CAPRICHOS DEL DESTINO
Capítulo 8.
Cuándo desperté ya no estaba, se había ido sin despertarme. En realidad lo
preferí, porque no quería alargar más la situación y él imagino que pensó lo
mismo. Pero bueno me desperté de buen humor y estando aún en la cama cogí mi
móvil.
Di los buenos días al grupo <<tres almejas y un rabo>> hice un corto resumen de
la noche porque siendo sincera no quería que supieran lo del sexo, y no porque
me avergonzara, si no porque pensé que era mío, que era íntimo, que era mi
recuerdo y no quería compartirlo con nadie. Tampoco les conté que había
dormido conmigo y por supuesto tampoco lo del encontronazo con Berto. Vamos
que conté lo que me dio la gana. Y es que muchas veces contamos demasiado y es
mejor guardarse cosas que la gente jamás entenderá.
Era viernes y me daba la sensación que desde que estaba sola en casa el tiempo
pasaba más rápido. Me di una ducha y me debatí entre lavarme el pelo o no, al
final accedí, me lo lavé y sequé con el secador para evitar riñas innecesarias de
mamá Lili. Me puse unos vaqueros claros ajustados de Zara, unas botitas de piel
de ante camel, un jersey oversize rosa empolvado y pañuelo estampado de tonos
rosas. Cambié por fin el bolso negro de siempre por uno camel bandolera con
hebillas. El moño de siempre pero eso sí, con una pinza para soltarlo después,
para ir a comer.
También cogí el neceser del maquillaje para retocarme un poco. Al bajar las
escaleras hacia el salón noté que el pantalón me quedaba algo más holgado, no
me había pesado y ninguna intención tenia de hacerlo, os confieso otra cosa mía y
es que no me gustan los pesos, me da sensación de que cada uno pone un peso
distinto al otro y me hacen más gorda de lo que realmente estoy por eso prefiero
guiarme por cómo me queda la ropa de una temporada a otra.
De camino a mi penúltimo día en mi sitio preferido me acordé de Berto. Y le eché
un vistazo a mi móvil, whatsApp como siempre tenía los buenos días de Mauro,
Aurora y Jimena les respondí y me metí en el contacto de Berto, dudé si hablarle o
no, pero me sentía con ganas de hablarle y de saber de él después del
encontronazo de la noche de ayer. No sabía cómo entrarle y tampoco sabía si
estaría trabajando o durmiendo, opté por un mensaje que fuera directo.
<<¡Buenos días! ¿resaca?>>
En línea… Berto escribiendo.
<<¿Malena? ¡Vaya sorpresa de buena mañana! No. No tengo resaca, no bebí
tanto.>>
No sabía cómo seguir la conversación y vi escribiendo de nuevo…
<<Estoy con café en mano despertándome y preguntándome que sé y no sé
mucho de ti. Por ejemplo, ¿te gusta el café?>>
<<Sí me gusta el café.>>
<<Vale, perfecto. ¿y te puedo invitar a uno esta tarde? ¿Antes de entrar a
trabajar? Hago la noche de hoy para tener la noche de mañana libre. Ya sabes… la
fiesta.>>
<<Sí ya sé. Bueno está tarde lo tengo complicado.>>
<<Venga Malena. Es soló un café.>>
<<¿Así quedas con todas?>>
<<Pues mira no. No suelo quedar para cafés.>>
No sabía que hacer, bueno sí sabía pero no quería. ¿Ó no debía?... luego me dije
¡Malena coño, sí le has hablado tú! Como tarde en contestar me volvió a escribir.
<<No sé que se está pasando por la cabeza. Pero me gustaría tomarme ese café
contigo. Anoche no entendí muy bien lo que ví.>>
<<Bueno quizás sí. Después de lo de anoche deberíamos tomarnos ese café.>>
<<¡Vaya! Pensaba que me dirías que no. Me ha costado convencerte. ¿te recojo en
la pastelería? Dime la hora y allí estaré.>>
<<Bueno es un café tampoco es gran cosa. ¡Ya te digo yo que a la fiesta no me
convencerás!>>
<<Bueno, después del café me lo dices…>>
<<¿El qué?>>
<<Lo de si vienes o no.>>
<<Ya te digo yo que NO.>>
<<Poco a poco, tengo mucha paciencia.>>
Me reí, y cuando quisé darme cuenta estaba en la puerta de Lili.
<<Después de comer vamos a tatuarnos Carlota y yo. Cuando terminé te
habló. Qué tengas buen día.>>
<<¿Un tatuaje?.Seguro que es buen día porque ha comenzado muy bien. Hasta
después.>>
-¿Qué pasa Malenita? me inquieta tú sonrisa hablando por teléfono. – dijo
Carlota acercándose a mí -.
-Estaba hablando con Berto, vamos a quedar para un café.
-¿Cómo?¿Qué me perdido?
-Ahora te cuento es largo.
-Desde luego que voy a tener que empezar a pensar que tú vida es un libro.
¿Qué ha pasado de ayer a hoy? ¿qué me perdido para un café? – se echó a
reír -.
-Venga abramos, que tenemos que sacar los pasteles, las tartas y todo lo que
haya en cámaras, que se venda todo y no quede nada en este fin de semana.
Le estuve contando todo a ratos en que estábamos solas y no había clientes
delante. Lili se unió a la conversación un rato después de abrir y estaba
entusiasmada con el café.
-Lili sólo es un café.-le dije -. Por cierto hoy nos vamos a tatuar, ¿Carlota no
se lo habíamos contado?
-¡¡Verdad!! ¡¡Se me había olvidado por completo!!
-¿Cómo? ¿Qué os vais a tatuar?¿El qué?
-Bueno es una tontería, pero nos hace ilusión. – se quedó mirándome con
curiosidad -. Es un croissant. Como recuerdo.
-¿Puedo ir con vosotras? - Carlota y yo nos miramos, y nos dijimos que sí con la
mirada-.
-¿Tenéis que llamar o algo?
-¿Cómo? Para acompañarnos no hace falta llamar Lili, puedes entrar con
nosotras. – Carlota empezó a descojonarse-.
-¿Qué? – pregunté mirándolas a las dos-.
-Creó que no has entendido lo mismo que yo.
-¿Qué no he entendido Carlota?
-Creó que se refiere a tatuarse con nosotras, ¿no Lili?
-¡¡¡¡Queeeeee!!!! -chillé yo-.
- Sí, a eso me refería. ¡¡¡Mis niñas!!! ¡¡Vamos a hacernos esos croissants las
tres!! – Dijo más alto de lo normal -.
Las tres nos pusimos a saltar de alegría, bailando y tocando las palmas detrás del
mostrador.
En ese momento entró Manolo y se echó a reír al ver el jolgorio que
teníamos montado las tres.
-¡¡Buenos días señora y señoritas!! ¿Qué pasa aquí hoy?
-¡¡Buenos días Manolo!! Estamos celebrando que nos vamos a tatuar en
homenaje a estos años aquí las tres juntas está tarde. ¿Lo de siempre?
-Sí Malena. Vaya,¿ y que os vais a hacer? Sí es que se puede saber?
- No Malena, ¡¡no le digas nada!! Qué los vea mañana.
-Eso, mañana Manolo. -le dijo Lili, creando misterio -.
-¡Qué os voy a hechar de menos a las tres joias!! – me miró y me dio ternura -.
-Y nosotras a ti. Carlota prepárale en un bandeja a Manolo las pastas y ponle 4
trozos de tarta inglesa, para que la prueben tu mujer y tus hijos. - Lili me miró
con aceptación -.
-Muchas gracias a las tres, a mi hijo le va a encantar, con lo goloso que es…
Se marchó poco después. Y yo me emocioné por enésima vez y todavía quedaban
dos horas.
Me sonó el móvil, en el bolsillo del delantal, con lo de Berto se me había
olvidado ponerlo en silencio.
<<Hay qué buscarte el disfraz para la fiesta. Yo ya lo tengo. Aurora dice que
recicla el de hace dos años, y Jimena ha pedido uno por Amazon>>. Mauro.
<<¡¡¡Qué no voy a ir, coño!!!>>
Escribiendo…
Me lo volví a guardar en el delantal. Me cabreé, estaba harta de la puñetera
fiesta de los cojones. No quería ir, no me gusta Halloween me dan miedo las
caretas, los payasos, los disfraces esos que parecen sacados de la película “La
Purga”. ¿Tan difícil era de entender? ¿Qué sentido tiene pasarlo mal con algo
que no te gusta, pudiendo evitarlo?
Estuve terminando las pastas del sábado dentro del obrador, dejando
fermentar la harina del pan del día siguiente, y cuando me quisé dar cuenta era
la hora de irnos.
Lili nos dió la tarde libre, ya no abriríamos más hasta el sábado por la mañana. Y
le dijimos que se viniera a comer con nosotras. Pero dijo que comería con su
hija. Quedamos en recogerla a las 4 menos cuarto para ir las tres al estudio.
Carlota cogió su coche, porque decía que quería comer en un sitio especial,
ya que era la despedida de nosotras también como compañeras desde
hacía ocho años.
Lo que no imaginaba era que había reservado en el ASADOR LAS BRASAS.
Este restaurante presentaba diversos y exquisitos platos a la carta como
también ofrecía bebidas de todo tipo, con una gran bodega de vinos bajo el
restaurante, y destacando entre tantas carnes a la brasa sus peculiares
totas de bacalao y su espectacular ensaladilla de la abuela.
Era un lugar agradable, acogedor con su gran chimenea de leña que
calentaba todo el salón y se respiraba buen ambiente.
Entramos y el metre nos dió la mesa que había reservada a nombre de
Carlota Gónzalez, nos acompañó a la mesa y nos dió las cartas.
Nos pusieron en una mesa desde la que se veía perfectamente la puerta de
entrada, entonces la ví entrar con su melena perfectamente peinada con
bucles, elegante como siempre y el bolso de Michael Kors. Miré a Carlota
que estaba sentada frente a mí dándole la espalda a la puerta le hice señas
para que mirara disimuladamente, pero cuando se volvió entraba un
hombre alto y delgado de pelo blanco que tendría unos setenta años, a lo
que yo diría que le sacaba unos cuantos a ella que se veía bastante más
joven. Justo detrás... Berto.
Carlota se volvió y me fulminó con la mirada.
- ¡Díos! ¿Qué casualidad no? mira que hay sitios para comer, Malenita eso
es el destino ¡tía te lo encuentras por todas partes!.
Me aseguré de que no nos había visto y respiré tranquila, le eché un vistazo
a la carta y se acercó una joven muy guapa con ojos verdes que no tenía
más de veinticinco años para tomarnos nota. Carlota le preguntó por los
vinos y nos recomendó SANCERRE Blanco; según ella refrescante y afrutado
para la comida que habíamos elegido,
que al final eligió Carlota sola porque yo soló hacía taparme la cara con la
carta y no leí nada.
Cuando la joven se fué elegantemente de la mesa ví que se acercaban, me
pusé nerviosa y le dí una patada por debajo de la mesa a Carlota.
-¡¡Aaahh!! !!Me ha dolido!! ¿Qué haces?
- ¡¡Qué viene para acá joder!!
Intenté disimular mirando algo en el bolso revolviéndome en la silla, pero
no sirvió de nada porque mira que había mesas en el salón, pues por
capricho del destino lo pusieron al lado, sí en la mesa que quedaba a un
metro y poco de nosotras.
Él me vió al acercarse a la mesa y cruzamos la mirada, yo quité la cara y
gracias a que vino la joven con el vino y las copas pude disimular.
Mientras nos presentaba el vino y lo abría, lo volví a buscar con la mirada.
Llevaba unos vaqueros muy claros y estrechos a sus piernas, empecé a
pensar que todos los vaqueros que tenía eran del mismo estilo, pero es que
tenia unas piernas tan bonitas que todo le quedaría bien, seguro. También
llevaba unas zapatillas de piel de ante marrón tabaco, calcetines verdes
botella con rombos y sudadera celeste de Ralph Lauren. Pelo
perfectamente alborotado y peinado hacía un lado.
Y es que era muy atractivo ¡joder!.
Menos mal que me lavé el pelo por la mañana y me lo dejé suelto, ¡ah! y
que me pinté antes de salir del trabajo.
-Carlota estoy nerviosa, ¿cómo estoy?-me miró mientras daba un sorbo a
su copa-.
-Bien, informal pero bien, como yo. No te rayes Malena, si le gustas le
gustarás tal cual eres tú. Ya te lo dije el otro día, no tiene pinta de ser
superficial. Relajaté y bebé , ¡¡el vino está buenisímo!!
No sé si me miró más veces o no porque me limité a disfrutar de la comida
con Carlota. Pedimos una parrillada de verduras, la ensaladilla, y un
entrecot muy hecho porque a las dos nos gustaba así acompañado de salsa
Perrins. Para terminar, estando las dos a punto de explotar, la joven nos
recomendó el postre de la casa. Eran unas tulipas estilo heladería con
mango, melocotón, plátano y piña, todo triturado; encima helado de
vainilla y un flambeado que estaba brutal, vamos el postre y todo estaba
riquísimo. Mientras venía la cuenta para bajar la comida nos invitaron a un
chupito de Orujo de hierbas, me sonó el móvil y pensé que sería Mauro
otra vez con la cancioncita del disfraz.
Era un whatsapp de Berto que seguía comiendo en la mesa de al lado, me
pareció gracioso. -sonreí, intuía que me estaba observando-. lo abrí.
<< ¿Cuándo te sueltas el pelo te conviertes en otra persona?>>
<< No sigo siendo la mísma. ¿porqué?>>
<<Porque no me has mirado en todo el almuerzo. He pensado que lo
mismo te sueltas la melena y pierdes la memoría. Dejas de conocer a la
gente.>>
Lo miré descarada y dejé el móvil en la mesa. Volvió a sonar.
<< ¿El café sigue en pie?. Lo mismo también se te ha olvidado.>>
Lo volví a mirar y le sonreí.
<<SÍ el café sigue en pie. Luego te habló como te dije.>>
<< Vale. Despídete de mi al menos.>>
<<Hasta después. Berto.>>
<<NO. Me refiero, a ahora cuando te vayas.>>
Miré a Carlota que no se había percatado de nada porque estaba
entretenida poniendo la opinión del restaurante en TripAdvisor. Llegó la
cuenta, pagamos a medias aunque Carlota se quejó.
Nos trajeron unas copas con sorbete de limón con una galleta LOTUS arriba.
Las dos nos miramos extrañadas y nos dijo la joven de ojos verdes, que
invitaba el chico de la mesa de al lado. Las dos lo miramos y Carlota le dijo
gracias por las dos en alto. La madre se giró y nos miró, reconoció a Carlota,
la saludó con un gesto amable pero a mí ni me miró.
Nos bebimos el sorbete y al levantarnos me atusé el pelo, cogí mi bolso y al
pasar por la mesa de él le dí las gracias por el sorbete. Después le dije que
luego lo veía, la madre me miró con una cara de acelga remilgada y con
unos aires de superioridad que me dejaron más claro mis pensamientos y
suposiciones. El hombre en cambio tenía el semblante serio pero nos
sonrío amable.
Berto se levantó.
- Os acompañó a la puerta. Mamá salgo a fumar. -posó su mano en mi
espalda, y fue detrás de mí-.
Al salir y sentir el aire fresco hasta me alivió, porque el ambiente se
convirtió denso allí dentro de pie delante de la mesa de los bucles
perfectos.
Enseguida saqué mi paquete de tabaco Nobel, y él el suyo.
Le ofreció a Carlota que casi nunca fumaba pero accedió a coger uno.
Al ponerme el cigarro en los labios se acercó con su zippo y me lo encendió
mirándome a los ojos.
-Me gustas con el pelo suelto, estas muy guapa. - le dí la primera calada
mirandoló, y casi le eché todo el humo en la cara de lo cerca que estaba-.
¡¡Vaya casualidad!! No me imaginaba que os encontraría aquí.
- ¿Por qué? ¿No tenemos suficiente caché para comer aquí?
- Malena...
- No Carlota, dejalá, que diga lo que quiera. Sí es lo que piensa.
- Pues sí lo pienso ¿y sabes porqué? -Le dí otra calada al cigarro-.
- ¿Por qué Malena?
-Porque parece ser que aquí sólo pueden venir a comer los de vuestro
estatus.
- ¿Y cuál es nuestro estatus?
- No sé, preguntalé a tú madre cuando entres de nuevo, que me ha mirado
un poco... rara.
- Malena mí madre no es de mi especial agrado, es mi madre sí, pero no
compartimos nada en absoluto, y menos en lo que se respecta a mujeres.
ELLA es así. Si te a incomodado te pido disculpas. -me tocó el brazo en un
gesto amable-.
- Vale, perdonamé tú a mí también, lo mismo me pasado un poco. Lo
siento.
- Bah, olvidaló. Luego pagas tú las copas y ya...
- ¡Eh! ¿no era un café?
- Bueno... donde dije digo ahora digo Diego... - se echó a reir-. Además, no
creó que te aptezca un café después de un tatuaje... -me miró burlón-.
- ¡¡Ostias!! el tatuaje... se me había olvidado por completo, Malena.
Miré el reloj, eran las cuatro menos veinticinco.
-Vamos bien de tiempo, vayamos a recoger a Lili.
- Si no fuera porque estamos celebrando el cumpleaños de mí madre y me
parecería muy feo irme a medio comer; me iba ahora mismo con vosotras.
Malena, ¿te veo después? -se encaminó hacía la puerta del restaurante con
las manos en los bolsillos-.
- Si, claro. Te habló después. -Tiré la colilla al suelo y la pisé, el hizo lo
mismo-.
- Vale, pues hasta después.
Nos dirijimos hacía donde Carlota tenía el coche aparcado. Y el seguía de
pie mirándonos desde la puerta. Al montarme en el coche lo miré, y le dije
adiós con la mano levantada. Me respondió de la misma manera. Se quedó
allí plantado en la misma posición hasta que nos vió irnos y alejarnos.
- Se le ve que le gustas, Malena.
- Creó que es mejor que no me planteé nada con él. Amigos y nada más.
Carlota, ¿tú has visto la mirada que me ha hechado la madre?.
- ¿Y tú lo has oido?, le da igual lo que su madre piense, sí a él le da igual
debes pasar tú también.
- Ya, pero... nosé Carlota. Bueno póngamos música.
Estuvimos cantando hasta la puerta de Lili las canciones de la GOZADERA
FM.
Lili estaba con su bolso colgado en el brazo, esperandónos en la puerta de
su casa junto a su marido. Me daban envidía, pero de la buena. Llevaban 40
años juntos y estaban enamoradísimos. Él la cuidaba como nadie. Era un
caballero de los pies a la cabeza, como decía ella.
- Hola señora Lili. ¿Está usted preparada para lo que va a hacer?- le dije por
la ventanilla del coche-.
Ella se reía, era risa nerviosa. Que tierna. Parecía una niña de 16 años con
su primer tatuaje, y él el chico de 17. La besó y le abrió la puerta del coche.
- Haber que liais por allí. Cuidádmela. Lili te veo después, voy al Bar
Hopento a tomarme el café y a jugar al dominó .
- No se preocupe Ignacio, cuidaremos de ella. Hasta luego.-Dijo Carlota-.
- Ignacio el azúcar, no comas magdalenas, dile que te pongan el café
pelado. - Nos echamos a reir-.
- Si Lili... sí. Hasta luego niñas.
- Adiós señor Ignacio. - dijimos al unisóno-.