APUNTE: Identidad
por: Adrián Juárez
Preliminar:
“... el Diseño Gráfico, visto como una actividad, es la acción de concebir, programar,
proyectar y realizar comunicaciones visuales, producidas en general por medios
industriales y destinadas a transmitir mensajes específicos a grupos determinados.”
“... el aspecto más esencial de la profesión no es el de crear formas, sino el de crear
comunicaciones.”
Jorge Frascara
“Diseño Gráfico y Comunicación”
Editorial Infinito
La definición de Frascara acerca del Diseño Gráfico facilita la comprensión de la
disciplina, en los términos de que la actividad se encuentra subordinada a un
proceso de Diseño y a una gestión de Diseño, con el objetivo final de realizar co-
municaciones visuales. Estas características específicas que Frascara describe en
su definición le otorgan al Diseño Gráfico una identidad precisa, al menos dentro
del marco teórico en que Frascara se desenvuelve.
Pero lo interesante de describir al Diseño Gráfico como un gran proceso, proceso
que puede ser metodológico o artístico, es quizá comprender que existen una
serie de elecciones y decisiones que le confieren al proceso características parti-
culares; obviamente propiedades únicas que finalizan en un producto único.
La mayor intención de estas líneas preliminares es la de destacar, precisamente, la
existencia de las elecciones y decisiones dentro del Diseño Gráfico, elecciones y
decisiones que involucran a los individuos y que finalmente constituyen las iden-
tidades; tanto de los sujetos como de los pueblos, y también de las culturas.
IDENTIDAD
Trazando una línea desde lo general a lo particular (mundo-sociedad-familia-
individuo) para facilitar la descripción de las identidades que las caracterizan,
podemos sostener que el comportamiento humano puede verse en términos de
grupo y que la cultura de un grupo, sea grande o pequeño, es mantenida y cuida-
da porque ello es precisamente lo que determina la identidad del grupo.
La familia o la tribu, como el núcleo básico constitutivo de las sociedades no esca-
pa a lo que acabamos de describir. Diariamente podemos comprobar que nues-
tro núcleos familiares se encuentran inmersos en un grupo social más amplio y
que obviamente comparten las características de esa sociedad, pero que a pesar
de ello se distingue de otras familias debido a su espacio individual cargado de
características particulares e individuales, que le confieren una identidad propia.
Un ejemplo curioso es el del trabajador japonés. En Japón, las empresas tienen
como criterio de relaciones laborales hacer sentir al trabajador como un miembro
de una gran familia. Es entonces donde se produce una analogía entre familia
social / “familia laboral”, que le otorga al trabajador japonés la identidad de ser
parte de una “familia laboral de la empresa tal”, y que sus comportamientos se
encuentren condicionados a ser “el trabajador japonés de la empresa tal”.
En nuestro país, un claro reflejo de esa política laboral es la que realizan las
empresas Mc Donald’s y Pumper Nic. Es relevante que el lector pueda realizar
una percepción propia de los trabajadores de esas empresas, que se distinguen
abiertamente; y que tienen comportamientos comunicacionales corporativos
diferentes. Ambos grupos de trabajadores pertenecen a la “cultura de la ham-
burguesa”, pero es únicamente la identidad de cada una de esas empresas la que
confiere una diferenciación expresa entre ambos grupos.
Por otra parte, los individuos están constituidos por características que son únicas
y particulares; también cada individuo proyecta una imagen a la vez abstracta y
concreta, tanto visible como invisible, y se menciona a todo ello como “estilo”.
Esta nominación de “estilo” es errónea y es común escuchar un mal uso de ella.
La raíz del término viene del latín “stylus”, un instrumento de escritura; de ahí
que la palabra derivara a indicar la manera de escribir de un sujeto.
Volviendo a nuestra realidad, generalmente podemos reconocer la forma como
escribe un amigo, así como también podemos reconocerle su firma; pero cabe
destacar que este “estilo” o esta proyectación de la persona no es completamen-
te la que determina la totalidad de la identidad del sujeto, sino que el menciona-
do “estilo” forma parte de una característica particular del individuo que a la vez
constituye su identidad.
Entendemos entonces que el estilo, en tanto iconografía abstracta o forma de
representación, no determina las identidades, sino que constituye una caracterís-
tica particular, una parte de las identidades.
El desarrollo de estilos en las formas artísticas de todos los individuos y de las
culturas siempre ha estado estrechamente relacionado con la historia política y
social del individuo, grupo, nación o cultura.
De todas maneras la identidad es una propiedad que han utilizado –a través de la
historia– los individuos y las culturas para lograr formas de representación perti-
nentes por intermedio de los medios visuales, para distinguirse de los demás.
Los elementos que mencionamos anteriormente y que en definitiva resuelven
parte de las características particulares de los grupos sociales o de los individuos
constituyen las columna vertebral por donde se emplaza la identidad. Claro está
que de todas maneras los elementos subjetivos, inconscientes, biológicos y natu-
rales también son constitutivos de las identidades.
Por otra parte, es importante comprender lo relevante de la mirada del otro en
la constitución de las identidades, entendiéndolo como todo aquello que el otro
decodifica de una identidad, todo lo que comprende y carga de significación el
otro con respecto de una identidad. Este espejo semideformante que es la mirada
del otro sobre una identidad dada resuelve una característica constitutiva más de
la identidad mirada.
Lo descripto anteriormente nos lleva a concluir en una definición de la identidad
entendiéndola como una propiedad cualitativa de los objetos, los individuos, los
grupos sociales, las culturas, etc.
Es, entonces, que la identidad como propiedad cualitativa es intrínseca, unívoca e
inherente a todos los objetos y sujetos socioculturales.
Es importante resaltar que la identidad es una problemática no resuelta desde el
pensamiento filosófico, donde todas las características subjetivas que la consti-
tuyen no se encuentran completamente determinadas, pero que evidentemente
estas características subjetivas intervienen en la constitución de la identidad
como propiedad cualitativa.
PATRÓN DE REFERENCIA. IDENTIFICACIÓN
La existencia de identidades diferentes dará como resultado una diferenciación
obvia entre ellas. Pero si tomamos un grupo de identidades que compartan
características en común, obtendremos un grupo de identidades homogéneas al
que denominaremos como patrón de referencia.
Este patrón de referencia que podamos determinar siempre se encontrará dado
en relación respecto de una identidad al grupo homogéneo.
En este proceso la identidad comienza a describirse en diferenciación con un con-
texto (contexto que, por supuesto, posee identidad propia).
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El patrón de referencia es lo establecido como “lugar”, “sistema” o “momento”,
donde se producen las diferenciaciones de las identidades.
Esto se verifica en nuestras propias actitudes diarias y, a manera de ejemplo, en
las elecciones y decisiones que tomamos para formar parte de un grupo social y
diferenciarnos de otros grupos sociales.
Un libro recientemente publicado llamado “La Cultura de la Noche”, mediante un
estudio sociológico realizado por alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales de
la UBA, describe los grupos sociales que coexisten en la noche porteña.
Así podemos encontrar un grupo de personas que suelen vestirse con “pantalo-
nes pinzados, remeras de colores y adornos dorados, cuyo gusto musical pasa
por los cuartetos tropicales y frecuentan salones de baile llamados bailantas”, a
los que se los denomina “bailanteros” y que obviamente poseen una identidad
perfectamente constituida que les es propia.
Como también otro grupo de personas “...cuya vestimenta pasa por prendas de
alto valor adquisitivo, estrictamente relacionada con lo establecido por la última
moda de las ciudades centrales, como Milán, Roma, París, Madrid, New York;
que no poseen una cultura musical comprometida con su clase social pero que
consumen “marcha” en lugares como Pachá y El Cielo...”, a los que se denomina
como “conchetos” y que también, como el grupo anterior, poseen una identidad
perfectamente definida.
El libro continúa haciendo descripciones de grupos sociales concentrándose en
los dos anteriores, junto a otros dos grupos que también poseen identidades
propias abiertamente diferenciadas, a los que denomina como “los modernos” y
“los rockeros”.
En definitiva, podemos seguir haciendo descripciones de distintos grupos socia-
les, pero es relevante comprender que los individuos u objetos de identidades
similares constituyen un grupo homogéneo al que denominamos como patrón
de referencia, en relación con una identidad que comparte o no similitud con las
características del grupo homogéneo.
A este proceso de diferenciación entre patrones de referencia y su relación con
una identidad lo denominaremos como identificación.
Cada uno de los uniformes no convencionales descriptos anteriormente con-
forman un patrón de referencia individual: los “bailanteros”, los “conchetos”, los
“rockeros”, los “modernos”.
La identificación es una acción que sucede cuando una identidad se ve descripta
en “relación de homogeneidad” o en “relación de heterogeneidad” con un patrón
de referencia.
El lector de este apunte debe tener en cuenta que el patrón de referencia no so-
lamente se da como un “lugar” (unidad espacial) y como un “sistema” (unidad de
objeto o sujeto), sino que también puede darse en momentos históricos o épocas
tanto pasadas como contemporáneas (unidad de tiempo).
IDENTIDAD VISUAL
Habiendo comprendido el universo objetivo y subjetivo del aparato de las
elecciones y decisiones, en relación con la constitución de una identidad; y
entendiendo los patrones de referencia sujetos a los procesos de identificación,
podemos comenzar a delinear la definición de la identidad visual.
La identidad visual podemos entenderla como un valor de la pieza gráfica que
coexiste con todas las estructuras, como por ejemplo, la estructura morfológica,
la comunicacional, la de lenguaje, la tecnológica, etc.
Es necesario comprender que las estructuras de una pieza gráfica se relacionan
entre sí en una simultaneidad entre contenido y forma, pero la identidad visual
siempre aparecerá como una propiedad cualitativa resultante de la pieza gráfica.
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Pero, ¿cuáles son los límites en que la identidad visual se maneja?
Debido a que nosotros como diseñadores podemos construir este valor de la pie-
za gráfica que es la identidad visual, la imagen resultante no debe ser un reflejo
deformante, sino la expresión total de una globalidad compleja, entonces deberá
ser transparente, coherente y comprensible con respecto a la comunicación.
La identidad visual es un vehículo que permite una proyección y una expresión
coherente y cohesionada de una comunicación visual sin ambigü[Link] inter-
vención del diseñador es justamente aquélla que produce una proyectación de la
comunicación visual.
Habiendo realizado este un análisis de identificación pertinente y habiendo cons-
truido una expresión propia, el diseñador es capaz de constituir con sus propios
elementos un resultado final que determinará una identidad visual única de la
pieza gráfica.
Llegamos a la conclusión de que el diseñador es capaz de constituir identidades
visuales, o sea, constituir valores cualitativos de la pieza gráfica que se ven sujetos
permanentemente a las elecciones y decisiones del diseñador.
RASGOS PERTINENTES
Volviendo al proceso de diseño, el diseñador elige y decide con qué elementos
visuales de la gráfica cuenta para elaborar una comunicación visual.
Cuando estos elementos gráficos alcanzan el máximo de representación de lo
comunicable, se entiende que existe un diálogo coherente y simultáneo entre
contenido y forma. A esta representación visual coherente y simultánea la deno-
minaremos pertinencia. Es entonces que cuanto mayor sea la representatividad
de la forma a su contenido, se entiende una mayor pertinencia visual de la forma
a su contenido.
Si tenemos en cuenta que la identidad visual es un valor cualitativo de la pieza
gráfica, podemos considerar que este valor se ve representado visualmente me-
diante formas visuales.
Aquellas formas gráficas de la identidad visual que se entiendan como las más
relevantes, significantes, y coherentes, son las formas que definen a los rasgos
pertinentes como la gráfica de mayor representación de la identidad visual.
Debe considerarse que el mayor grado de representación de la forma a su con-
tenido (la pertinencia) no es, necesariamente, la representación que contenga el
mayor grado de iconicidad dado que la pertinencia no se encuentra sujeta dentro
de los límites de mayor credibilidad, mayor realismo o mayor síntesis, sino que
la pertinencia se encuentra dada en relación con la mayor representación de su
significado.
Por este motivo podemos entender que la síntesis más abstracta de una forma, si
es representativa de su contenido, seguramente será la más pertinente; o que si,
por el contrario, la complejización de una forma, si es la más representativa de su
contenido también será la más pertinente.
El rasgo pertinente, desde la gráfica, es operable como cualquier forma gráfica y
es el diseñador el que se involucra con la identidad de la pieza gracias al proceso
de diseño, donde todos los elementos están dispuestos con el fin de obtener una
comunicación visual.
“... el aspecto más esencial de la profesión no es el de crear formas, sino el de crear
comunicaciones”.
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