Urbanismo en Zaragoza (1936-1957)
Urbanismo en Zaragoza (1936-1957)
Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)
Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).
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Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)
Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).
La versión original y completa de esta obra debe consultarse en:
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una y [Link] 1 1 09/06/17
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Una y grande
Ciudad y ordenación urbana
en Zaragoza (1936-1957)
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Prólogo
El libro que aquí comienza es una nueva entrega del estudio sobre la evolución del
planeamiento urbano zaragozano a que vengo dedicándome desde hace ya algunos
años, y que hasta ahora ha dado lugar a tres publicaciones, detalladas en la biblio-
grafía final, sobre los períodos 1808-1908, 1920-1943 y 1986-2008. A lo que expuse
en los dos textos que ya publicó la Institución Fernando el Católico en 2013 y 2014,
remito cuanto atañe al método y los propósitos de este.
El período que ahora se estudia comienza el 19 de julio de 1936 y termina con
la aprobación inicial del primer plan general completo que tuvo la ciudad, redactado
por el arquitecto municipal José Yarza García en 1957; coincide, pues, con la Guerra
Civil y esos años azules del franquismo, que, ya muy descoloridos, liquidó la entrada
en el Gobierno de los tecnócratas. En mi anterior trabajo El pingüe negocio. Casas
baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943) (2013) traté de algunos
proyectos iniciados por los ayuntamientos republicanos y concluidos después de la
guerra, como la apertura de la calle de la Yedra (hoy San Vicente de Paúl), la refor-
ma del barrio del Sepulcro o la formación de la Ciudad Jardín. No volveré aquí so-
bre esos episodios, que doy por expuestos, y me centraré en los que el Ayuntamiento
puso en marcha a partir de julio del 36.
Su importancia para la evolución de la ciudad fue, sin exageración alguna, ex-
cepcional. Inmediatamente después del golpe de Estado iniciado en África el día
17, victorioso en Zaragoza el 19 y metamorfoseado acto seguido en larga guerra
civil, la clase dirigente local, aliada con el Ejército y la Iglesia, acometió un pro-
grama de reforma y expansión urbana de magnitud pasmosa. Ya en noviembre de
1936 se aprobó el anteproyecto para la apertura de la plaza del Pilar, que tendría
un proyecto definitivo en julio de 1937, aniversario del alzamiento, y constituiría la
primera operación urbanística relevante emprendida en la España de Franco. Junto
con la reforma del barrio del Sepulcro y la ampliación del plan de la calle de la Ye-
dra, aprobadas el mismo año, supuso la alteración profunda de más de un tercio de
la superficie del casco romano y la expropiación y el derribo de ocho hectáreas
de inmuebles privados. En 1939, se redactó el primer plan general de reforma inte-
rior que tuvo la ciudad y fueron aprobadas unas nuevas ordenanzas municipales. En
1943, se aprobó un anteproyecto de ordenación general de Zaragoza que, también
por primera vez, pretendía ordenar la completa extensión de su término municipal.
Todos estos trabajos se debieron a la desbordante actividad de Regino Borobio,
arquitecto municipal accidental, en sustitución del represaliado Miguel Ángel Na-
varro, desde los primeros días de agosto de 1936 hasta que dejó el Ayuntamiento
en 1942.
Durante estos años, se realizaron, amplificados y adecuados a las nuevas cir-
cunstancias, proyectos que venían rondando desde mucho tiempo atrás, como la
citada plaza de las Catedrales, la reforma de la de Salamero o la del entorno de las
murallas. Y aparecieron nuevas propuestas, que no siempre tendrían éxito, como la
ordenación conjunta de todo el suelo urbano y por urbanizar, el enlace de carrete-
ras (actual tercer cinturón), la delimitación de un anillo agrícola concéntrico que
contuviera el crecimiento de la ciudad, el desarrollo de una constelación de núcleos
satélite semirrurales o la concentración de todo el tráfico ferroviario de viajeros en
la estación central del Campo Sepulcro (El Portillo).
Este cúmulo de herencias y novedades mantuvo lazos complejos y no siempre
explícitos con los precedentes primorriveristas y republicanos, de los que resultó
una relación con el pasado a veces concordante y a veces reactiva. Pero, sobre todo,
se vinculó íntimamente con el clima político y financiero convulso y peculiar que
constituyó su caldo de cultivo, algo lógico en una actividad tan relacionada con la
estructura social y económica como el urbanismo. Aun proyectos como los de la
plaza del Pilar, la calle de la Yedra o la prolongación de Independencia, que venían
arrastrándose desde hacía decenios, adquirieron un carácter sustancialmente nue-
vo cuando los amparó una autoridad dispuesta a someter el plano de la ciudad a
mutaciones radicales que debían garantizar que no se repitieran revueltas urbanas
como las acaecidas en 1933, 1934 o 1936, o que la rentabilización del patrimonio
inmobiliario, ya en manos de los propietarios de siempre, ya recién cambiado de
dueño, no volviera a tropezar con los escollos que habían hecho fracasar anteriores
proyectos de gran alcance.
Sobre todo en el trienio bélico, la hiperactividad urbanística de la ciudad se
justificó con la expectativa de las multitudinarias peregrinaciones que acarrearía su
supuesta condición de centro espiritual de la Hispanidad, e incluso con la ilusión de
que sustituyera como capital de España a la sovietizada Madrid, que había preferido
ser capital de la Antiespaña.
De la mano de sucesivas corporaciones en perfecta sintonía con la banca y la
gran propiedad, pasado el 19 de julio se proyectó mucho, no se ejecutó poco y, sobre
todo, se establecieron las bases objetivas y subjetivas del desarrollo a largo plazo de
la ciudad de Zaragoza, trazándose los rasgos cardinales de su futuro crecimiento y
consumándose un proceso de genuina acumulación originaria de suelo que explica
buena parte de lo que aquí ocurriría en lo restante del siglo.
En una primera aproximación sorprende que, tras haber llegado el Ayunta-
miento prácticamente a la quiebra por causa de la expansión urbanística del período
1925-1933, tan ambiciosa como mal concebida en sus aspectos financieros, el di-
nero afluyera a partir de 1936 en cantidades que, en plena guerra o durante la más
negra posguerra, permitieron simultanear la reforma interior, el ensanche incluso
más allá del ensanche, y la construcción de viviendas, con una gran expansión de
la propiedad en todas sus modalidades. Si puede afirmarse que, en buena parte, el
programa fascista de transformación de la ciudad resultó fallido (entre otras cosas
porque el fascismo, tal como podían entenderlo ciertos falangistas de primera hora,
fue una moda exótica, cara y efímera), tuvo un éxito completo la preparación de la
ciudad para un larguísimo período de prosperidad de las inversiones inmobiliarias.
Toda esta actividad debe relacionarse con la acumulación de capital que propi-
ciaron en Zaragoza la pujante producción de guerra, unas prácticas económicas muy
enrarecidas y condiciones laborales leoninas, y con las limitaciones para su reinver-
sión en la industria durante la segunda guerra mundial y los deprimidos años de la
autarquía. En las páginas que siguen se abundará en las razones de este fenómeno
y en las particularidades de una gestión urbanística muy atenta al comportamiento
del suelo como valor refugio.
Como en otras ocasiones, pretendo que el estudio de lo ocurrido en Zaragoza
sea una muestra que dé a conocer las líneas maestras del urbanismo contemporá-
neo. Relacionar los planes y proyectos que aquí se produjeron con los que al mismo
tiempo o poco antes se formaban en otras ciudades permitirá, además, compren-
derlos mejor, superando las dificultades que la proverbial parquedad verbal de nues-
tros arquitectos suele imponer a la interpretación de sus trabajos (compárense las
memorias de los planes posbélicos zaragozanos con las de Madrid, Salamanca u
Oviedo) y dando valor tanto a lo que expresamente manifestaron en ellos y en las
publicaciones que los divulgaron, como a lo que, por una u otra razón, omitieron.
Julio de 1936.
La disputa por el espacio urbano
El alcalde Martínez Andrés entregó unas pocas armas a las Juventudes Socia-
listas Unificadas y el presidente de la Diputación Pérez-Lizano algunas pistolas que
fueron a Delicias, mientras se esperaba en vano las reclamadas al gobernador civil
Vera Coronel. Durante todo el día 18, los locales de los sindicatos y partidos de iz-
quierda estuvieron atestados de afiliados que esperaban un plan de resistencia, y un
gentío enorme llenaba los principales paseos y plazas de la ciudad, pidiendo armas
para defender la República (Borrás, 1983: 95 y 98).
1 En este cuartel prestaban servicio el coronel José Monasterio y el teniente coronel Gustavo
Urrutia, cuyo papel fue tan importante en los primeros momentos de la sublevación.
2 En Zaragoza, cuya población en 1936 era de unos 200.000 habitantes, la CNT tenía 20.000
o 22.000 afiliados y la UGT de 8.000 a 10.000. En las elecciones de febrero, el Frente Popu-
lar obtuvo 45.000 votos en números redondos, a los que habría que sumar los apoyos de los
jóvenes de dieciséis a veintiún años, en edad de trabajar pero no de votar, y los militantes de
CNT, que no acudieron a las urnas, para comprender el enorme peso social de la izquierda
(Borrás, 1983: 87).
evolucionaban paisanos con fusiles; […] aquellos torpones hombres de mediana edad
que habían dejado sus chaquetas en las cancelas de las casas burguesas del barrio y mos-
traban unas camisas blancas y limpias […] no eran el mismo pueblo que pedía armas en
Madrid, a estos se las habían dado sin pedirlas a gritos, y de una suposición me fui a otra;
en mi barrio [San Pablo] y en cualquier otro barrio obrero aquellas demostraciones de
belicismo descarado no hubieran sido posibles […] resultaba desalentador que allí, en
lo que se podía llamar el ombligo militar de Zaragoza, al lado de Capitanía, muy cerca
del gran cuartel de Infantería del Carmen y del cuartel de Artillería de Hernán Cortés,
y del Gobierno Militar, y del cuartel de la calle Bilbao estuvieran todos sublevados […];
del paseo María Agustín venían unas escuadras de falangistas con uniforme, pantalón
gris, botas de cuero altas, camisa azul con las flechas bordadas en rojo sobre el bolsillo
del pecho; la mayoría llevaban pistola al cinto.
3 Por ejemplo, el 20 por la tarde sobrevolaron Zaragoza cinco aeroplanos que arrojaron octavi-
llas donde se afirmaba que nada escapaba al ojo de los insurrectos y que pagarían con la vida
quienes no se pusieran a su lado (coLás y PérEz, 1936: 17).
4 Escribió José García MErcaDaL (1937: 146-147) que desde el 19 «fueron ocupados militar-
mente los barrios extremos de la población, sin ocurrir incidentes».
5 El 21 de julio, Cabanellas hizo radiar una nota donde se decía que «las fuerzas del Ejército,
Guardia Civil, asalto y auxiliares movilizados, fusilarán también donde lo encuentren a todo
aquel que sorprendan en posesión ilegal de un arma de cualquier clase u objeto capaz de
producir daño irreparable, como explosivos y líquidos inflamables» (cfr. coLás y PérEz, 1936:
25). Según el periodista anarquista Eduardo de Guzmán, a veces los cadáveres se llevaron des-
de los parajes donde se les había fusilado a puntos estratégicos de los barrios populares, para
que todo el mundo los viera al ir a trabajar por la mañana (Solidaridad Obrera, 25/9/36).
6 EscriBano (2010: 42) reprodujo la siguiente anotación del diario de operaciones del Batallón
de Pontoneros: «Una Sección salió del Cuartel a las 21 horas de dicho día [21 de julio] con
objeto de evacuar de la calle de las Armas, un carro regimental de Sanidad Militar, un camión
destinado al transporte de carne y algunos pontoneros de servicio de protección del servicio
de alumbrado, que se encontraban bloqueados en la citada calle. El enemigo parapetado en
barricadas que había hecho al efecto y desde puertas, ventanas y tejados opuso tenaz resis-
tencia a nuestras fuerzas a las que recibió con nutrido fuego de fusil y de pistola, apagando
además las luces de la calle, en cuyo centro se hallaba situado el personal y material antes
mencionado. Nuestras fuerzas lograron llevar a efecto su propósito, dispersando al enemigo
tras un nutridísimo y arriesgado tiroteo».
Sección femenina de Acción Ciudadana (calle del General Franco, 1936). [coLás y PérEz, 1936:
142].
su grupo fue tiroteado a quemarropa, tomó sin bajas las barricadas y las deshizo
(BLasco, 1974: 9). A las cuatro de la tarde del 22 de julio, hubo tiroteos en la Gran
Vía, paseo de Pamplona y alrededores; según este autor, poco después…
Se generaliza el tiroteo por las calles y detengo con mi gente a varios indeseables. Una de
mis escuadras tiene que defenderse a tiros. Tomo la plaza de Aragón y parapetándonos
en los árboles, la limpiamos pronto (BLasco, 1974: 10).
7 Desde 1955, cine Aragón, en la calle de Bilbao; inmediato al Gobierno Militar y al cuartel del
Carmen.
Mientras las milicias se encargaban del trabajo sucio, el Ejército ocupó los pun-
tos neurálgicos del centro, apostando secciones de infantería en las plazas de la
Libertad, San Pablo, Pilar, la Seo, la Magdalena, Constitución, Aragón, Salamero,
Castelar, San Miguel y San Agustín. Este despliegue se completó antes de la media-
noche del 18 con la colocación de baterías de cañones en la plaza de Aragón, desde
donde podían barrer el paseo de la Independencia; en la plaza de la Libertad, frente
al Ayuntamiento, y en la plaza de San Miguel, sede del Sindicato de la Construcción
de la CNT, donde al final de la tarde se habían concentrado miles de trabajadores
en espera de noticias e instrucciones. El 19 de julio, el Ejército y la Policía insta-
laron ametralladoras en once azoteas estratégicas para dominar las calles próximas
y cubrir a las patrullas. Seis de ellas estaban en el barrio de San Pablo, y una sobre
la torre de su parroquia, convertida en atalaya desde la que se podía disparar en las
cuatro direcciones8. Se pusieron también bajo custodia las estaciones ferroviarias,
la central de tranvías, el edificio de Correos, los almacenes de CAMPSA, la fábrica
de la Unión Alcoholera, las centrales y estaciones eléctricas, la fábrica de gas, los
8 Las demás de San Pablo estaban en Ramón y Cajal, 75; plaza de la Libertad, 9; Armas, 23;
Cerdán, 65 y esquina de Escuelas Pías con Conde de Aranda. El resto de azoteas, en Cons-
titución, 1; Independencia, 14; Comandancia de Seguridad (Ambos Mundos), Coso, 8, y
esquina de Castelar con Sanclemente.
Las patrullas rebeldes escudriñaron hasta el último rincón de los barrios popu-
lares, deteniendo a los sospechosos de pertenecer a organizaciones de izquierdas:
Si los detenidos eran poco numerosos, los vándalos no se tomaban la molestia de con-
ducirlos a ninguna parte; allí mismo les pegaban cuatro tiros, y sus cadáveres quedaban
tendidos en las aceras, o en la calzada, hasta que llegaba el día. A este propósito, un
testigo ocular que por entonces cumplía el servicio militar en Zaragoza, nos dice que
durante los primeros meses era frecuente, al apuntar el día, encontrar en las calles de la
ciudad hombres y mujeres muertos, tirados como perros […] Un taxista […] nos dijo:
«En el barrio de las Delicias, los grupos que se dedicaban a fusilar se presentaban ante
una manzana de casas, provistos de una lista de nombres y acompañados por el Sereno.
Desde la calle llamaban a los que en la lista estaban inscritos. Los que salían, iban al
matadero; los que no salían, si eran encontrados luego en su domicilio, corrían la misma
suerte. Si no se les encontraba, eran reemplazados por otros miembros de la familia
[…]». Los nuevos inquisidores detenían también a los ciudadanos que circulaban por
las calles hablando entre sí y, separadamente, les hacían la siguiente pregunta: «¿De qué
íbais hablando?». Si las respuestas no coincidían, eran detenidos y, muy frecuentemente,
asesinados (Borrás, 1983: 102).
Delicias, feudo cenetista, fue batido por una verdadera tropa de conquista:
[…] a los golpistas les preocupaba en extremo aquel barrio obrero y cuando estuvieron
en condiciones de hacerlo, llevaron a cabo una operación de gran envergadura en la que
se utilizaron 6000 hombres del ejército, Guardia Civil, guardias de asalto, falangistas,
requetés, juventudes de la CEDA. Rodearon el barrio y fueron registrando casa por casa,
levantando tejados y cavando huertos en busca de armas.
hospital de sangre (Lorén, 1975: 58-59 y 209; E. E. G., 1977; Borrás, 1983: 220-
221; JiMEno, 1987: 113, 175, 201, 228, 236 y 269)9.
9 Como los cuarteles o los hospitales, las checas de las milicias gozaron al principio de cierta
autonomía, que iría dejando paso a la integración en una red coherente dependiente del
ejército. En Zaragoza, aceleró este proceso el hecho atípico de que, desde muy pronto, la
dirección de la represión correspondió directa y formalmente a los militares. Según García
VEnEro (1967: 237) y caBanELLas (1973, II: 859), el jefe territorial de Falange, Jesús Muro,
hizo dejación de autoridad cuando, en agosto de 1936, asumió el mando de la V División el
general monárquico Miguel Ponte; este puso sus milicias bajo el mando de los tenientes
coroneles Gustavo Urrutia, de Caballería, y Darío Gazapo, del Estado Mayor y falangista,
amén de militarizar el servicio de información e investigación, dirigido por el capitán San-
tiago Tena, y poner la represión, en definitiva, bajo la inspiración de Capitanía General y el
jefe de Orden Público José Derqui. Para Lorén (1981: 33-34), Ponte «acabó con las chulerías
ciudadanas del fascismo en Zaragoza; ya no vimos más a los torturados pelados al cero y
expuestos en el balcón de la checa del Coso […] En Zaragoza no quedó más que una checa
de momento, pero mucho más organizada y eficaz; la instalada en un chalet grande del paseo
de Ruiseñores, apenas visible desde la calle entre la frondosa umbría de sus árboles […], lo
suficientemente aislado por el canal y por los baldíos de su entorno para el triste cometido
al que fue destinado […] El siniestro coronel Gazapo […] se instaló en la checa del paseo de
Ruiseñores, para hacer una purga metódica y fría de la ciudad».
10 De los 2.430 ejecutados cuyo domicilio se conoce, «el 42 por ciento […] procedían de barria-
das exclusivamente obreras (Delicias, San José, Venecia, Arrabal y barrios rurales), un 27 por
ciento residían en los que podemos considerar como una mezcla de población asalariada y
pequeño-burguesa: La Seo-San Carlos, Magdalena, Democracia-San Pablo, Miraflores-Las
Fuentes. Por último, el 23 por ciento restante vivían en las zonas de la ciudad consideradas
burguesas por excelencia, como los distritos de Pilar-Audiencia, Azoque, Independencia, Re-
pública-Torrero, Hernán Cortés-Carmen» (cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1999: 66).
Mientras todo esto ocurría, la ciudad sufría una radical transformación de sus es-
tructuras políticas. Además de aplastar todo conato de resistencia urbana, efectivo
o potencial, la autoridad militar depuso a la última corporación republicana, de ma-
yoría centroizquierdista, y designó una comisión gestora municipal de la que formaban
parte algunos concejales radicales y cedistas. Por decisión del general Cabanellas, la
presidió Miguel López de Gera (1899-1988), acomodaticio abogado que ya había
sido alcalde desde el 12 de enero de 1934 al 21 de febrero de 1936, y que Arsenio
JiMEno (1987: 177) describiría como «un radical, joven, elegante, lo que hoy llama-
ríamos un play boy»1.
En el pleno del 21 de julio, se leyeron los oficios mediante los que el goberna-
dor civil cesaba a todos los concejales anteriores y nombraba a los nuevos gestores.
En el del 29, Gera dedicó «patrióticas palabras a favor del movimiento de salvación
nacional», declaró que él y los demás gestores «quedaban movilizados al servicio de
España», recibió al teniente coronel de Ingenieros Anselmo Loscertales, delegado
de la autoridad militar ante la Corporación2, y echó los vivas de rigor; acto seguido
1 Gera fue cesado y sustituido por el teniente coronel Antonio Parellada en julio de 1937, a
causa de desacuerdos no concretados que podemos relacionar con su protesta ante el ministro
de Comercio, de visita en Zaragoza en junio, por los perjuicios que las decisiones del gober-
nador civil Planas de Tovar provocaban a los comerciantes locales. El 2 de julio, ingresó en la
cárcel, aunque por poco tiempo. Por sus opiniones sobre la marcha del Eje en la guerra mun-
dial, se le impuso en 1942 una multa de 100.000 ptas. y el destierro a no menos de 300 km
de Zaragoza. Se instaló entonces en Madrid y poco después emigró a Cuba, donde su mujer
poseía tierras y vacas; tras la revolución castrista volvió a Madrid y allí murió en diciembre de
1988 (Gran Enciclopedia Aragonesa, voz «López de Gera»).
2 Loscertales representaba en el Ayuntamiento la autoridad suprema del general jefe de la V
División; estaba «encargado de vigilar la marcha y las actuaciones de las distintas concejalías,
se acordó, a propuesta del concejal Gasca, que todos los actos municipales fueran
presididos en adelante «por Nuestra Excelsa Patrona la Virgen del Pilar, volviendo a
ser reintegrada al lugar que ocupaba en el Salón de Sesiones»3.
Como escribieron cifuEnTEs y MaLuEnDa (1995: 90), «el primer ayuntamiento
del orden franquista en Zaragoza ya no va a ser el escenario en el que los distintos
partidos políticos se habían enfrentado durante la República, sino que perdió su di-
mensión política para pasar a convertirse en un mero centro de administración, una
“gran empresa” regida por técnicos y gestores, que se habían dado cuenta de que
tan importante como dirigir las actividades económicas era amarrar las riendas del
poder político. Detrás de ellos, atentamente, el Ejército supervisaba y dirigía todos
los engranajes del poder municipal»4. Las condiciones en que se produjo el desa-
rrollo de la burguesía zaragozana y las oportunidades que se le presentaron en este
período excepcional, estrechamente vinculadas a lo sucedido durante la dictadura
de Primo y la República, explican que la renacida gran empresa municipal tuviera
mucho de empresa inmobiliaria. Lo iremos viendo.
La renovación del Concejo se acompañó con una implacable purga del funciona-
riado municipal, que formaba parte de la ejemplar venganza de la clase dirigente
contra el sector de la clase trabajadora que durante un tiempo había pretendido dis-
putarle su hegemonía y, también, de la incautación de empleos en la administración
como botín de guerra que los vencedores podían repartir a su antojo.
los servicios que pudieran sustituirse por concesiones a particulares; también se de-
cidió preferir para cubrir las vacantes a «los familiares de grado más cercano de los
muertos en defensa de la Patria, o los mismos defensores si hubiesen dado su sangre
por ella». Quedaba claro que la copiosa depuración de funcionarios, sobre todo en
1936, no tuvo solo una razón política, sino que fue parte del sistemático expolio que
permitió el enriquecimiento de los empresarios que habían apoyado el golpe y el
despojo del patrimonio y los empleos de los vencidos5.
El decreto 248, de 12 de marzo de 1937, dispuso que la mitad de las vacantes
de los escalafones y plantillas de los servicios del Estado, Provincia o Municipio de-
berían reservarse para quienes hubieran combatido durante tres meses, los heridos
en el frente y, en su defecto, los que hubieran perdido algún familiar en defensa de la
Patria. La otra mitad de las plazas podría cubrirse en turno libre, pero resolviendo
los empates por valoración de méritos de guerra, mayor permanencia en primera lí-
nea de combate, mayor categoría militar y mayor edad. Como advirtieron Cifuentes
y Maluenda, resultó de aquí una cohorte de funcionarios comprometidos con el
fascismo o, al menos, indiferentes, acobardados y prontos a someter eventuales es-
crúpulos de conciencia a la supervivencia y la promoción laboral.
El proceso de depuración municipal incluyó la formación de una nueva oficina
de arquitectura encargada de la muy importante misión de renovar a fondo y desde
el primer momento la política urbanística del Ayuntamiento, de conformidad con
los requisitos políticos y económicos del nuevo orden.
El 18 de julio, había sorprendido fuera de la ciudad a Miguel Ángel Navarro
Pérez (1883-1956), arquitecto municipal en propiedad desde 19206. Al no regre-
sar inmediatamente para incorporarse a su puesto, por acuerdo plenario de 9 de
septiembre de 1936 se le destituyó a título preventivo y se le incoó un expediente
disciplinario del que fue instructor el gestor municipal Francisco Caballero, exmi-
litante de Acción Popular; como resultado, el 21 de octubre se acordó suspenderle
5 En el pleno de 31 de diciembre del 36 que aprobó el presupuesto para 1937, se hizo constar
que se había superado algo la consignación total de 1936, contemplando las obligaciones deri-
vadas de «los intereses y amortización de títulos que por volumen de diez millones de pesetas
se han puesto en circulación para ejecución de los proyectos de construcción de viviendas
en la zona de Miralbueno y reforma del sector de la calle de la Yedra», a costa de «restringir
duramente las consignaciones de personal y material en casi todos los servicios municipales,
aprovechando la circunstancia de haberse producido numerosas vacantes, las que en su ma-
yoría se declaran amortizadas».
6 El 16 de julio, había firmado la primera certificación de las obras de ampliación del cemente-
rio de Torrero, lo que sugiere que abandonó Zaragoza justo cuando empezaba el movimiento
insurreccional y tal vez alarmado por sus posibles consecuencias. De él se dijo que, con el
nombre simbólico de Miguel Ángel, era masón desde 1930, y como tal lo incluyó Falange en
algunas listas negras, una de las cuales incluso se difundió por Zaragoza en octavillas impre-
sas; pero parece que a Navarro no podía atribuírsele más militancia que la del Rotary Club
(LacaDEna, 1953: 6; fErrEr, 1979, III: 177-179).
7 En el capítulo X.1 se abordarán las ulteriores relaciones de Navarro y Carqué con el Ayunta-
miento y su sustitución definitiva por José Yarza y José Beltrán en 1941.
8 En una conferencia dictada ante la Sociedad de Amigos del País en 1977, Luis Horno se
refirió a la religiosidad del arquitecto, hombre de «un cristianismo ortodoxo ante la Iglesia, el
Papa y la Jerarquía», que «oía Misa a diario en el Pilar, en San Gil o en Santa Cruz […] y era
miembro activo de la Cofradía de la Piedad». Pozo (1990: 103-104), de quien tomo la cita
anterior, añade una referencia a la militancia católica de Borobio en los últimos meses de la
República: «Pertenecía a la Conferencia de San Vicente de Paúl, de la iglesia de S. Gil Abad;
presidió el centro de Acción Católica de esta parroquia y la Rama de Hombres diocesana, a
las que se adscribió desde su iniciación, en el año 35, y de las que fue su primer presidente. “Y
lo fue, nos refiere Horno, porque así se lo pidió Juan Antonio Cremades”; y Regino se limitó
a comentar en su casa, al respecto, que no había podido negarse; “me ha dicho que estamos
en una época en la que los católicos no podemos echarnos para atrás; y estoy de acuerdo con
él”».
9 horno (1993: 7) sintetizó así las ideas políticas de Borobio: «Nunca quiso intervenir [en polí-
tica], pero fue generoso ante ella. Dijo sí a Maura, al General Primo de Rivera y a José M.ª Gil
Robles. Se acongojó ante la República: abominó de Azaña, de Alcalá-Zamora, de Prieto. Dijo
no a don Alfonso XIII y a Calvo Sotelo. Más tarde diría de la CEDA que “ya están pasados”.
Pero rechazaba la propaganda contraria. Aceptó a Franco y la guerra. Creyó en Serrano Su-
ñer. No tuvo héroes. Militó en Acción Ciudadana. Y fue padeciendo una lenta desilusión».
1 Sobre la prolongación del paseo de la Independencia hacia el norte y su relación con la for-
mación de la avenida de las Catedrales, puede consultarse BETrán (2013: 223-253 y 2014:
83-86).
2 Las supuestas apariciones de Lourdes se produjeron entre febrero y julio de 1858, y el Ayun-
tamiento de Zaragoza acordó abrir la calle de Alfonso I el 13 de agosto del mismo año, para
ejecutarla a partir de 1866, lapso durante el que la ciudad quedó comunicada por ferrocarril
con Madrid y Barcelona.
Canónico Juan Moneva ya alzó su voz solitaria contra el uso oportunista de la Vir-
gen por el comercio y la hostelería en artículos como «Los forasteros como origen
de lucro» o «La Virgen del Pilar como origen de renta (con perdón sea dicho)»; en
este último, no solo rechazaba la explotación «de esta gran finca que es la Virgen
del Pilar» (1953: 260) por creer profanación y vileza promover peregrinaciones
religiosas con interés mercantil, sino también porque el tipo de actividades que
crecería a su sombra podría hacer ganar dinero a unos pocos, pero no mejoraría
la ciudad.
Hasta 1936, la idea de Franco resurgiría en varias ocasiones (Félix Navarro en
1906, Magdalena en 1909, Yarza en 1914, Miguel Ángel Navarro en 1919, Zuazo en
1930), asociada siempre a la prolongación del Paseo, un propósito albergado ya por
la administración bonapartista y reflejado en el proyecto de plano geométrico gene-
ral de 1862, nunca aprobado: plaza y paseo irradiarían la presencia del Pilar a toda
la ciudad, sometida al santuario como París lo estaba al Sacré-Coeur (1875-1914).
Poco antes de proclamarse la República, el arquitecto Secundino Zuazo, el abo-
gado Manuel Cristóbal y el negociante y militar de carrera José Derqui pretendieron
obtener del Ayuntamiento la concesión de la redacción y, lo que es más importante,
la ejecución de un plan de reforma interior que tendría por primera y principal fase
la formación de la plaza de las Dos Catedrales y la prolongación hasta ella del paseo
de la Independencia mediante una avenida que proponían llamar del Doce de Octu-
bre, interrumpida antes de llegar al Ebro por una manzana donde podría construirse
la nueva casa consistorial. Además de permitir la formación en pleno centro de
grandes solares para viviendas y usos comerciales, la ambiciosa reforma provocaría
el derribo de un gran número de inmuebles, cuyos propietarios reinvertirían su ca-
pital en el extenso ensanche de la Gran Vía que el mismo Zuazo había proyectado
en 1928 por encargo de la SZUC, y para cuyos solares no había suficiente demanda
(BETrán, 2013: 223-253). Si Cristóbal murió en 1933 y Zuazo cayó en desgra-
cia tras el 18 de julio, corrió mejor suerte Derqui, oscuro personaje que desde su
puesto de director de la sucursal zaragozana del Banco Español de Crédito había
aglutinado en 1930 a un grupo inidentificado de capitalistas locales interesados en
la reforma3, autor en 1931 de un opúsculo de defensa del proyecto, y consejero de
Cementos Portland Morata de Jalón. Después de la insurrección de 1936, su som-
bra crecería hasta el punto de ser nombrado jefe de Orden Público y compartir la
máxima responsabilidad en la dura represión ejercida sobre la ciudad con el teniente
coronel Urrutia, jefe de las Milicias de Falange, el coronel Gazapo, jefe del Servicio
3 «Todo esto fue lo que recogió un grupo, compuesto en su mayoría de zaragozanos, poseído
de las vitandas manías de la iniciativa y la actividad, que consideró que el amor a Zaragoza
había que demostrarlo procurando su engrandecimiento y su prosperidad, en lugar de afir-
marlo bajo palabra. Y no hay por qué negar tampoco que […] buscamos al mismo tiempo el
provecho material, móvil legítimo de todas las empresas de esta clase» (DErqui, 1931: 16).
A través de Radio Zaragoza, Emilio Laguna Azorín también dio por hecho el
milagro, reclamó una justicia ejemplar para los criminales que habían creído poder
destruir «ese Faro esplendente de Aragón y de España», y convocó a los zaragozanos
a una inmensa manifestación de apoyo a la Virgen y a los sublevados, que habían en-
contrado en las bombas su argumento definitivo.
En la sobremesa del día 3, el alcalde llamó desde Radio Aragón a todos los
aragoneses a «manifestarse ante la Autoridad militar, a la que tanto debe Zaragoza,
y pedir ante la Imagen la salvación de España y la confusión de sus enemigos, y
al Excmo. Sr. General de la 5.ª División, el exterminio de los culpables» (coLás y
PérEz, 1936: 74). A las seis y media de la tarde, deberían cerrar los comercios para
que todo el mundo se sumara a la manifestación de desagravio que saldría de la plaza
de Aragón y marcharía hacia el Pilar bajo engalanaduras y cartelones con vivas a
España fijados a los balcones.
Además de Gera, presidieron la comitiva el nuevo general jefe de la V Divi-
sión Germán Gil Yuste, el general Álvarez Arenas, todos los generales con mando
en plaza, el arzobispo Rigoberto Doménech, el presidente de la Diputación Luis
Orensanz, el gobernador civil y comandante de la Guardia Civil Julián Lasierra,
el comisario jefe de Vigilancia Geminiano Díez, el comandante Marzo, jefe de las
fuerzas de Seguridad y Asalto, y el rector Calamita. Les precedían una gran bandera
rojigualda escoltada por milicianos de Falange, el Requeté y Acción Ciudadana, y
una banda militar de música:
A las seis y media en punto se puso en marcha la manifestación, por el andén central del
paseo de la Independencia, donde se había congregado una inmensa muchedumbre […]
El entusiasmo, que en todos los puntos del trayecto fue inenarrable, alcanzó caracteres
apoteósicos en la plaza de la Constitución, donde una multitud emotiva daba vivas al
Ejército, a España y a la Virgen del Pilar, que eran entusiásticamente contestados.
Al doblar la calle del Coso para entrar en la de Don Alfonso, pasaban de treinta mil las
personas que figuraban en la manifestación, además de estar materialmente atestados de
público las aceras, bocacalles y balcones, desde donde los vivas a España y a la Virgen del
Pilar se renovaban con ardor inusitado […] Al desembocar la manifestación en la plaza
del Pilar, donde esperaban varios millares de personas, el entusiasmo se desbordó en las
más exaltadas expresiones de patriotismo.
Averno, visten como vosotros, tienen vuestras costumbres, los desconocéis porque se visten
con la piel del cordero, para exterminar a mis hijos». El rector de la Universidad, Gonzalo
Calamita, clamaba en el número de octubre de Aragón, en nueve terribles párrafos abiertos
con otros tantos «No volverán…», por la liquidación de todos los profesores, políticos, curas y
ciudadanos de a pie que no se adhirieran a la «sublime cruzada». Unas páginas antes, Sancho
Izquierdo ponía a la Virgen del Pilar al frente de esa epopeya («Tú moviste, poniendo luz y brío
en la mente y en el brazo del caudillo y fe y entusiasmo en todos los españoles dignos de tal
nombre, la gran Cruzada Nacional»), y Allué Salvador explicaba que la guerra no solo es lícita,
sino Cruzada Santa. Lo que en julio se había disfrazado de pronunciamiento militar a la antigua
usanza mostraba sin tapujos su naturaleza de guerra de exterminio, que realizaría la exigencia
de Calvo Sotelo, en 1934, de exterminar la semilla revolucionaria en el vientre de las madres.
Hubo un momento de extraordinaria emoción y fue aquel en que la gran bandera nacio-
nal traspuso los umbrales del templo (izquiErDo, 1937: 35).
La manifestación significaba la comunión espiritual de todos los buenos zarago-
zanos en torno a la Virgen, el Ejército y las fuerzas vivas. Pasada la confusión que
siguió al pronunciamiento militar, había llegado el momento de tomar posesión del
centro urbano y convertirlo en escenario de los fastos del régimen naciente. El día
3 se consagró como espacio representativo de la ciudad el recorrido que arrancaba
de la plaza de Aragón (sede de Capitanía y el Gobierno Civil, próxima al Gobierno
Militar, las Facultades –cuarteles de Falange y el Requeté– y los hospitales de sangre
instalados en el Clínico –Falange–, el excolegio del Salvador –Requeté– y la Acade-
mia Torres), seguía por Independencia (Santa Engracia), plaza de la Constitución
(Diputación Provincial), Coso (oficina de información de Falange) y Alfonso I, para
culminar en la muy revalorizada plaza del Pilar, ante el santuario en obras7.
En toda la España Nacional proliferaron en los días siguientes los actos de des-
agravio, se celebraron misas, se enviaron telegramas de protesta y se emprendieron
peregrinaciones a Zaragoza. Queipo de Llano afirmó desde Radio Sevilla que los
adoquines que habían saltado por los aires con el impacto de la bomba formaron la
frase «¡Viva la Virgen del Pilar!», al volver a caer en el suelo. Radio Castilla de Burgos
hizo del «vandálico acto», atribuido al gobierno masón de Valencia, la guarida de pisto-
leros de Barcelona y los agentes de Moscou, el inicio de una nueva etapa de la guerra
en que se debería «salvar la religión» y cristianizar el mundo, sin consideración a los
llamados derechos (coLás y PérEz, 1936: 79).
La Pilarica, Capitana Generala de los Ejércitos Nacionales8, se había erigido en
patrona de la clase dirigente sublevada, esta había despojado al enemigo de su con-
dición nacional y aun humana, y la plaza del Pilar se había ganado el derecho a ser
centro ideológico de la Nueva España9.
grado militar a la de la Victoria, luego se pediría para todas las demás vírgenes. En la conversa-
ción de sobremesa recogida por Bormann el 5 de junio de 1942, Hitler quedó perplejo cuando
supo que Franco había concedido honores de mariscal de campo a santa Fuenciscla, patrona
de Segovia, por su apoyo a los rebeldes, y que años antes «una santa fue nombrada general
por impedir la explosión de una bomba que había penetrado en la iglesia de la que era santa
patrona», mostrando «las más serias dudas de que de este tipo de absurdos pueda salir algo
bueno» y asegurando que, si algún día visitaba algún país europeo, no sería España; el 7 de
julio, añadiría que quien desde el cielo había dado la victoria a Franco no era la Virgen sino
el general Von Richthofen (hiTLEr, 1953: 411 y 454). Durante el franquismo solo ostentaron
en España el rango de capitán general, abolido por la República, Franco, Muñoz Grandes y
la Virgen del Pilar.
9 Las bombas del Pilar fueron la ocasión ideal para sellar el pacto entre el estado franquista y la
Iglesia, que a cambio de su apoyo incondicional recuperó, ampliados, los anacrónicos privile-
gios políticos y, más aún, económicos de que había gozado hasta 1931: «Ya en agosto comen-
zaron a hacerse palpables los primeros efectos positivos y aparentes de esta alianza: la imagen
de la Virgen del Pilar volvía a presidir las reuniones del Consistorio; se repuso a los religiosos
en las tareas de enseñanza y asistencia a enfermos y hospitales; se procedió a la derogación
de lo legislado en materia anticlerical, divorcio, matrimonios civiles, prohibición de las fiestas
de Carnaval…; y, en suma, se experimentó un notable aumento de la participación popular
en las celebraciones de fervor religioso. Hecho corroborado en las continuas informaciones
recogidas en la prensa sobre actos de “Bendiciones de Banderas”, “Misas multitudinarias” en
honor de las víctimas “muertas por Dios y por España”, procesiones, donativos económicos
y suscripciones para reparar los daños causados por la “barbarie roja”. Pero, sobre todo,
el Ejército había logrado acabar con las “tres bestias negras” que amenazaron el dominio
de la Iglesia: el socialismo, el liberalismo y la masonería. El desencadenamiento de la fría y
sistemática ola de eliminación física, absolutamente necesaria para arrancar estos males de la
sociedad, quedó, por tanto, justificado por las altas jerarquías porque “la violencia no se hace
en servicio de la anarquía sino lícitamente en beneficio del orden, la Patria y la Religión”»
(cifuEnTEs y MaLuEnDa, 1999: 84-85).
10 En el pavimento de la plaza del Pilar se mantuvo incluso después de la reforma de 1991 una
pequeña cruz de piedra blanca con la fecha «3-VIII-1936» inscrita en rojo, señalando el lugar
Acto seguido, el gestor José Pellegero solicitó que se formulara «un proyecto de
urbanización y unión de las Plazas de Huesca y San Antón, cuya mejora supondría
la higienización de dichos sectores»; el pleno tomó en consideración la propuesta,
que pasó a la Dirección de Arquitectura12.
El 9 de septiembre, se aceptó y remitió a esa Dirección otra moción de la comi-
sión de Fomento, que retomaba propuestas anteriores de Loscertales y Grasa y una
vieja «aspiración unánime de la Ciudad de Zaragoza», para reclamar «la unión de las
Plazas de las dos Catedrales con el aislamiento del Templo del Pilar, obteniendo con
ello un vasto ámbito donde puedan tener lugar con toda esplendidez las manifesta-
ciones del culto a nuestra excelsa Patrona la Virgen del Pilar». Las «circunstancias
excepcionales» del momento llevaban a proponer al Concejo que se acordara, «del
modo más rápido y oportuno»:
divulgar15. La memoria se iniciaba con una referencia a los antecedentes del trabajo,
«aspiración de muchas generaciones anteriores a la nuestra», que partía del proyecto
de Yarza Echenique (1914) e ignoraba los realizados durante la República por Zua-
zo (del que más adelante sí se haría mención) y Navarro. Ahora se reproducían las
razones aducidas por Yarza para unir las plazas de la Seo y el Pilar, y se añadía una
mera cuestión de grado16:
1.º Facilitar la comunicación entre las dos plazas y proporcionar cauce adecuado a la
intensa circulación rodada que se hace por la angosta calle del Pilar.
2.º Realzar, en un marco apropiado a su grandeza y mérito artístico, monumentos ar-
quitectónicos tan importantes como las dos Catedrales y la Lonja.
3.º Crear un gran espacio libre en el que puedan desarrollarse, con el desahogo necesa-
rio, actos colectivos de carácter popular o religioso en los que intervengan grandes
multitudes.
4.º Ofrecer al visitante forastero agradables perspectivas urbanas en las zonas que ha de
recorrer en primer término y con preferencia.
Estas razones, que hace veinte años justificaban la reforma, se han intensificado hoy por
el aumento evidente del tráfico y, principalmente, por el renacimiento que visiblemente
se observa en la devoción nacional hacia el primer santuario Mariano, que ha de tradu-
cirse en una mayor afluencia de grandes peregrinaciones.
Seguía la memoria con una incolora exposición del trazado propuesto:
La nueva vía abarca todo el espacio comprendido entre La Seo y San Juan de los Pane-
tes, con un ancho igual al de la plaza del Pilar frente al templo. Su longitud es de 480
metros y su latitud de 58 metros17.
Por el lado del Pilar se prolonga la alineación de este templo; por el lado opuesto se man-
tiene la del edificio del Pasaje. Quedan ligeramente retirados de la primera alineación los
edificios de la Lonja, el Seminario y el Palacio Arzobispal.
Se prevé la posible prolongación del Paseo de la Independencia, el eje de la cual se ha
obtenido, como en el proyecto del Sr. Zuazo, uniendo el extremo del eje del paseo ac-
tual en la Plaza de la Constitución, con el punto medio de la distancia entre el Pilar y
la Lonja. Ventajas de esta solución, sobre la prolongación geométrica del eje del paseo
15 Las publicó, junto con la memoria íntegra, el número 135 de Aragón (12/36). La documen-
tación municipal, en AMZ, caja B003118, exp. 0000000/1936, «Anteproyecto avenida de
las Catedrales»; la caja no incluye planos, pero en las planeras del archivo de Montemuzo se
conservan dos originales a escala 1/1000, de noviembre y diciembre de 1936 (ES 50297, AM
04.02, sig. 0558, «Plano reforma de la Avenida de Nuestra Señora del Pilar»; ES 50297, AM
04.02, sig. 0562, «Plano anteproyecto reformado de la Avenida de Nuestra Señora del Pilar»).
Véase también caja 003141, exp. 0000201/1938, «Plaza de Nuestra Señora del Pilar», que
incluye completo el proyecto definitivo de julio de 1937.
16 Cito por el ejemplar mecanografiado incluido en caja B003118. En Aragón se transcribió
con algunas correcciones que adelantaban las del anteproyecto reformado que presentaría
Borobio a la junta técnica de seguimiento de la avenida el 1.º de enero de 1937; la principal
se refería a la ubicación del Altar de la Patria en el extremo de la avenida más próximo a San
Juan de los Panetes.
17 Las dimensiones de la nueva avenida eran similares a las del tramo del paseo de la Indepen-
dencia comprendido entre las plazas de España y Aragón.
actual son las siguientes: se consigue aumentar la separación entre la nueva calle y la de
D. Jaime, que, con la solución geométrica, quedan excesivamente próximas; se obtiene
una buena perspectiva de la nueva calle, colocando en su final un edificio adecuado, que
ocupe el solar resultante entre el Pilar y la Lonja.
El Pilar queda aislado lateralmente por dos calles de 25 metros de anchura. Otra igual
separa la Lonja del nuevo edificio situado entre esta y el Pilar, y se mantiene la calle de
D. Fernando el Católico. Por el lado opuesto desembocan en la nueva Avenida las calles
de D. Jaime I, prolongación de Independencia, Alfonso I y Virgen.
Entre la nueva Avenida y San Juan de los Panetes se establece una calle de 15 metros,
que une el paseo del Ebro con la Plaza de Lanuza y calle de la Manifestación. Del otro
lado de esta calle queda una pequeña plaza, rodeada de San Juan de los Panetes, el to-
rreón de la Zuda y la muralla romana.
Un pórtico, continuación de los porches de los edificios nuevos, separa la Avenida de
esta plaza de San Juan, produciendo un cierre agradable en la perspectiva de aquella y
aislando este pintoresco rincón de carácter arqueológico.
La necesidad de obtener solares adecuados a las importantes edificaciones, que en la
nueva vía deben alzarse, lleva consigo extender la reforma hasta la línea de las calles de
Santiago y Prudencio.
La calle de Santiago se amplía a doce metros de anchura. La de Prudencio se rectifica
con esta misma anchura. Se suprimen las calles de Danzas y Flores, y se prolonga la calle
de la Virgen hasta la nueva Avenida.
La calle de Antonio Pérez se amplía con la desaparición de las casas de los números
pares, para dejar al descubierto la muralla romana y el torreón de la Zuda. Desaparece
la plaza de San Antón y se obtiene un magnífico solar, apropiado para emplazamiento
del mercado de verduras, en proyecto.
En la parte de la plaza de La Seo se expropian solamente las fincas necesarias para la
nueva edificación, respetando las restantes de la manzana, entre las que se encuentra la
Casa de la Maestranza.
A los nuevos edificios que se erigieran en la plaza se les prescribía una estricta
uniformidad, a fin de constituir un fondo contra el que destacaran los monumentos.
La memoria reivindicaba las detalladas ordenanzas de fachada dictadas hasta el úl-
timo cuarto del XIX, que imponían composiciones de escala urbana en vez de dar
a cada edificio una libertad estética de la que resultaban conjuntos anárquicos. Para
definir esas reglas, se anunciaba un concurso nacional que nunca se convocaría. Se
proponía el mismo procedimiento para diseñar algún nuevo edificio público que
descollara de ese fondo monocorde, como podía ser el que se situara entre el Pilar y
la Lonja, frente al que desembocaría la prolongación de Independencia y donde ya
era idea dominante emplazar la futura casa consistorial, aunque solo la mencionara
el presupuesto del anteproyecto y como mera posibilidad:
Los nuevos edificios deben cumplir las siguientes condiciones:
Armonizar con los templos del Pilar y de La Seo y con los edificios de la Lonja, Semi-
nario y Palacio Arzobispal.
Constituir marco apropiado para estos edificios antiguos, de manera que su belleza que-
de realzada, nunca eclipsada por las nuevas edificaciones.
Formar un conjunto urbano, para lo que es preciso que no se conciba cada casa aisla-
damente, con la tendencia, hoy en boga, de procurar destacar lo más posible de la casa
vecina. Todo lo contrario: los constructores de edificios nuevos en la Avenida deberán
sujetarse a normas muy rígidas en cuanto al aspecto exterior de los mismos.
Para conseguir esto se propone que las fachadas de las nuevas edificaciones se ajusten
exactamente a las normas que apruebe el Excmo. Ayuntamiento, como resultado de un
concurso nacional entre arquitectos. Este concurso tendría por objeto proyectar con
todo detalle el alzado de cada uno de los frentes de la Avenida y fijar las condiciones
acerca de diversos extremos, tales como número de pisos, alturas de los mismos, dispo-
sición de los porches, vuelos de cornisas, clases de materiales, etc., etc. […]
En cuanto a los edificios públicos que puedan alzarse en la misma vía, tal como el
del solar situado entre el Pilar y la Lonja, deberán constituirse con arreglo a proyecto
elegido mediante concurso, buscando la misma finalidad del mayor acierto, y teniendo
en cuenta la gran dificultad que presenta proyectar un edificio en este emplazamiento,
que no desentone de los edificios contiguos y que no perjudique a la visualidad de los
mismos.
Con las normas esbozadas podría llegarse a obtener un conjunto urbano que mereciera
el nombre de tal y se habría legado a la ciudad un marco incomparable para toda clase
de manifestaciones populares y religiosas. No falta tradición de esta clase de obras en
nuestras ciudades: las plazas mayores de Salamanca y Madrid, la plaza de Chodes, en
nuestra región y, en nuestra Ciudad, la calle de Alfonso y el lado de los porches del
Paseo, antes de que recientes edificaciones rompieran su armonía, son ejemplos, entre
otros muchos, de urbanización y cooperación ciudadana, que tenemos el deber de imi-
recuperaba la estrategia planteada por Zuazo, que en 1930 había querido impulsar
la venta de solares en el ensanche de las Casas Baratas mediante las demoliciones
masivas que provocaría una enérgica reforma interior23. Zuazo y la primera comi-
sión franquista coincidían también al vincular la reforma a la muy lucrativa prolon-
gación de Independencia hasta la nueva plaza. Por último, ahora se quería devolver
protagonismo urbano y rentabilidad inmobiliaria al centro histórico, donde poseían
un preciado patrimonio las fortunas zaragozanas de siempre, e, indirectamente, a la
margen izquierda del Ebro24:
Y al llevar a realidad esta reforma, habremos logrado: 1.º La urbanización de un impor-
tantísimo sector de la Ciudad, que abarca todo el espacio comprendido entre La Seo y
San Juan de los Panetes. 2.º La perspectiva de colocación de solares municipales en otras
zonas. 3.º Iniciación de proyecto no menos importante, que el llamado prolongación
del Paseo. Y con todo ello, volver la población hacia el Templo Mariano, que desde hace
unos años parece que se iba alejando.
del Pilar en el estudio sobre la iniciación de los trabajos que firmó el 8 de octubre de 1937; en
adelante, el Ayuntamiento utilizó esta denominación de un modo habitual, y el nomenclátor
callejero de 1940 la hizo oficial.
26 En lo que sigue, me guío por el acta del pleno y la reseña publicada en el número de diciem-
bre de la revista Aragón («Una sesión memorable de nuestro Ayuntamiento»).
los caídos en la actual contienda defendiendo a España». Y, tras ponerse a las órde-
nes del delegado de la autoridad militar, el alcalde afirmó que el proyecto tenía…
[…] aparte de la importancia material, dos de alta espiritualidad, como son el que será
escenario del «Altar de la Patria» y fomentará el culto a la Virgen. Además, atraerá la ciu-
dad hacia el Pilar, hacia el río Ebro. Y Zaragoza o es la plaza del Pilar o no es nada.
Dirigiéndose a todos los presentes, Gera concluyó el debate con unos vítores a
la patrona de Aragón, a Zaragoza y a España, para que acto seguido, según él mismo
dijo y en consonancia con el tono de la sesión, el anteproyecto se aprobara «por acla-
mación, y con el concurso del pueblo zaragozano». Se convocó el pertinente período
de información pública y se formó la comisión especial encargada de impulsar los
trabajos, compuesta por el alcalde, los miembros de la comisión de Fomento Gasca,
Caballero y Pellegero, el gestor Palá y Borobio.
El 27 de noviembre, este último impartió en el Centro Mercantil la primera de
las conferencias públicas convocadas «para divulgar la gran importancia que tiene
para Zaragoza» la apertura de la ya llamada avenida de Nuestra Señora del Pilar
(Heraldo de Aragón, 21/11/36). Le acompañaron el alcalde, todos los concejales, el
delegado militar Loscertales, el presidente de la Diputación Provincial Allué Sal-
27 Las obras de urgente consolidación del templo del Pilar, amenazado de ruina, se realizaron
entre 1930 y 1944. La Junta Recaudatoria Civil de Defensa Nacional, que desde julio del
36 agrupaba a representantes de las instituciones locales y destacados elementos de la clase
dirigente zaragozana para recaudar fondos para el bando sublevado, destinó en 1938 un mi-
llón de pesetas a la construcción de la portada principal del templo. Desde 1942 a 1954, se
ejecutó una importante reforma de su fachada hacia la plaza, que dio realce arquitectónico a
las dos puertas y al segmento central, a eje con Alfonso, y coronó las nuevas estructuras con
un escudo y ocho estatuas. El 24 de junio de 1948, el Pilar accedió al rango de basílica, y con
este motivo el matrimonio Urzáiz-Sala aportó unos veinte millones de pesetas para costear las
torres de la fachada norte, que proyectó Miguel Ángel Navarro y se construyeron entre 1949
y 1961 (sancho y BLasco, 1962: 231; aLcaLDE, 2010: 152).
Tras una larga ovación, López de Gera interrogó a voz en grito: «¿Queréis que
se realice la Avenida de Nuestra Señora del Pilar?». Y, como no podía ser de otro
modo, «en la sala se escucharon muchas voces afirmativas». Siguió el alcalde con un
discurso donde reconocía las grandes dificultades financieras del proyecto. Aunque
el Ayuntamiento tenía «medios legales para recargar con seis millones de pesetas las
fincas afectadas y mejoradas con la reforma», no debía aplicarlos; contaba también
con los ingresos que se obtendrían el día de la Medalla de la Virgen del Pilar y con la
«tributación especial» que representarían las futuras peregrinaciones, y esperaba que
los zaragozanos apoyaran a la Corporación pidiendo a España y al general Franco
la concesión de una lotería nacional que aportaría 8.135.000 ptas. si se vendieran
todos los billetes; sumada esta cantidad a solo cuatro millones obtenidos de contri-
buciones especiales, el déficit quedaría cubierto.
El 28 de noviembre, Heraldo de Aragón publicó el artículo «El progreso urbano.
La plaza de las Catedrales», firmado por «un zaragozano» que apoyaba que se diera
a «las peregrinaciones y las manifestaciones exteriores del culto la grandiosidad que
tienen en otras localidades del extranjero», y que contribuyeran a la obra España
entera e incluso «el mismo extranjero». Juzgaba el proyecto muy acertado, y solo
insistía en la precisión de evitar el individualismo arquitectónico que reinaba en el
Paseo e imponer la uniformidad lograda en la calle de Alfonso o en París, inmejora-
ble espejo para Zaragoza:
Ni la plaza Vendome, ni la de la Concordia, ni la plaza de la Estrella, serían lo que son,
si no velara severamente la autoridad municipal para evitar que el modernismo haga
desaparecer el carácter o que la utilización de frentes y alturas con publicidad, destruya
el conjunto y la severidad de la construcción. El proyectado concurso para determinar
las características de las edificaciones, el resolver si ha de ser estilo netamente regional
o simplemente español, el acondicionar las necesidades de la vivienda moderna con las
exigencias artísticas de una perspectiva grandiosa y armónica es requisito esencial de la
ejecución de proyecto que honrará a quienes lo realicen.
Loscertales y el canónigo Santiago Guallar intervinieron el 4 de diciembre
en una segunda sesión propagandística celebrada en las Escuelas Pías y dirigida
a sacerdotes, religiosos, párrocos y el Cabildo. Ni uno ni otro se refirieron a las
características arquitectónicas del proyecto, pero, tras sendas exposiciones muy
retóricas de la vocación militar y católica de la ciudad, el primero desgranó sus
ocurrencias sobre la financiación de las obras. Si Borobio la había confiado al
seguro amparo de la Virgen, el delegado militar esperaba, con no menor candor,
que el Cabildo cediera al Municipio los inmuebles que poseía en el área sin exigir,
al menos de momento, contraprestaciones económicas. Semejante pretensión se
disimulaba en una teoría general de las prestaciones morales a que estaban obligados
todos los aragoneses, característica de una concepción autoritaria de la economía
a mitad de camino entre el militarismo y la demagogia28. A la cantidad que des-
28 La propuesta emparentaba con las suscripciones nacionales para apoyo a la reconquista de Espa-
ña, reguladas por decreto de la Junta de Defensa de 26 de agosto de 1936, o con el día del plato
único, réplica del Eintopf nacionalsocialista instaurada en la España insurrecta por orden del
Gobierno General de 30 de octubre de 1936; con esta institución solo aparentemente volun-
taria, se pretendía que los españoles comieran un solo plato los días 1 y 15 de cada mes (otra
cosa es cuál fuera el plato) y entregaran lo ahorrado para atender a los comedores de asis-
tencia social, casas-cuna, orfanatos, gotas de leche y otras instituciones de asistencia. Un día
de plato único como el 15 de enero del 37 proporcionó 64.540 ptas. en Zaragoza capital (sin
barrios rurales), y en abril de 1937 se recaudaron en la provincia 1.038.613 ptas.; con este
dinero, captado directamente de los restaurantes o de casa en casa por señoritas de Falange,
Requeté y Acción Ciudadana, el Gobierno Civil proyectaba construir un grandioso orfanato
de guerra, diseñado por Teodoro Ríos (Heraldo de Aragón, 13/2/37, 14/4/37 y 31/1/37). Con
tales precedentes, que un representante de la autoridad militar propusiera pagar la avenida
del Pilar con una nueva exacción de base moral no podía dejar de inquietar a todos salvo, quizá,
al Cabildo.
Siete días después se reunieron por primera vez y por separado las juntas téc-
nica y administrativa de las Obras de la Avenida de la Virgen del Pilar. Esta vez la
prensa solo contó con las declaraciones del alcalde, que manifestó a la salida que
se habían esbozado «interesantes iniciativas» y se había iniciado una «intensa labor
que muy pronto tendrá realidad en acuerdos»29. También se publicó que el represen-
tante de la CONS, el pseudosindicato de Falange, había ofrecido «colocar entre los
obreros unos millares de medallas de las que se expenderán para allegar fondos con
destino a la citada obra» (Heraldo de Aragón, 30/12/36).Y por el acta del pleno del 30
de diciembre sabemos que la junta administrativa acordó celebrar el XIX centenario
de la venida de la Virgen a Zaragoza en 1940 y activar la obra de la avenida para que
este año estuviera terminada30.
El 30 de diciembre, la prensa anunciaba que, «por dificultades surgidas en su
organización», la celebración del día de la Medalla de la Virgen del Pilar prevista para
el 2 de enero de 1937 se había suspendido «para el momento oportuno», sin perjui-
cio de que la comisión administrativa del proyecto de la avenida vendiera en tiendas
e industrias de la ciudad las insignias que se habían fabricado, destinando lo obte-
nido a la ejecución de las obras. Lo poco que consta por escrito permite intuir que
el trabajo de las comisiones se vio afectado por los enfrentamientos entre sectores
beneficiados y perjudicados por la reforma. Pequeños propietarios, inquilinos y co-
merciantes que perderían sus inmuebles a cambio de poco, junto a ciertos sectores
29 En los meses siguientes, la prensa se referiría a los avances del proyecto con extrema par-
quedad y siempre reproduciendo comunicados oficiales que no reflejaban lo que realmente
sucedía.
30 El 9 de marzo de 1938, el alcalde expuso ante el pleno que, correspondiendo al Ayuntamiento
guiar a todo el mundo católico en la celebración del centenario, debía convocarse a las fuerzas
vivas para preparar los actos e iniciar la propaganda. Aprobada la moción por aclamación, el
16 de marzo dio su conformidad el arzobispo e inmediatamente se celebró la primera reunión
de fuerzas vivas; ahí se acordó, y así se corroboraría en la sesión municipal del 9 de abril, pedir
autorización al Gobierno para emitir sellos de correos con un valor de 275.000 ptas., que se
invertirían en la propaganda del proyecto de la plaza del Pilar, reconstrucción de la iglesia del
Pilar de Calanda y terminación de las obras de reparación del templo metropolitano. En su
visita a Zaragoza de abril de 1939, el ministro Serrano Suñer manifestó que la conmemora-
ción debía tener gran solemnidad y que, para apoyarla, el Estado emitiría el sello requerido y
abriría suscripciones en todos los gobiernos civiles españoles, intentando interesar, además, a
personalidades extranjeras supuestamente relevantes, sobre todo de Hispanoamérica.
económicos de la ciudad que temían que la actuación cargara sobre ellos a través de
las contribuciones industrial y urbana (por no hablar de prestaciones morales), defen-
dían la posposición más o menos indefinida de las obras o, mejor aún, una notable
reducción de su alcance, aduciendo el tamaño excesivo de la avenida proyectada por
Borobio, su inadecuación al clima local y la incapacidad financiera de la ciudad para
llevarla a término en un plazo razonable, con el consiguiente riesgo de convertir el
centro urbano en un campo de ruinas. Podían apoyar la obra, en cambio, la banca,
personas interesadas en la hostelería, la construcción o el contenido político-religio-
so de la empresa, y quienes esperaban beneficiarse del ensanche de la población ha-
cia el sur que el Ayuntamiento impulsaba al mismo tiempo31. De momento, manten-
drían una postura ambigua importantes propietarios como el Cabildo, dispuestos a
aceptar la reforma solo si las expropiaciones les permitían materializar los beneficios
a que aspiraban.
La comisión técnica para la construcción de la avenida inició su funcionamien-
to formulando a Borobio diversas sugerencias para el proyecto definitivo, a las que
este respondió en un informe firmado el 1.º de enero del 37 y presentado a la reu-
nión que las dos comisiones celebraron este mismo día. Según el breve y neutro
comunicado reproducido por Heraldo y El Noticiero el 2 de enero, sin alteraciones
ni comentarios, aquí «se trataron diversos asuntos relacionados con esta importante
obra y quedó aprobado el proyecto definitivo del arquitecto»; aunque la nota afir-
maba que, «entre los reunidos reinó gran entusiasmo y se planearon importantes
aspectos de la obra, que irán ultimándose en días sucesivos», el informe de Borobio
sugiere un ambiente muy distinto.
«Con todo desapasionamiento», el autor del anteproyecto se decía ahí despoja-
do de amor propio en atención a la trascendencia de la obra y «dispuesto a romper
los papeles del proyecto primitivo tan pronto como encontrase otra solución me-
jor»32. Una tras otra, respondía a las cuatro principales objeciones planteadas, en
cuyo fondo se adivinan los poderosos intereses inquietados por la actuación:
1.º No conviene unir el Pilar, La Seo y la Lonja porque desentonan entre sí. Rotundamente
niego esta afirmación. El Pilar, La Seo y la Lonja son tres edificaciones del mismo
material, del mismo carácter, esencialmente aragonés, casi del mismo estilo; se lle-
van un par de siglos de diferencia. Comprendería la objeción si La Seo tuviese una
fachada como la Catedral de Burgos y la Lonja fuese un edificio románico.
2.º La avenida es desproporcionada, ni es calle ni es plaza. Conforme en que ni es calle ni es
plaza porque es las dos cosas a un tiempo, según dije en la memoria del anteproyec-
to. Con los patrones clásicos de urbanización no es una plaza, ni es una calle. Pero
quizás en esa misma condición resida su principal encanto y personalidad.
3.º El Pilar no ocupa el centro, no se ve de frente, le falta visualidad. El Pilar tiene tales di-
mensiones que, sin quererlo, allí donde esté él, allí estará el centro. Conforme en que
31 Entre todos ellos, bien podrían estar los capitalistas zaragozanos agrupados en 1930 en torno
a José Derqui y al proyecto de reforma interior redactado por Zuazo.
32 AMZ, caja 003141, exp. 0000201/1938.
le falta visualidad de frente; sería conveniente una mayor anchura frente al Templo,
pero hay que convenir en que la perspectiva mejor del Pilar no es de frente sino es-
corzado, y la avenida le proporcionará de esta manera magníficos puntos de vista.
4.º La Avenida no va a ninguna parte. Va desde el Pilar a La Seo y ya es algo. Pero sobre
todo, conduce el tráfico de entrada y salida de la Ciudad por la estación del Norte
y las carreteras de Francia, Barcelona y múltiples poblados próximos a la Ciudad.
Conforme en que hay una parte sin tráfico: la comprendida entre el Pilar y San Juan
de los Panetes.
Dicho esto, el escrito planteaba dos posibles soluciones para los problemas
aludidos, ilustradas con dos dibujos que desconocemos. La comisión técnica había
rechazado la gran avenida, señalando que sus defectos se subsanarían si la actuación
se limitara a una «gran plaza delante del Pilar». Borobio decía haber estudiado la
«solución Plaza», de la que aportaba un croquis, y haber dejado el papel a las primeras
rayas, ya que:
La Plaza que se quiere ha de ser cerrada, con porches por sus cuatro frentes o al menos
por tres. Al estilo de las castellanas, tan bellas. Este ideal de la plaza castellana no se
puede conseguir aquí: 1.º Porque el Pilar, edificio gigantesco, ocupa todo uno de sus
frentes. El principal encanto de las castellanas es la regularidad y uniformidad de sus
cuatro frentes. El Pilar sí que desentonaría de los otros tres lados de la plaza. 2.º No es
fácil, casi diré que imposible, pasar los porches por encima de calzadas de quince metros
de anchura, sin recurrir a estilos de arquitectura que desentonarían por su modernidad
con el arcaísmo de los monumentos que se trata de realzar, de no obstaculizar el tráfico
con soportes en medio de la calzada. 3.º Las dimensiones de esta Plaza del Pilar serían
110 x 180 metros, 19.800 metros cuadrados. La Plaza Mayor de Madrid tiene 80 x 110
metros, 8.800 metros cuadrados, o sea menos de la mitad de aquella. Y ya es una buena
plaza. El efecto de conjunto cerrado, que tan agradable resulta en estas plazas castella-
nas, quedaría anulado al aumentar desmesuradamente sus dimensiones en planta.
Otros inconvenientes de la solución «Plaza»:
– La Seo queda separada. Es lástima perder la perspectiva única que tendría la mag-
nífica torre vista en toda su altura a gran distancia y sirviendo de eje al fondo de la
Avenida.
– Se pierde el emplazamiento para altar de la Patria o monumento a los muertos, que en
el proyecto de Avenida se obtenía con gran espontaneidad, en la zona próxima a San
Juan de los Panetes.
– Se imposibilita la prolongación del Paseo de la Independencia. Caso de exigir esta
posibilidad habría que ampliar todavía más el largo de la plaza y siempre resultaría que
una gran vía como la prolongación del Paseo desembocaría por uno de los ángulos
de la plaza. Fea solución. Se amplía notablemente la zona de expropiaciones, con el
consiguiente encarecimiento de la obra.
– También conforme con que al Pilar debería dársele una zona de visualidad de frente
más amplia que la de la actual plaza.
– Debe preverse el adecuado emplazamiento del Altar de la Patria. La disposición de
andenes y calzadas se ha dispuesto ahora con arreglo a las necesidades del tráfico en
cada zona de la Avenida. Se ha suprimido el paso de coches por la parte comprendida
entre el Pilar y San Juan, para dejarla exclusivamente para peatones que allí se agru-
parán con ocasiones patrióticas o religiosas.
– Se han estudiado estacionamientos de coches junto a las puertas de la Basílica, y fácil
acceso en coche hasta las proximidades de las mismas.
– Se ensancha la avenida en todo el frente del Pilar, afectando una forma de arco elípti-
co que amplía a 85 metros la visibilidad de frente del templo.
– Con ello se consigue descongestionar la zona de peatones inmediata al templo, al
aumentar notablemente su extensión.
– Se han dispuesto las zonas verdes de manera que no se dificulte el movimiento de
grandes masas humanas, sin dejar desnudo el conjunto, ya que la inclemencia del
verano exige protección contra los rayos solares.
– En la zona del altar de la Patria los porches avanzan fuera de la línea de fachada, cu-
biertos con terraza, proporcionando así tribunas desde las cuales pueda asistirse a los
actos que allí se celebren.
– No he tratado de otra objeción, y es el viento. Sobre esto sí que no sé lo que cabe
hacer. Lo mismo soplaría en una plaza castellana de 19.800 metros cuadrados que en
esta Avenida. Algo favorecerá la forma cerrada que toma ahora el extremo oeste de la
Avenida.
trascendió. El día 10, El Noticiero33 publicó una defensa de la obra aprobada, donde
reconocía las grandes dificultades financieras que tendría su ejecución, «ya que se
han de expropiar muchos inmuebles que por ocupar terrenos que luego han de ser
vía pública, no producen solares que sean fuente de ingresos», y pedía superarlas
mediante soluciones imaginativas como la esperada lotería, apoyada con las postales
que se habían impreso para pedirla a Franco. Todo era poco para una obra vital para
el culto a la Virgen y para Zaragoza, que con esto y la prolongación del Paseo vería
completamente cambiada su fisonomía y daría «un estirón considerabilísimo para
colocarse a la cabeza de las capitales españolas».
Unas semanas después, el diario defendió la unión de las plazas del Pilar y la
Seo con argumentos menos abstractos que el culto pilarista o el prestigio de la ciu-
dad. Los días 5, 6 y 9 de febrero, publicó en tres entregas el editorial «El Coso de las
Catedrales»34, apelando ante todo a los intereses económicos en juego, que muchos
ignoraban o subordinaban a los suyos particulares, poniendo «pegas y reparos, en
lugar de ayudar y corregir los defectos que tuviere el proyecto»:
España está sufriendo una transformación, que debe ser rotunda y definitiva, y es la
ocasión propicia para que nos preocupemos de que nuestra querida ciudad la sufra
también, saliendo mejorada y engrandecida de esta convulsión regeneradora […] El
problema zaragozano del paro obrero y de prosperidad material de la ciudad, no puede
resolverse con abrir una calle, ni con la protección oficial para construir un edificio o
conceder una institución. Zaragoza no tiene otro porvenir, aparte la creación de una
economía regional potente, que una reforma interior de la ciudad. Su ensanche no se
verá realizado mientras no se derriben todas esas callejuelas sórdidas y miserables y
antihigiénicas.
La construcción del Coso de las dos Catedrales no es, en efecto, una reforma total de la
ciudad, pero puede ser su base principal, ya que una vez realizada, la prolongación del
paseo de la Independencia sería cosa sencillísima y entonces ya va tomando la obra el
aspecto de una reforma interior (El Noticiero, 5/2/37).
33 Durante el tiempo que pasó hasta la aprobación definitiva del proyecto en julio de 1937, El
Noticiero publicó varios textos apoyando la obra, mientras Heraldo se mantenía prácticamente
en silencio.
34 Aunque en alguna rara ocasión también utilizó la denominación de Gran Vía del Pilar pro-
puesta por García-Arista desde Heraldo de Aragón, El Noticiero prefirió esta otra de Coso de
las Catedrales, con lo que se obviaba la calificación de avenida (desechada por el Ayunta-
miento en noviembre de 1936) y el sospechoso Nuestra Señora, pero también la referencia
a la Virgen.
Es necesario resaltar hasta la machaconería, que Zaragoza es la que tiene que luchar por
su engrandecimiento, en lugar de concretarse a pedir […] Se ha dicho cuánto supone
espiritualmente para Zaragoza la construcción del Coso de las Catedrales; se ha cantado
en todos los tonos, la obligación que tenemos de realizar todo lo relacionado con la Vir-
gen del Pilar. Este es nuestro primer deber, pero no repugna este aspecto del problema
el que también sea tratado desde el punto de vista material y económico […]
Las grandes reformas urbanas no afectan solamente al sector donde se realizan; segu-
ramente los verdaderamente perjudicados son aquellos vecinos que tienen sus propie-
dades e industrias en las calles afectadas por la reforma […] Los terrenos de la Gran
Vía no se verán edificados, mientras no se hagan derribos en otra parte. El déficit de la
construcción de la nueva y gran vía Coso de las Catedrales tiene su compensación en la
revalorización de los terrenos del ensanche.
Si a esto añadimos el movimiento de capital para las construcciones, que lleva aparejado
una mayor intensidad en toda la industria local, puede comprenderse que el beneficio de
las grandes obras, como esta que nos ocupa, se extiende a toda la población.
¿Quién puede negar que la construcción del Coso de las Catedrales con su inmediato
añadido de la prolongación del Paseo, resolvería en muchos años el problema del paro?
(El Noticiero, 6/2/37).
Y en la tercera entrega, El Noticiero proponía que, si faltaba dinero para poner
en marcha el mecanismo y la lotería no llegaba o no bastaba, se impusieran contri-
buciones especiales a las propiedades vecinas a la nueva avenida; nada se decía de
los terrenos del ensanche, que se reconocían como los más beneficiados:
El crédito municipal, se dice que está agotado; es necesario pedir una Lotería, iniciar
suscripciones, estudiar medios de obtener dinero, pues de lo contrario la financiación
del proyecto no es posible y comenzar las obras a expensas de lo que se pueda recaudar
por estos medios, también se considera por muchos como ir a un fracaso rotundo, pues
no se terminarán nunca las obras por falta de dinero […] El déficit finalmente calcula-
do para la obra debe ser absolutamente saldado por estos que van a recibir los futuros
beneficios, imponiéndoles una contribución especial que no pueda ser en modo alguno
ingreso municipal diluido en sus presupuestos (El Noticiero, 9/2/37).
El 4 de marzo, Heraldo reprodujo una carta enviada al alcalde por Ángel Bayod,
jefe de la Central de Empresarios Nacional-Sindicalista (CENS), para protestar por
la denominación de Coso de las Catedrales que muchos utilizaban para referirse a la
vía, ignorando «el Nombre Excelso de la Virgen» y con ello que la obra no tenía otro
fin que expresar «la fe, el amor y la gratitud» hacia ella, «ampliando los alrededores
del templo» para su realce y para constituir el «espacio suficiente que permita las
manifestaciones de fervor mariano». De paso, la CENS dejaba caer la necesidad de
ciertos cambios en el proyecto, «a fin de aumentar su grandiosidad, para que, miran-
do al porvenir, la obra llene las necesidades de las generaciones que nos sucedan y
sea orgullo legítimo de las mismas»35.
35 No se pase por alto la paradoja de que, precisamente una organización que se presentaba como
falangista, concibiera la explanada proyectada como mera ampliación del santuario mariano
y no como expresión del estado totalitario en construcción, que además de las instituciones
religiosas, políticas y militares bien podría haber colocado en una posición relevante la sede
del partido único.
Las dos comisiones volvieron a reunirse el 24 de marzo, y Palá expuso los traba-
jos realizados por la junta técnica «y su resultado, que no puede ser más satisfactorio».
El Noticiero publicó el día 25 que había «ofrecimientos de construcción de grandes
edificios en la parte izquierda, que están en estudio financiero y que prometen ser
una realidad», que se había aprobado por unanimidad las «normas fundamentales
a que habrán de someterse las construcciones de la Gran Plaza» presentadas por
Borobio, y que los arquitectos vocales de la junta, Borobio y Ríos (este, arquitecto
del Cabildo), realizarían determinados estudios, proyectos y planos. Heraldo repro-
dujo la misma nota sin cambiar una palabra, y añadió que «en la reunión existió el
mayor entusiasmo». Pero los ánimos no debían estar tan sosegados como transmitía
la prensa ni la tensión se mitigaría en el mes siguiente, a juzgar por los términos del
escrito que dirigieron al presidente de la junta técnica el 24 de abril de 1937 sus dos
arquitectos, y que solo firmó Borobio, para exponer…
Que insistiendo en las razones que expusimos en la última Junta y con arreglo a las
atribuciones que nos fueron conferidas, proponemos a Dn. José de Yarza y García, como
Arquitecto encargado de formar el proyecto definitivo de la Avenida del Pilar.
Parecía natural que el personal auxiliar fuese designado por el Sr. de Yarza, pero en su
ausencia, con carácter de interinos y a reserva siempre de que su jefe pueda o no con-
firmar estas designaciones, hemos encargado a Dn. Ángel Comps Sellés y a Dn. Emilio
Aranda Rotana, el levantamiento del plano de la zona afectada por el proyecto, cuyos
trabajos se llevan a cabo con toda actividad.
El órdago lanzado por Borobio tuvo el efecto que este debía de esperar y, en
lugar de ser sustituido por un Yarza que en marzo había cumplido treinta años36,
fue ratificado en su puesto y pudo llevar adelante su proyecto con las correcciones
anunciadas en enero. El 12 de mayo siguiente, la Corporación le autorizó «para en-
conmendar a personal ajeno a la casa trabajos técnicos de levantamiento de planos,
medición, valoración, delineación, etcétera», lo que no era sino la confirmación de
sus excepcionales prerrogativas al frente de la Dirección de Arquitectura37.
En el pleno de 8 de enero de 1937 (siete días después del pliego de descargos de
Borobio), el gestor Juan Auger había pedido la provisión interina de la plaza de ar-
quitecto segundo para absorber el exceso de trabajo de la Dirección de Arquitectura;
36 José Yarza García (1907-1995) era hijo de José Yarza Echenique, arquitecto municipal desde
1911 hasta 1920, cuando fue asesinado, y descendiente de Jose Yarza Lafuente y José Yarza
Miñana, arquitectos de la Ciudad entre 1813 y 1862. En 1935, dos años después de terminar
la carrera, Yarza García ya había pedido ocupar un puesto de arquitecto municipal interino,
rehusando su ofrecimiento la Corporación el 9 de agosto «por estimar que no hace falta dicho
cargo».
37 En esta época se dio una cierta marcha atrás en la municipalización de la oficina de arqui-
tectura del Ayuntamiento, que, a la usanza del siglo XIX, funcionó de modo más parecido al
despacho de un arquitecto que tuviera por cliente al Municipio que como servicio propio de
este. Es muy expresivo el acuerdo adoptado en el pleno del 11 de agosto de 1937 para dotar
de teléfono pagado por el Municipio al domicilio particular de José Beltrán, figurando en el
listín «Ayuntamiento Arquitecto segundo».
38 Beltrán había levantado en Huesca las casas Sanagustín (1933), Francoy (1934) o Lacasa
(1934), edificios meritorios de una limpia tendencia racionalista que en Zaragoza no continua-
ría. La revista barcelonesa Jano Arquitectura trató de esas obras en su número 52 (11/77).
39 Relaciones de fincas expropiables, superficies de vías públicas actuales, manzanas resultantes
para la edificación y superficies de nuevas vías públicas.
40 Plantas de estado actual, nuevas alineaciones y reforma proyectada, más dos perspectivas
axonométricas desde el sudoeste y el nordeste. Todos los planos estaban a escala 1/1000.
41 Aunque en acuerdo inválido por falta de quorum, que demostraba las prisas por aprobarlo
antes del 3 de agosto, aniversario del milagro de las bombas. En el siguiente pleno, celebrado
el 4 de agosto, se volvió a votar, se aprobó por unanimidad y se convocaron treinta días de
exposición pública.
42 Cito por la versión mecanografiada incluida en el proyecto, conservado en AMZ, caja 003141,
exp. 0000201/1938. La caja B003118 contiene una subcarpeta rotulada como «Manzana
n.º 19» que incluye un listado con todos los documentos que debían formar el proyecto y la
versión primera de las variaciones de la nueva memoria con respecto a la de 1936, manuscri-
tas en cuartillas apaisadas.
43 Se mantenía la anchura de 58 metros del anteproyecto, cuya causa era la distancia al Pilar del
edificio del pasaje del Comercio (conservado en 1936, aunque con recomendación de demo-
lerlo en el futuro), a pesar de que la lonja elíptica que ahora se preveía exigía su derribo.
puesto que su altura era la de la planta baja de los edificios de la plaza del Pilar, esta
y la de San Juan de los Panetes formarían una unidad espacial.
Por último, la memoria mantenía la previsión de ampliar las calles de Santiago
y Prudencio hasta los 12 metros, determinaba la supresión de las calles de Forment,
Convertidos y Muela, y ya no mencionaba la prolongación de la calle de la Virgen
hasta la avenida.
Entre el Pilar y Don Jaime, se proyectaba una calzada de 15 metros, por donde
circularían tres filas de vehículos por sentido. Igual anchura tendrían las tres calles
perpendiculares que llevarían hasta el paseo del Ebro. En esta parte oriental se dis-
ponía una zona ajardinada ante la Lonja y se rodeaba la plaza de la Seo con una
amplia calzada que permitiría usarla como estacionamiento de coches en caso de
solemnidad.
Ante el Pilar, en cambio, serían muy abundantes los peatones y por ello se
preveía una «amplísima explanada» con anchura media de 60 metros, sin circula-
ción rodada pero con cuatro contradictorios parterres con arbolado que hubieran
mermado su aptitud para peregrinaciones y actos solemnes, y que Borobio creía
precisos para paliar en verano los efectos de la insolación, uno de los inconvenientes
climáticos del proyecto.
Al oeste de esta lonja, el rectángulo alargado que llevaba hasta el Altar de la
Patria se cerraba al tráfico y se enlosaba, como correspondía a un lugar concebido
como iglesia a cielo abierto donde celebrar «solemnidades religiosas o patrióticas»,
con dos parterres simétricos que estrechaban la entrada desde la lonja del Pilar.
Aparte de la irrupción del Altar de la Patria, el trazado de aceras y calzadas se
sometía a la exigencia de la comisión técnica de reconocer el protagonismo absoluto
del templo del Pilar en la plaza / avenida. Por una parte, se trataba de construir un
foro en torno al que se situarían, conforme a la idea unitaria del poder en el Nuevo
Estado, sus principales centros directivos: a las tres iglesias, el Palacio Arzobispal, el
Seminario y la Lonja se irían sumando, en los años cuarenta y cincuenta, la Hospe-
dería del Pilar, el Ayuntamiento, el Gobierno Civil y los Juzgados. Constituiría así
la cúspide de una idea fuertemente jerarquizada de la ciudad, completada en 1943
con la organización radiocéntrica del anteproyecto de ordenación general. A tres-
cientos kilómetros de Madrid, en ese proyecto injustamente olvidado por Terán y
otros estudiosos del urbanismo franquista, cuajó por primera vez la creación de una
acrópolis donde se agruparan los centros directivos del Estado y pudieran celebrarse
desfiles y concentraciones, consigna que Pedro Bidagor y Luis Pérez Mínguez ex-
pondrían, pensando en Madrid, en las conferencias organizadas por Muguruza en
el teatro Español desde el 26 al 29 de junio de 193944.
44 Junto con las reconstrucciones del santuario de Nuestra Señora de la Cabeza y la Cámara
Santa de Oviedo, la reforma del acceso a la cripta de los Reyes Católicos en la Capilla Real de
Granada y los estudios para el plan de urbanización de Salamanca, el número 1 de la Revista
Nacional de Arquitectura, publicada por la Dirección General de Arquitectura, seleccionó el
proyecto de Borobio para difundir los principios categóricos que debían inspirar la Arquitectura
Nacional. Esta dirección general, dependiente del Ministerio de la Gobernación, se había
instituido por ley de 23 de septiembre de 1939 para posibilitar, según su preámbulo, que «los
profesionales, al intervenir en los organismos oficiales», fueran «representantes de un criterio
arquitectónico sindical-nacional, previamente establecido por los órganos supremos que ha-
brán de crearse para este fin».
45 La expresión nacionalcatólica del régimen aún se reforzaría frente a una minoría de falangis-
tas proclives a la formalización fascista italiana y, más aún, alemana, tras los primeros reveses
serios del Eje en 1943, su derrota en 1945, o, en 1953, la firma del concordato con el Vaticano
y los acuerdos bilaterales con los Estados Unidos.
46 Responsable solo «ante Dios y ante la Historia», según el artículo 47 de los estatutos de FET
y de las JONS. Con todo, la diferencia entre la supuesta base del poder del Caudillo, el Duce
y el Führer se ligaba más al plano superestructural que a la sustancia de las cosas, como ya
vio el ideólogo José PEMarTín (1937: 61-62) al escribir que, si España quería ser nacional y
fascista, el Estado debía ser católico.
español a los obispos de todo el mundo explicando las razones del alzamiento y los fines de
la guerra (1/7/37) escindió la «España marxista», infierno en la Tierra donde se vivía
«sin Dios», de «las regiones indemnes o reconquistadas», semejantes a la Ciudad de
Dios porque en ellas se celebraba «profusamente el culto divino» y florecían a diario
«nuevas manifestaciones de la vida cristiana».
El lugar privilegiado de estas manifestaciones no podía ser otro que la pro-
porcionalmente recrecida plaza del Pilar, que reflejaba su sacralidad en su nombre
definitivo y en el absoluto dominio visual de los centros de culto (el Pilar, la Seo y
el Altar de la Patria, además de San Juan de los Panetes) sobre las sedes del resto de
instituciones estatales y locales. Así se respondía bien a las claras al laicismo repu-
blicano, que había intentado separar el Estado de la religión y que hubiera tenido su
exacta traslación a la topografía institucional zaragozana en la construcción nunca
iniciada de las casas consistoriales de la plaza de Castelar.
El Altar de la Patria expresaba lo dicho con evidencia. Si el monumento homó-
nimo romano carecía de símbolos religiosos y se alzaba en un entorno profano (en-
tre el Foro Republicano, los Foros Imperiales, el Capitolio y el palacio Venezia), en
Zaragoza tenía por elemento principal una cruz y se subordinaba claramente a lo
religioso, casi como una capilla exterior del santuario del Pilar. No sorprende que,
aun siendo una típica explanada para concentraciones y contando con la pertinente
cruz de los caídos, faltara en la plaza, precisamente, la Casa de la Falange, que el ar-
quitecto y camisa vieja Víctor D’Ors había querido en 1938 elemento fundamental
del centro cívico de cada ciudad, erigida en la plaza mayor y provista de una torre
que compartiría protagonismo con la de la iglesia, y que solo con esta podía compa-
rarse en el proyecto de poblado modelo de Cerro Palomeras (1939)47.
Como ya se ha ido viendo, la operación pilarista no respondía a un puro fervor
religioso. En 1937, curas, militares, hosteleros y fuerzas vivas en general tenían pues-
tos los ojos en el auge de unos flujos turísticos de tanto interés económico como pro-
pagandístico. Desde noviembre de 1936, la revista Aragón, editada mensualmente
por el Sindicato de Iniciativas y Propaganda de Aragón (SIPA), venía dando cuenta
de las abundantes peregrinaciones al Pilar. En su número 134 (11/36), Eduardo
Cativiela, presidente del SIPA, había pedido que se impulsaran las reformas urba-
nísticas precisas para acogerlas y se reorganizara la Junta de Peregrinaciones con
representación del Ayuntamiento, la Diputación y otras entidades locales:
Pensemos en que el santo Pilar de Zaragoza ha de ser visitado por millares y millares de
romeros y peregrinos, y es preciso estar preparados para que Zaragoza sepa recibirlos
[…] La fe en la Virgen del Pilar es milagrosa; guerreros, pensadores, trabajadores de las
más diversas tendencias y creencias se han arrodillado ante Ella […], y tras estas mani-
festaciones que han de venir de todas partes de España, surcarán los mares inmensas
moto-naves que traerán de las Américas españolas enormes masas de fervientes adora-
dores de la Patrona de España, ya que de hecho así queda reconocido, y Zaragoza será
como la Tierra Santa española ante cuyo Pilar se ha estrellado la barbarie del comunis-
mo eslavo.
47 En la memoria del plan general de Madrid, BiDaGor (1941a: 8-9) previó que dominaran la
silueta de la ciudad hacia el Manzanares «los tres edificios simbólicos de máxima evocación
nacional, correspondiendo a los principios vitales de la Nueva España»: la Catedral, el Palacio
(real) y el edificio de FET y de las JONS, en el antiguo Cuartel de la Montaña. En Zaragoza,
la jefatura territorial (luego provincial) de Falange se instaló poco después de iniciada la gue-
rra en el número 33 del Coso, ante la plaza de España, y ahí seguiría hasta el final del fran-
quismo. El ejemplo zaragozano más puro, si no el único, de arquitectura de clara influencia
nazifascista no se situó en la plaza del Pilar ni en ninguno de los ejes principales de la ciudad
reordenada en 1939 y 1943, sino en el alto de Cuéllar, de camino al cementerio, donde el
Estado italiano levantó el Sacrario Militare de San Antonio para depositar los restos de todos
los legionari muertos en España (BETrán, 2015: 495-501).
48 En AMZ, caja B003118 se conservan los proyectos de parcelación de las manzanas 3 (8 par-
celas de 442,50 a 646,90 m2, en torno a un patio común de 8 metros de ancho) y 6 (solares
para la Hospedería y un edificio del Cabildo catedral), firmados por Borobio y Beltrán en
octubre de 1939.
49 En el artículo que dedicó a la plaza del Pilar el número 1 de la Revista Nacional de Arquitectura
(1941), se publicaron detalles de las fachadas de la Hospedería, perspectivas desde el paseo
del Ebro y la nueva plaza, y varias fotografías con las obras en curso y terminadas. En enero
de 1941 se le sumó el proyecto de la Tienda Económica, también de los Borobio y enfrentado
a la Hospedería al sur del espacio reservado al Altar de la Patria (manzana 5); en la fachada
hacia la calle de Salduba, esta obra integró una portada barroca procedente del palacio de
Sora.
50 Con 7,50 metros o dos plantas menos y alguna variante menor, esta ordenanza imponía una
composición análoga a la de la plaza de San Francisco, a la que en julio de 1941 se había cam-
biado el abstracto soportal arquitrabado previsto por Borobio (ya fuera del Ayuntamiento)
por el porche de arcos de medio punto que conocemos, diseñado por Beltrán a imagen del
paseo de la Independencia (BETrán, 2013: 326-327).
51 Donde se fijaba para los porches intercolumnios de 3,60 metros (en algún caso levemente
corregidos para ajustarlos a la dimensión de la manzana) y fondo desde la línea de fachada de
4,80 metros, de los que 0,80 correspondían al espesor del pilar, de planta cuadrada.
52 Se aprobó luego una ordenanza singular para la manzana 7, situada al sur de la plaza de Cé-
sar Augusto o San Juan de los Panetes, con su frente mayor hacia la calle Imperial, y donde
el proyecto de 1937 había previsto un mercado mayorista de verduras. En ella se suprimían
la condición de construir un porche en la planta baja y el resto de las relativas a materiales
de fachada, y, aun manteniéndose una altura máxima de cornisa de 20 metros, se permitía
distribuirla en el número de pisos que permitieran las ordenanzas generales de la edificación;
esto suponía que, en lugar de cinco plantas, los edificios de la manzana 7 podrían tener seis.
53 Término inconsistente pero que tuvo fortuna, y al que Borobio ya se había referido en su es-
crito de descargos de enero del 37. La Guía de Zaragoza editada por el SIPA en 1944 remitió
del estilo español) que buscaban también las ordenanzas de la calle de la Yedra o el
Sepulcro. Borobio juzgaba «del mismo material, del mismo carácter, esencialmente
aragonés, casi del mismo estilo», la Seo, el Pilar y la Lonja, los tres monumentos
que debían destacar en la plaza proyectada y que muy poco tenían en común fuera
del uso del ladrillo, inevitable material local. En favor de las plazas del Pilar y San
Francisco (si exceptuamos las arcadas con que Beltrán contaminaría la idea inicial
de Borobio) puede aducirse la fría desnudez formal, privada de appliqués clasicistas y
emparentada con compromisos contemporáneos entre los postulados modernos y el
humo retórico del Nuevo Estado, herederos a su vez de la arquitectura encabalgada
entre el racionalismo y el academicismo que antes de la guerra ya había practicado
en Zaragoza el mismo Borobio.
Previsiones económicas
Aparte del mayor pero aún incompleto desarrollo de las normas de edificación, las
principales novedades del proyecto de 1937 atañeron a sus previsiones de ejecución
y, muy en particular, a la valoración de las expropiaciones. En abril y junio de este
año, el Ayuntamiento había aprobado dos proyectos de Borobio para ampliar las
zonas de expropiación a los lados de la calle de la Yedra y para la reforma del barrio
del Sepulcro; en ambos casos se empleó la técnica seguida cuando se abrió la calle
de Alfonso I en los años 1860, expropiando los solares laterales a las nuevas calles
para revenderlos en lotes mayores una vez hecha la urbanización (BETrán, 2013:
293-297). En la avenida del Pilar se eligió el mismo procedimiento, financieramente
más arriesgado que expropiar solo el suelo viario, pero que daba lugar a grandes so-
lares aptos para una edificación acorde con los nuevos espacios públicos, y también
a la sustitución generalizada de los dueños de inmuebles y sus inquilinos por nuevos
propietarios deseosos de invertir su capital.
El capítulo «Expropiaciones» de la memoria del proyecto se abría con la deli-
mitación del ámbito de ejecución, que incluía 49.058,50 m2 de calles existentes y
otros 48.452,76 m2 distribuidos en 19 manzanas, con 224 fincas edificadas54. Se-
los palacios de Sástago, Argillo o la Maestranza a ese «estilo Aragonés, arte puramente regio-
nal» (sinDicaTo DE iniciaTiVa y ProPaGanDa DE araGón, 1944: 45).
54 «Por el Norte [la zona a expropiar] queda limitada por el Paseo del Ebro. Por el Sur com-
prende la acera de los números impares de las calles de Prudencio y Santiago, las casas 2
y 4 de Prudencio y las 7, 9 y 11 de Manifestación. Por el Este se incluye la manzana entre
D. Jaime, Plaza de la Seo y calle de San Valero, y las casas de los números pares de esta mis-
ma calle. Por el Oeste quedan incluidas en la reforma todas las casas de los números pares
de la calle de Antonio Pérez, las de Manifestación, situadas entre aquella calle y la plaza de
San Antonio Abad y todas las de esta plaza. / Con la rectificación de la calle de Prudencio
quedarán unas zonas sobrantes de vía pública que deberán anexionarse a las casas de la calle
de la Manifestación, inmediatas, de no acordar el Ayuntamiento ampliar las expropiaciones
a estas últimas. / La nueva alineación propuesta para la calle de Santiago afecta también al
lado de los pares, pero no se ha incluido la expropiación de estas casas en el proyecto, ya que,
guía una exposición del método empleado para tasar en estas últimas el suelo y las
construcciones, basado en la elección de un precio justo a partir del cálculo de tres
valores a menudo muy distintos: por construcción, por renta declarada y por capita-
lización del líquido imponible. Elegido el justiprecio de cada finca y sumados todos
ellos, se obtenía un total de 13.098.960 ptas., que con el 3% de afección llegaba a
13.491.928,80 ptas. (278,46 ptas./m2).
Esta cifra se incrementaba en un 6% (785.937,60 ptas.) para cubrir las indemni-
zaciones a inquilinos e industriales alojados en las casas a expropiar55. Considerando
el valor de los materiales procedentes de los derribos, los precios recientes de estos y
el 15% de la contrata, se calculaba una partida de demoliciones de 837.039 ptas. Y
si a estos costes se sumaban otros 3.220.288,08 ptas. en concepto de instalación de
los servicios de agua, alcantarillado y alumbrado, plantación de jardines y urbaniza-
ción de los 71.254,26 m2 que ocupaban las vías públicas proyectadas56, se obtenía
un presupuesto total de gastos de 18.335.193,48 ptas. (188,03 ptas./m2).
De la ordenación proyectada resultaban seis manzanas edificables completas
(numeradas como 1, 3, 4, 5, 6 y 7) y con superficie media de 4.022,67 m2, y tres
porciones de manzana de diverso tamaño (2, 8 y 9). Por la venta de estos suelos, que
sumaban 26.257 m2, solo se esperaba obtener 8.595.050 ptas., a un precio medio de
327,34 ptas. por metro cuadrado de solar edificable, cuando la repercusión completa
de los costes hubiera exigido cobrar 698,30 ptas./m2: 2,13 veces más. La actuación
comenzaba así con el importante déficit inicial de 9.740.143,48 ptas., debido al ele-
vado coste de las expropiaciones y las indemnizaciones a arrendatarios (el 77,87%
del presupuesto de gastos) y a la reducción en un 45,81% de la superficie de solares
edificables, por haber aumentado un 45,24% la superficie del viario público57.
Pero un estudio algo atento del proyecto dejaba ver que el déficit sería mayor.
Por una parte, las expropiaciones e indemnizaciones se habían tasado de modo solo
aproximado y sin intervención de peritos de parte, lo que permitía imaginar que en
los futuros procedimientos sus importes crecerían. Por otra, entre los solares a ena-
separadamente de este, deberá ser motivo de estudio la reforma de la zona comprendida entre
Santiago y Espoz y Mina, en la cual deben desaparecer las calles de Forment y Cebrián, y debe
abrirse la prolongación del Paseo de la Independencia. / De momento, y mientras esta zona no
tenga proyecto aprobado, las casas de los números pares de la calle de Santiago, estarán some-
tidas a la legislación vigente, que impide consolidar las casas sujetas a nueva alineación».
55 En el anteproyecto se habían calculado como un 5% de las expropiaciones.
56 «El pavimento de las calzadas se proyecta de adoquín de piedra porfídica sentado sobre solera
de hormigón, rejuntado. / El bordillo será de piedra granítica de 20 cm de ancho. / En aceras
y andenes centrales, así como en la explanada del Altar de la Patria, se proyecta un pavimento
de losas grandes de piedra granítica. Este pavimento en la citada explanada formará dibujos
geométricos, a ser posible, con piedras de distintas coloraciones. / Las aceras de las calles
adyacentes se pavimentarán con loseta de cemento sobre solera de hormigón».
57 Por sí sola, la avenida del Pilar ocuparía 33.863,26 m2. Antes de la reforma, la plaza homó-
nima ocupaba 9.737,50 m2, la de la Seo 3.713 y la de Huesca 2.375.
58 Para ruiz ViLaPLana (1937: 235), tal despropósito demostraba la devaluación de esa alta
condecoración militar, otorgada al año de empezar la guerra a casi todos los militares de
alguna categoría y, a título colectivo, a la guarnición de Oviedo y los defensores del Alcázar,
el santuario de la Cabeza o la Ciudad Universitaria.
59 El Ayuntamiento poseía por entonces mucho suelo edificable en el ensanche de las Casas
Baratas, incautado a la SZUC en 1933. Con vistas a su venta, Borobio y Beltrán firmaron
en diciembre de 1937 un proyecto de parcelación de las manzanas de vivienda libre y propie-
dad municipal lindantes con la Gran Vía, aprobado el 21 de septiembre de 1938 junto con la
valoración de los solares y unas ordenanzas especiales de edificación. El pleno del mismo día
aprobó provisionalmente otro proyecto de la Dirección de Arquitectura para la urbanización
del entorno de la prolongación de la Gran Vía hasta la carretera de Valencia (actual paseo de
Isabel la Católica) (BETrán, 2013: 321-323).
60 En el presupuesto de 1950 solo se destinaron 6.250.717 ptas. a la amortización de créditos y
pago de intereses, apenas un 12,2% del total, cuando se estimaba razonable un límite del 20%
ciones. Y, por añadidura, la reforma era inoportuna, ya que la ciudad estaba inmersa
en una actividad urbanística a todas luces excesiva:
Zaragoza tiene ahora pendiente la obra de cuatro calles importantísimas: la calle del
Generalísimo Franco, a mitad de construir; las dos grandes vías con solo tres casas
edificadas, y la calle de la Yedra, con la que se ha pretendido solucionar el paro obrero,
pero solo dio trabajo un par de meses, mientras se demolieron las casas antiguas, pues
ahora nadie edifica y está esa zona importante de la Ciudad que parece ha sufrido un
terremoto. Lo mismo sucederá, si llega a hacerse, con la obra de la avenida del Pilar, que
no estarán construidas las nuevas casas para el aniversario de la Venida de la Virgen.
Pero, aunque se construyeran todas las casas esperadas en las vías en curso de
urbanización, el paro obrero no se remediaría porque era un pozo sin fondo:
Antes del Glorioso Movimiento Nacional, había en la Ciudad, según las estadísticas,
más de 12.000 peones de albañil parados y no es posible darles trabajo permanente; son
labradores de los pueblos de Aragón, Navarra, Rioja, etc., que abandonan sus casas y sus
tierras y vienen a Zaragoza en busca de trabajo, y si fuera posible (que no lo es) propor-
cionárselo, pronto vendrían otros tantos o más con igual pretensión. El paro obrero solo
puede solucionarse haciendo que el cultivo de la tierra sea remunerador y entonces esos
obreros volverán a sus pueblos64.
Pedía por todo ello Ramón, como otros propietarios, que el Ayuntamiento desis-
tiera de la obra, la aplazara para ocasión más propicia o, al menos, pagara mayores
justiprecios.
El arquitecto no se detuvo en estas alegaciones económicas, limitándose a ad-
vertir que las valoraciones del proyecto eran indicativas y que, en su momento, se
aplicaría el procedimiento de la ley de expropiación forzosa, cada propietario podría
nombrar un perito y presentar las justificaciones del valor real de su finca que creye-
ra oportunas, y se procedería a fijar el justiprecio definitivo65.
Tan solo dedicó Borobio algo de atención a la reclamación de la Cámara de la
Propiedad Urbana, que había manifestado en su escrito su «absoluta conformidad
[…] y su identificación con esta obra, plétora de imponderables valores morales» y
«aspiración del alma Aragonesa, rebosante de espiritualidad […] y veneración para
su Excelsa Patrona», advirtiendo de paso que, «aun prescindiendo de su definitivo
valor espiritual», encerraba «destacados intereses materiales» dignos también de de-
fensa. Sin embargo, la Cámara discrepaba del gravamen de la contribución indus-
64 En otro escrito fechado el 11 de octubre, más amplio, Ramón insistiría: «Con este sistema
para remediar el paro obrero habría que derribar cada dos o tres meses una parte importante
de la población, y esto es absurdo […] No se edifica porque no hay dinero para ello, y para
realizar el Proyecto de esta Avenida se acude a la Banca local (¡pobre Banca local!) y se quiere
subir las contribuciones (¡pobres contribuyentes!) […] A la consideración del Sr. Alcalde,
militar pundonoroso [¿?], y de los señores Concejales, todos de derechas, dejo todo esto […]
¡Viva España! ¡Viva el Generalísimo!».
65 En AMZ, caja B003118 se conservan tasaciones, hojas de aprecio, actas y documentos varios
relacionados con las expropiaciones realizadas entre 1939 y 1943 en la avenida del Pilar y en
otras zonas.
trial, de comercio y territorial urbana con una nueva décima, añadida a la impuesta
en 1923 para obras de higiene y saneamiento66 y, en su opinión, inoportuna e ilegal.
Más aún, el proyecto procedía «con una euforia y optimismo cuyos efectos hemos
palpado y estamos padeciendo en proyectos similares que redujeron parte de la
población a un solar»:
Lanzarse a una obra de esta monta e importancia sin tener certeza de que los solares que
se produzcan han de encontrar inmediata colocación, y han de servir para la construc-
ción seguida de adecuados edificios, no creemos sea muy prudente. Muchos han sido
los proyectos que en Zaragoza se han llevado a la práctica a base en parte de lo que en
su día produzca la venta de solares, pero desgraciadamente […] ese día no ha llegado,
los solares siguen sin transferirse y el erario municipal está cada vez más asfixiado por la
carga de un capital completamente improductivo.
68 El escrito original está, como las demás reclamaciones, en AMZ, caja 003141, exp.
0000201/1938.
69 Más de 7 millones para el alcantarillado de los barrios y obras diversas, 10 para la apertura
de la calle de la Yedra y casas baratas, y 12 para la construcción de la Ciudad Universitaria,
obras de pavimentación y absorción del déficit de anteriores presupuestos ordinarios (BE
Trán, 2013: 270-283).
Y esto era más así cuanto «todavía puede lograrse que se instale en Zaragoza,
aun provisionalmente, la capitalidad del Nuevo Estado con una subvención directa
o indirecta, con la que hoy no se cuenta». Por todo lo dicho, la Cámara pedía que
los acuerdos municipales no se precipitaran, que la obra se demorara al menos hasta
el fin de la guerra, y que no se recargaran «las cuotas de contribución industrial por
una décima de su importe y para un largo período de tiempo»:
Si se quiere conseguir que nuestra ciudad prospere hace falta atraer a ella nuevos y
grandes elementos de producción o por lo menos poner a los que ya viven en ella en con-
diciones de competir con otros de regiones o localidades más favorecidas. Y es política
inversa la de aumentar los tributos de modo excepcional situando a los contribuyentes
zaragozanos en desigualdad de condiciones, en más grave situación que los de cualquier
otra localidad española en materia tributaria.
70 «El Municipio debe dirigir su acción hacia una propaganda intensa de ese proyecto con el
fin último de atraer colaboraciones que ayuden al desenvolvimiento del mismo, creando, de
acuerdo con el M. I. Cabildo catedral de Zaragoza, un “sello del peregrino”, solicitando apo-
yos de organizaciones nacionales ya existentes o que se creen para fomentar viajes al Pilar».
Cuantos intervinieron en este expediente trataron sin muchos tapujos a los peregrinos y,
como motor de su afluencia, a la Pilarica, como puro recurso financiero con que impulsar la
economía zaragozana cuando terminara la guerra.
71 La Cámara había pedido que, como en la población riojana de Haro, el Ayuntamiento diera
terrenos a título gratuito para la instalación de industrias. En 1937, la aceleración del desarro-
llo industrial no solo tenía en Zaragoza un obvio contenido económico, sino también político,
vista la fidelidad a la República de los principales centros industriales españoles. No en vano,
el gestor Palá había protestado en el pleno del 30 de junio por las machaconas alusiones de la
prensa franquista, tras la toma de Bilbao, a la importancia de la zona industrial vizcaína para
el porvenir de la causa, rogando que no se olvidara «la eficaz labor que desde la retaguardia
realizaban otras poblaciones y muy especialmente Zaragoza, que estaba desarrollando un
esfuerzo enorme y valioso».
72 AMZ, caja B003118. En una cuartilla escrita a lápiz por Borobio y guardada en la misma caja,
se remiten las cuatro etapas a una propuesta de Pellegero.
73 Había una acusada desproporción de valor entre las viviendas y, más aún, los locales situados
a izquierda y derecha del Pilar, estos últimos mucho más caros por el mayor tráfico de vehícu-
los y peatones y un intenso comercio que contrastaba con la atonía de la parte occidental.
74 Como otros documentos citados en este capítulo, en AMZ, caja 003141, exp. 0000201/
1938.
la Avenida y el compás del Altar de la Patria, como grandes espacios libres de todo
obstáculo, pavimentados con grandes losas de piedra (como la Plaza de la Señoría
de Florencia, la de San Marcos de Venecia, etc., etc.) que prestarían gran nobleza y
unidad al conjunto.
e) La Academia llama la atención acerca del mal efecto que ha de producirse al acome-
ter disimétricamente la calle de Alfonso I a la semielipse que limita la plaza. Aunque
es problema de evidente dificultad, convendría meditar sobre las diversas soluciones
que eviten este inconveniente.
f) La Academia considera un gran acierto el sacar a la luz la muralla romana y el urba-
nizar debidamente aquella zona que la rodea, pero ha de procurarse que el proyecta-
do mercado de verduras no malogre un conjunto de posible belleza.
g) Se considera muy acertada la idea del Altar de la Patria, tal como se ha concebido.
Quizás para que pueda ser dominada desde la mayor distancia en las grandes cere-
monias conmemorativas, debería elevarse, aumentando las gradas.
75 AMZ, ES 50297, AM 04.02, peine sig. 0590 («Proyecto de plaza de Ntra. Sra. del Pilar. Plan-
ta» y «Proyecto de plaza de Ntra. Sra. del Pilar. Estado actual y nuevas alineaciones»). Estos
planos fueron los primeros del proyecto de la nueva plaza firmados por José Beltrán.
76 Al final, la unión de las plazas del Pilar y la Seo supuso la desaparición total de las calles de Agus-
tinos, Fin, Flores, Latassa, Muela, Pilar, Regla, Retiro Alto, Retiro Bajo y Zuda, y las plazuelas
Proyecto reformado de la plaza del Pilar (1939). [AMZ, ES 50297, AM 04.02 peine sig. 0590].
78 Solo en esta sesión de aprobaron las de las casas números 20, 24 y 26 de la calle del Pilar
(21.630, 126.000 y 27.000 ptas.), 18 de la plaza de Huesca (88.580), 1, 2 y 3 de la calle del
Fin (27.000, 120.000 y 20.600), 15 y 16 de la plaza del Pilar (183.000 y 75.000), y 112 del
paseo del Ebro (35.000 ptas.).
de las fincas de la calle de Antonio Pérez, que con su desaparición dejarán al descubierto
la muralla romana […] De lo expuesto se deduce que el proyecto de la Plaza de Nuestra
Señora del Pilar, estudiado en plena guerra, se encuentra en vías de franca realización,
gracias al impulso que con el final victorioso de la contienda han recibido todas las acti-
vidades productoras de la ciudad (BoroBio, 1941: 46).
Las expropiaciones seguirían a buen ritmo durante los primeros años cuaren-
ta, y algunas todavía se demorarían hasta los cincuenta. Conforme expropiaba, el
Ayuntamiento iba subastando, con éxito dispar, los solares resultantes no utilizados
por la administración, acomodados a las nuevas alineaciones.
Con las expropiaciones llegaron los derribos, que se sumaban a los empren-
didos en otros lugares de la ciudad central para dar una imagen desolada que, a
diferencia de Madrid o Barcelona, no se debía a una guerra que apenas castigó a
la edificación zaragozana. La Cámara del Comercio y la Industria dirigió al alcalde
un escrito, reproducido en su Memoria de los trabajos realizados en el ejercicio corres-
pondiente al año 1939, Año de la Victoria (1940: 37-38), donde manifestaba…
[…] la conveniencia de dictar las medidas oportunas con el fin de evitar que los im-
prescindibles derribos que hay que realizar al poner en ejecución las medidas urbanas
proyectadas actualmente, causen mala impresión a los peregrinos y visitantes que han
de venir a Zaragoza con motivo de las próximas festividades del Centenario de la Virgen
[…] Como se halla patente el ejemplo de lo ocurrido recientemente al abrir nuevas vías,
cuyas obras ofrecen un espectáculo lamentable durante mucho tiempo, no es extraño
que los electores de la Cámara, comerciantes e industriales muy interesados en man-
tener la buena prestancia de nuestra ciudad, se sientan alarmados ante el anuncio de
rápidas reformas que tienen que ir precedidas de una considerable labor destructora.
El 30 de diciembre de 1939, a tres días de la conmemoración del XIX centena-
rio de la venida de la Virgen, el alcalde comunicó al Concejo la proclamación oficial
de la basílica del Pilar como Templo Nacional y Santuario de la Raza, y se acordó por
aclamación que constara en acta el agradecimiento al ministro de la Gobernación,
Serrano Suñer. A tanto llegó la manía pilarista, que también se aprobó ese día susti-
tuir el león coronado sobre campo de gules del escudo de Zaragoza, por un «Santo
Pilar en Jefe sobre campo azur sostenido por dos ángeles y con la inscripción For-
titudo Mea, que ocupará el tercio superior del escudo, quedando en los dos tercios
inferiores el león en su actual forma»; el 4 de julio de 1940, se conoció el dictamen
parcialmente favorable de la Real Academia de la Historia y se aprobó la reforma del
escudo con supresión de la leyenda Fortitudo Mea.
Con motivo de la elevación del Pilar a santuario de la Raza, Pío XII concedió
indulgencia plenaria a quienes peregrinaran a él en 1940, nombrado año del Pilar.
Entre ellos, el Caudillo se postró el 12 de octubre ante la Excelsa Patrona.
En agosto de 1941, el nuevo arquitecto jefe José Yarza79 firmó las hojas de
aprecio de las 19 fincas del Cabildo catedral, que por su estratégica situación, los
80 La manzana 6 se había valorado en el proyecto de 1937 a 250 ptas./m2 de suelo, luego se es-
taba dando un precio de 1.486.750 ptas. solo a los inmuebles de los Retiros. Consta en AMZ,
caja B003118, un escrito de 15 de enero de 1944 mediante el que el Ayuntamiento comunicó
al deán del Cabildo que había acordado la expropiación total de las casas de Latassa, 4 y
Goicoechea, 7 (no contempladas en el convenio de 1942) por 91.150 ptas., cantidad superior
en un 116% a las 42.230 ptas. tasadas por Yarza; aplicado este incremento al conjunto de su
presupuesto, supondría pasar de 959.053 a 2.071.555 ptas. La Iglesia (de la que ingenuamen-
te se había esperado incluso la donación de alguna joya de la Virgen) no renunciaba a ninguna
ganancia resultante de la operación, a pesar de lo mucho que le beneficiaba.
81 La vieja plaza de San Antón (no confundir con el desangelado espacio que hoy lleva ese nom-
bre, ordenado en la década de 1990 y llamado así por estar cerca de la antigua plazuela) se
había originado antes de 1830, por demolición del hospital de ese nombre y la iglesia aneja,
de origen bajomedieval.
86 Paseo de Echegaray y Caballero, plaza de la Seo y calles de Florencio Jardiel, Milagro de Ca-
landa, Ximénez de Embún y Jaime I.
87 Se impuso así una cierta sensatez, dedicando el esfuerzo económico municipal a terminar lo
iniciado en el entorno inmediato del Pilar. En el pleno del 13 de febrero de 1954, se había
tomado en consideración una propuesta del alcalde García Belenguer para erigir un monu-
mento alegórico al Congreso Mariano, «de las nobles proporciones que tal solemnidad mere-
ce» y con la sugerencia de que se tratara de «una fuente artística y de ambicioso trazado, que
muy bien puede situarse en un punto de nuestro urbanismo tan céntrico como es la Plaza de
Paraíso».
88 El 10 de noviembre de 1955, el pleno quedó enterado del cobro de una subvención de
444.150 ptas., concedida por la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones
para ayudar a las «obras de reforma de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar (pavimentación
sector Basílica)».
89 En el que se había rechazado, por demasiado moderna, la superferolítica idea del obispo Mo-
drego de hacer partir de Zaragoza y Montserrat dos procesiones aéreas con imágenes de la
Pilarica y la Moreneta para que se encontraran en el cielo de la Imperial Tarraco y continua-
ran juntas hasta Barcelona. El mismo prelado había rechazado la utilización en los carteles del
Pantocrátor de San Clemente de Tahull por creerlo obra de un pintor cubista (cirici, 1977:
108).
Celebración del Congreso Mariano (1954), con la fachada del Ayuntamiento al fondo. [La plaza
del Pilar, 1960: 14].
parterre transversal ante cada torre. Por fin, la plaza de San Juan de los Panetes, aun
comunicada con la del Pilar a los lados del monumento a los Caídos, quedó excluida
del espacio representativo y dominada por el tráfico rodado, del que se apartaba la
banda antepuesta a las murallas romanas, con la estatua de Augusto, y la plataforma
elevada de acceso a la iglesia, accesible por una escalinata y construida tras la guerra
para salvar la diferencia de cota entre aquella y el resto de la plaza, cuyas rasantes se
rebajaron para enrasarlas con el entorno.
En el pleno del 14 de marzo de 1957 (el mismo en que se aprobó inicialmente
el plan general de ordenación urbana redactado por Yarza), el alcalde Gómez La-
guna anunció que el día anterior había firmado el talón con el «que se terminó de
pagar las obras de urbanización de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar, dándose por
ultimado este gasto totalmente, que ha sido satisfecho por el Ayuntamiento, excepto
en la cantidad se setecientas cincuenta mil pesetas, recibidas como subvención por
resolución del entonces Ministro de la Gobernación Excelentísimo señor Don Blas
Pérez González». Concluía así, veinte años después de empezada, la radical trans-
formación del tercio norte del centro romano, de la que resultó la sustitución de un
denso entramado histórico de edificios, calles, plazas, plazuelas y patios, por la gran
explanada de la plaza del Pilar y sus anejas de la Seo y San Juan de los Panetes.
Zaragoza y la capitalidad
de la España nacional
Añadía la Cámara que «Zaragoza, como eje de la cuenca del Ebro, constituía
un núcleo de atrayente habitabilidad, y así lo demostraba que en medio siglo hu-
biera triplicado la población. La fecunda y extensa vega que rodeaba a la ciudad le
proporcionaba abundantes mantenimientos y no pocas materias primas transforma-
bles», beneficio que aún podría incrementarse fomentando el regadío. Había además
2 En pleno furor anticatalán tras el atentado contra el Pilar, el Concejo ya había reclamado el
traslado a Zaragoza del Archivo de la Corona de Aragón y la ampliación de la región hasta el
Mediterráneo, siguiendo el curso del Ebro. En el pleno de 26 de agosto de 1936, se dio cuenta
de un oficio donde el Ayuntamiento de Pamplona agradecía que el de Zaragoza hubiera pedi-
do la anexión a Navarra del puerto de Pasajes y el territorio guipuzcoano comprendido entre
el puerto y la frontera de Irún, y comunicaba que el 21 de agosto había acordado «interesar
que Zaragoza cuente con un puerto en el Mediterráneo, concesión a que es acreedora por su
participación destacada en este movimiento nacional»; López de Gera recordó que ya había
expresado desde Radio Castilla de Burgos que Zaragoza deseaba la incorporación de Tortosa
a su provincia, si bien la petición formal al Estado debía esperar a que la formulara otra cor-
poración, y que el acuerdo de la pamplonesa permitía iniciar las gestiones para obtener un
puerto en el Mediterráneo. Los municipios que habían apoyado el alzamiento reclamaban su
parte del botín. En el editorial «La gesta de Aragón», publicado en el número 150 de Aragón
(3/38), Eduardo Cativiela, presidente del SIPA, reivindicaría la heroica resistencia de la re-
gión frente a «las inmundas hordas soviéticas», «los sin Dios» y los «movimientos disolventes»
provenientes de Cataluña y Vasconia, para preguntarse si era el momento oportuno de «hablar
de que los rudos productos aragoneses tengan salida natural al mar por tierras aragonesas,
con lo cual siempre se puede contar con la acrisolada fidelidad de un pueblo que se sabe
sacrificar en aras de un ideal superior».
con Francia y con todo el litoral Mediterráneo […] le hacen insustituible para el fin
apetecido»3.
Al final del pleno del 28 de julio de 1937 en que (sin quorum) se aprobó el
proyecto de la avenida del Pilar, se leyó el escrito de la Cámara y el Concejo acordó
hacerlo suyo.
En octubre, el número 145 de la revista Aragón publicó un suelto titulado «Rea-
lidades», donde Fernando Cavero examinaba las bazas de Zaragoza para alzarse con
la capitalidad nacional y, aun reivindicando mejoras en el trato recibido del Estado
y la vuelta a la ciudad de la Academia General y la Confederación Hidrográfica
del Ebro, mostraba su escepticismo hacia las desproporcionadas pretensiones de la
Cámara.
Pero este sensato llamamiento no influyó en el teniente coronel Antonio Pare-
llada, que aquel mismo 28 de julio se había estrenado como alcalde, de momento
accidental, y que en el pleno del 3 de noviembre de 1937 instó la declaración de
urgencia de la ejecución de la avenida del Pilar y la finalización de las obras en el
interior del santuario, para alentar el crecimiento de las peregrinaciones y acumular
méritos que acreditaran que Zaragoza reunía condiciones «para ser la Capitalidad
de España». Para afrontar la difícil competencia con las grandes ciudades que fueran
liberándose y con otras menores pero mejor situadas, como Burgos o Salamanca4, el
Ayuntamiento emprendió una urgente y ambiciosa reconstitución urbanística basa-
da en la explotación de la potencia simbólica de la capital aragonesa. Frente a las
prioridades de la ordenación urbana del período republicano, emergía ahora una
3 Se había reseñado el proyecto de Rubió para construir junto a Utebo una nueva capital polí-
tica de la República Federal Española en el número 78 (3/32) de la revista Aragón (BETrán,
2013: 292n).
4 En Burgos, sede de la VI División Orgánica, se establecieron la Junta de Defensa Nacional
presidida por Cabanellas desde julio de 1936 hasta su extinción en octubre, y en adelante, la
Junta Técnica de Gobierno. No obstante, solo tuvieron su sede en esa ciudad las comisiones
técnicas de Hacienda, Trabajo, Justicia, Industria y Comercio, mientras que en Salamanca se
ubicaron funciones tan importantes como la residencia oficial y el cuartel general de Franco
tras su acceso a la Jefatura del Gobierno del Estado, las embajadas de los países fascistas, el
aparato central de Falange y los ministerios de Guerra y Estado; y en Valladolid estuvo des-
de enero de 1938 el Ministerio de Orden Público. A pesar de esto y de su pequeño tamaño
(40.000 habitantes en 1936 y algo más de 100.000 en 1939), Burgos vio confirmado su rango
de Capital de la Cruzada en enero de 1938, con motivo de la formación del primer gobierno
de Franco y la publicación, el día 30, de la Ley sobre Organización de la Administración. ruiz
ViLaPLana (1937: 176) se refirió a la rivalidad entre candidatas a la capitalidad provisional
como Burgos, Salamanca, Valladolid, Pamplona o Zaragoza, y escribió de esta última: «Za-
ragoza, la afamada ciudad, cuya rebelión fue indiscutiblemente la clave de su desarrollo, al
interferirse al nervio vital Madrid-Barcelona, ofrecía asimismo grandes dificultades, pues el
frente catalán se hallaba a pocos kilómetros de su casco». En un texto publicado en El Noticie-
ro (12/10/39), el cardenal Gomá escribiría que Zaragoza era el epicentro desde el que se había
desplegado «la divina estrategia que nos dio la victoria definitiva».
5 A la petición formal del Ayuntamiento respondió José Moscardó, general del V Cuerpo del
Ejército, que toda decisión sería prematura mientras el territorio nacional no fuera liberado por
completo de las hordas marxistas (actas plenos 12/1/38 y 25/2/38).
los trabajos gráficos realizados para someterlos «al conocimiento y juicio públicos en
una Exposición Municipal» que se celebraría pronto en algún punto céntrico. El ple-
no aprobó por unanimidad la celebración de la exposición tan pronto se ultimaran
los trabajos preparatorios6, el gestor José Pellegero pidió que se imprimieran folletos
explicativos de los proyectos, y José Jordá que la muestra coincidiera con las próxi-
mas fiestas del Pilar. No fue así y, a propuesta de Parellada, el Ayuntamiento acordó
el 2 de diciembre abonar con cargo al presupuesto de 1938 los gastos de una futura
Exposición Municipal de Arquitectura, Urbanística e Ingeniería, en la que se exhibirían
los proyectos aprobados y en estudio, «para que pudiera ser apreciada y juzgada la
labor realizada por este Ayuntamiento en su deseo de que Zaragoza pueda llegar a
poseer el rango de gran Ciudad que le imponen sus aumentos de población y pro-
greso de su industria y comercio».
El 12 de enero de 1939, Parellada cedió la Alcaldía a Juan José Rivas Bosch,
abogado y delegado en Zaragoza de la Fiscalía de la Vivienda desde su creación en
1937; en el pleno, pidió a su sucesor la pronta ejecución de los proyectos urbanísti-
cos iniciados, que enumeró, más o menos, según la importancia que les daba:
El proyecto de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar, que responde a un sentido de alta
espiritualidad, y resuelve importantes problemas de urbanismo; el de filtración y depura-
ción bacteriológica de las aguas, ya en trámite de concurso de proyectos de instalaciones
y cuya realización inmediata me permito recomendar a Sus Señorías, siquiera sea para
evitarnos el bochorno que nos producen las severas críticas que en ese punto de orden
higiénico se nos hacen; la apertura del Arco de San Roque y ensanche de la calle de
Valenzuela; la importante mejora del barrio de San Pablo; la del barrio del Sepulcro;
los estudios sobre la zona de ensanche de la Ciudad y otra porción de orientaciones y
sugerencias en el orden económico, con todos los cuales […] habrá de adquirir Zaragoza
la prestancia y grandeza que le haga digna de ser una de las primeras y más hermosas
ciudades de la España reconstruida.
6 Parellada lamentó que, por «las circunstancias creadas por la guerra», no pudiera exponerse
el plano general de urbanización y redes viarias que estaba en estudio; no obstante, afirmó
que procuraría que se mostrara un esquema del futuro plano general para que pudiera «com-
probarse que todas las reformas y planos parciales de ensanche en determinados sectores
obedecen a un minucioso estudio de conjunto en lo que se refiere a las alineaciones y rasantes
de las nuevas vías que se proyectan».
7 En su artículo «El Pilar, eje espiritual entre Madrid y Barcelona» (Aragón, 160, 1-2-3/39),
José María Martínez Val aún defendía la ventaja espiritual y política de Zaragoza sobre las
dos grandes capitales que por entonces sucumbían al ejército sedicioso: «Barcelona y Madrid
han sido dos negaciones: una, negación de la voz del Imperio; otra, la negación de la Unidad.
Entre las dos incomprensiones igualmente vitandas, […] ha estado, está y estará secularmente
enraizado en la tierra de Aragón el santo Pilar […] invencible en cuanto se trata de mantener
y defender la unidad de la Patria y el mito sagrado del Imperio […] y afirmación rotunda de
un apoyo divino que nunca ha de faltar».
1 Memoria datada en octubre; planos de ordenación en julio. Lo que se conserva del plan, en
dos carpetas incluidas en AMZ, caja 205755. En la misma caja se guardan partes del antepro-
yecto de ordenación general de 1943, la memoria publicada del plan de ensanche de 1934 y
el proyecto de plan general aprobado inicialmente en 1957. En las planeras de Montemuzo se
conservan el plano general de nuevas alineaciones del proyecto de reforma interior de 1939
(ES 50297, AM [Link], sobre 04090), las ocho hojas del plano de detalle de nuevas
alineaciones a escala 1/1000, de julio de 1939 (ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0586) y ocho
perspectivas (ES 50297, AM 04.02, sig. 0587).
Planta general del proyecto de reforma interior (1939). [AMZ, ES 50297, AM [Link], sobre
04090; yarza, 1957: 35].
calles de Cerdán y Escuelas Pías, de las calzadas laterales del Mercado y de la calle
de Antonio Pérez. Faltaba una vía de amplitud suficiente que uniera el Coso con
la puerta del Carmen, punto de afluencia de la carretera de Valencia y de comuni-
cación con el importante barrio de Hernán Cortés; y General Franco, que llevaba
la circulación de la carretera de Madrid hacia el Coso, se estrangulaba frente a la
iglesia del Portillo. Estaban también muy congestionadas las calles de Don Jaime y
del Pilar, el barrio entero de San Pablo era incapaz de absorber el tráfico rodado que
le correspondía por la extrema estrechez de sus calles y, para acabar, merecía una
mención particular el eje Predicadores-Manifestación-Mayor, con apenas 5 metros
de anchura media en esta última calle y un estrangulamiento en el encuentro de
Predicadores con la plaza de Santo Domingo.
A las necesidades del tráfico se sumaban carencias higiénicas producidas por
el hacinamiento de las viviendas, la angostura del viario y la falta de espacios libres,
que a veces eran verdaderamente graves y exigían una decidida modernización de la
trama urbana. El cuarto apartado de la memoria («Salubridad») destacaba los focos
de insalubridad del barrio del Sepulcro o Boterón, del sector Cerdán-Audiencia, del
entorno de la calle de Echeandía y de otras zonas del barrio de San Pablo.
El tercer y último condicionante general del plan, al que se dedicaba el escueto
apartado quinto de la memoria («Estética»), invocaba el valor testimonial de la ciu-
dad histórica. El interés cultural de algunos edificios, más que de las tramas urba-
nas, matizaba los imperativos supuestamente absolutos del tráfico y la salubridad, y
se asociaba a una implícita intención política acorde con los tiempos:
La guerra de los franceses y el poco apego que se ha tenido hacia nuestros valores tra-
dicionales, han causado la pérdida de tantos y tantos edificios que hoy constituirían el
mejor ornato de una ciudad del abolengo histórico de la nuestra3.
Aún quedan muestras de nuestro glorioso pasado, que debemos conservar y procurar
realzar, con el adecuado marco urbano.
3 Años después, un Borobio muy preocupado por la galopante destrucción del patrimonio
zaragozano reconocería que, aunque los franceses causaron daños irreparables, respetaron
buen número de iglesias, casas, palacios y barrios demolidos después, y aun mucho después,
por efecto de la desidia y de la codicia. Quizá le inquietaran actuaciones como las promovidas
o continuadas en los pocos años en que dirigió el urbanismo zaragozano, cuando escribió:
«En el siglo presente otras reformas urbanas han venido a seccionar la ciudad antigua, cau-
sando la desaparición de muchos edificios interesantes y rompiendo la unidad y armonía del
conjunto al quedar separados los distintos sectores por amplias vías cuyas proporciones no
concuerdan con la pequeña escala de las calles viejas» (BoroBio, 1967: 7). Quienes hemos
ocupado puestos parecidos sabemos bien que lo que se nos encomienda hacer puede ser muy
distinto de lo que nos gustaría.
4 Y más aún cuando los principios supuestamente coyunturales de estos decretos fueron san-
cionados con el más alto rango legislativo y vocación de estabilidad por la Ley de Bases de
Arrendamientos Urbanos de 31 de diciembre de 1946, de nuevo en un período de inflación
sin precedentes y crisis social (coTorruELo, 1960: 48).
5 «[Después del 18 de julio de 1936] No sabía donde esconderse. Tenía la sensación de que era
una fiera acosada. Porque entre los raíles de los tranvías, los autos y los rascacielos volvían
los terrores de la selva. La caza del hombre por el hombre. No era posible escapar. Aquello
no era un ejército, una ola que viniera de fuera. El enemigo nos surgía de las plantas de los
pies; ascendía, vertical e implacable, de las porterías, de los sotabancos, de las alcantarillas.
Desconfiaba de todos. / No era una raza invasora que se distinguiera por la piel o el color del
pelo. El enemigo era la criada de nuestro cuarto, nuestro portero, el lavacoches de nuestro
automóvil, el guarda del Retiro de nuestra niñez, el lechero, el panadero, el maquinista del
tren de nuestros veraneos» (foxá, 1938: 250).
pretendía abolir para siempre la capacidad política del proletariado, era preciso anu-
lar las ventajas que pudiera procurarle su posición en la ciudad6.
Volvamos ahora a la memoria del plan de reforma de 1939, que, tras exponer
sus móviles generales, describía con algún detalle las diez actuaciones particulares
más importantes que comprendía: apertura de San Vicente de Paúl, Boterón, plaza
del Pilar, prolongación de Independencia, barrio de San Pablo, enlace de la puerta
del Carmen con San Juan de los Panetes, plaza de la Magdalena, prolongación de
Valenzuela, plaza de San Felipe y urbanización de sectores no edificados.
6 Tal vez pesó ese móvil político en el acuerdo de la Junta Municipal de Sanidad, comunicado
al pleno el 26 de mayo de 1937, que instaba el nombramiento de una ponencia encargada de
estudiar con urgencia el saneamiento del barrio de San Pablo, y prohibía autorizar ahí nuevas
construcciones o la reparación total o parcial de las casas siniestradas, hasta que la ponencia
confeccionara un plan de mejora. Como consecuencia, este mismo año se formó el proyecto
de reforma del que luego trataremos.
7 La supresión de la calle de la Red permitió que los maristas construyeran a partir de 1943 el
gran edificio del colegio del Pilar. La del callejón de la Sartén hizo que entre las calles de San
Vicente de Paúl, Santo Dominguito, Pedro Joaquín Soler y el Coso quedara una sola manza-
na de aproximadamente 4.000 m2 y planta cuadrada, conforme con lo pretendido a lo largo
de toda la calle.
Proyecto de reforma interior: nuevas alineaciones, hoja 4. [aMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0586].
Plazuela de San Roque. [aMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 225].
Con el mismo criterio que ya había mostrado a propósito de la avenida del Pilar,
la Cámara de Comercio e Industria se opuso al inicio inmediato de la obra. En un
escrito dirigido al Concejo y reproducido en la Memoria correspondiente al ejercicio
de 1938 (1939: 55-57), decía ver «con satisfacción cómo ese Ayuntamiento dedica
amplio margen de sus actividades al estudio de reformas urbanas bien necesarias y
a la redacción de proyectos que tienen como principal finalidad el mejor aprovecha-
miento del casco urbano hacia una indudable mejora de la ciudad», y admitía que
una de las reformas más necesarias era la de Valenzuela, «por hallarse enclavada en
el centro de la ciudad, al que traerá la ventaja desde el punto de vista urbanístico,
resolviendo ante todo un grave problema de circulación». Ahora bien, aunque el
«proyecto mínimo» aprobado mejoraba anteriores estudios, debería ampliarse para
incluir «una mayor zona de expropiaciones que permitiese unir las plazas del Carbón
y del Pato con el ensanche de la calle de Azoque, entre esas plazas, para la creación
de un espacio libre de los que tan necesitada está la ciudad, que tuviera mayores
proporciones que las actuales y uniese la reforma accesoria para el Coso, ya estudia-
da, con la regulación de la circulación por Soberanía Nacional y Cádiz». Pero tanto
la segunda fase que se proponía como el proyecto aprobado deberían posponerse
a un momento más propicio para no causar graves perjuicios: a juicio de la Cáma-
ra, los derribos empeorarían «el problema del alojamiento creado por la falta casi
absoluta de viviendas que permitan el libre juego de los intereses particulares en
los contratos de arrendamiento» y suprimirían gran número de locales comerciales
cuando la ciudad andaba tan escasa de ellos, además de agravarse la falta de brazos
con que tropezaban los contratistas de obras en un tiempo en que la industria de la
construcción llevaba una marcha ascendente.
El plan de reforma de 1939 incorporó el proyecto del 37 sin apenas variacio-
nes, pero con unos efectos muy distorsionados por las reformas que se añadían en
su entorno inmediato. Conforme había sugerido la Cámara de Comercio, ahora se
ampliaba la plaza de Salamero hasta la fachada de San Ildefonso, ante la que se atra-
vesaba por una nueva avenida paralela (la actual César Augusto), más larga y capaz
que Valenzuela, que llevaría desde la puerta del Carmen a las murallas romanas y de
la que enseguida trataremos15.
El arco de San Roque fue demolido en 1942 y el 11 de junio de 1943 se declaró
conforme el Ayuntamiento con el proyecto formado por la Dirección de Arquitec-
tura para ejecutar la primera etapa del plan de reforma interior, correspondiente a
esta parte de la plaza de Salamero y calles de San Ildefonso, Biblioteca y Azoque,
«sin perjuicio de […] que en consideración a la actual carestía de viviendas, no se
lleve a cabo el derribo de inmuebles sin antes realizarse la construcción necesaria
16 Más adelante veremos que estas viviendas no eran otras que las que el Ayuntamiento estaba
construyendo en la manzana 14 de Miralbueno, lo que daba al acuerdo un manifiesto carác-
ter fraudulento.
mente financiero que reforzaba el extremo occidental del pequeño CBD establecido
en el tramo del Coso comprendido entre este lugar y Don Jaime17.
Las obras emprendidas por el Banco de Aragón en 194418 eran muy expresivas
de un momento de duras restricciones para la inversión, pero en el que las entidades
financieras y un selecto grupo de particulares retenían unos saneados capitales a la
espera de tiempos mejores. Sobre un solar de 3.642 m2, el banco promovió un gran
edificio ordenado en torno a un patio central, con siete plantas y ático, más una torre
de reloj de 47,65 metros de altura en la esquina del Coso con Valenzuela. Este volu-
men incluía la casa central y la sucursal de la entidad en las plantas baja y principal,
revestidas con granito; veintiuna oficinas para alquilar en la parte interior de todas
las plantas superiores; veintiuna espaciosas viviendas de alquiler en la parte exterior
de esas mismas plantas, y un pasaje en la baja por el que se accedería a una sala de
cine limítrofe19. La imagen del edificio se atenía a un pesado monumentalismo cla-
sicista muy a la madrileña, empeñado en hacerse notar aunque la memoria del pro-
yecto afirmara haber buscado una neutralidad afín a la pretendida por Borobio y la
Academia de San Fernando en la plaza del Pilar.
Nueva vía de enlace de la puerta del Carmen con San Juan de los Panetes
El plan de 1939 previó abrir desde la puerta del Carmen hasta San Juan de los
Panetes una amplia vía provista de la máxima importancia estructural en relación
con la circulación rodada, ya que relacionaría con el centro urbano la confluen-
cia de la avenida de Hernán Cortés y los paseos de Pamplona y María Agustín,
atravesando las zonas densamente pobladas de Azoque y Mercado20. La vía se
17 De las doce sedes centrales de bancos zaragozanos reseñadas por el Indicador municipal de
1945, siete estaban en el tramo este-oeste del Coso (Banco de Bilbao en el número 31; Banco
Vitalicio en el 33; Banco Zaragozano en el 47-49; Banco de Aragón en el 54; Banco Español
de Crédito en el 56; Banco Aragonés de Crédito en el 67, y Banco de España en la plaza de
España, número 8), cuatro en Independencia (Banco Hispano Americano en el número 2
–esquina a plaza de España–; Banco de Vizcaya en el 4; Banco de Crédito de Zaragoza en el
32, y Banco de la Propiedad en la inmediata calle de Costa, 2) y una en la calle de Alfonso
(Banco Popular de los Previsores del Porvenir, en el número 12).
18 Anteproyecto aprobado por la junta general del Banco de Aragón en junio de 1944, en
AMZ, caja 200200, exp. 2583/1944. Proyecto de diciembre de 1944, en AMZ, caja 200448,
0000000/1944. El banco compró los terrenos de Coso, 52 y Valenzuela, 1 en 1941, según
la Memoria sobre los ejercicios 1936 a 1941 (1942: 12), que refirió los saneados beneficios
logrados con entusiasmo apenas contenido.
19 También el edificio de La Adriática, de composición formal más afortunada, se atuvo a un
programa complejo, con locales comerciales en la planta baja y la entreplanta, oficinas en las
siguientes seis plantas y viviendas en las cuatro restantes y el ático.
20 En el futuro, la vía recibiría los nombres, no siempre oficiales, de Sanjurjo (en su parte meri-
dional), Imperial (al principio, el tramo inmediato a las murallas y los Panetes), de los Héroes
(al principio, el tramo situado al norte del Ebro) y César Augusto (al principio, la plaza de
San Juan de los Panetes).
Proyecto de reforma interior: nuevas alineaciones, hoja 3. [aMz, Es 50297, aM 04.02, caja sig.
0586].
Puerta del Carmen. [aMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 196].
21 El plan de reforma incluyó ocho grandes perspectivas: plaza del Pilar hacia el Altar de la Pa-
tria (dos) y la Seo; prolongación de Independencia y plaza de la Santa Cruz; plaza de Santiago
desde Requeté Aragonés; Coso y plaza de San Roque; puerta del Carmen y avenida de San-
jurjo, y plaza de la Magdalena. Hemos de suponer que estos espacios eran los más valorados
por los arquitectos.
Plaza de San Ildefonso. [AMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587; yEsTE, 1998: 198].
formaban una amplia semiplaza rectangular que permitía rodear con la circulación
rodada la glorieta ajardinada sobre la que quedaría la puerta22.
El segundo tramo, también recto, enlazó la nueva plaza de San Ildefonso con el
encuentro del Coso y la calle del General Franco (hasta 1936, del Conde de Aranda,
y antes aún del Portillo). La plaza de San Ildefonso, a eje con la calle del Requeté
Aragonés (antes, del Cinco de Marzo) y objeto también de una perspectiva, era en
realidad una ampliación de la de Salamero, que sanearía el barrio de Peromarta y
enfatizaría el acceso a la iglesia de Santiago, «lugar donde se celebran grandes festi-
vidades». Esta nueva plaza también estaba afectada por el proyecto de ensanche de
la calle del Teniente Coronel Valenzuela, al que dedicamos el apartado anterior.
Los tramos siguientes de la vía unirían el Coso con San Juan de los Panetes,
elemento destacado de su recorrido junto con la puerta del Carmen, Santiago, el
Mercado y las murallas. El plan mantenía la estrecha manzana comprendida entre
las calles de Escuelas Pías y Cerdán, pero ensanchando esta última mediante el
retranqueo de la parte meridional de la manzana y, sobre todo, el trazado al este
de una nueva alineación que arrancaba del extremo occidental de la fachada de la
Audiencia para acordarse rápidamente con el lindero interior de los solares que
hasta entonces constituían ese frente, susceptibles de expropiación hasta la calle de
la Torre Nueva. Al norte, la manzana Cerdán-Escuelas Pías y la comprendida entre
Cerdán y Antón Trillo se acortarían hasta la alineación de la calle de San Pablo,
formándose así una plaza ante la fachada sur del Mercado Central. Aunque de todo
ello resultaba una afección sobre la edificación residencial existente mayor que la
que hubiera supuesto eliminar la manzana Cerdán-Escuelas Pías, la propuesta tenía
las ventajas implícitas de no exigir el derribo del Mercado y dejar fuera de ordena-
ción la fila de inmuebles que hasta entonces formaban (y en 2016 siguen formando)
la fachada oriental de la calle de Cerdán (hoy César Augusto), de lo que los arqui-
tectos podían esperar que quedara al aire un nuevo tramo de muralla romana. El
ensanchamiento de la calle de Cerdán y la apertura de una nueva calle que la uniría
con la plaza de San Felipe se asociaba, además, al saneamiento del barrio de detrás
de la Audiencia, una maraña de callejones sin salida y mala vida.
En su última porción, ya cerca del paseo del Ebro y tangente al tramo exento de
las murallas romanas, la avenida proyectada daba paso, a través de la plaza de San
Juan de los Panetes, a la plaza del Pilar. Se vinculaba así este gran espacio represen-
tativo con la reliquia heroica de la puerta del Carmen.
Por supuesto, la apertura de la nueva vía exigiría renovar la edificación de sus
flancos, lo que no solo supondría una mejora estética e higiénica, sino una reestruc-
turación de la trama parcelaria y una muy apreciable revalorización del suelo.
Aunque los arquitectos ya tenían in mente una conexión de la vía más tarde
llamada Imperial con la Academia General Militar, que no volvería a funcionar has-
ta el curso 1942-43, de momento no se aludía a una continuación de aquélla más
allá del Ebro. Fuera aún del Ayuntamiento, Yarza había realizado un croquis de esa
conexión en junio de 1939; jefe de la Dirección de Arquitectura municipal desde
1941, la recogería, con un explícito protagonismo estructural, en el anteproyecto de
ordenación general que formó en 1943 con Borobio y Beltrán.
La Hospedería y el Altar de la Patria desde la plaza. [AMz, Es 50297, aM 04.02, sig. 0587;
Revista Nacional de Arquitectura, 1, 1941: 46].
23 Una mayor sensibilidad hacia el valor histórico del puente de Piedra hacía implanteables pro-
puestas como la hecha por el ingeniero provincial Enrique de León y Mesones en 1878, de
demolerlo y construir otro metálico, más amplio, para rematar la prolongación de Indepen-
dencia.
24 No solo Borobio y Beltrán dudaron de esta actuación, como acreditan las constantes vaci-
laciones en su ejecución, siempre postergada y, ya en los sesenta, desechada. El 27 de no-
viembre de 1940, el concejal Gómez Laguna rogaría a la Corporación que, a la vez que se
ejecutaba la reforma de las calzadas y andenes de la plaza de España aprobada en el mismo
pleno, «comience el estudio de la prolongación del Paseo de la Independencia, a fin de que se
puedan hacer simultáneamente». El teniente de alcalde Caballero replicó «que dicho proyecto
requiere un estudio detenidísimo antes de ponerlo en práctica, por lo que no se pueden unir
estos dos proyectos».
Aunque las nuevas alineaciones se llevaban por delante la Casa del Canal, «edi-
ficio antiguo sin gran interés, por las modificaciones modernas que ha sufrido», el
ligero quiebro de la prolongación del Paseo permitía salvar la iglesia de la Santa Cruz,
«buen ejemplar del neo-clásico de Ventura Rodríguez26 y la casa de los Torrero27,
25 Los propósitos especulativos de la prolongación del Paseo, tan evidentes en el debate Zuazo-
Navarro, se disimulaban bajo un velo de rancia piedad neobarroca, que permitía asemejar la
gran avenida a las vías de peregrinación abiertas por Sixto V en Roma, de basílica a basílica:
«La grandiosa vía que irá desde la iglesia de Santa Engracia al Pilar divino, será siempre la vía
gloriosa de los innumerables mártires y aquel arco [de Cinegio], el arco triunfal situado en
medio de la ciudad glorificada, que la fe y la historia han consagrado; y no puede ser otra cosa
ni decorarse de modo mejor; por ella desfilarán las peregrinaciones nacionales y extranjeras
a banderas desplegadas, como se manifestaron aquellos mártires que ganaron para la ciudad
inmortal la fe aragonesa viva y fervorosa» (barón de La Linde, «El arco de Cinegio», Aragón,
150, 3/38).
26 En realidad, la iglesia fue proyectada por Agustín Sanz y Julián Yarza.
27 Futura sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón.
ciado junto al palacio y «de gran interés para el tráfico de la Ciudad, en su dirección
este-oeste»28.
Una de las perspectivas incluidas en el plan representa un tramo de la prolon-
gación de Independencia que incluye la apertura lateral a la plaza de la Santa Cruz,
con el candelabro rematado por una cruz y los jardines ejecutados entre febrero y
mayo de 193729. Las plantas bajas de los edificios recayentes al Paseo muestran los
mismos pórticos adintelados de abstractos pilares prismáticos previstos para las nue-
vas construcciones de la plaza catedralicia y, como estas, soportan cuatro plantas
de ladrillo visto, rematadas por un delgado alero de hormigón armado. No hay una
relación formal entre la edificación del tramo de Independencia situado al sur de la
plaza de España, provista de altas arcadas, y la de su prolongación, que, de acuerdo
con la justificación de su apertura, es un apéndice de la plaza del Pilar:
La arquitectura de los edificios de la calle se sujetará a normas de uniformidad, y los
porches serán una prolongación de los de la Plaza del Pilar, con lo que se obtendrá un
conjunto urbano de carácter monumental.
28 «Las nuevas alineaciones no afectan al patio, que es lo mejor de la casa, y podrían construir-
se nuevas fachadas conservando los elementos artísticos de la actual como son la portada,
arquería superior y alero». La casa de Pardo alberga desde 1979 el museo Camón Aznar,
proyectado precisamente por Regino Borobio. Al final, la fachada no se retranqueó, con lo
que la calle se estrecha frente a la portada de la iglesia de la Santa Cruz.
29 En la sesión plenaria de 10 de febrero de 1937, el gestor Aurelio Grasa pidió que se embelle-
ciera la plaza de la Santa Cruz, «colocando en su centro una gran Cruz forjada que evocara
su denominación y un jardincillo», y solicitó la ayuda económica de las entidades radicadas
en ella, de acuerdo con un procedimiento recaudatorio voluntario con cierto auge en este
período. El delegado militar Loscertales aseguró que la Casa del Canal, con sede en la plaza,
aceptaría sufragar la cruz. El 3 de mayo ya se pudo bendecir esta e inaugurar la fuente y los
jardines, completados con una inscripción desproporcionada con la magnitud de la obra:
«GLORIETA DE LA SANTA CRUZ / EsTE JarDín quE En su cEnTro osTEnTa una cruz arTísTi
ca y BEnDiTa, / Es EL síMBoLo DE La nuEVa EsPaña, DE nuEsTra PaTria crisTiana quE / rEsurGE
TEniEnDo Por Guía La sanTa cruz. / niñosaDuLTosancianos / rEsPETaD EsTE conJunTo
siMBóLico y BELLo Para DEMosTrar quE sois / ciuDaDanos DiGnos DE una EsPaña GranDE, una,
LiBrE E iMPEriaL. / ¡arriBa EsPaña! ¡ViVa EsPaña!». Y, al pie de la cruz: «¡TransEúnTE! EsTa
cruz BEnDiTa EsPEra DE Ti una oración Por / Los MuErTos DE La GuErra. / r. i. P.». Situada
en el centro de la ciudad romana y junto a la futura prolongación de Independencia, la cruz
de forja venía a ser un modesto sucedáneo de la cruz del Altar de la Patria que tanto costaría
erigir al Ayuntamiento.
30 El callejón de Torresecas arrancaba de la calle de Fuenclara hacia el Coso, interrumpiéndo-
se por la propiedad de la familia Alfonso. Desde finales del XIX se habían considerado las
la calle de la Audiencia, con lo que se pone en valor la fachada lateral de este edificio, y
la conveniencia de disminuir en el Coso los puntos de acometida de calles laterales, que
son otros tantos puntos de conflicto para el tráfico.
Con esta modificación se evita tocar un edificio interesante, cual es la casa de Fuen-
clara.
La calle de la Audiencia, de 12 metros de anchura, desembocará frente a la fachada
lateral de San Felipe. La manzana comprendida entre Morata y Agustines se suprime
para ampliar la plaza de San Felipe. En esta plaza se modifica la alineación de la casa
contigua al Palacio de Argillo, para facilitar la entrada a la calle del Temple. El torreón
de Fortea no se modifica, por su interés artístico, así como las casas contiguas que con-
servan algún carácter. Para ello hay que anular la alineación vigente en esta parte de la
plaza. La embocadura de Torre Nueva se ensancha con un retranqueo de la casa n.º 31
hasta alcanzar la fachada primitiva, hoy oculta por la edificación de la esquina. La man-
zana entre la calle de Violín y la plaza se suprime. Con todas estas reformas, el tráfico
se facilita notablemente, sin pérdida del carácter de esta plaza que es uno de los lugares
más típicos de la vieja Ciudad.
Se ve que el plan tenía ya una clara idea del valor de los edificios históricos,
entendidos aisladamente, y de la necesidad de proteger determinados ambientes
urbanos típicos o con carácter, en razón de su escala y edificación. Pero aún distaba
de asimilar el valor específico de la trama urbana como conjunto espacial coherente
e inseparable de las construcciones en cuanto a escala, texturas o limitación de los
puntos de vista, tal como en 1889 había expuesto ya Camillo Sitte, de cuya traduc-
ción española de 1922 poseía un ejemplar Borobio. Anclado en conceptos que em-
pezaba a superar la doctrina más avanzada, el plan de 1939 entendía como mejora
del entorno de los monumentos el aumento de su visibilidad, si no aislándolos al
menos despejando sus alrededores (véase el caso extremo de la plaza del Pilar), y no
consideraba que discontinuidades como las muchas que proponía suprimir en aten-
ción a la fluidez del tráfico (por ejemplo, a la derecha al palacio de Argillo) dañaran
la percepción del monumento en la escala que le era propia.
Plaza de la Magdalena
En el extremo opuesto del casco romano, el plan de reforma subsanó el estrangu-
lamiento producido por el encuentro del Coso con la sede de la Universidad, en-
sanchándolo hasta los 20 metros mediante el retranqueo de la línea de los números
pares. Enfrente, la alineación de los impares se desplazaba hasta la portada de la
iglesia, suprimiendo la manzana de casas comprendida entre el Coso y las calles
Mayor, Pelegrín y San Lorenzo, y formando ante la fachada sur de la Universidad
una gran plaza de planta pentagonal que era ampliación de la de la Magdalena, y a
la que el plan dedicó otra de sus perspectivas. Con todo ello, según su memoria…
Plaza de la Magdalena. [AMZ, ES 50297, AM 04.02, sig. 0 587; YEStE, 1998: 216].
Otras reformas
Además de las reformas descritas, el plan de 1939 contempló la corrección de las
alineaciones de varias calles, «siempre con el criterio de reducir al mínimo las partes
de la ciudad sujetas a variación», y la urbanización de tres sectores incluidos en el
centro urbano que hasta entonces no habían sido edificados:
a) Ya se habló de la prolongación de las calles de San Blas, San Pablo y Santa
Inés a través de las huertas de los conventos de Santa Inés y Fecetas, al oeste
del barrio de San Pablo. Las nuevas calles formarían grandes manzanas que
en algunos casos podrían subdividirse con calles secundarias.
b) Al sur del barrio de San Pablo y cerca de la puerta del Carmen, se trazó
sobre los terrenos sin edificar de la Encarnación y el Hogar Pignatelli una
31 Esta calle llegaría a llamarse de Mosén Juan Bonal, pero no a ejecutarse; más adelante, se
abrió la del Doctor Fleming en una posición parecida, aunque con su dirección algo girada.
La calle paralela a María Agustín prolongaba hasta esa nueva perpendicular la de Albareda,
que entonces terminaba en fondo de saco pasado el cruce con Bilbao.
32 Se vio en BETrán (2013: 281n) que, por mediación del delegado militar ante la Corporación,
Anselmo Loscertales, se había llegado en junio de 1937 a un acuerdo con la Diputación Pro-
vincial para abrir sobre terrenos de su propiedad la calle de la Maternidad, entre el edificio
homónimo y el Hogar Pignatelli, y ampliar además la vía pública sobre terrenos incluidos en
los jardines situados al norte de esta última institución. El 19 de septiembre de 1940, se apro-
bó el proyecto de urbanización del sector correspondiente al final de las calles de Pignatelli y
La Palma, en su desembocadura sobre Madre Rafols.
33 El anteproyecto de ordenación general de la ciudad de 1943 cambiaría a fondo la ordenación
de esta zona, manteniendo un parque público en el lugar de la antigua torre de Bruil, que el
negociante Juan Monserrat había explotado como parque recreativo a comienzos del siglo XX
y que el plan de reforma de 1939 rotuló como «Torre de Monserrat», sin dibujar sobre ella
nuevas manzanas residenciales pero sin prever tampoco su paso al dominio público. En el pleno
de 8 de agosto de 1949, el Ayuntamiento acordó iniciar gestiones para adquirir estos terrenos y
habilitarlos como parque permanente de atracciones; el 10 de diciembre del mismo año, decidió
expropiarlos para destinarlos a parque, «con arreglo a la estructura señalada en el anteproyecto
de Ordenación General de Zaragoza» y «a poder ser dentro del próximo año». La Corporación
retrasó la actuación hasta el punto de que, en el pleno de 9 de febrero de 1956 y a solicitud del
dueño del suelo, José María Monserrat, hubo de declarar la caducidad del expediente iniciado
en 1949, aunque añadiendo que, conforme a lo previsto en el plano de ordenación general y una
vez expropiada la finca, se procedería a ejecutar un parque público de 42.308 m2, de acuerdo con
un proyecto presentado en la misma sesión. Se reinició así el expediente de expropiación y, tras
un nuevo recurso que el Tribunal Supremo falló a favor del Municipio, el plan general de 1959
mantuvo la calificación del suelo como zona verde pública y este mismo año lo ocupó el Ayunta-
miento para convertirlo, ya en la década siguiente, en el parque llamado de Bruil.
las construcciones para dejar sitio a solares más aptos para la edificación. En las
nuevas calles que atravesaban zonas agrícolas o con baja densidad de población, no
se consideraba preciso expropiar para lograr ese fin.
Previsiones de gestión
Dentro del apartado «Notas finales», la memoria del proyecto tan solo dedicaba cua-
tro cortos párrafos a la gestión. A falta aún de mecanismos complejos de ejecución
como los que proporcionaría la Ley del Suelo de 1956, el plan de 1939 debía con-
formarse con los clásicos procedimientos de la expropiación y la urbanización direc-
ta por el Ayuntamiento, abastecido de recursos extraordinarios mediante la venta de
los solares resultantes o la imposición de contribuciones especiales. Para solventar
la falta de fondos suficientes, debería formarse más adelante un programa de eje-
cución que fuera acompasando las reformas según su urgencia y las posibilidades
del Municipio, e incluso escalonando la entrada en vigor de las distintas partes del
plan, en cuanto a la prohibición de obras de consolidación, reforma o nueva planta.
Quedaba así en entredicho la capacidad real del Ayuntamiento para llevar adelante
un instrumento tan ambicioso como este:
La trascendencia de un plan vigente en su conjunto es muy grande ya que, con arreglo al
mismo, deberán prohibirse todas las obras que tiendan a perpetuar las edificaciones lla-
madas a desaparecer con las reformas, así como las de nueva planta en terrenos afecta-
dos por las mismas. Ello puede crear dificultades de orden económico al Ayuntamiento,
como consecuencia del gran volumen de expropiaciones que se producirían con dichas
restricciones en la autorización de obras.
34 Este plano (véase p. 205) puede relacionarse con la preparación del anteproyecto general
de ordenación, con los proyectos en curso para la mejora de los grandes enlaces viarios de
la ciudad y, como sugiere su acabado gráfico, con la Exposición Municipal de Arquitectura,
Urbanística e Ingeniería que preveía organizar el Ayuntamiento a finales de 1938 o comienzos
de 1939.
que podría aplicarse a otras zonas una vez se estudiara la organización de sus man-
zanas para señalarles alineaciones interiores.
Por último, la memoria basaba la «Estética», relacionada con los valores propios
de la ciudad antigua, en una supuesta reducción al mínimo de las zonas a demoler,
en el mantenimiento de todos los edificios de valor artístico o histórico, y en el real-
ce de su emplazamiento con la adecuada urbanización de su entorno. Tras estos
principios generales, se enumeraban varios casos concretos que evidenciaban, como
advertíamos más arriba, una idea de la conservación anclada en edificios de valor
singular con respecto a los que el urbanismo, más que mantener su ambiente histó-
rico, debía proporcionar las mejores condiciones para su contemplación, un poco a
la manera de las salas de un museo:
El Pilar, la Lonja, la Seo y San Juan de los Panetes mejorarán su emplazamiento gracias
a la nueva Plaza de Nuestra Señora del Pilar.
Otras reformas realzarán las iglesias de San Pablo, las Escolapias, Santiago y la Magda-
lena. La histórica Puerta del Carmen, quedará rodeada de jardines en el centro de una
gran plaza. La reforma respeta los ejemplos más típicos de casas aragonesas, como son
los palacios de Sástago, Urriés, Villahermosa, Vera, Torreflorida, Luna, Fuenclara, Frías,
Lazán, Guara, Argillo y Fortea. Algunos de estos edificios serán rodeados de marco ade-
cuado, con la urbanización del sector que ocupan.
En consonancia con las aportaciones de la reciente legislación española sobre
protección del patrimonio (real decreto-ley de 9 de agosto de 1926 y Ley sobre el Pa-
trimonio Artístico Nacional de 13 de mayo de 1933), el plan aludía a las zonas urba-
nas típicas, episodios aislados de interés fundamentalmente visual y obvia vocación
turística donde se intentaba potenciar una unidad de carácter con criterios similares
a los edificios de valor histórico y artístico:
Los sectores más típicos que son los de cerca de la Seo y San Felipe, quedan sin modifica-
ciones esenciales, y las pocas que se hacen lo son por mejorar la arquitectura antigua.
En estas zonas debe exigirse en las obras que afecten a los edificios el mayor respeto para
los restos de interés artístico y para el carácter del conjunto.
Las nuevas ordenanzas dan pie al Ayuntamiento para regular la edificación en estas
zonas.
Para acabar, el apartado sobre las condiciones estéticas se refería a las calles de
nueva apertura, donde surgiría una edificación también nueva, para la que deberían
dictarse normas «en evitación de la anarquía a que estamos aconstumbrados». El
Ayuntamiento ya había señalado el camino a seguir al exigir en la plaza del Pilar
«un tipo de arquitectura uniforme, en consonancia con el carácter de la plaza», y al
aprobar en la calle de San Vicente de Paúl unas ordenanzas especiales que regulaban
la altura y el estilo de los edificios.
En definitiva, la intervención en la ciudad antigua, aparte de permeabilizarla al
tráfico y abolir la insalubridad, debería preservar su personalidad histórica y, más aún,
dotarla «de unos cuantos conjuntos urbanos de carácter monumental que realzarían
la importancia de Zaragoza».
40 El plan general de Madrid rechazó atravesar la ciudad vieja con nuevas grandes vías y vio en
la congestión, el enorme coste económico, el destrozo y la anarquía arquitectónica provoca-
dos por la reciente apertura de la Gran Vía el ejemplo de lo que nunca debería repetirse. La
solución para el centro antiguo no podía ser su imposible adaptación a la vida comercial mo-
derna, sino mantener su estado actual, fomentar su aire tradicional y evacuar a los ensanches
instituciones, usos terciarios, viviendas y tranvías para reducir la afluencia de gente. Si, aun
así, fuera inevitable practicar nuevas vías de gran capacidad, deberían ser exteriores al área
histórico-artística, originando circulaciones tangenciales a ella.
41 D’Ors y Valentín habían propuesto lo mismo en Salamanca: «Una novedad […] creemos que
constituye en nuestro plan la forma en que se ha resuelto algunos tramos de la red viaria
secundaria […] y que ha consistido en proponer solamente la situación “fuera de línea”, y
por tanto la expropiación, de las primeras crujías de las plantas del suelo […] Esta solución
no planteaba más que conflictos mínimos y proporcionaba, además, un buen paso al cubierto
para los peatones, lo cual, siendo una tradición castellana y norteña y aun levantina, ha sido
olvidada –este sistema de los soportales– con los nuevos tipos de urbanización importados sin
sentido ni adecuación» (D’ors, 1941: 58).
42 En 1943, las calles unidas Cerdán e Imperial serían mucho más que un tramo del cinturón de
ronda completado por el Coso y el paseo del Ebro, al sumárseles una avenida de los Héroes
que Bidagor no había presentido, y que cruzaría el río por un nuevo puente para llegar hasta
la Academia General Militar.
43 Al comienzo del informe, se llamaba la atención sobre «la importancia de la ciudad de Zara-
goza y su categoría nacional derivada de lo que supone la Virgen del Pilar en toda España».
Madrid, reforma de la Puerta del Sol (1857). [ruiz PaLoMEquE, 1976: plano 66].
2.ª La curva de la plaza ante la Catedral del Pilar debe sustituirse por un retranqueo
recto. Estas curvas no han sido utilizadas jamás por la Arquitectura española ni aun
en aquellas épocas, como el barroco, que las impuso en todos los países. En cambio,
es un motivo de composición típicamente francés, lo que puede comprobarse exa-
minando el plano de París en el siglo XVII, donde la plaza curva es repetida decenas
de veces como tema preferido. Parece inadecuado que ante el Pilar de Zaragoza
se proyecte un motivo de composición francés. Téngase además en cuenta que las
plazas de este tipo existentes en España, la Plaza de Aragón de Zaragoza y la Plaza
de Oriente de Madrid, se debe precisamente a la iniciativa francesa en los años de la
Invasión Napoleónica.
3.ª Sería conveniente entre [¿ante?] el Pilar una lonja de toda la anchura de la fachada
y suprimir las circulaciones rodadas entre el altar y esta lonja. La circulación rodada
debe encauzarse por la nueva vía y el P.º del Ebro y suprimirla en el altar, la lonja del
Pilar y la calle de Alfonso I.
4.ª La salida descentrada de la calle de Alfonso I puede resolverse cerrando la calle a la
manera de la plaza Mayor de Madrid. La vista de la cúpula del Pilar como fondo no
se perdería hasta llegar a media calle44.
44 Bidagor proponía continuar la fachada de la plaza enfrentada al Pilar con una crujía que
sobrevolara la calle de Alfonso, al modo de las embocaduras bajo arco de las calles afluentes
a la plaza Mayor.
Madrid, la plaza de Oriente. [Elaboración del autor sobre plano de Madrid del Instituto Geográfico y
Catastral (1925)].
Fachada a la plaza del Pilar del edificio del pasaje del Comercio. [TorGuET, 1987: 71].
46 «[…] la orientación seguida […] es la buena, y sería de muy buen efecto que se iniciara en
España como se ha hecho en análogos casos en el extranjero».
47 Como se verá en su momento, el Ayuntamiento decidiría el 5 de abril de 1944 incorporar al
proyecto de ordenación general la prolongación del Paseo, «tal como se halla prevista y apro-
bada en el proyecto de reforma interior de la Ciudad».
la elipse, tan poco grata a Bellas Artes y a la Dirección General de Arquitectura, por
el ligero ensanchamiento recto trazado por Yarza, resultado de mantener la línea ac-
tual en las manzanas de ambos lados de la calle de Alfonso (al este, la del pasaje del
Comercio); se permitió así conservar los edificios existentes y se suavizó la abruma-
dora monotonía que hubiera supuesto sustituirlos por otros acordes, aquí también,
con la ordenanza especial de Borobio.
Paréntesis consistorial
España tienen instalada su Casa en la parte antigua de la población […] y nosotros, tan
amigos siempre de imitar, resulta que ahora vamos a constituir excepción.
Acha, Nasarre y Magdalena: el nuevo ayuntamiento desde la plaza. [Revista Nacional de Arquitectura,
9, 1942: 3].
Fue Aragón el primer Reino de la península que, por sus conquistas, tuvo relación con
el Renacimiento, sirviendo de vehículo, y, como consecuencia, ostentó en su ciudad, du-
rante los siglos XV y XVI, los magníficos palacios que tanta influencia tienen de lo italia-
no; ninguno tan claro como la Lonja, que es un palacio florentino traducido al ladrillo.
De todo esto puede deducirse un fondo clásico de concepto en el trazado, regular, sujeto
a un módulo, y su expresión en la técnica del ladrillo, de tradición mudéjar. Su arquitec-
tura municipal debe tener esta expresión.
Por último, el acierto también es desde el punto de vista simbólico; toda vez que los
continuos edificios del Pilar y de la Lonja son la representación arquitectónica de la vida
espiritual y material de la ciudad, sin olvidar al inmediato río Ebro (acha, MaGDaLEna
y nasarrE, 1942a: 3).
Acha, Nasarre y Magdalena: portada del nuevo ayuntamiento. [Revista Nacional de Arquitectura, 9,
1942: 12].
3 La maciza contundencia del volumen prismático venía reforzada por el uso exclusivo del la-
drillo y por la ausencia de elementos sobresalientes de la cornisa, uniforme en todo el contor-
no, como las torres proyectadas a eje del Paseo por los anteproyectos ganadores del segundo
y el tercer premio, de calidad arquitectónica a mi juicio muy inferior.
4 Tomo esta descripción de la que acompañó a la maqueta en la exposición del Retiro de 1942;
la memoria del anteproyecto añadía: «Estos porches, además de típicos, son absolutamente
necesarios para leer los edictos y para disimular, en su sombra, las varias gentes, no siempre
selectas, que acuden al Ayuntamiento» (acha, MaGDaLEna y nasarrE, 1942a: 7). Además del
balcón, el escudo y el reloj dispuestos sobre la portada del edificio, esta se flanqueaba con dos
esculturas a lo Donatello del Ángel Custodio y san Jorge. En 1964, el Ayuntamiento encargó
a Pablo Serrano la ejecución de ambas estatuas en bronce, sustituyendo al patrón de Aragón
por san Valero, patrón de la ciudad.
Acha, Nasarre y Magdalena: maqueta de la plaza del Pilar. [Revista Nacional de Arquitectura,
10-11, 1942: 36].
5 La ejecución de grandiosas maquetas fotografiadas bajo una luz espectral era práctica habi-
tual en Alemania, donde los nacionalsocialistas se hartaron de publicar y exponer dibujos y
modelos de edificios (casi siempre los mismos), cuyas obras nunca comenzaron o avanzaron a
ritmo menos que cansino, aparentando una vitalidad y una eficacia ilusorias. Son un ejemplo
muy conocido las maquetas enormes y detalladas con que Speer ilustró sus propuestas de
Berlín, y a cuya megalomanía e irrealismo dedicó suculentos párrafos de sus memorias. En
Madrid, se imitó la estrategia propagandística berlinesa en la gran maqueta de la prolonga-
ción de la Castellana según el plan general de ordenación de 1941, publicada en su momento
por la revista Gran Madrid.
6 En realidad hubo dos exposiciones simultáneas: la titulada «Arquitectura Moderna Alemana»,
ubicada en el Palacio de Exposiciones del Retiro, y otra con proyectos españoles presentados
por la Dirección General de Arquitectura, en el vecino Palacio de Cristal. Además de la plaza
del Pilar, se exhibieron varios poblados de pescadores; los barrios del Tercio y Cerro Palome-
ras, en los suburbios de Madrid; la reconstrucción de Santander; los gobiernos civiles de Las
Palmas y Pamplona; las ampliaciones del museo del Prado y el Ministerio de Exteriores; la
reforma del Teatro Real de Madrid, y el monumento del Valle de los Caídos. El alcalde de
Zaragoza visitó la muestra en abril de 1942 y pidió a la Dirección General la maqueta de la
plaza para exponerla en la Lonja; en julio, Muguruza dio su conformidad y el Ayuntamiento
aceptó hacerse cargo del desmontaje y el transporte.
Acha, Nasarre y Magdalena: arco triunfal en la desembocadura del Paseo. [Revista Nacional de
Arquitectura, 10-11, 1942: 32].
se insinuaba, menor monotonía. Para ello, mantenían los dos puentes propuestos en
el concurso del Ayuntamiento para unirlo con el Pilar y la Lonja y cubrir las calles
que llevaban al paseo del Ebro. Más espectacular era el cierre de la desembocadura
de la prolongación de Independencia con un cuerpo de ladrillo elevado sobre el
nivel de los pórticos de la plaza y el paseo, perforado con un gran arco de medio
punto que, a manera de arco triunfal, encuadraba desde lejos la fachada del nuevo
ayuntamiento7. Como en este, el material y ciertos motivos inspirados en la arqui-
tectura palaciega local procuraban un aire de monumentalismo fascista cruzado con
neomudejarismo.
7 Una fotografía frontal desde la prolongación del Paseo mostraba este cuerpo y, a través de su
gran vano, el arco concéntrico de la portada de la Casa Consistorial.
Acha, Nasarre y Magdalena: maqueta de la plaza del Pilar. [Revista Nacional de Arquitectura, 95,
1949: 483].
sobre la fachada meridional del Pilar. Este vistoso ejercicio neobarroco, tan poco
aragonés, rememoraba el tipo de la plaza mayor castellana, provista de balcones que
servían de palcos cuando acogía alguna celebración:
El Pilar debe destacar entre todos, como edificio principal, buscando una interrupción
en la posible monotonía al disponer delante un espacio de contorno rectangular, que es
la forma más tradicionalmente española. Aquí las viviendas deberán servir a un tiempo
para fondo y para presenciar los solemnes actos de carácter religioso que en este recinto
se celebren. La fachada, a modo de retablo, busca la monumentalidad en la repetición
de elementos, pilastras de ladrillo con estatuas, que representan las invocaciones de la
Letanía Laurentana, sosteniendo galerías, como asistencia de los fieles a esta Letanía.
Este primer término oculta, engalanándola permanentemente, la fachada tipo de las vi-
viendas de la Plaza, relegadas ante el Pilar a un segundo plano, acusado por los remates,
que continúan a la manera española la verticalidad del primer término (acha, MaGDa
LEna y nasarrE, 1942b: 33-34).
«En este ambiente y ante tan risueñas perspectivas», los 18 millones en que
se presupuestó la obra en marzo de 1944 no inquietaban. Pero en los cuatro años
transcurridos desde que se empezó, el deterioro de las finanzas municipales, sin
expectativas de mejora, había llevado a su práctica paralización, tras acumularse
desembolsos muy crecidos. Según Torres, las revisiones de precios provocadas por el
fuerte encarecimiento de jornales y materiales llevarían a un coste final no menor de
50 millones de pesetas, cifra desproporcionada con la capacidad del Ayuntamiento
y con el resto de necesidades urbanísticas, económicas y sociales de Zaragoza, e
incompatible con el programa de construcción de 8.890 viviendas protegidas apro-
bado el 9 de junio anterior, que estudiaremos en el apartado XIII.5. Considerando
además que se trataría de un gasto no reproductivo, pedía que se suspendieran
las obras y se intentara vender el solar con lo ya construido al Estado, para que lo
dedicara a un «destino noble, como corresponde al emplazamiento que disfruta»;
con el dinero obtenido, podría acondicionarse como ayuntamiento el edificio de la
Facultad de Medicina, que de otro modo quedaría sin destino cuando el Estado lo
cediera a la Ciudad, conforme a lo acordado en 19349.
El presidente de la comisión de Hacienda Francisco Vera tildó de «un poco exa-
geradas» las alarmantes cifras apuntadas por Torres, señaló algunos errores, admitió
8 Para un estudio detallado del largo proceso de construcción del edificio, me remito a usón
(2005).
9 El Estado había cedido al Municipio el edificio de las facultades de la plaza de Paraíso en
virtud de la inaplicada ley de 16 de junio de 1934 (derogada por otra de 26 de diciembre de
1958). En septiembre de 1947, el alcalde Sánchez Ventura escribió al presidente del Gobier-
no que, aunque el Ayuntamiento había albergado interés por hacer efectiva la propiedad del
edificio de Medicina y Ciencias como casa consistorial, comprendía que ahora no era factible
su traspaso por no disponer estas facultades de otras instalaciones en la Ciudad Universitaria,
razón por la que pedía que se cumpliera de una vez y en todos sus términos la ley de 1934,
o se derogara y se compensara a la Ciudad por las cesiones de suelo y entregas en metálico
satisfechas a la Universidad.
Las obras del Ayuntamiento al final de los años cuarenta. [La plaza del Pilar, 1960: 8].
que la obra podría costar casi 32 millones y faltaban por gastar unos 12, y pidió que
se rechazara la moción. Aunque, por doce votos contra cuatro, se tomó en conside-
ración y pasó a estudio de la comisión, al final no tendría efecto alguno.
El 17 de julio de 1951, se adjudicaron directamente a Joaquín Herrero las obras
de las fachadas, muros de ladrillo, cubiertas, y tuberías, con un presupuesto de
2.735.111,47 ptas., y el 5 de diciembre de este mismo año la construcción del nuevo
consistorio se paralizó, quedando al aire la estructura de hormigón durante años.
Con las obras paradas, en el pleno del 9 de mayo de 1953 se derogó el acuerdo de
1945 que confiaba su dirección técnica a los arquitectos municipales, para enco-
mendarla, cuando se reanudaran, a Mariano Nasarre.
El 22 de junio de 1954 y con vistas al Congreso Nacional Mariano que iba
a celebrarse en octubre, el alcalde Gómez Laguna, cual nuevo Potemkin, ordenó
revestir de ladrillo la fachada del futuro ayuntamiento hacia la plaza del Pilar10. Lue-
10 A una moción presentada el 8 de mayo de 1954 por el concejal Martínez Barrado, que pe-
día la realización de diversas obras urgentes y, entre ellas, la conclusión del monumento a
los Caídos y la fachada del futuro ayuntamiento, el todavía alcalde García Belenguer había
contestado «respecto a la fachada de la nueva Casa Consistorial que ya tiene encargo al señor
Arquitecto de redactar un proyecto para hacer el revestimiento de ladrillo urgentemente».
11 En este pleno, se acordó que la Dirección de Arquitectura proyectara en el solar desalojado en
la plaza de Santo Domingo una estación central de autobuses, un grupo escolar y las vivien-
das que cupieran. Al final, la estación no se ejecutaría en ese lugar (ni en ningún otro, hasta la
construcción ya en el siglo XXI de la estación intermodal de Delicias) y el viejo consistorio se
dedicaría al uso docente.
Paréntesis patriótico
1 El justificado sonrojo que esa inauguración provocó en las autoridades locales llevó al alcalde
a decidir, el 6 de noviembre de 1940, la erección en el cementerio de un memorial a los Caí-
dos. Tras redactar Borobio las bases de un concurso nunca convocado,Yarza firmó un proyec-
to que se aprobó el 13 de febrero de 1942 y se ejecutó solo en parte y a lo largo de tres años,
por faltarle al Ayuntamiento tanto la liquidez como el interés (BETrán, 2015: 511-520).
2 AMZ, caja 2781, exp. 5331/1940.
3 El ingeniero de caminos de la CHE Francisco Caballero Ibáñez tuvo un gran protagonismo
en la definición de los ambiciosos programas urbanísticos de las primeras comisiones gesto-
ras, presididas por López de Gera, Parellada y Rivas, este último delegado de la Fiscalía de
la Vivienda de 1937 a 1939. Según el acta del pleno del 6 de noviembre de 1941, al saberse
alcalde Caballero «dedujo que la causa determinante de su nombramiento no pudo ser otra
que aquel afán urbanizador que tiene en torno a la Ciudad». El 29 de noviembre de 1946,
ya aprobados los instrumentos urbanísticos promovidos después de julio del 36 (plan de
reforma interior, anteproyecto de ordenación general, ordenanzas generales y especiales de
edificación, reforma de varios sectores del plan de ensanche, etc.) y la reorganización de todos
los servicios municipales, Caballero cedería la Alcaldía a José María Sánchez Ventura, que en
En su aparente neutralidad, la base tercera alteraba la idea con que se había re-
presentado el Altar en el proyecto de reforma interior de 1939, reconocía su función
de charnela entre las plazas del Pilar y de San Juan de los Panetes, ahora llamada de
César Augusto, y enfatizaba la importancia de su frente hacia las murallas. El nuevo
carácter bicéfalo del monumento se debía a la donación por Mussolini a Zaragoza
(como a otras ciudades augústeas), en 1940, de un bronce adulterado de 2,75 me-
tros de altura, fundido en Nápoles, que reproducía la estatua de Augusto conserva-
da en el Museo Vaticano. En contraprestación, se nombró a Mussolini presidente
de honor de la Junta del Bimilenario de Augusto6. El 2 de junio de 1940, el conde
Zoppi, encargado de negocios de la Embajada italiana, y José Ibáñez Martín, mi-
nistro de Educación Nacional, presidieron la inauguración de la estatua en su ubi-
cación provisional de la plaza de Paraíso; Zoppi realzó la importancia de Zaragoza
«en la vida del Imperio y de la Cristiandad», aludiendo a su papel «en la gloriosa
Cruzada comenzada el 18 de julio de 1936 […], como símbolo de la espiritualidad
frente a la concepción materialista de la vida», y el alcalde Rivas le respondió que la
ciudad «se sentía orgullosa por su origen y por su nombre al considerarse romana y
augústea», y recordó «los motivos de agradecimiento que Zaragoza y España tenían
para la nación italiana» (cfr. BLasco, 1953: 50).
Si la Pilarica ostentaba las insignias de capitán general, Augusto llegaba con ca-
misa negra, renovando su imperio en una nación que aceptaba el papel de colonia.
El César y la Virgen expresarían en sus plazas la dualidad, constitutiva de lo zara-
gozano y lo español, entre la romanidad (el imperio mussoliniano) y el catolicismo
ultramontano (la virgocracia) que tan bien teorizó José María Martínez Val en su
artículo «El Pilar, la Unidad y el Imperio» (Aragón, 148, 1/38): «En el acto de la apa-
rición de la Virgen, el pilar es Roma, es el cuerpo y la materia de España; la Virgen
es el alma, el espíritu que vivifica la materia y se hace, junto con el pilar santificado,
el símbolo vivo e insuperable de la Patria».
Además de las bases del concurso, el monumento debería sujetarse a las normas
impuestas por el Estado a los que se dedicaran en España a la victoria y a los caídos,
y el de Zaragoza compartiría ambas naturalezas. Ya por orden de 18 de febrero de
1938 se creó una Comisión de Estilo en las Conmemoraciones de la Patria, cuyo
los arquitectos locales Santiago Lagunas y Manuel Martínez de Ubago; tuvo men-
ción honorífica el arquitecto José Paz Shaw con el escultor Félix Burriel, también
de Zaragoza. Según el acta, el trabajo mejor puntuado era el mejor relacionado con
su entorno, el que mejor ligaba las dos plazas, aun sin lograr una perfecta armonía,
y también el de más valía arquitectónica, ya que, amén de destacar por su espíritu
católico, no caía en la artificiosa escenografía de Lagunas y Ubago, ni en la desme-
sura del «tinglado gigantesco» ideado por Paz y Burriel. Pero, aunque los tres eran
correctos monumentos funerarios, ninguno transmitía «la alegría por la victoria»
(curiosa contradicción ad termini) ni sería escenario óptimo para actos patrióticos.
No hay que descartar que influyera también en el jurado que Moya y sus socios pre-
supuestaran su propuesta en 1.359.938 ptas., mientras Paz y Burriel valoraban la
suya en 2.772.668, justo el doble, y Lagunas y Ubago en 3.162.433.
Por razones de espacio, apenas analizaremos cómo resolvieron los tres equipos
los difíciles problemas de separación y apertura simultáneas de las plazas del Pilar
y César Augusto, o de formalización de un monumento a un tiempo religioso y
político, fúnebre y alegre7. Paz y Burriel propusieron una columnata exenta con la
cornisa elevada los mismos 20 metros de los edificios vecinos, que, aunque plana
y mucho menor, se daba un aire con el atroz Altare della Patria de Roma; hacia la
plaza del Pilar, se elevaba sobre un graderío el altar con la cruz de los Caídos y, hacia
la de César Augusto, se colocaba exento el bronce del emperador. Lagunas y Ubago
tendieron de norte a sur otra columnata que cobijaba en su vano central, coronado
por un frontón con el escudo del Nuevo Estado, el altar con la cruz, elevado sobre
una escalinata flanqueada por dos grandes soldados de bronce y dos leones de pie-
dra; bajo el altar, se dedicaba una cripta al «valor de la Raza y tumba simbólica del
Héroe Íbero», y, para que nada faltara, se cerraban varios pórticos de los edificios
laterales con muros de piedra con dos relieves de la esvástica (por los muertos de la
Legion Kondor y la División Azul), uno con tres fasces italianos y otro con el yugo
y las flechas. Hacia el oeste, y de acuerdo con el aspecto protorrenacentista buscado
en la plaza de César Augusto, se proyectaba un baldaquino que, a escala mayor, re-
cordaba el nártex de la capilla Pazzi de Brunelleschi y cobijaba la estatua. Como en
el trabajo anterior, se confiaba la relación entre las dos plazas a la abertura visual de
los intercolumnios y a dos tímidos pasos laterales.
Los Moya, Huidobro y Laviada fueron los únicos que no separaron las plazas
con un orden arquitrabado de columnas gigantes, sino por una estructura opaca,
unida a las fachadas laterales por dos anchos arcos escarzanos coronados por gran-
des esculturas. Desde el Pilar, la estructura semejaba un enorme retablo de tres
calles; la central, más alta, alojaba en su concavidad un gran crucifijo y se remataba
con un grupo alusivo a la exaltación de la cruz; a sus lados, dos cuerpos convexos
más estrechos y bajos resolvían el cambio de nivel de sus coronaciones con sendas
7 yEsTE (2009) recoge el contenido de los anteproyectos presentados a este concurso y al que
se convocó más adelante, con imágenes de todos ellos y resumen de las actas de los jurados.
Moya, Huidobro y Laviada: proyecto para el primer concurso (1942). [yEsTE, 1998: 149].
8 En 1968, Luis Moya publicó en la revista Goya unas «Notas sobre Borromini en su tercer
centenario», donde presentaba al arquitecto romano como el último maestro del añorado
Antiguo Régimen.
había sido, y quería ser de nuevo, «el brazo diestro de Roma en el mundo», según
escribiría el tontiloco Giménez Caballero al abogar, en 1945, por la creación de una
orden monástica que refundara el cine como instrumento de propaganda de la fe.
El anacrónico trabajo expresaba bien la idea que Moya tenía de la arquitectu-
ra9. Ni funcionalista ni tradicionalista (dos modos extranjerizantes de formalismo),
rechazaba el Movimiento Moderno tanto como el academicismo decimonónico, el
historicismo abstracto y monumentalista de la arquitectura oficial del III Reich o
el vanguardismo del fascismo italiano; repudiaba tanto a los racionalistas que, ins-
pirados por Rousseau y los comunistas rusos, pretendían trabajar por un futuro mejor,
como a quienes buscaban complacer a las gentes de hoy, cuyo ideal derivaba del
cine americano (Moya, 1950: 62-70). Como un Peter Pan de la arquitectura, año-
raba un tiempo perdido de férreas jerarquías instituidas por Dios. En 1942, ya no le
interesaba refundar la arquitectura, sino olvidar todo lo hecho desde la Ilustración,
recuperando la lógica correspondencia vitrubiana entre forma, construcción y fun-
ción, y un estilo acorde con el modo de vida español y cristiano.
Sin la coherencia y el candor de Moya, otros muchos dijeron creer posible y
conveniente aislar el país de influencias extranjeras, borrar dos siglos de historia
y parar el tiempo. La chapucera aplicación de ornamentos arcaizantes a edificios
funcionalmente modernos (recuérdense las ordenanzas de San Vicente de Paúl y el
barrio del Sepulcro) fue la lógica reacción de un estamento triunfante tan inculto
como seguro de haber conquistado un poder que le permitiría hacer retroceder el
país hasta el reinado de Felipe II. La impotencia económica de España, la persis-
tencia de una clase dirigente parasitaria, bien representada por la Iglesia nacional,
que no podía ni quería adentrarse en la modernización social y productiva, sino
aferrarse a privilegios que la República había cuestionado tímidamente, encontraba
su fiel reflejo en esa arquitectura que pretendía anclarse en una eternidad cristiana y
española (los invariantes castizos de chuEca, 1947) para abolir el progreso10.
9 Moya ya había colaborado con Laviada en el célebre Sueño arquitectónico para una exaltación
nacional, dibujado durante el asedio de Madrid de 1937. Tras la guerra, Muguruza lo puso al
frente de una de las oficinas de la Dirección General de Arquitectura. En 1942, proyectó el
Escolasticado de Carabanchel, también en un lenguaje neobarroco que quería aunar un senti-
do constructivo opuesto a los postulados del Movimiento Moderno con una intención simbó-
lica de reminiscencias tridentinas. Entre 1941 y 1943, Moya, Huidobro y Thomas elaboraron
su propuesta para el concurso del Valle de los Caídos, que obtuvo el primer premio pero no
se ejecutó por no haber complacido a Franco.
10 Por su realidad material, la nueva arquitectura no era más que una continuación de los eclecti-
cismos superficiales de la década de 1920. Variaba la actitud de sus adalides, de genuina y
violenta revancha contra quienes quince años antes habían estado a punto de apartarlos de
la historia. Para hacerse una idea del clima enajenado y grotesco de la teoría artística del
momento, puede leerse el artículo «Un posible estilo nacional en arquitectura» (Cortijos y ras-
cacielos, 44, 11-12/47), donde José Camón Aznar proponía que, superado el racionalismo, se
reconstruyera un estilo acorde con «la sensibilidad hispánica de todos los tiempos» buscando
«fórmulas de adorno» en la época de Felipe III.
11 Dos fuera de plazo, presentados por Manuel Ambrós y el equipo de Alejandro de la Sota,
Javier Lahuerta y Ricardo Abaurre.
12 Y, en efecto, el acta del jurado valoró la agradable composición, que expresaba «con gran vitali-
dad la alegría por la Victoria y la presencia de los Caídos»; pero ya que en estas cosas, como en
las siete y media, tan malo es no llegar como pasarse, veía exagerados los carros triunfales de
los arcos laterales y superfluo el baldaquino con la Virgen que cubría la cruz de los Caídos.
13 Faci y Del Corro, con Francisco Bellosillo, obtuvieron el segundo premio, tras Moya, Tho-
mas y Huidobro, en el concurso nacional de anteproyectos para la Gran Cruz del Valle de los
Caídos, convocado en 1941 y fallado en 1943.
Moya, Huidobro y Laviada: proyecto para el segundo concurso (1943). [yEsTE, 2009: 641].
de toda alusión historicista y emparentada con modelos italianos como la Casa del
Fascio de Como, de Terragni.
En diciembre de 1943, los Moya y Huidobro firmaron los planos definitivos
para la primera etapa de ejecución del monumento, adaptado a las conclusiones del
jurado, y el Ayuntamiento los aprobó el 20 de julio de 1944. De momento, solo se
preveía construir el podio, el altar con la cruz y los arcos laterales, dejándose para
un segundo proyecto la gran estructura de la capilla que serviría de fondo al altar.
El Ministerio de la Gobernación aprobó el proyecto en 1946, tras evacuar informes
la Dirección General de Arquitectura y la Subsecretaría de Educación Popular, que
había recelado de un diseño «excesivamente complicado» y que reflejaba «demasiado
los caracteres típicos de la arquitectura provisional» (yEsTE, 2009: 642).
Agobiado el Municipio por problemas presupuestarios, hasta el 1.º de diciem-
bre de 1945 no acordó anunciar la subasta de la estructura de esta primera etapa
del monumento, en hormigón armado para revestir con piedra de La Puebla. El
13 de marzo de 1946, se adjudicaron las obras al contratista Gabino Velilla, por un
importe de 508.850,30 ptas.
Las obras empezaron y cundió en el Ayuntamiento la idea de que la limitada
anchura del retablo previsto tras la cruz, aún pendiente del proyecto de la segunda
fase, abriría mucho al cierzo la plaza del Pilar14 y enlazaría mal con los edificios de
14 Ahora se veía que la desmedida explanada proyectada en 1936 era inadecuada al clima de
Zaragoza, y más con la orientación de su extremo noroeste hacia los vientos dominantes.
sus lados. Se iba abriendo paso la tentación de cerrar ese lado de la plaza con un
verdadero edificio, similar a los otros diseñados por Borobio.
Y así, el alcalde Sánchez Ventura encargó a los arquitectos municipales el es-
tudio de una reforma del proyecto que dispusiera tras el altar, dando fachada a la
plaza de César Augusto, un edificio que impidiera el paso del viento y enlazara con la
Hospedería y la Tienda Económica, adoptando su misma configuración y altura.
En un anteproyecto de febrero de 1947, Yarza y Beltrán diseñaron un estrecho cuer-
po edificado destinado a casa de ejercicios vinculada a la Hospedería, que desde la
plaza del Pilar servía de fondo neutro al monumento a los Caídos, y mostraba hacia
las murallas un frente análogo a los demás edificios ordenados en 1937, con porches
arquitrabados de piedra, cuatro plantas de ladrillo y cornisa a 20 metros del suelo;
en el centro de la fachada oeste, los porches se interrumpían con una hornacina
cubierta por un arco de medio punto, que cobijaba el bronce de Augusto.
A propuesta del alcalde, el Ayuntamiento ratificó el 25 de junio de 1948 los dos
defectos citados en el proyecto ganador del concurso y encargó a Yarza y Beltrán una
modificación conforme con su anteproyecto, pero dando al nuevo edificio acceso di-
recto e independiente de los colindantes. Los arquitectos terminaron el proyecto en
septiembre, y la comisión especial designada para estudiar la reforma elevó al pleno
del 3 de diciembre un dictamen que proponía aprobarlo, dedicar el nuevo edificio
solo a servicios municipales, con exclusión total de viviendas, y continuar las obras
sin más dilación, sacando ya a subasta su segunda etapa. El teniente de alcalde Án-
gel Canellas solicitó que en el nuevo edificio se instalara el Museo Arqueológico de
la Ciudad y, con esta adición, se aprobó el dictamen.
En el pleno del 30 de diciembre de 1949, Juan Antonio Martínez Barrado re-
cordó que en 1948 se había aprobado un presupuesto extraordinario con una par-
tida de un millón de pesetas para continuar las obras del monumento a los Caídos,
que estaban paralizadas tras el fin de su primera etapa y que debían reiniciarse.
Canellas, presidente de la comisión de Fomento, advirtió que la obra proyectada
por Yarza y Beltrán costaría «unos cinco millones de pesetas y existe la duda en si
se debe gastar esta suma para que se construya un edificio monumental, que pue-
de destinarse a albergar el museo arqueológico o cualquier otra finalidad análoga,
pero cuya utilidad práctica no está muy justificada, o bien construir un monumento
como primitivamente se acordó»; por ello, preguntó a los concejales si debía mante-
nerse la vieja idea de construir un monumento y no un edificio monumental; si, en caso
de elegirse el edificio, debería hacerse por etapas «y Dios dirá cuándo se termina», y
si el Concejo, de no construirlo, debería realizar el considerable gasto que exigiría la
segunda fase del proyecto del monumento. La Alcaldía quedó encargada de estudiar
el asunto junto con todas las comisiones.
Al final, los 5 millones parecieron excesivos y el Ayuntamiento renunció el 3
de abril de 1950 a construir el edificio proyectado en 1948 y, con él, al museo,
Huidobro: proyecto definitivo para el monumento a los Caídos (1950). [yEsTE, 2009: 644].
recuperando la idea de erigir un altar «con sujeción estricta […] al proyecto ini-
cial». En cuanto los autores del anteproyecto premiado desarrollaran el proyecto de
la segunda y última etapa conforme a lo dispuesto por el jurado del concurso, se
anunciaría la subasta de las obras, cuyo coste no podría superar el millón de pesetas
consignado en el presupuesto de 1948.
En agosto de 1950, Huidobro (puesto que los Moya ya se habían desentendi-
do aduciendo exceso de trabajo) firmó una modificación del proyecto que reducía
al máximo los detalles ornamentales. Se suprimió el retablo borrominiano que
debía servir de fondo a la cruz de los Caídos; el altar quedó aislado sobre un sobrio
pedestal, ligado a las fachadas de la plaza mediante dos vanos adintelados que sus-
tituían a los arcos escarzanos del anteproyecto; los aparatosos carros triunfales de
1943 dejaron su lugar a dos mástiles flanqueados por angelotes, y, como novedad,
a cada lado de la cruz se pensó colocar la estatua de un guerrero a caballo. En su
estado final, el monumento venía a ser una versión reducidísima y muy abaratada
del anteproyecto para la Gran Cruz del Valle de los Caídos concluido por Moya,
Thomas y Huidobro en 1943, y como en él, en palabras de caPiTEL (1982: 81), se
aceptó «la imagen de un crucifijo de altar». Pero no me detendré aquí en el análisis
arquitectónico de la obra definitiva, que ganó más que perdió con la reducción del
presupuesto y que aún se vio más desnuda por no ejecutarse tampoco los ángeles y
caballeros diseñados por Huidobro. Importa más la desaparición del gran retablo
de Moya y la reducción del altar a la parte central, dejando a los lados amplios pa-
sos adintelados; gracias a esto, la plaza del Pilar quedaría mucho menos separada
Moya, Huidobro y Thomas: proyecto para el Valle de los Caídos (1943). [caPiTEL, 1982: 82].
15 El 7 de octubre de 1950, se había colocado sobre las murallas la estatua de Augusto que desde
diez años antes estaba en la plaza de Paraíso.
16 A las que debía sumarse otro millón para las esculturas que finalmente no se realizaron.
17 En 1992, el monumento fue retirado de la plaza y vuelto a montar en el cementerio de Torrero,
sin los pórticos laterales que enlazaban con los zócalos de la Hospedería y la Tienda Económica.
1 Serían el tomo III de las ordenanzas completas impresas en los talleres gráficos del El Noticiero
en octubre de 1940, con fecha en su portada de «1939. Año de la Victoria». En los plenos del 4
y el 30 de diciembre de 1939 se aprobaron, respectivamente, las ordenanzas de policía urbana y
costumbres (tomo I), y de servicios públicos, conducciones de agua, gas y electricidad, e instalación
y establecimientos industriales (tomo II). La aprobación provisional de las ordenanzas munici-
pales por el Ministerio de la Gobernación, con observaciones derivadas de los informes de las
direcciones generales de Sanidad y Arquitectura, se produjo en 1941, quedando enterada la
Corporación en el pleno del 5 de septiembre. En el del 12 de febrero se había aprobado un
apéndice complementario de las ordenanzas.
2 Que tenía el precedente de las ordenanzas de Miraflores de 1934, cuyo artículo 43 había
exigido que, antes de otorgarse licencias de obras, se aprobara un proyecto de parcelación y
organización de cada manzana completa, donde la superficie edificada no superara el 50% del
área total.
7 Los planes generales de 1986 y 2001 calificarían estas manzanas como zona A-1, grado 1.º.
8 Sin que la memoria expresara el alcance del grafismo, los planos del proyecto de reforma
interior de 1939 señalaban con un rayado sencillo de línea fina y el rótulo correspondiente
los edificios, públicos o no, destinados a centros administrativos, cuarteles, iglesias, hospita-
les, cines, teatros, grandes colegios o mercados. No se resaltaba, en cambio, ningún edificio
particular sin esos usos, por alto que fuera su valor histórico o artístico (palacios de Sástago,
Maestranza, Morlanes, Argillo, Fortea, Fuenclara…), e incluso se contemplaba expresamente
la demolición total o parcial de casonas como las de los marqueses de Ayerbe, Aitona (ambas
arrasadas por la apertura de la plaza del Pilar), Tarín o Pardo, por más que las mencionara el
discurso de septiembre.
9 Veintiocho años después aún pediría BoroBio (1967: 14) la formación de «un catálogo de
“intocables”» con los ejemplares más destacados de la arquitectura zaragozana. Para entonces
apenas se había verificado algún intento fallido de promoverlo; el primero fue el esbozo del
catálogo razonado de edificios religiosos y civiles a preservar que presentó el SIPA en la informa-
ción pública convocada por el Ayuntamiento antes de formar un plano general de ensanche
y mejora interior que nunca se redactaría (1931); publicó el documento la revista Aragón
(2/32), con el título «La riqueza artística que Zaragoza ofrece al Turismo». En 1942, la Di-
rección de Arquitectura municipal elaboró un listado de edificios de interés que se conserva
en AMZ, caja 213655, junto con un heterogéneo conjunto de trabajos relacionados con el
plan de ordenación general en curso de redacción. Durante la exposición pública del plan
general aprobado inicialmente en 1957, la Institución Fernando el Católico reclamó un ma-
yor respeto por el patrimonio histórico, ya se tratara de monumentos o conjuntos de valor
ambiental, carácter peculiar o fisonomía propia, la preservación íntegra del barrio de la Seo
y el estudio minucioso del proyecto de reforma interior de 1939 por una ponencia creada al
efecto; en respuesta, el Ayuntamiento acordó formar un plan especial y crear un catálogo de
edificios monumentales, cuyo estudio se encomendó a esa institución por acuerdo plenario
de 9 de junio de 1960. En el número 24 del Boletín Municipal de Zaragoza (1967) se publicó
el sucinto «Catálogo de monumentos histórico-artísticos y edificios de interés para el estudio
del arte en la ciudad de Zaragoza», que Federico Torralba y Manuel Gómez Valezuela habían
formado por encargo de la Institución, precedido por una breve presentación que no ocul-
taba la poca fe de los autores en la utilidad del trabajo. En 1974, la Oficina de Planeamiento
municipal redactó un precatálogo de edificios de interés y ordenanzas especiales que tampoco tuvo
trascendencia. En 1977, el Colegio de Arquitectos publicó un Plano-guía de arquitectura de
Zaragoza y, dos años después, el Ministerio de Cultura convocó un concurso para la redac-
ción de un inventario del patrimonio arquitectónico y de conjuntos urbanos, que se terminaría en
1980. A su vez, el Ayuntamiento y el Colegio de Arquitectos formaron un listado de edificios de
interés histórico-artístico de la ciudad de Zaragoza, que recogió unos 450, 218 de interés histórico-
artístico (33 de ellos calificados como monumentos nacionales) y el resto de interés ambiental. El
avance del plan especial de protección del centro histórico dirigido en 1981 por el arquitecto
madrileño Alfonso Fernández de Castro incluyó un extenso catálogo enriquecido con bouta-
des tan inoportunas como atribuir al Pilar interés ambiental en grado segundo, el mismo rango
dado al muy reciente edificio de Galerías Preciados en Independencia. Abortado también este
documento, el plan general de 1986 adquirió en el centro histórico carácter de plan especial
de protección y se acompañó con un extenso pero poco detallado catálogo (el primero vigente
en la ciudad), drásticamente revisado a la baja en 1989. Contuvo un anejo análogo la revisión
del plan general de 2001 y, por fin, en 2006 se aprobó un catálogo autónomo donde cada
inmueble se acompañaba con una detallada ficha descriptiva.
Así las cosas, era imprescindible sacar de su rincón los edificios antiguos sub-
sistentes, incorporarlos a la vida actual y darles «mayor lucimiento y realce», para
que «el vecino despreocupado e inculto» se fijara en ellos y apoyara su conservación
(BoroBio, 1967: 20). Esto exigía obligar a sus dueños a limpiarlos de obras anterio-
res impropias10, despejar su entorno y mejorar la urbanización del casco histórico
para hacerla atractiva11: medidas escenográficas, sin duda, pero que contribuirían a
10 «Habría que llevar a cabo una serie de obras pequeñas para adecentar las casas típicas. Estas
obras de adecentamiento consistirían en reformar esas portadas de tiendas atentatorias al ca-
rácter del edificio donde se adosan; reformar algunos huecos postizos; rasgar tal o cual galería
cegada por la incultura; arrancar algún balcón de pacotilla que interrumpe una ordenación de
arquillos; revestir con piedra o ladrillo tantos zócalos con pegotes de cemento; quitar el enlu-
cido de algunas casas que fueron de ladrillo a cara vista; desmontar esas palomillas cargadas
de cables que corren a lo largo de nuestras callejuelas típicas» (BoroBio, 1939: 64).
11 «Estas obras, complementadas con una pavimentación adecuada a base de losas de piedra y
enmorrillado, y con un alumbrado urbano acorde con el carácter de la calle, podrían devolver
a nuestros barrios típicos su atrayente fisonomía» (BoroBio, 1939: 64).
Rincón del barrio del Boterón, destruido en 1937 (Díaz Domínguez). [VaLEnzuELa, 1922: 30].
devolver a los edificios y ambientes urbanos del centro los valores perdidos y ten-
drían un indispensable sentido didáctico.
Pero ni las ordenanzas ni el plan de reforma interior contemplaron estas me-
didas, aunque los artículos ya citados permitieran un desarrollo que, como era de
esperar, nunca se produjo12.
12 Tiempo después, BoroBio (1967: 17) lamentaría el desinterés del Ayuntamiento por los ar-
tículos 109 a 114 de las ordenanzas, que, «de haberse cumplido, hubieran evitado muchos
Ordenación de porches en la plaza de San Francisco (1941). [AMZ, caja 209015, 1943].
que describieron como una ampliación de las vigentes que incorporaba contenidos
relacionados con el plano de ordenación general y las ordenanzas de las zonas de
ensanche, la avenida de San José o Ruiseñores, y añadía otros como…
[…] la doble crujía, que tanto se usa ahora, para lograr una edificación económica e
higiénica. Asimismo, era conveniente fijar una política urbanística, puesto que lo que es
permisible en un grado determinado, en un sector de la Ciudad, no puede ser permitido
en otro. Igualmente, se ha procurado ordenar la higienización de edificios con exigencias
mínimas en los nuevos, con tolerancias máximas posibles en los existentes y con orien-
taciones concretas para los locales comerciales […].
Igualmente, se procura la descongestión del casco de la Ciudad, vigilando el paulatino
desplazamiento a otras zonas, teniendo en cuenta las necesidades de carácter deportivo,
el uso de espectáculos en función de la densidad de las barriadas, etcétera, etcétera.
Se dan reglas a los barrios particulares de la Ciudad, teniendo en cuenta su carácter
agrícola, militar, residencial, etcétera.
Y se procura la defensa de todo el patrimonio artístico y monumental, con una no-
toria libertad a la iniciativa privada, facilitando, dentro de normas precisas, la mayor
comprensión para que todos, particulares o técnicos, puedan saber lo que les interesa
sin necesidad de consultas a determinadas personalidades o entidades […] A ver si, en
muy pocos años, dentro de nuestra penuria de medios y del evidente colapso que sufre
Zaragoza, se puede conseguir que la construcción siga un ritmo alentador, tal como
requieren las necesidades, siempre crecientes, del aumento de población.
Así pues, por una parte se decía buscar una mayor claridad, que hiciera in-
teligibles las ordenanzas al simple ciudadano y evitara los frecuentes problemas de
interpretación. También se quería refundir las ordenanzas generales y las especia-
les, y llenar lagunas en la regulación de la protección del patrimonio artístico o las
condiciones higiénico-sanitarias. Había además voluntad de adecuar la norma a
una promoción particular que reclamaba más libertad para explotar sus terrenos,
restando rigidez a la regulación general y contemplando los bloques de doble crujía.
Por fin, la aplicación de las ordenanzas se diferenciaría por zonas, teniendo en cuen-
ta el carácter de cada una y tendiendo, se decía, a la descongestión del centro y a la
dotación de los barrios. Así se suavizaría la excesiva generalidad de unas ordenanzas
con las que solo se había pretendido regular las características genéricas de la edi-
ficación en el término municipal y a las que, tras la aprobación del anteproyecto de
ordenación general como mero plano de alineaciones, se les hacía funcionar como
normas urbanísticas de planeamiento e instrumento de zonificación.
El proyecto de Canellas nunca se aprobó. En el plan general de 1959, Yarza se
mostró muy crítico con las ordenanzas del 39, pero los vagos criterios normativos
que les opuso no llegaron a imponerse; durante sus nueve años de vigencia hubo de
convivir con ellas, ligeramente ajustadas, y también con las alineaciones de 1943 en
buena parte del suelo urbano, a mayor gloria de una iniciativa particular que empe-
zaba a mostrarse hiperactiva. El 13 de agosto de 1964, el Ayuntamiento aprobó ini-
cialmente unas ordenanzas de edificación armonizadas con el plan general de 1959,
pero de ahí no pasaría. Y, así, con modificaciones de alcance menor, las de 1939
siguieron en vigor hasta que el 19 de noviembre de 1973 se aprobaron las terceras y
últimas ordenanzas de edificación que hasta hoy ha tenido la ciudad de Zaragoza.
Demografía, acumulación
y fiebre inmobiliaria
Plano parcelario de Zaragoza (Borobio y Beltrán, 1938). [AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0565].
4 En la capital, 48.489 viviendas incluidas en 13.786 edificios, y en los barrios agregados, 5.210
viviendas en 4.467 edificios.
del número de familias). Como es lógico, el déficit era mayor cuanto menor fuera la
renta familiar y más bajo el alquiler de la vivienda, y solo para las dos categorías más
pobres faltaban 5.944 viviendas, con capacidad para 23.776 habitantes (el 9,45%
de la población zaragozana en 1945). A partir de estos datos, RO-BLE-LA concluía
que el mercado de la vivienda cara había alcanzado la saturación, y de ahí el gran
número de pisos de este tipo sin alquilar; como cada uno de ellos podría valer unas
150.000 ptas. y una vivienda modesta normal valdría unas 35.000, resultaba que
la iniciativa particular había invertido unos 172.350.000 de pesetas en pisos sin
alquilar por falta de demanda, y que con ese mismo capital podría haber construido
4.924 viviendas baratas, reduciendo su déficit actual en un 57%.
El proyecto ganador del concurso, del arquitecto municipal José Beltrán, tam-
bién clasificó a la población según sus ingresos y concluyó que la carencia de vivien-
das era muy selectiva. Extrapolando el déficit de 406.620 viviendas estimado por la
Fiscalía Superior de la Vivienda para toda España, en Zaragoza faltarían 3.800, de
las que 1.800 o 1.900 (47 a 50%) corresponderían a las clases más modestas. A este
déficit había que añadir el provocado por el plan de reforma interior de 1936, que
exigía «el derribo, aparte de los ya efectuados hasta la fecha, de unos 900 edificios,
sin incluir aquellos que están afectados solamente por un pequeño retranqueo en su
alineación de fachada. Calculando un promedio de 6 viviendas por edificio, resulta
un déficit por derribos de 5.400 viviendas; claro que esta reforma se efectuará en
diversas etapas dependientes de la celeridad y disponibilidades que tenga el Muni-
cipio para la construcción de nuevas viviendas. Si consideramos que el plazo para
realizar la reforma fuera de 10 años, habría que añadir al déficit anterior 540 vivien-
das, que suponen un total de 2.340 viviendas»5.
El equilibrio entre el juego dirigido por los especuladores que habían compra-
do suelo barato para construir viviendas caras (en alquiler o en venta) y las mu-
chas familias sin viviendas a su alcance, se resolvió de dos modos distintos según
la condición social de estas. Los obreros, entre los que eran mayoría los del sector
de la construcción, compraron con frecuencia parcelas en barriadas particulares,
promovidas al margen del planeamiento, para levantar sus casas por sí mismos y
en pasos sucesivos, compensando así su incapacidad para acceder a financiación
bancaria. La menuda burguesía empleada en oficinas y comercios que no disfruta-
ba de pisos de renta antigua, más pendiente de las apariencias y poco hábil para la
autoconstrucción, prefirió resolver su problema por el procedimiento descrito por
Lorenzo Monclús, arquitecto del Instituto de la Vivienda de Zaragoza, en su ponen-
cia ante el II Congreso de la Federación de Urbanismo y Vivienda de 1942:
[Las familias desalojadas por obras municipales de reforma interior] pueden optar entre
quedarse en la calle o subarrendar pisos de renta elevada, ocupando una o dos piezas
5 En esta memoria se veía muy claro el funcionamiento conjunto de unas obras de reforma
interior y otras de construcción de viviendas baratas, que llevaban a las familias modestas
desalojadas del centro a barrios periféricos donde se concentraba la población obrera.
y dejando el resto para otras familias que se encuentran en análogas condiciones; así
se dan casos de que en un solo piso, construido y proyectado para una sola familia, se
agrupan hasta cinco familias, distribuyéndose las piezas de las viviendas y utilizando la
cocina y demás servicios por turno. Se puede citar un caso en el que el cuarto de baño
(con sus aparatos sanitarios) lo ocupe una familia compuesta de matrimonio y dos niños
(fEDEración DE urBanisMo y DE La ViViEnDa, 1944: 120-121)6.
6 Muchas familias alojadas en viviendas de renta antigua subarrendaron las habitaciones que
no les eran imprescindibles, completando así sus salarios en un momento en que eran muy
bajos y sufrían el castigo de la inflación y el estraperlo.
7 Entre otras fuentes, pueden consultarse los artículos de Antonio Lasierra Purroy y José Pe-
llegero en los números 140 y 141 de la revista Aragón (5-6/37), o el publicado por el general
Ponte, jefe de la V División Orgánica desde agosto de 1936 a septiembre de 1937, en la revista
Ejército (3/40).
En esa edad de oro, «ningún comercio de relativa importancia cerró sus puer-
tas» y «la banca local abrió sus cajas […] y se mantuvo con gran firmeza», con lo
que la vida dio una «sensación de plena normalidad», que se reveló sobre todo en
el hecho de haberse «construido en Zaragoza durante la guerra mayor número de
edificaciones que en los años anteriores al Movimiento»8.
El apartado «Restablecimiento de las actividades económicas» de la misma Me-
moria (1940: 17-19) abundaba en la risueña situación de la economía local y en sus
expectativas para la posguerra. Aunque algunas industrias habían sufrido la falta de
materias primas y de brazos, e incluso grandes pérdidas por causa de las incautacio-
nes (caso del sector del automóvil), todas las dedicadas al abastecimiento y vestuario
del ejército habían multiplicado su producción y muchas perfeccionaron su utillaje;
en general, las actividades económicas habían cobrado una pujanza superior al pe-
ríodo de paz precedente:
En el ramo de la construcción, que suele ser el que mueve todos los demás oficios, se
ha registrado durante la guerra un aumento sobre los trabajos realizados en los últimos
años de la república, circunstancia digna de mención por su carácter excepcional. Ac-
tualmente esta industria de la construcción ha tenido que restringir sus trabajos por falta
de materiales y especialmente por falta de hierro.
En cuanto se normalice en lo posible la adquisición de primeras materias, se incremen-
tarán automáticamente todas las actividades industriales de la capital y de la provincia,
porque existen capitales disponibles que esperan un empleo adecuado.
La producción de guerra, la expansión de los mercados y las condiciones de la
mano de obra, mal pagada y en régimen de trabajo forzoso, no solo beneficiaron a la
gran industria y a la banca, sino a una multitud de pequeños empresarios, agriculto-
res e intermediarios. Más aún, la mucha tropa acuartelada en Zaragoza motivó una
expansión del pequeño consumo y el florecimiento de ciertas ramas comerciales y
muy en particular de cafés, tabernas, casinos, cabarets o burdeles9. Con todo ello se
lucró una capa social selectiva pero relativamente extensa.
El impulso productivo, unido a serias dificultades de reinversión, provocó una
potente acumulación de capital que se expresó en un intenso aumento del ahorro
8 En estos 32 meses y medio de vida ciudadana plenamente normal se ejecutó a una media men-
sual no menor de cien personas, en su gran mayoría civiles, y entre ellas el último gobernador
republicano, el presidente de la Diputación Provincial, ocho concejales, miembros de parti-
dos y sindicatos, profesionales liberales, profesores de la Universidad, maestros, periodistas y
trabajadores de todo nivel.
9 Lorén (1981: 231 ss.) repasó estos antros al rememorar una noche de marzo de 1938 en que
se adhirió a la triste juerga de un legionario: San Ildefonso, Ramón y Cajal, Caballo, Peromar-
ta, Trillo, Bureta, Ecce Homo, Don Juan de Aragón: más o menos los mismos lugares donde
se concentraba la prostitución zaragozana desde la Edad Media y acapararon los anuncios
publicados en la Guía nocturna Zaragoza de noche (1934). Se comprende la gran actividad
que tuvo durante la guerra el Dispensario Oficial Antivenéreo, en la calle de Ramón y Cajal,
donde se habilitó un Servicio Militar Antivenéreo que registró a varios miles de soldados
aquejados de sífilis, blenorragia, chancros, etc. (arcarazo, 2010: 438).
durante las guerras civil y mundial. El balance del Banco Zaragozano, entidad pun-
tera en la ciudad, se elevó entre el 31 de diciembre de 1936 y el mismo día de 1942
de 373.457.972 a 891.154.605 ptas.; sus beneficios líquidos, de 1.445.269 ptas.
en 1936, se redujeron a 336.493 ptas. en 1937 e incluso fueron negativos en 1938
(–507.471 ptas.), pero en 1940 llegaron a 2.601.812 ptas. y en 1942 a 4.015.145.
La memoria presentada por el consejo de administración del Banco de Ara-
gón a la junta de accionistas en febrero de 1942, con los balances de los ejercicios
1936 a 1941, advertía que, a pesar de los «acontecimientos tan inmensos» sobre-
venidos en el sexenio, el banco no solo había salido incólume, sino que su situación
«es hoy plenamente satisfactoria y el volumen de sus cuentas acreedoras y de sus
inversiones comerciales ha rebasado ampliamente las cifras anteriores a la guerra».
Para responder a un crecimiento en cuentas acreedoras (cuentas corrientes, caja
de ahorros e imposiciones a plazo) que desde 1935 a 1941 había alcanzado el 63%
(88.447.000 ptas.), el Banco amplió en 1942 de 20 a 60 millones de pesetas nomi-
nales su capital social, que había alcanzado el límite legal. Paralelamente, la cartera
de valores, descuentos, préstamos y créditos pasó en ese tiempo de 150.218.000 a
264.406.000 ptas. (aumento del 76%), y, en definitiva, los beneficios alcanzaron los
29.157.859,50 ptas. entre 1936 y 1941.
La partida de imposiciones y reintegros de la Caja de Ahorros de la Inmaculada
pasó de 2.374.300 ptas. en 1935 a 3.372.384 ptas. en 1939 y 7.322.724 en 1945. Y
también la Caja de Ahorros de Zaragoza registró balances llamativamente favora-
bles, que Ángela cEnarro (1997: 312) relacionó con los vínculos personales entre
miembros de su consejo de administración y de un Ayuntamiento que la benefició
con su actividad constructora10.
A través de la banca, que apoyó sin fisuras el alzamiento militar, se concentró
el ahorro disperso acumulado en el período y afloró además buena parte del capital
oculto en los años republicanos. Para ello, fueron fundamentales los decretos de la
Junta de Burgos de 12 de septiembre y 12 de noviembre de 1936, agentes de lo que
TorTELLa y García ruiz (2003: 68) llamaron «guerra monetaria […] a la “peseta
republicana”»: mientras el primero limitó la cantidad de dinero que podía retirarse
de las cuentas bancarias (impuso, como hoy diríamos, un corralito), el segundo obli-
gó a convalidar el dinero emitido antes del 18 de julio, ya llevándolo a estampillar, ya
simplemente ingresándolo en una cuenta corriente, con la ventaja, en este caso, de
que no estaría sujeto a las limitaciones impuestas dos meses antes. Así crecieron de
golpe las cuentas bancarias e, indirectamente, se permitió a bancos y cajas contribuir
con eficacia a la financiación del ejército insurrecto11.
10 La autora recuerda la relación familiar del alcalde Caballero con el presidente de la Caja de
Ahorros, Lasierra Purroy.
11 «[…] la limitación de las disposiciones en las cuentas bancarias y el estampillado de billetes
acordado en noviembre de 1936, hizo afluir sumas cuantiosas a la Banca, con aumento de
sus disponibilidades, y alejó todo temor de penuria de efectivo, hasta el extremo de que, ya
en diciembre de 1936, se inicia el problema contrario del exceso de numerario sin empleo,
que ha de constituir la tónica general en la zona liberada durante toda la guerra» (Memoria del
Banco de Aragón…: 6).
12 Como significativa muestra, el consumo de carne por habitante en 1950 era la mitad que en
1930.
13 Aun así, la construcción y el metal siguieron siendo los dos subsectores industriales zaragoza-
nos más importantes, si bien la primera con menor peso que en el decenio anterior (del
26,9% del total industrial zaragozano en 1930 al 21,4% en 1940).
que exigía para el funcionamiento de las industrias y las dos décimas, además del
recargo máximo sobre contribución industrial, que les imponía el Ayuntamiento
«en su justificado afán de aumentar sus ingresos»: a todo ello se atribuía que, tras la
guerra, muchos capitalistas eligieran para instalarse ciudades donde regían cargas
menos gravosas. Pero, entre todos los problemas, la Cámara destacaba la escasez de
primeras materias: «No hay papel, hierro, carbón, gasolina ni algodón suficientes
para cubrir las necesidades del consumo. Si la actual escasez se acentúa, es de temer
que se vayan cerrando fábricas y talleres, y que los trabajadores […] no puedan
mantenerse». El desabastecimiento afectaba muy especialmente a las artes de la cons-
trucción, tan boyantes durante la guerra y que ahora llevaban «camino de paralizarse
si no se les facilita esas materias primas indispensables».
Un año después, el recrudecimiento y la extensión de la guerra mundial habían
agravado las limitaciones sobre el comercio internacional, y la autarquía, más que
voluntad política, era una necesidad:
Cuando las nueve décimas partes de la población del globo se hallan en guerra, es evi-
dente que aun los países neutrales tienen que sentirse afectados en su economía, pa-
ralizado casi completamente su comercio exterior y obligados a encontrar en la propia
producción elementos suficientes para su subsistencia (Memoria…, 1942: 5).
Y al acabar la guerra mundial, la Cámara de Comercio lamentaría que tan grata
circunstancia no hubiera supuesto, de momento, el restablecimiento de la normalidad
económica (Memoria…, 1946: 5): en 1945, conocido en España como el año del
hambre, la economía local seguía sufriendo la falta de materias primas, el cierre del
comercio exterior, el alza de los precios, la crisis de la vivienda, el paro obrero, las
carencias del transporte ferroviario y por carretera, restricciones eléctricas, etc. Lo
cierto es que la derrota del Eje castigó al Régimen con un bloqueo que no comen-
zaría a suavizarse hasta 1949, cuando los Estados Unidos y sus aliados prefirieron
contemporizar con los pobres restos del fascismo europeo y reforzar sus posiciones
ante la Unión Soviética14.
En el conjunto de los sectores y del país, el índice de producción industrial de
1945 equivalía al 83% del alcanzado en 1930 (MuniEsa, 2005: 79), con especial cas-
tigo de zonas de tradición manufacturera secundaria como Zaragoza. Tras la Guerra
Civil, Barcelona y Bilbao no fueron sancionadas con el esperado apoyo estatal a la
transferencia de actividad hacia nuevos enclaves, y recuperaron la ventaja que les
daba la inmediatez de grandes poblaciones, una histórica concentración industrial,
la disposición de puertos de mar o, en Bilbao, la cercanía de las minas vizcaínas y
asturianas. Y mientras el Estado favorecía el desarrollo industrial de Madrid15, en
14 Justo entonces se iniciaría en España un ciclo de progreso económico, primero lento y luego
cada vez más rápido, que tendría su reflejo en una aceleración de la inversión inmobiliaria
privada y de las ayudas públicas.
15 En sus Orientaciones sobre la reconstrucción de Madrid, BiDaGor (1941a: 11) afirmó que la «si-
tuación estratégica inmejorable en el centro de la Península» y las «extraordinarias facilidades
Zaragoza las actividades fabriles, ejercidas en general por pequeñas empresas bene-
ficiadas con una fuerte expansión durante la guerra, sufrieron desde su mismo final
un agudo retroceso que se prolongó hasta bien entrados los años cincuenta en sus
dos subsectores principales, el metal y la construcción. La industria del metal, mi-
litarizada en el trienio bélico (Material Móvil y Construcciones, Maquinista y Fun-
diciones del Ebro, Laguna de Rins, Talleres Mercier, Maquinaria y Metalurgia Ara-
gonesa, Averly…), mantuvo su crecimiento hasta los primeros cuarenta, cuando se
fundaron Talleres Jordá, Florencio Gómez o GIESA, para decaer muy notablemente
en lo que quedaba de década y no recuperar los niveles de producción prebélicos
hasta mediados de los cincuenta, en buena parte gracias al auge de la construcción
y de la fabricación de maquinaria agraria (GErMán, 1996: 63-64).
La banca no compartió la postración del sector secundario, y tanto el conjunto
de las entidades españolas como el más modesto sector bancario zaragozano au-
mentaron sus beneficios ejercicio tras ejercicio. Por efecto del intervencionismo cre-
diticio del Estado, la burguesía industrial española se vio subordinada a unos grupos
financieros que tuvieron también un activo papel en el mercado inmobiliario.
Las trabas para reinvertir en la industria el capital acumulado y una fuerte in-
flación que alentaba la colocación del dinero en bienes refugio16, hicieron que en la
posguerra siguiera dirigiéndose hacia la compra de solares y suelos con expectativas
fundadas de urbanización. Y esto movió al Ayuntamiento, sin duda, a impulsar me-
diante el planeamiento la formación de abundantes y atractivos solares en el centro
y de una enorme extensión de nuevo suelo edificable.
Las dificultades para conseguir hierro o cemento y la naturaleza esencialmente
especulativa de las inversiones inmobiliarias, cuyo fin esencial es la acumulación
de suelo en espera de su futura revalorización y no, muchas veces, la edificación in-
mediata, explican que de las grandes facilidades otorgadas por el planeamiento y la
banca no resultara una actividad constructiva proporcionada con el activo mercado
del suelo17. Ahora primaba la formación de patrimonios de suelo edificable que dieran
18 La Cámara de Comercio e Industria compró el terreno nada más acabar la guerra, cuando ya
estaba aprobado el proyecto de prolongación de la Gran Vía, y pensando de momento en la
los años cuarenta: al acabar 1953, Zaragoza tenía 64.569, 10.870 más que en 1945
(acta pleno 9/1/54), lo que suponía un crecimiento medio anual durante los ocho
años anteriores de 1.359 viviendas, cifra muy superior a las 567 precisas para alojar
a la media de 2.268 nuevos habitantes anuales censados en el período. La diferencia
entre producción de viviendas y necesidades teóricas venía a paliar el déficit preexis-
tente, de modo que en este tiempo la ciudad pasó de una media de 4,68 hab./viv. a
4,18.
20 «El progreso urbanístico de Zaragoza y las casas por pisos» (Aragón, 172, 8-9-10/41).
21 La ley contenía un conjunto de reformas y adiciones a la legislación civil e hipotecaria, cuyo
objeto se manifestaba en su preámbulo: «Los graves daños inherentes a la guerra sufridos
por la edificación urbana, exigen la facilidad de los medios necesarios a la obra urgente de su
reparación. Uno de los más adecuados es, sin duda, el de abrir un cauce jurídico a la libertad
contractual estimulando, de ese modo, las operaciones conducentes a la adquisición y grava-
men de pisos o departamentos independientes de un edificio».
28 «El negocio para los promotores era muy lucido, puesto que con dinero del Estado construían
las casas que vendían más tarde con márgenes de beneficio realmente escandalosos. Desde
la perspectiva de la política social el funcionamiento del sistema de viviendas bonificables no
pudo ser más contradictorio, puesto que el Estado, con cargo a un presupuesto regresivo y a
la inflación, estuvo financiando la construcción de viviendas que solamente podían comprar
las clases adineradas» (TaMaMEs, 1971: 382).
Pero poco duraría la alarma y, ya el 25 de junio de 1948, otro decreto de los mi-
nisterios de Justicia y Trabajo libró de la prohibición a las casas construidas median-
te anticipos entregados por los futuros propietarios a las empresas promotoras y a
las edificadas para venderse por pisos que antes no se hubieran alquilado. Por fin, el
decreto-ley de 19 de noviembre de 1948, que modificó el régimen de las viviendas
para las clases medias y las renombró como bonificables, admitió expresamente su
venta si se hubiera previsto en el momento de la calificación.
A las ayudas estatales se sumó alguna municipal mucho más limitada. Con un
proyecto sumamente sobrio firmado por José Beltrán y Fausto García Marco, Cons-
trucciones Damán ofreció en 1949 «paliar la escasez de vivienda de la clase media»
construyendo en la torre de los Caracoles 191 casitas unifamiliares de una planta
acogidas al decreto-ley de noviembre de 1948, si el Municipio le pagaba los terrenos
destinados a calles y los gastos de urbanización. El 30 de abril, el Ayuntamiento
acordó formar una comisión especial que estudiara la oferta y propusiera un régimen
general de ayudas a los promotores de viviendas para las clases media y modesta. La
comisión elaboró un proyecto de reglamento, aprobado en el pleno del 8 de agosto
siguiente33, que regulaba una ayuda económica destinada solo (se decía) a favorecer
el abaratamiento de viviendas destinadas a la venta con amortización diferida y pro-
movidas por sociedades particulares «de cualquier carácter y finalidad (benéficas,
de lucro, sindicales, agrarias, ganaderas, industriales, etcétera)», sin preferencia por
ninguna de estas modalidades34. Aunque la ayuda solo amparaba la construcción
de viviendas, cuando constituyeran grandes grupos o barriadas podría extenderse
a capillas católicas, escuelas, lavaderos, baños, parques y campos de deporte de uso
común, y huertos propios de las viviendas.
Para optar a las ayudas, los proyectos, redactados por las empresas promotoras
o el Ayuntamiento, deberían haber obtenido la declaración de bonificables o prote-
gibles, a través del Instituto Nacional de la Vivienda o la Junta Nacional del Paro,
o reunir «las condiciones y características necesarias para obtenerla, a juicio del
Ayuntamiento, aun cuando la entidad constructora no solicite tales beneficios»35.
El importe de la mensualidad a satisfacer por el beneficiario no debería exceder de
350 ptas., entre amortización y renta, siendo el plazo de amortización de veinte
a treinta años, el interés no superior al 4% anual y el capital amortizable el coste
33 El acta del pleno reprodujo íntegramente la norma que justificaba la prebenda que se quería
otorgar a Damán y (como se verá en el apartado XIII.9) a El Hogar Cristiano, con un total
de 45 artículos organizados en siete capítulos más disposiciones adicionales.
34 El reglamento pretendía que la protección municipal repercutiría «indefectiblemente en el
abaratamiento del precio en venta de la vivienda, sin que en ningún caso pueda reportar be-
neficio alguno a la entidad constructora». Como si no fuera bastante beneficio posibilitar, con
medios públicos, que el constructor mantuviera su tasa de ganancia reduciendo el precio de
venta y ampliando el mercado.
35 Esto es, que el Concejo arbitraba un tipo propio de apoyo económico a los promotores
particulares de viviendas, independiente de la acción del Estado.
total de la vivienda36. Cada una debería tener capacidad para una familia con hijos
y disponer al menos de tres dormitorios de dos camas. Aunque el reglamento daba
unas reglas para calcular la ayuda según la proporción entre la renta mensual de las
viviendas y el coste de la edificación, su concesión y cuantía eran absolutamente
discrecionales, de modo que la Corporación podría darlas o no según su exclusivo
criterio; también podría determinar las condiciones requeridas a los usuarios de las
viviendas e incluso elegirlos, cuando debiera atender a compromisos morales contraí-
dos como consecuencia de la actividad municipal. La ayuda podría concederse en
metálico o en forma de solares, proyectos técnicos, dirección de las obras o ejecu-
ción de la urbanización, de nuevo a juicio discrecional del Ayuntamiento salvo que
se precisara urbanizar, caso en que estas obras deberían incluirse. No se admitía, en
cambio, la exención de derechos de licencia de construcción, contribuciones espe-
ciales u otros impuestos, tasas y arbitrios municipales37.
Con tan suculentos alicientes, la construcción residencial pudo funcionar en
nuestra ciudad a pleno rendimiento. Según coTorruELo (1960: 59n), las provincias
de Madrid, Santander y Zaragoza acumularon entre 1944 y 1956 el 36% de las
112.105 viviendas bonificables construidas en España38 y casi monopolizaron, ade-
más, la construcción para la venta por pisos. Madrid andaba entonces en plena re-
construcción material, política y económica, curando las heridas infligidas desde no-
viembre de 1936 y al mismo tiempo reconstruyéndose como capital del Nuevo Es-
tado; casi 120.000 m2 de la parte más céntrica y comercial de Santander habían sido
devastados por un incendio en 1941; en Zaragoza, que salió prácticamente indemne
de la guerra, solo operaba el poderoso estímulo de la especulación inmobiliaria.
La promoción residencial profesional de estos años se dirigió a un sector sol-
vente o cuasisolvente de la demanda, quedó desamparada la vivienda popular y se
llevó al extremo la política dual que ya había prevalecido durante la dictadura de
36 Además de la venta a plazos, se admitía la venta al contado, la cesión gratuita o el uso por el
propio constructor, pero no el alquiler.
37 El 10 de noviembre de 1951, el pleno acordó dar a Construcciones Damán un millón de
pesetas, a título gracioso y «como símbolo estimulante de la labor social realizada al edificar
el grupo de viviendas del sector de la Avenida de Cataluña»; la nada despreciable cantidad
debería deducirse íntegramente del importe de las viviendas (¿?), en proporción a las cuotas
de amortización de cada una, para que, según decía el acuerdo, quedara «en único beneficio de
los usuarios». En el debate, el concejal Martínez Barrado opinó que debería requerirse a la
promotora de las viviendas «la edificación de un pequeño Grupo Escolar para atender la edu-
cación de los niños que van a ocuparlas»; el teniente de alcalde Canellas le respondió que, «en
su día y cuando estas viviendas estén construidas, si el Estado, con su generosidad proverbial
en estos asuntos de protección escolar, no presta la necesaria ayuda, será el Ayuntamiento
quien estudie la manera de resolver dicho problema en la forma más satisfactoria posible para
todos, pues ya es sabido el viejo lema de “a más escuelas, menos bombillas rotas”». Típico y
un tanto cínico ejemplo de privatización de beneficios y socialización de cargas.
38 Casi el doble que las 64.229 viviendas protegidas construidas en el decenio 1944-1954 (BE
Trán, 2010).
Ávila, 30/10/39; cfr. MoLinEro, 2005: 46). Si la guerra había sido la reconquista por las clases
dominantes del país indebidamente tomado por las subalternas, las magras ayudas que estas
pudieran obtener del Estado y la Falange no eran sino graciosa concesión a los vencidos.
41 Si al acabar 1951 se estimaba que en España faltaban 800.000 viviendas, de las que un 25%
correspondía a la clase media, un 15% a la modesta y un 60% a la más modesta (asaMBLEa
nacionaL DE arquiTEcTos, 1952: II, 11), la fabricación de viviendas económicas no solo
beneficiaba a los obreros y, a través de ellos, a la industria, sino que proporcionaba al sector
inmobiliario unas expectativas de negocio muy superiores a las del saturado segmento de la
vivienda de lujo.
2 Según su viuda, Gloria Navarro, «no quiso presentarse al concurso convocado para cubrir la
plaza del Arquitecto Jefe de la Dirección de Arquitectura Municipal de Zaragoza, que había
ocupado interinamente desde julio de 1936 a 1942, debido a las injustas acusaciones que re-
cayeron sobre D. Miguel Ángel Navarro, titular del cargo, que se encontraba en San Sebastián
al producirse el Alzamiento del 18 de julio, y que no consiguió reincorporarse a su despacho
hizo José Beltrán, que suplió a un Carqué con mucho menos peso profesional que
Navarro, y también José Yarza, que pudo así acceder a la plaza que ya habían poseído
tres antepasados con su mismo nombre3.
Celebrado el concurso, en la sesión municipal de 16 de junio de 1941 se de-
signó arquitecto-jefe de la Dirección de Arquitectura a Yarza y arquitecto a Beltrán,
advirtiéndose que, si estos hubieran de cesar porque el Tribunal Provincial de lo
Contencioso-Administrativo repusiera a sus predecesores, continuarían realizando
los trabajos que en ese momento tuvieran encomendados hasta terminarlos4. El
mismo pleno acordó que «el hasta ahora Arquitecto-jefe don Regino Borobio con-
tinuará realizando la personalísima labor que hoy lleva a cabo en la cuestión del
ensanche de la Ciudad como colaborador de los nuevos Arquitectos y por el tiempo
hasta pasados varios meses, perdiendo el puesto. Según decía Borobio, aquel trabajo no era
para él, y sin embargo, mientras lo desempeñó, lo hizo con tal intensidad y ganas, que sus su-
bordinados comentaban que desde que estaba él al frente del departamento no había dejado
de trabajar un instante […]; y era tal su prestigio que Yarza, antes de presentarse al concurso,
quiso saber si lo iba a hacer Borobio, para evitarse molestias» (Pozo, 1990: 97-98n).
3 En apartados anteriores vimos que Yarza se había interesado por una plaza de arquitecto mu-
nicipal en 1935, y que en abril de 1937, en circunstancias que no puedo precisar, Borobio y
Ríos propusieron que se le encomendara el proyecto definitivo de la avenida del Pilar.
4 En el pleno de 21 de enero de 1948 y a instancia de Navarro, se acordó revisar el expediente
que se le instruyó en 1936, «inspirándose este Ayuntamiento en el criterio de benevolencia
que informa la legislación ministerial sobre aquellas situaciones de los funcionarios públi-
cos que causaron baja en sus escalafones». Conforme a las conclusiones del instructor de la
revisión, el 21 de abril siguiente se decidió por unanimidad readmitir al arquitecto «con el
reconocimiento de todos los derechos económicos y de carácter pasivo» a partir de septiem-
bre de 1936; se advirtió que quedarían a salvo «todas las situaciones jurídicas y derechos de
terceros creados a partir de su destitución»; que podría «reconocérsele al señor Navarro su
categoría de Arquitecto Jefe porque esa es la denominación de su empleo y título al ser des-
tituido, sin que ello implique, necesariamente, la atribución del mando administrativo de la
Sección técnica de Arquitectura Municipal», y que se le adscribiría «a una de las Secciones
vacantes en el servicio general de Arquitectura, con todos los derechos y deberes inherentes
a este cargo». En la comisión permanente de la junta de gobierno del Colegio de Arquitectos
de 23 de abril de 1948, Huerta se congratuló de la readmisión del que entonces era decano
del Colegio en un cargo del «que nunca debió salir» y propuso darle un sencillo homenaje; Ma-
ggioni sugirió hacerlo fuera de la sede colegial «para que adquiera cierta exteriorización que
en este caso se juzga necesaria», y se votó dedicarle un almuerzo colectivo en el Gran Hotel,
el 30 de abril. Miguel Ángel Navarro permaneció en su puesto de jefe sin mando hasta su
jubilación en octubre de 1953.
Carqué no solo tuvo que recurrir a los tribunales, sino que la Corporación se resistió a read-
mitirlo cuanto pudo, obligándole a agotar todas las instancias judiciales. Tras fallar el Tribunal
Provincial de lo Contencioso-Administrativo contra los acuerdos con que en 1940 había
declarado vacante su plaza y convocado concurso-oposición para cubrirla, el Ayuntamiento
apeló ante el Supremo y volvió a perder, según supo el pleno el 19 de enero de 1949. Aun así,
hasta el 3 de abril de 1950 no se acordó revisar el expediente incoado en 1936. Tras nuevo
acuerdo plenario de 10 de marzo de 1951 y por mandato judicial, Carqué recuperó su puesto
de trabajo, que gozó hasta 1967, año de su muerte.
que esto dure se le abonará un haber de quince mil pesetas anuales». Pero Borobio
se desvincularía pronto del Ayuntamiento.
En el Archivo Municipal se conserva un heteróclito conjunto de documentos
manuscritos y mecanografiados, elaborados en la Dirección de Arquitectura hacia
1942, que vienen a ser vestigios de un programa de trabajo para la redacción del
plan general de la ciudad, probablemente formado ya por iniciativa de Yarza5.
Cinco dobles cuartillas escritas a lápiz disponían la formación de relaciones y
planos que recogieran las instituciones benéficas y de previsión social, los estable-
cimientos sanitarios, religiosos y de enseñanza, los espacios libres y deportivos, y
los locales de espectáculos; la situación y características de las viviendas, industrias
y comercios existentes; las redes eléctrica, telefónica y de gas; el sistema viario con
expresión de densidades y medios de transporte público, y estadísticas de densidad
de población, mortalidad, morbilidad e higiene de la edificación y del viario, organi-
zadas por distritos y barrios6. Otras cuartillas similares especificaban con detalle los
documentos que debería contener el proyecto con sus escalas7, e incluso indicaban
referencias orientativas, importantes para nosotros porque ayudan a interpretar las
intenciones de sus autores8. Visto el trabajo que al final se realizaría, todo lo aquí
recogido pone de relieve la distancia entre los ejemplos que estos citaron o cono-
9 Este texto podía ser la conferencia que dio el archivero municipal Luis Ximénez Embún en el
cursillo organizado por el Ayuntamiento en 1943 para presentar el anteproyecto de ordena-
ción general.
10 En un par de folios que se conservan en la misma caja, se consignaba un buen número de
libros, planos, grabados, cuadros, dibujos y fotografías útiles para ampliar la descripción
histórica de Zaragoza, con indicación de los archivos, bibliotecas y museos donde podían
consultarse.
11 Los edificios subsistentes eran la Aljafería, el Amparo, los arcos de los Cartujos y del Deán, el
Ayuntamiento, los baños árabes; el Palacio Arzobispal y las casas y palacios de Argillo, Ayerbe,
del Canal, Cinegio 5, Estébanes 15, Ezmir, Fortea, Frías, Fuenclara, Guara, Lazán, Linde,
Maestranza, Martínez de Andosilla, Morata, Morlanes, Osera, calle de Palomar (testigo de los
Sitios), Pardo, Santa Cruz 5, Sástago, Sobradiel, Torreflorida, Torrero, Vera y Villahermosa;
colegio de las Vírgenes; conventos y monasterios del Carmen, Fecetas, Jesús, San Agustín,
San Lázaro, Santa Catalina, Santa Lucía, Santa Mónica, Sepulcro, Trinitarios, la Victoria y
cartujas de Aula Dei y la Concepción; fuente de los Incrédulos, Hospital Provincial; iglesias
de la Seo, el Pilar, Portillo, San Carlos, San Cayetano, San Felipe, San Fernando, San Gil,
San Ildefonso, San Juan de los Panetes, San Juan y San Pedro, San Miguel, San Pablo, Santo
Tomás de Villanueva (Escolapias), Santa Cruz, Santa Engracia y la Magdalena; la Lonja, la
Misericordia, la muralla romana, la plaza de San Nicolás, el puente de Piedra, el Teatro Prin-
cipal, el torreón de la Azuda y la Universidad.
12 También colaboraron los ingenieros Vicente Mercadal Monzón y Miguel Mantecón Navasal,
además del archivero municipal Luis Ximénez Embún y Cantín y su predecesor Sancho, el
jefe de la oficina de Estadística José Piera Buj, el inspector municipal de Sanidad Oliver, y el
personal de las direcciones de Arquitectura, Ingeniería y Sanidad.
13 AMZ, ES 50297, AM 04.02, peine sig. 0571. También ES 50297, AM 04.02, caja sig. 0572,
una copia coloreada del anterior que muestra la división del suelo urbano y a urbanizar en
15 Copia mecanografiada con notas a lápiz en AMZ, caja 213655. Aunque no consta el autor de
la conferencia, su estilo, referencias y el hecho de que se cite al final a Borobio y Beltrán como
colaboradores en la redacción del plan, permiten atribuirla con seguridad a Yarza, no en vano
director de Arquitectura; eso no impide suponer que hubiera pasajes, sobre todo en la parte
central del texto, redactados antes de su llegada al Ayuntamiento, cuando las líneas maestras
del anteproyecto estaban ya bien establecidas; pudo ser este el caso de las once bases de la
ordenación general publicadas en 1949 y ya expuestas en una más sucinta memoria mecano-
grafiada que acompañó en 1943 al plano de ordenación.
que mejoraba la relación con las demás poblaciones e imponía un límite tajante a la
expansión de la ciudad, dándole un carácter de cosa acabada y definitiva.
Como primer propósito del plan de urbanización de Oviedo de 1940, el ar-
quitecto falangista Germán VaLEnTín (1941: 28) había señalado la reorganización
de la ciudad como un todo cerrado y orgánico, bien distinto del conglomerado
anterior:
Su principal objeto es el ordenar la reconstrucción, para que lo que resulte de ella sea
una ciudad organizada, y no el caos que antes existía u otro peor […] Primeramente era
necesario concebir lo que deberá ser el nuevo Oviedo, porque del proyecto no debían
salir unos añadidos que yuxtaponer a la ciudad, sino un todo orgánico, una ciudad
completa, en la que la parte nueva tenga un enlace total con lo antiguo, sin soluciones
de continuidad.
Nuestra idea dominante fue que la ciudad debía ser orgánica, completa y cerrada: su
crecimiento debía ser dirigido; la iniciativa particular en la construcción debía ser en-
cauzada, para que el resultado de los esfuerzos de los diferentes individuos se completa-
se en un conjunto ordenado […] Para conseguir este resultado es indispensable que la
ciudad sea cerrada. Idea opuesta a la doctrina liberal de expansión, en la que la ciudad
va creciendo como una mancha de aceite por la agregación sucesiva y uniforme de edi-
ficios, llegando a constituir un cuerpo monstruoso, para el que serían insuficientes los
órganos centrales.
El desarrollo debe ser orgánico, de tal forma que cada unidad nueva lleve en sí dis-
puestos los órganos y servicios que precise, convenientemente enlazados con los cen-
trales18.
aéreo, con posibles obstrucciones de algunas vías fundamentales […] En el eje Este-
Oeste se dispone la nueva estación ferroviaria de entrada a la ciudad. En el eje Norte-
Sur, y muy próximo al centro, está situado el puerto fluvial, y hacia el sur de la ciudad el
campo de aviación de Tempelhof. De esta manera la centralización de las comunicacio-
nes es perfecta (BiDaGor, 1941b: 10).
una nueva idea de la sociedad y comparables «al plan de régimen que el Médico
prescribe al enfermo»19:
Por todos estos y otros numerosos inconvenientes, el resultado del régimen de anarquía
directiva urbanística (comunal, comarcal y nacional) y del liberalismo individualista,
dentro de los cuales se desarrollaba hasta hace poco la Ciudad, se puede resumir en un
despilfarro de energías y de vidas.
Reaccionando contra este caos en el desarrollo urbano, se ha ido formando la idea de los
planos de ordenación de las Ciudades, los cuales tienen por objeto la adaptación fun-
cional de la anatomía urbana y su normalización estructural a las necesidades biológicas
de la existencia.
La ciudad así saneada conformaría una unidad orgánica con su alfoz, el espacio
vital que le proporcionaría los alimentos y las materias primas más precisos para su
supervivencia. Más allá del cinturón de ronda que contendría su expansión y evita-
ría la contaminación del término rural con la renta urbana, se formaría una conste-
lación de núcleos satélite predominantemente agrícolas, aprovechando los pueblos
existentes antes que nuevas poblaciones artificiales. Poco a poco, el municipio po-
dría desurbanizarse, volviendo al campo los excedentes de población producidos
por el crecimiento vegetativo y las operaciones de reforma interior20.
La idea totalitaria de la ordenación territorial no acababa en el ámbito de cada
municipio. Al igual que los pueblos se relacionaban orgánicamente con sus ciuda-
des cabeceras, todas estas debían articularse, a su vez, en sistemas regionales, cuyas
cabezas se integrarían en una red jerárquica de la que sería cabeza Madrid, situada
por decisión de Felipe II en el centro geométrico de la Península.
Esas relaciones se expresarían en la concentración, en el centro de cada pieza
del sistema (el centro de Madrid, que era el de España; el de Zaragoza, que era
el de Aragón, o el de cada población subsidiaria), de sus elementos directivos en
torno a amplios espacios que posibilitaran las congregaciones de masas. Estas pla-
zas mayores serían nodos simbólicos de una red estelar de comunicaciones que se
extendería desde Madrid hasta las capitales provinciales y desde estas al resto de
poblaciones.
19 Las retóricas médica y biológica tampoco eran una innovación de la teoría urbanística fascis-
ta; el denostado funcionalismo había recurrido a ellas con frecuencia, aunque más para consi-
derar la ciudad como medio favorable o nocivo para el desarrollo biológico y psicológico de la
población, que como cuerpo susceptible en sí mismo de estudio biológico, aunque sí lo fuera
de cirugía. Con todo, este pasaje de Yarza debe cotejarse con textos como las conclusiones del
IV Congreso Internacional del CIRPAC, sobre la ciudad funcional, que reprodujo el número
12 de la revista A. C. (1933: 12-16) y sirvieron de base a la Carta de Atenas publicada por Le
Corbusier en 1941.
20 Tanto en España como en Alemania o Italia, las doctrinas ruralistas se inscribían en la más
pura esfera de lo retórico, de igual modo que el pretendido rechazo a la división social del
espacio. Fuera de la propaganda falangista, la articulación de un complejo orgánico urbano y rural
no pasó de ser expulsión de la masa obrera fuera de la ciudad central.
El principal medio para lograr esos fines sería separar mediante una tajante
barrera conceptual y material la ciudad del campo, ámbitos a la vez inmiscibles y
complementarios. Como habían expuesto los arquitectos de los Servicios Técnicos
de FET y de las JONS en las reuniones del teatro Español de 1939 y en el documen-
to inmediatamente posterior de las Ideas generales…, la lucha contra la especulación
debería basarse en la imposición a la expansión urbana de un límite infranqueable,
en unas ordenanzas que protegieran el campo circundante y en una norma que im-
Proyecto general de ensanche de Zaragoza (Navarro, 1927). [Arquitectura, 103, 1927: 404].
pidiera volver a ampliar la ciudad antes de agotarse el suelo edificable, capaz para
mucho tiempo.
Los arquitectos valencianos Enrique Pecourt y Luis Costa presentaron al
II Congreso de la Federación de Urbanismo y de la Vivienda (Barcelona, 10/42) una
ponencia donde proponían rodear todas las ciudades con tres coronas sucesivas que
definieran su límite y contuvieran su crecimiento como hasta el siglo XIX habían
hecho las murallas21. La primera sería una avenida circundante de 49 a 51 metros
de ancho, que enlazaría todas las carreteras de salida; la segunda, un anillo verde de
25 metros, plantado con árboles cuando lindara por el exterior con industrias y,
cuando diera al campo, susceptible de división en pequeños huertos alquilados a
familias urbanas modestas; por último, se impondría una servidumbre non ædificandi
21 Las referencias explícitas de Pecourt y Costa fueron Howard, Unwin, Feder y Le Corbusier.
Anteproyecto de ordenación general (Borobio, Beltrán y Yarza, 1943). [Revista Nacional de Arquitec-
tura, 95, 1949: s/p].
a una franja agrícola de unos 500 metros de espesor22. Todo ello impediría la ex-
pansión en mancha de aceite del núcleo urbano, al solo albur de la especulación, y
posibilitaría que, más allá del cinturón verde, los barrios satélites tuvieran verdadera
autonomía. Tal sistema se asociaba, además, a la cuestión del perfil o la imagen exte-
rior de la ciudad, vinculada al simbolismo de la centralidad y tan importante para el
urbanismo del momento como acreditan los planes generales de Madrid y Zaragoza
(fEDEración DE urBanisMo y DE La ViViEnDa, 1944).
De acuerdo con el programa de los arquitectos falangistas, el anteproyecto de
Zaragoza proponía cercar la ciudad con una ronda de circunvalación, bordeada ex-
teriormente por un cinturón agrícola de un kilómetro de ancho donde estaría pro-
hibida la edificación urbana. A diferencia de las vías perimetrales contempladas por
22 En sus estudios para el plan de urbanización de Salamanca, Víctor D’Ors y Germán Valentín
habían propuesto limitar el crecimiento urbano mediante un anillo boscoso de 100 a 150 me-
tros de anchura, más allá del cual solo se admitiría la formación de núcleos satélite rurales.
23 En BETrán (2013: 334n) expuse los precedentes del actual tercer cinturón, desde el plano
Red arterial de tráfico firmado por Borobio y Beltrán en 1938 (que aún no lo cerraba en la
margen izquierda) hasta la aprobación, el 31 de agosto de 1944, de una modificación del
anteproyecto de ordenación general para adecuar la circunvalación, frente a la prolongación
de la Gran Vía, al proyecto formado el año anterior por la Jefatura de Obras Públicas para
el tramo que enlazaba las carreteras de Logroño, Madrid y Valencia. El 1.º de diciembre de
1945, la Corporación decidió expropiar los terrenos precisos para ejecutar el primer trozo
de este tramo, comprendido entre las carreteras de Logroño y Madrid; el 31 del mismo mes,
acordó notificar a la Jefatura Provincial de Obras Públicas que, aunque el ingeniero municipal
de caminos había informado favorablemente el proyecto del tramo segundo, trozo primero
(margen izquierda del Ebro), la Dirección de Arquitectura había advertido que no podía
aprobarse porque perturbaba el contenido del anteproyecto de ordenación en esta parte de la
ciudad.
24 En su conferencia de 1943, Yarza había añadido: «el perímetro exterior de la Ciudad tendrá
17 km y la longitud de la dimensión máxima transversal será de 6 km».
Esquema general de ordenación de Zaragoza. [Revista Nacional de Arquitectura, 95, 1949: 485].
cartón, juguetería, etc., que dependen en menor grado del suelo, y que producen mer-
cancías en que el transporte es fácil y el valor no guarda proporción con el peso, ¿por
qué han de estar encadenadas y, sobre todo, por qué han de echar sobre los hombros
de sus obreros las cargas inherentes a la vida en una gran ciudad? […] El lema sensato del
urbanista español debería ser «procurar que no haya más grandes ciudades y limitar
el crecimiento de las actuales». Esta postura mía, que sostengo hace quince años, ha
venido a ser reforzada por las trágicas enseñanzas de la guerra actual. Las últimas orde-
nanzas de edificación diseminada inglesas y alemanas valen por un curso de economía
urbana (fEDEración DE urBanisMo y DE La ViViEnDa, 1945: 160-161).
4. El centro rector
Para hacer de Zaragoza un ente orgánico perfecto, el anteproyecto de ordenación
general debía disponer en el centro geométrico del contorno virtualmente circular
impuesto por la ronda exterior un área representativa de su ser histórico, y, dentro de
ella, un foro directivo que expresara la unión de todas las instancias del poder y diera
un marco adecuado a las congregaciones de masas religiosas y patrióticas.
En la conferencia que tituló «Plan de ciudades» y dictó ante la I Asamblea Nacio-
nal de Arquitectos, Bidagor enunció una supuesta doctrina falangista sobre los cen-
tros históricos. Tras acotarlos y depurarlos de todo cuanto el desorden liberal había
acumulado sobre ellos, el planeamiento debía regenerarlos como cabezas rectoras
de ciudades orgánicas, dándoles aquellas funciones que pudieran contribuir a una
nueva vida y desplazando a nuevos órganos subordinados, pero autónomos, cuanto
pudiera obstaculizar ese propósito:
De esta forma, las ciudades antiguas serán vivas, respondiendo a misiones fecundas,
enriquecidas por el sedimento precioso de la tradición, impregnada en nuestra Patria de
los más altos recuerdos de grandeza, de heroísmo, de Imperio, y no se transformarán,
como quería la hipocresía semiintelectual, en museos muertos de glorias pasadas que se
estimaron caducas, sino que, presentes en nuestros diarios afanes, serán piezas maestras
que nos incorporen y nos unan en una misión única a través de la geografía y de la his-
toria (BiDaGor, 1939: 64).
No se propugnaba, pues, una quimérica recuperación de la función histórica
de la ciudad central, sino su transformación en un órgano nuevo, bien definido y
adecuado a las necesidades representativas y funcionales del Estado totalitario: algo
muy visible en las mutaciones experimentadas por la Zaragoza bélica, que habían
demostrado una vez más que la historia, como advirtiera Pokrovski, no es más que
la proyección de la política hacia el pasado.
En el centro y la cúspide de la nueva Zaragoza estaría el casco romano, donde
el anteproyecto de 1943 asumía las líneas maestras del plan de reforma interior de
1939, pero con los muy importantes matices propuestos por el propio Bidagor en su
informe de 1941. Se renunciaba, así, a equiparar la capacidad funcional del centro
con la del resto del suelo urbano, para perfeccionarlo como reducto del alma tradi-
cional de la ciudad y hacer de él algo parecido a una City nacionalcatólica. La vieja
Dentro del casco, la plaza del Pilar, ordenada ya en los primeros momentos de
la guerra y pionera de la reconstrucción urbana en la España de Franco, ocupaba
el lugar más relevante, como acrópolis institucional donde estaban representados
los valores ideológicos que inspiraban al Nuevo Estado y se concentraban las sedes
rectoras de la vida religiosa y civil de la ciudad (por este orden).
El anteproyecto de ordenación general contuvo la quinta versión del diseño de
esta plaza desde 1936, sin contar la maqueta realizada por Acha en 1942. Como sa-
bemos, en el proyecto de 1937 la arcada que separaba las plazas del Pilar y San Juan
de los Panetes pasó de una planta recta a semicircular, y apareció una segunda exe-
dra, esta semielíptica, frente al santuario. En 1939, se sustituyó la primera exedra por
una gran lápida plana que serviría de fondo al Altar de la Patria, y la anchura do-
minante de la plaza del Pilar disminuyó de 58 a 50 metros. En abril de 1943, se
incorporó el proyecto de Altar de la Patria con que los Moya, Huidobro y Laviada
habían ganado el concurso fallado un mes antes, al tiempo que desaparecía la exe-
dra enfrentada al Pilar, como consecuencia del informe de Bidagor al proyecto de
reforma interior.25
25 En su conferencia de 1943, Yarza indicó que el proyecto de Borobio se mantenía con «su-
presión del ensanchamiento elíptico de la Plaza de Nuestra Señora del Pilar y sustitución
del mismo por otro de planta rectangular; en esta Plaza se suprimen también las reformas de
alineaciones proyectadas para las casas de la Plaza de la Seo y calle del Cisne, dejándolas en
su estado actual».
Al final, las varias razones señaladas por Bidagor se reducían a una sola fi-
nanciera: a despecho de su superfluidad para el tráfico rodado y de sus efectos
26 Como había recomendado Bidagor, para ampliar la capacidad rodada del Coso entre las ca-
lles de Alfonso y Don Jaime, el anteproyecto preveía ensanchar la calzada estrechando la acera
norte, y establecer a cambio una servidumbre de soportales en las fachadas de sus edificios.
También suprimía la plaza y salida al paseo del Ebro que en 1939 se habían previsto en el
punto de inflexión de la calle de Aben Aire, y la gran plaza proyectada entonces en la salida al
Ebro del Coso Bajo, encauzando esta vía directamente hacia el puente del Pilar, que debería
ensancharse.
27 Como se verá, el Ayuntamiento retomó la prolongación del Paseo en 1944, por lo que este
pasaje se omitió en la publicación del texto en 1949, muy aligerada en cuanto a la ciudad vieja
y su reforma. En 1951, Yarza propondría una prolongación de 45 m, desplazando veinte la
línea izquierda de 1939.
5. La capitalidad regional
En el número 7 de la revista Reconstrucción (1941), Gaspar Blein había afirmado
que la «ciudad española» tenía por primera característica «desempeñar una misión,
un papel subordinado al destino trascendente que Dios ha señalado a España». Des-
pojada de todo rastro de soberanía y de cuantas peculiaridades históricas, políticas
y simbólicas no expresaran su pertenencia a la patria, Zaragoza debía constituir un
peldaño intermedio en la pirámide de mando culminada en Madrid y, como otras
capitales de provincia, hacer de su función mediadora una importante base ideoló-
gica de su programa urbanístico.
En su ya citado texto sobre las reformas de Berlín, BiDaGor (1941b: 3) había
advertido que, en la reestructuración orgánica de la red de ciudades del Reich, «no
se ha pensado simplemente en su riqueza, en su ensanche o en su embellecimiento,
sino que se ha determinado el papel que cada una de las ciudades desempeña en el
urbanismo estatal y se ha concretado la misión de algunas de ellas vinculándolas a
determinadas funciones del Estado que, por razones especiales, estratégicas o histó-
ricas, se acomodaban particularmente a ellas». Admitida su subordinación, la espe-
cialización de las capitales secundarias según sus condiciones naturales o históricas
reforzaría la cohesión del sistema urbano nacional, enriqueciéndolo y estimulando
la interdependencia de sus partes.
La función de Zaragoza como capital secundaria operaba tanto en el plano po-
lítico (capital provincial), como en el religioso (sede archiepiscopal), el militar (cabe-
za de la V Región Militar), el universitario y el histórico (antigua capital del reino
y la Corona de Aragón, y epicentro de la resistencia antifrancesa en 1808). Pero su
singularidad dentro del compuesto orgánico español radicaba en la relevancia que
le otorgaban la Academia General Militar y, sobre todo, la virgen del Pilar, que le
permitía invocar su función histórica de capital espiritual de la Hispanidad28.
Por la militancia falangista del autor, su temprana redacción y la publicación en
el número 1 de la Revista Nacional de Arquitectura, no puede ignorarse la exposición
del programa urbanístico propio de una capital regional que contuvo la memoria del
plan de urbanización de Oviedo, de Germán VaLEnTín (1941: 29-30):
En el programa de Oviedo como ciudad entra como función específica y primordial la
de capitalidad. Esta función abarca tres aspectos: La capitalidad religiosa de la Diócesis,
28 Algo dice de la posición de Zaragoza en el Nuevo Estado que la cúspide jerárquica ideal de la
ciudad correspondiera a la Virgen, esposa y madre por excelencia. Cuando poco después se
reivindicara la figura de un rey, se elegiría al primero que lo fue al mismo tiempo de Aragón y
de una España embrionaria y, sin embargo, eterna: Fernando el Católico, el más femenino de
todos los reyes hispánicos, consorte en un matrimonio en el que la historiografía oficial había
invertido los roles sexuales: según el divulgado manual escolar Santa tierra de España, publi-
cado por primera vez en 1942, «Isabel gobernaba recta y generosamente; pero no le temblaba
el pulso cuando de criminales, revoltosos e indisciplinados se trataba. Fernando el Católico
asentía, aprobaba satisfecho» (MunTaDa, 1958: 66).
con sus órganos representativos y de acción, templo catedralicio, Cabildo catedral, obis-
pado y Seminario. La capitalidad civil tiene como órganos el Gobierno Civil, con sus
servicios de policía, servicios técnicos y de administración; la Diputación Provincial, con
sus servicios de Sanidad, Beneficencia, fomento pecuario y administración. La capita-
lidad militar abarca todos los elementos de la cabecera de una División: cuarteles, par-
ques, Hospital Militar y Caja de Reclutas […] La función de capitalidad requiere lugares
propios para las solemnidades y desfiles y vías donde situar los edificios representativos
con la dignidad que les corresponde, en emplazamientos cuya situación altimétrica sea
tal que tengan personalidad y destaquen en la silueta o en la fachada de la ciudad […]
Carece también Oviedo de una plaza para solemnidades civiles […] Se impone la crea-
ción de una gran plaza cerrada, con soportales y arquitectura uniforme, del tipo de las
plazas imperiales españolas.
Tampoco existe una calle o paseo con capacidad para desfiles; vía procesional impres-
cindible en toda ciudad que ostente jerarquía civil o militar29.
En 1943, el programa de Valentín estaba prácticamente resuelto en Zaragoza,
que contaba con una gran plaza para solemnidades, en torno a la que se agruparían,
además, los edificios más representativos; y si hasta entonces el eje formado por la
Gran Vía, Independencia y Alfonso había servido de vía procesional, el anteproyecto
de ordenación general destinaba a ese fin la futura avenida de los Héroes, que re-
lacionaría la plaza del Pilar con la Academia General Militar. La memoria de este
documento mencionaba también la función directiva regional de Capitanía General
y la Ciudad Universitaria, y añadía una vaga alusión al turismo y al deporte. Pero,
sobre todo, se recreaba en los contenidos más retóricos de la capitalidad.
En este aspecto, una capital regional debía replicar la ordenación de Madrid,
cuya primera premisa política, según Bidagor, era expresar la capitalidad nacional
mediante «la agrupación de todos los edificios que albergan esta compleja función
en un conjunto único y, de no ser posible esto, en el menor número de grupos», «la
exaltación de los valores tradicionales» y el «respeto a los barrios que han sido teatro
de glorias históricas». En particular, «la representación simbólica de la capitalidad»
exigía la «revalorización de la fachada del Madrid imperial del siglo XVII», mues-
tra de «un tipo urbano común a las más características ciudades españolas», como
Toledo, Segovia, Salamanca, Ávila o Granada, y formar en la plaza de Oriente,
donde estaban el Palacio Real, la Ópera y la inconclusa catedral de la Almudena, un
conjunto rector integrado «por todos los elementos de mayor significación nacional,
procurando disponerlos con arreglo a su jerarquía» (BiDaGor, 1941a: 7-8). En la
memoria del plan general de Madrid, el autor escribiría que la cornisa del Man-
zanares «reúne el paisaje típico velazqueño de la sierra madrileña, la belleza de las
luces de Poniente, el prestigio histórico de los recintos antiguos con el recuerdo de
la primera Reconquista, la tradición imperial de esta fachada, la emoción de la lucha
y la victoria de la Segunda Reconquista [la Guerra Civil]». Por eso, «la Capitalidad
29 Solo reproduzco los pasajes relativos a las funciones simbólicas de una capital secundaria;
además, Germán Valentín se refería a las necesidades circulatorias, turísticas, comerciales,
industriales, bancarias, residenciales, recreativas y culturales.
30 Buena prueba de que Miller Lane tenía razón y lo verdaderamente propio del urbanismo de
los países fascistas era la palabrería con que se envolvía.
todo, el Esquema del trazado viario de enero de 1941, además de realizaciones pun-
tuales como la prolongación de la Gran Vía (futuro paseo de Isabel la Católica),
aprobada provisionalmente en 1938, o el enlace de las carreteras de Logroño, Madrid
y Valencia, con cuyo proyecto se mostró conforme el Ayuntamiento el 10 de marzo de
1943. Este enlace constituiría un tramo del anillo exterior de circunvalación previsto
por el anteproyecto, elemento maestro que recogía todas las carreteras que llegaban
a la ciudad y daba inicio a una serie de avenidas radiales dirigidas hacia una ronda
interior que bordeaba el casco romano; entre ambas, otras vías concéntricas com-
partimentarían el espacio urbano y facilitarían el fluido desplazamiento de unos
puntos a otros, descongestionando el centro:
La carretera de Logroño, de término en Zaragoza, penetra en la ciudad por la Avenida
de Madrid y calle del General Franco; esta penetración enlaza con las dos vías de ronda
del interior de la ciudad en la plaza del Portillo y en el Coso.
El actual paso inferior de las Delicias, de congestión peligrosa de tráfico, se resuelve […]
ensanchándolo, hasta conseguir una anchura triple de la actual; este ensanche llevará
consigo la modificación del tendido de las vías del ferrocarril de M. Z. A.
La carretera de Madrid, de tránsito; penetra en la ciudad por el mismo itinerario que la
anterior, y se enlaza con su continuación a Barcelona por medio de la proyectada vía de
enlaces [el anillo exterior] en la Zona Norte del Ebro.
La carretera de Valencia, de término; penetra actualmente en la ciudad por el barrio de
Hernán Cortés hasta enlazar con la vía de ronda del paseo María Agustín en la Puerta
del Carmen; esta penetración es defectuosa por la estrechez de las calles. Se propone
la nueva penetración a lo largo de la Gran Vía de la Zona de Miralbueno, prolongada
desde su actual terminación en el parque de Primo de Rivera hasta su enlace con dicha
carretera en el punto de encuentro con el anillo exterior de enlace; esta penetración, hoy
en ejecución, tiene una sección de 45 mts. de anchura, con una calzada central de 15
metros y dos colectoras laterales de 6,50 mts., separadas de la central por platabandas
verdes de 1,50 mts.; el resto de la anchura lo constituyen las aceras para peatones.
La carretera de Castellón, también de término; penetra actualmente en la ciudad por la
calle Miguel Servet y el puente sobre el Huerva, en la Puerta del Duque; esta penetra-
ción resulta actualmente insuficiente por la escasa sección de dicha calle (12 mts.) y su
excesivo tráfico (Matadero, Fábrica de Cementos, Estación-Almacén de Tranvías, Es-
tación de Utrillas, Granja Agrícola, etc.); resultando imposible su ampliación por estar
totalmente edificada. Se propone la nueva penetración a lo largo del actual paseo Mari-
na Moreno; la sección de este nuevo acceso será también de 45 mts. de anchura, con la
misma ordenación que la anteriormente descrita hasta su encuentro con el actual paseo
Marina Moreno y su prolongación, donde cambia de sección y ordenación debido al
actual cubrimiento del río Huerva (60 mts. de anchura).
La carretera de Barcelona, de tránsito; penetra actualmente en la ciudad por la Avenida
de Cataluña y Puente de Piedra, enlazando con la de Madrid por el paseo del Ebro; el
acceso por el Puente de Piedra es insuficiente por la escasa sección del mismo y ser de
imposible ampliación por su carácter histórico, siendo además el receptor de todo el
tráfico entre las zonas norte y sur del Ebro.
Se propone el nuevo acceso por la desviación de la Avenida de Cataluña, hasta enlazar
con el actual Puente del Pilar ensanchado; su enlace con la carretera de Madrid se efec-
tuará, como ya se ha dicho al hablar de esta, por medio de la vía de enlace del norte del
Ebro.
La vía así definida tenía un estricto carácter urbano, ya que no prolongaba di-
rectamente ninguna carretera: al norte, la avenida de los Héroes llegaba hasta la
Academia General, pero, a diferencia de la futura avenida de los Pirineos, no pasa-
ba tangente ante su puerta para seguir hacia Huesca y Francia, función que seguía
31 El anteproyecto de Zaragoza se atenía a los criterios seguidos en los estudios para el plan de
Salamanca, que, para evitar los desastrosos efectos del procedimiento de la edificación fuera
de línea que hubiera debido utilizarse para ensanchar las vías principales tradicionales, rele-
gaba estas a una función secundaria y las sustituía por radiales principales de nueva creación
(D’ors, 1941: 57).
32 «Esta vía Norte-Sur establece una relación rápida y directa entre diversos sectores de la ciu-
dad, evitando el paso por la Plaza de España, y proporciona magníficas perspectivas a los
citados monumentos de la Puerta del Carmen e iglesia de Santiago, y por el ensanchamiento
de la calle Imperial, que dejará al descubierto la Muralla romana» (BoroBio, 1946: 15).
33 En su ponencia ante la I Asamblea Nacional de Arquitectos (1939), pomposamente titulada
«Madrid, capital imperial», Luis Pérez Mínguez había propuesto trazar un sistema de vías de
recepción o triunfales, articulado con campos para grandes asambleas y concentraciones milita-
res. Bidagor definió como acceso de honor a la fachada principal de Madrid la vía de la Victoria,
proveniente de El Escorial y el Monumento Nacional de la Victoria construido en la sierra de
Guadarrama. En el plan general de 1941, llamó vías políticas a las de la Victoria, de Europa e
Imperial, calificación que convenía también a la avenida de los Héroes de Zaragoza.
34 La suma de estas cuatro avenidas dejaría fuera del recorrido estructural norte-sur al elemento
germinal del paseo de la Independencia, ocupado hasta 1960 por un salón arbolado y con
capacidad muy limitada en relación con el tráfico rodado.
35 Durante la guerra, se había situado también en esta alineación el Campo de la Victoria, cerca
ya del parque. En el pleno del 17 de abril de 1939, el primero celebrado tras su finalización, el
concejal carlista Manuel Campos propuso que se levantara «al final de la Gran Vía, frente a la
entrada del Puente de trece de Septiembre, un grandioso Monumento que simbolice y perpetúe
la participación de Aragón en la liberación de España, solicitándose la cooperación de la Dipu-
tación de Zaragoza y de las Diputaciones y Ayuntamientos de las capitales hermanas»; nunca se
erigiría este tremendo monumento a la Cruzada, que hubiera competido inoportunamente con
el Altar de la Patria de la plaza del Pilar.
36 Rememorando su función en la Zaragoza medieval, se pensó rescatar la Aljafería, situada en
este eje, para restaurarla como palacio donde alojar al jefe del Estado y otras esclarecidas per-
sonalidades en sus visitas a Zaragoza (actas plenos 30/12/49 y, sobre todo, 30/6/50). El 11 de
enero de 1952, el pleno municipal quedó enterado de la creación, por decreto del Ministerio
de Educación Nacional, del Patronato del Castillo-Palacio de la Aljafería de Zaragoza.
directa transversal de la ciudad, que enlaza el barrio de Delicias con el de San José
(Avenida del Ferrocarril)»37 (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 486).
Por otra parte, y como advertían las conferencias madrileñas de 1939 y la pro-
pia memoria del anteproyecto zaragozano, la trama radiocéntrica de vías principales
no solo debía resolver la circulación rodada interior y de paso, sino también dar una
potente base material a la reordenación del organismo urbano en células funcionales
adecuadamente diferenciadas y relacionadas.
A comienzos de los cuarenta se percibía como una necesidad acuciante atajar
la expansión caótica de una ciudad en pleno desarrollo y subsanar de una vez por
todas los problemas causados por la falta de directrices generales. Aunque el pla-
neamiento de ensanche de la Dictadura y la República había introducido raciona-
lidad en la ocupación de algunas zonas, y se había avanzado mucho en la dotación
de infraestructuras a los barrios, el panorama global seguía siendo muy deficiente.
En su opúsculo sobre los Planes de urbanización de Zaragoza, BoroBio (1946: 10-
11) advertiría que la superficie ocupada por las zonas edificadas había pasado de
132 ha en 1800 a 254 en 1910 y a 675 en 1945; tan acelerado crecimiento había
«pecado de desordenado», verificándose sobre todo por adición de nuevos barrios
promovidos por particulares que parcelaban sus terrenos y los vendían en plazos
semanales a personas que edificaban su «casita en los ratos robados a su descanso».
Como es lógico, los servicios urbanos faltaban por completo y «el trazado de las
calles, en la mayor parte de los casos, era arbitrario y no respondía a más razones
que las de un aprovechamiento más lucrativo del terreno disponible». Poco a poco,
decía, el Ayuntamiento iba subsanando estas deficiencias, y había conseguido que
todos los barrios tuvieran agua y alcantarillado y que fueran accediendo también,
más lentamente, a la pavimentación y el alumbrado. Pero, mientras, «los barrios que
surgieron con los caracteres de modestia que quedan indicados» se transformaban
y, conforme subía el valor del suelo, las casitas de planta baja eran sustituidas por
edificios de más categoría.
En esta tesitura, era preciso integrar las barriadas formadas al azar de los inte-
reses privados en un orden general unitario, algo dificultoso por haberse establecido
muchas de ellas lejos de los núcleos urbanos existentes, dificultando llevar hasta ahí
los servicios indispensables, mientras otras zonas más céntricas seguían sin edificar.
El territorio urbano había quedado parcheado con sectores de trazado arbitrario,
cuyas calles se interrumpían en sus límites sin llegar a enlazar con otras de categoría
análoga, impidiendo a áreas enteras de la ciudad relacionarse con otras próximas.
Con el sistema concéntrico de comunicaciones diseñado en 1943, se quería superar
esas dificultades y facilitar la conexión entre unos sectores y otros y de todos ellos
con el centro, materializándose así una idea jerárquica de ciudad.
40 Por orden de 16 de abril de 1936, el Ministerio de Obras Públicas había aprobado un proyecto
de obras de defensa de la margen izquierda del Ebro, condicionando su ejecución a que el
Municipio costeara la mitad de su importe y cediera los terrenos necesarios. El Ministerio
admitió que este abonara en veinte anualidades la mitad de su contribución en metálico, y
el Ayuntamiento aceptó colaborar en unas obras oportunas para paliar el elevado paro obrero
y precisas para sanear la margen izquierda del río y posibilitar la ampliación del ensanche en la
zona del Arrabal. La asonada del 18 de julio impidió que el convenio llegara a materializarse.
41 En el apartado X.13 se verá que así lo aprobó la Comisión Central de Sanidad Local en
1945.
Croquis de emplazamiento de la Academia General Militar y avenida de los Héroes (Yarza, 1939).
[AMZ, ES 50297, AM 04.02, caja. sig. 0489].
44 Muy de acuerdo con el íntimo compromiso entre fascismo y clericalismo propio del franquis-
mo, el arquitecto falangista Germán Valentín asimiló en el plan de urbanización de Oviedo
(1940) los distritos urbanos a las parroquias, como harían también Bardet, Alomar o el plan
general de Zaragoza de 1968, redactado por Emilio Larrodera.
45 Si esto era la teoría, la práctica del urbanismo corporativo tuvo un prototipo temprano en el
poblado de Cerro Palomeras (Madrid), proyectado por los Servicios Técnicos de Falange en
agosto de 1939 para realojar a 15.000 madrileños cuyas casas habían sido destruidas en la
guerra. Se exhibió en la exposición de la Dirección General de Arquitectura de 1942 y lo pu-
blicó en el número 10-11 de la Revista Nacional de Arquitectura. Su memoria reclamaba para
todo barrio residencial «todas las funciones de índole colectiva que hacen que lo que pu-
diera ser un simple amontonamiento de casas y familias sin dignidad, vivero continuo de
odio y lucha de clases, alcance un grado de organización que lo constituye en un miembro
urbano con personalidad material y espiritual, con servicios que no se limiten a la mate-
rialidad del alcantarillado sino que, comenzando por lo más sagrado en el orden religioso,
contengan todas las manifestaciones sociales, políticas, económicas, sanitarias, etc., y que
las ordenen todas expresivamente para satisfacer una función concreta y definida al servicio
del conjunto de la ciudad y, a través de esta, de la patria» (cfr. DiéGuEz, 1991: 199).
plan; despierta el orgullo por la Ciudad. De ello resulta el desarrollo de la misma como
un lugar bien planeado y protegido, creándose por ello un hermoso ambiente dentro del
cual se viva, se trabaje y se juegue.
46 Lo mismo hicieron otros planes de estos años, y así la memoria del plan de urbanización de
Oviedo advertía que se había «adoptado el criterio seguido por la Junta de Reconstrucción de
Madrid, a cuyos técnicos, especialmente a los Sres. Bidagor y Lamadrid, tenemos que agrade-
cerles el habernos facilitado las normas por ellos estudiadas, y que aplicamos a este proyecto»
(VaLEnTín, 1941: 37).
47 Calificaciones según el artículo de 1949; según la leyenda del plano del anteproyecto, Rb era
zona residencial con edificación abierta extensiva y Rc zona residencial con edificación abierta inten-
siva. En su conferencia de 1943, Yarza solo se refirió a la admisión de usos industriales en los
sectores Ia e Ib, añadiendo una zona de industria pequeña, ausente en el artículo publicado en
1949, «levemente molesta, admitida en los sectores anteriores [Ia e Ib] y en los sectores Rb (re-
sidencial abierto), Rc (residencial cerrado) y Ca, Cb (zonas comerciales de ensanche y casco)».
9. La ordenación residencial
La potente estructura viaria primaria del anteproyecto se completó con el trazado
detallado del viario secundario, a escala de barrio, que delimitó con precisión todas
50 «Las zonas residenciales de edificación aislada, tipo ciudad jardín, se han fijado en aquellos
lugares más próximos a las zonas verdes, para que sirvan de transición entre estas y la ciudad
propiamente dicha» (BoroBio, 1946: 19).
51 El plan general de 1959 diría querer superar la atadura del aprovechamiento al tipo, pero no
pasó de una breve y confusa serie de normas de vigencia imprecisa que, de haber conseguido
imponerse a las ordenanzas de edificación de 1939 (lo que no ocurrió) hubieran provocado
un desorden de la edificación todavía mayor que el que se denunciaba. El plan de Larrodera
de 1968 ya utilizó parámetros relativos de edificabilidad expresados en m3/m2 (volumen cons-
truido sobre rasante dividido por superficie de suelo), que podían aplicarse a la escala de la
parcela, de la manzana o de un sector urbano pendiente de ordenación detallada, y que deja-
ban abierta la regulación de las condiciones tipológicas a patrones independientes. Los planes
generales de 1986 y 2001 recurrieron a índices más precisos expresados en m2/m2 (superficie
construida sobre rasante dividida por superficie de suelo).
52 Que, por cierto, atribuyó a Navarro (¿Miguel Ángel?) el anteproyecto de Zaragoza de 1943.
hecho las actividades industriales de la ciudad desde finales del siglo XIX, al amparo
de infraestructuras de comunicaciones territoriales y cursos de agua (BETrán, 2014:
133-141). En un escrito de 10 de junio de 194053, la Cámara de Comercio encontró
acertadas las tres áreas «por el relativo aislamiento en que […] se encuentran res-
pecto del casco urbano y su identificación con los sectores donde ya los industriales
han comenzado a situar instalaciones». Se destacaba que en estos lugares no solo
se habían implantado industrias, y que «cerca de las tres zonas marcadas existen
barriadas obreras y extensiones de terreno a precio asequible para su ampliación».
Además, las zonas del Arrabal y Miraflores estaban atravesadas por líneas férreas
y carreteras importantes, y la de La Almozara, inmediata a la estación de Delicias
y al ferrocarril de Madrid, podía enlazarse fácilmente con la red de carreteras. El
único pero de la Cámara a la propuesta municipal se refería a La Almozara, donde
recomendaba prohibir la instalación «de industrias que produzcan humos y gases
tóxicos, en consideración a los vientos dominantes, que proceden de esa dirección
respecto del núcleo urbano». Y al final los empresarios, en lo más duro de la posgue-
rra, protestaban por la excesiva protección que el Régimen daba a los trabajadores,
materia en que los avances deberían ser discretos y mesurados para no encarecer la
vida.
A partir de las mociones de Caballero y de sugerencias como esta, la comisión
de Hacienda y Presupuestos elaboró un dictamen sobre creación de zonas industriales
en los alrededores de Zaragoza que se elevó al pleno de 19 de septiembre de 1940 y dio
lugar a la aprobación de las siguientes conclusiones:
1.ª Que con toda urgencia y actividad posible, se proceda por el personal afecto a la
Dirección de Agronomía al replanteo de la línea límite de las zonas en que se ha pensa-
do, por este orden: Miraflores (carretera de Castellón), carretera de Navarra, carretera
de Huesca y carretera de Cataluña. Respecto de esta última, deberá estudiarse la des-
viación del camino de hierro (línea del ferrocarril) y tenerse presente, con relación a la
segunda, la dirección de los vientos reinantes, que, en su frecuencia, entran en Zaragoza
por esa zona.
2.ª Estudio subsiguiente y redacción de común acuerdo por las Direcciones de Agrono-
mía, Agricultura e Ingeniería de un anteproyecto de urbanización de cada zona indicada,
debiendo de abarcar no solamente los servicios propios a un sector urbano, sino también
los característicos de zonas como las proyectadas y aquellos otros que permitan su fácil
acceso con la ciudad y con las líneas de ferrocarril. En dicho trabajo habrá de figurar
la valoración de todas las obras y expropiaciones precisas, teniéndose presente que las
zonas proyectadas sean modelo entre las de su género y que la realización del proyecto
se ha de llevar a cabo en diferentes etapas.
3.ª Con el presupuesto resultante, una vez cumplido lo anterior, deberá estudiarse la
correspondiente operación de crédito.
4.ª Debe ser propósito del Ayuntamiento que todos los terrenos que se puedan obtener
con la realización del proyecto, se cedan sin pérdida ni beneficio alguno a quienes en
ellos se comprometan a instalar centros fabriles. Sobre esta base, los técnicos municipa-
les deberán realizar su trabajo pensando en que las superficies expropiables sean todo lo
grande que permitan las disposiciones legales actualmente en vigor.
55 Al mismo tiempo, la llegada de los trenes de Alsasua y Pamplona se trasladó desde el Campo
Sepulcro a la estación del Arrabal o del Norte, que durante muchos años sería la más impor-
tante de la ciudad, gracias también a un entorno poco consolidado que le proporcionaba todo
el suelo que necesitara y evitaba conflictos con otros usos. En 1914, sus instalaciones se am-
pliaron con una estación de clasificación de vagones vinculada solo al tráfico de mercancías y
situada al norte de la anterior.
56 En 1887, el Ayuntamiento ya había instado la construcción en el Campo Sepulcro de una
estación central para todas las vías férreas que llegaban a Zaragoza.
57 El proyecto se aprobó por orden ministerial de 9 de abril de 1960. El 12 de mayo, el Ayun-
tamiento pleno quedó enterado de esta orden y de que, gracias a las gestiones del alcalde,
la colaboración económica municipal se rebajaría del 60% convenido en principio al 40%,
equivalente a 16.000.000 ptas.
un plan general de enlaces ferroviarios que preveía enlazar las estaciones del Arrabal
y Miraflores, suprimir el paso de la Química y dejar en Zaragoza una sola estación
central, en el Campo Sepulcro, clausurando el servicio de viajeros en todas las de-
más. Entre 1966 y 1970, se construyó el enlace de la estación de Miraflores con la
del Arrabal, que incluía un nuevo puente ferroviario sobre el Ebro, aguas arriba de
la desembocadura del Gállego, y cerraba los barrios de Las Fuentes y el Picarral con
una barrera especialmente dura en los tramos próximos al Ebro, por causa de los
altos terraplenes que elevaron las vías hasta la cota de cruce sobre el río y sus viales
laterales. La inauguración del enlace oriental dejó fuera de servicio el paso de la
Química, transformado en puente convencional en 1987. También en 1967, se clau-
suraron las estaciones del Arrabal, Utrillas y Caminreal, funcionando como estación
central la del Campo Sepulcro desde entonces hasta 2003; en 1973, fue ampliada y
reformada, y pasó a llamarse estación Zaragoza-El Portillo.
La preocupación por los grandes sistemas de comunicaciones que debían co-
nectar Zaragoza con la red nacional centrada en Madrid y la red regional dimanante
hacia el resto del territorio aragonés, se completaba en la memoria del anteproyecto
de 1943 con una mención de los accesos por aire, que se consideraban resueltos con
los campos de aviación existentes de Valenzuela y Sanjurjo; en el segundo, distante
12 kilómetros de la ciudad por la carretera de Madrid, estaba entonces en construc-
ción el aeropuerto civil58.
58 Al empezar la guerra, Zaragoza solo contaba con el aeródromo de Palomar, frente al campo
de San Gregorio en la carretera de Huesca; se había creado con fines deportivos y, ahora que
solo tenía uso militar, se creyó necesario trasladarlo a otro lugar más alejado de la artillería
republicana. Para servir de base a la modesta aviación nacional, la Aviazione Legionaria y la
Legion Kondor, el ejército adquirió un extenso terreno inmediato al Canal Imperial, que faci-
litaría el suministro de materiales, y construyó las instalaciones militares que el 15 de octubre
de 1936 se bendijeron con el nombre de aeródromo de Garrapinillos; las formaban dos campos
de vuelo de un kilómetro cuadrado cada uno, aproximadamente, y distantes entre sí cuatro
kilómetros; el más próximo a Zaragoza se denominó aeródromo de Sanjurjo y el más alejado
aeródromo de Valenzuela. En la primavera de 1946, el primero se transformó en aeropuerto na-
cional, construyéndose la terminal de pasajeros y dividiéndose en una zona civil y otra militar,
donde estaba el acuartelamiento Sanjurjo. El aeródromo de Valenzuela siguió reservado al uso
militar (datos extraídos de la página web del Ejército del Aire, con corrección de algún error
tan pintoresco, viniendo de donde viene, como la atribución de los nombres de Sanjurjo y
Valenzuela a las familias a las que se compraron los terrenos).
60 Una supuesta eminencia gris del Régimen, el jesuita y físico José Agustín Pérez del Pulgar
(teórico también del sistema de redención de penas por el trabajo), elaboró el principio de la
cristiana autarquía, que, más que contribuir a un desarrollo económico del que se recelaba,
debía hacer del país una gran cárcel aislada del exterior. Sobre el uso político de la autarquía
como cuarentena social y su indirecta contribución al fértil proceso de acumulación por pura
apropiación de plusvalías absolutas, véase richarDs (1998: XVII, 4-6, 20-23, etc.).
61 El 1.º de septiembre de 1936, el canónigo Santiago Guallar clamó en la Seo por el pecado per-
petrado por España, llevada a la impiedad y a la blasfemia por «más de un siglo de liberalismo
pernicioso, de funesta democracia y de injusticia social», y ahora obligada a reconocer sus cul-
pas, confesarlas, arrepentirse y sumergirse «en un bautismo de sangre» tras el que resucitaría
«pura, blanca, limpia y regenerada»: «Cuando ya todos estos sacrificios estén consumados, Tú
levantarás el muro de la nueva Jerusalén, de la nueva España, una, libre y entera» (cfr. izquiEr
Do, 1937: 82-85). El 11 de octubre de 1938, el arzobispo Doménech habló en el Pilar y ante
Serrano Suñer de la necesidad de un «holocausto» que fuera expiación de culpas y garantía de
enmienda. Y García MErcaDaL (1937: 46-47) vio en la guerra un «castigo de la Providencia
por culpas pasadas», «río Jordán en cuyas aguas deberían lavar los pecados» los españoles; su
prolongada complicidad, por acción o abstención, en un «crimen de lesa patria» exigía ahora
una «operación quirúrgica […] a vida o muerte».
subyacente en el tipo del cottage62. Por fin, la evacuación de la clase obrera liberaría
el suelo urbano como lugar de la burguesía, atendiendo no solo a razones de seguri-
dad, sino también y más aún a razones económicas, vinculadas a la renta inmobilia-
ria, y políticas, relacionadas con la función de esta clase y en especial de la pequeña
burguesía, como base de masas del fascismo (rEich, 1933: 15).
En 1941, el arquitecto, especulador y exconcejal monárquico de Madrid Cé-
sar Cort publicó un descacharrado manual que, emulando a Cerdá, tituló Campos
urbanizados y ciudades rurizadas63; ahí defendió la desurbanización con crudos argu-
mentos que revelan el ambiente revanchista y antiobrero de las clases dominantes
que acababan de imponerse por las armas. Cort no recurría al romántico ruralismo
cargado de reminiscencias nazis que cautivaba a la Falange, ni pretendía la armonía
orgánica, a la usanza imperial, del territorio nacional. Más pragmático, su ataque
a la gran ciudad apelaba a la necesidad de dispersar a los trabajadores para vencer
su eventual resistencia al endurecimiento extremo de sus condiciones de vida64. No
invocaba el bienestar de los obreros devueltos al medio rural, sino, bajo la débil
coartada de la defensa del campesinado, sensatamente conformado con su miseria,
el mejorestar de los patronos que reclamaban más beneficios a costa de abaratar la
mano de obra. Según escribió, el hombre urbano «tiene un concepto deformado
de la realidad» que le hace alimentar «las más absurdas utopías sociales» y, si es de
condición humilde, rebelarse «contra su estado de inferioridad». Ese aliento subver-
sivo no se da en el hombre rural, que «palpa tan de cerca la realidad que no puede
creer fácilmente que su jornal aumente, sin aumentar el valor de los productos del
campo». Si la ciudad industrial es caldo de cultivo de «componendas político-eco-
nómicas que perjudican directamente los intereses de todos los ciudadanos y que
conducen a la sociedad por los senderos del caos», es preciso que devuelva al campo
habitantes que, así, aprenderán a «ser pródigos en el cumplimiento de los deberes y
parcos en la exigencia de derechos» (corT, 1941: 18-39).
62 El poblado era el contramodelo del barrio obrero, donde, según Bidagor, «el marxismo y toda
clase de odios regresivos tienen su natural medio de incubación» (cfr. richarDs, 1998: 185).
63 Cort publicó el apresurado libro como texto básico para los estudios de Urbanología en la
Escuela de Arquitectura de Madrid, de la que era catedrático, y con él pretendió monopolizar
la teoría urbanística española tras la drástica poda de cabezas que había supuesto la derrota
de la República. En esas circunstancias, su influencia en todo el país fue muy superior a su
mérito.
64 En el I Congreso de la Federación de Urbanismo y de la Vivienda, celebrado en Madrid en
octubre de 1940 por iniciativa de Cort, este defendió un endurecimiento general y progresivo
de las condiciones de explotación de la clase obrera, tendente a incrementar el beneficio del
capital y, con él, su interés en la inversión inmobiliaria y productiva: «Una de las grandes fallas
de la edificación presente se encuentra en la torpeza de la mano de obra y en su falta de ren-
dimiento […] Hay un procedimiento sencillísimo de lograr inmediatamente una reducción
considerable en el coste de la unidad de obra, aumentar la jornada de trabajo sin variar el
jornal. Y con el tiempo reducir también el jornal».
El zaragozano sánchEz VEnTura (1948: 46) defendió también una radical divi-
sión social del espacio residencial, que sacara a los trabajadores de los barrios donde
vivía y trabajaba la burguesía para reubicarlos en el extrarradio, lo más cerca posible
de las fábricas. La residencia en estas áreas de industria urbana mezclada con vivienda
tendría importantes ventajas económicas para los obreros:
Debe procurarse, en consecuencia, el emplazamiento de estas barriadas por los mismos
sectores industriales y con tranvía a la puerta. De esta suerte los productores se encontra-
rán cerca de sus centros de trabajo, a los que podrán trasladarse a pie holgadamente des-
de sus viviendas, sin perjuicio de disponer del servicio de tranvías para otros menesteres.
El bajo precio del suelo posibilitaría que los usuarios de estas viviendas las com-
praran en vez de alquilarlas, con lo que harían rentable su promoción y al mismo
tiempo se obligarían a ahorrar y extremar su sumisión65. Más aún, la reordenación
a escala municipal de la ocupación residencial favorecería en toda su extensión el
incipiente mercado del suelo, rigidizado por la expansión de la propiedad y exigente
de áreas de renta potencial homogénea y estable, donde la mezcla de usos y clases
sociales se redujera al máximo. Y, para acabar, el alejamiento del proletariado daría
seguridad a la clase dominante, tan sensible en los años que siguieron a la Guerra
Civil y a la derrota del Eje. Cínicamente, el entonces alcalde de Zaragoza no postu-
laba la radical segregación del espacio por la conveniencia de la burguesía, sino por
la dignidad de los productores, incómodos cuando exponían su vida cotidiana a la vista
de los señores. La armonía social exigía la segregación social:
Sabemos que algunas prestigiosas personalidades sostienen la conveniencia de hacer
viviendas baratas en los últimos pisos de los edificios lujosos. Incluso un ayuntamiento
de cierta capital prescribe en sus ordenanzas esta regla con carácter ineludible […] Se
pretende así establecer una forzada convivencia entre las clases más extremas de la esca-
la social, buscando el mutuo conocimiento y la recíproca estimación para fortalecer los
vínculos de la fraternidad que a todos deben unirnos.
La iniciativa no puede ser mejor intencionada, pero […] adolece de ingenuidad.
Esa convivencia es origen de contrastes que no siempre lograría superar la delicadeza de
los opulentos y la resignación de los proletarios.
La propia dignidad de las clases obreras se aviene mal con el socorro de los grandes
señores, migajas de su festín, que cuando lo reciben les humilla y cuando no lo reciben
suscita la antipatía –acaso el odio–, secuela de toda avaricia.
65 «Hubimos de aprovechar una ocasión para hablarle del asunto a un prestigioso financiero,
con influjo directo en cierta importante compañía inmobiliaria y vimos complacidos cómo
compartía estas orientaciones entusiásticamente […] Esta idea, por haber surgido espontá-
neamente en los medios plutocráticos, tiene un valor de ejemplaridad y una esperanza de
éxito superiores a toda ponderación […] Porque […] concebimos la solución del problema
como una cadena de colaboraciones, […] logrando la resultante de la vivienda barata, en
proporción a un tiempo con las necesidades y con la capacidad económica de los usuarios,
quienes también aportan su equitativo esfuerzo, pues no se trata de que reciban una limosna,
sino de que realicen un buen negocio, invirtiendo la parte posible de sus jornales, en hacerse
propietarios de tal vivienda, […] cuyo pago se establece en plazos mensuales, por un período
de 30 años» (sánchEz VEnTura, 1948: 45-46).
Por otra parte, la buena armonía es, por lo común, fruto no solo de unos mismos ideales y
unos mismos sentimientos, sino también de unos mismos gustos, una misma educación,
unas mismas aficiones […] Así, la mezcla de factores heterogéneos, las escenas de una
vida dispar, los incidentes del encuentro cotidiano, las palabras que escapan en un instan-
te de mal humor, en un momento de irascibilidad…, es muy probable que tuvieran resul-
tados contraproducentes […] Las clases productoras no se sentirán a gusto codeándose a
diario con los magnates, por mucha que fuere la afabilidad, la esplendidez, la discreción
de estos […] Se quiera o no se quiera, las grandes ciudades han de verse circundadas por
los barrios obreros, es decir, por las zonas industriales donde se hallan emplazadas las
fábricas, los talleres, los diversos centros de trabajo y, en sus proximidades, las viviendas
para el personal afecto a los mismos (sánchEz VEnTura, 1948: 43-45)66.
A diferencia de planes de ensanche anteriores, el anteproyecto de ordenación
general de Zaragoza pretendía afectar al término municipal completo y establecer
un perfecto equilibrio entre la ciudad y el campo, y entre la vivienda y la producción
industrial y rural, para propiciar una economía completa y autosuficiente. Como
sabemos, una vía perimetral y un cinturón verde de un kilómetro impedirían crecer
a la ciudad más allá de la superficie precisa para alojar a medio millón de personas;
fuera de ese límite, el término rural se repoblaría con pueblos satélite unidos a la
ronda de circunvalación mediante carreteras radiales, a los que se dirigiría también
el excedente demográfico cuando el núcleo urbano alcanzara su población máxima.
Estos poblados se concebían como entes autónomos, con una «vida doméstica, edu-
cacional y social propia» y alejados de la noción de ciudades residenciales o barriadas
obreras que, al menos en teoría, tanto repugnaba al urbanismo falangista. Como en
Madrid, la red de núcleos satélite de Zaragoza se apoyaría en la estructura tradicio-
nal de sus barrios rurales:
Definido el núcleo fundamental, el crecimiento de la ciudad se realizará mediante la
creación de nuevos núcleos con vida propia y enlazados con el núcleo matriz por medio
de las vías de comunicación apropiadas, que acometerán a la vía de ronda perimetral en
los puntos más ventajosos67.
Dentro del término municipal de Zaragoza existen los siguientes poblados: Casetas,
Monzalbarba, Garrapinillos, Montañana, Santa Isabel, Peñaflor, Villamayor, San Juan
de Mozarrifar, Juslibol, Cogullada y La Cartuja.
Los poblados satélites pueden clasificarse en los tres [sic] grupos siguientes:
1.º Industrial y militar: Casetas.
2.º Industrial: Monzalbarba, San Juan de Mozarrifar y Montañana.
3.º Semirrural, para la vivienda de población modesta que trabaja en la ciudad: Santa
Isabel (en proyecto […]), Peñaflor, Juslibol y Cogullada.
4.º Residencial para habitantes que deseen un mayor contacto con la Naturaleza: Villa-
mayor, La Cartuja y Garrapinillos (yarza, BELTrán y BoroBio, 1949: 488).
La memoria delataba que con estos poblados satélites no se quería tanto fo-
mentar la producción agraria en las inmediaciones del núcleo urbano y desconges-
tionar este de paso, según hubiera correspondido al pregonado principio autárquico,
como desplazar más allá del cinturón agrícola vivienda de población urbana, que a
diario debería desplazarse a la ciudad o a las fábricas para trabajar.
Por otra parte, y lejos de la retórica del organismo social completo, esos núcleos
puramente residenciales se sujetarían a una especialización social, destinándose los
situados en los entornos más atractivos (Villamayor, La Cartuja y Garrapinillos) a
familias con cierta capacidad adquisitiva emigradas al campo por el gusto de vivir
cerca de la naturaleza, y el resto (Santa Isabel, Peñaflor, Juslibol y Cogullada, pró-
ximos además a las zonas industriales) a familias modestas que buscaran viviendas
baratas.
los precedentes anglosajones: «Los poblados satélites representan por sí mismos poblaciones
independientes con su vida doméstica, educacional y social propia, y no son simples subur-
bios; en cambio quedan siempre lo bastante cerca de la metrópolis para poder aprovechar
sus demás servicios y ventajas, su función cultural elevada, su comercio especializado, sus
facilidades de comunicación interurbana, etc. / Un cinturón verde limita el crecimiento de la
población y, por medio de él, el poblado satélite produce una integración de la vida urbana y
rural opuesta al deterioro típico ejercido por el crecimiento del suburbio metropolitano sobre
las actividades campestres por su irradiación promiscua de las funciones menos deseables. /
El poblado satélite fue inventado hará unos 40 años por un tal señor Howard, taquígrafo del
Parlamento Inglés, el cual concibió la verdadera idea del poblado satélite aunque esta deno-
minación no fue empleada hasta mucho más tarde. / La condición previa y fundamental para
la formación de estos poblados es la adquisición oportuna de los terrenos necesarios, con
los cuales formar los fondos de reserva que absorberán el futuro crecimiento de la Ciudad,
cuando esta llegue al límite máximo de su crecimiento metropolitano».
Urbana y prorrogó por treinta días la información pública del anteproyecto. Esta se
hizo coincidir con un cursillo informativo sobre el futuro plan, y eso permitió al jefe
de Arquitectura dedicar parte de su intervención a las reclamaciones presentadas
hasta el momento, que clasificó en tres grupos:
1. Las referidas al trazado y apertura de calles secundarias, que según Yarza se
estudiarían «al trazar los proyectos parciales definitivos de los distintos secto-
res» y se atenderían siempre que no perjudicaran al conjunto general.
2. En cuanto a vías fundamentales para la circulación urbana, las que se opo-
nían al ensanchamiento de la carretera de Logroño y a la vía verde con que
se proyectaba bordear el Huerva. Aun aplazando el estudio de su anchura
mínima, los técnicos municipales creían preciso ampliar la carretera de Lo-
groño, ya que era el acceso a la ciudad con más tráfico rodado y aún era
factible por carecer casi de edificaciones uno de sus lados. También consi-
deraban imprescindible la vía verde del Huerva, «pues es la única manera
de dar salida a las calles que acometen perpendicularmente al río, ya que
la diferencia de nivel entre ambas márgenes hace imposible el cruce del río
por medio de puentes, en la mayoría de los casos, sobre todo en aquellos
en que hay edificaciones en los dos lados. Esta misma dificultad impide su
cubrimiento».
3. Las que atañían «al fondo del asunto», entre las que solo se mencionaba una
que creía insuficientes los accesos a la ciudad desde el norte y Madrid y,
además, disentía de llevar la estación central de viajeros al Campo Sepul-
cro por su alejamiento del centro urbano, sus malas comunicaciones con
este, su poca superficie y por ser estación de tránsito y no de término. Un
informe de los ingenieros municipales defendió la nueva estación central
con prolijos argumentos y ejemplos alemanes e italianos, concluyendo que
el emplazamiento estaba muy centrado en la ciudad y gozaba de excelentes
comunicaciones; que con sus 97.200 m2 mejoraría las estaciones de viajeros
de Oslo, Colonia, Berlín-Potsdam o Berlín-Anhalter, y que las de tránsito
eran más cómodas para el movimiento ferroviario y por eso habían vuelto a
preferirse a las de término, aun siendo estas más cómodas para los viajeros
y de implantación más barata; lo sucedido en la moderna estación de térmi-
no de Leipzig, evitada por trenes directos entre Berlín y el sur de Alemania
que antes pasaban siempre por la ciudad, había llevado a tratar la estación
zaragozana «como de tránsito, pues sería verdaderamente lamentable que,
una vez hecha la flamante estación de término, […] las grandes líneas direc-
tas entre Madrid-Barcelona, Bilbao-Irún-Valencia, etc., evitasen su paso por
Zaragoza y lo hiciesen por Casetas o el Burgo de Ebro».
Los ingenieros proponían desestimar también la alegación referida a los ac-
cesos desde el norte y Madrid. De los primeros decían que, una vez desapa-
recida la estación del Norte y unida con la de MZA a través del Arrabal, po-
tículo 22 exigía que toda obra de apertura o reforma viaria dentro de la población
viniera amparada por un plan de reforma interior o, en municipios con poca com-
plejidad urbanística, un plan general de alineaciones68. Con manifiesto abuso en
la interpretación de este artículo, la aprobación del anteproyecto de 1943 como
plano de alineaciones (incluso en el suelo de ensanche) y su combinación con las
ordenanzas de 1939 permitiría encauzar sin excesivas ataduras un período de ace-
leración de la construcción, e implicaría la renuncia del Ayuntamiento a formar
un verdadero plan general y a llevar adelante el dogma de la ordenación orgánica
de la ciudad.
El escamoteo de cuanto no fueran las líneas viarias dejó fuera una distribu-
ción de las dotaciones públicas que el anteproyecto no había llegado a desarrollar,
pero que la Dirección de Arquitectura estudiaba o pretendía estudiar hacia 1942,
a juzgar por el programa de trabajo que ya conocemos. Esta carencia afectó fun-
damentalmente a los sectores obreros, cuya estructura autónoma se sometió a un
orden viario radiocéntrico emanado del centro, pero que sufrirían durante mucho
tiempo el patente desinterés municipal por añadir nuevos equipamientos básicos a
los pocos y pobres que habían conseguido entre 1931 y 193669. En un período en
que aún podía haberlos llevado hacia unas buenas condiciones de habitabilidad,
el Ayuntamiento solo se ocupó de dar licencias a cuantos promotores quisieron
edificar, con densidades y volúmenes excesivos y sin reservas de suelo siquiera
elementales para equipamientos, zonas verdes y un viario adecuado70; eso cuando
68 Para dar una idea de la insuficiencia del anteproyecto, aun así reducido, basta recordar la es-
cala 1/5.000 de sus planos, mucho menos precisa que la 1/1.250 exigida en 1846 o la 1/1.000
del plan de reforma interior de 1939.
69 A pesar de alguna infructuosa petición de continuar su mejora, como la del concejal tradi-
cionalista Manuel Campos, que rogó en el pleno del 17 de abril de 1939 «que a la mayor
brevedad fueran atendidas las necesidades de los Barrios en sus aspectos urbanístico y sani-
tario, teniendo en cuenta para ello la ayuda económica de aquellos propietarios que pudieran
aportarla y concediendo plazos a los que carecieran de disponibilidades»; el alcalde Rivas
respondió que, «al aprobarse las Ordenanzas Municipales de edificación [ese mismo día], el
problema de los Barrios en los referidos aspectos quedaría solucionado», sin explicar de qué
modo las ordenanzas, «donde se condensaba el porvenir urbanístico de la ciudad», podían te-
ner semejante efecto por sí solas. Sí se procuró en estos años el encuadramiento disciplinario
de la población obrera, fundamentalmente a través de las mujeres y por instituciones como
la Iglesia, el Auxilio Social o la Sección Femenina. Como muestra temprana de esta actitud,
la Junta Recaudatoria Civil, instrumento para el apoyo económico de la sociedad zaragozana
a la insurrección, que en el verano de 1938 llevaba acumulado un remanente de más de
cuatro millones y medio de pesetas, entregó 200.000 al Arzobispado para «evangelización de
los barrios obreros de Zaragoza» (aLcaLDE, 2010: 152-153); fuera de esto, la Junta mostró la
más absoluta indiferencia por las necesidades materiales de unos distritos extremadamente
castigados por la represión y la miseria.
70 Frente a la activa política republicana de creación de escuelas (BETrán, 2013), el largo pri-
mer franquismo destacó por su desdén hacia la educación pública o, lo que es igual, de las
clases populares. Cuando el concejal delegado Ramón Marón presentó ante el pleno de 13
Un plan definido de Zonas con reglamentación de uso, volumen, extensión y orden, que
complete el iniciado con este Anteproyecto.
Un plan de espacios libres, que asegure la conservación de los que se señalan en el Plan
de Ordenación.
Un plan completo de servicios públicos, administrativos, escolares, hospitalarios, de abas-
tecimiento, de saneamiento, etc.
Un plan definido de transportes.
Un plan financiero de ejecución de las obras de urbanización a largo plazo, haciendo
contribuir a los beneficiados.
Y por último, un nuevo régimen legal.
Así pues, las líneas esenciales del anteproyecto de 1943 podían atribuirse a
Borobio y, en menor medida, Beltrán, como acredita el plano de urbanización de
Zaragoza que ambos firmaron en enero de 1941. Pero, aun siendo la mayor parte de
sus determinaciones cosa decidida antes de entrar Yarza en el Ayuntamiento, a este
le correspondió hacer balance de cuanto faltaba para formar un verdadero plan y
justificar, sin embargo, su aprobación. Para ello, recurrió al principio de ordenación
en fases sucesivas: argumento que volvería a esgrimir en 1957 de forma aún más
extremada, y que podía relacionarse con la reordenación del sistema urbanístico
español en que ya estaba trabajando Bidagor, según se expresaría en la ley de bases
de ordenación urbana de Madrid y sus alrededores de 194472 y en las primeras ideas
sobre una ley del suelo que no se aprobaría hasta 195673.
Si la legislación decimonónica y el estatuto municipal de 1924 ya habían con-
templado los planes parciales de reforma interior y de ensanche, en estas leyes la
novedad era el plan general, un instrumento vinculante de ámbito municipal que en
parte del territorio era directamente ejecutivo y en parte señalaba las condiciones
que deberían cumplir los planes parciales derivados: estructura metodológica que
en otros países europeos venía funcionando desde comienzos de siglo y que tenía su
precedente más próximo e influyente en la ley italiana de urbanismo de agosto de
1942, seguida de cerca por la ley francesa de junio de 1943, de ideología afín74.
72 Esta ley determinaba que el plan general de Madrid (redactado desde 1941 pero sin aprobar
hasta 1946) podría desarrollarse mediante planes parciales cuya ejecución correspondería a la
administración, por gestión directa o mediante concesionarios, o a los propietarios asociados
de los terrenos.
73 En el número 147 de la revista Ciudad y Territorio / Estudios Territoriales (2006) se publicó un
manuscrito de Bidagor fechado en octubre de 1949, titulado Anteproyecto de ley de régimen del
suelo en lo que se refiere a la edificación y formado por 103 artículos agrupados en 13 capítu-
los; los tres últimos eran «Planeamiento urbanístico, normas fundamentales», «Planes muni-
cipales, comarcales, provinciales y nacionales» y «Planes generales y parciales».
74 La ley holandesa de vivienda de 1901 fue la primera norma urbanística europea que diferen-
ció planes reguladores generales, obligados en ciudades de más de 10.000 habitantes, y planes
parciales; un ejemplo temprano y muy conocido de plan parcial fue el de Ámsterdam Sur, de
Berlage (1901-1917). Para acabar con el caos urbano inducido por el maquinismo, la Carta de
Atenas de 1942 exigió la ordenación mediante instrumentos parciales que desarrollaran un
plan general, sobre las bases técnicas de la zonificación y una estructura general viaria.
Pero, lejos de esta ordenación en fases sucesivas, que haría del plan general
un plan de planes, el anteproyecto de 1943, tal como se aprobó, no era más que un
plano geométrico retrasado un siglo: un plano general de alineaciones directamente
vinculantes y establecidas en todo el suelo cuya urbanización se preveía a largo pla-
zo con la poca precisión que permitía la escala 1/5.000. Fuera de esto, no contenía
condiciones para un futuro desarrollo mediante planes parciales, nada parecido a
una zonificación vinculante pormenorizada o genérica, ni medida alguna capaz de
coordinar los diversos intereses concurrentes, públicos o privados. En cuanto a la
gestión, y a pesar de las tópicas menciones de su memoria a la necesidad de frenar
la especulación, el anteproyecto, como el resto de planes formados en España tras la
Guerra Civil, ignoró el punto del programa de los arquitectos de Falange (sin duda
poco sincero), aludido por Yarza en su charla de 1943, que propugnaba privar a los
propietarios de suelo de todas las plusvalías urbanísticas generadas; antes bien, estas
se elevaron hasta donde fue posible. Incluso una medida antiespeculativa, según Bi-
dagor, como la tajante limitación del suelo urbanizable y la prohibición de urbanizar
nuevos terrenos mientras hubiera suelo sin edificar en el área ordenada, quedó de
hecho desactivada por la gran superficie abarcada por el cinturón de ronda, que con
las intensidades de edificación previstas se estimaba capaz para 500.000 habitantes
y que la aplicación sistemática de las ordenanzas de 1939 permitiría congestionar
todavía más.
Una consecuencia de la superabundancia de suelo ordenado y el privatismo
de las corporaciones municipales sería la convivencia, dentro del contorno urbano, de
áreas de edificación muy densa y terrenos yermos. En el suplemento de Heraldo
de Aragón del 12 de octubre de 1951, Eduardo Fuembuena resumió el interesante
estudio del ingeniero Esteban Costa «Zaragoza en el año 2000». Ahí se ponía de ma-
nifiesto la anarquía del crecimiento urbano, con un sinnúmero de pequeñas iniciati-
vas inmobiliarias dispersas aleatoriamente sobre el plano de 1943 y vastos vacíos
intermedios, entre los que destacaban el entorno del Hogar Pignatelli y la plaza de
toros, el antiguo convento de Predicadores, el balcón de San Lázaro, las Tenerías,
el cuartel de Hernán Cortés, los suelos donde en los sesenta se perpetraría la urba-
nización Parque Buenavista y, sobre todo, la banda de viejas huertas que iba desde
el paseo de la Mina hacia el sur por Miraflores y Agustinos75. Según Costa, el casco
urbano de Zaragoza incluía solares y terrenos sin edificar cuya superficie, análoga
a la ciudad de Huesca, posibilitaría una ampliación de la edificación más racional
y económica, «porque si todos los ensanches se hacen de forma dispersa, se llega al
caos de edificios sin servicios o se da lugar al crecimiento de barriadas míseras».
Fuera como fuere, después de la normalización del sistema urbano español en
la posguerra y la marcha de Borobio del Ayuntamiento decayó el extraordinario
impulso adquirido por el urbanismo municipal en 1936 (no ya desde el 18 de julio,
sino desde la victoria en febrero del Frente Popular) y volvió a dominar el sempiter-
no adhoquismo de unas corporaciones más preocupadas por el día a día de los be-
neficios privados que por actuaciones de largo plazo y con intereses menos persona-
lizados. Y el esperado primer plan general de la ciudad quedó en calidad y alcance
muy por debajo de los aprobados en Bilbao (1943), Toledo (1943), Madrid (1946)
o Valencia (1946), por citar solo cuatro ejemplos de la misma época76.
El 18 de marzo de 1946, el pleno municipal aprobó una relación de zonas pre-
ferentes para la ejecución de los proyectos complementarios de la ordenación de la ciudad,
esto es, el orden de prioridad de las principales áreas del plano aprobado el año
anterior, para las que se solicitaría al Estado la ampliación de los beneficios de la ley
de ensanche reconocidos en 1934 en Miralbueno y Miraflores:
1.ª La comprendida entre el Paseo de Marina Moreno y la Carretera de Castellón, con
el trazado completo de la gran arteria proyectada y expropiación, a este fin, de las
zonas colindantes con la misma, hasta un ancho de cincuenta metros a cada lado.
2.ª La comprendida entre la prolongación de la Gran Vía, [y] la unión de carreteras has-
ta la línea del Manicomio, con el trazado inmediato de las vías principales.
3.ª El sector comprendido a la izquierda de la calle de Miguel Servet, limitado por la
zona de protección y la calle prolongación del Camino de las Fuentes.
4.ª La pequeña zona limitada por el río Huerva y el perímetro del casco de la pobla-
ción.
5.ª Y la delimitada por el Cabezo Cortado y la vía del ferrocarril de posible comunica-
ción con la Ciudad.
Deberá recabarse de los Poderes Públicos la oportuna Orden Ministerial de anexión y
ampliación de las respectivas zonas de ensanche, en cuanto afecta a los sectores delimi-
tados en los apartados primero, segundo, tercero y quinto antes mencionados; y que por
las Direcciones Municipales respectivas, se lleven a la práctica los estudios y proyectos
que han de servir de fundamento a las operaciones de crédito que se harán precisas para
la ejecución del plan propuesto.
76 En 1945, la Revista Nacional de Arquitectura dedicó a los planes de Toledo y Bilbao los núme-
ros monográficos 40 y 45.
77 De momento, la reforma consistió, en palabras de Canellas, en «la prolongación del eje de las
cinco vías que penetran en la Plaza, formando un polígono dentro del cual queda una elipse,
alrededor de la que girará toda la circulación rodada». Es muy significativo que el concejal
afirmara que se iba a utilizar «adoquín viejo que es de pórfido de excelente calidad, de antes
de la guerra», recurrente expresión que retrotraía la producción de cosas de verdadera valía a
tiempos anteriores al glorioso alzamiento. Sobre los orígenes y evolución de la plaza de Paraí-
so, véase BETrán (2013: 43-44).
78 El mismo día, se acordó dividir la plaza del Pilar en tres zonas (de la calle de Don Jaime a
la del Milagro de Calanda; de esta a la de Jardiel, y de aquí a San Juan de los Panetes, con
el Altar de los Caídos) y ordenar al Servicio de Urbanismo que introdujera en el plano de
apatía con que el jefe de Arquitectura se enfrentó al proyecto de plan general que
se aprobaría inicialmente en 1957 puede explicar que ni en los planos se dibujara la
prolongación ni la memoria mencionara el aumento de su anchura, de modo que la
Corporación hubo de reiterar en la aprobación provisional, de 29 de agosto de 1958,
que esta sería de 45 metros79.
Durante el tiempo en que rigió el plano de ordenación general de 1943, la
Corporación aprobó un sinnúmero de modificaciones puntuales de alineaciones
y supresiones de calles que aumentaron la densidad de la edificación a beneficio
exclusivo de intereses particulares. Entre muchas decenas de posibles ejemplos,
solo citaré la representativa y precoz modificación aprobada por unanimidad el
31 de diciembre de 1946, en el área comprendida entre las calles de Miguel Ser-
vet, Monasterio de Samos, Privilegio de la Unión (existente en la década de 1930)
y Hermano Adolfo; la había solicitado, aportando él mismo el proyecto técnico,
el propietario Florencio Izuzquiza, que en 1958 promovería la ordenación de las
cinco manzanas afectadas.
Para valorar estas modificaciones del plano, debe recordarse que Yarza ya ha-
bía avisado de su provisionalidad en el detalle, abierto desde el principio a cuantas
alteraciones solicitaran los particulares y no perjudicaran a la ordenación general.
Él mismo, todavía arquitecto municipal jefe, escribiría al comienzo de la memoria
justificativa del proyecto de plan general de 1957 que el respeto al plano de 1943,
«aunque solo se refiere a alineaciones, ha sido relativo, pues se han llevado a cabo
multitud de cambios, aunque, en general, puede decirse que por lo menos dentro de
los límites del llamado enlace de carreteras, ha servido para contener el desarrollo
anárquico con que hasta entonces (1943) se llevaban a cabo los proyectos de parce-
laciones y urbanizaciones particulares».
Pero, con todas sus limitaciones, el anteproyecto de 1943 fue un documen-
to importante para el desarrollo de Zaragoza, porque, además de contemplar por
primera vez la ordenación completa de la ciudad y actuaciones de la enjundia del
tercer cinturón de ronda, la urbanización de la margen izquierda o la expansión de
80 De hecho, no solo el plan general de 1959, o de Yarza, mantuvo buena parte de las determi-
naciones del anteproyecto de 1943, incluido el horizonte temporal de los 500.000 habitantes
en el año 2000, sino que su misma memoria reprodujo literalmente gran cantidad de párrafos
de su predecesora.
para que la calle de Puigcerdá pasara a llamarse de Agustina Simón, enfermera del
Tercio de Requetés muerta en septiembre de 1937; el dictamen de la comisión hacía
notar que las calles dedicadas a la falangista Moreno y a la carlista Simón, «que supo
morir con el heroísmo y el sacrificio de la mujer española, frente a los enemigos de
Dios y de la Patria», formarían una cruz sobre el plano de la ciudad.
Muy cerca de esa cruz estaba el arranque de la Gran Vía, cuyos tramos aguas
arriba del Huerva habían recibido en septiembre de 1931 los nombres de Pablo
Iglesias (de las Facultades a la plaza de España, hoy de San Francisco) y Francisco
Giner de los Ríos (de esa plaza al parque). El 26 de septiembre de 1936, se acordó
dedicar a José Calvo Sotelo (el protomártir de la Cruzada) la porción comprendida
entre la plaza de Paraíso y la trinchera del ferrocarril (hoy Goya), y más adelante
pasaría a ser paseo de Fernando el Católico su continuación hasta el parque.
El 7 de octubre de 1936 y como consecuencia de la investidura de Franco como
jefe del Estado Español el anterior día 1.º, la comisión de Gobierno propuso, y así se
aprobó, que desapareciera «el nombre de la calle del Conde de Aranda» y «que a la
importante vía así denominada hasta hoy, se le llame en lo sucesivo calle del Exce-
lentísimo General Franco, proyectándose por arquitectura dos artísticas placas que
serán fijadas a la entrada y salida de aquella». Aunque el dictamen se aceptó por ob-
via unanimidad, acto seguido se aprobó una significativa moción de Auger para que
se adoptaran normas uniformes de rotulación viaria y en adelante se evitara cambiar
los nombres de las calles para no causar trastornos al Registro de la Propiedad, los
bancos, los teléfonos o el comercio, recurriéndose a vías de nueva apertura cuando
hubiera que conmemorar personas o hechos4.
El ostracismo de Aranda respondía al inmenso poder adquirido por la Iglesia, y
en particular por unos jesuitas que volvían a la ciudad, y el ansia voraz de desquite
histórico de las nuevas autoridades, que no solo apearon del callejero a los perso-
najes afines a la República, sino a toda figura histórica desacorde con la exclusivista
idea de España que trataban de imponer5. El mismo 18 de noviembre de 1936 en
que se aprobó el anteproyecto de Borobio para la avenida de las Catedrales, se acor-
dó suprimir los nombres de las calles de León Tolstoy, Emilio Zola, Ferrer, Nakens,
Kepler (¡!)6, Marcelino Domingo, Benito Pavón, Lázaro Sebastián, Vicente Arnal,
Mateo, Mártires de Jaca, Cuatro de Diciembre, Primero de Mayo, Marsella, Iberia7,
Barcelona y la avenida de Cataluña8, posponiéndose la elección de nuevas denomi-
naciones a la revisión general del nomenclátor; según el dictamen de la comisión
de Gobernación, las suprimidas no respondían «a los sentimientos que animan hoy
al verdadero pueblo Español ya que son de personas o hechos opuestos al glorioso
Movimiento Nacional». A Pérez Galdós se le privaría después de la glorieta que lle-
vaba su nombre, rebautizada como Sasera.
Y, junto a las murallas romanas, Antonio Pérez perdió también su calle porque,
como se leería en Las calles de la ciudad, «lo discutido de este personaje aconsejó su-
primir su nombre y restituir a la calle el de Imperial que ya había ostentado» (BLas
co, 1944: 63)9. La calle Imperial era el germen de la avenida que debería cruzar el
centro urbano desde la puerta del Carmen al puente inaugurado en 1967 con el sig-
nificativo nombre de Santiago, para continuar hasta la Academia General siguiendo
la avenida de los Héroes proyectada en 193910. Sobre el plano, esa importante vía
se encontraría en un punto intermedio con el Coso y la calle del General Franco, a
través de la que Zaragoza se unía con Madrid, para formar otra gran cruz orientada
hacia los puntos cardinales.
En el pleno del 2 de junio de 1937, el gestor Julve pidió que se honrara «de
una manera solemne las tres epopeyas de la segunda reconquista de España que se
conocen con los nombres de Oviedo, Toledo y Santuario de Nuestra Señora de la
Cabeza, pudiendo consistir el homenaje en dar a tres calles de Zaragoza los nombres
de aquellos héroes en quienes mejor pudieran personificarse las grandezas de cada
acción». En el del 9 de junio, se acordó llamar plaza de España a la denominada
hasta entonces de la Constitución11 y dedicar el paseo de Sagasta al general Emilio
Mola12, «que supo condensar todas las virtudes de la raza y llevar juntamente con el
Caudillo Franco la victoria al glorioso Ejército Español»13. Y el 30 de junio siguiente
se volvió a dar al parque y a su puente de entrada los nombres de Primo de Rivera y
Trece de Septiembre que la República había suprimido.
La celeridad con que recibieron calle Franco, Marina Moreno, Calvo Sotelo
o Mola contrasta con la respuesta que recibió Jesús Muro, jefe territorial de FET
y de las JONS, cuando pidió que se diera a la plaza de Castelar el nombre de José
Antonio Primo de Rivera, el mártir por excelencia. En el pleno del 9 de marzo de
1938, Palá «hizo constar que en el ánimo de todos los compañeros de Comisión y de
Concejo estaba la idea de haber formulado una propuesta en el expresado sentido
por cuanto el nombre de Primo de Rivera significaba para la Nueva España, si bien
no había podido ser llevada a ejecución por estar pendiente de estudio el nuevo
nomenclato de las calles y Plazas de la Ciudad»; el alcalde Parellada corroboró esa
posposición y «propuso que fuera dado este nombre a una de las principales plazas
de la Ciudad, cuya vía sería designada una vez aprobado el referido nomenclato». Y
así se acordó14.
La renovación afectó también a conceptos ingratos a los sublevados y así, por
acuerdo plenario de 29 de diciembre de 1937, la calle de la Democracia se convirtió
en Predicadores y la plaza de la Libertad en Santo Domingo. A cambio, la pequeña
calle del Ciprés, entre Alfonso y Don Jaime, recibió el nombre de Libertad en razón
de la contigüidad de la calle del Cuatro de Agosto, «gloriosa fecha de 1808 en que
los zaragozanos lucharon heroicamente por sacudir el yugo de los franceses y en
defensa de su libertad». No en vano el lema del Régimen era «Una, grande, libre».
desdichas que nos aquejan, la Comisión entiende […] que en lo sucesivo debe llamarse Plaza
de España». Complementariamente, la anterior plaza de España, en el ensanche de las Casas
Baratas, pasó a llamarse de San Francisco.
12 Ya en 1931 se había cambiado el nombre del paseo de Sagasta por avenida de la República.
13 Aunque Palá propuso colocar aquí una artística placa como la prevista en la calle del General
Franco, se indicó que, como había pedido Auger en octubre de 1936, se estaba estudiando
unificar las de todas las calles para evitar singularidades; con este fin, en diciembre de 1936 el
Ayuntamiento había pedido un dictamen a la Academia de San Luis sobre las reglas a seguir
para lograr una rotulación viaria «clara y uniforme». Todo ello no impidió que el 30 de junio
de 1937 se acordara colocar una placa artística en el paseo de Calvo Sotelo.
14 En diciembre de 1936, Falange había pedido, también sin éxito, que la calle de la Demo-
cracia se llamara de Falange Española. En BETrán (2015: 481) di alguna otra muestra de la
distancia con que el Ayuntamiento, representante de la tradicional clase dirigente local y del
Ejército, trató durante la guerra a los falangistas, apodados la canalla en medios eclesiásticos.
La pugna por el protagonismo ideológico entre Falange y la Iglesia (vencedora sin reserva
alguna) asomó en el libro Entre rojos y entre azules, del marqués de LacaDEna (1939: 210),
perfecto representante de las clases rectoras de siempre que protestó porque, en esa Zaragoza
de misa diaria, se saludaba brazo en alto a procesiones y custodias, en vez de descubrirse o
postrarse de rodillas, como se había hecho hasta que irrumpieron «los que ahora se creen más
católicos que nadie, más patriotas que nadie».
17 Ninguno de los tres había figurado en el nomenclátor de 1860; en 1936, Fernando el Católico
tenía la corta calle que continuaba Don Jaime desde la plaza de la Seo hasta el paseo del
Ebro, llamada de la Lonja hasta el inicio del siglo XX. Pero ni los vencedores de la guerra se
atrevieron a dedicar una calle zaragozana a Felipe II, aunque como implícita compensación
suprimieran la de Antonio Pérez.
Antes aún que esos reyes, se apropiaron de las principales vías de la ciudad (sus
fachadas más visibles) héroes y mártires de la Cruzada como Franco, Calvo Sotelo,
Mola, Sanjurjo o José Antonio18, que barrieron las conmemoraciones republicanas y
dieron a las calles zaragozanas, como a las de todas las ciudades españolas, un cariz
militante. A ellos se sumó una pedrea de personajes y hechos secundarios del alza-
miento (Comandante Santa Pau –antes Progreso–, Capitán Casado –antes Jaime
Vera–, Capitán Portolés, Capitán Esponera, Héroes del Alcázar de Toledo, Alto de
los Leones de Castilla, Sierra de Alcubierre, Santuario de Nuestra Señora de la Ca-
beza –antes Alcalá Zamora–, Mártires de Simancas –antes Mártires de Jaca–, Tres
de Agosto –antes 31 de Julio–19, Victoria –antes Víctor Hugo–, etc.), facciones del
bando vencedor así recompensadas (Vieja Guardia, Jesús Comín20, Zumalacárregui,
Navarra, Bolonia, Alemania –antes Ferrer Guardia–, Nador –antes Catorce de Di-
ciembre–, Tetuán, Larache, etc.), protagonistas de la vieja política (Antonio Mau-
ra, Miguel Primo de Rivera –parque de Zaragoza durante la República–, Pamplona
Escudero –antes Mayo–, Desiderio de la Escosura, etc.), intelectuales asimilados
(Jaime Balmes –antes Pi y Margall–, Ramiro de Maeztu, Menéndez Pelayo21, etc.) e
innumerables santos, eclesiásticos y evocaciones religiosas.
En un régimen cuya fundamental línea política era la fusión entre Estado y reli-
gión, este último capítulo tenía una particular importancia, más aún cualitativa que
cuantitativa. Contra lo que pueda pensarse, en el nomenclátor republicano figuraba
una respetable cantidad de calles y plazas con denominación religiosa: la Guía oficial
de Zaragoza 1935-1936 recogía 35 calles y 15 plazas dedicadas a santos, siete calles
y una plaza consagradas a vírgenes, cinco calles a manifestaciones de la Divinidad y
al menos otras nueve a clérigos, además de nombres como Dos de Enero, Doce de
Octubre, Mártires, Convertidos, Agustinos, Escuelas Pías, Sacramento, Santa Cruz,
Santa Fe, Verónica, etc.22. Achicado así el espacio para nuevas incorporaciones, en-
18 En Las calles de Zaragoza, BLasco (1944: 66) daría al Ausente, que ofrendó su vida y su muerte
a los 33 años, después de tres de peregrinar predicando su «nueva doctrina» y desplegando
amor a sus prosélitos, el tratamiento crístico e inofensivo para Franco que le otorgó el Régimen,
siempre atento a amalgamar política y religión. (No por nada las siglas de Falange Española
eran FE).
19 Por el milagro de las bombas del Pilar.
20 Jefe regional de la Comunión Tradicionalista en 1936.
21 «Una de las figuras más representativas de nuestra auténtica cultura» (BLasco, 1944: 83). No
confundir con la cultura que no es auténtica o no es nuestra.
22 La guía incluía una relación de calles que habían cambiado de nombre recientemente, de las
que solo seis tenían nombre religioso: el callejón del Pilar que por evitar reiteraciones pasó a
ser del Matadero; la plaza de San Cayetano que se denominó del Justicia; la plaza de San Lo-
renzo que se llamó de San Pedro Nolasco; la calle del Rosario, convertida en Manuel Lacruz
para evitar la duplicidad con la plaza homónima; la de San Juan y San Pedro reducida a San
Juan, y la plaza de Santa Engracia que se dedicó a la Previsión Social; aparecieron, en cambio,
las calles de Fray Cebrián (antes Leche), Madre Rafols (antes de la Misericordia, por la plaza
de toros) y Mariano Supervía (nueva).
tre estas abundaron más los eclesiásticos que los santos, privilegiándose a los más
próximos al programa nacionalcatólico del Régimen y a los mártires de la Cruzada.
Aparecieron ahora las calles del Beato José Pignatelli, Arzobispo Apaolaza, Arzobis-
po Añoa del Busto, Padre Consolación, Padre Landa, Padre Claret, Padre Polanco,
Padre Manjón (durante la República, Marcelino Domingo; antes Alfonso XIII),
Florencio Jardiel, etc. Entre los santos, se buscaron los relacionados con la perenne
alianza entre la cruz y la espada, el trono y el altar, que constituía la esencia de la ver-
dadera España, la de la Reconquista, la colonización de América, Trento, Flandes, la
guerra del francés y la Cruzada. A los que desde el Medievo copaban el callejero de
la ciudad histórica se sumaron, en nuevas zonas, Teresa de Jesús –«Santa símbolo de
la raza y ejemplar de la mujer española» (BLasco, 1944: 123)–23 y su apéndice Juan
de la Cruz, o Ignacio de Loyola, militar y fundador de la Compañía de Jesús24. En
la ciudad romana, la calle de la Yedra a medio abrir se convirtió en San Vicente de
Paúl25 y el denostado ministro ilustrado Manuel de Roda26 dejó sitio a Santa Isabel
de Portugal, nieta de Jaime el Conquistador.
23 Antes de la guerra, había una calle de Santa Teresa y otra de las Carmelitas al norte del primer
tramo de la avenida de Madrid. BLasco (1944: 123) justificó la necesidad de aupar a una
posición más relevante a la Santa de la Raza, patrona de la Sección Femenina de FET y de
las JONS desde 1937. Sobre la importante función legitimadora otorgada por el franquismo
a una Teresa de Ávila manipulada a fondo, véase Di fEBo (1988).
24 Nueva calle paralela a Marina Moreno e inmediata al colegio de jesuitas convertido en ins-
tituto público de segunda enseñanza en la República, en hospital militar en 1936 y otra vez
en colegio jesuítico antes de acabar la guerra. Según un manual escolar cuya primera edición
data de 1942, Loyola fue «ejemplo del perfecto guerrero, que sabe ser al mismo tiempo un
verdadero católico»; a su imagen, la Compañía de Jesús «y cada uno de sus hijos son soldados
de Dios» (MunTaDa, 1958: 100-102).
25 Se acordó el cambio de nombre en el pleno de 26 de enero de 1938, a instancia de las Con-
ferencias de San Vicente de Paúl.
26 «La calle que lleva hoy el nombre de la Santa Reina, se llamó hasta 1940 de Roda, por el mar-
qués D. Manuel de Roda y Arrieta, masón, ministro de Carlos III y colaborador del conde de
Aranda, que tomó parte muy principal en la expulsión de los Jesuitas» (BLasco, 1944: 122).
de ser más higiénico y permitir la intimidad familiar, al tener terreno libre, facilita la produc-
ción de fruta y legumbres, así como la cría de animales domésticos. / La propiedad del hogar
fomenta el espíritu del ahorro y mejora el nivel medio de vida, por el estímulo que siente el
propietario a proteger las condiciones de la comunidad» (fEDEración DE urBanisMo y DE La
ViViEnDa, 1944: 122).
5 Tras consignar estas superficies, la memoria las sumaba para calcular la «superficie total que
debe expropiarse»; en el ejemplar conservado en la caja 200433, 1942, que los redactores
debieron de utilizar como base para redactar el proyecto definitivo, están tachadas a mano las
tres últimas palabras.
6 Esta superficie era habitual en las colonias de huertos familiares, a veces muy extensas, que
se formaron en el entorno de las grandes ciudades alemanas de entreguerras, brutalmente
sacudidas por la crisis económica, la inflación y el paro. Por este medio, la administración
esperaba que las familias obreras completaran sus ínfimos salarios y subsidios de desempleo
produciendo parte de sus alimentos.
7 Para los tipos A y B se aportaba doble proyecto, según la fachada principal mirara a norte o
a sur, a fin de que la estancia tuviera siempre esta última orientación. En el tipo C todas las
casas tenían la misma orientación, con lo que no era preciso más que un proyecto.
El número de dormitorios previsto en los tres tipos obedecía al artículo 6.º del
reglamento de viviendas de protección oficial, que exigía a todas ellas capacidad para
una familia formada por los padres y al menos cuatro hijos, en dormitorios suficien-
tes para separar a estos por su sexo, lo que requería al menos tres dormitorios do-
bles. Respondía esta exigencia a la política demográfica del Régimen, que, a imagen
de Alemania e Italia y con medios más restringidos, pretendía impulsar la expansión
económica, política y militar del país multiplicando el número de españoles.
Aunque para calcular la capacidad demográfica del barrio se consideraba el
distinto número de camas de los tipos, atribuyéndose seis moradores a cada casa A
(total, 1.272 personas), nueve a cada casa B (828) y ocho a cada C (112), la asig-
nación de las viviendas no se hacía depender de la composición familiar, sino del
rango social. En la evaluación económica con que justificaba las ayudas del INV,
el anteproyecto atribuía el tipo A a peones, el B a obreros especializados y el C a
comerciantes.
Confirmando la función del huerto como paliativo de unos salarios muy in-
suficientes, el producto de su explotación se incorporaba a los ingresos familiares
para justificar la asequibilidad de las casas. A los peones del tipo A se les suponía
tenía un marcado aire de familia con la proyectada por Yarza en 1941 para el memo-
rial de los Caídos del cementerio de Torrero (BETrán, 2015: 516-519)10.
En su conciso presupuesto, el anteproyecto valoraba la ejecución material del
poblado en 8.348.696,30 ptas., de las que 6.370.069 correspondían a la construc-
ción de las casas, las escuelas y la iglesia, y el resto a pavimentación viaria, alum-
brado, abastecimiento de agua y alcantarillado. Sumadas 1.444.324,44 ptas. en
concepto de beneficio industrial, coste del proyecto, dirección de obras y derechos
obvencionales, y las 941.280 ptas. en que se estimaba el valor del terreno (47,064 ha
x 20.000 ptas./ha), se obtenía un presupuesto protegido de 10.734.300,74 ptas.
El 7 de abril de 1943, el pleno acordó aprobar el anteproyecto y tramitarlo
conforme a las normas del Instituto Nacional de la Vivienda, y el 11 de junio quedó
enterado de que este organismo lo había devuelto aprobado. En enero de 1944,
Yarza, Beltrán y Mantecón firmaron el proyecto definitivo11. Su memoria reproducía
la mayor parte de la incluida en el anteproyecto, que se mantuvo tanto en lo referido
a las superficies del núcleo y de la reserva de suelo para su ampliación, como en
todo lo tocante al diseño material de la urbanización y de la edificación pública y pri-
vada, en sus aspectos tipológicos y constructivos. Como variación más significativa,
ahora ya no se preveía expresamente expropiar los terrenos ocupados por el pobla-
do. Un estudio más detallado elevó a 9.272.914,66 ptas. el presupuesto de ejecución
material (6.612.918,58 de las viviendas, 545.102,13 de la escuela, la capilla y el
centro social, y el resto de la urbanización), que con las 941.280 ptas. de los terre-
nos y 1.609.777,96 de beneficio industrial, proyecto, dirección y demás derechos,
llevaban a un presupuesto protegido de 11.823.972,62 ptas.
La construcción del poblado se financiaría con créditos y anticipos del INV,
que cada familia beneficiaria reintegraría posteriormente. Al 1.182.397,26 ptas.
10 José Moreno Torres, director general de Regiones Devastadas, razonó la aplicación de ese
tipismo antimoderno en un folleto divulgativo sobre la labor realizada por este organismo:
«La experiencia demuestra que hay que ir necesariamente a emplear los sistemas constructi-
vos del país y los materiales típicos de la región. Los nuevos procedimientos constructivos en
serie, las casas desmontables, las viviendas provisionales, etc., todo ello puede servir, única
y exclusivamente, con carácter eventual; pero cuando haya que hacer una cosa definitiva y
que perdure al correr de los años, no hay otra solución posible que volver a lo típicamente
tradicional, en armonía completa con el paisaje y con el ambiente. / Así es lo que se ha hecho
en España, renovar los viejos estilos arquitectónicos de acuerdo con los materiales modernos,
hermanar los conceptos de tradición y de progreso, y así han ido surgiendo unos pueblos
alegres, limpios y modernos, en los que hoy las gentes viven con toda serie de comodidades,
sin haber perdido por ello su sello característico» (MorEno, 1948: s. p.).
11 El proyecto se conserva en AMZ, cajas 200431, 1944; 200432, 1944, y 200434, 1944. In-
cluye memoria, presupuesto, pliego de condiciones y veinte planos de ordenación urbana,
infraestructuras, y plantas, alzados y detalles constructivos de las casas, la capilla, las escue-
las y el edificio de servicios municipales, con fechas de enero de 1943 (la de los planos del
anteproyecto) y octubre y noviembre del mismo año. El plano 3 («Perspectiva de conjunto»)
se reprodujo en el artículo publicado por Yarza, Beltrán y Borobio en el monográfico sobre
Zaragoza de la Revista Nacional de Arquitectura (1949).
12 La revisión del plan general de ordenación urbana de 2001 calificó el suelo que hubiera ocu-
pado el núcleo semirrural como no urbanizable especial de protección del regadío.
13 sánchEz VEnTura (1948: 165) se refirió, de pasada y sin mucha convicción, a la iniciativa
municipal, todavía «en periodo preliminar» aunque «todos los auspicios» le otorgaran «la más
entusiasta acogida», de adquirir suelos en los barrios agregados, parcelarlos y distribuirlos
entre obreros del campo interesados en construirse ahí sus casas, seleccionados por unas
juntas representativas presididas por el alcalde del barrio; aunque las juntas aún no se habían
formado, el Ayuntamiento ya había adquirido 10.000 m2 en Movera y se disponía a efectuar
otro reparto en Juslibol.
1 Desde junio de 1941, Yarza sería jefe de la Dirección de Arquitectura municipal. Alejandro
Allanegui Félez (1910-1986) fue arquitecto de la Delegación de Zaragoza del Ministerio de
la Vivienda y arquitecto jefe de Regiones Devastadas, camisa vieja de Falange y voluntario del
18 de julio de 1936. En Zaragoza, los dos arquitectos colaboraron en otros proyectos residen-
ciales.
2 AMZ, caja 200035, exp. 0000000/1940, «Anteproyecto. Manzana 14 de Miralbueno».
inmuebles de cuatro y cinco plantas con cinco locales3 y 113 viviendas protegidas,
todas exteriores, provistas de calefacción central, ascensor en los inmuebles de cinco
plantas, tres porterías, cuartos para bicicletas y cochecitos de niño, refugios antiaé-
reos en el sótano y un lavadero en el ático para cada familia4.
Con la obra en marcha, la Corporación intentó utilizarla para justificar la ex-
pulsión hacia un destino incierto de los muchos inquilinos desahuciados como con-
secuencia de la ejecución de la primera etapa del proyecto de reforma interior apro-
bado en 1942 (plaza de Salamero y calles de San Ildefonso, Biblioteca y Azoque).
El 11 de junio de 1943, el pleno aprobó esta actuación y se impuso la engañosa
condición de no iniciar los derribos hasta que se construyera un número de vivien-
das sociales equivalente al de la mayor parte de las familias desalojadas5; el 10 de
noviembre siguiente se concretaría el número de viviendas precisas en unas 112, solo
una menos, no por azar, que las incluidas en la manzana 14.
El 17 de mayo de 1944, el Concejo aprobó las condiciones de cesión de las
viviendas, exigiendo solamente que los candidatos fueran españoles y se dedicaran
a un oficio, empleo o profesión liberal, o fueran pensionistas del Estado. Los bene-
ficiarios deberían abrir inmediatamente una libreta en la Caja de Ahorros y Monte
de Piedad de Zaragoza y hacer en adelante los ingresos precisos para que su saldo
cubriera en todo momento el 10% de los pagos que el Ayuntamiento fuera verifi-
cando por las obras, prorrateados según la vivienda de que se tratara. Al recibir las
llaves, cada uno abonaría al Ayuntamiento el 30% del valor del piso a través de la
libreta y, dentro del año siguiente, pagaría el otro 70% de una sola vez; si no dispu-
siera de esa cantidad, antes de cumplirse el primer año debería solicitar un préstamo
hipotecario a la Caja de Ahorros, que lo concedería con un plazo de amortización de
treinta años e interés del 4,25%6. El acuerdo recogía finalmente varias condiciones
año, las obligaciones con el INV quedarían canceladas y los beneficiarios solo mantendrían su
deuda con la Caja de Ahorros.
7 El encarecimiento de los materiales y los jornales obligó al Ayuntamiento a aprobar el 7 de
junio de 1944 un aumento del presupuesto en 1.020.471,44 ptas.
En los primeros meses de 1946 concluyeron las obras del que desde febrero
de 1955 se llamaría grupo Francisco Caballero, ocupándose los pisos entre abril
y junio de aquel año. El presupuesto final fue de 5.525.909,93 ptas., de las que el
Municipio aportó las 552.590,99 en que se valoró el solar, equivalentes al 10% del
coste total; conforme a la normativa sobre protección oficial, el INV concedió un an-
El Municipio cedió gratis a la Obra Sindical una de las manzanas y le vendió las
otras tres a 26 ptas./m2, con un total de 556.694,82 ptas.9. La OSH encargó el pro-
yecto del llamado grupo San Jorge a Alejandro Allanegui y José Yarza, y estos adap-
taron a las nuevas condiciones de entorno y programa su proyecto para la manzana
14 de Miralbueno. De ahí resultaron dos manzanas independientes, cada una de las
cuales aunaba dos de las concedidas e incluía cinco bloques de vivienda colectiva de
cuatro alturas y planta en L, que abrazaban cuatro jardines colectivos. La primera
manzana, al este de la calle de Manuel Dronda y más cercana a la Ciudad Jardín,
incluyó 218 viviendas de renta reducida y 13 tiendas; en la segunda, al oeste de esa
calle, se preveían 210 viviendas. Cada manzana constituyó una fase de las obras,
dirigidas por Fausto García Marco.
Se proyectaron viviendas de cuatro tipos, cada uno con una variante de un
dormitorio menos. El mejor era el tipo A, con estancia-comedor, cocina, despensa,
baño, retrete para el servicio, tres dormitorios dobles, uno sencillo y galería con
lavadero; tenía calefacción individual y en 1948 se le estimaba un precio de 75.500
ptas.; la fase primera comprendía 42 viviendas de este tipo y dos más del Ap, con
un dormitorio doble menos y coste de 72.500 ptas.: basta este dato para demostrar
que el grupo San Jorge, como el Francisco Caballero, se destinaba a familias relati-
vamente acomodadas de la clase media. El tipo más modesto era el Dp, con cocina-
comedor, despensa, aseo con ducha, dos dormitorios dobles y galería con lavadero,
precio de 40.500 ptas. y solo 8 unidades.
En 1948, solo la primera fase estaba en ejecución, y con tal retraso que, según
escribió sánchEz VEnTura (1948: 184), «las obras no solo se encuentran en un es-
tado embrionario, sino que siguen un ritmo excesivamente lento, debido a la insu-
ficiencia en el suministro de cemento, habiéndose dado comienzo a los trabajos de
cimentación en noviembre de 1947, sin que haya sido posible terminarlos aún». Por
si fuera poco, el encarecimiento de la mano de obra y los materiales había obligado
a una revisión de precios, pendiente de aprobación, que aumentaba en un 70% el
presupuesto, evaluado en 1942 en 14.299.057,82 ptas., incluidas las dos fases. Aun
así, Sánchez Ventura hacía notar que en la primera fase ya se habían solicitado for-
malmente 120 viviendas y 5 tiendas10.
Como en las demás promociones de la Obra Sindical, el Instituto Nacional de
la Vivienda anticipó sin intereses el 40% del presupuesto protegido, reintegrable en
cuarenta años, y prestó otro 50% al 4% y con un plazo de amortización de veinte
años. En consecuencia, en 1948 se preveía, a reserva de lo que deparara el coste fi-
nal de las obras, que los compradores de las viviendas pagaran cuotas mensuales de
144,60 a 269,10 ptas., según tipos, durante los primeros veinte años, y de 138,35 a
254,60 ptas. en los veinte siguientes11.
10 Para abaratar la segunda fase, con licencia de junio de 1955 y luego llamada grupo Severino
Aznar, García Marco modificó el proyecto en 1952, aumentando las viviendas a 238 (más 10
tiendas, hogar del productor y consultorio), compactando la edificación sin elevarla, acortan-
do la manzana y suprimiendo su patio norte, donde hoy está la plaza de los Donantes.
11 Con proyectos de Allanegui y García Marco (1953 y 1957) y ejecución posterior al período
que estudiamos, la Obra Sindical del Hogar promovió las dos fases del grupo Alférez Rojas
en el borde occidental de Delicias, lindando ya con la ronda de enlace. Su notable tamaño
(656 viviendas) le dio una dimensión urbana, con acompañamiento de un grupo escolar,
parroquia y zona de servicios, y bloques residenciales lineales de tres a cinco plantas y direc-
triz cambiente, perpendicular a la ronda y con orientación dominante sur. Su baja densidad
(483 hab./ha), una esmerada adaptación al terreno y la generosa dotación de equipamientos
y zonas verdes hicieron de este grupo el mejor de cuantos promovió la OSH.
12 Aunque el Patronato Social Católico de Torrero de mosén Francisco Izquierdo intentó desalo-
jar estas graveras proporcionando a sus ocupantes alojamientos más dignos, la sustitución de
los que se iban por otros que llegaban impidió erradicarlas hasta que se construyó en su lugar
el parque de la Paz.
camino de Las Fuentes, con un importe de 8.197,90 ptas. por unidad. El 25 de no-
viembre, se aprobó un presupuesto extraordinario de 409.488,09 ptas. para levantar
las primeras 40, el Ayuntamiento sacó la obra a subasta dos veces sin éxito, acordó
realizarlas por administración el 20 de marzo de 1942 y el 5 de agosto la comisión
permanente detalló las condiciones para ocupar las viviendas.
Así se construyeron las llamadas Casicas, hoy desaparecidas, en un terreno de
propiedad municipal situado detrás del Matadero13. Las casas, en hilera, de una
planta y muy modestas, tenían 42 m² de superficie, constaban de cocina-comedor,
dos dormitorios, retrete y corral, y se dirigían al realojo provisional de chabolistas
del extrarradio e inquilinos desahuciados por la ampliación de las plazas del Pilar
y Salamero. Al final, costaron 9.000 ptas. por casa, y se entregaron entre febrero y
abril de 1943, con un canon de 35 ptas. mensuales.
El 5 de abril de 1944, se aprobó un presupuesto extraordinario de 200.000 ptas.
para promover otra tanda de ultrabaratas. El 25 de septiembre siguiente, el Concejo
acordó construir 8 más, iguales a las anteriores, en los espacios vacantes que aún
poseía tras el Matadero, ejecutándolas por administración por razones de urgen-
cia14. Un mes después estuvieron terminadas y se cedieron por el mismo canon de
35 ptas. al mes, aunque se habían gastado ya 15.000 ptas. por unidad.
Después de construir estas 48 casicas, el Municipio dio muestras de querer des-
entenderse de la promoción de viviendas ultrabaratas, delegándola en la Obra Social
Francisco Franco de FET y de las JONS. El pleno del 14 de abril de 1945 aprobó
el reglamento para la nueva obra, encargada de la construcción, conservación y uso
de casas de canon reducido, y dirigida por el gobernador civil y jefe provincial del
Movimiento, asesorado por una comisión consultiva presidida por él e integrada
por el presidente de la Diputación, el alcalde, el delegado provincial de Sindicatos
y el arquitecto que designara. El reglamento determinaba que la Obra construiría
las casas sobre los terrenos que pusiera a su disposición el Ayuntamiento, que se
haría cargo de la urbanización y la instalación de los servicios y debería respetar las
edificaciones, su uso y su administración bajo el régimen de la Obra mientras esta
subsistiera, con un plazo máximo de treinta años a contar desde la entrega de los
terrenos; pasado este plazo o extinguida la Obra, el suelo revertiría al Municipio
con todo lo construido. El jefe provincial del Movimiento elegiría a los usuarios de
las casas en función de sus ingresos; aunque se les exigiera satisfacer un canon, la
concesión de uso de las viviendas no les atribuiría el carácter de arrendatarios, sino
15 MarTí (1994: 30) señaló que, en 30 de las primeras 40 viviendas ocupadas, se superaban
hacia 1945 los cuatro moradores previstos, y a veces muy holgadamente; estos eran en su
mayoría adultos y no eran raras las casas donde vivía más de una familia.
16 «Cuando se finalice esta primera barriada del sector del Arrabal, procederá acudir a otros sec-
tores: Delicias, San José, Torrero, Casablanca… con los mismos tipos de viviendas o introdu-
ciendo en los nuevos planos las modificaciones que, en su caso, aconseje la experiencia»
(sánchEz VEnTura, 1948: 45).
17 Reprodujo el proyecto, fechado en septiembre de 1947, sánchEz VEnTura (1948: 117-127).
18 Estas viviendas mayores se situaban en los extremos del bloque, aprovechando para ganar
espacio las concavidades entre los contrafuertes que soportaban los empujes horizontales de
las bóvedas tabicadas de los forjados, que en principio se habían previsto abiertas y luego se
prefirió cerrar para proporcionar dos dormitorios adicionales a cada vivienda contigua.
19 Un cuartucho de 1,85 m2 donde solo había una placa turca con una alcachofa de ducha sobre
ella, de modo que la familia utilizaba el mismo elemento para hacer sus necesidades y para
ducharse, lo que además de problemas higiénicos originaría en las viviendas de ocho camas
largas colas en horas punta. Las manos y la cara se lavaban en el fregadero del nicho-cocina.
además, una superficie útil mínima de 54 m2 (excusable en las muy modestas), que
no alcanzaba ninguna de las viviendas del grupo, y un programa al menos de tres
dormitorios que no satisfacían las del tipo B, con mucho las más abundantes.
También la construcción se sujetó a la máxima economía y recurrió a materia-
les asequibles incluso en un momento de fuertes restricciones, limitando a mínimos
el consumo de cemento y de hierro. Para ello, se optó por cimientos de hormigón ci-
clópeo; estructura de pilares y muros transversales de ladrillo; resto de cerramientos
de adobe; forjados de bóveda de rasilla cuyos empujes contenían contrafuertes de
ladrillo en los extremos del bloque; escalera tabicada; cubierta de teja árabe senta-
da con barro sobre cañizos y rollizos de madera, y carpintería de madera corrien-
te. Con estos materiales, producidos en las inmediaciones de la ciudad, y técnicas
constructivas preindustriales se logró acelerar las obras y reducir el presupuesto a
2.754.488,95 ptas., con una media de 21.519,45 ptas. por vivienda o tienda. Por su
sistema constructivo, que no por el tipo residencial, el proyecto seguía muy de cerca
al firmado en 1947 por Francisco Cabrero para el grupo de viviendas protegidas Vir-
gen del Pilar (Madrid), deudor a su vez del que Luis Moya había formado en 1942
para el grupo que la Dirección General de Arquitectura promovió en Usera, uno de
los núcleos rurales satélite considerados por el plan general de Madrid de 1941.
Si a la mezquina distribución y a la pobre construcción se unían un entorno
desolado y la orientación al norte de la mitad de las viviendas, con las consiguientes
carencias lumínicas y térmicas (ya que no se previó ningún sistema de calefacción,
ni aislamiento térmico, y la estanquidad de la carpintería dejaría mucho que desear),
el resultado no podía ser más que sórdido.
Aunque las condiciones materiales del grupo Francisco Franco distaban lo
suyo de las casitas de la Ciudad Jardín, de las promociones de la CONS y la manza-
na 14 en la zona de las Casas Baratas y, nada se diga, de la manzana 49 en Baltasar
Gracián20, la Corporación no alquiló ni cedió a canon estos chiribitiles, sino que los
vendió, lo que dice mucho de sus ideas sobre el modo de vida que correspondía a la
clase obrera y el fomento de la propiedad como antídoto del inconformismo. En el
segundo capítulo de El problema de la vivienda barata («El acceso de las clases más
humildes a la propiedad de la vivienda»), el alcalde sánchEz VEnTura (1948: 25-28)
tacharía de marxista la promoción de viviendas sociales en alquiler:
La doctrina marxista constituye una abierta pugna con la naturaleza humana […] No
encontramos, ni buscando con la linterna de Diógenes, un hombre sinceramente hostil
o siquiera indiferente a la idea de ser propietario de su hogar. La pareja que contrae
nupcias sueña con la casita de campo propia, o el pisito de ciudad propio; con ese rin-
cón pequeño, sobrio, humilde, pero limpio, sano, acogedor, donde establecer el nido
familiar en condiciones fundamentalmente estables. ¡Oh, la estabilidad como signo de
vida! […] Esa ambición tan legítima, tan respetable, de tan sano conservadurismo so-
20 Sobre las promociones de Baltasar Gracián y la CONS, véase BETrán (2013: 157-159 y 314-
317).
cial, ofrece múltiples facetas […] Una de ellas es la de las cuevas socavadas en terrenos
propicios, que constituyen por un lado signo de miseria, pero por el reverso, signo de
aspiración irrefrenable a la propiedad de la vivienda […] No es extraño que Flora defina
el problema social por antonomasia, como hambre de viviendas, la cual solo puede sa-
ciarse mediante el acceso a la propiedad de las clases menesterosas […] En conclusión,
la propiedad de la vivienda es un deseo general que repercute en la estabilidad de las
colectividades, en la moralidad de las costumbres, en la salud, en la alegría, en la felici-
dad de los pueblos… Por muchas que sean las leyes protectoras para el arrendatario y
onerosas para el arrendador, aunque las rentas que este cobre resultaren inferiores a las
cargas que pague, el prestigio de la propiedad prevalece y la suprema aspiración de todo
inquilino es pasar a la categoría de propietario.
Si, frente al socialismo, la Iglesia (fuente positiva de la obra legislativa del nuevo Es-
tado Español) siempre había sostenido «como base justa y necesaria de la sociedad, la
propiedad privada», el alcalde podía justificar la drástica reducción de la calidad de
las viviendas del grupo Francisco Franco como una condición para que los obreros
pudieran comprarlas:
Buscábamos la máxima baratura y creemos haberla conseguido. Ceder una buena vi-
vienda en plena propiedad, por el precio mensual de 72 ptas., durante 30 años, es un
resultado francamente satisfactorio […] El Instituto Nacional de la Vivienda tiene una
pauta de mayores exigencias. Bien está. Conforme a ella, el Ayuntamiento de Zaragoza
está terminando el grupo de Montemolín. Serán habitaciones mucho más amplias, pero
también cuestan más del cuádruplo. Los productores que puedan pagar el precio a que
resulten estas últimas, enhorabuena. Pero seguramente será harto mayor el número de
los que prefieran las de la «Barriada Francisco Franco», por un precio exiguo en extremo
(sánchEz VEnTura, 1948: 87).
En 1949, la Corporación aprobó las bases de adjudicación de los pisos, que
daban preferencia a las familias desahuciadas por causa de operaciones de reforma
interior o declaraciones de ruina inminente, seguidas a mucha distancia por los
trabajadores de empresas particulares que los avalaran, supuesto relacionado con el
creciente número de industrias en el entorno del grupo21.
21 Según sánchEz VEnTura (1948: 67-68), urgió la construcción de las viviendas del Arrabal
la necesidad de facilitarlas a familias «económicamente débiles» cuyos alojamientos hubiera
ordenado demoler el Ayuntamiento «a causa de ruina inminente, mejoras urbanas, etc.». Pero
el alcalde iba más allá y defendía que, además de hacerse cargo del realojo en desahucios de
su iniciativa, el Municipio colaborara con la Cámara de la Propiedad para posibilitarlo siem-
pre que un propietario quisiera derribar un inmueble para construir otro, a fin de eliminar
restricciones a la propiedad urbana y favorecer el progresivo desenvolvimiento de la ciudad, el
incremento del número de viviendas y el mayor empleo en la industria de la construcción. Se
trataba, hablando en plata, de dedicar recursos públicos a liberar de cargas a los propietarios
particulares y de apoyar la expulsión del centro de las clases subalternas: «Claro es que el in-
quilino no podría aspirar a quedarse siempre en el centro de la ciudad, ni a exagerada amplitud
de superficie, ni a nuevos precios de alquiler equivalentes a los de hace treinta años»; por eso,
su propuesta era de auténtica justicia social, acorde con el verdadero interés nacional, aunque des-
entonara con una extremista normativa sobre congelación de alquileres que provenía, según él,
«del nefasto régimen republicano, influido a fondo por las doctrinas más disolventes» y empe-
ñado en asestar continuamente tremendos palos de ciego a la propiedad (1948: 78 y 77).
22 Como alternativa para otros bloques, sánchEz VEnTura (1948: 60) planteaba la venta com-
pleta al contado, con igual posibilidad de hipoteca y precio estricto de coste («es decir, con
donación del solar y de los servicios antes indicados, que traen como resultante un precio
inferior a la mitad de su verdadero valor»), a empresas interesadas en proporcionar viviendas
a sus trabajadores. Para gestionar todas estas actuaciones en materia de vivienda, proponía
crear un patronato municipal que prefiguraba el Instituto Municipal de la Vivienda constitui-
do en 1952.
un prototipo de casas en cadena que más adelante se materializaría en Usera (Revista Nacional
de Arquitectura, 109, 1/51).
24 Las menciones se dieron a los trabajos presentados con los lemas LAR y RO-BLE-LA. En
AMZ, caja 029328, 1950, se guardan las memorias y presupuestos de ambos, más los planos
del segundo, cuya memoria comenzaba enjabonando al Ayuntamiento por la relación que
había establecido entre planeamiento urbanístico y vivienda social (el problema más importante
en España después de la alimentación), según él «un paso decisivo y dado por primera vez». A
diferencia de LAR, que exhibió un sinnúmero de ejemplos internacionales, RO-BLE-LA se
esmeró por revestir su texto de un confesionalismo políticorreligioso muy expresivo del aire
que respiraba el urbanismo español, y del que da muestra este pasaje: «En el campo del urba-
nismo se debate hoy una batalla en el mundo en la que los Arquitectos españoles estamos en
la vanguardia. Por fortuna, la concepción de la ciudad cristiana ofrece la solución perfecta a
todos los problemas que puede plantear la vida social del hombre, y cuando se comprende no
se añoran las promesas de paraíso que con habilidad y subjetiva propaganda nos presentan
concepciones de la ciudad en las que la base ideológica en la que se asientan los principios
urbanísticos, apuntan claramente a una sociedad marxista».
25 En AMZ, caja 029333, se conserva el trabajo ganador. En esta época, el puesto de arquitec-
to municipal carecía de normas efectivas de incompatibilidad, lo que permitía a sus titula-
res competir ventajosamente por encargos privados e incluso, como particulares y cobrando
aparte, del Ayuntamiento.
26 Según la memoria, «se han tratado las viviendas en su composición y en la construcción […]
como verdaderas viviendas de lujo dentro de las superficies impuestas, quitándoles el carác-
ter de viviendas “baratas” y logrando el menor coste posible, no por la reducción innecesaria
de superficie, ni colocación de elementos baratos, sino por la composición lograda y sistema
constructivo empleado».
27 Los módulos se separaban por paredes transversales que, al ser de carga, aumentaban el ais-
lamiento acústico de las estancias y los dormitorios, a costa de una gran rigidez distributiva.
quedaba una luz libre constante de 2,50 metros, cubierta con bóvedas de ladrillo
hueco de 4,50 centímetros de espesor y 25 de flecha. Las fachadas se formaban con
tabicón de ladrillo hueco revocado exteriormente, cámara de aire de 12,50 centí-
metros y tabique interior enlucido. La carpintería exterior e interior era de madera
de pino y las cubiertas de teja árabe. Estos materiales se decían sólidos y perdurables,
«pues si las viviendas son dadas en propiedad a largo plazo de cuarenta años, que al
final de este periodo de tiempo no tengamos que volverlas a construir».
Como casi todas las viviendas modestas promovidas en la España de ese tiem-
po, las del anteproyecto se caracterizaban por la absoluta preponderancia del factor
económico sobre toda otra consideración, incluidas la satisfacción del usuario y
la capacidad para adaptarse a la evolución de las necesidades familiares: la rigidez
impuesta por las superficies mínimas, el sistema de muros de carga transversales y
por qué procurar una urbanización tan cara, y llevar la vivienda barata a las áreas
con menores expectativas inmobiliarias:
Resulta que tenemos aproximadamente el número de viviendas necesarias, pero lo que
ocurre es que no corresponden a las diferentes posiciones sociales de los habitantes. Esta
consideración se descuida siempre, lo que conduce a cargar con exceso los sectores de
vivienda de lujo, con el grave perjuicio de ocasionar una urbanización cara para el Mu-
nicipio y la creación de sectores donde se refugia el exceso de población modesta, cuya
localización no ha quedado prevista; por esta razón no hay más solución que considerar
los porcentajes en que entran las diferentes posiciones sociales en lo que podemos llamar
la constitución del conjunto urbano y proyectar las zonas con arreglo a las superficies
derivadas de estos porcentajes, teniendo además en cuenta el desarrollo de la población
a través de sus diversas etapas.
Con estos criterios, se elegían cinco sectores interiores a la ronda de enlace de
carreteras prevista en 194328, aún pendientes de una urbanización que se esperaba
Los cinco sectores sumaban 76,39 hectáreas de terreno y 8.649 viviendas, capa-
ces para 44.415 habitantes, que era el número previsto para el primer decenio y las ca-
tegorías de vecinos 1.ª, 2.ª y 3.ª, las únicas que se beneficiarían de la política municipal
de vivienda modesta (véase el apartado IX.1 de este libro). En cada sector, el trabajo
incluía un anteproyecto de ordenación que se atenía a los siguientes principios:
En cada unidad de barriada las filas de casas se han orientado en la dirección Este-
Oeste, dando el acceso a los edificios por el lado Sur y se han separado los bloques de
viviendas de forma que cumplan con exceso las normas del INV. Una preocupación
constante ha sido que, sin variar la orientación de las viviendas, los espacios entre filas
de bloques resultaran lo más cerrados posible por razones del viento y vistas del peatón
a las fachadas posteriores de los edificios, así como la de obtener espacios interiores
tranquilos. Se ha resuelto en lo posible retranqueando las alineaciones de la misma fila
de bloques hasta reducirlas en los extremos a dos alineaciones paralelas y a una distancia
que corresponda a la altura de los edificios, quedando el espacio preciso para encajar
entre ellos una fila independiente y pasos laterales de acceso a los espacios interiores,
logrando así conjuntos agradables que sin ser manzanas cerradas tienen las ventajas de
ellas y conservamos siempre la orientación Norte-Sur de las viviendas […] En otros
casos o combinados con la solución anterior se emplazan construcciones de una planta
que sirven de cierre y se destinan a pequeños talleres manuales, tiendas o almacenes;
en otros sectores, por ejemplo, Miraflores y Miralbueno, se ha proyectado alrededor del
anillo exterior de la unidad de barriada construcciones a cuatro crujías con patios inte-
riores de manzana (tipo corriente de parcelación), formando en su interior unos agrada-
bles y tranquilos espacios libres para emplazar las unidades de barriada; las plantas bajas
de las edificaciones de varias crujías se pueden destinar a tiendas, almacenes y talleres.
Por último, otro tipo de parcelación es la adoptada en el sector del Rabal, próximo a la
zona industrial, donde las edificaciones de viviendas proyectadas quedan protegidas de
aquella zona por grandes masas verdes que aíslan la zona industrial de la de viviendas;
en dos fajas laterales, en comunicación directa con el anillo exterior de circulación y se-
paradas de la unidad de barriada por pequeñas calles de acceso, se emplazan pequeñas
zonas destinadas a industria semipesada, una no humífera y otra fumívora muy apropia-
das para el sector en estudio, teniendo así el caso algunas veces necesario de viviendas
junto a la fábrica, la zona industrial al lado de la unidad de barrio, sin mezclar con ella y
separada por porciones de espacios verdes.
La urbanización también seguía pautas normalizadas tendentes al máximo aba-
ratamiento. El mayor coste correspondía al anillo rodado que bordeaba cada uni-
dad, de urbanización convencional. Por las calles interiores solo circularían peatones
y vehículos de emergencias, lo que permitía reducir su anchura, en general de 4 me-
tros, y la calidad del pavimento, macádam asfáltico con dos aceras de 75 centímetros
de baldosa de cemento.
Por último, la memoria de Beltrán abordaba la financiación del programa de-
cenal de construcción de viviendas modestas, recomendando recurrir por sistema a
las ayudas del Instituto Nacional de la Vivienda. Para obtenerlas, el Ayuntamiento
tendría que consignar en sus presupuestos de gastos la aportación del 10% del pre-
supuesto total protegido de cada grupo, que, mejor que en metálico, podrá reali-
zarse mediante la compra y urbanización de los terrenos. También debería preparar
los planes a desarrollar y ejecutar sus previsiones. Unas viviendas se entregarían en
propiedad (con la parte proporcional del suelo o sin él, cediéndolo en arrendamien-
to enfitéutico a 99 años) y otras quedarían en titularidad municipal, alquilándose a
familias con ingresos menores de lo normal.
El 21 de abril de 1950, el Concejo acordó «aprobar, en principio» la ejecución
de viviendas económicas en los terrenos que poseía en el camino de Juslibol, con
arreglo al trabajo ganador del concurso, remitido a la sección técnica (de nuevo Bel-
trán) para que formulara el oportuno proyecto. El arquitecto formó un proyecto de
construcción de 8.890 viviendas protegidas (241 más que en el anteproyecto) que
aprobó el pleno del 9 de junio siguiente. Según se dijo, la operación, suficiente para
44.000 habitantes, se verificaría en diez tandas de 889 viviendas anuales, afectan-
do a los cinco sectores propuestos por el anteproyecto. El primero, próximo a una
importante zona industrial donde ya se habían erigido viviendas, distaba menos de
kilómetro y medio de la plaza de España, con la que la unían una línea existente de
tranvía (Gállego) y la avenida de Cataluña, una gran vía arterial. No extraña, pues,
que el Ayuntamiento desarrollara ahí su mayor actividad.
Las viviendas se atendrían a los tipos definidos en la fase de concurso y se cede-
rían a familias cuyos ingresos no excedieran de 40 ptas. diarias, en alquiler o en al-
quiler con amortización a cuarenta años. El presupuesto calculado para la ejecución
de las 8.890 previstas se elevaba a 321.121.358,20 ptas., lo que suponía un coste
medio por vivienda de 36.121,63. Para obtener los préstamos ofrecidos por la legis-
lación de vivienda protegida, el Ayuntamiento debería aportar una décima parte del
presupuesto total, esto es 3.211.213,58 ptas. por año, en metálico o en terrenos. El
acuerdo preveía remitir en su momento el proyecto a la Superioridad, solicitando
todas las ayudas gestionadas por el INV y demás organismos competentes, y decla-
rando, «sin ninguna clase de hipérbole», «que el problema de la dotación de vivienda
barata a la población zaragozana reviste extrema gravedad y que su solución es de
manifiesta urgencia». La afirmación tenía que sorprender a quien un cuarto de siglo
antes hubiera creído resuelto el problema con el vasto proyecto de las Casas Baratas
en Miralbueno, ámbito ya definitivamente erigido en zona de prestigio e incompa-
tible con unas modestas promociones económicas deportadas al Picarral, Venecia,
Montemolín o Las Fuentes.
Por orden de 10 de octubre de 1950, el Ministerio de Trabajo declaró la utili-
dad pública del proyecto de construcción de las 8.890 viviendas protegidas, lo que
permitiría expropiar en su momento las 76,39 hectáreas de suelo que comprendían
los cinco sectores donde se preveía ubicarlas.
El 9 de diciembre, el Ayuntamiento acordó municipalizar la construcción de
viviendas económicas en la ciudad, sin monopolio y mediante un órgano especial de
gestión denominado Instituto Municipal de la Vivienda (IMV), de capital munici-
pal y derecho privado; además, se nombró una comisión encargada de redactar una
memoria sobre los aspectos social, técnico y financiero del servicio. En el pleno de
13 de abril de 1951 se aprobó esta memoria, y en el del 17 de julio siguiente el ex-
pediente y proyecto completos de municipalización del servicio y creación del IMV.
El 28 de enero de 1952, la Corporación se dio por enterada de su aprobación por el
ministro de la Gobernación, y el 8 de marzo del mismo año aprobó los estatutos del
nuevo Instituto, encargado, según el artículo 1.º, de los siguientes cometidos:
a) Adquisición de terrenos.
b) Construcción de casas destinadas a la habitación de las clases media y obrera.
c) Administración de las fincas urbanas de este carácter de propiedad municipal.
d) Aplicación del régimen protector de la acción privada en el empeño de la edificación
de viviendas económicas, conforme a las instrucciones que reciba del Ayuntamiento.
Y así, en la sesión plenaria del 10 de mayo de 1952 pudo crearse el organismo29,
con la intención central de construir las 8.890 viviendas económicas proyectadas
en 1950. El 13 de junio de 1953, el Ayuntamiento acordaría consignar en los pre-
supuestos ordinarios, desde 1954 a 1973, la suma de 800.000 ptas., cedida al IMV
para el cumplimiento de sus fines y con autorización para afectarla en garantía de
operaciones de crédito.
Sin embargo, el ambicioso plan aprobado en 1950 nunca se consumaría, entre
otras razones por la promulgación de la Ley de Viviendas de Renta Limitada de
1954 y el Plan Nacional de la Vivienda de 1955, que atribuyeron al Instituto Nacio-
nal de la Vivienda la financiación y ejecución de un amplio programa de viviendas
para las clases económicamente más débiles, construidas preferentemente por la Obra
Sindical del Hogar con la colaboración de los ayuntamientos, en terrenos que tu-
vieran o pudieran tener con facilidad transporte y servicios urbanísticos. Con ello,
el Estado tomó la iniciativa en la promoción de viviendas sociales en todo el país, la
OSH inició su etapa más activa y organismos como el IMV zaragozano perdieron
buena parte de su razón de ser.
30 AMZ, caja 029333, «Proyecto viviendas grupo Francisco Franco». También, caja 029331.
31 «Parcelación.- Obedece a la mejor orientación de las viviendas, agrupando estas en general en
bloques paralelos a distancias entre sí de 12,00 y en dos casos a 18,00 m, consiguiéndose dos
amplios espacios interiores de 18,00 x 65,00 m para campo de juegos de niños. / La parcela-
ción de cada manzana, obedece a módulos de 2,70 m [entre] ejes y fondo uniforme de 9,00 m.
/ Altura de las edificaciones.- Cuatro plantas 11,00 m en tipos B-C y cinco plantas 14,20 m en
tipos B’ a E’. / Orientación de las viviendas.- Al N. escaleras, cocinas y servicios, al S. cuarto de
estar-comedor y dormitorios, consiguiendo una orientación de los bloques, casi paralela a la
dirección de los vientos dominantes. / Espacios libres y superficie edificada.- De los 16.098,50 m2
de la manzana, 6.588,00 m2 están ocupados por las edificaciones, destinándose 9.510,50 m2
a espacios libres» (de la memoria del proyecto).
ros veinte años la renta de las viviendas variaría entre 158,46 y 333,01 ptas., según
tipos, y durante los veinte siguientes entre 149,95 y 315,11 ptas.
El INV aprobó el proyecto de la segunda fase del Francisco Franco el 18 de
agosto de 1954, y ya en septiembre firmó Beltrán un proyecto para la construcción
por el IMV de un nuevo grupo de 720 viviendas protegidas (4.224 habitantes), en
desarrollo de su trabajo de 1950 sobre soluciones al problema de la vivienda mo-
desta32. Este grupo habría ocupado un terreno también lindante con el camino de
Juslibol y más próximo a la ciudad que el anterior, con 59.225,70 m2 de superficie,
incluidos los 15.411 ocupados por las manzanas residenciales y 43.815,70 destina-
dos a espacios libres, calles interiores y vías perimetrales.
Beltrán desechó el diseño de las dos unidades de barriada previsto en 1950
y aprovechó la magnífica arboleda existente para formar una amplia plaza de plan-
ta cuadrada y lindante con el lado meridional del conjunto, donde más adelante
podrían emplazarse los edificios comunes, administrativos, religiosos y políticos. A
ambos lados, cada unidad de barriada estaría formada por seis manzanas, separadas
por calles de 15 metros.
De momento, solo se contemplaba la construcción de cuatro de las manzanas
de la unidad oriental, con una envolvente de 372 por 107,10 metros. Cada manza-
na era un rectángulo de 81,75 por 107,10 metros, que comprendía cuatro bloques
lineales paralelos con fachadas a norte y sur, formados por módulos de 2,70 me-
tros entre ejes y 9 de fondo. Los dos bloques interiores, de cuatro plantas, incluían
128 viviendas protegidas ordinarias de dos dormitorios (54,42 m2út) y 128 de tres
32 AMZ, caja 029333. El IMV le había encargado el proyecto de este grupo el 23 de junio
de 1952. Sus documentos no llevaban sellos ni membretes de la Dirección de Arquitectura
del Ayuntamiento, sino el estampillado «ARQUITECTO-JOSÉ BELTRÁN-ZARAGOZA».
(76,23 m2út); los dos bloques exteriores, algo más largos y de cinco plantas, contenían
otras 32 viviendas de dos dormitorios (76,66 m2út), 288 de tres (86,28 m2út), 48 de
cuatro (98,76 m2út) y 32 de cinco (108,38 m2út), para funcionarios y empleados con
categoría de auxiliar o similar. Perpendicularmente a esos cuatro bloques y para ce-
rrar las manzanas por el este y el oeste, se disponían sendas hileras con 64 viviendas
unifamiliares de dos plantas y tres dormitorios (67,73 y 97,36 m2út), formadas por
módulos de 2,70 metros interejes y 8,25 de fondo, y también destinadas a funciona-
rios y empleados con categoría de auxiliar u oficial. Salta a la vista la discriminación,
por superficie, posición y número, entre las 256 viviendas protegidas ordinarias, con
tope de ejecución material de 50.000 ptas., y las 464 de funcionarios y empleados,
con topes de 50.000 a 98.000 ptas. según la cantidad de dormitorios33.
Como el resto de previsiones del IMV, estas 720 viviendas, con un presupuesto
protegido de 59.442.570,05 ptas. (incluidos 5.937.376,42 ptas. del terreno), no lle-
garían a ejecutarse. Poco después, el Ayuntamiento cedió el suelo a la Obra Sindical
del Hogar, que levantaría en su lugar, fuera ya del período que estudiamos, los grupos
Teniente Polanco (162 viviendas en bloques de cinco, tres y una plantas que incluían
tres plazas ajardinadas)34 y Ortiz de Zárate (264 viviendas en bloques de cuatro plan-
tas con jardines interiores)35, con proyectos redactados por Fausto García Marco en
1957 y 1960. Al sur de este último, la OSH desarrolló entre medidados de los sesenta
y de los setenta el plan parcial Ebro Viejo, con otras 1.260 viviendas. Se fueron su-
cediendo así la primera y la segunda fases del grupo Francisco Franco, el Teniente
Polanco, el Ortiz de Zárate y el polígono Ebro Viejo, a lo largo del camino de Juslibol
y desde el más alejado extremo norte hacia el sur: justo al revés de la urbanización
gradual, desde la ciudad hacia el exterior, preconizada por Beltrán en 1950.
33 A diferencia de los demás bloques, donde se forjaría mediante las bóvedas rebajadas previstas
en 1950, en los de cinco plantas se preveían forjados de viguetas de cerámica armada.
34 AMZ, caja 200915, exp. 0024538/1958, «Licencia grupo Teniente Polanco. 162 viviendas;
camino viejo de Juslibol, barrio Picarral. Delegación Provincial de Sindicatos-Obra Sindical
del Hogar y de Arquitectura». También cajas 029333, 1952, y 029334/, 1952.
35 AMZ, caja 212440, 1960, «Licencia grupo Ortiz de Zárate. 264 viviendas de tipo social, 12
tiendas; camino viejo de Juslibol, Picarral. Obra Sindical del Hogar-Delegación Sindicatos».
36 Grupo que no estudiaremos aquí, promovido entre 1947 y 1953 por la empresa Hijos de
Dámaso Pina con proyecto de Alejandro Allanegui; una interesante construcción de cuatro
plantas (B+3) con dos patios ajardinados agrupó una tienda y 49 viviendas para los trabaja-
dores de la fábrica textil de Pina, situada desde el siglo XIX en los terrenos cercanos que hoy
ocupa el Jardín de la Memoria.
cieron a la iniciativa del canónigo del Pilar Agustín Gericó Nadal, que en 1938 había
fundado el Patronato de Obras Religiosas, Escolares y Catequísticas del Barrio de
Montemolín y durante la guerra había establecido en la quinta de Miraflores, junto
al cruce de la calle de Cartagena (bajo la actual avenida de Cesáreo Alierta) con los
caminos de San José y Puente del Virrey, unas escuelas católicas, convertidas luego en
escuelas de preaprendizaje de San José o Montemolín37, donde se impartía a los futuros
obreros enseñanza primaria gratuita combinada con un preaprendizaje en varias
ramas laborales (herrería, forja, carpintería, talla, fontanería, electricidad, imprenta
y comercio) y la pertinente dosis de adoctrinamiento religioso.
En el pleno del 12 de diciembre de 1942, la Corporación aceptó de Gericó la
donación de un campo lindante con la Granja Agrícola, para construir viviendas
baratas. El 10 de marzo de 1943, asumió «como propio» el anteproyecto de manza-
na con 95 viviendas protegidas y 3 tiendas presentado por el canónigo y redactado
por Allanegui y Yarza, autores de la manzana 14 de Miralbueno; se acordó este día
solicitar de la Superioridad cuantos beneficios legales pudieran concederse a las cor-
poraciones públicas y se determinaron las normas de adjudicación de las viviendas.
Aprobado el anteproyecto por el Instituto Nacional de la Vivienda, los arquitectos
redactaron el proyecto en septiembre de 1943 y el pleno del 5 de abril del 44 aprobó
un presupuesto extraordinario de 3.305.502,54 ptas. para edificar la manzana; se
subastaron las obras y en noviembre se adjudicaron por 3.290.000 ptas. al propio
Gericó, con el que se pactó, además, el reparto de las viviendas. Mediante este
complejo juego de donaciones y adjudicaciones, se posibilitó que la promoción del
Patronato, presentada como municipal, recibiera las mayores ayudas que podía con-
ceder el INV y de paso se suplió la falta de capacidad financiera de Gericó, que por
sí solo no habría podido llevar adelante la obra.
El proyecto definió una manzana triangular formada por tres bloques alineados
con las actuales calles de Gascón y Guimbao, Luis Aula y José Galiay, que rodeaban
un espacio libre con jardines y campos de juego, y se dividían en doce inmuebles
de cuatro plantas y dos viviendas por planta, adscritas a seis tipos. El A y el A’, de
tres dormitorios dobles además de vestíbulo, comedor-cocina y aseo, sumaban 35
unidades y en el pleno del 3 de abril de 1950 se les señalaron precios de 53.692,32 y
50.112,93 ptas. El B (33 unidades) y el C’ (4) tenían también tres dormitorios
dobles, pero en el primero, de 64.430,79 ptas., la cocina se separaba de la estancia-
comedor, y en el segundo, de 77.316,95, se separaban también el baño y el retrete.
El B’ (11 unidades), de 60.851,30 ptas., era similar al B, pero con un dormitorio
menos, y el C (12), de 80.896,44 ptas., tenía un dormitorio doble más que el C’.
37 En el pleno de 25 de agosto de 1937, se autorizó a Gericó a construir una acera ante sus
escuelas, que inauguró oficialmente el ministro de Educación Nacional el 29 de junio de
1943. Por orden de 10 de enero de 1962, la escuela profesional San José, dependiente de la
jerarquía eclesiástica, se clasificaría como centro no oficial autorizado de formación profe-
sional industrial. Hoy sigue en uso como colegio Agustín Gericó, centro concertado mixto de
enseñanza primaria y secundaria.
38 Con la construcción en marcha, una nueva reglamentación laboral había obligado a elevar el
presupuesto a 6.026.427,39 ptas., aumentando el precio medio por vivienda a 61.500 ptas.
39 MarTí (1994: 52) hizo una interesante observación sobre estos: «en cada una de las casas en
que se dividen los bloques, volvemos a encontrarnos algún representante de la autoridad, un
militar, guardia civil, policía armada o incluso policía municipal, que estratégicamente repar-
tidos realizan una indirecta y tal vez inconsciente labor de vigilancia y control de la población.
Con su presencia tal vez se pretende ejercer una cierta función autorrepresiva, para desterrar
los temores que las concentraciones de trabajadores suponen».
40 Hoy esquina de las calles de Zaragoza la Vieja (tramo de Puente del Virrey al sur de Tenor
Fleta) y Gericó, antes calle de la Granja Modelo. AMZ, caja 029331, 1950, «Patronato Barrio
de Montemolín. Licencia de construcción camino del Puente Virrey (Proyecto n.º 1, 112
viviendas)». Véase también caja 029330-048662, 1949, y caja 200418, exp. 0001634/1950.
41 El 25 de marzo, los Borobio presentaron un escrito y un nuevo plano de emplazamiento
donde adaptaban el primer proyecto al plano de ordenación de la ciudad, que había previsto
una placita, antes ignorada, en el encuentro del camino del Puente del Virrey y la futura calle
de Provenza; advertían además que la nueva calle proyectada (Cerdeña) se cerraría con verjas
de hierro en sus dos extremos, en cumplimiento de las disposiciones municipales sobre calles
particulares.
cedido los dos terrenos, valorados en 1.209.640 ptas.42, de modo que su supuesta
aportación por el Municipio constituiría la mayor parte del 10% del presupuesto
protegible de 12.913.244,21 ptas. que debía adelantar. Distribuido este entre las
viviendas según su tamaño, implicaría precios comprendidos entre las 31.720,68 y
las 81.689,57 ptas., a satisfacer por los adjudicatarios, todos obreros y funcionarios,
durante cuarenta años. Los proyectos se elevaron al INV para obtener las ayudas
esperadas y estas se otorgaron en agosto de 1952. Se repetía el tejemaneje del grupo
Gericó, gracias a una donación al Ayuntamiento que se devolvería luego como con-
tribución municipal a la promoción.
En 1954, los hermanos Borobio redactaron una nueva propuesta que se incor-
poró en junio del 56 al proyecto escoba llamado de obras de ampliación y complementa-
rias de las viviendas protegidas en el camino del Puente del Virrey, que por encargo
del Patronato de Montemolín agrupaba planos anteriores correspondientes a una
escuela de obreras (enero de 1953), una iglesia (marzo de 1953), habitaciones para
las monjas encargadas de la escuela femenina, un salón de actos y nuevos bloques
de viviendas junto a la Granja Modelo (julio de 1954). La memoria de 1956 in-
dicaba que, comenzadas las obras del grupo de 112 viviendas, ya muy adelantadas,
el Patronato había comprado 1.240 m2 de terreno colindante, que permitían comple-
tar la manzana situada al este de la calle particular y añadir 44 viviendas a las 40
iniciales; además, dentro del patio de la manzana del oeste se preveía levantar dos
inmuebles de cuatro plantas que sumarían otras 16 viviendas.
Al final, la manzana oriental se ejecutaría conforme al proyecto de 1956, pero
en la occidental no se harían los dos bloques interiores, con lo que el número de
viviendas del grupo primero quedaría en 156. En el plano de Zaragoza editado por
el Ayuntamiento en 1958 (dir., José Beltrán; rect., Dionisio Casañal Serrano) ya
se representaron completas las dos partes del conjunto entonces conocido como
viviendas San José, grupos 1.º y 2.º, y hoy como Puente del Virrey-Rosellón, donde el
Patronato de Montemolín y el IMV habían construido un total de 276 viviendas.
Además de los grupos descritos de viviendas protegidas, el Patronato quiso pro-
mover otro de bonificables, sin participación municipal, sobre parte de un terreno
que poseía justo al norte de la calle de Cartagena y de las escuelas profesionales para
niños fundadas durante la guerra, posición sin duda mejor que la de los alejados
grupos de la Granja43. La porción en cuestión tenía 1.870 m2 y debían atravesarla
las calles de Mor de Fuentes y Sástago, delimitando tres bloques con fachada prin-
cipal hacia el sur, cuatro plantas y un total de 6.355 m2 construidos y 56 viviendas
de dos a cuatro dormitorios44. Firmaron el proyecto los Borobio en mayo de 1954,
ajustando la alineación frontal a la ampliación de la calle de Cartagena determinada
por el plano de ordenación general de 1943 (que ya había previsto la prolongación
de Cesáreo Alierta que se ejecutaría medio siglo después). Aunque el alcalde dio la
licencia el 26 de agosto siguiente, las obras no se ejecutarían45.
En un terreno del Patronato de 5.606 m2 situado en el encuentro del camino
del Puente del Virrey y la calle de nueva apertura hoy dedicada a Pablo Remacha46,
el proyecto escoba de 1956 preveía una escuela para futuras obreras que tampoco se
construiría. Como la escuela de niños estrenada en 1937, hubiera comprendido
la instrucción primaria, talleres de orientación profesional donde se definirían las
aptitudes de las niñas, y escuela de enseñanzas profesionales y de hogar, donde
«las jóvenes obreras adquieran los conocimientos necesarios para su vida de futuras
madres: puericultura, cocina y costura, y para su actuación profesional, como prác-
ticas comerciales, juguetería y muñequería, labores de punto, encajes y bordados».
Bajo tutela eclesiástica, se propiciaba la reproducción social de un proletariado al
mismo tiempo útil y no conflictivo. Al norte de la actual calle de Remacha y junto a
la escuela masculina, el Patronato proyectaba una residencia para las monjas encar-
gadas de adoctrinar a las niñas obreras y, pegado a ella, un gran salón de actos con
capacidad para 614 espectadores y 1.348.845,73 ptas. de presupuesto.
Por último, el documento contemplaba la nueva y nunca ejecutada iglesia de
San José47, que Gericó pretendía construir, «para atender a las necesidades espiri-
aumento de las tarifas del servicio tranviario en la ciudad a cambio de ejecutar estas
viviendas, supuestamente para sus obreros, la obra nunca se iniciaría.
La segunda promoción, de la misma fecha, ocupó uno de los bloques reca-
yentes a Miguel Servet de la irrealizada urbanización de GIESA, sí se ejecutó y se
destinó a viviendas de altos cargos de la compañía (MarTí, 1994: 104-106).
En tercer lugar, la STZ construyó, también con proyecto de Beltrán (1949), el
grupo Viviendas Tranvías (luego Vizconde de Escoriaza), destinado a sus operarios
y emplazado en el extremo nordeste del polígono 9, ya junto al futuro cinturón de
ronda. En una manzana rectangular de 8.775 m² (65 x 135 metros), 124 viviendas
de 48,32 m²út y 24 tiendas ocupaban seis bloques de tres plantas y 9 metros de fondo,
alrededor de un vasto espacio ajardinado en cuyo centro se alzaba una capilla flan-
queada por dos pequeñas escuelas de niños y niñas: una ordenación de densidad baja
(141 viv./ha) y bien resuelta con una composición muy encerrada en sí misma, algo
lógico puesto que en origen quedaba aislada en medio del campo.
El poblado se implantó, sagazmente, en el extremo más lejano del actual barrio.
Para darle acceso y servicios, el Ayuntamiento tuvo que urbanizar las calles de Nues-
tra Señora del Pueyo, Rodrigo Rebolledo y Salvador Minguijón, lo que retrasó la li-
cencia de edificación hasta diciembre de 1954. En marzo de 1957, la compañía inau-
guró la línea de tranvía 17-Las Fuentes, que recorría esas nuevas calles, verdadero
cordón umbilical tendido entre la ciudad y el nuevo grupo, y revalorizaba los exten-
sos terrenos rústicos que atravesaba, pertenecientes en buena parte a los Escoriaza,
accionistas mayoritarios de la STZ. Apoyándose en la línea, se irían promoviendo
en años sucesivos densas ordenaciones de manzana e incluso algún equipamiento
básico como el colegio Santo Domingo de Silos. Así, el grupo Tranvías tuvo una
función primordial en la formación del barrio de Las Fuentes, hasta el punto de po-
der considerarse, junto con la estación de Utrillas (1863-1865), el Matadero (1885)
y la factoría GIESA, como uno de los elementos primarios que explican su forma y
mantienen la memoria de su desarrollo histórico.
La estatalización de la producción de viviendas sociales tras la promulgación
de la Ley de Viviendas de Renta Limitada (1954) se expresó en un acuerdo plenario
de 24 de julio de 1954, por el que el Ayuntamiento subvencionó a la Obra Sindical
del Hogar con 341.880 ptas. para que comprara a la familia Escoriaza y (en una
pequeña esquina) a José García 12.960 m2 de suelo contiguos al grupo Tranvías y
separados por un vasto descampado del incipiente barrio de Las Fuentes, pegado
aún al Huerva y Miguel Servet. El teniente de alcalde Francisco Vera manifestó
al pleno que, cediendo a la OSH terrenos edificables o dinero para comprarlos49,
49 El 24 de julio también se cedió a la Obra Sindical el terreno municipal del barrio de Oli-
ver donde construiría el grupo General Urrutia (288 viviendas), y se le subvencionó con
414.000 ptas. para que comprara a Zaragoza Urbana el suelo destinado al Arzobispo Do-
ménech (232), más otras 76.626 para la adquisición del solar de Casetas correspondiente
al futuro grupo Coronel Roig (96). Como se ve, estas actuaciones no solo beneficiaban a
Grupo José Antonio Girón, fase I. [AMZ, caja 200715, exp. 0006640/1955].
Grupo José Antonio Girón, fase II. [AMZ, caja 200777, exp. 0010504/1956].
los futuros destinatarios de viviendas, adscritos en general a la clientela natural del Régimen
(sindicalistas, excombatientes, militares, policías, funcionarios), sino también a aquellos par-
ticulares que poseían el suelo periurbano seleccionado por la Corporación y comprado por
la OSH. Hay que insistir en que entre los cinco sectores elegidos en 1950 para la promoción
de viviendas sociales no estaban Las Fuentes, Oliver ni Casetas, que acumularon, respectiva-
mente, 1.075, 594 y 96 viviendas de las 1.945 proyectadas por la OSH en 1954 y 1955.
50 Cuyos estatutos aprobó el pleno el 11 de abril de 1957 (el Instituto Municipal de la Vivienda
de Barcelona se había transformado en Patronato en 1956, a imagen del Patronato Municipal
de la Vivienda creado en Madrid en 1944, un año después de municipalizarse el Servicio de
Casas Baratas).
51 Apretadas, las cinco plantas aún no requerían ascensor.
52 El Concejo cedió los 10.349 m2 de terreno a la OSH por acuerdo de 8 de septiembre de 1955.
El mismo pleno declaró la caducidad de las 113 viviendas concedidas, obligando a sus inqui-
linos a desalojarlas en el plazo de un mes. La vivienda en venta para familias relativamente
solventes y afines al sindicato vertical se hacía sitio tras desahuciar a los más necesitados
arrendatarios de las casas municipales.
Las viviendas Tranvías y los grupos Girón y Santa Rosa en 1971. [Elaboración del autor sobre el
parcelario de Galtier].
53 De aquí, El Hogar Cristiano reservaría para calles los mismos 6.211,56 m2 que les había
destinado el proyecto, sin derecho a reclamar por ellos cantidad alguna. El gobernador civil
comunicó al Ayuntamiento la autorización del Ministerio de Gobernación para la cesión
gratuita del solar en abril de 1950.
total de 1.233.861,40 ptas. El Hogar Cristiano debería vender las 128 viviendas, por
el sistema de amortización en cuarenta años, a los beneficiarios que él mismo selec-
cionara con criterios sancionados por la Corporación, que se reservaba la facultad
de adjudicar por sí misma 28 viviendas de tipo A para atender a sus compromisos.
En los contratos de venta, la entidad debería deducir del coste de construcción
(incluidos el valor del terreno, la urbanización y la edificación) la ayuda municipal,
prorrateándola según el número y precio de cada tipo de vivienda. El 28 de enero
de 1952, el Ayuntamiento aprobó las condiciones adoptadas por el patronato para
adjudicar las viviendas, que requerían garantía de la buena conducta del cabeza de
familia y unos ingresos mensuales familiares comprendidos entre 500 y 1.500 ptas.,
y daban preferencia, a igualdad de ingresos, a las familias con más hijos. Concluidas
formalmente las obras el 23 de mayo de 1953, en junio se entregaron las viviendas
conforme a esos criterios54.
Recién promulgado el primer plan nacional de la vivienda, la Obra Sindical del
Hogar promovió en Torrero el grupo Tío Jorge, sobre un terreno de 6.214,50 m2 que
cedió gratis el Ayuntamiento por acuerdo de 8 de septiembre de 1955, emplazado
entre la fábrica de yesos de Pedro López (N), los caminos del Cementerio (E) y las
Canteras (O) y un yermo que lo separaba de la Prisión Provincial (S), hacia la que
no podían abrirse ventanas. El proyecto, firmado por Allanegui y García Marco en
agosto de 1955 y autorizado por licencia de agosto del 56, incluyó 2 locales y 180
viviendas de tercera categoría, agrupadas en seis bloques paralelos de cinco plantas,
con fachadas principales a este y oeste, y espacios ajardinados intermedios. Entre
1959 y 1962, un promotor particular ampliaría el grupo hacia el norte con seis nue-
vas manzanas, edificadas con bloques en U de igual altura y provistas de 48 locales
y 408 viviendas subvencionadas.
Lo barato del terreno atrajo hacia el barrio de Venecia a varias entidades bené-
ficas interesadas en construir casas baratas. Entre ellas estuvo la Hermandad Fran-
ciscana del Trabajo y de la Venerable Orden Tercera, fundada en 1948 por los capu-
chinos, con convento en el barrio, para ayudar a los obreros afiliados a construir sus
propias viviendas y así mejorar sus condiciones de vida y conjurar la promiscuidad
de sexos imperante en las repugnantes cuevas y chamizos que habitaban. Con este
fin, compró un solar de 477 m2 en la torre del Hasta, en la margen meridional del
Canal55, y comenzó la obra sin autorización municipal; a requerimiento del Ayunta-
54 En 1953, los Borobio proyectaron las dos manzanas cerradas, con edificios medianeros de
cuatro plantas y 190 viviendas, del grupo San Valero que El Hogar Cristiano construyó en
Delicias, entre las calles de Antonio Bravo y Eloy Martínez. Ya al final de los cincuenta, la
misma entidad promovió en el extremo sur de Venecia un sencillo y denso grupo formado por
cuatro manzanas lineales paralelas de cinco plantas a cada lado de una calle axial transversal
(la actual del Padre Venancio Huarte).
55 En la calle que más adelante se llamaría del Padre Elías de Limonar, presidente de la Herman-
dad Franciscana del Trabajo.
miento presentó un proyecto y solicitó licencia, pero esta se denegó por la ilegalidad
de la parcelación. La Hermandad siguió con la obra y el 8 de octubre de 1950, en
un acto público al que asistieron autoridades civiles, religiosas y militares, entregó
las llaves a los usufructuarios de 7 de las 8 viviendas construidas, dejando una pen-
diente de una futura rifa. La promoción era una sencilla construcción de ladrillo con
dos plantas y dos escaleras; las viviendas tenían 57,58 m2, y un programa de estan-
cia-cocina, despensa, tres dormitorios dobles y un pequeño aseo. La parte trasera
de la parcela se dividió en ocho corrales para que las familias desarrollaran alguna
actividad que completara sus ingresos (MarTí, 1994: 125-128).
Tuvieron más importancia las promociones del Patronato Social Católico de
Torrero, constituido en 1950 por Acción Católica para «elevar el bienestar material
y espiritual de sus hermanos, mediante la creación de espectáculos morales, coope-
rativas de consumo, economatos, casinos de recreo, biblioteca, escuela profesional
y construcción de viviendas económicas adecuadas a la clase obrera y media». El
Patronato se estrenó con la construcción del cine Torrero, inaugurado en enero de
1953 con el fin primordial de obtener fondos económicos. En 1957, fundó la acade-
mia de San Antonio en la calle de Alicante, ampliada en 1961 y convertida en filial
del instituto Goya; más adelante se transformó en colegio San Antonio, que incluía
1.200 viviendas bonificables que daría lugar al grupo Nuestra Señora, por encargo
de la sociedad Créditos La Preventiva; además, la entidad promotora prestaría a los
compradores el importe de las 400 viviendas que a lo largo del tiempo, y con varia-
ciones sobre el proyecto original, llegaron a construirse. Frente a lo que era norma
en la Zaragoza de estos años, la promoción destacó por su ordenación abierta de
bloques de cinco a nueve plantas en torno a espacios ajardinados provistos incluso
de unas piscinas, heredadas de las instalaciones deportivas que antes ocuparon el
terreno (aDiEGo, 1984: 180). Por lo demás, se incumplía el proyecto de Yarza para
la urbanización del Monte de Torrero, aprobado en el pleno del 13 de abril de 1951,
que desarrollaba el plano de ordenación general de 1943 como zona residencial con
edificación aislada extensiva, con casas en hilera retranqueadas de las calles para for-
mar pequeños jardines frontales59.
con mejores condiciones para las empresas, entre ellas la libertad para fijar el importe de las
obras siempre que se acabaran en un año. El 24 de agosto, se adjudicó el nuevo concurso a
Agromán, con proyecto del arquitecto Francisco Riestra, aforo de 30.276 espectadores, plazo
de nueve meses y presupuesto de 15.979.016 ptas., el segundo menor. El propio Yarza, que
se había presentado con otra empresa y 23.383.865 ptas. de presupuesto, recurrió este acuer-
do, sin éxito. El 13 de junio de 1957, se aprobó una ampliación del proyecto y se adjudicó la
explotación del campo durante los treinta años siguientes al Real Zaragoza, con canon anual
de 50.000 ptas. Acabadas las obras, se recibieron provisionalmente por acuerdo plenario de
12 de septiembre de 1957.
59 AMZ, caja 200703, exp. 0000000/1954, «Licencia de construcción. Proyecto para 1.200 vi-
viendas de las que solo se ejecutó una parte». AMZ, caja 200571, exp. 0001426/1951, «Pro-
yecto de urbanización. Monte de Torrero».
parcelación original, donde confluían las calles axiales de Progreso Español y Lope
de Vega, e inmediatamente al norte de la torre del cura, residencia de Oliver. Este
recompró con tal fin un terreno que había vendido tiempo atrás y aportaron dinero
para la obra los propios vecinos, alguna institución y propietarios de los alrededores
como Aladrén o los Laguna Azorín61; Regino Borobio la proyectó gratis y a los
obreros del lugar les tocó construirla en sus horas libres y sin jornal alguno. Pero la
muerte de Oliver, en diciembre de 1938, le impidió gozar de la inauguración de la
iglesia de la Asunción en agosto del año siguiente (BLasco, 1953: 160-161).
Hasta ahí, el barrio del cura había disfrutado de una cierta extraterritorialidad.
El Ayuntamiento reconocía importantes funciones a un promotor paternalista (y
tonsurado) cuya tutela garantizaba el lugar más apropiado para el buen obrero, tan
distinto del conflictivo proletario de San Pablo, el Boterón o Delicias, y se consu-
maba el ideal del desplazamiento de la clase productora a barriadas semirrurales con
casitas familiares agrupadas en torno a una capilla62. Pero, aunque el anteproyecto
de ordenación general de 1943 apoyó esta estrategia, situó sus núcleos satélite junto
a los barrios rurales y no dibujó siquiera el caserío de Oliver, que pasó a constituir
algo parecido a una excrecencia cancerígena del suelo urbano, ceñido con un cintu-
rón de ronda que lo dejaba fuera.
En adelante y poco a poco, San José, Las Fuentes, Delicias o el Picarral se some-
terían al plan de alineaciones y a las ordenanzas de edificación de 1939, macizán-
dose con manzanas bordeadas de edificios medianeros de cuatro o cinco plantas,
mientras Oliver y su entorno eran pasto de la autoconstrucción. En 1953, la inme-
diata barriada de La Camisera63 alojaba a 281 personas que ocupaban 71 viviendas,
40 en propiedad y 20 de alquiler, y la urbanización espontánea ya había saltado a
los más meridionales montes de Valdefierro. Pero el estado de Oliver seguía siendo
extremadamente precario:
[…] hasta 1951 no había párroco, sino un sacerdote que acudía solo los domingos; hasta
1950, un maestro y una maestra se veían obligados a atender aproximadamente a unos
800 niños en una exigua escuela donde los niños tenían que aguardar turnos de admisión
y asistir en sesiones de mañana o tarde. Para beber, tenían que recorrer unos 3 km hasta
la fuente más próxima los que no tenían el aljibe en su casa, y este se llenaba con agua
de la misma acequia que sin ninguna protección atravesaba el barrio. Así se hacía indis-
pensable la presencia del aguador, que aún hoy en día va por las calles voceando su mer-
cancía y arrastrando su borrico […] En fin, hay familias que viven hacinadas, sin agua,
sin cama para dormir, sin muebles, sin apenas ganar lo suficiente para vivir, teniendo que
61 En el oratorio de la finca de Emilio Laguna Azorín decía misa Oliver durante la guerra.
62 Es interesante la intervención en el desarrollo de los suburbios zaragozanos de eclesiásticos
como Gericó u Oliver, o de los patronatos de Acción Católica, no como meros promotores,
sino como verdaderos agentes colaboradores en la gestión urbanística y social en áreas de resi-
dencia obrera.
63 Adosada al extremo noroeste del barrio de Oliver, al final de Antonio Leyva, se llamó así por-
que la propietaria de la finca matriz, viuda de Riera, poseía una camisería en la calle de Don
Jaime.
pagar todos los meses un alquiler de la vivienda muy alto en relación a sus ingresos, y todo
ello sin un fondo de resignación y formación cristiana64 (naVarro, 1962: 171).
64 El subrayado es mío.
65 Hasta 1956, Oliver careció de redes de agua corriente y saneamiento. Sí tenía suministro
eléctrico desde 1925, aunque la instalación era muy deficiente.
66 Se conservan tres fotografías de Marín Chivite tomadas en la ceremonia de bendición y entre-
ga de las 72 viviendas en AMZ, ES 50297, AM [Link], sobres 03301, 03304 y 03411.
Bendición de las casas ultrabaratas del Ayuntamiento (Marín Chivite, 1954). [AMZ, ES 50297, AM
[Link], sobre 03301].
construyó luego otra manzana menor, con dos hileras de 12 casas análogas cada
una67. Se desterraba así la vivienda social más allá del contorno urbano y el cinturón
de ronda contemplados por el plano de ordenación general de 1943, e incluso al ex-
tremo más lejano de Oliver, pasada ya la vía de Caminreal.
La ejecución de estas obras coincidió con la promulgación de la Ley de Vivien-
das de Renta Limitada de 1954, que dio al Estado el protagonismo en la política de
vivienda de todo el país. Como consecuencia directa, el Ayuntamiento acordó el 24
de julio de 1954 ceder gratis a la Obra Sindical del Hogar 13.583,62 m2 de suelo se-
gregado de la finca ocupada por las casas ultrabaratas de Oliver, subvencionándole
además con 414.000 ptas. para que comprara a Zaragoza Urbana otro solar situado
junto al enlace de carreteras y próximo al barrio, donde se alzaría el grupo Arzobispo
Doménech. Con proyecto de Allanegui y García Marco de julio de 1954 y licencia
de junio de 1955, la OSH promovió en el primer terreno la fase primera del grupo
General Urrutia, formada por tres manzanas situadas entre la calle de Antonio Ley-
va, al sur, y las casas ultrabaratas, al norte; incluían once bloques lineales de cuatro
67 Esta manzana, lindante con el lado norte de la actual plaza de Lolita Parra y de calidad
material peor que las casas ultrabaratas del Ayuntamiento, ya se veía construida en el vuelo
americano de 1956, persistía en el parcelario de Galtier (1971) y aparecía derribada en el
vuelo interministerial de 1973.
68 AMZ, caja 200715, exp. 0006640/1955. El Ayuntamiento eximió a la OSH del límite de
superficie edificada exigido dentro del kilómetro de protección exterior al cinturón de ronda,
equivalente al 10% de la superficie del terreno. En abril de 1956, el pleno acordaría informar
a un particular interesado en construir en las inmediaciones que esa exención no debía to-
marse como «precedente por lo que afecta a la edificación por particulares, toda vez que por
las especiales condiciones en que actúan, tanto la Obra Sindical del Hogar como el Excelentí-
simo Ayuntamiento, no pueden recibir el mismo trato».
69 En 1995, se construyó la parroquia de San Pedro Apóstol en el solar donde habían estado
las casas de Regiones Devastadas, entre la plaza de Lolita Parra y la segunda fase del grupo
General Urrutia.
70 AMZ, caja 200893, exp. 0008834/1958. Proyecto de Fausto García Marco de mayo de 1957,
con 2 tiendas, 40 viviendas de tres dormitorios, 11 de cuatro y 7 de cinco.
71 Incluso los nombres de los grupos se cargaron de significado político y, cuando convino,
adquirieron un tono disciplinario. El mejor de estos dos, junto a la ronda, se dedicó a Rigo-
Las casas del Ayuntamiento y Regiones Devastadas y las dos fases del grupo General Urrutia en
1971. [Elaboración del autor sobre el parcelario de Galtier].
berto Doménech, arzobispo de Zaragoza de 1924 a 1955; lo separaba del barrio la calle antes
llamada de Víctor Hugo y ahora de la Victoria (actual Ángela Bravo), según el nomenclátor
de 1962 para conmemorar la reciente victoria de la Causa nacional. El grupo más alejado re-
cordó a Gustavo Urrutia, cabecilla de la asonada de julio del 36, cuando era teniente coronel
de Caballería, y, en su calidad de jefe de las milicias de Falange, máximo artífice de la dura
represión que sufrió la ciudad a partir de agosto de ese año.
72 Infraestructura que incluía el depósito elevado de la calle de San Vicente Ferrer, hoy en
desuso.
zación del capital de urbanización de los grupos de la OSH, ya que ello «supondría
para la Corporación una carga general por muchos años, en exclusivo beneficio de
un reducido número de favorecidos, además de que ya ha contribuido en forma efi-
ciente en la realización de las citadas obras»: una alusión apenas velada a una política
de vivienda muy selectiva y guiada por el clientelismo político.
Con estas obras comenzó a procurarse unas condiciones de vida dignas a los
miles de habitantes que ya tenía el barrio de Oliver, pero se favoreció también su
expansión incontrolada, impulsada en parte por propietarios que construían nuevas
casas para alquilar a terceros y en parte por nuevas parcelaciones adyacentes.
En los años cincuenta y sesenta, multitud de familias recién inmigradas de pue-
blos aragoneses y del sur de España levantaron apresuradas casitas de adobe en la
vecina Valdefierro. A diferencia de Oliver, aquí hubo solo dos grandes promociones
que impusieron un orden general coherente, con retículas continuas de calles angos-
tas, vendidas en sucesivas porciones junto con las parcelas y sujetas a servidumbre
de uso público. La emprendedora peluquera María Giner parceló el monte más
próximo al Canal o de La Peinadora73; en la parte oriental, trazó calles principales de
dirección este-oeste y trasversales norte-sur, de 8 metros de anchura, que delimita-
ban manzanas formadas por dos hileras de parcelas de 7 metros de ancho y 20 de
fondo; en la parte occidental, las calles principales fueron de nordeste a sudoeste,
alcanzando las parcelas los 8 por 21 metros. En el monte que tomó de su promotor
el nombre de Herrero y se situó al norte de la Val de Fierro, las manzanas fueron
algo más estrechas y la modulación menos perfecta, con anchuras de parcela de 9 o
10 metros y calles principales, de dirección noroeste-sudeste, que alcanzaron los 10
73 Giner hizo levantar un plano general con el que procedió a la venta de las parcelas y a la re-
gulación del régimen de servidumbres.
metros. Por supuesto, el barrio carecía de todos los servicios urbanísticos, tomando
el agua sus vecinos del Canal o la acequia, y vertiendo a pozos negros, e incluso a
calles y descampados.
A finales de 1953 o comienzos de 1954 los habitantes de la incipiente barria-
da solicitaron al gobernador civil la aprobación del reglamento de una asociación
de propietarios de la parcelación de San Vicente de Paúl del barrio de Valdefierro, que
el pleno municipal informó desfavorablemente el 13 de febrero de 1954, «puesto
que dicho Barrio no tiene existencia legal, por haberse erigido sin la más mínima
intervención del Ayuntamiento, infringiendo las normas establecidas en las Orde-
nanzas Municipales». En mayo de 1955 se inaguró una iglesia adscrita a la parro-
quia de San Valero y el 13 de diciembre del 56 el pleno informó favorablemente,
ahora sí, el reglamento de la Sociedad de Propietarios y Vecinos de Valdefierro de
la Inmaculada, devolviendo el expediente al gobernador para que autorizara su
funcionamiento.
Justo entonces, el Ayuntamiento se veía obligado a dotar de redes de agua y
alcantarillado al barrio de Oliver. Lo ahí ocurrido y el impulso de la actividad urba-
nística ilegal, beneficiada por la muy insuficiente promoción de viviendas sociales en
un período de crecimiento demográfico, explica que el concejal José Paricio pidiera
ante el pleno el 14 de julio de 1955…
[…] que la Corporación confeccione el plano urbanístico topográfico de aquellas zonas
no previstas aún para su parcelación, pero que por su relativa proximidad al núcleo ur-
bano puedan iniciarse las edificaciones en el momento más imprevisto, encauzando así
la iniciativa particular que en muchas ocasiones construye al margen de las normas mu-
nicipales y de las disposiciones vigentes en materias tan fundamentales como la apertura
de calles, alineación de edificaciones, etcétera74.
74 Fontán erraba en su juicio y en su propuesta, ya que el problema no era de falta de suelo legal-
mente adecuado para la edificación residencial, sino de búsqueda por los promotores ilegales
(que a veces no eran distintos de los legales) de terrenos no contaminados con la renta urbana
y, por tanto, a la fuerza exteriores al suelo ordenado por el planeamiento municipal.
77 Que el Ayuntamiento intentó remediar, acuciado por la presión vecinal, durante la alcaldía de
Sainz de Varanda, cuando adquirió parcelas de cierta extensión todavía vacantes para implan-
tar dotaciones públicas. Entre ellas destacó el parque de Torre Ramona.
les, y sin plazas, zonas verdes ni apenas equipamientos; si esto era duro en el polígo-
no 20, correspondiente a la primitiva parcelación de la Explanada (1904), amplia y
regular78, se hacía aún más angustioso en el laberinto viario del polígono 21, desde
la calle de Delicias al Manicomio.
78 Sobre la Explanada y los orígenes de Delicias y demás barrios obreros, véase BETrán (2014:
135-141).
Por otra parte, en los suelos vacantes de la periferia del barrio se aprobaron
ordenaciones de manzana que acabaron de atestarlo. Fue el caso de los terrenos
comprendidos entre la Explanada y los talleres de Carde y Escoriaza (a norte y
sur) y, más aún, de los polígonos 22 y 25. Si el polígono 22, entre el Manicomio
y la avenida de Madrid, se formó ya en los sesenta, el 25 fue uno de los primeros
desarrollos urbanos de cierta entidad producidos tras la guerra. Ocupó el extenso
terreno triangular donde había funcionado hasta 1933 la estación de Cariñena,
lindante por el sudoeste con la parcelación Roche (a ambos lados de la actual ca-
lle de Escosura), por el sudeste con la carretera de Valencia y por el norte con las
antiguas vías, reurbanizadas como calle de Santander; a instancia de Eloy Chóliz y
otros propietarios, el Ayuntamiento aprobó en noviembre de 1938 una ordenación
formada por siete manzanas con patio central bordeado por edificios medianeros
de viviendas, en general de alquiler y destinadas a la clase media más o menos
modesta que correspondía a una zona inmediata a la estación de MZA y los talleres
de Carde.
Todo ello llevó a un extraordinario adensamiento de las Delicias en los años
cincuenta, y, sobre todo, sesenta y setenta. Repitiendo el proceso que había degra-
dado la ciudad medieval, este barrio, que, dentro de su desorden, el raquitismo de
sus dotaciones y la estrechez de sus calles, era tolerable gracias a sus casitas fami-
liares con corral, dejó de serlo al crecer en altura, en ocupación de las parcelas y en
densidad, lo que disminuía el asoleo, suprimía los espacios, siquiera privados, de
desahogo, y agravaba las consecuencias de la falta de dotaciones79.
El sector llamado de Madre Vedruna (polígono 14) fue otra área donde la apli-
cación simultánea del plano de 1943 (que reproducía aquí el plan de ensanche
modificado en 1938) y unas ordenanzas específicas que en 1942 habían desarrolla-
do las generales de 1939, se expresó en la aprobación durante los años cuarenta y
cincuenta de numerosas ordenaciones de manzana, con el resultado de una excesiva
densidad80.
79 Aunque carecían de zonas verdes y tenían calles estrechas, discontinuas y a veces tortuosas,
sus casas bajas y bien ventiladas y la mayor cercanía al campo o al Canal explican que, en
1957, Ana María Navarro considerara los barrios de Delicias, San José, Venecia, Arrabal o
Casablanca mucho más habitables que las zonas populares centrales. A partir de los sesenta,
cuando la promoción profesional sustituyó a la autoconstrucción en casi todos los barrios
obreros, esas ventajas se destruyeron y áreas como el entorno del camino del Terminillo se
convertieron en verdaderas pesadillas urbanísticas.
80 En BETrán (2013: 337-344) traté de la urbanización, a partir de la guerra, del polígono 25
(sector de la estación de Cariñena o barrio de Salamanca) y el ensanche de Madre Vedruna.
Conclusiones
1 «Desde 1936 venían accediendo al Ayuntamiento personas conectadas con los grandes in-
tereses agrarios y empresariales y con las familias de la alta burguesía local. El dato no sor-
prende demasiado en los procedentes de Acción Popular Agraria Aragonesa o de los núcleos
monárquicos; no en balde habían sido los alcaldes de la reacción conservadora desde 1933.
El mantenimiento de su poder económico –como miembros de organizaciones patronales, de
los consejos de administración de importantes empresas zaragozanas o como poseedores de
grandes propiedades agrarias– pasaba por el derrocamiento de una República que los había
desplazado de los centros de decisión política, y de la colaboración prestada al Ejército y a la
Falange en dicha tarea se beneficiaban ahora. Más llamativo resultaba que los nuevos políti-
cos que llegaban a la gestora de la mano del Partido tuvieran una similar procedencia social.
Así, falangistas como Pío Altolaguirre o Luis Gómez Laguna estaban conectados al mundo
empresarial y otros como Manuel Baselga Yarza, Antonio Lasierra, Jaime Dolset y Joaquín
Mateo eran miembros de distinguidas familias zaragozanas. El acceso al poder estaba deter-
minado, en definitiva, por otros méritos además de la militancia en Falange: haber mamado
la cultura del privilegio y estar mediatizado por la necesidad de defender intereses muy con-
cretos» (cEnarro, 1997: 122123).
arana, José Ramón (José Ruiz Borau) (1980): ¡Viva Cristo Ray! y todos los cuentos, Zaragoza,
Heraldo de Aragón.
arcarazo García, Luis Alfonso (2010): «El despliegue sanitario en la provincia de Zara-
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Prólogo 5
Capítulo I
Julio de 1936. La disputa por el espacio urbano 9
Capítulo II
El Ayuntamiento y su Dirección de Arquitectura
tras el 19 de julio 19
Capítulo III
El proyecto de la plaza de las Catedrales 25
1. El milagro de las bombas 25
2. La recuperación del proyecto de la plaza de las Catedrales 32
3. El anteproyecto de avenida de las Catedrales de 1936 35
4. El proyecto de avenida de Nuestra Señora del Pilar de 1937 54
Planteamiento general del proyecto 54
Disposición de andenes y calzadas 57
Regulación de la edificación en la avenida del Pilar 62
Previsiones económicas 66
Resolución de las alegaciones al proyecto de la avenida 70
Aprobación definitiva y ejecución del proyecto 75
Capítulo IV
Zaragoza y la capitalidad de la España nacional 89
Capítulo V
El plan de reforma interior de Borobio y Beltrán 97
1. El proyecto de plan de reforma interior de 1939 97
Principios generales de la reforma interior 97
Apertura de la calle de San Vicente de Paúl y reforma del Boterón 101
Reforma general del barrio de San Pablo 103
Prolongación de la calle de Valenzuela 106
Nueva vía de enlace de la puerta del Carmen
con San Juan de los Panetes 110
Plaza de Nuestra Señora del Pilar 115
Prolongación del paseo de la Independencia 117
Plaza de San Felipe 120
Plaza de la Magdalena 121
Otras reformas 122
Previsiones de gestión 124
Circulación rodada, salubridad y estética 124
2. La aprobación definitiva del plan de reforma interior 127
Capítulo VI
Paréntesis consistorial 137
Capítulo VII
Paréntesis patriótico 151
Capítulo VIII
Las ordenanzas generales de la edificación de 1939 163
Capítulo IX
Demografía, acumulación y fiebre inmobiliaria 175
1. Crecimiento demográfico y déficit de viviendas 175
2. Producción de guerra y acumulación de capital 179
3. Miseria y paralización productiva en la posguerra 182
4. Efervescencia del mercado inmobiliario 186
5. El milagro de la propiedad horizontal 189
6. Ayudas a la producción y la compra de viviendas 191
Capítulo X
El anteproyecto de ordenación general 199
1. Los prolegómenos del anteproyecto 199
2. Ciudad orgánica, jerarquía y planificación totalitaria 208
3. Limitación de la ciudad y enlace de las redes arteriales 213
4. El centro rector 218
5. La capitalidad regional 222
6. Sistema viario estructural 224
7. Las áreas de ensanche 229
8. Armonía orgánica y zonificación 231
9. La ordenación residencial 236
10. La ordenación industrial 238
11. Las comunicaciones ferroviarias y aéreas 242
12. Planificación autárquica y pueblos satélite 244
13. Aprobación definitiva del anteproyecto 251
14. La ordenación general reducida a plano de alineaciones 253
Capítulo XI
El nomenclátor callejero de 1940 265
Capítulo XII
El poblado semirrural de Santa Isabel 273
Capítulo XIII
Desarrollo residencial en la posguerra 283
1. El concurso de viviendas de renta reducida de 1940 283
2. El grupo San Jorge, en las Delicias 288
3. Las viviendas ultrabaratas de Las Fuentes 290
4. El grupo Francisco Franco, en el Arrabal 294
5. El concurso sobre vivienda modesta y la creación del IMV 300
6. La vivienda obrera en el sector del camino de Juslibol 313
7. La vivienda obrera en Montemolín 316
8. La vivienda obrera en Las Fuentes 325
9. La vivienda social en Torrero 331
Capítulo XIV
Conclusiones 353
Bibliografía 357
Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
la política de vivienda en la Zaragoza de la Santa Cruz (fragmento), 1939. AMZ: ES 50297, AM 04.02, sign. 0587).
Guerra Civil y el primer franquismo: dos dece-
nios en los que la clase dirigente local acometió
un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)
Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
sobre urbanismo, vivienda e historia de la arquitectura, y hasta éste
los siguientes libros: La forma de la ciudad: las ciudades de Aragón en la Edad
Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).
[Link] 1 21/06/17 13:47
Una y grande
Proyecto de prolongación del paseo de la Independencia y plaza de la
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un programa de reforma y expansión urbana
de magnitud pasmosa, íntimamente vinculado Ciudad y ordenación urbana
con el convulso clima político y económico que
constituyó su caldo de cultivo. Se analizan en en Zaragoza (-)
Una y grande
abortar revueltas sociales como las acaecidas RAMÓN BETRÁN ABADÍA (1960) es arquitecto por la Escuela
durante la monarquía alfonsina y la República, de Valencia, con la especialidad de urbanismo (1984), con diplomas
y liberar la rentabilización del patrimonio in- de especialización en derecho urbanístico y de estudios avanzados en
mobiliario de los escollos que habían hecho sociología (Universidad de Zaragoza, 1997 y 2000). Desde 1996 es
fracasar anteriores proyectos de gran alcance. funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza, donde ha sido jefe del
Se establecieron así los fundamentos objetivos Servicio de Planeamiento y Rehabilitación de 2001 a 2015, y direc-
y subjetivos del desarrollo a largo plazo de la tor de servicios de Planificación y Diseño Urbano desde entonces.
ciudad de Zaragoza. Participó en la redacción del Plan general de ordenación urbana de
Zaragoza (2001) y ha diseñado áreas como el barrio de Valdesparte-
ra, el borde sur de Valdefierro, los viejos suelos ferroviarios del Porti-
llo, la antigua factoría de GIESA o el entorno de la calle de Echean-
día. Ha publicado en revistas y obras colectivas numerosos artículos
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Media (1992), Leon Battista Alberti y la teoría de la creación artística en el Renaci-
miento (1992), Parcelaciones ilegales de segunda residencia (1994; con Yolanda
Franco), El Camino de Santiago y la ciudad ordenada en Aragón (1999), El pin-
güe negocio. Casas baratas y ordenación urbanística en Zaragoza (1920-1943)
(2013, junto con el facsímil de la memoria del plan de ensanche de
1934), La Zaragoza de 1908 y el plano de Dionisio Casañal (2014, acompa-
ñado de un texto de Luis Serrano), y La ciudad y los muertos. La formación
del cementerio de Torrero (2015).