Denisse Olvera
Pensamiento Literario
Cuarto semestre
Progresión 1
Progresión 1
Cuestiona la importancia de la literatura, al explorar su relación con el arte, mediante la
comparación de textos que se encuentran en su comunidad, que le permitan analizar las
características artísticas, vinculándolo con su experiencia, contexto, emociones e
intereses. A partir de ello, el estudiantado podrá descubrir que la literatura permite comparar
sus experiencias con la manera en que interpreta el mundo (cosmovisión) y así poder
desarrollar su pensamiento literario.
Arte
Dentro de la tradición occidental del pensamiento, al menos desde el siglo XVIII, en la Francia
neoclásica ya se hablaba de las bellas artes. A través de esa tradición francesa, en la que se
amalgamaban diversas teorías sobre lo bello o la belleza, llegaron a concebirse hasta siete
bellas artes: arquitectura, danza, escultura, música, pintura, literatura y teatro. No obstante, la
actividad de los poetas y dramaturgos, así como la de los narradores, se había considerado un
arte desde mucho tiempo atrás, pues ya Aristóteles, nacido en Estagira en el siglo IV a. C. y
alumno de Platón, estableció en su Poética que tanto la epopeya como la tragedia, la
comedia y la poesía ditirámbica, así como las obras que se recitaban acompañadas por
una lira o una cítara, eran todas imitaciones o representaciones, semejantes a las hechas
por los pintores con colores y formas –pues ya en la época de Aristóteles había pintores–;
también nos dice que la música y la danza son imitaciones, aunque hechas mediante la
armonía sonora y el ritmo.
Todas estas actividades [las artes], entonces, son semejantes en cuanto a su fin
(representar o imitar: mímesis en griego), aunque distintas respecto al elemento material
que usan para representar. Aristóteles observó, además, que todas estas actividades, cuya
característica común era que se trataba de representaciones, aunque con diferentes
medios, estaban ligadas a un saber-hacer o técnica (techné en griego) acerca de cómo
utilizar los materiales para lograr la representación. Esta palabra (techné) fue traducida
posteriormente por los pensadores romanos con el vocablo ars, con el que se designaba
al conjunto de habilidades y conceptos que deben aprenderse para el desempeño de una
actividad. El poeta romano Horacio –siglo I a. C.–, escribió la Epístola a los pisones, mejor
conocida como Ars poética, que puede traducirse como “técnica de la poesía”. Efectivamente,
en esa obra, el poeta expone qué tipo de versos y estrofas debe utilizar quien desee componer,
por ejemplo, una elegía o una oda, pues si bien ambas son obras realizadas con palabras, la
elegía debía presentar un tono fúnebre, ya que se recitaba comúnmente en el contexto de la
muerte de una persona; la oda, en cambio, se recitaba para alabar o glorificar a un evento o a
alguien, y los versos utilizados en su composición debían presentar un ritmo adecuado. Fue el
vocablo ars (en plural artis) el que heredaron las lenguas romances –español, francés,
portugués, italiano, entre otras– para designar a las actividades que más adelante, ya en
el siglo XVIII, los artistas y filósofos europeos, principalmente franceses, denominarían
como bellas artes.
Alegoría de las artes, por Laureano
Guevara
Literatura
Fue también durante el siglo XVIII que el término literatura comenzó a cobrar fuerza y
sustituyó al término poesía, con el que anteriormente se había designado a la práctica de la
escritura realizada con fines estéticos, sin importar si la obra estaba escrita en verso o en
prosa, si se trataba de una larga novela, de un soneto, de una tragedia o de una comedia, entre
otras posibilidades. Es debido a este proceso histórico de la cultura occidental descrito más
arriba, cuyo texto fundacional es la Poética de Aristóteles, que en los países donde esta
tradición cultural es la dominante, la literatura ha sido considerada siempre como arte. Esto
implica que en esta disciplina existe un saber-hacer, una técnica determinada mediante
la cual cierto material –en este caso el lenguaje– es organizado formalmente para
producir una obra, en este caso particular entendida como texto literario.
Las cuestiones de la técnica y del material esencial para la elaboración de la obra
literaria han generado, además, debates de carácter filosófico que deben tenerse en cuenta
para entender mejor la naturaleza de este arte.
A diferencia de disciplinas como la pintura, la escultura o la música, en las que el
elemento material de sus obras es claramente identificable y pertenece más bien al ámbito de
lo natural –color y forma en la pintura; piedra, barro, metal o semejantes para la escultura;
sonido en el caso de la música–, en la literatura la materia siempre ha sido el lenguaje, que
es más bien un fenómeno humano y social, que no tiene una naturaleza física simple y
que implica procesos mentales específicos. Esta particularidad destaca a la literatura entre
las otras artes tradicionales y, como veremos en la siguiente progresión, resulta fundamental
para entender el concepto de obra literaria, pues provoca preguntas como las siguientes: ¿Qué
diferencia existe entre un texto literario y, por ejemplo, un texto publicitario o un manual de
instrucciones, si todos están elaborados a través del lenguaje? ¿Cuál es la diferencia entre el
lenguaje de la comunicación cotidiana y el de la obra literaria? ¿Cómo pueden las palabras,
que son efímeras, ser el material de una obra de arte, que tradicionalmente se considera como
algo específico y duradero?
San Jerónimo en su celda, Alberto Durero
Características literarias (técnica literaria)
Se debe considerar el aspecto técnico de la literatura. En general, podemos decir que las
cuestiones técnicas se han tratado mayormente desde las disciplinas de la filosofía y de la
teoría literaria y que son un conjunto de consideraciones sobre la organización formal del
material lingüístico en la obra de arte, así como de sus causas y fines. Asimismo, la
técnica puede variar según la época y la cultura; pero en la tradición occidental es posible ver
una continuidad desde los conceptos técnicos expuestos en la Poética de Aristóteles, pasando
por la preceptiva de la época neoclásica de finales de la Edad Moderna y hasta las teorías
literarias de los lingüistas de la Escuela de Praga.
Uno de los temas esenciales en cuanto a la técnica es la teoría de los géneros,
que en los tiempos más recientes concibe tres distintos: narrativo, poético y dramático.
Estos conceptos se han modificado a lo largo de los siglos, pero no es difícil notar que derivan
de las distinciones hechas por Aristóteles acerca de la epopeya (género narrativo); la comedia
y la tragedia (género dramático); y la poesía ditirámbica o lírica (género poético). Sin embargo,
la división de la literatura en géneros, si bien puede resultarnos útil cuando tratamos de captar
el sentido de una obra literaria, no debe entenderse como algo de valor absoluto; más adelante
estudiaremos con mayor amplitud estos conceptos, pero siempre con la idea de que el
pensamiento literario más actual ya no se limita a la comprensión de la literatura desde esta
perspectiva.
Finalmente, debe mencionarse que, además de la teoría de los géneros, existen
muchos conceptos técnicos que pueden utilizarse en cualquier obra literaria, pero hay algunos
que adquieren más relevancia según la clasificación de cada obra particular de acuerdo con la
teoría de géneros. Se trata de conceptos que, en ciertos casos, apuntan a la manera de
organizar los signos lingüísticos que conforman el texto, como cuando hablamos de
verso y prosa, pues el primero implica una organización de las palabras donde, además de la
sintaxis, se atiende al ritmo de los acentos que conforman un verso, mientras que en la prosa
se privilegia la organización lógica (sintácticamente correcta) de la información. Asimismo, en el
género narrativo adquieren especial importancia las ideas de narrador, personaje, espacio,
tiempo y acción; en el dramático, en cambio, pierde presencia el concepto de narrador y deben
pensarse otros términos técnicos como diálogos y didascalias. Estos conceptos, así como otros
que resultan imprescindibles, se estudiarán con más detenimiento en las progresiones
correspondientes.
Comunidad
Respecto al tema de la comunidad, debemos considerar ahora cómo el elemento material
puede determinar diferentes formas de pensar la literatura. Recordemos que las obras literarias
se escriben, comúnmente, en una lengua específica; esto, en principio, permite que el concepto
de literatura pueda tratarse en relación con ciertas comunidades lingüísticas. De ahí que sea
común que se hable de literatura hispánica, literatura francófona o literatura anglosajona. No
obstante, la idea de nación también puede afectar el enfoque con que se estudia este arte; si
bien la literatura hispánica tiene como objeto todas las obras literarias producidas en lengua
española, también se habla de literatura mexicana, peruana, argentina, chilena y cualquier otra
variante nacional que corresponda. Esto demuestra que el pensamiento literario puede
desarrollar su concepción de la literatura desde diversos enfoques, de acuerdo con su
particular manera de entender el material de este arte, que es la lengua, lo cual ampliará
o reducirá el objeto de su estudio.
Materiales de estudio:
Con la finalidad de que cuentes con varias opciones para reforzar los temas revisados, te invito
a consultar las siguientes ligas:
[Link]
[Link]
[Link]
pdf
Actividad Formativa. Instrucciones:
A continuación, se presenta un texto que, por sus características técnicas y por tener como
material al signo lingüístico, puede considerarse literario. Se trata de obras de lo que se conoce
como literatura popular, concepto que retomaremos en la siguiente progresión. Lee el texto y
posteriormente reflexiona y contesta las preguntas.
“La cochina”
Se cuentan muchas historias de hombres machos y celosos, pero esta historia que se difundió
en San Andrés Tuxtla es especial. Se dice que había un señor muy macho que no dejaba salir
de su casa a su mujer; no quería que nadie la viera porque enseguida lo invadían los celos.
Temía ser la burla del pueblo. Ponía especial cuidado en su reputación y no se arriesgaba a
que su esposa anduviera en boca de todos.
–No tienes nada que hacer allá afuera; tu trabajo está acá adentro, en la casa. Además,
¿para qué quieres salir? Vas a espantar a todos con esa cara de bruja.
Así hablaba el hombre y su esposa nada más se reía, porque él no estaba tan
equivocado: la mujer tenía poderes de bruja y por las noches se convertía en cochina. En
cuanto su marido se dormía, la vieja se transformaba y salía de la casa.
Todas las noches iba a pasear por el pueblo, tranquilamente, sin que su marido se
enterara. Un día, a la mujer se le ocurrió entrar a merodear en la casa de un señor más gruñón
que su marido; cuando el señor descubrió a la cochina, agarró el machete y le rebanó una
nalga. La cochina salió corriendo y regresó a su casa muy asustada.
A la mañana siguiente, el hombre descubrió que a su mujer le faltaba una nalga…
–No sé –dijo la mujer–, ni cuenta me di. Pa’ mí que alguien me embrujó.
El hombre salió a buscar ayuda y en el camino se encontró al señor gruñón, que era su
amigo. Se saludaron y el hombre gruñón le contó al marido celoso lo que él nunca hubiera
querido escuchar:
–Anoche entró una cochina mañosa a mi casa y le rebané una nalga–. El marido celoso
volvió corriendo a su casa, e iba decidido a golpear a su mujer. Llegó a su casa pegando de
gritos, y cuando abrió la puerta, una cochina salió corriendo a toda velocidad; el marido buscó a
su esposa, pero nunca la encontró.