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Reflexiones de un anciano en agonía

Jun Salle Stephol, un anciano de 96 años, reflexiona sobre su vida y su inminente muerte mientras se encuentra en un estado de agonía en medio de una guerra. Recuerda con dolor la violación y muerte de su esposa Míriam, así como su propia sufrimiento, cuestionándose el significado de su existencia. En sus últimos momentos, experimenta una confusión sobre su identidad y el ciclo de la vida, sintiendo miedo ante lo desconocido que le espera.

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Reflexiones de un anciano en agonía

Jun Salle Stephol, un anciano de 96 años, reflexiona sobre su vida y su inminente muerte mientras se encuentra en un estado de agonía en medio de una guerra. Recuerda con dolor la violación y muerte de su esposa Míriam, así como su propia sufrimiento, cuestionándose el significado de su existencia. En sus últimos momentos, experimenta una confusión sobre su identidad y el ciclo de la vida, sintiendo miedo ante lo desconocido que le espera.

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Bucle

Mi nombre es Jun Salle Stephol tengo 96 años y estoy en estado de agonía, sé


que no faltan muchos días para que la muerte venga a llevarme, no sé si tengo
miedo, he vivido el tiempo suficiente para cualquier persona, me equivoque,
me di cuenta de mis errores, reí, llore, probé de todo, me deprimí, viví
experiencias que no he olvidado y no sé cuál fue la razón de mi existencia,
¿Fue solo el haber disfrutado de estos momentos? ¿El sentir y vivir como
podía o quisiera? Quizá son respuestas que pueda resolver cuando me vaya de
este mundo… Pero ¿y si no hay nada?

Es doce de abril de 1843 y estamos en guerra, estoy solo aquí con una hoja
gastada y un lápiz que le saque punta con las piedras que hay a mi alrededor,
¿alguien podrá verlo? ¿A alguien le importará o se compadecerá de mí?, la
gente antes de esto me decía “¿Qué te preocupa? Ya viviste” pero ¿qué tal si
quiero vivir más? Pero no así, no aquí en una banqueta, con hambre, dolor y
frío, sin ruido a metros de distancia, tratando de mantenerme con vida en las
noches donde los animales se acercan, los mapaches han estado comiendo de
mi pierna herida y duele… Duele como el infierno.

Cuando cierro mis ojos logro recordar a Míriam, mi esposa, mi bella esposa,
los soldados la violaron interminables veces frente a mis ojos y después la
mataron, ella era solo una anciana, no puedo creer que le hicieran eso a su
cuerpo incluso ya muerto... Después también me violaron a mí.

Su sonrisa era una maravilla, cuando teníamos veinte años nos conocimos, las
cosas no eran mucho mejor, pero… Con ella si lo eran, era mi calma en la
tempestad como esa dulce caricia de tu madre cuando tenías miedo o esa gran
fuerza que te da en las madrugadas para crear mil planes, ella lo era todo para
mí, me alegro de que ya no esté en este lugar lleno de cenizas, lleno de
animales y olor a moho en todas partes, espero que esté en un lugar tan bonito
como ella.

—Jun, ven conmigo, toma mi mano, toma mi mano.

Una voz distorsionada se escucha en enfrente de mí, una sombra, más, no veo
más, todo es oscuro, tengo miedo, no siento mi cuerpo, no siento nada, siento
como si todos mis recuerdos empezaran a ser recapitulados, soy un bebe, un
niño llorón, un adolescente con sueños, un adulto enamorado, un viejo
solo...¿esta es mi vida? Pero si fue solo un instante, un instante, no...no la
borren, ¿por qué? Míriam... Mi dulce mi- ¿Quién? ¿Quién soy? Siento que
extraño algo, siento que no soy nada, ¿qué soy? ¿Dónde estoy? ¿Por qué todo
es negro? Veo una ¿luz...?

—¡¡Puje!!

¿Pujar? ¿Puedo pujar? No. La luz se hace más grande tengo miedo, tengo
miedo, no me saquen, no...no ¿Qué es esto? ¡¡suéltenme!! ¡No! ¿Quién fui?
No quiero nacer de nuevo ¿quién soy? ¿Quién soy?

—Hola mi pequeño Jun, no sabes cuanto esperaba para tenerte en mis brazos,
vas a ser un niño muy feliz ya verás.

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