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El dilema de identidad en el caso Marcos

El caso Marcos presenta la situación de un niño enfermo que necesita un trasplante de médula ósea, pero su hermano biológico, Marcos, se niega a ser donante debido a su identidad construida con su familia adoptiva. Este conflicto plantea dilemas éticos sobre la exigibilidad de la solidaridad y el respeto a la autonomía personal. La discusión se centra en la construcción social de la identidad y el derecho de Marcos a decidir sobre su propio cuerpo y su conexión con su familia biológica.

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El dilema de identidad en el caso Marcos

El caso Marcos presenta la situación de un niño enfermo que necesita un trasplante de médula ósea, pero su hermano biológico, Marcos, se niega a ser donante debido a su identidad construida con su familia adoptiva. Este conflicto plantea dilemas éticos sobre la exigibilidad de la solidaridad y el respeto a la autonomía personal. La discusión se centra en la construcción social de la identidad y el derecho de Marcos a decidir sobre su propio cuerpo y su conexión con su familia biológica.

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El caso Marcos.

El problema de la Identidad
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El problema de la Identidad

Reproducimos aquí un caso enviado por el Area de Bioética del Ministeriode Salud de la
Pcia. de Córdoba, que se trató en el año 2008.

CASO MARCOS

Pablo es un niño de 12 años de edad con diagnóstico de Anemia de Fanconi desde lo 2


años, su estado de salud se ha deteriorado significativamente por las alteraciones
hematológicas características de su patología.

Hace 25 días que se encuentra internado en una institución pediátrica y los profesionales
que lo atienden han planteado a sus padres la posibilidad de un Transplante de médula
como única alternativa terapéutica.

Pablo es el menor de los hijos de Juan y Mónica. Esta familia vive en una pequeña ciudad
del sur de la Provincia de Córdoba. Juan es empleado del Banco y Mónica es docente.
Viven en una casa modesta que es propia, junto a su otra hija de 14 años y a la Madre de
Mónica.

La familia acepta someterse a los estudios correspondientes a fin de determinar si hay


compatibilidad con Pablo y así seleccionar un donante de médula ósea, que es el
tratamiento propuesto. De los estudios realizados se determina que ninguno de los tres es
compatible.

Frente a esta situación, se plantea la posibilidad de la búsqueda de un niño (ya adulto) que
Mónica y Juan tuvieron en su adolescencia y a quien cedieron, al no poder asumir esta
situación. Ese niño, entregado al nacer, tiene en este momento 22 años. Mónica y Juan
tuvieron algo de información sobre él hasta los 2 años y luego perdieron todo contacto. La
Madre de Mónica, es la persona que conoce a la familia de crianza de este joven y logra
comunicarse con ellos a fin de entrevistarse con su nieto y solicitarle se someta a los
exámenes necesarios para el estudio de compatibilidad.

Marcos tiene efectivamente 22 años, trabaja en un taller mecánico y está estudiando


electrónica. Este joven conoce su situación pero nunca se contactó con sus padres
biológicos. El estudio permitiría certificar la filiación, conocer su origen biológico y si
hubiere compatibilidad ser el donante de su hermano biológico.

Frente a esta propuesta, Marcos rechaza absolutamente esta solicitud. Él asume a sus padres
de crianza como su familia y no quiere información de sus orígenes ni contactarse por
ninguna causa con su familia biológica. La familia de crianza de Marcos está decidida a
apoyar a Marcos en cualquier decisión que tome.
Los padres de Pablo, plantean al médico la posibilidad de exigir la realización de los
estudios frente al pronóstico del niño. Y el profesional plantea el caso al Comité de
Bioética.

Problemas detectados

Sociales: familia biológica fragmentada, desinterés en establecer comunicación por años.


Vulnerabilidad de los niños (los dos) frente a las decisiones de los adultos que los
involucra.

Éticos: exigibilidad de solidaridad. El ser humano como medio y no como fin en sí mismo.

Valores: vida, identidad, integridad (psi), libertad, salud, bienestar, solidaridad.

Derecho: identidad, intimidad, salud, integridad.

Principios: autonomía, beneficencia.

Discusión:

El nudo del problema de este caso radica en la negativa de Marcos para realizarse un
estudio de sangre y potencialmente ser donante de médula ósea de su hermano biológico.

El fundamento de este rechazo es la convicción de Marcos acerca de su identidad


construída en un marco histórico referencial y con el cual se identifica totalmente.

Concepto de identidad

Para los filósofos modernos (Locke – Leibniz) desde un aspecto de mismidad individual
basada en la memoria, la auto-conciencia y el auto-reconocimiento, la identidad es la fuente
de la responsabilidad moral Sin embargo la inclusión de la identidad en este razonamiento
es forzada, ya que no había necesidad de que hicieran depender la identidad de la memoria
y autoconciencia sino simplemente relacionar la responsabilidad con el auto-
reconocimiento, y éste con la memoria.

Ya en el siglo XX el concepto de identidad cualitativa, de Tugendhat ha destacado el


carácter subjetivo de las cualidades que constituyen la identidad y el hecho de que ellas
pueden cambiar. La identidad cualitativa responde a la pregunta acerca de lo que cada
cual le gustaría ser. La respuesta a esta pregunta puede estar influida por el pasado, pero
se refiere básicamente al futuro. Las cualidades que constituyen la identidad son lo que
Aristóteles llama «disposiciones», que consisten en la capacidad para actuar de una
manera particular. Erikson afirma que el medio social juega un rol fundamental en su
construcción y de que para contestar la pregunta «¿quién quisiera ser yo?» el juicio de los
otros es crucial.

Si la identidad no es una esencia innata dada sino un proceso social de construcción, se


requiere establecer los elementos constitutivos a partir de los cuales se construye:
Primero, los individuos se definen a sí mismos, o se identifican con ciertas cualidades, en
términos de ciertas categorías sociales compartidas. Al formar sus identidades personales,
los individuos comparten ciertas lealtades grupales o características tales como religión,
género, clase, etnia, profesión, sexualidad, nacionalidad, que son culturalmente
determinadas y contribuyen a especificar al sujeto y su sentido de identidad. En este
sentido puede afirmarse que la cultura es uno de los determinantes de la identidad
personal.

En segundo lugar esta el elemento material que en la idea original de William James
incluye el cuerpo y otras posesiones capaces de entregar al sujeto elementos vitales
de auto-reconocimiento. La idea es que al producir, poseer, adquirir o modelar cosas
materiales los seres humanos proyectan su sí mismo, sus propias cualidades en ellas, se
ven a sí mismos en ellas y las ven de acuerdo a su propia imagen. Como lo decía
Simmel: Toda propiedad significa una extensión de la personalidad; mi propiedad es lo
que obedece a mi voluntad, es decir, aquello en lo cual mi sí mismo se expresa y se realiza
externamente. Y esto ocurre antes y más completamente que con ninguna otra cosa, con
nuestro propio cuerpo, el cual, por esta razón, constituye nuestra primera e indiscutible
propiedad.

En tercer lugar, la construcción del sí mismo necesariamente supone la existencia de


«otros» en un doble sentido. Los otros son aquellos cuyas opiniones acerca de nosotros
internalizamos. Pero también son aquellos con respecto a los cuales el sí mismo se
diferencia, y adquiere su carácter distintivo y específico. El primer sentido significa que
«nuestra auto-imágen total implica nuestras relaciones con otras personas y su evaluación
de nosotros». Las identidades vienen de afuera en la medida que son la manera de cómo
los otros nos reconocen, pero vienen de adentro en la medida que nuestro auto-
reconocimiento es una función del reconocimiento de los otros que hemos
internalizado. Dicho de otro modo: la construcción de la identidad es un proceso de
reconocimiento Inter-subjetivo.

Una identidad bien integrada depende de tres formas de reconocimiento:

amor o preocupación por la persona,

respeto a sus derechos y

estima por su contribución.

Pero el desarrollo de estas formas de relación con el sí mismo para cualquier individuo,
depende fundamentalmente de haber experimentado el reconocimiento de otros, a
quienes él también reconoce.

El auto-reconocimiento que hace posible la identidad, de acuerdo a Honneth, toma tres formas:
auto-confianza,
auto-respeto y
auto-estima.
Honneth, argumenta que hay tres formas de falta de respeto concomitantes con las tres
formas dc reconocimiento que pueden contribuir a la creación de conflictos sociales y a una
«lucha por el reconocimiento», en sectores que están deprivados de esas formas de respeto.

La primera forma de falta de respeto es el abuso físico o amenaza a la integridad física,


que afecta la confianza en sí mismo.

La segunda, es la exclusión estructural y sistemática de una persona de la posesión de


ciertos derechos, lo que daña el respeto de sí mismo.

La tercera, es la devaluación cultural de ciertos modos de vida o creencias y su


consideración como inferiores o deficientes, lo que impide al sujeto atribuir valor social o
estima a sus habilidades y aportes.

La reacción emocional negativa que acompaña estas experiencias de falta de respeto


(rabia, indignación) representa para Honneth la base motivacional de la lucha por el
reconocimiento: «porque es sólo al reconquistar la posibilidad de una conducta activa que
los individuos pueden deshacerse del estado de tensión emocional a que son sometidos
como resultado de la humillación».

La identidad también presupone la existencia de otros que tienen modos de vida, valores,
costumbres e ideas diferentes. Para definirse a sí mismo se acentúan las diferencias con los
otros. La definición del sí mismo siempre envuelve una distinción con los valores,
características y modos de vida de otros. En la construcción de cualquier versión de identi-
dad, la comparación con el «otro» y la utilización de mecanismos de diferenciación con el
«otro» juegan un papel fundamental: algunos grupos, modos de vida o ideas se presentan
como fuera de la comunidad.

Principios: autonomía, beneficencia.

La autonomía como manifestación de libertad individual y expresión de la autonomía


moral las personas (para fundamentar la bioética) es uno de los principios fundantes
de la bioética anglosajona.

Diego Gracia propuso la jerarquización de los principios en dos niveles que definen las
dimensiones de la vida moral. Un primer nivel de orden público que incorpora el principio
de justicia y el de no maleficiencia; y un segundo nivel de orden privado que incluye el de
autonomía y beneficencia.

El primer nivel es deontológico, universal, corresponde a una ética de mínimos, es


exigible. El segundo nivel es específicamente moral, corresponde una ética de
máximos, corresponden a deberes imperfectos, no son exigibles.

Cierre

La capacidad para actuar de una manera particular es lo que Aristóteles llama


«disposiciones» y se refieren a las cualidades que constituyen la identidad. Los filósofos de
la edad moderna (Locke – Leibniz) definían la identidad desde un aspecto de mismidad
individual basada en la memoria, la auto-conciencia y el auto-reconocimiento y afirmaban
que la identidad es la fuente de la responsabilidad moral.

A partir del siglo XX la identidad se define desde una aspecto cualitativo que responde a la
pregunta acerca de lo que a cada cual le gustaría ser, como un proyecto a futuro, en función
de los arreglos sociales en los cuales transcurre su elaboración, que puede ser cambiantes.

Si la identidad no es una esencia innata dada sino un proceso social de construcción, se


requiere establecer los elementos constitutivos a partir de los cuales se construye:

Determinantes de la identidad personal

La Cultura que identifica con ciertas cualidades, en términos de ciertas categorías sociales
compartidas

Toda propiedad significa una extensión de la persona Y esto ocurre antes y más
completamente que con ninguna otra cosa, con nuestro propio cuerpo, el cual, por esta
razón, constituye nuestra primera e indiscutible propiedad.

La existencia de «otros» con un doble impacto: aquellos cuyas opiniones acerca de nosotros
internalizamos. Y también aquellos con respecto a los cuales el sí mismo se diferencia, y
adquiere su carácter distintivo y específico.

Una identidad bien integrada depende de tres formas de reconocimiento:

amor o preocupación por la persona, que genera confianza en sí mismo,

respeto a sus derechos que se refleja en el respeto a sí mismo,

estima por su contribución que otorga el valor social al sujeto.

Pero el desarrollo de estas formas de relación con el sí mismo para cualquier individuo,
depende fundamentalmente de haber experimentado el reconocimiento de otros, a quienes
él también reconoce.

El auto-reconocimiento que hace posible la identidad, de acuerdo a Honneth, toma tres formas:
auto-confianza,
auto-respeto y
auto-estima
(Honneth) concomitantes con las tres formas de reconocimiento hay tres formas de falta de
respeto que pueden contribuir a la creación de conflictos individuales /sociales y a una
«lucha por el reconocimiento», en sectores que están privados de esas formas de respeto.

El abuso físico o amenaza a la integridad física, que afecta la confianza en sí mismo.


La exclusión estructural y sistemática de una persona de la posesión de ciertos derechos, lo
que daña el respeto de sí mismo.

La devaluación cultural de ciertos modos de vida o creencias y su consideración como


inferiores o deficientes, lo que impide al sujeto atribuir valor social o estima a sus
habilidades y aportes.

Dado que el cuerpo, como propiedad primera, y la internalización del reconocimiento de


otro en su doble impacto, forjan la identidad y el auto-reconocimiento, resulta lógico
sostener que Marcos tiene una identidad construída independientemente del lazo genético y
que por tanto ésta no merece ponerse en cuestión ni requiere acreditarse.

La identidad, que constituye un valor ontológico esencial del ser humano y que implica la
capacidad de proponerse fines y de proyectarse al futuro, refleja entonces la autonomía
moral del sujeto y su libertad de elegir. Esto impone el respeto a la identidad y genera un
derecho a poseerla y a ejercerla. Pero también porque podemos elegir debemos dar cuenta,
dar razones, responder, explicar nuestras elecciones. Somos responsables morales de
nuestra libertad de elegir, ante nosotros mismos y más aún cuando la acción u omisión
implican a terceros

En el caso de Marcos su negativa a una acción solidaria implica a un tercero.


La solidaridad es un valor de índole ético. Qué características tienen los valores éticos?
Sólo pueden atribuirse a las personas, se nos imponen como pautas de acción, sentimos que
debemos intentar realizarlos si no queremos perder la categoría de persona humana, dependen
de la libertad humana.
Considerando el nivel de mayor o menor incidencia social, hablamos de valores éticos
públicos o cívicos y de valores éticos privados o personales. Justicia y bien son los
valores fundamentales o básicos; todos los otros valores éticos no son sino concreciones de
éstos.

Valores éticos
Públicos o cívicos Privados o personales
Justicia / Bien
Igualdad
Amistad
Libertad
Autenticidad
Solidaridad
Felicidad
Tolerancia o respeto activo
Placer
Respeto a la naturaleza
Ternura
Disposición al diálogo
Creatividad
Paz
Profesionalidad

Llegados aquí debemos distinguir solidaridad de altruismo. El ALTRUISMO es la entrega


incondicional de una persona que provee a otra sin esperar reciprocidad. Es unidireccional
y jerárquico El mantenimiento del altruismo suele beneficiar a quien recibe a expensas de
quien entrega, lo cual deviene, con el tiempo, en una situación de explotación.

Por el contrario, la SOLIDARIDAD es una actitud basada en la ética de la reciprocidad,


donde las personas involucradas dan y reciben alternativamente. Por lo tanto es
bidireccional y paritaria. En nuestra sociedad altruismo y solidaridad comparten el mismo
pedestal pero no la misma ética, porque el altruismo favorece privilegios que la solidaridad
combate. Desde esta perspectiva podemos afirmar que la negociación resulta incompatible
con el altruismo pero no con la solidaridad.

[1] Ibid., p. 33

[2] Véase sobre esto K Hrikson, Identic, Youth and Crisis (London: Faber & Faber, 1968), p. 22.

[3] Georg Simmel, Sociología (Madrid: Espasa Calpe, 1939), p. 363.

[4] H. Gerth ant C. Wright Mills, Character and Social Structure (New York: Harbinger Books, 1964), p. 80.

[5] Véase Axel Honncth, The Struggle for Recognition (Cambridge: F’olity Press, 1995),

123. 118-123.

[6] Ibid., pp. 132-135.

[7] Ibid., p. 138.

[8] Véase Axel Honncth, The Struggle for Recognition (Cambridge: F’olity Press, 1995),

123. 118-123.

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