Bueno, llegamos al final. Fue un año movido, ¿no?
¿Quiénes vinieron más de 5 veces a las reuniones?
¿Quiénes jugaron a los juegos?
¿Quiénes se aprendieron algún versículo?
Bueno, tuvimos muchas reuniones, ¿no?
Hoy les quiero contar una historia.
Y les voy a decir un secreto, hace unos años, yo tenía la edad de ustedes. Re loco, ¿no?
Mis papás cristianos, mis abuelos cristianos, hasta iba a una escuela cristiana. Pero ¿saben
qué? Dios no era lo que yo más quería. En general, hacía la mía, sin prestarle mucha
atención. Decía que era cristiano, me había bautizado, pero había muchas cosas que no
quería que Dios tocara, que se metiera. Tipo, soy cristiano hasta acá, más no.
Y miren, iba a todas las reuniones. Todas las reuniones. Y a veces me acercaba de nuevo a
Dios, y trataba de hacer las cosas bien, pero duraba un par de días y de nuevo para abajo.
Quería a Dios. Y entendía lo importante que era. Y quería hacer las cosas bien. Pero más
quería seguir haciendo las cosas que me gustaban. Quería estar solo y jugar todo el tiempo
que pudiera a la compu. Quería seguir viendo pornografía. Quería que nadie se preocupara
por mí, y que me dejaran en paz. Mis papás sufrieron mucho por eso. Les hice mal. Querían
hablar conmigo, querían ayudarme, y yo les cerraba la puerta. Los lastimé muchas veces
así. ¿Es lindo querer hablar con alguien y que esa persona no quiera? Sobre todo si querés
darle una mano.
Y por no querer que me ayuden, y por no jugármela por Dios bien, empecé a pasarla mal. Y
podrían decir “pero Misha, ¿cómo la vas a pasar mal si hacías lo que querías?” O sea sí, en
el momento la pasaba bien, pero en general estaba triste. Yo de chiquito era bastante alegre,
me gustaba hacer cosas. Pero de adolescente me apagué. Era alguien que iba por ahí, pero
no alguien que estaba vivo de verdad, ¿se entiende? Como un fantasma. Estaba en mi
mundo. Casi nunca estaba feliz. Y como me empezó a ir mal en todo, especialmente cuando
arranqué la facu, ahí empecé a pensar que mi vida no valía la pena. ¿Les pasó? A mí sí.
A veces me ponía a escribir, y hay muchas de esas cosas que ni las quiero mostrar. Pero les
leo un pedacito de algo.
“Ahora entiendo que no sirvo, que nunca serví. Y de verdad creo que el mundo estaría, o
hubiera estado mejor sin mí.
No puedo creer que las noches sean tan cortas.
No puedo creer que los días sean tan largos.
Necesito que alguien me salve.
Necesito que alguien me salve.”
¿Saben qué es lo peor? Yo conocía a Dios. Yo sabía que Jesús murió por mí. Y creo que yo
era creyente, pero no tenía paz. No tenía esa felicidad que tiene un verdadero creyente, ese
gozo. Y es que no quería amar a Dios tanto como amaba las otras cosas de mi vida que me
gustaban.
Así que seguía atrapado. Y no podía salir.
Hasta que de a poco, gracias a mis papás que siempre siguieron teniéndome paciencia y
amor, gracias a seguir viéndome con la gente de la iglesia y escuchar las charlas sobre la
Dios y la Biblia, gracias a los buenos amigos que Dios me dio, Nico, Keren también, por
ejemplo. Re importante rodearse de gente que nos pueda ayudar, al menos ellos nos van a
dar una mano para no caernos mucho. También unos meses de psicólogo. No muerden. Y a
veces hacen falta.
Pero lo más importante, y lo que hizo la diferencia, es que empecé a darme cuenta de lo
mucho que me ama Dios. Y que todas las veces que yo le estuve dando la espalda, Él no se
iba. Y todas las veces que gente me quiso ayudar y yo no los escuchaba, Dios seguía ahí. Y
aunque pequé mucho y de muchas formas, yo sabía, Dios seguía ahí, como un papá que me
ama, esperándome con los brazos abiertos.
Y llorando muchas veces le tuve que decir “Dios, ¿Cómo puede ser que vos me sigas
buscando? Si sabés qué soy yo y las cosas que hice. ¿Qué estás haciendo Dios? ¿Por qué no
te fuiste todavía?
Y después de haber probado la vida sin tener mucho en cuenta a Dios, después de haberme
sentido en el fondo, y viendo cómo Dios me seguía buscando, a través de mi familia, a
través de amigos de la iglesia, a través de mensajes, que aunque yo era una mala persona él
quiso sacrificarse por mí, ahí entendí que me ama. Me ama como nadie más podría
amarme. Y dije, bueno, ya probé hacer las cosas que yo quería, y estoy peor que antes.
Probemos ahora hacer lo que Él quiere que yo haga, y veamos qué pasa.
Y chicos, todo lo que yo estaba buscando, la alegría, el placer, sentirme bien, satisfacción,
incluso inteligencia, imaginación. Todo eso lo empecé a encontrar caminando con Dios.
Todo lo bueno que hoy soy y tengo, se lo debo a Él.
Y les puedo decir que nunca estuve tan feliz. Ni cerca. Encima es una felicidad que no se
va. Hay días en los que puedo estar triste, pero sigo contento, sabiendo que Dios está
conmigo siempre. Y por eso no lo quiero soltar.
¿Cuál es el mandamiento más importante de toda la Biblia?
“Amá al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con
todas tus fuerzas.” Marcos 12:30
Quiero que te hagas una pregunta. ¿Cuál es tu mayor deseo? –que piensen bien-
Salmos 37:4 dice así “Entregale a Dios tu amor, y él te va a conceder los deseos de tu
corazón.
Quizás no de la forma en que nosotros pensábamos. Pero va a darte lo que estabas
buscando.
Chicos, los queremos. Y acá hay personas que los quieren mucho, que los aman. ¿Y saben
que es lo que más nos gustaría? Que amen a Dios. Porque sabemos que es la única forma.
Por supuesto cualquier cosa que quieran hablar con nosotros, tipo, cualquiera, estamos. No
están solos. Pero chicos, más allá de la mano que podamos darles, todos tenemos que
preguntarnos una cosa, cada día.
¿Cuál es mi amor más grande? No hay ningún secreto, ningún truco, es simplemente ¿qué
amo más?
¿Querés ser feliz?
“Entregale a Dios tu amor, y él te va a conceder los deseos de tu corazón.”