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Significant - Shane Ricci

La historia sigue a Elle, una periodista que se ve atrapada en un mundo de glamour y peligros cuando se encuentra con Aaron LeBeau, un piloto de Fórmula 1 conocido como 'Wolf'. A pesar de sus promesas de no involucrarse emocionalmente, la atracción entre ellos es innegable y peligrosa, lo que plantea la posibilidad de una salvación o destrucción mutua. El relato explora temas de amor prohibido, secretos oscuros y la lucha interna de los personajes.

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Significant - Shane Ricci

La historia sigue a Elle, una periodista que se ve atrapada en un mundo de glamour y peligros cuando se encuentra con Aaron LeBeau, un piloto de Fórmula 1 conocido como 'Wolf'. A pesar de sus promesas de no involucrarse emocionalmente, la atracción entre ellos es innegable y peligrosa, lo que plantea la posibilidad de una salvación o destrucción mutua. El relato explora temas de amor prohibido, secretos oscuros y la lucha interna de los personajes.

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ÍNDICE

Sinopsis Capítulo 19
Aclaración Capítulo 20
Epígrafe Capítulo 21
Playlist Capítulo 22
Parte I: Hell- bent Capítulo 23
Capítulo 1 Capítulo 24
Capítulo 2 Parte II: Heaven-Sent
Capítulo 3 Capítulo 25
Capítulo 4 Capítulo 26
Capítulo 5 Capítulo 27
Capítulo 6 Capítulo 28
Capítulo 7 Capítulo 29
Capítulo 8 Capítulo 30
Capítulo 9 Capítulo 31
Capítulo 10 Capítulo 32
Capítulo 11 Capítulo 33
Capítulo 12 Capítulo 34
Capítulo 13 Capítulo 35
Capítulo 14 Capítulo 36
Capítulo 15 Capítulo 37
Capítulo 16 Epílogo
Capítulo 17 Agradecimientos
Capítulo 18
SINOPSIS
Aaron LeBeau irrumpe en mi vida como mi salvador. Pero no es un prín-
cipe. Es todo lo que no debería desear. Un peligro, que envía todas las
señales equivocadas mientras despierta todas las cosas correctas.

Aaron LeBeau.
Un alfa sin corazón.
Un piloto de Fórmula 1 invicto.
Un enigma oscuro.
Y el hombre que me atrapó en un acuerdo.

Se suponía que debía descubrir quién es, sin romper mis reglas.
No firmé para una pasión torrencial de un retorcido juego de roles del ca-
zador y la presa.
Ni para que nuestros demonios se atrajeran magnéticamente, nuestra quí-
mica fuera atormentadora, nuestras almas rotas se entendieran.
Le prometí que nunca sería suya, ni en cuerpo, alma y corazón.
Y esa es una promesa que él está empeñado en romper.

Amor.

Una palabra prohibida en nuestro vocabulario.

«Significativo».

Nunca ha sido una posibilidad para nosotros.

Una salvación mutua, o una destrucción mutua.


Romper o liberar al otro.
Curarse o desgarrarse.

Un juego fatal.
ACLARACIÓN

Este trabajo es de fans para fans, ningún participante de ese proyecto ha


recibido remuneración alguna. Por favor comparte en privado y no acudas
a las fuentes oficiales de las autoras a solicitar las traducciones de fans, ni
mucho menos nombres a los foros o a las fuentes de donde provienen estos
trabajos.

¡¡¡¡¡Cuida tus grupos y blogs!!!!!!


«Él es más yo mismo que yo. De lo que sea que estén hechas nuestras almas,
la suya y la mía son lo mismo.» ― Emily Brontë, Cumbres Borrascosas.
Play list

“Birthday”—Anne-Marie (Don Diablo Remix)


“Play With Fire”—Sam Tinnesz
“Who I am”—The Score
“Man or a Monster”—Sam Tinnesz
“Broken”—Isak Danielson
“Champion”—Bishop Briggs
“Oxygen”—Winona Oak & Robin Schulz
“Ocean Eyes”—Billie Eilish
“Inside My Love”—Delilah
“Heal”—Tom Odell

H
Hell-bent

Significativo (adjetivo)
Del lat. tardío significatīvus.

Sinónimos: Importante. Raro. Especial.


1. Lo suficientemente importante como para tener un efecto
y ser notable.
2. Tiene un significado secreto y especial.
3. Algo eterno e innegable
4. Aaron LeBeau.
Capítulo 1
Chocando contra ti

LAS BANDERAS ONDEAN CON ORGULLO EN EL CIELO. Los motores a toda a toda
velocidad mientras corren por la pista. La multitud vitorea con atronadores
rugidos.

Todo el mundo está aquí por algo.

Monte Carlo es conocido por su suntuoso lujo y sus invitados derrochadores.


Rezuma dinero. La élite se reúne en el Paddock1 VIP, el yate de gran tamaño,
para beber costoso champán junto a la piscina y fomentar sus conexiones.
Se fotografían junto a los pilotos de Fórmula 1, intercambian selfies entre
famosos y muestran deferencia a la realeza. La única carrera en la que par-
ticipan no es la que sucede en la pista, sino en la escala social.

Algunos de ellos están aquí por amor a las carreras. Para ver a los corredores
conducir apasionadamente, pasando frente a ti en un instánte. Sentir tu
cuerpo vibrar, el subidón de adrenalina recorriendo cada una de tus células.

1 El Paddock Club ofrece un lugar privilegiado por encima de los boxes de los equipos, con vistas directas a la línea de
salida y llegada y al pit lane. Los invitados también disfrutan de acceso a la zona entre bastidores de la F1, con entrevistas
virtual exclusivas a los pilotos, así como visitas guiadas a la pista
Los aficionados saltan, animando a los pilotos con sus banderas locales. Via-
jan de todo el mundo para asistir al Gran Prix de Fórmula 1.

No en mi caso.

No estoy aquí por la carrera, ni para la reunión social, incluso si viajé desde
Nueva York para el evento. Nina Braham, mi jefa, fría, exigente y autoritaria,
me envió como cebo para lograr lo imposible. Tener éxito o ser despedida son
mis únicas opciones.

Es imposible prepararse para lo irrealizable. Sólo tienes que ir a ciegas. La


revista Celebrity diría que nada es imposible si estás vestida para el papel.
Soy más del tipo Rapunzel. Desde que me gradué de la universidad, hace dos
años, escribo mi columna desde mi torre, también conocida como mi acoge-
dor apartamento de un dormitorio. No tengo glamour. Mi vida se podría re-
sumir en un padre ausente, una madre insatisfecha y un talento para cerrar
mi corazón.

Soy una solitaria, una introvertida que vive sin riesgos, pintando sobre lien-
zos que nunca verán la luz del día. Si fuera por mí, habría sido una artista
muerta de hambre, pero algunos sueños se rompen. Después de ser recha-
zada por muchas escuelas de arte, opté por lo segundo mejor: el periodismo.
Y ahora, no puedo darme el lujo de fallar en eso también.

Pero hoy es diferente. Es un nuevo comienzo. Un lienzo en blanco. Si estoy a


la altura de las expectativas poco realistas de Nina y probarme a mí misma,
aseguraré mi trabajo y mis ingresos. Me mezclo en esta tierra de abundancia,
arreglada con un ajustado vestido de cóctel azul marino, dejando al descu-
bierto mis largas piernas y mi cuerpo delgado pero atlético. La cantidad justa
de maquillaje, ligero e imperceptible, un toque de máscara de pestañas para
alegrar mis ojos color avellana. Mi cabello rubio miel se mece con el viento,
en armonía con la salvaje agitación de la multitud.
Tengo dos certezas. Uno, necesito esa entrevista. Dos, no tengo ni idea de
cómo conseguirla. La verdad es que probablemente no soy la persona ade-
cuada para esta tarea de Augías2. Nunca he trabajado duro para conseguir
una entrevista antes. Las personas estaban dispuestas y felices de hablar de
sí mismas. Confían en mi facilidad, considerándome como la típica chica
dulce de al lado. Que es en realidad por lo cual ella me eligió como cebo. Es
una prueba y no ser lo suficientemente buena, es algo que hoy no puedo
permitirme.

Salto de mi asiento cuando los hombres a mi lado gritan de emoción. Me


pongo de pie y me inclino hacia la rampa para observar la acción. El Fórmula
1 número 7 está dando la vuelta a toda velocidad, ejecutando maniobras
peligrosas para tomar la delantera. Prende fuego a la multitud al capturar
toda la atención. Conduciendo brutalmente, sin miedo, doblando la pista a
su antojo. Ese hombre es la razón principal por la que todos están aquí hoy.
Él es la obsesión de todos, hasta el punto en que lo odias profundamente o
lo adoras.

Es como un dios enojado, el conductor apodado “Wolf”3.

“Wolf” es conocido por sus carreras desafiantes. Imprudente e indomable,


podría ser la definición del pecado con un instinto asesino. A los veinticinco
años, ha adquirido años de victoria y años de conquistas. Tengo la teoría de
que las mujeres deben evitar a ciertos hombres a toda costa: el chico malo,
el soltero no disponible, el macho alfa... y por algún oscuro milagro, “Wolf”
encaja con todos ellos.

1. Un corredor salvaje con peligrosas habilidades de conducción.


Chico malo.

2. Guapo. Inaccesible emocionalmente. Multimillonario. Soltero no


disponible.

2 Se refiere a la tarea imposible de Hércules de limpiar los establos del Rey Augías en un solo día.
3 Lobo.
3. Poderoso. Misterioso. Oscuro. El Alfa

“Wolf” hace sus propias reglas y juega su propio juego. No ha dado ninguna
entrevista; su pasado no existe, completamente inaccesible. Ha aparecido en
cientos de titulares, pero sigue siendo un misterio. Posee un temperamento
tan acalorado en la pista y, sin embargo, he oído que una mirada suya con-
gelará tu alma y te hará someterte a él. Nunca lo conocí y, francamente, no
puedo entender cómo un hombre puede tener tal impacto en alguien. Dis-
tante, inalcanzable, si me preguntas, este hombre parece dañado. ¿Pero no
lo somos todos?

Despierto de mis pensamientos mientras la multitud jadea, la pista se queda


en silencio cuando “Wolf” intenta una maniobra peligrosa, ya que está co-
rriendo a toda velocidad. Está en una pelea en la chicane4 con Louis Harmil,
conocido como “Golden Boy” 5. Establece un ritmo vertiginoso, su carrera
contundente, intensa. No hay oportunidad de adelantarse en la pista y, sin
embargo, “Wolf” no reduce el ritmo. Mi corazón da un vuelco, mientras estoy
encandilada por lo valiente que es este hombre. Toma un giro brusco, te-
niendo total confianza en su auto cuando comienza a perder el control.

Chirrido de llantas.

El Aire silba.

Choque de metal.

“Wolf” golpea brutalmente las barreras. Se ve obligado a retirarse de la ca-


rrera. Todos comienzan a entrar en pánico. Estoy en shock; nadie puede salir
de un choque como ese sin lesionarse. Pero tan inhumano como “Wolf” pa-
rece ser, sale de su cabina, asegurándole a la multitud de que está bien.
“Wolf” rompe su casco con furia contra el suelo y avanza iracundo hacia su

4 Una chicane es una serie de curvas pronunciadas cuyo fin es reducir la velocidad. Es utilizado en circuitos de carreras
de vehículos motorizados.
5
Chico de oro.
pit. Su equipo se le acerca, pero él se marcha sin decir palabra, desapare-
ciendo por su paddock.

Los medios empiezan a exigir respuestas, ansiosos por resolver el enigma de


“Wolf” hasta el punto de olvidarse de la carrera que ocurre a su alrededor.
“Wolf”, el hombre que tiene todo el talento para convertirse en leyenda, pero
termina siendo retratado como un villano en un mundo lleno de héroes. Así
que es cierto. Sus patrocinadores se quejan de su falta de humanidad. Se
negó a tener un publicista, haciendo lo mínimo indispensable en su obliga-
ción de complacer a la multitud. Es inalcanzable, un rey invicto, hasta que
cometió este error en la pista. Un error que podría poner en peligro su
reinado. El corredor francés acaba de perder el Gran Prix en su ciudad natal.
Y en cuanto a mí, necesito averiguar cómo voy a ser capaz de encontrar una
excusa para hacer por lo que vine esta noche.

LA FIESTA POSTERIOR a la carrera es en Rubis Lounge.

Las listas de invitados VIP. Modelos y estrellas de cine. Celebridades depor-


tivas. Músicos y realeza. Se requieren bolsillos exclusivos, glamorosos, má-
gicos y profundos. Los pases individuales cuestan más de mil euros. Gasté
una cantidad significativa de dinero y usé las conexiones de mi jefa para
poder entrar aquí. Esta es mi última oportunidad...

En el salón abierto, los acróbatas realizan las danzas aéreas con sedas. El
club está repleto, la gente bailando, girando sus cuerpos. En cuanto a mí,
me quedo quieta, atrapada en medio de la fiesta, pensando que no he estado
en un lugar como este desde la universidad. En este momento, me siento
como una invitada en una de las fiestas de El Gran Gatsby. Fuegos artificia-
les, enormes botellas de champán, confeti: es otro nivel de grandeza. Y como
todas las grandes fiestas, hay alborotadores.
Mi estómago se revuelve al instante al ver el fantasma de mi pasado. No ha
cambiado: un suéter rosa sobre los hombros, una camisa Lacoste azul pá-
lido, su corte de pelo de la Ivy League y la misma mirada irritante y crítica
mientras toma un sorbo de su cóctel. Stephan. El hombre que me rompió en
todos los niveles, dejándome con cicatrices que no puedo olvidar.

La mirada de Stephan se encuentra con la mía, una sonrisa maliciosa en su


rostro. Mis piernas se petrifican. Cuando se acerca a mí, ya no escucho la
música, solo el sonido de mi corazón palpitante. Él no debería estar aquí, y
no estoy preparada para sorpresas no deseadas.

―Elle. ¿Qué estás haciendo aquí?― Indaga con su tono snob.

Me aclaro la garganta, pensando que esto tiene que ser una broma de mal
gusto. ―Estoy trabajando. ¿Qué hace un abogado en una fiesta de Fórmula
1?― No puedo dejar que todo el tiempo que he tomado para reconstruirme y
la confianza que he ganado se desmoronen. No puedo dejar que me alcance.
Ahora eres una mujer nueva, Elle.

―Contactos.― Se inclina hacia mí, su repulsivo aliento me paraliza―. Nos


vemos.― Sus ojos recorren mi cuerpo, antes de sonreír con crueldad—. “Mi
dulzura”.― Mi sangre se congela al escuchar el nombre cariñoso de mi pa-
sado. “Mi dulzura”. No llores, “mi dulzura”.

Me doy la vuelta, jadeando, temblando mientras me dirijo hacia la barra para


encontrar un asiento donde no pueda verme. Llamo al camarero. Necesito
algo fuerte para escapar de mi pesadilla y sus palabras resuenan en mi
mente.

Pasan los minutos, el alcohol fluye a través de mi sistema y noto que todos
están pasando el mejor momento de sus vidas. Las parejas se besan, la gente
hermosa coquetea, los amigos se ríen. ¿Y yo? También podría enviar mi re-
nuncia. Me estoy esforzando demasiado por borrar a la dulce y débil Elle,
pero no estoy segura de que sí la rota Elle sería una mejor compañía. Al
menos, ésta no siente.
Me enviaron como cebo, pero atraje al pez equivocado.

Un pez que necesito olvidar.

―Algo fuerte ―ordena un hombre con una voz ronca y deliciosa, mientras se
sienta a mi lado como si hubiera escuchado mis pensamientos.

Capta mi atención. Sus cejas se juntan mientras su mirada se detiene en mi


dirección. No puedo mirar hacia otro lado. Estoy, por una razón desconocida,
hechizada. Su mirada penetrante es de un azul océano profundo, que con-
trasta con su cabello negro brillante. Una hebra rebelde está en su frente
mientras una sonrisa lenta y letal se extiende en sus labios. Es ilegible, te-
nebroso y grita con todos los matices de oscuridad y conflicto como si estu-
viera sosteniendo las puertas del infierno dentro de él.

Noto su cuerpo esculpido debajo de su esmoquin azul claro. Tiene las carac-
terísticas de un dios griego. Un dios griego con problemas, rodeado por un
aura magnética y poderosa, extremadamente oscura y desagradable. Una
mandíbula masculina perfecta con pómulos cincelados, labios carnosos y
una nariz recta. Vacía su vaso de un solo trago antes de girar su cuerpo para
mirarme.

―Él no vale la pena.― Me observa con intensidad, inclinando la cabeza, antes


de lamerse el labio superior seductoramente como un depredador ansioso
por saborear a su presa.

Arqueo mi ceja. ―¿Disculpa?

―Esa lamentable excusa de hombre en el que estás pensando.― afirma con


voz áspera, seguro de sí mismo.

―No hay hombres en mi mente.― Tomo un sorbo de mi bebida, tratando de


apartar la vista de su mirada magnética. No debería haber dicho eso. Sim-
plemente le di luz verde para que se acercara a mí, pero después de todo, era
lo que quería.
Sus ojos, oscurecidos por el deseo, recorren la longitud de mi cuerpo. Mi
pulso se acelera, mis labios se sienten repentinamente secos mientras cierro
mis muslos con fuerza, resistiendo su abrumador encanto. No estoy acos-
tumbrada a que me vean, a ser interpretada. No vine aquí para coquetear,
vine aquí para salvar mi trabajo, para conseguir esa entrevista. Pero, de
nuevo, soy incapaz de decidir si el momento es perfectamente incorrecto o
perfecto.

―Bien.― Se inclina más cerca de mí, su olor masculino embriaga mis senti-
dos―. De lo contrario, me habría ofrecido a joderlo.

Jadeo ante su comentario directo. Él no está avergonzado. Él está disfru-


tando esto, incluso. El fantasma de una sonrisa se extiende por su rostro,
analizando mi reacción. Es una mezcla de hielo y calor, de prohibido y nece-
sidad. Un aventurero con la belleza de un ángel. Yo era el cebo, se suponía
que debía atrapar al inaccesible. Pero en cambio, él me atrapó.

Él es el cazador.

Yo soy la presa

“Wolf”.
Capítulo 2
Obsesión

ACABO DE CHOCAR CON EL HOMBRE QUE IRRADIA DOMINIO. El hombre que es el


mismo epítome del peligro. Peligrosamente oscuro. Peligrosamente atractivo.
“Wolf”.

“Wolf”, cuyo verdadero nombre es Aaron LeBeau.

El hombre que he querido conocer desesperadamente todo el día.

El hombre por el que estoy aquí.

―Chocaste tu auto hace rato. Parece que tienes tus propios problemas que
resolver.

―Ay.― Se muerde el labio inferior, la comisura de su boca se curva en una


sonrisa divertida. Acabo de despertar su interés. Algo me dice que no está
acostumbrado a que la gente se enfrente a él. Está acostumbrado a ser do-
minante, a salirse con la suya.

―Supongo que me lo merecía ―admite―. Está bien. Arruiné por completo mi


carrera. Pero aparentemente la miseria ama la compañía.
―Aparentemente.― Y esta noche, la miseria nos encontró a “Wolf” y a mí―.
Algunas cosas es mejor... olvidarlas.

―No podría estar más de acuerdo ―afirma―. Tengo muchas ganas de cono-
cerla esta noche, señorita… ―respira profundo, esperando me presente.

―Elle. Monteiro.

Su mirada penetrante reclama mi cuerpo, sin ocultar el hecho de que me


está desnudando en su cabeza. En un segundo, tiene el poder de hacerme
sentir desnuda, sumergiéndose en mi alma.

Las palabras de Nina vuelven a mi cabeza. ―Haz que hable. Es solo un hom-
bre.― Pero Aaron no es solo un hombre. Los medios lo retratan como un
depredador. Hace de las mujeres sus conquistas de una noche, ellas se en-
tregan a él mientras él no entrega nada. ―Encuentra su debilidad, trata de
conseguir la entrevista por cualquier medio ―ordenó. Otros lo han intentado,
él no tiene empatía, asustándolos, lo que le dio el título del “corredor sin
corazón”. Muchas revistas se han puesto en contacto con él y, sin embargo,
él las ha rechazado a todas, sin importarle la mala prensa. No, no puedes
engañar a un hombre como “Wolf”.

Lo único que puedo esperar a tener de él es su atención. Y me la dio. Pero


temo lo que tendré que hacer para conservarla. “Wolf” tiene algún tipo de
poder que emana de él. Una oscuridad en la que quiero perderme y que me
aterroriza. Esa atracción no deseada está jugando en mi contra.

Podría ser una especie de dios griego, pero yo soy un mortal.

Y los dioses usaron a los mortales. No es de otra manera.

―Elle.― La forma en que mi nombre sale de su lengua, tan dulce y suave, me


hace sentir sensual―. ¿Hacemos que esta noche sea mejor para los dos?― Se
levanta de su asiento antes de inclinarse hacia mí, con el codo en la barra.
―Estás acostumbrado a conseguir lo que quieres, ¿no?― Inclino mi cabeza,
mi corazón late con fuerza, dándome cuenta de que ahora estoy jugando en
las grandes ligas.

Él cierra la distancia entre nosotros y me levanto abruptamente de mi


asiento, abrumada por su impresionante estatura de 1.90 metros. Incluso
de pie, mi metro setenta y cinco se ve pequeño y vulnerable. Nuestros pechos
casi se conectan, la electricidad entre nuestros cuerpos chispeando. Su nuez
de Adán aparece. Es todo un hombre. Todo poder.

―Siempre ―susurra.

Trago, ignorando mi deseo de ahogarme en mi miseria, ignorando una atrac-


ción que no debería permitirme. ―Bueno, ciertamente no puedo darte lo que
quieres.

―Te equivocas. Puedes darme exactamente lo que quiero ―dice a modo de


afirmación. Una certeza de que reclamará lo que está buscando.

―Yo creo lo contrario, Señor LeBeau.― Pero tú, podrías ser la respuesta a
todos mis problemas. Me alejo de él, dando un paso hacia atrás. Estoy expe-
rimentando una dualidad, dos partes de mí luchando. Miedo y deseo. Salvar
mi trabajo o escapar de mi pasado.

Una sonrisa satisfecha y lobuna aparece en su rostro. ―Interesante.

―¿Qué?

―Tú. Eres interesante.

Resistirse a él hace que la caza sea aún más placentera para él. Pondrá a
prueba mis límites, mis barreras, mi capacidad para resistir mi propia luju-
ria. El juego acaba de comenzar. Y ninguno de nosotros está dispuesto a
perder.
―Probablemente porque no tengo ningún interés romántico hacia ti.― Nunca
he sido el tipo de mujer que responde, que busca confrontación. Soy una
buena niña. La que sigue las reglas, la educada y dócil, pero parece que
“Wolf” saca una nueva parte de mí.

―Mentirosa.― Da un sorbo a su bebida antes de que su mirada azul celeste


me atraviese de nuevo―. Quieres follarme tanto como yo quiero follarte.

Murmuro una respuesta incomprensible. No estoy excitada por sus palabras,


no, es peor que eso; su sinceridad directa crea en mí una obsesión por ave-
riguarlo. Es como si me hubiera hechizado, poniendo en mí nuevas ansias.
Ansias que no me puedo permitir.

―Estoy aquí por negocios. Soy escritora de la revista Celebrity.― Levanta una
ceja―. Mi jefa me envió aquí para escribir un artículo sobre ti. He querido
entrevistarte todo el día.

Su expresión cambia radicalmente. La mirada juguetona en sus ojos se ha


ido, aprieta su mandíbula.

Me da la espalda y le pide al cantinero otro trago, un silencio brutal crece a


nuestro alrededor. Lo sabía. Mi única opción era ir directamente a obtener lo
que quiero de él, antes de que él tome lo que quiere de mí. Después de todo,
se supone que una entrevista es una manipulación, un riesgo calculado entre
un cierto grado de tensión sexual y conocer tus límites. Y claramente, mi
jefa, y yo, nos sobreestimamos al pensar que podía ser el cebo. Pensé que me
había curado. Pensé que podría volver a ser la persona que una vez fui. Me
equivoqué.

Aaron no es tan estúpido como para compartir su vida solo por un polvo
potencial. El hombre podría acostarse con todas las mujeres en esta habita-
ción. Pero de repente se da la vuelta, su mirada ardiente sobre mí. ―¿Y tú
qué tal? ¿Te gustaría conocerme?

―Sí. Sería de gran ayuda para mi artículo contar con su cooperación.― Lucho
por hablar, sabiendo que no se refiere a este nivel de intimidad. Se acaricia
el labio inferior con el dedo, desestabilizándome. Sabe que está en una si-
tuación de poder, y lo único que me queda es rogar―. Mi futuro está en juego
con este artículo.

Me contempla con una rara intensidad, sus ojos recorren cada una de mis
curvas, inspeccionándome de cerca. ―No estoy aquí para escarbar sobre tu
pasado. Es solo para glorificar tu condición de soltero para una revista feme-
nina ―sigo justificándome. Pero, sin embargo, nada. Sigue siendo frío como
el hielo, despiadado, un lobo solitario al que no le importa nadie. Me pongo
a sus pies para su propia diversión. Él no me ayudará. Esto es estúpido.

―No puedo hacer esto.― Me gruño a mí misma.

Agarro mi bolso con fuerza, decidiendo por completo llamarlo como es: mi
perdición, una noche de humillación. Solo quiero irme. No puedo seguir afe-
rrándome a falsas esperanzas. Me alejo corriendo del bar cuando algo me
detiene.

Su mano agarra mi muñeca, su aliento cerca de mi nuca. Desliza sus dedos


en el centro de la palma de mi mano, haciendo que mi corazón lata contra
mi pecho. Me giro para enfrentarlo, la sensación tentadora de su toque de-
mostrando la atracción eléctrica que nos une.

―Tal vez pueda ayudarte.― Aaron da un paso más cerca, yo doy un paso
atrás y golpeo la pared detrás de mí. Sus manos me atrapan contra la pared,
se inclina hacia mí, humedeciendo sus labios. No hay escapatoria―. Normal-
mente odio los chismes. Soy muy privado.

―¿Por qué quieres ayudarme, entonces?― Piernas debilitadas. Respiración


acelerada.

Labios suplicando. Está demasiado cerca, demasiado seguro de sí mismo,


demasiado peligroso.
―Estoy siguiendo mi instinto.― Se aclara la garganta―. ¿Te gustaría bailar?―
Estoy con los ojos muy abiertos por la confusión. ¿Bailar? ¿Qué tiene que
ver el baile con esto? El hombre es un enigma.

―Señorita Monteiro, no se llega a conocer a alguien haciendo preguntas. Co-


noces a alguien compartiendo momentos ―añade.

―Y Señor LeBeau, apuesto a que los momentos que estás acostumbrado a


compartir con las mujeres son aquellos sin ropa de por medio. Y yo no soy
ese tipo de columnista.

―En realidad prefiero la caza. Soy un competidor, después de todo.― Una


sonrisa de confianza en sí mismo se desliza en su rostro. Es demasiado cons-
ciente del impacto que sus palabras tienen sobre mí―. Y no le pido a la co-
lumnista que hay en ti que baile conmigo, sino a la mujer.― Termina su be-
bida de un solo trago―. Creo que ninguno de nosotros quiere hablar de nues-
tros trabajos esta noche.

―Ten cuidado de no chocar de nuevo, “Wolf”. Dudo que tu ego de macho alfa
pueda hacer frente a eso.— Bromeo.

Pero mi diversión se detiene cuando veo la mirada de Stephan en mí a través


de la pista de baile. Sus ojos viles me desafían a ser la mujer débil que cono-
cía. Pero esta noche tomaré la decisión correcta y no volveré a cometer los
errores de mi pasado. Mi atención vuelve a Aaron, que está esperando mi
próximo movimiento. Concluyo que este es el peor momento para que “Wolf”
y yo nos hayamos conocido. Mi necesidad de escapar me obliga a jugar con
fuego, sin importar las consecuencias, mientras él busca presas para cazar.
Esto solo podría terminar rompiendo las reglas uno del otro. Un intercambio
de privacidad que ninguno de nosotros habría planeado.

Desliza la palma de su mano hacia mi espalda baja, un gesto que no es agre-


sivo, pero sí lo suficientemente juguetón como para ponerme la piel de gallina
en todo el cuerpo. ―Cuando quiero algo, siempre lo consigo. Y tengo la in-
tención de demostrártelo. ¿Vamos?
Debería odiar su arrogancia. Nunca he conocido a alguien que envíe tantas
banderas rojas, que represente todo lo que desprecio. Un alfa controlador.
Un jugador interminable. El tipo de hombre que cree que es realeza, que el
mundo se inclina a sus pies. Pero por una razón desconocida, siento la ne-
cesidad de acercarme.

Corazón contra mente. Así es como la obsesión triunfa sobre la razón.

Sé que me voy a arrepentir de esta elección. No soy rival para él. Dejo que
me lleve al centro de la pista de baile en donde todos bailan como si el mundo
fuera a terminar mañana. Sus ojos están clavados en “Wolf”, observándolo
de lejos sin atreverse a acercarse a él. Todos son un llamado al sexo y a la
sensualidad, pero yo no soy como ellos. No bailo sucio, no salto por los aires
temerariamente, no salgo de fiesta. Siempre tengo el control. Y parece que él
también.

Se agarra a mi cintura y conecta nuestros cuerpos al ritmo palpitante de la


música. Sus dedos viajan desde mi cuello hasta mi cintura, sus ojos clavados
en los míos. Está jugando un juego, un juego de control, un juego de lujuria,
y le estoy dando la respuesta que exige. Moviendo mis caderas. Enredando
mis dedos en mí cabello. Tocando mi cuello.

No soy dulce. Ya no.

Me da la vuelta, mi espalda ahora frente a su torso. Giro mis caderas sobre


él, mis párpados se cierran, mi cabeza se inclina lentamente hacia atrás.
Estoy perdiendo el control, desatando algo que pensé que había perdido de
mí misma. Me siento viva. Sus manos toman el control de mis caderas, ma-
nejando mis movimientos a su ritmo. Su aliento en mi cuello, su aroma a
madera y almizcle invaden mis sentidos, calentando mi cuerpo. Dejo que la
embriaguez por él y el alcohol, me lleven a un territorio desconocido.

Pero no me someteré tan fácilmente a él. Lo empujo a sus propios límites,


mis manos acariciando mi cintura, los bordes de mis senos, luego a través
de mi cabello. Me hace girar para que nuestros ojos anhelantes se conecten,
el azul de su mirada ahora es un negro profundo como un océano tormen-
toso, traicionando su creciente deseo.

Un juego de poder, eso es lo que estamos jugando.

―Estoy tratando de ser un caballero. Pero te prometo, si pierdo el control, ya


no podré serlo ―me amenaza.

Roza mi mejilla con sus dedos antes de tomar mi nuca con su mano. Estamos
desconectados de lo que sucede a nuestro alrededor. La multitud está sal-
tando. El confeti explotando. El humo ascendiendo. Y yo, me consume un
calor abrasador, una necesidad de proximidad. Su cara tan cerca de la mía
está atormentando mi capacidad de resistirle. Quiero volver a sentir.

―A menos que quieras que pierda el control ―murmura en voz baja.

Espera mi señal para romper los pocos centímetros que nos separan. Mis
labios ansían saborear los suyos. Abro la boca, jadeando, lista para empujar
mis límites. Solo un paso. Mi pasado choca con mi presente. No soy dulce.
Necesito ser alguien más. Alguien libre solo por una noche. Esta noche, sabré
quién es “Wolf”.

Su encanto depredador me atrae, sus dulces labios tan cerca de los míos que
casi podrían tocarlos. ―Dime que pare o no lo haré.

A la mierda. ―Aaron. Tómame.

Agarra mi mano y me lleva en dirección a los ascensores. Encontrando nues-


tro camino entre la gente bailando, besándose, tomando decisiones de las
que probablemente se arrepientan a la mañana siguiente. Una vez dentro,
no decimos una palabra.

Cuando las puertas se cierran, el único sonido es el de nuestras respiracio-


nes aceleradas, de nuestra conexión animal, de lo inevitable, de lo que está
por suceder.
Trago, la emoción derritiéndose con anticipación, poseyéndome. Su mirada
se encuentra con la mía, tratando de leer mis necesidades, mi deseo por él.
Pero el problema no es que lo deseo, sino la razón por la que lo deseo. No
debería desearlo. Pero él es lo que necesito. Aaron LeBeau no es un príncipe
azul, ni un caballero blanco, es algo completamente diferente. Algo poderoso.

―¿Querías conocerme, Elle? Estás a punto de hacerlo ―promete, su tono es


áspero, mientras en todo lo que puedo pensar es en una sola cosa. Bésame.

Sin previo aviso, como si pudiera leer mi mente, sus labios chocan contra los
míos, una ola de placer me embriaga. Los besos de Aaron LeBeau son todo
lo que esperaba que fueran. Apasionados. Exigentes. Urgentes. Me derrito
bajo el feroz calor de su seductor beso. Estoy a su merced mientras empuja
su lengua en mi boca, poseyéndome. Sus labios se mueven sobre mi mandí-
bula, mi barbilla, antes de mordisquear mi cuello.

Me levanta, mis muslos se apoyan en sus caderas cuando llegamos a su piso.


Estoy atrapada en un fuego cruzado, un fuego cruzado que es Aaron LeBeau.
Me besa con un hambre codiciosa que supera todo lo que esperaba mientras
entramos en su suite. No presto atención a lo que nos rodea, toda mi atención
está enfocada en él. Crea en mí una necesidad de pecar, la necesidad de
probar la oscuridad. Está exigiendo más, me hace complacerlo, tomando el
control de mí, hasta el punto en que mi anhelo primario me posee.

No puedo negar la pasión carnal entre nosotros y, sin embargo, es más que
un simple deseo de lujuria. Es un deseo de escapar. Dos almas perdidas
usándose mutuamente.

Nos estrellamos en su cama, las sábanas de satén acariciando mi espalda,


mientras su cuerpo hercúleo cubre el mío. Estoy cayendo por la madriguera
de conejo, perdiéndome en sus rasgos de Adonis. Muerdo mi labio inferior,
perdiendo mis sentidos, dando la bienvenida a todas las nuevas sensaciones
de embriaguez. No bebo. No tengo aventuras de una noche. No soy impru-
dente. Me río, un calor quema dentro de mí, el alcohol probablemente into-
xica mis venas. Frunce las cejas, analizando mi rostro con profunda intensi-
dad, como si estuviera luchando contra algo. Insto su cuerpo más cerca del
mío, arqueando mi espalda, anhelando su toque, abriendo mi boca para sa-
borear sus labios una vez más. “Wolf” me tiene donde quiere, a su merced,
pero no actúa.

―No eres tú misma, ma belle.

“Wolf” retrocede, dejándome sola en su cama King size.

―No te tomé por un desertor ―murmuro, lucho por mantener mis párpados
abiertos, haciendo pucheros como una niña a la que le han quitado su dulce
favorito.

El bastardo se ríe. Bastardo hermoso y arrogante.


Capítulo 3
Solo el principio

SIENTO LOS RAYOS DEL SOL CALENTANDO MI ROSTRO. Coloco una almohada sobre
mi cabeza, la luz del día lastima mis ojos. Me estiro, me duele la cabeza,
siento como si un camión hubiera pasado por todo mi cuerpo. No debí haber
bebido tanto anoche. ¿Anoche? Tonterías.

Completamente despierta, abro los ojos y miro a mi alrededor. Definitiva-


mente no es mi dormitorio. Todo es tan brillante, tan lujoso, tan grande.
Desde las enormes ventanas con cortinas de seda beige hasta el sofá para
tres personas con rosas frescas, este lugar parece haber retrocedido en el
tiempo a la antigua Grecia. Miro mi vestido en el suelo, mis tacones separa-
dos unos centímetros, y empiezo a encajar todo.

“Wolf” y yo compartimos un acalorado beso anoche. No puedo creer que me


rebajé a su arrogancia. Pero no pasó nada más, ¿verdad? Miro lo que estoy
usando. Punto positivo, estoy vestida. Mis bragas de encaje azul están aquí,
y estoy usando una elegante camisa de seda blanca que huele como él. Algo
adictivo y sensual, como un aroma erótico de palo de rosa con sándalo y
ámbar, una fragancia poderosa y refinada. Lo que me lleva al punto negativo,
¿por qué estoy usando la perfecta camisa de Aaron?

―Ma belle.
Lucho por tragar, contemplando la vista frente a mí. Acabo de llegar a un
escenario mitológico. Aaron LeBeau está frente a mí, con solo una pequeña
toalla blanca para cubrir su cuerpo hercúleo y perfectamente proporcionado.
Él es el epítome del sexo. Gotas de agua se deslizan por su musculoso pecho
hasta sus bien definidos abdominales. Sus fuertes brazos se contraen mien-
tras pasa los dedos por su cabello mojado.

Noto el tatuaje de la cara de un lobo aullando en el lado izquierdo de su


pecho, detrás una calavera con el número 7 en ella.

El entintado oscuro del dibujo expresa un dolor y una ira profundos y tur-
bios, lo que me lleva a creer que no es al azar. Me definiría a mí misma como
artista, incluso si no hubiera terminado ninguna obra de arte en meses y
nunca hubiera reunido el coraje para exponer mi arte al mundo. Pero una
cosa que aprendí es que el arte siempre tiene un significado, una historia en
un nivel inconsciente. Este tatuaje es una prueba de que “Wolf” tiene un
secreto y un corazón.

Acerco las sábanas a mis pechos cuando siento que Aaron me examina. Es-
toy avergonzada de mis acciones de ayer. La forma en que me permití caer
tan bajo y, sin embargo, me siento empoderada por la forma en que su mi-
rada traiciona su anhelo por mí. No debería. Se suponía que lo usaría para
mi artículo y, en cambio, estoy en sus sábanas. Parece una victoria para
LeBeau. Está diabólicamente equivocado, y estoy lo suficientemente rota
como para saber que el interés de un hombre no dura. Necesito salir de esto.
Mi corazón comienza a acelerarse, mis inseguridades resurgen ante la idea
de que “Wolf” podría haberme visto desnuda, y probablemente me abochorné
lo suficiente como para que mi ego le haga frente.

―Aaron. ¿Qué estoy vistiendo?― Frunzo las cejas, enojada por haber sido tan
imprudente. Siempre me cuido, y usar la camisa de Aaron es prueba de que
no lo hice anoche.

―Estás usando una camisa.― Se sienta en la esquina de la cama, el fantasma


de una sonrisa estira sus labios. Inhalo profundamente. No estoy de humor
para jugar su juego. Puede ser divertido para él, pero no me quemaré volun-
tariamente.

―Dime lo que pasó anoche ―ordeno.

―El desayuno primero.― Intenta levantarse de la cama, pero lo derribo.

Había jugado el juego de Wolf anoche. Caí bajo su hechizo, pero tengo dema-
siado orgullo para dejarlo ganar esta ronda también. Incluso mientras el bas-
tardo disfruta de la vista de mí sentada en su regazo, mi cabello largo y des-
ordenado rozando su mejilla, mis manos temblando para mantener el equi-
librio. ―¡Necesito saber! No dormimos juntos, ¿verdad? ¿Por qué estoy
usando tu camisa?

―Alguien se siente mandona esta mañana.― Me jala hacia él, desplaza mi


cuerpo en un movimiento mientras agarra mi cintura, para poder colocarse
encima de mí. Me veo pequeña en comparación con su cuerpo musculoso
que me domina―. Pero yo prefiero ser el que está arriba ―añade.

Estoy respirando con dificultad, la repentina proximidad hace que mis pe-
chos se conecten con su fuerte torso. Hay algo en él que me magnetiza, un
poder que ejerce sobre mí, un poder que nunca más daré. Aparto la mirada,
incapaz de encontrarme con los ojos de un depredador. Necesito negar esta
magia, incluso si cada nervio de mi cuerpo está reaccionando a él, rogando
ser electrificado por él. He jurado de los hombres, especialmente los que en-
vían tantas banderas rojas.

―Me complace notar que tu atracción por mí no fue porque estabas borracha.

Lo empujo lejos, levantándome de la cama. ―No era yo misma. No me atraes.


¡No soy una de tus chicas fáciles!― Recorro la habitación, buscando mi
ropa―. Y, créeme, no eres mi estilo.― Mis ojos se estrechan. Quiero quemarlo
de la misma forma en que me sentí quemada por rebajarme a su encanto de
gigoló.
―Y, sin embargo, respondiste a cada uno de mis toques con el doble de in-
tensidad que te di. Parece que te estás mintiendo a ti misma.― Se levanta de
la cama y camina en mi dirección.

No, no voy a ir allí. ―No me gustan los hombres como tú. Ya sabes, el tipo de
hombres que juegan con las mujeres —grito mientras busco mi maldito telé-
fono―. ¿Crees que lo tienes todo resuelto, “Wolf”? Bueno, déjame decirte que
anotar con una mujer que se emborrachó no es muy impresionante. ¡Es de-
sesperado! Tú y tu ego de macho alfa están desesperados.

Al insultarlo, me doy cuenta de que no estoy enojada con él, sino conmigo
misma. Yo soy débil, la que perdí el control, la que no pude resistir mis ne-
cesidades primarias. Dejé que Stephan me afectara, no era lo suficiente-
mente fuerte y probablemente arruiné mi oportunidad de conseguir esa en-
trevista. Viejos temores regresan rápidamente. Tengo demasiadas emociones
dentro de mí y estoy explotando. Tal vez estoy enojada con los hombres des-
pués de todo.

La mandíbula de Aaron se aprieta mientras la oscuridad parpadea en sus


ojos, mis palabras se le clavan en la garganta. Corro hacia el baño, pero él
me persigue. Bloquea la entrada, enjaulándome con sus musculosos brazos.

―No follo con mujeres que no me quieren. Y no maltrato a las mujeres. Siem-
pre es consensuado.― Empiezo a sentir la vergüenza correr por mis mejillas,
pero aún no ha terminado conmigo―. Anoche te quedaste dormida. Te cam-
bié para que estuvieras cómoda y te di mi cama para dormir mientras yo
tomaba el maldito sofá.― Se inclina hacia mí, y mi espalda golpea la pared
bajo la presión de sus furiosos ojos―. Así que no, no te follé, ni me aproveché
de ti. No soy un cerdo, a pesar de lo que pienses de mí. No. Estoy. Tan.
Desesperado. Elle.― Pronuncia cada una de sus palabras como puñales en
mi corazón.

―Lo siento.― Miro hacia abajo, sin atreverme a echar un vistazo a sus ojos,
sabiendo que estaba fuera de lugar―. Es solo que me asusté cuando vi que
estaba usando tu camisa y no pude recordar el resto de la noche. No quería
que tú… ―resoplo, mis dedos frotándose nerviosamente. Las palabras de mi
madre me persiguen. Nunca muestres tus inseguridades a un hombre, o te
dará más razones para dudar de ti misma. Logro una sonrisa falsa. No soy
vulnerable.

―He sido un caballero, Elle.― Y extrañamente, al leer en él la poderosa in-


tensidad de su mirada, creo que dice la verdad. Pero es un hombre. Y los
hombres son mentirosos.

―¿Hice el ridículo ayer?― Él resopla ante mi pregunta, colocándose a mi lado


en la pared. Y no podría estar más convencida de que es mejor dejar algunas
preguntas sin respuesta.

―Bueno, apuesto a que te veías linda vestida de langosta.

Pongo mi cabeza entre las palmas de mis manos. Le conté a Aaron LeBeau
mi historia más vergonzosa, admitiendo que estaba enamorada de un juga-
dor de fútbol durante mi adolescencia, y que se burló de mí mientras vestía
un traje de langosta. Genial.

―Necesitaba el dinero extra ―gruñí.

―Oh, te pagaría mil dólares por vitorearme vestida de langosta.― Se ríe mien-
tras pongo los ojos en blanco. Me doy cuenta de que es la primera vez que
veo a Aaron LeBeau reírse. Por lo general, es tan intenso y controlado.

―Realmente no puedo entenderte, Elle―. Nuestros ojos se conectan breve-


mente antes de apartar la cara, sin confiar en mí misma para sumergirme
en el azul de sus ojos―. La noche ciertamente fue de una manera inesperada.

―No puedes tenerlo todo, Aaron ―bromeo con él.

Pero cuando humedece sus labios carnosos con la lengua, instantáneamente


me arrepiento de mi comentario. Recuerdo que mi ex decía que le gustaba
que fuera tan dócil. Ya no. Al menos no con Aaron. El cazador ha vuelto y
quiere activar mi estado emocional cachondo, pero luchador.
―Yo puedo. No confundas mi respeto por ti anoche con mi retiro de la ca-
rrera.― Él se acerca a mí, y jadeo, sabiendo que soy la carrera―. Necesito que
estés completamente consciente el día que empuje mi polla dentro de ti, por-
que créeme, será algo que valga la pena recordar, Elle.― Su confianza y fran-
queza deberían darme la capacidad de hacer una parada en los pits para lo
que sea esto, y, sin embargo, no puedo evitar perderme en el abismo de su
alma. Sus dedos viajan a lo largo de mi brazo, hasta mi cuello, para detenerse
en mi barbilla―. Tú nos conoces, sucederá.

―No lo haré ―murmuro, probablemente tratando de convencerme a mí


misma más que a él―. Tuviste tu oportunidad.― Incluso un hombre al que le
gustan los desafíos tanto como “Wolf” no se esforzará por conquistarme si
sabe que es un callejón sin salida. Y necesito que crea eso para mí protección.

Nuestro momento se interrumpe cuando un hombre irrumpe en la suite de


Aaron. ―Aaron, tenemos que hablar sobre lo que pasó…― Se detiene al ver-
nos, medio desnudos, con una expresión de culpabilidad en nuestros rostros.

Reconozco al hombre. Es Mattias Longfoard, el CEO del equipo de carreras


de Aaron. Es conocido por ser un hombre exigente y una figura de respeto y
poder en la industria de la Fórmula 1. Puede que tenga sesenta años con el
pelo largo y gris, pero es un tiburón italiano. Longfoard ha llevado al equipo
de carreras Amorino F1 a dominar las últimas diez temporadas, seis de las
cuales terminaron primeros. Cuatro de ellas ganadas por “Wolf”. ―Joder,
Mattias. Yo…— Aaron maldice, pero Longfoard lo detiene levantando su
mano, inexpresivo. Sale de su suite, sacude la cabeza y se queja en un idioma
que no conozco.

“Wolf” lo persigue en el pasillo y cierra la puerta detrás. Me siento como una


extraña. Una forastera que no debería estar aquí. Recojo mis cosas rápida-
mente, buscando mi vestido azul y mi chaqueta de cuero. Corro hacia el baño
para ver mi reflejo en el espejo, Dios, me veo hecha un desastre. Mi rímel se
ha corrido, formando círculos negros debajo de mis ojos; el alcohol ha hecho
que mi piel dorada se vea pálida, mi cabello desordenado. Me visto rápida-
mente y reviso mi teléfono, La malvada bruja, también conocida como mi
jefa, me ha dejado cinco mensajes preguntándome sobre el artículo. Y no
tengo suficiente para ello. Necesito más que una anécdota, necesito desen-
trañar quién es “Wolf”. Marco para responder, pero la batería de mi teléfono
se agota.

Mierda. Dejo mi número de celular en la cama de Aaron con una nota de


agradecimiento. Espero que reciba el memorándum para llamarme por el ar-
tículo. Él es mi última esperanza. Me apresuro al ascensor, rezando para que
se abra rápidamente. Miro a “Wolf” discutiendo con Longfoard en el pasillo.
Soy tan cobarde por irme así.

Mi corazón está rebotando, mis nervios están temblando. Por favor, apúrate.
He sido un personaje secundario toda mi vida y, de repente, me eligen para
interpretar al personaje principal. La heroína. Es demasiado para mí. Un
torrente de sentimientos inexplicables y contradictorios recorre todo mi
cuerpo. Miedo y emoción, una adrenalina culpable y liberadora asaltándome.
Entro en el ascensor y pulso el botón cero.

Inhalo, cerrando los ojos por un segundo, aturdida por las horas locas que
acabo de experimentar. Cuando miro hacia arriba, veo a Aaron parado frente
a mí como una visión. Nos miramos el uno al otro, perdiéndonos en el mo-
mento, memorizando nuestros rasgos. Le digo que lo siento, sintiéndome
avergonzada por huir. Creo que otro hombre se habría enojado o me habría
obligado a quedarme, quejándose de mis acciones, pero curva sus labios en
una sonrisa peligrosa, como si pudiera leerme.

―Esto es solo el comienzo, señorita Monteiro.

―¿Es eso una amenaza, Señor LeBeau?

―No. Es una promesa.

Las puertas del ascensor se cierran.

Mi corazón se acelera.
… Respirar. Necesito respirar.
Capítulo 4
La palabra correcta

ME RECOMPONGO DURANTE EL VIAJE EN ASCENSOR, mirando mi reflejo en el es-


pejo de cristal. Coloco un mechón de mi cabello detrás de mí oreja antes de
acariciar mi cuello con la punta de mis dedos, recordando el toque de Aaron
en mi piel. La pasión carnal. La lujuria. La necesidad. Me pongo mi chaqueta
de cuero negro, para notar que no es mía, a juzgar por las bandas rojas en
el costado y el corte, es de Aaron. Por un momento sonrío; esta chaqueta lo
representa. Poderoso. Temerario. Rebelde. Lo opuesto a mí. Sus palabras
rondan mi mente… Es solo el comienzo. Ciertamente soy sólo un juego para
él. Una carrera que tiene que ganar. Una bandera que tiene que tomar. Nada
más.

Entro en el vestíbulo. Necesito regresar a mi hotel lo más rápido posible. Pero


mis planes están comprometidos y el recuerdo de mi noche con Aaron se
desvanece cuando escucho una voz que conozco muy bien llamándome. Rezo
para estar equivocada, pero cuando miro hacia atrás, él está aquí parado
detrás de mí. Stephan, fingiendo una sonrisa mientras me revisa de pies a
cabeza. Su madre me está avergonzando, aunque esté hablando por teléfono.
Ni siquiera se molesta en saludarme desde donde está. Me siento como un
virus del que ella necesita mantener una distancia segura. Felicia Walton, o
como yo la llamo “La Morena”6, es la clásica esposa del Upper East Side. Ella
vive solo para los 4G's7: Oro, Chismes, Galas y valores misóGinos.

―Elle. Verte dos veces en menos de veinticuatro horas, qué interesante.―


Stephan deja escapar una risa seca―. Sigues usando la misma ropa que
anoche.

Aprieto los puños, ocultando mi incomodidad con una sonrisa orgullosa.


―No es de tu incumbencia, Stephan.― Cierro la chaqueta de Aaron sobre mi
pecho y miro a un lado. Lo tengo.

―Oh, “mi dulzura”…

Trago saliva y mi pulso se acelera. No me llames así. ―No soy “tu dulzura”
―pronuncio, pero mis labios están temblando. Ha pasado casi un año, Elle,
no dejes que te afecte.

Su mirada de vampiro se encuentra con la mía. Quiero huir, pero mis piernas
están pegadas al suelo. Sé lo que va a decir, lo que va a hacer. Es manipula-
dor y vicioso. No puedo dejar que todo el trabajo que he hecho para recons-
truirme se desmorone, toda la confianza que he ganado se convierta en ce-
nizas.

―Te vi bailando con Aaron LeBeau.― Una sonrisa sardónica se extiende en


su rostro cuando se acerca a mí―. No puedo creer que lo follaste. No te tomé
por el tipo de abrir las piernas tan fácilmente.― El susurro de su voz es como
una espada. Da un paso más cerca de mí. No. No. Mi respiración se agudiza,
los latidos de mi corazón aumentan… No quiero sentirme sin valor. No otra
vez. Necesito escapar de él.

Mis labios se abren, pero me quedo incapaz de responder. Agarra mi muñeca,


sosteniéndome con fuerza, tirando de mí para acercarme a él para que pueda
oler su aliento nauseabundo. ―Debería haberlo sabido antes, tratarte como

6 Pez marino parecido a la anguila, de hasta 1,5 m de longitud, color marrón, cabeza alargada y puntiaguda, boca ancha
muy hendida, y aletas dorsal y anal que llegan hasta la cola; es un gran depredador y habita en arrecifes y oquedades de
las costas del Mediterráneo y el Atlántico; su carne es comestible.
7 En la traducción se pierde el sentido: 4G’s: Gold, Gossips, Galas, and misoGynist values.
una aventura de una noche como lo hizo él. De esa manera, no me habría
muerto de aburrimiento en la cama contigo.― Cierro mis párpados, pensando
en toda la terapia que hice, sus palabras hiriéndome, haciéndome sentir inú-
til. Rota. Indeseable―. Sabes que fue tu culpa, “mi dulzura”.

Se aleja, con una sonrisa seca en los labios cuando Felicia, su querida ma-
dre, lo llama. Le responde a su madre, cubierto de encanto, antes de que ella
se vaya. Siempre ha sido una serpiente manipuladora, nadie me creería. Des-
pués de todo, él es un brillante abogado de la élite social y yo soy una don
nadie.

―Eres repugnante.

―“Mi dulzura”, no puedes pelear conmigo. Yo era el único que se preocupaba


por ti.― Una mentira. Doy un paso hacia atrás cuando agarra mi brazo con
una sonrisa cortés―. Sin embargo, te dejaría chupar mi polla, como en los
viejos tiempos.

Stephan sigue hablando, pero no lo escucho ni lo veo. Todo se vuelve borroso


y siento que mi mundo se desmorona. Siento que los demonios de mi pasado
me persiguen de nuevo. Comienzo a hundirme en mi propia pesadilla, de-
jando que me consuma, sin buscar más un escape. Me siento débil. Des-
truida. Rota. Pierdo la esperanza hasta que alguien me saca de mi pesadilla.

No sé qué sucede, pero Stephan ahora está a unos centímetros de mí, y un


brazo fuerte rodea mi cintura de manera protectora. Miro hacia arriba para
ver mi a escape. Aaron Le Beau. Una camisa blanca que contrasta con su
piel dorada y jeans oscuros: el hombre exuda poder sin importar lo que lleve
puesto. Solo su presencia me hace olvidar mi dolor momentáneo. Es como
un escudo y, por primera vez, siento que Stephan ya no puede alcanzarme.

―Ma belle. ¿Estás bien?― Aaron aprieta su agarre sobre mí, probando mi
reacción. Asiento con la cabeza, manejando una sonrisa graciosa incluso si
sé que mis ojos están húmedos y mi cuerpo está temblando―. Te ves bien
con mi chaqueta.― Su rostro es frío como la piedra, pero su comentario me
tranquiliza. ¿Cómo puede simplemente su presencia calmarme y aliviar mis
temores?

Entrecierra los ojos hacia Stephan, acercándose un paso más a él, dominán-
dolo con su carisma y su altura. Los dos hombres se miran fijamente. Nunca
había visto a Stephan tan débil e implacable. No puede competir contra
“Wolf”.

―¿Tienes algún problema con mi novia?― Miro a Aaron, aturdida con él por
llamarme su novia y por su tono autoritario. Pero él no me mira y sigue fi-
jando su mirada en Stephan. Él me está rescatando. Otra vez. Y no me im-
porta. Después de todo, nadie me ha defendido antes.

―¿Novia?― La cara de Stephan se altera, como si la idea de que yo le gustara


a alguien lo conmocionara hasta los huesos―. No, no hay problema, hombre.

La mirada de “Wolf” se oscurece con incredulidad ante el comentario de Step-


han. No puedo quedarme más aquí. No puedo dejar que Stephan lo mani-
pule. ―Aaron, vámonos —suplico, y finalmente rompe el contacto visual con
el fantasma de mi pasado, antes de entrelazar sus dedos con los míos y ale-
jarme hacia la esquina del pasillo.

―¿Cómo puedes dejar que te hable de esa manera?― El tono de Aaron es


imponente y enfadado. Cruza los brazos sobre el pecho, apretando la man-
díbula.

Quiero responderle que estoy emocionalmente rota, que Stephan me dañó a


mí y a mi capacidad de sentirme viva, de creer en mí misma. Que soy débil y
un desastre. Pero en lugar de eso, le respondo bruscamente. ―¿Por qué di-
jiste que yo era tu novia?― ¿Utiliza el coqueteo para cambiar la conversación?
Bueno, uso la ira.

Baja las cejas, claramente sin esperar mi respuesta. ―¿En serio me estás
preguntando eso?
Estoy a punto de irme. No puedo soportar esto: que la gente me diga qué
hacer, que sea el títere de todos, que tenga que explicarme. Pero “Wolf” cap-
tura mi brazo, impidiendo que me vaya. Su toque no se parece en nada al de
Stephan. Es todo lo contrario: cálido, protector, adictivo. Es un toque que no
estoy acostumbrado a sentir. ―No podía dejar que te tratara de esa manera
―añade.

Oh, no, es hasta ahora, me doy cuenta de que escuchó las palabras de Step-
han insultándome, reduciéndome a nada. Vio lo débil que era. Debe tomarme
por...

―Te ves hermosa ―dice Aaron como si pudiera sentir mis dudas corriendo
hacia atrás.

Hermosa…Una palabra puede causarte sufrimiento mientras que otra puede


hacerte sentir viva de nuevo. Una persona puede hacerte sentir peor contigo
misma cuando otra despierta una nueva parte de ti que no creías que existía
hasta que la conociste. Mis labios se curvan en una sonrisa, y estoy agrade-
cida de que no me empuje a abrirme a él. Tal vez eso es porque me entiende.
“Wolf” tiene sus propios demonios, igual que yo.

―Vamos a salir de aquí ―ordena.

Asiento con la cabeza y lo sigo hacia la salida. Salimos del hotel y veo un
LaFerrari Aperta rojo, un auto que cuesta más de dos millones de dólares,
enfrente. Sonrío, ni siquiera sorprendida por su elección de auto. Entramos
en su elegante imán de chicas y Aaron acelera el motor con un poderoso
sonido que hace que mi corazón se acelere. Hay algo magnético en él. Todavía
no puedo averiguar qué es. Quiero decir, nunca me ha excitado un hombre
acelerando su motor, pero Aaron crea en mí una nueva necesidad, una nueva
obsesión. Su lengua sale disparada de su boca antes de lamerse el labio su-
perior mientras cambia a la siguiente canción, “Who I am” de The Score,
poniéndose las gafas de sol. La letra no podría simbolizarlo más. Y deseo que
algún día, alguien no intente cambiarme.
HACEMOS UNA PARADA rápida en mi habitación de hotel para poder recoger mis
cosas apresuradamente y cambiarme antes de mi vuelo de regreso a Nueva
York. Acepto ir con él a Dios sabe dónde, aunque no confío en “Wolf”. Aplico
un ligero toque de rímel y algo de brillo para intentar lucir bonita. Decido
ponerme mi vestido de verano de encaje blanco de la suerte y mis tacones
marrones. Tiene un escote en V profundo, así que opté por no usar sostén
debajo. Me muerdo los labios con nerviosismo, ¿eso es demasiado? ¿Me veré
ridícula revelando ese tipo de escote con mis senos pequeños? A la mierda.
A la mierda mis inseguridades.

Bajo para ver a Aaron esperándome junto a su auto deportivo. Cuando me


ve, se quita las gafas de sol, poniendo los ojos en todo mi cuerpo, observando
cada centímetro de él. No puedo dejar de preguntarme qué está pensando.
Cuando me acerco a él, mi confianza comienza a desvanecerse. Parezco ridí-
cula. Me pongo el cabello al frente para ocultar mi escote y me bajo el vestido.
Trato de enmascarar mi incomodidad apretando mi bolso frente a mis senos.
Estoy acostumbrada a ser invisible, a no estar en el centro de atención. Me
abre la puerta del auto y me apresuro a entrar cuando…

―Espera ―dice, impidiéndome tomar asiento.

Sus ojos recorren mi cuerpo una vez más. ¿Qué va a decir? ¿Hay algo mal?
Pero en lugar de eso, toma mi bolso y lo arroja sobre el asiento. Me acaricia
el pelo suavemente con la mano y lo empuja detrás de mi espalda, dejando
al descubierto mi escote. Mis ojos le ruegan que deje de contemplarme, que
deje de torturarme con mis inseguridades, que dejen de compararme con…
―Te ves hermosa, Elle. Nunca te escondas.― Lo miro a los ojos, cuestionando
su sinceridad. Él no está sonriendo; me está mirando con una profunda in-
tensidad. Él quiso decir eso.

―Tu chaqueta.― Le entrego su chaqueta de cuero, sintiendo la necesidad de


cambiar de tema.
Me da la mía y tomamos nuestros lugares en su auto. Todavía me duele el
corazón por su cumplido, sabiendo que no debería dejar que me afecte. En-
ciende su máquina, el sonido brutal del motor me pone la piel de gallina.

―Espero que estés lista.― No es una pregunta, sino una afirmación.

Levanto la ceja. ―¿Adónde vamos, Aaron?

―Eso es algo que yo sé, y es para que tú lo descubras ―dice seductoramente,


con una sonrisa de chico malo en su rostro.

Me coloco el cinturón de seguridad en señal de derrota mientras él se pone


las gafas de sol y abre el techo del coche. En una maniobra, saca su auto del
estacionamiento con una velocidad poderosa que hace que mi corazón salte
instantáneamente. Me agarro a la puerta con sorpresa. Siento algo nuevo,
una emoción, una necesidad de velocidad.

Se da cuenta de mi reacción y sonríe victorioso. ―Espero que no le tengas


miedo a la velocidad.

―¿A la velocidad o a ti?― Lo desafío.

―Ambos ―se ríe―. ¿Sabías que… —se muerde el labio inferior, su mirada
sosteniendo la mía ―un hombre conduce como folla?

Con esa frase, presiona el acelerador y me deja sin aliento. Me propulsa la


adrenalina a una velocidad vertiginosa.

Su forma de conducir es abrumadora. Electrizante. Embriagadora.

Punto a su favor.
Capítulo 5
El acuerdo

LLEGAMOS AL MIRADOR DE MÓNACO. Estoy sin palabras por la vista impresio-


nante; los edificios elegantes parecen tan pequeños que aparentan ladrillos
de Lego. Se siente como si estuviéramos en la cima del mundo. Un mundo
donde solo somos nosotros. Nadie alrededor. A medida que me acerco al
borde del acantilado, siento un nudo en el estómago. Unos pocos pasos más
y me adentraría en el vacío. Miro al horizonte para concentrarme en el azul
profundo del mar mientras coloco ambas manos sobre la piedra para estabi-
lizarme. Aaron está sentado en el borde de la roca, invitándome a tomar
asiento junto a él. No es hasta que me siento, no tan cerca del borde, que me
doy cuenta de lo alto que estamos. Siempre he tenido miedo a las alturas,
pero algo en mí quiere desafiar mi miedo. Probablemente Aaron.

―Vengo aquí cuando necesito pensar ―dice, perdido en sus pensamientos―.


O cuando necesito gritar. Puedes intentarlo, nadie te escuchará.― Se man-
tiene serio.

―Soy más introvertida.

Aaron se para en el borde de la roca. Un paso más y estaría cayendo al vacío.


Se queda allí, mirando al mar con siniestra confianza. La confianza de un
hombre que no teme a la muerte. Un temerario que provoca al destino. Un
lobo silencioso sin manada. No puedo quitarme la idea de que algo lo persi-
gue. Tiene un aura oscura rodeándolo que grita peligro.

Se gira para mirarme, ofreciéndome su mano para que la sostenga, su cabello


alborotado por el viento. Niego con la cabeza, agarrando con más fuerza la
roca detrás de mí. Ya estoy paralizada por sentarme en el vértice de un acan-
tilado; No puedo estar de pie, ni siquiera estando a unos metros del borde.

Camina hacia mí, dejando el borde, y se pone en cuclillas frente a mí para


ofrecer su mano de nuevo. Este hombre no entiende el significado del miedo.
La acepto a pesar mío, queriendo demostrarle que soy más fuerte de lo que
aparento. Me paro en la roca a una distancia segura, pero mi corazón co-
mienza a saltar. Aprieto mi agarre, probablemente lastimándolo, mientras
coloca su otra mano detrás de mi espalda baja, su mirada escudriñándome.
Me concentro en la vista. Se ve tan diferente cuando estás de pie; es poten-
ciador, poderoso. Sonrío, sintiéndome orgullosa de mí misma por este logro.
Nunca hubiera imaginado que podría estar tan alto, aunque un minuto des-
pués estoy de vuelta en tierra segura. Tal vez soy más fuerte de lo que creo.

Regresamos a la hierba, la adrenalina todavía en mi sangre. Por primera vez


en mi vida, me siento viva. Me inclino más cerca del mirto blanco cuando
noto que Aaron está perdido en sus pensamientos. Sus cejas se fruncen como
si estuviera tratando de tomar una decisión importante.

―Aaron, ¿qué pasó con Longfoard?

Superpone mi pregunta con la suya. ―Cuéntame algo sobre ti, Elle.

Me río de la franqueza de su pregunta. ―¿Qué te gustaría saber?

―Cualquier cosa.

―Bien. Tengo veintitrés años y no tengo hermanos. Solo hemos sido mi ma-
dre y yo.― Mi rostro se cierra al pensar en mi madre. Ella y yo siempre hemos
tenido una relación complicada y complacerla tenía un alto precio.
―¿Tú qué tal? ¿Cualquier hermano?― Cambié de tema, sin dejar que mis
pensamientos sombríos me afecten. Ya sé que el padre de Aaron es André
LeBeau, un multimillonario y presidente de las cadenas de hoteles de lujo de
LeBeau.

―Tengo un hermano.

Abro la boca con sorpresa. Pero, de nuevo, investigué sobre él dos días antes
de volar a Mónaco. Ese es el recordatorio, solo sabemos lo que “Wolf” está
mostrando voluntariamente al mundo. ―¿Cuántos años tiene tu hermano?
¿Son cercanos?

―Confía en mí, no querrás indagar en mi pasado.

―¿Por qué?

―Porque Elle, no soy un buen hombre ―responde en un tono áspero. Y, sin


embargo, su oscuridad me atrae. Siento la necesidad de dilucidar el enigma
del Lobo.

Su mirada penetrante me golpea con la misma intensidad que anoche.


Aparta las ramas de los árboles en flor lejos de su rostro, nuestros cuerpos
casi se presionan juntos. Agarro el tronco del árbol detrás de mí, ignorando
la brillante excitación por la repentina proximidad. El aliento de “Wolf” es
suave pero estremecedor, como un depredador saboreando la conquista por
venir. Mete un mechón de mi cabello detrás de mí oreja. Y esto podría sen-
tirse como una escena de película, si ambos no fuéramos emocionalmente
inaccesibles.

―¿Qué tipo de hombre te gusta, Elle?― Su lengua se mueve hacia afuera.


―Me gusta un caballero. Soy más el tipo de chica que va por el Príncipe
Encantador que el…― Mi voz trémula como un susurro, mis labios en una
bruma para probar el pecado una vez más. Lo observo de pies a cabeza. ―…
que el cazador.

Esboza una sonrisa deslumbrante. ―Los cuentos de hadas son agradables,


pero... no creo que quieras un caballero en la cama.― Mira fijamente mis
labios suplicantes―. Y tú, no estás destinada a aburrir.

Ahí es cuando entiendo lo que tenemos en común. Ambos escondemos nues-


tros sentimientos, nuestros demonios, usando un escape. Él lucha contra
sus demonios satisfaciendo sus deseos, la necesidad de la carne, la necesi-
dad de tener el control, de sí mismo y de otra persona. Aaron LeBeau no es
un mujeriego, sino un hombre destrozado que intenta llenar un vacío. Y yo
soy una distracción. Su necesidad de escapar. La que no puede tener. Ayer
no pudo reclamar la bandera que le correspondía tomar, así que toma otra
cosa. A mí.

Me alejo de él, sabiendo a dónde irá esta discusión. Se apoya contra el árbol,
claramente divertido por mi reacción. Camino a su alrededor, distrayendo su
mente lo mejor que puedo. ―¿Cómo llegaste a la Fórmula 1?

―Probablemente como todos. Empecé como piloto de karting cuando era ado-
lescente y me abrí camino en la Fórmula 1 unos años más tarde, pero pro-
bablemente sepas todo eso, eso es conocimiento básico de Internet.

Bufo. ―Entonces, ¿te gustan las carreras?

Hace una pausa. ―Es parte de lo que soy. Algo con lo que nací.

―Y, sin embargo, no eres como los otros corredores―. Su mirada se centra
en la mía, sorprendido por mi comentario. ―Quiero decir, ser el centro de
atención es parte de tu trabajo. Los otros corredores se preocupan por sus
fanáticos, son amigables y se dejan adorar por el público. Pero tú, tú eres…―
Sin corazón. Furioso. Enigmático. ―Diferente.― He visto cómo la multitud lo
observa, atrapados entre la ansiedad y la profunda admiración. ¿Por qué este
hombre crea emociones tan profundas y contradictorias en todos?

―No me gusta montar un espectáculo más de lo que tengo que hacer con las
conferencias de prensa. Las acciones hablan más que las palabras.― Y en
eso, no podría estar más de acuerdo con “Wolf”. Las celebridades a menudo
filtran información sobre sí mismas en periódicos de chismes o publican en
sus redes sociales por temor a volverse irrelevantes. Como columnista,
aprendí más sobre una persona por su entorno y acciones diarias, que por
su nota de prensa.

Da un paso hacia mí y presiento que tomará el control de la conversación.


―¿Qué hay de ti, Elle? Cada vez que trato de descifrar quién eres, retrocedes.

―A veces, es mejor retirarse de la carrera.― Especialmente después de chocar


contra el juego de Aaron anoche.

―Oh, ma belle, no te vas a retirar. Tienes demasiado miedo de ir a toda velo-


cidad.― El fantasma de una sonrisa se extiende en su rostro. Y, así, creo que
esa es la primera discusión real que intercambiamos.

―¿Me preguntaste qué pasó con Longfoard antes?― Permanezco en silencio,


esperando que continúe―. Bueno, al final de la temporada, termina mi con-
trato.― Él mira por encima de mí, sus ojos brillan como si estuviera teniendo
una revelación.

―Lo sé.― No es un secreto que el contrato de dos años de Aaron finaliza este
año, pero no debería tener problemas para renovarlo, ya que es uno de los
pilotos de carreras más jóvenes y con más títulos de su generación a pesar
de su reputación.

―Si tuvieras miles de millones, ¿invertirías tu dinero en alguien como yo?

Frunzo el ceño con confusión. ―No veo porque no.― No elogiaré su ego, pero
está empeñado en el infierno, no puedo imaginar a alguien capaz de recha-
zarlo.
―Bueno, soy un riesgo. Un riesgo que algunos patrocinadores no permitirán.
No pueden domarme, y un conductor salvaje es peligroso. Puedo hacer que
ganen a lo grande, o que pierdan a lo grande. La forma en que corro y mi
estilo de vida no les agradan.― Estudia mi expresión―. Pero necesito hacer
que confíen en mí, mostrarles algo de… humanidad y compromiso. Si le doy
a los medios algo sobre mí, me dejarán en paz. Quiero correr tranquilo sin
preocuparme por no conseguir un contrato por cómo me pintan los medios.
Por eso creo que podríamos llegar a un acuerdo mutuo.

―¿Un acuerdo?― Mis ojos se abren ampliamente por la sorpresa.

―Sí. Haré tu entrevista si vienes al Gran Prix de Canadá conmigo. Acompa-


ñándome, creerán que me estoy asentando. En mi mundo, la felicidad no
vende. Una vez que vean que he dejado entrar a alguien, se quitarán de mi
espalda.

Abro la mandíbula en estado de shock mientras me río, pensando que pro-


bablemente sea una broma. Pero cuando veo la mirada vidriosa y fija en su
rostro, sé que lo decía en serio. ―No puedes hablar en serio. Estoy segura de
que tienes muchas mujeres a las que les gustaría hacerte compañía y hacer
de groupie.

―A ellas no les importa quién soy, les importa lo que represento.― Contengo
la respiración ante su declaración. Por un segundo, sonó como si estuviera
casi... ¿solo?―. Verás, para cuidar a alguien, necesitas conocer a la persona.
Y nadie me conoce. Además, no soy de los que confían en la gente.

―¿Pero confías en mí?

―No, pero creo que podría ser una ayuda mutua, en todos los niveles.― Se
aproxima a mí muy cerca mientras lo miro con desconcierto―. A nivel profe-
sional, yo salvo tu trabajo, tú salvas el mío.― Se muerde el labio inferior
seductoramente―. A nivel personal, puedo hacerte pasar un buen rato.― Lo
lame lentamente como un depredador acechando a su presa―. El mejor, in-
cluso. Anoche fue una promesa.
Anoche. Nuestros intercambios acalorados. La química que irradia entre no-
sotros. “Wolf” es un peligro, corrompiendo cada una de mis células bajo su
poder. Me alejo de él, mi respiración se hace más pesada, sin poder creer
cómo mi vida dio un giro inesperado.

―Me necesitas tanto como yo te necesito a ti, Elle ―agrega.

―Estás equivocado, no te necesito.― Una mentira. Sin su ayuda, nunca ten-


dría lo que necesito, pero no quiero necesitarlo a él.

―Lo haces. Necesitas a alguien que te despierte, alguien imprudente. Sé que


tienes fuego dentro de ti, especialmente desde que tuve una vista previa ano-
che, pero tienes miedo. Miedo de vivir.― Da un paso más cerca―. Miedo a
tener placer.― Un paso más cerca―. Miedo a ser imperfecta. Miedo de existir
como tú misma.― Sus últimas palabras me impactan. Toda mi vida he tra-
tado de alcanzar la perfección, de complacer a todos siendo alguien que no
era, hasta que olvidé quién era para empezar. Una mujer con un sueño, con
ganas de escapar de su jaula para volar libre―. Además, me necesitas para
tu artículo.

Usándonos el uno al otro.

Eso es todo lo que ha sido desde el momento en que nos conocimos. Ambos
necesitábamos un escape hasta que nos metimos en un lío. ―Tú no me co-
noces.

―Sé que anoche te sentías bastante libre y viva, y eso claramente no está en
tus hábitos.― Su mirada me quema, y sé que probablemente tenga razón.
Las veinticuatro horas que pasé con Aaron han sido las más liberadoras.
Pero esa no es la cuestión.

―No puedo, Aaron.― Trago―. ¿Por qué estás interesado en mí?

―Lo he dejado claro, te deseo.― Sus labios se curvan en una sonrisa con-
fiada―. Y sé que no es unilateral.― Contempla cada uno de mis rasgos como
si tratara de entenderme, de leerme―. Tomo cada «relación íntima» como un
acuerdo entre dos partes. Tengo reglas. Esto no tiene por qué ser diferente.

―Y déjame adivinar, ¿esas reglas te benefician a ti y no a tus aventuras de


una noche?― Arqueo una ceja, no soy tan dulce e ingenua como él piensa
que soy. Sé de sus conquistas posteriores a las carreras, mujeres que no le
interesan ni veinticuatro horas.

―Siempre soy honesto. Ambas partes saben qué esperar. Sexo. Placer. Or-
gasmos.― Él acentúa cada palabra. ¿Cómo es que un hombre puede ser tan
frío, distante y al mismo tiempo tan pecador, desnudándome cada minuto?
¿Cómo es que puede actuar como un caballero mientras está siendo sucio?
¿Cómo es que él representa lo contrario de lo que quiero, pero por alguna
razón desconocida estoy magnéticamente atraída hacia él? Él es un misterio.

―No estoy interesada en el sexo. No soy una de tus fans que te obedece ama-
blemente. No puedes controlarme.

―Y tú, Elle, no puedes controlarte todo el tiempo. O acabarás esperando un


sueño que no existe.

―Estás equivocado ―murmuro.

Sus dedos juguetean con mi piel desnuda, recorriendo mi columna vertebral


y electrificando mis nervios, mientras su otra mano armoniza nuestros cuer-
pos. Su intensa mirada se encuentra con la mía, analizando mi reacción a
su toque, dándome la oportunidad de retroceder, pero me mantengo recep-
tiva.

―¿Lo soy?― Pasa su mano por mi cintura, el borde de mi pecho, como un


veneno corriendo por mis venas.

―Sí.― Me duele perder el control de mi propio cuerpo.

―¿Y si demuestro lo contrario?― Frota sus labios cerca de los míos, su voz
ronca me embruja. Dios, no puedo quererlo.
―Tú…

Choca sus labios con los míos sin previo aviso, y me rindo. Dejo que me
consuma. Mi piel se enrojece, se calienta. Me estoy derritiendo bajo el feroz
calor de nuestro beso embriagador. Despierta cada nervio de mi cuerpo. To-
mando más. Reclamando más. Quemándome más. Y estoy disfrutando cada
momento de ello. Abro la boca ansiosamente para dejar que él tome la ini-
ciativa. Estoy abrumada por Aaron, temerosa de que sea mi adicción.

Nuestras lenguas bailan juntas. Sus manos aprietan mi cintura, arrugando


apasionadamente la tela de mi vestido. Abandono mi control al hombre que
apenas conozco, el hombre que crea en mí un placer celestial. Abrasando
mis sentidos. Me aplasta. Mis dedos se entrelazan en su cabello, nuestro
beso es casi violento hasta el punto en que podría hacerlo sangrar. Hasta el
punto en que no necesito oxígeno para respirar.

El hombre equivocado que da vida a todas las cosas correctas.

Un dios dañado rompiendo lo mortal.

Una historia que promete solo tragedia.

―Entonces, Elle, ¿quieres ser mía?― Detiene nuestro beso, pero mantiene la
proximidad entre nosotros.

Mía. Nunca volveré a ser propiedad de alguien. Podría sucumbir a “Wolf”,


pero él nunca tendrá más de mí. Nunca podría salir con alguien por placer
casual. Nunca pude aceptar las reglas, la fecha de caducidad escrita en mi
cara. Siendo su sabor del mes, permitirle deshacerse de mí después de que
no le sirva. Él nunca tendrá mi corazón, mi roto corazón, que se ha fractu-
rado en pedazos microscópicos.

Es inexpugnable.

Pero aún podía poseer mi orgullo. Y eso no lo permitiré.


Normas. Convenio. Juego.

No es como si tuviera elección. Necesito su ayuda para demostrar que soy


valiosa. Asegurar mi trabajo mientras encandilo a Nina con el artículo que
nadie ha podido obtener. Luché toda mi vida para estar donde estoy hoy, por
mi independencia. Y ojalá algún día, mi libertad. Después de todo, no tengo
nada que perder. Lo que queda de mí es un hambre profunda que me con-
sume.

Una necesidad de venganza.

Qué débil me he vuelto, cómo me destruyó Stephan. Me sentí avergonzada


por tanto tiempo, que ya no puedo ser vista como la niña dulce y dócil que
no podía valerse por sí misma. La que no era lo suficientemente perfecta.
Estoy cansada de escuchar los demonios de mi pasado. Quizás Aaron es mi
única opción, mi única posibilidad de un futuro mejor. Mi escape.

Él establece el juego.

Yo establezco las reglas.

Una salvación mutua. Nada más.

―Sí, acepto ―murmuro. Arquea la ceja sorprendido―. Pero, no saldré contigo,


y menos dormiré contigo. Esa es una regla no negociable.― De nuevo, no sé
si estoy tratando de convencerme a mí o a él. Probablemente ambos.

―Una fecha. Dame una fecha para cambiar de opinión.― Permanece imper-
turbable como si esperara mi respuesta.

Quiero decirlo, ¿quién no querría salir con él? Para tener la ilusión de que
puedes cambiar a un hombre como Aaron. Que tú serás la que sea diferente.
«Significativa». No soy tan ingenua como para creer eso. Sé que soy un desa-
fío, la que se le resistió. Nada más.

Lo usaré para salvarme. No destruirme.


Y por las razones equivocadas, respondo. ―Bien. Una fecha.

Es solo una cita. No me involucra en nada.

Y, sin embargo, se suponía que debía entrevistar a “Wolf”, pero terminé ju-
gando su juego.

Atrapándome en un trato para ganar mí libertad.

―Yo también tengo una regla ―afirma “Wolf”―. Responderé a tus preguntas,
pero mi pasado está fuera de los límites. No tolero a las personas que buscan
suciedad y chismes sin fundamento.

―Sólo escribiré la verdad.

Él sonríe, probablemente apreciando mi honestidad. ―Respuesta inteli-


gente.― Se inclina, susurrándome al oído―. Tengo el presentimiento, seño-
rita Monteiro, de que ambos intentaremos romper las reglas del otro.

Se dirige hacia su auto, disfrutando de esto, pensando que obtendrá una


victoria más para su vitrina.

Una cosa es segura, ninguno de nosotros puede darse el lujo de perder esta
carrera, porque cualquier cosa podría pasar.

ESTAMOS PARADOS en un incómodo silencio uno frente al otro en el pasillo del


aeropuerto. Es la última llamada a Nueva York y sigo mirando nerviosamente
mi billete. Anhelo más. Pero necesito pensar con claridad. Fue solo un fin de
semana, una necesidad carnal, nada más. Te olvidarás de él.

No es especial.

Es irreal. Mágico.
Salvarás tu trabajo y te ganarás la confianza de Nina, eso es todo lo que im-
porta... No él. ―Bueno, adiós, Aaron.― Reúno mi sonrisa deslumbrante, la
que perfeccioné tantos años para ocultar mis emociones.

―Adiós, Elle.

Nuestras caras casi conectan, anticipo el beso que está por venir, y mis labios
se separan voluntariamente para tener una última probada del pecado, an-
siosa por romper mi propia regla. Pero una ola de decepción se precipita a
través de mí cuando apunta a mi mejilla para besarla. Me trago mi descon-
tento.

Una pequeña sonrisa se extiende en sus labios, y sé que era parte de su plan.
―Me pondré en contacto contigo para nuestra cita.

El deseo proviene de la frustración.

Pero “Wolf” no ha probado mi amargura. Puede que sea su juego, pero sé


todo sobre la frustración. Y seguramente no le daré lo que anhela reclamar.

Seré su frustración.

Me alejo de él para darle mi boleto a la azafata. Antes de desaparecer por la


zona de embarque, miro hacia atrás por última vez. Cuando veo a “Wolf”
parado, su aura carismática rodeándolo, una mezcla fascinante y conflictiva,
de oscuridad y triunfo, sé que es un enigma que necesito resolver.

Él estaba en lo correcto.

Nosotros, esto solo es el comienzo.


Capítulo 6
La rana, El caballero, El príncipe

―¡AARON MALDITO LEBEAU!

Tania grita, atrayendo la atención de todos nuestros compañeros de trabajo


que ahora nos están mirando. La hago callar cuando baja de su escritorio y
acerca su silla a la mía. Por lo general, trabajo desde casa tanto como puedo,
pero necesitaba contar a Tania de mi fin de semana épico con “Wolf” y con-
frontar a mi jefa. A juzgar por su sonrisa maliciosa, su mirada de, eres tan
traviesa, el interrogatorio acababa de comenzar. Se recoge el pelo negro aza-
bache en un moño. Tania tiene una personalidad deslumbrante; ella siempre
usa ropa cálida de tonos otoñales que complementa su seductora piel color
ámbar. Ella ha sido mi única amiga aquí. Siempre he admirado, casi envi-
diado, su personalidad sin filtros y lo segura que está de su cuerpo y sus
deseos.

―¿Cómo es que no te acostaste con él?― Ella muerde su pluma, hundiéndose


en su asiento.

―Él sólo me quiere para el sexo, Tania.

―¿Eso es tan malo?― Ella me examina, con una sonrisa orgullosa curván-
dose en sus labios―. Quiero decir, si hay una persona con la que vale la pena
tener sexo casual, ese sería Aaron LeBeau.― Pongo los ojos en blanco―. Tal
vez el sexo casual es exactamente lo que necesitas.

―No lo necesito. Sería insignificante para un hombre como Aaron, solo soy
otro trofeo para que él reclame ―resoplo, teniendo mi parte justa de la tes-
tosterona masculina. Corren detrás de ti para reforzar su ego, y una vez que
cumplen su misión, eres noticia vieja.

―¿Por qué aceptaste su acuerdo, entonces? No eres el tipo de mujer que ac-
túa impulsivamente, ni que se abre a un chico tan fácilmente.

―Supongo que fue una venganza.― Me encojo de hombros, sabiendo que la


venganza no era mi único motivo. Claro, quiero vengarme de lo que me hizo
Stephan. No me permitiré ser débil o dulce otra vez, y conseguir el artículo
es la prueba de que he cambiado. Pero Aaron despertó algo diferente en mí,
una especie de estimulante nueva libertad. Frunzo el ceño, demasiado orgu-
llosa para admitirlo ante ella―.Me atrae, pero eso no significa nada.

―Bueno, esa es la primera vez que un hombre llama tu atención después


de…― Traga saliva y duda en continuar, consciente de que Stephan es un
tema delicado para mí. Aunque Tania no sepa toda la verdad, fue testigo de
mi degradación a lo largo de los meses y me vio perder la chispa―. Te cerraste
a ti misma. Necesitas sentir el calor, alguien que te haga sentir como la diosa
que eres.― Sonrío ante su comentario; ella tiene su propia forma única de
dar consejos. Juguetona, coqueta y, sin embargo, es sobreprotectora con las
personas que ama.

―Hablo en serio, Elle. Piensa en el sexo como una terapia. No tiene que durar
para siempre.― Levanto una ceja, así que ella busca una metáfora más sen-
sible―. Tal vez él no es tu príncipe azul, pero podría simplemente ser lo que
necesitas para encontrar a tu príncipe.

―¿Te refieres a la rana antes que al príncipe?― Me río, sin tener idea de a
dónde va con esto.
―No, las ranas son para las pendejas. Me refiero al caballero caliente. El que
le ofrece pasar un buen rato a la princesa antes de que se case con el abu-
rrido príncipe que tiene toda la atención.― Ella puede ser buena para los
chismes, pero definitivamente no para los cuentos de hadas.

―Los caballeros no son parte de los cuentos de hadas ―respondo sarcástica-


mente.

Arquea una ceja y me señala con el dedo. ―Tú no sabes eso. Tal vez el prín-
cipe celoso eliminó al caballero del libro. Tal vez no sea la verdad. Los prín-
cipes son noticia vieja. Un caballero sexy y rebelde... alguien que lucha por
lo que quiere, no un mocoso rico mimado que holgazanea todo el día en pi-
jamas de seda, acumulando polvo mientras otros construyen imperios.

Empezamos a reírnos, olvidando que no somos las únicas en la luminosa


oficina del décimo piso. Pero entonces la expresión de Tania cambia radical-
mente, sus ojos desorbitados, gira su silla hacia el otro lado sin decir una
palabra. Siento una sombra detrás de mi espalda, manos en sus caderas en
un gesto autoritario, e instantáneamente reconozco quién es.

―Elle. En mi oficina.

Me doy la vuelta para enfrentar a mi fría y desalmada editora en jefe, Nina.


Tacones de aguja negros, vestido de oficina negro ceñido, su cabello gris pla-
teado cortado en un cuadrado sobre sus hombros: su apariencia grita de
orden y rigidez. En la oficina, nadie se atreve a acercarse a ella. Podríamos
decir que Nina Braham perdió su corazón hace muchos años y vendió su
alma por poder. Se volvió a casar con el director de Black Publications, Albert
Black, un multimillonario de setenta años, cuando ella todavía está en su
mejor momento de los cuarenta.
Extrañamente, un par de semanas más tarde fue asignada como editora en
jefe y se convirtió en mi jefa. Por lo tanto, la opinión de Nina es lo único que
importa.

Trago saliva y la sigo con pasos pesados hasta su oficina sin vida. Tiene una
vista impresionante de toda la ciudad, mientras que sus cortinas negras
siempre están cerradas. No deja entrar ninguna luz. Se sienta detrás de su
escritorio, sus piernas cerradas en una posición de poder mientras me ob-
servan de pies a cabeza. Me siento como un bicho indefenso. Respiro hondo,
acercándome a la trampa de la araña, repitiendo en mi cabeza la misma pa-
labra: Confianza. Confianza. Confianza. Después de todo, logré lo que ella
exigió, y lo que nadie más pudo lograr.

―No veo el artículo sobre Aaron LeBeau.― Su mirada se endurece en mi di-


rección, inspeccionándome.

―La entrevista está programada para el Gran Prix de Canadá. Me ofreció una
exclusiva.

―Casi impresionante. Dime, Elle, ¿cómo conseguiste esa entrevista?― Sus


labios se curvan en una sonrisa seca―. He enviado a otras dos escritoras y,
sin embargo, eres la única que consiguió una entrevista, si de hecho lo que
dices es cierto.

Respiro pesadamente, tratando de calmar mis nervios. Por supuesto, ella no


confiaba en mí con esto. Nina siempre tiene un respaldo, y por la forma en
que me estudia, podría suponer que no esperaba que yo fuera la que tuviera
éxito.

―Me enviaste como cebo, Nina. Acabo de hacer mi trabajo.

Ella se ríe, haciendo que mi piel se erice. ―Por supuesto. Creía que te conocía
bien.― Levanta la ceja, observándome como si acabara de despertar su inte-
rés. Por viciosa que sea, probablemente está segura de que me acosté con
“Wolf” para asegurarme una entrevista.
Mis nervios se alteran, siento la necesidad de justificarme. ―Me he mante-
nido profesional. No pasó nada. Aaron acepta...

―¿Aaron? ¿Estás en las bases de nombres, ahora?― Me aclaro la garganta,


incapaz de defenderme. Después de todo, llegué a un acuerdo con el diablo
para conseguir esa entrevista―. Bueno, me impresionas, Elle. Después de
todo, tenerte en nuestro equipo no fue un error.

Una sonrisa maliciosa se extiende en su rostro. ―Dicho esto, estoy esperando


más que curiosidades superficiales de este artículo. Aaron LeBeau tiene se-
cretos. Quiero que lo acoses. No me importan qué métodos usas. Si me en-
tregas esto, considera tu trabajo asegurado. Si no…― Ella toma un largo
suspiro―. No, no te molestes en volver. Ya me engañaste una vez hace un
año. Esta es tu última oportunidad.― Me saluda con la mano como si me
despidiera.

Bien. Asiento con la cabeza, sabiendo que una negociación está prohibida
con Nina. Mónaco no fue el último paso hacia la libertad, fue solo el primero.
El primer paso en los juegos mentales de Nina. Me levanto de mi silla y em-
piezo a retirarme de su oficina.

―Ah, ¿y Elle?― Me giro para mirarla―. Seguiré de cerca lo que sea que esté
pasando entre tú y él. Por supuesto, ella lo hará.― Estaré en París durante
las próximas dos semanas.

Asiento, ocultando mis sentimientos de liberación ante la idea de tener se-


manas libres, sin Nina.

DE 16 A 7. INTERESANTE.
He estado buscando información sobre Aaron durante la última hora en la
web. Será adecuado decir que mi última semana la he utilizado para cumplir
esta misión; conocer al hombre que ocupa mis pensamientos. Llegué a la
conclusión de que LeBeau no es fanático de las redes sociales. Es uno de los
pilotos de carreras con más fanáticos, tiene millones de seguidores y, sin
embargo, sigue solo a unas pocas personas con el mínimo estricto de publi-
caciones en su página. El único artículo que me llama la atención en este
charco de chismes alrededor de Aaron es, Del 16 al 7. Wolf había cambiado
el número de su auto repentinamente sin dar una explicación hace dos años.

Su forma de conducir se volvió aún más agresiva, peligrosa e impredecible.


Cometió algunos errores imprudentes y se metió en muchas peleas con los
otros conductores, lo que le dio su apodo, “Wolf”, y su reputación entre in-
numerables mujeres. Mi instinto tenía razón, algo le sucedió a Wolf.

Busco más en la web, tratando de encontrar información relacionada con la


familia de “Wolf”. Dijo que tiene un hermano. Pero los resultados que en-
cuentro en la web no se parecen a nada que hubiera imaginado. Aaron Le-
Beau se ausenta del funeral de su hermano. Hago clic en el enlace. El her-
mano de Aaron murió hace dos años. No hay nada más escrito. La familia de
LeBeau ha estado tratando de mantener a los medios alejados del funeral y
la causa de la muerte. Pero ¿por qué Aaron se perdería el funeral de su propio
hermano? ¿Podría ser tan frío de corazón? ¿Por qué “Wolf” está tan decidido
a ser retratado como un villano?

Salgo de mis pensamientos cuando recibo un mensaje de texto del piloto de


carreras en cuestión.

Aaron: Creo que te debo una cita. Nos vemos mañana.

¿Mañana? Ni siquiera sabía que estaría en Nueva York para entonces. Hemos
intercambiado un par de mensajes de texto en los últimos días. Él está siendo
coqueto como siempre, y yo, jugando duro para conseguirlo. Un juego del
gato y el ratón. Me envió una solicitud de amistad que solo acepté un par de
días después. Curiosamente, me he vuelto activa en las redes sociales, solo
con un propósito, que él lo vea. Incluso si odio admitirlo, he estado disfru-
tándolo y alentando su deseo infernal de reclamarme.

Nuestra última conversación fue sobre la foto que me envió desde su yate de
gran tamaño en Mónaco. Le respondí que deseaba que el agua pudiera con-
gelar su ego, antes de que respondiera. ―Ma belle, hay ego y hay realidad, y
la realidad es que voy a navegar en mi megayate por la tarde antes de abordar
un helicóptero privado que me llevará a la ciudad, donde me espera mi pent-
house de 16,000 pies cuadrados... el ego ya no influye cuando tu realidad
supera los sueños de la mayoría de las personas.

―Tienes facilidad con las palabras, “Wolf”. Me sorprende que haya funcio-
nado en tantas mujeres.― Fue la única respuesta que se me ocurrió.

―Soy más un hombre de acción. Además, sabes lo que mi boca puede hacer.
¿Pero tal vez necesitas un recordatorio? ―Él ganó este. Y esa es la razón por
la que lo ignoré desde entonces.

Yo: ¿Qué pasa si no estoy disponible?

Aaron: Sé que te estás haciendo la difícil, ma belle. Estaré allí a las 7 pm.

Y aquí está, el Señor Arrogante, en toda su grandeza. Aaron no pregunta, va


por ello a toda velocidad. Casi me arrepiento de haberle enviado un mensaje
de texto con mi dirección unos días antes. Se lo estoy poniendo demasiado
fácil.

Yo: Estás tan lleno de ti mismo.

Me río de mi respuesta, saboreando nuestro juego y lo atrevida que soy con


él. Pero luego, me dejó en visto. Algo que nunca antes me había irritado,
hasta ahora. Siento la urgencia de continuar la discusión, pero termino es-
perando con impaciencia un texto que no llega. La irritación crece en mí por
segundos, las preguntas rondan mi mente. Estoy pensando demasiado. Im-
paciente. Necesitada. Y odio eso.
Regreso a mi acogedora habitación y tiro mi teléfono sobre las sábanas beige
de mi cama. Después de darme una ducha, me puse mi pijama rojo granada,
lista para terminar la noche. Pero cuando veo que mi pantalla se ilumina, mi
corazón salta como un adolescente que recibe una respuesta de su enamo-
rado. Soy patética.

Aaron: Entonces, ¿nunca pensaste en mí desde Mónaco?

Sonrío tímidamente, sosteniendo mi almohada contra mi pecho. Por su-


puesto que lo hice, pero eso él nunca lo sabrá. Compruebo la hora, son las
once de la noche, lo que significa que deben ser las cinco de la mañana, hora
de Aaron.

Yo: Creo que deberías dormir.

Aaron: ¿Cómo podría dormir cuando te tengo en mi mente?

Yo: ¿Cuántos tragos tomaste?

Aaron: Ninguno. No suelo beber durante la temporada de carreras.

Aaron: Leer. Entrenamiento.

Y para mi sorpresa, adjunta una foto. Está en el gimnasio ya, levantando


pesas. Sin camisa. Necesito un momento para procesar la imagen. Tiene la
belleza y la fuerza de un dios griego trabajando para su propia Olimpiada.
Gotas de agua escurren de su pecho esculpido, sus músculos marcados se
contraen, su tatuaje de lobo aúlla en su pecho. Su cuerpo es un llamado a
inclinarse sobre su deseo. Su sonrisa diabólica es su promesa de reclamar
por lo que está aquí. Ni siquiera lo oculta. El bastardo conoce sus puntos
fuertes y los está usando para desestabilizarme.

Él encarna los siete pecados capitales.

Lo que me hace una pecadora.


Aaron: Tu turno.

Muerdo mi labio inferior, mi corazón late con fuerza, alimentado por el deseo
de dejar que “Wolf” fantasee conmigo. Corro hacia mi baño para reacomodar
mi cabello y aplicar un ligero toque de rímel y un poco de rubor. No me doy
cuenta todavía, cómo esto es una mala idea. Aaron probablemente recibe
diariamente cientos de fotografías de modelos. Y luego estoy yo. Pero por un
momento, no pienso en ellas. Él pregunta y yo acepto. Débil. ¿Eso lo hace
correcto? No. ¿Eso me hace «significativa»? No. Y, sin embargo, mi instinto
parece creer que es una gran idea.

Salto a mi cama y empiezo a tomar algunas selfies. Obviamente, ninguna de


ellos parece correcta. No quiero enviar el mensaje equivocado. No soy como
ellas. Lanzo mi teléfono a mi lado, sin sentirme lo suficientemente bien, ob-
sesionada con la necesidad de despertar su lujuria. Finalmente, decido en-
viarla y selecciono una selfie decente. Estoy sonriendo tímidamente, mi ca-
beza inclinada hacia un lado, y probablemente estoy tratando demasiado de
parecer linda. No es provocativo, ni siquiera cerca de sexy, pero es simple.
Solo yo. No estoy segura si mi dormitorio femenino, en tonos grisáceos y rosa
salmón con almohadas mullidas y citas en mi pared, tampoco envía el men-
saje correcto. Pero con él, no quiero fingir. Cierro los ojos y… envío.

Yo: Yendo a la cama.

Aaron: Maldita sea. Hermosa. Pero si yo estuviera allí, no te quedarías com-


pletamente vestida por mucho tiempo.

Me río, volviendo a los inocentes años de la adolescencia cuando leo su res-


puesta. Me dirijo a un juego peligroso y fatal y, sin embargo, por primera vez
en años, me siento despierta.

Yo: Sabes que eso no sucederá. Buenas noches, Aaron.

Aaron: Oh, Elle… No deberías empezar algo que no puedas terminar.

Yo: Creo que ya lo hice. No se puede ganar cada vez.


Sé que me arrepentiré de enviar este mensaje. Estoy bromeando con el propio
jugador, quemándome voluntariamente hasta el punto en que ya no seré la
dueña de mi destino. Me he metido en un círculo. Cuanto más lo rechazo,
más me persigue y más siento la necesidad de sucumbir a su poder sobre
mí. Y lo peor, lo haría todo de nuevo. Cada maldita vez.

Aaron: Te haré pagar por tus burlas mañana. Buenas noches, ma bella.

Esa fue una promesa.

Y cada promesa de “Wolf” es una certeza.


Capítulo 7
Amor

ELLE: 8 AÑOS

Pajarito.

Papi me llama así, y hoy quiero hacerlo sentir orgulloso. Los pájaros pueden
volar en el cielo, así que me subo al viejo árbol de nuestro jardín para sen-
tarme en la rama. Un paso más cerca del cielo. Miro la suciedad en mi vestido
y en mis manos, mis dedos coloreados por las pinturas. Mami se va a enojar,
se la pasa limpiando y cocinando, nunca sonríe.

Un petirrojo está cantando. Lo reconozco por el bonito color naranja de su


pelaje. Creo que me está animando o dando la bienvenida a la primavera.
Con el brazo en alto, inclino la palma de la mano hacia el cielo para que se
acueste sobre ella. Me siento sola: los chicos son estúpidos y no les gusto a
las chicas. Mami me dijo que es porque soy bonita. Creo que es porque soy
rara. Siempre estoy dibujando, poniendo colores por todos lados.

El pájaro se va volando a la rama más alta. Tonterías. Me atrevo a mirar al


suelo.

Oh no, es demasiado alto.


―Papá ―grito, el miedo me paraliza. ¿Cómo voy a bajar? Estoy más alto que
la altura de papá, y él es un gigante.

Papá está hablando por teléfono, discutiendo cosas de adultos que lo hacen
enojar la mayor parte del tiempo. Sigo llamándolo hasta que se da la vuelta
y sus ojos marrones se encuentran con los míos. ―Papá, estoy atascada. Por
favor, ayúdame.

Él suspira, ―Te veré esta noche, Selene.― ¿Selene? Una vez vi a una hermosa
dama rubia en el auto de papá con este nombre. Papá cuelga y camina en mi
dirección antes de mirar hacia arriba―. ¿Qué estás haciendo allá arriba?
¿Dónde está tu madre?

―Mamá está en el supermercado.― Se suponía que me llevarías al parque


hoy, pero no lo hiciste―. Quería ser amiga del pájaro.― Mis piernas comienzan
a temblar cuando me inclino hacia la enorme rama, agarrándola con más
fuerza cuando el viento comienza a levantarse.

―¡Por el amor de Dios, Elle!― No me gusta cuando papá levanta la voz, al


igual que cuando no me gusta cuando usa su costosa ropa de negocios―.
Solo salta, te atraparé. No tengo tiempo para esto.

Asiento con la cabeza hacia los lados. ―No, es demasiado alto. ¡Por favor
llévame!

―No voy a salir, salta Elle.― Oh, no, molesté a papi.

―¿Prometes atraparme?― Nunca volveré a escalar. Lo prometo.

―Sí. ¡Vamos, apresúrate!

Mis dos manos todavía en la rama, tiro de mis piernas al vacío, ignorando mi
miedo. ―Papá, ¿estás aquí?― Si mis manos dejaran de agarrar la rama del
árbol, me caería. ¿Moriría?

―Sí, Elle.
―Okey. Estoy cayendo.― Cierro mis ojos. Está bien.

Papá me atrapará.

Papá está detrás de mí.

Papá me ama, nunca dejará que me pase nada.

―Mierda ―suspira papá mientras suelto la rama del árbol.

El pájaro observándome, grito, mirando el cielo mientras caigo de la misma


manera como en una de mis pesadillas.

Los humanos no vuelan.

Los humanos caen.

Golpeo la hierba mojada, cayendo de lado. Me duele, y mi rodilla hormiguea


con un calor abrasador. Muevo la pierna. Sangre. Pero no lloro todavía, no
hasta que vea a papá en el teléfono, ignorándome.

No me atrapó.

Él mintió. Otra vez.

Entonces, lloro, me duele tanto el corazón. Cuando finalmente me ve en el


suelo, cuelga por segunda vez prestándome atención. Confié en ti, papá...

―Deja de llorar, Elle.― ¿Por qué?―. No estás herida, esto te servirá de lección.

Lloro aún más fuerte, viendo la cara de papá fría como la piedra. ―No me
atrapaste. Mentiste. Estoy herida —sollozo, mostrándole mi rodilla san-
grante.

―En la vida la gente no te atrapa. Nadie amará jamás a una persona débil.

―Papá…― Se aleja de mí, dejándome en el suelo.


Pisa mi lápiz pastel favorito, rompiéndolo en pedazos, antes de tirar al suelo
el dibujo que tenía en el bolsillo. El que he hecho para él.

Papá, vuelve.

No me abandones.

Quiéreme.

VEO EL EQUIPAJE de papá en el pasillo de nuestra casa, mientras las voces


siguen gritando. Papá se va sin despedirse. No comprendo.

―No nos dejes, por favor ―escucho a mamá rogar a papá―. No abandones a
tu hija.

Me escondo detrás de la puerta entreabierta, echando un vistazo. Mamá está


tratando de tomar su mano, pero él la aparta. Sus ojos están húmedos y las
lágrimas oscuras del rímel que cae sobre sus mejillas.

―He invertido lo suficiente en esa niña. Te enviaré dinero.― Se está alejando


de mamá, antes de que ella le bloquee el camino, con lágrimas en los ojos.

―Te quiero. No te vayas. Haré todo lo que quieras, estaré mejor, te lo prometo
―suplica llorando.

―Tienes un mes para salir de casa. Mi abogado se comunicará con contigo.

Ella cae de rodillas, su cabeza se inclina antes de tomar las manos de papá,
besarlas, humedecerlas con sus lágrimas. ―Por favor, sé que me amas. Te
necesito.

Obliga a mamá a mirarlo a los ojos con el pulgar. ―Pero yo no.


No.

Papá camina en mi dirección mientras mamá yace en el suelo, todavía llo-


rando. Quiero ayudar a mami, pero no lo hago. No comprendo. Cuando Pap…
Padre abre la puerta, me trago las lágrimas. Él no se las merece. Ojalá no lo
amara. Sus ojos se encuentran con los míos antes de irse sin decir una pa-
labra. Quiero correr tras él, pero no puedo. Me duele la pierna por la caída y
tengo un vendaje feo.

La puerta se cierra.

Él se fue.

Él me abandonó.

Miro a mami, ella está sufriendo. Camino hacia ella lo más rápido que puedo
para abrazarla.

Todavía tengo mamá.

―Mami, ¿estás bien?― Ella no responde por un momento, con un apretón a


mi abrazo.

Luego, me toma por los hombros, obligándome a mirarla de frente. Su cabello


oscuro cae sobre su rostro, sus ojos rojos, ya no se parece a mami. ―Nunca
ames a un hombre, Elle. Simplemente te destrozarán.

―Pero lo amo.

Bofetada.

La mano de mamá golpea mi mejilla y me duele, pero sigo siendo valiente.


―Nunca digas esa palabra, nunca más.
Asiento con la cabeza, con miedo de decepcionar a mamá también. Ella se
levanta, tragándose las lágrimas. ―No existe tal cosa como el amor. Los hom-
bres son unos bastardos. Úsalos, manipúlalos, porque si no lo haces des-
truirán tu lindo corazón.― Ella se aleja como si su corazón hubiera dejado
su pecho, dejándome sola.

También perdí a mami.

Ella se ha ido.

Miro hacia la ventana para mirar al pájaro, provocándome con su libertad.


Él también me abandonó, al igual que papá hizo con nosotros, robándole el
corazón a mamá y rompiéndole las alas.

Lárgate.

Te odio.

El amor y los cuentos de hadas son mentiras.

No hay cosas tales como felices para siempre. La gente te deja. La gente te
abandona.

Nunca volveré a caer.


Capítulo 8
Sextear está mal

¡VOY TARDE!

Son las 6:58 p. m. y me enfrento al problema que toda mujer sufre en su


vida. Un armario lleno de ropa y nada que ponerse. Después de mirar mis
opciones de atuendo, decido optar por la simplicidad. La última cita real que
tuve fue con… no importa. Opto por mis jeans favoritos que hacen justicia a
mis glúteos, con mis cómodos tacones de gamuza y mi blusa de seda negra.

¿Pero tal vez es demasiado simple? Alguien como Aaron podría querer ir a
un lugar donde me vería mal vestida e incómoda. Y en cuanto a esta noche,
es lo contrario de lo que quiero. Suena el timbre, sacándome de mi pensa-
mientos exagerados. Trato de calmar mis nervios, pero los sentimientos con-
tradictorios se precipitan dentro de mí.

Abro la puerta y mi corazón se acelera a mil millas por hora cuando veo a
“Wolf” parado en mi puerta. Carismático. Diabólicamente guapo. Magnético.
Siento mariposas en el estómago cuando miro su sonrisa coqueta. Su codo
en la pared, sus dedos jugando con su cabello negro, grita vibraciones de
chico malo con su chaqueta de cuero. Sonrío, dándome cuenta de que es la
misma que le pedí prestada cuando nos conocimos.
―¿Ma belle?

Me muerdo el labio inferior ante el sonido de su voz ronca. Inclino mi cabeza


hacia un lado, y de repente, resistirle se siente como una mala idea. Está
creando un deseo urgente en mí. Nunca he sentido la necesidad de tener
sexo. Estaba bien sin él, y la verdad es que nunca he tenido placer durante
la intimidad. Pero verlo me hace reconsiderar mi necesidad. Tal vez debería
invertir en un vibrador. Quiero decir, escribí sobre eso, pero nunca lo probé.
Pensando en las manos de Aaron acariciando mi piel, sus besos bajando por
mi cuello, su voz hechizándome hasta que…

―Ma belle. Me estás mirando.― Salgo de mis pensamientos. ¡Qué idiota! Mis
mejillas se sonrojan cuando me doy cuenta de lo incómoda que debo ha-
berme visto.

―Pareces sonrojada ―sonríe―. Apuesto a que tus pensamientos fueron bas-


tante intensos.― Su última palabra se desliza por su lengua, lo está disfru-
tando demasiado.

Le doy un golpecito amistoso en el hombro antes de dejarlo entrar en mi


lugar. Me paro rígidamente al lado de mi sofá, reajustando mi manta, tirando
mis pinturas sin terminar debajo de mi sofá, escondiendo mis novelas ro-
mánticas detrás del estante de libros sobre mitología, arte y psicología. Ob-
serva todo mi lugar en silencio. Me siento tan pequeña, probablemente esté
acostumbrado a la suntuosidad, pero estoy lejos de ser multimillonaria. Al
menos, todo lo que tengo es gracias a mí, y eso es algo de lo que puedo estar
orgullosa. Su mirada cae al cuadro que tengo en medio de la pared, frunce
el ceño, inclinando la cabeza.

―¿Qué es esto?

―Es «Eterno» de Romeo Di Angelo. Obviamente, es sólo una Litografía.― Son-


río tímidamente, recordando la historia que tiene este cuadro para mí. Fue
mi propio escape. Mi esperanza.
Romeo Di Angelo fue uno de los pintores más influyentes del siglo XVIII, sus
cuadros se han vendido por millones. «Eterno» es la historia del amor verda-
dero. El hombre, que se representa como un ángel, está en el cielo, captu-
rando en sus brazos a su amada. Pero los demonios sostienen sus pies mien-
tras llora desesperadamente de dolor, su vestido rosa claro está medio ras-
gado y sucio, como si él la hubiera salvado del mismo infierno. En cuanto a
él, una máscara de miedo está en su rostro mientras lucha contra sus pro-
pios demonios. Están tratando de separarlos, de romper las alas del hombre
para que caigan. Esta pintura es un grito de ayuda. La única luz está a su
alrededor. Es de una profunda tristeza, y sin embargo ha sido mi esperanza.
La promesa de que el verdadero amor lo ganará todo.

Ese amor podría existir algún día.

Las niñas pequeñas sueñan con ser princesas, bueno, cuando yo era niña,
soñaba con ser esa mujer. La que escapa de sus demonios, aquella cuyo
amor es tan puro y fuerte que la libera. Esta pintura ha sido mi secreto. El
arte era mi escape. El único mundo donde puedo dar rienda suelta a mis
deseos, sin tener que afrontar las consecuencias. No se me permitía creer ni
sentir amor. Me criaron para creer que es una mentira, que rima con aban-
dono y destrucción. Mi propia obsesión por el amor me destruyó, hasta cierto
punto, la palabra en sí ya no tiene significado para mí. Era un vocabulario
maldito para mi madre y un arma de destrucción para Stephan.

El amor es una sumisión voluntaria al otro. Nada más.

―¿Por qué amas tanto esta pintura?― Intenta leerme y me intriga su interés.

Porque desearía que ella estuviera equivocada.

―Fue mi escape, más o menos.― Me encojo de hombros, no estoy lista para


explicarle mi pasado a Aaron―. Me hizo creer en un futuro mejor. Sentir
emociones, y yo…― Me río tímidamente, sabiendo que él no me entendería―.
Es estúpido, ¿verdad? Es sólo una pintura, lo sé.

―No es estúpido, Elle. No es estúpido en absoluto.


Y por un momento, me permito sentir que no estoy sola.

Rompemos nuestro contacto visual. Aaron se aclara la garganta y cruzo los


brazos sobre mi pecho. Una cosa más en común: no nos favorecemos ha-
blando y descuidamos nuestras emociones a la perfección.

―¿Puedes darme un recorrido?

―Es bastante pequeño…― Levanta una ceja hacia mí―. Bien.― Acepto.

Después de un recorrido por la cocina y el baño, llegamos a mi… dormitorio.


Y por una razón desconocida, mi corazón comienza a acelerarse. Tal vez por
el recuerdo de nuestros textos humeantes que rondan mi mente. Me inclino
sobre mi escritorio y observo a Aaron caminar como un elegante tigre por la
habitación. Observa con curiosidad todo mi lugar, una sonrisa de satisfac-
ción en su rostro como si me hubiera descubierto completamente.

Cuando se acerca a mí, agarro con más fuerza la madera de mi escritorio,


insegura de estar a solo unos centímetros de él. Han pasado semanas desde
que nos hemos visto y, sin embargo, me sacude como lo hizo la primera vez.
Se cierne sobre mí, colocando ambas manos sobre el escritorio.

―Así que esta es mi habitación.― Bajo mi voz.

Su mirada se oscurece vibrando con excitación mientras humedece su labio


con su lengua, descubriéndome con solo una mirada. Tensión sexual. Mag-
netismo. Ansia. Somos como fuerzas opuestas magnéticamente atraídas en-
tre sí. Su pulgar izquierdo levanta mi barbilla para obligarme a encontrar su
mirada abrasadora.

―¿Recuerdas cuando te dije... que no deberías empezar algo que no puedes


terminar?

Mis mejillas se sonrojan al pensar en mis mensajes de texto imprudentes.


Una cosa es segura, no puedo dejar que se salga con la suya conmigo. No
puedo hacerle saber que tiene control sobre mi cuerpo. Llevar ropa interior
roja esta noche, ropa interior que no verá, no fue la decisión más inteligente.

―Si esperas llevarme a mi escritorio sin siquiera tener una cita, te equivocas
―digo, defendiéndome.

―Esa no era mi intención... para esta noche.― Inclina su rostro más cerca
del mío para que nuestros labios estén peligrosamente cerca de chocar.

Trago, ignorando mi corazón palpitante. ―No te hagas muchas ilusiones.

―¿Qué pasaría si pudiera probarte que me quieres tanto como yo te quiero a


ti? Un juego honesto.― Su voz ronca es como un susurro, una invitación al
pecado.

Traza un rastro deliciosamente ligero por la columna de mi cuello con la


punta de sus dedos, su mirada fija en mí mientras asiento con la cabeza,
dándole a “Wolf” la luz verde. Estoy decidida a demostrarme a mí misma que
él no puede afectarme tanto como dice que podría. Pero cuando besa mi cue-
llo lentamente, una ola de placentera de escalofríos recorre toda mi carne. Él
no está perdiendo el tiempo. Sabe lo que quiere y está aquí para reclamarlo.
Para reclamarme. Y estoy dejando que embriague mis sentidos. Besa el ló-
bulo de mi oreja mientras tiro de mi cabeza hacia atrás, cerrando mis pár-
pados, enfrentando mi placer culpable. Encendiéndome en él.

Sus dedos juguetean con el escote de mi blusa mientras me observa respirar


con dificultad, mis muslos se aprietan con más fuerza. Está jugando un juego
de lujuria, y no se detendrá hasta que suplique su beso, su toque, y admita
nuestra atracción. Sabe que me resisto a él y lo disfruta. Su mano agarra mi
cintura mientras se inclina peligrosamente cerca, y mis labios se separan,
lista para rendirme, para robarle el control dándole lo que necesita.

―No te besaré, Elle. No ahora. No hasta que admitas que me deseas.

Él retrocede, su misión cumplida. Bastardo. Inmediatamente camino hacia


mi cama para tomar mi bolso. Wolf está creando dentro de mí sentimientos
tan contradictorios e intensos. No admitiré que lo quiero. No le daré la ban-
dera a cuadros para ser otra conquista insignificante. Pero, aun así, quiero
volver con él.

Noto su mirada penetrante sobre mí y decido inclinarme seductoramente


para alcanzar mi bolso. Puedo sentir sus ojos arrastrándose sobre mí con
lujuria. Pero al arquear mi espalda de una manera “sexy”', mi sostén se des-
abrocha de debajo de mi blusa con un fuerte ruido. Eso es genial. Tenía tanta
prisa que no lo había abrocharlo bien, y ahora estoy pagando el precio. Trato
de abrocharlo de nuevo, pero su voz ronca me interrumpe.

―Déjame hacerlo.

Me doy la vuelta para que mi espalda quede frente a él, sintiendo que a este
ritmo nunca nos iremos a nuestra cita. No es nuestra cita. Su cita. Coloco
mi cabello a un lado de mi hombro mientras él desabrocha mi blusa lenta-
mente. Estamos terriblemente cerca el uno del otro, demasiado cerca. Él roza
sus manos sobre mi piel con delicadeza, creando escalofríos por todo mi
cuerpo. Sujeta mi sostén en un solo movimiento, lo que es un recordatorio
de toda la práctica que debe haber tenido con sus conquistas.

Mueve sus labios más cerca de mi cuello. ―Roja buena elección.― Intento
ignorar su comentario mientras me sube la cremallera de la blusa. Repito mi
mantra. Ropa interior que no verá. Ropa interior que no tocará. Ropa interior
que no rasgará.

―No verás más de eso, me temo.

―No estaría tan segura de eso.

Me besa la nuca y volvemos a nuestra espiral. Un juego de poder, un juego


de ir y venir del otro. Sus manos encuentran mis caderas y me acercan a él.
Sus labios se mueven sobre el lóbulo de mi oreja antes de mordisquear mi
cuello de nuevo.
Su erección en mi espalda. Empiezo a perder el control. Me agarra más
fuerte. Estoy sonrojada. No puedo respirar. Cuando estoy a punto de pedirle
que acabe con mi sufrimiento, me atrae para enfrentarlo.

Su mano ahueca posesivamente mi mandíbula, inclinando mi cabeza hacia


arriba, mientras su dedo calloso acaricia mi labio inferior. ―Yo tenía razón.
Me deseas.― En esa oración, se aleja de mí y me deja colgada, insatisfecha
mientras camina hacia la puerta. ¡Ese bastardo controlador!―. Te dije que te
haría pagar por tus bromas.― Me lanza una sonrisa victoriosa mientras se
apoya en la puerta.

Bien jugado, pero la carrera no ha terminado. Me acerco a él y lo miro a los


ojos, sacando la lengua de mi boca. ―Aaron.

―¿Sí?

Miro hacia abajo a sus pantalones. ―Todavía estas duro.― Le guiño un ojo
antes de salir de mi habitación―. Desde mi punto de vista, tú eres el que me
desea.

Creo que acabo de ganar la primera posición.

―¡AARON! ¡No puedo creerlo!― exclamo, la emoción corriendo por mis venas.
Estamos parados frente a la feria. La rueda de la fortuna gira, las grandes
atracciones deslumbran en la noche oscura. Es la noche de verano perfecta.
Nunca he estado aquí antes. Era la cita adolescente de mis sueños, pero
nunca encontré al hombre adecuado para traerme aquí. Me pregunto si Aa-
ron podría leer mi mente. Esta noche, no quería ir a uno de esos lugares
lujosos, quería emoción. Eso es lo que pasa con “Wolf”, hace lo inesperado.

―¿Podemos?― Se dirige a mí, mirándome actuar como una niña de cinco


años.
Asiento con la cabeza y lo sigo hacia la entrada de la feria. El ambiente es
mágico. La gente se reúne alrededor de una variedad de atracciones. La feli-
cidad es la única emoción de la noche. La música del festival, las delicias
gastronómicas, los fuegos artificiales... y Aaron LeBeau, que se ríe de mí al
verme trotar por las atracciones. “Wolf” se ríe. Eso es inusual. Tiene más
carisma, poder y dinero que todos los hombres que he conocido y, sin em-
bargo, es tan sencillo.

Algunas personas reconocen a “Wolf”, y él los saluda cortésmente con una


sonrisa encantadora. Incluso estuvo de acuerdo en algunas fotos que los fa-
náticos más valientes se atrevieron a pedir, lo que me confundió aún más.
“Wolf” no es el tipo de hombre al que le importe ser abierto con la gente. ¿Me
equivoco con él?

―¿Qué?― Me mira fijamente, probablemente notando mi desconcierto.

―Simplemente no eres como imaginé que serías.

—¿Entonces, qué clase de hombre crees que soy señorita Monteiro?

Para ser honesta, no tengo idea. Pero en lugar de eso, respondo. ―Yo diría
que el tipo alfa arrogante.

―Si eso es lo que te gusta.― Él sonríe con confianza.

―También creo que hay más en ti de lo que nos dejas ver.

No responde y seguimos caminando hacia las principales atracciones donde


cada vez hay más gente. Tanto es así que agarro el brazo de Aaron para no
perderlo entre la gente.

―Lo siento… no quería perderte ―murmuro.

―¿Es esa una forma de decir que quieres estar más cerca de mí? Porque eso
ciertamente puede suceder.
―Tienes que dejar de coquetear conmigo, Aaron―. No puedo permitirme su-
cumbir a él, no al precio de ser insignificante para un hombre como él.

―Dejaré de coquetear contigo cuando dejes de negar nuestra atracción.―


Trago saliva ante su comentario, sabiendo que estoy desperdiciando una cita
perfecta debido a mis problemas―. Sientes nuestra química tanto como yo.
No tiene nada de malo.

Pero tú, Aaron, te equivocas.

―Esto es solo un juego para ti.― Cruzo los brazos sobre el pecho cuando deja
de caminar para colocarse frente a mí, frunciendo el ceño.

―¿Un juego?

―Sí. Me deseas porque no puedes tenerme.

Él es el cazador y yo soy la presa, no es una conexión saludable entre noso-


tros, es un retorcido juego de roles. En el momento en que esté en su cama,
dejará de prestarme atención. Y tendré que sufrir las consecuencias de ser
humillada.

―Solo soy un desafío. No puedo pasar un buen rato y ser…― Mi voz tiembla
mientras termino mi oración. ―No puedo ser insignificante―. Para ti ni para
nadie… ya no.

―¿Quién dice que tienes que ser insignificante?― Su tono es serio, profundo.

Entrecierro los ojos, determinada a probar mi punto. ―Ese acuerdo tuyo. Las
mujeres siguen tus reglas, te las follas, y cuando estás aburrido, finges que
nunca existieron... insignificantes. No puedes esperar que me doblegue a tu
deseo solo porque estás acostumbrado a hacer las cosas a tu manera.

―Es el único tipo de intimidad que puedo ofrecer, sí.― Lo admite con since-
ridad. ¿Quién estaría de acuerdo con eso?―. Yo no hago todo el asunto del
buen novio. Yo no soy ese tipo de hombre.
Tiene razón, no lo es. Es el tipo de hombre sobre el que las madres advierten
a sus hijas. El que grita todos los matices del mal, rompiendo a la chica
buena e inocente. Aquel del que sabes que debes alejarte, pero que ha vuelto
en tu contra tu cuerpo. Un pecador, un peligro del que no puedes escapar.
“Wolf” me atrapó desde el principio.

―No soy insignificante ―repito, mirando mis pies, negando mi atracción no


deseada por él.― Una vez que obtengas lo que quieres de mí, perderás inte-
rés.

Lo fulmino con la mirada mientras él me mira con una expresión ilegible en


su rostro. ―¿Entonces crees que solo quiero follarte una vez?

―Más o menos ―respondo, sin romper nuestro contacto visual.

Una sonrisa astuta se curva en sus labios mientras reduce la distancia entre
nosotros. Se toma todo su tiempo para responder, observándome.

―Bueno, supongo que tendré que follarte y probar que estás equivocada.

Sacudo la cabeza con incredulidad. No estoy segura si no me gusta su charla


sucia o si en realidad me está excitando. Demuéstrame que estoy equivo-
cada… Tal vez porque una noche no satisfará sus necesidades, y nunca sa-
tisfará las mías.

―Ma belle, si algo va a suceder entre tú y yo, y sucederá, pasará más de una
vez. Confía en mí.― Por la gravedad de su tono, siento que es una promesa.

No se trata de una aventura de una noche. Es para un viaje largo y lento.


Pero un viaje ¿a dónde? Probablemente al infierno.

Usarnos uno al otro para nuestras necesidades personales. Usando nuestras


ansias para escapar de nuestra oscuridad. Transformando nuestra oscuri-
dad en una fuente de placer. Olvido.
Estamos atrapados en una espiral, sin frenos ni posibilidad de detener lo
inevitable.
Capítulo 9
Una chispa en la oscuridad

NO PUEDO CREER QUE ESTÉ HACIENDO ESTO.

Mis puños se aprietan, mi pulso se acelera, está demasiado alto. Cierro mis
ojos. Lo tengo. Aaron está sentado a mi lado, sin darse cuenta de mi ansiedad
mientras subimos más y más en la rueda de la fortuna. Debería haberle di-
cho que tengo miedo a las alturas, pero quería demostrar que soy más fuerte
que mis miedos. Y ahora, mi pequeña gota de coraje me lleva al borde de un
infarto. Incluso los niños están en la rueda de la fortuna, no puedo ser tan
débil. Miro hacia abajo, mis puños agarran la barra con más fuerza.

―¿Estás bien?

Asiento con la cabeza y logro esbozar una sonrisa falsa y poco convincente.
No puedo demostrarle que tengo miedo de una atracción infantil. Necesito
cambiar de tema. ―¿No tienes miedo de la muerte cuando corres?― Oye, Aa-
ron, hablemos de la muerte en una primera cita. No es que esté ansiosa por
morir en la rueda de la fortuna.

―No.― Se encoge de hombros.


―¿Por qué?― ¿Cómo podría no hacerlo? Una mala maniobra. Un error. Un
segundo. Y podría morir. Él está poniendo su vida en peligro voluntaria-
mente.

―No tengo nada que perder. Incluso es emocionante desafiar a la muerte


durante cada carrera.― Él me mira, tratando de leer mi reacción.

―¿Qué tiene de emocionante? ¿Y si un día pierdes contra la muerte?― No


puedo creer que no tenga miedo. Todos estarían asustados, pero, de nuevo,
él es “Wolf”.

―Para estar en control. No importa si pierdo o si gano, lo que importa es que


olvide.― Me encuentro con su mirada tenebrosa, preguntándome qué le pasó.
¿Por qué es tan...?

―¡No! ―grito con horror cuando la rueda de la fortuna se detiene en el punto


más alto. Estoy atrapada en mi peor pesadilla. Empiezo a entrar en pánico,
moviendo mis manos con estrés. Mi boca vibra de miedo, mis músculos tiem-
blan. Escucho el sonido de las piezas de metal crujiendo, debe haber un
problema. Algo está mal. Cierro los ojos, esperando que sea solo una pesadi-
lla y que me despierte pronto.

―Mírame ―ordena Aaron con calma y control.

Sacudo la cabeza sobre las rodillas, incapaz de abrir los ojos. ―Yo no puedo.
Tengo miedo, no puedo…― Trato de negar las lágrimas de miedo deslizándose
por mis mejillas. Esto es humillante. Desearía que Aaron se fuera, que no
tuviera que presenciar a mi pobre yo paralizada por el miedo. Todo mi cuerpo
está temblando, ya no escucho la música de la feria, atrapada en mi propia
pesadilla.

La mano de Aaron alcanza la mía, entrelazando nuestros dedos. Aprieto mi


agarre en su mano, apretándolo, sabiendo que probablemente se arrepienta
de haberme perseguido. El fuerte viento que sopla. Nuestra cabina sacudién-
dose. El metal crujía como si la muerte llamara a tu puerta. No. No.
―Acercarte más a mí.― Está tan sereno, mientras yo estoy colapsando en mis
demonios.

Lleva nuestras manos más cerca de su cuerpo como una invitación.

Sin pensarlo, me estrello brutalmente en su torso. Me ofrece su pecho para


recostar mi cabeza, envolviéndome con sus brazos. Acaricia mi espalda mien-
tras endurezco mi agarre alrededor de su cintura. Parece irrompible: su
cuerpo es fuerte, su expresión es fría como el hielo y, sin embargo, su toque
es reconfortante y afectuoso. Y me dejo llevar. Lloro, dejando salir mi ansie-
dad, reviviendo un recuerdo doloroso. Abrazo a Aaron con fuerza, temiendo
que me abandone. No quiero volver a estar sola.

Mi yo de ocho años está atrapada en una pesadilla interminable de su pa-


sado, en un recuerdo que desea olvidar. El recuerdo que inició su caída. Un
recuerdo que la dejó con un miedo incurable. Dijo que me atraparía. Trago
mis lágrimas, mis manos agarrando la camisa de Aaron por los recuerdos
que atormentan mi mente. Me dijo que saltara. Dos metros ¿Por qué no me
atrapaste? Salté. Salté, y él no estaba allí para atraparme. Me caí. Mi pesa-
dilla. Necesito olvidar esto. Salgo de mis pensamientos cuando siento el to-
que de Aaron devolviéndome a la realidad.

En silencio, acaricia mi cabello suavemente con la punta de sus dedos, su


otro brazo me acerca más a él. Con mi cuerpo sintonizado con la proximidad
del suyo, ya no me siento sola. Él me atrapa. Él está aquí. Y así, mi yo pasado
se siente protegida, segura. Por primera vez en años, siento que ya no estoy
sola. Olvido las alturas, olvido donde estoy, y nuestros latidos se conectan
en unión.

―Respira hondo, sostén la respiración durante tres segundos y exhala lenta-


mente. Cuenta hasta diez ―ordena mientras continúa frotando mi cabello.
Hago lo que dice y siento que mi corazón se calma―. Bien. Ahora, trata de
acordarte de un recuerdo tranquilo, o un lugar. No pienses en lo que podría
salir mal.― Asiento con la cabeza.
Unos minutos más tarde, tengo el suficiente valor para abrir los ojos y mover
la cabeza hacia él. Su mirada es oscura, misteriosa y... preocupada. Me
pierdo en la lectura de su alma atormentada, y entiendo algo. Él sabía. Él
entendió. La forma en que me calmó en un par de minutos, la forma en que
no me juzga, ni se burla de mí. Él ha vivido algo similar. Una experiencia
traumática.

―Estás a salvo.― Su voz es grave y poderosa, por un instante somos solo


nosotros. Sin juego. Sin esconderse. Borra el rastro de mi rímel en mis me-
jillas con su dedo suavemente―. Nada te pasará. Lo prometo.

Sus dedos trazan un camino a lo largo de mi mandíbula mientras abro la


boca, mis ojos aún están húmedos por las lágrimas. Acerco mi cara a la de
él, rogándole que me bese. Nuestros labios están a unos centímetros de cho-
car entre sí… pero la fuerza del universo actúa contra nosotros.

La rueda de la fortuna comienza a funcionar de nuevo, impulsándonos más


cerca del suelo, alejándonos de mi miedo. Inmediatamente nos separamos
de nuestro abrazo, fingiendo que este momento nunca sucedió. Era una se-
ñal. No está destinado a ser mi príncipe azul, no estamos destinados a be-
sarnos. Pero está destinado a aliviar mi alma, a quitarme la oscuridad: es el
caballero en problemas.

―Gracias, Aaron.― Mi voz traiciona mi vergüenza por ser tan vulnerable―. Y


lo siento… lo siento por ser un desastre. Yo solo... entré en pánico.

―No tienes que disculparte. De hecho, fue muy valiente de tu parte enfren-
tarte a tu miedo esta noche.― Vuelve a ser él mismo, su expresión impene-
trable.

Tuve un atisbo de la humanidad de Aaron. Su toque se sentía tan protector,


gentil, mientras que por lo general lo guía un hambre exigente, un compor-
tamiento controlador y una pasión acalorada. Esta noche estoy descubriendo
otro lado de Wolf.
―Realmente no puedo entenderte, Aaron.

RECUPERO MIS EMOCIONES y estamos de vuelta en medio de las atracciones de


feria, comiendo churros. Hemos conquistado los juegos de tiro, y ganó un
peluche, listo para darle vida a la ‘Cita cliché de la Rueda de la Fortuna’,
como él la llamó, pero lo que no había anticipado era la niña que lloraba
porque no podía conseguir su unicornio. Él le ofreció el unicornio, y ese gesto
me hizo más feliz que cualquier juguete de peluche que pudiera haber ganado
para mí. No podría estar más convencida de que hay más de Aaron de lo que
nos muestra. Estoy segura de ello. Lo que lo hace aún más peligroso y difícil
de resistir.

El hombre roto rescatando a gente menos rota.

Llegamos al juego de la grúa. Noto un llavero de oso de peluche que lleva un


traje de carreras. Sería perfecto para Aaron. Tomo su mano y lo conduzco
hacia al juego, con una sonrisa cursi en mi rostro.

―Nunca nadie gana en el juego de la grúa.

―Voy a…― Alzo una ceja, buscando mi dinero, pero Aaron compra los boletos
para el juego―. Podría haberlos comprado yo misma.

―Nunca dejo que una mujer pague, y menos la mujer con la que estoy en
una cita.

Pongo los ojos en blanco ante su comentario, preguntándome de dónde viene


esta nueva galantería. ―No me importa.

―Conmigo, nunca te dejaré pagar. Puedes discutir conmigo, pero sabes que
yo tendré la última palabra. ―Hago un puchero, incluso si una parte de mí
se está derritiendo frente a su seguridad. Todo alfa. Todo hombre. Todo con-
trolando.

Veinte minutos después, termino insultando a la máquina, y “Wolf” ha gas-


tado más de cien dólares en este juego, por un llavero aleatorio de dos dóla-
res. Es fabulosamente rico, y aquí estoy yo tratando de ganarle una bagatela
sin sentido. Debo parecer patética para él.

―Deberíamos irnos… está bien si…

―¡No! ¡Déjame intentarlo una vez más!― Estoy enojada conmigo misma por
no poder hacer esto. Golpeo la máquina con más fuerza: ¡puedo vencer a la
tonta máquina, por el amor de Dios! Y luego, la pinza agarra el osito de pe-
luche y finalmente gano. Lo hice. Recojo el llavero con orgullo y se lo muestro
a Aaron.

―Esto es para ti, Señor Arrogante ―sonrío infantilmente―. Pero quiero devol-
verte el dinero, se suponía que era un regalo.

―No lo harás.― Una sonrisa de suficiencia se extiende en su rostro mientras


se inclina dramáticamente frente a mí―. Lo que cuenta es lo dedicada que
estuvo durante los últimos veinte minutos para ganar esto para mí, señorita
Monteiro.

―¡Cállate!― Me río de él, empujándolo suavemente lejos.

―No realmente. No suelo recibir regalos.― Su voz ronca me golpea mientras


contempla con admiración el ridículo llavero―. Gracias, Elle.

Trato de negar mi sonrojo y el calor que llega a mi estómago. El hombre que


lo tiene todo está impresionado por mi miserable intento de hacer algo ridí-
culamente pequeño por él. No, no vayas por ahí, Elle.

Seguimos paseando por la feria. Nunca me he reído tanto. Realmente es la


mejor cita de mi vida y, sin embargo, tan simple y natural.
―¡Es Aaron LeBeau!― Un niño de aproximadamente doce años corre hacia
Aaron antes de saltar a sus brazos. “Wolf” se ríe mientras lo saluda y firma
la gorra del niño―. ¡Quiero ser un piloto de carreras como tú! ¡Veo todas tus
carreras en la televisión! ¡Eres el mejor! Exclama con alegría.

―Gracias amigo. Sabes que puedes convertirte en lo que quieras, ¿verdad?

El niño agita su gorra. ―¡Henry! ¡Mira con quién estoy!― Un niño de la misma
edad nos mira a pocos metros. Ambos de pelo castaño y ojos azules.

Me río de la escena, amando la inocencia de los niños. Pero cuando miro a


Aaron, ya no sonríe. Su rostro está blanco mientras respira profundamente,
mirando a Henry como si hubiera visto un fantasma. Coloco mi mano en su
brazo, e inmediatamente me mira, logrando una rápida sonrisa.

―¡Este es mi hermano! A mi papá le gusta más. Siempre soy yo quien se mete


en problemas. Pero a veces es aburrido. No le gustan las carreras ―explica el
niño encogiéndose de hombros mientras su hermano deja de prestarnos
atención.

―Henry, ¿eh? ¿Cómo te llamas?― Aaron se arrodilla frente al niño.

―¡Soy Lucas!― Le dedica una enorme y orgullosa sonrisa a “Wolf”.

―Bueno, Lucas, me recuerdas mucho a mí a tu edad.― Los ojos de Lucas


deslumbran de alegría ante el comentario de su ídolo―. También tengo un
hermano llamado Henry. Siempre fuimos tan diferentes, y solíamos pelear
todo el tiempo. Pero…― Aaron se detiene por un momento, y me quedo sin
palabras. Es la primera vez que habla de su familia. Muestra su sonrisa ca-
sual—. Estoy seguro de que te ama. No seas demasiado duro con él, ¿de
acuerdo?― El niño asiente―. Serás un gran piloto de carreras, Lucas. Estoy
seguro de ello.

―Ojalá pudiera verte correr de verdad… pero mi papá…― Lucas suspira―. Le


pedí para mi cumpleaños ir a verte. Pero él está en contra.― Siento que mi
corazón se rompe al presenciar la tristeza en los ojos de Lucas.
―¿Sabes qué? Tendré asientos libres reservados para ti. Pídele a tu papá que
llame a este número. Es mi agente.― Aaron le entrega su tarjeta personal
antes de darle un guiño juguetón.

Mis labios se separan por la sorpresa. “Wolf” es lo contrario de lo que espe-


raba que fuera en esta cita. “Wolf” tiene un corazón. “Wolf” es cariñoso. Y de
repente “Wolf” me está conquistando. Lucas salta de felicidad, abrazando a
Aaron, haciéndolo perder el equilibrio y caer al suelo. Siento las emociones
recorrerme cuando noto las lágrimas de euforia del niño y la sonrisa de Aa-
ron.

Pero entonces un hombre comienza a gritar, acercándose a nosotros. ―¡Lu-


cas! ¡Vuelve aquí!

Lucas inmediatamente da un paso atrás y se para al lado del anciano frente


a nosotros.

Aaron vuelve a ponerse de pie a mi lado.

―Lo siento si mi hijo te estaba molestando.

―Al contrario, señor. Acabo de ofrecerle a su hijo asientos gratis para mi


próxima carrera. Aquí está mi tarjeta y...

El papá tira su tarjeta. ―No. Esta obsesión tiene que parar, Lucas. ¿Por qué
no puedes ser como tu hermano?― El papá le grita a su hijo, que está tra-
tando de defenderse―. ¡No quiero que seas un piloto de carreras sin cerebro!―
¿Cómo puede ser tan duro? Y delante de Aaron. Este hombre no tiene res-
peto.

Los ojos de Aaron se estrechan ante el padre loco. ―No puedes hablarle así
a tu hijo. Deberías respetar su sueño, no…

―No me digas cómo educar a mi hijo. Vamos Lucas.― El niño está a punto
de irse con su padre cuando paso frente a ellos. No puede faltarle el respeto
a Aaron de esa manera.
―¿Sabías que Aaron LeBeau se graduó con honores de la universidad con un
título en negocios? Entrenar para ser piloto de carreras es tan difícil como
entrenar para ser astronauta.― Todas esas horas buscando a Aaron en la
web valen la pena―. Déjame decirte lo que es un descerebrado. Juzgar a las
personas sin saber. Y mientras estamos en eso, un piloto de carreras sin
cerebro gana más que todo el salario que estoy segura de que ganaste du-
rante los últimos treinta años.― No sé de dónde vino mi repentina confianza.
El padre murmura algo para sí mismo y se marcha furioso con su hijo. Aaron
le ofrece una sonrisa genuina a Lucas antes de irse.

―El niño. Lucas. Me recuerda a mí. Cuando era más joven.― Aaron parece
perdido en sus pensamientos, sin mirar a ninguna parte―. Pensé que lo es-
taba ayudando. Pero ahora, me doy cuenta de que he empeorado las cosas.

―¿Empeorando? No podías saber que su padre actuaría de esta manera.―


¿Se está culpando seriamente a sí mismo por ser amable con un niño?

Sacude la cabeza, cambiando de tema rápidamente. ―¿Cómo supiste de mis


estudios?

―Investigación, Señor LeBeau.― Me río de él triunfalmente.

―Me estás enviando señales contradictorias, Elle.― Con voz ronca, se pasa
los dedos por el pelo y me da la espalda.

―¿Qué quieres decir?

Me mira de nuevo, sus ojos vibrantes en conflicto. ―Soy un hombre paciente


y he sido honesto contigo desde el principio. Te deseo.― Un paso más cerca―.
Y sé que tú también me deseas, de lo contrario no tendríamos una cita. Pero,
aun así, sigues resistiéndote... señales mixtas.― Un paso más cerca―. ¿Qué
quieres, Elle? Sin juegos. La verdad.― Un par de centímetros separan nues-
tros cuerpos, nuestras miradas fijas la una en la otra―. Retrocederé si me
dices que no me deseas. La pelota está en tu cancha, Elle.
Él espera mi movimiento. Mi consentimiento. Una prueba. Siento que mi co-
razón se acelera, estando en posición de negarnos. Nuestra improbable
atracción. Este magnetismo que nos une. El alma de “Wolf” hablando con la
mía. Es un tornado de sentimientos contradictorios. Si la pasión fuera un
ser humano, sería él. Destructivo y placentero. Y de nuevo, dejar que mi
cuerpo tome el control de mi mente, ignorando las consecuencias.

―Te deseo.― Tres palabras, un cataclismo de sentimientos.

Presionando su duro cuerpo contra el mío, toma mi mandíbula entre sus


palmas antes de que sus labios choquen salvajemente contra los míos.
Nunca hubiera pensado que un simple beso pudiera despertar cada célula
de mi cuerpo, cada uno de mis sentidos. Sus besos son exigentes, urgentes,
poderosos. No es dulce ni tierno. Me desea y está capturando mis labios,
poseyendo cada centímetro de ellos.

Su toque me hace sentir una nueva forma de lujuria y crea en mí un hambre


codiciosa y electrizante. Entrelaza su lengua alrededor de la mía y gimo, ol-
vidándome de que estamos en público. Mi cuerpo estalla con sensaciones,
atraído magnéticamente por él, saboreando cada momento. Cada uno de sus
besos ardientes me van corrompiendo, enviándome al olvido. Es aterrador y
adictivo. Se lleva una parte de mi alma con él, dejándome con ganas de más.

―Mierda. Si no estuviéramos en público, las cosas que te haría.― Cosas, que


no podía esperar para averiguarlo.

Rompe nuestro abrazo y me deja sin aliento por nuestro intercambio, todo
mi cuerpo ardiendo. ―¿Estás lista para la siguiente parte de nuestra cita?―
Una sonrisa pícara se extiende por su rostro.

―¿Esta no fue toda la cita?

―Una parte sí. Me voy al Gran Prix de Canadá esta noche. Mi jet sale en un
par de horas.
¿El Gran Prix de Canadá? ¿No se suponía que debía ir con él? Pero no tendría
sentido. Apenas es martes y...

―Y tú vienes conmigo, ma belle...


Capítulo 10
El dios caído

AARON LEBEAU ODIA LAS ETIQUETAS Y TIENE SUS PROPIOS DICHOS.

Salir con él significa resistirlo hasta ceder. Para él, una relación equivale a
un acuerdo. El placer sin la conexión emocional. Hay una fecha de caducidad
incluso antes de que comience. En cuanto a mi presencia en el Gran Prix de
Canadá, solo estoy aquí con la misión de desentrañar la humanidad de
“Wolf”, cumpliendo mi parte del acuerdo, incluso si ambos sabemos que vine
aquí voluntariamente. ¿Pero por qué? Cuando estoy con él, tengo una prisa
indescriptible, tengo una necesidad insaciable de aventuras.

Todavía no puedo quitarme lo que pasó esta noche. Hace unas horas, estaba
en una cita con Aaron, superé mi mayor miedo y luego tomé su jet privado,
su lujoso jet privado de gran tamaño. Tuve que mantener una distancia se-
gura con él durante las pocas horas que volamos. Todo es incierto excepto
una cosa, “Wolf” está corrompiendo mi alma.

Esa libertad me hace recordar a la persona que era antes de Stephan hace
tres años. Bailando con mis amigos, celebrando el fin de semestre, sintién-
dome libre, confiada, explosiva. Hasta que llegó Stephan. Era todo correcto
sobre el papel, educado, encantador, destinado a ser un abogado brillante,
el epítome de la perfección. El amor no es un sentimiento en el que puedas
confiar. No esperes algo que no existe, decía mi madre. Y esa es la razón por
la que le di una oportunidad a Stephan. En nuestra primera cita, vino y cenó
conmigo en uno de los restaurantes más burgueses de Nueva York, atrayén-
dome con sus palabras y su personalidad increíblemente persuasiva. Él era
amable, no me dejaba beber tanto como yo quería, y mostró su deseo de
compromiso pidiéndome que fuera su novia, es decir, ya estaba hablando de
matrimonio. Él llenó el vacío y luego me hirió, prestándome atención y ofre-
ciéndome lo que probablemente toda mujer deseaba. Incluso si estaba con-
vencida de que no era este tipo de chica. Así es como abrí mis murallas a un
hombre que apenas conocía. Aaron es lo opuesto a Stephan, pero ¿y si pu-
diera quebrarme de la misma manera?

Vuelvo a la realidad cuando escucho la risa de algunos conductores que tie-


nen una conversación amistosa en medio del hotel del Gran Prix de Canadá.
Los equipos comienzan a poner los materiales dentro de sus paddocks. Los
reporteros nos rodean, las familias y las novias se toman fotos juntas y, en
cuanto a mí, solo conozco a “Wolf”.

―¡Aaron!― Un hombre de aproximadamente cincuenta años camina hacia


nosotros, con una sonrisa deslumbrante en su rostro. Es una de las pocas
personas vestidas informalmente aquí. Jeans, camisa a cuadros, barba de
pocos días, cabello castaño desordenado y bondad en sus ojos grises. ¿Un
forastero? Como yo.

Los dos hombres se dan un abrazo amistoso antes de que Aaron se vuelva
hacia mí para presentarnos. ―Elle, este es Thomas, el director de nuestro
equipo y mi agente.― Tal vez no sea un extraño―. Thomas, esta es Elle.

Nos saludamos cortésmente con una sonrisa tímida. Puedo decir que Tho-
mas está tan incómodo como yo con las presentaciones. ―Entonces, Elle,
escuché mucho sobre ti.― ¿En serio?―. Tengo curiosidad por saber cómo te
las arreglaste para hacer que cambiara su forma de ser.― Lanza su brazo
alrededor del hombro de Aaron―. Podría usar sus trucos para hacer que me
escuches.
―Tú no eres una mujer, Thomas. No puedes usar sus trucos.― Aaron mues-
tra su sonrisa mientras Thomas pone los ojos en blanco, y en un segundo
mis mejillas se ponen rojas. “Wolf” dirige su atención hacia mí―. Si me dis-
culpan. Necesito ver a mi compañero de equipo.

Me deja con Thomas, y mi mirada no puede evitar seguirlo, mis pensamien-


tos son incontrolables. Observo a Aaron hablar con su compañero de equipo
y algunos otros pilotos, cautivada por su magnético carisma. “Wolf” ocupa
toda la atención con solo un gesto; él irradia dominio. Pero no de una manera
falsa. Es él mismo sin importarle lo que piensen los demás.

―Aaron es un gran hombre.― Thomas sonríe, notando la forma en que estoy


mirando a Aaron.

―De hecho, lo es ―respondo tímidamente.

―Tiene sus propios demonios y no confía fácilmente en la gente, pero tiene


mucho que dar.― La voz de Thomas está llena de amabilidad.

―¿Cómo lo descubriste?― Me convenzo a mí misma de que debo hacer pre-


guntas para el próximo artículo, cuando en realidad estoy acumulando un
vivo interés por saber todo sobre “Wolf”.

―Lo tomé bajo mi protección cuando era solo un adolescente. Ese niño tomó
prestado un kart, sin permiso, antes de competir en la pista. Afirmó que era
mejor que mis otros estudiantes.― Él se ríe, mirando a Aaron, orgullo en su
rostro―. Bueno, tenía razón. Ya tenía ese fuego en él. Quiero decir, a los
diecinueve años se colocó en el número 2 en un campeonato mundial.

―Como él dijo, siempre consigue lo que quiere.― No puedo evitar reírme. Eso
es lo que hace. De lo contrario, no estaría aquí.

―Estaba empezando a preocuparme por él. La vida de un piloto de carreras


no es fácil, necesita estabilidad.― Cuando Thomas me mira lleno de benevo-
lencia, me siento como una adolescente que acaba de obtener la aprobación
del padre de su novio―. Él es más un tipo solitario. Su compañero siempre
tiene a su familia para animarlo, pero él… ―suspira―. Él cree que no necesita
a nadie, solo creo que es difícil para alguien como él confiar en alguien.

―Debe ser difícil desarrollar relaciones reales cuando eres famoso. A veces
es mejor alejar a la gente, para no estar decepcionado de ellos ―digo con
sinceridad. Necesito recordar que “Wolf” y yo estamos jugando un juego. Un
juego que no involucra sentimientos o conexión emocional. Solo puedo ser
insignificante una vez que expire nuestro acuerdo.

―Pero aparentemente te dejó entrar, ¿no es así?― Una sonrisa juguetona se


deslizó en su rostro.

―Ma belle, deberíamos ir a nuestra habitación―. Aaron vuelve a nosotros,


poniendo su mano en mi espalda baja. Su toque fascinante envía un escalo-
frío a mis brazos.

―Fue un placer conocerte, Thomas.

―Tú también, Elle. Te veré pronto.― Nos sonreímos el uno al otro antes de
que la atención de Thomas se desvíe hacia Aaron―. Y nada de asuntos sucios
antes de la carrera, Aaron.― ¡Oh, Dios! Siento el sonrojo en mis mejillas
cuando Thomas nos deja, riéndose de mi rostro sorprendido.

CUANDO LLEGAMOS A NUESTRO DORMITORIO, las dudas comienzan a consu-


mirme. Tenemos una habitación en el último piso con una vista increíble de
la pista. Nuestro balcón está iluminado por el hermoso crepúsculo. El am-
biente está lleno de romanticismo: es espacioso, podría ser digno de una luna
de miel. Y lo que es más importante, hay una cama tamaño king. Sólo una.
Voy a compartir una semana, a solas, con “Wolf”. ¿Puedo confiar en él? Pro-
bablemente no. Sin embargo, creo que será un caballero. Casi me siento
como su escolta personal, tal vez este acuerdo no fue tan buena idea. Sólo
hay una forma de averiguarlo.
―Entonces, ¿de qué lado de la cama quieres dormir?― Mi voz ardiente, reve-
lando el hecho de que no he dormido junto a un hombre en mucho tiempo.

―Lo que quieras. Dormiré en el sofá.― ¿Qué?

Arroja su bolso sobre el sofá que transforma en una cama diminuta. Lo estoy
estudiando con confusión. “Wolf” quiere follarme. “Wolf” me invitó aquí.
¿Pero dormir en la misma cama que yo, no lo puede hacer? No creo que lo
haya hecho por caballerosidad, no, es otra cosa. Me mira por encima del
hombro. ―No personal, Elle. Es solo que siempre duermo solo.

Murmuré un vago bien, mi voz traiciona mi decepción. ¿Qué pasa conmigo?


Mientras va al baño, dejo mi maleta sobre la cama y me recojo el pelo en un
moño desordenado. Busco dentro de mi bolso mis productos de belleza, to-
davía preguntándome por qué no quiere dormir a mi lado. ¿Es porque no
puede conciliar el sueño al lado de alguien? ¿Es porque no quiere involu-
crarse emocionalmente con alguien? Es difícil saber.

Decido tomar una ducha una vez que me doy cuenta de que “Wolf” ha termi-
nado. Llevo mis productos, y nuestros caminos se encuentran a mitad de
camino, nuestras miradas se conectan intensamente entre sí. Miro al suelo,
ignorándolo, sin creer que realmente estoy haciendo esto.

Es cosa de una vez.

A pocos días de todo.

Entro al baño cuando escucho su teléfono sonar en el lavabo. ―¡Aaron, tu


teléfono!― Lo agarro y abro la puerta para devolvérselo, pero veo por error el
identificador de llamadas de WhatsApp.

Monica.

Ella es hermosa. En su foto de perfil, está sonriendo, mostrando sus increí-


bles dientes. Sus profundos ojos azules hechizarían a cualquier hombre, su
cabello castaño ondulado parecía cabello de comercial. Por un instante, me
pregunto: ¿quién es ella para él? A quien le importa.

―Gracias, Elle.― Toma su teléfono mientras logro sonreír y sentir algo... ex-
traño. ¿Celos? ¿Seriamente? Es ridículo.

Lo escucho maldecir un par de veces por teléfono, pero decido no escuchar.


Durante mi ducha, todos mis pensamientos están ocupados por Aaron. El
misterioso y enigmático Aaron. Me cambio y me pongo mis pantalones cortos
de raso burdeos y mi camisola y reviso mi teléfono.

Aaron: Rumbo al gimnasio. No esperes despierta.

Mentiroso.

Puede que no sea un experta en Fórmula 1, pero sé de deportes. Se supone


que debes mantener tu energía antes de una competencia, seguir un pro-
grama de entrenamiento, el que no incluye una sesión de gimnasio por la
noche, abruptamente. Genial, “Wolf” me pide que venga aquí solo para acos-
tarse con otra mujer, probablemente la hermosa Monica. Rechacé el sexo con
él (por ahora, al menos) y él no es el tipo de hombre que espera a una mujer
para siempre. Irrumpo en el dormitorio, tratando de no dejar que mi tempe-
ramento me afecte. Tomo un libro para relajarme y me dirijo hacia el balcón
para sentir el aire fresco en mi rostro. Casi todas las luces están apagadas,
a excepción de un enorme ventanal a la derecha.

El gimnasio.

Lo miro más de cerca y veo a Aaron corriendo en la caminadora, solo. Es


rápido, concentrado, como si estuviera en una guerra contra sí mismo.
Mierda. Él no estaba mintiendo. Hablando sobre problemas de confianza. Me
siento en la silla y cambio mi enfoque entre el libro y Aaron por Dios sabe
cuánto tiempo. Nunca he visto a alguien tan endurecido. Detiene la camina-
dora y se sienta en el suelo luciendo exhausto, con las manos apoyadas en
la frente. Parece angustiado, agotado, como si hubiera superado sus propios
límites.
Miro la hora y me doy cuenta de que han pasado dos horas desde que se fue
y ya pasa de la medianoche. Mis instintos toman el control en ese momento.
No estoy pensando con claridad, estoy encauzada por una poderosa fuerza
imaginaria. Respiro hondo y agarro mi chaleco, saliendo de la habitación.
Cuando abro la puerta del gimnasio, encuentro a Aaron junto a la ventana,
de espaldas a mí. Es demasiado tarde para volver ahora.

—Aaron —digo, insegura de por qué estoy realmente aquí. Cuando escucha
mi voz, su mirada penetrante se encuentra con la mía mientras toma un
sorbo de su botella de agua―. Lo siento, no quise entrometerme. Acabo de
verte desde el balcón y me preguntaba si estabas bien.

―No necesito una niñera ―responde sombríamente. Sus cejas se fruncen,


sus ojos entrecerrándose hacia mí con una profunda intensidad. Mensaje
recibido. Él quiere que me vaya.

Me doy cuenta de lo tonta que me veo. Ni siquiera nos conocemos, y aquí


estoy irrumpiendo en su espacio personal. Asiento hacia él, entendiendo que
esto es una mala idea. Estoy a punto de salir del gimnasio cuando agarra mi
mano, su toque envía una sensación electrizante por todo mi cuerpo. Por
primera vez cuando leo sus ojos, encuentro una vulnerabilidad que nunca
antes le había visto. Él, que por lo general siempre tan controlado, siempre
tan fuerte, intrépido, ahora parece un niño atormentado que se despierta de
una pesadilla, atrapado en el cuerpo de un hombre salvaje.

―No quise ser grosero. Es sólo, algo que hago.― Aprieta la mandíbula.

―¿Qué quieres decir?

Camina hacia el enorme ventanal. ―Entreno más duro que los demás para
escapar de mis pensamientos. Necesito ser el mejor. Si me dejo ir, seré con-
sumido por la oscuridad.― Lo encuentro frente a la ventana, la luz de la luna
ilumina la mitad de su rostro. Medio ángel. Medio roto.

―¿De qué estás hablando?


―Mi pasado no te concierne.― Sus ojos como cuchillas perforan los míos.

―Debes sentirte solo ―susurro, probablemente pensando para mí. Me ana-


liza confundido como si fuera un enigma que necesita resolver―. Guardar
todo para ti. A veces ayuda hablar con alguien.― Lo sé. Yo también estoy sola.

―No querrás saber por qué soy así. La razón por la que conduzco.― La razón
por la que no se acerca a nadie―. Estoy roto.― Su tono agudo y frío no me
aleja. En cambio, mi corazón lo siente por él, incluso si me mira como si yo
fuera su enemigo―. No necesito tu lástima, Elle ―agrega con desconfianza
antes de irse furioso a recoger su bolso.

―Esto no es lástima, Aaron. Se llama cariño―. Una palabra que probable-


mente no sepa su significado. Me pregunto qué sucedió en las últimas dos
horas para que cambiara drásticamente en su comportamiento. ¿Qué cica-
trices está escondiendo, para negar su emociones?

―Deberías preocuparte por tus propios problemas―. Sus palabras están des-
tinadas a herirme.

―No sé qué te pasó, pero no es una razón para actuar como un idiota egoísta.
¡Todos tenemos nuestros demonios! ―grito, saliendo del gimnasio.

Camina detrás de mí en silencio. Podría haber actuado por impulso. ¿De


verdad lo llamé idiota? Solo hice suposiciones sin saber nada sobre su vida.
Cierra la puerta del dormitorio detrás de nosotros. Siento la necesidad de
disculparme, después de todo, él no me debe nada, pero se me adelanta.

―El siete del mes es un mal día para mí.― Siete... igual que el número de su
coche, y de su tatuaje de calavera―. Buenas noches, Elle.

A veces, las palabras tienen otros significados además de los reales. A veces
tenemos que leer entre líneas para encontrar una nueva comprensión. Y, en
este caso, abrirse a mí podría significar que está arrepentido.

―Buenas noches, Aaron.


Me meto en mi cama y cuando estoy a punto de apagar las luces, escucho
su voz. ―Gracias por preocuparte.

Le sonrío. Apago las luces. Hay esperanza.

Puede estar roto, dañado, confundido por un pasado que no está listo para
compartir con el mundo.

Pero descubriré quién es “Wolf”, al precio de despertar mis propios demonios.


Capítulo 11
Anímame

“WOLF” ESTÁ DISCUTIENDO LA ESTRATEGIA DE CARRERA con su equipo y prepa-


rándose para las pruebas de autos de mañana. Mientras tanto, he recopilado
las preguntas más frecuentes sobre él. Dudo que complazca a Nina, pero si
agrada a los lectores, mi trabajo estará asegurado. Además, “Wolf” es dema-
siado controlador para entregar información espontáneamente. Configuré la
cámara para grabar la entrevista y darle a mi artículo una imagen intere-
sante: todos somos conscientes de su buena apariencia.

Sentada en una silla, con las piernas en la barandilla del balcón de nuestra
habitación del hotel, me subo la camiseta por la barriga para disfrutar de los
rayos del sol en mi piel mientras espero a “Wolf”. Mi cuaderno de bocetos en
mi regazo, dudo en intentarlo. El arte es como andar en bicicleta, no puedes
olvidar cómo hacerlo. Pero se siente como una eternidad. He ensuciado mis
manos y jugado con los colores. Honestamente, me asusta, porque no puedes
controlar tu creatividad. No puedes esconderte de tu subconsciente. El arte
es honesto. No puedes mentir con tus sentimientos. Estás expresando tus
deseos secretos, tus miedos, tu oscuridad y tu luz, sin saberlo en primer
lugar.

Pero no tengo colores. Sólo tengo un lápiz de carbón. ¿Cuánto daño puedo
hacer con un solo lápiz? Decido dibujar la pista con un coche de carreras,
teniendo una vista bastante buena. Mar. Fácil. Se me ocurre una idea. Paso
la página y pierdo la noción del tiempo, sintiéndome inspirado por primera
vez en meses. Dibujo un pájaro en el hombro de un hombre con un traje de
carrera, ambos alejándose de la oscuridad: habla de la obsesión de “Wolf”.
Difumino el color con mis dedos antes de resaltar el ala de lo que parece ser
un periquito, y estoy en la imposibilidad de negar que tengo una afición por
los pájaros. La última vez que pinté uno, fue en acuarelas. Grandes pincela-
das de negro. Capa de pintura roja. Gotas rojas derretidas con agua.

―Eso es hermoso.

Palidezco cuando escucho la voz detrás de mí devolviéndome a la realidad.


“Wolf”. Cierro rápidamente el cuaderno de bocetos, la vergüenza corriendo
por mis mejillas. ―Se suponía que no debías ver eso ―espeto.

Nunca he mostrado mi arte a nadie voluntariamente. (Aparte de las escuelas


de arte, pero lo describieron demasiado simple sin un significado profundo).
Cuando mi madre encontró mis pinturas, me dijo que me concentrara en
una carrera real, preferiblemente una que me permitiera conocer gente im-
portante. Lo que quería decir era hombres con una billetera abultada, alto
estatus social y solteros. Stephan me dijo que detuviera mi sueño irracional
y me hizo comprender que mi arte ocupaba “demasiado espacio”, sea lo que
sea que eso signifique.

―Bueno, ya tuve un vistazo. ¿Puedo verlo más de cerca?― Extiende su mano


hacia mí, ni siquiera arrepentido, convencido de que le daré la llave de mi
subconsciente.

Aprieto el libro más cerca de mi pecho. ―No, es personal.― Su mirada se


pasea por mis dedos y uñas oscurecidas por el carbón. Inmediatamente los
escondo detrás de mi espalda, luciendo avergonzada―. Tiendo a ensuciarme
cuando dibujo o pinto.

―Trabajo con mecánicos y autos, tener las manos sucias es sexy en mi


mundo ―dice con una confianza imposible de resistir.

Desato el nudo de mi blusa para cubrir mi vientre y coloco un mechón de mi


cabello detrás de mi oreja. No hay nadie como Aaron para hacerte sentir sexy
en los peores momentos posibles. Esto es peligroso, no tengo hábitos para
exponer mi verdadero yo a alguien.

Él ríe. ―Tienes carbón en la mejilla.

Aaron da un paso hacia mí como un tigre, reduciendo la distancia entre no-


sotros. Roza el carbón en mi mejilla con el pulgar en un gesto cariñoso y
suave. Miro hacia arriba, encontrándome con el océano azul de sus ojos con-
centrados en su tarea.

Él se aparta y yo hago lo que mejor hago: fingir que el toque de “Wolf” no me


afecta. ―Gracias.

―Puedes agradecerme mostrándome lo que has estado dibujando.― Sus de-


dos trazan un camino a lo largo de mis brazos, a mis manos, hasta mi cua-
derno de bocetos.

―Está lejos de estar terminado. Además, estoy haciendo esto solo por diver-
sión ―miento. Pero cuando “Wolf” no se mueve, sé que no se dará por ven-
cido. ¿Sería tan malo si lo viera? Si. Podría ver un trozo de tu alma. No. ¿A
quién le importa lo que él piensa? De esta manera, probablemente perderá
interés y podrás despedirte con un beso de esa atracción no deseada.

Le entrego mi cuaderno de bocetos, antes de morderme las uñas mientras él


inspecciona cada uno de mis dibujos. ¿Está fingiendo estar cautivado? Mien-
tras sigue pasando páginas, tomándose su tiempo, mi nerviosismo llega a
otro nivel. ―Te lo dije, no soy buena.

―Creo que es asombroso. Tienes talento, Elle ―responde al instante.

―¿De verdad?― Abro los ojos desconcertada.

Me devuelve mi cuaderno de bocetos. ―Sí, en serio. No seas tímida para mos-


trárselo al mundo.

―No le interesará a nadie.


―Bueno, me interesa. Y soy difícil de complacer.― Un indicio de una sonrisa
se curva en sus labios demasiado atractivos―. Tengo una pregunta. ¿Por qué
te hiciste columnista? ¿Era tu sueño?

Pienso en su pregunta, su interés me deja confundida. Nadie me preguntó


cuál era mi sueño. La verdad es que escribir sobre chismes está lejos de ser
lo que esperaba, pero paga bien y complació a mi madre al principio. Nunca
me ha gustado denunciar suciedad, pero sí me interesa la naturaleza hu-
mana. Pensé que, si podía entender a las personas que me rodeaban, podría
evitar que me rompieran de nuevo. Obviamente no funcionó.

― Supongo que quería conectar con la gente, aprender a conocerlos. Quiero


decir, a veces solo quieres olvidarte de ti mismo, y echar un vistazo a la vida
de alguien más.― Eso es exagerado, Elle. Y patético―. Es menos arriesgado,
y puedes vivir una aventura a través de las palabras.

―Hay que arriesgarse en la vida, de lo contrario ya estás muerto. Pero no me


respondiste. ¿Era tu sueño?

―Una pintora ―afirmo―. Mi sueño era ser pintora. Pero sé que es poco rea-
lista.― Quería crear belleza de la nada. Para animar las cosas rotas, ya que
no puedo arreglarme a mí misma. Para dejar huella. Para que mi arte, y yo,
importemos. Pero, el arte es compartir una parte de ti misma con el mundo,
y eso no estoy lista para hacerlo. No solo no era lo suficientemente buena,
sino que los sueños no pagan el alquiler. Además, la inspiración puede trai-
cionarte en cualquier momento.

―No es realista porque tú lo crees. Eres buena, Elle.

Hago caso omiso, incómoda de hablar de mis deseos y necesidades. Tomé


una decisión y me mantendré firme. ―De todos modos, eso está en el pasado.
Estoy bastante contenta con mi vida y mi trabajo, tal como es.― ¿Lo soy, de
verdad?

―Si cambias de opinión, no me importará posar desnudo para ti.― Su voz


suena demasiado ronca para su tono juguetón.
―Dudo que tu ego pueda caber en el lienzo ―bromeo con él.

―Mi ego no es lo único que luchará por encajar, ma belle.

Oh. Mi... decido ignorar ese comentario. ―Bueno, me debes una entrevista,
“Wolf”, ¿recuerdas?― Señalo la cámara colocada en su lugar.

―Bien, terminemos con esto.― Aprieta la mandíbula, claramente sin ocultar


su falta de entusiasmo.

“Wolf” toma asiento. Giro la cámara antes de sentarme frente a él, tomando
mis notas conmigo. ―Está bien, entonces, te haré las preguntas más popu-
lares que tengo.

Me aclaro la garganta, adoptando un tono profesional. ―Uno, ¿cuál es tu


rutina previa a la carrera?

―Me concentro en la carrera por venir, visualizo la pista y mi victoria, mien-


tras escucho música. Es importante construir tu enfoque antes de una ca-
rrera ―explica en su habitual tono frío y distante, cruzando los brazos sobre
el pecho.

Durante las siguientes preguntas, “Wolf” mantiene su máscara de corredor


sin corazón, como si temiera mostrar una pizca de humanidad que podría
usarse en su contra. ―¿Tu frase favorita?

―Rocky Balboa: “No se trata de lo duro que golpeas, se trata de lo duro que
puedes ser golpeado y seguir adelante”.

―Genial, la próximo es…― Mis notas caen al suelo y maldigo. Aaron suelta
una sonrisa a pesar de sí mismo antes de que le dé una mirada de muerte.
Vuelvo a mi asiento, mientras “Wolf” se tapa la boca con la mano, ocultando
su diversión. Bastardo―. Próxima pregunta. ¿Cuál es tu tipo de mujer?― Pa-
rece una pregunta que podía hacer.
―Físicamente, diría que naturalmente hermosa.― De repente, sus ojos con-
templan los míos y siento que me derrito en mi silla. Él sonríe con arrogan-
cia―. Y por lo demás, una mujer con una personalidad fuerte…― Su mirada
cae a mis piernas que aprieto juntas―. Atlética.― Se inclina hacia mí―. Gra-
ciosa. Además, siento algo por...― Estoy en problemas―. Pintoras.

Está bien. Tiempo de seguir adelante. ¿Soy realmente su tipo? Adelante, Elle.
―Bueno…― Casi me ahogo cuando leo la siguiente pregunta, sonrojándome
mucho. Demasiado tarde para retroceder. ―¿Tu posición sexual favorita?―
Mi voz suena más ronca de lo que había planeado.

Se ríe magníficamente como si la cámara entre nosotros no existiera. ―¿Por


qué elegir sólo una? Digamos, con la mujer adecuada, puedo ser vainilla o
tener intercambios más... apasionados.― Dejé que Aaron no dijera las pala-
bras reales mientras está su nivel más sucio.

Toso, rezando para que la siguiente pregunta no sea sexual. ―¿Cómo te ves
dentro de cinco años?

―Ganando cinco campeonatos más.― Por supuesto―. Sinceramente, me


gusta vivir el presente, dando lo mejor de mí cada día. No sabemos lo que
depara el futuro.

―¿Color favorito?

―Rojo victoria.

No puedo evitar reírme, divirtiéndome más que nunca haciendo una entre-
vista. Unas pocas preguntas más tarde, Wolf y yo hemos terminado con éxito.
―Eso fue genial, gracias.― Apago la cámara, antes de importar la tarjeta di-
rectamente a mi computadora.

Aaron se pone de pie. No necesito darme la vuelta para saber que está justo
a mis espaldas, sintiendo su magnetismo y nuestra conexión brillando por
toda la habitación. ―Me lo estás poniendo muy difícil, Elle.
―¿Difícil?― Hago el papel de inocente. Está tan cerca de mí, solo nos separan
unos centímetros. Fácilmente podría aplastarme entre su cuerpo esculpido
y el escritorio frente a mí.

―Sí.― Dios. Esa voz ronca―. Yo no doy entrevistas y aquí estoy.― Me doy la
vuelta para mirarlo. Moja sus labios carnosos y húmedos, mientras yo juego
nerviosamente con mis dedos―. Además, ayer dejaste de negar esa atracción
entre nosotros, tal vez…

―No significa que voy a sucumbir a ella ―me justifico―. Otra vez…

―Oh, lo harás… otra vez. Después de todo, eres toda mía esta semana.

Una sonrisa satisfecha curva sus labios mientras se aleja. ¿Cómo sobreviviré
estos días estando a merced de “Wolf”?
Capítulo 12
Posición de privilegio

Abro los ojos lentamente, percibiendo solo una sombra borrosa frente a mí.
Mi vista se vuelve más clara y veo la vista más encantadora jamás vista.
¿Aaron? Esto no es un sueño. Me cubro llevándome la manta de seda hasta
la nariz para poder ocultar mi sonrisa tonta. El color rojo de su traje de ca-
rreras vibra en todo mi cuerpo. Su mechón de cabello cayendo sobre su frente
iluminado por el sol se siente como una escena de película. Sus característi-
cas de dios griego están creando la necesidad de que mi cuerpo le pertenezca.
“Wolf” en todo su esplendor.

―Buenos días, ma belle.― Sonrío y le devuelvo el saludo, bajando la manta


debajo de mis brazos―. Tengo una sesión de práctica esta mañana. ¿Te gus-
taría venir a verla?

―Sí, me encantaría ir ―respondo aún medio dormida, jugando nerviosa-


mente con mi cabello. Después de todo, son solo las siete de la mañana.

―Perfecto. Te veré en la pared del pit en media hora.― ¿Espera? ¿Qué?― No


llegues tarde.

Tiro la manta de un solo movimiento y corro para atraparlo antes de que se


vaya. ―¡Aaron, espera!
Ya está fuera de la habitación llamando a otro conductor en el pasillo. Su
mirada penetrante se encuentra con la mía, desnudándome sin vergüenza.
Su atención viaja a mis labios, mis pechos, mis piernas, mientras le doy una
mirada de puedes mirar, pero no puedes tocar.

―¿Sabías que tu pijama es transparente?

¿Qué? Miro hacia abajo y noto que mis bragas negras son visibles debajo de
mis pantalones cortos de seda. El pequeño tejido de mi top le ofrece una vista
perfecta de mis pezones puntiagudos y de la forma de mis pechos. ¡Oh, Dios!
Rápidamente cubro mi pecho con mis manos, mis ojos lanzando llamas fu-
riosas hacia él. Su molesto yo se ríe y se atreve a provocarme.

―Gracias por la vista previa. Muy sexy.― Su lengua humedece sus labios,
mientras su boca se curva en una sonrisa lasciva―. Más sexy de lo que ima-
ginaba. Y tengo una imaginación salvaje, ma belle.

No sé qué me irrita más. Su arrogancia, el hecho de que desnuda cada cen-


tímetro de mí sin siquiera tratar de ocultarlo, o su honestidad brutal.

Doy un portazo. ¡Lo odio!

CUARENTA MINUTOS más tarde, obviamente llego tarde y camino por la pista
tratando de encontrar la pared del pit de Aaron, con mis converse blancas
pasadas de moda, mis jeans delgados favoritos y una blusa blanca con hom-
bros descubiertos. Los corredores ya están aquí haciendo prácticas de
prueba con sus respectivos equipos. Los gritos de los motores retumbando a
nuestro alrededor.

―¡Mira por dónde vas! ―grita una mujer después de tropezar conmigo mien-
tras tomaba la selfie perfecta desde el ángulo perfecto.
―Lo siento, no fue mi intención…― ¿Por qué me estoy disculpando?

―Los turistas no están permitidos aquí ―responde apáticamente antes de


observarme de pies a cabeza. Ella es la versión viva de Barbie con su cabello
rubio sucio, sus ojos azul marino y sus generosos senos―. Lo que sea.― Pone
los ojos en blanco antes de volver a sus actividades, ignorándome.

Finalmente veo a Aaron y su equipo haciendo ajustes al auto. Cuando se da


cuenta de mi presencia, pone su casco en la mesa junto a él y camina en mi
dirección. Peligro. Inclino mi cabeza hacia un lado y muerdo el interior de mi
labio, perdida en mi nueva fantasía. Mi nueva ansia. Mi nueva necesidad.
Siempre pensé que la caminata en cámara lenta era puramente cinemato-
gráfica, pero ahora sé que es real.

“Wolf” se pavonea hacia mí, como un héroe sexy que acaba de lograr lo im-
posible, el bombero que rescató a personas inocentes, el soldado que regresa
de la guerra. Se pasa la mano por el cabello seductoramente y comienza a
abrir su traje de carreras mientras me muestra el tipo de sonrisa que te hace
sonrojar. Quiero una sola cosa. Sus labios sobre los míos. Para convertirme
en la heroína de mi película imaginaria. Anhelo su toque, que nuestros cuer-
pos se conecten. Nunca me han gustado los pilotos de carreras, ni he fanta-
seado con ningún hombre antes. Pero ahora, estoy convencida de mi inne-
gable atracción por él. Él está tomando la primera posición en mis pensa-
mientos, y no puedo detenerlo.

―Déjame presentarte al equipo ―dice casualmente mientras trago, tratando


de borrar la imagen mental de él en mi cerebro.

Saludo a todos los miembros del equipo de carreras de Aaron, desde los in-
genieros hasta los mecánicos, y a Thomas, que me envía una sonrisa amis-
tosa. ―Aaron está a punto de probar el auto. ¿Quieres ver las pruebas con
nosotros?
―No sé si debería. Quiero decir, no quiero entrometerme.― Mi mantra solía
ser: escóndete de los focos, no entres en un territorio desconocido, y los vie-
jos hábitos son difíciles de morir.

Aaron interviene mientras se pone los guantes. ―Tonterías. Prefiero escuchar


tu voz en los auriculares que la de Thomas.

Thomas pone los ojos en blanco. ―Bueno, soy tu apoyo en la pista. Sin mí,
serías un conductor imprudente sin una estrategia adecuada.― Me río mien-
tras los dos hombres bromean. Aaron es una persona completamente dife-
rente con él, es como si estuviera libre de los demonios que está cargando.

―Eso es cierto, pero puedes darme órdenes y sé que eso te encanta.― Thomas
se ríe a pesar suyo.― Si solo escucharas, eso sería más eficaz.

Wolf salta a su cabina antes de ponerse el casco. ―¿Dónde estaría la diver-


sión en eso?

El auto de carreras de Fórmula 1 de Aaron sale del pit para hacer la vuelta
de instalación para probar sus funciones, y tomo asiento frente a los moni-
tores dentro de su paddock con los otros ingenieros. Thomas me entrega
unos auriculares, conectando a Aaron con él y su equipo de autos.

―¿Por qué el apodo de Aaron es “Wolf”?― Tengo mi conjetura, pero creo que
hay una historia detrás de eso ―pregunto a Thomas.

―Porque Aaron es un lobo solitario. Es impredecible y peligroso para los de-


más.― Sacude la cabeza mientras me sonríe―. Su anterior compañero de
equipo lo llamaba “Wolf” porque era individualista. Durante su primer año
en la Fórmula 1, Se suponía que iba a correr detrás de él, pero...― Se ríe―.
No pudo seguir las órdenes. Corrió agresivamente contra él y se robó su pri-
mer lugar.― Esto suena exactamente como él. No puedo evitar sonreír―. Al
final, se convirtió en el piloto líder de Amorino Racing y le robó el protago-
nismo al otro piloto. No se lo tomó bien...

―¿Quién era el conductor?


―Louis Harmil. Está compitiendo con nuestro principal rival ahora.― Abro la
boca, ese nombre definitivamente me es familiar. Aaron tuvo una escara-
muza con Harmil en Mónaco, y leí que los dos hombres tienen una rivalidad
de por vida.

Oigo la voz de Aaron en mis auriculares. ―Necesitamos ajustar las aletas


delanteras. No las siento…

―Dupdo. Levanta el motor ―ordena Thomas, sus ojos no se apartan de la


pantalla, mientras “Wolf” presiona su pedal, ganando velocidad.

Un par de minutos después, el equipo comienza a trabajar en el ajuste del


auto. Después de eso, Aaron vuelve a la pista y corre más rápido con su auto
en las rectas. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que pertenezco
aquí. No entiendo todo sobre las carreras, pero me siento cómoda. Nunca me
sentí así con los padres y amigos de mi ex. Probablemente porque siempre
me esforcé demasiado por ser alguien que no era.

―Necesitamos maximizar la potencia en las ruedas traseras. No quiero que


me lleven por las rectas. ―”Wolf” lucha por hablar mientras corre con su auto
a un ritmo vertiginoso.

―Copiado. Boxea la vuelta8 ―responde Thomas.

―¿Los pilotos de Fórmula 1 necesitan aprender sobre mecánica? ―pregunto,


sinceramente insegura.

―Si y no. Necesitan conocer sus autos y adaptarse a ellos, pero la mayoría
no profundiza en los detalles. Aaron lo hace. Se está sobrecargando de tra-
bajo más que la mayoría de los pilotos. Ayudó al equipo a construir el auto
perfecto. Ese chico sabe mucho.

8Box the lap (frase original): A boxes en esta vuelta. Es la instrucción que el ingeniero de pista le da a su piloto para
que entre a boxes o pit en esa vuelta.
―¿Un chico?― No puedo evitar sonreír―. Esa no es una palabra que usaría
para definir, Aaron.― Más de un alfa de veinticinco años.

Thomas deja escapar una fuerte carcajada. ―Sí, para mí, sigue siendo el ado-
lescente imprudente que conocí en ese entonces.

Mi conversación con Thomas se interrumpe cuando “Wolf” completa su úl-


tima vuelta, antes de hablar con sus ingenieros. No quiero molestarlos, así
que decido caminar por el pit lane9 y revisar mis mensajes. Todos ellos son
de Tania, preguntándome si he decidido hacer de Aaron mi “caballero” en mi
cuento de hadas.

Empiezo a escribir, levanto la vista para encontrarme con la mirada de “Wolf”


pero, para mi sorpresa, lo veo con la Barbie de antes. Ella está hablando con
él, y no de una manera amistosa. También trajo a sus hermosas amigas para
que la acompañaran en su búsqueda de seducción. Genial. Conocí a la reina
malvada tratando de hacer suyo a mi “caballero”.

―¡Aaron, amor! ¿Cómo has estado? ―Solo el sonido de su voz estridente ha-
blándole y acariciando su brazo me hace temblar.

―Hola, Amber.― Y la voz estridente tiene un nombre... Amber.

Me aclaro la garganta, viendo el espectáculo desde lejos. Los celos me gol-


pean a toda velocidad y desata todos mis demonios internos. Ella claramente
está coqueteando con él, mirándolo con ojos seductores, pero él no hace
nada. Él no le devuelve el coqueteo, pero tampoco la aleja. Sé que no tengo
derecho a estar celosa. No debería estar celosa. Alguien como Aaron no hace
relaciones, y no tenemos nada. Solo una mentira. Un acuerdo. Pero mi
cuerpo está ardiendo por dentro. Nunca he sido del tipo celoso, y no puedo
entender por qué me está pasando esto. Probablemente porque son hermo-
sas, sexys. Este es el tipo de mujer que busca. Yo no.

9
El pit lane se conoce en español como "calle de garajes" o "calle de boxes".
Luego, la mirada de Aaron se encuentra con la mía y una sonrisa de con-
fianza se dibuja en su rostro. Pero no le devuelvo la sonrisa, estoy muy ocu-
pada dudando de mí misma, odiándolo por algo que tiene permitido hacer.
Puede follar con quien quiera, no me importa. Solo soy su posesión por la
semana, eso es todo.

Barbie se da cuenta de que su atención se dirige hacia mí y mejora su juego.


Ella finge reír, prácticamente entregándose a él frente a toda su equipo. Am-
ber está enviando un mensaje, reclamando su territorio, mostrando sus ver-
daderos colores. Aaron me analiza, pero no le daré la satisfacción de mostrar
mis celos, aunque luche por ocultarlos. Mantenemos un contacto visual,
hasta que él dirige su mirada hacia Barbie, brindándole exactamente lo que
ella desea: su atención.

Es como una tarántula, esparciendo su veneno, buscando su próxima co-


mida. Tengo una sombría tormenta de emociones dentro de mí llenándome
de dudas. ¿Me estoy quemando voluntariamente? Mi estómago se revuelve
instantáneamente, un dolor en mi pecho, viendo a Aaron ocupado con la
corte de mujeres que lo rodea. Mujeres que creen que, siendo sumisas a él,
serán inolvidables. Pero solo podemos ser insignificantes para un hombre
como “Wolf”. Todo esto es un sueño, una fantasía que sucede en mi cabeza.
Nada de esto es real. No es nuestra cita. No este Gran Prix. Solo soy parte de
su juego, y seguramente no quiero competir contra todas las mujeres que
luchan por la primera posición en su cama.

―Hola, sexy. ¿Estás buscando algo? ―Una voz ronca interrumpe mis pensa-
mientos detrás de mí.

Me doy la vuelta para ver...

Louis Harmil. El competidor número uno de Aaron y un playboy. Es conocido


como el hombre que lo tiene todo. El hijo perfecto, el piloto de carreras per-
fecto y la cantidad perfecta de dinero. Louis está mascando chicle, con las
gafas de sol puestas y vestido con su traje de carreras blanco. Si Aaron es el
alfa, Louis es el “Golden Boy”. Enreda su mano en su desordenado cabello
rubio antes de quitarse las gafas de sol, dándome un vistazo de sus pene-
trantes ojos verdes. No es muy alto, probablemente mida 1.72 metros, pero
tiene cierto carisma. Es menos guapo que Aaron, pero algo me dice que no
tiene problemas para que las mujeres caigan a sus pies.

―Solo estoy esperando a alguien.

Busco la mirada de Aaron, pero está ocupado hablando con su equipo, y


todavía está rodeado por la horda de tarántulas. Los estridentes sonidos de
los motores explotan a nuestro alrededor, haciendo que mi corazón se ace-
lere. Los mecánicos están trabajando en el autos, los reporteros ya están
aquí, y yo… no tengo idea de lo que estoy haciendo aquí. Necesito recordarme
a mí misma que Aaron no es adecuado para mí. No tiene nada que dar. Nada
más que un desamor. Pero ¿por qué mi corazón late tan rápido? ¿Por qué me
siento tan miserable? ¿Por qué no puedo dejar de coquetear con él?

―Ya veo. Estás con Aaron. Parece… ocupado ―responde Louis, notando la
máscara de celos creciendo en mi rostro. Sí, claro, ocupado. Normalmente
escondo muy bien mis emociones, pero con Aaron, me siento tan transpa-
rente. Siento que el muro que he construido durante años para protegerme
está cayendo silenciosamente, me duele. Me siento vulnerable―. Entonces,
eres su chica nueva ―agrega “Golden Boy”, viendo que no le estoy prestando
atención, algo a lo que probablemente no esté acostumbrado.

―Y tú eres Louis Harmil.― Mis labios se curvan en una sonrisa divertida.

―Entonces, sabes mi nombre.― Arquea una ceja con arrogancia y sonríe de


una manera que me hace entender que está coqueteando conmigo―. No tie-
nes que preocuparte por ella ―dice, señalando a la Barbie tarántula cerca
del garaje de Aaron―. Amber es un poco ofensiva, pero no es tan mala.

―No estoy preocupada ―respondo en un tono seco, mi voz traicionando mis


inseguridades.
―Ten cuidado.― Pone su mano en mi espalda mientras me guía más cerca
de su garaje y alejándome del pit lane cuando un auto en pruebas se acerca
a nosotros.

Rápidamente quito su mano de mi espalda baja y miro al suelo confundida,


sin saber cómo actuar con él. ―Estoy bien.― Reacomodo mi cabello detrás
de mi oreja.

―No debería haberte dejado sola en el foso.― Mira a Aaron, que está ocupado
con su equipo. La atención de “Golden Boy” se dispara hacia mí mientras
pasa sus dedos por su cabello rubio―. Al menos, me está dando la oportuni-
dad de conocerte.― Saca la lengua de su boca de forma seductora, algo que
normalmente me excita cuando “Wolf” lo hace, pero con él... nada. Lo que
prueba que “Wolf” es mi talón de Aquiles.

―Louis. Me halagas, pero no tengo ningún interés en ti.

Él asiente, tratando de ocultar su decepción con una sonrisa seductora. ―No


se puede culpar a un hombre por intentarlo.

―Creo que no te faltan mujeres en tu círculo.― Le señalo el hecho obvio,


cuando finalmente separo mi atención de Aaron para mirar a Louis, notando
que tiene cierto encanto. Él y Aaron podrían ser similares de alguna manera.
Ambos son coquetos, competitivos y están acostumbrados a conseguir lo que
quieren. Pero Louis es más agradable que Aaron. Tiene menos oscuridad y
no tiene la mismo aura. Los gritos de Aaron son vibraciones de alfa y poder.
Louis es más del tipo de celebridad de Hollywood.

―No lo somos. Pero soy un tipo de compromiso, cuando lo encuentro.― Son-


ríe mientras mira a su equipo preparando su coche.

―Lo dudo.― Resoplo.

Él se ríe, no ofendido. ―Puedo ver lo que Aaron ve en ti. Eres directa.― Me


guiña un ojo de forma juguetona. Arqueo una ceja, esperando una línea
cursi, pero en cambio, ambos nos reímos. Termino disfrutando de su com-
pañía más de lo que pensaba.

―Aaron y yo solíamos ser amigos. Lo conozco mejor que nadie.

Mi mandíbula cae por la sorpresa. ―No puedo imaginarlos como amigos.―


Probablemente porque ambos compiten por el mismo lugar.

―Hay muchas cosas que probablemente no sepas sobre él.― Él resopla, ha-
blando solo. Empiezo a tensarme. Él está en lo correcto. No sé nada de Aaron.
Él es un misterio. Un misterio con el que hice un trato a ciegas. ¿Cuántos
secretos tiene?

Louis nota mi reacción. ―Lo siento, supongo que es reservado con todos.― Y
aquí está el recordatorio de porque no debo involucrarme con Aaron, o ter-
minaré siendo un trofeo más que reclame. Mis pensamientos se interrumpen
cuando siento un fuerte brazo agarrando mi cintura por detrás. No necesito
darme la vuelta, sé quién es. Reconozco su olor a madera. Él es el hombre
que hace que mi corazón se acelere. El hombre que uso como escape. El
hombre que será mi perdición. Aaron LeBeau.

―Louis.― Los ojos de Aaron se estrechan hacia Louis, un músculo se contrae


en su mandíbula. Está apretando mi cintura con más fuerza, casi hacién-
dome daño sin darse cuenta.

―Aaron, estábamos hablando de ti.― Los labios de Louis se curvan en una


sonrisa cortés, aunque me doy cuenta de que está tan tenso como Aaron.

Los dos hombres están atrapados en un concurso de miradas. Un auto de


prueba pasa cerca de nosotros, dejando atrás los ásperos sonidos del motor
amplificando esta guerra. Hay más que una rivalidad competitiva, hay un
oscuro secreto que los une. A pesar de su aparente calma, es evidente que
en cualquier momento la situación puede salirse de control. Un equipo de la
casa pasa cerca de nosotros, la gente comienza a correr alrededor, pero los
dos hombres siguen mirándose sin pestañear.
―¿Ya estás tratando de robar lo que es mío, Louis?― Aaron ataca, mientras
soy testigo de la posesividad en su voz. ¿Mío? Como el infierno.

―Nunca. Todos sabemos que tú eres el mujeriego ―responde Louis.

―Al menos siempre es consensuado de mi parte.― Y es una victoria por no-


caut para Aaron en este primer asalto.

Louis traga, tensándose un poco, antes de sonreírme ampliamente. ―Bueno,


mejor me voy. Tengo un Gran Prix que ganar.― Pasa frente a nosotros y pone
su mano en el hombro de Aaron, susurrando algo que no puedo entender.
La mandíbula de Aaron se aprieta de inmediato, lo que sea que escuchó lo
puso nervioso.

Aparta la mano de Louis y se da la vuelta para dominarlo por su altura. Sus


rostros están a unos centímetros el uno del otro, sus ojos se estrechan como
cuchillas. Siento que la segunda ronda está a punto de comenzar.

―Si no fuera por la política de no pelear, te sacaría la mierda a golpes.― El


macho alfa amenaza a “Golden Boy”, apretando los puños. Miro a mi alrede-
dor para notar que los otros equipos nos observan.

―Aaron, detente ―espeto, sin saber si es prudente de mi parte intervenir en


su pelea. ¿Por qué lo odia tanto? Está actuando fuera de lugar.

Louis sonríe y levanta una ceja. ―Escucha a tu chica.― Se pone las gafas de
sol y sale victorioso―. Nos vemos en la pista... “Lobito”.

Tomo una inhalación profunda, sintiéndome aliviada de que Louis se haya


ido y no haya hecho ningún daño. Pero como de costumbre, pensé demasiado
rápido.

La mirada de Aaron corta directamente a la mía. ―¿Qué hacías hablando con


él?― Frunce el ceño y suspira antes de dirigirse a paso rápido a su garaje
vacío. Lo sigo, no entiendo toda su actitud posesiva.
―¿Sabes cómo trata a las mujeres?― Cruza los brazos sobre su pecho, apo-
yándose contra la mesa detrás de él, sus ojos oscureciéndose hacia mí. Juega
con la lengua dentro de la boca para ocultar el hecho de que está ardiendo
por dentro... celoso. Él está celoso. Como yo lo estaba.

En este momento, quiero decirle que me sentí de la misma manera cuando


estaba hablando con sus mujerzuelas. Quiero decirle que Louis no me in-
teresa, pero no hay lugar para la honestidad en esta conversación. Si soy
honesta, si muestro mis celos, pierdo. Es un juego. Una guerra de celos. Una
guerra donde nuestros demonios luchan juntos, destruyéndonos mientras
nuestras almas se derriten bajo la amargura de nuestros pensamientos. Una
guerra por el poder. En cambio, respondo. ―¿Cuál es tu problema, Aaron?

―Mi problema es que no soporto que coquetee contigo ―dice con su voz ronca
y dominante. Su manzana de Adán se agita, actúa como si estuviera recla-
mando lo que es suyo. Pero yo no le pertenezco. Nunca lo haré.

―Louis fue realmente muy amable. A diferencia de ti, tiene modales ―res-
pondo. Quiero lastimarlo, demostrarle que no soy de su propiedad.

―No seas estúpida, solo quiere follarte.― Está tratando de mantener el con-
trol, pero puedo decir que no podrá mantenerlo por mucho tiempo.

―¿Y eso no es lo que tú quieres, tal vez?― Arqueo una ceja en provocación,
los celos me consumen, el pensamiento de Amber escupiéndole su veneno
todavía ronda mi mente―. ¿O tal vez quieres follarme primero? De eso se
trata todo, ¿verdad?― Estoy empezando a perder los estribos y no puedo es-
tar más agradecida de que no haya nadie a nuestro alrededor. Resoplo y
niego con la cabeza.

Sus ojos siguen recorriendo mi rostro sin decir palabra por un momento,
antes de hablar con un tono autoritario y contundente. ―No me gusta com-
partir, Elle.― Su boca forma una línea sombría antes de enfatizar. ―No. Ol-
vídalo. No. Comparto.
Su amenaza resuena en mi mente, mi corazón salta, anticipando lo que su-
cederá a continuación. Aaron niega sus emociones al entregarse al deseo de
la carne. No puede dominar ni domar sus sentimientos; por lo tanto, se
pierde en una distracción. Yo.

En el siguiente par de segundos, estoy atrapada contra la pared. Sus ojos se


oscurecen con un intenso deseo mientras pellizca su ceja. Pero esta vez, no
es su lujuria por mí lo que lo empuja a estar más cerca. Es su necesidad de
tener el control. Para doblegarme a su voluntad. Para ser su distracción per-
fecta. Aprieta mi cintura, conectando nuestros cuerpos, su mirada abrasa-
dora me quema. Busca mi autorización, mis ganas de tenerlo. Pero mis celos
pasados se transforman en una profunda tristeza. Nunca dejaré que un hom-
bre tome el control de mí otra vez. No puedo jugar su juego, porque nunca
voy a ganar. Estoy herida y vulnerable.

―Entonces, deberías encontrar a alguien obediente. Como Amber —pronun-


cio, mirando al suelo. Mi madre solía decirme que mostrar mis celos a un
hombre es la forma segura de hacer que me lastime.

―Si conoce tu debilidad, la usará en tu contra ―repetía constantemente.

No puedes cambiar a un hombre, pero puedes darle el látigo para que te


dome.

―¿Qué pasa si te quiero?― No es una pregunta, sino una afirmación. Él me


quiere. Pero la verdadera pregunta debería ser, ¿hasta cuándo?

Trago saliva, forzando una sonrisa para ocultar mi debilidad. ―No está sa-
tisfecho con su club de fans, Señor ¿LeBeau?

―No soy un mentiroso.― Me levanta la barbilla y me atrevo a mirarlo a los


ojos―. Amber es la hermana de mi compañero de equipo. Me la follé hace
muchos años, pero no significó nada. He sido honesto con ella desde el prin-
cipio, nunca volverá a suceder. Ella es irrelevante―. No puedo evitar sentirme
avergonzada por mi reacción. No por juzgarlo, sino por ser débil. Mostrándole
mis celos, que no soy indiferente a él. Y especialmente por darle la oportuni-
dad de seguir jugando conmigo.

―Supongo que tendré que probarte dónde está mi mente.― Su mirada no


deja la mía, atormentando mi espíritu y mi capacidad de resistirlo. Este mag-
netismo animal está irradiando de nosotros con toda su fuerza.

―¿Dónde? ―pregunto.

―En ti.

Sus labios aplastan los míos y quedo atrapada en el tornado de lujuria y


emociones inexplicables que es Aaron LeBeau. Su palma toma mi barbilla
mientras su otra mano agarra nuestros cuerpos. Me estoy derritiendo bajo
su toque, su lengua reclamando la mía. Seductoramente. Peligrosamente.
Ferozmente. Sus fuertes brazos me envuelven en su abrazo mientras nues-
tros besos se vuelven más fuertes, ansiosos, más profundos. Más hondo en
nuestra oscuridad. Con ganas de escapar. Más fuerte para que me rompan,
para necesitarlo hasta el punto de no retorno. Se me escapa un gemido mien-
tras me muerde el labio inferior suavemente. Estoy chocando a toda veloci-
dad cada vez que estoy en sus brazos, y no puedo parar.

―Tus labios saben a cielo ―agrega mientras mi cuerpo estalla en sensaciones


durante el feroz calor de nuestro anhelo.

Despierta mis sentidos, creando una nueva ansia. Una ansia por él. Mi adic-
ción pecaminosa. Dejándome con ganas de más. Rogando por más. Empuja
mis límites y sacude mis creencias. Todo lo que quería, esperaba, mis pre-
guntas sin respuesta ya no importan. Soy dirigida por un impulso animal
para satisfacer mis necesidades.

No existe una regla sobre cómo ganar la guerra, especialmente con Aaron
LeBeau. Solo abrazarlo. Ceder.
Estamos atrapados en un campo de batalla y no hay escapatoria. Sólo cer-
teza. Nosotros, esa cosa que nos une es real. Podríamos terminar en un de-
rramamiento de sangre o tomar el camino de una peligrosa batalla. Pero tam-
bién podemos salvarnos de nuestros propios demonios.

Esa es la cosa. En la guerra, tu enemigo puede convertirse en tu aliado en


cualquier momento. Tal vez no tengo que competir contra él. Pero si con él

.
Capítulo 13
Las cenizas de nuestro pasado

―TU CASCO―. AARON ME ENTREGA EL CASCO QUE ACEPTO TÍMIDAMENTE.

Todavía no puedo creer que reservó todo el karting exclusivamente para no-
sotros durante toda la hora. Aaron tiene la tarde libre, mañana probará de
nuevo el coche antes de correr el domingo. Está gritando vibraciones de chico
malo con su chaqueta de cuero y jeans rotos. El recuerdo de nuestro beso
acalorado todavía ronda mi mente, su toque me deja deseando más. Está
embriagando mi alma. Necesito salir de eso. Un pensamiento a la vez. Una
obsesión a la vez. Necesito demostrarle que no soy la damisela en apuros de
nuestra primera cita. Mi maldición era ser invisible, pero con él me siento
muy viva.

Empiezo a sentirme ansiosa; Nunca he corrido antes y ciertamente no quiero


hacer un desastre. Trato de sujetar mi casco, pero lucho por ajustarlo.

―Déjame hacerlo.― Se acerca a mí mientras me muerdo el labio, mirándolo


a los ojos como una cierva indefensa. Sus varoniles manos tocan mi piel
suavemente mientras lo sujeta con un solo movimiento. Reacomoda mi ca-
bello, sacándolo de mi cara. Necesito salir de este momento o no haremos
karting, pero hazlo conmigo.
―Esta no es una carrera justa, Señor LeBeau. Eres un piloto de carreras.―
Arqueo una ceja antes de saltar a mi kart, fingiendo que no estoy nada an-
siosa. Quiero decir, no es que no me haya explicado las reglas del karting,
pero en lugar de escucharlo, estaba fantaseando con sus labios dulces y per-
fectos.

Se inclina más cerca de mi kart, su cara peligrosamente cerca de la mía.


―Nunca admitas la derrota antes de ser vencida.― Me guiña un ojo antes de
irse a tomar lugar en su kart.

No hay vuelta atrás. Piso el pedal del kart y empiezo a correr. La pista exterior
tiene tres curvas onduladas, una horquilla apretada, dos rectas colosales, es
perfecto para una velocidad rápida y dominar el kart. Doy las primeras vuel-
tas a un ritmo lento, todavía insegura y sin confiar en mis habilidades de
conducción. Algo me está frenando, parece que no puedo ir más rápido. Mal-
dita sea, es solo un maldito kart. Cada vez que empiezo a ganar velocidad,
entro en pánico y siento la necesidad de reducir la velocidad, temerosa de
perder el control. Aaron corre pacientemente detrás de mí; él no quiere apre-
surarme. Me está dando tiempo para adaptarme, para domar mi kart.

Escucho la aspereza de su voz desde atrás. ―Tienes que confiar en ti misma,


Elle.― Confiar en mí misma… esa es la cosa, No lo hago. ¿Cómo podría? mi
madre solía repetir constantemente que yo fui su mayor fracaso. No podría
ser imperfecta, no podría existir como yo misma. Al igual que con Stephan.
El hombre que quería domesticarme. Para hacerme su proyecto personal. El
hombre que dijo que yo no era capaz de lograr nada por mi cuenta. El hombre
que me rompió, fijándose física y mentalmente en mi alma. Estoy rota. Dejé
de vivir, temerosa de ser imperfecta. Temerosa de ser herida de nuevo. Te-
merosos de descubrir que tenían razón.

―Deberías seguir adelante, Aaron, soy demasiado lenta para ti.― Parpadeo
para quitarme las lágrimas mientras miro la pista.

―Corremos juntos.― Juntos... Giro la cabeza para perderme en sus ojos de-
trás de su casco. Encuentro en ello una nueva fuerza. Una nueva esperanza.
Sus palabras me dan la confianza para empujarme más fuerte, para esfor-
zarme más. Después de todo, la vida es como una carrera. Puedes tener cui-
dado, pero no vivir plenamente. Puedes chocar y terminar magullada. Pero,
sobre todo, puedes despertar.

Respiro hondo y mis pies pisan el pedal. Más fuerte. Más tiempo. Pronto
estoy atrapada en una velocidad infernal, perdiendo el control, liberándome
de mis demonios. Escucho la voz de Aaron desde lejos animándome, pero no
puedo escuchar con claridad. Estoy en una especie de trance, donde mi
nuevo yo está luchando contra mi viejo yo, inseguro y dañado. Libertad. Tuve
que usar una máscara durante tanto tiempo que terminé olvidando quién
era debajo de ella, qué quería y merecía. A veces, cuando no puedes expresar
tus sentimientos porque ningún idioma puede describirlos, necesitas encon-
trar una nueva forma de dejarlos ir.

Entonces, corro.

Compito con mis demonios.

Hago correr mi alma.

―¡Yo corro contigo, Aaron! ―grito, con una gran sonrisa en mi rostro.

Nunca me había sentido tan bien, tan libre. Aaron se queda detrás de mí,
conteniéndose y dejándome ganar. No puedo evitar sonreír, sabiendo que él
está haciendo esto por mí. ―Corre de verdad, LeBeau.― Arqueo una ceja ha-
cia él, mi voz animada―. O podría pensar menos de ti.

Se ríe, agarrando su volante. ―Solo estaba tratando de comportarme.


Aaron corre su kart tan rápido que en los primeros segundos se distancia de
mí. Maldito sea. Trato de aferrarme a él tanto como puedo, pero necesito
asumir mi evidente derrota. Ya ha terminado su vuelta y está en la línea de
salida esperándome.

―¿Satisfecha?― Se quita el casco, sonriendo.

―No del todo ―respondo en un tono coqueto antes de pasar frente a él, co-
rriendo mi auto lo más rápido que puedo.

Dejo que la velocidad consuma mi cuerpo. Estoy empujando el kart hacia el


límite de velocidad, superando las 50 millas por hora, dominándolo durante
las curvas. Me siento con energía, estoy dejando ir mis inseguridades, libe-
rándome. Estoy atrapada en una guerra entre la vieja yo y la nueva yo.
Cuanto más siento la velocidad, más me desconecto del mundo. Se siente
como un sueño. Finalmente entiendo por qué Aaron está compitiendo. En
cada carrera, se va liberando. En cada carrera, se convierte en algo más
fuerte de lo que es. Ya no pienso en estrellarme, ya no pienso en fracasar.

Escapo.

Escucho la voz de Aaron detrás de mí diciéndome que disminuya la veloci-


dad, que voy demasiado rápido. Pero no puedo. No quiero. No quiero volver
atrás, no quiero sentir. Estoy atrapada en un mundo donde mis problemas
no existen, donde soy otra persona. Necesito acercarme. Más cerca de la
meta, más cerca de mis propios límites. Corro como si mi vida dependiera de
ello. Esto es todo, estoy aquí. Tomo la curva cerrada, sin reducir mi velocidad
y…

¡No! Pierdo el control de mi kart. Aprieto los frenos, pero es demasiado tarde.
Choco contra la pared frente a mí y, en los siguientes segundos, soy expul-
sada del kart. Caigo al suelo, mi casco choca contra el duro alquitrán, redu-
ciendo el impacto. Mierda. Mi corazón está latiendo, esperando que suceda
algo malo. Segundos... minutos... no sé cuánto tiempo ha pasado. Abro los
ojos, mirando mis manos magulladas por la caída. Me quedo sentada en el
suelo, tratando de averiguar si me he roto algo, calmando mis nervios. Es
solo un rasguño. Mi blusa está rasgada donde mi hombro y clavícula tocaron
el suelo, pero es un corte poco profundo. Miro al frente, Aaron corre hacia mí
tirando brutalmente su casco. Está hablando, pero ¿qué está diciendo?
Frunzo el ceño, tratando de concentrarme mientras me saco el casco. pero
solo escucho mi corazón martillando en mi pecho. ¿Qué estaba haciendo?
Podría haberme hecho mucho daño.

―Joder, Elle, ¿estás bien?― “Wolf” se inclina a mi lado y me toca la cara con
sus manos callosas. Acaricia mi frente, mis mejillas, antes de pasar sus de-
dos por mi hombro donde me golpeé.

Permanezco extrañamente calmada, aún bajo el impacto de lo que sucedió.


Cierro los ojos, tratando de respirar e ignorar la imagen mental de mi acci-
dente. ¿Cómo pude hacer eso? ¿Cayendo y volviendo a la normalidad? Estoy
aterrorizada, de lo que podría haber sucedido. Estoy bien, al menos física-
mente, mentalmente me siento tan estúpida por haber sido tan imprudente.
Una vez que los latidos de mi corazón se ralentizan, abro los ojos de nuevo
para encontrarme con los ojos atormentados y preocupados de Aaron, como
si acabara de aplastarle la vida. Examina mi cuerpo, su expresión oscure-
ciéndose en algo nuevo... ¿tristeza?

―¿Estas bien? Lo siento, es mi culpa, Elle.― Sacude la cabeza, desquiciado


por lo sucedido.

―Estoy bien, Aaron. Es solo un rasguño superficial, no me rompí nada.―


Logro sonreír, pero su expresión se mantiene oscuramente estoica.

―Tienes sangre en el hombro. No estás bien.― Expresa frío y seco―. Esto es


mi culpa. No solo estoy tomando malas decisiones... No debería haberte
traído aquí.

―No es tu…
―¡Estás herida por mi culpa, maldita sea! ¡Y podría haber sido mucho peor!―
Nunca lo había visto tan enojado, devastado. Sus ojos se enrojecen de ira,
sus cejas se juntan. Este no es el mismo Aaron que conozco.

Alcanzo su mano, pero él la aparta, alejándose de mí con una máscara de


miedo en su rostro. ―No, yo hice esto. ¡Esto es mi maldita culpa!― Se levanta
y se pone las manos en la frente mientras grita maldiciones.

―Aaron…― Mi voz es baja y presa del pánico.

―¡No hables! ¡No digas una maldita palabra! ―Sus ojos se clavan en los míos
con odio, como si fuera un error. Alguien de quien quiere deshacerse. Un
fantasma que lo persigue.

―No…― No me grites. No me hables de esta manera. Me hace sentir inútil de


nuevo.

―Te dije que no lo hicieras. Te dije. Una. Maldita. Palabra. ―Su tono es ame-
nazante y autoritario, Se está convirtiendo en lo que todos dicen que es
“Wolf”.

Atormentado.

Enfadado.

Obsesionado.

Aaron se desvaneció para convertirse solo en furia.

―¡Detente! ―grito, sintiendo que los demonios de mi pasado me alcanzan. No


es el único que está roto.

Se siente como si ambos estuviéramos cayendo al inframundo. Es el pecador


atormentado que me mira como si fuera una de las Furias que lo castiga y lo
maldice. Una lágrima se desliza por mi rostro. Me está asustando. No porque
expusiera una nueva parte de él. La parte que ha estado escondiendo du-
rante tanto tiempo. La parte dañada. La de alguien perdido entre un recuerdo
y el presente, atrapado en su propio miedo. Sino porque me está alejando
como una don nadie, dejándome en el suelo como si no pudiera importarle
menos. No soy su enemiga, pero no puedo ayudarlo, no puedo obligarlo a
abrirse a mí.

―No llores por favor.― Su voz se suaviza, su vulnerabilidad brillando a través


de sus ojos―. Joder, soy un gilipollas. ¿Qué estoy haciendo? ―murmura para
sí mismo.

Se sienta frente a mí, alcanzando mi mano. ―Me estás asustando, Aaron


―respondo. Pero cuando aparta su mirada de mí, sé que mis palabras lo
lastiman. Entrelazo mis dedos con los suyos―. Me estás asustando, porque
no puedo entender por qué te estás destruyendo a ti mismo. No sé qué te
pasó.

Me ayuda a ponerme de pie, nuestros cuerpos se inclinan juntos. Envuelve


sus fuertes brazos alrededor de mi cintura. ―Tú eres la que me asustó como
la mierda cuando te caíste. Al verte así…― Se detiene por un momento, per-
dido en sus demonios―. Deberías odiarme y, sin embargo, aquí estás, tra-
tando de entender por qué fui un idiota contigo.

―Te lo dije, estoy bien. No estoy hecha de porcelana.

―Déjame ser el que juzgue eso. Necesito cuidar de ti.

Comienza a llevarnos hacia la salida, cuando dejo de mirarlo. ―Primero, dé-


jame entenderte.

―No quieres ir allí.― Pero tal vez quiero conocer tu oscuridad. Las yemas de
sus dedos rozan mi barbilla y borran la marca de mis lágrimas, nuestra mi-
rada perdida en el otro―. Me estoy destruyendo a mí mismo como dijiste,
para que nadie más pueda hacerlo. Probablemente sea el peor tipo de control,
pero es el único que conozco.― Toma una respiración profunda, su expresión
críptica―. Es por eso por lo que no tengo nada para dar. No solo a ti. A nadie.
Mi corazón se rompe al escuchar sus amargas palabras. Palabras con las
que puedo relacionarme. Solo alguien que conoce únicamente el dolor puede
hablar de esta manera. El amor es probablemente una emoción desconocida
para Aaron, y me estoy dirigiendo por un camino peligroso. Conectando con
el hombre cuya oscuridad está hablando con la mía.

Se agacha y me levanta en sus brazos, estilo nupcial. Envuelvo mis brazos


alrededor de su cuello, frente a su dualidad. Tiene la estatura de un dios
griego y la mirada de un hombre atribulado. Alfa y vulnerable. Él es el hom-
bre que me hace sentir importante por un segundo en sus brazos, mientras
sé que nunca dejará que nadie le importe. Cercano y sin embargo inalcanza-
ble. “Wolf” podría ser similar al ángel de la pintura «Eterno» alguien que tiene
la capacidad de rescatarte mientras lucha contra sus propios demonios.

―Eres mejor de lo que crees, Aaron.

Permanece concentrado mientras me carga. ―No lo soy. Y si eres inteligente,


te mantendrás alejada de mí.

―¿Mantenerme alejada? ¿Es eso lo que quieres?

―No. Pero sabes que te arruinaré. Te usaré para mis necesidades persona-
les.― Se está distanciando emocionalmente, sin atreverse a mirarme a los
ojos―. Es lo que hago. Soy egoísta, Elle. Y siempre obtengo lo que quiero.

Chocar me hace dar cuenta de que la vida es demasiado corta para desper-
diciarla con el miedo.

Siempre encuentro una profunda belleza en las cosas más rotas.

Y él no es una excepción.
Capítulo 14
Sanándonos a nosotros mismos

NOS DIRIGIMOS A NUESTRO HOTEL EN SILENCIO. Todas las emociones vividas en


las últimas horas me afectan, hasta un punto que me sumerjo en el sueño,
dejando que las pesadillas de mi pasado despierten.

Un recuerdo que traté de olvidar envenena mi mente, y por más que trato de
despertar, no puedo.

―Te amo… ―susurra Stephan, apretando mi mano. Amor, una palabra mágica.
Una palabra que nunca nadie me ha dicho―. Pero, si no cambias, sabes que
no funcionará, ¿verdad, cariño? Te quiero, pero tienes que esforzarte por noso-
tros, ¿verdad?― Me toma la mejilla y yo asiento. Si Stephan no comparte tus
creencias, entonces están equivocadas.

Pero él me ama, eso es todo lo que importa, incluso si ha estado criticando


algunas de mis acciones. No podía entender por qué, ya que era parte de lo
que soy. ―Te quedaste en casa todo el día podrías haber limpiado, ―pintar es
inútil, deberías enfocarte en nosotros, ―¿por qué eres tan tímida y torpe?, ―Tu
forma de pensar es estúpida, ―ella es solo una amiga deja de ser insegura…
En esas peleas, siento que soy la única que tiene que cambiar. Dios, estoy
cometiendo tantos errores... él es el que trabaja hasta tarde en la oficina, mien-
tras que yo trabajo como escritora subestimada para una revista de chismes.
Tiene muchas cosas en la cabeza, así que trato de evitar el conflicto. Odio que
peleemos por mi incapacidad de no ser la mujer que él quiere, por mucho que
me esfuerce por solucionarnos. Pero él me ama. Estoy segura de que ningún
hombre me tratará como él lo hace, no puedo permitirme perderlo. Después de
todo, él es el único que está ahí para mí. Mi madre lo ama. Es su yerno ideal
y espera que algún día nos casemos.

―Yo también te amo, Stephan.― ¿Realmente lo amo? No me parece. Quiero,


pero he sido condicionada para nunca sentir amor. Temía que todos los hom-
bres fueran como mi padre. Mi madre me entrenó para seducir sin importarme
después de que destruya las piezas restantes de mi alma. El amor es un signo
de propiedad, pero Stephan es diferente.

Mira a mi Angelo Di Romeo. ―Ese cuadro tendrá que desaparecer cuando vi-
vamos juntos.

―Sabes que me encanta esta pintura, Stephan.― Ya me convenció de que mis


pinturas eran una pérdida de tiempo, o serían solo por diversión, no una ver-
dadera carrera.

―Oh, “mi dulzura”… sabes que es infantil. Es solo una pintura. Yo, soy real.―
Él toma mis mejillas antes de besarme con ternura―. Estoy exhausto, he es-
tado trabajando todo el día.

Stephan cae sobre mi sofá y abre los brazos para abrazarme. Los abrazos se
han vuelto más raros con él, y solo este simple gesto me hace más feliz. Y yo
también tengo una sorpresa para él. Debajo de mis pantalones de jogging y mi
suéter, tengo ropa interior de encaje negro. Quiero sentir la lujuria en sus ojos.
Me siento a su lado y tiro mi suéter sobre mi cabeza, mordiéndome el labio
inferior. Escanea mi sostén con una expresión ilegible.

―¿Te gusta? La mujer vendedora me dijo que era un éxito ―digo tímidamente,
fingiendo que soy una especie de modelo.
Él resopla. ―Para una mujer con pechos, sí ―dice mientras mira su teléfono.
Cada nervio y fibra se tensa dentro de mí. Nunca antes me había sentido in-
segura acerca de mi cuerpo, pero, de nuevo, el único hombre con el que he
estado es Stephan. Perdí mi virginidad con él y, sin embargo, pensé que lo
impresionaría más, desnuda.

―No me mires así, “mi dulzura”. Sabes que estoy bromeando, ¿verdad?―
Puede que lo sepa, pero sus bromas crueles sobre mi cuerpo me hacen sentir
inútil. Probablemente estoy exagerando, pero me siento menospreciada. Él
ahueca mis dos senos con sus manos, sacándolos como lo haría un sostén
push-up o un trabajo de senos. ―Mmm. Así, perfecto.― Se ríe, y decido volver
a ponerme el suéter.

Eso es lo que pasa con Stephan. A veces, es perfecto, dándome regalos y dul-
ces atenciones, en público, pero a veces siento la necesidad de ser otra per-
sona para poder manejar sus críticas. ¿Es eso lo que son las relaciones?

―Ven aquí.― Abre los brazos y yo sonrío. Apoyo mi cabeza en su pecho mien-
tras acaricia mi cabello. Amor. Quiero creer en ello.

Pero luego, de repente, se baja el cierre de los pantalones y empuja mi cabeza


hacia su polla. Me retiro inmediatamente. ―Sabes que no me gusta chupar,
Stephan... no estoy de humor.― La verdad es que pensé que el sexo sería me-
jor. La gente habla de eso, pero en cuanto a mí, lo encontré... aburrido. Tene-
mos sexo a menudo, pero es sobre todo porque sé que él será feliz después.

―No comprendo. A otras mujeres les gusta hacerlo, es algo normal. Vamos,
Elle. Se acaricia a sí mismo. Estar con Stephan me ha hecho darme cuenta de
que probablemente soy frígida. Quiero superar eso, algún día, con el tiempo.
Chupar es algo repulsivo para mí. Me hace sentir poseída.

―¿Podemos tener sexo o abrazarnos en su lugar?

―Elle, tuve un día difícil hoy. Solo quiero relajarme. Vamos, un momento, ¿ca-
riño?―Toma mi mano antes de ponerla en su polla para acariciarse―. Elle, te
amo y nunca quiero engañarte, pero en algún momento, necesitas compla-
cerme, o terminaré cometiendo un error algún día. Y no queremos eso, ¿ver-
dad?― Posa su mano detrás de mi cabeza, acariciando mi cabello―. Estoy
haciendo todo por nosotros. Te estoy complaciendo, yo soy el que está ha-
ciendo todo el esfuerzo.

Trago saliva y asiento mientras me acerco con la boca, lista para tomarlo. Es
tu novio, Elle, puedes hacer esto. Además, no quiero estar sola.

Empuja dentro de mi boca sin previo aviso, tirando de mi cabeza brutalmente


hacia su pene para que lo tome entero, sin importarle que me esté asfixiando.

Y chupo y me siento humillada.

No.

―¿Ma belle?― La voz de Aaron me devuelve a la realidad. Abro los ojos, espe-
rando que el fantasma de Stephan desaparezca por completo―. ¿Estás bien?

Mi respiración se acelera, y asiento con la cabeza, notando que estamos es-


tacionados frente al hotel. ―Lo siento, una pesadilla.

Stephan se ha ido.

Ya no eres la misma mujer.

Él no puede llegar a ti.


―¿Puedo hacer algo?― Miro fijamente sus ojos preocupados mientras toma
mi mano. Encuentro más fácil sacar a Stephan de mi mente con “Wolf” a mi
lado.

―No, todo está olvidado.

Aaron no dice nada, dándome tiempo para calmarme, antes de que insista
en llevarme a nuestra habitación.

―DÉJAME CUIDAR DE TUS CORTES.

Aaron me sube al lavabo del baño de nuestra habitación de hotel, sin esperar
mi respuesta. Fija su mirada en la sangre seca que cubre mi hombro y cla-
vícula. Nunca lo había visto tan preocupado, tan sombrío. Parece que ambos
somos perseguidos por un recuerdo, consumidos por un pasado, quiero re-
lajarme un poco.

Después de un evento traumático, las personas adoptan diferentes enfoques.


Pueden aliviar su oscuridad tratando de sobrevivir de cualquier manera que
puedan y aprender a vivir con ella. O pueden reprimir sus recuerdos, siendo
los dominantes para ellos y para todos. Sentir que tienen el control, mientras
no lo tienen. Ellos son sus propios esclavos, siendo su reino su prisión. Y
creo que Aaron es uno de ellos. Sentir que tienen el control, mientras que no
es así. Son sus propios esclavos, siendo su reino su prisión. Y creo que Aaron
es uno de ellos.

Aplica presión con un pañuelo limpio cerca de mi clavícula, pero mi camisa


de manga larga no le permite acceder por completo. Su toque es mecánico,
enfocado, como si hubiera desconectado su corazón de su cerebro.
—Aaron —susurro, con la esperanza de alcanzarlo―. Estás…

Me entrega una de sus camisas. ―Tu manga. Necesito que cambies.

―Está bien. Confío en ti.― Con mis ojos fijos en los suyos, estoy decidida a
dar un salto. Dándole la proximidad que necesita mientras lucho contra mis
demonios. No puedo dejar que mis fantasmas me atrapen.

Sus manos se deslizan por mi blusa, sus dedos acarician mi piel mientras la
levanta sobre mi cabeza, revelando mi sostén negro. Mi corazón se acelera a
un ritmo peligroso, mi respiración se corta, nunca he dejado que otro hombre
me vea desde Stephan. Aaron me mira con una expresión que no puedo ima-
ginar. ¿Odio? ¿Deseo? ¿Dolor? Todo lo anterior. He sido herida, pero él crea
algo nuevo en mí. Algo salvaje.

―Deberías usar mi camisa.

―¿Por qué? ¿Te doy repulsión, Aaron? ―Lo desafío, tragando mi última gota
de coraje. No dejaré que mi pasado me defina. No dejaré que otro hombre
manche mi confianza.

Comienza a limpiar mi corte cerca de mi clavícula, sus dedos acariciando mi


piel sensualmente. Se deslizan hacia abajo cerca de la entrada de mis senos
mientras agarro el lavabo detrás de mí para calmar mis nervios. Cada uno
de sus toques es erótico. Electrizante. Él no solo está sanando mi cuerpo,
sino también las heridas de mi pasado. Borrando el repugnante toque de
Stephan con uno tierno. Me está dando una nueva esperanza. Una esperanza
para reconstruirme. Desliza el tirante de mi sostén hacia abajo antes de que
nuestros ojos se conecten intensamente.

―No, Elle. Estás haciendo que sea muy difícil para mí resistirte.― Inhala pro-
fundamente, como si se le escapara el control.

Masajea la crema curativa con ternura debajo de mi clavícula, invadiendo


mis senos. Muerdo mi labio inferior, mis cejas fruncidas, dando la bienvenida
al placer culpable que su toque crea en mí. Venda mi corte superficial antes
de colocar su cuerpo entre mis piernas. Aaron acaricia mis muslos antes de
apretarlos, un suave gemido se me escapa, el calor baja por mi vientre.

―La forma en que reaccionas a mi toque, me está volviendo loco ―gruñe con
voz ronca.

Arruga su ceño, su boca baja peligrosamente cerca de la mía, mientras mis


labios se separan, ansiosa por saborearlo. Su pulgar roza mi mejilla, un di-
lema visible en su mirada abrasadora. Es como si estuviera dudando entre
romperme o liberarme. Entre revelar su oscuridad o su luz. “Wolf” esconde
sus emociones por el deseo de la carne. En cuanto a mí, pretendo ser per-
fecta, buscando aprobación, ser amada. Vista. Deseada. Hasta él. Este piloto
de carreras salvaje se convierte en mi adicción. Mi escape.

Nuestros labios, atraídos magnéticamente, se encuentran en un beso luju-


rioso, encontrando nuestra libertad. Sus manos agarran mi cintura, acer-
cándonos más, mientras mis dedos vagan por su cabello oscuro. Chispas de
electricidad entre nosotros. Capturada en el momento, me pierdo en el
abismo de su alma, dándole lo que él disfruta. Un escape. Gimo hacia el feroz
calor de nuestras lenguas bailando, chocando, derritiéndose. Está recla-
mando y poseyendo mis labios, y dudo que “Wolf” se detenga aquí. Es un
conquistador, seguirá hasta que mi corazón lo siga. Hasta que sea dueño de
todo mi ser.

Nuestro beso se ralentiza en algo más sensual, tomándonos nuestro tiempo


para saborear los labios del otro lenta pero profundamente. Finalmente rom-
pemos el beso para poder recuperar el aliento, y encuentro mi apertura para
aprender más de Wolf. ―Aaron... la forma en que reaccionaste en la pista
antes ―menciono―. ¿Qué te pasó?― Por una razón desconocida, siento la
necesidad de acercarme a su oscuridad. La necesidad de sanar juntos.

―Olvídalo.― Me entrega su camisa, toda su actitud dando un giro de tres-


cientos sesenta grados.
Se dirige hacia la puerta del baño antes de que lo detenga agarrando su mu-
ñeca. ―No puedo, Aaron. Me preguntaste aquí. Si pasa algo entre nosotros,
debería saber…

―Te he dicho que mi pasado está fuera de los límites. Si quieres una conver-
sación de corazón a corazón, deberías encontrarte un buen novio. No tengo
charlas triviales.

―No soy tu enemigo, Aaron. ¿Alguna vez has pensado que tal vez estoy in-
teresada en aprender a conocerte? No tiene que ser clínico y robótico entre
nosotros. Podemos ser amigos ―le espeto, cruzando mis brazos en mi pecho.
Sí. Acabo de admitir que nosotros, sucederá. Dos veces.

―Entonces… ¿quieres ser amigo de alguien que intentará usarte para sus
necesidades personales? ¿Es eso lo que quieres, Elle? ¿Ser tratada como una
don nadie?― Él resopla, sacudiendo la cabeza.

Soy incapaz de hablar. Me golpea con la sombría verdad. Me dirijo con él a


un camino con la posibilidad de vivir mi peor miedo. Ser usada de nuevo. Ser
insignificante, con mi consentimiento, y con todo mi corazón. ¿Y estoy lista
para hacerlo? Probablemente. ¿Qué pasa conmigo?

―Tal vez estés tan jodida como yo después de todo ―agrega antes de irse.

UNA HORA MÁS TARDE, tomo asiento en nuestro balcón usando su camisa ne-
gra mientras observo la dorada puesta de sol calentando mi rostro. Le envié
un mensaje de texto a Tania para tratar de despejar mi mente de “Wolf”. Cosa
que me parece imposible de hacer. Este piloto de carreras con problemas
está rondando mis pensamientos. La ironía es que he estado obsesionada
con la perfección. Y ahora, estoy obsesionada con un hombre que está lejos
de ser perfecto y, sin embargo, me parece perfecto. Me río, soy ridícula. Solo
han pasado unas pocas semanas desde que lo conocí, pero tengo la sensa-
ción de que me estoy involucrando emocionalmente hasta un punto de no
retorno.

Probablemente porque con Aaron, no tengo emociones medianas. Soy todo o


nada. Él es un extremo. Él es la respuesta a mi trabajo, la respuesta a mi
dolor, pero aun así es un problema. Un problema que acaba de aparecer a
mi lado. Lo miro, observándolo, mira al cielo. Exhala, inclinándose hacia la
barandilla y pasándose los dedos por el cabello, masajeando su cuero cabe-
lludo. Aaron misterioso. Él crea en mí una pulsación oscura; No puedo deci-
dir si me provoca lo mejor o lo peor.

Da un sorbo a su bebida de un solo trago, y podría adivinar que no es la


primera de esta noche. ―Thomas me va a matar, beber tan cerca de una
carrera.

Y por primera vez, decido compartir mi pasado, esperando que algún día él
comparta el suyo conmigo. ―¿Sabes por qué tengo miedo a las alturas?

Sus ojos se dirigen directamente a los míos, brillando con un doloroso tor-
mento. Respiro profundamente. ―Tenía ocho años y estaba trepando a un
árbol. No sabía cómo bajar. Mi padre me dijo que me atraparía. Y yo le creí…
salté para caer en sus brazos. Salté, pero él se hizo a un lado, dejándome
caer al suelo.― Suspiro, evocando ese doloroso recuerdo―. Me caí en la
hierba, me rompí la pierna. Me dijo que dejara de llorar. A Él no le importaba.
Fue mi culpa. La culpa de una niña de ocho años era que su padre no la
amaba lo suficiente como para preocuparse. Fue una lección. Que nunca
nadie me atrapará. Que nadie jamás...― Me amará.

Sonrío, tratando de ocultar el hecho de que explicar esto en voz alta me duele
más de lo que pensaba. ―Se fue y nunca más lo volví a ver.

Ese día también perdí a mi madre. Ella se volvió a casar por dinero justo
después y me enseñó a nunca abrir mi corazón. Ella está rota y me entrenó
para ser perfecta y sin corazón. Fui su venganza contra los hombres, ella me
moldeó a su deseo. Pero al tratar de protegerme, me rompió. Y ella no pudo
verlo. Empiezo a sentir que mi cobarde padre tenía razón. Los hombres nos
rompieron. Ellos tratan de doblegarme a su voluntad, abusar de mí y servirse
a sí mismos antes de dejarme. Usada.

Sola. Avergonzada.

―Lo quiero todo, Aaron ―hablo, disgustada. Quiero venganza. Estoy cansada
de no ser suficiente o de sentirme impotente. Mi mandíbula se aprieta
cuando me encuentro con la parte oscura y enfadada de mí misma. El que
he estado tratando de suprimir durante años. Me he estado escondiendo,
fingiendo ser alguien que no soy durante tanto tiempo que perdí de vista
quién soy.

He sido manipulada. Condicionada a obedecer. Para empezar, siento que mi


vida nunca ha sido mía.

―Eso lo puedo entender.― Nuestras miradas se conectan, y me pierdo, ad-


mirando sus ojos azules teñidos de llamas ardientes por la luz del atarde-
cer―. Si te sirviera de algo, te habría atrapado ―añade.

Ya lo hiciste.

―Ya lo tienes todo, Aaron. Una carrera brillante, todas las mujeres que quie-
ras, dinero, buena apariencia.― La lista es larga. ¿Cómo podría alguien como
él posiblemente entenderme?

―¿Todas las mujeres excepto una, aparentemente?

Sonrío ante su comentario, orgullosa de que reconozca mis débiles intentos


de resistirme. ―No se puede tener todo sin sacrificios. Empujé mis límites
para convertirme en alguien. Me impulsaba la necesidad de sobresalir, de
ser invencible.― Su tono, profundo y decidido, delata su miedo. Nunca quiso
ser insignificante. Como yo.
―No tengo nada más que perder―. Frunce el ceño como si estuviera tratando
de borrar un recuerdo doloroso. Sus puños se aprietan. La oscuridad parpa-
dea en sus ojos.

―Entonces, significa que perdiste a alguien.

―Mi hermano ―dice antes de tragar. Sus ojos se abren con miedo, como si
no quisiera decir eso en voz alta.

Alcanzo la mano de Aaron para entrelazar mis dedos con los suyos, pero él
la aparta. Es inalcanzable, separándose de todas las conexiones emociona-
les. Por eso no duerme en la misma cama que una mujer, por eso nunca se
queda con ellas más de una noche, por eso corre peligrosamente. Amaba a
su hermano. Para él, el amor rima con dolor y sufrimiento. Asocia una pala-
bra positiva con su tormento. Esta solo. Lobo solitario.

―Sé lo que es…

―Tú no sabes nada.― Las llamas de la angustia lo lamen mientras la rabia


palpita en él como un latido del corazón...―. No necesito que me salven.

―Eres mejor de lo que crees. Lo sé.― La forma en que actuó con el niño en la
feria, su preocupación por mí demuestra que le importa más de lo que
piensa. Alguien tan apasionado como él no puede ser despiadado, todos las
noticias están equivocados sobre él. Lo opuesto al amor no es el odio, es la
indiferencia. ―Te lo demostraré.

―Es una apuesta arriesgada la que estás tomando, Elle.

Miro sus ojos helados. Mira fijamente mis cálidos ojos color avellana. No que-
dan palabras. Solo acciones. Ambos sabemos lo que necesitamos. Sabíamos
desde el principio que este momento sucedería. Un momento en el que nues-
tros deseos carnales no pueden ser ignorados. Un momento para escapar.
Perder el control.

―Aaron ―susurro, mi voz es débil.


―Elle ―dice, lujurioso y desesperado.

El latido de mi corazón se acelera con una certeza: esta noche, no seré insig-
nificante.

Permitiré que se sirva a sí mismo, pero esta vez, a mi llamada, para alcanzar
mi libertad.

―Úsame.
Capítulo 15
Una ansia animal

AARON ES MI PROPIO AFRODISÍACO, enviando un rayo de brillantes fuegos artifi-


ciales dentro de todo mi cuerpo. Estoy gobernada por la hambrienta codicia,
saboreando los labios de “Wolf” como un animal. Él es un vórtice de pecados,
haciendo florecer cada uno de mis anhelos. Aplastando mi control.

Aaron me sujeta con fuerza contra la pared de nuestro dormitorio, su cuerpo


musculoso presiona contra el mío, mientras me esposa las muñecas con su
fuerte agarre. Estoy vibrando, tarareando con lujuria, sin importarme si
quiere poseerme. ya no me importa Solo quiero conectarme. Para temblar
bajo su toque libremente.

Un gemido se me escapa cuando entrelaza su lengua alrededor de la mía. Me


levanta, mis muslos se apoyan en sus caderas mientras curva mi nalga con
una mano y mi nuca con la otra. Sus besos en mi cuello envían una ola de
escalofríos por todo mi cuerpo. Paso mis dedos por su espalda, deseando
más, siento su erección presionar mi estómago. Lo sé, esta noche voy a res-
ponder a cada uno de sus deseos. Cada célula de mi cuerpo ansiosa por
recibir su toque. Mi cabeza dando vueltas. Mi corazón late. Yo, sonroján-
dome. Me hechiza.
―Elle.― Su tono dominante y sensual me anima―. Si continúas burlándote
de mí, no podré parar.― Sus ojos, insaciables y drogados por la lujuria, se
clavan en los míos. Me está dando una oportunidad más de escapar.

―No te detengas ―jadeo, mis ojos entonces le ruegan que me bese. Nunca he
sentido este intenso impulso de ser complacida. Estoy inflamada por la ne-
cesidad de él.

Sus dedos viajan sensualmente por mi cuello hasta el borde de mi pecho


mientras contengo la respiración, temerosa de lo que hará a continuación.
Los desliza hacia abajo, llegando a mi vientre. ―Quiero follarte duro y apa-
sionadamente, Elle.

“Wolf” es todo un depredador. El físico de Adonis, la voz de un alfa, el toque


del Diablo. estoy impotente Su honestidad brutal me excita. Su sonrisa lo-
buna me tienta. Su mirada lasciva me persigue. Aaron no es el tipo de hom-
bre que pregunta. Toma lo que se ofrece voluntariamente sin mirar atrás.

―He querido hacerte mía desde la primera vez que te vi.― Se inclina hacia
mí, sus deliciosos labios besan el lóbulo de mi oreja mientras su mano co-
mienza a deslizarse cerca de la entrada de mis bragas. Siento que mi habili-
dad para mantener los ojos abiertos se debilita, su tentador toque me deja
impotente y atada a su deseo. Es tan erótico. Varonil. En control. Ejerce una
tortura alucinante sobre mi alma. Cada nervio de mi cuerpo le responde,
pidiéndole que me toque.

Juega con mis bragas, creando una ligera fricción entre mi centro y la tela
de raso. Sus dedos se deslizan dentro antes de trazar círculos alrededor de
mi clítoris, empujándome a donde quiere que esté. Cuando nota mi hume-
dad, el fantasma de una sonrisa se dibuja en su rostro. Finalmente ejerce
presión sobre mi clítoris cuando empiezo a mover mis caderas instintiva-
mente a su toque, esclavizada por mi propio cuerpo.

―Gritarás mi nombre cuando alcances tus orgasmos, esta noche. Quiero do-
blegarte a mi deseo toda la noche ―susurra en tono lascivo―. Quiero que
seas mía.― Salpica mi garganta con sus besos pecaminosos, bajando por mi
clavícula antes de acariciar con un dedo dentro de mí. ¡Querido Dios!

Mi mano inmediatamente agarra su hombro mientras gimo más fuerte de lo


esperado. Mi cuerpo está explotando cuando me encuentro con la excitación
en sus ojos. Me está tomando el pelo. Controlándome. Empuja más profundo
cuando nota que me he adaptado a él. Su mano izquierda viaja dentro de mi
parte superior para ahuecar mi pecho. Le imploro que continúe, que borre
los recuerdos del pasado que tengo de la sexualidad y que finalmente acepte
mi propio placer. Ya no tengo vergüenza.

―Quiero…― Estas son las únicas palabras que logro pronunciar.

―¿Qué es lo que quieres, Elle exactamente?― Introduce un segundo dedo


dentro de mi entrada, acariciándome a un ritmo más rápido mientras pre-
siona con su pulgar sobre mi clítoris. Mis uñas se clavan en su hombro mien-
tras me siento jadeando en éxtasis. Felicidad. Me envía al borde, sabiendo el
impacto que tiene sobre mi cuerpo, y lo está disfrutando. Le estoy dando el
control que necesita, me está dando el placer que nunca he experimentado.
Siento que mi orgasmo se acerca. Estoy jadeando por aire y solo quiero una
cosa. Él.

―Tú... quiero que me folles, Aaron.

Sus labios capturan los míos de nuevo, salvajes y llenos de hambre. Sus
dedos se mueven dentro de mí más rápido. Más adentro. Siento que mis
piernas se debilitan. Estoy caliente. Húmeda. Atrapada en un tsunami, un
huracán de sentimientos apasionados. Me aferro a él mientras su mano aga-
rra mi cadera posesivamente.

―Para, o voy a correrme.― Pero él no lo hace. En cambio, mueve sus dedos


más fuerte, más rápido, besándome con un calor feroz que quema mi alma.
Cierro mis ojos, separo mis labios en busca de aire y tiro mi cabeza hacia
atrás, ofreciéndole mi garganta para que la reclame. He ido al séptimo cielo
y no estoy lista para bajar.
―Ahora no ―ordena mientras marca mi cuello. Su mano se curva alrededor
de mi trasero, apretándolo, apretando nuestros cuerpos más cerca. No puedo
aguantar más, estoy tan cerca. Mis pezones excitados apuntan con fuerza
hacia él, mi cabeza da vueltas, mi corazón se sale de mi pecho. yo gimo No
puedo, voy a...

―Correrte.― Empuja sus dedos dentro de mí una vez más, aplicando presión
sobre mi clítoris, y me corro.

Mi orgasmo se estrella a mi alrededor sin restricciones. Me derrumbo contra


él, sintiendo que se lleva mi alma con él. Su mano ahueca mi mejilla, su
brazo me rodea, dejándome recuperar el aliento y mis sentidos por un par de
segundos.

Sus hábiles dedos levantan mi camisa por encima de mi cabeza. Me paro


frente a él en mi ropa interior de encaje negro, hipnotizada por el deseo en
sus ojos. Él es Aaron LeBeau, el hombre que ha salido con mujeres hermo-
sas, y yo soy la mujer cuyo ex le dijo que el sexo era malo con ella. Una mujer
rota y que ha perdido la confianza en sí misma. Y de repente, me siento tí-
mida, asustada, avergonzada. Quiero cubrirme, quiero saber lo que está pen-
sando. Trago saliva, pensando en la voz de Stephan diciéndome que era abu-
rrida, comparándome con otras mujeres. Follándome como si fuera una mu-
ñeca sexual. Sirviéndose a sí mismo. Menospreciándome. Y he aceptado todo
porque nunca he conocido otra cosa. Nunca pensé que podría valer más.
Darle placer, voluntariamente o no, porque era mi deber. Stephan nunca me
miró. Yo era invisible. Pero en este momento, con Aaron, no me siento invi-
sible nunca más.

Se pone de rodillas y se desliza mis bragas, antes de besar mi humedad.


Cierro mis muslos dando un paso atrás. ―Nadie me lo había hecho antes.―
Aaron no insiste, notando mi evidente timidez. Su mirada no deja la mía; se
está tomando su tiempo, observándome, controlándose hasta el límite. Está
probando sus límites hasta que desata una tormenta de pecado sobre noso-
tros. Trato de callar la voz de mis inseguridades, las pesadillas de mi pasado.
Se pone de pie y me desabrocha el sujetador antes de acariciar con la punta
de sus dedos la carne desnuda de mis brazos. Lo desliza por el suelo y estoy
desnuda. Desnuda frente a un hombre completamente vestido. Cada nervio
de mi cuerpo está ansioso por sentir su toque. Estoy aturdida, experimen-
tando un anhelo por él que nunca pensé que tendría por nadie.

Sus ojos se arrastran sobre mí, observando cada centímetro de mi cuerpo


desnudo. saboreándome. Soy la bandera que quiere tomar. El trofeo que
quiere reclamar. La mujer que no podía tener, hasta ahora. ¿Qué estoy ha-
ciendo? Está leyendo mi alma, y tengo miedo. Tengo miedo de que me vea
por lo que soy. Tengo miedo de que vea mi pasado. Mis inseguridades. Con
todos los otros hombres, he jugado un juego. Fingía ser perfecta, pero con
él… no puedo ocultarlo. Me tapo con la mano, miedo de que me vea, que
tome el control de mí.

―No.― Agarra mi muñeca y acerca mi cuerpo al suyo.

―No soy…― Me detengo, atreviéndome a mirarlo a los ojos mientras busco


mis palabras. Pero no puedo decirle lo que le pasó con Stephan. No puedo
decirle lo rota e insegura que me hizo. Él no entendería—. Estoy acostum-
brada a ser invisible.

―No para mí.

Me levanta y me lleva a su cama. Pero él no viene. Mi desnudez está comple-


tamente expuesta a él. Los ojos de Aaron me miran como si fuera una
ofrenda. Un regalo que quiere desentrañar, una mujer a la que le otorgó el
estatus de diosa solo por el poder de su mirada. Se desabrocha la camisa,
lenta y sensualmente, antes de quitársela y ofrecerme una vista perfecta de
su cuerpo hercúleo. Sus brazos musculosos se contraen, sus abdominales
marcados y bien definidos frente a mí, él es... perfecto. Comienza a desabo-
tonarse los jeans y trato de calmar mis nervios. El miedo y la emoción se
precipitan dentro de mí.

―No tienes que esconderte de mí.― Arroja sus jeans y bóxer, de pie desnudo
frente a mí. Un dios desnudo y roto. Mi corazón late con fuerza, todo en él
grita alfa. Desde su aura poderosa y carismática, su cuerpo de pecado, hasta
su virilidad dura y bien dotada. El control de Stephan me hizo sentir asus-
tada, abusada, inútil. Aaron me hace sentir segura, deseada… una Delilah o
una Cleopatra.

―Eres muy hermosa, Elle.― Siento mis mejillas sonrojarse cuando se inclina
colocándose encima de mí en la cama. Lo quiero. Necesito sentirlo. Necesito
su toque. No como un escape, sino como un remedio―. De lejos, la mujer
más sexy que he conocido. Y voy a mostrarte cómo me estás volviendo jodi-
damente loco. Su brazo rodea mi cintura antes de levantarme, empujándome
hacia la cabecera de la cama.

―Voy a follar cada centímetro de tu cuerpo y poseer cada parte de ti. Verás
cuánto te quiero.― Abre con los dientes un condón antes de ponérselo sobre
su dura polla.

Nuestros ojos se conectan y, por un instante, solo escucho el sonido de los


latidos de mi corazón, atrapada en un momento eterno. Esperando. Antici-
pando. Lo jalo hacia mí, nuestros labios se encuentran suavemente al prin-
cipio antes de que un cataclismo de pasión explote entre nosotros. Él esposa
mis dos manos sobre mi cabeza con su mano, obligándome a doblegarme a
su voluntad. Deja un rastro de besos a lo largo de mi clavícula. Me abandono
a él, a su control, a su todo. Baja la boca, jugueteando en su descenso antes
de cerrarse sobre mi pezón, su lengua trabajando a través de mí. Besando.
Succionando. Reclamando. Su otra mano aprieta mi pecho, tirando delica-
damente de mi pezón entre el pulgar y el índice. Separo mis labios, anhelando
su toque, gimiendo mientras mantiene su atención en mi pecho. Un calor de
placer prohibido llega a mi estómago cuando, con una flexión de sus caderas,
se estrella contra mí.

―¡Aaron!― Arqueo la espalda en un grito de felicidad.

―Joder, Elle. Te sientes tan bien ―gime.


Empuja dentro y fuera, borrando la fina línea entre el placer y el dolor mien-
tras me ajusto a su longitud. Cierro los ojos, gimiendo su nombre mientras
golpea diferentes partes de mí, besando el punto suave detrás de mi oreja.
Suelta mis manos y mis dedos acarician su espalda, mis piernas rodean sus
caderas. Aprieto mis músculos alrededor de él, arqueando mi espalda, em-
pujando mi pecho hacia arriba, para sentir dónde se unen nuestros cuerpos.
Cada vez que se adentra más y más en mí, me doy cuenta de cuánto lo he
anhelado. Me quita el aliento, nuestra conexión se propaga a través de cada
célula de mi cuerpo.

Sus fuertes brazos agarran la cabecera mientras sus ojos se oscurecen con
lujuria. Se siente como si tuviera miedo de romperme, no confiando en su
necesidad carnal por mí. Agarra la cabecera con más fuerza, sus músculos
se contraen, y por un momento siento que podría romperla. Agarro las sába-
nas de la cama, se me aceleran los latidos del corazón, un intenso calor irra-
dia en mí, siento que se acerca mi próximo orgasmo. El segundo orgasmo de
toda mi vida, en el mismo día.

―Aaron, yo…― Sus labios chocan contra los míos, sus palmas ahuecan mi
mandíbula mientras cada vez va más profundo, más duro dentro de mí y
grito su nombre en un chillido. Llena mi cuello de deliciosos besos, dándome
tiempo para recuperar el aliento.

―Te arruinaré para otro hombre, Elle.― Él ya lo hizo. La pregunta es, ¿soy
capaz de arruinarlo para otra mujer?

Aaron me levanta, así que me siento en su regazo. Lo urjo por más. Me aca-
ricia el cabello y cierro los ojos abandonándome a él, ofreciéndole mi garganta
para que la reclame, mientras su boca complace mi pezón. Pasa sus hábiles
dedos por mi clítoris, masajeándolo al ritmo perfecto. Tenso y balanceo mis
caderas para cumplir con sus impulsos medidos. Su mano se desliza debajo
de mi nalga mientras presiono mi pelvis más contra la suya, mis dedos se
pierden en su cabello, mis brazos lo acercan más a mí. Estoy jadeando con
más fuerza, atrapada en una especie de trance liberador. “Wolf” sabe el efecto
que tiene sobre mí, está empujando mis límites, poniendo a prueba mis fron-
teras. Quiere ser el único hombre en mi mente y marcar mi cuerpo con su
toque, reclamarlo, poseerlo. Me muerdo el labio inferior, incapaz de mantener
mis pensamientos en orden. Nuestros pasos se conectan. Nuestros latidos
sincronizados. Nuestros gemidos se funden juntos.

Él gime. ―Eres mía, Elle.

Mía. Algo que me prometí a mí misma que nunca sería para nadie. Y, sin
embargo, en este preciso momento, soy suya. Me pregunto si es tan posesivo
con las mujeres con las que ha estado. ¿Es solo un juego? ¿Es porque quiere
tener el control? ¿O soy yo? Hay una conexión profunda que nos une, lo
siento. Nunca he sido salvaje, ni he dejado que mi lujuria primaria tome el
control antes.

Se aleja de mí y se coloca detrás de mi espalda. “Wolf” levanta mi cuerpo, por


lo que mi espalda toca su fuerte torso, reduciendo la distancia entre nuestros
cuerpos. Su mano izquierda ahueca mi pecho mientras su mano derecha
inmoviliza mi cintura cerca de él. Me penetra y nos movemos sincronizados
como una danza sensual, lenta pero profunda. Intensa.

—Dilo, Elle.― Besa mi nuca, tomando el control del ritmo mientras me siento
explotar. No puedo aguantar más.

―No pares.― Estoy jadeando, sin entender por qué necesita que admita esas
palabras. No tiene relaciones, no tiene romances, sentimientos, compromiso,
pero quiere posesión. Él tiene control sobre mi cuerpo. Soy vulnerable, me
quemo y, sin embargo, sé que está esperando mi palabra para desatarse.
Para perder el control. Para explotar.

―Elle.― Su voz ronca delata su excitación y capitular es la única opción.

―Soy toda tuya.― Y me voy a arrepentir.

―Nunca pierdo el control, pero contigo es difícil no…


—Piérdelo —ordeno, estimulada por un impulso animal. Él protesta, pero le
ordeno una vez más que lo pierda. Necesito todo de él. Sin restricciones. Sin
control. Solo nosotros.

Y así lo hace.

Nuestra química estalla en algo apasionado, brutal, intensamente liberador.


Comienza a golpearme con embestidas feroces mientras tiro de mis caderas
hacia abajo para encontrarlo. Agarro las sábanas frente a mí, ofreciéndole
una vista perfecta de mi espalda, cuando me suelta. Estoy magnetizado por
él. Estalló en llamas. Chocamos con la lujuria juntos, y no hay regreso. Esta
noche perdemos el control. No se parece a nada que haya experimentado.
Todo lo que habría sido una humillación para mí, que me hizo sentir insig-
nificante, con él es algo que anhelo.

Él es mi descenso a los infiernos y mi ascenso al cielo.

Mi mundo se incendia.

Él siente mi alma.

―Aaron. ¡Yo no puedo aguantar! No puedo… no puedo… ―Sus manos aga-


rran mi cintura mientras me empuja con intensidad. La cama tiembla, nues-
tros gemidos cada vez más altos y más intensos, creo que las habitaciones
que nos rodean pueden escuchar nuestros intercambios. Me encanta la sen-
sación de él, ya no me avergüenzo. Se siente tan bien, tan bien, aunque sé
que esto está mal. Mi cabello en su puño golpea más fuerte dentro de mí,
perdiéndonos en nuestro instinto animal el uno con el otro. Nunca he sido
tan libre, sus embestidas pueden ser brutales, pero su toque es apasionado,
liberador. Estoy empujando sus límites como él está empujando los míos.
Mis piernas comienzan a temblar cuando me da la vuelta para que podamos
mirarnos.

―¿Estás bien? ―pregunta, preocupado. Sus cejas se fruncen, su mirada atra-


pada entre el deseo y el miedo.
Parece temeroso de romperme por su pérdida de control, probablemente por
no confiar en sí mismo. Asiento con la cabeza como respuesta, incapaz de
hablar. Su preocupación por mí me hace creer que no está acostumbrado a
este tipo de química, a intercambios tan apasionados. Tal vez pueda marcarlo
también como él me marcó a mí.

Al permitirle tomar el control, está perdiendo ante mí esta noche.

Me empuja de nuevo, mirándome a los ojos con profunda intensidad. Entie-


rra su cabeza en mi cuello, su ritmo aumenta, mi cuerpo hormiguea cuando
me siento llegar al clímax. Me está llevando al borde mientras me derrumbo
bajo su toque. Estoy hechizada. Deslumbrada. Enlazada a él.

—Quiero ver cómo te corres —gime, sus manos capturando mi cintura, mien-
tras arqueo mi espalda con placer. Sus ojos, llenos de lujuria, no dejan los
míos. Me muerdo el labio inferior y siento el calor dichoso del éxtasis, las
chispas de los sofocos invadiendo mi cuerpo.

Nos corremos juntos. Jadeando. Él me consume. Me cautiva. Me embelesa.

No importa cuánto tiempo lo conozco, lo que importa es cómo nuestras almas


se reconocen y se conectan en simbiosis. Es inexplicable Obsesionante. «Sig-
nificativo».

Él tiene el poder de curarme o de romperme. Es tan destructivo como mágico.

Una adicción eterna.


Capítulo 16
Maldito 7

SILENCIO.

Ninguno de nosotros habla. La mayoría de las personas se expresan con pa-


labras. Los artistas se expresan a través de su arte. Pero nosotros, somos
química. Nuestros cuerpos se expresan por nosotros. Seguimos mirando al
techo, acostados en la cama, perdidos en nuestros pensamientos. Nunca me
había sentido tan motivada por alguien. No puedo ver con claridad cuando
estoy a su lado. Él me consume. Me convierte en dolor hasta que renazco.
Pero cuando nuestro contacto físico se rompe, él se muestra distante. Algo
inaccesible. Y me quedo con la sensación...

Salta de la cama sin decir palabra y se dirige al baño. Lo veo alejarse de mí.
Alejarse. Distanciarse. Cierra la puerta del baño y escucho correr el agua del
lavabo del baño. Consiguió lo que quería de mí... ahora, esto ha terminado.
soy una más Me duele el corazón, me duele el pecho y he vendido mi alma al
infierno.

Me siento insignificante.

Me visto rápidamente, poniéndome la camiseta de seda y los pantalones cor-


tos antes de dirigirme hacia el balcón para tomar una bocanada de aire
fresco. Tengo frío, pero no me importa. Me siento como si hubiera sido que-
mada por el sol y ahora estoy pagando el precio por exponerme a Aaron, sin
proteger mi corazón de él. Miro hacia la luna llena, brillando y sonriéndome
con maldad. Juzgándome. ¿Feliz ahora? Te follaste a Aaron LeBeau. Necesito
tragarme mi orgullo y llamarlo como lo que era: sexo animal. Sexo casual.
Nada más. Lo necesitaba, no puedo arrepentirme de mi elección.

―Elle― escucho su voz ronca detrás de mí.

Respiro hondo, ordenándome a mí misma no dejar que mis emociones me


gobiernen. Cuando volteo para mirarlo, ya está completamente vestido, usa
algo deportivo que muestra su cuerpo musculoso, y se ve hermoso. ¿Era algo
malo que quisiera hacerlo todo de nuevo? Él es como una droga, y yo soy
adicta. Pero desafortunadamente, ninguna reunión de adictos anónimos me
ayudará a resolver mi adicción. Pensaba que sucumbiendo a mi deseo me
alejaría de él, pero en cambio, me dejó anhelando más. Soy Caperucita Roja
y he caído en la trampa del lobo solitario.

―¿Vas a salir?― Lo miro inexpresiva, fingiendo desinterés.

No nos debemos nada el uno al otro. Él no es mío Nunca lo será.

―No debes quedarte en el balcón o te vas a resfriar ―responde, distante, como


si nada hubiera pasado entre nosotros.

―Estoy bien.― La verdad es que me estoy congelando, pero él no necesita


saberlo.

―Voy al bar de abajo. ¿Quieres algo?― Niego con la cabeza, no. Siento que se
está esforzando para tener esta conversación. Él no quiere hablar conmigo.
Él quiere irse.

Yo era su escape, y ahora soy yo de quien necesita escapar.

―Buenas noches, Elle. No me esperes despierta.


Y así, se va.

Mensaje recibido.

UN PASO. UNA RESPIRACIÓN. Una canción. Son las siete de la mañana, el sol
comienza a salir. Estoy corriendo en algún lugar cerca de la pista. No creo
que Aaron me haya visto salir, todavía estaba dormido. La música que surge
de mis auriculares está sangrando en mis oídos mientras estoy tratando de
escapar de mis pensamientos. Recuerdos de nuestra candente noche están
capturando mi mente, atormentando mi cuerpo. Él... la forma en que me
tocó... nuestras respiraciones sincronizadas... su voz ronca. Su olor. El sudor
de nuestros cuerpos unidos. ¡Reacciona!

Una hora más o menos después de correr, sigo sin poder borrar las imágenes
de anoche. Mis cinco sentidos recuerdan todo. Corro más rápido para borrar
la marca que dejó en mi alma, pero cuanto más avanzo, más caigo. Entonces,
me detengo sin aliento cerca del hotel, con las manos en las rodillas y la
cabeza inclinada, los ojos parpadeando.

―¿Problemas?― Veo a Louis Harmil frente a mí, sentado en las escaleras con
una taza de café. Parece que no ha dormido en toda la noche, como si hubiera
visto un fantasma.

―¿Tú qué tal?― Respondo y me pongo de pie, ajustando mi cola de caballo.

―Es mejor estar preparado.― Está perdido en sus pensamientos, mirando al


suelo―. Aaron se estremecería si supiera que estás hablando conmigo.

―Él no es mi dueño.― Arqueo una ceja, consciente de que acabo de insi-


nuarle a Louis que algo anda mal entre Aaron y yo. No una decisión muy
inteligente.
―¿Problemas en el paraíso?― Él sonríe, sus ojos esmeralda se encuentran
con los míos. ¿Está disfrutando esto? Su estado de ánimo cambia radical-
mente. Realmente no puedo entenderlo.

― Él no me posee ―miento.

―Sabes que él no cambiará su forma de ser por ti, ¿verdad?

―Eso no funcionará conmigo, Louis. Sé que no tienes el mejor interés de


Aaron en el corazón.― Por una razón desconocida, empiezo a sentirme an-
siosa cuando Louis se ríe de mí.

Pone su taza de café en la basura antes de pararse frente a mí, con la ira
brillando en sus ojos. ―Y él tampoco con el tuyo. Probablemente deberías
preguntarte a dónde estuvo anoche... y con quién.

Se va, y siento que acabo de recibir una daga en mi corazón. El veneno que
escupe consume mis células, y me quedo con intensos celos y dolor. ¿Es
posible que ya haya pasado página? Un par de horas después de que me
marcó. Todas mis inseguridades vuelven. Me usó de una manera que pensé
que nunca lo haría, rompiendo la confianza que había tratado de recuperar.
Necesito saber. Corro hacia el vestíbulo, mi corazón se acelera, la ansiedad
se apodera de mí. Una vez más, no fui lo suficientemente buena. Una vez
más, he perdido mi confianza. Una vez más, estoy atrapada en mis viejos
hábitos.

Estoy casi en el ascensor, apresurada, mi cabeza dando vueltas, sin pensar


con claridad e ignorando todo lo que me rodea cuando una mano agarra mi
muñeca. Me doy la vuelta y lo veo. Aaron LeBeau con su traje de carreras
rojo. Tiene ojeras, cabello desordenado, su mirada es impenetrable.

―Elle. ¡Te he estado buscando! ¿Dónde estabas? ¡Tu teléfono está apagado!
―grita.

―He estado corriendo ―respondo en un tono seco, tratando de mantener el


control, para no ser débil. Recuerdo las palabras de mi madre. Si lloras una
vez frente a un hombre por su culpa, le das la certeza de que le perteneces. La
certeza de que te volverá a quebrar. La certeza de que te posee.

―Me lo podrías haber dicho.― Su tono posesivo me irrita. Me río, claramente


divertida.

―¿Por qué te importa? Escuché que estabas bien ocupado ―espeto, mis ojos
entrecerrados hacia él. La verdad es que él siempre ha sido honesto conmigo.
He aceptado el juego: quema mis reglas, yo tengo la culpa. Frunce el ceño,
tratando de entender mi cambio de comportamiento. Niego con la cabeza―.
No me importa a quién te tiras, o cuántas mujeres te tiras en una noche,
pero pensé que querías tomarte las carreras en serio.

―Aaron, no podría…― Una hermosa mujer camina hacia nosotros revisando


su teléfono. Cuando se fija en mí, me da una sonrisa brillante―. Oh, tú debes
ser Elle. Soy Monica.

Monica… la mujer que llamó a Aaron hace unas noches. Me quedo sin pala-
bras, viéndolos a ambos. Monica es preciosa. Es la definición del sueño de
todo hombre. Probablemente tengamos la misma edad. Tiene el pelo castaño
oscuro, ondulado, brillante, una sonrisa de modelo. Está vestida con un
ajustado vestido rojo que acentúa sus generosos pechos. Monica tiene curvas
en los lugares correctos, profundos ojos ahumados, definitivamente es una
depredadora. Y yo, estoy usando mis mallas sudadas y mi sostén deportivo
que es genial para la comodidad, no tan bueno para valorizar mi cuerpo. No
puedo evitar sentir celos e incomodidad. Este es el tipo de mujer que busca.

―Monica es como de la familia. Estuve con ella anoche ―agrega Aaron antes
de mirarme directamente a los ojos―. Hablando. Como amigos. Ella sabe de
nuestro acuerdo.― Mi mandíbula cae. En un par de segundos, cientos de
preguntas surgen en mi mente. ¿Quién es ella? ¿Por qué le dijo? ¿Qué tan
cercanos son? Pero lo más importante… ¿Alguna vez se acostó con ella?

―Y Dios sabe que él no se hace amigo de las mujeres.― Ella se ríe. Sonrío
tímidamente, tratando de ocultar mi incomodidad.
―Realmente necesito ir a la carrera de clasificación. ¿Hablamos más tarde,
Elle?― Aaron pregunta mientras sus dedos alcanzan mi mano, su toque re-
vive en mí lo que pasó anoche entre nosotros. Cada vez que sus ojos azules
se encuentran con los míos o me toca, soy impotente. Deslumbrada. Solo hay
una respuesta, dar un salto de fe: confiar en él.

―Elle y yo podemos ver la carrera juntas. ¿Si te parece bien?

―Por supuesto.― Esta es mi oportunidad de conocerla.

―Genial. Te veré luego, ma belle.― Me da su sonrisa habitual, eso me tran-


quiliza de inmediato. En mi experiencia, si un hombre tiene algo que ocultar,
nunca dejaría dos secretos juntos. Es un riesgo Y Aaron puede ser un juga-
dor, pero es inteligente.

Se enfrenta a Monica y arquea una ceja, un tono juguetón en su voz. ―Y


Monica. Se buena. No cuentes historias vergonzosas.― Se pone las gafas de
sol y nos deja solas.

―Bueno, mejor me cambio.

Ella ríe. ―Te acompaño.

Sigue escrutándome de camino al ascensor. Intercambiamos unas breves


sonrisas, pero permanecemos en silencio hasta que entramos. ―Lamento
aparecer de la nada. Pero no tienes que preocuparte por mí. Somos como
una familia. Me ve como una hermana.

Por el tono de su voz, siento que es genuina. Me siento aliviada. Pero también
siento miedo… la idea de que Aaron se acostara con otra persona casi me
rompe, y sé que es cuestión de tiempo antes de que esto suceda. No soy
especial. No hay nosotros, o si lo hay, son las partes más oscuras de nosotros
mismos conectándose. Conducirá a nuestra destrucción y necesito prote-
germe de estrellarme a toda velocidad.
―Si soy honesta, pensé que tú y él estaban involucrados románticamente
―respondo.

Ella resopla. ―Nunca sucedió y nunca sucederá. Y hace diez años que nos
conocemos.― Ella se vuelve hacia mí―. No me malinterpretes, Aaron es un
gran tipo y todo eso, pero él no tiene mi corazón.

―Es refrescante escuchar eso.― Es agradable hablar con alguien cercano a


Aaron. Especialmente una mujer que no tiene sus garras en él―. ¿Cuánto
tiempo has estado con el que tiene tu corazón?

Su expresión cambia. Sus ojos se oscurecen. Comienza a jugar nerviosa-


mente con sus dedos, girando su anillo. Un anillo de compromiso. Inmedia-
tamente me arrepiento de haberle hecho esta pregunta.

―Mmm. ¿Creo que Aaron te habló de Henry? Su hermano.

―Él lo mencionó, pero es muy reservado.― Tengo miedo de lo que me dirá a


continuación, mi corazón ya está dolorido por ella.

―Sabes, él nunca lo menciona a nadie, así que eso es mucho viniendo de él.
Debe confiar en ti, Elle.― Y, sin embargo, no sé nada sobre el enigmático
“Wolf”.

―¿Henry era tu esposo?― Entiendo en este momento la razón por la que ella
está cerca de Aaron. Están unidos por la tragedia. No deja entrar a nadie,
pero ella es la que pertenecía a su hermano. Ella es la otra parte de Henry.
Monica no es una amenaza; ella es como Aaron. Ha perdido una parte de sí
misma. Ella está rota.

―Estábamos comprometidos. No habíamos tenido tiempo de casarnos. Él era


el amor de mi vida.― Logra una brillante sonrisa, pero noto las lágrimas for-
mándose en sus ojos. Aaron oculta la pérdida de su hermano por el deseo de
la carne. Monica probablemente oculta su pérdida sonriendo, vistiéndose se-
ductoramente y mostrando una imagen perfecta de sí misma, tal como lo
hice yo durante tantos años. Ocultar lo imperfecto que eres pretendiendo ser
perfecto.

―Monica, no puedo saber por lo que has pasado, lo siento. Nadie se merece
eso.― No quiero preguntar qué pasó, creo que es una historia para que Aaron
me la cuente voluntariamente.

―Todavía estoy rota, pero Aaron estuvo aquí por mí… ―suspira―. Es por eso
por lo que estoy aquí. El siete, fue el día en que Henry murió. Así que llamé
a Aaron para ver si podíamos reunirnos durante el Gran Prix, no tenía ganas
de estar sola.― Es por eso por lo que la reacción de Aaron cambió repentina-
mente después de la llamada telefónica, esa misma noche estaba atormen-
tado en el gimnasio. El 7, como el número de coche de “Wolf”. Todo tenía
sentido, excepto una cosa. ¿Por qué “Wolf” nunca fue al funeral de su her-
mano?

―Oh, si necesitas tiempo con Aaron, puedo darte espacio.

―Aaron te necesita, Elle.― Abro la boca con sorpresa. Me necesita. ¿Cómo


podría? Quiero decirle que me necesitaba, pero ya no. Después de todo, pro-
bablemente soy yo quien lo necesita. Se da cuenta de mi expresión y añade―.
Él se preocupa más de lo que te hará saber. Solo necesita tiempo.

―Lo sé, es un buen hombre.― Intento ocultar mi sonrojo.

―Realmente espero que no te rindas con él. Puede fingir que es fuerte, pero
en el fondo es como un niño que teme ser abandonado nuevamente.― ¿Aban-
donado? Me pregunto a qué parte de su pasado todavía se aferra.

―No estamos juntos, Monica ―niego.

―Oh, Elle, todavía no entiendes, ¿verdad?

Ella levanta una ceja y la puerta del ascensor se abre.

―¿Entender qué?
―Todo esto.
Capítulo 17
Dos negativos hacen un positivo

EN LOS PRIMEROS NUEVE MINUTOS DE LA CARRERA DE CALIFICACIÓN, dejé que mis


pensamientos divagaran, obsesionada con las carreras de “Wolf”. Él es pode-
roso. Carismático. Audaz. Pasé los siguientes nueve minutos conociendo a
Monica. Entiendo porque ella y Aaron son amigos: es divertida, amable y
decidida. La carrera de calificación termina con Aaron reclamando la primera
posición para la carrera de mañana. Los comentaristas parecen impresiona-
dos por su regreso, las probabilidades están a su favor para el campeonato.

Un par de minutos después, “Wolf” se ríe con Thomas mientras su equipo se


ocupa de su auto. Cuando los dos hombres finalmente nos notan, Thomas
nos abraza a Monica y a mí antes de irse. Aaron contempla mi mirada y
muestra una sonrisa segura de sí misma que hace que mis mejillas se son-
rojen tanto como el color de su traje de carreras.

―Ma belle.― Dos palabras. Solo necesito dos palabras para que mi corazón
se estremezca.

Seguimos mirándonos a los ojos, ignorando la agitación que nos rodea.


Atraigo la atención de “Wolf” hacia mi labio inferior, mordiéndolo. Puedo sen-
tirlo, todavía me anhela. Él puede ser el cazador, pero yo soy una cierva dis-
puesta totalmente a ser perseguida.
―Bueno, si alguien me está buscando, estaré en otro lugar ―agrega Monica,
mirándonos a los dos con una sonrisa maliciosa en su rostro antes de irse a
hablar con Thomas.

―Parece que le gustas a Monica. No tengo idea de cómo la conquistaste, si te


soy sincero. Nunca antes le había gustado una chica.― Aaron reduce la dis-
tancia entre nosotros.

―Solo estoy siendo yo misma. Ella es genial. Y ella también es... guapísima.―
Meto un mechón de mi cabello detrás de la oreja, mirando al suelo.

―Supongo que lo es.― Por supuesto que ella lo es―. Pero no tanto como tú.

Lo estudio, buscando la verdad. ―No tienes que mentir, Aaron. Ya me tienes,


hemos superado las mentiras de una primera cita.

Su mirada abrasadora me golpea mientras frunce el ceño. ―No miento, Elle.

Un hombre nunca me ha mirado como lo hace Aaron. Él tiene el don de


expresar su crudo deseo por mí con tal intensidad que me siento glorificada.
Renacer en el tipo de mujer que quiero ser. Él crea una nueva confianza en
mí, haciéndome sentir hermosa.

―Además, sabes que eres de mi tipo.

―¿Y cuál es su tipo, Señor LeBeau?

Se acerca a mí, sus ojos viajan a lo largo de mi cuerpo. ―Creo que ya has
hecho esta pregunta, pero... Largas piernas, boca deliciosa, hermosos ojos y
cuerpo ardiente.

Lo empujo, riéndome de la forma en que dijo esas palabras. ―¿Por qué tienes
que hacer que cada palabra suene sucia?

―Es un don.
Thomas llama a Aaron; tienen que discutir la estrategia de la carrera esta
tarde. Monica vuelve hacia nosotros, dándome una especie de mirada de sé
que te gusta. Probablemente escuchó nuestra conversación.

―Elle y yo iremos a Luxure esta tarde ―se dirige a Aaron antes de volver a
centrar su atención en mí―. Ya verás, tienen ropa genial.

Por la mirada que me está dando, concluyo que no tengo mucha elección en
el asunto. Apuesto a que no es una gran fan de mis jeans rasgados y mi top
informal. Aaron toma su bolso y abre su billetera mientras bromeo con Mo-
nica sobre mi sentido de la moda.

―Yo invito.― Aaron me entrega su tarjeta de crédito, con una sonrisa orgu-
llosa en su rostro. Lo observo sorprendida. ¿Cómo se supone que debo reac-
cionar? ¿Está tratando de comprarme? Eso es lo que suelen hacer los hom-
bres con dinero. No soy una esposa trofeo. No soy ese tipo de mujer.

―No.― le espeto.

―Insisto.

―No puedo. Ya estás pagando todo aquí. No lo haré. Puedo pagar por mí
misma. Aparto su tarjeta de crédito.

―Elle, tengo más dinero del que necesito. No estoy esperando nada. Me de-
vuelve la tarjeta de crédito―. Además, mi patrimonio neto es de quinientos
millones…

―No me importa cuánto dinero tengas. No me aprovecharé de ti ―grito.

―Por el amor de Dios, solo acéptalo, Elle. ¡Estoy tratando de hacer algo
bueno!― Su temperamento se encendió con molestia.

―No.
La ira latía por sus venas, antes de surgir a través de él. ―¡Mierda! ¿Es tan
malo que quiera complacerte?

¿Complacerme? Se traga su frustración. Incluso “Wolf” parece sorprendido


por su reacción y su elección de palabras. No quería admitir eso. Me entrega
su tarjeta de crédito nuevamente y ahora la tomo en la palma de mi mano,
antes de que recoja sus cosas y comience a salir de su garaje sin decir una
palabra. Parece molesto, como si al rechazarlo hubiera herido sus sentimien-
tos. Cree que lo he rechazado. Le importa. Le importa, y lo alejé. ¿Realmente
quería hacer este gesto solo para complacerme? ¿Sin otro motivo?

―¡Aaron, espera!― Se vuelve hacia mí, su expresión es fría como el hielo.


―Gracias... pero no compraré nada caro.

―No pienses en el dinero, por favor. Es mi regalo.― Mira a Monica, cuyos ojos
se han agrandado, sorprendida por nuestros intercambios―. Para las dos.

Se va antes de que pueda alcanzarlo. Todavía está molesto. ¿Se arrepiente


de lo que dijo?

―¡Bueno, joder! No sabía que eras tan cercana.― Monica me lanza una mi-
rada pecaminosa.

―Él solo está siendo amable.― Me paso los dedos por el pelo con torpeza. Ella
resopla antes de levantar las cejas teatralmente mientras salimos del garaje
y nos dirigimos hacia su auto.

―Estamos en un acuerdo, eso es todo.― Me recuerdo, usando el término con


el que “Wolf” describe cualquier relación que tenga con las mujeres.

―Sabes, Aaron no hace algo que no quiera hacer.

―A menos que no tenga otra opción.

―Aaron es el mejor piloto de carreras que existe. ¿De verdad crees que no
pudo ganar a Longfoard ni a los medios a su manera? No se puede obligar a
un hombre como él a hacer algo. No sigue las reglas. Si lo hizo es porque una
parte de él quería ―apunta, segura de sí misma.

―Esto no tiene sentido. Está haciendo eso para estar en paz, eso es todo.―
Frunzo el ceño, sin creer su teoría.

―A veces tu inconsciente sabe mejor acerca de lo que necesitas y quieres. Tal


vez estaban unidos por el destino.

¿Unidos por el destino? ¿Cómo podrían vincularse dos personas jodidas?


Nada bueno puede salir de ello. La ciencia dice que dos negativos hacen un
positivo. Dos iones cargados negativamente pueden sanar juntos para crear
un resultado positivo. Pero nuestra química es extrema. Es destructiva y está
condenada desde el principio.

―Monica.― Nos damos la vuelta para ver a Louis parado frente a nosotros,
su piel tan blanca como la muerte. Está mirando a Monica como si hubiera
visto un fantasma. Parece destruido. Atormentado. Miro por encima de ella
para notar que sus ojos se han enrojecido con odio.

―Vamos, Elle ―grita mientras abre la puerta de su auto.

―Monica, ¿podemos hablar, por favor?― Louis suplica. Su habitual sonrisa


coqueta se ha ido. Él parece débil frente a ella, dividido entre sus emociones,
como si algo estuviera dañado dentro de él.

―¡Aléjate de mí, Louis!― Están atrapados en una guerra de miradas, en la


que Louis está perdiendo ante las cuchillas que Monica le envía.

―Lo siento. Nunca quise…― Los ojos de Louis se suavizan de una manera
atormentada. ¿Es eso arrepentimiento? ¿Dolor? Él siempre está tan seguro
de sí mismo, pero ahora parece devastado. Agonizando en su cuerpo.

―¿Estas arrepentido?― Monica se ríe nerviosa―. ¡Por tu culpa, lo perdí todo!


Confié en ti, ¡y filtraste fotos mías desnuda por diversión en el chat grupal
de tus estúpidos conductores!― Sacude la cabeza con ira―. Obtuviste lo que
querías, me jodiste. ¡Ahora déjame en paz! ¡Puedes pudrirte en el infierno!
―Ella cierra la puerta del auto y abro la boca en estado de shock.

―Mo…

―Louis, déjala en paz. No puedo creer que hayas hecho eso. Esto es desagra-
dable.― Mis labios se curvan en una expresión de disgusto, comprendiendo
por qué Aaron me advirtió contra él, diciendo que no respeta a las mujeres.
Él es un asqueroso. Pasó de “Golden Boy” a “fuck boy”10, perdiendo mi res-
peto.

Me subo a su auto y Monica acelera su motor rápido para distanciarse lo


más que pueda de Louis. ―Lamento que tuvieras que ver eso.― Sus ojos es-
tán fijos en el camino.

―Por lo que vale, sé lo que es poner tu corazón en manos de la persona equi-


vocada.

―Gracias por no juzgarme, Elle.― Le sonrío, haciéndole saber que estoy aquí
si necesita hablar―. Quiero que sepas que no soy una puta. Después de la
muerte de Henry, no era yo misma. Louis era nuestro amigo. Siempre supe
que estaba enamorado de mí, y quería curarme, ¿sabes?― Al igual que quería
olvidar cuando conocí a Aaron.

Ella exhala, sus manos agarrando el volante con más fuerza. ―Entonces, me
acosté con él. ¿Qué clase la mía verdad? Y entonces empezamos a acercarnos
mucho. Solíamos enviarnos... fotos calientes, cuando él no estaba... pero re-
sulta que me usó. Filtró estas fotos comprometedoras mías en el chat grupal,
probablemente para impresionar a los otros conductores.― Por la forma en
que habla de Louis, podría suponer que comenzó a abrirse a él. A confiar en
él. Ser traicionada es el peor sentimiento.

10 Chico mierda.
―No es tu culpa, Monica. También me han usado en el pasado. No podías
saber que él haría eso. ¿Pudiste hacer desaparecer las imágenes?

―Sí, se fueron el mismo día, pero estaba demasiado avergonzada. No quería


que Aaron supiera, que pensara que traicionaría a Henry de esa manera. Por
supuesto, él sabía, todos los corredores recibieron las fotos. Pensé que me
odiaría, pero no lo hizo. Bloqueó las fotos, se ocupó de Louis y defendió mi
honor frente a los demás. Le estoy muy agradecida, aunque todavía no puedo
enfrentarme a ninguno de ellos. Por eso Aaron odia a Louis. La rivalidad entre
ellos. La razón por la que los celos lo golpean cuando Louis intenta acercarse
a mí.

―Hizo lo correcto. Y se preocupa por ti, no creo que te odie. Cuando sufres,
no eres capaz de tomar decisiones inteligentes. Solo quieres olvidar. Para
reinventarte.― No sé si en este momento estoy hablando de mí o de ella. Pero
aprendí algo, a Aaron le importa. Yo tenía razón.

―Es gracioso, Aaron usó las mismas palabras que tú. Algo sobre el olvido.―
Llegamos al centro comercial, y ella respira hondo, encontrando su sonrisa
nuevamente―. Aquí estamos. No hablemos de Louis, por favor.

―DEBERÍAS PROBARTE ESTO ―me anima Monica con una sonrisa, notando mi
vacilación.

Observo una falda de cuero negro y una camisa de seda de leopardo. Por
alguna razón, este atuendo me está llamando. Es muy sexy. Muy “no yo”. Y,
sin embargo, muy atractivo. Ha pasado mucho tiempo desde que me vestí
sexy. Siempre he soñado con dar rienda suelta a la femme fatale dentro de
mí, si es que todavía existe. Y de alguna manera, quiero sentirme hermosa
por mí misma y por alguien en particular. Quiero ser mala, salvaje y libre.

―¿Sabes qué? Creo que lo haré.


Me llevo el conjunto al probador.

La falda de cuero curva mi cintura con fuerza y hace justicia a mis glúteos
en forma. Nunca he estado más agradecida por mis sesiones de levanta-
miento. Mis piernas parecen más largas con los stilettos negros. La camisa
de seda muestra la cantidad correcta de escote. Y me siento... deseable.
Suelto mi cola de caballo y dejo que mi cabello caiga salvajemente hasta mi
cintura. La cierva se convierte en tigresa, y me encanta.

Salgo de la habitación y le sonrío a Monica, que está sentada en el sofá marfil


frente a mí mientras estoy imitando una pose de modelo. Ella abre su man-
díbula, asombrada, su mano cubriendo sus labios. He terminado de escon-
derme. He terminado de excusarme. La gente dejó de mirarme porque tenía
demasiado miedo de ser... yo. He decidido encontrarme de nuevo.

―Guau. Eres perfecta. No puedo imaginar la cara de Aaron cuando te vea.


vistiendo eso. Maldita sea, sabía que eras hermosa, pero esto es otro nivel.―
La atención de Monica atrae a la vendedora que no nos saludó antes, proba-
blemente pensando que no podíamos pagar este lugar. Después de todo, los
atuendos no tenían precio―. ¿No es hermosa?― Arquea una ceja hacia ella,
y no puedo evitar reírme. Me encanta la vitalidad de Monica y su forma de
hablar honesta, al igual que Aaron.

―Lo es, señora. Desafortunadamente, este artículo es una nueva colección


y...

―Eso no será un problema. Mi amiga está saliendo con Aaron LeBeau. El


dinero no es un problema para nosotros ―le espeta Monica a la vendedora,
quien enseguida nos regala su sonrisa fingida antes de irse.

Se levanta y camina hacia mí, cruzando los brazos sobre el pecho. ―Odio a
ese tipo de personas. Crecí siendo pobre y la gente me menospreciaba cuando
estaba con Henry. Nunca he encajado. No dejaré que eso te pase a ti.

Me cambio, y llegamos a la caja para pagar los conjuntos. Mi corazón está


latiendo, temiendo el precio.
―Tres mil.― La mujer maleducada nos sonríe de forma malvada.

Miro a Monica con pánico, con los ojos muy abiertos. No puedo. Este precio
son tres meses de alquiler. Nunca he gastado esa cantidad en mí. Ella asiente
hacia mí, animándome a usar la tarjeta de “Wolf”. La miro... esta vez, no
quiero usarlo. Había estado con Stephan por la comodidad, la seguridad de
un futuro. He soñado con un hombre que me trate como si fuera especial.
Siempre he sido una gran admiradora de la escena Pretty Woman, cuando
Edward trata a Vivian como una princesa en un día de compras. Pero con
Aaron, el hecho de que quisiera complacerme, no puedo. Es exactamente lo
que quería, pero aceptarlo significaría aceptar más con él. Más de lo que él
no puede darme. Que es real. Que posiblemente podría enamorarme de él.
Le entrego mi tarjeta, tragando saliva, dudando que pase.

―Elle. ¿Qué estás haciendo?― Monica grita.

―Está bien.― Estás haciendo lo correcto, Elle. Mi madre siempre dependió


de los hombres. Sobre mí. No seré como ella. Me llevaré el traje mañana.

―¿Tu nombre por favor?― pregunta la grosera mujer.

―Elle Monteiro.

Ella toca en su computadora. ―Oh. Su pago ya ha sido atendido.― Me en-


trega la bolsa de ropa y mi tarjeta sin usar―. Que tengas un buen día ―dice
en un tono robótico.

Miro a Monica con sorpresa. ¿Quién lo pagó? ¿Cómo es eso posible?

―No me mires así. Acabo de decirle a Aaron adónde íbamos. Probablemente


sabía que no usarías su tarjeta. Y seamos realistas, cualquier tienda mataría
por tener a la misteriosa mujer de Aaron LeBeau fotografiada con su ropa
puesta.― Monica sonríe, probablemente diciéndome menos de lo que sabe.

Ese conductor arrogante no me da respiro. Me quita todo el aliento.


Ocupa cada uno de mis pensamientos. Y ahora, está corriendo hacia mi co-
razón.

AARON: ESTOY EN LA pista. Envíame un mensaje de texto cuando estés aquí.

Pd: Te invito a cenar esta noche. Y no. Tú. No puedes. Rehusarte.

Sonrío infantilmente, leyendo el texto que Aaron me envió, usando el atuendo


que compré hoy, mis ojos maquillados con sombra marrón ahumada y mis
labios con brillo. Brillo que probablemente no durará mucho en mis labios.
Estoy dando cien pasos frente al hotel. Muriendo de ansiedad. Temblando de
anticipación.

―Tengo que irme. Déjame saber cómo va.― Monica me abraza antes de ca-
minar hacia su auto. Intercambiamos números. En tan poco tiempo juntas,
ya sé que se convertirá en una amiga cercana.

Se vuelve hacia mí una vez más. ―Sabes, no tengo muchas amigas. Nunca
me juzgaste por mi forma de vestir, mi aspecto o lo que he hecho. Así que
gracias, Elle.― Me río de ella―. Aaron tiene mucha suerte ―agrega antes de
despedirse.

Respiro hondo mientras camino hacia los pits para encontrar a “Wolf”. Siento
mariposas en el estómago, el viento me lleva más cerca de él. Mi corazón se
acelera. Mi respiración se acelera. El atardecer dorado va calentando la pista
en un tono anaranjado. El paisaje se siente mágico. Es como si este momento
estuviera destinado a ser. Me siento como una adolescente yendo al baile de
graduación con su enamorado.

Aaron está hablando con algunos conductores, vestido con un traje azul ma-
rino con una camisa de vestir blanca. Toda la atención está puesta en él. Es
carismático. Guapo. Divino. Repito mi mantra. Confianza. Confianza. Con-
fianza. Veo al compañero de equipo de Aaron mirándome mientras camino
hacia ellos. Su mandíbula cae y empuja el hombro de Aaron con un movi-
miento de cabeza, diciéndole que me mire. Cuando “Wolf” se da la vuelta,
nuestros ojos se conectan.

Toda la atención de repente se vuelve hacia mí. La luz dorada va calentando


nuestros rostros, nuestros ojos teñidos de un color felino, mis caderas se
mueven como si música de rumba nos acompañara. Todo lo que veo es a él.
El hombre que anima cada una de las células de mi cuerpo. El hombre que
me deslumbra. Le sonrío nerviosamente a Aaron mientras se muerde el labio,
sus ojos clavados en los míos. Chispeando de deseo. Observando cada uno
de mis movimientos. Traga antes de darme su sonrisa más brillante, y me
río.

Este momento es eterno. El mundo que nos rodea parece detenerse. Aaron
se precipita hacia mí, nuestros cuerpos listos para expresarse. Somos como
dos elementos magnéticos atraídos entre sí. Despertando el volcán silencioso
que llevamos dentro. Y juntos generamos una explosión nuclear.

Dos negativos hacen un positivo.

Al igual que los átomos, somos golpeados por una descarga de eléctrica. Un
toque electrizante que crea una fuerza. La descarga nos golpea con toda su
fuerza, golpeando todas nuestras células, derribando nuestro control.

Creando... algo más. Algo nuevo.


Capítulo 18
Corre conmigo

APLASTA SU BOCA CONTRA LA MÍA, CALIENTE Y HAMBRIENTA. Besándome con un


ardor intenso que abrasa mis sentidos. Es real. No para el juego. No para
escapar de su oscuridad. Esta vez, no nos usamos el uno al otro, nos relaja-
mos el uno al otro. Todo mi ser está renunciando a la última gota de control
que tenía.

Muerdo su labio inferior, impulsada por un impulso animal. Un impulso in-


quebrantable. Una necesidad de él. Mis manos agarran su cabello con fiereza
mientras presiona nuestros cuerpos juntos. Escucho a los otros conductores
jugueteando, burlándose de nosotros, silbándonos, pero no me importa. Su
lengua entra en mi boca, bailando en armonía con la mía. Profundizamos el
beso hasta que ninguno de los dos puede respirar. Hasta que cae el sol. Hasta
que la oscuridad se levanta.

―Serás mi perdición, Elle ―susurra, sus manos ahuecando mis mejillas.


Cada vez que sus labios chocan con los míos, cada vez que me abandono a
él, me siento viva. Él es mi combustible. Él acelera mi alma―. Pierdo el con-
trol tan fácilmente contigo.

―¿Y eso es malo?


―No tengo ni puta idea.― Sus brazos rodean mi cuerpo contra el suyo mien-
tras lo miro, sintiéndome a salvo. Contenta―. Una cosa es segura, ese
atuendo no te durará mucho.

―¿No te gusta?― Juego con mis pestañas.

―Me encanta. Especialmente cuando sé lo que hay debajo.― Cubro mi rostro


con mis manos, acercando mi cabeza a su pecho. Es tan audaz. tan directo.
Tan Aaron―. Sabes que eres hermosa, ma belle.

Toma mi mano con firmeza, llevándonos hacia su auto. Me abre la puerta y


recuerdo que todavía tengo su tarjeta. La saco de mi bolso y se la entrego.―
Gracias. Quiero que sepas que estaba a punto de pagarlo yo.

―Lo sé. Y te lo dije, cuando estés conmigo no lo harás.― Se inclina hacia mí


y me encuentro atrapada entre él y su auto deportivo―. No intentes discutir
conmigo sobre este tema nunca más, o te voy a follar hasta el cielo aquí
mismo.

Cruzo mis brazos sobre mi pecho, haciendo un puchero, tratando de hacer


un punto. Lo que obviamente no funciona ya que su yo molesto y arrogante
se ríe de mí. ―Adorable.

Te la devolveré, “Wolf”. No ganarás la siguiente ronda.


UN VIAJE CORTO Y RÁPIDO DESPUÉS, tomamos un ascensor hasta la cima de un
edificio inmenso. Piso noventa y seis. Cuando las puertas se abren, soy trans-
portada a otro universo. El restaurante tiene una vista de 360 grados de toda
la ciudad de noche. En medio, hay acróbatas haciendo malabarismos con
fuego, bailando con velos, la música de piano hipnotizando mi corazón. La
cúpula nos deja ver las brillantes estrellas. Los tonos oscuros del lugar son
iluminados únicamente por las llamas de los bailarines y las velas de cada
mesa. Se siente como un sueño. Un ensueño de medianoche procedente de
otra cultura. Un ensueño lleno de posibilidades. El camarero vestido con un
elegante esmoquin nos lleva a nuestro asiento en una área privada.

Aaron acerca mi asiento. ―Este es el “Minuit”. Solo hay dos lugares como
este en el mundo. Aquí y en Marruecos. El propietario diseñó el restaurante
para su esposa. Lo conocí hace un par de años. Gran hombre.

Esto es simplemente hermoso. Encantador. Deslumbrante. Cada minuto con


Aaron es una aventura. Un sueño sin fin. Él ordena para los dos, ya que
todavía estaba indecisa sobre el menú. Con nuestros ojos fijos el uno en el
otro, permanecemos en silencio, hasta que el tiempo pasa demasiado rápido.
Incluso después de comer un par de platos caros, todavía me muero de ham-
bre, por él.

―Quería disculparme por lo de ayer, Elle.― Me aclaro la garganta, nunca


esperé una disculpa de Aaron―. Después de que tuvimos sexo. La forma en
que te dejé —añade, sus ojos clavados en los míos.

―No me debes nada, Aaron.― Bebo mi vino, tratando de ocultar mis senti-
mientos. No puedo hacerle saber que me duele más de lo que pensé que lo
haría.

―Lo sé. Pero te respeto.― Mira fijamente las llamas, pellizcándose las cejas
mientras el color del foco calienta nuestros rostros con una luz roja ar-
diente―. Normalmente no pierdo el control como lo hice anoche. Espero no
haber sido demasiado apasionado.― Sus ojos están de vuelta en los míos y
se han oscurecido.
Ahí es cuando entiendo. Se asustó. Perdió el control conmigo. Un control que
nunca recuperará. Un control que necesita tener debido a una cicatriz que
esconde. Tiene miedo de algo, pero no puedo decir qué.

―Anoche fue perfecto ―comento tímidamente mientras busca la verdad en


mis ojos. ¿Tiene miedo de romperme? ¿Lastimarme? Mis mejillas enrojecen,
fue el sexo más caliente de mi vida. Nunca he sido tan libre, tan animal con
nadie.

―Me atormentas la mente, Elle.― Y él me atormenta por completo―. Normal-


mente follo y olvido. Pensé que tenerte satisfaría mi... apetito. Pero es peor.―
Suspira, y me olvido de respirar.

Se inclina más cerca de mí, su mirada vibrante con excitación. ―Estoy pen-
sando en tu cuerpo desnudo, la forma en que sabes me está volviendo loco―.
La multitud aplaude cuando termina la actuación, pero nuestros ojos están
fijos el uno en el otro, ignorando todo lo que nos rodea―. Constantemente.
Te quiero. Jodidamente. A ti ―subraya pronunciado cada palabra en un tono
autoritario y contundente.

Cierro las piernas con más fuerza, el pulso de mi corazón resuena por todo
mi cuerpo. No puedo seguir por este camino. Estoy obsesionada por su toque.
Sin aliento por sus besos. Poseída por él. Nunca había experimentado emo-
ciones tan extremas. Emociones que están destinadas a ser bellas y román-
ticas, pero con él, no son seguras. Son peligrosas. Oscuras. Soy la dueña de
mi alma, no él.

―No queremos las mismas cosas.― Se siente como si estuviera tratando de


convencerme a mí misma. Malditas hormonas. Maldito LeBeau. ¿Es incluso
humano?

―Probablemente. Pero tenemos algo en común.

―¿Qué?― Arqueo una ceja cuando comienza la siguiente actuación. La mú-


sica romántica se ha vuelto más oscura, más rápida, el fuego se ha elevado
más.
―Ambos estamos obsesionados el uno con el otro. Y la forma de acabar con
esta obsesión es ceder.― Sus ojos oscuros y cálidos están clavados en los
míos. Siento que el infierno ha venido a recoger mi alma. Mi castigo es anhe-
lar sin cesar a este hombre tempestuoso al que no debería―. Ceder a nuestro
deseo hasta que cese esta obsesión.

Obsesión. Adicción. Pensé que nuestra conexión era puramente física, car-
nal. Pero ¿podría ser a un nivel más profundo? ¿Podríamos realmente dete-
ner esta obsesión como él la llama? Esto no es saludable. Incorrecto. No po-
demos darnos lo que necesitamos. Somos opuestos. No hay futuro, no hay
esperanza para que podamos sanar juntos. Y tengo miedo. Tengo miedo de
que mi obsesión crezca más y más, profundamente en mi alma. Tengo miedo
de enamorarme.

―No lo sé, Aaron.

Da un trago a su bebida. ―Esto no era una pregunta.― Inclina su cabeza


hacia mí, con una sonrisa feroz en su rostro―. Creo que estamos atrapados
el uno con el otro. Da igual que queramos o no ―añade, y sé que tiene razón.

No podemos negar nuestra conexión. No podemos mantenernos alejados.


Sólo podemos dar un salto y quemarnos. Esperando ser «significativos». Con
la esperanza de sanar y no soltar una bomba nuclear entre nosotros. La vida
es como un juego de ajedrez. Yo soy la reina y él es el rey. En el mismo equipo,
podemos ser irrompibles. Pero uno contra el otro, no tenemos ninguna posi-
bilidad de sobrevivir. Destrucción o redención. Esa es una apuesta arries-
gada.

―Tienes una respuesta para todo, ¿no?― Tomo la cereza que dejó de su pos-
tre y la pongo en mi boca, completamente decidida a demostrarle que yo
también puedo jugar.

Lamo la cereza seductoramente, adentro y afuera, antes de chuparla lenta-


mente, mis ojos provocándolo. Rompo la parte superior de la misma y trago.
Lamo mi labio superior, muerdo mi labio inferior, liberando mis ojos de
cierva. Se queda en silencio, sus ojos fijos en mí, mientras su lengua juega
dentro de su boca. Algo que hace cuando está a punto de explotar.

―Elle ―dice su voz ronca como una advertencia, y una ráfaga de adrenalina
recorre todo mi cuerpo.

Inclino la cabeza hacia un lado y con los pies me quito los tacones de debajo
de la mesa. ―¿Sí, Aaron? ―respondo, haciéndome la inocente.

Deslizo mis pies por encima de su pantalón hasta llegar a la zona de su viri-
lidad. Afortunadamente, la mesa está cubierta con un mantel blanco y nadie
puede ver lo que hay debajo. Tose, sorprendido por mi acción. Saco mi lengua
de mi boca, lamiendo mi labio superior una vez más, mis pies lo acarician
porque sé que se está poniendo duro debajo de sus pantalones. Acaricio mi
clavícula con la punta de mis dedos, empujando mi camisa de seda delica-
damente hacia un lado para darle una vista previa de mi ropa interior de
encaje.

―Joder, Elle. Estoy duro ahora ―gime.

Sonrío maliciosamente antes de levantarme de la silla, satisfecha de haber


jugado con el jugador. ―No sé de qué está hablando, Señor LeBeau.

―Oh, ma belle... espero que estés lista para que te folle, porque te haré pagar
por tus bromas.― Estoy empujando los límites de “Wolf”, dándole una luz
roja, y él está a punto de empujar los míos una vez que la luz se apague. ―Iré
a buscarte tan pronto como... ya sabes.

Me dirijo hacia el baño, todavía sonriendo, disfrutando de mi primera vuelta


de la victoria. Lo miro, casi segura de que me está viendo alejarme. Lo cual
es… su codo en la mesa, su mano cubriendo su boca antes de sonreír a pesar
de sí mismo. Quiere correr conmigo. Y no puedo esperar para hacerlo todo
de nuevo.
Me reacomodo frente al espejo del baño, tratando de refrescarme. ¿Qué estoy
haciendo? Me estoy burlando de él con cosas... cosas que odio hacer. ¿Real-
mente lo acaricié con mis pies? Lamí una cereza de la misma manera que
yo... pero no me hizo sentir vergüenza. Me sentí abrumada.

Lo espero junto al ascensor, recordando que una carrera no es un sprint,


sino un maratón. Reviso los mensajes de mi teléfono y de repente siento unos
fuertes brazos rodeando mi cintura por detrás. Sé que es él. Reconozco su
toque. Su olor. Su aura. Aprieta mi espalda contra su fuerte torso antes de
besar el lóbulo de mi oreja.

―Es hora de enseñarte una lección.― Rojo. Rojo.

Corazón ardiendo. Cabeza girando. Calor alcanzándonos.

La carrera está a punto de comenzar.


Capítulo 19
Posesión

CUANDO SE ABREN LAS PUERTAS DEL ASCENSOR, me toma de la mano y me lleva


adentro. Somos solo nosotros dos en nuestro largo descenso hasta el garaje.
No espera a que las puertas se cierren para clavarme contra la pared en un
movimiento apresurado. Una sonrisa satisfecha aparece en su rostro cuando
nota el rubor de emoción extendiéndose por mis mejillas. Ahueca mi cara
con sus palmas, devorando mis labios en un beso febril y explosivo. En ape-
nas un par de segundos, su pasión me envía al olvido. Estoy poseída por el
hambre voraz de nuestros besos, olvidándome de todo lo que nos rodea. Pe-
ligro. Es un peligro adictivo.

No hay advertencia contra Aaron LeBeau.

No puedes tomar precauciones, no puedes contraatacar.

―Eres hermosa, Elle.― Sus palabras me prenden fuego. Mi deseo por él está
aumentando. Inflamándome. Amplificándose hasta que me consume.

Me levanta contra la pared, mis muslos se apoyan en sus caderas mientras


sus manos se curvan alrededor de mis nalgas y paso mis dedos por su es-
palda. Estoy hechizada por el calor de sus besos, derritiéndome bajo su toque
posesivo. Mi camisa está desabrochada. Mi falda levantada. Mi clavícula está
doliendo por su beso. No puedo reducir la velocidad, y él tampoco. Estamos
corriendo juntos a toda velocidad, hasta que somos empujados fuera de la
pista cuando las puertas del ascensor se abren y dos hombres mayores nos
observan. Aaron se aleja, colocándose frente a mí, mientras me abrocho la
blusa.

―¿Señor LeBeau? ―pregunta un hombre mayor, con una mirada confundida


en su rostro. Aaron se aclara la garganta, tratando de actuar como un pro-
fesional. Demasiado tarde Aaron, nos han pillado como adolescentes cachon-
dos.

―Caballeros.― Él sonríe, asintiendo cortésmente con la cabeza antes de lan-


zarme a sus brazos, y me río, notando la expresión de qué diablos pasa en
los rostros de los dos hombres.

Nos echamos a reír juntos cuando entramos en su llamativo auto deportivo.


Acelera el motor y, en un solo movimiento, hace retroceder el coche a un
ritmo acelerado, lo que hace que mi corazón dé un vuelco. Odio su asertivi-
dad. Odio que sus trucos de playboy funcionen tan bien conmigo.

―Pensé que se suponía que ayudaría a mi reputación, no dañarla, señorita


Monteiro.― Sale del garaje conduciendo a toda prisa. Sonrío, sabiendo que
quiere llegar al hotel para llevarme a la cama lo más rápido posible.

―Tal vez soy tan pecadora como tú.― Agito mis pestañas mientras sus ojos
brillan con apetito por mí.

―¿Oh sí?― Conduce su coche en un giro de 180 grados. Me aferro a su


pierna, la velocidad me empuja de vuelta a mi asiento. Entra en un estacio-
namiento, llevándonos a la azotea de un edificio. La forma en que conduce
su automóvil durante las curvas cerradas, la música que inhala mis senti-
dos, me siento como si estuviera en una película de «Rápidos y Furiosos».
Estamos corriendo hacia arriba, hasta que estaciona su auto en el rascacie-
los, donde solo estamos nosotros. Admiro la vista de las estrellas brillando
en el cielo, las luces de la ciudad brillando a nuestro alrededor, las luces
rosadas del estacionamiento, sintiendo que llegamos a otro mundo.

El deseo florece con fuerza en mi vientre cuando me encuentro con la som-


bría mirada de “Wolf”. Sé lo que tiene en mente. Tiene el don de empujar mis
límites, de hacerme olvidar mis miedos, mis inseguridades. Lo jalo más cerca
de mí mientras sus labios rozan los míos lentamente. Sus manos recorren
mis costillas hasta los bordes de mis senos. Deja un rastro de besos con la
boca abierta por mi cuello, pasando sus dedos por mi cabello mientras cierro
los ojos, aceptando el placer que me consume. La mano de Aaron se mueve
dentro de mis bragas, y sus labios se curvan en la sonrisa de un pecador
cuando se da cuenta de lo mojada que estoy. Desliza mi tanga hacia abajo
antes de abrir mis piernas agresivo.

―Ayer perdí el control. Esta noche, perderás el tuyo por mí, Elle.― Ya lo perdí.
Nuestros labios se encuentran sensualmente mientras me desabrocha la ca-
misa antes de tirarla en el asiento trasero. Gimo cuando sus hábiles dedos
me prenden fuego―. Te correrás por mí, gritando mi nombre con esa dulce
voz tuya.

Su mirada es salvaje, sus pupilas se oscurecen mientras trata de leer mis


necesidades. Empuja un dedo dentro de mi entrada y un calor invade mi
cuerpo. Mueve su dedo dentro de mí, lentamente, en un lugar determinado
mientras me muerdo el labio inferior para evitar que gima su nombre. La
verdad es que nunca he tenido sexo en otro lugar que no sea una cama. Dudo
que ese sea el caso de Aaron. Probablemente lo haya hecho muchas veces en
su auto. No tengo tanta experiencia como él.

―¿Quieres otro, Elle?― Presiona con su pulgar mi clítoris, mirándome mover


mis caderas para alcanzar su ritmo.

―Sí ―jadeo cuando me acaricia con otro dedo dentro de mí, y me abandono
a su control y la tortura placentera que crea. Mis dedos se clavan en su
cabello, me acaricia más profundamente. Más rápido. Dejándome sin aliento.
―Aaron. No puedo…― Me dejo caer, sin aire, mientras él me calla con un
beso delicioso, chupando mi labio inferior.

―Lo tomarás hasta que no puedas más, ma belle.― Su voz me cautiva, y muy
pronto, siento que se acerca mi primer orgasmo.

Quiero que ponga fin a mi agonía, y me encuentro rogándole que me permita


correrme. Debería estar avergonzada, pero la verdad es que... no lo estoy.
Bombea sus dedos, más fuerte, más rápido, hasta que toma todo mi control.
Su pulgar masajeando mi clítoris, está golpeando diferentes placeres en mi
cuerpo. No puedo aguantarlo. Calor. Relámpagos. Estoy girando. Estoy a
punto de…

—Abandónate —ordena “Wolf” mientras mi orgasmo se estrella a mi alrede-


dor. Mi estómago vibra, un éxtasis abrasador me envía al borde. Grito su
nombre, cerrando los ojos para encontrar mi placer―. Ahora estás lista para
mí ―añade.

Acaricia mi mejilla antes de rozar sus labios con los míos. ―Eres mía, Elle.

Quiero demostrarle que él también es mío. Quiero dejar una marca en él, de
la misma manera que él me marcó anoche. «Significativa». Me pone en su
regazo en el asiento del conductor mientras le tiro la camisa. Me acaricia el
pelo con los dedos antes de desabrochar mi sostén y deslizarlo en el asiento
junto a nosotros. Levanta mi falda sobre mi cabeza y aprieta mi cintura po-
sesivamente. La luz de la luna está calentando su rostro en un tono azul,
dando una conexión espiritual a este momento.

―Nunca he tenido sexo en un auto ―admito tímidamente cuando noto que


su mirada contempla cada parte de mi vulnerable cuerpo desnudo. Stephan
nunca se molestó en desvestirme por completo, pero con Aaron, quiere me-
morizar cada parte de mi cuerpo desnudo, cada vez, y se siente... agradable.

―Yo tampoco.― Resoplo ante su declaración―. Pero siempre quise hacerlo


―agrega.
Él nunca lo hizo. Es una novedad para los dos. «Significativo».

Cuando se baja la cremallera de los pantalones, observo su creciente dureza


y siento la necesidad de intentarlo. Es como un dios, y no quiero sentirme
como un mortal al azar para él. Sé que los hombres están esperando eso.
Pongo mi mano alrededor de su longitud para empezar a acariciarlo.

―Joder, sí ―gime, tirando de su cabeza hacia atrás en el asiento.

Separa el asiento del volante, y sé cómo van a escalar las cosas. Me está
dando espacio para... un escalofrío recorre mi cuerpo, me duele el corazón,
viejos recuerdos regresan rápidamente. Me acerco más a él, acercándome a
su erección, pero cuando sus dedos rozan mi cabello, me alejo. Stephan. No
puedo hacer esto.

―Lo siento, no puedo.― Trago saliva mientras dejo de acariciarlo y espero su


juicio. Me mira fijamente, su expresión ilegible.

―No es una obligación, Elle.

―Pero, eso es lo que quieren los hombres, ¿no es así?

―No mentiría, diciendo que no estaba imaginando tus dulces labios sobre
mí.― Siento un nudo en el estómago, pero antes de que pueda pensar dema-
siado, sus labios se cierran sobre los míos―. Pero honestamente prefiero es-
tar enterrado profundamente dentro de ti y ver cómo te deshaces por mí.―
No puedo evitar sonrojarme frente a su honestidad sin filtro.

―Entonces, ¿no crees que soy una mojigata?― La voz de Stephan resuena en
mi cabeza.

―Ciertamente no. Creo que necesitas confiar lo suficiente en la persona para


hacer esto... y probablemente en el hombre adecuado, supongo.

Lo beso, haciendo que mis labios choquen con los suyos, sintiéndome libe-
rada de un peso al que me estaba aferrando. Rompe el paquete del condón
con los dientes antes de colocarlo sobre su eje duro. Baja su boca a mi pezón,
besándolo, chupándolo, su lengua trabajando a través de mí. Su otra mano
aprieta mi pecho, sus dedos tiran suavemente de mi pezón, mientras un ge-
mido de placer se me escapa.

Entra en mí con una flexión de sus caderas, y agarro la cabeza del asiento
frente a mí, enterrando mi rostro cerca del cuello de Aaron mientras me
ajusto a su pene dentro de mí. Nuestros pasos se sincronizan. Él ahueca mis
mejillas para atraerme y darme otro beso acalorado mientras lo monto, ba-
lanceando mis caderas para cumplir con sus impulsos medidos. Cuando me
alejo, me siento sexy y deseada en sus ojos. Eso es lo que pasa con Aaron,
crea en mí una seguridad que nunca antes había tenido.

Empuja más profundo en mí, adueñándose de cada parte de mi cuerpo con


sus besos, enviándome a un lugar prohibido en cada uno de sus impulsos.
Gimo su nombre mientras maldice, el mundo es el único testigo de la pasión
que estalla entre nosotros. Aaron LeBeau no es de los que hacen el amor
dulce y gentil, es demasiado posesivo y apasionado para eso. Pero él no es el
tipo de hombre que te folla como una muñeca y te falta el respeto. No es el
tipo de hombre que te hace sentir sucia, como una mujer inferior después de
poseerte. No. Él te lleva al límite y da vida a algo salvaje en ti. Le sometes tu
control voluntariamente, sin vergüenza, sin arrepentirte de tus acciones.

Empuja el asiento hacia abajo y cambia de posición, colocándose encima


mientras yo me acuesto en el asiento. Abre el techo del descapotable, el
viento cálido hace bailar su cabello mientras la luna llena ilumina mi rostro.
Lo miro, de rodillas, su cuerpo hercúleo frente a mí es hermoso, pero de
alguna manera está roto. La sangre de un Dios corre por sus venas, mientras
él es habitado por sus demonios corrompiendo su alma.

― ¿Le gusta estar arriba, Señor LeBeau?― Me río cuando acerca mis rodillas
a su pecho en un movimiento rápido.

―La tomaré en cada maldita posición, señorita Monteiro.― Se agacha antes


de dejar un rastro de besos adictivos a lo largo de la parte interna de mi
muslo hasta mi tobillo, con una mirada depredadora insaciable en su rostro.
Todavía de rodillas, su espalda se endereza mientras pone mis tobillos sobre
su hombro.

Pulsa hacia adentro y hacia afuera mientras empujo mis palmas hacia el
asiento detrás de mí para aferrarme a sus envites apasionados. Agarra mi
cintura para empujar más profundo dentro de mí antes de acariciar mis pier-
nas con un toque erótico que hace que todo mi cuerpo se estremezca. Sus
ojos se fijan firmemente en mí, observándome desmoronarme. Ver mis pe-
chos rebotar cada vez que me golpea hasta el fondo. Mirando mi vientre con-
traerse, sintiendo mi orgasmo acercándose. Estoy loca por él. Lentamente.
Profundamente. Intensamente. Estoy motivada.

―Mierda. Te sientes increíble. Quiero. Todo. De. Ti.― Mi estómago vibra con
mariposas. Cada toque suyo es ardiente, apasionado, áspero, pero, aun así,
me hace sentir como toda mujer quiere sentirse. Segura y deseada. Con él,
una simple palabra magnífica, porque significa mucho más. «Todo de ti» po-
dría significar más que mi cuerpo carnal, toda mi alma.

Me abre las piernas antes de enterrar su cabeza en mi cuello, chupando el


lóbulo de mi oreja. Una de sus manos ahueca mi nalga mientras su ritmo
aumenta, y mi cuerpo hormiguea de placer. Envuelvo mis piernas alrededor
de su torso, tirando de él hacia mí para sentirlo más profundo dentro de mí.

Su palma ahueca mi nuca mientras sus labios se encuentran ferozmente con


los míos. ―Tú me perteneces, ma belle.

Arqueo la espalda con placer, sintiendo que mi orgasmo se acerca, incapaz


de responderle. Restriego mis uñas por su espalda. Mi lujuria primaria to-
mando el control. Mi mundo se está encendiendo.

―Elle. ¿Qué quieres? ―gime entre besos.

Me siento vulnerable, obligada a revelar cosas que nunca he dicho en voz


alta. Nunca le he dado a ningún hombre el poder de leer mi mente. Tengo mi
orgullo. Pero él, podría hacerme romper los muros que he construido durante
años en un instante, y eso me asusta.

―Sólo tu. Quiero que me hagas venir, Aaron. No pares. Quiero ser tuya ―grito
casi llorando de placer, perdida en el calor del éxtasis celestial. Probable-
mente me arrepienta de admitir que quiero ser suya mañana, pero por ahora,
estoy cegada por la lujuria.

Choca contra mí, maldiciendo, sus ojos de depredador están fijos en los míos.
Sus dedos presionando mi clítoris con la cantidad correcta de presión. Nos
corremos en un último e intenso empuje, agarrándonos, llamándonos al
mismo tiempo. Permanece encima de mí mientras recuperamos el aliento. A
este ritmo, Aaron será dueño de mi alma sin la certeza de que algún día yo
seré dueña de la suya. me pidió que fuera suya, pero nunca dijo que era mío.

Comienza a alejarse de mí, pero esta vez me da un suave beso en los labios.
Es solo un beso y, sin embargo, es el beso que nunca me dio después de que
tuvimos sexo por primera vez. Sé que esta noche volveremos a nuestra ru-
tina. Yo, durmiendo en la cama. Él en el sofá. Me prometí a mí misma que
no seré una de esas chicas que esperan ser especiales. Las ingenuas, las que
esperaba poder cambiar a un hombre como “Wolf”. Pero me encuentro espe-
rando exactamente eso esta noche. Excepto que no quiero cambiarlo. Sólo
quiero ser algún día, «significativa».

―No puedo resistirme a ti, Elle. Por tu culpa, mañana no podré concen-
trarme, recordando lo bien que se sentía mi polla enterrada dentro de tu
cuerpo humeante y caliente.― Muestra una sonrisa seductora, siendo testigo
de cómo mis ojos se abren salvajemente, debido a su franqueza.

Tengo una certeza.

Definitivamente le he vendido mi alma al infierno, y lo haré de nuevo por él.


Capítulo 20
Bandera a cuadros

―PODRÍA SER TU GRID Girl11 personal―. Levanto una ceja hacia Aaron, sa-
biendo que Grid Girls han sido eliminadas de la Fórmula 1 desde 2018.

Vamos de camino a la pista, acercándonos a su paddock. Estoy emocionada


de ver correr a “Wolf” y de estar a su lado. Parece increíblemente relajado,
probablemente porque es solo el desfile de pilotos, la carrera comienza en
dos horas. Decidí usar jeans blancos, mis tacones de cuña marrones y una
linda blusa turquesa. Estoy empezando a sentirme bien con mi cuerpo, re-
cuperar mi confianza. “Wolf” jodió a Stephan eliminado de mí, para siempre.
Ahora, soy libre de recolectar las piezas faltantes de mí misma.

―Por favor no lo hagas. No puedo manejarlo ―resopla mientras saluda cor-


tésmente a los reporteros que nos toman fotos. Me jala hacia él, colocando
su mano detrás de mi espalda, mientras juego con mi insignia VIP alrededor
de mi cuello, tratando de no temblar bajo su toque―. Todos los hombres
tendrán sus ojos en ti, deseando que seas de ellos, y yo no podría protegerte
de ellos.

Me río de él. ―Qué caballeroso de su parte, Señor LeBeau.

11 Chicas que posan en la parrilla de los Grand Prix. Eliminadas de los eventos en 2018.
―Además, me harás perder la concentración, lo que podría ponerse muy feo
para mí ―agrega en un tono juguetón que instantáneamente hace que mi
estómago se revuelva. Está en peligro cada vez que corre. Él es el epítome de
imprudencia. Él es indomable. Un hombre sin miedo a morir. ¿Qué pasa si
sucede algo?

Entramos en su garaje y saludamos a su equipo de pits, los ingenieros, están


todos concentrados en hacer los últimos ajustes a su auto. Después del des-
file, Thomas le da a Aaron su último consejo sobre la carrera y le ordena que
se lleve la victoria hoy. Wolf cierra su traje de carreras antes de saltar a su
cabina para tomar la primera posición en la formación de rejilla.

Thomas me pasa unos auriculares para seguir la carrera desde los monito-
res, y poder escuchar la radio del equipo de Aaron. Salgo de mi ansiedad
cuando Monica me jala para abrazarme. Inmediatamente le sonrío, feliz de
que esté aquí.

―Sabes que nunca invitó a una mujer a ver una carrera desde su garaje,
¿verdad?― Ella me da una sonrisa deslumbrante.

Me pongo los auriculares, mis ojos hechizados en Aaron. ―Es raro, Monica.
Lo conozco desde hace cuánto, ¿un mes? Pero parece que lo conozco desde
hace mucho más tiempo.

―Fue lo mismo con Henry y conmigo. El tiempo no importa al final. Sólo lo


hace la conexión entre dos almas.

Todos se quedan en silencio dentro del garaje mirando la pantalla cuando la


carrera está a punto de comenzar. La multitud grita los nombres de los con-
ductores, las banderas ondean, los motores se aceleran. Setenta vueltas para
el final. Escuché al comentarista hablar que siete de los pilotos eligieron co-
menzar con neumáticos medianos, tal como lo hizo Aaron. Eso es algo bueno,
¿verdad? Dios, estoy ansiosa.

Rojo.
Rojo.

Rojo.

Rojo.

Rojo.

Salida.

Comienza la carrera, y el ritmo sofocante de los autos hace que mi corazón


dé un vuelco. Los sonidos de los motores me ponen la piel de gallina, encen-
diendo mi alma. Esta carrera no se parece en nada a la carrera de califica-
ción. Los conductores conducen con enfado, sin miedo, sin frenar. Son como
gladiadores luchando por sus vidas en una arena.

―LeBeau ocupa el primer lugar durante la primera vuelta, seguido de Harmil


―grita el comentarista, mientras juego nerviosamente con los dedos.

Thomas comienza a dar instrucciones a Aaron. ―Cuidado, “Wolf”. Louis va a


tener prisa por pasarte.

Solo un segundo después, el comentarista grita que Harmil viene directa-


mente hacia el auto de LeBeau en la curva tres, y mi corazón nunca se había
acelerado tan rápido. Aaron mantiene su ventaja, sin dejar que Louis lo su-
pere. Vamos.

―Margen de un segundo. Empuje en la última esquina. Seguro.

Treinta y cinco vueltas después, y todavía me siento ansiosa. Aaron está to-
mando riesgos en la pista bajo las instrucciones de Thomas. Todo el equipo
está tenso, con los ojos fijos en los monitores. Cuando Aaron se quedó de-
masiado tiempo en los pits mientras cambiaba los neumáticos, Louis Harmil
tomó la delantera, seguido por su compañero de equipo, Marvin. Mierda.
Ahora es tercero.
Aaron pide una imagen de la pista, corriendo más rápido para volver a Louis,
pero nuestras pantallas están borrosas. Un accidente probablemente ocurrió
en la pista, ya que el humo se está extendiendo durante la curva. Mi garganta
está seca, tengo un mal presentimiento, y el equipo de Aaron comienza a
sentir pánico, también.

―Marvin está girando solo en el circuito. ¡Oh no! “Wolf” está llegando justo
detrás de él y…― el comentarista es interrumpido cuando escucho a Thomas
gritar con pánico en el auricular.

―¡Cuidado, Aaron, Marvin está dando vueltas en el medio!

No puedo presenciar esto. Se va a estrellar. Él está demasiado cerca. Es de-


masiado tarde para que rompa durante el turno. Me tapo la boca con la mano
cuando veo que el auto de Aaron a la deriva en un giro de 360 grados para
evitar chocar contra el auto de Marvin. Se sale de la vía violentamente, casi
golpeando la pared frente a él, mientras tomo la mano de Monica, apretando
mi agarre sobre ella.

“Wolf” vuelve a la pista en una maniobra, perdiendo unos preciosos segun-


dos, pero está a salvo. Me permito finalmente respirar, mi corazón casi rom-
piéndose, mis palmas sudando, temiendo lo que podría haber pasado si él
no hubiera mantenido el control de su auto.

―¡Ese maldito idiota! ¡Si me hubiera estrellado, podría haber terminado mal!
¡Tan estúpido, hombre! Saca tu puto auto de aquí ―maldice Aaron en los
auriculares.

Se vuelve a poner en la carrera, conduciendo aún más enojado e imprudente


que antes, yendo por Louis Harmil. Es salvaje. Cuanto más se acerca Aaron
a la muerte, más empeñado está en provocarla, lo que no ayuda a calmar
mis nervios. Thomas felicita a Aaron antes de pedirle que mantenga la calma.
―¡Eso fue una locura! ¡Marvin hizo algo muy peligroso! ¡Pero qué increíble
maniobra de LeBeau! Va por Harmil ―dice el comentarista cuando me en-
cuentro con la mirada de Monica. Ella me da una sonrisa tranquilizadora,
notando la máscara de miedo en mi rostro.

―Tienes que empujar, estamos apretados. Frederich te está respaldando.―


Thomas juega nerviosamente con su cabello antes de poner ambas manos
en su frente. Al menos alguien está tan ansioso aquí como yo. Frederich es
el compañero de equipo de Aaron, compitiendo en P4 12. Sigue las órdenes y
corre precozmente, todo lo contrario, a “Wolf”.

―Lo llevaré en la chicane ―agrega Aaron, preparándose para pasar a Louis


en la curva.

Thomas le ordena que se ciña al plan, diciéndole que no actúe ahora, o corre
el riesgo de chocar su auto. Pero Aaron se siente atraído magnéticamente por
el peligro. Superar las pequeñas adversidades es su fuerte. No escucha a
Thomas y rompe su auto en la curva inferior para pasar frente a Harmil.
Louis golpea las ruedas traseras de Aaron, casi haciéndolo perder el control.
Y es penalti para Louis. ¡Toma eso, “Golden Boy”!

―¡Asombroso! ¡Aaron LeBeau está tomando la delantera! Diez vueltas para el


final ―grita emocionado el comentarista. Mi corazón late, mi respiración se
acelera, nunca he estado tan emocionalmente involucrada en nada.

Escucho a Aaron reírse por los auriculares, provocando a Thomas. ―¿Qué


decías?

Thomas pone los ojos en blanco. ―Eres imposible. Ahora lleva la maldita
bandera a cuadros a casa, amigo

―Copiado.

12 Cuarta posición.
La multitud vitorea con más fuerza cuando el comentarista elogia la carrera
de “Wolf”. Comienzo a sentirme esperanzada, sintiendo la emoción corriendo
por mis venas. Se agita la bandera a cuadros y el equipo de Aaron salta,
abrazándose. Ganó. Tiro de Monica en un abrazo, sintiéndome feliz por él. Él
se lo merece.

―¡Si! ¡Maldita bandera! Eso es una victoria. Buen trabajo muchachos.― Oigo
a Aaron reír por mis auriculares. Thomas me da un pulgar hacia arriba antes
de que le devuelva la sonrisa. Está orgulloso, puedo sentir en sus ojos su
felicidad por la victoria de hoy y por Aaron.

―Y eso es una victoria para LeBeau. Tras su descalificación en Mónaco, nos


deslumbró con una victoria increíble. Todavía tiene la oportunidad de ganar
el campeonato mundial.

Eso es lo último que escucho antes de que Aaron haga la vuelta de la victoria.
Regresa a su garaje, se quita el casco y levanta el puño en el aire. Su equipo
lo felicita, abraza a “Wolf” y le da una palmada amistosa en los hombros. Me
mantengo alejada. Quiero que disfrute este momento con su equipo.

Cuando sus ojos se encuentran con los míos, sonrío genuinamente. “Wolf”
comienza a caminar hacia mí, como un caballero que va a besar a la princesa,
y las mariposas comienzan a bailar en mi estómago. Quiero besarlo. Necesito
que la pasión dentro de mí explote. Necesito que nuestros cuerpos hablen de
una manera caprichosa, llameante e incontrolable. Con nosotros, no hay tér-
mino medio. Es todo o nada. Infierno o Cielo. Pero nuestro próximo beso es
interrumpido por su equipo que lo presiona para reclamar su primer lugar
en el podio.

Sostiene el trofeo y rocía champán alrededor del podio. No puedo evitar


reírme, apreciando los raros momentos de felicidad de “Wolf”. Correr es lo
que lo hace completo (junto con su adicción a ganar y tener el control).

Paso la siguiente hora al lado de “Wolf”. Después de hablar con los periodis-
tas y los patrocinadores de su equipo, estamos de vuelta en su garaje. Le doy
privacidad a Aaron, para que pueda discutir con el CEO de su equipo interno,
Longfoard. Veo a Thomas en la esquina, mirando la pista, con las manos en
los bolsillos. A él tampoco parece gustarle la multitud ni los reporteros.

―¿Puedo unirme ti?― Me da una cálida sonrisa como aceptación―. Se siente


bien estar solo, ¿eh?

―Me tienes.― Él ríe―. Me encantan las carreras, pero los eventos públicos,
las cámaras, la fama, todo este tipo de cosas, me agota. Probablemente no
estoy dando el mejor ejemplo para Aaron.

―Creo que es bueno estar con alguien que pueda entenderte.― Me aclaro la
garganta, una nota mental para mí, que no estoy hablando de Aaron y yo en
esta discusión. “Wolf” está a punto de tener lo que quiere. Lo que también
significa que está a punto de no necesitarme más. He cumplido con mi parte
del acuerdo. Rompí mis reglas, pero un acuerdo tiene fecha de vencimiento.
Tenemos fecha de caducidad.

―Estás bien.― Thomas me inspecciona como si sintiera mi confusión―. Sa-


bes, la carrera posterior siempre es emocional. Tienes un subidón de adre-
nalina y luego necesitas volver a la realidad. Es bastante confuso.― Levanta
una ceja―. Esa es también la razón por la que los corredores lo hacen todo
de nuevo.

―Entiendo lo que dices.― Más de lo que sabe. Acabo de vivirlo. Aaron siendo
mi subidón de adrenalina―. Bueno, debería regresar.

―Fue un placer conocerte, Elle. Espero que vengas más a menudo.― Cuando
me da una sonrisa amable, mi estómago se convierte en un nudo sabiendo
que eso nunca sucederá.

―Fue genial conocerte.


DE VUELTA EN NUESTRO hotel, Aaron y yo apenas nos hablamos. Esto es el fin.
El final de una semana inolvidable. Termino de cerrar mi equipaje y maldigo
a mi jefa que me necesita en Nueva York lo antes posible. Tengo que estar en
el aeropuerto en una hora. Aaron se ofrece a acompañarme, pero tiene que
dar una rueda de prensa a esa hora antes de dirigirse a Francia para el pró-
ximo Gran Prix. Se acabó. Tengo que volver a la realidad, y me duele.

Nos paramos torpemente en el pasillo del hotel uno frente al otro. Odio las
despedidas.

Odio que las despedidas con Aaron parezcan una eternidad.

―Creo que eso es todo. Nuestro acuerdo está hecho ―digo con incertidumbre.

―Supongo que si ―agrega en un tono perfectamente tranquilo. No le importa


que me vaya.

Me encojo de hombros, de alguna manera sintiéndome herida. ―Bien.

Él no responde, pero sus ojos recorren mi rostro. Mis nervios están agitados.
No me gusta estar en una situación confusa. Me debe una respuesta sobre
lo que somos. ―¿Somos siquiera amigos?― Mi voz está elevada. Totalmente
falsa. Totalmente emocional.

Mamá solía decirme que nunca presione a un hombre para que se compro-
meta, o lo asustarás. Rompí todas las reglas con “Wolf” estos días. Le mostré
mis celos y ahora mis emociones.

―Nunca seremos amigas, Elle.― Trago, pellizcando mis cejas. No esperaba


su seca respuesta. Él sonríe cuando nota mi reacción―. No quiero follarme a
mis amigos.

Está a punto de tomar mi equipaje por mí, pero lo alcanzo antes que él. No
necesito un salvador. No necesito que actúe como un caballero conmigo. Le
doy una sonrisa orgullosa. ―Bien. Somos una obsesión. Menos mal que no
estarás obsesionado conmigo cuando estés a un continente de distancia.

Quiero creer que tenemos algún tipo de límite, lo queramos o no. Pero co-
nozco la historia demasiado bien. Vendrá la próxima tonta y seré un vago
recuerdo para “Wolf”. Insignificante de nuevo. Podría tener mi cuerpo, pero
no mi orgullo.

Le doy un beso en la mejilla como nota de despedida. Frunce el ceño sor-


prendido, mientras limito nuestro contacto visual. Lo único que puedo con-
trolar es salir con clase. Me dirijo hacia la salida, mi corazón duele y se des-
garra. Mi respiración se corta, empujo mis emociones fuera de mi mente. Me
ofreció la ilusión de un mundo lleno de posibilidades, pero ahora necesito
despertar.

―Ma belle.― Dos palabras de él. Dos palabras, y me estoy derritiendo.

Lo miro de nuevo. ―¿Sí?

―Estás unida a mí, no lo olvides ―dice con su confianza habitual, sacando


la lengua de su boca para lamerse el labio superior seductoramente―. A un
continente de distancia o no. No te librarás de mí ―promete “Wolf”.
Capítulo 21
Tres palabras

ESTO DE LOS SENTIMIENTOS, explotan cuando menos lo esperas. Tengo en mi


caballete mi lienzo en blanco, pinturas al costado, y siento la necesidad de
expresarme. Aprieto mi cabello en un lazo, antes de tomar pintura negra en
mi pincel plano.

Un odioso chorro de hierro negro sobre la lona. Salpicaduras de tonos de


ónix. El espacio en blanco es mi enemigo, mi pincel por espada, mis matices
de color como testigo del caos que estoy rumiando. Las palabras de Nina
resuenan en mi mente. ―No es lo que te pedí que hicieras. Esto es una mierda
―comentó cuando le entregué su entrevista sobre “Wolf”. Necesito más ne-
gro―. No hay suciedad. No te pago para pasar un buen rato.― ¿Cómo es que
nunca puede estar satisfecha? La pintura en mis dedos ahora está en mi
mejilla mientras me paso la mano por la cara. Tengo ganas de gritar, rasgar
y dañar todo a mi paso. Desde entonces, Nina analizó cada una de mis ac-
ciones como una sangre que olía fuerte, causando un escalofrío en mi es-
palda. He vuelto a escribir sobre chismes sin sentido y lo odio. ―Dormir con
tu fuente debería tener sus beneficios. Necesito más. Dame más.― Supongo
que vio los titulares de “Wolf” y yo en el Gran Prix de Canadá. Estoy cansada
de esto. Quiero una sola cosa.
Libertad.

Paso a un pincel de espada, y escribo en gris plateado la palabra libertad de


izquierda a derecha, línea tras línea, como una niña que recibe su castigo.
Mi columna ha ganado más seguidores en todo el mundo; esa es probable-
mente la única razón por la que aún no me han despedido. A los lectores les
encanta sumergirse en el mundo de la Fórmula 1 y ver el lado humano de
“Wolf”. He colgado en línea la grabación de la entrevista como me aconsejó
Tania, que cambió la imagen de “Wolf”; de dios enojado a un dios amado.
Algunos artículos de chismes salieron sobre nosotros. La naturaleza de nues-
tra relación intrigó a los fanáticos, y a mí también, ¿dónde estamos parados?

Una llave.

Pinto la sombra de una llave, mezclando las pinceladas de plata y ónix. Aliso
los bordes con agua. Wolf, el corredor que ha estado ocupando mi mente me
está enviando señales contradictorias. Después del Gran Prix de Francia,
tuvimos algunas citas informales durante su tiempo libre, aunque todas ter-
minaron de la misma manera. Nuestras citas en la playa al atardecer termi-
naron en sesiones de besos, hasta que la gente comenzó a mirar y Wolf se
volvió territorial, entrecerrando los ojos hacia ellos. En cuanto a la cena,
nunca llegábamos a tiempo, y la mayor parte del tiempo estaba sin ropa in-
terior. Hemos desarrollado el hábito de hablar por teléfono. Bueno, hablo. El
escucha. A veces hace comentarios obscenos con su confianza habitual.

Somos casi normales. ¿A quién estoy engañando? No hacemos normal. Me


reclama como suya, posesiva y ardientemente, pero no me deja entrar en su
intimidad. “Wolf” es reservado, nos une un fuerte vínculo, una pasión verti-
ginosa, pero su corazón es como la espada Excalibur, protegida por una pie-
dra irrompible. Es inalcanzable, dejándome ver solo un atisbo de su alma.
Somos una obsesión que ninguno de nosotros quería, y ahora mismo me
quedan muchas preguntas sin respuesta.

Un pájaro.
Con mi rigger13, pinto un pájaro en el centro del lienzo con colores brillantes
de rosa, azul, amarillo, que contrastan con la oscuridad que lo rodea. Está
resaltando toda la pieza. El pájaro está a punto de volar libre, chorros de
granadas cayendo de su ala. Él es su propia luz, venciendo cualquier caos
del que escapó. Habla del subconsciente.

Observo mi delantal cubierto de pintura y puedo decir con orgullo que he


completado mi primera obra de arte en meses. Doy unos pasos hacia atrás
para observarlo detenidamente, el pincel entre mis dientes. Me siento orgu-
llosa. No es perfecto, pero es real. Tiene una historia.

Y, por primera vez, quiero compartirlo con una persona. Sostengo mi teléfono
para tomar una foto y enviársela a Aaron. Después de todo, él ha sido el que
me animó a dar el salto. Acaba de ganar el Gran Prix de Bélgica hoy, dudo
que me responda de inmediato, pero para mi sorpresa, lo hace, y mi corazón
salta cada maldita vez.

Aaron: Estoy sin palabras. ¿Ya pensaste en mostrárselo al mundo?

Yo: No, no estoy lista.

Aaron: Pero lo compartes conmigo, ¿eh?

Tonterías.

No significa nada. No somos más que una obsesión, ¿verdad?

Yo: No seas demasiado arrogante. Te lo muestro porque sé que eres difícil de


complacer y brutalmente honesto.

Incluso yo no creo en mi propia mentira. Se lo mostré porque una parte in-


consciente de mí quiere que se sienta orgulloso de mí. Es malo. Muy malo.

13Pinceles pensados para tener una gran capacidad de carga y así obtener grandes trazos continuos, de gran utilidad
para efectuar ribetes o filetes de alta precisión.
Compruebo la hora. Voy tarde. Se supone que debo ir a tomar un café con
Tania y nuestro nuevo interno Joshua. Se mudó a Nueva York el mes pasado
y no tiene amigos en la ciudad. Es muy guapo, cabello perfecto y brillante,
ojos color avellana, un poco más joven que nosotros, gran sentido de la moda
y totalmente jugando para el otro equipo.

Aaron: Esa no es la única cosa difícil sobre mí en este momento, ya sabes.

Nunca me iré si no termino esta discusión. Pero se me revuelve el estómago.

¿Y si él está con otra mujer en este momento? No. Detente. No vayas allí.
Demasiado tarde.

Yo: Menos mal que acabas de ganar un Gran Prix, será más fácil encontrar
a una de esas groupies que te ayude con tu problema.

Con estilo, Elle. Primero, admito que lo aceché en la televisión, contraté la


cadena de televisión F1 solo por él. Y luego, que estoy celosa de cualquier
mujer a sus pies.

Aaron: Bueno, tal vez quiero que tú me ayudes con mi problema. Sin em-
bargo, mi mano servirá.

Tú. Él dijo tú. No sonrías.

Yo: ¡Usa tu imaginación, “Wolf”! ¡Tengo que irme! Xx

Me quito el delantal, apago mi teléfono, me lavo las manos, todavía sonrío


antes de correr a la cafetería a la vuelta de la esquina, probablemente todavía
con pintura en la cara.

―¡DEBERÍAMOS IR A UN CLUB A CELEBRAR!― La emoción de Joshua me hace reír.


Mi cumpleaños es en dos semanas, así que es un llamado a la celebración
para mis amigos. Ir de discotecas, algo que no he hecho desde... Aaron. Deja
de sonrojarte. ¿Quizás debería invitarlo?

―Eso es tan injusto, estoy soltera hasta la muerte mientras tú tienes un


atractivo modelo masculino como novio.― Se dirige a Joshua antes de vol-
verse hacia mí, poniendo los ojos en blanco―. Y tú, un maldito piloto de Fór-
mula 1.

―Él no es mi novio, Tania. Ni siquiera sé dónde estamos parados.― Ambos


me miran fijamente, con los ojos muy abiertos, ansiosos por algunos deta-
lles―. Es solo que hablamos, a menudo. Y cuando estamos juntos, me siento
viva, ¿sabes?

―Suena como una relación para mí, estás demasiado ciega para verlo.― Jos-
hua sonríe.

―Dicho eso, la amistad con derechos es el mejor tipo de relación ―comenta


Tania en tono sarcástico.

―No lo sé, no es como si tuviéramos un futuro de todos modos.― Tomo una


respiración profunda―. Un día, todo habrá terminado.

Los ojos de Joshua se clavaron en los míos, llenos de preocupación. ―Abrir


tu corazón no es fácil, pero tal vez deberías decirle cómo te sientes.

Niego con la cabeza como un no. ―Eres demasiado romántico para este
mundo. Las personas están tentadas a aplastar tus sentimientos si muestras
una pizca de vulnerabilidad.

No es que sienta nada por “Wolf”.

No es que me aterrorice sentir algo por él.

No es que lo haga.
Tania me alienta a tener contacto físico con Aaron mientras Joshua me
alienta a conectarme emocionalmente con él. Pero existe esta cosa con tres
palabras. Siempre son tan difíciles de decir: Yo te extraño. Yo te amo. Yo te
necesito. Pueden ser magníficos de escuchar, pero aun así autodestructivos
si la persona no te lo corresponde. Tres palabras pueden romperte. Nunca
diré esas palabras. Mi pasado los arruina para mí. Además, con Aaron, solo
necesito dos palabras: mi «significativo».

―Lo siento, tengo que irme. tengo un plazo.― Tania nos abraza a los dos
antes de irse―. No pienses demasiado en esto, Elle. Solo disfruta el presente,
¿de acuerdo?

Es lo que hago. Y ahora mi corazón está envuelto en un punto sin retorno.

Un par de minutos más tarde, Joshua termina su exceso de galletas y sali-


mos de la cafetería. Hablamos un poco más frente a ella, antes de deambular
por la calle vecina. ―El amor es una cosa hermosa, ¿sabes? Desde que conocí
a Fabiano, me siento más vivo que nunca.

―Yo no creo en el amor, tampoco Aaron.― Una parte de mí lo hace, a pesar


de todo. Pero el amor es una sumisión voluntaria que solo puede traer dolor.
Es una debilidad. No, no puedo creer en el amor.

―¿Sabes qué necesitas?― Abre sus brazos, dándome una cálida sonrisa―.
Un abrazo. Ven aquí.

Joshua me vierte en un dulce abrazo, mientras nos paramos torpemente en


esa posición en medio de la calle. ―Sigo creyendo que deberías hablar con él,
puede que te sorprendas.― Hoy no. Al mostrarle a Aaron mi obra de arte,
casi dejo pasar que me preocupo por él más de lo que debería. Hoy no le
hablaré más.

Joshua cepilla un mechón de mi cabello, antes de mirar mi mejilla. ―¿Sabías


que tienes pintura en la mejilla?
Lo empujo juguetonamente, ambos riéndonos. ―¡Gracias por decirme esto
solo ahora! Eres un gran amigo.

Lanza su brazo alrededor de mi hombro. ―De nada. Tienes que mostrarme


lo que haces.

No. Nadie puede verlo.

Nadie excepto Aaron.

AL DÍA SIGUIENTE, MI sonrisa se desvanece al ver el último artículo de chismes.

Maldición.

Aparentemente, Joshua y yo tenemos una relación sentimental. La imagen


nos muestra abrazándonos y, desde el ángulo en que se tomó la imagen,
parece que nos estamos besando. Esto es malo. Inmediatamente llamo al
número de Aaron en caso de que haya visto el artículo. me siento ansiosa
Conociendo su posesividad, me temo que ahora mismo se enfurecería.

Mi corazón salta cuando responde después del primer timbre. ―Hola, Aaron.
Has visto el…

―Mira, Elle. Estoy ocupado en este momento. No me importa con quién folles,
pero por favor ten la decencia de al menos ser discreta. Es vergonzoso.―
Concluyo que ha visto el artículo.

―No pasó nada.

―Tú follas a quien quieres y yo follo a quien quiero. No te preocupes, Elle.


Me tengo que ir.― Cuelga sin esperar a escuchar mi explicación.

Bueno, ahora, supongo que sé lo que somos. «Nada».


¿Qué ha pasado? Miro fijamente mi teléfono, mi boca abierta. Los celos me
golpean a toda velocidad. ¿A quién mierda quiero? Una oleada fresca de rabia
aumenta en mí. No me escuchó y sacó conclusiones precipitadas. Sé que
tiene problemas de confianza, y yo también, pero en un instante, me borró
de su memoria. Un error. Un error, y Aaron me echa de su vida sin pensarlo
dos veces. Sin remordimiento. Sin cuidado. Asume lo peor de mí, tomando el
camino fácil. No correré tras él. Me hizo más daño de lo que pensé que haría.

Aaron tienes tu orgullo, pero yo también.

ME ESTOY SUBIENDO LA CREMALLERA de mi ajustado vestido negro en el espejo.


Labial rojo. Tacones rojos. El cabello suelto. Esta noche cumplo veinticuatro
años y no dejaré que Aaron atormente mi mente. Tiro mi teléfono en la cama,
ignorando lo que he estado leyendo toda la semana. La última conquista de
Aaron. Aaron LeBeau ha sido visto con la hermosa heredera Francesca Ver-
mont muy juntos. ¿LeBeau ya está de vuelta en el mercado? como titular. Ha
vuelto a su elemento, y yo solo soy la noticia de ayer.

Mi teléfono vibra, Monica me está llamando. Lo levanto y lo pongo en modo


altavoz, mientras termino de prepararme para esta noche. ―¡Feliz cumplea-
ños, Elle! Lo siento, no pude estar allí.

Ignoro la necesidad de preguntar por Aaron. ―Gracias, Monica. Y no te preo-


cupes por eso. No esperaba que viajaras desde Mónaco solo por esta noche.

―Admito que estoy llamando por otro motivo.― Trago saliva, esperando a que
hable―. Ustedes dos están tan jodidos, lo saben, ¿verdad?― Creo que se re-
fiere a Aaron ya mí.
Trato de controlar mi ira, explicando lo que pasó entre nosotros, pero por los
gestos expresivos de mis manos, no estoy haciendo un gran trabajo. ―¿Por
qué debería decirle la verdad? Claramente siguió adelante. Si se preocupara
por mí, me habría escuchado.

―Sí, entiendo tu punto, pero…― Ella toma una respiración profunda―. Mira,
comenzó a abrirse a ti, y luego ve esa imagen. Es difícil confiar en alguien
para él. Quiero decir, ya conoces a Aaron, ¿cómo esperabas que reaccionara?

―Así no. Esperaba que estuviera enojado o algo así, no este tipo frío al que
no le importa.

―Ya deberías saber que Aaron tiene dos lados de sí mismo―. Silencio.

Ella está en lo correcto. La dualidad de “Wolf”. Para el mundo, él es el corre-


dor sin corazón, un hombre frío que no se preocupa por nadie. Y luego está
el Aaron que conozco. El apasionado y dañado. Un solitario que usa su más-
cara para distanciarse de los demás. Me siento en mi cama, abrazando mi
almohada contra mi pecho. Él me alejó. La verdad es que no puedo culpar a
Aaron por no querer escuchar la verdad. Si yo estuviera en su situación,
habría actuado de la misma manera. Eso es lo que pasa cuando te han roto,
no puedes separar las mentiras de la verdad, tu pasado del presente.

Pero no quiero correr detrás de un hombre. No quiero ser rechazada. Si me


trago mi orgullo, podría poseerme. Las relaciones son un juego de poder.
Siempre hay alguien que se preocupa más que el otro. Siempre hay un ga-
nador, un dominante, y un perdedor, un sumiso. Aaron puede ser domi-
nante, pero nunca estaré en el campo de los perdedores. Podemos igualmente
sanarnos uno al otro o destruirnos uno al otro. Y en este momento, nos es-
tamos dañando a nosotros mismos, golpeándonos nuestras inseguridades en
la cara. Soy un desastre. Me revivió, sí. Pero también revivió la oscuridad en
mí. Celos. Odio. Venganza.

―Lo sé, pero tal vez fue lo mejor. Siguió adelante ahora. Tomo mi teléfono en
mi mano antes de mirar la foto de Aaron y la Señorita Perfecta, su último
conquista. Algunos acuerdos están destinados a romperse. Desgarrados. Ol-
vidados.

―No creo que se la haya follado. La heredera es la hija de uno de sus patro-
cinadores. Solo está tratando de ponerte celosa.― Hace una pausa―. Sé que
no es mi asunto, pero espero que hablen y pongan ambos egos a un lado.―
Para eso, necesitaríamos la oportunidad de hablar―. De todos modos, me
tengo que ir, ¡feliz cumpleaños otra vez! ¡Espero verte pronto!

―Yo también, gracias.― Cuelgo y me dirijo hacia mi fiesta, mi corazón clara-


mente no en ella.

Después de un viaje en taxi, llego a la discoteca de moda de la ciudad. Co-


nozco al novio de Joshua, Fabiano, el apuesto modelo italiano, y me obligo a
fingir que me divierto. El club está repleto de gente bailando al ritmo de la
EDM 14 . Los cantineros están sirviendo bebidas mientras saltan al ritmo.
Humo. Focos. bailarines Es una invitación a celebrar. Olvidar. Bebo un trago.
Mis ojos están fijos en Tania saltando en el aire con Fabiano. Dos tragos.
Joshua me pregunta si estoy bien, pero no es así. Mi vida pasó de casi per-
fecta a demasiado complicada. Las emociones fuertes son devastadoras. ¡Al
carajo! Tres tragos. Camino hacia Tania, decido bailar para borrar el toque
de Aaron.

Levanto la cabeza, mirando al techo, que creo que está girando, y pongo las
manos en el aire, tratando de atrapar las luces multicolores. Muevo mis ca-
deras lentamente y niego con la cabeza hacia un lado, sintiendo todas las
emociones dentro de mí mientras todos saltan con una mano en el aire. El
DJ suelta el humo durante el descenso. Paso mis dedos por mi cabello, ju-
gando con él sensualmente. Un hombre se detiene detrás de mí, agarrando
mi cintura, moviendo sus caderas junto a las mías. No siento nada bajo el
toque del extraño. Ni siquiera es un buen bailarín. Es una distracción. Y solo
por un momento, me permito pretender que él es... él. No miro hacia atrás
para ver la cara del hombre, no me importa. Cierro los ojos y bailo, abando-
nándome libremente. El hombre acaricia el exterior de mis muslos antes de
14 Siglas en inglés de la Música Electrónica
poner sus manos en mis caderas. Mi vestido corto se levanta hasta que está
justo debajo de mi trasero. Acaricio mi clavícula. Estoy caliente. Mi cabeza
está girando. Espero que el sudor de mi cuerpo lave mis pecados.

Me paso la mano por el pelo y abro la boca para recuperar el aliento. La mano
del extraño alcanza mi trasero, apretándolo como si fuera su posesión.
Aparto su mano, dándome cuenta de que todo esto está mal. Pero él insiste
y besa mi hombro desnudo, obligándome a permanecer cerca de él. Doy un
paso hacia atrás antes de que me haga girar, bloqueando mi torso contra el
suyo mientras su mano se desliza hacia mi trasero de nuevo, abofeteándolo
como si fuera un juguete con el que quiere jugar.

Empujo al hombre violentamente, sacudiendo la cabeza. Me siento tan débil.


Él no es Aaron. Él no me trata así. Al hombre no le importa mi aprobación.
Él tira de mí contra él, con una sonrisa viciosa en su rostro, alcanzando mis
labios con su repugnante aliento. Aparto la cabeza, mis ojos buscan a mis
amigos. Déjame ir. Siento que alguien toma mi mano y me aleja del extraño.

―¿Qué diablos estás haciendo?― me grita un hombre con voz ronca. ¿Estoy
alucinando? Cuando me atrevo a mirar hacia arriba, es él.

Mi obsesión.

Mi perdición

Mi corazón roto.

“Wolf” está parado frente a mí, sus ojos disparándome. Rojos de ira, oscuros
como el infierno. Lleva una elegante camisa de vestir negra con pantalones
de vestir del mismo color. Es aún más magnético que en mi memoria. Estoy
confundida entre odiarlo o ahogarme en él. Estoy a medio camino entre el
infierno y el cielo, incapaz de elegir qué camino tomar.

―¿Quieres que te folle un gilipollas en un sucio club? ¿Es lo que quieres, en


serio, Elle? ¡Mierda! ―grita, agarrando mi muñeca.
Y estoy enojada.

El extraño intentó robarme, más que un beso, ¿y sin embargo yo soy la cul-
pable? Empujo a Aaron mientras sacudo la cabeza en señal de afrenta. “Wolf”
me hizo olvidar cómo algunos hombres pueden ser repugnantes, y cómo po-
día sentirme inútil, un objeto sexual para ellos. Pero él no es mejor. Una vez
más, no confía en mí.

―Puta sin valor ―me insulta el desconocido con el que bailé.

Cierro los ojos, tragándome el insulto mientras bajo mi vestido. Las mujeres
son putas si sus vestidos son demasiado cortos, demasiado ajustados. Las
mujeres piden que las follen si se visten de esa manera. Que gran sociedad.
Los hombres pueden hacernos sentir avergonzadas de nuestra libertad.

Cuando abro los ojos, Aaron ya no está frente a mí. Ha agarrado al hombre
por el cuello, su mandíbula apretada, sus venas saliendo de sus músculos
tensándose. Sus ojos se estrechan ante el extraño como si estuviera a punto
de romperlo. Y cuando el extraño se ríe, “Wolf” lo golpea brutalmente, en-
viándolo al suelo. El extraño aterriza con un fuerte golpe, sangrando por la
nariz, con los ojos desorbitados hacia Aaron por el miedo. Todos los que nos
rodean están demasiado ocupados bailando para prestarnos atención.

―No llamas puta a una mujer. Especialmente no mi mujer.― ¿Su mujer? Aa-
ron agarra la camisa del hombre y lo levanta con el puño―. Discúlpate.
Ahora.

―Lo siento hombre, no quise decir esto ―balbucea el extraño.

―Ahora, vete a la mierda.― “Wolf” lo empuja violentamente hacia la salida,


dejándolo correr como un cobarde.

Aaron se vuelve hacia mí, su expresión atormentada. Se sube la manga para


ocultar la sangre en el puño. Doy un paso lejos de él, luchando contra el
magnetismo que nos une. Pero “Wolf” no me deja, me agarra del brazo y une
nuestros cuerpos. Me domina con su altura, su mirada superior tratando de
intimidarme, pero ya no me toca.

En el momento en que dejé de ser suficiente para él, me perdió. ¿Cree que
puede follársela y volver a lo que sea que teníamos? No soy su juguete. Mis
venas hierven de ira. La furia se retuerce dentro de mí. Estoy a punto de
explotar. No soy la segunda opción. Lo empujo de nuevo, mi mano golpea su
duro pecho, pero él no se mueve. Todos están bailando, saltando, mientras
nuestros ojos están atrapados en combate. No nos movemos, solo nuestros
demonios invisibles bailan a nuestro alrededor, celebrando nuestra caída.

―Déjame ir, Aaron.― Me equivoqué. Hay tres palabras que podría decirle.

Yo te odio.

Yo te desprecio.

Tú me rompiste.

―¿Por qué?― Sus ojos están desafiando los míos.

―Te lo dije, no me gusta compartir. Y no te voy a compartir.― Me amenaza.

Me siento inútil para él en este momento. En primer lugar, no tengo ni idea


de lo que está haciendo aquí. En segundo lugar, cree que puede reclamarme
como su propiedad. Como si fuera solo un negocio que salió mal. Tercero,
dejó claro por teléfono que no podía preocuparse menos por mí.

―Tú no eres mi novio. Yo me follo a quien quiero y tú te follas a quien quieres.


Tus palabras.― Quiero lastimarlo de la forma en que él me lastima. Lo em-
pujo una vez más, la rabia abrasadora me atraviesa.

―Yo no soy el que inició esto ―responde en su tono dominante y superior―.


Tú eres quien me traicionó, Elle.
Suelta mi muñeca antes de cruzar los brazos sobre su pecho. Su expresión
es ilegible. Todo lo que veo es su oscuridad. Sin luz. ―Tú eres la que me
engañó ―agrega.

Aprieta la mandíbula antes de fruncir el ceño y lo entiendo. Lo lastimé Verme


con otro hombre lo rompió. Todo el tiempo, pensé que él sería el que me
rompería, mientras que yo se lo hice a él. Mis inseguridades, mis miedos
causaron nuestro caos. Ya no siento el efecto del alcohol. Quiero irme. No
puedo soportar la forma en que me mira. No soporto que me vea como una
traidora a sus ojos.

La mirada de Aaron deja la mía para mirar a Joshua bailando con Tania y
Fabiano. Sus puños se aprietan. Dios, necesito limpiar el aire ahora. Esto no
es demasiado tarde. Tomo su mano, queriendo explicarle antes de que haga
algo imprudente. Mi corazón está rebotando en mi pecho. Siento que mi
mundo se derrumba. Si tan solo hubiera dicho esas tres palabras: No es
nada. Yo te deseo.

―Confía en mí ―le susurro antes de que me quite la mano y camine solo


hacia mis amigos, sin apartar su vista de Joshua.

Corro tras él, tratando de alejar a la gente que baila, pero no soy tan fuerte
ni tan alto como él. Cuando finalmente llego a mis amigos, todos están mi-
rando a Aaron, sus ojos brillan. No tienen idea de que probablemente esté a
punto de tener una conversación no amistosa con Joshua. El dulce e inofen-
sivo Joshua contra el temerario y posesivo Aaron. Agarro el brazo de Aaron
y muevo mi cuerpo frente a él antes de sonreír a mis amigos.

―Chicos. Aaron, esta es Tania.― Ella le ofrece la mano a Aaron, con una gran
sonrisa en su rostro. Miro a “Wolf”―. Aaron, este es Joshua. El hombre que
viste en la foto.― Joshua le da la mano para estrecharla, pero Aaron lo mira
como si quisiera destruirlo, jugando con su lengua dentro de su boca―. Y
junto a él, está Fabiano… su novio.
La mirada de Aaron salta entre Joshua y yo mientras sus cejas se juntan. Se
da cuenta de la mano de Fabiano en el bolsillo trasero de los pantalones de
Joshua y finalmente entiende. Los dos hombres vuelven a su baile e inter-
cambian un beso acalorado. La expresión de Aaron se suaviza, probable-
mente sintiéndose avergonzado de su comportamiento. Nuestros ojos se en-
cuentran de nuevo, hablando por nosotros mismos lo que no pudimos, lo
siento.

Todos nos acercamos a la zona del bar para poder hablar. Mis amigos termi-
nan amando a Aaron. Beben sus palabras como niños cautivados por una
historia mágica. Sé que Aaron está tratando de impresionarme. Sus ojos no
dejan los míos cuando habla con ellos. Está buscando una señal de mi per-
dón. Pero estoy cerrada. Evito todo contacto; Nunca podría dormir con otro
hombre. Pero él... lo hizo. Y no puedo culparlo. Su obsesión se detuvo antes
que la mía.

―Elle. ¿Puedo hablar contigo? ―pregunta, inclinándose hacia mí, su mano


en mi espalda baja.

Asiento con la cabeza y les da una sonrisa encantadora a mis amigos. Nos
acercamos a la entrada, a un espacio menos concurrido.

―Pensé que él era…

―No. Y si me hubieras escuchado, ya lo sabrías —agrego, cruzando los brazos


sobre mi pecho.

―Lo siento. Estoy acostumbrado a que la gente me traicione. Es difícil para


mí confiar en alguien.― Sus ojos están preocupados―. Debería haber escu-
chado. Pero las palabras son…― Las palabras pueden ser mentiras.

―No importa. ¿Por qué estás aquí? ―respondo con dureza mientras mi cora-
zón desea que podamos deshacer el pasado.
―Es tu cumpleaños.― Nunca le mencioné mi cumpleaños. ¿Cómo podría sa-
berlo?―. Monica me lo dijo, así que volé a Nueva York para estar aquí.― Por
supuesto que lo hizo. La voy a matar

―Hay un lugar que me gustaría mostrarte.― Él busca mi mirada mientras


toma un paso más cerca de mí. Todo mi cuerpo quiere decir que sí, pero mi
corazón no puede, el pensamiento de él con otra mujer me rompe. ¿A menos
que no haya pasado nada? No debería ser ingenua, es de Aaron de quien
estoy hablando. Desearía poder ser fuerte, pero no puedo manejarlo. No
puedo compartirlo.

―Aaron… no puedo.― Miro hacia abajo, dando un paso atrás, cruzando los
brazos sobre mi pecho con nerviosismo.

―No pasó nada con Francesca, ni con ninguna otra mujer, por lo que im-
porta.― Lo miro a los ojos, mi corazón late rápido, el calor llega a mi estó-
mago, mientras recupero mi esperanza en nosotros. Mete un mechón de mi
cabello detrás de mi oreja suavemente, analizándome con ojos dulces―. Que-
ría que estuvieras celosa. Justo como yo lo estaba. Lo siento.

―¿Cómo puedo confiar en ti?― Mis ojos lo desafían.

―No puedes ―admite―. Puedes llamar a Thomas, él te dirá la verdad. Podría


decirte que eres la única jodida mujer en mi mente, pero eso no hará que
confíes en mí.― Sus manos acarician la longitud de mi brazo, su tacto es
suave y adictivo―. Solo puedes creerme, me temo.

Cree en las acciones, no en las palabras. Es fácil mentir con las palabras,
pero no se puede pretender un toque.

Como dijo Monica, estamos jodidos. Destrucción o pasión. Poseerse, consu-


mirse uno al otro, hacer del otro una adicción. Con él, todo es extremo ya la
vez es enorme. Somos novatos en escuchar nuestros sentimientos. No sabe-
mos cómo abrir nuestros corazones. Estamos aprendiendo a sanar. Evolu-
cionar. Tal vez algún día destruyamos los muros del otro, pero queda un
largo camino por recorrer. Y, sin embargo, lo sé. Sé que pertenezco a él.
―Tú me lastimaste.― Tres palabras.

Me acaricia las mejillas con las palmas de las manos, sus ojos heridos por
mis palabras. Y lo único que quiero es sentir nuestra proximidad. Estar bajo
su toque. Lo necesito más de lo que nunca necesité a nadie. Necesito que me
muestre que soy diferente. «Significativa».

Sus labios reclaman los míos en un dulce y tierno beso. El tipo de besos que
me asegura que solo soy yo. El tipo de besos que te hacen creerle. Es su
forma de decir que lamenta ser como es. Y está bien. Mientras me pertenezca.

―Vamos a salir de aquí.― Sonrío tímidamente. Creyendo en él. En nosotros.

A veces una chica necesita tres palabras. A veces, ella solo necesita un beso.
Capítulo 22
Pedir un deseo a una linterna

ES ASOMBROSO CUÁNTAS COSAS PUEDEN CAMBIAR EN UN AÑO.

Hace un año, estaba con Stephan, sin reconocerme. Estaba tomando los in-
sultos. Los gritos. La crítica. Tenía que parar. Cuanto más lloraba, más feliz
parecía estar. Elevándose por encima de mi miseria. Nunca fui suficiente. El
día de mi cumpleaños, estaba acostada en mi cama, sintiéndome miserable.
Fea. Usada. Avergonzada. Quería salir, pero nunca pude romper con él, te-
mía no encontrar a nadie más, seguía esperando que cambiara.

Recuerdo sus palabras: ―Nunca encontrarás a alguien mejor que yo. Alguien
que aguantará tu personalidad. Para amarte por lo que eres.

Un ramo de rosas, rosas amarillas, una publicación mentirosa en las redes


sociales que mostraba lo felices que éramos, ese fue mi regalo de cumplea-
ños. Junto con él coqueteando con algunas mujeres. Fuera de su liga. A pe-
sar de que él seguía negándolo, me preguntaba ¿y si me estaba engañando?
Una parte de mí se sintió feliz. Eso me daría luz verde para romper con él.
Para tener una razón. La otra parte de mí sentía que estaba siendo paranoica.
Mi mente estaba demasiado jodida para pensar, o incluso para preocuparme
en este punto.
Me trajo un bolso cara. De la que tienen las celebridades. Elegante. Extrava-
gante. Valioso. No es mi estilo. Pero su gesto, que se habían vuelto raros,
demostró que le importa. Por eso me quedaba. Quería creer que mi miseria
estaba en mi cabeza, que era un paranoica. Que todo era mi culpa. A veces,
mostraba grandes actos de bondad y esperaba que fueran más frecuentes.
No dejaba de recordar cómo era Stephan cuando nos conocimos. Amable.
Preocupado. Cariñoso. No dejaba de pensar que volvería a ser como era antes
y me amaría como antes lo hizo. Pero me estaba aferrando a un recuerdo, un
recuerdo que ni siquiera era cierto. nunca he sido feliz. Solo tengo la ilusión
de la felicidad. Me estaba aferrando a una esperanza que nunca existió.

―Eres tan insegura.― Eso es lo que me respondió cuando le pregunté si me


amaba.

―Por supuesto que sí. Es solo una parte de ti misma la que no tengo ―agregó.

Pantalones fuera. A cuatro patas. Tragándome mi Orgullo. Recordé, mirando


sin emoción a la pared cuando Stephan entró en mí.

Para mi cumpleaños hace un año, me follaron. Duro. Desapasionado. Sin


contacto visual. Sin un toque cariñoso. Sólo follada con un propósito. Para
satisfacer el propio placer de Stephan. Dar sin recibir. Usada y miserable.

Lloré sin decir una palabra. Acepté que me humillara sin quejarme.

Hasta cierto punto, me pregunté ¿en qué me he convertido?

Necesitaba salir.

Necesitaba que alguien me ayudara.

Y hoy, por fin soy libre.


―¿QUÉ es este lugar, Aaron?

Sigo mirando el deslumbrante ático. Todo es espacioso. Palaciego. El espacio


está ocupado únicamente por el mínimo de mobiliario. Frío y moderno. Las
colosales ventanas que revelan una vista impresionante de la ciudad. Me
pregunto si este podría ser su lugar. Sé que su casa principal está en Mó-
naco.

―Ven.― Él sonríe y toma mi mano para guiarme hacia su balcón. Balcón es


un eufemismo. Podría meter toda mi sala de estar en él. Él tiene una piscina
infinita gigante al aire libre donde el agua fluye sobre el borde más grande,
como si no tuviera límites. La piscina está iluminada con luces rosas y azu-
les, contrastando con la oscuridad de la noche. Sacudo la cabeza con incre-
dulidad. Todo este lujo. Está fuera de mi liga. Él es el sueño, el hombre que
está en la cima del mundo, y yo soy la dura realidad, una de esas miles de
luces de los edificios frente a nosotros.

―No tenías que alquilar un lugar para impresionarme, Aaron.― Envuelvo mis
brazos alrededor de mi pecho, todavía asombrada por el paisaje.

Comienza a desabrocharse la camisa lentamente, mientras sus ojos brillan


con apetito. ―Es mío.

Abro los ojos ampliamente. Nunca supe que Aaron tenía un apartamento, o
un jodido ático, en Nueva York. Parece divertido por mi confusión. ―Mi casa
principal está en Mónaco, pero a menudo tengo que viajar a América. Por lo
tanto, compré este apartamento el año pasado.― Su lengua sale de su boca
seductoramente―. Somos casi vecinos, ma belle.

Me recorre un escalofrío de esperanza; Estoy haciendo suposiciones que pro-


bablemente no debería. Aaron no hace nada sin una razón, y tengo la sensa-
ción de que mostrarme su apartamento no puede ser al azar. Es su privaci-
dad. Privacidad que compartió conmigo.

―Es muy... tú―. Arrogante. Precioso. Perfecto.


Arroja su camisa sobre la mesa junto a él, su musculoso torso desnudo frente
a mí. ―Es una gran noche para nadar.

Se desabrocha el cinturón antes de deslizar los pantalones y la ropa interior


al suelo, con su mirada penetrante clavada en mí. En un segundo, su cuerpo
de Adonis está desnudo frente a mí. Sus rasgos de dios griego instantánea-
mente hacen que mi cuerpo lo anhele. Sus ojos de depredador perforan mi
alma. El carisma de “Wolf” crea un fuego que explota dentro de mí, consu-
miendo el poco autocontrol que me queda.

―Solo desnudos, por supuesto.― El fantasma de una sonrisa se extiende en


sus labios mientras su mirada recorre la longitud de mi cuerpo completa-
mente vestido.

Se sumerge con elegancia y nada bajo el agua hasta llegar al final de la pis-
cina infinita. Se pasa las manos por su cabello negro, alejándolo de su frente.
Lanza sus brazos alrededor del borde de la piscina, arqueando una ceja,
desafiándome a dar un salto.

Él es el epítome de alfa y omega. Líder, dominante y controlador como un


alfa. Pero no necesita a nadie, hace sus propias reglas, sus propias cosas
como un omega. Él es mi principio, o mi fin. Mi salvador, o mi infierno.
Opuesto y contradictorio, pero completo.

Muerdo mi labio inferior, sintiendo la avalancha de sentimientos contradic-


torios chocar. Mi pasado, excavando a través del resto de mis inseguridades,
dejándome parada aquí. Mi futuro, queriendo aprovechar la oportunidad de
estar a cincuenta pisos de altura, de nadar con mi dios caído.

Respiro hondo y bajo la cremallera de mi vestido bajo su mirada exigente,


contemplando cada centímetro de mí. Nunca podré esconderme con Aaron.
Expongo todo mi ser de una manera que nunca antes lo había hecho. Mi
vientre está ardiendo, y lamo mi labio antes de sentir un dolor feroz dentro
de mi corazón por lo hermoso que se ve. Mis manos comienzan a temblar,
siento mi cuerpo agonizar frente a la dura verdad que he tratado de negar.
Verlo entre la oscuridad y la luz me ha hecho darme cuenta…

Estoy cayendo fuerte y rápido sin control por Aaron.

Sin advertencia.

Sin seguridad.

Sin retorno.

Deslizo mi vestido al suelo, confundida por mis sentimientos. Doy un paso


más cerca hacia la piscina, de pie en mi ropa interior de encaje rojo. Nada
hacia mí, sus pupilas oscureciéndose con deseo. Sin saberlo, lentamente va
entintando mi alma hasta poseer todo mi ser. Suelto mis tacones antes de
tirar de mi cabello hacia mi espalda. Mis ojos se conectan con los suyos,
dándome la fuerza para vencer mis demonios. Desabrocho mi sostén antes
de tragarme mis inseguridades. Nunca pensé que tendría la confianza para
desnudarme frente a un hombre. Pero verme a mí misma a través de sus
ojos, es abrumador. Deslizo mi sostén al suelo mientras mis senos se liberan.
Mis pezones se endurecen por el aire frío que nos rodea, y me suelto las
bragas, antes de sentarme en el borde de la piscina junto a él, poniendo solo
los dedos de los pies en el agua.

―¿Hay algo mal?― Frunce el ceño, tratando de interpretar mi silencio. Si.


Todo está mal. Me duele tanto por él. Siento mariposas. Estoy cayendo de-
masiado fuerte. Demasiado pronto. Y una señal de él será suficiente para
hacerme caer por completo. Profundamente. Esto es irreal. Niego con la ca-
beza, prometiéndome a mí misma que nunca dejaré que me posea. No puedo
decirle que el mundo con A15. Stephan lo dañó para mí. Todos lo hicieron.
Este es mi secreto.

15
Se refiere a la palabra amor o amar.
Se para frente a mí, el agua llega a sus abdominales. Sus manos acarician
sensualmente mis muslos antes de agarrar mi cintura y levantarme lenta-
mente para acercarme a su pecho. Envuelvo mis piernas alrededor de sus
caderas y coloco mis brazos alrededor de su cuello, mis senos se conectan
con su pecho, mientras siento el agua calentando mi cuerpo. Envuelve sus
brazos alrededor de mi espalda, y sonrío cuando siento su dureza presio-
nando contra mí, pero este momento no se trata de sexo. Es más que eso.
Nos estamos tomando nuestro tiempo hasta que no podamos soportarlo.

Beso sus labios húmedos mientras sus dedos se enredan en mi cabello con
un toque tierno. Lento. Sensual. Como si el mundo dejara de girar, como si
todo desapareciera a nuestro alrededor, excepto él. Nos acerca al borde de la
piscina para admirar la vista y me siento en su regazo. Me lo está poniendo
muy difícil. Está torturando mi alma sin siquiera saberlo.

―Esto es maravilloso, Aaron.― Eres maravilloso.

―También tengo un regalo para ti, pero eso es para más tarde. ―sonríe, pero
noto que está incómodo. No está acostumbrado a la conexión emocional. A
la proximidad. Pero lo está intentando. Por mí.

Se aclara la garganta antes de mostrarme las linternas amarillas del cielo en


la mesa junto a nosotros. ―¿Sabes para qué son esos?

―Realmente no.― Sé que es algo cultural, pero no tengo ni idea de qué se


trata realmente.

―Se usan para limpiar, para dejar ir todo lo que te preocupa. Simbolizan el
comienzo. Un nuevo tú, algo así.― Se detiene, luchando por encontrar las
palabras―. Ya que hoy cumples veinticuatro años, pensé que estos podrían
borrar… algunos malos recuerdos.― Inmediatamente pienso en el toque abu-
sivo de Stephan. Sus devastadoras palabras que se grabaron en mi corazón.
Las vergonzosas inseguridades que creó en mí.

Miro a Aaron, sin encontrar las palabras adecuadas. Él me entiende. Sabía


lo que necesitaba antes de que yo pudiera saberlo. Él me muestra que se
preocupa a su manera. El hombre que no hace romance me da hoy la pro-
mesa de un futuro. La promesa para que dejemos ir nuestros demonios. Los
que bloquean nuestro futuro. Los que no nos dejan sanar.

―Gracias, Aaron.― Sonrío con aire de suficiencia, tratando de no sonar tan


emocional―. ¿Cómo se supone que debo hacerlo?

―No estoy realmente seguro. Solo pide un deseo, tu deseo más profundo, y
luego enciende la linterna antes de enviarla al cielo.

―Hazlo conmigo ―le imploro entonces mirándolo a los ojos.

Aaron se aclara la garganta y me analiza como si estuviera tratando de ave-


riguar si puede confiar en mí. Tomo su mano y acerco mi cuerpo al suyo, mi
voz débil, intentando una vez más que se abra a mí. ―Sé que tu pasado está
fuera de los límites, pero quiero conocerte. Todo sobre ti.

Un profundo sentimiento de tristeza lo inunda mientras respira hondo.


―¿Recuerdas la primera noche que llegamos al Gran Prix de Canadá?―
Asiento con la cabeza. Fue el día que llamó Monica y él se estaba agotando
en el gimnasio.

―Bueno, era el día de la muerte de mi hermano. Y yo estaba contigo, pasán-


dolo tan bien que yo…― Mira fijamente el agua, sus ojos angustiados―. Que
me olvidé de eso, hasta que Monica me hizo recordar.― Su boca se tuerce en
una sonrisa repulsiva como si se estuviera culpando a sí mismo por seguir
adelante.

―Murió hace dos años, y fue mi culpa.― Su voz está temblando, sus emocio-
nes tratando de tomar el control―. Maté a mi hermano, Elle.― Su mirada
penetrante se encuentra con la mía, y todo lo que veo es su dolor.

Separo mis labios, conteniendo la respiración. ―Estoy seguro de que no fue


tu culpa ―le susurro, acariciando su brazo para aliviar su alma―. Estoy aquí,
Aaron.
―No me verás de la misma manera.

―Lo dudo.― Llevo mi cabeza a su pecho, rodeando su cuerpo con mis brazos,
antes de mirarlo―. Puedes confiar en mí.

Me mira con tristeza, como si estuviera listo para decir adiós. Tomo su mano
en la mía. ―No puedes guardarte todo para ti.― Le doy un asentimiento de
cabeza alentándolo, sintiendo que está a punto de decirme la verdad.

Después de un largo silencio, finalmente habla. ―Ese día, tuve una pelea con
un grupo de don nadies. Estaba furioso ―Frunce el ceño como si estuviera
tratando de borrar un recuerdo doloroso, sus puños se aprietan y sus ojos
se enrojecen―. No era yo mismo.― Se aleja de mí antes de mirar, sin emocio-
nes, la vista frente a nosotros―. Se suponía que debía llevar a mi hermano a
una reunión de trabajo, pero nuestro auto estaba en el mecánico para repa-
rar una luz antiniebla, así que tomé prestado el auto deportivo de Thomas.―
Aprieta el borde de la piscina con los puños―. Cuando corro, me olvido. Mi
hermano estaba hablando, pero yo apenas lo escuchaba.

La expresión de “Wolf” se convierte en una mirada repugnante. ―Había un


semáforo, sé que era verde. Yo lo vi.― Su garganta está temblando, su boca
está temblando, todos sus músculos están tensos. Se vuelve hacia mí, con
un profundo dolor en los ojos―. Lo vi verde, Elle, lo juro.

Tomo su mano mientras él mira lejos de mí otra vez. Trato de parpadear para
alejar las lágrimas que ya se están formando debajo en mis ojos, viéndolo
sufrir así. ―Entonces, seguí corriendo, pero no sé qué pasó. Un camión llegó
desde la otra esquina de la carretera a toda velocidad. Y choca contra noso-
tros. Se dirigía directamente hacia nosotros sin disminuir la velocidad, traté
de alejar el auto, pero ya era demasiado tarde. Soy un puto piloto de Fórmula
1 y no pude…

Lanza un grito de rabia y se me cae el corazón. Lucho por mantenerme de


pie, sintiendo todo su dolor mientras sigue contando su pesadilla personal.
―Sobreviví, pero mi hermano… murió a causa de las heridas del accidente.
No pude salvarlo. Joder, lo maté.― Se aleja de mí, de espaldas a mí como si
no quisiera que me diera cuenta de su agonía.

Lucho por hablar, borrando las lágrimas que han humedecido mi mejilla.
―Aaron, los accidentes ocurren. No puedo imaginar…

―¿Por qué la muerte se lo llevó a él y no a mí? ―ruge―. Cada maldito día,


corro riesgos en la pista. No me importa si muero, pero la muerte me sigue
salvando. ¡Yo debería haber muerto, no él!― Solo queda dolor en el alma de
“Wolf”. Al igual que su tatuaje. La calavera representa la muerte de su her-
mano, y el lobo... es él. Es un lobo solitario. Un lobo alfa sin manada.

―No podemos controlar la muerte, Aaron.― No puedo imaginar lo que expe-


rimentó. Ver morir a la persona que más amas frente a ti es lo más horrible.
Por eso “Wolf” nunca fue al funeral de su hermano. La vergüenza. La culpa
que debe llevar por destruir lo que era tan preciado para ti.

―Era el bueno. El que debería haber sobrevivido. Solo soy un…― Se detiene,
frunciendo el ceño con repulsión―. ¡Un maldito error! Su amor por mí fue un
error.

―No digas eso.― No puedo soportar su dolor. No puedo dejar que se destruya
a sí mismo. Por una razón inexplicable, todo lo que se está infligiendo a sí
mismo, también me lo está infligiendo a mí―. La luz estaba en verde, Aaron,
¡no hiciste nada malo!

Yo era el que conducía, Elle. Con imprudencia. Podría haberlo evitado.― Es-
talla con rabia―. ¿Y si me equivoqué? ¿Y si el semáforo estaba en rojo y yo...?

―Culparte a ti mismo no te devolverá a tu hermano. simplemente te des-


truirá.― Mis palabras son duras, pero le debo honestidad. No hay lugar para
mentiras entre nosotros―. Henry nunca hubiera querido esto para ti.

―Yo. Lo. Maté.― Se queda mirando la piscina como si fuera la sangre de su


hermano.
No le dejo otra opción, me tiro a sus brazos. ―Eres una buena persona. Pase
lo que pase, no te mereces esto.― Tomo su rostro entre mis manos―. No eres
un error.― Me inclino para encontrar sus labios, con la esperanza de conso-
larlo con un tierno beso.

―¿No vas a sentir repulsión por mí? ¿Por lo que hice?

―Porque eres humano. Cometemos errores.― Lo beso de nuevo, sus ojos lle-
nos de oscuridad me perforan―. Que el semáforo fuera verde o rojo, que es-
tuvieras enojado ese día o no, no cambia quién eres. Y tú eres lo opuesto a
una mala persona.

Me acaricia las mejillas. ―Tú no sabes todo sobre mí.

―Eso no cambiará lo que pienso de ti.― Logro esbozar una sonrisa, sabiendo
que la muerte del hermano de Aaron no es la única oscuridad en su vida.
Tiene otros demonios, pero a mí no me asustan los fantasmas. Solo los
míos―. Hagámoslo. Un nuevo comienzo.― Echo un vistazo a las linternas.

―Nuevo comienzo.― Nada hacia la mesa para agarrarlas y me da una.

Nos paramos frente a nuestras linternas. Incluso Aaron, que actúa como si
no fuera creyente, se lo toma en serio y mira fijamente su linterna, sintién-
dose desgarrado. Estamos perdidos en el momento doloroso, que se siente
como un ritual de limpieza para salvarnos a nosotros mismos. Cierro los ojos,
inhalando el aire fresco, pensando en mi mayor sueño...

Y tengo uno. El más grande y profundo de todos.

Deseo que Aaron esté libre de sus demonios.

Ojalá pudiéramos sanar juntos.

Deseo amor y todo con él. Deseo el cuento de hadas que alguna vez soñé.
Encendemos nuestras linternas y las lanzamos juntas al cielo. Aaron se co-
loca detrás de mi espalda, sus brazos rodean mi cintura, haciendo que este
momento sea aún más mágico. Las linternas vuelan cada vez más alto en el
cielo, su luz calienta mi alma. Bailan juntas en círculos, siempre encon-
trando el camino de regreso la una con la otra, como si se sintieran atraídas
magnéticamente. Sonrío como una niña ingenuo asombrada por el espec-
táculo frente a ella. Siento todas mis emociones llevándome a toda velocidad,
recorriendo todo mi cuerpo, haciéndome sentir viva. Viviendo un romance
que nunca antes había experimentado. Este momento fascinante quedará
grabado en mi corazón. Esta es una escena de cuento de hadas que simboliza
un nuevo comienzo. Una lágrima se desliza por mi mejilla. ¿Cómo es que
liberar una simple luz crea en mí emociones tan profundas?

Siento que estoy soltando algo en mí. Sé que Aaron me está mirando, pero
no puedo apartar la mirada ni ocultar mis emociones. No me importa si estoy
siendo débil.

En la oscuridad, solo hay dos linternas flotantes que se elevan más y más en
el cielo. Nosotros en medio de nuestra oscuridad. Juntos.

―Gracias, Aaron. Esto significa mucho.― Me giro para mirarlo, lágrimas de


felicidad en mi mejilla.

Borra con su pulgar mis lágrimas, una mirada protectora en su rostro.


―¿Qué deseaste?

―No puedo decírtelo o no se hará realidad ―le digo en un tono juguetón, a


pesar de que lo deseaba.

―Desee algo que probablemente no debería.― Sacude la cabeza con incredu-


lidad, mirando nuestras luces.

Sus labios capturaron los míos, realzando la exquisita tortura mientras cam-
bia de lado y su espalda golpea el borde de la piscina. Me siento en su regazo,
necesitada de la proximidad. Agarro el borde mientras dejo que sus manos
acaricien cada parte de mi adolorido cuerpo. No tengo miedo de estar cerca
del borde. Caer. Porque sé. Sé que estará allí. No todos los hombres son
iguales. No todas las historias terminan de la misma manera. La nuestra aún
está por escribirse.

Nuestros besos se vuelven intensos y mi necesidad por él se vuelve vital. Sabe


a cielo mientras me envía al olvido. Él es mi Campos Elíseos rescatándome
del limbo. Estoy temblando bajo su toque, nuestros besos se vuelven más
poderosos, más celestiales, hasta que él rompe nuestro contacto y recupera-
mos el aliento, recobramos el ánimo. Este es un momento para el cariño, y
cuando miro a los ojos consternados de Aaron, sé que ha llegado a su límite
por esta noche. Aaron no está listo para hacerme el amor. Levanto la cabeza
para mirar el cielo y nuestras linternas flotando maravillosamente juntas
mientras Aaron me da un cariñoso abrazo.

La luz de nuestra linterna se desvanece lenta y eventualmente caen, mien-


tras nuestros cuerpos se iluminan juntos en la cima del mundo.
Capítulo 23
Bellamente dañado

―¿ME ESTÁS TOMANDO EL PELO? ¿Es sólo el entreacto?

Estallé en carcajadas cuando Aaron suspiró mientras se pasaba ambas ma-


nos por la cara y echaba la cabeza hacia atrás. Me ataca con mi almohada,
y me río con más fuerza, recostada en su regazo tratando de vengarme arro-
jándole otro cojín. Él sonríe, a pesar de sí mismo.

Hemos hecho una apuesta. Regresamos a mi casa para ver una película con
mi proyector antiguo. Dijo que podía mantener la concentración durante toda
una película, y no estoy de acuerdo. Lo que no sabía era que la película en
cuestión era “Lo que el viento se llevó”, también conocida como cuatro horas.
Obviamente sabía que no sería un fanático, pero agradezco sus esfuerzos por
durar dos horas.

―¿Es usted un mal perdedor, Señor LeBeau? ―provoco, una sonrisa traviesa
en mi rostro-

―Estás jugando con fuego, ma belle ―desafía, inclinando su ceja mientras se


apoyaba sobre mí peligrosamente.

―No sé de qué estás hablando...


Demasiado tarde. Aaron se levanta del sofá y me sube encima de sus hom-
bros. Definitivamente soy débil bajo su cuerpo varonil.

―¡Aaron! Bájame —ordeno de manera poco convincente, todavía riéndome.

Camina hacia mi baño, cargándome sobre su hombro como si no tuviera


peso, y cuando abre el grifo de mi ducha, instantáneamente sé lo que tiene
en mente. Deja que el agua se caliente durante unos segundos.

―¡Aaron! ¡Ni siquiera lo pienses!

Demasiado tarde. Me pone en la ducha, y es solo cuestión de segundos antes


de que esté completamente mojada mientras estoy completamente vestida.
Mi pijama blanco ahora es transparente, y sé que está disfrutando del es-
pectáculo.

―Me encanta verte mojada para mí.― Saca la lengua de su boca, su sonrisa
siniestra se extiende por su rostro.

―Si voy a caer, vas a caer conmigo.― Lo agarro por la camisa, tirando de él
hacia mí bajo la ducha.

Él me sigue, ni siquiera tratando de resistirse a mí. Ahora estamos parados


como dos idiotas completamente vestidos en mi gran ducha. Nos reímos,
preguntándonos cómo terminamos aquí en primer lugar. Cada momento con
él termina en algo inesperado, hace que todo sea único.

Pero luego una serie de eventos cambia el curso de la noche. Muerdo mi labio
inferior. Sus ojos se oscurecen de deseo. Mi respiración se acelera. Me sujeta
contra la pared de mi ducha. Estoy ardiendo. Está maldiciendo.

Nuestros labios chocan en una áspera explosión, sin previo aviso, sin conte-
nerse. Nuestro estado de ánimo juguetón de antes ahora es reemplazado por
la necesidad del otro. Una pasión ardiente irradia de toda mi alma, y es in-
controlable. Él ahueca mis mejillas con sus palmas, reclamando control so-
bre mí, mientras lo saboreo completamente.
En cuestión de segundos, nos hemos desnudado mutuamente, sintiéndonos
impacientes y necesitados. Envuelvo mi pierna alrededor de su cadera mien-
tras él la aprieta posesivamente y salpica mi cuello con sus adictivos besos.
Paso mis uñas por su espalda, sin ocultar el poderoso efecto que tiene sobre
mí. La puerta transparente de mi ducha se vuelve borrosa por la niebla que
nos rodea.

Su mirada depredadora se fija en mí, convirtiéndome en su presa, una presa


no tan inocente.

―Quiero follarte sin cesar, profundamente, completamente, hasta que seas


completamente mía ―susurra en mi oído, su anhelo por mí en su voz ronca.
Sus dedos acarician mi carne desnuda―. Hasta que tu cuerpo se derrita solo
al pensar en mi polla enterrada dentro de ti.

Estoy excitada por sus palabras. Estoy hechizada por el contacto de nuestra
piel. Estoy consumida por el hombre que es mi obsesión. No es saludable, es
brutal y adictivo.

Quiero que me folles sin fin, profundamente, completamente, hasta que seas
irrevocable e incondicionalmente mío.

Lee mi mente, sus labios aplastan los míos con intenso fervor, creando una
sinfonía sofocante, exponiendo nuestra verdadera necesidad. La necesidad
de pertenecer significativamente. Juntos, estamos creando una explosión
abrasadora que revela nuestra necesidad carnal. Me estoy derritiendo. Co-
lapsando. Exigiendo más del hombre que sacude mi mundo patas arriba.
Insaciable, me prende fuego, llevándome a un lugar que nunca antes había
explorado.

Choca contra mí y enciende mi mundo en un instante. Mi cuerpo entero le


responde al doble de la intensidad que ha recibido. Gimiendo más fuerte.
Apretando más fuerte. Cayendo más profundo. Es dueño de un pedazo de mi
alma, y estoy dominada por el éxtasis lascivo. No puedo parar. No puedo
pensar. Estoy atrapada entre el dolor y el placer, la oscuridad y la luz, los
sentimientos destructivos y los curativos, opuestos y, sin embargo, uno no
puede existir sin el otro. Al igual que Aaron y yo.

Empuja más profundo, más duro dentro de mí, sus manos aprietan mi cin-
tura apasionadamente. Mis ojos en blanco bajo sus fuertes empujones. En-
vuelvo mis piernas alrededor de su fuerte torso, incapaz de estar de pie más.
Me levanta y me someto a su control. Múltiples emociones explotan dentro
de mí. Pasión. Afán. Posesión. Nuestra química explota en sexo animal en
llamas. Nuestros besos violentos, tórridos, eróticos.

Es un tornado de emociones que crea una devastadora, pero placentera es-


piral de pecado. Mis emociones están chocando. Lo necesito, carajo, lo nece-
sito tanto. Tengo miedo de que me deje, siento el dolor el día en que seré
insignificante. ¿Pueden dos personas rotas realmente superar sus miedos y
el daño que les ha causado su pasado? ¿O estamos condenados desde el
principio y solo nos estamos escondiendo, mintiéndonos a nosotros mismos?
Me empuja, lo siento dentro de mi vientre y grito su nombre con voz temblo-
rosa.

―Ma belle.― Disminuye la velocidad, su mirada de depredador ahora es re-


emplazada por una mirada de preocupación genuina. Se siente como si es-
tuviera poseído, y escucharme lo trae de vuelta―. ¿Te lastimé?― En solo un
instante, cambia del posesivo macho alfa a un hombre perdido y roto, como
si pudiera sentir el dolor en mi pecho.

El dolor de perder a alguien que nunca fue mío en primer lugar.

Alguien que nunca quiso pertenecer a nadie.

Nuestros ojos se conectan, el único ruido es el agua que sigue corriendo.


Frunce las cejas y acaricia mi mejilla con el pulgar. No seas dulce, Aaron. No
me mires como si fuera preciosa para ti. No atormentes mi alma. Siento emo-
ciones que llegan a través de mis ojos. Ahora no. Recuerda Elle, no seas vul-
nerable.

―Pierde el control.― Te necesito.


―Elle. No quiero herirte. Deja de mirarme de esa manera.

―Quiero que me demuestres cuánto me deseas.― Quiero que tu cuerpo hable


con las palabras que no podemos admitir. Quiero que me hagas olvidar que
me estoy cayendo demasiado fuerte.

Nuestros cuerpos se conectan más intensamente que antes. Nos poseemos


el uno al otro, hasta pertenecernos plenamente al otro. Hasta que nuestras
almas estén infinitamente marcadas. Hasta que crea que soy «significativa».
Sus palmas agarran mis muñecas, tirando de ambas contra la pared, nues-
tros besos crecen. Entrelazo mis dedos con los suyos, clavando mis uñas en
sus manos, mientras un calor invade mi vientre cada vez que me encuentro
con sus apasionadas embestidas. Él está gimiendo. Yo estoy gimiendo Choca
contra mí a diferentes ritmos e intensidad. Estoy moviendo mis caderas,
abandonándome a él. Su mirada se fija en mí. Cierro los párpados.

Siento destellos de chispas calientes y dejo que mi orgasmo explote dentro


de mí, ondulando a través de cada nervio de mi cuerpo. Viene detrás de mí,
y nos quedamos allí sin aliento, su cuerpo captura el mío, nuestras cabezas
sobre los hombros del otro, mis brazos envueltos alrededor de él. Mis piernas
están temblando, temblando por la intensidad de nuestros intercambios. Él
sostiene mi cintura, sin dejarme ir. El agua caliente nos está calentando,
lavando nuestros pecados, sincronizando los latidos de nuestro corazón.

Un rato después, se aclara la garganta y nos separamos. Salimos de la ducha


y nos vestimos. Me seco el cabello rápidamente con la toalla antes de cam-
biarme y ponerme mis pantalones cortos de seda oro rosa y mi top corto,
mientras él se para con mi toalla alrededor de sus caderas.

―¿Quieres quedarte? —pregunto, insegura.

―Tengo un vuelo temprano mañana.― Su tono es seco, indiferente, como si


nada hubiera pasado entre nosotros.
―Oh. Si seguro.― Logro una sonrisa―. Bueno, te dejaré terminar. Yo…― Se-
ñalo hacia mi habitación antes de pasar mis dedos por mi cabello como cor-
tina para ocultar mis emociones.

Salgo del baño, corriendo lejos de él para tomar una respiración profunda.
Salto a mi cama, de espaldas a la puerta del baño, mientras abrazo la al-
mohada de mi cama contra mi pecho. Abre la puerta y no me dice ni una
palabra. Escucho sus pasos saliendo de mi habitación mientras camina ha-
cia la sala de estar.

No vuelvo atrás. Mi corazón se está rompiendo de nuevo. Se abrió a mí de


una manera que nunca lo había hecho y, sin embargo, estoy sola. Lo escucho
suspirar y agarrar las llaves de su auto mientras cierro los ojos y una lágrima
se desliza. La puerta principal se cierra brutalmente. Desapareciendo. Apago
las luces, deseando poder apagar mi corazón de la misma manera. Estaba
lista para luchar por él, para darle el tiempo que necesita para abrirse. Pero
Aaron acepta lo que le ofreces de buena gana, no tiene miedo de ir por lo que
quiere. Y no tiene miedo de irse una vez que lo obtiene. Nada más. Nada
menos.

Estoy perdida en mis pensamientos. Las pesadillas de mi pasado comienzan


a volver a mí. Las lágrimas de mi madre después de que le rompieran el
corazón, advirtiéndome que nunca me enamorara. La forma en que mi papá
me dejó cuando estaba llorando en el suelo después de caerme del árbol. La
forma en que Stephan me usó. Me abandonaron. Estoy cayendo más profun-
damente en mi pasado roto, hasta que siento que alguien me aleja de mis
fantasmas.

Aaron está detrás de mí. Se mete debajo de mis sábanas y me da un abrazo,


acercándome a su pecho mientras me envuelve bajo sus brazos protectores.
Él no se fue. Luchó contra sus demonios para quedarse, para estar cuando
lo necesitaba. Por primera vez en mi vida, me siento segura, como si alguien
estuviera aquí para atraparme. Él no me dejó. No como los demás.

―¿Qué estás haciendo? ―susurro.


―No tengo ni idea.― Me aprieta más cerca de su fuerte físico, y todo mi cuerpo
se calienta bajo su contacto―. ¿Estás bien?

―Más que bien.― Es la prueba de que no soy insignificante. Me deja entrar,


en su intimidad.

Entrelazamos nuestros dedos, nuestras manos cerca de mi clavícula, su otro


brazo debajo de mi cabeza. Siento su aliento cerca de mi cuello antes de que
bese mi nuca suavemente. Solo un simple abrazo calienta mi corazón, este
delicioso momento grabado eternamente. Me aprieta más fuerte, conectando
nuestros cuerpos como si tuviera miedo de dejarme ir. No importa cuánto
tiempo tome, lo esperaré. Sanaremos. Su pulgar acaricia mis dedos y la parte
superior de mi pecho antes de que escalofríos recorren todo mi cuerpo.

Mi corazón es suyo. Puede desgarrarlo, romperlo, le pertenece a él como


nunca antes le había pertenecido a nadie.

―Se siente bien ―susurra, quedándose dormido―. Tenerte en mis brazos, se


siente bien ―agrega lentamente.

―Soy tuya.― Sonrío, mis ojos se cierran, saboreando nuestro momento.

―No te dejaré ir.

Desliza su mano debajo de mi blusa para acariciar mi pecho y lo ahueca


completamente, mientras su otra mano todavía está entrelazada con la mía.
Es la primera vez para los dos. Una proximidad que temíamos durante tanto
tiempo y, sin embargo, es lo que necesitábamos todo el tiempo. Nuestros
pulgares acarician la piel del otro, y me quedo dormida debajo de sus brazos,
sabiendo que no hay vuelta atrás a partir de este momento.

Me muestra que él también es mío.


Me despierto en medio de la noche de repente.

AARON está apretando mi cuerpo dolorosamente, jalándome más fuerte con-


tra él, lastimándome bajo su fuerte agarre. Jadeo por aire, incapaz de ale-
jarme. Le pido que no me abrace tan fuerte, pero no responde. Intento apar-
tarme, pero sigue apretándome contra él. Algo está mal. Sus palmas están
sudorosas. Su cuerpo está temblando. Respira con dificultad y gime cosas
incomprensibles. Trato de calmarme cuando noto que está teniendo una vio-
lenta pesadilla.

Finalmente logro alejarme de él y enciendo la luz rápidamente. Noto la marca


roja de su agarre en mi muñeca, y siento mi corazón latir con fuerza en mi
garganta. Está teniendo una pesadilla, una terrible. Sus cejas fruncidas, y
una máscara de terror está en su rostro. Está empapado en sudor y se re-
vuelve en la cama. Nunca lo he visto de esta manera.

―No me dejes con él. No me abandones ―grita, su respiración se acelera y


disminuye, sacude la cabeza con fuerza.

Agarra las sábanas a su alrededor, y me quedo allí, sin saber cómo reaccio-
nar. Entro en pánico y trato de llamarlo, pero cuanto más hablo, más parece
estar herido, luchando contra algo mientras sus puños aprietan. Tengo
miedo, al verlo enfrentar tales terrores atemorizantes. Quiero ayudarlo, pero
no puedo alcanzarlo, como si estuviera atrapado en el limbo.

―Detente, papá… no…― Sigue repitiéndolo, su voz implorando que algo se


detenga. ¿Su papá? ¿Que está sucediendo?

Lo sacudo, implorándole que se despierte. ―¡Aaron, por favor despierta!


―grito, aterrorizada, probablemente haciendo todas las cosas mal.

―Sí papá. Sí lo soy. Ahora, por favor, deja de…― Frunce el ceño, sus párpa-
dos y su boca tiemblan. Todo lo que veo es a un niño asustado atrapado en
su propio infierno.
No lo soporto. Me acerco a su pecho tratando de abrazarlo, besarlo, cualquier
cosa para provocar que se despierte. No tengo experiencia; Nunca he visto a
alguien tener recuerdos tan violentos. He tenido algunas pesadillas con Step-
han, pero ninguna tan horrible como la suya. Aaron, vuelve a mí. Cuanto
más me acerco a él, más veo que su terror se transforma en odio violento.

―Aaron, por favor.

―¡No me toques! No quiero… ―Él agarra mis muñecas violentamente y con-


tinúa peleando con sus demonios.

Sigo repitiendo que soy yo, que no tiene nada que temer, pero no me escucha
ni me cree y me aprieta más fuerte. Entiendo en este momento que el pasado
de Aaron contiene más que la muerte de su hermano. Es una sucesión de
eventos trágicos que lo dejaron atormentado. Roto. Siento su dolor. Siento
su miedo. No se parece en nada a lo que podría haber imaginado, nada que
un humano normal debería ser capaz de soportar. Su necesidad de control,
su necesidad de olvidar, su necesidad de no acercarse a nadie, lo entiendo.

Suelto mi muñeca, antes de tomar su rostro con mis palmas, implorándole


que despierte, quiero terminar con su tormento, pero al acercarse mi con-
tacto, me empuja violentamente fuera de la cama. Me caigo sobre la alfom-
bra. Estoy perdida. Confundida. Con el corazón roto.

Jadea y se agita en la cama. Mira a su alrededor, sus ojos llenos de miedo.


Respira pesadamente, como si no supiera dónde está. Tiene la cara roja y las
pupilas dilatadas. Entra en pánico, se pone las manos alrededor del cabello,
busca algo. Probablemente a mí. Lo oigo maldecir ¡a la mierda!, su cuerpo
todavía temblando, mientras parpadea con fuerza mirando al suelo para tra-
tar de calmarse. Oh, Aaron, que te pasó....

Estoy sin aliento, incapaz de hablar. Trato de ponerme de pie, pero estoy
temblando después de lo que he presenciado e inmediatamente caigo sobre
mis nalgas. Su mirada encuentra la mía y su expresión cambia radicalmente.
Se da cuenta de mis lágrimas, mira la cama y me mira petrificado. Da unos
pasos hacia atrás, golpeando la pared detrás de él. Traga con fuerza, con la
boca temblando. Sus ojos están húmedos y curva sus labios en una expre-
sión de disgusto. Oculto las marcas que me dejó apretando mi muñeca de-
masiado fuerte con la otra mano. Pero es muy tarde. Él lo ha visto. Sacude
la cabeza diciendo que no, caminando hacia atrás a lo largo de la pared,
manteniendo su distancia de mí. Él piensa que me lastimó. Eso lo está des-
truyendo.

―Elle.

Avergonzado. Perdido. Vulnerable.

Él no es mi perdición. Yo soy la suya.


Capítulo 24
Atado al infierno

―YO… LO SIENTO, YO…

No puede encontrar sus palabras. Murmura, repitiendo la palabra lo siento


como un mantra. Me mira, perdido y confundido. El Aaron que conozco, tan
confiado, engreído, poderoso, se ha ido y es reemplazado por un lado de él
que nunca antes había descubierto. Remordimientos. Dolor. Culpa. Su parte
rota emergió por primera vez de la manera más violenta.

Se pasa las manos por el cabello. Es como si pudiera escuchar desde aquí
las palpitaciones de su corazón. Tiene sudor recorriendo la longitud de su
cuerpo de Apolo. Su remordimiento lo amansa, esclavizándolo a su dolor. Sé
que lo siente, no es su culpa si lo persigue algo más fuerte que él. Me he
sentido avergonzada durante tanto tiempo por la forma en que Stephan me
trató, pero Aaron me hizo ver la luz.

Quiero ser su luz en la oscuridad de nuestros pasados colisionando.

Me levanto del suelo, todavía me tiemblan las piernas. Trago saliva, sintiendo
que cada segundo de mi silencio está un segundo más cerca de perder al
hombre que me cambió por completo. El hombre que me ayudó a ganar con-
fianza y superar mis miedos ahora es él que me necesita. Necesito permane-
cer fuerte. Doy un paso más cerca de él, susurrando su nombre, pero él da
un paso atrás, sacudiendo la cabeza. lo estoy perdiendo Me quedo quieta,
esperando ser suficiente.

―Estoy bien, Aaron.― No tengo miedo de él, ni de su pasado. Sabíamos que


estábamos rotos, y era solo cuestión de tiempo antes de que nuestros demo-
nios se manifestaran. Mi alma está en dolor. Estoy chocando con él. Doy un
paso hacia él de nuevo. No lo dejaré ir.

―No te acerques a mí, Elle.― Traga con fuerza, sus fosas nasales se ensan-
chan, sus pupilas oscurecidas por el odio. El interior de sus ojos es del color
del Infierno, sus labios aún curvados con repugnancia.

―Aaron. No me lastimaste.― El horror, el horror, la atrocidad, están consu-


miendo el alma rota del hombre que es mi salvador. Él no pertenece aquí.
Vale mucho más de lo que se inflige a sí mismo.

―Hice esto. ¿No lo ves, Elle? ¡Te lastimé! ¡Soy un maldito monstruo! Soy como
—ruge, sus ojos esparcen llamas de rabia, mientras me da la espalda, gol-
peando sus codos violentamente contra la pared, su cabeza inclinada.

Maldice y busca su ropa, vistiéndose rápidamente. Quiere escapar de mí.


Escapar de nosotros. No dejaré que sus demonios ganen. Corro hacia la
puerta, bloqueando su camino. No quiero que se vaya así. Probablemente
debería darle el tiempo que necesita, el espacio que requiere, pero conozco a
Aaron. Todo o nada. Tengo que decírselo antes de que se culpe a sí mismo,
antes de que cree un tornado devastador que nos transforme a los dos en
cenizas.

―Quiero estar ahí para ti. No tienes que hablar conmigo, pero déjame estar
aquí ―le imploro.

―Escuchaste.― Se vuelve hacia mí, mirándome como si fuera un fantasma,


su tono es seco, amenazante, autoritario. Está aterrorizado de que yo sepa
algo sobre él. Algo que le pasó a él.
―No, Aaron. No pude entender y…

―Elle. Fuera. De. Mi camino.― Se para frente a mí, mirando hacia abajo, sus
poderosos demonios tratando de dominarme.

Doy un paso hacia él, mis manos acariciando su pecho. Pero no es lo mismo.
Él no reacciona. Mi toque ya no lo despierta. ¿Le está haciendo daño? ¿Des-
trozándolo? Alcanzo su mejilla, para que nuestros ojos se conecten para sen-
tir la proximidad, para entregarme a él, para dejar que me use. Quiero ha-
cerle olvidar, pero agarra mi muñeca y aparta mi mano.

Grito ante el contacto, el dolor y la marca de su pesadilla provocada aún


tierna. Toma mi mano suavemente sobre la suya, y su expresión se paraliza
cuando mira por encima de la marca que creó. Sus dedos acarician mi piel
alrededor de la marca mientras lo veo desmoronarse lenta y completamente.
Lo llamo, pero no responde ni reacciona.

Una marca sanará, pero sé que nunca se lo perdonará. Me apretó bajo el


miedo de su pesadilla. Me apretó porque necesitaba a alguien. Y, al final,
grabó su pesadilla en mi piel. Compartió su dolor conmigo, y eso, no lo puede
manejar. Siempre trata de protegerme, y esta noche fue él quien me destruyó.
El paso que dio esta noche por mí es la confirmación de que no me pertenece.
Cierra los párpados y noto una sutil lágrima deslizándose por su rostro.
Traga saliva, sus cejas y párpados tiemblan.

―Aaron…― Las lágrimas se están extendiendo, sangrando por mi rostro.

―No te necesito, Elle. Deja de intentar salvarme. ¡Estás tan desesperada!


―grita, tomándome por sorpresa con su tono violento.

―No quisiste decir eso.

―Te follé. Ahora, solo quiero irme a casa. Fuiste un error.― Con las pupilas
dilatadas, me mira con los ojos muy abiertos. Se ha ido, ahogándose en sus
pesadillas, vendiendo su alma a la oscuridad. Sus palabras crueles se hun-
den en mi corazón y ennegrecen mi alma. Están destinados a alejarme, a
hacer que me rinda con él.

―No voy a ninguna parte.

Mira al techo, a todos los ángulos de mi habitación menos a mí. Cuando su


expresión vuelve a mí, una sonrisa seca aparece en su rostro, haciendo que
mi estómago se revuelva.

―Nunca. Te. Amaré. Jugué contigo para mi propia diversión. ¿Lo recuerdas,
solo un acuerdo? ―dice con dureza. Brutalmente.

―No voy a ir a ninguna parte ―repito lentamente.

―Estoy aburrido de ti. Esto solo era por follar. Y te follé bien, ¿verdad? Eras
solo un desafío. Ahora eres noticia vieja.― Cuando no reacciono, continúa
cruelmente―. Te hablé de mi hermano, con la esperanza de finalmente ter-
minar contigo. Vine aquí para sacarte de mi vida, nada más.

―Aaron, me estás lastimando, no digas eso ―grito, mi corazón rebota en mi


pecho. Estoy sufriendo. Rota. Quiero luchar por él, pero sus palabras me
están devastando. No quiero creerle, pero podría ser cierto. Mis demonios
comienzan a chocar contra mí, no sé qué pensar, cómo luchar contra ellos.

―Eres insignificante para mí, Elle―. Articula cada palabra, dando un paso
más cerca mientras yo doy un paso atrás. Se siente como si hubiera puesto
una daga en mi corazón. Haciéndolo sangrar. Destrozándolo. Desgarrándolo
cruentamente.

―¡No es verdad! ¡Aaron, mírame! ―grito, las lágrimas deslizándose por mis
mejillas cuando encuentro su mirada vacía. Vacía. Sin emociones―. Me estás
haciendo sentir inútil, me estás humillando―. No me hagas esto, Aaron. No
me gusta que lo hagas. No presiones el único botón en mí que me hará desmo-
ronarme y romperme de nuevo.
―Porque es lo que eres para mí. Y para todos los demás.

Y para todos los demás... me golpea con la dura verdad. La verdad que abre
el agujero de mis inseguridades. La verdad que me devasta. Me desplomo en
mi cama, sin sentirme lo suficientemente fuerte para ponerme de pie. Me
siento humillada de una manera que nunca me había sentido. Algunas pa-
labras son destructivas, catastróficas, perjudiciales.

—Te odio —grito, con la cara en la almohada, mientras el dolor me paraliza


y me devasta por completo.

―Bien. Y seguirás odiándome por tu propio bien.

Lo escucho irse sin una palabra. Cierra la puerta, saliendo de mi vida. Se


acabó. El silencio me consume. Sola. Rota. Él es mi perdición, y me rompió
de maneras inesperadas. He llegado al abismo de mi alma, me está magu-
llando y no puedo sanar.

Lo odio de la misma manera que me he enamorado de él. Profundamente,


completamente, sin previo aviso hasta que me estrellé. Hasta que me dejó,
llevándose mi alma con él.

NO SÉ cuánto tiempo me siento al lado de mi cama, mirando fijamente la


pared frente a mí, rodeada por mi oscuridad. Empieza a amanecer, y me
siento como la muerte, reviviendo los hechos de hace unas horas. Me siento
vacía. Mi odio se ha ido, no siento nada. Caos. Es como un veneno corriendo
por mis venas. Se llevó mi dignidad y todo con él cuando se fue.

Estábamos tan cerca, pero cuanto más nos hemos acercado, más profundo
hemos caído. Miro por encima de mi muñeca. Su marca se ha ido. Tal como
él. Pero el dolor que causó dentro de mi corazón no se puede borrar, no sa-
nará. Él es parte de mí, nos conectamos a través de nuestra oscuridad, nos
escondimos detrás de nuestra pasión y causamos destrucción. Nosotros no
podemos amar No somos capaces de un sentimiento tan puro.

Suena el timbre de mi puerta, devolviéndome a la realidad. Rezo para que la


persona se vaya, no estoy de humor para nada. Solo quiero esconderme y
dejar de existir. Pero sigue sonando y sonando, creando un ruido ensordece-
dor, lastimándome los oídos. Me levanto, enojada, y abro la puerta violenta-
mente.

―Buenos días, señorita Monteiro. Tengo una entrega para usted.― Un an-
ciano vestido con un traje elegante frene a mí con una sonrisa comercial
mientras me entrega una enorme caja de madera, probablemente de un me-
tro por metro, con un letrero de frágil.

Tomo el paquete, mirándolo con confusión. No hay dirección en él. Sin fecha
de envío. Sin remitente. ―No he pedido nada. Esto debe ser un error.

El hombre revisa su documento, jugando con sus anteojos, antes de volver a


sonreírme. ―El Señor LeBeau solicitó hace una semana que nuestra empresa
le entregara esto hoy. ¿Puede firmar aquí?

¿Aaron? No comprendo. Esto debe ser una broma. Probablemente uno más
de sus juegos. Una nueva forma de hacerme sentir insignificante. Una nota
de agradecimiento por follarme. Firmo el papel dudosa, y el hombre se va,
llamando a alguien. Cierro la puerta y dejo la caja en la mesa de mi sala.
Tomo un cúter y decido abrirlo, en a pesar de mí misma. Dentro de la caja,
distingo algo bien acolchado bajo las toneladas de plástico de burbujas y
poliestireno rígido. Corto todo, para ver lo que hay dentro.

Creo que es una pintura. Al menos, el reverso de un cuadro. Mi corazón


comienza a rebotar. Mis células vuelven a la vida. De repente siento miedo
de darle la vuelta al cuadro, de enfrentarme a lo que podría ser. Mi respira-
ción se acelera. Me paro frente a él, incapaz de darle la vuelta. Finalmente
encuentro el coraje y me enfrento a la dura verdad. Exhalo violentamente,
mi respiración cortada, mientras doy un paso atrás, notando lo que es. Esto
no puede ser. No es posible. Me quedo estupefacta, sin poder hablar ni pen-
sar.

Es un Romeo Di Angelo. Y no solo una pintura de Di Angelo, sino «Eterno».


El cuadro que salvó mi infancia, que me consoló, el que me acompañó toda
mi vida. El que tengo en litografía en medio de mi salón. El «significativo». Mi
sueño. Mi esperanza. Mi idea del romance. ¿Cómo podría recordar? ¿Cómo
podría saberlo? Debo estar soñando. Es increíble.

La marca está grabada, es el original que data de 1856. Niego con la cabeza,
esto no puede ser cierto. Trato de recordar, buscando en mi teléfono las prue-
bas para estrellarme. Encuentro algunos artículos. La pintura estuvo en una
subasta hace una semana en Italia. Se vendió a un comprador anónimo por
diez millones. Hay una foto de la mujer que ofertó por el cliente en cuestión.
La reconozco. Es Francesca Vermont, la heredera. De la que estaba celosa.
La que fue fotografiada con Aaron en la misma fecha.

Él lo hizo por mí. Encuentro el contrato adjunto al cuadro. El contrato esti-


pula que la pintura me pertenece. Está firmado por la casa de subastas y por
Aaron, que pagó el cuadro en su totalidad. Compró un Di Angelo para mí.
Me quedo sin aliento, mis emociones chocando juntas. Sabía que Aaron era
increíblemente rico, pero esto es otra cosa. Algo «significativo». No sé qué
pensar, qué creer.

El hombre que acaba de irse rompiéndome el corazón, diciéndome que no


valgo nada para él, acaba de comprarme el regalo más grande que podría
desear. Se fue a Italia. Recordó algo que le dije hace meses. Él me dio mi
sueño, mi escape. Hizo algo increíblemente romántico y estimulante.

Solo puedes creer, me temo. Esas fueron las palabras que me dijo en el club.
Las palabras pueden ser mentiras. Las acciones son la prueba. Miro la pin-
tura, llorando el resto de mi corazón.

Yo era «significativa».

Hasta que me rompió para liberarme de él.


Es capaz de lo más grande y de lo peor. Mi salvador o mi perdición.
Devastador o curativo.

Atado al infierno o enviado del cielo.

Él es el hombre que amo.


Heaven-Sent

Sinónimos: Única. Enviada del cielo. Inolvidable.


1. Algo que no puedes ignorar. Algo que sacude tu mundo.
2. La que más importa.
3. La única que te entiende.
4. Elle Monteiro.
Capítulo 25
El mar, las olas, la arena.

OCHO AÑOS.

Platos rotos.

Gritos.

Oscuridad que consume.

Me siento en las escaleras, mi cara entre la barandilla. Los hombres no llo-


ran. Los hombres no se esconden. Padre tenía razón, soy un niño pequeño.
Mamá grita una vez más antes de que escuche un fuerte crujido. Henry me
dijo que me quedara en la cama, pero no puedo. Sueño con monstruos, otra
vez. Las escaleras crujen cuando me acerco a la cocina. el lamento. El rebote.
Quiero que mamá me abrace. Los padres de otros niños los abrazan, pero
mis padres no.

Abro la puerta de la cocina para mirar a papá, su brazo agarrando a mamá,


cuya cara se ha tragado las lágrimas. Parece enfurecido, como el monstruo
de mi pesadilla. Papá es un hombre aterrador, especialmente cuando le sale
una vena de la frente. Todo el mundo le tiene miedo, nadie le dice que no, y
cuando sea grande, quiero ser como él. Un hombre y ya no un niño.
Mamá grita que ama tanto a papá que desea que muera. Y ahora, Mamá se
ríe con sangre en los dientes. ¿Qué le pasa a mamá? Suele ser hermosa. Los
adultos decían que me parezco a mamá, pero ahora se ve... ¿sucia?

―¡Aaron!― Papá me mira furioso antes de agarrarme del brazo con violencia
y grito bajo su doloroso agarre.

¿Por qué papá me hace daño? Me tira contra la pared, haciéndome tropezar
y caer sobre los azulejos. Sangre. Oh no. La sangre de mi rodilla se está
extendiendo sobre mi pijama. Me duele, pero no voy a llorar. Miro a Mamá,
pero ella me mira sin emociones. Papá me agarra del cuello y me obliga a
ponerme de pie. No me gusta su aliento. Huele a las botellas que esconde en
su armario. Huele a podrido.

―Vas a quedarte aquí, Aaron, y mirar. Si te veo moverte o llorar, me enojaré


mucho. ¿Comprendes?― Asiento con la cabeza. Nunca le digo que no a papá.
Pero mi cuerpo está temblando. Debería haber escuchado a Henry. Estoy
haciendo todas las cosas mal.

―Deja al niño en paz, André ―señala Mama antes de poner los ojos en blanco.

Papá se ríe con picardía antes de inclinar a mamá sobre la encimera de la


cocina. ―Nunca lo quisiste, Monique.

Papá agarra el cabello de mamá, acomodándolo en un puño como las niñas


que usan colas de caballo. Veo a Mamá cierra los párpados, mientras su
garganta está expuesta frente a mí; parece lastimar a mamá. ―Ella nunca te
amó, Aaron. Tu madre es una puta. Una puta infiel.― Él empuja su cabeza
hacia atrás sobre la mesa, sus piernas se abren más―. No cierres los ojos,
Aaron, o papá volverá a enfadarse. Le he dado a elegir. Irse contigo, o aceptar
dinero y dejarnos solos. ¿Y sabes lo que eligió? Díselo, Monique.― Mis manos
están sudando, mi garganta está seca, mi vientre se convierte en un nudo.
¿De qué está hablando papá?
―Dinero. Lo siento, Aaron. Simplemente no puedo. Perdóname… ―Mamá co-
mienza a llorar, con lágrimas en los ojos, mientras padre le tapa la boca con
los dedos. ¿Me deja? ¡Pero mamá me ama!

Papá se baja el cierre de los pantalones mientras vuelve a tomar el cabello


de mamá en su puño. Tengo miedo. Doy un paso adelante hacia mamá, no
me gusta lo que hace papá. Tiene una mirada malvada en su rostro, me ate-
rroriza. Pero papá me señala con el dedo y me ordena que no dé un paso
adelante.

―Ella eligió el dinero en lugar de ti. Es una puta, y esta noche la tratarán
como tal a cambio de dinero.― Mi boca comienza a temblar, y las lágrimas
están en mis ojos. Papá es cruel y mamá no me quiere.

Cierro los párpados, pensando que todo esto es una pesadilla. Respira Aaron.
Piensa en tu lugar feliz. Y funciona. No escucho el sollozo, los gritos, solo veo
el océano. El mar. Las olas. La arena. Hasta que escucho la voz de Padre.
―¡Te dije que miraras, Aaron!― Abro los ojos con fuerza, un nudo en la gar-
ganta, siento que no puedo respirar―. Te mostraré cómo tratar a una mujer.

Y luego papá lastima a mamá. Escucho los golpes que hacen que Mamá re-
bote por todo el mostrador. Sus piernas abiertas, su falda arriba. ¿Están
haciendo un bebé? Papá es brutal, abofetea a mamá como lo hace el abuelo
para castigarnos a Henry ya mí cuando nos portamos mal. Pero mamá se
pone roja y, no puedo, no puedo mirar.

―¡Para! ¡Papá, para! ―grito, derrumbándome contra la pared. Esto es solo


una pesadilla. Piensa en tu lugar feliz. El mar. Las olas. La arena.

Pero papá me da la vuelta y me abofetea brutalmente. Miré hacia otro lado.


Fui en contra de sus órdenes. Me empuja contra el suelo y sale aún más
sangre. No. No otra vez. Miro hacia arriba, rogándole a papá que se detenga,
pero mi papá se ha ido. Solo hay odio. Un monstruo. La cosa de papá me
apunta hacia arriba, es grande. Me pone de pie y me conduce apretándome
el pelo para tomar asiento en la silla, para observar a Mamá de perfil. Grito
por ella, pero Mamá mira fijamente a la nada, diciéndome que deje de llorar.
¿Por qué mamá no se viste sola? ¿O se mueve? Mamá no quiere eso.

Papá continúa brutalizando a Mamá, haciendo lo que hacen las bestias en la


naturaleza. Hacer bebés. Esto es desagradable. Aparto la mirada, pero la voz
de papá me asusta. Así que observo, pero la sangre llega a mi cabeza, mi
cuerpo tiembla, y, Oh, no, vomito en el suelo. Estoy en problemas. Papá emite
un profundo gemido antes de empujar a mamá y decirle que tome sus male-
tas y se vaya de inmediato. Llamo a mamá, abro los brazos para que me
abrace y me lleve a la cama. No quiero estar a solas con papá, me da miedo.

Cuando me mira, sé que mamá también se ha ido. Ella me dice. ―Algún día
lo olvidarás.― Y ella se va. Abandonándome. Mamá nunca volverá. Ella está
equivocada. No puedo olvidar lo que le hizo papá. Tengo frío. Sucio. Avergon-
zado. No hice nada para proteger a Mamá. Es mi culpa. Si mamá nunca me
hubiera tenido, ¿papá nunca la habría lastimado? Papá camina hacia mí
antes de empujarme contra el refrigerador. ¿Me hará daño a mí también?

―Ahora, me perteneces, Aaron. Solo yo. Soy el único que podría amarte, lo
sabes, ¿verdad?― Papá sacude mis hombros, obligándome a asentir con la
cabeza. No puedo detener mis lágrimas. Mamá dijo que ama a papá, y ahora
se ha ido. Papá dice que me ama, pero estoy aterrorizado. ¿Es esto lo que es
el amor? Deseo nunca amar―. Te amo, Aaron. Por eso necesito domesticarte.
Voy a moldearte hasta que te agrade. Y no olvides que las mujeres son putas,
igual que tu madre. Me amas, ¿verdad? Dime.

Una sonrisa seca se curva en sus labios, y me siento asqueado. Quiero vo-
mitar de nuevo. Asiento con la cabeza a mi padre mientras sacude mis hom-
bros una vez más. Me pide que hable más fuerte, gritándome. Cierro los pár-
pados y grito. ―Sí, papá. Sí te quiero. Nunca te dejaré.

―Así que, si me amas, harás lo que te diga. Me obedecerás. Mirarás hasta


que no vuelvas los ojos, como un hombre, ¿de acuerdo? Serás como yo, hijo.
―Pero tengo miedo, papá.― No quiero ser como tú. Mi cabeza está pesada,
siento mi corazón dentro de ella y estoy dando vueltas. ¿Otra vez? ¿Hará esto
de nuevo? No. No. No.

El mar. Las olas. La arena.

El mar. Las olas. La arena.

El mar. Las olas. La arena.

Sometiéndome porque amaba a papá.

Aprendo y me prometo tres cosas.

1) Amar a alguien es hacerle daño. Amor = dolor. Entonces, si soy como


papá, ¿le haré daño a la gente? Entonces, no amaré a nadie.

2) Me prometo que nunca amaré. Y nadie me amará.

3) Estoy avergonzado. Nadie podría amarme, aparte de Papá, André. Si


los humanos tienen alma, la mía está rota. El mar. Las olas. La arena.

No más sentimientos. Ya no quiero sentir dolor. El amor me transformó en


un esclavo.
Capítulo 26
Unidos por la sangre

TIEMPO PRESENTE

No puedo olvidar la expresión de disgusto en su rostro. Sus ojos de cierva


salvaje mientras colapsaba en su cama. La rompí. Lo hice para protegerla de
mí. La idea de lastimarla me está comiendo vivo, no tenía otra opción. No
podía dejar que me viera. Mierda. Con suerte, ella olvidará mi existencia. Ella
se merece algo mejor. Maldita pesadilla. La primera vez que me permití acer-
carme a alguien y pasa esto. La golpeé. Me volví como André. Ese es el precio
que tuve que pagar por romper mis reglas. ¿Cómo podría ella mirarme de la
misma manera? Elle me jodió. No puedo pensar con claridad.

Juré nunca dejar que los sentimientos me consumieran. No siento. No tengo


corazón Estoy acostumbrado al dolor. Pero sus ojos aterrorizados, el dolor
que he causado, duele maldición. Por lo general, habría usado una distrac-
ción para olvidar. Pero las carreras no son suficientes. Todavía podría ir a
por una cogida rápida, pero no puedo. Otras mujeres no son Elle. Son insig-
nificantes.
Elle.

Solo Elle.

Maldita obsesión.

―Deberías dejarlo ir, Aaron.― Me despierto de mis pensamientos cuando mis


ojos miran hacia André sentado en su sofá renacentista en nuestra mansión
familiar. Es como una sombra, escondiéndose en la oscuridad de las corti-
nas, impidiendo que entre la luz. Una fría sonrisa se extiende en su rostro.
El bastardo está disfrutando esto.

Él me hizo quien soy. Y está orgulloso de su creación.

―¿Por qué me pediste que viniera, André?― Cuando cumplí dieciocho años
me juré a mí mismo que no volvería a verlo nunca más. Y no lo hice, hasta
la muerte de Henry. Desde ese día, me tiene atrapado con él. Soy el único
hijo que le queda. Su legado. Lo que significa que está tratando de arruinar
mi vida, de moldearme como su propio proyecto.

Como dijo, estamos atados por una cadena que solo la muerte puede romper.
Ojalá la muerte no se llevara su dulce tiempo.

―Quiero que te hagas cargo de los hoteles LeBeau ―bufa. Hijo equivocado,
André―. Me lo debes por lo que le pasó a Henry.― Los rasgos de mi rostro se
cierran, al escuchar el nombre de mi hermano muerto. André nunca tuvo
corazón, pero por una razón desconocida, fue menos cruel con Henry. Pre-
fiero morir que trabajar para él.

Se levanta de su silla antes de caminar lentamente hacia el rayo de luz frente


a su escritorio, nuestros ojos se conectan como cuchillas. ―No te lo he dicho,
pero estoy enfermo, Aaron. Tengo una enfermedad terminal.― Traga saliva,
le tiembla la mandíbula. Por supuesto, le tiene miedo a la muerte. No irá al
cielo ni una mierda así―. Tengo atrofia multisistémica. Dudo que tenga mu-
cho tiempo ahora.
Aprieto la mandíbula mientras observo a André en busca de la verdad. Pero
cuando veo miedo y cobardía en sus ojos, una sonrisa erradica mis labios.
Tiene miedo de morir. Sabe que morirá solo. Bueno. Odio a mi padre por todo
lo que me ha hecho, por quebrarme, convertirme en su proyecto personal.

―Nunca trabajaría para ti. Puedes darle tu dinero a otra persona, no quiero
estar en tu puto testamento ―respondo mortalmente, pero André se ríe con
picardía.

―¿Ni siquiera tienes un corazón para tu padre moribundo? Te enseñé bien.―


Tose antes de pararse frente a mí con su figura imponente. Pero ya no soy
un niño pequeño. Soy un hombre del que no puede abusar―. Eres mío, Aa-
ron. No quieres darle la espalda a la única persona que te ama.― No quiero
tu maldito amor.

―No tienes otra opción, Aaron. Si vas en contra de mi voluntad, te destruiré.―


Incluso en sus últimas horas, este hombre está dispuesto a domarme hasta
el final. Pero no le daré esa satisfacción. Podré verlo morir insatisfecho, y ese
es mi regalo.

―Entonces, hazlo. Destrúyeme, Padre.― Articulo cada una de mis palabras,


inclinándome hacia él―. Ya me rompiste, no puedes hacer nada más.

Me alejo, su risa seca resuena en mi mente.


LAS ÚLTIMAS semanas parecen años. Lo veo, mi caída, en todas partes, y mi
corazón se desgarra con la misma intensidad cada vez. He intentado pintar,
pero la verdad es que mi creatividad estaba vinculada a Aaron. Rompí mu-
chos lienzos. Tiré todo lo que hice. Él fue mi inspiración y mi condenación.
Sin él, solo soy un fantasma. La gente habla, ríe, vive y yo estoy atrapada en
el limbo. Él se ha impregnado en mí, no puedo negar que lo hemos sido. He
pasado la mayor parte de mi tiempo perdiéndome, mirando el cuadro que me
compró. Llorando. Rogándole que vuelva. Me doy cuenta de que me apartó a
propósito, pero el hecho de que me soltara tan fácilmente me asusta. Sé que
podría volver, solo en sus términos.

Tania y Joshua han intentado todo para animarme. Pero a pesar de lo extre-
mos que hemos sido Aaron y yo, nos hemos herido mutuamente hasta que
no podemos olvidar. Al ser el escape del otro, al usarnos uno al otro, nos
hemos atrapado en una pesadilla sin fin. He mirado mi teléfono tantas veces.
Debería haber luchado más por nosotros. Pero no puedo. Necesitamos
tiempo para sanar, y tal vez algún día, el destino nos vuelva a unir.

Los flashes destellan. La multitud de reporteros me empuja frente a la ba-


rrera y de repente vuelvo a la realidad. Mi corazón comienza a temblar, mis
entrañas me persiguen. La piel se me pone de gallina con frialdad ante la
llegada del multimillonario francés, propietario de varios resorts de lujo.
Sube al escenario para tomar lugar frente al micrófono seguido por sus guar-
dias de seguridad. El empresario saluda a la multitud, dejando al descubierto
su figura carismática con una sonrisa seca. Hace que mi estómago se re-
vuelva, mientras trago saliva. No puedo creer que la revista Celebrity lo haya
elegido para el próximo artículo sobre hombres casados con sus carreras.

Hombres de poder. Y por supuesto, fue a mí a quien se le asignó la misión


por una razón.

Él es André LeBeau. el padre de Aaron.

Todo en él es imponente. Desde su altura de dos metros hasta el cuadrado


de los bordes afilados de su rostro muestran su personalidad autoritaria.
Sus profundos ojos negros contrastan con su cabello gris plateado perfecta-
mente recogido de su frente con gel. André LeBeau tiene aproximadamente
cincuenta años y, sin embargo, a juzgar por el corte de su esmoquin, está en
forma para un hombre de su edad. Tiene el típico bronceado mediterráneo;
sus dientes blancos son lo único que ilumina su rostro. Parece el tipo de jefe
que no acepta un no por respuesta, que tiene el poder de romperte si haces
un movimiento en falso.

El padre de Aaron ajusta su corbata, y cuando su mirada se encuentra con


la mía, una sonrisa seca y malvada se extiende en su rostro. Instantánea-
mente jadeo, la pesadilla de Aaron resurgiendo en mi mente. Lo recuerdo
mirándome con los ojos muy abiertos, petrificado, con el rostro sonrojado,
las pupilas dilatadas. Si tuviera el poder de romper a Aaron, un hombre co-
nocido por ser indomable solo podría significar una cosa. Doy un paso atrás
desde la primera fila sintiendo una vibra dominante y enigmática de su padre
que me asusta. Los Lebeau destilan poder de una manera diferente. Con
Aaron, me sentí segura. Con su padre, me siento atrapada.

Los periodistas de televisión nacional, todos los medios de comunicación se


quedan en silencio en el momento en que André LeBeau empieza a hablar.
Anuncia la expansión de su prestigiosa cadena de hoteles a Abu Dhabi, una
elección comercial que lo ubica en la cima de la lista de los hombres más
ricos de Forbes. ―Contestaré sus preguntas ahora.― Proyecta su voz, pícara
y autoritaria.
En cuestión de segundos, los periodistas se transforman en tiburones, em-
pujando para acercarse, hablando más fuerte para ser escuchados. André
LeBeau responde solo a las preguntas de los hombres, ignorando a las pocas
mujeres que estamos aquí. Está claro que, para un hombre como él, las mu-
jeres solo son buenas en dos cosas: la cocina y el dormitorio.

De repente, las preguntas toman otro rumbo. ―¿Qué hay de su hijo, Aaron
LeBeau? ¿Se unirá al negocio familiar después de que termine su carrera
como piloto?

―Ojalá. Sin embargo, tiene un temperamento imprudente, es difícil de pre-


decir.― La multitud se ríe del comentario del padre de Aaron.

Otro reportero sigue. ―¿Apoya la carrera deportiva de su hijo?― Las pregun-


tas continúan apuntando hacia Aaron, y me doy cuenta de que algo anda
mal.

Esto es una trampa. Todos los reporteros debían hacer las preguntas con
anticipación. Estaba en los planes de André LeBeau hablar de su hijo en el
lanzamiento de su negocio en el extranjero desde el principio. ¿Pero por qué?
¿Qué motivo podría tener?

Permanece en silencio, sacudiendo la cabeza, mientras inhala durante unos


segundos. ―La verdad es que te he escondido algo.― La multitud se queda
en silencio, y estoy temiendo lo peor―. Como saben, hace dos años, mi hijo
y yo sufrimos una gran pérdida.― Traga, juntando las cejas casi como si
estuviera actuando―. Mi hijo mayor, Henry, murió en un accidente automo-
vilístico, el siete de junio.

Casi me caigo cuando la multitud pasa frente a mí, gritando sus preguntas
al empresario. El motivo del accidente se ha ocultado durante dos años, ¿y
ahora lo revela? No tiene sentido. Mis pensamientos van instantáneamente
hacia Aaron y cómo este anuncio lo lastimará.

―Ese fue el momento en que la carrera de su hijo comenzó a cambiar drás-


ticamente ―comenta un reportero mientras sigue otra pregunta.
―¿Su imprudente forma de conducir está relacionada con la muerte de su
hermano? ¿Puede decirnos por qué nunca fue a su funeral?

―Mi hijo, Aaron, es emocionalmente inestable ―dice André en tono de pena,


una falsa muestra de emoción. Imbécil―. Espero que algún día se cure por
completo.― Esto es un suicidio profesional, poner a Aaron en el centro de
atención de esa manera. Está esperando firmar su contrato; revelar esto
ahora es el peor momento. Muestra lo peligroso que podría ser Aaron.

―No quiero mentirte más. No soy perfecto, he cometido errores, pero hoy se
trata de seguir adelante. Entonces, quiero decirle a mi hijo…― Hace una
pausa por un largo momento, la multitud jadea, esperando que surjan las
noticias jugosas, las cámaras lo detienen, mi estómago se convierte en un
nudo.

―Hijo. Te perdono.― Su mirada está fija en la cámara.

No.

André saluda a la multitud con rigidez, antes de mirarme por segunda vez,
sus ojos me desafían. Trago saliva, luchando por mantener el contacto visual
con él, su mirada fría hace que mi piel se estremezca. Se va, escoltado por
sus guardaespaldas mientras aumentan las preguntas de los reporteros.

―¿Eso significa que Aaron LeBeau estuvo implicado en el accidente de su


hermano?

―¡Señor! ¿Qué quieres decir con eso?

Las preguntas no paran, incluso después de que André LeBeau se va. Los
periodistas quieren más de este escándalo y no se detendrán. Avanzo en sen-
tido contrario, intentando salir de esta manifestación mediática. André dio a
entender lo peor para Aaron con su comentario. Ya se siente responsable de
la muerte de su hermano, hacer esto ahora es como apuñalarlo por la es-
palda justo cuando está terminando la temporada. No puedo imaginar cómo
se sentirán Aaron o incluso Monica después de este anuncio. Los medios lo
acosarán para que dé respuestas. La memoria de Henry se verá empañada
por una historia digna de los medios. Mi corazón está sangrando, necesito
saber cómo se siente. Pero primero, tengo que irme.

―El pasado de Aaron LeBeau finalmente se revela, justo antes de firmar su


contrato de la próxima temporada ―anuncia la reportera, las cámaras de
televisión nacional sobre ella.

Escondo mi rostro, temiendo que me hayan reconocido, y corro hacia mi auto


para tener algo de privacidad. Abro mi teléfono y noto algunas llamadas per-
didas de Nina diciéndome que regrese lo antes posible. Tania me está infor-
mando que las llamadas en la oficina están aumentando. Genial. Necesito
mantener la calma. Respiro hondo y marco el número de teléfono de Aaron.
Va directo al buzón de voz.

Dejo el mensaje, luchando por hablar. ―Aaron, soy Elle… escuché el discurso
de tu padre. Yo... lo siento yo, estoy aquí si me necesitas. Espero que estés
bien. Por favor, devuélveme la llamada.

Cuando estoy de regreso en la oficina, Joshua me informa rápidamente. Nina


Braham ha estado hablando por teléfono con el director de la revista econó-
mica OC y el canal nacional de deportes hace unos momentos. Quieren in-
formación relacionada con la muerte del hermano de Aaron. “Wolf”, por lo
general tan reservado, cuyo pasado y secretos nunca han sido descubiertos,
son ahora la fuente de atracción mundial. Esto es demasiado jugoso para los
medios, es lo mejor que les ha pasado desde una boda real. Harán todo lo
posible para tener información y ser los primeros.

Lo que significa que sería su candidato número uno como columnista y una
de las personas más cercanas a “Wolf”. Espero estar equivocada. Espero no
tener que entregar el artículo que podría arruinar a Aaron.
Entro en la oficina de Nina mientras ella se levanta de su escritorio, luciendo
conmocionada. ―Necesito tener una primicia de toda la situación de Aaron.―
Ella camina hacia mí, poniendo sus manos sobre mis hombros y brindán-
dome una sonrisa falsa, mientras me guía para tomar asiento.

―¿Sabes que significa esto? Puedes escribir un artículo internacional fuera


de tu columna. ¡Este puede ser el comienzo de todo! Y estoy hablando de
exposición internacional aquí. Múltiples traducciones. Invitaciones a progra-
mas de entrevistas.― Ella sonríe maliciosamente, tomando asiento detrás de
su escritorio―. Por supuesto, aumentaré tu cheque de pago. Bienvenida a las
grandes ligas. Estoy tan orgulloso de ti.― Ella sonríe mientras arroja su lápiz
sobre su escritorio, recostándose en su asiento.

―No puedes pedirme que escriba un artículo sobre el pasado de mi novio.―


Niego con la cabeza mientras sus ojos de dragón lanzan llamas hacia mí.

―Un buen columnista sabe cómo tener la información correcta. Además, sus
secretos no permanecerán ocultos por mucho tiempo. Tenemos que ser los
primeros en descubrir la verdad sobre lo que le pasó al hermano de LeBeau.―
Ella analiza mi reacción, sus ojos brillan ante la visión de todo el dinero y la
fama que la revista podría ganar con mi próximo artículo―. Sabes lo que
pasó, ¿no?

―Ese no es el punto. Sabes, no puedo escribir este artículo ―le aseguro―. Lo


destruirá…― No puedo traicionar a Aaron; no importa lo que pasó entre no-
sotros, me preocupo profundamente por él. No puedo ser comprada. No le
serviré el pasado de Aaron en bandeja de plata. No soy ese tipo de persona.

―Tienes que ser un tiburón si quieres tener éxito.

―Lo siento. No puedo ―murmuro, mi voz tiembla, temiendo lo que sigue.

―Si te niegas, Elle, me aseguraré de que nadie te contrate. Puedo destruirte.―


Se inclina hacia mí, su ceja arqueada―. Puedes despedirte de tu carrera y de
tu reputación.― Ella niega con la cabeza, una sonrisa repulsiva en su ros-
tro―. ¡Sabía que esto era una mala idea! ¿Cómo pudiste dejar que tu carrera
se convirtiera en cenizas solo por un hombre?

Me trago mis sentimientos, ya que sé que ella no dudará en usar su poder


para arruinarme, y Nina podría hacerlo fácilmente. Si los medios son tiburo-
nes, ella es el megalodón16. Ante mi silencio, su rostro se suaviza y una son-
risa maliciosa se dibuja en sus labios.

―Además, él es Aaron LeBeau. ¿Realmente vale la pena sacrificar toda tu


vida por un hombre? Puede que seas la bandera que reclamó esta temporada,
pero no se comprometerá contigo. No seas ingenua.

Permanezco en silencio por un momento, sabiendo que ya sucedió. Que me


reclamó y se fue. Pero Aaron ha sido bueno conmigo. ―Te equivocas, Nina.
No todos los hombres son como…

Empuja los puños sobre la mesa antes de levantarse de la silla, con ira en
los ojos. ―¡Deja de ser ingenua, Elle! ¡Estás siendo débil! ¡Te está manipu-
lando!

―No lo hace. Aaron es genuino, amable, generoso y cariñoso. Él es...― Una


sonrisa se curva en mi rostro, pensando en él. ¿Quizás ella lo entienda? Em-
piezo a recuperar la esperanza, pensando que a Nina no le importaría, pero
luego la conozco. Ojos helados. La última vez que vi esta expresión paralizada
en el rostro de Nina fue cuando... Él se fue.

Me señala con el dedo, con la mano y la boca temblando. Oh no. Mis manos
están sudorosas, siento mi pulso en mi cuello. No debería haber dicho eso.
Sus ojos son salvajes, como si estuviera tratando de mantenerlos abiertos
para que las lágrimas no caigan sobre sus mejillas. Ella avanza hacia mí

16 El megalodón o megalodonte es una especie extinta de tiburón que vivió hace entre 19,8 y 2,6 millones de años,
aproximadamente, durante el Cenozoico. Anteriormente se pensaba que era miembro de la familia Lamnidae y pariente
cercano del gran tiburón blanco.
como si estuviera poseída, mirándome como si hubiera cometido un crimen
profano.

―No pensé que fuera algo serio entre ustedes.― Ella mira al suelo sin com-
prender, como si su alma dejara su cuerpo. Ella pensó que solo estaba
usando a Aaron para obtener información. Por eso estaba orgullosa―. ¿Pero
en realidad te enamoraste de ese maldito bastardo?― Ella pronuncia cada
palabra con disgusto mientras me mira, haciéndome sentir pequeña y aver-
gonzada de mis sentimientos.

―¿Te enamoraste de él, Elle?― Agarra mi brazo y ya no puedo contener mis


lágrimas. Lloro y traiciono mis sentimientos. Niego con la cabeza, no, no
puedo admitir eso ante ella. No puedo decirle que fui en contra de todo lo
que me enseñó. Se resentirá conmigo.

Niega con la cabeza mientras mis lágrimas hablan por sí solas. Suelta mi
brazo, dando un paso alejándose de mi como si tuviera una enfermedad con-
tagiosa. ―¡Después de todo lo que hice por ti, todo lo que te enseñé! Niña
estúpida, no me escuchaste.

―Aaron no es mi padre ―gritó, mi voz rogándole que me escuche.

Sus ojos se encuentran con los míos una vez más, su boca se cierra, sus
labios tiemblan y se curvan hacia su barbilla. ―Los hombres son iguales.
Utilizan nuestra debilidad contra nosotros. Él no te ama, te usa. Lo leí todo
sobre él. Esto no te llevará a ninguna parte.

―¿Porque Stephan lo hizo?― Las lágrimas caen sobre mis mejillas. Puede que
Aaron no sea perfecto sobre el papel, a juzgar por sus antecedentes y su
reputación, pero me enseñó a vivir de nuevo. Yo era una rosa muerta sin
pétalos, solo espinas. Y gracias a él volví a crecer. Recuperé mis pétalos.

―Arruinaste las cosas con él el año pasado y te perdoné. No me decepciones,


dos veces.― Siento que mi mundo se derrumba. Nunca quiso escuchar lo que
me hizo Stephan. Ella nunca lo supo. Ella sólo se preocupaba por su fachada
superficial y perfecta de él.
―¡Stephan me rompió, madre! ¡Gracias a ti! ¡Fui con él y sufrí por tu culpa!
―grito y me desplomo en el suelo, mis rodillas a sus pies, listo para admitirle
la horrible tortura mental que sufrí―. No sabes cómo me trató y…

Nina mira fijamente delante de ella, con la barbilla levantada, desprecián-


dome. Ignora las lágrimas que se forman bajo sus ojos y permanece como un
general en guerra. No hay piedad. Sin corazón. Sin amor. ―Te dije que no te
enamoraras de un hombre. No puedes culparme de eso.

―No es mi amor por él lo que me destruye, Madre. Es mi amor por ti.― Ella
es demasiado orgullosa. Rígida y fría como el hielo. Su boca comienza a tem-
blar de nuevo, y una de sus lágrimas golpea mi mejilla, pero todavía está
haciendo la vista gorda ante la verdad. La verdad de que, al tratar de prote-
germe, me rompió e infligió caos en mi vida. Ella tomó mi amor. Me robó el
trabajo al convertirse en mi jefa. Me hizo olvidar mis sueños al tratar de
cumplir los suyos.

Ella creó mi bonita jaula, encadenándome a una vida que nunca quise, rom-
piendo mis alas. Durante todo este tiempo, yo era el pájaro.

―El artículo, Elle. Es tu última oportunidad. Si no lo haces, nunca te lo per-


donaré. Me perderás por un hombre que jugó contigo.

Así que esto es lo que va a ser, perder la esperanza de encontrar de nuevo a


mi madre detrás de la máscara de Nina o perder al hombre que amo que
nunca quiso ser mío en primer lugar.

Asiento, me levanto y me voy.

De cualquier manera, perderé.


Capítulo 27
Eterno

HE ESTADO LLAMANDO y enviando mensajes de texto a Aaron. Por supuesto, es


inalcanzable. Cerró sus redes sociales. No pudo escapar de las palabras de
su padre. Acabo de ver su última carrera de la temporada, en la que se colocó
en quinta posición. Una posición bastante mala para “Wolf”, pero aun así
reclamó el título de campeón mundial. Estoy orgullosa de él, se lo merece.
Pero verlo, en pantalla, duele. Subo el volumen y observo a “Wolf” dando una
conferencia de prensa por su título, un título empañado por las preguntas
de los reporteros.

―Tu mentalidad no estaba en la carrera. ¿Tiene algo que ver con la muerte
de tu hermano? ―pregunta un reportero.

Sigue otra pregunta. ―Reclamaste el título de campeón mundial y, sin em-


bargo, tu contrato no está asegurado para el próximo año. ¿Cómo te sientes?
―¿Eres cercano a la prometida de tu hermano, Monica? ¿Es por eso por lo
que nunca fuiste a su funeral?

Mi corazón se rompe cuando vi a Aaron mirando al suelo sin comprender,


completamente mudo. Cuando sus ojos se encuentran con las cámaras, sé
que se está rompiendo por dentro. Esa es la cosa entre él y yo. Nunca nece-
sitamos palabras. Incluso si estamos separados, incluso si hemos roto algo
que aún no ha comenzado, todavía puedo sentir su presencia, como si nues-
tras almas fueran una. Ha dejado una parte de él dentro de mí, y creo que
yo hice lo mismo. Y ahora mismo, Aaron me necesita.

“Wolf” se levanta de su silla y se va sin decir una palabra.

Apago la televisión, de la misma manera que desearía poder apagarnos a


nosotros.

Después de tres días sin una respuesta de él, me quedo con una decisión
que tomar. El artículo. Nuestra historia comenzó con uno e irónicamente
terminará con uno. Empujo mi computadora lejos de mi cama, frente a una
página en blanco. Me robó toda mi inspiración.

Camino con mi enorme manta hacia mi sala para ahogar mi miseria con
comida. En mi camino, miro a «Eterno». Soy una mártir por mis creencias.
Amor. Mierda. Un escalofrío recorre mis piernas desnudas, como un recor-
datorio de que debería estar fría. El radiador de mi sala de estar está roto,
pero soy demasiado insensible para que me importe.

Mi teléfono se despierta en mi habitación y corro hacia él. No necesito mirar


la pantalla para saber quién me llama.

Sé que es él.

No lo pienso dos veces. Contesto.

―Hola, Elle. Yo… ―Escuché a Aaron suspirar en el teléfono, luchando por


encontrar sus palabras, mi corazón rompiéndose ante el sonido de su voz
ronca. siento de nuevo. Todas las emociones que he tratado de negar vuelven
a la superficie.

―¿Estás bien, Aaron?― Mi voz es débil y temblorosa.

―No lo sé. Elle, yo... lo siento. Por todo.― Él espera a que hable, la desespe-
ración en su voz, pero soy incapaz de responder. Suena tan miserable, y yo
también. A veces, las palabras no pueden expresar nuestras emociones más
profundas a menos que…

―Te necesito ―afirma.

Las palabras no pueden expresar nuestras emociones más profundas a me-


nos que sean las palabras que nunca has podido decir antes. Te necesito. Te
extraño. Te amo. Esperé tanto tiempo para que él me necesitara, que me per-
mitiera estar en su corazón, que aceptara que pertenecemos juntos.

Te necesito. Palabras de esperanza. Desesperación. Destino

―Estoy aquí.― Incondicionalmente. Irrevocablemente. Sinceramente. No im-


porta el desamor. A medida que sigue su silencio, sé que es lo mismo para
él. No quiero estar aquí, él no quiere necesitarme, pero no es nuestra elec-
ción, es parte de nosotros.

―Tomé un vuelo a Nueva York. Impulsivamente. Estoy estacionado frente a


tu edificio. Quería verte.― Maldice, puedo sentir su agitación. Mi lobo teme-
rario ha vuelto. Él está aquí―. Dios, sueno desesperado, entiendo si tu…

―Estoy bajando.― Lanzo mi teléfono en mi cama, sin tomarme el tiempo para


agarrar una chaqueta, antes de correr hacia la puerta principal para encon-
trarme con él.

No puedo esperar. Necesito verlo. No puedo pensar con claridad, no soy cons-
ciente de lo que estoy haciendo, algo se apoderó de mí, algo contra lo que no
puedo luchar. Corro hacia las escaleras hasta llegar a la última puerta que
nos separa.
Afuera, está nevando. Mi carne se congela. Mi aliento se corta. En la alfombra
blanca de nieve en la calle, está mi lobo solitario, calentando la tormenta.
Está parado afuera de su auto, luciendo tal como lo recuerdo. Guapo y pro-
blemático. Un caballero oscuro. Noto los círculos oscuros debajo de sus ojos,
su mirada roja como si tuviera el infierno dentro de él. Un contraste entre la
oscuridad con sus jeans rotos negros, abrigo negro y su cabello obsidiana
con la luz de sus ojos azules. Oh, Aaron.

Doy un salto. Corriendo hacia él en el frío, mis pies descalzos luchando en


la nieve, él caminando hacia mí. Solo estoy usando mi camisa larga, sin sos-
tén ni bragas, probablemente expuesta a la vista de los pocos peatones, pero
no me importa. Todo lo que veo es a él. Estamos perdidos en un momento en
cámara lenta, atrapados en una escena de película romántica y, sin embargo,
nuestra historia no tiene nada que ver con un cuento de hadas. Esa es la
cuestión: cuando te sientes atraído por alguien, un segundo es demasiado
doloroso para esperar. Salto a sus brazos, abrazándolo con fuerza, mis bra-
zos alrededor de su cuello. Me aprieta más fuerte contra él, sus brazos en-
vueltos protectoramente alrededor de mi cintura como si siempre hubieran
pertenecido aquí. Más difícil. Más cerca. Derritiéndonos juntos. Somos uno
de nuevo, de pie como si el mundo fuera nuestro, la nieve el único testigo de
nuestro reencuentro.

―Joder, ma belle, hace mucho frío, no te quedes así.― Se quita el abrigo,


quedándose solo con su camisa negra. Envuelve su chaqueta a mi alrededor,
tirando de mí, su colonia aún en ella, despertando mi deseo por él. Él frunce
el ceño, transmitiendo su preocupación por mí.

Me toma en sus brazos, llevándome a mi apartamento y no me quejo. Hay


tantas cosas sin decir entre nosotros, pero no estoy lista para romper este
momento. Después de cargarme por los últimos dos pisos, me deposita en
mi sala de estar antes de cerrar la puerta detrás de él.

―¿Por qué hace tanto frío aquí?― Su voz no es crítica, está preocupado.

Dios, Aaron, me estás enviando señales contradictorias. Ya no puedo jugar


―El radiador de mi salón está descompuesto. Pero el calor está bien en mis
otras habitaciones.― Escalofríos se extienden por mi piel, mis dientes tiem-
blan, cruzo los brazos sobre mi pecho, apretando su chaqueta a mi alrededor.

―¿Dónde están tus herramientas?

―En la Cocina, último cajón.

Su mirada se detiene en la pintura que compró en la pared, sus labios se


curvan en el fantasma de una sonrisa.

―Nunca he dicho gracias por la pintura. Fue muy generoso de tu parte. De-
masiado, incluso. ¿Puedes recuperarlo si quieres?

Él no contesta.

Por razones que no quiero decirle, he llorado durante una semana por su
gesto, pensando en lo feliz que me hacía. Pero sigo siendo estoico, como él.
Aaron no me ha mostrado ninguna emoción desde que llegó. Redujo su con-
tacto visual conmigo al mínimo. Y, sin embargo, está parado a unos centí-
metros de mí. Siento nuestra química, pero él no hace nada.

―Tu camisa está mojada. Vas a resfriarte, necesitas mantenerte caliente.―


Sus ojos viajan en dirección al baño y estoy enojada.

¿Cómo puede permanecer tan casual frente a mí? ¿Hacer como si nada hu-
biera pasado? Quiero explotar y decirle que lo amo tanto como lo odio. No
quiero su tono normal y falso civismo. Me quito la chaqueta y la tiro al suelo.
No es mi mejor movimiento. Me estoy muriendo de frío con mis excusas de
la ropa, tratando de hacer un punto. Nunca hemos sido promedio o medio.
Somos extremos. Mis ojos lo desafían, desafiándolo a ser el Aaron que co-
nozco.

―Ma belle, por favor.― Su voz es como un susurro, pero estoy empeñada. No
me muevo.
Él traga antes de cargarme, de la misma manera que lo hizo la noche antes
de que mi mundo se desmoronara en mi habitación climatizada. Me baja
suavemente, antes de que nos enfrentemos, sin decir una palabra. Sus ma-
nos se deslizan suavemente sobre mis muslos para agarrar el extremo de mi
parte superior. Sus ojos se encuentran con los míos, ¿pidiendo permiso?
¿Perdón? No puedo imaginar lo que es. Quiero ver al verdadero Aaron. El
hombre que me mira con un intenso anhelo, el hombre que es directo con-
migo. No quiero a este educado Aaron. Quiero todo de él.

Pongo mis manos en el aire, esperando su movimiento. Quiero saber por qué
me rompió. Los ojos no mienten. Sus dedos tiran de mi blusa hasta mi vien-
tre, revelando mis bragas azul pastel, hasta que las ha sacado por completo
y las tira sobre mi cabeza. Hasta que me quedo casi desnuda frente a él.
Hasta que sepa si somos reales.

Sus ojos recorren mi cuerpo, y recuerdo cada toque suyo, su olor, la marca
que dejó en mí. Recuerdos. Detiene su mirada en mis pechos, mis pezones
apuntando hacia él, y estoy recordando la forma en que solía chuparlos. Sus
pupilas se oscurecen. Sus ojos se mueven a mi vientre, a los lugares donde
solía acariciarme, a mis caderas que aferraba apasionadamente durante
nuestros intercambios ardientes. Su mirada ahora se clava en mi boca, la
cual reclamó y usó abundantemente, y lo sé.

Él me anhela.

Lo he marcado.

Pero el recuerdo de nosotros está manchado por un profundo dolor. Su pe-


sadilla. Me dejó por miedo. Miedo a lastimarme. Sus dedos acarician mi vien-
tre, trepando más alto hasta el borde de mis senos, nuestros ojos se clavan
el uno en el otro. Se acerca a mí, nuestros labios suplicando unirse, mi ne-
cesidad de él crece, y justo cuando creo que me va a besar, y que lo dejaré,
pone la manta de mi cama sobre mis hombros y me envuelve en ella. Da un
paso atrás, antes de salir de mi habitación. Me deja confundida. ¿Qué suce-
dió?
Rápidamente me cambio y me pongo mis feos y cómodos pantalones de chán-
dal, antes de irrumpir en la sala de estar. ¿Estaba a su disposición y no me
besó? Aaron nunca retrocede ante un desafío. De una presa que se somete
voluntariamente. Mi ira se desvanece cuando lo veo sentado en el suelo arre-
glando mi radiador roto.

Debería gritarle. Besarlo. Abofetearlo. Cualquier cosa. ¿Pero qué hago? Ob-
servo cómo lo arregla, mientras oculta la vergüenza y el arrepentimiento que
atraviesan sus ojos. El silencio vuela sobre nosotros. Pasaron los minutos, y
finalmente se pone de pie, encendiendo el calor del radiador.

Él lo arregló. ¿Pero podrá arreglarnos?

Él limpia el área, mientras yo tomo asiento en mi sofá confundida por toda


esta situación. ―Gracias.

Una vez que termina, se sienta en la silla frente a mí. Está manteniendo una
distancia entre nosotros. Cuando el conflicto en sus ojos me golpea, mi co-
razón rebota en mi pecho, mis emociones chocan contra mí. ―Lo siento, Elle.
Te alejé, tenía miedo. Nunca te lastimaría. Quería protegerte de mí.

―Lo sé.― Y lo entiendo, yo habría hecho lo mismo por él. Pero no puedo olvi-
dar sus palabras.

―Traté de mantenerme alejado de ti, pero joder, Elle, me atormentas la


mente. Me gustaría que me dieras una segunda oportunidad.― Frunce el
ceño como si quisiera decir más, pero algo lo detiene―. Todavía no estoy listo
para compartir mi pasado, pero quiero intentarlo.― Sus ojos ahora están cla-
vados en los míos, leyéndome, desvelándose sin filtros.

Tratando. Tratando de sanar. Tratando de amar.

―No puedes alejarme de nuevo. Me humillaste, lo que me dijiste... No seré


capaz de manejar eso una segunda vez. Nunca más ―digo con firmeza, mis
ojos húmedos, expresando el dolor que me causó.
―No lo haré.

Mis lágrimas se deslizan hacia abajo mientras giro la cabeza, porque si no lo


hago, lloraré y me arrastraré hacia él tan fácil, demasiado fácil. Nos queda-
mos en silencio. No entiendo por qué siempre tenemos que jugar al gato y al
ratón. Persiguiéndose uno al otro. Escapando uno del otro. Salvar al otro o
desgarrarnos a nosotros mismos. Probablemente porque nuestro pasado ha
sido más fuerte que nosotros. Nuestra necesidad de poder, nuestra necesi-
dad de no ser débiles, nuestra necesidad de poseer. Pero él es el único que
me conoce.

Me entrega el sobre que sacó de su chaqueta. ―Sé que no puedo ofrecerte lo


que un chico agradable y dulce podría ofrecerte. Estoy jodido con un trabajo
mortal. Has visto una parte de mí, soy… ―Se detiene y sé que no está listo
para hablar.

Almas gemelas. Estoy convencido de que Aaron es mío. Las probabilidades


estarán en nuestra contra y, sin embargo, aquí estamos desafiando todas las
probabilidades una vez más. De miles de millones de personas. A un conti-
nente de distancia. Fuera de los factores improbables que conocimos.

―Te necesito. Quiero intentarlo contigo.― Él pone el sobre en la mesa frente


a mí―. Este es un boleto a París y una reserva de hotel. Me gustaría que
vinieras como mi acompañante a la ceremonia de entrega de premios de la
FIA. Te estaré esperando en tu hotel hasta las ocho, después me iré. Es tu
elección, Elle.― Se inclina hacia mí y besa mi frente suavemente―. Lo que
elijas, gracias por ver en mí lo que nadie vio nunca.

Estoy en shock. Una oleada de sentimientos me invade y no puedo hablar.


Mi respuesta es sí. No puedo vivir sin ti, pero no puedo decírselo. Era mise-
rable sin él, pero mi ego se interpone en mi camino. Camina más cerca de la
puerta. No tengo tiempo. Piensa, Elle. Hablar. Pelear. Haz algo. Giro mi rostro
en su dirección.

Cuando lo hago, es demasiado tarde. Se ha ido.


Tomo los boletos en mis manos. París. La gala es en dos días. Es oficialmente
el final de la temporada de carreras. La gente dice que siempre estás a una
decisión de cambiar tu vida. Pero no creo que puedas elegir a quien amar.
No elegí enamorarme fuerte, profundo, rápido, por Aaron. Él es una parte de
mí. Él me completa. Él es más poderoso que mi libre albedrío.

Nos Pertenecemos, somos como imanes.

Un positivo y un negativo. No somos perfectos. Somos iguales a nuestro caos,


pero la luz no puede existir sin la oscuridad.

Y juntos encontramos nuestro equilibrio.

Corro hacia mi ventana, la abro, y miro la calle. Su coche sigue aquí. No lo


he perdido. Veo a Aaron caminando bajo la blanca nieve. Quiero hablar de la
pintura, quiero hablar de todo lo que ha hecho por mí, pero la única palabra
que consigo decir es…

―¡«Eterno»!

―«Eterno».― Él dice, sus labios curvándose en una sonrisa.


Capítulo 28
El villano

PARÍS, LA CIUDAD DEL AMOR.

Una ceremonia de entrega de premios.

La mezcla perfecta entre dinero, poder y amor.

Tomo la mano de Aaron, llevándome fuera de la limusina. Mi cuerpo se re-


bela. Piernas temblando. Corazón rebotando. Él me da una sonrisa reconfor-
tante, y caminamos lado a lado hacia la entrada. ¿Conoces ese momento
surrealista en el que todo se siente tan puro y perfecto? ¿Cuándo no podría
ser posiblemente cierto? Fui a París, lista para luchar por el hombre sin el
que no puedo vivir. El hombre que me esperaba junto a su limusina, después
de las ocho de la noche, aunque dijo que no lo haría. Me he recogido el pelo
en una cola de caballo apretada. Estoy vestida con un vestido largo de raso
negro azabache con una abertura en el costado. llevo un escote elegante; la
tela apretada del vestido muestra cada una de mis curvas, revelando la forma
de mi cuerpo debajo. Un labial rojo, con un toque de delineador, me siento
como Grace Kelly. Después de todo, las princesas de los cuentos de hadas
tienen un baile para conocer a un príncipe.

Pero nunca he sido una princesa. Solo soy una mujer

Miro a Aaron jugando al príncipe, vistiendo su esmoquin, su brazo envuelto


alrededor de mi cintura luciendo atractivo con una superioridad divina. Me
deslumbra cuando sus ojos exploran todo mi cuerpo, saboreándome por
completo, sin cansarse de verme. Pero no es solo lujuria, es otra cosa. Algo
poderoso. Puedo verme a mí misma, reflejando a través de sus ojos azules.
Me siento hermosa, tal como soy.

Pero Aaron tampoco es un príncipe. Es un dios caído.

El mortal y el dios. Suena como la mitología griega, y sabemos cómo termi-


nan. Juntos, somos igualmente poderosos y destructivos.

Pasamos todo el viaje a la gala con el deseo de besarnos, acariciarnos. Pero


no quiero apresurarme. Quiero anhelarlo toda la noche. Quiero que nuestra
atracción brille por toda la habitación para que todos la vean. Quiero que
sepan: el alma de Aaron LeBeau me pertenece. Es una tortura mental, y
cuanto más sufrimos, nuestro placer explotará en fuegos artificiales. Esta
noche quiero que me anhele hasta llegar al tormento. Necesito saber dónde
estamos parados. Si pertenecemos a un cuento de hadas o a una tragedia
griega.

Una vez que entramos, se siente como un evento de alfombra roja. Los enor-
mes candelabros y la arquitectura francesa del siglo XVII son los dueños de
la habitación. Este evento es como la monarquía. La élite bebe champán caro,
las mujeres lucen sus vestidos más distinguidos, los aperitivos se sirven con
un servicio francés. Es un evento de primera clase con los invitados más
valiosos, una mezcla de celebridades, empresarios e inversores. He estado en
este tipo de eventos antes, con el hombre equivocado a mi lado. Es un uni-
verso donde el dinero es el centro de cada discusión, cuando la gente te son-
ríe dependiendo de tu patrimonio neto, tus logros o a quién acompañas. Se
requiere cortesía para ocultar cómo este mundo es falso. Es una competencia
fuera de la pista.

Una competencia en la que Aaron sobresale. Reclamó el primer lugar y de-


rrocha carisma. Carisma que la gente en esta sala está respirando y envi-
diando.

―Todo el mundo está mirando ―susurro, una parte de mí disfruta de esto.

Une mi cuerpo con su pecho, un brazo posesivo rodea mi cintura, recla-


mando mis labios frente a la multitud con hambre cruda. Eso es algo que me
encanta de él. “Wolf” no tiene miedo de ir por lo que quiere. No tiene miedo
de reclamarme como suya frente a toda la multitud robándome un beso. No
le importa lo que la gente piense de él, y eso es increíblemente sexy.

―Bueno, eso es probablemente porque soy el bastardo afortunado que ganó


el campeonato mundial, y tengo a la mujer más hermosa de la sala a mi lado.

―Tal vez yo soy la afortunada.― Juego con mi labio inferior, mordiéndolo,


atrayendo su atención hacia él.

―¿Es una competencia?― Levanta la ceja.

―No, tuve mi parte justa de apuestas y juegos.― Me río, pero detrás de mi


tono juguetón está la verdad. No quiero que vengan partidos en nuestra con-
tra. No quiero un acuerdo. Quiero algo real.

―Estás bien. ¿Mismo equipo? No juegos. Solo la verdad ―agrega, como si


hubiera leído mis pensamientos.

Frunce el ceño, dando un paso más cerca de mí, la electricidad magnética


nos invade. ―Elle, yo…― Él contempla mi mirada, una ráfaga de emociones
luchando en sus ojos, y estoy en una neblina. Su confianza se desvanece,
reemplazada por la vulnerabilidad, la que tiene cuando está a punto de mos-
trar sus sentimientos.

Jadeo, y cuando está a punto de hablar, su mirada se desvía hacia algo com-
pletamente diferente. Y lo que queda de él es oscuridad. Sus ojos se vuelven
ónix y sombríos. Sus venas palpitan en su cuello, sus labios carnosos se
estrechan, transmitiendo su repugnancia.

Me doy la vuelta para encontrar lo que le está causando tanta enemistad. En


medio de la multitud, hay un hombre parado solo como una roca, con las
manos en los bolsillos, su fuerte estatura muestra su supremacía. André
LeBeau. Sus ojos negros de cuervo están fijos en su hijo, una sonrisa seca
se extiende por su rostro, su mandíbula cuadrada levantada con orgullo. Los
dos hombres están atrapados en una guerra de miradas. Una guerra de hielo
y fuego. Aaron lucha por contener sus sentimientos aniquiladores, mientras
que André está tranquilo, sin mostrar una pizca de emoción.

―¿Aaron?― Lo llamo, pero no se mueve. Se siente como si una pared se in-


terpusiera entre nosotros.

Su padre saluda a unos hombres de negocios y comienza a deambular hacia


nosotros con una rara elegancia y un carisma que te deja congelado en el
lugar. Es el tipo de hombre que te hace sentir pequeño a su lado. El agarre
de Aaron se aprieta alrededor de mi cintura mientras tira de mí más cerca
de él. ¿Un signo de... posesión?

―Hijo. Felicitaciones por tu premio ―se ríe André, divertido por la reacción
de su hijo.

La mirada de André se encuentra con la mía, y me duele mantener el contacto


visual, mi instinto me dice que escape. ―¿Debes ser Elle? Mi hijo tiene muy
buen gusto para las mujeres.― Cambia su mirada de nuevo a Aaron, quien
se tensa de inmediato.
Aaron se coloca frente a mí, frente a su padre, como luchadores provocán-
dose antes de un duelo. La tensión es insoportable. ―André. No fuiste invi-
tado.

―Soy tu padre, Aaron.― Desafía la demostración de poder de “Wolf” con una


media sonrisa torciendo sus labios. Es una guerra por el dominio entre ellos.
Ambos son de una altura impresionante, emanando hormonas alfa―. Ade-
más, la Fórmula 1 puede ser una gran inversión comercial.

André abandona la guerra de miradas con su hijo, tomando su silencio como


una declaración. ―Bueno, Elle, ¿estás aquí por negocios o como cita de mi
hijo?

No tengo tiempo para responder, porque Aaron le ha dado la espalda a su


padre y está frente a mí. ―Elle. ¿Puedes esperarme en el bar? Toma mi mano,
sus ojos rogando que lo escuche.

Asiento con la cabeza y él aprieta mi mano como señal de que todo está bien.
Le doy su privacidad y deambulo hacia el área del bar, mirando hacia atrás
un par de veces, preguntándome qué hombre es realmente André detrás de
su apariencia demasiado perfecta.

Pido un vaso de agua cuando noto que Louis Harmil, probablemente no en


su primera copa de champán, ocupa el área del bar solo. La mayoría de la
gente está ocupada comiendo entremeses en los platos dorados, hablando en
grupos; incluso el joven cantinero está revisando su teléfono, sin prestarnos
atención.

―Mira quién está aquí. La Extraña.― Louis sonríe con arrogancia, sirviéndose
otro trago. Dios, la ceremonia ni siquiera ha comenzado, y él ya está borra-
cho.
―Realmente disfrutas que todos te odien, ¿verdad?― Pongo los ojos en
blanco, despreciándolo. Sobre todo, desde que descubrí la verdad sobre lo
que le hizo a Monica.

―Nunca pertenecerás a su mundo, lo sabes, ¿verdad?― Él entrecierra los


ojos, su ira comiéndolo vivo. Sé que Louis es un mal perdedor, pero, aun así,
él no debería beber imprudentemente su segundo. Él es el “Golden Boy”,
después de todo. Se toma su bebida de un solo trago, riendo demasiado alto
para un evento de clase. Se está destruyendo a sí mismo voluntariamente.
¿Pero por qué?

―Nadie puede entender lo que es ser un piloto de Fórmula 1 ―dice.

―¿Estás bien?― No es que me importe.

Una mujer pelirroja, de unos cincuenta años, se nos acerca. Collares de per-
las en el cuello, vestido de diseñador, maquillaje natural, su cabello peinado
en un moño: definitivamente es adinerada. Su mirada esmeralda brilla con
su actitud incomparable y condescendiente. Me obliga a sonreír antes de
centrar su atención en Louis.

―Louis. ¿Qué estás haciendo? ―murmura.

―Celebrando, Madre.― Él sonríe, levantando su copa en provocación frente


a la cara de su madre. Ella cierra sus labios delgados con dureza, sus ojos
se duplican en tamaño, desafiándolo a detener esta afrenta.

―¿Celebrando?― ella farfulla. Me mira y yo me giro en la dirección opuesta,


fingiendo estar concentrada en… bueno, nada. Ella baja la voz―. ¿Sabes
cuánto dinero invertimos tu padre y yo en ti? ¿Para que seas segundo? Pensé
que habías dicho que eras el mejor, Louis.
―Son deportes, mamá. No siempre se puede ganar.― Louis se encoge de
hombros como si no pudiera importarle menos. Ella suspira y se marcha
furiosa.

Miro a Louis, que está resoplando y saludando a algunas personas en la


parte de atrás.

Nadie puede entender lo que es ser piloto de Fórmula [Link] vez tenga razón.

La carrera no es solo en la pista, también es fuera de ella. Se trata de dinero.


Inversores. Marca. Y Louis ciertamente también está perdiendo esa carrera.

―Oye ―me llama, inclinándose hacia mí, su codo en el mostrador de la ba-


rra―. No soy un idiota.

―Lo eres, Louis.

―Bien quizás.― Él ríe―. Pero si eres un idiota, no puedes decepcionar a la


gente, ¿verdad? Y a veces, “Extraña”, es mejor ser odiado. Hace la vida mucho
más simple.― Esboza una sonrisa y se va cuando la ceremonia de entrega de
premios está a punto de comenzar. ¿Qué fue eso?

Busco a Aaron por la habitación, pero él y su padre no están por ninguna


parte. Decido dirigirme hacia el escenario mientras todos se reúnen para to-
mar asiento. Me siento en la segunda fila, detrás de los reporteros, cerca de
los conductores y sus familias. El orador abre la ceremonia, y todavía estoy
sin Aaron. Sigo enviándole mensajes de texto, mi instinto me dice que algo
anda mal.

Las luces de la sala se apagan para iluminar únicamente el escenario en un


tono azulado. Detrás, hay una gran pantalla inaugurando la ceremonia de
este año. Mi ansiedad se detiene cuando noto que Aaron sale furioso de de-
trás de la cortina y toma el asiento que reservé a mi lado. Parece tenso; su
rostro está vidrioso mientras reajusta su traje nerviosamente.

―Aaron, ¿estás bien?― Pongo mi mano en su rodilla, pero él la aparta.


Con frialdad. Trago saliva, mis inseguridades me golpean. El miedo de él
alejándome de nuevo me deja insensible. La multitud aplaude y vitorea
cuando el orador llama a Aaron al escenario para recibir su premio de cam-
peón mundial.

―Hablamos más tarde, Elle.― “Wolf” no me mira, su tono seco me entorpece


mientras salta al escenario.

Ahí es cuando veo a André LeBeau. Aparece de la misma cortina de la que


salió Aaron unos minutos antes. Me sonríe maliciosamente, congelándome
en mi asiento.

Algo está mal.


Capítulo 29
Las reglas son para romperse

―¿Por qué crees que ella está realmente aquí, Aaron?― André escupe su ve-
neno.

―Ella está aquí por mí. Ahora, aléjate de Elle.― No necesito amenazar a André
dos veces. Todo lo que toca, lo destruye.

―Ella te usa. Está aquí por un artículo. Su jefa le pidió que le entregara infor-
mación sobre ti... desde el inicio.

Niego con la cabeza, sin creer una palabra de lo que dice. ―Déjate de gilipolle-
ces, André.

―Obtuve la información del mismo Señor Black. Ella nunca te amó, Aaron. ¿De
verdad crees que alguien podría cuidar de ti aparte de tu dinero y fama? Ella
te traicionó.

―No, estás jodidamente mintiendo. Confío en ella. Me lo hubiera dicho. Elle me


prometió que no lo haría. No puede.― No puedo creer que esté considerando
esto.
―Ve por ti mismo. Está escribiendo un artículo sobre ti y Henry, por eso está
aquí. ¿Sabes cómo son los medios? Esperan la oportunidad perfecta para ata-
car. Una oportunidad que le di como prueba de su lealtad en mi conferencia
de prensa. Lo hice porque te amo y quería que vieras su verdadero color.

―Mierda. Estás desesperado, André.― Mi irritación comienza a crecer, sa-


biendo que no está tramando nada bueno―. Me voy y tú mantente jodidamente
alejado de mi mujer.

―Piénsalo. Tuvo una oportunidad y la aprovechó aun a riesgo de destrozar tu


vida. Ella se queda contigo por información o tal vez, quién sabe, ¿dinero o
fama? Todo es falso, a ella nunca le importaste, y eres estúpido al creer que
alguna vez lo hizo.― Él pone su mano en mi hombro―. Ahora sabes lo que he
estado sintiendo. ¿De verdad crees que podría amar a alguien como tú? con
todo lo que hiciste? ¿Con lo que eres? Eres una broma para ella. Eres débil.
Lejos de ser un hombre.

Despierto de mis pensamientos cuando el orador me da la mano y me entrega


el micrófono en el escenario. Necesito dejar de reproducir en mi mente la
charla con André. ¿Por qué no puedo olvidar sus jodidas palabras?

Maldita sea, toda esta mierda. Les daré a estos buitres por lo que están aquí.
No tengo una opción. La traición es el único color de la noche. Observo a la
única persona en la que confiaba, Elle. Elle me sonríe tímidamente, animán-
dome a hablar.

Pero ella también me usó.

―Me gustaría agradecer a mi equipo, a mis patrocinadores y a mi entrenador


por su apoyo esta temporada. Esto lo ganamos juntos.― Le muestro a la
multitud el trofeo antes de que empiecen a aplaudir. La verdad es que no soy
un hombre de palabras, pero a veces hay que montar un espectáculo. Pero
todo lo que quiero es explotar. Necesito mantener el control. Si no lo hago,
perderé lo único que me queda.
―Dedico mi vida a las carreras y déjenme decirles… es un gran viaje. Eso es
lo que pasa con las carreras, puedes odiarlas y, sin embargo, no puedes vivir
sin ellas. Está en tu sangre.― Una sonrisa―. A juzgar por la primera fila de
reporteros, supongo que todos están aquí para saber sobre la muerte de mi
hermano.― Estrecho mis ojos hacia cada uno de ellos, hablándoles directa-
mente, mientras tragan saliva bajo la intensidad de mi mirada―. La gente
dice que puedes ver el alma de un hombre en sus ojos, bueno, la mía es
definitivamente oscura. Les complacerá saber que hoy les daré exactamente
por lo que están aquí. Una historia.

No tengo una opción. Si no digo la verdad, los medios seguirán buscando su-
ciedad: no puedo dejar que me traicione.

Así que les digo.

Les cuento sobre el accidente que tuvimos. Sin parpadear. Ignorando cómo
mi corazón se rompe con cada una de mis palabras. Nunca me había sentido
tan desnudo. Exponerme públicamente es una pesadilla. Las imágenes men-
tales de la sangre de mi hermano en el asiento del pasajero parpadean en mi
mente. Mi garganta está seca. Esto es peor que la terapia.

No soy un maldito héroe. Corro porque soy un maldito cobarde. Yo soy el


villano. Y hoy estoy exponiendo mi piel. Un cobarde que no pudo salvar a su
hermano. Un cobarde que nunca tuvo el coraje de verificar si el semáforo
estaba en verde o en rojo. Me dejaron libre de cargos por matar a mi hermano.
Supuestamente, no fue mi culpa, o André pagó a los jueces y la policía. Ob-
servo sus rostros con disgusto. No quiero su maldita piedad.

―Henry fue el mejor hermano, amigo y novio que una persona podría tener.―
Cada vez que menciono el nombre de Henry, siento como si una cuchilla
estuviera cortando mi corazón retorcido y podrido. El mar. Las olas. La arena.
Debería haber muerto yo y no él. Sigo alejando mis sentimientos. No puedo
ser débil―. Él me dio la fuerza que necesitaba. Corrí con él. Algunas personas
dicen que soy imprudente, yo diría que soy impulsivo…
Impulsado por el miedo. Tristeza. Odio.

Sé lo que están pensando estos buitres.

El “Lobo” tiene un corazón.

Quiero convertirme en un mejor hombre para Henry y para ella. La verdad


es que quiero honrar su muerte y ser el hombre que fue. Quiero ser bueno.
Para retribuir. Para pedir redención. Y quiero hacerlo, mierda.

―En cuanto a hoy, estoy creando una fundación bajo su nombre. Daremos
un futuro a los niños que no tienen los fondos necesarios para perseguir sus
sueños.― Destellos blancos rondan mi mente, lo mismo que siento cuando
corro―. Cuando tenía catorce años, robé un kart y corrí cuando no me lo
permitían. Thomas me descubrió y me tomó bajo su protección, pero Henry
tuvo que pagar por mi error. Todos sus ahorros fueron puestos en él. Henry
tenía dos trabajos. Él invirtió en mí. Él creyó en mí. Sin él, yo sería un don
nadie.― Y le di las gracias matándolo.

―Tuve un sueño. Ser piloto de carreras. Y gracias a mi hermano, me convertí


en uno. Y en este mundo, hay muchos niños como yo. Gracias a Henry, ten-
drán la oportunidad de tocar sus sueños. Gracias por tu tiempo.

Soy un fraude. La gente se levanta de sus asientos y aplauden. Lástima.


Preocupación. Sensibilidad. Todos sienten algo, incluso André tiene una son-
risa seca en su rostro. Miro a Elle y tiene lágrimas en los ojos, su expresión
muestra lo orgullosa que está. Se muerde el labio inferior, una sonrisa inge-
nua en su rostro, un gesto que suele hacerme sentir débil hacia ella. Elle es
maravillosa. Pero no le devuelvo la alegría. ¿Podría haberme traicionado?
Confío en Elle.

Pero también confié en mi madre, que me abandonó por dinero.

Confié en mi padre, quien me rompió.

Confié en mi mejor amigo, que folló y humilló a mi cuñada.


Todas las personas que me importan me utilizaron. ¿Por qué ella sería dife-
rente?

Sólo hay una forma de averiguarlo.

TAN PRONTO como termina la ceremonia, me apresuro a buscarla. La gente


me felicita, me saluda con la mano y me pregunta sobre la próxima tempo-
rada. No escucho. Logro algunas sonrisas, pero solo quiero estar afuera. Aga-
rro el brazo de Elle por detrás, reconociendo su hermoso vestido negro que
se adapta perfectamente a sus curvas, su aroma a rosa. Ella es enviada del
cielo. Una belleza.

―Tenemos que hablar, Elle.― Ella asiente con la cabeza y se enorgullece de-
trás de mí para seguir mi ritmo rápido.

Caminamos hacia la oscuridad, siendo la única luz la del puente de Alejandro


III, las estatuas de los ángeles, Pegaso y los dioses, únicos testigos de nuestra
presencia. Rompí mis dos primeras promesas que me hice a mi yo más joven,
y esta noche quiero saber si ella rompería mi promesa número tres. Nadie
podría amarme jamás.

―¿Por qué estás conmigo, Elle? Dime la verdad.― Mis ojos la desafían, una
amenaza en mi voz baja.

―Aaron, ¿qué pasa? ―Elle niega con la cabeza, sus ojos salvajes. Está escon-
diendo algo.

―¿Estabas planeando escribir un artículo sobre la muerte de mi hermano?―


Le grito mientras da un paso hacia atrás. No quiero asustarla, pero está
desatando mis demonios―. ¿Estabas planeando escribir la información pri-
vada que te di confidencialmente? Jodidamente confié en ti, Elle —rujo mien-
tras ella respira más rápido sintiendo las llamas de la traición que tengo
dentro de mi corazón.

Miro por encima del puente, mis manos agarrando el borde mientras trato
de mantener el control. Joder, Aaron, estás aterrorizando a tu mujer. Cál-
mate. Pero no puedo controlarme, ella ejerce una cosa tan poderosa sobre
mí. Sólo puedo ser intenso. Podría lastimarla tan fácilmente. Podría ser como
él. Maldigo cuando veo el rostro de una niña pequeña, asustada, y no de la
mujer luchadora que conozco. Se ve tan jodidamente inocente y, sin em-
bargo, me mira como si fuera culpable y tuviera miedo.

―No es lo que piensas ―susurra, sin negarlo. Demasiado tarde. Ella es una
debilidad.

―Apuesto a que no te complace que confesé lo que le pasó a Henry en el


escenario antes. Ya no podrás escribir la exclusividad. Mi secreto está fuera
―resoplo, y lo que queda de mí es solo amargura. Ella suele despertar lo
mejor de mí, la luz que queda en mi alma corrompida, pero esta noche des-
pierta lo peor de mí.

Cada una de mis emociones más oscuras. Mis miedos y necesidades se mul-
tiplican. No puedo encontrar la paz. Y, sin embargo, todo lo que quiero son
mis labios sobre los de ella, mi polla dentro de ella, quiero que sea mía. Pero
se siente como si un océano se interpusiera entre nosotros.

―¿Dime que nunca me habrías usado para otro artículo? Sin siquiera hablar
de eso conmigo, primero.― Desvío mi mirada oscura hacia ella, solo ira den-
tro de mí. El verdadero yo―. ¿Fue todo mentira? ¡Dime que no es verdad!

Ella lo siente y corre hacia mí, tomando mi mano entre las suyas, sus ojos
implorando perdón. ―Quería hablar contigo esta noche sobre eso. Mi jefa me
obligó, luché y me negué, pero no puedes negarte a Nina por mucho tiempo
―murmura su dulce voz, pero no es suficiente. Siempre nos usamos desde
el principio, ¿cómo podemos confiar en el otro?
La examino, buscando la verdad, mientras sus ojos se desplazan al suelo
bajo mi mirada contundente. ―No he escrito nada, pero lo perderé todo si no
lo hago. Me amenazó diciendo que me destruiría.― Se muerde el labio infe-
rior, frunciendo el ceño como si estuviera tratando de contener el llanto―. No
te he dicho esto, pero mi jefa... es mi madre.

Miro hacia el cielo. Elle nunca me mencionó a su madre. Solo una vez, y era
una historia de la que no quería hablar más. Mierda. Estamos tan jodidos.
Siento que las estatuas de los dioses se están riendo de nosotros. ―Si hubie-
ras sido honesta conmigo, habría luchado por ti. No habría dejado que per-
dieras tu trabajo.― Estoy tratando de permanecer tranquilo, porque si dejo
salir mis emociones, voy a explotar.

―Puedes confiar en mí ―suplica, alcanzándome para poner sus manos sobre


mi pecho.

Doy un paso atrás. ―La gente me usó, Elle. Todos ellos. Incluso tú.

―¿En realidad? ¿Eso es lo que piensas? ¡Intenté llamarte, Aaron! ¡Nunca me


respondiste durante días! ¡Te llamé, pero me alejaste, otra vez! ¿Cuándo se
suponía que debía hablar sobre el artículo?― Elle explota, desatando sus
demonios, gritando como si estuviera sufriendo―. ¡Tenía otras cosas en
mente, Aaron! Estaba jodidamente rota.― Se desploma en el suelo, como un
niña que se esconde de una pesadilla, con la cabeza sobre las rodillas. Me
toma toda la voluntad del mundo para no tomarla entre mis brazos―. Y
cuando apareciste en mi puerta, tuve miedo. Miedo de que me dejaras... otra
vez. No quiero ser débil.

―Ya ves, tú tampoco confías en mí.― Sé que mi tono desapasionado la golpea


profundamente, y una parte de mí quiere hacerlo. No quiero que sepa lo débil
que me hace. No quiero que ella me posea.

La ayudo a ponerse de pie, mis dedos se enredan con los de ella, nuestras
almas se fusionan mientras acaricio su mejilla. Mía. Sus ojos están húme-
dos, sus mejillas rojas por la ira, sus dulces labios suplicando ser besados.
―Necesito la prueba definitiva, Elle ―susurro. Se ve seria, confundida, pero
sabe de lo que estoy hablando. Necesito lo que ella no pudo dar a ningún
otro hombre. Necesito su alma. Necesito que ella sea mía―. Sólo hay una
prueba. Demuéstrame que soy especial para ti, demuéstrame que era más
que una simulación.

Necesito que ella me pertenezca por completo.

Necesito que ella diga las palabras que durante tanto tiempo ha temido.

Elle me mira fijamente, sin emociones. La estoy perdiendo, y mi yo de ocho


años está volviendo a la superficie. Tiene la boca abierta, no sabe qué decir.
A falta de palabras, captura mi rostro entre sus palmas, chocando sus labios
contra los míos. Es como si se estuviera perdiendo en mí, tratando de darme
su alma entera. Pero no es suficiente. No podemos escondernos más. No
quiero ser su escape. Quiero ser más Me alejo, mis manos entrelazadas con
las de ella, actuando como una pared contra nuestros cuerpos.

―Dilo, Elle.

Muéstrame, que mi padre estaba equivocado. Muéstrame que podrías


amarme. Muéstrame que esta es la verdad.

No me destruyas ahora.

―Dilo, Elle ―suplico, y la veo temblar mientras da un paso atrás, sacudiendo


la cabeza.

Ella no me ama.

Ella rompe lo último de la humanidad dentro de mí.


Capítulo 30
Eros y Psyché

EL PÁNICO LLEGA A MIS VENAS, jadeo, mi cuerpo tiembla. Quiere que diga la
palabra con A. Me encanta. Lo amo tanto, pero no puedo decirla. El amor es
una palabra destructiva. Las imágenes mentales vuelven a mi mente. Mi ma-
dre de rodillas, rogándole a mi padre que no nos deje. Llorando, implorando,
suplicando. Ella arrojó su orgullo a sus pies, pero él lo destrozó. Él la poseyó,
la esclavizó, con las tres palabras ―Yo te amo.― Ella lo dijo y él nos dejó.
Desde ese día, se me prohibió usar esas palabras. Decir te amo, es una forma
de someterse plenamente al otro. Ha sido prohibida en mi idioma, un secreto
que guardaré para mí.

¿Qué pasa si digo esas palabras y él no me responde? ¿Y si la historia se


repite? Como decía mi madre, un hombre es incapaz de amar. No puedes con-
fiar en ellos.

Por eso elegí a Stephan. Era un hombre del que estaba segura de que nunca
me enamoraría. Era agradable, educado, aburrido, el marido perfecto. El
buen hombre, el que ama tu familia, el que nunca te romperá, en el papel.
Y, sin embargo, ejercía una tortura mental en mí. Sé que me amas, “mi dul-
zura”. Sabía que me poseía. Una vez que finalmente me abrí a él, creyendo
que había encontrado un príncipe contemporáneo, mostró su verdadero ros-
tro. Mi castillo se convirtió en mi prisión. Stephan se convirtió en mi pesadi-
lla. Y mi hermosura de princesa se desvaneció, quedó herida, mi alma con-
sumida por el dolor y la vergüenza. Y nunca lo amé. Amo a Aaron. Los daños
que podría costarme son mayores. No estoy lista para vivir esta pesadilla otra
vez.

―No puedo ―me ahogo. Puedo darle todo, todo menos la palabra amor―. Aa-
ron, yo...

―Está bien, Elle. No quiero tu piedad.― Respira hondo y sé que acabo de


clavarle una daga en el corazón. Su rostro, medio centelleante por la luz de
la luna, medio afótico17. La bioluminiscencia de nuestra química se está des-
vaneciendo silenciosamente―. Estabas buscando un príncipe todo el tiempo,
y yo no soy ese tipo de hombre, ¿verdad?― Las lágrimas se deslizan mientras
veo a Aaron quebrarse por primera vez. Él es mortal, después de todo―. Tenía
razón ―se dice a sí mismo, con una expresión repugnante en su rostro.

Él es como yo. Sin confianza en el amor. Sólo veo en él una belleza celestial,
angelical. Y, sin embargo, alguien en su pasado lo dañó, hasta el punto de
que solo ve su propia oscuridad. Somos lo mismo. Por eso no puedo darle lo
que quiere.

―No digas eso. Eres increíble, eres…

―¿Sabes por qué te propuse el acuerdo?― Me interrumpe, su agitación crece.

―No.

―Siempre te quise. Desde el momento en que te vi, Elle.

17 Que carece de luz.


Mi corazón cae. Chocando contra el suelo, fragmentándose, como piezas de
vidrio. Los bordes afilados de mi restante corazón son como dagas cortando
mi alma. Sus ojos penetrantes no se apartan de los míos y ayudan en mi
descomposición.

―Fue físico al principio. Pero esa noche, no eras como ninguna de las mujeres
que conocí. Quería conocerte.― Da un paso hacia mí, dominándome con su
altura―. Pero la única forma en que podría haber hecho que te enamoraras
de mí, o tenerte, era tener un acuerdo contigo.

―¿Por qué?― Mi voz está temblando, llorando, gritando.

―Porque, si te hubiera pedido una cita sin jugar un juego, nunca la habrías
aceptado. Necesitaba una oportunidad para volver a verte.― Él mira al suelo
por un instante―. Entonces, si tuviera un acuerdo contigo, tendríamos que
vernos, y con el tiempo… podría conquistarte.

Justo cuando me siento atrapada en el limbo, perteneciendo por completo a


la oscuridad, la lluvia cae, la tormenta nos rodea. Las pocas personas en la
calle huyen, escapando de la brutalidad del aguacero, pero no nos movemos.
Aceptándolo plenamente. Los elementos un reflejo de lo que hay dentro de
nuestros corazones.

―Pero la primera noche que dormimos juntos, ¿te escapaste? ¿Y qué hay de
tus patrocinadores y tu equipo de casa?― Cientos de preguntas giran en es-
piral en mi mente.

Siempre pensé que era un juego para él. Pero él hizo el juego para mí.

― Tenía miedo de hacerte daño. Perdí el control, y nunca me había pasado.


Finalmente sentí, y me asustó mucho.― Se aclara la garganta antes de que
sus ojos inciten a los míos―. Soy Aaron LeBeau, ¿realmente crees que nece-
sitaba hacer todo eso para tener un contrato de carreras? Claro, los medios
de comunicación estaban en mi espalda, pero una parte de mí quería que el
mundo supiera que eres mía.― Recuerdo las palabras de Monica. Aaron no
hace algo que no quiere hacer. El acuerdo era una mentira. Aaron hizo todo
eso porque me quería. Todo el tiempo.

Se atrapó al querer poseerme, pero terminé poseyéndolo. ―Como te dije.


siempre te quise Incluso cuando yo mismo no lo sabía.― Me acaricia la me-
jilla, acercando su frente a la mía, el diluvio de la lluvia lavando nuestros
pecados, nuestro pasado.

Los dos somos una Mascarada. Usamos máscaras que ocultan nuestro ver-
dadero yo de todos, excepto de nosotros. Siempre supe que algo más fuerte
nos unía. Él es la mitad perdida de mi alma. Somos de la misma esencia y,
sin embargo, somos partes opuestas, completándonos mutuamente.

―Aaron… yo…― Me inclino para besarlo, pero él se aparta.

―Sé lo doloroso que es para ti decirlo. Sé que te destrozará. Sé lo que signi-


ficará para ti. Que pierdes el control. Que me perteneces.― Sus ojos se oscu-
recen, y todo lo que veo es dolor. Me exige que me haga daño a propósito,
para darle lo que necesitan sus demonios. Destruyéndome para salvarnos.
Un sacrificio―. Es por eso por lo que es la prueba definitiva.― Sus ojos se
clavan en los míos, tratando de hacer que me hunda en su costado―. Estoy
luchando por ti. Pero ahora es tu momento de luchar por mí.

Contra todo pronóstico, Aaron luchó contra sus demonios por mí. Él siempre
estuvo aquí. Rescatándome. Dándome lo que anhelo. Y ahora, me necesita
para rescatarlo. Ojalá pudiera decirlo. Quiero. Pero no puedo. La destrucción
que me puede causar es igual al amor que le tengo. Es tan fuerte como la ira
de los dioses. Me empujó lejos una vez, dejándome como un fantasma sin
alma. Admitir mi amor por él significará que me estoy esclavizando. Mis lá-
grimas están fluyendo de mis ojos, me duele, pero soy incapaz de decir esas
palabras. Estoy dañada, lo sé. Pero mis miedos me están poseyendo, parali-
zándome.

―¿Podemos tomarlo con calma? ―ruego, sabiendo que nunca hemos sido ca-
paces de tomarlo con calma.
Con nosotros, siempre ha sido todo o nada.

―No, no es suficiente, Elle.

Y así, creé nuestro apocalipsis. El principio de nuestro fin. Cuando me da la


espalda para alejarse de mí, siento que me estoy ahogando más profunda-
mente en el agua, hasta que llego al final de la zona afótica. Permanezco
estoica, poseída por el caos.

―No puedo dejarte aquí sola. Te acompaño a tu hotel.― Él se da la vuelta y


yo asiento, incapaz de hablar.

Caminamos en silencio hasta llegar a la puerta que simboliza el final. La


tormenta se aquieta, siento la nada. El cero. Nos paramos aquí torpemente,
sabiendo que cada segundo de silencio nos está separando a kilómetros uno
del otro. Nuestra historia, todos los meses que lo conocí, recorriendo mi
mente, la pasión y los desamores, desde el final hasta el principio.

―No quiero perderte ―susurro, sin mirar a ninguna parte, mis dedos tra-
tando de entrelazarse con los suyos.

―Adiós, Elle.― Suelta mi mano y desaparece como un sueño, mientras yo me


quedo con mi propio infierno.

Cuando cierro la puerta, lloro. Lloro con todo mi corazón, pero todas las lá-
grimas de las palabras no son suficientes para borrar su memoria. Estoy
colapsando, mi dolor chocando, borrándome. ¿Qué hice? Lo amo, ¿por qué
no puedo decirlo? Él era el indicado para mí. El elegido.

Pensé que Aaron era el que estaba destinado al infierno. Pero era yo.

Fui yo quien nos destruyó.

Luchó contra su oscuridad por mí, pero dejé que la mía me consumiera.
ES ÉL.

La mirada en sus ojos, intrépida y angustiada. Fuerte y vulnerable. Hermoso


y dañado.

Lobo solitario. Mitad humano, mitad animal.

Entre la oscuridad y la luz, sus cejas se fruncen como si estuviera en una


guerra eterna. La pintura al óleo negra en el fondo representa a sus demo-
nios, mientras que él ha salpicado pintura roja de pasión.

Una luz naranja detrás de él, como la velocidad de un auto de carreras o


llamas ardientes. El borde izquierdo de su rostro se descompone en pequeños
pájaros blancos que vuelan lejos de la oscuridad.

La dualidad de “Wolf”.

Un lienzo de tres pies por tres pies, y mi mejor creación. No pude contener
las lágrimas mientras pintaba, mi corazón sangraba por el desamor. La pin-
tura ya se secó y la cubrí con una sábana antes de esconderla detrás de mi
sofá. El hombre que me robó el corazón eternamente inmortalizado. Noso-
tros, hemos terminado. Pero seguirá viviendo.

Pasaron los días y nada cambió. La nieve blanca lo ha cubierto todo. Miro a
mi Angelo Di Romeo, con lágrimas en los ojos, convencida de que no estoy
hecha para el amor. Lo aprendí a través de una pintura, y mi experiencia en
el amor verdadero terminó más dolorosa de lo que jamás podría imaginar.
Pero cuando miro de cerca, mi vista percibe nuevos detalles y, por primera
vez, entiendo la ironía de ello.

«Eterno», éramos nosotros. No éramos un cuento de hadas, éramos mitología.


Aaron tiene la belleza de un dios, hasta el punto de que podría ser el hijo de
Afrodita. Su deseo infernal de ganar, el poder que exudaba de él como si
pudiera ser el hijo de Ares. No fue enviado para enamorarse de mí, no se
suponía que yo lo golpeara en su propio juego y lo quemara con su propia
flecha. Se suponía que me iba a quedar con un monstruo esa noche, Step-
han, pero en cambio, el destino me dio mi Eros.

Podríamos haber sido un mito. El mito de Eros y Psyché, cómo un dios se


enamoró de la mortal que se suponía que debía usar.

Se suponía que no debía ver la vulnerabilidad de Aaron, ver todo su ser,


hasta esa noche. La noche de su, y nuestra, pesadilla. La noche en que huyó
de mí, como Eros huyó de Psyché después de que ella lo quemara con una
vela, descubriendo que no era un monstruo sino un ser celestial. Y luego,
ambos nos quedamos solos y destrozados. El amor me consumió hasta el
punto en que no me sentía viva. Mis inseguridades se convirtieron en mi
propia caja de Pandora.

Pero en esta mitología, Eros volvió por Psyché, y juntos volaron hacia el cielo.
Mi Eros se ha ido.

¿Pero tal vez no es el final?

Tal vez, después de todo, necesito abrir mi propia caja de Pandora. Para dar
rienda suelta a mis inseguridades, mi pasado, sin filtros. Corro hacia mi
computadora y empiezo a escribir. Escribiendo hasta que amanece y se pone
el sol.

Comenzó con un artículo y hoy terminará con uno.

Pedir. E. Monteiro: La verdad sobre Aaron LeBeau.

Aaron significa: portador de mártires o monte de fortaleza. La


etimología no podría haber sido más precisa. Él es imprudente.
Indomable. Tenebroso. Es el hombre que defines como un lobo
solitario. Un hombre que lleva la oscuridad. La pérdida trau-
mática de un hermano, su deseo infernal de superación. Es un
hombre que siempre luchó más duro que nadie. Es el hombre que
conduce sin miedo, provocando la muerte sin vergüenza.

Pero hoy, voy a exponer el secreto de Aaron. El que te ha estado


ocultando. El desconocido.

Portador de mártires. Yo era una mártir. Tuve fe en el amor,


aunque me rompiera, me hiciera sangrar y sufrir. Tuve fe en el
amor hasta el punto de que mi alma pertenecía a la nada. Estaba
atrapada en mi propio infierno...

Hasta él. Él era la luz, rescatándome de mi pesadilla. Él fue


quien me demostró que la causa por la que luchaba, la causa que
sangraba valía la pena.

Amor.

El secreto de Aaron es su innegable amor por los demás. Aaron


LeBeau ha sido impulsado por el amor toda su vida. Su amor por
su hermano lo mantuvo con vida. Lo convirtió en el piloto de
carreras más rápido. Impulsivo e invencible. Su amor por los
demás le hizo protegerlos. Les ofreció una vida llena de posi-
bilidades. Una oportunidad de redención. Él me salvó. Él salvó
mi alma. Mi vida. Renací como un ave fénix de sus cenizas. Él
saca la luz en los demás.

El amor es lo opuesto a la indiferencia. Es un sentimiento


intenso, tan fuerte y destructivo como la muerte. No se puede
amar a medias; amas plenamente, profundamente, hasta consumir
todo tu ser, tus células. Es como la pasión. Pasión significa
sufrimiento. La pasión es devastadora o curativa. Es intenso.

El amor no es todo hermoso y divino. El amor es un camino, una


lucha. A lo largo del camino, odiarás, serás un mártir de tus
propias creencias y, sin embargo, al final, encontrarás la tuya.
El único por el que vale la pena luchar. La parte perdida de
tu alma.

Aaron LeBeau se escondió, pretendiendo ser solo capaz de amar


a Ludus mientras él es los cuatro tipos de amor. Eros, apasio-
nado y pleno. Philia y Pragma, capaces de un amor y una amistad
eternos. Agapé, por su amor a los demás.

En cuanto a mí, él es mis dos palabras.

Algunas personas dicen te amo.

Diré que es mi «significativo».

Y... publicado.

Decido que es hora de dar un salto. Aaron me hizo darme cuenta de que
estaba viviendo una vida que no era la mía. Tuve un sueño que ignoré. Acepté
un trabajo que no me hacía feliz, para complacer a mi madre. Fingí ser al-
guien más para ser amada toda mi vida. Nunca funcionó.

Tiene que terminar.

Todo ello.

Me enseñó que a veces las personas más rotas se encuentran con más cami-
nos exitosos. Porque somos supervivientes. Luchadores. Cada dolor, cada
parte destrozada de mí misma me hace completa y puede convertirse en po-
sitividad. Aaron corre. Voy a pintar No estoy sola. Voy a importar Al igual
que él me importa.

A veces, todo lo que necesitas es una persona que te haga ver la luz.

Necesito cambiar mi vida, y eso es justo lo que voy a hacer.


Elle: Madre, te envío mi renuncia. He terminado de trabajar para ti. Estoy
tomando mi propio camino. Sé que no me crees, pero si algún día deseas
actuar como mi madre, estaré lista para decirte la verdad y ser tu hija.

Nina: Adiós, Elle.

Sola.

Otra vez.
Capítulo 31
Mi significativo

NO TENGO IDEA DE LO QUE ESTOY HACIENDO AQUÍ. Ya es de noche, y Dios sabe


cómo estoy dando los cientos de pasos hasta su puerta. He leído su artículo.
Por supuesto, Elle, no podías decirme delante de mí que era tu «significativo»;
tenías que escribirlo para que el mundo lo supiera. Resoplo, solo ella podría
hacer eso. Ella no es perfecta. Ella también está rota. Tiene demasiado orgu-
llo. Ella tiene su manera de empujar mis límites. Jugar conmigo en mi propio
juego, luchando conmigo por el poder. Y, sin embargo, ella es la perfección
para mí. Una versión igual de mí misma. Mi luz.

Llamo

Cuando abre la puerta de su apartamento, nos quedamos mirando. No se


necesitan palabras. Ma belle tiene ojeras. Su cabello rubio miel es la única
luz en su rostro. Es preciosa, incluso con pantalones de chándal y sin ma-
quillaje. Pero ella me está destrozando. Se ve miserable, yo también. ¿Por qué
se ha infligido esto a sí misma? Firmé mi contrato para las próximas tres
próximas temporadas. Obtuve sesenta millones por año. Bastante bueno.
Obtuve lo que quería todo el tiempo. Incluso compré algunas acciones de
Amorino Racing. De esta manera podré hacer lo que me dé la gana. Mira,
André, yo también puedo hacer negocios. Y, sin embargo, sin ella, no importa
una mierda. Doy un paso hacia ella y sus ojos color avellana se iluminan. Se
ve tan malditamente débil y vulnerable, odio esto.

Le entrego el artículo que he impreso. ―¿Es eso cierto?

Ella contempla mi mirada atormentada y asiente. Estoy luchando por ella, y


ella está mirándome como si me tuviera miedo. Tengo miedo de romperla.
Poseerla. Ella puede ser terca, pero yo soy salvaje. No me rendiré hasta que
ella deje hablar a su corazón. Yo no soy Stephan. No soy su padre. Estoy
jodido, pero la protegeré, no la dañaré. Ella necesita confiar en mí. Ella es
mía, lo quiera o no, y aprecio lo que es mío. Sus labios se curvan en una
tímida sonrisa mientras coloca sus manos sobre mi pecho.

―Eres mi «significativo», Aaron ―susurra.

Finalmente. No lo pienso dos veces. La tomo en mis brazos, la sujeto contra


la pared y cierro la puerta detrás de nosotros. Ella no ha dicho la palabra
con A, pero sé que admitirlo fue un paso doloroso para ella y eso es todo lo
que importa. Ella me ofrece una parte de su alma, y pronto reclamaré el
resto. La beso sin restricciones, haciéndole saber que seré el único en po-
seerla. Enviándola al olvido. Mi lengua la está reclamando. Se está derri-
tiendo bajo la intensidad de mi beso, aceptando mi control, aceptando el
hambre que tengo por ella. Ella es una parte de mí. La parte más ligera, pero
ma belle es mía.

La llevo a su dormitorio con un solo pensamiento en mente. Haciéndola mía.


Pero esta noche, será diferente. Siempre le hice el amor, incluso si ella nunca
lo supo. Pero fue duro. Apasionado. Posesivo. Quería borrar la marca de to-
dos los hombres con los que había estado, que me perteneciera. Pero esta
noche, me tomaré mi dulce tiempo con ella, la llevaré al límite. Sinceramente,
no sé si soy capaz de dulzura. Nunca he follado dulcemente, ni siquiera he
sido testigo de la dulzura en mi vida. Además, no he tenido sexo desde la
noche en que la empujé, y complacerme con mi mano definitivamente me
estaba dando bolas azules. ¿Qué hay de ella? ¿Elle me esperó? La idea de
que otro hombre la toque me hace temblar. Sin embargo, la idea de que ella
se toque a sí misma me pone duro.

La tiro sobre su cama, flotando sobre ella. Me quita la camisa por la cabeza;
parece tan ansiosa como yo por el contacto físico. Hago lo mismo con su
camisa que es demasiado grande para su cuerpo perfecto. Deslizo sus pan-
talones en el suelo mientras descansa en su cama en ropa interior frente a
mí. Dios, he extrañado esa vista. Se sonroja cuando examino con mis ojos
todo su cuerpo. La he memorizado y, sin embargo, reacciona como si la aca-
bara de descubrir por primera vez. Y honestamente, se siente así. Todavía
jodidamente increíble. Deslizo sus bragas hasta el suelo y empieza a mor-
derse el labio inferior. Sonrío, notando su humedad que trata de ocultar.
Abro su sostén para apartarlo y me paro frente a ella para admirar su sensual
cuerpo desnudo. Precioso. Y mío.

―Todo en ti es hermoso ―gimo mientras ella me mira como un ángel.

Un ángel con un cuerpo que me tortura.

―Me encanta lo fuerte que te ves.― Pasa su mano por mi pecho, hasta mis
bíceps, observando mis músculos contraerse.

―Eres mía, Elle. Eres mi mujer.― Es una afirmación y, sin embargo, es mi


manera de pedirle que sea mi novia, o mejor, de informarle de ello.

―Lo soy.― Se muerde el labio inferior―. Y tú también eres mío.

Ahora que hemos establecido oficialmente nuestra exclusividad, me inclino


hacia ella, colocándome entre sus piernas. Reclamo su boca antes de morder
y chupar su labio inferior lentamente. Beso el punto blando de su cuello
cuando empieza a gemir. Ella mueve sus caderas para sentir la fricción de
nuestros cuerpos antes de que descienda, besando su clavícula mientras sus
dedos pasan por mi cabello. Tomo sus dos pequeños y perfectos pechos en
mis palmas, mis dedos índices juegan con sus pezones rosados, tirando de
ellos. Entonces los reclamo con mi lengua. Elle arquea la espalda y sus pár-
pados comienzan a cerrarse, su respiración se acelera. La estoy llevando a
donde quiero que esté. Caliente y lista. Me detengo por una fracción de se-
gundo y ella abre los ojos, rogándome que continúe. De nuevo, eso es lo que
quiero. Continúo chupando y besando sus pezones mientras me observa
complaciéndola. Dios, sigo reclamando sus pechos como míos, mi mano des-
lizándose entre la parte interna de su muslo. Ella comienza a mover sus ca-
deras, abrazando la fricción por completo, mis dedos trazan círculos placen-
teros en su centro suavemente, tirando de su humedad alrededor de su clí-
toris. Ma belle gime más fuerte, y veo que los músculos de su vientre se
contraen. Desciendo un sendero de besos alrededor de su estómago antes de
centrar mi atención en la parte interna de sus muslos.

—Abre las piernas —ordeno, y ella me mira tímidamente como si estuviera


avergonzada de algo.

Finalmente abre las piernas, probablemente notando que no era negociable,


y me permite acceso completo. Enterrando mi cabeza entre sus piernas, mi
boca comienza a explorarla, preparándola para lo que vendrá, incluso si ya
está mojada y lista para mi toque. Jadea y agarra las sábanas a su lado
mientras desvío mi atención a su clítoris. Besándolo, lamiéndolo, chupán-
dolo, Elle agarra mi cabello con sus manos, como si quisiera empujar mi
cabeza más adentro de ella. No es que me importe.

—Sabes divino —gimo, y sus gemidos aumentan. Me está poniendo duro solo
con verla perder el control.

Si te soy sincero, nunca me gustó abusar de una mujer. Fui un imbécil, tomé
mi mamada y nunca devolví nada. Era sexo duro con mujeres que sabían lo
que hacían y cuyas caras nunca había visto realmente. Nunca se trató de
emociones. Pero aquí, ella es diferente. Quiero verla correrse, hormigueando
de placer bajo mi toque, quiero tratarla bien.

Sigo besándola, mi lengua y mis labios reclaman su clítoris, mientras siento


que se acerca su clímax. Acaricio con un dedo dentro de ella antes de que
empiece a gritar mi nombre con su dulce boca, lo que casi me hace mastur-
barme. Acelero mi ritmo, chupando su clítoris con más fuerza, empujando
más presión en su núcleo y aprieto uno de sus senos mientras arquea la
espalda aún más. Acaricio con otro dedo dentro, tiro de su pezón alrededor
de mi dedo índice, mientras mi lengua empuja su clítoris y ella explota. Man-
tengo el ritmo, dejándola disfrutar de su orgasmo tanto como pueda. Ella
comienza a relajarse una vez que su orgasmo se estrella a su alrededor, y me
detengo, mirándola sin aliento con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Ella se ve sonrojada. Bueno. Lamo mis labios, tragando el último sabor de
ella. Me acerco a ella por completo mientras aprieta nuestros cuerpos juntos,
sus pechos se conectan con el mío.

―Eso estuvo muy bien ―susurra mientras mis labios chocan con los suyos―.
Ningún hombre ha hecho eso.― Me tenso cuando habla de los otros bastar-
dos indignos de ella. Pero eso es el pasado. Acaricio su mejilla suavemente,
sabiendo que le daré muchos orgasmos por venir.

Su mano comienza a ahuecar mi virilidad mientras sus labios se curvan en


una sonrisa. Maldita sea. Ella siempre fue tan tímida para tocarme allí,
nunca quise imponerme o pedirle que hiciera algo que no quisiera. Ella co-
mienza a acariciarme, y caigo de espaldas a su lado, permitiéndole estar en-
cima. Ya estoy duro por habérmela tirado, y si continúa provocándome, po-
dría correrme justo aquí. Acaricio su espalda mientras ella besa mi pecho,
acariciándome más rápido. La sensación de ella tocando mi polla se siente
tan bien que mis músculos comienzan a tensarse de placer. Pero cuando
tomo su nuca para inclinarla y besarme, sus ojos están llenos de miedo. Algo
la está aterrorizando. Ella se inclina sobre mi polla para chuparme, pero algo
se siente mal. Joder, quiero su boca sobre mí, y se necesita toda la fuerza del
mundo para poner su cuerpo en mi regazo. impidiéndole hacer algo que ob-
viamente estaba haciendo porque me la chupé. La quiero dispuesta.

―Ma belle, ¿qué pasa?

Cuando se da cuenta de mi preocupación, aparta la mirada, temerosa de


mirarme a los ojos. ―Sabes, antes de ti, me acosté con un solo hombre.― Ese
gilipollas de Stephan, ¿qué le hizo? Él no la merecía―. Y Stephan, él me obligó
a…― Ella mira mi virilidad mientras comienza a sentirse avergonzada. Le doy
un beso, animándola a continuar―. Chuparlo. Duro. No le importaba si yo
vomitaba, o si me sentía como una puta. Dijo que era mi trabajo hacer eso.
Que los hombres quieren esto.― Mi mandíbula se aprieta, y me prometo que,
si alguna vez me encuentro con este bastardo, le daré una lección. Le meteré
la polla en la cabeza―. Que me engañaría si nunca le daba eso. Y no quiero
perderte. Su voz es débil y temblorosa.

No quiero perderte. Dios, Elle. ¿Como si pensara que la engañaría si no tuviera


una mamada? Yo nunca la trataría así. No soy un bastardo. Al menos, no
con ella. Claro, su dulce boca sobre mí me haría correrme en un tiempo ré-
cord, pero no soy un animal. Puedo esperar. Acaricio sus mejillas, obligán-
dola a atrapar mi mirada. ―Ese hombre era un imbécil. No me perderás, y si
algún día quieres intentarlo, no te obligaré.― Cambio de posición, ponién-
dome encima de ella, antes de escanear su hermoso rostro―. Haré el amor
con tu boca, de la misma manera que lo estoy haciendo con tu cuerpo. No es
joder entre nosotros.― En esa nota, la beso―. Y si no quieres, como te dije
antes, está bien.

Ella se relaja y empiezo a recuperar mi dureza mientras sus manos acarician


mi espalda. ―¿Me harás el amor esta noche?

Ella no necesitaba repetir esto dos veces. ―Sí.

Ella me asegura que está tomando la píldora. Bueno. No quiero que un trozo
de látex se interponga entre nosotros. Envuelve sus piernas alrededor de mi
espalda mientras se muerde el labio inferior juguetonamente. La idea de que
Stephan la tocara y lastimara me ha hecho enojar y ser tan posesivo. No
tenerla durante tanto tiempo ha intensificado mi necesidad de reclamar su
cuerpo. Pero y si… ¿y si soy incapaz de ser dulce?

―Tengo miedo de lastimarte― Me detengo, maldiciéndome por decir mi pen-


samiento en voz alta.
Beso su cuello, rezando para que no me escuche.

Ella ahueca mis mejillas con sus manos, mirando fijamente mi alma. ―No
voy a lastimarte ―bufo. No estoy hablando de ella―. No, tengo miedo de las-
timarte, que voy a ser como mi padre si pierdo el control.

La imagen de mi madre ronda mi mente. Todo el dolor que presencié en mi


niñez. Tal vez nuestro pasado no nos define, pero claramente nos moldea.
Quiero tratarla bien, pero ¿y si mi deseo por ella termina lastimándola? Me
han criado para tratar mal a las mujeres, y con lo que ella sufrió de su ex,
alguien como yo solo la destruiría. Siempre debo tener cuidado. ¿Y si le inflijo
lo que mi maldito padre les hizo a las mujeres? Follando como un animal,
rompiéndola.

Ella sonríe antes de besarme de nuevo. ―No lo harás. Ahora, hazme el amor,
“Wolf”.

Y así, entro en ella lentamente, dejando que se ajuste a mi longitud. Es es-


trecha, lo que endurece aún más mi polla. Nuestras lenguas bailan juntas,
los latidos de mi corazón golpean contra mi pecho. Mis caderas se flexionan
suavemente contra ella, empujando más profundo cada vez. Beso su cuello
mientras ella aprieta el agarre de sus piernas a mi alrededor. Empujé dentro
de ella, cambiando los ángulos para golpearla con placer, encontrando el
lugar correcto. Gime, sus dedos acariciando mi espalda, antes de tomar sus
manos entre las mías y tirar de ellas a cada lado de su cabeza. Clava sus
uñas en mi piel, endureciendo el agarre de nuestras manos apretadas. Em-
pujo más profundamente en ella, besando su clavícula mientras arquea la
espalda, sirviendo sus duros pezones junto a mi cara como tentación. Lamo,
chupo, beso, antes de enterrar toda mi polla en ella.

Mantengo un ritmo controlado, probablemente el primer nivel de lo que po-


dría hacerle. Empujando profundo pero lento, y se siente... increíblemente
bien. Esto es hacer el amor. Lo contrario de lo que soy. Puro y dulce. Emo-
cional. En cada una de mis embestidas, ella cuerpo responde al mío. Ella
gira sus caderas. Besa mi cuello. Su alma me atraviesa a través de sus ojos.
Es propiedad mutua.

Suelto sus manos, froto las ásperas yemas de mis dedos a lo largo de sus
pómulos antes de besarla por completo. Cuando sus párpados se cierran, su
respiración se acelera y sé que está cerca. Empujo más profundo, acen-
tuando mi ritmo, mientras sus cejas fruncen el ceño con placer y sus labios
se separan. Empujo mi cabeza hacia su cuello, agarrando su trasero, hacién-
dola correrse por segunda vez, alcanzando mi orgasmo al mismo tiempo.
Despacio, pero con fuerza.

Nos quedamos en esa posición durante un par de minutos antes de rodar al


otro lado de la cama, mirando al techo. Intenta alcanzar algo para ponerse y
alejarse de la cama, pero la tomo de la mano y la traigo de vuelta hacia mí.
Ella me mira confundida, claramente no acostumbrada a mi demostración
de afecto. Abro mi brazo, llevándola a acostarse sobre mi pecho, y ella me
complace feliz. Acaricio su cabello, mi brazo envuelto protectoramente alre-
dedor de ella. Ella me abraza, sus dedos acarician mi torso y yo la beso en la
frente.

Mía.

Nunca me han abrazado ni he abrazado a nadie antes que ella. Pensé que
me debilitaría y, sinceramente, nunca sentí la necesidad de acercarme a al-
guien. Pero tenerla en mis brazos se siente bien y correcto. No puedo dejarla
ir. Ella es mía para protegerla. Mía, para yacer desnuda conmigo. Mía, para
cuidar. Comienza a relajarse en mi pecho y espero a que se duerma.

Cuando sé que está durmiendo por completo unas horas más tarde, continúo
acariciando su cabello, observando su rostro angelical y pacífico dormir como
un bicho raro. Me alejo sin despertarla y la pongo debajo de sus sábanas. No
puedo acostarme con ella, no es que no quiera. No puedo. Como dije, ella es
mía y no podría perdonarme si la lastimara de nuevo. Si tuviera una pesadilla
y ella descubriera lo que me pasó, no me lo perdonaría. Perderla me rompe-
ría.
Así que camino hacia su sala de estar y duermo en el sofá, sabiendo que ella
estará a salvo de mí.

Y planeo hacer eso cada puta noche.


Capítulo 32
Aplastando mis demonios

AARON Y YO PROGRESAMOS DURANTE SUS VACACIONES DE INVIERNO. He estado dur-


miendo en su casa, o él en la mía. Me abraza todas las noches y se siente
bien. Pero sé que después de que me duermo, él se va a dormir al sofá. Su
pesadilla y lo que me hizo todavía lo persiguen y lo hieren. Necesitará tiempo
para sanar.

La semana pasada fue a sus pruebas de pretemporada y estar separado de


él fue más difícil de lo que pensé que sería. La primera carrera de la tempo-
rada comenzará en dos semanas y espero poder llegar a su corazón para
entonces.

Estoy terminando de ponerme el arete de diamantes, que combina perfecta-


mente con mi vestido rosa de bailarina. Sonrío cuando los brazos de Aaron
me abrazan por detrás. Deposita un suave beso en mi nuca antes de decirme
lo hermosa que me veo esta noche, su dureza presionando mi espalda.
―Ojalá pudiera tenerte para mí.

Él gime ante mi comentario. Aprieto mis manos alrededor de sus brazos,


mordiéndome el labio inferior para admirarlo con su traje azul marino.

Ambos odiamos los eventos de élite de la alta sociedad, y asistir a esta gala
benéfica no es algo que anhelemos. Pero todos aquellos cuyos nombres se
conocen asisten. Todos, incluida mi madre, con quien no he hablado desde
que le envié mi renuncia.

Finalmente he dado un salto para compartir mis obras de arte con el mundo.
Creé un sitio web y una cuenta de redes sociales. Hasta ahora, he terminado
dos piezas contemporáneas de pájaros en pintura al óleo, y la pintura de
“Wolf”. Pero esa es personal. Estoy esperando el momento adecuado para
enseñársela. Financieramente, me estaba quedando sin dinero y estaba a
punto de convertirme en un artista muerta de hambre si no fuera por Aaron,
que insistió en ayudarme. Obviamente me negué, y él obviamente argumentó
que no era negociable, comprándome todos los materiales de arte que nece-
sitaba. Tiene una fe ciega en mí y se siente orgulloso de mis pequeños logros.
Apoyando mi arte, aunque no sea una pasión suya. Por eso lo amo. Él nunca
quiere cambiarme.

―No me tientes, o podría querer follarte en alguna habitación privada.

Levanto una ceja, considerando su idea. Definitivamente ha corrompido mi


alma.

―Pero prefiero disfrutar solo de lo que es mío. La idea de que alguien más
vea tu cuerpo desnudo me está volviendo loco.― Me guiña un ojo, colocando
su mano detrás de mi espalda baja.

No me importa la posesividad de Aaron. Al contrario, me excita la mayor


parte del tiempo. La posesividad de Stephan fue para domarme, poniendo
una correa alrededor de mi cuello. La posesividad de Aaron es liberadora,
haciéndome sentir importante.
NI SIQUIERA me deslumbra el lujo de la gala en la que estamos. Aquí o en
Francia, siempre es lo mismo. Dinero. Energía. Extravagancia. Dondequiera
que vaya “Wolf”, la multitud siempre lo sigue, escudriñándolo. Inspira una
gran admiración o un profundo odio. Aaron da la mano a algunos hombres
mayores y habla con ellos sobre la próxima temporada mientras yo hablo con
sus esposas sobre mi novio. Porque en este tipo de sociedad, una mujer no
existe sin su hombre. Es increíblemente sexista, y me alegro de que Aaron
no me trate como una de esas plantas verdes. Algunas modelos más jóvenes
se arrojan a sus pies, coqueteando con él, a pesar de que estoy de pie junto
a él. Mi corazón inmediatamente se acelera con los celos. Por suerte para
“Wolf”, sus brazos alrededor de mí, mostrándome que soy la que está en su
mente y mostrándoles que me pertenece plenamente.

Saludamos a Thomas, quien parece estar tan hastiado por este evento como
yo. Aaron lo mira de pies a cabeza antes de reírse de la cara molesta de
Thomas. ―Ni siquiera te molestaste en vestirte. No creo que siquiera tengas
un traje.

―Tienes razón, no lo tengo. Odio este mundo y esos payasos.― Me río del
comentario de Thomas, amando aún más su personalidad. Tiene mucho di-
nero y, sin embargo, sigue siendo sencillo. Creo que aparte de mí, él es la
única persona con la que Aaron realmente quiere hablar esta noche―. Me
alegro de verte, Elle. Te ves impresionante. A Aaron le va a costar mucho
mantener a los hombres alejados de ti.― Thomas mira a Aaron juguetona-
mente, como si supiera algo que yo no. Sin duda, Thomas conoce bien a
Aaron.

Un grupo de ancianos le piden que se una a ellos. La mirada de Aaron se


encuentra con la mía, pidiéndome permiso. Por supuesto, lo complazco, aun-
que estar aquí solo no es muy agradable. Me da un beso y me asegura que
regresará enseguida. Encuentro a mi madre hablando con su esposo, ju-
gando a ser la esposa perfecta, a pesar de que lleva un vestido negro como si
hubiera asistido a un funeral justo antes. Me mira con frialdad antes de bus-
car a mi novio. No, Madre, mi corazón aún no se ha roto. Ella no se molesta
en saludarme. Decido no pararme junto a la pared como una niña castigada
y me dirijo hacia el área de champán cuando una mano me agarra.

―Elle.― Mi estómago se convierte en un nudo cuando reconozco la voz detrás


de mí.

Una voz que no debería estar aquí. Una voz que me olvidé.

Me doy la vuelta para encontrarme con Stephan con su traje beige perfecto,
el corte de pelo perfecto y la sonrisa perfecta. Todas esas dosis de perfección
para cubrir a un hombre tan imperfecto. Antes hubiera tenido miedo de en-
frentarlo, pero ahora solo queda mi ira. Siempre me he preguntado por qué
me trató de esa manera, y esta noche no dejaré que se vaya hasta que tenga
mis respuestas.

―¿Dónde está tu perrito faldero?― Me da su educada y manipuladora sonrisa


de abogado.

―Mi novio, Aaron, no está lejos, y si te ve, creo que no será amable contigo.―
Especialmente ahora que le he contado a Aaron lo que pasó entre él y yo,
sabiendo su temperamento, probablemente lo matará a golpes.

―Entiendo. Quería hablar contigo, en privado, sobre lo que pasó entre noso-
tros.― Su expresión es ilegible, y por un momento creo que se va a arrepen-
tir―. Por favor, Elle. Solo por cinco minutos.― Es extraordinariamente tran-
quilo, casi suplicante, que no se parece al Stephan que recuerdo.

Asiento, aceptando seguirlo. Mi instinto está gritando que no salga, pero ne-
cesito ser valiente. Necesito enfrentarlo, encontrar mi cierre y seguir ade-
lante. Y no es una discusión que pudiéramos tener entre los oídos curiosos
de la vieja gente de dinero. De camino al pasillo, encuentro a Louis. Me mira
extrañado, probablemente preguntándose por qué voy con otro hombre en
lugar de con mi novio a una biblioteca. Trago, esperando que no le diga. No
quiero ningún daño esta noche. Stephan cierra la puerta detrás de él. Sin
bloqueo Me recuerdo a mí mismo que soy más fuerte ahora, y que él no se
atrevería a hacerme nada con sus padres justo detrás de la puerta. A Step-
han le gusta mantener las apariencias, nunca me lastimaría en público.

―¿Qué quieres, Stephan?― Mis ojos se estrechan mientras él camina en


círculos a mi alrededor, inspeccionándome de pies a cabeza, su mirada vi-
ciosa me asquea―. ¿Estás aquí para disculparte?

―Tú eres la que me dejó, Elle. ¿Por qué debería disculparme?

Bufo. Por supuesto, es de nuevo uno de sus juegos de manipulación. ―Por-


que eres todo lo que desprecio. Me trataste horrible. Eres un gran idiota.
Empieza a sonreír, orgulloso de sí mismo por ponerme nerviosa. Respiro pe-
sadamente, manteniendo la calma. Encontraré mi cierre de la forma que él
quiera dármelo, o no―. Pero ahora he encontrado a alguien que me trata con
amor y el respeto que merezco. Te compadezco, Stephan. Ya no puedes llegar
a mí.

―Tuviste suerte de estar conmigo. Otras mujeres habrían...

—No, tu tuviste suerte. Eres un egocéntrico y manipulador…

Me empuja violentamente contra el estante de libros, cerniéndose sobre mí


con ambas manos enjaulándome. Mi mandíbula se aprieta, mis ojos le en-
vían cuchillas. Lo odio. Odio lo que me ha hecho. Me repugna todo su ser.
Sé que Stephan es demasiado débil y tiene miedo de golpearme o lastimarme.
Él nunca haría eso. Es listo. Un moretón en mi cuerpo significará una
prueba. Y como abogado, nunca dejó ninguna prueba.

―Déjame ir, Stephan, o te juro que les diré la verdad a todos aquí esta noche.
Tu madre. Tu Empresa. Todo el mundo.

Se ríe con picardía. Y tiene razón. Aaron es el único que lo sabe; Estoy de-
masiado avergonzada para admitir lo que me hizo. Nadie me creerá nunca.
Ni siquiera mi propia madre lo hizo. Como un ávido manipulador, conoce mis
defectos. Pero tal vez podría jugar con él en su propio juego.
―No lo harás, ambos lo sabemos.― Toma mi brazo, apretando su agarre para
buscar herirme. Desearía que pudiera lastimarme. Deja una marca en mi
piel. De esa manera, tendría pruebas. Una prueba para causar su caída―.
Bonito vestido. Pero sé lo que hay debajo.

―Solo mi novio lo sabe, y tú no eres ni la cuarta parte de lo que él es.― Mis


ojos se estrechan, lo provocaré hasta que cometa un error que me libere de
él. No me importa si me hará daño, quiero venganza. Quiero la prueba de
que no estaba en mi cabeza―. Le doy todo lo que me negaba a hacer contigo.―
Lamo mis labios. Bastardo.

Su mandíbula se tensa mientras me empuja de nuevo contra el estante y


unos cuantos libros caen al suelo, golpeándonos en su descenso. ―Entonces,
¿puedes chupar la polla de LeBeau y no la mía?― Permanezco en silencio y
orgullosa, esperando su reacción. Pero cuando no nota la máscara de miedo
en mi rostro, sonríe―. Oh, “mi dulzura”. Tan predecible.― Reduce su agarre
lo suficiente como para no dejar un hematoma y comienza a extender su
manipulación mental sobre mí―. Todavía estoy atormentando tus noches.
Nunca lo olvidarás. Cuando lo follas, piensas en mi polla.― Pronuncia sus
devastadoras palabras para avergonzarme, pensando que tiene control sobre
mí, pero ya ni siquiera lo escucho.

Él no puede alcanzarme. Este es mi cierre. Nunca fui yo. Nunca fue mi culpa.
Stephan no puede soportar verme feliz mientras él se siente miserable y solo.
Me ha menospreciado, no por mí, sino porque nunca creyó en sí mismo, así
que ejerció su control para domarme. Para verse más grande. Más fuerte.
Más feliz. Pero solo, no puede soportarse a sí mismo. Sufre de un complejo
de inferioridad. Yo era demasiado buena para él, todo el tiempo.

―No puedes vivir contigo mismo ―murmuro por lo bajo, antes de empujarlo
lejos―. Nunca me tendrás, Stephan.
Él frunce el ceño, claramente insatisfecho con mi libertad. Empiezo a ale-
jarme de él y del pasado cuando me empuja contra el estante. Esta vez, bru-
talmente, y sin importarme si me lastima. ―Tomaré lo que le diste, puta.―
Siento su aliento a alcohol junto a mi mejilla mientras sus ojos se entrecie-
rran con profundo odio.

Trato de patearlo en su pequeña virilidad, pero gira mi muñeca violenta-


mente, haciéndome aullar de dolor mientras me tapa con su mano mi boca.
Solo escucho los latidos de mi corazón cuando Stephan obliga a mi mano a
acariciarlo encima de sus pantalones. Nunca hubiera creído que haría eso
públicamente, y ahora tengo miedo. Lo empujo, trato de patearlo, de ale-
jarme, pero él aprieta su agarre sobre mí, haciéndome doblegar a su deseo.
Los recuerdos vuelven a mi mente, y mi sangre corre con miedo. Siento que
mi cabeza da vueltas. Me siento muy estúpida. Su fuerte agarre en mi mu-
ñeca detiene la circulación de mi sangre. Sigo moviéndome, pero aun así él
todavía me controla. Por favor. No. Él aprieta su otro agarre en mi garganta,
haciéndome jadear por aire. Disfrutando de ahogarme. Nunca me lo perdo-
naría. ¿Y Aaron? Lo perdería, me odiará. No puedo perder a Aaron.

Veo una sombra borrosa que agarra el hombro de Stephan y lo tira al suelo.
Recupero el aliento, mi visión está mejorando y noto a Louis parado sobre
Stephan en el suelo. Debe habernos seguido hasta aquí.

―¿Estás bien, Elle? ―pregunta preocupado, su puño listo para golpear a


Stephan. Asiento con la cabeza, no puedo dejar que Aaron sepa lo que casi
pasó. La mirada de Louis cambia a Stephan antes de agarrarlo por el cuello.
Si te vuelvo a ver cerca de nosotros, mis hombres y yo te patearemos hasta
que te quedes sin dientes. ¿Entendido, pendejo? Lo empuja hacia la puerta
y Stephan corre como un cobarde hacia el pasillo. Lastimar a una mujer, eso
podía hacerlo, pero tener las pelotas para lastimar a un hombre estaba fuera
de discusión.

Me siento en el escritorio detrás de mí, tratando de recuperar mi espíritu, mi


ritmo cardíaco se desacelera, mis nervios aún destrozados. Fui una estúpida
enfrentándome a Stephan sola. Y ahora, estoy aterrorizada. Me aterra volver
a verlo y nunca poder decir la verdad sobre él. Me siento avergonzada. Vul-
nerable. ¿Qué hubiera pasado si Louis no llegaba? Hoy, Stephan dio un paso
que nunca había dado y ahora ya no me siento segura. Mi cuerpo tiembla
cuando siento la mano de Louis en mi rodilla mientras se sienta a mi lado.

―¿Elle? ¿Qué sucedió?― Sus ojos me miran con preocupación.

―Nada. No se lo digas a Aaron, por favor —suplico, tratando de ignorar las


lágrimas de mi debilidad que me devoran por dentro. Si Aaron lo supiera,
causaría daños que no estoy preparado para afrontar. Una verdad que no
estoy lista para revelar después de lo que pasó.

Louis asiente. ―No lo haré. Pero si se entera de lo que este imbécil estaba a
punto de hacer, ¿sabes que no te perdonará por ocultarle este secreto?

―Lo sé, pero no quiero que se meta en problemas. Stephan no vale el futuro
de Aaron.― No sé si puedo confiar en Louis, pero no tengo otra opción―. ¿Por
qué me ayudaste? Me odias. Me reacomodo el vestido y me tiro del pelo.

―Yo no te odio.― Arqueo una ceja, mientras él suspira―. Te lo dije, no soy


un idiota.

―No eres un idiota por ayudarme con un gilipollas, sino un idiota por publi-
car fotos comprometedoras de Monica ―murmuro, sin atreverme a mirarlo a
los ojos.

―¿Me creerías si te dijera que nunca publiqué esas fotos?

Lo observó fijamente, con los ojos muy abiertos. Su mirada esmeralda es


oscura, su rostro serio. ―¿Por qué debería confiar en ti?

―No deberías, pero estoy diciendo la verdad ―agrega con tristeza―. Puesto
que yo tengo uno de tus secretos, tú tendrás uno de los míos. Nunca podrás
decírselo a Monica, ¿lo prometes?
Asiento con la cabeza, la seriedad de su tono casi me asusta. Respira hondo
antes de hablar como lo hace un paciente con un terapeuta. ―Me machaca-
ron en la pista. Monica había perdido a su prometido, y ya jodimos. La vi a
ella y a Aaron, quien era mi mejor amigo en ese momento, mirándose bas-
tante cercanos, abrazándose.

Él resopla antes de mirar la pared frente a él, como si estuviera reviviendo


un evento. ―Me puse celoso. Y luego, Monica dijo que amaba a Aaron. La
perdí y rompí con ella. Ahora sé que se aman como hermano y hermana, pero
en ese entonces ya estaba tenso por mi rivalidad con él. Eso fue demasiado
para mí.

Por alguna razón, creo en las palabras de Louis. Entiendo lo destructivos que
pueden ser los celos.

―De todos modos, estaba en un bar esa noche y me emborraché viendo sus
fotos. Me desmayé y perdí mi teléfono.― Él traga―. Cuando me desperté, es-
taba de vuelta en casa de mis padres, y mi madre había encontrado mi telé-
fono.― Él me da una sonrisa repulsiva, mirándome por unos segundos, el
tiempo suficiente para que me dé cuenta de la expresión rota en su rostro y
sus ojos húmedos. Se aleja de inmediato, y mi corazón comienza a sentir por
él, reemplazando las piezas juntas.

―¿Tu madre compartió las fotos?

―Sí, lo hizo. Mis padres no apreciaban que estaba perdiendo el tiempo con
una chica mientras debería concentrarme en las carreras. Odiaban a Aaron,
y de hecho me robó el lugar.― Arde de resentimiento mientras sus dedos
agarran el borde del escritorio.

―Pero ella es tu madre. ¿Sabía que estarías en problemas por eso? ―Con una
mirada aturdida en mi rostro, me pregunto cómo todos pudimos ser jodido
por los padres.

―Si eso significa que termine primero, a ella no le importó.― Se esfuerza por
continuar―. De todos modos, cuando supe lo que había hecho, borré las fotos
del grupo, pero ya era demasiado tarde. Todos los conductores las habían
visto, las habían guardado y la reputación de Monica ya estaba destruida. El
mismo día, el puño de Aaron golpeó mi cara.― Él niega con la cabeza―. Lo
peor de eso, es que, en nuestro mundo, follar y grabar a las mujeres que
hemos follado, o incluso compartirlas, es algo recurrente ―dice, mirando al
suelo mientras una expresión de disgusto aparece en mi rostro.

―¿Por qué no dijiste la verdad entonces? No tiene sentido.

Su mirada se encuentra con la mía, su boca tiembla, dudando en decirme


algo. ―Por la misma razón por la que no quieres contarle a Aaron sobre ese
idiota.

Lástima. Culpa. Miedo de lastimar a la persona que…

―Me enamoré de Monica. Aun lo estoy.― Él trata de contener una sonrisa,


sus labios cerrados, antes de jugar nerviosamente con la punta de su traje―.
Sabía que me odiaría en algún momento. Nunca la merecí, así que era más
fácil para ella odiarme que romperle el corazón más tarde.

Mi boca abierta, siendo testigo del engreído Louis Harmil rompiéndose a sí


mismo, capaz de amar a otro ser humano más que a sí mismo. Su historia
es la verdad. Recuerdo sus celos cuando conocí a Monica por primera vez en
el vestíbulo con Aaron. La forma en que la miró como un fantasma más tarde
ese día. En la Entrega de Premios, la pelea que tuvo con su madre.

―¿Por qué me dijiste la verdad?

―Porque, “Extraña”, no me conoces lo suficiente como para que tu mente ya


haya tomado una decisión sobre mí. Y por una vez, es bueno tener a alguien
que te mire de manera diferente a ser un idiota mujeriego.― Intenta sonreír
y bromear, pero se esconde detrás de una máscara. Como todos nosotros.
Louis está solo―. Mantener mi reputación no es tan fácil como parece. A mis
padres les debo todo. Ellos invirtieron en mí. Sabes, cuando la gente te ama,
esperan mucho de ti, y la mayoría de las veces termino engañándolos.
―Te mereces algo mejor, Louis. Y dónde estás hoy no es gracias a ellos. Tú
eres el que corre en ese auto, no tus padres. Tú también mereces ser feliz.

Me inclino para abrazarlo y mostrarle mi apoyo, pero él duda en devolverme


el abrazo. ―Tu novio me va a matar si ve que me estás abrazando.

―No si les dices a él y a Monica la verdad.

Comienza a relajarse y me devuelve el abrazo, sin sobrepasarse. Esta noche,


ambos compartimos un secreto para proteger a la persona que amamos de
nosotros. En nuestra soledad, tal vez creamos una nueva amistad. Una im-
probable.

―Monica se merece algo mejor, y Aaron no es del tipo que perdona.― Se


aclara la garganta―. Incluso si odio admitirlo, es un buen tipo. Al menos,
uno mejor, gracias a ti.

―Él lo es. Y no debes renunciar a Monica. Sé digno de ella…

―Elle. ¡¿Qué diablos?!

Ambos saltamos cuando escuchamos una voz enfurecida gritando, cerrando


la puerta detrás de él.

Aaron.

Mierda.
Capítulo 33
Mi luz en la oscuridad

―ELLE. ¡¿QUÉ CARAJO?!

Rujo, viendo a mi novia en una posición comprometedora con este hijo de


puta, Louis. La he estado buscando por Dios sabe cuánto tiempo, ¿y la atrapo
en una maldita biblioteca vieja con el hombre al que desprecio por encima
de todo? Ambos me miran con los ojos muy abiertos, y no lo pienso dos veces.
La ira contrae mi rostro, mis puños se cierran, mi sangre corre caliente por
todo mi cuerpo.

―Aaron. No es lo que tú... —Demasiado tarde. Agarro a Louis por el cuello y


lo empuja contra la pared. Elle sigue rogándome que lo baje, pero no puedo.
Este bastardo hizo un movimiento hacia ella, y lo golpearé con el doble de
intensidad que cuando lastimó a mi cuñada.

―¡Aaron! ¡Detente! ¡No ha hecho nada malo!― Elle agarra mi brazo, tratando
de hacerme entrar en razón, pero aprieto mi agarre alrededor de la garganta
de Louis. Ni siquiera se atreve a decir una palabra, y por eso me conoce bien.
Una palabra podría prenderme fuego y mi paciencia es bastante limitada.
―¿Qué estabas haciendo con mi novia?― Este bastardo mira a Elle, como si
estuviera esperando que ella hablara. Ella niega con la cabeza, un no. ¿Qué
carajo? Sus labios tiemblan mientras su mirada se desplaza entre Louis y
yo―. Si no me dices qué está pasando ahora, te juro que mi puño golpeará
tu maldita cara ―espeté a Louis.

―¡Detente! Suéltalo― Los ojos de Elle suavizaron mi rabia, mirándome como


un cierva traumatizada. Dejo ir a Louis, y mis ojos se estrechan hacia ella en
busca de una explicación. Asiente con la cabeza hacia “Golden Boy”, quien
nos mira a los dos antes de irse. ―Louis me salvó.

―¿Te salvó? ¿Qué mierda estabas haciendo aquí?― Levanto la voz, pero
cuando se apresura a abrazarme fuerte, con la cabeza en mi pecho, sé que
algo anda mal. Me relajo y acaricio su espalda suavemente.

―Tienes que prometerme que no actuarás impulsivamente, ¿de acuerdo?―


Asiento, aunque ambos sabemos que «no actuar impulsivamente» no es mi
fuerte, especialmente con ella. Soy un gilipollas protector.

Y así, escucho toda la historia.

ESA MALDITA BASURA de Stephan trató de abusar de mi novia. ¿Por qué la dejé
sola esta noche? Una cosa es segura, Stephan es hombre muerto.

Me dirijo hacia la salida de la biblioteca para encontrarlo, ignorando a Elle


que me grita que no haga nada. Apuesto a que lo haré. Ella es mía, y lastima
a una belleza como ella porque es un sádico. Busco alrededor de la gala para
encontrarlo, pero soy interrumpido por personas que intentan tener conver-
saciones conmigo. Por suerte, cuando notan la mirada asesina en mis ojos,
no me molestan. Finalmente, encuentro a Stephan en una agradable discu-
sión con unos viejos multimillonarios. Solo verlo me dan ganas de destruir a
ese microbio.

―Stephan.― Se vuelve hacia mí, reconociendo quién soy. Traga saliva, sus
ojos se llenan de miedo cuando se encuentra con la rabia en los míos. No
puedo evitar sonreír mientras me acerco a él, agarrando su chaqueta―. Tenía
la intención de hablar contigo. Sígueme.

No es que tenga elección. Aprieto mi agarre y lo empujo afuera. No hay nadie


en el jardín trasero a esta hora de la noche. Hago una señal con la cabeza a
Thomas; No quiero que nadie nos interrumpa. Apuesto a que no lo aprobará,
pero me conoce lo suficiente como para saber que las únicas órdenes que
puede darme son las que van por buen camino. Y no siempre.

―Te mantendrás alejado de Elle. Sé todo lo que le hiciste y puedo prometerte


que pagarás por eso.― Mantengo el control, pero mi voz baja lo aterroriza lo
suficiente. Tengo el doble de su altura, el doble de sus músculos, el doble de
hombre que él.

―No puedes pegarme. Este evento está lleno de gente importante. No puedes
hacer nada.

Estallo en carcajadas. Puede que sea abogado, pero no es inteligente. Y defi-


nitivamente no soy del tipo que obedece las reglas, sino que las hace.

Le encajo el puño en la cara, la sangre brota, resuena un crujido. Una nariz


rota. Cae violentamente al suelo. Sus ojos se salen de las órbitas, atrapado
entre la confusión y el terror, creo que finalmente entiende qué hombre tiene
frente a él. Haré todo por Elle. Incluyendo matar a ese pedazo de basura. Le
faltó el respeto a ma belle, trató de destruirla, y eso no lo permitiré. En este
momento, estoy feliz de ser un monstruo como mi padre. Lo levanto con mi
puño, haciéndolo pararse de puntillas. Oigo a Elle corriendo en nuestra di-
rección y deteniéndose detrás de mí sin aliento antes de ver a dos testigos
caminando por el jardín. No me podría importar menos.
―Ya no la tocarás. Te prometo que te enviaré a la cárcel, maldito bastardo —
rujo mientras él curva su boca en repulsión, incapaz de moverse alrededor
de mi agarre.

―Aaron, déjalo ir, por favor ―me llama la dulce voz de Elle―. Aaron, no vale
la pena.

―Escucha a tu puta ―murmura Stephan, su mirada se desvía cobardemente


hacia el suelo. La idea de que él la toque, ensuciarla, me vuelve loco. Le doy
un puñetazo en la cara, su sangre salpica mi puño. Mierda. Mi traje está
arruinado.

No noto la voz de Elle gritando, solo estoy enfocado en Stephan. Intenta de-
volverme el golpe, pero intercepto su puño, apretando su mano como el mi-
crobio que es. Grita de dolor y cae de rodillas.

―¿Que es todo esto?― Una mujer mayor vestida de negro me mira con los
ojos entrecerrados―. Voy a llamar a seguridad, maldito idiota ―grita antes
de agarrar el brazo de Elle con fiereza. Inmediatamente me tenso―. ¡Elle,
mantén a tu novio atado! ¿Ves lo que le está haciendo a un caballero como
Stephan? No reconozco a mi propia hija.― Su madre.

¿Por qué Elle no dice nada? Ella sigue mirando al suelo, como una persona
intimidada que acepta su destino. Al carajo. No lo pienso dos veces. Giro la
mano de Stephan antes de hacer que se levante, y mis ojos se disparan hacia
la madre de Elle. ―¡Cuéntale lo que le hiciste a mi novia! Dile lo bastardo que
eres.― Aprieto mi agarre sobre Stephan mientras sigue aullando de dolor.
Que cobarde, seguro que está fingiendo.

―Este hombre arruinó a tu hija. La trató como a una esclava, la obligó y


abusó de ella.― Elle niega con la cabeza diciéndome que me detenga, una
máscara de miedo en su rostro, pero no puedo. Estoy rompiendo mi promesa,
pero no puedo permitir que la gente le siga faltando al respeto―. Stephan es
un abusador. Estaba en la biblioteca tratando de forzarla. Lo empujo contra
el suelo. Stephan traga, buscando a su alrededor con miedo. Su máscara
finalmente se revela.

La madre de Elle me escudriña en busca de la verdad. Doy un paso más


cerca de ella para que me vea en la luz. Sé que mis ojos se han enrojecido de
ira, mi mirada oscura, cada músculo de mi cuerpo tenso.

Da un paso lejos de mí antes de mirar a Stephan en el suelo, que está tra-


tando de defenderse con otra mentira. ―No es verdad. La estaba ayudando y
deseándole todo lo mejor cuando me besó y quiso…

―Cállate ―dice la madre de Elle antes de volverse hacia su hija, con la boca
abierta y los labios temblando―. Elle. ¿Es verdad lo que dice Aaron?― Las
lágrimas de Elle caen sobre sus mejillas mientras asiente con la cabeza. ¿Qué
hice? No pensé en el dolor que le causaría, enfurecido por mi propia ira.
Nunca había visto a Elle tan rota. Ella está llorando, todo su cuerpo tem-
blando. Yo nunca fui testigo de mi Elle tan asustada y vulnerable.

―Sí Madre. Nunca me creíste.― Las lágrimas de Elle no se detienen, y mi


corazón se está rompiendo, sabiendo que le causé un dolor profundo.

―Elle, estoy…― Extiendo la mano para abrazarla, pero ella me aparta.


Mierda.

―Me humillaste.― No, te liberé.

Ella se aleja de nosotros, escapando de su propia pesadilla. No era mi verdad


para decirla. La obligué y traicioné su confianza. La jodí mucho, pero lo haría
todo de nuevo. No permitiré que su pasado la destruya. Le fallé a mi her-
mano, pero no le fallaré a ella, incluso si me odia. Por eso no corro tras ella.
Sé que ella necesita estar sola en este momento. Por eso, somos iguales.

Observo la sangre de Stephan en mi mano. Podría haberlo matado a golpes.


No me importaban las consecuencias. Soy como André. Y ni siquiera me
arrepiento. El rostro de la madre de Elle es como un fantasma, mirando a
ninguna parte. Ella va a entrar en shock por la verdad. Después de todo,
empujó a su hija a los brazos de otro monstruo.

―No te preocupes por la seguridad. Yo me encargo de esto ―dice mecánica-


mente antes de regresar a la gala. Ella sigue murmurando la misma frase―.
Nunca le creí.

Miro al bastardo en el suelo una vez más, mis ojos le prometen que irá a la
cárcel, y que en mi vida nunca más la tocará.

Thomas se acerca a mí, ha sido testigo de toda la escena. ―Eso fue todo un
espectáculo.― Permanezco en silencio. Sé que no me juzgará por ello, ni me
hará más preguntas. Los guardias de seguridad llegan, mirándome. Toman
a Stephan bajo sus hombros y me dicen que puedo quedarme si me limpio.

―La prensa no sabrá de tu pelea.― Me asegura Thomas.

―¿Crees que me importa la prensa?― Les doy una señal a los guardias de
seguridad informándoles que me voy, no tengo ganas de quedarme. Thomas
me sigue, probablemente feliz de escapar de la gala―. La jodí. Elle no me
perdonará.

―Eso no será fácil, pero yo hubiera hecho lo mismo. A veces la verdad nece-
sita salir a la luz, no importa lo difícil que sea escucharla.― Thomas, un
maldito Yoda como siempre.

―No me malinterpreten, no me arrepiento de lo que hice.― Niego con la ca-


beza mientras caminamos hacia la salida―. Pero no debería haberle robado
la verdad. Ella no estaba lista. Rompí su confianza.

―Eres un buen hombre, Aaron. No te castigues. Elle te perdonará.

―Tú no la conoces como yo.


―No, pero te conozco. He visto cómo eres con ella, cómo se miran. Eres
igual.― A veces siento que Thomas puede leer en mí tan bien como puede
leer una carrera.

―Ella es mejor persona que yo.

―Probablemente.― Él ríe. Bastardo―. Ahora, haz lo correcto junto a ella de


la misma manera que tomas la bandera a cuadros.

No puedo evitar sonreír. Él me entiende ―Tus palabras son como música


para mis oídos.

―No realmente. Estoy orgulloso de ti, Aaron.― Miro fijamente a Thomas con-
fundido por su redacción. Estamos acostumbrados a bromear, la comunica-
ción y un montón de emociones no son nuestro fuerte―. No solo como corre-
dor, sino como persona.

―Me alegro de que pienses eso, porque me temo que estarás atrapado con-
migo por unos buenos veinte años. No planeo jubilarme pronto.― Sonrío an-
tes de que mi estómago se convierta en un nudo. Las carreras siempre esta-
rán en mi vida. Pero ¿y Elle?―. De todos modos, tengo que irme. Gracias,
Thomas.

Nos saludamos con la cabeza y, finalmente, nos separamos. Me siento mise-


rable mientras me dirijo al garaje para recoger mi auto. Louis corre detrás de
mí, pero no tengo tiempo para escucharlo. ¿Qué diablos podría querer él?
¿No puede ver que tengo asuntos más importantes que él? Lo ignoro, pero él
me detiene agarrando mi hombro por detrás. Instantáneamente lo empujo
contra la pared por segunda vez esta noche.

―Solo quiero saber si Elle está bien.― Se defiende, y aflojo el agarre de su


costosa camisa de vestir.

―¿Qué opinas? ―grito antes de tragarme mi orgullo y alejarme de él―. Gra-


cias, por lo que hiciste por ella antes―. Louis me sonríe y me odio a mí misma
por agradecérselo. Sólo siento repugnancia por él. Él interpretó al héroe,
mientras yo sigo siendo el maldito villano.

―Lo siento, Aaron.― Mira al suelo, desconcentrándose―. Cuando tengas un


momento, me gustaría hablar contigo en la pista.

―No tenemos nada de qué hablar, Louis.

―Te debo una disculpa.

¿Está borracho? Tiene una expresión de derrota en su rostro que nunca an-
tes había visto, incluso en sus peores días. El bastardo es serio.

―No tengo tiempo para esto.― Me alejo, listo para llegar a casa a lo que real-
mente importa.

Todo lo que me importa es ella.

NO PUEDO creer que Aaron le haya dicho la verdad en la cara a mi madre. Su


expresión era tan oscura y enfurecida. Y ahora, estoy segura de que todos
los miembros de la alta sociedad sabrán lo que me hizo Stephan. Ya no tiene
sentido que mienta más, todos descubrieron sus verdaderos colores. Debería
sentirme aliviada, pero, al contrario, me siento avergonzada y débil. Compar-
tir mi secreto más oscuro con Aaron fue desgarrador, pero escuchar la verdad
en voz alta de su boca me hizo darme cuenta de que no me había curado por
completo del abuso de Stephan. Yo no era lo suficientemente fuerte. Todavía
estoy avergonzada y humillada.

Escucho la voz de Aaron llamándome desde la sala de estar. Pero no res-


pondo. En cambio, trato de borrar mis lágrimas, pero sé que mis ojos se han
enrojecido desde que pasé la última hora llorando. Cuando entra en mi ha-
bitación y ve el desastre que soy, su expresión oscura se suaviza mientras se
arrodilla frente a mí, sus manos acariciando mis mejillas.

―Lo siento, Elle.― Besa mi frente, sus ojos se sumergen en mi alma. Su toque
es dulce y cariñoso, contrastando con su expresión feroz y contundente de
antes. Todos conocen a “Wolf” como un hombre alfa, frío e indomable. Pero
lo conozco tal como realmente es. Capaz de lo más grande y lo peor. Un ex-
tremo, que sólo yo podría aliviar.

Me dio mi cierre, no debería estar enojada. Pero me lo robó. Yo no estaba


lista para enfrentar lo débil que soy, para enfrentar el juicio en el rostro de
mi madre. ¿Quizás no estaba lista para seguir adelante? Tal vez todavía me
estoy castigando por haber caído en la trampa de Stephan. Haber sido su
víctima. Su juguete. La gente probablemente preguntará, ¿Por qué no saliste
antes? pero nadie aparte de alguien que lo haya vivido puede entender cómo
es casi imposible escapar de la manipulación. Esta noche me doy cuenta de
lo ciega que estaba y me dan ganas de castigarme. Y así, escondo mis emo-
ciones de la mejor manera que puedo, alejándolo.

―¡No tenías derecho, Aaron! ¡Me humillaste delante de mi madre! Le mos-


traste lo débil que soy.― Recorro la habitación, la vergüenza se mete en la
sangre.

―Si no le hubiera dicho la verdad, él habría quedado grabado en ti. No puedes


guardarte todo para ti, Elle.― Lo miro como un dios, mientras que yo solo
soy un desastre. Da un paso cuidadoso hacia mí―. Lo siento, pero te habría
comido viva si nunca hubieras hablado. Sé que no estabas lista. Sé que actué
como un imbécil.― Sus dedos acarician los míos antes de besar mis nudi-
llos―. Pero a veces necesitas a alguien que te ayude a enfrentar tus miedos.
No estás sola en esto. Estoy contigo, y no tienes por qué avergonzarte. Eres
maravillosa.― Me atrae hacia su pecho, su pulgar roza mi espalda―. Ojalá
pudiera decirte que me arrepiento de lo que hice, pero no lo hago. Nada de
eso. Eres mía, y no quiero que una parte de tu alma le pertenezca a él y a la
atrocidad de tu pasado.

Quiero relajarme en su toque, quiero que me haga el amor. Lo necesito físi-


camente, pero yo también necesito que toda su alma me pertenezca. Al igual
que él quiere todo lo mío. Aaron podría tener razón, algunas verdades son
demasiado difíciles de enfrentar sola, necesitas a alguien que te saque de tu
pesadilla, al igual que «Eterno». Pero eso también se aplica a él. No soy dueña
de toda su alma; todavía pertenece a su oscuro pasado. Todavía me oculta
muchas cosas.

―¿Qué hay de ti, Aaron?― Presiono mis manos sobre su duro pecho, mis ojos
mirándolo―. Dijiste que a veces necesitas a alguien que te ayude a enfrentar
tus miedos. ¿Por qué no duermes conmigo? ¿Por qué te vas después de que
me duermo?

―No quiero lastimarte ―susurra, alcanzando mis labios para besarlos.

Niego con la cabeza, rechazando su beso. Sé que intentará distraerme, pero


estoy empeñada. ―¿Por qué? ¿De qué estás asustado? ¿De qué tratan tus
pesadillas?

―Elle. No. ―Su mandíbula se tensa cuando quita mis manos de su pecho.

―No lo haré. Conoces la parte más oscura de mí. Ya sabes lo que hizo Step-
han. Te confié algo de lo que me avergüenzo. Me preocupaba que me miraras
diferente. Me rebajé, compartiendo la parte más rota de mí. Esta noche, me
debes la misma verdad.― Levanto la voz, implorándole que me deje entrar.
Cruza la habitación, ignorándome mientras me da la espalda. Sus dos manos
están en la pared, su cabeza inclinada. Mi voz es aguda, no lo dejaré escapar
de mí. ―¿Qué te pasó, Aaron?

―Nunca me mirarás de la misma manera. No te puedo perder ―articula do-


lorosamente.

Camino hacia él y aprieto nuestras manos juntas. Me mira y presiono mi


cuerpo contra el suyo. ―Nunca me perderás. Nada puede alejarme de ti. ¿Qué
te sucedió? ¿De qué estás asustado?

―Elle, por favor no me preguntes eso.― Sus ojos suplican.

―A veces necesitas a alguien que enfrente la verdad contigo. Soy ese alguien,
Aaron. Necesito que me digas. Por mí. Por nosotros.

Intenta alejarse de mí, pero mi débil cuerpo lo jala contra la pared y me con-
templa confundido. Ambos sabemos que es más fuerte que yo y que puede
alejarse en cualquier momento, pero no intenta escapar de mí. ―Necesito que
me expliques, Aaron. No vuelvas a huir de mí. Quiero todo de ti.

―Te irás. Estarás disgustada conmigo.― Su dura voz, me mira avergonzado.

―No lo haré. Déjame demostrártelo.― Tomo su rostro entre mis manos antes
de besarlo apasionadamente, con ternura, obsesivamente, haciéndole saber
que me pertenece―. Soy tuya, Aaron, nada cambiará eso ―susurro mientras
nuestras bocas chocan―. Te necesito. Si soy «significativa», déjame ayudarte,
déjame demostrártelo.

Cada músculo de su cuerpo se tensa cuando rompe nuestro beso. Sus ojos
se encuentran con los míos, en conflicto entre la oscuridad, el dolor y el
miedo. Asiento con la cabeza, animándolo, tirando de mí en su abrazo.
Cuando sus dedos encallecidos acarician mi mejilla, mis labios, mi cuello,
justo cuando me mira por última vez, convencido de que me perderá, sé que
está a punto de decirme toda la verdad.
Esta noche, conoceré su oscuridad. Y esta noche, seré su luz.
Capítulo 34
Remedio

POR PRIMERA VEZ EN TODA MI VIDA, expongo mi pasado cruel a la única persona
que alguna vez importó. Estoy convencido de que me dejará y confirmará mis
reglas mientras la golpeo con la sombría verdad. Mi padre obligándome a
mirar mientras se follaba a mi madre, castigándola por engañarlo. Mi madre,
que no podía amarme más de lo que amaba al dinero. Los años que vinieron
después de eso. Mi padre me golpeó para rebajarme bajo su mandato. Po-
seerme por mi amor por él. Obligándome a mirar cuando manejaba a las
mujeres como objetos.

Le cuento lo que pasó el día de la muerte de mi hermano. André volvió a mi


vida ese mismo día y amenazó con destruir mi carrera, avergonzándome pú-
blicamente en la pista. Estaba débil y enojado, y esos hijos de puta nos es-
cucharon. Luché contra ellos. Seis contra uno. Les pateé la mierda. Pero eso
no fue suficiente. Necesitaba venganza. Estaba consumido por mi ira. Aver-
gonzados de lo que presenciaron. Eso me llevó a las carreras de velocidad y
a matar a mi hermano en un accidente automovilístico. Elle sigue escu-
chando la oscuridad de mi pasado, sin pestañear, sin alcanzarme, sin emo-
ciones.
Entonces, sigo. Mis pesadillas. Que no hice nada para ayudar a mi madre.
Un cobarde. Temo que haya torcido mi mente y tengo miedo de lastimar a
Elle. Herirla. Para tratarla de la misma manera en que mi padre trataba a las
mujeres. Era peor que el sexo duro, era posesión. Tengo miedo de perder el
control. Ser como él. Tener los impulsos que André creó en mí. Con las otras
mujeres nunca perdí el control, estaba follando, y no tenía emociones. Pero
ella despierta mi corazón y también mis demonios. No puedo ocultar nada
de mí. Si estoy destinado a perderla, ella me destruirá y probablemente me
transformaré en un monstruo sin alma.

Cuando termino de contarle mi pasado sombrío, me tiembla la voz y nunca


me había sentido tan débil y vulnerable. Estoy jodidamente avergonzado.
¿Cómo podría amarme? ¿Amar a alguien como yo? Un cobarde. Un villano.
Un hombre sin corazón. La miro fijamente mientras niega con la cabeza, sus
ojos puros consternados y horrorizados. Yo tenía razón. La asusté. Necesito
irme. No puedo soportar la mirada en su rostro. La estoy asqueando. Demos-
tró que no podía amarme completamente, solo la parte más ligera. Con su
mirada alternando entre el suelo y yo, me levanto de la cama y me dirijo
hacia la puerta.

―Lo siento, te mereces algo mejor.

Pero luego, sorprendida, explota en lágrimas y corre hacia mí, capturándome


en un abrazo. ―Yo soy la que está arrepentida.― ¿Lo siento? Ella no debería
arrepentirse de no poder amarme. Quiero lo mejor para ella, y si no lo soy,
que así sea.

Se limpia las lágrimas con sus dedos largos y femeninos, abriendo su boca
sensual como si estuviera a punto de decir algo. Pero en lugar de eso, sale
de su habitación y me deja solo. La estoy aterrorizando. Ella no puede sopor-
tar verme. Ignoro mi maldito corazón desgarrado, el hecho de que he perdido
lo más preciado.
―Hice esto hace semanas.― Ella regresa. Esta aquí. Con una lona de un me-
tro por uno.

Mis cejas se juntan, sin entender a dónde quiere llegar con esto. Sostiene la
pintura cerca de su pecho, sus manos tiemblan como si dudara en mostrár-
mela. Sus ojos suplican, empañados por la oscuridad que compartí con ella.
Finalmente descubre la fuerza para mostrar el arte que tiene y...

Mierda. Ella jodidamente me pintó.

Me pintó como si me conociera desde el principio.

El verdadero yo. Sin máscara sin juego Sólo yo.

Mis ojos, entre el conflicto, el dolor y la determinación. Los pájaros, su sello.


Parezco embrujado y, sin embargo, hay luz. Una promesa de la posibilidad
de felicidad. Ella. Ella es mi luz. Todo lo que toca, lo cura, lo ilumina. No
tengo palabras. ¿Dónde estuvo ella todo este tiempo? No puedo dejarla ir. La
necesito. No puedo renunciar a la mejor parte de mí.

Ella posa la pintura en el suelo, colocando sus manos sobre mi pecho, mi


mandíbula todavía abierta. ―Ese es el hombre que…

Sus ojos se elevan hacia los míos, llenos de ternura, antes de acariciar mi
rostro. ―Te amo.

La miro en estado de shock cuando una ola de emociones me alcanza. siento


un dolor en mi pecho, mi corazón despertándose después de todo este
tiempo. Ella me ama. Ella lo dijo. La palabra que significa todo para ella, la
palabra que no pudo decir. La palabra que significa su alma me pertenece.
La palabra que le permite ser mía. Y esta noche, lo dijo dos veces. Con su
pintura, y con sus palabras. Dos declaraciones. Ella es lo mejor que me ha
pasado, y...
Ella me ama.

Ella me ama, conociendo la parte más oscura de mi alma.

Y la amo, también. Pero no puedo decirle todavía.

―TE AMO.

Se lo admití. No hay retorno. Aaron me necesita, y no puedo vivir sin él. Su


padre lo rompió, fue testigo de tanta oscuridad, más de lo que un ser humano
podría manejar, y sin embargo resultó ser un hombre dulce y cariñoso con-
migo. Sé lo que esta palabra significa para nosotros. Que le entrego mi alma,
que me puede desgarrar, que soy suya. Pero confío en él. No todos los hom-
bres son iguales. Le he dado la llave de mi corazón y el secreto de mi inspi-
ración. Él. Siempre ha sido él. El que estuve esperando durante todos esos
años. Está dañado pero hermoso. Doloroso pero curativo. Juntos, somos Yin
y el Yang, opuestos pero completos.
Me mira en estado de shock, y Aaron, que es conocido por ocultar sus emo-
ciones, se esfuerza por hacerlo. Su rostro se suaviza, sus ojos salvajes y lle-
nos de ternura.

―¿Cómo puedes amarme?― Sacude la cabeza, su lengua humedece su boca,


observándome.

―Por todo lo que eres. Te amo, Aaron.― Lo acerco más, mis manos ahuecan
sus mejillas, mientras estoy de puntillas para llegar a su rostro―. Te amo a
ti por tus tinieblas y tu luz. Por todo, Aaron. Soy tuya.― Él agarra mis cade-
ras, separando el espacio restante entre nuestros cuerpos, antes de acer-
carme para un beso acalorado―. Y tú no eres tu padre, Aaron. Eres todo lo
que él no es.

―Eres la único que ve lo mejor en mí.― Sé que esto no es cierto. Thomas


parece cuidar a Aaron como a su hijo. Monica lo quiere como a un hermano.
Pero soy la única persona a la que se abrió por completo. La única persona
a la que entregó su alma casi por completo.

La mirada en sus ojos delata el hecho de que quiere decir algo, pero no puede.
En su lugar, tira de mí hacia atrás para darme un beso embriagador, mi
corazón martilleando en mi pecho. ―Te necesito ―dice, caliente y desespe-
rado.

―Mi corazón es tuyo, pero no lo rompas por favor.― Logro una sonrisa tonta,
tratando de bromear mientras estoy muerta de miedo. Lo amo y, sin em-
bargo, ahora tengo miedo de perderlo. Mis inseguridades todavía me están
aplastando―. No puedo soportar verte aburrirte de mí. Conoces mi cuerpo de
memoria, tal vez necesites otra mujer —añado.

―Solo estás tú, Elle.― Su pulgar levanta mi cara para que mi mirada se en-
cuentre con la suya―. Sólo tu.― Sus labios sellan los míos, silenciando mis
inseguridades, prometiendo que solo estamos nosotros―. Eres la mujer más
hermosa que conozco. Me estás volviendo loco como nadie más lo ha hecho.―
Suelto una pequeña risa cuando noto su dureza presionando mi estómago―.
Adoro tu risa. Todo en ti es perfección para mí. Y ese cuadro que hiciste,
tienes mucho talento.

Mi corazón se sonroja, sabiendo que Aaron no es un hombre de palabras.


Nuestro beso se profundiza hasta que nos moldeamos en el alma del otro. Él
es mío. Su agarre se aprieta, mi cuerpo jadea por sentirlo debajo de mí. Mi
mano empieza a alcanzar los pantalones de Aaron, acariciándolo encima de
ellos mientras él frunce el ceño, contemplándome. Con mi otra mano en su
cuello, tiro de él para darle otro beso mientras empiezo a desabrocharle los
pantalones. Nos desnudamos lo más rápido que podemos, nuestros labios
siempre conectados, sus dedos comienzan a descender para provocar toda
mi zona V.

Con el corazón golpeando contra mi pecho, estoy lista para dejar atrás el
pasado. Muerdo mi labio inferior, admirando al hombre al que le acabo de
confesar mi amor, antes de que mi mano toque su dureza. Caigo de rodillas,
decidiendo borrar un mal recuerdo con uno nuevo. Pero antes de que pueda
actuar, Aaron me levanta para darme otro beso, acariciando mi cabello. ―No
tienes que hacer esto, ma belle.

―Quiero hacerlo ―aseguro.

Él pone un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. ―¿Está segura?―


Asiento, con una sonrisa en mi rostro, mientras me analiza―. Si te sientes
incómoda, me lo dices. No quiero que te fuerces.

Lo beso de nuevo antes de arrodillarme frente a él. Su mirada no deja la mía,


y sé que no está relajado. Nunca he visto a alguien tan protector como Aaron,
pero él no tiene que protegerme de él. Sé que puedo confiar en él. Mi mano
acariciando su longitud, provoco su punta, dibujando círculos con mi len-
gua, sus músculos se tensan de inmediato. Comienza a gemir cuando mi
boca enfoca su atención en él, nuestro contacto visual no se rompe. Los de-
dos de Aaron acarician mi cabello, su otra mano agarra el escritorio detrás
de él. Verlo tensarse, gemir de placer, sus ojos oscurecerse de lujuria, crea
en mí una nueva forma de poder. Lo tomo completamente en mi boca, lenta-
mente al principio, mi lengua le ofrece más fricción. Él gime y maldice, y una
sonrisa tonta borra mi rostro. Es lo opuesto a Stephan. Me sentía tan pe-
queña y avergonzada con él, pero con Aaron es diferente. Bueno, incluso.
Emocionante.

―Joder, Elle. Podría venir aquí mismo.― Mi lengua sale de mi boca para aca-
riciar su punta, antes de probar su líquido preseminal―. Me estás tortu-
rando.

Acelero mi ritmo, llevándolo más profundo, estimulado por los jadeos de pla-
cer que provoca mi boca. Su mano aprieta mi cabello, sus caderas siguen mi
movimiento. Sé que está cerca de su liberación cuando sus gemidos crecen
en intensidad y resiste el impulso de tener el control. ―Elle, no puedo aguan-
tar. Muévete si tú…

No escucho; Chupo, lamo y deslizo mi boca sobre él más rápido, algo que no
es fácil de hacer, debido a su longitud. Nuestros pasos son apasionados.
Chocamos en una explosión lujuriosa, su orgasmo se estrella a su alrededor,
tomándolo con toda su fuerza.

Me lamo los labios, sorprendida de que me guste su sabor, y aún más sor-
prendida de estar mojada por lo que acaba de pasar. Extrañamente, llevarlo
al límite me empoderó. Me levanta antes de besarme profundamente. ¿Como
agradecimiento? ¿Un acto de amor? No puedo decir. ―¿Cómo te sentiste?

―En realidad fue bueno.― Sin embargo, ¿era por él? ¿Era bueno?―. ¿Te
gustó?

―Me encantó. La mejor mamada que he recibido. Podría correrme con sólo
mirarte.― Sonrío, notando que ya está recuperando su fuerza―. Eres mía,
Elle. Ahora, déjame complacerte.
Sus dedos intentan alcanzar mi entrada, pero no puedo esperar. Lo quiero.
―Te necesito dentro de mí, ahora.― Mi voz es débil por la necesidad de él.

―Te deseo tanto en este momento, no sé si puedo tener el control.― Sus ojos
se encuentran con los míos, atrapados entre la oscuridad y el deseo.

―No me importa, te quiero a ti.― Aplasto mis labios contra los suyos, nues-
tras lenguas se enredan, nuestros dientes chocan.

Lo siguiente que sé es que estoy atrapada contra la pared, mis piernas en-
vueltas alrededor de sus caderas, firmemente sujetas a él. Mis dedos recorren
su cabello mientras su mano recorre la curva de mi nalga. Agarra mi cintura,
sosteniéndome con sus músculos varoniles, atrapándome con él. Piel contra
piel. Alma contra alma.

Su boca marca mi garganta y mis pechos doloridos con deliciosos y adictivos


besos. No puedo aferrarme a esta tortura. Él está duro contra mi vientre, un
calor se enciende entre mis piernas, la necesidad de pertenecerle nunca ha
sido tan profunda. Una tormenta tropical en sus ojos oceánicos, mi pulso se
acelera cuando chupa mi pezón.

Cuando me penetra por completo, grito su nombre. Su ritmo duro y apasio-


nado, mi cuerpo se tensa al principio entre el dolor y el placer bajo sus con-
tundentes embestidas. Restriego mis uñas por su espalda mientras él aprieta
mi trasero con más fuerza que nunca. Nuestros intercambios ardientes me
hacen rebotar contra la pared. Dar y recibir, es un campo de batalla donde
la pasión se encuentra con la posesión. Mi cuerpo arde en un fuego impara-
ble. Un fuego que inicia alimenta, entretiene, alivia, satisface.

Me lleva al baño, colocándose detrás de mi espalda frente al espejo, ofrecién-


dome una vista de todo mi cuerpo desnudo. La vieja Elle habría desviado su
mirada al instante. Pero la nueva Elle está empoderada por la forma en que
Aaron la mira. Ya no avergüenzo de mi cuerpo, ni mis deseos. Soy libre. Aa-
ron besa mi cuello, sus brazos rodean mi cintura.
―Eres hermosa. Quiero que te veas venir. Quiero que mires cómo te miro.―
Entiendo que esto no es una petición cuando él choca contra mí, enviando
una descarga eléctrica a lo largo de mi piel. Mi boca abierta mientras una de
sus manos sujeta mi espalda contra su cuerpo esculpido, y la otra ahueca
mi pecho. Nunca pensé que me excitaría viéndonos.

Observo su animalidad, cuando agarra mi cabello, inclinando mi cabeza ha-


cia atrás para que nuestros labios se conecten bruscamente en un beso po-
sesivo y hambriento. La forma en que sus músculos se contraen, la lujuria
en sus ojos cuando acaricia mi clítoris, haciéndome desmoronarme. Mirán-
dome, sonrojándome, sintiendo que estoy a merced de un hombre que adora
mi cuerpo. Un cuerpo que fácilmente podría ponerlo de rodillas.

Me golpea con salvaje abandono, contemplando todo mi cuerpo respondiendo


a cada uno de sus empujones y toques. Con los ojos en blanco, Aaron LeBeau
tiene el don de despertarme, de doblegarme a su deseo voluntariamente. En
nuestra intimidad, me otorga el control que necesito. Dándome lo que nece-
sito para aliviar mis inseguridades. Y, sin embargo, sé que no hay guerra por
el control durante el sexo con Aaron. Pierdo. Mi cuerpo está feliz de someterse
y complacer, aceptando el placer.

Libera mi cuerpo, inclinándome sobre el mostrador, ofreciéndole un control


total sobre mí. Sus dedos acarician mi espalda antes de capturar mi cintura,
mientras empuja sin piedad, golpeando un nuevo lugar que nunca supe que
existía. Mi espalda se arquea, mis piernas tiemblan, siento un hormigueo de
placer. Los sofocos se encienden, enfrentándose a una intensidad que nunca
antes había alcanzado conmigo. Nuestros gemidos se funden juntos. Cuando
encuentro la fuerza para toparme con su mirada en el espejo, reconozco su
expresión. El Aaron atormentado. “Wolf”. Lo conozco demasiado bien para
saber que necesita la proximidad de la carne para aliviar y olvidar su oscu-
ridad. Lo que me había admitido antes dejó una marca de inseguridad en su
alma y reclamar mi cuerpo con pasión es su forma de tranquilizarse. Sen-
tirme varonil, saber que le pertenezco. Liberando su pasado a través de mí.
Compartiendo su oscuridad conmigo en cada una de sus embestidas. Po-
seerme al permitirme ser su remedio. «Su significativa».
Sacudidas y golpes. Dolor y placer. Golpea mi trasero mientras siento que
todo mi orgasmo se estrella contra mí, grito su nombre. Él ahueca mis senos,
inclinándose hacia mí, y con una flexión de sus caderas me golpean hasta el
fondo en un último empuje intenso antes de encontrar su liberación. Nos
reunimos, completamente agotados, incapaces de hablar. Me besa el hombro
y la nuca suavemente, permaneciendo en esa posición durante unos minu-
tos, recuperando el ánimo. Ni siquiera puedo darme la vuelta para mirarlo.
Estoy jadeando sin aliento por nuestro intercambio animal, mi cuerpo dolo-
rido y débil.

Las manos de Aaron encuentran mi cintura, haciéndome girar para que mi


frente choque con la suya. Aparta mi cabello mojado de mi frente antes de
acariciar mis mejillas, con preocupación en sus ojos. Su expresión angus-
tiada se ha ido, ha recuperado su ternura. Se mira en el espejo, tragando y
apretando la mandíbula cuando se da cuenta de las apasionadas marcas de
agarre que dejó en mi trasero. Sé que volverá a la normalidad en unos minu-
tos, pero el miedo en sus ojos me está matando.

―Estoy bien, Aaron ―aseguro rozando mis labios con los suyos, pero todavía
me mira como si fuera una muñeca de porcelana capaz de romperse.

―No debería haber sido tan duro, no sé lo que pasó.― Acaricia todo mi
cuerpo, probablemente verificando si le he mentido.

Mis dedos rozan su fuerte pecho, trazando la forma de su tatuaje, antes de


ponerme de puntillas para besar su garganta. ―Tú no eres tu padre. No me
lastimaste.

―Te jodí, Elle. He puesto toda mi maldita oscuridad sobre ti.― Envuelve sus
brazos protectoramente alrededor de mi cintura para mantenerme firme―.
Debería cuidarte, no hacerte daño.

―No lo hiciste, y me gustó. Si no fuera así, te lo habría dicho.― Él frunce el


ceño, escudriñándome en busca de la verdad―. Obviamente, estaré adolorida
mañana, pero de vez en cuando es bueno.― Mis mejillas se sonrojan, pen-
sando en lo que acabamos de hacer.

Aaron tiene su oscuridad, y yo tengo la mía. Dudo que podamos cambiar por
completo, pero con amor, podemos dar lo que el otro necesita y evolucionar.
Probablemente estemos lejos de ser una pareja estándar, pero somos noso-
tros. Con él, nada es aburrido. Con él, puedo ser yo misma. No importa su
oscuridad, no importa el camino que estemos tomando, lo seguiré porque sé
que es mío. Amo por igual su negrura y su luz.

―Cuando me lo permitas, te haré el amor con dulzura y delicadeza durante


semanas.― Me toma bajo sus brazos, llevándonos a la ducha―. Voy a comér-
telo hasta que estes lista.

―Eso suena perfecto.

Además, siempre hay luz en la oscuridad. Una esperanza. Su oscuridad creó


su lado sobreprotector; sin ella no sería mi Lobo. Nuestro pasado no es dueño
de nuestro futuro. Nuestra sangre no nos forma.

Después de todo, somos los dueños de nuestro destino.

ME SIENTO EN PAZ. La noche prometía ser una pesadilla y, sin embargo, me


siento más cerca de él que nunca. Mis ojos se están cerrando lentamente
para dormir, mi cabeza en el pecho de Aaron, mi mano en su torso. Me he
acostumbrado tanto a él. Escucho los latidos de su corazón ralentizándose
mientras acaricia mi cabello, su pulgar rozando mi brazo. Me río cuando
siento su erección en mi estómago. Insistió en que quería sentir mi piel des-
nuda sobre él, no permitiéndome vestirme, bueno, ahora tendrá que lidiar
con su bulto.
CUANDO ME DESPIERTO temprano en la mañana, encuentro a Aaron abrazán-
dome. No me ha soltado en toda la noche. Una sonrisa tonta llega a mi rostro,
saboreando el momento. Durmió conmigo toda la noche sin pesadillas.
Aceptó la intimidad que había disparado sus demonios antes. Él los venció.
Me giro para enfrentarlo. Se ve tan pacífico y angelical. Sus ojos aún están
cerrados y, sin embargo, me atrae hacia su pecho, como si supiera que lo
estaba mirando. Y sé que es la mejor noche de sueño que ninguno de noso-
tros ha tenido en mucho tiempo.

Me inclino para besarlo. Sus ojos se abren, llenos de hambre cuando mira
fijamente mi cuerpo desnudo sentado en su regazo. Él sonríe y yo me río
cuando me roba un beso apasionado que hace que mi corazón se estremezca,
latiendo tan fuerte cada vez. Ambos sabemos lo que sucederá después.

Nuestros demonios ya no pueden alcanzarnos.

Somos el remedio del otro.


Capítulo 35
“Wolf”

LA VIDA HA SIDO BUENA. Demasiado buena. El peor enemigo de un piloto de


Fórmula 1 es la felicidad. Embota tu instinto asesino. Debes tener la cabeza
en la pista, darlo todo, incluso tu vida, si es necesario. Pero últimamente, me
he dejado llevar por mi polla y el órgano que funciona como mi corazón. He
estado entrenando más duro para llevarme la victoria esta temporada, pero
he cambiado mis hábitos. Si no fuera por ella, habría estado en mi residencia
principal en Mónaco, pero en cambio, he pasado mis vacaciones de invierno
en mi ático en Nueva York. He pasado todas las noches con Elle y no he
tenido otra pesadilla. Lentamente va entintando mi alma y borrando la huella
de André. Hablando de él, no le he devuelto ninguna de sus llamadas.

Ma belle está en el Gran Prix de Australia conmigo. Primera carrera de la


temporada. No podría estar más feliz de que finalmente decidiera hacer lo
que ama. Lo que ella no sabe es que es posible que haya enviado sus pinturas
a galerías de arte. Sé que es su sueño, aunque aún no está segura, pero no
tengo ninguna duda de ella. Serán idiotas si no se la llevan. Además, para
ella, ser artista significaría que podría venir conmigo por todo el mundo. To-
maremos sus materiales de arte y luego la tendré conmigo. Todas. Las. Mal-
ditas. Horas.

Es una estupidez. Vivo en Mónaco. Ella vive en Nueva York. Viajo todo el año.
Estamos condenados al fracaso. ¿Y si ella vive conmigo? ¿Se iría de Nueva
York? Nunca he vivido con nadie. ¿Estaría de acuerdo en viajar conmigo?
Concéntrate en la carrera, Aaron, maldita sea. Ella está jugando con mi
mente.

Me ofrece una dulce sonrisa, con los auriculares puestos, lista para seguir la
carrera desde mi paddock. Me encanta lo ansiosa que se ve. Por otra parte,
soy conocido por ser indomable, no el novio más fácil de tratar. Vi a todos
los hombres comiéndosela con los ojos cuando llegamos. Pero, Elle es mía.
También me ha mirado un par de veces cuando una mujer me miró con ojos
de alcoba, o cuando una mujer a la que definió como atractiva nos habló.
Ella no tiene que temer nada. Ninguno de ellos podía compararse con una
cuarta parte de ella. Ella es más hermosa que todas ellas, e incluso si odio
admitirlo, me arruina por completo para otras mujeres. Maldita sea, la ca-
rrera Aaron.

Monica se burla de mí cuando ve mi mirada clavada en Elle, como un hijo de


puta blandengue. Apuesto a que no pudo resistir las ganas de venir, no
pierde la oportunidad de viajar bajo el sol. Además, le encanta Elle. Pero
¿quién no podría amarla? Louis sigue mirando a Monica, y no puedo evitar
sonreír, el bastardo tiene su mente tan jodida como la mía por culpa de una
mujer. Como me dijo toda la verdad, todavía lo odio, pero creo que su odio
por sí mismo es suficiente para hacerlo sufrir. Además, por la forma en que
está añorando a Monica desde lejos, supongo que ella no lo ha perdonado.
Conociéndola, ella solo hará que él trabaje duro para lograrlo. Buena chica.
Solo espero que Elle no se ablande aquí. A veces es demasiado buena para
este mundo.

Es hora.
Salto a mi cabina y envuelvo mi mente en torno a la carrera. Guantes pues-
tos. Casco puesto. Cuando corro, Aaron desaparece para dejar entrar a
“Wolf”. Imprudente. Peligroso. Pecador. Soy todo lo anterior. Todos estamos
lidiando con nuestros traumas de manera diferente. Yo, corro. Las carreras
son lo que me mantiene cuerdo. Necesito el ritmo vertiginoso, corro contra
mis propios demonios. Con suerte, la felicidad no arruinará mi carrera.

Alineo mi auto en la parrilla y la emoción corre por mis venas. Extraño esto.
Cuando la luz roja desaparece, presiono el acelerador. 200. 210. 220 mph.
Corro mi auto sin miedo a tomar la delantera. Pero una carrera no es un
sprint.

Más rápido.

Un error hace que baje dos lugares. Actualmente posición 3, Louis toma la
delantera, seguido por otro contendiente. Maldita felicidad. Me concentro
solo en el sonido chirriante del motor, apagando mi mente. Ni siquiera presto
atención a la voz de Thomas en el auricular. Corro mi auto más rápido, ga-
nando microsegundos durante las curvas, tomando riesgos. Y estoy en ese
punto otra vez. El punto donde las mismas imágenes aparecen en mi mente.
Henry. El accidente. Dejo que la adrenalina me consuma. Dentro de la ca-
bina, yo soy el que tiene el control. soy poderoso Invencible. Cuando corro,
estoy un paso más cerca de la muerte. Puedo sentirlo corriendo contra mí.
Nunca me he sentido más vivo estando más cerca de la muerte. 225 mph.

Obsesionado.

Necesito acercarme un paso.

Estoy allí. Estoy en ese punto, no siento nada. Estoy en ese punto, me siento
en paz. El punto en que todo puede cambiar. Cuando una mala maniobra
me puede hacer chocar. Solo un movimiento, solo una respiración de distan-
cia. Pero no puedo evitarlo, necesito ver los demonios de mi pasado una vez
más. Necesito ver a Henry.
227 mph

El espíritu de Henry está conmigo. Mirándome correr. Me siento cerca de


nuevo de mi hermano. El tiempo parece ralentizarse. Me siento atrapado en-
tre la vida y la muerte. Henry, lo siento mucho. Perdóname.

―Aaron. Tienes una oportunidad para hacerte cargo de Louis, pero es arries-
gado ―habla Thomas en el auricular.

Incremento el ritmo, luchando por mantener el control sobre mi volante. Un


error y me estrellaré. Un error y estaré con Henry. Pero esta vez, algo cambia.
Siempre he tenido esa furia y esa ira dentro de mí. Soy salvaje por naturaleza.
Pero encuentro mi paz.

Estoy listo para dejar ir a Henry.

Te amo hermano. Piso el pedal mientras Thomas grita en los auriculares, pero
sonrío. Lo cambio a la curva y me hago cargo de Louis.

Y en ese momento, sé que ganaré la carrera.

Porque ya no corro contra mi corazón. Corro con eso. Antes, cuando acaba-
ban las carreras, estaba solo. A solas con mis pensamientos, a solas con mi
alma oscura. Sólo había una fórmula. Un juego. Un lugar predilecto. Muje-
riego. Maldito. Controlador. Y repetir. Pero ahora está ella. Tengo algo por lo
que ir a casa, por lo que luchar. No viviré en el pasado, sino en el futuro.

Correré hacia la mujer que amo.


ABRAZO FUERTE A MONICA cuando veo la victoria de Aaron en la primera ca-
rrera de la temporada. Siento que todo finalmente está cayendo en su lugar
para nosotros. Estoy temiendo una sola cosa. La distancia entre nosotros.
Aaron estará ocupado con las carreras y yo estaré al otro lado del mundo.
Me pidió que fuera a Australia con él, pero sería solo una vez, ¿verdad? ¿Es
tan malo que quiera viajar por el mundo con él? Los otros pilotos no tienen
a sus mujeres animándolos en cada carrera. Y “Wolf” es del tipo alfa. El tipo
que necesita su libertad. ¿Realmente puedo confiar en él? ¿Puedo estar lejos
de él por tanto tiempo? La idea de una cama vacía por la noche es algo que
me revuelve el estómago. Me volví adicta a él tan rápido.

―Bueno, el amor se ve bien en la cara de Aaron.― Monica sonríe cuando ve


a Aaron saltar a los brazos de su equipo.

―¿Tú qué tal?― Arqueo una ceja en dirección a Louis, quien con orgullo se
dirige hacia su foso antes de estrechar la mano de Aaron, felicitándolo por
su victoria.

―Va a trabajar duro por ello.― Al observar la expresión de Monica, puedo


sentir que lo hará esperar durante meses―. Sin embargo, estoy bastante se-
gura de que no se dará por vencido. Ver a Aaron feliz en una relación lo ha
hecho querer ser un mejor hombre.― Ella se ríe―. Seguramente no seré una
mujer mejor.
―Eres una persona increíble, Monica.― Pongo los ojos en blanco―. A veces
eres como Aaron.― Ambos son bromistas, seductores y no se permiten amar.

―Igual que yo, ¿eh?― Siento los brazos de Aaron agarrando mi cintura por
detrás.

―Y esa es mi señal para irme.― Monica nos saluda con la mano.

Me doy la vuelta, tirando de mis brazos a sus hombros, mordiéndome el labio


inferior. ―Gran carrera, “Wolf”. Esta noche vale la pena celebrar…

Sus ojos crecen con lujuria, brillando cuando comienza a gemir. Mueve su
mirada hacia el profundo escote de mi vestido de verano con estampado de
flores. ―¿No llevas sostén?― Sacudo la cabeza en un no, arqueando la ceja
juguetonamente―. Serás mi muerte, Elle.

―¿No te gusta que esté un paso más cerca de desnudarme pronto?

―Dios, Elle, te amo ―dice al instante, y abro los ojos en estado de shock. ¿El
me ama?

Cuando noto los ojos de Aaron más salvajes, me doy cuenta de que no tenía
la intención de decírmelo. ¿O tal vez no decirlo en absoluto? Probablemente
quiso decir que le encanta que esté un paso más cerca de desnudarme, ¿ver-
dad? ¿No me amas? Mi corazón está pulsando.

Pero nuestro momento tiene que esperar ya que Thomas llama a Aaron al
podio para celebrar su victoria.

NO PUEDO dejar de pensar en las palabras de Aaron. ¿Debería enfrentarlo?


Estar en la incertidumbre me está poniendo ansiosa. Debería olvidarlo. No
es nada, ¿verdad? Aaron vuelve a mí una vez que terminó de manejar una
conferencia de prensa. Esta noche dice que quiere invitarme a uno de sus
restaurantes favoritos. ¿Quizás me lo dirá allí?

Me besa suavemente cuando su teléfono nos interrumpe. ―Maldita sea, esta


es la cuarta vez. Lo siento, Elle.

Contesta y toda su expresión cambia. Durante un par de minutos, perma-


nece en silencio, con el rostro completamente cerrado. ―Okey.― Un latido―.
No lo sé.― Un latido―. Te mantendré informado.― Él cuelga.

―¿Qué es?― Empiezo a preocuparme, mis dedos acariciando su brazo.

―El hospital. André se está muriendo. ―Hace una pausa―. No pasará la se-
mana.
Capítulo 36
De tal palo tal astilla

EL BASTARDO DE MI PADRE SE ESTÁ MURIENDO. No debería importarme. Demo-


nios, ni siquiera debería estar aquí. Es cruel y merece morir solo. Pero Elle
me convenció de volar a Francia para encontrarme con él. Dijo que me daría
el cierre que necesito. Para saber por qué odiaba a su propia sangre. Para
saber por qué no podía ser mi padre. Una cosa es segura, si está esperando
el perdón, todavía puede tener esperanza. Nunca le daré esta satisfacción.
Pero Elle tiene razón. Debería verlo agonizar. Debería verlo convertirse en
cenizas y reírme de su muerte. Debería ser la última persona que vea cuando
abandone este mundo. Él sabrá cuánto lo desprecio y que nunca lo perdo-
naré. La redención no es algo que le ofreceré.

Es mi venganza.

―¿Vas a estar bien? —pregunta Elle, entrelazando sus dedos con los míos
mientras nos paramos en medio del pasillo del hospital. Lo he querido
muerto toda mi vida, por supuesto, estoy bien―. Estoy aquí si me necesitas.
La miro; ella es pura bondad. Había planeado la noche romántica perfecta
para nosotros. Le prometí unas vacaciones exóticas y, en cambio, la arrastré
a un maldito hospital, la hice volar durante veinte horas. ―Estaré bien. No
tardaré.― Beso su frente antes de caminar por el blanco corredor hacia su
habitación.

Venganza. Es todo lo que tengo en mi mente. Los hospitales me ponen la piel


de gallina. Odio estos lugares. La gente muere. La gente está enferma. Son
dependientes, y estar enjaulado en tu propio cuerpo es la peor maldición
humana. Nunca he tenido miedo de morir, pero estando aquí envía un esca-
lofrío a mi espalda. Estoy frente al número de su habitación y dudo en entrar
por una fracción de segundo. Finalmente, abro la puerta, listo para mirarlo
a la cara.

Pero cuando observo la boca abierta de André, sus ojos clavados en la pared,
su rostro blanco como un fantasma, no sonrío. André, por lo general tan
poderoso y aterrador, ahora está acostado en su cama, incapaz de salir de
ella, con un tubo de alimentación en el estómago. Orinar en su propia ropa.
Necesitar a alguien que le limpie el culo.

Dependiente.

Vulnerable.

Débil.

El hombre que me aterrorizaba ahora se reduce a menos que nada. Debería


mirar, pero no le deseo este final a nadie. Me paro frente a él, mi rostro frío
y sin emociones. Se toma un minuto completo para mover sus ojos hacia mí.

―Viniste.― Lucha por hablar, su mano queriendo alcanzar la mía, pero ca-
yendo de nuevo en su cama.

―Solo para verte morir ―digo con dureza cuando sus labios intentan cur-
varse en una sonrisa lenta y letal, pero fallan miserablemente.
―No estes demasiado feliz, también morirás solo.

―No, André.― Me inclino hacia él, disparando mis ojos―. Tengo a alguien.
Elle lo sabe todo y me quiere. Fallaste, padre.

―La compañía es tuya ―susurra, el timbre de su voz arrastrando las palabras


a bajo volumen.

Sonrío, feliz de destruir su querido negocio. Sus cadena hotelera era su vida.
Sé que me los dio porque simplemente no tenía a nadie. Cree que soy tan
estúpido como para salvar su legado. ―Me importa un carajo tu testamento.
Dime algo, André. Tomo la silla cerca de su cama y la acerco a él para que se
siente―. ¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué odiabas tanto a tu propio hijo?

Me mira fijamente, este bastardo probablemente pensando en morir sin


darme una respuesta. Lo disfrutaría demasiado. Pero no voy a rogar por la
verdad. Los músculos de su cara intentan tensarse, pero permanece con una
apariencia de máscara. ―Tu madre me engañó.

―¿Y? ¿Qué tiene que ver conmigo?― Levanto la voz, incapaz de ocultar todo
el odio que le tengo a este hombre.

―Te pareces a ella.― Traga, sus pulmones jadeando por aire. No mueras to-
davía―. El amor es una debilidad.― Una pausa―. Quería romperte.

―¿Por qué? ―grito―. ¿Por qué me lastimaste? ¿Por tu propio placer? ¿O por-
que odiabas a mi madre?

―Quería tu lealtad.― Casi consigue esbozar una sonrisa enfermiza y retor-


cida―. Mi posesión.― Le cuesta respirar y sé que se acerca la hora de su
muerte―. El día de la muerte de Henry…― Hace una pausa.

Aprieto los puños. Ese mismo día me golpeó en la pista y me presionó para
que dejara las carreras. Ese día, toda mi carrera casi estalló en llamas.
―¿Qué pasó? ¡Habla ahora! ―grito.
―La verdad.― ¿Que verdad? ¿Es que este hombre ni siquiera puede pronun-
ciar una frase? Estoy cansado de sus juegos mentales.

―¿Que verdad?

―Ella me engañó con tu puto entrenador.― ¿Thomas? ¿Mi madre te engañó


con Thomas? ¿Cómo podría ser eso posible?―. Hace veintisiete años ―agrega,
sin emociones.

―¿Thomas?― Eso no es posible, aún no había nacido. Incluso en la hora de


su muerte, encuentra tiempo para mentir.

―Tú naciste diez meses después.― Una pausa―. Él es tu padre biológico.―


Mi sangre corre fría, mi corazón late con fuerza. Él está tratando de meterse
conmigo―. No te creo.

―Ambas pruebas de paternidad están en el mostrador. Haz una tú mismo si


no me crees. Se esfuerza por hablar mientras miro al vacío. ―Tú eras mi
venganza. Mi tipo de sangre es AB. El tuyo es O. Compruébalo tú mismo.

No quiero creer esto. Niego con la cabeza, mis ojos se oscurecen mientras
camino como un tigre en una jaula por la habitación. Finalmente tomo am-
bas pruebas de paternidad, y la verdad hace que mi mundo choque. ¿Tal vez
podría haberlos falsificado? Pero ¿por qué André se tomaría tantas molestias
por una mentira? Una mentira que no le serviría. Toda mi vida quiso po-
seerme, lo único que nos unía era la sangre. El único propósito de golpearme
con esta noticia sería su esperanza de redención, o su forma sádica de verme
desmoronarme.

―Ella me lo ocultó durante años. Esa puta no quiso decirme quién era
cuando la desterré. Encontré una carta hace casi tres años. Ella lo dejó a
propósito, para castigarme. Solo había dos palabras escritas: jódete, con una
foto de ese cabrón. Ese día me hice una segunda prueba de paternidad.

La primera prueba de paternidad data del día en que empujó a mi madre a


irse, hace dieciocho años, cuando yo tenía solo ocho. Cero por ciento. André
no es mi padre. El segundo informe data del día anterior al accidente de
Henry, hace casi tres años, fecha en la que encontró la carta. Thomas mues-
tra una compatibilidad del noventa y nueve por ciento.

Mierda.

Lanzo los papeles al suelo con violencia, tratando de contener mi ira. Mi mal-
dita vida es una mentira. Sé que al perder el control le estoy dando a André
lo que deseaba ver. Yo, destrozándome. Yo, descubriendo la razón por la que
nunca podría tratarme como a un hijo. Porque él nunca ha sido mi padre.
Para él, yo era el bastardo de la infidelidad de la mujer que amaba. una mujer
que él odiada con toda su alma, debido a su traición. Quería usarme para
aliviar su dolor. Yo estaba destinado a servir su venganza. Al poseerme, él la
poseía a ella. Regalarme habría llamado la atención de los medios sobre sí
mismo, ya que es una figura de poder. No tenía otra opción que mantenerme
para su imagen. yo era inocente Y lo más importante, la sangre de André no
corre por mis venas. No seré como él. No soy un monstruo.

Pero ¿Thomas? La vida está torcida. Algo no cuadra. Si André lo supo todos
estos años, ¿por qué lo ocultaría? Es un creyente en el dolor y el castigo,
nunca habría mantenido la calma tanto tiempo. No. No tiene sentido. ―En-
tonces, ¿por qué no lastimaste a Thomas? Si lo supiste todo el tiempo, ¿por
qué me dejaste correr?

―Estaba destinado a morir ―dice con frialdad―. Se suponía que el camión


golpearía a Thomas.

El camión.

El semáforo.

El accidente.

Permanezco en silencio. Conmocionado. Roto. Vacío.

Se suponía que el camión golpearía a Thomas.


Ese mismo día, llevé el auto de Henry al mecánico para que reparara las
luces antiniebla. Se suponía que íbamos a recogerlo al día siguiente. Esa
noche, Thomas me ofreció llevar su auto ya que su novia lo llevaba de regreso
a su casa.

Mi padre había orquestado el camión que nos chocó.

No fue mi culpa.

Él fue el que mató a mi hermano.

Salto de mi silla, golpeando la pared con vehemencia con mi puño. Sangre


alrededor de mis nudillos, caigo contra la pared, ni siquiera sintiendo el do-
lor. En ese momento, quiero matar a André, lastimarlo por haberme quitado
a mi hermano por su odio hacia mi madre. Pero eso significaría que le estaría
ofreciendo una muerte rápida, y necesita agonizar su alma. Pasé los últimos
tres años culpándome y odiándome y todo el tiempo fue por él. Y el destino.
El engaño de mi madre, mi nacimiento, la luz rota del auto de Henry, una
sucesión de pequeños eventos había creado un desenlace devastador. André
destruyó lo único que amé, Henry.

—La luz era verde —gruño.

―Sí. Cuando él muriera, no podía perderte a ti también. Te quería a mi lado.


―Respira pesadamente―. Porque te sentiste culpable, te dejé creer que era
tu culpa, para que no me dejaras. Es por eso por lo que permití que Thomas
viviera, por ahora. Te acercaste a él, y si te lo hubiera quitado, lo habrías
perdido. Era mejor poner a todos en tu contra, así que vendrás a trabajar
conmigo.― Hace una pausa―. No podía perder eso también.

Todo el mundo.

¿También fue su culpa que mi contrato estuviera en peligro? ¿Y sobre los


patrocinadores que dejan de invertir en el equipo? Siempre fue su plan: qui-
tarme la Fórmula 1, quedarme con él. André es egoísta y quería aliviar su
propio dolor, culpando y derribando a otros como marionetas de su miseria.
Reemplazó a su hijo con su Imperio, probablemente pensando que tener su
nombre en un edificio lo haría mejor.

―¡Tu bastardo enfermo! ¡Tú mataste a Henry! ¡Mataste a tu propio hijo!


―rujo. Mi furia salta a la vida. Casi me asfixio con mi propia rabia. El caos
me apuñala. Estoy a punto de dejar que mi dolor me consuma, pero no le
daré el placer a André.

Y por primera vez, veo una lágrima deslizándose por la expresión fantasmal
de André. Una maldita lágrima. ¿Así podré perdonarlo todo?

―Apuesto a que eres feliz ahora ―dice como si estuviera a punto de decir
adiós. ¿Contento? ¿Feliz de darse cuenta de cuán retorcido y cegado por la
venganza estaba?―. Podría haber muerto sin decirte la verdad.― No fue por
amor que hizo esto, fue porque tiene miedo de ir al infierno, y lo hará―. Yo
amaba a Henry.

Otra jodida lágrima.

—Te compadezco, André.― Rompió su propio corazón, destruyó a mi inocente


hermano―. Nunca volverás a ver a Henry. Nunca.

―Lo sé. Pero te encontraré.― Mira al techo, el monitor pitando, los médicos
corriendo hacia su cama para tratar de salvarlo―. Nos vemos en el infierno,
hijo.

André toma su último aliento.

ENTRO EN EL pasillo como un fantasma sin alma, luchando por ponerme de


pie. La sangre de mi puño se ha secado y, sin embargo, nada puede hacerme
olvidar la verdad. Yo no maté a mi hermano, nada de eso ha sido mi culpa.
Toda mi vida está cayendo a mis pies. André es cruel. Un mentiroso. Un
hombre que una vez tuvo corazón y terminó usándolo para crear el caos. Él
no es mi sangre, mis genes. Pero su oscuridad me empaña.

Elle corre hacia mí, llamándome, probablemente viendo lo derrotado que me


veo. Ella es como un ángel rodeado de luz, mientras que yo me siento como
un desastre. Un bastardo. Me abraza fuerte, hablándome, pero no la escu-
cho. Todo está borroso. Caigo al suelo, sentado contra la pared, mirando y
pensando en Henry. Él era lo único bueno en todo este lío, y murió. Veo mi
vida frente a mí, mi cabeza da vueltas como si estuviera drogado. Elle se
arrodilla ante mí, besándome, tratando de traerme de vuelta, y por primera
vez en mi vida, me dejo consumir. Permito que mis sentimientos se apresuren
a volver a mí. Me permito sentir y ser vulnerable.

Lloro.

Lloro, mi maldito corazón sangra.


Capítulo 37
Como una diosa

EL FUNERAL DE ANDRÉ LEBEAU. MULTIMILLONARIO. Un jefe tirano. Una figura


pública. Uno esperaría que viniera mucha gente y, sin embargo, no hay nadie
aquí, aparte de sus socios comerciales. Pero no están aquí para llorar al
hombre. Están aquí para luchar por las piezas de su empresa y el dinero que
dejó atrás. (La verdad es que quería destruirlo y verlo arder hasta los cimien-
tos, pero alguien llamada Elle me devolvió el sentido). Entonces, imagina su
sorpresa cuando les dije que le di mi parte de los hoteles de LeBeau a Monica.
Los hoteles de LeBeau deberían haber sido herencia de Henry. Él era el inte-
ligente, el interesado en los negocios. Él y Monica planeaban abrir su propio
negocio juntos; de hecho, ella había fundado una exitosa empresa emer-
gente, pero sus financistas se retiraron cuando Louis filtró sus fotos y ella
abandonó el mundo de los negocios. Se merece tenerlo, y sé que será mejor
jefa que todos estos viejos idiotas. En cuanto a los miles de millones de An-
dré, la mayor parte se destinó a la fundación que creé en memoria de Henry.
Ayudar a los niños a tener un futuro, ese hubiera sido el deseo de Henry.
También me armé de valor para visitar por primera vez la tumba de mi her-
mano. Él siempre estará conmigo. Pero, estoy listo para dejarlo ir. Por pri-
mera vez, finalmente me siento en paz. Estoy de pie frente a la tumba de
André. Cumplí el último deseo de su voluntad. Está aislado de las otras tum-
bas en el cementerio de Mónaco, junto a su árbol favorito y único en flor. No
tiene sentido odiar a los muertos, dejarás que te persigan. Después de todo,
aprendí mucho de él. Corrió tras la riqueza y poder toda su vida y míralo
ahora. Insignificante para todos. Miserable durante su vida. No cometeré los
mismos errores que él. No moriré solo.

Veo a Thomas parado torpemente en medio del cementerio. Como de cos-


tumbre, viste su traje de leñador. No hemos hablado desde que le pedí que
se hiciera una prueba de paternidad y los resultados fueron positivos. André
tuvo al menos la decencia de decir la verdad. Thomas, el hombre que siempre
actuó como un padre en mi carrera como piloto es de hecho mi sangre. Fue
una noticia impactante para los dos. Thomas se casó, pero nunca tuvo hijos.
Nunca hablamos de esto, solo asumí que las carreras le estaban quitando
todo su tiempo. Y ahora que está cerca de los cincuenta, probablemente sea
demasiado tarde para él.

Caminamos el uno hacia el otro y estoy decidido a hacerle saber que las
cosas entre nosotros no tienen que cambiar. No espero que sea mi padre.
―Hola, Thomas.― Me saluda con moderación―. No tienes que sentirte aco-
rralado, también es un shock para mí.― Se queda en silencio, sin siquiera
atreverse a mirarme a los ojos.

Thomas y yo apestamos expresando nuestros sentimientos con palabras.


Durante todos estos años trabajando juntos, nunca tuvimos palabras dulces
el uno para el otro. Y, sin embargo, sé que incluso si lo estoy haciendo pasar
por un infierno con mi conducción imprudente y mi temperamento, él se
preocupa por mí. Siempre me cuidó la espalda.
―Nunca supe que Monique estaba casada, y menos con André. Nos conoci-
mos en la playa, ella estaba tomando fotos allí, y una cosa llevó a la otra.―
Se aclara la garganta―. Fue solo una aventura corta. Ella me ocultó todo,
nunca lo supe. Nunca la volví a ver.― Mira hacia otro lado, respirando pro-
fundamente, excusándose por algo que no es su culpa. Nunca mencioné el
nombre de mi madre. Desde el día que ella me abandonó―. André vino a
verme hace mucho tiempo, diciéndome que dejara de dirigirte. Obviamente
le dije que se fuera a la mierda, ya que estabas en edad de hacer lo que
querías y tuviste una gran temporada en Fórmula 1. Estaba fumando en ese
momento, probablemente lo usó para una muestra, o tal vez un pedazo de
mi chicle. No tengo idea.

―Si. André tenía muchos contactos.― Decido no contarle lo del camión. Tho-
mas es una persona importante en mi vida, y ya luce derrotado y asustado
al saber que es padre de un hombre de veintiséis años―. Mira, Thomas, no
me debes nada. Estoy agradecido de tenerte en mi vida, como siempre lo has
sido.

―Yo debería haber sabido. Tienes sus ojos. Lo siento, Aaron. La vida no ha
sido fácil para ti.― Me da un golpecito en el hombro, que es un gesto bastante
demostrativo para un hombre como Thomas. Es lo opuesto a André. Thomas
tiene un alma cálida, ve lo mejor en todos. Un buen hombre. El padre ideal.

―Está bien, Thomas. Gracias por venir. Tenemos un Gran Prix que ganar
pronto, ¿verdad?― Sonrío, tratando de enfriar la atmósfera entre nosotros.

―Bien. Nos vemos en la pista, “Wolf”.― Él asiente y comienza a alejarse, con


las manos en los bolsillos. Luego se detiene y se masajea el cuero cabelludo
con nerviosismo, antes de volverse―. ¿Estaría bien si hablamos? Fuera de la
pista, quiero decir. ¿Podemos tomar algo o algo?― Él da un paso hacia mí,
una expresión tímida en su rostro―. Si eso está bien, por supuesto. Sé que
ya eres, bueno, viejo y no me necesitas.

No puedo evitar sonreír. No sé si es porque significa que Thomas me reco-


noce, quiere conocerme como su hijo, o por lo torpe que es con sus palabras.
―Eso estaría bien.

Él sonríe y la preocupación desaparece de su rostro. ―Genial. Yo - Hmm…


bueno…

Me río cuando veo lo incómodo que está. ―Maldita sea, Thomas.― Lo jalo en
un abrazo varonil. Ambos estamos tensos al principio, pero nos relajamos
después de unos segundos.

―Esto se está poniendo demasiado emotivo para mí. Tenemos una repu-
tación a la que aferrarnos.― Él resopla.

Sonrío ―Estás bien. Pero el resto del equipo no tiene por qué saberlo.

―Estoy seguro de que encontrarán una manera de mantenerlos entretenidos


preocupándonos a todos en la pista.

―Gracias por cuidarme siempre―. Cuando veo que se empiezan a formar lá-
grimas en los ojos de Thomas, rápidamente cambio el tema a las carreras.
Ese es un tema con el que ambos nos sentimos cómodos.
ME ALEGRA EL CORAZÓN darme cuenta de lo cerca que están Aaron y Thomas.
Mirando sus rostros, estoy bastante segura de que ellos mismos están sor-
prendidos por esta muestra de afecto.

De tal palo tal astilla. Decidí darles la privacidad que necesitan y caminar un
fuera del cementerio para admirar la naturaleza. Ver a Aaron enterrar a su
padre me ha desgarrado el corazón. No por el hombre repugnante que era,
sino por mi madre. No sé si podría quedarme sin alma si la perdiera. Su
expresión cuando descubrió la verdad sobre Stephan y yo demostró que me
ama. Ella no era tan mala como André, solo quería protegerme de lo que
experimentó. Por eso no puedo soportar la idea de que muera sola.

―Elle.― Y ahora escucho su voz llamándome, ¿Qué tan paranoica estoy? Em-
piezo a alejarme, ignorando la voz―. Volé desde París para verte, ¡al menos
puedes escucharme!

¿Qué? Me doy la vuelta y observo a Nina, de pie con su habitual atuendo


negro de mujer de negocios. La miro estupefacta, pero luego recuerdo que
André es una figura pública. Probablemente solo esté aquí para encontrar
información sobre él para un artículo. Aaron cerró el acceso a los medios
para el funeral, antes de prometerles un anuncio público al día siguiente si
respetan su privacidad. Me sorprendió que aceptaran y mantuvieran sus pro-
mesas.
―Bien, hablaré―. Ella suspira antes de poner los ojos en blanco―. Lo siento
―dice en un tono duro que le ha arrancado el corazón.

―¿Lo siento?― Doy un paso más cerca de ella. Nunca he oído esa palabra
salir de su boca.

―Por Stephan. Debí haberte escuchado y yo…― Se pone sus grandes lentes
de sol, tratando de enmascarar su expresión―. Te empujé hacia él, y él te
hizo lo que…― Noto que su garganta y boca tiemblan mientras logra una
sonrisa forzada.

La tiro en un abrazo, y por segunda vez en veinticuatro horas, otra persona


rompe a llorar en mi hombro. Vi a Aaron llorar por primera vez y mi corazón
estaba sangrando, sabiendo que probablemente le había costado todo lo que
estaba dentro de él finalmente dejarlo ir. Y ahora Nina. La última vez que la
vi llorar fue cuando mi padre la dejó y ella suplicó a sus pies. ¿Tal vez recu-
peraré a mi madre?

―Quería protegerte, Elle. Del amor y de los hombres. Y esto te hizo lo que tu
padre me hizo a mí…― Ella trata de recuperar el control, pero sigue sollo-
zando a pesar de sí misma―. Fallé. No quería que sufrieras. Pensé que era lo
mejor para ti.― Mi madre era infeliz en sus relaciones. Se casó por dinero y
prestigio, y ahora se da cuenta de que la felicidad no es eso.

Si algo me enseñó la vida es que no podemos evitar que sucedan ciertos he-
chos. Pero podemos levantarnos. No renunciar a nuestras esperanzas y sue-
ños, no importa lo duro que nos golpee la vida. Elijo ver la luz en lugar de
alimentar mi dolor.

―Te perdono, madre.― Parpadeo para quitar las lágrimas, mirando el cielo
azul―. Pero estás equivocada. No todos los hombres son iguales.― Me alejo
de ella para obligarla a mirar en mi alma―. Podemos sanar. Una mala rela-
ción no significa el fin de nosotros. Es hora de seguir adelante, mamá. Ella
asiente con la cabeza antes de limpiarse las lágrimas con un pañuelo.

―¿Él te trata bien?― Recupera su tono frío.


―Sí. Lo amo.

Una expresión de resentimiento aparece en su rostro ante la mención del


amor, pero en su lugar logra una sonrisa falsa. ―Bueno, esperemos que ten-
gas razón.

―Ma belle.― Aaron acaricia mi brazo suavemente, su mirada cambia entre


mi madre y yo. Le doy un movimiento de cabeza para hacerle saber que es-
tamos bien―. Encantado de verla de nuevo, señora Monteiro.― Aaron le
ofrece la mano para estrecharla y ella la mira confundida, como si fuera a
traicionar sus creencias si acepta su mano.

―Braham, me volví a casar―. Ella finalmente va por su mano, y sé cuánto le


cuesta. Es una señal de tregua. Un armisticio―. Espero que hables en serio
sobre mi hija.― Sus ojos lo recorren como un general que lleva a su tropa a
la guerra. Su odio por los hombres no desaparecerá, pero sé que, si Aaron
puede curarme, tal vez algún día puedo demostrarle que tengo razón.

―Todo lo que quiero es la felicidad de Elle.

―Ya veremos.― Ella arquea una ceja, claramente sin creerle―. Mejor regreso.
Te enviaré un mensaje de texto, ¿de acuerdo?― Ella agarra mi mano y yo
asiento con una sonrisa en mi rostro―. Genial. Adiós, Elle.― Ella comienza a
alejarse, ignorando por completo a Aaron, cuando se detiene y, a pesar de sí
misma, lo mira una vez más antes de irse―. Espero ver más de ti, Aaron.―
Me río, ella lo está intentando.

Aaron besa mi frente. ―Creo que le estoy gustando a tu madre.

―Es difícil para ella confiar en un hombre, pero estoy seguro de que le de-
mostrarás que está equivocada, como lo hiciste conmigo.― Le sonrío tímida-
mente.

―Vamos.― Toma mi mano y me lleva hacia su auto.

―¿A dónde?
―¿Recuerdas cuando te dije que eso es para que yo lo sepa y tú lo descu-
bras?― Me río. Por supuesto que sí.

LLEGAMOS A LA CUMBRE fatídica en los acantilados de Mónaco. El lugar que


marcó el comienzo de nosotros de alguna manera. El lugar que compartía
solo conmigo y su hermano. Y ahora estamos de vuelta en la cima del mundo,
donde solo estamos nosotros. caminamos hacia el borde de la roca. El punto
más alto del acantilado. Esta vez, me pongo de pie, aunque solo unos pasos
más allá y estaría dando un paso hacia el vacío. Cuando me concentro en el
horizonte, todavía tengo miedo: la mayor parte de mi cuerpo está temblando,
pero ahora ya no estoy sola.

Aaron está detrás de mí, sus brazos rodeando mi cintura. Levanto ambas
manos en el aire, mi cabello se despeina con la brisa. Me siento libre. Como
un pájaro que acaba de encontrar su libertad después de haber estado en-
jaulado durante tanto tiempo.

Como si finalmente pudiera volar.

Con él.

Me río. Ya no soy débil. He encontrado mi camino de regreso a mí misma.


Aaron me aprieta más cerca de él antes de besar mi cuello. ―¿Ya no tienes
miedo?

―Lo tengo. Pero estás aquí, sé que no me defraudarás.

Y así, en la cima del mundo, compartimos un beso eterno. Me posee como la


primera vez, enviando escalofríos por todo mi cuerpo.

Inflamándome.
Cautivándome

Embelesándome.

Una adicción eterna. Una necesidad.

Me coge en sus brazos y me lleva al mirto blanco. El árbol de Afrodita. Un


símbolo de amor.

―¿Recuerdas el otro día cuando te dije que te amo?― Sus ojos están fijos en
los míos mientras nos sentamos en el césped.

Mis labios se abren, mi corazón salta, mientras mis ojos se vuelven salvajes
e impacientes. ―Sí. Lo recuerdo.

―Bueno, sí, Elle. Te amo. ―Te Amo. Esas palabras golpean mi alma tan pro-
fundamente que se siente como un sueño. Estoy en el cielo.

Salto a sus brazos, lo beso completamente mientras su espalda golpea la


hierba salvaje, y caigo encima de él. Me río, mordiéndome el labio inferior y
mirando a mi dios caído. Aparta mi cabello de mi cara, escaneando toda mi
alma con una leve sonrisa. Al verme a mí misma a través de sus ojos, me
siento hermosa. «Significativa». Eterna.

―Te amo, Elle. Te amo a ti, por todo lo que lo que haces. Te amo profunda y
completamente, y joder, se siente tan bien decirte esto.― Mis ojos brillan
cuando toma mi mandíbula para sellar su declaración con un beso―. Siem-
pre has sido importante. Y soy tan jodidamente afortunado de tener tu amor.
Dios, no llores, Elle. Eres mía eternamente, y yo soy tuyo.

―Yo también te amo, Aaron.― Dos personas rotas. Dos almas para las que el
amor era algo imposible. Un hombre divino y un mortal que logró encontrar
la felicidad. Un tipo de amor de Eros y Psiqué.

Apasionados.
Sacuden el mundo.

Sin límites.

―Vive conmigo, ma belle. Quiero despertar a tu lado. Quiero tenerte cerca.


No me importa si es en Nueva York o en Mónaco. Quiero que viajes por el
mundo conmigo, mientras ambos hacemos lo que amamos.― Su rostro serio,
el Lobo solitario que no podía dejar a nadie en su intimidad me ofrece todo
lo que podría soñar. Acaricio su cuello con la nariz, sabiendo que solo hay
una respuesta a su pregunta.

Si.

Y al igual que él, iría a donde él vaya, porque él es mi hogar.

«Mi significativo».

La otra parte de mi alma.

Nuestro comienzo podría haber sido una tragedia griega, pero nuestro final
promete ser un cuento de hadas.
Epílogo

UN PAR DE MESES DESPUÉS

La victoria sabe dulce hoy en Mónaco.

Ma belle ha estado viajando por el mundo conmigo, estando ahí en cada una
de mis carreras. No cambiaría mi vida por nada. Me encanta la forma en que
me besa después de cada victoria cuando la tomo entre mis brazos, mostrán-
dole al mundo mi mayor victoria. Le pregunté si desea quedarse en Mónaco
en nuestra mansión para concentrarse en sus pinturas, me dijo que su ins-
piración estaba relacionada conmigo, gracias por eso, la necesito conmigo.
Ella no tuvo que repetir esto dos veces, me alegró llevar sus materiales de
arte en mi jet, y continuaré haciéndolo en cada carrera por venir. Coleccio-
nistas y galerías de todo el mundo se han interesado por ella. Sí, mi novia
tiene mucho talento.

Hicimos un nuevo acuerdo.

En cada Gran Prix, tomaré la bandera a cuadros y ella creará una obra de
arte. Sin fecha de vencimiento. No hay putas reglas.
―Encontré un nombre para mi colección.― «Encontrar la belleza en las cosas
más rotas. Significativo» de Elle Monteiro―. ¿Qué opinas? Sus ojos brillan de
entusiasmo.

¿Que pienso? Que se ve hermosa con ese vestido negro ajustado que revela
cada centímetro de su cuerpo, probablemente ni siquiera esté usando ropa
interior. Concéntrate, Aaron, eres un hombre con una misión esta noche.
Incluso el hecho de que sus dedos estén pintados con pintura me excita.
Sexy y natural. Una belleza angelical y una tentadora deslumbrante. Mi
diosa.

Hoy tomé la victoria, y esta noche me llevaré a la chica. Mi novia. Y no la voy


a devolver. Siempre.

―Creo que es increíble.― Entrelazo mis dedos con los de ella, llevándola hacia
la pista de carreras. Le pedí un favor a Thomas antes. Que abra el Gran Prix
de Mónaco solo para nosotros esta noche. Hace un año, yo era un gilipollas
solitario que arruinó su carrera. El mejor día de mi vida. Por una razón obvia.

―¿Recuerdas esa tienda junto a la playa?― No es realmente una pregunta.


Sé que ella lo hace. Reconocí la forma en que la miró mientras conducía
frente a ella espontáneamente un par de veces. Se vende un escaparate vacío,
cerca de la playa de Montecarlo.

―¿Si por qué?

―La compré. Esa es tu futura galería.― Sus ojos se abren salvajemente mien-
tras no puedo evitar sonreír, verla feliz me hace sentir como un maldito dios.
Vi los planes que dejó con respecto a «Eterno», la galería de arte de sus sue-
ños―. Feliz primer aniversario.― Es técnicamente el día que nos conocimos.
Pero diablos, en el momento en que la conocí supe que era mía y de nadie
más, también podría llamar a ese aniversario, porque ella no iría a ninguna
parte sin mí.
―¿Me estás tomando el pelo? No puedo creer esto, es demasiado, yo…

Elle trata de discutir, pero la hago callar con un acalorado y posesivo beso.
La amo por ser tan terca, pero ella sabe que todo lo relacionado con su feli-
cidad no es negociable. Finalmente salta a mis brazos, dejando que la alegría
la invada. ―No puedo creer que hayas hecho eso. Eres maravilloso para mí.
Te amo.

No me canso de escucharlo. Ni un poco.

―¿Puedes decirlo otra vez?― La arrojo a mis brazos, mientras sigue repi-
tiendo que me ama. Definitivamente no me canso de escucharlo. Ni decirlo
por lo que importa.

Llegamos frente al biplaza de Fórmula 1, que está a la salida de la pista. Me


sé cada pista de memoria, pero Elle probablemente solo ve la oscuridad que
nos rodea. Casi todas las luces están apagadas menos la de nuestro Fórmula
1. Lo he planeado todo.

―¿Lista para un paseo, ma belle?

Se muerde el labio inferior cuando la bajo. Sigues sorprendiéndome esta no-


che.

Entramos en la cabina, Elle detrás de mí. Corro mientras ella levanta los
brazos en el aire, dando la bienvenida a la velocidad, su risa me hace sonreír.
Damos un par de vueltas antes de que detenga el Fórmula 1 en la curva
frente a los yates. Le envió un mensaje de texto a Thomas. Es la hora.

―¿Qué estás haciendo? ―pregunta.

Salgo de la cabina para colocarme frente a ella.


En un minuto, todo estará operativo.

En un minuto, le pediré que sea mi esposa.

En un minuto, será mía para siempre.

―¿Recuerdas cuando te dije que estarías atrapada conmigo?

―Aaron…― Su voz comienza a temblar. Tomo su mano y me pongo de rodillas


frente a ella.

3… 2… 1…

Los fuegos artificiales se elevan en el cielo.

Las luces se encienden para revelar los pétalos de rosas que nos rodean.

Abro el joyero con un anillo de diamantes rosa de veinticuatro quilates en el


interior, con una sonrisa feliz de hijo de puta en mi cara.

―¿Pasarás «tu eternidad conmigo»? Porque una vida ciertamente no es sufi-


ciente.

Y ella sella la eternidad con un beso.

Mía.
Agradecimientos

Advertencia, voy a ser demasiado emocional.

A mis lectores, nunca podría agradecerles lo suficiente por arriesgarse con


mi primera novela, es más importante de lo que podrían imaginar. A veces,
todo lo que necesitas es una pequeña acción, una persona o incluso una
palabra para cambiar tu vida. En mi caso, es cada una de tus lecturas, pa-
labras, confianza, lo que me impactó.

Tu importas.

Eres «significativo».

Espero que nunca dejes de creer en tus sueños y, lo que es más importante,
en ti mismo. Siempre hay luz en la oscuridad, posibilidad en lo que parece
más bien imposible.

Puedes sanar.

Puedes encontrar el amor verdadero.

Puedes volar libre en la dirección de tus sueños.

Después de todo, somos los héroes de nuestro propio libro, ¿verdad? Nuestra
historia se escribe cada segundo, y hoy es una página en blanco con infinitas
posibilidades.

Mi yo de ocho años solía desear que su vida fuera como en una película o un
libro, posiblemente un cuento de hadas. Se imaginaba todas las noches an-
tes de dormir algunas locas historias de amor, todavía lo hacen. Y bueno,
después de muchas lágrimas, dudas, obsesiones, finalmente escribió la suya.
Y por eso, me gustaría agradecer a las increíbles personas que me manejaron
durante este proceso (lo siento de nuevo). Mis amigos; Naemi, que lidió con
mis constantes pensamientos excesivos y las horas de mensajes vocales que
le enviaba; Blanca, por creer en Aaron y Elle, Cassius por tu valiosa perspi-
cacia. Mi madre, una eterna romántica de corazón. Mi editora, Traci, quien
me abrió los ojos con amabilidad. Romance Fate, por nuestra colaboración
en su increíble aplicación interactiva. Y luego, Snow, Princess, Prince, Isis,
Angelo, Savannah, mis tercos gatos por acostarse perezosamente en mi te-
clado para ser parte de este proceso creativo.

No dude en comunicarse, me encantaría saber qué pensó y sintió mientras


leía, o hablar sobre cualquier cosa. Siempre se agradece una reseña (buena
o mala).

Con amor, te deseo todo lo mejor.

*Guiño de James Franco*

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