Casación en caso Rojas por tráfico de drogas
Casación en caso Rojas por tráfico de drogas
REGISTRO N° 2121/20.4
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Comenzó su presentación casatoria
cuestionando la validez del art. 9° de la Ley Nº
27.307, por entender que contraría el principio de
juez natural. En tal sentido refirió que la
composición del Tribunal, tal como ha sido legislada,
contraviene lo establecido en el art. 4 de las Reglas
Mínimas de las Naciones Unidas para la Administración
de la Justicia Penal (conocido como “Reglas de
Mallorca”). A su vez, indicó que la claridad del art.
18 de la Constitución Nacional, al establecer el
principio del Juez Natural, se encuentra violentado al
pretender como válida la opinión en solitario de uno
solo de los miembros del Tribunal Colegiado.
A su vez, planteó la inconstitucionalidad
del instituto de juicio abreviado por entender que los
acuerdos procesales resultan incompatibles con los
fines del derecho penal argentino. Señaló que una
contienda oral y pública entre partes enfrentadas en
un pie de igualdad, y ante un juzgador imparcial y
equidistante, frente al cual acusador y acusado
producen las pruebas con las cuales intentan sostener
sus respectivas hipótesis, conforman así la base
exclusiva sobre la cual debe fundarse la sentencia, y
que, por el contrario, el procedimiento negociado
supone la utilización de medios coercitivos por parte
de los órganos públicos para lograr la confesión del
imputado, el pronunciamiento de condenas fundadas
sobre la base de la confesión obtenida y las pruebas
reunidas durante la instrucción, y, todo ello, en el
marco de un proceso escrito y secreto.
Indicó que los "procedimientos abreviados"
ponen de relieve el abandono de las reglas propias del
modelo acusatorio en favor de prácticas con fuertes
rasgos inquisitivos, utilizándose una metodología
coactiva para lograr que el acusado admita su
culpabilidad y dispense al Estado de la necesidad y el
costo de probarla en juicio.
Subsidiariamente solicitó la reducción del
monto de pena dispuesto, en tanto señaló que su
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VI. El recurso resulta formalmente admisible
a la luz de los arts. 438, 456, 457, 459 y 463 del
C.P.P.N.
Ahora bien, ya he tenido oportunidad de
señalar que no puede afirmarse que el acuerdo
celebrado entre el imputado y el representante del
Ministerio Público Fiscal, homologado por el
magistrado, prive de interés jurídico al nombrado en
primer término para recurrir esa decisión
jurisdiccional, ya que no debe perderse de vista que
esa resolución acogiendo el avenimiento de las partes
debe siempre adecuarse al principio constitucional de
legalidad, que en caso ser violado, habilita a quien
demuestre el antes referido interés, a intentar su
reparación mediante la vía prevista por el art. 456
del C.P.P.N. (cfr. causa Nro. 1865 “Acostupa Juárez,
Javier Mariano y otros s/recurso de queja”, Reg. Nro.
2363, rta. el 29/12/99; causa Nro. 3719, “Luzardo,
Walter Fabián s/recurso de casación”, Reg. Nro. 5100,
rta. 14/08/2003).
Asimismo, la sentencia dictada en el
procedimiento abreviado debe satisfacer las exigencias
previstas en los arts. 399 y 404 del C.P.P.N.,
fundarse en las pruebas recibidas durante la
instrucción y, en su caso, en la conformidad del
imputado (art. 431 bis, inc. 5° C.P.P.N.).
En efecto, con la adopción del procedimiento
reglado por el art. 431 bis del C.P.P.N. se omite
solamente la realización del juicio oral, conservando,
en cambio, plena vigencia la garantía de acceso a una
instancia de revisión establecida en el art. 8.2, inc.
h, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y
el art. 14.5 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos (art. 75, inc. 22, de la
Constitución Nacional).
Corresponde entonces examinar los agravios
presentados en el recurso de casación interpuesto.
VII. Previo a ingresar al tratamiento de la
cuestión planteada por el impugnante, corresponde
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y 41 del C.P. Por ello, consideró pertinente imponerle
a Rojas la pena de cuatro (4) años y cinco (5) meses
de prisión, multa de cuarenta y siete (47) unidades
fijas, accesorias legales y las costas del juicio.
Que en fecha 13 de agosto de 2020 se celebró
la audiencia de visu prevista en el artículo 431 bis,
inc. 3, del C.P.P.N., donde el encausado manifestó
comprender cabalmente los hechos imputados y los
alcances de los acuerdos que suscribieron, aclarando
que no sufrieron ningún tipo de coerción para hacerlo
y que fue realizado de forma libre y voluntaria,
reconociendo como propia la firma inserta en el acta-
acuerdo celebrado.
Así, al no advertir el a quo vicio alguno que
pudiera afectar la libre disposición de su voluntad,
ni los supuestos que autorizaran el rechazo del
acuerdo realizado, resolvió llamar autos para
sentencia.
Al momento de expedirse, el Tribunal a quo
aceptó el acuerdo celebrado por el señor Fiscal y el
imputado asistido por su defensor. En dicha
oportunidad sostuvo que se encontraba acreditado en
autos que: “MAXIMILIANO EMMANUEL ROJAS entre los días
22 y 23 marzo de 2019, tenía en su poder y con fines
de comercialización, la cantidad total de 20,45 kilos
de marihuana, acondicionados en 30 envoltorios
embalados con cinta marrón, y un envoltorio de cocaína
con 19,02 gramos de cocaína. Por cierto, ese 22 de
marzo de 2019, mientras personal de la seccional San
Martín 1era. de la policía de la provincia de Bs. As.
recorría la jurisdicción en prevención de ilícitos,
observó a dos sujetos -a la postre identificados como
ROJAS y Diego Daniel Pinel- salir del domicilio de la
calle Intendente Casares 3011 de la localidad y
partido de San Martín con un bolso y una conservadora
que colocaron dentro de un vehículo Chrysler PT,
dominio IFO-687, mientras miraban para todos lados. La
requisa del rodado culminó con el secuestro de un
total de veinte envoltorios confeccionados con cinta
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causa “SALVATORE, Carla Yanina s/recurso de casación”
reg. 106/18.4, rta. el 12 de marzo de 2018). En dicho
proceso operan entonces tanto la normativa de
procedimiento vigente en nuestro régimen procesal
penal interno, como aquellas contenidas en las
diferentes fuentes del derecho internacional
pertinentes que regulan las garantías sustanciales del
proceso penal.
En efecto, el criterio de la gravedad del
delito ha sido el parámetro del que ha partido el
legislador argentino en el artículo 9 de la citada
ley, para establecer los delitos que deben ser
juzgados por un tribunal colegiado o unipersonal, toda
vez que tanto los incisos c) y d) del primer párrafo,
como de los incisos a) y b) del segundo párrafo,
abarcan supuestos delictivos de gravedad, ya sea en
orden a la pena privativa de la libertad con la que se
encuentran sancionados, o en razón de que fueron
cometidos por funcionarios públicos en ejercicio u
ocasión de sus funciones.
A su vez, la Corte Suprema de Justicia ha
considerado de particular importancia interpretativa
el trabajo realizado por el comité conformado a
petición de la Organización de Naciones Unidas, para
establecer las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas
para el Procedimiento Penal, cuyas conclusiones
constituyen las denominadas "Reglas de Mallorca"
(cfr.: Fallos: 328:1491 y 329:3034).
En ese documento se establece, entre los
Principios Generales del Proceso -en el apartado
Cuarto.4.-, que el juzgamiento en casos de delitos
graves deberá ser de competencia de tribunales
colegiados.
De este modo, se consolida un estándar
internacional que establece una interpretación de las
normas que legitima el análisis del sentido armónico
con el que debe aplicarse la ley argentina y que
contraría la aplicación restrictiva y limitadora,
excluyente del principio de juzgamiento por tribunales
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los términos que enmarcan el debate para que pueda
formarse válidamente la voluntad del órgano (cfr.:
Superior Tribunal de Justica Español, STC 215/2005,
del 12 de septiembre de 2005); y que, como bien señala
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en lo
pertinente al sentido del establecimiento de
tribunales colegiados, que sus integrantes pueden
significar, colectivamente, una garantía adicional de
sentencia justa (cfr. Fallo “Herrera Ulloa”, parágrafo
35). Sin embargo, en el caso concreto no se advierte
que la disposición de un tribunal unipersonal para la
resolución del conflicto haya implicado algún
perjuicio concreto al encausado y menos aún que ello
haya atentado contra el principio de juez natural.
Cabe recordar que la garantía de juez natural
tiene por objeto asegurar una justicia imparcial, a
cuyo efecto prohíbe substraer arbitrariamente una
causa a la jurisdicción del juez que continúa
teniéndola para casos semejantes, con el fin de
atribuir su conocimiento a uno que no la tenía,
constituyendo de tal modo, por vía indirecta, una
verdadera comisión especial disimulada (cfr. de
Nuestro Más Alto Tribunal, Fallos: 234:482, “Grisolia,
Francisco M.”).
Dicho principio emana expresamente de la
letra del art. 18 de Nuestra Constitución Nacional que
reza que nadie puede ser juzgado por comisiones
especiales al margen del Poder Judicial, y adquirió
mayor envergadura con el elevamiento a rango
Constitucional de ciertos instrumentos internacionales
como la Convención Americana sobre Derechos Humanos
(art. 75, inc. 22 de la C.N.), que en su art. 8, ap.1
prescribe que toda persona tiene derecho a ser oída
por un juez o tribunal competente, independiente e
imparcial.
Ahora bien, teniendo en cuenta el marco
normativo referido, cabe señalar que la resolución
recurrida ha sido dispuesta por aquel juez a quien
legalmente se le ha dado la potestad resolutiva en el
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impone la obligatoria celebración del juicio oral y
público, contradictorio y continuo.
Ahora bien, cabe recordar que, como lo ha
sostenido la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
“la declaración de inconstitucionalidad de una
disposición legal es un acto de suma gravedad
institucional, pues las leyes dictadas de acuerdo a
los mecanismos previsto en la Carta Fundamental gozan
de una presunción de legitimidad que opera plenamente,
y obliga a ejercer dicha atribución con la sobriedad y
prudencia, únicamente cuando la repugnancia de la
norma con la cláusula constitucional sea manifiesta,
clara e indudable” (Fallos 314:424; 319: 178; 266:688;
248; 73; 300: 241), y de “incompatibilidad
inconciliable” (Fallos: 322:842; y 322:919). Razones
que conllevan a considerarla como “ultima ratio” del
orden jurídico (Fallos 312:122; 312:1437; 314:407; y
316:2624), es decir, procedente “cuando no existe otra
modo de salvaguardar algún derecho o garantía amparado
por la Constitución” (Fallos 316:2624).
Y, asimismo, que el control de
constitucionalidad no incluye el examen de la
conveniencia y acierto del criterio adoptado por el
legislador (C.S.J.N., Fallos 253:362; 257: 127; 308:
1631, entre otros).
Entonces, el interesado en la declaración de
inconstitucionalidad de una norma no sólo debe
demostrar claramente de qué manera ésta contraría la
Constitución Nacional, sino que además debe probar el
gravamen que ello le provoca en el caso concreto
(C.S.J.N.: Fallos 310:211 y 324:754, entre varios
otros); por lo cual “es menester que precise y
acredite fehacientemente en el expediente el perjuicio
que le origina la aplicación de la disposición”
(Fallos 316:687).
Estudiado el recurso interpuesto a la luz de
los principios precedentes, resulta que el planteo de
inconstitucionalidad efectuado por el recurrente no
está debidamente fundado, lo cual sella la suerte de
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la presentación incoada.
En efecto, el cuestionamiento presentado sólo
traduce una mera discrepancia con el texto legal
sancionado, pero que en modo alguno alcanza a
demostrar su irrazonabilidad, y menos aún la
incompatibilidad constitucional que señala en el
supuesto de autos, por cuanto la mera enunciación
abstracta de que la disposición aplicada lesiona los
principios aludidos, no resulta idónea para considerar
suficientemente fundada su repugnancia manifiesta e
indudable con las cláusulas de rango constitucional
enumeradas.
En primer término, habré de señalar que el
juicio abreviado celebrado por las partes resulta, en
todos sus puntos, claro y conciso en relación a su
contenido y sus consecuencias futuras, y fue
refrendado por medio de las correspondientes firmas en
el dorso del acta tanto por el Fiscal, el señor juez y
el secretario interviniente; como por el imputado y su
defensa particular.
El acuerdo, cuyo contenido de ninguna manera
puede entenderse como oscuro o que pueda llevar a la
confusión de alguna de las partes en el aspecto en
cuestión, fue realizado por las partes, y, en lo
pertinente, los encausados prestaron un consentimiento
expreso.
Así, en la audiencia de visu prevista en el
artículo 353, quinquies, y conforme a lo dispuesto en
el en el art. 353, sexies, se le informó al encausado
de los alcances del instituto de juicio abreviado y se
le preguntó si comprendía sus efectos, a lo que
expresamente manifestó que sí. En tal sentido, el acta
de la audiencia obrante en autos da cuenta de que el
imputado dio expreso consentimiento al acuerdo
celebrado, y lo ratificó íntegramente, contando con un
fehaciente conocimiento sobre sus alcances y efectos.
Es más, en la audiencia de visu se procedió a dar
lectura íntegra del acta de acuerdo previo al firmado
y de la ratificación del mismo por parte del imputado
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y su defensor.
De lo hasta aquí expuesto se puede extraer
que el acuerdo celebrado por el señor fiscal de juicio
y el imputado y su defensor era claro en su contenido
y consecuencias, y fue realizado por medio de un
consentimiento expreso y carente de vicios por el que
el imputado ratificó in totum su contenido; incluso
luego de que el tribunal le informara sobre sus
alcances.
En definitiva, el acuerdo de juicio
abreviado no presenta vicios que permitan cuestionar
su contenido, o la validez de la conformidad prestada
por el encausado, por lo que la sentencia del a quo,
que basó en ello parte de su resolución, no resulta
inválida en estos respectivos aspectos.
En tal sentido, no demuestra el recurrente
cuál ha sido el concreto perjuicio que la aplicación
del procedimiento de juicio abreviado (acordado por el
imputado, que fue debidamente asistida por su
defensor), le ha ocasionado en el caso presente, sin
que su mera discrepancia posterior con el
procedimiento que él mismo avaló, resulte apta a los
fines de evidenciar el cercenamiento de las garantías
constitucionales que fueron simplemente deslizadas, y,
en tal sentido, para demostrar la arbitrariedad del
sustento del fallo en cuanto tiene por acreditada la
conducta por la que finalmente resultó condenado el
encausado.
En el caso se ha utilizado un mecanismo
legalmente establecido para abreviar el procedimiento,
que deja en manos del fiscal la solicitud de su
aplicación cuando estimare suficiente la imposicion –
en lo ahora pertinente- de una pena que no supere los
seis años de prisión, solicitando dicho funcionario la
pertinente condena. Ello, con la conformidad del
imputado, asistido legalmente, sobre la existencia del
hecho y la participación que le fue atribuida,
descriptas en el requerimiento de elevación a juicio
presentado por el fiscal, y la calificación legal
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Al delimitarse los alcances del acuerdo, el
sentenciante conserva la potestad de rechazar el
acuerdo en caso de considerarlo insatisfactorio, por
disentir con las valoraciones efectuadas por las
partes al momento de pactar o por creer necesarias
mayores precisiones en cuanto a los hechos traídos a
su consideración.
Esta facultad que retienen los sentenciantes
de examinar fehacientemente la calificación de los
hechos y apreciar libremente las pruebas traídas a su
conocimiento para así determinar lo ocurrido y
disponer una adecuada respuesta punitiva, permite
eliminar cualquier tipo de discrecionalidad, o abuso,
por alguna de las partes al momento de celebrarse el
acuerdo.
En efecto, teniendo en consideración lo
expuesto en los párrafos precedentes, se presenta
sustancial resaltar que los juzgadores han efectuado
en el caso un examen global y abarcativo de los
distintos elementos probatorios disponibles, evitando
fragmentarlos, de modo de conservar la visión de
conjunto y la correlación que, sin espacio para la
duda, han arrojado certeramente los distintos
elementos de cargo. En tal sentido, esto ha permitido
al Tribunal extraer sus conclusiones a la luz de los
criterios de la sana crítica racional, como correcta
derivación de las constancias de la causa.
En efecto, el a quo fundó su sentencia, en un
adecuado análisis del basto plexo probatorio en el que
no sólo se consideró el acuerdo celebrado entre el
señor fiscal de juicio y el imputados y su defensa, y
en cuya oportunidad Maximiliano Emmanuel Rojas
reconoció su participación en los hechos y su
responsabilidad penal por el delito endilgado –
tenencia de estupefacientes con fines de
comercialización-; sino que también valoró diversos
elementos de prueba válidos, legalmente introducidos
en el proceso.
Así, se valoró el acta que dio origen a las
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localidad de San Martín, provincia de Buenos Aires,
donde reside Maximiliano Emmanuel Rojas y que da
cuenta del secuestro de ocho envoltorios de color
marrón conteniendo en su interior marihuana y que
arrojaron un peso de 885 gramos, 650 gramos, 800
gramos, 890 gramos, 840 gramos, 625 gramos, 645 gramos
y 820 gramos cada uno; otros dos envoltorios
transparentes con la misma sustancia con un peso de
356 y 880 gramos cada uno; un envoltorio de nylon
transparente con 19,02 gramos de cocaína, en el sector
del comedor. El material secuestrado fue sometido al
pertinente reactivo químico que dio positivo para
marihuana y cocaína. También se incautaron tres
balanzas: una marca “Atma”, otra “SF400” y “Aguia
Ursu” y un DNI a nombre de Rojas. Las fotografías
obrantes en autos dan cuenta de la totalidad del
material secuestrado en la vivienda y el acta de visu
da cuenta de las balanzas incautadas.
Los testigos del referido allanamiento, Ángel
José Miguel y Enrique Alejandro Domineli ratificaron
las circunstancias de tiempo, modo y lugar volcadas en
el acta.
Por otro lado, se valoró la declaración
indagatoria de Diego Daniel Pinel -sobreseído en
autos-, quien dijo que el 22 de febrero de 2019 se
encontraba con el encausado Rojas conversando en el
pasillo del domicilio sito en la calle Int. Casares
3011, que le pidió que lo ayudara a llevar una
conservadora y un bolso afuera de su casa, conducta
que hizo sin saber el contenido de dichos elementos;
que colocó la conservadora en el asiento del
acompañante del vehículo de Rojas a pedido de éste y
se dirigió hacia su auto, y que cuando estaba por
retirarse se acercó una camioneta que circulaba a gran
velocidad, de la cual descendieron dos sujetos de sexo
masculino. En dicha oportunidad detalló que escuchó
decir a Rojas ante el requerimiento de estas personas
“tengo faso…un par de kilos”, y refirió que vio cómo,
tras el arribo de un patrullero con un testigo, se
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olvídate no pasa nada” (ver también fs. 107).
Por último, se valoró la declaración
indagatoria del encausado y el peritaje nro. 92.361
realizado por la División Análisis de Drogas de Abuso
de la Gendarmería Nacional Argentina que confirma que
las sustancias contenidas en los envoltorios
secuestrados en autos se trataban de marihuana y
cocaína, donde también se especificó su peso,
concentraciones, dosis umbrales que se pueden obtener
y demás características del estupefaciente.
Así, de la lectura del resolutorio impugnado
resulta que los magistrados sentenciantes han fundado
correctamente la condena del aquí recurrente en orden
a la figura de tenencia de estupefacientes con fines
de comercialización prevista en el art. 5, inc. “c”,
de la ley 23.737, conforme a los elementos de prueba
acumulados en el presente proceso.
En efecto, corresponde concluir que, en el
caso, independientemente de lo acordado por las
partes, el a quo fundadamente entendió que se
encontraban acreditados los elementos requeridos para
la configuración del tipo penal aplicado.
Así las cosas, de la argumentación
concretamente efectuada en la sentencia se desprende
la suficiencia de su fundamentación para arribar a la
conclusión sobre la materialidad y calificación legal
respecto a los hechos juzgados, habiendo sido, por lo
tanto, ligados mediante un razonamiento respetuoso de
las reglas de la sana crítica racional, sin cometer el
Tribunal de la instancia anterior en grado,
arbitrariedad alguna ni parciales consideraciones.
De tal forma, estudiado el recurso
interpuesto a la luz de los principios precedentes,
resulta que el planteo de inconstitucionalidad
efectuado por el recurrente no está debidamente
fundado, lo cual sella la suerte de la presentación
incoada.
En efecto, el cuestionamiento intentado sólo
traduce una mera discrepancia con el texto legal
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establece, en lo pertinente, que los tribunales
fijarán la condenación de acuerdo con las
circunstancias atenuantes o agravantes particulares a
cada caso y de conformidad a las reglas previstas en
el artículo 41, en el que se mencionan: “1° la
naturaleza de la acción y de los medios empleados para
ejecutarla y la extensión del daño y del peligro
causados”; y “2° La edad, la educación, las costumbres
y la conducta precedente del sujeto, la calidad de los
motivos que lo determinaron a delinquir, especialmente
la miseria para ganarse el sustento propio necesario
de los suyos, la participación que haya tomado en el
hecho, las reincidencias en las que hubiere incurrido
y los demás antecedentes y condiciones personales, así
como los vínculos personales, la calidad de las
personas y circunstancias de tiempo, lugar, modo y
ocasión que demuestren su mayor o menor
peligrosidad…”.
Tal como se sostuviera en varios precedentes
de esta Sala (in re “WOWE”, ya citada; y causa nro.
1785 “TROVATO, Francisco, Reg. Nro. 2614.4, rta. el
31/05/00; entre otras) las mencionadas directrices no
se pueden definir dogmáticamente de modo de llegar a
un criterio totalmente objetivo y casi mecánico, ya
que tal ponderación debe ser realizada en base a
variables que no pueden ser matemáticamente tabuladas
desde que nos hallamos ante un derecho penal de acto,
que incluye un juicio de reprobación jurídica, sin
contar con que el fondo de la tarea judicial, al menos
en su modelo ideal, impone al juez el dificilísimo
esfuerzo humano, que en modo alguno puede ser suplido
por una cuantificación determinada.
Sobre el significado de aquellos parámetros
fijados legalmente para la cuantificación de la pena,
cabe aclarar que si bien los mencionados en el primer
inciso del artículo 41 no se refieren directamente a
la peligrosidad del autor, no pueden catalogarse de
meramente objetivos, toda vez que en ellos existe una
referencia a la mayor o menor culpabilidad del autor
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y solicitaron al a quo la imposición a Maximiliano
Emanuel Rojas de la pena de cuatro (4) años y cinco
(5) meses de prisión, multa de 47 unidades fijas,
accesorias legales y costas del proceso, por resultar
autor del delito de tráfico ilegal de estupefacientes
en su modalidad de tenencia de estupefacientes con
fines de comercialización, (arts. 29, 45, del C.P. y
5, inc. c, de la ley 23.737).
Ahora bien, el Tribunal a quo al momento de
determinar el quantum de la pena en el marco de la
presente causa, decidió aplicar el monto punitivo
solicitado por las partes.
Tal decisión se encuentra sustentada de forma
fundada, a la luz de las pautas de mensuración
punitivas fijadas en los arts. 40 y 41 del C.P.
referidas precedentemente.
Para ello, los sentenciantes tuvieron en
cuenta, distintas pautas de mensuración. Como
atenuantes, computó la carencia de antecedentes
penales de Rojas, su edad y los datos volcados en el
informe socioambiental y el elaborado en la unidad
penitenciaria donde se lo aloja, y también la admisión
de los hechos y la voluntad de arribar al acuerdo de
juicio abreviado. También valoró el contenido del
informe médico forense y las demás pautas previstas en
los arts. 40 y 41 del C.P.
Pero, a su vez, integró esta mensuración con
la valoración, como pauta de agravación, de la
cantidad y calidad de la droga secuestrada en autos,
lo que, en definitiva, importó un dato del factum que
reveló, en su eficacia cuantitativa, la gravedad del
riesgo para el bien jurídico protegido por la norma –
la salud pública- y la sociedad toda.
En tal sentido, no resulta arbitraria la
ponderación de la específica cantidad de material
estupefaciente secuestrado -20 kilos de marihuana y 19
grs. de cocaína- y, con ello, la entidad de la
afectación del bien jurídico protegido por la norma –
la salud pública- que, en el caso, produjo la conducta
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CAMARA FEDERAL DE CASACION PENAL - SALA 4
FSM 18049/2019/TO1/CFC1
#34260944#271836801#20201027150936355
de haberse efectuado un razonable ejercicio del
derecho al recurso (arts. 530 y 531 in fine del
C.P.P.N. y 8.2.h de la C.A.D.H);
II. TENER PRESENTE la reserva del caso
federal efectuada.
Regístrese, notifíquese, comuníquese
(Acordada 5/2019 de la C.S.J.N.) y remítase aĺ
tribunal de origen mediante pase digital, sirviendo la
presente de atenta nota de envío.
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