo tramo de muralla romana. El
ensanchamiento de la calle de Cerdán y la apertura de una nueva calle que la uniría
con la plaza de San Felipe se asociaba, además, al saneamiento del barrio de detrás
de la Audiencia, una maraña de callejones sin salida y mala vida.
En su última porción, ya cerca del paseo del Ebro y tangente al tramo exento de
las murallas romanas, la avenida proyectada daba paso, a través de la plaza de San
Juan de los Panetes, a la plaza del Pilar. Se vinculaba así este gran espacio represen-
tativo con la reliquia heroica de la puerta del Carmen.
Por supuesto, la apertura de la nueva vía exigiría renovar la edificación de sus
flancos, lo que no solo supondría una mejora estética e higiénica, sino una reestruc-
turación de la trama parcelaria y una muy apreciable revalorización del suelo.
Aunque los arquitectos ya tenían in mente una conexión de la vía más tarde
llamada Imperial con la Academia General Militar, que no volvería a funcionar has-
ta el curso 1942-43, de momento no se aludía a una continuación de aquélla más
allá del Ebro. Fuera aún del Ayuntamiento, Yarza había realizado un croquis de esa
conexión en junio de 1939; jefe de la Dirección de Arquitectura municipal desde
1941, la recogería, con un explícito protagonismo estructural, en el anteproyecto de
ordenación general que formó en 1943 con Borobio y Beltrán.

una y [Link] 114 10/6/17 11:37:41


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 115

Plaza de Nuestra Señora del Pilar


Junto con la vía Imperial, las dos reformas más relevantes del plan de 1939 fueron
la ampliación de la plaza del Pilar y la prolongación del paseo de la Independencia:
actuaciones ya conocidas de las que solo interesa resaltar las relaciones mutuas que
ahora se les impusieron, que sí comportaron novedades de importancia.
Como se vio en el capítulo III, la nueva plaza del Pilar, pieza capital de una ciu-
dad sometida a una extrema jerarquía espacial, se diseñó como escenario de celebra-
ciones religiosas y militares, y foro que aglutinaría las sedes de los poderes emanados
de la guerra: el Ejército, la Iglesia y las instituciones civiles estatales y locales. Si en
el anteproyecto de 1936 el nuevo ámbito se configuraba como una larga avenida de
geometría indiferenciada, en su revisión de 1937 el Pilar, epicentro de un fascismo
teocrático ya bien definido, reforzó su supremacía sobre el resto de edificios que
bordeaban una plaza cuya planta se deformó con un compás que ampliaba el espa-
cio libre ante el santuario. Lo religioso se imponía como ingrediente dominante de
la plaza y la ciudad, de igual modo que se sobreponía a todas las manifestaciones del
Nuevo Estado, ya fueran eclesiásticas, militares o políticas.
En 1939, el proyecto de la plaza estaba en curso de ejecución y esta se quería,
si no acabada, al menos avanzada para la celebración del XIX centenario de la visita
de la Virgen. El plan de reforma interior lo incorporó con las modificaciones hechas
en marzo de 1939 para satisfacer algunas de las recomendaciones de la Academia
de Bellas Artes de San Fernando, pero tropezó con serias dificultades para resolver
el enlace con un entorno que se había complicado demasiado.
En el Altar de la Patria, el plan acentuó la potente y contradictoria clausura
esbozada en marzo: un muro recto exento de igual altura que los edificios late-
rales, con los que compartía cornisa, corría de norte a sur sin interrupciones ni
puertas, reduciendo la comunicación entre sus dos lados a los semiocultos por-
ches laterales. La cara oriental del muro se cubría con una enorme placa con los
nombres de José Antonio Primo de Rivera y los caídos zaragozanos por Dios, por la
Patria y por su Revolución Nacional; ante ella y sobre una elevación del pavimento,
se erigía un enorme crucifijo exento, frente al que tendrían lugar misas y multitu-
dinarias concentraciones militares y políticas. Esta configuración determinaba un
aspecto más severo y, cabe decir, castrense que en 1937, según mostraba una de
las perspectivas del plan, que representaba la celebración de una ofrenda. Pero,
sobre todo, el abrumador muro aislaba la plaza del Pilar de la de San Juan de los
Panetes mucho más que las permeables columnatas de 1936 y 1937, establecien-
do una barrera que apenas dejaba ver la coronación de la torre de esta iglesia, e
impedía la continuidad de la explanada catedralicia hasta las murallas romanas
y la nueva vía, de gran carga simbólica, que por el sur llegaría hasta la puerta del
Carmen y por el norte podía preverse ya que continuaría hasta la Academia Ge-
neral Militar.

una y [Link] 115 10/6/17 11:37:41


11 | Ramón Betrán Abadía

La Hospedería y el Altar de la Patria desde la plaza. [AMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587;
Revista Nacional de Arquitectura, 1, 1941: 46].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 117

Prolongación del paseo de la Independencia


La irrupción de la potente vía Imperial debilitaba el vínculo íntimo que todos los
proyectos redactados para la plaza de las Catedrales entre 1905 y 1936 habían esta-
blecido con la prolongación de Independencia. La inclusión de la plaza en la escala
mayor de la reforma del centro urbano también hacía patente que el énfasis dado
en 1937 a la anteplaza de la basílica devolvía protagonismo a la calle de Alfonso,
eclipsada en las propuestas de 1930 y 1936 por la continuación del Paseo. Y, ade-
más, esta se aproximaba demasiado a Don Jaime, calle que atravesaba el Ebro por el
puente de Piedra y por fuerza seguiría siendo fundamental para el tráfico rodado23.
Aunque el plan de reforma asumió como inevitable la prolongación del paseo de la
Independencia, su memoria admitía que, si planteada aisladamente o relacionada
solo con la unión de las plazas del Pilar y la Seo podía parecer pertinente, una visión
más amplia provocaba serias dudas24:
Es una antigua aspiración de la Ciudad. Mucho hemos pesado el pro y el contra de esta
reforma, antes de incluirla en este plan.
Estudiamos la posibilidad de sustituirla por una ampliación de la calle de D. Jaime I,
y vimos que la expropiación de inmuebles situados en una calle de tanta importancia
comercial supondría un coste extraordinario, y además observamos que la situación de
la calle, que es inmejorable en relación con el puente de Piedra, no lo es en su desembo-
cadura en el Coso, fuera ya de la Plaza de España.
La construcción de la Plaza del Pilar, lugar de máxima prestancia de la Ciudad, exige
una comunicación de análoga nobleza con el centro de la población. Esta razón nos
movió, en vista de los inconvenientes que presentaba el ensanchamiento de D. Jaime, a
estudiar la prolongación del Paseo.

Así pues, la costosa actuación se aceptaba menos como necesidad intrínseca


del Paseo y de las comunicaciones generales de la ciudad en dirección norte-sur,
que como complemento de la plaza del Pilar: era una especie de alfombra roja
tendida desde la plaza de España para devolverle el protagonismo urbano que
desde mediados del siglo XIX se había ido desplazando hacia el sur. Se repetían
los móviles y la coartada de la apertura de la calle de Alfonso, y se advertía de paso
que la prolongación suprimiría cientos de inmuebles de valor muy inferior a los

23 Una mayor sensibilidad hacia el valor histórico del puente de Piedra hacía implanteables pro-
puestas como la hecha por el ingeniero provincial Enrique de León y Mesones en 1878, de
demolerlo y construir otro metálico, más amplio, para rematar la prolongación de Indepen-
dencia.
24 No solo Borobio y Beltrán dudaron de esta actuación, como acreditan las constantes vaci-
laciones en su ejecución, siempre postergada y, ya en los sesenta, desechada. El 27 de no-
viembre de 1940, el concejal Gómez Laguna rogaría a la Corporación que, a la vez que se
ejecutaba la reforma de las calzadas y andenes de la plaza de España aprobada en el mismo
pleno, «comience el estudio de la prolongación del Paseo de la Independencia, a fin de que se
puedan hacer simultáneamente». El teniente de alcalde Caballero replicó «que dicho proyecto
requiere un estudio detenidísimo antes de ponerlo en práctica, por lo que no se pueden unir
estos dos proyectos».

una y [Link] 117 10/6/17 11:37:42


118 | Ramón Betrán Abadía

de Don Jaime, donde no era conveniente ni viable una operación de saneamiento


residencial25.
Decidida la prolongación, había que elegir entre las varias opciones propuestas
hasta entonces para su sección y dirección exacta. Borobio y Beltrán recuperaron los
25 metros de anchura del proyecto de Zuazo (la mitad que el Paseo decimonónico
y poco más del doble que Alfonso y Don Jaime), divididos en 18 metros de calzada
y aceras de 3,50 metros, que se ampliaban con un porche de cuatro a cada lado.
También como Zuazo, quebraron ligeramente el eje de Independencia para dirigir
su continuación hacia el punto medio de la recta que unía el Pilar y la Lonja. Pero ni
en 1930 ni en 1939 se aprovechó la posibilidad que daba este giro para llevar el Pa-
seo hasta el río, donde se hubiera planteado un nuevo conflicto con el muy cercano
puente de Piedra, alineado con Don Jaime. En ambos proyectos se interponía una
manzana situada a eje con la prolongación, que el 6 de marzo de 1940 se decidiría
ocupar con la nueva casa consistorial.
Se confirmaba así la función escenográfica de la prolongación del Paseo, que al
final tropezaría con la plaza del Pilar y la fachada del Ayuntamiento. A pesar de ello,
el plan de reforma seguía tratándola como vía rápida con tráfico intenso:
Como se trata de una vía de gran tráfico se ha procurado reducir al mínimo el número
de calles que acometan a ella.
Así, se han suprimido las salidas para carruajes de las calles de Cuatro de Agosto, Esté-
banes y Goya, las cuales acometerán a la nueva vía a través de pórticos para peatones,
enlazados con los porches de la misma y de manera que no se produzca solución de
continuidad en las fachadas de las edificaciones.
Quedarán como vías transversales, con acometida a la nueva vía, las calles de Méndez
Núñez, Espoz y Mina y Santiago.

Aunque las nuevas alineaciones se llevaban por delante la Casa del Canal, «edi-
ficio antiguo sin gran interés, por las modificaciones modernas que ha sufrido», el
ligero quiebro de la prolongación del Paseo permitía salvar la iglesia de la Santa Cruz,
«buen ejemplar del neo-clásico de Ventura Rodríguez26 y la casa de los Torrero27,

25 Los propósitos especulativos de la prolongación del Paseo, tan evidentes en el debate Zuazo-
Navarro, se disimulaban bajo un velo de rancia piedad neobarroca, que permitía asemejar la
gran avenida a las vías de peregrinación abiertas por Sixto V en Roma, de basílica a basílica:
«La grandiosa vía que irá desde la iglesia de Santa Engracia al Pilar divino, será siempre la vía
gloriosa de los innumerables mártires y aquel arco [de Cinegio], el arco triunfal situado en
medio de la ciudad glorificada, que la fe y la historia han consagrado; y no puede ser otra cosa
ni decorarse de modo mejor; por ella desfilarán las peregrinaciones nacionales y extranjeras
a banderas desplegadas, como se manifestaron aquellos mártires que ganaron para la ciudad
inmortal la fe aragonesa viva y fervorosa» (barón de La Linde, «El arco de Cinegio», Aragón,
150, 3/38).
26 En realidad, la iglesia fue proyectada por Agustín Sanz y Julián Yarza.
27 Futura sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón.

una y [Link] 118 10/6/17 11:37:42


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 119

Prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la Santa Cruz.


[AMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 169].

Religiosas de la Consolación y la de Espoz y Mina n.º 26, ambas de interés artístico».


Con estos tres edificios, se formaría «un rincón típico» en la plaza de la Santa Cruz,
abierta por su lado oeste a la prolongación de Independencia, como se abrían las
plazas de Ariño y Sas a Don Jaime y Alfonso. Cerca, desaparecería la fachada de la
casa de Pardo, afectada por el ensanchamiento de la calle de Espoz y Mina, ya ini-

una y [Link] 119 10/6/17 11:37:43


120 | Ramón Betrán Abadía

ciado junto al palacio y «de gran interés para el tráfico de la Ciudad, en su dirección
este-oeste»28.
Una de las perspectivas incluidas en el plan representa un tramo de la prolon-
gación de Independencia que incluye la apertura lateral a la plaza de la Santa Cruz,
con el candelabro rematado por una cruz y los jardines ejecutados entre febrero y
mayo de 193729. Las plantas bajas de los edificios recayentes al Paseo muestran los
mismos pórticos adintelados de abstractos pilares prismáticos previstos para las nue-
vas construcciones de la plaza catedralicia y, como estas, soportan cuatro plantas
de ladrillo visto, rematadas por un delgado alero de hormigón armado. No hay una
relación formal entre la edificación del tramo de Independencia situado al sur de la
plaza de España, provista de altas arcadas, y la de su prolongación, que, de acuerdo
con la justificación de su apertura, es un apéndice de la plaza del Pilar:
La arquitectura de los edificios de la calle se sujetará a normas de uniformidad, y los
porches serán una prolongación de los de la Plaza del Pilar, con lo que se obtendrá un
conjunto urbano de carácter monumental.

Plaza de San Felipe


Como se ha adelantado, se esperaba que el ensanchamiento de la calle de Cerdán
mejorara el entorno de la plaza de San Felipe, otra área degradada de la ciudad. La
memoria del plan de reforma detallaba así las actuaciones previstas en este ámbito:
La proyectada calle de Torresecas se suprime y se sustituye por una ampliación de la de
la Audiencia30. Motivos de esta variación han sido el considerar más interesante mejorar

28 «Las nuevas alineaciones no afectan al patio, que es lo mejor de la casa, y podrían construir-
se nuevas fachadas conservando los elementos artísticos de la actual como son la portada,
arquería superior y alero». La casa de Pardo alberga desde 1979 el museo Camón Aznar,
proyectado precisamente por Regino Borobio. Al final, la fachada no se retranqueó, con lo
que la calle se estrecha frente a la portada de la iglesia de la Santa Cruz.
29 En la sesión plenaria de 10 de febrero de 1937, el gestor Aurelio Grasa pidió que se embelle-
ciera la plaza de la Santa Cruz, «colocando en su centro una gran Cruz forjada que evocara
su denominación y un jardincillo», y solicitó la ayuda económica de las entidades radicadas
en ella, de acuerdo con un procedimiento recaudatorio voluntario con cierto auge en este
período. El delegado militar Loscertales aseguró que la Casa del Canal, con sede en la plaza,
aceptaría sufragar la cruz. El 3 de mayo ya se pudo bendecir esta e inaugurar la fuente y los
jardines, completados con una inscripción desproporcionada con la magnitud de la obra:
«GLORIETA DE LA SANTA CRUZ / EsTE JarDín quE En su cEnTro osTEnTa una cruz arTísTi­
ca y BEnDiTa, / Es EL síMBoLo DE La nuEVa EsPaña, DE nuEsTra PaTria crisTiana quE / rEsurGE
TEniEnDo Por Guía La sanTa cruz. / niños­aDuLTos­ancianos / rEsPETaD EsTE conJunTo
siMBóLico y BELLo Para DEMosTrar quE sois / ciuDaDanos DiGnos DE una EsPaña GranDE, una,
LiBrE E iMPEriaL. / ¡arriBa EsPaña! ¡ViVa EsPaña!». Y, al pie de la cruz: «¡TransEúnTE! EsTa
cruz BEnDiTa EsPEra DE Ti una oración Por / Los MuErTos DE La GuErra. / r. i. P.». Situada
en el centro de la ciudad romana y junto a la futura prolongación de Independencia, la cruz
de forja venía a ser un modesto sucedáneo de la cruz del Altar de la Patria que tanto costaría
erigir al Ayuntamiento.
30 El callejón de Torresecas arrancaba de la calle de Fuenclara hacia el Coso, interrumpiéndo-
se por la propiedad de la familia Alfonso. Desde finales del XIX se habían considerado las

una y [Link] 120 10/6/17 11:37:43


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 121

la calle de la Audiencia, con lo que se pone en valor la fachada lateral de este edificio, y
la conveniencia de disminuir en el Coso los puntos de acometida de calles laterales, que
son otros tantos puntos de conflicto para el tráfico.
Con esta modificación se evita tocar un edificio interesante, cual es la casa de Fuen-
clara.
La calle de la Audiencia, de 12 metros de anchura, desembocará frente a la fachada
lateral de San Felipe. La manzana comprendida entre Morata y Agustines se suprime
para ampliar la plaza de San Felipe. En esta plaza se modifica la alineación de la casa
contigua al Palacio de Argillo, para facilitar la entrada a la calle del Temple. El torreón
de Fortea no se modifica, por su interés artístico, así como las casas contiguas que con-
servan algún carácter. Para ello hay que anular la alineación vigente en esta parte de la
plaza. La embocadura de Torre Nueva se ensancha con un retranqueo de la casa n.º 31
hasta alcanzar la fachada primitiva, hoy oculta por la edificación de la esquina. La man-
zana entre la calle de Violín y la plaza se suprime. Con todas estas reformas, el tráfico
se facilita notablemente, sin pérdida del carácter de esta plaza que es uno de los lugares
más típicos de la vieja Ciudad.
Se ve que el plan tenía ya una clara idea del valor de los edificios históricos,
entendidos aisladamente, y de la necesidad de proteger determinados ambientes
urbanos típicos o con carácter, en razón de su escala y edificación. Pero aún distaba
de asimilar el valor específico de la trama urbana como conjunto espacial coherente
e inseparable de las construcciones en cuanto a escala, texturas o limitación de los
puntos de vista, tal como en 1889 había expuesto ya Camillo Sitte, de cuya traduc-
ción española de 1922 poseía un ejemplar Borobio. Anclado en conceptos que em-
pezaba a superar la doctrina más avanzada, el plan de 1939 entendía como mejora
del entorno de los monumentos el aumento de su visibilidad, si no aislándolos al
menos despejando sus alrededores (véase el caso extremo de la plaza del Pilar), y no
consideraba que discontinuidades como las muchas que proponía suprimir en aten-
ción a la fluidez del tráfico (por ejemplo, a la derecha al palacio de Argillo) dañaran
la percepción del monumento en la escala que le era propia.

Plaza de la Magdalena
En el extremo opuesto del casco romano, el plan de reforma subsanó el estrangu-
lamiento producido por el encuentro del Coso con la sede de la Universidad, en-
sanchándolo hasta los 20 metros mediante el retranqueo de la línea de los números
pares. Enfrente, la alineación de los impares se desplazaba hasta la portada de la
iglesia, suprimiendo la manzana de casas comprendida entre el Coso y las calles
Mayor, Pelegrín y San Lorenzo, y formando ante la fachada sur de la Universidad
una gran plaza de planta pentagonal que era ampliación de la de la Magdalena, y a
la que el plan dedicó otra de sus perspectivas. Con todo ello, según su memoria…

alternativas de privatizarlo, haciéndolo desaparecer como vía pública, o convertirlo en una


calle convencional abriéndolo hasta el Coso. El plan de 1939 prescindía de abrir la calle y, a
cambio, ensanchaba y prolongaba hasta la fachada meridional de la iglesia de San Felipe la
vecina calle de la Audiencia (actual Galo Ponte).

una y [Link] 121 10/6/17 11:37:43


122 | Ramón Betrán Abadía

Plaza de la Magdalena. [AMZ, ES 50297, AM 04.02, sig. 0 587; YEStE, 1998: 216].

[…] mejoran notablemente las condiciones de tráfico de la actual plaza; se proporciona


una desembocadura adecuada a la calle Mayor, que forma parte del eje longitudinal
de la Ciudad; se facilita la visualidad de la iglesia mudéjar de la Magdalena, con su ex-
celente torre, y, finalmente, se produce un lugar de esparcimiento para los niños de la
barriada, con la zona de jardines que se proyectan en el centro de la plaza.

Otras reformas
Además de las reformas descritas, el plan de 1939 contempló la corrección de las
alineaciones de varias calles, «siempre con el criterio de reducir al mínimo las partes
de la ciudad sujetas a variación», y la urbanización de tres sectores incluidos en el
centro urbano que hasta entonces no habían sido edificados:
a) Ya se habló de la prolongación de las calles de San Blas, San Pablo y Santa
Inés a través de las huertas de los conventos de Santa Inés y Fecetas, al oeste
del barrio de San Pablo. Las nuevas calles formarían grandes manzanas que
en algunos casos podrían subdividirse con calles secundarias.
b) Al sur del barrio de San Pablo y cerca de la puerta del Carmen, se trazó
sobre los terrenos sin edificar de la Encarnación y el Hogar Pignatelli una

una y [Link] 122 12/6/17 13:38:10


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 123

calle paralela al paseo de María Agustín y otra perpendicular31 que lo uniría


con la calle de la Madre Rafols32.
c) Al este del casco, se preveía urbanizar el área comprendida entre la calle
de Asalto y el Huerva. En el encuentro del Coso con el paseo del Ebro y el
puente de Hierro, se formaba una gran plaza triangular, de la que también
arrancaría una nueva vía de 30 metros de ancho con la dirección aproxima-
da de la calle de Monreal; esta vía cruzaría el Huerva y, convertida en ronda
perimetral del ensanche, lo enlazaría con el centro. Además de suprimirse
el primer tramo de Monreal, se ensanchaban las calles de la Rebolería y el
Río, para formar en esta parte, con una baja densidad edificada en 1939, dos
grandes manzanas residenciales que constituirían el frente del barrio hacia
el Ebro. Finalmente, entre la nueva ronda, el Ebro y la desembocadura del
Huerva se delimitaba un área triangular destinada a parque público33.
Por último, además de las nuevas alineaciones, en los planos del proyecto se
señalaron mediante un rayado en cuadrícula aquellas zonas donde debían construir-
se nuevos edificios. En las zonas ocupadas por inmuebles antiguos, de parcelación
apretada, la cuadrícula marcaba las fincas que deberían expropiarse, demoliéndose

31 Esta calle llegaría a llamarse de Mosén Juan Bonal, pero no a ejecutarse; más adelante, se
abrió la del Doctor Fleming en una posición parecida, aunque con su dirección algo girada.
La calle paralela a María Agustín prolongaba hasta esa nueva perpendicular la de Albareda,
que entonces terminaba en fondo de saco pasado el cruce con Bilbao.
32 Se vio en BETrán (2013: 281n) que, por mediación del delegado militar ante la Corporación,
Anselmo Loscertales, se había llegado en junio de 1937 a un acuerdo con la Diputación Pro-
vincial para abrir sobre terrenos de su propiedad la calle de la Maternidad, entre el edificio
homónimo y el Hogar Pignatelli, y ampliar además la vía pública sobre terrenos incluidos en
los jardines situados al norte de esta última institución. El 19 de septiembre de 1940, se apro-
bó el proyecto de urbanización del sector correspondiente al final de las calles de Pignatelli y
La Palma, en su desembocadura sobre Madre Rafols.
33 El anteproyecto de ordenación general de la ciudad de 1943 cambiaría a fondo la ordenación
de esta zona, manteniendo un parque público en el lugar de la antigua torre de Bruil, que el
negociante Juan Monserrat había explotado como parque recreativo a comienzos del siglo XX
y que el plan de reforma de 1939 rotuló como «Torre de Monserrat», sin dibujar sobre ella
nuevas manzanas residenciales pero sin prever tampoco su paso al dominio público. En el pleno
de 8 de agosto de 1949, el Ayuntamiento acordó iniciar gestiones para adquirir estos terrenos y
habilitarlos como parque permanente de atracciones; el 10 de diciembre del mismo año, decidió
expropiarlos para destinarlos a parque, «con arreglo a la estructura señalada en el anteproyecto
de Ordenación General de Zaragoza» y «a poder ser dentro del próximo año». La Corporación
retrasó la actuación hasta el punto de que, en el pleno de 9 de febrero de 1956 y a solicitud del
dueño del suelo, José María Monserrat, hubo de declarar la caducidad del expediente iniciado
en 1949, aunque añadiendo que, conforme a lo previsto en el plano de ordenación general y una
vez expropiada la finca, se procedería a ejecutar un parque público de 42.308 m2, de acuerdo con
un proyecto presentado en la misma sesión. Se reinició así el expediente de expropiación y, tras
un nuevo recurso que el Tribunal Supremo falló a favor del Municipio, el plan general de 1959
mantuvo la calificación del suelo como zona verde pública y este mismo año lo ocupó el Ayunta-
miento para convertirlo, ya en la década siguiente, en el parque llamado de Bruil.

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124 | Ramón Betrán Abadía

las construcciones para dejar sitio a solares más aptos para la edificación. En las
nuevas calles que atravesaban zonas agrícolas o con baja densidad de población, no
se consideraba preciso expropiar para lograr ese fin.

Previsiones de gestión
Dentro del apartado «Notas finales», la memoria del proyecto tan solo dedicaba cua-
tro cortos párrafos a la gestión. A falta aún de mecanismos complejos de ejecución
como los que proporcionaría la Ley del Suelo de 1956, el plan de 1939 debía con-
formarse con los clásicos procedimientos de la expropiación y la urbanización direc-
ta por el Ayuntamiento, abastecido de recursos extraordinarios mediante la venta de
los solares resultantes o la imposición de contribuciones especiales. Para solventar
la falta de fondos suficientes, debería formarse más adelante un programa de eje-
cución que fuera acompasando las reformas según su urgencia y las posibilidades
del Municipio, e incluso escalonando la entrada en vigor de las distintas partes del
plan, en cuanto a la prohibición de obras de consolidación, reforma o nueva planta.
Quedaba así en entredicho la capacidad real del Ayuntamiento para llevar adelante
un instrumento tan ambicioso como este:
La trascendencia de un plan vigente en su conjunto es muy grande ya que, con arreglo al
mismo, deberán prohibirse todas las obras que tiendan a perpetuar las edificaciones lla-
madas a desaparecer con las reformas, así como las de nueva planta en terrenos afecta-
dos por las mismas. Ello puede crear dificultades de orden económico al Ayuntamiento,
como consecuencia del gran volumen de expropiaciones que se producirían con dichas
restricciones en la autorización de obras.

Circulación rodada, salubridad y estética


Antes de esas «Notas finales», la memoria dedicaba tres capítulos al tráfico, la salu-
bridad y la estética, retomando el estado de la cuestión con que se había iniciado.
El primero de esos capítulos comenzaba afirmando que las reformas propues-
tas subsanarían todos los problemas que aquejaban a la ciudad: una vez suprimidos
los estrangulamientos de la plaza del Portillo y la Universidad, el eje Coso-General
Franco constituiría una vía amplia sin más reducción que la inevitable de su entrada
en la plaza de España; también adquiriría suficiente amplitud el eje paralelo secun-
dario Predicadores-Mayor, y aun se abriría el barrio de San Pablo a la circulación
rodada en la calle de San Blas. En dirección perpendicular, la nueva avenida tendida
entre la puerta del Carmen y San Juan de los Panetes solucionaría las dificultades
de acceso al centro desde el potente nudo viario existente ante aquella, así como la
comunicación del Coso con el paseo del Ebro. La apertura de la monumental plaza
del Pilar eliminaría la angosta calle homónima, la prolongación de Independencia
relacionaría «directamente este centro espiritual de la Ciudad con la Plaza de Espa-
ña» y las múltiples rectificaciones viarias menores facilitarían el acceso a todos los
sectores antiguos de Zaragoza.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 125

[AMz, ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0573].

Aunque el plan de reforma solo ordenaba el casco histórico, el esquema de trá-


fico consideraba sus necesidades de conexión con las zonas de ensanche del plan de
1934, por entonces en ejecución. Así quedaba de manifiesto en un plano firmado en
julio de 1939 por Borobio y Beltrán, rotulado como Estudio de tráfico. Estado actual,
donde además del viario central se representaban los principales ejes de salida de la
ciudad, o, más aún, en el plano Red arterial de tráfico de los mismos autores y fecha
de agosto de 1938, que grafiaba a escala 1/10.000 la red estructural completa, exis-
tente y proyectada, en las zonas de centro y ensanche34.
No se esperaban del plan consecuencias menos benéficas sobre la higiene urba-
na. Como ya se ha visto, se suponía que suprimiría los principales focos de insalu-
bridad de Zaragoza, en el Boterón, la trasera de la Audiencia y San Pablo, donde las
viviendas insanas, muy escasas de espacios libres, se sustituirían por otras ajustadas
a las ordenanzas municipales de edificación a punto de aprobarse. En los sectores
cuyas calles apenas se ampliaban, las mejoras procederían de la formación de am-
plios patios de manzana, norma seguida en el proyecto para el barrio de San Pablo,

34 Este plano (véase p. 205) puede relacionarse con la preparación del anteproyecto general
de ordenación, con los proyectos en curso para la mejora de los grandes enlaces viarios de
la ciudad y, como sugiere su acabado gráfico, con la Exposición Municipal de Arquitectura,
Urbanística e Ingeniería que preveía organizar el Ayuntamiento a finales de 1938 o comienzos
de 1939.

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12 | Ramón Betrán Abadía

que podría aplicarse a otras zonas una vez se estudiara la organización de sus man-
zanas para señalarles alineaciones interiores.
Por último, la memoria basaba la «Estética», relacionada con los valores propios
de la ciudad antigua, en una supuesta reducción al mínimo de las zonas a demoler,
en el mantenimiento de todos los edificios de valor artístico o histórico, y en el real-
ce de su emplazamiento con la adecuada urbanización de su entorno. Tras estos
principios generales, se enumeraban varios casos concretos que evidenciaban, como
advertíamos más arriba, una idea de la conservación anclada en edificios de valor
singular con respecto a los que el urbanismo, más que mantener su ambiente histó-
rico, debía proporcionar las mejores condiciones para su contemplación, un poco a
la manera de las salas de un museo:
El Pilar, la Lonja, la Seo y San Juan de los Panetes mejorarán su emplazamiento gracias
a la nueva Plaza de Nuestra Señora del Pilar.
Otras reformas realzarán las iglesias de San Pablo, las Escolapias, Santiago y la Magda-
lena. La histórica Puerta del Carmen, quedará rodeada de jardines en el centro de una
gran plaza. La reforma respeta los ejemplos más típicos de casas aragonesas, como son
los palacios de Sástago, Urriés, Villahermosa, Vera, Torreflorida, Luna, Fuenclara, Frías,
Lazán, Guara, Argillo y Fortea. Algunos de estos edificios serán rodeados de marco ade-
cuado, con la urbanización del sector que ocupan.
En consonancia con las aportaciones de la reciente legislación española sobre
protección del patrimonio (real decreto-ley de 9 de agosto de 1926 y Ley sobre el Pa-
trimonio Artístico Nacional de 13 de mayo de 1933), el plan aludía a las zonas urba-
nas típicas, episodios aislados de interés fundamentalmente visual y obvia vocación
turística donde se intentaba potenciar una unidad de carácter con criterios similares
a los edificios de valor histórico y artístico:
Los sectores más típicos que son los de cerca de la Seo y San Felipe, quedan sin modifica-
ciones esenciales, y las pocas que se hacen lo son por mejorar la arquitectura antigua.
En estas zonas debe exigirse en las obras que afecten a los edificios el mayor respeto para
los restos de interés artístico y para el carácter del conjunto.
Las nuevas ordenanzas dan pie al Ayuntamiento para regular la edificación en estas
zonas.

Para acabar, el apartado sobre las condiciones estéticas se refería a las calles de
nueva apertura, donde surgiría una edificación también nueva, para la que deberían
dictarse normas «en evitación de la anarquía a que estamos aconstumbrados». El
Ayuntamiento ya había señalado el camino a seguir al exigir en la plaza del Pilar
«un tipo de arquitectura uniforme, en consonancia con el carácter de la plaza», y al
aprobar en la calle de San Vicente de Paúl unas ordenanzas especiales que regulaban
la altura y el estilo de los edificios.
En definitiva, la intervención en la ciudad antigua, aparte de permeabilizarla al
tráfico y abolir la insalubridad, debería preservar su personalidad histórica y, más aún,
dotarla «de unos cuantos conjuntos urbanos de carácter monumental que realzarían
la importancia de Zaragoza».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 127

2. La aprobación definitiva del plan de reforma interior


Durante la exposición pública del plan de reforma, solo presentó una alegación,
que se desestimó, el importante propietario del casco José Alfonso. El 15 de abril de
1940, el Ayuntamiento ratificó la aprobación inicial y elevó el proyecto al Ministerio
de Gobernación para su aprobación definitiva. La Junta Central la otorgó el 22 de
enero de 1942, trasladando al Municipio el dictamen suscrito el 24 de noviembre
de 1941 por Pedro Muguruza, director general de Arquitectura, «para que tenga en
cuenta sus observaciones, para la posible aplicación de las mismas a la realidad». A
su vez, Muguruza se remitía al informe redactado el anterior 25 de octubre por el
arquitecto de la sección de Urbanismo de la Dirección General, Pedro Bidagor35.
Tras una corta introducción36, este había dedicado cuatro apartados a las propuestas
básicas del plan: la prolongación de Independencia, el ensanchamiento del Coso en
el sector del Mercado y ante la Universidad, la apertura de la plaza de las Catedrales
y la vía de enlace de la puerta del Carmen con la calle del General Franco.
El mayor interés del informe radicaba en el juicio muy desfavorable que mere-
cía la prolongación del Paseo, una gran vía de 25 metros de ancho que el plan jus-
tificaba, sin mucho convencimiento, como «acceso digno al Pilar» y por las ventajas
que procuraría al tráfico general de la ciudad unir Independencia con el puente del
Ebro. Según Bidagor, antes que resolver, la actuación complicaría los problemas que
tenía la ciudad, ya que:
1.º- Rompe la unidad del trazado y ambiente del recinto romano37. 2.º- Contribuye a
fijar en la Ciudad antigua, de calles estrechas, el comercio y la vida de relación, aumen-

35 Bidagor, titulado en 1931, se había formado en el urbanismo en el estudio de Ulargui y Otto


Czekelius entre 1930 y 1934, y fue discípulo directo de Zuazo inmediatamente antes de la gue-
rra. A su término, dirigió la oficina técnica de la Junta de Reconstrucción de Madrid, creada
en 1939 para redactar un plan de ordenación de la capital que se terminó en 1941, aunque
no se aprobó provisional y definitivamente hasta 1944 y 1946. DoMènEch (1978: 86-87) ca-
racterizó este instrumento como «una superposición de ideas técnicas modernas, basadas en
el plan de 1929 [de Zuazo], con ideas conservadoras de raíz ideológico-política que definen
principalmente la estructura jerárquica de la ciudad y la figuración de esta en términos de uto-
pía franquista. Así, mientras se mantiene la idea general de trama racionalista, basada en logros
de optimización de la circulación, en la uniformidad racionalista de desarrollo, en la funcio-
nalidad de la estructura de barrios, la idea de Jerarquía se configura a través de la ordenación
escalonada de funciones en la ciudad, cuya lectura a nivel formal debía ser inmediata para el
que contemplara Madrid desde un punto de vista exterior. Surge, pues, una idea, como tantas
de la época, de raíz neoplatónica, consistente en la formación de una ciudad cerrada, con una
relación clara y diferenciada respecto al campo y con una “fachada” que mostrará, a través de
su silueta, aspectos que en las antiguas ciudades definían el orden de jerarquía que presidía de
una forma natural el desarrollo de la urbe». Valga todo esto para el planeamiento zaragozano
del período y, muy en especial, para la ordenación general de 1943.
36 Donde Bidagor decía haber visitado la ciudad y hablado con Borobio y Beltrán, autores del
proyecto, y con Yarza, que ya era arquitecto municipal jefe.
37 El casco romano sufría entonces el destrozo causado por los proyectos de la plaza del Pilar,
la calle de San Vicente de Paúl y el barrio del Sepulcro, todos de 1937 y en ejecución, que

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128 | Ramón Betrán Abadía

tando su densidad y sembrando nuevas causas de congestión para un próximo futuro.


3.º- Retrasa, en consecuencia, la posibilidad de creación de un nuevo centro comercial
en relación más directa con los ensanches, que resuelva con vías y edificios adecuados
este servicio. Este problema es fundamental en la Ciudad y debe ser previsto sin pérdida
de tiempo38. 4.º- Encauza el tránsito rodado por medio de la ciudad antigua aumentando
el valor del suelo y la densidad de las edificaciones, imposibilitando toda descongestión
sanitaria y poniendo en peligro creciente los edificios y ambientes de valor artístico. 5.º-
Como penetración de las vías exteriores, [no] es necesario, ya que el Coso reformado
cumple perfectamente la función de recoger todos los accesos de la Ciudad y ponerlos
al alcance de todos sus sectores vitales.
Bidagor se atenía al criterio de la Sección de Arquitectura de los Servicios Téc-
nicos de FET y de las JONS, que en el documento Ideas generales sobre el plan nacional
de ordenación y reconstrucción (1939: 49-50) había repudiado la apertura de grandes
vías a través de tejidos históricos; el programa falangista postulaba una evolución
enraizada en el alma tradicional de la ciudad y recelaba de transformaciones pro-
pias de la barbarie liberal que «al socaire pedante y vanidoso de las intensificaciones
del tráfico, rasgan los órganos vivos de los barrios, y sin preocuparse de su sentido
funcional, armónico y espiritual, marcan simples cortes, anuncio banal y frívolo de
la furia especulativa de ansiosos mercaderes, insensibles a la vida colectiva y a toda
esencia fina de espiritualidad»39. Igual criterio expuso el arquitecto falangista Víctor
d’Ors, hijo de Eugenio, en un artículo publicado en el número 1 de la Revista Na-
cional de Arquitectura, a propósito de los estudios para el plan general de Salamanca
elaborados con Germán Valentín-Gamazo por encargo de los Servicios Técnicos de
FET. Para D’ors (1941: 54), la preservación de esas áreas exigía apartar de ellas el
tráfico de paso, admitir solo actividades compatibles con sus características físicas,
y alejar la destrucción provocada por la especulación inmobiliaria. Aunque, no obs-
tante esas precauciones y «la preferencia del hombre falangista por construir cual-
quier cosa que sea sobre bases tradicionales y nutrirse de ellas», los centros antiguos
requerirían por lo común ciertas reformas para hacerse más funcionales, eliminar
ganga acumulada e inconveniente, y mejorar la presentación de los monumentos. Y
la misma idea de apartar la ciudad vieja de las corrientes más agresivas de la vida

alteraron a fondo más de un tercio de su superficie y determinaron la expropiación y el derri-


bo de fincas que sumaban 8 hectáreas, el 17,50%. Según la publicación Las calles de la ciudad,
la ampliación de la plaza del Pilar supuso la desaparición total o parcial de las diecinueve
calles y tres plazas que hemos detallado en una nota anterior; la apertura de San Vicente de
Paúl acabó con otras once calles (Cíngulo, Conde de Alperche, Chantre, Graneros, Laberin-
to, Lezaún, Olivo, Red, Rosa, Sartén y Yedra) y cinco plazas (Cebada, Leña, Reino, Talayero
y Tejedores) (BLasco, 1944: 153).
38 En el plan general de Madrid, Bidagor previó nuevos centros comerciales general y secun-
darios, y la reducción de las actividades mercantiles, recreativas y de oficinas en el centro
antiguo, donde tradicionalmente se venían instalando.
39 Eso no impedía que, si debía transformarse la función de un órgano urbano, se aprovecharan
las facultades del Estado totalitario para acometer reformas radicales y producir un elemento
completamente renovado.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 129

moderna inspiró a Bidagor en el plan general de Madrid (1941)40 y el plan comarcal


de Bilbao (1943).
En Zaragoza, consideraba preciso «conservar la ciudad antigua en su mayor
integridad posible, desplazar el comercio creando un nuevo centro a lo largo del P.º
de la Independencia a [¿hasta las?] proximidades de la Plaza de Aragón, recoger los
accesos en el anillo circulatorio del Coso, reducir la circulación rodada en el recin-
to romano y encauzar la comunicación con la ribera izquierda del Ebro a base de
puentes en ambas extremidades del Coso». «La solución perfecta de ordenación del
tráfico» renunciaría a prolongar Independencia y haría del casco romano un reducto
reservado a los viandantes y al tráfico interno, formando a su alrededor una ronda
liberada de cuellos de botella y con capacidad suficiente para servir de base a un
potente sistema rodado radicéntrico. Para ello:
1.ª- Debe ser variado el trazado propuesto en el sector del Mercado, pues no es admisi-
ble dividir la vía en dos partes y llevarlas a ambos lados de un mercado central que tiene
un movimiento extraordinario de carros y peatones. La solución adecuada consiste en
derribar la manzana comprendida entre las calles de Cerdán y Escuelas Pías, y llevar la
vía por el exterior del Mercado y de la Muralla ensanchando la calle de Antonio Pérez.
Sería conveniente derribar el Mercado central y trasladarlo a una zona más próxima a las
estaciones, ya que los barrios han de quedar servidos por mercadillos cuya edificación
está ya prevista por el Excmo. Ayuntamiento. 2.ª- Un estrangulamiento difícil de resolver
es el de la desembocadura de la Plaza de España, pues el ensanchamiento supondría
el derribo del edificio ocupado por el Casino, lo que no puede admitirse. Para obviar
esta dificultad pueden prolongarse los pórticos de la nueva vía prolongación del P.º de
la Independencia hasta la calle de Alfonso I, con lo que el sector estrangulado podría
aumentar la calzada41. 3.ª- Se considera acertada la solución propuesta en el sector de
la Universidad. 4.ª- La salida al P.º del Ebro puede mejorarse suprimiendo la plaza pro-
puesta y encauzando la vía directamente hacia el Puente del Pilar.

Dos años después, el anteproyecto de ordenación general de Zaragoza seguiría


el dictamen disponiendo el derribo de la manzana Cerdán-Escuelas Pías y el Mer-

40 El plan general de Madrid rechazó atravesar la ciudad vieja con nuevas grandes vías y vio en
la congestión, el enorme coste económico, el destrozo y la anarquía arquitectónica provoca-
dos por la reciente apertura de la Gran Vía el ejemplo de lo que nunca debería repetirse. La
solución para el centro antiguo no podía ser su imposible adaptación a la vida comercial mo-
derna, sino mantener su estado actual, fomentar su aire tradicional y evacuar a los ensanches
instituciones, usos terciarios, viviendas y tranvías para reducir la afluencia de gente. Si, aun
así, fuera inevitable practicar nuevas vías de gran capacidad, deberían ser exteriores al área
histórico-artística, originando circulaciones tangenciales a ella.
41 D’Ors y Valentín habían propuesto lo mismo en Salamanca: «Una novedad […] creemos que
constituye en nuestro plan la forma en que se ha resuelto algunos tramos de la red viaria
secundaria […] y que ha consistido en proponer solamente la situación “fuera de línea”, y
por tanto la expropiación, de las primeras crujías de las plantas del suelo […] Esta solución
no planteaba más que conflictos mínimos y proporcionaba, además, un buen paso al cubierto
para los peatones, lo cual, siendo una tradición castellana y norteña y aun levantina, ha sido
olvidada –este sistema de los soportales– con los nuevos tipos de urbanización importados sin
sentido ni adecuación» (D’ors, 1941: 58).

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130 | Ramón Betrán Abadía

cado42, y la ampliación de la calzada en el encuentro del Coso Alto con la plaza de


España a costa de la acera norte, cuya angostura se compensaría con un porche in-
cluido en el volumen de los edificios inmediatos; se querría así salvar el del Casino,
pero sin aclarar si este interrumpiría el porche o se mutilaría su planta baja.
Desviado el tráfico rodado por el Coso y el paseo del Ebro, se recomendaba
mantener como principal acceso peatonal al Pilar la calle de Alfonso, cerrada a los
vehículos. En todo caso, podría aceptarse que la prolongación del paseo de la Inde-
pendencia mejoraría el acceso al Pilar y daría un marco adecuado a peregrinaciones
y concentraciones si se sometiera a nuevos criterios:
Desde este punto de vista es admisible como vía de honor siempre que se realice con la
dignidad que este concepto supone. Como garantía de esta dignidad su aprobación debe
supeditarse a las condiciones siguientes: 1.ª- Altura de edificación de 20 m, igual a la es-
tablecida para la plaza del Pilar. 2.ª- Arquitectura aprobada por el Excmo. Ayuntamiento
impuesta a todos los particulares. 3.ª- Anchura de 25 m con porches en ambas aceras.
4.ª- Prohibición de salas de espectáculos.
No es conveniente una mayor anchura de calle que obligaría a forzar la altura de las edi-
ficaciones con quebranto de la dignidad y aumento de la densidad de uso, con tendencia
a derivar en una Gran vía de especulación con edificación alta desordenada y antiestéti-
ca como la de la Plaza de España, que sería lo más impropio como acceso del Pilar y lo
menos conveniente para el desarrollo de la ciudad por las razones antes expuestas.
Dentro del recinto romano, el protagonismo absoluto correspondería a la plaza
del Pilar, receptáculo de peregrinaciones y ceremonias vinculadas al santuario ma-
riano43. En atención a la importancia excepcional de la plaza «en la fisonomía de la
Ciudad e incluso en las actividades nacionales de arquitectura», Bidagor reclamaba
«un estudio detenido en sus más pequeños detalles». Ante el temor general de que
«resulte demasiado grande para la escala de los edificios, desproporcionada por el
dominio de la longitud sobre la anchura y desamparada por la ausencia de todo ele-
mento ornamental o de vegetación», sugería modificaciones que aceptaría en parte
el anteproyecto de ordenación general de 1943:
1.ª Conviene establecer ámbitos diferentes en el gran conjunto de la plaza para suprimir
el efecto de desproporción y proporcionar a cada edificio su escala adecuada. La plaza
debe comprender tres partes con carácter diferente: el Altar, la Lonja ante el Pilar y
La Seo. Es fácil y fundamental establecer una separación baja (probablemente a base
de vegetación recortada) entre el Pilar y la desembocadura de la Gran Vía. Asimismo
es fácil separar el ambiente del Altar de la lonja ante el Pilar. En tanto que el Pilar
requiere espacio alrededor por su volumen monumental y sus efectos de escorzo, la
Lonja y la Seo piden espacios relativamente pequeños, cerrados y de escala menuda,
lo que habrá de tenerse en cuenta en el trazado de calzadas, arbolado y jardines.

42 En 1943, las calles unidas Cerdán e Imperial serían mucho más que un tramo del cinturón de
ronda completado por el Coso y el paseo del Ebro, al sumárseles una avenida de los Héroes
que Bidagor no había presentido, y que cruzaría el río por un nuevo puente para llegar hasta
la Academia General Militar.
43 Al comienzo del informe, se llamaba la atención sobre «la importancia de la ciudad de Zara-
goza y su categoría nacional derivada de lo que supone la Virgen del Pilar en toda España».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 131

Madrid, reforma de la Puerta del Sol (1857). [ruiz PaLoMEquE, 1976: plano 66].

2.ª La curva de la plaza ante la Catedral del Pilar debe sustituirse por un retranqueo
recto. Estas curvas no han sido utilizadas jamás por la Arquitectura española ni aun
en aquellas épocas, como el barroco, que las impuso en todos los países. En cambio,
es un motivo de composición típicamente francés, lo que puede comprobarse exa-
minando el plano de París en el siglo XVII, donde la plaza curva es repetida decenas
de veces como tema preferido. Parece inadecuado que ante el Pilar de Zaragoza
se proyecte un motivo de composición francés. Téngase además en cuenta que las
plazas de este tipo existentes en España, la Plaza de Aragón de Zaragoza y la Plaza
de Oriente de Madrid, se debe precisamente a la iniciativa francesa en los años de la
Invasión Napoleónica.
3.ª Sería conveniente entre [¿ante?] el Pilar una lonja de toda la anchura de la fachada
y suprimir las circulaciones rodadas entre el altar y esta lonja. La circulación rodada
debe encauzarse por la nueva vía y el P.º del Ebro y suprimirla en el altar, la lonja del
Pilar y la calle de Alfonso I.
4.ª La salida descentrada de la calle de Alfonso I puede resolverse cerrando la calle a la
manera de la plaza Mayor de Madrid. La vista de la cúpula del Pilar como fondo no
se perdería hasta llegar a media calle44.

44 Bidagor proponía continuar la fachada de la plaza enfrentada al Pilar con una crujía que
sobrevolara la calle de Alfonso, al modo de las embocaduras bajo arco de las calles afluentes
a la plaza Mayor.

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132 | Ramón Betrán Abadía

Madrid, la plaza de Oriente. [Elaboración del autor sobre plano de Madrid del Instituto Geográfico y
Catastral (1925)].

De todo lo anterior merece una particular atención el rechazo de la exedra


enfrentada al Pilar, que se relacionaba con la forma semicircular que se dio a la
plaza de Oriente durante el reinado de José I45: en 1941, cuando el Eje avanzaba
triunfal por los campos de batalla de Europa, Zaragoza podía ser italiana, pero no
francesa. Pero su plaza de Aragón se había proyectado en 1840, veintisiete años des-
pués de expulsados los franceses, y la Puerta del Sol madrileña adquirió su forma

45 En la plaza de Oriente, la estatua ecuestre de Felipe IV se alzaba en medio de un óvalo con-


torneado por las estatuas de los antiguos reyes hispánicos, un paseo y una corona también
oval de césped. En 1945, la Dirección General de Arquitectura promovió una reforma que
dio mayor protagonismo al rey Austria, elevado por el doble procedimiento de recrecer su
pedestal y rebajar el suelo circundante; los viejos reyes pasaron a formar dos hileras rectas,
paralelas al eje que unía el Palacio Real con la estatua ecuestre y el Teatro Real (reformado
simultáneamente por Luis Moya), y se deshizo en lo posible la afrancesada forma elíptica de
los jardines para alinearlos con el eje transversal al Palacio. Con todo esto no solo se españolizó
la plaza, sino que se reforzó hasta donde se pudo el dominio de los elementos que simboliza-
ban la máxima autoridad del Estado (cirici, 1977: 136-137).

una y [Link] 132 10/6/17 11:37:50


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 133

Fachada a la plaza del Pilar del edificio del pasaje del Comercio. [TorGuET, 1987: 71].

semielíptica en 1854. Aunque el informe no mencionaba esta plaza (el kilómetro


cero de España), no hay que ignorar el repudio casi pavloviano que los vencedores
de la Guerra Civil sentían hacia ese «zoco de maleantes» (Informaciones, 24/5/39),
cazuela popular atrozmente plebeya (GiMénEz caBaLLEro, 1944: 48), epicentro del
Madrid popular y revoltoso que también Bidagor descalificó por la impresión frívola y
desmoralizadora que emanaba de todos sus rincones (DiéGuEz, 1991: 85-86; casTiLLo,
2016: 252-255). La proyección sobre el compás borobiano de la aversión por la bo-
napartista plaza de Oriente y la republicana Puerta del Sol es muestra del ambiente
reinante en el urbanismo español de la época, tan sugestivo para un psicoanalista
con ganas.
Tres años antes que Bidagor, la Academia de San Fernando había advertido del
mal efecto que produciría la intersección descentrada de la calle de Alfonso con la
semielipse, que Borobio mantuvo en 1939 igual que en 1937. Y tampoco debe ig-
norarse el alto coste que hubiera supuesto expropiar el edificio del pasaje del Ciclón,
cuyo propietario, Luis G. Araiz, había alegado contra el proyecto de la avenida del
Pilar en septiembre del 37, recordando que «la casa Alfonso 40 es sin ninguna duda
la única especial sobre todas las del proyecto por sus características comerciales, por
la situación en el lado derecho, es chaflán, tiene el tránsito del Pasaje a derecha e
izquierda, posee una planta más que las demás, reúne 31 metros lineales de fachada
a la calle de Alfonso y rotonda de la Plaza del Pilar, más 28 metros lineales dentro
del Pasaje, que hacen un conjunto comercial de 59 metros lineales de fachada».

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134 | Ramón Betrán Abadía

En otro orden de cosas, Bidagor elogió la inteligente y moderna solución que


daba el plan de reforma al saneamiento del barrio de San Pablo, limitando al míni-
mo el ensanchamiento de las calles para mantener su carácter, y despejando los patios
de manzana para ocuparlos con jardines y espacios libres46.
Había pasado el tiempo de los vastos destripamientos y las aperturas viarias
indiscriminadas, a la manera de la Gran Vía de Madrid, la Layetana de Barcelona
o las calles zaragozanas de Alfonso, el Portillo y la Yedra. Como escribiría en 1957
Adolfo Florensa, arquitecto conservador del centro histórico de Barcelona, la enor-
me afección de estas actuaciones sobre el patrimonio cultural, el tejido social y la
hacienda municipal no se justificaba en una época dotada de medios de transporte
que hacían casi insignificante el tiempo preciso para dar un rodeo por el contorno
de los barrios antiguos. En vez de abrir y ensanchar calles mediante procedimientos
que durante mucho tiempo dejarían alineaciones irregulares, llenas de entrantes
y salientes, medianeras vistas y nuevos edificios discordantes con el ambiente, era
preferible el esponjamiento por vaciado de patios interiores y derribo de pequeñas
manzanas completas que dieran lugar a un salpicado de espacios libres.
El informe de Bidagor y, con él, el acuerdo de aprobación definitiva del plan de
reforma, concluía advirtiendo «la necesidad de que las ciudades de la importancia
de Zaragoza cuenten con un plan completo de ordenación y expansión. Siendo las
circunstancias presentes muy favorables en Zaragoza por su prosperidad material,
el auge de sus construcciones y la competencia de sus técnicos, sería conveniente
ejercer la mayor presión posible para el debido cumplimiento de dicha necesidad
que es además obligatoria según la Ley».
La ambigüedad de los términos en que se aprobó definitivamente el plan de
reforma interior no dejó del todo claro si los reparos expresados por la Dirección
General de Arquitectura suponían la automática modificación del documento, obli-
gaban a la Corporación a rectificarlo o eran meras elucubraciones sin efectos prácti-
cos. El 13 de febrero de 1942, el Ayuntamiento pleno quedó enterado de la aproba-
ción, «sin perjuicio de que se verifique el oportuno estudio de las observaciones
hechas en el informe técnico». Como consecuencia, Yarza firmó el 25 de febrero de
1943 una modificación de las alineaciones del proyecto de la plaza del Pilar que el
pleno aprobaría el 11 de junio, «prescindiendo de momento de la formación de una
calzada recta de unión entre las desembocaduras de las calles de don Jaime y don
Alfonso, [y] quedando reducido el ensanchamiento elipsoidal de la Plaza por otro
rectangular». El anteproyecto de ordenación general de abril de 1943, manteniendo
grosso modo la del plan de reforma, suprimió la prolongación del Paseo47 y sustituyó

46 «[…] la orientación seguida […] es la buena, y sería de muy buen efecto que se iniciara en
España como se ha hecho en análogos casos en el extranjero».
47 Como se verá en su momento, el Ayuntamiento decidiría el 5 de abril de 1944 incorporar al
proyecto de ordenación general la prolongación del Paseo, «tal como se halla prevista y apro-
bada en el proyecto de reforma interior de la Ciudad».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 135

la elipse, tan poco grata a Bellas Artes y a la Dirección General de Arquitectura, por
el ligero ensanchamiento recto trazado por Yarza, resultado de mantener la línea ac-
tual en las manzanas de ambos lados de la calle de Alfonso (al este, la del pasaje del
Comercio); se permitió así conservar los edificios existentes y se suavizó la abruma-
dora monotonía que hubiera supuesto sustituirlos por otros acordes, aquí también,
con la ordenanza especial de Borobio.

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Capítulo VI

Paréntesis consistorial

Mientras avanzaba el plan de reforma interior, el Ayuntamiento se decidió a cons-


truir su nueva sede. En el pleno del 9 de junio de 1939, el teniente de alcalde Fran-
cisco Caballero propuso emplazarla en el solar situado entre el Pilar y la Lonja, a eje
con la futura prolongación de Independencia.
La propuesta no era nueva. Tras pedir Manuel Franco en 1905 la unión de las
plazas del Pilar y la Seo, se había extendido la idea de situar el nuevo consistorio en
el solar del ruinoso palacio de Ayerbe, cerrando la perspectiva de la esperada pro-
longación del Paseo; el precio exigido por el marqués llevó al Concejo a renunciar a
este proyecto en julio de 1906, si bien anunciando que no desistía de retomarlo en
el futuro (BLasco, 1954: 222). En 1912, se declararon en ruina las casas del Puente
que ocupaba el Ayuntamiento, y en 1914 este se trasladó provisionalmente al excon-
vento de Santo Domingo, donde permanecería cincuenta y cuatro años. Nada más
concluir la Exposición Hispano-Francesa de 1908, el concejal Vicente Galbe había
pedido que se construyera una casa consistorial en la plaza central de la exhuerta de
Santa Engracia, dedicada a Emilio Castelar, y, en diciembre de 1921, el alcalde pro-
puso erigirla en la manzana situada al sur de esa plaza. Terminó el proyecto Miguel
Ángel Navarro en febrero de 1924 y fue aprobado a pesar de la oposición de la
Cámara de Comercio, pero las dificultades económicas retrasaron hasta 1930 un
documento definitivo que amalgamaba mal que bien los múltiples elementos histó-
ricos que el arquitecto creía propios de un ayuntamiento. El 27 de enero de 1930, se
aprobaron el proyecto y la operación de deuda con que se financiarían las obras, con la
oposición del concejal Justo Sesé, que prefería el solar del palacio de los marqueses
de Ayerbe, situado…
[…] en el centro de la plaza que resulte de ampliar la del Pilar y […] frente a la prolonga-
ción del Paseo de Santa Engracia (proyecto que estudia con mucho cariño una poderosa
entidad bancaria) […] Todos los Ayuntamientos de las más importantes poblaciones de

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138 | Ramón Betrán Abadía

España tienen instalada su Casa en la parte antigua de la población […] y nosotros, tan
amigos siempre de imitar, resulta que ahora vamos a constituir excepción.

En agosto de 1931 y para paliar la crisis de trabajo, el alcalde Sebastián Banzo


propuso iniciar las obras del edificio, pero recelos frente al proyecto mal conocido de
la anterior corporación monárquica llevaron al Concejo a desestimar la propuesta;
en noviembre de ese mismo año, se acordó vender el solar para la construcción de
viviendas. Aplastada la República en 1936, se retomó inmediatamente la idea de
Sesé. Las perspectivas elaboradas por Borobio en 1936 y 1937 para la plaza de las
Catedrales mostraban en la manzana del antiguo palacio de Ayerbe, numerada como
1, lo que la memoria de 1937 suponía que sería, probablemente, un edificio público,
provisto de una torre central análoga a la proyectada por Navarro en la plaza de
Castelar, pero con una ordenación volumétrica en U que mantenía ecos del palacio
marquesal: esta posición era ventajosa por su relación con el Ebro y la prolongación
de Independencia, y, más aún, por su inmediatez al Pilar y la Seo, que ratificaba la
inquebrantable alianza entre el nuevo régimen político y la Iglesia.
El 6 de marzo de 1940, año del centenario de la visita de la Virgen, se acordó
emplazar la sede municipal «en el solar edificable que en el Proyecto de la Plaza de
Nuestra Señora del Pilar figura entre el Templo Nacional y Santuario de la Raza,
y la Lonja, en el eje de prolongación del Paseo de la Independencia». Su diseño
resultaría de un concurso entre arquitectos españoles, cuyas bases debía redactar la
Dirección de Arquitectura con la colaboración del Colegio de Arquitectos. El pro-
yecto de bases se aprobó el 11 de diciembre (exceptuada la base sexta, que daba la
dirección de las obras al arquitecto premiado) y el 16 de abril de 1941 se publicó en
el Boletín Oficial del Estado, junto con la convocatoria del concurso de anteproyectos.
Tras una primera base que indicaba la ubicación del edificio, la segunda daba a los
concursantes «absoluta libertad para elegir el estilo arquitectónico que consideren
más adecuado», siempre que estuviera «a tono con los dos edificios próximos y con el
conjunto de la plaza»; la tercera les otorgaba igual libertad respecto a la altura de la
nueva casa consistorial, que guardaría «las debidas proporciones para que el edificio,
sin merma de su suntuosidad, forme un conjunto armónico con los restantes de la
mencionada plaza».
A todos los interesados se les daría copia del informe de la Academia de San
Fernando sobre el proyecto de la plaza, en lo tocante al carácter de sus nuevos edi-
ficios. Como sabemos, la Academia les había exigido la mayor neutralidad, una cor-
nisa uniforme y menor altura que el santuario; en particular, la construcción situada
entre este y la Lonja debería sujetarse a un volumen sencillo y prescindir de las ma-
sas movidas y de la torre central que había dibujado Borobio en sus perspectivas de
1936 y 1937. Las bases del concurso incorporaban también el programa funcional
que Borobio y Beltrán habían redactado el 20 de octubre de 1940.
Al concurso se presentaron once arquitectos, y entre ellos Regino y José Bo-
robio, Miguel Ángel Navarro con su hijo José Luis, y José Yarza con Alejandro Alla-

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 139

negui. El jurado, formado por el ya alcalde Caballero, el concejal Ignacio Bosqued


y los arquitectos José Paz Shaw (secretario), Francisco Cañote (Dirección General
de Arquitectura) y Luis Moya (vocal por los concursantes), falló el 16 de diciembre
de 1941. Según el acta, remitió su juicio a la idea general del proyecto, su resolución
funcional, administrativa y representativa, y su tratamiento arquitectónico; elimina-
dos tres anteproyectos que no satisfacían estos factores (entre ellos el de los Nava-
rro), clasificó el resto en tres tipos básicos: el «gran palacio renacentista», la solución
de edificio frontal representativo con otro adosado posterior administrativo, y el edi-
ficio único con parte administrativa en las plantas inferiores y representativa en las
superiores. Al primer tipo pertenecía el trabajo que obtuvo el segundo premio (Ma-
nuel Lorente y Arístides Fernández Vallespín), y al tercero los ganadores del primero
(el madrileño Alberto Acha1, el zaragozano Mariano Nasarre y Ricardo Magdalena
Gayán, hijo del fallecido arquitecto municipal Ricardo Magdalena Tabuenca) y el
tercero (Gaspar Blein y Manuel Martínez Chumillas)2.
El jurado calificó el anteproyecto ganador, presupuestado en 11.545.853,33
ptas., de excelente en términos generales, añadiendo que resolvía mejor que ningún
otro los aspectos representativos y funcionales del edificio, que era «completamente
original en cierto aspecto» y que alcanzaba «un alto nivel arquitectónico»:
[…] su solución de fachadas es la mejor, por ser la más lograda plásticamente, tanto en
sí como en relación a la plaza, presentando un acertado contraste de masas con la Lonja,
que realza el valor de esta sin disminuir en importancia de lo proyectado, y formando un
buen cierre en masa de la futura avenida; por otra parte, esta fachada acusa sinceramen-
te el funcionamiento interior en su idea principal.
Al comienzo de la memoria, Acha, Nasarre y Magdalena habían sugerido, muy
de acuerdo con las circunstancias políticas del momento, el vínculo de su proyecto,
a través de su relación con la Lonja, con una arquitectura local no solo tradicional,
sino imperial e italianizante:

1 De Alberto Acha Urioste (1913-1945), arquitecto por oposición de la Dirección General de


Arquitectura desde 1942, escribió DoMènEch (1978: 50-52) que era uno «de los mitos de
la arquitectura falangista»: «Entre los pocos proyectos que pudo realizar destaca el Ayunta-
miento de Zaragoza […] En este proyecto, se produce una difícil síntesis: la del método
compositivo académico, el respeto por la arquitectura tradicional de ladrillo y por la escala
urbana de Zaragoza, la tecnología de la construcción moderna y un leve toque de monumen-
talismo romano-fascista. En esta síntesis, se vislumbra cómo el academicismo, a pesar de la
resistencia que opone al contagio de las nuevas corrientes europeas, entra en contradicción
con sus propias leyes, se pudre interiormente. Es difícil la perviviencia de un estilo al que los
materiales (en este caso, el ladrillo empleado en los moldurajes), o la tecnología (el hormigón
armado de los voladizos) traicionan de manera ostensible». La Revista Nacional de Arquitectura
le dedicó el número 49-50 (1946) con motivo de su muerte, cuando solo tenía 32 años.
2 El concurso mereció un monográfico de la Revista Nacional de Arquitectura, el número 9 de
1942, donde se publicaron el acta del jurado, los tres proyectos premiados y las tres mencio-
nes honoríficas, que se dieron a José Subirana y Manuel Sainz de Vicuña (primera), Regino
y José Borobio (segunda), y Luis Gómez Esteru, Rodrigo y Felipe Medina, y Alfonso Toro
(tercera).

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140 | Ramón Betrán Abadía

Acha, Nasarre y Magdalena: el nuevo ayuntamiento desde la plaza. [Revista Nacional de Arquitectura,
9, 1942: 3].

Fue Aragón el primer Reino de la península que, por sus conquistas, tuvo relación con
el Renacimiento, sirviendo de vehículo, y, como consecuencia, ostentó en su ciudad, du-
rante los siglos XV y XVI, los magníficos palacios que tanta influencia tienen de lo italia-
no; ninguno tan claro como la Lonja, que es un palacio florentino traducido al ladrillo.
De todo esto puede deducirse un fondo clásico de concepto en el trazado, regular, sujeto
a un módulo, y su expresión en la técnica del ladrillo, de tradición mudéjar. Su arquitec-
tura municipal debe tener esta expresión.
Por último, el acierto también es desde el punto de vista simbólico; toda vez que los
continuos edificios del Pilar y de la Lonja son la representación arquitectónica de la vida
espiritual y material de la ciudad, sin olvidar al inmediato río Ebro (acha, MaGDaLEna
y nasarrE, 1942a: 3).

Lo italiano no obstaba que la obra proyectada, que debía representar el carácter


de la ciudad, fuera españolísima «en la distribución general con patio a la española»,
ni que el reflejo de la historia espiritual y económica de Zaragoza en la cuidada re-
lación con el Pilar y la Lonja se completara con «un aspecto exterior, de procedencia
militar», que recordaba el heroísmo de los Sitios, y con un interior de «gran nobleza»
(acha, MaGDaLEna y nasarrE, 1942a: 6).
El oportunismo verbal no puede ensombrecer un trabajo valioso, que se atuvo
escrupulosamente a las bases del concurso y logró una óptima inserción espacial

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 141

Acha, Nasarre y Magdalena: portada del nuevo ayuntamiento. [Revista Nacional de Arquitectura, 9,
1942: 12].

una y [Link] 141 10/6/17 11:37:54


142 | Ramón Betrán Abadía

gracias a una discreción volumétrica no exenta de monumentalidad3, al uso del la-


drillo y a la prolongación de las líneas compositivas de la Lonja (arquerías, óculos,
impostas, cornisa, modulación…), sin descuido de las del Pilar:
La fachada de la nueva Casa Consistorial se ha proyectado totalmente de ladrillo, según
la técnica local y el afán de no amortiguar la prestancia de la Lonja con el empleo de ma-
teriales más ricos. Corresponde a una versión actual de los temas de este Monumento,
así escogidos por ser el edificio civil característico e inmediato con el cual se ha de armo-
nizar. Para la composición, de fondo clásico, sirve de base el módulo de la entreplanta,
que es como el entablamento de las arquerías del porche. La portada se forma por una
interrupción de este para acusar la puerta principal, siempre destacada en lo español,
evitando, al mismo tiempo, una intensa circulación ante ella y un confusionismo de
entradas. El tema con escudo, no excesivo en altorrelieve, y el reloj en segundo plano, es
una imagen de la fusión de lo representativo y de lo administrativo del edificio. Se coro-
na el conjunto con el rico alero de proporción clásica, un onceavo de la altura, versión de
ladrillo de la cornisa de la Lonja (acha, MaGDaLEna y nasarrE, 1942b: 34)4.

En el interior, el tipo palaciego de edificio con gran patio central se completaba


con una doble escalera monumental que desembarcaba en las zonas de alcaldía y
recepciones, cuya cubierta decía inspirarse en la de la Aljafería, «resuelta a la moder-
na por bóvedas de gaviota de hormigón pintadas al fresco con emblemas heráldicos»
(acha, MaGDaLEna y nasarrE, 1942a: 11).
Las bases del concurso habían exigido unir con una galería subterránea el con-
sistorio con la Lonja. Acha y sus colaboradores diseñaron este túnel pero, como al-
ternativa que creían mejor, propusieron cubrir la calle intermedia con un gran arco
flanqueado por vanos menores para peatones, desarrollando encima un sistema de
escaleras que desde la planta noble del nuevo edificio daría acceso a las plantas baja
y superior (hasta entonces inaccesible) de la Lonja. Un puente simétrico podría unir
el Ayuntamiento con el Pilar, permitiendo al alcalde y los concejales «orar ante la
venerada Imagen, y el acceso directo al templo de la Corporación municipal» (acha,
MaGDaLEna y nasarrE 1942a: 17).
El equipo de Acha añadió a la plaza del Pilar el elemento del poder político, y
lo hizo con una potencia que transformaría a fondo su carácter, hasta entonces fun-

3 La maciza contundencia del volumen prismático venía reforzada por el uso exclusivo del la-
drillo y por la ausencia de elementos sobresalientes de la cornisa, uniforme en todo el contor-
no, como las torres proyectadas a eje del Paseo por los anteproyectos ganadores del segundo
y el tercer premio, de calidad arquitectónica a mi juicio muy inferior.
4 Tomo esta descripción de la que acompañó a la maqueta en la exposición del Retiro de 1942;
la memoria del anteproyecto añadía: «Estos porches, además de típicos, son absolutamente
necesarios para leer los edictos y para disimular, en su sombra, las varias gentes, no siempre
selectas, que acuden al Ayuntamiento» (acha, MaGDaLEna y nasarrE, 1942a: 7). Además del
balcón, el escudo y el reloj dispuestos sobre la portada del edificio, esta se flanqueaba con dos
esculturas a lo Donatello del Ángel Custodio y san Jorge. En 1964, el Ayuntamiento encargó
a Pablo Serrano la ejecución de ambas estatuas en bronce, sustituyendo al patrón de Aragón
por san Valero, patrón de la ciudad.

una y [Link] 142 10/6/17 11:37:54


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 143

Acha, Nasarre y Magdalena: maqueta de la plaza del Pilar. [Revista Nacional de Arquitectura,
10-11, 1942: 36].

una y [Link] 143 10/6/17 11:37:55


144 | Ramón Betrán Abadía

damentalmente religioso y subsidiariamente militar, y que aún se reforzaría en 1949


con la construcción del Gobierno Civil frente al solar del Ayuntamiento.
Pero su intervención no se limitó a proyectar un nuevo edificio y enriquecer el
significado del conjunto. En el número 10-11 de la Revista Nacional de Arquitectura
(1942), los ganadores del concurso publicaron el artículo «Plaza de las Catedrales
de Zaragoza», ilustrado con diez fotografías muy contrastadas de una impresionante
maqueta de la plaza, que, sin llegar al extremo de las vistas del modelo del Valle de
los Caídos publicadas por Muguruza en el mismo ejemplar, daban a ese espacio un
cierto parecido con los sobrecogedores escenarios del poder diseñados por Speer,
Troost o Kreis5. No en vano, Acha y sus socios habían destinado este trabajo teórico
a la Exposición Hispano-Germana de Arquitectura celebrada en Madrid en 19426.
En su memoria, enfatizaban el papel de la plaza de Zaragoza, «lugar de nuestra
Patria que la Santísima Virgen visitó en carne mortal», como centro espiritual, no
ya de la Nueva España, «sino de toda la Hispanidad», forma desmaterializada del
Imperio carente de entidad institucional y coste económico, y que por eso mismo
podía invocarse impunemente.
Los arquitectos mencionaban las preexistencias antiguas (el Pilar, la Lonja,
el Seminario, el Palacio Arzobispal, la Seo) y recientes (su Casa Consistorial y la
Hospedería y la Tienda Económica de los Borobio) que aceptaban como puntos
de partida del trabajo. Exceptuada la Tienda Económica, quedaba por resolver la
fachada de medio kilómetro de viviendas que formaría el frente meridional de la
plaza.
A partir de ahí, sugerían importantes modificaciones del proyecto aprobado,
tendentes a reforzar la clausura de la plaza y darle mayor monumentalidad y, según

5 La ejecución de grandiosas maquetas fotografiadas bajo una luz espectral era práctica habi-
tual en Alemania, donde los nacionalsocialistas se hartaron de publicar y exponer dibujos y
modelos de edificios (casi siempre los mismos), cuyas obras nunca comenzaron o avanzaron a
ritmo menos que cansino, aparentando una vitalidad y una eficacia ilusorias. Son un ejemplo
muy conocido las maquetas enormes y detalladas con que Speer ilustró sus propuestas de
Berlín, y a cuya megalomanía e irrealismo dedicó suculentos párrafos de sus memorias. En
Madrid, se imitó la estrategia propagandística berlinesa en la gran maqueta de la prolonga-
ción de la Castellana según el plan general de ordenación de 1941, publicada en su momento
por la revista Gran Madrid.
6 En realidad hubo dos exposiciones simultáneas: la titulada «Arquitectura Moderna Alemana»,
ubicada en el Palacio de Exposiciones del Retiro, y otra con proyectos españoles presentados
por la Dirección General de Arquitectura, en el vecino Palacio de Cristal. Además de la plaza
del Pilar, se exhibieron varios poblados de pescadores; los barrios del Tercio y Cerro Palome-
ras, en los suburbios de Madrid; la reconstrucción de Santander; los gobiernos civiles de Las
Palmas y Pamplona; las ampliaciones del museo del Prado y el Ministerio de Exteriores; la
reforma del Teatro Real de Madrid, y el monumento del Valle de los Caídos. El alcalde de
Zaragoza visitó la muestra en abril de 1942 y pidió a la Dirección General la maqueta de la
plaza para exponerla en la Lonja; en julio, Muguruza dio su conformidad y el Ayuntamiento
aceptó hacerse cargo del desmontaje y el transporte.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 145

Acha, Nasarre y Magdalena: arco triunfal en la desembocadura del Paseo. [Revista Nacional de
Arquitectura, 10-11, 1942: 32].

se insinuaba, menor monotonía. Para ello, mantenían los dos puentes propuestos en
el concurso del Ayuntamiento para unirlo con el Pilar y la Lonja y cubrir las calles
que llevaban al paseo del Ebro. Más espectacular era el cierre de la desembocadura
de la prolongación de Independencia con un cuerpo de ladrillo elevado sobre el
nivel de los pórticos de la plaza y el paseo, perforado con un gran arco de medio
punto que, a manera de arco triunfal, encuadraba desde lejos la fachada del nuevo
ayuntamiento7. Como en este, el material y ciertos motivos inspirados en la arqui-
tectura palaciega local procuraban un aire de monumentalismo fascista cruzado con
neomudejarismo.

7 Una fotografía frontal desde la prolongación del Paseo mostraba este cuerpo y, a través de su
gran vano, el arco concéntrico de la portada de la Casa Consistorial.

una y [Link] 145 10/6/17 11:37:56


14 | Ramón Betrán Abadía

Acha, Nasarre y Magdalena: maqueta de la plaza del Pilar. [Revista Nacional de Arquitectura, 95,
1949: 483].

Con resultados más discutibles que en el proyecto de la Casa Consistorial, se


rompía la átona uniformidad de fachadas con que Borobio había querido unificar
la plaza y resaltar la individualidad arquitectónica de los monumentos, para crear
en su entorno próximo ambientes urbanos diferenciados a imagen, se decía, de las
plazas de la Signoria en Florencia y San Marcos en Venecia.
En este conjunto múltiple, el Pilar merecía el protagonismo absoluto, concen-
trándose a su alrededor buena parte de las reformas propuestas. Para españolizar
esta zona y de acuerdo con lo informado por Bidagor muy poco antes, se sustituía
la semielipse de 1937 por un frente recto retranqueado de la alineación general del
lado sur de la plaza. Además, en las fachadas enfrentadas al templo, los esquemá-
ticos porches adintelados previstos por Borobio se sustituían por un orden clásico
de arcadas con semicolumnas superpuestas, reproduciendo el efecto de las arcadas
de las casas de la Panadería y la Carnicería, destacadas del orden arquitrabado de
la plaza Mayor madrileña; sobre ellas, se anteponían al neutro muro macizo con
limpios vanos impuesto por la ordenanza tres plantas de galerías abiertas con pilares
de ladrillo, que prolongaban hacia arriba las columnas del porche y se remataban
con otras tantas estatuas de bulto, similares a las que había proyectado Teodoro Ríos

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 147

sobre la fachada meridional del Pilar. Este vistoso ejercicio neobarroco, tan poco
aragonés, rememoraba el tipo de la plaza mayor castellana, provista de balcones que
servían de palcos cuando acogía alguna celebración:
El Pilar debe destacar entre todos, como edificio principal, buscando una interrupción
en la posible monotonía al disponer delante un espacio de contorno rectangular, que es
la forma más tradicionalmente española. Aquí las viviendas deberán servir a un tiempo
para fondo y para presenciar los solemnes actos de carácter religioso que en este recinto
se celebren. La fachada, a modo de retablo, busca la monumentalidad en la repetición
de elementos, pilastras de ladrillo con estatuas, que representan las invocaciones de la
Letanía Laurentana, sosteniendo galerías, como asistencia de los fieles a esta Letanía.
Este primer término oculta, engalanándola permanentemente, la fachada tipo de las vi-
viendas de la Plaza, relegadas ante el Pilar a un segundo plano, acusado por los remates,
que continúan a la manera española la verticalidad del primer término (acha, MaGDa­
LEna y nasarrE, 1942b: 33-34).

Por fin, ante la Seo se proponían modificaciones de orden menor, tendentes


también a reforzar la presencia del edificio:
La Seo, contemplada a distancia, destaca por su bellísima torre, cuyo efecto se real-
za mediante la calzada central bordeada de alamedas. En sus proximidades, toda la
atención debe concentrarse en la portada, para lo cual se dispone un cambio de perfil,
formando plazoleta, adecuada para el estacionamiento de vehículos y para un buen em-
plazamiento, en su centro, de una artística fuente en que domine la horizontal (acha,
MaGDaLEna y nasarrE, 1942b: 34).

La reelaboración del proyecto de la plaza del Pilar, en curso de ejecución, le


daba un carácter muy distinto del propuesto por Borobio cinco años antes; los ele-
mentos nuevos ganaban protagonismo y la Casa Consistorial se constituía en pieza
primordial del conjunto, no mucho menos enfatizada que las catedrales y, desde
luego, más que la Lonja o el Arzobispado. El accidente que en septiembre de 1945
puso fin a la vida de Acha, la penuria de la hacienda municipal y el hecho de que la
propuesta no tuviera más fin que la confección de una efectista maqueta, impidieron
que tuviera efectos sobre la imagen final de la plaza.
El 8 de marzo de 1944, el pleno acordó aprobar el proyecto definitivo de la
Casa Consistorial, fechado en mayo de 1943, y contratar las obras de cimentación
y gruesa estructura «en cuanto las disponibilidades económicas lo permitan», ya
que los 18.054.644,10 ptas. que costaba el edificio obligaban a ejecutarlo por
etapas y retrasar la primera hasta el siguiente ejercicio. El 14 de abril de 1945,
se adjudicó la subasta de la cimentación y la estructura gruesa a la empresa de
Joaquín Herrero, con un plazo de dos años y 5.364.286,50 ptas. de presupuesto
de contrata. La primera piedra se colocó el 2 de enero de 1946, conmemoración
de la aparición de la Virgen a Santiago, y las obras empezaron el 12 de febrero,
durante la alcaldía de Francisco Caballero y bajo la dirección de los arquitectos
municipales Navarro, Yarza y Beltrán. A partir de entonces se verificó un proceso
lento y complicado, por causa de numerosas modificaciones técnicas del proyecto,

una y [Link] 147 10/6/17 11:37:57


148 | Ramón Betrán Abadía

de sucesivas revisiones de precios al alza y de las escaseces presupuestarias del


Ayuntamiento8.
En la sesión municipal del 30 de junio de 1950, Francisco Torres leyó una lar-
guísima moción acerca del grave problema en que estaba estancada la Corporación,
particularmente interesante por lo que revelaba de la evolución económica y urba-
nística de la ciudad en el decenio anterior. El concejal reconocía que la iniciativa
había sido acertada en 1940, año…
[…] de honda significación para los zaragozanos, en que se conmemoró brillantemente
el Centenario de la Venida de la Virgen del Pilar; hacía un año que había concluido, vic-
toriosamente, la Cruzada Nacional; Zaragoza vivía tiempos de optimismo y prosperidad
económica; las nuevas edificaciones se multiplicaban; la Ciudad crecía; la industria y el
comercio se entregaban con el mayor entusiasmo al cumplimiento de su misión produc-
tora y distributiva; los ingresos del Presupuesto municipal ordinario superaban holgada-
mente las cantidades previstas, robusteciendo, en consecuencia, la capacidad crediticia.

«En este ambiente y ante tan risueñas perspectivas», los 18 millones en que
se presupuestó la obra en marzo de 1944 no inquietaban. Pero en los cuatro años
transcurridos desde que se empezó, el deterioro de las finanzas municipales, sin
expectativas de mejora, había llevado a su práctica paralización, tras acumularse
desembolsos muy crecidos. Según Torres, las revisiones de precios provocadas por el
fuerte encarecimiento de jornales y materiales llevarían a un coste final no menor de
50 millones de pesetas, cifra desproporcionada con la capacidad del Ayuntamiento
y con el resto de necesidades urbanísticas, económicas y sociales de Zaragoza, e
incompatible con el programa de construcción de 8.890 viviendas protegidas apro-
bado el 9 de junio anterior, que estudiaremos en el apartado XIII.5. Considerando
además que se trataría de un gasto no reproductivo, pedía que se suspendieran
las obras y se intentara vender el solar con lo ya construido al Estado, para que lo
dedicara a un «destino noble, como corresponde al emplazamiento que disfruta»;
con el dinero obtenido, podría acondicionarse como ayuntamiento el edificio de la
Facultad de Medicina, que de otro modo quedaría sin destino cuando el Estado lo
cediera a la Ciudad, conforme a lo acordado en 19349.
El presidente de la comisión de Hacienda Francisco Vera tildó de «un poco exa-
geradas» las alarmantes cifras apuntadas por Torres, señaló algunos errores, admitió

8 Para un estudio detallado del largo proceso de construcción del edificio, me remito a usón
(2005).
9 El Estado había cedido al Municipio el edificio de las facultades de la plaza de Paraíso en
virtud de la inaplicada ley de 16 de junio de 1934 (derogada por otra de 26 de diciembre de
1958). En septiembre de 1947, el alcalde Sánchez Ventura escribió al presidente del Gobier-
no que, aunque el Ayuntamiento había albergado interés por hacer efectiva la propiedad del
edificio de Medicina y Ciencias como casa consistorial, comprendía que ahora no era factible
su traspaso por no disponer estas facultades de otras instalaciones en la Ciudad Universitaria,
razón por la que pedía que se cumpliera de una vez y en todos sus términos la ley de 1934,
o se derogara y se compensara a la Ciudad por las cesiones de suelo y entregas en metálico
satisfechas a la Universidad.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 149

Las obras del Ayuntamiento al final de los años cuarenta. [La plaza del Pilar, 1960: 8].

que la obra podría costar casi 32 millones y faltaban por gastar unos 12, y pidió que
se rechazara la moción. Aunque, por doce votos contra cuatro, se tomó en conside-
ración y pasó a estudio de la comisión, al final no tendría efecto alguno.
El 17 de julio de 1951, se adjudicaron directamente a Joaquín Herrero las obras
de las fachadas, muros de ladrillo, cubiertas, y tuberías, con un presupuesto de
2.735.111,47 ptas., y el 5 de diciembre de este mismo año la construcción del nuevo
consistorio se paralizó, quedando al aire la estructura de hormigón durante años.
Con las obras paradas, en el pleno del 9 de mayo de 1953 se derogó el acuerdo de
1945 que confiaba su dirección técnica a los arquitectos municipales, para enco-
mendarla, cuando se reanudaran, a Mariano Nasarre.
El 22 de junio de 1954 y con vistas al Congreso Nacional Mariano que iba
a celebrarse en octubre, el alcalde Gómez Laguna, cual nuevo Potemkin, ordenó
revestir de ladrillo la fachada del futuro ayuntamiento hacia la plaza del Pilar10. Lue-

10 A una moción presentada el 8 de mayo de 1954 por el concejal Martínez Barrado, que pe-
día la realización de diversas obras urgentes y, entre ellas, la conclusión del monumento a

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150 | Ramón Betrán Abadía

go, los trabajos volvieron a interrumpirse. La Alcaldía ordenó reiniciarlos el 23 de


junio de 1958, y el 11 de octubre el pleno anuló el acuerdo de 1953 que encargaba
su dirección a Nasarre, retornándola al personal de la Dirección de Arquitectura
con los honorarios que le correspondieran. Se tenía entonces la certidumbre de que,
tras terminarse en mayo las obras del Gobierno Civil, el Estado contribuiría a las
de la sede municipal con 30 millones; sin embargo, las Cortes no votaron el crédito
para la obtención de esa suma hasta diciembre de 1959 (BLasco, 1960: 72-73). Este
mismo mes, Beltrán firmó un proyecto modificado para la conclusión del edificio,
aprobado por el pleno de 10 de marzo de 1960.
Por fin, la obra se acabó en 1965, veinticuatro años después del concurso de
anteproyectos, y el 12 de agosto pudo celebrarse el primer pleno en la nueva casa
consistorial: según dijo Laguna, la primera que Zaragoza había tenido, en toda su
historia, «digna de la Ciudad y de la importancia que esta tiene en el conjunto na-
cional»11.

los Caídos y la fachada del futuro ayuntamiento, el todavía alcalde García Belenguer había
contestado «respecto a la fachada de la nueva Casa Consistorial que ya tiene encargo al señor
Arquitecto de redactar un proyecto para hacer el revestimiento de ladrillo urgentemente».
11 En este pleno, se acordó que la Dirección de Arquitectura proyectara en el solar desalojado en
la plaza de Santo Domingo una estación central de autobuses, un grupo escolar y las vivien-
das que cupieran. Al final, la estación no se ejecutaría en ese lugar (ni en ningún otro, hasta la
construcción ya en el siglo XXI de la estación intermodal de Delicias) y el viejo consistorio se
dedicaría al uso docente.

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Capítulo VII

Paréntesis patriótico

El 7 de noviembre de 1940, el embajador de Italia inauguró en Torrero el cemente-


rio de la Aviazione Legionaria, provisional puesto que ya estaba en marcha la obra
del Sacrario Militare de San Antonio, pero de dignidad incomparable con las bo-
chornosas sepulturas de soldados franquistas españoles que lo rodeaban (BETrán,
2015: 490-495)1. Ese mismo día, el jefe provincial de FET de las JONS Pío Altola-
guirre se dirigió al Ayuntamiento para manifestar que presumía que el Altar de los
Caídos previsto en la plaza del Pilar «se demorará bastante todavía», y pedir que se
remediara «la falta construyendo un Monumento de carácter provisional»2.
El Altar de la Patria, que desde 1937 nada había prosperado, renació en un
escrito firmado el 23 de diciembre de 1941 por el alcalde Francisco Caballero (en
el cargo desde el 6 de noviembre, en sustitución de Rivas)3, dolido de que Zaragoza,

1 El justificado sonrojo que esa inauguración provocó en las autoridades locales llevó al alcalde
a decidir, el 6 de noviembre de 1940, la erección en el cementerio de un memorial a los Caí-
dos. Tras redactar Borobio las bases de un concurso nunca convocado,Yarza firmó un proyec-
to que se aprobó el 13 de febrero de 1942 y se ejecutó solo en parte y a lo largo de tres años,
por faltarle al Ayuntamiento tanto la liquidez como el interés (BETrán, 2015: 511-520).
2 AMZ, caja 2781, exp. 5331/1940.
3 El ingeniero de caminos de la CHE Francisco Caballero Ibáñez tuvo un gran protagonismo
en la definición de los ambiciosos programas urbanísticos de las primeras comisiones gesto-
ras, presididas por López de Gera, Parellada y Rivas, este último delegado de la Fiscalía de
la Vivienda de 1937 a 1939. Según el acta del pleno del 6 de noviembre de 1941, al saberse
alcalde Caballero «dedujo que la causa determinante de su nombramiento no pudo ser otra
que aquel afán urbanizador que tiene en torno a la Ciudad». El 29 de noviembre de 1946,
ya aprobados los instrumentos urbanísticos promovidos después de julio del 36 (plan de
reforma interior, anteproyecto de ordenación general, ordenanzas generales y especiales de
edificación, reforma de varios sectores del plan de ensanche, etc.) y la reorganización de todos
los servicios municipales, Caballero cedería la Alcaldía a José María Sánchez Ventura, que en

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152 | Ramón Betrán Abadía

que había querido estar en la vanguardia del patriotismo militarpilarista, se hubiera


visto abocada, por su negligencia, a la vergüenza nacional:
En la mayoría de las capitales de España se ha erigido un monumento destinado a per-
petuar la memoria de los héroes que sucumbieron en defensa de la Patria en la pasada
guerra de liberación […] Zaragoza viene siendo una excepción en aquel afán de eterni-
zar el recuerdo de nuestros mejores, excepción que no puede continuar más tiempo, so
pena de que se la pueda tildar de no saber apreciar en toda su valía los méritos de tantos
héroes […] Es preciso construir en nuestra ciudad un monumento digno del sacrificio
de nuestros hermanos Caídos, siendo elegido el proyecto a realizar mediante concurso
de anteproyectos y con arreglo a las bases que se aprobaren (cfr. BLasco, 1953: 56-57).
El 20 de marzo de 1942, la Corporación aprobó las bases del concurso de
anteproyectos del Altar de la Patria, y, a propuesta del concejal Casimiro Romero4,
cambió este nombre por el menos italianizante de monumento a los Héroes y Mártires
de nuestra Gloriosa Cruzada5. Las bases, publicadas en el Boletín Oficial de la Provin-
cia de 20 de abril, dirigían el concurso a todos los arquitectos españoles, que podían
colaborar con escultores de igual nacionalidad; establecían como primer premio los
honorarios del anteproyecto y el encargo del proyecto, y, en su punto tercero, deta-
llaban las condiciones generales del monumento:
a) El monumento objeto del anteproyecto estará emplazado en la plaza de Nuestra
Señora del Pilar.
b) Los proyectistas tienen absoluta libertad para elegir el estilo arquitectónico que con-
sideren más adecuado; guardando acuerdo con la disposición y estructura general
de la plaza de Nuestra Señora del Pilar y con las fachadas de piedra de los edificios
inmediatos donde ha de encuadrarse. También tendrá en cuenta, además, el proyec-
tista, que al respaldo del monumento irá una plaza donde están situados San Juan
de los Panetes, las murallas romanas (que quedarán al descubierto) y estudiará el
emplazamiento de la estatua de Augusto, cuya fotografía se acompaña.
c) El monumento conmemorativo de la guerra de liberación en Zaragoza, tendrá la
doble finalidad de dar presencia a los caídos y concretar la alegría por la victoria.
d) El monumento ha de responder al espíritu católico que ha presidido nuestra Histo-
ria y caracterizado nuestro Movimiento, y debe presidirlo la Cruz, quedando en lo
demás en libertad el proyectista para recoger ese espíritu.
e) Otro carácter del monumento ha de ser, el que siempre sirva de encuadramiento y
presidencia de todos los actos patrióticos que se celebren en Zaragoza.
f) El monumento separará, no aislará, a la plaza de Nuestra Señora del Pilar con la de
Augusto.

1921 había publicado un pionero opúsculo sobre la financiación de la producción privada


masiva de viviendas baratas (BETrán, 2013: 12-15).
4 El único concejal de origen falangista de la primera gestora franquista. Estuvo en el cargo solo
hasta el 13 de agosto de 1936, para volver al Ayuntamiento con la segunda gestora el 12 de
enero de 1939. El cambio de nombre propuesto también podía interpretarse como una des-
clericalización del monumento, acorde con ciertas posturas, cierto que puramente retóricas,
de la Falange original.
5 Ese mismo día se acordó dedicar a los Héroes del Alcázar de Toledo el tramo de avenida del
Ferrocarril comprendido entre el Huerva y el paseo del General Mola (Sagasta).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 153

En su aparente neutralidad, la base tercera alteraba la idea con que se había re-
presentado el Altar en el proyecto de reforma interior de 1939, reconocía su función
de charnela entre las plazas del Pilar y de San Juan de los Panetes, ahora llamada de
César Augusto, y enfatizaba la importancia de su frente hacia las murallas. El nuevo
carácter bicéfalo del monumento se debía a la donación por Mussolini a Zaragoza
(como a otras ciudades augústeas), en 1940, de un bronce adulterado de 2,75 me-
tros de altura, fundido en Nápoles, que reproducía la estatua de Augusto conserva-
da en el Museo Vaticano. En contraprestación, se nombró a Mussolini presidente
de honor de la Junta del Bimilenario de Augusto6. El 2 de junio de 1940, el conde
Zoppi, encargado de negocios de la Embajada italiana, y José Ibáñez Martín, mi-
nistro de Educación Nacional, presidieron la inauguración de la estatua en su ubi-
cación provisional de la plaza de Paraíso; Zoppi realzó la importancia de Zaragoza
«en la vida del Imperio y de la Cristiandad», aludiendo a su papel «en la gloriosa
Cruzada comenzada el 18 de julio de 1936 […], como símbolo de la espiritualidad
frente a la concepción materialista de la vida», y el alcalde Rivas le respondió que la
ciudad «se sentía orgullosa por su origen y por su nombre al considerarse romana y
augústea», y recordó «los motivos de agradecimiento que Zaragoza y España tenían
para la nación italiana» (cfr. BLasco, 1953: 50).
Si la Pilarica ostentaba las insignias de capitán general, Augusto llegaba con ca-
misa negra, renovando su imperio en una nación que aceptaba el papel de colonia.
El César y la Virgen expresarían en sus plazas la dualidad, constitutiva de lo zara-
gozano y lo español, entre la romanidad (el imperio mussoliniano) y el catolicismo
ultramontano (la virgocracia) que tan bien teorizó José María Martínez Val en su
artículo «El Pilar, la Unidad y el Imperio» (Aragón, 148, 1/38): «En el acto de la apa-
rición de la Virgen, el pilar es Roma, es el cuerpo y la materia de España; la Virgen
es el alma, el espíritu que vivifica la materia y se hace, junto con el pilar santificado,
el símbolo vivo e insuperable de la Patria».
Además de las bases del concurso, el monumento debería sujetarse a las normas
impuestas por el Estado a los que se dedicaran en España a la victoria y a los caídos,
y el de Zaragoza compartiría ambas naturalezas. Ya por orden de 18 de febrero de
1938 se creó una Comisión de Estilo en las Conmemoraciones de la Patria, cuyo

6 El 24 de noviembre de 1937, el Ayuntamiento se había adherido a la iniciativa de la Academia


Aragonesa de Nobles y Bellas Artes de San Luis para realizar un «sencillo homenaje» a César
Augusto con motivo de su bimilenario: «En uno de los sillares de la muralla romana se propo-
ne esculpir una sencilla y evocadora inscripción que diga lo siguiente: “César Augusta a César
Augusto”; nada más. Quedará así labrado en piedra el testimonio de gratitud y admiración
de esta Inmortal Ciudad y España entera al primer Emperador de la antigua Roma, que no
solamente fue el fundador de Zaragoza, sino que […] tuvo el acierto de hermanar en una sola
patria a los diversos pueblos de los vastos dominios del Imperio». El mismo día, se acordó
enviar un sillar de la muralla romana a Salamanca, cuyo ayuntamiento (que, con ventaja sobre
Zaragoza, aspiraba a la capitalidad del Estado) proyectaba erigir un monumento nacional a
los héroes y mártires de la patria con piedras procedentes de toda España.

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154 | Ramón Betrán Abadía

preámbulo advertía (¡con cita implícita de El 18 brumario…!) de «los peligros […]


que para el decoro estético y hasta para la dignidad civil» de las poblaciones suponía
abandonar a la iniciativa «frecuentemente poco avisada de las corporaciones locales,
cuanto se refiere al estilo y realización de monumentos patrióticos, memoriales a los
caídos, inscripciones lapidarias y otras formas materiales de homenaje, […] a través
de las cuales aparece muchas veces trocada la epopeya en caricatura». La Comisión,
de la que formaban parte Eugenio D’Ors, Muguruza, el general Moscardó o Pilar
Primo de Rivera, dictaría normas para la composición de esos monumentos y dicta-
minaría todos los proyectados en España.
Pero este órgano apenas debió de actuar, y una nueva orden del Ministerio
de la Gobernación de 7 de agosto de 1939 exigió informe favorable de su Servicio
Nacional de Propaganda a cuantos «monumentos de los hechos y personas de la
historia de España, y en especial a los acontecimientos de la guerra y en honor de los
caídos» se quisiera levantar, para darles «unidad de estilo y de sentido» y «evitar que
el entusiasmo […] pueda regir caprichosamente a esta clase de iniciativas».
El 30 de octubre de 1940, se dictó una tercera orden sobre esta materia, que
requería informes de la Jefatura Provincial de Propaganda y de la Dirección General
de Arquitectura, creada en septiembre de 1939 y adscrita a Gobernación. Dos me-
ses después, los servicios de Prensa y Propaganda se transfirieron de este ministerio
a la Vicesecretaría de Educación Popular, integrada en la Secretaría General de FET
y de las JONS, que en adelante informaría los proyectos conmemorativos. LLorEn­
TE (1995: 278-279), a quien he seguido en esta corta reseña, escribió acerca de los
muchos monumentos construidos conforme a estos trámites:
El prototipo que se consagró […] fue –obvio es decirlo– el de una cruz como elemento
principal y más destacado, pudiendo ser aislada o unida a otros elementos complemen-
tarios, generalmente de tipo «clasicista». Lo más frecuente fue que se levantase sobre un
pódium o sobre escalinatas. También se utilizaría la cruz en los monumentos dedicados
a la victoria de la guerra. El uso de la cruz para ambas variedades de monumentos no
supuso ninguna novedad. Al contrario, no fue sino el recurso –acrítico– a la larga tradi-
ción del uso de la cruz en la civilización occidental.
Lo cual no es tan obvio como parece al autor, ya que una cosa es que para la
civilización cristiana la cruz sea emblema religioso por excelencia y otra su empleo
en conmemoraciones bélicas, con una tradición consagrada en el uso de motivos
militares, y más tras la Gran Guerra. De lo que aquí realmente se trataba era de asi-
milar las víctimas del bando vencedor a los mártires y la Guerra Civil a una cruzada
contra los enemigos de la fe.
Al concurso de Zaragoza solo se presentaron tres anteproyectos. El 2 de septiem-
bre de 1942, se reunió el jurado, presidido por el alcalde Caballero y del que for-
maban parte los arquitectos Casimiro Lanaja, vocal por los concursantes, Joaquín
Maggioni, por el Colegio de Arquitectos, y Yarza, por la oficina municipal. El primer
premio quedó desierto, el segundo se dio a los arquitectos madrileños Luis y Ramiro
Moya y Enrique Huidobro, con el escultor Manuel Álvarez Laviada, y el tercero a

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 155

los arquitectos locales Santiago Lagunas y Manuel Martínez de Ubago; tuvo men-
ción honorífica el arquitecto José Paz Shaw con el escultor Félix Burriel, también
de Zaragoza. Según el acta, el trabajo mejor puntuado era el mejor relacionado con
su entorno, el que mejor ligaba las dos plazas, aun sin lograr una perfecta armonía,
y también el de más valía arquitectónica, ya que, amén de destacar por su espíritu
católico, no caía en la artificiosa escenografía de Lagunas y Ubago, ni en la desme-
sura del «tinglado gigantesco» ideado por Paz y Burriel. Pero, aunque los tres eran
correctos monumentos funerarios, ninguno transmitía «la alegría por la victoria»
(curiosa contradicción ad termini) ni sería escenario óptimo para actos patrióticos.
No hay que descartar que influyera también en el jurado que Moya y sus socios pre-
supuestaran su propuesta en 1.359.938 ptas., mientras Paz y Burriel valoraban la
suya en 2.772.668, justo el doble, y Lagunas y Ubago en 3.162.433.
Por razones de espacio, apenas analizaremos cómo resolvieron los tres equipos
los difíciles problemas de separación y apertura simultáneas de las plazas del Pilar
y César Augusto, o de formalización de un monumento a un tiempo religioso y
político, fúnebre y alegre7. Paz y Burriel propusieron una columnata exenta con la
cornisa elevada los mismos 20 metros de los edificios vecinos, que, aunque plana
y mucho menor, se daba un aire con el atroz Altare della Patria de Roma; hacia la
plaza del Pilar, se elevaba sobre un graderío el altar con la cruz de los Caídos y, hacia
la de César Augusto, se colocaba exento el bronce del emperador. Lagunas y Ubago
tendieron de norte a sur otra columnata que cobijaba en su vano central, coronado
por un frontón con el escudo del Nuevo Estado, el altar con la cruz, elevado sobre
una escalinata flanqueada por dos grandes soldados de bronce y dos leones de pie-
dra; bajo el altar, se dedicaba una cripta al «valor de la Raza y tumba simbólica del
Héroe Íbero», y, para que nada faltara, se cerraban varios pórticos de los edificios
laterales con muros de piedra con dos relieves de la esvástica (por los muertos de la
Legion Kondor y la División Azul), uno con tres fasces italianos y otro con el yugo
y las flechas. Hacia el oeste, y de acuerdo con el aspecto protorrenacentista buscado
en la plaza de César Augusto, se proyectaba un baldaquino que, a escala mayor, re-
cordaba el nártex de la capilla Pazzi de Brunelleschi y cobijaba la estatua. Como en
el trabajo anterior, se confiaba la relación entre las dos plazas a la abertura visual de
los intercolumnios y a dos tímidos pasos laterales.
Los Moya, Huidobro y Laviada fueron los únicos que no separaron las plazas
con un orden arquitrabado de columnas gigantes, sino por una estructura opaca,
unida a las fachadas laterales por dos anchos arcos escarzanos coronados por gran-
des esculturas. Desde el Pilar, la estructura semejaba un enorme retablo de tres
calles; la central, más alta, alojaba en su concavidad un gran crucifijo y se remataba
con un grupo alusivo a la exaltación de la cruz; a sus lados, dos cuerpos convexos
más estrechos y bajos resolvían el cambio de nivel de sus coronaciones con sendas

7 yEsTE (2009) recoge el contenido de los anteproyectos presentados a este concurso y al que
se convocó más adelante, con imágenes de todos ellos y resumen de las actas de los jurados.

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15 | Ramón Betrán Abadía

Moya, Huidobro y Laviada: proyecto para el primer concurso (1942). [yEsTE, 1998: 149].

volutas acompañadas de ángeles trompeteros. Hacia las murallas, la secuencia de


curvas se invertía para configurar una maciza puerta que se decía inspirada en la
Porta Saragozza de Bolonia; el tramo convexo central albergaba una hornacina con
el bronce de Augusto, sobre el que no era visible, a diferencia de los otros dos pro-
yectos, el revés de la cruz de los Caídos. Aparte del nombre de la puerta boloñesa
esgrimido como coartada localista y al mismo tiempo italiana, el proyecto era un
trasnochado ejercicio de estilo borrominiano emparentado con la fachada de San
Carlino8. Si la plaza de César Augusto daba pie al discurso fascista del Imperio, el
Pilar incitaba a la tendencia católica integrista representada por Luis Moya a un
delirio contrarreformista no menos romanista. Al fin y al cabo, la España imperial

8 En 1968, Luis Moya publicó en la revista Goya unas «Notas sobre Borromini en su tercer
centenario», donde presentaba al arquitecto romano como el último maestro del añorado
Antiguo Régimen.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 157

había sido, y quería ser de nuevo, «el brazo diestro de Roma en el mundo», según
escribiría el tontiloco Giménez Caballero al abogar, en 1945, por la creación de una
orden monástica que refundara el cine como instrumento de propaganda de la fe.
El anacrónico trabajo expresaba bien la idea que Moya tenía de la arquitectu-
ra9. Ni funcionalista ni tradicionalista (dos modos extranjerizantes de formalismo),
rechazaba el Movimiento Moderno tanto como el academicismo decimonónico, el
historicismo abstracto y monumentalista de la arquitectura oficial del III Reich o
el vanguardismo del fascismo italiano; repudiaba tanto a los racionalistas que, ins-
pirados por Rousseau y los comunistas rusos, pretendían trabajar por un futuro mejor,
como a quienes buscaban complacer a las gentes de hoy, cuyo ideal derivaba del
cine americano (Moya, 1950: 62-70). Como un Peter Pan de la arquitectura, año-
raba un tiempo perdido de férreas jerarquías instituidas por Dios. En 1942, ya no le
interesaba refundar la arquitectura, sino olvidar todo lo hecho desde la Ilustración,
recuperando la lógica correspondencia vitrubiana entre forma, construcción y fun-
ción, y un estilo acorde con el modo de vida español y cristiano.
Sin la coherencia y el candor de Moya, otros muchos dijeron creer posible y
conveniente aislar el país de influencias extranjeras, borrar dos siglos de historia
y parar el tiempo. La chapucera aplicación de ornamentos arcaizantes a edificios
funcionalmente modernos (recuérdense las ordenanzas de San Vicente de Paúl y el
barrio del Sepulcro) fue la lógica reacción de un estamento triunfante tan inculto
como seguro de haber conquistado un poder que le permitiría hacer retroceder el
país hasta el reinado de Felipe II. La impotencia económica de España, la persis-
tencia de una clase dirigente parasitaria, bien representada por la Iglesia nacional,
que no podía ni quería adentrarse en la modernización social y productiva, sino
aferrarse a privilegios que la República había cuestionado tímidamente, encontraba
su fiel reflejo en esa arquitectura que pretendía anclarse en una eternidad cristiana y
española (los invariantes castizos de chuEca, 1947) para abolir el progreso10.

9 Moya ya había colaborado con Laviada en el célebre Sueño arquitectónico para una exaltación
nacional, dibujado durante el asedio de Madrid de 1937. Tras la guerra, Muguruza lo puso al
frente de una de las oficinas de la Dirección General de Arquitectura. En 1942, proyectó el
Escolasticado de Carabanchel, también en un lenguaje neobarroco que quería aunar un senti-
do constructivo opuesto a los postulados del Movimiento Moderno con una intención simbó-
lica de reminiscencias tridentinas. Entre 1941 y 1943, Moya, Huidobro y Thomas elaboraron
su propuesta para el concurso del Valle de los Caídos, que obtuvo el primer premio pero no
se ejecutó por no haber complacido a Franco.
10 Por su realidad material, la nueva arquitectura no era más que una continuación de los eclecti-
cismos superficiales de la década de 1920. Variaba la actitud de sus adalides, de genuina y
violenta revancha contra quienes quince años antes habían estado a punto de apartarlos de
la historia. Para hacerse una idea del clima enajenado y grotesco de la teoría artística del
momento, puede leerse el artículo «Un posible estilo nacional en arquitectura» (Cortijos y ras-
cacielos, 44, 11-12/47), donde José Camón Aznar proponía que, superado el racionalismo, se
reconstruyera un estilo acorde con «la sensibilidad hispánica de todos los tiempos» buscando
«fórmulas de adorno» en la época de Felipe III.

una y [Link] 157 10/6/17 11:38:00


158 | Ramón Betrán Abadía

El Ayuntamiento convocó en diciembre un nuevo concurso, con dos meses de


plazo y las mismas condiciones del anterior. Ahora se presentaron ocho antepro-
yectos11, algunos de arquitectos que con el tiempo adquirirían verdadero prestigio,
como Miguel Fisac, Alejandro de la Sota, Manuel Ambrós o Luis Moya. El 23
de marzo de 1943, el jurado otorgó el primer premio al de los hermanos Moya,
Huidobro y Laviada, que alteraban muy ligeramente su primer diseño para darle
un aspecto, decían, inspirado en la arquitectura clásica tradicional española, y en
particular en los altares efímeros elevados en los siglos XVII y XVIII con motivo de
fiestas, triunfos y canonizaciones. Con tal propósito, el frontón que en la versión an-
terior coronaba la hornacina de la cruz se cubría ahora con una falsa cortina sobre la
que campaba una reproducción de la virgen del Pilar. En lugar del sencillo graderío
semicircular que servía de asiento al altar en el primer proyecto, un macizo zócalo
curvo escalonado lo elevaba sobre la planta baja de los edificios de la plaza. Crecían
algo los grupos escultóricos de la exaltación de la cruz y los ángeles trompeteros y,
sobre los amplios arcos laterales que comunicaban las dos plazas, se disponían dos
aparatosos carros triunfales, sin duda para transmitir la alegría de la victoria12. En
la fachada hacia la plaza de César Augusto, ahora ya con la intención explícita de
hacer completamente romano el monumento, la cavidad con la estatua del emperador
se enmarcaba en una serliana y se suprimían las pequeñas hornacinas laterales, pre-
tendiendo rememorar con la mayor solidez del conjunto un arco del triunfo; en su
lugar, se dibujaban dos fuentes murales alusivas «al mar latino, centro del Imperio»,
que de nuevo recordaban las quattro fontane de San Carlino.
Aun hallándolo falto de alegría fúnebre, el jurado dio el segundo premio a los
arquitectos Federico Faci y Juan del Corro, de Zaragoza y Madrid13, que en lugar de
la pantalla columnada de la mayoría de los concursantes o el retablo de los Moya,
proyectaron una verdadera fachada eclesiástica dotada de cierto espesor y que desde
ambas plazas hubiera producido la engañosa impresión de un cuarto templo barro-
co, coronado por una cúpula con linterna, más que de un altar al aire libre. Obtuvo
el tercer premio el anteproyecto del arquitecto zaragozano José Romero, que man-
tenía un cierto parentesco con el presentado por Paz y Burriel al concurso anterior.
Aunque el jurado desechara a las primeras de cambio el trabajo de Fisac por su
«adustez» y por no transmitir una «sensación de permanencia», debe destacarse la
elegancia y el valor del autor, que se atrevió a proponer una arquitectura desnuda

11 Dos fuera de plazo, presentados por Manuel Ambrós y el equipo de Alejandro de la Sota,
Javier Lahuerta y Ricardo Abaurre.
12 Y, en efecto, el acta del jurado valoró la agradable composición, que expresaba «con gran vitali-
dad la alegría por la Victoria y la presencia de los Caídos»; pero ya que en estas cosas, como en
las siete y media, tan malo es no llegar como pasarse, veía exagerados los carros triunfales de
los arcos laterales y superfluo el baldaquino con la Virgen que cubría la cruz de los Caídos.
13 Faci y Del Corro, con Francisco Bellosillo, obtuvieron el segundo premio, tras Moya, Tho-
mas y Huidobro, en el concurso nacional de anteproyectos para la Gran Cruz del Valle de los
Caídos, convocado en 1941 y fallado en 1943.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 159

Moya, Huidobro y Laviada: proyecto para el segundo concurso (1943). [yEsTE, 2009: 641].

de toda alusión historicista y emparentada con modelos italianos como la Casa del
Fascio de Como, de Terragni.
En diciembre de 1943, los Moya y Huidobro firmaron los planos definitivos
para la primera etapa de ejecución del monumento, adaptado a las conclusiones del
jurado, y el Ayuntamiento los aprobó el 20 de julio de 1944. De momento, solo se
preveía construir el podio, el altar con la cruz y los arcos laterales, dejándose para
un segundo proyecto la gran estructura de la capilla que serviría de fondo al altar.
El Ministerio de la Gobernación aprobó el proyecto en 1946, tras evacuar informes
la Dirección General de Arquitectura y la Subsecretaría de Educación Popular, que
había recelado de un diseño «excesivamente complicado» y que reflejaba «demasiado
los caracteres típicos de la arquitectura provisional» (yEsTE, 2009: 642).
Agobiado el Municipio por problemas presupuestarios, hasta el 1.º de diciem-
bre de 1945 no acordó anunciar la subasta de la estructura de esta primera etapa
del monumento, en hormigón armado para revestir con piedra de La Puebla. El
13 de marzo de 1946, se adjudicaron las obras al contratista Gabino Velilla, por un
importe de 508.850,30 ptas.
Las obras empezaron y cundió en el Ayuntamiento la idea de que la limitada
anchura del retablo previsto tras la cruz, aún pendiente del proyecto de la segunda
fase, abriría mucho al cierzo la plaza del Pilar14 y enlazaría mal con los edificios de

14 Ahora se veía que la desmedida explanada proyectada en 1936 era inadecuada al clima de
Zaragoza, y más con la orientación de su extremo noroeste hacia los vientos dominantes.

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10 | Ramón Betrán Abadía

sus lados. Se iba abriendo paso la tentación de cerrar ese lado de la plaza con un
verdadero edificio, similar a los otros diseñados por Borobio.
Y así, el alcalde Sánchez Ventura encargó a los arquitectos municipales el es-
tudio de una reforma del proyecto que dispusiera tras el altar, dando fachada a la
plaza de César Augusto, un edificio que impidiera el paso del viento y enlazara con la
Hospedería y la Tienda Económica, adoptando su misma configuración y altura.
En un anteproyecto de febrero de 1947, Yarza y Beltrán diseñaron un estrecho cuer-
po edificado destinado a casa de ejercicios vinculada a la Hospedería, que desde la
plaza del Pilar servía de fondo neutro al monumento a los Caídos, y mostraba hacia
las murallas un frente análogo a los demás edificios ordenados en 1937, con porches
arquitrabados de piedra, cuatro plantas de ladrillo y cornisa a 20 metros del suelo;
en el centro de la fachada oeste, los porches se interrumpían con una hornacina
cubierta por un arco de medio punto, que cobijaba el bronce de Augusto.
A propuesta del alcalde, el Ayuntamiento ratificó el 25 de junio de 1948 los dos
defectos citados en el proyecto ganador del concurso y encargó a Yarza y Beltrán una
modificación conforme con su anteproyecto, pero dando al nuevo edificio acceso di-
recto e independiente de los colindantes. Los arquitectos terminaron el proyecto en
septiembre, y la comisión especial designada para estudiar la reforma elevó al pleno
del 3 de diciembre un dictamen que proponía aprobarlo, dedicar el nuevo edificio
solo a servicios municipales, con exclusión total de viviendas, y continuar las obras
sin más dilación, sacando ya a subasta su segunda etapa. El teniente de alcalde Án-
gel Canellas solicitó que en el nuevo edificio se instalara el Museo Arqueológico de
la Ciudad y, con esta adición, se aprobó el dictamen.
En el pleno del 30 de diciembre de 1949, Juan Antonio Martínez Barrado re-
cordó que en 1948 se había aprobado un presupuesto extraordinario con una par-
tida de un millón de pesetas para continuar las obras del monumento a los Caídos,
que estaban paralizadas tras el fin de su primera etapa y que debían reiniciarse.
Canellas, presidente de la comisión de Fomento, advirtió que la obra proyectada
por Yarza y Beltrán costaría «unos cinco millones de pesetas y existe la duda en si
se debe gastar esta suma para que se construya un edificio monumental, que pue-
de destinarse a albergar el museo arqueológico o cualquier otra finalidad análoga,
pero cuya utilidad práctica no está muy justificada, o bien construir un monumento
como primitivamente se acordó»; por ello, preguntó a los concejales si debía mante-
nerse la vieja idea de construir un monumento y no un edificio monumental; si, en caso
de elegirse el edificio, debería hacerse por etapas «y Dios dirá cuándo se termina», y
si el Concejo, de no construirlo, debería realizar el considerable gasto que exigiría la
segunda fase del proyecto del monumento. La Alcaldía quedó encargada de estudiar
el asunto junto con todas las comisiones.
Al final, los 5 millones parecieron excesivos y el Ayuntamiento renunció el 3
de abril de 1950 a construir el edificio proyectado en 1948 y, con él, al museo,

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 11

Huidobro: proyecto definitivo para el monumento a los Caídos (1950). [yEsTE, 2009: 644].

recuperando la idea de erigir un altar «con sujeción estricta […] al proyecto ini-
cial». En cuanto los autores del anteproyecto premiado desarrollaran el proyecto de
la segunda y última etapa conforme a lo dispuesto por el jurado del concurso, se
anunciaría la subasta de las obras, cuyo coste no podría superar el millón de pesetas
consignado en el presupuesto de 1948.
En agosto de 1950, Huidobro (puesto que los Moya ya se habían desentendi-
do aduciendo exceso de trabajo) firmó una modificación del proyecto que reducía
al máximo los detalles ornamentales. Se suprimió el retablo borrominiano que
debía servir de fondo a la cruz de los Caídos; el altar quedó aislado sobre un sobrio
pedestal, ligado a las fachadas de la plaza mediante dos vanos adintelados que sus-
tituían a los arcos escarzanos del anteproyecto; los aparatosos carros triunfales de
1943 dejaron su lugar a dos mástiles flanqueados por angelotes, y, como novedad,
a cada lado de la cruz se pensó colocar la estatua de un guerrero a caballo. En su
estado final, el monumento venía a ser una versión reducidísima y muy abaratada
del anteproyecto para la Gran Cruz del Valle de los Caídos concluido por Moya,
Thomas y Huidobro en 1943, y como en él, en palabras de caPiTEL (1982: 81), se
aceptó «la imagen de un crucifijo de altar». Pero no me detendré aquí en el análisis
arquitectónico de la obra definitiva, que ganó más que perdió con la reducción del
presupuesto y que aún se vio más desnuda por no ejecutarse tampoco los ángeles y
caballeros diseñados por Huidobro. Importa más la desaparición del gran retablo
de Moya y la reducción del altar a la parte central, dejando a los lados amplios pa-
sos adintelados; gracias a esto, la plaza del Pilar quedaría mucho menos separada

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12 | Ramón Betrán Abadía

Moya, Huidobro y Thomas: proyecto para el Valle de los Caídos (1943). [caPiTEL, 1982: 82].

de la de César Augusto y, a través de ella, de la gran vía proyectada en 1939 desde


la puerta del Carmen a las murallas15.
Con el nuevo proyecto, aprobado en el pleno del 30 de diciembre de 1950, y
un presupuesto de 999.974,43 ptas.16, la segunda etapa de las obras salió dos veces
a concurso en 1951 y otra más a finales de 1952, con la advertencia de que debería
utilizarse piedra de Tafalla; aunque hubo ofertas, los tres concursos se declararon de-
siertos por no considerarse aquellas consecuentes con los intereses municipales. El 7 de
enero de 1953, se adjudicaron los trabajos a Pascual Trallero, con un presupuesto
de contrata de 933.000 ptas. y 435 días laborables de plazo. La obra se inició el 23 de
febrero y en junio, cuando Blasco Ijazo publicó el reportaje del que he tomado algún dato
en este apartado, seguía inacabada y, según el cronista, sin expectativas de un pronto final.
Más allá del Pilar, la estructura pelada de la futura casa consistorial, iniciada al mismo
tiempo, corroboraba cuán lejos de Zaragoza quedaban los sueños de gloria imperial.
Para recibir a los peregrinos del Congreso Mariano, el Ayuntamiento acordó en
mayo de 1954, entre otras actuaciones que ya conocemos, ejecutar la segunda fase
del monumento a los Héroes y Mártires de la Cruzada. Con proyecto definitivo de
la Dirección de Arquitectura y un presupuesto extraordinario de 864.366,57 ptas.,
pudo inaugurarse el 4 de octubre, tres días antes de la apertura del Congreso17.

15 El 7 de octubre de 1950, se había colocado sobre las murallas la estatua de Augusto que desde
diez años antes estaba en la plaza de Paraíso.
16 A las que debía sumarse otro millón para las esculturas que finalmente no se realizaron.
17 En 1992, el monumento fue retirado de la plaza y vuelto a montar en el cementerio de Torrero,
sin los pórticos laterales que enlazaban con los zócalos de la Hospedería y la Tienda Económica.

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Capítulo VIII

Las ordenanzas generales


de la edificación de 1939

En el trienio bélico, que como vamos viendo fue de intenso replanteamiento de


la ordenación urbanística de la ciudad, se acometió también la redacción de unas
ordenanzas municipales que sustituyeran a las de 1912, objeto en 1915 de un texto
refundido con sus primeras modificaciones. Ya antes de la guerra se habían pro-
ducido iniciativas como la del entonces concejal radical López de Gera, que pidió
en 1932 que una comisión de concejales estudiara urgentemente la revisión de las
ordenanzas, «ya que de las actuales no existían ni ejemplares».
El 27 de enero de 1937, el gestor Juan Auger rogó que se abriera un período
de información pública para recabar ideas y propuestas de las juntas vecinales y
otras organizaciones, «con el fin de hacer una obra práctica, ya que las actuales [or-
denanzas] estaban anticuadas por sus muchos años de existencia». Aunque todos
coincidieron en esta necesidad, su satisfacción se aplazó hasta que se definiera la or-
ganización del Nuevo Estado y su repercusión en los ayuntamientos. Pasó el tiempo,
se fue aclarando la estructura del Estado, y la Corporación acordó el 9 de marzo de
1938 adecuar las ordenanzas a la ley municipal vigente.
Como resultado, el pleno del 17 de abril de 1939 aprobó inicialmente unas
ordenanzas municipales de edificación, formadas por 167 artículos más uno adicio-
nal, que componían siete capítulos relativos a la urbanización, reglas de salubridad,
higiene y seguridad, estética urbana, expedientes de obras, ejecución de las obras,
responsabilidades y garantías, y disposiciones generales1.

1 Serían el tomo III de las ordenanzas completas impresas en los talleres gráficos del El Noticiero
en octubre de 1940, con fecha en su portada de «1939. Año de la Victoria». En los plenos del 4
y el 30 de diciembre de 1939 se aprobaron, respectivamente, las ordenanzas de policía urbana y
costumbres (tomo I), y de servicios públicos, conducciones de agua, gas y electricidad, e instalación
y establecimientos industriales (tomo II). La aprobación provisional de las ordenanzas munici-

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14 | Ramón Betrán Abadía

Para regular la edificación, se utilizaron los mismos parámetros que en 1912


(altura, composición de fachadas, patios y espacios libres, habitabilidad, vuelos, segu-
ridad), distinguiéndose manzanas consolidadas, donde los solares edificados sumaban
más del 50% de la superficie limitada por las alineaciones oficiales, y nuevas.
En las manzanas consolidadas (arts. 24 a 33), la altura máxima de un edificio
dependería del promedio de los anteriores, si la calle ya existía, o de la anchura de
esta, si era de nueva apertura o, al promulgarse las ordenanzas, tenía edificios en
menos de la mitad de su línea de fachada, consideradas ambas aceras. En estas calles
nuevas, la altura máxima variaba entre vez y media el ancho de la vía, cuando este
no llegaba a 12 metros, y 28,50 metros (B+8), si era igual o mayor de 28. Sobre esta
altura, se admitía un ático de 3 metros de alto, siempre que se retranqueara al menos
3,50 metros de la fachada. Y el importante artículo 33, del que andando el tiempo se
abusaría sin contemplaciones, permitía sobrepasar la altura máxima siempre que el
Ayuntamiento lo entendiera justificado por «la índole especial del edificio y su empla-
zamiento en un lugar destacado de la Ciudad».
Por lo demás, el desarrollo en planta de los edificios de vivienda en manzanas
consolidadas solo se limitaba con las condiciones de orden higiénico impuestas a
los patios de luces. En cada solar se debería dejar un espacio libre de superficie no
menor del 15% de la ocupada por la edificación, en construcciones de más de cinco
plantas, o del 12% en las inferiores, salvo que la disposición de la planta o los espa-
cios libres de fincas adyacentes proporcionaran a todos los huecos vistas directas al
menos de 3 metros. Además, cada patio de luces no tendría menos de 8 m2 ni del
cuadrado de la cuarta parte de su altura, y ningún hueco distaría del muro opuesto
menos de 2 metros ni de la quinta parte de la altura del patio. Los patios deberían
estar descubiertos, aunque se permitía ocupar completa la planta baja, si no era resi-
dencial, y cubrirla con terrazas o lucernarios. De la conjunción de estas normas con
las de altura y vuelos provenía, a la postre, el aprovechamiento del solar.
En solares situados en manzanas consolidadas podía obtenerse directamente la
licencia de obras con un proyecto de edificación que cumpliera las condiciones ante-
riores. En las nuevas (las limitadas por alineaciones oficiales cuyos solares edificados
no alcanzaran la mitad de la superficie total) debía tramitarse antes un proyecto de
parcelación de la manzana completa (arts. 19 a 22)2. Podían presentar este proyec-
to todos los propietarios de común acuerdo o el primero que quisiera edificar; en
este caso, se daría un mes a los demás para aportar alternativas, y el Ayuntamiento

pales por el Ministerio de la Gobernación, con observaciones derivadas de los informes de las
direcciones generales de Sanidad y Arquitectura, se produjo en 1941, quedando enterada la
Corporación en el pleno del 5 de septiembre. En el del 12 de febrero se había aprobado un
apéndice complementario de las ordenanzas.
2 Que tenía el precedente de las ordenanzas de Miraflores de 1934, cuyo artículo 43 había
exigido que, antes de otorgarse licencias de obras, se aprobara un proyecto de parcelación y
organización de cada manzana completa, donde la superficie edificada no superara el 50% del
área total.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 15

establecería la ordenanza para la manzana seleccionando uno de esos proyectos o


encargando otro a la Dirección de Arquitectura3.
Los proyectos de parcelación y ordenación de manzana deberían estar suscritos
por un arquitecto y atenerse a las siguientes normas técnicas:
Comprenderán la totalidad de la manzana, si esta se encuentra sin edificar, o toda la
parte libre de edificación en caso contrario.
Las parcelas tendrán la forma y dimensiones más convenientes para el tipo de edifica-
ción que se proyecte, siempre entendido que los edificios habrán de cumplir todas las
condiciones impuestas por las presentes ordenanzas.
Se procurará la mayor regularidad en la forma de las parcelas, debiendo las líneas late-
rales de medianería ser perpendiculares a la línea de fachada, en una longitud mínima
de seis metros.
La superficie de terreno ocupada por las edificaciones no podrá comprender más del
cincuenta por ciento del área total a urbanizar. Para determinar esta área se incluirá la
superficie total de las calles que atraviesen la zona que se urbaniza y la mitad de la su-
perficie de las calles que formen su perímetro.
Cuando algunas de las calles que formen el perímetro de una zona a urbanizar tengan
un ancho superior a 20 metros, se considerarán para determinar la superficie edificable
como de 20 metros de anchura.
El proyecto de parcelación comprenderá no solamente la división del terreno en solares,
sino también el estudio de la ordenación de la edificación. En esta ordenación se fijarán
claramente por lo menos los siguientes extremos: a) Superficie edificable en cada parce-
la; b) clase de edificación: aislada o en serie; c) destino de la edificación; d) dimensiones
y disposición de los patios de luces; e) alturas de las edificaciones.
La ordenación tenderá a obtener un conjunto armónico4.
Además, el Ayuntamiento se reservaba derecho a imponer en ciertas zonas de
la ciudad condiciones especiales de superficie mínima de parcela, proporción entre
superficie libre y construida en los solares, tipo o destino de los edificios, altura,
características de los patios de luces, etc.5.

3 El 8 de marzo de 1952, se añadió que el Ayuntamiento podría exigir proyecto de parcelación


en manzanas consolidadas donde un nuevo edificio pudiera entrar en conflicto con los patios
existentes.
4 En el pleno de 11 de septiembre de 1958, se añadió a las normas de ordenación de nuevas
manzanas otra acorde con las prácticas ya habituales de edificación abierta y privatización del
espacio urbano: «En las construcciones con la variante de manzanas abiertas los propietarios
o copropietarios de la zona afectada, están obligados a mantener la zona verde en la misma,
en las condiciones mínimas de embellecimiento y ornato que la Corporación establezca, así
como a instalar la totalidad de los servicios de urbanización en todo el recinto, corrien-
do a cargo igualmente de los propietarios o copropietarios, su ejecución, entretenimiento y
conservación, de todo lo cual responderán mancomunada y solidariamente».
5 El 4 de octubre de 1956, el pleno acordó «aplicar, con carácter general para todas las vías de
la Ciudad […] sin excepción de ninguna clase, el sistema de chaflanes […] que ya ha venido
rigiendo en las Zonas de Ensanche». El 12 de junio de 1958, se modificó esta ordenanza para
especificar que los chaflanes de los edificios angulares se dispondrían en todas las plantas del
edificio y no solo en la baja.

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1 | Ramón Betrán Abadía

Dividido el suelo en parcelas, sobre ellas podrían erigirse construcciones entre


medianeras en todo el contorno de la manzana, dejando al menos desde la planta
primera un patio central cuya superficie, sumada a la cedida para formar las semi-
calles perimetrales, equivaliera al 50% del suelo bruto. La altura de los edificios se
regiría por el ancho de la calle, conforme a la misma ordenanza establecida para las
manzanas consolidadas. Subyacía aquí una limitación del aprovechamiento econó-
mico del solar más elaborada que la vigente hasta entonces en Zaragoza, aunque no
por ello dejara de ser muy insuficiente en relación con el desarrollo general de las
técnicas urbanísticas en una fecha tan tardía como 1939.
Por otra parte, los siete primeros artículos de las ordenanzas de 1939, como las
de 1912, añadían a los derechos reconocidos a los dueños de terrenos el de abrir
nuevas calles que los atravesaran mediante un proyecto técnico autorizado por el
Ayuntamiento, que podía atenerse a las alineaciones oficiales o añadir otras; en este
último caso, el interesado debería razonar la utilidad de la nueva calle en el conjun-
to de la ciudad. Ha de tenerse en cuenta que, si el derecho a edificar se definía en
función del frente a calle, por aplicación de las alturas y fondos máximos prescritos
con carácter general, toda nueva calle permitía construir mayores volúmenes que los
previstos por el planeamiento y, con ello, ampliaba el derecho preexistente.
Para mayor perversión del sistema, no solo se admitía abrir calles no contem-
pladas por el plan oficial de alineaciones de la ciudad cuando quedaran dentro de
los límites de este, sino también fuera si la Corporación entendiera que la calle pre-
tendida por el propietario constituiría «una vía de interés para la futura expansión
urbana». En todo caso, se exigía a las nuevas calles que se relacionaran con vías
arteriales urbanizadas, sin solución de continuidad y ya fuera directamente o por
intermedio de otras vías. También se requería para abrir una calle el establecimiento
de la pavimentación, el abastecimiento de agua, el alcantarillado y el alumbrado, sin
cuya total ejecución no se permitiría (en teoría) habitar las viviendas que se cons-
truyeran. Una vez terminada la calle y completos todos los servicios, el Municipio
se incautaría de ella, cuidando en adelante de su conservación, entretenimiento y
vigilancia.
Y al revés, el Ayuntamiento podía autorizar a los particulares a cerrar una calle
existente, y venderles o cederles su suelo, si entendía que concurrían razones de hi-
giene o seguridad pública, y se respetaban las servidumbres concurrentes6.

6 En el pleno de 9 de agosto de 1952 se acordó «que en las Zonas de Ensanche desaparezca de


todas las calles que actualmente lo ostentan el calificativo de particulares. En virtud de las
razones de interés general expuestas por la Comisión, sea esta la encargada de los servicios
de urbanización de las mencionadas calles, siempre a medida que sus disponibilidades pre-
supuestarias lo permitan. Y como es lógico se aplique en todo su rigor lo preceptuado en las
ordenanzas de edificación sobre apertura de nuevas calles debidas a la iniciativa privada, en
los terrenos afectados por la Ley de Ensanche».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 17

Según BoroBio (1946: 15-16), la principal ventaja de las nuevas ordenanzas


sobre las de 1912 era la eficacia con que regulaban la preparación para la edificación
de las áreas sin urbanizar, dando a los propietarios de terrenos la iniciativa sobre
nuevas parcelaciones y apertura de vías, y oponiéndose a «la anarquía que venía pre-
sidiendo la expansión urbana». Normas muy sencillas, encuadradas en el decimo-
nónico binomio alineaciones más ordenanzas y que confiaban sustanciales facultades
en la gestión del desarrollo urbano a los dueños del suelo, beneficiados además con
un sensible aumento de los aprovechamientos, permitían levantar con gran rapidez
muchas viviendas. En una posguerra marcada por la falta de viviendas baratas, la ca-
restía de los materiales de construcción y la abundancia de capital, el sistema alentó
la presión especulativa sobre los solares y provocó, en los años cincuenta y sesenta,
una enorme compactación del suelo urbano y la demolición masiva de edificios an-
tiguos con superficie construida inferior a la que ahora se consentía. Amplias zonas
del ensanche y de barrios obreros como Las Fuentes, San José o Delicias se edifica-
ron con el procedimiento de la ordenación de manzana y las alturas según ancho de
calle establecidas en 19397, con densidades muy altas y, a veces, sin respetar siquiera
las alineaciones oficiales de 1943 gracias a los mecanismos normativos para añadir
y quitar calles a gusto de la propiedad.
Los seis primeros artículos del capítulo tercero de las ordenanzas de edifi-
cación («Estética urbana») detallaban unas sucintas normas sobre protección del
patrimonio cultural que completaban la regulación del plan de reforma interior
aprobado inicialmente el mismo año. También en 1939, Borobio esbozó un razo-
namiento teórico para ambos instrumentos en su discurso de ingreso en la Acade-
mia de San Luis, que tituló Las casas de Zaragoza y leyó el 14 de septiembre. Tras
bosquejar las características tipológicas y constructivas de las casas populares y los
palacios zaragozanos de los siglos XVI y XVII, el texto concluía con el interesante
apartado «Defensa de los restos de la vieja ciudad», donde se advertía que en la
mayoría de las calles del centro histórico pervivían casas con tres o cuatro siglos de
edad, a menudo desfiguradas, que delataban las pocas variaciones experimentadas
en ese tiempo por buena parte de las alineaciones viarias. Seguía un esbozo de
catálogo de las casas antiguas mantenidas en la ciudad romana, en San Pablo y en
la Magdalena.
Para que Zaragoza mantuviera «su sello característico, su personalidad», era «in-
teresante» defender esos «restos venerables», protegiéndolos, descubriéndolos y ponién-
dolos en valor. Pero era un hecho que la ciudad del XVI no cumplía las necesidades
actuales en cuanto a tráfico y salubridad, y exigía una reforma que no debía resultar
de múltiples actuaciones aisladas y mal casadas, sino de un plan urbanístico de con-
junto, lo que en Italia se llamaba plano regulador de la ciudad. En él se trazarían las
vías de nueva apertura, las que debieran reformarse y las que pudieran subsistir sin

7 Los planes generales de 1986 y 2001 calificarían estas manzanas como zona A-1, grado 1.º.

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18 | Ramón Betrán Abadía

alteraciones, siempre con el criterio de compatibilizar la modernización de la ciudad


vieja con el máximo respeto a los monumentos.
También estaban amenazadas las casas antiguas por los programas de vivienda
con que se habían erigido, «poco menos que inútiles» para los actuales planes de vida.
Su conservación era antieconómica, no tanto por los costes que implicaba en sí mis-
ma como por el beneficio expectante que obstaculizaba:
Situadas muchas de ellas en lugares que han alcanzado un extraordinario valor comer-
cial, no son susceptibles, por su disposición, de producir la renta que corresponde al
sitio. Sus propietarios se ven precisados a reformarlas, alterando lo esencial de su estruc-
tura y con ello su valor artístico, o demoliéndolas para levantar en su lugar inmuebles de
renta (BoroBio, 1939: 62-63).

Frente a esto, solo se proponían prohibiciones voluntaristas confiadas al pla-


no regulador, donde «deben señalarse los edificios de interés artístico o histórico,
y las calles, plazas o zonas urbanas de carácter típico, artístico o monumental»8, y
a las nuevas ordenanzas de edificación. Borobio se refería a artículos de estas como
el 109, que prohibía en los edificios de interés histórico-artístico obras de demoli-
ción total, de demolición parcial si afectaba a elementos de interés, y de reforma,
ampliación o consolidación si alteraban su carácter. El 110 trataba de las áreas de
carácter típico, artístico o monumental, cuyo valor escenográfico se preservaba
prohibiendo las obras de demolición, reforma, ampliación o consolidación que
modificaran el aspecto exterior de los edificios. El artículo 111 facultaba al Ayun-
tamiento para exigir a las nuevas construcciones situadas en calles o plazas de ca-
rácter arquitectónico definido un tipo de arquitectura que armonizara con su entorno
y reforzara ese carácter. Aunque el 113 permitía que las fachadas tuvieran el diseño
deseado por los propietarios, siempre que no fuera ofensivo para la estética, advertía
que no se autorizarían obras de nueva planta o de reforma lesivas para el carácter
artístico, arquitectónico o monumental de su entorno. En la calle de Alfonso, el
112 prohibía las obras que alteraran la uniformidad arquitectónica de las facha-
das, incluyendo entre ellas la construcción de miradores y la elevación de pisos.
Para acabar, el artículo 114 determinaba que, cuando un propietario recurriera la
denegación de una licencia por las causas señaladas en los artículos anteriores, se
pediría informe de las academias competentes, aunque al final resolviera el Ayun-
tamiento.

8 Sin que la memoria expresara el alcance del grafismo, los planos del proyecto de reforma
interior de 1939 señalaban con un rayado sencillo de línea fina y el rótulo correspondiente
los edificios, públicos o no, destinados a centros administrativos, cuarteles, iglesias, hospita-
les, cines, teatros, grandes colegios o mercados. No se resaltaba, en cambio, ningún edificio
particular sin esos usos, por alto que fuera su valor histórico o artístico (palacios de Sástago,
Maestranza, Morlanes, Argillo, Fortea, Fuenclara…), e incluso se contemplaba expresamente
la demolición total o parcial de casonas como las de los marqueses de Ayerbe, Aitona (ambas
arrasadas por la apertura de la plaza del Pilar), Tarín o Pardo, por más que las mencionara el
discurso de septiembre.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 19

Pero la aplicación de las ordenanzas y la buena voluntad de Borobio tropeza-


rían con la falta tanto de catálogos oficiales de edificios y zonas de interés9, como de
normas más precisas y eficaces. Más aún, se encontrarían de frente con un escollo
económico ante el que el arquitecto solo podía reconocer la impotencia de las regu-
laciones puramente restrictivas y la carencia en el Ayuntamiento de fondos con que
expropiar, apelando a la cooperación de instituciones locales, públicas y privadas,
dispuestas a comprar viejas casonas, restaurarlas e instalar ahí sus sedes.
La clave para salvaguardar los edificios antiguos radicaba en la opinión pública
y, en especial, en la de una capa dirigente proclive a anteponer sus intereses cre-
matísticos. En otro breve texto publicado mucho después, Borobio escribiría:

9 Veintiocho años después aún pediría BoroBio (1967: 14) la formación de «un catálogo de
“intocables”» con los ejemplares más destacados de la arquitectura zaragozana. Para entonces
apenas se había verificado algún intento fallido de promoverlo; el primero fue el esbozo del
catálogo razonado de edificios religiosos y civiles a preservar que presentó el SIPA en la informa-
ción pública convocada por el Ayuntamiento antes de formar un plano general de ensanche
y mejora interior que nunca se redactaría (1931); publicó el documento la revista Aragón
(2/32), con el título «La riqueza artística que Zaragoza ofrece al Turismo». En 1942, la Di-
rección de Arquitectura municipal elaboró un listado de edificios de interés que se conserva
en AMZ, caja 213655, junto con un heterogéneo conjunto de trabajos relacionados con el
plan de ordenación general en curso de redacción. Durante la exposición pública del plan
general aprobado inicialmente en 1957, la Institución Fernando el Católico reclamó un ma-
yor respeto por el patrimonio histórico, ya se tratara de monumentos o conjuntos de valor
ambiental, carácter peculiar o fisonomía propia, la preservación íntegra del barrio de la Seo
y el estudio minucioso del proyecto de reforma interior de 1939 por una ponencia creada al
efecto; en respuesta, el Ayuntamiento acordó formar un plan especial y crear un catálogo de
edificios monumentales, cuyo estudio se encomendó a esa institución por acuerdo plenario
de 9 de junio de 1960. En el número 24 del Boletín Municipal de Zaragoza (1967) se publicó
el sucinto «Catálogo de monumentos histórico-artísticos y edificios de interés para el estudio
del arte en la ciudad de Zaragoza», que Federico Torralba y Manuel Gómez Valezuela habían
formado por encargo de la Institución, precedido por una breve presentación que no ocul-
taba la poca fe de los autores en la utilidad del trabajo. En 1974, la Oficina de Planeamiento
municipal redactó un precatálogo de edificios de interés y ordenanzas especiales que tampoco tuvo
trascendencia. En 1977, el Colegio de Arquitectos publicó un Plano-guía de arquitectura de
Zaragoza y, dos años después, el Ministerio de Cultura convocó un concurso para la redac-
ción de un inventario del patrimonio arquitectónico y de conjuntos urbanos, que se terminaría en
1980. A su vez, el Ayuntamiento y el Colegio de Arquitectos formaron un listado de edificios de
interés histórico-artístico de la ciudad de Zaragoza, que recogió unos 450, 218 de interés histórico-
artístico (33 de ellos calificados como monumentos nacionales) y el resto de interés ambiental. El
avance del plan especial de protección del centro histórico dirigido en 1981 por el arquitecto
madrileño Alfonso Fernández de Castro incluyó un extenso catálogo enriquecido con bouta-
des tan inoportunas como atribuir al Pilar interés ambiental en grado segundo, el mismo rango
dado al muy reciente edificio de Galerías Preciados en Independencia. Abortado también este
documento, el plan general de 1986 adquirió en el centro histórico carácter de plan especial
de protección y se acompañó con un extenso pero poco detallado catálogo (el primero vigente
en la ciudad), drásticamente revisado a la baja en 1989. Contuvo un anejo análogo la revisión
del plan general de 2001 y, por fin, en 2006 se aprobó un catálogo autónomo donde cada
inmueble se acompañaba con una detallada ficha descriptiva.

una y [Link] 169 10/6/17 11:38:03


170 | Ramón Betrán Abadía

La experiencia ha demostrado reiteradamente que cuando falta un decidido fervor ha-


cia los valores del pasado por parte de la sociedad y, muy principalmente de sus clases
directoras, llega un momento en que los intereses económicos prevalecen sobre los espi-
rituales y culturales y el monumento, el edificio o el barrio de interés, al encontrarse sin
defensa, cae indefectiblemente a golpe de piqueta o bajo los efectos de potente excava-
dora (BoroBio, 1967: 19-20).

Y esa actitud culta, respetuosa hacia la propia historia, es lo que faltaba en


Zaragoza, donde «no se siente afición hacia la Ciudad antigua», no se admiran los
rincones típicos ni se lamenta el derribo de los edificios de valor arquitectónico. En
una moción presentada ante el pleno del 31 de mayo de 1949, Antonio Serrano
Montalvo lamentó la gran cantidad de edificios y rincones de interés histórico
desaparecidos durante el «corto período de extraordinario auge urbanístico» ini-
ciado unos años antes, y alertó del riesgo de despersonalización de la ciudad; el
concejal pedía un estudio detenido de las zonas antiguas que debieran conservarse
total o parcialmente, y de las medidas pertinentes de saneamiento y restauración;
un inventario de monumentos, casas, rincones y elementos de interés municipal,
y una modificación de las ordenanzas que protegiera más la vieja Zaragoza. Pero
su pueril moción tropezó con la más completa incomprensión, según contaría él
mismo años más tarde:
La moción cayó en la mayor soledad y oscuridad. Parecía que la había propuesto un
marciano y no un terrícola […] Antonio Beltrán la publicó años después en un trabajo
suyo, modélico al caso, titulado «La ciudad antigua en la ciudad moderna». Federico To-
rralba hizo el inventario de monumentos por indicación de la Institución «Fernando el
Católico» y publicándolo en el Boletín Municipal. Eso fue todo. Recuerdo el asombro de
mis compañeros de Corporación ante tan extraña y rara moción […] Faltaba esa precisa
y preciosa sensibilidad para escuchar los gritos de socorro de una Zaragoza antigua que
iba a morir (sErrano, 1976: 50-51).

Así las cosas, era imprescindible sacar de su rincón los edificios antiguos sub-
sistentes, incorporarlos a la vida actual y darles «mayor lucimiento y realce», para
que «el vecino despreocupado e inculto» se fijara en ellos y apoyara su conservación
(BoroBio, 1967: 20). Esto exigía obligar a sus dueños a limpiarlos de obras anterio-
res impropias10, despejar su entorno y mejorar la urbanización del casco histórico
para hacerla atractiva11: medidas escenográficas, sin duda, pero que contribuirían a

10 «Habría que llevar a cabo una serie de obras pequeñas para adecentar las casas típicas. Estas
obras de adecentamiento consistirían en reformar esas portadas de tiendas atentatorias al ca-
rácter del edificio donde se adosan; reformar algunos huecos postizos; rasgar tal o cual galería
cegada por la incultura; arrancar algún balcón de pacotilla que interrumpe una ordenación de
arquillos; revestir con piedra o ladrillo tantos zócalos con pegotes de cemento; quitar el enlu-
cido de algunas casas que fueron de ladrillo a cara vista; desmontar esas palomillas cargadas
de cables que corren a lo largo de nuestras callejuelas típicas» (BoroBio, 1939: 64).
11 «Estas obras, complementadas con una pavimentación adecuada a base de losas de piedra y
enmorrillado, y con un alumbrado urbano acorde con el carácter de la calle, podrían devolver
a nuestros barrios típicos su atrayente fisonomía» (BoroBio, 1939: 64).

una y [Link] 170 10/6/17 11:38:04


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 171

Rincón del barrio del Boterón, destruido en 1937 (Díaz Domínguez). [VaLEnzuELa, 1922: 30].

devolver a los edificios y ambientes urbanos del centro los valores perdidos y ten-
drían un indispensable sentido didáctico.
Pero ni las ordenanzas ni el plan de reforma interior contemplaron estas me-
didas, aunque los artículos ya citados permitieran un desarrollo que, como era de
esperar, nunca se produjo12.

12 Tiempo después, BoroBio (1967: 17) lamentaría el desinterés del Ayuntamiento por los ar-
tículos 109 a 114 de las ordenanzas, que, «de haberse cumplido, hubieran evitado muchos

una y [Link] 171 10/6/17 11:38:04


172 | Ramón Betrán Abadía

Las ordenanzas de edificación de 1939 eran un cuerpo en exceso general y


dirigido solo a las zonas de manzana cerrada. Antes y después de ese año, el Ayunta-
miento aprobó reglas específicas para algunas áreas urbanas, normalmente comple-
mentarias de proyectos parciales (calles del Portillo y la Yedra, plaza del Pilar, sector
Damas-Marina Moreno…) o incluidas en pliegos de condiciones para la enajenación
de solares (exhuerta de Santa Engracia, zona libre de la Gran Vía…). La Dirección
de Arquitectura municipal formó en noviembre de 1942 unas oficiosas ordenanzas
especiales para distintas zonas de la ciudad, que agrupaban todas las que debían apli-
carse en los sectores cuyas particularidades los apartaban del caso general13. Esta
compilación incluía tanto las zonas singulares ordenadas por el plan de reforma
interior aprobado definitivamente este mismo año (plaza del Pilar, San Vicente de
Paúl, barrios del Sepulcro y San Pablo), como ciertas áreas de los ensanches de Mi-
ralbueno (manzanas laterales de la Gran Vía, plaza de San Francisco, entorno de la
prolongación de Gran Vía), Miraflores (sector comprendido entre Marina Moreno,
Damas y camino de las Torres) y Torrero (Ruiseñores). Desde otro punto de vista,
la colección incorporaba ordenanzas escritas, planos de parcelación (manzanas de
la Gran Vía) e incluso una ordenanza gráfica con nivel de proyecto básico para la
ejecución de los soportales de la plaza de San Francisco. Había además ordenanzas
de ámbitos menores que establecían regulaciones específicas para las manzanas 7 de
la plaza del Pilar y 53 de Miralbueno.
En los años siguientes, la presión de los promotores y de ayuntamientos cada
vez más privatistas, unida al desfase provocado por las profundas transformaciones
urbanas de la posguerra y a la excesiva función urbanística asumida por las ordenan-
zas de 1939, produjo roces en su aplicación que motivaron el primer intento muni-
cipal de sustituirlas. En el pleno del 3 de abril de 1950, el concejal Higinio Marco
pidió que se creara una comisión para examinar su reforma y el teniente de alcalde
Canellas anunció que, con «el deseo de hacer una Zaragoza mejor favoreciendo por
todos los medios posibles la iniciativa particular», la de Fomento había pedido a la
Dirección de Arquitectura que estudiara las modificaciones oportunas. Concluyó
la etapa en que Canellas presidió la comisión y, en la sesión plenaria de 11 de abril
de 1953, él mismo y los concejales Marco y Rodríguez Pérez presentaron como
moción un proyecto completo de ordenanzas municipales de edificación y construcción,

de nuestros lamentos», y se preguntaría: «Estos preceptos, ¿han tenido alguna efectividad? /


Para evitar la demolición de edificios de interés, ninguna. Para ordenar alguna zona de nuevo
trazado, sí. Ejemplos: la calle de la Yedra, hoy de San Vicente de Paúl y la plaza del Pilar o de
las Catedrales. / La calle de Alfonso, recientemente, y en contra del artículo 112 que trata de
defenderla, está siendo objeto de importante alteración en su uniformidad por obra de un
edificio discorde en su altura y composición con las del resto de la calle y en triste contraste
con el acierto y respeto con que acaba de restaurarse la fachada del edificio contiguo». El
autor se refería a los almacenes Gay, inaugurados en 1967.
13 AMZ, caja 209015, 1943 («Ordenanzas especiales para la zona de Miralbueno, P.º Ruiseño-
res, carretera Valencia, C/ San Vicente Paúl, plaza Nuestra Sra. del Pilar, B.º San Pablo, zona
Miraflores, zona Miralbueno, B.º Sepulcro»). Otra copia en AMZ, caja 213655.

una y [Link] 172 10/6/17 11:38:04


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 173

Ordenación de porches en la plaza de San Francisco (1941). [AMZ, caja 209015, 1943].

una y [Link] 173 10/6/17 11:38:05


174 | Ramón Betrán Abadía

que describieron como una ampliación de las vigentes que incorporaba contenidos
relacionados con el plano de ordenación general y las ordenanzas de las zonas de
ensanche, la avenida de San José o Ruiseñores, y añadía otros como…
[…] la doble crujía, que tanto se usa ahora, para lograr una edificación económica e
higiénica. Asimismo, era conveniente fijar una política urbanística, puesto que lo que es
permisible en un grado determinado, en un sector de la Ciudad, no puede ser permitido
en otro. Igualmente, se ha procurado ordenar la higienización de edificios con exigencias
mínimas en los nuevos, con tolerancias máximas posibles en los existentes y con orien-
taciones concretas para los locales comerciales […].
Igualmente, se procura la descongestión del casco de la Ciudad, vigilando el paulatino
desplazamiento a otras zonas, teniendo en cuenta las necesidades de carácter deportivo,
el uso de espectáculos en función de la densidad de las barriadas, etcétera, etcétera.
Se dan reglas a los barrios particulares de la Ciudad, teniendo en cuenta su carácter
agrícola, militar, residencial, etcétera.
Y se procura la defensa de todo el patrimonio artístico y monumental, con una no-
toria libertad a la iniciativa privada, facilitando, dentro de normas precisas, la mayor
comprensión para que todos, particulares o técnicos, puedan saber lo que les interesa
sin necesidad de consultas a determinadas personalidades o entidades […] A ver si, en
muy pocos años, dentro de nuestra penuria de medios y del evidente colapso que sufre
Zaragoza, se puede conseguir que la construcción siga un ritmo alentador, tal como
requieren las necesidades, siempre crecientes, del aumento de población.

Así pues, por una parte se decía buscar una mayor claridad, que hiciera in-
teligibles las ordenanzas al simple ciudadano y evitara los frecuentes problemas de
interpretación. También se quería refundir las ordenanzas generales y las especia-
les, y llenar lagunas en la regulación de la protección del patrimonio artístico o las
condiciones higiénico-sanitarias. Había además voluntad de adecuar la norma a
una promoción particular que reclamaba más libertad para explotar sus terrenos,
restando rigidez a la regulación general y contemplando los bloques de doble crujía.
Por fin, la aplicación de las ordenanzas se diferenciaría por zonas, teniendo en cuen-
ta el carácter de cada una y tendiendo, se decía, a la descongestión del centro y a la
dotación de los barrios. Así se suavizaría la excesiva generalidad de unas ordenanzas
con las que solo se había pretendido regular las características genéricas de la edi-
ficación en el término municipal y a las que, tras la aprobación del anteproyecto de
ordenación general como mero plano de alineaciones, se les hacía funcionar como
normas urbanísticas de planeamiento e instrumento de zonificación.
El proyecto de Canellas nunca se aprobó. En el plan general de 1959, Yarza se
mostró muy crítico con las ordenanzas del 39, pero los vagos criterios normativos
que les opuso no llegaron a imponerse; durante sus nueve años de vigencia hubo de
convivir con ellas, ligeramente ajustadas, y también con las alineaciones de 1943 en
buena parte del suelo urbano, a mayor gloria de una iniciativa particular que empe-
zaba a mostrarse hiperactiva. El 13 de agosto de 1964, el Ayuntamiento aprobó ini-
cialmente unas ordenanzas de edificación armonizadas con el plan general de 1959,
pero de ahí no pasaría. Y, así, con modificaciones de alcance menor, las de 1939
siguieron en vigor hasta que el 19 de noviembre de 1973 se aprobaron las terceras y
últimas ordenanzas de edificación que hasta hoy ha tenido la ciudad de Zaragoza.

una y [Link] 174 10/6/17 11:38:05


Capítulo IX

Demografía, acumulación
y fiebre inmobiliaria

1. Crecimiento demográfico y déficit de viviendas


La guerra produjo en Zaragoza un progreso demográfico sin precedentes. Si desde
1900 al inicio de 1936 su población de hecho había aumentado un 85,56%, pasando
de 99.118 a 183.922 habitantes, en 1940 alcanzó los 238.601. Aunque en la década
de los cuarenta el crecimiento se moderó mucho, los 264.256 residentes de 1950 su-
peraban holgadamente las expectativas del plan general de ensanche de 1934, capaz
para 28.374 nuevos habitantes en la primera zona y unos 17.646 en la segunda.
Para este crecimiento, que tuvo un pico muy pronunciado en 1939 y se nutrió
sobre todo de jóvenes de 15 a 35 años1, la ciudad contaba con el suelo ordenado por
ese plan de ensanche, en su mayor parte sin edificar al acabar la guerra, y con las
áreas exteriores, salpicadas ya de barriadas particulares, que dotaría de alineaciones
el anteproyecto de ordenación general de 1943. Sobraba, pues, suelo edificable,
aunque el número de viviendas disponible fuera cada vez más insuficiente.
Los estudios de evolución demográfica e inmobiliaria de la capital formados
con motivo de la redacción del anteproyecto de ordenación de 1943 y el plan gene-
ral de 1959 ilustran bien su situación durante la alta posguerra2:

1 A pesar del aumento de la mortalidad y el descenso de la natalidad, este año la población


zaragozana aumentó en más de 40.000 habitantes. En el pleno del 19 de septiembre, el con-
cejal carlista Manuel Campos rogó al alcalde que, para mitigar el paro obrero, que durante
la guerra apenas había existido y ahora empezaba a despuntar, gestionara con el gobernador
civil «el traslado a sus lugares respectivos del personal domiciliado en nuestra Ciudad extraño
a la misma». Las duras condiciones de la posguerra harían que la demografía zaragozana se
estancara en los años cuarenta y la primera mitad de los cincuenta.
2 Datos tomados de los estudios realizados por el jefe municipal de Estadística (25/3/42), y por
la sección de Arquitectura municipal (1957). Ambos en AMZ, caja 213655.

una y [Link] 175 10/6/17 11:38:05


17 | Ramón Betrán Abadía

edificaciones clasificadas por…

uso de los edificios número de plantas habitantes de…

censos vivienda otros usos viviendas 1 2 3 4 más hecho derecho

1900 8.481 566 27.141 626 1.687 6.734 99.118 98.125


1910 8.507 826 27.999 1.339 2.033 5.961 111.704 109.635
1920 10.185 1.428 34.839 2.124 3.378 6.111 141.350 140.426
1930 13.414 1.710 45.372 4.495 5.001 1.972 1.773 1.883 173.987 162.121
1940 15.630 1.087 50.151 5.573 5.589 1.915 1.823 1.817 238.601 205.094

Se ve que la progresión demográfica (índice 100 en 1920, 123,09 en 1930 y


168,80 en 1940) se acompañó con un crecimiento incluso superior del número de
edificios residenciales en el decenio de 1920, pero en los años treinta se frenó sensi-
blemente su construcción (100 en 1920, 131,70 en 1930 y 153,46 en 1940) y, más
aún, la producción de unidades de vivienda (100 en 1920, 130,23 en 1930, 143,96
en 1940). Además, la altura media de los edificios tendió a bajar con el paso del
tiempo, y si los de más de tres plantas representaban el 52,62% del total en 1920,
en 1930 eran el 37,21% y en 1940 solo el 33,23%. Este dato, unido a la creciente
distancia entre la población de hecho y la de derecho, revela el peso cada vez mayor
de la autoconstrucción en los suburbios3.
Aunque en la Zaragoza posbélica hubiera una alta demanda potencial de vi-
viendas, esta era muy heterogénea y ni el mercado ni las políticas públicas respon-
dieron por igual a todos los necesitados: si las familias de clase media con ingresos
relativamente saneados, o al menos seguros, que formaban la base social del Régi-
men podían acceder a nuevas viviendas urbanas (siempre que hubiera materiales
para construirlas), una amplia capa de obreros no tenía esa posibilidad. Ya advirtió
cazorLa (2000: 134-135), refiriéndose al país en su conjunto, que mientras gran
número de familias empobrecidas tenía que alojarse de cualquier modo y muy po-
cos construían viviendas baratas por falta de rentabilidad, en las capitales de provin-
cia se verificaba una «generalizada actividad del sector privado de la construcción que
sorprendía a muchos visitantes extranjeros».
Esto era particularmente cierto en Zaragoza, cuyas áreas centrales soportaban
una intensa actividad constructiva mientras se verificaba, en términos globales, un

3 En una conferencia pronunciada en 1943 a propósito del anteproyecto de ordenación general


recién aprobado, conservada en la misma caja 213655, Yarza advertiría que la multiplicación
entre 1900 y 1940 de la población por 2,41 y del número de casas por 1,84 demostraba «que
ese crecimiento casi totalmente incontrolado anima la construcción y va convirtiendo las
huertas que circundan la Ciudad en barrios parcelados sobre los que se van edificando casas,
fábricas, talleres, cuadras, vaquerías, viviendas y toda clase de edificios en mezcla aterradora,
originando los barrios que llamamos: Delicias, Venecia, Colón, Montemolín y Arrabal, surgi-
dos merced casi exclusivamente a la iniciativa particular y formando un cinturón agobiador
que asfixia a la Ciudad».

una y [Link] 176 10/6/17 11:38:06


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 177

Plano parcelario de Zaragoza (Borobio y Beltrán, 1938). [AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0565].

grave déficit residencial, fruto del potente crecimiento demográfico y de la falta de


promociones dirigidas a los estratos menos solventes. En 1945, la ciudad contaba
con 251.539 habitantes y 53.699 viviendas4, cuando una razonable media de cuatro
residentes por vivienda hubiera requerido 62.885. Por añadidura, gran parte de las
viviendas existentes eran viejas, estaban mal distribuidas y, en más de un tercio, eran
insalubres.
En 1950, el Ayuntamiento convocó un concurso sobre el problema de la vivien-
da modesta, del que se tratará en su momento, y a él se presentó un trabajo, bajo el
lema RO-BLE-LA, cuya memoria acreditaba que la penuria residencial se centraba
en las familias más pobres y abundantes, pero no aquejaba en absoluto a las más
pudientes. El estudio clasificaba la población zaragozana en seis categorías según sus
ingresos, y las viviendas censadas en otras seis según su alquiler. Cotejando ambas
series, resultaba que las 4.539 familias de las dos categorías superiores tenían a su
disposición 5.688 viviendas, 1.149 más que las que necesitaban, y que las 60.398
familias incluidas en los otros cuatro tramos de renta solo tenían a su alcance 51.770
viviendas, 8.628 menos de las precisas (el 15% de las viviendas existentes o el 13,3%

4 En la capital, 48.489 viviendas incluidas en 13.786 edificios, y en los barrios agregados, 5.210
viviendas en 4.467 edificios.

una y [Link] 177 10/6/17 11:38:07


178 | Ramón Betrán Abadía

del número de familias). Como es lógico, el déficit era mayor cuanto menor fuera la
renta familiar y más bajo el alquiler de la vivienda, y solo para las dos categorías más
pobres faltaban 5.944 viviendas, con capacidad para 23.776 habitantes (el 9,45%
de la población zaragozana en 1945). A partir de estos datos, RO-BLE-LA concluía
que el mercado de la vivienda cara había alcanzado la saturación, y de ahí el gran
número de pisos de este tipo sin alquilar; como cada uno de ellos podría valer unas
150.000 ptas. y una vivienda modesta normal valdría unas 35.000, resultaba que
la iniciativa particular había invertido unos 172.350.000 de pesetas en pisos sin
alquilar por falta de demanda, y que con ese mismo capital podría haber construido
4.924 viviendas baratas, reduciendo su déficit actual en un 57%.
El proyecto ganador del concurso, del arquitecto municipal José Beltrán, tam-
bién clasificó a la población según sus ingresos y concluyó que la carencia de vivien-
das era muy selectiva. Extrapolando el déficit de 406.620 viviendas estimado por la
Fiscalía Superior de la Vivienda para toda España, en Zaragoza faltarían 3.800, de
las que 1.800 o 1.900 (47 a 50%) corresponderían a las clases más modestas. A este
déficit había que añadir el provocado por el plan de reforma interior de 1936, que
exigía «el derribo, aparte de los ya efectuados hasta la fecha, de unos 900 edificios,
sin incluir aquellos que están afectados solamente por un pequeño retranqueo en su
alineación de fachada. Calculando un promedio de 6 viviendas por edificio, resulta
un déficit por derribos de 5.400 viviendas; claro que esta reforma se efectuará en
diversas etapas dependientes de la celeridad y disponibilidades que tenga el Muni-
cipio para la construcción de nuevas viviendas. Si consideramos que el plazo para
realizar la reforma fuera de 10 años, habría que añadir al déficit anterior 540 vivien-
das, que suponen un total de 2.340 viviendas»5.
El equilibrio entre el juego dirigido por los especuladores que habían compra-
do suelo barato para construir viviendas caras (en alquiler o en venta) y las mu-
chas familias sin viviendas a su alcance, se resolvió de dos modos distintos según
la condición social de estas. Los obreros, entre los que eran mayoría los del sector
de la construcción, compraron con frecuencia parcelas en barriadas particulares,
promovidas al margen del planeamiento, para levantar sus casas por sí mismos y
en pasos sucesivos, compensando así su incapacidad para acceder a financiación
bancaria. La menuda burguesía empleada en oficinas y comercios que no disfruta-
ba de pisos de renta antigua, más pendiente de las apariencias y poco hábil para la
autoconstrucción, prefirió resolver su problema por el procedimiento descrito por
Lorenzo Monclús, arquitecto del Instituto de la Vivienda de Zaragoza, en su ponen-
cia ante el II Congreso de la Federación de Urbanismo y Vivienda de 1942:
[Las familias desalojadas por obras municipales de reforma interior] pueden optar entre
quedarse en la calle o subarrendar pisos de renta elevada, ocupando una o dos piezas

5 En esta memoria se veía muy claro el funcionamiento conjunto de unas obras de reforma
interior y otras de construcción de viviendas baratas, que llevaban a las familias modestas
desalojadas del centro a barrios periféricos donde se concentraba la población obrera.

una y [Link] 178 10/6/17 11:38:07


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 179

y dejando el resto para otras familias que se encuentran en análogas condiciones; así
se dan casos de que en un solo piso, construido y proyectado para una sola familia, se
agrupan hasta cinco familias, distribuyéndose las piezas de las viviendas y utilizando la
cocina y demás servicios por turno. Se puede citar un caso en el que el cuarto de baño
(con sus aparatos sanitarios) lo ocupe una familia compuesta de matrimonio y dos niños
(fEDEración DE urBanisMo y DE La ViViEnDa, 1944: 120-121)6.

2. Producción de guerra y acumulación de capital


Además del crecimiento demográfico, en el desarrollo urbanístico de la Zaragoza
altofranquista fueron decisivos el afloramiento de los capitales retraídos durante
la República, el enriquecimiento de individuos bien relacionados con las nuevas
autoridades gracias al mercado negro, los suministros privilegiados o el expolio, y,
sobre todo, el desarrollo de la ciudad en guerra, a la vez centro militar, hospitalario
y productivo de gran importancia.
La cercanía de Zaragoza al frente, su afortunada posición geográfica y el pri-
vilegio que supuso para su industria y su agricultura la fidelidad republicana de las
grandes ciudades españolas, causaron a partir de 1936 un notable aumento de la
producción en todas las industrias que, militarizadas y beneficiadas con suministros
preferentes de materias primas, abastecieron al ejército sublevado de vehículos, ma-
terial de puentes, bombas, explosivos y proyectiles, dispositivos de precisión, indu-
mentaria o vituallas; además, el campo y los talleres zaragozanos proporcionaron a
la ciudad, a su entorno y aun a buena parte de la España dominada por los suble-
vados, ropa y tejidos, papel y publicaciones, artículos de piel, alimentos, aluminio,
amoniaco, etc.7. En su Memoria correspondiente al ejercicio de 1939, Año de la Victoria
(1940: 7-12), la Cámara Oficial del Comercio y de la Industria de Zaragoza incluyó
un «Escrito cursado por la Cámara a sus electores» que refería muy expresivamente
el maná que había sido la guerra para la capital aragonesa:
Zaragoza se convirtió en un inmenso taller de donde salieron en insospechada abundan-
cia elementos de guerra, municiones de todas clases, material de sanidad, carrocerías,
tejidos de lana y algodón, géneros de punto, curtidos, calzados, correajes, harinas, azú-
car, alcohol, conservas, galletas y otros muchos artículos. El día que pueda hacerse la
estadística de todo lo producido en nuestra ciudad durante los años de la guerra, causará
verdadero asombro.

6 Muchas familias alojadas en viviendas de renta antigua subarrendaron las habitaciones que
no les eran imprescindibles, completando así sus salarios en un momento en que eran muy
bajos y sufrían el castigo de la inflación y el estraperlo.
7 Entre otras fuentes, pueden consultarse los artículos de Antonio Lasierra Purroy y José Pe-
llegero en los números 140 y 141 de la revista Aragón (5-6/37), o el publicado por el general
Ponte, jefe de la V División Orgánica desde agosto de 1936 a septiembre de 1937, en la revista
Ejército (3/40).

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En esa edad de oro, «ningún comercio de relativa importancia cerró sus puer-
tas» y «la banca local abrió sus cajas […] y se mantuvo con gran firmeza», con lo
que la vida dio una «sensación de plena normalidad», que se reveló sobre todo en
el hecho de haberse «construido en Zaragoza durante la guerra mayor número de
edificaciones que en los años anteriores al Movimiento»8.
El apartado «Restablecimiento de las actividades económicas» de la misma Me-
moria (1940: 17-19) abundaba en la risueña situación de la economía local y en sus
expectativas para la posguerra. Aunque algunas industrias habían sufrido la falta de
materias primas y de brazos, e incluso grandes pérdidas por causa de las incautacio-
nes (caso del sector del automóvil), todas las dedicadas al abastecimiento y vestuario
del ejército habían multiplicado su producción y muchas perfeccionaron su utillaje;
en general, las actividades económicas habían cobrado una pujanza superior al pe-
ríodo de paz precedente:
En el ramo de la construcción, que suele ser el que mueve todos los demás oficios, se
ha registrado durante la guerra un aumento sobre los trabajos realizados en los últimos
años de la república, circunstancia digna de mención por su carácter excepcional. Ac-
tualmente esta industria de la construcción ha tenido que restringir sus trabajos por falta
de materiales y especialmente por falta de hierro.
En cuanto se normalice en lo posible la adquisición de primeras materias, se incremen-
tarán automáticamente todas las actividades industriales de la capital y de la provincia,
porque existen capitales disponibles que esperan un empleo adecuado.
La producción de guerra, la expansión de los mercados y las condiciones de la
mano de obra, mal pagada y en régimen de trabajo forzoso, no solo beneficiaron a la
gran industria y a la banca, sino a una multitud de pequeños empresarios, agriculto-
res e intermediarios. Más aún, la mucha tropa acuartelada en Zaragoza motivó una
expansión del pequeño consumo y el florecimiento de ciertas ramas comerciales y
muy en particular de cafés, tabernas, casinos, cabarets o burdeles9. Con todo ello se
lucró una capa social selectiva pero relativamente extensa.
El impulso productivo, unido a serias dificultades de reinversión, provocó una
potente acumulación de capital que se expresó en un intenso aumento del ahorro

8 En estos 32 meses y medio de vida ciudadana plenamente normal se ejecutó a una media men-
sual no menor de cien personas, en su gran mayoría civiles, y entre ellas el último gobernador
republicano, el presidente de la Diputación Provincial, ocho concejales, miembros de parti-
dos y sindicatos, profesionales liberales, profesores de la Universidad, maestros, periodistas y
trabajadores de todo nivel.
9 Lorén (1981: 231 ss.) repasó estos antros al rememorar una noche de marzo de 1938 en que
se adhirió a la triste juerga de un legionario: San Ildefonso, Ramón y Cajal, Caballo, Peromar-
ta, Trillo, Bureta, Ecce Homo, Don Juan de Aragón: más o menos los mismos lugares donde
se concentraba la prostitución zaragozana desde la Edad Media y acapararon los anuncios
publicados en la Guía nocturna Zaragoza de noche (1934). Se comprende la gran actividad
que tuvo durante la guerra el Dispensario Oficial Antivenéreo, en la calle de Ramón y Cajal,
donde se habilitó un Servicio Militar Antivenéreo que registró a varios miles de soldados
aquejados de sífilis, blenorragia, chancros, etc. (arcarazo, 2010: 438).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 181

durante las guerras civil y mundial. El balance del Banco Zaragozano, entidad pun-
tera en la ciudad, se elevó entre el 31 de diciembre de 1936 y el mismo día de 1942
de 373.457.972 a 891.154.605 ptas.; sus beneficios líquidos, de 1.445.269 ptas.
en 1936, se redujeron a 336.493 ptas. en 1937 e incluso fueron negativos en 1938
(–507.471 ptas.), pero en 1940 llegaron a 2.601.812 ptas. y en 1942 a 4.015.145.
La memoria presentada por el consejo de administración del Banco de Ara-
gón a la junta de accionistas en febrero de 1942, con los balances de los ejercicios
1936 a 1941, advertía que, a pesar de los «acontecimientos tan inmensos» sobre-
venidos en el sexenio, el banco no solo había salido incólume, sino que su situación
«es hoy plenamente satisfactoria y el volumen de sus cuentas acreedoras y de sus
inversiones comerciales ha rebasado ampliamente las cifras anteriores a la guerra».
Para responder a un crecimiento en cuentas acreedoras (cuentas corrientes, caja
de ahorros e imposiciones a plazo) que desde 1935 a 1941 había alcanzado el 63%
(88.447.000 ptas.), el Banco amplió en 1942 de 20 a 60 millones de pesetas nomi-
nales su capital social, que había alcanzado el límite legal. Paralelamente, la cartera
de valores, descuentos, préstamos y créditos pasó en ese tiempo de 150.218.000 a
264.406.000 ptas. (aumento del 76%), y, en definitiva, los beneficios alcanzaron los
29.157.859,50 ptas. entre 1936 y 1941.
La partida de imposiciones y reintegros de la Caja de Ahorros de la Inmaculada
pasó de 2.374.300 ptas. en 1935 a 3.372.384 ptas. en 1939 y 7.322.724 en 1945. Y
también la Caja de Ahorros de Zaragoza registró balances llamativamente favora-
bles, que Ángela cEnarro (1997: 312) relacionó con los vínculos personales entre
miembros de su consejo de administración y de un Ayuntamiento que la benefició
con su actividad constructora10.
A través de la banca, que apoyó sin fisuras el alzamiento militar, se concentró
el ahorro disperso acumulado en el período y afloró además buena parte del capital
oculto en los años republicanos. Para ello, fueron fundamentales los decretos de la
Junta de Burgos de 12 de septiembre y 12 de noviembre de 1936, agentes de lo que
TorTELLa y García ruiz (2003: 68) llamaron «guerra monetaria […] a la “peseta
republicana”»: mientras el primero limitó la cantidad de dinero que podía retirarse
de las cuentas bancarias (impuso, como hoy diríamos, un corralito), el segundo obli-
gó a convalidar el dinero emitido antes del 18 de julio, ya llevándolo a estampillar, ya
simplemente ingresándolo en una cuenta corriente, con la ventaja, en este caso, de
que no estaría sujeto a las limitaciones impuestas dos meses antes. Así crecieron de
golpe las cuentas bancarias e, indirectamente, se permitió a bancos y cajas contribuir
con eficacia a la financiación del ejército insurrecto11.

10 La autora recuerda la relación familiar del alcalde Caballero con el presidente de la Caja de
Ahorros, Lasierra Purroy.
11 «[…] la limitación de las disposiciones en las cuentas bancarias y el estampillado de billetes
acordado en noviembre de 1936, hizo afluir sumas cuantiosas a la Banca, con aumento de
sus disponibilidades, y alejó todo temor de penuria de efectivo, hasta el extremo de que, ya

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La citada Memoria de actividades en 1939 de la Cámara de Comercio (1940:


24) incluía un apartado sobre la situación de la banca local que testimoniaba tanto
el exceso de capitales acumulados como la vía de salida que, a falta de posibilidades
inversoras más atractivas, proporcionaba la compra de inmuebles:
Los Bancos se han negado a facilitar a la Cámara datos acerca de su desenvolvimiento
en estos últimos años. Sin embargo, por las referencias que hemos podido obtener, re-
sulta que la situación de la Banca local es firme. Todas las cuentas corrientes han expe-
rimentado notable aumento y los Bancos se ven en un compromiso de colocar el dinero
sobrante. En algunos de ellos se ha iniciado la tendencia de comprar inmuebles, lo que
unido a la misma orientación que han adoptado los particulares, hace que el precio de
las fincas rústicas y urbanas y de los solares haya llegado a aumentar en ocasiones en un
100 por 100 […] Por efecto de esa abundancia de numerario de que disponen los Ban-
cos, estos brindan con facilidades para el crédito, siempre que haya alguna posibilidad
de garantía, aunque solo sea personal.
Así, una parte importante del excedente acumulado durante la guerra se des-
viaría hacia inversiones inmobiliarias, ya de los propios bancos, ya de particulares
que poseían el dinero o podían obtenerlo gracias a créditos hipotecarios concedidos
con gran fluidez. El pasaje que acabamos de leer describe a grandes rasgos lo que
hubiera podido ser el inicio de una burbuja financiero-inmobiliaria, de no tropezar
el exceso de dinero con la imposibilidad de restablecer las actividades económicas im-
puesta por las duras condiciones materiales de la posguerra.

3. Miseria y paralización productiva en la posguerra


Lejos de la esperada recuperación, en 1939 comenzaron para España quince años
de extrema penuria, en los que a una dura represión política se sumó la miseria de
gran parte de la población. Unos meses después de acabar la Segunda Guerra Mun-
dial, Gran Bretaña recuperaría el nivel de vida anterior a su inicio; Francia, Alema-
nia y Holanda tardarían tres años, Bélgica cuatro y Austria cinco. España, atrapada
en la autarquía y la inflación provocada por las caóticas políticas monetaria y fiscal,
no igualó la renta de 1936 hasta los años cincuenta. Durante los cuarenta, la renta
apenas subió un 1% anual, perviviendo hasta bien entrado el decenio siguiente las
cartillas de racionamiento, las licencias de importación, las restricciones eléctricas y
el mercado negro (García DELGaDo, 2013: 762-763).
El nuevo régimen impuso años de penosas condiciones laborales, alargando las
jornadas y reduciendo o congelando los salarios o, cuando menos, elevándolos muy
por debajo de los índices de encarecimiento de los bienes de primera necesidad. Des-
pués de estancarse los precios durante la República, la guerra y la autarquía fueron
períodos de alta inflación, al punto de que la Memoria de la Cámara de Comercio

en diciembre de 1936, se inicia el problema contrario del exceso de numerario sin empleo,
que ha de constituir la tónica general en la zona liberada durante toda la guerra» (Memoria del
Banco de Aragón…: 6).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 183

de Zaragoza sobre el ejercicio de 1939 estimaba en no menos del 50% el incremento


del coste de la vida desde 1936; en este período, el coste alimenticio aumentó en un
52,3%, para seguir subiendo muy pronunciadamente en el ejercicio siguiente, cuan-
do comenzó el racionamiento y se llegó a multiplicar por 2,22 el índice de julio de
1936 (GErMán, 1986: 109). La consecuencia fue una drástica reducción de los sa-
larios reales, que en el conjunto del país no recuperarían el nivel anterior a la guerra
hasta 1956 (BarciELa, 2002: 349). El hundimiento de la capacidad adquisitiva de la
mayoría de los españoles redujo a mínimos su gasto en bienes que no fueran de pri-
mera necesidad12, y eso limitó mucho sus posibilidades en un mercado residencial
dominado por una iniciativa privada marcadamente especulativa. En contrapartida,
la continua pérdida de valor del dinero animó a quienes lo tenían en mayor o menor
cantidad a invertirlo en suelo, en el tipo selectivo de construcciones que podían te-
ner demanda o en la compra de la propia vivienda.
Por otra parte, las destrucciones bélicas, la guerra mundial, el aislamiento
internacional y la estéril política autárquica castigaron al sector de la construcción
con una aguda carencia de materiales básicos, bienes de equipo y fuentes energéti-
cas. Perjudicó a Zaragoza, además, la absorción de esos escasos recursos por Catalu-
ña y, sobre todo, Madrid, tomadas en el último momento de la guerra. La Memoria
de la Cámara de Comercio de 1939 (1940: 22) se refirió a las severas restricciones
que ya afectaban a la industria local de la construcción:
Ya en el año 1937 se edificó más que en 1936, y en 1938 fue creciendo esa progresión,
que actualmente sigue su desarrollo creciente. Esto ha determinado una mayor activi-
dad en todos los oficios que de la construcción dependen. Pero se tropieza con no pocas
dificultades para ultimar las obras, por escasez de elementos y especialmente por falta
de hierro. En estos últimos meses las dificultades han aumentado sin duda por abastecer
preferentemente a Madrid. Esto ha obligado a paralizar temporalmente algunos de estos
trabajos en Zaragoza y su provincia. Se requiere, por tanto, que se esfuerce la produc-
ción de esas primeras materias y que se repartan equitativamente13.
La preocupación de la Cámara se convirtió en franco pesimismo en su Memoria
de 1940, que comenzaba advirtiendo que, en vez de la esperada vuelta a la norma-
lidad, ese año se había complicado hondamente la economía local: la agricultura y
las industrias extractivas no habían recuperado su ritmo anterior; los transportes se
resentían de la destrucción de material móvil que no podía reponerse, y faltaban
materias primas que deberían importarse del extranjero. Luego, la Memoria (1941:
13-17) reproducía un escrito sobre los problemas comarcales dirigido el 17 de ju-
lio de 1940 a la Jefatura Provincial de FET y de las JONS, donde se lamentaba la
demasiada intervención del Estado en las actividades económicas, las condiciones

12 Como significativa muestra, el consumo de carne por habitante en 1950 era la mitad que en
1930.
13 Aun así, la construcción y el metal siguieron siendo los dos subsectores industriales zaragoza-
nos más importantes, si bien la primera con menor peso que en el decenio anterior (del
26,9% del total industrial zaragozano en 1930 al 21,4% en 1940).

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184 | Ramón Betrán Abadía

que exigía para el funcionamiento de las industrias y las dos décimas, además del
recargo máximo sobre contribución industrial, que les imponía el Ayuntamiento
«en su justificado afán de aumentar sus ingresos»: a todo ello se atribuía que, tras la
guerra, muchos capitalistas eligieran para instalarse ciudades donde regían cargas
menos gravosas. Pero, entre todos los problemas, la Cámara destacaba la escasez de
primeras materias: «No hay papel, hierro, carbón, gasolina ni algodón suficientes
para cubrir las necesidades del consumo. Si la actual escasez se acentúa, es de temer
que se vayan cerrando fábricas y talleres, y que los trabajadores […] no puedan
mantenerse». El desabastecimiento afectaba muy especialmente a las artes de la cons-
trucción, tan boyantes durante la guerra y que ahora llevaban «camino de paralizarse
si no se les facilita esas materias primas indispensables».
Un año después, el recrudecimiento y la extensión de la guerra mundial habían
agravado las limitaciones sobre el comercio internacional, y la autarquía, más que
voluntad política, era una necesidad:
Cuando las nueve décimas partes de la población del globo se hallan en guerra, es evi-
dente que aun los países neutrales tienen que sentirse afectados en su economía, pa-
ralizado casi completamente su comercio exterior y obligados a encontrar en la propia
producción elementos suficientes para su subsistencia (Memoria…, 1942: 5).
Y al acabar la guerra mundial, la Cámara de Comercio lamentaría que tan grata
circunstancia no hubiera supuesto, de momento, el restablecimiento de la normalidad
económica (Memoria…, 1946: 5): en 1945, conocido en España como el año del
hambre, la economía local seguía sufriendo la falta de materias primas, el cierre del
comercio exterior, el alza de los precios, la crisis de la vivienda, el paro obrero, las
carencias del transporte ferroviario y por carretera, restricciones eléctricas, etc. Lo
cierto es que la derrota del Eje castigó al Régimen con un bloqueo que no comen-
zaría a suavizarse hasta 1949, cuando los Estados Unidos y sus aliados prefirieron
contemporizar con los pobres restos del fascismo europeo y reforzar sus posiciones
ante la Unión Soviética14.
En el conjunto de los sectores y del país, el índice de producción industrial de
1945 equivalía al 83% del alcanzado en 1930 (MuniEsa, 2005: 79), con especial cas-
tigo de zonas de tradición manufacturera secundaria como Zaragoza. Tras la Guerra
Civil, Barcelona y Bilbao no fueron sancionadas con el esperado apoyo estatal a la
transferencia de actividad hacia nuevos enclaves, y recuperaron la ventaja que les
daba la inmediatez de grandes poblaciones, una histórica concentración industrial,
la disposición de puertos de mar o, en Bilbao, la cercanía de las minas vizcaínas y
asturianas. Y mientras el Estado favorecía el desarrollo industrial de Madrid15, en

14 Justo entonces se iniciaría en España un ciclo de progreso económico, primero lento y luego
cada vez más rápido, que tendría su reflejo en una aceleración de la inversión inmobiliaria
privada y de las ayudas públicas.
15 En sus Orientaciones sobre la reconstrucción de Madrid, BiDaGor (1941a: 11) afirmó que la «si-
tuación estratégica inmejorable en el centro de la Península» y las «extraordinarias facilidades

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Zaragoza las actividades fabriles, ejercidas en general por pequeñas empresas bene-
ficiadas con una fuerte expansión durante la guerra, sufrieron desde su mismo final
un agudo retroceso que se prolongó hasta bien entrados los años cincuenta en sus
dos subsectores principales, el metal y la construcción. La industria del metal, mi-
litarizada en el trienio bélico (Material Móvil y Construcciones, Maquinista y Fun-
diciones del Ebro, Laguna de Rins, Talleres Mercier, Maquinaria y Metalurgia Ara-
gonesa, Averly…), mantuvo su crecimiento hasta los primeros cuarenta, cuando se
fundaron Talleres Jordá, Florencio Gómez o GIESA, para decaer muy notablemente
en lo que quedaba de década y no recuperar los niveles de producción prebélicos
hasta mediados de los cincuenta, en buena parte gracias al auge de la construcción
y de la fabricación de maquinaria agraria (GErMán, 1996: 63-64).
La banca no compartió la postración del sector secundario, y tanto el conjunto
de las entidades españolas como el más modesto sector bancario zaragozano au-
mentaron sus beneficios ejercicio tras ejercicio. Por efecto del intervencionismo cre-
diticio del Estado, la burguesía industrial española se vio subordinada a unos grupos
financieros que tuvieron también un activo papel en el mercado inmobiliario.
Las trabas para reinvertir en la industria el capital acumulado y una fuerte in-
flación que alentaba la colocación del dinero en bienes refugio16, hicieron que en la
posguerra siguiera dirigiéndose hacia la compra de solares y suelos con expectativas
fundadas de urbanización. Y esto movió al Ayuntamiento, sin duda, a impulsar me-
diante el planeamiento la formación de abundantes y atractivos solares en el centro
y de una enorme extensión de nuevo suelo edificable.
Las dificultades para conseguir hierro o cemento y la naturaleza esencialmente
especulativa de las inversiones inmobiliarias, cuyo fin esencial es la acumulación
de suelo en espera de su futura revalorización y no, muchas veces, la edificación in-
mediata, explican que de las grandes facilidades otorgadas por el planeamiento y la
banca no resultara una actividad constructiva proporcionada con el activo mercado
del suelo17. Ahora primaba la formación de patrimonios de suelo edificable que dieran

en el orden de las comunicaciones originan en Madrid una posibilidad industrial importan-


te», relacionada sobre todo con «industrias ligadas más al factor consumo que al factor mate-
rias primas», como las artísticas, suntuarias o químicas, y con el desarrollo de «un programa
industrial nacional de carácter militar».
16 Aumento del índice de precios al por mayor del 13% anual acumulativo entre 1941 y 1943;
16% en 1945-1947; 23% en 1950-1951 (García DELGaDo y JiMénEz, 2007: 430).
17 Arroja luz sobre esta cuestión el acuerdo plenario de 14 de mayo de 1941 por el que salieron
a subasta los terrenos municipales situados en la zona de la avenida de Valencia lindante con
el ferrocarril de Madrid-Zaragoza-Alicante, que justificó por las restricciones de elementos
metálicos unos plazos de edificación mayores que los estipulados desde mayo de 1939 en las
subastas de solares a los lados de la Gran Vía y en la plaza de San Francisco. El fin de las enaje-
naciones no era favorecer la edificación inmediata, que se reconocía imposible, sino procurar
al Municipio unos ingresos por venta de suelo a particulares que de momento lo retendrían,
y cuyo móvil era la diferencia entre lo que ahora pagarían y las repercusiones que a medio o
largo plazo podrían realizar, ya edificando, ya vendiendo a terceros.

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seguridad al ahorro en un momento de fuerte incertidumbre y permitieran a largo


plazo importantes beneficios asociados a la construcción de los solares o a su re-
venta. Dicho de otro modo, una fracción no desdeñable del beneficio industrial se
inmovilizó en inversiones no productivas. Como había reconocido el jefe provincial
de Zaragoza, Pío Altolaguirre, en la carta que dirigió a la Secretaría General del
Movimiento el 11 de marzo de 1940, «hoy la mayoría de los que se enriquecieron
con la guerra invierten sus ganancias en la compra de solares y en la construcción
de edificios» (cfr. cEnarro, 1997: 312n).

4. Efervescencia del mercado inmobiliario


La excitación del mercado del suelo por un exceso de liquidez, muy marcada en
la Zaragoza posbélica, no era exclusiva de esta ciudad. En su ponencia ante el
II Congreso de la Federación de Urbanismo y Vivienda (1942), la Cámara Oficial de
la Propiedad Urbana de la Provincia de Barcelona atribuyó el fuerte encarecimien-
to del suelo urbano a un fenómeno de «inflación ficticia», debido a tres factores: la
abundancia de dinero en el mercado; la necesidad de dar salida lógica a los excesos de
beneficio, y la diferencia habitual entre el valor escriturado y el real de venta de los
terrenos, que podía conjeturarse como ocultación de capitales (fEDEración DE ur­
BanisMo y DE La ViViEnDa, 1944: 133). En estas circunstancias, el ciclo inmobiliario
entraba en un período de desbordamiento de los índices expectantes de beneficio,
lanzados a «una carrera cuyo fin no es previsible», y que en Zaragoza dio lugar a un
genuino proceso de acumulación originaria de suelo que condicionaría el desarrollo
urbano hasta el siglo XXI.
A la superabundancia de capital se sumaba una comprensión mejor, por la
administración y los particulares, del funcionamiento y los límites del negocio de
la construcción masiva de viviendas. Ya en 1933, y con mayor decisión desde 1936,
se había verificado una seria revisión de las ideas elaboradas durante la dictadura
de Primo acerca de los cauces apropiados para las actuaciones de urbanización. En
Zaragoza, los fracasos estrepitosos de la Rapid Cem Fer y luego la SZUC demos-
traron bien a las claras que el sector privado aún era incapaz de llevar adelante
operaciones urbanísticas de cierta magnitud. En 1928, la teoría del pingüe negocio
inmobiliario estaba más o menos madura, la financiación se obtuvo, los medios
técnicos funcionaron y se contaba con un sistema jurídico diseñado para hacer po-
sible ensanches como el de las Casas Baratas; pero faltaba una demanda solvente
de suficiente entidad para comprar al ritmo exigido por la amortización de los prés-
tamos con que se habían pagado el suelo y las obras de urbanización. Tampoco los
propietarios menores del área a urbanizar, que poseían la cuarta parte del suelo al
constituirse la SZUC, aceptaron integrarse en ella, cambiando suelo por acciones
y contribuyendo a los gastos, ni venderle sus terrenos al precio pretendido, y eso obli-
gó a expropiar y sufragar la urbanización entre menos accionistas (BETrán, 2013).

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Comprendido todo esto, el Ayuntamiento y, más tarde, el Estado, asumieron la


función urbanizadora con uso casi generalizado de la expropiación, bien de los sue-
los ocupados por las nuevas calles, bien de polígonos completos. A los particulares
les quedó la parte más suculenta del negocio, carente de riesgos y sin necesidad de
realizar grandes obras públicas ni de asociarse para invertir ingentes capitales antes
de materializar las ganancias. Salvo excepciones, hasta la década de 1970 no volvería
a suponerse viable la promoción de urbanizaciones de iniciativa privada, aplicán-
dose entonces el sistema de compensación de la ley del suelo de 1956, que en los
ochenta se convertiría en el sistema de actuación hegemónico en todo el país.
El 12 de octubre de 1944, Luis Horno publicó en Heraldo de Aragón el texto
«Una ciudad nueva en fiestas», dedicado a la «transformación hondísima» experi-
mentada por Zaragoza en los quince años anteriores, de la que habían resultado
«anchos paseos, calles de nueva creación, solares que fueron aparecen hoy cubiertos
de edificaciones suntuosas», y una rebosante vida mercantil:
Hay dinero en abundancia y por doquier. Mirad los comercios, todos con instalacio-
nes nuevas, miradlos atestados permanentemente de un público que paga sin regatear;
mirad los espectáculos, camino de igualar los precios madrileños; mirad las casas mo-
numentales, de magnitud no siempre proporcionada a su armonía; mirad las obras colo-
sales; mirad al par las casas que poco a poco van desapareciendo, y ya veréis cómo una
ciudad nueva está matando y sustituyendo a la antigua.
Los derribos han arrasado por igual casas de nobles y labriegos. En sus bajos había es-
tablecidos comerciantes; todos subsisten hoy y en establecimientos más modernizados.
¿A dónde fueron a parar en cambio aquellos otros inquilinos? Borrados quedan sus
vestigios en solares escombrosos; sobre ellos solo edificios públicos podrán alzarse, pues
la guerra –y esta fue su tremenda huella en Aragón– resquebrajó hasta sus cimientos las
fortunas de más de medio siglo de existencia, es decir, las fortunas con solera (horno,
1999: 33-34).
El auge de la actividad inmobiliaria, área privilegiada de la acumulación de ca-
pital apoyada por la administración y la banca, se expresaba en la formación de un
grupo de promotores profesionales muy vinculados al poder político, que compraba
solares en el ensanche y sustituía en el centro a los viejos propietarios para promover
casas de pisos al amparo del planeamiento municipal.
En su opúsculo Planes de urbanización de Zaragoza, Regino BoroBio (1946:
19-20) volvería a referirse a la intensa actividad constructiva, pública y privada, que
se hacía visible en toda la ciudad. Mal podía acusarse de fantasioso al plan de or-
denación general de 1943, «tan ambicioso», si se tenía en cuenta a qué velocidad se
habían convertido en «realidades en marcha» la gran plaza del Pilar, la calle de San
Vicente de Paúl, la prolongación de Valenzuela, la vía de enlace de las carreteras de
Madrid y Logroño, o la prolongación de la Gran Vía hasta la carretera de Valencia,
con el nuevo Palacio de la Producción Aragonesa18; cómo al mismo tiempo se mul-

18 La Cámara de Comercio e Industria compró el terreno nada más acabar la guerra, cuando ya
estaba aprobado el proyecto de prolongación de la Gran Vía, y pensando de momento en la

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188 | Ramón Betrán Abadía

tiplicaban las construcciones en las zonas de ensanche y se erigían edificios públicos


como la nueva casa consistorial, varios grupos escolares y mercadillos de barriada,
la sede de la CHE, la Facultad de Veterinaria, la Ciudad Universitaria, el sanatorio
antituberculoso, el reformatorio del Buen Pastor, etc.
Y Pedro Bidagor, jefe de Urbanismo de la Dirección General de Arquitectura,
se diría sorprendido por el rápido crecimiento del ensanche de Zaragoza, y no muy
gratamente, en el corto texto de presentación que publicó en el número 95 de la
Revista Nacional de Arquitectura, dedicado a la capital aragonesa:
La industrialización de la ciudad y su crecimiento resultan sorprendentes por su rapidez,
y han originado una anarquía grande en el desarrollo urbano. Es lástima que la intensa
actividad urbanística de los últimos años no se hubiera previsto a tiempo en un plan bien
meditado de expansión. El ensanche de Zaragoza, que impresiona por su pujanza, hasta
el punto de figurar seguramente en cabeza en este aspecto entre todas las ciudades espa-
ñolas, carece de una trabazón clara y de unos centros urbanos en los que la arquitectura
luciera con calma, obras de verdadera ambición. Aunque llegado con cierto retraso, el
plan general de ordenación urbana, aprobado hace poco tiempo, constituye una base útil
para corregir en el futuro este defecto (BiDaGor, 1949: 461)19.

Esa actividad no se reflejó suficientemente en el número de licencias de obras


concedidas, que por causa del mayor tamaño de los edificios de las zonas burguesas
y de la autoconstrucción en la periferia, fue al principio moderado: si desde el fin
de la guerra a 1945 osciló entre las 332 y las 396 anuales, llegó a 921 en 1946 para
regresar acto seguido a valores similares a los anteriores; en 1954 se recuperarían
las 986 licencias y, hasta 1960, variarían entre las 936 y las 660 (GErMán, 1996:
65). Pero el número de viviendas censadas creció visiblemente desde mediados de

celebración de la primera Feria Nacional de Muestras de Zaragoza en la primavera de 1941.


En su Memoria sobre el ejercicio de 1941, se decía que ya se habían iniciado las obras del
Palacio de la Producción Aragonesa proyectado por Borobio y Beltrán. En 1944, se terminó
la torre-guion, con 55 metros de altura, incluido el remate acristalado que protegía un faro de
gran potencia; con una intención parecida a la de la torre osario del Sacrario Militare Italiano,
proyectado por Víctor Eusa en 1940 con reflectores dirigidos al cielo, se quería erigir un hito
visible desde muy lejos, eco de las torres del centro antiguo, y muy en particular de las del Pi-
lar. En un trabajo sobre la influencia de los modelos alemanes en la arquitectura española de
posguerra, Pozo (2004: 118) observó la similitud entre el Palacio y la feria de Colonia, cons-
truida en 1928 y destruida por los bombardeos aliados: algo que no puede extrañar porque,
entre 1920 y 1942, Borobio recibió regularmente cuatro revistas de arquitectura alemanas,
junto con abundantes monografías, libros y manuales.
19 Zaragoza no era una excepción en la España de posguerra. También en 1949, Gerald BrE­
nan (1950: 30) se sorprendió por la ingente actividad constructiva desplegada en Madrid:
«Una de las cosas que más me sorprende de Madrid es la cantidad de edificios que se han
construido desde la guerra civil. En cualquier lado pueden verse nuevos bloques de pisos,
establecimientos comerciales, ministerios, la mayor parte de ellos de considerable tamaño. En
los alrededores de la ciudad han crecido nuevos suburbios llenos de edificios de cinco o seis
pisos. Hay que buscar mucho para encontrar alguna huella de las ruinas de la guerra. Cuando
uno piensa en los pocos progresos hechos en Inglaterra, con sus enormes recursos, se siente
impresionado, aunque hay que recordar que la mano de obra en España es barata».

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los años cuarenta: al acabar 1953, Zaragoza tenía 64.569, 10.870 más que en 1945
(acta pleno 9/1/54), lo que suponía un crecimiento medio anual durante los ocho
años anteriores de 1.359 viviendas, cifra muy superior a las 567 precisas para alojar
a la media de 2.268 nuevos habitantes anuales censados en el período. La diferencia
entre producción de viviendas y necesidades teóricas venía a paliar el déficit preexis-
tente, de modo que en este tiempo la ciudad pasó de una media de 4,68 hab./viv. a
4,18.

5. El milagro de la propiedad horizontal


Para el abogado y periodista José Valenzuela La Rosa20, el secreto del asombrosamente
rápido progreso de Zaragoza estaba en el éxito alcanzado por el innovador sistema de
la propiedad horizontal, regulado por la ley de 28 de octubre de 193921, que permi-
tía a los compradores de pisos invertir capital en pequeña escala y al promotor de
la construcción materializar rápidamente su ganancia y multiplicarla en sucesivas
reinversiones. Además, la venta por pisos de edificios colectivos antes ocupados en
régimen de alquiler descargaba a sus dueños de gastos de mantenimiento y les pro-
curaba liquidez para emprender nuevas inversiones.
Si veinte años atrás Zaragoza no tenía ni una sola casa dividida por pisos y la
misma idea parecía extravagante, en el último decenio el sistema había proliferado
como en ninguna otra ciudad española, despertando en todo el país «una justificada
curiosidad». «Lo que antes del Movimiento nacional fue un ensayo», se acrecentó
desde 1936 de tal modo que en 1941 había más de 2.000 pisos de este tipo, in-
cluidos en «muchos centenares» de edificios, y una gran parte de las casas en cons-
trucción se destinaba a la propiedad horizontal:
En Zaragoza se ha difundido el sistema nuevo porque es esta una ciudad muy demo-
crática, en el buen sentido de la palabra, donde son muy contados los capitalistas acau-
dalados que pueden inmovilizar una fortuna construyendo por su exclusiva cuenta un
inmueble provisto del costoso confort moderno, y en cambio abundan los que pueden
disponer de algunos ahorros que les permiten costear un piso o una vivienda donde
instalar, con carácter permanente, un modesto pero acogedor hogar […] Esta excelente
disposición de los zaragozanos para adquirir viviendas aisladas, ha hecho el milagro de
estimular las actividades de los constructores y contratistas, quienes se han podido lan-
zar a sus empresas sin necesidad de disponer de capitales cuantiosos, contando con las
aportaciones de los futuros propietarios.

20 «El progreso urbanístico de Zaragoza y las casas por pisos» (Aragón, 172, 8-9-10/41).
21 La ley contenía un conjunto de reformas y adiciones a la legislación civil e hipotecaria, cuyo
objeto se manifestaba en su preámbulo: «Los graves daños inherentes a la guerra sufridos
por la edificación urbana, exigen la facilidad de los medios necesarios a la obra urgente de su
reparación. Uno de los más adecuados es, sin duda, el de abrir un cauce jurídico a la libertad
contractual estimulando, de ese modo, las operaciones conducentes a la adquisición y grava-
men de pisos o departamentos independientes de un edificio».

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190 | Ramón Betrán Abadía

En suma, el referido sistema de la subdivisión de casas por pisos, ha movilizado infini-


dad de pequeños capitales dándoles una inversión provechosa; ha facilitado el acceso de
miles de ciudadanos a la propiedad urbana, ha fomentado la sociabilidad de las gentes
rompiendo el aislamiento muchas veces hostil en que vivían los inquilinos de una misma
casa; ha elevado considerablemente el nivel medio de comodidad y confort de las vivien-
das y ha contribuido en gran parte al decoro y engrandecimiento de Zaragoza.

Habían contribuido mucho a la expansión de la propiedad dividida la Caja de


Previsión Social de Aragón y el Monte de Piedad, que «favorecieron la adquisición
de pisos a gentes modestas, concediendo créditos con garantía de hipotecas dividi-
das también por pisos o viviendas». Con la colaboración de la banca, la rueda apa-
rentemente automotriz de la urbanización, la construcción y la venta de viviendas
alimentaba el mito de un incremento constante y autónomo de la riqueza del que
todos podían participar, y conllevaba el importante efecto ideológico de la expan-
sión de la clase propietaria, antídoto eficaz contra el deprimente principio marxista de
la lucha de clases. Reducidos los inquilinos a fracción social incapaz de influir en el
gobierno político, por razones de cantidad y calidad, la salvaguardia de sus derechos
sería cada vez menos perentoria:
En las relaciones entre caseros e inquilinos, estos han de influir ante los poderes públicos
por su número, infinitamente superior a los primeros. Si la proporción es más equili-
brada, si entre los caseros figuran muchas gentes modestas, el problema social de las
relaciones entre unos y otros se presentará al Estado con caracteres menos tirantes, más
suaves, facilitándose así su solución.

La congelación de rentas, arrastrada desde la dictadura de Primo, perdería su


sentido y la propiedad urbana reverdecería junto con la promoción de viviendas en
venta, que los compradores podrían destinar al uso propio o alquilar a terceros.
Con una valoración opuesta, Valenzuela corroboraba lo dicho dos años antes
por el diario falangista Amanecer, que en el editorial titulado «El engrandecimiento
de Zaragoza» (7/7/39) se había referido a los muchísimos inquilinos desalojados por
las múltiples operaciones de reforma interior emprendidas desde 193622, a los que
ni la promoción inmobiliaria pública ni la privada daban alternativas asequibles, ya
que «un 90% de las nuevas edificaciones son para venta de pisos, que no pueden
ni siquiera ser soñados por la mayoría de los arrendatarios amenazados de despido,
siendo todavía el problema mucho mayor para los modestos industriales y comer-
ciantes» (cfr. cEnarro, 1997: 184)23.

22 Como expliqué en mi trabajo El pingüe negocio (2013), desde la llegada al Ayuntamiento de


los concejales afines al Frente Popular, para intensificarse todavía más después del 18 de
julio.
23 La misma autora reprodujo este pasaje del parte que la Jefatura Provincial de Zaragoza de
FET y de las JONS dirigió a la Dirección Nacional de Provincias en noviembre de 1940:
«se han derribado muchas casas […] en que vivían gentes modestas sin haberse construido
ninguna apropiada para ellas […] Las construcciones que se hacen no tienen más fin que
el lucro y la especulación, no cumplen función alguna». De nuevo en marzo de 1942, el jefe

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 191

Alentada por la renovada legislación civil y por la congelación de alquileres que


desde 1920 paralizaba la inversión privada tanto en el mantenimiento como en la
construcción de viviendas, la promoción de casas divididas en pisos para la venta
facilitaba la reinversión del abundante capital acumulado en una nueva industria
basada en la edificación y en la expansión del suelo urbano. Cinco años después del
alzamiento, la alianza de los dueños del capital, el Ayuntamiento y las instituciones
financieras locales, había hecho de Zaragoza, apenas afectada por las destrucciones
bélicas, una ciudad pionera en el pingüe negocio presentido en los años veinte por
Sánchez Ventura o Allué Salvador.
La promoción de viviendas en venta ya no correspondería a los dueños del
suelo de siempre y los especuladores más o menos ocasionales que habían levan-
tado las viejas casas de alquiler. A partir de ahora, se impondría un nuevo tipo de
negociantes especializados que perseguían la ganancia rápida, vendiendo si podían
sobre plano e intentando atraer clientes de clase media. Las viviendas requerían
mejores condiciones de distribución y habitabilidad que los pisos concebidos para
arrendarse a terceros y, además, los edificios debían construirse en un solo impulso,
sin la posibilidad de los recrecimientos sucesivos que habían caracterizado a los in-
muebles de alquiler. La financiación a promotores y compradores adquirió así gran
importancia, haciendo de la banca parte protagonista del negocio y comprometien-
do al Estado en ayudas que ampliaran la capacidad financiera de los compradores e,
indirectamente, de los promotores. Como consecuencia de la construcción de una
sola vez y la emancipación de la inversión con respecto a la capacidad de gasto del
promotor, los límites de volumen establecidos en el planeamiento dejaron de ser
máximos de referencia, para determinar el precio del suelo y equivaler al volumen
efectivamente ejecutado en el momento en que se edificaba y vendía, con las consi-
guientes consecuencias sobre la densificación de la ciudad.

6. Ayudas a la producción y la compra de viviendas


El negocio inmobiliario, que durante los tres cuartos de siglo siguientes sería la ac-
tividad económica dominante en Zaragoza, no solo aprovechaba la regulación de la
propiedad horizontal, sino también las subvenciones, préstamos, beneficios fiscales
y cupos de materiales escasos y prohibitivos que desde 1939 concedía el Estado a

provincial se refirió en un escrito enviado al gobernador civil y al alcalde de Zaragoza a la


«situación angustiosa de los inquilinos […] de las clases más humildes, que ante los continuos
derribos por reformas urbanas, se ven en la imposibilidad de encontrar albergue adecuado
a sus escasos ingresos». Conforme a la costumbre seguida desde la promulgación del decreto
Bugallal en 1920, se intentó trasladar el problema a los dueños de inmuebles urbanos suscep-
tibles de alquiler, y así ordenó la Alcaldía, en agosto de 1939 y de nuevo en abril de 1940, que
los propietarios de pisos desocupados lo comunicaran a la secretaría municipal, bajo pena de
multa, para que se dispusiera el alojamiento en ellos de los vecinos desahuciados por causa de
las reformas urbanas en curso (cEnarro, 1997: 187, 194 y 194-195n).

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192 | Ramón Betrán Abadía

promotores privados de edificios residenciales. Estas ayudas, y de forma muy expre-


siva los cupos, vigentes hasta el final de los cincuenta24, eran típicas de lo que se ha
llamado régimen del expediente, sistema económico basado en el intervencionismo y
la corrupción, en que el Estado beneficia a ciertos elementos con prácticas mono-
pólicas que les enriquecen en un ambiente de escasez extrema.
De acuerdo con el interés económico y político del Estado franquista por fo-
mentar la vivienda en propiedad25, la Ley de Viviendas Protegidas de 19 de abril de
193926, que sustituyó la regulación monarcorrepublicana de casas baratas, econó-
micas y de funcionarios, arbitró una serie de ayudas estatales a cambio de ciertos
requisitos de habitabilidad y de unos precios máximos no muy claros en las vivien-
das en arriendo27, pero indeterminados del todo en las destinadas a la venta. Como
luego ocurriría con las viviendas bonificables, la ausencia de límites al precio de las
viviendas protegidas en venta era un estímulo para su promoción y establecía una
clara distinción con las de alquiler, destinadas a las familias más pobres. Apoyando
la construcción para la venta se favorecía la promoción residencial como actividad
económica y, con ella, a una clase media que constituía la clientela natural del Régi-
men y que con las ayudas arbitradas podría comprar los pisos.
Con genuina retórica fascista y abierto olvido de la clase obrera urbana, la sec-
ción de Arquitectura de los Servicios Técnicos de FET y de las JONS postuló en
el opúsculo Ideas generales sobre el plan nacional de ordenación y reconstrucción (1939:
29-31) el apoyo a «un gran sector de la población nacional, en la que incluimos todo
el medio rural y gran parte de la clase media», que debía «formar un bloque con-
servador» y cuya estabilidad se favorecería solidarizando «la familia con su símbolo
material, que es el hogar» y dando a la posesión de este la duración de dos o tres ge-
neraciones. En su conferencia del ciclo «El futuro Madrid», organizado por el IEAL
en 1945, Germán Valentín-Gamazo, jefe de la sección de Vivienda de la Dirección

24 Cuyo complemento era la cara adquisición de materiales en un mercado negro semioficial,


nutrido con trasvases efectuados por los propios dirigentes de organismos oficiales y paraofi-
ciales, beneficiados con un régimen preferencial de abastecimiento (LLorDén, 2003: 149).
25 El Fuero del Trabajo de 9 de marzo de 1938 hizo de la vivienda en propiedad una importante
base del Nuevo Estado: «El Estado reconoce y ampara la propiedad privada como medio natu-
ral para el cumplimiento de las funciones individuales, familiares y sociales […] El Estado
asume la tarea de multiplicar y hacer asequibles a todos los españoles las formas de propiedad
ligadas vitalmente a la persona humana: el hogar familiar, la heredad de la tierra y los instru-
mentos o bienes de trabajo para uso cotidiano» (∫ XII).
26 Desarrollada por el reglamento aprobado mediante decreto de 8 de septiembre de 1939. La
ley de 7 de agosto de 1941 modificó algunos artículos de la de 1939, y los decretos de 10 de
noviembre de 1942 y de 3 de febrero de 1945 alteraron determinados contenidos del regla-
mento.
27 El artículo 3.º del reglamento de septiembre de 1939 definió la renta reducida como aquella
que supusiera «un alquiler mensual no superior al importe de seis días de jornal o la quinta
parte del sueldo mensual de su presunto usuario»: límite tan elástico como los jornales de los
hipotéticos beneficiarios.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 193

General de Arquitectura, defendió, refiriéndose a esa capital (la mayoría de cuyos


1.250.000 habitantes vivía entonces de alquiler), que el inquilinato era un cáncer
producido por la prevalencia del móvil económico en el periclitado período liberal
y que el Estado debía procurar su abolición, ya que solo la vivienda en propiedad
podía ser el verdadero hogar donde la familia se fortaleciera como célula básica de la
sociedad. Y en el segundo capítulo del libro El problema de la vivienda barata (1948),
publicado cuando aún estaba vigente la ley de 1939, el alcalde de Zaragoza José Ma-
ría Sánchez Ventura defendió la propiedad como única forma de tenencia aceptable,
puesto que el alquiler era una solución no ya liberal, sino marxista y opuesta al ser
natural del hombre.
En el período autárquico, con carencias materiales de toda índole, la vivienda
protegida en propiedad era un bien tan goloso para las depauperadas clases me-
dias urbanas como para quienes se habían hecho con suelos edificables y podían
beneficiarse, si no de ayudas económicas directas, sí de cupos de acero o cemento,
bonificaciones tributarias o préstamos cualificados.
Además, la generalización de la vivienda en propiedad era requisito necesario
para una estricta clasificación clasista del espacio urbano, aboliendo la promiscui-
dad entre clases acomodadas y proletariado inevitable en el régimen de alquiler.
A las viviendas protegidas se sumaron las de clases medias o bonificables, insti-
tuidas por los decretos-leyes de 25 de noviembre de 1944 y 19 de noviembre de 1948
(prorrogado hasta 1955 por el decreto-ley de 27 de noviembre de 1953), destinadas
a estratos sociales solventes (las de primera categoría gozaban de escalera y zaguán
con pavimento de mármol, carpintería de primera calidad, vidrios semidobles, baño
completo, retrete, calefacción y superficie útil de 110 a 150 m2) y que podían ven-
derse sin apenas restricciones. De los cinco tipos de vivienda susceptibles de ayudas
que definía el artículo 2.º del decreto-ley de 1944, solo en dos se exigía que fueran
de alquiler; por otra parte, el artículo 4.º tasaba las rentas máximas de las viviendas
alquiladas según grupos y categorías, pero no establecía precios máximos de venta.
Quedaba así un vacío legal que dio pie, como es natural, a las interpretaciones más
ventajosas para las promotoras28.
A partir de la mitad de los cuarenta, el ensanche de Zaragoza se fue llenando de
casas de pisos para la clase media, construidos con uso intensivo de ayudas públicas.
Se consolidó entonces un activo sector empresarial, en parte dedicado a gestionar
los patrimonios inmobiliarios formados desde años antes y en parte a construir vi-
viendas, que si eran en venta podían promoverse sin disponer de grandes capitales

28 «El negocio para los promotores era muy lucido, puesto que con dinero del Estado construían
las casas que vendían más tarde con márgenes de beneficio realmente escandalosos. Desde
la perspectiva de la política social el funcionamiento del sistema de viviendas bonificables no
pudo ser más contradictorio, puesto que el Estado, con cargo a un presupuesto regresivo y a
la inflación, estuvo financiando la construcción de viviendas que solamente podían comprar
las clases adineradas» (TaMaMEs, 1971: 382).

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194 | Ramón Betrán Abadía

gracias a las entradas reclamadas a los compradores y al sistema estatal de crédi-


tos con bajos intereses, subvenciones y exenciones fiscales. A título de ejemplo, en
1946 se constituyó en nuestra ciudad la sociedad Inmobiliaria y Terrenos, S. A., con
4.500.000 pesetas de capital social29; en 1947, nacieron empresas constructoras de
la categoría de la Compañía Inmobiliaria y de Inversiones Zaragoza Urbana, S. A.,
con un capital nominal de 50 millones30, la Constructora Inmobiliaria Urbanizadora
Vasco Aragonesa, S. A. (CIUVASA), con igual capital31, o la Compañía Inmobiliaria
Aragonesa, con 5 millones32 (GErMán, 1986: 116; 1996: 65-66).
Con la ingenua intención de evitar que la mayor parte de las ayudas oficiales a
la construcción de viviendas se dirigieran a las de lujo o semilujo, un decreto-ley de
20 de febrero de 1948, sobre venta de pisos de casas acogidas a las leyes de 25 de
junio de 1935 y 25 de noviembre de 1944, prohibió su venta y causó en el sector una
justificada inquietud, que reflejó la Memoria correspondiente al ejercicio de 1948 de la
Cámara Oficial del Comercio y de la Industria:
La subida creciente del valor de los pisos por las circunstancias referidas y las prohibicio-
nes para venderlos cuando se trata de edificios acogidos a determinados beneficios lega-
les, han paralizado estas adquisiciones, creando sensibles conflictos a los constructores
que se ven ahora en la imposibilidad de colocar las viviendas construidas […] El capital
privado va huyendo de la propiedad urbana porque los arrendamientos constituyen ver-
daderos censos irredimibles que gravan los edificios (cfr. GErMán, 1986: 116).

Pero poco duraría la alarma y, ya el 25 de junio de 1948, otro decreto de los mi-
nisterios de Justicia y Trabajo libró de la prohibición a las casas construidas median-
te anticipos entregados por los futuros propietarios a las empresas promotoras y a
las edificadas para venderse por pisos que antes no se hubieran alquilado. Por fin, el
decreto-ley de 19 de noviembre de 1948, que modificó el régimen de las viviendas
para las clases medias y las renombró como bonificables, admitió expresamente su
venta si se hubiera previsto en el momento de la calificación.
A las ayudas estatales se sumó alguna municipal mucho más limitada. Con un
proyecto sumamente sobrio firmado por José Beltrán y Fausto García Marco, Cons-
trucciones Damán ofreció en 1949 «paliar la escasez de vivienda de la clase media»
construyendo en la torre de los Caracoles 191 casitas unifamiliares de una planta
acogidas al decreto-ley de noviembre de 1948, si el Municipio le pagaba los terrenos
destinados a calles y los gastos de urbanización. El 30 de abril, el Ayuntamiento

29 Familia Laguna Azorín.


30 Vinculada a las familias Escoriaza, Sanz Benedé y Barbany, Matías Bergua o Jacobo Cano,
y próxima al consejo del Banco de Aragón; Escoriaza y Sanz ya habían creado en 1942 Ara-
gonesa de Fincas y Terrenos, en conexión con miembros del grupo del Banco Aragonés de
Crédito.
31 Vinculada al grupo del Banco de Crédito de Zaragoza (Baselga, Gómez Laguna…), con apo-
yo del Banco de Bilbao y otros socios (Yarza, Portolés, Artiach, Madurga…).
32 Familia Sanz Briz.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 195

Urbanización Damán (1949). [AMZ, caja 200376, exp. 0001150/1949].

acordó formar una comisión especial que estudiara la oferta y propusiera un régimen
general de ayudas a los promotores de viviendas para las clases media y modesta. La
comisión elaboró un proyecto de reglamento, aprobado en el pleno del 8 de agosto
siguiente33, que regulaba una ayuda económica destinada solo (se decía) a favorecer
el abaratamiento de viviendas destinadas a la venta con amortización diferida y pro-
movidas por sociedades particulares «de cualquier carácter y finalidad (benéficas,
de lucro, sindicales, agrarias, ganaderas, industriales, etcétera)», sin preferencia por
ninguna de estas modalidades34. Aunque la ayuda solo amparaba la construcción
de viviendas, cuando constituyeran grandes grupos o barriadas podría extenderse
a capillas católicas, escuelas, lavaderos, baños, parques y campos de deporte de uso
común, y huertos propios de las viviendas.
Para optar a las ayudas, los proyectos, redactados por las empresas promotoras
o el Ayuntamiento, deberían haber obtenido la declaración de bonificables o prote-
gibles, a través del Instituto Nacional de la Vivienda o la Junta Nacional del Paro,
o reunir «las condiciones y características necesarias para obtenerla, a juicio del
Ayuntamiento, aun cuando la entidad constructora no solicite tales beneficios»35.
El importe de la mensualidad a satisfacer por el beneficiario no debería exceder de
350 ptas., entre amortización y renta, siendo el plazo de amortización de veinte
a treinta años, el interés no superior al 4% anual y el capital amortizable el coste

33 El acta del pleno reprodujo íntegramente la norma que justificaba la prebenda que se quería
otorgar a Damán y (como se verá en el apartado XIII.9) a El Hogar Cristiano, con un total
de 45 artículos organizados en siete capítulos más disposiciones adicionales.
34 El reglamento pretendía que la protección municipal repercutiría «indefectiblemente en el
abaratamiento del precio en venta de la vivienda, sin que en ningún caso pueda reportar be-
neficio alguno a la entidad constructora». Como si no fuera bastante beneficio posibilitar, con
medios públicos, que el constructor mantuviera su tasa de ganancia reduciendo el precio de
venta y ampliando el mercado.
35 Esto es, que el Concejo arbitraba un tipo propio de apoyo económico a los promotores
particulares de viviendas, independiente de la acción del Estado.

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19 | Ramón Betrán Abadía

total de la vivienda36. Cada una debería tener capacidad para una familia con hijos
y disponer al menos de tres dormitorios de dos camas. Aunque el reglamento daba
unas reglas para calcular la ayuda según la proporción entre la renta mensual de las
viviendas y el coste de la edificación, su concesión y cuantía eran absolutamente
discrecionales, de modo que la Corporación podría darlas o no según su exclusivo
criterio; también podría determinar las condiciones requeridas a los usuarios de las
viviendas e incluso elegirlos, cuando debiera atender a compromisos morales contraí-
dos como consecuencia de la actividad municipal. La ayuda podría concederse en
metálico o en forma de solares, proyectos técnicos, dirección de las obras o ejecu-
ción de la urbanización, de nuevo a juicio discrecional del Ayuntamiento salvo que
se precisara urbanizar, caso en que estas obras deberían incluirse. No se admitía, en
cambio, la exención de derechos de licencia de construcción, contribuciones espe-
ciales u otros impuestos, tasas y arbitrios municipales37.
Con tan suculentos alicientes, la construcción residencial pudo funcionar en
nuestra ciudad a pleno rendimiento. Según coTorruELo (1960: 59n), las provincias
de Madrid, Santander y Zaragoza acumularon entre 1944 y 1956 el 36% de las
112.105 viviendas bonificables construidas en España38 y casi monopolizaron, ade-
más, la construcción para la venta por pisos. Madrid andaba entonces en plena re-
construcción material, política y económica, curando las heridas infligidas desde no-
viembre de 1936 y al mismo tiempo reconstruyéndose como capital del Nuevo Es-
tado; casi 120.000 m2 de la parte más céntrica y comercial de Santander habían sido
devastados por un incendio en 1941; en Zaragoza, que salió prácticamente indemne
de la guerra, solo operaba el poderoso estímulo de la especulación inmobiliaria.
La promoción residencial profesional de estos años se dirigió a un sector sol-
vente o cuasisolvente de la demanda, quedó desamparada la vivienda popular y se
llevó al extremo la política dual que ya había prevalecido durante la dictadura de

36 Además de la venta a plazos, se admitía la venta al contado, la cesión gratuita o el uso por el
propio constructor, pero no el alquiler.
37 El 10 de noviembre de 1951, el pleno acordó dar a Construcciones Damán un millón de
pesetas, a título gracioso y «como símbolo estimulante de la labor social realizada al edificar
el grupo de viviendas del sector de la Avenida de Cataluña»; la nada despreciable cantidad
debería deducirse íntegramente del importe de las viviendas (¿?), en proporción a las cuotas
de amortización de cada una, para que, según decía el acuerdo, quedara «en único beneficio de
los usuarios». En el debate, el concejal Martínez Barrado opinó que debería requerirse a la
promotora de las viviendas «la edificación de un pequeño Grupo Escolar para atender la edu-
cación de los niños que van a ocuparlas»; el teniente de alcalde Canellas le respondió que, «en
su día y cuando estas viviendas estén construidas, si el Estado, con su generosidad proverbial
en estos asuntos de protección escolar, no presta la necesaria ayuda, será el Ayuntamiento
quien estudie la manera de resolver dicho problema en la forma más satisfactoria posible para
todos, pues ya es sabido el viejo lema de “a más escuelas, menos bombillas rotas”». Típico y
un tanto cínico ejemplo de privatización de beneficios y socialización de cargas.
38 Casi el doble que las 64.229 viviendas protegidas construidas en el decenio 1944-1954 (BE­
Trán, 2010).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 197

Primo y que la República apenas había puesto en entredicho. Por su proyección


espacial, el florecimiento del sector inmobiliario se localizó en el núcleo central y el
ensanche, y durante años apenas fue perceptible en los barrios.
Mientras llovían las ayudas sobre la promoción privada de pisos para vender
a la clase media, tanto el Estado como los ayuntamientos mostraban la más com-
pleta indiferencia hacia la vivienda obrera. Según cifras oficiales, el Estado solo
construyó 26.000 viviendas entre 1943 y 1945, y 70.000 en 1948, cifras que ni por
asomo cubrían las necesidades de las muchas familias sin techo (richarDs, 1998:
304n). El más destacado agente constructor público, la Obra Sindical del Hogar,
promovió 24.402 viviendas sociales de pésima categoría entre 1942 y 1954 (pro-
medio anual de 1877); a cambio, hasta 1948 realizó 5.600 actos de propaganda y
204 actos oficiales de entrega de viviendas, editando además 450.000 folletos (co­
TorruELo, 1960: 146; MoLinEro, 2005: 138)39. Mientras, se favorecía la autocons-
trucción como solución al problema de la vivienda obrera que apenas pesaba sobre
las haciendas públicas ni dependía de las empresas promotoras privadas, que nunca
asumirían actuaciones no rentables. Para ello se hacía la vista gorda o se suminis-
traban ciertos precarios servicios imprescindibles, pero a veces también se adopta-
ban medidas más activas; así, el Ayuntamiento de Zaragoza expresó en el pleno de
31 de diciembre de 1943 su satisfacción por el acuerdo adoptado por la Cámara de
la Propiedad Urbana, de conceder préstamos de 15.000 ptas. a quienes se constru-
yeran sus propias viviendas.
Más allá de razones económicas, la insensibilidad del Estado y los municipios
hacia el grave problema del alojamiento obrero rebosaba contenido político, al igual
que la imposición de un régimen salarial miserable y el aplastamiento de cualquier
divergencia ideológica o conflicto social. Bajo todo ello subyacía la tipificación del
proletariado como clase vencida: las barriadas populares de las grandes ciudades eran
reductos de desafectos que habían perdido la guerra a título individual y colectivo40.

39 La circular número 19 de la Delegación Nacional de Sindicatos de FET y de las JONS, de


diciembre de 1939, creó la Obra Sindical del Hogar y de Arquitectura (OSH) como mero or-
ganismo de estudio y análisis. La circular 133 (1941) agrupó en la OSH todos los organismos
del partido relacionados con la construcción, iniciándose entonces una actividad que iría en
aumento hasta la aprobación del plan nacional de la vivienda de 1955. El artículo único del
decreto de 16 de octubre de 1941 determinó que los ayuntamientos y las diputaciones podían
ceder terrenos de su propiedad, gratis o a censo, para la construcción de viviendas protegidas,
«especialmente cuando se trate de proyectos a ejecutar por la Obra Sindical del Hogar». En
1941, la OSH editó el folleto Construye tu casa, para animar a los obreros a la autoconstruc-
ción con las ayudas previstas por la ley de vivienda protegida.
40 Tenía importancia política el contraste entre las condiciones de vida del proletariado y la
clase media, a la que se dio preferencia por «haber sufrido más en proporción que otras clases
durante la guerra civil» (cazorLa, 2000: 134). Si se dirigía alguna ayuda menor a la construc-
ción de casas baratas, era con el ánimo que presidió la política social del primer franquismo,
manifiesto en un artículo donde José María Pemán calificó la acción del Auxilio Social como
una «generosa guerra al revés, en que son los conquistados los que reciben el botín» (Diario de

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198 | Ramón Betrán Abadía

Desde 1950, la seguridad política y económica que dio al Régimen el apoyo de


Estados Unidos y sus aliados se manifestó también en un giro de su política de vi-
vienda. Instada por un Ministerio de Trabajo aún ocupado por José Antonio Girón,
que vociferaba la casi olvidada retórica falangista de la igualdad y la justicia contra
los advenedizos del Opus Dei, que en 1957 se harían con el Estado franquista, la
Ley de Viviendas de Renta Limitada de 15 de junio de 1954 amparó construcciones
dirigidas a un estrato social más modesto e inició un período de mayor inversión pú-
blica41. Tras su promulgación y la aprobación del primer plan nacional de la vivien-
da por decreto de 1.º de julio de 1955, las viviendas protegidas y las bonificables se
unificaron en el nuevo tipo de las viviendas de renta limitada, dividido en dos grupos:
el primero recibiría financiación bancaria pero no auxilios económicos del Estado, y el
segundo sí contaría con ellos. El Instituto Municipal de la Vivienda y, sobre todo, la
Obra Sindical del Hogar, que promovió algunos miles de viviendas en Delicias, Las
Fuentes, Oliver, Picarral o Casetas, contribuyeron a subsanar, muy selectivamente,
los déficits de vivienda obrera. Justo en ese momento, el Régimen finiquitaba su
período autárquico e inauguraba la llamada década bisagra, durante la que tan im-
portante papel tendrían la construcción y la urbanización.
Tras más de un siglo de convivencia de la producción especulativa de viviendas
urbanas para las clases acomodadas con la autoconstrucción de casas obreras en
el extrarradio, Zaragoza iniciaría entonces la transición hacia un modo de produc-
ción de ciudad plenamente capitalista, en el que la construcción residencial corres-
pondería a promotores profesionales y se orientaría a la venta a terceros. El valor de
uso sería ya un mero medio para la producción de valor de cambio, el motor que en
adelante impulsaría el crecimiento urbano con un vigor sin precedentes.

Ávila, 30/10/39; cfr. MoLinEro, 2005: 46). Si la guerra había sido la reconquista por las clases
dominantes del país indebidamente tomado por las subalternas, las magras ayudas que estas
pudieran obtener del Estado y la Falange no eran sino graciosa concesión a los vencidos.
41 Si al acabar 1951 se estimaba que en España faltaban 800.000 viviendas, de las que un 25%
correspondía a la clase media, un 15% a la modesta y un 60% a la más modesta (asaMBLEa
nacionaL DE arquiTEcTos, 1952: II, 11), la fabricación de viviendas económicas no solo
beneficiaba a los obreros y, a través de ellos, a la industria, sino que proporcionaba al sector
inmobiliario unas expectativas de negocio muy superiores a las del saturado segmento de la
vivienda de lujo.

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Capítulo X

El anteproyecto de ordenación general

1. Los prolegómenos del anteproyecto


En el pleno del 10 de marzo de 1937, el Ayuntamiento de Zaragoza expresó su
conformidad con la propuesta del Instituto de Economía, sección municipalista, de
activar la confección del plano general de ensanche y urbanización de la ciudad, y acor-
dó organizar con la mayor brevedad y de acuerdo con las indicaciones del arquitecto
jefe de la Dirección de Arquitectura, una sección de urbanismo que lo ultimara en
el plazo máximo de un año.
Acometió así la Dirección de Arquitectura, que acababa de dotarse de un se-
gundo arquitecto, el estudio de un plan de ordenación general. En un primer perío-
do avanzó con lentitud, porque seguía inconcluso el levantamiento cartográfico de
la ciudad encargado en 1932 al Instituto Geográfico y Catastral, parcialmente reci-
bido en 1935 y que en un estado más incompleto ya había servido de base al plan
de ensanche de las zonas de Miralbueno y Miraflores, redactado en 1933 y 1934. El
plano completo, incluyendo la margen izquierda, no pudo terminarse hasta después
de tomar Madrid el ejército rebelde y reorganizarse los servicios del Instituto Geo-
gráfico, con sede en esa capital. Mientras esperaba las hojas necesarias a las esca-
las pertinentes, la Dirección de Arquitectura avanzó modificaciones y ampliaciones
del plan de ensanche de 1934 ahí donde la presión de los particulares era mayor;
como consecuencia, se aprobaron el proyecto de ordenación de la prolongación de
la Gran Vía (ap. prov. 21/9/38) y las reformas de la sección séptima del ensanche de
Miralbueno (encuentro de la avenida de Valencia con la calle de Santander; ap. prov.
9/11/38) y de las secciones del ensanche de Miraflores segunda (Damas-Torres-Ma-
rina Moreno; ap. prov. 9/11/38) y octava (Agustinos; ap. prov. 12/2/41)1.

1 De todos estos proyectos traté por extenso en BETrán (2013).

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200 | Ramón Betrán Abadía

Para entonces, el plan casi acabado de ejecutar de la SZUC había suministrado


abundante suelo urbanizado, buena parte del cual pertenecía, además, al Munici-
pio. Como demostraría la tardía edificación de las áreas mencionadas en el párrafo
anterior, su fin principal, antes que favorecer la construcción inmediata, era dar al
capital excedente oportunidades ventajosas de inversión.
Con estas actuaciones en marcha pero a la espera aún del plan de ordenación
general, la Corporación convocó un concurso-oposición para cubrir definitivamente
las dos plazas de arquitecto municipal. El Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón
y La Rioja nombró a sus representantes en el tribunal en julio de 1940, a pesar de
que su junta de gobierno había conocido el 23 de marzo las reclamaciones ante el
Concejo de Navarro y Carqué contra la declaración de sus plazas como vacantes,
y había acordado pedir al alcalde «que se estudie con el mayor interés la situación
de esos compañeros en relación con aquella Corporación y ofrecer los informes y
asesoramientos del Colegio que con ese fin pudieran precisarse». El Tribunal Regio-
nal de Responsabilidades Políticas de Zaragoza dictó sentencias absolutorias en sus
respectivos expedientes y las acompañó con todos los pronunciamientos favorables,
pero el Ayuntamiento mantuvo los ceses y la convocatoria del concurso. Tras vota-
ción unánime, la comisión permanente del Colegio acordó el 28 de enero de 1941
interceder en defensa de ambos arquitectos, lo que equivalía a solicitar su readmisión
y la suspensión del concurso. Más aún, Teodoro Ríos pidió que se reclamara a la
autoridad municipal que «elija el momento en que habrá de cesar en su cargo el
Arquitecto jefe interino de la Sección de Arquitectura Municipal, el Colegiado
D. Regino Borobio Ojeda, que fue propuesto para el desempeño de esa función por
el Colegio en 1936, a petición de propuesta del Ayuntamiento de Zaragoza». Alberto
Huerta y Joaquín Maggioni consideraron fuera de lugar que se requiriera al Concejo
una fecha límite para cesar a Borobio y esta moción no salió adelante.
En el pleno municipal de 26 de marzo de 1941 se advirtió que, al estar la con-
vocatoria de concurso-oposición para las plazas de arquitecto jefe y arquitecto pen-
diente de la resolución judicial del recurso interpuesto por Miguel Ángel Navarro
(al que no se citaba), su adjudicación quedaría supeditada a la sentencia que dictara
en su día el tribunal competente.
Así las cosas, el director general de Arquitectura instó al Colegio a suspender
sus actuaciones en relación con la provisión de las dos plazas y dejar toda decisión en
sus manos. Aunque la comisión colegial permanente acordó el 2 de mayo de 1941
no tomar medidas contra el concurso y esperar de la Dirección General órdenes que
nunca llegarían, Borobio optó por no opositar al puesto que venía ocupando2. Sí lo

2 Según su viuda, Gloria Navarro, «no quiso presentarse al concurso convocado para cubrir la
plaza del Arquitecto Jefe de la Dirección de Arquitectura Municipal de Zaragoza, que había
ocupado interinamente desde julio de 1936 a 1942, debido a las injustas acusaciones que re-
cayeron sobre D. Miguel Ángel Navarro, titular del cargo, que se encontraba en San Sebastián
al producirse el Alzamiento del 18 de julio, y que no consiguió reincorporarse a su despacho

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 201

hizo José Beltrán, que suplió a un Carqué con mucho menos peso profesional que
Navarro, y también José Yarza, que pudo así acceder a la plaza que ya habían poseído
tres antepasados con su mismo nombre3.
Celebrado el concurso, en la sesión municipal de 16 de junio de 1941 se de-
signó arquitecto-jefe de la Dirección de Arquitectura a Yarza y arquitecto a Beltrán,
advirtiéndose que, si estos hubieran de cesar porque el Tribunal Provincial de lo
Contencioso-Administrativo repusiera a sus predecesores, continuarían realizando
los trabajos que en ese momento tuvieran encomendados hasta terminarlos4. El
mismo pleno acordó que «el hasta ahora Arquitecto-jefe don Regino Borobio con-
tinuará realizando la personalísima labor que hoy lleva a cabo en la cuestión del
ensanche de la Ciudad como colaborador de los nuevos Arquitectos y por el tiempo

hasta pasados varios meses, perdiendo el puesto. Según decía Borobio, aquel trabajo no era
para él, y sin embargo, mientras lo desempeñó, lo hizo con tal intensidad y ganas, que sus su-
bordinados comentaban que desde que estaba él al frente del departamento no había dejado
de trabajar un instante […]; y era tal su prestigio que Yarza, antes de presentarse al concurso,
quiso saber si lo iba a hacer Borobio, para evitarse molestias» (Pozo, 1990: 97-98n).
3 En apartados anteriores vimos que Yarza se había interesado por una plaza de arquitecto mu-
nicipal en 1935, y que en abril de 1937, en circunstancias que no puedo precisar, Borobio y
Ríos propusieron que se le encomendara el proyecto definitivo de la avenida del Pilar.
4 En el pleno de 21 de enero de 1948 y a instancia de Navarro, se acordó revisar el expediente
que se le instruyó en 1936, «inspirándose este Ayuntamiento en el criterio de benevolencia
que informa la legislación ministerial sobre aquellas situaciones de los funcionarios públi-
cos que causaron baja en sus escalafones». Conforme a las conclusiones del instructor de la
revisión, el 21 de abril siguiente se decidió por unanimidad readmitir al arquitecto «con el
reconocimiento de todos los derechos económicos y de carácter pasivo» a partir de septiem-
bre de 1936; se advirtió que quedarían a salvo «todas las situaciones jurídicas y derechos de
terceros creados a partir de su destitución»; que podría «reconocérsele al señor Navarro su
categoría de Arquitecto Jefe porque esa es la denominación de su empleo y título al ser des-
tituido, sin que ello implique, necesariamente, la atribución del mando administrativo de la
Sección técnica de Arquitectura Municipal», y que se le adscribiría «a una de las Secciones
vacantes en el servicio general de Arquitectura, con todos los derechos y deberes inherentes
a este cargo». En la comisión permanente de la junta de gobierno del Colegio de Arquitectos
de 23 de abril de 1948, Huerta se congratuló de la readmisión del que entonces era decano
del Colegio en un cargo del «que nunca debió salir» y propuso darle un sencillo homenaje; Ma-
ggioni sugirió hacerlo fuera de la sede colegial «para que adquiera cierta exteriorización que
en este caso se juzga necesaria», y se votó dedicarle un almuerzo colectivo en el Gran Hotel,
el 30 de abril. Miguel Ángel Navarro permaneció en su puesto de jefe sin mando hasta su
jubilación en octubre de 1953.
Carqué no solo tuvo que recurrir a los tribunales, sino que la Corporación se resistió a read-
mitirlo cuanto pudo, obligándole a agotar todas las instancias judiciales. Tras fallar el Tribunal
Provincial de lo Contencioso-Administrativo contra los acuerdos con que en 1940 había
declarado vacante su plaza y convocado concurso-oposición para cubrirla, el Ayuntamiento
apeló ante el Supremo y volvió a perder, según supo el pleno el 19 de enero de 1949. Aun así,
hasta el 3 de abril de 1950 no se acordó revisar el expediente incoado en 1936. Tras nuevo
acuerdo plenario de 10 de marzo de 1951 y por mandato judicial, Carqué recuperó su puesto
de trabajo, que gozó hasta 1967, año de su muerte.

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202 | Ramón Betrán Abadía

que esto dure se le abonará un haber de quince mil pesetas anuales». Pero Borobio
se desvincularía pronto del Ayuntamiento.
En el Archivo Municipal se conserva un heteróclito conjunto de documentos
manuscritos y mecanografiados, elaborados en la Dirección de Arquitectura hacia
1942, que vienen a ser vestigios de un programa de trabajo para la redacción del
plan general de la ciudad, probablemente formado ya por iniciativa de Yarza5.
Cinco dobles cuartillas escritas a lápiz disponían la formación de relaciones y
planos que recogieran las instituciones benéficas y de previsión social, los estable-
cimientos sanitarios, religiosos y de enseñanza, los espacios libres y deportivos, y
los locales de espectáculos; la situación y características de las viviendas, industrias
y comercios existentes; las redes eléctrica, telefónica y de gas; el sistema viario con
expresión de densidades y medios de transporte público, y estadísticas de densidad
de población, mortalidad, morbilidad e higiene de la edificación y del viario, organi-
zadas por distritos y barrios6. Otras cuartillas similares especificaban con detalle los
documentos que debería contener el proyecto con sus escalas7, e incluso indicaban
referencias orientativas, importantes para nosotros porque ayudan a interpretar las
intenciones de sus autores8. Visto el trabajo que al final se realizaría, todo lo aquí
recogido pone de relieve la distancia entre los ejemplos que estos citaron o cono-

5 AMZ, caja 213655.


6 En esas hojas manuscritas, el desarrollo de los contenidos relativos a la beneficencia y
previsión y a la religión se encomendaba a Borobio; el programa de trabajo sobre higiene
y salubridad, a José Viñes, inspector provincial de Sanidad; los de espectáculos públicos y
espacios libres y deportivos, a la Dirección de Arquitectura; el de vivienda a Estadística,
y el de educación al rector de la Universidad, a Anita Mayayo y al inspector de primera
enseñanza.
7 PLanos 1/5.000 DE La ciuDaD (total, 20 planos): Distritos. Evolución de la ciudad. Monumentos
de interés. Proyectos existentes. Vivienda. Tráfico (arterias, tranvías, etc.) / Agua. Riegos. Densidad
de población. Mortalidad. Religión. Educación. Deportes y espacios libres. Espectáculos. Redes de con-
ducciones de electricidad y gas. Industria. Comercio. Beneficencia. Evacuación. ProyEcTo: Sistema
viario comarcal completo (1/50.000). Sistema de parques y jardines (1/25.000 y 1/5.000). División
en zonas (indicando en cada una los establecimientos públicos; alineaciones de calles existen-
tes en color negro y proyectadas en rojo) (1/5.000). Monumentos, grupos edificados, edificios
públicos cuyo emplazamiento deba modificarse (1/5.000). Estudio de parcelación de una manzana
tipo en cada una de las zonas o núcleos (1/2.000). Perfiles longitudinales de las vías principales pro-
yectadas (1/2.000, 1/200); transversales (1/200) con todos los servicios. Proyecto de ordenanzas.
Memoria concisa.
8 Se mencionaban los números 4 y 5 de la Revista Nacional de Arquitectura (1941), donde se
habían publicado el plan de urbanización de Oviedo, de Germán Valentín y García Noblejas,
y el proyecto de reconstrucción de la zona siniestrada de Santander, de la Dirección General
de Arquitectura; el número de Reconstrucción de noviembre de 1940, también con el plan de
Oviedo, y el plan general de Logroño, sin referencia bibliográfica. Los planes de Oviedo y
Santander contemplaban la reconstrucción de tejidos urbanos destruidos, por la guerra en el
primer caso y por un incendio en el segundo, objeto muy distinto del proyecto de Zaragoza,
donde sería protagonista al menos cuantitativo el ensanche.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 203

cieron, como Oviedo, Santander o Madrid, y el apresurado trabajo de Zaragoza, que


de anteproyecto no pasaría.
Algo ampliadas, esas indicaciones se trasladaron a unos folios mecanografiados
que enumeraban todos los planos previstos en el proyecto definitivo, relativos a la
situación, división administrativa y descripción física de la provincia; los distritos y
barrios rurales del término municipal; la división en núcleos de la ciudad actual; los
proyectos aprobados; las características del parque residencial (movimiento de la
edificación, alquileres, casas baratas), del viario rodado, el tráfico y los transportes
públicos, de la industria, del comercio y de las dotaciones públicas y privadas de be-
neficencia y previsión, higiene y salubridad, religión, educación, espacios libres y de-
portivos, y espectáculos. A juzgar por la relación, se pretendía acometer un completo
estudio de la organización urbana consolidada y de sus carencias y necesidades, a
partir del que podría diseñarse una estructura perfecta de naturaleza orgánica.
Otros documentos mecanografiados presentaban estados de trabajo más avan-
zados. En cinco folios apretadamente escritos por una cara, se esbozaba una histo-
ria de la evolución urbana de la ciudad, con cuatro capitulillos sobre sus períodos
ibérico, romano, medieval y moderno9. Afloraba ahí una retórica rancia, tomada
en buena parte de los vetustos trabajos de Juan Bautista Labaña, Luis López, Lam-
berto de Zaragoza o Jordán de Asso, completados con Tomás Ximénez de Embún,
Mariano de Pano, Camón Aznar o Valenzuela La Rosa10, y atenta a socorridas tra-
diciones como la supuesta aparición de la Virgen a Santiago y el martirio de santa
Engracia y sus compañeros. Por supuesto, la memoria se recreaba en la descripción
de los Sitios, responsabilizando con gran exageración a la barbarie francesa de las
pérdidas de los edificios mejores, más artísticos y de mayor resonancia histórica, de la
muerte de los hombres de más valía y de la destrucción de la huerta y las fábricas, con
las consecuencias de una penuria demográfica y un atraso económico arrastrados
durante ciento treinta años.
Más interesante era la «Lista de edificios y monumentos de interés histórico y
artístico», que en dos columnas enumeraba 74 edificios subsistentes y 40 desapare-
cidos, diferenciando casas y palacios, conventos y monasterios, iglesias, elementos urba-
nos y conjuntos de varia naturaleza11. Se añadía que ambas listas podrían alargarse

9 Este texto podía ser la conferencia que dio el archivero municipal Luis Ximénez Embún en el
cursillo organizado por el Ayuntamiento en 1943 para presentar el anteproyecto de ordena-
ción general.
10 En un par de folios que se conservan en la misma caja, se consignaba un buen número de
libros, planos, grabados, cuadros, dibujos y fotografías útiles para ampliar la descripción
histórica de Zaragoza, con indicación de los archivos, bibliotecas y museos donde podían
consultarse.
11 Los edificios subsistentes eran la Aljafería, el Amparo, los arcos de los Cartujos y del Deán, el
Ayuntamiento, los baños árabes; el Palacio Arzobispal y las casas y palacios de Argillo, Ayerbe,
del Canal, Cinegio 5, Estébanes 15, Ezmir, Fortea, Frías, Fuenclara, Guara, Lazán, Linde,
Maestranza, Martínez de Andosilla, Morata, Morlanes, Osera, calle de Palomar (testigo de los

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204 | Ramón Betrán Abadía

fácilmente y para ello se hacía una remisión a la Descripción histórica de la antigua


Zaragoza de Ximénez de Embún (1901) y al discurso de recepción en la Academia
de San Luis de Francisco de Otal, barón de Valdeolivos. Un revelador párrafo equi-
paraba a efectos de protección los edificios auténticamente antiguos con los que
intentaban reproducir sus invariantes, acreditando el propósito esencialmente esce-
nográfico de este esbozo de catálogo y de la ordenación del centro urbano:
Finalmente añádanse los edificios modernos (y monumentos conmemorativos) que
créase conveniente, sin omitir alguno –poquísimos, es cierto– en que sus dueños actuales
han tenido el buen gusto de reproducir construcciones antiguas.
Por fin, llegó la base cartográfica completa del Instituto Geográfico y en abril
de 1943 pudo concluirse un anteproyecto de ordenación general de la ciudad, firmado
por Borobio, Beltrán y Yarza, como arquitecto municipal jefe12, y aprobado por la
Corporación el 6 de octubre de 1943. Muy lejos de los ambiciosos propósitos de la
Dirección de Arquitectura, el anteproyecto era un mero plano de alineaciones a una
exigua escala 1/5.000, dividido en cuatro hojas y completado por un conjunto de
previsiones sobre zonificación de momento poco definidas y que acabarían por no
cobrar vigencia. El decepcionante documento era fruto de las circunstancias: un pri-
mer arquitecto jefe que ya estaba de salida y flojearía en entusiasmo y autoridad; un
sustituto poco interesado en un trabajo que en lo esencial debía de considerar ajeno
y sin experiencia ni, tal vez, demasiada vocación urbanística, y una casta dirigente
menos preocupada por el buen orden urbano que por las virtudes crematísticas del
crecimiento de la ciudad y el destripamiento de su centro.
Como sabemos, la Dirección General de Arquitectura había exigido la elabora-
ción de un plan general en la aprobación definitiva del plan de reforma interior. Sin
embargo, en enero de 1941 (un año antes del informe de ese organismo) Borobio y
Beltrán ya habían firmado el plano a escala 1/10.000 que titularon Plan gral. de urba-
nización de Zaragoza. Esquema del trazado viario, donde se avanzaba una propuesta de
ordenación general que el anteproyecto seguiría muy de cerca13. Ahí se representaba

Sitios), Pardo, Santa Cruz 5, Sástago, Sobradiel, Torreflorida, Torrero, Vera y Villahermosa;
colegio de las Vírgenes; conventos y monasterios del Carmen, Fecetas, Jesús, San Agustín,
San Lázaro, Santa Catalina, Santa Lucía, Santa Mónica, Sepulcro, Trinitarios, la Victoria y
cartujas de Aula Dei y la Concepción; fuente de los Incrédulos, Hospital Provincial; iglesias
de la Seo, el Pilar, Portillo, San Carlos, San Cayetano, San Felipe, San Fernando, San Gil,
San Ildefonso, San Juan de los Panetes, San Juan y San Pedro, San Miguel, San Pablo, Santo
Tomás de Villanueva (Escolapias), Santa Cruz, Santa Engracia y la Magdalena; la Lonja, la
Misericordia, la muralla romana, la plaza de San Nicolás, el puente de Piedra, el Teatro Prin-
cipal, el torreón de la Azuda y la Universidad.
12 También colaboraron los ingenieros Vicente Mercadal Monzón y Miguel Mantecón Navasal,
además del archivero municipal Luis Ximénez Embún y Cantín y su predecesor Sancho, el
jefe de la oficina de Estadística José Piera Buj, el inspector municipal de Sanidad Oliver, y el
personal de las direcciones de Arquitectura, Ingeniería y Sanidad.
13 AMZ, ES 50297, AM 04.02, peine sig. 0571. También ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0572,
una copia coloreada del anterior que muestra la división del suelo urbano y a urbanizar en

una y [Link] 204 10/6/17 11:38:14


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 205

[AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0569].

el viario completo del suelo urbano y pendiente de urbanización, y se rellenaban las


manzanas resultantes con cuatro tramas correspondientes a «estaciones», «manzanas
edificadas», «manzanas edificadas en parte» y «manzanas sin edificar»; ya se dibuja-
ban el cinturón de ronda, la avenida de los Héroes y una distribución de las zonas
industriales de la ciudad14, así como la prolongación de Independencia hasta el solar

dieciséis sectores: 1 (Casco antiguo), 2 (Delicias), 3 (Hernán Cortés), 4 (Estación Cariñena),


5 (Ciudad Universitaria), 6 (Torrero), 7 (Sasera), 8 (Agustinos), 9 (Alcachoferas), 10 (Ve-
necia), 11 (La Granja), 12 (Las Fuentes), 13 (Almozara), 14 (Manicomio), 15 (Cementos
Zaragoza) y 16 (Arrabal).
14 Acorde con una propuesta realizada por Francisco Caballero en 1940, a la que nos referire-
mos en su momento, y distinta de la expresada en 1943.

una y [Link] 205 10/6/17 11:38:15


20 | Ramón Betrán Abadía

[AMZ, ES 50297, AM 04.02, peine sig. 0571].

del palacio de los marqueses de Ayerbe, la exedra semielíptica ante el Pilar o el


Mercado Central conservado, conforme al plan de reforma aprobado inicialmente
en 1939 y aún sin informar por la sección de Urbanismo de la Dirección General.
A su vez, el plano de 1941 desarrollaba otro a escala 1/10.000 rotulado como Red
arterial de tráfico, que Borobio y Beltrán habían firmado en agosto de 1938, y que
representaba en el centro y en el ensanche el viario principal, existente o previsto,
sin la ronda completa al norte del Ebro.
Con todas sus limitaciones, y exceptuado el proyecto de plano general de ali-
neaciones firmado por Yarza Miñana en 1861 y nunca aprobado, estos fueron los

una y [Link] 206 10/6/17 11:38:20


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 207

primeros documentos que abordaron la ordenación urbana de Zaragoza en su con-


junto, incluyendo tanto sus zonas urbanizadas como de ensanche. El anteproyecto
resultante del trabajo previo de Borobio y Beltrán y las recomendaciones de Bidagor
en 1941 fue un genuino exponente del planeamiento español de ese comprometido
momento histórico, que, como el plan general de Madrid de 1941, aunaba una es-
tructura moderna con ciertos elementos característicos del urbanismo fascista.
En los apartados que siguen, nos aproximaremos al anteproyecto con la ayuda
de la conferencia leída por Yarza en la jornada que organizó el Ayuntamiento en abril
de 1943 para divulgar el nuevo plan de ordenación15. Su parte central, que exponía
los once puntos base, se publicó algo reducida, con mínimas correcciones y firmada
por Yarza, Borobio y Beltrán, en el monográfico que la Revista Nacional de Arquitec-
tura dedicó a Zaragoza en 1949. Entre los pasajes de la conferencia que no se pu-
blicaron y cuya autoría podría corresponder solo a Yarza, figuraba una introducción
sobre las ventajas que reportaría a la ciudad la «urbanización dirigida»:
1.º VENTAJAS ECONÓMICAS.- Un plan de ordenación crea y conserva los valores in-
mobiliarios reales, estimula los negocios, evita las pérdidas ocasionadas por la con-
gestión, impide las pérdidas por los transportes inútiles, promueve el crecimiento
de la producción mediante la mayor eficiencia industrial, evita la formación de ba-
rrios congestionados e insalubres y colabora en la rehabilitación de aquellos que ya
presentan tales lacras, economiza dinero haciendo que todos los gastos públicos se
realicen de acuerdo con un plan coordinado.
2.º VENTAJAS SOCIALES.- Un perfecto plan de ordenación beneficia la vida social de la
comunidad, mejorando las condiciones de la vivienda, impide el auge de la anarquía
con sus resultados inmediatos, el vicio y el crimen, alivia la congestión del tráfico y
procura una mayor seguridad, mejorando los servicios urbanos que protegen la vida
y la propiedad.
3.º VENTAJAS POLÍTICAS.- Un plan de ordenación beneficia la vida política de la so-
ciedad ofreciendo a los ciudadanos un objeto común hacia el cual tender sus esfuer-
zos, asegura mayores beneficios a los que pagan impuestos, llevando adelante una
estrecha cooperación entre los ciudadanos y el Gobierno, sustituyendo mediante
un plan coordinado de mejoras el pasado sistema de acertar o errar, influenciado
frecuentemente por los intereses locales y particulares.
4.º VENTAJAS ESTÉTICAS.- Aunque los motivos estéticos no son reconocidos por to-
dos como objetivos primarios, las consideraciones estéticas son admitidas cada día
en mayor grado, como razones secundarias atendibles para la urbanización, alentan-
do la creación de normas arquitectónicas para los edificios públicos y abriendo la
puerta a la cooperación privada voluntaria a este respecto.

15 Copia mecanografiada con notas a lápiz en AMZ, caja 213655. Aunque no consta el autor de
la conferencia, su estilo, referencias y el hecho de que se cite al final a Borobio y Beltrán como
colaboradores en la redacción del plan, permiten atribuirla con seguridad a Yarza, no en vano
director de Arquitectura; eso no impide suponer que hubiera pasajes, sobre todo en la parte
central del texto, redactados antes de su llegada al Ayuntamiento, cuando las líneas maestras
del anteproyecto estaban ya bien establecidas; pudo ser este el caso de las once bases de la
ordenación general publicadas en 1949 y ya expuestas en una más sucinta memoria mecano-
grafiada que acompañó en 1943 al plano de ordenación.

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208 | Ramón Betrán Abadía

2. Ciudad orgánica, jerarquía y planificación totalitaria


En el extenso artículo «Reformas urbanas de carácter político en Berlín», publicado
en el número 5 de la Revista Nacional de Arquitectura, Pedro Bidagor afirmó que
el contenido expresivo del urbanismo nacionalsocialista era inseparable de su idea
orgánica de la estructura urbana y territorial:
[…] de forma análoga [a lo] que sucede en las personas, en las que el modo de ser
se muestra en sus rasgos externos, y existe una íntima relación entre las posibilidades
corpóreas y el carácter espiritual, asimismo acontece en naciones y ciudades, organis-
mos en los que también la parte corpórea y espiritual están en íntima ligazón (BiDaGor,
1941b: 3).
De forma no tan solidaria como pretendía Bidagor, el planeamiento totalitario
asoció un figurativismo tradicionalista e imperialista, y unas estructuras funcionales
ligadas a la modernización productiva que también impulsaron los regímenes fascis-
tas. Como advirtió DoMènEch (1978: 41), el urbanismo nacionalsocialista practica-
ba más bien una nítida distinción entre una base estructural relacionada con el desa-
rrollo industrial, las redes de comunicaciones o la «creación de la “nueva ciudad” en
el concepto racionalista del término», y el nivel superestructural de la escenografía
arquitectónica, entendida ante todo como propaganda política16.
En aspectos tan importantes como el diseño de sistemas arteriales viarios y
ferroviarios, la ubicación de aeropuertos y estaciones, la ordenación nuclear de la
residencia o los sistemas de dotaciones, un plan fascista podía parecerse mucho a
otro liberal, y ambos podían hacer bandera de cuestiones como la limitación a la
expansión urbana mediante cinturones verdes y viarios, común a Londres y a Ber-
lín; además, estos últimos eran casi obligados en ciudades que, desde la pionera
guerra española de 1936, se sabían expuestas a ataques aéreos que podrían dañar
vías básicas17. Las diferencias deben buscarse en los motivos esgrimidos: si se quiere
llamar así, en la retórica del plan. En cualquier ciudad es fácil distinguir el planea-
miento abierto de los años veinte del organicismo cerrado de los últimos treinta y
los cuarenta, pero no son tan evidentes las diferencias estructurales entre planes
contemporáneos, al margen de sus sistemas políticos.

16 MiLLEr LanE (1968: 114) añadió que la singularidad de la arquitectura nacionalsocialista no


residía en su realidad material, variada y siempre próxima a lo que se hacía por esos mismos
años en el resto de Europa y en los Estados Unidos, sino en «el grado de significación ideoló-
gica que le atribuyeron los líderes nazis y la intensidad de la propaganda que la rodeaba»: esto
es, que lo específicamente nazi no eran siquiera unos aspectos retóricos o superficiales, pero
materiales, sino un discurso que revestía de charlatanería las obras (a veces meras maquetas
o dibujos) y tejía un significado político que de otra forma hubiera faltado.
17 El plan general de Berlín de 1937, redactado por Albert Speer y sujeto en todo al superior
criterio de Hitler, fue una combinación, carente de realismo y de eficacia, de elementos fun-
cionales homologables con los de otras capitales europeas, pero en una escala muchas veces
monstruosa (grandes infraestructuras de comunicaciones, áreas comerciales, campos depor-
tivos, parques, cinturones de ronda, limitación del crecimiento urbano, núcleos rurales satéli-
tes), con explanadas celebrativas, monumentos faraónicos o una vía de honor de 120 metros
de anchura con un arco triunfal de 120 metros de alto.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 209

Si el fascismo era un producto de su época y no una aberración histórica (y


no lo era), es lógico que muchas de sus manifestaciones emparentaran con lo que
se hacía en países no fascistas con un desarrollo similar de las fuerzas productivas.
Incluso en relación con algo tan expresivo como el aspecto exterior de los edificios,
Albert Speer advirtió en sus memorias que a finales de los años treinta era muy
difícil distinguir la arquitectura institucional construida en Berlín de la que se hacía
en Moscú, París o Nueva York: en las sedes gubernamentales, las bibliotecas o las
centrales bancarias de todas las grandes capitales se prodigaba ese monumentalismo
clasicista y grandilocuente que tantas veces se asociaría después con el III Reich.
En España y en Zaragoza, ha de añadirse el estrecho parentesco, cuando no la
identidad, de la casta dirigente altofranquista y las viejas elites políticas y económi-
cas de la dictadura de Primo. Esta continuidad impide exagerar el papel rupturista
de una supuesta modernidad fascista, aunque sí permite establecer entre ambas eta-
pas reaccionarias un vínculo que provocó el aborto de una incipiente vanguardia
racionalista e internacionalista que, en los años anteriores a la guerra, había progre-
sado mucho menos en España que en Alemania y en Italia.
Por su sentido político, la principal diferencia entre la doctrina urbanística do-
minante en los países democráticos y su versión fascista radicaba en la sustitución
del ideal de autogobierno de los grupos sociales que formaban la sociedad urbana
por el encuadramiento jerárquico de esta, con propósito de imponer una unifor-
midad dirigida. El urbanismo liberal tendía a descomponer la ciudad en núcleos
dotados de cierta autonomía que encontraban en los sistemas de parques ocasión
tanto para interrelacionarse como para protegerse de la expansión de otros ele-
mentos próximos. El urbanismo fascista pretendía la máxima cohesión del cuerpo
político, aproximación en lugar de alejamiento, unificación en lugar de disgregación,
e imposición del ser colectivo sobre el individuo. La nucleación, como entonces se de-
cía, ya no implicaba descomposición en partes hasta cierto punto autónomas, sino
integración piramidal de estratos sucesivos. Con esta premisa, los sistemas de circu-
laciones, tanto a escala territorial como urbana, sumaron a su creciente importancia
funcional un relevante papel expresivo, cargado de connotaciones ideológicas.
El liberalismo decimonónico había producido una característica ordenación
urbanística de mallas viarias ortogonales, homogéneas y con ilimitada capacidad
de extensión. Desde comienzos del siglo XX, proliferaron los sistemas viarios es-
trellados policéntricos, igualmente susceptibles de tapizar un territorio de amplitud
indefinida. Ahora se imponía un esquema monocéntrico y cerrado, orgánico como la
misma sociedad fascista, donde cada parte cedía su individualidad ante el todo uni-
ficado y la cohesión en torno al centro adquiría el protagonismo absoluto. Si en Ita-
lia y, más aún, Alemania, el sistema de ciudades se cementó con autopistas que las
acercaban y condicionaban sus relaciones mutuas, en el ámbito urbano se formaron
potentes sistemas radiocéntricos de vías rápidas que unían el centro directivo con el
espacio urbanizado; estos sistemas concluían con una autopista de circunvalación

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210 | Ramón Betrán Abadía

que mejoraba la relación con las demás poblaciones e imponía un límite tajante a la
expansión de la ciudad, dándole un carácter de cosa acabada y definitiva.
Como primer propósito del plan de urbanización de Oviedo de 1940, el ar-
quitecto falangista Germán VaLEnTín (1941: 28) había señalado la reorganización
de la ciudad como un todo cerrado y orgánico, bien distinto del conglomerado
anterior:
Su principal objeto es el ordenar la reconstrucción, para que lo que resulte de ella sea
una ciudad organizada, y no el caos que antes existía u otro peor […] Primeramente era
necesario concebir lo que deberá ser el nuevo Oviedo, porque del proyecto no debían
salir unos añadidos que yuxtaponer a la ciudad, sino un todo orgánico, una ciudad
completa, en la que la parte nueva tenga un enlace total con lo antiguo, sin soluciones
de continuidad.
Nuestra idea dominante fue que la ciudad debía ser orgánica, completa y cerrada: su
crecimiento debía ser dirigido; la iniciativa particular en la construcción debía ser en-
cauzada, para que el resultado de los esfuerzos de los diferentes individuos se completa-
se en un conjunto ordenado […] Para conseguir este resultado es indispensable que la
ciudad sea cerrada. Idea opuesta a la doctrina liberal de expansión, en la que la ciudad
va creciendo como una mancha de aceite por la agregación sucesiva y uniforme de edi-
ficios, llegando a constituir un cuerpo monstruoso, para el que serían insuficientes los
órganos centrales.
El desarrollo debe ser orgánico, de tal forma que cada unidad nueva lleve en sí dis-
puestos los órganos y servicios que precise, convenientemente enlazados con los cen-
trales18.

Refiriéndose a Berlín, Bidagor escribió que la clave de las reformas impuestas


por el Estado hitleriano radicaba en la adecuada ubicación de los edificios públicos
más representativos y el establecimiento de las comunicaciones más eficaces para
ligar «la sede de la dirección con los miembros dirigidos»:
Las comunicaciones se han resuelto a base de dos grandes ejes, uno Norte-Sur y otro
Este-Oeste, que se cortan en el centro de la ciudad, y próximos a este centro se han
dispuesto los nuevos conjuntos monumentales. Un sistema de anillos concéntricos alre-
dedor del centro geométrico señalado completan el plan de comunicaciones. De ellos,
el último es una autopista, que forma parte de la red nacional y empalma con las líneas
nacionales […] En esta autopista terminan, como dos grandes diámetros, los ejes ante-
riormente señalados. La disposición de anillos concéntricos se recomienda actualmente
como la mejor previsión para el normal funcionamiento de la ciudad en caso de ataque

18 La memoria ovetense repudiaba la cuadrícula, forma homogénea e igualitaria del ensanche


del período liberal. La nueva ciudad debía ser un compuesto unitario de partes heterogéneas,
estructuralmente dominantes o sometidas: «Tampoco hemos de caer en la solución de tipo
liberal de ciudad cuadriculada, con calles de ancho uniforme y dotadas de idénticos servicios,
como si todos los usos y las necesidades de todos sus habitantes fuesen idénticos, sino que,
por el contrario, dentro de cada unidad, de la extensión, hemos de escalonar los anchos de las
calles, el volumen posible de construcción, los pavimentos, los servicios, alumbrado, etc., en
correspondencia con la categoría de las viviendas a que hayan de servir, a fin de que aquellas
manzanas que se dediquen a viviendas económicas no estén gravadas por el elevado coste de
servicios que no necesitan [¡¿?!]» (VaLEnTín, 1941: 32).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 211

aéreo, con posibles obstrucciones de algunas vías fundamentales […] En el eje Este-
Oeste se dispone la nueva estación ferroviaria de entrada a la ciudad. En el eje Norte-
Sur, y muy próximo al centro, está situado el puerto fluvial, y hacia el sur de la ciudad el
campo de aviación de Tempelhof. De esta manera la centralización de las comunicacio-
nes es perfecta (BiDaGor, 1941b: 10).

La estructura de la ciudad era el molde que impondría a la sociedad urbana


unas precisas relaciones jerárquicas. El compuesto resultante constituiría un ser vivo
del que cada parte no sería más que un órgano y cada habitante una célula, y que a
su vez requeriría del medio rural para sobrevivir. Así lo explicó Yarza al inicio de su
conferencia de 1943 sobre el anteproyecto de ordenación de Zaragoza:
El fenómeno de nacimiento de las Ciudades es semejante al de la excitación de la vida en
un proceso de germinación. Como los hechos biológicos, las Ciudades forman un todo
orgánico con su complemento natural que es el medio en que se desarrollan y con el cual
en ciclos periódicos de acciones y reacciones, se influyen recíprocamente, modificándose
y modelando su fisonomía.

Desde el siglo XIX, la ciudad había crecido inorgánicamente, al albur de una


multitud anárquica de decisiones individuales que convirtieron el suelo en valor
de especulación, orillando su valor de uso rural o urbano. De ahí su expansión in-
controlada, que arrasaba la huerta y tanto dificultaba la construcción de redes de
servicios, las comunicaciones y la dotación de equipamientos y espacios libres; el
caótico crecimiento en altura en el centro, atiborrado de edificios y calles insalubres,
y la acumulación de barriadas llenas de confusión y fealdad:
La Ciudad, en su crecimiento, entregada a la anarquía de las decisiones individuales
y municipales, estas últimas adoptadas hasta hace poco con un criterio empírico, se
organiza, por llamarlo de alguna manera, en su estructura general y celular, en forma
antieconómica, y lo que es aún más grave, creando un medio biológico deficiente para
la existencia humana.
De acuerdo con el uso a que se destinan las construcciones, se establece en la Ciudad
una agrupación espontánea y diferencial por zonas. Pero esa agrupación es solamente
aproximada, pues se hace en forma inorgánica ocasionando inconvenientes en la vida
urbana, ya sea por emplazarse las industrias con despreocupación de si los vientos domi-
nantes impulsan o no los gases y el humo hacia las zonas de residencia, bien por locali-
zarse los depósitos mayoristas sin cuidarse de si obligan a los transportes a transitar por
las zonas ya congestionadas por el tráfico de personas. En las mismas zonas de carácter
residencial predominante y en las cuales se intercalan casi siempre construcciones de
uso industrial con los inconvenientes conocidos, la edificación no se realiza con carácter
uniforme, pues debido a la falta de normas oficiales y de unificado gusto público, cada
propietario, de acuerdo con su criterio y las futuras posibilidades que vislumbra para la
zona, construye según su gusto, resultando de todo ello un caos. Por esto las Ciudades
modernas, comparadas con cualquier Ciudad antigua de lenta sedimentación, semejan
obras de locos, y aunque parezca paradójico, esa extrema discrepancia en la edificación,
crea en ellas la monotonía más absoluta.

El responsable de tan graves enfermedades era el individualismo liberal arras-


trado desde «la implantación de las grandes líneas ferroviarias» hasta hacía poco, y
su curación exigía la «urbanización dirigida» mediante planes generales acordes con

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212 | Ramón Betrán Abadía

una nueva idea de la sociedad y comparables «al plan de régimen que el Médico
prescribe al enfermo»19:
Por todos estos y otros numerosos inconvenientes, el resultado del régimen de anarquía
directiva urbanística (comunal, comarcal y nacional) y del liberalismo individualista,
dentro de los cuales se desarrollaba hasta hace poco la Ciudad, se puede resumir en un
despilfarro de energías y de vidas.
Reaccionando contra este caos en el desarrollo urbano, se ha ido formando la idea de los
planos de ordenación de las Ciudades, los cuales tienen por objeto la adaptación fun-
cional de la anatomía urbana y su normalización estructural a las necesidades biológicas
de la existencia.

La ciudad así saneada conformaría una unidad orgánica con su alfoz, el espacio
vital que le proporcionaría los alimentos y las materias primas más precisos para su
supervivencia. Más allá del cinturón de ronda que contendría su expansión y evita-
ría la contaminación del término rural con la renta urbana, se formaría una conste-
lación de núcleos satélite predominantemente agrícolas, aprovechando los pueblos
existentes antes que nuevas poblaciones artificiales. Poco a poco, el municipio po-
dría desurbanizarse, volviendo al campo los excedentes de población producidos
por el crecimiento vegetativo y las operaciones de reforma interior20.
La idea totalitaria de la ordenación territorial no acababa en el ámbito de cada
municipio. Al igual que los pueblos se relacionaban orgánicamente con sus ciuda-
des cabeceras, todas estas debían articularse, a su vez, en sistemas regionales, cuyas
cabezas se integrarían en una red jerárquica de la que sería cabeza Madrid, situada
por decisión de Felipe II en el centro geométrico de la Península.
Esas relaciones se expresarían en la concentración, en el centro de cada pieza
del sistema (el centro de Madrid, que era el de España; el de Zaragoza, que era
el de Aragón, o el de cada población subsidiaria), de sus elementos directivos en
torno a amplios espacios que posibilitaran las congregaciones de masas. Estas pla-
zas mayores serían nodos simbólicos de una red estelar de comunicaciones que se
extendería desde Madrid hasta las capitales provinciales y desde estas al resto de
poblaciones.

19 Las retóricas médica y biológica tampoco eran una innovación de la teoría urbanística fascis-
ta; el denostado funcionalismo había recurrido a ellas con frecuencia, aunque más para consi-
derar la ciudad como medio favorable o nocivo para el desarrollo biológico y psicológico de la
población, que como cuerpo susceptible en sí mismo de estudio biológico, aunque sí lo fuera
de cirugía. Con todo, este pasaje de Yarza debe cotejarse con textos como las conclusiones del
IV Congreso Internacional del CIRPAC, sobre la ciudad funcional, que reprodujo el número
12 de la revista A. C. (1933: 12-16) y sirvieron de base a la Carta de Atenas publicada por Le
Corbusier en 1941.
20 Tanto en España como en Alemania o Italia, las doctrinas ruralistas se inscribían en la más
pura esfera de lo retórico, de igual modo que el pretendido rechazo a la división social del
espacio. Fuera de la propaganda falangista, la articulación de un complejo orgánico urbano y rural
no pasó de ser expulsión de la masa obrera fuera de la ciudad central.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 213

En sus ponencias ante la I Asamblea Nacional de Arquitectos celebrada en el


teatro Español de Madrid en junio de 1939, Pedro Bidagor, Luis Pérez Mínguez y
Luis Gutiérrez Soto enunciaron todos los elementos básicos de este urbanismo del
Movimiento que constituía el marco doctrinal del anteproyecto zaragozano de 1943,
resumidos en los conceptos de ciudad imperial, acrópolis directiva con sus campos
para concentraciones multitudinarias, organicismo urbano, organización jerárquica de
distritos y barrios, casas del Movimiento, límites de la ciudad, cinturones verdes y núcleos
rurales satélite.

3. Limitación de la ciudad y enlace de las redes arteriales


Un plan formado en los años cuarenta era sustancialmente distinto de sus anteceso-
res. Los planes generales de los años veinte y treinta eran instrumentos abiertos, que
ordenaban el crecimiento urbano previsto en el período inmediatamente posterior y
daban por supuesta la aprobación futura de otros planes que irían añadiendo nuevos
sectores a su desdibujado contorno conforme se precisaran. Los proyectos de en-
sanche de Zaragoza que firmó Miguel Ángel Navarro en 1927 y 1934 recurrieron a
trazados viarios en tela de araña para facilitar esa expansión y poder absorber en un
tejido muy flexible las incoherentes preexistencias (BETrán, 2013).
El planeamiento posterior a la Guerra Civil no pretendió guiar una etapa más
en un crecimiento de tendencia indeterminada, sino ordenar la ciudad en su estado
definitivo, si no eterno al menos suficiente hasta el muy lejano día en que se duplicara
su población. El anteproyecto de 1943 se propuso someterla a un orden total que
no dejara fuera los barrios (dotados de servicios durante la República, pero no inte-
grados en el planeamiento urbanístico) ni los núcleos rurales, y que no constituyera
una etapa conceptualmente transitoria, sino un estado acabado y armónico, ante el
que los diversos agentes interesados en su transformación y expansión, gracias a la
acción rectora de la administración, sustituirían la confrontación por la concordia.
Según la memoria del anteproyecto, su objeto era:
Ordenar el desarrollo futuro de la ciudad y contener el actual desenfreno especulativo,
que ha dado origen al caos existente en algunos sectores del ensanche de la población,
debido a la falta de una idea general que encauce las iniciativas públicas y privadas para
el aprovechamiento del suelo, estableciendo límites a las diferentes actividades y mar-
cando los principios de la colaboración y armonía de todos los sectores que intervienen
en la ordenación y expansión de la ciudad (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 481).

El principal medio para lograr esos fines sería separar mediante una tajante
barrera conceptual y material la ciudad del campo, ámbitos a la vez inmiscibles y
complementarios. Como habían expuesto los arquitectos de los Servicios Técnicos
de FET y de las JONS en las reuniones del teatro Español de 1939 y en el documen-
to inmediatamente posterior de las Ideas generales…, la lucha contra la especulación
debería basarse en la imposición a la expansión urbana de un límite infranqueable,
en unas ordenanzas que protegieran el campo circundante y en una norma que im-

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214 | Ramón Betrán Abadía

Proyecto general de ensanche de Zaragoza (Navarro, 1927). [Arquitectura, 103, 1927: 404].

pidiera volver a ampliar la ciudad antes de agotarse el suelo edificable, capaz para
mucho tiempo.
Los arquitectos valencianos Enrique Pecourt y Luis Costa presentaron al
II Congreso de la Federación de Urbanismo y de la Vivienda (Barcelona, 10/42) una
ponencia donde proponían rodear todas las ciudades con tres coronas sucesivas que
definieran su límite y contuvieran su crecimiento como hasta el siglo XIX habían
hecho las murallas21. La primera sería una avenida circundante de 49 a 51 metros
de ancho, que enlazaría todas las carreteras de salida; la segunda, un anillo verde de
25 metros, plantado con árboles cuando lindara por el exterior con industrias y,
cuando diera al campo, susceptible de división en pequeños huertos alquilados a
familias urbanas modestas; por último, se impondría una servidumbre non ædificandi

21 Las referencias explícitas de Pecourt y Costa fueron Howard, Unwin, Feder y Le Corbusier.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 215

Anteproyecto de ordenación general (Borobio, Beltrán y Yarza, 1943). [Revista Nacional de Arquitec-
tura, 95, 1949: s/p].

a una franja agrícola de unos 500 metros de espesor22. Todo ello impediría la ex-
pansión en mancha de aceite del núcleo urbano, al solo albur de la especulación, y
posibilitaría que, más allá del cinturón verde, los barrios satélites tuvieran verdadera
autonomía. Tal sistema se asociaba, además, a la cuestión del perfil o la imagen exte-
rior de la ciudad, vinculada al simbolismo de la centralidad y tan importante para el
urbanismo del momento como acreditan los planes generales de Madrid y Zaragoza
(fEDEración DE urBanisMo y DE La ViViEnDa, 1944).
De acuerdo con el programa de los arquitectos falangistas, el anteproyecto de
Zaragoza proponía cercar la ciudad con una ronda de circunvalación, bordeada ex-
teriormente por un cinturón agrícola de un kilómetro de ancho donde estaría pro-
hibida la edificación urbana. A diferencia de las vías perimetrales contempladas por

22 En sus estudios para el plan de urbanización de Salamanca, Víctor D’Ors y Germán Valentín
habían propuesto limitar el crecimiento urbano mediante un anillo boscoso de 100 a 150 me-
tros de anchura, más allá del cual solo se admitiría la formación de núcleos satélite rurales.

una y [Link] 215 10/6/17 11:38:23


21 | Ramón Betrán Abadía

el proyecto de las Casas Baratas y el plan de ensanche de 1927/34 (a la altura de


Domingo Miral) y por el proyecto de prolongación de la Gran Vía de 1938 (Violante
de Hungría y vía perimetral del Parque, futura vía de la Hispanidad), ahora se pre-
veía una circunvalación completa, con forma aproximadamente circular y centro en
el casco romano, o, con mayor precisión, en la plaza del Pilar. El Ebro se convertía
en diámetro simbólico, aunque no exactamente geométrico, de la ciudad futura, sal-
vado por el puente de Piedra, el del Pilar ampliado y cuatro nuevos puentes, dos de
ellos en la ronda perimetral proyectada y otro (hoy de Santiago) en la avenida de los
Héroes. La ronda exterior, más o menos coincidente con el actual tercer cinturón23,
enlazaría todas las carreteras de llegada a Zaragoza (Madrid, Logroño, Francia, Bar-
celona, Castellón y Valencia), impidiendo penetrar en la ciudad al tráfico de paso y
mejorando las comunicaciones internas:
Todas las carreteras que afluyen a Zaragoza se enlazan con una vía de circunvalación,
que formará el límite exterior de todos los ensanches de la ciudad. Para esta vía se adop-
ta un perfil muy amplio (60 metros), con una zona de tráfico rápido de 14 mts., zona de
tráfico lento (colectora) de 5,50 mts., zona tranviaria de 5 mts. y faja verde exterior de
25 metros. Se evitan todos los pasos a nivel […] La ciudad queda limitada por la descrita
vía perimetral de enlace de carreteras; en la parte exterior de esta vía, y concéntrica con
ella, se establece una zona de protección de la ciudad de un kilómetro de profundidad,
dentro de la cual queda prohibida la edificación urbana, no admitiéndose más que edifi-
cación y parcelaciones de tipo rural, con un máximo aprovechamiento del suelo para la
construcción de edificios de un 10 por 100.
La superficie total aproximada de la futura Zaragoza es de 2.160 hectáreas, calculándose
su capacidad máxima en 500.000 habitantes, y resultando una densidad total de 231
habitantes por hectárea24 (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 484-486).
La superficie ordenada era suficiente para permitir la expansión urbana du-
rante un tiempo muy largo y posibilitar así la libre acción de las inversiones inmo-
biliarias; pero la desproporción entre el medio millón de habitantes que ahí cabría
y los 246.000 que tenía la ciudad en 1943 desmentía sobradamente la eficacia an-
tiespeculativa del plan. Saturado el suelo interior al cinturón, Zaragoza no seguiría

23 En BETrán (2013: 334n) expuse los precedentes del actual tercer cinturón, desde el plano
Red arterial de tráfico firmado por Borobio y Beltrán en 1938 (que aún no lo cerraba en la
margen izquierda) hasta la aprobación, el 31 de agosto de 1944, de una modificación del
anteproyecto de ordenación general para adecuar la circunvalación, frente a la prolongación
de la Gran Vía, al proyecto formado el año anterior por la Jefatura de Obras Públicas para
el tramo que enlazaba las carreteras de Logroño, Madrid y Valencia. El 1.º de diciembre de
1945, la Corporación decidió expropiar los terrenos precisos para ejecutar el primer trozo
de este tramo, comprendido entre las carreteras de Logroño y Madrid; el 31 del mismo mes,
acordó notificar a la Jefatura Provincial de Obras Públicas que, aunque el ingeniero municipal
de caminos había informado favorablemente el proyecto del tramo segundo, trozo primero
(margen izquierda del Ebro), la Dirección de Arquitectura había advertido que no podía
aprobarse porque perturbaba el contenido del anteproyecto de ordenación en esta parte de la
ciudad.
24 En su conferencia de 1943, Yarza había añadido: «el perímetro exterior de la Ciudad tendrá
17 km y la longitud de la dimensión máxima transversal será de 6 km».

una y [Link] 216 10/6/17 11:38:24


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 217

Esquema general de ordenación de Zaragoza. [Revista Nacional de Arquitectura, 95, 1949: 485].

extendiéndose, sino que transferiría el crecimiento a sus núcleos satélite, válvula de


escape que impediría al continuo urbano alcanzar las dimensiones de las denostadas
metrópolis industriales, verdadera bicha del urbanismo fascista.
La constricción de la ciudad no solo limitaría su población, sino que permitiría
seleccionarla y reducir progresivamente su masa obrera. Enunció este principio el
arquitecto del INV José Fonseca en la ponencia sobre «La vivienda obrera en las
grandes ciudades» que presentó en el III Congreso de la Federación de Urbanismo
y de la Vivienda (Madrid-Sevilla-Lisboa, 1944):
[…] la mejor manera de resolver el problema de la vivienda obrera en las ciudades es
haciendo que los obreros no vivan en las ciudades. Entiéndase que no todos los obreros
pueden vivir fuera de ellas, ni se pretende tampoco que las grandes ciudades queden
reservadas a ciudadanos de clase determinada […] Precisan vivir en la ciudad […] los
obreros de todas las ramas de la construcción, los artesanos que han de estar en con-
tacto directo con la clientela, como relojeros, encuadernadores, panaderos, etc. […] Las
industrias menores podrían y deberían ser excluidas de las grandes ciudades en bene-
ficio de la economía en general de la nación. Fábricas de jabones, pinturas, cajas de

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218 | Ramón Betrán Abadía

cartón, juguetería, etc., que dependen en menor grado del suelo, y que producen mer-
cancías en que el transporte es fácil y el valor no guarda proporción con el peso, ¿por
qué han de estar encadenadas y, sobre todo, por qué han de echar sobre los hombros
de sus obreros las cargas inherentes a la vida en una gran ciudad? […] El lema sensato del
urbanista español debería ser «procurar que no haya más grandes ciudades y limitar
el crecimiento de las actuales». Esta postura mía, que sostengo hace quince años, ha
venido a ser reforzada por las trágicas enseñanzas de la guerra actual. Las últimas orde-
nanzas de edificación diseminada inglesas y alemanas valen por un curso de economía
urbana (fEDEración DE urBanisMo y DE La ViViEnDa, 1945: 160-161).

4. El centro rector
Para hacer de Zaragoza un ente orgánico perfecto, el anteproyecto de ordenación
general debía disponer en el centro geométrico del contorno virtualmente circular
impuesto por la ronda exterior un área representativa de su ser histórico, y, dentro de
ella, un foro directivo que expresara la unión de todas las instancias del poder y diera
un marco adecuado a las congregaciones de masas religiosas y patrióticas.
En la conferencia que tituló «Plan de ciudades» y dictó ante la I Asamblea Nacio-
nal de Arquitectos, Bidagor enunció una supuesta doctrina falangista sobre los cen-
tros históricos. Tras acotarlos y depurarlos de todo cuanto el desorden liberal había
acumulado sobre ellos, el planeamiento debía regenerarlos como cabezas rectoras
de ciudades orgánicas, dándoles aquellas funciones que pudieran contribuir a una
nueva vida y desplazando a nuevos órganos subordinados, pero autónomos, cuanto
pudiera obstaculizar ese propósito:
De esta forma, las ciudades antiguas serán vivas, respondiendo a misiones fecundas,
enriquecidas por el sedimento precioso de la tradición, impregnada en nuestra Patria de
los más altos recuerdos de grandeza, de heroísmo, de Imperio, y no se transformarán,
como quería la hipocresía semiintelectual, en museos muertos de glorias pasadas que se
estimaron caducas, sino que, presentes en nuestros diarios afanes, serán piezas maestras
que nos incorporen y nos unan en una misión única a través de la geografía y de la his-
toria (BiDaGor, 1939: 64).
No se propugnaba, pues, una quimérica recuperación de la función histórica
de la ciudad central, sino su transformación en un órgano nuevo, bien definido y
adecuado a las necesidades representativas y funcionales del Estado totalitario: algo
muy visible en las mutaciones experimentadas por la Zaragoza bélica, que habían
demostrado una vez más que la historia, como advirtiera Pokrovski, no es más que
la proyección de la política hacia el pasado.
En el centro y la cúspide de la nueva Zaragoza estaría el casco romano, donde
el anteproyecto de 1943 asumía las líneas maestras del plan de reforma interior de
1939, pero con los muy importantes matices propuestos por el propio Bidagor en su
informe de 1941. Se renunciaba, así, a equiparar la capacidad funcional del centro
con la del resto del suelo urbano, para perfeccionarlo como reducto del alma tradi-
cional de la ciudad y hacer de él algo parecido a una City nacionalcatólica. La vieja

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 219

política de creación y ensanchamiento de calles para abrirlo al tráfico se sustituía por


una disminución de su accesibilidad, reduciéndose su densidad y favoreciéndose la
migración al ensanche de ciertas actividades impropias del lugar, al menos si tenían
cierta intensidad (comercio, espectáculos…):
El problema de la ciudad antigua deberá orientarse en el sentido de no intensificar sus
usos actuales e iniciar una política de reducción de densidad de trabajo, tráfico y habi-
tantes.
La ordenación de los medios de tráfico es la base principal de descongestión, evitando
la acumulación actual de líneas en la Plaza de España y suprimiendo la superposición
de medios de transporte.
Otra base de ordenación interior es la limitación de sus interiores [sic] (espectáculos,
cafés, edificios solamente comerciales, hoteles) en las zonas declaradas congestionadas
o impropias para dichos usos.
El saneamiento de las manzanas de vivienda, mediante la sistemática apertura de patios
generales, producirá una menor densidad de habitantes y mejorará las condiciones sa-
nitarias de las viviendas.
Deberá formarse el fichero de viviendas que no cumplan las condiciones mínimas indis-
pensables, para clasificarlas en reformables o irreformables, estableciendo la obligación
de mejorar las primeras y derribar las segundas, con arreglo a un plan establecido.
El proyecto de reforma interior de la ciudad, actualmente en vigor, queda incorporado al
presente Anteproyecto de ordenación general, con ligeras modificaciones (yarza, BEL­
Trán y BoroBio, 1949: 487).

Dentro del casco, la plaza del Pilar, ordenada ya en los primeros momentos de
la guerra y pionera de la reconstrucción urbana en la España de Franco, ocupaba
el lugar más relevante, como acrópolis institucional donde estaban representados
los valores ideológicos que inspiraban al Nuevo Estado y se concentraban las sedes
rectoras de la vida religiosa y civil de la ciudad (por este orden).
El anteproyecto de ordenación general contuvo la quinta versión del diseño de
esta plaza desde 1936, sin contar la maqueta realizada por Acha en 1942. Como sa-
bemos, en el proyecto de 1937 la arcada que separaba las plazas del Pilar y San Juan
de los Panetes pasó de una planta recta a semicircular, y apareció una segunda exe-
dra, esta semielíptica, frente al santuario. En 1939, se sustituyó la primera exedra por
una gran lápida plana que serviría de fondo al Altar de la Patria, y la anchura do-
minante de la plaza del Pilar disminuyó de 58 a 50 metros. En abril de 1943, se
incorporó el proyecto de Altar de la Patria con que los Moya, Huidobro y Laviada
habían ganado el concurso fallado un mes antes, al tiempo que desaparecía la exe-
dra enfrentada al Pilar, como consecuencia del informe de Bidagor al proyecto de
reforma interior.25

25 En su conferencia de 1943, Yarza indicó que el proyecto de Borobio se mantenía con «su-
presión del ensanchamiento elíptico de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar y sustitución
del mismo por otro de planta rectangular; en esta Plaza se suprimen también las reformas de
alineaciones proyectadas para las casas de la Plaza de la Seo y calle del Cisne, dejándolas en
su estado actual».

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220 | Ramón Betrán Abadía

El anteproyecto no se limitó a aprovechar las recomendaciones de Bidagor pa-


ra aminorar el impacto sobre el casco viejo de la prolongación de Independencia,
sino que la eliminó. En la conferencia con que Yarza lo presentó, añadió a los pá-
rrafos relativos a la reforma interior que reproduciría en 1949 la Revista Nacional
de Arquitectura un largo pasaje que justificaba la supresión de la prolongación con
argumentos tomados al pie de la letra de los esgrimidos por Bidagor dos años an-
tes: como este, afirmaba que carecía de toda justificación práctica y era profunda-
mente antieconómica, y calcaba los cinco grandes problemas que causaría al recinto
romano (romper su unidad urbanística y ambiental; congestionarlo con actividades
impropias de su estrecho viario; encauzar por su interior el tráfico rodado, aumen-
tando el valor del suelo y la densidad de los edificios; competir innecesariamente
con el Coso, y retrasar la creación de un nuevo centro comercial más relacionado
con el ensanche). Por todo ello, se optaba por «conservar la Ciudad antigua en su
mayor integridad posible, desplazar el comercio creando un nuevo centro en las
proximidades de la Plaza de Aragón, recoger los accesos en el anillo circulatorio del
Coso, reducir la circulación rodada en el recinto romano y encauzar la comunica-
ción con la ribera izquierda del Ebro a base de puentes en ambas extremidades del
Coso». Se aceptaba ahora derribar el Mercado Central y la manzana comprendida
entre las calles de Cerdán y Escuelas Pías, rectificando ligeramente las líneas de
fachada subsistentes para lograr una curva continua, y eso permitiría llevar por el
Coso y la calle Imperial el tráfico que en 1939 había justificado la prolongación de
Independencia26. Pero, aunque esta ya no fuera necesaria…
[…] los autores del plano de reforma interior de Zaragoza, pensando en conseguir un
acceso monumental a la Plaza reformada del Pilar y establecer un marco adecuado para
peregrinaciones y concentraciones, proponen la apertura de la vía con una anchura de
25 metros y una altura uniforme y máxima de la edificación, de 20 metros; esto supone
que de prolongarse de esta manera el Paseo de la Independencia, el presupuesto de esta
reforma tendría un déficit inicial de bastantes millones de pesetas; teniendo en cuenta la
inmensa cantidad de obras urgentes que deben acometerse necesariamente en Zaragoza,
no puede pensarse en muchos años en la ejecución de esta reforma, la cual podrá si
acaso hacerse cuando Zaragoza tenga los 500.000 habitantes. En ese momento será la
ocasión de estudiar con gran detenimiento la reforma a realizar y discutir su anchura (ya
que con 25 metros no se conseguirá la monumentalidad deseada) y la altura de la edifi-
cación, así como su enlace con la Plaza del Pilar.

Al final, las varias razones señaladas por Bidagor se reducían a una sola fi-
nanciera: a despecho de su superfluidad para el tráfico rodado y de sus efectos

26 Como había recomendado Bidagor, para ampliar la capacidad rodada del Coso entre las ca-
lles de Alfonso y Don Jaime, el anteproyecto preveía ensanchar la calzada estrechando la acera
norte, y establecer a cambio una servidumbre de soportales en las fachadas de sus edificios.
También suprimía la plaza y salida al paseo del Ebro que en 1939 se habían previsto en el
punto de inflexión de la calle de Aben Aire, y la gran plaza proyectada entonces en la salida al
Ebro del Coso Bajo, encauzando esta vía directamente hacia el puente del Pilar, que debería
ensancharse.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 221

destructivos sobre la ciudad antigua, Independencia se prolongaría cuando econó-


micamente fuera viable, y eso sucedería cuando Zaragoza alcanzara el horizonte de
población del anteproyecto. Para más inri, cuando llegara ese momento la prolon-
gación no se limitaría a los 25 metros previstos en 1939 y alcanzaría una anchura
mayor, más próxima a los 46-47 metros del tramo decimonónico del Paseo. De ahí
que, al enumerar las ocho alteraciones que el anteproyecto imponía al plan de refor-
ma interior, Yarza hablara de la «supresión, de momento, de la proyectada prolon-
gación del Paseo de la Independencia». A estas alturas, la esperada operación había
generado expectativas muy suculentas, a las que los bancos y quienes habían ido
comprando inmuebles no estaban dispuestos a renunciar así como así.
Como complemento, en 1943 se prescindía también de las pequeñas reformas
proyectadas en 1939 en las calles adyacentes de Goya, Pino, Estébanes y plaza de
Sas, que perdían su razón de ser y contribuirían «a aumentar inútilmente el destrozo
interior que debe evitarse a toda costa». Sí se mantenía el ensanchamiento de las
calles Mayor, Espoz y Mina, y Méndez Núñez, que crearían dos vías muy necesarias
de comunicación transversal a través del casco27.
La supresión momentánea de la continuación de Independencia dejaba la plaza
del Pilar sin un acceso procesional de entidad proporcionada, admitido que los
12 metros de Alfonso no bastaban. Si Bidagor había sugerido como solución de
compromiso mantener una prolongación dignificada del Paseo como eje de honor, en
1943 se aplicó esta expresión a la nueva avenida de los Héroes, que prolongaría has-
ta la Academia General Militar el potente enlace de la puerta del Carmen con San
Juan de los Panetes previsto en 1939. Este eje cargado de connotaciones militares
y patrióticas, tangente por el oeste al casco romano y a la plaza de César Augusto,
daría paso, a través de esta y del monumento a los Héroes y Mártires de la Cruzada
(que ya no era el opaco diafragma dibujado en 1939), a la plaza del Pilar. Tratare-
mos de él con más detalle en los apartados X.6 y X.7.
Y en cuanto al programa de ejecución de la reforma interior, como otras tantas
cosas meramente indicativo, el anteproyecto de 1943, según la charla de Yarza, pro-
ponía unas etapas que reflejaban la importancia dada a cada una de sus partes:
1.º Vía que enlaza el paseo del Ebro con la puerta del Carmen.
2.º La que se refiere al establecimiento de las nuevas líneas en el Paseo del Ebro, o sea
de Coso (Puente del Pilar) hasta Antonio Pérez (hoy Imperial).
3.º La que se refiere a la regularización del Coso, principalmente en la zona de la Uni-
versidad.
4.º Ampliación y reforma de la calle Mayoral, desde la Casa Consistorial a los jardines
del Hospicio.
5.º Alineación de la calle de San Blas y su salida al Paseo de M.ª Agustín.
6.º El resto.

27 Como se verá, el Ayuntamiento retomó la prolongación del Paseo en 1944, por lo que este
pasaje se omitió en la publicación del texto en 1949, muy aligerada en cuanto a la ciudad vieja
y su reforma. En 1951, Yarza propondría una prolongación de 45 m, desplazando veinte la
línea izquierda de 1939.

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222 | Ramón Betrán Abadía

5. La capitalidad regional
En el número 7 de la revista Reconstrucción (1941), Gaspar Blein había afirmado
que la «ciudad española» tenía por primera característica «desempeñar una misión,
un papel subordinado al destino trascendente que Dios ha señalado a España». Des-
pojada de todo rastro de soberanía y de cuantas peculiaridades históricas, políticas
y simbólicas no expresaran su pertenencia a la patria, Zaragoza debía constituir un
peldaño intermedio en la pirámide de mando culminada en Madrid y, como otras
capitales de provincia, hacer de su función mediadora una importante base ideoló-
gica de su programa urbanístico.
En su ya citado texto sobre las reformas de Berlín, BiDaGor (1941b: 3) había
advertido que, en la reestructuración orgánica de la red de ciudades del Reich, «no
se ha pensado simplemente en su riqueza, en su ensanche o en su embellecimiento,
sino que se ha determinado el papel que cada una de las ciudades desempeña en el
urbanismo estatal y se ha concretado la misión de algunas de ellas vinculándolas a
determinadas funciones del Estado que, por razones especiales, estratégicas o histó-
ricas, se acomodaban particularmente a ellas». Admitida su subordinación, la espe-
cialización de las capitales secundarias según sus condiciones naturales o históricas
reforzaría la cohesión del sistema urbano nacional, enriqueciéndolo y estimulando
la interdependencia de sus partes.
La función de Zaragoza como capital secundaria operaba tanto en el plano po-
lítico (capital provincial), como en el religioso (sede archiepiscopal), el militar (cabe-
za de la V Región Militar), el universitario y el histórico (antigua capital del reino
y la Corona de Aragón, y epicentro de la resistencia antifrancesa en 1808). Pero su
singularidad dentro del compuesto orgánico español radicaba en la relevancia que
le otorgaban la Academia General Militar y, sobre todo, la virgen del Pilar, que le
permitía invocar su función histórica de capital espiritual de la Hispanidad28.
Por la militancia falangista del autor, su temprana redacción y la publicación en
el número 1 de la Revista Nacional de Arquitectura, no puede ignorarse la exposición
del programa urbanístico propio de una capital regional que contuvo la memoria del
plan de urbanización de Oviedo, de Germán VaLEnTín (1941: 29-30):
En el programa de Oviedo como ciudad entra como función específica y primordial la
de capitalidad. Esta función abarca tres aspectos: La capitalidad religiosa de la Diócesis,

28 Algo dice de la posición de Zaragoza en el Nuevo Estado que la cúspide jerárquica ideal de la
ciudad correspondiera a la Virgen, esposa y madre por excelencia. Cuando poco después se
reivindicara la figura de un rey, se elegiría al primero que lo fue al mismo tiempo de Aragón y
de una España embrionaria y, sin embargo, eterna: Fernando el Católico, el más femenino de
todos los reyes hispánicos, consorte en un matrimonio en el que la historiografía oficial había
invertido los roles sexuales: según el divulgado manual escolar Santa tierra de España, publi-
cado por primera vez en 1942, «Isabel gobernaba recta y generosamente; pero no le temblaba
el pulso cuando de criminales, revoltosos e indisciplinados se trataba. Fernando el Católico
asentía, aprobaba satisfecho» (MunTaDa, 1958: 66).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 223

con sus órganos representativos y de acción, templo catedralicio, Cabildo catedral, obis-
pado y Seminario. La capitalidad civil tiene como órganos el Gobierno Civil, con sus
servicios de policía, servicios técnicos y de administración; la Diputación Provincial, con
sus servicios de Sanidad, Beneficencia, fomento pecuario y administración. La capita-
lidad militar abarca todos los elementos de la cabecera de una División: cuarteles, par-
ques, Hospital Militar y Caja de Reclutas […] La función de capitalidad requiere lugares
propios para las solemnidades y desfiles y vías donde situar los edificios representativos
con la dignidad que les corresponde, en emplazamientos cuya situación altimétrica sea
tal que tengan personalidad y destaquen en la silueta o en la fachada de la ciudad […]
Carece también Oviedo de una plaza para solemnidades civiles […] Se impone la crea-
ción de una gran plaza cerrada, con soportales y arquitectura uniforme, del tipo de las
plazas imperiales españolas.
Tampoco existe una calle o paseo con capacidad para desfiles; vía procesional impres-
cindible en toda ciudad que ostente jerarquía civil o militar29.
En 1943, el programa de Valentín estaba prácticamente resuelto en Zaragoza,
que contaba con una gran plaza para solemnidades, en torno a la que se agruparían,
además, los edificios más representativos; y si hasta entonces el eje formado por la
Gran Vía, Independencia y Alfonso había servido de vía procesional, el anteproyecto
de ordenación general destinaba a ese fin la futura avenida de los Héroes, que re-
lacionaría la plaza del Pilar con la Academia General Militar. La memoria de este
documento mencionaba también la función directiva regional de Capitanía General
y la Ciudad Universitaria, y añadía una vaga alusión al turismo y al deporte. Pero,
sobre todo, se recreaba en los contenidos más retóricos de la capitalidad.
En este aspecto, una capital regional debía replicar la ordenación de Madrid,
cuya primera premisa política, según Bidagor, era expresar la capitalidad nacional
mediante «la agrupación de todos los edificios que albergan esta compleja función
en un conjunto único y, de no ser posible esto, en el menor número de grupos», «la
exaltación de los valores tradicionales» y el «respeto a los barrios que han sido teatro
de glorias históricas». En particular, «la representación simbólica de la capitalidad»
exigía la «revalorización de la fachada del Madrid imperial del siglo XVII», mues-
tra de «un tipo urbano común a las más características ciudades españolas», como
Toledo, Segovia, Salamanca, Ávila o Granada, y formar en la plaza de Oriente,
donde estaban el Palacio Real, la Ópera y la inconclusa catedral de la Almudena, un
conjunto rector integrado «por todos los elementos de mayor significación nacional,
procurando disponerlos con arreglo a su jerarquía» (BiDaGor, 1941a: 7-8). En la
memoria del plan general de Madrid, el autor escribiría que la cornisa del Man-
zanares «reúne el paisaje típico velazqueño de la sierra madrileña, la belleza de las
luces de Poniente, el prestigio histórico de los recintos antiguos con el recuerdo de
la primera Reconquista, la tradición imperial de esta fachada, la emoción de la lucha
y la victoria de la Segunda Reconquista [la Guerra Civil]». Por eso, «la Capitalidad

29 Solo reproduzco los pasajes relativos a las funciones simbólicas de una capital secundaria;
además, Germán Valentín se refería a las necesidades circulatorias, turísticas, comerciales,
industriales, bancarias, residenciales, recreativas y culturales.

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224 | Ramón Betrán Abadía

debe organizarse, exaltarse y representarse en el Valle del Manzanares», mostrándole


un frente en el que ocuparían la «jerarquía suprema […] los tres edificios simbólicos
de máxima evocación nacional, correspondiendo a los principios vitales de la Nueva
España. La Religión, la Patria y la Jerarquía se expresarán en la Catedral, el Alcázar
y el nuevo edificio de FET y de las JONS emplazado en el sagrado solar del Cuartel
de la Montaña».
En Zaragoza, la localización de los órganos rectores en torno a una gran acrópo-
lis, su ordenación jerárquica y la formación de una fachada exterior propagandística,
procedían de los trabajos realizados por Borobio entre 1936 y 1939, antes de que Bi-
dagor redactara su plan para Madrid. Pero eso no impidió que la memoria de 1943
se remitiera a la madrileña con cierta literalidad, trocando la capitalidad nacional
por la regional, las referencias a la reconquista de Alfonso VI por la de Alfonso I, y la
función simbólica de la plaza de Oriente y la fachada al Manzanares por los papeles
análogos de la plaza del Pilar y la fachada hacia el Ebro30:
La capitalidad regional supone, en el orden urbanístico, tres diversas funciones:
1) Ordenación eficaz de los organismos regionales para la dirección política y económi-
ca de la nación.
2) Exaltación de los valores tradicionales que nos unen espiritualmente a nuestro pasa-
do histórico.
3) Representación simbólica material de la realidad, la fuerza y la misión de España.
La ordenación eficaz de los organismos regionales para la dirección política y económica
de la nación se conseguirá con la concentración de todos los edificios que albergan esa
función, en el menor número posible de grupos armónicos.
La exaltación de los valores tradicionales supone el respeto a los barrios que han sido
solar de la Historia. En Zaragoza son el recinto catedralicio del Pilar y La Seo, el barrio
de la Magdalena y el recinto de la ciudad amurallada, liberada del poder de los sarrace-
nos por Alfonso el Batallador en 1118.
La representación simbólica de la realidad, la fuerza y la misión de España, conduce en
Zaragoza a revalorizar la fachada de la ciudad en el paseo del Ebro desde el Septentrión,
vista típica evocadora e inolvidable, que hace de Zaragoza una de las más bellas ciudades
fluviales de España.
El sentido representativo de la fachada se complementa con el Monumento a los Caídos
y a la Victoria en el testero de la plaza de Nuestra Señora del Pilar, frente a la Seo, y
formando parte integrante de la plaza de Augusto, situada a sus espaldas, en la cual se
conservan los únicos restos de la muralla (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 482).

6. Sistema viario estructural


El anteproyecto de ordenación general diseñó una potente estructura viaria radio-
céntrica que ya habían adelantado el plano Red arterial de tráfico de 1938 y, sobre

30 Buena prueba de que Miller Lane tenía razón y lo verdaderamente propio del urbanismo de
los países fascistas era la palabrería con que se envolvía.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 225

todo, el Esquema del trazado viario de enero de 1941, además de realizaciones pun-
tuales como la prolongación de la Gran Vía (futuro paseo de Isabel la Católica),
aprobada provisionalmente en 1938, o el enlace de las carreteras de Logroño, Madrid
y Valencia, con cuyo proyecto se mostró conforme el Ayuntamiento el 10 de marzo de
1943. Este enlace constituiría un tramo del anillo exterior de circunvalación previsto
por el anteproyecto, elemento maestro que recogía todas las carreteras que llegaban
a la ciudad y daba inicio a una serie de avenidas radiales dirigidas hacia una ronda
interior que bordeaba el casco romano; entre ambas, otras vías concéntricas com-
partimentarían el espacio urbano y facilitarían el fluido desplazamiento de unos
puntos a otros, descongestionando el centro:
La carretera de Logroño, de término en Zaragoza, penetra en la ciudad por la Avenida
de Madrid y calle del General Franco; esta penetración enlaza con las dos vías de ronda
del interior de la ciudad en la plaza del Portillo y en el Coso.
El actual paso inferior de las Delicias, de congestión peligrosa de tráfico, se resuelve […]
ensanchándolo, hasta conseguir una anchura triple de la actual; este ensanche llevará
consigo la modificación del tendido de las vías del ferrocarril de M. Z. A.
La carretera de Madrid, de tránsito; penetra en la ciudad por el mismo itinerario que la
anterior, y se enlaza con su continuación a Barcelona por medio de la proyectada vía de
enlaces [el anillo exterior] en la Zona Norte del Ebro.
La carretera de Valencia, de término; penetra actualmente en la ciudad por el barrio de
Hernán Cortés hasta enlazar con la vía de ronda del paseo María Agustín en la Puerta
del Carmen; esta penetración es defectuosa por la estrechez de las calles. Se propone
la nueva penetración a lo largo de la Gran Vía de la Zona de Miralbueno, prolongada
desde su actual terminación en el parque de Primo de Rivera hasta su enlace con dicha
carretera en el punto de encuentro con el anillo exterior de enlace; esta penetración, hoy
en ejecución, tiene una sección de 45 mts. de anchura, con una calzada central de 15
metros y dos colectoras laterales de 6,50 mts., separadas de la central por platabandas
verdes de 1,50 mts.; el resto de la anchura lo constituyen las aceras para peatones.
La carretera de Castellón, también de término; penetra actualmente en la ciudad por la
calle Miguel Servet y el puente sobre el Huerva, en la Puerta del Duque; esta penetra-
ción resulta actualmente insuficiente por la escasa sección de dicha calle (12 mts.) y su
excesivo tráfico (Matadero, Fábrica de Cementos, Estación-Almacén de Tranvías, Es-
tación de Utrillas, Granja Agrícola, etc.); resultando imposible su ampliación por estar
totalmente edificada. Se propone la nueva penetración a lo largo del actual paseo Mari-
na Moreno; la sección de este nuevo acceso será también de 45 mts. de anchura, con la
misma ordenación que la anteriormente descrita hasta su encuentro con el actual paseo
Marina Moreno y su prolongación, donde cambia de sección y ordenación debido al
actual cubrimiento del río Huerva (60 mts. de anchura).
La carretera de Barcelona, de tránsito; penetra actualmente en la ciudad por la Avenida
de Cataluña y Puente de Piedra, enlazando con la de Madrid por el paseo del Ebro; el
acceso por el Puente de Piedra es insuficiente por la escasa sección del mismo y ser de
imposible ampliación por su carácter histórico, siendo además el receptor de todo el
tráfico entre las zonas norte y sur del Ebro.
Se propone el nuevo acceso por la desviación de la Avenida de Cataluña, hasta enlazar
con el actual Puente del Pilar ensanchado; su enlace con la carretera de Madrid se efec-
tuará, como ya se ha dicho al hablar de esta, por medio de la vía de enlace del norte del
Ebro.

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22 | Ramón Betrán Abadía

La carretera de Francia, de término; penetra en la ciudad por la calle de Sobrarbe y


Puente de Piedra; esta penetración, de escaso tráfico, no sufre modificación fundamen-
tal en su trazado (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 484-486)31.

Este esqueleto funcional se veía afectado por connotaciones ideológicas, visi-


bles en la implantación de las sedes institucionales y en el nomenclátor callejero
fraguado entre 1936 y 1943, que sometían su estructura estelar a la jerarquía
superior del eje norte-sur, definido con la ambigüedad resultante de la indecisión
que desde el siglo XIX lastró la prolongación de Independencia hacia el norte y
de la preeminencia adquirida tras la guerra por la Academia General Militar. En
1943, formaban este eje cardinal un tramo con incipiente existencia real y grandes
expectativas inmobiliarias, que se dirigía desde la plaza de Paraíso al puente de
Casablanca por los paseos de Calvo Sotelo y Fernando el Católico, y otro tramo
solo proyectado, formado por la vía Imperial32 y la avenida de los Héroes, descrita
así por la memoria:
Además de estas vías de penetración del tráfico nacional en la ciudad se proyecta otra
penetración de carácter representativo y monumental.
La Avenida de los Héroes, que unirá directamente la fachada de Zaragoza a la altura del
templo de San Juan de los Panetes (plaza de Augusto) con la Academia General Militar
(núcleo de la futura ciudad militar), siendo este el acceso de honor a Zaragoza33; el paso
sobre el Ebro se efectuará por un nuevo puente emplazado en la altura de la plaza de
Augusto.
Esta avenida tendrá una sección de 45 metros e iguales características que las ya descri-
tas (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 486).

La vía así definida tenía un estricto carácter urbano, ya que no prolongaba di-
rectamente ninguna carretera: al norte, la avenida de los Héroes llegaba hasta la
Academia General, pero, a diferencia de la futura avenida de los Pirineos, no pasa-
ba tangente ante su puerta para seguir hacia Huesca y Francia, función que seguía

31 El anteproyecto de Zaragoza se atenía a los criterios seguidos en los estudios para el plan de
Salamanca, que, para evitar los desastrosos efectos del procedimiento de la edificación fuera
de línea que hubiera debido utilizarse para ensanchar las vías principales tradicionales, rele-
gaba estas a una función secundaria y las sustituía por radiales principales de nueva creación
(D’ors, 1941: 57).
32 «Esta vía Norte-Sur establece una relación rápida y directa entre diversos sectores de la ciu-
dad, evitando el paso por la Plaza de España, y proporciona magníficas perspectivas a los
citados monumentos de la Puerta del Carmen e iglesia de Santiago, y por el ensanchamiento
de la calle Imperial, que dejará al descubierto la Muralla romana» (BoroBio, 1946: 15).
33 En su ponencia ante la I Asamblea Nacional de Arquitectos (1939), pomposamente titulada
«Madrid, capital imperial», Luis Pérez Mínguez había propuesto trazar un sistema de vías de
recepción o triunfales, articulado con campos para grandes asambleas y concentraciones milita-
res. Bidagor definió como acceso de honor a la fachada principal de Madrid la vía de la Victoria,
proveniente de El Escorial y el Monumento Nacional de la Victoria construido en la sierra de
Guadarrama. En el plan general de 1941, llamó vías políticas a las de la Victoria, de Europa e
Imperial, calificación que convenía también a la avenida de los Héroes de Zaragoza.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 227

correspondiendo a la carretera que entraba en la ciudad por la calle de Sobrarbe y


llevaba en línea recta al puente de Piedra y Don Jaime. Al sur, el tramo urbano de la
vieja carretera de Valencia, en parte de anchura insuficiente y en parte anulado por
la delimitación de la Ciudad Universitaria, se sustituía por la Gran Vía y su prolon-
gación hasta el enlace de carreteras, y eso obligaba a utilizar el corto paseo arbolado
de Pamplona para unir el extremo meridional de la vía Imperial, en la puerta del
Carmen, con la plaza de Paraíso, dando así continuidad a los dos tramos no coaxia-
les que formaban el importante eje34.
A lo largo de su recorrido, se situaban aquellas sedes institucionales que no
tenían lugar en torno al salón de las Catedrales, casi todas previstas antes de la
Guerra Civil. Además de la Academia General Militar en su extremo norte, se su-
cedían la Audiencia Provincial, la Capitanía General, las Facultades de Medicina
y Ciencias, la Ciudad Universitaria y el parque de Primo de Rivera35. Más ade-
lante, en el paseo de Isabel la Católica se les irían sumando otros equipamientos
de relevancia urbana, como la Feria de Muestras (1939), el convento de Jerusalén
(1939), el Colegio de Huérfanos del Magisterio (1943), la residencia sanitaria José
Antonio (1955), el campo de fútbol de la Romareda (1957) o el Hospital Militar
(1958).
En dirección perpendicular, la nueva Zaragoza no contaría con un eje de rele-
vancia comparable. El recorrido integrado por la calle del General Franco (entrada
de la carretera de Madrid), el Coso y las calles de Espartero y Miguel Servet (tramo
urbano de la carretera de Castellón que se quería sustituir, como salida hacia esta
ciudad, por Marina Moreno), adolecía de cierto desdibujamiento y, exceptuado el
tramo este-oeste del Coso, de falta de edificios representativos36.
Y, al margen del esquema radiocéntrico general, se previó, como ya habían
hecho el proyecto de las Casas Baratas de 1928 y el plan de ensanche de 1934,
flanquear la trinchera del ferrocarril de los directos con «una vía de comunicación

34 La suma de estas cuatro avenidas dejaría fuera del recorrido estructural norte-sur al elemento
germinal del paseo de la Independencia, ocupado hasta 1960 por un salón arbolado y con
capacidad muy limitada en relación con el tráfico rodado.
35 Durante la guerra, se había situado también en esta alineación el Campo de la Victoria, cerca
ya del parque. En el pleno del 17 de abril de 1939, el primero celebrado tras su finalización, el
concejal carlista Manuel Campos propuso que se levantara «al final de la Gran Vía, frente a la
entrada del Puente de trece de Septiembre, un grandioso Monumento que simbolice y perpetúe
la participación de Aragón en la liberación de España, solicitándose la cooperación de la Dipu-
tación de Zaragoza y de las Diputaciones y Ayuntamientos de las capitales hermanas»; nunca se
erigiría este tremendo monumento a la Cruzada, que hubiera competido inoportunamente con
el Altar de la Patria de la plaza del Pilar.
36 Rememorando su función en la Zaragoza medieval, se pensó rescatar la Aljafería, situada en
este eje, para restaurarla como palacio donde alojar al jefe del Estado y otras esclarecidas per-
sonalidades en sus visitas a Zaragoza (actas plenos 30/12/49 y, sobre todo, 30/6/50). El 11 de
enero de 1952, el pleno municipal quedó enterado de la creación, por decreto del Ministerio
de Educación Nacional, del Patronato del Castillo-Palacio de la Aljafería de Zaragoza.

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228 | Ramón Betrán Abadía

directa transversal de la ciudad, que enlaza el barrio de Delicias con el de San José
(Avenida del Ferrocarril)»37 (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 486).
Por otra parte, y como advertían las conferencias madrileñas de 1939 y la pro-
pia memoria del anteproyecto zaragozano, la trama radiocéntrica de vías principales
no solo debía resolver la circulación rodada interior y de paso, sino también dar una
potente base material a la reordenación del organismo urbano en células funcionales
adecuadamente diferenciadas y relacionadas.
A comienzos de los cuarenta se percibía como una necesidad acuciante atajar
la expansión caótica de una ciudad en pleno desarrollo y subsanar de una vez por
todas los problemas causados por la falta de directrices generales. Aunque el pla-
neamiento de ensanche de la Dictadura y la República había introducido raciona-
lidad en la ocupación de algunas zonas, y se había avanzado mucho en la dotación
de infraestructuras a los barrios, el panorama global seguía siendo muy deficiente.
En su opúsculo sobre los Planes de urbanización de Zaragoza, BoroBio (1946: 10-
11) advertiría que la superficie ocupada por las zonas edificadas había pasado de
132 ha en 1800 a 254 en 1910 y a 675 en 1945; tan acelerado crecimiento había
«pecado de desordenado», verificándose sobre todo por adición de nuevos barrios
promovidos por particulares que parcelaban sus terrenos y los vendían en plazos
semanales a personas que edificaban su «casita en los ratos robados a su descanso».
Como es lógico, los servicios urbanos faltaban por completo y «el trazado de las
calles, en la mayor parte de los casos, era arbitrario y no respondía a más razones
que las de un aprovechamiento más lucrativo del terreno disponible». Poco a poco,
decía, el Ayuntamiento iba subsanando estas deficiencias, y había conseguido que
todos los barrios tuvieran agua y alcantarillado y que fueran accediendo también,
más lentamente, a la pavimentación y el alumbrado. Pero, mientras, «los barrios que
surgieron con los caracteres de modestia que quedan indicados» se transformaban
y, conforme subía el valor del suelo, las casitas de planta baja eran sustituidas por
edificios de más categoría.
En esta tesitura, era preciso integrar las barriadas formadas al azar de los inte-
reses privados en un orden general unitario, algo dificultoso por haberse establecido
muchas de ellas lejos de los núcleos urbanos existentes, dificultando llevar hasta ahí
los servicios indispensables, mientras otras zonas más céntricas seguían sin edificar.
El territorio urbano había quedado parcheado con sectores de trazado arbitrario,
cuyas calles se interrumpían en sus límites sin llegar a enlazar con otras de categoría
análoga, impidiendo a áreas enteras de la ciudad relacionarse con otras próximas.
Con el sistema concéntrico de comunicaciones diseñado en 1943, se quería superar
esas dificultades y facilitar la conexión entre unos sectores y otros y de todos ellos
con el centro, materializándose así una idea jerárquica de ciudad.

37 Actuales avenidas de Goya y Tenor Fleta.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 229

7. Las áreas de ensanche


En las zonas de Miralbueno y Miraflores, ya ordenadas por el plan de ensanche de
193438, el anteproyecto de 1943 recogió las tres modificaciones aprobadas en 1938
y 1941 (estación de Cariñena, sector de Madre Vedruna y Agustinos) y añadió alguna
novedad menor como la ampliación del cubrimiento del Huerva desde su encuentro
con el paseo de la Mina, donde había quedado interrumpido en 1933, hasta el brus-
co quiebro de su cauce, de modo que fuera posible prolongar el paseo de Marina
Moreno a través de Miraflores39. Superada la anchura prevista para esta vía, el río
volvería a quedar descubierto para marchar entre dos bandas verdes hasta el Ebro.
Se reproducían así las fajas verdes que el plan de las Casas Baratas (1928) del olvi-
dado Zuazo había previsto a los lados del tramo descubierto del cauce comprendido
entre el parque de Primo de Rivera y la Gran Vía, que, según se decía ahora, debe-
rían completarse y cuidarse para evitar «su mal aspecto actual en bien de la estética
y la salubridad» (BoroBio, 1946: 17). También se decía urgente el saneamiento del
tramo cubierto del Huerva, mediante su canalización.
En 1943, la ciudad se llevó por el sur mucho más allá que en 1934, incluyén-
dose dentro del anillo de circunvalación el parque de Primo de Rivera y los nuevos
barrios de Torrero y Venecia, comprendidos en el programa de zonas de ensanche
de septiembre de 1933 dentro de la V (Torrero), pero hasta ahora sin desarrollar. Se
amplió también el suelo edificable hacia el oeste, superándose holgadamente las vie-
jas zonas de ensanche de Miralbueno (I.1) y Delicias (I.2), la primera desarrollada
parcialmente en 1934 y la segunda sin plan aprobado hasta entonces.
Pero la mayor novedad del anteproyecto en relación con la expansión de
Zaragoza afectó a la margen izquierda del Ebro, donde se superó en mucho la zona
de ensanche IV (Arrabal) de 1933; este sector adquirió una magnitud casi paran-
gonable con la del arraigado ensanche meridional y el río quedó como diámetro
virtual de la estructura urbana, cruzado perpendicularmente por las vías Imperial
y de los Héroes. Con esto se satisfizo una vieja aspiración de las fuerzas vivas
zaragozanas que el plan de 1934 había desatendido, a pesar de estar incluida en
las directrices para el desarrollo de la ciudad esbozadas en 1927, cuando la trami-
tación del finalmente frustrado primer proyecto general de ensanche de Miguel

38 La negación de los precedentes republicanos llevaba a la documentación escrita del antepro-


yecto a omitir el plan general de ensanche de 1934 como planeamiento vigente del área,
retrotrayendo la supuesta fecha del plan de Miralbueno a 1928 (fecha del proyecto de ur-
banización de la zona de las Casas Baratas, que no afectaba a toda la extensión de esa zona
de ensanche) y la de Miraflores a 1938 (fecha de la reforma de la sección luego llamada de
Madre Vedruna): «Quedan incorporados al presente plano de ordenación los proyectos de
ensanche parciales de Miralbueno (1928), Miraflores (1938), Sector 8.º Agustinos (1940) y
todas las parcelaciones particulares aprobadas por el Excmo. Ayuntamiento, con las pequeñas
modificaciones necesarias para su adaptación» (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 488; igual
redacción en la conferencia de 1943).
39 Este corto tramo del cubrimiento no se realizaría hasta los años 1967-1971.

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230 | Ramón Betrán Abadía

Ángel Navarro se cruzó con la creación de la Academia General Militar (BETrán,


2013: 77-86).
La urbanización de la margen izquierda exigía encauzar este lado del Ebro,
ensanchándolo y dando al muro de contención altura suficiente para acabar con las
frecuentes inundaciones del Arrabal. Esto permitiría crear un paseo fluvial simétrico
del existente en la margen derecha y, acompañándolo, una fachada que replicaría a
la del casco histórico, con una zona comercial de edificación intensiva en manzana
cerrada alineada con el paseo40. Se proponía también suprimir el meandro de Ra-
nillas, «devolviendo al río su cauce lógico y natural» y «aprovechando el actual para
la formación de una playa artificial» (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 484). Es
sabido que el meandro nunca se suprimiría.
El elemento vertebral de la urbanización septentrional era la avenida de los Hé-
roes, que hubiera unido en línea recta «la futura Ciudad Militar» con el monumento
a los Héroes y los Mártires de la Cruzada, salvando el Ebro con un nuevo puente (el
actual de Santiago). El 10 de junio de 1939, un Yarza todavía fuera del Ayuntamiento
ya había firmado un croquis de emplazamiento de la Academia General Militar y aveni-
da de los Héroes, en el que la vía, de 100 metros de ancho y más de 3 kilómetros de
longitud, no interrumpida por un cinturón de ronda aún ausente, tenía un sorpren-
dente parecido con las propuestas de Zuazo y Jansen para la Castellana de Madrid
(1929-1930); a eje con la avenida, la Academia se acercaba a la ciudad, situando su
puerta principal a la altura del cruce de las actuales calles de Julián Gállego y Majas
de Goya. En el anteproyecto de 1943, esta avenida de honor se representaba como
pendant de la Gran Vía, cuya función en cierto modo reproduciría, y que, podemos
suponer, solo tendría carácter urbano en el tramo interior a la ronda. La flanqueaba
una doble fila de manzanas residenciales que rememoraba el proyecto de Zuazo para
la SZUC, aunque, al menos de momento, un trazado demasiado esquemático pres-
cindía de plazas y elementos singulares entre el Ebro y la Academia. Es probable que
se pensara en este eje como soporte de parte de las actividades comerciales y de rela-
ción que Bidagor había propuesto en 1941 sacar del centro y llevar a los ensanches.
Por fin, la memoria del anteproyecto, que en este aspecto era más declaración
de intenciones que norma vinculante, entre otras cosas por su aprobación como
mero plano de alineaciones41, determinó que no debería «acometerse la formación
de ningún nuevo núcleo de ensanche hasta tanto no estén totalmente provistas de

40 Por orden de 16 de abril de 1936, el Ministerio de Obras Públicas había aprobado un proyecto
de obras de defensa de la margen izquierda del Ebro, condicionando su ejecución a que el
Municipio costeara la mitad de su importe y cediera los terrenos necesarios. El Ministerio
admitió que este abonara en veinte anualidades la mitad de su contribución en metálico, y
el Ayuntamiento aceptó colaborar en unas obras oportunas para paliar el elevado paro obrero
y precisas para sanear la margen izquierda del río y posibilitar la ampliación del ensanche en la
zona del Arrabal. La asonada del 18 de julio impidió que el convenio llegara a materializarse.
41 En el apartado X.13 se verá que así lo aprobó la Comisión Central de Sanidad Local en
1945.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 231

Croquis de emplazamiento de la Academia General Militar y avenida de los Héroes (Yarza, 1939).
[AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja. sig. 0489].

servicios y enlazadas con el resto de la ciudad, las actuales de Miraflores y Miralbue-


no». Urbanizadas las dos zonas ordenadas en 1934, podrían desarrollarse las demás,
siempre que estuvieran ejecutadas las vías de ronda y penetración que las comunica-
ran con el resto de la ciudad (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 487-488).

8. Armonía orgánica y zonificación


Según vamos viendo, el anteproyecto de 1943 contemplaba la ordenación total de
la ciudad y su sujeción a una estructura espacial acorde con la estructura política y
social. Zaragoza debía integrarse en la Nueva España como un eslabón en la cadena
de instituciones naturales que constituían otros tantos encuadramientos sucesivos
del español, desde el hogar familiar a la patria.
La ordenación totalitaria del territorio descansaba en los principios de mutua
influencia, que hacía de cada elemento espacial una célula íntimamente imbricada
con todas las demás, y jerarquía, que establecía una férrea dependencia piramidal
entre unidades siempre heterogéneas. En el temprano opúsculo Ideas generales so-
bre el plan nacional de ordenación y reconstrucción (1939: 7-11), los arquitectos de
FET y de las JONS opusieron la integración jerárquica de los sucesivos órganos
territoriales naturales, de la casa a la nación, pasando por el barrio, el municipio, la
comarca y la región, al artificioso y desintegrador inorganicismo que había inspira-
do la división provincial de Javier de Burgos, los planes de ensanche del siglo XIX
o las teorías funcionalistas, «fuente de desorden y de ineficacia, […] fruto muerto
de la igualdad y del individualismo propios de la época liberal». La nueva estructu-
ra política del Estado se definía nada menos que como «una organización corpórea
de perfecto funcionamiento, viva y bella», elaborada sobre el modelo histórico de la
España de los Austrias. «Todos los componentes del cuerpo nacional: regiones, co-
marcas, ciudades, han de responder a programas definidos por el Estado, dejando

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232 | Ramón Betrán Abadía

de ser piezas de un rompecabezas nacional con libertad de actividades, para pasar


a constituir órganos precisos, con funciones determinadas al servicio de una causa
suprema: la misión nacional». Conforme a esta misión divina, el Nuevo Orden
debía procurar:
a) Diferenciación de funciones y disposición de órganos adecuados.
b) Jerarquía y mutua influencia entre funciones y órganos en sistemas análogos a los
fisiológicos.
c) Unidad, armonía y expresión de los diversos miembros constituyentes en un Todo
con plenitud de perfección.
Germán VaLEnTín (1941: 9) dedicó un largo apartado de la memoria del
plan de urbanización de Oviedo, adobado con citas de José Antonio y el cardenal
Gomá, a la concatenación armónica de las sucesivas colectividades y sus implica-
ciones sobre la ciudad: «Cada una de estas sociedades tiene su personalidad, su
actividad específica y su misión propia que cumplir dentro de las colectividades
de orden superior. A su relativa jerarquía debe corresponder una organización
de su continente urbano, también jerarquizada y dispuesta en orden a su misión
específica».
La concepción organicista del planeamiento era uno de los principios capitales
del urbanismo fascista. Su formulación más acabada e influyente se debió al eco-
nomista del NSDAP Gottfried Feder, que a partir de la célula residencial generadora
propugnó diseñar unas ciudades donde la población se ajustara a formas de vida
acordes con la ideología del Reich gracias a una estructura piramidal formada por
núcleos de vecindad, barrios y distritos, cada uno provisto de todos los equipamien-
tos adecuados a su escala y de las pertinentes dependencias del partido (saMBricio,
1987: 94). En la estela de Feder, el influyente urbanista filofascista francés Gaston
Bardet42 pervirtió la teoría anglosajona de las unidades vecinales, a la que Perry,
Geddes o Mumford habían dado un sentido democrático y autogestionario, para
someterla a una estricta jerarquía política y territorial, y componer con las sucesivas
instancias naturales (nación-región-ciudad-parroquia-casa) una correa de transmi-
sión del poder emanado de la cabeza del Estado.
Quizá por intermediarios italianos o españoles, Bidagor había conocido pron-
to los escritos de Feder43 y, basándose en ellos, afirmó en sus Orientaciones sobre
la reconstrucción de Madrid que el más importante aspecto a considerar en el plan
general correspondía a «la ciudad como un organismo que forma parte del Estado y

42 Véase, sobre todo, Problèmes d’urbanisme (1940).


43 La revista turinesa Urbanistica publicó un importante estudio sobre el libro de Feder Die Neue
Stadt (Berlín, 1939) en noviembre de 1940, y a él volvió a referirse Alberto Calza Bini en el
artículo «Il nuovo ordine urbanistico», incluido en el monográfico dedicado en septiembre
de 1942 a la legge urbanistica. Sambricio supuso que Bidagor, que en sus propuestas para la
reconstrucción de Madrid demostró conocer la obra de Feder, pudo haber llegado a ella por
este medio o a través de algún arquitecto madrileño formado en Alemania en los años de la
República, como Luis Pérez Mínguez.

una y [Link] 232 10/6/17 11:38:28


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 233

está subordinado a él, de quien recibe su misión y su programa»; le seguía un «punto


de vista estrictamente urbano», referido a «la estructura de la ciudad como entidad
municipal dedicada a la ordenación del trabajo, de los intereses y de la vida de todos
sus habitantes», y, al fin, «el punto de vista más íntimo» que atañería «al hombre y
a la familia como células formativas de la ciudad», para ocuparse «del decoro de su
vivienda y de todos los factores que contribuyen a una vida verdaderamente digna»
(BiDaGor, 1941a: 6). Con estas bases, el espacio residencial se estructuraría en órga-
nos de escalas sucesivas (núcleos de unos 4.000 habitantes, barrios de unos 10.000
y distritos de unos 100.000), cada uno con el nivel de servicios públicos que le fuera
propio, señalándose «claramente a todos los habitantes los símbolos de jerarquía
por los que les llega la asistencia de los organismos públicos y su incorporación a la
vida social urbana»44; el conjunto urbano y cada uno de sus órganos deberían estar
cerrados y bien definidos, y no se admitiría la creación de uno nuevo mientras no se
terminaran todos los anteriores. Se reinterpretaba así la ciudad tradicional dividida
en cuarteles y barrios, y al mismo tiempo se quería llevar a la escala urbana «la estruc-
tura vertical del Nuevo Estado, reorganizando los elementos de producción, de vida
y de dirección en unidades con sentido jerárquico y nacional» (BiDaGor, 1939: 64;
1941a: 22-23)45.
En los dos años anteriores, Bidagor había enfrentado violentamente el organi-
cismo urbano al planeamiento prebélico. En la I Asamblea Nacional de Arquitectos
de 1939, afirmó que la liquidación de un siglo de liberalismo urbano que debía aco-
meter el ejército de la paz de los arquitectos, vanguardia de Falange, exigía sustituir
por planes orgánicos los planos geométricos concebidos como simples sistemas ho-
mogéneos de alineaciones. Y en el número 1 de la revista Reconstrucción (4/40) de la
Dirección General de Regiones Devastadas, publicó el artículo «Primeros problemas
en la reconstrucción de Madrid», donde rechazaba dividir la ciudad en grandes zo-
nas, a la manera de la división socialista en clases, para tratarla como un «órgano del

44 Muy de acuerdo con el íntimo compromiso entre fascismo y clericalismo propio del franquis-
mo, el arquitecto falangista Germán Valentín asimiló en el plan de urbanización de Oviedo
(1940) los distritos urbanos a las parroquias, como harían también Bardet, Alomar o el plan
general de Zaragoza de 1968, redactado por Emilio Larrodera.
45 Si esto era la teoría, la práctica del urbanismo corporativo tuvo un prototipo temprano en el
poblado de Cerro Palomeras (Madrid), proyectado por los Servicios Técnicos de Falange en
agosto de 1939 para realojar a 15.000 madrileños cuyas casas habían sido destruidas en la
guerra. Se exhibió en la exposición de la Dirección General de Arquitectura de 1942 y lo pu-
blicó en el número 10-11 de la Revista Nacional de Arquitectura. Su memoria reclamaba para
todo barrio residencial «todas las funciones de índole colectiva que hacen que lo que pu-
diera ser un simple amontonamiento de casas y familias sin dignidad, vivero continuo de
odio y lucha de clases, alcance un grado de organización que lo constituye en un miembro
urbano con personalidad material y espiritual, con servicios que no se limiten a la mate-
rialidad del alcantarillado sino que, comenzando por lo más sagrado en el orden religioso,
contengan todas las manifestaciones sociales, políticas, económicas, sanitarias, etc., y que
las ordenen todas expresivamente para satisfacer una función concreta y definida al servicio
del conjunto de la ciudad y, a través de esta, de la patria» (cfr. DiéGuEz, 1991: 199).

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234 | Ramón Betrán Abadía

Estado»; en este texto de divulgación, el discípulo de Czekelius y Zuazo se plegaba


a la oposición entre organización vertical y zonificación horizontal que la doctrina
urbanística fascista venía denunciando con machaconería. Para los arquitectos de
Falange, la zonificación era la exacta expresión espacial…
[…] del principio socialista de la lucha de clases, ya que ambos se basan en ordenacio-
nes de tipo exclusivamente horizontal: el sindicato de clase, la zona de clase […] Hasta
ahora se construyen barrios independientes y distintos para las diversas clases sociales,
que naturalmente, fomentan y excitan la lucha de clases. Y ahora queremos hacer ba-
rrios para gentes que estén unidas por un fin común, y dentro de cada uno de estos
barrios estará comprendida toda la jerarquía desde la máxima hasta la mínima (Ideas
generales…, 1939: 42 y 26-27).
Sin embargo, tanto el plan general de Madrid de 1941 como otros que lo toma-
ron como modelo se vieron abocados a zonificar, como no podía ser de otro modo.
Muguruza dedicó al plan madrileño un texto titulado «Plan de Ordenación de Ma-
drid. La zonificación» (Informaciones, 17/6/44), donde desmentía las connotaciones
socialistas y tiránicas de esta técnica, ingrata para una promoción privada proclive a
hacer de su capa un sayo, y la consideraba un instrumento urbanístico fundamen-
tal, de tanta tradición como las ciudades mismas y ajeno a toda intención política
(DiéGuEz, 1991: 66). Esto no impidió que, en una fecha tan tardía como 1956, la ley
del suelo, debida fundamentalmente a Bidagor, sustituyera el término «zonificación»
por los eufemismos «clasificación» y «calificación».
La contradicción entre la reconocida necesidad de fragmentar la ciudad y espe-
cializar el uso de sus partes, y una pretensión corporativista con mucho de hojarasca
retórica se resolvía con el repudio de la zonificación social (puramente verbal, ya
que en la práctica se acrecentó en estos años muy crudamente) y la aceptación de la
zonificación funcional, acorde con la exigencia de que cada función urbana tuviera
«un órgano dispuesto para su realización exacta» (Ideas generales…, 1939: 8-9).
El anteproyecto de ordenación general de Zaragoza prescindió de esa orga-
nización telescópica de estructuras socioespaciales que quizá era el elemento más
sofisticado y representativo de la doctrina urbanística oficial en la España posbélica.
El documento, tal cual se aprobó, adolecía de una excesiva homogeneidad en el tra-
tamiento de las zonas residenciales, sin intentar formar unidades menores, barrios o
distritos, ni esbozar nada semejante a un programa de equipamientos de vecindad.
Estas carencias respondían en parte al hecho de que el trabajo quedara inconcluso,
pero también era palpable el desinterés por unos planteamientos teóricos de difícil
aplicación práctica y contradictoria relación con los verdaderos propósitos del plan.
En la conferencia de abril de 1943 que ya conocemos, Yarza planteó una caracterís-
tica amalgama de elementos de heterogéneo origen ideológico que incluía, con no
poco peso, referencias implícitas a textos publicados en la revista barcelonesa A. C.,
órgano del GATEPAC entre 1931 y 1937:
[…] un plan de ordenación desarrolla la comunidad en armonía con los planes regiona-
les y nacionales; sustituye el desarrollo arbitrario y su costosa corrección de errores con
un programa definido de urbanización; agrupa las diversas actividades urbanas en este

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 235

plan; despierta el orgullo por la Ciudad. De ello resulta el desarrollo de la misma como
un lugar bien planeado y protegido, creándose por ello un hermoso ambiente dentro del
cual se viva, se trabaje y se juegue.

El plano del anteproyecto contenía lo que Yarza llamó un «avance de zonifica-


ción», que atribuía a cada manzana la notación de la correspondiente zona funcional,
dividiendo el suelo urbano en áreas de uso homogéneo, en su caso con subdivisio-
nes, por razones de economía, comodidad y orden de la ciudad. Las zonas consideradas
eran las mismas cinco que había contemplado el plan general de Madrid de 1941
(punto 13 de su memoria), más una sexta ferroviaria46:
1. Zonas especiales: universitaria, sanitaria, militar y religiosa, esta última coinci-
dente con la plaza del Pilar.
2. Zonas comerciales: se consideraba el casco zona comercial saturada, proponién-
dose aplicar la nueva ordenanza de vaciado de patios de manzana para ali-
gerarlo de actividad comercial, y fomentar su desplazamiento a las zonas así
calificadas en los ensanches.
3. Zonas residenciales: a su vez divididas en zonas de edificación abierta extensiva
o intensiva, cerrada intensiva y aislada extensiva. En los planos, se indicaba en
cada manzana residencial el tipo correspondiente.
4. Zonas industriales: se contemplaban las zonas puramente industriales, «con pro-
hibición de uso para viviendas de alquiler» y aptas para la industria pesada, y
las zonas mixtas de industria y vivienda. Por otro lado, las actividades indus-
triales se clasificaban en:
– Industria muy peligrosa por explosión; prohibida dentro de la ciudad.
– Industria pesada, con apartaderos para ferrocarril, peligrosa por explosión
e incendio, insalubre y muy molesta; admitida solo en la zona Ib (exclusi-
vamente industrial).
– Industria semipesada, sin apartadero de ferrocarril, peligrosa por explosión
e incendio, algo insalubre y molesta; admitida en las zonas Ib, Ia (industrial
con viviendas), Rb (residencial abierta), Rc (residencial cerrada), Ca (comer-
cial ensanche) y Cb (comercial casco)47.

46 Lo mismo hicieron otros planes de estos años, y así la memoria del plan de urbanización de
Oviedo advertía que se había «adoptado el criterio seguido por la Junta de Reconstrucción de
Madrid, a cuyos técnicos, especialmente a los Sres. Bidagor y Lamadrid, tenemos que agrade-
cerles el habernos facilitado las normas por ellos estudiadas, y que aplicamos a este proyecto»
(VaLEnTín, 1941: 37).
47 Calificaciones según el artículo de 1949; según la leyenda del plano del anteproyecto, Rb era
zona residencial con edificación abierta extensiva y Rc zona residencial con edificación abierta inten-
siva. En su conferencia de 1943, Yarza solo se refirió a la admisión de usos industriales en los
sectores Ia e Ib, añadiendo una zona de industria pequeña, ausente en el artículo publicado en
1949, «levemente molesta, admitida en los sectores anteriores [Ia e Ib] y en los sectores Rb (re-
sidencial abierto), Rc (residencial cerrado) y Ca, Cb (zonas comerciales de ensanche y casco)».

una y [Link] 235 10/6/17 11:38:29


23 | Ramón Betrán Abadía

– Industria doméstica, admitida en todas las zonas.


5. Zonas ferroviarias: comprendían los espacios suficientes para el estableci-
miento de todas las estaciones.
6. Zonas verdes: públicas y privadas. Entre las primeras se incluían el parque de
Buenavista, los pinares de Torrero, el parque de Pignatelli, el de las Balsas de
Ebro Viejo, una nueva zona verde en el barrio de la Paz y determinadas áreas
en las riberas del Ebro y el Huerva.
Comparado con anteriores planes zaragozanos, el de 1943 concedía a las zonas
verdes una menor relevancia en la estructura urbana. Aparecían ahora zonas verdes
aisladas y un cinturón agrario en torno a la ciudad que debía dificultar su expansión
incontrolada, pero de este no irradiaban cuñas verdes hacia el interior ni los parques
se integraban en un sistema continuo. El viario rodado había alcanzado el prota-
gonismo estructural absoluto, y quedaban ya lejos aquellos años de la dictadura
de Primo en los que los sistemas de parques de inequívoca procedencia británica
habían constituido un tema estrella de los planes generales48.
El hecho de que el anteproyecto solo se aprobara como plano de alineaciones
explica que su avance de zonificación quedara en papel mojado, a lo más con algún
carácter orientativo que se olvidó cuantas veces interesó49. Aparte de la ocupación
de zonas que hubieran debido ser públicas, en los años en que estuvo vigente se
ignoraron frecuentemente los tipos de edificación establecidos por sus planos de
ordenación, siempre a beneficio de los aprovechamientos edificados y tanto en ac-
tuaciones públicas como privadas.

9. La ordenación residencial
La potente estructura viaria primaria del anteproyecto se completó con el trazado
detallado del viario secundario, a escala de barrio, que delimitó con precisión todas

48 Véanse el proyecto de plan general de ensanche de Zaragoza de 1927, la ponencia «Parques


urbanos» presentada por el ingeniero del Ayuntamiento Martín Augustí al Congreso Munici-
palista de 1928, el plan de Zuazo para las Casas Baratas del mismo año (BETrán, 2013: 100-
103 y 125-144), o, en un plano teórico, el capítulo sobre los sistemas de parques del libro de
César Cort Murcia. Un ejemplo sencillo de trazado urbano (1932), lo más parecido a un manual
de urbanismo que se publicó en España en este período. Cort se inspiró en el proyecto de par-
ques anulares y cuñas verdes de Berlín elaborado en 1910 por Eberstadt, Möhring y Petersen,
el primero de los cuales le prologaría sus libros de 1932 y 1941.
49 Sirva como ejemplo la parcela destinada en 1943 a parque deportivo público que, ya en 1944,
se cedió al Arzobispado para que construyera un nuevo y enorme seminario diocesano, in-
fraestructura básica en ciudades empeñadas en la reconquista neotridentina del alma colecti-
va; lo proyectaron ese mismo año Santiago Lagunas, Casimiro Lanaja y Manuel Martínez de
Ubago, sus obras se acabaron en 1952 y fue referencia para todos los semilleros sacerdotales
construidos luego en España.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 237

las manzanas edificables existentes y futuras, y posibilitó que la actividad inmo-


biliaria privada se extendiera desde el principio por el territorio completo de la
gran ciudad proyectada. Esta concepción del planeamiento, que, sin margen para
posteriores planes parciales, hacía descender el plan general a la ordenación porme-
norizada de todas y cada una de las manzanas y calles de la ciudad, y que permitía
a las empresas promotoras actuar manzana por manzana o solar por solar, suponía
un retroceso conceptual con respecto a lo avanzado antes de la guerra y a la práctica
común en otros países europeos.
Las cuatro hojas del plano de ordenación atribuyeron a cada manzana las si-
glas de una de las zonas residenciales contempladas, diferenciando la ordenación
adaptada a áreas ya edificadas, Cb (Centro, Hernán Cortés, Delicias, Ciudad Jardín,
Sagasta, Venecia, Arrabal, Miguel Servet), manzana cerrada intensiva, Ca (sector in-
terior en mitad oeste de Margen Izquierda, sur de Almozara, Gran Vía, Madre Ve-
druna, Agustinos), edificación abierta extensiva, Rb (norte de Almozara, extensión de
Delicias hacia el oeste, San José, extensión de Venecia), edificación abierta intensiva,
Rc (corona exterior en mitad oeste de Margen Izquierda, extensión del ensanche
hacia el sudoeste, prolongación de Marina Moreno) y edificación aislada extensiva, Ra
(Castillo Palomar, prolongación de la Gran Vía, extensión de Ruiseñores)50, además
de las áreas industriales con viviendas.
Pero, como sabemos, esta zonificación no se hizo valer y se permitió aplicar
indiscriminadamente las ordenanzas de edificación de 1939 a las manzanas delimi-
tadas en el plano de 1943. Las ventajas para los promotores de esta alteración de
las previsiones iniciales del anteproyecto, en detrimento de la coherencia de la or-
denación, explican que el Ayuntamiento se conformara en 1945 con verlo aprobado
como plano general de alineaciones y no continuara los trabajos para completar el
plan general de ordenación urbana previsto en 1937.
La combinación de la delimitación detallada de los espacios intervías y las nor-
mas sobre edificación de manzanas existentes y nuevas en las ordenanzas de 1939
dio lugar a un modelo de ocupación urbana donde prevalecía la formación de den-
sas manzanas cerradas con edificios entre medianeras alineados con las calles. El
binomio anteproyecto-ordenanzas carecía de herramientas técnicas para ordenar
otro tipo de edificación, a pesar de que el urbanismo europeo venía utilizando desde
veinte años antes índices abstractos de aprovechamiento referidos a la superficie de
suelo afectada, lo que permitía a los propietarios desarrollar esquemas tipológicos
abiertos siempre que respetaran unas distancias mínimas entre edificios propor-
cionales a su altura. La ordenación de 1939-1943 no supo o no quiso desvincu-
lar la cuantificación del aprovechamiento de la fijación de esquemas tipológicos, y

50 «Las zonas residenciales de edificación aislada, tipo ciudad jardín, se han fijado en aquellos
lugares más próximos a las zonas verdes, para que sirvan de transición entre estas y la ciudad
propiamente dicha» (BoroBio, 1946: 19).

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238 | Ramón Betrán Abadía

reprodujo las técnicas decimonónicas de limitación de aquel por la relación entre


altura del edificio y ancho oficial de la calle, con la sola adición de fondos máximos
en las ordenaciones de nuevas manzanas, y de retranqueos mínimos y ocupaciones
máximas en las zonas periféricas de ordenación abierta, donde había una mayor
libertad, aunque limitada al interior de cada parcela51.
Se cumplía así en Zaragoza una de las características señaladas por Fernando
de TErán (1999a: 237)52 para los planes de la posguerra, que según él apenas se
apartaron de una «clara continuidad conceptual» con el planeamiento del período
anterior a la guerra en algún rasgo como «la reiteración del modelo de espacio ur-
bano tradicional de manzana cerrada, que aparece en estas áreas de extensión con
carácter casi único, y de las que han desaparecido los ensayos de fragmentos conce-
bidos como ciudad jardín o con edificación abierta, que aparecían en aquellos, como
expresión de la fueza contagiosa de la plástica de la vanguardia».

10. La ordenación industrial


El 3 de febrero de 1938, en plena apoteosis de la producción bélica, la Cámara de
Comercio e Industria se dirigió al Concejo para sugerirle que preparara varias zonas
industriales «en cuanto a sus terraplenados, rasantes, cubrimientos, dotación de agua
y evacuaciones residuales, o sea acondicionándolas con todos los servicios de policía
urbana que serán precisos como consecuencia de la utilización especial de esos terre-
nos sobre los que han de instalarse las nuevas factorías». Si hasta entonces la industria
zaragozana se había ido asentando de modo improvisado, ahora se pretendía que el
Ayuntamiento expropiara y urbanizara el suelo con cargo a sus presupuestos, para
venderlo a los empresarios a un precio inferior, en lo tocante al terreno, al que sus
dueños actuales pedían en el mercado libre, o cederlo a cambio de un canon anual
con el que, muy lentamente, iría resarciéndose del gasto inicial.
Posteriormente, Francisco Caballero presentó dos mociones sobre la creación
de tres zonas industriales en el Arrabal, Miraflores y La Almozara, que delimitó en
un plano adjunto. En rigor, el teniente de alcalde no proponía crear nuevas zonas,
sino calificar como tales las áreas del extrarradio donde se venían concentrando de

51 El plan general de 1959 diría querer superar la atadura del aprovechamiento al tipo, pero no
pasó de una breve y confusa serie de normas de vigencia imprecisa que, de haber conseguido
imponerse a las ordenanzas de edificación de 1939 (lo que no ocurrió) hubieran provocado
un desorden de la edificación todavía mayor que el que se denunciaba. El plan de Larrodera
de 1968 ya utilizó parámetros relativos de edificabilidad expresados en m3/m2 (volumen cons-
truido sobre rasante dividido por superficie de suelo), que podían aplicarse a la escala de la
parcela, de la manzana o de un sector urbano pendiente de ordenación detallada, y que deja-
ban abierta la regulación de las condiciones tipológicas a patrones independientes. Los planes
generales de 1986 y 2001 recurrieron a índices más precisos expresados en m2/m2 (superficie
construida sobre rasante dividida por superficie de suelo).
52 Que, por cierto, atribuyó a Navarro (¿Miguel Ángel?) el anteproyecto de Zaragoza de 1943.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 239

hecho las actividades industriales de la ciudad desde finales del siglo XIX, al amparo
de infraestructuras de comunicaciones territoriales y cursos de agua (BETrán, 2014:
133-141). En un escrito de 10 de junio de 194053, la Cámara de Comercio encontró
acertadas las tres áreas «por el relativo aislamiento en que […] se encuentran res-
pecto del casco urbano y su identificación con los sectores donde ya los industriales
han comenzado a situar instalaciones». Se destacaba que en estos lugares no solo
se habían implantado industrias, y que «cerca de las tres zonas marcadas existen
barriadas obreras y extensiones de terreno a precio asequible para su ampliación».
Además, las zonas del Arrabal y Miraflores estaban atravesadas por líneas férreas
y carreteras importantes, y la de La Almozara, inmediata a la estación de Delicias
y al ferrocarril de Madrid, podía enlazarse fácilmente con la red de carreteras. El
único pero de la Cámara a la propuesta municipal se refería a La Almozara, donde
recomendaba prohibir la instalación «de industrias que produzcan humos y gases
tóxicos, en consideración a los vientos dominantes, que proceden de esa dirección
respecto del núcleo urbano». Y al final los empresarios, en lo más duro de la posgue-
rra, protestaban por la excesiva protección que el Régimen daba a los trabajadores,
materia en que los avances deberían ser discretos y mesurados para no encarecer la
vida.
A partir de las mociones de Caballero y de sugerencias como esta, la comisión
de Hacienda y Presupuestos elaboró un dictamen sobre creación de zonas industriales
en los alrededores de Zaragoza que se elevó al pleno de 19 de septiembre de 1940 y dio
lugar a la aprobación de las siguientes conclusiones:
1.ª Que con toda urgencia y actividad posible, se proceda por el personal afecto a la
Dirección de Agronomía al replanteo de la línea límite de las zonas en que se ha pensa-
do, por este orden: Miraflores (carretera de Castellón), carretera de Navarra, carretera
de Huesca y carretera de Cataluña. Respecto de esta última, deberá estudiarse la des-
viación del camino de hierro (línea del ferrocarril) y tenerse presente, con relación a la
segunda, la dirección de los vientos reinantes, que, en su frecuencia, entran en Zaragoza
por esa zona.
2.ª Estudio subsiguiente y redacción de común acuerdo por las Direcciones de Agrono-
mía, Agricultura e Ingeniería de un anteproyecto de urbanización de cada zona indicada,
debiendo de abarcar no solamente los servicios propios a un sector urbano, sino también
los característicos de zonas como las proyectadas y aquellos otros que permitan su fácil
acceso con la ciudad y con las líneas de ferrocarril. En dicho trabajo habrá de figurar
la valoración de todas las obras y expropiaciones precisas, teniéndose presente que las
zonas proyectadas sean modelo entre las de su género y que la realización del proyecto
se ha de llevar a cabo en diferentes etapas.
3.ª Con el presupuesto resultante, una vez cumplido lo anterior, deberá estudiarse la
correspondiente operación de crédito.
4.ª Debe ser propósito del Ayuntamiento que todos los terrenos que se puedan obtener
con la realización del proyecto, se cedan sin pérdida ni beneficio alguno a quienes en

53 Tanto este escrito como el de 1938 se reprodujeron en la Memoria correspondiente al ejercicio


de 1940… de la Cámara de Comercio (1941: 44-45).

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240 | Ramón Betrán Abadía

ellos se comprometan a instalar centros fabriles. Sobre esta base, los técnicos municipa-
les deberán realizar su trabajo pensando en que las superficies expropiables sean todo lo
grande que permitan las disposiciones legales actualmente en vigor.

Estas conclusiones se manifestaron en el esquema de trazado viario de 1941,


pero, en 1943, el anteproyecto de ordenación general concentró las áreas industria-
les en la amplia corona comprendida entre la estación del Arrabal (norte) y Miguel
Servet (sudeste), «próximas a las vías férreas, con posibilidad de establecimiento de
apartaderos, y de la parte opuesta a los vientos dominantes del Noroeste» (BoroBio,
1946: 19). Al norte, la zona industrial del Arrabal, que en 1941 se había limitado a
la cuña comprendida entre las carreteras a Francia y Barcelona, se ampliaba ahora
en el sentido de las agujas del reloj hasta llegar al Ebro, formando un gran cuarto
de círculo calificado como zona exclusivamente industrial (Ib) a los lados de la línea
férrea y como industria con viviendas (Ia) en los sectores, con manzanas más pe-
queñas, situados a este y oeste; este último, más extenso, se continuaba al otro lado
del río con la trama análoga del área de Las Fuentes, equivalente al barrio actual y
calificada como zona industrial con viviendas (Ia).
El anteproyecto no aludía a las zonas industriales de Miraflores y La Almozara,
situadas en 1941 más allá del cinturón de ronda. En 1943, el cinturón mantuvo en
Miraflores el trazado de 1941. Pero su tramo noroccidental se desplazó hacia el oes-
te para alinearse con el tramo oriental (Delicias) y dejó dentro la anterior zona indus-
trial de La Almozara, que se calificó como residencial con edificación aislada extensiva
al norte (Rb) y comercial con edificación cerrada intensiva al sur (Ca); calificándola
como zona edificada, se exceptuó, precisamente, la gran parcela próxima a San Pablo
donde estuvo desde 1899 a 1979 la Industrial Química, que daba nombre al barrio
y mandaba contra la ciudad sus muy contaminantes efluvios.
Así pues, no solo se pretendía ubicar dentro del espacio urbanizado las zonas
industriales en áreas concretas, sino establecer áreas productivas de distinto tipo
en función de su grado de compatibilidad con las viviendas, de la dirección de los
vientos dominantes y de las infraestructuras próximas.
Sin embargo, al aprobarse el anteproyecto en 1945 solo como plano de alinea-
ciones, estas previsiones perderían su valor vinculante. Cuando Yarza, Borobio y
Beltrán publicaran su artículo sobre la ordenación urbana de Zaragoza en la Revista
Nacional de Arquitectura (1949), reproducirían, en página contigua al desplegable
con la planta del anteproyecto, un croquis rotulado como «Ordenación industrial de
Zaragoza» y contradictorio con sus determinaciones, que consideraba las siguientes
áreas de este uso:
1. Zonas industriales:
– Existentes.
– Existentes a extinguir.
– En proyecto:

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Ordenación industrial de Zaragoza. [Revista Nacional de Arquitectura, 95, 1949: 488].

- Industria sin limitación (270 ha).


- Industria fumívora (107 ha).
- Industria mediana fumívora con posible mezcla de vivienda (50 ha).
2. Industria urbana:
– Núcleos industriales (16,50 ha).
– Zonas de mezcla de vivienda e industria (120 ha).
El plano preveía mantener las industrias situadas en el entorno de la estación
del Arrabal y extinguir las emplazadas al oeste de la del Campo Sepulcro (Roma-
reda) y entre San Pablo, el Ebro y el ferrocarril de Barcelona. Se localizaban zonas
de industria urbana mezclada con viviendas en los barrios populares de San Pablo
(mitad oeste), la Magdalena, Jesús, Torrero, Delicias (entre la avenida de Madrid y
los terrenos ferroviarios) y Miraflores (entre el Huerva y el camino del Gas, y entre

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242 | Ramón Betrán Abadía

la avenida de San José, el camino de Cabaldós y la calle de Cartagena); se recogía


así una situación de hecho, ya que, como advertiría Yarza en su proyecto de nuevo
plan general de 1957, la mayoría de los pequeños talleres y obradores artesanales
ocupaba edificios antiguos del primitivo recinto urbano, diseminándose además la
pequeña industria, mezclada con construcciones residenciales, en San Pablo, San
Miguel, Miguel Servet, Delicias o la barriada de Hernán Cortés. Además, se preveía
más industria urbana en núcleos de uso exclusivo situados en los intersticios aún va-
cantes al sur de la avenida de Cataluña y en las áreas comprendidas entre la calle de
Asalto y el Huerva, entre la estación del Campo Sepulcro y la avenida de Madrid, y
entre el caserío de Delicias y su estación, aparte de una pequeña zona en el encuen-
tro del camino del Puente del Virrey y el ferrocarril de los directos.
Ya sin carácter urbano, en 1949 se contemplaban tres grandes áreas industriales
aisladas de las residenciales mediante zonas de aislamiento formadas por zonas verdes
y de pequeña industria en edificación aislada. Se volvía aquí a las áreas ya señaladas
por Caballero y la Cámara en 1940, lo que no suponía otra cosa que reproducir
las tendencias espontáneas del mercado de suelo productivo. Hacia el nordeste, se
continuaría la ocupación industrial consolidada junto a la estación del Arrabal, entre
San Juan de la Peña (carretera de Huesca-Francia) y la avenida de Cataluña (carre-
tera de Barcelona)54. Al sudeste, se preveía otra zona limitada por Miguel Servet-
camino de Cabaldós y la carretera de Castellón, con industria mezclada con vivienda
desde el Huerva al cruce del camino de Cabaldós con la calle de Cartagena, y sin
limitaciones desde ahí hacia el sudeste, no representándose en el plano el final de la
zona. Y, al noroeste, se dibujaba al norte de Delicias una zona de industria fumívora
que bordeaba los terrenos ferroviarios más allá del núcleo industrial urbano descrito
en el párrafo anterior, y en La Almozara otra vasta área encerrada por el ferrocarril
de Madrid y el Ebro, con industria fumívora en la parte más próxima al ferrocarril y
a las zonas habitadas de Delicias y San Pablo (donde estaba la Industrial Química),
e industria sin limitaciones en el resto.

11. Las comunicaciones ferroviarias y aéreas


La reordenación de la estructura arterial rodada se completó con un tratamiento se-
mejante de la red ferroviaria. En otro lugar resumí el complicado proceso que, desde
1852, sembró el contorno de la ciudad con estaciones implantadas por las compa-
ñías privadas según sus posibilidades e intereses particulares, de las que arrancaba

54 Zona actual de Cogullada, desarrollada por el Ministerio de la Vivienda como polígono de


uso exclusivamente industrial a partir de 1958, y provista de un plan parcial aprobado por
la Dirección General de Urbanismo el 22 de mayo de 1962. El anteproyecto de ordenación
general de 1943 había propuesto calificar esta zona como industria sin limitaciones (Ib ), habida
cuenta de la lejanía de las zonas residenciales y la favorable posición con respecto a la direc-
ción de los vientos dominantes.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 243

una red de vías desordenada y conflictiva. Particularmente desacertado era el modo


en que se había resuelto el enlace de la estación de Madrid, en el Campo Sepulcro
(inaugurada en 1863), con la de Barcelona, en el Arrabal (1861): una vía partía de
la primera hacia el oeste, para cruzar el Ebro por el puente llamado más adelante
de la Química o La Almozara, seguir en paralelo al Ebro bordeando la arboleda de
Macanaz y llegar hasta la estación del Norte (BETrán, 2014: 59-61)55.
El anteproyecto de 1943 proponía dejar como única estación de viajeros la
de Madrid, ampliada y acondicionada56. En el Arrabal, se suprimía esa función
y se mantenía la de clasificación de mercancías, acompañada por la distribución
de líneas al servicio de los apartaderos de la zona industrial prevista en sus inme-
diaciones, y un apeadero para viajeros. También se mantenían como estaciones de
mercancías con apeadero anejo las de Caminreal, ampliada y provista de talleres,
depósito de máquinas, oficinas y estación de clasificación, y Utrillas, trasladada a la
zona periférica del enlace de carreteras y utilizada como estación de clasificación,
transbordo de la línea de vía estrecha de Utrillas con las de la Renfe, y estación de
bifurcación de las líneas de Lérida, Jaca y Barcelona por Reus (yarza, BELTrán y
BoroBio, 1949: 484).
El enlace de La Almozara, inaugurado en 1870 y problemático desde el primer
momento por su irresoluble afección sobre el tráfico al Arrabal, imponía una pode-
rosa barrera a la extensión de la ciudad hacia el norte, que el Ayuntamiento hubiera
alentado de muy buen grado tras la implantación de la Academia General Militar
en 1927, si no como alternativa, sí como contrapeso de las zonas de Miralbueno y
Miraflores. La recuperación de la Academia en 1940 y la decisión, recogida en el
anteproyecto de ordenación general, de saltar el Ebro con un desarrollo urbanístico
que dejara la ciudad romana en posición central, era ya incompatible con el mante-
nimiento del viejo enlace ferroviario, y por eso se previó su sustitución por otro que,
por el este, partiera de las vías de los directos que discurrían en trinchera (actuales
avenidas de Goya y Tenor Fleta) y, girando hacia el norte, bordeara exteriormente
el tramo oriental de la futura ronda de circunvalación viaria. Pero hasta que se
construyó el puente de Santiago (1961-1967)57, Renfe no se decidió a formular

55 Al mismo tiempo, la llegada de los trenes de Alsasua y Pamplona se trasladó desde el Campo
Sepulcro a la estación del Arrabal o del Norte, que durante muchos años sería la más impor-
tante de la ciudad, gracias también a un entorno poco consolidado que le proporcionaba todo
el suelo que necesitara y evitaba conflictos con otros usos. En 1914, sus instalaciones se am-
pliaron con una estación de clasificación de vagones vinculada solo al tráfico de mercancías y
situada al norte de la anterior.
56 En 1887, el Ayuntamiento ya había instado la construcción en el Campo Sepulcro de una
estación central para todas las vías férreas que llegaban a Zaragoza.
57 El proyecto se aprobó por orden ministerial de 9 de abril de 1960. El 12 de mayo, el Ayun-
tamiento pleno quedó enterado de esta orden y de que, gracias a las gestiones del alcalde,
la colaboración económica municipal se rebajaría del 60% convenido en principio al 40%,
equivalente a 16.000.000 ptas.

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244 | Ramón Betrán Abadía

un plan general de enlaces ferroviarios que preveía enlazar las estaciones del Arrabal
y Miraflores, suprimir el paso de la Química y dejar en Zaragoza una sola estación
central, en el Campo Sepulcro, clausurando el servicio de viajeros en todas las de-
más. Entre 1966 y 1970, se construyó el enlace de la estación de Miraflores con la
del Arrabal, que incluía un nuevo puente ferroviario sobre el Ebro, aguas arriba de
la desembocadura del Gállego, y cerraba los barrios de Las Fuentes y el Picarral con
una barrera especialmente dura en los tramos próximos al Ebro, por causa de los
altos terraplenes que elevaron las vías hasta la cota de cruce sobre el río y sus viales
laterales. La inauguración del enlace oriental dejó fuera de servicio el paso de la
Química, transformado en puente convencional en 1987. También en 1967, se clau-
suraron las estaciones del Arrabal, Utrillas y Caminreal, funcionando como estación
central la del Campo Sepulcro desde entonces hasta 2003; en 1973, fue ampliada y
reformada, y pasó a llamarse estación Zaragoza-El Portillo.
La preocupación por los grandes sistemas de comunicaciones que debían co-
nectar Zaragoza con la red nacional centrada en Madrid y la red regional dimanante
hacia el resto del territorio aragonés, se completaba en la memoria del anteproyecto
de 1943 con una mención de los accesos por aire, que se consideraban resueltos con
los campos de aviación existentes de Valenzuela y Sanjurjo; en el segundo, distante
12 kilómetros de la ciudad por la carretera de Madrid, estaba entonces en construc-
ción el aeropuerto civil58.

12. Planificación autárquica y pueblos satélite


La propuesta de contención del crecimiento urbano mediante una carretera de cir-
cunvalación y un cinturón agrícola, más allá del cual se formarían núcleos satélites,
era otro rasgo común entre el anteproyecto de ordenación general de Zaragoza y
el plan general de Madrid de 1941, que a su vez continuaba una tradición ya larga
en la planificación regional madrileña, presente en el informe sobre la urbanización

58 Al empezar la guerra, Zaragoza solo contaba con el aeródromo de Palomar, frente al campo
de San Gregorio en la carretera de Huesca; se había creado con fines deportivos y, ahora que
solo tenía uso militar, se creyó necesario trasladarlo a otro lugar más alejado de la artillería
republicana. Para servir de base a la modesta aviación nacional, la Aviazione Legionaria y la
Legion Kondor, el ejército adquirió un extenso terreno inmediato al Canal Imperial, que faci-
litaría el suministro de materiales, y construyó las instalaciones militares que el 15 de octubre
de 1936 se bendijeron con el nombre de aeródromo de Garrapinillos; las formaban dos campos
de vuelo de un kilómetro cuadrado cada uno, aproximadamente, y distantes entre sí cuatro
kilómetros; el más próximo a Zaragoza se denominó aeródromo de Sanjurjo y el más alejado
aeródromo de Valenzuela. En la primavera de 1946, el primero se transformó en aeropuerto na-
cional, construyéndose la terminal de pasajeros y dividiéndose en una zona civil y otra militar,
donde estaba el acuartelamiento Sanjurjo. El aeródromo de Valenzuela siguió reservado al uso
militar (datos extraídos de la página web del Ejército del Aire, con corrección de algún error
tan pintoresco, viniendo de donde viene, como la atribución de los nombres de Sanjurjo y
Valenzuela a las familias a las que se compraron los terrenos).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 245

del extrarradio elaborado por los arquitectos municipales en 1922, en la propuesta


de plan general de extensión de 1926, en el anteproyecto para el trazado viario y la
urbanización firmado por Zuazo y Jansen en 1930, y en el plan regional de 1939.
Estos proyectos enlazaban, a su vez, con las propuestas de cinturones agrarios (green
belts) y ciudades satélites formuladas desde mediados del siglo XIX en Gran Bretaña
y luego en otros países. Por este medio, se había pretendido frenar el crecimiento
canceroso de las metrópolis y volver a colonizar el territorio rural, reequilibrándolo
demográficamente y progresando en la autosuficiencia básica de cada región me-
diante la limitación de la especialización productiva. Kropotkin, Morris o Geddes
habían pretendido avanzar así en el camino de la autogestión social y la liberación
de la dependencia creciente con respecto al capital y el Estado.
Pero la planificación altofranquista tenía un precedente más inmediato e ideo-
lógicamente afín en la Alemania nacionalsocialista y en Italia. El fascismo des-
confió de la gran ciudad industrial y preconizó la creación de colonias satélite de
viviendas familiares para la población obrera, reelaborando los modelos británicos
con propósitos muy distintos y vinculándolos a la idea de autarquía, que cobraba
sentido pleno en el ámbito de la nación pero afectaba también, hasta donde fuera
posible, a cada una de las células que componían el organismo nacional. Como
ocurrió en la adaptación de la teoría de las unidades vecinales a la construcción
de un Estado piramidal, subyacía aquí una teoría general universalmente acep-
tada, cabe decir que de vanguardia, pero pervertida hasta el extremo de darle la
vuelta.
En los duros años de la posguerra española, el impulso de la agricultura tenía
un claro sentido económico. El bloqueo al comercio internacional impuesto por la
guerra mundial y, luego, por la derrota del Eje, las severas carencias de alimentos y
materias primas, la baja cualificación y el desempleo de la mano de obra o el secular
atraso industrial, desalentaban la inversión en este sector y recomendaban, en cam-
bio, un desarrollo agrario que subsanara necesidades perentorias, descongestionara
las ciudades y, llegado el momento, permitiera trasvasar a la industria el capital así
acumulado59. La hambruna desatada en 1940 urgió multiplicar la producción de
alimentos con que aprovisionar las ciudades o, al menos, sacar de estas contingentes
de trabajadores desocupados y procurarles medios para su autoabastecimiento, redu-
ciendo sus requisitos salariales.
En un escrito sobre los problemas de la comarca dirigido el 17 de julio de 1940
a la Jefatura Provincial de FET y de las JONS, la Cámara de Comercio e Industria
advirtió sobre la necesidad de basar el desarrollo económico de Zaragoza en una

59 En la segunda mitad de los cuarenta, el índice de producción industrial creció un 50% en


Francia, casi un 100% en Italia o Alemania, y un parco 1,1% en España. Pero, aunque la
fuerte depresión industrial produjo un aumento relativo del peso productivo de la agricultura,
esta, castigada también por la intervención del Estado y las corruptelas, ni siquiera fue capaz
de evitar el hambre.

una y [Link] 245 10/6/17 11:38:31


24 | Ramón Betrán Abadía

reconstrucción del tejido agrario de su entorno. Si, en cualquier país, la riqueza


descansaba en la producción agrícola, para «procurar un desenvolvimiento fecundo
de la industria y el comercio en nuestra región» era imprescindible poner en cultivo
las grandes extensiones de terreno estepario que rodeaban la capital. Para retomar el
camino iniciado por Primo de Rivera e interrumpido por los gobiernos posteriores,
la CHE debería ampliar los regadíos, regularizando con pantanos el curso de los
ríos. Habría de evitarse «el vicio social del absentismo, que despuebla los campos
y lleva a las grandes ciudades un gran contingente de ciudadanos que fuera de su
ambiente se truecan en míseros jornaleros o en rentistas estériles»: vicio muy recru-
decido durante la guerra, que había provocado el crecimiento desproporcionado de
la capital aragonesa y un «desequilibrio lamentable» con su provincia. De acuerdo
con el programa de Falange, la Cámara pedía «medidas enérgicas que contrarresten
la engañosa sugestión ejercida cerca de las gentes inexpertas por la vida, al parecer
cómoda y feliz, de las grandes ciudades», asegurando la paz y el bienestar en los
pueblos, y aumentando la densidad de las comunicaciones en el interior de la región
y con el resto de España (Memoria…, 1941: 7-11).
Aparte de razones económicas, la autarquía tenía importantes connotaciones
políticas. En una escala nacional, cobraba todo su sentido cuando se entendía como
un cordón sanitario a la manera del propuesto frente a Francia por Floridablanca
en 1791: conviniera o no a su economía, el encastillamiento del país lo aislaría de
ideas provenientes del extranjero, incluidas las de los miles y miles de exiliados que,
con los presos y los muertos, formaban la gran masa gangrenosa que había que am-
putar para garantizar la imperturbable eternidad del statu quo60. Hasta los efectos
puramente económicos de la autarquía eran inseparables de los políticos. Aunque
se admitiera que la autosuficiencia era una pretensión absurda y desastrosa en una
nación sin la base productiva de Italia o Alemania, un empobrecimiento amplio pero
selectivo podía convenir a la minoría dominante. La austeridad forzada por la mise-
ria mayoritaria, idealmente relacionada con el ascetismo del monje y el soldado tan
del gusto de Falange, era un seguro factor de sometimiento, ya que ha de ser un in-
dividuo sumiso quien tiene que concentrar sus energías y preocupaciones en la más
elemental subsistencia, máxime si se ve desamparado en un hermético aislamiento.
La privación de todo o casi todo era penitencia, castigo merecido por esa mayoría
de españoles que, activa o pasivamente, había dejado avanzar al liberalismo y al
marxismo hasta hacer inevitable la redención bélica61.

60 Una supuesta eminencia gris del Régimen, el jesuita y físico José Agustín Pérez del Pulgar
(teórico también del sistema de redención de penas por el trabajo), elaboró el principio de la
cristiana autarquía, que, más que contribuir a un desarrollo económico del que se recelaba,
debía hacer del país una gran cárcel aislada del exterior. Sobre el uso político de la autarquía
como cuarentena social y su indirecta contribución al fértil proceso de acumulación por pura
apropiación de plusvalías absolutas, véase richarDs (1998: XVII, 4-6, 20-23, etc.).
61 El 1.º de septiembre de 1936, el canónigo Santiago Guallar clamó en la Seo por el pecado per-
petrado por España, llevada a la impiedad y a la blasfemia por «más de un siglo de liberalismo

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 247

En la escala urbana y comarcal, la doctrina autárquica gozaba de un prestigio


eminentemente ideológico. En los estudios para el plan general de Salamanca que
publicó el número 1 de la Revista Nacional de Arquitectura (1941: 51-65) como ex-
plícita formulación del «nuevo concepto de ciudad y las directrices fundamentales
de la urbanización falangista», D’Ors y Valentín-Gamazo requirieron a los planes
municipales la determinación de la «densidad de colonización de lo que hemos lla-
mado […] “espacio vital” de la ciudad (concepto hasta cierto punto identificable
con el de comarca)». «Espacio vital» era la traducción literal de Lebensraum, el vasto
territorio productivo que garantizaría la supervivencia a largo plazo de la nación
alemana y a cuya conquista dedicó Hitler parte importante del Mein Kampf: la sufi-
ciencia del territorio rural de una ciudad o de un estado era a un tiempo «fuente de
subsistencia y apoyo del poder político» (hiTLEr, 1926: 344).
La colonización del campo mediante nuevos poblados rurales no solo fomenta-
ría la producción agraria, sino el retorno de una fracción de la clase trabajadora a
formas urbanas y sociales preindustriales. En España, el modelo se extendió con las
realizaciones de la Dirección General de Regiones Devastadas y el Instituto Nacio-
nal de Colonización, cuyos arquitectos aprovecharon la mayor libertad que les brin-
daba el medio rural para retomar planteamientos urbanísticos de raíz funcionalista.
En el ámbito municipal, la colonización sumó a las ventajas de la ampliación de los
cultivos periurbanos unas peculiaridades asociadas a los programas de ubicación
espacial de la población urbana.
En este aspecto, la consigna de la vuelta al campo perseguía una exurbaniza-
ción del proletariado a la que podía atribuirse una triple virtud. Para empezar, y den-
tro del más estricto pragmatismo, permitiría disponer de suelo más barato para sus
viviendas, alojándolo en áreas acordes con su capacidad de gasto sin elevar los sala-
rios ni violentar el mercado del suelo. En segundo lugar, favorecería la coacción so-
bre una población peligrosa, ya que devolvería al campo una masa de jornaleros (en
Zaragoza, asentada en buena parte durante la guerra) desocupados o subempleados
tras desmilitarizarse parte de la juventud y refrenarse la producción industrial, y,
además, fragmentaría ese excedente humano en pequeñas colonias semirrurales
y permitiría un control político más eficaz, añadiéndole la amable presión ideológica

pernicioso, de funesta democracia y de injusticia social», y ahora obligada a reconocer sus cul-
pas, confesarlas, arrepentirse y sumergirse «en un bautismo de sangre» tras el que resucitaría
«pura, blanca, limpia y regenerada»: «Cuando ya todos estos sacrificios estén consumados, Tú
levantarás el muro de la nueva Jerusalén, de la nueva España, una, libre y entera» (cfr. izquiEr­
Do, 1937: 82-85). El 11 de octubre de 1938, el arzobispo Doménech habló en el Pilar y ante
Serrano Suñer de la necesidad de un «holocausto» que fuera expiación de culpas y garantía de
enmienda. Y García MErcaDaL (1937: 46-47) vio en la guerra un «castigo de la Providencia
por culpas pasadas», «río Jordán en cuyas aguas deberían lavar los pecados» los españoles; su
prolongada complicidad, por acción o abstención, en un «crimen de lesa patria» exigía ahora
una «operación quirúrgica […] a vida o muerte».

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248 | Ramón Betrán Abadía

subyacente en el tipo del cottage62. Por fin, la evacuación de la clase obrera liberaría
el suelo urbano como lugar de la burguesía, atendiendo no solo a razones de seguri-
dad, sino también y más aún a razones económicas, vinculadas a la renta inmobilia-
ria, y políticas, relacionadas con la función de esta clase y en especial de la pequeña
burguesía, como base de masas del fascismo (rEich, 1933: 15).
En 1941, el arquitecto, especulador y exconcejal monárquico de Madrid Cé-
sar Cort publicó un descacharrado manual que, emulando a Cerdá, tituló Campos
urbanizados y ciudades rurizadas63; ahí defendió la desurbanización con crudos argu-
mentos que revelan el ambiente revanchista y antiobrero de las clases dominantes
que acababan de imponerse por las armas. Cort no recurría al romántico ruralismo
cargado de reminiscencias nazis que cautivaba a la Falange, ni pretendía la armonía
orgánica, a la usanza imperial, del territorio nacional. Más pragmático, su ataque
a la gran ciudad apelaba a la necesidad de dispersar a los trabajadores para vencer
su eventual resistencia al endurecimiento extremo de sus condiciones de vida64. No
invocaba el bienestar de los obreros devueltos al medio rural, sino, bajo la débil
coartada de la defensa del campesinado, sensatamente conformado con su miseria,
el mejorestar de los patronos que reclamaban más beneficios a costa de abaratar la
mano de obra. Según escribió, el hombre urbano «tiene un concepto deformado
de la realidad» que le hace alimentar «las más absurdas utopías sociales» y, si es de
condición humilde, rebelarse «contra su estado de inferioridad». Ese aliento subver-
sivo no se da en el hombre rural, que «palpa tan de cerca la realidad que no puede
creer fácilmente que su jornal aumente, sin aumentar el valor de los productos del
campo». Si la ciudad industrial es caldo de cultivo de «componendas político-eco-
nómicas que perjudican directamente los intereses de todos los ciudadanos y que
conducen a la sociedad por los senderos del caos», es preciso que devuelva al campo
habitantes que, así, aprenderán a «ser pródigos en el cumplimiento de los deberes y
parcos en la exigencia de derechos» (corT, 1941: 18-39).

62 El poblado era el contramodelo del barrio obrero, donde, según Bidagor, «el marxismo y toda
clase de odios regresivos tienen su natural medio de incubación» (cfr. richarDs, 1998: 185).
63 Cort publicó el apresurado libro como texto básico para los estudios de Urbanología en la
Escuela de Arquitectura de Madrid, de la que era catedrático, y con él pretendió monopolizar
la teoría urbanística española tras la drástica poda de cabezas que había supuesto la derrota
de la República. En esas circunstancias, su influencia en todo el país fue muy superior a su
mérito.
64 En el I Congreso de la Federación de Urbanismo y de la Vivienda, celebrado en Madrid en
octubre de 1940 por iniciativa de Cort, este defendió un endurecimiento general y progresivo
de las condiciones de explotación de la clase obrera, tendente a incrementar el beneficio del
capital y, con él, su interés en la inversión inmobiliaria y productiva: «Una de las grandes fallas
de la edificación presente se encuentra en la torpeza de la mano de obra y en su falta de ren-
dimiento […] Hay un procedimiento sencillísimo de lograr inmediatamente una reducción
considerable en el coste de la unidad de obra, aumentar la jornada de trabajo sin variar el
jornal. Y con el tiempo reducir también el jornal».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 249

El zaragozano sánchEz VEnTura (1948: 46) defendió también una radical divi-
sión social del espacio residencial, que sacara a los trabajadores de los barrios donde
vivía y trabajaba la burguesía para reubicarlos en el extrarradio, lo más cerca posible
de las fábricas. La residencia en estas áreas de industria urbana mezclada con vivienda
tendría importantes ventajas económicas para los obreros:
Debe procurarse, en consecuencia, el emplazamiento de estas barriadas por los mismos
sectores industriales y con tranvía a la puerta. De esta suerte los productores se encontra-
rán cerca de sus centros de trabajo, a los que podrán trasladarse a pie holgadamente des-
de sus viviendas, sin perjuicio de disponer del servicio de tranvías para otros menesteres.
El bajo precio del suelo posibilitaría que los usuarios de estas viviendas las com-
praran en vez de alquilarlas, con lo que harían rentable su promoción y al mismo
tiempo se obligarían a ahorrar y extremar su sumisión65. Más aún, la reordenación
a escala municipal de la ocupación residencial favorecería en toda su extensión el
incipiente mercado del suelo, rigidizado por la expansión de la propiedad y exigente
de áreas de renta potencial homogénea y estable, donde la mezcla de usos y clases
sociales se redujera al máximo. Y, para acabar, el alejamiento del proletariado daría
seguridad a la clase dominante, tan sensible en los años que siguieron a la Guerra
Civil y a la derrota del Eje. Cínicamente, el entonces alcalde de Zaragoza no postu-
laba la radical segregación del espacio por la conveniencia de la burguesía, sino por
la dignidad de los productores, incómodos cuando exponían su vida cotidiana a la vista
de los señores. La armonía social exigía la segregación social:
Sabemos que algunas prestigiosas personalidades sostienen la conveniencia de hacer
viviendas baratas en los últimos pisos de los edificios lujosos. Incluso un ayuntamiento
de cierta capital prescribe en sus ordenanzas esta regla con carácter ineludible […] Se
pretende así establecer una forzada convivencia entre las clases más extremas de la esca-
la social, buscando el mutuo conocimiento y la recíproca estimación para fortalecer los
vínculos de la fraternidad que a todos deben unirnos.
La iniciativa no puede ser mejor intencionada, pero […] adolece de ingenuidad.
Esa convivencia es origen de contrastes que no siempre lograría superar la delicadeza de
los opulentos y la resignación de los proletarios.
La propia dignidad de las clases obreras se aviene mal con el socorro de los grandes
señores, migajas de su festín, que cuando lo reciben les humilla y cuando no lo reciben
suscita la antipatía –acaso el odio–, secuela de toda avaricia.

65 «Hubimos de aprovechar una ocasión para hablarle del asunto a un prestigioso financiero,
con influjo directo en cierta importante compañía inmobiliaria y vimos complacidos cómo
compartía estas orientaciones entusiásticamente […] Esta idea, por haber surgido espontá-
neamente en los medios plutocráticos, tiene un valor de ejemplaridad y una esperanza de
éxito superiores a toda ponderación […] Porque […] concebimos la solución del problema
como una cadena de colaboraciones, […] logrando la resultante de la vivienda barata, en
proporción a un tiempo con las necesidades y con la capacidad económica de los usuarios,
quienes también aportan su equitativo esfuerzo, pues no se trata de que reciban una limosna,
sino de que realicen un buen negocio, invirtiendo la parte posible de sus jornales, en hacerse
propietarios de tal vivienda, […] cuyo pago se establece en plazos mensuales, por un período
de 30 años» (sánchEz VEnTura, 1948: 45-46).

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250 | Ramón Betrán Abadía

Por otra parte, la buena armonía es, por lo común, fruto no solo de unos mismos ideales y
unos mismos sentimientos, sino también de unos mismos gustos, una misma educación,
unas mismas aficiones […] Así, la mezcla de factores heterogéneos, las escenas de una
vida dispar, los incidentes del encuentro cotidiano, las palabras que escapan en un instan-
te de mal humor, en un momento de irascibilidad…, es muy probable que tuvieran resul-
tados contraproducentes […] Las clases productoras no se sentirán a gusto codeándose a
diario con los magnates, por mucha que fuere la afabilidad, la esplendidez, la discreción
de estos […] Se quiera o no se quiera, las grandes ciudades han de verse circundadas por
los barrios obreros, es decir, por las zonas industriales donde se hallan emplazadas las
fábricas, los talleres, los diversos centros de trabajo y, en sus proximidades, las viviendas
para el personal afecto a los mismos (sánchEz VEnTura, 1948: 43-45)66.
A diferencia de planes de ensanche anteriores, el anteproyecto de ordenación
general de Zaragoza pretendía afectar al término municipal completo y establecer
un perfecto equilibrio entre la ciudad y el campo, y entre la vivienda y la producción
industrial y rural, para propiciar una economía completa y autosuficiente. Como
sabemos, una vía perimetral y un cinturón verde de un kilómetro impedirían crecer
a la ciudad más allá de la superficie precisa para alojar a medio millón de personas;
fuera de ese límite, el término rural se repoblaría con pueblos satélite unidos a la
ronda de circunvalación mediante carreteras radiales, a los que se dirigiría también
el excedente demográfico cuando el núcleo urbano alcanzara su población máxima.
Estos poblados se concebían como entes autónomos, con una «vida doméstica, edu-
cacional y social propia» y alejados de la noción de ciudades residenciales o barriadas
obreras que, al menos en teoría, tanto repugnaba al urbanismo falangista. Como en
Madrid, la red de núcleos satélite de Zaragoza se apoyaría en la estructura tradicio-
nal de sus barrios rurales:
Definido el núcleo fundamental, el crecimiento de la ciudad se realizará mediante la
creación de nuevos núcleos con vida propia y enlazados con el núcleo matriz por medio
de las vías de comunicación apropiadas, que acometerán a la vía de ronda perimetral en
los puntos más ventajosos67.

66 En el discurso de clausura de la Reunión de Burgos, que en febrero de 1938 reunió en esta


ciudad a arquitectos de toda la España nacional bajo la presidencia de Muguruza, Raimundo
Fernández Cuesta había rechazado las barriadas obreras en la Ciudad del Movimiento, ya
que su aislamiento suponía «llevar la diferenciación de clases a la arquitectura […] Cuando
el ideal sería que en los distintos pisos de una misma casa pudieran habitar, indistintamente,
personas de distinto rango social» (cfr. DiéGuEz, 1991: 6). En la memoria del plan de urbani-
zación de Oviedo, el arquitecto de Falange Germán VaLEnTín (1941: 32) exigió también la
proximidad de todas las clases, aunque sujetas a un orden especial que mostrara palmaria-
mente la posición natural que correspondía a cada una, conforme al mismo propósito de pe-
dagogía disciplinaria alentado por la disposición orgánica de la ciudad: «No hemos de caer en
la solución socialista [¡!] de disponer para cada clase social una zona residencial separadora y
diferente; muy al contrario, hemos de procurar que en cada unidad residencial puedan existir
viviendas de diferentes categorías, que, dispuestas de un modo jerárquico, expresen en sus
formas y disposiciones la estructura social a que sirven, del mismo modo que en el organismo
humano cada función, según su categoría, ocupa en el cuerpo un lugar adecuado».
67 Entre este párrafo y el siguiente, Yarza añadió en su conferencia de 1943 un toque de teo-
ría general, con su acostumbrado tono ideológicamente neutro y dirigiendo la atención a

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 251

Dentro del término municipal de Zaragoza existen los siguientes poblados: Casetas,
Monzalbarba, Garrapinillos, Montañana, Santa Isabel, Peñaflor, Villamayor, San Juan
de Mozarrifar, Juslibol, Cogullada y La Cartuja.
Los poblados satélites pueden clasificarse en los tres [sic] grupos siguientes:
1.º Industrial y militar: Casetas.
2.º Industrial: Monzalbarba, San Juan de Mozarrifar y Montañana.
3.º Semirrural, para la vivienda de población modesta que trabaja en la ciudad: Santa
Isabel (en proyecto […]), Peñaflor, Juslibol y Cogullada.
4.º Residencial para habitantes que deseen un mayor contacto con la Naturaleza: Villa-
mayor, La Cartuja y Garrapinillos (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 488).

La memoria delataba que con estos poblados satélites no se quería tanto fo-
mentar la producción agraria en las inmediaciones del núcleo urbano y desconges-
tionar este de paso, según hubiera correspondido al pregonado principio autárquico,
como desplazar más allá del cinturón agrícola vivienda de población urbana, que a
diario debería desplazarse a la ciudad o a las fábricas para trabajar.
Por otra parte, y lejos de la retórica del organismo social completo, esos núcleos
puramente residenciales se sujetarían a una especialización social, destinándose los
situados en los entornos más atractivos (Villamayor, La Cartuja y Garrapinillos) a
familias con cierta capacidad adquisitiva emigradas al campo por el gusto de vivir
cerca de la naturaleza, y el resto (Santa Isabel, Peñaflor, Juslibol y Cogullada, pró-
ximos además a las zonas industriales) a familias modestas que buscaran viviendas
baratas.

13. Aprobación definitiva del anteproyecto


El 6 de octubre de 1943, la Corporación aprobó el anteproyecto general de orde-
nación de la ciudad con ciertas modificaciones propuestas por el concejal Ignacio
Bosqued, detalladas en el acta de la comisión permanente del 18 de agosto. El 31
de diciembre siguiente, accedió a la petición de la Cámara Oficial de la Propiedad

los precedentes anglosajones: «Los poblados satélites representan por sí mismos poblaciones
independientes con su vida doméstica, educacional y social propia, y no son simples subur-
bios; en cambio quedan siempre lo bastante cerca de la metrópolis para poder aprovechar
sus demás servicios y ventajas, su función cultural elevada, su comercio especializado, sus
facilidades de comunicación interurbana, etc. / Un cinturón verde limita el crecimiento de la
población y, por medio de él, el poblado satélite produce una integración de la vida urbana y
rural opuesta al deterioro típico ejercido por el crecimiento del suburbio metropolitano sobre
las actividades campestres por su irradiación promiscua de las funciones menos deseables. /
El poblado satélite fue inventado hará unos 40 años por un tal señor Howard, taquígrafo del
Parlamento Inglés, el cual concibió la verdadera idea del poblado satélite aunque esta deno-
minación no fue empleada hasta mucho más tarde. / La condición previa y fundamental para
la formación de estos poblados es la adquisición oportuna de los terrenos necesarios, con
los cuales formar los fondos de reserva que absorberán el futuro crecimiento de la Ciudad,
cuando esta llegue al límite máximo de su crecimiento metropolitano».

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252 | Ramón Betrán Abadía

Urbana y prorrogó por treinta días la información pública del anteproyecto. Esta se
hizo coincidir con un cursillo informativo sobre el futuro plan, y eso permitió al jefe
de Arquitectura dedicar parte de su intervención a las reclamaciones presentadas
hasta el momento, que clasificó en tres grupos:
1. Las referidas al trazado y apertura de calles secundarias, que según Yarza se
estudiarían «al trazar los proyectos parciales definitivos de los distintos secto-
res» y se atenderían siempre que no perjudicaran al conjunto general.
2. En cuanto a vías fundamentales para la circulación urbana, las que se opo-
nían al ensanchamiento de la carretera de Logroño y a la vía verde con que
se proyectaba bordear el Huerva. Aun aplazando el estudio de su anchura
mínima, los técnicos municipales creían preciso ampliar la carretera de Lo-
groño, ya que era el acceso a la ciudad con más tráfico rodado y aún era
factible por carecer casi de edificaciones uno de sus lados. También consi-
deraban imprescindible la vía verde del Huerva, «pues es la única manera
de dar salida a las calles que acometen perpendicularmente al río, ya que
la diferencia de nivel entre ambas márgenes hace imposible el cruce del río
por medio de puentes, en la mayoría de los casos, sobre todo en aquellos
en que hay edificaciones en los dos lados. Esta misma dificultad impide su
cubrimiento».
3. Las que atañían «al fondo del asunto», entre las que solo se mencionaba una
que creía insuficientes los accesos a la ciudad desde el norte y Madrid y,
además, disentía de llevar la estación central de viajeros al Campo Sepul-
cro por su alejamiento del centro urbano, sus malas comunicaciones con
este, su poca superficie y por ser estación de tránsito y no de término. Un
informe de los ingenieros municipales defendió la nueva estación central
con prolijos argumentos y ejemplos alemanes e italianos, concluyendo que
el emplazamiento estaba muy centrado en la ciudad y gozaba de excelentes
comunicaciones; que con sus 97.200 m2 mejoraría las estaciones de viajeros
de Oslo, Colonia, Berlín-Potsdam o Berlín-Anhalter, y que las de tránsito
eran más cómodas para el movimiento ferroviario y por eso habían vuelto a
preferirse a las de término, aun siendo estas más cómodas para los viajeros
y de implantación más barata; lo sucedido en la moderna estación de térmi-
no de Leipzig, evitada por trenes directos entre Berlín y el sur de Alemania
que antes pasaban siempre por la ciudad, había llevado a tratar la estación
zaragozana «como de tránsito, pues sería verdaderamente lamentable que,
una vez hecha la flamante estación de término, […] las grandes líneas direc-
tas entre Madrid-Barcelona, Bilbao-Irún-Valencia, etc., evitasen su paso por
Zaragoza y lo hiciesen por Casetas o el Burgo de Ebro».
Los ingenieros proponían desestimar también la alegación referida a los ac-
cesos desde el norte y Madrid. De los primeros decían que, una vez desapa-
recida la estación del Norte y unida con la de MZA a través del Arrabal, po-

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 253

drían modificarse la rasante y alineaciones de la calle de Sobrarbe; no creían


preciso ensanchar el puente de Piedra, puesto que se descongestionaría
enormemente cuando se desviara la carretera de Barcelona y se duplicara la
anchura del puente del Pilar, convirtiéndolo en el acceso más cómodo a
Zaragoza desde la capital catalana. El anteproyecto resolvía la entrada desde
Madrid del único modo posible por el momento, que era ensanchar el paso
inferior de las Delicias hasta triplicarlo; sin embargo, en el proyecto definiti-
vo se intentaría transformar el paso en superior.
El Ayuntamiento pleno resolvió el 5 de abril de 1944 las 31 alegaciones pre-
sentadas durante la información pública con la única, pero importante innovación,
propuesta por la comisión de Fomento, de recuperar la prolongación del paseo de
la Independencia, suprimida en el documento de 1943 en atención al dictamen del
director general de Arquitectura previo a la aprobación definitiva del proyecto de
reforma interior; el acuerdo establecía que la vía se atendría al proyecto de reforma
aprobado inicialmente en 1939. La prolongación del Paseo cobraba así nueva vi-
gencia, aunque no quedara dibujada en planos. El solar explanado en 1948 para la
construcción del Gobierno Civil mantendría por el oeste la línea de la prolongación,
y en ella situaría su acceso y fachada principal.
El 31 de agosto de 1944, se aprobaron dos variaciones del anteproyecto, modifi-
cándose en una el trazado de la ronda de enlace de carreteras frente a la prolonga-
ción de la Gran Vía, y en la otra las líneas de la prolongación de la calle de Cánovas.
En el pleno del 25 de septiembre del mismo año se aprobó una nueva modificación
de alineaciones, esta vez junto al enlace de carreteras, en las proximidades de la de
Castellón y de la fábrica de cementos.
Por fin, el 14 de abril de 1945, el Concejo se dio por enterado de la aprobación
por la Comisión Central de Sanidad Local del anteproyecto de ordenación de la
ciudad como plano general de alineaciones, con rectificación de la zona señalada a la
Ciudad Universitaria para que limitara con la avenida de Palafox (actual calle de
Domingo Miral) y dejara fuera de su recinto el cuartel de este nombre. Al mismo
tiempo, la Comisión Central de Sanidad aprobó las modificaciones citadas de las
alineaciones del anteproyecto en el enlace de carreteras, frente a la prolongación
de la Gran Vía, y junto a la carretera de Zaragoza a Castellón y la fábrica de ce-
mentos.

14. La ordenación general reducida a plano de alineaciones


La definición legal del plano de alineaciones se remontaba a la vetusta real orden
de 25 de julio de 1846, retocada por otra de 19 de diciembre de 1859 (BETrán,
2014: 55); en 1924, se habían remitido a ellas, de modo implícito y vago, el esta-
tuto municipal y su reglamento de obras, servicios y bienes municipales, cuyo ar-

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254 | Ramón Betrán Abadía

tículo 22 exigía que toda obra de apertura o reforma viaria dentro de la población
viniera amparada por un plan de reforma interior o, en municipios con poca com-
plejidad urbanística, un plan general de alineaciones68. Con manifiesto abuso en
la interpretación de este artículo, la aprobación del anteproyecto de 1943 como
plano de alineaciones (incluso en el suelo de ensanche) y su combinación con las
ordenanzas de 1939 permitiría encauzar sin excesivas ataduras un período de ace-
leración de la construcción, e implicaría la renuncia del Ayuntamiento a formar
un verdadero plan general y a llevar adelante el dogma de la ordenación orgánica
de la ciudad.
El escamoteo de cuanto no fueran las líneas viarias dejó fuera una distribu-
ción de las dotaciones públicas que el anteproyecto no había llegado a desarrollar,
pero que la Dirección de Arquitectura estudiaba o pretendía estudiar hacia 1942,
a juzgar por el programa de trabajo que ya conocemos. Esta carencia afectó fun-
damentalmente a los sectores obreros, cuya estructura autónoma se sometió a un
orden viario radiocéntrico emanado del centro, pero que sufrirían durante mucho
tiempo el patente desinterés municipal por añadir nuevos equipamientos básicos a
los pocos y pobres que habían conseguido entre 1931 y 193669. En un período en
que aún podía haberlos llevado hacia unas buenas condiciones de habitabilidad,
el Ayuntamiento solo se ocupó de dar licencias a cuantos promotores quisieron
edificar, con densidades y volúmenes excesivos y sin reservas de suelo siquiera
elementales para equipamientos, zonas verdes y un viario adecuado70; eso cuando

68 Para dar una idea de la insuficiencia del anteproyecto, aun así reducido, basta recordar la es-
cala 1/5.000 de sus planos, mucho menos precisa que la 1/1.250 exigida en 1846 o la 1/1.000
del plan de reforma interior de 1939.
69 A pesar de alguna infructuosa petición de continuar su mejora, como la del concejal tradi-
cionalista Manuel Campos, que rogó en el pleno del 17 de abril de 1939 «que a la mayor
brevedad fueran atendidas las necesidades de los Barrios en sus aspectos urbanístico y sani-
tario, teniendo en cuenta para ello la ayuda económica de aquellos propietarios que pudieran
aportarla y concediendo plazos a los que carecieran de disponibilidades»; el alcalde Rivas
respondió que, «al aprobarse las Ordenanzas Municipales de edificación [ese mismo día], el
problema de los Barrios en los referidos aspectos quedaría solucionado», sin explicar de qué
modo las ordenanzas, «donde se condensaba el porvenir urbanístico de la ciudad», podían te-
ner semejante efecto por sí solas. Sí se procuró en estos años el encuadramiento disciplinario
de la población obrera, fundamentalmente a través de las mujeres y por instituciones como
la Iglesia, el Auxilio Social o la Sección Femenina. Como muestra temprana de esta actitud,
la Junta Recaudatoria Civil, instrumento para el apoyo económico de la sociedad zaragozana
a la insurrección, que en el verano de 1938 llevaba acumulado un remanente de más de
cuatro millones y medio de pesetas, entregó 200.000 al Arzobispado para «evangelización de
los barrios obreros de Zaragoza» (aLcaLDE, 2010: 152-153); fuera de esto, la Junta mostró la
más absoluta indiferencia por las necesidades materiales de unos distritos extremadamente
castigados por la represión y la miseria.
70 Frente a la activa política republicana de creación de escuelas (BETrán, 2013), el largo pri-
mer franquismo destacó por su desdén hacia la educación pública o, lo que es igual, de las
clases populares. Cuando el concejal delegado Ramón Marón presentó ante el pleno de 13

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 255

no toleró la indisciplina más flagrante, ya por incumplimiento de la normativa a


título individual, ya por formación de barriadas enteras al margen de la legalidad
urbanística. Contra todo esto había prevenido el propio Yarza en la conferencia
con que presentó el anteproyecto en el cursillo de 1943, donde consideró una ne-
cesidad imperiosa para el buen orden social curar el cuerpo gravemente enfermo
de la ciudad con la cirugía del urbanismo:
El plan de ordenación de Zaragoza es, pues, imprescindible y urgente, si no se quiere
que en otros 40 años se haya convertido la Ciudad en un rompecabezas sin solución
formado por cientos de parcelaciones particulares, trazadas cada una de ellas con el
exclusivo objeto de aprovechar al máximo los terrenos y sin tener en cuenta nada más.
El resultado inmediato y aparente de ese caos puede resumirse en cuatro palabras y tres
fotografías que son las siguientes: MISERIA, DESESPERACIÓN Y ODIO, y lo peor de
todo DEGENERACIÓN. El reverso de la medalla puede resumirse en una palabra y una
fotografía: SALUD JUVENIL71.

Por lo demás, Yarza hubo de practicar verdadera prestidigitación verbal para


presentar lo que al final no era más que un plano de alineaciones como la base de
una ordenación completa de la ciudad, asumiendo que el plan general quedaría en
el pobre estado conocido y pretendiendo que luego se iría desarrollando mediante
planes parciales y sectoriales más detallados:
Un plan de ordenación es, pues, algo más que un plan general de ensanches y a la vez
algo menos; es algo más porque además de señalar sobre el plano las futuras zonas por
las que ha de encauzarse el crecimiento de la Ciudad, fija normas de uso que darán en su
día, caso de respetarse, fisonomía y carácter especiales a cada una de las zonas y es algo
menos porque de momento solo se limita a señalar las alineaciones posibles del conjunto
de zonas y las líneas fundamentales de relación entre ellas y de acceso a las mismas desde
el interior y exterior de la población, constituyendo un a modo de guía que permita ir
estudiando a medida que ello sea preciso, el detalle de las zonas aisladas, sin peligro que
al hacerlo queden desconectadas del organismo de la Ciudad […] Para terminar, solo
me resta decir […] que nada de lo planeado podrá llevarse a la práctica si no se toman
una serie de medidas que, encarándose con el futuro, comprendan formas numerosas y
complejas, las cuales en líneas generales pueden resumirse en las siguientes:

de noviembre de 1958 un plan quinquenal de construcciones escolares, nuevas o restauradas, que


deberían financiar a partes iguales el Ministerio de Educación Nacional y el Ayuntamiento,
reconoció que la inversión en escuelas en los últimos treinta años (en realidad, desde julio de
1936) se había descuidado tanto que apenas se habían inaugurado nuevos centros, muchos
de los existentes estaban en pésimas condiciones y unos 8500 niños (casi el 22% de la pobla-
ción escolar) estaban en la calle por falta de escuelas.
71 Por desgracia, no sabemos cómo ilustró Yarza la conferencia. Bajo el epígrafe «… la ciudad
monstruo conduce solamente a males sociales», reproduciría en la memoria del proyecto de
plan general de 1957 las fotografías de un obrero envilecido ante una imagen de Barcelona a
vista de pájaro, tres mujeres durmiendo sobre el adoquinado de una calle y un niño acretina-
do, tomadas del número 6 de la revista A. C. (GATEPAC, 1932). No extrañaría que hubiera
seleccionado las mismas tres fotos en 1943, y que la alegría juvenil se refiriera a la de los cuatro
pulcros niños que jugaban al aire libre en la página anterior de la memoria de 1957, ilustran-
do la vida sana en las comunidades rurales tradicionales.

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25 | Ramón Betrán Abadía

Un plan definido de Zonas con reglamentación de uso, volumen, extensión y orden, que
complete el iniciado con este Anteproyecto.
Un plan de espacios libres, que asegure la conservación de los que se señalan en el Plan
de Ordenación.
Un plan completo de servicios públicos, administrativos, escolares, hospitalarios, de abas-
tecimiento, de saneamiento, etc.
Un plan definido de transportes.
Un plan financiero de ejecución de las obras de urbanización a largo plazo, haciendo
contribuir a los beneficiados.
Y por último, un nuevo régimen legal.
Así pues, las líneas esenciales del anteproyecto de 1943 podían atribuirse a
Borobio y, en menor medida, Beltrán, como acredita el plano de urbanización de
Zaragoza que ambos firmaron en enero de 1941. Pero, aun siendo la mayor parte de
sus determinaciones cosa decidida antes de entrar Yarza en el Ayuntamiento, a este
le correspondió hacer balance de cuanto faltaba para formar un verdadero plan y
justificar, sin embargo, su aprobación. Para ello, recurrió al principio de ordenación
en fases sucesivas: argumento que volvería a esgrimir en 1957 de forma aún más
extremada, y que podía relacionarse con la reordenación del sistema urbanístico
español en que ya estaba trabajando Bidagor, según se expresaría en la ley de bases
de ordenación urbana de Madrid y sus alrededores de 194472 y en las primeras ideas
sobre una ley del suelo que no se aprobaría hasta 195673.
Si la legislación decimonónica y el estatuto municipal de 1924 ya habían con-
templado los planes parciales de reforma interior y de ensanche, en estas leyes la
novedad era el plan general, un instrumento vinculante de ámbito municipal que en
parte del territorio era directamente ejecutivo y en parte señalaba las condiciones
que deberían cumplir los planes parciales derivados: estructura metodológica que
en otros países europeos venía funcionando desde comienzos de siglo y que tenía su
precedente más próximo e influyente en la ley italiana de urbanismo de agosto de
1942, seguida de cerca por la ley francesa de junio de 1943, de ideología afín74.

72 Esta ley determinaba que el plan general de Madrid (redactado desde 1941 pero sin aprobar
hasta 1946) podría desarrollarse mediante planes parciales cuya ejecución correspondería a la
administración, por gestión directa o mediante concesionarios, o a los propietarios asociados
de los terrenos.
73 En el número 147 de la revista Ciudad y Territorio / Estudios Territoriales (2006) se publicó un
manuscrito de Bidagor fechado en octubre de 1949, titulado Anteproyecto de ley de régimen del
suelo en lo que se refiere a la edificación y formado por 103 artículos agrupados en 13 capítu-
los; los tres últimos eran «Planeamiento urbanístico, normas fundamentales», «Planes muni-
cipales, comarcales, provinciales y nacionales» y «Planes generales y parciales».
74 La ley holandesa de vivienda de 1901 fue la primera norma urbanística europea que diferen-
ció planes reguladores generales, obligados en ciudades de más de 10.000 habitantes, y planes
parciales; un ejemplo temprano y muy conocido de plan parcial fue el de Ámsterdam Sur, de
Berlage (1901-1917). Para acabar con el caos urbano inducido por el maquinismo, la Carta de
Atenas de 1942 exigió la ordenación mediante instrumentos parciales que desarrollaran un
plan general, sobre las bases técnicas de la zonificación y una estructura general viaria.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 257

Pero, lejos de esta ordenación en fases sucesivas, que haría del plan general
un plan de planes, el anteproyecto de 1943, tal como se aprobó, no era más que un
plano geométrico retrasado un siglo: un plano general de alineaciones directamente
vinculantes y establecidas en todo el suelo cuya urbanización se preveía a largo pla-
zo con la poca precisión que permitía la escala 1/5.000. Fuera de esto, no contenía
condiciones para un futuro desarrollo mediante planes parciales, nada parecido a
una zonificación vinculante pormenorizada o genérica, ni medida alguna capaz de
coordinar los diversos intereses concurrentes, públicos o privados. En cuanto a la
gestión, y a pesar de las tópicas menciones de su memoria a la necesidad de frenar
la especulación, el anteproyecto, como el resto de planes formados en España tras la
Guerra Civil, ignoró el punto del programa de los arquitectos de Falange (sin duda
poco sincero), aludido por Yarza en su charla de 1943, que propugnaba privar a los
propietarios de suelo de todas las plusvalías urbanísticas generadas; antes bien, estas
se elevaron hasta donde fue posible. Incluso una medida antiespeculativa, según Bi-
dagor, como la tajante limitación del suelo urbanizable y la prohibición de urbanizar
nuevos terrenos mientras hubiera suelo sin edificar en el área ordenada, quedó de
hecho desactivada por la gran superficie abarcada por el cinturón de ronda, que con
las intensidades de edificación previstas se estimaba capaz para 500.000 habitantes
y que la aplicación sistemática de las ordenanzas de 1939 permitiría congestionar
todavía más.
Una consecuencia de la superabundancia de suelo ordenado y el privatismo
de las corporaciones municipales sería la convivencia, dentro del contorno urbano, de
áreas de edificación muy densa y terrenos yermos. En el suplemento de Heraldo
de Aragón del 12 de octubre de 1951, Eduardo Fuembuena resumió el interesante
estudio del ingeniero Esteban Costa «Zaragoza en el año 2000». Ahí se ponía de ma-
nifiesto la anarquía del crecimiento urbano, con un sinnúmero de pequeñas iniciati-
vas inmobiliarias dispersas aleatoriamente sobre el plano de 1943 y vastos vacíos
intermedios, entre los que destacaban el entorno del Hogar Pignatelli y la plaza de
toros, el antiguo convento de Predicadores, el balcón de San Lázaro, las Tenerías,
el cuartel de Hernán Cortés, los suelos donde en los sesenta se perpetraría la urba-
nización Parque Buenavista y, sobre todo, la banda de viejas huertas que iba desde
el paseo de la Mina hacia el sur por Miraflores y Agustinos75. Según Costa, el casco
urbano de Zaragoza incluía solares y terrenos sin edificar cuya superficie, análoga
a la ciudad de Huesca, posibilitaría una ampliación de la edificación más racional
y económica, «porque si todos los ensanches se hacen de forma dispersa, se llega al
caos de edificios sin servicios o se da lugar al crecimiento de barriadas míseras».
Fuera como fuere, después de la normalización del sistema urbano español en
la posguerra y la marcha de Borobio del Ayuntamiento decayó el extraordinario
impulso adquirido por el urbanismo municipal en 1936 (no ya desde el 18 de julio,

75 En general, ámbitos que tiempo después soportarían operaciones especulativas de importancia.

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[AMZ, caja 205755].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 259

[AMZ, caja 205755].

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20 | Ramón Betrán Abadía

sino desde la victoria en febrero del Frente Popular) y volvió a dominar el sempiter-
no adhoquismo de unas corporaciones más preocupadas por el día a día de los be-
neficios privados que por actuaciones de largo plazo y con intereses menos persona-
lizados. Y el esperado primer plan general de la ciudad quedó en calidad y alcance
muy por debajo de los aprobados en Bilbao (1943), Toledo (1943), Madrid (1946)
o Valencia (1946), por citar solo cuatro ejemplos de la misma época76.
El 18 de marzo de 1946, el pleno municipal aprobó una relación de zonas pre-
ferentes para la ejecución de los proyectos complementarios de la ordenación de la ciudad,
esto es, el orden de prioridad de las principales áreas del plano aprobado el año
anterior, para las que se solicitaría al Estado la ampliación de los beneficios de la ley
de ensanche reconocidos en 1934 en Miralbueno y Miraflores:
1.ª La comprendida entre el Paseo de Marina Moreno y la Carretera de Castellón, con
el trazado completo de la gran arteria proyectada y expropiación, a este fin, de las
zonas colindantes con la misma, hasta un ancho de cincuenta metros a cada lado.
2.ª La comprendida entre la prolongación de la Gran Vía, [y] la unión de carreteras has-
ta la línea del Manicomio, con el trazado inmediato de las vías principales.
3.ª El sector comprendido a la izquierda de la calle de Miguel Servet, limitado por la
zona de protección y la calle prolongación del Camino de las Fuentes.
4.ª La pequeña zona limitada por el río Huerva y el perímetro del casco de la pobla-
ción.
5.ª Y la delimitada por el Cabezo Cortado y la vía del ferrocarril de posible comunica-
ción con la Ciudad.
Deberá recabarse de los Poderes Públicos la oportuna Orden Ministerial de anexión y
ampliación de las respectivas zonas de ensanche, en cuanto afecta a los sectores delimi-
tados en los apartados primero, segundo, tercero y quinto antes mencionados; y que por
las Direcciones Municipales respectivas, se lleven a la práctica los estudios y proyectos
que han de servir de fundamento a las operaciones de crédito que se harán precisas para
la ejecución del plan propuesto.

Ningún efecto tuvo el acuerdo y, en adelante, las previsiones más ambiciosas


del anteproyecto quedarían desdibujadas y el viario principal se ejecutaría muy len-
tamente, hasta el punto de no cerrarse el enlace de carreteras hasta el año 2008.
En el largo período en que rigieron las alineaciones de 1943, fue un hito la
irrupción, durante la alcaldía de Gómez Laguna, de criterios desarrollistas, casi
podríamos decir de pura estética desarrollista, enfrentados al mantenimiento de los
espléndidos paseos arbolados del centro urbano. En el pleno del 9 de septiembre
de 1950, se aprobaron los proyectos de reforma, pavimentación y alumbrado de
la plaza de Paraíso, redactados por las oficinas municipales. El teniente de alcalde
Canellas resumió el difícil problema provocado por la confluencia de cinco vías de
gran importancia, e indicó que se había considerado la posibilidad de su futura con-

76 En 1945, la Revista Nacional de Arquitectura dedicó a los planes de Toledo y Bilbao los núme-
ros monográficos 40 y 45.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 21

versión en avenidas, suprimiéndose los andenes peatonales centrales para ampliar


las calzadas: algo que no llegaría a ocurrir en Calvo Sotelo, Mola y Marina Moreno,
pero sí en Independencia (1960) y el paseo de Pamplona (1962)77.
Esta obra era consecuencia lógica del desplazamiento hacia el sur de la vida
urbana zaragozana por causa de la pujanza del ensanche. Aunque en la plaza de Es-
paña seguían naciendo muchas de las líneas de tranvía, y en torno al monumento a
los Mártires se concentraba una circulación intensa de coches y peatones, el centro
vital era ya la plaza de Paraíso, sobre la que escribió Fuembuena en 1951:
Este año Zaragoza ofrecerá a los turistas del Pilar la nueva plaza de Paraíso, una obra
que ha sido ampliamente discutida pero, a la postre, por todos reconocida como la rea-
lización más europea del urbanismo zaragozano. Ese es el centro de la ciudad. La plaza
de España se ha quedado pequeña y desplazada, porque todo el ensanche se proyecta en
dirección al Canal. Huelga, por tanto, decir que la Casa Ayuntamiento de la plaza de las
Catedrales nos parece un despropósito.
Entre las plazas de España y Paraíso quedaba un Paseo amenazado por los au-
tomóviles, a pesar de haber culminado su especialización en el esparcimiento con la
inauguración en 1950 y 1954 de los cines Coliseo, con 1.250 butacas (Yarza y Martí-
nez de Ubago), y Palafox-Rex, con 1.253 y 817 localidades (Yarza y Ríos), enfrentados
a derecha e izquierda de la vía y acompañados de sendos pasajes comerciales y vivien-
das. Así describiría esta reliquia decimonónica Ana María naVarro (1957: 33-34):
[…] por su carácter de «Paseo» […] que reúne a los paseantes ociosos de última hora de
la mañana o de la tarde, o por su orientación, conduciendo a gran afluencia de gente
hacia el núcleo comercial de Alfonso y San Gil, o al centro espiritual del Pilar, el Paseo
de la Independencia ha multiplicado sus funciones y junto a los bancos, oficinas y edifi-
cios públicos, concentra la mayor parte de los centros recreativos (seis cines más tres en
las inmediaciones; diecisiete bares y cafeterías) y crea en sus plantas bajas algunos or-
ganismos comerciales: librerías, puestos de periódicos, farmacias, estancos, floristerías,
alguna tienda de tejidos. Ni una zapatería, ni joyería, a lo sumo unas cuantas pastelerías
cuyas ventas se aseguran con el mismo público que pasea o que acude a los cines y a
los bares.
No es casualidad que el pleno de 14 de septiembre de 1951 encargara a Yarza
un proyecto para la prolongación de Independencia, aceptando su idea de asignarle
45 metros de ancho en lugar de los 25 previstos por Zuazo, Navarro y Borobio78. La

77 De momento, la reforma consistió, en palabras de Canellas, en «la prolongación del eje de las
cinco vías que penetran en la Plaza, formando un polígono dentro del cual queda una elipse,
alrededor de la que girará toda la circulación rodada». Es muy significativo que el concejal
afirmara que se iba a utilizar «adoquín viejo que es de pórfido de excelente calidad, de antes
de la guerra», recurrente expresión que retrotraía la producción de cosas de verdadera valía a
tiempos anteriores al glorioso alzamiento. Sobre los orígenes y evolución de la plaza de Paraí-
so, véase BETrán (2013: 43-44).
78 El mismo día, se acordó dividir la plaza del Pilar en tres zonas (de la calle de Don Jaime a
la del Milagro de Calanda; de esta a la de Jardiel, y de aquí a San Juan de los Panetes, con
el Altar de los Caídos) y ordenar al Servicio de Urbanismo que introdujera en el plano de

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22 | Ramón Betrán Abadía

apatía con que el jefe de Arquitectura se enfrentó al proyecto de plan general que
se aprobaría inicialmente en 1957 puede explicar que ni en los planos se dibujara la
prolongación ni la memoria mencionara el aumento de su anchura, de modo que la
Corporación hubo de reiterar en la aprobación provisional, de 29 de agosto de 1958,
que esta sería de 45 metros79.
Durante el tiempo en que rigió el plano de ordenación general de 1943, la
Corporación aprobó un sinnúmero de modificaciones puntuales de alineaciones
y supresiones de calles que aumentaron la densidad de la edificación a beneficio
exclusivo de intereses particulares. Entre muchas decenas de posibles ejemplos,
solo citaré la representativa y precoz modificación aprobada por unanimidad el
31 de diciembre de 1946, en el área comprendida entre las calles de Miguel Ser-
vet, Monasterio de Samos, Privilegio de la Unión (existente en la década de 1930)
y Hermano Adolfo; la había solicitado, aportando él mismo el proyecto técnico,
el propietario Florencio Izuzquiza, que en 1958 promovería la ordenación de las
cinco manzanas afectadas.
Para valorar estas modificaciones del plano, debe recordarse que Yarza ya ha-
bía avisado de su provisionalidad en el detalle, abierto desde el principio a cuantas
alteraciones solicitaran los particulares y no perjudicaran a la ordenación general.
Él mismo, todavía arquitecto municipal jefe, escribiría al comienzo de la memoria
justificativa del proyecto de plan general de 1957 que el respeto al plano de 1943,
«aunque solo se refiere a alineaciones, ha sido relativo, pues se han llevado a cabo
multitud de cambios, aunque, en general, puede decirse que por lo menos dentro de
los límites del llamado enlace de carreteras, ha servido para contener el desarrollo
anárquico con que hasta entonces (1943) se llevaban a cabo los proyectos de parce-
laciones y urbanizaciones particulares».
Pero, con todas sus limitaciones, el anteproyecto de 1943 fue un documen-
to importante para el desarrollo de Zaragoza, porque, además de contemplar por
primera vez la ordenación completa de la ciudad y actuaciones de la enjundia del
tercer cinturón de ronda, la urbanización de la margen izquierda o la expansión de

ordenación general aprobado en 1945 las rectificaciones aceptadas en el proyecto de reforma


interior.
79 Contradiciendo su especialización en las funciones recreativas, el Paseo se convirtió en 1960
en una avenida con diez carriles rodados, que llevaba el tráfico contra el cuello de botella del
Coso con los conflictos fáciles de imaginar. En 1965, Yarza formó un plan parcial especial para
la ordenación de construcciones en el sector de la prolongación del paseo de la Independencia, que
mantenía los 45 metros de anchura y preveía porches a ambos lados; aprobado provisional-
mente en el pleno de 11 de noviembre de 1965, nunca tendría aprobación definitiva. El plan
general de Larrodera, aprobado en 1968, renunció a la prolongación y sugirió a cambio una
profunda reforma de la zona del Tubo; con este fin, el Ayuntamiento convocó en 1969 un
concurso nacional de ideas, que ganó el equipo formado por Vázquez Molezún, Fernández-
Longoria y Menéndez de Luarca, con segundo premio para Rafael Moneo y Manuel Solá-
Morales, y que no tendría ningún resultado práctico.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 23

Plan general de ordenación urbana (Yarza, 1957).

la margen derecha a zonas periféricas como Las Fuentes o la carretera de Valencia,


mantuvo de hecho su vigencia durante un cuarto de siglo.
Cuando Yarza, ya en solitario, se enfrentó a la redacción del plan general defi-
nitivamente aprobado en 1959, se limitó a limar el anteproyecto, actualizándolo y
suprimiendo mucho de su contenido, en cuatro planos a escala 1/5.000 que remi-
tían a futuros planes parciales la ordenación detallada en todo el suelo urbano o
urbanizable, salvo alguna área, como el casco histórico, donde se recogían planes
anteriores80. Como es natural, durante la tramitación del documento cundió la

80 De hecho, no solo el plan general de 1959, o de Yarza, mantuvo buena parte de las determi-
naciones del anteproyecto de 1943, incluido el horizonte temporal de los 500.000 habitantes

una y [Link] 263 10/6/17 11:38:39


24 | Ramón Betrán Abadía

alarma por la paralización de las licencias y la amenaza a los beneficios privados


implícitas en tal planteamiento, y el acuerdo de aprobación definitiva dejó vigentes
con carácter transitorio las alineaciones de 1943 en gran parte del suelo urbano.
Y con ellas y las ordenanzas de 1939 se pudo seguir obteniendo licencias y orde-
nando manzanas en los terrenos vacantes del ensanche y de barrios obreros como
Delicias, Torrero, San José o, sobre todo, Las Fuentes. La insuficiencia del plan de
1959 explica que en 1965 se considerara inaplazable su revisión y se encargara al
arquitecto Emilio Larrodera un nuevo plan general, que se aprobó definitivamente
en 1968 y dio ya por finiquitado el decimonónico concepto de la intervención ur-
banística que desde la guerra venía aplicando el Ayuntamiento de Zaragoza.

en el año 2000, sino que su misma memoria reprodujo literalmente gran cantidad de párrafos
de su predecesora.

una y [Link] 264 10/6/17 11:38:39


Capítulo XI

El nomenclátor callejero de 1940

El contenido político de las transformaciones urbanísticas promovidas desde el ini-


cio de la guerra se completó con un nuevo nomenclátor callejero aprobado en junio
de 19401 e impreso en 1944 con el título de Las calles de la ciudad de Zaragoza, que
revisaba el formado en 1860 y recogía varios acuerdos adoptados desde 1936 para
renombrar las calles más comprometidas o conmemorar sobre la marcha episodios
bélicos. Como consecuencia, algunas de las vías y plazas más importantes de la
ciudad pasaron a evocar personajes y hechos vinculados al alzamiento y a la inter-
pretación retrógrada de la historia de España ahora hegemónica.
El pleno del 19 de agosto de 1936 ya había resuelto «que desaparezcan los nom-
bres de las vías urbanas correspondientes a personas o instituciones contrarias al senti-
miento patriótico, volviendo a ostentar los que tenían con anterioridad». El 9 de septiem-
bre siguiente, se dio «el nombre de la falangista Marina Moreno Tello, primera mujer
aragonesa muerta en la actual contienda, por defender los sagrados intereses de Espa-
ña, a la Avenida llamada anteriormente de Galán y García Hernández»2. El 31 de agos-
to de 1938, el Ayuntamiento acordaría pedir autorización al Ministerio del Interior3

1 Sobre el callejero de 1860, véase BETrán (2014: 106-111).


2 Junto con otros falangistas, Marina Moreno murió el 16 de agosto de 1936, al ser volado el
vehículo con que trasladaban vituallas y munición al frente de Almudévar.
3 La orden de Interior de 13 de abril de 1938, que decía dirigirse contra la vieja costumbre
de acompañar los cambios políticos con modificaciones del callejero exageradas y desviadas
«del recio sentido de la continuidad», prohibió a las comisiones gestoras municipales «acordar
revisiones generales de los nombres de vías y plazas públicas» y restringió la supresión de
denominaciones actuales a «casos de evidente agravio para los principios del Movimiento Na-
cional» o de «motivada y plena justificación», que exigiría consulta previa al Servicio Nacional
de Administración Local de ese Ministerio.

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2 | Ramón Betrán Abadía

para que la calle de Puigcerdá pasara a llamarse de Agustina Simón, enfermera del
Tercio de Requetés muerta en septiembre de 1937; el dictamen de la comisión hacía
notar que las calles dedicadas a la falangista Moreno y a la carlista Simón, «que supo
morir con el heroísmo y el sacrificio de la mujer española, frente a los enemigos de
Dios y de la Patria», formarían una cruz sobre el plano de la ciudad.
Muy cerca de esa cruz estaba el arranque de la Gran Vía, cuyos tramos aguas
arriba del Huerva habían recibido en septiembre de 1931 los nombres de Pablo
Iglesias (de las Facultades a la plaza de España, hoy de San Francisco) y Francisco
Giner de los Ríos (de esa plaza al parque). El 26 de septiembre de 1936, se acordó
dedicar a José Calvo Sotelo (el protomártir de la Cruzada) la porción comprendida
entre la plaza de Paraíso y la trinchera del ferrocarril (hoy Goya), y más adelante
pasaría a ser paseo de Fernando el Católico su continuación hasta el parque.
El 7 de octubre de 1936 y como consecuencia de la investidura de Franco como
jefe del Estado Español el anterior día 1.º, la comisión de Gobierno propuso, y así se
aprobó, que desapareciera «el nombre de la calle del Conde de Aranda» y «que a la
importante vía así denominada hasta hoy, se le llame en lo sucesivo calle del Exce-
lentísimo General Franco, proyectándose por arquitectura dos artísticas placas que
serán fijadas a la entrada y salida de aquella». Aunque el dictamen se aceptó por ob-
via unanimidad, acto seguido se aprobó una significativa moción de Auger para que
se adoptaran normas uniformes de rotulación viaria y en adelante se evitara cambiar
los nombres de las calles para no causar trastornos al Registro de la Propiedad, los
bancos, los teléfonos o el comercio, recurriéndose a vías de nueva apertura cuando
hubiera que conmemorar personas o hechos4.
El ostracismo de Aranda respondía al inmenso poder adquirido por la Iglesia, y
en particular por unos jesuitas que volvían a la ciudad, y el ansia voraz de desquite
histórico de las nuevas autoridades, que no solo apearon del callejero a los perso-
najes afines a la República, sino a toda figura histórica desacorde con la exclusivista
idea de España que trataban de imponer5. El mismo 18 de noviembre de 1936 en
que se aprobó el anteproyecto de Borobio para la avenida de las Catedrales, se acor-

4 Quién sabe si disgustó al monárquico Auger la polémica desfiguración del nombramiento


acordado por la Junta de Defensa Nacional el 28 de septiembre cuando, dos días después, el
Caudillo fue investido como jefe del Estado y no del Gobierno del Estado, y a título indefinido
y no mientras durara la guerra. En mayo de 1928 ya se le había dedicado a Franco el camino
de Juslibol, que unía la estación del Norte con la recién fundada Academia General Militar; en
1931, el primer ayuntamiento republicano cambió su nombre por el de Sixto Celorrio.
5 Aranda era responsable de la expulsión de los jesuitas y, según se dijo sin razón, masón. Lo
defendería inútilmente un desorientado José García MErcaDaL (1937: 168 y 174): «[Homena-
jeando a Franco] se quiso barrer de la nomenclatura callejera zaragozana el nombre del Con-
de de Aranda […] porque era para los ignorantes de la Historia la “bestia negra” que, por pri-
mera vez, expulsó de España a la Compañía de Jesús […] Con ello el acto del Ayuntamiento
de Zaragoza, además de improcedente es inoportuno, alcanzando aspectos que no queremos
calificar, porque ello solo se califica».

una y [Link] 266 10/6/17 11:38:39


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 27

dó suprimir los nombres de las calles de León Tolstoy, Emilio Zola, Ferrer, Nakens,
Kepler (¡!)6, Marcelino Domingo, Benito Pavón, Lázaro Sebastián, Vicente Arnal,
Mateo, Mártires de Jaca, Cuatro de Diciembre, Primero de Mayo, Marsella, Iberia7,
Barcelona y la avenida de Cataluña8, posponiéndose la elección de nuevas denomi-
naciones a la revisión general del nomenclátor; según el dictamen de la comisión
de Gobernación, las suprimidas no respondían «a los sentimientos que animan hoy
al verdadero pueblo Español ya que son de personas o hechos opuestos al glorioso
Movimiento Nacional». A Pérez Galdós se le privaría después de la glorieta que lle-
vaba su nombre, rebautizada como Sasera.
Y, junto a las murallas romanas, Antonio Pérez perdió también su calle porque,
como se leería en Las calles de la ciudad, «lo discutido de este personaje aconsejó su-
primir su nombre y restituir a la calle el de Imperial que ya había ostentado» (BLas­
co, 1944: 63)9. La calle Imperial era el germen de la avenida que debería cruzar el
centro urbano desde la puerta del Carmen al puente inaugurado en 1967 con el sig-
nificativo nombre de Santiago, para continuar hasta la Academia General siguiendo
la avenida de los Héroes proyectada en 193910. Sobre el plano, esa importante vía
se encontraría en un punto intermedio con el Coso y la calle del General Franco, a
través de la que Zaragoza se unía con Madrid, para formar otra gran cruz orientada
hacia los puntos cardinales.
En el pleno del 2 de junio de 1937, el gestor Julve pidió que se honrara «de
una manera solemne las tres epopeyas de la segunda reconquista de España que se
conocen con los nombres de Oviedo, Toledo y Santuario de Nuestra Señora de la
Cabeza, pudiendo consistir el homenaje en dar a tres calles de Zaragoza los nombres
de aquellos héroes en quienes mejor pudieran personificarse las grandezas de cada
acción». En el del 9 de junio, se acordó llamar plaza de España a la denominada
hasta entonces de la Constitución11 y dedicar el paseo de Sagasta al general Emilio

6 Aunque Kepler se mantuvo en el nomenclátor de 1940, el 9 de diciembre de 1950 se acor-


daría retirarlo junto con otros hombres de ciencia extranjeros rememorados en el barrio de
Oliver (Copérnico, Foucault, Franklin, Marco Polo, Edison, Galileo, Guttenberg, Papin y
Picard).
7 En el callejero definitivo, la calle de Iberia se dedicaría al Iberia F. C.
8 A pesar de este acuerdo, fruto del anticatalanismo desatado por el bombardeo sobre el Pilar
del 3 de agosto, Barcelona y Cataluña mantendrían finalmente sus calles.
9 En el informe justificativo del nomenclátor de 1940 se había dicho que Pérez era fundador de
la leyenda negra y difamador de España.
10 Cuando se abrió el tramo de esta vía comprendido entre el nuevo puente y la puerta del
Carmen, en la década de 1970, se llamó del General Sanjurjo, nombre que las autoridades
franquistas habían dado a la calle que ya se había denominado así al final de la monarquía
alfonsina y a la que la República había devuelto su anterior nombre de Soberanía Nacional.
11 El dictamen de la comisión de Gobernación afirmaba que en «la mayoría de las ciudades y
pueblos de la zona liberada se ha dedicado a España la plaza principal de los mismos, y si
consideramos que la nuestra lleva el nombre de la Constitución al que van aparejadas las

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28 | Ramón Betrán Abadía

Mola12, «que supo condensar todas las virtudes de la raza y llevar juntamente con el
Caudillo Franco la victoria al glorioso Ejército Español»13. Y el 30 de junio siguiente
se volvió a dar al parque y a su puente de entrada los nombres de Primo de Rivera y
Trece de Septiembre que la República había suprimido.
La celeridad con que recibieron calle Franco, Marina Moreno, Calvo Sotelo
o Mola contrasta con la respuesta que recibió Jesús Muro, jefe territorial de FET
y de las JONS, cuando pidió que se diera a la plaza de Castelar el nombre de José
Antonio Primo de Rivera, el mártir por excelencia. En el pleno del 9 de marzo de
1938, Palá «hizo constar que en el ánimo de todos los compañeros de Comisión y de
Concejo estaba la idea de haber formulado una propuesta en el expresado sentido
por cuanto el nombre de Primo de Rivera significaba para la Nueva España, si bien
no había podido ser llevada a ejecución por estar pendiente de estudio el nuevo
nomenclato de las calles y Plazas de la Ciudad»; el alcalde Parellada corroboró esa
posposición y «propuso que fuera dado este nombre a una de las principales plazas
de la Ciudad, cuya vía sería designada una vez aprobado el referido nomenclato». Y
así se acordó14.
La renovación afectó también a conceptos ingratos a los sublevados y así, por
acuerdo plenario de 29 de diciembre de 1937, la calle de la Democracia se convirtió
en Predicadores y la plaza de la Libertad en Santo Domingo. A cambio, la pequeña
calle del Ciprés, entre Alfonso y Don Jaime, recibió el nombre de Libertad en razón
de la contigüidad de la calle del Cuatro de Agosto, «gloriosa fecha de 1808 en que
los zaragozanos lucharon heroicamente por sacudir el yugo de los franceses y en
defensa de su libertad». No en vano el lema del Régimen era «Una, grande, libre».

desdichas que nos aquejan, la Comisión entiende […] que en lo sucesivo debe llamarse Plaza
de España». Complementariamente, la anterior plaza de España, en el ensanche de las Casas
Baratas, pasó a llamarse de San Francisco.
12 Ya en 1931 se había cambiado el nombre del paseo de Sagasta por avenida de la República.
13 Aunque Palá propuso colocar aquí una artística placa como la prevista en la calle del General
Franco, se indicó que, como había pedido Auger en octubre de 1936, se estaba estudiando
unificar las de todas las calles para evitar singularidades; con este fin, en diciembre de 1936 el
Ayuntamiento había pedido un dictamen a la Academia de San Luis sobre las reglas a seguir
para lograr una rotulación viaria «clara y uniforme». Todo ello no impidió que el 30 de junio
de 1937 se acordara colocar una placa artística en el paseo de Calvo Sotelo.
14 En diciembre de 1936, Falange había pedido, también sin éxito, que la calle de la Demo-
cracia se llamara de Falange Española. En BETrán (2015: 481) di alguna otra muestra de la
distancia con que el Ayuntamiento, representante de la tradicional clase dirigente local y del
Ejército, trató durante la guerra a los falangistas, apodados la canalla en medios eclesiásticos.
La pugna por el protagonismo ideológico entre Falange y la Iglesia (vencedora sin reserva
alguna) asomó en el libro Entre rojos y entre azules, del marqués de LacaDEna (1939: 210),
perfecto representante de las clases rectoras de siempre que protestó porque, en esa Zaragoza
de misa diaria, se saludaba brazo en alto a procesiones y custodias, en vez de descubrirse o
postrarse de rodillas, como se había hecho hasta que irrumpieron «los que ahora se creen más
católicos que nadie, más patriotas que nadie».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 29

Se perdieron sin paliativos las denominaciones Igualdad, calle de la barriada de San


José que desde 1940 fue de Ventura Rodríguez, y Pueblo, que pasó a ser plaza de
Nuestra Señora del Carmen. Y se borraron del callejero fechas como el Catorce de
Abril (en adelante calle del Canal), Cuatro de Diciembre, Trece de Diciembre (en
1931 fecha de la sublevación de Jaca; sustituida por el Diez de Agosto, en 1932 la
sanjurjada), Primero de Mayo (sustituida por el Dos de Mayo en una calle de San
José y una plaza de la barriada de Cuber)15 o Cinco de Marzo, anticarlista bocacalle
de Independencia que pasó a ser del Requeté Aragonés porque en julio de 1936 esta
milicia instaló su cuartel en el Frontón Cinema.
Mientras de vez en cuando, y casi siempre al calor de las novedades bélicas,
se aceptaba o rechazaba algún cambio puntual del nomenclátor, el 5 de febrero
de 1937 se acordó que el archivero municipal iniciara los trabajos para su revisión,
eliminando, según acuerdo del 19 de agosto, «todos los nombres de calles otorgados
en homenaje a personas o instituciones opuestas a nuestro sentimiento patriótico,
volviendo aquellas a ostentar los que tenian con anterioridad al cambio». Concluyó
el archivero el proyecto casi tres años después y el 24 de enero de 1940 fue aprobado
por la comisión permanente; tras informarlo el Servicio Nacional de Administración
Local, la Corporación lo aprobó definitivamente en junio, añadiendo en junio, agos-
to y octubre de 1943 algunas nuevas denominaciones que, alejada ya la guerra, eran
en general menos politizadas y suponían una visión más amplia del pasado conme-
morable, aunque en general denotaran una tendencia reaccionaria.
Al nomenclátor formado en 1860, ya muy ampliado y rectificado, se superpuso
ahora un programa ideológico coherente con el ideario de los vencedores de 1939.
La burguesía que ostentaba el poder local ochenta años antes había reflejado en el
callejero una genealogía construida con el fin de legitimarse, de la que formaban
parte tres grandes reyes aragoneses (Alfonso I, Jaime I y Alonso V), mitos de las
libertades ciudadanas como Antonio Pérez, Lanuza o los broqueleros, y, sobre todo,
una cantidad ingente de héroes y acontecimientos de los Sitios.
Ahora se corregía esa construcción con una visión renovada de España, que in-
cluía la ampliadísima plaza de Nuestra Señora del Pilar, la nueva plaza de César Au-
gusto consagrada a la latinidad fascista16 y localizaciones muy relevantes del sur de
la ciudad dedicadas a los primeros monarcas españoles. En el pleno de 26 de enero
de 1938, el alcalde Parellada había sugerido que la prolongación de la Gran Vía has-
ta el puente de Casablanca, cuyo proyecto todavía no había presentado la Dirección
de Arquitectura, recibiera el nombre de los Reyes Católicos; las prisas por enaltecer
al consorte aragonés, genuino patrón laico de la Zaragoza franquista, explican que, de

15 En la memoria justificativa del nomenclátor de 1940 se advertía que en el barrio de Cuber


«abundaban las conmemoraciones de hechos y fechas revolucionarias» y, por eso mismo, se
quería ahora «consignar nuestros hechos y fechas gloriosas».
16 Durante la República se llamó de César Augusto la calle situada entre María Agustín y Clavé
que fue del General Mayandía en la dictadura de Primo y otra vez desde 1940.

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270 | Ramón Betrán Abadía

[Elaboración del autor sobre plano del anteproyecto de 1943].

momento, se llamara Fernando el Católico al tramo de la Gran Vía comprendido entre


la zanja de los directos y el parque; más adelante, Isabel daría nombre a su prolonga-
ción hasta Casablanca, y se redondearía el programa dedicando al emperador Carlos la
plaza situada en el encuentro de esos dos paseos17 y a la Hispanidad el enlace de las ca-
rreteras de Logroño, Madrid y Valencia. En 1944, Blasco Ijazo dedicó a Fernando II
un expresivo pasaje que lo convertía en necesaria conclusión españolista de la histo-
ria aragonesa y casi en premonición del nuevo régimen.

17 Ninguno de los tres había figurado en el nomenclátor de 1860; en 1936, Fernando el Católico
tenía la corta calle que continuaba Don Jaime desde la plaza de la Seo hasta el paseo del
Ebro, llamada de la Lonja hasta el inicio del siglo XX. Pero ni los vencedores de la guerra se
atrevieron a dedicar una calle zaragozana a Felipe II, aunque como implícita compensación
suprimieran la de Antonio Pérez.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 271

Antes aún que esos reyes, se apropiaron de las principales vías de la ciudad (sus
fachadas más visibles) héroes y mártires de la Cruzada como Franco, Calvo Sotelo,
Mola, Sanjurjo o José Antonio18, que barrieron las conmemoraciones republicanas y
dieron a las calles zaragozanas, como a las de todas las ciudades españolas, un cariz
militante. A ellos se sumó una pedrea de personajes y hechos secundarios del alza-
miento (Comandante Santa Pau –antes Progreso–, Capitán Casado –antes Jaime
Vera–, Capitán Portolés, Capitán Esponera, Héroes del Alcázar de Toledo, Alto de
los Leones de Castilla, Sierra de Alcubierre, Santuario de Nuestra Señora de la Ca-
beza –antes Alcalá Zamora–, Mártires de Simancas –antes Mártires de Jaca–, Tres
de Agosto –antes 31 de Julio–19, Victoria –antes Víctor Hugo–, etc.), facciones del
bando vencedor así recompensadas (Vieja Guardia, Jesús Comín20, Zumalacárregui,
Navarra, Bolonia, Alemania –antes Ferrer Guardia–, Nador –antes Catorce de Di-
ciembre–, Tetuán, Larache, etc.), protagonistas de la vieja política (Antonio Mau-
ra, Miguel Primo de Rivera –parque de Zaragoza durante la República–, Pamplona
Escudero –antes Mayo–, Desiderio de la Escosura, etc.), intelectuales asimilados
(Jaime Balmes –antes Pi y Margall–, Ramiro de Maeztu, Menéndez Pelayo21, etc.) e
innumerables santos, eclesiásticos y evocaciones religiosas.
En un régimen cuya fundamental línea política era la fusión entre Estado y reli-
gión, este último capítulo tenía una particular importancia, más aún cualitativa que
cuantitativa. Contra lo que pueda pensarse, en el nomenclátor republicano figuraba
una respetable cantidad de calles y plazas con denominación religiosa: la Guía oficial
de Zaragoza 1935-1936 recogía 35 calles y 15 plazas dedicadas a santos, siete calles
y una plaza consagradas a vírgenes, cinco calles a manifestaciones de la Divinidad y
al menos otras nueve a clérigos, además de nombres como Dos de Enero, Doce de
Octubre, Mártires, Convertidos, Agustinos, Escuelas Pías, Sacramento, Santa Cruz,
Santa Fe, Verónica, etc.22. Achicado así el espacio para nuevas incorporaciones, en-

18 En Las calles de Zaragoza, BLasco (1944: 66) daría al Ausente, que ofrendó su vida y su muerte
a los 33 años, después de tres de peregrinar predicando su «nueva doctrina» y desplegando
amor a sus prosélitos, el tratamiento crístico e inofensivo para Franco que le otorgó el Régimen,
siempre atento a amalgamar política y religión. (No por nada las siglas de Falange Española
eran FE).
19 Por el milagro de las bombas del Pilar.
20 Jefe regional de la Comunión Tradicionalista en 1936.
21 «Una de las figuras más representativas de nuestra auténtica cultura» (BLasco, 1944: 83). No
confundir con la cultura que no es auténtica o no es nuestra.
22 La guía incluía una relación de calles que habían cambiado de nombre recientemente, de las
que solo seis tenían nombre religioso: el callejón del Pilar que por evitar reiteraciones pasó a
ser del Matadero; la plaza de San Cayetano que se denominó del Justicia; la plaza de San Lo-
renzo que se llamó de San Pedro Nolasco; la calle del Rosario, convertida en Manuel Lacruz
para evitar la duplicidad con la plaza homónima; la de San Juan y San Pedro reducida a San
Juan, y la plaza de Santa Engracia que se dedicó a la Previsión Social; aparecieron, en cambio,
las calles de Fray Cebrián (antes Leche), Madre Rafols (antes de la Misericordia, por la plaza
de toros) y Mariano Supervía (nueva).

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272 | Ramón Betrán Abadía

tre estas abundaron más los eclesiásticos que los santos, privilegiándose a los más
próximos al programa nacionalcatólico del Régimen y a los mártires de la Cruzada.
Aparecieron ahora las calles del Beato José Pignatelli, Arzobispo Apaolaza, Arzobis-
po Añoa del Busto, Padre Consolación, Padre Landa, Padre Claret, Padre Polanco,
Padre Manjón (durante la República, Marcelino Domingo; antes Alfonso XIII),
Florencio Jardiel, etc. Entre los santos, se buscaron los relacionados con la perenne
alianza entre la cruz y la espada, el trono y el altar, que constituía la esencia de la ver-
dadera España, la de la Reconquista, la colonización de América, Trento, Flandes, la
guerra del francés y la Cruzada. A los que desde el Medievo copaban el callejero de
la ciudad histórica se sumaron, en nuevas zonas, Teresa de Jesús –«Santa símbolo de
la raza y ejemplar de la mujer española» (BLasco, 1944: 123)–23 y su apéndice Juan
de la Cruz, o Ignacio de Loyola, militar y fundador de la Compañía de Jesús24. En
la ciudad romana, la calle de la Yedra a medio abrir se convirtió en San Vicente de
Paúl25 y el denostado ministro ilustrado Manuel de Roda26 dejó sitio a Santa Isabel
de Portugal, nieta de Jaime el Conquistador.

23 Antes de la guerra, había una calle de Santa Teresa y otra de las Carmelitas al norte del primer
tramo de la avenida de Madrid. BLasco (1944: 123) justificó la necesidad de aupar a una
posición más relevante a la Santa de la Raza, patrona de la Sección Femenina de FET y de
las JONS desde 1937. Sobre la importante función legitimadora otorgada por el franquismo
a una Teresa de Ávila manipulada a fondo, véase Di fEBo (1988).
24 Nueva calle paralela a Marina Moreno e inmediata al colegio de jesuitas convertido en ins-
tituto público de segunda enseñanza en la República, en hospital militar en 1936 y otra vez
en colegio jesuítico antes de acabar la guerra. Según un manual escolar cuya primera edición
data de 1942, Loyola fue «ejemplo del perfecto guerrero, que sabe ser al mismo tiempo un
verdadero católico»; a su imagen, la Compañía de Jesús «y cada uno de sus hijos son soldados
de Dios» (MunTaDa, 1958: 100-102).
25 Se acordó el cambio de nombre en el pleno de 26 de enero de 1938, a instancia de las Con-
ferencias de San Vicente de Paúl.
26 «La calle que lleva hoy el nombre de la Santa Reina, se llamó hasta 1940 de Roda, por el mar-
qués D. Manuel de Roda y Arrieta, masón, ministro de Carlos III y colaborador del conde de
Aranda, que tomó parte muy principal en la expulsión de los Jesuitas» (BLasco, 1944: 122).

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Capítulo XII

El poblado semirrural de Santa Isabel

Mientras se formaba el anteproyecto de plan general, el Ayuntamiento impulsó la


creación en el barrio de Santa Isabel de un poblado semirrural que, según BoroBio
(1946: 19), debía servir de «ejemplo de lo que pueden ser estos poblados satélites
de la ciudad». Aunque más modesto, el proyecto emparentaría con los poblados
madrileños ordenados por la Dirección General de Arquitectura en el Terol y en Pa-
lomeras, que se exhibieron en la exposición del Retiro de 1942 y publicó el número
10-11 de la Revista Nacional de Arquitectura. El barrio modelo del Terol, construido
a partir de 1941, se centraba en una plaza con su parroquia, mercado, edificios
administrativos, comerciales, de sanidad, recreo y Auxilio Social; a su alrededor, se
disponían 640 viviendas familiares en hilera («ya que el tipo aislado es caro»), con
variaciones tipológicas según su posición, orientación y necesidades, y siempre con
un huerto donde desarrollar actividades semirrurales como la cría de animales do-
mésticos o el cultivo de hortalizas; aunque la mayoría tenía dos plantas, un pequeño
núcleo de 57 casas tendría tres, con soportales y tiendas en la baja.
A propuesta del alcalde, el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza acordó el
20 de marzo de 1942 construir un núcleo satélite en los alredores de Santa Isabel.
En diciembre1, los arquitectos José Yarza y José Beltrán y el ingeniero municipal Mi-
guel Mantecón firmaron un anteproyecto de barrio rural de Santa Isabel, satélite de la
ciudad de Zaragoza, destinado a 3.000 habitantes agrupados en 318 familias obreras,
cada una alojada en una casa individual con huerto o corral2.

1 Fecha de portada y de la memoria; planos de enero de 1943.


2 El anteproyecto se conserva en AMZ, caja 200433, 1942, y caja PO000084, arc. PO000218/
1942. Incluye memoria, presupuesto y trece planos de ordenación urbana, infraestructuras, y
plantas y alzados de las casas y la capilla.

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274 | Ramón Betrán Abadía

Se preveía que todas estas casas se dieran en propiedad. Conforme a lo previsto


en la ley de viviendas protegidas de 19 de abril de 1939, la barriada se construiría
con financiación del Instituto Nacional de la Vivienda, devolviendo los obreros lo
prestado a lo largo de cuarenta años. No en vano esta ley, promulgada unos días
después de acabar la guerra, había mantenido y aun potenciado el principio básico
de la teorización decimonónica de la vivienda obrera, heredado con mediación de la
legislación primorriverista de casas baratas, por el que solo la tenencia en propiedad
garantizaba su eficacia como instrumento de disciplina social e incluso la rentabili-
dad de su construcción3.
Según su memoria, el objeto del anteproyecto no era crear un núcleo rural ocu-
pado por agricultores, sino una barriada obrera donde trasladar familias asentadas
en una ciudad que, en los años inmediatamente anteriores, había experimentado un
notable crecimiento demográfico y que sufría una seria carencia de abastos. El em-
plazamiento elegido permitiría abaratar las viviendas y dotarlas de huertos propios,
con cuya explotación los obreros podrían compensar unos salarios ínfimos:
El fin primordial perseguido con la construcción de este poblado y de los que en el
porvenir se edifiquen en los restantes barrios rurales de Zaragoza, es resolver definitiva-
mente el problema de la vivienda de las clases obreras.
Este problema de muy difícil planteamiento económico a base de viviendas urbanas, por
la carencia absoluta de solares económicos, y por el desequilibrio siempre existente entre
los ingresos medios de un obrero no especializado y el coste de la vida en la Ciudad,
se simplifica extraordinariamente si además de la vivienda puede hacerse entrar en los
cálculos, los ingresos medios producidos por un huerto familiar4.

3 El artículo 73 del reglamento de 8 de septiembre de 1939 precisaba que «será preferido el


sistema que permita a los usuarios el acceso a la propiedad de sus viviendas mediante el pago
de cuotas de amortización, siempre que altas razones no se opongan a ello». Los beneficios
para las viviendas protegidas venían regulados en los artículos 4.º y siguientes de la ley, y 20
y siguientes de su reglamento.
4 En el prólogo de 1887 a la segunda edición de El problema de la vivienda, EnGELs (1872: 15-
16) ya advirtió del efecto perverso de las barriadas obreras con huertos promovidas por patro-
nos y sociedades filantrópicas: «es aquí donde aparece en todo su esplendor la “bendición”
de la propiedad de una casa y de una parcela para el obrero moderno […] Lo que la familia
obtiene de su huerto y de su parcela, los capitalistas lo sustraen del precio de la fuerza de
trabajo por medio de la competencia. Los obreros deben incluso aceptar cualquier salario a
destajo, pues sin esto no recibirían nada en absoluto, y no podrán vivir solo del producto de su
pequeño cultivo. Y, por otra parte, este cultivo y esta propiedad los encadenan a su localidad,
les impiden buscar otra ocupación […] Vemos aquí claramente cómo lo que en una etapa
histórica anterior era la base del bienestar relativo de los obreros –la combinación del cultivo
y de la industria, la posesión de una casa, de un huerto y de un campo, la seguridad de la
vivienda–, hoy, bajo el reinado de la gran industria, se convierte no solamente en la peor de
las cadenas para el obrero, sino también en la peor desgracia para toda la clase obrera, en la
base de un descenso sin precedentes del salario por debajo de su nivel normal». En la ponen-
cia sobre la vivienda modesta que presentó al II Congreso de la Federación de Urbanismo y
Vivienda (Barcelona, 1942), el arquitecto zaragozano Lorenzo Monclús solo vería ventajas
en cuanto eran perjuicios para Engels: «La tendencia actual en la construcción de viviendas
unifamiliares pretende poner a los usuarios en contacto directo con la tierra, lo cual, además

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 275

El poblado se emplazaría al sur del pequeño barrio de Santa Isabel, entonces


una sencilla alineación de casas a ambos lados de la carretera de Barcelona. Ocu-
paría un terreno llano de regadío comprendido entre las acequias de las Cenias, al
norte, y Urdana, al sur, con una superficie inicial de 470.664 m2 y reserva de otros
270.892 para futuras ampliaciones a este y oeste5. Lo circundaría un camino de
ronda y estaría comunicado con Zaragoza y el caserío de Santa Isabel, aunque entre
este y las nuevas parcelas se dejaba un terreno agrícola que bien podía interpretarse
como cordón sanitario interpuesto entre las muy distintas formas de vida de los labra-
dores de siempre y los obreros urbanos desplazados al medio rural.
La memoria justificaba el emplazamiento del primer poblado satélite de la ciu-
dad por estar Santa Isabel a solo 4 kilómetros de Zaragoza y ser el barrio más próxi-
mo a sus zonas de industria pesada y semipesada; el terreno elegido era accesible
por la carretera general de Madrid a Barcelona, el servicio de tranvías terminaba a
solo un kilómetro de distancia, y aún estaba prevista una línea de trolebuses desde
Zaragoza a Osera, pasando por Santa Isabel. Además de óptimas comunicaciones,
gozaba de buena huerta, fácil desagüe y abastecimiento de agua para riego por una
completa red de acequias de suficiente caudal, y podía disponerse de suficiente
terreno para el núcleo proyectado a un precio de 20.000 ptas. por hectárea y sin
problemas de rasantes para trazar el nuevo viario.
Con el pie forzado de la densa red de acequias, las calles se acomodaron a una
trama aproximadamente ortogonal, orientándose de oeste a este las que daban ac-
ceso a viviendas. La calle coincidente con el eje longitudinal del conjunto arrancaba
de la carretera de Barcelona y, al llegar al poblado, se ensanchaba para formar un
paseo de 300 metros de largo y 29 de ancho total (calle de tipo A), que incluía un
andén central de 15 metros para peatones, dos calzadas laterales de 5,50 metros y
aceras de 1,50. El paseo desembocaba hacia el centro del poblado en su centro cívi-
co, una plaza porticada rodeada por los edificios públicos que miraba hacia Santa
Isabel; luego, seguía con 12 metros de anchura hasta enlazar con la vía de ronda.
Solo en el paseo, en la plaza y en las inmediaciones de edificios oficiales se instalaría
alumbrado público, sustituyéndolo en el resto del núcleo una luz sobre el portal de
cada casa. La anchura de las calles del tipo B era de 12 metros, con calzada de 6 y
aceras laterales arboladas de 3. Las del tipo C tenían 8 metros, con calzada de 5
y acera de 0,75 metros a un lado y 2,25 metros al otro, esta última con árboles. En

de ser más higiénico y permitir la intimidad familiar, al tener terreno libre, facilita la produc-
ción de fruta y legumbres, así como la cría de animales domésticos. / La propiedad del hogar
fomenta el espíritu del ahorro y mejora el nivel medio de vida, por el estímulo que siente el
propietario a proteger las condiciones de la comunidad» (fEDEración DE urBanisMo y DE La
ViViEnDa, 1944: 122).
5 Tras consignar estas superficies, la memoria las sumaba para calcular la «superficie total que
debe expropiarse»; en el ejemplar conservado en la caja 200433, 1942, que los redactores
debieron de utilizar como base para redactar el proyecto definitivo, están tachadas a mano las
tres últimas palabras.

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27 | Ramón Betrán Abadía

[AMZ, caja 200431].

todas las calles, las construcciones se separarían 3 metros de la alineación viaria, lo


que aumentaría su aspecto rural.
La trama viaria delimitaba manzanas alargadas de forma más o menos rectan-
gular, con una anchura media de 100 metros, dividida por su eje longitudinal por
una acequia de riego; de la acequia axial de cada manzana partían a norte y a sur,
alternativamente, ramales de riego que servían a dos parcelas. Estas tenían unos 20
metros de ancho por 50 de fondo, lo que suponía una superficie media de 1.000

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 277

Vivienda de tipo A (norte). [AMZ, caja 200431].

metros cuadrados6. A caballo de cada dos se construiría un edificio de una planta


dividido por su eje en dos casas familiares; en las parcelas de esquina desparejadas
se levantarían edificios de una sola vivienda. En consonancia con la disposición al
tresbolillo de los ramales de riego, nunca se enfrentaban dos construcciones a uno y
otro lado de cada calle, lo que mejoraba su privacidad. Como excepción, las catorce
casas del lado sur del paseo tendrían dos plantas, con tienda en la baja.
Se contemplaban tres tipos de vivienda. El A (212 casas), con 83,67 m2 útiles,
era el dominante e incluía zaguán, estancia-comedor-cocina, despensa, aseo, tres
dormitorios dobles y cobertizo. El B (92 casas), de 100,81 m2 útiles, tenía las mis-
mas piezas comunes, pero disponía de cuatro dormitorios de dos camas y uno de
una cama. El C (14 casas) correspondía a las siete construcciones de la acera sur del
paseo y, con 151,67 m2 útiles, tenía zaguán, estancia-cocina-comedor, aseo, cober-
tizo y una tienda con trastienda-taller en la planta baja, bodega en el sótano, y tres
dormitorios dobles, uno simple y solana en la planta alta7.

6 Esta superficie era habitual en las colonias de huertos familiares, a veces muy extensas, que
se formaron en el entorno de las grandes ciudades alemanas de entreguerras, brutalmente
sacudidas por la crisis económica, la inflación y el paro. Por este medio, la administración
esperaba que las familias obreras completaran sus ínfimos salarios y subsidios de desempleo
produciendo parte de sus alimentos.
7 Para los tipos A y B se aportaba doble proyecto, según la fachada principal mirara a norte o
a sur, a fin de que la estancia tuviera siempre esta última orientación. En el tipo C todas las
casas tenían la misma orientación, con lo que no era preciso más que un proyecto.

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278 | Ramón Betrán Abadía

Vivienda de tipo C. [AMZ, caja 200431].

El número de dormitorios previsto en los tres tipos obedecía al artículo 6.º del
reglamento de viviendas de protección oficial, que exigía a todas ellas capacidad para
una familia formada por los padres y al menos cuatro hijos, en dormitorios suficien-
tes para separar a estos por su sexo, lo que requería al menos tres dormitorios do-
bles. Respondía esta exigencia a la política demográfica del Régimen, que, a imagen
de Alemania e Italia y con medios más restringidos, pretendía impulsar la expansión
económica, política y militar del país multiplicando el número de españoles.
Aunque para calcular la capacidad demográfica del barrio se consideraba el
distinto número de camas de los tipos, atribuyéndose seis moradores a cada casa A
(total, 1.272 personas), nueve a cada casa B (828) y ocho a cada C (112), la asig-
nación de las viviendas no se hacía depender de la composición familiar, sino del
rango social. En la evaluación económica con que justificaba las ayudas del INV,
el anteproyecto atribuía el tipo A a peones, el B a obreros especializados y el C a
comerciantes.
Confirmando la función del huerto como paliativo de unos salarios muy in-
suficientes, el producto de su explotación se incorporaba a los ingresos familiares
para justificar la asequibilidad de las casas. A los peones del tipo A se les suponía

una y [Link] 278 10/6/17 11:38:44


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 279

Vista de la plaza. [AMZ, caja 200431].

un jornal de 360 ptas./mes y se le sumaban otras 180 en concepto de producción


hortícola, que les procuraría así un tercio de sus supuestos ingresos totales; de los
peones especialistas del tipo B se esperaba que percibieran 450 ptas./mes de jornal y
250 ptas./mes del huerto, que representarían un 35,71% del total; los dueños de las
casas C acumularían cada mes 700 ptas. por utilidades del comercio, 80 por alquiler
de la tienda8 y 250 por producción del huerto, equivalentes al 24,27% del total.
El anteproyecto incluyó el diseño de todas las casas, construidas con muros
de carga de mampostería de piedra de desecho de La Puebla tomada con barro,
rejuntada en el zócalo y jaharrada en el resto; pilares de ladrillo recio; pavimentos
de mortero de cemento rollado sobre solera de hormigón, y cubiertas de teja árabe
sentada con barro sobre cañizo y rollizos de madera: técnicas muy pobres de las que
resultaría una edificación de imagen marcadamente rural.
La única excepción a la edificación homogénea de las 318 casas semirrurales era
el centro cívico formado en medio del poblado. En torno a una plaza con soportales,
se agrupaban la iglesia con locales de Acción Católica y casa parroquial, las depen-
dencias oficiales de Correos, Teléfonos, CNS, tenencia de alcaldía y estanco, escuelas
con dos grados de niños y otros dos de niñas, campos escolares y dos viviendas para
maestros9. La iglesia, del repetitivo estilo pseudopopular de Regiones Devastadas,

8 Suponiendo que el dueño la alquilaba a un tercero o se ahorraba este gasto.


9 Además de las viviendas, talleres familiares y huertos anejos, el artículo 8.º del reglamento de
1939 amparaba con los beneficios de la ley las obras de urbanización y los edificios destinados
a capillas, escuelas, casas del Partido y edificios sociales de Obras de Cooperación que forma-
ran parte de los grupos de casas protegidas. Es significativa la relevancia dada a los edificios
dedicados al encuadramiento ideológico en este momento inmediatamente posterior al fin de
la Guerra Civil.

una y [Link] 279 10/6/17 11:38:45


280 | Ramón Betrán Abadía

tenía un marcado aire de familia con la proyectada por Yarza en 1941 para el memo-
rial de los Caídos del cementerio de Torrero (BETrán, 2015: 516-519)10.
En su conciso presupuesto, el anteproyecto valoraba la ejecución material del
poblado en 8.348.696,30 ptas., de las que 6.370.069 correspondían a la construc-
ción de las casas, las escuelas y la iglesia, y el resto a pavimentación viaria, alum-
brado, abastecimiento de agua y alcantarillado. Sumadas 1.444.324,44 ptas. en
concepto de beneficio industrial, coste del proyecto, dirección de obras y derechos
obvencionales, y las 941.280 ptas. en que se estimaba el valor del terreno (47,064 ha
x 20.000 ptas./ha), se obtenía un presupuesto protegido de 10.734.300,74 ptas.
El 7 de abril de 1943, el pleno acordó aprobar el anteproyecto y tramitarlo
conforme a las normas del Instituto Nacional de la Vivienda, y el 11 de junio quedó
enterado de que este organismo lo había devuelto aprobado. En enero de 1944,
Yarza, Beltrán y Mantecón firmaron el proyecto definitivo11. Su memoria reproducía
la mayor parte de la incluida en el anteproyecto, que se mantuvo tanto en lo referido
a las superficies del núcleo y de la reserva de suelo para su ampliación, como en
todo lo tocante al diseño material de la urbanización y de la edificación pública y pri-
vada, en sus aspectos tipológicos y constructivos. Como variación más significativa,
ahora ya no se preveía expresamente expropiar los terrenos ocupados por el pobla-
do. Un estudio más detallado elevó a 9.272.914,66 ptas. el presupuesto de ejecución
material (6.612.918,58 de las viviendas, 545.102,13 de la escuela, la capilla y el
centro social, y el resto de la urbanización), que con las 941.280 ptas. de los terre-
nos y 1.609.777,96 de beneficio industrial, proyecto, dirección y demás derechos,
llevaban a un presupuesto protegido de 11.823.972,62 ptas.
La construcción del poblado se financiaría con créditos y anticipos del INV,
que cada familia beneficiaria reintegraría posteriormente. Al 1.182.397,26 ptas.

10 José Moreno Torres, director general de Regiones Devastadas, razonó la aplicación de ese
tipismo antimoderno en un folleto divulgativo sobre la labor realizada por este organismo:
«La experiencia demuestra que hay que ir necesariamente a emplear los sistemas constructi-
vos del país y los materiales típicos de la región. Los nuevos procedimientos constructivos en
serie, las casas desmontables, las viviendas provisionales, etc., todo ello puede servir, única
y exclusivamente, con carácter eventual; pero cuando haya que hacer una cosa definitiva y
que perdure al correr de los años, no hay otra solución posible que volver a lo típicamente
tradicional, en armonía completa con el paisaje y con el ambiente. / Así es lo que se ha hecho
en España, renovar los viejos estilos arquitectónicos de acuerdo con los materiales modernos,
hermanar los conceptos de tradición y de progreso, y así han ido surgiendo unos pueblos
alegres, limpios y modernos, en los que hoy las gentes viven con toda serie de comodidades,
sin haber perdido por ello su sello característico» (MorEno, 1948: s. p.).
11 El proyecto se conserva en AMZ, cajas 200431, 1944; 200432, 1944, y 200434, 1944. In-
cluye memoria, presupuesto, pliego de condiciones y veinte planos de ordenación urbana,
infraestructuras, y plantas, alzados y detalles constructivos de las casas, la capilla, las escue-
las y el edificio de servicios municipales, con fechas de enero de 1943 (la de los planos del
anteproyecto) y octubre y noviembre del mismo año. El plano 3 («Perspectiva de conjunto»)
se reprodujo en el artículo publicado por Yarza, Beltrán y Borobio en el monográfico sobre
Zaragoza de la Revista Nacional de Arquitectura (1949).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 281

aportadas por el Ayuntamiento (241.117,26 en metálico y 941.280 en suelo), equi-


valentes al 10% del presupuesto protegido, se sumarían 5.911.986,31 ptas. en un
crédito amortizable al 4% en veinte años (50% del presupuesto) y 4.729.589,05
ptas. en un préstamo sin interés a devolver en cuarenta años (40%). De aquí deriva-
ban los siguientes cuadros de amortización:

primer período de veinte años segundo período de veinte años

tipo de vivienda amortización % salario 1942 amortización % salario 1942


A (peón) 120,28 ptas./mes 33,41% 113,81 ptas./mes 31,61%
B (obrero especialista) 145,60 ptas./mes 32,36% 137,77 ptas./mes 30,62%
C (comerciante) 234,24 ptas./mes 33,46% 221,63 ptas./mes 31,66%

Al preverse la tenencia de las casas en propiedad y que su pago consumiera del


orden de un tercio de los salarios o rendimientos comerciales de sus beneficiarios
durante cuarenta años, la operación solo era teóricamente posible si se sumaba a
esos ingresos el supuesto valor de la producción hortícola promovida en la propia
parcela, siempre superior al monto de las amortizaciones (otra vez en teoría) y de
cuya mayor parte se responsabilizarían la mujer e hijos del obrero. Dicho de otro
modo, cada familia pagaría su casa con el producto de un trabajo agrario añadido.
La Corporación aprobó el proyecto definitivo el 17 de mayo de 1944 y el 13 de
diciembre de ese mismo año lo aprobó la Comisión Central de Sanidad Local. Sin
embargo, las obras nunca se ejecutarían12. Desde entonces, la política municipal de
vivienda obrera se atuvo a principios mucho más alicortos, siempre sobre terrenos
simplemente baratos, situados en puntos marginales de la ciudad y desarrollados
por lo común por patronatos benéficos o la Obra Sindical del Hogar. El olvido,
antes de lograr ningún resultado práctico, del programa de creación en torno a
la capital de una corona de poblados satélite donde pudiera desplazarse parte del
proletariado, dejaba bien a la vista la distancia entre los modelos ideales que el
planeamiento del primer franquismo intentó realizar y la triste impotencia, por falta
de fondos y de capacidad política, en que naufragaron casi todos los empeños13.

12 La revisión del plan general de ordenación urbana de 2001 calificó el suelo que hubiera ocu-
pado el núcleo semirrural como no urbanizable especial de protección del regadío.
13 sánchEz VEnTura (1948: 165) se refirió, de pasada y sin mucha convicción, a la iniciativa
municipal, todavía «en periodo preliminar» aunque «todos los auspicios» le otorgaran «la más
entusiasta acogida», de adquirir suelos en los barrios agregados, parcelarlos y distribuirlos
entre obreros del campo interesados en construirse ahí sus casas, seleccionados por unas
juntas representativas presididas por el alcalde del barrio; aunque las juntas aún no se habían
formado, el Ayuntamiento ya había adquirido 10.000 m2 en Movera y se disponía a efectuar
otro reparto en Juslibol.

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Capítulo XIII

Desarrollo residencial en la posguerra

1. El concurso de viviendas de renta reducida de 1940


Como consecuencia de una moción del teniente de alcalde Francisco Caballero, el
Ayuntamiento convocó en julio de 1940 un concurso nacional de anteproyectos de vi-
viendas de renta reducida, con la intención inmediata de promover en la manzana 14
del ensanche de Miralbueno un grupo de viviendas protegidas con renta no superior
a 1.200 ptas. anuales. En febrero de 1941, el jurado falló en favor de Alejandro Alla-
negui y José Yarza1, el 14 de mayo siguiente se aprobaron los criterios provisionales
para la adjudicación de las viviendas, y el 5 de septiembre quedó enterada la Cor-
poración de la aprobación del anteproyecto por el Instituto Nacional de la Vivien-
da (INV)2. Como consecuencia, encargó a Allanegui y Yarza el proyecto definitivo,
el 20 de enero de 1942 lo aprobó el INV con reconocimiento de los máximos
beneficios legales, y el 20 de marzo se aprobó un presupuesto extraordinario de
4.547.655,26 ptas. para construir el grupo. En junio se adjudicaron las obras al
constratista Faustino Guindeo, por 4.025.000 ptas.
El grupo constaba de tres bloques en L que bordeaban dos grandes patios ajar-
dinados, comunicados entre sí y abiertos a las calles de Luis Vives, Bruno Solano y
Santa Teresa por amplios arcos de medio punto clausurados con verjas. Incluía 13

1 Desde junio de 1941, Yarza sería jefe de la Dirección de Arquitectura municipal. Alejandro
Allanegui Félez (1910-1986) fue arquitecto de la Delegación de Zaragoza del Ministerio de
la Vivienda y arquitecto jefe de Regiones Devastadas, camisa vieja de Falange y voluntario del
18 de julio de 1936. En Zaragoza, los dos arquitectos colaboraron en otros proyectos residen-
ciales.
2 AMZ, caja 200035, exp. 0000000/1940, «Anteproyecto. Manzana 14 de Miralbueno».

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284 | Ramón Betrán Abadía

Manzana 14 de Miralbueno. [Revista Nacional de Arquitectura, 95, 1949: 506].

una y [Link] 284 10/6/17 11:38:46


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 285

inmuebles de cuatro y cinco plantas con cinco locales3 y 113 viviendas protegidas,
todas exteriores, provistas de calefacción central, ascensor en los inmuebles de cinco
plantas, tres porterías, cuartos para bicicletas y cochecitos de niño, refugios antiaé-
reos en el sótano y un lavadero en el ático para cada familia4.
Con la obra en marcha, la Corporación intentó utilizarla para justificar la ex-
pulsión hacia un destino incierto de los muchos inquilinos desahuciados como con-
secuencia de la ejecución de la primera etapa del proyecto de reforma interior apro-
bado en 1942 (plaza de Salamero y calles de San Ildefonso, Biblioteca y Azoque).
El 11 de junio de 1943, el pleno aprobó esta actuación y se impuso la engañosa
condición de no iniciar los derribos hasta que se construyera un número de vivien-
das sociales equivalente al de la mayor parte de las familias desalojadas5; el 10 de
noviembre siguiente se concretaría el número de viviendas precisas en unas 112, solo
una menos, no por azar, que las incluidas en la manzana 14.
El 17 de mayo de 1944, el Concejo aprobó las condiciones de cesión de las
viviendas, exigiendo solamente que los candidatos fueran españoles y se dedicaran
a un oficio, empleo o profesión liberal, o fueran pensionistas del Estado. Los bene-
ficiarios deberían abrir inmediatamente una libreta en la Caja de Ahorros y Monte
de Piedad de Zaragoza y hacer en adelante los ingresos precisos para que su saldo
cubriera en todo momento el 10% de los pagos que el Ayuntamiento fuera verifi-
cando por las obras, prorrateados según la vivienda de que se tratara. Al recibir las
llaves, cada uno abonaría al Ayuntamiento el 30% del valor del piso a través de la
libreta y, dentro del año siguiente, pagaría el otro 70% de una sola vez; si no dispu-
siera de esa cantidad, antes de cumplirse el primer año debería solicitar un préstamo
hipotecario a la Caja de Ahorros, que lo concedería con un plazo de amortización de
treinta años e interés del 4,25%6. El acuerdo recogía finalmente varias condiciones

3 En origen destinados a ultramarinos, carnicería, pescadería y biblioteca popular (dos locales


unidos); la biblioteca se inauguró durante las fiestas del Pilar de 1947.
4 Así se valoró este sobresaliente proyecto en el tercer tomo de Zaragoza, barrio a barrio: «la
disposición en manzana abierta a un patio central, con bloques que alargan su eje en direc-
ción NE-SW, confiere a sus espacios interiores unas maravillosas posibilidades de utilización
por niños, madres y ancianos […] Es quizás una de las manzanas de Zaragoza mejor conse-
guidas urbanísticamente, aunque la calidad de la edificación deje bastante que desear» (aDiE­
Go, 1981: 196).

5 El mismo 11 de junio se pidió a la Dirección de Arquitectura un proyecto de bloque de vi-


viendas de renta reducida en el emplazamiento que viera más adecuado. Los arquitectos
eligieron el barrio de Venecia y el pleno del 6 de agosto siguiente aprobó el anteproyecto del
grupo que acabaría siendo del Hogar Cristiano, al tiempo que les encargaba un avance para
otro conjunto de viviendas protegidas en el Terminillo, con el máximo número de plantas que
permitiera el ancho de la calle.
6 A diferencia de la Ciudad Jardín, donde la propiedad se alcanzaba al final de los cuarenta
años de amortización de los préstamos, aquí se preveía que los compradores accedieran a ella
pasado un año de la entrega de llaves, gracias a la constitución de una hipoteca. Al cabo de ese

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28 | Ramón Betrán Abadía

contenidas en la legislación sobre viviendas protegidas, como las limitaciones de


enajenación y arrendamiento, las condiciones de descalificación o las bonificaciones
tributarias de que también se beneficiarían durante los veinte años siguientes a la
calificación definitiva.
El 17 de mayo también se detallaron las características de las tiendas y vivien-
das, que se atenían a cinco tipos con superficies comprendidas entre 80 y 127 m2.
Las menores correspondían al tipo E (31 viviendas) y tenían vestíbulo, cocina-co-
medor, despensa, dos dormitorios de dos camas, uno de dos camas y cuna, cuarto
de aseo con ducha y galería; costarían 34.645,20 ptas., lo que suponía una cuota
mensual de 127,05 ptas. Las mayores (tipo A, con 16 viviendas) tenían vestíbulo,
estancia-comedor, un dormitorio de dos camas y cuna, tres de dos camas, otro de
una, baño, váter con lavabo para el servicio (¡!), despensa, cocina y galería; su precio
se fijó en 61.866,43 ptas. y su cuota mensual en 226,85. El tipo más abundante era
el C (56 viviendas), con vestíbulo, estancia-comedor, un dormitorio de dos camas
y cuna, dos dormitorios dobles, uno simple, baño, despensa, cocina y galería; su
precio era de 49.493,14 ptas. y la cuota mensual de 181,507.
Volvió a demostrarse el estrecho vínculo entre las tímidas e irregulares promo-
ciones de vivienda social de los cuarenta y los desventramientos en la ciudad central
en el pleno del 25 de septiembre de 1944, que trató de un escrito dirigido a la Jefa-
tura del Estado por varios vecinos contrarios a la reforma del área de Salamero. En
respuesta al informe solicitado por la Comisión Central de Sanidad Local, la Cor-
poración manifestó que la reclamación era «jurídicamente improcedente e ineficaz»;
que los derribos no agravarían el problema de la vivienda porque el Ayuntamiento
construiría antes «las casas necesarias para cobijar a la población desahuciada»; que
la existencia de jardines en la plaza de Salamero no era un impedimento invencible
para su reforma, y que esta era, «por razones de higiene y de moral pública, absolu-
tamente necesaria, y, desde luego, anhelada por la Ciudad de Zaragoza».
El pleno de 16 de febrero de 1945 aprobó unas nuevas bases de adjudicación de
las viviendas de Miralbueno, que primaban como beneficiarios a los funcionarios y
empleados de empresas solventes dispuestas a avalar los compromisos económicos
que contrajeran por este motivo, y a los vecinos de Zaragoza alojados en viviendas
expropiadas y derribadas por el Ayuntamiento, siempre que reunieran las condicio-
nes requeridas por la legislación sobre vivienda protegida y se comprometieran a
pagarlas en iguales plazos y condiciones que los abonos del Ayuntamiento al INV.
El 14 de abril siguiente, se aprobó el modelo de contrato para la adjudicación de
los atractivos pisos y se concretó el orden de prelación de los candidatos, que daba

año, las obligaciones con el INV quedarían canceladas y los beneficiarios solo mantendrían su
deuda con la Caja de Ahorros.
7 El encarecimiento de los materiales y los jornales obligó al Ayuntamiento a aprobar el 7 de
junio de 1944 un aumento del presupuesto en 1.020.471,44 ptas.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 287

preferencia a los funcionarios municipales, seguidos por los de la Diputación Pro-


vincial residentes en la ciudad, los del Estado aquí destinados, las viudas y huérfanos
de la Cruzada, los desahuciados de fincas expropiadas por el Ayuntamiento y, por
último, los empleados de empresas solventes que fueran vecinos de Zaragoza. Como
en la Ciudad Jardín, otra promoción municipal entregada en la alta posguerra, se
daba prioridad casi absoluta a ciertos grupos privilegiados, excluyéndose ahora a
los mutilados de guerra, que ocuparon el primer lugar en la mucho más modesta
barriada del Terminillo8. Aunque se mencionaba a los desalojados por derribos en el
centro, se les ponía en quinto y penúltimo lugar.
Estos criterios de adjudicación formaban parte de una nueva redacción de las
condiciones de venta, que admitía la compra diferida a cuarenta años como alterna-
tiva para quienes no desearan satisfacer todo el precio dentro del primer año desde
la entrega de llaves, aun con la opción del préstamo hipotecario. Los beneficiarios
que se acogieran a esa nueva modalidad deberían abonar el 60% del precio de su
vivienda, con un interés del 4%, en un primer período de veinte años, seguido por
otro de igual duración en que amortizarían sin intereses el 40% restante.
En el pleno de 4 de julio de 1945, se aprobaron ya las adjudicaciones provisio-
nales de cuatro tiendas y 110 viviendas protegidas, acordándose que ocuparan las
tres restantes los porteros del grupo; así, todas las viviendas construidas quedaron
liquidadas en la primera oportunidad. Tres años después, el entonces alcalde sán­
chEz VEnTura (1948: 144) se congratularía por la gran demanda de estos pisos, por
causa de su calidad y de sus ventajosas condiciones de enajenación:
Ha sido, desde el primer momento, tanta la aceptación de estas viviendas por parte de
los más diversos sectores del vecindario, que constantemente se presentan instancias de
nuevos aspirantes a beneficiarios, aun a sabiendas de que, por estar ocupadas todas, no
hay posibilidad de complacerles más que con ocasión de que se produzcan vacantes,
bien por renuncia de sus beneficiarios, bien por anulación de contrato en caso de incum-
plimiento de las obligaciones suscritas por alguno de los concesionarios.

En los primeros meses de 1946 concluyeron las obras del que desde febrero
de 1955 se llamaría grupo Francisco Caballero, ocupándose los pisos entre abril
y junio de aquel año. El presupuesto final fue de 5.525.909,93 ptas., de las que el
Municipio aportó las 552.590,99 en que se valoró el solar, equivalentes al 10% del
coste total; conforme a la normativa sobre protección oficial, el INV concedió un an-

8 El baremo de adjudicación de la manzana 14 era parecido al establecido en enero de 1938


para las casitas de la Ciudad Jardín del Terminillo, promovidas por la última corporación re-
publicana como consecuencia de una moción de la minoría socialista, pero entregadas ya en
el franquismo (BETrán, 2013: 298-310). Interesan los matices de la valoración, relacionados
con las distintas características de ambos grupos. Aunque la Ciudad Jardín estaba más apar-
tada del centro, sus viviendas eran menores y tenían peores condiciones materiales que las de
la manzana 14, fue un conjunto muy apetecible en el que se dio preferencia a los mutilados
de guerra y, tras ellos, a los funcionarios.

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288 | Ramón Betrán Abadía

ticipo reintegrable sin intereses de 2.210.363,97 ptas. (40%), y facilitó un préstamo


amortizable al 4% de interés por otros 2.762.954,97 (50%).
El éxito de la manzana 14 animó a la Corporación, en sintonía con la política de
vivienda del Régimen, a seguir dirigiéndose a la clase media como destinataria prin-
cipal de sus realizaciones. El 10 de agosto de 1946, pidió a la Dirección de Arquitec-
tura que formara sobre los solares 2, 3 y 7 de la manzana 3 de la plaza del Pilar, en
el plazo de cuatro meses y fuera de horas de oficina, un proyecto de viviendas de tipo
bonificable para la denominada clase media, de acuerdo con la ley de 25 de noviembre
de 1944. En el pleno del 27 de enero de 1950, cuando el Ayuntamiento, como luego
veremos, ya había renunciado en la práctica a la promoción directa de viviendas
baratas, acordaría constituir una ponencia presidida por el alcalde y compuesta por
seis funcionarios y todos los tenientes de alcalde, para estudiar la construcción de
viviendas protegidas para empleados municipales.

2. El grupo San Jorge, en las Delicias


Casi vendidas ya las 335 casas que había empezado a construir en la Ciudad
Jardín del Terminillo el último ayuntamiento republicano, en el pleno del 5 de
mayo de 1942 se acordó ceder cuatro manzanas inmediatas (93, 94, 98 y 99) a
la Obra Sindical del Hogar (OSH) para que construyera las primeras viviendas
protegidas que promovió en Zaragoza. En nombre de la Delegación Nacional
de Sindicatos, el concejal Manuel Campos aseguró en esta sesión que antes de
acabar el año comenzarían las obras de esas «viviendas para obreros y empleados
de modesta condición», y descalificó a quienes decían que el Concejo, «sola-
mente se preocupa […] de derribar, ya que hace pocos días se ha adjudicado
la construcción por el Ayuntamiento de ciento trece viviendas protegidas, que
unidas a las que ahora se trata vendrán a reducir considerablemente la escasez
que actualmente existe». Añadió el alcalde que, «si las Empresas zaragozanas in-
teresadas en facilitar a sus obreros y empleados viviendas higiénicas y cercanas
a sus centros de trabajo colaboran, llegará a solucionarse satisfactoriamente el
repetido problema».
La nueva actuación se presentaba como un paliativo de la expropiación y el de-
rribo de cientos de casas modestas a causa de las importantes operaciones de refor-
ma interior en curso, de las que resultaba suelo que el Ayuntamiento revendía una
vez reparcelado, urbanizado y revalorizado, con las consiguientes ventajas para los
propietarios de solares liberados de edificios e inquilinos, y de capitales pendientes
de inversión. Pero tampoco la promoción del Terminillo se destinaría a las personas
desalojadas del centro, sino a ciertos grupos sociales bien situados en relación con
los organismos promotores.

una y [Link] 288 10/6/17 11:38:47


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 289

[sánchEz VEnTura, 1948: 180].

El Municipio cedió gratis a la Obra Sindical una de las manzanas y le vendió las
otras tres a 26 ptas./m2, con un total de 556.694,82 ptas.9. La OSH encargó el pro-
yecto del llamado grupo San Jorge a Alejandro Allanegui y José Yarza, y estos adap-
taron a las nuevas condiciones de entorno y programa su proyecto para la manzana
14 de Miralbueno. De ahí resultaron dos manzanas independientes, cada una de las
cuales aunaba dos de las concedidas e incluía cinco bloques de vivienda colectiva de
cuatro alturas y planta en L, que abrazaban cuatro jardines colectivos. La primera
manzana, al este de la calle de Manuel Dronda y más cercana a la Ciudad Jardín,
incluyó 218 viviendas de renta reducida y 13 tiendas; en la segunda, al oeste de esa
calle, se preveían 210 viviendas. Cada manzana constituyó una fase de las obras,
dirigidas por Fausto García Marco.
Se proyectaron viviendas de cuatro tipos, cada uno con una variante de un
dormitorio menos. El mejor era el tipo A, con estancia-comedor, cocina, despensa,
baño, retrete para el servicio, tres dormitorios dobles, uno sencillo y galería con
lavadero; tenía calefacción individual y en 1948 se le estimaba un precio de 75.500
ptas.; la fase primera comprendía 42 viviendas de este tipo y dos más del Ap, con
un dormitorio doble menos y coste de 72.500 ptas.: basta este dato para demostrar

9 El 18 de marzo de 1946, se acordaría enajenar a la OSH 1.416,75 m2 de terreno de propiedad


municipal para completar la manzana 94, al mismo precio de 26 ptas./m2.

una y [Link] 289 10/6/17 11:38:47


290 | Ramón Betrán Abadía

que el grupo San Jorge, como el Francisco Caballero, se destinaba a familias relati-
vamente acomodadas de la clase media. El tipo más modesto era el Dp, con cocina-
comedor, despensa, aseo con ducha, dos dormitorios dobles y galería con lavadero,
precio de 40.500 ptas. y solo 8 unidades.
En 1948, solo la primera fase estaba en ejecución, y con tal retraso que, según
escribió sánchEz VEnTura (1948: 184), «las obras no solo se encuentran en un es-
tado embrionario, sino que siguen un ritmo excesivamente lento, debido a la insu-
ficiencia en el suministro de cemento, habiéndose dado comienzo a los trabajos de
cimentación en noviembre de 1947, sin que haya sido posible terminarlos aún». Por
si fuera poco, el encarecimiento de la mano de obra y los materiales había obligado
a una revisión de precios, pendiente de aprobación, que aumentaba en un 70% el
presupuesto, evaluado en 1942 en 14.299.057,82 ptas., incluidas las dos fases. Aun
así, Sánchez Ventura hacía notar que en la primera fase ya se habían solicitado for-
malmente 120 viviendas y 5 tiendas10.
Como en las demás promociones de la Obra Sindical, el Instituto Nacional de
la Vivienda anticipó sin intereses el 40% del presupuesto protegido, reintegrable en
cuarenta años, y prestó otro 50% al 4% y con un plazo de amortización de veinte
años. En consecuencia, en 1948 se preveía, a reserva de lo que deparara el coste fi-
nal de las obras, que los compradores de las viviendas pagaran cuotas mensuales de
144,60 a 269,10 ptas., según tipos, durante los primeros veinte años, y de 138,35 a
254,60 ptas. en los veinte siguientes11.

3. Las viviendas ultrabaratas de Las Fuentes


Mientras el Ayuntamiento y el Estado hacían de la clase media la principal benefi-
ciaria de sus programas de vivienda protegida, la población más indigente, engrosa-
da tras la guerra por el endurecimiento de las condiciones vitales, podía alojarse tan
precariamente como indicaba la solicitud del teniente de alcalde Rudesindo Nasarre
ante el pleno de 12 de febrero de 1941, de una inspección técnica de «las graveras,
donde se cobijan bastantes familias, prohibiendo el alojamiento en aquellas que no

10 Para abaratar la segunda fase, con licencia de junio de 1955 y luego llamada grupo Severino
Aznar, García Marco modificó el proyecto en 1952, aumentando las viviendas a 238 (más 10
tiendas, hogar del productor y consultorio), compactando la edificación sin elevarla, acortan-
do la manzana y suprimiendo su patio norte, donde hoy está la plaza de los Donantes.
11 Con proyectos de Allanegui y García Marco (1953 y 1957) y ejecución posterior al período
que estudiamos, la Obra Sindical del Hogar promovió las dos fases del grupo Alférez Rojas
en el borde occidental de Delicias, lindando ya con la ronda de enlace. Su notable tamaño
(656 viviendas) le dio una dimensión urbana, con acompañamiento de un grupo escolar,
parroquia y zona de servicios, y bloques residenciales lineales de tres a cinco plantas y direc-
triz cambiente, perpendicular a la ronda y con orientación dominante sur. Su baja densidad
(483 hab./ha), una esmerada adaptación al terreno y la generosa dotación de equipamientos
y zonas verdes hicieron de este grupo el mejor de cuantos promovió la OSH.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 291

reúnan las debidas condiciones de seguridad, para evitar posibles desgracias». El 20


de marzo de 1942, Nasarre presentó otra moción donde tampoco pedía sustituir
esos inmundos alojamientos por viviendas decentes, sino que se higienizaran las
«cuevas susceptibles de ello, existentes en el cinturón de la ciudad, barriadas de
Cuber, Delicias, Torrero, etc., utilizadas actualmente por familias de modestísima
condición». Veinte años después, el asentamiento situado bajo el futuro parque de la
Paz mostraría todavía esta turbadora imagen:
Como acuciante testimonio del problema de la vivienda en Zaragoza aparecen las «gra-
veras», que no son más que cuevas, agujeros donde vive la gente como auténticos tro-
gloditas, excavadas en los taludes que separan las terrazas, allí donde son más pronun-
ciadas.
Las primeras muestras de este tipo de habitación en Zaragoza aparecieron hace unos
años en las graveras de Baqué, entre los barrios de Delicias y Oliver; desaparecieron al
ser construidas las casas del Ayuntamiento en Montemolín y luego en el propio barrio
Oliver, pero han resurgido en las proximidades al suburbio de La Paz, bordeando la
orilla del Canal Imperial.
Viven allí unas 100 familias, aproximadamente unas 500 personas, en unas condiciones
de vida verdaderamente infrahumanas, sin agua corriente (utilizan la del Canal), sin luz,
sin asistencia sanitaria y apenas religiosa. Sus componentes son sobre todo gitanos, pero
los hay que no lo son, aunque integran la escala más baja de la sociedad. Carecen de la
menor formación ni instrucción.
Se da el caso de que cuando una cueva queda vacante, el siguiente ocupante ha de pagar
un traspaso al anterior; se han pagado en un caso 75 pesetas (naVarro, 1962: 172)12.
Como advirtió sánchEz VEnTura (1948: 145), el Ayuntamiento inventó el tipo
de las viviendas ultrabaratas para «inutilizar las cuevas y graveras de los alrededores
de Zaragoza, en las que considerable número de familias de humilde condición se
habían alojado por falta de vivienda al alcance de sus posibilidades, y con el huma-
nitario fin de liberarlas de las horribles condiciones de hacinamiento, promiscuidad
de sexos, sin luz ni ventilación, en que vivían». Para reducir los costes al extremo,
las viviendas, de carácter provisional, estaban muy por debajo de las condiciones
mínimas que exigía la legislación de vivienda protegida; eran «casitas sencillas y lo
más económicas posible, objetivo que se había de lograr necesariamente a base de
suprimir los servicios menos imprescindibles, con tal de obtener una vivienda sanea-
da y alegre, a la vez que ultrabarata». Leído de otro modo, se trataba de realojar por
cortos períodos transitorios y de cualquier manera a unas cuantas familias desalo-
jadas por reformas de alta rentabilidad en el centro urbano, o residentes en cuevas
con riesgo cierto de desmoronamiento.
En el pleno de 5 de septiembre de 1941, se aprobó un proyecto de la Dirección
de Arquitectura para la construcción de 200 casas familiares ultrabaratas junto al

12 Aunque el Patronato Social Católico de Torrero de mosén Francisco Izquierdo intentó desalo-
jar estas graveras proporcionando a sus ocupantes alojamientos más dignos, la sustitución de
los que se iban por otros que llegaban impidió erradicarlas hasta que se construyó en su lugar
el parque de la Paz.

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292 | Ramón Betrán Abadía

camino de Las Fuentes, con un importe de 8.197,90 ptas. por unidad. El 25 de no-
viembre, se aprobó un presupuesto extraordinario de 409.488,09 ptas. para levantar
las primeras 40, el Ayuntamiento sacó la obra a subasta dos veces sin éxito, acordó
realizarlas por administración el 20 de marzo de 1942 y el 5 de agosto la comisión
permanente detalló las condiciones para ocupar las viviendas.
Así se construyeron las llamadas Casicas, hoy desaparecidas, en un terreno de
propiedad municipal situado detrás del Matadero13. Las casas, en hilera, de una
planta y muy modestas, tenían 42 m² de superficie, constaban de cocina-comedor,
dos dormitorios, retrete y corral, y se dirigían al realojo provisional de chabolistas
del extrarradio e inquilinos desahuciados por la ampliación de las plazas del Pilar
y Salamero. Al final, costaron 9.000 ptas. por casa, y se entregaron entre febrero y
abril de 1943, con un canon de 35 ptas. mensuales.
El 5 de abril de 1944, se aprobó un presupuesto extraordinario de 200.000 ptas.
para promover otra tanda de ultrabaratas. El 25 de septiembre siguiente, el Concejo
acordó construir 8 más, iguales a las anteriores, en los espacios vacantes que aún
poseía tras el Matadero, ejecutándolas por administración por razones de urgen-
cia14. Un mes después estuvieron terminadas y se cedieron por el mismo canon de
35 ptas. al mes, aunque se habían gastado ya 15.000 ptas. por unidad.
Después de construir estas 48 casicas, el Municipio dio muestras de querer des-
entenderse de la promoción de viviendas ultrabaratas, delegándola en la Obra Social
Francisco Franco de FET y de las JONS. El pleno del 14 de abril de 1945 aprobó
el reglamento para la nueva obra, encargada de la construcción, conservación y uso
de casas de canon reducido, y dirigida por el gobernador civil y jefe provincial del
Movimiento, asesorado por una comisión consultiva presidida por él e integrada
por el presidente de la Diputación, el alcalde, el delegado provincial de Sindicatos
y el arquitecto que designara. El reglamento determinaba que la Obra construiría
las casas sobre los terrenos que pusiera a su disposición el Ayuntamiento, que se
haría cargo de la urbanización y la instalación de los servicios y debería respetar las
edificaciones, su uso y su administración bajo el régimen de la Obra mientras esta
subsistiera, con un plazo máximo de treinta años a contar desde la entrega de los
terrenos; pasado este plazo o extinguida la Obra, el suelo revertiría al Municipio
con todo lo construido. El jefe provincial del Movimiento elegiría a los usuarios de
las casas en función de sus ingresos; aunque se les exigiera satisfacer un canon, la
concesión de uso de las viviendas no les atribuiría el carácter de arrendatarios, sino

13 De la precariedad de las casas da idea, además de su endeble calidad y su disfrute a canon,


su ubicación en suelo que el Ayuntamiento había adquirido para ampliar el Matadero cuando
fuera preciso.
14 AMZ, caja 200206, exp. 0003599/1944, «Sección de Fomento. Licencia obras ocho casas
ultrabaratas. Camino de Las Fuentes (Florentino Ballesteros, 1)», y caja PO000304, arc.
PO001632/1942, «Vicente Mercadal. Alcantarillado para desagüe de las casas ultrabaratas.
Camino de Las Fuentes».

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el de beneficiarios de una obra benéfico-social. El producto del canon se destinaría


íntegramente a la conservación, sostenimiento y administración de las casas edifi-
cadas, y, si hubiera remanente, podrían repartirse premios a los usuarios que más
se hubieran distinguido en el trato y conservación de la suya; si siguiera quedando
alguna cantidad, se emplearía en construir nuevas viviendas o, en su caso, en com-
pensar uno o más cánones que no hubieran satisfecho algunos beneficiarios por ra-
zones que el jefe provincial considerara excusables. Por último, un artículo adicional
advertía que el Ayuntamiento cedía a precario a la Obra el uso de los terrenos que
poseía en el camino de Las Fuentes, reservándose el derecho a recuperarlos cuando
necesitara ampliar el Matadero.
El reglamento se aprobó justo cuando la Obra de Falange acababa de construir
en estos terrenos dos grupos de casas ultrabaratas destinadas «a familias más o me-
nos numerosas» (sánchEz VEnTura, 1948: 146). El primero estaba formado por un
bloque de dos hileras y una planta, e incluía 20 viviendas de tres tipos diferentes:
el A (4 unidades) constaba de estancia, tres nichos dormitorios, paso-cocina, retrete
y corral; el B (12) era igual pero con solo dos nichos dormitorios, y el C (4) incluía
cocina, un nicho dormitorio, retrete y corral. El segundo grupo comprendía dos blo-
ques de doble hilera y una planta, con 40 casas familiares ultrabaratas con vestíbulo,
cocina, comedor, retrete, tres dormitorios y corral, equiparadas al tipo A. Esta nueva
fase costó 600.000 ptas. (10.000 por casa como media), y se fijaron cánones de 25
pesetas mensuales para las 44 viviendas del tipo A, 20 para las 12 del B y 15 para
las 4 del C.
El 10 de octubre de 1945, el pleno aprobó otro artículo adicional al reglamen-
to de la Obra Social Francisco Franco, propuesto por su consejo, en virtud del que
podría anticipar la entrega de los edificios al Ayuntamiento y este respetaría los de-
rechos de los beneficiarios a los que ya se hubieran asignado viviendas. El 9 de octu-
bre, muy lejos de los treinta años previstos en abril y de acuerdo con la posibilidad
contemplada en el artículo aprobado un día después, el alcalde y el jefe provincial
del Movimiento habían firmado el acta de donación por la Obra Social de las 60
viviendas construidas tras el Matadero, obligándose la Corporación a encargarse en
lo sucesivo de su administración. La Falange ya había comprendido hasta qué punto
las casicas eran una patata caliente.
El mismo 3 de noviembre de 1945 en que el pleno aceptó la donación, aprobó
un proyecto de la Dirección de Arquitectura para la construcción de otras 6 casas
ultrabaratas junto al Matadero, de condiciones iguales a las 48 anteriores y con car-
go al presupuesto extraordinario aprobado en abril de 1944. Solo se construyeron 5,
acabadas en diciembre de 1946 y cedidas con un canon de 35 ptas. mensuales.
En total, se edificaron en Las Fuentes 113 casas ultrabaratas, con una urbani-
zación tan precaria como la obra: calles sin pavimentar, carentes de alumbrado y
otras dotaciones básicas, daban servicio a viviendas de superficie muy insuficiente

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para la composición familiar de los beneficiarios15, y cuya endeble construcción les


daba una vida corta, cuajada de constantes desperfectos, a los que debía atender el
Ayuntamiento «sin reparar en que los gastos sean desproporcionados a los ingresos,
dado el carácter social que se persigue» (sánchEz VEnTura, 1948: 148).

4. El grupo Francisco Franco, en el Arrabal


También perteneció a la precaria modalidad de las viviendas ultrabaratas el grupo
Francisco Franco, construido junto al camino de Juslibol y cerca de la fábrica de
CAITASA. El lugar reunía las ventajas de un mínimo coste del suelo, proximidad a
la más activa zona industrial de Zaragoza y lejanía de las zonas de vivienda burgue-
sa, separadas por el Ebro; con una densidad mucho mayor que las Casicas y sin su
carácter provisional, la promoción quería servir de modelo a todas las zonas de la
ciudad donde se preveía mezclar la industria urbana con la vivienda obrera16.
El pleno del 29 de noviembre de 1946 (primero de Sánchez Ventura como al-
calde) acordó adquirir por 446.750 ptas. dos fincas de 3.590 y 14.280 m2, situadas
en el término del Rabal, para construir viviendas protegidas. Los terrenos formaban
parte de una manzana delimitada por el plano de ordenación general de 1943, que
en su conjunto tenía 22.950 m2 de superficie. En ella se proyectaba promover 645
viviendas y 43 locales, incluidos en seis bloques lineales de cuatro plantas (B+3)
perpendiculares al camino de Juslibol, lo que suponía que sus fachadas mirarían
exactamente a sur y a norte, y que esta última sería la orientación única de la mitad
de las viviendas. Se accedería a los zaguanes por calles de 14 metros de ancho que
arrancarían del camino, y junto a este se plantaría un parque de barriada.
El 25 de junio de 1948, se acordó aprobar el proyecto formado por los arquitec-
tos municipales Yarza y Beltrán para la primera fase de las obras, correspondiente al
bloque 1, y ejecutarlo por administración17. El bloque tenía una superficie en planta
de 2.076,32 m2 y su lado norte se alineaba con el futuro enlace de las carreteras de
Navarra y Huesca en una longitud de 115,35 metros. Con 18 metros de espesor,
constaba de dos estrechas bandas edificadas alineadas con sus lados largos y se-
paradas por una franja de poco más de 4 metros de ancho, compuesta por patios
interrumpidos por 8 cajas de escalera que daban acceso a 4 viviendas por planta.
Se proyectaban 8 tiendas y 120 viviendas de tres tipos: las 32 del tipo A tenían una

15 MarTí (1994: 30) señaló que, en 30 de las primeras 40 viviendas ocupadas, se superaban
hacia 1945 los cuatro moradores previstos, y a veces muy holgadamente; estos eran en su
mayoría adultos y no eran raras las casas donde vivía más de una familia.
16 «Cuando se finalice esta primera barriada del sector del Arrabal, procederá acudir a otros sec-
tores: Delicias, San José, Torrero, Casablanca… con los mismos tipos de viviendas o introdu-
ciendo en los nuevos planos las modificaciones que, en su caso, aconseje la experiencia»
(sánchEz VEnTura, 1948: 45).
17 Reprodujo el proyecto, fechado en septiembre de 1947, sánchEz VEnTura (1948: 117-127).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 295

[sánchEz VEnTura, 1948: 122].

superficie útil de 44,93 m2 e incluían vestíbulo, cocina-comedor, tres dormitorios


dobles y aseo; las 80 del B contaban con 36,01 m2 útiles y un programa igual que el
A, pero con solo dos dormitorios, con lo que su planta era casi idéntica a las casicas
de Las Fuentes; y las ocho viviendas del tipo C eran de 53,85 m2 y tenían el mismo
programa que las anteriores, pero con cuatro dormitorios dobles18. Con estas medi-
das y programas, la superficie útil se reducía a 6,73 (tipo C), 7,49 (tipo A) o 9 (tipo
B) m2 por persona.
La distribución de las viviendas no hacía concesiones a la comodidad e incum-
plía las condiciones de habitabilidad de la normativa de vivienda protegida. Del
pequeño vestíbulo, que a un lado daba a un minúsculo aseo19, se pasaba a una estan-
cia con ventana a la calle y un pequeño nicho con la cocina en su fondo; a un lado
de la estancia se abrían las puertas de dos dormitorios, sin distribuidor intermedio
para ahorrar espacio y donde apenas cabían las camas; si el piso tenía más dormito-
rios, se llegaba a ellos a través de los anteriores, solución a todas luces inapropiada
y contraria a las ordenanzas del INV para viviendas protegidas. A estas se les exigía,

18 Estas viviendas mayores se situaban en los extremos del bloque, aprovechando para ganar
espacio las concavidades entre los contrafuertes que soportaban los empujes horizontales de
las bóvedas tabicadas de los forjados, que en principio se habían previsto abiertas y luego se
prefirió cerrar para proporcionar dos dormitorios adicionales a cada vivienda contigua.
19 Un cuartucho de 1,85 m2 donde solo había una placa turca con una alcachofa de ducha sobre
ella, de modo que la familia utilizaba el mismo elemento para hacer sus necesidades y para
ducharse, lo que además de problemas higiénicos originaría en las viviendas de ocho camas
largas colas en horas punta. Las manos y la cara se lavaban en el fregadero del nicho-cocina.

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29 | Ramón Betrán Abadía

además, una superficie útil mínima de 54 m2 (excusable en las muy modestas), que
no alcanzaba ninguna de las viviendas del grupo, y un programa al menos de tres
dormitorios que no satisfacían las del tipo B, con mucho las más abundantes.
También la construcción se sujetó a la máxima economía y recurrió a materia-
les asequibles incluso en un momento de fuertes restricciones, limitando a mínimos
el consumo de cemento y de hierro. Para ello, se optó por cimientos de hormigón ci-
clópeo; estructura de pilares y muros transversales de ladrillo; resto de cerramientos
de adobe; forjados de bóveda de rasilla cuyos empujes contenían contrafuertes de
ladrillo en los extremos del bloque; escalera tabicada; cubierta de teja árabe senta-
da con barro sobre cañizos y rollizos de madera, y carpintería de madera corrien-
te. Con estos materiales, producidos en las inmediaciones de la ciudad, y técnicas
constructivas preindustriales se logró acelerar las obras y reducir el presupuesto a
2.754.488,95 ptas., con una media de 21.519,45 ptas. por vivienda o tienda. Por su
sistema constructivo, que no por el tipo residencial, el proyecto seguía muy de cerca
al firmado en 1947 por Francisco Cabrero para el grupo de viviendas protegidas Vir-
gen del Pilar (Madrid), deudor a su vez del que Luis Moya había formado en 1942
para el grupo que la Dirección General de Arquitectura promovió en Usera, uno de
los núcleos rurales satélite considerados por el plan general de Madrid de 1941.
Si a la mezquina distribución y a la pobre construcción se unían un entorno
desolado y la orientación al norte de la mitad de las viviendas, con las consiguientes
carencias lumínicas y térmicas (ya que no se previó ningún sistema de calefacción,
ni aislamiento térmico, y la estanquidad de la carpintería dejaría mucho que desear),
el resultado no podía ser más que sórdido.
Aunque las condiciones materiales del grupo Francisco Franco distaban lo
suyo de las casitas de la Ciudad Jardín, de las promociones de la CONS y la manza-
na 14 en la zona de las Casas Baratas y, nada se diga, de la manzana 49 en Baltasar
Gracián20, la Corporación no alquiló ni cedió a canon estos chiribitiles, sino que los
vendió, lo que dice mucho de sus ideas sobre el modo de vida que correspondía a la
clase obrera y el fomento de la propiedad como antídoto del inconformismo. En el
segundo capítulo de El problema de la vivienda barata («El acceso de las clases más
humildes a la propiedad de la vivienda»), el alcalde sánchEz VEnTura (1948: 25-28)
tacharía de marxista la promoción de viviendas sociales en alquiler:
La doctrina marxista constituye una abierta pugna con la naturaleza humana […] No
encontramos, ni buscando con la linterna de Diógenes, un hombre sinceramente hostil
o siquiera indiferente a la idea de ser propietario de su hogar. La pareja que contrae
nupcias sueña con la casita de campo propia, o el pisito de ciudad propio; con ese rin-
cón pequeño, sobrio, humilde, pero limpio, sano, acogedor, donde establecer el nido
familiar en condiciones fundamentalmente estables. ¡Oh, la estabilidad como signo de
vida! […] Esa ambición tan legítima, tan respetable, de tan sano conservadurismo so-

20 Sobre las promociones de Baltasar Gracián y la CONS, véase BETrán (2013: 157-159 y 314-
317).

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 297

cial, ofrece múltiples facetas […] Una de ellas es la de las cuevas socavadas en terrenos
propicios, que constituyen por un lado signo de miseria, pero por el reverso, signo de
aspiración irrefrenable a la propiedad de la vivienda […] No es extraño que Flora defina
el problema social por antonomasia, como hambre de viviendas, la cual solo puede sa-
ciarse mediante el acceso a la propiedad de las clases menesterosas […] En conclusión,
la propiedad de la vivienda es un deseo general que repercute en la estabilidad de las
colectividades, en la moralidad de las costumbres, en la salud, en la alegría, en la felici-
dad de los pueblos… Por muchas que sean las leyes protectoras para el arrendatario y
onerosas para el arrendador, aunque las rentas que este cobre resultaren inferiores a las
cargas que pague, el prestigio de la propiedad prevalece y la suprema aspiración de todo
inquilino es pasar a la categoría de propietario.
Si, frente al socialismo, la Iglesia (fuente positiva de la obra legislativa del nuevo Es-
tado Español) siempre había sostenido «como base justa y necesaria de la sociedad, la
propiedad privada», el alcalde podía justificar la drástica reducción de la calidad de
las viviendas del grupo Francisco Franco como una condición para que los obreros
pudieran comprarlas:
Buscábamos la máxima baratura y creemos haberla conseguido. Ceder una buena vi-
vienda en plena propiedad, por el precio mensual de 72 ptas., durante 30 años, es un
resultado francamente satisfactorio […] El Instituto Nacional de la Vivienda tiene una
pauta de mayores exigencias. Bien está. Conforme a ella, el Ayuntamiento de Zaragoza
está terminando el grupo de Montemolín. Serán habitaciones mucho más amplias, pero
también cuestan más del cuádruplo. Los productores que puedan pagar el precio a que
resulten estas últimas, enhorabuena. Pero seguramente será harto mayor el número de
los que prefieran las de la «Barriada Francisco Franco», por un precio exiguo en extremo
(sánchEz VEnTura, 1948: 87).
En 1949, la Corporación aprobó las bases de adjudicación de los pisos, que
daban preferencia a las familias desahuciadas por causa de operaciones de reforma
interior o declaraciones de ruina inminente, seguidas a mucha distancia por los
trabajadores de empresas particulares que los avalaran, supuesto relacionado con el
creciente número de industrias en el entorno del grupo21.

21 Según sánchEz VEnTura (1948: 67-68), urgió la construcción de las viviendas del Arrabal
la necesidad de facilitarlas a familias «económicamente débiles» cuyos alojamientos hubiera
ordenado demoler el Ayuntamiento «a causa de ruina inminente, mejoras urbanas, etc.». Pero
el alcalde iba más allá y defendía que, además de hacerse cargo del realojo en desahucios de
su iniciativa, el Municipio colaborara con la Cámara de la Propiedad para posibilitarlo siem-
pre que un propietario quisiera derribar un inmueble para construir otro, a fin de eliminar
restricciones a la propiedad urbana y favorecer el progresivo desenvolvimiento de la ciudad, el
incremento del número de viviendas y el mayor empleo en la industria de la construcción. Se
trataba, hablando en plata, de dedicar recursos públicos a liberar de cargas a los propietarios
particulares y de apoyar la expulsión del centro de las clases subalternas: «Claro es que el in-
quilino no podría aspirar a quedarse siempre en el centro de la ciudad, ni a exagerada amplitud
de superficie, ni a nuevos precios de alquiler equivalentes a los de hace treinta años»; por eso,
su propuesta era de auténtica justicia social, acorde con el verdadero interés nacional, aunque des-
entonara con una extremista normativa sobre congelación de alquileres que provenía, según él,
«del nefasto régimen republicano, influido a fondo por las doctrinas más disolventes» y empe-
ñado en asestar continuamente tremendos palos de ciego a la propiedad (1948: 78 y 77).

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298 | Ramón Betrán Abadía

El Ayuntamiento quiso conjugar aquí su supuesta labor asistencial (que no era


más que la consecuencia obligada de la expulsión de las clases populares de las
áreas centrales revalorizadas) con la rápida rentabilización del gasto efectuado, aun
reducido a mínimos; para ello, y como ya se había ensayado en el grupo Francisco
Caballero, dio a la compra diferida la alternativa del pago y el acceso a la propie-
dad inmediatos, gracias a hipotecas amortizables a treinta años. En el capítulo que
dedicó en su libro a las fórmulas jurídicas para la adjudicación de las viviendas,
Sánchez Ventura advirtió que la Corporación había emprendido la construcción del
bloque del Arrabal con partidas ya consignadas en sus presupuestos y sin necesidad
de crédito alguno; si con esto acabara todo le bastaría vender a plazos las viviendas,
pero su pretensión era obtener el máximo beneficio inmediato para iniciar nuevas
promociones, lo que hacía de la compra mediante hipotecas «el punto neurálgico
del proyecto». Según él, el precio de las viviendas no llegaba a la mitad de su valor
real de mercado, porque no incluía el solar, ni el proyecto, ni la dirección técnica,
ni la gestión administrativa, ni la cuota de nuevos servicios urbanísticos, y el coste
de los materiales era mínimo; este margen, no inferior al 50%, supliría al que suelen
reservarse las entidades prestamistas para cubrir gastos de ejecución, depreciaciones
y otras posibles contingencias en caso de impago, de modo que el préstamo podría
igualar sin riesgo el precio de venta. Y, si la banca concedía a cada comprador un
crédito hipotecario por el importe íntegro de la vivienda, este podría abonarlo en el
acto al Ayuntamiento, que con el dinero construiría otros bloques.
A cambio, aunque la ley limitaba al 3% el interés de los préstamos para compra
de viviendas protegidas, el alcalde creía razonable que los bancos se beneficiaran con
un interés del 4% anual. Con este índice y plazo de amortización de treinta años, los
beneficiarios de viviendas del tipo A, cuyo precio era de 18.645,95 ptas., pagarían
89,95 al mes; los del tipo B, de 14.944,15 ptas., 72,01 ptas. mensuales, y los del
tipo C, de 22.347,75 ptas., 107,69 ptas.: en todos los casos, serían costes «muy por
debajo de la norma general admitida de los 5 o 6 días del jornal de un obrero, para
alquiler de la vivienda» (sánchEz VEnTura, 1948: 57­58)22.
Como «iniciativa de simpático carácter popular» para fomentar la nupcialidad,
«conforme a las directrices del nuevo Estado español», sánchEz VEnTura (1948:
69) proponía añadir al precio del tipo B 7.000 ptas. para la adquisición de muebles,
ropas y enseres, de modo que una familia obrera consiguiera un hogar completo y en
seguida habitable pagando durante treinta años una mensualidad de 105,75 ptas.,
mucho menos de lo que «ahora le costaría, en alquiler, cualquier tabuco nauseabundo,

22 Como alternativa para otros bloques, sánchEz VEnTura (1948: 60) planteaba la venta com-
pleta al contado, con igual posibilidad de hipoteca y precio estricto de coste («es decir, con
donación del solar y de los servicios antes indicados, que traen como resultante un precio
inferior a la mitad de su verdadero valor»), a empresas interesadas en proporcionar viviendas
a sus trabajadores. Para gestionar todas estas actuaciones en materia de vivienda, proponía
crear un patronato municipal que prefiguraba el Instituto Municipal de la Vivienda constitui-
do en 1952.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 299

acaso para disfrutarlo en indecoroso hacinamiento con otros ocupantes». Y, en el


colmo del paternalismo, aún sugería que durante las fiestas del Pilar se celebrara en
el teatro Principal «la fiesta de los novios», en la que el alcalde disertaría sobre las
virtudes y responsabilidades de la familia cristiana y se sortearían unas cuantas vi-
viendas con ajuar entre parejas de novios de la clase productora que pensaran casarse
en el año siguiente, repartiéndose después premios de consolación donados por em-
presas y tiendas interesadas en hacerse propaganda. Dificulto que pueda ilustrarse
mejor esta época deprimente.
Aunque las obras de la primera fase se terminaron en 1949, las viviendas es-
tuvieron deshabitadas durante tres años. En el pleno del 4 de febrero del 49, la
comisión especial encargada de su construcción y venta comunicó su intento de
vender lo hecho y edificar más casas del mismo tipo con el dinero obtenido; para
ello había iniciado conversaciones con la Caja de Ahorros de Zaragoza, sin llegar
a un acuerdo por pretender la entidad «cierta autonomía para hacer directamente
alguna adjudicación», y haber adquirido antes el Ayuntamiento varios compromisos
con inquilinos de inmuebles expropiados o declarados en ruina. Por eso, la comisión
proponía que el Municipio mantuviera la propiedad de las viviendas y adjudicara
provisionalmente 80, dejando solo 40 disponibles para lo sucesivo. Fuera de esto,
la inminente renovación del Concejo recomendaba evitar un pronunciamiento de-
finitivo y dejar libertad al siguiente para decidir «sobre la conveniencia de continuar
la construcción de estas viviendas o estimular la iniciativa particular mediante la
donación de terrenos con la obligación de edificar viviendas económicas sobre los
mismos en un plazo determinado».
Tras unas palabras del alcalde se aprobó el dictamen, cuyo primer punto le
felicitaba por la publicación del magnífico libro sobre la vivienda social que ya co-
nocemos y cargaba a la Corporación las 39.762,50 ptas. de su impresión. Después
de agradecer a la Caja de Ahorros su cooperación, se enumeraban las personas des-
alojadas por expropiación o ruina beneficiadas con 80 viviendas en el Arrabal (22
del tipo A, 51 del B y 7 del C, más 4 tiendas), por los precios que resultaran cuando
se liquidaran las obras, excluidos costes de suelo y de urbanización, y con un plazo
de amortización de treinta años. En el cuarto punto, la Corporación decía creer via-
ble el Patronato Municipal de la Vivienda propuesto por el alcalde, aunque el inmi-
nente final de su mandato hacía inoportuna su constitución. Y, en quinto lugar y por
igual razón, desistía de dictar normas para la construcción de esta clase de viviendas,
aunque sugería que el Ayuntamiento regalara solares de su propiedad o comprados
con este fin a empresas y entidades que se comprometieran a edificarlas y cederlas
en venta o alquiler a los precios que se les fijara, poniendo a su disposición, también
gratis, el proyecto del bloque del Arrabal. Así pues, a instancia de Sánchez Ventura,
que ese día cedió la alcaldía a José María García Belenguer, la Corporación saliente
sugería renunciar a la intervención directa en materia de vivienda social. El regla-
mento municipal aprobado el 8 de agosto de 1949, al que me referí en el apartado
IX.6, permitiría canalizarla hacia la promoción privada, con la consiguiente antepo-

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300 | Ramón Betrán Abadía

sición de la construcción de viviendas para la clase media a las destinadas a sectores


más necesitados, pero menos solventes.
En consonancia con el rumbo privatista apuntado, el pleno del 30 de junio de
1950 acordó enajenar en subasta pública el edificio del Arrabal, con un importe de
licitación de 3.238.460 ptas.; el 26 de enero del año siguiente, el Ayuntamiento aña-
dió al pliego de condiciones de la subasta una cláusula que exigía al adjudicatario
reservar 35 viviendas y 4 tiendas, como máximo, para cederlas en arrendamiento «a
los precios usuales en la Ciudad» a quienes determinara la Corporación cuando se
firmara la escritura. Tras dos subastas fallidas, en 1952 la obra se vendió a la Caja
de Ahorros, que, en lugar de enajenar inmediatamente los pisos, los puso en alquiler
con opción de compra a veinte años.

5. El concurso sobre vivienda modesta y la creación del IMV


Como complemento del reglamento del 8 de agosto de 1949, el pleno había acor-
dado el mismo día convocar un concurso nacional de anteproyectos para la solución
del problema de la vivienda modesta. En razón de la complejidad del tema, las ba-
ses, de 30 de agosto, dejaron abierto el contenido de los anteproyectos, exigiendo
solo que los suscribieran arquitectos españoles, que se presentaran bajo lema y que
trataran al menos las siguientes cuestiones:
a) Tipos de parcelación más convenientes, según los distintos [tipos] de edificación del
Proyecto de Ordenación de la ciudad, en lo que se refiere a las zonas en que sea ade-
cuado el emplazamiento de viviendas humildes y bonificables. Los concursantes, si
lo estiman necesario, podrán modificar los tipos en las zonas de edificación del Plan
de Ordenación, siempre que lo razonen debidamente y con ello se consigan ventajas
en orden a la solución del problema de la vivienda planteado. Si estas modificaciones
afectasen al trazado urbano, deberán presentar la propuesta de modificación.
b) Condiciones mínimas que deben regir en los distintos tipos de edificación propues-
tos, teniendo en cuenta la gravedad del problema, la modestia de las edificaciones,
y valorado debidamente el aspecto económico en la aplicación de las condiciones
mínimas que se fijan y que deberán comprender las de volumen, higiénicas, de usos
y estéticas.
c) Coste de los distintos tipos propuestos y estudio de la financiación y rentabilidad.
El concurso se dotó con un premio único de 50.000 ptas. y dos indemnizacio-
nes de 10.000, reservándose el Ayuntamiento la propiedad del trabajo premiado y el
derecho a efectuar una exposición con todos los presentados23.

23 En enero de 1949, el Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y Baleares había convocado


otro concurso de ideas para la vivienda económica en Barcelona, que sirvió de clara inspira-
ción al de Zaragoza; en octubre, el jurado dio el primer premio al trabajo de Mitjans, Mora-
gas, Tort, Sostres, Balcells y Perpiñá (Revista Nacional de Arquitectura, 101, 5/50). En 1950, el
Colegio de Madrid falló otro concurso de viviendas económicas que ganó Miguel Fisac con

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 301

Una de las consultas dirigidas al Ayuntamiento por los concursantes durante


el plazo de preparación de los anteproyectos se refirió al alquiler que deberían tener
las viviendas, fijándose en la respuesta, comunicada a todos los inscritos, un máximo
de 350 ptas. entre amortización y renta, con plazo de amortización de treinta años,
interés del 4% anual y capital amortizable igual al coste total de la vivienda.
El plazo para entregar los trabajos concluyó el 28 de febrero de 1950, el 27 de
marzo se reunió el jurado y el alcalde García Belenguer comunicó su fallo ante la
comisión permanente del día 31. Al concurso se habían presentado cinco equipos
y tres merecían una mención especial porque no solo habían aportado ideas, sino
«verdaderos proyectos en que está estudiado el problema en todos los aspectos y
con sugestiones y opiniones interesantísimas». El premio se dio al anteproyecto que
llevaba el lema Módulo y Ciudad (cuya plica, según Belenguer, aún no se había abier-
to), «acabadísimo y orientador para soluciones del problema de la vivienda no solo
por parte del Ayuntamiento, sino de entidades particulares»24. Tras esto, indicó que,
hasta 1936, el Ayuntamiento había promovido 97 viviendas en la manzana 49 (Bal-
tasar Gracián) y 335 en la Ciudad Jardín, y que desde entonces llevaba construidas
otras 113 en la manzana 14, 40 tras el Matadero, 95 en el camino del Puente Virrey
y 60 por la Obra Social Francisco Franco, sin contar 120 a punto de acabarse en el
Arrabal; además, habían colaborado en la construcción de viviendas el Patronato del
Ejército, el Cuerpo de Aviación, la Caja de Ahorros, y FET y de las JONS (Heraldo
de Aragón, 1/4/50).
En la comisión permanente del 5 de abril, el alcalde comunicó la apertura de
las plicas del concurso, cuyo ganador no había sido otro que el arquitecto municipal
José Beltrán, al que dedicó grandes elogios (Heraldo de Aragón, 6/4/50)25.

un prototipo de casas en cadena que más adelante se materializaría en Usera (Revista Nacional
de Arquitectura, 109, 1/51).
24 Las menciones se dieron a los trabajos presentados con los lemas LAR y RO-BLE-LA. En
AMZ, caja 029328, 1950, se guardan las memorias y presupuestos de ambos, más los planos
del segundo, cuya memoria comenzaba enjabonando al Ayuntamiento por la relación que
había establecido entre planeamiento urbanístico y vivienda social (el problema más importante
en España después de la alimentación), según él «un paso decisivo y dado por primera vez». A
diferencia de LAR, que exhibió un sinnúmero de ejemplos internacionales, RO-BLE-LA se
esmeró por revestir su texto de un confesionalismo políticorreligioso muy expresivo del aire
que respiraba el urbanismo español, y del que da muestra este pasaje: «En el campo del urba-
nismo se debate hoy una batalla en el mundo en la que los Arquitectos españoles estamos en
la vanguardia. Por fortuna, la concepción de la ciudad cristiana ofrece la solución perfecta a
todos los problemas que puede plantear la vida social del hombre, y cuando se comprende no
se añoran las promesas de paraíso que con habilidad y subjetiva propaganda nos presentan
concepciones de la ciudad en las que la base ideológica en la que se asientan los principios
urbanísticos, apuntan claramente a una sociedad marxista».
25 En AMZ, caja 029333, se conserva el trabajo ganador. En esta época, el puesto de arquitec-
to municipal carecía de normas efectivas de incompatibilidad, lo que permitía a sus titula-
res competir ventajosamente por encargos privados e incluso, como particulares y cobrando
aparte, del Ayuntamiento.

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302 | Ramón Betrán Abadía

La memoria de su anteproyecto enumeraba las condiciones ideales de la vivienda


barata. A propósito de los tipos residenciales, se afirmaba que la mayoría de la gente
apreciaba más la casa individual; que los edificios colectivos mejor valorados tenían
de una a cuatro plantas y no más de dos viviendas por planta, pues solían rechazarse
los demasiados vecinos; que las galerías se preferían a los balcones, y que se requería
separar la cocina del comedor y el retrete del baño, así como disponer un vestíbulo
y un pasillo interior que diera paso a los dormitorios y el baño.
En cuanto a la orientación, en Zaragoza se creían óptimas las viviendas con
fachadas a norte y sur, ya que en verano la primera es fresca y la segunda poco so-
leada, y en invierno las habitaciones meridionales reciben mucho sol y más horizon-
tal. Por el contrario, en las casas con fachadas a este y oeste entra por ambos lados
excesivo sol en verano y demasiado poco en invierno. Por eso, solo se proyectaban
bloques lineales de dirección este-oeste, con fachadas a norte y a sur.
Por razones no solo económicas, se desechaba el acceso a las viviendas por gale-
ría corrida, eligiéndose las agrupaciones de dos por caja de escalera (lo más barato),
aumentadas a tres o cuatro en algunos casos de alojamientos más reducidos.
En viviendas modestas y sin ascensor convenían edificios de tres o, mejor, de
cuatro plantas, cuya construcción era un 7% más barata por el mayor aprovecha-
miento del terreno. Se ahorraría otro 2% reduciendo la altura de los pisos de los
2,80 metros exigidos por las ordenanzas municipales de edificación a 2,50 metros,
admitidos por las ordenanzas del INV. Y, en bloques de dos crujías como los pro-
yectados, un aumento del fondo edificado de 8 a 9,50 metros reducía los gastos de
construcción en otro 3%, por causa del mayor aprovechamiento del suelo, la menor
longitud de fachada y el abaratamiento de la urbanización. Si, además, se modula-
ran los tipos, las luces de los forjados podrían ser invariables independientemente de
la profundidad de los edificios, con la consiguiente economía. Todo junto, permitiría
reducir en un 12% el coste de la construcción y en un 10% los alquileres.
A partir de estos principios, la memoria postulaba bloques residenciales de
cuatro plantas y profundidad dominante de 9,50 metros, y viviendas con el máximo
número de camas por metro cuadrado construido; sala de estar y dormitorios se-
parados por un local de paso y orientados a sur (salvo algún dormitorio); galerías y
balcones que no ensombrecieran el interior; cocina próxima a la estancia y orientada
a norte, y duchas y retretes separados y también a norte, como las escaleras. «Para
satisfacer las necesidades del carácter marcadamente individualista que tenemos los
españoles», se proyectaban también viviendas unifamiliares, de una o dos plantas y
con posibilidad de jardín delantero y huerto trasero. Por razones financieras, y aun
tachándolas de algo exigentes, se respetaban las condiciones de diseño exigidas por el
INV para otorgar sus ayudas26.

26 Según la memoria, «se han tratado las viviendas en su composición y en la construcción […]
como verdaderas viviendas de lujo dentro de las superficies impuestas, quitándoles el carác-

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 303

Decididas las condiciones generales de los alojamientos, se precisaba su distri-


bución. Las superficies exigidas y la profundidad del bloque llevaban a diseñar cua-
tro módulos de 2,50 metros de anchura y 9,50 metros de profundidad, cuya agrega-
ción daría lugar a las distintas viviendas. El primero incluía la escalera, un entrante
de la sala de estar (aprovechable para una o dos camas provisionales) y un ropero; el
segundo, la sala de estar, el vestíbulo y la cocina, más los servicios higiénicos en las
viviendas menores; un tercer módulo se destinaba a dormitorios y servicios higié-
nicos, y el cuarto a dormitorios adicionales; en algunos casos, se empleaba también
medio módulo para un solo dormitorio27.
Combinando módulos, se obtenían ocho tipos de vivienda colectiva en edificios
de cuatro plantas (B+3) y cinco de casa unifamiliar, tres de ellos de dos plantas
(B+1) y dos de una. Todas las viviendas colectivas tenían vestíbulo, estancia-come-
dor, cocina, aseo, y de uno a cinco dormitorios dobles; según el número de estos,
las superficies construidas variaban desde los 37,72 m2 del tipo A1 a los 116 m2 del
E; en cuatro tipos, entre los que estaban los tres más amplios, cada caja de escalera
daba acceso a dos viviendas por planta; en dos daba a tres viviendas, y en otros dos
a cuatro. Los tres tipos unifamiliares de dos plantas tendrían de 70,83 a 99,32 m2
construidos y dos, tres o cuatro dormitorios dobles. Por último, los dos tipos de una
planta se calificaban de crecederos, ya que a los núcleos iniciales de dos dormitorios
y 55,16 m2 podrían añadirse a posteriori, sin modificar la construcción anterior, mó-
dulos o semimódulos con más dormitorios.
Los tipos de vivienda descritos podrían agruparse de distintos modos, para sa-
tisfacer cualesquiera necesidades del programa o adaptación al terreno.
Además de facilitar el diseño y el presupuesto de los edificios, se decía que la
modulación los abarataría y aceleraría las obras, gracias al uso sistemático de ele-
mentos prefabricados acordes con las posibilidades de la industria local, tales como
forjados con viguetas de 2,50 metros de luz libre única, apoyadas en los muros de
carga, o paños de 2,50 x 2,50 metros para componer las fachadas, de simple cerra-
miento.
Sin embargo, el proyecto no contemplaba tales elementos y sí las técnicas tra-
dicionales con uso intensivo de materiales cerámicos y disposiciones que, como los
tipos de vivienda colectiva, recordaban demasiado las casas ultrabaratas del Arrabal
proyectadas por Beltrán y Yarza en 1948. La estructura portante consistía en muros
de carga transversales de ladrillo macizo y 20 centímetros de grueso, entre los que

ter de viviendas “baratas” y logrando el menor coste posible, no por la reducción innecesaria
de superficie, ni colocación de elementos baratos, sino por la composición lograda y sistema
constructivo empleado».
27 Los módulos se separaban por paredes transversales que, al ser de carga, aumentaban el ais-
lamiento acústico de las estancias y los dormitorios, a costa de una gran rigidez distributiva.

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304 | Ramón Betrán Abadía

[AMZ, caja 029333].

quedaba una luz libre constante de 2,50 metros, cubierta con bóvedas de ladrillo
hueco de 4,50 centímetros de espesor y 25 de flecha. Las fachadas se formaban con
tabicón de ladrillo hueco revocado exteriormente, cámara de aire de 12,50 centí-
metros y tabique interior enlucido. La carpintería exterior e interior era de madera
de pino y las cubiertas de teja árabe. Estos materiales se decían sólidos y perdurables,
«pues si las viviendas son dadas en propiedad a largo plazo de cuarenta años, que al
final de este periodo de tiempo no tengamos que volverlas a construir».
Como casi todas las viviendas modestas promovidas en la España de ese tiem-
po, las del anteproyecto se caracterizaban por la absoluta preponderancia del factor
económico sobre toda otra consideración, incluidas la satisfacción del usuario y
la capacidad para adaptarse a la evolución de las necesidades familiares: la rigidez
impuesta por las superficies mínimas, el sistema de muros de carga transversales y

una y [Link] 304 10/6/17 11:38:52


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 305

[AMZ, caja 029333].

el régimen de propiedad horizontal coartaba sobremanera cualquier variación de


los tipos proyectados y condenaba las viviendas a una rápida obsolescencia, cuyos
efectos degradantes se harían notar al cabo de algunos años.
Conforme a las bases del concurso, Beltrán proponía emplazar las viviendas
modestas en sectores definidos por el plano de ordenación general de 1943, que no
debería modificarse en nada, aunque sugería que, «al igual que se ha hecho con el
kilómetro de protección» agrícola, se reservaran «terrenos que pudiéramos llamar
públicos para evitar así la construcción mientras llega el proceso de su edificación».

una y [Link] 305 10/6/17 11:38:52


30 | Ramón Betrán Abadía

Para ahorrar grandes dispendios al Ayuntamiento o que las viviendas construidas


carecieran de servicios, convendría delimitar ámbitos proporcionados a las necesi-
dades de extensión de Zaragoza, que se irían urbanizando gradualmente desde las
áreas ya urbanas hacia el exterior, no iniciándose uno nuevo hasta que no estuviera
completamente edificado el anterior.
Las viviendas se localizarían en varios sectores de la ciudad, formando unidades
de barriada. Cada unidad contendría bloques residenciales de diversos tipos, bor-
deados con espacios verdes, y «escuelas con el número de grados necesarios, locales
para tiendas y pequeñas industrias manuales, patios de recreo para juegos, zonas de
paseo con jardinería para peatones y pasos de circulación para los mismos, pasos
que podrán ser utilizados para la circulación rodada en casos necesarios, como am-
bulancias, bomberos, etc., zonas de espacios libres, como reserva de terrenos para
que en su día puedan construirse edificios de uso común»; todos estos servicios se
dimensionarían en proporción al número de habitantes de clases modestas y de chicos
en edad escolar.
Un párrafo inspirado en los postulados corbuserianos de la Carta de Atenas
indicaba que cada unidad en su conjunto formaría una supermanzana, subdividida
por calles peatonales y circundada por un anillo de circulación rodada, coincidente
con vías previstas en el plano de ordenación general de la ciudad:
La superficie limitada por este anillo exterior es como una gran manzana de dimensiones
de 300,00 a 400,00 m de lado, dimensiones más eficaces en la actualidad con respecto al
medio de transporte moderno y que sustituyendo a la manzana corriente de dimensio-
nes de 120,00 x 50,00 m, esta más apta para la marcha del peatón, evita muchos puntos
de cruce y por tanto facilita la circulación y a la par que la zona residencial de viviendas
es más tranquila, se consigue una gran reducción de gastos en el establecimiento de los
servicios de urbanización, sobre todo en el de la pavimentación.

A partir de experiencias extranjeras y de las densidades máximas de pobla-


ción autorizadas por el INV, de 850 a 1.100 habitantes por hectárea, el trabajo
consideraba óptimas las unidades de barriada de unas 16 hectáreas de extensión y
5.000 a 7.000 habitantes, lo que supondría 400 por hectárea, «quedando así espa-
cios libres para establecer los servicios de cultura, centros, plazas», y una superficie
construida del 5,50 al 6%. Sin embargo, en los sectores que ordenaba manejaba
densidades comprendidas entre 517 y 711 hab./ha, admitidas por el INV y que per-
mitían reservar suelo para posibles ampliaciones oficiales y particulares.
Serían idóneas para la vivienda modesta las zonas que el anteproyecto de orde-
nación general de 1943 había previsto calificar como Rb (edificación abierta exten-
siva), Rc (edificación abierta intensiva) e Ia (zona industrial con vivienda). Además,
Beltrán proponía una calificación social del espacio urbano, dividiéndolo en áreas
homogéneas en cuanto al precio del suelo y localizando en cada una las viviendas
de los grupos sociales con la capacidad económica correspondiente; esto suponía
depurar las mejores zonas de familias modestas, a las que el Ayuntamiento no tenía

una y [Link] 306 10/6/17 11:38:53


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 307

[AMZ, caja 029333].

por qué procurar una urbanización tan cara, y llevar la vivienda barata a las áreas
con menores expectativas inmobiliarias:
Resulta que tenemos aproximadamente el número de viviendas necesarias, pero lo que
ocurre es que no corresponden a las diferentes posiciones sociales de los habitantes. Esta
consideración se descuida siempre, lo que conduce a cargar con exceso los sectores de
vivienda de lujo, con el grave perjuicio de ocasionar una urbanización cara para el Mu-
nicipio y la creación de sectores donde se refugia el exceso de población modesta, cuya
localización no ha quedado prevista; por esta razón no hay más solución que considerar
los porcentajes en que entran las diferentes posiciones sociales en lo que podemos llamar
la constitución del conjunto urbano y proyectar las zonas con arreglo a las superficies
derivadas de estos porcentajes, teniendo además en cuenta el desarrollo de la población
a través de sus diversas etapas.
Con estos criterios, se elegían cinco sectores interiores a la ronda de enlace de
carreteras prevista en 194328, aún pendientes de una urbanización que se esperaba

28 Los poblados satélites del anteproyecto de ordenación general estaban ya completamente


olvidados.

una y [Link] 307 10/6/17 11:38:54


308 | Ramón Betrán Abadía

próxima y donde apenas había construcciones, y se ordenaban de mayor a menor


idoneidad según su situación, grado de urbanización actual, medios de comunica-
ción y cercanía a las fábricas más importantes por su número de obreros:
1. sEcTor DEL caMino DE JusLiBoL, entre Balsas de Ebro Viejo y la fábrica de
CAITASA, donde acudían 800 obreros (unas 300 familias), próximo a la
carretera de Huesca y al grupo de viviendas ultrabaratas Francisco Franco.
Además de CAITASA, el sector incluía Talleres Zaragoza, Izuzquiza, Pa-
pelera Balet, fábrica de relaminación de Rico y Echeverría, fundición de
García Julián, CAMPSA, la Alcoholera del Rabal, el abundante personal
civil de servicio de la Academia General Militar y otras industrias de menor
magnitud. Se proyectaban aquí dos unidades de barriada de 8,63 hectáreas
cada una, que sumaban 2.392 viviendas y 11.052 habitantes.
2. sEcTor DEL raBaL, en la carretera de Cataluña. Comprendía la Maquinista
y Fundiciones del Ebro (603 productores), Estación del Norte (1.250), Ga-
lletas Patria (200), Talleres Jordá (200), Azucarera Aragón (125), Azucarera
del Gállego (125), Mariano Goñi (90), Semillas Ebro (80), La Oxhídrica
Española, S. A. (50), Talleres Ereza (11), etc. Se construiría una unidad de
barriada de 9,79 hectáreas, 1.159 viviendas y 6.333 habitantes; su distancia
a la empresa del sector más alejada sería de 150 metros.
3. sEcTor DE MirafLorEs, junto a la Granja Agrícola. Esta zona, donde había
ido desarrollándose la industria pero muy poco la residencia, incluía la Fá-
brica de Cementos (200 productores), Tranvías de Zaragoza (900), GIESA
(300), Estación de Utrillas (150), el Matadero, etc. Se proyectaba una uni-
dad de barriada de 9,56 hectáreas, 1.024 viviendas y 5.648 habitantes. No
se tenían en cuenta 300 viviendas más que podrían caber en los bloques de
edificación a cuatro crujías previstos en el contorno de la unidad.
4. sEcTor DE La aLMozara, junto a la Industrial Química. Por su céntrico em-
plazamiento, podía recoger los obreros que trabajaban en el centro urbano,
en la Industrial Química, Fábricas de Bescós, Armisén, Azucarera Agrícola
del Pilar, la población desplazada por la construcción del mercado central
previsto en esta zona y otras muchas empresas menores. En este sector se
proyectaban tres unidades de barriada con una superficie total de 28,36
hectáreas, 2.426 viviendas y 13.262 habitantes.
5. sEcTor DE MiraLBuEno, próximo al Manicomio. Dirigido a los obreros de
Carde y Escoriaza (4.000), Criado y Lorenzo (400), Solans (100) y otras
fábricas menores, aparte de favorecer la descongestión del barrio de las De-
licias. Incluía dos unidades de barriada con 11,42 hectáreas en total y ca-
pacidad para 1.648 viviendas y 8.120 habitantes. No se contaban aquí las
2.304 viviendas libres de los edificios a cuatro crujías en el perímetro de la
unidad, que podrían alojar a otras 9.216 personas.

una y [Link] 308 10/6/17 11:38:54


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 309

Unidades de barriada en el camino de Juslibol. [AMZ, caja 029333].

Los cinco sectores sumaban 76,39 hectáreas de terreno y 8.649 viviendas, capa-
ces para 44.415 habitantes, que era el número previsto para el primer decenio y las ca-
tegorías de vecinos 1.ª, 2.ª y 3.ª, las únicas que se beneficiarían de la política municipal
de vivienda modesta (véase el apartado IX.1 de este libro). En cada sector, el trabajo
incluía un anteproyecto de ordenación que se atenía a los siguientes principios:
En cada unidad de barriada las filas de casas se han orientado en la dirección Este-
Oeste, dando el acceso a los edificios por el lado Sur y se han separado los bloques de
viviendas de forma que cumplan con exceso las normas del INV. Una preocupación
constante ha sido que, sin variar la orientación de las viviendas, los espacios entre filas
de bloques resultaran lo más cerrados posible por razones del viento y vistas del peatón
a las fachadas posteriores de los edificios, así como la de obtener espacios interiores
tranquilos. Se ha resuelto en lo posible retranqueando las alineaciones de la misma fila
de bloques hasta reducirlas en los extremos a dos alineaciones paralelas y a una distancia
que corresponda a la altura de los edificios, quedando el espacio preciso para encajar
entre ellos una fila independiente y pasos laterales de acceso a los espacios interiores,

una y [Link] 309 10/6/17 11:38:55


310 | Ramón Betrán Abadía

Unidades de barriada en Almozara, Miraflores, Rabal y Miralbueno. [AMZ, caja 029333].

logrando así conjuntos agradables que sin ser manzanas cerradas tienen las ventajas de
ellas y conservamos siempre la orientación Norte-Sur de las viviendas […] En otros
casos o combinados con la solución anterior se emplazan construcciones de una planta
que sirven de cierre y se destinan a pequeños talleres manuales, tiendas o almacenes;
en otros sectores, por ejemplo, Miraflores y Miralbueno, se ha proyectado alrededor del
anillo exterior de la unidad de barriada construcciones a cuatro crujías con patios inte-
riores de manzana (tipo corriente de parcelación), formando en su interior unos agrada-
bles y tranquilos espacios libres para emplazar las unidades de barriada; las plantas bajas
de las edificaciones de varias crujías se pueden destinar a tiendas, almacenes y talleres.
Por último, otro tipo de parcelación es la adoptada en el sector del Rabal, próximo a la
zona industrial, donde las edificaciones de viviendas proyectadas quedan protegidas de
aquella zona por grandes masas verdes que aíslan la zona industrial de la de viviendas;
en dos fajas laterales, en comunicación directa con el anillo exterior de circulación y se-
paradas de la unidad de barriada por pequeñas calles de acceso, se emplazan pequeñas
zonas destinadas a industria semipesada, una no humífera y otra fumívora muy apropia-
das para el sector en estudio, teniendo así el caso algunas veces necesario de viviendas

una y [Link] 310 10/6/17 11:38:56


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 311

junto a la fábrica, la zona industrial al lado de la unidad de barrio, sin mezclar con ella y
separada por porciones de espacios verdes.
La urbanización también seguía pautas normalizadas tendentes al máximo aba-
ratamiento. El mayor coste correspondía al anillo rodado que bordeaba cada uni-
dad, de urbanización convencional. Por las calles interiores solo circularían peatones
y vehículos de emergencias, lo que permitía reducir su anchura, en general de 4 me-
tros, y la calidad del pavimento, macádam asfáltico con dos aceras de 75 centímetros
de baldosa de cemento.
Por último, la memoria de Beltrán abordaba la financiación del programa de-
cenal de construcción de viviendas modestas, recomendando recurrir por sistema a
las ayudas del Instituto Nacional de la Vivienda. Para obtenerlas, el Ayuntamiento
tendría que consignar en sus presupuestos de gastos la aportación del 10% del pre-
supuesto total protegido de cada grupo, que, mejor que en metálico, podrá reali-
zarse mediante la compra y urbanización de los terrenos. También debería preparar
los planes a desarrollar y ejecutar sus previsiones. Unas viviendas se entregarían en
propiedad (con la parte proporcional del suelo o sin él, cediéndolo en arrendamien-
to enfitéutico a 99 años) y otras quedarían en titularidad municipal, alquilándose a
familias con ingresos menores de lo normal.
El 21 de abril de 1950, el Concejo acordó «aprobar, en principio» la ejecución
de viviendas económicas en los terrenos que poseía en el camino de Juslibol, con
arreglo al trabajo ganador del concurso, remitido a la sección técnica (de nuevo Bel-
trán) para que formulara el oportuno proyecto. El arquitecto formó un proyecto de
construcción de 8.890 viviendas protegidas (241 más que en el anteproyecto) que
aprobó el pleno del 9 de junio siguiente. Según se dijo, la operación, suficiente para
44.000 habitantes, se verificaría en diez tandas de 889 viviendas anuales, afectan-
do a los cinco sectores propuestos por el anteproyecto. El primero, próximo a una
importante zona industrial donde ya se habían erigido viviendas, distaba menos de
kilómetro y medio de la plaza de España, con la que la unían una línea existente de
tranvía (Gállego) y la avenida de Cataluña, una gran vía arterial. No extraña, pues,
que el Ayuntamiento desarrollara ahí su mayor actividad.
Las viviendas se atendrían a los tipos definidos en la fase de concurso y se cede-
rían a familias cuyos ingresos no excedieran de 40 ptas. diarias, en alquiler o en al-
quiler con amortización a cuarenta años. El presupuesto calculado para la ejecución
de las 8.890 previstas se elevaba a 321.121.358,20 ptas., lo que suponía un coste
medio por vivienda de 36.121,63. Para obtener los préstamos ofrecidos por la legis-
lación de vivienda protegida, el Ayuntamiento debería aportar una décima parte del
presupuesto total, esto es 3.211.213,58 ptas. por año, en metálico o en terrenos. El
acuerdo preveía remitir en su momento el proyecto a la Superioridad, solicitando
todas las ayudas gestionadas por el INV y demás organismos competentes, y decla-
rando, «sin ninguna clase de hipérbole», «que el problema de la dotación de vivienda
barata a la población zaragozana reviste extrema gravedad y que su solución es de
manifiesta urgencia». La afirmación tenía que sorprender a quien un cuarto de siglo

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312 | Ramón Betrán Abadía

antes hubiera creído resuelto el problema con el vasto proyecto de las Casas Baratas
en Miralbueno, ámbito ya definitivamente erigido en zona de prestigio e incompa-
tible con unas modestas promociones económicas deportadas al Picarral, Venecia,
Montemolín o Las Fuentes.
Por orden de 10 de octubre de 1950, el Ministerio de Trabajo declaró la utili-
dad pública del proyecto de construcción de las 8.890 viviendas protegidas, lo que
permitiría expropiar en su momento las 76,39 hectáreas de suelo que comprendían
los cinco sectores donde se preveía ubicarlas.
El 9 de diciembre, el Ayuntamiento acordó municipalizar la construcción de
viviendas económicas en la ciudad, sin monopolio y mediante un órgano especial de
gestión denominado Instituto Municipal de la Vivienda (IMV), de capital munici-
pal y derecho privado; además, se nombró una comisión encargada de redactar una
memoria sobre los aspectos social, técnico y financiero del servicio. En el pleno de
13 de abril de 1951 se aprobó esta memoria, y en el del 17 de julio siguiente el ex-
pediente y proyecto completos de municipalización del servicio y creación del IMV.
El 28 de enero de 1952, la Corporación se dio por enterada de su aprobación por el
ministro de la Gobernación, y el 8 de marzo del mismo año aprobó los estatutos del
nuevo Instituto, encargado, según el artículo 1.º, de los siguientes cometidos:
a) Adquisición de terrenos.
b) Construcción de casas destinadas a la habitación de las clases media y obrera.
c) Administración de las fincas urbanas de este carácter de propiedad municipal.
d) Aplicación del régimen protector de la acción privada en el empeño de la edificación
de viviendas económicas, conforme a las instrucciones que reciba del Ayuntamiento.
Y así, en la sesión plenaria del 10 de mayo de 1952 pudo crearse el organismo29,
con la intención central de construir las 8.890 viviendas económicas proyectadas
en 1950. El 13 de junio de 1953, el Ayuntamiento acordaría consignar en los pre-
supuestos ordinarios, desde 1954 a 1973, la suma de 800.000 ptas., cedida al IMV
para el cumplimiento de sus fines y con autorización para afectarla en garantía de
operaciones de crédito.
Sin embargo, el ambicioso plan aprobado en 1950 nunca se consumaría, entre
otras razones por la promulgación de la Ley de Viviendas de Renta Limitada de
1954 y el Plan Nacional de la Vivienda de 1955, que atribuyeron al Instituto Nacio-
nal de la Vivienda la financiación y ejecución de un amplio programa de viviendas
para las clases económicamente más débiles, construidas preferentemente por la Obra
Sindical del Hogar con la colaboración de los ayuntamientos, en terrenos que tu-
vieran o pudieran tener con facilidad transporte y servicios urbanísticos. Con ello,
el Estado tomó la iniciativa en la promoción de viviendas sociales en todo el país, la
OSH inició su etapa más activa y organismos como el IMV zaragozano perdieron
buena parte de su razón de ser.

29 Escritura de 21 de enero de 1953.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 313

6. La vivienda obrera en el sector del camino de Juslibol


Además de las viviendas ultrabaratas del barrio de Oliver que veremos más ade-
lante, el Instituto Municipal de la Vivienda construyó en el Arrabal una segunda
fase del grupo Francisco Franco, según proyecto redactado por Beltrán en julio de
195330. El 9 de septiembre de 1954, el pleno acordó entregarle gratis un terreno de
15.726,40 m2 situado al sur de las viviendas ya construidas, donde el 24 de mayo
de 1955 se colocaría la primera piedra del nuevo conjunto. Este alteraba sustancial-
mente el proyecto primitivo, al sustituir las cinco manzanas de 18 metros de anchura
aún no realizadas por ocho bloques sencillos de 9 metros de fondo y de cuatro y
cinco plantas (B+3, con forjados de bóvedas apoyadas en pilares de ladrillo, y B+4,
con forjados de cerámica armada apoyados sobre muretes transversales), de los que
siete seguían la misma dirección este-oeste y el octavo, muy corto, la perpendicu-
lar31. Todas las viviendas tenían doble orientación, en su gran mayoría a norte y sur,
y cada caja de escalera daba acceso a solo dos por planta.
Los ocho nuevos bloques contenían 358 viviendas (1.916 personas de condición
modesta) de seis tipos distintos, también de superficie reducida pero con distribucio-
nes muy mejoradas. Los más pequeños y abundantes eran el B (96 viviendas), con
54,42 m2 y un programa de vestíbulo, estancia-comedor, cocina con lavadero y ga-
lería, despensa, dos dormitorios dobles y aseo, y el C (112 viviendas), con 76,23 m2,
un dormitorio doble más y WC separado del aseo. Los tipos B’ (52 viviendas) y C’
(70), de 77,36 y 85,91 m2, tenían programas similares y amplios balcones. El D’ (24
viviendas) y el E’ (4) alcanzaban los 99,46 y 108,01 m2, con cuatro y cinco dormi-
torios dobles, además de balcones. Aunque en dos de los tipos se accedía a la zona
de dormitorios a través de la estancia, en todos había un distribuidor intermedio, sin
que nunca debiera atravesarse un dormitorio para llegar a otro.
El presupuesto de contrata de las obras ascendía a 20.224.845,35 ptas., que
con el valor de los terrenos suponían un presupuesto protegido de 22.332.072,89
ptas. Las cantidades a pagar por los beneficiarios de las viviendas se determinaban,
como era norma, en función de las cantidades a devolver al INV en concepto de
préstamo a veinte años al 4% (50% del presupuesto protegido) y de anticipo sin in-
terés reintegrable en cuarenta años (40%); de ahí resultaba que, durante los prime-

30 AMZ, caja 029333, «Proyecto viviendas grupo Francisco Franco». También, caja 029331.
31 «Parcelación.- Obedece a la mejor orientación de las viviendas, agrupando estas en general en
bloques paralelos a distancias entre sí de 12,00 y en dos casos a 18,00 m, consiguiéndose dos
amplios espacios interiores de 18,00 x 65,00 m para campo de juegos de niños. / La parcela-
ción de cada manzana, obedece a módulos de 2,70 m [entre] ejes y fondo uniforme de 9,00 m.
/ Altura de las edificaciones.- Cuatro plantas 11,00 m en tipos B-C y cinco plantas 14,20 m en
tipos B’ a E’. / Orientación de las viviendas.- Al N. escaleras, cocinas y servicios, al S. cuarto de
estar-comedor y dormitorios, consiguiendo una orientación de los bloques, casi paralela a la
dirección de los vientos dominantes. / Espacios libres y superficie edificada.- De los 16.098,50 m2
de la manzana, 6.588,00 m2 están ocupados por las edificaciones, destinándose 9.510,50 m2
a espacios libres» (de la memoria del proyecto).

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314 | Ramón Betrán Abadía

Grupo Francisco Franco, fase II. [AMZ, caja 029333].

ros veinte años la renta de las viviendas variaría entre 158,46 y 333,01 ptas., según
tipos, y durante los veinte siguientes entre 149,95 y 315,11 ptas.
El INV aprobó el proyecto de la segunda fase del Francisco Franco el 18 de
agosto de 1954, y ya en septiembre firmó Beltrán un proyecto para la construcción
por el IMV de un nuevo grupo de 720 viviendas protegidas (4.224 habitantes), en
desarrollo de su trabajo de 1950 sobre soluciones al problema de la vivienda mo-
desta32. Este grupo habría ocupado un terreno también lindante con el camino de
Juslibol y más próximo a la ciudad que el anterior, con 59.225,70 m2 de superficie,
incluidos los 15.411 ocupados por las manzanas residenciales y 43.815,70 destina-
dos a espacios libres, calles interiores y vías perimetrales.
Beltrán desechó el diseño de las dos unidades de barriada previsto en 1950
y aprovechó la magnífica arboleda existente para formar una amplia plaza de plan-
ta cuadrada y lindante con el lado meridional del conjunto, donde más adelante
podrían emplazarse los edificios comunes, administrativos, religiosos y políticos. A
ambos lados, cada unidad de barriada estaría formada por seis manzanas, separadas
por calles de 15 metros.
De momento, solo se contemplaba la construcción de cuatro de las manzanas
de la unidad oriental, con una envolvente de 372 por 107,10 metros. Cada manza-
na era un rectángulo de 81,75 por 107,10 metros, que comprendía cuatro bloques
lineales paralelos con fachadas a norte y sur, formados por módulos de 2,70 me-
tros entre ejes y 9 de fondo. Los dos bloques interiores, de cuatro plantas, incluían
128 viviendas protegidas ordinarias de dos dormitorios (54,42 m2út) y 128 de tres

32 AMZ, caja 029333. El IMV le había encargado el proyecto de este grupo el 23 de junio
de 1952. Sus documentos no llevaban sellos ni membretes de la Dirección de Arquitectura
del Ayuntamiento, sino el estampillado «ARQUITECTO-JOSÉ BELTRÁN-ZARAGOZA».

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 315

Proyecto de 720 viviendas en el camino de Juslibol. [AMZ, caja 029333].

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31 | Ramón Betrán Abadía

(76,23 m2út); los dos bloques exteriores, algo más largos y de cinco plantas, contenían
otras 32 viviendas de dos dormitorios (76,66 m2út), 288 de tres (86,28 m2út), 48 de
cuatro (98,76 m2út) y 32 de cinco (108,38 m2út), para funcionarios y empleados con
categoría de auxiliar o similar. Perpendicularmente a esos cuatro bloques y para ce-
rrar las manzanas por el este y el oeste, se disponían sendas hileras con 64 viviendas
unifamiliares de dos plantas y tres dormitorios (67,73 y 97,36 m2út), formadas por
módulos de 2,70 metros interejes y 8,25 de fondo, y también destinadas a funciona-
rios y empleados con categoría de auxiliar u oficial. Salta a la vista la discriminación,
por superficie, posición y número, entre las 256 viviendas protegidas ordinarias, con
tope de ejecución material de 50.000 ptas., y las 464 de funcionarios y empleados,
con topes de 50.000 a 98.000 ptas. según la cantidad de dormitorios33.
Como el resto de previsiones del IMV, estas 720 viviendas, con un presupuesto
protegido de 59.442.570,05 ptas. (incluidos 5.937.376,42 ptas. del terreno), no lle-
garían a ejecutarse. Poco después, el Ayuntamiento cedió el suelo a la Obra Sindical
del Hogar, que levantaría en su lugar, fuera ya del período que estudiamos, los grupos
Teniente Polanco (162 viviendas en bloques de cinco, tres y una plantas que incluían
tres plazas ajardinadas)34 y Ortiz de Zárate (264 viviendas en bloques de cuatro plan-
tas con jardines interiores)35, con proyectos redactados por Fausto García Marco en
1957 y 1960. Al sur de este último, la OSH desarrolló entre medidados de los sesenta
y de los setenta el plan parcial Ebro Viejo, con otras 1.260 viviendas. Se fueron su-
cediendo así la primera y la segunda fases del grupo Francisco Franco, el Teniente
Polanco, el Ortiz de Zárate y el polígono Ebro Viejo, a lo largo del camino de Juslibol
y desde el más alejado extremo norte hacia el sur: justo al revés de la urbanización
gradual, desde la ciudad hacia el exterior, preconizada por Beltrán en 1950.

7. La vivienda obrera en Montemolín


En las décadas de 1940 y 1950 se construyeron en Miraflores los grupos de vivien-
das baratas Agustín Gericó (junto a la Granja Modelo), San José y Puente Virrey-Te-
jar36. Aunque formalmente promovidos por el Municipio, los dos primeros obede-

33 A diferencia de los demás bloques, donde se forjaría mediante las bóvedas rebajadas previstas
en 1950, en los de cinco plantas se preveían forjados de viguetas de cerámica armada.
34 AMZ, caja 200915, exp. 0024538/1958, «Licencia grupo Teniente Polanco. 162 viviendas;
camino viejo de Juslibol, barrio Picarral. Delegación Provincial de Sindicatos-Obra Sindical
del Hogar y de Arquitectura». También cajas 029333, 1952, y 029334/, 1952.
35 AMZ, caja 212440, 1960, «Licencia grupo Ortiz de Zárate. 264 viviendas de tipo social, 12
tiendas; camino viejo de Juslibol, Picarral. Obra Sindical del Hogar-Delegación Sindicatos».
36 Grupo que no estudiaremos aquí, promovido entre 1947 y 1953 por la empresa Hijos de
Dámaso Pina con proyecto de Alejandro Allanegui; una interesante construcción de cuatro
plantas (B+3) con dos patios ajardinados agrupó una tienda y 49 viviendas para los trabaja-
dores de la fábrica textil de Pina, situada desde el siglo XIX en los terrenos cercanos que hoy
ocupa el Jardín de la Memoria.

una y [Link] 316 10/6/17 11:39:02


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 317

cieron a la iniciativa del canónigo del Pilar Agustín Gericó Nadal, que en 1938 había
fundado el Patronato de Obras Religiosas, Escolares y Catequísticas del Barrio de
Montemolín y durante la guerra había establecido en la quinta de Miraflores, junto
al cruce de la calle de Cartagena (bajo la actual avenida de Cesáreo Alierta) con los
caminos de San José y Puente del Virrey, unas escuelas católicas, convertidas luego en
escuelas de preaprendizaje de San José o Montemolín37, donde se impartía a los futuros
obreros enseñanza primaria gratuita combinada con un preaprendizaje en varias
ramas laborales (herrería, forja, carpintería, talla, fontanería, electricidad, imprenta
y comercio) y la pertinente dosis de adoctrinamiento religioso.
En el pleno del 12 de diciembre de 1942, la Corporación aceptó de Gericó la
donación de un campo lindante con la Granja Agrícola, para construir viviendas
baratas. El 10 de marzo de 1943, asumió «como propio» el anteproyecto de manza-
na con 95 viviendas protegidas y 3 tiendas presentado por el canónigo y redactado
por Allanegui y Yarza, autores de la manzana 14 de Miralbueno; se acordó este día
solicitar de la Superioridad cuantos beneficios legales pudieran concederse a las cor-
poraciones públicas y se determinaron las normas de adjudicación de las viviendas.
Aprobado el anteproyecto por el Instituto Nacional de la Vivienda, los arquitectos
redactaron el proyecto en septiembre de 1943 y el pleno del 5 de abril del 44 aprobó
un presupuesto extraordinario de 3.305.502,54 ptas. para edificar la manzana; se
subastaron las obras y en noviembre se adjudicaron por 3.290.000 ptas. al propio
Gericó, con el que se pactó, además, el reparto de las viviendas. Mediante este
complejo juego de donaciones y adjudicaciones, se posibilitó que la promoción del
Patronato, presentada como municipal, recibiera las mayores ayudas que podía con-
ceder el INV y de paso se suplió la falta de capacidad financiera de Gericó, que por
sí solo no habría podido llevar adelante la obra.
El proyecto definió una manzana triangular formada por tres bloques alineados
con las actuales calles de Gascón y Guimbao, Luis Aula y José Galiay, que rodeaban
un espacio libre con jardines y campos de juego, y se dividían en doce inmuebles
de cuatro plantas y dos viviendas por planta, adscritas a seis tipos. El A y el A’, de
tres dormitorios dobles además de vestíbulo, comedor-cocina y aseo, sumaban 35
unidades y en el pleno del 3 de abril de 1950 se les señalaron precios de 53.692,32 y
50.112,93 ptas. El B (33 unidades) y el C’ (4) tenían también tres dormitorios
dobles, pero en el primero, de 64.430,79 ptas., la cocina se separaba de la estancia-
comedor, y en el segundo, de 77.316,95, se separaban también el baño y el retrete.
El B’ (11 unidades), de 60.851,30 ptas., era similar al B, pero con un dormitorio
menos, y el C (12), de 80.896,44 ptas., tenía un dormitorio doble más que el C’.

37 En el pleno de 25 de agosto de 1937, se autorizó a Gericó a construir una acera ante sus
escuelas, que inauguró oficialmente el ministro de Educación Nacional el 29 de junio de
1943. Por orden de 10 de enero de 1962, la escuela profesional San José, dependiente de la
jerarquía eclesiástica, se clasificaría como centro no oficial autorizado de formación profe-
sional industrial. Hoy sigue en uso como colegio Agustín Gericó, centro concertado mixto de
enseñanza primaria y secundaria.

una y [Link] 317 10/6/17 11:39:02


318 | Ramón Betrán Abadía

Grupo Agustín Gericó. [sánchEz VEnTura, 1948: 150].

Aunque el edificio estaba acabado en 1947, los servicios urbanísticos impres-


cindibles para ponerlo en uso se demorarían hasta 195038. El pleno del 3 de abril
de este año aprobó la adjudicación provisional de las viviendas (enmendada el 30
de junio). Según lo pactado, el Municipio se reservó 50 y entregó al Patronato 45,
tres gratis y el resto vendidas a plazos; de este modo, uno y otro pudieron elegir a
sus respectivos adjudicatarios39.
Acabadas las 95 viviendas inmediatas a la Granja, Gericó encargó a Regino y
José Borobio el diseño de otras 112 en un terreno de 7.503,44 m2 que poseía en el
camino del Puente del Virrey, esquina a la calle de la Granja Modelo40. El proyecto,

38 Con la construcción en marcha, una nueva reglamentación laboral había obligado a elevar el
presupuesto a 6.026.427,39 ptas., aumentando el precio medio por vivienda a 61.500 ptas.
39 MarTí (1994: 52) hizo una interesante observación sobre estos: «en cada una de las casas en
que se dividen los bloques, volvemos a encontrarnos algún representante de la autoridad, un
militar, guardia civil, policía armada o incluso policía municipal, que estratégicamente repar-
tidos realizan una indirecta y tal vez inconsciente labor de vigilancia y control de la población.
Con su presencia tal vez se pretende ejercer una cierta función autorrepresiva, para desterrar
los temores que las concentraciones de trabajadores suponen».
40 Hoy esquina de las calles de Zaragoza la Vieja (tramo de Puente del Virrey al sur de Tenor
Fleta) y Gericó, antes calle de la Granja Modelo. AMZ, caja 029331, 1950, «Patronato Barrio

una y [Link] 318 10/6/17 11:39:03


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 319

fechado en enero de 1950, contempló la construcción de dos manzanas cerradas


(una incompleta) de cuatro plantas, limitadas por las calles citadas y dos de nueva
apertura, las actuales de Provenza, que las flanqueaba por el sur, y Cerdeña, que las
separaba y tenía carácter particular. La manzana del oeste incluiría 72 viviendas y la
semimanzana del este 40. Estas, de 67,70 a 84 m2, tendrían comedor, cocina, aseo
y tres o cuatro dormitorios casi siempre dobles. Considerando el valor del terreno,
el presupuesto alcanzaba los 8.127.883,62 ptas. La memoria creía innecesario jus-
tificar esta obra «en el Barrio que nos ocupa, por ser evidente la falta de albergue
decoroso para las clases menos pudientes de la Sociedad», y añadía que encajaba
perfectamente «entre las de carácter social que con tanto celo desarrolla el Patronato,
buscando el mejoramiento religioso, moral y material de los vecinos de esta zona de
la ciudad».
Gericó pidió la licencia el 24 de marzo de 195041, pero pronto abandonó su
propósito inicial de construir viviendas bonificables y ofreció al Ayuntamiento los
terrenos, recrecidos hacia el sur hasta los 13.244,64 m2, para que este solicitara del
INV «los mismos beneficios de todo orden» que ya había concedido al grupo de 95
viviendas. El Concejo aceptó la donación el 24 de noviembre de 1950, pero un año
después Gericó rectificó y volvió a pedir licencia. En julio de 1951, los hermanos
Borobio habían firmado un nuevo proyecto, referido al mismo terreno y también
con 112 viviendas, pero indicando en la portada que serían protegidas (en la del pri-
mero se decía bonificables) y en la memoria que las promovería el Patronato de Mon-
temolín «en colaboración» con el Municipio. Se advertía igualmente que el proyecto
solo afectaba a la porción de finca situada al norte de la calle de Provenza, aunque
había otro de José Beltrán referido a la parte sur, donde el Patronato iba a promover
una ampliación del grupo. Además, se modificaba la ordenación de la manzana oc-
cidental, prescindiendo de la plazuela prevista en 1950 al comienzo de Provenza.
Al sur de esta calle, Beltrán proyectó tres bloques lineales de cuatro plantas
con fachadas a norte y sur, compuestos por 15 inmuebles medianeros que incluían
100 viviendas, aunque al final se construirían 120. Esta solución emparentaba muy
de cerca con los trabajos del autor para el concurso sobre la vivienda modesta y la
segunda fase del grupo Francisco Franco, con viviendas de planta casi idéntica.
El pleno del 30 de noviembre de 1951 aprobó los proyectos de los Borobio y
Beltrán para la construcción de 212 viviendas (112 + 100) y 12 tiendas; Gericó había

de Montemolín. Licencia de construcción camino del Puente Virrey (Proyecto n.º 1, 112
viviendas)». Véase también caja 029330-048662, 1949, y caja 200418, exp. 0001634/1950.
41 El 25 de marzo, los Borobio presentaron un escrito y un nuevo plano de emplazamiento
donde adaptaban el primer proyecto al plano de ordenación de la ciudad, que había previsto
una placita, antes ignorada, en el encuentro del camino del Puente del Virrey y la futura calle
de Provenza; advertían además que la nueva calle proyectada (Cerdeña) se cerraría con verjas
de hierro en sus dos extremos, en cumplimiento de las disposiciones municipales sobre calles
particulares.

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320 | Ramón Betrán Abadía

Viviendas San José, grupo I. [AMZ, caja 029331].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 321

cedido los dos terrenos, valorados en 1.209.640 ptas.42, de modo que su supuesta
aportación por el Municipio constituiría la mayor parte del 10% del presupuesto
protegible de 12.913.244,21 ptas. que debía adelantar. Distribuido este entre las
viviendas según su tamaño, implicaría precios comprendidos entre las 31.720,68 y
las 81.689,57 ptas., a satisfacer por los adjudicatarios, todos obreros y funcionarios,
durante cuarenta años. Los proyectos se elevaron al INV para obtener las ayudas
esperadas y estas se otorgaron en agosto de 1952. Se repetía el tejemaneje del grupo
Gericó, gracias a una donación al Ayuntamiento que se devolvería luego como con-
tribución municipal a la promoción.
En 1954, los hermanos Borobio redactaron una nueva propuesta que se incor-
poró en junio del 56 al proyecto escoba llamado de obras de ampliación y complementa-
rias de las viviendas protegidas en el camino del Puente del Virrey, que por encargo
del Patronato de Montemolín agrupaba planos anteriores correspondientes a una
escuela de obreras (enero de 1953), una iglesia (marzo de 1953), habitaciones para
las monjas encargadas de la escuela femenina, un salón de actos y nuevos bloques
de viviendas junto a la Granja Modelo (julio de 1954). La memoria de 1956 in-
dicaba que, comenzadas las obras del grupo de 112 viviendas, ya muy adelantadas,
el Patronato había comprado 1.240 m2 de terreno colindante, que permitían comple-
tar la manzana situada al este de la calle particular y añadir 44 viviendas a las 40
iniciales; además, dentro del patio de la manzana del oeste se preveía levantar dos
inmuebles de cuatro plantas que sumarían otras 16 viviendas.
Al final, la manzana oriental se ejecutaría conforme al proyecto de 1956, pero
en la occidental no se harían los dos bloques interiores, con lo que el número de
viviendas del grupo primero quedaría en 156. En el plano de Zaragoza editado por
el Ayuntamiento en 1958 (dir., José Beltrán; rect., Dionisio Casañal Serrano) ya
se representaron completas las dos partes del conjunto entonces conocido como
viviendas San José, grupos 1.º y 2.º, y hoy como Puente del Virrey-Rosellón, donde el
Patronato de Montemolín y el IMV habían construido un total de 276 viviendas.
Además de los grupos descritos de viviendas protegidas, el Patronato quiso pro-
mover otro de bonificables, sin participación municipal, sobre parte de un terreno
que poseía justo al norte de la calle de Cartagena y de las escuelas profesionales para
niños fundadas durante la guerra, posición sin duda mejor que la de los alejados
grupos de la Granja43. La porción en cuestión tenía 1.870 m2 y debían atravesarla

42 El suelo se valoró en 80 ptas./m2 en la parte de Beltrán y en 100 ptas./m2 en la de los Borobio,


por ser esta más regular, situarse mejor con respecto al viario existente y estar más próxima al
centro urbano.
43 En el terreno comprendido entre las viviendas ahora proyectadas, la avenida de San José y las
calles de Cartagena y Castelar, Regino Borobio había diseñado en junio de 1942, por encargo
de Gericó, un edificio de 402,60 m2 y una planta destinado a escuela graduada de tres sec-
ciones y con capacidad para cincuenta niñas; obtuvo licencia el 24 de marzo de 1943 [AMZ,
caja 200125, exp. 0003194/1942, «Agustín Jericó. Entre calle Cartagena y Castelar y avenida
de San José 79 a 93»].

una y [Link] 321 10/6/17 11:39:04


322 | Ramón Betrán Abadía

Viviendas bonificables en la calle de Cartagena. [AMZ, caja 200679, exp. 0018642/1954].

una y [Link] 322 10/6/17 11:39:08


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 323

las calles de Mor de Fuentes y Sástago, delimitando tres bloques con fachada prin-
cipal hacia el sur, cuatro plantas y un total de 6.355 m2 construidos y 56 viviendas
de dos a cuatro dormitorios44. Firmaron el proyecto los Borobio en mayo de 1954,
ajustando la alineación frontal a la ampliación de la calle de Cartagena determinada
por el plano de ordenación general de 1943 (que ya había previsto la prolongación
de Cesáreo Alierta que se ejecutaría medio siglo después). Aunque el alcalde dio la
licencia el 26 de agosto siguiente, las obras no se ejecutarían45.
En un terreno del Patronato de 5.606 m2 situado en el encuentro del camino
del Puente del Virrey y la calle de nueva apertura hoy dedicada a Pablo Remacha46,
el proyecto escoba de 1956 preveía una escuela para futuras obreras que tampoco se
construiría. Como la escuela de niños estrenada en 1937, hubiera comprendido
la instrucción primaria, talleres de orientación profesional donde se definirían las
aptitudes de las niñas, y escuela de enseñanzas profesionales y de hogar, donde
«las jóvenes obreras adquieran los conocimientos necesarios para su vida de futuras
madres: puericultura, cocina y costura, y para su actuación profesional, como prác-
ticas comerciales, juguetería y muñequería, labores de punto, encajes y bordados».
Bajo tutela eclesiástica, se propiciaba la reproducción social de un proletariado al
mismo tiempo útil y no conflictivo. Al norte de la actual calle de Remacha y junto a
la escuela masculina, el Patronato proyectaba una residencia para las monjas encar-
gadas de adoctrinar a las niñas obreras y, pegado a ella, un gran salón de actos con
capacidad para 614 espectadores y 1.348.845,73 ptas. de presupuesto.
Por último, el documento contemplaba la nueva y nunca ejecutada iglesia de
San José47, que Gericó pretendía construir, «para atender a las necesidades espiri-

44 AMZ, caja 200679, exp. 0018642/1954.


45 En enero de 1954, Gericó solicitó los beneficios establecidos para las viviendas bonificables,
para edificar, de momento, 62 viviendas de alquiler en el grupo proyectado en la calle de Car-
tagena o en otro sito en la de Cosme Blasco, que tampoco se haría (sobre este, AMZ, caja
200679, exp. 0018468/1954, «Patronato Obras Sociales de Montemolín. Licencia calle de
Cosme Blasco angular a calle Supervía y calle Ram de Viu»). Tal vez el canónigo asociara la
oportunidad de construir las de la calle de Cartagena con la expropiación por el Municipio
del mucho suelo que poseía ante su fachada principal (5.275 m2 de propiedad exclusiva y
2.106 m2 en copropiedad), que no se verificaría hasta 1990.
46 Donde luego se formaría la plaza Mayor de San José, inmediatamente al sur de las escuelas
de Gericó. Un decreto del Ministerio de Educación Nacional de 12 de enero de 1949 declaró
de utilidad pública y de urgencia, a efectos de expropiación forzosa de la finca afectada, las
obras de la escuela del hogar, el grupo escolar y el salón de actos con cinematógrafo proyec-
tadas por el Patronato, que, en lugar de comprar suelo por los procedimientos usuales entre
particulares, aprovechaba las posibilidades de expropiación con beneficiario que otorgaba la
ley de 17 de julio de 1945.
47 Es probable que Gericó utilizara el proyecto, como acostumbraba, para atraer donaciones y
ayudas que no llegaron en cantidad suficiente. Podemos relacionar el proyecto montado en
1956, como el de 351 viviendas, guardería y grupo religioso-social instado en Torrero por
El Hogar Cristiano un año después, con la pastoral Con Cristo en los suburbios de Zaragoza,
firmada por el arzobispo Morcillo el 27 de mayo de 1956 y origen de la operación suburbios
emprendida por las parroquias.

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324 | Ramón Betrán Abadía

Iglesia en San José. [AMZ, caja 029331].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 325

tuales de la Barriada», en el cruce de la calle de Cartagena con el camino del Puente


del Virrey y la avenida de San José, completando la finca que ya ocupaban la escuela
de preaprendizaje y las viviendas de personal: lugar indicadísimo según la memoria
«por su situación céntrica con respecto a la barriada y por quedar al final de la gran
vía proyectada, en prolongación de la de Marina Moreno». En tan visible lugar y con
un campanario de 40 metros de altura, la iglesia tendría tres naves, 1.028,20 m2 en
planta y un presupuesto protegido de 7.840.327,50 ptas.

8. La vivienda obrera en Las Fuentes


En Las Fuentes, ausente del programa del IMV de 1950, cuando apenas empezaba
a urbanizarse, los primeros grupos residenciales fueron promovidos por empresas
particulares interesadas en alojar a sus obreros con las ayudas reconocidas por la ley
de vivienda protegida, y, de paso, revalorizar su patrimonio inmobiliario.
En 1942, la empresa Guiral Industrias Eléctricas (GIESA), decidió trasladarse
al extenso terreno que acababa de comprar en la carretera de Castellón, frente a
la estación de Utrillas y las cocheras de tranvías, donde podría dotarse de una vía
apartadero propia (MarTí, 1994: 80). La nueva fábrica debía formar parte de una
actuación urbanística más extensa, que incluiría el palacio de Larrinaga, construido
por Félix Navarro a principios de siglo. GIESA encargó a Miguel Ángel y José Luis
Navarro los proyectos de parcelación y urbanización del suelo, que se dividió en tres
zonas: la destinada a fábricas, talleres y almacenes; el palacio con su amplio jardín, y,
a sur, este y oeste de los elementos anteriores, una ordenación reticular de manzanas
residenciales con edificios medianeros de cuatro plantas alineados con las calles. De
este plan, solo se ejecutaron parte de una manzana residencial en Miguel Servet y la
propia fábrica, buen ejemplo de la arquitectura industrial de posguerra. El palacio
de Larrinaga se vendería más adelante a los Marianistas para uso docente48.
Entre 1947 y 1954, la Sociedad Tranvías de Zaragoza (STZ) promovió tres gru-
pos de viviendas para sus operarios, todos en Las Fuentes. El primero lo proyectó en
1947, para variar, el arquitecto municipal José Beltrán, sobre un terreno de 15.000 m2
lindante con Miguel Servet e inmediato a las cocheras. Una gran plaza mayor
porticada debía constituir el centro de un monumentalista conjunto formado por
una iglesia clasicista, escuelas y diecisiete bloques residenciales de cuatro plantas
que hubieran incluido 53 viviendas de cuatro dormitorios y 73 de tres, 10 locales
para tiendas y otro para café-bar. Aunque la empresa obtuvo del Ayuntamiento un

48 El planeamiento posterior, desde el anteproyecto de ordenación general de 1943 y el proyecto


de plan parcial de Las Fuentes de 1965, hasta la reforma urbanística de 2005, mantuvo cri-
terios de ordenación similares a los de 1942, con calles paralelas y perpendiculares a Miguel
Servet.

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32 | Ramón Betrán Abadía

aumento de las tarifas del servicio tranviario en la ciudad a cambio de ejecutar estas
viviendas, supuestamente para sus obreros, la obra nunca se iniciaría.
La segunda promoción, de la misma fecha, ocupó uno de los bloques reca-
yentes a Miguel Servet de la irrealizada urbanización de GIESA, sí se ejecutó y se
destinó a viviendas de altos cargos de la compañía (MarTí, 1994: 104-106).
En tercer lugar, la STZ construyó, también con proyecto de Beltrán (1949), el
grupo Viviendas Tranvías (luego Vizconde de Escoriaza), destinado a sus operarios
y emplazado en el extremo nordeste del polígono 9, ya junto al futuro cinturón de
ronda. En una manzana rectangular de 8.775 m² (65 x 135 metros), 124 viviendas
de 48,32 m²út y 24 tiendas ocupaban seis bloques de tres plantas y 9 metros de fondo,
alrededor de un vasto espacio ajardinado en cuyo centro se alzaba una capilla flan-
queada por dos pequeñas escuelas de niños y niñas: una ordenación de densidad baja
(141 viv./ha) y bien resuelta con una composición muy encerrada en sí misma, algo
lógico puesto que en origen quedaba aislada en medio del campo.
El poblado se implantó, sagazmente, en el extremo más lejano del actual barrio.
Para darle acceso y servicios, el Ayuntamiento tuvo que urbanizar las calles de Nues-
tra Señora del Pueyo, Rodrigo Rebolledo y Salvador Minguijón, lo que retrasó la li-
cencia de edificación hasta diciembre de 1954. En marzo de 1957, la compañía inau-
guró la línea de tranvía 17-Las Fuentes, que recorría esas nuevas calles, verdadero
cordón umbilical tendido entre la ciudad y el nuevo grupo, y revalorizaba los exten-
sos terrenos rústicos que atravesaba, pertenecientes en buena parte a los Escoriaza,
accionistas mayoritarios de la STZ. Apoyándose en la línea, se irían promoviendo
en años sucesivos densas ordenaciones de manzana e incluso algún equipamiento
básico como el colegio Santo Domingo de Silos. Así, el grupo Tranvías tuvo una
función primordial en la formación del barrio de Las Fuentes, hasta el punto de po-
der considerarse, junto con la estación de Utrillas (1863-1865), el Matadero (1885)
y la factoría GIESA, como uno de los elementos primarios que explican su forma y
mantienen la memoria de su desarrollo histórico.
La estatalización de la producción de viviendas sociales tras la promulgación
de la Ley de Viviendas de Renta Limitada (1954) se expresó en un acuerdo plenario
de 24 de julio de 1954, por el que el Ayuntamiento subvencionó a la Obra Sindical
del Hogar con 341.880 ptas. para que comprara a la familia Escoriaza y (en una
pequeña esquina) a José García 12.960 m2 de suelo contiguos al grupo Tranvías y
separados por un vasto descampado del incipiente barrio de Las Fuentes, pegado
aún al Huerva y Miguel Servet. El teniente de alcalde Francisco Vera manifestó
al pleno que, cediendo a la OSH terrenos edificables o dinero para comprarlos49,

49 El 24 de julio también se cedió a la Obra Sindical el terreno municipal del barrio de Oli-
ver donde construiría el grupo General Urrutia (288 viviendas), y se le subvencionó con
414.000 ptas. para que comprara a Zaragoza Urbana el suelo destinado al Arzobispo Do-
ménech (232), más otras 76.626 para la adquisición del solar de Casetas correspondiente
al futuro grupo Coronel Roig (96). Como se ve, estas actuaciones no solo beneficiaban a

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 327

Las Fuentes en 1958. [Beltrán y Casañal, plano de Zaragoza, 1958].

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328 | Ramón Betrán Abadía

Grupo José Antonio Girón, fase I. [AMZ, caja 200715, exp. 0006640/1955].

Grupo José Antonio Girón, fase II. [AMZ, caja 200777, exp. 0010504/1956].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 329

el Ayuntamiento le confiaba ese día la construcción de mil viviendas económicas,


«acogiéndose a lo dispuesto por el Gobierno en recientes Leyes», pero no renunciaba
a continuar con su propio programa de construcción de 8.890 casas sociales a tra-
vés del IMV. Sin embargo, si se exceptúa la ejecución de la segunda fase del grupo
Francisco Franco en el Arrabal, este era el fin de la labor constructora del Instituto,
que por acuerdo plenario de 8 de noviembre de 1956 cambiaría su nombre por el
de Patronato Municipal de la Vivienda, S. L.50.
La Obra Sindical construyó en el terreno comprado a los Escoriaza la primera
fase del grupo José Antonio Girón, una manzana rectangular de 12.960 m² (216 x
60 metros) cuajada con dieciséis bloques lineales de cuatro plantas que incluían 2
locales y 400 viviendas de dos a cuatro dormitorios y 36,50 a 53,63 m2, agrupadas
en cincuenta cajas de escalera. La proyectaron Allanegui y García Marco en julio
de 1954, y obtuvo licencia en junio del año siguiente. Como en las demás pro-
mociones sindicales de los ejercicios 1954-55 y 1955-56, sus viviendas fueron de
renta mínima, con menor tamaño que las de renta reducida del grupo San Jorge
(Delicias).
Sobre una manzana igual a la anterior e inmediata por el sur, los mismos arqui-
tectos diseñaron en agosto de 1955 una segunda fase de disposición más compleja
y satisfactoria, autorizada en febrero de 1956. Sus once bloques, que incluían 39
inmuebles con 390 viviendas de tercera categoría y 2 locales, tenían una planta más
(B+4), y eso permitía dejar mayores espacios libres intermedios y, en el centro de la
manzana, la pequeña iglesia exenta de San José Obrero51. La mayoría de los bloques
de ambas fases tenía dirección este-oeste y un fondo de solo 7 metros, que daba óp-
timas condiciones de aireación y asoleo a unas viviendas abiertas por ambos frentes
a las calles perimetrales o a espacios libres interiores.
También con proyecto de Allanegui y García Marco de agosto de 1955, la OSH
promovió el grupo Casta Álvarez a la entrada del barrio, en el ángulo formado por
las calles de Miguel Servet y Florentino Ballesteros que ocupaban hasta entonces las
113 casitas ultrabaratas del camino de Las Fuentes52. Lo formaron un bloque aisla-

los futuros destinatarios de viviendas, adscritos en general a la clientela natural del Régimen
(sindicalistas, excombatientes, militares, policías, funcionarios), sino también a aquellos par-
ticulares que poseían el suelo periurbano seleccionado por la Corporación y comprado por
la OSH. Hay que insistir en que entre los cinco sectores elegidos en 1950 para la promoción
de viviendas sociales no estaban Las Fuentes, Oliver ni Casetas, que acumularon, respectiva-
mente, 1.075, 594 y 96 viviendas de las 1.945 proyectadas por la OSH en 1954 y 1955.
50 Cuyos estatutos aprobó el pleno el 11 de abril de 1957 (el Instituto Municipal de la Vivienda
de Barcelona se había transformado en Patronato en 1956, a imagen del Patronato Municipal
de la Vivienda creado en Madrid en 1944, un año después de municipalizarse el Servicio de
Casas Baratas).
51 Apretadas, las cinco plantas aún no requerían ascensor.
52 El Concejo cedió los 10.349 m2 de terreno a la OSH por acuerdo de 8 de septiembre de 1955.
El mismo pleno declaró la caducidad de las 113 viviendas concedidas, obligando a sus inqui-
linos a desalojarlas en el plazo de un mes. La vivienda en venta para familias relativamente

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330 | Ramón Betrán Abadía

Grupo Casta Álvarez. [AMZ, caja 200777, exp. 0010504/1956].

do y dos manzanas, una cuadrangular de 3.800 m² y otra triangular de unos 4.800,


con patios arbolados interiores apartados del uso público. En construcciones de
cinco plantas se agruparon 5 locales, 204 viviendas de tres dormitorios y 81 de cua-
tro; aunque sus tipos se asemejaban a los de la segunda fase del Girón, las viviendas
eran de segunda categoría, corroborando el relativo privilegio de sus beneficiarios.
Los tres grupos sindicales eran ya bastante más densos que las Viviendas Tran-
vías, sus espacios libres menos generosos y el asoleo de los pisos interiores más
limitado. Este progresivo constreñimiento se acentuaría en el grupo Santa Rosa,
promovido por la familia Escoriaza y proyectado por Antonio Barbany en 1958,
fuera ya del período de nuestro estudio. Lo formaban 560 viviendas subvencionadas
de dos y tres dormitorios incluidas en cuatro bloques de cinco plantas, adosados a
los lados de una manzana de 207 por 60 metros. A diferencia de los grupos Tranvías
y Girón, junto a los que estaba, los bloques del Santa Rosa comprendían dobles

solventes y afines al sindicato vertical se hacía sitio tras desahuciar a los más necesitados
arrendatarios de las casas municipales.

una y [Link] 330 10/6/17 11:39:16


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 331

Las viviendas Tranvías y los grupos Girón y Santa Rosa en 1971. [Elaboración del autor sobre el
parcelario de Galtier].

hileras de viviendas, con fachadas principales a las calles o al estrecho patio de


manzana, y traseras a pequeños patios secundarios entre los que se intercalaban las
cajas de escalera.
Con todo, los grupos Tranvías, Girón y Santa Rosa formaron un conjunto de
cuatro manzanas con áreas comunes interiores, provistas de vegetación y algún mo-
biliario, y con una singularidad tipológica que hoy destaca sobre el fondo homogéneo
de densas manzanas cerradas que luego colmató el sector norte de Las Fuentes.

9. La vivienda social en Torrero


El 11 de junio de 1943, el Ayuntamiento encargó a su Dirección de Arquitectura un
proyecto de bloque de viviendas económicas en el lugar que los propios arquitectos
vieran más adecuado, y así justificó el acuerdo simultáneo de iniciar la ejecución del
plan de reforma interior en la zona de la plaza de Salamero, que sumaría otra oleada
de desahucios a los ya efectuados en la plaza del Pilar, Sepulcro, San Vicente de Paúl

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332 | Ramón Betrán Abadía

[sánchEz VEnTura, 1948: 156].

o Valenzuela. El pleno del 6 de agosto siguiente aprobó el anteproyecto de un grupo


de viviendas de renta reducida en el barrio de Venecia, y el del 31 de agosto de 1944
el proyecto definitivo, firmado por Yarza y Beltrán; el 29 de noviembre de 1946, la
Corporación quedó enterada de su aprobación por el INV.
El conjunto incluía 128 casas familiares de una y dos plantas, con huerto tra-
sero, agrupadas en cuatro hileras iguales que recaían, de norte a sur, a las calles de
nueva apertura de Castillo de Loarre (16 viviendas), Ateca (32), Ejea de los Ca-
balleros (32), Alquézar (32) y Mesones de Isuela (16). Se diferenciaban tres tipos
de vivienda, con un precio medio de unas 30.000 ptas.: el A (96 viviendas) tenía
vestíbulo, estancia-comedor, nicho-cocina, despensa, lavadero, aseo y tres dormi-
torios dobles; el A’ (8 viviendas) y el B (24) añadían al anterior, respectivamente,
dos y tres dormitorios de una cama (sánchEz VEnTura, 1948: 155-158). El grupo
venía a ser una multiplicación seriada del tipo residencial con que espontáneamente
se iba formando el barrio, que a pesar de los orígenes de la zona más próxima al
Canal, ocupada a finales del siglo XIX por torres de recreo de familias acomodadas
zaragozanas, servía de asentamiento desde los años veinte y treinta a los estratos
más humildes de la ciudad, que compraban parcelas de tamaño muy reducido para
construir por sí mismas casitas de una planta o, rara vez, de dos.
Al aprobar el proyecto en 1944, el pleno encomendó a las direcciones de
Arquitectura y de Montes y Parques las gestiones precisas para comprar el sue-

una y [Link] 332 10/6/17 11:39:18


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 333

lo afectado, advirtiendo que, de no alcanzarse acuerdos con los propietarios, se


pediría autorización al INV para iniciar la expropiación forzosa. Aunque hasta
enero de 1945 se aprobó la adquisición por avenencia de 24.368 m2 de suelo por
365.520 ptas. (15 ptas./m2), en 1948 seguía pendiente de obtención parte del
ámbito.
Tras años de estancamiento, el grupo Venecia no sería ejecutado por el Mu-
nicipio, sino por El Hogar Cristiano, patronato vinculado a la rama masculina de
Acción Católica que se constituyó el 22 de abril de 1949 «en cumplimiento de la
campaña papal de procurar a cada familia un hogar donde la vida familiar sana,
material y moralmente, logre manifestarse en todo su valor y vigor».
Como ya sabemos, en el pleno del 8 de agosto del mismo año se aprobó un re-
glamento que añadía a las ya arbitradas por la normativa estatal ayudas municipales
a los particulares que promovieran viviendas económicas en venta. Ya aprobado, en
la misma sesión se leyó un escrito donde Francisco Caballero, presidente de la Junta
de Patronato de El Hogar Cristiano y exalcalde, pedía la cesión de los terrenos del
barrio de Venecia y el proyecto de Yarza y Beltrán; conforme al dictamen emitido por
la comisión especial de viviendas, se acordó por unanimidad:
1.º Que se preste al Hogar Cristiano la protección que solicita hasta un tope de ciento
cuarenta y dos pesetas por metro cuadrado de edificación y treinta pesetas por metro
cuadrado de huerto, calculándola con respecto al proyecto de construcción de ciento
veintiocho viviendas que en la barriada de Venecia posee el Excelentísimo Ayunta-
miento.
2.º Que la referida protección se conceda de la siguiente forma, sin rebasar el límite
expresado en el apartado anterior: a) Obras de urbanización. b) Cesión del solar
de propiedad municipal emplazado en la barriada de Venecia y destinado a la cons-
trucción de ciento veintiocho viviendas protegidas. c) Proyecto relativo a dichas
viviendas.
3.º La protección se concede con sujeción a las normas generales aprobadas por el
Ayuntamiento Pleno en ocho de Agosto de mil novecientos cuarenta y nueve.

El pleno del 10 de diciembre de 1949 concretó que, proyectándose una su-


perficie construida de 9.858,16 m2 y una superficie de huertos de 6.817,40 m2, la
ayuda municipal sería de 1.604.380,72 ptas.; esta se prestaría en forma de obras de
urbanización, sustitución de una tubería que atravesaba el solar y 434.583,60 ptas.
en metálico. El Ayuntamiento comunicó al INV que renunciaba a las ayudas que le
había otorgado y vería con agrado que las diera a la entidad que se haría cargo de
la promoción; pidió autorización ministerial para cederle el solar de 20.697,68 m2
donde se iba a edificar53 y aprobó los proyectos de urbanización, con un importe

53 De aquí, El Hogar Cristiano reservaría para calles los mismos 6.211,56 m2 que les había
destinado el proyecto, sin derecho a reclamar por ellos cantidad alguna. El gobernador civil
comunicó al Ayuntamiento la autorización del Ministerio de Gobernación para la cesión
gratuita del solar en abril de 1950.

una y [Link] 333 10/6/17 11:39:18


334 | Ramón Betrán Abadía

total de 1.233.861,40 ptas. El Hogar Cristiano debería vender las 128 viviendas, por
el sistema de amortización en cuarenta años, a los beneficiarios que él mismo selec-
cionara con criterios sancionados por la Corporación, que se reservaba la facultad
de adjudicar por sí misma 28 viviendas de tipo A para atender a sus compromisos.
En los contratos de venta, la entidad debería deducir del coste de construcción
(incluidos el valor del terreno, la urbanización y la edificación) la ayuda municipal,
prorrateándola según el número y precio de cada tipo de vivienda. El 28 de enero
de 1952, el Ayuntamiento aprobó las condiciones adoptadas por el patronato para
adjudicar las viviendas, que requerían garantía de la buena conducta del cabeza de
familia y unos ingresos mensuales familiares comprendidos entre 500 y 1.500 ptas.,
y daban preferencia, a igualdad de ingresos, a las familias con más hijos. Concluidas
formalmente las obras el 23 de mayo de 1953, en junio se entregaron las viviendas
conforme a esos criterios54.
Recién promulgado el primer plan nacional de la vivienda, la Obra Sindical del
Hogar promovió en Torrero el grupo Tío Jorge, sobre un terreno de 6.214,50 m2 que
cedió gratis el Ayuntamiento por acuerdo de 8 de septiembre de 1955, emplazado
entre la fábrica de yesos de Pedro López (N), los caminos del Cementerio (E) y las
Canteras (O) y un yermo que lo separaba de la Prisión Provincial (S), hacia la que
no podían abrirse ventanas. El proyecto, firmado por Allanegui y García Marco en
agosto de 1955 y autorizado por licencia de agosto del 56, incluyó 2 locales y 180
viviendas de tercera categoría, agrupadas en seis bloques paralelos de cinco plantas,
con fachadas principales a este y oeste, y espacios ajardinados intermedios. Entre
1959 y 1962, un promotor particular ampliaría el grupo hacia el norte con seis nue-
vas manzanas, edificadas con bloques en U de igual altura y provistas de 48 locales
y 408 viviendas subvencionadas.
Lo barato del terreno atrajo hacia el barrio de Venecia a varias entidades bené-
ficas interesadas en construir casas baratas. Entre ellas estuvo la Hermandad Fran-
ciscana del Trabajo y de la Venerable Orden Tercera, fundada en 1948 por los capu-
chinos, con convento en el barrio, para ayudar a los obreros afiliados a construir sus
propias viviendas y así mejorar sus condiciones de vida y conjurar la promiscuidad
de sexos imperante en las repugnantes cuevas y chamizos que habitaban. Con este
fin, compró un solar de 477 m2 en la torre del Hasta, en la margen meridional del
Canal55, y comenzó la obra sin autorización municipal; a requerimiento del Ayunta-

54 En 1953, los Borobio proyectaron las dos manzanas cerradas, con edificios medianeros de
cuatro plantas y 190 viviendas, del grupo San Valero que El Hogar Cristiano construyó en
Delicias, entre las calles de Antonio Bravo y Eloy Martínez. Ya al final de los cincuenta, la
misma entidad promovió en el extremo sur de Venecia un sencillo y denso grupo formado por
cuatro manzanas lineales paralelas de cinco plantas a cada lado de una calle axial transversal
(la actual del Padre Venancio Huarte).
55 En la calle que más adelante se llamaría del Padre Elías de Limonar, presidente de la Herman-
dad Franciscana del Trabajo.

una y [Link] 334 10/6/17 11:39:18


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 335

Grupo Tío J orge. [AMZ, caja 200753, exp. 0037404/1955].

miento presentó un proyecto y solicitó licencia, pero esta se denegó por la ilegalidad
de la parcelación. La Hermandad siguió con la obra y el 8 de octubre de 1950, en
un acto público al que asistieron autoridades civiles, religiosas y militares, entregó
las llaves a los usufructuarios de 7 de las 8 viviendas construidas, dejando una pen-
diente de una futura rifa. La promoción era una sencilla construcción de ladrillo con
dos plantas y dos escaleras; las viviendas tenían 57,58 m2, y un programa de estan-
cia-cocina, despensa, tres dormitorios dobles y un pequeño aseo. La parte trasera
de la parcela se dividió en ocho corrales para que las familias desarrollaran alguna
actividad que completara sus ingresos (MarTí, 1994: 125-128).
Tuvieron más importancia las promociones del Patronato Social Católico de
Torrero, constituido en 1950 por Acción Católica para «elevar el bienestar material
y espiritual de sus hermanos, mediante la creación de espectáculos morales, coope-
rativas de consumo, economatos, casinos de recreo, biblioteca, escuela profesional
y construcción de viviendas económicas adecuadas a la clase obrera y media». El
Patronato se estrenó con la construcción del cine Torrero, inaugurado en enero de
1953 con el fin primordial de obtener fondos económicos. En 1957, fundó la acade-
mia de San Antonio en la calle de Alicante, ampliada en 1961 y convertida en filial
del instituto Goya; más adelante se transformó en colegio San Antonio, que incluía

una y [Link] 335 10/6/17 11:39:19


33 | Ramón Betrán Abadía

desde la escuela maternal al primer ciclo del bachillerato, y luego se trasladaría a la


huerta del convento de San Antonio. También promovió este patronato el club de-
portivo Stadium Venecia, inaugurado en junio de 1966 y sucesivamente mejorado. Y
entre 1960 y 1975 construiría cinco conjuntos de viviendas en la calle de Alicante,
40 (12 viviendas; 1959-1960); Monterregado, 21-25 (21 viviendas; 1960-1961);
Mesones de Isuela (dos grupos de 96 viviendas –1961-1962– y 218 –1962-1963), y
Alicante, 42 (8 viviendas, 1975) (GarriDo y faci, 2003: 127-130).
Por varios motivos, fue singular la última promoción que veremos en este apar-
tado, situada en las calles de Lasierra Purroy, Pascual Oliver y Nuestra Señora de
Monlora, sobre los terrenos del campo de fútbol de Torrero donde jugó el Zaragoza
hasta la inauguración de la Romareda el 8 de septiembre de 195756. El 8 de mayo de
1954, el pleno había acordado comprar en el paseo de Isabel la Católica tres fincas
contiguas con una superficie total de 84.116 m2, pertenecientes en su mayor parte
a Zaragoza Urbana y Construcciones Zaragoza; por acuerdo de 10 de noviembre
de 1955, se vendieron a la Cámara de Comercio 15.663 m2 para ampliar la Feria
de Muestras, reservándose el resto para un parque de atracciones57. Pero el 9 de
febrero de 1956, el Concejo decidió construir aquí un campo municipal de fútbol
y cedérselo al Real Zaragoza (presidido desde 1952 por el futuro alcalde Cesáreo
Alierta), que en el verano del 54 había vendido el campo de Torrero con una cláu-
sula que demoraba su entrega cinco años, y ahora podría beneficiarse de unas ins-
talaciones pagadas por la ciudad, además de obtener un saneado beneficio con la
enajenación58. En agosto de 1954, el arquitecto José Romero firmó el proyecto de

56 Como consecuencia de la paralización por el Ayuntamiento de unas obras de ampliación del


campo de deportes de Torrero carentes de licencia y trámite previo de parcelación de manza-
na, a pesar de afectar a suelo residencial, el Zaragoza F. C. emprendió en enero de 1951 una
dura campaña contra el alcalde y el concejal Canellas a través del diario falangista Amanecer.
El 1.º de febrero, el club firmó una opción de compra del campo de Torrero, al parecer ya con
idea de venderlo revalorizado.
57 Para los propietarios, era más interesante que el beneficio directo de estas ventas la revalo-
rización del suelo que seguían poseyendo, que pocos años después expropiaría el Ministerio
de la Vivienda en ejecución del plan parcial Gran Vía; en octubre de 1960, el Ayuntamiento
intentó, sin éxito, que el Ministerio aumentara los aprovechamientos y suprimiera los equipa-
mientos previstos por este plan y los de Ebro Viejo y Cogullada, para aumentar el monto de
los justiprecios.
58 Aunque hubo sectores políticos que defendieron comprar otros terrenos para construir el
campo al final de Miguel Servet o en la actual parcela del Pirulí de Telefónica, se impuso
el suelo ya adquirido en la Romareda, salvándose los problemas que podría causar la vecin-
dad del hospital de la Seguridad Social con el peregrino argumento de que no tenía licencia
municipal y podía ignorarse su existencia (uña, 1993: 115-116). En el pleno del 9 de febrero,
se convocó un concurso para elegir el proyecto y contratar las obras del nuevo campo; en
el del 16 de junio, el alcalde dio cuenta de las ofertas presentadas y manifestó que el Con-
cejo se había decidido a acometer la obra, conforme a la sugerencia del gobernador civil y
«recogiendo un clamor unánime de todos los aficionados que constituyen un gran sector de
la población», vistas las malas condiciones de las instalaciones de Torrero y que asumir el
coste de otras nuevas hubiera causado «un gran quebranto económico al Club»; conforme
al dictamen de los técnicos municipales, se declaró desierto el concurso y se anunció otro

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 337

[AMZ, caja 200703, exp. 0000000/1954].

1.200 viviendas bonificables que daría lugar al grupo Nuestra Señora, por encargo
de la sociedad Créditos La Preventiva; además, la entidad promotora prestaría a los
compradores el importe de las 400 viviendas que a lo largo del tiempo, y con varia-
ciones sobre el proyecto original, llegaron a construirse. Frente a lo que era norma
en la Zaragoza de estos años, la promoción destacó por su ordenación abierta de
bloques de cinco a nueve plantas en torno a espacios ajardinados provistos incluso
de unas piscinas, heredadas de las instalaciones deportivas que antes ocuparon el
terreno (aDiEGo, 1984: 180). Por lo demás, se incumplía el proyecto de Yarza para
la urbanización del Monte de Torrero, aprobado en el pleno del 13 de abril de 1951,
que desarrollaba el plano de ordenación general de 1943 como zona residencial con
edificación aislada extensiva, con casas en hilera retranqueadas de las calles para for-
mar pequeños jardines frontales59.

con mejores condiciones para las empresas, entre ellas la libertad para fijar el importe de las
obras siempre que se acabaran en un año. El 24 de agosto, se adjudicó el nuevo concurso a
Agromán, con proyecto del arquitecto Francisco Riestra, aforo de 30.276 espectadores, plazo
de nueve meses y presupuesto de 15.979.016 ptas., el segundo menor. El propio Yarza, que
se había presentado con otra empresa y 23.383.865 ptas. de presupuesto, recurrió este acuer-
do, sin éxito. El 13 de junio de 1957, se aprobó una ampliación del proyecto y se adjudicó la
explotación del campo durante los treinta años siguientes al Real Zaragoza, con canon anual
de 50.000 ptas. Acabadas las obras, se recibieron provisionalmente por acuerdo plenario de
12 de septiembre de 1957.
59 AMZ, caja 200703, exp. 0000000/1954, «Licencia de construcción. Proyecto para 1.200 vi-
viendas de las que solo se ejecutó una parte». AMZ, caja 200571, exp. 0001426/1951, «Pro-
yecto de urbanización. Monte de Torrero».

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338 | Ramón Betrán Abadía

Mientras se promovían estos grupos, Venecia se expandía hacia el exterior con


nuevas parcelaciones clandestinas, en cuyos lotes construyeron sus casas familias
muy modestas y mayoritariamente inmigrantes. Este fue el origen de las barriadas
que, por sus respectivas parroquias, se llamaron de La Paz y San Eugenio.

10. Más allá de la ciudad: Oliver y Valdefierro


En 1918, el cura Manuel Oliver compró una finca situada al sur del camino de Bor-
gas (luego calle de Tolstoy y desde 1940 de Antonio Leyva), más allá del final de la
ciudad por el oeste y antes de la futura vía de Caminreal60. Trazó luego un viario
elemental (actuales calles de Newton, Gallart, Séneca, Aranda, Homero, Lope, La-
madrid…) y dividió lo restante en parcelas de 100, 200 y 300 m2 que vendió por
plazos a 2,50 y 1,25 ptas./m2, según fueran regadío o monte; como en la barriada
de la Explanada (Delicias), promovida desde 1904 por los hermanos Pamplona Es-
cudero, cada comprador construiría por sí mismo su casa, que con el tiempo podría
ampliar según sus necesidades y posibilidades. Desde 1922 se formaron nuevas par-
celaciones al norte del camino de Borgas y más allá de las vías (Pastor, Félix Usón,
Layús…). Los primeros vecinos fueron gente instalada en las graveras próximas, con
abundancia de basureros municipales; más adelante, se les sumaron inmigrantes re-
cién llegados a Zaragoza (naVarro, 1962: 169). De acuerdo con la activa política de
dotación de escuelas de barrio acometida por los ayuntamientos republicanos, en
1932 se inauguró el grupo escolar Juan José Lorente, en la calle de Séneca; el mismo
año se estrenó una línea de autobuses que unía Oliver con la plaza de la Constitu-
ción y solo funcionaría hasta 1936.
El plano de límites y zonas del plan de ensanche de 1934, fechado en septiem-
bre del 33, representaba las primeras 31 manzanas que tuvo la barriada, pero aún no
la vía que ese año segregó las más occidentales. Sí la reflejó, como límite oeste de la
extensión cartografiada, el parcelario formado por el Instituto Geográfico Catastral
en 1932-1935, junto con unas manzanas ya en parte consolidadas en el núcleo ven-
dido por Oliver y otras más incipientes al norte del camino de Borgas; también con-
signó este plano los nombres de las primeras calles del barrio: Teodora de Madrid
(luego Zola y desde 1940 Teodora Lamadrid), 14 de Abril (luego Progreso Español
y Pilar Aranda) y, más al sur, Rosario (Fray Luis de León) e Indalecio Prieto (tramo
sur de Lamadrid).
Liquidada la República, en 1937 el Ayuntamiento autorizó a Valentín Bazán,
presidente de la junta de vecinos del barrio, a construir una iglesia en el centro de la

60 En febrero de 1933, se sustituyó la vieja estación de Cariñena por la de Caminreal, construida


junto al barrio de Delicias con proyecto de Luis Gutiérrez Soto. De ahí salían los trenes de
Teruel y Valencia por una vía de dirección norte-sur, más allá de la cual quedaba una porción
del barrio de Oliver muy mal comunicada con la ciudad.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 339

parcelación original, donde confluían las calles axiales de Progreso Español y Lope
de Vega, e inmediatamente al norte de la torre del cura, residencia de Oliver. Este
recompró con tal fin un terreno que había vendido tiempo atrás y aportaron dinero
para la obra los propios vecinos, alguna institución y propietarios de los alrededores
como Aladrén o los Laguna Azorín61; Regino Borobio la proyectó gratis y a los
obreros del lugar les tocó construirla en sus horas libres y sin jornal alguno. Pero la
muerte de Oliver, en diciembre de 1938, le impidió gozar de la inauguración de la
iglesia de la Asunción en agosto del año siguiente (BLasco, 1953: 160-161).
Hasta ahí, el barrio del cura había disfrutado de una cierta extraterritorialidad.
El Ayuntamiento reconocía importantes funciones a un promotor paternalista (y
tonsurado) cuya tutela garantizaba el lugar más apropiado para el buen obrero, tan
distinto del conflictivo proletario de San Pablo, el Boterón o Delicias, y se consu-
maba el ideal del desplazamiento de la clase productora a barriadas semirrurales con
casitas familiares agrupadas en torno a una capilla62. Pero, aunque el anteproyecto
de ordenación general de 1943 apoyó esta estrategia, situó sus núcleos satélite junto
a los barrios rurales y no dibujó siquiera el caserío de Oliver, que pasó a constituir
algo parecido a una excrecencia cancerígena del suelo urbano, ceñido con un cintu-
rón de ronda que lo dejaba fuera.
En adelante y poco a poco, San José, Las Fuentes, Delicias o el Picarral se some-
terían al plan de alineaciones y a las ordenanzas de edificación de 1939, macizán-
dose con manzanas bordeadas de edificios medianeros de cuatro o cinco plantas,
mientras Oliver y su entorno eran pasto de la autoconstrucción. En 1953, la inme-
diata barriada de La Camisera63 alojaba a 281 personas que ocupaban 71 viviendas,
40 en propiedad y 20 de alquiler, y la urbanización espontánea ya había saltado a
los más meridionales montes de Valdefierro. Pero el estado de Oliver seguía siendo
extremadamente precario:
[…] hasta 1951 no había párroco, sino un sacerdote que acudía solo los domingos; hasta
1950, un maestro y una maestra se veían obligados a atender aproximadamente a unos
800 niños en una exigua escuela donde los niños tenían que aguardar turnos de admisión
y asistir en sesiones de mañana o tarde. Para beber, tenían que recorrer unos 3 km hasta
la fuente más próxima los que no tenían el aljibe en su casa, y este se llenaba con agua
de la misma acequia que sin ninguna protección atravesaba el barrio. Así se hacía indis-
pensable la presencia del aguador, que aún hoy en día va por las calles voceando su mer-
cancía y arrastrando su borrico […] En fin, hay familias que viven hacinadas, sin agua,
sin cama para dormir, sin muebles, sin apenas ganar lo suficiente para vivir, teniendo que

61 En el oratorio de la finca de Emilio Laguna Azorín decía misa Oliver durante la guerra.
62 Es interesante la intervención en el desarrollo de los suburbios zaragozanos de eclesiásticos
como Gericó u Oliver, o de los patronatos de Acción Católica, no como meros promotores,
sino como verdaderos agentes colaboradores en la gestión urbanística y social en áreas de resi-
dencia obrera.
63 Adosada al extremo noroeste del barrio de Oliver, al final de Antonio Leyva, se llamó así por-
que la propietaria de la finca matriz, viuda de Riera, poseía una camisería en la calle de Don
Jaime.

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340 | Ramón Betrán Abadía

pagar todos los meses un alquiler de la vivienda muy alto en relación a sus ingresos, y todo
ello sin un fondo de resignación y formación cristiana64 (naVarro, 1962: 171).

El 7 de marzo de 1950, Heraldo de Aragón se refirió en un suelto titulado «Proble-


mas del barrio Oliver» al grave problema sanitario provocado por la contaminación
de la acequia donde se lavaba la ropa, se efectuaban diversos vertidos y se tomaba el
agua de boca, reclamando fuentes públicas, redes de abastecimiento, alcantarillado
y alumbrado público y particular, aceras, un puesto de la Guardia Civil, un cine de
propiedad privada y la extensión a la barriada de la planificación viaria y las orde-
nanzas de edificación, para impedir una anarquía como la que se había enseñorado
de algunos sectores de Delicias65.
Ese mismo día, el alcalde declaró a la prensa que la Guardia Municipal vigi-
laría que no se lavara ni vertiera en la acequia, y que el Ayuntamiento construiría
de inmediato alguna fuente y estudiaría la instalación de lavaderos. Pero, aparte de
estas medidas sanitarias elementales, máxime considerando que Oliver ya superaba
los 5.000 habitantes y tenía escuela municipal e iglesia, García Belenguer no solo
no aceptó la urbanización de sus calles y su incorporación al plano de alineaciones,
sino que advirtió que había «reiterado las órdenes más enérgicas a fin de que no se
concedan licencias para construir fuera del espacio comprendido por el cinturón
de enlace de carreteras para evitar nuevos brotes de barriadas que como ocurrió en
el barrio de Oliver surjan anárquicamente creando un problema de urbanización y
saneamiento que, como en este caso, es de muy difícil y muy costosa solución» (He-
raldo de Aragón, 8/3/50). Aparentaba así ignorar que la denegación de licencias era
justo lo que daba su valor a las parcelas de Oliver, destinadas a un subproletariado
que no podía acceder a viviendas sancionadas por el planeamiento, y que se engrosa-
ría conforme prosperara la incipiente industrialización de Zaragoza.
Esto no impidió, sino todo lo contrario, que el barrio se sumara al Picarral y
Las Fuentes como asiento de las pocas y pobres promociones municipales de casas
ultrabaratas, desprovistas de calles asfaltadas y servicios básicos. Aunque el plan
de 1950 para la construcción de 8.890 viviendas modestas no había contemplado
Oliver, el pleno del 13 de junio de 1953 ordenó a la Dirección de Arquitectura que
diseñara ahí un barrio satélite con la mayor urgencia y cedió gratis al Instituto Mu-
nicipal de la Vivienda un terreno de 32.529 m2 lindante con el camino de Borgas y
la calle de Villalpando. El día 14, se colocó en este lugar la primera piedra de una
manzana con 72 casitas ultrabaratas de una planta y pequeño corral interior, agru-
padas en una doble hilera que rodeaba un patio común central, y el 25 de abril de
1954 pudo celebrarse ya su bendición y entrega66. A su lado, Regiones Devastadas

64 El subrayado es mío.
65 Hasta 1956, Oliver careció de redes de agua corriente y saneamiento. Sí tenía suministro
eléctrico desde 1925, aunque la instalación era muy deficiente.
66 Se conservan tres fotografías de Marín Chivite tomadas en la ceremonia de bendición y entre-
ga de las 72 viviendas en AMZ, ES 50297, AM [Link], sobres 03301, 03304 y 03411.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 341

Bendición de las casas ultrabaratas del Ayuntamiento (Marín Chivite, 1954). [AMZ, ES 50297, AM
[Link], sobre 03301].

construyó luego otra manzana menor, con dos hileras de 12 casas análogas cada
una67. Se desterraba así la vivienda social más allá del contorno urbano y el cinturón
de ronda contemplados por el plano de ordenación general de 1943, e incluso al ex-
tremo más lejano de Oliver, pasada ya la vía de Caminreal.
La ejecución de estas obras coincidió con la promulgación de la Ley de Vivien-
das de Renta Limitada de 1954, que dio al Estado el protagonismo en la política de
vivienda de todo el país. Como consecuencia directa, el Ayuntamiento acordó el 24
de julio de 1954 ceder gratis a la Obra Sindical del Hogar 13.583,62 m2 de suelo se-
gregado de la finca ocupada por las casas ultrabaratas de Oliver, subvencionándole
además con 414.000 ptas. para que comprara a Zaragoza Urbana otro solar situado
junto al enlace de carreteras y próximo al barrio, donde se alzaría el grupo Arzobispo
Doménech. Con proyecto de Allanegui y García Marco de julio de 1954 y licencia
de junio de 1955, la OSH promovió en el primer terreno la fase primera del grupo
General Urrutia, formada por tres manzanas situadas entre la calle de Antonio Ley-
va, al sur, y las casas ultrabaratas, al norte; incluían once bloques lineales de cuatro

67 Esta manzana, lindante con el lado norte de la actual plaza de Lolita Parra y de calidad
material peor que las casas ultrabaratas del Ayuntamiento, ya se veía construida en el vuelo
americano de 1956, persistía en el parcelario de Galtier (1971) y aparecía derribada en el
vuelo interministerial de 1973.

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342 | Ramón Betrán Abadía

plantas con 36 viviendas de renta mínima de dos dormitorios, 204 de tres y 48 de


cuatro, y superficies comprendidas entre 36,50 y 53,63 metros cuadrados68.
El pleno del 11 de noviembre de 1954 acordó ceder a la Obra Sindical, para
que edificara 104 viviendas sociales, un terreno de 2.331 m2 situado entre el que
se le había dado en julio (O y S) y la calle de Villalpando (E), y otro de 4.191 m2
lindante con los suelos del IMV (S y O) y la prolongación de la calle de San Eloy
(E). Sobre el primero, Allanegui y García Marco proyectaron en agosto de 1955 un
bloque de planta en C abierta al sur, con cinco alturas y 50 viviendas, que no llegó
a construirse. El 13 de diciembre de 1956, se modificó el acuerdo de noviembre
del 54 y se requirió que sobre esta manzana se levantara una iglesia donde tuvieran
«asistencia espiritual los beneficiarios de la populosa barriada», pero la iglesia tam-
poco se construyó y el solar acabaría convertido en la actual plaza de Lolita Parra69.
Por fin, la OSH promovió en 1958, como segunda fase del Urrutia, dos edificios en
C, con tres y cuatro plantas y un total de 58 viviendas (36 + 22), al norte de las casas
de Regiones Devastadas y a ambos lados de la calle de Villalpando70.
Al mismo tiempo que la primera fase del General Urrutia y con proyecto de los
mismos arquitectos, la Obra Sindical construyó el grupo Arzobispo Doménech, be-
neficiado con una más ventajosa posición junto al cinturón de enlace. Integró trece
bloques de cuatro plantas con fachadas a este y oeste, que comprendían 32 vivien-
das de dos dormitorios, 182 de tres y 18 de cuatro. Aunque estas tenían la misma
calificación teórica e iguales tipos que en el Urrutia, la dotación de espacios libres
entre los edificios gozaba de un denso arbolado y era más generosa, entre otras cosas
por la obligada adaptación de los bloques a las curvas de nivel de un terreno me-
nos plano. Como consecuencia, la densidad neta de este grupo era de 974 hab./ha,
frente a 1.289 en el Urrutia I, 1.372 en el Girón I y 1.856 en el Coronel Roig. Este
esponjamiento, una construcción algo más cuidada y la muy distinta posición de las
dos promociones con respecto a la ciudad respondía a la práctica, no infrecuente en
la OSH, de construir conjuntos simultáneos para beneficiarios de distinto rango71.

68 AMZ, caja 200715, exp. 0006640/1955. El Ayuntamiento eximió a la OSH del límite de
superficie edificada exigido dentro del kilómetro de protección exterior al cinturón de ronda,
equivalente al 10% de la superficie del terreno. En abril de 1956, el pleno acordaría informar
a un particular interesado en construir en las inmediaciones que esa exención no debía to-
marse como «precedente por lo que afecta a la edificación por particulares, toda vez que por
las especiales condiciones en que actúan, tanto la Obra Sindical del Hogar como el Excelentí-
simo Ayuntamiento, no pueden recibir el mismo trato».
69 En 1995, se construyó la parroquia de San Pedro Apóstol en el solar donde habían estado
las casas de Regiones Devastadas, entre la plaza de Lolita Parra y la segunda fase del grupo
General Urrutia.
70 AMZ, caja 200893, exp. 0008834/1958. Proyecto de Fausto García Marco de mayo de 1957,
con 2 tiendas, 40 viviendas de tres dormitorios, 11 de cuatro y 7 de cinco.
71 Incluso los nombres de los grupos se cargaron de significado político y, cuando convino,
adquirieron un tono disciplinario. El mejor de estos dos, junto a la ronda, se dedicó a Rigo-

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 343

Las casas del Ayuntamiento y Regiones Devastadas y las dos fases del grupo General Urrutia en
1971. [Elaboración del autor sobre el parcelario de Galtier].

Como efecto imprevisto de estas promociones, el Ayuntamiento se vio obligado


a dotarles de alcantarillado y agua corriente, lo que benefició a las calles del barrio
recorridas por los conductos. En el pleno del 6 de junio de 1955 se aprobó el pro-
yecto de abastecimiento72 y el alcalde advirtió que tanto los requisitos legales de las
viviendas protegidas como el hecho de que el barrio fuera a alcanzar las 9.000 almas
con los dos grupos a punto de concluirse, obligaban a darle el servicio con urgencia,
y de ahí que las obras se contrataran directamente. El 8 de marzo de 1956, el pleno
aprobó un proyecto reformado de alcantarillado y abastecimiento, y desestimó una
petición de la Delegación Provincial de Sindicatos para que colaborara en la amorti-

berto Doménech, arzobispo de Zaragoza de 1924 a 1955; lo separaba del barrio la calle antes
llamada de Víctor Hugo y ahora de la Victoria (actual Ángela Bravo), según el nomenclátor
de 1962 para conmemorar la reciente victoria de la Causa nacional. El grupo más alejado re-
cordó a Gustavo Urrutia, cabecilla de la asonada de julio del 36, cuando era teniente coronel
de Caballería, y, en su calidad de jefe de las milicias de Falange, máximo artífice de la dura
represión que sufrió la ciudad a partir de agosto de ese año.
72 Infraestructura que incluía el depósito elevado de la calle de San Vicente Ferrer, hoy en
desuso.

una y [Link] 343 10/6/17 11:39:22


344 | Ramón Betrán Abadía

Grupo Arzobispo Doménech. [AMZ, caja 200715, exp. 0006640/1955].

zación del capital de urbanización de los grupos de la OSH, ya que ello «supondría
para la Corporación una carga general por muchos años, en exclusivo beneficio de
un reducido número de favorecidos, además de que ya ha contribuido en forma efi-
ciente en la realización de las citadas obras»: una alusión apenas velada a una política
de vivienda muy selectiva y guiada por el clientelismo político.
Con estas obras comenzó a procurarse unas condiciones de vida dignas a los
miles de habitantes que ya tenía el barrio de Oliver, pero se favoreció también su
expansión incontrolada, impulsada en parte por propietarios que construían nuevas
casas para alquilar a terceros y en parte por nuevas parcelaciones adyacentes.
En los años cincuenta y sesenta, multitud de familias recién inmigradas de pue-
blos aragoneses y del sur de España levantaron apresuradas casitas de adobe en la
vecina Valdefierro. A diferencia de Oliver, aquí hubo solo dos grandes promociones
que impusieron un orden general coherente, con retículas continuas de calles angos-
tas, vendidas en sucesivas porciones junto con las parcelas y sujetas a servidumbre
de uso público. La emprendedora peluquera María Giner parceló el monte más
próximo al Canal o de La Peinadora73; en la parte oriental, trazó calles principales de
dirección este-oeste y trasversales norte-sur, de 8 metros de anchura, que delimita-
ban manzanas formadas por dos hileras de parcelas de 7 metros de ancho y 20 de
fondo; en la parte occidental, las calles principales fueron de nordeste a sudoeste,
alcanzando las parcelas los 8 por 21 metros. En el monte que tomó de su promotor
el nombre de Herrero y se situó al norte de la Val de Fierro, las manzanas fueron
algo más estrechas y la modulación menos perfecta, con anchuras de parcela de 9 o
10 metros y calles principales, de dirección noroeste-sudeste, que alcanzaron los 10

73 Giner hizo levantar un plano general con el que procedió a la venta de las parcelas y a la re-
gulación del régimen de servidumbres.

una y [Link] 344 10/6/17 11:39:23


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 345

metros. Por supuesto, el barrio carecía de todos los servicios urbanísticos, tomando
el agua sus vecinos del Canal o la acequia, y vertiendo a pozos negros, e incluso a
calles y descampados.
A finales de 1953 o comienzos de 1954 los habitantes de la incipiente barria-
da solicitaron al gobernador civil la aprobación del reglamento de una asociación
de propietarios de la parcelación de San Vicente de Paúl del barrio de Valdefierro, que
el pleno municipal informó desfavorablemente el 13 de febrero de 1954, «puesto
que dicho Barrio no tiene existencia legal, por haberse erigido sin la más mínima
intervención del Ayuntamiento, infringiendo las normas establecidas en las Orde-
nanzas Municipales». En mayo de 1955 se inaguró una iglesia adscrita a la parro-
quia de San Valero y el 13 de diciembre del 56 el pleno informó favorablemente,
ahora sí, el reglamento de la Sociedad de Propietarios y Vecinos de Valdefierro de
la Inmaculada, devolviendo el expediente al gobernador para que autorizara su
funcionamiento.
Justo entonces, el Ayuntamiento se veía obligado a dotar de redes de agua y
alcantarillado al barrio de Oliver. Lo ahí ocurrido y el impulso de la actividad urba-
nística ilegal, beneficiada por la muy insuficiente promoción de viviendas sociales en
un período de crecimiento demográfico, explica que el concejal José Paricio pidiera
ante el pleno el 14 de julio de 1955…
[…] que la Corporación confeccione el plano urbanístico topográfico de aquellas zonas
no previstas aún para su parcelación, pero que por su relativa proximidad al núcleo ur-
bano puedan iniciarse las edificaciones en el momento más imprevisto, encauzando así
la iniciativa particular que en muchas ocasiones construye al margen de las normas mu-
nicipales y de las disposiciones vigentes en materias tan fundamentales como la apertura
de calles, alineación de edificaciones, etcétera74.

En 1957, se instaló en Valdefierro la energía eléctrica y, con ella, un precario


alumbrado de las calles. Después se construyó un cine, el Ideal, y, en 1961, la parro-
quia de Nuestra Señora de Lourdes. Todavía en 1962, Valdefierro, ya en avanzado
estado de desarrollo, presentaba un aspecto muy precario, según testificó Ana María
naVarro (1962: 171):
Valdefierro, de 3.000 habitantes, es el [suburbio] más lejano a la Ciudad, ya que desde la
Plaza de España hay que tomar dos tranvías con unos 25 minutos de recorrido en total,
y después hay que andar otros tantos a la izquierda del enlace de carreteras. Por ello es el
de peor aspecto: casas sin revocar, con los adobes al exterior, construcciones disemina-
das, presencia de niños sucios y a veces sin vestir prácticamente, etc. Sus habitantes son
de preferencia andaluza y obreros de la base aérea y de la fábrica de Tudor.

74 Fontán erraba en su juicio y en su propuesta, ya que el problema no era de falta de suelo legal-
mente adecuado para la edificación residencial, sino de búsqueda por los promotores ilegales
(que a veces no eran distintos de los legales) de terrenos no contaminados con la renta urbana
y, por tanto, a la fuerza exteriores al suelo ordenado por el planeamiento municipal.

una y [Link] 345 10/6/17 11:39:23


34 | Ramón Betrán Abadía

11. Las alineaciones de 1943 y las ordenaciones de manzana


Desde la segunda mitad de los años cincuenta, la autoconstrucción y los escasos
grupos de vivienda social de promoción pública y privada convivieron con la cada
vez más activa promoción empresarial lucrativa, que la progresiva mejora de la capa-
cidad financiera de los trabajadores y las ayudas públicas otorgadas a los promotores
llegarían a hacer forma dominante de producción de la vivienda popular.
Ya conocemos la función del plano de ordenación general de 1943 como instru-
mento garante del valor de las inversiones inmobiliarias en un período en que esta
era una salida atractiva para el capital excedentario. El plano, vigente en buena parte
hasta 1968, representaba los contornos de todas las manzanas edificables dentro de
un área urbana a la que se suponía capacidad para medio millón de habitantes, un
89% más de los que tendría Zaragoza en 1950 y un 53% más que en 1960.
A los terrenos así delimitados podían aplicárseles directamente las ordenanzas
de edificación de 1939 para ordenar manzanas y edificar solares. Con esta herra-
mienta, los más importantes dueños de terrenos en torno al casco urbano, ya por
posesión continuada desde hacía décadas, ya por haberlos comprado a partir de la
guerra, pudieron dirigir a su conveniencia el desarrollo de la ciudad, dentro de un
marco demasiado amplio para constreñirles y en condiciones muy ventajosas y aún
mejoradas por la facilidad con que obtuvieron del Ayuntamiento, cuando les convi-
no (lo que ocurría con mucha frecuencia), modificaciones puntuales de las ordenan-
zas, de las alineaciones viarias, de los contornos de las zonas verdes, etc.
Al mismo tiempo, en las viejas parcelaciones particulares las primitivas casas
de una o dos plantas podían sustituirse por densos edificios de vivienda colectiva,
aplicando la ordenanza que, con licencia directa, permitía levantar en manzanas
consolidadas una altura proporcional al ancho de la calle. No obstante, en estos
barrios no era raro que, incluso en calles donde se admitían más plantas, se edificara
un máximo de cinco (B+4), ya que las ordenanzas exigían ascensor en pisos situados
a más de 12,50 metros de la acera. El mismo principio de máxima reducción de la
inversión, acorde con la fabricación de un producto (la vivienda obrera) de calidad
tan baja como fuera posible, explica que se utilizaran los materiales más baratos y
que faltaran por sistema el aislamiento térmico, la calefacción y, por supuesto, los
estacionamientos propios, que las ordenanzas de 1939 no exigían.
En los años desarrollistas que siguieron a los aquí estudiados, la saturación resi-
dencial de los barrios obreros utilizó como principal materia prima las viviendas sub-
vencionadas reguladas por decreto de 22 de noviembre de 1957, una nueva categoría
dentro de las de renta limitada que nació con el plan de urgencia social de Madrid,
estuvo vigente en todo el país desde enero de 1958 y se asoció a la promoción priva-
da de densos bloques en propiedad horizontal. Sin considerar su tamaño y calidad,
el Estado otorgaba a todas ellas una subvención a fondo perdido de 30.000 ptas.,
suma por entonces elevada que explica que entre 1958 y 1966 se construyeran en

una y [Link] 346 10/6/17 11:39:23


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 347

España 702.413 pisos subvencionados de calidad y tamaño ínfimos, el 41,23% de


las 1.703.639 viviendas promovidas en esos años (BETrán, 2010).
En San José, Las Fuentes o Delicias, la mayor parte de los proyectos de ordena-
ción de manzana se aprobaron en la segunda mitad de los cincuenta y en los sesenta,
cuando la inmigración consiguiente a la industrialización hizo crecer a fuerte ritmo
la población de Zaragoza, que de 264.000 almas en 1950 pasó a 326.000 en 1960 y
469.366 en 1970. Con ellos se ejecutaron calles previstas en 1943 y se abrieron otras
nuevas intermedias y más estrechas, formándose tejidos residenciales muy densos y
sin más suelo público que el viario imprescindible.
En San José, se macizó así buena parte de los polígonos 11, a partir del núcleo
promovido en los terrenos de los Talleres Izuzquiza, junto a la antigua estación de
Utrillas75, y 12, donde simultáneamente se urbanizó la Torre de Cambra76. Tras col-
marse el área limitada por el camino de las Torres y la calle de la Reina Fabiola, ya en
los sesenta se llenaría el entorno de la calle de Miguel Servet, la estación de Utrillas y
el camino de Cabaldós, un camino rural que acabó consolidado como vía urbana.
La combinación del anteproyecto con las ordenanzas tuvo efectos mucho más
contundentes en Las Fuentes, donde hasta 1943 solo se había edificado en el tramo
de Miguel Servet anterior a la estación de Utrillas, en alguna pequeña promoción de
vivienda obrera como la parcelación Rusiñol o el Campo de La Higuera, y en los te-
rrenos de GIESA. El anteproyecto impuso al resto del actual barrio, calificado como
industria ligera con viviendas, una estructura ortogonal de manzanas rectangulares
de dirección este-oeste y unos 187 por 58 metros, muy similar a la que luego se
ejecutaría. Previó una zona verde (no vinculante) en una gran manzana central, si-
tuada entre las actuales calles de Florentino Ballesteros, Batalla de Lepanto, Doctor
Iranzo y Batalla de Pavía, y trazó la calle estructurante luego llamada del Compro-
miso de Caspe, que llevaba desde el cruce de las calles de Miguel Servet y San José
al cinturón de ronda. La falta casi total de preexistencias y la eficaz y potente retícula
viaria dibujada en 1943 explica que la dispersión de las actuaciones edificatorias no
desvirtuara un orden general excepcional en la periferia zaragozana.
En Las Fuentes se aprobaron 52 proyectos de parcelación y ordenación de
manzana (30 en el polígono 9 y 22 en el 10), ya en fechas muy tardías: aunque los

75 La parcelación Izuzquiza, a la que ya nos referimos en el apartado X.14, comprendía cinco


manzanas situadas entre Miguel Servet y Privilegio de la Unión, y se aprobó el 9 de enero de
1958 (parcelación de manzana n.º 80; exp. 22466/56). El 31 de diciembre de 1946, la Corpo-
ración había aprobado la modificación de las alineaciones del plano general de la ciudad en
esa zona, según proyecto presentado por Florencio Izuzquiza.
76 A instancia de Rosina Castillón y José María Escoriaza (familia muy activa en estos años y
que al mismo tiempo impulsaba, entre otros asuntos, la parcelación y urbanización de los te-
rrenos del antiguo campo de deportes de Escoriaza, en la avenida de Madrid), el Ayuntamiento
aprobó el 11 de septiembre de 1958 la parcelación y urbanización de los terrenos de la Torre
de Cambra, con fachadas a la avenida de San José y a la calle de Miguel Servet.

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348 | Ramón Betrán Abadía

Ordenaciones de manzana y tamaño de vivienda en Las Fuentes. [Elaboración del autor].

primeros expedientes se presentaron a trámite en 1956, no se aprobó ninguno an-


tes de 1958, retrasándose los últimos hasta 1970, cuando ya estaba vigente el plan
general de Larrodera. De ellos, 22 se situaron en el área limitada por las calles de
Salvador Minguijón, Azorín, Doctor Iranzo, Silvestre Pérez, Santuario de Rodanas,
Leopoldo Romeo, Sancho Arroyo y Compromiso de Caspe, donde en 1969 no que-
daba ni una sola manzana sin ordenar. De estas actuaciones resultó un barrio, sobre
todo en su parte norte, con una muy alta densidad residencial neta y también bruta,
por la falta de equipamientos y zonas verdes77; según el censo de 2001, el 35,70%
de las viviendas del barrio tenía menos de 61 m2 y solo un 1% superaba los 120 m2;
en su mitad norte, secciones censales enteras tenían superficies medias de vivienda
de 50 a 55 m2.
En Delicias, las normas de construcción en manzanas consolidadas animaron la
progresiva sustitución de las casitas existentes en las parcelaciones que componían
el barrio por inmuebles plurifamiliares de baja calidad, pobre aspecto y la altura
que consentía el ancho de cada calle. De esta refundación del sector, solar a solar, se
beneficiaron muchos de quienes antes habían comprado parcelas, que ahora podían
venderlas revalorizadas. El resultado fue una edificación muy densa interrumpida
por calles estrechas, a veces con tramos muy largos sin cruces con otras transversa-

77 Que el Ayuntamiento intentó remediar, acuciado por la presión vecinal, durante la alcaldía de
Sainz de Varanda, cuando adquirió parcelas de cierta extensión todavía vacantes para implan-
tar dotaciones públicas. Entre ellas destacó el parque de Torre Ramona.

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 349

[AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0506].

les, y sin plazas, zonas verdes ni apenas equipamientos; si esto era duro en el polígo-
no 20, correspondiente a la primitiva parcelación de la Explanada (1904), amplia y
regular78, se hacía aún más angustioso en el laberinto viario del polígono 21, desde
la calle de Delicias al Manicomio.

78 Sobre la Explanada y los orígenes de Delicias y demás barrios obreros, véase BETrán (2014:
135-141).

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350 | Ramón Betrán Abadía

[AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0512].

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 351

Por otra parte, en los suelos vacantes de la periferia del barrio se aprobaron
ordenaciones de manzana que acabaron de atestarlo. Fue el caso de los terrenos
comprendidos entre la Explanada y los talleres de Carde y Escoriaza (a norte y
sur) y, más aún, de los polígonos 22 y 25. Si el polígono 22, entre el Manicomio
y la avenida de Madrid, se formó ya en los sesenta, el 25 fue uno de los primeros
desarrollos urbanos de cierta entidad producidos tras la guerra. Ocupó el extenso
terreno triangular donde había funcionado hasta 1933 la estación de Cariñena,
lindante por el sudoeste con la parcelación Roche (a ambos lados de la actual ca-
lle de Escosura), por el sudeste con la carretera de Valencia y por el norte con las
antiguas vías, reurbanizadas como calle de Santander; a instancia de Eloy Chóliz y
otros propietarios, el Ayuntamiento aprobó en noviembre de 1938 una ordenación
formada por siete manzanas con patio central bordeado por edificios medianeros
de viviendas, en general de alquiler y destinadas a la clase media más o menos
modesta que correspondía a una zona inmediata a la estación de MZA y los talleres
de Carde.
Todo ello llevó a un extraordinario adensamiento de las Delicias en los años
cincuenta, y, sobre todo, sesenta y setenta. Repitiendo el proceso que había degra-
dado la ciudad medieval, este barrio, que, dentro de su desorden, el raquitismo de
sus dotaciones y la estrechez de sus calles, era tolerable gracias a sus casitas fami-
liares con corral, dejó de serlo al crecer en altura, en ocupación de las parcelas y en
densidad, lo que disminuía el asoleo, suprimía los espacios, siquiera privados, de
desahogo, y agravaba las consecuencias de la falta de dotaciones79.
El sector llamado de Madre Vedruna (polígono 14) fue otra área donde la apli-
cación simultánea del plano de 1943 (que reproducía aquí el plan de ensanche
modificado en 1938) y unas ordenanzas específicas que en 1942 habían desarrolla-
do las generales de 1939, se expresó en la aprobación durante los años cuarenta y
cincuenta de numerosas ordenaciones de manzana, con el resultado de una excesiva
densidad80.

79 Aunque carecían de zonas verdes y tenían calles estrechas, discontinuas y a veces tortuosas,
sus casas bajas y bien ventiladas y la mayor cercanía al campo o al Canal explican que, en
1957, Ana María Navarro considerara los barrios de Delicias, San José, Venecia, Arrabal o
Casablanca mucho más habitables que las zonas populares centrales. A partir de los sesenta,
cuando la promoción profesional sustituyó a la autoconstrucción en casi todos los barrios
obreros, esas ventajas se destruyeron y áreas como el entorno del camino del Terminillo se
convertieron en verdaderas pesadillas urbanísticas.
80 En BETrán (2013: 337-344) traté de la urbanización, a partir de la guerra, del polígono 25
(sector de la estación de Cariñena o barrio de Salamanca) y el ensanche de Madre Vedruna.

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Capítulo XIV

Conclusiones

Para terminar, conviene insistir en el estrecho vínculo que mantuvo la actividad


urbanística municipal durante la guerra y la alta posguerra con la situación política
y económica, causa de su novedad con respecto a las prácticas de los ayuntamientos
monárquicos y republicanos. Esta originalidad no le impidió hacer propias propues-
tas ya viejas, como no podía ser de otro modo puesto que la impulsaron los mismos
agentes que monopolizaban el poder urbano desde el siglo XIX, capaces ahora de
actuar con una libertad sin precedentes1.
A lo largo de este libro, se han estudiado las líneas rectoras de esas nuevas polí-
ticas municipales, que pueden resumirse en los siguientes puntos:
— Adaptación de la ciudad a las necesidades ideológicas del Nuevo Estado:

1 «Desde 1936 venían accediendo al Ayuntamiento personas conectadas con los grandes in-
tereses agrarios y empresariales y con las familias de la alta burguesía local. El dato no sor-
prende demasiado en los procedentes de Acción Popular Agraria Aragonesa o de los núcleos
monárquicos; no en balde habían sido los alcaldes de la reacción conservadora desde 1933.
El mantenimiento de su poder económico –como miembros de organizaciones patronales, de
los consejos de administración de importantes empresas zaragozanas o como poseedores de
grandes propiedades agrarias– pasaba por el derrocamiento de una República que los había
desplazado de los centros de decisión política, y de la colaboración prestada al Ejército y a la
Falange en dicha tarea se beneficiaban ahora. Más llamativo resultaba que los nuevos políti-
cos que llegaban a la gestora de la mano del Partido tuvieran una similar procedencia social.
Así, falangistas como Pío Altolaguirre o Luis Gómez Laguna estaban conectados al mundo
empresarial y otros como Manuel Baselga Yarza, Antonio Lasierra, Jaime Dolset y Joaquín
Mateo eran miembros de distinguidas familias zaragozanas. El acceso al poder estaba deter-
minado, en definitiva, por otros méritos además de la militancia en Falange: haber mamado
la cultura del privilegio y estar mediatizado por la necesidad de defender intereses muy con-
cretos» (cEnarro, 1997: 122­123).

una y [Link] 353 10/6/17 11:39:26


354 | Ramón Betrán Abadía

– Creación en la muy ampliada plaza del Pilar de una acrópolis de gran


contenido simbólico, donde se emplazaban las principales sedes del po-
der local y podían celebrarse concentraciones de masas religiosas y pa-
trióticas.
– Trazado de una estructura de comunicaciones que privilegiaba el eje nor-
te-sur y vinculaba los espacios centrales de la ciudad, culminados en el
Pilar, con la Academia General Militar.
– Ordenación de una ciudad perfecta y definitiva, con capacidad para me-
dio millón de habitantes. Más allá de su perímetro casi circular, solo ha-
bría poblados satélite de índole rural o semirrural, con el supuesto fin de
preservar el equilibrio entre la ciudad y el campo.
– La enorme devastación que impuso al centro romano el planeamiento de
los años 1936-1939 no fue incompatible con ordenanzas estéticas como
las de San Vicente de Paúl o el Sepulcro, tendentes a dar a esa parte de la
ciudad un aire historicista de resonancias pretendidamente imperiales.
– Las calles más visibles recibieron nombres que hicieron de la ciudad un
monumento a los sublevados de 1936 y a la interpretación de la historia
de España con que pretendieron legitimarse.
— Utilización del urbanismo como instrumento político de sometimiento:
– Reforma interior en los barrios obreros centrales (San Pablo, Sepulcro),
solo realizada en parte, con las consecuencias de la expulsión de pobla-
ción, la revalorización de la propiedad y la mitigación de la promiscuidad
social.
– Abandono de la política de integración urbana y dotación de equipa-
mientos que habían practicado en los barrios obreros los gobiernos repu-
blicanos de centro-izquierda.
– Programa (no ejecutado) de exurbanización del proletariado a nuevos
núcleos semirrurales formados por casas individuales con huerto.
— Utilización del urbanismo como herramienta de reproducción del capital:
– Favorecimiento por la planificación urbanística de la inversión del capital
excedente acumulado desde el comienzo de la guerra, difícil de reinvertir
en actividades productivas a partir de 1939 por causa de la depresión del
consumo interno y el comercio exterior.
– Ordenación de polígonos industriales que apoyaran el mantenimiento
y el crecimiento de la estructura productiva desarrollada durante la
guerra.
– Reordenación del centro urbano, con actuaciones de reforma interior in-
tensa tendentes a multiplicar la renta inmobiliaria (plaza del Pilar, San
Vicente de Paúl, Valenzuela…).

una y [Link] 354 10/6/17 11:39:27


Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 355

– Calificación de suelo residencial superabundante, con trazado de alinea-


ciones en toda su extensión y mecanismos para el desarrollo indepen-
diente de cada solar o manzana, como medio para favorecer la inversión
de los excedentes de capital. El anteproyecto de plan general de 1943 ya
no perseguía los beneficios a corto o medio plazo alentados por las ante-
riores actuaciones de reforma interior, sino fabricar una gran hucha que
el inusitado crecimiento demográfico de los años bélicos auguraba segura
y rentable.
– Fomento de la construcción por agentes privados de nuevas viviendas
para las clases medias, en detrimento de una clase obrera prácticamente
ignorada por las empresas privadas y el sector público o parapúblico. Las
viviendas promovidas por el Ayuntamiento y organismos como la CONS
o la OSH se dirigieron más a funcionarios, sindicalistas o excombatientes
que a los más necesitados, a quienes hasta el final de los cincuenta se
intentó derivar sin apenas éxito hacia iniciativas provisionales o benéficas
muy marginales.
– La venta de las viviendas era preferible al arrendamiento por razones
políticas, ya que extendía entre los compradores la ficción de pertenecer
a la clase propietaria; sociales, porque los plazos mensuales que deberían
pagar durante decenios les obligaban a someterse a cualesquiera condi-
ciones laborales, y, sobre todo, económicas: para la promoción profesio-
nal privada, la construcción masiva de viviendas a enajenar en propiedad
horizontal era más atractiva que la inversión en pisos para alquilar, por
evitar el gravoso régimen de subrogaciones y congelación de rentas de
éstos, y acelerar la recuperación ampliada del capital invertido. Excep-
tuadas unas pocas casas ultrabaratas municipales, el Ayuntamiento, la
CONS o la OSH promovieron también viviendas para la venta, con pro-
cedimientos de pago diferido mediante hipotecas, préstamos subvencio-
nados o alquiler con derecho a compra. Una porción significativa de per-
sonas incapaces de comprar sus viviendas hubo de recurrir al realquiler,
el hacinamiento o la autoconstrucción, continuando prácticas iniciadas
a finales del XIX en las parcelaciones particulares.
– En los barrios, la combinación de las ordenanzas de 1939 con las ali-
neaciones de 1943, sin el complemento de un programa de dotaciones
públicas por no disponer Zaragoza de un verdadero plan general ni in-
teresar al Ayuntamiento, produjeron desde el final de los años cincuenta
densos y extensos tejidos residenciales sin apenas equipamientos ni es-
pacios libres.

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una y [Link] 366 10/6/17 11:39:30


Índice

Prólogo 5

Capítulo I
Julio de 1936. La disputa por el espacio urbano 9

Capítulo II
El Ayuntamiento y su Dirección de Arquitectura
tras el 19 de julio 19

Capítulo III
El proyecto de la plaza de las Catedrales 25
1. El milagro de las bombas 25
2. La recuperación del proyecto de la plaza de las Catedrales 32
3. El anteproyecto de avenida de las Catedrales de 1936 35
4. El proyecto de avenida de Nuestra Señora del Pilar de 1937 54
Planteamiento general del proyecto 54
Disposición de andenes y calzadas 57
Regulación de la edificación en la avenida del Pilar 62
Previsiones económicas 66
Resolución de las alegaciones al proyecto de la avenida 70
Aprobación definitiva y ejecución del proyecto 75

Capítulo IV
Zaragoza y la capitalidad de la España nacional 89

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38 | Ramón Betrán Abadía

Capítulo V
El plan de reforma interior de Borobio y Beltrán 97
1. El proyecto de plan de reforma interior de 1939 97
Principios generales de la reforma interior 97
Apertura de la calle de San Vicente de Paúl y reforma del Boterón 101
Reforma general del barrio de San Pablo 103
Prolongación de la calle de Valenzuela 106
Nueva vía de enlace de la puerta del Carmen
con San Juan de los Panetes 110
Plaza de Nuestra Señora del Pilar 115
Prolongación del paseo de la Independencia 117
Plaza de San Felipe 120
Plaza de la Magdalena 121
Otras reformas 122
Previsiones de gestión 124
Circulación rodada, salubridad y estética 124
2. La aprobación definitiva del plan de reforma interior 127

Capítulo VI
Paréntesis consistorial 137

Capítulo VII
Paréntesis patriótico 151

Capítulo VIII
Las ordenanzas generales de la edificación de 1939 163

Capítulo IX
Demografía, acumulación y fiebre inmobiliaria 175
1. Crecimiento demográfico y déficit de viviendas 175
2. Producción de guerra y acumulación de capital 179
3. Miseria y paralización productiva en la posguerra 182
4. Efervescencia del mercado inmobiliario 186
5. El milagro de la propiedad horizontal 189
6. Ayudas a la producción y la compra de viviendas 191

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Una y Grande. ciUdad y ordenación Urbana en zaraGoza (193-1957) | 39

Capítulo X
El anteproyecto de ordenación general 199
1. Los prolegómenos del anteproyecto 199
2. Ciudad orgánica, jerarquía y planificación totalitaria 208
3. Limitación de la ciudad y enlace de las redes arteriales 213
4. El centro rector 218
5. La capitalidad regional 222
6. Sistema viario estructural 224
7. Las áreas de ensanche 229
8. Armonía orgánica y zonificación 231
9. La ordenación residencial 236
10. La ordenación industrial 238
11. Las comunicaciones ferroviarias y aéreas 242
12. Planificación autárquica y pueblos satélite 244
13. Aprobación definitiva del anteproyecto 251
14. La ordenación general reducida a plano de alineaciones 253

Capítulo XI
El nomenclátor callejero de 1940 265

Capítulo XII
El poblado semirrural de Santa Isabel 273

Capítulo XIII
Desarrollo residencial en la posguerra 283
1. El concurso de viviendas de renta reducida de 1940 283
2. El grupo San Jorge, en las Delicias 288
3. Las viviendas ultrabaratas de Las Fuentes 290
4. El grupo Francisco Franco, en el Arrabal 294
5. El concurso sobre vivienda modesta y la creación del IMV 300
6. La vivienda obrera en el sector del camino de Juslibol 313
7. La vivienda obrera en Montemolín 316
8. La vivienda obrera en Las Fuentes 325
9. La vivienda social en Torrero 331

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370 | Ramón Betrán Abadía

10. Más allá de la ciudad: Oliver y Valdefierro 338


11. Las alineaciones de 1943 y las ordenaciones de manzana 346

Capítulo XIV
Conclusiones 353

Bibliografía 357

una y [Link] 370 10/6/17 11:39:31


CECEL (CSIC)

una y [Link] 371 10/6/17 11:39:31


[Link] 1 21/06/17 13:47

Ramón Betrán Abadía


En cubierta,
Una y grande estudia la ordenación urbanística y

Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)

Ciudad y ordenación urbana en Zaragoza (-)


el libro realizaciones como la apertura de la
plaza del Pilar (1937), las ordenanzas genera-
les de edificación (1939), el plan de reforma in-
terior (1939) o el anteproyecto de ordenación
general de Zaragoza (1943), instrumentos me-
diante los que las nuevas autoridades impusie- Ramón Betrán Abadía
ron al tejido urbano mutaciones radicales para

Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).
[Link] 1 21/06/17 13:47

Ramón Betrán Abadía


En cubierta,
Una y grande estudia la ordenación urbanística y

Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)

Ciudad y ordenación urbana en Zaragoza (-)


el libro realizaciones como la apertura de la
plaza del Pilar (1937), las ordenanzas genera-
les de edificación (1939), el plan de reforma in-
terior (1939) o el anteproyecto de ordenación
general de Zaragoza (1943), instrumentos me-
diante los que las nuevas autoridades impusie- Ramón Betrán Abadía
ron al tejido urbano mutaciones radicales para

Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).

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