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Ciberdelitos: Impacto y Prevención Tecnológica

El avance de la tecnología informática ha transformado la dinámica delictiva, aumentando la complejidad en la prevención e investigación de ciberdelitos tanto a nivel nacional como internacional. La evidencia digital se ha vuelto crucial en la resolución de delitos, requiriendo que las fuerzas de seguridad se capaciten en su manejo y en la colaboración con el sector privado. Además, el cibercrimen ha evolucionado hacia un modelo de 'cibercrimen como servicio', facilitando la comisión de delitos por individuos sin conocimientos técnicos avanzados, lo que plantea nuevos desafíos para la justicia.

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Ciberdelitos: Impacto y Prevención Tecnológica

El avance de la tecnología informática ha transformado la dinámica delictiva, aumentando la complejidad en la prevención e investigación de ciberdelitos tanto a nivel nacional como internacional. La evidencia digital se ha vuelto crucial en la resolución de delitos, requiriendo que las fuerzas de seguridad se capaciten en su manejo y en la colaboración con el sector privado. Además, el cibercrimen ha evolucionado hacia un modelo de 'cibercrimen como servicio', facilitando la comisión de delitos por individuos sin conocimientos técnicos avanzados, lo que plantea nuevos desafíos para la justicia.

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Introducción

En los últimos años, el avance de la tecnología informática atravesó todos los aspectos de
nuestras vidas transformando la manera en que nos relacionamos, trabajamos, estudiamos,
jugamos, ejercemos nuestra economía, etc. Este cambio en la dinámica de nuestros
comportamientos y el uso de la tecnología en cada aspecto de nuestras vidas y actividades
diarias trajo cambios en las dinámicas y prácticas delictivas, lo cual se fue trasladando
paulatinamente a las conductas castigadas por el Código Penal.

En este sentido, aumentó la complejidad en la prevención e investigación de los delitos


relacionados con la tecnología informática, así como la cantidad de casos a nivel nacional e
internacional.

→ A nivel nacional

Tal como lo demuestran los informes anuales de la Unidad Fiscal Especializada en


Ciberdelincuencia (UFECI) o los muestreos de denuncias judiciales en Argentina como parte de los
Estudios Estadísticos sobre Cibercrimen, que elabora el Ministerio de Justicia de la Nación, la
cantidad de denuncias recibidas mediante la línea 134 en el Ministerio de Seguridad de la Nación
respecto a Ciberdelitos también creció enormemente en los últimos tiempos.

→ A nivel internacional

En España, de acuerdo con el Portal Estadístico de Criminalidad del Ministerio del Interior, en 2013
hubo 42.403 hechos conocidos de infracciones penales relacionadas con la cibercriminalidad. Y en
2023 hubo 472.125 hechos conocidos, lo que demuestra un crecimiento del 1013 por ciento.

Estos avances tecnológicos se han convertido también en una herramienta de apoyo fundamental
para la denominada criminalidad organizada compleja como el narcotráfico, terrorismo, trata de
personas y lavado de activos, entre otros, que ven en la tecnología, y particularmente en Internet,
una preocupante herramienta facilitadora para la comisión de delitos (De Luca, 2016, pp. 8-9).

A la par de estas modificaciones, las tareas de prevención policial y de investigación del delito se
han visto mejoradas debido a la incorporación de nuevas tecnologías.

La cada vez más creciente recolección, incorporación, tratamiento y validez de la evidencia de


índole digital a las investigaciones penales demostró la necesidad de que las fuerzas policiales y
de seguridad federales adquieran saberes específicos para su tratamiento durante las tareas
como auxiliares de la justicia.

Esta evidencia no estará presente únicamente en los ciberdelitos, sino también en casi todos los
delitos, tenga o no relación con la tecnología, máxime cuando la evidencia de este tipo, muchas
veces, es más determinante para la investigación que la evidencia física.

Supongamos, por ejemplo, un caso de la


investigación de un homicidio tradicional.

Es muy probable que encontremos más evidencias


conducentes a resolver la investigación en los
dispositivos electrónicos de la víctima y eventuales
sospechosos (cruzamiento de WhatsApp, llamadas,
actividad en redes sociales, contenidos de discos
duros, eventuales amenazas recibidas por
mensajería instantánea o redes sociales, datos de
geolocalización, búsquedas en Google, etc.) que,
incluso, en la propia escena del crimen.

Se señala, también, esta idea de la presencia de la


evidencia digital en todos los tipos de delitos y
procesos en las siguientes referencias:

• Salt, M. (2017) Nuevos desafíos de la evidencia digital: acceso


transfronterizo y técnicas de acceso remoto a datos informáticos
Editorial Ad-Hoc, Buenos Aires, p. 23.

• Portal Manrubia, J. (2019). La incorporación de los dispositivos de


almacenamiento masivo en el procedimiento penal, en
Aranzadi Doctrinal, parte Estudios, n° 2/2019
Cizur Menor.

Estos conocimientos también deben abarcar las particularidades de Internet, conociendo sus
elementos básicos y constitutivos, por ser el escenario donde transcurren gran parte de estas
conductas, así como de las diversas herramientas procesales y de investigación que prevé la
normativa y la tecnología.

Asimismo, debido al rol central que constituyen los proveedores de servicios de Internet y de
comunicaciones en el almacenamiento y tratamiento de datos relacionados con procesos
comunicativos, es fundamental el desarrollo de mecanismos adecuados de colaboración con el
sector privado con el fin de obtener la evidencia necesaria para los procesos penales específicos.

En conclusión, es necesario realizar esfuerzos coordinados, desde una adecuada articulación


tanto desde los aspectos legales nacionales e internacionales, como desde las acciones de
cooperación nacional e internacional entre los estados y las empresas del sector privado, a fin de
diseñar planes estratégicos e integrales que permitan coordinar el esfuerzo en materia de lucha
contra el ciberdelito.

Debido a su rol preventivo y como auxiliares de la justicia, las fuerzas policiales y de seguridad
federales tienen un rol central y es necesario que se encuentren permanentemente capacitadas
en la temática, para contar con las herramientas necesarias para mejorar la prevención,
respuesta e investigación de los hechos delictivos de carácter tecnológico.

| Internet como herramienta facilitadora para el ciberdelito

Si bien los ciberdelincuentes utilizan Internet como una herramienta central para cometer sus
delitos, este no es el único recurso tecnológico, dado que se valen de otros tales como teléfonos
inteligentes para delitos mediante mecanismos de comunicación que no requieren
Internet, hardware específico para realizar fraudes de todo tipo, sistemas operativos adaptados
para distribuir códigos maliciosos o realizar daños, entre otros ejemplos.

No obstante, a continuación, se resaltan las características que posee Internet y que, por ende, lo
constituyeron como una gran herramienta facilitadora para quienes cometen delitos relacionados
con la tecnología. En primer lugar, Internet es un conjunto interconectado entre sí de equipos,
dispositivos y redes, mediante protocolos comunes (como, por ejemplo, el Protocolo TCP/IP que
se verá en el módulo 2).

La palabra "interconexión", por sí misma, brinda las pautas de las posibilidades y, al mismo
tiempo, de los desafíos que presenta Internet. Esta interconexión genera que se desdibujen las
fronteras geográficas como las conocemos tradicionalmente.

Por ejemplo, si se realiza el delito de acceso indebido a un sistema


informático accediendo a la cuenta de Dropbox de una persona
desde Argentina, el delito podría atravesar diversas jurisdicciones,
más allá de donde esté ubicada la víctima.

¿Dónde tiene ubicados sus servidores la empresa? ¿el


almacenamiento lo realiza en un único servidor o en
múltiples? ¿Es posible determinar la ubicación geográfica de
estos?

Entonces, con “unos pocos clicks” un delito podría iniciarse en Argentina, atravesar múltiples
jurisdicciones y tener sus efectos en otros puntos geográficos totalmente diferentes. Esta
globalidad viene acompañada por las transnacionalidad de las acciones que se realizan en
Internet.

Sumado a esto, Internet genera una despersonalización del binomio autor del delito y víctima. Al
poder cometerse delitos a través de un medio que no requiere, en principio, interacción con las
víctimas, se produce un distanciamiento que hace que el autor ni siquiera precise conocerlas,
facilitando la indeterminación y amplificación de las potenciales víctimas.

Además, con el correr de los años se han desarrollado herramientas que facilitan
el anonimato en Internet, tales como: el ocultamiento de las direcciones IP, limpieza de
metadatos, el uso de sistemas operativos con programas específicos de anonimato,
navegadores web especialmente diseñados para anonimizar la identidad del usuario como TOR,
servicios de comunicación temporales o de pocos usos, etc.

Más allá de que el anonimato total es muy difícil de alcanzar, esto genera múltiples desafíos y
obstáculos en las investigaciones, máxime cuando tanto para el uso de estas herramientas como
para utilizar Internet con fines delictivos, no se requieren conocimientos de nivel experto.

Cibercrimen

| El cibercrimen como servicio (Cybercrime as service o CaaS)


Muchos años atrás, para realizar conductas delictivas mediante el uso de la tecnología, se requerían múltiples
conocimientos avanzados. En los últimos años, este panorama cambió y ya no se requieren conocimientos de nivel
experto para poder cometer ciberdelitos.

Esto es porque se comercializan, como servicio, diversas herramientas que facilitan la comisión de ciberdelitos. Estas
pueden encontrarse en distintos foros especializados, en mercados negros de compra y venta, en la red profunda.
Por mencionar un ejemplo, si un ciberdelincuente realizare un ataque constituyendo una Botnet, debido al
cibercrimen, como servicio, no sería necesario que intente infectar la cantidad de equipos que precise, explote sus
vulnerabilidades, logre el control, los administre de manera remota y realice los ataques, todo ello con
conocimientos técnicos avanzados y específicos; por el contrario, podría alquilar una Botnet en la red profunda, por
cierta cantidad de equipos, de tiempo, de capacidades, a bajo costo, y lista para usarse.

Botnet

Una Botnet o red de equipos zombies, es un conjunto de dispositivos que


están bajo el control de un atacante, generalmente sin conocimiento por
parte de sus legítimos usuarios, con el fin de usarlos para cometer delitos,
distribuir códigos maliciosos, realizar campañas de phishing, ataques de
denegación de servicio, almacenamiento de archivos indebidos, etc.

Esta “simplicidad” en la manera de cometer ciberdelitos genera diversos desafíos, tanto por la gran oferta de este
tipo de herramientas como por la facilidad de uso y de accesibilidad por parte de quienes las requieren.

La siguiente captura ejemplifica ventas de sitios de phishing “listos para usar” por unos pocos dólares en la web
oscura.

| Motivaciones: el dinero como guía

Con el correr de los años, las motivaciones de quienes cometen ciberdelitos han virado hacia la persecución de
beneficios económicos de alta rentabilidad, tanto es así que el cibercrimen se ha convertido en una de las
actividades criminales más rentables de los últimos tiempos, cuyos ingresos anuales, durante el último periodo,
ascienden aproximadamente al billón y medio de dólares americanos.

La presencia de estructuras de criminalidad compleja en el cibercrimen genera que los Estados deban prestar cada
vez más atención a esta cuestión, dado que muchos delitos tradicionales están siendo virados a escenarios
cibernéticos.

Estas estructuras criminales han mutado a lo largo del tiempo en busca de nuevos horizontes que permitan
desarrollar sus actividades e Internet se ha convertido en el principal facilitador.

Los crímenes convencionales han migrado al ciberespacio fruto de una sociedad cada vez más informatizada y
sustentados por los avances de la tecnología que generaron nuevas amenazas.

Como conjugación de los factores señalados, podría decirse que un nuevo paradigma delincuencial se encuentra en
pleno desarrollo y evolución, marcado por grupos cuyos integrantes poseen alto grado de profesionalidad, que no
necesariamente se encuentran en el mismo espacio o lugar físico, lo que les permite operar en diferentes
jurisdicciones.

No resulta factible definir el fenómeno de las organizaciones criminales debido a su complejidad.


No obstante, resulta posible señalar algunas características que las identifican:

 Poseen una estructura jerárquica claramente establecida, con alto grado de adaptabilidad, lo que les permite
mantenerse en el tiempo.

 Seleccionan rigurosamente a sus miembros, los cuales deben poseer gran capacidad técnica y nivel
profesional.

 Se destacan por el grado de profesionalismo con el que realizan sus actividades, incluso llegan a captar
especialistas para determinadas tareas.

 Sus actividades criminales revisten un grado de complejidad elevado y son desarrolladas a nivel
internacional.

El desarrollo de mercados negros específicos para todo tipo de compra-venta de productos ilegales demuestra que
los ciberdelincuentes ven a Internet como una herramienta potente para cometer delitos y canalizadora para
mejorar la rentabilidad.

En esta trama de rentabilidad es común encontrar dos tipos de potenciales víctimas de delitos: los ataques
generales, donde todos tienen algo valioso como información, datos bancarios, redes sociales a transgredir,
información personal a obtener, etc., y ataques dirigidos. Estos últimos son muy complejos, específicamente
diseñados para atacar a objetos determinados por las motivaciones de un ciberdelincuente: un político, un actor, un
futbolista, un periodista, un músico, un empresario, un famoso, etc., bien delimitado. La selección de estas víctimas
suele venir determinada por esta motivación criminal basada en el dinero.

Como comentario adicional, lo reseñado refiere a la criminalidad compleja que ve en la ciberdelincuencia una veta
de actuación para cometer delitos. No obstante, no es lo único a lo que se le debe prestar atención. Debido a que
Internet es una herramienta facilitadora, como ya se mencionó, hoy casi cualquier delincuente podría cometer un
ciberdelito.

| La cuestión de la territorialidad

Además de las cuestiones reseñadas, la lucha contra el ciberdelito presenta otro desafío relacionado con la
transnacionalidad: la reconfiguración del principio de territorialidad. Tradicionalmente, el Estado ejerce su
jurisdicción (“poder jurisdiccional”) sobre los límites territoriales dispuestos por sus fronteras, sumado a los
principios de atribución de jurisdicción que correspondan, como las reglas mencionadas en el art. 1 del Código Penal
de la Nación.

Conforme establece el art. 1 del Código Penal, éste se aplicará por lo siguiente:

1. Por delitos cometidos o cuyos efectos deban producirse en el territorio de la Nación Argentina, o en los
lugares sometidos a su jurisdicción.

2. Por delitos cometidos en el extranjero por agentes o empleados de autoridades argentinas en


desempeño de su cargo.

3. Por el delito previsto en el artículo 258 bis, cometido en el extranjero, por ciudadanos argentinos o
personas jurídicas con domicilio en la República Argentina, ya sea aquel fijado en sus estatutos o el
correspondiente a los establecimientos o sucursales que posea en el territorio argentino.

La multiplicidad de actores, jurisdicciones intervinientes, y países en los que puede estar alojada la evidencia digital y
la tendencia de que todos los usuarios almacenen datos en la “nube” generan un constante desafío a los
investigadores que precisan obtener datos informáticos (Salt, 2017: p. 518). El principio de territorialidad se basa en
el derecho penal derivado de la soberanía nacional, pero está diseñado para un mundo de fronteras físicas, que no
previó las realidades que plantea Internet, en las que no existen ni son delimitables este tipo de límites físicos.

A este desafío, se le suma la cuestión de la colaboración de los proveedores de servicio de Internet que alojan,
custodian o procesan datos informáticos eventualmente relevantes para una investigación penal: ¿la ley de qué país
se les aplica a los proveedores al momento de solicitarles colaboración?, dado que incluso pueden suceder casos
técnicos en los que no sea posible determinar con exactitud dónde se encuentra almacenado el dato informático.

Por ejemplo, algunos servicios de almacenamiento de datos dividen y


almacenan la información en múltiples servidores ubicados en diferentes
países.

Cuando el usuario solicita acceder a sus datos, el servicio "llama" y reúne


los fragmentos almacenados en distintos servidores, presentándoselos al
usuario de forma unificada.

| ¿Qué es un ciberdelito?

Los ciberdelitos parten de la base inicial de que estamos frente a un delito. Esto es, de manera simple, toda acción
prohibida e individualizada con una pena en el código penal. De manera técnica, es toda acción típica (que encuadra
en un tipo penal), antijurídica (contrario al derecho y sin causas de justificación como, por ejemplo, una legítima
defensa o estado de necesidad) y culpable (que sea reprochable al autor). Como ejemplo del tipo penal, "se aplicará
reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro siempre que en este código no se estableciere
otra pena", la conducta prohibida es “matar a otro” y la pena asociada es de ocho a veinticinco años.

El hecho de que haya un tipo penal que individualice la acción prohibida y una pena establecida es clave y central. De
acuerdo al principio de legalidad penal introducido por el art. 18 de la Constitución Nacional, no se cumple la
configuración de un delito sino existe una ley anterior al hecho que lo tipifique. Además, una derivación de este
principio es que no se puede interpretar por analogía un tipo penal.

Un ejemplo ficticio para dimensionar este aspecto puede ser el siguiente: si un tipo penal castigara beber agua de un
vaso rojo y, luego, se bebe agua de un vaso azul, por más que se “beba agua” y se “utilice un vaso” la conducta es
atípica (no es delito), porque se castiga únicamente beber agua de un vaso rojo y no de uno azul.
Respecto a los ciberdelitos, estos son todos aquellos delitos relacionados de manera directa o indirecta con la
tecnología. En otras palabras, son heterogéneos (de diversos tipos y fenómenos), relacionados por su medio (utilizan
la tecnología como un medio de comisión de la conducta), por su fin (atacan la confidencialidad, integridad o
disponibilidad de la información o tecnología), o por la ilicitud de su contenido respecto de la tecnología, estudiada
desde el derecho penal, procesal penal y cooperación internacional, y abarcando lesiones a diversos bienes jurídicos.
Éstos son intereses vitales para el desarrollo de las personas que el Estado decide "proteger" a través del derecho
penal, sancionando conductas que atenten contra ellos. La vida, el patrimonio, la libertad, la privacidad, la integridad
sexual, son ejemplos de bienes jurídicos.

A los fines de este curso, y para mayor comprensión de todos, se


entenderá por ciberdelito cualquier delito relacionado con la
tecnología en el sentido amplio de la conducta ilícita ya que la
actividad criminal se valdrá de las tecnologías de información para
lograr su cometido. Asimismo, cabe mencionar que también existen los
delitos ciberasistidos, dado que, sin la tecnología de por medio, estas
conductas no podrían concretarse o se cometerían únicamente en el
mundo físico.

De hecho, los ciberdelitos se relacionan con aquellos delitos denominados “tradicionales”. Sin embargo, a partir del
avance tecnológico, fue necesario modificar el Código Penal con el fin de abarcar las conductas por los tipos penales,
dado que, por el principio de legalidad y la derivación de la prohibición de analogía vista, no se podían castigar. Por
ejemplo, antes de la sanción de la Ley de delitos informáticos 26.388, era delito el daño sobre las cosas muebles e
inmuebles, pero no había mención en el tipo penal respecto del daño sobre los datos, documentos, programas o
sistemas informáticos. Es decir que, si una persona dañaba un sistema informático en momentos previos a la sanción
de dicha ley, la conducta quedaría atípica, puesto que, interpretar que un dato informático era una “cosa mueble”
violaba el principio de legalidad. Por ello, con la sanción de la ley, se actualizó la configuración de éste delito con el
fin de abarcar los datos, documentos, programas o sistemas informáticos.

Otros delitos tradicionales adaptados al entorno digital fueron los delitos relacionados con material de abuso sexual
infantil (que previo a la reforma hablaba de material en papel, imágenes u objetos obscenos), violación de
comunicaciones electrónicas (previo a la reforma refería a violación de correspondencia), acceso indebido,
defraudación informática. Mientras que, por ejemplo, el Grooming, fue una conducta que se introdujo en el año
2013 (por lo que no hubo conductas similares castigadas hasta ese momento).

En doctrina también es común diferenciar entre delitos informáticos y cibercrimen. Sin ser necesario a los fines de
este curso profundizar esta cuestión, cabe destacar que el profesor español José Agustina explica que los delitos
informáticos serían en sentido amplio, mientras que los cibercriminales serían los delitos informáticos en sentido
estricto, con una relación directa con la tecnología.[1] Asimismo, distingue entre cibercrímenes réplica, que serían
aquellos delitos tradicionales adaptados a lo tecnológico, y cibercrímenes puros, que serían los delitos cibernéticos
en sentido estricto.

Estas clasificaciones tienen como efecto práctico determinar políticas legislativas de redacción según bienes
jurídicos, en el caso de que sea necesario modificar aspectos de la teoría del delito y discusiones dogmáticas.

Respecto al término cibercrimen, este puede referir también a conductas más graves, como las llevadas a cabo por el
crimen complejo y/o organizado, donde además existen acciones voluntarias de causar un mayor daño en la
sociedad u organizaciones e, incluso, puede atentar contra la vida de las personas.

CIBERTERRORISMO

El terrorismo atenta, lisa y llanamente, contra el orden institucional y público; genera un clima de terror e
inseguridad y tiene como finalidad intimidar a la sociedad. Los códigos penales de muchos países suelen
incluir agravantes específicos y/o delitos relacionados con terrorismo y ciberterrorismo.
A partir de esta premisa, los ciberterroristas utilizan las tecnologías de la información para propagar no solo
su ideología, sino también mensajes intimidatorios.
Por otro lado, resulta de suma importancia mencionar que con el desarrollo y adopción de los criptoactivos,
estos también se han convertido en una fuente de financiación del terrorismo al que los estados deben
prestarle cada vez más atención.

CIBERSEGURIDAD

La ciberseguridad se refiere al conjunto de actividades (en el sentido más amplio del término: abarca
políticas, programas, capacitaciones, acciones técnicas, configuraciones, entre otros) dirigidas a proteger el
ciberespacio a fin de defender su infraestructura tecnológica, los servicios que se prestan y la información
que se maneja.
La seguridad de la información, por su parte, tiene como fin la protección de ésta en cualquier soporte, como
activo fundamental, resguardar su confidencialidad, integridad y disponibilidad.
De acuerdo con lo visto hasta aquí, los ciberdelitos se configuran una vez que se transgrede un delito del tipo
penal.

Marco legal internacional

A nivel internacional, en materia de ciberdelincuencia, se cuenta


con los siguientes instrumentos:

• “Convenio sobre la Ciberdelincuencia de Budapest”.


• “Segundo Protocolo Adicional al Convenio sobre la
Ciberdelincuencia sobre cooperación reforzada y divulgación de
pruebas electrónicas”.
• “Convención Internacional Integral sobre la Lucha contra la
Utilización de las Tecnologías de la Información y las
Comunicaciones con Fines Delictivos”.

⟩ Convenio de Budapest

El “Convenio sobre la Ciberdelincuencia de Budapest”, si bien fue redactado en el año 2001,


en el seno del Consejo de Europa, desde su origen fue pensado para ser extendido a países no
miembros de la Unión Europea con el objetivo de crear un marco común entre los países en la
lucha contra el ciberdelito.

Este instrumento internacional de cooperación en materia penal prevé figuras penales de delitos
informáticos que los países se comprometen a sancionar en sus derechos internos para lograr
una armonización de la legislación penal que contribuya a mejorar la cooperación internacional en
la lucha contra los ciberdelitos. Estos delitos son: acceso indebido a sistemas informáticos,
interceptación ilícita de comunicaciones electrónicas, daño informático, obstaculización de
sistemas informáticos, abuso de dispositivos, falsificación y fraude informático, delitos de material
de abuso sexual infantil y delitos contra la propiedad intelectual.

Asimismo, establece un conjunto de medidas procesales especialmente diseñadas, tomando en


consideración las características típicas de la evidencia digital y que resultan necesarias para la
persecución eficiente de cualquier delito. Cabe señalar que estas medidas se aplican a cualquier
delito (informático o no) que posea evidencia digital. Como ya se señaló, todos los delitos (sean
del tipo que sean) poseen, en algún momento, evidencia digital. Las medidas previstas son:
conservación rápida de datos informáticos, revelación parcial rápida de datos de tráfico, orden de
presentación de datos informáticos, registro y secuestro de datos informáticos, intervención en
tiempo real de datos de tráfico y de contenido (estas nociones serán abordadas en el módulo 3).

Por último, regula mecanismos de cooperación internacional y asistencia mutua en relación con
todos los delitos que posean evidencia digital, a fin de agilizar las investigaciones por los efectos
transfronterizos del ciberdelito y la volatilidad de la evidencia digital. Estas normas de cooperación
replican, a nivel internacional, las medidas procesales del capítulo anterior, de forma tal de
agilizar con mecanismos procesales especiales la obtención de pruebas digitales que pueden
estar alojadas en servidores ubicados físicamente en otra jurisdicción. Con esta finalidad, la
Convención prevé, entre otras cosas, una red de asistencia entre los países miembros que
funciona como unidad 24/7. Argentina es parte del Convenio desde el año 2017, mediante la
sanción de la Ley 27.411.

Segundo Protocolo Adicional al Convenio sobre la Ciberdelincuencia


sobre cooperación reforzada y divulgación de pruebas electrónicas

El “Convenio de Budapest” posee dos protocolos adicionales. En lo que aquí respecta, cabe
resaltar el segundo. Fue redactado entre 2020 y 2022, y hace especial foco en reforzar la
cooperación internacional y actualizar sus disposiciones.

Incorpora medidas para garantizar la cooperación asimétrica (colaboración directa entre un país
“A” y un proveedor de servicios ubicado en un país “B”), cooperación simétrica (colaboración
entre país “A” y país “B”), cooperación de emergencia (cuando hay un riesgo inminente a la vida o
seguridad de una persona física), equipos conjuntos de investigación y medidas de protección de
datos personales.

Argentina firmó este protocolo en 2023, pero aun no fue ratificado legislativamente.

⟩ Convención Internacional Integral sobre la Lucha contra la Utilización


de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones con Fines Delictivos

Otro instrumento internacional es éste. Un Convenio redactado desde el Comité Ad Hoc,


establecido por la Asamblea General en su Resolución 74/247, de la ONU, cuya estructura se
caracteriza por delitos, medidas procesales, cooperación internacional, medidas preventivas y de
cooperación técnica entre países. Se terminó de redactar en 2024 y resta su aprobación. Luego,
deberá ser ratificado por las legislaturas de los respectivos países.

Marco legal nacional

En la República Argentina, el 4 de junio de 2008, se sancionó la Ley 26.388 que modificó el


Código Penal e incorporó un catálogo de figuras delictivas relacionadas con la informática, como
el acceso indebido a comunicaciones electrónicas, acceso ilegítimo a sistemas informáticos,
estafa informática, daño informático, material de abuso sexual infantil, interrupción de
comunicaciones, entre otras figuras. La sanción de esta ley fue clave para poder castigar los
ciberdelitos, ya que, como se mencionó en el apartado “¿Qué es un ciberdelito?”, el principio de
legalidad exige tener un tipo penal configurado para poder castigar una conducta.

Asimismo, en noviembre del 2013, se sancionó la Ley 26.904 que introdujo al Código Penal el
delito de Grooming, y, en abril de 2018, se sancionó la Ley 27.436, que modificó el art. 128 del
Código Penal, y que incluyó la penalización de la tenencia de material de abuso sexual infantil,
así como el aumento general de penas y un agravamiento especial de todas las escalas penales,
cuando la víctima sea menor de 13 años.

Otras jurisdicciones, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, han sancionado


contravenciones, tales como difusión no consentida de material íntimo, ciberhostigamiento,
suplantación de identidad digital, etc.

A continuación, se describen, de manera general, los ciberdelitos tipificados en el Código Penal.

Otras conductas

Además de los delitos vistos, hay otras conductas cuyo encuadre en un tipo penal dependerá del
caso concreto y/o de otros tipos penales.

→ Ransomware

Estos códigos maliciosos tienen como finalidad infectar dispositivos informáticos, cifrar los
archivos del usuario y exigir el pago de un rescate que, por lo general, se cotiza en criptoactivos.
Actualmente, se suma una problemática adicional: la difusión de toda la información cifrada, si no
se paga el rescate exigido. Esto supone gravísimas consecuencias para la víctima y los terceros
vinculados, cuyos datos son expuestos también en dicha filtración para el cumplimiento
normativo, dado que se incumplen exigencias legales sobre confidencialidad, secretos bancarios,
fiscales o de otro tipo, marca, según la naturaleza de la información difundida.

Si bien, en sus orígenes, este tipo de malware afectaba a usuarios comunes, hoy sus objetivos
principales son las grandes organizaciones o entidades de servicios, tales como empresas y
gobiernos. Su encuadre legal podrá variar entre extorsión, daño informático u otra figura delictiva,
según las particularidades de cada caso concreto.

→ Robo de datos

Los datos personales, sobre todo aquellos con alto grado de sensibilidad, se han vuelto un
objetivo de los cibercriminales, quienes se apoderan de los mismos y los venden en el mercado
negro o en subastas privadas en línea.

Además de cualquier persona particular, los principales objetivos son entes gubernamentales,
grandes corporaciones e, incluso, entidades que administran grandes bases de datos con
información fiscal.
Dado que no se encuentra un tipo penal que castigue la mera obtención indebida de datos
personales, su encuadre legal dependerá, en cada caso concreto, de cómo se haya realizado la
conducta. Por ejemplo, si con esos datos se realizó una defraudación, será castigable ese delito,
por considerarlo más grave.

→ Fraudes con medios de pago

Aún cuando las medidas de seguridad en torno a los medios de pago se robustecieron durante
los últimos años, los ataques contra las tarjetas de crédito y débito continúan.

Un claro ejemplo es la técnica denominada skimming, que logra hacerse de la información


almacenada en la banda magnética de las tarjetas, permitiendo su posterior clonación.

Por otro lado, técnicas más avanzadas como el jackpotting, lograron vulnerar los sistemas
instalados en los cajeros automáticos mediante malware que se aprovecha de diferentes
vulnerabilidades, ya sea de hardware como de software.

El encuadre penal variará también según el caso concreto. En caso de que se utilicen de manera
indebida, los datos de tarjetas de crédito o débito robados podrá encuadrarse en el art. 173. inc.
15, que castiga al que defraudare mediante el uso de una tarjeta de compra, crédito o débito,
cuando la misma hubiere sido falsificada, adulterada, hurtada, robada, perdida u obtenida del
legítimo emisor mediante ardid o engaño, o mediante el uso no autorizado de sus datos, aunque
lo hiciere por medio de una operación automática.

→ Ingeniería social, phishing y vishing

La “ingeniería social” consiste en manipular a una persona o un grupo de personas para obtener
un resultado determinado. Esto se logra explotando las habilidades sociales de los seres
humanos y generando emociones como miedo, alerta, empatía, felicidad, entre otras, con el fin de
que la víctima realice alguna acción determinada.

El phishing utiliza técnicas de suplantación de identidad e ingeniería social, ejemplos de estas


conductas son los correos electrónicos que supuestamente vienen en nombre de un banco,
empresa o gobierno, y solicitan datos de tarjetas de crédito, descargar alguna aplicación, entregar
todo tipo de información, etc.

El vishing, por otro lado, es un tipo de ingeniería social de modalidad telefónica en la que, a través
de una llamada, se suplanta la identidad de una empresa, persona o gobierno, con el fin de
obtener información personal y sensible de la víctima. Un ejemplo de esto, en el marco de las
campañas de vacunación Covid-19, es la modalidad de suplantación de identidad de los
ministerios de salud de diversas ciudades, mediante llamados por teléfono y/o aplicaciones de
mensajería instantánea, que ofrecen supuestos turnos de vacunación, pero que su objetivo real
es robar cuentas de aplicaciones de este tipo. Para ello, y siempre mediante engaño, afirman que,
para otorgar y confirmar el turno, la víctima debe comunicar al ciberdelincuente el código que
enviaron de 6 dígitos al teléfono, que es el de registro de la aplicación de mensajería que brinda
acceso a la cuenta.

Estas técnicas son empleadas habitualmente para efectuar fraudes como la realización de
operatorias bancarias fraudulentas. También, se presentan otras maniobras más complejas como
compromisos de cuentas de correo corporativos, siendo estos ataques dirigidos, personalizados y
mediante técnicas más avanzadas como la suplantación de identidad de remitente o spoofing de
remitente.

Respecto a su encuadre legal, la primera parte de la conducta realizada


por phishing/vishing (obtención indebida de datos personales) no posee un tipo penal específico.
Cuando esa conducta forme parte de un delito más grave como una defraudación (se usan los
datos robados para vaciar cuentas, realizar compras, entre otros), se aplicarán los tipos penales
de estafas y defraudaciones. Respecto a la suplantación de identidad digital, no hay un tipo penal
específico. En algunas jurisdicciones, tales como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es una
contravención.

→ Botnets

Existen grandes redes conformadas por equipos informáticos infectados, situación (por lo general)
desconocida por el propietario.

Dichas infraestructuras obedecen a un centro de comando y control que, ante una orden
determinada, podría ser capaz de realizar una denegación de servicio a un servidor web e
interrumpir su operatividad, si se detectara que se encarga de alojar códigos maliciosos, distribuir
material de abuso sexual infantil, minería de criptoactivos, defraudaciones, entre otras conductas.

Por lo general, este tipo de servicios puede ser rentado por una determinada cantidad de tiempo o
volumen de datos.

El encuadre penal de quien controla estas redes (no de los usuarios de los equipos que,
generalmente, desconocen la situación, por tratarse de acciones que el equipo realiza en
segundo plano de manera no transparente al usuario) dependerá del caso concreto. Por ejemplo,
si, para conformar la red de equipos el ciberdelincuente realizó accesos indebidos, se aplicará
ese tipo penal. Posteriormente, se añadirá la aplicación de los tipos penales referidos a los
delitos que haya cometido mediante el uso de la botnet.

→ Difusión no consentida de material íntimo

De manera general, esta cuestión se da cuando se rompe una relación de confianza entre dos
personas que intercambiaron material de carácter íntimo y uno de ellos difunde sin
consentimiento el mencionado material, generando innumerables perjuicios a la intimidad. En
algunas jurisdicciones, como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esto constituye una
contravención.

Ransomware
Definición
Códigos maliciosos que infectan dispositivos, cifran archivos y exigen rescate, generalmente en
criptoactivos.
Encuadre legal
Puede variar entre extorsión, daño informático u otras figuras delictivas según el caso.

Robo de datos
Definición
Robo de datos personales, especialmente los de alta sensibilidad para su venta en el mercado negro
o subastas privadas en línea.
Encuadre legal
Depende de cómo se realizó la conducta, como defraudación, si se usan los datos para ello.

Fraudes con medios de Pagos


Definición
Las técnicas más comunes son skimming (clonación de tarjetas) y jackpotting (vulneración de
cajeros automáticos).
Encuadre legal
Varía según el caso, como el uso indebido de datos de tarjetas de crédito o débito robados.

Ingeniería social, phishing y vishing


Definición
Ingeniería social: Manipulación para obtener un resultado deseado,explotando emociones
humanas.
Phishing: Suplantación de identidad para obtener datos personales, como correos falsos de bancos.
Vishing: Suplantación de identidad por teléfono, como llamadas falsas de ministerios de salud.

Encuadre legal
No hay tipo penal específico para la obtención indebida de datos, pero se aplican tipos penales de
estafas y defraudaciones si se usan los datos para ello.

Botnets
Definición
Redes de equipos infectados, controlados por un centro de comando.
Encuadre legal
Depende del caso, como accesos indebidos para conformar la red y los delitos cometidos mediante la botnet.

Difusión no consentida de material íntimo


Encuadre legal
En algunas jurisdicciones, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, constituye una contravención.
Definición
Difusión de material íntimo sin consentimiento, generalmente tras romper una relación de confianza.

Cierre de módulo

En el presente módulo, se establecieron las características generales del ciberdelito y la manera


en la que encuentra en Internet una gran veta de actuación. Asimismo, se analizó la diferencia
que presenta este ámbito con otros tales como el ciberterrorismo, la ciberseguridad, etc.

También, se analizó el marco legal de nuestro país y el marco legal internacional del que
Argentina es parte. Para ello, se identificaron los delitos que están castigados, así como otras
conductas específicas para las que se analizó un eventual castigo penal.

Estas bases le permitirán al cursante entender, en el siguiente módulo, cómo funciona Internet y
cuáles son los aspectos más importantes respecto de la dirección IP, elemento central de casi
todas las investigaciones de ciberdelitos.

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