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Opinión - 16 marzo, 2025
Valledupar ciudad de obras, ¿ciudad de progreso?
La gran transformación de Valledupar no será medible por la altura o grandeza de
sus monumentos ni por el largo y el ancho de sus avenidas, sino por la solidez y
firmeza de sus instituciones, la eficacia, eficiencia y efectividad de sus políticas
públicas sostenibles y el bienestar de los ciudadanos.
Foto panorámica de Valledupar. Informe de Valledupar cómo Vamos.
En la situación contemporánea de la municipalidad de Valledupar, se ha
observado una tendencia repetitiva y poco saludable en la administración
pública que privilegia o centra su atención en la materialización de obras físicas
como principal indicador de la gestión. Este fenómeno, que podríamos
denominar “el síndrome del concreto o del cemento“, se caracteriza por una
orientación y priorización exclusiva en la ejecución de infraestructuras visibles,
con el propósito de mostrar resultados tangibles y perdurables en el panorama
urbanístico de la ciudad.
Con esto, innegable que las obras públicas desempeñan un papel muy
fundamental en el desarrollo de las ciudades. Sin desmeritar la contribución al
mejoramiento del urbanismo, elevando la calidad de vida de los ciudadanos al
proporcionar espacios prácticos, funcionales y estéticamente agradables.
Empero, centrar la gestión pública única y exclusivamente en la construcción de
infraestructuras puede conducir a una visión muy reduccionista de las
verdaderas necesidades de la comunidad.
Este enfoque limitado puede estar motivado por el deseo de las autoridades de
dejar una huella visible de su administración, perpetuando sus nombres en
placas conmemorativas y buscando el reconocimiento inmediato; la más pura
vanidad administrativa y el legado político. No obstante, ¿es esta la manera más
efectiva de abordar las problemáticas que aquejan a nuestra ciudad? ¿Acaso la
verdadera esencia de la administración pública no reside en la implementación
de políticas integrales que atiendan las necesidades sociales, económicas y
culturales de la población?
La gestión pública debe trascender la mera ejecución de obras físicas. Es
imperativo que las autoridades locales desarrollen políticas públicas sólidas que
aborden de manera integral los desafíos que enfrenta Valledupar. Esto incluye la
promoción de la educación, el fortalecimiento de la seguridad, el impulso al
empleo, la mejora de los servicios de salud y la protección del medio ambiente,
entre otros aspectos fundamentales.
En este contexto, el concepto de desarrollo sostenible adquiere una relevancia
ineludible. La sostenibilidad no solo implica la protección de los recursos
naturales, sino también el diseño de un modelo de crecimiento que garantice el
bienestar de las generaciones presentes y futuras. Un desarrollo inteligente debe
ir más allá del cemento y el concreto: debe basarse en una planificación
estratégica que articule los recursos financieros, humanos y tecnológicos con
las verdaderas necesidades de la comunidad.
El desarrollo sostenible aplicado a la gestión pública requiere una gobernanza
eficiente y participativa. Las entidades territoriales deben dejar atrás el modelo
de “gestión visual” y adoptar uno basado en datos, diagnósticos técnicos y
participación ciudadana. La planificación territorial debe considerar el
crecimiento demográfico, la movilidad sostenible, la inclusión social y el uso
eficiente de los recursos públicos. ¿De qué sirve inaugurar imponentes avenidas
si no se resuelven problemas estructurales como el acceso a la educación, el
desempleo juvenil o la crisis hídrica?
Además, la participación ciudadana es esencial en la formulación y ejecución de
estas políticas. Involucrar a la comunidad en la toma de decisiones garantiza que
las acciones gubernamentales respondan a las verdaderas necesidades y
aspiraciones de la población, fomentando un sentido de pertenencia y
corresponsabilidad.
Es necesario cuestionar dentro de nuestra objetiva cavilación si la proliferación
de obras públicas, sin una planificación adecuada y sin estar respaldadas por
políticas integrales, realmente contribuye al bienestar y el progreso de la
ciudadanía. ¿Estamos construyendo una ciudad para ser admirada
superficialmente o una comunidad sólida y resiliente que prospere en todos los
ámbitos? ¿Queremos solo apariencias o sostenimiento sobre un crecimiento
debidamente planificado e inteligente?
La gran transformación de Valledupar no será medible por la altura o grandeza de
sus monumentos ni por el largo y el ancho de sus avenidas, sino por la solidez y
firmeza de sus instituciones, la eficacia, eficiencia y efectividad de sus políticas
públicas sostenibles y el bienestar de los ciudadanos.
La historia no hará -jamás- recuerdo de quienes llenaron la ciudad de placas
conmemorativas, sino de quienes lograron construir un futuro con equidad,
sostenibilidad y una visión integral de desarrollo y prosperidad. Los políticos,
recuerden, que el cemento se agrieta con el tiempo, pero una gestión inteligente
y planificada deja una huella imborrable en el corazón de una sociedad,
verbigracia: Rodolfo Campo Soto, Aníbal Martínez Zuleta, José Guillermo “Pepe”
Castro; entre otros.
Por Jesús Daza Castro
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