POLITICA BORBONICA
TEXTO 1:
En el siglo XVII, el cementerio estaba junto a la iglesia y se utilizaba para
enterrar a los fieles. Con el tiempo, solo los pobres y devotos eran enterrados
allí. Esto marca un cambio en la política urbana en Lima durante la época
borbónica. A mediados del siglo XVIII, las ciudades hispanoamericanas,
incluida Lima, experimentaron cambios debido a reformas borbónicas que
afectaron diversos aspectos espaciales. Incluso los cementerios se vieron
afectados, pasando de estar bajo la jurisdicción eclesiástica a la estatal. En
Lima, esto condujo a la creación de un cementerio general fuera de la ciudad
en 1808. Este cambio en el lugar de entierro de los difuntos refleja una
transformación más amplia en la política urbana. Se considera el lugar de
entierro como un dato importante que ayuda a comprender cómo diferentes
eventos están relacionados. El cambio en la ubicación del cementerio es un
ejemplo de la negociación constante del espacio sagrado y cómo los muertos
desempeñan un papel históricamente significativo en la evolución de la ciudad.
TEXTO 2:
El texto analiza la organización de los entierros y la cultura funeraria en Lima
durante el siglo XVIII. En esa época, los edificios eclesiásticos dominaban la
ciudad y la Iglesia tenía un gran poder en la organización urbana. Había cinco
parroquias con edificios eclesiásticos que mantenían registros de nacimientos,
matrimonios y defunciones, además de servir como lugares de entierro. Los
entierros se consideraban un sacramento y estaban relacionados con la
jerarquía social. Los más pobres eran enterrados gratuitamente en cementerios
parroquiales, pero aquellos con privilegios pagaban según la ubicación y la
ostentación del entierro. Se compara la última voluntad de dos virreyes que
reflejan diferentes enfoques hacia la ostentación y la sencillez en los funerales.
La cultura funeraria experimentó cambios. Algunos optaban por entierros más
humildes, rechazando la ostentación. A pesar de esto, la élite continuaba
buscando lugares dentro de las iglesias para sus tumbas. También se
menciona que había lugares específicos para los pobres y se abordaban
problemas funerarios, como la lucha por el control de entierros entre
autoridades eclesiásticas. Hubo conflictos en la ubicación de tumbas dentro de
las iglesias y entre diferentes sectores de la sociedad. Miembros del clero,
monjas y autoridades religiosas se enfrentaron por el control de los entierros y
la primacía parroquial en la administración de ritos fúnebres.
TEXTO 3:
El texto aborda la práctica de tratar los cuerpos de personas ejecutadas o
fallecidas de manera específica en Lima durante el siglo XVIII. Se menciona un
ritual punitivo en 1783 en el que los líderes rebeldes fueron arrastrados,
ejecutados en público y posteriormente sus cuerpos fueron desmembrados.
Esta práctica no era exclusiva de los ajusticiados; se describe un caso anterior
de un individuo que también fue desmembrado después de su muerte. El texto
resalta dos casos particulares: Felipe Velasco Túpac Inga Yupangui, cuyos
restos fueron tratados de manera distintiva después de su ajusticiamiento, y
Isidro Gutiérrez Cossio, cuyos restos fueron seccionados y distribuidos en
diferentes lugares debido a sus contribuciones a sedes eclesiásticas. Estos
casos ilustran cómo los restos mortales se trataban de manera específica y
dispersa en diferentes lugares, reflejando la dispersión de los espacios
funerarios en la ciudad. Se menciona que esta práctica podría entenderse
como una extensión del concepto de dispersión espacial de los lugares de
entierro. Además, se presenta un ejemplo de un noble que solicitó que su
corazón se colocara en una urna en una capilla específica mientras su cuerpo
sería trasladado a su lugar de origen.
TEXTO 4:
El texto concluye mencionando cómo, en el contexto de la imposición del
proyecto de un cementerio único en el siglo XIX, el marqués de Avilés solicitó
que su cuerpo no fuera seccionado de ninguna manera. El texto trata sobre la
evolución de los cementerios en el Virreinato peruano en el siglo XVIII y
principios del XIX. Se pueden resumir los puntos principales de la siguiente
manera:
4. A la periferia A mediados del siglo XVIII se comenzó a discutir la construcción
de cementerios extramuros en las ciudades europeas y españolas, incluidas las
colonias americanas. El virreinato peruano también adoptó esta tendencia, pero
inicialmente se construyeron cementerios en lugares periféricos secundarios
como Trujillo, Tarma y Ate.
4.1. Los experimentos periféricos (1782-1790) En Trujillo se construyó una
bóveda subterránea fuera de la iglesia para enterrar a los difuntos que antes se
enterraban dentro. Tarma construyó un panteón extramuros debido a
problemas de salud pública causados por entierros intramuros. Ate, cerca de
Lima, también construyó un campo santo en 1790.
4.2. La campaña informativa (1789-1791) Reales cédulas de 1786 y 1787
promovieron la reubicación de cementerios fuera de las ciudades para mejorar
la salud pública. Se intervino en regiones como Cuba para trasladar los difuntos
debido a las condiciones climáticas. En Lima, se comunicó con el cabildo y
autoridades eclesiásticas para establecer cementerios extramuros.
4.3. La epidemia de 1802 Una epidemia de viruela en 1801-1802 desencadenó
debates sobre prácticas médicas y estrategias de prevención. Se discutió la
inoculación y la procesión de Nuestra Señora del Rosario como remedios
contra la epidemia.
4.4. Las realizaciones limeñas (1803-1808) Se inició la construcción de un
panteón en el convento de San Francisco en Lima en 1803. Hipólito Unanue
defendió el traslado de entierros fuera de las iglesias debido a la propagación
de epidemias. El cementerio general se inauguró en 1808, extramuros de la
ciudad, acompañado de un Jardín Botánico y otros edificios que formaron parte
de un plan de renovación urbana. El cementerio general mantuvo jerarquías
sociales y tradiciones funerarias, y se promovió como una solución a los
problemas de salud pública. En resumen, el texto habla sobre la evolución de
los cementerios en el virreinato peruano, desde la construcción de cementerios
periféricos hasta la inauguración del cementerio general en Lima, y cómo estos
cambios estaban relacionados con consideraciones de salud pública y
prácticas funerarias.
TEXTO 5:
El texto habla sobre la construcción temprana del panteón general como un
cementerio en Lima, en comparación con otras ciudades hispanoamericanas y
europeas. Discute cómo funcionaba el sistema funerario y el cementerio
extramuros. Aunque algunos cementerios eclesiásticos clausuraron bóvedas,
hubo un intento de mantener privilegios sociales en el cementerio a través de la
asociación espacial de sepulturas familiares. A pesar de esto, hubo
preocupación por la disminución de inhumaciones y se propuso la enajenación
de nichos para familias privilegiadas que preferían la sepultura intramuros. Las
monjas también se resistieron al sistema extramuros, y su influencia política
resultó en excepciones para su entierro en monasterios. A medida que
avanzaba el tiempo, los argumentos religiosos cedieron ante las
consideraciones médicas y la jerga del protomedicato en las discusiones
públicas sobre entierros. El gobierno tuvo que intervenir en entierros
clandestinos en monasterios y conventos de frailes.
TEXTO 6:
El epílogo del texto aborda la unificación espacial funeraria propuesta por las
reformas borbónicas en Lima. Aunque hubo intentos de homogeneización, se
observa una creciente diferenciación social interna en el cementerio, reflejada
en adiciones al reglamento y modificaciones posteriores. Durante el
protectorado, se trató de reducir la distancia social en el cementerio, pero la
humildad funeraria se convirtió en una tendencia gubernamental. A pesar de los
esfuerzos por igualar las tumbas, las diferencias sociales persistieron debido a
la cultura funeraria tradicional y la estructura social. A lo largo del tiempo, el
cementerio perdió su prestancia original y se convirtió en un lugar criticado por
su decadencia y vanidad. Se sugiere que la transformación borbónica se
cumplió al unificar una función previamente dispersa y moverla extramuros,
pero la cultura funeraria tradicional persistió. El cementerio se convirtió en un
símbolo de cambio en la relación entre Estado e Iglesia en la República y
reflejó las reformas urbanas en Lima.