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Racionalismo de Descartes: Método y Conocimiento

El documento explora el racionalismo continental, centrado en Descartes, quien busca establecer un método filosófico basado en la razón y la evidencia. Se destaca la importancia de la duda metódica como herramienta para alcanzar verdades indudables y la necesidad de un método universal que unifique las ciencias. Descartes propone un enfoque sistemático que incluye intuición y deducción, así como reglas para el análisis y la síntesis del conocimiento.
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Racionalismo de Descartes: Método y Conocimiento

El documento explora el racionalismo continental, centrado en Descartes, quien busca establecer un método filosófico basado en la razón y la evidencia. Se destaca la importancia de la duda metódica como herramienta para alcanzar verdades indudables y la necesidad de un método universal que unifique las ciencias. Descartes propone un enfoque sistemático que incluye intuición y deducción, así como reglas para el análisis y la síntesis del conocimiento.
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BLOQUE 2: MEDIEVAL Y MODERNIDAD

EL RACIONALISMO CONTINENTAL: DESCARTES

1.-Racionalismo y método

2.- Duda metódica y cogito

3.- Res extensa y mecanicismo

La revolución científica que tiene lugar en el Renacimiento tira por tierra la


concepción física medieval arrastrando consigo la filosofía en la que esa concepción
estaba apoyada que, con algunas variantes, seguía siendo la filosofía de Aristóteles.

Ello va a hacer que el hombre de la Edad Moderna se sienta inseguro de su


propio saber y temeroso de volver a equivocarse. Por ello, antes de adherirse a una
determinada teoría científica o filosófica, va a investigar primero si su entendimiento
tiene o no capacidad o para conocer la verdad.

En esa OBSESIÓN POR LA SEGURIDAD se va a agarrar a sus propias


representaciones mentales o ideas ya que ellas son los más cercano y comprensible
que posee. Y es de aquí de donde brotan las dos variantes filosóficas consecuencia de
un mismo anhelo de seguridad: la corriente racionalista continental, que se aferra a las
representaciones innatas racionales exactas, universales y necesarias, y la corriente

1
empirista inglesa, que encuentra la seguridad en nuestras representaciones sensibles
más concretas y tangibles. Ese mismo afán de seguridad llevará al ilustrado Kant a
poner en tela de juicio la posibilidad del conocimiento humano y, por tanto, de la
filosofía entendida como metafísica.

1.- RACIONALISMO Y MÉTODO

En Historia de la Filosofía, identificamos el Racionalismo con un movimiento


filosófico que tiene lugar en el continente europeo en el siglo XVII y cuyos
representantes fundamentales son DESCARTES, MALEBRANCHE, SPINOZA y LEIBNIZ.

Aunque es difícil señalar características comunes, pueden señalarse con


carácter indicativo pero no exclusivo las siguientes CARACTERISTICAS:

-Afirmación de la existencia de ideas innatas.- Las ideas innatas son ideas que se
descubren o surgen a priori, es decir con absoluta independencia del conocimiento
sensible, de ahí que su validez no descanse en absoluto en este conocimiento.

-Carácter matemático del Racionalismo.- Las Matemáticas se presentaban a los


pensadores racionalistas como arquetipo de la sabiduría humana porque eran una
ciencia segura, exacta, rigurosa, universalmente válida. La admiración por las
Matemáticas fue el gran motor y la gran causa de estas otras características:

1.- La exaltación de la razón humana como facultad cognoscitiva y, en consecuencia, la


confianza en el conocimiento intelectual.

2.- Desprecio del conocimiento sensible.- Todo conocimiento producido por los
sentidos es sospechoso al menos y, con frecuencia, claramente falso.

3.- Intento o aspiración de crear una Ciencia o Filosofía Universal que, de algún modo,
superara la variabilidad y proliferación de sistemas filosóficos. El motor y el modelo de
este planteamiento sería el matemático.

El Racionalismo aparece o se delimita como contrapuesto a la corriente


EMPIRISTA -que en parte es contemporánea a él- con la que, sin embargo, coincide en
actitudes fundamentales: Ambos pretenden o buscan la OBJETIVIDAD frente al
prejuicio o la pasión y ambos buscan también, la INTELECCION frente a la simple
revelación o frente al Principio de Autoridad. En este sentido, EL EMPIRISMO y el
RACIONALIMO, DIFIEREN en LA METODOLOGÍA: el Empirismo utilizará la Razón
Experimental frente al Racionalismo que empleará la Razón Matemática. Con la razón
se entra directamente en contacto no con los objetos externos, sino con las ideas.

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Por eso una cuestión fundamental va a ser determinar qué grado de realidad
tienen esas ideas, tanto si se producen con anterioridad a la experiencia como si se
producen con posterioridad a la misma.

Para establecer la conexión entre idea y objeto externo los racionalistas van a
recurrir a una especie de teologismo epistemológico. Este teologismo significa que
Dios va a ser la garantía de la conexión entre las ideas y el mundo exterior.

DESCARTES es el iniciador del movimiento racionalista continental y el máximo


representante del racionalismo francés. Nació en La Haye (1596-1650). Está empeñado
en lograr una Filosofía Universal Científica y en resolver el problema del conocimiento
que él considera un problema de método. Lo mismo que muchos filósofos, Descartes
pretende comenzar desde cero, poniendo en tela de juicio, cuanto los filósofos que le
precedieron habían dicho.

En sus obras fundamentales Discurso del método y Meditaciones metafísicas,


nos describe la impresión producida en él por la situación cultural de su tiempo, lo que
le lleva a plantearse la posibilidad misma del conocimiento, así siente la necesidad de
iniciar un pensamiento desconfiado y cauteloso, pero prudente y paciente, marcado
por una actitud metódica, reflexiva e introvertida. Descartes se propone buscar en sí
mismo lo que en el estudio no había encontrado, esto es, hallar en su propio
entendimiento, en el yo, las razones últimas y únicas de sus principios.

Descartes está resuelto admitir sólo aquellas opiniones, ideas o creencias de


cuya verdad ha sido convencido por la sola Razón. El objetivo de su filosofía es lograr la
verdad filosófica mediante el uso de la sola razón, es decir de la razón autónoma, libre
de la autoridad, la tradición, la religión o los sentidos, hay que reformar el
pensamiento sobre la base de al luz natural de la razón, y su proyecto está guiado por
tres convicciones básicas: la Razón es una, la Sabiduría es una y el método es uno.

La Razón es la sustancia de la subjetividad humana, es aquello que caracteriza


de un modo universal y específico al hombre y la tribuna suprema que nos permite
distinguir lo verdadero de lo falso. La razón es una e igual en todas las personas, luego
la diversidad de opiniones no proviene que unos sean más razonables que otros, sino
de los diferentes modos de guiar la razón, o en los diferentes campos en los que se
aplica. Y es en esta unidad de la Razón donde se fundamenta la unidad del saber. El
proyecto de Descartes persigue la unificación de todas las ciencias en una sola, pues
todas las ciencias no son sino la sabiduría humana que permanece siempre una y la
misma por diferentes que sean los objetos a los que se les aplica: “Toda la Filosofía es
como un árbol, cuyas raíces son la Metafísica (que contiene todos los principios del
conocimiento), el tronco la Física (que examina cómo está compuesto el Universo),y la
ramas el resto de las ciencias, las cuales pueden reducirse a las tres principales: la

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medicina, la mecánica y la moral”. Pues bien, si una es la sabiduría y una sola la Razón,
uno solo ha de ser el método, frente a la diversificación de las ciencias que llevó a
cabo a Aristóteles, Descartes sostiene que existe un método universal, único para
todas las ciencias. Él cree que esa falta de unidad se debe a que los filósofos no
emplearon nunca el método adecuado. Él cree que si consigue encontrar el método
que debe emplearse en Filosofía, utilizándolo correctamente podrá construir una
filosofía universalmente válida. En esto consiste la gran empresa que Descartes se
propone con su filosofía.

Según Descartes el entendimiento utiliza dos procedimientos mentales:

 La intuición es el descubrimiento directo de un pensamiento o concepto


evidentemente verdadero. Por ejemplo, la intuición descubre
directamente que la recta es la distancia más corta entre dos puntos es
absolutamente verdadero.

 La deducción es un proceso mental a través del cual a partir de unas


verdades o pensamientos conocidos con absoluta certeza por intuición
se llega a otros igualmente verdaderos (por ejemplo el pensamiento del
área de un triángulo).

Estos dos procedimientos tienen una gran importancia de cara al


descubrimiento de nuevas verdades, pues a partir de una primera verdad evidente de
la cual se derivan sucesivamente otras verdades, de tal manera que cada una de ellas
se apoya en la anterior, constituyendo así un encadenado de verdades. Para poder
empezar a aplicarlos necesita encontrar unas reglas similares a las utilizadas por la
lógica y las matemáticas, en definitiva, reglas basadas en el puro análisis de la razón.
Así, en sus “Reglas para la Dirección del Espíritu” (1628) Descartes expone que: “Por
método entiendo una serie de reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales todos los que
las observen exactamente no tomarán nunca por verdadero lo que es falso, y
alcanzarán- sin fatigarse con esfuerzos inútiles, sino acrecentando progresivamente su
saber- el conocimiento verdadero de todas aquellas cosas que no sobrepasen su
capacidad”. El método consiste en una serie de reglas destinadas a emplear
rectamente las capacidades naturales y las operaciones de la mente, de la Razón. Si
la razón utiliza correctamente sus capacidades, sin la influencia de otros factores
(prejuicios, pasiones, creencias, impaciencia, la autoridad…) y además lo hace respecto
de aquellas materias que no sobrepasen su capacidad de comprensión, entonces no
puede errar, esta es la convicción fundamental del racionalismo. Por tanto, el método
cartesiano es un método natural, que brota de la misma Razón, que consiste en dejar
que la Razón siga su marcha propia y espontánea y que sirve para vigilar el proceder
mismo de la Razón, para que ésta no se aparte de su cauce natural, y de este modo
evite todas las interferencias que puedan perturbarla y hacerla caer en el error.
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En el "Discurso del método" nos señala las cuatro reglas a seguir. ESTAS SON LAS
REGLAS DEL MÉTODO:

1.- Regla de la evidencia.

“No admitir como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir,
evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios
más que lo que se presente a mis espíritu tan clara y distintamente que no tuviese
motivo para ponerlo en duda”.

Esta regla establece que sólo se ha de aceptar como verdadero aquello que
aparece con absoluta evidencia, esto es, aquello de los cual poseemos un saber cierto
e indudable. El acto por el cual se llega a la evidencia es la intuición, acto puramente
racional por el cual la mente “ve” de modo inmediato y transparente una idea. Así
pues, las características de la evidencia son la claridad y la distinción. Una idea es
“clara” cuando se muestra presente y manifiesta a un espíritu atento; y “distinta”
cuando es precisa y diferente de todas las demás y que no comprende en sí misma más
que lo que se muestra de modo manifiesto. Es lo que Descartes llama “naturalezas
simples” a partir de los cuales se desarrolla el conocimiento.

2.- Regla del análisis.

“Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuese
posible y como se requiriese para su mejor resolución”

Mediante el análisis se divide cada una de las dificultades o problemas a


examinar en sus conceptos más simples pues sólo lo simple puede ser comprendido
con evidencia haciendo posible encontrar la mejor solución. El análisis se detiene
cuando se llega a las “naturalezas simples”, los elementos más simples objeto de la
intuición pues son captados de un modo directo e inmediato por su claridad y
distinción. (Ya veremos que esos elementos más simples son las ideas innatas, las más
importantes la extensión y el pensamiento).

3.- Regla de la síntesis.

“Conducir ordenadamente los pensamientos, comenzando por los objetos más simples
y más fáciles de conocer; para ir ascendiendo paulatinamente, gradualmente, hasta el
conocimiento de los más complejos e, incluso suponiendo un orden entre los que no
se preceden naturalmente”.

La síntesis es un proceso ordenado de deducción que encadena unas verdades


con otras. Se trata de construir conocimientos complejos a partir de las naturalezas

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simples que hemos encontrado en el análisis utilizando para ello, la deducción: de lo
simple se pasa a lo complejo según un orden rigurosamente lógico de relación de ideas
impuesto por la razón

4.- Regla de la enumeración.

“Hacer en todos los casos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan
generales que llegase a estar seguro de no omitir nada”

Exige repasar una y otra vez los pasos que se han dado en el análisis y en la
síntesis hasta que podamos estar totalmente seguros de que no hemos omitido nada y
de que hemos logrado evitar los prejuicios y las precipitaciones.

En conclusión, intuición y deducción, análisis y síntesis resumen el


procedimiento que la Razón debe seguir para llegar al conocimiento cierto y seguro de
la Verdad.

2.- DUDA METÓDICA Y CÓGITO


Deseoso de encontrar la verdad, estima necesario “rechazar como
absolutamente falso todo aquello que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de
ver si, después de hecho esto, no quedaría en mi creencia algo que fuera enteramente
indubitable”(DM,IV, 285-290) Se trata de someter sistemáticamente a duda todas las
opiniones que ya tenemos, para ver si podemos descubrir algo indudable, y que pueda
servir de fundamento o cimiento seguro para levantar sobre él todo el edificio de la
ciencia, del conocimiento (ésta es la prescripción de la primera regla).

La duda cartesiana presenta unas características especiales, es una duda


“metódica” e “hiperbólica”.

- Es metódica (y no escéptica) porque es practicada no por amor a la duda


misma, sino como una etapa necesaria en la búsqueda de la certeza.
Mientras que los escépticos permanecen en sus dudas y no encuentran el
medio de superar sus incertidumbres, Descartes, sin embargo, a través de la
duda intenta arribar a una verdad indubitable. El escepticismo de Descartes
es sólo provisional y metodológico: la duda no es para él una postura
mental definitiva. En su proyecto, la duda constituye sólo un medio o
instrumento para llegar a la verdad, por eso se dice que es “metódica”.

- ES hiperbólica o exagerada porque consiste en concebir como falso todo


aquello que pudiera ponerse en duda, por muy extravagante que pudiera
ser; no es una duda natural, sino que es una duda que atenta contra el
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sentido común mismo. Y es que, cuanto más rigurosa y extrema sea la duda,
más evidente e indudable resultará la verdad que la supere.

También es una duda teórica o teorética, ya que, en opinión de Descartes, no


debe extenderse a la conducta, ya que sería imposible sobrevivir si en nuestra
vida práctica fingiésemos no saber nada, no tener moral. De ahí que Descartes,
en el terreno práctico (en lo referente a la conducta) se adhiera a una moral
provisional, de la cual ha de servirse mientras se aplica en la tarea de
renovación del conocimiento, y que no consistía más que en tres o cuatro
máximas: la moderación, la prudencia, el respeto a las leyes, costumbres y
religión.

Se trata de rechazar como falsas todas las cosas en las que pudiera existir el
menor asomo de duda. Y como es imposible examinar una por una las diferentes
realidades existentes, Descartes recurre a establecer una serie de motivos de duda, de
tal modo que sólo las realidades capaces de superar esos criterios o motivos, podrán
ser aceptadas como verdades indubitables. Veamos cuáles son esos motivos:

1) Falacias (engaños) de los sentidos: la primera y más obvia razón para dudar de
nuestros conocimientos se halla en los engaños de los sentidos. Descartes ha
comprobado que los sentidos nos llevan frecuentemente al engaño. Entonces,
¿qué garantía existe de que no nos induzcan siempre a error? Aunque resulte
prácticamente improbable que los sentidos nos engañen siempre, la
improbabilidad no equivale a la certeza. Es prudente no fiarse enteramente de
quien nos ha engañado alguna vez. Por tanto, la primera duda recae sobre la
información que recibimos de los sentidos. La duda de los sentidos nos autoriza
a dudar de que las cosas sean tal y como nos la muestran los sentidos: no
podemos estar seguros de que las cosas sean tal y como las percibimos.
Aunque es evidente que no nos permite dudar de que las cosas existan, es
decir, de la existencia del mundo exterior. De ahí que Descartes añada una
segunda razón más radical para dudar.

2) La imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño: Los sueños nos muestran a


menudo mundos de objetos de extremada viveza, y al despertar vemos que
tales mundos de objetos son falsos, no tienen existencia real. Entonces, ¿cómo
distinguir el estado de sueño del estado de vigilia y cómo alcanzar certeza
absoluta de que el mundo que percibimos es real? Los criterios de que
disponemos para distinguir la vigilia del sueño no son concluyentes. Por tanto,
al no poder estar seguros de si estamos dormidos o despiertos, no podemos
establecer con certeza que lo que estamos percibiendo exista, luego podemos
establecer un segundo motivo de duda que nos autoriza a dudar incluso de
que exista el mundo exterior.
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3) Hipótesis del genio maligno: La imposibilidad de distinguir concluyentemente
la vigilia del sueño nos permite dudar de la existencia de las cosas y del mundo,
pero, en opinión de Descartes, no puede afectar a ciertas verdades como las
matemáticas: despiertos o dormidos, los tres ángulos de un triángulo suman
ciento ochenta grados. De ahí que Descartes señale el tercer y más radical
motivo de duda: tal vez exista algún espíritu maligno “de extremado poder e
inteligencia que pone todo su empeño en inducirme a error” (Meditaciones I).
Se trata de la llamada hipótesis del genio maligno, que equivale a suponer que
mi entendimiento es de tal naturaleza que se equivoca necesariamente cuando
piensa captar la verdad. ¿Significa esta hipótesis que Descartes duda de la
existencia de la divinidad? Descartes responde que no, esta hipótesis
representa una duda metódica e hiperbólica de la razón, una ficción voluntaria
y consciente. Con esta hipótesis se hunde todo el mundo o edificio del
conocimiento, ya que no podemos estar seguros absolutamente de nada,
pues puede ser que el genio maligno me engañe continuamente, así estamos
autorizados a dudar de todas nuestras facultades cognoscitivas, es decir, de la
posibilidad mismas del conocimiento.

Ya veremos cómo para destruir esta hipótesis se necesita la demostración de la


existencia de Dios: sólo cuando sabemos que Dios existe y que es incapaz de
engañarnos puede esta hipótesis ser desechada. (Nota: la existencia de Dios
constituye en la Filosofía de Descartes la condición misma que posibilita el
conocimiento y la confianza plena en la capacidad de la Razón para conocer el
mundo)

Pues bien, la duda metódica llevada al extremo, tal y como hemos visto,
parece conducir al escepticismo, a la duda absoluta: dudo de todo y no puedo
estar seguro de nada. Sin embargo, en el interior mismo del acto de dudar, en
medio de esta duda absoluta, va resplandecer algo que se resiste a toda duda:

Yo que dudo, que me equivoco, que soy engañado por el genio maligno, etc., es
necesario que exista; si dudo, existo, si me equivoco, existo, si me engaña el
genio maligno y por más que me engañe, jamás podrá hacer que no exista.

En el acto mismo de la duda se pone de manifiesto mi existencia como


sujeto pensante. De esto concluye Descartes la que es la primera verdad
indubitable:” Pienso, luego existo” (Cogito, ergo sum).

Descartes dice “Pienso, luego existo” y no “Dudo, luego existo”, porque


para él “pensamiento” es todo acto consciente del espíritu, toda actividad
intelectual: dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar, sentir.

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Tenemos, pues LA PRIMERA VERAD INDUBITABLE: Pienso, luego existo.
Y esta verdad es indubitable porque manifiesta en sí misma su propia realidad,
su propia verada: Si yo pienso que el mundo existe, tal vez me equivoque en
cuanto a que el mundo existe, pero no cabe error en cuanto que yo lo pienso.
Puedo dudar de todo, pero no del pensamiento mismo, puesto que la acción de
la duda es un acto del pensar, así cualquier actividad intelectual (dudar ,
querer, imaginar, sentir…) evidencia mi existencia como sujeto pensante, es
decir, que soy una sustancia cuyo atributo fundamental es el pensamiento
(res cogitans: cosa que piensa).

Descartes encuentra en el “Cogito, ergo sum” el primer principio de su


Filosofía (DM,IV; 309-322), la base firme que estaba buscando, la primera
verdad, y también EL CRITERIO DE VERDAD, es decir, el prototipo de toda
verdad y certeza porque es una idea que concebimos de una manera clara y
distinta por intuición intelectual, así Descartes deduce que todo lo que
concibamos con igual claridad y distinción será verdadero y podremos afirmarlo
con inquebrantable certeza.

Una vez encontrada esta primera verdad, Descartes debe seguir las
reglas del método propuestas por él mismo, y deducir el resto de verdades. Así
está claro que yo pienso, pero ¿cómo demostrar la existencia de una realidad
diferente y exterior al pensamiento mismo? ¿Cómo demostrar y conseguir la
certeza de que existe algo aparte de mi pensamiento?¿Cómo salir del yo y
verificar el tránsito de las ideas a las cosas?¿ cómo evitar quedar encerrado en
el solipsismo?
Nota: Por Solipsismo se entiende aquella postura o doctrina que sostiene que sólo conocemos los
contenidos de nuestra conciencia. Conocer objetos externos es una contradicción. El individuo sólo se puede conocer a
sí mismo: en realidad, no podemos conocer otra cosa en el mundo que nuestros propios pensamientos, sensaciones y
emociones, sin poder llegar a saber si éstos son provocados por algo externo (diferente de nuestra propia mente).

Si Descartes quiere ser fiel a su método no le queda más remedio que


deducir el resto de verdades a partir de lo único que tiene: la evidencia de que
es una sustancia pensante (res cogitans). Pues bien, en tanto que sustancia que
piensa, Descartes cuenta con dos cosas, con el pensamiento y con las ideas
como contenido del pensamiento (el pensamiento siempre recae sobre ideas).
Pero, si bien es cierto que no puede dudar del pensamiento, sí que puede
dudar del contenido de las ideas, es decir, de que a esas ideas corresponda un
objeto en la realidad. Cualquier idea me persuade de que existo como sujeto
pensante, puesto que la pienso, pero no me persuade de que existe su objeto.
Nada hay en una idea que garantice la existencia de su objeto.
Yo puedo estar pensando que “El rey de España es calvo”, nada hay que me pueda hacer dudar de que lo
estoy pensando, sin embargo, no tengo ninguna certeza de que efectivamente el rey de España sea calvo.

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Luego, ¿cómo garantizar la realidad objetiva de nuestras ideas? ¿Cómo
demostrar la existencia del mundo externo? El camino argumentativo es el
siguiente: Yo conozco que existo como sujeto que piensa, e inspeccionando las
ideas que poseo, puedo descubrir la existencia de Dios, y después demostrar
que existen cosas materiales, objetos reales que corresponden a mis ideas
claras y distintas, es decir, puedo finalmente demostrar la existencia del mundo
externo.

La clave está en partir de las ideas que encuentro en mi mente. Las


ideas se pueden considerar bajo dos aspectos distintos: en cuanto actos
mentales (modos del pensamiento), todas la ideas son iguales; y en cuanto su
contenido objetivo (la realidad que representan), no todas son iguales, así
podemos distinguir:

- Ideas adventicias, son aquellas que creemos que “proceden de fuera” y


que se refieren a las cosas que percibimos por medio de los sentidos.
Ejemplo la idea de “mesa”, “árbol”…

- Ideas facticias, son las “hechas o inventadas por uno mismo”. Ejemplo la
idea de “sirena”, “centauro”…

- Ideas innatas, son aquellas con las que nacemos, aquellas que el
entendimiento posee en sí y por sí mismo. Estas ideas no provienen de la
experiencia, ni son construidas por la mente a partir de otras ideas, sino que
nacemos con ellas. Ejemplo la idea de “perfección”, “Dios”…que
actualizamos a través de la Razón.

Pues bien, ni las ideas adventicias ni las facticias son un punto seguro para
demostrar ni deducir el mundo exterior, porque unas dependen de los
sentidos, que está puestos en duda y las otras, son creadas por mi imaginación
a partir de las anteriores, luego tampoco son fiables. Sólo nos queda la
posibilidad de partir de las ideas innatas. El auténtico conocimiento, nos dice
Descartes, no surge ni del testimonio cambiante de los sentidos, ni de la
imaginación, sino solamente de la Razón (de la mente) pura y atenta que
mirando en sí misma logra descubrir los primero principios a partir de los
cuales deducir todo el edificio del conocimiento: las ideas innatas. La garantía
de la veracidad de estas ideas es Dios, ÉL avala la correlación de estas ideas con
el mundo exterior. Pero para poder utilizar a Dios como avalista de un mundo
externo a las ideas previamente tiene que justificar la existencia de Dios, pero
esa justificación sólo puede hacerla desde las ideas pues es lo único que tiene
justificado, y no puede hacerlo desde el mundo exterior .Tres son los
argumentos cartesianos para demostrar la existencia de Dios:

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1. Primera demostración: Argumento que va de la idea innata de Perfección a la existencia de Dios. La idea de
perfección sólo la ha podido poner en mi alguien perfecto, dado que yo soy finito e imperfecto no puede proceder de
mi mismo; luego el ser perfecto, Dios existe.

2. Segunda demostración: Argumento de la causalidad, Dios como causa de mi propia existencia, yo no puedo ser la
causa de mi existencia porque me hubiera creado perfecto, tampoco mis padres, porque también son imperfectos,
luego la idea de perfección procede de Dios, así yo he tenido que ser causado por Dios. Por consiguiente, Dios existe.

3. Tercera demostración: Argumento ontológico, cuando examinamos que es Dios vemos clara y distintamente que a su
esencia le corresponde necesariamente su existencia. La idea de Dios, como ser Perfecto, implica necesariamente su
existencia. La “existencia” es una de la perfecciones de Dios, Dios existe de un modo necesario y eterno en virtud de su
esencia.

De la existencia de Dios se infiere que Dios no es engañador, que es


perfecto y además:

- Derrota la hipótesis del genio maligno: Las facultades de conocimiento que


poseemos no nos pueden engañar, porque Dios que es el creador de las
mismas sería el responsable de este engaño y eso no es posible porque Dios
es perfecto

- Garantiza el criterio de verdad y su aplicabilidad: Dios es la garantía de que


todo lo que concibo clara y distintamente es verdadero. Si Dios no puede
engañarnos, entonces todas las proposiciones que veo clara y distintamente
como veo la del cogito, ergo sum entonces tiene que ser verdaderas, no
cabe pensar que haya un genio maligno que me engañe cuando algo es
evidente.

- Garantiza la existencia del mundo externo: Puesto que Dios existe y es


infinitamente bueno y veraz no puede permitir que yo me engañe al creer
que el mundo existe, luego el mundo existe. Pero el mundo que Dios ha
creado es un mundo que tiene la misma estructura interna de la razón, es
decir, es un mundo constituido exclusivamente por la extensión y el
movimiento (es RES EXTENSA).

3.- RES COGITANS Y MECANICISMO

El concepto de “sustancia” es un concepto fundamental en la obra de


Descartes, y partir de él en todos los filósofos racionalistas. Descartes emplea como
sinónimos las palabras “sustancia” y “cosa” (RES):”aquello que existe y que no necesita
de otra cosa para existir”.

De esta definición se sigue que sólo Dios es propiamente sustancia, pues el


resto necesita de Dios para existir, así Dios es de un modo absoluto “sustancia” y el
resto de criaturas creadas por ÉL lo son de un modo secundario, luego tenemos, la

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sustancia infinita (Dios), que no necesita de ninguna otra cosa para existir, y las
sustancias finitas (el resto de las criaturas) que no necesitan de nada más para existir,
salvo de Dios. Además distinguió dos tipos de sustancias finitas: la sustancia espiritual
(RES COGITANS) cuyo atributo es el pensar, y las sustancias corpóreas (RES EXTENSA)
cuyo atributo es la extensión. Descartes contrapuso estos dos tipos de sustancias como
dos realidades distintas, contrapuestas e independientes entre sí. Esto es lo que se
llama dualismo cartesiano: las mentes (res cogitans) son inextensas y su único
atributo el pensamiento, también son activas, es decir, poseen un principio intrínseco
de acción y de actividad y actúan proponiéndose fines; mientras que los cuerpos (res
extensas) sólo poseen extensión y al contrario que la res cogitans son pasivos, carecen
de capacidad de acción, sólo se mueven si los mueve otro, una causa eficiente. De
acuerdo con esto el mundo físico, el mundo material (res extensa) no posee otro
atributo que la extensión. Los cuerpos son todo aquello que ocupando un espacio,
presenta los rasgos fundamentales de figura y movimiento. La materia sólo es
extensión.

Para Descartes, el mundo es concebido como una gran máquina, como un


enorme y complejo mecanismo. Son máquinas los animales, las plantas y el cuerpo
humano “Es la Naturaleza la que en ellos obra mediante la disposición de sus órganos…
como si se tratara de un reloj”. A esta concepción se le denomina “MECANICISTA”:
Descartes niega cualquier principio activo intrínseco a las cosas: todo movimiento se
explica por contacto en el interior de un espacio lleno. Y el origen del movimiento es
explicado por Descartes recurriendo a Dios: Dios es la primera causa y el primer motor
que creó la materia y que le introdujo movimiento, y que conserva constante la misma
cantidad de materia y movimiento. Y de la misma inmutabilidad divina deduce las
leyes físicas: principio de inercia (cada cosa permanece en el estado en que se
encuentra si nada la cambia); principio de conservación del movimiento (el
movimiento no se pierde, sólo se transmite); y ley del movimiento en línea recta
(todo cuerpo que se mueve tiende a continuar su movimiento en línea recta).

Reducido el movimiento a causas físicas o mecánicas, quedaba desechada toda


concepción de la naturaleza que no entendiese a ésta como una máquina, lo que
incluye a los animales y a las plantas. Los movimientos de los animales y las plantas son
un efecto más del movimiento universal y su conducta ha de ser interpretada como
una pura reacción mecánica al estímulo físico. Para Descartes son autómatas que
carecen de sensaciones y nosotros nos equivocamos al interpretar como sensaciones
sus reacciones mecánicas.

Esta explicación mecanicista se ve obligada a recurrir a Dios como la causa


original del movimiento mecánico de los cuerpos ante la imposibilidad de que un
cuerpo pueda moverse a sí mismo o cambiar su estado de reposo por sí mismo: Dios,
al crear el mundo le imprimió un movimiento constante que hace posible que unos
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cuerpos puedan desplazar a otros de su lugar para ocupar ellos ese mismo lugar
continuando así la cadena de causas y efectos.

Siguiendo este modelo, la concepción cartesiana del hombre es dualista, el


hombre es un compuesto de dos sustancias diferentes e independientes entre sí: alma
y cuerpo (res cogitans y res extensa: pensamiento y extensión). En tanto que “res
cogitans” “Yo soy una cosa que piensa, es decir, que afirma, niega, conoce, ignora,
ama, odia, quiere, imagina, siente” y no dependo para existir de ninguna ubicación ni
de ninguna cosa material. Sin embargo, siendo como somos también” res extensa”, los
hombres estamos sujetos a las mismas leyes naturales y mecánicas que el resto de los
objetos físicos. La dualidad del hombre es clara, en tanto res cogitans somos libres,
poseemos capacidad de iniciativa que escapa a las leyes mecánicas, pero en tanto que
res extensas estamos sujetos al determinismo de la concepción mecanicista del
Universo, es decir, somos máquinas sujetas a la férrea necesidad de las leyes físicas. La
libertad sólo puede salvaguardarse sustrayendo el alma ( res cogitans) del mundo de la
necesidad y del determinismo y situándola en una esfera independiente de la materia.
La concepción antropológica de Descartes se representa con la metáfora del fantasma
encerrado en la máquina, el fantasma se corresponde con el yo, el alma (autónoma y
libre), y la máquina con el cuerpo, material y férreamente determinado, luego, ¿cómo
es posible la relación entre mente y cuerpo? La solución la encontramos en el artículo
34 de su Tratado de las Pasiones, donde nos indica que la “el alma tiene su sede
principal en la pequeña glándula pineal que se encuentra en medio del cerebro” desde
donde controla los humores, los nervios y hasta la sangra de la máquina corporal. Se
trata de algo así como un vehículo de contacto entre lo mental y lo físico.

Evidentemente esta solución deja mucho que desear en tanto que es una
solución claramente ad hoc, es decir creada más con el objeto de solventar el
problema que como consecuencia de los principios del mismo, además qué tipo de
sustancia es la glándula, si es extensa no puede estar en contacto con lo mental; y si es
mental, difícilmente estará en contacto con lo físico. Lo interesante es que el
problema de la comunicación entre el cuerpo y el alma fue transmitido a sus
seguidores aportando distintas soluciones, sólo Hume negó totalmente la sustancia y
preparó el camino para las discusiones modernas entre lo mental y lo físico, entre la
mente y el cuerpo.

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TEXTO:

“Así, a causa de que nuestros sentidos nos engañan algunas veces, quise suponer que
no había ninguna cosa que fuera como las imágenes que ellos nos transmiten de esa
cosa. Y como hay hombres que se equivocan al razonar, incluso en cuanto a las
cuestiones más simples de la geometría y cometen en ellas razonamientos falsos,
juzgando que yo estaba expuesto a equivocarme como cualquier otro, rechacé como
falsas todas las razones que había tomado antes por demostradas. En fin,
considerando que todos los pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos
nos pueden venir también cuando dormimos, sin que haya ninguno que, por tanto, sea
verdadero, resolví fingir que todas las percepciones que hasta entonces habían
entrado en mi mente no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero
enseguida me di cuenta de que, mientras quería pensar así que todo era falso, era
necesario que yo, que lo pensaba, fuese algo. Y notando que esta verdad pienso luego
existo era tan firme y tan segura que hasta las más extravagantes suposiciones de los
escépticos no eran capaces de hacer tambalear, juzgué que la podía recibir sin
escrúpulo como el primer principio de la filosofía que buscaba (R. DESCARTES,
Discurso del método, IV)

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