Racing Hearts: Amor y Oscuridad
Racing Hearts: Amor y Oscuridad
IMPORTANTE
¡Cuidémonos!
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CRÉDITOS
Traducción
Mona
Corrección
KatyKat
Diseño
Bruja_Luna_
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ÍNDICE
IMPORTANTE ___________________ 3 VEINTIDÓS ____________________ 117
CRÉDITOS ______________________ 4 VEINTITRÉS ___________________ 122
CONSIDERACIONES PARA EL LECTOR _ 8 VEINTICUATRO ________________ 130
SINOPSIS _______________________ 9 VEINTICINCO __________________ 139
UNO __________________________ 11 VEINTISEIS ____________________ 147
DOS __________________________ 14 VEINTISIETE ___________________ 152
TRES__________________________ 21 VEINTIOCHO __________________ 156
CUATRO _______________________ 25 VEINTINUEVE _________________ 166
CINCO ________________________ 30 TREINTA______________________ 173
SEIS __________________________ 36 TREINTA Y UNO ________________ 177
SIETE _________________________ 44 TREINTA Y DOS ________________ 181
OCHO_________________________ 49 TREINTA Y TRES ________________ 185
NUEVE ________________________ 55 TREINTA Y CUATRO _____________ 190
DIEZ __________________________ 58 TREINTA Y CINCO ______________ 194
ONCE _________________________ 63 TREINTA Y SEIS ________________ 197
DOCE _________________________ 67 TREINTA Y SIETE _______________ 205
TRECE ________________________ 74 TREINTA Y OCHO _______________ 210
CATORCE ______________________ 77 TREINTA Y NUEVE ______________ 214
QUINCE _______________________ 81 CUARENTA____________________ 220
DIECISÉIS ______________________ 86 CUARENTA Y UNO ______________ 225
DIECISIETE _____________________ 89 CUARENTA Y DOS ______________ 229
DIECIOCHO ____________________ 97 CUARENTA Y TRES ______________ 239
DIECINUEVE___________________ 102 CUARENTA Y CUATRO ___________ 245
VEINTE _______________________ 107 CUARENTA Y CINCO ____________ 248
VEINTIUNO ___________________ 111 CUARENTA Y SEIS ______________ 251
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CUARENTA Y SIETE _____________ 256 CINCUENTA Y CINCO ____________ 307
CUARENTA Y OCHO _____________ 264 CINCUENTA Y SEIS ______________ 313
CUARENTA Y NUEVE ____________ 272 CINCUENTA Y SIETE _____________ 318
CINCUENTA ___________________ 277 CINCUENTA Y OCHO ____________ 325
CINCUENTA Y UNO _____________ 282 CINCUENTA Y NUEVE ___________ 331
CINCUENTA Y DOS______________ 291 EPÍLOGO _____________________ 335
CINCUENTA Y TRES _____________ 299 SOBRE K.A. KNIGHT _____________ 336
CINCUENTA Y CUATRO __________ 303
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RACING HEARTS
PINE VALLEY COLLEGE LIBRO UNO
K.A. KNIGHT
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CONSIDERACIONES PARA
EL LECTOR
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SINOPSIS
Pine Valley es una escuela rica tanto en historia como en legado y vuelve a abrir
sus puertas a otro curso de estudiantes.
Evan Shaw ha querido ser fotógrafo desde que tiene uso de razón, y Pine Valley
es el lugar adecuado para conseguirlo. Lo que no esperaba era entrar en una sociedad
secreta con una historia oscura, o enamorarse de un hombre tan lleno de ira que puede
que nunca haya esperanza para ellos.
Alek Anders no cree en el amor ni tiene tiempo para él. No puede perseguir sus
sueños como todos los universitarios ricos que lo rodean, tiene una familia a la que cuidar
y comida que llevar a la mesa. Entonces llega Evan. Todo lo que no es, aprieta todos los
botones de Alek.
Sin embargo, el amor es voluble y cuando los estudiantes empiezan a aparecer
muertos, tendrán que trabajar juntos o desmoronarse para descubrir la verdad.
¿Podrá deshacerse el pasado y encontrar esperanza incluso en la oscuridad?
¿Podrán Evan y Alek resistir lo que Pine Valley les tiene reservado,
o sólo les quedará una carrera de corazones?
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UNO
La primera vez que vi a Evan Shaw, caminaba con sus amigos ricos y pretenciosos,
vestido con ropa de diseñador de pies a cabeza, mientras se dirigía hacia los extensos
edificios que formaban la universidad a la que había ingresado mi hermana.
Pine Valley College.
La estaba dejando para su primer día, y su risa atravesó mi auto lleno de música.
No me vio. ¿Por qué iba a hacerlo?
Inmediatamente me molestó. En realidad, todos esos malditos chicos lindos me
molestaban. Goteaban riqueza y privilegios, y lo odiaba, odiaba que mi hermana asistiera
allí, pero sabía que era el mejor lugar para ella.
La segunda vez fue cuando la recogí de una fiesta. Él tenía a un chico apretado
contra una pared del lateral de la casa, con la lengua metida hasta el fondo de la garganta
y la mano metida en los vaqueros del chico. Ni siquiera intentaban ocultar lo que estaban
haciendo.
La tercera vez es ahora mismo, en este restaurante de mala muerte donde estoy
cenando... donde creía que estaba a salvo.
Me equivoqué.
No sé qué demonios hace un niño rico como él en un sitio como éste, pero me
enoja. ¿No puedo tener un poco de paz de los hijos de puta adinerados que van a esa
universidad de estirados? La única razón por la que me mudé aquí fue para estar más
cerca de mi hermana y poder mantenerla a salvo, y sin embargo siempre estoy rodeado
de ellos.
Me hacen enojar tanto, ¿y Evan? Es el peor.
Una sonrisa brillante curva sus labios carnosos, mostrando unos dientes blancos
y perfectos por los que apuesto a que su madre y su padre pagaron una fortuna. Su piel
es dorada y perfecta -sin duda ha sido estirada y perfeccionada por los mejores médicos
del mundo- y su cabello rubio, casi del color del hielo, está perfectamente peinado, con
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dos largos mechones colgando delante de las orejas y el resto peinado hacia atrás,
cayendo justo por encima de sus anchos hombros. Va impecablemente arreglado, con
una camisa de manga larga y pantalón de vestir, y el último bolso de diseñador colgado
descuidadamente del hombro.
Básicamente, es mi opuesto.
Con las manos manchadas de aceite, me concentro en la comida e intento no
mirarlo. Me digo a mí mismo que respire a través del odio y que no pruebe el olor a
madera que parece seguirle. Tengo que agachar la cabeza y recordar por qué estoy aquí:
por ella. Todo es por ella, para poder darle una vida mejor de la que yo tuve.
—Oye, ¿está ocupado este asiento?
Por supuesto que el destino no podía ser tan amable.
Realmente puedo sentirlo a mi lado.
Me tapa el sol, su colonia cara me envuelve. —¿Perdona? —repite, su voz
profunda y suave. Odio mirarlo. Odio que mis ojos lo busquen aún más.
Todo es una fachada.
Los chicos ricos como él no son amables, no con la suciedad como yo.
—Está ocupado —gruño, con voz profunda como un trueno.
Sus ojos parpadean, mira el asiento vacío y luego mi corpulento cuerpo sentado
en el taburete de al lado. Arquea una ceja como si quisiera llamarme mentiroso y se deja
caer de todos modos.
—He dicho que está ocupado.
—Uy. —Se encoge de hombros, acercando un menú pegajoso con una sonrisa
feliz.
—Vete ahora —le ordeno. Normalmente, eso basta para echar a correr a
cualquiera, por no hablar de la mirada fulminante que le dirijo. Normalmente se cagan
encima o lloran.
Me ignora, ojea el menú mientras mis fosas nasales se agitan.
—Tú no perteneces aquí.
—¿Quién lo dice? —pregunta, inclinando la cabeza para encontrarse con mi
mirada oscura. Sin embargo, sus manos aprietan el menú, lo que lo delata, sus bíceps
tensando el material de la camisa. Tiene la constitución de un niño rico, y no los músculos
que se consiguen presumiendo, sino haciendo ejercicio.
Es probable que todo sea por la apariencia, no realmente útil.
—Yo —respondo.
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—Ah, qué pena, me gusta estar aquí. Tiene buena vista. —Sus ojos me miran y
golpeo la taza contra la encimera, ignorando el líquido que salpica. Sonríe y vuelve a
clavar sus ojos en los míos—. ¿Qué puedo decir? Me gusta sucio.
—Lárgate ya —le advierto, rechinando la mandíbula. Estoy tan jodidamente
enojado. ¿Cómo se atreve a mirarme así y meterse conmigo? ¿Es que este imbécil no
tiene sentido de la autoconservación?
—¿Qué diablos te pasa? —me pregunta, con los ojos brillantes mientras me mira
fijamente. Apuesto a que no se ha peleado en su vida, por no decir que nunca se ha
enfrentado a alguien como yo.
—Tú eres mi problema, niño rico —digo bruscamente mientras me levanto y vacío
la taza. Tiro billetes extras y sonrío con fuerza a Sandra, la camarera de mediana edad
que trabaja doble y tiene gemelos en casa.
—Hasta la próxima, Alek —dice.
Salgo furioso de la cafetería, pero oigo sus zapatos suaves y caros golpear la acera
detrás de mí y me giro.
—Alek —me llama—. ¿Ese es tu nombre?
—¿Qué demonios quieres, niño rico? —Me enfurezco, me acerco y me elevo
sobre él. Puede que sea musculoso y alto para ser un niño rico, pero soy mucho más
grande, y los dos lo sabemos.
—Se te cayó esto. —Me entrega mi cartera, sujeta con cinta adhesiva, y sus ojos
me miran despectivamente antes de darse la vuelta y volver a entrar.
Me juzgó y desestimó como hacen todos.
Odio a los idiotas ricos.
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DOS
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pero estoy probando esta nueva cosa de no bloquear el mundo, aunque me parezcan
una manta protectora.
El paseo sólo dura unos veinte minutos, pero hasta que llego allí me empapo de
los rayos del sol veraniegos y observo a la gente. Elegí esta escuela porque estaba muy
lejos de casa, lo suficientemente lejos de mi pequeña y prejuiciosa ciudad natal y de mi
familia. Además, es una de las mejores, y si quiero ser fotógrafo, tengo que aprender de
los mejores.
Los mejores enseñan en el Pine Valley College.
La mayoría de la gente piensa que está lleno de gente rica, y sí, hay muchos chicos
acomodados aquí ya que pueden permitirse la elevada matrícula, pero hay chicos
becados, los que entraron por talento, no por sus padres. Yo soy uno de ellos. No utilicé
el dinero ni el nombre de mis padres para entrar, aunque no me habrían dejado a menos
que eligiera una carrera de su elección, como Medicina o Contabilidad... Ah, y dejara de
salir con chicos.
Sí, no les gustó nada.
Lloré cuando me enteré de que me habían dado una beca de fotografía, y ese
mismo día ya tenía la maleta hecha y me fui. No tienen nada sobre mí, ninguna forma de
controlarme. Esta es mi vida y la viviré como quiera. Eso no les sentó bien, y desde
entonces no me dirigen la palabra. Me duele, aunque nunca estuvimos muy unidos, pero
siguen siendo mis padres. Cuando veía a los demás mudarse con sus hijos y despedirse
de ellos, me sentí solo.
Por suerte, he conseguido hacer algunos amigos rápidos y leales, como la loca de
cabello rosa que se cruza en mi camino ahora mismo. Sus ojos brillantes se ven realzados
por sus gafas de montura gruesa, su cabello corte lobo está peinado a la perfección y su
maquillaje me da envidia. Con un vestido corto, medias de rejilla y botas, Laila, o Lally
para sus amigos, es genial sin esfuerzo; tan genial que quise ser su amigo cuando la vi, y
cuando se sentó a mi lado en Introducción al Arte Moderno, casi lloro. Me miró, sonrió y
me dijo que seríamos buenos amigos, y supongo que tenía razón.
Estamos unidos por la cadera, somos dos niños huérfanos que se encontraron.
—Evvie —me llama alegremente, deteniéndose ante mí con una brillante sonrisa—
. ¿Estás listo para arrasar con la toma de perfiles?
—Ni por asomo —le contesto mientras la rodeo con el brazo y le beso la cabeza
mientras cruzamos el campus abierto hacia el edificio de arte. El césped está lleno de
gente estudiando, comiendo o jugando. Los árboles a ambos lados del camino se mecen
con la brisa cuando llegamos al gigantesco edificio de inspiración gótica. Nunca deja de
asombrarme su belleza, y el hecho de poder estudiar aquí me sigue haciendo sentir feliz.
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—Lo siento. —Oigo un chirrido suave y tropiezo cuando una mancha de cabello
oscuro pasa a mi lado y entra en el edificio.
—Anders otra vez —dice Lally—. Siempre llega tarde, pero es agradable.
Asiento mientras subimos las escaleras.
—Oye, Evan, ¿vienes a la fiesta esta noche?
Hay fiesta todas las noches.
—Claro, hombre. —Al pasar, choco los cinco con un deportista llamado Liam. Está
en mi clase de historia y, a pesar de su aspecto, por dentro es un gran malvavisco, y
cuando le dije al azar que era bisexual, se limitó a asentir.
—Lo entiendo. Las chicas están buenas, pero también hay hombres buenos.
Somos amigos desde entonces y, aunque no estoy afiliado a ningún deporte, me
invitan a todas las fiestas futbolísticas, lo que a Lally y a mis otros amigos les encanta, ya
que los llevo conmigo para que podamos contemplar abiertamente a todos los
musculosos y a las chicas buenas que se juntan con los futbolistas.
—Es tan atractivo —murmura Lally cuando pasamos.
—Meh. —Me encojo de hombros.
—No es tu tipo. —Ella sonríe—. Te gustan melancólicos y dañados.
—No es así —murmuro mientras avanzamos por los ajetreados pasillos.
—Estaba el artista hambriento Miguel Ángel. Oh, y luego la nerd con problemas
con su padre llamada Cynthia...
—De acuerdo. —Le tapo los labios mientras sonríe, lamiéndome la palma de la
mano hasta que le lanzo una mirada y la suelto—. Al menos no salgo exclusivamente con
chicas del armario, o no exclusivamente ya que tú no sales con nadie.
Ella guiña un ojo. —Es divertido jugar.
Otra cosa que nos unía a Lally y a mí era que nuestros padres no aprobaban
nuestras orientaciones sexuales. A diferencia de los míos, los padres de Lally la enviaron
a un campamento para intentar «curarla» como si fuera una adicción o un hábito que
pudiera dejar y no cómo había nacido.
Malditos idiotas.
—No sé. Creo que es una lástima que no tengan el mismo tipo. Podrían
compartirlos. —Tommy, otro de nuestros amigos, aparece ante nosotros con una sonrisa
brillante, la pintura manchada en la cara.
—Ew. —Lally le da una bofetada—. Macho malo. Abajo, perro.
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Se ríe entre dientes mientras da un paso atrás. Lleva un mono de gran tamaño,
una pequeña gorra y su cuaderno de notas, es un cliché de la carrera de arte, pero
también es un buen tipo. —Sólo bromeaba, tal vez, pero Evvie, hombre, deja de
coleccionar a todos los chicos del mundo del arte.
Levanto las cejas. —Apenas he tenido citas desde que estoy aquí.
Me señala a la cara. —Eso no importa. Están demasiado ocupados babeando por
tu culo de modelo para darse cuenta. Es muy molesto —refunfuña—. Te juro que si no
fueras tan atractivo, no seríamos amigos.
—¿Pero entonces con quién dibujarías y jugarías Call of Duty? —me burlo
mientras lo rodeo con el brazo y lo dirijo hacia nuestra clase.
—Aun así, no es justo —gruñe—. Siempre es, «Oh, Tommy, eres compañero de
piso de Evan Shaw, ¿verdad? ¿Puedes presentarnos?» Chico, chica, profesor, da igual.
Lally y yo nos detenemos, girando nuestras cabezas hacia él. —¿Profesor? —
suelto.
Sus ojos se entrecierran de nuevo. —Aún no, pero nunca se sabe, y el bombón de
las artes digitales es mío.
—¿El Sr. Ford? —exclamo—. Hombre, es un total idiota, y te lo digo yo.
—Pero es tan atractivo. —Tommy suspira con nostalgia—. Bien, mejor me voy o
el Sr. Ford tendrá mi trasero, y no de una manera divertida. ¿Esta noche?
—Esta noche. —Asiento mientras lo vemos agarrar su tabla y salir corriendo por
la puerta, golpeándola en cuanto está fuera y chocando directamente con el señor Ford,
cuyo café les cae encima a los dos—. Ese chico no tiene remedio.
—Tú tampoco, ahora que lo dices. —Lally me toma de la mano, tirando de mí hacia
el interior del auditorio—. En serio, Ev, ¿qué te pasa? No has tenido una cita en años.
Me encojo de hombros mientras saco mi cuaderno, pero noto su mirada
impenetrable en un lado de mi cara, así que suspiro cuando las filas empiezan a llenarse.
—Me aburro, ¿sabes? Ninguno me entusiasma. No quiero que me adoren. Quiero ser
amado, imperfecto y sucio.
—Ves, te gusta pasear banderas rojas. Eso, hombre, es un problema. —Ella
suspira.
—Entonces somos chicos problemáticos juntos. —Me río, dándole un codazo en
el costado mientras levanta la pierna sobre la silla.
—Juntos. —Lally guiña un ojo mientras se gira para mirar al frente—. Al menos
podrías conseguir alguna polla esta noche.
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—Lo dudo. —Por alguna razón, mis pensamientos se dirigen al imbécil moreno de
la cafetería.
Era totalmente mi tipo.
Qué vergüenza.
Arrastro el culo fuera del edificio de arte cuando brillan las estrellas. Voy a casa a
cambiarme antes de salir, pero maldición, estoy agotado, por no hablar de la reunión que
tengo mañana.
Otra cosa de esta universidad es la cantidad de clubes, tantos clubes, joder.
Acabo de limpiarme la cara cuando entrecierro los ojos en la oscuridad y distingo
la figura acurrucada en el sendero. Morena y bajita, me resulta familiar.
—¿Anders? —llamo, notando a dos imbéciles fornidos bloqueando su camino.
Entrecierro los ojos y me detengo a su lado—. ¿Algún problema? —le pregunto.
Dirige hacia mí sus grandes y atormentados ojos marrones, unos ojos que juraría
haber visto antes.
—No, ponte en marcha —responde uno de los chicos.
—No te estaba preguntando a ti —le digo bruscamente, y luego la miro a ella,
suavizando la voz ante la expresión de cierva asustada de su pálido rostro—. ¿Estás bien?
—No me dejan pasar —admite suavemente con voz ahumada, como si no hablara
mucho.
Levanto la cabeza. Son unos imbéciles enormes con sonrisas arrogantes. Es obvio
que son problemáticos, pero eso nunca me ha molestado. Me pongo delante de ella,
cruzándome de brazos. —Muévete y deja pasar a la señorita.
—¿Señorita? —se burla el de la izquierda—. Aún no hemos terminado con la
dama.
Estoy demasiado cansado para esta mierda. —Sí, lo estás, y si te veo metiéndote
con ella otra vez...
—¿Qué vas a hacer? —gruñe el de la derecha, acercándose. Se eleva sobre mí,
intentando intimidarme con su tamaño. Si supiera que trepo a hombres como él por
diversión, no estaría tan seguro de sí mismo. Este, sin embargo, no quiere jugar. Quiere
luchar. Está en sus ojos. Su ira no está necesariamente dirigida a mí, sino a cualquiera.
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El campus está vacío a estas horas de la noche y, a pesar de lo que pueda parecer,
no soy ajeno a las peleas. No se crece bisexual en un pueblo pequeño sin aprender a
recibir uno o dos golpes y dar unos cuantos puñetazos. No me gusta empezar la mierda,
no después de entrenarme durante años en artes marciales, ya que mis golpes podrían
hacer mucho daño. Tengo que pensarlo bien, así que en vez de eso, les advierto.
—Asegurarme de que no lo hagas —termino, demasiado cansado para discutir
verbalmente por una vez—. Ahora vete.
—Mira a este idiota. Bien, jugaremos contigo primero. —Veo venir su puño y
suspiro al esquivarlo. Los instintos me mueven y le doy una patada, haciéndolo retroceder
mientras me giro hacia su amigo y esquivo su ataque antes de atrapar su puño en el aire
y golpearle la cara. Se tambalea, sacudiendo la cabeza, así que lo hago de nuevo y cae
con fuerza.
—Anders, retrocede —me giro hacia ella justo cuando me golpean por detrás.
Aterrizo con fuerza en el pavimento, arañándome el brazo y la cara, pero rápidamente
nos hago rodar, llevándole el brazo a la espalda.
—Sigue moviéndote y se romperá —advierto, con voz fría, pero oigo un grito y
levanto la cabeza para ver a otro tipo agarrando a Anders.
Soltando al que tengo, me pongo en pie y avanzo hacia el segundo tipo. Aparta a
Anders y viene hacia mí mientras desvío su atención. Tropiezo con un puñetazo y tengo
que contenerme. Estoy a punto de contraatacar cuando un silbido corta el aire, y
entonces retrocedo a trompicones cuando una mancha de músculos golpea a los tipos
que nos atacan a Anders y a mí. Me quedo boquiabierto mientras el muro de músculos
tatuados les da una paliza a los dos tipos.
El tipo gruñe con brutalidad, saboreando la sangre que derrama mientras golpea
a los dos idiotas contra el suelo. Ni siquiera se detiene cuando están inconscientes.
Cuando se levanta, con el pecho hinchado por la chaqueta de cuero y las manos
chorreando sangre, algo en mi corazón se acelera. Mis vaqueros se hinchan con la
presión, con la belleza que este tipo acaba de mostrar. Fue impresionante, horrible y
despiadado, pero belleza al fin y al cabo.
De pie, se peina los rizos hacia atrás y me mira, con los ojos entrecerrados, y es
entonces cuando me doy cuenta de quién es. No es otro que el idiota en persona. —Tú
—sisea.
—Tú —respondo con un gemido. En serio, ¿podría empeorar mi noche?
Alek, ¿no? Ahí es donde he visto esos ojos, en él.
Nos miramos fijamente antes de que él tire de Anders hacia su lado. —¿Estás bien?
—le pregunta bruscamente—. ¿Se está metiendo contigo?
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—No, me estaba ayudando. —Ella le da un codazo, aparentemente más confiada
ahora que él está aquí—. Gracias, Evan. De verdad.
—No hay problema. —Me meto los nudillos partidos en los bolsillos con una mueca
de dolor y fulmino con la mirada a Alek, mis ojos revolotean entre los dos. La curiosidad
se apodera de mí, aunque debería marcharme—. ¿Es tu novio?
—Ew, no. Es mi hermano mayor que realmente necesita dejar de agredir a la gente
a menos que quiera ser arrestado de nuevo —le espeta.
Alek la mira fijamente y luego a mí. —¿La ayudaste?
Asiento, y él aprieta la mandíbula. —Gracias. ––Está claro que odia decir eso.
Me encojo de hombros y miro a Anders. —Llega bien a casa, ¿vale? Si alguna vez
necesitas que alguien te acompañe a casa después de una clase tardía, busca a uno de
nosotros de la sala de fotografía. Siempre estamos ahí.
—Gracias, Evan. —Sonríe alegremente, a diferencia de su hermano, que me
fulmina con la mirada y tira de ella como si fuera a arrebatármela a pesar de lo que acabo
de hacer para protegerla.
—No hace falta que hagas eso. Mantente alejado de mi hermana —advierte Alek.
Pongo los ojos en blanco mientras me acerco. —¿Por qué? ¿Te preocupa que
este imbécil rico la mancille? —me burlo de él porque su desprecio hacia mí es evidente.
Sus fosas nasales se agitan mientras sigo moviéndome hasta apretarme contra él.
Hay algo en él que me hace querer retroceder.
—¿O quizá sólo eres un homófobo retrógrado? —Siento que su corazón se
acelera con rabia contra mi pecho, y sé que su hermana mira de mí hacia él—. No te
preocupes, idiota. No voy a corromper a tu hermana, pero tú, en cambio... Bueno, eres
demasiado divertido.
Doy un paso atrás cuando se acerca a mí, sin duda para darme una paliza por
atreverme a coquetear con él, porque eso es exactamente lo que estaba haciendo sin
darme cuenta.
Le hago un gesto con la cabeza y agarro mi bolso, saliendo de allí antes de que
me lance contra el suelo.
Puede que yo sea rápido y esté entrenado, ¿pero Alek? Mierda, nunca he visto a
nadie moverse como él.
Era pura furia, y Lally tenía razón.
Me gustan las banderas rojas.
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TRES
Miro sorprendido cómo se va el niño rico, Evan. Pensaba que era un débil
presumido, pero había estado en mi auto, vigilando a mi hermana, cuando me fijé en él.
Se movía con propósito e intención, rápido y letal, derribando a los dos tipos que casi le
doblaban en tamaño sin siquiera sudar. Iba a dejarlo en paz hasta que vi a mi hermana
pequeña acurrucada detrás de él. No sabía que la había estado defendiendo, pero eso
sólo me hace estrechar la mirada sobre su espalda en retirada. Ningún hombre le da una
paliza a alguien sin una razón.
¿Quiere a mi hermanita?
No la tendrá. Ella se merece algo mejor que él, y cualquiera que pueda patear
culos así sin esfuerzo tiene un serio entrenamiento o problemas de ira como yo y no
debería estar cerca de ella.
—Basta —me regaña Alice, dándome un codazo.
Sí, Alek Anders y Alice Anders. Mi madre pensó que era gracioso, imagínate.
—¿Qué? ––murmuro, mirándola fijamente mientras le alboroto el pelo. Me aparta
la mano de un manotazo y sonrío viéndola arreglárselo.
—Es un buen chico, además acaba de ayudarme —señala con una mirada de ojos
entornados dirigida a mí. Lo miro una vez más antes de volver a mirarla a ella. A veces,
no sé cómo hemos podido crecer en la misma casa . Ella es tan inocente, todo lo que no
soy. Por eso mi trabajo es protegerla de todo el mundo, especialmente de los niños ricos
como él.
—Ningún chico ayuda a una chica gratis —le advierto—. No me gusta.
—Créeme, no soy el tipo de Evan Shaw. —Sonríe con complicidad, sus ojos
centellean mientras añade la siguiente parte cuando yo sólo la miro confundido—.
Probablemente tú lo serías.
Levanto una ceja, pero ella se limita a poner los ojos en blanco ante mi negativa.
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—Créeme, no lo soy. Ahora vámonos antes de que llegues tarde al trabajo otra
vez.
Dejo que me agarre del brazo mientras nos dirigimos a mi auto, pero mis ojos
vuelven a la forma en retirada de Evan, preguntándome cuál es su tipo y por qué me
importa.
Dejo a Alice en casa y estaciono el auto en mi garaje. Dejo atrás mi auto de todos
los días, me quito la camiseta y la chaqueta, me pongo una nueva y limpia, y tiro la que
llevaba puesta hoy a la lavandería para que el aceite no manche todo mi impoluto lugar.
Mi garaje es mi bebé. Ahorré una eternidad para alquilarlo y limpiarlo.
Las paredes blancas están cubiertas de grafitis y obras de arte de algunos amigos,
y mi auto de todos los días está estacionado a la izquierda, con mi auto de carreras a la
derecha. Mi banco de trabajo está detrás de mí, con un televisor y un radio, junto con
todas mis herramientas de pintura. Las luces LED que instalé parpadean de rojo a azul
en cada esquina mientras me dirijo al baño y me lavo, me peino los rizos hacia atrás y me
miro en el espejo. Miro fijamente a los ojos que veo en mi hermana pequeña todos los
días, y la culpa me asalta por un momento. Si Alice supiera el tipo de trabajo que estoy
haciendo esta noche, nunca me lo perdonaría.
Me ha suplicado una y otra vez que tenga cuidado, que no haga ninguna estupidez,
pero hago lo que tengo que hacer por ella. Mi hermana se merece el mundo, se merece
una oportunidad mejor de la que yo nunca tuve, y se la daré cueste lo que cueste.
Sacudiéndome las emociones que no puedo permitirme, cierro el grifo del lavabo,
me seco rápidamente y regreso a la habitación principal.
Agarro una bebida de la nevera y me la bebo antes de mirar mi auto para esta
noche. Es un Nissan Skyline. Lo cambié por un auto que pasé años reconstruyendo.
Cuando lo conseguí, estaba casi jodido, pero conseguí devolverlo a la vida, y ahora es mi
orgullo. Envuelto en un negro metálico que brilla azul y morado a la luz, con llamas
pintadas a mano en el lateral, es mi bebé en todos los sentidos de la palabra. También
me permite enviar a mi hermana a una universidad tan bonita. Me costó unos cuantos
años después de dejar los estudios ganármelo, pero estoy aquí, y ahora ella también.
Pero eso no significa que pueda permitirme parar. Quiero tener mi propia tienda algún
día. Puede que eso no ocurra, pero hasta entonces, tengo que seguir trabajando y
compitiendo.
Me pongo la chaqueta de cuero a rayas blancas y negras, agarro la llave y me
hundo en el asiento de cuero de mi Skyline. El motor ronronea, pulso el botón de la puerta
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del garaje y salgo a la tranquila calle. Está vacía, sólo hay algunos negocios dispersos,
pero suelen desaparecer al anochecer, lo que me viene muy bien. Vuelvo a pulsar el
botón y la puerta del garaje baja y se cierra mientras mis luces iluminan la calle oscura,
reflejándose en las líneas fluorescentes.
Pongo la radio, subo el volumen y me reclino en el asiento, preparado para una
larga noche.
Esta noche hay mucho tráfico. El tramo desierto de la carretera está lleno de autos
estacionados a un lado, con el capó levantado para mostrar sus motores y sistemas de
altavoces. La música sale de cada uno de ellos mientras ruedo por el centro y entro en
un espacio vacío, dando marcha atrás sin mirar siquiera. Observo a la multitud. Es una
mezcla de chicos y chicas, corredores y espectadores, pero encuentro lo que busco.
Sanjay está en el centro, aceptando apuestas y hablando con los pilotos.
Bingo.
Es unas cuantas cabezas más alto que los demás, ya que es un maldito larguirucho.
Esta noche lleva el pelo recogido en una trenza, un pantalón holgado y unas zapatillas
nuevas. Salgo del auto e ignoro a los que me reconocen, y me dirijo hacia él mientras me
sonríe.
—¡Ahí está, el hombre del momento, su dios, Alek! —grita, y la multitud se gira
hacia mí. Los ignoro a ellos y a las miradas que recibo. Estoy acostumbrado,
acostumbrado a la atención y a las chicas que quieren follarme. Le agarro la mano y
deslizo el dinero entre nuestras palmas.
Asiente con una sonrisa. Sanjay puede ser un idiota vanidoso, pero también es
inteligente como el infierno. —¿Cuántos esta noche?
—¿Cuántos tienes? —pregunto, mirando a mi alrededor. Conozco a algunos de
los pilotos de aquí, y gimen cuando me ven ya que estoy invicto, pero también hay unos
cuantos novatos, todos lo bastante engreídos como para pensar que pueden reclamar mi
título.
—Cinco carreras hasta ahora —responde con una tímida sonrisa. Siempre es una
buena noche para él cuando aparezco, por eso nos llevamos tan bien.
—Cuenta conmigo para todo. Hay mucho en juego, necesito el dinero —le digo.
La matrícula de Alice volverá pronto y quiero asegurarme de estar preparado, por no
mencionar el nuevo portátil que quiere y el alquiler de la nueva casa a la que está echando
el ojo.
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—Siempre lo haces. ¿Seguro que no diriges una especie de desguace? —
Sonríe—. ¿O es por esa dulce hermanita de la que siempre presumes? ¿Cuándo me la
vas a presentar, hermano?
—Nunca, eres un cerdo. —Sonrío mientras se ríe, y vuelvo a mi auto, ignorando
las miradas y las llamadas. Nunca les des una pulgada o te llevarán una milla.
Soy intocable para ellos, el idiota frio dueño de estas carreteras, y así me gusta.
No tengo tiempo para blandenguerías ni amistades, no en esta industria, porque
eso hará que te maten.
24
CUATRO
La fiesta es como todas las demás, con bebidas, música y chicos heteros que se
van soltando conmigo a medida que avanza la noche. Normalmente, soy el alma de la
fiesta, pero esta noche no estoy de humor, demasiado enfadado por lo que ha pasado
antes.
Es un imbécil. Ayudé a su hermana y me amenazó.
¿Quién demonios se cree que es? No puede salirse con la suya siendo un idiota
con todos los que conoce sólo porque es alto, moreno y atractivo. Otra gente puede dejar
que se salga con la suya, pero yo no. No me importa lo atractivo que sea o lo increíble
que huela. Es un maldito matón de pies a cabeza.
No tengo ni idea de cómo Alice se relaciona con él. No se parecen en nada.
—Vamos, tómate otra bebida —me dice Matty, un jugador de fútbol, empujando el
vaso hacia mi mano, con los ojos brillándole con intención. Quiere emborracharme para
no sentirse tan mal cuando nos liemos y poder fingir que mañana no ha pasado nada o
que ha sido el alcohol.
Diablos, incluso podría decir que yo lo hice.
He caído en la trampa antes, pensando que me querían de verdad, pero ya no.
Aprendí rápido que algunas personas nunca cambiarán, y Matty es una de ellas. Una vez
lloró después de que nos liáramos, diciéndome que ojalá le gustaran las chicas como a
él le gustan los chicos, y aunque lo siento de verdad por él porque está luchando con su
sexualidad, no puedo dejar que me utilice para solucionarlo.
Tengo demasiado amor propio para eso.
Antes no lo hacía, pero ahora sí.
Merezco estar con alguien que sabe exactamente lo que quiere y no tiene miedo
de ello. No merezco ser el secreto sucio de alguien.
25
Apartando el vaso, me pongo en pie, ignorando a mis amigos que me miran con
ojos interrogantes. —Necesito tomar el aire —es todo lo que les digo, molesto aún con
ese idiota por arruinarme la noche con su mal humor.
Quizá necesite echar un polvo. Eso podría animarlo.
Salgo y me apoyo en el lateral de la casa, con las manos en los bolsillos. Cierro los
ojos e inclino la cabeza hacia atrás, dejando que la brisa fresca se lleve el hedor de
cuerpos sudorosos y demasiado alcohol. Quizá esta noche no sea para mí. Está claro que
estoy en uno de mis estados de ánimo, como lo llama Lally, algo que no puedo evitar. He
sido así desde que tengo memoria. Una vez que entro en espiral, no hay forma de que
me detenga. No sé por qué, pero parece que no puedo controlar las emociones que me
invaden.
Sólo me doy cuenta de mi error cuando algo me golpea. Estoy solo en el lado
oscuro de la casa, la música está alta y tengo los ojos cerrados.
Sé que no es así.
Me defiendo, pero hay demasiadas manos y, cuando abro los ojos confundida, algo
oscuro y pesado se posa sobre mi cabeza y me aprieta el cuello. Pataleo y forcejeo, dando
todo lo que tengo, que es mucho, pero inútil, y me atan las manos y los pies antes de
levantarme por los aires y llevarme lejos.
Mis ojos se tensan contra el material oscuro, intentando distinguir algo mientras
grito y me retuerzo. Alguien gruñe cuando mi pie choca con él, pero es inútil, y cuando
choco contra algo duro y ruedo tras ser arrojado, me quedo paralizado. Un momento
después suena un motor, y entonces nos ponemos en marcha.
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fuerzas. No sé quién ha hecho esto ni por qué, pero si creen que se lo voy a poner fácil,
se lo tienen merecido.
Me pongo en pie de un salto, tropezando con las cuerdas, cuando me arrancan la
capucha. Parpadeo, intentando enfocarlo todo, mientras me golpeo la pierna con las
muñecas y rompo las ataduras. Tengo las manos libres, pero me quedo paralizada al
contemplar la escena.
—Oh, joder, no. Esta noche no me van a sacrificar para una secta rara. Se han
equivocado de hombre —les digo, señalando con el dedo a los encapuchados que me
rodean en semicírculo.
Son seis en total. Sus estaturas varían, pero visten las mismas túnicas negras con
capuchas que les cubren el rostro. Cada túnica tiene un símbolo en el pecho derecho, y
entrecierro los ojos antes de darme cuenta de que no me importa. La habitación huele a
polvo y a viejo, como si no hubiera suficiente aire, y los ladrillos viejos se alinean en cada
pared de lo que casi puedo describir como una cripta. El techo de ladrillo arqueado la
hace oscura y espeluznante, al igual que las velas que parpadean con llamas por todas
partes.
Definitivamente una secta.
—Yo no lo haría. Estoy tan lejos de ser virgen como se puede estar —suelto, y
suena una risita.
—Oh, ya lo sabemos. —Una capucha se echa hacia atrás, y me quedo
parpadeando en estado de shock ante Liam .
—Amigo, ¿qué demonios? ¿Es una broma de universitarios? —exijo, con los
brazos cruzados—. El secuestro fue un poco demasiado.
—Es la tradición. —Se encoge de hombros y alguien a su lado se echa la capucha
hacia atrás. Veo a una preciosa chica de pelo negro que me sonríe.
Los demás empujan los suyos hacia atrás. No son conocidos, aparte del idiota
tatuado del final. ¿Qué pasa ahora con los idiotas tatuados? Por suerte, este no es Alek
Anders. Es el que llaman Bones de la clase de derecho. He oído hablar de él, y sí, puede
que me haya fijado en él una o dos veces. Ahora mismo, me está mirando con expresión
sombría.
Estupendo.
—No es un club de swingers, ¿verdad? —pregunto lentamente—. Porque tengo
que admitirlo, he hecho lo de compartir antes, pero simplemente no me va.
La chica de pelo negro resopla. —Ya te gustaría.
—Autumn. —Liam suspira antes de sonreírme.
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—No es una secta, ni un club de intercambio de parejas, pero deberíamos discutir
lo de compartir. —Sonríe—. No, Evan, bienvenido a la Sociedad de la Rosa Silenciosa,
llamada así por el fundador de esta universidad, Albert Rose. —Me sonríe y miro a mi
alrededor, inseguro.
Las palabras flotan en el aire, llenas de importancia y honor, como si debiera estar
conmocionado y de rodillas en señal de gratitud.
—Lo siento, nunca he oído hablar de ti. —Los demás me miran horrorizados—.
¿Tenía que hacerlo?
—Nuestra sociedad es la más antigua del campus, la más exclusiva. Vivimos de
susurros transmitidos de generación en generación. Normalmente, hay que tener sangre
para ser invitado. Es un honor.
—Bien, eh, ¿por qué estoy aquí? —pregunto, completamente confundido. No soy
de sangre antigua o lo que sea, y desde luego no encajo en sus criterios.
—Tenemos una plaza que cubrir, y todo el mundo podía presentar un candidato.
Tú fuiste uno de ellos, pero no podemos decirte quién te presentó.
—Liam —digo con complicidad, y Autumn suspira—. Opss.
—Investigamos a fondo a la persona para ver si es la adecuada. Esta noche, has
luchado por alguien más que por ti mismo. Así que, Evan Shaw, nos gustaría invitarte a
ser miembro de la Rosa Silenciosa.
—¿En qué consiste? —pregunto con cuidado—. ¿Tenemos trajes a juego?
Prefiero algo con un poco más de color que esas túnicas.
Liam se ríe mientras me sonríe. —Sí, tendrás una túnica. Significa que eres uno de
los nuestros. Una hermandad, si quieres, en la que apoyarte durante toda tu vida. Cuando
las cosas son difíciles, estamos aquí. Compartimos oportunidades y lecciones de vida, y
ser miembro te abre puertas que nunca habrías creído posibles. Tenemos miembros que
han llegado hasta la Casa Blanca. Es un honor muy prestigioso.
—¿Qué se espera a cambio? —pregunto, sabiendo que algo así no es gratis.
—Mantienes las reglas. Nuestra sociedad no debe revelarse ni hablarse a nadie.
Lo que sucede dentro de estas paredes, se queda dentro de estas paredes, y cuando un
miembro llama, vienes. Eso es todo. Nos protegemos unos a otros y a este legado, y a
cambio, tú serás uno de los nuestros.
Dudo, mirándolos. Todos son niños ricos con orígenes privilegiados, aparte de
Bones. Tendrán contactos que me serán útiles en el futuro. Además, me gusta trabajar
en equipo, y una sociedad secreta parece divertida.
—¿Dónde me inscribo? —Sonrío.
28
Liam suelta una carcajada y me da una palmada en el hombro mientras se agacha
y me desata las ataduras. —Acabas de hacerlo. Venga, vamos a tomarle juramento.
Autumn sostiene un libro de aspecto antiguo ante mí. —Yo, Autumn, erudita de la
Sociedad de la Rosa Silenciosa, tomo juramento a Evan Shaw. Su sangre se convertirá
en la nuestra, su vida entregada a nuestra causa, hermanos hasta el final.
Su ceja se arquea, y pongo mi mano encima de la suya sobre el libro. —¿Lo juro?
––Las palabras parecen correctas, y ella me sonríe orgullosa mientras aprieta más el libro
y algo me pincha la mano.
Siseando, lo retiro para ver espinas en la parte superior del libro que ahora gotea
mi sangre. Ella abre la tapa y la deja caer sobre las páginas del interior mientras yo
succiono la herida y observo.
La cierra con un chasquido. —Ahora eres uno de nosotros, Evan. Cualquier cosa
que necesites, estamos aquí.
Asiento y suelto la mano mientras miro a mi alrededor, preguntándome si esto es
el comienzo de una película de terror realmente mala o una épica historia de madurez.
En cualquier caso, ya estoy dentro. No hay vuelta atrás.
Los remordimientos son para maricas.
—Bienvenido a la Rosa Silenciosa —dice Bones con la barbilla levantada, y luego
se separan, mostrándome una puerta arqueada al final de la caverna en la que estamos.
Cuando paso, se inclina hacia mí—. No dejes que las espinas te corten.
Ignorando su advertencia, atravieso la puerta y me quedo con la boca abierta al
ver lo que encuentro.
Parece el interior de la biblioteca de una casa señorial, con un fuego crepitante al
fondo y sofás delante. Las paredes de madera están cubiertas de costosas obras de arte,
y a la izquierda hay una pared cubierta de libros. A la derecha hay una zona de asientos,
una sala de juegos y una escalera que lleva al piso de arriba.
—Aquí puedes ser lo que quieras —dice Autumn mientras pasa a mi lado y agarra
un cáliz de la mesa auxiliar de madera—. ¡Ahora, emborrachémonos y celebremos a
nuestro nuevo miembro!
Estoy de acuerdo. Agarro el cáliz, lo bebo mientras cantan y me limpio la boca
mientras les sonrío.
Sociedad secreta, ¿eh? Quizá la universidad no sea tan mala después de todo.
29
CINCO
30
—No toques la música —murmuro mientras ella agarra el dial. Se sienta con un
suspiro, sabiendo que debe hacerlo. Diablos, no suelo dejar entrar a nadie en mi auto.
Ella es la excepción, porque es mi hermana, pero sabe que no debe meterse con mi niña.
No tardamos mucho en llegar a su lujoso campus y estaciono cerca del edificio de
arte, parado en la acera mientras ella agarra su bolso y me mira. El sol brilla sobre su pelo
oscuro, el que heredamos de nuestra madre. Por un momento, se parece tanto a ella que
me duele, y me inclino hacia ella, dejándole caer un beso en la frente. —Pórtate bien hoy.
Llámame si necesitas algo y no salgas sola de clase esta noche. Que alguien te
acompañe.
—Se lo preguntaré a Evan —bromea mientras se echa hacia atrás con los ojos
brillantes.
La fulmino con la mirada. —A cualquiera menos ese idiota.
Riendo, se baja de mi auto, inclinándose para mirarme. —No sé. Es bastante lindo.
Quizá lo haga. —Cierra la puerta de un portazo y sale corriendo hacia la acera, en
dirección a clase. Golpeo el volante con los puños y la sigo con la mirada.
¿Evan? ¿Lindo?
Está jodidamente ciega.
Como si hablar del diablo le hubiera hecho aparecer, pasa patinando a mi lado
sobre una tabla. Su pelo liso y helado fluye al viento como si estuviéramos en un puto
anuncio. Tiene los ojos inyectados en sangre y rojos, pero una sonrisa curva su labio
perforado. Lleva unos vaqueros anchos, salpicados de pintura, y una camisa extragrande;
es todo lo contrario a mí, que visto todo de negro. Por un momento, me planteo la
posibilidad de atropellarlo por hacer que mi hermana se fije en él, y mis labios se curvan
en una sonrisa ante la idea, aunque mi corazón se acelera con ese pensamiento. Estúpido
órgano. Cuando lo pierdo de vista, por fin parece calmarse, al igual que mi ira, así que
deben de estar relacionados.
Sacudiendo la cabeza, paso el brazo por el otro asiento y doy marcha atrás,
dejando a mi hermana y a ese idiota con su educación.
Me he ido pronto del trabajo, algo que nunca hago, pero estoy agotado y mi jefe
se ha dado cuenta. Por suerte, soy muy trabajador, así que lo ha dejado pasar, pero no
puedo convertirlo en algo habitual. Me froto la cara y me recuesto en el auto mientras
espero. Tengo el overol atado a la cintura y la camisa negra estirada sobre los músculos
doloridos. Hoy ha sido un día largo y duro, y lamento no haber dormido nada, pero no
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podía irme a casa. Estaría demasiado preocupado por Alice, así que espero a que termine
su clase para comer e irnos juntos. El campus está tranquilo a esta hora de la noche, ya
que sus clases son tarde, y me relajo en la paz y la tranquilidad hasta que una voz chillona
me sobresalta.
—¡Dios mío, me encanta tu auto!
Frunzo el ceño y parpadeo al ver a la chica bajita de pelo rosa que salta de puntillas
y está demasiado cerca de mí. Lleva un bolso de diseño en la mano y sus labios
perfectamente pintados esbozan una sonrisa. Es linda, supongo, con unas curvas que la
mayoría de los hombres se morirían por tocar, pero su voz chillona vuelve a irritarme y
hace que me duela aún más la cabeza. —¿Puedo tocarlo?
—No —advierto frunciendo el ceño.
—Oh. —Ella se marchita por un momento antes de animarse a pesar de mi rechazo
enojado—. ¿Estás aquí para recoger a tu novia?
—No. —Me meto las manos en los bolsillos y la fulmino con la mirada para que se
dé cuenta y se aleje, pero ella se acerca hasta que su abrumador perfume casi me hace
estornudar, agitando las pestañas postizas como si intentara quitarse.
—Bueno, en ese caso, ¿qué tal si vamos a dar una vuelta? Me gusta mucho tu
auto.
—No —digo con dureza.
—Yo no lo haría —me dice una voz ronca y familiar, y giro la cabeza para ver a
Evan apoyado en su tabla, sonriéndome—. Es un idiota.
—Oh. —La chica mira entre nosotros y luego sonríe a Evan—. No me importa.
Mierda, ¿puede esta chica encontrar algo de amor propio? Prácticamente se lanza
sobre mí a pesar de las advertencias de que me vaya a la mierda.
Me siento más alto, mirando a Evan a pesar de que la chica se esfuerza por llamar
mi atención. Parece cansado, pero sonríe. ¿Por qué sonríe siempre? Noto hoyuelos en
sus mejillas cuando dirige su sonrisa a la chica, y eso no me gusta.
—Vete a la mierda, niño rico —le digo bruscamente, atrayendo de nuevo su mirada
hacia mí, y su sonrisa se convierte en un ceño fruncido, lo cual es mejor. No debería
sonreír siempre a la gente, sobre todo a ella.
—Eres demasiado linda para él —le comenta, guiñándole un ojo—. Créeme, no
vale la pena el esfuerzo.
—No sabes nada de mí, niño rico —replico.
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—¿No? Tienes una hermana pequeña a la que adoras, peleas como una bestia y
te gustan los autos, sobre todo los tuyos. Te crees mejor que nadie y odias a cualquiera
que venga de dinero. ¿Qué tal? —Ladea la cabeza, los dos nos miramos fijamente.
—Sólo te odio a ti, niño rico —le digo.
—¿De verdad? Me siento tan jodidamente especial —se burla, acercándose, y yo
empujo desde mi auto, negándome a retroceder. Me recorre con la mirada.
—Para —le advierto—. Deja de mirarme así, joder.
—¿Cómo? —bromea, recuperando su maldita sonrisa de hoyuelos mientras un
mechón de su pelo le pasa por la cara. Me entran unas ganas locas de empuñarlo y
arrastrarlo hacia mí.
—Como si me desearas —siseo—. Es asqueroso.
—Créeme, idiota, si te deseara, lo sabrías. —Sonríe—. Estaba pensando que el
negro resalta el color idiota de tus ojos y te hace ver bien.
Parpadeo y miro hacia abajo. Mi camisa se manchó en el trabajo, y me prestaron
esto. Es demasiado ajustada, y nunca llevo de color. Me arrepiento al instante. —Vete a
la mierda. Deja de joderme.
Su lengua juguetea con el anillo de su labio. —¿Puedo tocar tu auto? —me
pregunta con dulzura, agitando los ojos mientras me mira, y algo en esa mirada hace que
se me tensen los músculos y me dé un vuelco el corazón.
—Eres la última persona a la que dejaría tocar a mi bebé —gruño.
—Tu bebé, ¿eh? —Da un paso atrás, mirando el auto—. Puedo ver el parecido.
Ambos están muy arreglados, pero no tienen verdadero empuje.
—¿Qué demonios acabas de decir? —Me quejo—. Te haré saber que este motor...
—Bla, bla, bla, froto mi polla a las revistas de autos. —Me quedo boquiabierto
mientras él se ríe—. Qué lástima que tu amiga se fuera. Seguro que te habría escuchado
divagar.
Sólo entonces me doy cuenta que la chica se fue durante nuestra discusión.
—¿Adónde ha ido? —Frunzo el ceño. ¿Cuándo se ha ido? Estoy agradecido, pero
no me gusta no saber nada.
—¿Por qué? ¿Quieres probar ahora a los niños ricos? —se burla.
—Vete a la mierda, no es seguro caminar solo por el campus de noche.
Me mira, moviendo ese maldito anillo en el labio de nuevo, y quiero arrancárselo
de la boca. —Se fue con sus amigas. —Asiente tras un auto rosa que se aleja chirriando—
. Supongo que estabas demasiado ocupado para darte cuenta.
33
Mis manos se cierran en puños y lo miro fijamente. —Eso es porque me enojas,
niño rico.
—Me llamo Evan —balbucea—, pero ya lo recuerdas.
—Créeme, olvidaré todo sobre ti en un minuto.
—¿En serio? Sigues llamándome niño rico y acordándote de mí, ¿qué te dice eso?
Lo agarro de la camisa y lo arrastro hacia mí, poniéndome delante de él. —
Escucha, niño rico...
—¿Qué, idiota? —Sonríe—. ¿Vas a pegarme o a besarme?
—Maldito...
—¿Interrumpo algo? —La voz de mi hermana me hace girar la cabeza. Sus dos
cejas están levantadas mientras mira entre nosotros. Lo empujo y se ríe mientras se
endereza la camisa, agarrando su tabla mientras le lanza un beso.
—No, sólo saludaba a tu hermano y evitaba que espantara a todas las chicas con
su mirada —bromea.
Lo señalo. —Deja de hablarle a mi hermana.
Ella se aclara la garganta y se acerca a mí. —No, deja de ser idiota. Puedo hablar
con quien me dé la gana —suelta, con la rabia que la caracteriza—. Gracias por sentarte
conmigo en la comida, Evan. Te lo agradezco mucho. Hasta mañana.
—¿Por qué vas a verlo mañana? —pregunto, cruzándome de brazos mientras la
miro fijamente.
Me fulmina con la mirada. —Es nuestro modelo para la clase de escultura.
Parpadeo, giro la cabeza hacia él y lo veo sonreír. —Modelo desnudo. —Se pasa
la lengua por los labios—. Quizá deberías venir, idiota. Pareces interesado.
—Escucha, niño rico... —empiezo.
—Alek —Alice gruñe—. Deja de ser un maldito matón sólo porque estás cansado.
Vamos a casa a dormir un poco. Estoy cansada de tu actitud.
—Cansado, ¿eh? ¿Una larga noche pensando en mí? —se burla Evan mientras
deja caer su tabla y me sonríe—. Intenta no soñar conmigo esta noche, idiota. —Se
marcha patinando y yo me quedo boquiabierto tras él.
—¿Puedes creer a ese idiota? —Hiervo de furia alrededor de mi auto.
Alice se ríe. —Se te mete en la piel —comenta mientras sube y yo arranco el motor.
Aprieto las manos en el volante y la fulmino con la mirada. —No, no lo hace.
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—Oh, sí lo hace, hermano mayor. La clase de escultura es a las once, si quieres
venir. —Ella guiña un ojo.
—Tú también cállate —murmuro mientras me retiro, mis ojos vuelven al idiota rico
que monta su tabla sin cuidado, con esa sonrisa aún en los labios.
35
SEIS
Es sábado, lo que significa que no hay clases, así que me encuentro paseando por
el parque. Sujeto mi cámara, lista para captar cualquier buena instantánea. Necesito
ampliar mi portafolio y prefiero hacer fotos de personas, pero es difícil encontrar buenos
modelos. O son torpes delante de la cámara o están llenos de confianza en sí mismos.
Prefiero hacer fotos naturales, captar la esencia de la gente. Sonrío al hacer una foto de
un hombre arrodillado ante su mujer, atándole el zapato mientras ella se sonroja, y luego
está la de un niño dando de comer a un pato. No puedo dejar de disparar cuando cae el
sol, intentando captar la belleza de este mundo cuando hay tanta oscuridad.
Levanto el visor, dándome la vuelta para buscar un nuevo sujeto, cuando una mano
tatuada me lo tapa. Dejo caer la cámara y retrocedo a trompicones cuando veo a Alek
Anders imponente ante mí. —¿Qué demonios? —Suspiro—. ¿Ahora me estás acosando?
—Hacer fotos a la gente sin consentimiento es ilegal, ya sabes.
—Como el acoso —replico.
—No te estaba acosando, niño rico. Iba andando al trabajo y te vi haciendo el raro.
—Se cruza de brazos y casi se me cae la baba al ver los músculos de sus bíceps. Sus
ojos se entrecierran cuando me ve mirando .
—¿Trabajas un sábado? —pregunto.
—No todo el mundo puede jugar todo el fin de semana —replica—. Algunos
tenemos facturas que pagar que nuestros padres no cubren.
—¿Quién dijo que mis padres cubren mis facturas? —pregunto, molesto—. No
sabes nada de mí, Anders, así que vete al trabajo, donde seguro que aterrorizas a todos
los clientes.
—Soy amable con todos los demás. —Esboza una sonrisa burlona con los labios,
y me odio por querer saborearlos.
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Realmente no es justo lo atractivo que es este hombre sin ni siquiera intentarlo. —
Qué suerte tengo —murmuro, y me alejo, levantando la cámara para hacer fotos.
—Lo digo en serio, consentimiento —dice, siempre tiene que tener la última
palabra.
Levanto el visor con una sonrisa pícara y le hago una foto mientras se aleja. Se
queda quieto cuando un perro corre hacia él y, a pesar de su aspecto intimidatorio y su
ceño siempre fruncido, se inclina hacia la esponjosa bola de felicidad, con una rara
sonrisa en los labios mientras la acaricia. Hago una foto. Como si lo sintiera, desvía su
mirada hacia mí, y yo me giro rápidamente.
Intento olvidarme por completo de Alek Anders mientras hago fotos, pero horas
después me rindo y me dirijo al trabajo. A pesar de lo que él piense, yo también tengo
trabajo. Mi beca cubre muchas cosas, pero sigo necesitando dinero para vivir.
Llevo poco tiempo allí y no quiero causar mala impresión, así que llego pronto al
café y me cambio. Me encanta este sitio. Deadly Sweet es totalmente mi onda, con arte
cubriendo cada pared. A la izquierda hay una zona de Internet en la que la gente juega y
compite, y a la derecha hay un café más tradicional, pero muy moderno, y casi todos los
camareros son artistas de algún tipo, además de hombres, ya que es un café de
camareros calientes. Me aliso los volantes de la camisa y me la meto por dentro de los
pantalones. Me reviso el pelo, me pinto los ojos y salgo para empezar.
Los clientes son en su mayoría universitarias, lo que me viene muy bien. Me pagan
por ligar durante horas y las propinas son estupendas.
Horas más tarde, estoy inclinado sobre una mesa, limpiando, cuando siento que
alguien detrás de mí.
—Ahora mismo voy —le digo, ya que también estoy trabajando en el mostrador,
pero cuando me enderezo y me giro, casi gimo.
—¿Estás bromeando? Estás en todas partes —responde una voz enojada.
Alek Anders.
—Trabajo aquí, imbécil. ¿Y tú? No sabía que te gustaban los camareros lindos —
digo con sarcasmo.
—Espera, ¿qué? —Desvía la mirada hacia su hermana, que se ríe a su lado—.
Dijiste que conocías un sitio bonito.
—Este sí. —Me sonríe—. Te ves bien, Evan. Los volantes te sientan muy bien.
—Eso me han dicho. —Sonrío mientras recojo la mesa y paso junto a él, mirándolo
de arriba abajo. Parece fuera de lugar e incómodo—. Busca una mesa vacía o vete como
ambos sabemos que quieres hacer. Tu frágil masculinidad no puede soportarlo.
37
Me dirijo a la parte de atrás, a limpiar los platos, y cuando salgo, me sorprende
verlo sentado rígidamente en una mesa, con su hermana hablando. Me inclino hacia la
barra y cubro mi sonrisa con la mano mientras lo veo mirar a su alrededor, incómodo.
No creo que este sea su tipo de sitio, no hay suficiente grasa ni autos ni chicas
enmascaradas y hombres hablando mierda, pero está claro que le sienta bien la luz. Le
acaricia los rizos, resalta sus tatuajes y sus músculos, y no soy el único que se da cuenta.
—Maldita sea, ¿quién es ese bombón? —Sang se inclina a mi lado, mirando a Alek.
Lleva el pelo negro hacia atrás y su piel pálida brilla con la purpurina que se puso para
conseguir más propinas. Es más grande que yo y musculoso. También está buenísimo, y
si no fuéramos tan buenos amigos, seguro que le habría dado.
—Alek Anders, no es tu tipo. —Me río mientras le doy un codazo, girándome hacia
él—. Ambos sabemos que te gustan delicados y pequeños para poder lanzarlos por ahí.
—Muy cierto. —Se inclina—. ¿Quieres averiguarlo? —Me río mientras lo empujo.
Nuestro coqueteo es sólo eso: coqueteo. Es algo divertido para pasar el rato, pero cuando
me doy la vuelta y me dirijo a la mesa de los Anders, veo a Alek mirando a Sang, así que
me interpongo en su camino.
—¿No te gusta que los hombres coqueteen? —Me burlo—. Entonces deberías irte.
—¿Ese es tu novio? —comenta con burla.
—¿Por qué, vas a ser homófobo? —replico, cruzándome de brazos—. Puedes irte.
Aquí no tenemos a los de tu tipo, idiota.
—¿Problemas, Evvie? —Sang llama, dirigiéndose hacia mí ya que él dirige este
lugar. Frunce el ceño mirando a Alek—. ¿Estás acosando a mi personal?
—¿Yo? —Alek le echa un vistazo—. Parece que estabas haciendo eso por tu
cuenta. ¿No hay reglas contra el jefe coqueteando con sus empleados?
Sang levanta las cejas mientras me mira, y yo suspiro. —Es un idiota todo el
tiempo.
—Jesús, Alek, para —sisea Alice—. Eres tan vergonzoso. Evan, lo siento mucho.
Sólo está de mal humor porque tiene hambre.
Los ojos de Sang se entrecierran mientras se apoya en la mesa y en Alek, sin
sentirse intimidado en lo más mínimo a pesar de la mirada que Alek le dirige. —Más vale
que así sea. Si me entero de que eres grosero con mi personal, tendremos un problema.
Disfruten de la comida. —Se endereza y me hace un gesto con la cabeza—. Avísame si
te acosa.
—Yo me encargo. —Sonrío en señal de agradecimiento, y me aprieta el hombro
mientras vuelve al trabajo. Alek mira a su espalda, y espero—. ¿Y bien? —pregunto.
38
—¿Qué? —suelta.
––Tu orden —respondo—. O prefieres que me quede aquí para que puedas seguir
mirándome.
Resopla, mirándome de arriba abajo. —Pareces un mantel que tenía mi nana.
—¿En serio? Pues debe de tener buen gusto —replico.
—Sinceramente, ¿quieren follar o pelearse de una vez? —Alice comenta
secamente, y ambos nos giramos hacia ella, pero está demasiado ocupada ojeando el
menú para darse cuenta de nuestras miradas incrédulas.
—¿Sabes qué? Llámame cuando estén listos —digo con brusquedad, guardando
el bloc y pasando por delante de su mesa para dirigirme a la de más abajo. Sonrío a las
universitarias que se ríen cuando me acerco a ellas.
—¿Todo listo? —Comento, asintiendo a la cuenta.
—Sí, gracias —exclama una, devolviéndomela, y guardo el dinero de mientras se
inclina hacia mí—. Mi número también está detrás, por si acaso. —Salen corriendo de allí.
Me río y sacudo la cabeza. La cantidad de veces que nos coquetean es una locura,
pero es sólo un trabajo, nada más. Nunca llamo ni mando mensajes.
No me interesan.
Mis ojos vuelven a Alek, que me está mirando, y me encuentro deseando que deje
su número.
Probablemente llamaría sólo para amenazarme.
ALEK
39
—Cállate y cómete la comida —murmuro. Me ha sorprendido en el trabajo,
queriendo ir a cenar, y no puedo decir que me disguste. Ahora que está en la universidad
y yo trabajo tanto, apenas puedo verla, y siempre hemos estado muy unidos.
—En serio, Alek, ¿cuál es tu problema con él? Sé que no es porque sea bisexual.
Te conozco demasiado bien para eso. ¿Qué es? —exige—. Es agradable.
—Es otro rico idiota que cree que el mundo le debe algo —digo bruscamente.
¿Acaso todo el mundo piensa que soy idiota con él porque le gustan tanto los hombres
como las mujeres? Eso no me gusta. Me importa una mierda quién le guste a cada uno
mientras no me afecte a mí.
—Él tienes razón. No lo conoces —dice Alice—. Es un chico becado. —Parpadeo
y ella asiente—. He oído rumores de que sus padres lo echaron cuando se enteraron de
que le gustaban los hombres, así que se abrió camino hasta aquí, ganándose una beca
por su talento. Trabaja igual que tú. Quizá lo juzgaste mal. —Le devuelvo la mirada y me
pregunto si tiene razón.
No me lo esperaba.
—¿Lo han echado? —murmuro. Ella sabe dónde golpear. Tenemos nuestros
propios traumas y mierdas familiares, y el nuestro no está menos jodido. No quiero que
me guste Evan Shaw, pero descubrir que su vida no es perfecta me ablanda un poco.
—Sí. Al parecer, ni siquiera les habla. Pone buena cara, pero el otro día lo vi
mirando una foto que hizo de una familia feliz, y parecía muy triste. ¿Te recuerda a
alguien? —Me da un codazo—. Sólo digo que no lo conoces, en realidad no. Quizá
deberías dejar de atacar por tus inseguridades y prejuicios.
—¿Necesitan algo más? —Su voz me sobresalta y me pregunto si nos ha oído
mientras sirve a Alice otro café helado. Debe de sentir mi mirada porque sus ojos se
clavan en mí—. ¿Qué? —gruñe.
—Nada —admito.
Sus cejas se levantan y miro hacia otro lado, odiando que Alice se me haya metido
en la cabeza.
—He oído que buscas modelos —comenta Alice. Siempre se le ha dado bien
conectar con la gente. Las conversaciones le resultan fáciles y cae bien a todo el mundo.
Yo soy todo lo contrario y, por mucho que odie admitirlo, me parezco más a nuestro
padre.
Ciertamente tengo su temperamento. ¿Tengo también sus prejuicios?
—Sí, es para mi proyecto de fin de semestre, así que aún tengo tiempo —
responde—. ¿Está bien tu comida?
—Es increíble. Tal vez Alek podría ayudar —dice Alice.
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—¿Qué? —chasqueamos los dos al mismo tiempo, mirándola mientras sonríe.
—¿Qué? —Ella parpadea—. Es un puesto remunerado para modelos. Dijiste el
otro día que quizá aceptarías otro trabajo extra, y odio verte trabajar tanto sólo para
pagarme los estudios.
Siento los ojos de Evan clavados en mi cabeza, pero los ignoro y meto las manos
bajo la mesa. —No pasa nada. Come —le digo, mi voz áspera. Odio que sepa eso de mí.
No quiero parecer débil en absoluto delante de este hombre.
—Hay muchos estudiantes buscando modelos —comenta finalmente—. Es una
buena paga. Puedo darte sus datos.
—No, gracias —murmuro, mirándolos—. Estamos bien.
—Alek —empieza Alice—. ¿Cuándo vas a empezar a trabajar en tus propios
sueños y dejar de ayudarme a perseguir los míos?
—Basta —advierto—. Come, tengo que volver al trabajo.
Su expresión se vuelve triste y agacha la cabeza, jugando con su comida. Quiero
quitársela. Sé que está preocupada y la quiero por eso, así que le agarro la mano. —No
es tu trabajo preocuparte por mí, Alley —murmuro—. Mi trabajo es cuidar de ti, ¿de
acuerdo? No te preocupes tanto.
—Estás cansado todo el tiempo, y antes hablabas del garaje que querías. Ahora
ya no, y siento que es culpa mía —susurra.
—No, hermanita. Estoy tan feliz de que estés haciendo lo que amas. Eso es
suficiente para mí, lo prometo.
Sólo entonces me doy cuenta de que Evan sigue aquí y le lanzo una mirada
entrecerrada. Se limita a observarme con algo en los ojos que no quiero analizar. Se aleja
a toda prisa y lo miro marcharse.
Cuando llega la hora de pagar, Evan no está a la vista, así que busco a otro
camarero. —Oh, está bien. Se encargaron de tu cuenta. —Sonríe.
—¿Qué? ¿Quién? —pregunto. Tengo un mal presentimiento.
—Me dijo que no te lo dijera. —Hace un gesto de dolor cuando lo miro—. Evan.
Ese maldito imbécil. —¿Dónde está?
—En el descanso. —El tipo señala el pasillo de atrás mientras yo me quedo de pie,
enojado a más no poder—. Vete a casa, Alice —digo bruscamente, dirigiéndome
directamente al pasillo que lleva a la parte de atrás a pesar de que el tipo me grita que
no puedo ir allí.
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Sólo hay unas pocas puertas, así que encuentro rápidamente la zona de los
trabajadores. Cierro la puerta de un portazo y Evan da un respingo y se gira con los ojos
muy abiertos.
—¿Anders? —Frunce el ceño mientras me acerco.
—No necesito tu puta compasión —gruño, lanzándole dinero.
—No fue lástima —empieza, pero lo apoyo contra la pared.
—Tampoco necesito tu puta caridad. Puedo pagarme mis putas comidas niño rico
—gruño, golpeando con el puño la pared junto a su cabeza. Ni siquiera se inmuta, me
mira fijamente.
—No era caridad —replica—. Jesús, sólo intentaba ser amable y reparar puentes.
¿Por qué eres tan idiota?
—No necesito que nadie me entienda. Y menos tú. —Lo empujo contra la pared,
con el pecho agitado por la rabia mientras su olor me envuelve. Sus ojos se posan en mis
labios y odio la reacción de mi cuerpo.
Odio que quiera que mire.
—Que te jodan —suelta, igual de enfadado—. No seré bueno la próxima vez.
—¿Bueno, niño rico? —Siseo—. No eres nada...
Su bofetada me hace girar la cabeza hacia un lado. Lamiéndome el labio escocido,
giro lentamente la cabeza para mirarlo. Tiene los ojos muy abiertos. Sin duda está
sorprendido de sus propios actos, pero yo no. Si quiere pelear, está bien. Le doy un
puñetazo en la cara a modo de represalia, haciéndolo retroceder con un grito. —¿Qué
demonios, Anders?
Le agarro la cabeza antes de que pueda decir nada más y aprieto mis labios contra
los suyos. Se queda inmóvil, me aprieta con los puños de la camisa y tira de mí,
clavándome los dientes en el labio inferior con tanta fuerza que saboreo mi propia sangre.
Eso no hace más que incitarme, y me trago su gemido mientras aprieto cada centímetro
de él contra la pared, inmovilizándolo mientras le lamo los dientes y domino su boca.
Jadea cuando lo beso, profundizando hasta que duele.
El deseo y la ira me alimentan, envolviéndome hasta que me pierdo en él.
No estoy en mis cabales, y cuando oigo una voz fuera, me doy cuenta de lo que
estoy haciendo.
Me echo hacia atrás, con los ojos abiertos de horror, el labio sangrando por sus
dientes.
Lo besé.
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Me mira, con los ojos muy abiertos y confusos, y antes de que pueda decir una
palabra, me doy la vuelta y salgo corriendo de allí.
Aún puedo sentir su sabor en mi boca, por mucho que me lo limpie.
43
SIETE
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Espero, viéndole teclear, con el corazón acelerado mientras me siento, mirando
atentamente mi teléfono.
Desconocido: Olvida lo que dije y olvida lo que pasó hoy. No ha sido nada.
Desconocido: Alice lo tenía, dijo que se lo diste por si se asustaba. Ahora deja de
mandarme mensajes.
Me río y respondo.
Evan: ¿Por qué iba a hacer eso? Es muy divertido darte cuerda ;)
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Evan: Creo que querías que lo tuviera. Si no, ¿por qué lo pediste y luego me mandaste
un mensaje cuando podías haberte enfrentado a mí cuando me volvieras a ver?
No contesta y me inclino hacia atrás para hacer una foto rápida antes de enviarla.
Idiota: Deja de enviarme fotos. Me haces sentir mal. Voy a bloquear tu número.
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Evan: ¿En qué consiste una emergencia? ¿Y si necesito que alguien me pegue y luego
me bese? ¿O qué pasa si necesito un conductor para la huida?
ALEK
Releo el texto una y otra vez, reclinada en la cama, con el edredón amontonado en
la cintura. Frunzo el ceño, voy a bloquear el número y dudo. Si lo hago y algo malo pasa
con Alice, nunca me lo perdonaría.
En lugar de eso, releo sus textos antes de abrir la segunda foto. Tiene la cabeza
inclinada de modo que el pelo le cae sobre un ojo, y lleva la camisa medio desabrochada,
mostrando los músculos de su pecho. Me quedo mirando. Voy a borrarla, pero por alguna
maldita razón, la guardo.
Chantaje, me digo.
Gimo, tiro el celular y me tapo la cara. Qué demonios me pasa ?
¿Por qué besé a ese imbécil?
Culpo a mis emociones. Nunca se me da bien controlarlas cuando me dejo llevar.
Tiene que ser eso. Quería hacerlo callar. Sí, era eso. No hay otra razón.
No volverá a ocurrir, eso seguro.
Un niño rico no puede venir aquí y joderme la vida. Es perfecta como está.
No necesito la complicación que él me proporcionaría, y eso es exactamente lo
que es: una complicación.
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Ni siquiera me gustan los hombres, me gustan las mujeres, y se lo demostraré a él
y a todos los que digan lo contrario.
Me pongo de lado, arrugo el edredón y escondo la cabeza en él.
¿Por qué mis sueños se centran en patos y volantes?
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OCHO
Sólo la llevo a la universidad para que no tenga que caminar. Esa es la única razón.
Definitivamente, no es para echar un vistazo a la amenaza de pelo claro que sigue
enviándome mensajes de texto por mucho que le ignore.
—Tengo que trabajar esta noche —le digo. Tengo una gran carrera. Vale mucho
dinero y, si gano, por fin podré pagar la cuota inicial de un garaje. Pero no quiero darle
esperanzas—. Llegaré tarde a casa, así que busca a alguien que te acompañe. No Evan.
—No lo has llamado niño rico. Bien, ¡adiós! —dice mientras cierra la puerta y sale
corriendo.
Mocosa.
Dudo. Evan es como un reloj, siempre puntual a clase, pero no lo veo por ninguna
parte. Bien, qué bien, no quería verlo. Saco el celular para ver la hora. No tengo
notificaciones, y su último mensaje fue ayer en la cena: una foto suya comiéndose una
hamburguesa con toda la cara embadurnada como un puto idiota.
Frunzo el ceño y me fijo en sus ojos rojos y su piel pálida, cosa que antes no había
hecho.
Dudo antes de apagar el motor y salir. Sólo tengo que enfrentarme a él y decirle
que me deje en paz. Agarro a un chico de pelo azul cuando pasa a mi lado. —¿Conoces
a Evan Shaw? —Le pregunto.
Me mira antes de asentir. —Pero no está aquí.
—¿Por qué? —exijo.
—Está enfermo. También faltó a su primera clase. —Se va y lo sigo con la mirada.
Bien, no es asunto mío. Además, al menos podría dejarme en paz. Está enfermo...
No será porque le pegué, ¿verdad? Tenía un moretón, pero no parecía importarle. No,
está enfermo, y no tiene nada que ver conmigo.
49
Nada de nada.
He conseguido trabajar todo el día sin pensar en Evan Shaw ni en ese puto beso,
pero cuando termino y arreglo el bolso para ir a la carrera, compruebo mi celular. Todavía
nada de él.
¿Está realmente enfermo?
Alice dijo que ya no tenía familia, nadie que cuidara de él, pero que sus amigos lo
vigilarían, ¿no?
Joder, Alice se enojaría si lo dejo morir. Ella me culpará.
Esa es la única razón por la que hago lo que hago a continuación. Necesita mejorar
para que pueda patearle el culo y advertirle que se vaya.
Hay una tienda al lado. No sé qué le pasa, así que limpio las estanterías de todo lo
que pueda necesitar. Al salir, veo un restaurante enfrente y, a pesar de las miradas que
me echan por entrar, compro una sopa para llevar y me subo al auto, muerto de frío. No
sé dónde vive.
Saco mi celular y lo busco en Instagram, donde lo encuentro fácilmente porque
tiene muchos seguidores y publicaciones. Ojeo sus fotos, observando distraídamente que
son buenas antes de encontrar una en la que está delante de una puerta. Memorizo el
número antes de dirigirme allí. Más tarde, le diré lo imbécil que es por publicar eso para
que cualquiera lo encuentre. En la entrada del edificio, agarro a un chico delgado. —
¿Cuál es la habitación de Evan Shaw?
Me mira por encima, confuso. —Dieciocho C.
Asiento y subo las escaleras. Una vez en la puerta de madera que parece todas
las demás que hay aquí, aprieto la mandíbula. Me planteo dejarlo en su puerta, pero ¿y si
está muerto? Golpeo la puerta con los nudillos y espero impaciente.
No responden, así que vuelvo a llamar. Se oye un gemido y un golpe, así que abro
la puerta de un tirón, observo que no está cerrada con llave y entro a toda prisa.
Evan se revuelve en el edredón de su cama. El pelo se le eriza por todas partes, lo
cual es mi primera pista de que está enfermo, por no hablar de que tiene la nariz roja y
goteando, la piel pálida y húmeda, los ojos inyectados en sangre y tiritando a pesar de
que aquí dentro hierve.
—¿Anders? —pregunta mientras se sienta, frunciendo el ceño—. Mierda, ¿estoy
viendo cosas ahora?
50
La otra cama está vacía y examino la habitación. El lado izquierdo está decorado
con colores oscuros y carteles. La derecha, la de Evan, está llena de colores y fotos. Dejo
las bolsas sobre la mesa y me acerco sin decir nada. Deslizo las manos por debajo de él
y lo levanto, tirándole el edredón. Frunce el ceño y se lo enrollo alrededor del cuerpo.
—Espera, realmente estás aquí. ¿Por qué? —Su cara es hinchada y adorable.
No, es fea.
—Alice me obligó —murmuro—. Estaba preocupada. —Agarro la bolsa y se la
tiro—. Toma, medicina.
—Oh, gracias. —Busca dentro, sus ojos se abren de par en par—. ¿Compraste
toda la tienda?
—No sabía que te pasaba —refunfuño, con los ojos clavados en el moretón de su
mejilla. La culpa me invade por un momento.
Asiente y se sienta, temblando.
—¿Has comido? —pregunto.
—No tengo hambre. —Suspira, cerrando los ojos. Debe estar enfermo porque ni
siquiera se resiste.
Frunzo el ceño, no me gusta su lado derrotado. No es divertido si no es descarado.
Saco el recipiente de sopa y la cuchara, agarro agua y me siento en el borde de su cama,
ignorando su crujido mientras se la entrego. —Tienes que comer.
Me observa. —¿Por qué estás aquí?
—Alice —le recuerdo mientras le empujo la comida—. Come o no, no me importa.
Me levanto entonces, dispuesto a marcharme, cuando su mano me agarra la
muñeca. Miro hacia abajo. Su mano apenas abarca mi muñeca tatuada, y algo en eso me
hace sentir una chispa de deseo. —Gracias, Alek. Lo digo en serio, aunque Alice te haya
obligado.
—Lo que tú digas, niño rico. —Aparto la mano de un tirón, ignorando la quemadura
que persiste en mi piel—. Come y toma tu medicina.
Cuando estoy en la puerta, su voz me detiene de nuevo. —Si no te conociera
mejor, diría que estás preocupado.
—Ya te gustaría, niño rico. —Doy un portazo y vacilo al oírlo reír, pero se convierte
en una tos y luego en un gemido.
Rechino los dientes y echo un vistazo al pasillo, sabiendo que tengo que irme o me
perderé la carrera, en la que he tenido la suerte de que me inscribieran, ya que son
muchos los que quieren participar.
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Me golpeo la cabeza contra la puerta y vuelvo a abrirla de un tirón, enfadado
conmigo misma. Me acerco a pisotones y le acaricio la espalda mientras tose,
probablemente con más fuerza de la necesaria, y luego me siento. —Come —le exijo.
Me mira preocupado, pero se come hasta el último bocado y le doy el agua. Bebe
un sorbo antes de que yo limpie todo. —Ahora duerme.
Se acurruca, todavía tosiendo, envuelto como un burrito. —Puedes irte.
—Lo estoy haciendo. Sólo me aseguro de que no mueras o Alice no me perdonará.
—Claro, sigue diciéndote eso —murmura, pero se duerme antes de que pueda
responder.
Debería irme ya, pero limpio su desorden y luego me siento en la silla del escritorio,
observándolo.
Está empeorando. Ahora tiene fiebre y no para de gemir mientras duerme. Paso
una toalla bajo el grifo y se la pongo en la frente, lo que parece ayudar. El agua corre por
mis manos mientras vuelvo a ponerle la nueva.
Está de espaldas, ahora sólo lleva unos pantalones cortos, ya que insistió en
desnudarse. Lo miro a la cara, no al cuerpo, y busco su cabeza, pero él se aparta de un
tirón, aún medio dormido.
—Deja de portarte como un puto mocoso —le digo, presionándole para que vuelva
a la cama.
Gime, sus ojos apenas se abren en su estado febril. —¿Anders? —murmura.
Busco su cara. —Sí, cariño, soy yo.
—Hace calor —se queja.
—Lo sé, cariño —murmuro, dejando caer el agua sobre su cara—. Pronto te bajará
la fiebre, duerme.
—Odio estar enfermo. —Lloriquea, el sonido me llega directo al corazón.
Asiento. —Todo el mundo lo hace.
—Quiero a mi mamá. —Suspira y trago saliva, mirándolo.
—¿Quieres que la llame? —Alcanzo su celular.
—No te molestes, no contestará. —Se ríe amargamente antes de que termine en
una tos que le hace acurrucarse sobre su costado—. Nadie lo haría.
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Se me parte un poco el corazón.
Suspira y se acurruca en mi brazo, cabeceando como un gatito mientras me quedo
mirándolo. A diferencia de cuando está despierto, me dejo absorber por él.
Es realmente hermoso, como una obra de arte. Es todo bordes afilados y labios
afelpados. La combinación de sus rasgos no debería funcionar, pero lo hace. Mis dedos
recorren su cara, sintiendo su suave piel antes de presionar sus labios entreabiertos. Son
obscenamente suaves y tan carnosos que deberían estar en una mujer.
Retiro la mano antes de volver a hacer una estupidez.
Le echo el pelo hacia atrás y froto los sedosos mechones entre mis dedos,
sabiendo que si alguna vez me pilla, lo mataré, pero no puedo resistirme.
—¿Qué me estás haciendo, niño rico? —murmuro.
No contesta, y es lo mejor.
Le baja la fiebre unas horas más tarde y, cuando estoy seguro de que ya ha pasado
lo peor, le doy la medicina y me voy, asegurándome de escribirle un mensaje para que
cierre la puerta con llave. Es de madrugada y sé que me he perdido la carrera, por no
hablar de que he puesto todo en peligro, sólo por cuidar de un niño rico al que odio y del
que no puedo alejarme, aunque sé que debería hacerlo.
Cuando llego a casa, me meto en la cama y mis dedos recorren mis propios labios
mientras recuerdo cómo se sentían los suyos al apretarlos. Fue mejor que cualquier otra
cosa que haya experimentado.
Odiándome a mí mismo, deslizo mi mano por el pecho y rodeo mi dura polla,
recordando su sabor. Imagino la forma en que su boca se abriría para mí y envolvería mi
polla.
Mis ojos se cierran por sí solos y recuerdo cómo se veía su pecho en sus
pantalones cortos de tiro bajo. Veo cómo mi mano recorre esos músculos y cómo los
suaves músculos de él me buscan. Sus ojos se abren de par en par y brillan, y sus labios
se abren para mí cuando le meto la polla en la boca.
Tengo que contener un gemido mientras aprieto el puño, deseando que sea él. En
lugar de eso, me lo imagino chupándomela. Lucharía conmigo, se burlaría de mí, y me
estremezco al pensarlo.
—Alek. —Gime alrededor de mi longitud, mi nombre en sus labios. Levanto las
caderas en la cama mientras sacudo mi polla más rápido, más fuerte y más brusco—.
Déjame saborearte. Déjame sentir cómo te corres.
Jesucristo.
53
Me corro con un bramido sordo, derramándome sobre mi mano. Se me agita el
pecho y cierro los ojos con fuerza, furioso por el placer que se apodera de mí.
El asco y el odio me invaden mientras estoy acostado en la cama, con mi propio
semen en el estómago.
Necesito alejarme de Evan Shaw. Eso está claro.
54
NUEVE
Hace dos días que no voy a clase y mi celular no para de recibir mensajes de mis
amigos y correos electrónicos con tareas que tengo que hacer. Me mantiene ocupado,
pero no lo suficiente como para no recordar lo que pasó la otra noche.
¿Estaba Alek Anders realmente aquí?
Si no fuera por la medicina y la comida que dejó, podría haber pensado que era
una fantasía inducida por la fiebre, pero no, él estaba aquí, y se quedó toda la noche,
cuidando de mí. ¿Por qué? ¿Porque Alice se lo pidió? Una parte de mí desearía que fuera
porque estaba preocupado, pero sé que eso es estúpido. Los hombres como Anders no
se preocupan, especialmente por gente como yo. Lo triste es que, a pesar de que lo
obligaron, es la única persona que me ha cuidado. Normalmente, cuando estaba enfermo,
tenía que aguantar solo, así que tener a alguien aquí fue agradable.
Joder, soy patético. Hablando de problemas de mamá.
Estoy tan distraído con mis pensamientos en espiral que casi tiro la tabla cuando
suena un pitido familiar. Levanto la cabeza y veo a una sonriente Alice bajando del auto
de Alek. Saluda con la mano mientras el imbécil se baja las gafas y me mira desde el
asiento del conductor. Tiene los ojos rojos e hinchados y parece agotado, pero lo saludo
con la mano. Me ignora, se sube las gafas y se aleja sin mirarme.
Sigue siendo un idiota. ¿Fue él realmente el que me cuidó la otra noche, o tiene
un doble? Uno que es agradable y me toma de la mano cuando tengo fiebre.
La mano de Alice se desliza por mi brazo mientras me sonríe. —Te hemos
extrañado.
—Claro que sí, cielo. Soy un encanto —bromeo, besándole la cabeza mientras
avanzamos por el camino hacia el edificio donde están nuestras clases. En la puerta, miro
hacia donde estaba el auto de Alek.
¿Por qué estaba tan cansado?
55
¿Por qué me preocupa?
No es mío. Lo dejó muy claro.
Las clases fueron agotadoras en el buen sentido. Tenía mucho que aprender, pero
aprendo rápido. Para la cena, sin embargo, mi energía disminuye. Todavía no estoy al
cien por cien después de haber estado enfermo, así que tomo abundante café y lleno mi
bandeja antes de desplomarme en un asiento de la mesa.
Lally y Tommy han salido a rodar hoy, así que estoy casi solo, lo que es un asco,
pero la tranquilidad es agradable. Al menos no tengo que participar y sonreír y reír. Puedo
estar cansado en paz. Sorbo mi café y miro por la ventana un momento cuando oigo un
fuerte escape. Sin embargo, es sólo un auto que pasa disparado, y no el que parezco
buscar en todas partes.
—Hola. —La voz alegre me saca de mis pensamientos, y sonrío al girarme para
ver a Alice dejándose caer en un asiento frente a mí.
No tengo ni idea de cómo dos hermanos pueden ser más diferentes, pero lo son.
Alice es puro sol mientras que Alek es como medianoche. —¿Qué tal las clases? —
pregunto, sentándome más erguido mientras ella empieza a cortar su comida.
—Bien. Creo que he tomado la decisión correcta. —Asiente, sonriéndome—. ¿Y
tú?
—Cansado, pero bien. Eso me recuerda, gracias por enviar a Alek con la medicina.
Me ha venido muy bien —le digo. Cuando me fui a la cama, ni siquiera había pensado en
salir a buscar medicinas... vale, lo había pensado, pero no tenía energía. Estaba siendo
egoísta y solo quería compadecerme de mí mismo.
Alice parpadea, con el tenedor a medio camino de la boca. —¿Alek? ¿Medicina?
—Parpadea mientras me mira fijamente—. ¿De qué estás hablando?
—Oh, eh, la otra noche... Sólo, gracias —digo, sonrojándome ligeramente.
—Evan, ¿estás seguro de que te sientes bien? Tal vez volviste demasiado rápido.
No envié a Alek con ninguna medicina.
Me quedo mirando, y ella me devuelve la mirada.
¿Alice no le pidió a su hermano que me revisara? Entonces, ¿por qué lo hizo y
cómo supo que debía llevarme medicinas y comida?
¿Vino Alek Anders a cuidarme y a mentir sobre ello?
56
Si lo hizo, sólo se enojará si Alice lo sabe, así que fuerzo una carcajada. —Mierda,
lo siento, no he estado durmiendo bien. Debe ser niebla cerebral.
Ella asiente lentamente, masticando su bocado mientras me mira. —¿Seguro que
estás bien?
—Sí, sólo cansado. —Brindo con mi café—. Nada que un poco de cafeína no
pueda arreglar. —Trago saliva y me inclino con mi sonrisa característica—. Entonces,
¿hay algún chico o chica que te guste hasta ahora? —Muevo las cejas, y cuando se
sonroja con una pequeña carcajada, sé que la distracción ha funcionado.
Me paso el resto de la cena haciendo eso, esperando que se olvide de mi pregunta
al azar. Si le saca el tema, me matará, pero una parte de mí quiere saber por qué y cómo
acabará todo esto. No se cuida a alguien a quien se odia, lo que me lleva a preguntarme
si Alek Anders me odia de verdad o sólo desearía odiarme.
Supongo que es hora de que lo averigüe. Nunca he sido de los que se echan atrás,
no si hay algo que quiero, y yo lo quiero alto, moreno y melancólico. Parece que podría
conseguirlo después de todo.
Empieza el juego, Anders.
57
DIEZ
Me arden los ojos, estoy así de cansado, y suelto la llave inglesa por segunda vez
en cinco minutos. Trabajé toda la noche pasada, y se suponía que no tenía que estar aquí
esta mañana, pero agarré el turno para poder llevar a Alice a clases, lo que significa no
dormir. Lo hice para que no tuviera que caminar, para asegurarme de que estaba a salvo,
y no para ver si Evan Shaw había vuelto a la universidad y se encontraba mejor.
Totalmente no he hecho esto durante los últimos dos días sólo para echar un
vistazo a él para asegurarme de que estaba bien después de que me fui. No es como si
pudiera enviarle un mensaje de texto porque podría tener una idea equivocada, y él nunca
me envió un mensaje de texto, ni siquiera un gracias, así que me niego a ser el primero
en doblar.
No es que me importe si está bien o no.
Molesto por mis propios pensamientos, golpeo la llave con más fuerza de la
necesaria, me limpio las manos manchadas en el trapo y me alejo dando pisotones. —
Me tomo un descanso.
—¡Vuelve de mejor humor! —grita Whistler, el único imbécil de aquí que se atreve
a decirme algo. Con su metro ochenta, su barba más blanca que la nieve y su pelo a
juego, el ex gánster tatuado es un imbécil aterrador para la mayoría. Sabemos que en
realidad es un osito de peluche, pero eso no impide que el idiota me grite cada vez que
puede. Diablos, casi todos los chicos le tienen miedo, pero yo no, así que le doy la espalda
mientras me dirijo a la parte trasera de la tienda y a la sala de descanso.
—Come mierda, viejo.
Su risa áspera me sigue, incluso haciendo que mis propios labios se crispen.
58
Mi estado de ánimo no mejora en absoluto a lo largo del día, sobre todo cuando
miro el celular después del trabajo y veo el mensaje de Evan.
Evan: ¿Demasiado ocupado soñando conmigo para dormir anoche? Esta mañana tenías
mal aspecto.
Lo ignoro, me meto el celular en el bolsillo y salgo a manejar a pesar de mi
agotamiento. Necesito el dinero y, sinceramente, necesito descargar algunas de estas
emociones. No quiero llevárselas a casa a Alice, algo que siempre prometí que no haría
en cuanto me di cuenta de que tenía el carácter de mi padre. No, ella se merece algo
mejor, así que a pesar de que estoy conduciendo cuando podría ser peligroso, me dirijo
al único lugar donde puedo ser yo de verdad y dejarlo todo atrás.
Apenas hablo con nadie cuando llego, ignorando la bebida y la música. Pago mi
entrada y me dirijo directamente a mi auto para la primera carrera. Mi expresión oscura
y sombría ahuyenta a todo el mundo, gracias a Dios, y cierro los ojos y me reclino en el
asiento mientras espero a los demás. Pero en cuanto lo hago, veo la cara sonriente de
Evan, así que vuelvo a abrirlos y toqueteo la radio, negándome a dejar que mi mente me
traicione.
Él no es importante. Me importa una mierda.
La única persona que me importa es mi hermana, a quien en silencio me esfuerzo
por darle una vida mejor. Eso también significa mejorar la mía, conseguir mi garaje y
apoyarla. No tengo sitio para distracciones, ni siquiera para los que tienen labios carnosos
y una sonrisa malvada.
Sacudo la cabeza y subo el volumen de la música, los graves fluyen por el auto y
me llegan a la sangre. La adrenalina corre por mis venas cuando recibo el visto bueno y
arranco el motor, rumbo a la línea de salida.
Hay cinco autos para la primera carrera. Sólo reconozco a dos de los pilotos.
Algunos son como yo y vienen a menudo, probando suerte, mientras que otros intentan
hacerse un nombre. Está claro que ése es el caso de un joven con un Dodge SRT Demon
a mi lado. Me sonríe mientras acelera el motor.
Poniendo los ojos en blanco, me concentro en mi propia carrera, sabiendo que
ninguno de ellos puede vencerme.
Soy el mejor.
Cuando cae la bandera, él y yo salimos a la vez, pero en la primera curva ya voy
en cabeza. Sus faros me iluminan la retaguardia mientras intenta mantener el ritmo, pero
yo me deslizo sin esfuerzo por las curvas de las calles vacías. Los aficionados se
desparraman a nuestro alrededor, gritándonos, y dejo que la adrenalina me consuma.
59
En la cuarta curva, algo sale mal. El Dodge intenta adelantarme, casi me golpea, y
no tengo más remedio que apartarme bruscamente para evitar salir despedido por
encima de la barrera. La maniobra le permite adelantar, así que me lanzo por él, sabiendo
que mi auto puede ganarle la partida en este tramo de carretera. Pero va tan rápido que
no ve hasta el último momento a la aficionado que cruza la carretera para ver mejor.
El tiempo parece ralentizarse mientras mis ojos se abren de par en par, y sé que
va a atropellarla, pero en el último segundo, la ve y da un tirón con el volante para
esquivarla, excepto que va demasiado rápido y no tiene control.
Sé que va a suceder antes de que suceda, y todo lo que puedo hacer es mirar.
Evitó golpear a la aficionada, pero no puede evitar esto.
El horror se apodera de mí cuando veo el auto volcar y rodar delante de mí,
acercándose tanto que tengo una fracción de segundo para reaccionar. El instinto se
apodera de mí y tiro del volante y del freno para esquivar los restos, pero un metal
atraviesa la ventanilla abierta y me hace un corte en el brazo. El leve dolor desaparece
gracias a la adrenalina. Empiezo a dar coletazos, así que suelto el freno, giro el volante y
me giro hacia el otro lado, de modo que me muevo en una S. Cuando me enderezo, me
doy cuenta de que he cruzado la línea en primer lugar. He ganado, pero eso no importa.
Salto del auto y corro hacia los restos. El chasis está aplastado y el metal maltrecho se
esparce por la carretera. Me llega el silbido y el chasquido del motor mientras yace de
lado, bloqueando la carretera.
Oigo los motores de los corredores que se acercan y sé que no dispongo de
mucho tiempo: . Me agarro al tren de aterrizaje, ignorando que me corta las palmas de
las manos y que la sangre me las deja resbaladizas. El conductor está apoyado en el
volante, pero tiene la cabeza en un ángulo extraño, y por un momento me preocupa que
esté muerto hasta que gime.
No lo conozco de nada, pero me agacho y le exijo: —Dame la mano. —Sé que no
debería moverse, pero el rugido se está acercando y somos presa fácil. Si se queda aquí,
está muerto. Me mira con sus grandes ojos azules. Hay sangre corriendo por su cara, y
su camisa está rasgada y cubierta de sangre también—. ¡Ahora! —grito, y eso parece
sacarlo de su estado de shock.
Me ofrece la mano, pero me doy cuenta de que aún lleva puesto el cinturón. Al
girarme, golpeo con el pie una parte retorcida de la puerta, arranco un trozo con la bota
y lo agarro, ignorando el dolor agudo que me produce al clavarse en los cortes. Vuelvo a
agarrarlo de la mano e intento levantarlo, pero pesa mucho y tengo las manos manchadas
de sangre, así que regresa a su asiento.
60
Levanto la cabeza, el rugido es tan fuerte que no tengo elección, y veo los autos
que se acercan a toda velocidad. Vuelvo a agacharme hacia el tipo, que entra en pánico
y respira tan fuerte que puedo oírlo por encima de los motores.
—No voy a morir aquí. Dame la mano ahora. —grito, y esta vez su palma choca
contra la mía. La agarro con todas mis fuerzas y tiro de él para sacarlo de entre los
escombros. Choco contra el asfalto con un gemido, su peso me aplasta, pero me doy la
vuelta y lo arrastro hasta mi auto, lo meto dentro y arranco justo cuando los demás
intentan esquivar su vehículo destrozado.
Conduzco sólo unos metros para dejarles espacio para detenerse y me giro hacia
el hombre aturdido. —¿Te encuentras bien? —pregunto mientras la multitud corre hacia
nosotros.
—Me has salvado la vida —susurra, mirándome atónito.
—Ni lo menciones. Ve a que te revisen. No sabes qué lesiones esconde el shock.
Asiente, sus manos tiemblan mientras intenta abrir mi puerta.
—Oye chico. —Se gira para mirarme, todavía en estado de shock—. No vale la
pena ganar si tu vida está en juego. Recuérdalo. Siempre hay otra carrera; no hay otra
vida. Conduce más inteligentemente, no más fuerte.
Asiente despacio con la cabeza y sale de mi auto para dirigirse a la multitud que
lo espera, donde sus amigos se reúnen a su alrededor para ayudarlo a salir y, con suerte,
llevarlo al hospital. Sus heridas podrían haber sido mucho peores, pero apuesto a que
tiene algunos huesos rotos.
Tiene suerte de estar vivo y lo sabe.
Uno no sale de un accidente así siendo el mismo tipo de persona que se metió en
él.
Dejo el auto en marcha, ya que no tardará en llegar la policía, y me dirijo a Sanjay,
que me observa boquiabierto y triste. No es el primer accidente en las carreras, ni será
el último. Hay una razón por la que esto es ilegal, pero también hay una razón por la que
todos seguimos viniendo.
—Buena salvada, hombre —me dice mientras me da una palmada en la espalda—
. Ese chico te debe la vida.
Me encojo de hombros, marchitándome un poco ante los elogios. Hice lo que haría
cualquier otra persona.
—Tus ganancias. —Me las da en la mano. Miro el dinero que necesito
desesperadamente y se lo devuelvo.
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—Dáselo al chico que va camino del hospital. Habría ganado si no se hubiera
estrellado —murmuro.
—Uh-uh, se estrelló porque estaba siendo un idiota —Sanjay suelta—, fue
imprudente.
—Pero es lo justo. —Le doy una palmada en el brazo—. Me tengo que ir a dormir.
Hasta luego.
Sin mirar atrás, subo a mi auto y me alejo antes de que aparezca la policía y
empiece a hacer preguntas. No puedo permitirme otra detención.
No puedo volver a casa con estas heridas. Alice se preocupará y no quiero que
eso le pase a ella, así que en el camino de regreso paro en una farmacia que aún está
abierta. Por suerte, puedo ponerme la chaqueta para ocultar la peor parte de las manchas
de sangre y no recibir miradas extrañas. Me limpio las manos con una botella de agua,
las envuelvo en una cinta adhesiva que tengo para hacer combates y me dirijo al interior.
Las he tenido peores y puedo limpiarme las heridas yo mismo. Ya lo he comprobado, no
necesitan puntos, pero me van a doler un montón durante un tiempo, sobre todo ahora
que la adrenalina me ha abandonado. Una vez dentro de la iluminada tienda, agarro un
poco de azúcar y chocolate para combatirlo y me dirijo al pasillo que quiero.
Lleno la cesta con cualquier cosa que pueda necesitar. Cuando te haces daño con
la suficiente frecuencia, aprendes lo esencial para cuidarte de las lesiones. De niños
nunca teníamos dinero para que nos vieran, y a nuestros padres les daba igual, así que
siempre me tocaba a mí.
Llevo mi cesta al mostrador, espero a que lo escaneen todo y entrego el dinero.
Voy a necesitar turnos extra para cubrirlo todo. Diablos, mi dinero está en una maldita
hoja de cálculo. No gasto nada sin mirar antes, pero esto es lo esencial. Me recuerdo a
mí mismo que surgen imprevistos. No me arruinaré por ello, pero odio estar comiendo de
los fondos escolares de Alice. Necesita un portátil nuevo, así que tengo que ahorrar para
eso.
Estoy agarrando la bolsa cuando una voz familiar me detiene.
Se me eriza el vello de la nuca.
—¿Anders?
62
ONCE
Alek Anders se gira hacia mí, con expresión de trueno. Sus fosas nasales se
ensanchan cuando me mira desde detrás de él en la cola, como si lo hubiera acechado
hasta aquí o como si yo tuviera la culpa de que necesitara medicamentos. Sin decir una
palabra, da las gracias a la cajera y sale de la tienda.
Que se joda, pero entonces me doy cuenta que aún tengo que darle las gracias, y
mi madre no crió a una zorra. Bueno, en realidad no me crió a mí, pero ya me entiendes.
Coloco rápidamente el dinero en el mostrador para comprar mis medicinas y me
apresuro a seguir a Alek mientras avanza por el desértico estacionamiento hasta su auto
en la parte de atrás. Al principio ni siquiera lo veo porque está estacionado lejos de todo.
Ya está abriendo la puerta, sentado en su asiento y rebuscando en su bolso. Pongo
los ojos en blanco y me detengo a su lado, pero me ignora como si fuera a desaparecer.
Buen intento, imbécil. La gente ha intentado eso toda mi vida. No funcionó
entonces, y no funcionará ahora.
—Puedes volver a ignorarme en un minuto —murmuro, apoyándome en su puerta
abierta, mi brazo en la parte superior de su auto—. Sólo quería darte las gracias por
cuidarme.
—Alice me obligó —se queja. Al menos ahora me habla a mí .
—Mentiroso —respondo, levanta la cabeza y me mira con ojos oscuros. Por un
momento, me pregunto si esta es realmente la colina en la que quiero morir, pero tengo
la sensación de que Alek Anders merece la pena. Levanto una ceja y sus ojos se
entrecierran aún más.
Veo cómo se le contraen los músculos antes de atacarme.
Agarrándolo del puño, le digo: —Buen intento. Te he dejado meter una, pero nada
más. —Aprieto la mano alrededor de la suya y sisea, tirando de ella hacia atrás, o
63
intentándolo, y frunzo el ceño, girando la mano a pesar de sus protestas y abriéndole el
puño.
Tiene un corte malvado en la palma de la mano, y todavía sangra.
Es entonces cuando me fijo en la bolsa que hay en la acera, entre sus piernas,
llena de artículos de limpieza y vendas, con el asa cubierta de sangre.
—Mierda, ¿qué demonios pasó? —pregunto, preocupado. Son unos cortes muy
feos. ¿Son marcas de cuchillo?
—Nada. —Aparta la mano, evitando mis ojos.
—Bien, ¿pero está vivo el otro tipo? —Bromeo.
Me mira y, por un momento, nos quedamos mirando. Me agacho, ignorando que
el pavimento mojado ensucia los vaqueros de mil dólares -algunos de los últimos que
tengo de mi pasado- y agarro la bolsa. Hago como si no lo viera mirándome como si
estuviera debatiendo la mejor manera de asesinarme y salir impune.
Rebusco en la bolsa y saco lo que necesito mientras me observa con expresión
fulminante. Ignoro su mirada asesina y le agarro suavemente del brazo. Intenta retirarlo y
pierdo la paciencia.
—Basta —le digo bruscamente, y se queda quieto ante mi tono de enfado—. No
puedes vendártelas tú solo, y como eres un puto testarudo empeñado en no ir al médico,
lo haré yo. He vendado suficientes heridas durante el Mauy Thai, por no hablar de
después de las peleas. —Le doy un tirón del brazo hacia atrás y, por una vez, no se
resiste.
—Te metes en muchas peleas, ¿verdad, niño rico? —pregunta, necesitando tener
la última palabra, pero hablo para distraerlo de lo que estoy a punto de hacer porque le
va a arder como una perra.
—¿Como hombre bisexual de una pequeña ciudad? Sí —respondo.
Se queda callado un momento y levanto la vista para verle observándome en con
expresión considerada. —No vayas a compadecerte de mí, Anders. No es tu estilo.
—Ya te gustaría. Creo que no te han golpeado lo bastante fuerte como para
abollarte esa cara tan bonita —suelta. No puedo evitar reírme, aunque un ligero rubor
tiñe mis mejillas.
—Crees que soy bonito, ¿eh? —Le guiño un ojo.
—Ya te gustaría... —Aplico el antiséptico en la herida y grita, apartándose.
Pongo los ojos en blanco, le agarro del brazo y se lo apoyo en la rodilla. —Deja de
portarte como un bebé —lo regaño y soplo sobre la herida húmeda para secarla.
64
Le recorre un escalofrío que me hace muy feliz, pero no lo comento. Podría intentar
pegarme otra vez, y eso sólo empeoraría su herida. Rápidamente le vendo la mano,
asegurándome de envolverla bien porque tengo la sensación de que es de los que se
arrancan las vendas para poder trabajar mejor.
Extiendo la mano para agarrar el siguiente brazo. Aprieta la mandíbula, pero me lo
entrega y se lo limpio, asegurándome de soplar de nuevo. —¿Por qué lo has hecho? —
le pregunto mientras desenrollo las vendas.
—¿Hacer qué? —pregunta, pero parece distraído.
—Llevarme comida, medicinas y cuidar de mí. Sé que Alice no te lo ha pedido —
respondo con cuidado, sin mirarlo a los ojos mientras le envuelvo la mano. Está callado,
y no creo que conteste, o que intente pegarme otra vez, así que me sorprende cuando
habla.
—Si te mueres, ¿entonces a quién voy a torturar? —murmura, y cuando encuentro
su mirada, hay una pequeña sonrisa en sus labios—. Además, sólo yo puedo acabar
contigo, niño rico, no una enfermedad.
No puedo evitar sonreír y, cuando le suelto la mano, estrecho la mirada hacia él.
Tiene sangre en la camisa y se sujeta el brazo de forma extraña. ¿Cómo de herido está
Alek? Diablos, probablemente lo niegue sólo para enojarme, pero mientras mantenemos
una especie de tregua, decido insistir un poco. Si no, nunca aceptará ayuda. Es
demasiado orgulloso para eso.
—¿Algo más? —murmuro mientras lo miro desde entre sus piernas. Veo cómo se
le mueve la nuez de Adán al tragar y luego asiente. Se quita la chaqueta de mala gana y
me enseña el brazo, sabiendo que no puede discutir. El corte es superficial, pero recorre
a lo largo del antebrazo. Le doy la vuelta para verlo mejor, intentando ignorar las venas
que sobresalen de su musculoso brazo.
Tras limpiar cuidadosamente la herida, agarro las vendas.
—Tú no lo hiciste —murmura mientras lo miro. Parece avergonzado por un
momento y luego enfadado—. Lo de soplar. ¿No es necesario?
Frunzo los labios para tragarme la sonrisa, luego me inclino y soplo en la herida.
Ambos sabemos que no hace falta. A Alek Anders le gusta mi tacto, aunque no quiera
admitirlo. Doy un paso más porque no puedo resistirme y me trago la reacción de Ander.
Actúa como si mi existencia fuera un pecado, pero cuando estamos solos, puedo ver el
hambre en sus ojos y la forma en que su cuerpo se inclina hacia el mío. Aprieto los labios
junto a la herida y le doy un suave beso en la piel mientras me encuentro con sus ojos
oscuros y veo cómo traga saliva nervioso.
Me inclino hacia atrás y vendo la herida, sabiendo que no debo forzarlo más.
Seguro que volvería a golpearme, pero empiezo a pensar que podría merecer la pena.
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—Ya está. —Me apoyo en las rodillas, sonriéndole dulcemente como si no acabara
de reclamarle nada, algo que él aún no entiende—. Ahora estamos en paz —digo
mientras me levanto e intento quitarme el polvo de las rodillas, pero están húmedas y
sucias, así que lo dejo.
Sus ojos se posan en ellos y frunce la boca.
—Has jodido tus pantalones de diseño, aunque apuesto a que tienes un millón. —
Es socarrón pero no mezquino.
—No, sólo este par. Sólo podía llevar lo que podía cargar. —Me encojo de
hombros—. No pasa nada. De todas formas nunca me gustaron tanto.
—No he preguntado —responde.
—Claro. —Agarrando mi bolso, me lo echo sobre los hombros—. Nos vemos, Alek,
trata de no asustar a mucha gente esta noche.
Doy dos pasos antes de que su voz me detenga. —Niño rico.
Me trago mi sonrisa burlona mientras me giro para mirarlo.
Oh sí, Alek Anders será mío. Sólo que él aún no lo sabe.
66
DOCE
Se gira para verme, con una ceja perfectamente levantada. Sus piercings
resplandecen a la luz y esta noche lleva el pelo ondulado, lo cual es una primicia. ¿Quizá
no se lo ha peinado? Le cuelga alrededor de la cara, con un lado metido detrás de la
oreja, y me doy cuenta de que parece más joven. Su cara es... diferente. ¿Lleva
maquillaje? Sus ojos suelen ser más oscuros, pero esta noche resaltan. Cuando me
quedo mirando, dudando, inclina la cabeza.
—¿Alek? —pregunta, sin echarse atrás.
Diablos, incluso evitó que le pegara y luego se arrodilló despreocupadamente y se
ocupó de mis heridas, estropeando sus pantalones caros mientras tanto, todo eso sin
pedirme las gracias. Dijo que podíamos estar a mano. ¿Es esa la única razón?
Nunca nadie me había vendado las heridas, ni siquiera Alice.
Me hieren tan a menudo que estoy acostumbrado, pero algo en ese hombre de
pelo plateado y ardiente que soplaba en mi herida me hizo flaquear. No debería haberle
pegado. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué quise más después de que él apretara sus labios
contra mi piel?
Sacudiendo la cabeza, me recuerdo a mí mismo que ofrecerle llevarlo es lo que
haría un buen chico. Es lo que debería hacer por el amigo de mi hermana, ni más ni
menos. Es tarde y aún se está recuperando de la enfermedad. Podría hacerse daño.
Sólo estoy siendo amable.
Esa vocecita interior se ríe. ¿Desde cuándo soy amable con alguien?
—Sube —le exijo bruscamente, y luego lo dejo elegir. No voy a obligarlo. Subo al
auto, meto la bolsa en el maletero y arranco el motor, pero él se queda parado.
—Sube —vuelvo a decir.
Se acerca y se inclina hacia mi ventana. —No he oído eso.
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—¿Adónde vas? —pregunto en su lugar.
¿Y si va a casa de su novio o sale? Después de todo, es tarde.
Mierda, no debería haber dicho nada. Mi mano agarra el volante con más fuerza.
—A casa —dice, y mi agarre se relaja.
—Bien, sube —murmuro, subiendo la calefacción.
—No, iré caminando. Está bien —empieza, y giro la cabeza, encontrándome con
sus ojos brillantes.
—Evan, entra en el puto auto. —Por un momento se me queda mirando antes de
suspirar y dirigirse a la parte delantera, sentarse en el asiento del copiloto y dejar caer la
bolsa entre sus pies. Se le erizan los vellos de los brazos, así que subo la calefacción al
máximo antes de salir del estacionamiento.
El silencio se alarga, y cuando le echo un vistazo, me está mirando. —¿Qué? ––
Pregunto en voz baja.
—¿Te lo pidió Alice? —bromea.
Tiro del volante y me detengo, ignorando los bocinazos del tráfico. —Bájate.
Se ríe y se acomoda más en el asiento. —Fuera —le digo.
—No. Ahora, ¿vas a conducir o vamos a quedarnos mirándonos toda la noche? —
Se inclina sobre la palanca de cambios, sus ojos se posan en mis labios—. A menos que
quieras hacer otra cosa.
Gruñendo, me desvío de nuevo hacia el tráfico, haciendo caso omiso de su risita
mientras se acomoda de nuevo al asiento. —Cinturón —exijo.
Me ignora y, en el siguiente semáforo, me inclino, lo agarro y encajo en su sitio.
Cuando levanto la vista, lo encuentro a escasos centímetros. Lleva una expresión seria
en la cara, mirando de mis labios a mis ojos.
Trago saliva, mi mirada se posa en la suya cuando suena un claxon detrás de
nosotros, rompiendo el momento, y me alejo, acelerando a fondo.
No tardo mucho en llegar a la residencia de Evan, y quedarme esperando en el
estacionamiento con el motor encendido. Frunzo el ceño mientras me invade una
sensación desconocida. Casi me resisto a dejarlo ir, triste por lo rápido que hemos llegado
hasta aquí.
Idiota.
Cuando lo veo, me está mirando, aparentemente sin intención de salir, y me relajo,
ignorando mi batalla interna. —¿Qué? —pregunto finalmente, con voz más suave en la
noche oscura y vacía.
68
Sólo estamos nosotros, y estamos tan cerca que podría alcanzarlo y tocarlo.
No lo haré, pero la idea está ahí.
—¿Qué te pasó en el brazo y en las manos? —me pregunta, tomándome por
sorpresa.
Los miro. Me había olvidado de ellos a pesar del dolor. Me encojo de hombros y él
suspira, agarra su bolso y se dispone a abrir la puerta. Hay algo que me inquieta, así que
me acerco a él y cierro la puerta de un portazo. —Estaba en una carrera esta noche y ha
habido un accidente. Ayudé a alguien después de que se estrellara, pero me corté.
—¿Carreras? —Frunce el ceño, mirando alrededor de mi auto—. ¿Como en
carreras de autos?
Asiento. —Carreras callejeras, para ser exactos.
Parpadea, se echa hacia atrás en su asiento y mi pecho apretado parece aliviarse.
—No sabía que corrías. Pero tiene sentido. ¿Él está bien?
—Eso espero. Sus amigos los llevaron al hospital —respondo, aunque no
comprobé más que eso.
—¿Pero sus amigos no lo ayudaron y tú sí? —pregunta, y me encojo de hombros,
mirando por la ventana delantera—. ¿Tiene el gran Alek Anders un lado blando?
—No pienses estupideces como ésa. Simplemente no quería ser uno de esos
idiotas que se sientan a un lado, mirando mientras alguien sale herido —murmuro.
—Ajá, claro, lo que tú te digas. ¿Así que corres con este auto? ¿No es ilegal? —
pregunta, cada vez más cómodo mientras se gira hacia mí.
Vuelvo a acomodarme y me giro hacia él. Debería hacer que se vaya, decirle que
deje de hacer preguntas. Quizá sea la noche, que hace que esto parezca un sueño, o
quizá sea lo cerca que he estado de morir, pero respondo.
—En este auto no. Tengo un Skyline con el que corro. Lo construí desde cero. Es
ilegal, así que no se lo digas a nadie, niño rico —advierto.
—Tu secreto está a salvo conmigo. —Me dedica una amplia sonrisa que me vuelve
jodidamente loco, y me hace algo raro en el pecho—. ¿Así que construyes autos? Alice
mencionó que trabajas en un taller.
Por un momento, me pongo rígido. —¿Qué, no es lo suficientemente bueno para
ustedes bastardos ricos?
Parpadea, sorprendido. —¿Qué quieres decir? Sólo tenía curiosidad por saber si
te gusta.
69
Pienso en sus palabras mientras lo miro. No hay juicio en su tono ni en sus ojos,
sólo confusión, así que me relajo. —En cierto modo sí, pero además es lo único que se
me da bien. Necesitaba dinero para Alice, así que tenía sentido.
—Dudo que sea lo único que se te da bien. Tengo la sensación de que en realidad
eres bueno en muchas cosas, pero no te lo permites.
—¿Qué quieres decir? —le pregunto.
—Tal vez tengas miedo de querer algo más. —Se encoge de hombros—. O quizá
has pasado tanto tiempo cuidando de tu hermana que has dejado de mirar tu propia vida.
—Tú no sabes nada —espeto mientras miro hacia otro lado.
—¿No? La llevas a la universidad casi todos los días para que no tenga que
caminar y esté segura. Trabajas en un taller y corres para ganar dinero para su
universidad. La amas profundamente, es evidente. Haces todo por ella, pero ¿qué haces
por ti? —me pregunta, y lo miro. Se me aprieta el pecho al ver lo mucho que me entiende
con solo unos pocos encuentros.
La verdad es que no lo sé.
—Si quieres ser mecánico y nada más, bien, hazlo. Haz lo que te haga feliz, pero
no lo hagas sólo porque tienes miedo o porque vives para tu hermana. No creo que a ella
le guste eso. Ella te ama y quiere que seas feliz.
—¿Y qué sabes tú de ser feliz, niño rico? —Contraataco a la defensiva,
arremetiendo con miedo.
Su sonrisa desaparece, y odio eso. Su expresión se vuelve triste. —No mucho,
pero lo intento.
—¿Cómo? —pregunto, y a diferencia de la mayoría de la gente, él no aparta la
mirada. Contempla sus palabras y, cuando habla, me sostiene la mirada, sin una pizca de
vergüenza en esos orbes brillantes.
—Me alejé de las personas tóxicas que me entristecían. Me alejé de mi familia y
de sus expectativas y, aunque me dolió, fue lo mejor. Sabía que nunca me aceptarían,
que nunca me amarían como soy, y estaba tan cansado de intentar ser alguien a quien
quisieran hasta el punto de que ya ni siquiera era yo mismo. Los dejé. Elegí mi propio
camino, mi propio futuro, y lucho cada día por seguir mis sueños. Puede que no sepa
mucho sobre ser feliz, pero quiero saberlo. Quiero descubrir lo que significa tener una
vida de la que me sienta orgulloso, aunque nunca sea grandiosa ni épica. Sólo quiero
poder mirarme al espejo y decirme a mí mismo que amo lo que soy y que estoy orgulloso
del camino que he recorrido. Creo que ese es el verdadero significado de ser feliz. No se
trata de las cosas grandes y emocionantes, sino de los pequeños momentos que
70
conforman tu vida, los memorables. —Se detiene—. Pero, ¿qué sé yo? Aún soy joven e
intento entenderlo todo.
—Creo que sabes más que la mayoría. Soy mayor y aún no he descubierto la clave
para ser feliz —admito en voz baja, conmovido por sus palabras. Evan Shaw no es para
nada lo que pensaba. Está claro que ha pasado por muchas cosas. Quizá no sea sólo un
niño rico mimado. De hecho, en este momento, estoy casi celoso de su franqueza consigo
mismo, de su capacidad para señalar sus propios defectos y tratar de solucionarlos—.
Quiero tener mi propio garaje algún día. No es un gran sueño, nada descabellado, pero
quiero tenerlo y contratar a gente como yo, gente que no tiene oportunidades. Quiero
darles una oportunidad. También quiero construir y restaurar autos. Creo que eso me
haría feliz.
—Pues hazlo —dice—. ¿Quién puede decir que ese sueño no es lo
suficientemente grande?
—Lo intento pero… Alice siempre es lo primero. —Lo miro una vez más—. Tengo
que darle una vida mejor que la que tuve. No puedo fallarle como todos me fallaron a mí.
—¿Y qué hay de ti? ¿Quién te cuida? ¿Quién te pone en primer lugar? —
argumenta—. Esta es tu vida, Alek. Sé que amas a Alice, y que tiene mucha suerte de
tener un hermano como tú, pero si no te pones tú primero, nadie lo hará nunca, y un día
mirarás atrás y te preguntarás qué hubiera pasado si.
Miro fijamente a Evan, y él me devuelve la mirada. —¿Cuándo te has vuelto tan
listo, niño rico?
—Siempre lo he sido. Estabas demasiado ocupado odiándome como para darte
cuenta. —Me guiña un ojo, lo que me hace soltar una risita, pero termina en un bostezo,
con el cansancio calándome hasta los huesos aunque luche contra él. Quiero seguir
hablando con él. Se fija en mí cuando nadie más lo ha hecho. Mira más allá de las
cicatrices, la tinta y el aceite, al hombre que hay debajo. No me tiene miedo a pesar de
todo lo que le he echado encima.
—Pareces agotado. Apuesto a que ni siquiera duermes por si te necesita. —
Resopla—. Te dejaré llegar a casa. Gracias por traerme. Mándame un mensaje cuando
llegues para saber que no has tenido un accidente. —Abre la puerta y sale. No lo detengo,
pero lo llamo.
—¿Por qué, me extrañaras? —Me burlo.
—No. —Sonríe mientras se inclina hacia atrás, su brillante sonrisa hace que mi
pecho se apriete una vez más—. Sólo necesito que me avises para elegir mi atuendo
para tu funeral.
No puedo evitar sonreír, imaginando qué horrendo atuendo llevaría esta diva de la
moda en mi funeral, y me señala, sonriendo ampliamente. —He conseguido que sonrías.
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Buenas noches, Anders. —Se va y le veo cruzar el estacionamiento en dirección a su
edificio. Cuando llega a la puerta, me devuelve la mirada con la sonrisa y levanta la mano
para despedirse antes de desaparecer.
Le regreso el gesto, aunque ya se ha ido, y sólo entonces admito que me habría
quedado aquí toda la noche hablando con él a pesar de mi cansancio.
Supongo que hago algunas cosas para mí, y todas parecen girar en torno a él.
Sacudiendo la cabeza ante mis propios sentimientos, espero a que se encienda su
luz y me dirijo a casa. Tiene razón. Necesito dormir.
Una vez en casa, voy a ver a Alice y la encuentro desmayada en su escritorio, con
los libros esparcidos a su alrededor. Apago la luz, la cubro con una manta y me dirijo a
mi habitación. Me quito la camisa, saco la cartera y el celular de los pantalones, dispuesto
a dormir, pero dudo al mirar el celular.
Me digo que no lo haré, pero lo abro y hago clic en el hilo de mensajes.
Chico rico: Qué vergüenza, tengo el collar de perlas perfecto al que podría agarrarme
mientras grito tu nombre dramáticamente para que todo el mundo se quede mirando.
Niño Rico: Maldita sea, ¿todo esa actuación desperdiciada para nada? Menos mal que
estás vivo. Ahora duerme un poco, Anders.
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Niño Rico: Lo sabes. Puedes golpearme por ello la próxima vez.
Chico rico: Entonces esto te chocará: casi siempre estoy desnudo cuando te mando un
mensaje. Ahora duerme.
Idiota.
73
TRECE
Anoche me di cuenta de que Evan vive lejos del campus, pero eso no tiene nada
que ver con lo que estoy haciendo.
Nada de nada.
Me he levantado temprano, le he preparado el desayuno a Alice y la he sacado
antes de lo habitual. Pongo como excusa que tengo que ir a trabajar, y ella se lo cree.
Tampoco se da cuenta de la ruta diferente que estamos tomando. Es sólo para ver el
paisaje, nada más.
Pasamos por delante del parque, y entonces aminoro la marcha, buscándolo, ya
que tiene que tomar esta carretera para ir a la universidad. ¿Y si ha ido por otro camino?
—¡Oye, ese es Evan! Estaciona. Vamos a llevarlo —Alice exige, golpeando mi lado.
—No —murmuro, con la mirada fija en él.
—Alek —me advierte.
Refunfuñando para mis adentros, me detengo a su lado. No se da cuenta, mirando
su cámara, así que bajo la ventanilla para llamarlo, pero Alice se me adelanta. —¡Evan,
hola!
Levanta la cabeza y parpadea al sol de la mañana. Cuando nos ve, una brillante
sonrisa curva sus labios. —Anders duo. —Asiente—. ¿Qué hacen aquí?
—Voy a la universidad. Sube, te llevaremos —dice Alice mientras agarra su bolso
y va a la parte de atrás, dejando el asiento del copiloto libre para Evan.
Me mira y pongo los ojos en blanco. —Ya la has oído. —Suspiro y me bajo las
gafas para mirarlo—. Entra, niño rico, antes de que te atropelle.
Sonríe, deja caer la cámara a la correa y levanta más alto el bolso, luego se baja
de la acera, mirando a ambos lados antes de abrir la puerta y deslizarse dentro.
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Se ve bien en el asiento del copiloto, lo que no hace más que enojarme. A pesar
de haber venido hasta aquí, me enojo y lo miro mientras se abrocha el cinturón.
—¿Tu casa no está en la otra dirección? —pregunta confundido—. Ese es el
camino que tomaste anoche.
Mierda.
—¿Anoche? —pregunta Alice, apareciendo entre los asientos con una sonrisa.
Doble mierda.
—Siéntense. Cinturones de seguridad o los dejo a los dos —gruño.
—No es una persona madrugadora —advierte Alice.
—O una persona de tarde —bromea Evan, haciéndola reír mientras se sienta. Es
agradable verla bromear con él. A veces es muy callada, pero parece abrirse cuando está
con él.
—No esperes que vuelva a recogerte —le digo bruscamente mientras salgo al
tráfico mañanero y lo ignoro a propósito. Es infantil, pero cierto.
—No lo esperaba hoy —responde, y cuando miro hacia él, me mira con el ceño
fruncido.
Tiene razón, no lo hacía. Vine hasta aquí para verlo, ¿por qué estoy tan enojado?
Es porque me desvié por él, y no entiendo por qué.
No hago ruido en todo el trayecto y sé que el ambiente en el auto es tenso, así que
no me sorprende que los dos se bajen rápidamente cuando llegamos al campus. Evan
saluda con la mano y espera a Alice, que se asoma a mi ventanilla.
—Deja de ser un idiota. Te gusta el chico, así que coquetea, no seas idiota. —Ella
resopla antes de dirigirse hacia él, sus brazos enlazados mientras charlan y caminan hacia
su edificio. Nunca podría ser así con él.
Nunca podría tocarlo así en público ni aguantar las miradas que nos echarían. Me
enoja y me pone de peor humor, sabiendo que está más hecho para mi hermana.
Llego al trabajo a pesar de llegar pronto y me pongo los auriculares, ignorando a
los demás. Al poco de llegar, suena mi celular y lo saco.
Niño rico: ¿Cómo está tu herida? ¿Te duele? Puedo llevarte Tylenol.
Miro fijamente el mensaje, esta mañana pasa por mi mente. Nunca podremos estar
juntos. Nunca podremos ser nada. Además, ni siquiera me gusta así, así que debería dejar
de darle esperanzas. No es justo para él, al menos eso es lo que me digo a mí mismo
75
mientras bloqueo su número y meto el celular en la caja de herramientas,
concentrándome en el auto que tengo delante.
Mientras trabajo, las palabras de Evan de anoche flotan en mi mente. Merezco
soñar y ser feliz.
¿Qué me haría feliz?
A decir verdad, ya ni siquiera lo sé, pero algo en su sonrisa de sol, aunque sólo
fuera por un momento, me hizo creer que tenía derecho a estarlo.
Pero la realidad ha vuelto y es mejor así.
Debería haberlo sabido. Mi pasado es un duro recordatorio de por qué no puedo
tener a Evan Shaw, una verdad que Alice ni siquiera sabe, ni sabrá nunca.
Es otra de las razones por las que me mudé aquí, una que nunca compartiré.
76
CATORCE
77
Evan: No te pedí que me llevaras a casa anoche ni que me recogieras esta mañana.
Evan: Podrías haberme mandado un mensaje y decirme que te dejara en paz, haberme
dicho que no. Se llama comunicación, puto idiota.
Evan: Pero no, me has bloqueado porque tienes la inteligencia emocional de una
salchicha.
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nuestros amigos. Está lleno de gente, que nos saluda al vernos y nos ofrece bebidas.
Agarro el chupito y me lo bebo, luego otro mientras siguen animando. Sus caras se
desdibujan. Normalmente, soy el alma de la fiesta, pero esta noche sólo quiero olvidar,
así que dejo que me sirvan licor hasta que me emborracho. Me río y bromeo con ellos,
rodeado de gente que se preocupa por mí y que nunca me bloquearía sólo por sus
propios problemas.
—¡Bailemos! —grito y agarro las manos de Lally y Tommy. Los empujo hacia la
pista de baile, llena de cuerpos retorciéndose, y las luces estroboscópicas lo convierten
todo en un caleidoscopio parpadeante. Lally gira delante de mí y Tommy me atrae hacia
él mientras bailamos y bailamos juntos. Me olvido de todo lo demás y me muevo al ritmo
de la música. El alcohol me calienta la sangre y me hace sentir libre, feliz y caliente.
Lally tiene razón. Hace demasiado tiempo que no tengo sexo. Por eso me enamoré
de Anders tan rápido. Es sólo necesidad, pero puedo ocuparme de eso esta noche, y sé
que cuando Lally mire a una rubia sexy y baile hacia ella no seré el único. Le guiño un ojo
a Tommy mientras va por una copa y me deja solo.
Siento que me miran, y a los pocos minutos de la desaparición de mis amigos,
aparece ante mí un chico. Es jodidamente atractivo. No tiene esa rudeza que tiene
Anders, pero es musculoso, más alto que yo y lleva el pelo rubio peinado. No tiene
tatuajes, pero lleva una cadena de plata alrededor del cuello y una pulsera a juego en la
muñeca. Tiene buen aspecto y es exactamente lo contrario de Anders.
Perfecto.
—¿Puedo bailar contigo? —me dice en voz alta, teniendo que inclinarse, con la
boca prácticamente pegada a mi oreja.
—Claro —respondo, aunque no creo que pueda oírme, así que en lugar de dejo
que me acerque más. Me agarra por las caderas y le sonrío. Me devuelve la sonrisa y nos
movemos juntos al ritmo de la música. Su mano se desliza lentamente hacia abajo y
alrededor de mí hasta que me agarra por el culo y me aprieta. Veo el hambre en sus ojos,
que se posan en mis labios antes de inclinarse hacia mí.
—¿Estás aquí solo? —pregunta.
—Sólo con unos amigos, ¿y tú? —Respondo, acercándome hasta que estoy
pegado a él para que pueda oírme.
—Sólo mis amigos —dice, besando mi punto de pulso—. ¿Qué tal si después de
este baile te invito a una copa?
Le rozo la oreja con los labios a propósito, sintiendo cómo se estremece. —Suena
genial.
79
¿Un tipo caliente coqueteando conmigo? Sí, es exactamente lo que necesito, y un
baile se convierte en dos hasta que nos ponemos calientes y pesados, con nuestros
lujuriosos ojos fijos el uno en el otro. Le hago una señal a Lally para que sepa que estoy
a salvo, ella asiente y nos dirigimos al bar. Me acomodo en una mesita escondido en un
rincón mientras él va a pedir y, cuando regresa, no puedo evitar sonreír.
Realmente está bueno.
Me lo entrega y se sienta a mi lado, con la pierna pegada a la mía. Su mano cae
sobre mi muslo y lo aprieta mientras se inclina hacia mí. —¿Cómo te llamas?
—Evan. ¿Tú? —pregunto, dando un sorbo a la bebida afrutada.
—Tait —responde—. ¿Estás soltero, Evan?
—Mucho. —Asiento mientras me inclino más cerca, recibiendo una buena
bocanada de colonia cara—. Pero en realidad no quieres preguntar eso y entablar una
conversación trivial, ¿verdad? —Coqueteo, mis dedos suben y bajan por su pecho
mientras él pasa la mirada de mis ojos a mis labios—. ¿Por qué no preguntas lo que
realmente quieres preguntar?
—¿Quieres salir de aquí? —suelta.
Sonrío, me inclino hacia atrás y bajo la bebida antes de levantarme y ofrecerle la
mano.
Que jodan a Anders. Esta noche, no voy a pensar en él en absoluto.
80
QUINCE
Esta noche he ganado dos carreras. Necesitaba el subidón, el riesgo del peligro.
A pesar de tener las manos lesionadas y el brazo torcido, gané, y entonces decidí que
necesitaba una bebida. No me costó mucho convencer a Skylar, otro de los corredores
a los que estoy bastante unido, para que me acompañara a tomar una. Incluso lo dejé
elegir el lugar, y había estado yendo bien. Sky es un buen tipo. Es divertido estar con él
y somos amigos a pesar de no saber mucho el uno del otro fuera de las carreras, pero
entonces apareció Evan con un grupo de amigos.
Se ve tan jodidamente bien que lo odio nada más verlo. Ni siquiera me ha visto,
completamente concentrado en la gente que lo adula. Su sonrisa es tan amplia que duele
verla. ¿No le importa que no estemos hablando?
¿No está enojado?
No lo parece mientras bromea y coquetea y luego baila con sus amigos. Actúa
como si yo no fuera nada para él, como si lo que hablamos la otra noche no significara
nada. Diablos, para él, probablemente no. Probablemente soy otra persona esperando en
una larga cola para él.
Sé que no es justo, ya que soy quien le bloqueó, pero de todos los putos sitios,
¿por qué tenía que aparecer aquí con tan jodido buen aspecto cuando estoy haciendo
todo lo posible por mantenerme alejado de él?
—¿Quién es el bombón rubio al que miras tan fijamente? —La voz profunda y
burlona de Sky me hace girar la cabeza y me encuentro con su mirada astuta. Con los
ojos más oscuros que los míos, Sky es un imbécil con cara de malo. Es grande y
musculoso, y esta noche lleva casi todo el pelo recogido en un moño. Algunos incluso lo
llamarían atractivo, pero mis gustos parecen clavados en la bola de sol que baila como si
no le importara nada en el mundo.
—Nadie, un amigo de mi hermana —respondo, dando un sorbo a mi bebida.
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—Está bueno. ¿Está soltero? —pregunta Sky, inclinándose hacia atrás con una
sonrisa malvada.
—No, joder, no lo es. No te acerques a él —le advierto, y Sky se ríe, echándose
más hacia atrás para escapar de mi ira, con las manos en alto.
—Mierda, hombre, lo siento. No me di cuenta que era tuyo.
—No es mío, no seas idiota —murmuro, apartando la mirada de sus ojos
cómplices. Agarro la botella de cristal que hay sobre la mesa, me sirvo otro trago y me lo
bebo antes de servirme otro.
—Ajá, ¿desde cuándo te importa alguien más? Si no es tuyo, podría ir allí...
Levanto la cabeza, mi mirada solo lo hace reír antes de que se desvanezca y haga
una mueca de dolor. —Mierda, parece que alguien se me ha adelantado. ¿Vas a ir allí a
defender tu territorio?
Giro la cabeza y el corazón me da un vuelco cuando veo al rubio idiota bailando
contra Evan, a quien no parece importarle. No, parece que le gusta. Veo cómo las manos
del tipo agarran el culo de Evan, tirando de él más cerca, mientras los celos y la rabia me
invaden.
—¿Cómo demonios pueden ser tan abiertos con esa mierda? —pregunto,
agarrando mi vaso con más fuerza para impedirme correr hacia allí y darle una paliza al
idiota por tocar lo que es mío.
—Alek Anders, no me digas que eres homófobo. —Miro a Sky, que tiene una
expresión seria mientras se inclina hacia mí—. Porque déjame decirte que tendremos
algunos problemas. El amor es el amor, hombre.
Mis cejas se alzan al leer la mirada tan oscura en sus ojos, que se ve tan fuera de
lugar en su rostro habitualmente jovial. —No lo soy. Es que...
—Es tuyo, y estás actuando irracionalmente, pero suenas como un idiota, y como
tu amigo muy gay, ten cuidado. Puede que te salgas con la tuya en otro sitio, pero no
conmigo. Si no es tuyo, entonces tiene permitido bailar y follar con quien quiera —dice
Sky, brindando por mí.
Bueno, no sabía que Sky era gay. No es que importe pero...
—No puede follarse a quien quiera —murmuro.
—Así que no es tuyo, pero no puede ser de nadie más. —resopla Sky—. Eso es
estúpido. Decídete, hombre, antes de que lo pierdas. Si lo quieres, búscalo. Si no, apuesto
a que hay muchos por ahí que sí lo quieren, pero tienes que decidirte. No juegues con
sus sentimientos. Eso no está bien.
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Miro fijamente a Sky, sorprendido por sus palabras. No solemos hablar de nada
más profundo que de autos. ¿De dónde viene esta mierda, y por qué de repente quiero
hablar de esto con él? —¿No te molesta que lo quiera?
Sky me mira con tristeza antes de inclinarse más cerca. —No me importa a quién
ames o a quién te folles, Alek. El amor es amor. El género no importa. No sé con qué
clase de gente retrógrada te has rodeado para hacerte creer que amar o querer a quien
quieres está mal, pero ese es su problema, no el tuyo. ¿Lo quieres?
Lo miro fijamente antes de inclinar ligeramente la cabeza, admitiéndole lo que ni
siquiera quiero admitirme a mí mismo.
—Entonces, ¿cuál es el problema? Puedes querer a quien quieras y sentirte
atraído por quien quieras. A la mierda lo que piensen los demás. Si ellos tienen un
problema, eso dice más de quiénes son que de ti. No digo que vaya a ser fácil, créeme,
pero merece la pena. Ser sincero contigo mismo te quita un peso de encima. —Sky
asiente y me sirve otra copa—. Lo digo en serio, Anders. Sé quién eres y que le den a los
demás. —Se bebe su copa y yo me bebo la mía.
—Eres un buen tipo, Sky —murmuro.
—Me alegro de que por fin te hayas dado cuenta. Sólo me ha costado un año de
amistad —se burla—. Incluso ahora, no estaríamos aquí si no estuvieras estresado por
ese hombre.
Hago una mueca de dolor porque tiene razón. Nunca he intentado profundizar
nuestra amistad. Uso a Sky.
Se ríe. —No te preocupes. Sé que eres así, pero tienes que decidir lo que quieres
rápidamente.
Vuelvo a girar la cabeza y veo a Evan y al rubio sentados en una mesa, demasiado
cerca y sonriéndose con una mirada que me hace hervir la sangre.
No puedo creerlo. Mis manos aprietan la bebida con rabia, y cuando él se levanta,
sonriéndole al tipo, siento que el vaso se rompe, cortando mí ya destrozada palma, pero
no me importa.
—Mierda, Alek, ¿qué demonios? —Sky gruñe, saltando hacia atrás del líquido
derramado.
Veo a Evan irse con el tipo, saludando a sus amigos que acaban de dejarlo ir con
un puto desconocido.
Me pongo en pie de un empujón y arrojo algunos billetes sin siquiera dedicar otra
mirada a Sky. —Me voy.
—¡Ya era hora! —llama—. ¡Busca a tu hombre!
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Para cuando consigo atravesar el club, Evan ha desaparecido con el idiota. Me
abro paso entre la multitud, apartando a la gente de mi camino con un gruñido que hace
que los demás se muevan. No me siento yo mismo. La ira y los celos que corren por mis
venas son una locura, y no pienso con claridad, pero a pesar de todo eso y de lo que ha
dicho Sky, no puedo dejar que Evan se vaya con él.
Salgo al aire frío, en su busca. El pánico me consume, pero entonces veo una
cabeza plateada que me resulta familiar metiéndose en un callejón a unos metros de
distancia. Los persigo a toda velocidad y me detengo al final del callejón cuando veo a
Evan pegado a la pared y al rubio encima de él, con los dientes y las lenguas chocando
mientras se besan. Evan le sujeta el pelo con las manos y le devuelve el beso.
Evan lo está besando.
Algo se me clava en el corazón, pero no me impide acortar la distancia y arrancarle
al rubio de encima sin siquiera una mirada. Sale volando hacia atrás y fulmino con la
mirada a Evan, que parpadea como un búho antes de que sus mejillas enrojezcan de ira
mientras se endereza.
—Anders, ¿qué demonios? ¿Estás bien? —Va a pasar por delante de mí hacia el
rubio, que se pone en pie con dificultad, pero levanto el brazo y lo bloqueo, girándome
hacia el rubio.
—Vete —le ordeno, incapaz de gritar más palabras al ver sus labios magullados.
Me mira fijamente, sacudiéndose el polvo del culo y mirando de mí a Evan a pesar
de la amenaza que represento. Estoy prácticamente vibrando de ira, listo para atacar. —
Evan, ¿estás bien?
—Estoy bien, lo siento, puedes irte. Yo me encargo de este tipo. —Echo un vistazo
y veo a Evan sonrojándose y frotándose la cabeza nerviosamente, despeinándose su
bonito pelo.
—No te disculpes con él. Vete —vuelvo a decirle al rubio. Es la última oportunidad
que tendrá, y veo cómo le echa otra mirada a Evan antes de salir corriendo del callejón,
luego me giro hacia Evan mientras intento contener mi furia—. Deberías disculparte
conmigo.
—¿Contigo? —Sus ojos se abren incrédulos—. ¿Por qué demonios iba a pedirte
disculpas?
La ira estalla en mi interior y me doy la vuelta, golpeando la pared con el puño.
Siento cómo se me parten los nudillos y se me vuelven a abrir los cortes de la palma de
la mano, pero ni siquiera ese dolor agudo hace retroceder esos sentimientos que llevo
dentro.
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—¿Qué demonios, Anders? ¿Cuál es tu puto problema? —Una mano golpea mi
espalda, haciéndome tropezar hacia delante, y me giro para verlo escupiendo fuego. Evan
está más furioso que nunca—. No puedes hacer esta mierda. No puedes bloquearme y
luego aparecer aquí...
En lugar de golpearme contra la pared, lo agarro y lo lanzo contra ella. Mi boca
choca contra la suya. Al principio se resiste, me golpea, y aunque duele, no cedo. No lo
suelto. Vierto todos mis celos, confusión y rabia en ese beso hasta que gime, se ablanda
contra mí y me devuelve el beso.
Sus puños se convierten en manos que aprietan y me acercan mientras nuestros
cuerpos se rozan, todo músculos duros y calor. —Eres mío, niño bonito —le digo, y vuelvo
a besarlo hasta que gime. El sonido me saca de mis casillas y retrocedo. El deseo arde
tan intensamente en mis venas que me sorprende no haber explotado. Aprieto los puños
y lo miro fijamente, con los labios entreabiertos y en carne viva mientras me mira
boquiabierto antes de reírse amargamente.
—Al menos esta vez no me has pegado —murmura, limpiándose la boca con el
dorso de la mano—. Supongo que eso es algo.
Mierda, realmente soy un imbécil.
Aunque lo quiera, no merezco a Evan.
Podría vivir un millón de vidas y nunca merecer a un hombre como Evan Shaw, y
él lo sabe.
Aprieto la mandíbula, giro y salgo corriendo.
—¿Así que vuelves a ignorarme? —me dice, y me detengo—. Bien. He terminado,
Anders. He terminado con lo que sea esto. —Cuando irrumpe junto a mí, me golpea,
haciéndome caer a la izquierda, y cuando encuentro su mirada, sus ojos son fríos.
—No me llames, no me mandes mensajes, no aparezcas en la puerta de mi casa
con excusas, no me persigas y no me impidas salir con gente. No soy tuyo y nunca lo
seré. Lo has dejado muy claro y he terminado. Me cansé de perseguirte. Me cansé de
que me uses y me dejes de lado cuando te conviene. No soy tu puto juguete para
descubrir tus sentimientos y utilizarlos para disiparlos. Se acabó. —Se da la vuelta y se
aleja, y es mi turno de mirarlo fijamente.
Siento que acabo de perder algo jodidamente importante para mí, como si acabara
de perder a mi novio, pero ¿cómo puede acabar cuando ni siquiera empezó?
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DIECISÉIS
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Quiero sentir dolor cuando mis pies y mis puños golpeen la bolsa, abriendo mis
heridas. Ese dolor agudo solo me impulsa más.
Me pierdo en el ardor de mis músculos, empujándome cada vez más fuerte y más
rápido, la bolsa oscilando tan salvajemente que al final tengo que parar. Me apoyo en las
rodillas, respiro con dificultad, el sudor me resbala por el cuerpo, y sonrío amargamente
cuando me doy cuenta de que no ha funcionado.
Mis pensamientos vuelven instantáneamente a él.
¿Está bien? ¿Sigue enojado?
¡Mierda! Golpeo la pierna contra la bolsa antes de desplomarme en el suelo, con
el brazo en la cara, intentando bloquearlo todo, pero lo único que consigo es sumirme en
la oscuridad, y en esa oscuridad aparece un sol brillante antes de que la imagen se
contorsione en su rostro furioso. La polla se me endurece incómodamente en los
pantalones, mientras me duele el corazón.
¿Qué estoy haciendo?
Estoy tan jodidamente confundido. No dejaría que nadie me hablara así, pero
tampoco me esforzaría tanto por meterme en la vida de alguien como estoy haciendo con
Evan. Suelto la mano y me llevo los dedos a los labios, recordando lo que sintió cuando
lo besé.
Era suave pero duro, y su cuerpo no era como el de una chica cuando se apretaba
contra el mío. Era todo músculo duro, pero no lo odiaba ni la forma en que su polla se
frotaba contra la mía mientras nos corríamos juntos. Mierda, no, no lo odiaba. Puede que
incluso me gustara.
¿Por qué sigue ocurriendo esto?
¿Por qué no puedo alejarme de Evan Shaw? Él no es bueno, no para mí al menos.
Es todo lo que odio y todo lo que no necesito. Tengo que centrarme en mi futuro y en
cuidar de Alice, no en dar golpizas, negarme a dormir o a comer porque él es lo único en
lo que puedo pensar.
¿Por qué no puedo detenerme?
¿Por qué ese idiota sonriente tiene tanto poder sobre mí?
¿Por qué no puedo ser normal?
No quiero pensar en Evan. No quiero desearlo. No quiero preguntarme cómo se
sentiría su piel contra la mía ni imaginar sus ojos parpadeando mientras lo aprieto. No
quiero querer a un chico.
Sólo deseo que mi cuerpo escuche, y mi corazón también. ¿No puede recordar lo
que pasó antes?
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¿Por qué me hace esto, y por qué ahora?
Sé que estoy hecha un lío por dentro, que soy un auténtico loco, pero estoy
cayendo en una espiral. Mi pasado se mezcla con mis problemas actuales, dejándome
crudo y furioso. No me importaría que me gustara Evan si fuera una chica, y eso me está
jodiendo. Lo peor es que sé que también lo está jodiendo a él. No quiero eso. A pesar de
toda mi ira hacia él al principio, Evan es un buen chico. También sabe lo que le gusta y lo
que quiere. No se le debe hacer sentir que está mal sólo porque yo no puedo entenderlo.
Debería dejarlo ir, pero no puedo.
Agarro el celular y me quedo mirándolo un momento antes de tomar una decisión.
Recorro las opciones antes de pulsar Desbloquear.
Me llega una retahíla de mensajes de los últimos días y sonrío al leerlos, pero el
último me hace incorporarme.
Es de esta noche, antes de que nos viéramos.
Niño Rico: Bien, Alek. Entiendo el mensaje. He terminado. Esta noche, me voy a olvidar
de ti, así que no te preocupes más. Te dejaré en paz.
Alek: No lo hagas.
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DIECISIETE
Una palabra, eso es todo lo que tengo. Ninguna disculpa, nada. Sólo No lo hagas.
No puedo evitar releer el texto por millonésima vez. ¿Qué querrá decir? ¿Que no
me rinda? ¿Que no deje de perseguirlo? Joder, ¿no podría habérmelo explicado? No.
Tengo que admitir que cuando mi celular sonó anoche mientras estaba acostado
en la cama y apareció la notificación de entrega, seguida de los recibos de lectura que
mostraban que había leído todos mis mensajes, sentí una enfermiza sensación de
satisfacción.
Me desbloqueó y me tendió la mano primero.
Lo sepa Alek Anders o no, no quiere dejarme marchar, lo que sólo hace que me
sienta más confuso y enojado.
Dejo caer el celular sobre el mostrador de la biblioteca sin responder y entierro la
cabeza entre las manos. Llevo todo el día distraído, lo que no me augura nada bueno.
Tengo tareas pendientes que suponen un buen porcentaje de mi nota. Necesito
concentrarme en mi trabajo, en mis amigos, en las cosas que me hacen feliz...
Sólo puedo pensar en Alek Anders y en la oleada de emociones que provoca en
mí. Son las ocho de la noche y llevo cuatro horas con la misma pregunta. Me doy por
vencido y empiezo a recoger cuando mi celular vuelve a sonar.
Me avergüenzo de lo rápido que lo agarro, con la esperanza floreciendo en mi
pecho, sólo para desinflarme cuando me doy cuenta de que no es él.
¿Eh? Levanto la vista y miro a mi alrededor antes de volver a mirar el celular justo
cuando llega otro mensaje.
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Desconocido: No te habrás olvidado de nosotros, ¿verdad, novato? Eres uno de los
nuestros. Es hora de tu primera reunión.
Termino de recoger mis cosas y salgo a esperar, ya que no tiene sentido perder
el tiempo. La biblioteca es enorme, así que tardo un poco en atravesar el viejo edificio.
Una vez en la entrada, bien iluminada, me meto las manos en los bolsillos y miro a mi
alrededor. Hay estudiantes arremolinados y los observo un momento antes de salirme
del camino, pisar la hierba y rodear el edificio. Hay una verja al lado, pero no está cerrada
a pesar del cartel que dice —Prohibido el paso. —El chirrido de las bisagras se oye con
fuerza, lejos del bullicio del lugar, y la cierro tras de mí, casi dando un respingo cuando
la cerradura encaja en su sitio.
Vale, no es espeluznante en absoluto.
Me encojo de hombros y sigo adelante. Mis zapatillas se hunden en la hierba
ligeramente húmeda mientras rodeo el edificio por la parte de atrás, donde no llegan las
luces del campus . Hay poca luz aquí detrás, casi demasiado oscuro para ver hasta que
mis ojos se adaptan.
Los arbustos y las flores continúan contra el edificio, y los sigo hasta llegar a la
parte trasera del mismo. Observo la zona. No hay mucho, sólo algunos árboles y hierba
que se extienden hasta los otros edificios del otro lado. También hay un centro de
recogida de basuras a la derecha contra una valla metálica, pero el resto está demasiado
oscuro para verlo, así que, sin nada más que hacer, espero.
Me pongo nervioso mientras miro la hora en el celular. Son casi las nueve y
empiezo a preocuparme. Miro a mi alrededor una vez, busco señales de alguien, una
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sensación espeluznante construyéndose dentro de mí. ¿Y si no son ellos? ¿Y si es una
trampa o algo así?
Me muerdo el labio inferior y me digo que si no hay nadie dentro de diez minutos,
me iré y haré como si no hubiera venido.
Pasan cinco minutos y recojo mi bolso, dispuesto a marcharme. —Sabía que era
una trampa —murmuro.
—¿Por qué íbamos a tenderte una trampa? —me dice una voz, y levanto la cabeza
cuando Liam aparece de la nada—. ¿Evan? —pregunta con el ceño fruncido.
Me encojo de hombros a medias, desinflado. Supongo que se puede sacar al chico
de la pequeña ciudad, pero no la pequeña ciudad del chico. ¿Cuántas veces he accedido
a salir con alguien sólo para que fuera una trampa? Tengo que recordarme a mí mismo
que este no es el mismo lugar, y que ellos no son esos imbéciles de mente pequeña.
Soy uno de ellos. Soy parte de algo.
Todo eso de la capa y espada es divertido cuando no te preocupa que te maten.
—¿Así que sólo somos nosotros? —Finalmente respondo.
Riéndose, me pasa el brazo por los hombros y me guía por la hierba. —No, los
demás ya están aquí. Siento llegar tarde. Estaba en el entrenamiento y el entrenador nos
hizo correr.
—No te preocupes. —Dejo que me lleve aún más lejos—. Um, ¿a dónde vamos?
—Ya verás —es todo lo que dice mientras me sonríe, demasiado contento de que
nos aventuremos en la oscuridad, pero bueno. Si muero esta noche, al menos será una
buena historia.
Quiero decir, «ya verás» es definitivamente lo que un asesino en serie rarito dice
justo antes de meterte en su calabozo con loción para hacerte un abrigo de piel. Tengo
una piel muy bonita, pero aun así, sería un prisionero muy mala. Soy demasiado
necesitado, pero apuesto a que podría echarme unas buenas siestas. Además, me gustan
las banderas rojas, ¿y un tipo que se esfuerza tanto por llamar tu atención?
Estoy a punto de contarle todo esto cuando rodeamos unos árboles y nos
detenemos, dejándome con la boca abierta.
Aquí hay una pequeña estructura de mármol, estatuas de pinos que enmarcan una
puerta de madera con una enorme cerradura. Está bien escondida, tan bien que si no
supieras dónde está, probablemente nunca la encontrarías. Hay una valla a la derecha
que casi la bloquea, y los árboles la cubren por completo de la vista del campus. Parece
otro mundo. El edificio de mármol gris parece algo del pasado, y la placa sobre la puerta
está en un idioma extranjero.
Intra ea cum secretis ut.
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—¿Qué significa? —pregunto en voz baja, señalando la placa con la cabeza.
—Ni puta idea. Me lo dijeron, pero soy una mierda en latín. Pregúntale a los otros,
ellos lo recordarán. No sé por qué no pudieron escribirlo en inglés, los malditos
dramáticos. —Se ríe mientras se acerca y saca una llave de su bolsillo. Es de latón antiguo
y entra en la cerradura. Suelta la cadena y empuja la puerta antes de girar para sonreírme,
y me ofrece la llave.
Me quedo boquiabierta mientras giro la cabeza desde la puerta secreta hacia un
Liam sonriente. —No pensaste que te dejaríamos en la oscuridad, ¿verdad? Ahora eres
uno de los nuestros, y eso significa conocer el secreto y tener la llave de la puerta. Esto
es más que un club o un hobby, Evan. Esto es una asociación. Es una familia. Un lugar al
que ir cuando no tienes a nadie más, y ahora es tuyo. —Me empuja hacia la puerta abierta
y tropiezo dentro.
Es una habitación pequeña, lo cual es decepcionante, y hay bustos colocados por
las paredes en pequeñas estanterías. El suelo es de cemento irregular y hay una mesa
de madera en el fondo de la habitación de mármol con velas esparcidas por ella. Liam
pasa a mi lado y la puerta se cierra detrás de nosotros con un golpe que me hace dar un
respingo. Sin embargo, él no se inmuta, y en la mesa, mete la mano lateralmente,
presionando uno de los bustos que gira, y entonces se oye un ruido de manivela.
La mesa se levanta, revelando un pasadizo oscuro. Silba mientras agarra una vela,
la enciende y se inclina, golpeando algo. La luz resplandece en el interior cuando apaga
la vela y la vuelve a poner en su sitio, y puedo ver unas escaleras de piedra que bajan.
—Después de ti, novato. —Sonríe, esperando.
Vale, ya sé lo que he dicho de que me queda mal el traje de piel y todo eso, y de
verdad que no pensaba ser uno de esos rubios tontos de película de terror, pero es que
soy demasiado curioso, joder. Además, tengo el pelo teñido, no es natural, así que no
cuenta, ¿no?
Me dirijo hacia él y me detengo al final de la escalera. —Si decides despellejarme
y utilizarlo para un traje de piel, por favor, por el amor de Dios, al menos hazlo de forma
elegante —le digo mientras entro, y su risa me persigue mientras desciendo los
empinados escalones de piedra. Al fondo, encuentro un túnel ovalado que se pierde en
la lejanía, con luces zumbonas y antiguas que cuelgan de cuerdas hasta el fondo. No hay
nada más.
Oigo cómo se cierra la puerta por encima de nosotros y luego vuelve a estar a mi
lado. Es lo bastante ancha para que caminemos por ahí sin rozarnos, pero no mucho más.
—Estos túneles se construyeron cuando se fundó la universidad. Estuvieron
olvidados durante un tiempo, antes de que comenzara nuestra sociedad, y desde
entonces los utilizamos para reunirnos y desplazarnos. Nadie más sabe que están aquí,
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ni siquiera el personal. La gente da por sentado que está cerrado y que no pueden entrar
—me ofrece cuando guardo silencio—. Es útil para nosotros. Podemos llegar a nuestro
escondite sin que nos interroguen ni nos vean. Esta noche recibirás la llave y podrás venir
cuando quieras, no sólo cuando nos reunamos. Lo que es nuestro es tuyo ahora: nuestros
conocimientos, nuestras casas, nuestras familias, nuestros nombres y nuestro poder.
—¿Con qué frecuencia nos vemos? —pregunto, aunque probablemente es algo
que debería haber preguntado antes—. ¿Y tengo que hacer algo?
Sacude la cabeza. —Nos reunimos todos los meses, más si queremos o si hay
algún problema. A final de año también hacemos una gran fiesta. No, en realidad no tienes
que hacer nada. Sólo guardar el secreto y ser uno de los nuestros. Si un miembro te pide
ayuda, lo ayudas como sea, y ya está.
—¿Y si es para mover un cuerpo? Seré sincero, no me iría bien en la cárcel. Soy
demasiado lindo. —Eso lo hace reír de nuevo mientras el túnel se curva.
—No te preocupes, sólo hemos trasladado unos pocos cadáveres a lo largo de los
años, y nunca nos han descubierto. —Me guiña un ojo, pero no tengo ni idea de si está
bromeando o no, pero entonces llegamos a otra puerta.
Esta es de metal, y tiene una ventana corrediza en la parte superior. No tiene
cerradura, ni manija.
Liam golpea el metal con el puño en una serie de golpes: genial, un código secreto.
Voy a tener que escribir todo esto. El sonido resuena y, cuando termina, la puerta se abre.
Es tan dramático, pero me encanta.
—Después de ti, novato.
Entro y me encuentro donde estaba la última vez. Pero ahora las luces están
encendidas y no hay secuestro. Los miembros están repartidos, bebiendo y charlando,
así que parece una fiesta.
—Ah, por fin estás aquí —dice Bones desde su sitio en un sofá.
Asiento y me dirijo hacia allí, sentándome en uno de los sillones mientras Liam
agarra dos cervezas y me da una mientras se reclina en otro sofá.
—Vale, vale, hora de la reunión. —Autumn aplaude—. Discutamos los asuntos que
necesitemos, luego podemos emborracharnos y follar.
—¿Qué pasa? Oh Dios, no es votar para cambiar el color del escudo otra vez,
¿verdad? —murmura Liam molesto.
—No, nos decidimos por el oro. —Resopla mientras mira a su alrededor—.
Estábamos pensando en incorporar a otro miembro el mes que viene. Creemos que sería
bueno para aumentar nuestro número, pero tenemos que votar. Levanten la mano si
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están de acuerdo. —Algunos levantan la mano, y yo me limito a dar un sorbo a mi cerveza
mientras ella se gira hacia mí—. ¿Evan?
—Oh, um, no sabía que podía votar. —Levanto lentamente la mano.
—Eres uno de los nuestros —me recuerda con una sonrisa—. Vale, estamos de
acuerdo en incorporar a alguien. Empiecen a buscar e informarme de los nombres más
prometedores cuando los tengan. Podemos estudiar los que creamos que podrían
encajar. Siguiente asunto. —Alguien gime, y sus ojos se entrecierran—. Tee —lo mira—
, busca unas prácticas este semestre y necesita nuestra ayuda. ¿Qué tenemos?
—Mi padre tiene un bufete de abogados —dice Bones—. Puedo ocuparme de eso
si necesitas experiencia allí.
Suspira. —Lo necesito más en las grandes empresas.
—Mi tío es el director general de una gran empresa comercial. Le pediré un favor
y te conseguiré uno —responde Ollie.
—Impresionante, así que ya está solucionado. ¿Algo más? —llama—. ¿Alguien
tiene alguna preocupación o necesita ayuda con algo? —Su mirada se posa en mí—.
Evan, hemos oído que has tenido problemas con un tipo... Anders, ¿no?
Mis ojos se abren de par en par. Mierda, ¿cómo lo saben? ¿Hasta qué punto
prestan atención a nuestras vidas? —Uh, nada que no pueda manejar.
—¿Está seguro? Podríamos ocuparnos por ti. No lo he investigado, pero
podríamos quitarle el trabajo.
—Que lo echen de su apartamento —sugiere alguien.
—Que lo expulsen si es estudiante —añade otro.
—Oh, um, no, no, está bien. Somos... amigos. Sólo hemos tenido una pelea —
ofrezco protectoramente. No quiero que toquen a Alek. El hecho de que hablen tan
fácilmente de destruirle la vida me enoja. Sé que es para ayudarme, pero él ha trabajado
muy duro para llegar a donde está y ellos hablan de arruinarlo todo.
—Vale, avísanos si necesitas ayuda. Para eso estamos aquí.
Asiento, hundiéndome en mi asiento. Sólo intentan ser amables. No es culpa suya
que no sepan nada de él y de mí... lo que demonios haya que saber. Tendré que tener
cuidado y asegurarme de que no vayan por él.
—Muy bien, ahora que la mierda está fuera del camino, ¡vamos a emborracharnos
y jugar a algunos juegos! —Suena la música y se levantan de un salto. Algunos se dirigen
a la mesa de billar, y otros se apresuran hacia las bebidas, riendo y bromeando mientras
me siento allí.
¿En qué demonios me he metido?
94
Sinceramente, es divertido. Nadie me trata de forma extraña y todos me aceptan.
Bebemos y jugamos, y empiezo a relajarme. Parece más un club que una sociedad, pero
entonces recuerdo su anterior oferta. Podrían manipular fácilmente la vida de la gente
para conseguir lo que quieren. Son peligrosos, eso está claro, pero parece que una vez
que estás dentro, estás dentro. Yo soy uno de ellos sin más.
Desplomado en el sofá, doy un sorbo a mi bebida mientras los veo bailar y reír a
carcajadas. Ni siquiera es algo malo. Es agradable tener un lugar al que ir y una familia
que me acepta. ¿No es eso lo que siempre he querido?
Bones se desploma a mi lado, con la cara sonrojada y una amplia sonrisa por una
vez. —Entonces, ¿estás disfrutando de ser uno de nosotros, bastardos de élite?
Al oírlo, enarco las cejas. Nunca sé cómo tomármelo. Dicen que es un imbécil
brutal, pero parece bastante amable con los que le caen bien. —Es diferente. No es lo
que esperaba.
—¿Pensabas que llevábamos capa y queríamos conquistar el mundo? —Sonríe,
tomando un sorbo—. Eso es cada dos meses.
No puedo evitar reírme y él se inclina hacia mí. —Puedes estar tranquilo, Shaw. Lo
sabemos todo sobre ti. No hay nada que nos pueda echar para atrás. —Mis ojos se abren
de par en par y él asiente—. Mi trabajo consiste en averiguar todos los secretos oscuros
y sucios de los que podríamos añadir... el tuyo incluido. Lo sabemos todo.
—Me parece injusto —digo entre enfadado y preocupado.
—Cierto, pero nosotros guardamos carpetas, y tú es bienvenido a leer las nuestras
también. Lo justo es justo. Pensé que deberías saberlo. Eres uno de los nuestros. No
paran de decirlo, pero es verdad. Te aceptamos por todo lo que eres y has sido, así que
deja de preocuparte. No necesitas fingir.
Ni siquiera sabía que lo hacía, pero de algún modo, este tipo lo sabía.
—Ah, y con lo de Anders... lo decimos en serio. Podemos ayudar, pero no te
preocupes. No lo haremos si no quieres. —Sonríe socarronamente—. Me encantaría
bajarle los humos.
—Puedo encargarme de él.
Sonríe y aprieta su cerveza contra la mía. —Por manejar idiotas.
Brindo por él y bebo un trago. —¿Por eso quieres ser abogado? —le pregunto.
95
—En parte. —Se encoge de hombros—. Me gusta el control y el poder, además
significa que sé cómo salirme con la mía y puedo proteger a la gente que quiero. —Se
levanta—. Puedes irte cuando quieras. Pareces cansado. Te hemos añadido al chat del
grupo, así que envíanos un mensaje si necesitas algo. —Se aleja y miro a mi alrededor
para ver que algunas personas ya se han marchado.
Quiero quedarme, pero tiene razón. Estoy cansado. Me bebo la cerveza, me
despido y salgo solo. La llave de latón arde en mi bolsillo y sus palabras resuenan en mi
cabeza.
¿Qué quería decir con salirse con la suya?
Una vez fuera del edificio de mármol, vuelvo a pasear por la hierba, intentando
recordar mi camino. Finalmente, llego a la parte iluminada del campus. Es tarde o
temprano, según se mire, pero todavía hay gente. Podría tomar un taxi, pero decido volver
a casa caminando. El aire fresco es agradable y el alcohol sigue zumbando en mis venas,
pero a mitad de camino siento que me miran.
Acelero mis pasos, sintiéndome acechado o perseguido.
Es incómodo, y cuando vuelvo a mi habitación, cierro la puerta con el ceño
fruncido.
¿Quizás fue sólo mi imaginación?
Joder, eso espero.
96
DIECIOCHO
97
Me lo merecería. Se le cae el bolso del hombro y lo oigo maldecir cuando se detiene a
recogerlo. Se la echa al hombro, se sonroja y gira la cabeza como si me sintiera. Sus ojos
se cruzan con los míos y, por un momento, me mira fijamente antes de darse la vuelta y
correr hacia su edificio, ignorándome.
Admito que me quedo aquí sentado demasiado tiempo, diciéndome a mí mismo
que no puedo entrar a su universidad, sacarlo a rastras y exigirle que hable conmigo. En
lugar de eso, me voy a trabajar. Es lo único que parezco hacer además de acechar a Evan
Shaw.
98
—¿Cómo? —Ella ladea la cabeza.
—Es... varonil.
—Bueno, tú y tu malhumor varonil -lo siento, quiero decir melancolía- tienen que
irse a la mierda y arreglar esto o voy a matarte. —Me palmea el pecho—. Buena charla,
por cierto. Ahora está en el trabajo. —Empieza a alejarse.
—No necesito saber eso. Ni siquiera me gusta Evan...
Me saluda con la mano, interrumpiendo mi negación. —¡Arréglalo, ahora!
Joder.
Regreso la vista al garaje y luego a su figura en retirada. ¿Está en el trabajo?
Supongo que allí no puede evitarme. Podemos solucionar esto de una vez por todas
porque Alice tiene razón. Si esto sigue así, acabaré matando a alguien o me detendrán
por acoso.
99
Agarro el menú y señalo al azar. —Por eso, suena bien.
Su ceja se arquea mientras lo mira. —¿El postre de la princesa?
Hijo de puta.
O admito que he venido a verlo o digo que quiero el postre. Él espera mientras me
debato entre cuál es el mal menor, su sonrisa burlona crece a medida que pasa el tiempo,
y sé que no puedo echarme atrás. —Sí, el postre princesa. ¿Hay algún problema?
—No hay ningún problema. —Sonríe con picardía—. Enseguida, princesa.
Se aleja y sé que la he cagado. Pero no sé cómo. Diez minutos más tarde, me doy
cuenta de por qué.
Sale con un plato que requiere las dos manos y lo pone ante mí con una sonrisa,
y yo me quedo boquiabierto. Hay flores por todas partes, purpurina rosa en todo y una
corona en el lateral del plato.
Agarra la corona rosa y plateada y me la pone en la cabeza. —Qué princesa más
linda —me dice—. ¿Quieres que te haga una foto como a todos los demás? —Antes de
que pueda detenerlo, saca su celular y me saca una. Postre rosa, corona y mejillas
encendidas.
Me levanto de la mesa, apretando los puños. Él no retrocede. —¿Algún problema,
princesa?
Rechino los dientes, me quito la corona y la dejo caer sobre la mesa, decidiendo
que no puedo pasar más vergüenza, así que, ¿qué demonios? —¿Por qué me ignoras?
Sus mejillas se calientan mientras mira a su alrededor. —Estoy en el trabajo.
—Me he dado cuenta, pero no me hablas de otra manera. ¿Por qué me ignoras?
—refunfuño.
—¿Por qué te importa? —replica.
—Solo lo hace —admito—. No me has contestado.
—¿A tu respuesta de una sola palabra? ¿O al hecho de que me besaras otra vez
y luego intentaras ignorarme? —Mis mejillas están tan calientes que queman—.
Sinceramente, Anders, ¿qué hay que decir? Es mejor que nos mantengamos alejados el
uno del otro. Somos como un volcán y un tornado. No vamos juntos. Querías que te dejara
en paz, así que lo hago. —Va a alejarse, pero le agarro del brazo y se lo impido.
—No quiero eso. —Fuerzo las palabras, sabiendo que si no lo hago, lo perderé
para siempre, y si de algo me he dado cuenta esta semana, aunque no quiera, es de que
quiero a Evan Shaw en mi vida.
—No sabes lo que quieres —dice mirándome—, y no tengo tiempo para esperar
a que lo descubras, no cuando viene con el peso de tu ira. No puedo hacer eso, Anders.
100
Le suelto el brazo, me siento y pienso. No sé cómo arreglar esto. No se me dan
bien las palabras y está claro que algo se ha roto entre nosotros. La culpa es mía.
Mis ojos se posan en el postre. —Lo siento —digo.
Está callado y, cuando lo miro, parece sorprendido.
Asiento. —Lo hago.
Me mira fijamente antes de asentir lentamente, y mis ojos vuelven a posarse en el
postre.
—Me lo llevaré —murmura, agarrándolo, pero yo agarró un tenedor.
—Me lo comeré. Se ve bien. —Sin importarme las risitas ni las miradas, devoro
cada bocado excesivamente dulce y rosa floreado del postre sólo para verlo sonreír.
Merece la pena.
Puede que las cosas no estén arregladas entre nosotros, pero esa sonrisa me dice
que no estamos rotos sin remedio.
Puedo vivir con ello, aunque nunca podré volver a ver el color rosa.
101
DIECINUEVE
102
Me giro y veo a Terrie que se dirige hacia mí, sonriendo. La saludo con la mano,
feliz de que haya aceptado participar. Sé que muchos estudiantes la querían. Es linda y
muy amable, y accedió a ayudarme si la ayudaba en su clase de estudios de la figura.
Dijo que le gustaba cómo era mi cuerpo, así que es un buen trato.
—Hola, Terrie. —La abrazo—. Gracias. No tardaré mucho. Sé que también tienes
la grabación más tarde.
—Nunca demasiado ocupada para ti, Evvie. —Ella sonríe—. Vamos a hacer esto.
—Vamos.
A pesar de los nervios, lo doy todo.
Esto es lo que quiero, este es mi futuro, y nunca soy más feliz que cuando hago
fotografías. Hoy no es diferente.
Pasamos dos horas fotografiando, y Terrie se fue corriendo después, pero creo
que conseguí todo lo que necesitaba. Las fotos van a ser increíbles, lo sé. Fue muy
natural, me dejó dirigirla como quería sin quejarse, y la cámara la adoraba.
Después de regresar mi equipo, doy las gracias a Lally y Tommy invitándolos a
comer antes de volver al campus. Técnicamente, tengo un mes para entregar las fotos,
pero estoy impaciente por verlas y editarlas, así que me dirijo al laboratorio fotográfico.
Hay algunos otros estudiantes utilizando los computadores, todos con auriculares, así que
elijo uno al fondo y conecto mi disco duro.
Cuando se cargan, podría llorar. Son tan bonitas y exactamente como las imaginé.
A veces, es difícil trasladar mis ideas a la realidad, pero estas son exactamente como
quería que fueran, y me siento tan orgulloso mientras las preparo para la edición. Puedo
hacerlo. Para eso estoy aquí: para ser fotógrafo. Olvídate de todo lo demás.
Paso la siguiente hora seleccionando las fotos que considero mejores y listas para
editar. Estoy tan perdido en mi tarea que ni siquiera oigo a alguien a mi lado hasta que
da un golpecito en el escritorio, haciéndome dar un respingo. Levanto la cabeza.
—Evan. —El profesor sonríe cuando me ve sentado en el laboratorio fotográfico,
mirando las fotos sin editar en la pantalla—. Hoy has hecho tu sesión. ¿Cómo ha ido? —
Se sienta en una silla rodante y me reclino hacia atrás, con los ojos doloridos.
—Bien. Aún no se han editado, pero creo que son lo que quería.
103
—¿Puedo ver? —Levanta una ceja y asiento. El profesor se acerca y hojea los
archivos en bruto, sin editar, y mi corazón se acelera ante su silencio. El nerviosismo me
invade a la vez que la excitación.
Los minutos pasan y me preocupo cuando por fin se sienta y me observa un
momento.
—Las composiciones son preciosas. El color, la iluminación, incluso la modelo. . .
Todo es perfecto. —Sonríe, y me estremezco de alivio, pero la sonrisa desaparece—.
Pero le falta corazón, propósito, una historia. Le falta emoción. Capturamos imágenes
para transmitir algo. Todo lo que éstas me muestran es perfección. No tiene pasión.
¿Entiendes? No sólo quiero ver tus habilidades técnicas. Quiero verte a ti y a quién eres.
Averigua qué quieres fotografiar. Recuerda qué te inspiró para dedicarte a la fotografía.
¿Fue algo que viste y no pudiste resistirte a capturar? Averigua qué te apasiona, Evan.
Estas fotos están bien, pero no te van a llevar adonde tienes que ir, y sé que puedes
hacerlo mejor. —Me lo dice amablemente, y la crítica pretende ayudarme, pero me
derrumbo.
Pero me contengo y asiento cuando se levanta y me aprieta el hombro. —No te lo
tomes tan a pecho. Aún tienes mucho tiempo. Puedo enseñar habilidades, pero no
corazón, así que encuentra el tuyo.
Joder.
Me desplomo, derrotado, y miro fijamente las fotos. Tiene razón.
Estaba tan preocupado por que fueran bonitas que olvidé la primera regla: por qué
las tomo.
Elegí a Terrie porque era preciosa, y elegí el parque porque era perfecto. Tiene
razón. No voy a decirle nada a ellos. No sólo desperdicié su tiempo, sino también todo
este día. Empacando derrotado, deambulo por el campus, sintiéndome abatido.
No sé qué voy a fotografiar ahora. Estaba tan seguro. ¿Y si no estoy hecho para
esto? ¿Y si no soy lo suficientemente bueno para ser fotógrafo? ¿Y si no tengo ideas
originales ni pasión por ello? ¿Y si todo este tiempo he estado persiguiendo este sueño,
pero no soy lo suficientemente bueno para ello?
Ese pensamiento me deprime más. Hay muchos fotógrafos con talento, pero para
tener éxito no basta con dominar la cámara. Se trata de entender lo que estás
fotografiando y al público que lo ve. Es lo que he querido ser durante mucho tiempo y no
me imagino haciendo otra cosa.
Sé que estoy pensando demasiado, pero ¿cómo no?
Pienso en todo lo que ha dicho mi profesor mientras camino. ¿Tiene razón? ¿No
tengo nada que decir?
104
¿Qué me apasiona?
Hacer fotos, eso es todo lo que sé. Nunca he considerado realmente que mi
objeto/modelo sea mi pasión. Son sólo un instrumento que necesito utilizar. Nunca me he
sentido vinculado a ellos ni me han emocionado, y quizá ese sea el problema. Quizá
necesite encontrar algo que encienda mis emociones.
Sólo me viene una cosa a la cabeza: Alek Anders. Bueno o malo, me siento cuando
estoy con él. Me siento más fuerte de lo que nunca me he sentido, como si él me hubiera
enseñado lo que son las verdaderas emociones.
La rabia, el deseo, la felicidad, la culpa y la necesidad se magnifican con él.
Como si mis pensamientos conjuraran al imbécil, lo veo ante mí.
No sé cómo ni por qué acabé en el parque una vez más, sólo que mis pies me
trajeron aquí. Demonios, aún puedo ver dónde estuvimos fotografiando antes. Ya es más
tarde, pero ahí está sentado, solo en un banco, con un bocadillo en una mano y un libro
en la otra. Sus ojos están fijos en él, con el ceño ligeramente fruncido. Se me acelera el
corazón. Es como si cobrara vida cuando le veo.
Cada discusión, pelea, beso y momento robado me alimenta.
Antes de darme cuenta de lo que he hecho, levanto la cámara y hago una foto. Es
en blanco y negro porque los ajustes son una mierda, pero al mirarla me doy cuenta de
que podría ser la primera foto real que he hecho en mi vida. Es cruda y arenosa, pero
tiene emoción.
Hay anhelo, necesidad, odio y deseo.
Capta lo que se siente al mirar desde fuera, sin encajar nunca ni conseguir lo que
uno quiere.
Esta es la pasión de la que hablaba mi profesor. Podría entregar esas otras
imágenes, pero palidecerían en comparación con esta foto tomada rápidamente. Están
vacías. Bonitas, pero vacías.
Me dijo que encontrara mi pasión, y lo hice, resulta que es Alek Anders, y eso es
bueno y malo a la vez. Mi vida parece tan entrelazada con la suya, como si los hilos del
destino nos volvieran a unir.
Lo que tenemos juntos es sólo eso: pasión. Es jodido, pero es algo que merece la
pena explorar, aunque a la larga duela. Puede que no sea la versión de todo el mundo,
pero es la mía, y quizá explorando lo que me hace sentir, empiece a entender y a ser
mejor fotógrafo.
Decido arriesgarme una vez más con él.
105
Me digo que es la última vez. No volveré después de esto si me echa otra vez. No
más frío y calor. Esto es todo.
Respirando hondo, me siento en silencio a su lado. Sé que en el momento en que
se da cuenta de mí, su inhalación fuerte, pero yo sólo miro fijamente a mi cámara.
—¿Evan?
Ni niño rico, ni un insulto.
Sólo mi nombre con una pizca de esperanza en él.
Sé que no importa a dónde vaya esto, valdrá la pena.
Vale la pena todo el dolor que puede causar.
106
VEINTE
Levanta la cabeza y sus ojos chocan con los míos. Parece perdido, y odio la mirada
abatida de su hermoso rostro. Odio la forma en que se queda mirando, como si no
estuviera seguro de si debería estar aquí.
Sigo recordándome a mí mismo todas las razones por las que debería evitar a Evan
Shaw, pero una mirada a su cara ahora mismo y sé todas las razones por las que debería
quedarme.
Me necesita, y soy un bastardo porque me quedo. Dejo que me necesite. Dejo que
nos una aunque no debería. Esto no va a terminar bien, pero de nuevo, todos los finales
son complicados, no importa lo que la gente se diga a sí misma. No existe tal cosa como
un buen final. Es sólo un final -desordenado, doloroso y aislante-, pero eso no significa
que no merezca la pena correr el riesgo.
—¿Evan? —repito, y él parpadea. Cuando sus ojos brillantes vuelven a
encontrarse con los míos, arden, y eso me permite respirar mejor—. ¿Estás bien? —
pregunto mientras el viento silba entre los árboles.
Sus cejas se fruncen ligeramente, formando un adorable pliegue entre ellas. —Lo
estaré —es todo lo que dice, su voz suave y casi apenada.
Pero está aquí, a mi lado, a pesar de todo.
Miro mi bocadillo a medio comer y, sin mediar palabra, ya que tiendo a estropear
las cosas entre nosotros cuando hablo, le doy la otra mitad. Él lo agarra con un parpadeo,
mirándome a mí antes de darle un mordisco. Regreso la vista a mi libro y sigo comiendo,
en un silencio agradable que se extiende entre nosotros.
Cuando termino de comer y termino mi capítulo, cierro el libro y me reclino contra
el banco. Está jugueteando con su cámara, y observo sus largos dedos mientras se
mueven con pericia sobre ella. —¿Cómo van tus cursos?
107
Se sobresalta por la brusquedad de mi voz y gira la cabeza para mirarme. Siento
vergüenza en las mejillas. Estoy muy oxidado en esto, pero no parece importarle y una
pequeña sonrisa dibuja sus labios rosados.
—Me va bien. Me gustan mucho mis profesores y mis clases. Algunos son duros,
pero de los buenos, ¿sabes? Te empujan a pensar y a hacerlo mejor. Por otra parte, tenía
mucha confianza en este proyecto y mi profesor me dijo que me replanteara toda la
sesión de fotos. Estaba tan seguro de mí mismo. —Su sonrisa se desvanece mientras
mira el agua—. ¿Alguna vez te has sentido así? Como si tuvieras tanta razón, tan seguro
de tus acciones, pero luego resultan ser completamente erróneas, y te deja sintiéndote...
—Perdido —termino.
Asiente y me devuelve la mirada. —Así que, sí, dice que necesito encontrar mi
pasión, algo más que fotografiar, así que por eso estoy aquí, buscándolo.
—¿Lo encontraste? —pregunto. Si alguien puede, es Evan. No importa lo que
piense de él, está claro que no se rinde. Demonios, él persiguiéndome me lo dice.
—Creo que sí. —La sonrisa reservada me hace ladear la cabeza, y se queda
mirándome, con esa misma mirada que me volvía loco hace años pero que ahora me
pone incómodamente caliente.
Necesito llenar el silencio. Necesito que me entienda. —Lo siento por, bueno, todo
—ofrezco bruscamente—. Sé que ha sido una mierda. —Saco las palabras antes de que
pueda acobardarme y tragármelas—. Evan, no sé qué quieres de mí. Ni siquiera sé qué
ofrecerte. Ni siquiera me conozco a mí mismo. No puedo entender. Soy un puto desastre
por dentro. —Se ríe entre dientes, haciendo que mis labios se muevan. Respiro hondo y
lo miro fijamente a los ojos, diciéndome a mí mismo que debo tener al menos la mitad de
valor que él—. Pero... me gusta estar contigo. —Hago un gesto entre los dos—. Así.
Incluso cuando nos peleamos, me gusta. Sé que no es suficiente, pero es todo lo que
tengo por ahora. Es todo lo que puedo darte. —Cierro la boca de golpe mientras me mira
fijamente.
Saca la mano y me sobresalto, esperando una bofetada, pero sólo cubre la mía en
el muslo.
—Entonces es suficiente por ahora.
EVAN
108
—Yo decido lo que es suficiente o no. —Me encojo de hombros y él levanta la
cabeza, sus ojos oscuros se cruzan con los míos. No me cabe duda de que parecemos
polos opuestos. Él es todo oscuridad y yo todo sol, pero aquí, en este banco, podemos
ser lo que queramos, y quiero ser suyo—. Porque a mí también me gusta esto, y no siento
esto por nadie más —le digo sinceramente—. Me preguntaste si había encontrado mi
pasión, y lo he hecho. Eres tú. Nunca había sentido algo tan profundo. Así que, ¿qué tal
si hacemos una tregua entre nosotros? —Retiro la mano y me siento a esperar.
Alek es siempre tan difícil de leer, y ahora no es diferente mientras mira fijamente
su mano en el muslo, pensando a través de mis palabras. A pesar de toda su valentía y
fuerza, Alek tiene miedo de sentir.
Se acerca antes de detenerse. —¿Puedo tocarte?
Mi corazón deja de latir un instante antes de empezar a latir con fuerza en mi pecho
porque sé que el hecho de que Alek Anders se acerque a mí, de que me toque, significa
que lo está intentando. Está diciendo que esto también es suficiente, al menos por ahora.
Asiento con la cabeza, temiendo que si hablo lo asuste.
Es así de asustadizo.
Su gran mano cubre lentamente la mía y luego se levanta, y nuestras palmas se
encuentran, las yemas de mis dedos apenas llegan a la mitad de la suya. Las mías son
morenas y las suyas pálidas. Las suyas tienen cicatrices, mientras que las mías son
suaves, pero por un momento parecen encajar perfectamente. Sus ojos oscuros se
encuentran con los míos, y entonces, despacio, tan despacio que juraría que ni siquiera
respiro, se inclina hacia mí. Sus labios presionan el dorso de mi mano. Es solo un beso
suave y casto, pero juro que lo siento hasta en el alma.
Es como si acabara de reclamar mi corazón.
Mordiendo mi labio inferior, veo sus labios inclinarse en una sonrisa, y entonces
se acerca, presionando su pulgar en mi boca, donde mis dientes mantienen mi labio
prisionero. —No hagas eso, sólo me dan ganas de morderlo yo.
Mis ojos se abren de golpe cuando sonríe y se sienta como si no acabara de
coquetear conmigo.
Alek Anders acaba de coquetear conmigo, y te juro que mi corazón se pone
frenético.
Vuelvo a mirar hacia el agua, todavía con los ojos muy abiertos y confuso, mientras
él entrelaza nuestras manos y deja que choquen contra el banco, la suya en el fondo,
como para proteger la mía de la madera. Nos quedamos aquí sentados, tomados de la
mano y disfrutando del silencio.
Algo nuevo florece entre nosotros como la primavera.
109
Las voces acaban por separarnos, pero no me importa cuando retira la mano
porque sé que se entregó a sí mismo parte de mí, y algún día estará listo para mostrárselo
al mundo... o al menos eso espero, porque esperanza es lo único que tenemos. Esto es
complicado y duro, y puede que a la larga duela, pero algo me dice que vale la pena, que
él lo vale. Si Alek Anders no está preparado para que el mundo conozca su sexualidad,
no pasa nada. Puedo ser su secreto hasta que esté listo.
No voy a ninguna parte.
Nuestros ojos se encuentran, y sé que dejaría que este hermoso hombre me
destrozara sólo por llamarlo mío.
110
VEINTIUNO
Al día siguiente es como un cuento de hadas. Estoy de tan buen humor a pesar de
la respuesta de mi profesor a mi proyecto. Me siento como flotando. Diablos, cuando
llegué la noche anterior, estaba pataleando y chillando como un puto colegial otra vez, lo
que hizo que Tommy me tirara una almohada a la cabeza.
Nos mandamos mensajes casi toda la noche y, a pesar de mi agotamiento, mereció
la pena.
Como si mis pensamientos lo hicieran realidad, mi celular vibra.
No puedo evitar sonreír, y aprieto los labios para ocultarlo mientras respondo.
111
coquetear Bien, princesa, nos vemos entonces.
Alek: *Imagen*
Me llega una foto en la que está recostado en el asiento del auto con las cejas
arqueadas. Veo el estacionamiento detrás de él y me entran mariposas. Ya está aquí,
esperándome. ¿Significa eso que ya estaba en el campus y me ha mandado un mensaje
esperando verme?
Joder. Ahora sí que no puedo concentrarme. De hecho, no oigo ni una palabra de
lo que se dice durante los siguientes treinta minutos y, cuando termina, me pongo en pie
a toda prisa.
—Evvie, quieres... —Tommy empieza.
—No puedo, estoy ocupado. Lo siento. Te quiero. Adiós. —Meto mis cosas en el
bolso y salgo por la puerta después de saludar en menos de un minuto.
Salgo tan rápido que jadeo y veo su auto esperando. Está apoyado en él, ignorando
por completo a las chicas que lo miran y, por un momento, me asombra lo atractivo que
está antes de que su ceja se arquee con impaciencia. Recorro la distancia rápidamente
y me abre la puerta. Me deslizo dentro, notando su mano por encima de mi cabeza para
no golpearla , y esas malditas mariposas empiezan de nuevo cuando la cierra y rodea el
capó, entrando y acelerando el motor.
112
—¿Alice? —le pregunto mientras me pasa el brazo por el respaldo del asiento y
me recorre el cuello con los dedos. Me mira antes de mirar atrás y dar marcha atrás, pero
incluso cuando ya estamos en la carretera, mantiene la mano ahí y, lentamente, sus largos
dedos se enroscan en mi nuca, sujetando posesivamente. El cálido abrazo me hace tragar
saliva—. ¿Alek? —Mi voz es áspera.
—Ella se queda hasta tarde. Tiene que entregar un trabajo, así que estamos solos
tú y yo. ¿Es eso un problema, niño rico?
—En absoluto —le contesto, inclinándome hacia él. Me mira un momento y su
agarre se tensa antes de centrarse en la carretera—. ¿Adónde vamos?
—Quiero enseñarte algo —es todo lo que dice. Me relajo en el asiento y miro por
la ventanilla, dejando que me lleve donde quiera.
Unos treinta minutos más tarde, atravesamos una zona céntrica. Las tiendas están
cerrando y las luces se apagan por la noche. Alek parece saber adónde va y cuando
giramos por una calle secundaria, se detiene ante la puerta de doble entrada de un
edificio negro de ladrillo de una sola planta.
—¿Eh? —pregunto, pero él pulsa un botón y la puerta del garaje se abre. Espera
a abrirla del todo y entra lentamente antes de apagar el motor y mirarme. Mientras nos
sumergimos en la oscuridad, oigo la manivela de la persiana bajando detrás de nosotros,
encerrándonos—. ¿Qué, piensas follarme o matarme aquí?
—Ya te gustaría. —Sonríe con satisfacción, pero su sonrisa desaparece
rápidamente y sus ojos bajan hasta mis labios. Se acerca, pero de repente se encienden
unas luces brillantes y nos separamos de un salto.
Riendo, salgo del auto y miro a mi alrededor, parpadeando sorprendido.
—¿Qué es este sitio? —pregunto mientras se apoya en su auto, observándome.
Es lo bastante grande para dos autos, el suyo de siempre y uno brillante y bajo que está
a nuestro lado. Hay una zona de asientos en la parte trasera con televisión, radio, sofás
de cuero y nevera. Una escalera de madera conduce a un pequeño ático, que no puedo
ver desde aquí, y hay una puerta corredera en la parte trasera que está parcialmente
abierta para mostrarme un baño.
—Éste es mi taller. Cuando no estoy trabajando en el garaje, estoy aquí, trabajando
en mis autos —admite—. Vamos. —Se gira para mantenerme a la vista mientras
deambulo—. Nunca he traído a nadie aquí antes, ni siquiera a Alice.
Me giro para verlo y mi mirada se desplaza de las pintadas de las paredes a él. —
¿Y eso por qué, princesa? ¿Por qué me has traído aquí?
Algo en llamar princesa a este idiota tatuado y salirme con la mía es adictivo. Es
como un secreto compartido y, a pesar de sus protestas, sé que le gusta en secreto.
113
Incluso he puesto su foto comiendo el postre como salvapantallas. Lo odia, pero es tan
lindo.
Me observa un momento. —Quería compartirlo contigo —es todo lo que dice, pero
es suficiente.
Alek está intentando dejarme entrar, y mostrarme este, su espacio seguro, es un
gran paso. Está claro que es su pasión, algo que yo estaba buscando. ¿Es por eso que
me trajo aquí?
Podría dejarlo pasar, pero algo me dice que ahora es el momento de presionar, así
que no me detengo hasta que estoy frente a él. Inclino la cabeza hacia atrás para
encontrarme con su mirada insegura. —¿Por qué me has traído aquí, Alek?
—Porque es importante y tú también —susurra—. Porque quiero que me conozcas
como nadie me conoce. Quiero que veas que soy algo más que un matón enojado.
Me duele el corazón por él. Le tiendo la mano. —Entonces muéstrame ese lado
que nadie más llega a ver. Déjame verte, Alek Anders, porque tengo la sensación de que
eres mucho más que un matón enojado. Tengo la sensación de que eres tan hermoso
por dentro como por fuera.
114
Tengo la sensación de que Alek Anders no olvida muchas cosas.
—Lo he decidido —admito mientras lo miro. Puede que lo odie y me rechace, pero
no puedo evitar hablar—. Quiero hacerte fotos.
Retrocede y parpadea. —¿A mí? —Se mira a sí mismo—. No tengo madera de
modelo, niño rico.
Riendo, me recuesto en el cuero. —El profesor me dijo que hiciera fotos de algo
que me apasionara. —Inclino la cabeza, recorriéndolo con la mirada—. Ese eres tú —
afirmo sin una pizca de vergüenza.
Sus ojos se abren de par en par y se queda inmóvil. Sonriendo, me siento y me
deslizo hasta el suelo de rodillas entre sus piernas separadas. Coloco las manos sobre
sus muslos y me siento hasta que mi cara queda a la altura de la suya. —¿Puedo, Alek?
¿Puedo hacerte fotos?
Traga saliva y me mira los labios. —Evan —me advierte.
—Sé mi musa —murmuro mientras me inclino, casi presionando mis labios contra
los suyos—. Por favor. —Siento que su determinación flaquea y, aunque sé que es
mezquino, lo beso suavemente. Quiero convencerlo y, bueno, besarlo. Lo he hecho
desde el momento en que lo vi apoyado en su auto, así que aprovecho la oportunidad.
No me aparta, pero tampoco me toca. Se limita a dejar que lo bese y, cuando me aparto
un poco, tiene los ojos cerrados.
—Di que sí, princesa —exijo mientras me inclino una vez más como si fuera a
besarlo de nuevo—, y te mostraré mi gratitud como quieras.
Siento que vacila, y su cabeza se mueve muy ligeramente, pero lo suficiente para
que sus labios rocen los míos. Me retiro y me persigue. —Di que sí y podrás besarme
todo lo que quieras.
—Evan —suelta, y su mano me agarra por la nuca y me acerca hasta que mis
labios chocan contra los suyos. Me relajo y cierro los ojos. Es exigente y áspero hasta
que se suaviza, y entonces sus labios rozan los míos, dejando besos persistentes como
si no pudiera resistirse. Conozco esa sensación.
Mis manos se enroscan en su pecho, tirando de él. Me levanto de las rodillas y me
pongo a horcajadas sobre su regazo. Sus manos caen sobre mis caderas, sujetándome,
y entonces le devuelvo el beso, deslizando la lengua entre sus labios separados. Jadea y
aprieta mi cuerpo contra el suyo. Noto cómo su cuerpo se endurece contra el mío
mientras gimo y subo las manos para agarrarle los hombros y frotarme contra él hasta
que tengo que apartarme para respirar.
—Sí —susurra con brusquedad mientras parpadeo, dejando ver sus ojos oscuros.
Todo lo demás se olvida.
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—¿Eh? —Respondo, mis ojos en sus labios, queriéndolos en mí otra vez.
Se ríe entre dientes. —Sí, niño rico, puedes hacerme fotos.
—¿Puedo? —tartamudeo las palabras, intentando recordar por qué es importante,
pero no es ni de lejos tan importante como volver a tener sus labios en los míos.
Una de sus manos se desliza por mi espalda, agarrándome la nuca mientras me
acerca de nuevo y aplasta sus labios contra los míos en un beso duro y rápido. —Sí, niño
rico, puedes hacerme fotos. —Se levanta y me alza sin esfuerzo. Sólo me rodea con un
brazo, pero me lleva como si no pesara nada—. Agarra tu cámara antes de que cambie
de opinión. —Sus ojos se oscurecen y se posan en mis labios—. O decido que necesito
más convencimiento, y te dejo hacer lo que veo en tus ojos. —Me baja por su cuerpo
hasta que mis pies tocan el suelo.
—Ahora, Evan —me ordena cuando me quedo mirando.
Cámara. A la derecha.
Fotos.
Maldición.
¿Quién ha convencido realmente a quién?
116
VEINTIDÓS
117
lo que quieras decirme en lugar de palabras. Concéntrate en mi cara y en nada más, ¿de
acuerdo?
Lo veo retroceder y sonreírme suavemente mientras levanta de nuevo la cámara.
Alinea la toma y aparta la cara para que me encuentre con sus ojos. —Te ves muy
caliente, Anders —me dice, y mis labios se curvan sin querer y oigo el clic.
—Imbécil —murmuro mientras se ríe, viendo la foto que ha hecho.
—Tienes buen aspecto, pero te falta algo. —Suelta la cámara y me recorre con la
mirada antes de chasquear los dedos, y luego sonríe—. ¿Confías en mí?
—Ni siquiera un poco con esa mirada —respondo, pero me enderezo de todos
modos—. ¿De qué se trata?
—¿Puedes ponerte ese overol, pero atado a la cintura y con el pecho desnudo?
Podemos untarte un poco de aceite y hacerte posar en el garaje. Quiero suciedad. Quiero
que seas tú, no una pose perfecta. Sólo tú. —Sinceramente, me preocupé cuando dijo
torso desnudo. Sé que tengo músculos bonitos, pero esto es diferente. El hecho de que
quiera que esto sea auténtico para mí me ayuda a decidirme. Además, tiene un brillo en
los ojos que me hace muy difícil negarme.
—Dame un segundo. —Agarro mi overol, que aún está manchado, me meto en el
baño y me cambio, atándomelo a la cintura mientras me reviso. Cuelga bajo, mostrando
mis abdominales y mi cinturón de Adonis, y me preocupa que sea demasiado, pero
cuando salgo, la apreciación en la mirada de Evan hace que merezca la pena. Traga saliva
y me mira el pecho como si no pudiera apartar la vista. La crudeza de su mirada me hace
reprimir la sonrisa. Evan Shaw está tan afectado por mí como yo por él.
—¿Seguro que no era para ti? —me burlo mientras sus mejillas se calientan y
adquieren un adorable tono rojo que quiero ver todo el tiempo.
—Quizá un poco. —Sonríe—. Vale, engrasa, nene.
Poniendo los ojos en blanco, me dirijo al trapo que estaba usando y me lo froto por
el pecho, dejando que me manche los músculos como él quiere. Asiente, pero se acerca,
agarra el trapo y me frota un poco la mejilla y la frente antes de dar un paso atrás,
mirándome.
—Fotos —le recuerdo cuando se queda mirándome. Parpadea y se da la vuelta,
ruborizado, pero no puedo evitar sonreír al ver cómo me mira. Es divertido molestar a
Evan, porque no suele pestañear ante nada de lo que hago. Me hace frente, pero verlo
casi tímido es ridículamente tierno.
Girando hacia él, poso como me ha enseñado y me centro en sus ojos, no en la
cámara que me pone rígido y nervioso. Sólo lo miro, perdiéndome en sus iris brillantes.
Su mirada me recorre obsesivamente, como si yo fuera lo único que existe para él. Es
118
adictivo. Cuando me miro a través de los ojos de Evan, me siento importante. Me siento
alguien digno de amor, de ser deseado como él me desea. Nunca me he sentido lo
suficientemente bueno, pero para él, soy más que suficiente.
Ni siquiera me doy cuenta de que está haciendo fotos, sólo de que se mueve hasta
que me sonríe ampliamente y me besa la mejilla. El calor de sus labios permanece en mi
piel mientras levanto la mano para capturarlo. —Maravilloso. Vale, recuéstate más y
relájate, luego muévete por tu garaje. Sé lo más natural posible y yo seguiré haciendo
fotos. Imagina que...
—Estoy coqueteando contigo —termino, y su sonrisa se ensancha.
—Sí. —Sus ojos se posan en mis labios, y doy un paso atrás, sonriendo.
—Entonces no puedes volver a besarme hasta que termines de hacer las fotos —
murmuro, apoyándome en mi Skyline mientras lo miro con hambre, deseando que vuelva
a estar apretado contra mí.
Me hace una foto, aunque parece un poco aturdido, y poco a poco empiezo a
relajarme y a divertirme. La forma en que sus ojos se entrecierran y su deseo por mí
crece con cada pose es adictiva. Me agacho bajo el capó y luego me siento dentro del
auto, con la mano en el volante. Sigo así hasta que suelta la cámara y acorta la distancia
entre nosotros en dos pasos, besándome mientras me río.
El sonido pronto se convierte en un gemido, y nos giro, haciéndolo retroceder
hasta mi auto, enterrando mi mano en su puto pelo y tirando de él para acercarlo más.
Sus manos se deslizan hambrientas por mi pecho, haciendo que mi polla se sacuda
mientras mi otra mano baja hasta su cadera y se desliza más abajo. Agarrándolo por el
culo, lo empujo contra mí, haciéndolo gemir mi nombre, lo que no hace más que
estimularme.
Me alejo, abro la puerta trasera del Skyline y entro arrastrándolo conmigo. Lo
quiero en mi auto. Quiero que su olor lo impregne para que cada vez que mire hacia
atrás, lo recuerde. Olvido todas las razones por las que no debería hacer esto, todas mis
preocupaciones y el pasado, y por este momento, simplemente me dejo vivir y tomo lo
que quiero: Evan Shaw.
Lo subo a mi regazo para que se siente a horcajadas sobre mí, con la cabeza por
encima de la mía. Le brillan los ojos y juro que oigo palpitar su corazón, pero podría ser
el mío. Está jodidamente hermoso encima de mí, con mis manos sobre su piel perfecta.
Deslizo una por su costado, agarro la base de su camisa y tiro de ella hacia arriba. —
Fuera —le ordeno, con la voz más áspera que nunca, pero no puedo parar. Necesito su
piel sobre la mía más que mi próximo aliento.
Veo cómo se le mueve la nuez de Adán mientras se echa hacia atrás, se agarra la
parte de atrás de la camisa, se la sube y se la quita.
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Vuelvo a sentarme y recorro sus músculos con los ojos. Es fornido, no tan grueso
como yo, pero tiene músculos que sé que le ha llevado tiempo desarrollar. Le miro a los
ojos mientras levanto la mano y la aprieto contra su pecho. Noto cómo su corazón se
acelera a través de su piel y, cuando deslizo la palma de la mano entre sus pectorales y
sobre sus abdominales, aspira y sus dientes vuelven a atrapar su labio. Me arqueo y
muerdo hasta que lo suelta. —Te lo dije —murmuro, agarrándolo por los costados
mientras lo acerco—. No te muerdas este labio, es mío.
Nuestro beso se vuelve desesperado, nuestros dientes chocan mientras nuestras
manos se arrastran sobre la piel del otro como si no pudiéramos saciarnos. Mi auto se
sacude con la fuerza del encuentro de nuestros cuerpos mientras él gira sus caderas
sobre mí, gimiendo mi nombre. Todo son manos codiciosas y caricias desesperadas, y
me encanta, joder .
Me encanta sentir su piel dura bajo mis manos, los músculos inflexibles y los
suaves ruidos que hace y la presión de su polla contra la mía.
Es jodidamente increíble, y me pierdo en él, forzando a Evan a acercarse aún más,
necesitando más.
Mi celular vibra y nos separamos. Jadeamos cuando nuestras miradas se cruzan
y estallamos en carcajadas. Me apresuro a agarrar el celular y contesto sin mirar mientras
Evan se inclina hacia mí, acurrucándose en mi pecho. Me besa en el cuello y mi sonrisa
no hace más que crecer.
—¿Qué? —gruño bruscamente.
—Amigo, sabes que la mayoría de la gente dice hola, ¿verdad? —Alice
chasquea—. Trae burritos a casa.
—No —replico.
—Sí. —Cuelga.
Gimiendo, tiro el celular y le rodeo con los brazos. —Mi hermana es una
bloqueadora de pollas.
Su risita me pone la piel de gallina. —Se me antoja un burrito.
Mi sonrisa no hace más que crecer y beso su hombro, estrechándolo más contra
mí. Quiero que este momento dure para siempre. Aquí, en la oscuridad, nada más
importa, nada más que él entre mis brazos.
—Burritos entonces, bebe —le digo—. Sólo dame cinco minutos más.
Su suspiro de felicidad me hace besar la parte superior de su cabeza mientras sus
manos acarician mis costados, y mis ojos se cierran cuando mi cabeza golpea el respaldo
de mi asiento. Tengo la polla dura, pero el corazón contento.
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¿Cómo podría estar mal algo que me hace sentir tan vivo?
121
VEINTITRÉS
Alek: Sigo encontrando pelo rubio en mi auto. Eres peor que una chica.
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Evan: Tal vez tenga que poner mi nombre en él para que todo el mundo sepa que es mi
asiento entonces.
Quiero chillar, pero me lo trago. Sin embargo, no puedo contener la sonrisa. Hay
silencio en la biblioteca, así que tengo que agachar la cabeza y morderme el labio para
no sonreír, sobre todo porque Lally y Tommy están trabajando en el material para su
proyecto justo enfrente de mí. Sé que saben que pasa algo, pero son lo bastante buenos
amigos como para dejar que se lo cuente cuando esté preparada.
Alek: Te encanta. Esta noche tengo que trabajar hasta tarde, así que no tendré tiempo
de verte.
Evan: Está bien. Tengo que editar esta noche de todos modos. Creo que Lally y yo vamos
a pasar toda la noche en el laboratorio fotográfico.
Me muerdo una sonrisa más grande, mirando a mi alrededor por si alguien está
mirando cuando mi teléfono vibra de nuevo.
Alek: Ahora muéstrame esa cara bonita ya que no voy a llegar a verte.
Mantengo el celular en silencio y hago un mohín mientras saco una foto y la envío.
Miro a Lally y veo que me observa con una sonrisa cómplice en los labios. Desvío
rápidamente la mirada cuando mi celular vibra bajo la mesa.
123
Evan: Estoy en la biblioteca, pervertido.
Alek: Ve al baño, niño rico, ahora, y envíame una foto, o voy a aparecer allí y ver por mí
mismo.
Casi quiero retarlo, pero los dos tenemos que trabajar, así que murmuro una
excusa a mis amigos y me apresuro a ir al baño de esta planta. Después de asegurarme
de que está vacío, me meto en un retrete y cierro la puerta. Miro el celular y me muerdo
el labio. Normalmente no soy tímido, pero hay algo en Alek que me hace temblar. Pasó
de golpearme cuando me besaba a estar obsesionado con verme, y es adictivo.
Respiro hondo, me armo de valor y me hago una foto sonriendo desde un ángulo
alto, con la camisa levantada para mostrar un trozo de piel.
Alek: Joder.
Alek: Quiero mis manos sobre ti. Levántate más la camiseta y dame algo bueno para
pasar el trabajo.
El deseo hace que me ardan las mejillas mientras me levanto la camiseta para
mostrar mis abdominales y lo envío, esperando con la respiración contenida a que me
responda.
Alek: Mírate, niño bonito, tan malditamente sexy. Me pregunto a qué sabrán esos
músculos. No tienes ni idea de lo que me haces ni de lo loco que me vuelves.
124
El deseo me recorre con tanta fuerza que no puedo resistirme. Deslizo las manos
por mis abdominales y me la meto en el cargo, envolviendo mi polla con la mano. Me
acaricio mientras lo miro, pero mi celular vibra de repente, haciéndome dar un respingo.
Hago una foto de mis manos en el cargo y suena el celular. Lo agarro con mano
temblorosa y contesto.
—¿Hola? —susurro, con voz áspera.
—No hables. Déjame oír cómo te tocas, niño rico. Déjame oír cómo te corres.
—Yo…
—Ahora —exige, con voz aguda y dura. Suena tan enojado, pero es tan
jodidamente caliente.
Mi mano se tensa alrededor de mi polla mientras me acaricio, deseando que fuera
él, y la idea de que su mano me toque así me hace gemir suavemente su nombre.
—Mierda, niño rico —murmura—. Mi nombre suena tan jodidamente bien en tus
labios. Hazlo otra vez. —Oigo murmullos y su respiración se acelera. La idea de que se
toque donde alguien podría encontrarlo, tan caliente por mí que no puede parar, me
excita.
Se me cierran los ojos mientras abro las piernas, acaricio con más fuerza y vuelvo
a gemir su nombre.
—Eso es, niño bonito —gruñe—. ¿Qué tan duro estás ahora? —Cuando sólo
jadeo, su voz se hace más fuerte—. Dímelo.
—Mucho, muy duro —gimo, sin importarme quién me oiga. Tengo muchas ganas
de correrme. Lo he necesitado desde la primera vez que nos besamos, y nuestra sesión
de besos en su auto el otro día no ayudó. Estoy al límite y apenas me he tocado—.
Necesito correrme.
—Yo también, niño bonito. —Gime en mi oído—. Joder, tenerte así es todo en lo
que pienso. Cada vez que cierro los ojos, veo esos bonitos labios y desearía que
estuvieran envueltos alrededor de mi polla como lo está mi puño ahora mismo.
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Se me escapa un gemido cuando mi espalda choca contra el taburete y se me
erizan las pelotas de placer.
—Eso es, niño bonito. Puedo decir que estás cerca. Está en tu respiración. Lo estás
haciendo muy bien. Quédate callado y córrete para mí. Imagina que es mi mano
tocándote, mis labios besando tus abdominales y magullando esos bonitos labios. Sé un
buen chico y vente por mí.
—Alek —suplico.
—Estoy aquí, niño bonito. Vente para mí —me exige con voz ronca, y no puedo
contenerme. Mi polla se sacude en mi puño, y muerdo hasta saborear la sangre mientras
un gemido se ahoga en mi garganta. El deseo me recorre hasta que exploto. El esperma
se derrama sobre mi puño y mis pantalones, ensuciándolos mientras jadeo y me retuerzo.
No se detiene mientras el placer me recorre, y cuando le oigo gemir mi nombre en voz
baja al celular, sólo lo hace con más fuerza.
Cuando por fin puedo parar, me tiemblan las piernas, tengo el puño pegajoso y me
duelen los labios. —Buen chico —me elogia—. Enséñame cómo estás ahora. —Le envío
una foto y gime—. Ahora límpiate -nadie más puede verte así- y vuelve al trabajo. Cuanto
antes termines, antes podré verte. —Cuelga.
Jadeo, aún confuso y excitado.
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Me muerdo el labio inferior y vuelvo a mirar el computador, vacilante. —Está crudo
y sin editar. No sé.... —Miro hacia atrás, pero parece cabizbajo, así que suelto un
suspiro—. Está bien. Además, es mejor saberlo ahora, ¿no?
Subo las imágenes y hago clic en ellas. Me mira por encima del hombro todo el
tiempo y yo espero con la respiración contenida. Cuando llega a la última, me giro para
mirarlo. Tiene los ojos muy abiertos, y no sé si eso es bueno o malo.
—Maldita sea, Evan. —Asiente—. Tienes mucho talento. Esto es exactamente lo
que estaba buscando. Puedo sentir tu pasión por el tema, y me encanta la naturaleza
descarnada de las imágenes. Definitivamente tienes talento para los retratos y para
expresar a la persona que hay en ellos. Realmente puedo sentirlo. Son increíbles, Evan,
de verdad.
—¿En serio? —murmuro, conteniendo la respiración.
—Entonces vale la pena empezar de nuevo. Te dejo, y confía en ti mismo, Evan,
porque tienes mucho talento. —Sonríe y se despide con la mano mientras se marcha.
Lally y Tommy esperan a que se vaya para saltar sobre mí. —¡Le encanta! Nunca
había reaccionado así, ¡estrella!.
—Evan, vas a ser tan jodidamente famoso, rico, y vas a tener toda esa polla —
añade Tommy, haciéndome reír mientras vuelvo a echar un vistazo al computador, que
está abierto en la imagen de Alek, porque es la única polla que me importa.
—¡Deberíamos celebrarlo! —Lally sonríe.
—Totalmente —coincide Tommy.
—Fecha de entrega —les recuerdo.
—Mierda —dicen los dos al mismo tiempo—. Después.
Sonriendo, vuelvo a mirar la pantalla. Todo se debe a Alek. —Maldita sea, ¿quién
es? ¿Tu novio? —Miro por encima del hombro y veo a George apoyado en mi silla. Está
un curso por encima de mí y también estudia fotografía, así que no me sorprende que
esté aquí.
Vuelvo a mirar la pantalla, que muestra a Alek apoyado en su auto, y vacilo antes
de forzar una sonrisa. —No, sólo un amigo que aceptó ser mi modelo. —No es mentira.
No sé qué somos Alek y yo. No hemos acordado salir ni nada, aunque él sienta que es
mío. Además, él no está listo para que nadie lo sepa.
—Están muy buenas. —George me da una palmada en el hombro y asiento en
señal de agradecimiento, viéndolo alejar.
—Amigo de mi culo —murmura Lally, haciendo que mis labios se muevan.
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Ella no sabe ni la mitad. Los amigos no se besan como nosotros, eso seguro.
Parpadeo estúpidamente, pero sonrío de todos modos y les deseo buenas noches
a Lally y Tommy antes de atravesar el edificio. Alek me espera fuera, apoyado en una
barandilla y con todo el aspecto de una estrella de cine. Por un momento, me quedo
mirando .
—Es de mala educación quedarse mirando, niño rico —dice sin mirar.
Sonrío y me dirijo hacia él, que agarra mi bolso, se lo cuelga al hombro y me
acompaña mientras nos dirigimos a su auto. Abre la puerta y mete la bolsa con cuidado
en el maletero cuando me toco los bolsillos. —Mierda, dejé mi credencial con Lally. Un
segundo.
—Date prisa, niño rico. Estoy cansado.
Me pongo de puntillas y le beso la mejilla mientras salgo corriendo. Por suerte,
Lally sigue aquí, se la recibo con un —Gracias— entre dientes y vuelvo a salir, pero me
detengo en la acera. George está hablando con Alek.
—¿Eres el novio de Evan Shaw? —pregunta, y me pongo rígido.
Alek se ríe rápidamente. —No, es amigo de mi hermana. Sólo he venido a llevarlo.
Se me encoge el corazón ante su declaración y me mira mientras se endereza. Me
trago ese sentimiento y fuerzo una sonrisa. Sabía que no se lo diría a nadie, así que ¿por
qué me duele tanto oírlo en voz alta?
—Ahí estás. Date prisa, estoy agotado —dice.
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Asintiendo, me dirijo hacia él, sonriendo a George. —Te veo en clase, Evan.
—Encantado de conocerte, hombre. Como dije, si alguna vez quieres modelar de
nuevo, házmelo saber.
Lo miro irse, con un sentimiento de celos en el estómago que no desaparece
mientras miro a Alek, que no parece inmutarse lo más mínimo por el hecho de que acabe
de mentirle a alguien sobre mí.
Me abre la puerta y entro, me pongo el cinturón en silencio y miro por la ventanilla.
Estaba tan feliz, pero ahora todo me sabe amargo.
¿Seré alguna vez más que el amigo de su hermana para alguien en público?
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VEINTICUATRO
Evan está callado, demasiado callado. Sé por qué, y me siento como una mierda,
pero no sé cómo cambiarlo. Las palabras no son mi fuerte. En lugar de eso, giro el volante.
—¿Adónde vamos? —murmura. Parece cansado y tiene ojeras, pero lo que más
odio es su ceño fruncido.
—Supongo que no has comido, así que voy a llevarte a desayunar —admito
bruscamente. Es todo lo que puedo hacer para cuidarle.
—Oh —es todo lo que dice, y eso es lo que más odio. Evan es muchas cosas, pero
callado no es una de ellas, a menos que algo le moleste.
Todo había ido tan bien. Nos estábamos divirtiendo y estrechando lazos, y anoche
por celular... sí, esperaba seguir explorando eso, pero ahora mismo, necesito que su ceño
fruncido se convierta en una sonrisa. Necesito que me devuelva la luz del sol.
Estaciono en Main Street y salgo, abriéndole la puerta. Le cubro la cabeza al salir
para que no se golpee y, una vez en la acera, me meto la mano en el bolsillo para no
acercarme a él. No hay mucha gente a estas horas, pero me preocupa que me rechace,
y no creo que pueda soportarlo.
La cafetería donde nos conocimos está abierta, entro y le sujeto la puerta. Saludo
con la mano a una camarera cansada y me dirijo a un reservado. Dejo que él se deslice
primero y me deslizo en sentido contrario, rodeando con mis pies los suyos bajo la mesa.
Es un pequeño detalle, pero lo necesito para saber que no me odia.
No se aparta, lo cual es buena señal, pero está callado y no sé cómo llenar el
silencio. Normalmente, él maneja las conversaciones y yo escucho, pero hoy es diferente.
Por suerte, me salva la camarera. —Jugo de naranja y un omelet, por favor, de queso y
espinacas. —Miro a Evan—. ¿Niño rico?
Se sacude, parpadea y sonríe suavemente a la camarera. Veo cómo ella le
devuelve la sonrisa automáticamente. No puede evitarlo, y lo odio. Los celos me invaden,
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aunque ella tiene fácilmente la edad de su madre. —Un jugo de manzana y panqueques,
por favor.
—Claro, cariño. ¿Algo más? ¿Quizá algo de fruta? —ofrece amablemente, sin
mirarme siquiera.
—Fruta sería estupendo, muchas gracias. —Su sonrisa se ilumina y veo cómo se
le tiñen las mejillas mientras se apresura a hacer su pedido.
Su sonrisa cae después, y mira por la ventana. —Evan. —Espero a que me mire y
lo agarro de la mano, pero me detengo cuando se abre la puerta y entran cuatro
universitarias. Nos miran y se ríen antes de dirigirse a otro reservado. Trago saliva, retiro
la mano y él me observa, con una especie de amargura en la mirada. Odio haberla puesto
ahí.
Ni siquiera me sorprendo cuando la camarera regresa y le pone delante un enorme
bol de fruta con el yogur al lado. —Invita la casa, dulzura. —Me guiña un ojo y se va
corriendo.
Pica su fruta mientras le observo. —Come —le ordeno. Pone los ojos en blanco,
clava una fresa con más fuerza de la necesaria y se la mete en la boca, masticando
dramáticamente.
—Eres un mocoso —murmuro, y él se estremece, bajando los ojos a la mesa—.
Mierda, niño rico, lo siento. —Me froto la cara—. Por todo, ¿vale? Ese chico me tomó por
sorpresa y entré en pánico. De verdad que lo siento.
Asiente, comiendo su fruta, pero sigue pareciendo triste. Me arrancaría el corazón
ahora mismo y se lo entregaría si eso me librara de esa mirada. La cara de Evan está
hecha para sonreír, no para fruncir el ceño.
—¿Qué tal si vienes conmigo a una carrera esta noche? —Me inclino y lo tomo de
la mano, sin importarme quién esté mirando—. Nunca he llevado a nadie antes, pero te
quiero allí.
Levanta la cabeza y le brillan los ojos. —¿En serio?
—De verdad. —Asiento—. Entonces... ¿quieres venir?
La sonrisa que me dedica me hace sentir como un puto rey. Si ese pequeño gesto
puede hacerlo feliz, es que realmente soy un idiota. No me pide nada y odio seguir
haciéndole daño. Intentaré hacerlo feliz a partir de ahora para que no tenga que volver a
estar tan triste. —Me encantaría.
—Bien. —Robo una fresa y luego agarro otra, dándosela a él—. Es una cita.
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Hoy ha sido un día largo, pero estoy emocionado por ver a Evan. Estaba más
contento durante nuestra cita para desayunar, y odié dejarlo en su dormitorio, pero
ambos necesitábamos dormir. Sin embargo, me envió mensajes de texto durante todo el
día y ahora parece estar bien, lo cual es un alivio. Estoy emocionado por mostrarle un
lado diferente de mí esta noche.
Lo espero al salir de clase y se apresura a subir al asiento del copiloto. —¿Está
bien mi ropa? —pregunta, casi rebotando en su asiento—. Nunca he hecho carreras
callejeras.
Lo miro de arriba abajo, con un deseo que me recorre en espiral. Mi chico siempre
se ve bien, pero esta noche lo está aún más. Lleva unos pantalones cargo negros con un
grafiti blanco estampado, una camiseta sin mangas y una camisa suelta por encima. —
Te ves muy caliente —murmuro—, pero puede que tengas frío. —Agarro mi chaqueta de
cuero del asiento trasero, la que me compró Alice y llevo desde entonces, y se la doy—.
Toma, póntela también.
Parpadea, su sonrisa crece mientras se lo pone, y veo cómo hunde la nariz en el
cuero.
—¿Me estás oliendo, niño rico? —me burlo.
Sus ojos centellean al mirarme. —Hmm. —Asiente—. Hueles delicioso.
Toso y me concentro en estacionarme sin chocar mientras él se ríe. Nos llevo a mi
garaje y, una vez allí, me bajo. Cuando da la vuelta al auto, juro que tropiezo. Mi chaqueta
le queda jodidamente bien. Las mangas son un poco largas y le queda holgada, pero le
queda bien, y al verlo me invaden sentimientos de posesividad y satisfacción. No puedo
evitar colocarlo de espaldas en el auto, agarrarlo por la barbilla y besarlo rápidamente.
—¿A qué ha venido eso? —pregunta sonriendo.
—Sólo porque sí —respondo—. Vamos. —Lo tomo de la mano, lo conduzco hasta
mi Skyline y abro la puerta—. Eres el primero que se sienta en mi asiento del copiloto.
Su sonrisa arrogante vale la pena mientras se inclina hacia mí. —Bien. —Me besa
al entrar y cierro la puerta antes de sentarme en el asiento del conductor y acercarme a
él. Le abrocho el cinturón.
—Quédate conmigo esta noche, ¿vale?
—Soy tuyo. —Se encoge de hombros, y joder si eso no me la pone dura.
—Así es, eres mío, niño rico, así que quédate en ese asiento y no mires a nadie
más —le ordeno antes de besarlo de nuevo—. Y mira cómo tu hombre gana todas las
putas carreras.
132
Veo deseo en sus ojos y no puedo evitar sonreír.
No tardamos mucho en llegar a las carreras, y observo su fascinación con los ojos
muy abiertos mientras avanzo por las calles más despacio de lo que lo haría normalmente,
pero quiero que mi chico lo vea todo y que todo el mundo lo vea a él.
Cuando doy marcha atrás en un descampado, se gira hacia mí con una amplia
sonrisa. —Hay muchos autos. ¿Conoces a todo el mundo? ¿Puedo ir a ver?
—No. Odio a todo el mundo, a todas las personas —señalo, y su ceja se alza—.
Menos a ti. Quédate, y déjame ir a inscribirme.
Al salir, miro con dureza a algunas de las chicas que se dirigen hacia Evan, y
rápidamente dan media vuelta y se dirigen a otro auto. Una vez que estoy seguro de que
nadie se moverá una vez que me haya ido, busco a Sanjay entre la multitud. Esta noche
hay menos gente, lo cual es bueno. No debería ser demasiado para él, y me da una
excusa para salir de aquí temprano y pasar algún tiempo con Evan.
Sanjay me saluda cuando me ve y me acerco a toda prisa, metiendo la mano en la
chaqueta e irrumpiendo entre la multitud. Alguien empieza a protestar antes de que se
dé cuenta de quién soy, y entonces se apartan rápidamente, dejándome a solas con
Sanjay y sus habituales admiradores.
—Nunca te he visto traer a alguien, y menos dejarlo subir a tu precioso auto. —
Sanjay sonríe—. ¿Me vas a presentar?
Pongo los ojos en blanco y le doy mi dinero. —Ni de broma. Sólo dos esta noche.
—¿Dos? Normalmente corres con todos. —Su ceja se levanta más alta.
Miro por encima del hombro y sonrío. —Sí, bueno, tengo algo mejor que hacer
más tarde. —Doy una palmada en el hombro a Sanjay y me dirijo a mi auto, donde Evan
me espera obedientemente.
—¿Y ahora qué? —me pregunta mientras vuelvo a subir.
—Ahora, corremos. —Inclinándome hacia él, le acaricio la nuca, sin importarme
quién esté mirando—. Así que aguanta, niño rico, y veamos si puedes conmigo.
Sus ojos se posan en mis labios antes de volver a encontrarse con los míos. —
Puedo contigo, Anders. La pregunta es, ¿puedes seguirme el ritmo?
Riéndome, me siento. —Supongo que lo averiguaremos, niño rico. —Arranco el
motor y me acerco a los autos que ya están en fila. Veo uno conocido detrás y otro
delante. Los demás son novatos, así que no hay mucha competencia a menos que haya
un comodín. Sin embargo, pasamos junto al auto de Skylar, así que supongo que correrá
esta noche—. ¿Cómo sabes si ganas? —pregunta Evan, sentándose más alto en su
asiento mientras yo me detengo en la línea.
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—Tu solo lo sabes, bebé. —Sonrío mientras bajo el volumen de la radio y lo miro—
. Te ves bien en mi asiento de pasajero.
—Y si ganas, me veré bien en tu asiento trasero.
—¿Ese es mi premio? —pregunto, arqueando una ceja.
—Gana y descúbrelo —replica, con los ojos encendidos.
El deseo se apodera de mí mientras me inclino hacia él, casi besándolo. —
Entonces nunca volveré a perder. —Me siento, acelero el motor y espero a que caiga la
bandera. Cuando lo hace, salgo disparado como un rayo. No pierdo porque necesito el
dinero, pero esta noche ganaré porque lo quiero otra vez en mi asiento trasero. Quiero
el premio que me dará.
Me muevo entre los autos con destreza y mi instinto me hace sentir la adrenalina.
Evan suelta un grito de emoción, con la cabeza dándole vueltas para ver los autos que
estamos adelantando, y sí, puede que me regodee un poco mientras tiro del freno de
mano, girando en círculo hasta que nos enfrentamos a ellos antes de darnos la vuelta y
alejarnos a toda velocidad de los autos que nos persiguen.
—¡Mierda! Eso fue sexy —dice.
Sonriendo, me centro en la carretera, los caminos conocidos me incitan a conducir
más rápido y de forma más peligrosa, pero nunca antes había conducido con tanta
seguridad. Nunca arriesgaría lo más preciado de mi vida sentado en el asiento del
copiloto.
La primera carrera es demasiado fácil, y doy vueltas de campana tras la línea de
meta, con los ojos puestos en Evan. Cuando me detengo, él se acerca y me besa en la
boca mientras nos rodea el humo del tubo de escape. —¡Has hecho un buen puto trabajo,
bebé! —me elogia.
—Una más y serás mío —le advierto mientras me hago a un lado y espero la
siguiente carrera. No le quito los ojos de encima en ningún momento, igual que él no me
quita los suyos. Su mirada se llena de expectación y sus mejillas se calientan al verme.
No puedo apartar la mirada, ambos sabemos exactamente lo que va a pasar si
gano esta noche. Evan Shaw será todo mío. Tal vez eso debería asustarme, ya que no es
algo que haya hecho antes, pero con la forma en que me mira y el deseo que se agolpa
en mi interior, sé que no me importa. Lo resolveremos juntos, pero lo necesito.
Lo necesito esparcido por mi asiento trasero mientras reclamo mis ganancias.
Necesito el paraíso que probé en sus labios.
Lo necesito, y estoy cansado de tener miedo de eso.
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Sé lo que significa cruzar esa línea. Esto no es divertido. Este soy yo decidiendo
que él es mío y me gustan los chicos, no un chico, él.
Debe de verlo escrito en mi mirada porque se inclina más hacia mí, me agarra de
la barbilla y tira de mí hacia abajo. —No estás asustado, ¿verdad, Anders? Creía que
nunca perdías.
—No lo hago —digo, sabiendo que me está tomando el pelo.
—Solo palabras. —Sus ojos se posan en mi cuerpo. Se da la vuelta y agarra el
picaporte, pero antes de que pueda irse, cierro la puerta y mis labios se encuentran con
su oreja.
—Luego pedirás perdón por esta mierda, mocoso —le advierto, y me encanta
cuando se estremece contra mí—. Intenta irte otra vez y verás lo que pasa.
Sus ojos se cruzan con los míos por encima del hombro. Veo un desafío en ellos,
pero me limito a arquear una ceja. Por una vez, se echa atrás, pero su mano se posa en
mi muslo, deslizándose cada vez más alto. —Entonces gana, Anders, o encontraré a
alguien que pueda.
Es un reto, y ambos sabemos que no me echaré atrás.
Me ha dado la excusa que necesito para ganar, no sólo para follármelo.
Es jodidamente increíble.
Quiero decírselo, darle las gracias, pero oigo la bocina que indica que la siguiente
carrera está enfilando.
—¿Y bien, Anders? —pregunta.
Aprieto la mandíbula y muerdo mi respuesta, nos conduzco a la línea una vez más.
Esta vez, la formación está llena de corredores que conozco, buenos, incluido Sky, y me
siento más alto, sabiendo que va a ser una carrera infernal. Eso sólo hará que mi victoria
sea mucho más dulce al reclamar el culo del mocoso niño bonito.
Esta vez, no joderé. En cuanto bajo la bandera, me pongo en marcha. No hago
alardes, sólo mantengo la concentración mientras me abro paso entre la multitud y doblo
una esquina. Miro a Sky a través de la ventanilla del pasajero cuando nos nivelamos, y él
sonríe mientras acelera y me adelanta. Me subo a su parachoques hasta la siguiente
curva y me deslizo a la izquierda. Cuando va a bloquearme, giro a la derecha y salgo
disparado hacia él.
No dispuesto a rendirse, me pisa los talones en las tres curvas siguientes,
aprovechando cada oportunidad para intentar adelantarme. El grupo se reduce a él y a
mí cuando llegamos a la recta final. Es una de las carreras más reñidas de mi carrera, y
él lo sabe mientras me guiña un ojo, adelantándose. Me hace esforzarme, mi motor se
sobrecalienta cuando nos fuerzo a ir más rápido. Quizá no podamos parar a tiempo, pero
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no voy a perder esta carrera. Cuando Sky frena para no chocar al final, yo acelero,
deslizándome sobre la línea y frenando de golpe mientras doy un tirón al volante. Controlo
el movimiento y giramos hasta detenernos a escasos centímetros de la multitud que grita.
Mi corazón late con fuerza, pero mis ojos se clavan en Evan. Me mira fijamente,
con los ojos muy abiertos por el asombro.
—¿Estás bien? —pregunto.
Asiente en silencio, así que me acerco.
—Niño rico, ¿estás bien?
—Sí, estoy bien —balbucea antes de toser—. Supongo que has ganado. —La
sonrisa lujuriosa que me dedica me hace reír, y salgo del auto para comprobar el motor
mientras él sale detrás de mí. Sanjay me saluda con la mano y me entrega un fajo de
billetes mientras va a calmar a la multitud. Los demás autos se detienen detrás de
nosotros. Cuando estoy seguro de que mi motor no va a explotar, señalo el auto y dejo a
Evan allí mientras me dirijo a Sky, que está bajando del suyo.
—Mierda, hombre —dice—. Casi te pasas esa vez.
—No, lo tenía controlado. —Acepto su brazo como saludo, y él sacude la cabeza
mientras retrocedemos.
—Imbécil, estabas decidido a ganar —murmura.
—Tenía algo importante entre manos. —Sigue mi mirada hacia Evan, que nos
observa, una multitud que se acerca a él y a mi auto.
—Ajá, seguro. Venga entonces, vamos a conocer a tu chico. —Antes de que pueda
detenerlo, se dirige hacia Evan. Rápidamente lo alcanzo.
—Ni se te ocurra —murmuro.
—¿Tienes miedo de que te lo robe? —Sky sonríe, recorriendo a Evan con la
mirada. Me pongo delante de él y me cruzo de brazos, bloqueándole la vista.
Sonrío. —No, porque estarías muerto antes de tocarlo.
Sky se ríe, me pasa un brazo por los hombros y nos dirige hacia un sonriente Evan.
—De todas formas, no es mi tipo. Me gustan malhumorados y un poco locos —me susurra
al oído. Veo que los ojos de Evan se entrecierran y me alejo, no quiero que se enoje
conmigo después de haber hecho las paces. En lugar de eso, me dirijo hacia él y me
apoyo a su lado contra mi auto, asegurándome de que nuestros muslos se tocan.
—¿Sólo dos para ti? —Sky pregunta.
—Sí. Pensé en dejarte algunas ganancias para variar. —Mis ojos se desvían hacia
Evan sin embargo. Quiero mis ganancias. Todo el tiempo que hablo con Sky, todo lo que
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puedo pensar es en doblar a Evan en mi asiento trasero y averiguar si se siente tan bien
como sabe .
Sus ojos encuentran los míos mientras me mira a través de las pestañas,
volviéndome loco, y cuando Sky se ríe, me doy cuenta de que nos hemos estado mirando
fijamente.
—Jesús, salgan de aquí, ¿quieren? Prácticamente se están desnudando el uno al
otro delante de mí. Me siento como si necesitara palomitas de maíz o alguna mierda.
Sin mirarlo, abro el asiento del copiloto y espero a que Evan suba. Me deslizo por
el maletero, subo al asiento del conductor y me alejo antes de que se ponga el cinturón.
Dejo atrás a los corredores y a Sky mientras la oscuridad de las carreteras vacías se
cierne sobre nosotros, aumentando mi deseo. Lo huelo por todas partes, en mi auto y en
mi piel. Quiero más. Me agarro al volante para no tocarlo, porque sé que en cuanto lo
haga, todo habrá terminado.
No he podido dormir ni pensar en otra cosa que no sea en ponernos calientes en
el auto. Me ha estado volviendo loco, y esta noche, voy a ceder.
—Me gusta tu amigo. —Evan sonríe mientras me alejo a toda velocidad.
—No —gruño, incapaz de formar una frase en torno a mi deseo, y el pequeño y
delicioso niño rico no ayuda cuando se inclina y me roza con la boca por la garganta hasta
la oreja. Su mano se posa en mi dura polla.
—¿Puedes conducir si estoy jugando contigo? —bromea.
—Niño rico —le advierto, pero su lengua sale y saborea mi pulso.
—Los ojos en la carretera, Anders —dice cuando lo miro—. Confío en que no te
estrelles mientras toco.
Obligo a mis ojos a mirar la carretera frente a nosotros. El corazón se me acelera
y el deseo me recorre en espiral, dificultándome la respiración mientras su mano me
masajea la polla a través de los vaqueros. Su boca se desliza por mi cuello y vuelve a
subir antes de morderme lo bastante fuerte como para marcarme, y el ligero dolor me
hace sisear.
Por suerte, no hay nadie en la carretera o habríamos chocado, sobre todo cuando
me abre los vaqueros y me desabrocha la cremallera, deslizando la mano dentro y
agarrando mi longitud. Levanto las caderas y me cuesta respirar.
Tararea, me lame la oreja y me muerde el lóbulo. —Eres tan grande, Anders. No
puedo esperar a sentir cómo estiras mi culo.
Santa mierda.
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Esas palabras envían imágenes a mi cabeza, unas que me hacen acelerar. Tengo
que llevarnos a un lugar seguro antes de perder la cabeza. No soy idiota. En cuanto
empecé a darme cuenta de que Evan me interesaba, investigué un poco, no quería
parecer una idiota torpe. No esperaba que me gustara tanto lo que vi, y la idea de Evan
así…
—¿Te gusta eso? Puedo sentirte. ¿Quieres que te entierre en mi culo, Alek?
¿Quieres llenarme con tu semen?
—Niño rico —gruño, con los ojos entrecerrados en la carretera. Es tan difícil
concentrarse que ni siquiera tiene gracia.
Se inclina, me da un beso en la polla y me pierdo.
Empujo el volante hacia un lado y nos detengo en la oscuridad de un callejón sin
salida. Mis luces siguen encendidas, pero no me importa. Me arranco el cinturón de
seguridad y me acerco a él. Jadea cuando aprieto mis labios contra los suyos y lo empujo
al asiento trasero, arrastrándome tras él mientras se ríe.
—Quiero mis ganancias, niño rico.
138
VEINTICINCO
Choco contra el asiento cuando me aprisiona y sus labios encuentran los míos.
Nuestros dientes chocan y mis labios saborean mi propia sangre. Sus manos desgarran
mi ropa y se introducen bajo ella, recorriendo mi piel y marcándome con su reclamo.
Jadeo en su boca, arqueándome y pidiendo más.
Se sienta bruscamente, con los ojos tan oscuros que parecen negros. Me mira y
yo sonrío.
—Me has ganado, ¿ahora qué vas a hacer conmigo? —Me burlo, y eso hace que
se mueva. Sus manos enmarcan mi cara y me levantan para que me ponga de rodillas.
—Sólo miro lo que es mío, niño rico —murmura, su mirada recorre mi cara. Me
equivoqué. Sus ojos no son negros. De cerca, arden de deseo.
—Quítate la ropa, niño bonito, todo menos mi chaqueta. Quiero que la lleves
puesta mientras te follo.
Me estremezco, me encanta su vena posesiva. No me avergüenza admitir que me
pone más duro que nunca.
Me agarra la camisa cuando voy demasiado despacio y me ayuda a zafarme de
ella antes de volver a deslizar su chaqueta sobre mis hombros. Agarro los pantalones y
me los desabrocho antes de bajármelos, luego me acuesto hacia atrás y me los quito,
pateándolos hasta quedar desnudo en su asiento trasero.
Sus ojos me devoran, sus labios se entreabren cuando se posan en mi dura polla.
Me agacho y me toco con la mano, apretando mientras me acaricio, y él me observa, con
el pecho agitado. De repente, me aparta la mano de un manotazo. —No puedes tocarte,
niño rico, no cuando estás conmigo.
Gimiendo, me inclino y busco de nuevo su boca, necesitando ese filo brutal. Me la
da, me besa con fuerza mientras sus manos se deslizan por mis muslos y me agarran. El
139
deseo me recorre mientras gimo en su boca, levantando las caderas y empujando mi
polla entre sus manos.
—Por favor, Anders —Le suplico, sin importarme rogar porque lo necesito con
desesperación.
Lo he deseado todo este tiempo, y me ha estado volviendo loco. Quiero más. Lo
quiero todo. Sin embargo, parece nervioso mientras se sienta y me suelta. No es mi
primera vez, pero es la suya, y tengo que recordarlo. No debo presionarlo por mucho que
lo desee.
—Alek. —Aprieto sus mejillas y me inclino hacia él, separando nuestros rostros
para que pueda concentrarse en mis palabras—. No tenemos que hacer esto si no estás
listo.
—¿Crees que tengo miedo? No, niño rico, estoy jodidamente congelado con lo
jodidamente hermoso que te ves esparcido sobre mi asiento trasero. Nunca he deseado
tanto a nadie en toda mi puta vida, así que sí, quizá tenga miedo de cagarla o de hacerte
daño con lo mucho que te deseo. —Lo dice con tanta seguridad, con tanto orgullo, que
casi me corro en el acto.
Mis pestañas se agitan mientras una tímida sonrisa curva mis labios ante su
declaración. —No es posible, Anders. Me gusta como sea. Duro, doloroso, suave... lo
quiero todo. ¿Crees que no quiero a un hombre como tú sin el dolor que conlleva? Bebé,
me golpeaste cuando me besaste, y me fui a casa y me masturbé. Tus acciones y palabras
siempre están impregnadas de veneno, y me encanta. Húndelo en mí, lléname de él y
llena mi cuerpo de agonía. Te rogaré que sigas. Lo que me des, Anders, puedo soportarlo
—prometo mientras recorro su garganta con mis labios—. Ahora quítate la ropa. Quiero
verte. Quiero que exhibas tus músculos mientras me follas.
Abre la puerta con un gemido y se desliza fuera mientras me siento, observando
mientras se quita la camiseta y la tira por delante antes de bajarse los vaqueros y los
bóxers, dejándome contemplar su enorme y dura polla. Es tan gruesa y larga que tengo
que agarrarme la polla para no correrme al verla. Se va a sentir jodidamente bien dentro
de mí.
No puedo apartar la mirada mientras se arrastra dentro y sobre mi cuerpo mientras
caigo de espaldas.
Mis ojos se posan en él mientras se inclina sobre mí, sus brazos se agarrotan con
los movimientos y sus abdominales rozan mi polla. Es jodidamente caliente, y se lo digo
mientras lo beso. —Puedes tenerme, bebé, como quieras. Me quieres delante...
—De espaldas, niño rico. Quiero ver tu cara bonita cuando folle lo que es mío —
dice, y santa mierda, si mi corazón no se aprieta ante esa advertencia no tan inocente.
140
Me recuesto para él y deslizo la mano por su muslo grueso y musculoso,
disfrutando de las cosquillas que me hace el vello en la palma, antes de agarrar su larga
longitud y guiarlo entre mis piernas.
Sus ojos se abren de par en par, se agacha y busca algo en el suelo sin apartar la
mirada. Se sonroja mucho. —He estado investigando. Pensé que podríamos necesitar
esto.
—¿Y lo guardaste aquí? —Sonrío, apretando mi mano sobre su polla hasta que
gime, inclinándose sobre mí.
—Basta de charla —dice y destapa la botella, rociando sus dedos con el lubricante
frío. Me aparta la polla a regañadientes mientras sus dedos húmedos se deslizan por mi
polla, luego por mis huevos y más abajo, presionando contra mi agujero. Mira hacia abajo,
observando sus movimientos, y abro más las piernas, levantándolas para que queden
sobre sus hombros.
Gime y desliza sus dedos dentro de mí, y yo cierro los ojos, arqueando la espalda
mientras me toca inocentemente la próstata. Mi polla palpita de placer mientras mete y
saca los dedos, trabajando en un tercero, todo mientras me observa con obsesión y
hambre en la mirada.
—No más —suplico—. No puedo más. Te necesito dentro de mí. Necesito tu polla,
no tus dedos.
Gruñendo, me saca los dedos del culo y echa un chorro de lubricante en su polla,
y juntos la guiamos hasta mi culo. Nuestras miradas se cruzan una vez más y él vacila. —
Puedo contigo, bebé. Confía en mí. Lléname...
—Intentaré ser suave —tartamudea mientras empuja dentro de mí y ambos
gemimos al sentirlo. La aguda incomodidad solo dura un segundo, mientras se desliza
más adentro antes de retirarse y mover las caderas hacia delante.
—No te quiero suave, bebé. Te quiero brutal y duro. Fóllame —le ordeno, poniendo
las manos sobre sus hombros y clavándole las uñas en la piel. Sisea de dolor, sus caderas
chasquean hacia delante en retribución, llenándome hasta el borde con su enorme polla,
y grito.
—Mierda, lo siento, niño bonito...
—¡No pares! —Imploro, levantando las caderas para penetrarlo más
profundamente, y gime en respuesta. Abro los ojos y me fijo en su rostro brutal, y sus
ojos se concentran en su polla mientras me saca del culo y vuelve a metérmela,
haciéndome sentir tan jodidamente lleno que apenas puedo respirar. Cada vez que me
llena, me golpea la próstata, y yo clavo más las uñas.
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—Mírate. —Su voz está llena de asombro mientras empuja con más fuerza,
llenándome hasta que el auto se balancea con la fuerza—. Joder, niño bonito, eres la
maldita perfección. Estás hecho para estar debajo de mí, cogiendo mi polla.
—¿Me siento bien? —pregunto, con el corazón martilleándome en el pecho
mientras deslizo mis manos con avidez por sus músculos expuestos, pellizcándole los
pezones y viéndole gruñir por encima de mí.
—Caliente, tan jodidamente caliente y apretado. —Una mano golpea el techo de
su auto mientras empuja antes de gemir y bajar más, cubriendo mi cuerpo.
Su boca se desliza de nuevo sobre la mía en un beso ardiente y posesivo. Le
devuelvo el beso, comiéndole la boca mientras nuestros cuerpos se mueven. El placer
me recorre en espiral, mi polla roza sus abdominales y gotea sobre ellos mientras
balanceo las caderas. Gimoteando en su boca, lo empujo hacia arriba, necesitando
respirar. Giro la cabeza y él me muerde brutalmente el cuello antes de chupar.
—Te sientes tan bien, niño bonito. —Su voz es una ronca perversidad, llenando el
interior del auto mecedora—. Ahora nunca te escaparás de mí. Eres mío. Llevas mi puta
marca, y voy a manchar este culo para que nadie más pueda tenerlo —dice mientras
levanta de nuevo su torso, bloqueando más la luz mientras me folla. Sus embestidas se
vuelven brutales y duras, me duelen incluso cuando me hacen sentir tan bien que me
muerdo el labio hasta saborear la sangre.
Veo sus bíceps flexionarse con los movimientos, sus dedos clavándose en mis
músculos mientras gruñe mi nombre.
Le subo la mano por el hombro y le rodeo la nuca, sintiendo el sólido músculo que
hay allí mientras lo empujo hacia abajo para darle otro beso feroz.
Sacudo las caderas, necesitando más.
Las sensaciones me asaltan: su enorme polla golpeándome, sus manos
recorriéndome el cuerpo, sus ojos clavándome los suyos mientras nos separamos. Es
demasiado.
—Alek —suplico, cerrando los ojos mientras agarro mi polla y la acaricio. Siento
que me mira, y se hincha dentro de mi culo hasta el punto de dolerme. Sus embestidas
se vuelven viciosas, descoordinadas, mientras me penetra a la fuerza.
Duele mucho, joder.
Me encanta.
Se me erizan las pelotas de placer y no puedo contenerme más. —¡Alek! —Es un
grito ronco, una advertencia.
—Vente por mí, niño bonito, déjame verlo —exige por encima de mí como mi ángel
vengador.
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Mis caderas se agitan, y mi grito llena el auto mientras mi polla se sacude,
palpitando al ritmo de mi corazón mientras me corro, disparando cuerdas calientes de mi
liberación por todo mi pecho y el suyo.
Su palma me unta el pecho antes de levantar la mano y lamérmela, luego la deja
caer sobre el asiento y me llena dos veces más.
—Alek. —Abro más las piernas—. Vente dentro de mí. Déjame sentirlo.
Es todo el estímulo que necesita, y al segundo siguiente grita y su polla se sacude
dentro de mí. Su polla palpita con su eyaculación mientras me llena hasta que siento
cómo gotea dentro de nosotros.
Sus caderas se balancean, empujando más profundamente, y entonces se
desploma sobre mí, su peso casi demasiado. Sonriendo feliz, le rodeo con las piernas y
los brazos, sin importarme el desorden, y le beso la cabeza y la cara mientras le acaricio
la espalda.
—Eso fue... —Levanta ligeramente la cabeza mientras busca mi mirada.
—Increíble —digo sin aliento, y nuestros labios se juntan en la oscuridad, nuestras
manos se deslizan por el cuerpo del otro sin prisa mientras exploramos. Cuando nos
separamos para respirar, los dos sonreímos.
Me acaricia la cara y me peina el pelo sudoroso. —Te adoro, niño bonito.
Entorno los labios y busco sus ojos, dejando que algo de mi verdad se filtre en la
oscuridad de su auto. —Yo también te adoro.
Cuando llegamos a una bonita casa de dos plantas, el auto de Alek todavía está
lleno de vapor. Me lanza una mirada de complicidad, sus ojos bajan por mi cuerpo y
vuelven a calentarse. —Entremos antes de que vuelvas a tirarme en tu asiento trasero.
—Sonrío. Estoy muy contento. Esta noche he conseguido todo lo que quería.
Esperaba que me llevara a casa, pero me dijo bruscamente que me quedaba en la
suya. No voy a quejarme por eso, ya que mi dormitorio es estrecho y no quiero las
preguntas de Tommy toda la noche. Además, ¿pasar la noche en la cama de Alek
Anders? Joder, sí, apúntame, aunque sólo sea para dormir a su lado.
—Vamos, niño rico. —Sale y lo sigo por los tres escalones de hormigón hasta la
puerta. Hay plantas y flores en cajas fuera del porche con una alfombra de bienvenida
que dice —Vete a la mierda.
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Me río y él sonríe mientras abre la puerta. Cuando lo sigo, se lleva los dedos a los
labios en señal de silencio. —Alice está aquí. Estará dormida y se pone de mal humor si
la despiertas.
Asiento y permanezco en silencio mientras él cierra. A la izquierda hay un pequeño
y acogedor salón con una enorme televisión y sofás de cuero. También hay una mesa de
centro con flores y cuadros en estanterías con libros. El pasillo que tengo delante conduce
a una cocina que puedo ver desde aquí, en tonos verdes suaves. Las paredes tienen
paneles de madera y más cuadros colgados. Entrecierro los ojos en la oscuridad y veo
en ellos a Alek y Alice de distintas edades. Es totalmente distinto a lo que esperaba, y
cuando me toma de la mano y me lleva arriba, sonrío.
Es una puta lindura. El segundo piso está decorado en tonos pastel y tiene tres
puertas: una cerrada, otra abierta para mostrar un baño y otra parcialmente abierta al
final del pasillo. Se mete por la última, pulsa un interruptor con el codo y sujeta el agua
para no tener que soltarme la mano.
Es su dormitorio, con una cama de matrimonio arrimada a la pared del fondo, bajo
la ventana, y sábanas perfectamente hechas extendidas encima. Hay un banco en el
extremo con botas debajo, un televisor en la pared opuesta y un escritorio a la izquierda
cubierto de libros de mecánica y diagramas de autos. De las paredes cuelgan posters de
distintos autos, y a la derecha de la puerta hay una cómoda. Incluso hay una suave
alfombra azul en el suelo, y mientras cierra la puerta a patadas detrás de mí, miro a mi
alrededor. Me da un vaso de agua y bebo un sorbo mientras se dirige a la cómoda, se
quita la camisa y se baja los vaqueros. Sin más ropa que los calzoncillos, rebusca en un
cajón y saca una camisa negra.
—Toma. —Me lanza la camisa—. Puedes dormir con la mía.
Me quito la mía y cuelgo su chaqueta antes de ponerme su camisa. Me queda
enorme, pero es cómoda, y cuando se acerca a mí, con los ojos oscurecidos, no puedo
evitar sonrojarme. —Te queda bien mi camisa, ricachón —murmura, agarrándome por
las caderas antes de darme una palmada en el culo—. Métete en la cama, que mañana
tienes clases.
—Sí, papi —bromeo mientras me subo, pero él me da una nalgada hasta que me
pongo debajo de la ventanilla—. ¿Ese es tu lado? —bromeo.
—No, yo duermo en el medio —responde mientras enchufa nuestros dos celulares
y va a apagar la luz—. Pero así puedo protegerte —me dice. Ni siquiera se da cuenta de
lo que ha dicho, pero mi corazón vuela mientras me meto bajo las sábanas y apoyo la
cabeza en su almohada mientras él nos sumerge en la oscuridad.
Siento que la cama se hunde cuando él se sube y se gira para mirarme. Nuestras
manos están a centímetros de distancia sobre la almohada, así que acorto la distancia,
144
enlazándolas. Sus dedos se entrelazan con los míos mientras me observa. Su rostro está
en sombras, pero aún puedo ver su belleza.
Me observa un momento antes de que la oscuridad parezca hacerlo valiente y
vulnerable o tal vez sea lo que hemos compartido esta noche. No lo sé, pero es una faceta
diferente de él.
—¿Cuándo te diste cuenta de que… —Se interrumpe, parece inseguro.
—¿Me gustaban los chicos? ––pregunto arqueando una ceja, y su barbilla se
inclina en un gesto de asentimiento mientras sonrío.
—Era joven, tal vez once o doce años —murmuro—. Un chico me besó por una
apuesta y me di cuenta de que no lo odiaba. Supongo que siempre me fijé tanto en las
chicas como en los chicos mientras crecía. Entendía la atracción por ambos. Era difícil de
entender por mí mismo, ya que pensaba que era vergonzoso desear algo que no debía,
pero no podía evitarlo. A mis padres no les gustaba —me burlo.
—Antes mencionaste a tus padres. ¿No les hablas?
—Ya no. No podían aceptarme. Incluso intentaron sobornarme para que fuera
“normal”, como si gustarme los chicos no lo fuera. —Me río amargamente—. Son ricos
de la vieja universidad, y pensaban que yo era vergonzoso. Lo intentaron todo para
cambiarme, y yo hice todo para no perderme hasta que pude salir de allí. Me quieren a
su manera, la persona que quieren que sea, no la que soy. A veces los odio, y a veces no
me atrevo. Supongo que extraño tener padres, pero tener unos que no te aman ni te
aceptan por lo que eres no es mejor que no tener ninguno.
Me aprieta la mano. —Son estúpidos si no te aman, Evan. —Sonrío—. ¿Cómo fue
crecer así de abierto?
—Difícil —admito—, sobre todo en el pequeño pueblo del que procedía. No había
muchos que me entendieran o me aceptaran. Incluso los chicos con los que salía
ocultaban lo que eran por miedo a las repercusiones. Eso no me gustaba y no le veía
sentido a esconderme. Me convertí en un marginado. Me acosaban mucho, así que
empecé a tomar clases para aprender a protegerme. Mi padre me dijo una vez que no
podía ser gay y débil. Era una puya, pero me lo tomé en serio. Aun así, no cambiaría haber
crecido así. Me formó como soy y ahora puedo enfrentarme a cualquier cosa. Puedo ser
lo que sea siempre que sea fiel a mí mismo. Eso no significa que no me doliera, pero era
un tipo de dolor bueno, ¿sabes?
Me mira antes de extender la mano y acariciarme suavemente las mejillas. —Ojalá
yo tuviera la mitad de la fuerza que tú, Evan —dice en voz tan baja que apenas lo
escucho—. Nunca tuve la oportunidad de descubrir quién era, ni la fuerza. Mis padres no
están. Murieron cuando Alice era pequeña, y de repente era sólo mía. Yo era toda su
familia. Ella perdió a sus padres, y yo tenía que ser su roca, su lugar seguro, así que puse
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todo sobre mí en un segundo plano, y me convertí en lo que ella necesitaba. Ni siquiera
me di cuenta de que había estado a la deriva hasta que te conocí, simplemente existiendo
para ella y no para mí. No estaba feliz ni triste, sólo aquí. —Traga saliva, acercándose—.
Necesito que sepas, Evan, que hay una razón por la que soy como soy... con esto. Con
nosotros. —Frunzo el ceño, confuso, y él gime—. No estoy preparado para hablar de ello,
pero no eres tú, ¿vale? Ojalá fuera tan fuerte como tú y pudiera asumirlo, pero no puedo.
Espero poder algún día.
—Shh. —Lo beso—. No necesito que me lo digas si no estás preparado, pero
cuando lo estés, aquí estaré, y me alegra de estés descubriendo quién eres y qué te hace
feliz, Alek. Te lo mereces. Asumiste mucho cuidando a Alice tan joven, manteniéndola,
pero ahora no tienes que hacerlo solo.
—Siempre he estado solo —susurra.
—Ya no —respondo, besándole la mano mientras me acomodo. La sonrisa que
me dedica es suave y soñolienta, y nos quedamos en silencio, sumidos en nuestros
propios pensamientos. Soy incapaz de apartar la mirada de él, preguntándome qué le ha
pasado para estar tan aislado de sus propias necesidades y deseos. Es evidente que Alek
ha pasado por muchas cosas -perder a sus padres y convertirse tan joven en la única
familia y figura paterna de Alice-, pero por la forma en que habla, es obvio que hay algo
más. Espero que algún día sienta que puede compartirlo conmigo. Espero poder ser su
espacio seguro como él lo es para su hermana. Tengo la sensación de que lo necesita, y
quizá yo también.
Quiero que me necesiten y me amen, cuando durante toda mi infancia no lo fui.
—Buenas noches, niño bonito —murmura, acomodándose en la cama y
apretándome la mano como si temiera que desapareciera.
—Buenas noches, princesa —respondo igualmente en voz baja, sin querer
molestarlo.
Cuando se le cierran los ojos, no puedo apartar la mirada. Me obsesiona la
expresión de paz que transforma su rostro mientras se duerme. Hasta ahora no me había
dado cuenta en de la tensión que albergaba en su rostro, como si el peso del mundo
recayera sobre sus hombros. Ha admitido que siente que lo hace todo solo, y mientras
contemplo su rostro de aspecto más joven, se me parte el corazón por el chico que tuvo
que crecer demasiado deprisa. No me extraña que sea tan idiota.
Le doy un suave beso en la frente y me quedo todo el tiempo que me puedo. —
Duerme, princesa. Ahora no estás solo. Yo estoy aquí.
146
VEINTISEIS
147
salchichas y tocino, luego huevos y tostadas. El aroma de la comida inunda la casa y, en
el momento justo, oigo a Alice dando vueltas en su habitación; el sonido familiar me llega
directamente al corazón dolorido y alivia algo dentro de mí.
Pase lo que pase, siempre la tendré a ella y esto: nuestra rutina, lo familiar.
Incluso cuando no tenía nada más, nos tenía a nosotros. Un día, sé que ella tendrá
su propia casa y familia, y extrañaré el sonido de su torpeza al caerse de la cama para
venir a desayunar. La casa estará en silencio, y yo estaré solo porque no importa lo que
quiera, sé que nadie podría amarme para siempre.
Ella baja instantes después, con los ojos cerrados mientras se arrastra hacia el
interior, olfateando el aire como un sabueso. La observo, memorizando el momento. Lleva
el pelo recogido y en la mejilla tiene una arruga de la almohada. Ha crecido muy deprisa,
pero hay cosas que nunca cambian. Ojalá pudieran quedarse así para siempre, pero no
será así.
Prueba de ello es el gemido que viene de las escaleras cuando otra persona se
dirige hacia nosotros.
Me río mientras Evan entra en la cocina con los ojos entreabiertos y el pelo revuelto
por el sueño. —Comida —dice.
Miro entre Alice y Evan mientras él se hunde en un asiento, los dos medio dormidos
pero olisqueando el aire, y no puedo evitar sonreír. Por un día más, esta casa está llena
de amor y risas, de gente y recuerdos. Los atesoraré para que, cuando vuelva a estar
solo, pueda mirar atrás y recordar los mejores días en los que fui feliz.
Dejando la comida sobre la mesa, le sirvo a Alice café con el azúcar que le gusta
y se lo pongo entre las manos antes de que lo sorba como un zombi. También le sirvo
uno a Evan, intentando averiguar si le gusta con nata o con azúcar. Adivino y se lo sirvo
antes de prepararme el mío y sentarme. Doy un sorbo al mío y los observo hasta que
vuelven a tener vida en los ojos. Cuando están más despiertos, les sirvo la comida, a Evan
un plato y luego a Alice. Alice le da un mordisco y Evan me dedica una sonrisa soñolienta.
—Buenos días, princesa —murmura.
—Buenos días, niño bonito —le respondo, besándole la mejilla ya que no puedo
evitarlo.
Alice jadea de repente, haciéndome retroceder bruscamente, con una ceja
arqueada mientras se gira hacia Evan y señala. —¡Tú! ¡Estás aquí!
—Ajá, ha estado aquí todo este tiempo —señalo mientras me relajo hacia atrás,
confundido por lo cómodo que me siento con él cerca de mi hermana. No dejo que nadie
se acerque a ella, ya que es lo único bueno de mi vida, pero sé que Evan nunca le haría
daño. Diablos, me ayudaría a protegerla.
148
—Es demasiado pronto para tu descaro, hermano —espeta, girándose hacia
Evan—. No funciono antes de la cafeína, pero tú estás aquí.
—Cierra la boca —le advierto mientras agarro otra tostada, la unto con mantequilla
y la pongo en el plato de Evan. Mira entre nosotros, sonriendo, antes de hacerme un
gesto con las cejas.
—Entonces, Evan, ¿pasaste la noche? Llevaba los auriculares puestos, para
futuras referencias.
Se sonroja pero sonríe.
—Basta, Alice —le digo, pero no puedo ocultar mi sonrisa.
¿Por qué Evan Shaw encaja tan perfectamente en nuestra pequeña cocina y en
nuestra pequeña y rota familia como si siempre hubiera estado destinado a estar aquí?
Un niño sin el amor de sus padres y que lo ansía.
—Lo hice. —Asiente, lanzándome una mirada como si no estuviera seguro de qué
decir—. Era tarde, así que mejor aquí que volver y despertar a mi compañero.
—Ajá, ¿significa esto que tengo un nuevo papá? —bromea mientras Evan se
atraganta con su tostada—. ¿Puedo llamarte papá?
—Dios mío, creía que eras la hermana cuerda. —Tose mientras le doy un poco de
jugo y le acaricio la espalda.
—No, lo disimulo mejor. Además, me hace parecer cuerda. —Me señala con el
pulgar mientras suspiro—. Así que te gusta mi hermano, ¿eh? ¿Por qué? Es un imbécil.
—Uno bonito. —Evan sonríe.
—Ew, demasiado. —Se pone de pie—. Mejor me visto. —Camina hacia mí,
besándome la cabeza al pasar—. Me alegra que esté aquí. Me aseguraré de ponerme los
auriculares antirruido a partir de ahora. —Se ríe mientras se aleja a toda prisa.
—¡Prepárate, sinvergüenza! —le grito.
—¡Oblígame! —me grita mientras suspiro. Cuando miro a Evan, sonríe.
—¿Qué? —refunfuño.
—Me gusta tu casa. La mía siempre estaba vacía y tranquila. Me gusta la locura.
Es agradable. —Se encoge de hombros mientras da un mordisco, y se me parte el
corazón por él. No puedo imaginarme crecer en una casa fría, vacía y sin amor. Puede
que nuestra pequeña familia esté rota y un poco loca, pero está llena de amor y risas.
Mi corazón se rompe por Evan en ese mismo instante, así que lo beso rápidamente.
—Entonces ven aquí todos los días. También puede ser tuya. No digo que no te canses
de las discusiones, pero.... —Me río—. Es tuya.
149
—Ojalá —me ofrece en voz baja, y me inclino hacia atrás, observándolo, pero él
parece recomponerse y luego me sonríe alegremente.
—Será mejor que me cambie. Voy a robar una camisa. —Sube las escaleras y lo
miro irse.
¿A qué se refería?
¿No piensa quedarse?
—¡Alice! Maldición, ¿por qué no está cerrada la puerta? —Oigo un momento
después, y todos mis pensamientos negativos se transforman en risas.
Después de todo, quería una locura.
Llevo a los dos a la universidad, Evan en el asiento del copiloto, que es donde debe
estar. Entro en el conocido estacionamiento, bajo uno de los robles. Los estudiantes se
arremolinan en la hierba al sol, mientras otros se apresuran a entrar en el campus para
asistir a sus clases.
—Gracias por traerme —murmura Alice desde atrás.
—Sí, gracias por traerme, Anders. —Evan guiña un ojo—. Realmente lo disfruté.
Joder. Trago saliva mientras busco detrás de mi asiento lo que estaba buscando
antes de cambiar de opinión.
—Toma. —Le entrego una bolsa.
Parpadea y me mira. —¿Qué es esto?
—Tu almuerzo. No sabía si comías aquí o no pero... —Me froto el cuello
avergonzada—. Agárralo. —Se lo empujo mientras una lenta sonrisa se dibuja en sus
labios.
—Eres un blandengue. Gracias, princesa.
—Espera, ¿dónde demonios está mi almuerzo? —Alice pregunta desde atrás.
—Ya eres mayorcita para buscarte el tuyo —le digo.
—¡Él también! —protesta ella.
—Él es lindo —respondo, echándome hacia atrás y empujándola hacia la puerta
mientras nos mira.
—Yo también soy linda. Esto es favoritismo, ¡y no lo voy a consentir! —argumenta
mientras se baja.
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Pongo los ojos en blanco a ella y le sonrío a él. —Te mando un mensaje luego.
—Claro, diviértete en el trabajo. —Se inclina para besarme antes de que mis ojos
se desvíen hacia la gente que me observa, y luego se echa hacia atrás, con una sonrisa
que se marchita ligeramente—. Hasta luego, princesa. —Se va antes de que pueda volver
a hablar, y ojalá lo hubiera dejado besarme, aunque solo fuera para ver su sonrisa, pero
también para pasar el día sin verlo.
Mis ojos se quedan clavados en él, aunque debería irme, pero me alegra no
haberlo hecho cuando veo a un chico musculoso que se aparta de un banco y se dirige
hacia él, sonriendo y acercándose demasiado a Evan. Me doy cuenta de que está
coqueteando, incluso desde aquí.
Los celos me recorren y, aunque no tengo derecho, salgo del auto antes de que
pueda cuestionarme lo que estoy haciendo. En cuanto llego, aparto a Evan de su lado y
lo miro con cara de enfado.
—¿Alek? —Evan pregunta, confundido.
—Olvidaste esto. —Le doy su cámara que dejó en mi asiento del pasajero. Por
suerte, tengo esa excusa, pero no detiene mis celos, mis ojos en el tipo—. Nos vemos
después de clase, bebé.
—Hasta luego. —Me mira a mí y al tipo antes de agacharse y alejarse a toda prisa.
Levanto la ceja hacia el tipo, que retrocede y levanta las manos con una sonrisa
cómplice antes de marcharse.
Mierda, ¿acabo de reclamar a Evan Shaw delante de todos?
151
VEINTISIETE
Todavía no puedo superar la muestra posesiva de Alek esta mañana. Por suerte,
no había mucha gente cerca para cuestionarlo, pero sé que probablemente esté
preocupado. Sin embargo, no huye y me manda mensajes de texto todo el día para ver
cómo estoy y mostrarse cariñoso. Es diferente, y me gusta. Parece que algo ha cambiado
entre nosotros después de lo de ayer, y no podría estar más contento.
No soy de las que se deshacen de ellos sólo porque estoy saliendo con un chico,
un chico super caliente pero aun así. Mis amigos también tienen que ser prioritarios.
Alek: :(
152
pero ella siempre lo consigue de algún modo. Nos lleva a los sitios más extraños y nos lo
pasamos de maravilla. Es uno de sus puntos fuertes.
—Me muero de hambre —se queja Tommy mientras se reclina en su asiento.
—Yo también —añado, dando un sorbo a mi agua mientras los miro con una
sonrisa. Parece que hace siglos que no salgo con ellos, pero en realidad fue la semana
pasada y nos vemos todos los días. Sé que es importante reservar un tiempo para
reunirnos todos. Han estado conmigo en todo y son unos amigos increíbles, así que
guardo el celular en el bolso, no importa cuántas veces lo oiga vibrar, y en su lugar
mantengo mi atención en ellos.
—Valdrá la pena, lo prometo —dice Lally, ya que la dejamos pedir por nosotros,
confiando en su gusto—. Pero hay asuntos más importantes de los que ocuparse. —Me
mira enarcando las cejas—. ¿He visto a Alek Anders dejándote esta mañana, zorra?
Tommy grita, inclinándose con la mano levantada. —Bien hecho, follando esa polla
del armario, hermano. No vino a casa anoche.
—No voy a chocar los cinco —murmuro, pero no puedo evitar sonreír aunque
sacuda la cabeza—. No es así.
—Ajá, ¿y cómo es? —pregunta Lally, inclinándose hacia ella. Tommy la mira e
imita su movimiento. Ambos apoyan la barbilla en los puños mientras me miran con
sonrisas a juego.
—Bueno...
—Evan. —Me giro al oír la voz familiar y sonrío al ver a Autumn con unos amigos.
—Hola. —Me levanto y le doy un abrazo rápido—. ¿Estás comiendo?
—Acabo de terminar. Es increíble. —Ella sonríe a Lally y Tommy, y ellos asienten,
confundidos—. Sólo quería saludar. Pasen una buena noche, chicos. Hasta luego, Evan.
Asiento y la saludo con la mano mientras se va. Cuando vuelvo a sentarme, Lally
y Tommy se vuelven hacia mí. —¿Quién era?
—Puedo tener otros amigos —le digo.
Lally jadea dramáticamente. —¿Nos estás engañando?
—¡El horror! —Tommy grita .
—Vale, vale. —Me río, levantando las manos—. Nos conocimos en una clase, eso
es todo. —Sé que no puedo contarles lo de Rosa Silenciosa, así que miento, cosa que
odio hacer a mis amigos, pero por suerte, lo aceptan.
—Bien, lo dejaremos pasar... si nos hablas de Alek —responde Lally.
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Gimiendo, me froto la cabeza, pero ellos se limitan a esperar. Me acerco y bajo la
voz. —Nos estamos... viendo.
Chillan y se dan palmadas mientras los miro antes de inclinarme hacia ellos, sin
importarme que nos miren, ya que hacen mucho ruido.
—¿Cómo va todo?
—Cuéntanoslo todo.
Hablan al mismo tiempo y no puedo evitar sonreír, su emoción por mí es
contagiosa. No sé por qué estaba tan preocupado. Sé que son mis amigos y que siempre
estarán a mi lado, me apoyarán y me van a querer salga con quien salga, pero son
importantes para mí, así que sus opiniones importan. Me doy cuenta de que quiero que
les guste Alek y que se preocupen por él porque así es.
—Nunca ha sido así —admito suavemente—. He salido con...
—Muchos.
Miro a Tommy, que se ríe. —Pero nunca ha sido tan… emocionante. Es como si
todo fuera nuevo. Todo es nuevo para mí. Nunca había sentido algo tan intenso por
alguien. No soporto separarme de él y estoy obsesionada con todo lo que hace. No puedo
dejar de pensar en él. Nunca me había sentido tan atraído por alguien. Incluso besar se
siente diferente. Es sólo que...
—Fuegos artificiales. —Lally asiente—. Bastardo con suerte.
—Correcto, fuegos artificiales. Es increíble... —Me detengo, y sus ojos se
entrecierran—. Le da vergüenza hacerlo público. No está preparado, y no pasa nada.
Puedo esperar y entiendo lo difícil que es, pero me hace sentir que estoy haciendo algo
mal, ¿sabes? Ayer lo tomé de la mano sin darme cuenta y al instante me sentí culpable
cuando se asustó.
Lally y Tommy fruncen el ceño, se echan hacia atrás y yo levanto las manos. —No
es malo ni nada de eso. Fui yo el que estuvo dispuesto a esperar a que él estuviera listo.
Él no quería que lo hiciera. Yo sólo, sí, no sé. Supongo que no esperaba que fuera tan
duro. Sólo quiero gritar sobre con quién estoy saliendo. Es increíble, pero supongo que
llevará tiempo.
No me gustan las miradas que me dirigen, pero Lally finalmente suspira,
sentándose hacia delante. —Me alegra que seas feliz, Evan, y si dices que es un buen
tipo, te creeremos. Sólo espero que pueda aceptar tu relación y darte lo que quieres, eso
es todo —ofrece—. Nos preocupamos porque nos importa.
—Lo sé —digo mientras Tommy me cubre la mano.
—Dale tiempo y deja que se acostumbre. Supongo que todo es nuevo para él
también, pero no estaría luchando por esto si no le importara.
154
—También es cierto —añade Lally.
—¡Oh, ya sé! Hay una fiesta esta noche. ¿Qué tal si lo invitas? Podemos conocerlo,
y él puede pasar el rato con todos tus amigos, sin presión, sin miradas indiscretas, sólo
diversión. Puede que lo ayude a relajarse —sugiere Tommy.
—¡Es una gran idea! —Lally está de acuerdo—. Es un buen lugar para que vea que
a nadie le importa y para que te conozca a ti y a esta faceta de tu vida si quieres que
forme parte de ella.
—No sé. . . ¿Tú crees? —pregunto preocupado, mordiéndome el labio inferior.
—Es tu elección, Evan, pero creo que sería bueno para los dos —responde Lally.
Echo un vistazo a mi bolso, donde está mi celular, y vuelvo a mirarlos. —Vale, voy
a preguntarle. —Lo agarro, salgo y lo llamo.
—¿Bebé? —responde—. ¿Cómo está tu comida?
—Está bien. Lally y Tommy quieren que te invite a una fiesta esta noche.
Se queda en silencio y me asusto mientras me apoyo contra la pared del
restaurante.
—Sin presiones, estará lleno y probablemente no sea lo tuyo, pero puedes conocer
a mis amigos. Sólo Lally y Tommy nos conocen, pero no tienes que...
Su risita me corta. —Eres lindo cuando estás nervioso. —Siento que se me
calientan las mejillas cuando continúa—. ¿Quieres que me vaya?
—Realmente no tienes que hacerlo. Es probablemente tonto…
—Evan, ¿quieres que vaya? —pregunta, cortando mi murmullo.
—Sí —respondo.
—Entonces estaré allí. Yo conduzco. ¿Quieres que los recoja a los tres?
Se me derrite el corazón mientras sonrío ampliamente. —Me encantaría. Te
enviaré la dirección.
—Suena bien, niño rico, nos vemos entonces. —Se queda en silencio y creo que
ha colgado, así que voy a guardar el celular cuando vuelve a sonar su voz—. Me alegra
que me hayas llamado y preguntado. —Cuelga y me deja sonriendo.
Cuando vuelvo a entrar, Lally y Tommy me miran con las manos extendidas y los
dedos cruzados. —Ya viene.
La ovación que sueltan hace que todas las cabezas se giren en nuestra dirección
mientras me río.
155
VEINTIOCHO
Evan tiene buen aspecto esta noche. No puedo apartar los ojos de él cuando llego
a la dirección que me dio para recogerlo a él y a sus amigos. Lleva puesta una camiseta
de manga larga, con los pulgares asomando por unos cortes en las mangas. Es de color
gris oscuro con ranuras blancas en los brazos. El cuello está ligeramente rasgado y
termina a media cintura, de modo que cuando se gira o se mueve, deja al descubierto
sus abdominales. La visión no debería endurecerme ni hacerme sentir posesivo, pero lo
hace. Toda su piel a la vista, su cintura estrecha...
Mierda.
Los pantalones no ayudan. Puede que sean cargos sueltos, pero cuelgan bajos,
mostrando sus calzoncillos, y las cadenas que los rodean me hacen pensar muy mal.
Pero nada más importa, salvo su amplia sonrisa y su saludo cuando me ve.
No voy a admitir que estuve en el auto, contando los minutos que faltaban para la
cita, ni que me pasé una hora eligiendo un conjunto. Incluso le pedí ayuda a Alice,
queriendo estar bien para él y sus amigos. Sé que es importante y quiero causar una
buena impresión, pero una mirada a mi sol y toda esa ansiedad huye. Una sonrisa curva
mis labios mientras me detengo junto a ellos y me bajo, ignorando el bocinazo del tráfico
ya que no debería parar aquí. Normalmente, no me importaría ayudar a otros a subir al
auto, pero, de nuevo, sé que son personas importantes para mi chico.
—Hola, princesa —me saluda, me guiña un ojo y se fija en mi atuendo. Me siento
muy mal vestida con mi camisa negra y mis vaqueros. Mis botas tienen cordones amarillos
y me he peinado, pero de repente me siento muy... fuera de lugar—. Te ves bien. ––Al
instante, esas sensaciones desaparecen también.
—Perverso —murmuro, mirando a sus amigos—. Deben ser los ric… los amigos
ricos de Evan.
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—Soy Lally, y este es Tommy. —Una chica de pelo rosa sonríe. Cubierta de
piercings y tatuajes, se parece más a alguien con quien pasaría el rato, pero el atuendo
alternativo que lleva me hace enarcar las cejas. Asiento, abro la puerta y ella sube a la
parte de atrás. Tommy me saluda mientras la sigue. Lleva un overol holgado sin camiseta
y una gorra. Cierro la puerta, me dirijo al lado del copiloto y abro la puerta antes de que
Evan pueda hacerlo.
Levanta las cejas y sonrío mientras deslizo la mano por la base de su columna,
sintiendo su suave piel mientras me inclino hacia él. Se estremece cuando sus ojos se
posan en mis labios. —Estás como para comerte, niño bonito.
—Más tarde, si te portas bien —promete, los dos perdidos en los ojos del otro
hasta que un bocinazo le hace saltar.
Le hago una seña obscena al conductor mientras guío a Evan hacia adentro, mi
mano automáticamente va sobre su cabeza mientras se acomoda, y cierro la puerta
detrás de él. Apresurándome, me inclino y le abrocho el cinturón, por costumbre.
—Qué lindos son. —Lally sonríe, asomando la cabeza entre los asientos—. Me
alegra conocerte por fin. ¿Deberíamos llamarte idiota o Alek?
—Alek está bien —murmuro, avergonzado mientras miro hacia atrás—.
Cinturones.
—Ladra mucho pero no muerde. Bueno, muerde un poco —bromea Evan mientras
busca la radio y se pone a escuchar música. Lo dejo mientras salgo al tráfico.
Mis mejillas se calientan mientras me concentro en la carretera, pero sus amigos
sólo se ríen. —Bonito auto —dice Tommy—. ¿Lo has construido tú?
Asiento, sin saber qué decir. Nunca se me han dado bien las relaciones sociales
ni las charlas triviales, y me preocupa estar haciéndolo mal .
—Bonito, me encanta el trabajo artístico. Deberías pintar otros autos. La gente
pagaría por ello. —Asiente y lo miro por el retrovisor.
—Lo hago por algunos amigos. He pensado en ello —le digo. El tema me interesa,
así que me relajo—. Siempre puedo enseñarte un día.
—Claro que sí, me apunto. —Tommy sonríe y le da un codazo a Lally—. Me gusta.
Lally sonríe, pero me observa atentamente y sé que no se dejará convencer tan
fácilmente. Evan me ha hablado mucho de ella, y me alegra que la tenga. Es muy
protectora, y eso me gusta.
Me concentro en la carretera. He trazado el camino antes, cuando Evan me ha
enviado la dirección de la fiesta, así que lo dejo cantando con la radio mientras
conducimos, con Lally y Tommy charlando en la parte de atrás.
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Es... agradable.
Mi mano pasa del bastón a su muslo antes de recordar que no estamos solos y la
vuelvo a quitar. Me sonríe, me toma la mano y entrelaza nuestros dedos, sin importarle
sus amigos. No debería hacerme flotar, pero lo hace. Me gusta que sepan lo nuestro,
además de que parecen agradables. No me juzgan, no se burlan de mí, sólo me aceptan,
como si con que le guste a Evan fuera suficiente.
Levanto la mano y le beso el dorso en el siguiente semáforo. —Te he extrañado
esta noche —admito en voz baja.
—¿Lo hiciste? —Me besa la mejilla, con voz queda antes de apartarse—. Entonces
podemos pasar la noche compensándolo.
Aprieto la mandíbula ante su mirada hambrienta y vuelvo a mirar a la carretera
antes de hacer algo muy inapropiado. Se ríe y me agarra de la mano mientras entro en la
calle donde se celebra la fiesta. No me suelen gustar las fiestas de fraternidad, pero Evan
me ha invitado, así que iré.
Pero si está lleno de idiotas, quizá tenga que secuestrarlo. No puedo aguantar tanta
charla deportiva. Me sorprende cuando salimos y vemos deportistas allí. —No sabía que
eras un chico deportista.
—Evan es amigo de todo el mundo —se alegra Lally—. Lo suyo es romper
estereotipos. Igualdad de derechos y todo eso.
Enarco las cejas y él se encoge de hombros al bajarse. Me reúno con él en la parte
delantera del auto, con ganas de agarrarlo de la mano, pero me llevo a los bolsillos. El
césped está lleno de estudiantes, algunos saludando a Evan. Aquí no se puede pasar
desapercibido. No sé por qué pensaba que Evan era un marginado, pero parece que
conoce a todo el mundo.
Debo de parecer abrumado porque Lally enlaza su brazo con el mío y se inclina
mientras me arrastra tras él y Tommy hasta la enorme casa donde suena música en ese
momento. —No te preocupes, se hace más fácil, y he encontrado la respuesta perfecta
a los deportistas borrachos. No importa lo que digan, sólo di “de ninguna manera”, y
beber hace que sea más fácil disfrutarlo. Experiencia escolar y todo eso. —Me sonríe,
contándome el secreto.
—No bebo y conduzco, y menos con Evan en el auto —murmuro—, pero probaré
lo de “de ninguna manera”.
—¡Evan! ¡Has venido! —grita un imbécil corpulento. Está ayudando a un tipo boca
abajo a beber de un barril.
—Hola, Liam. —Evan saluda—. Bonita fiesta.
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—Ya lo sabes. Que pases buena noche, hombre. —Se gira hacia los amigos que
lo rodean mientras lo miro fijamente.
Esto es por Evan, me recuerdo.
Cuando entramos, Evan nos aleja del abarrotado comedor, que se ha convertido
en una pista de baile, y nos lleva al porche trasero, donde hay algunos sofás alrededor
de una hoguera. La música sigue sonando aquí, con la gente bebiendo y de fiesta, pero
hace más frío que dentro. Lally me empuja y agarra a Evan, empujándolo a mi lado. —
Vamos por bebidas —grita y se lleva a rastras a un confuso Tommy.
Evan se aprieta contra mi costado, así que me alejo ligeramente, no quiero que se
preocupe. Arquea una ceja, pero se vuelve hacia mí. —¿Primera fiesta universitaria?
—La primera y la última probablemente —admito.
—¿No es tu rollo, idiota? —Sonríe, inclinándose para oírme mejor.
—Prefiero la tranquilidad de mi garaje, sobre todo cuando estás inclinado sobre
mi auto —coqueteo, y él echa la cabeza hacia atrás mientras se ríe. Cuando vuelve a
mirarme, sus ojos brillan.
—Déjame contarte un secreto, princesa. Yo también lo prefiero. También me gusta
que seas un imbécil gruñón y antisocial, pero que aun así hayas venido sólo porque te lo
pedí. —Sus labios rozan mi oreja—. Te lo compensaré más tarde.
—Más te vale —gruño, sobre todo cuando un montón de chicos sin camiseta salen
corriendo y cantando. Dios mío, ¿en qué me he metido?
Sin embargo, su risa ante mi reacción es contagiosa y me relajo.
Por él, me recuerdo de nuevo.
Si no sabía que las fiestas de fraternidad eran para mí, ahora sí.
El —de ninguna manera— de Lally sólo funciona hasta cierto punto. Parece que
cada vez que voy al baño o por una bebida para Evan, me acechan. Deben de pensar
que mi corpulencia significa que soy un atleta, y es agotador. El bajo me retumba en la
cabeza y estoy sudando de tanto serpentear entre la multitud, pero Evan se lo está
pasando bien y eso es lo único que importa.
Está un poco borracho y se pone muy susceptible, cosa que normalmente no me
importaría, pero la multitud que se ha formado a su alrededor, como atraída por él como
un imán, empieza a darse cuenta y me lanza miradas cómplices. No estoy preparado para
preguntas, todavía no, así que mantengo las distancias todo lo que puedo sin resultar
159
obvio. Además, estoy sobrio y cada vez más gruñón, y no quiero arruinarle la noche. No
es culpa suya que esto no sea lo mío, y lo intento de verdad por él, pero no lo entiendo.
Está floreciendo como centro de atención. Diablos, incluso conmigo, su risa es
contagiosa, y las historias que cuenta tienen a todo el mundo al borde de sus asientos.
Es bueno, pero me doy cuenta de que se está cansando de mantener el ritmo, de intentar
ser el alma de la fiesta. Si no conociera a Evan tan bien, no me habría dado cuenta.
Cuando le entrego su bebida, su mano se posa en la mía antes de que dé un paso
atrás. —Así que Alek, ¿verdad? —dice uno de sus muchos admiradores.
Asiento, encontrándome con sus ojos mientras se inclinan hacia mí. —¿Eres amigo
de Evan?
Me froto el cuello mientras vuelvo a asentir, y él espera a que diga algo. — Parece
que tiene muchos amigos. —Me encojo de hombros y noto la decepción de Evan, pero
enseguida se anima.
—Alek es increíble con los autos, ¿verdad? —Dirige su mirada esperanzada hacia
mí, y no puedo decir que no.
—Lo hago bien. —Está claro que están esperando más, así que me devano los
sesos—. Um, reconstruí un Skyline desde cero.
—¿Como el de Fast and Furious? —pregunta una de las chicas—. Eso es muy
genial. ¿Estás soltero?
Mis ojos se abren de par en par, pero Lally se desliza. —Eres una puta de los autos,
Heather. ¿No te bastan los ocho autos que te compró tu padre?
La chica se ríe y se pasa el pelo por encima del hombro mientras responde a Lally.
—¿Por qué? ¿Quieres probar uno?
—Ya te gustaría. —Lally sonríe y me guiña un ojo.
—¿Puedes sostener esto un segundo? —pregunta Evan, pasándome su bebida.
—Claro, hermano. —Lo sostengo mientras se levanta, y parpadea al oír la palabra
—hermano.
—Um, ¿de acuerdo, hermano? —responde, sacudiendo la cabeza—. Voy al baño.
Voy a seguirlo, pero me señala a mí y a la silla. —Siéntate, hermano, ahora vuelvo.
Los amigos no necesitan escolta.
Mierda, voy a pagar por eso más tarde. Lo veo irse mientras gimo.
Lally se sienta a mi lado, inclinándose para que no se oiga nuestra conversación.
160
—Entonces, ¿estás cuidando bien de mi Evvie? —pregunta, dando un sorbo a su
bebida mientras me observa con ojos duros. Lally es una fuerza de la naturaleza. Diablos,
he visto hombres menos intimidantes que ella, y son ex criminales.
—Uh-uh, tu Evvie tiene mal genio y le gusta enfrentarme. No creo que necesite
protección de mí, tal vez al revés —señalo.
—Muy cierto. —Se ríe—. Pero no le hagas daño, ¿vale? —dice protectora—. Lo
entendemos. Todos hemos estado donde tú estás, y estás descubriendo cosas. Eso está
bien, pero no le hagas daño en el proceso. Ya le han hecho bastante daño, y es obvio
que le gustas de verdad.
—Nena —gimotea la chica de antes, intentando llamar la atención de Lally .
—Espera tu turno, cariño —responde Lally antes de girar hacia mí, y no puedo
evitar reírme. Oh, sí, es problemática. Parece que todos los amigos de Evan son
comodines. Asimilo sus palabras mientras la observo.
—¿Cómo lo sabes? —pregunto, sin reaccionar a su enojo o a su puya. Es
protectora con él. Lo entiendo.
—No estarías aquí si él no lo hiciera —señala—. Sé bueno con él, ¿vale?
—Me alegra de que te tenga a ti —le digo—. Es obvio que te preocupas mucho
por él. Lo último que quiero es hacerle daño.
Parece sorprendida, parpadea mientras da un sorbo a su bebida. —Bueno,
entonces bien. —Sonríe como si hubiéramos llegado a algún tipo de acuerdo, aunque no
tengo ni idea de qué.
—Deberías ir tras él —sugiere.
—Gracias. —Me pongo en pie de un salto y me apresuro a entrar, buscando a
Evan por la fiesta mientras ella se ríe y vuelve con la chica que le sonríe seductoramente.
Creo que Lally tiene su propio viaje a casa esta noche.
Pregunto por él y subo a donde me dicen. Es un laberinto de habitaciones, pero
cuando me escabullo por otro pasillo casi vacío, lo veo. Se me dibuja una sonrisa en los
labios y me detengo en seco al ver a la otra persona que lo acompaña.
La ira me invade, al igual que unos celos oscuros y empalagosos, cuando veo al
hombre acercarse. Aprieta la mano contra el pecho de Evan mientras se apoya en la
pared. Evan no la retira y, por la forma en que lo mira, está claro que se conocen bien.
¿Su ex?
Definitivamente es alguien a quien se folló, si la forma en que el otro tipo lo mira
hambriento es algo a tener en cuenta.
161
Es más alto que Evan y corpulento, con el pelo rubio y una sonrisa perversa. Es un
chico atractivo y todo lo contrario a mí. Llevo las manos a los costados y me invade una
furia que se mezcla con los celos. Quiero arrancarle de un puñetazo esa mirada de
suficiencia.
¿Por qué Evan no lo aleja?
—He dicho que no. —La voz de Evan me llega mientras se endereza, alejándose
de él.
¿Cuántas veces ha dicho que no? Mis celos se convierten en ira y, antes de darme
cuenta, me dirijo hacia ellos. Evan me ve y sus ojos se abren de par en par. Lo agarro por
el cuello, lo empujo detrás de mí y me giro hacia el chico.
—Oye, estaba hablando... —No dejo que termine. Le doy un puñetazo en la cara,
haciéndolo tambalearse contra la pared. Antes de que pueda darle otro puñetazo, la mano
de Evan me toca la base de la columna y me detiene. Aprieto la mandíbula, me doy la
vuelta y le agarro del brazo con fuerza, empujándolo a la habitación más cercana,
cerrando la puerta de golpe y accionando la cerradura.
De momento, me da igual quién nos vea y me da igual lo que digan.
Se me agita el pecho mientras miro fijamente a Evan y él retrocede hacia el lavabo.
Estamos en un baño. Me doy cuenta, pero no puedo concentrarme en otra cosa que no
sea él. Estoy siendo un idiota, pero no me importa. Cubriendo la distancia que nos separa
antes de volver a salir y romperle la mano por tocar lo que es mío, agarro la barbilla de
Evan y aprieto mis labios contra los suyos. Me devuelve el beso durante un minuto antes
de apartarse. Intenta apartarse de mí, pero aprisiono su cuerpo entre el mío y el lavabo,
no dispuesto a dejarlo marchar.
—En serio, Alek, eres un idiota —sisea, con las fosas nasales encendidas. Mierda,
está tan caliente cuando se enoja—. Tú dices hermano, ni siquiera me tocas en toda la
noche, tan preocupado de que se den cuenta de que me estás follando, ¿y luego vienes
aquí furioso y haces eso? Ni siquiera dejas que la gente sepa que estamos saliendo.
Demonios, ni siquiera sé si estamos saliendo, y aun así te enojas porque otro tipo trató
de hablarme...
Le tapo la boca y veo cómo se le abren los ojos mientras me inclino. —Déjame
dejar una cosa muy clara, Evan. Eres mío. Estamos saliendo. Me he pasado toda la tarde
sonriendo y charlando con tus amigos, y no ha sido porque me gusten. Fue porque me
gustas tú. Te quiero y quiero que seas feliz. Este es el último lugar en el que querría estar,
pero he venido por ti. —Sus labios se mueven contra mi palma. Deslizo la mano hacia
abajo y rodeo su garganta—. Así que sí, no me gusta que toquen lo que es mío ni que tú
se lo permitas. O entro aquí y te beso hasta que se me olvide o salgo y le doy una paliza.
Es tu elección, bebé.
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Espero a que sus ojos se crucen con los míos antes de que abra la boca y me
bese. —Buen chico —canturreo en sus labios, arrastrándolo más cerca.
Gime en mi boca, y el sonido me llega hasta la polla, que prácticamente se me ha
puesto dura desde que lo vi esperándome en la acera. Mi otra mano se desliza bajo su
camiseta recortada, acariciando sus abdominales mientras muerdo y chupo su boca. —
Odio esta puta camiseta tanto como la amo. Odio que todos puedan verte, pero me
encanta poder tocarte —le digo mientras inclino su cabeza y recorro su cuello con los
labios. Mueve las caderas hacia mí, dejándome sentir su dureza bajo el cargo.
—Alek, por favor —suplica.
—Me encanta cómo dices mi nombre cuando quieres mi polla, niño rico —gruño
mientras me arrodillo. Le subo la camiseta, deslizo los labios por sus abdominales, lo beso
hasta que jadea y luego le chupo los pezones, observando cómo traga con fuerza.
Me encanta cómo reacciona ante mí.
—¿Sí, bebé? —murmuro mientras lamo sus abdominales y me detengo en la
cintura de sus pantalones, burlándome de él.
—Por favor —me implora, agarrándome por los hombros e instándome a
levantarme. Con una risita sombría, me pongo en pie y vuelvo a rodearle el cuello con la
mano mientras le inclino la cabeza hacia atrás y lo beso.
Le doy la vuelta para que mire al espejo y mantengo una mano en su garganta
para que sepa que me pertenece, mientras la otra se desliza dentro de sus pantalones,
rodeando su polla. —Gime para mí, niño bonito, y que te oigan todos. Que ese idiota oiga
con quién te vas a casa esta noche.
Su cabeza cae hacia atrás, contra mi hombro, mientras me mira tocarlo a través
del espejo. La marcada diferencia entre nosotros me hace rechinar contra su culo. Él es
todo dorado y brillante, y yo parezco el puto diablo detrás de él, todo pelo y ojos oscuros.
Es un puto espectáculo, y ojalá pudiera grabarlo.
Más tarde, me lo recuerdo.
—Mírate —le murmuro al oído mientras deslizo los labios por su cuello. Se baja los
pantalones para que pueda ver mi mano acariciando su enorme y dura polla—. Mira qué
hermoso eres. ¿De quién eres, niño rico?
Se queda en silencio, con los ojos clavados en mi mano, así que dejo de moverme.
—Evan —gruño.
—Tuyo. Te pertenezco, ahora jodidamente tócame.
Me río y le muerdo la oreja en señal de advertencia. —Tan necesitado, niño bonito.
¿Quieres que te deje correrte?
163
—Sí. —Gime, empujando su polla en mi mano.
—Entonces úsame —le digo, rodeando su polla—. Hazte correr mientras yo miro.
Sus ojos chocan con los míos en el espejo mientras empuja mi mano, usándola
como si fuera la suya.
Joder, es tan hermoso. Le lamo el cuello y no le quito los ojos de encima, incapaz
de apartar la mirada mientras se retuerce. Siento cómo se sacude en mi mano y sé que
está cerca.
Se sube la camiseta, dejando al descubierto sus abdominales mientras se folla a
mi agarre, con las mejillas rojas de deseo. Dios, es la puta perfección. Casi me corro de
solo verlo, pero me contengo. Cuando me corra, será dentro de su culo.
Lamiendo su cuello, suelto mi aliento sobre su oreja. —Vente por mí, niño bonito.
Suelta un gemido, se muerde el labio inferior mientras se agarra a mi mano y se
detiene, corriéndose sobre mí mientras se muerde el gemido. Le quito la mano del cuello
y le saco el labio de los dientes. —Que te oigan, niño bonito —le ordeno mientras mueve
las caderas. Gime más fuerte, derramándose en mi mano hasta que finalmente se
desploma sobre mí.
Girándolo hacia mí, le subo los pantalones y se los abrocho antes de besarlo. —
Sólo iba a jugar contigo, pero me has puesto todo necesitado, niño rico. Es culpa tuya,
así que tienes que asumirlo. Aunque me niego a llevarme tu culo perfecto aquí. —Le paso
el pulgar por los labios mientras parpadea—. Pero tenemos otras formas. Dale un buen
uso a esa boca tan bonita. —Lo empujo hacia abajo, agarrándole el pelo—. Muéstrale a
tu novio lo agradecido que estás por él.
Sus ojos se encienden al oír la palabra y sus labios se entreabren mientras me
desabrocha los vaqueros y me los baja. —¿Te gusta eso? ¿Yo llamándome tu novio?
Asiente y saca la lengua para mojarse los labios mientras sus ojos se posan en mi
polla.
—Muéstrame cuánto te gusta —exijo .
Me rodea la punta de la polla con los labios y chupa con fuerza. La presión hace
que mi espalda se arquee mientras el deseo me invade. Me mira, sus ojos bailan con
diversión y lujuria, mientras abre más la mandíbula y me desliza en su boca húmeda y
caliente. La visión me hace empujar hacia delante, forzándome a entrar en su garganta.
Me deja mientras respira agitadamente por la nariz. Llego al fondo de su garganta y me
deslizo aún más profundamente.
Una de sus manos rodea la base de mi polla, apretándola, mientras la otra me
agarra del muslo, acercándome mientras lame y chupa mi polla. —Niño bonito. —Deslizo
la mano por su pelo, revolviéndoselo mientras lo saco y lo meto en su boca—. Joder, me
164
encanta cómo me chupas. Estás hermoso mientras lo haces. Esta boca está hecha para
mí, ¿verdad? Hecha para que la toque, la pruebe y me la folle, igual que ese cuerpecito
caliente. Cada centímetro fue hecho para mí.
Asiente, chupándome más profundamente y trabajándome con la mano cuando ya
no puede más.
—Mierda, mírate, bebé —murmuro—. Eres una maldita obra de arte. No me canso
de ti. Te necesito todo el puto tiempo. ¿Qué me has hecho, niño rico? —Divago mientras
le follo la boca, incapaz de contenerme, viéndolo adorarme. Se abren cosas dentro de
mí, y cuando zumba alrededor de mi polla, exploto con un grito, corriéndome en su
garganta. Lo levanto y le froto el cuello—. Trágatelo todo —le exijo, observando cómo se
le mueve la nuez de Adán mientras se traga mi semen.
Nos apoyo en el lavabo mientras él me rodea con sus brazos y me besa
suavemente. —Soy tuyo, Alek —promete con la voz ligeramente ronca. Tiene los labios
en carne viva, hinchados y tan jodidamente bonitos que no puedo evitar volver a besarlo.
—No lo olvides —murmuro, apoyando la cabeza en su hombro mientras intento
recuperarme. Cuando puedo respirar con normalidad, me abrocho los pantalones y me
lavo las manos mientras él me observa, con una sonrisa bailándole en los labios.
—Deja de mirarme así, Evan —le advierto.
—¿O qué? —pregunta, inclinándose hacia la puerta.
—O te daré por el culo aquí y ahora en vez de cuando lleguemos a casa. —Lo miro
mientras me seco las manos y nuestros ojos se cruzan en el espejo—. Donde planeo
pasar toda la noche enterrado dentro de ti, bombeándote tanto mi semen que estarás
goteando durante días.
Traga saliva, sus ojos se abren de par en par cuando me río y me dirijo hacia él.
—Eso es lo que pensaba. Volvamos con tus amigos antes de que envíen un equipo
de búsqueda. —Sonriendo, le froto los labios magullados y en carne viva. No dejan nada
a la imaginación.
En cuanto Evan salga ahí fuera, todos sabrán que ha estado follando, y me encanta
esa marca de posesión en él.
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VEINTINUEVE
166
—¿Me quieres, princesa? Ven por mí —me burlo mientras retrocedo.
—Evan —suelta.
Riendo, me doy la vuelta y corro hacia la cocina. Me agarra en el pasillo y me
golpea contra la pared, abollándola, pero no le importa. Me quita la camisa antes de que
me escape, me escabullo y salgo corriendo hacia la cocina. Me sigue, acechándome, y
se lleva la camisa a la nariz, inhalando.
—Cuando te agarre, niño bonito, voy a hacer que te arrepientas de haber huido.
—Oh, gran Alek malo —me burlo—. Demasiado lento para atrapar al débil niño
rico.
Se lanza sobre la mesa tras la que me escondo. Lo esquivo y vuelvo corriendo al
pasillo. Esta vez, llego hasta las escaleras antes de que me estrelle contra los escalones.
Me quedo sin aliento, y los cuadros de la pared traquetean con la fuerza. Me arranca las
botas de un tirón y luego los pantalones antes de que me dé la vuelta y lo aleje de una
patada. Él retrocede unos pasos y consigo ponerme en pie y girar, con la intención de
subir corriendo las escaleras, pero su brazo me rodea y me lanza por los aires.
Me golpea contra el sofá con suavidad y me empuja hacia abajo. Me levanta el
culo de un tirón y jadeo cuando me escupe, su saliva me golpea el culo y me gotea entre
las nalgas.
—Te lo advertí. Iba a ser amable, pero ahora no creo que lo haga. Creo que haré
que duela.
—¡Alek! —Jadeo cuando me empuja la cabeza hacia abajo. Apenas puedo respirar
contra el cuero mientras me abre las piernas y siento su polla presionándome el culo—.
No te atrevas... —Mi advertencia termina en un grito cuando empieza a empujar dentro
de mí.
Me estira hasta el punto del dolor, haciendo que me duela como prometió.
Debería haber sabido que no debía burlarme del diablo.
Gimo mientras empuja más adentro, su gruesa polla invadiéndome hasta la agonía.
—Shh —murmura, frotándome la espalda, y entonces vuelve a escupir y se saca,
mojándose la polla y volviendo a metérmela—. Buen chico, tómame todo. —Me agarra
por las caderas y me tira hacia atrás, deslizando los últimos centímetros hasta el fondo.
El ardor es demasiado, e intento apartarme, pero me tira hacia atrás,
manteniéndome prisionero, y luego me folla con embestidas duras y brutales mientras
las lágrimas caen de mis ojos.
Suavemente, tan diferente a la forma en que me está follando, los limpia. —Dios,
te sientes tan bien, bebé, tan jodidamente bien. Shh, te tengo.
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Grito mientras me levanta las caderas, encontrando ese punto en mi interior que
hace que se me crucen los ojos y que la agonía se mezcle con un placer tan intenso que
casi me desmayo.
—Eso es, niño bonito, llora para mí. Joder, me encanta cómo te ves debajo de mí,
estirado así. Me encanta lo apretado que está tu bonito culo alrededor de mi polla. Te
sientes tan jodidamente bien. —Su mano se desliza por mi espalda y me aprieta los
huevos antes de envolverme la polla y acariciarme mientras golpea mi culo—. Quiero
esto todo el puto día y toda la noche: debajo de mí, sobre mí, encima de mí,
cabalgándome, tomándome... dejándome reclamar lo que es mío.
Joder, he creado un monstruo, pero no parece importarme mientras empujo hacia
atrás, necesitando ese agudo filo de dolor que sólo él parece darme.
—Alek, princesa, por favor —le suplico, empujando su mano mientras me folla el
culo.
—Por favor, ¿qué? Dime, Evan.
—Por favor, fóllame más fuerte —imploro, empujando hacia atrás—. Quiero que
me duela.
Se inclina sobre mi espalda, dejándome sentir cada centímetro duro de su piel
mientras me penetra con fuerza, su mano apretando mi polla. —¿Así, niño bonito?
¿Quieres sentirme a cada paso que das? ¿Quieres que te arruine?
—Sí, sí, sí —gimo, con la voz entrecortada mientras el placer me recorre con tanta
fuerza que lucho por no caerme.
Mi polla se sacude en su mano mientras muerdo el sofá, ahogando mis gritos
mientras me penetra. Sus dientes encuentran mi cuello y se hunden en él, marcándome.
El agudo dolor se mezcla con el placer hasta que no puedo más. Se me hinchan las
pelotas y mi polla se hincha en su mano.
—Eso es, bebé, vente para mí —ordena contra mi cuello.
Con un grito ahogado, caigo sobre el borde. Hilos de semen me salpican el pecho,
su mano y el cuero del sofá mientras tiemblo y me sacudo por el éxtasis que me recorre.
Sigue follándome el culo apretado, con su voz cantarina en mi oído. Arrastra las manos
por cada centímetro de mí mientras gimo.
—Alek.
—Shh, puedes tomarlo. Quiero que te corras otra vez. —Me gira la cabeza, me
besa profundamente y se traga mis gemidos mientras sus embestidas se vuelven lentas
y rodantes. Poco a poco, mi polla empieza a endurecerse de nuevo. Mi necesidad de él
es enorme y empujo para ir a su encuentro, mordisqueando sus labios en la oscuridad.
168
—Ahí estás, niño bonito —alaba mientras se echa hacia atrás, me rodea la
garganta con la mano y me arrastra hasta ponerme de rodillas mientras me golpea el
culo. Su otra mano se desliza por mis abdominales para agarrarme de nuevo la polla,
trabajándola con fuerza y rapidez con mi propio semen. Su enorme polla se hincha dentro
de mí, y sé que está cerca, su respiración agitada en mi oído.
—Vente conmigo —me ordena, penetrándome tan profundamente que me duele,
llegando a ese punto que me hace gritar de éxtasis. Como él quería, vuelvo a correrme
mientras gime mi nombre, empujando aún más hondo, y siento su esperma caliente
llenarme mientras su mano me aprieta la garganta, apretándome contra él para que
ninguno de los dos tenga un centímetro de espacio.
Me gira la cabeza con la mano y deja caer un beso sobre mis labios. —Buen chico,
ahora vamos a limpiarte y llevarte a mi cama para que pueda empezar de nuevo.
La perversa promesa me produce un escalofrío de necesidad que sé que él
controla.
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Quizá estoy más jodido por mi pasado de lo que creía, pero mientras acaricio su rostro
apacible, no puedo evitar el terror que recorre mi sangre.
—Por favor, ámame —susurro—. Por favor, no seas como los demás. No creo que
pueda soportarlo.
Todos los que amo se van y me hacen daño.
¿Él será diferente?
Apoyo la cabeza en su pecho, cierro los ojos y lucho contra las lágrimas mientras
suspira y me rodea con sus brazos, abrazándome con fuerza sin darse cuenta y, por
primera vez en mi vida, siento esperanza.
Espero que podamos afrontar esto juntos.
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—Alek, mi profesor quiere poner mis imágenes en la exposición de fin de trimestre.
Es algo muy importante. Profesionales de la industria estarán allí.
—Más razón aún para que diga que no —suelta, con el tenedor en el plato mientras
lo miro fijamente a los ojos, enojado.
—Estás enojado por esto —murmuro.
—No lo estoy. —Suspira—. Yo sólo... no, ¿de acuerdo?
Ahora sé por qué estaba preocupado, porque sabía cómo reaccionaría. Sabía que
no querría esto. Si yo fuera una chica, ¿tendría la misma respuesta?
—Esto es importante, Alek —susurro, agarrando mi celular mientras él se levanta
y tira su plato al fregadero. Está de espaldas a mí, con las manos apoyadas en la
encimera—. Es algo muy importante. Nunca eligen a los de primer año para esto. Podría
ser lo que marque mi carrera, y me hace aún más feliz que sea con fotos tuyas... alguien
que me importa.
—No quiero que tanta gente me vea así —murmura, con vergüenza en el tono.
—¿Cómo qué? —pregunto mientras me levanto.
—¡Jesús, Evan, no, maldición! —grita mientras se gira, con los puños apretados a
los lados—. Sabes lo que pensarán, lo que dirán. —Sus ojos se abren de par en par,
llenos de pánico.
Rodeando la mesa lentamente, le cubro las manos. —Oye, no pasa nada. No
pensarán nada en absoluto. Se quedarán asombrados contigo, igual que yo. Todo va a
salir bien. ¿Puedes pensar...?
—He dicho que no —suelta, apartando las manos de mí y empujándome hacia
atrás. Golpeo con fuerza la mesa, haciendo sonar los platos mientras me mira fijamente—
. ¿No puedes respetar lo que quiero? Lo hice por ti, no por los demás. ¿No te importa
que no quiera que la gente me vea así?
—Si yo fuera una chica mostrando esas fotos, ¿te importaría? —respondo, y se
queda inmóvil pero no responde—. Así que no es por lo que son, sino por quién las hizo.
¿No es así? Crees que verán mi nombre y supondrán que eres mi novio. ¿Y qué demonios
pasa si lo hacen? ¿No puedo presumir de ti?
—Para de una puta vez. —Se pellizca la nariz—. Voy a llegar tarde al trabajo.
Agarra el autobús o un taxi hoy. —Sube las escaleras y lo miro irse.
Mi esperanza se hace añicos a mi alrededor, ya que acabo de recibir mi respuesta.
Alek Anders nunca querrá que el mundo sepa lo nuestro, demasiado asustado de
lo que significa.
¿Dónde nos deja esto?
171
Me deja hecho un desastre en su cocina, dándome cuenta de que me enamoré de
un hombre que nunca me amará como yo a él.
172
TREINTA
173
—Vamos, dímelo. Para eso están los amigos. Sé que no te gusta necesitar ni
depender de nadie, pero puedes confiar en mí, Alek. Puede que te moleste, pero somos
amigos y quiero que seas feliz, así que habla.
—¿No necesitas practicar? —pregunto, mis ojos se posan en la pista.
—La pista seguirá ahí. Mi amigo es más importante —responde sin un ápice de
vacilación.
Pateo las rocas con las botas, me debato entre cómo empezar, pero se me escapa.
—Dije una estupidez y luego subí enojado. Cuando bajé, se había ido. Mierda, debería
haberme quedado, pero estaba asustado y enojado, y necesitaba un minuto para no decir
algo que le hiciera daño por miedo, pero vi esa mirada triste de cachorro en sus ojos, vi
el dolor, y me fui. Ahora se ha ido y no responde a mis mensajes, y ni siquiera lo culpo.
—Bueno, bueno, empieza por el principio. ¿Por qué se pelearon? —me pregunta.
No oigo ningún juicio en su voz. Sólo está intentando resolverlo, y me doy cuenta de que
Sky tiene razón. Necesito a alguien que me escuche y me ayude. Necesito que alguien
que no me quiere como Evan me diga la verdad.
Le explico lo sucedido y me escucha. —Vale, así que en realidad no querías que
se vieran esas fotos porque las hizo Evan o....
—No, claro que no. Mierda, estoy tan orgulloso de él. Estaba preocupado, ¿y que
si sus fotos son reconocidas? Sé que no es para tanto. Sólo me preocupa cómo
reaccionará la gente —admito—. Que lo sepan.
—¿Qué sepan que están juntos? —me pregunta, y cuando asiento, me mira a los
ojos, considerando su respuesta por un momento—. ¿Sería eso tan malo, Alek? El mundo
no es igual que antes, y no hay nada malo en amar a Evan, en amar a un hombre. ¿Por
qué tienes tanto miedo?
—No tengo miedo —digo bruscamente, pero vuelvo a desplomarme en el auto,
con los ojos clavados en la pista—. No lo entiendes. Estás tan orgulloso de lo que eres....
—No siempre lo estuve. No digo que lo tuviera fácil, Alek, porque no fue así. No
eres el único al que le costó aceptar quién es, pero ¿realmente sería tan malo que te
quisieran así? Evan está tan orgulloso de ti que quiere presumirte y hablar de ti. Te deja
entrar en su vida, te busca una y otra vez, y tú lo alejas. Me pregunto si es porque tienes
mucho miedo de que todo el mundo se entere o si crees que no mereces su amor. —Se
endereza—. Si no puedes aceptarlo publicitariamente, al menos acéptalo en privado.
—¿Qué quieres decir? —susurro.
—Que te estás enamorando de un hombre... que eres gay, Alek. Tienes que
aceptarlo y quererte por ello o nadie podrá hacerlo nunca, y si no tienes cuidado,
perderás a un hombre que está dispuesto a esperarte y a sostenerte a través de ello, y te
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arrepentirás para siempre. Confía en mí y habla con él. Dile por qué tienes miedo y deja
que lo entienda porque ahora mismo, él piensa que te avergüenzas de él. Cree que
debería ser un secreto, y supongo que piensa que eso significa que no es lo
suficientemente bueno para ser amado.
—¿Qué? —Suelto un chasquido—. Nada más lejos de la realidad. Es jodidamente
increíble. Es inteligente, talentoso, amable y fuerte, y tiene esa risa que hace que todo
sea mejor. El mundo es más brillante cuando él está cerca. ¿Cómo podría pensar que no
es lo suficientemente bueno para ser amado?
—Las palabras son baratas, Alek. Las acciones hablan más. Evan me parece el
tipo de persona que se toma todo a pecho. Si ha sido herido en el pasado, entonces esa
cicatriz sigue ahí. Es tu trabajo ayudar a curarla, no crear más. Averigua lo que quieres y
rápido, porque —su mano se posa en mi hombro— quieras admitirlo o no, ya quieres a
ese chico.
—No puedo perderlo —admito—, pero no sé si estoy preparado.
—No puedes tener las dos cosas. —Sonríe tristemente—. Sé alguien de quien él
esté orgulloso. Sé alguien de quien tú estés orgulloso. Eres fuerte, Alek, la persona más
fuerte que conozco, así que si alguien puede levantarse y gritar lo que es, eres tú. A la
mierda lo que piensen o digan los demás. Eso no importa. Lo único que importa es la
gente que te importa y lo que piensan, y nosotros estamos aquí, justo detrás de ti,
apoyándote.
—Tienes razón —murmuro.
—Dilo otra vez. —Sonríe, haciéndome reír.
—No te pongas engreído. —Lo empujo hacia atrás—. Gracias por ser mi amigo,
Sky, incluso cuando soy terco...
—O grosero o malo o idiota. —Se ríe mientras vuelvo a golpearlo. Mi celular vibra
y lo saco, esperando que sea Evan, pero el corazón se me hunde y se me cae al ver el
texto que aparece en la pantalla.
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Me subo al auto sin decir palabra y corro hacia las únicas personas que me
importan en este mundo. Todo el tiempo, mi corazón late con miedo de que cualquiera
de ellos podría ser herido y que podría perderlos.
No, no puedo.
Mi pie pisa el pedal mientras corro entre semáforos en rojo para llegar hasta ellos.
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TREINTA Y UNO
Hice lo que Alek me sugirió. Salí, agarré el autobús hacia el campus, necesitaba
ese tiempo para pensar. Me pongo los auriculares, con mi música a todo volumen
mientras el mundo pasa, e ignoro a la gente que conozco mientras recorro el camino
hacia el edificio de arte. Llego pronto, antes incluso que los profesores, pero necesito
tiempo para pensar.
Mi teléfono vibra, dejo de caminar y lo saco.
Alek: No, una maldita gran noche. Envíame un mensaje, niño lindo.
Me debato respondiendo, mis dedos se ciernen sobre las teclas antes de suspirar
y guardar el celular justo cuando algo me golpea con fuerza. Salgo volando hacia un lado,
me golpeo contra el suelo y se me caen los auriculares. La música se convierte en gritos
mientras miro fijamente los ojos preocupados y aterrorizados de Tommy.
—¡Evan! —chasquea—. Te estábamos llamando.
—¿Qué? ¿Por qué? —Miro más allá de él mientras se agacha ante mí. Se me hiela
todo el cuerpo y los gritos cobran sentido.
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El árbol bajo el que me detuve sopla con la brisa, y colgando de sus ramas más
bajas, meciéndose como hojas al viento, hay dos cuerpos colgados del cuello, justo
encima de donde yo estaba.
Se oye un crujido, la rama empieza a romperse, y Tommy me sacude. —¿Estás
bien?
Asiento, poniéndome en pie mientras ambos nos giramos para mirar.
Las náuseas me suben por la garganta y trago bilis. Nunca había visto un cadáver,
y estos... Dios. Sus cuellos están doblados en ángulos extraños, sus huesos sobresalen
por donde una cuerda marrón oscura los envuelve varias veces. Es difícil distinguir sus
caras desde aquí, y doy gracias por ello. Su piel es de un color extraño, y los pájaros e
insectos que hay sobre ellos me hacen girar la cabeza y sentir arcadas.
Mi horror no hace más que crecer a medida que lo que estoy viendo se hunde.
Dos personas están colgadas.
Muertas.
—¿Qué está pasando? ¡Dios mío! —grita Alice. Rápidamente la agarro y le doy la
vuelta, con la mano sobre sus ojos.
—No mires —le digo—. ¿Alguien ha llamado a la policía?
—Uno de ellos lo hizo. —Tommy señala a la multitud. Veo a algunas personas
haciendo fotos y se me revuelve el estómago. Incluso en la muerte, no pueden encontrar
la paz de este mundo.
—Vamos. —Sujetando a Alice, agarro a Tommy y los conduzco al edificio para
evitar la multitud y los cadáveres. Alice está pálida y temblorosa, así que nos traigo un
poco de café, mis manos envueltas alrededor de la taza caliente, pero apenas puedo
sentirlo.
¿Estoy es shock?
La mano de Alice tiembla mientras teclea un mensaje. La abrazo mientras nos
sentamos en la cafetería.
—Estaban muertos —susurra Tommy.
Asiento, sin saber qué decir.
—¿Se suicidaron? —pregunta—. ¿Por qué aquí? ¿Por qué así?
—No lo sé —admito—. Esperemos a la policía, ¿sí? Alice, ¿estás bien?
Levanta la cabeza, su cara palidece y asiente demasiado rápido. —Le envié un
mensaje a Alek.
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—Eso está bien. —La tomo de la mano y nos quedamos mirando por la ventana
mientras las sirenas parpadean y la policía desciende sobre el campus junto a los equipos
de noticias.
Nos sentamos y lo observamos todo, callados y horrorizados.
¿Se suicidaron?
Se repite en mi cabeza.
Están interrogando a todo el mundo. Hay tantos policías que hacen un trabajo
rápido, pero dejan que Alice, Tommy y yo permanezcamos juntos.
—¿Eso es todo lo que vio? —pregunta el agente de más edad. Debe de tener unos
cuarenta años, pelo rubio y ojos amables que han visto demasiado. En su placa de
identificación pone —Winchester. —Su compañero, en cambio, es más joven, con el pelo
corto y negro y ojos fríos. Anota todo cuidadosamente.
—Sí, entramos después. No quería que Alice viera más —admito—. ¿Se… Se
suicidaron?
—Tendremos que esperar a la investigación —responde Winchester—. Estamos
preguntando a todos los presentes si los conocían.
—No vimos sus caras —le digo—. No quería.
Asiente, saca su celular y lo desliza para mostrar dos fotografías una al lado de la
otra. Son fotografías de cerca de los cuerpos, mostrando sólo sus rostros. —Tenemos
una identificación positiva de ellos, Kenny Rogers y Dodge Kennedy. Asistían a esta
universidad y sus compañeros de habitación denunciaron su desaparición hace semanas.
El hielo corre por mis venas mientras contemplo las imágenes.
—No los conozco. Lo siento, es una universidad grande —admite Tommy.
—¿Y usted, señor Shaw? —pregunta el más joven.
Levanto la cabeza y lo miro a los ojos. —Los conozco —digo, y ambos se centran
en mí—. Estaban molestando a Alice de camino a casa una noche.
—¿Cuándo fue esto? —pregunta.
—¿Hace unas semanas? —le contesto.
—Martes catorce —dice Alice—. Lo recuerdo porque tuve una reunión con un
profesor justo antes.
179
—Esa fue la noche en que desaparecieron. —Comparten una mirada y luego
vuelven a mirarme—. ¿Y qué pasó?
—Intentaron agredirla y yo intervine para impedirlo. —Dejo fuera a Alek, no me
gusta cómo me están mirando. Le echarían un vistazo y no escucharían nada de lo que
dijera.
—¿Les hiciste daño? —pregunta el más joven.
—No, sólo los detuve. ¿Desaparecieron después?
—Evan Shaw, necesitamos que vengas con nosotros.
Me paro, mirando entre ellos. —¿Por qué?
—Porque podrías ser la última persona que los vio con vida, y luego encontraste
los cuerpos. Es sospechoso —responde.
—Sólo necesitamos hacerte unas preguntas. —Winchester frunce el ceño mirando
a su compañero y luego me sonríe amablemente—. ¿Puedes venir con nosotros?
Sé que es una pregunta, pero si protesto, no me dejarán en paz. Asiento, agarro
mi bolso y le dirijo una mirada significativa a Alice, diciéndole que no saque el tema de
Alek, y luego me encuentro con los ojos muy abiertos y sorprendidos de Tommy. —
Quédate con ella hasta que llegue su hermano, ¿vale?
—Por supuesto. ¿Todo va a estar bien? ¿Debo llamar a alguien? —pregunta
mientras los agentes se detienen a mi lado para guiarme fuera de la habitación.
—No hace falta. Es sólo una charla informal. —Winchester sonríe—. Deberías
volver a clase o a casa. Por favor, ven a vernos si te enteras de algo. —Me agarran de los
brazos.
Informal mi culo.
Básicamente estoy siendo arrestado.
Creen que tuve algo que ver con sus muertes, lo que me dice que no fue suicidio.
Esto fue asesinato.
Esta vez sí vomito.
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TREINTA Y DOS
Cuando veo a toda la policía y a los equipos de noticias, el pánico que siento no
puedo contenerlo. Agarro a alguien al azar mientras pasan a toda prisa. —¿Has visto a
Alice Anders y Evan Shaw?
La chica asiente. —Han entrado. —Señala, y subo corriendo las escaleras, de dos
en dos, sólo para encontrarme con Alice al lado de Tommy justo dentro de la puerta.
Tommy asiente. —Alek.
—Alice, ¿estás bien? —La agarro y la miro—. Háblame.
—Estoy bien, estoy bien —responde, cubriéndome las manos—. Shh, estoy bien,
lo prometo.
El alivio me hace desplomarme, pero entonces miro a mi alrededor. —¿Dónde está
Evan?
Comparten una mirada, una que no me gusta, y el corazón me da un vuelco. —
Alice, ¿dónde demonios está mi novio?
—Se lo llevó la policía —susurra.
—¿Qué? —pregunto, mirándola a los ojos—. ¿Por qué?
—Había dos cuerpos, Alek, colgando aquí. Eran los chicos que me molestaron.
Sabían que Evan los había agredido y se lo llevaron. Estoy preocupada. No lo culparán
por salvarme, ¿verdad? —Las lágrimas corren por sus mejillas y la acerco más, besando
su cabeza. Intento contener la rabia y el pánico mientras la consuelo, pero mi atención se
centra en mi chico.
—No, no pasa nada. Probablemente sea rutina —digo, pero miro a Tommy, que
parece preocupado.
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—Tommy, necesito que lleves a Alice a casa, ¿vale? O a tu dormitorio, o llama a
Lally. —Le beso la cabeza y le quito las lágrimas como hacía cuando era niña—. ¿Segura
que estás bien?
Ella asiente, rodeándose con los brazos. —¿Adónde vas?
—Tengo que ayudar a Evan —respondo, dividido entre mi deber para con mi
hermana y el hombre que... bueno, él.
—¿Cómo? —pregunta.
—No lo sé, pero tengo que intentarlo. —Vuelvo a señalar a Tommy—. Directo a
casa, y llámame si pasa algo. —Me doy la vuelta y saco mi celular mientras corro hacia
mi auto.
Evan. Arrestado. Cuerpos. Las palabras se repiten en mi cabeza.
Dios, niño bonito, por favor que estés bien.
182
—¿Por qué demonios has tardado tanto? —exijo mientras me detengo ante ellos.
Los ojos de Evan se abren de par en par cuando me ve. —¿Alek? —Frunce el
ceño—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Él me llamó. —Bones se encoge de hombros—. Sólo recuerda lo que dije, Evan.
Ignóralos, les has dicho todo lo que sabes. No tienen nada contra ti. Ven a verme si
vuelven a molestarte. —Le da unas palmaditas en el hombro a Evan antes de asentir con
la cabeza y dirigirse a su auto, dejándonos a Evan y a mí mirándonos fijamente.
Recorro la distancia, pero él retrocede y yo bajo las manos. —¿Estás bien?
—Sí, sólo estoy cansado y me duele la cabeza —admite mientras pasa a mi lado.
Lo sigo hasta la acera, donde se gira para mirarme. La distancia que nos separa me está
matando.
—¿Qué pasó? —pregunto, con las manos en los bolsillos para impedir acercarme
a él, asegurándome de que está bien.
—Esos dos chicos que golpeamos... —Baja la voz—. Están muertos. Admití lo que
pasó esa noche, pero te dejé fuera.
—No tenías que...
—Quería protegerte —protesta—. Me interrogaron, pero no tienen nada, así que
tuvieron que dejarme ir, cosa que no les hizo gracia, y Bones se enojó. —Me mira—.
Tampoco mencioné tu nombre porque estaba preocupado.
—¿Preocupado? —repito, con confusión en el tono.
—Tengo que preguntar —murmura—. ¿Lo hiciste tú? ¿Los mataste?
—¿Yo? —resoplo—. Me halaga que me creas capaz de asesinar, aunque me
entristece que pienses que no lo ocultaría mejor, pero no, no los maté, Evan. Lo habría
hecho si hubieran tocado a mi hermana, así que no creas que soy un buen tipo.
Se relaja, restregándose la cara. —Tenía que preguntar.
—Niño bonito… —Me acerco un poco más y me levanta la mano.
—Estoy muy cansado, Alek. ¿Podemos hacerlo más tarde?
Me duele el corazón, pero asiento. —Está bien, déjame llevarte a casa, y podemos
hablar mañana...
—¿Podemos no hacerlo? —Mi corazón se detiene mientras él mira hacia otro
lado—. ¿Podemos no hablar mañana?
—¿Qué quieres decir? —susurro, el pánico me invade y el estómago se me
revuelve. Contemplando su rostro pálido, tengo la sensación de que lo he perdido—.
¿Estás rompiendo conmigo?
183
—Tendríamos que estar saliendo para que yo rompiera contigo —responde, con
la voz llena de veneno mientras me mira antes de volver a suspirar, con los hombros
caídos—. Sólo necesito algo de tiempo para procesarlo, y creo que ambos necesitamos
algo de espacio.
—Esta mañana... —empiezo—. Me equivoqué. —No sé qué más decir, y cuando
no doy más explicaciones, se ríe amargamente.
—¿Quieres saber por qué quería enseñar esas fotos? No por lo que haces en ellas,
sino porque eres tú y estoy muy orgulloso de ser tuyo, aunque sea en secreto, pero tú no
sientes lo mismo. No estás orgulloso, estás avergonzado, y eso duele, maldición, así que
dame espacio.
Doy un paso atrás, dejándolo seguir el movimiento. —¿Quieres espacio? Ya está,
ese es todo el espacio que obtendrás de mí.
—Alek —suelta, con los ojos irritados—. No puedes controlar esto ni darme
órdenes. No puedes evitar que me sienta herido o molesto. Tú decidiste negarnos esta
mañana. Ahora, yo puedo tomar la decisión de averiguar cómo me siento con todo esto.
—Agita la mano entre nosotros, con la voz muy seria y llena de dolor.
Tiene razón y lo odio. Vuelvo a dar un paso atrás, con el corazón desbocado. —
Claro, de acuerdo —respondo con frialdad, con calma, aunque mi interior es cualquier
cosa menos eso. Si lo presiono ahora, lo perderé y se irá. Está pendiendo de un hilo.
—Déjame llevarte a casa —ofrezco, esperando un momento más en su presencia.
Sacude la cabeza. —Iré caminando. —Vacila, rechinando la mandíbula antes de
encontrarse con mi mirada—. Gracias por llamar a Bones. Adiós, Anders.
Me llamó Anders, no Alek, princesa o idiota. Anders.
Está poniendo espacio entre nosotros, y lo odio. Odio haber arruinado lo único
bueno que tenía. Se da la vuelta sin decir nada más y se aleja, parece demasiado solo y
cansado.
Mientras lo veo irse, me pregunto cómo salió todo tan mal.
¿Cómo pudimos pasar de ser tan felices a estar tan destrozados?
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TREINTA Y TRES
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Eso hace que mis labios se curven. —Me sorprende que no estuvieras reuniéndote
fuera.
—Yo la detuve. —Tommy resopla—. Alek parecía tenerlo bajo control, y no quería
que la metieran en la cárcel junto a ti.
—Compañeros de celda —susurra Lally mientras yo asiento, pero el sonido del
nombre de Alek hace que se me acelere el corazón.
—¿Dónde está Alek? —Tommy pregunta.
—En casa. —Me encojo de hombros, y deben oír algo en mi tono.
—Uh-oh, ¿problemas en el paraíso? —Lally pregunta.
Suspirando dramáticamente, apoyo la cabeza en su regazo y ella me acaricia el
pelo mientras sigo mirando fijamente la pantalla negra del televisor.
—Díselo a tus amigas —insiste Tommy, frotándome las piernas—. Puede que no
te ayudemos a cometer un asesinato... —Se queja cuando una almohada le golpea—.
¿Qué?
Lo consigo y sonrío, girando para mirar al techo. Soy incapaz de mirarlos mientras
hablo, contándoles lo del correo electrónico y nuestra pelea. Se quedan callados un
momento hasta que llega la voz seria de Lally.
—¿Amas a Alek, Evan?
Me giro para encontrarme con su dura mirada. —Creo que estoy empezando a
hacerlo —admito temeroso—. Quizá debería hacer lo que dice y no enseñar las fotos y
aceptarnos tal como somos. Tal vez sea suficiente y yo esté presionando demasiado.
Cuando empezamos, sabía que él no estaba preparado. No es justo que lo castigue ahora.
—Eso es una estupidez —suelta Tommy—. Dijo tiempo, y eso significa evolución.
Si sigue igual, ¿cómo va a cambiar algo? Entiendo que no quieras abrirte todavía y que
te sientas confuso, pero hay una diferencia entre eso y obligar a la persona que amas a
negar su futuro por tu propio miedo.
—¿Quizás se preocupa más de lo que parece? —Sugiero mientras me siento.
—Evan Shaw, escúchame de una puta vez ahora mismo —me dice Lally , y mis
ojos se abren de par en par ante su tono furioso mientras me señala a la cara.
—¿De verdad te sientes tan jodidamente mal contigo mismo como para aguantar
que alguien te trate como una mierda? ¿Que te trate tan jodidamente mal sólo porque
estás desesperado por ser amado y aceptado, aunque eso signifique que nunca te
convierta en una prioridad, te exhiba o te reclame públicamente? Dime que te respetas
más que eso, Evan. Mereces ser amado en voz alta y en público. Mereces ser feliz, no
estar triste y preocupado porque cometiste el error de besarlo en público o agarrarlo de
186
la mano o enseñarle unas fotos. No te conformes, Evan. Lo digo en serio. Sé que crees
que Alek Anders es tu alma gemela, pero ¿y si sólo eres una aventura pasajera para él?
¿Alguna vez has pensado en eso? Eres sólo un experimento, algo que probar. Para ti, él
es tu para siempre, pero para él, eres sólo por ahora. Te amo, Evan, pero no me gusta en
quién te estás convirtiendo. Mi mejor amigo nunca aceptaría esto. El hombre que luchó
contra todas las personas, incluida su familia, para ser abiertamente bisexual nunca
aceptaría un amor que significara que tenía que ocultar quién era. Queremos que seas
feliz, y pensé que Alek también lo era, pero si no lo es, entonces corta con él. No te
doblegas por él ni cambias lo que eres por alguien a quien amas. Creces con ellos. Así
que dime, Evan, ¿merece la pena Alek? ¿Lo vale todo?
¿A eso se reduce todo?
Pasé tanto tiempo luchando por estar orgulloso de quién soy, ¿puedo volver a
avergonzarme de ello sólo para quedarme con él? ¿Puedo cambiar lo que soy para
conservar a la persona que amo?
—Lo amo —susurro, admitiéndolo por primera vez—. Lo amo, y me duele.
—Lo sé. —Ambos me toman las manos—. El amor no debería doler así, Evan. El
amor debería hacerte más fuerte, no más débil. No debería hacerte nudos. Te amo, Evan,
los dos te amamos, y estamos preocupados por ti. Nunca te habíamos visto así por nadie,
como si te hubieras convertido en un espejo, reflejando lo que Alek quiere ver, no lo que
realmente eres. Queremos que seas feliz.
—Lo sé. —Siento que las lágrimas me resbalan por la cara y me las quito de
encima—. ¿Y si no puedo alejarme? ¿Y si no soy lo bastante fuerte?
—Entonces no eres el Evan que conocemos y amamos —murmura Tommy—. No
eres el Evan que defiende a los más débiles que él, y no eres el Evan que se puso delante
de mí cuando nos asaltaron, cuando mis antiguos amigos descubrieron que era bisexual.
No eres el que lucha por todos. Recuerda quién eres, Evan, porque eres jodidamente
increíble, y si necesitas alejarte, hazlo. No te conformes sólo porque crees que es todo lo
que mereces.
Me rodea con los brazos y Lally también lo hace, así que ambos me abrazan. Lloro
abrazado a ellos. —Creía que era él.
—Lo sé. —Lally me besa la mejilla, abrazándome más fuerte—. Puede que aún lo
sea, pero tienes que luchar por ti, Evan, por tu corazón. No se lo entregues a alguien que
no te merece. Si se rompe, estaremos aquí con helado y películas malas, listos para llorar
contigo. Somos tu familia.
Eso sólo me hace sollozar más fuerte, y lloro por todo lo que he perdido.
Por el niño que sólo quería el amor y la aprobación de sus padres.
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Por el niño que sólo quería que su primer amor acabara felizmente.
Por el niño que no puede evitar enamorarse de quien desearía ser todo lo que no
es.
Por el hombre que haría cualquier cosa por el hombre del que se ha enamorado,
mientras que él sólo haría lo mínimo.
Por el corazón que curé y volví a regalar, sólo para que se rompiera una vez más.
Esta vez, me lo quedaré. Me lo daré a mí mismo.
Puede que Alek Anders sea el amor de mi vida, pero yo no soy el suyo, y a eso se
reduce todo.
Pensé que era mi para siempre, pero para él, sólo soy su presente, y eso duele.
Lally y Tommy roncan. Ella está en el suelo, entre nuestras camas, nuestras manos
aún enlazadas mientras yo miro al techo. Debería estar preocupado por la policía y los
cadáveres, pero sólo puedo pensar en mi corazón dolorido.
Se está rompiendo y lo odio. Sé que tienen razón.
Tengo que amarlo plenamente o dejarlo ir. No puede haber ningún punto
intermedio. Necesito respuestas, pero tengo miedo de obtenerlas porque sé que
significará nuestro fin.
Mi celular vibra y giro la cabeza para comprobarlo.
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Sé que soy joven, pero incluso a mi edad, sé que nunca habrá otro Alek Anders.
Él nació para ser mío y ser amado por mí. Nacimos para estar juntos, pero este mundo
es cruel y destroza la felicidad, y a veces el amor no es suficiente.
No puede cambiarlo todo.
Amaba a mis padres, incluso a pesar de sus prejuicios y su odio, y aun así me
rechazaron.
Amé a mis amigos a través de su confusión, y aun así se alejaron.
Amé a un hombre a través de su indecisión, y eso no hizo más que separarnos.
Me amé a mí mismo incluso cuando otros decían que no debía, y sigo aquí, dolido
y preguntándome por qué no soy lo suficientemente bueno.
Estoy tan perdido.
¿Cómo demonios se supone que voy a tenerlo todo resuelto como todo el mundo
espera? Se supone que debo tener un sueño y seguirlo, pero también trabajar duro,
divertirme y disfrutar de la vida sin cometer errores. Se supone que debo amar, pero no
demasiado ni demasiado abiertamente. Toda esta vida es una contradicción, y a veces
es jodidamente agotador simplemente estar vivo. Estoy tratando de entender las cosas y
encontrar mi camino, pero siento que estoy fallando todo el tiempo y haciendo todo mal.
Estoy parado donde estoy, mientras los demás siguen adelante.
Sólo quiero que Alek me abrace y me diga que todo va a ir bien, pero ni siquiera
puedo tener eso.
Ni siquiera puedo tener al hombre que amo. ¿No es una mierda?
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TREINTA Y
CUATRO
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y subo al auto un momento después. Los celos y la rabia se apoderan de mí cuando me
introduzco en el tráfico y casi choco contra un auto.
Miro el celular y pongo la dirección. Está al otro lado del campus y me paso todo
el trayecto enojado.
¿Cómo puede ignorarme y luego salir a coquetear y colgarse de otro hombre? Dijo
que necesitaba espacio, ¿y hace esto? Sí, me enoja, pero también me pone tan celoso
que apenas puedo ver bien. Ni siquiera estaciono cuando llego. Abandono el auto y entro
corriendo. La gente se aparta de mi camino, sin duda al ver mi mirada y no querer
joderme.
—Hola, Alek —me llama Lally con el ceño fruncido mientras busco entre la
multitud.
—¿Dónde está? —Exijo.
Sus ojos se abren de par en par y se cruza en mi camino. —No, no va a pasar,
grandullón. Tienes que calmarte antes de encontrarlo. No voy a permitir que le llueva
todo eso encima.
Respirando agitadamente, me llevo las manos a los costados e intento calmarme.
—No voy a hacerle daño.
—Ya lo has hecho —dice en voz baja. Aterriza y me estremezco—. Alek, ¿por qué
no te vas, y él hablará contigo cuando esté listo?
—No puedo —le digo, y su risa llega hasta mí. El sonido es más familiar que los
latidos de mi propio corazón, y tan brillante y hermoso que hace que me duela el alma.
Lucho contra la sonrisa que quiere curvar mis labios porque él no se rió por mí.
Paso junto a Lally, sigo el sonido y lo encuentro sentado en medio del salón. Está
contando una historia y todo el mundo está pendiente de sus palabras. Una chica le pone
la mano en el muslo. Se inclina a su lado, con los ojos brillantes por el alcohol y el deseo,
y a él no parece importarle.
Me siento como un intruso, y lo odio.
Odio que ella lo toque cuando yo no puedo.
Odio que él sea feliz mientras yo me derrumbo sin él.
—Evan —llamo.
Se gira y la charla se apaga, todas las miradas se vuelven hacia nosotros. Veo en
a gente dando codazos a sus amigos y cuchicheando, pero no me importa. Lo único que
me importa es cómo se apaga su sonrisa cuando me ve y se levanta.
—Alek, ¿qué haces aquí? —pregunta confuso, con un vaso colgando de las
manos.
191
—Estoy aquí por ti —respondo sin vergüenza. Me recorre con la mirada como
siempre, pero esta vez, cuando chocan con los míos, hay una frialdad que no me gusta.
—¿Cómo sabías que estaba aquí? —pregunta, y se hace el silencio excepto por
nuestra conversación. Dudo, y él frunce el ceño, dirigiéndose hacia mí mientras me
acerco.
Se reúne conmigo en medio de la habitación. —No me gusta que esté encima de
ti —le digo despacio.
—No tienes derecho a estar celoso ni enojado —replica cruzándose de brazos.
—¿No? ¿Qué tal el hecho de que estás aquí de fiesta cuando dos personas acaban
de morir, y estás bebiendo.
Se estremece. —Para olvidarte —admite.
—Querías espacio. —Doy un paso hacia él—. Hasta aquí llegas ahora.
Me mira fijamente, tan triste que me rompe el corazón. —Por favor, para, Alek.
—No puedo —respondo—. Lo he intentado, pero no puedo. Tú hiciste esto, niño
rico. Viniste por mí, hiciste que me preocupara y que te necesitara —siseo—. Es culpa
tuya.
—¿Mi culpa? —Su risa es tan amarga que me mata—. En eso tienes razón. Es
culpa mía por enamorarme de ti.
Mi corazón se detiene y luego se acelera. —¿Me amas?
—Sí, y soy idiota. —Me mira una vez más como si fuera un extraño—. Porque la
verdad es, Alek, que nunca vas a querer admitir que estás conmigo. Nunca vas a
quererme lo suficiente como para superar que no soy una chica. Sé que estás herido y
jodido por tu pasado, pero no puedo seguir haciendo esto.
—Niño bonito, por favor —le ruego, acercándome a él—. Vayamos a algún sitio y
hablemos en privado.
—Siempre en privado. —Desvía la mirada un momento—. No, he terminado con
la privacidad. —Trago saliva cuando vuelve a mirarme a los ojos—. Si me quieres,
bésame aquí mismo, delante de toda esta gente. Si no, me marcho para siempre. No
puedo hacerlo. No puedo seguir haciéndome daño sólo para mantenerte. No puedo
amarte si eso significa odiarme a mí mismo. Bésame, Alek, aquí y ahora, o me pierdes.
—No puedo —balbuceo—. Por favor, por favor, no me lo pidas. Por favor, bebé.
Asiente, frunciendo los labios en una sonrisa dolorida. —Entonces hemos
terminado. —Se da la vuelta, pero lo agarro del brazo. Me mira con lágrimas en los ojos.
Odio haberlas provocado. Me odio tanto ahora mismo.
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—Última oportunidad, Alek —advierte—. Reclámame delante de todos o déjame
ir.
—Por favor, no hagas esto, Evan —le suplico. No puedo perderlo, pero no puedo
hacer esto. ¿No ve mi pánico? Toda la fiesta se desvanece, los bordes se ennegrecen
hasta que siento que me voy a desmayar.
Vuelvo a estar allí, en esa otra fiesta, aunque estoy aquí, aferrado a Evan, entonces
él retira su brazo, mi salvavidas que me sujeta al presente.
—Entonces se acabó. —Se va, y yo caigo de espaldas en mis recuerdos.
Ni siquiera sé cómo salgo de la fiesta, pero cuando vuelvo a mi auto, Lally está
apoyada a mi lado, con la puerta abierta. —¿Llamo a tu hermana? —murmura
amablemente.
Aparto la cabeza, no quiero que me vea llorar.
¿Por qué siento como si hubiera perdido todo mi mundo?
—Bien, ¿necesitas que conduzca contigo? No deberías estar solo ahora.
—No —balbuceo—. Sólo quédate con él. Gracias. —Cierro la puerta antes de que
pueda protestar y, a pesar de mis palabras, apenas recuerdo el camino de vuelta a casa
o cómo me desplomé en la cama y me di la vuelta para enterrar la nariz en el edredón.
Entonces se me salen las lágrimas y me muerdo la lengua con tanta fuerza para
que Alice no se entere que pruebo la sangre.
Lloro en silencio por lo que podríamos haber sido si yo fuera lo bastante fuerte,
pero no lo soy. Soy débil, como dijeron: débil y equivocado.
193
TREINTA Y
CINCO
194
lo ocurrido, y mientras lo miro fijamente, no puedo evitar sentir que todos estamos
esperando que ocurra algo más, lo que no me sorprendería ya que fueron asesinados.
El asesino sigue aquí, libre y entre nosotros.
No recuerdo lo que pasó en mis clases. Tengo una reunión con mi asesor de
fotografía para hablar de las imágenes, pero sé que no puedo utilizarlas. No puedo hacerle
eso a Alek cuando él no las quiere en el escaparate. Puede que sea un imbécil que intentó
obligarlo a aceptarnos, pero no lo soy tanto. Tal vez por eso he estado inquieto todo el
día. Estoy enojado conmigo mismo por haber hecho eso.
Cuando llega el mensaje, casi me siento aliviado.
Me dirijo directamente allí después de clase, abro el mausoleo con mi llave y voy
el túnel como me enseñó Liam. No tardo mucho, y cuando entro en la mansión, no hay
nadie. Debo de ser el primero. Me dejo caer en uno de los sofás y dejo que mi cabeza se
apoye en el respaldo mientras cierro los ojos.
—Ahí está mi carcelero —me dice una voz un rato después. Abro un ojo y sonrío
mientras Bones camina hacia mí.
—Gracias por eso, por cierto. Sé que Alek te llamó...
—Eh. —Se deja caer en la silla junto a mí—. Ya estaba de camino cuando llamó.
Uno de nosotros lo vio caer y nos alertó. Como dijimos, Evan, eres uno de los nuestros y
te cubrimos las espaldas.
—¿Ibas a venir a ir sin saber si lo hice? —Resoplo.
—No eres un asesino, Evan. —Me mira significativamente—. Pero sí.
—Bien, ya están aquí —dice Autumn, entrando a toda prisa con los demás atrás.
Todo el mundo se dispersa rápidamente a medida que comienza la reunión—. Bueno,
Evan, nos dan un resumen. ¿Qué ha pasado?
—Fui uno de los muchos que encontraron los cuerpos. Entré para proteger a una
amiga cuando la policía vino a hablar conmigo. —Les digo lo que probablemente ya saben
y luego miro a Bones.
A diferencia de lo que les he dicho a los demás, me inclino hacia delante y les
cuento todo lo que he oído. No sé por qué, pero me parece importante que lo sepan.
Además, estoy preocupado, y si alguien lo entiende, serán ellos.
195
—Los policías también dijeron que creen que tenían drogas en sus sistemas para
mantenerlos obedientes y noqueados o no habrían sido capaces de moverlos. También
tenían lesiones consistentes con haber sido retenidos contra su voluntad. No lo dijeron
abiertamente, pero no creen que se trate de un suicidio. Creen que es un asesinato y que
los cuerpos fueron colocados allí por una razón. Intentaban cavar. —Echo un vistazo a
las caras de sorpresa—. Esos dos chicos fueron asesinados y colgados allí por una razón.
Autumn está pálida y se frota la cara. —Está pasando otra vez. —Es tan suave que
apenas la oigo, pero frunzo el ceño.
—¿Qué has dicho? —Le pregunto.
Levanta la cabeza y traga saliva. —Que está pasando otra vez. —Mira a su
alrededor—. Ninguno de ustedes estaba aquí. Fue hace cinco años, antes de nuestra era,
pero mi hermano mayor era el director de Silent Rose y me lo contó todo. Hubo algunas
muertes sospechosas en el campus. Eran presuntos asesinatos, y fueron encubiertos.
Fue un jodido gran problema.
—¿Cómo? ¿Por qué? —pregunto.
—El tipo al que detuvieron por ello al principio era miembro, pero se demostró su
inocencia y tuvieron que retirar los casos, pero sí.
—¿Y murieron así? —murmuro.
—El ahorcamiento es nuevo, ¿pero las drogas y las ataduras? Sí, murieron así y
los dejaron en el campus como advertencia de qué, nadie lo sabía.
—Tienes que volver a hablar con tu hermano o con cualquier miembro de
entonces —murmura Bones—. Necesitamos saber quién lo hizo, así podremos atraparlo
antes de que alguien más salga herido. Evan estuvo a punto de caer, y la policía sigue
buscándolo a él, no al verdadero asesino. Tenemos que limpiar su nombre.
Miro a Bones asombrado, y él capta mi mirada y asiente. —Eres uno de los
nuestros, Evan. Te protegeremos y arreglaremos esto. Hasta entonces, mantente oculto
y no hagas nada estúpido ni les des motivos para ir por ti, ¿vale? Todos sabemos que tú
no hiciste esto, así que déjanos probarlo.
Tragándome el nudo de la garganta, asiento rígido.
Así que esto es lo que se siente al tener una familia.
Mientras miro a los demás miembros, siento unas ganas locas de llorar. Puede que
esto haya empezado como una diversión, pero saber que están dispuestos a protegerme
me hace sentir que por fin he encontrado un hogar.
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TREINTA Y SEIS
—¿Por qué, por el amor de Dios, estamos aquí? —Alice se queda boquiabierta y
me mira con ojos inocentes. Lleva el pelo recogido en un moño y lleva unos leggings y
una camiseta extragrande desde que la pillé durante su maratón de películas—. A ti te
gusta hacer ejercicio, a mí no, así que búscate un amigo con quien hacerlo, no tu
hermana. No estoy hecha para el ejercicio. Estoy hecha para la comodidad, las siestas y
la comida —advierte.
—Lo sé muy bien. —Sonrío, le paso el brazo por encima de los hombros y la
conduzco por el estacionamiento hasta el gimnasio. Es tarde, así que está vacío, lo cual
es bueno porque sé que se avergonzaría si no lo estuviera—. Intenté que hicieras
ejercicio conmigo durante años, pero siempre te encontraba escondida detrás de las
máquinas, viendo dramas en tu celular.
—Se llama ejercitar mi mente y mi imaginación. —Resopla, tratando de escapar
de mi agarre, pero finalmente se da por vencida y se desploma de mala gana.
—O viendo, como tú los llamas, a los papis sexys. —Sonrío mientras empujo la
puerta.
—Oye, estoy a favor de la igualdad de oportunidades. Las mujeres también están
buenas. No soy mejor que un hombre. —Eso me hace levantar las cejas, pero ella no
parece darse cuenta de lo que ha dicho, así que lo dejo pasar. Alice hablará conmigo
cuando esté preparada. Si la presionas, se defiende. Mi hermana es tan terca como yo,
quizá incluso más, sólo que lo oculta tras una educada sonrisa.
Bones ya está calentando dentro, moviéndose por las colchonetas del gimnasio
mientras espera. Le envié un mensaje para asegurarme de que llevaba una camiseta
porque no voy a dejar cicatrices a mi hermana. Por suerte, accedió a hacerme este favor,
lo que me hace saber que probablemente también esté preocupado por lo que está
pasando en el campus. Además, siempre saca tiempo para entrenar a cualquiera en
defensa personal: es como su pasión o su hobby.
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—¿Por qué estoy aquí? —Alice pregunta, mirando a Bones.
—Te va a enseñar algo de defensa personal hasta que esté seguro de que puedes
manejarte en una emergencia.
—Alek —gimotea, poniéndome mala cara.
—No va a funcionar, chica. —Me encojo de hombros—. Lo digo en serio. Por favor,
por mí. Odio que algo así haya pasado aquí. Joder, se supone que es la universidad más
segura del país, por no decir la más cara. Necesito mantenerte a salvo.
Sus ojos se entrecierran sobre mí, y es en momentos como estos cuando tengo
miedo de mi hermana. Juro que puede leer mi mente.
—Sólo estás enojado y preocupada por Evan y me utilizas como chivo expiatorio
para evitar estar solo y darle demasiadas vueltas a todo —murmura Alice.
—Ouch. —Me llevo la mano al pecho—. Golpéame donde me duele. Por favor.
Alley Cat, ¿haces esto por mí? Eres la única familia que me queda.
—Usando la carta de la familia muerta, bastardo, pero sabes que es verdad. —
Suspira mientras se gira para mirar a Bones—. Pero lo haré por ti, y cuando dejes de
preocuparte por mí, podrás empezar a preocuparte por arreglar tu vida amorosa.
—Nunca dejaré de preocuparme por ti —admito mientras le alboroto el pelo—.
Para eso están los hermanos mayores.
—Y las hermanas están aquí para ser un grano en el culo. —Me apartó con un
codazo—. Llama a Evan. Arréglalo.
Mientras echa los hombros hacia atrás, caminando hacia Bones, que la está
esperando, no puedo evitar dejar caer los míos. —No puedo. Está roto —susurro, sin
querer que se preocupe por mí. Es mi trabajo preocuparme por ella, no al revés, y sí, tal
vez la estoy utilizando como una razón para seguir adelante, pero también quiero
mantenerla a salvo.
Me pregunto si Evan entrenaría con Bones. Sé que es hábil y puede protegerse,
pero no me gusta que esté en el campus donde ocurrió esto. Puede que me odie, puede
que no quiera volver a verme, pero lo entenderá, ¿verdad?
Saco el celular y abro nuestros mensajes, dudando entre las teclas. ¿Me ignorará?
Seguramente. Mis mensajes apilados de la semana pasada siguen en visto. Vuelvo a
hojearlos y me trago el dolor de mi corazón al leer los mensajes coquetos de antes. Abro
la última foto que me envió y rozo con el pulgar sus labios sonrientes, deseando más que
nada poder arreglar esto y ser el hombre que se merece.
Los cierros antes de ponerme a llorar como una maldita perdedora y, en su lugar,
pulso llamar, con la esperanza de que conteste. Salgo y me quedo junto al cristal para no
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perder de vista a Bones y Alice mientras espero ansioso a que conteste. Suena y suena,
y estoy a punto de darme por vencido cuando se enciende la línea.
Mi respiración es casi un jadeo, la excitación y el miedo guerrean en mi interior, y
me quedo luchando en silencio, sin saber qué decir.
—¿Qué, Alek? —Suspira.
—Has contestado —suelto como una imbécil, con las mejillas encendidas, pero
por suerte él no me ve.
—Eres terco, así que sabía que seguirías llamando hasta que lo hiciera. ¿Qué
pasa? —Parece cansado, y odio que probablemente sea culpa mía.
—Sólo quiero asegurarme de que estás bien con todo lo que pasó y... —Divago.
—Estoy bien. —La palabra mata mi esperanza. Es fría y tranquila, no deja lugar a
discusiones ni a que yo inicie una conversación. Está trazando una línea, y lo odio, aunque
sé que es lo mejor.
No merezco a Evan Shaw. No merezco ser feliz o amada. Esto es sólo un
recordatorio, pero no me impide intentarlo. Él es la única pizca de luz en la oscuridad de
mi vida, la única pizca de decencia y felicidad que he sentido.
—Niño bonito... —Trago saliva, sabiendo que no tengo derecho a llamarle así
ahora—. Evvie, por favor, lo siento. Si pudiera...
—No paras de pedir perdón —murmura—. Ni siquiera pensé que supieras
disculparte, pero aquí estamos. Una relación no debería consistir en que me hagas daño
constantemente y luego te disculpes. Debería estar llena de ti buscando la forma de no
volver a hacerme daño después de disculparte. Deja de llamar, Alek, ¿vale? Lo estás
haciendo más difícil. —Su voz es suave, dolida, y la odio.
Odio todo esto. Sólo lo quiero aquí, en mis brazos, donde pertenece. —Si es tan
difícil, no está bien —admito.
Se queda callado un momento. —Esta noche me he dado cuenta de algo. —Se
oye un ruido de fondo: ¿está en la cama? ¿Pensaba en mí como yo en él? ¿Me extraña
como yo a él?—. No me importaba esperarte cuando tenía esperanzas. Podría haber
esperado para siempre, pero nunca me amarás lo suficiente como para superar lo que
sea que te impide ser tú porque te gusta tu vida. Te gusta ser desgraciado. Te gusta ser
infeliz porque significa que nunca tendrás que volver a perder nada, y nunca me amaras
más que eso. Quizá estuvo mal por mi parte intentar forzarte a salir en la fiesta, y lo siento,
pero tenía que saber qué elegirías. No se trataba de que me besaras o me reclamaras.
Se trataba de mirarte a los ojos mientras lo pensabas. ¿Sabes lo que vi, Alek? Que tienes
miedo. Tienes miedo de ser feliz. Tienes miedo de amar a alguien, y por eso, te cierras
en banda y te impides querer nada para que no te hagan daño. Tal vez soy tonto por
199
intentarlo contigo cuando sabía cómo iba a terminar, pero al menos lo intenté. Soy sincero
conmigo mismo y con mi vida. ¿Y tú? En realidad no vives. Existes. Trabajas. Cuidas de
Alice. Nunca quieres nada para ti...
—Te quiero —interrumpo, con la voz tensa—. Te quiero a ti. Eres lo único que he
querido o tomado para mí.
—Y no me quisiste lo suficiente como para luchar por ello, no cuando las cosas se
pusieron difíciles. Te amo, Alek, pero ahora mismo, realmente no me gustas. A veces
desearía no haberte conocido. —Las lágrimas me llenan los ojos y caen sin control—.
Pero luego recuerdo la felicidad que tuvimos, aunque fuera breve, y no puedo
arrepentirme de eso. Sólo espero que algún día conozcas a alguien que te importe más
que protegerte a ti mismo. Espero que encuentres a alguien a quien amar, porque no soy
yo.
Cuelga y me quedo llorando contra un celular en silencio. —Ya lo he hecho —
admito.
Sé que tiene razón. Vio a través de mí incluso cuando yo no quería que lo hiciera.
Soy una cobarde. Tengo tanto miedo de salir herido que pensé que podía protegerme y
amarlo, pero eso no es posible. No puedes proteger tu corazón y dar sólo lo que deseas
a alguien. Tienes que ser vulnerable, débil, y confiar en que no te harán daño aunque
sepas que podrían hacerlo. Yo no hice eso. Estaba a medio camino de salir por la puerta
todo el tiempo, así que cuando se cerró tras de mí, no me dolió.
Pero duele. Duele, maldición, así que todas esas estupideces no han funcionado
porque a pesar de todo me sigue doliendo, joder.
Al girarme, aprieto la frente contra el cristal y veo a Alicia más allá, pero los ojos
se me nublan de lágrimas y sólo puedo pensar en el pasado y en la razón por la que estoy
así.
—Vamos, Alek, nunca lo sabrán —promete Matty, con la música de la fiesta aun
retumbando. Está acostado debajo de mí, sus manos agarrando mis bíceps. Me caí
después de que me empujara a través de la puerta.
—Matty, para —le exijo mientras su mano tira de mi camiseta hacia arriba,
deslizándose por mi pecho, pero no puedo contener mi gemido ni la forma en que
reacciono. Nunca puedo, y odio reaccionar ante él. He intentado besar a chicas,
follármelas como a todos mis amigos, pero no puedo. Nada funciona. Puedo ponerme
duro solo, ¿pero con una chica? No. Un toque de la mano de Matty y se me pone dura
como una piedra. Sonríe como si lo supiera, su mano desciende hasta presionar mi polla,
y gimo, sacudiéndome en su mano—. Por favor —le suplico—. No lo hagas.
200
—¿Por qué? Te gusta. —Se inclina y me lame los labios—. Ambos sabemos que
te gusta. Me deseas, Alek, ¿verdad?
Intento retroceder y detener esto, pero entonces sus labios están sobre los míos y
me está besando. Su mano me acaricia a través de los vaqueros y sus suaves labios me
hacen sentir tan bien que me rindo a ese deseo que llevo dentro y que me asusta. Me
dejo llevar, confío en él y le devuelvo el beso, apretándole contra la cama. La dura presión
de sus músculos contra los míos casi hace que me derrame dentro de los vaqueros.
Rompo el beso con un grito ahogado y lo miro fijamente a los ojos mientras me
acaricia. —¿Me deseas?
Asiente, con los labios enrojecidos por mi beso .
—¿Alguna vez...? —empiezo, sin saber qué decir, con las mejillas encendidas.
—¿Has estado con un hombre? No, podemos solucionarlo —responde—. ¿No
quieres?
—Sí, quiero —admito—. Más que nada, quiero saber cómo te sientes. No puedo
dejar de imaginarte debajo de mí.
Me inclino y confío en él mientras le beso la cara hasta el cuello. Se gira para
permitirme un mejor acceso, suspira ligeramente, y le echo la culpa a eso. Culpo a que
estoy tan perdida en él y en este nuevo deseo que al principio no lo oigo.
—¿Qué demonios? —El grito me levanta de golpe y mis ojos se abren de par en
par al mirar hacia la puerta y ver a la mayoría del equipo de fútbol viéndome besar a su
quarterback.
Vuelvo a mirar a Matty y él me mira. Veo miedo y confusión cuando hace un
momento sus ojos eran claros. Su expresión se vuelve mezquina, algo que no había visto
antes.
Los ojos de Matty se abren de par en par mientras mira hacia la puerta y la multitud.
—¿Ves esta mierda? Me forzó. Decía todo tipo de cosas malas. —Me empuja y se aleja
mientras me mira fijamente—. Es tan jodidamente gay. Tenían razón. Por eso no dejaba
de mirarme. ¿Lo puedes creer?
—¿Qué? —Me incorporo, confuso mientras los miro fijamente—. Matty...
—No digas mi nombre, maricón —escupe mientras se endereza su camisa de
diseño—. Me das asco. No puedo creer que pensaras que éramos amigos. Teníamos que
estar seguros. Supongo que estás tan desesperado por gustarle a alguien que pensaste
que realmente te queríamos aquí esta noche.
—¿Intentaste forzar a Matty? —Terrance, el linebacker, hace crujir sus nudillos
mientras se dirige a la habitación, el resto del equipo lo sigue, cerrando la puerta a
patadas tras ellos—. Vamos a darte una paliza, Anders.
201
Salto de la cama, pero me rodean. Son tantos que no tengo ninguna posibilidad.
Antes de darme cuenta estoy en el suelo, acurrucado para protegerme la cabeza, pero
el dolor es constante cuando me golpean con sus botas. Siento cómo me parten la mejilla,
me abren el labio y me suenan los golpes en la cabeza. Algo en mi interior se siente mal,
roto, y quiero gritar mientras la paliza continúa .
¿Es así como moriré?
Eso parece. El dolor es tan intenso que apenas puedo ver, pero de repente paran.
—Mierda, ¿son policías? —dice uno de ellos.
Gimiendo, intento incorporarme, pero el brazo se me resbala en la sangre y me
golpeo con fuerza contra el suelo, el agudo dolor me hace gritar.
—Tal vez, pero no me importa, voy a matar al chico gay primero —Terrance gruñe.
Me matará simplemente por ser así.
Los golpes en el piso de abajo lo distraen por un momento, y me fuerzo a ponerme
en pie a pesar de la agonía que me recorre el cuerpo, las costillas rotas o agrietadas que
me dificultan la respiración, luego me giro hacia la ventana del segundo piso y me tiro por
ella. Si me quedo, estoy muerto. Caigo al suelo con fuerza, casi llorando de dolor, pero
me lo trago mientras otros asistentes a la fiesta corren por el césped hacia sus autos para
escapar de la policía.
Huyo porque no tengo otra opción. A la policía no le importará, a nadie le importará.
Cuando miro hacia atrás, veo a Matty en la ventana con lágrimas en los ojos. —Lo siento
—me dice.
Ignorándolo, corro todo lo que puedo, intentando superar lo ocurrido esta noche.
Cuando llego a casa, estoy cojeando y agonizando. Sé que tengo la cara hecha un
desastre y la camisa llena de sangre. Espero que todos estén dormidos, pero cuando
entro por la puerta de atrás, sé que no tengo suerte. Mi padre está en el sofá, con una
cerveza en la mano, viendo la repetición de algún partido.
Oye abrirse la puerta y echa un vistazo, parpadea, se levanta de un salto y se
acerca corriendo. En sus ojos brillan la preocupación y la rabia, probablemente porque
no fue él quien se hizo los moratones.
—¿Qué demonios te pasó? —se enfurece mi padre, girándome la cara para ver
los moratones y la sangre—. Jesús, Alek, ¿te dejaste golpear así? ¿Por qué no les diste
una paliza?
—Eran demasiados —respondo, arrancándome la cara de su agarre, pero me
quedo paralizado cuando me vuelve a estampar contra la pared con el brazo en la
garganta.
—¿Acabas de contestarme, chico?
202
—No, señor —me fuerzo a decir, conteniendo las lágrimas que quieren caer. He
tenido una noche de mierda. ¿No puede dejarlo pasar por una vez?
—Más te vale que no. —Se aleja, agarra su cerveza mientras mira la tele una vez
más—. Lávate y evita a tu madre y a tu hermana durante unos días. No necesitan verte
así.
Se para en el respaldo del sofá, despidiéndome. Normalmente, me apresuraría a
alejarme, contento de que se haya acabado, pero esta noche, me empujo desde la pared
y pruebo suerte. Algo dentro de mí necesita que me mire y que sepa la verdad, aunque
sé que es una mala idea.
Estoy tan cansado de esconderme y resolver esto solo.
Tal vez pueda ayudar.
Al forzar las palabras, tengo la esperanza de que no tendré que pasar por esto
solo. Que, a pesar de su enfado, me apoye como hijo, me ame y me guíe cuando me
sienta como un barco sin ancla.
—Soy gay. Me pegan porque soy gay —le digo, pero ni siquiera me mira y se me
encoge el corazón, pero no me echo atrás. Estoy jodidamente cansado y solo—. Papá,
¿me has oído?
—Te equivocas. —Por fin me mira, y todo mi mundo se encoge al ver su
expresión—. Ningún hijo mío es gay. Sólo eres joven y estúpido. Encontrarás una buena
chica y sentarás la cabeza.
—¿Y si no lo hago? —Escupo.
—Entonces les ayudaré a sacarte lo gay a golpes, muchacho. Ningún hijo mío es
marica, así que no vuelvas a decir esa mierda. —Mi cabeza choca contra la pared por la
fuerza de la botella que golpea mi cara. El impacto me salpica de cristales y sangre
mientras miro atónito—. Si vuelves a decirlo, te mato, ¿entendido? Si alguna vez te veo
con un chico, te mataré yo mismo. Ahora desaparece de mi vista.
Mientras miro boquiabierto a mi padre, el odio crece en mi interior: odio hacia mí
mismo por haber nacido así.
Nunca seré el chico al que podría amar, ni el chico del que otros serían amigos e
invitarían a fiestas.
Me odio a mí mismo, y los odio a todos.
Abro los ojos y parpadeo para limpiarme las lágrimas. Odio que todo vuelva ahora.
Me esforcé tanto por ser normal, por ser chico que él pudiera amar y por ser aceptado
en esta sociedad que te castiga por ser diferente. Lo intenté y fracasé.
203
Sé que ahora no puedo culpar a mi pasado de mis actos. Sí, era joven, y lo que
pasó fue jodido, pero ahora soy mayor. Sé que lo que hicieron Matty y los demás estuvo
mal. Sé que mi padre se equivocó y que ser gay no es un problema. Es lo que soy, pero
eso no impide que las viejas inseguridades y miedos me fuercen. No me impide pensar
que todas las personas en las que confío o a las que dejo acercarse me harán daño o me
traicionarán simplemente por lo que yo quiero.
Dejé los estudios y conseguí un trabajo, y cuando murieron mis padres, los lloré.
Seguí adelante y crecí, así que ¿por qué no puedo dejar atrás a ese adolescente
asustado?
Antes odiaba a Matty, pero ahora que lo recuerdo, me da pena. Obviamente estaba
asustado y preocupado, y me utilizó como chivo expiatorio, pero ¿no estoy haciendo lo
mismo ahora con Evan?
Mira cómo me hizo sentir.
Evan tiene razón, estoy asustado, pero realmente desearía no estarlo.
Ojalá fuera lo bastante valiente para aceptar quién soy y amar sin preocupaciones.
Mientras veo a mi hermana aprender a protegerse, sé que tengo que tomar una
decisión: quedarme anclada en el pasado, sin aceptarme ni ser feliz, o ser valiente como
ella. Podría enseñarle que está bien ser quien es y amar a quien quiera. Ella me admira,
así que es mi deber marcar el camino, no solo por ella, sino también por mí, y ser el
cambio que yo necesitaba entonces.
¿Puedo romper el ciclo?
204
TREINTA Y SIETE
205
—Evan.
—No lo hagas, ¿vale? No necesito que lo defiendas ni nada.
—No voy a hacerlo. Soy tu amiga, ¿recuerdas? ¿Estás bien? —Se acerca y me
agarra la mano. Es suave y cálida, pero desearía que fuera más grande, tatuada y de él.
Aun así, dejo que me consuele.
—Ni siquiera un poco —admito con una risa amarga, encontrándome con sus ojos
una vez más, los ojos de alguien a quien quiero con otra cara. A veces se parecen tanto
que da miedo.
—¿Está bien? —le pregunto.
—¿Quieres la verdad? —pregunta, y la quiero por eso. Puede que sea su hermana,
pero también es mi amiga, y está claro que cuando Alice se preocupa, se preocupa
profundamente. En eso es como su hermano. Asiento y sonríe.
—No. —Su sonrisa es triste—. No lo está. Nunca lo había visto así. Es como si no
tuviera energía. Apenas come o duerme, incluso faltó al trabajo.
Odio que la preocupación me invada.
—Sé que no quieres oírlo, Evan, pero no importa lo que haya pasado o lo que
pienses, mi hermano se preocupa mucho por ti. Perderte lo ha destrozado —admite.
—Pero yo no le importaba lo suficiente —murmuro como un niño petulante.
—Evan, mi hermano ni siquiera sabía que tenía corazón hasta que te conoció. Lo
único que ha hecho en los últimos años es cuidarme, sin querer nada para sí mismo. Es
lento para admitir cuando siente algo. Es tonto al respecto, pero lo intenta.
—Alice. —La detengo y ella espera—. Toda mi vida me han dicho que lo que soy
está mal, es enfermizo y pervertido. No quiero que mi relación sea así. Quiero que mi
amor sea mi espacio seguro, mi lugar feliz, donde pueda ser yo sin pedir disculpas.
—¿Y no pudiste con él? —pregunta con sinceridad.
—¿Cómo voy a hacerlo si ni siquiera puede ser sincero consigo mismo? —Me
encojo de hombros.
—Olvídate de los demás y de lo que quieren, Evan. ¿Qué quieres tú? ¿Te importa
si Alek te ama en silencio o en voz alta? ¿O simplemente crees que debería importar? —
Me aprieta la mano—. Puede que sea lento, pero te lo demuestra de un millón de
maneras. Sus acciones son la promesa que te hace, Evan, aunque no se dé cuenta.
Piensa en todo lo que hace por ti. ¿Ese asiento del copiloto? Es tuyo. Ni siquiera me deja
sentarme en él, y nadie más puede sentarse en su auto. Te hacía la comida todas las
mañanas, sin importar lo tarde que trabajara, porque le preocupaba que no comieras lo
suficiente. Te recogía casi todos los días para que no tuvieras que ir caminando a casa.
206
Te ayudaba en tus fotos porque te hacía feliz. Estoy segura de que hay un millón de otras
pequeñas cosas, pero eso es lo que vi: mi hermano, un hombre que cuida de la gente
que quiere, estaba cuidando de ti.
—Él sólo cuida de la gente que le importa, Evan, y esa sólo he sido yo. Te ha dejado
entrar en nuestras vidas, en nuestra casa y en su corazón. Lo hace en silencio, sin
quejarse, no porque no quiera que la gente lo sepa, sino porque así es él. Puede que
nunca sea de los que gritan que eres suyo, pero te lo mostrará al mundo a través de sus
acciones si se lo permites. No digo que no sea un tonto, pero ha pasado años luchando
contra quién es. —Ella se inclina más cerca—. Nuestro padre lo odiaba, lo convenció de
que estaba mal ser gay. Hay una razón por la que es como es, Evan. No digo que esté
bien, pero lo intenta. A pesar de todo, lo está intentando. No estoy tratando de arruinar
esto o impedir que seas feliz, pero si no eres feliz pasando de él, entonces ¿por qué lo
estás haciendo? La vida es demasiado corta para reprimirte, Evan. Te mereces que te
quieran, sentirte seguro y feliz, pero nunca habrá otro que te ame como él.
—Alice.
—No —responde ella—. Mi hermano me ha cuidado toda mi vida. Se lo debo todo,
y quiero que sea feliz, y tú lo haces feliz, Evan. Lo haces jodidamente feliz. Lo has hecho
soñar de nuevo, soñar con un futuro que creía perdido. Quizá no debería decir esto, pero
veo a dos personas que me importan haciéndose daño, y no puedo soportarlo. Necesitas
amarlo o dejarlo ir por completo, Evan, pero si lo dejas ir, nunca volverás a tenerlo. Se
cerrará y nunca confiará en otra persona, así que ¿puedes intentar amarlo, sin importar
lo tonto que esté siendo? ¿Puedes amarlo lo suficiente por los dos, incluso cuando se
odia a sí mismo?
Miro sus ojos decididos. Me recuerdan tanto a los de su hermano, y tiene razón.
Lo amo y me duele alejarme de él. Él me lo demuestra, y sé que aquella fiesta fue un
error. ¿Pasé por alto su dolor, pensando que el mío era mayor? ¿Podría estar la razón en
su pasado?
No sé si alguna vez podremos ser como éramos o si esto puede funcionar, pero
tiene razón en una cosa: quiero que así sea. Nunca he deseado tanto algo, y me duele
estar lejos de él. Me duele tanto que siento que me muero.
Alek Anders es terco, enojado y tonto, pero es mío.
—Eres terca, como él —murmuro.
—Sí, lo soy. —Sonríe orgullosa—. Elijas lo que elijas, Evan, hazlo por ti, por nadie
más, y seguiré siendo tu amiga. —Ella rueda sus hombros, gimiendo—. Pero por el amor
de todo lo sagrado, por favor, saca de la mierda a mi hermano porque me mata con su
aburrimiento y sus penas.
Me rio.
207
¿Tiene razón?
¿Se puede salvar esto?
¿Merece la pena?
¿Él merece la pena?
La respuesta es sí. Puede que él no lo crea, pero yo sí.
Creo que merece la pena el dolor, la preocupación y las noches sin dormir, y si
volvemos a intentarlo y se rompe una vez más, al menos no me arrepentiré porque sé
que dejar marchar a Alek Anders sería el mayor error de mi vida.
No sé por qué vine aquí, aparte de que se siente como nuestro lugar. Nunca esperé
verlo, eso es seguro. Me salté mis clases para venir aquí y pensar en lo que quiero antes
de llegar, pero parece que el destino tiene otras ideas.
Sentado en un banco frente al estanque, bajo el cerezo, está Alek Anders, con los
hombros encogidos como si cargara con el peso del mundo. Cuando me acerco, ni
siquiera me oye. Veo su perfil y parece cansado. Lleva unos vaqueros negros con
costuras blancas y su chaqueta de cuero habitual y a pesar del cansancio, tiene buen
aspecto. El corazón me da un vuelco, me late más deprisa sólo de verlo.
Podría irme antes de que se diera cuenta, pero me acerco y me siento en el otro
extremo del banco, con la mano junto a la suya. Siento que mueve la cabeza hacia mí,
pero mantengo la vista en el agua. —No sabía que estabas aquí. Venía a pensar.
—Ya veo —murmura con voz ronca. Giro la cabeza y me encuentro con sus ojos
marrones. Alice tiene razón. Nunca amará a otro, nunca dejará entrar a otro. Así es Alek,
y ama tanto que sería una vergüenza para este mundo.
Ser amado por Alek Anders sería algo hermoso, creo.
—Iba a llamarte —admito, y él parpadea sorprendido, con la esperanza floreciendo
en sus ojos antes de apagarse.
—Vigilaré a Alice en casa. No tienes que preocuparte. —Se encoge de hombros,
mirando hacia otro lado, tan seguro de que nunca todo gira en torno a él, ni siquiera
ahora.
—No quería hablar de Alice. Quería hablar de nosotros. —Regreso la mirada al
agua, dejando que la quietud me dé fuerzas.
208
—¿Hay un nosotros? —pregunta. Parece enojado, pero ahora lo sé. El dolor de
Alek se oculta tras su ira, ira que dirige a un mundo que nunca le ha ayudado y a unas
personas que nunca se han preocupado por él.
—No lo sé —respondo con sinceridad, sin querer mentirle—, pero creo que quiero
que lo haya. —Me encuentro con su mirada—. Pero necesito respuestas, Alek. Necesito
entender.
—¿Entender? —repite como un loro.
—Dijiste que no podías en la fiesta, que tenías tus razones. Quiero oírlas ahora si
quieres decírmelas. Quiero saber por qué. Quiero entenderlo. Estoy listo si tú lo estás.
209
TREINTA Y OCHO
210
Trago saliva mientras lo miro fijamente a los ojos. —Pensaba que estaba mal ser
lo que era, y me convencí a mí mismo de que estaba equivocado, que no era gay, para
hacerlos felices y que no volviera a ocurrir. Empecé una nueva vida y me esforcé mucho
por ser lo que todos querían, sobre todo después de la muerte de mis padres. Pensé que
eso me liberaría, pero tenía que crecer y cuidar de Alice, y sabía que en un mundo donde
la gente como yo no era aceptada, eso le causaría problemas. Tenía miedo, Evan, así que
lo enterré en lo más profundo, pero no me di cuenta hasta que te conocí. Creo que por
eso te odiaba tanto al principio: porque te deseaba. Te vi, e hiciste que todo volviera. Me
hiciste desear cosas que juré que sólo eran un mal sueño o una rebelión adolescente.
—Me obligaste a enfrentarme a quién era, pero luego no me importó porque te
tenía a ti, y nunca había sido tan feliz. Por fin estaba abierto conmigo mismo y aprendiendo
que estaba bien, y lo siento, Evan, pero cuando me pediste que te besara en la fiesta,
todo volvió. No podía respirar y me sentí como en el pasado otra vez. Debería habértelo
dicho, pero hablar nunca ha sido mi fuerte. Siempre meto la pata, así soy. No te merezco,
Evan, pero te deseo más de lo que jamás he deseado nada. Eres lo único en este mundo
que me hace feliz, que me hace tener esperanza. Eres la única persona a la que he dejado
entrar, a la que he dejado que me amara, incluso cuando creía que no se me permitía ser
amado.
Me mira, con los ojos vidriosos mientras hablo, y me lanzo hacia delante, dejando
que salga de mí. —Metí la pata y te hice daño, pero nunca quise hacerlo. Eres la última
persona en este mundo a la que quería hacer daño, pero lo hice, y lo siento. Siento seguir
dejando que mi pasado se meta con mi presente. Realmente estoy tratando de llegar a
un acuerdo con todo. No digo que no vaya a volver a hacerte daño o a cagarla, pero haré
todo lo que pueda para arreglarlo. Evan Shaw, eres todo mi mundo. No estaba viviendo
hasta que tú llegaste. Estaba existiendo. Has devuelto el sol a mi vida, has devuelto la
esperanza y los sueños y la risa, y no puedo volver a vivir sin eso... a vivir sin ti.
Tragándome mi orgullo, me acerco y pongo mi mano junto a la suya, dejándolo
elegir. —Deseo... no, quiero ser lo que tú quieres, lo que tú necesitas. Quiero poder
besarte en una fiesta llena de gente. Quiero tomar tu mano en público y que todo el
mundo sepa que eres mío. Quiero ser todo lo que necesitas, y te juro que lo intentaré,
Evan. Dame una oportunidad, niño bonito, y te amaré con todo lo que llevo dentro hasta
el día de mi muerte.
Sus dedos cubren lentamente los míos y sé que vamos a estar bien. Mis ojos se
llenan de lágrimas y él se las seca. —Bien —susurra—. Haremos esto juntos y nos
enfrentaremos a tu pasado y a nuestro futuro. No tenemos que precipitarnos.
Intentémoslo de nuevo, pero sin más secretos ni escondites. Si estamos en esto, estamos
juntos.
211
—Juntos —murmuro, apretando mi frente contra la suya—. Te he extrañado, niño
bonito.
—Yo también te he extrañado —susurra, y sus ojos se posan en mis labios antes
de apartarse, pero le rodeo la nuca con la mano y lo beso suavemente. ¿Cómo puede ser
malo algo tan bueno? No me importa quién esté a mi alrededor. No me importa nada más
que nosotros.
Ya no me importa quién lo vea o lo que piense. No hay nada peor que me puedan
hacer que lo que me he hecho a mí mismo, y no hay nada en este mundo que pueda
compararse a perder a Evan. Aceptaré su juicio si puedo conservar mi sol. Seré su
oscuridad y su barrera contra todo.
—Te amo —susurro orgulloso.
—Yo también te amo —responde con una sonrisa—. Y un día, te amarás a ti mismo
como yo te amo. Te prometo, Alek, que borraré todo lo que te hicieron, y si alguna vez
me los encuentro, los mataré por lo que te hicieron pasar. —Lo dice en serio, y por alguna
razón, me hace llorar, sabiendo que este sol lo arriesgaría todo sólo para herir a los que
me hirieron.
—Puede que te deje —admito débilmente.
Recostando la cabeza en su hombro, dejé que me abrazara mientras soltaba toda
la rabia, el dolor y el resentimiento.
Sólo existo en los brazos de Evan, dejando que me recomponga.
Nos sentamos en un cómodo silencio, nuestras manos entrelazadas en su muslo,
nuestros brazos alrededor del otro mientras miramos el agua. La esperanza florece entre
nosotros: una segunda oportunidad.
Es lo más feliz que he sido nunca, y sé que no volveré a dejar escapar a Evan. Esto
es todo para mí. El chico del que se suponía que nunca me enamoraría se ha convertido
en mi todo, y no importa lo que piensen los demás, estamos en esto a largo plazo.
Somos una especie de para siempre, y eso es tan hermoso.
No necesito brillar como él, pero seré su paraguas contra la lluvia.
Sin embargo, con lo bueno viene lo malo, y cuando mi celular vibra, me incorporo
y acepto la llamada sin mirarlo.
—Alek —dice la voz temblorosa.
—Alice, ¿qué pasa? —pregunto, instantáneamente en alerta máxima. Evan está a
mi lado, con los ojos muy abiertos y preocupados—. Alice.
—¿Puedes venir a casa? —solloza—. Por favor, ven a casa.
212
—Voy para allá. Quédate ahí. —Cuelgo y agarro a Evan, arrastrándolo hacia mi
auto.
—¿Qué pasa? —pregunta—. ¿Está bien?
—Algo va mal —balbuceo, con el corazón acelerado por el terror.
Por favor, quienquiera que esté escuchando, no lastimen a mi hermana sólo
porque soy feliz.
213
TREINTA Y
NUEVE
214
Alice, hoy estabas muy hermosa con el vestido blanco. Es lo que más me gusta de
lo que te has puesto. Aunque no quiero que otros miren. No me pongas celoso o molesto.
Mira lo que tuve que hacer a esos chicos que intentaron alejarte de mí.
Tuyo siempre.
—Oh, esto es una mierda de acosador —siseo, le doy la nota a un furioso Alek y
me dirijo hacia ella, rodeándola con mis brazos—. Lo siento mucho, cariño. Estamos aquí
y estás a salvo. Lo denunciaremos a la policía enseguida. No dejes que te afecte.
—Me está observando, quienquiera que sea. Sabía lo que llevaba puesto. ¿Y suena
a que le hizo daño a esos dos chicos del campus? —pregunta.
Comparto una mirada de preocupación con Alek. —Podría ser sólo un engaño,
alguien haciendo una broma e intentando asustarte. —Le acaricio la cara para
tranquilizarla—. Pero no te preocupes, no estarás sola. Sea quien sea, Alek le dará caza
y le pateará el culo. Confías en que tu hermano te mantendrá a salvo, ¿verdad?
Ella asiente, con lágrimas en los ojos, así que se las quito y le doy un suave beso
en la frente. Me gusta Alice, es como una hermana pequeña para mí, y odio verla
asustada. —Las dos lo haremos. No te preocupes.
Me encuentro con los ojos de Alek por encima de su cabeza. Está furioso,
empuñando la tarjeta, pero dice: —Gracias.
Le guiño un ojo y la estrecho más mientras él se aleja para llamar a la policía. Sea
quien sea, broma o no, tenemos que denunciarlo. Si lo que dijeron es cierto, entonces la
persona que asesinó a esos dos tipos ha puesto sus ojos en Alice.
La policía estuvo aquí durante horas. Se llevaron la nota y las flores y le dejaron a
Alice un número de contacto. Me alegra que se lo estén tomando en serio. No creo que
lo hubieran hecho si no hubiera mencionado a los dos chicos muertos. Por suerte,
acudieron a la llamada agentes distintos de los que me detuvieron, pero no me cabe duda
de que se enterarán y volverán a pensar que soy quien está detrás.
Estoy agotado, pero nos quedamos despiertos con Alice porque no quiere dormir.
Está acurrucada entre nosotros, con una película en la tele. El brazo de Alek está detrás
de ella en el sofá, el mío también, y nuestras manos están enlazadas detrás de su cabeza,
su pulgar acariciando el mío.
215
Una hora más tarde, por fin se duerme, y Alek se levanta despacio, cargándola en
brazos como si fuera una niña antes de subir las escaleras. Lo sigo y le retiro el edredón
mientras él la mete en la cama. Los dos la arropamos con cuidado y le doy unos
golpecitos en la lámpara por si se despierta asustada. Compartimos una mirada suave
por encima de su cabeza y luego me ofrece la mano.
—Vamos, bebé, hora de dormir.
Asiento, lo tomo de la mano y, en la puerta, ambos miramos hacia atrás. —Estará
bien —le digo, inclinándome para besarle la mejilla—. Te tiene a ti. Nadie se atrevería a
joder a Alek Anders.
—Nadie excepto tú. —Sonríe mientras cierra la puerta.
Riendo en voz baja, le llevo de la mano mientras camino de espaldas hacia su
habitación, recordando la última vez que estuve aquí. Sus ojos me siguen. —Muy cierto,
pero tengo la sensación de que te gusta que te joda.
—No tienes ni idea, niño bonito —gruñe cuando abro la puerta y entro en su
habitación. La cierra de una patada, con mirada depredadora y oscura.
Me acerco, me inclino hacia él y le pellizco la barbilla. —Entonces enséñamelo.
Voy a dar un paso atrás, pero su mano me rodea la cintura y me aprieta contra la
columna, acercándome mientras me echa la cabeza hacia atrás y sus labios se deslizan
sobre los míos. —Quítate la camisa, niño bonito. Déjame ver lo que es mío. —Me suelta
mientras jadeo.
Entrecierro los ojos y me alejo. —¿Esto? —Me burlo, jugando con el borde—.
Pídelo amablemente.
Le rechina la mandíbula y prácticamente vibra al resistirse a tirarme al suelo y
hacer su perversa voluntad conmigo.
—¿No? —Suspiro, dejándolo caer—. Supongo que me iré a dormir entonces...
—Por favor, Evan.
—Buen chico. —Le guiño un ojo mientras bajo la mano y me quito la camisa para
que vea mi pecho musculoso. Entrecierra los ojos y separa los labios cuando arrastro la
mano por el pecho hasta los vaqueros y abro el botón—. ¿Éstos también?
Asiente en silencio, y espero, con la ceja arqueada. —Sí, por favor.
—Los chicos buenos tienen recompensa —digo mientras me bajo la cremallera y
los empujo hacia abajo. Sólo llevo bóxers ajustados. Me dejo caer en su cama,
apoyándome en los codos mientras lo miro.
—¿Qué recompensa? —pregunta bruscamente, con la nuez de Adán
balanceándose.
216
—Yo —respondo mientras deslizo la mano dentro de los calzoncillos y acaricio mi
cuerpo. Por fin suelta un chasquido y me río mientras cruza la habitación, pero mi risa se
convierte en un gemido cuando me agarra la mano a través de la tela.
Me sostiene la mirada mientras se inclina sobre mí. —No toques lo que es mío,
niño bonito —me advierte—. Manos arriba.
Hago lo que me dice, y él se quita la camisa y me ata rápidamente las manos por
encima de la cabeza, estirándome mientras se echa hacia atrás y me devora con los ojos
como si fuera un festín y no supiera por dónde empezar. Mi corazón se acelera de deseo.
Sonríe como si supiera lo que estoy pensando, se inclina y me roza la garganta con los
labios, dejándome besos y lametones burlones antes de morderme la nuez de Adán
mientras gimo.
Se ríe, me recorre el pecho y sus labios, cálidos y burlones, se cierran en torno a
mi pezón. Me quedo sin aliento cuando su lengua se desliza por mis abdominales y se
detiene en mi cintura. Su mano sigue el rastro de su boca y se desliza hasta mis bóxers,
agarrando mi polla.
—Ahí estás, niño bonito. —Sus ojos oscuros me miran mientras me arqueo ante
su contacto, empujando su mano—. He extrañado esto, te he extrañado. Recuérdame a
quién perteneces. —Me aprieta hasta hacerme doler, pero me encanta—. ¿De quién es
esto?
—Mío.
—Respuesta equivocada. —Me suelta y me quita los bóxers, arrastrando su boca
por mi pierna hasta que su aliento sopla sobre mi polla—. ¿De quién es esto?
Trago saliva con fuerza, dispuesto a decir cualquier cosa si con ello lo consigo. —
Tuyo, tuyo.
—¿Ahora quién es un buen chico? —ronronea mientras su boca se cierra
alrededor de la punta de mi polla y chupa.
Mi espalda se inclina sobre la cama y la presión me hace girar los ojos. El deseo
me recorre y me agarro a su camisa mientras intento contenerme.
Riéndose, me suelta y se desliza por mi cuerpo, depositando un beso sobre mi
acelerado corazón. —Quería tomarme mi tiempo contigo esta noche, bebé, pero estás
toda excitado y necesitado, ¿verdad? —Asiento y él tararea—. Supongo que primero
tendré que calmarte y luego podré jugar contigo toda la noche.
—Por favor, Alek —le ruego, acercándome a él, pero me vuelve a bajar las manos.
—Mantenlas ahí. Te haré sentir mejor, niño bonito. Te tengo. Sabes que sólo tienes
que pedirlo.
217
Se echa hacia atrás y se quita rápidamente los vaqueros, quedando desnudo y
jodidamente caliente. Mis ojos recorren cada centímetro de piel expuesta, pero él no me
da tiempo a mirarlo mientras se sube a la cama. Doy un respingo cuando se unta
rápidamente los dedos con lubricante y me los mete dentro, introduciéndomelos en el
culo mientras su boca se encuentra con la mía en un beso frenético. Me mete los dedos
y gimo, empujando su mano para entren más, antes de que los saque y sienta cómo se
pone el condón. Sus manos recorren mi cintura y siento su polla contra mi culo.
Se echa hacia atrás y gime mientras me mira. —Tan jodidamente bonito, bebé.
Se aprieta contra mí, me levanta el muslo con una mano para que quede junto a
su cabeza y con la otra sujeta la polla y me la aprieta contra el culo. Estamos tan cerca,
nuestros labios se encuentran mientras él se inclina y empuja dentro de mí.
Es brutal y lento.
Estamos tan cerca y conectados. Esta vez es diferente.
Esto no es sólo follar. Esto es más profundo.
Estira cada centímetro de mí, llenándome tan profundamente que es casi
demasiado, y entonces empieza a moverse, moviendo lentamente las caderas. Araño mis
ataduras, deseando sentir su piel mientras presiona mi pierna más arriba con cada
embestida profunda y dura.
La cama cruje por la fuerza, nuestras respiraciones se entremezclan. —Eres mío,
niño bonito —afirma—. El chico de Alek, ¿me oyes?
Asiento espasmódicamente. —Por favor.
—Si alguien intenta llevarte, lo mataré —promete contra mis labios—. Vas a estar
así cada mañana y cada noche: debajo de mí, sobre mí, tomándome.
Jesucristo.
Se echa hacia atrás, me agarra por las caderas y se abalanza sobre mí,
obligándome a aceptarlo. Mi polla se sacude, goteando por todas partes.
—Maldita sea, mírate. Eres una puta obra de arte, Evan Shaw —alaba, con sus ojos
oscuros recorriendo mi cuerpo mientras me folla, inclinando mis caderas hasta que roza
ese punto que casi hace que me corra, y entonces levanta la mano.
Me arranca las ataduras y sus manos se enroscan en las mías por encima de mi
cabeza mientras nos besamos una vez más, nuestro ritmo se acelera a medida que
nuestros cuerpos se unen. Su polla está tan dentro de mí que sé que mañana me dolerá
a cada paso que dé, pero valdrá la pena.
—Mi Evan —dice contra mis labios—. Mío, mío, todo mío.
218
—Tuyo —gimo, rodeándolo con las piernas y pidiéndole más. Sus embestidas me
hacen sacudirme contra él y el deseo me recorre hasta dejarme sin aliento.
Se me doblan los dedos de los pies, se me bloquea todo el cuerpo y, con un grito
sordo contra su piel, me corro sobre nosotros. Su polla se sacude dentro de mí y me
penetra con fuerza hasta que sus gemidos siguen a los míos. Su semen me llena el culo
mientras me aprieta contra la cama, respirando agitadamente.
Abre los ojos, se encuentra con los míos y se inclina para besarme una vez más.
—Mío, niño bonito.
—Tuyo —murmuro.
219
CUARENTA
Le prometí a Alek que vigilaría a Alice. Él quería que se quedara en casa, pero ella
está decidida a no dejar que ese psicópata le arruine la vida y, sinceramente, la admiro
por eso. Es mucho más parecida a su hermano de lo que cree. Nos deja a los dos y yo la
acompaño a clase, prometiendo vernos después.
—Evan, vete, estoy bien. —Suspira, poniendo los ojos en blanco antes de sonreír—
. Me alegra que hayan hecho las paces.
—¿Sí? Yo también —respondo, sonrojándome con fuerza, esperando que no nos
haya oído esta mañana. Alek cumplió su promesa: me mantuvo despierto toda la noche,
y me encantó.
Se ríe, sin duda leyendo mi cara. —No te preocupes, auriculares con cancelación
de ruido, ¿recuerdas? —Me aprieta el brazo—. Gracias por amarlo y hacerlo sonreír. Sé
que es un pesado, pero te merece, Evan. Merece ser feliz. Diablos, ustedes dos incluso
me han hecho creer en el amor otra vez.
—Encontrarás a alguien, Alice, que te aprecie y sepa lo increíble que eres —te lo
prometo.
—Lo sé. —Sonríe y me hace un gesto para que me vaya—. Ahora vete. No llegues
tarde por mi culpa. Te enviaré un mensaje si surge algo.
La miro entrar, me meto las manos en los bolsillos y salgo del edificio, dispuesto a
reunirme para el taller que tendrá lugar cerca de la fuente, pero sólo doy dos pasos
cuando dos policías que me resultan familiares se cruzan en mi camino.
—Evan —saluda Winchester.
—¿Están aquí para llevarme a la estación otra vez? —pregunto
despreocupadamente.
—No, hemos oído lo que pasó y queríamos hablar. —Levanta las manos y asiento,
mirando a mi alrededor.
220
—Síganme. —Me dirijo a un banco libre, ignorando las miradas que recibo
mientras se sientan frente a mí. Sé que hay rumores, pero la gente importante de mi vida
sabe la verdad, y eso es lo único que importa.
—Nos enteramos de la entrega en casa de tu amigo.
—Novio —corrijo. La verdad es que no importa, pero a mí sí. Dudan, el más joven
sorprendida.
—Novio, claro. —Tose—. Sabemos que la persona dice estar detrás de las
muertes...
—¿Asesinatos, quieres decir? —pregunto, ladeando la cabeza—. Fueron
asesinados.
—Esa información no está disponible. ¿Cómo lo sabes? —pregunta el más joven.
—Básicamente me lo dijiste. No soy idiota. —Suspiro, sentándome—. No tuve
nada que ver con eso. Nunca pondría a Alice en peligro, ni mataría a nadie.
—Sabemos que no fuiste tú. —Comparten una mirada. Tal vez están empezando
a darse cuenta—. Pero nos preocupa que alguien esté intentando incriminarme.
—¿Incriminarme? ¿Por qué querría alguien hacer eso? —Me quejo.
—Dínoslo tú. ¿Quién te odia tanto como para hacer eso? Evan, esto es serio.
Podrían haberte acusado de dos cargos de asesinato en primer grado, y ahora están
estas nuevas acusaciones de acoso. Alguien está intentando arruinarte la vida y quitarte
de en medio. ¿Por qué?
La única razón que me viene a la mente es Alice. Quienquiera que sea la quiere,
¿verdad? Mataron a la gente que la lastimó y le enviaron flores. La única conexión que
tengo es Alice.
Pero, ¿por qué yo, y por qué ahora?
Me encojo de hombros. —No tengo ni idea. No creía que nadie me odiara tanto.
Hay gente a la que no le caigo bien, pero nada tan grave. —De pie, me pongo la mochila—
. Quizá en vez de hacerme perder el tiempo y molestarme, deberías averiguar quién está
detrás de esto. Ah, y pónganle protección a Alice para que no salga herida mientras tanto.
—Evan.
Me detengo y miro hacia atrás. Winchester parece preocupado.
—Alguien así escalará antes de que lo detengamos. Estamos haciendo todo lo que
podemos, pero la verdad es que estamos a oscuras. Tengan cuidado. Si intentan
inculparte y falla... quién sabe lo que harán.
Un pensamiento reconfortante.
221
Asiento y me dirijo al taller, pero estoy distraído y no tengo ganas de hablar. En
lugar de eso, me quedo en la biblioteca, saco el celular y le mando un mensaje a Autumn.
Esto se nos está yendo de las manos. Necesitamos saber quién está detrás de
esto. Ella mencionó a su hermano. Él tiene que saber algo, ¿verdad?
Autumn: Lo intenté, Evan. No quiere hablar conmigo en absoluto. Todo lo que dijo fue
que era malo y que está enterrado por una razón. Estoy preocupada.
Evan: Yo también.
Evan: Gracias.
222
—Sinceramente, quería equivocarme, pero no es así, y ahora con lo que han dicho,
creo que quien quiera que sea me quiere fuera de la vida de Alice. ¿Y si tienen razón?
¿Y si vienen por mí cuando no puedan inculparme? O peor, ¿por ella?
—Shh. —Aprieta su frente contra la mía—. Los mantendré a salvo a los dos. Nadie
les pondrá la mano encima.
—Alek, esta persona está loca. Mataron a dos personas...
—¿Y crees que no lo haría para proteger a mi familia? Tú eres mi familia, Evan.
Alice y tú son todo lo que tengo. Los mataré antes de que lastimen a cualquiera de
ustedes.
Busco sus ojos y me doy cuenta de que habla en serio. —¿Y resultas herido? —
susurro, con el corazón acelerado—. No podría vivir con eso.
—Shh, está bien. Estaremos bien, ¿de acuerdo? Tendremos mucho cuidado a
partir de ahora y pasaremos desapercibidos hasta que la policía descubra quién es este
imbécil. Permaneceremos juntos.
Asiento, dejando que me bese suavemente. —Siento llamarte estando en el trabajo
—murmuro, jugando con su camisa.
—Me alegra que lo hicieras. Me alegra que me necesitaras —admite—. Me gusta
cuando te apoyas en mí, niño bonito. Me gusta poder ayudar.
—Masoquista. —Sonrío, y se ríe mientras se echa hacia atrás.
—¿Quieres ver algo que te haga feliz? —pregunta.
—Si es tu polla, puede que tengamos que ir a algún sitio privado —me burlo.
Suspirando, baja del auto y me abre la puerta. —Ya te gustaría, niño bonito. —Me
guiña un ojo y señala.
Sigo su mirada y me doy cuenta de lo que no había notado al subir. Parpadeo y
miro las palabras que aparecen orgullosas en el espacio para los pies del acompañante
de su precioso bebé.
ASIENTO DE EVAN
—Mierda, has pintarrajeado tu auto por mí. Qué romántico. —Sonrío, voy a
besarlo, pero dudo. Él no lo hace. Me arrastra más cerca, besándome sin vacilar.
—Estoy descubriendo, niño bonito, que haría cualquier cosa por ti. ¿No me crees?
Baja la visera.
Frunzo el ceño, hago lo que me dice y agarro la Polaroid que se cae. Es mía.
Habíamos estado jugando una noche en su lugar. Estoy en sus brazos, sonriendo a la
cámara. —¿Cuánto tiempo lleva esto aquí? —pregunto en voz baja.
223
—Desde la noche que estuvimos justos —contesta, volviendo a ponerla en su sitio
y cerrándolo con cuidado antes de agarrarme la barbilla y levantarme la cara—. Te quería
cerca en todo momento, y no hay nadie más que deba ocupar este asiento que tú. Incluso
hago que Alice se siente atrás. Es tuyo, igual que yo.
Me muerdo el labio para detener mi amplia sonrisa y le doy un golpe en el pecho.
—Imbécil sensiblero.
Riéndose, me besa la frente. —Te encanta, niño bonito.
—¡Será mejor que no estén follando! —Alice dice, y miro al alrededor para verla
dirigirse hacia mí.
—No, eso es más tarde —responde Alek, abriendo la puerta trasera—. Vamos,
déjenme invitar a comer a mis dos personas favoritas.
Me levanto del asiento, rodeo a Alice con el brazo y le beso la mejilla. —Él paga,
así que aprovechémoslo. Estoy pensando en buffet y pastel.
Ella suelta una risita y la ayudo a subir a la parte trasera antes de subir a la
delantera. Alek suspira, pero sonríe mientras cierra las puertas y se dirige a conducir.
La miro y le guiño un ojo mientras se ríe, y sé que Alek tiene razón.
Haría cualquier cosa para protegerla. Alek puede ser mi novio, pero Alice es la
hermana que nunca tuve.
Los mantendré a ambos a salvo cueste lo que cueste.
224
CUARENTA Y
UNO
Alice estudia hasta tarde esta noche y me he colado en la biblioteca con Evan para
echarle un ojo. Pero él también está ocupado y me aburro. Ya me ha regañado dos veces,
y la gente a nuestro alrededor no deja de mirarnos, pero no me importa. Molestarlo es mi
juego favorito. Pone una mirada en sus ojos que me la pone dura de mierda.
Tiene la nariz hundida en un libro, mirando entre eso y su portátil. Subo el pie por
su pierna y lo presiono contra su entrepierna, haciéndolo dar un respingo. Alguien me
mira y él hace una mueca de dolor antes de mirarme mal y apartar el pie.
Sonrío, me siento erguido y le pongo la mano en la pierna, metiéndola por debajo
de la mesa. Me aparta de un manotazo, así que agarro uno de sus libros.
Suspira, cierra el libro de golpe, haciéndome dar un respingo, y entrecierra los
ojos. —Tú, sígueme —ordena mientras se levanta, ignorando las miradas que recibe
mientras se aleja dando pisotones.
Sonriendo, lo sigo, lanzando otra mirada a Alice antes de hacerlo. Está rodeada de
gente, así que sigo a mi novio hasta el baño. —Fuera —le dice a un tipo que está en los
lavabos. Nos mira a los dos, pero se larga, y entonces Evan se gira hacia mí.
—Estás actuando como un niño necesitado...
Me dirijo a él y retrocede, entrando a trompicones en un compartimento. Lo sigo y
cierro la puerta tras de mí.
—En serio, Alek, si no puedes quedarte quieto...
—¿Qué? —murmuro mientras lo atrapo contra la puerta.
225
Su enojo cambia rápidamente.
—¿Es aquí donde me enviaste esas fotos?
Asiente con los ojos muy abiertos.
—Muéstrame lo que me perdí ese día.
—Alek...
—Juega conmigo, bebé —murmuro—, y te dejaré estudiar en paz al menos una
hora.
—¿Una hora? —refunfuña—. Insaciable.
—Tú me hiciste así. Ahora enséñame —ordeno.
Lamiéndose los labios, suspira. —Si juego contigo, ¿prometes comportarte?
—Durante una hora entera. —Sonrío inocentemente.
Refunfuñando, se sube la camiseta, mostrando sus abdominales.
—Recuerdo esa foto. La miraba todas las noches —le digo mientras mis ojos se
posan en su mano mientras la desliza dentro de sus pantalones—. Recuerdo el sonido de
tus jadeos al celular. Estaba tan jodidamente duro que todo el mundo sabía lo que estaba
haciendo en aquel pequeño cuarto de baño, pero no pude evitarlo. Después de verte, de
oírte, necesitaba correrme.
Traga saliva con fuerza y me acerco más, acercando mi boca a su oreja. —Jadea
por mí, cariño. Déjame oírte otra vez.
Su respiración se acelera, deslizo la mano por sus abdominales y cubro la suya
sobre su polla. —Mira qué dura la tienes —murmuro, lamiéndole la oreja mientras se
inclina hacia mí—. Me encanta cuando te pones contestón. Me hace pensar en follarme
esos labios carnosos.
—Alek. —Escuchar mi nombre en sus labios me hace gruñir, y agarro sus
pantalones y se los bajo para tener mejor acceso.
Le doy la vuelta y le aprieto la cara contra la pared, deslizo la mano por su cuerpo
y le aprieto el culo. —¿Quieres que te folle aquí, niño bonito, donde cualquiera pueda
oírte? ¿Quieres que me entierre en este dulce culo mientras te toco? ¿Es eso lo que
imaginaste aquel día?
—Alek —gime, apoyando las palmas en la pared mientras empuja mi mano—. Por
favor.
—¿Por favor qué? —exijo, ignorando mi propia polla dura.
—Fóllame —dice, mirándome por encima del hombro—. Por favor, fóllame.
226
—Porque me lo has pedido muy amablemente, niño bonito —prometo. Saco la
polla y se la restriego por el culo, mientras con la otra mano le aprieto las nalgas. Sus ojos
se cierran, su polla se sacude en mi agarre.
—Ábrete más, bebé —le ordeno. Sus piernas se abren más y lo levanto
ligeramente, sin molestarme en ponerle un condón. Quiero a mi chico en carne viva.
Quiero sentir cada centímetro de él apretándome, y no dice nada mientras aprieto contra
su culo y me introduzco, todo mientras lo acaricio.
Cuando estoy enterrado completamente dentro de él, ambos estamos jadeando,
nuestros cuerpos encerrados juntos. —Aguanta, niño bonito, esto va a ser duro y rápido.
—Puedo soportarlo. Puedo aguantarte. —Jadea, empujando hacia atrás para
animarme.
Riéndome, golpeo la pared con la mano y la saco, volviendo a empujar. El empujón
lo hace golpearse contra la pared, haciendo vibrar toda la cabina. Cada vez que le lleno
el culo, lo empujo hacia mi mano, que espera, y él grita, suplicando más.
Le giro la cabeza y me trago sus gemidos con la boca, besándolo mientras lo follo.
Está tan jodidamente apretado alrededor de mi polla, agarrándome como si nunca
quisiera soltarme. Me abalanzo sobre él mientras grita mi nombre, tomando todo lo que
le doy y más mientras gotea en mi mano.
Finalmente, ninguno de los dos puede aguantar más.
Grita y mueve las caderas mientras siento su esperma derramarse sobre mi mano
y su culo se aprieta alrededor de mi polla. Me entierro dentro de él todo lo que puedo
mientras mi cuerpo se libera al rojo vivo.
Mordiendo su cuello, ahogo mi gemido contra su piel mientras me corro,
derramándome dentro de su bonito culo.
Me quedo ahí antes de soltar los dientes y besar a mi marca, luego deslizo
lentamente mi polla reblandecida fuera de su culo. Él gime y beso su pulso acelerado. —
Lo has hecho muy bien, niño bonito.
Mientras se desploma, me agacho y le subo los vaqueros. —No te limpies —le
digo—. Sólo me portaré bien si salimos y sé que sigo dentro de ti. —Girando hacia mí,
lamo mi mano para limpiarla de su semen mientras me mira, y luego le beso—. Ahora me
portaré bien.
—¿Y yo soy el mocoso? —murmura, con las mejillas encendidas, pero sonriendo.
—Mi mocoso —le contesto mientras abro el compartimento. El baño está vacío, lo
cual es una sorpresa, pero me lavo rápidamente las manos y luego tomo las suyas.
Sonriendo, lo tomo de la mano y salimos por la puerta del baño, pero me quedo
helado. Alice está allí de pie con una mirada de complicidad en los ojos y libros en los
227
brazos. —Sólo quiero que sepas que si acabo en terapia porque tuve que hacer de
portero para que ustedes dos pudieran follar como conejitos, lo pagarás. Ahora vamos,
ya terminé si tú ustedes lo hicieron. —Ella arquea una ceja.
—Culpa tuya. —Evan me da un codazo y le sonríe, agarrando sus libros antes de
tomarla del brazo—. Es una persona terrible, Alice. Soy débil e inocente y él me está
corrompiendo. Ni siquiera me deja estudiar en paz.
Los veo alejarse con una sonrisa. Recojo rápidamente nuestras cosas, cargo con
la bolsa de Evan y los sigo.
No se equivoca. Soy débil cuando se trata de él.
228
CUARENTA Y
DOS
Quizá sea egoísta decir que las cosas van bien, pero así es, al menos entre Alek y
yo. No podemos quitarnos las manos de encima, y a él no parece importarle demasiado
quién mire. Supongo que perderme lo despertó un poco. Sigo sin insistir, pero cada vez
me busca más, y sí, puede que me ponga una sonrisa tonta en la cara. Sin embargo, los
dos seguimos preocupados por Alice, y la policía no está cerca de averiguar quién mató
a esos dos o quién envió las flores.
Nos tiene a todos de los nervios, especialmente a Alek. Normalmente, dejo que se
desahogue conmigo, que me folle hasta que pueda relajarse, pero me parece inapropiado
con su hermana en el auto, por no hablar de mi mejor amiga.
—Bonito bolso, Anders —comenta Lally, agarrándolo del reposapiés—. No
esperaba que llevaras un bolso de hombre.
Lally se burla de Alek siempre que puede. Esperaba que él la regañara o la odiara,
pero parece que tienen una especie de tregua, y admito que me hace feliz ver que mi
novio se lleva tan bien con mi mejor amiga. Demonios, Alek y Tommy hablan durante
horas de autos cuando él viene a mi dormitorio.
Miro atrás, veo una mochila negra y miro a Alek. —Tú nunca llevas bolso.
Sus orejas se están poniendo rojas, sus ojos fijos en la carretera mientras nos lleva
al campus. Se encoge de hombros. Le agarro el pecho y aprieto hasta que me mira.
—¿Bebé? —Sé que es su debilidad, sus ojos prácticamente ardientes de deseo.
229
—Empecé a llevarlo por ti —admite en voz baja—. Me di cuenta de que te costaba
llevar la cámara y los libros todo el tiempo, así que pensé en llevarlo yo por si necesitabas
ayuda.
—Dios mío —dicen las dos chicas por detrás, pero mis ojos se clavan en un
sonrojado Alek.
—¿Qué? —pregunta cuando me quedo mirándolo.
Me acerco más y bajo la voz. —Vas a tener sexo esta noche —le susurro mientras
le beso la mejilla.
Su sonrisa es amplia mientras me guiña un ojo, aunque sigue sonrojándose, pero
por suerte se centra en estacionar y eso lo calma un poco.
—Anders, estás hecho una fiera —comenta Lally riendo.
—Cállate, rosada —responde Alek mientras apaga el motor.
—¿Qué te parece, preciosa? —pregunta Lally, dándole un codazo a Alice—. ¿Tu
hermano está azotado?
Alice se sonroja tanto que creo que se va a desmayar, y lanzo una mirada de
advertencia a Lally, pero ella sólo me guiña un ojo. Al igual que yo, es una coqueta terrible,
pero cuando Alice sonríe, lo dejo pasar. Ha pasado por muchas cosas últimamente, así
que si Lally puede animarla, que así sea.
—Tan azotado. Anoche, Evan mencionó que tenía antojo de pasteles, y esta
mañana, Alek puso la alarma de su celular en silencio para que no despertara a Evan, y
luego fue a hacer cola en la panadería favorita de Evan para comprárselos.
Me quedo boquiabierto mirando a Alek. Nunca me lo dijo. Me imaginé que ya los
tenía.
—Cuando se casen, quiero ser el padrino —dice Lally.
—¿Quién si no? —Le guiño un ojo mientras Alek gira la cabeza hacia mí. Espero
que se asuste por nuestra broma, pero se limita a mirarme con seriedad.
—¿Te casarías conmigo? —pregunta en voz baja.
—Bebé, ¿verte de esmoquin con un anillo mientras te encierro? Sí, me casaría
contigo. Ahora vamos, tenemos que llevar a las niñas a la clase.
—¡Eh! —Alice protesta mientras me río y empiezo a salir del auto, pero en cuestión
de segundos vuelvo a estar sentado y la boca de Alek está sobre la mía. Doy un grito de
sorpresa y me agarro a sus anchos hombros mientras me aprisiona y me besa hasta
dejarme sin aliento.
—Vamos, cariño, podrían estar así un rato. Te acompaño a clase. Adiós, papi uno
y papi dos, nos vemos en la cena —dice Lally.
230
Me despido con la mano, pero la suelto cuando Alek me muerde el labio. Me aparto
y hago un mohín mientras él me frota la picadura con el pulgar.
—¿A qué ha venido eso? —murmuro.
—La idea de casarme contigo me hizo querer besarte hasta la mierda —responde
sin vergüenza, sonriendo alegremente mientras da un paso atrás—. Bien, vamos a
llevarlos a clase... espera, ¿a dónde han ido? —Frunce el ceño al ver el asiento trasero
vacío.
—Se fueron. —Me río mientras le agarro la mano—. Tengo un rato libre antes de
mi próxima clase. ¿Quieres que nos demos una vuelta por el campus y nos toqueteemos
como una pareja caliente?
La sonrisa que me dedica me hace toser, y es mi turno de sonrojarme. Le agarro
la mano con más fuerza y tiro de él. —Vamos.
231
—No lo suficientemente rápido. —Se sienta y me mira mientras se sube las gafas
de sol a la cabeza—. ¿Y si pasa algo mientras tanto? No puedo perderla, Evan. Es todo
lo que tengo. Es toda mi familia.
Lo agarro, le estrecho entre mis brazos y le froto la espalda.
—Sé que lo es. No la perderás. Alice es una chica lista, y todos estamos aquí. —
Me alejo y le acaricio las mejillas, mirándolo a los ojos aterrorizados. A veces olvido que
Alek sólo tiene unos años más que yo. Actúa con tanta seguridad y fuerza, pero apenas
es un adulto. Perdió a sus padres y ahora se enfrenta a la pérdida de su hermana, y
parece perdido. Necesita un propósito. Alek no es el tipo de hombre que se sienta al
margen.
—¿Qué tal si husmeamos un poco? —Le ofrezco—. ¿Investigamos todo lo que
podamos? No digo que vayamos a encontrar algo, puesto que la policía ya está
investigando, pero quizá te ayude a sentirte mejor.
Sus cejas se fruncen mientras me observa. —¿Qué podríamos averiguar?
Paso los ojos por su cara y me pregunto cuánto decir. No quiero romper las reglas
de Rosa Silenciosa, pero es el amor de mi vida y es de vida o muerte, así que
seguramente lo entenderán. —Hubo asesinatos como este antes —admito—. Mi amiga
me dijo que su hermano estaba aquí cuando ocurrió. Al parecer, lo encubrieron como
suicidios, pero todo el mundo sabe que no fue así. Nunca descubrieron quién lo hizo.
Quizá si investigamos, encontremos alguna pista.
—Aunque no puede ser la misma persona, si eso fue hace años, ¿no? —Alek
reflexiona.
—No tienen que ir a la universidad para estar aquí, Alek. —Lo señalo—. Podrían
trabajar en la universidad o incluso cerca. Quizá no estén conectados, pero quizá sí, y es
obvio que la policía no investigará ese vínculo desde que cerraron esos casos hace años.
—Buen punto. ¿Por dónde empezaríamos? —Suspira—. Además, ¿qué amiga? —
Sus ojos se entrecierran—. ¿Es un chico?
—No todos los chicos de los que soy amigo intentan follarme, Anders —me burlo.
Su ceja se arquea. —La mayoría habría dicho eso de mí, pero tú tienes esa forma
de ser, niño bonito.
—Era una chica —añado útilmente.
—Todavía no ha mejorado —refunfuña.
—¿De verdad te estás centrando en eso ahora mismo? —le pregunto, y me hace
un mohín demasiado adorable—. Bueno, ¿quieres que trabajemos juntos para atrapar a
un asesino, bebé Podríamos jugar a los detectives.
232
Se queja, echándose hacia atrás. —Vas a querer apodos y trajes raros, ¿no?
—Ya lo sabes. —De pie, le doy un tirón del brazo para que se levante—. Vamos,
podemos empezar en la biblioteca. Debe de haber artículos sobre lo que pasó, y han
guardado todos los periódicos locales.
—Está bien, pero me niego a tener nombres en clave —dice mientras se levanta y
se echa las maletas al hombro.
233
Sus labios se encuentran con los míos, su lengua se enreda con la mía mientras
gimo y tiro de él, incapaz de resistirme. La oscuridad de la pequeña habitación aumenta
el calor, sabiendo que podrían descubrirnos en cualquier momento. Me aparto y abro
mucho los ojos para intentar verlo, pero está demasiado oscuro.
—Atrapando a un asesino, ¿recuerdas?
—Hmm. Sólo un segundo. Necesito recordar que me perteneces, de lo contrario
podría volverme un poco loco con la forma en que todo el mundo ha estado coqueteando
contigo hoy.
Mi respiración se entrecorta cuando se desliza hacia abajo, su sombra se agacha
ante mí mientras me desabrocha los vaqueros.
Mis ojos se abren de par en par al ver lo descarado que es, me baja los bóxers y
me rodea la polla con su mano tatuada. Gimo, y sus labios se curvan con una sonrisa
perversa mientras se inclina y pasa la lengua por la cabeza de mi polla. Mis caderas se
sacuden y el deseo me recorre con tanta fuerza que no puedo respirar. Me vuelvo a
apoyar en la puerta, bajo la mano y la deslizo por su pelo, necesitando un ancla.
Ver a Alek Anders de rodillas por mí es una experiencia divina.
—¿Así te gusta, niño bonito? —murmura antes de chuparme la cabeza de la polla.
La succión es tan fuerte que mi espalda se arquea mientras un fuego recorre mi espina
dorsal—. La tuya es la primera polla que chupo, así que puede que tengas que
enseñarme.
Su tono burlón me vuelve loco, pero hay algo en la idea de enseñarle que me hace
apretarle el pelo hasta que gime. Tirando de él más cerca, deslizo la punta húmeda de mi
miembro por sus labios. —Te enseñaré, princesa. Abre los labios. —Obedientemente,
abre la boca, sus ojos oscuros y perversos brillan mientras me observa encima de él.
Mordiendo mi labio inferior, empujo mi polla dentro de su boca, el calor me hace
gruñir cuando la cierra a mi alrededor.
—Eso es —ronroneo, mis caderas tartamudean mientras me deslizo más
profundamente en su boca. Sus ojos se estrechan y gimo—. Respira por la nariz —le
ordeno cuando empieza a tener arcadas. Me retiro y dejo que se recupere antes de volver
a introducirme en su boca. Me agarra el muslo con la otra mano y empiezo a retirarme
cuando veo que se le llenan los ojos de lágrimas, pero él empuja la cabeza hacia abajo,
llevándose toda mi longitud hasta el fondo de la garganta y manteniéndose allí. Su boca
húmeda y caliente me rodea con tanta fuerza que mis caderas se agitan.
Agarrándolo de los mechones oscuros de su pelo, lo arranco de mi longitud y
vuelvo a golpearlo, incapaz de contenerme. Me golpeo la cabeza contra la puerta. —Por
favor, bebé —le suplico con el pecho agitado.
234
Gimo su nombre y resuena en la oscura habitación. Su boca se vuelve loca con mi
polla, chupando y lamiendo mientras me introduzco en su garganta una y otra vez. Mi
ritmo es más rápido de lo que debería, pero no puedo evitarlo, y él no protesta; al
contrario, me arrastra más adentro, dejándome usar y abusar de su garganta y su boca.
Sus ojos llorosos permanecen fijos en mí, absortos en cada una de mis reacciones.
Mi mano libre se desliza por mi camisa, por mis abdominales y por mi garganta
antes de chocar contra la puerta con un golpe seco. Quiero cerrar los ojos, pero los
mantengo fijos en él, no quiero perderme ni un segundo de esto.
Se retira y se lame los labios. —Sabes bien, niño rico —murmura, volviendo a
lamerme la punta de la polla mientras mis caderas se sacuden, mis huevos se hinchan—
. Quiero más. Lléname la boca hasta que sólo sepa a ti.
¡Joder!
Ese pensamiento es suficiente para hacerme saltar por los aires, y él abre los labios
de par en par mientras me meto en su boca antes de echarse hacia atrás, agacharse y
bombear mi longitud hacia él.
—Quédate así —exijo sin aliento, trabajando mi polla con fuerza y rapidez hasta
correrme.
Gimo profundamente y lanzo hilillos de semen en su boca abierta, observando
cómo golpea su lengua y resbala por mi mano. Le masajeo la garganta. —Trágame —le
ordeno.
Cierra la boca mientras traga, dejándome sentirlo, y luego saca la lengua para
lamerse los labios. Atrapa hasta la última gota de semen antes de echarse hacia atrás y
sentarse sobre los talones. —Bueno, ¿está contento el profesor con mi actuación?
Lo único que puedo hacer es asentir espasmódicamente, con las piernas débiles,
y él sonríe.
Deslizándose por mi cuerpo, me besa suavemente, dejándome saborear mi
liberación. Puede que empezara jugando con él, pero los dos sabemos que terminó
consiguiendo lo que quería: a mí.
—Buen chico —ronronea contra mis labios—. La próxima vez que alguien te mire,
acuérdate de mí de rodillas por ti, que eres mío, y esto —me agarra la polla reblandecida,
haciéndome jadear—, es mío.
Asiento. —Tuyo.
235
—Entonces, ¿en qué año debo empezar? —Le echo un vistazo, con la mente
todavía en lo que me acaba de hacer. Mis ojos se posan en sus labios y él sonríe—.
Concéntrate, niño bonito.
Toso y me froto el cuello. —¿Quizás empezó hace cinco años? Creo que es
cuando su hermano se graduó.
—Entendido.
Sigo mirándolo mientras rebusca entre las cajas de las estanterías, y debe de sentir
mi mirada porque se gira y me guiña un ojo. —Sigue mirándome así y te doblaré sobre
ese escritorio. Querías atrapar a un asesino, ¿recuerdas?
Me doy la vuelta antes de ordenarle que lo haga, muevo el ratón y el computador
cobra vida. Introduzco mi identificación y mi contraseña y espero a que el lento sistema
se cargue. Lo oigo murmurar mientras busca. Decidimos dividir y conquistar, él con los
papeles físicos y yo con el sistema. Por fin carga y casi gimo ante la organización del
sistema. Está anticuado, pero no hay mucho más que eso.
Hago clic en el año que quiero y empiezo a desplazarme, perdiéndome en cada
periódico.
—Mira esto —me dice Alek, haciéndome dar un respingo. Al girar, lo veo inclinado
sobre el escritorio del medio, con los periódicos extendidos ante él. Me pongo en pie, me
estiro y me dirijo hacia él para leer el artículo que me señala.
LOS SUICIDIOS EN EL CAMPUS SACUDEN PINE VALLEY
Es un artículo pequeño, casi oculto, y los califica de suicidas. Me encuentro con
los ojos de Alek y me señala la caja.
—Faltan los siguientes, casi un mes de artículos desaparecidos.
—¿Cómo? ¿Por qué? —Frunzo el ceño, volviendo a mirar el artículo—. ¿Alguien
sigue intentando ocultar lo que pasó?
—Tal vez. ¿Por qué si no se desharían de ellos? Dijiste que este es el almacén
central de todas las noticias en Pine Valley. Aparte de los periodistas, nadie más los
tendría, ¿verdad? A menos que fuera noticia nacional, pero no recuerdo haberlo visto.
—Yo tampoco —murmuro mientras releo el artículo—. A lo mejor no los borraron
del sistema online. —Me apresuro hacia el computador, esperando tener razón. Nos
vendría bien una pista.
—¿Cuál es la fecha? —pregunto.
Él lo dice rápidamente y yo busco los que están a su alrededor y los cargo.
—Vale, sólo quedan dos —le digo mientras leo uno—. En esta no hay nada. Debe
de haber sido antes de que ocurriera. Espera... —Cargo el segundo, mis ojos se abren
236
de par en par ante el artículo oculto en la parte inferior. Si no lo buscara, no tendría ni
idea.
—Una estudiante, Clarissa Wright, admitió que le preocupaba caminar por el
campus antes de que incluso se produjeran los presuntos asesinatos en Pine Valley,
afirmando que se sentía insegura, y que había un preocupante patrón de acoso y
comportamiento aborrecible —leo en voz alta—. Esto es antes de que lo llamaran suicidio.
No dice mucho más, pero es algo. —Inclinándome hacia atrás, agarro mi celular.
—¿Qué haces? —murmura Alek mientras mira por encima de mi hombro.
—Tenemos un directorio de alumnos y profesores, y los antiguos alumnos también
están incluidos. Lo estoy buscando. —Tecleo su nombre y espero. Sólo hay dos personas
con ese nombre, y una se graduó diez años antes. La otra tiene carné de estudiante, pero
no de antigua alumno.
—Qué raro —murmuro.
—¿Por qué? —pregunta.
—Debería haberse graduado. Esto significa que era estudiante pero no. . . ¿Quizá
se retiró? —Lo miro—. Y apuesto a que sé por qué.
—¿Pero cómo la encontramos? —pregunta Alek.
—No tienen información de contacto ni direcciones. —Se me ocurre una idea,
busco los datos de Bones y pulso marcar. Responde en cuestión de segundos.
—¿Estás bien, Evan? —pregunta—. Estoy en casa, pero puedo estar en la
universidad en diez...
—No, no, sólo necesito un favor, si te parece bien. —Le contesto.
—Por supuesto, dímelo —murmura. Se oye una voz de fondo y luego el sonido de
una puerta que se cierra.
—Necesito que encuentres a alguien, y sé que tienes contactos. Su nombre es
Clarissa Wright. Dejó Pine Valley hace tres años. Era estudiante —le explico.
Lo oigo teclear. —Lo tengo. Dame diez y te llamo, ¿vale?
El hecho de que ni siquiera pregunte por qué me hace sonreír. —Gracias, Bones.
—Cuelgo y sonrío a Alek—. La encontrará, entonces podremos hablar con ella y
averiguar qué ha pasado realmente.
Asiente y luego ladea la cabeza. —¿Cómo conoces a Bones?
—¿Conoces a Bones? —Me quedo boquiabierto.
237
Se ríe mientras me levanta y me coloca en su regazo, rodeándome con los brazos
y tirando de mí. —Hmm. —Asiente—. Está enseñando a Alice defensa personal. Lo conocí
en el gimnasio.
—Ah, él asiste aquí. —Odio tener que mentirle—. Nos conocimos en un club.
—¿Un club? No sabía que formabas parte de un club —pregunta con curiosidad,
no con suspicacia.
—Oh, ya sabes cómo es, tantos clubes. Sólo quería probar uno. —Toso y me siento
a horcajadas sobre su regazo, deslizando mis manos por su pecho para distraerlo—.
¿Quieres tontear mientras esperamos? —Muevo las cejas y él se ríe.
—Eres insaciable —comenta, pero su mano se desliza por mi espalda, me agarra
del culo y tira de mí para que quedemos apretados.
Bajo la cabeza y le beso los labios hasta que gime y me atrae hacia él. Gimo
mientras me besa profundamente, pero mi celular suena y nos interrumpe. Abro un ojo,
lo contesto y pongo el altavoz mientras me alejo. Alek sigue besándome por el cuello,
haciéndome cerrar los ojos de placer mientras reprimo un gemido.
—¿Hmm? —respondo.
—¿Evan? —Bones pregunta confundido.
—Estoy aquí. —Mi voz es un poco entrecortada, pero sinceramente, está haciendo
esa cosa con la lengua. Siseo cuando me muerde y lo empujo, luego entrecierro los ojos
en señal de advertencia—. ¿La encontraste?
Bones se ríe. —¿Interrumpo algo?
—Nada —le advierto a Alek con la mirada mientras él sonríe satisfecho.
—Bien, bueno, Clarissa Wright se retiró. Se mudó a su casa, que está a tres horas
de distancia, pero cuando su madre murió, se mudó con su padre a sólo treinta minutos
de distancia. Te estoy enviando su dirección. Ella sigue allí, registrada como su enfermera
y trabajando en una tienda local de suministros para mascotas. ¿Todo está bien?
—Sí, sólo un poco de investigación —le respondo. Se lo contaré más tarde,
cuando Alek no esté aquí.
—Bien, buena suerte. Avísame si necesitas algo. —Cuelga y vuelvo a mirar a Alek.
—¡Me las pagarás! —Gruño mientras me inclino y le muerdo el hombro, haciéndolo
chillar.
238
CUARENTA Y
TRES
239
—Vamos a Pine Valley. —Se le va todo el color de la cara y va a cerrar la puerta,
pero yo meto el pie.
—Por favor, habla con nosotros —suplica Evan mientras ella sigue forcejeando
para cerrar la puerta.
—No tengo nada que decir. —Utiliza todo su peso para intentar cerrarla.
—Ha habido dos asesinatos más —le digo sin rodeos.
Se queda paralizada y sus ojos, muy abiertos y sorprendidos, se posan en mí.
—Si aún no has visto nada, pronto lo verás. Dicen que es un suicidio, pero
sabemos que no lo es, y tú también lo sabes. Tenemos que hablar.
—No puedo, por favor, vete —suplica, con lágrimas en los ojo. Sacude la cabeza,
con el terror grabado en sus facciones.
—Clarissa, por favor —implora Evan, poniéndole sus mejores ojos de cachorro
triste—. Alguien que nos importa está en peligro, por favor.
Mira de mí a él.
Se oye un gorgoteo de fondo y gira la cabeza un momento antes de mirarnos, con
los ojos clavados en Evan como si tuviera miedo de mirarme. Frunce los labios.
—No aceptamos un no por respuesta —le digo lo más amablemente que puedo.
Suspira y vuelve a mirar por encima del hombro. —No te preocupes, papá, son
sólo unos amigos —dice y abre la puerta—. Bien, entren. —Se rodea con los brazos y
entramos en el cálido vestíbulo. Hay fotos familiares en todas las paredes y está claro que
es una casa llena de amor. A la derecha hay un salón con un hombre en una cama frente
al televisor. Tiene una máscara de oxígeno en la cara y es piel y huesos.
Vuelvo a oír el mismo gorgoteo y nos mira con los ojos muy abiertos mientras pulsa
el mando a distancia del televisor.
—No te preocupes, todo va bien —le dice ella, forzando una sonrisa y girando
hacia nosotros cuando él hace otro ruido, dándole otra vez al mando.
—Vengan aquí. No quiero molestar a mi padre. Ya está enfermo. No necesita esto.
Mueve la cabeza y la seguimos por el pasillo, alejándonos del salón y entrando en
una pequeña cocina con una rampa. Se apoya en la encimera y mira por la puerta
corredera que da a un pequeño jardín trasero.
—Supongo que sabía que esto pasaría. —Suspira y nos mira, luego señala con la
cabeza la pequeña mesa redonda—. Siéntense.
Lo hacemos, nuestras manos entrelazadas bajo la mesa.
—¿Quieren beber algo? —pregunta amablemente.
240
—No, gracias, Clarissa. Lo lamento. Sé que fue hace mucho tiempo... —Evan
comienza.
—No el tiempo suficiente. Ningún número de años podría hacerme olvidar lo que
pasó en Pine Valley —dice mientras se sienta frente a nosotros, con los hombros caídos.
—Clarissa, ¿qué pasó? —pregunta Evan suavemente—. ¿Por qué te fuiste de Pine
Valley? ¿Por qué dijiste que no te sentías segura?
—Porque no lo hacía. —Se mira las manos—. Me fui por esa misma razón. Sabía
que, si me quedaba, habría acabado muerta. —Se sienta pesadamente, sus ojos en
nosotros—. ¿Dijiste que hubo algunas muertes? Chicos, ¿verdad? ¿Hechas para que
parecieran suicidios?
Compartimos una mirada y asentimos.
—Entonces está sucediendo de nuevo. Supongo que esperaba que se hubiera
acabado cuando me fui. Debería haberlo sabido. —Se ríe amargamente, frotándose la
cara.
—¿Qué está pasando? —pregunto.
Me mira. —¿Tu novia?
—Hermana —respondo.
—¿Linda? ¿Tímida? ¿Introvertida sin muchos amigos? —Los dos asentimos, y ella
se ríe—. Parece que todavía tiene un tipo. Probablemente fueron asesinados por estar
cerca de ella.
—La atacaron.
—Eso lo hará, pero cualquiera que esté cerca de ella, una amenaza para él,
terminará de la misma manera. No confíes en la policía. No harán nada. No lo hicieron
por mí. —Frunce los labios—. No se trataba de ellos. Se trata de tu hermana. Al menos
así fue para mí. Los que fueron asesinados cuando yo estaba allí fueron mi ex y alguien
con quien tuve una cita. No tardé mucho en hacerme una idea. Estaba aterrorizada.
Aparecían flores con notas, y entonces empezó a escalar. Alguien entró en mi dormitorio
y durmió en mi cama, y una noche juré que alguien me miraba dormir, y luego empecé a
sentir que me miraban todo el tiempo. La cosa se puso muy fea y me asusté. Fui a la
policía, y al principio me escucharon y me ofrecieron protección....
—¿Pero? —pregunto.
—Pero él tenía dinero y contactos e hizo que todo desapareciera. Los asesinatos
fueron encubiertos como suicidios, e incluso la policía dijo que me estaba inventando
cosas. —Evan se acerca, cubriendo su mano sobre la mesa, y ella lo mira, su expresión
se suaviza.
241
—Mi padre. . . no lo sabe. Nadie me creyó. Nadie quiso hacerlo después de que lo
encubrieran. Me llamaron mentirosa, alborotadora. Acabé abandonando los estudios. No
me sentía segura ni bienvenida.
—¿Estás diciendo que esta persona estaba obsesionada contigo, te acechaba y
mataba a cualquiera que se le acercara demasiado, y nadie hizo nada? —Me quejo.
—No lo entiendes —sisea—. Es intocable. Es como un dios, viene del dinero y del
poder. No es alguien con quien te metas si quieres vivir, y yo quería vivir, así que
desaparecí donde no pudiera encontrarme. Pensé que sería el fin. Lo siento mucho. Si
es él y se ha interesado por tu hermana, no tienes ninguna posibilidad. Sácala de ahí
rápido. No se detendrá, no hasta que la tenga.
—¿Quién? —pregunto—. Dame su nombre.
—No, no lo haré. Ni siquiera lo diré. Si lo hago y vas tras él, estoy muerta. ¿No lo
entiendes? Me dejó en paz porque he estado en silencio y su familia lo obligó, pero si
hablo, no sólo mi padre está muerto, sino también yo. Su padre está cubriendo las
facturas de mi padre. Es dinero por silencio. No tengo otra opción. No la tengo. Ojalá
pudiera, créeme, pero no se detendrá. Sólo se ha vuelto más malo y más viejo. No tiene
miedo de matar a alguien para conseguir lo que quiere. Sabe que no puede ser tocado,
sabe que ni siquiera la policía puede interponerse en su camino. Agarra a tu hermana y
vete antes de que sea demasiado tarde.
—¿Y qué pasa con los que vienen tras ella? ¿Qué pasa con los que mató? ¿Lo
dejamos? —pregunto incrédulo.
—No puedes detenerlo. —Ella se levanta—. Nadie puede, no dos chicos de
ninguna parte. Es mejor huir. Tienen que irse antes de que descubra que están aquí, por
favor.
—Clarissa... —empieza Evan.
—Por favor, váyanse ya. —Compartimos una mirada y nos levantamos, pero en la
puerta, Evan le devuelve la mirada.
—¿Valió la pena? ¿Huir y esconderte? Has perdido toda tu vida. ¿No desearías
haber luchado?
—No soy lo bastante fuerte. Nadie lo es —admite—. No, es mejor perderlo todo.
Al menos sigo viva.
Cierra la puerta tras nosotros y aprieto los dientes. —Necesitamos ese nombre. Si
tiene razón, no parará y la policía no hará nada. ¿Quizá deberíamos irnos? —Odio la idea,
pero si es la única forma de mantener a Alice a salvo, lo haré.
—Estoy cansado de huir —murmura Evan mientras me mira—. Además, no parará,
ni aunque nos vayamos.
242
—No los obligaré ni a ti ni a ella a renunciar a su futuro, no por un loco. —Lo rodeo
con los brazos mientras nos dirigimos al auto y subimos, con la mirada puesta en su
casa—. Tenemos que averiguar quién ha sido. Podemos investigar quién paga los
cuidados de su padre y hablar con sus antiguos compañeros de clase. Lo encontraremos
antes de que él nos encuentre a nosotros. Los mantendré a salvo.
—No estás solo en esto —dice Evan mientras lo miro, memorizando su hermoso
rostro.
—Lo sé. Gracias, niño bonito —murmuro mientras beso su mano—, por darme
algo que hacer.
—Ahora Alice es mi familia también —dice—. Además, quiero que atrapen a ese
idiota tanto como tú. Hizo que me detuvieran, ¿recuerdas?
—Cierto, sólo yo puedo ponerte esposas.
—Exactamente. Princesa, te estás volviendo atrevido, pero me gusta tu forma de
pensar. —Su sonrisa se desvanece—. Si ella tiene razón, sin embargo, entonces
necesitamos algo más que nosotros dos. Tenemos que ganarle en su propio juego. Nadie
es intocable.
—¿Tienes alguna idea? —Algo en sus ojos me hace fruncir el ceño.
—Sí, pero no te va a gustar.
243
intocables. —Me cubre la mano—. No te enojes, por favor. No podía decírtelo, además
cuando me admitieron, ni siquiera te conocía de verdad.
—Bien —refunfuño—. ¿Al menos dime si son sólo idiotas ricos sentados por ahí?
—Más o menos. —Se ríe—. Es sobre todo una hermandad, una fiesta, pero en
realidad son muy agradables. Por eso Bones me sacó. Ayudan.
Está tan seguro de ello que no puedo evitar tirar de él para que se acerque. —De
acuerdo entonces, trabajaremos con ellos. ¿Te meterás en problemas por decírmelo?
—Tal vez, pero no me importa. —Suspira, acurrucándose a mi lado—. ¿A qué hora
tenemos que regresar por Alice? Podría ir a reunirme con ellos...
—Me mandó un mensaje diciendo que iba a regresar a casa con Tommy y Lally
más tarde —le digo—. Intenté decirle que la recogería, pero insistió.
—Ella sabe lo que hace. No es estúpida, Alek. —Suspira—. Además, es lo mejor.
Llegamos tarde por el tráfico. ¿Qué tal si cocinas para mí, y yo te chupo la polla?
Casi me caigo del sofá, girando la cabeza rápidamente. —¡Jesús, Evan!
—¿Qué? —pregunta, agitando las pestañas inocentemente—. Es un buen
intercambio, ¿no? No sé cocinar, pero sé chupar pollas.
Me quedo mirando antes de ponerme en pie de un salto. —Trato hecho. —Su risa
me persigue hasta la cocina.
244
CUARENTA Y
CUATRO
—Princesa, tu celular está sonando —grito desde su sofá mientras cocina para mí.
—¡Contesta! —le grita.
Algo en su respuesta me hace sonreír, así que agarro su teléfono y pulso
responder. —Hola, Alley cat, él está cocinando. ¿A qué hora regresas? Te guardaremos
unos...
—Evan. —El sollozo hace que me incorpore.
—¡Alek! —grito—. Alice, ¿qué pasa?
Pulso el altavoz mientras Alek entra corriendo en la habitación con el delantal de
volantes puesto y una espátula en la mano. —Lo siento. He sido una estúpida. Le mentí
a Alek. No estoy con Tommy ni con Lally.
—¿Dónde estás? —Exijo.
—Tuve una cita. —Alek y yo compartimos una mirada—. De regreso... —Ella hipa,
sollozando—. Lo estaba esperando fuera del restaurante, ya que estaba lloviendo. Fue a
buscar el auto. Cuando empezó a conducir hacia mí, otro auto lo atropelló. Está en el
hospital. Yo estoy en la sala de espera. ¿Puedes venir a buscarme?
—¿Qué hospital? —pregunta Alek, quitándose el delantal y agarrando las llaves—
. Voy para allá. No te muevas.
—Pinetree —solloza—. Ven rápido.
245
—Ya vamos. —Cuelgo—. Respira, Alek. —Me dirijo a la cocina y apago el horno,
apartando todo y agarrando su abrigo y su bolso. Lo encuentro en la puerta, esperando
ansioso—. Ella está bien. No estaba en el auto.
—Ella es mi hermana, Evan —dice.
—Lo sé. —Lo tomo la mano y le beso el dorso. —Vamos a buscarla.
246
Alice acaba calmándose lo suficiente como para hablar con Alek, así que atraigo a
Lally a mi lado, sabiendo que Alek necesita este tiempo con su hermana.
—Iremos por unas bebidas. —Arrastro a Lally tras de mí a pesar de sus protestas.
—¿Desde cuándo están tan unidas? —murmuro, dándole un codazo a Lally
cuando llegamos a la máquina expendedora de fuera.
Se encoge de hombros, mirando las bebidas que hay dentro. —Estamos en la
misma universidad, y ella te conoce. Supongo que fue casualidad. Cuando me enteré de
que tenía una cita, le mandé un mensaje y me contestó.
Apretando los botones, espero a que caigan las botellas. Estoy agachándome para
agarrarlas cuando unas luces nos salpican. Enderezándome, me tapo los ojos,
completamente cegado. Me doy cuenta que el exterior está sorprendentemente tranquilo
cuando nos giramos para ver un auto apuntándonos en el estacionamiento, con el motor
encendido.
—Lally, entra —exijo—. Este debe ser el tipo que hirió a la cita de Alice.
—¿Qué? ¿Por qué piensas eso?
—Luego te cuento, vete —siseo.
—¿Qué haces? —me pregunta mientras doy un paso adelante, con la intención de
enfrentarme a él—. Evan. —Lally me agarra del brazo—. No lo hagas. Si es el tipo, es una
estupidez de película de terror ir tras él.
Sé que tiene razón. Saco el celular, hago una foto de la matrícula y agarro a Lally
antes de meterla dentro, moviéndome despacio. Quienquiera que sea solo mira, pero sé
que es una advertencia, una amenaza.
De vuelta dentro, le advierto a Lally con la mirada que no diga nada, pero cuando
Alice habla con una enfermera con Lally, aparto a Alek. —¿Estás bien? —pregunta
frunciendo el ceño.
—Estuvo aquí —murmuro. Alek se congela y yo asiento—. Fuera, nos mirada
desde su auto. Está vigilando, probablemente acechándola. Tenemos que tener cuidado.
Nuestros ojos vuelven a Alice.
—¿Se lo decimos? —pregunto en voz baja.
—Necesita saberlo —admite—. ¿Puede tú… ¿Puedes...?
—Allí estaré. No me voy a ninguna parte —prometo.
247
CUARENTA Y
CINCO
De vuelta del hospital, paramos en la residencia de Evan para que hiciera las
maletas. Decidimos que se mudará de allí por un tiempo. Me sentiré mejor teniéndolos a
los dos bajo el mismo techo, y él quiere ayudar a proteger a Alice. Dejamos a Lally y ella
tiene una conversación en voz baja con Alice.
Cuando volvemos, la sentamos en el sofá, los dos de pie ante ella. —Tenemos que
hablar, y tú tienes que escuchar.
—Siento haber mentido. —Cuelga la cabeza.
—No de eso. Eso será más tarde —le advierto antes de suavizar la voz—. Alice,
esto es serio.
Sé que esto va a ser duro, pero merece saberlo. Mantenerla en la oscuridad no la
ayudará en nada.
Me agacho y le agarro la mano. —La persona que te atacó esta noche, que envió
esas flores y que... que mató a esos chicos... es la misma persona.
—¿Qué quieres decir? —pregunta asustada.
Lo contamos todo, y no le oculto nada. No le mentiré a mi hermana, no sobre esto.
Tiene que saberlo. Es su vida, y él la tiene en la mira, así que necesita entender lo serio
que es.
Después, queda pálida mientras nos mira fijamente. —¿Me está eligiendo... para
matarme?
248
Comparto una mirada con Evan, que se sienta a su lado, y él le agarra la mano. —
No, no creo que sea para matarte. Creo que quiere... poseerte. Cree que eres suya. ¿Ha
habido alguien así en tu vida recientemente, Alice? Cualquier cosa podría ayudar.
—No, nadie, lo juro. —Las lágrimas llenan sus ojos y empiezan a correr por su
cara—. ¿Y si les hace daño? ¿Y si no para? —Su labio inferior empieza a temblar—. No
podría vivir si les pasara algo a alguno de los dos.
—Oye. —Evan la atrae hacia sus brazos—. Eso no va a pasar, lo sabes. Podemos
arreglárnoslas solos. Estamos más preocupados por ti, niña tonta y amable.
Averiguaremos quién es y lo detendremos, ¿de acuerdo?
—Pero para hacer eso, necesito saber que estás a salvo. Estarás con uno de
nosotros en todo momento, ¿entendido? Aparte de la universidad, no irás a ningún otro
sitio —advierto, estableciendo las reglas—. Lo digo en serio, Alice. No te pondré en
peligro, ni siquiera por tu independencia. Prefiero que me odies pero que estés viva.
—De acuerdo. —Suspira, mirando entre nosotros—. Haré lo que dices.
Evan y yo compartimos una mirada, pasándonos mensajes silenciosos.
Haremos lo que sea necesario para mantenerla a salvo.
Hace días que reina un silencio sospechoso que me pone de los nervios mientras
esperamos que ocurra algo. Vigilo a Alice como un halcón, y nunca está sola. Tanto Evan
como yo la acompañamos a todas partes. Eso significa que no tengo tiempo para correr,
y he reducido mis horas de trabajo, pero haría cosas mucho peores para mantenerla a
salvo y feliz. Su miedo está empezando a desaparecer y a convertirse en fastidio, pero
no se puede evitar. Prefiero que me odie a que esté muerta.
La acompañamos a visitar a su amigo al hospital, pero él no quiere verla. Supongo
que tiene miedo. No lo culpo. Evan dice que se ha corrido la voz por todo el campus de
que algún loco está obsesionado con ella, y todo el mundo la evita aparte de nosotros.
Hemos estado en un segundo plano, investigando lo más discretamente posible a
la persona que está detrás de los cuidados del padre de Clarissa, pero no hemos llegado
a ninguna parte. Sé que Evan se ha puesto en contacto con su sociedad al respecto, y
ellos también están buscando, así que es cuestión de tiempo que encontremos a ese
imbécil, pero para una chica joven el tiempo pasa despacio, sobre todo con un hermano
autoritario.
249
Es viernes y quiere salir. No le gusta, pero puedo verlo en su cara. Está
desesperada por ser normal y no perderse la vida universitaria. Puede que no lo entienda,
pero puedo comprender que quiera ser feliz. Odio verla tan abatida, y ni siquiera la luz
de Evan parece calentarla.
No soporto la tristeza de mi hermana, así que suspiro profundamente. —¿Qué tal
si invitamos a unos amigos esta noche?
Se levanta, esperanzada. —¿En serio?
—En serio. Evan puede invitar a Lally y Tommy, y yo le pediré a Bones y Skylar
que vengan. Podemos ver películas y relajarnos. De todas formas, aquí estamos seguros.
Puede ser como una mini fiesta —sugiero a regañadientes. Al menos, si es aquí, puedo
mantenerla a salvo. Además, con nosotros aquí, el asqueroso no tendría ninguna
oportunidad.
Se ríe. —Odias las fiestas.
—Sí, pero te amo. —Suspiro mientras miro a Evan, que me hace un gesto con el
pulgar a sus espaldas—. Idiotas los dos.
—Qué dulce —se burla Evan mientras se dirige hacia mí, me agarra del cuello y
me levanta la cabeza para darme un suave beso en los labios. Alice suelta una arcada
cuando Evan se ríe y me sonríe con los ojos brillantes—. ¿Eso significa que voy a verte
bailar?
—Nunca —juro con vehemencia.
250
CUARENTA Y
SEIS
Alek es un mentiroso. Todo lo que necesitó fue un mohín y ojos tristes, y ahora
está bailando.
Invité a Tommy y Lally, y ellos no dejaron pasar la oportunidad de pasar el rato, ya
que últimamente he estado mucho con Alice y Alek. Alek dijo que invitaría a Bones y
Skylar, pero hasta ahora no se han presentado, pero aún es temprano.
La pizza cubre la mesa, junto con cerveza y refrescos, y la música llena la
habitación. Alice baila alegremente con Tommy. Él la balancea, la levanta y la gira hasta
que se ríe. Eso es lo que tiene Tommy: siempre sabe cuándo necesitas que te animen y
hará lo que sea para que así sea. Es un amigo increíble y, por la cara de Alice, sé que
funciona.
Me doy cuenta de que Lally los observa. Más concretamente, mira a Alice, y enarco
las cejas antes de que Alek me abrace y se mueva lentamente al ritmo de la música. No
sigue el ritmo en absoluto, pero no parece importarle, y a mí tampoco. Empieza la
siguiente canción, una melodía de indie rock, y nos balanceamos al ritmo de la música.
Sus manos están en mis caderas y las mías alrededor de su cuello. Apoyo la
cabeza en su pecho y escucho su corazón acelerado, lo que me hace sonreír. Siempre
se pone nervioso conmigo, por mucho tiempo que pasemos juntos.
Espero que eso nunca cambie. Espero que siempre se ponga así de nervioso
conmigo porque es dulce.
Nos movemos al ritmo de la música, perdidos en nuestro propio mundo, mientras
sus brazos me rodean con más fuerza. De repente, llaman a la puerta. Suspira, se aparta
251
y va a abrir mientras Lally se acerca y baila conmigo. La hago girar en círculo mientras
vigilo. Un Bones malhumorado y un poco mojado le da una palmada en el hombro a Alek
antes de entrar, con el bolso atrás. Entran en la cocina cuando vuelven a llamar a la
puerta. Hago girar a Lally hacia Alice y Tommy vuelve a sentarse en el sofá, dejándolas
bailar.
Al abrir la puerta, inclino la cabeza hacia el hombre que está allí. —¿Skylar?
—El único. —Sonríe, levantando una caja de cerveza—. Con golosinas. Déjame
entrar, chico de Alek.
Sacudo la cabeza, me hago a un lado y él se dirige a la cocina. —Oye, idiota, he
estacionado delante para que lo vean todos tus vecinos. Bueno, hola…
Dejo que Alek se ocupe de sus invitados y me dejo caer junto a Tommy, echando
mis piernas sobre las suyas mientras Lally y Alice se ríen, bailando al ritmo de la música.
—Sabes, creo que hay algo entre ellas —comenta Tommy, mirándome.
—No me digas. —Lanzo una carcajada—. Tommy, realmente eres tonto.
Frunciendo el ceño, los mira. —¿Lo sabías?
—Hasta los setos lo saben —me burlo, dándole un codazo—. Ahora solo tenemos
que emparejarte.
Alek arrastra a un sonriente Skylar al salón y lo tira en el sofá. —Quédate y
compórtate antes de que Bones te mate.
—Pero es lindo. —Skylar hace un mohín.
—Si te gusta vivir, te sugiero que no lo llames así. —Los ojos de Alek se posan en
mí y se entrecierran—. Niño bonito.
Poniendo los ojos en blanco, levanto las piernas de Tommy, sabiendo que a Alek
no le gusta, y entonces me levanto y me apoyo en su costado. —Así que Skylar...
—Puedes llamarme Sky, chico de Alek. —Me brinda con una cerveza.
Sentado a su lado mientras Alek va a buscar a Bones, me giro para mirarlo. —
Cuéntame todos sus sucios secretos.
—Sólo si me hablas del idiota tatuado de la cocina. —Levanto una ceja y él
sonríe—. Me gustan melancólicos y duros, hace que sea mucho más dulce cuando ceden
y me dejan inmovilizarlos.
—Ni en tus putos sueños —gruñe Bones mientras se apoya en la pared del pasillo
y mira con odio a Skylar, que no parece inmutarse en absoluto.
252
—Oh, definitivamente lo será —coquetea Sky, arrastrando los ojos por el cuerpo
de Bones—. Puedes apostar por ello. Dime para asegurarme de que mi imaginación hace
justicia a mis sueños, ¿tienes tatuajes por todas partes?
Bones arquea una ceja. —Skylar, ¿verdad? —Skylar asiente ansioso cuando
Bones se inclina hacia él, y me muerdo el labio para contener la sonrisa cuando está casi
lo bastante cerca como para besarlo. Skylar se queda boquiabierto cuando Bones coloca
la boca justo encima de la suya—. Nunca lo sabrás.
Se aparta y Skylar gime. —Malo, tan malo y caliente. Eres perfecto.
Bones sonríe y lo esconde detrás de su bebida.
Inclinándome hacia Alek, miro sus ojos felices. —Te apuesto una mamada a que
terminan follando.
—Trato hecho. —Sonríe, me acerca y me da un beso en la cabeza—. ¿Estás
teniendo una buena noche?
Asiento, inclinándome hacia él, con los ojos puestos en Alice. —Creo que ella
también. Es justo lo que todos necesitábamos, un descanso de la locura.
La música vuelve a cambiar, algo alegre, y me pierdo en los ojos oscuros de Alek,
pero las luces se cortan de repente, sumiéndonos en la oscuridad. Hay una mezcla de
gritos, y cuando enciendo la linterna, encuentro a Tommy acurrucado detrás de nosotros,
todavía gritando con fuerza.
—¿En serio? —pregunto.
Tose y cierra la boca, pero se queda ahí. —Lo siento, eso me asustó.
—No, esto es una mierda de película de terror —comenta Lally.
—Los dos son idiotas —se burla Alek—. Es sólo el interruptor. Es una casa antigua.
—Alek —Alice grita.
—Oye, está bien. —Giro mi linterna hacia ella—. Vamos a volver a encenderla,
¿bien? Quédate aquí.
Asiente y se sienta con Lally. Alek me agarra de la mano y salimos hacia los
interruptores de atrás. No es la primera vez que ocurre, así que le sirvo de linterna cuando
la necesita, pero cuando nos alejamos de las ventanas, me empuja contra la pared de la
casa. Su mano golpea la madera mientras sus ojos oscuros se clavan en mí.
—Alek, las luces...
—Puede esperar un minuto. He querido hacer esto toda la noche. —Baja la cabeza
y sus labios chocan contra los míos. Gimo, le agarro de la camisa y lo acerco mientras él
se frota contra mi cuerpo y su lengua se enreda con la mía.
253
Su mano se desliza hacia abajo, metiéndose en mis vaqueros y acariciando mi
longitud mientras jadeo, girando la cabeza, pero sus labios me aprietan el cuello.
—Alek —gimo.
—Eso es, niño bonito, gime mi nombre. Todos sabemos que lo gritarás más tarde
cuando esté enterrado en tu bonito culo.
Oh, mierda. Cierro los ojos mientras me acaricia y me clava los dientes en el cuello.
—Por favor —le suplico.
—Eres mío, niño bonito. Dilo —me exige mientras me baja los vaqueros y libera mi
polla. Se baja los pantalones y aprieta nuestras nalgas mientras desliza las manos a lo
largo de mí.
—Soy tuyo. —Mi cabeza golpea con fuerza la pared mientras me empujo contra
él, el deseo flameando a través de mí hasta que estoy a punto de correrme por su
contacto—. Y tú eres mío.
Sus labios se inclinan contra mi cuello. —Soy tuyo, cada centímetro de mí, y
tendrás cada centímetro más tarde para demostrarlo, pero por ahora, quiero sentir cómo
te corres. Lo quiero sobre mí cuando vuelva ahí dentro para poder contenerme mientras
te mueles contra mí como si fueras mi puta estrella del porno.
Me río, pero acaba en un gemido cuando me aprieta la polla. De repente, se oye
un grito desde dentro. —Alek, rápido, maldición. Tommy es raro en la oscuridad.
Nos separamos, jadeantes, y estallamos en carcajadas. —Vamos, antes de que
envíen un equipo de búsqueda. —De mala gana, me meto la polla dura, y él frunce el
ceño, mirando a través de la pared de la casa antes de besarme más fuerte.
—Más tarde —promete.
Se aparta, me toma de la mano una vez más y salimos al jardín trasero. Se agacha
junto a los fusibles mientras yo enciendo la linterna, y se ocupa rápidamente de ella antes
de que volvamos a entrar tomados de la mano. Cerramos la puerta y enarco una ceja
cuando veo a Tommy haciendo twerking sobre una Skylar muy divertido.
—¿Sabes qué? Ni siquiera voy a preguntar.
En ese momento, las luces vuelven a apagarse y todos nos giramos hacia la puerta
principal. Miro a Alek. —No debería hacer eso, ¿verdad?
—Quizá haya un problema —murmura, pero frunce el ceño—. Quédate aquí.
—Claro que sí. —Lo sigo de nuevo fuera, esta vez sin bromas, y cuando ilumino la
caja con la linterna, ambos nos quedamos paralizados. Está dañada, los cables cortados.
Nuestras miradas se cruzan y ambos nos giramos hacia la casa.
—¡Alice!
254
Empezamos a correr justo cuando un estruendo corta el aire, seguido de gritos.
255
CUARENTA Y
SIETE
256
Justo cuando termino de hablar, se oye un estruendo procedente de la parte
trasera de la casa: la cocina. Comparto una mirada con Evan, que ha terminado de poner
las velas. —Quédate con ella —le ordeno. Agarro el bate con más fuerza y salgo al pasillo,
pero siento que Evan me sigue unos segundos después. Cuando miro hacia atrás, Bones
y Skylar están junto a Alice y me hacen un gesto con la cabeza para indicarme que la
tienen.
Me giro hacia el pasillo, asomándome a la oscura cocina, esforzándome por ver
algo.
Se oye otro golpe, esta vez en la parte delantera de la casa. Dudo pero sigo
avanzando, necesito comprobar la puerta trasera.
—Bueno, eso es claramente una trampa, así que no, no voy a hacer eso. Hoy no,
Sr. Asesino en Serie. Tendrás que hacerlo mejor. Eso es un movimiento básico de zorra
—oigo decir a Lally mientras me dirijo a la cocina con Evan pisándome los talones.
Está oscuro, pero la luz del jardín trasero entra a raudales.
La puerta trasera está abierta, el candado en el suelo. Busco en el espacio vacío,
mis ojos se posan en el bloque de cuchillos y en el lugar vacío donde debería estar el
cuchillo más grande. Se me eriza todo el vello del cuerpo y el miedo me invade. Esto va
en serio. Tengo que sacarlos de aquí. Ya no es seguro. —Evan, no podemos esperar aquí
a la policía. Iremos a la comisaría. Dile a los otros... —Me giro justo cuando algo parpadea
en la oscuridad.
Un borrón se dirige hacia Evan, con el cuchillo levantado para clavárselo en el
cuerpo, la afilada punta brillando en la escasa luz.
Gruñendo, empujo a Evan a un lado, y él se golpea contra el suelo mientras yo
recibo la herida destinada a él.
El dolor agudo me hace gruñir al golpearme contra la pared, con el cuchillo clavado
en el costado antes de que la sombra me lo arranque y lo levante de nuevo. Levanto las
manos lentamente para cubrirme la herida cuando Evan grita y se abalanza sobre la
sombra, haciéndola salir despedida por la habitación.
—¡Evan! —grito, tropezando hacia adelante.
Forcejean hasta que Evan queda por encima del asaltante enmascarado. La luz
que hay me permite ver una espeluznante máscara sobre su rostro. A Evan no le importa.
Golpea con el puño la cara del hombre una y otra vez hasta que deja de moverse,
entonces agarra el cuchillo y se pone en pie de un salto. Se gira hacia mí y sus ojos se
posan en mi costado, donde estoy sangrando.
—Alek —susurra antes de agarrarme y empujarme por el pasillo hacia los demás.
Alice grita cuando me ve.
257
Evan agarra mis llaves y mira a los demás. —¡Adelante! ¡A los autos! A la comisaría
—grita, empujándome hacia la puerta principal mientras mira hacia la cocina, con el
cuchillo en la mano, yo lo agarro y tiro de él hacia el jardín delantero. Todos corremos
hacia mi auto y nos apretujamos: Evan en el asiento del conductor, yo en el del copiloto
y los demás en la parte de atrás, sentados sobre las rodillas. Cuando Evan enciende el
motor y se aleja, me giro para ver al hombre enmascarado salir corriendo de la casa y
meterse en un auto dos puertas más abajo. Las luces salpican la carretera vacía y
silenciosa, y entonces conduce tras nosotros.
Miro a Evan y lo encuentro agarrando el volante, mirando el retrovisor una y otra
vez. —Tranquilo, bebé —le advierto—. Ve a comisaría. —Miro hacia abajo y aparto la
mano para ver la herida sangrante. Es profunda, pero no creo que haya tocado nada vital,
si no, estaría sangrando más.
—¿Qué pasó? —Bones pregunta desde atrás, donde está sentado en la rodilla de
Skylar.
—El acosador de Alice estaba allí. Intentó apuñalar a Evan, pero lo detuve.
—¡Y lo apuñalaron! —grita Evan histérico, mirándome con ojos preocupados. Me
mira al costado, donde tengo la herida, y traga saliva.
—Shh, no pasa nada, niño bonito, sólo es una herida superficial —le prometo,
intentando que no se note mi dolor.
—Te dejaste apuñalar. ¿Quién se deja apuñalar hoy en día? —se burla Skylar.
Suspiro y le devuelvo la mirada, incrédula. —No dejé que me apuñalaran. Me
apuñalaron. Hay una diferencia —refunfuño.
—¿A quién apuñalan? ¿Qué estamos, en Scream o Freddy contra Jason?
Demonios, ¿incluso La matanza de Texas o alguna mierda de Los extraños? —Sigue
enumerando rápidamente películas de terror, y todos nos giramos, incluso Evan, para
mirarlo fijamente. Deja de balbucear y mira a su alrededor nervioso—. ¿Qué?
—Tienes unos conocimientos sospechosos sobre películas de terror —murmura
Bones mientras las mejillas de Sky se calientan, haciéndome sonreír.
—Las miro cuando quiero sentir algo, ¿bien? —Sky response, y a pesar de la
situación, me dan ganas de reír, que es probablemente por lo que lo hizo.
—Cuando esto acabe, creo que tenemos que buscarte un terapeuta —sugiero con
una sonrisa.
—O tener sexo. —Bones resopla, mirando a Sky, que mueve las cejas ante el idiota
tatuado.
—¿Te estás ofreciendo, sexy?
258
—¿Es realmente el momento? —grita Evan, mirándome mientras detengo el flujo
de sangre. Tiene los ojos muy abiertos y desorbitados, y sujeta el volante como si fuera
un salvavidas.
—Correcto, asesino en serie suelto y persiguiéndonos. Alek se dejó apuñalar...
—No me dejé... ¿Sabes qué? Échalo y que se lo quede el acosador —les digo a
Bones y a Evan.
—Entonces no tendrías amigos —responde Sky.
—Tengo a Bones —argumento.
—No, no soy tu amigo. —Bones se encoge de hombros despreocupadamente,
mientras aceleramos por las calles, en dirección a la comisaría. Miro por el retrovisor,
pero no veo ninguna luz. ¿Lo hemos perdido?
—Seré tu amigo —dice Evan, lanzándome una sonrisa preocupada, sabiendo que
lo hacemos para mantenernos tranquilos y a mí también. Mi hermana está prácticamente
hiperventilando. Lally la abraza y le susurra en voz baja.
—Qué lindo, voy a vomitar —refunfuña Bones.
Alice empieza a gritar entonces, que es mejor que llorar. —¿Qué demonios les
pasa a todos?
Se hace el silencio y Sky se apoya en Bones mientras miro a mi hermana. —Creo
que necesita follar o ir a una sala de furia o algo así. ¿Por qué no la emborrachamos en
un concurso o algo así?
Alice se gira y mira boquiabierta a Sky mientras Evan se concentra en conducir, y
saco unos trapos de la guantera. Están limpios, gracias a Dios, así que me los ato la cintura
para detener toda la hemorragia que pueda.
—Me gustan los concursos —dice Lally, mientras Tommy asiente, demasiado
pálido en el lugar donde está apretujado entre ellos.
—Deberíamos llamar a nuestro equipo Súper Gays —reflexiona Lally, que nos
sigue para calmar a todo el mundo.
—No lo voy a llamar Super Gays. —Suspiro y luego hago una mueca de dolor
cuando se me estira la herida.
—Claro —dice ella—. Porque Evan es bisexual.
—¿En serio? —grita Alice, levantando las manos antes de señalarnos—. Basta ya.
¿Qué demonios está pasando?
Sin embargo, la rabia es mejor que el miedo, así que está funcionando.
259
—Alice, está bien —le digo—. No le ha dado a nada importante. Estoy parando la
hemorragia y nos dirigimos a comisaría. Haré que me vean, así que siéntate y cálmate,
¿vale? —Espero a que lo haga, resoplando, pero es obvio que está preocupada. Miro a
Evan y veo que mira fijamente a la carretera mientras pisa el pedal, conduciendo mi auto
de forma errática, pero me preocupa más su mandíbula rechinante.
Inclinándome, pongo la mano en el muslo de Evan. —Bebé, más despacio.
—No puedo —admite y baja la voz—. Nos está siguiendo.
Sigo sus ojos y veo las luces que golpean nuestra ventana trasera. —No podrá
seguirnos hasta la comisaría. Todo irá bien.
—Tenemos un problema con eso. —Evan asiente, y me giro para ver que la
carretera que necesitamos está cerrada, con conos intermitentes y señales que la
bloquean. Gimiendo, miro hacia atrás y vuelvo a mirar hacia Evan—. Bien, podemos
rodear.... —Nos golpean por detrás. Golpeo con la mano contra el techo y el otro brazo
por el medio para evitar que los de atrás salgan volando por el parabrisas. Evan aprieta
los dientes, controla nuestro giro lo mejor que puede y nos devuelve a la carretera, pero
el auto vuelve a embestirnos. Damos vueltas y por suerte, Evan controla antes de que nos
detengamos.
Miro hacia atrás. —¿Están bien? —les pregunto. Todos asienten y miro a Evan—.
¿Evan? —Entro en pánico.
—Bien, estoy bien. —Golpea el volante mientras el motor se apaga, y gira la llave,
intentando volver a arrancarlo—. No arranca, maldición.
—Podría haber golpeado algo. No tengo tiempo de arreglarlo. —El ruido del otro
auto me hace entrecerrar los ojos y me giro bruscamente para ver dónde estamos. Los
edificios de arte del campus me resultan familiares—. Vamos, salgamos. Podemos
escondernos en la universidad y llamar a la policía.
—Eso es lo que quiere, que vayamos a pie —sisea Evan.
—Lo sé, niño bonito. —Le agarro la mano y lo beso—. Pero es todo lo que
tenemos.
—Esto está jodido —suelta—. Él planeó todo esto.
—Lo sé. —Agarrando el bate, le doy el cuchillo y miro hacia atrás—. Hay
herramientas debajo del asiento.
Bones se inclina, agarra la caja de herramientas y reparte llaves inglesas y
destornilladores. Es mejor que nada.
—Correremos a tu edificio de arte. —No puedo creer que estemos aquí, de todos
los lugares—. Entraremos, encontraremos un aula y bloquearemos la puerta mientras
esperamos a la policía.
260
—Hoy hay un partido fuera de casa —añade Bones sin ánimo de ayudar—. No
habrá nadie para ayudar.
—Genial. —Agarrando el bate, los recorro con la mirada—. Corran rápido.
—Alek. —Alice sacude la cabeza—. No puedo. Por favor, vayamos a la policía...
—Mírame —le ordeno, y lo hace—. Puedes hacerlo. Ahora mismo voy, ¿bien? No
va a acercarse a ti. Si nos quedamos aquí, estamos muertos. Tenemos que seguir
moviéndonos y encontrar un lugar seguro.
Bones asiente. —Puedo con contra él. Solo es un maldito idiota.
—Con un auto —le recuerdo—. Si llega el caso, podemos agarrarlo entre todos,
pero no con él usando un auto. Seríamos blancos fáciles. Ha demostrado que está
dispuesto a matar.
—Yo igual —responde Bones con seriedad.
—¿Quieres casarte conmigo? —Skylar se burla.
Le ahorro una mirada mientras el auto acelera. —¡Ahora! —grito.
Abro la puerta de una patada y salgo, ignorando mi herida todo lo que puedo. Las
puertas traseras se abren, los demás salen y me encuentro con los ojos del hombre del
auto. Las luces se extienden sobre nosotros y la carretera, las puertas se cierran de golpe
y me doy la vuelta.
Lanzando a Alice hacia Lally, las empujo hacia delante mientras empezamos a
correr.
Agarro a Evan de la mano y tiro de él para que me siga mientras aceleramos en
dirección a la universidad. El auto acelera y miro hacia atrás cuando llegamos al camino
que pasa por delante del estacionamiento y, de repente, el auto viene hacia delante,
dirigiéndose directamente hacia nosotros. Tropiezo, pero Evan me levanta y aceleramos.
Siento que la sangre me corre por el costado y los vaqueros, pero la ignoro y animo a los
demás a seguir.
—¡Sigan! —grito mientras las luces nos salpican con tanta intensidad que queman,
y casi puedo saborear el metal de su parachoques mientras nos persigue. Se oye un
gemido y miro hacia atrás para vero saltar el bordillo de la acera antes de salir a la
carretera y acercarse a nosotros a toda velocidad, salpicando piedras por todas partes.
Empujo mi cuerpo tan rápido como puedo. El sonido de la respiración de pánico
de Alice me llega desde delante, donde Lally la agarra de la mano y tira de ella. Bones y
Skylar llegan primero a la puerta y la abren de un tirón, Tommy entra dando tumbos tras
ellos. Subo corriendo los escalones detrás de mi hermana, la empujo dentro y cierro la
puerta de un portazo, girándome cuando el auto llega a toda velocidad a las escaleras y
se detiene, con el motor humeando.
261
—¿Hay una cerradura? —pregunto.
—No, no en la puerta principal. Se queda abierta para los estudiantes que trabajan
hasta tarde —murmura Evan—. Vamos, hay un laboratorio en el segundo piso. Es sólo
con tarjeta.
Asintiendo con la cabeza, mantengo la vista fija en el auto y en el hombre
enmascarado inmóvil que hay dentro antes de darme la vuelta y seguirlos. Lally va delante
y se agarra a Alice mientras subimos las escaleras de dos en dos. Aprieto los dientes
contra el dolor, no quiero preocupar a los demás. Evan saca el celular y lo oigo sonar
cuando llegamos al segundo piso y nos apresuramos por el pasillo, con los pies chirriando
sobre las baldosas.
—Hola, sí, estamos en la universidad de Pine Valley. Hemos sido atacados y uno
de nosotros ha sido apuñalado. El agresor sigue aquí. Por favor, vengan rápido, creemos
que es el asesino. —Va desgranando más información mientras Tommy introduce su
tarjeta en la cerradura una y otra vez hasta que brilla en verde. Entramos, cerramos la
puerta y accionamos la cerradura. Empujo a Alice bajo un escritorio con Lally mientras
agarro a Evan y lo meto bajo otro.
—Bien, ya vienen. Dijeron que esperáramos. Al parecer, hubo un gran incendio en
el centro —susurra Evan—. Estamos a salvo aquí. Sólo tenemos que escondernos hasta
que lleguen.
Odio esconderme, pero tiene razón. Estoy herido y necesito proteger a mi
hermana. ¿Quién sabe de lo que es capaz este tipo?
Sentado bajo el escritorio con una mueca de dolor, me encuentro con la mirada
preocupada de Evan. Abro los brazos y lo insto a que se acerque. —Estoy bien, niño
bonito —lo tranquilizo.
Se desliza a mi lado mientras encuentro la mirada preocupada de Alice y sonrío.
Ella me devuelve una sonrisa temblorosa y compruebo cómo están los demás. Tommy
está acurrucado bajo un pequeño escritorio, y Skylar y Bones están bajo otro. Sacudo la
cabeza cuando Bones le da un golpe a Sky mientras se lleva disimuladamente una mano
al culo.
Sky no desaprovecha ninguna oportunidad.
—¿Qué quiere este psicópata? —murmura Tommy—. ¿En serio planea matarnos
para llevarse a Alice? ¿Qué mierda?
—Está loco —responde Evan—. No está pensando con claridad, pero si jugamos
sobre seguro y lo hacemos hasta que llegue la policía, atraparán al bastardo y todo habrá
terminado. —Se echa hacia atrás, exhala un suspiro, la determinación llena su mirada—.
Bien, enséñame tu herida, Alek, y déjame ver qué puedo hacer.
262
—Evan...
—Ahora, Alek —sisea—. No luches contra mí en esto.
Sonrío perezosamente. —Eres caliente cuando te enojas.
—No es el momento, princesa —murmura, pero sonríe como yo quería.
Dios, amo a este chico.
Lo amo de verdad, maldición, y espero pasar la noche para decírselo.
263
CUARENTA Y
OCHO
264
—Lally, revisa el bolso de Alice. ¿Tiene una toalla o algo? —pregunto, con la voz
tan alta como me atrevo. La policía se acerca, pero eso no significa nada, y no voy a
correr ningún riesgo.
Asiente, agarra el bolso de Alice, rebusca y me la desliza por el suelo. —No hay
toalla, pero hay un tampón. ¿Servirá?
Se lo quito y lo empujo desde el aplicador. —Tal vez —murmuro, mirando la herida
y luego a Alek—. Esto va a doler, pero tenemos que detener la hemorragia, princesa.
—Hazlo —murmura, mirando el tampón.
—Mantenlo quieto —le ordeno a Lally, que se aprieta contra su costado,
sujetándolo mientras presiono el tampón en la herida. Absorbe la sangre y se expande, y
cuando termino, Alek jadea y nos mira a Lally y a mí mientras nos chocamos los cinco.
—Malditos amigos afrutados —murmura, haciéndome sonreír.
Agarro la parte de abajo de mi camisa, arranco una tira y se la envuelvo alrededor
de la cintura, inclinándolo hacia delante para atársela por detrás. —Es lo mejor que
podemos hacer. Vamos a tener que limpiarlo y tendrás que ir al médico, pero no te vas a
morir pronto.
—Siempre genial.
Me limpio las manos en los vaqueros y compruebo cómo está Alice, que regresa
a estar en brazos de Lally. Tommy le frota la espalda, mientras Skylar y Bones se golpean
y susurran furiosamente.
Justo entonces, un sonido llena el aire, haciendo que todos nos quedemos en
silencio. Contengo la respiración, escuchando hasta que vuelvo a oírlo.
Es una puerta.
No es la policía porque tendrían sirenas, lo que significa que es él.
Se oye otro crujido de puerta: las escaleras, mierda. Al hundirme en la oscuridad,
no pierdo de vista la puerta de cristal que da al laboratorio. Los escritorios nos protegen,
pero hay medias ventanas a lo largo de esa pared, así que si mira de cerca, nos verá.
Compruebo cómo está Alek, cuyo rostro está sombrío mientras se lleva la mano al
bate que tiene a su lado. Vuelvo a agarrar el cuchillo, dispuesto a protegerlo a él y a todos
los demás si hace falta. Unos pasos se dirigen hacia nosotros y todos nos quedamos
inmóviles, apenas respirando, cuando aparece ante la ventana.
Sostiene otro cuchillo en la mano, éste tan largo como un machete. La máscara se
gira, la boca ladeada en una sonrisa malvada y goteando sangre, y lo miro fijamente,
seguro de que puede verme. Mira fijamente durante lo que me parece una eternidad, y
265
no me muevo. Luego se da la vuelta y sigue su camino, aparentemente sin verme en la
oscuridad. Me desplomo, aliviada.
Mi celular empieza a sonar, la vibración golpea la madera del escritorio. Con el
corazón saltándome del pecho, me apresuro a agarrarlo y lo silencio. Miro hacia atrás,
esperando un latido y luego el siguiente, y cuando no vuelve a aparecer, me desplomo.
Levanto el celular, miro el identificador de llamadas y devuelvo la llamada. —
¿Evan? —dice Autumn, sin aliento.
—Hola —susurro.
—Descubrí lo que querías. El nombre de la persona que pagó los procedimientos
médicos del señor Wright era un tal señor Ford: Ellis Ford. Su hijo es Stan Ford.
Frunzo el ceño, sintiéndome frío, y mi mirada se dirige a Alice. —¿El profesor de
arte? —susurro.
—Sí, era miembro de la Rosa Silenciosa. He revisado. Es un ex-alumno, y estaba
en el año de mi hermano. De él sospechaban antes, pero su padre pagó para encubrirlo
y se libró. Es de dinero. Es él, Evan. Él los mató. ¿Dónde estás?
Trago saliva y miro a Alice, que me mira preocupada. —En la universidad—
balbuceo—. La policía está en camino. Está aquí.
La llamada se corta y suelto el celular mientras miro fijamente a Alice.
—Es el Sr. Ford. Es quien está detrás de la máscara.
—No, no puede ser —susurra—. Siempre fue muy amable conmigo. —Se detiene,
se da cuenta y un escalofrío de horror sacude su cuerpo.
—Pero si es profesor —empieza Alek, y me giro para verlo, siguiendo su hilo de
pensamiento.
Mis ojos se dirigen a la puerta. —¡Entonces tiene una tarjeta!
Me arrastro por el suelo hasta la puerta, agarro el picaporte y aprieto la espalda
contra ella. Mis ojos se encuentran con los de Alek, que se arrodilla con el pecho agitado.
—Evan, vuelve aquí —me exige.
—No, no podemos dejarlo entrar —siseo—. La policía estará aquí pronto...
El cristal se rompe a mi lado y me sobresalto. Me cubro la cara con el brazo y lo
suelto para ver una silla en el suelo. Al segundo siguiente, se levanta y atraviesa la
ventana. Me pongo en pie de un salto, con ganas de abofetearme, y mis ojos se posan
en el cuchillo que Alek ha dado.
—¡Fuera ya! —grito a los demás, y luego me lanzo sobre él, golpeándolo mientras
tengo el factor sorpresa. Chocamos con fuerza contra la pared y le golpeo el brazo con
la mano, intentando que suelte el cuchillo, pero me da un codazo y retrocedo dando un
266
traspié y luego un salto para evitar su salvaje golpe. Paso mi brazo por encima del suyo,
le agarro la muñeca y la retuerzo, intentando romperla para agarrar el cuchillo, pero él la
cambia a la otra mano y apuñala.
Retrocedo dando tumbos y veo cómo Lally saca a Alice a rastras, seguida de
Bones y Skylar, que se aseguran de que están a salvo. Alek y Tommy vacilan, empuñando
armas para intentar ayudar mientras yo esquivo sus ataques desesperados.
Se lanza sobre mí a toda velocidad y yo salto por encima del escritorio, entonces
él rueda sobre él, siguiéndome. Me agacho y me muevo hacia atrás antes de agarrar una
silla para protegerme.
—¡Oye, idiota! —Tommy tira una silla—. ¡Deja en paz a mi amigo, enfermo de
mierda!
Alek salta por encima del escritorio y golpea con su bate la espalda de Ford. Lo
golpea y yo lo estampo contra la pared, inmovilizándolo con un gruñido mientras miro
hacia Alek y Tommy.
—¡Tommy, sácalo de aquí ahora!
—¡No! —Alek ruge, pero Tommy lo agarra.
—¡Vamos! Soy rápido, ¿recuerdas? Te alcanzaré. —grito, forcejeando mientras él
lucha por liberarse de la silla, su máscara golpeando a un lado para revelar un rostro
familiar.
Autumn tenía razón.
Alek deja que Tommy lo agarre, pero en la puerta, empuja a Tommy fuera,
agarrando el marco. —¡Sal ahora mismo! —ruge.
Sabiendo que no me dejará, empujo la silla con todas mis fuerzas para que el señor
Ford se quede allí, y luego me doy la vuelta y corro, agarrando la mano extendida de Alek
mientras nos deslizamos por el pasillo y corremos hacia las escaleras, donde nos espera
Tommy.
—¡Vamos, vamos, vamos! —grito, y él se apresura a bajar la escalera, agarrándose
a la barandilla mientras resbala. Alek y yo vamos más lentos debido a su herida, y no
quiero separarme de él, pero cuando llegamos a las escaleras, una mano me agarra del
pelo, lanzándome de espaldas contra la pared mientras patea a Alek.
Me golpeo contra la pared y gimo mientras Alek cae por los escalones. El horror
se apodera de mí cuando choca con cada peldaño y aterriza desplomado en el siguiente
rellano.
—¡Alek! —grito, pero no se mueve. Giro la cabeza y miro a Ford, que vuelve a
colocarse la máscara en su sitio—. Jódete —le escupo mientras lucho por incorporarme.
267
—No, voy a matarte. Ella es mía. No puedes tenerla —gruñe, con el cuchillo
apuntándome—. Vi cómo la mirabas, cómo la tocabas en el comedor. Siempre estás
pendiente de ella. No puedes tenerla.
Sonrío mientras levanta la hoja. —Tú tampoco.
Ruedo hacia un lado mientras él la baja, golpeándome contra las escaleras y
cayendo unos cuantos escalones antes de detenerme y apartarlo de un tirón.
—¡Estás muerto, enfermo de mierda! ¡Nadie jode con el Equipo Super Gay! —grita
Tommy y sube corriendo las escaleras, golpeándolo con un extintor.
—¡Tommy, vámonos! —grito mientras bajo a toda prisa los escalones y agarro a
Alek, zarandeándolo—. ¡Despierta, ahora! —siseo. Se queja y miro hacia atrás para ver a
Tommy luchando, pero entonces pierde el extintor y Ford lo levanta por el cuello. Sus
piernas se levantan y sale volando por las escaleras. Tommy choca con fuerza contra la
pared y lo miro fijamente.
—¡Tommy! —Ruego.
—Estoy bien. Tengo la cabeza gruesa. —Se arrastra y sacude a Alek—. Tenemos
que irnos. ¿Puedes levantarlo?
Asiento, ayudo a Alek a ponerse en pie y miro hacia atrás para ver al señor Ford
bajando lentamente los escalones, burlándose de nosotros. Gruñendo bajo el peso de
Alek, lo arrastro hasta el primer piso, donde podemos ver a los demás fuera de la puerta
principal, mirándonos nerviosos. Sus gritos nos alcanzan, instándonos a seguir adelante,
y aprieto los dientes, arrastrando a Alek mientras Tommy lo agarra del otro brazo.
—¡Salgan! —les grito, pero se niegan, haciéndonos señas para que sigamos, esos
hijos de puta.
Algo nos golpea por detrás y caemos con fuerza. Me doy la vuelta y veo al Sr. Ford
agitando su cuchillo. A la mierda con esto. Mirando a Tommy, le hago un gesto con la
cabeza a Alek. —Sácalo de aquí.
—No. —Tommy se pone en pie y busca un arma. Me levanto, me arranco el resto
de la camisa rota y me la enrollo en los nudillos, haciéndole señas para que siga.
—Vamos, imbécil. —Me muevo a un lado, dándonos la vuelta para que Alek y
Tommy tengan una visión clara de la puerta—. Tienes razón. Quiero a Alice. Ella es tan
dulce. Deberías verla por la mañana con estos pantaloncitos...
Se abalanza sobre mí con un rugido.
Esquivo sus rápidos golpes, levanto la rodilla y él retrocede tambaleándose. —No
soy fácil de matar, enfermo. —Sonrío—. Y te has metido con la familia equivocada. Ella
es nuestra. No puedes tenerla, pero le daré tu cabeza como regalo.
268
Vuelve a saltar hacia mí. Es fuerte y rápido, pero no está tan entrenado como yo y
confía torpemente en su arma. Vuelvo a esquivarlo, deslizándome a un lado, y levanto la
pierna con una patada brutal. Golpea el tablón de anuncios, el cristal se resquebraja, y
luego gira hacia mí, balanceándose. Salto hacia atrás, pero me hace un corte en el
costado. Siseando, ignoro la sangre que siento correr por la herida y me concentro en el
arma cuando vuelve a atacarme.
Lo evito todo lo que puedo, pero me asesta otro golpe en la mejilla, abriéndomela.
Quiero defenderme, pero lo único que puedo hacer es esquivar sus golpes. Ni siquiera
puedo permitirme apartar la mirada un segundo, pero Alek grita mi nombre, un gemido,
un sonido dolorido, y no puedo evitarlo: me giro para mirar a Alek, y es la apertura que el
señor Ford necesita.
Oigo la hoja dirigirse hacia mí y, cuando giro la cabeza hacia atrás, sé que es
demasiado tarde para esquivarla. Viene directo hacia mí, un golpe mortal.
—¡Evan! —El grito aterrorizado detiene mi corazón. Odio que vea esto, que Alek
vuelva a tener el corazón roto por perder a otra persona a la que ama.
Se culpará a sí mismo. Esto es todo en lo que puedo pensar mientras la hoja se
dirige hacia mí.
De repente, aparece un cuerpo entre la hoja y yo, y cuando hace contacto, caemos
de espaldas contra la pared. Atrapo a Tommy mientras jadea, mis ojos se abren de par
en par al mirarlo y ver una enorme herida abierta en su pecho. Sus ojos se cruzan con
los míos mientras nos deslizamos por la pared y su peso nos arrastra hasta el suelo. —
Te cubro las espaldas —susurra, con el rostro pálido mientras parpadea, conmocionado.
—Tommy. —Salgo de detrás de él y lo toco lo mejor que puedo, mis manos cubren
la herida mientras me mira, la sangre burbujeando de sus labios.
Encorvo la espalda para protegerlo cuando una patada me golpea en el costado.
Gruñendo, me quedo en el sitio, sujetando la herida. Tenemos que mantener la sangre
dentro. Tenemos que contenerla. Se pondrá bien. La policía llegará pronto. Mi costado
es golpeado una y otra vez. El Sr. Ford sólo me está golpeando, castigándome, pero no
me importa.
Miro a Tommy mientras parpadea. —Lo siento, Evvie —ronca—. Debería haber
sido más rápido.
—Shh. —Me inclino sobre él—. Vas a estar bien. Vas a estar bien, te lo prometo.
Vas a estar bien.
—Te amo, Evvie —susurra—. Gracias por ser mi familia cuando nadie más quería
serlo. —Sus palabras son demasiado tranquilas, y la sangre bombea a través de mis
dedos, demasiado para detenerse.
269
Se me salen las lágrimas al mirar a Tommy. Tiene la cabeza apoyada en la pared,
el cuello en un ángulo extraño y la herida sigue sangrando, pero me sonríe. —Somos
hermanos, ¿verdad?
—Hermanos. —Asiento, apretando mi frente contra la suya—. Siempre.
Otra patada me golpea y Alek grita mi nombre. Levanto la cabeza y lo veo venir
hacia nosotros.
Alek lo golpea con un rugido, la fuerza los lanza por el pasillo mientras yo sollozo,
con las manos sobre la herida de Tommy. —¡Evan, vete! —grita, volviendo a mirarme.
Miro a Tommy, pero sus ojos pasan de mí. —Tommy —lo llamo, sacudiéndolo con
las manos en el pecho—. Aguanta, ¿bien? Estarán aquí y, cuando estés mejor, iremos a
patinar a ese parque que mencionaste. Seré tu copiloto. Iremos a tu lugar de barbacoa
favorita. Sólo aguanta.
No responde, y algo dentro de mí se resquebraja.
—¡Evan, vamos! —Alek ruge desde mi derecha, gruñendo mientras forcejea con
Ford.
—Tommy —suplico entre sollozos—. Tommy, despierta. —La sangre cubre mis
manos, que siguen bombeando a pesar de que él está inmóvil—. ¡Despierta! Deja de
bromear. Despierta.
No lo hace.
No se mueve, y el charco de sangre que nos rodea aumenta. Tommy tiene los ojos
abiertos y sin ver, y los labios cubiertos de saliva y sangre.
—Te amo. Te amo, hermano. Estoy aquí. No estás solo. Estoy aquí. Todo va a salir
bien. —Las palabras salen de mis labios mientras aprieto firmemente contra la herida,
como si eso pudiera salvarlo.
Las sirenas llenan el aire, las luces brillantes parpadean a nuestro alrededor. Se
oyen gritos, y Alek está a mi lado, pero no aparto la mirada, ni siquiera cuando la policía
se deja caer a mi lado y otros corren por el pasillo tras Ford.
Mis ojos se posan en la mirada abierta y sin ver de Tommy.
—Tommy —gruñí, sacudiéndolo—. Para, despierta.
—Evan... —Alek se acerca a mí, pero lo empujo.
—Tommy, Tommy, despierta —le suplico, inclinándome hacia él—. Por favor, por
favor, despierta. Eres mi mejor amigo, mi hermano, por favor, por favor, no me dejes. No
tengo otra familia, por favor, despierta. Ya no tiene gracia.
—¡Oh Dios! —Lally grita, cayendo de rodillas a mi otro lado—. ¡Tommy!
270
—Tommy, por favor, no puedo hacer esto sin ti —susurro, pero no responde.
No puede.
Está muerto.
Murió protegiéndome.
Me doy la vuelta y me derrumbo en los brazos de Lally mientras las dos sollozamos.
La sangre de Tommy nos cubre mientras lo miramos.
Nuestro mejor amigo.
Nuestro tercero.
Nuestro hermano.
271
CUARENTA Y
NUEVE
272
Llevo a Alice y a Lally conmigo y dejo a Bones y a Sky hablando con la policía.
Levanta la cabeza, sus ojos encuentran los míos y su labio inferior empieza a temblar.
—Estoy aquí, niño bonito —murmuro, tirando de él al abrigo de mis brazos—. Shh,
está bien, estoy aquí.
Es todo lo que puedo ofrecer. Nada de lo que diga lo mejorará. Esta noche fue una
gran pesadilla.
Se acurruca a mi lado mientras lo abrazo a él y a mi hermana.
Se oyen ruidos en la universidad y el chirrido de una camilla que empujan.
Levanto la cabeza, Evan también lo hace y nuestros ojos siguen la camilla con la
bolsa negra mientras avanzan hacia la tercera ambulancia. Tommy está dentro.
Lally rompe a llorar, entierra la cara en el cuello de Alice y mi hermana le acaricia
la espalda. Miro a Evan, cuyas lágrimas resbalan silenciosamente por sus mejillas. Llora
sin decir palabra, sin duda culpándose a sí mismo.
Sé que fue por mi culpa.
Si hubiera estado despierto, si hubiera sido más rápido y más fuerte, podría
habernos salvado.
—Los llevaremos a todos a comisaría —nos dice un policía en voz baja.
Asiento, abrazándolos más fuerte, pero Evan moquea. —Mi amigo... ¿adónde irá?
—Al hospital —responde, sonriendo tristemente a Evan—. Cuidaremos bien de él.
Evan asiente rápidamente, mirando hacia la furgoneta. —¿Puedes abrir un poco la
bolsa? No le gusta la oscuridad y no quiero que se asuste.
El policía me mira y me inclino, girando la cara de Evan hacia arriba. —La abrirán
y dejarán todas las luces encendidas, ¿vale? No se asustará.
—Pero estará solo —susurra tan entrecortadamente que juro que se me rompe el
corazón.
Tragándome mi dolor por él, me inclino y le beso la cabeza. —No tardará mucho,
te lo prometo. Iremos directamente allí, ¿vale?
Asiente y le seco las lágrimas, odiándolas; cada una es un golpe en el corazón que
me recuerda que le he fallado. —Vamos, niño bonito, iremos con ellos, luego al hospital
y después a casa. Necesitas descansar. —Lo tomo de la mano, lo ayudo a ponerse en
pie y seguimos al policía hasta su auto.
Mis ojos regresan a la universidad y me pregunto si algo volverá a ser igual.
273
La comisaría está a reventar, incluso a estas horas, con más gente de la que he
visto nunca, hasta que algunos agentes acaban por despejarla. El Sr. Ford está atrás, así
que estamos a salvo. Ya terminó, pero el dolor emocional y mental aún perdura.
Me niego a dejar a Evan y Alice, a pesar de que quieren que me revisen en el
hospital. Mi familia me necesita, así que me quedo, ayudándoles a explicar todo lo que ha
pasado esta noche a los agentes que, a pesar de todo, son muy amables. Está claro que
se sienten culpables por sospechar de Evan y no haber detenido esto antes.
Evan se inclina hacia mí, con la mirada perdida mientras Alice vuelve a sollozar
durante su explicación. Su rostro está pálido y manchado de lágrimas, y tiene frío. Tiene
delante un café sin tocar y una manta sobre los hombros, que le envuelvo antes de
estrecharlo entre mis brazos. Ni siquiera pestañea.
Creo que está en estado de shock.
Estoy preocupado, pero los paramédicos me aseguraron que estaría bien
físicamente. Lo que me preocupa es su estado mental. Evan es mi sol, siempre lo ha sido,
y odio verlo tan... destrozado. Haría cualquier cosa por devolverle la sonrisa, pero sé que
no puedo hacer nada más que estar a su lado.
Tommy era su mejor amigo, su hermano, y se ha ido.
No sólo eso, sino que Evan se culpa a sí mismo.
La culpa te comerá vivo si se lo permites.
—Bien, bien —dice Winchester amablemente—. Tomemos un descanso. Todos
ustedes han pasado por mucho esta noche.
—¿Qué le pasará? —Hago un gesto con la cabeza hacia las celdas de detención
del fondo.
Comparten una mirada antes de responderme. —Será trasladado por la mañana y
luego acusado. Tenemos pruebas suficientes de asesinato, acoso y daños a la propiedad.
No los molestará más. Puedes confiar en eso. —Se levantan, Winchester hace una mueca
mientras nos mira—. Déjame llamar a unos agentes para que los lleven a casa, ¿vale?
Asiento y veo cómo se van antes de ver cómo está Alice. Está acurrucada contra
Lally, todavía llorando, y Lally parece desgarrada, con sus propias lágrimas cayendo
mientras intenta mantenerse fuerte por mi hermana.
—Gracias —le digo con la boca antes de apartar la cabeza de Evan de mi hombro
y levantarla—. Niño bonito —le susurro. Al principio no reacciona, así que le acaricio la
cara—. Vamos, bebé, háblame.
Nada.
274
La preocupación me invade y trago saliva, buscando sus ojos. —Eh, rico de mierda
—le digo con voz malvada.
Parpadea y me mira. —¿Alek? —susurra.
—Ahí estás, niño bonito. Me estabas asustando —admito, frotándole la mejilla—.
Nos vamos a casa, ¿vale? Aguanta.
Parpadea y me mira fijamente, y cuando sale su voz, es baja y triste. —Tengo que
llamar a los padres de Tommy. ¿Qué les digo?
—Eso lo hará la policía, bebé —le aseguro.
Sacude la cabeza, las lágrimas brotan de sus ojos, y su voz es cruda cuando habla.
—No, debería ser yo, no un extraño.
—De acuerdo, niño bonito. Estaré ahí contigo, ¿de acuerdo? —murmuro,
robándole un suave beso—. Entonces necesitas descansar y comer algo. Estás
demasiado pálido. Déjame cuidarte, Evan.
Asiente, mirando a Alice. —¿Estás bien, Alley cat?
Moquea y se limpia la cara. —Ni siquiera lo sé.
Dios, mi corazón se rompe por ambos. Ojalá pudiera hacer algo, pero mis puños
no lo arreglarán. En lugar de eso, arrimo a mi hermana y las envuelvo en mis brazos,
ignorando el dolor persistente mientras abrazo a las dos personas más importantes de mi
mundo. —No pasa nada. Todo va a ir bien. Estaré aquí y nadie volverá a hacerte daño.
Sólo llora, grita, lo que necesites hacer. Yo estoy aquí. Puedo soportarlo. Cúlpame si
necesitas culpar a alguien.
—Alek. —Alice se aleja—. No es culpa tuya. No hagas eso. Hiciste lo mismo
cuando murieron mamá y papá. No vas a soportar este peso solo. Lo que pasó esta noche
fue horrible, pero no está sobre tus hombros, ¿de acuerdo? Hiciste todo lo que pudiste
para protegernos. No es culpa tuya, hermano mayor.
¿Por qué sus palabras me dan ganas de llorar?
—¿Cuándo te has vuelto tan lista, niña? —me burlo, revolviéndole el pelo.
Sonríe, aunque solo un poco, antes de mirar a Evan y luego a mí. —Cuida de él,
¿vale? Puedo cuidarme sola, lo prometo.
Parpadeo y miro fijamente a mi hermana, dándome cuenta por primera vez de lo
mayor que es. Ya no es la misma niña por la que di mi vida para criarla y protegerla. Es
una mujer fuerte y amable, y me está dando permiso para dejarla marchar.
Creo que nunca podré hacerlo del todo, pero mientras se sienta y agarra la mano
de Lally, sé que un poco sí. Evan tiene razón. Mi vida no es la de Alice.
Es mía y de Evan.
275
Él es mi razón de vivir, y me necesita ahora mismo.
Me quedaré y soportaré su dolor, ira y culpa. Haré lo que sea necesario para
ayudarlo a sanar de esta noche.
276
CINCUENTA
No sé lo que debería estar sintiendo ahora mismo, pero estoy hecho un lío por
dentro: frío, entumecido y sintiendo demasiadas cosas a la vez. Es casi como un sueño
del que no puedo despertar, como si no pudiera respirar lo bastante hondo para
combatirlo.
Pero Tommy se lo merece. Alek está preocupado, quiere venir conmigo, y sé que
quiere ayudar, pero esto es algo que tengo que hacer yo.
Saco el celular, miro al cielo nocturno en busca de fuerzas, con el dedo dudando
sobre el botón de llamada. No quiero ni imaginarme lo que sentirán cuando reciban esta
llamada en mitad de la noche.
Su hijo está muerto.
Fue asesinado.
¿Cómo te recuperas de eso?
No lo haces.
Al regresar la vista a través de las puertas de cristal, veo a Alek esperándome en
la comisaría. Alice se apoya en el costado de Lally, con los ojos cerrados, y Skylar y Bones
discuten en otro escritorio, lo que me hace sonreír por un segundo, pero nos falta alguien.
Nos falta nuestro pintor, y sé que siempre habrá un hueco donde él pertenece. Todos lo
sentimos, unidos por el trauma y el horror que hemos soportado esta noche.
Miro el celular y me detengo en el número, asustada.
—¿Evan?
Levanto la cabeza al oír una voz femenina, suave y familiar, y veo a una vacilante
Clarissa de pie, con los dientes clavados en el labio, nerviosa. —Eres tú, hola —murmura,
mirando a su alrededor.
Arrugo las cejas y la miro a los ojos. —Hola, ¿qué estás haciendo aquí?
277
—Un amigo me ha contado lo que ha pasado esta noche y que él está aquí. —
Parece asustada, con la mirada perdida mientras duda—. ¿Es verdad que lo han
atrapado? ¿Esta vez para siempre?
Asiento, apartándome de la pared y guardándome el celular en el bolsillo. Si
alguien entiende de traumas, es ella. —Es verdad. Lo atraparon y no saldrá en mucho
tiempo. ¿Quieres que te acompañe dentro?
Se muerde el labio con más fuerza. —No sé si puedo entrar todavía. ¿Puedes
quedarte conmigo un minuto? —Sus ojos se abren de par en par—. Lo siento. Es muy
egoísta por mi parte. No puedo ni imaginar lo que has sufrido esta noche.
Lo rechazo con una sonrisa forzada. —De todas formas necesito aire. Me gusta el
silencio. Mis amigos están preocupados y eso me ahoga.
—Ya lo creo. Solía odiar la forma en que todo el mundo me miraba —admite,
haciendo una mueca de dolor—. Lástima mezclada con...
—Culpa y alivio —murmuro, y ella asiente, acercándose.
—¿Qué tal si damos un pequeño paseo y luego entramos juntos? ¿Sólo dos
supervivientes? —sugiere.
Asiento y caminamos por el estacionamiento, respirando el aire nocturno. —
¿Cómo está tu padre? No sé qué pasará con sus cuidados ahora que él está en la cárcel
—le digo.
Se ríe amargamente. —No te preocupes.
Vuelvo a arquear las cejas cuando nos detenemos ante un Mercedes negro. —
¿Qué quieres decir?
—Murió anoche —responde. Parece angustiada, pero hay algo en sus ojos, algo
que me pone nervioso.
—Lamento oír eso. Estaba muy enfermo...
—La muerte ocurre todos los días —comenta, con voz extraña mientras se
acerca—. Tú lo sabes. Eres como yo.
—¿Como tú? —Frunzo el ceño mientras doy un paso atrás. Hay algo dentro de mí
que me advierte de que algo va mal.
—Decidido a conseguir lo que quiere, fuerte, un superviviente... inteligente. Eso
me gusta. Sabía que eras el elegido. —Sonríe, y es una sonrisa malvada, una que no he
visto en su cara antes.
—Mira, Clarissa, creo que debería volver... —Paso a su lado, asustado. No sé cuál
es su problema, pero no es la misma mujer que conocimos en su casa, y ya he tenido
suficiente locura por esta noche.
278
Algo afilado se clava en mi cuello y me giro, con los ojos muy abiertos, mientras
retrocedo a trompicones. Tiene una aguja en la mano. Intento correr, pero las piernas me
fallan y caigo al suelo.
—Supe que serías mío en cuanto te vi. —Sonríe—. Eres perfecto y justo lo que
quería. Esta noche no fue como lo planeamos, pero está bien. —Se inclina y me frota la
mejilla.
Intento apartarla de un manotazo, pero mi cuerpo no funciona.
Es demasiado pesado.
—Shh, está bien. —Me seca una lágrima que ni siquiera sabía que había
derramado—. Ya estoy aquí. Todo irá bien.
La miro fijamente a los ojos, dándome cuenta por fin de lo que les pasa.
Están fríos, vacíos y muertos.
Lo último que oigo antes de que la droga que me dio se me lleve es mi nombre
siendo llamado desde muy lejos.
Alek.
ALEK
279
Su risa se repite, me hiela hasta los huesos y se me eriza el vello de la nuca. —Si
quieres respuestas, ven aquí.
—Alek... —Sky intenta detenerme, pero me acerco, sin miedo, y me enfrento a él
en su celda. Es sólo un hombre, nada más.
—¿Quién lo tiene? —exijo mientras lo agarro por los barrotes, ignorando los gritos
mientras le golpeo la cara contra ellos. Sisea, pero sonríe—. ¡Habla!
—¿De verdad crees que podía hacer esto yo solo o que incluso quería hacerlo?
Tenía un trabajo, no lo que quería a largo plazo, pero tenía una vida hasta que ella volvió.
Apuesto a que te contó la triste historia, ¿verdad? Que la aceché y la acosé, incluso que
maté a esos chicos cuando estábamos juntos en clase.
—¿De quién estás hablando?
—Clarissa Wright. —Me escupe el nombre mientras me quedo frío—. ¿No lo ves?
Todo esto era su plan, no el mío. Ella lo quería a él. Yo simplemente conseguí lo que
quería también, liberarme de ella mientras mantenía a Alice sana y salva. ¿El fuego? Ella
lo inició. Las flores y todo, ella las envió. Ella estaba en el auto, no yo. Le siguieron el
juego. Todos lo hicimos.
Busco sus ojos, pero todo lo que veo es la verdad.
—Ella es la loca, no yo. Yo asumí la culpa por ella hace tantos años por culpa. Fue
sugerencia de mi padre, ya que fue culpa nuestra que su padre enfermara, y yo pude
haber coqueteado con ella. Hice todo lo que me ordenaron. Manché mi nombre,
arruinando mi futuro, ella se fue y nos dejó en paz. Ese era el trato... hasta este año.
Descubrió que me gustaba una estudiante. No sé cómo, pero amenazó con matarla.
Debió ver a Evan con ella, y cuando lo conoció de verdad, vino a mí. Ella lo quería. Ella
no se detendrá ante nada para conseguir lo que quiere. Sabía que mataría a Alice incluso
por estar cerca de él (maldición, mató a esos estudiantes por atreverse a tocarlo), así que
hice lo que tenía que hacer para proteger a la mujer que amo.
—Estás enfermo. —Lo golpeo contra los barrotes y doy un paso atrás—. Es
mentira...
—¿No? ¿Entonces dónde está? Me utilizó, nos utilizó a todos: el fuego, la
universidad, que me descubrieran... Apuesto a que todo era su plan para tenerlo a solas
e intervenir. Ella lo tendrá, y tú eres el tonto que fue demasiado lento para salvar a tu
amigo y novio. Eres demasiado lento, maldición.
Bones me agarra, y él y Skylar me arrastran hacia atrás mientras arremeto contra
él.
Dice la verdad. Puedo saborearlo.
280
Puede que él esté detrás de esto, pero no es el único, y si lo que dice es cierto,
entonces nos metimos de lleno en su plan. Básicamente le dimos lo que quería en
bandeja.
Tiene a Evan.
—Alek, los agentes no han regresado —susurra Alice, y miro por encima del
hombro, frunciendo el ceño—. Fueron a buscar sus cosas a la parte de atrás cuando
saliste. ¿Por qué no han vuelto?
Las luces se apagan y su risa resuena en la oscuridad.
—Supongo que ella está cumpliendo su parte del trato después de todo. Ella se
queda con Evan, y yo con Alice. Es hora de acabar con esto de una vez por todas.
Oímos el zumbido cuando la celda se abre.
Él está libre.
281
CINCUENTA Y
UNO
282
—No sobrevivirás a esta noche. Lo sabes, ¿verdad? No puedo dejarte. No puedo
perderlo todo por nada. Antes del amanecer, Alice será mía, y todos ustedes serán una
trágica historia, ni más ni menos. Para algunos de ustedes, le estoy haciendo un favor al
mundo deshaciéndome de ustedes. No son nada —se burla, con voz ligeramente
maníaca.
Sea lo que sea lo que Clarissa le hizo, lo jodió de verdad. O estaba loco antes de
ella o ella lo hizo así. En cualquier caso, no importa. Está claro que está dispuesto a hacer
lo que sea necesario.
No puedo permitirme ser débil o perderé a alguien a quien amo.
—Cinco pasos —susurra Bones—. Tres.
—¡Es mía! —grita.
Justo cuando mi mano toca el pomo de la puerta, dos lucen de linternas se
precipitan por la parte delantera de la comisaría. —¡Manos arriba!
La policía.
Levanto la mía, pero las luces apuntan a otra persona, a él. Por un momento, se ve
enmarcado por las linternas, con la misma ropa pero sin la máscara.
—¿Qué demonios? —susurra uno de los agentes. Dudan, y eso le da a él la
oportunidad que necesita. Se agacha bajo sus luces, entonces oigo gruñidos mientras
sus linternas oscilan salvajemente, intentando seguirlo, con las armas en alto.
Es la apertura que necesitamos. Tal vez sea cobarde, pero necesito encontrar a
Evan y mantener a Alice a salvo.
Aun así, vacilo, observando los rayos de luz e ignorando las advertencias de los
demás. Si muere aquí, tengo que verlo, para estar seguro. Me agacho cuando uno de los
agentes dispara, cubriendo a los que están detrás de mí, pero él simplemente se ríe, y
entonces se oye un grito que hiela la sangre. Una de las linternas cae al suelo. La veo
rodar hasta que gira para iluminar un espectáculo espantoso. Uno de los agentes cuelga
de la iluminación, con un cable de teléfono alrededor del cuello. Patea y lucha, su cara se
pone morada.
Empiezo a dar un paso hacia él para ayudarlo, pero Alice me arrastra hacia atrás
mientras el otro agente retrocede hacia él, levantándole las piernas para ayudarlo a
respirar, todo eso mientras apunta con su arma.
Arma... ¿Dónde está el arma del otro oficial?
Justo cuando pienso eso, se oye un estruendo inconfundible que me hace
agacharme aún más. El agente que sujeta a su compañero se sacude por el impacto,
aparece un agujero ensangrentado en su hombro y, a continuación, se oye otro
estruendo, esta vez en el costado del agente.
283
La risa de Ford llena el aire, indicando que se está burlando de ellos.
Está matando policías por diversión.
Van a perder.
Me giro, abro la puerta y empujo a Alice. —¡Vamos! —rujo mientras Lally me sigue,
luego agarro a Bones y Skylar y los meto dentro. Me giro para cerrarla justo cuando un
cuerpo cae al suelo donde yo estaba. Trago saliva y miro al policía sangrante, con los
ojos muy abiertos y parpadeando. Buscando un arma que ya no está allí.
¡Mierda! Ahora tiene dos armas.
Me agacho a pesar de mi preocupación, agarro al agente y lo arrastro con
nosotros, cerrando de una patada la puerta metálica a prueba de balas justo cuando las
balas llueven sobre ella.
Arrastro al agente hacia el interior, lo acuesto y me precipito hacia la puerta,
pegando la oreja a ella. Hay silencio al otro lado, lo cual es preocupante. —No creo que
pueda entrar aquí —murmuro mientras me dirijo a los demás.
—Jesucristo —gruñe Skylar—. Esto es una mierda jodida. ¿Ahora mata policías?
Realmente no se detendrá, ¿verdad?
—No, no lo hará —respondo, con los ojos fijos en Alice—. Tenemos que salir de
aquí. No sé cuándo vendrán más, pero ya no podemos depender de la policía.
—Cinco, seis... —El oficial en el suelo tose.
Me acerco deprisa, me arrodillo a su lado, me agarra la mano y veo otro agujero
en su pecho. Se está muriendo y lo sabe. Las linternas de los chicos se posan en nosotros,
dejándome ver el terror en sus ojos.
—¿Qué has dicho? —le pregunto.
—Cinco, seis... —Tose, su cuerpo se estremece—. Cinco, seis, siete, ocho. Es el
código de la puerta trasera. Salgan, su auto está allí, también los otros autos de patrulla.
Mi radio no está. Usa la suya para pedir ayuda. —La sangre le burbujea en los labios
mientras tose—. Estamos demasiado dispersos. Tienes que irte... —Sus palabras se
interrumpen cuando su cuerpo se estremece con una tos traqueteante y, mientras
observo, la luz de sus ojos se apaga y la mano que sujeta la mía se vuelve flácida.
Dejándolo ir, me inclino y cierro sus ojos. —Gracias —susurro, sabiendo que acaba
de salvarnos la vida. Murió por su trabajo, y no puedo dejar que sea en vano.
—Vamos —ordeno mientras me pongo en pie de un salto justo cuando se abre de
golpe una puerta al fondo de la comisaría. Los dos agentes, Winchester y su compañero,
se acercan a toda prisa con chalecos antibalas, uno con una escopeta en la mano y el
otro con una pistola.
284
—¿Qué demonios está pasando? —Winchester pregunta—. Intentamos volver a
encender el sistema, pero está frito, Henderson. —Se queda boquiabierto mirando al
oficial muerto.
—Ford escapó. Mató a dos de sus agentes —le digo, preocupado de que piensen
que estamos implicados, pero sus rostros se nublan de ira al mirar a la puerta de más
allá—. Estaba ahí dentro. No sé si sigue ahí.
—Conseguimos reiniciar las puertas y cerramos el frente, así que tiene que estar
—murmura Winchester mientras vuelve a mirar a Henderson.
—Nos dijo el código de la puerta trasera para salir —le digo—. ¿Funcionará?
Comparten una mirada antes de recorrernos con la vista, sin duda viendo varios
rostros aterrorizados pero decididos, salpicados de sangre y suciedad, antes de tomar
una decisión.
—Tiene razón. La puerta trasera funciona en un circuito separado en caso de
emergencia. Vayan, nosotros nos encargamos. Lo detendremos, pero tienen que salir de
aquí. Diríjanse al hospital o al lugar del incendio y quédense allí con los demás agentes
—ordena mientras pasa a nuestro lado pisándonos los talones, y ambos se mueven a
cada lado de la puerta antes de mirarnos.
—¡Váyanse ahora! —ordena Winchester.
Dudo mientras los demás se apresuran hacia la puerta trasera, y el oficial me hace
un gesto con la cabeza. —Ve, salva a tu familia. Le detendremos aquí y te daremos una
oportunidad.
Retrocedo y doy las gracias con la cabeza antes de darme la vuelta y seguir a mis
amigos y familiares. La puerta trasera ya está abierta, el lector de huellas manchado de
sangre, y ellos esperan fuera, mirándome. Mi auto está estacionado detrás de unos autos
de policía, veo las llaves dentro y me apresuro a acercarme antes de dudar.
—¿De verdad vamos a escondernos en la otra escena?
Miro a Skylar. —¿Tú qué crees? —respondo, arqueando una ceja.
Se queja, compartiendo una mirada con Bones. —Creo que vas a hacer una locura,
encontrar a Evan y detener a un loco asesino en serie.
—Entonces tienes razón. —Abro mi puerta, asintiendo a Alice—. Ponla a salvo...
—No, voy contigo —argumenta ella.
—Alice —empiezo, justo cuando Skylar echa los hombros hacia atrás.
—Ella tiene razón. Vamos contigo —afirma—. No estás solo en esto. Evan también
es nuestro amigo. No dejaremos que nadie más muera esta noche. Cuéntanos tu plan.
285
Justo entonces, se oyen disparos en el interior, y todos nos giramos para mirar
antes de compartir una expresión de preocupación. —Tengo la sensación de que no lo
detendrán —admito. Cuando los miré a los ojos, vi que ellos también lo sabían. Sabían
que iban a morir, pero lo hicieron de todos modos—. Lo que significa que nos seguirá.
Tenemos que encontrar a Evan. —Me froto la cabeza, preocupado y estresado.
—No pudo haber ido lejos con ella —razona Bones—. Toda la ciudad está
bloqueada. Ella tendría que pasar desapercibida hasta que se levante. La universidad.
Tiene que ser. Está cerca, y es el último lugar donde pensarían buscar. —Abre su celular
y gruñe—. Lo sabía. Está en la Mansión Rosa. Tenemos una cámara de entrada. La gravó
hace veinte minutos. Debe haber espiado a Evan o a Ford desde allí antes. Está usando
el escondite de la Rosa Silenciosa como propio, y nadie tendría ni idea ya que es un
secreto.
Asiento. —Entonces vamos allí.
—¿Y él? —Sky señala la comisaría cuando se oyen más disparos y gritos desde
dentro.
—Le mostraremos con quién se metió. Nadie toca a mi familia y se sale con la
suya. —Miro a Alice—. ¿Estás segura de esto?
—Evan es mi amigo, y esto es por mi culpa. No voy a correr y esconderme.
Estamos juntos en esto.
Lo odio, pero mirándola a los ojos sé que no puedo disuadirla. Es tan terca como
yo y, sinceramente, el mejor lugar para ella ahora mismo es probablemente a mi lado. No
puedo mantenerla encerrada para siempre. Esta es su vida, la vida de sus amigos. Merece
formar parte de ella. No le quitaré su libertad.
No puedo. Hay una diferencia entre el amor y el control, y nunca quiero controlarla.
—Entonces tengo un plan —digo mientras se hace el silencio en el interior. Sé que
los ha matado y que vendrá por nosotros. No tenemos mucho tiempo, así que se lo explico
rápidamente mientras me miran fijamente.
—Es una mierda total —refunfuña Bones.
—Siempre he querido conducir un auto de policía. —Sky me sonríe—.
Enseñémosle a Ford lo rápidos que somos de verdad.
Sonriendo, le hago un gesto con la cabeza. —Hagámoslo. Terminaremos esto
donde empezamos, en las calles.
286
Esto tiene que funcionar. Tiene que hacerlo.
Bones está en la parte de atrás, acostado en el asiento para esconderse, y Lally
está en el asiento trasero del auto de policía que Skylar... tomó prestado y del que parecía
demasiado feliz. Estamos estacionados uno al lado del otro, con Alice en mi asiento de
copiloto.
—¿Estás segura de que puedes hacerlo? —le pregunto, agarrando el volante.
—Confía en mí, Alek, por favor, sólo esta vez —suplica.
—Lo hago —admito, mirándola—. Confío en ti más que en nadie. No te hagas
daño, ¿vale?
—Tú tampoco te hagas daño —ordena mientras agarra el mango.
Esperamos, y cuando veo que se abre la puerta trasera, Ford en el marco de la
puerta, enciendo el motor, Skylar hace lo mismo, y entonces compartimos una mirada.
He tenido el tiempo justo para arreglar lo que le pasaba a mi auto, pero espero que
aguante. Ojalá tuviera mi Skyline, pero esta noche voy a correr en este. Acelero, llamando
su atención para que vea a Alice en el asiento del copiloto, y nos alejamos. En cuanto
doblamos la esquina y nos perdemos de vista, aminoro la marcha y Alice salta de mi auto
al de Skylar. Nuestras puertas se cierran de golpe, yo giro a la izquierda y él acelera a la
derecha.
Contengo la respiración, esperando que funcione, y cuando los faros brillan sobre
mi maletero mientras Ford sale a la carretera detrás de nosotros, persiguiéndome a mí y
a donde cree que está Alice, sé que lo tengo.
—Te tengo, imbécil. —Sonrío mientras cambio de marcha y piso el pedal.
Pulso el altavoz y suena la voz de Sky. —Se lo ha tragado.
—¿A dónde vamos? —pregunta Lally a través del celular.
—Vamos a Evan. Lo tiene y no podemos perder el tiempo —respondo.
—¿Y qué pasa con el asesino loco que nos persigue?
Giro en medio de la calle y acelero mientras agarro el volante, con el rostro
contorsionado por la ira. —Seguiremos el plan. Funcionará —digo, esperando tener
razón.
Doblo la siguiente esquina, viéndolo intentar mantener el ritmo. —Es un tonto. —
Sonrío—. Estas calles son mías. Vamos a demostrárselo.
—Superar a un asesino en serie, ¿quién lo habría pensado? —Skylar se ríe,
sintiendo el subidón como siempre.
—Está jodidamente loco —murmura Bones.
287
—¿No lo estamos todos, mi niño bonito y tatuado? —coquetea él mientras Bones
pone los ojos en blanco y se sube a mi asiento de copiloto desde atrás.
—¿Algo? —pregunto, con el celular agarrado en la mano.
—Todavía están dentro. He pedido refuerzos. —Sonríe—. No somos sólo una
sociedad secreta para fiestas, ya sabes.
Asintiendo con la cabeza, miro hacia atrás y veo que se nos acercan, así que
empujo el auto hasta el límite, con el motor revolucionado.
—A ver si puedes seguir el ritmo, viejo —se burla Skylar cuando oigo sus sirenas.
—Cielos. —Alice suspira, ignorándolos—. Conduce con cuidado, Alek. Sé que
corres por dinero, pero esto es diferente...
Miro mi celular mientras giro en la siguiente esquina. —¿Lo sabes?
—Claro que lo sé. No soy idiota. Eres un adulto. Así que mientras vuelvas a casa
de una pieza, eso es todo lo que importa.
—Pequeña mocosa —le digo.
—No es el momento para esta discusión —nos recuerda Skylar.
—Correcto. Asesino en serie. Acabaremos con esto más tarde —murmuro
mientras tomo la siguiente curva más rápido de lo que debería. Bones maldice y agarra
la manilla, pero no aparta la vista de la cámara de su celular, vigilando a mi hombre por
mí.
—A tres calles —ofrece Sky mientras lo oigo acelerar.
—Cinco —respondo mientras paso a toda velocidad por encima de una loma. Nos
levantamos un poco y aterrizamos con estrépito, acelerando—. Todavía está detrás de
mí.
—Más vale que esto funcione —murmura Bones—. ¿Qué hay de su arma?
No tengo nada que decir a eso, y él gime mientras las señales de tráfico nos pasan
por delante.
—Una calle.
—Estoy ahí —advierte Sky.
Giro por la carretera llana y tranquila. Es un tramo largo con una colina a la derecha
y un precipicio a la izquierda, que es exactamente lo que necesito, y es nuestra pista de
carreras habitual, una que conocemos mejor que nuestras propias manos.
Salgo disparado hacia delante antes de pisar el freno y hacer girar la rueda.
Giramos, y él no tiene más remedio que frenar, ya que yo me deslizo hasta detenerme de
lado en la carretera, bloqueándolo.
288
Salgo, saco la pistola que robé de mi cintura y apunto a través del parabrisas.
Disparo una vez en señal de advertencia, y él intenta retroceder, pero Sky sale disparado,
bloqueando la carretera tras de sí.
Está atrapado mientras salen y rodeamos el auto.
Ford está armado, pero es ahora o nunca.
—Sal —ordeno, apuntando con el arma al lado del conductor.
Sale lentamente, con su propia arma apuntándome. —¿Crees que puedes disparar
antes que yo? —Sonríe—. Aunque lo hagas, te daré a ti también y moriremos los dos
esta noche.
—Es un riesgo que correré —respondo.
Alice se pone delante de mí, con los brazos abiertos. —Si disparas, me dispararás
a mí.
—Alice —siseo.
Me da una breve mirada. —No lo hará, créeme. —Lo mira a los ojos—. Suelta el
arma o dispárame. Tú eliges.
Gruñe, sus ojos se endurecen mientras mira a Alice. —Muévete.
—No. —Ella levanta la barbilla desafiantemente, ignorando mi insistencia—.
Dispara o suéltala. ¡Ahora!
Su pecho se agita, su mano vacila sobre el arma, y es la apertura que necesitamos.
Sky salta sobre el tejado y aterriza sobre él mientras yo agarro a Alice y nos giro. Se
dispara un arma y miro hacia atrás. Nadie parece herido, y Sky lo inmoviliza mientras Lally
aleja el arma de una patada antes de dirigirse hacia mí. Le paso a Alice y guardo mi propia
arma, luego me acerco y me agacho junto a él mientras forcejea.
—Ella es tu debilidad. Tú me lo enseñaste. —Le doy con el puño en la cara. Él
gime, escupiendo sangre, así que lo hago una y otra vez. Dejo que mi rabia me consuma
hasta que unos brazos me tiran hacia atrás: Bones.
—Lo querías vivo, ¿recuerdas? —Skylar sisea, pero no me detiene. De hecho, lo
sujeta con más fuerza.
—¡Suéltame! —Rujo, luchando por llegar a él.
—Mátalo, no me importa —dice Sky mientras Bones me acerca—, pero ¿qué pasa
con Evan?
Tiene razón. El nombre de Evan despeja mi sed de sangre y miro fijamente el
cuerpo inmóvil de Ford. Apartando sus brazos, me alejo. —Estoy bien —les digo mientras
me observan caminar—. Tienes razón. Átalo y amordázalo. Aún lo necesitamos.
289
—¿Estás seguro de esto? —murmura Sky mientras saca la cinta y la cuerda,
lanzando algunas a Bones.
—Le necesitamos —digo—. Es el único que puede detenerla, que puede llamar su
atención. Ella lo dejó libre por una razón en lugar de simplemente matarlo. No te
obsesionas con alguien y luego simplemente lo descartas, no así.
Sky suspira mientras empieza a atar los tobillos de Ford mientras Bones le ata las
muñecas. —Eso se te da bien —comenta Bones frunciendo el ceño.
—No tienes ni idea. Te lo enseñaré más tarde si te portas bien. —Sky guiña un ojo.
Mirando de nuevo a Alice, la veo a ella y a Lally juntas y asiento. —La siguiente
parte no será fácil.
—Nada de esto lo ha sido —se burla Alice.
Sonrío ampliamente. —Lo has hecho bien, hermanita.
—Tú también. —Ella sonríe—. Ahora vamos a recuperar a Evan. Nadie aguantará
tu mierda como ese chico.
Grosero, pero cierto.
290
CINCUENTA Y
DOS
Mantengo los ojos cerrados todo lo que puedo, consciente de que algo va mal. Mi
cerebro está nublado y mi cuerpo se siente aletargado y apagado. Intento relajarme
mientras recuerdo lo que ha pasado, pero el humo lo oscurece todo. Cada vez que creo
tener una respuesta, la oscuridad se la traga.
Respiro muy fuerte y tengo algo en la boca. Poco a poco, mi cuerpo empieza a
despertar y me doy cuenta de por qué me siento tan mal. Tengo los brazos atados por
detrás y, cuando giro la muñeca, algo los aprieta. Lentamente, pruebo mis piernas y
descubro que también están atadas con algo.
¿Qué demonios está pasando?
Sé que tengo que mirar y averiguarlo, pero el miedo me invade. Algo dentro de mí
me dice que no lo haga, que no quiero saberlo.
—Sé que estás despierto. —La voz femenina resuena ligeramente—. No puedes
fingir. Las drogas que te di son de corta duración, sólo lo suficiente para llevarte donde
te necesito por ahora.
La voz me resulta familiar y hace saltar las alarmas en mi cabeza, pero no sé por
qué. Intento luchar contra la niebla cuando oigo unos pasos que se acercan y se detienen
ante mí, y luego un aliento cálido me pasa por la cara. —Abre los ojos —susurra
seductoramente, pero la ignoro, intentando expulsar la droga de mi organismo más
deprisa.
—¡Abre los ojos! —La bofetada hace que mis ojos se abran y choquen con los
suyos.
291
Clarissa.
Todo vuelve, dejándome jadeante y luchando.
—Ahí estás. —Me agarra la cara, deteniendo mis forcejeos mientras se sienta en
mi rodilla donde estoy atado a una silla, bloqueando todo lo demás—. Tus ojos, son tan
brillantes. —Me frota los dedos bajo los ojos, haciéndome apartar la cabeza con asco. La
bilis me sube por la garganta cuando por fin veo bien la habitación en la que estamos y
frunzo el ceño, confundido.
Esta es la Mansión Rosa. El salón está oscuro, pero lo reconocería en cualquier
parte. La pregunta es, ¿cómo lo sabe?
La miro a los ojos y ella inclina la cabeza. Su mirada recorre mi rostro de forma
obsesiva y quiero apartarme de ella, pero no tengo adónde ir. Alek y los demás ya deben
saberlo, ¿no? Me estarán buscando. Alek nunca me dejaría ir. Sólo tengo que aguantar
o salir de aquí.
Es sólo una mujer, una loca, pero una mujer.
—Eres mucho más lindo que él. Me gustan las caras bonitas —susurra, y mis ojos
se abren de par en par cuando me pasa la punta afilada de una aguja por la mejilla—.
Ahora compórtate o volveré a noquearte. Preferiría tenerte despierto para poder hablar.
No quiero mentiras entre nosotros.
Respirando agitadamente, murmuro detrás de la cinta adhesiva que me tapa la
boca, y ella enarca las cejas.
—Si te quito esto, ¿te comportarás? Si no lo haces, me enfadaré mucho.
Asiento con la cabeza, siguiéndole la corriente. Me observa un minuto más antes
de levantarse y guardar la aguja. Se inclina y arranca la cinta, haciéndome gemir. —¿Te
ha dolido? Deja que te cure. —Me besa con fuerza. Intento apartarme, pero su mano me
agarra del pelo y me mantiene en mi sitio. Mantengo los labios apretados mientras me
recorren la bilis y la vergüenza. Finalmente, se aparta, me lame los labios y luego los
suyos—. Suaves como sabía que serían.
Me dan ganas de vomitar, pero me lo trago, negándome a mostrar debilidad
delante de ella. Está loca, así que quién sabe lo que hará si la enojo. No, tengo que jugar
con inteligencia.
—¿Por qué estamos aquí? —pregunto, con la voz áspera y la garganta rasposa.
—Necesitaba un lugar donde esperar hasta el amanecer, hasta que todos los
policías estén demasiado ocupados atrapándolo como para buscarnos. ¿Qué mejor lugar
que donde empezó todo? —Frunzo el ceño y ella se ríe mientras se sienta en el sofá
frente a mí—. ¿No lo sabes? Yo también fui miembro, hace mucho tiempo. Demonios, él
mismo me introdujo. Coqueteaba y jugaba conmigo. Yo no lo sabía entonces, pero él lo
292
hacía con todo el mundo. Pensé que yo era especial. Admito que me volví un poco...
obsesionada y desquiciada. Cuando me rechazó, pensé que si conseguía que me viera,
lo entendería, pero siempre estaba rodeado de gente, así que los aparté para que se fijara
en mí, pero se enfadó. Sin embargo, mi padre estaba enfermo. Había estado trabajando
en una de las fábricas de Ellis Ford cuando cayó enfermo. Se sentía muy culpable, así
que lo usé. —Sonríe con satisfacción.
—Lo usé para mantenernos unidos, incluso después de hacer el trato. Él asumía
toda la culpa, y yo lo dejaba en paz. El idiota se sentía tan culpable por la muerte de sus
amigos, culpándose a sí mismo por mí, que asumió toda la responsabilidad, arruinando
su futuro. Estuvo bien, y yo esperaba a que volviera conmigo, pero entonces empezó a
dar clases aquí. —Se pone de pie—. Y la conoció. En cuanto vi cómo la miraba, supe que
la quería. Intentó mantener las distancias para protegerla, pero yo lo vi. —Se detiene ante
mí, inclinando mi cabeza hacia atrás.
—Iba a matarla, pero entonces te vi y lo entendí, pero entonces me conociste y
fuiste tan amable. Sabía que sentías lo mismo que yo, pero estabas atrapado, aunque no
podías admitirlo, así que hice un trato con él. Él podía tenerla si yo te tenía a ti. A cambio,
yo la dejaría vivir, pero él tenía que deshacerse de todos los que te rodeaban para
liberarte. —Vuelve a sentarse a horcajadas sobre mí—. ¿No lo ves? Yo te liberé. Te liberé
de ellos para que pudiéramos estar juntos. Lo hice todo por ti.
—¿Y Ford y Alice? —susurro, luchando contra mi enfermedad.
—Puede quedársela —se burla—. No será por mucho tiempo. El idiota no entendió
que no saldría vivo de esta noche ni sin que lo metieran en la cárcel. Cargará con la culpa
de todo, como hizo en el pasado. Esta vez, su papá no puede salvarlo. Ningún dinero
puede, y seré libre de tenerte por el resto de nuestras vidas. Ya no lo necesito. —Me
acaricia la mejilla mientras habla, acariciándome como a un perro—. Te tengo a ti, y
estaremos juntos para siempre.
—Tu padre...
—Está muerto —me recuerda—. Un mal necesario. Empezó a sospechar que me
pasaba algo y siguió intentando avisar a la gente, incluso a ti. Sinceramente, era un padre
terrible. Siempre estaba trabajando y demasiado ocupado para fijarse en mí. Creo que
por eso nunca se dio cuenta de cómo era yo. Fue una pena que muriera de su
enfermedad, la que provoqué. —Frunzo más el ceño—. Necesitaba una excusa para estar
atada a él, así que lo enfermé como a otros trabajadores, y lo mantuve enfermo, pero
sobrevivió a su propósito como todos los demás.
Jesucristo, está completamente loca.
—¿Por qué yo? —pregunto, intentando que siga hablando mientras me retuerzo
las manos, intentando romper las ataduras mientras habla. Tengo que salir de aquí antes
293
de que se dé cuenta de que la estoy entreteniendo y vuelva a drogarme. No puedo luchar
contra ella cuando estoy drogado, y tengo la horrible sensación de que sé lo que me hará.
Cree que soy suyo, como lo era él.
—Te observé. Al principio pensé que salías con Alice y que podía utilizarte, pero
luego me di cuenta de que sólo eran amigos. Sin embargo, dejé que pensara lo contrario
para que se enojara. Pero, ¿por qué tú? Eres lindo, muy lindo, y ves este mundo como
realmente es. Ves los monstruos que hay en él, y no tienes miedo de hacer lo que sea
necesario para conseguir lo que necesitas y quieres, ¿y cuando me tocaste la mano? Eso
me gustó. Escondes todo detrás de una bonita sonrisa, pero hay un asesino en ti, Evan.
Sólo necesito presionarte lo suficiente, y entonces serás mi compañero perfecto.
—Te equivocas —siseo.
—¿Lo hago? Esa noche habrías matado a Stan si hubieras tenido la oportunidad.
—Niego con la cabeza y ella sonríe—. Mentiroso —me susurra al oído antes de morderlo
cuando me aparto de un tirón—. Querías matarlo, lo vi, sobre todo cuando mató a tu
amigo, el que siempre estaba pendiente de ti. ¿Cómo se llamaba? ¿Tommy?
Gruño, sacudiéndome contra mis ataduras, y ella se cae de mi regazo por la fuerza,
la silla crujiendo. Riendo, se pone en pie mientras maldigo. —No digas su puto nombre.
—Ahí estás —ronronea sin aliento—. Tan hermoso, esa oscuridad que ocultas a
todos, nacido del dolor, de sobrevivir a este mundo. Somos la misma cara de una
moneda, Evan. ¿No te das cuenta? Lo supe en cuanto te vi. Supe que pertenecías a mí.
—¡Vete a la mierda! —grito, negándome a seguirle el juego. Tiro de mis manos,
sintiendo que mis muñecas se cortan y sangran—. ¡No soy nada como tú! Nada, zorra
enferma, y nunca seré tuyo.
—¡Eres mío! —me grita en la cara, dándome una cachetada, y siento el sabor de
la sangre.
Riendo, escupo. —No, no lo soy. Nunca lo seré —protesto—. Me das asco.
—Te haré mío —gruñe mientras tira de mis vaqueros. Se me abren los ojos y el
corazón me da un vuelco.
—¡Suéltame! —grito, intentando apartarla, tirando de mis piernas y brazos, pero
están atados con fuerza. Consigue desabrocharme el botón y empiezo a sentir verdadero
pánico. No, no, no, esto no puede estar pasando.
Forcejeo con más fuerza mientras me sonríe. —A ver cuánto protestas después
de esto.... —Choco la cabeza contra la suya, incapaz de hacer nada más para apartarla
de mí. Retrocede dando un grito, agarrándose la nariz y con los ojos desorbitados.
Me asusto ante la furia que veo en su mirada. Está loca, y si no le soy útil, ¿me
matará?
294
—Evan —advierte.
—Quiero conocer tus planes —le digo, esperando que se lo crea a pesar de mi
arrebato—. Tienes razón. Llevo tanto tiempo escondiéndome. No puedo aceptarlo sin
más.
Suspira, tapándose la nariz, y me lanza una mirada de advertencia. —Supongo que
puedo aceptarlo.
Jesucristo.
Un ruido la hace girar y mis ojos se abren de par en par. Conozco ese sonido. Es
el túnel. Alguien se acerca.
Tiene que ser Alek. Él nunca me dejaría ir. Preocupado de que lo ataque, suelto
mis siguientes palabras.
—Bésame, muéstrame. —Se gira, distraída como quería, y a pesar de sentirme
mal, le sonrío tan seductoramente como puedo—. Muéstrame lo que significa ser tuyo.
Dios, hasta las palabras me dan ganas de vomitar, pero me contengo, y en sus ojos
brilla el deseo mientras se dirige hacia mí. Me pone las manos en los hombros mientras
sigo trabajando en mis muñecas sangrantes, y ella baja hasta mi regazo, rechinando
contra mí mientras sus labios encuentran los míos. Tengo que luchar para no vomitar en
su boca mientras jadea y me besa.
Mis ojos están abiertos, fijos más allá de ella mientras veo moverse las sombras.
Hay más de una persona escabulléndose detrás de ella. Todos llevan túnicas, túnicas de
Rosa Silenciosa, y frunzo el ceño, confundido, pero cuando ella se aparta, abro la boca y
dejo que profundice el beso a pesar de la sensación de náuseas que me recorre.
Una figura con túnica se echa la capucha hacia atrás, y Bones levanta el dedo,
apretándoselo contra los labios, y parpadeo para hacerle saber que comprendo mientras
se esconden.
Otra figura con túnica es empujada desde el túnel, saliendo a trompicones. El
sonido la hace apartarse.
Miro más allá de ella y sonrío. —Parece que tenemos visita.
Se gira y se levanta de mi regazo para mirar a la figura de la túnica. Su forma no
me gusta, pero no sé por qué, y la túnica oculta quién es.
Giro la cabeza, me limpio la boca en el hombro lo mejor que puedo, sintiendo
náuseas, y mis ojos se posan en Alek, que está escondido en la oscuridad. Me guiña un
ojo y me lanza un beso, y casi me desplomo aliviado, con los ojos llenos de lágrimas.
—Estoy aquí, niño bonito —murmura.
295
—¿Quién eres? —grita, y me giro hacia delante para verla mirando fijamente a la
figura vestida. Quiero advertirles, pero Alek me pide que confíe en él, al igual que Bones.
Vuelvo a acomodarme y muevo las muñecas con más fuerza, la sangre lo hace más fácil,
y siento que las ataduras se aflojan lo suficiente como para empezar a soltar las manos.
La figura tropieza de nuevo y la capucha cae hacia atrás, dejando al descubierto
el rostro de Stan Ford. Me quedo boquiabierto a su lado. —¿Cómo has llegado hasta
aquí? —pregunta, vacilante, con una mano agarrando la aguja que iba a utilizar conmigo.
Necesito una distracción para liberarme. Necesito... se me ocurre una idea, mala,
pero es todo lo que tengo. No sé si esto es lo que Alek planeó, pero es demasiado tarde
para preguntar. —Mátalo —le digo. Me regresa la mirada y sonrío—. Me ha hecho daño.
Si me amas, si realmente me amas y dices que te pertenezco, entonces mátalo.
Ella se gira hacia él mientras él parpadea, con los labios torcidos en un gruñido, y
me doy cuenta de lo que pasa: tiene los brazos atados a la espalda. —Tú —sisea—. Todo
esto es culpa tuya...
—Quiere apartarme de ti —le digo, incitándola. Sus ojos se desvían hacia mí y
frunce el ceño—. Quiere matarnos y huir con Alice. No puedes tenerla. No puede tener a
nadie más y no puede hacerme daño. Mátalo y podremos estar juntos.
—Cállate —me ordena él y luego la mira—. ¿Dónde está? ¿Dónde está Alice?
—Alice, Alice, Alice —repite ella—. Estoy harta de ese nombre. —Ella arremete
contra él, y él cae hacia atrás mientras ella lo apuñala. Grita, incapaz de protegerse. Veo
cómo le clava la aguja en el pecho y el cuello una y otra vez. Se ahoga con la sangre y
abre mucho los ojos mientras ella lo mata.
No le quito los ojos de encima mientras por fin tengo las manos libres.
Me lanzo de la silla a los brazos de Alek, que me espera en la oscuridad. Me toma
la cara y me besa rápidamente. —Sabía que vendrías por mí.
—Te tengo —promete—. Aún no ha terminado.
Alguien me da una bata y me la pongo, confuso, mientras oigo los gritos de
Clarissa. —Confía en nosotros —murmura Alek mientras se levanta la capucha y cubre
su atractivo rostro.
—Sígueme la corriente, niño bonito. Es hora de acabar con esto.
—Eres uno de los nuestros. Es nuestro deber detenerte —dice alguien, Autumn,
me doy cuenta, mientras nos ponemos en pie y formamos un círculo alrededor de
Clarissa, que jadea con una aguja ensangrentada aún en su puño.
—Heriste a uno de los nuestros y mataste a uno de los nuestros. Sangre dentro,
sangre fuera —dice Bones—. Esto termina esta noche.
296
Ella se pone en pie, con los ojos desorbitados, y luego ataca. Jadeo cuando Alek
se tambalea, con la aguja clavada en el pecho. Se la arranca y la tira, pero sé que tiene
que doler.
Lo han perseguido, apuñalado y casi disparado, y ahora vuelve a sangrar.
Todo por mí, por culpa de ella.
La furia corre por mi sangre, calentándola mientras ella retrocede a trompicones,
intentando encontrar una salida. Puede que sea una asesina, pero no es más lista que
todos nosotros, ni más fuerte. Al final, no es más que una niña solitaria y débil.
Tengo toda una sociedad.
Me echo la capucha hacia atrás y doy un paso adelante mientras le sonrío con
disgusto. —Te has equivocado —le digo—. Esta es mi casa, esta es mi sociedad, y ese
es mi hombre.
Le doy un puñetazo en la cara, tirándola al suelo mientras me mira boquiabierta.
—Evan...
—¡No soy tuyo! —grito mientras la golpeo de nuevo, respirando agitadamente. No
tengo reparos en hacerle daño. Es una jodida asesina, un maldito virus, y quizá si alguien
hubiera mirado antes más allá de su género para descubrir su verdad, Tommy podría
estar vivo.
La golpeo de nuevo, y ella lo recibe, ni siquiera se defiende, sólo me mira antes de
sonreír. —Te dije que eres como yo.
La hago callar golpeándole la cara con el puño una vez más.
Yo no soy como ella.
No lo soy.
—Evan. —Una mano atrapa mi puño ensangrentado y alzo la vista, encontrándome
con los ojos de Alek—. Se acabó.
—Todavía respira. No dejaré que vuelva a hacerte daño —le advierto.
La sonrisa que me dedica me calienta la sangre, incluso aquí. —No lo hará, pero
no dejaré que te conviertas en un asesino, ni siquiera por mí, niño bonito. —Me atrae
hacia sus brazos, envolviéndome con uno sobre el pecho mientras me aprieto contra su
cuerpo, su barbilla va a mi hombro mientras la miramos—. Se acabó. Se acabó.
No lo puedo creer.
No puede ser…
Esta noche ha sido una larga pesadilla, así que no consigo relajarme, pero cuando
me gira y presiona su frente contra la mía, veo la verdad en sus ojos.
297
—Se acabó, bebé. Te lo prometo —susurra—. Estás a salvo, yo estoy a salvo y
Alice está a salvo. Todos estamos bien. Todo terminó. Realmente se acabó.
No sé por qué, pero empiezo a llorar y, antes de darme cuenta, estoy sollozando
en sus brazos mientras me abraza. Me rodean más brazos y alzo la cabeza para ver a
Alice, Lally, Bones y Sky. Me abrazan mientras lloro hasta que me echo hacia atrás y me
limpio la cara, mirando a Clarissa justo cuando el amanecer entra por la ventana de cristal,
iluminando el espacio.
—¿Y ahora qué? —susurro.
—Ahora nos vamos a casa. —Alek me besa la mejilla.
—Tiene razón, vete a casa —dice Autumn—. Nos ocuparemos de todo.
Dudo y Bones asiente. —La policía ya está de camino. Les contaremos todo.
Querrán hablar contigo, pero ya se han puesto en contacto con nuestros abogados. Todo
pasará por ellos. Esto no afectará a tu futuro y controlaremos las historias que se
publiquen. Nos encargaremos de todo; es lo que hacemos. Somos una familia. Ahora vete
a casa y descansa.
—Se ve tan caliente cuando tiene el control —me susurra Skylar, haciendo que
me atragante y sonría a pesar de todo.
Alek me levanta la muñeca y frunce el ceño al ver la piel sangrante. —Sí, y te
limpiaremos y cuidaremos.
—¿A mí? A ti te han apuñalado dos veces esta noche —murmuro mientras me
conduce hacia el túnel.
—Así es. —Sky pasa el brazo por encima del otro lado de Alek mientras Alice y
Lally sacuden la cabeza y caminan delante de nosotros—. ¿A quién apuñalan dos veces?
¿En serio?
—Otra vez esto no. —Alek gime mientras yo sonrío.
—Oye, Evan. —Me giro para agarrar el celular que me lanza Bones—. Es tuyo. No
dejes que los muertos te controlen. Sobrevivimos, y eso es lo único que importa. Deja
todo lo demás en el pasado. —Se da la vuelta—. Arreglemos este lío. Empezó con un
miembro de la Rosa Silenciosa, y acabará con nosotros también.
Sonriendo, agarro mi celular. Sé que tiene razón.
Esta noche ha sido la más horrible de mi vida, pero mirando a los que me rodean,
sé que habría sido mucho peor sin ellos. Estoy muy agradecido de que estén a mi lado y
de que me amen. Pase lo que pase ahora, nunca los dejaré ir.
298
CINCUENTA Y
TRES
A petición de Evan, me paso por el hospital y nos revisan a los dos. Quieren que
nos quedemos, pero nos negamos. Estoy agotado, y él también. Lo único que quiero es
mi cama y a mi chico en mis brazos, donde sé que está a salvo. Cuando regresamos,
Alice y Lally se acuestan en un sofá y Skylar se estira en el otro.
La mano de Evan está en la mía mientras los miramos. —Venga, vamos a dormir
un poco. —Tiro de él escaleras arriba, sabiendo que tengo un montón de limpieza que
hacer en la casa, por no hablar de la reconstrucción de mi auto, pero yo soy el mejor
mecánico, así que puedo hacerlo.
Puedo arreglar todo lo que está roto.
Se lo digo a Evan más tarde, cuando está en mis brazos después de limpiar los
cristales rotos y tapar la ventana, acariciándole la cara cansada. —Arreglaré lo que esté
roto, niño bonito. Mi auto, esta casa, tu corazón... Me pasaré la vida arreglándolo todo.
No tendrán ni un segundo más de ti, ¿me oyes?
—Esta noche nos cambiará a todos —admite.
—Debería. —Asiento—. No se sobrevive a algo así y se sale siendo la misma
persona. Debería dejar huella, pero no les daremos la satisfacción de quitarnos ni un
segundo más de nuestro tiempo. Seguiremos adelante y seguiremos viviendo para
fastidiarlos. Seremos felices y encontraremos una nueva esperanza juntos: todos
nosotros.
—Casi todos —susurra—. Me pregunto si ya se lo habrán dicho a sus padres.
299
—Si no lo han hecho, puedes llamarlos por la mañana —le digo besándole la
cabeza—. Pero ahora tienes que descansar, ¿vale? No me hagas ponerme gruñón y darte
órdenes.
Sonríe, acercándose. —¿Por qué? Ambos sabemos que me gusta cuando lo
haces.
—Esta noche no, niño bonito. Mañana, voy a pasar horas asegurándome de que
estás vivo y bien, pero por ahora, estamos durmiendo, aquí en nuestra cama, donde
perteneces.
—De acuerdo —susurra—. Todo lo demás puede esperar a mañana.
—Mañana —acepto.
300
Somos familia, Alek, pero debemos apoyarnos el uno en el otro. Deberíamos tener
nuestras propias vidas, y tú no deberías vivir para mí. —Mira hacia las escaleras.
—Me alegra que tengas a Evan. Antes de él, me habrías agarrado y habrías huido
anoche, sin preocuparte de nadie más, pero ahora, dejas entrar a la gente y te das la
oportunidad de amar y vivir. Estoy tan feliz, y lo siento mucho, Alek, por depender tanto
de ti y hacerte llevar ese peso solo. Tú también eras sólo un niño, pero ya es hora de que
vivas tu vida. Si la noche pasada nos ha enseñado algo, es que la vida es demasiado
jodidamente corta para tener remordimientos. Sé que no quiero tener ninguno. Me niego
a seguir teniendo miedo, y quiero que tú hagas lo mismo. Me voy a mudar, y quiero que
elijas lo que te haga feliz. También voy a conseguir un trabajo y pagarme parte de la
matrícula.
—No crezcas demasiado rápido, ¿vale? No me lo quites todo. Necesito que confíes
un poco en mí —admito, y ella sonríe.
—Eso es porque te gusta que te necesiten, tener un propósito, pero Evan te
necesita, Alek, y yo siempre te necesitaré. Siempre serás mi familia, el lugar al que vuelvo
a casa, pero es hora de que encontremos nuestras propias vidas separados el uno del
otro. Todo lo que quiero es que seas feliz, hermano mayor.
—Y eso es todo lo que quiero para ti —murmuro—. Fue un precio que pagué
voluntariamente. Te crie bien, hermanita. Te has convertido en toda una mujer. Me di
cuenta anoche cuando estabas dispuesta a recibir una bala por mí. Ya has crecido. Dejaré
de tratarte como a una niña si puedo.
Ella sonríe. —Y dejaré de tratarte como una muleta.
—Todo está cambiando —digo, asustado.
Evan entra en la habitación arrastrando los pies, con los ojos medio cerrados. —
Café —pide como un zombi.
—No todo. —Se ríe.
—¿Café? —gime Lally, entrando a trompicones en la habitación, tan zombi como
Evan.
—No me extraña que sean mejores amigos —me burlo justo cuando Skylar gime
desde el salón.
—Son todos tan ruidosos con sus sentimientos. Estaba teniendo un buen sueño
sobre cierto idiota tatuado...
Gruñe cuando le tiro una almohada, pero acaba en una carcajada que llena la casa,
y no puedo evitar sonreír.
Todo está cambiando, pero es para mejor.
301
Esta casa es ahora un hogar, lleno de risas y amor, y pase lo que pase, lo
afrontaremos juntos.
302
CINCUENTA Y
CUATRO
Sé que Alek está preocupado por Alice y por mí. Lo demuestra dando vueltas e
intentando ocuparse de todo. Es dulce, pero puedo ver a Alice poniendo los ojos en
blanco. Parece que esta mañana han tenido una charla íntima, lo cual era necesario. Me
alegra que Alice se esté dando cuenta de lo mucho que su hermano hace por ella y le
esté dando algo de libertad. Necesita saber que está bien dejarla vivir su vida y que él
viva la suya.
A primera hora de la tarde, todos estamos inquietos, sin saber qué hacer, así que
nos ponemos en contacto con los abogados y nos dirigimos a la estación. A la luz del día,
el aspecto es muy distinto al de la noche anterior. Hay autos de policía por todas partes
y, cuando entramos, hay más agentes de los que he visto nunca. No hay cadáveres ni
sangre, así que deben de haberlo limpiado todo, pero sé que deben de sentir la pérdida.
Sus agentes murieron protegiéndonos anoche. Me pesa el sentimiento de culpa.
Sin embargo, ninguno de ellos nos reprocha nada ni nos fulmina con la mirada. Nos dan
una calurosa bienvenida y nos llevan a una habitación lateral, y un hombre corpulento
entra con un hombre mayor que lleva un maletín.
Es atractivo, probablemente cuarentón, de complexión fuerte. Lleva un traje de
diseño hecho a medida, un Rolex en una muñeca y un anillo de diamantes en la mano
izquierda. Lleva el pelo artísticamente peinado hacia atrás, mostrando unos rasgos
fuertes, y me resulta familiar, pero no sé por qué. —Soy el sargento Rodgers y esta es mi
comisaría. Encantado de conocerlos por fin —dice el hombre fornido mientras se sienta.
303
—Soy Declan Townsend, y los representaré en cualquier asunto. —El hombre nos
saluda con la cabeza y se sienta. Tiene un aura elegante, aunque un poco rígida:
arrogancia, la que acompaña al poder y al dinero. Lo sé muy bien porque rodeó a mi
familia.
—Intenté explicarle que no necesitan representación —empieza Rodgers.
Declan simplemente sonríe. —Entonces estoy aquí como una formalidad.
—Ya veo. —Rodgers lo mira y luego se gira hacia nosotros—. Interesante cómo
buscaron al abogado más rico y letal de los alrededores.
—Me halagas. —Declan sonríe. Es como un tiburón y me recuerda a Bones por un
momento. Mierda, ¿es el padre de Bones?
Lo vuelvo a mirar, notando el parecido una vez más. Tiene que serlo. Mencionó
que su padre tiene un bufete de abogados. ¿Contrató a su padre para nosotros?
—Sí, bueno, iré al grano, ya que todos sabemos que tenemos que ocuparnos de
nuestros muertos —dice Rodgers, con los ojos perturbados—. Todo lo que necesito son
sus declaraciones sobre lo que pasó anoche. Tenemos grabaciones de cámaras y
declaraciones de testigos, incluidas las de la agente Beckett, compañero de Winchester.
—¿Sobrevivió? —Me inclino hacia delante.
—Está en estado crítico, pero está vivo. —Rodgers asiente—. Sabemos que no
tiene nada que ver con nada de esto, pero estuvo aquí y necesitamos respuestas. Voy a
grabarlo, si te parece bien.
Miro a Declan, que inclina la cabeza y se inclina hacia nosotros. —Mírame antes
de hablar. No tienes que responder a nada de lo que te diga.
—Declan. —Rodgers suspira—. No estoy tratando de engañarlos...
—William —replica Declan, usando el nombre de pila del sargento ya que él hizo
lo mismo—. Aconsejaré a mis clientes como crea conveniente. Puede grabar la
entrevista, pero son libres de ignorar tus preguntas o irse cuando lo deseen. Ya has dicho
que no se han presentado cargos contra ellos. Ahora, comencemos. Mis clientes han
pasado por una terrible experiencia y deben descansar.
—Anoche perdimos buenos oficiales —responde William—. Sólo necesito saber
cómo y por qué.
—Una gran pérdida. —Declan asiente—. Pero tu rabia está fuera de lugar. Dirígela
a la Srta. Clarissa Wright, a quien tienes retenida, no a mis clientes. Ahora comiencen.
William parece cansado, y lo siento por él. Estos oficiales fueron probablemente
colegas y amigos durante muchos años. Conozco bien esa pérdida.
304
Durante las dos horas siguientes, repasamos todo al detalle. No me dejo nada, Alek
tampoco, y cuando termina, Declan se pone de pie con nosotros, pero yo dudo.
—¿Se ha avisado a los padres de Tommy Mashou? —pregunto mirando a William.
Sus ojos se suavizan. Es un hombre severo, y es obvio por qué está en el poder,
aunque apuesto a que ahora siente ese peso, pero también es amable y nunca nos
presionó ni nos culpó de nada. En todo caso, se desvivió por hacernos sentir mejor. —Lo
están. Yo mismo los he llamado esta mañana. Vendrán hoy a ver a su hijo. Está en el
hospital por si quieren verlo también.
Frunzo los labios. —Ya me despedí —le digo. No creo que pueda soportar volver
a verlo—. Pero gracias. Es... era un buen hombre.
—Lo sé. He investigado. Siento tu pérdida. Sé que eran cercanos. —Se levanta y
tiende la mano—. Estoy aquí si necesitas algo, Evan, y por favor, ten por seguro que ella
no saldrá en mucho tiempo. Estás a salvo. Todos lo están.
—Gracias. —Sigo a Declan fuera, donde nos saluda con la cabeza.
—Esperaré aquí. Su amiga, una tal Srta. La... —Se le escapa el nombre, con las
cejas fruncidas.
—Lally. —Sonrío.
—Sí, Lally. —Declan tose—. Y Skylar Warren y Silas Townsend -o supongo que
conoces a mi hijo como Bones- hablarán y harán declaraciones pronto. Lo digo en serio,
vete a descansar.
—Sr. Townsend —lo llamo cuando se da la vuelta para volver dentro—. Gracias.
Se encoge de hombros. —Mi hijo hizo un trato conmigo por mi ayuda. No necesito
tu agradecimiento.
Mis cejas se alzan ante su tono frío, y me pregunto qué le habrá ofrecido Bones a
su padre para que pierda el tiempo con nosotros. Probablemente nada bueno, pero ya
tengo suficientes preocupaciones propias, así que lo dejo pasar.
La noticia se conoce esa noche, y Alice, Alek y yo nos sentamos a ver las noticias.
Tal y como Bones y los demás prometieron, es breve y se centra principalmente en la
gran pérdida de todos los que murieron anoche. Nuestros nombres se mantienen ocultos,
y por eso, estoy agradecido. No necesito que me recuerden lo que sufrimos y lo que
perdimos.
305
Alice duerme aquí por lo que será la última vez. Parece que se está tomando en
serio su recién descubierta independencia, y estoy orgulloso de ella. Sé que Alek está
preocupado, pero es obvio que está intentando dejarla ir y darle lo que quiere. Sé que no
será fácil para ninguno de los dos, pero es un paso saludable.
Lo único que puedo hacer es estar aquí para los dos mientras sanamos juntos, y
mientras veo a Alek dormir profundamente a mi lado, con su mano aferrada a la mía, sé
que me quedaré aquí, a su lado, en su cama y en su casa.
Sabía que Alek era mi tipo para siempre, pero después de lo que pasó, sólo lo hizo
mucho más claro. Estaba dispuesto a morir por mí, a matar por mí, y me ama. Nunca me
dejará ir. Sé que si podemos sobrevivir a esto, entonces podremos sobrevivir a cualquier
cosa que pueda surgir en nuestras vidas.
Algunos dirán que somos demasiado jóvenes, pero no me importa. Cuando
encuentras a la persona que amas y con la que quieres pasar el resto de tu vida, te
agarras fuerte y no la sueltas.
Me he pasado la vida ignorando las opiniones de los demás, y no voy a empezar a
preocuparme ahora.
Me inclino, le aliso la arruga entre las cejas y beso sus preocupaciones. —Estoy
aquí, princesa. No voy a ir a ninguna parte —murmuro—. Gracias por venir a buscarme.
Gracias por salvarme.
—Siempre —susurra somnoliento mientras me guía hacia sus brazos—. Siempre
te encontraré, niño bonito.
—Matón —me burlo.
—Idiota rico —responde, y algo hace clic en mi corazón, haciéndome saber que
estaremos bien.
El dolor por lo que hemos perdido continuará, pero espero que se haga más
llevadero. Si puedo tenerlo esperándome cada noche, valdrá la pena sufrirlo todo, y estoy
emocionado por el amanecer y lo que traerá.
306
CINCUENTA Y
CINCO
307
me hace tambalear, y sé que tengo que ser igual de fuerte por él. Ha perdido a alguien
importante. Eso no se supera así como así, y puede que a él no le afecte, pero sé que
está sufriendo, y estaré a su lado todo el tiempo.
Sin embargo, hay una multitud en el pasillo y Evan duda. —¿Qué? —Me empuja
tras él cuando intento detenerme, pero cuando veo a Lally, Asiento y nos abrimos paso.
Evan jadea y se le llenan los ojos de lágrimas mientras miramos la pared. La sangre
y el cuerpo de Tommy han desaparecido, pero en su lugar hay un recuerdo permanente,
uno bueno.
Su nombre está garabateado en grafiti, junto a monopatines, flores y salpicaduras
de pintura, con velas y flores colocadas delante. No sabía si iba a estar listo a tiempo,
pero cuando Lally me lo propuso, supe que quería ayudar de alguna manera. Yo me
encargué del arte, pero ella hizo todo lo demás, y mientras miro fijamente a los ojos de
Evan, sé que mereció la pena escabullirse durante la noche.
—¿Te gusta? Lally me dijo que sus colores favoritos... —Me interrumpe cuando
salta a mis brazos y lo cargo.
—Me encanta —murmura—. Gracias.
—Te tengo, niño bonito. No estás solo, ¿recuerdas? Así, cuando vengas aquí, será
un lugar para recordarlo, no sólo esa noche. Estamos convirtiendo lo malo en bueno,
¿no?
Asiente mientras se aparta y abraza a Lally. Todos miramos hacia atrás, hacia el
monumento al hombre que salvó la vida de mi amor.
Saco las flores de mi bolso y las coloco delante de las velas. —No pude darte las
gracias, Tommy, por salvarlo aquella noche. No podría vivir sin él. Habría muerto a su
lado. Sé que lo hiciste porque amabas a Evan, pero quería darte las gracias, y te prometo
que no dejaré que se culpe. Intentaré mantenerlo a raya tanto como él permita. —Esbozo
una sonrisa mientras enderezo algunas de las velas y fotos—. Gracias por ser su familia.
Doy un paso atrás, tomo la mano de Evan y un rato después de que todos los
demás se hayan ido a clase, nos quedamos allí de pie hasta que dejo su mochila a sus
pies, le beso la mejilla y me retiro, dejando que se quede con Lally y hable con Tommy.
Cuando termina, lo acompaño a clase. Ignorando los gritos y los silbidos, le doy un
beso de despedida y prometo recogerlo después.
Es difícil alejarse y dejarlo solo, pero lo consigo.
308
Odio estar lejos de él tanto tiempo. Me he acostumbrado a estar a su lado las
veinticuatro horas del día y a saber que está bien. Puede que sea un pegajoso, pero no
me importa. Miro el celular por décima vez en los últimos dos minutos. No ha contestado
a mi último mensaje, que podría haber sido el vigésimo de esta hora, pero aun así.
—¿Quieres calmarte? —Me dice Sky, acostado en el sofá, viendo la tele mientras
trabajo en el auto. No sé por qué me ha seguido hasta aquí. Tengo la ligera sospecha de
que Evan se lo pidió, pero ya no es bienvenido. Sólo me gusta tener a Evan en mi espacio.
—No me ha contestado —le digo.
—Tan azotado —replica—. Él está bien. Está en la universidad. Concéntrate en
arreglar a tu bebé para que pueda recuperar mi auto.
—¿No deberías estar practicando? —preguntó mientras me limpio las manos.
Tardaré un par de semanas en arreglarlo definitivamente, pero quedará mejor que nuevo.
Entiendo a los autos mejor de lo que nunca entendí a las personas, pero por suerte a mi
novio no parece importarle, y tampoco a la pequeña familia que parece que he adoptado,
incluido este idiota vago que se come toda mi comida.
Agarra un paquete y yo se lo arrebato mientras levanta las cejas. —Son los
favoritos de Evan. Come otra cosa.
—Azotado. —Asiente—. ¿Qué sentido tiene practicar? No hay buenos
competidores.
Frunzo el ceño mientras él suspira y mira hacia otro lado. —Estoy cansado de las
carreras callejeras. Supongo que perdió su emoción después de… De todos modos,
alguien como yo nunca llegará a ser un piloto de verdad. Los dos lo sabemos.
—Entonces qué, ¿te rindes? —me burlo.
Se encoge de hombros. —Tal vez, pero hablé bien de ti.
—¿Qué quieres decir? —le pregunto.
—Vi unos anuncios de mecánicos con experiencia y envié tus datos. —Mis ojos se
abren de par en par y él sonríe—. Antes de que te enojes, Evan me ayudó. Sabía que no
lo harías solo. Diablos, incluso tu jefe, ese espanto....
—Whistler —añado.
—Sí, él, ayudó. De hecho dijo: “Bien, llévate al idiota gruñón. Es mejor que este
apestoso trabajo de todos modos”. —Arquea una ceja—. Evan parece pensar que eso
significa que le gustas. Tú querías un garaje propio, y lo tendrás algún día, pero por
ahora.... —Se encoge de hombros—. Algo nuevo no puede hacer daño.
—Como si alguien fuera a quererme. No tengo ninguna preparación —murmuro
mientras me dirijo a mi auto.
309
—¿Pero lo intentarías si te ofrecieran algo? —pregunta.
—Tal vez —admito—. Supongo que antes estaba un poco estancado. Me encantan
las carreras y trabajar en el taller, pero algo diferente podría estar bien.
Entonces, como si el destino interviniera, suena mi celular. Lo agarro, esperando
a Evan, pero es un número que no reconozco, y Sky sonríe como si supiera algo que yo
ignoro. Le doy la espalda y contesto con un ronco —¿Sí?
—Um, sí, hola, ¿es Alek Anders?
—¿Quién pregunta? —murmuro mientras miro fijamente el motor. Algo está fuera
de lugar, pero no consigo averiguar qué.
—Soy Noah de Starfire Racing. Usted presentó una solicitud para jefe de nuestro
taller la semana pasada. Estaríamos encantados de ofrecerle una entrevista. Hemos visto
su trabajo, y después de hablar con tu jefe y algunas conexiones en la industria, creemos
que encajarías muy bien.
—¿Yo? —me quedo boquiabierto, apartando el celular—. ¿Es una broma?
—¿No? — responde Noah.
—Soy un bruto —digo—. No tengo estudios.
—¿Y? Yo tampoco —dice Noah—, y sin embargo aquí estoy, dirigiendo un equipo
de carreras. La entrevista es mañana a las once. Espero verte. Estudios o no, Alek Anders,
te queremos.
Cuelga, y yo me quedo mirando el celular estupefacto.
¿Entrevista? ¿A mí?
¿Starfire?
¿Qué demonios?
—Tú puedes —dice Evan, alisándome la chaqueta. Me niego a llevar traje, pero
me he puesto mis botas limpias y unos pantalones y camisa bonitos. Por casualidad he
añadido mi chaqueta de cuero. O me contratan como soy o no me contratan. No voy a
cambiar por nadie, ni siquiera por un trabajo, aunque sea en la escudería más famosa del
mundo.
Están en la cima de la industria, lo que me hace sospechar mucho más. ¿Por qué
me querrían? Podrían elegir a sus mecánicos.
310
Su base es un gran garaje de ladrillo blanco con dos puertas abiertas y música
rock a todo volumen en su interior. Una de sus pistas más pequeñas está a mi izquierda,
la más grande se extiende detrás de ellos a las afueras de Pine Valley.
Es el equipo para el que Skylar siempre quiso correr, y odio que yo esté aquí y él
no, pero esta mañana me ha deseado suerte y me ha dicho que no sea un idiota y que
los impresione. Alice me preparó el desayuno y Evan me trajo hasta aquí. Todos ellos me
apoyan, así que aunque quisiera acobardarme, no puedo. Me debo a ellos para descubrir
si lo quiero. No es algo en lo que hubiera pensado antes, pero puedo admitir que es una
gran oportunidad.
Ser su mecánico me permitiría hacer lo que me gusta y estar al frente de un taller.
Aunque intento no hacerme demasiadas ilusiones.
Evan me da unas palmaditas en el pecho, haciendo que vuelva a mirarlo. —
Noquéalos. Intenta no mirar a todo el mundo, ¿vale?
—Lo intentaré —respondo antes de robarle un beso—. Vuelvo pronto.
Asiente, apoyándose en mi auto mientras me dirijo a la puerta abierta dos minutos
antes de las once.
El interior del garaje es exactamente lo que esperaba. Hay autos de carreras por
todas partes, e incluso algunos de sus modelos más antiguos y su auto campeón están
expuestos. Las paredes están cubiertas de fotos, al igual que su logotipo. Mecánicos y
técnicos se mueven entre los autos mientras me dirijo a la parte trasera, donde hay una
pared parcial. Alrededor, encuentro una mesa con sillas y puertas que conducen a
vestuarios y oficinas.
No hay corredores cerca ni nadie más, así que vacilo hasta que suena una voz
detrás de mí. —Así que has venido. —Me giro y veo a un hombre de mediana edad que
me sonríe. Es esbelto, de pelo rubio y ojos grandes. Lleva un overol atado a la cintura que
deja ver un tanque manchado de aceite debajo—. Tú debes de ser Alek, ¿verdad? Yo
soy...
—Noah Fletcher —termino por él, y sonríe—. Solía verte correr cuando era niño.
—Ouch, ahora me siento viejo. —Se ríe y me da la mano—. Ahora estoy a cargo
del equipo. Ven, te enseñaré el garaje. —Me pongo a su lado mientras me enseña el
garaje.
—Ese es el auto de Mackie. —Señala con la cabeza un vehículo sobre gatos, el
motor rugiendo mientras lo prueban—. Ese es el auto de Whip. Hacemos toda nuestra
propia puesta a punto y la tecnología aquí. Somos una familia muy unida. Nuestro antiguo
jefe de taller se marchó para ayudar a cuidar a su hija pequeña, que está recibiendo
quimioterapia. En realidad fue él quien te sugirió. Nos gusta estar atentos a los talentos,
y parece que a él también.
311
Echo un vistazo a la magnitud del garaje. —Estoy acostumbrado a trabajar en un
garaje pequeño lleno de revistas de desnudos —admito—. No tengo preparación para
esto, como ya he dicho. Me gustan los autos, eso es todo.
—Queremos talento. Queremos empuje y actitud. No necesito estudios. Puedo
enseñar todo lo demás —murmura—. Sinceramente, te vi correr un par de veces y te
habría contratado para eso, pero tengo la sensación de que prefieres estar delante del
motor en vez de conducirlo. ¿Estoy en lo cierto?
Asiento y él sonríe. —El trabajo es tuyo. —Mis ojos se abren de par en par y él se
ríe—. Verte era una formalidad. Me gusta mirar a una persona a los ojos antes de traerla,
pero sabía que ibas a ser tú de todos modos. . . ¿si tú quieres?
¿Qué es lo que quiero?
La voz de Evan llena mi cabeza, retándome a soñar.
—Lo quiero.
—Bien, entonces bienvenido a Starfire Racing, Alek Anders. Estoy deseando ver
de lo que eres capaz.
Yo tampoco.
312
CINCUENTA Y
SEIS
313
A medida que la música va acompañada de más y más licor, me escabullo
escaleras arriba, sabiendo que Alek me encontrará. Menos de diez minutos después,
entra en su habitación. Cierro y aseguro la puerta, y él se gira hacia mí.
—Fuera pantalones, Anders. Es hora de celebrarlo. —Le muevo las cejas.
—Vaya, ¿cómo puede un hombre resistirse cuando se lo ofreces así? —Sonríe.
—Polla afuera, Anders. Tenemos que hacer esto rápido antes de que suban, y
sabes que Sky... —Mi frase termina en un grito ahogado mientras me besa, con fuerza.
—Entonces déjame desenvolver mi regalo por hacerlo bien —murmura.
Nuestros labios se encuentran en un beso borracho y descuidado. El alcohol
calienta nuestros sistemas, junto con el deseo, mientras me desabrocha los pantalones y
me los baja. Me los quito mientras él se mete la mano en los vaqueros y se saca la polla.
La frota contra la mía y ambos gemimos al besarnos. Nos agarra a los dos y desliza
nuestras pollas mientras yo jadeo y mi espalda choca contra la pared al sacudirme contra
su mano. —Quiero jugar contigo toda la noche —murmura—, pero si Sky viene y te ve
así, puede que tenga que matar al único amigo que tengo.
—Más tarde —prometo—. Ahora fóllame.
De mala gana, suelta el agarre de nuestras pollas antes de echarme hacia atrás.
Mi culo y mi espalda chocan contra la cómoda y él me sube a ella, inclinándome sobre la
madera mientras gimo en su boca.
Me separa los muslos con las manos para poder meterse entre ellos y me jadea
en la boca. —Abre, niño bonito. Dame mi regalo.
Mis manos chocan contra la cómoda y se doblan sobre el borde mientras levanto
los muslos para él. Agarra un frasco a ciegas y se cubre la polla de lubricante antes de
apretarme el culo, provocándome mientras sus labios se encuentran con los míos en un
beso contundente.
Tira de mis caderas hasta el borde de la cómoda y se abalanza sobre mí.
Pongo los ojos en blanco del placer y el dolor. Es tan grande que me estira, y me
inclina las caderas para deslizarse por mi próstata con cada rápido empujón.
Su palma golpea la pared, la cómoda se balancea con cada empujón, chocando
contra la pared.
Nuestros labios se juntan torpemente y nos tragamos los gemidos del otro mientras
me folla. Mi polla se sacude contra mi vientre, el placer que me recorre en espiral se
acentúa por el zumbido del alcohol en mi organismo y el hecho de que podrían atraparnos
en cualquier momento.
314
—Evan. —Sus dientes me tiran del labio mientras me martillea el culo. Es casi
demasiado, demasiado doloroso, pero al mismo tiempo no es suficiente. Me encanta el
Alek suave y dulce, ¿pero el Alek brutal? Me la pone más dura que nunca, goteando
sobre mi estómago mientras empujo para responder a sus embestidas, queriendo más.
—Alek —susurro, mordiéndole el labio hasta saborear la sangre, y él gruñe,
golpeándome el culo con tanta fuerza que no puedo contener el llanto.
—Cerca. Estoy tan cerca. —El placer crece en mi interior como un maremoto hasta
que por fin llega a su cresta. Reprimo de un grito mientras calientes hilos de semen brotan
de mi polla. Gruñendo, lucha contra mi culo agitado, tirando de mí y empujando su polla
hasta que grita en mis labios, llevándome al límite. Se corre tan dentro de mí que sé que
nunca podré sacarlo.
Jadeando, abro los ojos y lo veo a escasos centímetros, con nuestros cuerpos
pegados, y los dos nos reímos. Sus labios encuentran los míos en un suave beso. —
Gracias, niño bonito, por creer en mí... por amarme cuando yo no me amaba a mí mismo.
—Cuando quieras —murmuro mientras lo empujo hacia atrás y me bajo de un
salto, tropezando con piernas débiles. Me agarra, lo que me hace sonreír, y me inclino
para besarle de nuevo—. Estoy muy orgulloso de ti, y puedes jugar con tu regalo toda la
noche cuando se vayan todos. —Muevo las cejas mientras su sonrisa se amplía.
—Trato hecho.
Nos vestimos rápidamente y nos limpiamos lo mejor que podemos para que no
envíen un equipo de búsqueda.
Bajamos las escaleras agarrados de la mano y nos detenemos abajo. Alek tiene
las mejillas encendidas y yo sonrío al verlos a todos reunidos en el último escalón con
miradas de complicidad en todos los rostros.
—Bravo. —Lally aplaude.
Alice se tapa los ojos, sacudiendo la cabeza, pero sonríe.
—Gran final. Ocho de diez —dice Sky, dándole un codazo a Bones—. No te
preocupes, puedo hacerlo mejor.
Bones simplemente se golpea la nuca y da la vuelta, Sky lo sigue como un
cachorro.
—¡Vamos, tortolitos, vamos a celebrar! —Alice dice.
Nos reunimos con nuestros amigos, todos mirando hacia el futuro.
315
Me recuesto en la silla del laboratorio y suspiro mientras me estiro. Han sido unas
semanas muy ajetreadas. Tuvimos el funeral de Tommy, que me destrozó, y también
hubo un memorial en la ciudad por todo lo que se perdió. Alek empezó en su nuevo
trabajo, y estoy muy orgulloso de él, pero eso significa que está ocupado, así que
aprovecho ese tiempo para centrarme en mi trabajo. Se acerca el final del semestre y
tengo que ponerme las pilas. No voy a desperdiciar las oportunidades que me dieron, no
por lo que pasó.
Hablando de eso, ayer me enteré de que Clarissa será sentenciada pronto. Por
suerte, no parecen querer o necesitar nuestra contribución, lo cual me alegra. Realmente
se acabó.
Lally ronca en su escritorio, a mi lado, y yo sonrío. El computador de mi derecha
está vacío, pues todo el mundo sabe que hay que dejárselo así a Tommy. Es donde él
siempre se sentaba, y así permanece. Nunca lo sustituiremos.
Todavía no he podido volver a mi dormitorio. No puedo afrontarlo, pero sé que
algún día tendré que hacerlo, a menos que acepte la oferta de Alek y me vaya a vivir con
él. Me lo ha estado insinuando desde el ataque, y tengo que admitir que me atrae. No
quiero volver a una habitación vacía llena de fantasmas, aunque sean buenos. No quiero
despertarme con dolor cada día. Quiero despertarme feliz como Tommy querría.
Mis ojos vuelven a mi pantalla y a lo que estoy trabajando.
Si me lo vuelve a pedir, le diré que sí.
Correré hacia mi futuro con él, como sé que merezco.
Unas horas más tarde, despierto a Lally y se va a quién sabe dónde. Ha estado
distante últimamente, y sé que es su forma de lidiar con el dolor. Cuando me necesite,
me lo dirá. En lugar de eso, voy hacia Alek, que está apoyado en su auto, recién arreglado
y reluciente como siempre, con mi nombre impreso en el asiento del copiloto.
Sonríe, agarra mi bolso y me ayuda a entrar. Cuando llegamos a su casa, me toma
de la mano y me lleva arriba. —Estoy cansado, tal vez más tarde —me quejo cuando abre
la puerta—. Bien, sólo un rapidito...
Me detengo, boquiabierto ante su habitación que ahora está llena de maletas y
cajas, sus cajones abiertos y llenos de mi ropa. —No tengo mucha, así que te los he dado
toda a ti. —Se gira hacia mí mientras lo miro fijamente—. Alice se fue, así que pensé que
podía seguir insinuando o podía hacer que sucediera. Nunca se nos dio bien hacer las
cosas de la manera normal, así que simplemente te mudé. Pagué tu dormitorio así que lo
mantendrán vacío por ahora en caso de que lo quieras, especialmente para Tommy. Oí
que sus padres limpiaron su habitación, pero nunca se sabe.
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—¿Me has trasladado a tu casa? —No puedo evitar sonreír—. Eres un idiota.
—Lo sabes, niño rico. Ahora, sobre ese rapidito... —Me echo atrás riendo mientras
me levanta en brazos y me arroja sobre la cama.
Mis cajas están esparcidas a nuestro alrededor, listas para ser desembaladas, pero
el mensaje es claro: estoy aquí para quedarme, y estoy más que bien con eso.
317
CINCUENTA Y
SIETE
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—Mira qué orgulloso está. —Mackie se ríe—. No lo culpo. Si yo tuviera a alguien
así en mi vida, también presumiría. Eres un hombre afortunado, Anders.
Noah le lanza una mirada que él no parece notar.
—Lo sé —admito—. Ahora o te vas o compartes tu comida. Tengo que hacer un
pedido antes de irme —murmuro, haciendo reír a los dos.
Sí, aquí encajo. Admito que a veces extraño mi antiguo taller, y todavía me apunto
a alguna que otra carrera de vez en cuando, pero mi futuro es brillante, y Evan tenía razón.
Merezco soñar, y Starfire Racing es el lugar para hacerlo.
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como de costumbre, y las orejas al aire, llenas de piercings. Tiene los labios sonrosados
como sus mejillas, los ojos oscurecidos por el delineador, pero su atuendo me deja
boquiabierto.
Parece un príncipe de un libro de cuentos de hadas de la vieja universidad.
Lleva unos pantalones blancos sueltos con un cinturón dorado, una camisa
transparente con los botones abiertos, que deja al descubierto su pecho bronceado hasta
casi el ombligo, y una americana de gran tamaño. Parece un maldito caballero de brillante
armadura.
Un príncipe del hielo.
Si él es el caballero blanco, el príncipe, entonces yo soy el maldito villano que viene
a reclamar su alma.
Voy vestido de negro de los pies a la cabeza. Incluso mis zapatos son negros,
formales y brillantes. Mis pantalones de traje están planchados, combinados con una
camisa negra abotonada de manga larga. No me atrevo a ponerme corbata ni abrigo,
pero llevo el pelo peinado.
Me arreglé lo mejor que pude, queriendo impresionarlo, y cuando sus ojos se
posaron en mí y se abrieron de par en par, supe que lo había conseguido. —Jesús,
Anders. Deberías llevar eso todos los días. Quiero decir todos los días.
—No te adelantes a los acontecimientos. —Sonrío mientras lo acerco y me inclino
para robarle un beso—. Aunque podría hacer alguna excepción si te vistes así. —Acerco
mis labios a su oreja—. Estás como para comértela. De hecho, puede que lo haga.
Me golpea el pecho con una carcajada, sus ojos centellean de auténtica felicidad,
y mi corazón está tan lleno que parece que vaya a estallar. Le acaricio la cara y lo miro
fijamente a los ojos. —Te amo, Evan Shaw —le digo con todas mis fuerzas.
No soy bueno con las palabras como él, ni capaz de captar un momento a través
de un lente, pero quiero aprovechar cada momento con él. Quiero darle las palabras que
le hagan comprender lo profundo de mi devoción y mi amor por él.
—¿Es así? —Agarra mi mano, da un paso atrás y hace un gesto a nuestro
alrededor—. Entonces averigua tú mismo cómo me siento.
Mis ojos se abren de par en par al ver las fotografías.
—Sé que te preocupaba cómo reaccionaría la gente, pero no son de mal gusto.
Realmente me encantan —empieza a divagar.
—Evan —digo, y él deja de hablar cuando vuelvo a dirigirle mi mirada atónita—.
Me encantan. —Lo digo en serio. Puedes sentir la necesidad, el amor y la obsesión que
desprende cada fotograma. Sí, estoy sin camiseta y posando, pero es más que eso. Ni
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siquiera entiendo de fotografía, pero son los ángulos y la forma en que me fotografío.
Puedo sentirlo a través de su trabajo.
Camino alrededor, mirándolas, y él camina silenciosamente a mi lado cuando me
detengo en la último. —Me amas de verdad —murmuro en el silencio. Su risa fuerte me
hace sonreír. Sin importarme quién me mira, lo estrecho entre mis brazos y lo beso
profundamente.
—Te amo, Alek Anders —dice radiante, y juro que nunca he sido tan feliz. Oír esas
palabras cura algo dentro de mí.
Evan Shaw me cura cada día.
—Son increíbles. A todo el mundo le van a encantar.
—¿Tú crees? —pregunta, mirándome para tranquilizarme.
—Si no, entonces son imbéciles, y los golpearé por ti. Evan, son tan buenas. Eres
una maldita estrella de rock. Lo verán —prometo mientras lo agarro de la mano. La última
a lo largo de la pared del fondo es grande, la primera y última fotografía que ves.
No soy yo, bueno, no sólo yo, y sonrío cuando me doy cuenta de dónde salió.
Somos nosotros, nuestra pequeña familia, de la noche del atentado, antes de que
todo se fuera a la mierda. Estamos sonriendo a la cámara, y en el centro, sonriendo
bobaliconamente, está Tommy.
—Pensé que todo el mundo podría recordarlo por cómo era. Sé que
probablemente no sea algo bueno ahora, pero cuando miro esto, recuerdo lo felices que
éramos, y quería sustituir la última imagen que tengo de él por esto: su sonrisa y su amor
por todos nosotros.
—Es la perfección. El homenaje perfecto —le aseguro mientras permanecemos de
pie ante él, contemplando nuestros rostros sonrientes, enrojecidos por el alcohol y la risa.
—Lo extraño —admite Evan—. Ojalá estuviera aquí.
—Lo está —le respondo, levantándole la mano para besarle el dorso—, y estaría
muy orgulloso. —Me giro hacia él y lo animo a que me mire—. Estoy muy orgulloso de ti.
Que se jodan tus padres. —Se estremece y sé que he dado en el clavo. Los invitó, lo sé,
pero ni siquiera se molestaron en responder. Quiero estrangularlos por eso y por
perderse esto—. Ellos se lo pierden. Se están perdiendo ver tu talento y conocer al
hombre increíble en el que te has convertido. Que se jodan, niño bonito, no los necesitas.
Nos tienes a nosotros. —Lo giro para ver a Lally, Alice, Sky y Bones, que esperan al otro
lado. Cuando miramos hacia ellos, nos saludan y Evan sonríe tan ampliamente que sé
que va a estar bien.
—Que se jodan —susurra mientras me mira—. La sangre no es familia, esto sí.
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—Muy cierto, niño bonito, ahora vamos a conocer a tus fans.
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que los chicos de Pine Valley somos los mejores. —Mira a su alrededor antes de sonreír
a Evan y entregarle una tarjeta—. Tienes mucho potencial, Evan. Lo digo en serio. Hacía
mucho tiempo que no veía un talento así. Llámame mañana. Me encantaría hablar más
contigo. Por ahora, disfruta de tu noche. Te la mereces. —Asiente y se aleja hacia otro
grupo, y Evan se queda mirando la tarjeta como si fuera el santo grial.
—Eso es bueno, ¿verdad? —pregunto nerviosa.
—¿Bueno? —Me mira, susurrando con asombro—. Él hace carreras. No te
conviertes en fotógrafo sin su sello de aprobación. Es un solitario, un genio total...
Riendo, le beso la mejilla. —Y le gusta tu trabajo. Te lo dije, niño bonito, tienes
mucho talento, maldición. Tiene razón. Disfruta de tu noche. ¿Quieres que cuide la
tarjeta? — Al fin y al cabo, se le suelen caer las cosas.
Asiente, me la entrega con cuidado y la guardo en mi cartera junto a su foto para
que no se pierda, sabiendo lo importante que es para él.
Al final se le pasa el susto y Lally lo arrastra a un grupo para hablar de su trabajo.
Me encuentro ante una de las fotos mías, una rara en la que sonrío para él. De repente,
siento una presencia a mi lado y, al mirar a Conan, veo que está mirando la foto.
—Tiene la rara habilidad de captar el alma de las personas. Eso es algo que no se
puede enseñar —murmura.
—¿Tú crees? ¿Puedes ver mi alma? —pregunto, no dudando del talento de Evan,
sino de la sinceridad de mi alma.
—Puedo, y es preciosa —me dice con una sonrisa—. Ya veo por qué te amaba a
ti y tú a él. Puedo sentir el amor a través de estas fotos. Llegará lejos, así que prepárate
porque no será fácil.
—Hemos lidiado cosas peores —digo sinceramente—. ¿Pero cómo lo apoyo? No
conozco todos los detalles del mundo de la fotografía....
—Simplemente está ahí. Escúchalo, abrázalo y confía en él. Es todo lo que
necesita. —Ambos miramos a Evan mientras su risa nos alcanza—. No dejes que nadie
le robe esa chispa. No es algo que se recupere, créeme.
Lo miro atentamente, intuyendo la verdad entre sus palabras. —No lo haré. Lo
protegeré pase lo que pase.
—Bien, tiene suerte de tenerte. —Me da una palmada en el hombro—. Me
ofrecería a fotografiarte, ya que tienes la cara perfecta para ello, pero tengo la sensación
de que eres exclusivo para él, ¿no? —Sonríe, tranquilizándome, y sé que no lo ha hecho
con mala intención.
—Definitivamente.
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—Bien. Tenía que comprobarlo. —Guiña un ojo mientras saluda a Evan y vuelve a
mirar la foto—. Amor, es algo magnífico, ¿verdad? —Se aleja.
Entiendo por qué es un solitario, pero cuando vuelvo a mirar la foto, comprendo lo
que quiere decir. Evan captó algo en mis ojos, algo que ni siquiera yo vi, pero él sí.
Siempre lo vio en mí, y esperó a que también lo viera yo.
Observo a mi chico, y sé que amaré a este hombre hasta el día en que nos sepulten
juntos, y la tierra nos lleve de vuelta.
324
CINCUENTA Y
OCHO
No puedo creer cuánta gente ha venido a ver mi exposición esta noche. Incluso
ahora me sorprendo al contemplar la galería vacía y mis imágenes aún colgadas en la
pared. Cuando acepté la exposición, no sabía cómo iba a salir, pero me alegra mucho
haberla hecho.
Alek me apoyó toda la noche, elogiándome, y juro que me volví a enamorar de él.
Recorriendo mis retratos, me detengo ante el que nunca tuve intención de
exponer. Es un recuerdo feliz, aunque sé lo que vino después, pero es la última imagen
que tengo de Tommy. Todos parecemos tan felices e inmunes por la violencia que ofrece
este mundo, pero todos hemos cambiado desde aquella noche, incluso en pequeños
detalles.
Alice lucha por dormir con las luces apagadas.
A Lally le asustan los ruidos fuertes, cree que son disparos aunque no lo admita.
Alek se preocupa continuamente por todos nosotros y sigue curándose.
Skylar... bueno, no lo admitirá, pero lo encontré poniendo flores en el memorial de
Tommy, ¿y Bones? Bones es Bones. Lo guarda todo dentro, pero nos hemos vuelto
mucho más cercanos.
¿Y yo? Tengo pesadillas, unas que no le cuento a Alek, pero él lo sabe, y nunca
me exige que hable. Simplemente me abraza a través de ellas. Anoche, cuando me sujetó
las manos por detrás mientras jugábamos, me asusté tanto que me eché a llorar.
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Sí, ahora todos tenemos nuestras mierdas, y nunca seremos tan libres como en
esta foto, pero estamos vivos y tenemos que seguir viviendo.
No puedo deshonrar a Tommy y su sacrificio por mí. Es difícil, y a veces siento
tanta culpa por su muerte para protegerme que no puedo respirar, pero lo intento.
Quiero que se sienta orgulloso, para que cuando volvamos a vernos me dedique
esa sonrisa malvada de Tommy y me acoja en sus brazos.
Nunca pensé que tendría que vivir sin él, pero así es, y sé que daría cualquier cosa
por un minuto más con él. Era tan jodidamente joven, pero así es la vida. Tomamos lo que
se nos da, y encontramos la felicidad entre entonces y el final.
Sonrío a pesar del dolor mientras mis ojos recorren su atractivo rostro.
—¿Estás listo, niño bonito? —Alek pregunta, y me doy la vuelta para verlo de pie
con la mano extendida, esperando por mí.
Me giro hacia delante, mis ojos se detienen en el rostro de Tommy y sonrío
suavemente. —Vivirás en todos nosotros y a través de nuestro arte, te lo prometo —
murmuro antes de tomar la mano de Alek y dejar que me guíe hasta la salida de la galería.
Una vez allí, vuelvo a mirar la imagen y alargo la mano para apagar la luz.
—Llévame a casa —le digo a Alek.
—Con mucho gusto. —Nos dirigimos hacia su auto y nuestra casa.
Hacia mi futuro con él.
326
—¿En serio? —le pregunto mientras le desabrocho el cinturón y le bajo lentamente
los pantalones, dejando al descubierto sus ajustados bóxers negros y su enorme y dura
polla debajo. Al verlo, se me seca la boca y mi polla se estremece. Quiero sentirlo dentro
de mí—. Creo que más bien estoy a punto de profanarte —respondo con una sonrisa.
—Demasiado cierto, maldición. Me has tentado desde que nos conocimos —
gruñe, deslizando la mano por mi pelo mientras le beso la polla. Deslizo la boca por su
cuerpo y vuelvo a pegar mis labios a los suyos.
—Entonces déjame tentarte de nuevo —susurro maliciosamente—. Sé lo que
quiero como premio por ser un buen chico y mantener las manos quietas toda la noche.
—Ya lo hemos hablado antes.
Sonríe. —Me tocaste en el baño.
—No cuenta. —Le mordisqueo los labios—. Quiero tu culo. Quiero estar dentro de
ti mientras te miro fijamente a los ojos.
Me alejo un poco, viéndolo tragar saliva. Sé que es un gran paso para él y que
puedo esperar, pero es lo que quiero. Llevo mucho tiempo imaginándolo. —Evan —
susurra.
—Seré amable —le prometo, besándolo suavemente. Deslizo la mano hacia abajo,
le agarro la polla y se la froto a través de los calzoncillos—. ¿No quieres eso? ¿Yo dentro
de ti? ¿Reclamar todo de ti?
—Sí. —Se empuja en mi mano.
Dando un paso atrás, lo suelto mientras me quito la chaqueta y la tiro a un lado,
me quito los zapatos y me dirijo a las escaleras. —Entonces vamos, grandullón, déjame
hacerte sentir bien.
Me sigue a trompicones, maldiciendo mientras se quita los pantalones y me abraza
por detrás mientras subimos las escaleras a toda prisa. Me agarra los pectorales antes
de lanzarme contra la pared del pasillo, me baja los pantalones de un tirón y me arranca
la camisa hasta que oigo el ruido de los botones mientras me la quita. Sus labios se
deslizan por mi espalda antes de morderme la una nalga, haciéndome gemir. El deseo
me golpea con tanta fuerza que apenas puedo pensar.
Mi polla llora, desesperada por estar dentro de él, mis abdominales apretándose
de deseo.
—Alek —le advierto mientras se desliza hacia arriba, sus manos golpean la pared
a ambos lados de mi cabeza mientras presiona contra mi espalda, frotando su dura polla
a lo largo de mi culo.
—¿Me quieres, niño bonito? Entonces será mejor que luches por ello —susurra
sombríamente, y sonrío.
327
Sabía que no me lo pondría fácil, y es exactamente lo que quiero. Giro en sus
brazos y salto. Me agarra y yo le rodeo la cintura con las piernas, y los dos gruñimos al
chocar contra la otra pared. Me agarra el culo con la palma de la mano, se da la vuelta y
camina hacia su habitación, llevándome con facilidad. Me deslizo, me retuerzo y aterrizo
encima de él, apretando la boca contra su oreja.
—Eres mío, Alek Anders, acéptalo.
Intenta empujarme y me levanto lo suficiente para que gire. Sus ojos oscuros me
observan con avidez mientras enredo nuestras piernas y froto mi cuerpo contra el suyo.
—Tú también eres mío, niño bonito —me dice, poniéndome la mano en los hombros y
bajándola para agarrarme el culo—. Pero demuéstrame cuánto soy tuyo. Te necesito.
El antiguo Alek nunca se habría atrevido a pronunciar esas palabras, así que, en
recompensa, me inclino y lo beso hasta que jadea, haciendo rodar sus caderas contra mí.
Me acerco a la mesilla de noche, destapo el frasco y me froto la polla con el
lubricante frío antes de volver a besarlo. —Levanta las piernas, bebé.
Hace lo que le pido, engancha las manos detrás de las rodillas y las levanta
mientras yo sigo besándolo, rodeando su agujero con dos dedos lubricados hasta que
empuja sobre ellos como habíamos estado jugando. Se los meto hasta el fondo mientras
gime contra mis labios y todo su cuerpo se estremece. —¿Te sientes bien, cariño?
Tararea y me lame los labios mientras se los meto hasta el fondo antes de
sacármela. —Entonces imagina lo bien que me sentiré —le digo mientras entrelazo
nuestras manos y las mantengo por encima de su cabeza mientras aprieto mi polla contra
su agujero.
Me inclino y lo beso una vez más antes de levantarme.
Me mira con los ojos muy abiertos. —¿Alguna vez...? —Se detiene, pero sé lo que
me está preguntando.
Reclamo sus labios en un beso prometedor. —No, es la primera vez que hago esto,
y me alegra de que sea contigo.
Cuando se relaja, aprieto despacio dentro de él, dejando que se adapte mientras
me introduzco en su culo apretado y cálido. Sentirlo envolviéndome mientras sus labios
se separan en un gemido es adictivo, y sé que lo haremos una y otra vez si me deja, solo
para poder captar esa expresión de nuevo.
—Evan —gime, empujando hacia abajo para llevarme más profundo.
—Eso es, deja que te haga sentir bien —murmuro mientras me introduzco todo lo
que puedo, y luego me inclino y lo beso mientras se adapta a que esté dentro de él. Se
siente tan jodidamente bien, tan apretado y caliente, que apenas puedo contenerme, pero
lo hago. Por fin entiendo por qué es como un animal cuando me folla.
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—Dios, muévete, por favor.
Manteniendo nuestras manos juntas, deslizo mis labios por cada centímetro de su
cuerpo que puedo alcanzar mientras me salgo y vuelvo a penetrar, reclamando su culo
con lentas embestidas que nos hacen gemir a los dos.
—Mierda, mierda, mierda. —Me suelta las manos para agarrar la ropa de cama,
desgarrándolas antes de que se deslicen por mis muslos.
Sonriendo, le inclino las caderas para golpearle la próstata con cada embestida,
haciéndolo gritar debajo de mí. Sus ojos oscuros se abren conmocionados y su
respiración se entrecorta. —Mierda, ahí, justo ahí...
—Te tengo, princesa. —Me relamo los labios y recorro con la mirada su cuerpo
tatuado y musculoso. Me encanta cómo mira debajo de mí y oír las súplicas de sus labios.
Salgo y vuelvo a entrar, acelerando. Necesito verlo rebotar sobre mi polla, necesito
llegar tan profundo como pueda. Su culo apretado y caliente me aprieta como un puto
tornillo de banco, y me dan ganas de chupársela.
Gime fuerte, el sonido es tan jodidamente caliente que no puedo soportarlo. Le
muerdo el pezón, haciéndolo chillar, y luego lo alivia con la lengua mientras le follo el
culo. Sus manos me agarran por las caderas, empujándome.
—Evan, no puedo... se siente demasiado bien.
Toco fondo en su culo pegajoso, luchando contra mi propio placer mientras lo
observo. —Shh, bebé, te tengo. Aguanta un poco más, no quiero correrme todavía.
Quiero sentirte y verte así toda la noche.
Sus uñas se clavan en mi piel, la cortan, su mandíbula salta mientras aprieta los
dientes, luchando por liberarse mientras me acaricio dentro de él. El sudor resbala por
nuestros cuerpos mientras luchamos contra el inevitable placer para poder quedarnos
encerrados así para siempre.
—Por favor, niño bonito —gimotea—. No puedo... Te sientes demasiado bien... ¡oh,
mierda!
Veo cómo su polla se sacude y se hincha antes de disparar hilos de semen por
todo su pecho mientras jadea y se estremece debajo de mí, con los muslos temblando
contra mi cuerpo por la fuerza.
Verle correrse así me empuja a la locura. Yo tampoco puedo soportarlo.
Mis labios vuelven a encontrarse con los suyos, tragando su gruñido de placer, y
luego lo sigo, llenando su precioso culo con mi semen. Me dejo caer sobre él, con
nuestros cuerpos aún entrelazados. Me rodea con los brazos y me besa la cabeza, y yo
beso su corazón acelerado.
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—Te amo, Alek Anders, cada centímetro de ti, incluso esa boca cruel y burlona.
—Yo también te amo, niño bonito, aunque te comportes como un idiota rico.
No puedo evitar sonreír. Todo parece estar bien en el mundo cuando estamos así.
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CINCUENTA Y
NUEVE
331
—Tú pintas, ¿verdad? —pregunta Noah cuando me uno a ellos. No respondo y él
pone los ojos en blanco—. Sé que lo haces. No le gustó ninguno de los diseños que
podían hacer, así que te toca a ti. —Me golpea un cuadernillo contra el pecho con una
sonrisa, y sé que lo ha hecho a propósito. Lo encargó liso para que yo pudiera pintarlo.
Le dije que me había gustado y que quería probar una o dos veces más, y aquí está él,
dándome la oportunidad.
Eso es lo que tiene Noah: ha cultivado a su familia aquí. Les da lo que necesitan
mientras hace que parezca que le estamos haciendo un favor, y le estaré eternamente
agradecido por el día que me aceptó.
Nunca supe que mi vida iba a terminar aquí, pero no podría estar más contento.
Mientras se dispersan de vuelta al garaje, saco mi celular y me giro para hacerme
un selfie delante del auto.
Niño Bonito: Maldita sea, no puedo esperar a ver lo que haces con él. Te dije que Noah
te quiere. Estoy tan orgulloso de ti, bebé.
EVAN
332
—Listo. —Asiento rápidamente.
Tomo a Alek de la mano mientras caminamos bajo los cerezos en flor, con la
cámara rebotando en mi pecho. No puedo evitar sonreír. —¿Recuerdas cómo nos
conocimos aquí antes?
Se ha convertido en nuestro lugar, donde nos conocimos, discutimos, nos
reconciliamos y ahora venimos a estar juntos cuando las vidas de ambos están
superocupadas. Sin embargo, cuando se trata de una persona a la que amas, sacas
tiempo para estar con ella por muy ocupado que estés. Llegué directamente del rodaje,
y él se tomó un descanso de la pintura para que pudiéramos pasar un rato juntos.
Caminamos por el sendero, mis ojos se elevan hacia los árboles mientras respiro
profundamente, dejando que relaje mi alma.
—¿Evan? —Alek me hace parar y yo parpadeo y lo miro. Tiene las mejillas
coloradas y parece tímido mientras saca una caja del bolsillo—. Te he traído algo. Bueno,
algo para nosotros. —Se frota el cuello, señal inequívoca de que está preocupado, lo cual
es jodidamente adorable.
—¿Qué es? —murmuro, mirando fijamente la caja de color púrpura oscuro.
—Es un anillo. Nos compré uno a los dos. No es una proposición, todavía no, sino
una promesa de que un día, este anillo será una proposición cuando estés preparado —
admite mientras lo abre para mostrar dos anillos negros en su interior. Los centros brillan
con algo, como si estuvieran llenos, y son impresionantes.
Levanto los ojos hacia los suyos, sorprendido y tan feliz que me dan ganas de
llorar. —Y cuando llegue ese día, diré que sí —le digo sin vacilar mientras saco un anillo
de la caja y le agarro la mano, deslizándolo en su dedo índice. Él sonríe y agarra el otro,
deslizándolo en el mío, y levantamos las manos, viéndolas brillar juntas.
—Así, estemos donde estemos, estaremos juntos —murmura, besándome el dedo
antes de presionar su frente contra la mía, rodeándome con sus brazos —. Siempre
unidos. Siempre te tendré conmigo, como quiero, y cuando llegue el momento, lo
sustituiré por un diamante.
—Uno grande —bromeo, y él sonríe.
—Un grande, un idiota rico —bromea.
Lo beso y saboreo el amor de sus labios mientras nuestras manos anilladas se
entrelazan. —Me encanta, y te amo.
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—Te amo —murmura—, desde el fondo de mi corazón, el que haces correr cada
día.
—Bola de queso —me burlo, pero no puedo contener la sonrisa.
Bajo los árboles floreciendo, me desprendo de mi pasado y mis preocupaciones,
y se los entrego a él para que los mantenga a salvo.
A cambio, me permito ser feliz.
Encontramos el amor en un lugar inesperado. No ha sido fácil, pero ha merecido
la pena, y lucharé por él todos los días de nuestra vida porque mi corazón acelerado
también es suyo.
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EPÍLOGO
—¡Mierda, mierda, mierda! Que jodan a ese imbécil. Debería haber sabido que
haría esto. Tenía tantas exigencias. Debería haberle enseñado modales —despotrica
Noah mientras me limpio las manos en un trapo y me uno a los que lo observan.
—¿Qué pasa, jefe? —pregunto a pesar de que los demás me hacen gestos para
que no interrumpa.
Noah se gira hacia mí, más nervioso de lo que nunca le he visto. —Te diré una
cosa, ¿ese puto piloto nuevo que contratamos? Se ha unido a otro equipo. Nos queda
una semana para las eliminatorias del campeonato y tenemos que inscribir a dos pilotos,
¡y solo tengo uno! —grita con el pecho agitado.
Mis cejas se levantan. He pasado semanas pintando ese auto para el mocoso, ¿y
se ha ido? Mierda, ¿consiguió una oferta mejor? Eso es jodido. Starfire Racing es el mejor,
¿por qué arruinaría su oportunidad así? Si alguien está alcanzando ese título, somos
nosotros, y él lo sabía, por eso vino a bordo. Supongo que no importa ahora, pero creo
que Noah podría explotar si se pone más nervioso.
—Conozco a alguien —le digo, intentando ocultar mi sonrisa—. Es un gran piloto.
Un poco idiota, pero encajará perfectamente, y se muere por tener la oportunidad de
correr para este equipo.
Últimamente está deprimido, distante y preocupado por su futuro. Algunos me
llamarían buen amigo, pero estoy cansado de que aparezca borracho en mi puerta. Esto
podría darle un propósito de nuevo y dejar de interrumpir mis noches de cita de Evan.
—Llámalo —exige Noah, acercándose a grandes zancadas.
Agarro mi celular y pulso su número. —¿Skylar? —digo cuando se oye un gemido.
—Yo no vomité en tus arbustos. Ese fue Evan —murmura, con voz gruesa.
—¿Tienes resaca? No importa. Tengo una oportunidad para ti. Starfire necesita un
corredor. ¿Quieres participar?
Hay silencio por un momento, y luego oigo una respiración pesada. —¿Me estás
jodiendo?
—No. Tienes una oportunidad. No la cagues. Dalo todo y ven aquí mañana. —
Cuelgo y sonrío a Noah—. Está dentro. Tienes un nuevo piloto. No digas que no te lo
advertí.
335
SOBRE K.A.
KNIGHT
K.A Knight es una autora independiente superventas del USA Today que intenta
sacarse todas las historias y personajes de la cabeza, escribiendo los monstruos que
amas odiar. Le encanta leer y devora todos los libros que caen en sus manos, además de
tener una preocupante adicción a la cafeína.
Lleva una doble vida en un tranquilo pueblo inglés, donde pasa los días escribiendo
como una loca.
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