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Guía de Escuelas Cristianas de La Salle

El documento aborda la vida y obra de Juan Bautista de La Salle, su compromiso con la educación y la creación de la Guía de las Escuelas, que establece principios pedagógicos y organizativos para las escuelas cristianas. Se detalla la expansión de las escuelas de La Salle en Francia y España, así como su adaptación a contextos sociales y políticos. La Guía incluye directrices sobre la enseñanza, la disciplina y la formación de maestros, reflejando la pedagogía innovadora de La Salle.

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Guía de Escuelas Cristianas de La Salle

El documento aborda la vida y obra de Juan Bautista de La Salle, su compromiso con la educación y la creación de la Guía de las Escuelas, que establece principios pedagógicos y organizativos para las escuelas cristianas. Se detalla la expansión de las escuelas de La Salle en Francia y España, así como su adaptación a contextos sociales y políticos. La Guía incluye directrices sobre la enseñanza, la disciplina y la formación de maestros, reflejando la pedagogía innovadora de La Salle.

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2

Juan Bautista de La Salle

3
Edición, introducción y notas de José María Valladolid y Paulí Dávila Balsera

4
INTRODUCCIÓN, José María Valladolid y Paulí Dávila Balsera

[Link] Bautista de La Salle y la Guía de las Escuelas

Juan Bautista de La Salle, un itinerario vital

El compromiso de La Salle con las escuelas de niños

Las escuelas cristianas en París, contexto social y pedagógico

Expansión de las escuelas cristianas y persecuciones en defensa del derecho a enseñar

La retirada hacia el sur de Francia

Obra escrita de Juan Bautista de La Salle

Principios teológicos de la pedagogía de los Hermanos de las Escuelas Cristianas

Elaboración de la Guía de las Escuelas

El contenido de la Guía de las Escuelas

La pedagogía de La Salle: tradición, innovación y aportaciones

Defensa del derecho a la educación

Innovaciones en las didácticas de la enseñanza básica y nueva cultura escolar

La formación profesional del magisterio lasaliano

Fundación de una congregación religiosa docente

La Guía de las Escuelas en el mundo de hoy

II. Las escuelas de La Salle en España

Expansión de los Hermanos en el mundo hasta 1904

Política laicista francesa y exilio religioso, 1904-1936

El exilio religioso en España

5
País vasco y Cataluña polos de atracción del exilio religioso

El retorno de los Hermanos franceses a Francia

Proceso de «hispanización» de La Salle

Evolución de los centros educativos de La Salle en España

BIBLIOGRAFIA

GUÍA DE LAS ESCUELAS Dividida en tres partes

PREFACIO

PRIMERA PARTE DE LA GUÍA DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS De los


ejercicios que se hacen en las Escuelas Cristianas y del modo como deben hacerse

CAPÍTULO 1.° De la entrada en la escuela y del comienzo de la clase

Artículo 1.° De la entrada de los escolares a la escuela

Artículo 2.° De la entrada del maestro en la clase y de su comienzo

CAPÍTULO 2.° Del desayuno y de la merienda

Artículo 1.° De las cosas a las que el maestro debe prestar atención durante el desayuno
y la merienda

Artículo 2.° De lo que se practica durante el desayuno y la merienda

Artículo 3.° De la colecta que se hace para los pobres y del modo de hacer la distribución

CAPÍTULO 3.° De las lecciones

Artículo 1.° De las lecciones en general

Sección l.a De las cosas referentes a todas las lecciones

Sección 2 á De la postura que el maestro y los escolares deben tener y del modo como
deben comportarse durante las lecciones

Sección 3.a De lo que debe hacer cada maestro para preparar a sus alumnos a ser
cambiados de lección

Artículo 2.° De los carteles

6
Sección l.a De los dos carteles, de lo que deben contener y del modo de colocar a los
alumnos que leen en ellos

Sección 2.a Del modo de hacer leer en el primer cartel

Sección 3.a Del modo de hacer leer en el segundo cartel

Artículo 3.° Del silabario

Artículo 4.° Del primer libro

Artículo 5.° Del segundo libro

Artículo 6.° De los libros tercero y cuarto

Artículo 7.° De los carteles de vocales y consonantes, de puntuación y acentos y del


cartel de números

Artículo 8.° De la lectura del latín

Artículo 9.° De la Urbanidad

Artículo 10.° De los registros [documentos manuscritos]

CAPÍTULO 4.° De la escritura

Artículo 1.° De lo que concierne a la escritura en general

Artículo 2.' De las cosas particulares que se usan en la escritura

Sección 1.a Del papel

Sección 2 á De las plumas y del cortaplumas

Sección 3.a De la tinta

Sección 4.a De los modelos

Sección 5.a De las falsillas y de los secantes

Artículo 3.° Del tiempo que se dedicará en clase a la escritura y de lo que debe hacer
cada alumno todos los días

Artículo 4.° De los diferentes órdenes de alumnos que escriben en redondilla

7
Artículo 5.° De los diversos órdenes de alumnos que escriben en bastardilla

Artículo 6.° Del modo de enseñar a mantener bien el cuerpo

Artículo 7.° Del modo de enseñar a tener la pluma y el papel

Artículo 8.° De la manera de formar para escribir bien

Artículo 9.° Del momento en que el maestro tajará las plumas de los alumnos, y del
momento y manera de enseñar a los alumnos a tajarlas

Artículo 10.° Del modo de revisar a los alumnos que escriben y de corregirles la
escritura

CAPÍTULO 5.° De la aritmética

CAPÍTULO 6.° De la ortografía

CAPÍTULO 7.° De las oraciones

Artículo 1.° De las oraciones diarias que se hacen en clase

Artículo 2.° De las reflexiones de la oración de la mañana y del examen de la oración de


la tarde

Artículo 3.° De las oraciones que se hacen en la escuela y que no son diarias

Artículo 4.° De la postura que el maestro y los alumnos deben tener durante las
oraciones. Del modo de decirlas y del orden que en ellas debe observarse

CAPÍTULO 8.° De la santa Misa

Artículo 1.° Del modo como deben salir los alumnos de la escuela para ir a la santa Misa
y del modo como se deben comportar en las calles mientras van

Artículo 2.' Del modo como deben entrar los alumnos en la iglesia

Artículo 3.° De aquello en que deben ocuparse los alumnos durante la santa Misa

Artículo 4.° De las obligaciones de los maestros durante la santa Misa

Artículo 5.° De lo que se debe hacer cuando al entrar en la iglesia hubiere comenzado ya
la Misa y estuviere avanzada

Artículo 6.° De la salida de los alumnos de la iglesia

8
Artículo 7.° De la asistencia a la Misa parroquial y a vísperas

CAPÍTULO 9.° Del catecismo

Artículo 1.° Del tiempo que hay que emplear para dar el catecismo en clase y de los
temas sobre los que debe darse

Artículo 2.° Del modo de preguntar a los alumnos durante el catecismo

Artículo 3.° De las obligaciones del maestro durante el catecismo

Artículo 4.° De las obligaciones de los alumnos durante el catecismo

Artículo 5.° De las particularidades de los catecismos de los domingos y fiestas

Artículo 6.° De los externos que asisten al catecismo los domingos y fiestas

CAPÍTULO 10.° De los cánticos

CAPÍTULO 11.° (10). De la salida de la escuela

Artículo 1.° De cómo deben salir de la escuela los alumnos

Artículo 2.° De las oraciones que los alumnos rezan mientras salen de las clases

Artículo 3.° De las obligaciones del maestro mientras salen los alumnos y después de
haber salido

SEGUNDA PARTE DE LA GUÍA DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS De los medios


de establecer y mantener el orden en las escuelas

CAPÍTULO 1.° (11). De la vigilancia que debe ejercer el maestro en la escuela

Artículo 1.° Del cuidado que debe tener el maestro en corregir todas las palabras en la
lección, y del modo de hacerlo bien

Artículo 2.° Del cuidado que debe tener el maestro en hacer seguir a todos los que están
en la misma lección

Artículo 3.° Del cuidado que debe tener el maestro para hacer observar estricto silencio
en clase

CAPÍTULO 2.° (12). De los signos que se utilizan en las Escuelas Cristianas

Artículo 1.° De los signos mientras se come

9
Artículo 2.° De los signos referentes a las lecciones

Artículo 3.° De los signos referentes a la escritura

Artículo 4.° De los signos durante el catecismo

Artículo 5.° De los signos durante las oraciones

Artículo 6.° De los signos relativos a los castigos

Artículo 7.° Signos que se hacen en algunas ocasiones particulares

CAPÍTULO 3.° (13). De los registros

Artículo 1.° De los registros de admisión

Modelo. Registro de alumnos recibidos y admitidos en la Escuela de la casa de Reims en


el año 1706

Artículo 2.° De los registros de cambios de lección

Segundo libro (1.e7 orden)

Modelo. Escritura (del 3.e7 orden)

Artículo 3.° De los registros de los órdenes de lección

Modelo. Registro de la 3.a clase de la calle de la Princesa. Para enero de 1706

Artículo 4.° De las cualidades y defectos de los alumnos

Modelo. Registro de los alumnos de la 4 á clase de la calle de San Plácido en el año


1706, donde constan sus cualidades y defectos

Artículo 5.° De los registros de los primeros de banco

Artículo 6.° De los registros de los visitadores de ausentes

CAPÍTULO 4.° (14). De los premios

CAPÍTULO 5.° (15). De las correcciones en general

Preámbulo

Artículo 1.° De las diversas clases de correcciones

10
Sección 1.a De la corrección por la palabra

Sección 2.a De las palmetas. Por qué motivos se pueden y se deben usar y del modo de
hacerlo

Sección 3.a De las varas y del azote

Sección 4.a De la expulsión de los alumnos de la escuela

Artículo 2.° De la frecuencia de los castigos y lo que se debe hacer para evitarlos

Artículo 3.° De las condiciones que han de tener los castigos

Artículo 4.° De los defectos que deben evitarse en los castigos

Artículo 5.° De las personas que deben aplicar los castigos

Artículo 6.° De los niños a quienes se debe o no se debe castigar

Sección 1.a De los viciosos

Sección 2.a De los niños mal educados y caprichosos; de los que son atrevidos e
insolentes por naturaleza, y de los que son atolondrados y ligeros

Sección 3.a De los tercos

Sección 4.a De los niños educados con blandura y flojedad, a los que se llama mimados,
de los que tienen temperamento apacible y tímido, de los cortos de inteligencia, de los
deficientes físicos, de los más pequeños y de los recién admitidos.

Sección 5.a De los acusadores y de los acusados

Artículo 7.° De lo que se debe practicar en todos los castigos y del modo de aplicarlos
adecuadamente

Artículo 8.° Del fugar en que se deben impartir los castigos y del tiempo en que se deben
y no se deben impartir

Artículo 9.° De las penitencias

Sección 1.a Del empleo de las penitencias, de las cualidades que deben tener y del modo
de imponerlas

Sección 2.a Catálogo de penitencias ordinarias que estarán en uso y que se podrán
imponer a los alumnos por faltas que hayan cometido

11
CAPÍTULO 6.° (16). De las ausencias

Artículo 1.° De las diversas clases de ausencias

Sección 1.a De las ausencias reguladas y autorizadas

Sección 2.a De las ausencias no reguladas, de las que pueden permitirse y de las que no
se deben permitir

Artículo 2.° De las causas de las ausencias y de los remedios que pueden ponerse

Artículo 3.° De quién debe castigar y excusar las ausencias y del modo de hacerlo

Artículo 4.° De los castigos que se impondrán a los alumnos que hayan faltado a clase
sin permiso o que hayan llegado tarde

CAPÍTULO 7.° (17). De los asuetos

Artículo 1.° De los asuetos ordinarios

Artículo 2.° De los asuetos extraordinarios

Artículo 3.° De las vacaciones

Artículo 4.° Del modo de indicar y dar a conocer a los maestros y a los alumnos los días
de asueto

CAPÍTULO 8.° (18). De los oficios en la escuela

Artículo 1.° Del recitador de oraciones

Artículo 2.° Del ministro de la santa Misa

Artículo 3.° Del limosnero

Artículo 4.° Del portahisopo

Artículo 5.° Del rosariero y de sus ayudantes

Artículo 6.° Del campanero

Artículo 7.° Del inspector y de los vigilantes

Artículo 8.° De los primeros de banco

12
Artículo 9.° De los visitadores de los ausentes

Artículo 10.° De los distribuidores y recogedores del papel

Artículo 11.° De los distribuidores y recogedores de libros

Artículo 12.° De los barrenderos

Artículo 13.° Del portero

Artículo 14.° Del encargado de las llaves

CAPÍTULO 9.° (19). De la estructura, de la uniformidad de las escuelas y de los


muebles que se requieren

Modelo de carteles del alfabeto

Modelo de cartel de las sílabas

Modelo de números franceses

Modelo de números romanos

Modelo de vocales y consonantes

Las doce virtudes del buen maestro

Aprobación

TERCERA PARTE DE LA GUÍA DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS Deberes del


Inspector de las Escuelas

(20). Deberes del Inspector de las Escuelas

CAPÍTULO 1.° (21). La vigilancia del Inspector de las Escuelas

Artículo 1.° Sobre la vigilancia que el Inspector de las Escuelas ha de ejercer en las
clases

Artículo 2.° Sobre la vigilancia que el Inspector de las Escuelas debe tener de los
maestros

Artículo 3.° De la vigilancia que el Inspector de las Escuelas debe tener sobre los
alumnos

13
CAPÍTULO 2.° (22). De la admisión de los alumnos

Artículo 1.° De quiénes deben admitir a los alumnos en la escue- la y del modo de
hacerlo

Artículo 2.° De los puntos sobre los cuales hay que informarse al admitir a los alumnos

Artículo 3.° De lo que se debe exigir a los padres ya los alumnos al admitirlos

Artículo 4.° De los que pueden o no pueden ser admitidos

Sección 1.a De los que nunca fueron a ninguna escuela

Sección 2.a De los que estuvieron en otras escuelas

Sección 3.a De quienes ya vinieron a la escuela y la dejaron voluntariamente

Sección 4.a De los que fueron expulsados de la escuela

CAPÍTULO 3.° (23). De la distribución de los alumnos y de la organización de las


lecciones

Artículo 1.° De la distribución de los alumnos en las clases yen los puestos que les
convienen

Artículo 2.° De la distribución en diversos órdenes de los alumnos que aprenden a leer

Artículo 3.° De la distribución de los alumnos que aprenden a escribir redondilla, en


diversos órdenes

Artículo 4.° De la distribución de los alumnos que aprenden a escribir en bastardilla, y


los que aprenden aritmética, en los diferentes órdenes

Artículo 5.° Del modo de regular el tiempo que debe durar cada lección

CAPÍTULO 4.° (24). Del cambio de los alumnos de una lección a otra

Artículo 1.° De lo que debe hacer el Inspector antes de efectuar los cambios de lección

Artículo 2.° De las cualidades y condiciones que han de tener los alumnos para ser
cambiados de lección

Artículo 3.° De la capacidad que deben tener los alumnos para ser cambiados de lección
en la lectura

14
Artículo 4.° De la capacidad que deben tener los alumnos para poder cambiarlos de
lección en la escritura

Sección l.a De la capacidad que deben tener los alumnos para poder cambiarlos del
primer al segundo orden de escritura, y del segundo al tercero

Sección 2.a De la capacidad que han de tener los alumnos para ser cambiados del [Link] al
4.° orden

Sección 3.a De la capacidad que deben tener los alumnos para ser cambiados del 4.°
orden de escrituray de los siguientes

Sección 4.a De la capacidad que deben tener los alumnos que escriben en letra
bastardilla para ser cambiados

Artículo 5.° De la capacidad que deben tener los alumnos para ser cambiados de lección
en aritmética

Artículo 6.° Del tiempo en que se debe cambiar de lección a los alumnos y del modo de
hacerlo bien

FORMACIÓN DE LOS MAESTROS NOVELES 0 [APÉNDICE A LA] TERCERA


PARTE DE LA GUÍA DE LAS ESCUELAS

REGLA DEL FORMADOR DE LOS MAESTROS NOVELES

De los medios para eliminar y desarraigar todos los defectos en el maestro novel

Primero. De los medios para eliminar el hablar demasiado

De los medios de eliminar la excesiva actividad y la demasiada precipitación

De los medios para eliminar la ligereza

De los medios para eliminar el excesivo rigor, la dureza y la impaciencia

De los medios para eliminar la repugnancia respecto a alguno

De los medios para eliminar la predisposición al desaliento

De la familiaridad

De los medios de eliminar la lentitud y la desidia

De los medios de eliminar las preferencias y las amistades particulares

15
De los medios de evitar el exterior disipado, o la mirada vaga, parada o fija en un punto

De las cosas que hay que procurar que adquieran los maestros noveles y de los medios
para conseguirlo

De los medios para lograr que adquieran autoridad, decisión y firmeza

La espiritualidad que hay que suscitar en los niños

REGLA DEL MAESTRO DE INTERNOS

DE LOS DISTINTOS TIPOS DE CASAS DE ESTE INSTITUTO

16
JOSÉ MARÍA VALLADOLID Y PAULÍ DÁVILA BALSERA

17
En este estudio introductorio nos vamos a centrar en dos ámbitos complementarios
para entender la importancia de la obra de Juan Bautista de La Salle en el campo
pedagógico y la presencia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en España. La
Guía de las Escuelas es una de las obras pedagógicas que más ha influido en los siglos
xvii y xviii en la transformación de la escuela y de la pedagogía en su conjunto. Con el
transcurso del tiempo esta obra se transformó en el modelo de la denominada escuela
tradicional, a pesar de que, en su tiempo, fue toda una aportación innovadora a los
métodos de enseñanza de las disciplinas básicas de la escuela primaria. Transcurridos
más de trescientos años desde su redacción es incuestionable la aportación de la
pedagogía lasaliana, más allá de los cambios que se han producido en la escuela y en el
pensamiento pedagógico, durante tan largo período.

Juan Bautista de La Salle, patrón de los maestros cristianos y canonizado en 1900, es


uno de los más insignes pedagogos de la Historia. A él se deben algunas de las
instituciones educativas más importantes del siglo xvii. En Francia, su país natal, fue el
creador de las escuelas cristianas y gratuitas, bien distintas de las petit écoles (a partir de
ahora escuelas menores) y de las escuelas de caridad existentes en su época. Fue,
también, el creador de un nuevo tipo de maestro, totalmente consagrado a la educación
cristiana de los niños, e introdujo cambios muy importantes en el aprendizaje de las
materias básicas, como la enseñanza simultánea en la escuela primaria, o el aprendizaje
de la lectura en la lengua vernácula. Asimismo, fue el iniciador de escuelas para formar
maestros, que daría lugar, posteriormente, a las escuelas normales, etc. Toda su vida giró
en torno a la escuela y a la comunidad educativa, a los maestros, alumnos y padres,
elaborando una serie de textos que tuvieron una influencia extraordinaria, tanto en su
tiempo como en la pedagogía posterior.

Juan Bautista de La Salle, un itinerario vital

Las biografías existentes sobre Juan Bautista de La Salle relatan parecidos


acontecimientos de su itinerario vital y, al haber sido elaboradas por personas vinculadas
al propio Instituto religioso, a veces adolecen de cierto aire hagiográfico. Por nuestra
parte, hemos optado por seguir la obra de Blainl, que, a los efectos, es su biógrafo
principal. Así, según se certifica, Juan Bautista de La Salle nació en Reims, en la
Champaña francesa, el 30 de abril de 1651. Su familia era de las más renombradas en la
ciudad; su padre, Luis de La Salle, era Consejero del Rey en la Audiencia Provincial,
cargo más o menos equivalente al de magistrado de hoy día. Su madre, Nicolasa Moét

18
era de familia noble por parte de su padre, pero al contraer matrimonio perdió el título de
nobleza, de acuerdo con las leyes vigentes. Juan Bautista de La Salle era el mayor de
siete hermanos, aparte de otros cuatro que fallecieron a corta edad. Lo normal en
aquellas circunstancias hubiera sido que hubiese orientado su formación hacia la carrera
de leyes, como su padre, pero él se inclinó desde pequeño hacia el sacerdocio. En sus
primeros años tuvo algún maestro particular y a los diez años comenzó los estudios
habituales en aquella época, en el colegio de Bons Enfants, dependiente de la
Universidad de Reims.

Mientras cursaba sus estudios primarios, y cuando tenía solo once años, recibió la
tonsura, con lo cual ingresó en la clericatura; recibirla a tan temprana edad era bastante
normal en aquella época. A los catorce años recibió, además, el beneficio de una canon
jía, cedida por un primo abuelo suyo, Pedro Dozet, que había sido canciller de la
Universidad. A los diecisiete años recibió las órdenes menores y, a los dieciocho, obtuvo
el título de Maestro en Ar- tes, equivalente a la conclusión de los estudios medios. En el
curso siguiente, en 1670, comenzó los estudios de Teología en la Universidad de Reims,
pero al año siguiente pasó a estudiar el segundo año de Teología en la Universidad de la
Sorbona, de París, y residió en el famoso Seminario de San Sulpicio, fundado en 1642
por Monseñor Olier (1608-1657), junto a la parroquia de San Sulpicio, de la que era
párroco. Este Seminario fue en los siglos xvii y xviii uno de los principales centros de
renovación espiritual para el clero francés. La estancia de Juan Bautista en este centro
fue muy breve, de solo diecinueve meses, debido a la muerte de sus padres, ya que su
madre falleció el 19 de julio de 1671 y su padre nueve meses más tarde. Por ello tuvo
que regresar a Reims para hacerse cargo de sus hermanos como tutor. A pesar del trabajo
que este cargo le supuso y la administración de los bienes paternos, prosiguió en Reims
los estudios de Teología, que terminó en enero de 1678, y que coronó en 1680 con el
doctorado.

En 1676 había recibido el diaconado, y el 9 de abril de 1678 fue ordenado de


sacerdote. Pocos días después de este acontecimiento, el 27 de abril, falleció en Reims el
canónigo Nicolás Roland, a quien tenía como director espiritual desde hacía algún
tiempo. Este sacerdote había fundado en Reims un colegio para niñas huérfanas y una
pequeña Congregación religiosa femenina, las Hermanas del Niño jesús, cuya
aprobación estaba gestionando cuando falleció. Al morir, pidió a Juan Bautista de La
Salle, que cuidara de su fundación y que consiguiera las Letras Patentes, documento que
otorgaba la aprobación civil de la institución.

En esta situación, según narran sus biógrafos, una mañana de marzo de 1679, cuando
La Salle llamaba a la puerta de la casa de las Hermanas, coincidió con un forastero,

19
Adrián Niel, acompañado de un joven. Este caballero llegaba desde Ruán, enviado por
una piadosa dama de aquella ciudad, con la intención de abrir una escuela de niños en
Reims, de donde ella era natural. Se trataba de la señora Maillefer, emparentada con La
Salle. Adrián Niel traía cartas de dicha dama para la superiora de las Hermanas del Niño
Jesús y para Juan Bautista. En ellas les pedía que colaborasen con Niel en la apertura de
la escuela de niños.

Según narra Blain, la experiencia de La Salle, adquirida en las gestiones realizadas


para obtener la aprobación de las Hermanas del Niño jesús y de su escuela, le hizo ver de
inmediato las muchas dificultades que se iban a encontrar en semejante proyecto. En
aquella época, los municipios se oponían a la apertura de centros de atención caritativa,
pues recelaban que, con el tiempo, tendrían que hacerse cargo de sus costos. Juan
Bautista alojó por unos días al señor Niel en su misma casa y se ocupó personalmente de
estudiar el modo de poner en marcha aquella escuela.

«El compromiso de La Salle con las escuelas de niños»

Juan Bautista de La Salle que, como él mismo dejó escrito en un memorial, nunca
había sentido especial interés por las escuelas, tuvo que ir asumiendo sucesivos
compromisos. Este encuentro, totalmente casual, y una serie de circunstancias que
fueron surgiendo con el paso del tiempo, le llevaron a reconocer que era la Providencia
quien le exigía que se ocupara de las escuelas. La escuela que deseaba abrir el señor Niel
pudo comenzar su actividad un mes más tarde, a finales de abril de 16792. Las
dificultades se superaron poniéndola bajo la protección del párroco de San Mauricio. Al
cabo de pocas semanas eran tantos los niños que asistían a ella que hubo que crear dos
grupos. El éxito de la escuela, y la buena impresión causada por su funcionamiento,
movió a otra piadosa dama, poco antes de morir, a establecer una renta para sostener otra
escuela, que se abrió en la parroquia de Santiago3.

Juan Bautista de La Salle se dio cuenta muy pronto de que si quería que las escuelas
funcionasen adecuadamente, lo fundamental era contar con buenos maestros. Los que
había conseguido contratar el señor Niel no tenían formación, y llevaban una vida de
sordenada. Por lo cual les propuso revisar juntos, de forma habitual, el trabajo que
realizaban. De sus repetidas reuniones surgieron reflexiones que les llevaron a cambiar el
modo de enseñar, la disciplina de la escuela, el trato a los niños, los métodos para
mejorar los resultados, la formación religiosa de los alumnos, etc. Poco a poco
convenció a los maestros para que aceptaran un reglamento y a llevar una vida modélica
para los niños. En realidad, La Salle hacía todo esto por pura caridad4, pero advertía que
el señor Niel, aunque lleno de celo por promover las escuelas, no se ocupaba de dirigir a

20
los maestros.

Como los fondos con que se había dotado a las dos escuelas eran insuficientes para
alojar y alimentar a todos los maestros, La Salle decidió, a finales de 1680, alquilar una
casa donde vivieran todos juntos, y llevarles la comida desde su casas. Por otra parte, el
señor Niel, entre tanto, estaba ansioso por abrir más escuelas, tanto en Reims como en
otras localidades que se interesaban por establecerlas. En 1680 se abrió la tercera escuela
en Reims, en la parroquia de San Sinforiano6, en el año 1682. Niel logró abrir otras dos
escuelas, una en la villa de Rethel7 y otra en Guisa; y en 1683 otra más, en Laon.
También en 1682 el ayuntamiento de CháteauPorcien8 pidió dos maestros al señor de La
Salle para otra escuela; pero esta se tuvo que cerrar pronto porque querían que los
maestros se dedicaran a ocupaciones no estrictamente escolares.

La vida regulada propuesta por La Salle a los maestros mientras convivían juntos no
fue soportada por todos. Además, con los cambios introducidos en la enseñanza, el oficio
de maestro se hacía terriblemente exigente. El resultado fue que algunos maestros, a
finales de 1681, se desanimaron y abandonaron el grupo9. Pero, dicen los biógrafos, que
la Providencia envió a Juan Bautista nuevos sujetos con excelentes cualidades para ser
buenos maestros. Fueron más numerosos que los que abandonaron y él los acogió y los
formó para que se hicieran cargo de las escuelas. Fue hacia finales de 1682, según
escribió el mismo La Salle, cuando se dio cuenta de que el Señor le llamaba a que se
hiciera cargo de las escuelas, y este convencimiento le movió a hacer con los maestros
varios retiros, y se decidió, primero, a llevarlos a vivir a su propia casa y, más tarde, a
alquilar otra casa y convivir con ellos bajo el mismo techo.

También durante el año 1682 Juan Bautista advirtió que entre sus maestros había
cierta inquietud, sobre todo entre los recién llegados. Abordó con valentía el motivo de
su preocupación, y le dijeron, con toda claridad, que estaban preocupados por su futuro
personal. Situación bien diferente a la de Juan Bautista de La Salle, quien no tenía
motivo de preocuparse, porque era rico, tanto por contar con un beneficio eclesiástico
bien dotado, como por los bienes heredados de sus padres. En cambio, los maestros
estaban a merced de cualquier contrariedad que echase por tierra las escuelas10. Él trató
de animarlos hablándoles de la confianza en Dios y de su Providencia, pero se dio cuenta
que no podía exigirles a ellos tal abandono en manos de la Providencia mientras él
tuviera la seguridad de los bienes materiales. Por esta razón, después de consultarlo,
decidió renunciar a su canonjía y vender sus bienes y repartir el dinero entre los pobres.
La renuncia a la canonjía la consiguió 168311, en favor de un sacerdote pobre; y para
distribuir sus bienes se presentó una oportunidad excelente en los inviernos de 1684 y
1685, en los que el hambre se cebó en Francia, y de manera especial en la región de

21
Champaña. Los historiadores de la época dicen que algunas ciudades parecían un
inmenso asilo. Una vez abandonadas sus riquezas y hecho pobre con los pobres, vio que
sus discípulos se entregaban con generosidad y alegría a su ministerio.

Las tres escuelas de Reims las dirigía el señor de La Salle, y las tres de Rethel, Guisa
y Laon, el señor Niel. No obstante, en 1685, Niel regresó a Ruán por sentirse cansado y
con excesiva edad" y La Salle no tuvo más remedio que hacerse también cargo de ellas.
Fue entonces cuando pensó que, con todos los maestros, se podía formar una comunidad
y que podían adoptar todos una misma forma de enseñar y también de vivir. Para ello, en
mayo de 1686, convocó una Asamblea y en ella determinaron que vivirían conforme a
unas Reglas, que llevarían un hábito especial, distinto del de los maestros y también del
de los clérigos, que se llamarían Hermanos de las Escuelas Cristianas y que vivirían bajo
la dependencia de un superior, para lo cual tendrían que emitir el voto de obediencia13.
En el mes de septiembre de aquel año, Juan Bautista quiso que los Hermanos se dieran
un superior distinto de él y logró convencer a todos de que era necesario que este cargo
lo ocupara uno de los que habían emitido el voto de obediencia14. Eligieron a un joven
Hermano, Enrique l'Heureux; pero cuando este hecho llegó a oídos del arzobispado, el
prelado mandó a su Vicario Mayor para que restableciese a La Salle en el cargo de
Superior. A estas alturas, y de esta manera, ya se había formado el germen de lo que
sería la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

«Las escuelas cristianas en París, contexto social y pedagógico»

Para entender el significado de las nuevas escuelas cristianas creadas por La Salle,
nos referiremos ahora al contexto escolar del siglo xvii en Francia. Por sintetizar, los
tipos de escuelas existentes eran básicamente dos: las escuelas retribuidas y las escuelas
de caridad. Tanto en unas como en otras las materias que se enseñaban eran la lectura, la
escritura y el cálculo, en el cual entraban, lo que hoy llamamos, las cuatro operaciones.
Por lo general no se daba otro tipo de enseñanza. En las escuelas retribuidas, el maestro
cobraba a las familias una cantidad que convenían de antemano. Las escuelas de caridad
eran gratuitas y destinadas a los pobres; al maestro le pagaba alguna parroquia o
asociación religiosa. No se conocen estadísticas de esa época, pero no es aventurado
asegurar que entre el 60 y el 80 por 100 de los niños no tenían acceso a la escuelals

Normalmente, el sistema de enseñanza en la escuela primaria era el individual,


consistente en que el maestro enseñaba la lec ción - lectura, escritura o cálculo - a cada
niño en particular. Por turnos, los niños iban acercándose a la silla o cátedra del maestro,
y este les enseñaba lo que correspondía a cada uno16. Si se trataba de la lectura, se
comenzaba por conocer las letras, luego la formación de las sílabas, y luego la formación

22
de las palabras. Algo parecido se hacía con las letras para la escritura y con los números
para el cálculo. Mientras el maestro enseñaba a los niños, uno por uno, todos los demás
alumnos quedaban en la sala, y para mantener el orden el maestro contaba con un
ayudante. Se comprenderá que era muy dificil mantener a los niños quietos sin hacer
nada.

En la escuela primaria, además, el maestro enseñaba a leer partiendo del latín, que
había sido el instrumento generalizado de aprendizaje'7. Los sonidos del latín y del
francés varían para bastantes letras y, sobre todo, para la formación de sílabas y
diptongos. El resultado era obvio: el niño tardaba mucho tiempo en aprender a leer el
latín, pues no entendía lo que estaba haciendo con las letras ni con las sílabas. Cuando
había aprendido a formar las palabras, sin entenderlas, se pasaba a la lectura del francés.
Eran métodos de enseñanza que hoy nos cuesta entender, pero que se usaban de forma
tradicional, sin que hubiera objeciones. Había, por lo tanto, dos dificultades muy serias
para progresar en la escuela primaria tradicional: la enseñanza individualizada y el uso
del latín para aprender a leer.

Con esta situación se encontró Juan Bautista de La Salle cuando se vio envuelto,
circunstancialmente, en la fundación de escuelas para los niños pobres, que hemos
citado. Pronto se dio cuenta de que los métodos empleados eran poco eficaces y que los
maestros carecían de formación para desempeñar su empleo. Revisando con los maestros
la labor diaria, vieron que podían cambiar aquellos métodos de trabajo y que podían
hacer funcionar la escuela de otra manera. Determinaron abandonar el método individual
de enseñanza y aplicar el simultáneo, para lo cual tuvieron que confeccionar carteles
grandes que fueran bien visibles. Los primeros los hicieron ellos mismos, a mano.
Tuvieron que distribuir a los alumnos en grupos, según el nivel en cada materia; pre
pararon textos que sirvieran de lectura común, y modelos de escritura diferentes para los
que aprendían a escribir, etc. Lo mismo hicieron para enseñar lo elemental de la
aritmética, también por medio de carteles, etc. Finalmente, tomaron la decisión más
importante: dejar de lado el latín para enseñar a leer y sustituirlo por el francés18.

Con estos dos cambios la eficacia de la escuela quedó asegurada y también la fama
de estas escuelas. Pero las modificaciones no fueron menores en lo referente a la
disciplina, al trabajo de los niños, al rendimiento en el estudio, etc. Las familias
advirtieron rápidamente los progresos que se lograban con estos cambios, y estimaron
que les era más ventajoso llevar a sus hijos a las nuevas escuelas, que se llamaban a sí
mismas «escuelas cristianas y gratuitas», en vez de enviarlos a las escuelas menores,
sobre todo si tenían que pagar al maestro. No fueron los únicos cambios, ni los más
importantes de esta nueva escuela, en comparación con la tradicional. El cambio

23
principal fue el nuevo espíritu que animaba tanto a la escuela como al maestro. Además,
lo que La Salle inculcó a aquellos maestros fue que su trabajo no era una mera
ocupación, sino un ministerio que tenía como finalidad formar a los niños como hijos de
Dios y miembros de la Iglesia. Su dedicación a la escuela cristiana era fruto de una
llamada de Dios, de una vocación; y su labor no era una ocupación material, sino
trascendente19

La mayor preocupación de La Salle, como hemos señalado, era la de formar a los


maestros que atendían sus escuelas. Para responder a peticiones que no podía atender,
creó en 1686 un Seminario de maestros para las zonas rurales, es decir, maestros para los
pueblos y aldeas más pequeños, donde el número de alumnos era reducido. Formó, de
acuerdo con sus nuevos métodos, y a petición de los párrocos rurales, a un buen grupo de
jóvenes, a quienes enseñó a dar la clase como la daban sus maestros de las es cuelas de
Reims y luego los enviaba a sus respectivas parroquias. A lo largo de su vida, hasta tres
veces ensayó esta manera de formar maestros20, que no se confundían con el grupo de
maestros de sus escuelas.

En este contexto escolar y pedagógico, a finales del mes de febrero de 1688, tan solo
nueve años después de la apertura de la primera escuela en Reims, a invitación del
párroco de San Sulpicio, señor de la Barmondiére, Juan Bautista, con dos Hermanos,
llegó a París para atender una escuela que tenía la parroquia en la calle de la Princesa21.
Era una escuela tradicional, que atendía, además, un pequeño taller de tejidos de telas.
Durante algunos meses los Hermanos se tuvieron que acomodar al funcionamiento de la
misma, pero las dificultades eran muchas y el rendimiento escaso, hasta que el párroco
se decidió a poner en manos de La Salle la dirección y el funcionamiento de la escuela.
Desde ese momento todo cambió, pues se exigió estricta disciplina a los alumnos y se
subordinó el rendimiento del taller al éxito de la escuela22. En 1689, con el cambio del
párroco, señor Baudrand23, la escuela funcionó a plena satisfacción y este propuso a La
Salle abrir otra escuela, en la calle del Bac, que comenzó a funcionar en 1690. La
afluencia de alumnos provocó la reacción de los maestros de escuela de París, pues
muchos niños abandonaban sus escuelas para acudir a las escuelas cristianas y gratuitas.
La denuncia fue presentada ante el Chantre, que era la autoridad encargada de permitir la
apertura de escuelas. Pero los párrocos tenían derecho a establecer escuelas para sus
parroquianos pobres, que el Chantre les reconocía como principio.

Por otra parte, y ante el rechazo de las autoridades eclesiásticas de que gobernase la
Sociedad, creada por La Salle, un simple Hermano, sin las órdenes sagradas, Juan
Bautista quiso que el Hermano L'Heureux estudiase teología y se preparase para el
sacerdocio. Pero, a comienzos de 1691, este Hermano falleció, y La Salle comprendió

24
que su Sociedad no tenía que estar gobernada por un sacerdote, sino por uno de los
miembros, aunque fuera sim ple laico. Ese mismo año cayó gravemente enfermo, y
estuvo a punto de morir. En la larga convalecencia se dio cuenta de que su Sociedad
hubiera sucumbido con él, adoptando una serie de medidas para asegurar su futuro.
Adquirió una casa en el barrio de Vaugirard, más amplia y salubre, para mejorar la salud
de los Hermanos; quiso asegurar y perfeccionar la formación de los Hermanos,
preparando un noviciado; se comprometió con dos de sus discípulos, por medio de un
voto emitido el 21 de noviembre de 1691, a trabajar con todas sus fuerzas por el
mantenimiento de la Sociedad y, finalmente, estableció con todos los Hermanos una
correspondencia mensual.

El Noviciado, tras muchas dificultades, se pudo abrir en 1692, y afluyeron


numerosos jóvenes deseosos de ser Hermanos y dedicar su vida a educar cristianamente
a los niños. Juan Bautista se entregó de lleno a formar a aquellos nuevos maestros. De
nuevo llegó el hambre a Francia, y en la casa de los Hermanos se vivía con extrema
pobreza, hasta el punto de tener que pedir limosna en no pocas ocasiones.

«Expansión de las escuelas cristianas y persecuciones en defensa del derecho a enseñar»

Las medidas adoptadas por La Salle después de su enfermedad dieron fruto, y en


1694 convocó una Asamblea, que es considerada como el primer Capítulo General. Se
discutieron muchos asuntos relativos a la vida comunitaria y al ministerio escolar, y los
doce participantes terminaron haciendo votos perpetuos de asociación, de estabilidad y
de obediencia, el 6 de junio24 de ese mismo año. Al día siguiente, Juan Bautista propuso
que se eligiera otro Superior, distinto de él, que fuera Hermano. Pero todos los votos
recayeron en su persona. Entonces exigió que se redactara un acta por la cual se
reconociese que después de él, no se elegiría como superior a nadie que no fuera
Hermano y miembro de la sociedad25.

A partir de este momento, se inició una etapa esplendorosa de expansión de las


escuelas, pero también de terribles persecucio nes por parte de los maestros de escuelas
menores y por los maestros calígrafos que, reiteradamente, denunciaban a las escuelas
cristianas ante los tribunales y molestaban con sus actuaciones violentas el buen
funcionamiento de las mismas. Hasta cinco pleitos plantearon a La Salle y a sus
Hermanos, y ya no solo ante el Chantre, sino también ante el jefe de Policía y los
tribunales de justicia. Entre 1694 y 1701 se abrieron nuevas escuelas en París, Laón,
Chartres, Calais, y Reims. Además se abrió un Seminario de maestros para las zonas
rurales, que ya había tenido un antecedente en Reims de 1686 a 1689. En 1698 los
Hermanos tuvieron necesidad de una casa más amplia, que encontraron también en

25
Vaugirard, y llamaron la Casa Grande26. Esta casa permitió nuevas actividades, entre
ellas la formación de un grupo de jóvenes irlandeses, que acompañaron a su rey, Jacobo
II, al destierro de Francia27. En algo más de un año estuvieron preparados para
integrarse en la sociedad francesa. Pero, además, también en esta casa, se abrió, en 1700,
una Escuela Dominical, en la que se daba clase a jóvenes obreros menores de 20 años, en
las tardes de los domingos y días de fiesta. Esta institución, llamada Academia Cristiana,
en pocas semanas llegó a contar con más de 200 jóvenes de todo Paris28.

Este proceso de expansión de las escuelas, corre paralelo a las persecuciones por
parte del gremio de los maestros, debido a la pérdida de alumnado en sus centros. Ya
desde 1688, cuando La Salle asumió plenamente la dirección de la primera escuela, sita
en la calle de la Princesa, se inició la persecución. Hubo algunos niños que pidieron la
admisión, abandonando la escuela de pago a la que asistían anteriormente. Este hecho
inquietó a los maestros de las escuelas menores. Sin embargo, cuando se abrió la tercera
escuela, los maestros de las escuelas menores y los maestros calígrafos se unieron. Esta
unión se explica porque en las Escuelas Cristianas, con la lección de escritura, se
alcanzaban los niveles de lo que se enseñaba en las escuelas de caligrafía, e incluso se
superaban. Unidos los maestros de las escuelas menores y los calígrafos, asaltaron la
escuela del Puente Real y arrojaron a la calle todo el mobiliario.

El enfrentamiento de 1692 fue el comienzo de una serie de pleitos, que duraron más
de seis años, y que iban de los tribunales de justicia, a la policía y al Chantre, que unas
veces se inclinaban a favor de las Escuelas Cristianas y otras veces a favor de los
maestros de escuelas menores y de los maestros calígrafos. En ocasiones se imponía el
derecho de los Hermanos a enseñar, ya que eran los encargados por el párroco para
atender sus escuelas y porque no recibían ninguna retribución por su trabajo. En alguno
de los pleitos se argumentó que tenían derecho a enseñar, y que nadie podía suprimir este
derecho si lo hacían gratuitamente. Más tarde, las acusaciones se centraron en que
recibían en sus aulas a niños de familias que podían pagar la enseñanza, lo cual se
probaba porque los alumnos que pasaron de las escuelas menores y de las escuelas de
caligrafía hasta entonces abonaban su aprendizaje. También se quería exigir que fuera el
Chantre, y no el párroco, quien permitiera abrir nuevas escuelas.

El resultado de todos estos pleitos fue la prohibición de admitir en las Escuelas


Cristianas a niños cuyos padres pudiesen pagar la enseñanza, por lo que la parroquia
debería establecer un listado de familias pobres de la parroquia, que serían las únicas con
derecho a inscribir a sus hijos a dichas escuelas. Ni La Salle ni los Hermanos estuvieron
nunca conformes con tal sentencia, porque se estaba violando la libertad de los padres a
escoger el tipo de educación para sus hijos, y porque no respetaba el derecho de todos

26
los niños a la educación. ¿Qué se estaba planteando, entonces, a través de todos estos
pleitos? Aunque no de manera plenamente explícita, lo que estaba en cuestión era la
libertad de enseñanza: libertad de crear escuelas, libertad de ofrecer tipos diversos de
educación, libertad para escoger el tipo de educación, derecho a la educación sin tener
que pagarla, la enseñanza gratuita generalizada, etc., temas todavía candentes cuando se
habla del derecho a la educación. Para La Salle, una de las condiciones para que sus
escuelas fueran realmente cristianas, es que estuvieran abiertas a todos, sin distinción.
Por ese motivo tenían que ser gratuitas, tanto para los pobres como para los acomodados.

Además, este período, por un lado tan próspero, se vio oscurecido por la acción
sistemática de un poderoso adversario eclesiástico que tuvo La Salle. Todos los
biógrafos han ocultado el nombre de esta persona, pero en ocasiones dejan entrever que
fue el mismo párroco, señor de la Chétardie, que tanto le había ayudado an teriormente.
El cierre de la Escuela dominical, por la deserción de los dos Hermanos que la atendían,
sirvió de detonante. El adversario llegó a convencerse de que la culpa era de Juan
Bautista y redactó una memoria que llevó al arzobispo de París, como máxima autoridad.
El resultado fue sustituir a La Salle por un sacerdote que no tenía ninguna relación con el
Instituto. Todo esto ocurrió a finales de 1702, aunque los Hermanos se opusieron al
cambio; el nuevo superior solo apareció dos veces por la comunidad29 y La Salle siguió
como superior efectivo.

En medio de las amargas persecuciones, la expansión de las Escuelas Cristianas no


cesó, y desde 1702 se abrieron escuelas en Aviñón, en Troyes, y dos más en París, en la
calle Charonne y en San Roque. Además, en 1702 envió a Roma dos Hermanos, con el
fin de que establecieran una escuela gratuita, y a ser posible bajo la jurisdicción del
Papa30. La dura persecución impidió a La Salle adquirir la Casa Grande, que se había
puesto en venta. El citado adversario consiguió que un legado cedido a La Salle para tal
fin, fuese desviado a otros objetivos, y se vio obligado a abandonar la casa y a retirarse a
otras más alejadas del lugar donde el enemigo realizaba su nefasta actividad. Pero
también los tribunales, movidos por los maestros y calígrafos, le condenaban y le
obligaban a recibir exclusivamente alumnos cuyos padres figurasen en el registro de
pobres de la parroquia. A pesar de las condenas, ni La Salle ni los Hermanos se
sometieron a aquella imposición, que no les correspondía a ellos, sino a las parroquias a
cuyo servicio estaban los Hermanos y sus escuelas. A causa de las sentencias
condenatorias, se cerraron la escuela de Charonne, la Escuela Dominical, que se había
reabierto, y un Seminario para formar maestros para las zonas rurales; además, se
prohibía a La Salle volver a abrir cualquier centro en la ciudad y dedicarse a formar
maestros31

27
En 1705, cuando más intensas eran las persecuciones, La Salle recibió la petición de
maestros para una escuela en Darnetal, villa cercana Ruán32. Consideró providencial tal
llamada, por la posibilidad de alejarse de París y de su adversario. Una vez acep tada la
escuela de Darnetal, el arzobispo pensó encomendar a los Hermanos las escuelas que
dependían de la oficina de caridad de la ciudad, que eran cuatro. Las dificultades fueron
muchas, pero La Salle aceptó todas las escuelas. Asimismo, pensó muy pronto en
instalar allí el noviciado, para alejarlo de su enemigo. Encontró una casa adecuada,
dedicada a San Yon, en el barrio de San Severo". Trasladó a ella el noviciado, y él
mismo residió en ella en la medida en que sus frecuentes viajes a París se lo permitían.

Desde París y Ruán, La Salle fue disponiendo la apertura de nuevas escuelas: en


1705, la de Darnetal, las cuatro de Ruán, la de Dijon, la de Brest y la de Calais. En 1706
y 1707, en el sur de Francia, se abrieron escuelas en Marsella, Valréas, Mende y Alés.
Entre 1708 y 1711, las de Grenoble, Saint-Denis, Mácon, Roma, Moulins, Versalles y
Boloña. Tanto se había extendido el Instituto, que en 1711 emprendió una visita a las
casas fundadas en la Provenza y en el Languedoc, al que dedicó varios meses.

«La retirada hacia el sur de Francia»

En 1707, Juan Bautista de La Salle tuvo un accidente cuando atravesaba el jardín de


las Tullerías. Tropezó con un hierro clavado en el suelo, hiriéndose en la rodilla.
Mientras se curaba, retenido en casa, recibió la visita de un joven abate, apellidado
Clément, que decía disponer de una importante fortuna y estar deseoso de ponerla al
servicio de una obra educativa. La Salle le informó de los fines del Instituto y le habló de
la posibilidad de establecer de nuevo un Seminario de maestros para el campo. La
tramitación llevó mucho tiempo, y al fin, se optó por la escuela para maestros, para lo
cual adquirió una casa en Saint-Denis. Como el abate Clément era menor de edad, pidió
a Juan Bautista que adelantase el dinero para la compra de la casa. Juan Bautista puso
una parte y pidió a un amigo de toda confianza que adelantase el resto, y que prestase la
firma para la escritura de la compra34.

Cuando ya estaba funcionando el Seminario de maestros, la familia del abate


Clément recibió título de nobleza y el padre del abate le pidió que se retirase del trato
con personas que no eran nobles. El abate, forzado por la familia, abandonó a La Salle,
pero el padre, además, le interpuso pleito por haber tratado de abusar de la buena fe de
un menor, aprovechándose de sus bienes. Era una auténtica calumnia, y La Salle quiso
demostrarlo reuniendo varias de las cartas del abate Clément, que confió a personas
amigas. Pero estas, al parecer con la intervención del adversario, le traicionaron y no las
usaron para la defensa. Este pleito vino a ser el último de los que tuvo que sufrir La

28
Salle, y concluyó con su condena.

Cuando llegó el momento de la sentencia, todo apuntaba a que Juan Bautista sería
condenado. A la vista de lo cual, optó por alejarse de París llevando en lo más hondo de
su alma la amargura de las traiciones, pero poniendo su confianza en manos de Dios,
como señalan sus biógrafos. Se marchó hacia el sur, para visitar de nuevo las casas,
esperando encontrar en Marsella un lugar más acogedor. Al comienzo todo fueron
parabienes en dicha ciudad. Se programaron nuevas escuelas y hasta se abrió un
Noviciado. Pero bastó que Juan Bautista manifestase con toda lealtad su unión con la
doctrina de la Iglesia, en contra del movimiento jansenista, y que impidiera a algunos
clérigos inmiscuirse en el gobierno del Instituto, para que todo se deshiciera como por
ensalmo3s

Ante esta nueva situación, su reacción fue acudir a la oración. Primero hizo un retiro,
aislado de todos, durante la semana santa de 1713 en la ermita de Sainte Baume (la Santa
Cueva), a unos 40 km de Marsella, y a continuación se retiró durante cuarenta días al
monasterio de San Maximino, cercano de la cueva36. La oración pareció inclinarle a
abandonar el trato con el mundo y retirarse a la soledad. Con esa intención fue a
Grenoble, y vivió en la escuela de los Hermanos, en una especie de altozano de la casa,
donde estableció su lugar de oración y de trabajo. Pero el asma le acechaba, y tuvo un
prolongado período de cama. Al recuperarse, un canónigo amigo suyo, el abate de
Saléon, le propuso ir a reponerse a una casa de campo, entre montañas, que tenía en un
lugar cercano, llamado Parmenia. En la propiedad de este sacerdote, una pastora, ya de
cierta edad, se había establecido junto a una capilla dedicada a la Santa Cruz, y allí
recibía a personas que deseaban pasar unos días de oración y retiro. Era sor Luisa de
Parmenia, y tenía fama de estar enriquecida con especiales luces de Dios para guiar las
almas.

Juan Bautista, en su convalecencia, subió varias veces a la montaña para hablar con
aquella pastora. Mutuamente se descubrieron los caminos por los que Dios les había
guiado, y Juan Bautista le comunicó su deseo de retirarse a la soledad. Ella le manifestó
que aquella no era la voluntad de Dios, sino que debía volver con su familia religiosa y
seguir trabajando por ella37.

La prolongada ausencia de Juan Bautista de París y de Ruán, que duraba casi año y
medio, facilitó a sus adversarios que se entrometieran en el gobierno de la Sociedad,
pretendiendo modificar las reglas y nombrando superiores eclesiásticos para las
comunidades en cada provincia. Pero los principales Hermanos de París y de las casas
cercanas a la capital, decidieron escribirle ordenándole que regresase para asumir de

29
nuevo el gobierno total de la Sociedad. Era el 1 de abril de 171438.

Cuando recibió la carta que equivalía a una obediencia, dispuso las cosas para
regresar a París, llegando a la capital el 10 de agosto de aquel año39. Allí se encontró
con que en la casa de los Hermanos había asumido el gobierno un sacerdote de San
Sulpicio, que en nada estaba ligado a la Sociedad. La Salle asumió el gobierno en París,
y al cabo de cierto tiempo vio que se tenía que trasladar el noviciado a Ruán40, donde
estaba la casa principal. Allí siguió ejerciendo sus funciones, pero siempre compartidas
con otro Hermano. En 1716, de acuerdo con los superiores de la zona, convocaron un
Capítulo General, para elegir un nuevo superior. Se celebró en 1717, y fue elegido el
Hermano Bartolomé como su sucesor41. Desde entonces se dedicó a revisar las Reglas,
la Guía de las Escuelas y otros escritos que había ido preparando a lo largo de su vida.
Falleció en Ruán el viernes santo, 7 de abril de 171942.

Obra escrita de Juan Bautista de La Salle

A lo largo de su vida Juan Bautista de La Salle escribió diversos libros, todos ellos
destinados a sus religiosos o para las escuelas. Han sido recogidos en sus ediciones
príncipe o en la más antigua conocida, en las CEuvres Completes de SaintJean-Baptiste
de La Salle43, y publicadas en español con el nombre de Obras Completas de San Juan
Bautista de La Salle44. Entre las obras que se dirigen especialmente a los religiosos
están las Reglas, la Explicación del Método de Oración y tres series de Meditaciones.
Pero tienen especial valor testimonial una serie de escritos personales o memoriales que
elaboró a lo largo de su vida para afrontar diversas situaciones y las Cartas45

Entre las obras destinadas de manera especial a la escuela, bien para los maestros,
bien para los alumnos, hemos de destacar: La Guía de las Escuelas Cristianas, las Reglas
de cortesía y urbanidad cristiana46, y cinco catecismos, todos ellos distintos y con
diferentes finalidades y usos en la escuela, pero con un título común: Deberes del
cristiano para con Dios y medios para cumplirlos47.

«Principios teológicos de la pedagogía de los Hermanos de las Escuelas Cristianas»

Una vez que los Hermanos de las Escuelas Cristianas se constituyeron como
comunidad, a partir de 1682, como Sociedad, desde 1686, y como Instituto, a partir de
1694. Todos los Hermanos formaban una unidad, donde el ideal de la vida religiosa y el
trabajo propio del ministerio de la educación constituían un todo. Así, en unidad, fueron
elaborando todos los elementos constitutivos de su vida consagrada al mismo tiempo que
todos los pormenores de su labor pedagógica en la escuela. No había separación entre
ambos aspectos y, por eso, para su vida comunitaria se regían por unas Reglas, y para el

30
ministerio escolar lo hacían por medio de la Guía de las Escuelas Cristianas, que entre
ellos era conocida como la Regla de la Escuela. Muchos puntos de esta se han de
entender desde las prescripciones de la primera, y a los miembros de la comunidad les
obligaban por igual las dos.

Quien pretenda entender la Guía de las Escuelas desde la perspectiva de la escuela,


exclusivamente, no podrá valorarla en su verdadera dimensión. Debe tener siempre
presente que quienes aplican dicha Guía son personas consagradas a Dios, que han
renunciado a todas las ventajas que ofrece el mundo para dedicarse plenamente al
ministerio educativo. Por tanto, la Guía de las Escuelas está elaborada sobre unos
principios teológicos, no solo pedagógicos, que conforman todo el trabajo del maestro
cristiano.

Estos principios teológicos no se encuentran de forma explícita en la Guía de las


Escuelas, pero sí en las Reglas Comunes y en las Meditaciones para el tiempo del Retiro.
Examinando esta realidad se ve la relación entre la vocación de maestro de La Salle, su
consagración a Dios y el ministerio educativo, que se funden en la persona del educador
cristiano. «El trabajo de la escuela exige una persona en su totalidad», «un hombre todo
entero», expresa La Salle en diversas ocasiones. Dichos principios se pueden resumir de
la siguiente manera:

[Link] ha llamado al maestro de la Escuela Cristiana a ejercer ese ministerio como


una vocación.

[Link] es quien confía al maestro los niños que tiene a su cargo.

[Link] maestro debe ver en cada niño, además de una persona, a un hijo de Dios,
llamado a ser perfecto ciudadano, y también perfecto cristiano, fiel hijo de la
Iglesia, y destinado a participar de la gloria de Dios.

[Link] confía los alumnos al maestro para que los instruya en la religión y los haga
crecer en la santidad.

Estos principios requieren que el educador cristiano enfoque todo su ser y su


actividad desde la fe. Necesita una fe profunda; tan profunda y tan viva, que lo que le
anima es el «espíritu de fe»48. De estos principios teológicos se derivan unas
consecuencias para el maestro, a saber:

[Link] principal deber del maestro es instruir a los niños en las verdades de la religión
cristiana, al mismo tiempo que les instruye en las materias escolares. El maestro
de La Salle es un apóstol mediante toda su actividad. Tan apóstol es cuando

31
enseña la religión como cuando explica las materias profanas. Mediante lo que
hace en la escuela, sea de carácter religioso como profano, está formando al
hombre en su integridad.

[Link] maestro debe ser modelo de conducta para los niños, por tanto, debe esforzarse
por vivir como buen cristiano y, así, procurar alcanzar la santidad.

[Link] maestro debe amar tiernamente a cada uno de sus alumnos49

[Link] maestro ejerce su oficio como representante de Jesucristo, como enviado por la
Iglesia, como sustituto de los padres del niñoso

[Link] maestro ejerce su oficio de forma totalmente gratuita, desinteresada, y no podrá


recibir absolutamente nada de los niños ni de sus padressl

Estos principios y sus consecuencias, que impregnan toda la pedagogía de la Guía de


las Escuelas, no se encontrarán definidos de esa forma en ninguna página de esta obra,
pero están amplia y sistemáticamente expuestos y explicados en otra obra de La Salle,
titulada Meditaciones para el tiempo del Retiro. Se trata de dieciséis meditaciones sobre
el ministerio de la enseñanza, sobre las que los Hermanos tenían que reflexionar con
frecuencia, sobre todo en el retiro anual que practicaban durante las vacaciones
escolares. Varios de estos puntos se explicitan, además, en las Reglas Comunes de los
Hermanos. Si la Guía de las Escuelas no se enfoca desde estas Meditaciones y desde la
Regla, será imposible entenderla correctamente.

De acuerdo con estos principios, la Guía de las Escuelas fue tomando forma
paulatinamente. Se reguló la entrada y la salida de la escuela; el desayuno, que todos
hacían al mismo tiempo, para que los niños aprendieran a comer con educación, y para
que nadie se quedase sin desayunar, ya que se compartía lo propio con los compañeros
que no tenían nada. Se establecieron las lecciones y los órdenes de cada lección52.
Cuando los alumnos fueron numerosos, se publicaron a imprenta manuales de lectura,
entre ellos el libro de Reglas de Urbanidad y Cortesía Cristiana (Régles de la
bienséance), impreso en letra gótica, para que pudiera ser utilizado en el penúltimo nivel
de lectura53. Para la lección de escritura, también dividida por órdenes, según los
diversos tipos de escritura: normal o derecha, cursiva, bastardilla, gótica, etc., se
prepararon modelos de cuadernos, de líneas, de sentencias, etc., que los niños tenían que
reproducir en sus ejercicios. Para la lección de aritmética se confeccionaron grandes
carteles murales54

La lección de catecismo era habitualmente de media hora diaria, pero algunos días
duraba una hora y, los domingos y fiestas, hora y media. Para poder dar esta lección con

32
eficacia, La Salle compuso cinco catecismos55. El más sencillo y corto era el que tenían
que repasar mientras esperaban, antes de comenzar la clase de la mañana; se conocía
como Compendio menor. Había un catecismo para uso de los maestros, en el que se
señalaban las preguntas que había que explicar y aprender cada semana, y que eran la
materia común para todos; este catecismo es el titulado Deberes del Cristiano para con
Dios, por preguntas y respuestas, también conocido como «catecismo de las Escuelas
cristianas». Para los catecismos de días especiales, como los domingos y fiestas, se
utilizaba el libro titulado Del culto exterior y público, que trababa del culto, de los
sacramentos y de la liturgia. Para los catecismos complementarios que se daban dos
veces por semana, durante me dia hora, llamados sobre los principales misterios, se
disponía de un catecismo conocido como Compendio Mayor, de mediana extensión, que
al cabo del año los niños conocían casi de memoria. Finalmente, existía otro catecismo,
o tratado de la Doctrina Cristiana, de casi 500 páginas, titulado Deberes del cristiano
para con Dios, con texto seguido, que servía a los maestros para consultar y preparar la
materia semanal que tenían que explicar.

En las Escuelas Cristianas, cuya finalidad era educar cristianamente a los niños,
todos los ejercicios estaban impregnados de sentimientos religiosos56. Todos los días se
asistía a la misa, y si era posible, se rezaba al empezar y al terminar las clases, para ello
los alumnos disponían de un librito titulado Ejercicios de piedad que se hacen durante el
día en las Escuelas Cristianas57.

Finalmente, otro elemento clave en el contexto de la pedagogía de las Escuelas


Cristianas, era la disciplina que reinaba en la escuela durante todo el día. Eje de esa
disciplina era el silencio, tanto del maestro como de los alumnos. Sin el silencio,
difícilmente se podría mantener la disciplina. Las indicaciones las daba el maestro a
través de signos58.

«Elaboración de la Guía de las Escuelas»

De lo dicho anteriormente, se desprende que la Guía de las Escuelas Cristianas se


comenzó a elaborar casi desde los primeros momentos en que Juan Bautista de La Salle
puso en marcha sus escuelas y la formación de los maestros que las atendían. La
experiencia personal de cada uno de ellos, revisada y valorada en sucesivas reuniones,
llevó a poner por escrito todas las observaciones que hacían. De ahí surgieron diversos
borradores, que se fueron completando día tras días. Del análisis del manuscrito de 1706
se deduce que no fue la primera redacción, sino que tuvo que haber otras redacciones
anteriores.

Cuando todos concordaban con lo escrito, se comenzaba a aplicar en la escuela. Nos

33
ha llegado un manuscrito de 170659, que ciertamente no pudo ser uno de los primeros
borradores, sino que es ya un texto muy perfeccionado, y casi el mismo que conocemos
en la primera edición, de 1720, y que es la que ofrecemos en esta colección. En la
presentación de esta, se dice que en su redacción han participado los Hermanos más
expertos y en muchas sesiones de trabajo6o

Nuestra opinión es que la Guía se comenzó a elaborar hacia los años 1683 y 1684,
con las escuelas que funcionaban en Reims. En 1685 La Salle se hizo cargo de las
escuelas de provincias, y a ellas se extendieron las modificaciones introducidas en
Reims, y se siguieron revisando todas las propuestas. En 1688, cuando La Salle y dos
Hermanos comenzaron a trabajar en su primera escuela en París, tuvieron que esperar
varios meses antes de poder aplicar los métodos que ellos llevaban desde Reims. Cuando
pudieron aplicarlos, la escuela cambió por completo. Eso quiere decir que la Guía de las
Escuelas ya había recogido esos cambios pedagógicos, entre ellos la utilización del
método simultáneo y el aprendizaje de la lectura comenzando por el francés.

A medida que la Guía de las Escuelas tomaba forma, los maestros hacían copias
manuscritas que eran enviadas a las escuelas, para que todos la aplicasen con exactitud,
pues era, como se ha dicho, la Regla de la Escuela. El Director o el primer maestro era el
responsable de que todos las cumplieran. Cuando se introducía algún cambio, se
enviaban a las diversas escuelas copias del mismo, que se iban juntando a la copia
manuscrita. Es de suponer que entre 1688 y 1711, año en que Juan Bautista se trasladó al
sur de Francia, se hicieron varias copias manuscritas del primer texto y de todas sus
variantes, y que una copia de las diversas redacciones se conservaría en cada escuela o,
incluso, que algún maestro la copiase para uso personal.

Es justo atribuir esta obra a Juan Bautista de La Salle porque, aunque nacida del
trabajo común de todos los maestros, él fue el alma de la misma y, sobre todo, quien fue
redactando las diversas partes, hasta tener la forma definitiva. De todos modos en su
composición, como ya hemos señalado, participaron los maestros más experimentados.

Cuando en 1717 se celebró el Capítulo General que eligió al primer sucesor de La


Salle, los participantes, al final del mismo, pidieron al fundador que en los meses
siguientes revisase y diese la última redacción a las Reglas Comunes y a la Guía de las
Escuelas, y así lo hizo, de modo que conocemos perfectamente el texto de ambas obras,
tal como salió de su pluma.

En el texto que aparece en las Obras Completas61, se han recogido los dos textos, el
del manuscrito de 1706 y el de la edición príncipe, de 1720, y se han señalado las
diferencias entre ambos, mediante indicaciones claras, en su lugar, de lo que corresponde

34
a cada uno.

«El contenido de la Guía de las Escuelas»

La Guía de las Escuelas Cristianas consta de tres partes. La primera trata «de los
ejercicios que se hacen en las Escuelas Cristianas y del modo como deben realizarse»62;
es decir, las materias que se deben enseñar. La segunda parte, «de los medios de
establecer y mantener el orden en las escuelas»63, esto es, la organización escolar.
Finalmente, la tercera, de los «Deberes del Inspector de las Escuelas»64, o sea lo que el
Inspector debe cuidar que se cumpla o que se evite en todo lo que se realiza en la
escuela, con especial atención a los maestros que dependen de él.

De ordinario, en las copias manuscritas que se hacían solo se reproducían las dos
primeras partes, y la tercera se reservaba exclusivamente para los inspectores. Desde
luego no aparece en la copia manuscrita de 1706, pero sí se incluyó en la edición de
1720. La figura del Inspector no nació en el primer momento en que surgieron las
Escuelas Cristianas, sino que previamente se hablaba del Director de la Escuela, y luego
del Primer Maestro. Cuando en una ciudad solo había una escuela, compuesta de varias
clases, en cada una de estas había un maestro, y de ordinario la clase de los mayores
estaba a cargo del Director. Cuando había diversas escuelas, el director debía supervisar
y responder de todas ellas, pero al frente de cada una había una especie de delegado
suyo, llamado Primer Maestro, que no era designado por su antigüedad o su edad, sino
más bien por su competencia o experiencia. Debía cuidar del funcionamiento del
conjunto de la escuela en ausencia del Director. El cargo de Inspector apareció, tal vez,
en fecha posterior a 1706, impuesto por la multiplicación de las escuelas.

En la Primera parte, después de hablar de la entrada en la escuela65 y del


desayuno66, se pormenorizan todas las lecciones, que hoy equivale a las materias o
asignaturas: lectura, escritura, aritmética, oraciones, santa misa y catecismo. Las
lecciones (o materias) se dividen en órdenes67 (para nosotros serían niveles, aunque no
exactamente). Todas las lecciones y los órdenes se regulan minuciosamente.

La Segunda parte no es menos original que la primera, pero a lo largo del tiempo
tuvo probablemente más importancia para la organización escolar uniforme de todas las
escuelas, a medida que estas se multiplicaban. Los temas que trata son los siguientes: en
primer lugar, el modo como debe velar y vigilar el maestro sobre los alumnos en todo
momento68. En segundo lugar, algo sumamente original, los signos que tiene que
utilizar el maestro cuando enseña a los alumnos; el maestro debe hablar lo menos
posible, y para comunicarse debe servirse de signos de la mano, ojos, rostro, cabeza, etc.,
o golpecitos de sonido, dados por medio de un instrumento de madera, llamado señal

35
(familiarmente, chasca). Estos signos variaban según lo que se deseaba expresar, y todos
los alumnos debían comprenderlos, porque previamente se les explicaban69. En tercer
lugar explica los diversos registros o listas que debe llevar al día el maestro: registro de
ingresados y salidos en la escuela; registros para llevar cuenta del cambio de órdenes en
cada lección; registros de las cualidades y defectos de los alumnos; registros de los
puestos que ocupan los alumnos en la clase; y, finalmente, registro de los visitadores de
ausentes70. Los puntos cuarto y quinto regulan los premios y los castigos, también los
castigos corporales, admitidos en aquella época de manera generalizada, y establece
quién puede castigar y cómo, y las condicio nes que debe tener un castigo, tanto por
parte del maestro como por parte del alumno71. Los puntos sexto y séptimo trata de las
ausencias de los alumnos y de los asuetos, y cómo se establecen72. El octavo punto, muy
original, habla de los diversos oficios que pueden ejercer los alumnos en la escuela73.
En fin, habla de la uniformidad que debe haber en las todas las escuelas en cuanto al uso
de carteles murales, y de los muebles de las clases74.

En la Tercera parte, sobre los Deberes del Inspector de las Escuelas75, se examinan
minuciosamente todos los asuntos que quien ejerce ese cargo debe atender en la escuela,
como máximo responsable de su funcionamiento: la vigilancia y atención sobre maestros
y alumnos; admisión y expulsión de alumnos; distribución de los alumnos por lecciones
y órdenes; el cambio de los alumnos de lección y de orden; niveles que deben alcanzar
los alumnos para acceder al cambio; momentos del curso en que se deben realizar los
cambios, etc.

La Guía de las Escuelas se completa con dos breves cuadernillos que solo
aparecieron en algunas ediciones, pero que fueron utilizados en copias manuscritas. El
primero de ellos trata de las orientaciones para el Formador de los maestros noveles76,
que insiste, sobre todo, en las cualidades que el formador debe inculcar en el maestro
que aprende a dar clase. Los que se preparaban para maestros tenían un período de
prácticas junto a un maestro veterano, y con él aprendían a llevar una clase. Todos los
que realizaban prácticas estaban bajo la dirección de un formador, que evaluaba sus
progresos para ver si estaban capacitados o no para hacerse cargo de una clase. El
segundo cuadernillo es la Regla del maestro de internos77, con las indicaciones
adecuadas para dirigir bien un internado. Como en tiempo de La Salle solo hubo en el
Instituto una escuela con internado propiamente dicho, en la Casa de San Yon, de Ruán,
es lógico pensar que este directorio o regla fue redactado por alguno de los directores
que tuvo el citado internado.

La pedagogía de La Salle: tradición, innovación y aportaciones

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Tres son las grandes creaciones que Juan Bautista de La Salle llevó a cabo en su
vida, la primera fue la escuela cristiana; la segunda, la figura del nuevo maestro, el
Hermano de las Escuelas Cristianas; y la tercera, la formación del Instituto religioso que
se llamó Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Ya hemos señalado que la
pedagogía lasaliana no puede comprenderse en su plenitud sin sus principios teológicos
y la consagración al ministerio educativo de los Hermanos. No obstante, en la vertiente
más puramente pedagógica podemos señalar algunos rasgos que nos parecen pertinentes
para destacar las aportaciones pedagógicas de Juan Bautista de La Salle.

Partiendo de la lectura de un nutrido grupo de historiadores/as de la educación,


Hengemüle78 resalta una serie de aspectos pedagógicos presentes en la obra de La Salle,
y que se refieren tanto a cuestiones de currículo, disciplina, como de métodos de
enseñanza. Por su parte, Lauraire79 aborda de una manera minuciosa el contenido de la
Guía, destacando la «escuela lasaliana» como una institución innovadora a través del
control del espacio y tiempo, de orden, de la distribución de los programas o de la
unificación del material didáctico, todo ello orientado a que dicha escuela fuese un
«semillero de verdaderos cristianos». La pretensión de este objetivo final se fundamenta
en la educación del cuerpo, la preparación para un oficio y el aprendizaje de normas de
urbanidad. En un sentido más restrictivo, García Ahumada señala, con motivo del 350
aniversario, las aportaciones sobre todo al campo de la formación de los maestros80. En
estos pilares es donde podemos fundamentar las aportaciones de la pedagogía lasaliana.
Para sintetizar toda la complejidad de las aportaciones de La Salle a la Historia de la
Pedagogía, podemos destacar las siguientes: defensa del derecho a la educación;
generalización de la escuela popular, uso de la lengua materna, gratuidad, etc.;
innovación en el campo de las metodologías y didácticas en la enseñanza básica y de la
pedagogía; formación profesional del magisterio y fundador de una congregación
religiosa docente.

«Defensa del derecho a la educación»

Si bien es cierto que, desde la perspectiva histórica, no parece muy correcto hablar
del derecho a la educación en la época en que Juan Bautista de La Salle demandaba la
necesidad de extender la educación a los pobres, o de plantearse la creación de escuelas
populares, también tenemos que reconocer que esos planteamientos son el germen de lo
que a partir del siglo xix va a ser un pilar necesario para la formación de los sistemas
educativos. En aquella época la enseñanza no era una competencia del Estado, sino de
una multitud de agentes entre los que estaban las órdenes y congregaciones religiosas,
los ayuntamientos, las fundaciones privadas, los maestros particulares, los preceptores,
los calígrafos, etc., con objetivos pedagógicos diversos: cristianizar a la población, tanto

37
en la vertiente protestante como católica, ofrecer rudimentos del aprendizaje de la lectura
y la escritura, conformar las élites locales o eclesiásticas, formar en las profesiones a
través de los gremios, etc. Pero es que, además, la enseñanza no se consideraba como un
bien ni individual ni social, sino encaminada a una profesión determinada. La mayoría
de la población estaba excluida del aprendizaje de las más elementales nociones de
lectura, escritura o cuentas. Por lo tanto, al estudiar esta cuestión, la mayoría de los
historiadores e historiadoras de la educación coinciden en señalar que la generalización
de la enseñanza es un principio lasaliano innovador que, además, iba acompañado de
otro principio también novedoso: la enseñanza gratuita. La generalización de la
enseñanza suponía, cuando la contemplamos en esta perspectiva histórica, cierta
obligatoriedad, la gratuidad y una uniformidad, que en los métodos de enseñanza fueron
preocupación constante de los Hermanos de La Salle. De esta manera, también existe
una opinión positiva por parte de los historiadores de la educación al valorar estos
principios que, inevitablemente, conllevaban el atender a las clases populares y
responder a las necesidades educativas básicas. En este sentido, hay que entender,
también, la apuesta firme de La Salle para que esa enseñanza se hiciese en la lengua
materna, lo que supuso un cambio en el proceso de escolarización, facilitando el tránsito
a la escuela moderna.

Además de la promoción de las escuelas primarias, también La Salle contribuyó a la


creación de las escuelas dominicales, varios internados para la pequeña burguesía y
escuelas de formación profesional con materias como el dibujo, la contabilidad, la
agricultura o la mecánica, esbozando de esta forma las primeras escuelas técnico-
profesionales. Esta última aportación, en muchos casos, va a ser como una señal de
identidad por la cual van a ser requeridos en muchos lugares. Consecuentemente, y a
riesgo de cometer una ucronía, La Salle propició la extensión del derecho a la educación,
destacando su gratuidad, su uniformidad y, en cierta manera, la obligatoriedad, además
de centrar su labor en la formación del magisterio. Es cierto que el objetivo último es la
formación de buenos cristianos, pero no rechaza la enseñanza de materias profanas. La
historia de la escuela lasaliana confirma estos presupuestos pedagógicos que, no
obstante, deben contrastarse con los diferentes contextos sociales y educativos. El
objetivo educativo de la escuela cristiana no era simplemente transmitir conocimientos a
los niños, sino sobre todo, enseñarles a comportarse bien, haciendo de ellos verdaderos
hijos de Dios y de la Iglesia81.

«Innovaciones en las didácticas de la enseñanza básica y nueva cultura escolar»

La pedagogía lasaliana configura una determinada manera de entender la cultura


escolar, sobre todo a través de los cambios que se introdujeron en el aula. Así, por lo que

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respecta a las aportaciones al campo de la didáctica, el consenso entre los historiadores
de la educación es amplio. Las aportaciones de La Salle, y las posteriores aplicaciones,
muestran una forma de entender la cultura escolar a partir de la regulación, el orden, y
una determinada concepción del tiempo y del espacio escolar, a fin de favorecer el
proceso de enseñanza y aprendizaje. La introducción del sistema simultáneo, o la
graduación de la enseñanza en el aula, por ejemplo, nos parecen muy evidentes. Es decir,
impartir una clase simultáneamente al conjunto del alumnado, en oposición a la
dedicación individual a cada alumno o grupo de alumnos nos parece algo bien simple,
pero en su momento supuso introducir cierto orden en el aula, donde el silencio y la
capacidad de escucha tenían que desarrollarse.

También se requería cierta actitud corporal en los movimientos dentro del aula. Todo
ello ha sido visto por Foucault82 como una escuela que fabrica «cuerpos dóciles», dentro
de un conjunto de prácticas sociales que distinguen a la nueva sociedad disciplinaria que
surgiría a partir del siglo xvii. Es cierto que la crítica de este autor se enmarca en un
proceso más general, pero resultan muy pertinentes sus observaciones sobre la
fabricación de un cuerpo dócil, así como también las referencias a la función del
examen, el control de las actividades o la extensión de la disciplina. No obstante, en
aquella época este tipo de pedagogía podría ser visto como un adelanto y una muestra de
preocupación por la calidad y la eficacia en el aprendizaje. De hecho la preferencia por
este tipo de escuela así lo confirma. El criterio que prevalece es el dominio del tiempo,
del espacio y del cuerpo.

La contribución lasaliana a la organización educativa fue, sin duda, de la mayor


importancia para el futuro de la escuela. De forma que la escuela que tradicionalmente
hemos conocido, hasta prácticamente el siglo xx, podríamos decir que ha vivido de las
fuentes lasalianas, que las prácticas educativas están influenciadas clara o difusamente
por el «talento organizativo» de La Salle; imponiéndose un nuevo orden pedagógico. Sus
rastros son evidentes en la organización del espacio escolar, agrupando racionalmente a
los alumnos, organizando el tiempo escolar, fijando y graduando los contenidos
curriculares, definiendo criterios de promoción, profesionalizando el magisterio,
desarrollando métodos, escribiendo libros de texto y enriqueciendo la práctica de los
registros escolares. Toda esta muestra de aportaciones está claramente expresada en la
Guía de las Escuelas Cristianas. La apuesta por una organización de la enseñanza a partir
de la graduación de los alumnos o de la enseñanza simultánea es, por lo tanto, un
«invento» de La Salle, sin el cual no podríamos entender la evolución de la institución
escolar hacia una mayor homogeneidad y racionalidad del proceso de enseñanza-
aprendizaje.

39
La escuela dividida en clases graduadas (principiantes, medianos y avanzados)
supone el establecimiento de niveles de enseñanza, la aplicación de unos criterios de
clasificación y el empleo racional del tiempo y del espacio. Esta programación de la
enseñanza, por muy criticada que pueda haber sido, garantizaba una planificación
adecuada a los contenidos de la enseñanza, como se ha podido constatar históricamente.
El objetivo de esta pedagogía es la preocupación constante por proscribir la ociosidad y
la holgazanería. Se trata de ocupar a los niños en todo momento e imponer el orden. Este
modelo escolar contrastaba con las prácticas escolares comunes en el Antiguo Régimen.

El sistema simultáneo, cuyos antecedentes si queremos podríamos encontrarlos hasta


en la pedagogía socrática, en oposición al individual, comienza a practicarse desde el
siglo xvi, pero es gracias al impulso de La Salle y de los Hermanos como adquiere carta
de naturaleza y, a partir del siglo xvii, se va extendiendo desde Francia al resto de
Europa; siendo un antecedente a la graduación de las escuelas. Lo cual no quiere decir
que su extensión y reconocimiento fuese inmediato, como puede comprobarse cuando se
estudian las modalidades de enseñanza en el siglo xix donde coexisten diversos sistemas
(individual, mixto, mutuo, o simultáneo). No obstante, el éxito del sistema simultáneo se
irá confirmando, incluso en la legislación educativa. Emplear el método, sistema o
modalidad simultánea significaba clasificar a los niños conforme a sus capacidades, usar
un libro con los del mismo grado y seguir la lección con un solo maestro, de manera que
cuando el maestro corrige a un alumno está corrigiendo a todos. El caso, por ejemplo, de
la enseñanza de la lectura es claro. Mientras un alumno lee en voz alta el resto de los
alumnos debe hacerlo también, de forma que el maestro pueda corregir a todos
simultáneamente en caso de error o distracción, utilizando para ello la chasca o señal.

Esta concepción pedagógica conllevaba la aplicación de una cierta disciplina escolar


y un seguimiento de la actividad escolar y extraescolar. En primer lugar, la asistencia a
la escuela era el principio sobre el cual debía basarse el éxito escolar. Pero para que los
niños pudiesen asistir tenía que haber un compromiso, tanto por parte de los propios
niños, como de sus padres, que no siempre estaban dispuestos a esa regularidad. Una vez
conseguida la asiduidad a la escuela, el orden debía primar desde el primer momento,
tanto en la observación de cada uno de los niños, como en las actividades que debía
desarrollar en el aula. En este sentido, la elaboración de catálogos o registros sobre sus
características y evolución en el aprendizaje era una herramienta que facilitaba el
progreso que debía seguir cada alumno, así como el empleo de tal penalización o
recompensa. Pero este orden requería también la autoridad del maestro que, con la
adecuada distancia entre educador y educando, estuviese investido de una «paternidad
razonable», sin mostrar preferencias o familiaridad con los alumnos, ni golpearlos. La
disciplina debía imponerse con el decoro y seriedad necesarios, prefiriéndose las

40
«penitencias» (recargos de trabajo) y reconocimiento de la falta cometida a las
correcciones y el castigo, buscando siempre la proporcionalidad entre el desvío
observado y el grado de la sanción. Es cierto que en el imaginario colectivo de los
alumnos que han asistido a colegios religiosos permanece el recuerdo de una férrea
disciplina y de castigos, por otra parte habitual en la mayoría de las escuelas de la época,
pero al igual que la concepción que La Salle tenía de las clases sociales, «pensadas como
un orden querido por Dios»83, pertenecen a un tiempo ya pasado y difícil de reivindicar
por las nuevas generaciones.

Todo este orden escolar tenía un objetivo claro: hacer más eficaces los aprendizajes
de los que se encargaba la escuela. En este sentido, la mayoría de historiadores de la
educación señalan los tres pilares sobre los que debía pivotar el currículo escolar: la
formación cristiana, la enseñanza de la lectura y escritura y la enseñanza de la urbanidad.
Se trata del currículo clásico de la escuela del Antiguo Régimen, aunque enriquecido con
la urbanidad. La formación cristiana constituye un telón de fondo del universo educativo
de La Salle, pues de alguna manera puede considerarse heredera de la escuela de
catequesis. En una época donde la Iglesia dominaba el ámbito educativo, la escuela solo
podía tener una función de catequesis. No obstante, y a pesar de que a partir del siglo xix
varíen las funciones de la escuela, la formación religiosa todavía tendrá una presencia
muy importante en el ámbito escolar, tan to público como privado. De esta manera, el
calendario litúrgico estaba presente en la vida escolar; además de las oraciones, la
asistencia a misa, los cantos, o el aprendizaje del catecismo, pues este último transmite
todo lo que el cristiano debe saber, tanto con respecto a la doctrina, como a la práctica
religiosa.

La enseñanza de la lectura y la escritura debía de hacerse, como era práctica


extendida en el Antiguo Régimen, de una forma graduada. Es decir, primero se aprendía
a leer, durante unos tres años, y posteriormente se aprendía a escribir, durante otros dos,
y no antes de la edad de diez años. De esta forma se podía garantizar una alfabetización
completa. Lo que solía ocurrir en aquella época es que muchos niños y niñas
abandonaban la escolarización, habiendo adquirido únicamente rudimentos de lectura.
En estos aprendizajes se incluía también las cuentas y otros contenidos como ortografía,
redacción, gramática y dictado. Pero lo más novedoso de este procedimiento es que la
lectura se comenzase en la lengua materna, en lugar del latín, que de poco servía a
quienes no iban a continuar con los estudios, mientras que el francés les permitía cierta
autonomía y posibilidades de lectura del catecismo u otros libros religiosos. Ambos
aprendizajes se desarrollaban con un procedimiento muy preciso y siempre según los
grados de conocimiento de los alumnos.

41
Finalmente, la enseñanza de la urbanidad llegaba cuando los niños sabían leer en
francés y latín y pasaban a la escritura. El objetivo, siguiendo Las Reglas de cortesía y de
urbanidad cristiana para uso de las escuelas cristianas, escrito por La Salle, era socializar
a los niños en prácticas de modestia y de respeto para con el prójimo. Esta obra, al igual
que ocurrió con otras obras similares, comenzando por el famoso texto de Erasmo de
Rotterdam, De la urbanidad en las maneras de los niños, alcanzó un gran éxito y de ella
se hicieron muchas ediciones. Se trata de un tipo de literatura muy demandada en la
época, dentro del contexto de lo que Norbert Elias84 llamaba el proceso de civilización.
Es decir, la lectura de estas obras tenía como objetivo divulgar unas reglas de distinción
que permitiese ordenar las relaciones sociales y el gobierno de uno mismo. En el caso de
la obra de La Salle dirigida a las clases po pulares. A un lector actual le llamará la
atención la aceptación de la jerarquía social existente, por parte de La Salle, pero
tendremos que recordar que La Salle pertenecía a su tiempo y, por lo tanto, la
desigualdad social en el siglo xvii era una realidad teológicamente fundada.

Todo este conjunto de prácticas escolares configuran una determinada cultura escolar
con sus normas, sus contenidos de enseñanza, las conductas que deben aprenderse y
transmitirse, los comportamientos en el aula, las funciones del profesorado, etc.
orientados por un determinado objetivo de socialización en la educación cristiana. La
fuerza de esta cultura escolar se irá transmitiendo no solamente dentro de las escuelas
cristianas, sino que lograrían, debido a su eficacia, ser un modelo escolar para otros tipos
de escuela. De ahí que muchos historiadores de la educación detecten ciertas influencias
del modelo lasaliano en la escuela tradicional.

«La formación profesional del magisterio lasaliano»

La biografía de La Salle es un buen ejemplo de preocupación por resolver problemas


prácticos de la educación, como hemos visto. Entre esos problemas estaba sin duda el de
la formación que debían tener los maestros para llevar a cabo las reformas que pretendía,
y que acabaría ocupando un lugar central entre sus preocupaciones pedagógicas.
Tenemos que recordar que la formación de los maestros en este período histórico no
dependía de ninguna institución especial, llámese escuela normal o escuela de
magisterio, sino que los maestros aprendían su oficio de forma gremial. Es decir,
ayudaban a los maestros titulares, mientras aprendían el oficio y, una vez preparados,
podían presentarse a examen ante un tribunal que les concedía el título para el ejercicio
de la profesión.

La escuela de nuevo cuño que pretendía La Salle solo podía funcionar eficazmente si
contaba con maestros adecuados y formados. El método empleado por Juan Bautista de

42
La Salle para formar a estos maestros fue la autoevaluación sistemática. En el examen
sistemático del trabajo diario, bajo la dirección de La Salle, aquellos maestros, con poca
o ninguna formación, llegaron a descubrir que Dios era quien los llamaba a ejercer su
trabajo; y que este trabajo diario era un verdadero ministerio, dentro de la Iglesia, para
extender el reino de Dios, según entendía el propio La Salle.

El maestro, para poder transmitir a los niños la virtud, necesita vivir él mismo la fe
cristiana que profesa, y transmitir en sus enseñanzas a los niños el amor al bien y de vivir
conforme con los valores del evangelio. Por eso consiguió que sus maestros, a través de
su trabajo y ministerio, vivieran como personas consagradas a Dios, en comunidad ybajo
una Regla, constituyendo en aquel momento de la historia una nueva forma de vida
religiosa85. Sus miembros serían todos laicos, es decir, no recibirían el sacerdocio,
porque su ministerio no necesita la ordenación sacerdotal, sino que es propio de los
laicos; su trabajo es un ministerio laical.

Aquellos maestros, animados todos por el mismo espíritu de su grupo, el espíritu de


fe86, veían en sus alumnos a hijos de Dios, y se consideraban como sustitutos de los
padres para educar a sus hijos en el camino de la salvación87 y, al mismo tiempo,
imponían en la escuela una nueva metodología y un modo nuevo de relación de los
maestros y los niños, de los niños entre sí, y de ambos con los adultos, padres, tutores,
etc., que ostentaban el derecho y el deber de educar a los niños.

En los planteamientos de La Salle, ¿qué tipo de maestro era el que estaba buscando?
Los historiadores de la educación han encontrado una explicación acorde con el
pensamiento lasaliano: en primer lugar no podía ser un sacerdote, debía ser laico;
consciente de la misión que tenía que desarrollar, con una clara vocación hacia la
educación; ser un profesional íntegro y estable en su labor solidaria y con unas virtudes
que lo identificasen como un buen maestro. Entre esas virtudes, que deben ser físicas,
intelectuales y morales, se pueden señalar los siguientes: humildad, silencio, prudencia,
sabiduría, buen sentido, paciencia, moderación, dulzura, cordialidad, afabilidad, cortesía
o ejemplaridad. Sobre este tema, el Hermano Agathon88 llegó a publicar una obra donde
se recogen esas virtudes que deben caracterizar a los Hermanos. Acaso podemos
encontrar en estas palabras de La Salle un modelo de maestro completo: «si usáis con
ellos firmeza de padre para sacarlos y alejarlos del desorden, debéis sentir también por
ellos ternura de madre, para acogerlos, y procurarles todo el bien que esté en vuestra
mano»89. La formación de los maestros en la denominada escuela normal, noviciado
para maestros religiosos, o seminario de maestros estaba compuesta por contenidos
teóricos, preparación práctica y formación religiosa. Sobre estas tres bases debía
organizarse el curriculum formativo, no olvidando la necesaria continuidad del proceso

43
formativo que se requiere de los maestros.

«Fundación de una congregación religiosa docente»

El conjunto de aportaciones de La Salle menguaría su importancia si no tenemos


presente que su mayor contribución fue el haber creado una Congregación dedicada en
exclusiva a la educación de las clases populares. En esto coinciden la mayoría de
historiadores de la educación, pues esta obra posibilitaría el éxito y la continuidad de su
trabajo. La reconstrucción de la historia del Instituto parte de la memoria escrita en Ruán
en 1721, dos años después de la muerte de La Salle90, unido al compromiso en materia
de un voto sobre la dedicación a la educación, que ya se llevaba a cabo en vida del
Fundador, además de vivir en comunidad, estabilidad y obediencia91. Como señala
Alpago, el proceso fundacional de la congregación se abre con el encuentro de La Salle y
Niel en 1679 y se cierra con la edición impresa de las Reglas comunes en 1726, tras la
bula papal, titulada In Apostolicae Dignitatis Solio, que aprueba formalmente el
Instituto. En dicha Regla se dice que «los Hermanos del Instituto de las Escuelas
Cristianas harán votos perpetuos de castidad, pobreza, obediencia, de estabilidad en
dicho Instituto, y de enseñar gratuitamente».

Después de la muerte de La Salle, la Santa Sede aprobó el Instituto, pero impuso


como condición que sus miembros emitieran, además de sus votos propios, los que son
comunes para la vida religiosa. No era el modelo concebido por La Salle, pero ello no
supuso ninguna dificultad, ya que de hecho vivían como si hubieran emitido dichos
votos. Esta forma de vida religiosa ha sido adoptada posteriormente por centenares de
congregaciones, sobre todo entre aquellas dedicadas a la enseñanza92.

«La Guía de las Escuelas en el mundo de hoy»

Quien analice atentamente la Guía de las Escuelas tendrá que reconocer la


importancia de los cambios que introdujo en el campo de la enseñanza de su tiempo.
Para los Hermanos de las Escuelas Cristianas mantuvo su valor a lo largo de los siglos
xviii y xix, mientras la inmensa mayoría de las Escuelas Cristianas funcionaban en
Francia y en sus colonias. En aquellos momentos no era difícil acomodar la enseñanza a
las indicaciones de la Guía de las Escuelas. Las dificultades surgieron cuando al
comienzo del siglo xx las órdenes y congregaciones religiosas, a causa de las leyes
francesas contra la Iglesia, obligaron a la supresión de las mismas o al destierro de sus
miembros. La inmensa mayoría de los diez mil Hermanos franceses que existían en
aquel momento, salieron al destierro, pero llevaron las Escuelas Cristianas a naciones
que no las conocían.

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Se planteó entonces un problema serio: la adaptación de la Guía de las Escuelas a los
sistemas educativos de cada país. Problema arduo, debido a las múltiples circunstancias
diversas que se encontraban en cada lugar: cultura, costumbres, necesidades educativas
excesivamente variadas, leyes sobre la educación, exigencias estatales, etc. El resultado
fue que era sumamente difícil acomodar la Guía a cada caso concreto. Sin embargo, los
principios fundamentales no perdían vigencia, y en cada país se estableció una
aplicación práctica de la Guía, que a pesar de las diferencias, dejaba traslucir un estilo
muy especial de educar.

Cuando en España se propuso la tarea de elaborar una Guía adecuada a los tiempos
actuales y a las necesidades de la educación, se llegó a formular un documento titulado
Carácter propio de las Escuelas Cristianas93, que diseñan las líneas esenciales de la
educación en todos los centros atendidos por los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Lo que constituye el meollo de la Guía de las Escuelas son los valores sobre los que
asientan todos los cambios que se introdujeron en la escuela del siglo xvii. Los métodos
de enseñanza han cambiado con el tiempo, pero estos valores, asentados en el
cristianismo, mantienen su actualidad y pueden seguir animando todas las
modificaciones que se puedan incorporar en el ámbito de la educación, según señalan los
defensores de una formación cristiana en la educación. Esos valores son lo
verdaderamente perenne de este libro relevante en la Historia de la Pedagogía.

II. LAS ESCUELAS DE LA SALLE EN ESPAÑA

Expansión de los Hermanos en el mundo hasta 1904

La expansión de la Congregación, después de la muerte de Juan Bautista de La Salle,


fue continua, creando 68 fundaciones hasta 1750, con casas en Roma, Ferrara y Suiza.
Entre esta última fecha y 1777 se crearon 25 fundaciones más. El proceso de creación de
centros seguía el mismo modelo: 1) responder a las peticiones que se les hacen por parte
de ayuntamientos, personas particulares, curas párrocos u otros agentes; 2) disponer de
Hermanos adecuados para crear comunidades que puedan hacerse cargo de la docencia
en las escuelas y obtener la satisfacción mínima en cuanto a las condiciones de las
escuelas y 3) el pago a los Hermanos del encargo docente. El servicio profesional que
ofrecen los Hermanos también es el mismo: escuelas gratuitas, existencia de un mínimo
de dos clases y aplicación de programas y métodos propios del Instituto, según las
Reglas y la Guía de las Escuelas. Este marco de relaciones lograría extender, de alguna
manera, la escolarización primaria, sobre todo, en Francia.

No obstante, la Revolución Francesa sorprendió a 700 Hermanos que sufrirían


persecución, después de que la Asamblea Legislativa en 1792 suprimiese todas las

45
Congregaciones religiosas. La reconstrucción en Francia no se iniciará hasta 1802,
estableciendo su sede en Lyon en 1803. El posicionamiento político de los Hermanos en
este período era de franca defensa de los valores del Antiguo Régimen, intentando con
esta actitud paliar la descristianización provocada por la Revolución Francesa, abogando
por el carácter cristiano de la escuela. En muchos casos esta actitud los excluía de
atender las escuelas municipales94. Sin embargo, continuarán siendo requeridos para
regentar escuelas públicas y privadas en Francia, reconstruyendo toda una red escolar,
además de la creación de escuelas normales, pensionados, aspirantados, noviciados e
incluso el establecimiento de los diversos distritos del Instituto fuera de Francia. Hacia
1863 el Instituto ya se encuentra establecido en 19 países: Turquía, Estados Unidos,
Egipto, Alemania, Malasia, Argelia, Reino Unido, Túnez, Grecia, Austria, Islas
Mauricio, Indostán, Rumania, Birmania, Ecuador, Madagascar, Vietnam, Ceilán y
Mónaco. Posteriormente se establecerá en Hong-Kong, Chile y España. A partir de esta
fecha el Instituto lasaliano no hará más que crecer y extenderse por todo el mundo95
Expansión que se verá beneficiada por la expulsión de Francia entre 1904 y 1914.

En 1873, antes de la reforma educativa de Jules Ferry de 188096, la congregación de


los Hermanos de las Escuelas Cristianas atendía 1040 escuelas públicas y 535 libres en
Francia, con un volumen de 317.880 alumnos97. Asimismo era importante el número de
alumnos que asistían a sus escuelas en Italia, Bélgica, Canadá y Estados Unidos. La
reforma de Ferry reafirmó la política laicista, iniciada a comienzos del siglo xix, y
significó la búsqueda de un nuevo cobijo para muchas órdenes y congregaciones
religiosas dedicadas a la enseñanza que vieron amenazada su continuidad ante los
requisitos legales. De cualquier manera las relaciones entre el Estado francés y la Santa
Sede continuaron hasta 1905, fecha en que definitivamente se produce la separación del
Estado y la Iglesia. Por lo tanto, entre 1880, fecha del primer exilio-refugio, y 1904,
fecha del segundo, los institutos religiosos dedicados a la enseñanza hubieron de buscar
cobijo en otros países menos exigentes con su instalación, iniciando así una expansión
inesperada para muchas órdenes y congregaciones religiosas, que ampliaron su
apostolado sobre todo a países de América Latina, al Lejano Oriente o países
pertenecientes al Islam.

Este contexto es el que explica la paulatina llegada de La Salle a España, si bien la


fecha oficial de su instalación se produjo dos años antes a las leyes de Ferry de 1880.
Como tantas veces se ha puesto de manifiesto en la historiografía de La Salle, el
establecimiento de los Hermanos en España obedece al empeño personal del Hermano
Irlide, quien después de crear el «Pensionnat St-Bernard» de Bayona (Francia), en 1859,
y de asumir la función de Superior General en 1875, se planteó que este pensionado,
cerca de la frontera franco-española, podía ser la puerta que preparase la entrada del

46
Instituto en España. Como se señala en su biografía: «Bayona está a la puerta de España.
El ferrocarril que llegará a Madrid nos traerá nuevos alumnos, que ya nos buscan con
interés. El internado San Bernardo dará a conocer nuestro Instituto en España; y esta
pudiera ser la ocasión para que se nos llamara. Se cultivará con mucho cuidado la lengua
española, y así estaremos preparados para oír el primer llamamiento que se nos haga»98.
No obstante, no será hasta pasados veinte años cuando los Hermanos se trasladasen a
Madrid, en 1878, con el objetivo de crear la primera escuela lasaliana, en este caso una
escuela para huérfanos. El mismo Hermano Irlide, para esa fecha ya Superior del
Instituto, acompañó hasta la estación de San Sebastián a los cuatro Hermanos que iban
rumbo a Madrid. Para cuando esto ocurre ya existían 45 Hermanos españoles que habían
seguido su formación en diversos noviciados fuera de España.

Entre 1878 y 1904 la implantación del instituto en España será progresiva. La


creación de escuelas y otros centros se hará de forma pausada y dispersa por la geografía
española. Durante ese período se crearon 53 centros escolares, la mayoría de ellos eran
de enseñanza primaria y profesional. Estas escuelas tuvieron una larga duración, pues
casi un 80 por 100 permanecieron abiertas hasta 193699. De los centros creados en esta
etapa todavía permanecen abiertos algunos de enorme prestigio social y de amplio
reconocimiento social. Es el caso del Colegio del Sagrado Corazón de Jerez de la
Frontera (Cádiz), creado en 1882, el Colegio de Nuestra Señora de Lourdes, de
Valladolid, creado en 1884 y que en 2009 celebró su 125 aniversariol0o La Salle
Bonanova de Barcelona, creado en 1889101 o el Colegio de Nuestra Señora de las
Maravillas de Madrid, que inició su singladura en 1892, pero que tras el incendio
provocado de 1931, sufrirá una interrupción de dos años, volviendo a su refundación en
1933102. El estudio detenido de estos centros muestra una evolución parecida en cuanto
a la procedencia noble de sus agentes promotores, la oferta educativa o el tipo de
profesorado, así como una adecuación permanente a la legislación vigente y a las
necesidades sociales demandadas. En estos casos, debido a la envergadura de los propios
centros, no son la muestra más significativa de atención escolar a los alumnos de las
clases populares, pues se trataba de colegios de pago que, además, mantienen escuelas
gratuitas para niños pobres.

Desde la perspectiva organizativa del propio instituto, en 1892 desapareció el


Distrito de España y se crearon dos distritos: el de Madrid, formado por 18 escuelas y 4
colegios, y el de Barcelona, con 8 escuelas y 3 colegios. Con el transcurso de los años se
irán creando nuevos distritos como el de Valladolid (1923), el de Bilbao (1940), etc.
llegando en la actualidad a tener siete distritos: Andalucía, Bilbao, Catalunya, Madrid,
Valencia-Palma y Valladolid con un total de 100 centros escolares, repartidos más o
menos homogéneamente por toda la geografía española, suponiendo el segundo instituto

47
religioso con mayor número de centros y alumnado, en el siglo xx.

Política laicista francesa y exilio religioso, 1904-1936

Desde la perspectiva histórica, el momento más doloroso para la historia de las


congregaciones religiosas francesas fue el período de 1901 a 1914, con la progresiva
expulsión del país de órdenes y congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza.
Consecuencia de esta política muchos de estos institutos tomaron el camino del exilio,
entre ellas, la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que fue la más
afectada, pues no en vano era la que tenía mayor número de religiosos dedicados a la
enseñanza en ese país.

La legislación francesa desde 1901, con la ley de asociaciones del gobierno de


Waldeck-Rousseau, hasta la ley de 7 de julio de 1904 con el gobierno de Combes y los
decretos posteriores que la desarrollaron, concluirán con la separación de la Iglesia y el
Estado y con la ruptura de relaciones de Francia con la Santa Sede en 1905103 De esta
manera se daba por finalizado el proceso de laicidad que arrancó con la Revolución
Francesa. Para muchos historiadores, una de las causas de todo este fenómeno habría que
buscarla en el impacto que causó el affaire Dreyfus y la división de Francia en una
tradicional, clerical y conservadora, frente a otra Francia republicana, progresista y laica.
Las elecciones de 1902, que darían la victoria a Combes, dirimieron a favor del laicismo
esta división. El punto clave de todo ello era la prohibición a las congregaciones de
participar en todo tipo de enseñanza, su disolución y el cierre de sus establecimientos;
además de la liquidación de todos sus bienes. Entre 1904 y 1911 se cerraron 1843
escuelas y se abrieron 272 expedientes legales por incumplimiento de la ley104 En
definitiva, lo que estaba en juego en la III República, no era su lucha
anticongregacionista, sino la defensa del espíritu republicano cuyo medio de difusión era
la escuela.

En términos cuantitativos no existe una valoración global de este exilio, pues nadie
lo ha intentado, pero «en 1901 Francia contaba, en su territorio metropolitano, en torno a
128.000 religiosas (casi 130.000 contando Argelia) y unos 40.000 religiosos. [...]
¿Cuántos partieron? La Croix calculó unas 60.000 salidas (una proporción del 80 por
100)... Se puede pensar que la cifra real se situó en torno a los 30.000, que representan
algo menos de un religioso por cada cinco»los Este exilio, refugio, diáspora, cobijo, o
como queramos denominarlo, porque de hecho no hubo ninguna expulsión personal,
tuvo preferentemente cuatro países de destino: Bélgica, Suiza, Italia y España, que
recibió en torno a 3.000 religiosos'°6 De todo el conjunto, unos 4.000 eran lasalianos,
2.100 jesuitas y 700 maristas, por indicar los contingentes más numerosos que, además,

48
eran los que tenían una mayor presencia en Francia.

«El exilio religioso en España»

Por lo que respecta al caso español, tenemos que considerar previamente la presencia
de las congregaciones religiosas y de sus escuelas en estos años, aunque los datos no son
siempre coincidentes. Insistimos en estas cuestiones para entender dos procesos: la
implantación de estos institutos religiosos en España y el paulatino proceso de
hispanización que van a ir experimentando a lo largo del primer tercio del siglo xx. Así,
las estadísticas de 1902 se refieren a unos 10.000 religiosos varones repartidos en 533
casas de las que 201 se dedicaban a la enseñanza y de 40.000 religiosas con 2.699 casas
de las que 932 se destinaban a la enseñanza. En 1923 son 1.729 religiosos pertenecientes
a 50 órdenes y congregaciones, distribuidos en 896 comunidades, de las que 507 estaban
dedicadas a la enseñanza, y de 54.605 religiosas pertenecientes a 163 órdenes y
congregaciones, repartidas en 3.594 comunidades, de las que 1.263 se ocupaban de la
enseñanza. En 1923, las provincias con mayor número de religiosos por 10.000
habitantes eran, por este orden, Guipúzcoa, Álava, Navarra, Baleares, Burgos, Madrid,
Vizcaya, Gerona, Valladolid y Palencia, y las de menor número, también por orden de
mayor a menor, Lugo, Albacete, Huelva y Orense107

Por otra parte, Lannon108 nos ofrece datos complementarios, indicando que, en
1904, las congregaciones religiosas comprendían aproximadamente 11.000 hombres y
más de 40.000 mujeres. En 1930 las cifras totales habían alcanzado 20.000 y más de
60.000 respectivamente. Durante la Restauración, las religiosas se multiplicaron por tres
y los religiosos por diez, desde su reducido y poco prometedor punto de partida. Hasta la
crisis de finales de los años 60 (siglo xx) las órdenes afirmaban tener en sus filas unos
34.000 varones - de los que unos 10.000 eran sacerdotes- y 85.000 mujeres.

Todos estos datos relativos al número de religiosos dedicados a la enseñanza, deben


distribuirse entre la enseñanza primaria, secundaria y profesional, pues la presencia de
las congregaciones también se distribuía por niveles. A la luz de los datos que se
manejaban en la época, existía un hecho evidente: la supremacía de los colegios privados
religiosos, que mayoritariamente se dedicaba a la secundaria, frente a los institutos
oficiales, un 80 por 100 de estos centros estaba en manos de las congregaciones
religiosas. Según los datos oficiales del curso 1909-1910, los institutos existentes en
España ascienden a 58, cuando los colegios incorporados eran 263, mientras que los
alumnos eran 11.890 en los institutos, en la enseñanza no oficial colegiada eran 9.035 y
los de enseñanza no oficial libre 13.081109. Al margen de estas cuestiones cuantitativas,
este segundo exilio-refugio se produjo en un contexto claramente laicista en Francia y

49
también en España, donde ya se habían desarrollado ciertas posturas anticlericales. Una
novedad de este exilio fue la llegada masiva de comunidades femeninas, 168 frente a las
161 masculinas.

En cualquier caso, no a todas las congregaciones les afectó de la misma manera los
decretos relativos al cierre de escuelas. Revisando los datos aportados por Delaunay'10
relativo a las órdenes y congregaciones llegadas en ese período, a los años y lugares de
establecimiento, al tipo de actividad, y al número de personas afectadas, se puede
comprobar fácilmente que en el campo de la enseñanza la congregación, tanto entre las
masculinas como las femeninas, con mayor número de religiosos exiliados fue la de los
Hermanos de las Escuelas Cristianas, que en el período comprendido entre 1903-1914
registra un exilio de casi 600 personas, representando casi un 20 por 100 de los
religiosos y religiosas exiliados. No hay que interpretar estos datos en el sentido de una
especial persecución de los Hermanos de La Salle, sino más bien constatar que se tratada
de una congregación con una fuerte implantación en el territorio francés.

«País Vasco y Cataluña polos de atracción del exilio religioso»

Con respecto a su distribución geográfica, y al contrario de lo ocurrido en 1880, no


hubo por parte del gobierno español prohibición de instalarse en las provincias
fronterizas, lo cual favoreció el que la mayoría de órdenes y congregaciones religiosas
eligieran, sobre todo, las provincias de Gipuzkoa, Girona y Barcelona que, por lo demás,
estaban muy bien comunicadas con sus respectivas fronteras francesas, al tener acceso a
las líneas férreas. Casi podríamos afirmar que la mayoría de las congregaciones optaron
por situarse en las poblaciones que tenían estación de ferrocarril, para favorecer cierta
movilidad por parte del profesorado e incluso para las visitas de inspección interna y,
también, porque eran poblaciones con mayores posibilidades de captación de clientela.
En el caso de Gipuzkoa y Girona puede constatarse este fenómeno. Así el tramo de
ferrocarril comprendido entre la ciudad fronteriza de Irún y Zumárraga, además de la
carretera costera desde aquella ciudad hasta San Sebastián, tiene un alto índice de
concentración de congregaciones religiosas que, además, coincide con poblaciones que
van registrando un aumento demográfico debido a la [Link]ón111 En este
sentido,

los lugares de refugio respondieron a criterios bien precisos: País Vasco (41 %)
y Cataluña (35 %) contaron con el mayor número de asentamientos: más de las
tres cuartas partes, de las cuales casi una cuarta parte en Gipuzkoa, la más
pequeña de las provincias españolas. San Sebastián y sus alrededores se
cubrieron de residencias francesas. De las 49 provincias, 29 fueron afectadas
por la migración"'

50
«El retorno de los Hermanos franceses a Francia»

El comienzo de la Primera Guerra Mundial es la clave del regreso de las


congregaciones religiosas a Francia. Muchos de los religiosos refugiados atravesaron la
frontera francesa, sobre todo los que estaban en las provincias fronterizas y se produjo
un cierre de comunidades, debido a la incorporación a filas de sus miembros. Algunos de
los combatientes serán heridos o incluso morirán en el frente. También a un número
importante de religiosos se les reconoció con honores militares, desde medallas
militares, cruces de honor o la legión de honor. Entre los religiosos más homenajeados
nos encontramos a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que fueron los que más se
movilizaron, pero también donde se registraron mayor número de muertos y heridos113

No obstante, la vuelta a Francia no se produjo de manera inmediata, sino que fue un


proceso dilatado en el tiempo y que ocupó los años comprendidos entre las dos guerras
mundiales. Así, en los primeros diez años, el retorno correspondió mayoritariamente a
las comunidades femeninas. A partir de 1923 y hasta 1930 el ritmo de retorno fue más
moderado y correspondió a la vuelta de comunidades masculinas, mientras que a partir
de 1931 y hasta 1939, se recrudecen las salidas, debido a los acontecimientos que
estaban ocurriendo en España: es decir, la Segunda República y la Guerra Civil"' El
último gobierno de la III República francesa permitió en 1940 el retorno de todas las
comunidades, dando por finalizado el exilio.

Como consecuencia de la Guerra Civil española fueron muchas las congregaciones


que cerraron sus comunidades y, por lo tanto, las escuelas y colegios que tenían abiertos.
Los Hermanos de las Escuelas Cristianas cerraron alrededor de 60 centros escolares en
1936, en general en la zona republicana. Unos 25 de estos centros fueron creados con
anterioridad a 1904, el resto fueron creaciones de 1904 a 1910115 Así, de los 79 centros
creados por los lasalianos en ese período, 12 seguían abiertos en 1936, 31 habían cerrado
con anterioridad a 1936 (6 cerraron en 1933 y 30 en 1936). Por lo tanto, un 45,6 por 100
de centros abiertos desde 1904 hasta 1910 cerraron con ocasión de la Guerra Civil, un
39,3 por 100 lo hicieron antes de esa fecha, en particular en fechas cercanas a 1914 y, tan
solo, un 15,1 por 100 continuaron abiertos a partir de 1936116 También hay que tener en
cuenta que algunos centros volvieron a abrir sus puertas una vez finalizada la Guerra
Civil española. Es el caso del Colegio La Salle de Bonanova, el de las Corts o de Horta,
en la ciudad de Barcelona, o en la misma provincia, los centros de Manresa, Manlleu,
Gironella, Montcada, Premiá de Mar, entre otros. Casos similares podemos encontrar en
Madrid, Gerona, Asturias o Tarragona.

El caso de Gerona es claramente un caso de refugio de los lasalianos, pues la

51
mayoría de los centros creados a partir de 1904 cerraron antes de 1936, en concreto 12
de un total de 21 centros creados en los dos primeros decenios del siglo xx. Con la
finalización de la Guerra, en 1939, se abrirán 30 centros, la mayoría de ellos tras el cierre
obligado desde el inicio de la misma. Las causas de estos cierres, no se debía, por
supuesto, a ningún retorno a Francia, pues para estas fechas la mayoría de las
comunidades estaban plenamente hispanizadas y contaban con religiosos de procedencia
española, pero sí fueron momentos en los que muchas comunidades tuvieron que
secularizarse, aunque falsamente, debido a la ley en contra de las congregaciones
dedicadas a la enseñanza, así como inscribir a los colegios en una empresa privada. La
ley de congregaciones de 1933 estuvo poco tiempo en vigor debido a la victoria de las
derechas en las elecciones de 1934. Pero, sobre todo, el cierre se debía a la situación de
guerra, a la movilización de muchos religiosos, o al traslado a zonas conquistadas por las
tropas franquistas, que daba más seguridad a los religiosos.

«Proceso de "hispanización" de La Salle»

El proceso vivido durante este exilio en España por parte de los Hermanos franceses
no nos puede hacer olvidar que durante ese período se produjo otro fenómeno del mayor
interés: el surgimiento de vocaciones orientadas a La Salle. La formación recibida por
los Hermanos de procedencia española los irá capacitando para que pudieran ser el
relevo a la marcha de los Hermanos franceses. Este proceso ejemplifica, en cierta
manera, muchas de las características de las congregaciones francesas y su impacto en la
educación española, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. Para
mostrar este proceso nos centraremos en el caso de Gipuzkoa, pues resulta
paradigmático

El influjo de los lasalianos en España fue muy notable, al igual que en los otros
países fronterizos con Francia'17, y todavía a finales de 1913 la mayoría de comunidades
existentes, estaban formadas por Hermanos franceses expatriados tras la expulsión. En el
caso del distrito de San Sebastián, en ese momento, sabemos que de 120 Hermanos, 89
eran franceses, 29 españoles y 2 de otras nacionalidades, aunque se aprecia un mayor
porcentaje de lasalianos del País Vasco, lo mismo ocurre en el resto de distritos, con una
presencia mayoritaria de Hermanos franceses, excepto en los de Madrid y Barcelonalla

Nos parece pertinente matizar el proceso por el cual se establecieron los Hermanos
franceses en Gipuzkoa y el asentamiento de comunidades de Hermanos cuya
procedencia geográfica era mayoritariamente guipuzcoana. No se trata de querer resaltar
este elemento arbitrariamente, sino de constatar una evidencia histórica, en la que se
aprecia el paulatino establecimiento de comunidades con la presencia de Hermanos

52
guipuzcoanos. Como señaló Martín Lasall9 la aportación de los lasalianos franceses es
central para entender su implantación en Gipuzkoa, tanto por la apertura de tantas
comunidades como por la influencia y aceptación de sus métodos pedagógicos. Estamos
hablando de un contingente de 263 lasalianos franceses, de un total de 641, que
ejercieron su apostolado entre 1904 y 1930.

Al comienzo del período que estamos estudiando es evidente que tenía que ser de esa
manera, pero ya a partir de 1914 la presencia de Hermanos guipuzcoanos es mayoritaria,
debido a la existencia del Noviciado en Irún desde 1909. A nuestro entender este proceso
es capital, pues nos permite comprender la dinámica interna de la propia Congregación,
el surgimiento de vocaciones y la creación de comunidades y, también, la adaptación a
las necesidades sociales y educativas de la provincia de Gipuzkoa. Existe un hecho que
marca, en la historia de La Salle en Gipuzkoa, el take off de los lasalianos «españoles»
con respecto a los «franceses» y es cuando se decide la venta del Internado de San
Bernardo en 1928. En ese momento se habla de la «rebelión de los españoles» nada
proclives a que desapareciera un centro de tanto prestigio, como era el San Bernardo.
Pero lo cierto es que el edificio fue una compra de los franceses y ahora estos
necesitaban el dinero de su venta para poder construir otro nuevo en Bayona. Como
resalta el Hermano Visitador existían dos mentalidades, la de los franceses que habían
disfrutado de un exilio tranquilo, pero que eran perso nas mayores, y la de los jóvenes
formados en el noviciado de Irún, procedentes de la provincia de Gipuzkoa la mayoria
de ellos y que querían disfrutar de una mayor autonomía. Un caso que ilustra esta
situación es el centro de Azkoitia que solo a partir de 1929 comienzan a incorporar los
primeros Hermanos nacidos en el resto del Estado: Zamora, Burgos, León, hasta un total
de siete120. Es decir, se trata de una comunidad autóctona vasca desde 1904 hasta 1929.
Asimismo, la mayoría de los Hermanos son de edad muy joven, en algunos casos apenas
superan los dieciocho años, lo cual nos indica que son Hermanos de vocación muy
temprana.

Este fenómeno reafirma el proceso de cambio que se está viviendo en las


comunidades instaladas en España. De manera significativa, y entre la gente de los
pueblos donde estaban instalados, aquellos «frailes» conocidos como «franceses»
pasarán a denominarse, en el caso vasco, «baba zuriak» (los baberos blancos) para
referirse al rabat que distinguía a los lasalianos en su vestimenta, o más adecuadamente
«anaiak» (hermanos, en euskara). Estas claves de renovación de los lasalianos con la
incorporación de vocaciones nacidas aquí, puede interpretarse como el inicio de un
fenómeno de «hispanización», para referirse a un proceso de paulatino reclutamiento
vocacional que desembocará en un determinado grado de autonomía con la creación de
distritos propios y una dependencia más directa con las respectivas casas generalicias y

53
de mayor vinculación con el resto de órdenes y congregaciones religiosas instaladas en
España. No hemos estudiado los casos de otros distritos, pero es posible que este
fenómeno sea general, con las excepciones ya mencionadas de Madrid y Barcelona.

Por lo tanto, a la vista del caso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, pero
también de los marianistas y de otras órdenes y congregaciones religiosas, que crearon
sus noviciados en España de forma inmediata tras su llegada, cabe afirmar que durante la
década de los años 20 del siglo xx, se produce un fenómeno de paulatina incorporación
de vocaciones procedentes de España, que será un elemento fundamental para producir
un recambio generacional en las congregaciones y un proceso de progresiva
hispanización. A partir de esa fecha, y sobre todo durante el franquis mo, esa situación se
estabilizará y, con la renovación que supuso el Concilio Vaticano II, las órdenes y
congregaciones conseguirían cierta autonomía de sus propias casas generalicias, la
mayoría con sede en Roma. Autonomía que es compatible con el mayor grado de
universalización, al extenderse muchos de esos institutos religiosos por otros lugares del
mundo y quedar la dirección de los mismos en personas no necesariamente de
nacionalidad francesa.

Evolución de los centros educativos de La Salle en España

Para entender el nivel de implantación de las escuelas y colegios de La Salle en


España, podemos avanzar algunos datos desde su llegada a España en 1878 hasta la
actualidad. En este sentido, ya hemos indicado que la acogida de los Hermanos de La
Salle en España, tras la expulsión de Francia supuso una etapa de crecimiento
inesperado, que se inicia en 1904 y que se mantendrá hasta 1914. Así, en 1904, existían
en España 47 comunidades (conjunto de Hermanos dedicados mayoritariamente a la
docencia), formada por 381 Hermanos y que atendían a unos 12.763 alumnos. Esta
situación se debe al paulatino asentamiento de La Salle desde 1878 hasta esa fecha. Por
lo tanto, se trata de una evolución lenta que, sobre todo en el último decenio del siglo
xix, se va incrementando debido a la presión laicista que están recibiendo las órdenes y
congregaciones religiosas en Francia. Este asentamiento, más o menos pausado, se
distribuye por toda la geografía española, donde se aprecia la creación de importantes
centros educativos, como ya hemos indicadol2l

Diez anos mas tarde la situación ha cambiado sustanciadamente, pues en 1913 son ya
132 comunidades, con 1.245 Hermanos que atienden a 26.026 alumnos. Es decir, se ha
duplicado el número de alumnos y casi se ha triplicado el número de comunidades, con
lo cual se aprecia claramente la buena acogida que recibió La Salle en tan corto período
de tiempo, a pesar de la situación política de esa época en España. Durante este período,

54
la composición de estas comunidades era mayoritariamente de Hermanos franceses,
aunque ya comienza a apreciarse la incorporación de Hermanos españoles a los
diferentes distritos creados, debido al reclutamiento y formación de vocaciones de
Hermanos que se va produciendo en los distintos noviciados existentes. Por lo tanto, se
trata de un proceso de «hispanización» de las comunidades que va a tener repercusiones
evidentes en la posterior evolución y asentamiento de La Salle en España. Cuando,
debido a la Primera Guerra Mundial, muchos Hermanos franceses se incorporen a filas,
serán los Hermanos de procedencia española los que se hagan cargo de los diferentes
centros escolares y de las responsabilidades de la Congregación, con los nombramientos
de Hermanos Visitadores de procedencia española. Esta situación, después de la marcha
de los Hermanos franceses, supuso una cierta estabilidad durante 1918 y 1938, aunque
en los años de la Guerra Civil baja sustancialmente el número de comunidades, de
Hermanos y de alumnos.

En los primeros años del franquismo se mantendrá esta misma situación hasta 1947,
fecha en que comienza un lento crecimiento hasta 1967. Así, si en 1947 eran 142
comunidades (10 más de las existentes en 1930) las que atendían a 39.143 alumnos. En
cambio en 1967 serán 200 comunidades con 78.315 alumnos. Esta situación irá variando
a la baja a partir de esa fecha, de manera que en 1977 son 181 las comunidades
existentes. La explicación de este decrecimiento se debe a dos fenómenos coincidentes
en el tiempo: por una parte, las consecuencias de la reforma educativa propiciada por la
Ley General de Educación de 1970; y por otra, el descenso de vocaciones religiosas y el
impacto del Concilio Vaticano II en las órdenes y congregaciones religiosas, que
provocó una reorientación del apostolado. Muchos de los centros existentes fueron
desapareciendo debido a la imposibilidad de acomodarse a las exigencias legislativas,
con lo cual se afianzan aquellos que tienen una mayor tradición o que sus capacidades
son mayores para afrontar los cambios que afectaban a la profesionalización del
profesorado, o la incorporación de niñas en sus centros. Asimismo, irá cambiando el
perfil del profesorado, con la incorporación de profesorado seglar masculino y femenino,
y el descenso de Hermanos dedicados a la docencia.

A partir de la década de los 80 del siglo xx se irá prefigurando la situación actual:


una cierta estabilidad de centros que han per manecido durante estas últimas décadas, un
éxito del alumnado tanto de niños como de niñas y un modelo de profesorado donde
predomina el profesorado seglar femenino y masculino sobre la presencia de los
Hermanos. Así, en 1977 existían 112 centros escolares, dedicados a diversos niveles de
la enseñanza, cuyas fechas de creación figuran en siguiente tabla.

TABLA 1.-Centro de La Salle existentes en 1977

55
Fuente: Elaboración propia, a partir de los datos aportados por S. Gallego122.

Por lo tanto, tan solo un tercio de esos centros fueron creados antes de finalizar la
Guerra Civil. Consecuentemente, el éxito mayor en la implantación de centros escolares
corresponde, sin duda, a la etapa del franquismo con el surgimiento de 73 centros
escolares que todavía siguen en funcionamiento. En el año 2008 eran 100 los centros
abiertos dependientes de La Salle y distribuidos por toda la geografía española, siendo el
distrito de Catalunya, con 22 centros, el que mayor número de centros escolares poseía,
mientras que Madrid, es el que menos con 11 centros.

Esta panorámica general sobre la evolución de los centros escolares de La Salle en


España, demanda un estudio más pormenorizado sobre las características de cada uno de
ellos y su contextualización histórica y pedagógica. Hasta el momento no se ha realizado
este estudio, excepto en el caso de la provincia de Gipuzkoa123, donde se ha analizado
centro por centro no solo la contextualización de cada uno de ellos, sino también la vida
interna de los mismos, ilustrando las actividades de tipo escolar, religiosa, la evolución
del profesorado y el alumnado y otros elementos constitutivos de los centros escolares.
El caso de Gipuzkoa es paradigmático y generalizable, no solo a los centros de La Salle
en toda España, sino al conjunto de centros educativos a cargo de órdenes y
congregaciones religiosas. De hecho, en algunas monografías sobre otras congregaciones
religiosas, se aprecian las mismas tendencias con respecto al alumnado (incorporación de
niñas en los casos de congregaciones masculina y niños en el de las femeninas) ; a la
oferta escolar (ampliación de niveles educativos); al profesorado (incorporación de
profesorado seglar y proceso de feminización del mismo) o a la financiación (centros
concertados).

Hay que reconocer que, con motivo de los diversos aniversarios y conmemoraciones,
se han ido publicando monografías sobre muchos de los centros de La Salle que han
tenido una duración más prolongada en el tiempo. Son los casos del Distrito de Madrid,
Aragón, Canarias, Asturias, Benicarló, Paterna, Tarragona, y otros124. A ellos hay que
añadir la monografia sobre los denominados beatos mártires de Turón (Asturias) con
motivo de la Revolución de Asturias de 1934125. Por supuesto, cabe destacar dos obras
más generales, publicadas con motivo del cincuentenario en 1928 y el centenario en
1978, que ilustran la evolución de las escuelas y colegios de La Salle en su conjunto 126.

56
La primera de ellas es un estudio muy descontextualizado sobre los primeros cincuenta
años, mientras que la segunda está demasiado contextualizada, no permitiendo a veces
hacer un seguimiento de cada uno de los cen tros. No obstante, se trata de dos obras que
aportan importante información sobre todos los centros creados por La Salle desde sus
inicios hasta la fecha de publicación de las mismas.

En rasgos generales, la evolución que hemos señalado se explica sobre todo por los
diferentes contextos sociales y educativos a lo largo de estos más de cien años de
permanencia de La Salle en España. A partir del franquismo, las circunstancias
cambiantes tanto en España como en Francia, desde 1939, harán que varíe la situación de
las órdenes y congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza. El asentamiento de las
órdenes y congregaciones a partir de 1939 se debió a la política favorable a la Iglesia por
parte del franquismo y la tranquilidad que suponía su legislación de 3 de mayo de 1938
restableciendo la Compañía de jesús y de 2 de febrero de 1939 que derogaba la Ley de
Confesiones y Congregaciones Religiosas de 1933. En Francia volverán a ser legales
desde 1940 y, por lo tanto, quedará estabilizada la situación con la vuelta paulatina de
los Hermanos, que ya desde la década de los 20 se venía produciendo.

En España la victoria del franquismo y la ventajosa situación en la que se van a


encontrar les van a permitir asentarse definitivamente y conocer un desarrollo estable,
sobre todo hasta 1970. El apoyo de la Iglesia, y la aplicación de una legislación
educativa totalmente favorable a la educación religiosa, producirán un efecto benéfico
para los institutos religiosos dedicados a la enseñanza, iniciándose un florecimiento de
colegios y escuelas en todos los niveles educativos. Es notorio que en este período ya se
ha producido el proceso de hispanización de las congregaciones, debido, sobre todo, a la
incorporación de vocaciones de personas de nacionalidad española. La Salle, al igual que
tantas congregaciones, vivirá una etapa de plena identificación con el nacional-
catolicismo y verá crecer sus centros educativos por toda la geografía española. Además,
debido a la indefinición de la enseñanza profesional a nivel legislativo, encontrarán en
este ámbito una fuente para la creación de centros, junto con la enseñanza primaria que
era nivel privilegiado de su dedicación. La opción, que es una seña de identidad entre los
lasalianos, de dedicar su labor educativa a estos niveles, no impidió la impartición de
otros niveles educativos, como el bachillerato. En este sentido, ya se aprecia el aumento
de alumnos en las enseñanzas del bachillerato, superando a los otros niveles. Es
necesario indicar que muchos de estos alumnos pertenecen al denominado «bachillerato
elemental», en el período anterior a la reforma de la ley General de Educación de 1970.
De hecho, en el curso 1967-68 son 38.469 alumnos los que están cursando la primera
enseñanza, mientras que las enseñanzas medias son 35.875, registrándose un total de
2.465 alumnos en enseñanzas técnicas. Por lo tanto, si bien es cierta la opinión de que La

57
Salle se ha dedicado a las clases populares, a través de la enseñanza primaria y
profesional, no lo es menos que el bachillerato será un nuevo nivel de preferencia, sobre
todo en una etapa en la que este nivel de enseñanza se está masificando.

Las reformas educativas de los años 70 y 90 significarán dos momentos de


normalización de los centros escolares lasalianos. Por una parte, en la década de los 70
desaparecerá un importante número de centros escolares, sobre todo aquellos que no
tenían una definición clara en cuanto al nivel de enseñanza que impartían o a la
dependencia indefinida de agentes promotores. Mientras que la reforma de los años 90
supondrá la redefinición de los centros en cuanto a la ampliación a todos los niveles
educativos, lo cual en muchos casos supuso la necesaria unión con otros centros,
privados o concertados de congregaciones femeninas, a fin de rentabilizar la oferta
educativa. Pero también estas dos reformas, a las cuales se han ido acomodando todos
los centros, han supuesto la consolidación de dos tendencias que se inician al comienzo
del período y se refieren al alumnado y al profesorado, cuyos perfiles han cambiado de
manera radical. Por lo que respecta al alumnado, en la década de los 70 se inicia la
incorporación de las niñas en las aulas de los colegios y escuelas de La Salle, comenzado
un aumento de matrícula espectacular y llegando en la actualidad a representar el 50 por
100 más o menos del total del alumnado. El otro fenómeno es el progresivo cambio en el
perfil del profesorado. Si hasta los años 70 había un importante contingente de
Hermanos dedicados a la docencia, a partir de los años 70 va aumentando la presencia de
profesores seglares masculinos, en un primer momento, y a partir de los años 80 y 90 se
incorpora progresivamente profesoras seglares que, en la actualidad, son la mayoría. Por
lo tanto, en las tres últimas décadas ha ido variando el perfil de tanto del alumnado como
del profesorado, en consonancia con los cambios que se han producido en la sociedad
española.

Esta evolución, trazada a grandes rasgos, muestra una evidencia histórica: los centros
de La Salle se fueron creando, en la mayoría de los casos, a petición de diversos agentes
promotores, y son pocos los casos cuya instalación se deba a iniciativa propia. Esta es
una de las razones que explica una característica de las escuelas y colegios de La Salle:
la acomodación a las necesidades sociales, en función de las demandas, y a las
necesidades locales, en función de las poblaciones donde se fueron instalando los
diferentes centros. Este rasgo explica la aceptación que, en general, han tenido los
centros lasalianos allí donde se han instalado127.

58
OBRAS DE JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

Obras Completas; traducción, introducción y presentación de cada libro por José María
Valladolid. Madrid, San Pío X, 2002, 3 vols.

Méditations pour tous les dimanches de l'année avec les Évangiles de tous les
Dimanches. Par Monsieur Jean-Baptiste de La Salle, Docteur en Théologie,
Instituteur des Fréres des Écoles Chrétiennes. A Rouen, chez Jean-Baptiste Machuel,
Imprimeur Libraire, 236 págs. Reproducido en Cahiers Lasallien, núm. 12. En
español están traducidas con el título: Meditaciones para todos los domingos del año
(cfr. OC, I, págs. 286-402).

Méditations sur les principales fétes de 1'année, 274 págs. Reproducción facsímil en el
Cahier Lasallien, núm. 12, en Roma, 1962.

Méditations pour le temps de la retraite. Á 1'usage de toutes les Personnes qui


s'employent á 1'éducation de la Jeunesse; et particuliérement pour la Retraite que font
les Fréres des Ecoles Chrétiennes pendant les Vacan ces. Par M. Jean-Baptiste de La
Salle, Docteur en Théologie, Instituteur des Fréres des Écoles Chrétiennes. A Rouen,
Chez Antoine le Prevost, ImprimeurLibraire, rue Saint Vivien. Reproducción facsímil
en el Cahier Lasallien, núm. 13.

Les Devoirs d'un chrétien envers Dieu et les moyens de pouvoir bien s'en acquiter.
Divisé en deux parties. A Paris, Chez Antoine Chrétien, ImprimeurJuréLibraire de
l'Université, Pont Saint Michel. MDCCIII. Avec Aprobation & Privilege du Roy. Se
trata de la edición príncipe de este libro, y reproducción facsímil en el Cahier
Lasallien, núm. 20. Traducido al español con el título Deberes del cristiano I. (cfr.
OC, III, págs. 3-202).

Les Devoirs d'un chrétien envers Dieu. Por preguntas y respuestas, en contraposición con
el precedente, elaborado en texto seguido. Reproducción facsímil en el Cahier
Lasallien, núm. 21, con la indicación «Tome II».

Du culte extérieur et public, que les chétiens sont obligez de rendre á Dieu, et des
moyens de le luy rendre. Troisiéme partie des Devoirs d'un chrétien envers Dieu. A
Paris, Chez Antoine Chrétien, ImprimeurJuréLibraire de l'Université, Pont Saint
Michel. MDCCIII. Reproducción facsímil en el Cahier Lasallien, núm. 22. Está

59
traducido al español con el título de Deberes del cristiano III. Del culto exterior y
público que los cristianos deben tributar a Dios y de los medios para realizarlo. (cfr.
ídem, págs. 331-453).

Grand Abregé des Devoirs du Chrétien envers Dieu. La edición príncipe no se ha


encontrado, yen el Cahier Lasallien, núm. 23 se ha reproducido en facsímil la edición
de 1727. Pero hay constancia de que la primera edición fue depositada en la Oficina
Real el 6 de agosto de 1706.

Petit Abregé des Devoirs du Chrétien envers Dieu. Tampoco se ha encontrado la edición
príncipe, pero se ha reproducido en facsímil la edición de 1727 en el mismo número
23 de los Cahier Lasallien. También consta que fue depositado en la Oficina Real el 6
de agosto de 1706.

Les Régles de la bienséance et de la civilité chrétienne á 1'usage des écoles chrétiennes.


Reproducción facsímil en Cahier Lasallien núm. 19, Roma, 1964. Reglas de cortesía
y urbanidad cristiana. (cfr. OC, II, Madrid, Ed. San Pío X, 2001, págs. 191-300).

Conduite des Écoles Chrétiennes. Edición comparada del manuscrito de 1706 y del
ejemplar impreso en 1720. Cahier Lasallien, núm. 24.

Instructions et priéres pour la Sainte Messe, la Confession et la Communion, avec une


Instruction Méthodique par demandes et réponses pour apprendre á se bien confesser.
Reproducción facsímil de la edición de 1734. Cahier Lasallien, núm. 17.

Régles Communes de 1'Institut des Fréres des Écoles Chrétiennes. Se usan como fuentes
dos versiones: de un manuscrito fechado en 1705 y la primera edición, aparecida en
1718.

Recueil de différents petits traités á 1'usage des Fréres des Écoles chrétiennes.
Reproducción facsímil, en Cahier Lasallien, núm. 61, la edición príncipe de 1711.

Explication de la Méthode d'Oraison. Reproducción facsímil de la edición de 1739, en


Cahier Lasallien, núm. 14.

Mémoire sur l'habit. Se conserva el manuscrito original en los Archivos de la Casa


Generalicia. Fue elaborado hacia 1689.

Mémoire des commencements. Fue escrito hacia 169-495. Copiado por Blain.

Mémoire sur 1'enseignement en francais. Fue escrito en 1702. Copiado en casi su

60
totalidad por Blain.

Régles queje me suis imposées. Copiadas por Blain.

Formule des Voeux. Se conserva el manuscrito original del santo, del 6 de junio de 1694.

Voeu héroique. Voto emitido por Juan Bautista de La Salle con otros dos compañeros, el
21 de noviembre de 1691. Se conserva el original de uno de ellos, el Hermano
Gabriel Drolin.

Testamento. Breve documento escrito ante notario el 3 de abril de 1719. Se conserva


copia certificada en los Archivos de la Casa Generalicia.

Cartas. Conocemos 137 cartas, de las cuales 56 son autógrafas, y se conservan en los
Archivos de la Casa Generalicia. Las demás son copias o extractos de cartas
utilizadas por los biógrafos. Existe una edición crítica, en francés, de Félix Paul
Vandamme.

DOCUMENTOS DEL INSTITUTO LASALIANO

Declaración sobre el Hermano de las Escuelas Cristianas, Roma, 1967.

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[Link]., «Bibliografía lasaliana en español», Reflexiones lasalianas, núm. 14, 2004.

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70
[GE 0,0,1] Ha sido necesario elaborar esta Guía de las Escuelas Cristianas para que
todo fuera uniforme en todas las escuelas, en todos los lugares donde hay Hermanos de
este Instituto, y los usos fuesen en ellas siempre los mismos. Está el hombre tan sujeto a
la relajación e incluso al cambio, que necesita normas escritas que lo mantengan en su
deber y que le impidan introducir alguna novedad o eliminar lo que prudentemente se ha
establecido.

[GE 0,0,2] Esta Guía se ha redactado en forma de reglamento solo después de


numerosos intercambios con los Hermanos de este Instituto más veteranos y mejor
capacitados para dar bien la clase; y después de la experiencia de varios años, no se ha
incluido en ella nada que no haya sido bien acordado y probado, cuyas ventajas e
inconvenientes no se hayan ponderado, y de lo que no se hayan previsto, en la medida de
lo posible, los errores o las malas consecuencias.

[GE 0,0,3] Aunque esta Guía no se haya elaborado a modo de regla, ya que hay en
ella muchas prácticas que solo miran a lo mejor, y tal vez no podrán ser observadas
fácilmente por quienes tengan poca habilidad para la clase, y ya que muchas de ellas se
acompañan y refuerzan con razones que las explican e indican el modo de proceder al
aplicarlas, los Hermanos, con todo, procurarán con sumo cuidado, ser fieles en
observarlas todas, convencidos de que no habrá orden en sus clases y en sus escuelas
sino en la medida en que sean exactos en no omitir ninguna, y aceptarán esta Guía como
si les fuera dada por Dios, a través de sus superiores y de los primeros Hermanos del
Instituto.

[GE 0,0,4] Esta Guía está dividida en tres partes. En la primera se tratan todos los
ejercicios de la escuela y de cuanto en ella se practica, desde la entrada hasta la salida.
La segunda ofrece los medios necesarios y útiles de que han de valerse los maestros para
establecer y mantener el orden en las clases. La tercera expone: las obligaciones del
Inspector de las Escuelas, el cuidado y la atención que ha de tener el formador de los
nuevos maestros, las cualidades que deben tener o adquirir los maestros y el proceder
que deben observar para cumplir bien su deber en la escuela; y, por fin, lo que deben
cumplir los escolares. Eso es, en general, el contenido de este libro.

[GE 0,0,5] Los superiores de las casas de este Instituto y los Inspectores de las
Escuelas cuidarán de aprenderlo bien y conocer perfectamente todo cuanto en él se
contiene; y procurarán que los maestros no falten en nada y observen exactamente hasta

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las mínimas prácticas que en ella se les prescriben, para conseguir, por este medio,
mucho orden en la escuela, un proceder bien regulado y uniforme en los Hermanos
encargados de ellas y copioso fruto para los niños que en ellas se educan.

[GE 0,0,6] Los Hermanos que den clase leerán y releerán a menudo en ella lo que a
ellos se refiere, para no ignorar nada, estar en disposición de no olvidar nada y ser fieles
en practicarlo.

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De los ejercicios que se hacen en las Escuelas Cristianas y del modo como deben hacerse

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De la entrada en la escuela y del comienzo de la clase

[GE 1,1] ARTÍCULO 1.°

DE LA ENTRADA DE LOS ESCOLARES A LA ESCUELA

[GE 1,1,1] La puerta de las escuelas se abrirá siempre a las siete y media por la
mañana, y a la una por la tarde.

[GE 1,1,2] Los escolares, tanto por la mañana como por la tarde, dispondrán siempre
de media hora para irse reuniendo.

[GE 1,1,3] Se cuidará de que no se amontonen en la calle donde está la escuela antes
de que se abra la puerta, y de que no hagan bullicio gritando o cantando.

[GE 1,1,4] No se permitirá que se diviertan corriendo y jugando durante ese tiempo
por el barrio cercano a la escuela, ni que molesten de cualquier modo que sea a los
vecinos; por el contrario se procurará que caminen con tal modestia por la calle donde
está la escuela y que esperen luego ante la puerta hasta que la abran, con tal compostura,
que puedan edificar a los transeúntes.

[GE 1,1,5] El primer maestro o Inspector de las Escuelas cuidará de encargar a uno
de los escolares de mejor conducta para que observe quiénes hacen bullicio mientras se
reúnen, y ese escolar no hará entonces más que notarlo, sin hablar, y luego dirá al
maestro lo que haya sucedido, sin que los demás puedan advertirlo.

[GE 1,1,6] Cuando se abra la puerta se cuidará de que los escolares no se apresuren a
entrar en tropel, sino que entren pausadamente, uno tras otro.

[GE 1,1,7] Al entrar en la escuela, todos los escolares caminarán tan suave y
pausadamente que no se les oiga; con el gorro quitado, tomarán agua bendita, y después
de hacer la señal de la santa cruz, irán en seguida derecho a sus clases.

[GE 1,1,8] Quienes hayan de pasar por otras clases para ir a la suya, no se pararán en
ninguna, por ningún motivo, ni siquiera so pretexto de hablar a alguien, aunque se trate
de su propio hermano.

[GE 1,1,9] Se les animará a que entren en sus clases con profundo respeto, en

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atención a la presencia de Dios. Llegados al centro, harán una inclinación profunda al
crucifijo, y saludarán al maestro, si está allí; luego se arrodillarán para adorar a Dios y
hacer una breve oración a la Santísima Virgen. Después de haberla hecho, se levantarán,
harán de nuevo una inclinación al crucifijo, saludarán al maestro y luego irán
pausadamente y sin ruido a su puesto ordinario.

[GE, 1,1,10] Mientras los escolares se reúnen y al entrar en clase, todos guardarán
silencio tan riguroso y exacto que ni siquiera se oiga el mínimo ruido, incluso de pies, de
manera que ni siquiera se pueda distinguir a los que entran, ni notar a los que estudian.

[GE 1,1,11] Colocados en su sitio, permanecerán tranquilos en él, sin salir por
ningún motivo, hasta que haya entrado el maestro.

[GE 1,1,12] Los maestros tendrán cuidado de advertir que quienes, en su ausencia,
hayan hablado o hecho el menor ruido en la clase, serán severamente castigados, y que
nunca perdonarán las faltas cometidas contra el silencio y contra el buen orden durante
ese tiempo.

[GE 1,1,13] Desde que los escolares entren en la clase hasta la llegada del maestro,
los que saben leer estudiarán el catecismo, y en voz tan baja que no puedan oírse unos a
otros, ni se oiga en la clase ningún ruido. Los que todavía no sean capaces de leer y de
aprenderlo de memoria, se dedicarán a estudiar su lección.

[GE 1,1,14] Durante ese tiempo, en la primera clase habrá dos escolares, encargados
por el maestro, de señalar en los dos carteles, ya una letra o una sílaba, ya otra, en
diferentes sitios, para que los alumnos que las aprenden puedan estudiar en ellos sus
lecciones.

[GE 1,1,15] Los de esta lección mirarán todos al mismo tiempo, en el cartel, la letra
o la sílaba señalada; y cada uno la dirá en voz baja, de manera que solo lo oigan los dos
que están a su lado.

[GE 1,1,16] Los encargados de señalar en los carteles, lo harán sin decir ni una
palabra. El maestro cuidará ante todo de que sean fieles en esto.

[GE 1,1,17] Los maestros tendrán sumo cuidado de que todos los escolares estén en
clase y de que ninguno llegue tarde, a no ser por razones importantes o por necesidad;
serán muy exactos en hacer observar este punto, y el Inspector de las Escuelas velará al
respecto, e incluso advertirá a los padres, al admitir a los escolares, que es necesario que
se encuentren todos los días en la escuela a la hora exacta, y que no se les admite sino

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con esta condición.

[GE 1,2] ARTÍCULO 2.°

DE LA ENTRADA DEL MAESTRO EN LA CLASE Y DE SU COMIENZO

[GE 1,2,1] Los maestros irán a las clases por la mañana y por la tarde en cuanto se
haya terminado el rosario, sin entretenerse en ningún lugar de la casa; las tardes de los
días de ayuno, lo harán después de las letanías de san José.

[GE 1,2,2] Caminarán con suma modestia y en silencio, con paso no apresurado, sino
reposado, y manifestando en sus ojos y en todo su exterior gran compostura.

[GE 1,2,3] Al entrar en clase se quitarán el sombrero y tomarán agua bendita con
mucho respeto. Llegados al centro de la clase se inclinarán ante el crucifijo, se
arrodillarán, harán la señal de la santa cruz y luego breve oración; a continuación,
después de hacer una inclinación ante el crucifijo, irán a su sitio.

[GE 1,2,4] Cuando los maestros entren en la escuela, todos los escolares de la clase
de cada maestro se levantarán, y seguirán de pie hasta que el maestro haya llegado a su
sitio.

[GE 1,2,5] Aquellos por delante de quienes pase, lo saludarán al pasar ante ellos, y
los demás lo saludarán cuando llegue al centro de la clase para hacer su oración; y todos
saludarán de nuevo al maestro cuando llegue a su sitio, y no se sentarán hasta que él se
haya sentado.

[GE 1,2,6] Si el Hermano Director o algún extraño entra en la clase, procederán de la


misma forma, solo la primera vez que entre. En caso de que se quede o pase de una clase
a otra, permanecerán descubiertos o de pie hasta que el maestro les haga señal de
sentarse o de cubrirse.

[GE 1,2,7] Desde que los maestros se sienten en sus puestos hasta que se comience la
clase, se dedicarán a leer en el Nuevo Testamento, permanecerán en silencio, para dar
ejemplo a sus alumnos, y vigilarán sobre todo lo que ocurra en la clase para mantener en
ella el buen orden.

[GE 1,2,8] Las clases comenzarán siempre a las ocho en punto de la mañana, y a la
una y media por la tarde. A la última campanada de las ocho y al último sonido de la una
y media, un escolar tocará la campana de las clases, y al primer toque todos los escolares
se arrodillarán, con los brazos cruzados, con postura y exterior muy modestos.

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[GE 1,2,9] En cuanto la campana termine de sonar, el recitador de las oraciones
comenzará la oración con voz alta y sostenida, pausadamente y con claridad, y después
de hacer la señal de la cruz, y con él todos los alumnos, comenzará Ven¡ Sancte Spiritus,
etc. Los alumnos lo continuarán con él, pero con voz más baja, y recitarán así, con él, el
resto de la oración, como está indicada en el Libro de oraciones de las Escuelas
Cristianas. Terminada la oración, los maestros darán unas palmadas, y de inmediato
todos los alumnos se levantarán y desayunarán en silencio.

[GE 2] CAPíTULO 2.°

Del desayuno y de la merienda

[GE 2,1] ARTÍCULO 1.°

DE LAS COSAS A LAS QUE EL MAESTRO DEBE PRESTAR ATENCIÓN


DURANTE EL DESAYUNO Y LA MERIENDA

[GE 2,1,1] El maestro debe cuidar que los escolares lleven todos los días con qué
desayunar y con qué merendar, a menos que tenga certeza de su pobreza.

[GE 2,1,2] No les permitirá que lleven carne; y si alguno la lleva, hará que se la den
a los más pobres, de quienes esté seguro que no la toman en casa.

[GE 2,1,3] También tendrá cuidado de que no tiren pepitas de fruta o cáscaras al
suelo, sino que hará que las guarden en el bolsillo o en su bolsa.

[GE 2,1,4] Para estar seguro de que no se han comido ya el desayuno y de que lo han
llevado, pedirá a todos que se lo muestren, en cuanto se haya terminado la oración y
antes de comenzar a comer. Si alguno no lo lleva, teniendo que hacerlo, será reprendido.

[GE 2,1,5] El maestro cuidará de informarse de si alguno desayuna en la calle.

[GE 2,1,6] Se evitará cuidadosamente aceptar la excusa de los escolares para no


llevar pan a la escuela que sus padres se lo prohiben, por temor a que les obliguen a
entregarlo en clase. Pues no se les debe obligar a que lo den a los pobres, ya que eso es
totalmente libre, y deben hacerlo solo de buen grado y por amor de Dios.

[GE, 2,1,7] Hay que hacerles comprender que si se desea que coman en la escuela es
para enseñarles a comer con moderación, con modestia y con buenos modales, y para
rezar antes y después de hacerlo.

[GE 2,1,8] El maestro estará atento a que los escolares no jugueteen durante el

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desayuno o la merienda, sino que estén muy atentos al ejercicio que se realiza en clase
durante ese tiempo; y para saber si cumplen, de vez en cuando hará que alguno repita lo
que se haya dicho.

[GE 2,1,9] No se permitirá a los alumnos que se den unos a otros nada de su propio
desayuno, ni que se lo cambien; y si el maestro nota que alguien lo hace, lo castigará de
inmediato.

[GE 2,1,10] Quienes no hayan desayunado o terminado de desayunar cuando se haga


la acción de gracias, no comerán más después, excepto los que hayan estado ocupados
por necesidad durante ese tiempo; el maestro atenderá a esto.

[GE 2,2] ARTÍCULO 2.°

DE LO QUE SE PRACTICA DURANTE EL DESAYUNO Y LA MERIENDA

[GE 2,2,1] Durante el desayuno y la merienda, dos escolares, colocados en medio de


la clase, uno a un lado y otro al otro, harán el repaso.

[GE 2,2,2] Los dos primeros días de la semana en los que haya clase todo el día, los
alumnos que leen sin deletrear, repasarán durante el desayuno la oración de la mañana, y
durante la merienda, la de la tarde; y los dos últimos días de la semana en que haya
escuela todo el día, repasarán durante el desayuno y la merienda lo que hayan aprendido
del catecismo de la diócesis durante la semana. El maestro cuidará de que lo repasen
todos, en esos dos días, sin excepción. Lo que hayan de aprender en cada clase o lección
cada día de la semana se lo indicará el Hermano Director.

[GE 2,2,3] Con este fin, habrá en cada clase uno o varios catecismos de la diócesis,
en los que estarán señalados con cifras y barras todas las lecciones que los alumnos de
esa clase y de esa lección tienen obligación de aprender cada semana, según la lección en
que estén.

[GE 2,2,4] El miércoles, cuando haya asueto el jueves todo el día, o el día en que se
tenga asueto por la tarde, si hay una fiesta entre semana, los que leen en latín repasarán
durante el desayuno las respuestas de la santa Misa.

[GE 2,2,5] Si en la clase en que se repasan las respuestas de la santa Misa hay
alumnos que ya las saben, o que, aunque no lean en latín, sean capaces de aprenderlas, el
maestro cuidará de que las sepan bien, y se las hará repasar.

[GE 2,2,6] Los escolares que hayan de repasar todo lo mencionado anteriormente, lo

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tienen que haber aprendido de memoria en su casa o durante el tiempo que hay para irse
reuniendo; y no las repasarán entonces para aprenderlas, sino solo para demostrar que las
saben; y en cuanto a las oraciones y a las respuestas de la santa Misa, para aprender la
manera de decirlas bien.

[GE 2,2,7] Los alumnos que hayan de repasar las oraciones y las respuestas de la
santa Misa, las repasarán, en todas partes, unos después de otros; repasarán las oraciones
todas seguidas, y luego, en orden separado al de las oraciones, repasarán, todas seguidas,
las respuestas de la santa Misa. Cada vez que se repasen las oraciones, el maestro cuidará
de marcar en el registro del banco, con algún signo especial, los nombres de los dos
últimos que las hayan repasado, con el fin de tenerlo en cuenta y saber, para la próxima
vez que se repasen, quiénes habrán de ser los primeros en repasarlas. Igualmente
señalará el nombre del último que haya repasado las respuestas de la santa Misa.

[GE 2,2,8] La oración se repasará de la siguiente forma: uno de los dos dirá los
títulos de las oraciones, y el otro recitará los actos o los artículos, todos en orden y de
seguido, desde el principio de la oración hasta el final; y ambos harán estas dos cosas,
uno después de otro.

[GE 2,2,9] El que diga los títulos de las oraciones y las preguntas del catecismo
corregirá al otro, en caso de que se equivoque en algo; y si no lo corrige, el maestro
tendrá cuidado de hacer sonar la señal, para corregirlo; y si este alumno no sabe qué dice
mal, el maestro, cuyo cuidado en ese tiempo será estar atento tanto a los que recitan
como al orden de toda la clase, hará señal a otro alumno para que lo corrija, igual que en
las lecciones.

[GE 2,2,10] En la clase de los que escriben, como el maestro en ese tiempo está
ocupado, pendiente de la escritura, un alumno, con oficio de inspector, hará lo que
tendría que hacer el maestro; solo en lo referente al repaso, ya que el maestro no ha de
dispensarse en modo alguno de velar por el orden general de la clase durante ese tiempo.

[GE 2,2,11] Las respuestas de la santa Misa se repasarán de la siguiente manera: un


alumno, durante todo el repaso, hará lo que debe realizar el sacerdote, y dirá lo que él
debe decir, tal como está indicado en el oficio. Otro, al lado de él, responderá y hará
cuanto debe realizar el ayudante.

[GE 2,2,12] El ayudante hará exactamente cuanto está indicado en el Libro de las
Oraciones de las Escuelas Cristianas. Los que repasen las oraciones y las respuestas de la
santa Misa mantendrán durante todo ese tiempo postura muy modesta y muy piadosa,
tendrán las manos juntas y mucho recogimiento en todo su exterior; pues hay que

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exigirles en ese momento que lo reciten con la misma modestia, la misma piedad, la
misma compostura y del mismo modo como se desea que ayuden a la santa Misa y que
reciten las oraciones en casa.

[GE 2,2,13] El maestro cuidará de que quienes recitan durante ese tiempo las
oraciones, las respuestas de la santa Misa y el catecismo hablen sosegadamente y a
media voz, más bien baja que alta, para obligar a los alumnos a guardar silencio, a
escuchar y a estar atentos a lo que ellos recitan.

[GE 2,2,14] El maestro velará durante ese tiempo por cuanto ocurra en clase, y
cuidará de que todos estén atentos; y de vez en cuando mandará pararse a los que recitan,
para preguntar qué se está diciendo a aquellos que note que no están atentos; y si no
saben responder les impondrá alguna penitencia o los castigará, según juzgue
conveniente.

[GE 2,2,15] Durante el repaso, el maestro tendrá en la mano el libro de oraciones o el


catecismo, y cuidará de que lo reciten exactamente y muy bajo.

[GE 2,2,16] Los alumnos que aprenden las letras o las sílabas en los carteles o en el
silabario, y los que deletrean y leen en el segundo libro, repasarán las oraciones durante
el desayuno y la merienda no solo los dos primeros días de la semana, sino también los
dos días en los que hay que repasar el catecismo.

[GE 2,2,17] Los que aprenden a leer en el primer cartel, aprenderán y repetirán
solamente Pater, Ave y Credo, en latín y en francés, y el Confiteor en francés, tal como
están en el Libro de las Oraciones de las Escuelas Cristianas.

[GE 2,2,18] Los que leen en el segundo cartel aprenderán y repetirán los actos de la
presencia de Dios, de invocación al Espíritu Santo, de adoración y de agradecimiento,
que vienen a continuación del comienzo tanto de la oración de la mañana como de la
tarde.

[GE 2,2,19] Los que leen en el silabario aprenderán y repetirán de seguido, según el
siguiente orden: los actos de ofrenda y de petición que figuran en la oración de la
mañana; el acto «presentémonos ante Dios con confusión», el acto de contrición y el
acto de ofrenda del sueño, que se encuentran en la oración de la tarde; la oración al santo
ángel de la guarda y las siguientes, que están tanto en la oración de la mañana como de
la tarde.

[GE 2,2,20] Si algunos de los que están en las dos últimas de estas tres lecciones no

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supieran lo que tendrían que haber apren dido en la lección o lecciones precedentes, el
maestro les hará aprender y repasar lo que no sepan con los de la lección en que
corresponde aprenderlo; primero, con los del primer cartel; por ejemplo, si no saben bien
el Pater, Ave, Credo y Confiteor; y cuando los sepan bien, o se suponga que los saben
bien, aprenderán, con los lectores del segundo cartel, los actos que han de aprender los
que están en esa lección.

[GE 2,2,2 11 Los que leen en el segundo libro aprenderán y repasarán todas las
oraciones, tanto de la mañana como de la tarde. Si el maestro advierte que alguno, al
repasarlo, no las sabe bien, le obligará a aprenderlas en particular, en el libro de
oraciones de la escuela, y le dará algún tiempo para que las repase, en todo o en parte,
según lo considere oportuno.

[GE 2,2,22] Si en la misma clase hay alumnos que deben repasar el catecismo, lo
repasarán solamente el sábado o el último día de clase de la semana; y si durante el
desayuno y la merienda de ese día hubiera más tiempo del necesario para hacérselo
repetir a todos, el tiempo que sobre se empleará en repasar las oraciones.

[GE 2,2,23] Repasarán la oración de la siguiente manera: uno dice una frase y otro la
siguiente. El primero, por ejemplo, dirá: Acordémonos de que estamos en la presencia de
Dios, y digamos; después añadirá: Dios mío, creo firmemente que estáis en todas partes
y que estáis aquí presente. El otro seguirá: que me veis y que me oís. El primero dirá
luego: Creo que nada hay oculto para vos, y que conocéis todos mis pensamientos y lo
profundo de mi corazón.

[GE 2,2,24] Así repasarán los demás actos, según las pausas que están marcadas en
el libro que le sirve al maestro para hacer que realicen este repaso.

[GE 2,2,25] Los días de la semana en que los otros repasen las respuestas de la santa
Misa, estos aprenderán a recitar el rosario, y lo repasarán por parejas, de la manera que
sigue.

[GE 2,2,26] Se pondrán de pie, uno frente al otro, y harán los dos juntos la señal de
la santa cruz. Uno dirá: Dignare me laudare te, Virgo sacrata; y el otro responderá: Da
mihi virtutem contra hostes tuos. Luego uno dirá: Credo in Deum, y el otro responderá:
Credo in Spiritum Sanctum; y proseguirán así, alternativamente. Uno dirá el Pater, y el
otro el Ave; y el que haya dicho el Pater, dirá el Sancta Maria; de ese modo dirán las tres
Ave que se dicen al comienzo del rosario, después de las cuales, el que haya dicho el
Ave Maria, dirá el Gloria Patri, y el que haya dicho el Sancta Maria, dirá el Sicut erat.
Luego, el que antes dijo el Sancta Maria, dirá el Ave Maria, y el que dijo el Ave Maria

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dirá el Sancta Maria. Así, alternativamente, dirán diez Avemarías seguidas, después de
las cuales dirán de la misma forma el Gloria Patri y el Sicut erat.

[GE 2,2,27] No recitarán más que esta decena, y el maestro les hará comprender que
para rezar el rosario hay que recitar seis decenas como recitaron aquella.

[GE 2,2,28] Después de esta decena se les mandará recitar: Maria, mater gratiae,
Mater misericordiae, tu nos ab hoste protege et hora mortis suscipe. Y se les explicará
que deben decirlo así al final del rosario.

[GE 2,2,29] Se enseñará a rezar el rosario de esa manera a los que no saben la forma
de recitarlo.

[GE 2,2,30] En el repaso de la oración habrá un orden único de todos los alumnos de
estas cuatro lecciones; y todos repasarán de seguido lo que deben aprender de ellas,
comenzando por los que leen en el primer cartel y acabando con los que leen y deletrean
en el segundo libro.

[GE 2,2,3 11 Habrá otro orden distinto para los que aprendan a recitar el rosario.

[GE 2,3] ARTÍCULO 3.°

DE LA COLECTA QUE SE HACE PARA LOS POBRES Y DEL MODO DE HACER


LA DISTRIBUCIÓN

[GE 2,3,1] Durante el desayuno y la merienda uno de los escolares, que será el
primero de uno de los bancos de delante, tendrá un cesto delante de sí para recoger pan
para los pobres. Y los que hayan llevado mucho pan podrán dar algún trozo de él o lo
que les sobre después de haber comido suficientemente. Con todo, el maestro cuidará de
que no den tanto pan que no les quede suficiente para ellos.

[GE 2,3,2] De vez en cuando, incluso durante el tiempo del desayuno, los animará a
este acto de caridad, bien con algún ejemplo, bien con algún razonamiento que les
impresione, y que los lleve a realizarlo de buena gana y con afecto por amor de Dios.

[GE 2,3,3] En ocasiones alabará a alguno que haya realizado esta acción de forma
generosa, como haberse privado de la fruta que hubiere llevado, u ofrecido todo su pan
un día de ayuno, en Cuaresma, por ejemplo; una vez por semana, o varias veces
ocasionalmente, un viernes o un sábado; lo cual debe ser raro, como una vez al máximo
cada quince días, o a la semana, para los mayores.

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[GE 2,3,4] Quienes tengan pan para dar, levantarán la mano, mostrando el trozo que
tienen para entregar, con el fin de que el limosnero pueda verlo para ir a recogerlo.

[GE 2,3,5] Hacia el final del desayuno, algo antes de la acción de gracias, una vez
que se hayan recogido todas o casi todas las limosnas, el maestro tomará un trozo de pan
del cesto, y luego, después de hacer la señal de la cruz, lo tendrá en la mano; entonces
todos los pobres se levantarán y se quedarán de pie, sin hacer ninguna señal.

[GE 2,3,6] El maestro irá luego hasta todos ellos, uno después de otro, para
distribuirles lo que haya en el cesto, según su necesidad.

[GE 2,3,7] Si en el cesto hubiere más o menos pan de lo que razonablemente puedan
comer los pobres, el maestro pedirá información al Hermano Director sobre lo que haya
de hacer en tales ocasiones.

[GE 2,3,8] El maestro procurará no distribuir las limosnas hechas durante el


desayuno y la merienda sino a aquellos que son verdaderamente pobres. Para asegurarse
de ello, se informará y confeccionará una lista de acuerdo con el Hermano Director o con
el Inspector de las Escuelas.

[GE 2,3,9] No se basará en las recomendaciones de los padres ni en que el alumno


no haya llevado pan; pues algunos padres se sentirían muy cómodos descargándose del
cuidado de dar de comer a sus hijos, para que se les diera en la escuela, y fácilmente
podría ocurrir que no llevaran pan por este motivo.

[GE 2,3,10] El maestro animará a aquellos a quienes haya distribuido las limosnas a
que pidan a Dios particularmente por sus bienhechores.

[GE 3] CAPíTULO 3.°

De las lecciones

[GE 3,1] ARTÍCULO 1.°

DE LAS LECCIONES EN GENERAL

[GE 3,1,1] Sección 1.°

De las cosas referentes a todas las lecciones

[GE 3,1,2] Habrá nueve tipos de lecciones en las Escuelas Cristianas: 1.°, el cartel
del alfabeto; 2.°, el cartel de las sílabas; 3.°, el silabario; 4.°, el primer libro; 5.°, el

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segundo libro en el que comenzarán a leer los que sepan deletrear perfectamente; 6.0, el
tercer libro, que sirve para leer por pausas; 7.°, el salterio; 8.°, la Urbanidad; 9.°, los
manuscritos.

[GE 3,1,3] Todos los alumnos de cada lección, excepto los que leen en los carteles,
estarán divididos en tres órdenes: el primero, los principiantes; el segundo, los medianos;
el tercero, los adelantados y perfectos en esa lección.

[GE 3,1,4] Los principiantes no se llaman así porque acaban de comenzar esa
lección, pues algunos podrían permanecer mucho tiempo en ese orden de lecciones, si no
adelantaran lo suficiente para pasar a un orden más avanzado.

[GE 3,1,5] El orden de los principiantes en cada lección será, pues, el de aquellos
que cometen muchas faltas al leer. El orden de los medianos en cada lección será el de
los que cometen pocas faltas al leer, es decir, una o dos faltas, a lo más, cada vez.

[GE 3,1,6] El orden de los avanzados y perfectos en cada lección será el de aquellos
que leen bien, y que de ordinario no cometen ninguna falta al leer.

[GE 3,1,7] Con todo, para los que leen en la Urbanidad solo habrá dos órdenes. El
primero será el de los que cometen faltas al leer en ella; y el segundo, el de los que no
cometen ninguna.

[GE 3,1,8] Cada orden de lección tendrá asignado un lugar en la clase, de manera
que los de un orden de lección no se confundan y mezclen con los de otro orden de la
misma lección; los principiantes, por ejemplo, con los medianos, sino que se distingan
fácilmente unos de otros por su sitio.

[GE 3,1,9] Sin embargo, todos los alumnos de los tres órdenes de lección leerán
juntos, sin distinción y sin discriminación, conforme se lo indique el maestro.

[GE 3,1,10] En este reglamento no se puede delimitar el tiempo de las lecciones en


cada clase, ya que el número de alumnos en cada lección no es siempre el mismo; por lo
cual corresponderá al Hermano Director o al Inspector señalar el tiempo de cada lección
en cada clase.

[GE 3,1,11] Todos los alumnos de cada lección seguirán el mismo libro y la misma
lección; siempre se hará leer primero a los menos adelantados, comenzando por la
lección más baja y terminando con la más alta.

[GE 3,1,12] Sin embargo, en la clase más alta, después de comer, cuando haya

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algunos que no escriban, se mandará leer prime ro a los que escriben, y los otros leerán
después que hayan leído los que escriben, incluso durante el tiempo de la escritura, hasta
las tres y media.

[GE 3,1,13] Sección 2.°

De la postura que el maestro y los escolares deben tener y del modo como deben
comportarse durante las lecciones

[GE 3,1,14] El maestro debe estar siempre sentado o de pie ante su sitial durante
todas las lecciones, tanto las de los carteles como las de los libros o las de las cartas
escritas a mano.

[GE 3,1,15] No debe salir de su sitio sin gran necesidad; y, por poca atención que
ponga, verá que esa necesidad es muy rara.

[GE 3,1,16] Cuidará de mantener el exterior muy digno, de guardar suma gravedad,
sin incurrir en nada inconveniente, o que parezca propio del niño o del alumno, como
sería reír o hacer algo que pudiera provocar la risa de los alumnos.

[GE 3,1,17] La gravedad exterior que se pide al maestro no consiste en presentar


exterior severo, en mostrar enfado ni en decir palabras duras; consiste, más bien, en
mantener la compostura en sus actos y en sus palabras.

[GE 3,1,18] El maestro cuidará, sobre todo, de no familiarizarse en absoluto con los
alumnos, de no hablarles con dejadez y de no permitir que le hablen sino con mucho
respeto.

[GE 3,1,19] Para que el maestro pueda cumplir bien con su deber, deberá estar
formado para hacer al mismo tiempo estas tres cosas: 1.°, velar sobre todos los alumnos,
para moverlos a cumplir su deber y mantenerlos en orden y en silencio; 2.°, tener en la
mano, durante toda la lección, el libro que se está leyendo y ser exacto en seguir al
lector; 3.°, prestar atención al que lee y al modo como lee, para corregirlo cuando cometa
alguna falta.

[GE 3,1,20] Los alumnos, durante las lecciones, incluso cuando leen en los carteles,
deben estar siempre sentados, con el cuer po derecho y los pies en el suelo, y bien
colocados. Los que leen en los carteles han de tener los brazos cruzados; y los que leen
en los libros deben sostener su libro con las dos manos, sin ponerlo ni sobre las rodillas
ni sobre la mesa; deben también mirar hacia delante, un poco vueltos hacia el lado del
maestro. Con todo, el maestro cuidará de que no giren tanto la cabeza que puedan hablar

85
con sus compañeros, y que no la giren de un lado a otro. Mientras se lee, todos los demás
de la misma lección seguirán en su libro, que han de sostener siempre en las manos.

[GE 3,1,21] El maestro velará con mucho cuidado para que todos lean en voz baja lo
que el lector lee en voz alta. De vez en cuando hará que alguno lea, de pasada, algunas
palabras, para sorprenderlo y comprobar si efectivamente sigue; y si no sigue, el maestro
le impondrá alguna penitencia o castigo. Incluso, si advierte que a algunos no les gusta
seguir y que fácilmente descuidan hacerlo, pondrá empeño en hacerles leer los últimos, e
incluso distintas veces, un poco cada vez, para que los otros tengan también tiempo de
leer.

[GE 3,1,22] Todos los alumnos de la misma lección estarán descubiertos desde el
principio de la lección, y no se cubrirán hasta que hayan leído.

[GE 3,1,23] Si el maestro les hace leer en diversas ocasiones, la segunda, la tercera y
las demás veces, se descubrirán cuando comiencen a leer y se cubrirán en cuanto hayan
leído.

[GE 3,1,24] Sección 3.°

De lo que debe hacer cada maestro para preparar a sus alumnos a ser cambiados de
lección

[GE 3,1,25] Los maestros no cambiarán nunca ni de lección ni de orden a ningún


alumno de su clase; tan solo presentarán al Inspector aquellos que consideran en
condiciones de ser cambiados.

[GE 3,1,26] Cuidarán particularmente de no presentar ningún alumno al Inspector,


para que lo cambie, si no está muy preparado. Los escolares se desalientan fácilmente
cuando han sido admitidos por el maestro y no los cambia el Inspector.

[GE 3,1,27] Para que el maestro no se engañe en lo tocante a la capacidad de los


alumnos para ser cambiados de lección, cada maestro examinará, hacia finales de mes, el
día que haya señalado el Hermano Director o el Inspector de las Escuelas, a todos los
alumnos de todas las lecciones y de todos los órdenes de lección para ver quiénes están
en condiciones de ser cambiados al final del mes.

[GE 3,1,28] Después de este examen, los maestros señalarán en su registro,


pinchando con un alfiler al extremo de cada nombre, los que hayan considerado que no
están capacitados para ser cambiados de lección; y si hubiere alguno sobre cuya
capacidad tengan dudas, o que les parezca que no tienen la suficiente para ser puestos en

86
una lección más avanzada o en un orden superior de la misma lección, se lo indicarán al
Inspector de las Escuelas, para que él pueda examinarlos con mayor exactitud. Luego, en
casa, durante el tiempo de la escritura, el día que haya indicado el Hermano Director, el
maestro escribirá la lista de los alumnos que no están capacitados para ser cambiados de
lección o de orden de lección.

[GE 3,1,29] Los maestros se pondrán de acuerdo con el Inspector sobre aquellos que
podrían ser cambiados, pero que no sería conveniente cambiarlos en esa ocasión, porque
hay que dejar algunos en cada lección y en cada orden de lección que sepan leer bastante
bien, para alentar a los demás y servirles de modelo, y para que les enseñen a pronunciar
bien y a expresar claramente tanto las letras como las sílabas o las palabras, y a hacer
bien las pausas.

[GE 3,1,30] Antes del día en que se cambie de lección, los maestros tendrán cuidado
de prevenir a quienes, de acuerdo con el Hermano Director o el Inspector, hayan
determinado que no pueden ser cambiados, sea por su bien personal, porque son
demasiado jóvenes, sea por el bien de la clase y de la lección, para que queden algunos
que puedan apoyar a los demás; y procurarán que esos alumnos queden contentos de
seguir en la lección o en el orden de la lección en que están.

[GE 3,1,31] Los alentarán, incluso, por medio de alguna recompensa, como
encargarlos de algún oficio, por ejemplo, el de primero de banco, haciéndoles
comprender que es mejor ser el primero o uno de los primeros en una lección más baja,
que los últimos en otra más avanzada.

[GE 3,1,32] La mañana anterior, si se cambia a los alumnos de lección por la tarde, o
la tarde anterior, si se cambia por la mañana, el maestro dará a cada uno de los
adelantados o perfectos de cada lección, una lección para que la estudien y reciten como
si efectivamente estuvieran en la lección a la que pretenden pasar.

[GE 3,2] ARTÍCULO 2.°

DE LOS CARTELES

[GE 3,2,1] Sección 1.'_

De los dos carteles, de lo que deben contener y del modo de colocar a los alumnos que
leen en ellos

[GE 3,2,2] Los alumnos que aún no hayan aprendido nada, no utilizarán el libro para
leer hasta que empiecen a deletrear bien las sílabas de dos y de tres letras.

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[GE 3,2,3] Para este fin, en la primera clase habrá dos grandes carteles colgados de
la pared, a la altura de seis o siete pies, contando desde lo alto del cartel hasta el suelo.
Uno estará lleno de letras solas y de diptongos simples y compuestos, y el otro de sílabas
de dos y de tres letras.

[GE 3,2,31] (19,0,1) [Desde GE 3,2,31 hasta GE 3,2,39 se sigue el manuscrito de


1706.]

Los dos carteles estarán compuestos de la siguiente manera, y serán iguales en las
casas de las Escuelas Cristianas:

MODELO DE CARTELES DEL ALFABETO 1E1 CARTEL: DEL ALFABETO

(*) Esta última línea es dudosa en el manuscrito. La que se da es la transcripción de la


edición crítica, pero lo que parece constar son los signos siguientes: sl ff fft ffl fi

MODELO DEL CARTEL DE LAS SÍLABAS

[GE 3,2,32] (19,0,2) Los carteles tendrán al menos dos pies y cuatro pulgadas de
ancho y un pie y ocho pulgadas de alto.

[GE 3,2,33] (19,0,3) Las letras y sílabas estarán colocadas una sobre otra, tal como
está indicado arriba, en el modelo de los dos carteles.

[GE 3,2,34] (19,0,4) El cartel del alfabeto contendrá dos tablas, la primera estará
llena de letras minúsculas y la segunda llena de letras mayúsculas, tal como queda
indicado.

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[GE 3,2,35] (19,0,5) Cada tabla contendrá seis lineas, y cada linea, cinco letras; las
letras unidas y ligadas entre sí, ya que vienen a ser como una, por ejemplo ce, ff, y así las
demás, que en cada línea ocupan el lugar de una sola letra.

[GE 3,2,36] (19,0,6) Las dos tablas de las letras minúsculas y mayúsculas estarán
separadas una de otra el espacio de unas tres pulgadas, de manera que haya tres pulgadas
de distancia entre la e minúscula que es la última letra de la primera línea de la primera
parte, y la A mayúscula que es la primera letra de la primera línea de la segunda parte, y
así de las demás.

[GE 3,2,37] (19,0,7) El primer miembro de cada letra en ambas tablas debe estar
separado del primer miembro de la letra siguiente al menos dos pulgadas y media; y las
líneas deben estar separadas unas de otras al menos tres pulgadas.

[GE 3,2,38] (19,0,8) El segundo cartel, que es el de las sílabas con dos y tres letras,
debe tener siete lineas, y cada línea siete sílabas en cada una; las tres primeras sílabas,
con la quinta y la sexta, deben ser sílabas de dos letras, y la cuarta y la séptima, de tres
letras, tal como está indicado arriba, en el modelo.

[GE 3,2,39] (19,0,9) En cada línea del cartel de las sílabas debe haber al menos dos
pulgadas y dos tercios de pulgada entre cada sílaba, es decir, desde el final de la sílaba
precedente hasta el comienzo de la siguiente; y las líneas deben estar separadas unas de
otras tres pulgadas.

[GE 3,2,4] Los bancos de los que leen en los carteles no estarán ni demasiado cerca
ni demasiado lejos de los carteles, para que los alumnos que leen en ellos puedan ver y
leer fácilmente todas las letras y sílabas; por lo cual se cuidará de que la parte delantera
del primer banco diste al menos cuatro pies de la pared en que estén colgados los
carteles.

[GE 3,2,5] Por el mismo motivo, los alumnos que leen en los carteles estarán
colocados frente al cartel en que leen, de manera que si hay veinticuatro alumnos que
leen en el cartel del alfabeto y doce que leen en el cartel de las sílabas, y en cada banco
hay doce alumnos, estarán distribuidos en tres bancos, uno tras otro, y en cada uno de los
tres habrá ocho alumnos que leen en el cartel del alfabeto, enfrente de este cartel, y
cuatro que leen en el cartel de las sílabas, que estén colocados de tal manera que también
estén enfrente.

[GE 3,2,6] Se guardarán proporcionalmente estas mismas medidas, según contengan

89
los bancos más o menos alumnos, y según sea mayor o menor el número de los que leen
en uno u otro de los dos carteles.

[GE 3,2,7] Sección 2.

Del modo de hacer leer en el primer cartel

[GE 3,2,8] Los alumnos que leen en este cartel solo tendrán como lección una línea
de minúsculas y de mayúsculas, y no leerán la línea siguiente sino cuando sepan
perfectamente las que tienen que aprender; con todo, para que no olviden las líneas
precedentes que hayan aprendido, seguirán y dirán en voz baja, mirando atentamente, las
letras que pronuncie el que lee en voz alta.

[GE 3,2,9] Cada alumno de esta lección dirá él solo y en particular, al menos tres
veces, todas las letras de la línea que tiene como lección, una vez seguidas, y las otras
dos veces salteadas, para que no las sepa solo por rutina.

[GE 3,2,10] Cuando un alumno no sepa leer una letra, si es la minúscula, el maestro
le mostrará la mayúscula que se pronuncia igual. Si no supiera ni una ni otra, el maestro
mandará que la diga uno que lo sepa bien, y en ocasiones, incluso, que no sea de la
misma lección, y no consentirá que un alumno pronuncie más de dos veces una letra por
otra, como sería pronunciar b, q, p, para decir d, etc.

[GE 3,2,11] Cuando alguno tenga dificultad para memorizar una letra, mandará que
la repita varias veces de seguido, y no se le cambiará de línea hasta que sepa
perfectamente esa letra, así como todas las demás.

[GE 3,2,12] Cuando un alumno haya aprendido todas las letras del alfabeto, antes de
pasarlo al segundo cartel, tendrá como lección, durante varios días, el alfabeto completo,
en el que se le harán leer las letras sin ningún orden, para saber si las conoce todas y
perfectamente.

[GE 3,2,13] Hay que advertir que es sumamente importante no permitir que un
alumno que aprende el alfabeto lo deje sin saberlo perfectamente, pues sin eso nunca
podrá aprender a leer bien, y los maestros que en lo sucesivo estén encargados de él
encontrarán mucha dificultad.

[GE 3,2,14] Todos los que leen en el segundo cartel mirarán al segundo cartel y
seguirán con los que tienen como lección ese cartel, durante todo el tiempo que se lea; y
los que leen en el segundo cartel, también mirarán al primero, y seguirán en él durante
todas las lecciones de ese cartel.

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[GE 3,2,15] Durante todas las lecciones del primer cartel, el maestro señalará
siempre él mismo, con el puntero, todas las letras que desee que lean.

[GE 3,2,16] Pondrá mucho cuidado en que los alumnos, al leer, pronuncien bien
todas las letras, sobre todo las que tienen alguna dificultad para pronunciarlas bien, como
son: b, c, d, f, g, h, m, n, o, p, t, x, z. Atenderá incluso, muy especialmente, a hacer que
pierdan el acento defectuoso de su región, como sería decir «baye» en vez de decir «bé»,
«caye» en vez de decir «ce», «daye» en vez de decir «dé», etc.; m, n, deben pronunciarse
como eme, ene, y no como ame, ane; x, como icse, y no como isque; y, como i, y no
como y griega; z debe pronunciarse como zéde, y no como zédre, etc.; et, como et, y en
latín como ette, sin decir et gutural; ce, ce, como e, y no como si estuvieran separadas oe,
ae.

[GE 3,2,17] Las letras i, u, pueden ser tanto consonantes como vocales. Cuando van
solas o delante de otras dos vocales sin consonantes, tienen valor de consonantes.
Cuando estas dos letras son consonantes, se escriben de forma distinta que cuando son
vocales. La i consonante se escribe con un trazo debajo, ¡, y la u consonante con un
punto debajo, así: u.

[GE 3,2,18] La i consonante se pronuncia como gi, y la u consonante vé, siendo


conveniente distinguirlas tanto en la pronunciación como en la escritura.

[GE 3,2,19] Todas las letras del alfabeto deben pronunciarse muy claramente y
separadas una de otra, haciendo entre dos una pequeña pausa.

[GE 3,2,20] El maestro cuidará de que quien lee abra bien la boca y que no
pronuncie las letras entre dientes, lo que es defecto grave; ni demasiado deprisa ni
demasiado despacio, ni con tono o modo que manifiesten afectación, sino que sea muy
natural. También cuidará de que nadie alce demasiado la voz al decir la lección. Basta
que quien lee sea oído de todos los de la misma lección.

[GE 3,2,21] También se hará pronunciar las letras unidas con toda claridad y cada
una separadamente, como si en efecto estuvieran separadas una de otra; para pronunciar
bien, por ejemplo, estas dos letras: et, primero hay que decir e y luego, después de breve
pausa, decir t, y así de las demás.

[GE 3,2,22] Sección 3.Q

Del modo de hacer leer en el segundo cartel

[GE 3,2,23] En el segundo cartel se hará leer de seguido, como en los libros.

91
[GE 3,2,24] Los que aprenden en el primer cartel mirarán y seguirán mientras leen
los demás.

[GE 3,2,25] Cada uno de los que leen en este cartel leerá por lo menos tres líneas.

[GE 3,2,26] Lo que se ha dicho respecto del alfabeto, sobre el modo de pronunciar
claramente todas las letras, también se tiene que observar al leer las sílabas.

[GE 3,2,27] El maestro cuidará de que los alumnos no lean las sílabas demasiado
seguidas, sino haciendo una breve pausa entre cada dos sílabas, y que eviten decir varias
demasiado deprisa o demasiado seguidas.

[GE 3,2,28] Hay tres letras que ofrecen alguna dificultad en lo tocante a la
pronunciación, que son G, G y [Link] la C va delante de la a, de la o, o de la u, se
pronuncia como q. A menos que lleve una coma debajo, como c, ya que entonces se
pronuncia s, y también cuando va delante de e o de i.

[GE 3,2,29] Igualmente cuando la g va delante de a, o, u, hay que hacerla sonar


como si hubiera una u en medio, del mismo modo como se hace sonar en francés las tres
sílabas gua, quo, que.

[GE 3,2,30] Cuando la g va delante de e o de i, se hace sonar como una j consonante,


por ejemplo: ge - je, gi - fi.

[GE 3,2,31] Cuando la t va delante de i, y la i va seguida de otra vocal, se pronuncia


como c; por ejemplo, en la palabra «prononciation» se pronuncia como si fuera
«prononciacion», e igual en otros casos.

[GE 3,3] ARTícULO 3.0

DEL SILABARIO

[GE 3,3,1] El primer libro que los alumnos estudiarán en las Escuelas Cristianas
comprenderá todo tipo de sílabas francesas de 2, 3, 4, 5, 6 y 7] letras, y algunas palabras
para facilitar la pronunciación de las sílabas.

[GE 3,3,2] A este libro corresponde una sola lección, y habrá siempre dos páginas
por lección.

[GE 3,3,3] Los principiantes no deben leer menos de dos lineas, y los demás tres
líneas al menos, según el número de alumnos y el tiempo de que disponga el maestro.

92
[GE 3,3,4] Los que comienzan a leer en el silabario señalarán las sílabas con una
varita de madera o de alambre, que dejarán siempre en clase, para seguir con más
facilidad y evitar perder el lugar de la lección.

[GE 3,3,5] Al principio, cuando un alumno haya sido puesto en esta lección, para
que se acostumbre a seguir en su libro mientras leen los demás, el maestro procurará
darle un compañero durante algunos días, según lo juzgue necesario, para que le enseñe
la manera y le haga seguir, teniendo los dos el libro por los extremos, uno de un lado y
otro del otro.

[GE 3,3,6] En el silabario, los alumnos solo deletrearán las sílabas, y no las leerán.
Es necesario hacerles conocer antes las dificultades que se hallan en la pronunciación de
las sílabas, que en francés no son leves. Para ello es necesario que el maestro conozca
perfectamente el tratado de la pronunciación.

[GE 3,3,7] Para aprender a deletrear bien, hay que ponunciar todas las letras con el
mismo tono y con mucha claridad, de forma que se haga sonar totalmente separada una
de otra, y del mismo modo, hacer pronunciar las sílabas, de forma que quien deletrea las
sílabas haga oír por completo una entera, de forma clara, antes de comenzar a deletrear la
siguiente, y que la pronuncie casi con tanta separación como si hubiera una sílaba entre
las dos. Por ejemplo, para deletrear bien la sílaba quo, hay que hacer que digan,
distinguiendo y separando bien todas las letras, q, u, o, quo, y así en las demás; y no
deprisa y de seguido qo, quo. Este ejercicio es muy importante. E incluso, al decir las
lecciones, es más de temer, y tiene muchos más inconvenientes, deletrear y leer
demasiado deprisa, que demasiado despacio.

[GE 3,4] ARTÍCULO 4.°

DEL PRIMER LIBRO

[GE 3,4,1] El primer libro de texto seguido que se usará en las escuelas.

[GE 3,4,2] En él deletrearán los escolares al menos tres líneas cada uno, según el
tiempo de que disponga el maestro y el número de alumnos.

[GE 3,4,3] El maestro cuidará de que quienes están en esta lección distingan y
separen bien las sílabas unas de otras en las palabras; que no pongan en la primera sílaba
una letra que debe ir en la segunda, y lo mismo en las demás. Por ejemplo, en la palabra
déclare, que no digan déclare, sino que pronuncien déclare, etc.

[GE 3,4,4] El maestro cuidará de que pronuncien todas las sílabas de la misma

93
palabra tal como deben pronunciarse en esa palabra, y no como se pronunciarían si
estuvieran separadas unas de otras o fueran distintas palabras. Por ejemplo, la sílaba son,
en la palabra personne, se debe pronunciar haciendo sonar la n como se la hace sonar
siempre; en la palabra «son», cuando esta sílaba forma ella sola una palabra, que
significa ruido, entonces no se ha de apoyar tan fuerte sobre la n; de la misma forma, en
la palabra louppe, la primera sílaba loup se pronuncia de forma distinta que loup, cuando
esta sílaba es una palabra que significa un animal, pues en la primera palabra, louppe,
hay que pronunciar la p en la primera sílaba, y en la segunda palabra, loup, no se
pronuncia la p, y se dice como si solo fuera lou.

[GE 3,4,5] El maestro cuidará de que quienes están en esta lección pronuncien las
palabras como si las leyeran solas, sin tener en cuenta la palabra precedente ni la
siguiente. Por ejemplo, en la frase: Ne pensez point á ce que vous aurez á dire, [no
penséis en lo que habéis de decir] deletrearán la palabrapoint como si la deletreasen ella
sola, sin que fuera seguida de una vocal; y por tanto, no pronunciarán la t, sino que
pronunciarán solamente como si fuera poin, pero nombrando la t y todas las demás
letras, de esta manera: p, o, i, n, t, point.

[GE 3,4,6] Igualmente, en esta otra palabra, vous, nombrarán todas las letras, v, o, u,
s, y pronunciarán como si no hubiera la s, y dirán v, o, u, s, vou. Lo mismo harán con
esta otra palabra, aurez, no pronunciando la z, y después de haber nombrado todas las
letras de la última sílaba, r, e, z, pronunciarán como si estuviera sin z, ré, con acento en
la é, sin tener en cuenta, ni en una ni en otra de las dos palabras, las vocales que siguen.

[GE 3,5] ARTÍCULO 5.°

DEL SEGUNDO LIBRO

[GE 3,5,1] El segundo libro que se utilizará en las Escuelas Cristianas. Los alumnos
no usarán este libro para la lección mientras no sepan leer perfectamente, sin titubeos.

[GE 3,5,2] Habrá dos clases de lectores en este libro, unos que deletreen y lean por
sílabas, y otros que no deletreen y que lean solo por sílabas.

[GE 3,5,3] Todos formarán una sola lección, y mientras uno deletrea o lee, todos los
demás de la misma lección estarán siguiendo, tanto los que deletrean y leen, como los
que solo leen.

[GE 3,5,4] Todos los que deletrean y leen, por la mañana no harán sino deletrear, sin
leer; y por la tarde deletrearán y leerán. En primer lugar, deletrearán, y en segundo lugar,

94
después de que todos hayan deletreado, leerán sin distinción, mezclados con los que solo
leen.

[GE 3,5,5] Si los que solo leen están en la misma clase con los que deletrean y leen,
mientras estos deletrean, los demás no harán más que seguir.

[GE 3,5,6] Con todo, el maestro cuidará de vez en cuando de sorprender a alguno y
mandarle que deletree algunas palabras, para comprobar si efectivamente sigue.

[GE 3,5,7] Todos los que leen en este libro solo leerán por sílabas, es decir, con
pausa igual después de cada sílaba, sin atender a la palabra que forman. Por ejemplo:
Estienne plein de foi et du Saint Esprit faisait de grands prodiges [Esteban, lleno de fe y
del Espíritu Santo, obraba grandes prodigios].

[GE 3,5,8] Si los dos tipos de lectores están en clases distintas, los que todos los días
por la tarde solo leen, antes de que nadie comience a leer, deletrearán todos ellos una
línea cada uno, como máximo.

[GE 3,5,9] Los que deletrean, deletrearán cada uno tres líneas, y luego leerán todo lo
que hayan deletreado; y los que solo leen, leerán cinco o seis líneas, según el número de
alumnos y el tiempo de que disponga el maestro.

[GE 3,6] ARTÍCULO 6.°

DE LOS LIBROS TERCERO Y CUARTO

[GE 3,6,1] El tercer libro que se usará en las Escuelas Cristianas para aprender a leer.

[GE 3,6,2] Quienes leen en este libro, leerán los períodos de seguido, y no se
detendrán sino en los puntos y en las comas; en esta lección se pondrá solo a los que
sepan leer perfectamente por sílabas.

[GE 3,6,3] Cada vez se darán dos o tres páginas como lección, desde un párrafo con
sentido completo a otro también con sentido completo.

[GE 3,6,4] Los principiantes leerán unas ocho líneas y los avanzados de doce a
quince líneas, según el tiempo de que disponga el maestro y el número de alumnos.

[GE 3,6,5] A los que leen en el tercer libro se les enseñarán todas las reglas de la
pronunciación francesa, y el modo de pronunciar perfectamente las sílabas y las
palabras, y de hacer sonar las consonantes al final de las palabras cuando la palabra

95
siguiente comienza por vocal.

[GE 3,6,6] El maestro enseñará a los alumnos estas cosas cuando lean, haciéndoles
notar las faltas que cometen contra la pronunciación y repitiéndolas correctamente, sin
dejar pasar ninguna.

[GE 3,6,7] Para este fin, cada maestro debe saber perfectamente el tratado de la
pronunciación.

[GE 3,7] ARTÍCULO 7.°

DE LOS CARTELES DE VOCALES Y CONSONANTES, DE PUNTUACIÓN Y


ACENTOS Y DEL CARTEL DE NÚMEROS

[GE 3,7,1] A los alumnos que estén en el tercer libro se les enseñará a conocer las
vocales y las consonantes, y a distinguir unas de otras; incluso, se les enseñará
razonadamente por qué se llama a unas vocales y a otras consonantes; y se les enseñarán
las pausas que hay que hacer en el punto, en los dos puntos, en el punto y coma, y en la
coma; y la diferencia entre ellos y los motivos.

[GE 3,7,2] Se les enseñará qué es el signo de interrogación «?», el signo de


admiración «!», los paréntesis «()», el guion «», los dos puntos sobre la é, sobre la ¡y
sobre la ü, y las razones por las que se emplean todos estos signos; las diversas
abreviaturas y su significado; los tres acentos diferentes, las razones por las que se usan
y lo que significan é, á, 6.

[GE 3,7,3] También se les enseñará a nombrar los números, tanto los franceses como
los romanos, hasta cien mil, en todo tipo de formas.

[GE 3,7,4] Para este fin, en esta clase habrá dos carteles.

[GE 3,7,5] Uno de ellos contiene, en forma separada, las vocales y las consonantes, y
encima de cada consonante, la sílaba en la que se pronuncia, utilizando esa consonante.
En este cartel habrá diversas puntuaciones, palabras y frases en las que aparezcan el
apóstrofe, los paréntesis, el guion, los dos puntos sobre la e, sobre la i y sobre la u, los
tres diversos acentos, y palabras en abreviatura en todas las formas que se pueden
encontrar.

[GE 3,7,6] El otro cartel debe contener los números franceses y los romanos,
separados unos de otros y en columna, hasta el número cien mil.

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[GE 3,7,7] Para aprender todo esto, se tomará un cuarto de hora al comienzo de la
tarde, dos veces por semana.

[GE 3,7,8] El primer día de clase de la semana, en ese cuarto de hora (en la tarde,
dos veces por semana) se enseñará todo lo que está en el primer cartel, y del modo que
sigue.

[GE 3,7,9] El maestro hará que varios alumnos digan, uno tras otro, señalando en el
cartel, las dificultades y las razones por las que se mantienen en él.

[GE 3,7,10] Mientras se explica, los demás mirarán al cartel y estarán atentos, para
poder comprender y retener lo que se explique.

[GE 3,7,11] El maestro cuidará de preguntar alguna vez a otros sobre el mismo tema,
para comprobar si están atentos a lo que dice su compañero y si lo entienden.

[GE 3,7,12] En lo tocante a los números, se enseñarán de la misma forma, el día


siguiente al asueto, o el tercer día de clase, si no hay ninguna fiesta en esa semana.

[Los carteles que siguen están reproducidos del manuscrito de 1706. Los modelos de
carteles de la edición de 1720 aparecen en GE 19,0,1 y GE 19,0,11].

[GE 3,8] ARTÍCULO 8.°

DE LA LECTURA DEL LATÍN

[GE 3,8,1] El libro en que se aprenda a leer el latín será el salterio; en esta lección no
se pondrá sino a los que saben leer perfectamente en francés.

[GE 3,8,2] Habrá dos clases de lectores de latín, los principiantes, que solo leerán
por sílabas, y los avanzados, que leerán por pausas, y no se les pondrá a leer por pausas
si no saben leer perfectamente por sílabas. Tanto los que leen por pausas como los que
leen por sílabas estarán en la misma lección. Con todo, leerán separadamente, y unos
seguirán mientras los otros leen.

[GE 3,8,3] Los que aprendan a leer el latín antes de aprender a escribir, leerán latín
tanto por la mañana como por la tarde, excepto los días en que se aprendan las vocales y
los números; en la tarde de esos días no leerán latín.

[GE 3,8,4] Por la mañana leerán en latín después de haber leído en el tercer libro, y
por la tarde comenzarán leyendo en latín.

97
[GE 3,8,5] Los que aprenden a escribir no leerán en latín más que por la mañana, y
por la tarde en francés. Cada vez se darán solo dos páginas como lección; los que leen
por sílabas leerán unas seis líneas, y los que leen por pausas, alrededor de diez líneas.

PRIMER CARTEL

98
SEGUNDO CARTEL

MODELO DE NÚMEROS ROMANOS

99
[3*, en el original pone 4; 13*, en el original pone 14. Ambas diferencias son
probablemente errores del copista.]

[GE 3,8,6] El maestro cuidará de enseñar a los alumnos que comienzan a leer en latín
el modo de pronunciar correctamente el latín, diferente en varios aspectos de la
pronunciación francesa.

[GE 3,8,7] Les harán comprender, sobre todo, que en latín se pronuncian todas las
letras, y que todas las sílabas que comienzan por g o q se pronuncian de forma distinta
que en francés, tal como está indicado al final del tratado sobre la pronunciación.

[GE 3,8,8] El maestro enseñará a los alumnos lo que se refiere a la pronunciación


latina mientras leen, tal como se dijo respecto del francés.

[GE 3,9] ARTÍCULO 9.°

DE LA URBANIDAD

[GE 3,9,1] Cuando los alumnos sepan leer perfectamente, tanto en francés como en
latín, se les enseñará a escribir, y en cuanto comiencen a escribir se les enseñará a leer en
el libro de Urbanidad.

[GE 3,9,2] Este libro contiene todos los deberes tanto para con Dios como para con
los padres, y las reglas de cortesía civil y cristiana. Está impreso en letra gótica, más
difícil de leer que los caracteres franceses.

[GE 3,9,3] En este libro no se deletreará ni se leerá por sílabas, sino que todos

100
aquellos a quienes se dé este libro leerán desde el comienzo y siempre de seguido y por
pausas.

[GE 3,9,4] En el libro de Urbanidad se leerá solo por la mañana. Cada vez se dará
como lección un capítulo, un artículo o una sección. Los principiantes leerán en él unas
diez líneas, y los avanzados, alrededor de quince líneas.

[GE 3,10] ARTÍCULO 10.°

DE LOS REGISTROS [DOCUMENTOS MANUSCRITOS]

[GE 3,10,1] Se enseñará a leer en los registros a quienes estén ya en el 4.° orden de
escritura en letra redonda, y en el 3.° de bastardilla; el Inspector cuidará de ello.

[GE 3,10,2] Para distribuir bien estos papeles o pergaminos escritos a mano, que se
llaman registros, en cada casa debe haber buen número de ellos, diferentes y distintos
unos de otros, según la facilidad o dificultad que pueda haber para leerlos.

[GE 3,10,3] Como los registros que ofrecen la misma dificultad son, de ordinario, del
mismo autor y con el mismo tipo de letra, sobre todo los que constan de un solo folio o
de una cuartilla, como son los documentos de asignación, las promesas y los recibos,
etc., es muy conveniente hacer leer a los alumnos de seguido todos los registros del
mismo autor, para que grabándose en la mente y en la imaginación la forma de las letras
y las abreviaturas de un autor, no tengan luego dificultad para leer en ellos, y por este
medio les resulten muy fáciles los más difíciles y enrevesados.

[GE 3,10,4] Los alumnos que leen en los registros estarán distribuidos en seis
órdenes, según sean más fáciles o más difíciles las series de registros, para que leyendo
todos estos documentos de seguido y por orden, lleguen a adquirir facilidad para leer los
más difíciles; y que lean por orden y de seguido todos los tipos de documentos o
registros que haya en la clase.

[GE 3,10,5] Se leerá en los registros dos veces por semana, por la tarde, al comenzar
la clase; el primero y el cuarto día de clase, si no ocurre ninguna fiesta. Si hay una fiesta
que no caiga en martes, o dos fiestas en la semana, el primero y el tercer día de clase.

[GE 3,10,6] Los alumnos leerán uno tras otro, y acudirán ante el maestro de dos en
dos, por turno, según el orden en que están en el banco en que se encuentran y el que
tienen los bancos en la clase; de manera que todos los del mismo banco pasen seguidos,
y luego los del banco siguiente o del que está detrás.

101
[GE 3,10,7] Los principiantes leerán cuatro palabras, más o menos; los de los
órdenes siguientes leerán aproximadamente diez palabras más que los del orden anterior;
y así, cada orden aumentará en diez palabras las que lean de más sobre el otro.

[GE 4] CAPÍTULO 4.°

De la escritura

[GE 4,1] ARTÍCULO 1.°

DE LO QUE CONCIERNE A LA ESCRITURA EN GENERAL

[GE 4,1,1] Antes de comenzar a escribir, es necesario que los alumnos sepan leer
perfectamente, tanto en francés como en latín.

[GE 4,1,2] Con todo, si ocurre que alguno ha llegado a los doce años y no ha
comenzado aún a escribir, se le podrá pasar a la escritura antes de que sepa leer en latín,
con tal que sepa leer bien y correctamente el francés, y que se crea que no continuará
asistiendo a la escuela el tiempo necesario para aprender a escribir como conviene. El
Hermano Director o el Inspector de las Escuelas prestarán atención a ello.

[GE 4,1,3] Se procurará que los alumnos no aprendan a escribir hasta que cumplan
diez años.

[GE 4,2] ARTÍCULO 2.°

DE LAS COSAS PARTICULARES QUE SE USAN EN LA ESCRITURA

[GE 4,2,1] Sección 1.°

Del papel

[GE 4,2,2] El maestro cuidará de que los alumnos tengan papel blanco en clase. Para
ello exigirá a los alumnos que pidan papel a sus padres, a más tardar cuando no les
queden más que seis hojas blancas de su papel. Procurará, incluso, que si algún alumno
se descuida en llevar papel, no se lleve el que haya escrito hasta que traiga papel blanco.

[GE 4,2,3] Todos los que escriben llevarán, cada vez, al menos media mano de buen
papel.

[GE 4,2,4] El maestro cuidará de que no sea demasiado grueso, ni demasiado oscuro,
ni demasiado duro; sino que sea blanco y compacto, bien seco y bien colado, y sobre

102
todo que no absorba la tinta fácilmente, lo que constituye grave deficiencia y serio
impedimento para la escritura.

[GE 4,2,5] No permitirá que ningún alumno lleve papel que no esté cosido
lateralmente, ni que esté doblado en cuadro. Es preciso que las hojas estén cosidas en un
lado de su altura.

[GE 4,2,6] El maestro cuidará de que los alumnos mantengan siempre su papel muy
limpio, sin que esté arrugado ni doblado en las esquinas.

[GE 4,2,7] En la escuela habrá un armario o un camarín donde se guarden todos los
cuadernos, por orden, siguiendo las filas de alumnos, para poder repartirlos con rapidez.

[GE 4,2,8] Los encargados de la escritura, que repartirán y recogerán el papel, al


colocar los cuadernos uno tras otro, cuidarán de ver si cada uno tiene un modelo, una
falsilla y un secante, si se ha hecho la tarea y si se ha cumplido lo que el maestro le dijo
o enseñó al corregirlo, si ha dejado caer tinta en el papel, o si ha hecho garabatos; e
informarán de ello al maestro.

[GE 4,2,9] Sección 2.

De las plumas y del cortaplumas

[GE 4,2,10] Hay que obligar a los que escriben a que lleven cada día, al menos, dos
plumas grandes a clase, para que puedan siempre escribir con una mientras se talla la
otra.

[GE 4,2,11] Hay que cuidar que las plumas que se lleven no sean ni demasiado finas
ni demasiado gruesas, sino redondas, rígidas, lisas, secas y de la segunda muda.

[GE 4,2,12] El maestro cuidará de que las plumas estén limpias, y no llenas de tinta
ni mordisqueadas por el extremo, ni talladas demasiado cortas; y que los alumnos no las
metan en la boca ni las dejen tiradas.

[GE 4,2,13] Los que escriben en el tercer orden deben tener también un cortaplumas,
para que aprendan a tallar las plumas.

[GE 4,2,14] Todos los escribientes tendrán también una escribanía para guardar sus
plumas y su cortaplumas.

[GE 4,2,15] El maestro procurará que los alumnos tengan siempre escribanías muy

103
largas, de las más largas que se puedan encontrar, para que no se vean obligados a tajar
su pluma demasiado corta, lo que les impediría escribir bien.

[GE 4,2,16] Sección 3.°

De la tinta

[GE 4,2,17] Se proporcionará la tinta a los alumnos. Para ello, habrá tinteros de
plomo colocados en las mesas de modo que no se puedan volcar. Se pondrá uno entre
cada dos escribientes.

[GE 4,2,18] El maestro cuidará de que se eche tinta en ellos cuando se necesite, y
que el encargado de recoger los papeles limpie los tinteros una vez por semana, el último
día de clase. No se pondrá algodón en los tinteros, sino solo tinta.

[GE 4,2,19] El maestro procurará que los alumnos tomen tinta en cantidad moderada,
mojando solamente el extremo de la pluma, sacudiéndola luego en el tintero y nunca en
el suelo.

[GE 4,2,20] Sección 4.'

De los modelos

[GE 4,2,21] Habrá dos clases de modelos que se distribuyan a los alumnos, unos del
alfabeto, que contienen un alfabeto de letras todas unidas entre sí.

[GE 4,2,22] La segunda clase de modelos es de los modelos de líneas, cada uno de
los cuales debe contener cinco líneas.

[GE 4,2,23] Los modelos que se distribuyan a los alumnos estarán en hojas sueltas, y
los maestros no escribirán nunca en el papel de los alumnos.

[GE 4,2,24] Todos los modelos de líneas serán sentencias de la Sagrada Escritura o
de las máximas cristianas tomadas de los Santos Padres o de los libros de piedad.

[GE 4,2,25] Para este fin, en cada casa habrá dos colecciones, una de sentencias de la
Sagrada Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y otra de máximas de
piedad sacadas de diversos buenos libros.

[GE 4,2,26] Los maestros no darán ningún modelo a los alumnos que no esté sacado
de estas dos colecciones. Se procurará, sobre todo, tomarlos de la Sagrada Escritura, que
debe producir mayor impresión y mover con más intensidad los corazones, por ser la

104
palabra de Dios.

[GE 4,2,27] Los modelos de alfabeto serán todos de letra grande de contabilidad.

[GE 4,2,28] Los modelos de los que escriben por líneas deben tener tres tipos
distintos de letra, unos con letra grande de contabilidad y otros con letra menuda de acta.

[GE 4,2,291-Sección-5."

De las falsillas y de los secantes

[GE 4,2,30] Se darán falsillas a los que no sepan escribir derecho por sí mismos.

[GE 4,2,31] El Inspector de las Escuelas examinará quiénes pueden necesitarlas, y se


servirán de ellas lo menos posible.

[GE 4,2,32] La falsilla es una hoja de papel rayado, de la misma altura que el suyo,
con líneas a lo ancho, según la longitud que deben tener. Se llama falsilla porque al
colocarla bajo la hoja en que escriben, las líneas trazadas se dejan ver a través de esta
hoja, y sirven para escribir derechas las líneas, porque las escriben sobre las líneas
rayadas de la falsilla.

[GE 4,2,33] Cada alumno de escritura tendrá con su papel una hoja de papel gris, de
la dimensión de su papel, que absorba la tinta fácilmente, para poderla secar sin
emborronarla. Se llama papel secante por el uso que de él se hace.

[GE 4,2,34] El maestro y los encargados cuidarán de que todos la tengan.

[GE 4,3] ARTÍCULO 3.°

DEL TIEMPO QUE SE DEDICARÁ EN CLASE A LA ESCRITURA Y DE LO QUE


DEBE HACER CADA ALUMNO TODOS LOS DÍAS

[GE 4,3,1] Los alumnos dedicarán a la escritura una hora por la mañana y lo mismo
por la tarde. Por la mañana, desde las ocho a las nueve, y por la tarde, desde las tres a las
cuatro.

[GE 4,3,2] Desde el 15 de noviembre inclusive, hasta el 15 de enero inclusive, se


empezará a escribir a las dos y media, y se terminará a las tres y media.

[GE 4,3,3] Se hará lo mismo los días en que se dé una hora de catecismo, las
vísperas de los días en que haya asueto todo el día.

105
[GE 4,3,4] Si sucediera que algunos alumnos fueran a la escuela solo por poco
tiempo, y que necesitasen escribir más tiempo que los demás, para aprender a escribir
debidamente, se les podrá permitir que escriban durante todo el tiempo de clase, excepto
en el tiempo de lectura de manuscritos, de las oraciones y del catecismo, y siempre que
sepan leer de tal manera, tanto en francés como en latín y en la Urbanidad, que no vayan
a aprovechar más; y con tal que lean en todas las lecciones cuando les toque, que hagan
también, a su turno, los repasos del catecismo, de las respuestas de la santa Misa y de las
oraciones durante el desayuno y la me rienda, y que lleven al menos seis meses
escribiendo por líneas. Esto no se le permitirá a nadie sin orden del Hermano Director.

[GE 4,3,5] Los alumnos escribirán al menos dos páginas diarias, una por la mañana y
otra por la tarde.

[GE 4,4] ARTÍCULO 4.°

DE LOS DIFERENTES ÓRDENES DE ALUMNOS QUE ESCRIBEN EN


REDONDILLA

[GE 4,4,1] Habrá ocho órdenes de alumnos que escriben en letra redondilla,
diferentes y distintos uno de otro, según las diversas cosas que se enseña a los alumnos
en cada uno de ellos.

[GE 4,4,2] El primer orden o grado de los escribientes será el de aquellos que
aprenden a mantener bien el cuerpo y la pluma, y a hacer con facilidad los dos
movimientos, recto y circular.

[GE 4,4,3] Con estos, los maestros se aplicarán solo a cuidar de que mantengan
correctamente el cuerpo, las plumas y las manos, y que realicen bien los dos
movimientos.

[GE 4,4,4] El segundo orden o grado de alumnos de escritura es el de aquellos que


aprenden a trazar las cuatro letras, o, i, f, m, para lo cual deben realizar una página de
estas cuatro letras, una tras otra.

[GE 4,4,5] El tercer orden será el de aquellos que aprenden a trazar bien todas las
letras, y que deben realizar, a este efecto, una línea con cada letra del alfabeto, una tras
otra.

[GE 4,4,6] Con los alumnos de estos dos órdenes, los maestros tendrán cuidado solo
y con frecuencia de que den a las letras la forma adecuada, y que tracen los enlaces
nítidos y tal como deben ser, y bien colocados; y cuando sepan trazar bien las letras,

106
antes de pasarlos al cuarto orden, les enseñarán las derivadas de o, i, f, y el modo de
realizar las derivaciones de esas tres letras.

[GE 4,4,7] El cuarto orden será el de aquellos que, además de perfeccionarse en lo


aprendido en los órdenes precedentes, se ejercitan en dar a las letras el lugar y la
igualdad que deben tener en la misma línea, elevan los rasgos superiores sobre el cuerpo
de la escritura, y a sacar y hacer descender los rasgos inferiores en la medida en que
deben hacerlo, según la norma.

[GE 4,4,8] Para este fin, harán una línea de cada letra, ligadas una con otra, y así una
tras otra.

[GE 4,4,9] El quinto orden será el de aquellos que, además de perfeccionarse en todo
lo anterior, se aplican particularmente a dar a sus letras firmeza, elegancia y soltura, y a
poner las letras a la distancia, y las líneas con la separación que deben tener unas
respecto a las otras.

[GE 4,4,10] Los alumnos de este orden escribirán el alfabeto ligado, completo y de
seguido en cada línea; y en este alfabeto escrito de seguido en la misma línea, se exigirá
que guarden las mismas normas que se observan en una palabra que fuera tan larga que
ocupara una línea completa.

[GE 4,4,11] El sexto orden será el de aquellos que escriben textos formados con letra
grande de contabilidad. Mientras escriben con este tipo de letra, deben escribir durante
una semana una página de cada línea de su modelo, una después de otra; de este modo,
cada uno de los cinco días durante dos semanas en que haya clase escribirán solo una
línea; y en las dos semanas siguientes copiarán todo el modelo seguido. Copiarán de esta
forma todos los modelos que se les entreguen con este tipo de letra, y cada mes se les
darán modelos diferentes. También escribirán todos los días el alfabeto, ligado y
completo, en cada línea, por el reverso de su papel, media página cada vez, al comienzo
de la escritura, tanto por la mañana como por la tarde.

[GE 4,4,12] El 7.° orden o grado de los que escriben será el de los que escriben con
letra de contabilidad y con letra de comercio. Por la mañana deben escribir letra de
contabilidad y por la tarde letra de comercio. Escribirán siempre su modelo por completo
y de seguido, y continuarán escribiendo el alfabeto en letra grande, como los del orden
anterior.

[GE 4,4,13] El 8.° orden o grado de los que escriben será el de aquellos que escriben
por la mañana letra de comercio, y por la tarde letra de acta.

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[GE 4,4,14] Los de este orden, en lugar de escribir el alfabeto al comienzo de la
escritura, escribirán cada vez letra de acta corrida, en la mitad del reverso de su papel.
Para este fin, se hará que copien todos los días por la mañana de algunos buenos libros,
sobre todo cosas prácticas y que les convengan; y todos los días por la tarde, copiarán los
documentos manuscritos, llamados también registros, especialmente diligencias de
citación y de embargo, pagarés, recibos, presupuestos y contratos de trabajo,
arrendamientos y documentos notariales de diversas clases. Cuando hayan copiado
durante tres meses documentos manuscritos, dos veces por semana, los días en que se
enseña aritmética, en vez de copiar este tipo de documentos, redactarán ellos mismos,
cartas, pagarés, recibos, arrendamientos, contratos de trabajo, y otras cosas que puedan
serles útiles para el futuro.

[GE 4,4,15] El maestro cuidará de que los de este orden escriban todas estas cosas
con escritura corrida, bien legible y con correcta ortografía. Los maestros les corregirán
las faltas que cometan, tanto en la redacción como en la escritura, ortografía y
puntuación.

[GE 4,5] ARTÍCULO 5.°

DE LOS DIVERSOS ÓRDENES DE ALUMNOS QUE ESCRIBEN EN


BASTARDILLA

[GE 4,5,1] Ningún alumno escribirá en bastardilla si antes no ha escrito en redondilla


en los órdenes segundo y tercero, y sin que esté preparado para ser cambiado del tercer
orden al cuarto, a menos que existan las razones indicadas en el artículo primero del
presente capítulo.

[GE 4,5,2] Por tanto, un alumno no comenzará normalmente a escribir en bastardilla


mientras no haya iniciado el 4.° orden de escritura; y, en ese caso, si el Inspector o el
maestro consideran adecuado ponerle a escribir en bastardilla, le mandarán que deje de
escribir en redondilla.

[GE 4,5,3] Así, pues, solo habrá cinco órdenes de escritura en letra bastardilla, para
los alumnos que comiencen a escribir con letra redondilla.

[GE 4,5,4] El primer orden será el de aquellos a quienes se enseña la diferencia que
hay entre la letra en bastardilla y la letra en redondilla, y el modo de trazar las letras en
bastardilla, la situación que han de tener y la manera de inclinarlas.

[GE 4,5,5] Con este fin, harán una página de cada letra, ligadas entre sí y una

108
después de otra.

[GE 4,5,6] El segundo orden será el de aquellos a quienes se enseña la igualdad que
han de tener las letras entre sí, la distancia que deben guardar entre sí y la separación que
ha de haber entre las líneas.

[GE, 4,5,7] En este orden también se les enseñará a escribir con trazo firme y a pasar
de una letra a otra con facilidad.

[GE 4,5,8] En este orden los alumnos escribirán el alfabeto de seguido y todo entero
cada vez.

[GE 4,5,9] En el tercer orden de escritura en bastardilla, los alumnos copiarán textos
escritos con letras mayúsculas.

[GE 4,5,10] Los del 4.° orden escribirán por la mañana textos escritos en letras de
comercio, y por la tarde en minúsculas. Y en estos tres órdenes de escritura los maestros
y los alumnos observarán las mismas normas que en los órdenes 6.° 7.' y 8.' de los que
escriben en redondilla.

[GE 4,5,11] Si un alumno comienza a escribir en letra bastardilla y no puede dedicar


más que seis meses de tiempo para aprenderla, escribirá el alfabeto durante tres; el
primer mes, una página de cada letra ligada, y el tercer mes el alfabeto entero y de
seguido en cada línea.

[GE 4,5,12] Luego, durante los otros tres meses, escribirá textos escritos en letra de
comercio, y al comienzo de la escritura escribirá el alfabeto, como ya queda dicho
respecto de la letra redondilla.

[GE 4,5,13] Si el alumno que comienza a escribir letra bastardilla dispone de un año,
es decir, once meses, para aprenderla, el primer mes se le enseñará a mantener bien el
cuerpo y la pluma, y a hacer los dos trazos, recto y circular, tal como queda indicado
respecto de la letra redondilla. Luego escribirá el alfabeto durante seis meses; los dos
primeros, una página de cada letra ligada, y los dos meses siguientes, el alfabeto
completo y seguido en cada línea; y los cuatro últimos meses escribirá textos escritos
con letra de comercio, y escribirá el alfabeto al comienzo de la escritura, como queda
dicho respecto de la letra redondilla.

[GE, 4,5,14] En cuanto a los alumnos que dispongan de poco tiempo para aprender a
escribir, se les distribuirá el tiempo según se expuso anteriormente, de acuerdo con el

109
tiempo que puedan dedicar para aprenderlo; y al final del tiempo establecido, se les
cambiará por necesidad, sepan o no sepan lo que es preciso saber para ser cambiado.

[GE 4,5,15] Con todo, los maestros procurarán enseñarles en la lección siguiente lo
que corresponde a la anterior, suponiendo que no lo sepan suficientemente.

[GE 4,5,16] Todos estos órdenes de los que escriben tendrán asignado cada uno su
lugar en la clase, de forma que los escribientes del mismo orden estén todos seguidos y
que se puedan distinguir fácilmente a los de un orden y a los de otro.

[GE 4,6] ARTÍCULO 6.°

DEL MODO DE ENSEÑAR A MANTENER BIEN EL CUERPO

[GE 4,6,1] El maestro cuidará que los alumnos tengan el cuerpo lo más derecho
posible, y que no lo inclinen más que un poco, sin tocar la mesa, de modo que teniendo
apoyado el codo en la mesa, puedan apoyar la barbilla en el puño. Deben tener el cuerpo
ligeramente vuelto y libre hacia el lado izquierdo, de manera que todo el peso recaiga
sobre este lado. El maestro exigirá que mantengan exactamente todas las posturas que se
refieren a la posición del cuerpo, tal como están indicadas en las normas de la escritura.

[GE 4,6,2] Cuidará, sobre todo, de que no separen demasiado del cuerpo el brazo
derecho, y que no apoyen el estómago en la mesa. Pues, aparte de que esta postura es
muy desagradable, les podría causar graves molestias.

[GE 4,6,3] Para hacer que mantenga bien el cuerpo, el maestro pondrá él mismo al
alumno en la postura que debe tener. Para este fin, le colocará cada miembro en el lugar
en que debe estar y, cuando vea que cambia de postura, cuidará de volver a colocarlo
bien.

[GE 4,7] ARTÍCULO 7.°

DEL MODO DE ENSEÑAR A TENER LA PLUMA Y EL PAPEL

[GE 4,7,1] La segunda cosa que debe cuidar el maestro en la escritura es enseñar a
tener bien la pluma y el papel; y este cuidado es importante, pues los alumnos que no
hayan sido formados primero en sostener bien la pluma nunca escribirán bien.

[GE 4,7,2] Para enseñar debidamente el modo de sostener bien la pluma, el maestro
debe acomodar él mismo la mano del alumno, colocar la pluma entre sus dedos, del
modo como se indica en la regla de la escritura.

110
[GE 4,7,3] Para este fin, cuando comienzan a escribir será útil darles una varilla del
mismo grosor que la pluma, con tres muescas, una a la derecha y otra a la izquierda, para
indicar los sitios en que se deben colocar los tres dedos, y así aprendan a sostener la
pluma correctamente con ellos, y se habitúen a colocar debidamente esos tres dedos.

[GE 4,7,4] El maestro cuidará de que coloquen los tres dedos sobre esas tres
muescas, y que durante ocho días se dediquen en clase, durante la primera media hora de
escritura, a adquirir soltura de la mano con esta varilla. Incluso les recomendará que lo
ha gan, entonces y más adelante, lo más a menudo que puedan, tanto en su casa como en
otras partes.

[GE 4,7,5] A los que tengan la mano torpe, les hará usar un tornillo de cama o un
trozo de hierro redondo, en vez de la varilla.

[GE 4,7,6] En cuanto a los dos últimos dedos, que deben ponerse debajo de la pluma,
hará que se los aten durante algún tiempo en la postura que deben tener, tanto como
considere que lo necesitan.

[GE 4,7,7] En lo que respecta al modo de tener bien el papel, es preciso que se
coloque derecho. El maestro cuidará mucho de ello, pues si el papel está atravesado, las
líneas salen normalmente inclinadas, el cuerpo no puede estar en buena posición y las
letras no se pueden trazar bien.

[GE 4,8] ARTÍCULO 8.°

DE LA MANERA DE FORMAR PARA ESCRIBIR BIEN

[GE 4,8,1] Antes de que un alumno comience a escribir y que pase al 2.° y al 3er
orden de escritura, el maestro le enseñará a trazar bien las letras; por dónde hay que
comenzarlas, cuándo hay que aflojar o levantar la pluma, lo que se debe hacer de un solo
trazo y lo que se ha de hacer de varias veces, y luego hará que comprenda el modo de
hacer bien todas estas cosas.

[GE 4,8,2] Con el fin de que los alumnos puedan descubrir y aprender bien la forma
de las letras, el maestro cuidará de guiarles la mano de vez en cuando, según considere
que lo necesitan, y solo lo hará con quienes están en el primero y segundo orden de
escritura.

[GE 4,8,3] Poco después de haberles guiado la mano y haberles enseñado el modo de
trazar las letras, los dejará que escriban solos; con todo mirará de vez en cuando lo que
hayan escrito.

111
[GE 4,8,4] Luego les ejercitará y ayudará a que hagan bien los enlaces, con soltura,
aflojando un poco la pluma del lado del pulgar, y cuidará de que los hagan siempre así.

[GE 4,8,5] El maestro no permitirá que los alumnos escriban cosa distinta de lo que
está en su modelo, y por consiguiente, que ninguno escriba más que el alfabeto, hasta
que esté en el orden 6.° de letra redondilla o en el tercero de bastardilla.

[GE 4,8,6] El maestro tendrá cuidado de que cuando los alumnos escriban el alfabeto
no acerquen o separen demasiado las letras y las líneas.

[GE 4,8,7] Desde el momento en que el maestro pase a los alumnos al segundo orden
de escritura, les dará una falsilla, para que se habitúen a hacer los renglones derechos.
Estará atento a que sitúen la base del cuerpo de las letras sobre la línea de la falsilla.

[GE 4,8,8] Con todo, no se la dejará usar continuamente, sino que se la retirará de
vez en cuando, dejándoles que hagan cinco o seis líneas sin servirse de ella, para que se
acostumbren a escribir derecho por sí mismos, y sin ayuda.

[GE 4,8,9] Los que escriben por líneas no utilizarán la falsilla más que durante el
primer mes.

[GE, 4,8,10] Es importante no mandar a los alumnos escribir por líneas mientras no
sepan trazar bien todas las letras y escribir el alfabeto de todas las formas que se indican
en los órdenes de escritura; con la seguridad de que si se observa esta norma, los
alumnos después avanzarán más en la escritura en un mes, que en seis meses si no la
cumplen.

[GE 4,9] ARTÍCULO 9.°

DEL MOMENTO EN QUE EL MAESTRO TAJARÁ LAS PLUMAS DE LOS


ALUMNOS, Y DEL MOMENTO Y MANERA DE ENSEÑAR A LOS ALUMNOS
A TAJARLAS

[GE 4,9,1] El maestro tajará las plumas de los alumnos cuando lo necesiten, pero
solo durante el tiempo de la escritura.

[GE 4,9,2] Para este fin, los alumnos que necesiten que se tajen sus plumas, cuidarán
de colocarlas delante de ellos, para que cuando pase el maestro para corregir su escritura
pueda verlas. Se mantendrán descubiertos hasta que el maestro se la haya entregado, y al
recibirla le besarán la mano y le harán una reverencia. Mientras el maestro taja sus
plumas no dejarán de escribir.

112
[GE 4,9,3] Cuando el alumno haya escrito un mes o más en el tercer orden, el
maestro le mandará que taje sus plumas él mismo.

[GE 4,9,4] El maestro tomará tiempo, durante los primeros quince días del primer
mes, en que un alumno escriba en el tercer orden, para enseñarle el modo de tajar bien
las plumas; y a cada alumno solo se lo enseñará una vez por día.

[GE 4,9,5] Para que el alumno pueda aprender a tajar bien las plumas, el maestro
hará que vaya junto a él, le hará observar todo lo que se necesita para hacerlo bien, y
procederá de esta manera.

[GE 4,9,6] El maestro, para mostrar cómo se taja una pluma en todas sus formas,
utilizará una pluma nueva, y enseñará al alumno: 1. El modo de arrancar los pelos sin
desgarrarla; 2. El modo de sujetarla con los dedos; 3. El modo de abrir el cañón de la
pluma por el extremo, tanto por el lomo como por el vientre; 4. El modo de sujetar la
pluma para rajarla; 5. Con qué y de qué modo hay que rajarla; 6. En qué longitud hay
que rajarla, tanto para la letra redondilla como para la letra bastardilla y la letra corrida;
7. El modo de vaciarla, y cómo hay que servirse de la punta del cortaplumas para
hacerlo; 8. Que para la letra corrida se necesita que los dos ángulos (lados) de la pluma
sean iguales, y que para las otras letras, uno de los ángulos debe ser grueso y más largo,
y el otro más fino y más corto; 9. Qué lado debe ser el más grueso y más largo; 10. Qué
lado debe ser el más fino y más corto; 11. El modo de abrirlo, la longitud y profundidad
de la abertura, con qué parte de la cuchilla del cortaplumas se debe hacer; 12. El modo
de afinar el pico de la pluma y de tajarla usando el centro de la cuchilla; 13. Cómo hay
que tener el cortaplumas al tajarla, si hay que tenerlo derecho o inclinado; 14.
Finalmente, que no hay que tajarla sobre la uña del pulgar, sino sobre el lomo del cañón
de otra pluma, que se introduce en la que se está tajando.

[GE 4,9,7] El maestro enseñará luego al alumno todos los término de los que se ha
servido al tajar la pluma, como por ejemplo, a qué se llama ángulos [lados], esquinas,
etc., y hará que los repita.

[GE 4,9,8] El maestro, para lograr que los escolares comprendan, retengan y
practiquen bien todas estas cosas relativas al modo de tajar correctamente la pluma, hará
tres cosas: primero, durante tres días tajará una pluma nueva en presencia del alumno, el
alumno mirará y el maestro explicará al alumno todo lo que hace para tajarla, y cómo lo
hace; segundo, el maestro tajará una pluma ante el alumno, e inmediatamente hará que el
mismo alumno taje otra, indicándole lo que hay que hacer y el modo de realizarlo bien, y
cuando se equivoque lo corregirá, y esto lo hará durante ocho días; tercero, el maestro
mandará al alumno que taje una antes de presentarse ante él, sin decirle nada de lo que

113
hay que hacer, y luego le hará notar los defectos que haya podido cometer al tajarla, y le
mandará corregirlo, y esto se lo mandará hacer hasta que sepa tajarla perfectamente.

[GE 4,10] ARTÍCULO 10.°

DEL MODO DE REVISAR A LOS ALUMNOS QUE ESCRIBEN Y DE


CORREGIRLES LA ESCRITURA

[GE 4,10,1] Es necesario que el maestro revise cada vez a todos los que escriben, e
incluso varias veces a los que empiezan, y que al revisarlos advierta si las plumas de los
que las cortan están bien cortadas, si mantienen el cuerpo en la postura correcta, si el
papel está derecho y limpio, si sujetan bien la pluma, y si tienen modelos, si escriben
todo lo que deben, si se aplican a realizarlo bien, si no escriben demasiado deprisa, si
hacen derechos los renglones, si trazan todas las letras con la misma inclinación y con la
distancia conveniente, si el cuerpo de todas las letras es de la misma altura y del mismo
tipo, si son claras y están bien trazadas, y si las palabras y renglones no están ni
demasiado juntos ni demasiado separados.

[GE 4,10,2] El maestro corregirá cada vez la escritura de la mitad de los que
escriben, y así, entre la mañana y la tarde, se la corregirá a todos, sin falta.

[GE 4,10,3] Irá pasando por detrás de todos, uno después de otro, y para ello habrá
algún espacio entre los bancos de los que escriben; se colocará al lado derecho de aquel a
quien va a corregir, y le hará notar todos los defectos en que incurre al escribir, tanto en
la postura del cuerpo como en el modo de sostener la pluma y de trazar las letras, y en
todas las demás cosas en que ha de fijarse, al revisarlos, y que se han dicho antes.

[GE 4,10,4] Cuando el maestro, al corregir, hable de rasgos verticales, pies, cabezas,
colas, miembro y cuerpo de letra, separación, distancia, alejamiento, altura, anchura,
redondeo, semirredondeo, gruesos y finos, letra minúscula, letra mayúscula, les explicará
todos los términos a cada uno en particular, y luego les pedirá la explicación,
preguntando, por ejemplo, qué es un rasgo vertical.

[GE 4,10,5] El maestro cuidará de que los alumnos estén atentos cuando les corrige
la escritura, señalándoles con un pequeño trazo de pluma las principales faltas que hayan
cometido.

[GE 4,10,6] Al comienzo tendrá cuidado de no señalarles más que tres o cuatro
defectos, por temor a que se confundan si les señala mayor número, y que olviden lo que
les haya enseñado, a causa de la confusión que introduciría en su mente un elevado

114
número de defectos que les haya corregido.

[GE 4,10,7] Al mismo tiempo que corrige a los alumnos, el maestro les hará observar
cómo traza las sílabas y las letras que hace para corregirlos; y para que se esmeren luego
a trazarlas igual, las hará encima o al margen de su papel; les mandará hacer una línea de
cada letra o sílaba que les haya corregido, y dos líneas de cada palabra; y si no tuvieran
tiempo suficiente para hacer todo en ese día, les encargará que lo acaben al día siguiente,
antes de comenzar a copiar su modelo; e incluso, si aun así no lo consiguen, les mandará
hacer solo las sílabas, letras o palabras en las que cometen falta, una o dos veces
seguidas, durante todo el tiempo que tienen para escribir.

[GE 4,10,8] El maestro, al corregir la escritura de los alumnos, no escribirá en el


papel ninguna línea, ni ninguna palabra de varias sílabas; bastará que haga la letra que el
alumno ha trazado mal, y si comete la falta en el enlace, escribirá las dos letras enlazadas
o, a lo sumo, la sílaba.

[GE 4,10,9] Mientras el maestro revisa y corrige la escritura de los alumnos, tendrá
cuidado siempre de no perder de vista a los demás; para ello, de vez en cuando alzará la
cabeza para ver todo lo que ocurre en clase, y si advierte que alguien está en falta, le
avisará con un signo de la boca. Vigilará especialmente sobre aquellos que más lo
necesitan, es decir, los principiantes y los perezosos. Tendrá cuidado de que durante ese
tiempo nada se oculte a su mirada.

[GE 4,10,10] Cuando el maestro revise a los alumnos y corrija su escritura prestará
atención a los que practican los movimientos rectos y circulares. Si la pluma se les
escapa de los dedos, se la pondrá en la mano, enseñándoles lo que deben hacer para
sostenerla; verá si al hacer esos movimientos mueven el brazo en vez de alargar y
contraer los dedos; si tienen más dificultad en alargar los dedos que el brazo; si mueven
siempre primero el pulgar; si hacen esos movimientos teniendo la mano apoyada; si la
fuerzan al hacerlos, en vez de hacerlos con soltura; les señalará estos defectos y los
medios para corregirlos; les enseñará cómo es necesario que contraigan y alarguen los
dedos, cómo mover el brazo, sin apoyarlo demasiado en la mesa, y cómo han de poder
escribir desde un lado al otro del papel tocando solo suavemente el papel con la punta de
la pluma, y deslizando el brazo de un extremo al otro, de izquierda a derecha.

[GE 4,10,11] Respecto del movimiento recto, atenderá a si lo hacen derecho, de


arriba abajo, y si tienen los dedos demasiado rígidos; o, si por el contrario, los contraen
cuanto es preciso para hacerlo bien, y si mantienen siempre la pluma sin variar, tanto al
subir como al bajar.

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[GE 4,10,12] Respecto del movimiento circular, si lo comienzan desde abajo y desde
arriba con igual facilidad, y lo mismo de izquierda a derecha que de derecha a izquierda;
si tienen los dedos demasiado rígidos y el brazo como pegado a la mesa.

[GE 4,10,13] El maestro observará de vez en cuando cómo realizan esos dos
movimientos los del primer orden, para conocer por sí mismo los defectos en que
incurren en lo tocante a todas estas cosas antes indicadas, y procurarles, al mismo
tiempo, los medios para corregirse de inmediato.

[GE 4,10,14] El maestro hará notar a los del segundo y tercer orden, e incluso a los
demás de otros órdenes, todos los defectos relativos al modo de trazar bien las letras. Si,
por ejemplo, una b en letra redondilla hecha por un alumno se inclina demasiado a un
lado o a otro, si está curvada o gibosa; si presenta bien sus dimensiones, es decir, si tiene
la altura correspondiente, que debe ser de dos cuerpos de escritura, esto es, ocho picos de
pluma, o si es excesivo; si tiene la anchura debida por arriba o por abajo, si falta alguna
de sus porciones por arriba o por abajo, si no guardan las proporciones que deben tener;
igualmente, si los gruesos están donde deben, y si los finos están también donde deben
estar. Y procederá igual con todas las demás letras.

[GE 4,10,15] Les señalará todos los defectos que hayan cometido en la formación de
las letras con un trazo de pluma en cada sitio. Por ejemplo, si la b está demasiado
tumbada hacia el lado derecho, la señalará con una barra inclinada a la derecha, y si lo
está demasiado hacia la izquierda, trazará una barra inclinada a la izquierda.

[GE 4,10,16] A los del tercer orden y siguientes les hará notar todos los defectos que
hayan podido cometer en lo tocante a los enlaces: 1. Si los han hecho donde no se
necesitaba; 2. Si no los han hecho donde había que hacerlos; 3. Si los comienzan en un
sitio de la letra distinto de aquel de donde deben salir; 4. Si suben demasiado arriba; 5. Si
no suben lo suficiente; 6. Si son demasiado finos; 7. Si son demasiado gruesos; 8. Si son
ondulados cuando deben ser circulares; 9. Si son rectos cuando deben ser circulares; 10.
Si tienen la pluma como hay que tenerla para trazarlos, y si la giran, en vez de aflojarla.

[GE 4,10,17] Para hacer que los que escriben comprendan bien y fácilmente los
defectos de sus letras y enlaces, el maestro, después de hacérselo ver, les preguntará qué
falta a la letra o al enlace que el alumno haya hecho mal, la forma que han de tener,
trazando una y otro sobre la letra o el enlace que el alumno haya trazado y que esté mal
hecho; después les preguntará por qué está bien lo que él ha corregido, y qué hay ahora
que no estaba en la letra del alumno; luego hará una letra o dos unidas encima, entre
líneas, les mandará hacer alguna igual, y observará cómo la trazan.

116
[GE 4,10,18] Cuando el maestro haya enseñado o corregido algo a un alumno de los
tres primeros órdenes, no lo abandonará en seguida, sino que le mandará hacer lo que le
haya enseñado, o las letras que le haya corregido, mientras el maestro está presente y
mira cómo lo hace, tanto para ver si sostiene la pluma como le mostró, como para ver si
realiza bien lo que le enseñó, con el fin de indicarle en qué falta; pues si lo dejara en
seguida, el alumno se olvidaría de cuanto le hubiera enseñado; en cambio, si no lo
abandona, contentará a los padres, pues no dejará de contarles lo que el maestro le ha
enseñado, haciéndole escribir junto a él, que le ha llevado la mano, y así de lo demás.

[GE 4,10,19] Si el alumno falla en la colocación de las letras, el maestro trazará dos
rasgos rectos de pluma sobre todos los lugares del renglón en que el alumno haya
fallado; uno desde la base de la primera letra que esté bien situada, y el otro sobre la
altura del cuerpo de la letra.

[GE 4,10,20] Luego le hará notar en qué consiste el defecto de colocación y cuáles
son las letras que no están bien colocadas.

[GE 4,10,21] El maestro procederá del mismo modo cuando los rasgos verticales no
sean de la misma longitud o de idéntica colocación. Para corregir el defecto de distancia
entre las letras, el maestro indicará la distancia que debe haber entre la letra precedente y
el lugar de la siguiente, y luego hará un rasgo de pluma, trazado de arriba abajo, en el
sitio en que debería haberse puesto el primer miembro de la letra siguiente que esté
demasiado cerca o demasiado alejada de la precedente.

[GE 4,10,22] Para corregir el defecto de distancia entre las palabras, ya sea que esas
palabras estén demasiado cerca o demasiado alejadas, el maestro trazará entre las
palabras una m, que mide siete picos de pluma, que es el espacio que debe haber entre
las dos palabras separadas por un punto.

[GE 4,10,23] Si hubiere punto, coma, punto y coma o dos puntos, trazará dos n, que
miden diez picos de pluma, que es la distancia que han de guardar una y otra.

[GE 4,10,24] Para corregir el defecto de separación entre las líneas, señalará cuatro
cuerpos de escritura en el margen del papel, entre las líneas que estén demasiado
cercanas o demasiado separadas, para que el alumno se dé cuenta cuál es el espacio que
debe haber entre las líneas. El maestro trazará, por ejemplo, cuatro o, unidas, una sobre
otra, con la medida de dieciséis picos de pluma.

[GE 4,10,25] Para lograr que adquieran agilidad y corregir la falta de soltura en la
escritura, el maestro cuidará de que los alumnos no se apoyen sobre el papel, y no hagan

117
más que tocarlo suavemente con la pluma, casi sin notarlo, y que no escriban con
excesiva lentitud.

[GE 4,10,26] Les hará notar que ese defecto proviene de que tienen el brazo como
pegado a la mesa, que no articulan los dedos y que no les dan el movimiento que deben
tener, o porque su cuerpo está demasiado inclinado o incluso encorvado sobre la mesa.

[GE 4,10,27] Para lograr que un alumno se corrija de este defecto, si es lento, hay
que obligarle a escribir deprisa, sin apoyar el brazo en la mesa, posando solamente la
extremidad de los dos dedos de apoyo, sin preocuparse de si forma bien o mal las letras,
atendiendo únicamente a que adquieran confianza y soltura.

[GE 4.10.28] Si se trata de un alumno de naturaleza viva, bastará con enderezarle la


mano, el brazo o el cuerpo, y después de enseñarle lo que debe hacer, dejarlo que actúe a
su aire, frenándolo, no obstante, y moderándolo si es demasiado activo.

[GE 4,10,29] Y para lograr que todo tipo de alumnos adquieran libertad y soltura, el
maestro les enseñará el modo de pasar de una letra a otra, como de la j a la f, o de la c a
la o, sin pararse y sin levantar la pluma. Y para corregir los defectos que pudieran haber
cometido en todo lo que se refiere a la confianza y a la soltura, él mismo, delante de
ellos, hará lo que desea que hagan para corre girlo, y luego les mandará hacer lo que él
acaba de realizar y que ellos hicieron mal.

[GE 5] CAPÍTULO 5.°

De la aritmética

[GE 5,0,1] En cada clase en que se escriba por lineas, habrá un tablero de... pies de
ancho, y de... pies de alto, que conste de dos paneles, en cada uno de los cuales se
puedan escribir las operaciones de aritmética, excepto la división y las operaciones que
dependen de ella, para las que se necesita un panel entero.

[GE 5,0,2] Este tablero debe estar fijado en la pared en el sitio más cómodo, la parte
baja elevada cinco pies del suelo, y la parte alta inclinada hacia adelante medio pie.

[GE 5,0,3] Es preciso también que los dos paneles de este tablero estén pintados al
óleo en color negro, para que se puedan escribir en él las operaciones con tiza.

[GE 5,0,4] En la lección de aritmética habrá alumnos de distintas lecciones. Unos


aprenderán la suma, otros la resta, o la multiplicación o la división, según lo adelantados
que estén.

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[GE 5,0,5] El maestro cuidará de escribir en el tablero una operación de cada lección,
los sábados o los últimos días de clase en la semana, si el sábado fuera fiesta.

[GE 5,0,6] Cuidará que los que aprenden aritmética escriban cada uno su operación,
el lunes por la mañana, al comienzo de la escritura, o el primer día de clase de la semana
si el lunes fuera fiesta. Con este objeto deben tener un cuadernillo de papel blanco,
doblado en cuatro.

[GE 5,0,7] No se enseñará aritmética sino a los que comiencen a estar en el cuarto
orden de escritura en letra redondilla, y en el segundo orden de bastardilla, y será el
Hermano Director o el Inspector quien ponga en esa lección lo mismo que en las otras.

[GE 5,0,8] La aritmética se enseñará el martes o el viernes por la tarde, de una y


media a dos. Si el martes fuere fiesta, se enseñará el miércoles; y si fuere fiesta el
viernes, se enseñará el sábado.

[GE 5,0,9] Para enseñar la aritmética, el maestro estará de pie delante de su sitial, y
un alumno de cada lección, de pie, realizará la operación de su lección, señalando las

119
cifras una tras otra con una varita, y sumando, restando, multiplicando o dividiendo en
voz alta.

[GE 5,0,10] Así, para hacer bien la suma, comenzará con los dineros, y siempre por
arriba. Dirá, por ejemplo, 6 y 9, suman 15, etc.

[GE 5,0,11] Al mismo tiempo que un alumno hace la operación de su lección, el


maestro le hará diversas preguntas referentes a esa operación, para que la comprenda y
retenga mejor; y si el maestro emplea términos que el alumno no entiende, que son ex
presiones propias de la materia, se las explicará todas, y se las hará repetir antes de
seguir adelante.

[GE 5,0,12] El maestro interrogará también, de vez en cuando, a otros alumnos de la


misma lección, para comprobar si están atentos y si la comprenden.

[GE 5,0,13] Si el que realiza la operación se equivoca en algo, el maestro hará señal
a otro alumno de la misma lección, o de otra lección superior, para que le corrija,
diciendo bien lo que el otro haya dicho mal; y si no hay otra lección superior a esa, en
caso de que no haya alumnos capaces de decirlo, lo dirá el mismo maestro.

[GE 5,0,14] El alumno que realice la operación en el tablero, al hacerlo deberá


escribir debajo el total de la suma, la cantidad restada y el total de la sustracción, el
producto y el total de la multiplicación, el cociente y los residuos de la división; y luego
la prueba de la operación que acaba de hacer. Después, el alumno borrará todo lo que
haya escrito él, y no más, para que otro pueda hacer la misma operación.

[GE 5,0,15] En la aritmética, lo mismo que en las demás lecciones, se comenzará por
la lección más elemental y se acabará por la más dificil.

[GE 5,0,16] Cuando el alumno que hace la operación de la primera, es decir, de la


lección más baja, haya terminado, el que debe realizar la operación de la lección
siguiente hará la operación del mismo modo, y así los otros.

[GE 5,0,17] Cuando un alumno realice una operación de aritmética, cualquiera que
sea la lección, todos los demás de la misma lección mirarán al tablero, mientras
permanecen sentados, y estarán atentos a los números que el alumno señale y a lo que
vaya diciendo al realizar la operación.

[GE 5,0,18] Todos los alumnos que escriben y que no estudian aritmética, prestarán
igualmente atención.

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[GE 5,0,19] El maestro llevará una lista de todos los alumnos que aprenden
aritmética, diferenciados por lecciones, y cuidará de que todos realicen en clase una
operación de su lección en el tablero, uno tras otro, sin exceptuar a nadie.

[GE 5,0,20] Los alumnos de cada lección estarán, incluso, diferenciados en


principiantes y adelantados. Los principiantes realizarán su operación en el cuaderno,
después que el alumno a quien toca la haya hecho en voz alta; y en cuanto a los que
están en la división, los principiantes harán algunas operaciones de resta y de
multiplicación mientras los de las primeras lecciones realicen su operación, para no
olvidar lo que han aprendido.

[GE 5,0,21] Todos los adelantados de cualquier lección harán por su cuenta las
operaciones de su lección mientras los de las otras lecciones realizan su operación.

[GE 5,0,22] El martes de cada semana o el primer día de aritmética, todos los
alumnos que la estudian y que son del grupo de adelantados, presentarán, realizada en
sus cuadernos, la operación de la lección que el maestro hubiere puesto en el tablero para
esa semana, con otras que ellos mismos hayan ideado; y el viernes llevarán algunas
operaciones, tanto de su lección como de las inferiores, que hayan hecho por sí mismos,
y que el maestro les hubiere indicado que realizaran, según su capacidad.

[GE 5,0,23] El martes y el viernes por la tarde, durante el tiempo de la escritura, el


maestro corregirá las operaciones de los que estudian aritmética, las que hayan realizado
por sí mismos en su papel, en lugar de corregir su escritura. Les explicará todas las
dificultades, preguntándoles, por ejemplo, respecto de la suma, por qué se comienza con
los dineros, por qué se reducen los dineros a sueldos, y los sueldos a libras, poniéndoles
otras preguntas parecidas, según note que lo necesitan y explicándoselo por completo.

[GE 6] CAPÍTULO 6.°

De la ortografía

[GE 6,0,1] El maestro de escritura cuidará de enseñar la ortografía a los que estén en
el 7.° orden de escribientes de redondilla o en el 4.° de bastardilla, y el Inspector de las
Escuelas se preocupará de ello.

[GE 6,0,2] El modo de enseñarles la ortografía será mandarles copiar textos


manuscritos, sobre todo cosas que les será útil aprender a redactar y que podrán necesitar
en el futuro, tales como contratos, recibos, contratos de trabajo, actas notariales,
obligaciones, procuraciones, contratos de alquiler y venta, notificaciones, actas, etc.,

121
para que puedan grabar estas cosas en la imaginación y aprendan a hacer otras parecidas.
Después que hayan copiado durante algún tiempo este tipo de documentos, el maestro
les mandará redactar, por su cuenta, contratos, recibos, contratos de trabajo, memorias de
obras realizadas en diversas profesiones, albaranes de entrega de mercancías,
presupuestos de mano de obra, etc.

[GE 6,0,3] Al mismo tiempo les mandará también escribir lo que recuerden del
catecismo que se les haya dado durante la semana, sobre todo el de los domingos y
miércoles, vísperas de asueto y del día de fiesta, si hubiere alguno en la semana. Si el
maestro considera que algunos no pueden hacerlo, les encargará que escriban la lección
de catecismo de la diócesis que hayan aprendido durante la semana anterior, y deberán
escribirla sin mirar al libro. Para este fin, el maestro les mandará que tengan un
cuadernillo y que lo lleven todos los martes y viernes, o los demás días en que se estudia
aritmética, [omitido: para corregirlo con las operaciones de aritmética] que hayan
realizado.

[GE 6,0,4] Para corregir las faltas de ortografía en estos escritos, el maestro añadirá y
escribirá él mismo las letras que hayan omitido, o reemplazará las que hayan puesto, y
tachará las que estén mal. Si hubiera varias palabras iguales, en que el alumno haya
cometido la misma falta de ortografía, el maestro corregirá la primera de esas palabras
poniendo en ella las letras que deba haber, y tachando las que están de sobra, y señalará
las otras palabras, con un trazo de pluma hecho de la misma forma, en el sitio en que el
alumno haya cometido falta.

[GE 6,0,5] El maestro mandará luego a los alumnos en cuyos escritos haya corregido
la ortografía, que los repitan en su casa y que los pongan en limpio, tal como se los ha
corregido; y en la siguiente ocasión en que corrija su ortografía comprobará si han
cumplido este deber.

[GE 7] CAPÍTULO 7.°

De las oraciones

[GE 7,1] ARTÍCULO 1.°

DE LAS ORACIONES DIARIAS QUE SE HACEN EN CLASE

[GE 7,1,1] Al comienzo de la clase, a las ocho de la mañana, en cuanto la campana


termine de sonar, se hará la señal de la santa cruz y luego se dirá: Ven¡, Sancte Spiritus,
etc. Por la tarde se dirá: Ven, Espíritu Santo, etc., como está indicado en el Libro de
oraciones de las Escuelas Cristianas.

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[GE 7,1,2] Antes y después del desayuno y de la merienda se dirán las oraciones que
están indicadas en el mismo libro para antes y después de las comidas.

[GE 7,1,3] Durante todo el tiempo de clase, fuera del tiempo del catecismo o de las
oraciones, habrá siempre dos o tres alumnos de rodillas, uno de cada clase, que reciten el
rosario, unos después de otros, en un sitio de la escuela destinado a este fin.

[GE 7,1,4] A cada hora del día se harán breves oraciones que servirán al maestro
para renovar su atención sobre sí mismo y a la presencia de Dios, y a los escolares para
habituarles a pensar en Dios de vez en cuando durante el día, y disponerlos a ofrecerle
todas sus acciones, para atraer su bendición sobre ellas.

[GE 7,1,5] Al comienzo de cada lección se harán breves oraciones o algunos actos
para pedir a Dios la gracia de estudiarla y aprenderla bien.

[GE 7,1,6] Todos los días se hará en clase la oración de la tarde y de la mañana. La
oración de la mañana se dirá a las diez y tres cuartos, si se hace oír la santa Misa a los
alumnos durante el tiempo de clase. Pero si se les lleva al final de la clase, se dirá a las
diez.

[GE 7,1,7] La oración de la tarde será al final de la clase de la tarde, a las cuatro y
media; y durante el invierno, desde el 15 de noviembre hasta el 15 de enero inclusive, se
hará a las cuatro.

[GE 7,2] ARTÍCULO 2.°

DE LAS REFLEXIONES DE LA ORACIÓN DE LA MAÑANA Y DEL EXAMEN DE


LA ORACIÓN DE LA TARDE

[GE 7,2,1] En la oración de la mañana hay cinco reflexiones, para los cinco días de
clase de la semana. Se leerán todos los días, haciendo breve pausa entre una y otra. El
alumno que preside la oración, después de leerlas todas, repetirá una, que será aquella a
la que hay que aplicarse especialmente ese día. Luego se hará una pausa como de un
Miserere de duración, durante la cual cada maestro en su clase hará una corta
exhortación acomodada al alcance de sus alumnos, sobre el tema de esa reflexión.

[GE 7,2,2] Estas cinco reflexiones se repetirán, de ese modo, por orden, y cada una
servirá de tema de exhortación, una tras otra, los cinco días de la semana en que hay
clase.

[GE 7,2,3] Si hay en la semana una fiesta que caiga el lunes, martes o miércoles, los

123
dos días, de esos tres, en que haya clase, el maestro hablará del tema de las dos primeras
reflexiones, y el jueves, de la tercera. Si la fiesta cae en viernes o sábado, el maestro
hablará el jueves del tema de la cuarta reflexión, y al día siguiente que no sea fiesta,
sobre el tema de la quinta. Si hay dos fiestas en la semana, entonces se omitirá la primera
reflexión; y si hay tres fiestas, se omitirán las dos primeras.

[GE 7,2,4] En la oración de la tarde hay un examen, que contiene los pecados que de
forma más ordinaria pueden cometer los niños. Este examen se divide en cuatro partes, y
cada parte o artículo, en cinco puntos.

[GE 7,2,5] Solo se leerá cada día uno de los cuatro artículos, y se leerá el mismo
artículo todos los días de la misma semana, y de ese modo, los cuatro artículos servirán
para cuatro semanas consecutivas, y después de la última semana se comienza a leer de
nuevo el primer artículo.

[GE 7,2,6] Respecto de los cinco puntos del artículo que se lea durante la semana, se
observará el mismo orden y el mismo proceder que lo indicado más arriba respecto de
las cinco reflexiones señaladas para la oración de la mañana.

[GE 7,2,7] Así, cada día de la semana en que haya clase, cada maestro explicará en
su clase uno de los cinco puntos del artículo de examen que se lee para esa semana, y
explicará por menudo a los escolares los pecados que pueden cometer en lo referente a
ese artículo, sin determinar nunca si es pecado mortal o venial. Al mismo tiempo
procurará inspirarles mucho horror a ellos y les propondrá los medios para evitarlos.

[GE 7,3] ARTÍCULO 3.°

DE LAS ORACIONES QUE SE HACEN EN LA ESCUELA Y QUE NO SON


DIARIAS

[GE 7,3,1] Todos los sábados o vísperas de fiesta de la Santísima Virgen se rezarán
las letanías de la Santísima Virgen después de la oración de la tarde.

[GE 7,3,2] Las vísperas de las fiestas de Navidad, de la Adoración de los Reyes y de
la Purificación, se recitarán al final de la oración las letanías del Santísimo Niño jesús.

[GE 7,3,3] La víspera de la Circuncisión se recitarán las letanías del Santísimo


Nombre de jesús, y la víspera de san José, las letanías de este santo. Todo de la manera
que está indicada en el Libro de Oraciones de las Escuelas Cristianas.

[GE 7,3,4] Durante la octava del Santísimo Sacramento, y el lunes y martes antes de

124
Cuaresma, se enviará a los alumnos de dos en dos, uno de cada clase, o de tres en tres, si
hubiere tres clases, unos después de otros, a la iglesia más cercana donde esté expuesto
el Santísimo Sacramento, para adorarlo, y permanecerán allí por espacio de una media
hora, siempre de rodillas.

[GE 7,3,5] Los tres días de cada una de las Cuatro Témporas, el día de san Marcos y
el de Rogativas, después de la oración que se hace al entrar en la clase, y antes de la
oración que se hace antes del desayuno, se recitarán las letanías de los santos, tanto por
las necesidades de la Iglesia, por las cuales se reza particularmente en esos días, como
por los sacerdotes y los demás ministros de la Iglesia que hayan de ser ordenados el
sábado.

[GE 7,3,6] Cuando en clase se oiga la campanilla que advierte que se lleva el
Santísimo Sacramento a algún enfermo, todos los alumnos se pondrán de rodillas, y cada
uno adorará en particular al Santísimo Sacramento, hasta que el maestro haga signo de
levantarse.

[GE 7,3,7] Cuando en la ciudad fallezca alguno de los maestros, al final de la


oración, tanto de la mañana como de la tarde, se rogará después de la oración por las
almas del purgatorio, y antes de la bendición se dirá el De profundas; el que preside las
oraciones dirá un versículo y los alumnos dirán el siguiente, y al terminar el salmo, el
que preside las oraciones dirá la colecta Inclina Domine, por el reposo de su alma.

[GE 7,3,8] Cuando fallezca algún alumno de una de las clases de la escuela, en todas
las clases de esa escuela se dirá solo el salmo De profundas y la colecta Inclina Domine,
el primer día de clase después de su muerte, por el reposo de su alma, siempre que el
alumno tenga al menos siete años.

[GE 7,3,9] No se mandará rezar en la clase ninguna otra oración, ni en ninguna otra
ocasión fuera de las indicadas en el presente artículo; y tampoco se añadirá nada, sin
orden del Superior del Instituto, quien en determinada necesidad pública o por alguna
causa referente a las necesidades del Instituto, podrá mandar que se añadan al final de la
oración las letanías de la Santísima Virgen o alguna otra breve oración, y solo por algún
tiempo.

[GE 7,4] ARTÍCULO 4.°

DE LA POSTURA QUE EL MAESTRO Y LOS ALUMNOS DEBEN TENER


DURANTE LAS ORACIONES. DEL MODO DE DECIRLAS Y DEL ORDEN
QUE EN ELLAS DEBE OBSERVARSE

125
[GE 7,4,1] Durante las oraciones, como en cualquier otra ocasión, el maestro hará lo
que desea que hagan los alumnos. Para este fin, durante las oraciones del comienzo de la
clase, las oraciones de la mañana y de la tarde al final de la clase, y los actos que se
dicen antes de ir a la santa Misa, permanecerá siempre de pie delante de su sitial, con un
exterior muy modesto, muy recogido y circunspecto, con los brazos cruzados y mucha
modestia, para dar ejemplo a los alumnos de lo que deben hacer durante ese tiempo.

[GE 7,4,2] Los alumnos estarán siempre de rodillas, con los brazos cruzados,
manteniendo el cuerpo derecho, bien ordenados y con los ojos bajos.

[GE 7,4,3] El maestro cuidará que no se muevan, no cambien de postura, no se


apoyen con los brazos, ni delante ni detrás, no se sienten sobre los talones, no vuelvan la
cabeza para mirar atrás, y que ni siquiera miren hacia delante, y sobre todo que no se
toquen ellos mismos ni se toquen unos a otros, cosa que no harán si el maestro procura
que todos se mantengan con los brazos cruzados.

[GE 7,4,4] Durante las demás oraciones que se hacen en común en la clase, el
maestro y los alumnos permanecerán sentados en su sitio, con los brazos cruzados, y con
exterior tan modesto como el que antes se ha indicado respecto de las oraciones de la
mañana y de la tarde.

[GE, 7,4,5] En cada escuela habrá un alumno de la clase superior que esté encargado
de comenzar todas las oraciones que se hagan en la escuela; por ello se le llamará
presidente de oraciones. Dirá, él solo, el título de los actos, las reflexiones y el examen, y
en las oraciones del Ven¡, Sancte y Ven, Espíritu Santo, que se dicen al comienzo de la
clase, dirá los versículos él solo, las colectas y Ave Maria hasta el Sancta Maria. En las
letanías dirá el Kyrie eleison, y los alumnos responderán Christe exaudi nos; luego dirá
todas las invocaciones y los alumnos responderán miserere o bien ora pro nobis; al final
dirá la colecta él solo.

[GE 7,4,6] Dirá en voz alta todas las oraciones, de manera inteligible, de forma que
los demás puedan oír claramente todo lo que dice, hasta las mínimas sílabas.

[GE 7,4,7] Respetará todas las pausas. Con todo, el maestro cuidará de que no grite
ni hable excesivamente alto, y de que todos los alumnos recen al menos un tono más
bajo que él, pero que lo hagan lo suficientemente alto como para hacerse entender con
claridad.

[GE 7,4,8] Todos los alumnos seguirán la recitación de las oraciones de modo que no
digan ni una sola palabra antes o después de él. Se detendrán también con él, y el mismo

126
tiempo que él, a fin de evitar la confusión.

[GE 7,4,9] Los alumnos se prepararán para las oraciones en cuanto comience a sonar
la campana, y el presidente las comenzará en cuanto acabe de sonar. Todos harán la
señal de la santa cruz cada vez que se diga In nomine Patris, o En el nombre del Padre, y
en la bendición, Padre, Hijo y Espíritu Santo; y cuando en la confesión se diga por mi
culpa, todos se golpearán el pecho.

[GE 7,4,10] Durante las oraciones, el maestro no hablará a los alumnos, ni en


particular ni en general, ya sea para corregirlos o por alguna otra razón.

[GE 7,4,11] Tampoco castigará a ningún alumno durante ese tiempo por ninguna
razón; y si advierte que alguno hace algo reprensible, que merezca castigo, lo dejará para
otro momento.

[GE 7,4,12] Se abstendrá, incluso, de todo lo que pudiera desviar la atención que
deben tener los alumnos en la oración y de cuanto pudiera distraerlos, como sería
mandar cambiar a un alumno de un lugar a otro, etc.

[GE 7,4,13] El principal cuidado del maestro durante las oraciones será vigilar con
sumo empeño sobre todo lo que ocurra en la clase; y también velará sobre sí mismo, y
mucho más en este tiempo que en otro cualquiera, para no hacer nada que sea
inconveniente y, sobre todo, para no incurrir en ninguna ligereza.

[GE 8] CAPÍTULO 8.°

De la santa Misa

[GE 8,0,1] En todas partes se hará lo posible para que los alumnos oigan todos los
días la santa Misa, en la iglesia más cercana y a la hora más cómoda.

[GE 8,0,2] El tiempo más adecuado para ir a la santa Misa es a partir de las diez y
media, con el fin de haber tenido tiempo, antes de ir, de decir la oración a las diez.

[GE 8,0,3] Si no se puede ir a la santa Misa al final de la clase, se procurará oírla a


las nueve o hacia las nueve.

[GE 8,1] ARTÍCULO 1.°

DEL MODO COMO DEBEN SALIR LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA PARA IR A


LA SANTA MISA Y DEL MODO COMO SE DEBEN COMPORTAR EN LAS

127
CALLES MIENTRAS VAN

[GE 8,1,1] Cuando se lleve a oír la santa Misa a los alumnos al final de la clase, para
salir todos se dispondrán de la misma manera que han de hacerlo por la tarde a la salida
de la escuela, tal como está indicado en el capítulo de la salida de los alumnos.

[GE 8,1,2] Cuando los alumnos oigan la santa Misa durante el tiempo de clase,
saldrán de la clase seguidos, por orden y por bancos. El primero del banco tomará al
segundo como compañero, y el tercero tomará al cuarto, etc.

[GE 8,1,3] El maestro cuidará de que todos salgan de la clase con mucha modestia,
en silencio y recogimiento, y sin hacer ningún ruido.

[GE 8,1,4] Al ir a la iglesia, por las calles y en la misma iglesia, caminarán todos de
dos en dos y seguidos, sin dejar a su compañero y sin alejarse de él, hasta que se pongan
de rodillas en la iglesia.

[GE 8,1,5] El maestro cuidará de que vayan todos exactamente detrás de los que van
delante, separados de ellos solo dos pasos; también tendrá cuidado de que no hagan
ningún barullo y de que no hablen en el camino con sus compañeros.

[GE 8,1,6] Les invitará, incluso, a que reciten el rosario con su compañero o alguna
otra oración, con el fin de hacerlos más atentos a sí mismos y más recogidos, y que
observen la modestia.

[GE 8,1,7] El maestro vigilará cuidadosamente sobre los alumnos durante ese
tiempo; con todo, sería deseable que los alumnos no se diesen cuenta de esa vigilancia
sobre ellos.

[GE 8,1,8] Él mismo, con su modestia y recogimiento, dará a los alumnos ejemplo
de cómo deben caminar.

[GE 8,1,9] Para que el maestro pueda ver a sus alumnos con más facilidad y observar
cómo se portan, al ir a la santa Misa, cuando los alumnos vayan por un lado de la calle,
él irá por el otro lado.

[GE 8,1,10] No amonestará a los alumnos en la calle de las faltas que cometan en
ella, sino que esperará al día siguiente, antes de ir a la santa Misa.

[GE 8,1,11] De vez en cuando cuidará de avisar a los alumnos de la clase, mientras
se disponen para salir, o mientras salen los alumnos de las otras clases, del modo como

128
deben caminar por las calles y comportarse en la iglesia, y de la edificación que deben
dar a la gente; y los alentará a ello con motivos cristianos.

[GE 8,1,12] También les hará saber que será mucho más estricto en castigar las
inmodestias y las faltas que cometan en las calles, que las que cometan en clase, a causa
del escándalo que podrían ocasionar a quienes los ven.

[GE 8,2] ARTÍCULO 2.°

DEL MODO COMO DEBEN ENTRAR LOS ALUMNOS EN LA IGLESIA

[GE 8,2,1] El maestro tendrá sumo cuidado de que los alumnos entren en la iglesia
en silencio y con singular modestia.

[GE 8,2,2] Será conveniente que el maestro entre siempre el primero en la iglesia,
antes que sus alumnos; y que el maestro que le sigue cuide de vigilar a los que quedan en
la calle, al mismo tiempo que a los suyos.

[GE 8,2,3] Es importante que el maestro vele mucho sobre la conducta de sus
alumnos, principalmente cuando entran en la iglesia, para impedir que hagan cualquier
ruido, ya sea con los pies, ya con la lengua, y para hacer que caminen muy
modestamente, con los brazos cruzados, con el orden que, como se ha indicado antes,
deben observar en las calles, y sin que se produzca la mínima confusión ni el menor
bullicio.

[GE 8,2,4] Habrá un alumno llamado portahisopo, que se encargará de ofrecer el


agua bendita a todos los alumnos, uno tras otro, al entrar y al salir.

[GE 8,2,5] Entrará el primero y de vez en cuando tomará agua bendita de la pila con
el hisopo, y lo sostendrá de tal manera que los alumnos puedan tomarla fácilmente.

[GE 8,2,6] El maestro no consentirá a los alumnos que tomen ellos mismos agua de
la pila, y cuidará que la tomen del hisopo de manera educada y que manifieste la piedad
con que se debe realizar esta acción.

[GE 8,2,7] Cuando los alumnos lleguen al lugar que tienen asignado en la iglesia, se
pondrán de inmediato de rodillas, uno al lado de otro.

[GE 8,2,8] El maestro cuidará que los alumnos estén bien ordenados en la iglesia, y
que se pongan de dos en dos, unos tras otros. De ordinario se les colocará en varias filas
de a dos, según la anchura y la amplitud del espacio que hayan de ocupar.

129
[GE 8,2,9] Se les colocará de tal forma que los de la misma fila, tanto a lo largo
como a lo ancho, estén uno tras otro y en línea recta.

[GE 8,2,10] Cuando haya pilares en medio del espacio que han de ocupar los
alumnos, se hará que se coloquen de tal forma que los alumnos de la misma clase estén
entre los pilares y el muro, para que cada maestro pueda ver fácilmente a sus alumnos y
vigilarlos.

[GE 8,2,11] Se los acostumbrará y se los invitará a que se coloquen por sí mismos,
sin que el maestro tenga necesidad de intervenir.

[GE 8,3] ARTÍCULO 3.°

DE AQUELLO EN QUE DEBEN OCUPARSE LOS ALUMNOS DURANTE LA


SANTA MISA

[GE 8,3,1] El maestro de la clase inferior de cada escuela procurará que el rosariero
lleve rosarios a la iglesia, cada vez que se vaya a ella, y que se entregue uno a todos los
que no saben leer.

[GE 8,3,2] Habrá tantos alumnos, de entre los más juiciosos, encargados de
distribuirlos como filas de dos haya en la iglesia.

[GE 8,3,3] En cuanto los alumnos estén arrodillados, el rosariero y sus ayudantes
distribuirán los rosarios, cada uno en la fila que se le haya indicado, yendo desde el
principio hasta el final de la fila.

[GE 8,3,4] Ellos mismos los recogerán de la misma forma, al final de la santa Misa,
cuidando de recogerlos todos y de que no se pierda ninguno. Si alguien no devuelve el
rosario que se le hubiere dado, el encargado se lo comunicará al maestro.

[GE 8,3,5] El maestro pondrá sumo cuidado en que todos los que tengan rosario se
sirvan de él para rezar sin interrupción, y que no se sirvan de ellos para juguetear.

[GE 8,3,6] Incluso, en la escuela, les enseñará el modo de tener el rosario, los días en
que se enseña a rezarlo, y los animará a que lo tengan de manera que se pueda ver
fácilmente.

[GE 8,3,7] Todos los que saben leer tendrán cada uno el Libro de los ejercicios y
oraciones para uso de las Escuelas Cristianas, para que lo usen durante el tiempo de la
santa Misa. El maestro cuidará de ello y procurará que durante ese tiempo no tengan otro

130
libro que ese.

[GE 8,3,8] Los alumnos, cuando asisten todos juntos a la santa Misa, los días de
clase, no se levantarán cuando el sacerdote lea el Evangelio, para evitar el ruido y la
confusión que pudiera producirse. Sin embargo, el maestro les recomendará que hagan
tres veces la señal de la cruz sobre sí mismos, al comenzar el Santo Evangelio, cuando se
responda Gloria tibi, Domine, a saber: una en la frente, otra en la boca y la tercera en el
pecho.

[GE 8,3,9] Uno de los alumnos, que será el portahisopo, estará encargado de tocar
una campanilla, suponiendo que no toque el que ayuda a Misa, para avisar de la
consagración; tocará cinco o seis golpes seguidos cuando el sacerdote extienda las
manos sobre el cáliz, para que los alumnos sepan que deben disponerse a adorar a
Nuestro Señor. Luego tocará a la elevación de la hostia, tres veces, y cada una cinco o
seis golpes; y después tocará igualmente a la elevación del cáliz.

[GE 8,3,10] Cuando se toque para prepararse a la consagración, todos los que tienen
libros los pondrán bajo el brazo, y los que tienen rosarios lo colgarán del brazo; luego
todos juntarán las manos, igual que el maestro, hasta después de la elevación del cáliz.

[GE 8,3,11] Cuando se toque para la elevación, tanto de la hostia como del cáliz,
todos los alumnos harán una ligera inclinación de cabeza y de cuerpo, para adorar a
Nuestro Señor en la hostia, y a su preciosa sangre en el cáliz.

[GE 8,4] ARTÍCULO 4.°

DE LAS OBLIGACIONES DE LOS MAESTROS DURANTE LA SANTA MISA

[GE 8,4,1] Los maestros vigilarán constantemente a sus alumnos durante la santa
Misa, para observar cómo se comportan y las faltas que pudieran cometer, y para
impedir que hablen unos con otros, que cambien de libro, que se empujen o que incurran
en cualquier otra ligereza, que se dan con demasiada frecuencia en los niños.

[GE 8,4,2] Para impedir que los alumnos incurran en todas esas faltas yen otras que
pudieran cometer durante la santa Misa, se servirán de los tres medios siguientes. El
primero consistirá en obligarlos a sostener siempre el libro con las dos manos, ante los
ojos, y que miren constantemente a él. El segundo será que los maestros se coloquen en
lugares desde donde puedan ver fácilmente de frente a todos los alumnos. El tercero será
separarlos siempre, unos de otros, lo más que se pueda, según la amplitud y la
disposición de los lugares.

131
[GE 8,4,3] Los maestros deben persuadirse que no asisten a la santa Misa para sí
mismos, cuando llevan a sus alumnos a oírla; sino solo para velar sobre ellos. Es la única
cosa en la que deben pensar atentamente.

[GE 8,4,4] Los maestros no dejarán su sitio para llamar la atención a los alumnos
cuando jugueteen, a menos de absoluta necesidad, y nunca los amenazarán en la iglesia.

[GE 8,4,5] Durante ese tiempo nunca tendrán ni siquiera un libro, y se contentarán
con la simple aplicación al sacrificio.

[GE 8,4,6] Los maestros cuidarán también de que los alumnos no lleven nada a la
iglesia que sea inconveniente o que pudiera ser motivo de distracción en la oración,
como sería el cuaderno, cuando está terminado de escribir; y que si llevan un brasero
durante el invierno, lo dejen junto a ellos, sin tocarlo.

[GE 8,5] ARTÍCULO 5.°

DE LO QUE SE DEBE HACER CUANDO AL ENTRAR EN LA IGLESIA HUBIERE


COMENZADO YA LA MISA Y ESTUVIERE AVANZADA

[GE 8,5,1] Cuando los alumnos lleguen a la iglesia y la Misa haya comenzado y esté
ya muy avanzada, se hará que la oigan, si no hay otra que comience poco después; y si
inmediatamente después de esa comienza otra, se hará que la oigan entera; pero si no
hubiere otra después, se permanecerá en la iglesia por el tiempo que se hubiera empleado
en oír la Misa entera, comprendiendo el tiempo de la Misa a que se asistió en parte.

[GE 8,5,2] Se pondrá sumo cuidado para que todos los alumnos estén en la iglesia en
orden, colocados en sus puestos y arrodillados, antes de que comience la Misa. Se
tomarán para ello todas las medidas necesarias, incluso, si fuera necesario, mandar a un
alumno a la iglesia para solicitar que se toque para ella un poco antes o que se comience
un poco más tarde. Este punto es muy importante, y en caso necesario, es preferible, más
bien, omitir la oración que dejar de asistir a la santa Misa.

[GE 8,5,3] Cuando no se pueda llevar a los alumnos a oír Misa, se hará que recen el
rosario en clase, y los alumnos permanecerán de pie. Una parte de los alumnos dirá el
Ave Maria, y la otra, el Sancta Maria.

[GE 8,6] ARTÍCULO 6.°

DE LA SALIDA DE LOS ALUMNOS DE LA IGLESIA

132
[GE 8,6,1] Para el regreso de los alumnos de la iglesia a la escuela, transcurrido el
espacio de un Pater después de que la Misa hubiere terminado, el Hermano Director o
Inspector, o el maestro que esté encargado, dará una palmada, a la cual todos los
alumnos se levantarán. Luego dará una segunda palmada, y todos los alumnos de una fila
de la misma clase se inclinarán y dejarán en seguida sus puestos y saldrán de dos en dos,
como acudieron.

[GE 8,6,2] Dará una tercera palmada, al debido tiempo, de forma que los de la
segunda fila de esa misma clase puedan hacer la inclinación y dejar sus puestos, para
seguir inmediatamente a los alumnos de la primera fila de la misma clase. Luego
continuará dando palmadas de la misma forma, hasta que los alumnos de todas las clases
hayan salido de sus sitios.

[GE 8,6,3] Cuando los alumnos regresen desde la iglesia a sus casas, se les llevará de
dos en dos, como cuando salen de la escuela. El Hermano Director o Inspector de las
Escuelas, o alguno de los maestros que haya recibido el encargo, se colocará a la puerta
de la iglesia para cuidar de que los alumnos no jugueteen, ni hagan bullicio en la calle, y
para tomar nota de quienes pudieran hacerlo o detenerse en ella.

[GE 8,6,4] Todos los alumnos caminarán siempre de dos en dos, tanto por las calles
como en la iglesia, y separados cuatro pasos unos de otros, para evitar el bullicio, el
tumulto y la confusión.

[GE 8,6,5] Los maestros tendrán cuidado de instruir a los alumnos sobre el
comportamiento que deben observar al entrar y salir de la iglesia.

[GE 8,6,6] Al salir los alumnos de la escuela se tendrán en cuenta las mismas
normas, para evitar los desórdenes que pudieran darse.

[GE 8,7] ARTÍCULO 7.°

DE LA ASISTENCIA A LA MISA PARROQUIAL Y A VÍSPERAS

[GE 8,7,1] Se asistirá con los alumnos a la Misa mayor de la parroquia en los lugares
y parroquias donde se pueda hacer con facilidad; también se asistirá con ellos a vísperas,
al final del catecismo, los domingos y fiestas, en la iglesia más cercana y a la hora más
cómoda. Corresponde al Superior del Instituto ordenar lo que debe practicarse a este
respecto.

[GE 8,7,2] Los maestros instruirán a sus alumnos sobre la institución de la Misa
mayor de la parroquia y sobre el modo como se debe asistir a ella; y cuidarán, si en ella

133
hay sermón, de que lo escuchen con mucha atención y respeto. Les inspirarán además
profunda y particular estima por los oficios de la iglesia, sobre todo por los que se
practican en su parroquia.

[GE 8,7,3] En cuanto a la Misa parroquial, los alumnos se reunirán en la iglesia, y se


les exigirá que se encuentren todos en ella antes de que comience la bendición del agua,
y que permanezcan en ella hasta el final de la Misa.

[GE 8,7,4] Si en la iglesia hubiere bancos para ellos, los ocuparán, y los maestros
cuidarán de ordenarlos.

[GE 8,7,5] Durante todo el tiempo que los alumnos estén en la iglesia, para la Misa
de la parroquia y para vísperas, permanecerán sentados, de pie o de rodillas, según la
práctica de la diócesis o de la parroquia. Sin embargo, todos permanecerán de rodillas
durante el ofertorio, hasta el prefacio, si no hubiere ofrenda, y hasta la ofrenda en caso de
que la hubiere, para unirse durante esta acción a la intención del sacerdote y ofrecerse
ellos mismos a Dios, para consagrarse totalmente a Él.

[GE 8,7,6] Permanecerán en pie durante el prefacio, y cuando se cante el Sanctus se


arrodillarán, y se quedarán así hasta el final de la Misa mayor.

[GE 8,7,7] Si no hubiere bancos para los alumnos, permanecerán de pie mientras los
demás estén sentados, fuera del tiempo del ofertorio; y los maestros que estén presentes
para velar sobre ellos, cuidarán de que siempre estén bien en fila y con mucho orden.

[GE 8,7,8] Todos los domingos y fiestas en que se dé el catecismo, se llevará a los
alumnos a vísperas, a la iglesia más próxima y más cómoda; sin embargo, se preferirá
una parroquia a cualquier otra iglesia.

[GE 8,7,9] Se procurará salir bastante pronto para poder estar al comienzo de las
vísperas.

[GE 8,7,10] Durante la Misa mayor parroquial y durante las vísperas, los maestros
tendrán siempre a la vista a los alumnos, y cuidarán de que quienes no saben leer recen
el rosario como los otros días; y que quienes saben leer, tengan siempre en sus manos el
Libro de oraciones de la santa Misa y el Libro de oficio durante las vísperas, y que lo
miren y lean en él todo el tiempo.

[GE 8,7,11] Cuando los alumnos salgan de la iglesia al final de la Misa mayor o de
vísperas, se hará lo mismo que a la salida de la santa Misa, los días en que hay clase.

134
[GE 8,7,12] Cuando se dé pan bendito para los alumnos, uno de los alumnos, que
será el rosariero, llevará un cesto para ponerlo en él, y al final de la Misa mayor lo
distribuirá a todos, uno tras otro, cuando dejen sus puestos para ir saliendo.

[GE 9] CAPÍTULO 9.°

Del catecismo

[GE 9,1] ARTÍCULO 1.°

DEL TIEMPO QUE HAY QUE EMPLEAR PARA DAR EL CATECISMO EN CLASE
Y DE LOS TEMAS SOBRE LOS QUE DEBE DARSE

[GE 9,1,1] Todos los días se dará el catecismo durante media hora, desde las cuatro a
las cuatro y media. Desde el 15 de noviembre hasta el 15 de enero se dará el catecismo
desde las tres y media a las cuatro.

[GE 9,1,2] Los miércoles, víspera de día de asueto, se dará el catecismo durante una
hora, desde las tres y media hasta las cuatro y media; y en invierno, desde las tres hasta
las cuatro, media hora sobre el Compendio, y media hora sobre el tema señalado para la
semana.

[GE 9,1,3] Cuando haya una fiesta durante la semana, se dará asueto solo el martes o
el jueves por la tarde, y ese día se abrevia rán las lecciones de la mañana y se dará el
catecismo al final de la clase, durante media hora.

[GE 9,1,4] El Miércoles Santo, por la tarde, los alumnos no leerán ni escribirán; solo
se dará el catecismo, desde la una y media hasta las tres, como se hace los domingos y
fiestas; lo mismo se hará las vísperas de las fiestas de...

[GE 9,1,5] Al final del catecismo se hará la oración y después se despedirá a los
alumnos como de ordinario.

[GE 9,1,6] Para el catecismo, los alumnos de todas las clases se dividirán en seis
clases: la primera clase será la de quienes leen en el primer cartel; la segunda, la de
quienes leen en el segundo cartel; la tercera, la de quienes leen el silabario; la cuarta, la
de quienes leen en el primer libro; la quinta, la de quienes leen en el segundo libro; y la
sexta, la de quienes leen el tercer libro y todos los demás que están en lecciones
superiores.

[GE 9,1,7] Los miércoles, víspera de los días en que se tiene asueto todo el día, y los

135
domingos y fiestas ordinarias, se dará el catecismo en todas las clases; la primera media
hora sobre el Compendio de los principales misterios, y el resto del tiempo sobre el tema
señalado para la semana.

[GE 9,1,8] Las fiestas solemnes, para las cuales haya un tema señalado en el
catecismo, se dará el catecismo sobre el tema de la fiesta o del misterio, tal como está
señalado en el catecismo.

[GE 9,1,9] El Miércoles Santo, por la tarde, se dará el catecismo durante hora y
media, la primera media hora sobre los principales misterios, y desde las dos hasta las
tres se dará sobre el modo como se deben pasar los días que siguen, hasta el día de
Pascua.

[GE 9,1,10] Las vísperas de las fiestas de... se dará igualmente el catecismo durante
una hora, de la forma como se hace los domingos y fiestas, desde las dos hasta las tres.
Se dará sobre el tema de la fiesta que celebra la Iglesia al día siguiente.

[GE 9,1,11] El lunes se comenzará a hablar del tema designado para la semana, y el
domingo será el último día en que se hable de ese tema.

[GE 9,1,12] Cada día solo se propondrá y explicará una o dos preguntas de la materia
propia de la semana, tal como se indique en la hoja del tema de la semana, en la cual
estará señalado aquello de lo que hay que hablar cada día, por medio de los números 1,
2, 3, 4, 5.

[GE 9,1,13] Cada número indicará el orden de los temas de que se habrá de hablar en
el catecismo, cada uno de los cinco días de la semana en que hay clase, sobre la pregunta
o las dos preguntas propuestas para cada día.

[GE 9,1,14] El maestro hará otras preguntas secundarias. El domingo se repasará


todo lo que se haya expuesto durante la semana y el maestro preguntará a los alumnos
sobre todas las preguntas que hayan servido de tema del catecismo cada uno de los cinco
días de la semana.

[GE 9,1,15] En las clases en que solo se estudie todos los días el Compendio del
catecismo, los domingos y fiestas, o los miércoles víspera de asueto por todo el día, se
dará el catecismo sobre un tema particular señalado para la semana.

[GE 9,1,16] El domingo, el Hermano Director dará e indicará el tema del que se ha
de comenzar a hablar el lunes en el catecismo y que se continuará durante el resto de la

136
semana.

[GE 9,2] ARTÍCULO 2.°

DEL MODO DE PREGUNTAR A LOS ALUMNOS DURANTE EL CATECISMO

[GE 9,2,1] El maestro no hablará a los alumnos durante el catecismo como quien
predica, sino que interrogará casi continuamente con preguntas principales y
secundarias, para hacerles comprender lo que les enseña.

[GE 9,2,2] El maestro interrogará a varios alumnos seguidos sobre la misma


cuestión, a siete u ocho por lo menos, o incluso a diez o doce, y alguna vez incluso a
mayor número.

[GE 9,2,3] Los alumnos serán interrogados y responderán uno tras otro, según el
orden de los bancos. Con todo, si el maestro nota que varios seguidos no saben
responder a la pregunta, o que no responden bien, podrá interrogar a uno o a varios de
otros sitios de la clase. En tal caso, después de dar un toque de señal, hará a uno signo de
que responda; y una vez que uno o varios hayan respondido, hará que responda aquel a
quien había interrogado antes, según el orden.

[GE 9,2,4] El maestro interrogará cada día a todos los alumnos, e incluso varias
veces, si puede. Interrumpirá [en el [Link]á] de vez en cuando el orden y la
sucesión de los que responden en el catecismo para preguntar a los que haya notado que
no están atentos o también a los más atrasados.

[GE 9,2,5] Procurará, sobre todo, interrogar a menudo, y con mucha más frecuencia
que a los otros, a los más atrasados, particularmente sobre el Compendio y, más aún,
sobre las preguntas del Compendio que está obligado a saber todo cristiano.

[GE 9,2,6] Los dos días de la semana en que se da el catecismo durante media hora
sobre el Compendio de los principales misterios, el miércoles o el día de fiesta y el
domingo, el maestro no preguntará de seguido según el orden de los bancos, como en el
catecismo sobre el tema de la semana, ni interrogará con las preguntas seguidas, según el
orden del catecismo; sino que interrogará a uno o a varios seguidos en un sitio de la
clase, después a uno o a varios seguidos en otro sitio, y hará una o varias preguntas tanto
sobre los misterios, como sobre los sacramentos de Penitencia y Eucaristía, o sobre
cualquier otro tema, y así a los demás, sin ningún orden; y seguirá interrogando de esta
forma durante la media hora.

[GE 9,2,7] El maestro utilizará en sus preguntas expresiones sencillas y palabras

137
fáciles de entender y que no necesiten explicación, si es posible; y hará preguntas y
respuestas lo más cortas que le sea posible.

[GE 9,2,8] El maestro nunca hará que se haya de responder palabra por palabra, sino
que hará que se den las respuestas enteras y de seguido. Si ocurre que algunos niños
pequeños o retrasa dos no saben dar una respuesta completa, el maestro la dividirá de
forma que el alumno que responde pueda contestar en tres veces lo que no haya sabido
responder de una vez.

[GE 9,2,9] Si ocurriere, incluso, que alguno fuera tan torpe que no supiera repetir
bien una respuesta que varios han dado, uno tras otro, para ayudarle a retenerla, el
maestro hará que la repitan cuatro o cinco veces alternativamente, primero a un alumno
que la sepa bien, y luego al que no la sabe, para que tenga mayor facilidad en aprenderla.

[GE 9,3] ARTÍCULO 3.°

DE LAS OBLIGACIONES DEL MAESTRO DURANTE EL CATECISMO

[GE 9,3,1] Uno de los principales cuidados que debe tener el maestro durante el
catecismo es lograr que todos los alumnos estén muy atentos y que retengan fácilmente
cuanto les diga.

[GE 9,3,2] Para este fin, tendrá siempre a la vista a todos los alumnos, y velará sobre
todo lo que hagan. Procurará interrogar mucho y hablar muy poco; y solo hablará de la
materia propuesta para ese día, teniendo cuidado de no apartarse del tema.

[GE 9,3,3] Hablará siempre de una manera tal que inspire respeto y comedimiento a
los alumnos, y nunca dirá nada vulgar o que pueda provocar risa.

[GE 9,3,4] Tendrá cuidado de no hablar con dejadez o de forma que produzca
aversión. En cada catecismo no dejará de proponer a los alumnos algunas prácticas e
instruirles lo más a fondo posible en las cosas referentes a las costumbres y a la conducta
que hay que observar para vivir como verdadero cristiano. Pero resumirá esas prácticas y
esos puntos de moral en preguntas y respuestas, lo cual contribuirá en gran manera a
despertar la atención de los alumnos, y a que los retengan más fácilmente. Tendrá
cuidado de no perturbar el catecismo con reprensiones o correcciones a destiempo, y en
el caso de que algún alumno sea merecedor de una u otra, no se lo dará a conocer en el
acto, sino que lo dejará para el día siguiente, antes del catecismo.

[GE 9,3,5] Los domingos y fiestas, en que el catecismo dura tres veces más que los
otros días, escogerá un relato que pueda gustar a los alumnos, y se lo contará de manera

138
que les agrade y renueve su atención, y con pormenores que puedan impedir que se
aburran.

[GE 9,3,6] El maestro no dirá en el catecismo nada que no haya leído en libros
debidamente aprobados y de lo que no esté muy seguro. Nunca determinará nada como
pecado mortal o venial. Solo deberá decir: esto ofende mucho a Dios; es un pecado
temible, que trae malas consecuencias; es un pecado importante, etcétera, cuando lo
considere así.

[GE 9,3,7] Aunque no se deba hacer creer que los pecados son más graves de lo que
son, es más peligroso, sin embargo, hacer que parezcan pequeños o leves. Siempre hay
que inspirar sumo horror hacia ellos, por pequeños que parezcan; una ofensa a Dios no
puede ser pequeña, y lo que tiene relación con Dios no puede ser demasiado leve.

[GE 9,3,8] Los maestros propondrán al Hermano Director todas sus subpreguntas
antes de hacerlas en clase.

[GE 9,3,9] Tendrán cuidado de hacer que las subpreguntas que les pongan y las
respuestas a sus subpreguntas se ajusten a las cuatro condiciones siguientes: primera, que
sean cortas; segunda, que tengan perfecto sentido; tercera, que sean verdaderas; cuarta,
que las respuestas sean proporcionadas al alcance de los alumnos, no de los más capaces
ni de los más inteligentes, sino de los medianos, de forma que la mayoría pueda
responder fácilmente a las preguntas que se les hagan.

[GE 9,3,10] Los maestros cuidarán tanto de la instrucción de todos sus alumnos, que
no dejarán en la ignorancia ni a uno solo, al menos en las cosas que el cristiano está
obligado a saber, tanto respecto a la doctrina como a la práctica.

[GE 9,3,11] Y para que no descuiden en modo alguno asunto de tanta importancia,
considerarán con frecuencia y estarán atentos a que han de dar cuenta a Dios; que serán
culpables ante Él de la ignorancia de los niños que hayan estado bajo su dirección, y de
los pecados a los que esa ignorancia los haya llevado, si quienes estuvieron encargados
de ellos no se dedicaron con suficiente cuidado a sacarlos de la ignorancia; y que no
habrá nada sobre lo que Dios les examine y les juzgue con mayor rigor que sobre este
punto.

[GE 9.3.12] Los maestros ayudarán a los alumnos a que presten mucha atención al
catecismo, cosa que por naturaleza no es fácil para ellos y suele durarles muy poco. Para
ello se valdrán de los medios siguientes: primero, cuidarán de no desanimarlos y
amedrentarlos, sea con palabras o de cualquier otra forma, cuando no sepan responder

139
bien a la pregunta que se les haya propuesto; segundo, los animarán e incluso los
ayudarán a decir lo que tengan dificultad en retener; tercero, ofrecerán recompensas, que
darán de vez en cuando a los más atrasados que hayan hecho mayor esfuerzo por
aprender.

[GE 9,3,13] Se valdrán de otros medios semejantes, que la prudencia y la caridad les
ayudarán a encontrar fácilmente, para animar a los alumnos a aprender con más rapidez
y a retener con mayor facilidad el catecismo.

[GE 9,4] ARTÍCULO 4.°

DE LAS OBLIGACIONES DE LOS ALUMNOS DURANTE EL CATECISMO

[GE 9,4,1] Durante todo el tiempo del catecismo los alumnos estarán sentados, con
el cuerpo derecho, el rostro vuelto hacia el maestro y los ojos fijos en él, con los brazos
cruzados y los pies bien puestos; no se mirarán unos a otros, y el maestro procurará que
se mantengan con suma compostura.

[GE 9,4,2] Se interrogará a todos los alumnos durante el catecismo, y responderán


por turno, unos tras otros, según el orden de los bancos.

[GE 9,4,3] El maestro indicará con la señal al primero que interrogue, quien para
responder se pondrá de pie y se descubrirá, luego hará la señal de la santa cruz y
responderá a la pregunta del maestro de manera que su respuesta tenga sentido,
incluyendo la pregunta en la respuesta.

[GE 9,4,4] Cuando el primero esté para terminar su respuesta, el siguiente se


levantará, hará la señal de la santa cruz, pronunciando las palabras con voz bastante baja,
para no interrumpir al que responde, y procurará haber terminado la señal de la santa
cruz cuando el que responde termine su respuesta.

[GE 9,4,5] Cuando el que responde haya terminado, dirá la misma respuesta, a
menos que el maestro le haga otra pregunta.

[GE 9,4,6] Todos los demás que sigan en el mismo banco o en el banco siguiente
procederán de modo similar.

[GE 9,4,7] Si ocurre que el maestro interroga a uno o a varios alumnos seguidos,
fuera de la fila de aquel a quien tocaba responder, este se mantendrá de pie durante ese
tiempo, hasta que el maestro le haga signo de responder; también se mantendrá en pie si
el maestro dice algo a modo de explicación; y luego responderá, en cuanto el maestro

140
haya terminado de hablar.

[GE 9,4,8] El alumno, al contestar durante el catecismo, mantendrá los ojos bajos,
con modestia, y no mirará fijamente.

[GE 9,4,9] El maestro cuidará de que no crucen las piernas una sobre otra, y de que
no metan las manos en los bolsillos ni en ninguna otra parte debajo de su ropa o de su
sombrero, para que no puedan hacer nada contra la pureza, por leve que sea.

[GE 9,4,10] El maestro no tolerará que ningún alumno se ría cuando alguien no sepa
responder bien, y que nadie sugiera a su compañero lo que este desconoce y no sabe
responder; estos dos puntos son de muchísima importancia.

[GE 9,4,11] El maestro procurará que los alumnos salgan durante el catecismo lo
menos posible, y solo en caso de mucha necesidad.

[GE 9,5] ARTÍCULO 5.°

DE LAS PARTICULARIDADES DE LOS CATECISMOS DE LOS DOMINGOS Y


FIESTAS

[GE 9,5,1] Todos los domingos y fiestas se dará el catecismo durante hora y media,
excepto los días de..., en que no se dará.

[GE 9,5,2] Los alumnos se irán reuniendo durante la media hora que precede al
tiempo del catecismo, y mientras se reúnen se harán preguntas, uno a otro, por parejas,
sobre el catecismo de la diócesis, del mismo modo que en los repasos que se hacen
durante el desayuno y la merienda. El maestro cuidará de señalar a quienes deban
interrogarse y repasar el catecismo durante ese tiempo.

[GE 9,5,3] En los lugares en que se recitan vísperas a las tres, se tendrá el catecismo
desde la una hasta las dos y media. Los alumnos se reunirán desde las doce y media
hasta la una.

[GE 9,5,4] A las dos y media se rezará la oración de la tarde, que se hace todos los
días al final de la clase, y cuando se haya terminado, se cantarán seis estrofas de un
canto, como de costumbre, si queda tiempo; luego los maestros llevarán a los alumnos a
vísperas.

[GE 9,5,5] En los lugares en que se recitan vísperas a las dos y media, se tendrá el
catecismo desde las doce y media hasta las dos; a las dos se hará la oración y después se

141
llevará a los alumnos a la iglesia como queda indicado antes.

[GE 9,5,6] En los lugares en que se recitan las vísperas a las dos, se tendrá el
catecismo sobre el Compendio, desde la una hasta la una y media. A la una y media se
hará la oración, después de la cual se llevará a los alumnos a vísperas. Después de las
vísperas se llevará a los alumnos a la escuela y se tendrá el catecismo desde las tres a las
cuatro, sobre el tema de la semana o de la fiesta. A las cuatro solo se hará rezar a los
alumnos, de rodillas, la oración que se dice al final del catecismo, y luego el acto de
petición de la bendición, que está al final de la oración. Tras esto, se los enviará a sus
casas, como de costumbre.

[GE 9,5,7] Durante la primera media hora se dará el catecismo sobre el Compendio,
y el maestro solo interrogará, sin dar ninguna explicación.

[GE 9,5,8] No hablará solamente de un tema, sino que hará preguntas variadas sobre
todo el Compendio, sin seguir ningún orden. Durante la hora siguiente, el maestro dará
el catecismo o sobre el tema completo que ha tratado por partes cada uno de los cinco
días de la semana anterior, o sobre el tema de la fiesta.

[GE 9,5,9] Durante ese tiempo interrogará varias veces a los alumnos, y al final les
propondrá algunas prácticas que sean como el fruto que deben sacar del tema que les
haya explicado.

[GE 9,6] ARTÍCULO 6.°

DE LOS EXTERNOS QUE ASISTEN AL CATECISMO LOS DOMINGOS Y


FIESTAS

[GE 9,6,1] Se podrá admitir a externos que asistan al catecismo los domingos y
fiestas. Se entiende por externos los que no asisten a las Escuelas Cristianas los días en
que hay clase.

[GE 9,6,2] Todos los externos serán recibidos y admitidos de la misma forma que se
recibe a los alumnos que asisten a clase. Si son pequeños y con menos de 15 años, serán
llevados por sus padres. Si tienen más de quince años, se les podrá recibir sin ir
acompañados de sus padres, pero solo se les recibirá después de haberlos examinado
cuidadosamente.

[GE 9,6,3] Para este fin, se les hará venir dos o tres veces para hablarles antes de
admitirlos, e informarles de sus obligaciones y de las normas que deberán observar
cuando asistan al catecismo, y de qué modo tienen que comportarse.

142
[GE 9,6,4] A todos los externos se les exigirá que sean asiduos al catecismo, que
estén desde el comienzo y que permanezcan hasta el final; que se comporten con mucha
modestia y atención; que no hablen ni jugueteen y que no causen ningún desorden; por el
contrario, que mantengan la misma postura, el mismo comedimiento y la misma atención
que se exige a los escolares.

[GE 9,6,5] Solo se les admitirá al catecismo si muestran que asisten para instruirse
en las cosas que tienen obligación de saber y practicar.

[GE 9,6,6] No se les obligará a asistir con los alumnos ni a vísperas ni a la oración;
bastará con que sean asiduos al catecismo. Y cuando se haya terminado el acto que se
recita al final del catecismo, los maestros les darán tiempo para que salgan, a menos que
ellos quieran quedarse voluntariamente, a lo cual los maestros tratarán de animarles.

[GE 9,6,7] Ninguno de los externos que hayan sido admitidos al catecismo faltará a
él sin permiso; y si ocurre que alguno se ausentara por su cuenta, el maestro se informará
de la razón por la cual haya faltado. Si alguno de los externos falta tres veces seguidas al
catecismo, sin razón suficiente, o incluso sin permiso, habiendo podido solicitarlo antes,
o si causa algún desorden en el catecismo, o no se porta bien, y no se preocupa en
cambiar de conducta, será excluido y suprimido de la lista; con todo, esto solo se hará
después de haber pedido su parecer al Director.

[GE 9,6,8] Si más tarde solicita ser admitido de nuevo, tendrá que esperar este favor
durante dos meses, antes de que se le conceda, y solo se le otorgará con mucha
precaución y después de que haya dado muestras de haber cambiado realmente.

[GE 9,6,9] No se preguntará a los externos como a los escolares; bastará que estén
atentos. Con todo, de vez en cuando se procurará preguntar a alguno de ellos, sobre todo
a aquellos en quienes se advierta que no tienen dificultad y les gusta responder.

[GE 9,6,10] Los maestros procurarán alentar a los externos a que sean asiduos, que
estén atentos y respondan de buena gana en el catecismo; y para ello se valdrán de los
medios que les parezcan más adecuados, e incluso les darán, de vez en cuando,
recompensas, particularmente a quienes hayan mostrado interés en responder y se hayan
esforzado por contestar bien.

[GE 10] CAPÍTULO 10.°

De los cánticos

143
(En el original francés solo aparece media página en blanco. A continuación viene el
título del capítulo 11).

CAPÍTULO 11.° (10)

De la salida de la escuela

[GE 10,1] ARTÍCULO 1.°

DE CÓMO DEBEN SALIR DE LA ESCUELA LOS ALUMNOS

[GE 10,1,1] Los alumnos de las clases inferiores saldrán antes que los de las
superiores; por ejemplo, los de la clase inferior saldrán mientras se cantan los cánticos.

[GE 10,1,2] Los alumnos saldrán de sus clases y de la escuela de dos en dos, cada
uno con el compañero que le haya indicado el maestro.

[GE 10,1,3] Los alumnos saldrán de su sitio con orden y de la forma siguiente: el
maestro hará al primero de un banco signo de que se levante, y este alumno saldrá de su
sitio, con el sombrero quitado y con los brazos cruzados, y al mismo tiempo, el que le
haya sido dado por compañero; se juntarán en el centro de la clase, uno al lado del otro,
y después harán inclinación al crucifijo, y se volverán hacia el maestro, para hacerle
también otra; y si el Director o el Inspector de las Escuelas, o algunas personas de fuera
se hallaren en la clase en ese momento, le harán o les harán, si fuesen varios, inclinación
a todos juntos, y luego a su maestro; después saldrán con modestia, con los brazos
cruzados, y llevarán el sombrero quitado hasta que estén fuera de todas las clases.

[GE 10,1,4] Cuando los dos primeros hayan llegado al centro de la clase, el segundo
del banco donde estaba el primero a quien se avisó, se levantará, y al mismo tiempo su
compañero; irán igualmente al centro de la clase, harán luego inclinación, como los dos
primeros; y todos los demás harán a continuación lo mismo.

[GE 10,1,5] Todos los demás de las otras clases saldrán con igual orden y de la
misma forma.

[GE 10,1,6] Los maestros cuidarán de que vayan siempre de dos en dos hasta su
casa, separados unos de otros al menos la distancia de una pica.

[GE 10,2] ARTÍCULO 2.°

DE LAS ORACIONES QUE LOS ALUMNOS REZAN MIENTRAS SALEN DE LAS


CLASES

144
[GE 10,2,1] En cuanto se hayan terminado de cantar los cánticos, se rezará en voz
alta Pater, Ave, Credo, De profundas y Miserere. El que preside las oraciones dirá él
solo, con voz alta y clara: Oremos a Dios por nuestros maestros y nuestros bienhechores
vivos, para que Dios les conserve en la fe de la Iglesia católica, apostólica y romana y en
su amor, y digamos Pater, etc.; y todos los demás alumnos continuarán rezando con él,
recitando con voz algo más suave que la suya, hasta el final del Símbolo.

[GE 10,2,2] Terminado el rezo del Símbolo, el que preside las oraciones dirá:
Oremos por nuestros maestros, por nuestros parientes y por nuestros bienhechores
difuntos, y digamos por el reposo de sus almas: De profundas, requiem aeternam, A
porta inferí, Domine exaudi...

[GE 10,2,3] Todas estas oraciones se dirán alternando, de la forma acostumbrada en


la clase; luego, el mismo presidente de oraciones dirá: Oremus, Fidelium, etc.

[GE 10,2,4] Cuando se hayan terminado estas oraciones, el mismo presidente de


oraciones continuará diciendo, él solo, en voz alta: Pidamos a Dios que nos perdone las
faltas que hemos cometido hoy en clase, y con esta intención digamos Miserere. Este
salmo se dirá alternando, como el salmo De profundas; el presidente de ora ciones dirá
un versículo completo, y los demás alumnos, juntos, dirán el siguiente, y así los demás.

[GE 10,2,5] Los alumnos, una vez fuera de clase, dejarán de rezar en voz alta, y
caminarán en silencio y en orden, uno tras otro.

[GE 10,2,6] Los maestros exhortarán luego a los alumnos, y procurarán animarlos a
que recen el rosario por el camino, cada uno con su compañero, hasta que hayan llegado
a casa. Esta práctica les mantendrá recogidos durante todo el camino, lo que será, sin
duda, motivo de mucha edificación.

[GE 10,3] ARTÍCULO 3.°

DE LAS OBLIGACIONES DEL MAESTRO MIENTRAS SALEN LOS ALUMNOS Y


DESPUÉS DE HABER SALIDO

[GE 10,3,1] Uno de los maestros, si hay más de dos juntos, tendrá cuidado a la salida
de los alumnos, desde la última clase hasta la puerta de la calle, velando, con todo, por lo
que ocurra en esa clase.

[GE 10,3,2] Si no hay más que dos maestros juntos, uno de ellos vigilará las dos
clases, para que los alumnos salgan en orden, y el otro vigilará en la puerta de la calle.

145
[GE 10,3,3] El Director o Inspector de las Escuelas, o uno de los maestros encargado
de esta tarea, se colocará en la puerta de la calle y cuidará de que los alumnos salgan en
orden, compostura y modestia.

[GE 10,3,4] Tendrá cuidado de que no se separen uno de otro en las calles, que no
tiren piedras, que no corran ni griten, y que no molesten a nadie, sino que caminen
siempre en silencio.

[GE 10,3,5] Los maestros recomendarán especialmente a sus alumnos que no hagan
sus necesidades, ni siquiera orinar, en las calles al salir de la escuela; y les recordarán
que quienes tengan necesidad, lo hagan antes de salir.

[GE 10,3,6] Los maestros ordenarán a sus alumnos que no se hablen uno a otro, ni de
una fila a otra, ni siquiera cuando se encuentran en la calle. El maestro encargado de
vigilar a la puerta de la calle cuidará de ello, y procurará también que no se aproximen
demasiado unos a otros.

[GE 10,3,7] Un buen medio para lograr que observen todas estas cosas con mucha
facilidad será mandar a las parejas que no se separen hasta que hayan llegado a la casa de
uno de ellos, y exhortarlos a rezar el rosario por el camino.

[GE 10,3,8] Como el maestro no puede ver lo que ocurre en la calle de la escuela, el
Director o Inspector de las Escuelas, junto con los Hermanos, mandará a algunos
alumnos que observen todo lo que ocurra en las otras calles, sobre todo en aquellas
donde viven muchos alumnos, y que informen fielmente al maestro de lo que hayan
notado.

[GE 10,3,9] Con todo, será preciso que esos alumnos solo observen, sin decir ni una
palabra; de lo contrario, serán castigados o se les impondrá una penitencia por haber
hablado.

[GE 10,3,10] Cuando todos los alumnos hayan salido de la escuela, los dos últimos
al llegar a la puerta de la calle, saludarán al Inspector o al maestro que esté en ella, y uno
de los dos le hará con la mano signo de que puede entrar y de que ya no quedan más
alumnos.

[GE 10,3,11] En cuanto el Inspector o el maestro vuelva a entrar en la escuela, si es


en casa, reunidos todos los maestros en una de las clases, y puestos de rodillas ante el
crucifijo, dirá Viva Jesús en nuestros corazones; los otros responderán: Por siempre, y
luego todos pasarán a casa.

146
[GE 10,3,12] En las escuelas que están fuera de la casa, dirá: Dignare me laudare te,
etc.; y luego todos seguirán: Da mihi virtutem, etcétera. Después dirán Pater noster, y
saldrán de la escuela en silencio, continuando el rosario por todo el camino hasta casa.
Una vez que hayan entrado en casa irán al oratorio y dirán: 0 Domina, etc., y luego: Viva
Jesús en nuestros corazones. Por siempre.

147
De los medios de establecer y mantener el orden en las escuelas

Nueve cosas pueden ayudar a establecer y mantener el orden en las escuelas: 1. La


vigilancia del maestro; 2. Los signos; 3. Los registros; 4. Las recompensas; 5. Las
correcciones; 6. La asiduidad de los alumnos y su puntualidad; 7. La reglamentación de
los días de asueto; 8. El establecer diversos responsables y la fidelidad en cumplir bien
sus empleos; 9. La estructura, la calidad y la uniformidad de las escuelas y de los
muebles que en ellas se necesitan.

[GE 11,0,1] CAPÍTULO 1.° (11)

De la vigilancia que debe ejercer el maestro en la escuela

La vigilancia del maestro en la escuela consiste particularmente en tres cosas: 1.


Corregir todas las palabras que diga mal el que lee; 2. Conseguir que sigan todos los que
están en la misma lección; 3. Exigir que se guarde en clase silencio muy exacto. Debe
prestar constantemente atención a estas tres cosas.

[GE 11,1] ARTÍCULO 1.°

DEL CUIDADO QUE DEBE TENER EL MAESTRO EN CORREGIR

TODAS LAS PALABRAS EN LA LECCIÓN, Y DEL MODO DE HACERLO


BIEN

Es preciso que el maestro sea muy fiel en corregir todas las letras, sílabas o palabras
que el alumno diga mal cuando da su lección; tanto más adelantarán los alumnos en la
lectura, cuanto más exacto sea el maestro en este punto.

[GE 11,1,2] El maestro no se servirá de la palabra ni de ningún otro signo de la boca


para corregir la lectura, sino que hará sonar dos golpecitos seguidos, uno tras otro, con la
señal. En cuanto el maestro la haga sonar, el alumno que lee retomará la última palabra
que dijo; si vuelve aún a decirla mal o si no es la palabra en la que el alumno cometió
falta, el maestro seguirá sonando dos golpes, uno tras otro, seguidos, hasta que el alumno
haya dicho bien la palabra en que cometió falta.

[GE 11,1,3] Si el alumno continúa diciendo la palabra hasta tres veces sin darse

148
cuenta o sin corregirse, el maestro sonará un solo golpe con la señal, y dará indicación a
otro para que lea, solo para corregirlo; y este dirá solamente la letra, sílaba o palabra que
el otro hubiere dicho mal.

[GE 11,1,4] Después de esto, el maestro mandará repetir dos o tres veces seguidas la
sílaba o la palabra al que está leyendo, y la había dicho mal.

[GE 11,1,5] Cuando el alumno cometa una falta en la lección, el maestro será exacto
en sonar la señal en el momento mismo en que el alumno se equivoque, para que no se
vea forzado a ir a buscar la palabra que dijo mal.

[GE 11,1,6] Cuando un alumno se equivoque en la lección y siga leyendo dos o tres
palabras antes de que el maestro toque para corregirlo, como, por ejemplo, si al decir:
Señor, Dios omnipotente y eterno, se equivoca en la primera sílaba, hay que evitar con
mucho cuidado que continúe leyendo sin corregirlo; pero en este caso, como en
cualquier otro parecido, es preciso que el maestro haga sonar dos golpes seguidos, y que
los repita sucesivamente, hasta que el alumno llegue a la palabra que dijo mal; o bien, el
maestro sonará primero tres golpes seguidos, para dar a entender al alumno que la
palabra en la que sonó la primera vez no es aquella en la que se ha equivocado.

[GE 11,1,7] Si el alumno que lee por sílabas se equivocara en pronunciar bien una de
las sílabas de una palabra, y no supiera corregirse a sí mismo, el maestro señalará a otro
alumno que le corrija; y este no dirá solo la sílaba que el otro haya dicho mal, sino que
repetirá la palabra entera, leyendo separadamente las sílabas, una tras otra; por ejemplo,
si quien lee en lugar de decir «semblable» hubiese dicho «semblabe»,

[GE 11,1,8] el alumno que le corrige dirá «semblable» y no solo la sílaba ble.

[GE 11,1,9] El maestro tendrá mucho cuidado en que los alumnos que deletrean no
digan las sílabas como arrastrando, y que no repitan varias veces la misma sílaba. Si lo
hacen así, les impondrá algún castigo, para que no se acostumbren a esta forma de leer,
que es muy desagradable y muy difícil de corregir en quienes se han acostumbrado a
ello.

[GE 11,1,10] El maestro procurará también que los alumnos no pronuncien


demasiado aprisa, comiéndose sílabas, como decir qo, quo; antes bien, procurará que
pronuncien claramente todas las letras q, u, o; y que tampoco pronuncien demasiado
lentamente, pero sí reposadamente; primero, porque si leen demasiado aprisa, se
exponen a pronunciar la letra siguiente delante de la anterior, diciendo, por ejemplo, om
en vez de mo; segundo, porque quienes son nuevos en la lección y los más lentos, no

149
pueden seguir a los que leen tan deprisa; y tercero, porque si los alumnos leen así,
reposadamente, aprenden con mucha mayor facilidad.

[GE 11,1,11] El maestro tendrá mucho cuidado de que quien lee pronuncie con tanta
claridad que todos puedan oír fácilmente; y que quienes leen por pausas lean
correctamente por pausas, sin arrastrar ni adquirir ningún hábito inconveniente; que
pronuncien las sílabas separadamente, de modo que se puedan distinguir unas de otras
mientras leen; que se detengan en las pausas como es debido: muy poco en las comas,
algo más en el punto y coma, en los dos puntos el doble que en la coma, y en el punto, el
doble que en los dos puntos.

[GE 11,2] ARTÍCULO 2.°

DEL CUIDADO QUE DEBE TENER EL MAESTRO EN HACER SEGUIR A TODOS


LOS QUE ESTÁN EN LA MISMA LECCIÓN

[GE 11,2,1] En todas las lecciones de carteles del silabario y de otros libros de
francés y latín, e incluso de aritmética, mientras se lee, todos los demás de la misma
lección seguirán, es decir, leerán en voz baja, en sus libros, sin emitir sonido de labios, lo
que pronuncia en voz alta el que está leyendo en el suyo.

[GE 11,2,2] El maestro tendrá cuidado de que todos los alumnos de una misma
lección sigan al que lee, a medida que avanza de sílaba o de palabra en palabra; y que
aquel a quien se señale para leer no retome ninguna de las palabras que hayan sido ya
leídas por el anterior; esta práctica permite reconocer mejor si el que lee sigue con
exactitud.

[GE 11,2,3] El maestro no permitirá nunca a los alumnos que se sugieran unos a
otros las letras, las sílabas o las palabras en las lecciones, ni tampoco las respuestas
completas en los repasos y en el catecismo.

[GE 11,2,4] El maestro estará muy atento en las lecciones, tendrá siempre en mano
su libro, y sin embargo mirará, de vez en cuando, para ver si siguen todos los de la
lección.

[GE 11,2,5] Para ser fiel a esta práctica, no tendrá nada entre manos durante el
tiempo de clase, sino la señal, el libro de la lección, las plumas, el papel, y otras cosas
necesarias en la escritura, si estuviere en la clase de los que escriben.

[GE 11,2,6] Si alguno de los alumnos juguetea con algo en clase, habrá un alumno
encargado de recogérselo, y lo guardará hasta el final de la clase. En este momento, una

150
vez que hayan salido todos los alumnos, y en presencia del alumno o alumnos a quienes
pertenecen las cosas que ha recogido, se las presentará al maestro para que se las
devuelva a dichos alumnos, o para que disponga allí mismo acerca de ellas, si lo
considera oportuno, por estimar que tales cosas podrían perjudicarlos.

[GE 11,2,7] Lo mismo se observará respecto de los libros, hojas impresas o


imágenes que los alumnos pudieran llevar a clase, distintos de los que necesitan durante
el tiempo en que permanecen en ella. El maestro no los tendrá en la mano, ni los mirará,
ni los leerá durante el tiempo de clase, aun en el caso de que juzgara necesario
examinarlos por si hubiere en ellos algo malo; eso lo hará en otro momento, al final de la
clase, cuando hayan salido todos los alumnos, hojeando algunos títulos del libro.

[GE 11,2,8] Los maestros serán muy fieles a no recibir nada de los alumnos, y a no
guardar nada de lo que ellos lleven a clase, bajo ningún pretexto, salvo los libros malos,
que llevarán al Hermano Director para que los queme. Este punto es de muchísima
importancia.

[GE 11,2,9] Para obligar a los alumnos a que sigan, el maestro se valdrá de los
siguientes medios: primero, vigilará muy de cerca a todos los alumnos, especialmente a
los que no son fieles en seguir; segundo, mandará leer a cada uno varias veces, un poco
cada vez; tercero, a los que no usan el señalador, les impedirá que pongan el dedo sobre
los libros; cuarto, a aquellos que han demostrado que no seguían, cuando se les mandó
leer, que se presenten por sí mismos ante el maestro, sin esperar un momento, para pedir
el castigo, y así inducirlos a que sigan con más aplicación; algunas veces los perdonará,
pero si reinciden, los castigará severamente.

[GE 11,3] ARTÍCULO 3.°

DEL CUIDADO QUE DEBE TENER EL MAESTRO PARA HACER OBSERVAR


ESTRICTO SILENCIO EN CLASE

[GE 11,3,1] El silencio es uno de los principales medios para establecer y mantener
el orden en la escuela; por eso, cada maestro exigirá que se observe exactamente el
silencio en su clase, y no consentirá que se hable sin permiso.

[GE 11,3,2] Con este fin, el maestro hará comprender a los alumnos que deben
guardar silencio, no porque él esté presente, sino porque Dios los ve y porque es su santa
voluntad.

[GE 11,3,3] Se procurará que todos los alumnos estén colocados de tal modo que los

151
maestros puedan verlos siempre. El maestro cuidará particularmente sobre sí mismo para
no hablar sino rara vez y muy bajo, a menos que sea necesario que todos los alumnos
oigan lo que dice.

[GE 11,3,4] Cuando dé algún aviso a los alumnos, siempre lo hará a media voz, y lo
mismo en cualquier ocasión en que tenga que hablar a todos los alumnos en conjunto.

[GE 11,3,5] No hablará a ningún alumno en particular ni a todos los alumnos en


conjunto sin haber examinado antes lo que va a decir y sin que lo haya considerado
necesario.

[GE 11,3,6] Cuando algún alumno solicite hablar, no se lo concederá sino rara vez; y
este no le hablará hasta que se haya sentado en su sitial, y siempre en voz baja.

[GE 11,3,7] No consentirá que los alumnos hablen mientras reciben alguna
corrección, ni tampoco

les permitirá salir de su sitio sin permiso.

[GE 11,3,8] El maestro explicará a los alumnos que, en clase, solo les está permitido
hablar en voz alta en tres momentos, a saber: al dar la lección, en el catecismo y en la
oración.

[GE 11,3,9] El maestro mismo observará una norma semejante, y no hablará en voz
alta más que en tres ocasiones: primero, cuando fuere necesario para corregir a los
alumnos en la lección, si ningún alumno sabe hacerlo; segundo, en el catecismo; tercero,
en las reflexiones y en el examen.

[GE 11,3,10] Fuera de esas tres ocasiones, el maestro no hablará en voz alta, a menos
que lo crea necesario, y procurará no hacerlo sino rara vez.

[GE 11,3,11] Cuando los alumnos caminen dentro de la clase, el maestro procurará
que vayan descubiertos, con los brazos cruzados, que anden pausadamente, sin arrastrar
los pies por el suelo ni hacer ruido con los zuecos, si los llevan, para no perturbar el
silencio, que en la clase debe ser continuo.

[GE 11,3,12] El maestro logrará con facilidad que se observe el silencio si procura
que los alumnos estén siempre sentados, que tengan el cuerpo derecho, que miren hacia
delante, ligeramente vueltos hacia el maestro; que sostengan sus libros con las manos y
que lo miren de continuo; que tengan los brazos y las manos colocados de tal forma que
pueda verlos el maestro; que no se toquen unos a otros con los pies o con las manos, que

152
no se den nada unos a otros, que nunca se miren uno a otro y que nunca se hablen por
señas; que tengan siempre los pies colocados con modestia, que no saquen nunca los pies
de los zapatos o de los zuecos; que los que escriben no se echen sobre la mesa al dar la
lección, y que no tengan ninguna postura inconveniente

[GE 12] CAPÍTULO 2.° (12)

De los signos que se utilizan en las Escuelas Cristianas

[GE 12,0,1] De poco serviría que el maestro se esforzara en lograr que se guarde
silencio si él mismo no lo guarda; les enseñará mejor esta práctica con el ejemplo que
con la palabra, y el mismo silencio del maestro, mejor que cualquier otro medio,
producirá sumo orden en clase, al facilitarle el medio de vigilar sobre sí mismo y sobre
los alumnos.

[GE 12,0,2] Por este motivo se ha establecido el uso de signos en las Escuelas
Cristianas.

[GE 12,0,3] Como hay muchas ocasiones en que los maestros podrían hablar, y en
las cuales se les recomienda que usen un sig no en vez de la palabra, esto ha obligado
también a establecer numerosos signos de diferentes clases. Para ordenarlos de alguna
manera, se los ha distinguido según su relación a los ejercicios y los actos que de manera
más habitual se realizan en las Escuelas Cristianas.

[GE 12,0,4] Para hacer la mayoría de los signos que se emplean en las Escuelas
Cristianas, se usará un instrumento llamado señal, que estará hecho de la forma siguiente
(en el manuscrito habría un dibujo de la señal).

[GE 12,0,5] Todas las señales de todas las casas tendrán la misma forma, sin cambiar
ni añadir nada. Todos los maestros emplearán los mismos signos. Los que se emplean
son los siguientes.

[GE 12,1] ARTÍCULO 1.°

DE LOS SIGNOS MIENTRAS SE COME

[GE 12,1,1] Para hacer que se reciten las oraciones, el maestro juntará las manos.

[GE 12,1,2] Para indicar que se repasen las respuestas de la santa Misa, se golpeará
el pecho. Para indicar que se repase el catecismo, hará el signo de la santa cruz.

[GE 12,1,3] Para comprobar si un alumno está atento durante el tiempo de los

153
repasos, el maestro hará sonar un golpe de señal, para que quien habla se detenga; luego
señalará con la punta de la señal a otro alumno, para indicarle que repita lo que su
compañero acaba de decir.

[GE 12,2] ARTÍCULO 2.°

DE LOS SIGNOS REFERENTES A LAS LECCIONES

[GE 12,2,1] Para hacer a los escolares signo de que se preparen para comenzar las
lecciones, el maestro dará con la mano un golpe sobre el libro en que se va a comenzar a
leer.

[GE 12,2,2] Para indicar al que lee que se detenga, hará sonar una vez la señal; al
instante todos los alumnos mirarán al maestro, y este, con la punta de la señal, señalará a
uno, para indicarle que lea.

[GE 12,2,3] Para hacer signo al que lee de que repita, cuando haya leído o
pronunciado mal una letra, una sílaba o una palabra, o cuando no haya hecho las pausas
donde debía, o haya hecho alguna demasiado larga, el maestro sonará dos veces
seguidas, con la señal, sucesivamente; y si después de hacer el signo dos o tres veces el
alumno aún no lee bien, el maestro dará un solo toque de señal, como se hace para
detener la lectura, con el fin de lograr que todos los alumnos miren; al mismo tiempo
hará signo a otro de que lea en voz alta la letra, sílaba o palabra que aquel haya leído o
pronunciado mal.

[GE 12,2,4] Si el maestro hubiere hecho el signo dos o tres veces y no logra que
entiendan el motivo, y si el que lee no retoma la palabra que leyó o pronunció mal, por
haber leído otras varias después de aquella antes de que tocara el maestro para corregirlo,
el maestro dará tres toques seguidos, sucesivamente, para hacerle signo de que vuelva a
leer desde más atrás, y seguirá haciendo ese signo hasta que el alumno llegue a la
palabra que dijo mal.

[GE 12,2,5] Para hacer el signo de hablar más alto, el maestro dirigirá el extremo de
la señal hacia arriba, y para hacer el signo de que hable más bajo, dirigirá el extremo de
la señal hacia el suelo.

[GE 12,2,6] Para avisar a uno o a varios de que no hablen tan alto cuando siguen o
estudian, el maestro levantará un poco la mano, como si quisiera llevarla a la oreja; hará
el mismo signo siempre que oiga algún ruido en la clase; si el ruido procede del lado
derecho, levantará la mano derecha, y si procede del lado izquierdo, levantará la mano

154
izquierda.

[GE 12,2,7] Para hacer el signo de leer más despacio, el maestro dará con la señal
dos toques claros y un poco separados uno de otro.

[GE 12,2,8] Para hacer el signo de leer o deletrear una palabra que un alumno que
empieza a leer no dice bien, el maestro bajará una sola vez el extremo de la señal sobre
el libro que tiene en la mano.

[GE 12,2,9] Para hacer signo al que lee de que lea por sílabas o por pausas, cuando
un alumno no hace la pausa entre dos sílabas, cuando aún lee solo por sílabas, o en la
puntuación, cuando lee por pausas, el maestro bajará una sola vez el extremo de la señal
hacia el libro que tiene en la mano, despacio y repetidas veces.

[GE 12,2,10] Para hacer que se cambie de lección, el maestro dará una palmada
sobre el libro que tiene abierto y, al momento, el que lee se detendrá y dirá en voz alta:
Alabado sea Dios por siempre.

[GE 12,2,11] En ese momento, todos los alumnos deben descubrirse, y preparar su
libro o su lección; y todo esto debe hacerse en un instante.

[GE 12,2,12] Para hacer signo de terminar la última lección y de cerrar los libros, el
maestro dará una palmada sobre la pasta del libro que tiene en la mano y que se está
leyendo en ese momento.

[GE 12,3] ARTÍCULO 3.°

DE LOS SIGNOS REFERENTES A LA ESCRITURA

[GE 12,3,1] Al comienzo de la escritura, para hacer que se inicie, el maestro hará tres
signos, sonando tres veces la señal, un solo toque cada vez.

[GE 12,3,2] Al primer signo, los alumnos sacarán sus escribanías, de manera que
aparezcan a la vista; al segundo signo, abrirán sus escribanías, sacarán sus plumas y
cortaplumas, si los han de tener, y los mostrarán, de manera que el maestro pueda verlos
todos muy bien; al tercer signo, meterán la pluma en la tinta y escribirán todos juntos al
mismo tiempo.

[GE 12,3,3] Cuando un alumno se recueste sobre la mesa al escribir, o tenga una
postura inadecuada, el maestro hará signo con la boca, y después levantará la mano de
derecha a izquierda, para hacerle signo de que mantenga el cuerpo en buena postura.

155
[GE 12,3,4] Cuando uno o varios alumnos no sostengan bien su pluma, el maestro
dará dos toques con la señal; si advierte que alguno no escribe, le hará un signo con la
boca, y luego hará el movimiento de los dedos.

[GE 12,4] ARTICULO 4.°

DE LOS SIGNOS DURANTE EL CATECISMO

[GE 12,4,1] Para hacer a un escolar signo de que cruce los brazos, el maestro lo
mirará fijamente y al mismo tiempo cruzará él mismo sus brazos.

[GE 12,4,2] Para avisar a un alumno que ponga el cuerpo derecho, el maestro lo
mirará fijamente y, al mismo tiempo, enderezará su cuerpo, y luego juntará los pies,
mientras lo mira.

[GE 12,4,3] Cuando un alumno no haya hecho bien la señal de la santa cruz, el
maestro pondrá la mano sobre la frente.

[GE 12,4,4] Para hacer a un alumno signo de que baje los ojos, hay que mirarlo
fijamente y al mismo tiempo bajar los propios.

[GE 12,4,5] Para hacer a un alumno signo de que junte las manos, el maestro juntará
las suyas, mientras lo mira. En una palabra, en estas ocasiones y en otras parecidas, el
maestro, mirando a los alumnos hará lo que desea que ellos hagan y cumplan.

[GE 12,5] ARTÍCULO 5.°

DE LOS SIGNOS DURANTE LAS ORACIONES

[GE 12,5,1] Cuando se quiera comenzar una oración, habrá que dar una palmada; al
mismo tiempo, todos los alumnos se descubrirán y adoptarán la actitud debida.

[GE 12,5,2] Cuando todos los alumnos estén dispuestos y con la postura en que
deben estar, se dará una segunda palmada, para hacer que se comience la oración.

[GE 12,5,3] Cuando un alumno no rece, hay que mirarlo fijamente y decir la oración
un poco más alto.

[GE 12,6] ARTÍCULO 6.°

DE LOS SIGNOS RELATIVOS A LOS CASTIGOS

156
[GE 12,6,1] Todos los signos de castigos se reducirán a cinco, y los maestros tienen
que hacer comprender a los alumnos por cuál de las cinco cosas van a ser castigados.

[GE 12,6,2] Los cinco puntos o motivos por los que se dará un castigo en la clase
serán: primero, por no haber estudiado; segundo, por no haber escrito; tercero, por
haberse ausentado de clase; cuarto, por no haber escuchado el catecismo; y quinto, por
no haber rezado.

[GE 12,6,3] Habrá cinco sentencias en diferentes sitios de la clase, que indiquen la
obligación de hacer estas cinco cosas, cada una expresada en los siguientes términos: 1.
No hay que faltar a clase, ni llegar tarde sin permiso. 2. En la clase hay que aplicarse a
estudiar la lección. 3. Hay que escribir de continuo, sin perder el tiempo. 4. Hay que
escuchar atentamente el catecismo. 5. Hay que rezar con piedad, en la iglesia y en clase.

[GE 12,6,4] Cuando el maestro quiera castigar a un alumno, le hará signo


apuntándolo con el extremo de la señal y, al mismo tiempo, le indicará con el mismo
extremo de la señal la sentencia contra la cual ha faltado; luego le hará signo de
acercarse a él, si es para darle un palmetazo; y si es para darle otro castigo, le hará signo
mostrándole con el extremo de la señal el sitio donde se recibe.

[GE 12,6,5] Cuando el maestro quiera amenazar a los alumnos con algún castigo,
hará signo dando un toque de señal, y luego, cuando todos lo miren, mostrará con la
misma señal la sentencia que indica la obligación por cuya transgresión amenaza el
maestro con el castigo; después, con la misma señal, les mostrará el sitio en que se recibe
el castigo, o bien pondrá la mano como se pone para recibir un palmetazo.

[GE 12,7] ARTÍCULO 7.°

SIGNOS QUE SE HACEN EN ALGUNAS OCASIONES PARTICULARES

[GE 12,7,1] Cuando un alumno pida permiso para hablar, se pondrá de pie en su
sitio, con los brazos cruzados y los ojos bajados modestamente, sin hacer ningún signo.

[GE 12,7,2] Si el maestro le autoriza a hablar, le hará signo de acercarse a él,


moviendo el extremo de la señal hacia sí; usará el mismo signo cada vez que tenga que
hablar a algún alumno. Si no le autoriza a hablar, bajará la señal hacia el suelo delante
del alumno.

[GE 12,7,3] Cuando un alumno solicite ir a hacer sus necesidades, permanecerá


sentado y levantará la mano; para concederle este permiso, el maestro dirigirá la señal
hacia el lado de la puerta; y para negarlo, hará signo al alumno de quedarse quieto,

157
bajando la señal hacia el suelo.

[GE 12,7,4] Para mandar a un alumno que se ponga de rodillas, el maestro le


señalará el centro de la clase con la señal; para hacer que bese el suelo, pondrá el
extremo de la señal ante su boca y luego le señalará el suelo con la misma señal.

[GE 13] CAPÍTULO 3.° (13)

De los registros

[GE 13,0,1] Una cosa que puede contribuir mucho a mantener el orden en las
escuelas es que haya registros bien ordenados. Serán de seis tipos: 1.°, registro de
admisión; 2.°, registro de cambio de lección; 3.°, registro de órdenes en la lección; 4.°,
registro de cualidades y defectos de los alumnos; 5.°, registro de los primeros de banco;
6.°, registro de los visitadores de ausentes.

[GE 13,0,2] Los dos primeros serán para uso del Inspector de las Escuelas; los
maestros usarán los dos siguientes; y los dos últimos serán llevados por los alumnos.

[GE 13,1] ARTÍCULO 1.°

DE LOS REGISTROS DE ADMISIÓN

[GE 13,1,1] Los registros de admisión son aquellos en que se escriben los nombres
de todos los alumnos recibidos y admitidos en la escuela, desde el comienzo del año
hasta el final.

[GE 13,1,2] Todos los registros de cada año se transcribirán seguidos aun registro
grande, separando los alumnos recibidos un año de los que hayan sido recibidos en otro.

[GE 13,1,3] Al comienzo de cada registro se pondrá como título: Registro de los
Alumnos recibidos y admitidos por la Escuela deN...

[GE 13,1,4] Luego se escribirá, en letra grande, el mes en que haya sido recibido
cada alumno; y cada mes se escribirá de la misma forma, al comienzo y encima de los
nombres de los alumnos que se hayan recibido durante ese mes.

[GE 13,1,5] En el margen solo se escribirá, con números, el día del mes en que se
haya recibido al alumno; y si hubiere varios recibidos el mismo día, solo se indicará este
dato al lado del nombre del primer alumno que se haya recibido ese día.

[GE 13,1,6] El apellido de cada alumno se escribirá también en el margen, frente a

158
su inscripción en el registro, para que se le pueda encontrar fácilmente. Si está
confirmado se indicará con una cruz, así: +, y si ya ha hecho la primera comunión, con
una C.

[GE 13,1,7] Al final del registro habrá tablas de los nombres y apellidos de los
alumnos de todos los catálogos contenidos en ese registro, por orden alfabético; una
tabla para cada año escolar, y después de cada apellido se indicará con número la página
del registro en la que está inscrito.

[GE 13,1,8] Al comienzo de cada tabla se pondrá como título: Tabla de nombres y
apellidos de los alumnos recibidos el año N.

[GE 13,1,9] La tabla de un año escolar se escribirá solo al final de ese año, cuando
ya no se haya de recibir más alumnos.

[GE 13,1,10] En el cuerpo del registro se escribirá el nombre y apellido de cada


alumno recibido, su edad, si está confirmado, si ya ha hecho la primera comunión y
cuándo, el nombre de su padre y de su madre, o si es huérfano de uno u otro, el nombre
de la persona con quien vive, la calle, el emblema, la vivienda y la parroquia; en qué
lección y en qué orden de lección ha sido puesto; si debe venir a clase desde el comienzo
al final; a qué hora debe venir por la mañana y por la tarde; qué día de la semana puede
ausentarse; si ya ha ido a la escuela, y por cuánto tiempo; si estuvo con un solo maestro
o con varios, y por cuánto tiempo; por qué motivo los ha dejado; si dejó de ir a la
escuela, y cuánto tiempo hace.

[GE 13,1,11] Una vez que se haya escrito todo esto, habrá que dejar suficiente
espacio en blanco para escribir lo que se haya de añadir más tarde, sobre las cosas que se
expresan a continuación, a saber: cuál es su carácter; si fue confirmado, si hizo la
primera comunión después de venir a la escuela, qué día, qué mes y qué año; si asiste
regularmente, y si no lo hace, por qué motivo; si falta con frecuencia, cuantas veces
aproximadamente al mes; si no viene durante el invierno; si llega tarde a clase, si es a
menudo y cuántas veces, aproximadamente, por semana o por mes; si se aplica, si
progresa en el estudio, si se le cambia normalmente a su tiempo; si sabe el catecismo y
las oraciones; cuáles son sus buenas cualidades o sus defectos, y sus costumbres; si ha
dejado la escuela, qué día y para dedicarse a qué; en qué día se le recibió por primera,
segunda o tercera vez; si ha dejado la escuela por segunda vez, en qué día y para
dedicarse a qué.

[GE 13,1,12] De todas estas cosas, el Director escribirá en el catálogo lo que


considere oportuno poner.

159
[GE 13,1,13] Modelo

Registro de los alumnos recibidos y admitidos en la Escuela de la casa de Reims en el


año 1706

Juan Mulot, recibido el 31 de agosto de 1706, de 16 años de edad. Confirmado hace


dos años. Recibió la primera Comunión en la última Pascua. Hijo de José Mulot,
cardador de lana, domiciliado en la calle Contray, parroquia de San Esteban, cerca de la
Cruz de Oro, en un taller.

[GE 13,1,14] Se le ha puesto en el tercer orden de escritura, y en el primero de la


Urbanidad; tiene que venir a las 9 y a las 3; estuvo dos años en la escuela del señor Caba,
en la calle de San Esteban, ocho meses en la del señor Ralot, un año en la del señor
Huysbecq, y cuatro meses en la del señor Mulot, maestro de escuela. Los ha dejado
porque sus padres pensaban que aprendería más en otros sitios.

[GE 13,1,15] De lo escrito arriba, de lo que haya sabido, sea por sí mismo, por su
primera experiencia, sea por el informe de los maestros, especialmente por el registro de
las buenas cualidades y defectos de los alumnos, que harán al final de cada año:

[GE 13,1,16] Es de espíritu inconstante; se ausenta unas dos veces al mes, por
necesidades de su madre; se aplica a medias; aprende con facilidad y rara vez se ha
dejado de cambiarlo de lección; sabe el catecismo, pero poco las oraciones; tiene
inclinación a la mentira y a la glotonería; tiene piedad mediocre y ninguna modestia;
dejó la escuela durante tres meses en invierno; ha salido definitivamente de la escuela el
31 de agosto de 1706, para aprender el oficio de escultor, o para ser criado, o para ir a...

[GE 13,2] ARTÍCULO 2.°

DE LOS REGISTROS DE CAMBIOS DE LECCIÓN

[GE 13,2,1] Los Inspectores de los cambios de lección tendrán un registro cada uno,
en el que se escriban los nombres de los alumnos, separados por lecciones y por órdenes
de lección; cada alumno estará escrito bajo el título del orden de lección en que se halle.

[GE 13,2,2] Habrá tantos registros de este tipo como escuelas dependientes de la
misma casa. Cada registro comenzará con los nombres de los alumnos del primer orden
de la lección inferior, y continuará así hasta el último orden de la lección superior, que es
la de los manuscritos.

[GE 13,2,3] Los registros de cambio de lección, de cambio de escritura, tanto

160
redondilla como bastardilla, y el de aritmética, se escribirán en el mismo libro y todo
seguido. Los registros de escritura redondilla comenzarán por el primer orden y acabarán
con el séptimo; los registros de escritura bastardilla comenzarán por el primer orden y
acabarán con el quinto; y los registros de aritmética comenzarán con el primer orden y
acabarán con el quinto.

[GE 13,2,4] Habrá un libro que contenga los registros de cambios de lección, de
escritura y de aritmética para cada escuela dependiente de la misma casa.

[GE 13,2,5] Las hojas de cada registro estarán divididas en cinco columnas,
separadas por líneas de arriba abajo, y la columna del medio debe ser más ancha que las
otras dos.

[GE 13,2,6] En lo alto de cada hoja se escribirá como título el orden de la lección en
que están los alumnos cuyos nombres se escriban en la hoja.

[GE 13,2,7] Segundo libro (leY orden)

En la columna del medio se escribirán los nombres y apellidos de los alumnos del
mismo orden de lección, todos seguidos, indiscriminadamente, según hayan sido
admitidos en la escuela o se les haya cambiado de lección.

[GE 13,2,8] En la primera columna, al lado de cada nombre, se escribirá el día del
mes en que cada uno de los alumnos, inscritos en la hoja, haya sido puesto en ese orden
de lección; y en la segunda columna, se escribirá el mes.

[GE 13,2,9] En la cuarta columna, al lado de cada apellido, se escribirá el día del
mes en que cada alumno de ese orden de lección haya sido cambiado y puesto en otro
orden de lección; y en la quinta columna se escribirá el mes.

MODELO, ESCRITURA (DEL 3 - ORDEN)

161
[GE 13,3] ARTÍCULO 3.°

DE LOS REGISTROS DE LOS ÓRDENES DE LECCIÓN

[GE 13,3,1] Cada maestro tendrá un registro de venticuatro hojas, en el cual se


escribirán los nombres de los alumnos de su clase, por lección y orden de lección; y los
nombres de todos los alumnos del mismo orden de lección se escribirán seguidos, debajo
del título del orden de lección en que se hallan.

[GE 13,3,2] Cada maestro recibirá cada año un nuevo registro de este tipo.

[GE 13,3,3] El Inspector escribirá o mandará escribir todos los registros de los
órdenes y los dará a los maestros el primer día del mes, por la mañana, antes de que
vayan a clase.

[GE 13,3,4] Habrá tres columnas en cada hoja de ese registro que se separarán con
líneas de arriba abajo.

[GE 13,3,5] En la primera columna, que será la más estrecha, al lado de cada
nombre, se escribirá el mes y el día del mes en que cada alumno haya sido puesto en ese
orden de lección.

[GE 13,3,6] En la columna del medio se escribirá el nombre y apellido de cada


alumno del mismo orden de lección, todos seguidos, indiscriminadamente, según hayan
sido admitidos en la escuela o hayan pasado al orden de lección en que se hallan; y todos
los nombres irán separados por una línea horizontal de un extremo al otro de la hoja.

[GE 13,3,7] En la tercera columna habrá cuatro cuadros al lado de cada apellido, en
el primero de los cuales se señalará con puntitos cuántas veces llegó tarde el alumno; en
el segundo, cuántas veces el alumno faltó a clase con permiso; en el tercero, cuántas
veces faltó a clase sin permiso; y en el cuarto, cuántas veces no supo el catecismo de la
diócesis. Encima de los cuadros de la tercera columna estará escrito: sobre el primero,
tarde; sobre el segundo, aus. p.; sobre el tercero, aus. s.; y sobre el cuarto, ign. cat.

[GE 13,3,8] Los maestros anotarán en esos registros a los que hayan llegado tarde o
hayan faltado a clase, cuando los primeros de banco y los visitadores de ausentes les
informen sobre los ausentes; y anotarán a los que no han sabido el catecismo de la
diócesis durante la recitación.

[GE 13,3,9] Modelo

162
REGISTRO DE LA 3.a CLASE DE LA CALLE DE LA PRINCESA. PARA ENERO
DE 1706

[GE 13,4] ARTÍCULO 4.°

DE LAS CUALIDADES Y DEFECTOS DE LOS ALUMNOS

[GE 13,4,1] Hacia el final de cada año escolar, durante el último mes de clase antes
de las vacaciones, todos los maestros elaborarán cada uno un registro de sus alumnos en
el que indicarán sus cualidades y defectos, según los hayan observado durante el año.
Indicarán el nombre y apellido de cada alumno, cuánto tiempo hace que viene a la
escuela, la lección y el orden de lección en que se halla, su carácter, si muestra piedad en
la iglesia y en las oraciones, si está dominado por algún vicio, como la mentira, la
blasfemia, el robo, la impureza, la glotonería, etcétera.

[GE 13,4,2] Si tiene buena voluntad o si es incorregible; de qué modo hay que
proceder con él; si la corrección le es o no provechosa; si ha sido asiduo a la escuela o si
ha faltado a clase a menudo o rara vez; si fue con justo motivo o sin causa, con permiso
o sin permiso; si fue puntual en llegar a la hora y antes que el maestro; si se aplica en
clase; si lo hace por sí mismo; si está inclinado a hablar y a juguetear en ella; si progresa
en el estudio; si normalmente se le ha cambiado al tiempo debido, o cuánto tiempo, más
de lo normal, ha permanecido en cada orden de lección antes de ser cambiado; si ha sido
por su culpa o porque es torpe; si sabe bien el catecismo y las oraciones o si ignora lo
uno o lo otro; si es obediente en clase; si es de carácter difícil, terco e inclinado a la
rebeldía con el maestro; si está excesivamente mimado por sus padres, si a estos no les
gusta que lo castiguen, o si se quejan a veces; si ha tenido algún oficio de clase, cuál ha
sido, y cómo lo desempeñó.

163
[GE 13,4,3] Cada maestro, al final del año escolar, entregará al Director el registro
que haya elaborado; y el Director, el primer día de clase después de las vacaciones, se lo
dará al maestro que atienda esa clase, si es otro distinto que el año anterior, quien
utilizará el registro durante los tres primeros meses, para ir conociendo a los alumnos y
el modo como debe proceder con ellos. Si el maestro es el mismo, el Director lo
guardará. Después de los tres primeros meses del año escolar, el maestro a quien el
Director se lo entregó el primer día, le devolverá el registro. El Director los conservará
todos, y tendrá cuidado de confrontar los de años anteriores con los de años posteriores,
y los de un maestro con los de otro de la misma clase y los mismos alumnos, para ver si
son semejantes o diferentes, ya en todo, ya en parte.

[GE 13,4,4] Si ocurre que algún maestro joven no sabe confeccionar el registro, el
Director o Inspector le enseñará a hacerlo, o en caso de necesidad, lo hará en su lugar.

[GE 13,4,5] Modelo

Registro de los alumnos de la 4.' clase de la calle de San Plácido, en el año 1706, donde
constan sus cualidades y defectos

Francois de Terieux, de ocho años y medio, viene a la escuela desde hace dos años;
está en el 3er orden de escritura desde el pasado 1 de julio; es de espíritu inquieto,
muestra poca piedad y ninguna modestia en la iglesia y en las oraciones, a menos que se
esté sobre él, y es por ligereza; su defecto particular es la inmodestia. Tiene bastante
buena voluntad; hay que ganarlo y animarlo a que se comporte bien; la corrección le
sirve de poco, porque es ligero; ha faltado a clase pocas veces, algunas sin permiso, por
haberse encontrado con compañeros traviesos y por su ligereza; con frecuencia ha
faltado a la puntualidad; se aplica solo a medias, y a menudo se distrae y no hace nada, a
menos que se lo vigile.

[GE 13,4,6] Aprende con facilidad; en dos ocasiones no se le ha cambiado de lección


del 2.° al 3er orden, por falta de aplicación; sabe bien las oraciones; es sumiso cuando se
lo reprende si se tiene autoridad, pero es reticente si no se tiene; sin embargo, no es de
temperamento difícil; hay que ganarlo, y entonces hará todo lo que se le pide; sus padres
lo quieren mucho y no les gusta que se lo castigue; no ha desempeñado ningún oficio en
la escuela porque no es muy capaz; es despierto y cumpliría bien con su deber si no fuera
porque a menudo llega tarde.

[GE 13,4,7] Lambert de Long, de doce años y medio; viene a la escuela desde hace
cuatro años; está en el 7.° orden de escritura desde hace seis meses, en el 5.° orden de
manuscritos, y en el 4.° orden de aritmética desde el 4] de mayo último; es de natural su

164
perficial y ligero; aprende y retiene con facilidad; muestra poca piedad en la iglesia y en
las oraciones; frecuenta poco los sacramentos; su defecto particular es el orgullo; sufre
mucho cuando se lo humilla; a veces le es útil el castigo; de ordinario es asiduo y se
aplica mucho en el catecismo; en la escritura y en la aritmética siempre ha sido
cambiado de lección a su tiempo; es sumiso si encuentra al maestro adecuado, de lo
contrario es desobediente; sus padres no ven mal que se lo castigue; ha sido presidente
de oraciones y primero de banco; ha desempeñado muy bien esos oficios.

[GE 13,5] ARTÍCULO 5.°

DE LOS REGISTROS DE LOS PRIMEROS DE BANCO

[GE 13,5,1] En cada clase habrá un registro de cada banco, que contenga los
nombres y apellidos de todos los alumnos del mismo banco.

[GE 13,5,2] Uno de los alumnos de ese banco, a quien se colocará el primero y se
llamará primero de banco, estará encargado de ese registro, y su nombre se pondrá el
primero de los que figuran en él.

[GE 13,5,3] A continuación se pondrán los nombres de todos los demás alumnos de
ese banco, en el orden que ocupan después de él en el banco. Los registros se harán con
un cartón cubierto de papel, de medio pie de alto y unas cuatro pulgadas de ancho.

[GE 13,5,4] Los nombres de los alumnos se escribirán en fichas de cartón, por cuyos
extremos serán introducidos en dos cordones, entrelazados de arriba abajo del registro. A
los dos lados de cada ficha habrá dos cintas de hilo rojo, la primera para señalar los que
hayan llegado tarde, y la segunda para señalar los ausentes.

[GE 13,5,5] Unos y otros serán señalados por el primero de banco, tal como está
indicado en el artículo sobre su oficio. Esos registros estarán colgados con un cordón en
una punta clavada en la pared, cada registro frente al banco en que están los alumnos
cuyos nombres contenga.

Modelo

165
[GE 13,6] ARTÍCULO 6.°

DE LOS REGISTROS DE LOS VISITADORES DE AUSENTES

[GE 13,6,1] En cada clase habrá registros de los visitadores de ausentes, cada uno de
los cuales contendrá al máximo quince o veinte alumnos. En cada uno de esos registros
se incluirán alumnos del mismo barrio para que puedan ser visitados fácilmente por los
visitadores de ese barrio.

[GE 13,6,2] Cada visitador tendrá su registro y todos los días señalará en él a los
ausentes, tal como se dice en el artículo de los visitadores de ausentes. Estos registros
estarán hechos de cartón doblado en dos, cubierto de papel blanco en su interior, y por
fuera de pergamino. Cada lado del registro será aproximadamente de dos pulgadas de
ancho y de medio pie de alto.

[GE 13,6,3] En ellos, los nombres de los alumnos estarán escritos en fichas de
cartón, cuyos dos extremos serán introducidos en dos cordones entrelazados de arriba
abajo en el registro. En el borde, a los dos lados de cada ficha, habrá una cinta de hilo
rojo que se sacará hacia el lado izquierdo de la ficha para señalar cuando algún alumno
llegue tarde, y hacia el del lado derecho de la ficha, para señalar cuando esté ausente.

Modelo

[GE 14] CAPÍTULO 4.° (14)

166
De los premios

[GE 14,1,1] Los maestros concederán premios a los alumnos que hayan cumplido
sus deberes con mayor exactitud, para incitarlos a que los practiquen con gusto y para
estimular a los demás con la esperanza de la recompensa.

[GE 14,1,2] Los premios que se den en las escuelas serán de tres clases: primero,
premios por la piedad; segundo, premios por la capacidad; y tercero, premios por la
asiduidad.

[GE 14,1,3] Los premios por la piedad siempre serán más bonitos y valiosos que los
otros, y los premios por la asiduidad, mejores que los dados por capacidad.

[GE 14,1,4] Las cosas que se den como recompensa serán de tres niveles diferentes;
1.°, libros; 2.°, estampas en pergamino, fi guras en yeso, como vírgenes, agnus y otras
pequeñas obras hechas a mano; 3.°, estampas en papel y sentencias en mayúsculas.

[GE 14,1,5] De manera más habitual, a los alumnos se les dará como premios
sentencias, pues de ordinario son más útiles y con frecuencia mejor recibidas; todas las
sentencias serán piadosas.

[GE 14,1,6] También serán piadosas todas las imágenes; se utilizarán de ordinario
crucifijos, figuras del Niño jesús, de la Santísima Virgen y de san José.

[GE 14,1,7] Los libros servirán solo como premios extraordinarios, y no los dará más
que el Hermano Director después de haber examinado a los que el maestro considere
más dignos de ellos.

[GE 14,1,8] Los libros que podrán darse como premio siempre serán libros piadosos,
como, por ejemplo, La imitación de Cristo, los Sabios Coloquios, las Verdades
Cristianas, los Pensamientos Cristianos, el Pensadlo bien, etc.

[GE 14,1,9] Se podrán dar, pero solo a los pobres, los Cánticos Espirituales, las
Oraciones de la Escuela, el Catecismo de la diócesis y otros libros que se utilizan en
clase; pero no se darán a los que puedan comprarlos.

[GE 14,1,10] Todas las semanas se darán en cada clase como recompensa una
estampa y una sentencia, una más bonita que la otra; la sentencia, o la más bonita si hay
dos, será para quien mejor haya respondido y recitado el catecismo; y la estampa, o la
otra sentencia, será para el que mejor lo haya aprendido, después de él.

167
[GE 14,1,11] Los premios por capacidad se concederán solamente una vez al mes,
cuando el Director o el Inspector comiencen las clases. Habrá solo uno para el más capaz
de cada lección.

[GE 14,1,12] También se dará todos los meses, en cada clase, un premio al que haya
mostrado más piedad y modestia en la iglesia y durante las oraciones.

[GE 14,1,13] Igualmente todos los meses se dará en cada clase un libro, una
sentencia extraordinaria y muy grande, o una imagen grande y hermosa, o alguna otra
cosa que guste y sea apreciada de modo particular por los alumnos a quienes se conceda;
y esta recompensa se dará a quien haya sobresalido en todo, es decir, en piedad y
modestia, en asiduidad y en capacidad. Es preciso que las tres cosas se den en aquel a
quien se conceda este premio.

[GE 14,1,14] Los premios ordinarios de cada semana y del último día de clase antes
de las vacaciones serán distribuidos por los maestros. Los premios extraordinarios que se
dan cada mes, tal como queda indicado anteriormente, los distribuirán el Director o el
Inspector de las Escuelas.

[GE 15] CAPÍTULO 5.° (15)

De las correcciones en general

PREÁMBULO

[GE 15,0,1] La corrección de los alumnos es de las cosas más importantes que se
practican en la escuela, y a la que hay que atender con el mayor cuidado para
administrarla con oportunidad y fruto, tanto para los que la reciben como para los que la
presencian.

[GE 15,0,2] Por eso son muchas las cosas que hay que observar en la práctica de las
correcciones que puedan hacerse en la escuela; de ellas se hablará en los artículos
siguientes,

[El texto que sigue, GE 15,0,3 a GE 15,0,23, no aparece en la edición de 1706, sino
en la de 1720.]

después de explicar la necesidad de unir la dulzura con la firmeza en la dirección de los


niños.

[GE 15,0,3] La experiencia, apoyada en la doctrina constante de los santos, y los

168
ejemplos que nos han dado, prueba suficientemente que para hacer que se perfeccionen
aquellos a quienes se dirige, hay que proceder con ellos de manera suave y firme a la
vez; sin embargo, muchos se ven obligados a confesar, o al menos lo demuestran
suficientemente por el modo de comportarse con aquellos de que están encargados, que
no hallan fácilmente, en la práctica, el modo de unir ambas cosas.

[GE 15,0,4] Pues si, por ejemplo, se actúa con toda autoridad y con demasiado
dominio con los niños, parece difícil que ese modo de gobernar no llegue a ser
demasiado duro e insoportable; pues aunque proceda de sano celo, no es según ciencia,
como dice san Pablo, ya que se olvida tan fácilmente la debilidad humana.

[GE 15,0,5] Por otro lado, si se tiene excesivo miramiento con la debilidad humana,
y so pretexto de tener compasión de los niños se les deja hacer cuanto se les antoja, de
ahí saldrán alumnos díscolos, indisciplinados y desordenados.

[GE 15,0,6] ¿Qué habrá que hacer, pues, para que la firmeza no degenere en dureza y
la dulzura en languidez y flojedad?

[GE 15,0,7] Para esclarecer de algún modo este asunto, que no reviste poca
importancia, parece que es conveniente exponer en pocas palabras algunos puntos
esenciales a los que se reduce casi todo lo que de rigor y dureza se manifiesta en la
manera de conducir y educar a los niños; y luego otros, de los que proceden, por el
contrario, toda la relajación y el desorden, etc.

[GE 15,0,8] Las cosas que hacen duro e insoportable a los alumnos el proceder de un
maestro son:

[GE 15,0,9] Primero, cuando las penitencias son demasiado rigurosas y el yugo que
les impone demasiado pesado, lo cual proviene a menudo de su poca discreción y su
poca sensatez; pues sucede a menudo que los alumnos no tienen fuerzas suficientes de
cuerpo ni de espíritu para llevar tales cargas, que con frecuencia los abruman.

[GE 15,0,10] Segundo, cuando ordena, manda o exige de los niños algo con palabras
demasiado duras o de forma demasiado autoritaria, sobre todo cuando eso proviene de
algún impulso desordenado de impaciencia o de cólera.

[GE 15,0,11] Tercero, cuando urge demasiado la ejecución de algo a un niño que no
está dispuesto a ello, y no le deja ni el sosiego ni el tiempo para que se rehaga.

[GE 15,0,12] Cuarto, cuando exige con igual ardor las menudencias que las cosas

169
importantes.

[GE 15,0,13] Quinto, cuando rechaza de entrada las razones y las disculpas de los
niños, no queriendo escucharlos de ningún modo.

[GE 15,0,14] Sexto, en fin, cuando sin mirarse a sí mismo, no sabe compadecer las
debilidades de los niños, y exagera demasiado sus defectos; y cuando al reprenderlos o
castigarlos, más parece que actúa sobre un objeto insensible que sobre una criatura capaz
de razón.

[GE 15,0,15] Por el contrario, las cosas que hacen que la dirección de los niños sea
negligente y relajada, son estas:

[GE 15,0,16] Primero, cuando solo se preocupa de cosas importantes si causan


desorden, pero se descuidan insensiblemente otros medios también importantes.

[GE 15,0,17] Segundo, cuando no se exige lo suficiente la ejecución y la observancia


de las prácticas de la escuela y lo que constituye el deber de los niños.

[GE 15,0,18] Tercero, cuando se consiente fácilmente que se deje de hacer lo que
está mandado.

[GE 15,0,19] Cuarto, cuando para conservar la amistad de los niños se les manifiesta
excesivo afecto y ternura, concediendo algo en particular a los más íntimos o dejándoles
demasiada libertad, lo cual no edifica a los otros y causa desorden.

[GE 15,0,20] Quinto, cuando por cierta timidez natural se habla o se reprende a los
niños con tanta flojedad o tan fríamente, que no prestan ninguna atención o no les
produce la menor impresión.

[GE 15,0,21] Sexto, en fin, cuando se olvida fácilmente el deber del maestro en lo
referente a su exterior (que consiste principalmente en mantenerse en tal gravedad que
mueva a los niños al respeto y a la compostura), ya sea hablándoles demasiado y con
familiaridad, ya permitiéndose alguna vulgaridad.

[GE 15,0,22] Por todas estas cosas se puede conocer fácilmente en qué consiste la
excesiva dureza y la excesiva dulzura. Lo que hay que evitar en una y en otra, son los
extremos; para no ser ni demasiado duro ni demasiado blando, hay que tener firmeza
para conseguir el fin, y suavidad en el modo de llegar a él, y mostrar mucha caridad,
acompañada de celo.

170
[GE 15,0,23] Hay que tener mucha perseverancia, sin permitir, con todo, que los
niños pretendan la impunidad y que hagan cuanto se les antoje, etc., pues la dulzura no
consiste en eso; por el contrario, hay que saber que esta consiste, en que, en las
reprensiones que se dan, no aparezca nada de dureza, ni que manifieste cólera o pasión,
sino que se vea resplandecer en ellas la gravedad del padre, la compasión llena de
ternura, y cierta dulzura que sea, con todo, viva y eficaz; y que se vea que si el maestro
que reprende o castiga lo hace presionado por cierta necesidad, y que actúa de esta forma
movido por celo del bien común.

[GE 15,1] ARTÍCULO 1.°

DE LAS DIVERSAS CLASES DE CORRECCIONES

[GE 15,1,1] Son varias y diversas las maneras que pueden usarse para corregir las
faltas de los niños: 1. De palabra; 2. Con una penitencia; 3. Con la palmeta; 4. Con las
varas; 5. Con el azote; 6. Con la expulsión de la escuela.

[GE 15,1,2] Sección l.°

De la corrección por la palabra

Como una de las principales reglas de los Hermanos de las Escuelas Cristianas es
hablar rara vez en clase, la corrección de palabra debe ser muy rara; incluso, parece que
es mucho mejor no servirse de ella en absoluto.

[GE 15,1,3] Las amenazas son un tipo de corrección de palabra. Se pueden usar, pero
hay que hacerlo rara vez y con mucha prudencia; y cuando el maestro haya amenzado a
los alumnos con algo, si alguno incurre en la falta por la cual el maestro había
amenazado, este debe castigar y no perdonarlo.

[GE 15,1,4] Nunca hay que hacer amenazas puras y simples, como por ejemplo,
recibiréis un palmetazo, u os castigaré. Sino que las amenazas deben realizarse bajo
ciertas condiciones, por ejemplo, si hacéis tal cosa, seréis castigados; si alguno vuelve la
cabeza en la iglesia, recibirá un castigo; el último en llegar tarde será castigado. De
ordinario hay que hacer las amenazas por signos, tal como se indica en los signos
referentes a las correcciones.

[GE 15,1,5] Con todo, el maestro podrá hablar a los alumnos alguna vez, de manera
enérgica y firme, para intimidarlos, pero sin afectación ni pasión. Si hubiere pasión, los
alumnos lo notarán fácilmente y Dios no lo bendecirá.

171
[GE 15,1,6] Sección 2.°

De las palmetas. Por qué motivos se pueden y se deben usar y del modo de hacerlo

La palmeta es un instrumento de dos trozos de cuero cosidos uno sobre otro. Tendrá
una longitud de...; constará de un mango para agarrarla y de la palma, de forma ovalada
y... de diámetro, con la cual se golpeará en la mano; la palma estará rellena, para que no
sea del todo plana, sino abultada por fuera.

[GE 15,1,7] La palmeta debe estar hecha de este modo y tener esta forma.

[Aquí debía venir un dibujo de la palmeta]

[GE 15,1,8] Se puede utilizar la palmeta por varios motivos: 1.°, por no haber
seguido la lección; 2.°, por haber jugueteado; 3.°, por haber llegado tarde; 4.°, por no
haber obedecido a la primera señal; y por otros varios motivos semejantes, es decir, por
faltas que no sean muy graves.

[GE 15,1,9] En cada ocasión, no debe darse más que un golpe de palmeta en la mano
del alumno. Si alguna vez hubiere que dar más, nunca se pasará de dos.

[GE 15,1,10] Hay que golpear la mano izquierda, sobre todo a los que escriben, para
no entorpecer la mano derecha, lo que supondría serio inconveniente en la escritura.

[GE 15,1,11] Nunca hay que administrarla a los que tengan algún mal en las manos;
sino que a estos hay que corregirlos con la vara o imponerles otro castigo. También hay
que prever los accidentes que pudieran ocurrir con esta corrección y tratar de evitarlos.

[GE 15,1,12] No hay que consentir que los alumnos griten, sea al recibir, o después
de haber recibido un palmetazo o cualquier otra corrección; y si lo hacen, no hay que
dejar de castigarlos, e incluso severamente, por haber gritado, y hay que hacerles
comprender que se los corrige por haber gritado de tal modo.

[GE 15,1,13] Hay que advertir que cuando se vaya a dar un palmetazo a un alumno
por haber cometido una falta contraria a su deber, como haber hablado, jugueteado,
reído, etc., no hay que decirle que se lo castiga por haber hablado, jugueteado o reído,
etc., sino por no haber rezado.

[GE 15,1,14] Igualmente, cuando se quiera corregir a un alumno por haber mirado
hacia atrás o por haber jugueteado en la iglesia, no hay que decirle que se lo corrige por
haber jugueteado, reído, etc., sino por no haber rezado; pues si los alumnos van a sus

172
casas diciendo que se los ha corregido por haber jugueteado, reído, etcétera, a algunos
padres no les gustaría, por considerar la falta demasiado ligera y no merecedora de tal
castigo.

[GE 15,1,15] Para que los castigos, ya sean de palmeta, vara o azote, puedan ser
provechosos, hay que dar pocos golpes y aplicarlos adecuadamente.

[GE 15,1,16] Sección 3.°

De las varas y del azote

El azote es un palo de unas ocho o nueve pulgadas de largo, en cuyo extremo hay
cuatro o cinco cuerdas con tres nudos en sus extremos. Debe estar hecho de esta forma.
[Aquí debía venir un dibujo del azote.] Se utilizará para azotar a los alumnos.

[GE 15,1,17] Pueden utilizarse varas o azotes para castigar a los alumnos por
diversas razones: 1.a por no haber querido obedecer prontamente; 2.a cuando alguno
tiene la costumbre de no seguir; 3.a por haber hecho garabatos, niñerías o sandeces en el
papel, en vez de escribir; 4.a por haberse pegado en la escuela o en las calles; 5.a por no
rezar en la iglesia; 6.a por no haber sido modesto en la santa Misa y en el catecismo; 7.a
por haber faltado, por culpa propia, a la santa Misa o al catecismo los domingos y
fiestas.

[GE 15,1,18] Todos los castigos, sobre todo de varayde azote, se han de hacer con
suma moderación y con presencia de espíritu.

[GE 15,1,19] De ordinario no hay que dar más que tres golpes de vara o de azote; si
alguno se ve precisado a superar ese número, no puede sobrepasar los cinco, sin orden
expresa del Director.

[GE 15,1,20] Sección 4.°

De la expulsión de los alumnos de la escuela

[GE 15,1,21] Algunas veces se puede y se debe expulsar a los alumnos de la escuela,
pero no debe hacerse sino con el parecer y por orden del Director.

[GE 15,1,22] Aquellos a quienes hay que expulsar son: los indisciplinados, que
pueden echar a perder a los demás; los que faltan fácilmente y a menudo a la escuela; los
que por culpa de sus padres faltan a la Misa parroquial o al catecismo, los domingos y
fiestas; y los incorregibles, es decir, aquellos que después de haberlos corregido

173
numerosas veces no cambian de conducta.

[GE 15,2] ARTÍCULO 2.°

DE LA FRECUENCIA DE LOS CASTIGOS Y LO QUE SE DEBE HACER PARA


EVITARLOS

[GE 15,2,1] Si se quiere que una clase funcione bien y con el orden debido, es
preciso que los castigos sean raros. No hay que servirse de la palmeta más que en caso
necesario; y hay que procurar que esta necesidad sea rara.

[GE 15,2,2] No es posible señalar con precisión cuántas veces al día se puede
recurrir a ellos, debido a las distintas situaciones que ocurren a lo largo del día y que
obligan a usarlas con mayor o menor frecuencia.

[GE 15,2,3] Sin embargo, puede decirse que no debe sobrepasarse el número de tres
en media jornada; y, para recurrir a ellos más de tres veces, debe ocurrir algo
extraordinario.

[GE 15,2,4] Normalmente, el castigo con varas o azote debe ser mucho más raro que
el de la palmeta, pues las faltas por las que se impone son mucho más raras que aquellas
por las que se aplica la palmeta. No debe usarse más de tres o cuatro veces al mes, como
máximo.

[GE 15,2,5] Los extraordinarios deben ser, por consiguiente, muy raros, por la
misma razón.

[GE 15,2,6] Algo muy extraordinario debe ser expulsar de la clase.

[GE 15,2,7] Para evitar la frecuencia de castigos, lo que constituye grave desorden
en la escuela, es preciso señalar claramente que lo que promueve el buen orden en la
escuela es el silencio, la vigilancia y la buena compostura del maestro, y no la dureza y
los golpes.

[GE 15,2,8] Hay que ejercitarse mucho en actuar con habilidad e ingenio para
mantener a los alumnos en orden, sin tener que emplear apenas los castigos.

[GE 15,2,9] Para desenvolverse bien en esto no hay que servirse siempre de los
mismos medios, pues los alumnos acabarían por acostumbrarse; sino que unas veces hay
que utilizar las amenazas, otras castigar, otras perdonar, y valerse de diversos medios
que el ingenio de un maestro observador y reflexivo le permitirá encontrar fácil y

174
oportunamente.

[GE 15,2,10] Con todo, si ocurre que un maestro idea algún medio particular que
considera adecuado para lograr que los alumnos cumplan sus obligaciones y para evitar
los castigos, lo propondrá al Director antes de utilizarlo, y no lo empleará sino después
de recibir orden o permiso para ello.

[GE 15,2,11] Los maestros no impondrán ningún castigo extraordinario sin


proponérselo previamente al Director; con este fin lo demorarán, cosa que es muy
oportuna para tomarse antes algún tiempo para reflexionar sobre ello, y para dar lugar a
que el castigo se imponga con mayor firmeza y produzca mayor impresión en el ánimo
de los alumnos.

[GE 15,3] ARTÍCULO 3.°

DE LAS CONDICIONES QUE HAN DE TENER LOS CASTIGOS

[GE 15,3,1] Para que el castigo sea provechoso debe ir acompañado de las diez
condiciones siguientes:

[GE 15,3,2] 1.a Debe ser puro y desinteresado, es decir, se ha de imponer


exclusivamente por amor de Dios y de su gloria, para cumplir su santa voluntad y sin
ningún deseo de venganza personal, pues el maestro no ha de tenerse en consideración a
sí mismo para nada.

[GE 15,3,3] 2.a Caritativo, es decir, que debe imponerse por motivo de pura caridad
hacia el alumno que lo recibe y por la salvación de su alma.

[GE 15,3,4] 3.a Justo, por lo cual, antes, se debe examinar si el motivo por el cual el
maestro castiga a un alumno es realmente una falta, y si esta merece tal castigo.

[GE 15,3,51 4.' Adecuado y proporcionado a la falta por la que se impone, es decir,
que debe guardar proporción con la falta, tanto en lo que se refiere a la calidad, como a
la cantidad; así como existe diferencia entre la falta cometida por malicia o por
obstinación y la falta cometida por debilidad, así también debe haber diferencia entre los
castigos con que se sancionan.

[GE 15,3,61 5.' Moderado, es decir, que debe ser más bien menos duro que
demasiado rudo, y encontrar el justo medio; y que tampoco se imponga con
precipitación.

175
[GE 15,3,7] 6.a Sosegado, de manera que quien lo imparte no se sienta en absoluto
movido por la cólera, sino que se domine totalmente; y que aquel a quien se le impone,
lo reciba de manera sosegada, con tranquilidad de espíritu y compostura exterior.

[GE 15,3,8] Es preciso, incluso, que quien castiga tenga sumo cuidado de no hacer
nada que permita notar que está enfadado; para ello, cuando se sienta alterado, será muy
conveniente diferir el castigo por algún tiempo, para no hacer nada de lo que tenga que
arrepentirse más tarde.

[GE 15,3,91 7.' Prudente por parte del maestro, que debe cuidar de manera exquisita
lo que hace, para no realizar nada inconveniente, y que pueda tener malas consecuencias.

[GE 15,3,101 8. - Voluntario y aceptado por el alumno; así se ha de procurar que lo


acepte libremente, haciéndole reconocer que lo merece, ponderándole la gravedad de su
falta, la obligación que tiene de repararla, y el serio perjuicio que se causa a sí mismo y
el que puede ocasionar a sus compañeros con su mal ejemplo.

[GE 15,3,111 9.' Respetuoso por parte del alumno, que ha de recibirlo con sumisión
y respeto, como recibiría un castigo que Dios mismo le impusiera.

[GE 15,3,12] 10.a Silencioso, primero por parte del maestro, que no debe hablar, por
lo menos en voz alta, en ese tiempo; segundo, por parte del alumno, que no debe decir ni
una palabra, ni gritar ni hacer ningún ruido.

[GE 15,4] ARTÍCULO 4.°

DE LOS DEFECTOS QUE DEBEN EVITARSE EN LOS CASTIGOS

[GE 15,4,1] Muchos son los defectos que hay que evitar en los castigos, y es
importante que los maestros presten a ello especial atención.

[GE 15,4,2] Los principales defectos que hay que evitar con el mayor cuidado son
los siguientes:

[GE 15,4,3] Es muy conveniente no imponer ningún castigo sin considerar


previamente que pueda ser útil y provechoso; y así, resulta pernicioso imponer alguno
sin mirar antes si ese castigo será útil, tanto al alumno a quien se quiere imponer, como a
los demás, que van a presenciarlo.

[GE 15,4,4] Cuando se estime que un castigo no será provechoso más que para dar
ejemplo a los demás, y no al que lo recibe, no habrá de imponerse, a menos que sea

176
necesario para mantener el orden en clase. Cuando se pueda demorar, se pedirá el
parecer al Director antes de aplicarlo; y cuando se crea que no puede diferirse, si el
maestro es uno de las clases subalternas, pedirá el parecer del primer maestro. Si se trata
del primer maestro, no hará nada sino con mucha precaución y por necesidad evidente; y
al volver de la escuela, todos darán al Director cuenta de lo que hayan hecho sobre este
particular.

[GE 15,4,5] Nunca hay que imponer un castigo que pueda ser perjudicial a quien se
quiere imponer, pues sería actuar directamente contra el fin de los castigos, solo
establecidos para producir el bien.

[GE 15,4,6] No hay que imponer ninguno que pueda ocasionar algún desorden en la
clase o incluso en la escuela, como, por ejemplo, si solo sirve para hacer chillar a un
niño, o para desalentar al alumno, indisponerlo con el maestro, o incluso moverlo a
abandonar la escuela; o para conseguir que en lo sucesivo sienta aversión hacia los
maestros y hacia los alumnos, de manera que sus quejas ante los propios padres pudieran
causar el mismo rechazo en otros e impedirles enviar a sus hijos a ella.

[GE 15,4,7] Los maestros deben esforzarse por evitar todos esos inconvenientes
antes de imponer cualquier castigo, pues es muy importante no incurrir en ellos.

[GE 15,4,8] Nunca hay que castigar a un alumno por sentimiento de repulsa o de
desagrado hacia él, porque causa molestias o porque no le tiene simpatía. Todos esos
motivos, que son malos o simplemente humanos, están muy alejados de los que deben
tener las personas que solo deben obrar y conducirse por espíritu de fe.

[GE 15,4,9] Incluso, tampoco hay que corregir a nadie porque se haya tenido algún
disgusto con él o con sus padres; y si sucede que un alumno falta al respeto o comete
alguna otra falta contra su maestro, debe más bien inducirlo de palabra a que reconozca
su falta y se corrija, en vez de castigarlo por ello; y si se viera forzado a castigarlo a
causa del mal ejemplo que ha dado, sería conveniente invocar otro motivo para el
castigo, como sería el desorden originado o el haberse mostrado terco.

[GE 15,4,10] En las correcciones no hay que utilizar los términos tú, te, vete, ven,
etc., sino: usted, le, vaya, venga, etc.

[GE 15,4,11] Nunca hay que utilizar con ellos palabras injuriosas o malsonantes, por
poco que lo sean, llamándoles, por ejemplo, pillo, bribón, tiñoso, piojoso, mocoso, etc.
Ninguna de estas palabras han de estar jamás en boca de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas.

177
[GE 15,4,12] Nunca hay que utilizar otros castigos fuera de los que están en uso en
las escuelas, y que quedan indicados en el artículo 1.° del presente capítulo. Por tanto,
nunca se debe golpear a los alumnos con la mano, con el pie o con el puntero; y es
totalmente contrario a los buenos modales y a la gravedad del maestro tirar de la nariz,
de las orejas o del pelo, y mucho más, empujarlos con rudeza o zarandearlos por los
brazos.

[GE 15,4,13] Nunca hay que tirar la palmeta a un alumno para que la traiga de
nuevo; eso es indecoroso. Tampoco hay que pegar con el mango de la palmeta, ni en la
cabeza, ni en las espaldas, ni en el dorso de la mano, ni dar dos palmetazos seguidos en
la misma mano, sino que siempre hay que dar en el centro de la palma de la mano; y no
hay que incurrir en estos defectos ni siquiera por descuido.

[GE 15,4,14] Al castigar a un alumno hay que tener mucho cuidado de no golpearle
en ninguna parte donde tenga algún mal, para no aumentárselo; ni golpear tan fuerte que
se dejen señales; aunque, por otro lado, no haya que hacerlo con tanta flojedad que el
alumno no sienta ningún dolor.

[GE 15,4,15] El maestro nunca debe salir de su sitio para dar un palmetazo, ni hablar
mientras lo da, ni consentir al alumno que lo recibe que hable, y mucho menos gritar o
llorar a gritos cuando se lo castiga, o después de haberlo castigado.

[GE 15,4,16] También tendrá cuidado de no adoptar ninguna postura indecorosa al


castigar, como sería hacer contorsiones con el cuerpo, extender los brazos u otros gestos
inconvenientes y contrarios a la gravedad.

[GE 15,4,17] Será muy estricto en no castigar nunca al primer impulso, o cuando
sienta el ánimo alterado; y velará sobre sí de tal modo, que ni la pasión de la cólera ni el
menor asomo de impaciencia influyan en los castigos; puesto que ello solo sería capaz de
impedir su fruto y de poner obstáculos a la bendición que Dios les otorgaría.

[GE 15,5] ARTÍCULO 5.°

DE LAS PERSONAS QUE DEBEN APLICAR LOS CASTIGOS

[GE 15,5,1] Cada maestro en su clase podrá usar la palmeta para castigar a sus
alumnos.

[GE 15,5,2] Ningún maestro tendrá varas ni azote, sino solo aquel a quien el Director
haya encomendado guardarlos. Los otros Hermanos mandarán a pedírselos cuando los
necesiten; y quien tiene su custodia cuidará mucho de decir al Director el mismo día que

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tal Hermano mandó a pedirle varas, y cuántas veces. Si ocurrió varias veces, el Director
preguntará de inmediato el motivo por el cual dicho Hermano aplicó el castigo; sería
incluso más conveniente que el mismo Hermano fuese a decírselo al Director.

[GE 15,5,3] Los Hermanos jóvenes que no hayan cumplido los 21 años, no
corregirán nunca con vara o azote sin antes proponérselo al Inspector o al Hermano a
quien se haya encomendado su cuidado y custodia, y sin contar con su parecer sobre
ello.

[GE 15,5,4] Dicho Hermano vigilará también sobre los castigos que los Hermanos
jóvenes apliquen con la palmeta, e informará de unos y de otros al Director.

[GE 15,5,5] El mismo proceder se seguirá con los Hermanos que hayan cumplido los
21 años durante los seis meses de prueba que pasan en las escuelas. Por lo que se refiere
a la expulsión definitiva de alumnos que hayan cometido alguna falta importante, solo
corresponde al Hermano Director.

[GE 15,6] ARTÍCULO 6.°

DE LOS NIÑOS A QUIENES SE DEBE 0 NO SE DEBE CASTIGAR

[GE 15,6,1] Sección 1.°

De los viciosos

Hay cinco faltas que jamás se deben pasar por alto, y que hay que castigar siempre
con vara o azote: 1.°, la mentira; 2.°, las riñas; 3.°, el robo; 4.°, la impureza; 5.°, la falta
de compostura en la iglesia.

[GE 15,6,2] Hay que castigar con varas o con azote todas las mentiras, incluso las
más insignificantes. Hay que enseñar al alumno que no son pequeñas ante Dios, pues el
diablo es el padre de la mentira, tal como Nuestro Señor lo enseña en el Santo Evan
gelio; y que se les perdonará algunas veces, cuando lo reconozcan con sencillez, y de
hecho se hará así. Pero, a continuación, se les dará a entender el horror que deben sentir
por su falta, y se les exhortará a que pidan humildemente perdón por ella, de rodillas, en
medio de la clase, y se les animará incluso a que ellos mismos se impongan una
penitencia.

[GE 15,6,3] Igualmente se castigará a todos aquellos que se hayan peleado. Si fueron
dos o varios alumnos los que se pelearon, se les castigará a la vez. Si fue un alumno con
otro que no es de la escuela, el maestro se informará de la falta cuidadosamente, y no

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castigará al alumno hasta estar muy seguro de ella. Esto mismo se observará también
respecto de todas las demás faltas cometidas fuera de la escuela.

[GE 15,6,4] Si se trata de alumnos que se pelearon en la escuela, serán castigados de


manera muy ejemplar; el maestro les hará comprender que esta falta es una de las más
importantes que pueden cometerse en ella.

[GE 15,6,5] Los que se hayan apropiado de algo o robado alguna cosa, por poco
valor que tenga, aunque fuere solo una pluma, serán igualmente castigados. Pero si se
advierte que son esclavos de ese vicio, se les expulsará de la escuela.

[GE 15,6,6] De la misma forma se castigará a los que hayan cometido algún acto
impuro, o profieran palabras deshonestas. Los que hayan jugado con niñas o las hayan
frecuentado, la primera vez serán severamente advertidos, pero si vuelven a incurrir en la
falta, recibirán el mismo castigo.

[GE 15,6,7] Los maestros inspirarán a menudo a sus alumnos sumo alejamiento de la
compañía de las chicas, y les alentarán a que nunca se mezclen con ellas; e incluso, si
son parientes suyas y alguna vez se ven forzados a conversar con ellas, aunque sean muy
pequeñas, que lo hagan siempre en presencia de sus familiares o de alguna persona
prudente y de edad avanzada.

[GE 15,6,8] Los que no hayan guardado la debida compostura en la iglesia serán
castigados severamente. Los maestros procura rán que sus alumnos comprendan el sumo
respeto que deben tener hacia Dios en ese lugar, y que es falta de fe estar en él sin
respeto y sin recogimiento exterior e interior.

[GE 15,6,9] Por esta última falta no hay que castigar por igual a toda clase de
alumnos, pequeños y mayores; pues a menos que el maestro vigile mucho sobre los
pequeños, tenga mucha autoridad y dé buen ejemplo, será difícil que los más pequeños
observen el recogimiento y la compostura que se puede exigir de ellos. Con todo, es
preciso tener mucho cuidado, y no hay nada que no deba ponerse en práctica para
impedir que algún alumno falte al respeto en la iglesia.

[GE 15,6,10] Si algún maestro no ejerce suficiente vigilancia para cuidar de ellos, o
si no tiene autoridad para mantenerlos en orden en la iglesia, será preciso que otro
maestro esté encargado de vigilarlos también y que haga, en esta ocasión, lo que el
maestro no puede hacer.

[GE 15,6,11] Sección 2.°

180
De los niños mal educados y caprichosos; de los que son atrevidos e insolentes por
naturaleza, y de los que son atolondrados y ligeros

Hay alumnos de cuya conducta los padres tienen muy poco cuidado, y a veces,
ninguno. Desde la mañana hasta la noche no hacen sino lo que les da la gana. No
respetan a sus padres, no obedecen en nada y refunfuñan. A veces, estos defectos no
provienen de que su corazón y su mente estén mal dispuestos, sino de que se les deja
abandonados a sí mismos.

[GE 15,6,12] Si no son de espíritu naturalmente osado y altanero, es muy importante


ganárselos, y también corregirlos de su mal temple; y cuando en clase incurren en alguno
de esos defectos, hay que dominarlos, hacerles frente, y lograr que sean sumisos.

[GE 15,6,13] Si son de espíritu atrevido y altivo, hay que confiarles algún empleo en
clase, como el de inspector, si se les considera capaces de ello, o encargado de recoger
los cuadernos; o pa sarlos de orden en alguna cosa, como en la escritura, en la aritmética,
etc., para inspirarles cariño hacia la escuela y al mismo tiempo corregirlos y adueñarse
de ellos, sin abandonarlos en nada a su antojo. Si estos alumnos son pequeños, no hay
que tomar tantas medidas; pero se les debe corregir entonces para que no prosigan en su
mala conducta.

[GE 15,6,14] De los niños naturalmente atrevidos e insolentes

Hay que hablarles poco, y hablarles siempre con gravedad cuando han cometido
alguna falta. Humillarlos y corregirlos cuando el castigo pueda serles de provecho para
confundirlos y doblegar su espíritu.

[GE 15,6,15] Hay que plantarles cara y no tolerar que repliquen a todo lo que les
diga el maestro; será bueno, a veces, advertirlos y reprenderlos con suavidad y en
privado de sus defectos, pero siempre con gravedad y de modo que les mantenga en el
respeto.

[GE 15,6,16] De los niños atolondrados y ligeros

Hay que castigar poco a los niños con esta forma de ser, pues de ordinario son poco
reflexivos y, poco después de haber sido castigados, vuelven a cometer la misma falta u
otra que merezca el mismo castigo.

[GE 15,6,17] Sus faltas no proceden de malicia, sino de ligereza de espíritu. Hay que
tratar de prevenirlas manifestándoles afecto, pero sin encomendarles oficio alguno;
colocarlos lo más cerca posible del maestro, con cualquier pretexto, pero en realidad para

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vigilarlos mejor; o colocarlos entre dos alumnos de temperamento reposado, que de
ordinario no cometan faltas. De vez en cuando hay que darles alguna recompensa, para
que se hagan asiduos y se encariñen de la escuela, ya que estos son los que faltan a ella
con más facilidad, y para animarlos a mantenerse tranquilos y en silencio mientras están
en ella.

[GE 15,6,18] Sección 3.°

De los tercos

A los tercos hay que que corregirlos siempre por su terquedad, sobre todo a quienes
son tercos en el castigo, se resisten al maestro y no quieren aguantar el castigo. En tales
ocasiones, el maestro no debe ceder de ningún modo, y cuando haya resuelto castigar al
alumno, debe hacerlo a pesar de todas sus resistencias. Con todo, adoptará dos
precauciones con ellos: 1.a, no intentar castigarlos sin antes haber examinado bien la
falta que han cometido y asegurarse de que merecen ese castigo; 2.a, cuando alguno se
resiste, no queriendo someterse al castigo, o negándose a salir del sitio, será conveniente
entonces dejar que se les pase el enfado y no dejar traslucir que se tiene el propósito de
castigarlo.

[GE 15,6,19] Algún tiempo después, el maestro lo llamará junto a sí para hablarle, y
con suavidad hará que reconozca y confiese su falta, tanto la primera que cometió como
la que cometió luego, al resistirse; después lo castigará de manera ejemplar, mandándole
antes que pida, de rodillas, perdón a Dios, al maestro y a los alumnos, a quienes ha
escandalizado. Y si aún entonces no quisiera recibir el castigo, habría que forzarlo a ello,
y servirse, incluso, de la ayuda de otro Hermano, en caso necesario; pues bastaría un
ejemplo de ese tipo para hacer que más tarde también otros se resistieran.

[GE 15,6,20] Algún tiempo después de que el alumno haya recibido el castigo, el
maestro lo llamará junto a sí, cuando juzgue que ya se ha calmado del todo, le hará
recapacitar con dulzura y le hará confesar su falta y pedir perdón de rodillas.

[GE 15,6,21] Con todo, será preciso que los maestros procuren prevenir este tipo de
resistencias y consigan que no sucedan sino rarísima vez, pues de otro modo se
originarían malísimos efectos en la escuela.

[GE 15,6,22] Hay otra forma de terquedad, y es la de aquellos que refunfuñan


después de recibir el castigo, y que cuando han vuelto a su sitio apoyan la cabeza en los
brazos o en las manos, o adoptan cualquier otra postura descortés.

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[GE 15,6,23] Nunca hay que tolerar esos modales, sino que se debe obligar al
alumno a que estudie o siga en cuanto ha recibido el castigo; o bien, hay que volvérselo a
dar de nuevo, como si no lo hubiera recibido.

[GE 15,6,24] Si el maestro no puede impedir que el alumno a quien ha corregido se


ponga a regañar, a refunfuñar, a llorar o a perturbar la clase de la manera que sea, ya por
ser muy pequeño, o por falta de juicio, o por cualquier otra razón, y si el maestro
advierte que los golpes no van a conseguir llamarlo al deber, sino que tal vez, por el
contrario, lo tornarán más indócil, será normalmente más oportuno no castigar a ese tipo
de alumnos, y aparentar que uno no lo advierte, cuando no estudian o no cumplen con su
deber en cualquier otro punto.

[GE 15,6,25] En tales ocasiones, los maestros cuidarán de solicitar el parecer del
Superior sobre lo que hayan de hacer. El silencio durante el castigo y el modo de
administrarlo convenientemente prevendrán de ordinario la mayor parte de esas faltas.

[GE 15,6,26] Sección 4.'

De los niños educados con blandura y flojedad, a los que se llama mimados, de los que
tienen temperamento apacible y tímido, de los cortos de inteligencia, de los
deficientes físicos, de los más pequeños y de los recién admitidos

Hay niños a quienes sus padres educan de tal manera que les conceden todo lo que
piden, no les contrarían en nada y nunca les corrigen sus faltas.

[GE 15,6,27] Parece que temen causarles disgustos, y cuando se molestan por algo,
los padres, y sobre todo las madres, hacen todo lo posible por calmarlos y devolverles el
buen humor. En todo momento les manifiestan extremada ternura y no soportarían que
se les diese el mínimo castigo.

[GE 15,6,28] Estos niños están casi siempre dotados de un natural dulce y apacible.
De ordinario no hay que castigarlos, sino prevenir sus faltas por cualquier otro medio; o
aplicarles solo, al ganas veces, una penitencia fácil de cumplir; o prevenir sus faltas
mediante alguna táctica ingeniosa, haciéndose el desentendido, o advirtiéndolos con
afabilidad en particular.

[GE 15,6,29] Si alguna vez se cree necesario castigarlos, no habrá que hacerlo sin el
parecer del Hermano Director; y en tal caso, habrá que castigarlos poco y rara vez.

[GE 15,6,30] Si los medios que se usan para prevenir sus faltas o para remediarlas no
surten ningún efecto, es preferible expulsarlos que castigarlos [en la Guía de 1706: vale

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más castigarlos que expulsarlos], a menos que después de hablar con sus padres se haya
logrado que estos consideren oportuno que se los castigue.

[GE 15,6,31] De los que son de temperamento apacible y tímido

De ordinario no habrá que castigar a los alumnos que tienen este temperamento; el
ejemplo de los que se portan bien y el de quienes son castigados, el temor que sienten
naturalmente a los castigos que ven aplicar, y algunas penitencias, bastan para lograr que
cumplan con su deber.

[GE 15,6,32] No incurren a menudo en falta, se mantienen fácilmente tranquilos y


sus faltas no son importantes; algunas veces hay que tolerárselas, otras, advertirlos de
ellas, y en otras ocasiones les bastará una penitencia.

[GE 15,6,33] Y así, normalmente no será necesario recurrir a las correcciones y a los
castigos para mantenerlos en el debido orden.

[GE 15,6,34] De los cortos de inteligencia

Hay algunos niños cortos de inteligencia que solo alborotan cuando se les va a
castigar. De ordinario no habrá que castigarlos. Si incordian en la escuela, hay que
despedirlos; si no causan molestia y no ocasionan ningún desorden, hay que dejarlos
tranquilos.

[GE 15,6,35] Las faltas ordinarias de este tipo de alumnos consisten en no seguir la
lección, no leer bien, no retener debidamente, no estudiar bien el catecismo y no
aprender nada o muy poco, etcétera.

[GE 15,6,36] No hay que exigirles más de lo que son capaces, y tampoco hay que
desalentarlos, sino procurar que vayan avanzando, animarlos de vez en cuando y luego
contentarse con el poco adelanto que consiguen.

[GE 15,6,37] De los deficientes físicos

No se aplicará el castigo a quienes padezcan algún mal en el lugar en que se debería


aplicar, cuando el castigo pudiera aumentarlo; hay que servirse de cualquier otra
corrección, castigo o penitencia.

[GE 15,6,38] De los niños pequeños

Hay muchos niños pequeños a los que no hay que castigar en absoluto, o solo muy

184
rara vez, pues al no tener uso de razón, no son capaces de sacar provecho de ello. Con
ellos hay que proceder más o menos, en cuanto a los castigos, como con los cortos de
inteligencia, o con los niños apacibles y tímidos.

[GE 15,6,39] De los recién admitidos

Hay que abstenerse de castigar a los niños que ingresan en la escuela en sus
comienzos. Hay que conocer primero su carácter, su índole y sus inclinaciones. De vez
en cuando hay que indicarles lo que deben hacer, y colocarlos junto a otros que cumplan
bien su deber, para que aprendan el suyo por el ejemplo y por la práctica. Al alumno
habrá que dejarlo al menos un mes en la escuela antes de castigarlo. Los castigos
impuestos a los recién admitidos no consiguen más que desanimarlos y alejarlos de la
escuela.

[GE 15,6,40] Sección 5."

De los acusadores y de los acusados

Los maestros no darán fácilmente oídos a las acusaciones e informes que se hagan
contra los alumnos. Con todo, no desalentarán a quienes los presenten; pero tendrán
cuidado de examinarlos atentamente y de no castigar, ni de inmediato ni con
precipitación, basándose en esos informes que les hayan dado.

[GE 15,6,41] Si son alumnos los que informan o acusan a alguno de sus compañeros,
el maestro se informará de inmediato si otros lo han visto cometer la falta. Tratará de
averiguar las circunstancias que le puedan ayudar a descubrir la verdad. Si el hecho le
parece dudoso, o no del todo seguro, no castigará al alumno, a menos que él mismo
confiese su falta; y en tal caso, lo castigará mucho menos, o le dará solo una penitencia,
dándole a entender que es porque ha dicho la verdad.

[GE 15,6,42] Si el maestro se convence de que aquello de que se acusaba al alumno


es falso, ya sea que el otro alumno haya acusado a su compañero por venganza o por
algún otro impulso, al acusador se lo castigará severa y ejemplarmente.

[GE 15,6,43] Si son los padres los que van a acusar a sus hijos y piden que se los
castigue, no por eso habrá que castigarlos. Los padres, a menudo, dicen eso cuando están
acalorados, y no lo dirían en otro momento. Y si la falta merece efectivamente castigo,
habrá que darles a entender que son ellos mismos los que deben castigar a sus hijos.

[GE 15,6,44] Si ocurre que varios cometen la misma falta y unos conocen la falta de
los otros, si se castiga a uno, se debe castigar también a los demás; como si varios se han

185
peleado o si dos o tres han hablado o jugueteado durante la santa Misa; pero si varios
han cometido la misma falta y unos no conocen la falta de los demás, o pueden creer que
el maestro la desconoce, como si, por ejemplo, varios no siguen o no estudian, etc., de
ordinario será muy conveniente no castigar más que a uno de los alumnos y simular que
se ignora la falta de los otros. En tales ocasiones hay que castigar al alumno de cuyo
castigo se pueda esperar mayor provecho, tanto para él como para los demás.

[GE 15,6,45] Por lo tanto, en esas ocasiones, el maestro no castigará a quienes les
basta el simple ejemplo para moverlos a cumplir con su deber y atemorizarlos; ni a
aquellos que hayan incurrido en falta por primera vez o incurren rara vez en ella.

[GE 15,7] ARTÍCULO 7.°

DE LO QUE SE DEBE PRACTICAR EN TODOS LOS CASTIGOS Y DEL MODO


DE APLICARLOS ADECUADAMENTE

[GE 15,7,1] Cuando el maestro vaya a dar un palmetazo a un alumno, hará el signo
establecido para avisar a los alumnos; luego, con el extremo de la señal, indicará la
sentencia contra la cual haya faltado el alumno, y luego le hará signo de acercarse a él.

[GE 15,7,2] El alumno, de pie junto al maestro, hará la señal de la cruz, y luego
extenderá la mano. El maestro cuidará de que la mano esté bien extendida y firme, y que
el alumno no la retire; si el alumno no pone la mano bien extendida y firme, el maestro
le hará signo de ponerla bien, extendiendo él mismo su mano; si después de eso el
alumno no la extiende, el maestro le obligará a extenderla, y le dará dos palmetazos en
lugar de uno.

[GE 15,7,3] Si cuando el maestro intenta extender la mano del alumno, el alumno
opone resistencia, el maestro le hará signo de ir al lugar donde se recibe el castigo, y se
lo administrará, y procederá como se dijo anteriormente que debe hacer cuando se
castiga con varas o azote.

[GE 15,7,4] El maestro, al dar a un alumno con la palmeta, cuidará de que el alumno
no ponga el pulgar en el centro de la mano y que no tenga la mano medio abierta.

[GE 15,7,5] Cuando el alumno haya recibido el castigo con la palmeta, cruzará los
brazos, saludará al maestro y regresará con toda compostura a su puesto sin hacer ningún
gesto ni con los brazos ni con el cuerpo, ni nada inconveniente, sin refunfuñar ni llorar a
gritos.

[GE 15,7,6] Y si ocurre que hace alguna de esas cosas, el maestro lo hará volver, y le

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dará de nuevo un palmetazo, a menos que el alumno deje de hacer en el acto lo que
estaba haciendo de forma inconveniente.

[GE 15,7,7] Cuando el maestro quiera castigar a un alumno con varas o azote, hará el
signo establecido para que los alumnos miren, luego indicará con el extremo de la señal
la sentencia contra la cual haya faltado el alumno, y después, con la misma señal,
mostrará al alumno el sitio donde se acostumbra a dar el castigo.

[GE 15,7,8] Después de este signo, el alumno irá al centro de la clase, se arrodillará,
con las manos juntas y la cara vuelta hacia el lado de la sentencia que haya transgredido,
y sin hablar en voz alta, pedirá perdón a Dios por la falta que ha cometido, y aceptará de
buen grado, por su amor, el castigo que va a recibir. Luego, el maestro le hará signo de ir
al lugar donde ha de recibir el castigo; irá con modestia y con los brazos cruzados;
cuando haya llegado, se preparará y se mantendrá dispuesto para recibir el castigo, de
manera que el maestro solo tenga que golpear cuando llegue; con todo, se preparará y se
mantendrá de tal modo que no pueda ser visto por ningún alumno en actitud indecorosa,
por poco que sea.

[GE 15,7,9] Esta práctica, que el alumno se disponga por sí mismo para recibir el
castigo, sin que el maestro tenga necesidad alguna de tocarlo, se observará con toda
exactitud, y si alguno falta a ella se lo castigará severamente.

[GE 15,7,10] Mientras el alumno se prepara para recibir el castigo, el maestro se


preparará interiormente a aplicarlo con sentimientos de caridad, y con la mira
únicamente en Dios; después saldrá de su sitio pausada y gravemente.

[GE 15,7,11] Cuando el maestro haya llegado al sitio donde está el alumno, podrá
decirle algunas palabras para disponerlo a recibir el castigo con humildad, sumisión y
propósito de corregirse; luego el maestro le dará, de ordinario, tres golpes, y al golpear,
cuidará que el alumno no se lleve la mano atrás, sobre lo cual habrá debido advertirlo
antes; y lo animará a recibir el castigo por amor de Dios.

[GE 15,7,12] El maestro tendrá cuidado de no tocar al alumno, por ninguna razón,
mientras aplica el castigo.

[GES 15,7,13] Si el alumno no está preparado, el maestro volverá a su sitio sin decir
nada, y cuando regrese, le aplicará el castigo ordinario más fuerte, es decir, cinco golpes.

[GE 15,7,14] Se advertirá a todos los alumnos que deberán estar preparados para
recibir el castigo cuando llegue el maestro para aplicárselo, y que si entonces no están

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prontos, recibirán cinco golpes de vara o de azote.

[GE 15,7,15] De vuelta a su puesto, el maestro permanecerá allí quieto, y algún


tiempo después volverá al lugar donde está el alumno.

[GE 15,7,16] Si el alumno no se somete y no se ha preparado, el maestro le preparará


él mismo y, en caso necesario, pedirá al Hermano encargado de la escuela que le ayude;
y luego el alumno recibirá ocho golpes de castigo. El maestro procederá con él según lo
indicado antes sobre cómo debe proceder con los tercos. Con todo, en semejantes
ocasiones, tendrá cuidado de unir la firmeza y la moderación.

[GE 15,7,17] Cuando el maestro se haya visto forzado a obligar así al alumno a
recibir el castigo, algún tiempo después procurará lograr que reconozca y que confiese la
gravedad de su falta, que recapacite, y que adopte resuelta y sincera decisión de no
dejarse llevar en lo sucesivo de semejante obstinación.

[GE 15,7,18] Cuando el maestro se haya visto forzado a obligar a un alumno a


recibir el castigo, una vez que el maestro haya regresado a su sitio, el alumno se pondrá
de rodillas modestamente ante él, con los brazos cruzados, para agradecerle que le haya
castigado; luego se volverá hacia el crucifijo para dar gracias a Dios y para prometer, al
mismo tiempo, no volver a incurrir en la falta por la que acaba de ser castigado. Esto lo
hará sin hablar en voz alta, y después el maestro le hará signo de que vuelva a su sitio.

[GE 15,8] ARTÍCULO 8.°

DEL LUGAR EN QUE SE DEBEN IMPARTIR LOS CASTIGOS Y DEL TIEMPO EN


QUE SE DEBEN Y NO SE DEBEN IMPARTIR

[GE 15,8,1] El maestro nunca saldrá de su sitio para dar un palmetazo, y si ocurre
que está fuera de él, volverá allí para hacerlo.

[GE 15,8,2] Los castigos ordinarios con varas o azote se impartirán en un rincón de
la clase apartado, donde los otros no puedan ver la desnudez de aquel a quien se castiga,
sobre lo cual hay que tener sumo cuidado, e inspirar a los alumnos mucho horror a la
más mínima mirada en tal ocasión.

[GE 15,8,3] Los castigos extraordinarios, que se dan por ciertas faltas especiales y
muy graves en comparación con las otras, como por ejemplo, haber robado, o
desobedecido, o resistido al maestro, etc., deben aplicarse en público, es decir, en
presencia de los alumnos y en medio de la clase, a fin de darles ejemplo y causarles
mayor impresión.

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[GE 15,8,4] Por faltas muy importantes y extraordinarias, será incluso muy oportuno
castigar a un alumno en todas las clases.

[GE 15,8,5] Nunca hay que castigar durante el catecismo y las oraciones. Lo que el
maestro puede y debe hacer durante ese tiempo es fijarse bien en aquellos que hayan
cometido alguna falta, y no decirles nada, sino dar su nombre en voz baja a un alumno
que sea de confianza, con el encargo y comisión de recordárselo al maestro en otro
momento que le indique.

[GE 15,8,6] Del mismo modo, tampoco hay que castigar los domingos y fiestas.

[GE 15,8,7] Con la vara o con el azote se castigará por la tarde, mejor que por la
mañana, y nunca se hará al final de la clase.

[GE 15,8,8] En la iglesia y en la calle nunca se hará nada que parezca un castigo,
como sería, por ejemplo, pegar con la mano, tirar de la oreja o del brazo, etc., que son
cosas que denotan impaciencia, y que son muy inconvenientes y muy contrarias a la
gravedad y a la sensatez que debe manifestar siempre un maestro, especialmente en esos
lugares.

[GE 15,9] ARTÍCULO 9.°

DE LAS PENITENCIAS

Sección 1.

Del empleo de las penitencias, de las cualidades que deben tener y del modo de
imponerlas

[GE 15,9,1] En las escuelas el uso de las penitencias será mucho más corriente que el
de los castigos, ya que ellas desalientan menos a los alumnos, causan menos disgusto a
los padres y a menudo son más útiles.

[GE 15,9, 2] Los maestros las usarán para que los alumnos se humillen y para
disponer su corazón a corregirse de sus faltas.

[GE 15,9,3] Serán curativas, y proporcionadas a las faltas que los alumnos hayan
cometido, para que puedan ayudar a satisfacer por ella, ante Dios, e incluso sirvan de
medicina preventiva que les impida caer de nuevo en ellas en lo sucesivo.

[GE 15,9,4] Los maestros tendrán mucho cuidado de no reducir jamás las penitencias
que impongan, que no consistan solo en palabras, y que se cumplan únicamente en la

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clase del maestro que las haya impuesto, y nunca en otra clase.

[GE 15,9,5] Nunca se impondrán penitencias que por sí mismas puedan mover a risa,
como sería ponerse un zueco o un zapato en la boca, mantener la cabeza vuelta hacia
atrás, etc.; en una palabra, todo lo que pudiera disipar a los alumnos, o perjudicar el
silencio y el orden en la clase; todo lo que haga perder tiempo y no tenga utilidad, nunca
se debe imponer como penitencia.

[GE 15,9,6] Los maestros no impondrán ninguna penitencia, fuera de las que están
en uso en las Escuelas, tal como se presentan en la sección siguiente; y no impondrán
ninguna extraordinaria sin haberla propuesto antes al Director y sin que este haya dado
su consentimiento.

[GE 15,9,7] Cuando el maestro imponga una penitencia a algún alumno, lo hará con
autoridad, sentado en su sitial y con modales muy graves, que puedan inspirar respeto al
que la recibe, y que lo muevan a cumplirla con humildad, sencillez y edificación de los
demás.

[GE 15,9,8] Cuando un maestro quiera imponer una penitencia a un alumno, le hará
signo de ir al centro de la clase, y de ponerse de rodillas y con las manos juntas;
dirigiendo primero la señal hacia el alumno, indicando luego con la misma señal el
centro de la clase, y juntando después las manos, para hacer al alumno signo de que las
junte; esto se hará solo cuando se va a imponer alguna penitencia, a fin de hacer notar al
alumno a quien el maestro se la quiere imponer, y también a los demás, que el alumno se
coloca de ese modo, de rodillas en medio de la clase, para recibir una penitencia.

[GE 15,9,9] Colocado así el alumno de rodillas en medio de la clase, el maestro


expresará con gravedad la penitencia, señalando la falta por la cual la impone, sin decir
una palabra más fuera de lo que constituye la penitencia; diciendo, por ejemplo, en voz
alta, grave e inteligible: Por haber llegado hoy tarde, vendrá usted el primero a la escuela
durante ocho días y, si no lo cumple, cuando yo entre en la clase deberá encontrarse en el
sitio donde se reciben los castigos.

[GE 15,9,10] Cuando el maestro haya impuesto la penitencia, el alumno le hará una
inclinación para agradecérsela, y luego seguirá aún algún tiempo de rodillas, vuelto hacia
el crucifijo, para manifestar a Dios que la acepta de buena gana, y pedirle la gracia de
cumplirla con fidelidad y solo por su amor; luego el maestro le hará signo de que vaya a
su sitio.

[GE 15,9,11] Todas las penitencias serán impuestas de esta manera: el alumno no

190
dirá ni una palabra, y el maestro ni una más de las necesarias para expresar la penitencia,
como en el ejemplo propuesto anteriormente.

[GE 15,9,12] Cuando las penitencias se impongan para ser cumplidas en otro
momento distinto de aquel en que fueron impuestas, el maestro encomendará a algún
alumno o a varios que vigilen a aquel a quien ha sido impuesta la penitencia, que se
cercioren de si la cumple, informen de ello al maestro y se lo recuerden.

[GE 15,9.13] Sección 2.'

Catálogo de penitencias ordinarias que estarán en uso y que se podrán imponer a los
alumnos por faltas que hayan cometido

Cuando un alumno llegue tarde por segunda vez en una semana, en lugar de
administrarle un castigo, se le podrá imponer como penitencia que durante ocho o quince
días, esté en la escuela en el momento en que se abra la puerta, y al Inspector se le dará
orden de que lo compruebe.

[GE 15,9,14] Cuando un alumno coma de tal forma que la aplicación que pone en
comer le impida escuchar las oraciones, las respuestas de la santa Misa o el catecismo, se
le podrá dejar sin desayuno.

[GE 15,9,15] Cuando un alumno cometa varias faltas al leer, por no haber estudiado,
se le podrá mandar que aprenda de memoria algo del libro de la Imitación o del Nuevo
Testamento, o incluso toda la lección que no estudió, lo cual podría ser más oportuno; o
se le podrá mandar que lea, según su capacidad, una o dos páginas, después que hayan
leído los demás, y amenazarlo con tantos golpes de vara como faltas cometa.

[GE 15,9,16] Si está en el primer orden, se le podrá dar para leer media página; si
está en el 2.° orden, se le dará una página; y si está en el 3er orden, se le darán a leer dos
páginas.

[GE 15,9,17] Cuando un alumno no siga, se le podrá imponer como penitencia el


mantener el libro ante sus ojos, por el espacio de una media hora, sin apartar la vista.

[GE 15,9,18] Cuando un alumno no haya escrito lo que debe escribir, o no se haya
aplicado a hacerlo bien, se le podrá imponer como penitencia que escriba una o dos
páginas en casa, esmerándose en escribir bien, y que lo presente la vez siguiente; y se le
mandará escribir algunas letras, algunas palabras o algunas sentencias particulares.

[GE 15,9,19] Cuando un alumno haya sido inmodesto durante las oraciones o no

191
haya rezado, se le podrá mandar que se ponga en el centro de la clase durante las
oraciones, uno o varios días, con las manos juntas, los ojos bajos y con suma modestia,
con la advertencia de que si levanta los ojos o comete la mínima inmodestia, se lo
castigará.

[GE 15,9,20] Cuando un alumno haya sido inmodesto en la iglesia, se le mandará oír
una segunda Misa, al final de la clase, o quedarse media hora en la iglesia, si ya no hay
Misas.

[GE 15,9,21] Cuando estando de rodillas se siente sobre los talones, se le mandará
quedar un buen rato de rodillas en la clase, o se le mandará permanecer bastante tiempo
de pie, con las manos juntas, los ojos bajos o mirando al crucifijo o a alguna otra imagen,
con tal que no sea durante la lección.

[GE 15,9,22] Se dejará de pie a quienes se apoyen en la mesa o tengan posturas


descuidadas o inconvenientes.

[GE 15,9,23] Cuando un alumno no haya aprendido el catecismo del día anterior, se
le obligará a que lo aprenda y recite sin cometer ninguna equivocación y sin omitir nada;
o se le mandará que lo recite al acabar la clase; o se le obligará a que lo escuche de pie,
con la cabeza descubierta y las manos juntas; o se le mandará que aprenda en un día una
o dos lecciones de catecismo, según su capacidad.

[GE 15,9,24] Cuando un alumno no sepa perfectamente la lección que debiera haber
aprendido la semana anterior, se le obligará a aprenderla y a que la recite el lunes; y,
aparte de eso, se le dará como estudio para la semana siguiente mucho más que a los
otros, en proporción con su capacidad; y se le exigirá que la sepa perfec tamente, sin
cometer ninguna equivocación, so pena de doble castigo y de continuar con la misma
penitencia la semana siguiente.

[GE 15,9,25] Cuando un alumno se haya puesto a jugar al volver de la escuela, antes
de haber llevado a casa sus libros, se le prohibirá jugar durante tres días, y se encargará a
varios alumnos que lo vigilen para observar si falta a ello.

[GE 15,9,26] Para castigar a los responsables que no hayan cumplido bien con su
oficio, se les podrá deponer de él durante varios días, y avergonzarles por ello de alguna
manera.

[GE 15,9,27] Una de las penitencias más convenientes yprovechosas es imponer a


los alumnos que aprendan alguna cosa de memoria.

192
[GE 16] CAPÍTULO 6.° (16)

De las ausencias

[GE 16,1] ARTÍCULO 1.°

DE LAS DIVERSAS CLASES DE AUSENCIAS

[GE 16,1,1] Sección 1.°

De las ausencias reguladas y autorizadas

Hay alumnos que piden permiso para ausentarse sistemáticamente todos los días de
la semana durante cierto tiempo cada día; se les puede conceder con moderación,
después de haberlo ponderado debidamente, por las razones que siguen.

[GE 16,1,2] Se podrá permitir a algunos alumnos que falten a clase alguna vez por
semana, como, por ejemplo, los días de mercado, para trabajar en él, o por causa de su
empleo, con tal que no sea por la tarde y que sea para trabajar, y no para cualquier otra
cosa.

[GE 16,1,3] También se podrá permitir a algunos, por la misma razón, que vayan
todos los días a clase solo por la tarde; pero a ninguno se le permitirá ir solo por la
mañana.

[GE 16,1,4] También se podrá permitir a algunos, por la misma razón, que no
lleguen por la mañana a clase hasta las nueve, y por las tardes hasta las tres, con tal que
permanezcan en clase hasta el final.

[GE 16,1,5] No se permitirá a ninguno venir a clase desde el comienzo y que salga
antes del catecismo, sino que todos los alumnos tendrán obligación de asistir al
catecismo y a la oración.

[GE 16,1,6] Con todo, a veces, por razones muy serias, se podrá permitir a los que
trabajan, e incluso siempre a los que escriben, que lleguen a clase al comienzo para leer
o para escribir, y que salgan antes de terminar la clase, con tal que vengan también por la
tarde y que asistan al catecismo y a la oración.

[GE 16,1,7] Sección 2.°

De las ausencias no reguladas, de las que pueden permitirse y de las que no se deben
permitir

193
Algunas veces sucede que los domingos y fiestas los alumnos piden permiso para
ausentarse; unos para ir de paseo o para ir a ver a sus familiares, otros para ir en
peregrinación, otros para participar en alguna cofradía.

[GE 16,1,8] No se permitirá a ningún alumno ausentarse del catecismo los domingos
y fiestas por ninguna de estas razones.

[GE 16,1,9] Los días de clase se podrá, alguna vez, permitir que los alumnos vayan
en peregrinaciones lejos de la ciudad, a las que de ordinario asiste gran número de
personas, cuando vayan con sus familiares y se sepa que solo les guía la piedad y la
devoción; pero solo se les concederá ese permiso si son sus padres quienes lo piden para
ellos. Y nunca se les permitirá ir a ellas solo con otros alumnos o con otros muchachos.

[GE 16,1,101 Tampoco se les permitirá faltar a clase para asistir a procesiones, a
menos que sea la procesión del Santísimo Sacramento, cuando ocurra que en alguna
parroquia se celebra un día de clase.

[GE 16,1,11] Se permitirá que falten a clase los alumnos de una parroquia el día de
la fiesta patronal de la parroquia a la que pertenecen, en caso de que sea solenme y que
sus feligreses hagan fiesta.

[GE 16,1,12] A los alumnos cuyos padres ejercen alguna profesión, se les permitirá
que falten a clase el día de su fiesta patronal; sin embargo se les pedirá que asistan a
clase ese mismo día por la tarde.

[GE 16,1,13] No se permitirá a ningún alumno que falte a clase el día de su santo,
del de su padre o de su madre, o de cualquiera de sus parientes.

[GE 16,1,14] Tampoco se permitirá a ningún alumno que falte a clase para ir a
comprar vestidos, zapatos o sombrero, o por alguna otra necesidad semejante, a menos
que se vea que efectivamente a los padres les resulta imposible disponer para tales
necesidades de otro tiempo distinto del de la clase, como pudiera ocurrir a veces durante
el invierno.

[GE 16,1,15] Tampoco se permitirá a ninguno de los alumnos que falte a clase para
guardar la casa, para ir a llevar algún recado, para remendar sus ropas, o por alguna otra
razón parecida, a menos que sea evidente que la cosa es totalmente necesaria y que no se
puede dejar para otro momento.

[GE 16,1,16] No se permitirá a ningún alumno que falte a clase el lunes y martes

194
antes de Cuaresma. Se será muy fiel en hacer cumplir esta práctica, que debe
considerarse de mucha importancia.

[GE 16,2] ARTÍCULO 2.°

DE LAS CAUSAS DE LAS AUSENCIAS Y DE LOS REMEDIOS QUE PUEDEN


PONERSE

[GE 16,2,1] Cuando los alumnos se ausentan fácilmente es o por culpa de los
mismos alumnos y de sus padres, o por culpa de los maestros y de los visitadores.

[GE 16,2,2] La 1.a causa de la ausencia de los alumnos proviene de los mismos
alumnos, por ligereza, o por indisciplina, o porque están aburridos de la escuela, o
porque tienen poco afecto al maestro, o porque están disgustados con él.

[GE 16,2,3] Los que se ausentan por ligereza son los que se dejan llevar de la
primera sugestión que les viene a la mente o a la imaginación, y se van a correr, a jugar o
a pasear con el primero que encuentran; ordinariamente actúan sin reflexión.

[GE 16,2,4] Es muy difícil impedir que esta clase de alumnos se ausenten de vez en
cuando. Todo cuanto puede hacerse es procurar que sus ausencias sean raras y de poca
duración.

[GE 16,2,5] A estos alumnos hay que castigarlos poco por sus ausencias, pues al día
siguiente, o a la primera ocasión, se ausentarán de nuevo, sin detenerse a pensar ni en lo
que se les ha dicho, ni en el castigo que han recibido, porque la ligereza los arrastra. Se
los inducirá, más bien, a acudir a la escuela, por medio de la amabilidad y animándolos
con cualquier otro motivo, en vez de los castigos y el rigor.

[GE 16,2,6] Los maestros procurarán animar, de vez en cuando, a los de esta clase de
temperamento, estimularlos con recompensas y hacerlos asiduos a clase, por medio de
algún empleo exterior que los ocupe y sujete, si son capaces de él; pero, sobre todo,
nunca hay que amenazarlos con el castigo.

[GE 16,2,7] La 2.a causa por la que se ausentan los alumnos es el ansia de libertad, al
no poder aguantar el permanecer toda la jornada en el mismo sitio, atentos y aguzando la
mente; o bien porque les gusta correr y jugar.

[GE 16,2,8] Por lo común, estos niños están inclinados al mal, ya que detrás del afán
de libertad viene el vicio. Por eso hay que esforzarse con mucho cuidado en remediar sus
ausencias, y no hay nada que no deba hacerse para prevenirlas e impedirlas.

195
[GE 16,2,9] Será muy provechoso encomendar a estos alumnos algún oficio, si se les
considera capaces; eso les encariñará con la escuela, y en algún caso hasta llegará a
convertirlos en modelo de los demás.

[GE 16,2,10] Hay que ganárselos y animarlos, sin renunciar por ello a la firmeza, y
castigarlos cuando actúan mal y faltan a clase. Hay que manifestarles mucho aprecio
cuando actúan bien, y premiarlos por poco que hagan, cosa que solo debe hacerse con
este tipo de temperamentos y caracteres ligeros.

[GE 16,2,11] La 3.a causa por la que se ausentan los alumnos es porque se aburren
de la escuela. Esto puede provenir de que el maestro que atiende la clase es nuevo, no
está suficientemente formado, y no conoce bien la manera de llevar la clase y adueñarse
de los alumnos; o de que es un maestro demasiado blando, que no mantiene el orden y en
cuya clase no existe el silencio.

[GE 16,2,12] El remedio de estas ausencias es no dejar a un maestro solo, encargado


de una clase entera, hasta que no haya sido bien formado por algún director con mucha
experiencia de clase.

[GE 16,2,13] Esta norma es de mucha importancia para el bien de los maestros y de
los alumnos, y para impedir las ausencias frecuentes, así como muchos otros desórdenes.

[GE 16,2,14] Respecto de los maestros que son blandos, que no tienen ni orden ni
gobierno, el remedio será que el Director los vigile o mande vigilarlos, y que les mande
dar cuenta de todo lo que ocurra en la clase; y sobre todo, que tenga cuidado con los que
se ausentan y sea muy firme con ellos, y que sea muy fiel en imponer alguna penitencia a
esta clase de maestros cuando hayan faltado a alguna de sus obligaciones, por pequeñas
y de poca importancia que parezcan.

[GE 16,2,15] La 4.a razón por la que se ausentan los alumnos es que sienten poco
afecto hacia el maestro, que no les es simpático, ni conoce la manera de ganárselos, y
que muestra un exterior sombrío y adusto; o porque están hastiados de él, porque grita o
pega con facilidad, y en cualquier ocasión no tiene más recurso que el rigor, la dureza y
los castigos. Por lo cual los alumnos no quieren asistir a clase, e incluso habrá que
llevarlos a la fuerza.

[GE 16,2,16] El remedio para todo este tipo de ausencias será que los maestros se
esfuercen por ser atrayentes y mantener un exterior afable, digno y abierto, sin caer por
ello en la vulgaridad o familiaridad; que se hagan todo a todos sus alumnos para ganarlos
a todos para jesucristo, y que se convenzan de que la autoridad se alcanza y se mantiene

196
en la clase más con la firmeza, la gravedad y el silencio que con los golpes y la dureza.
En una palabra, que la causa principal de las frecuentes ausencias de los alumnos es la
frecuencia de los castigos.

[GE 16,2,17] La 2.a causa de las ausencias de los alumnos es por parte de los padres:
o porque se descuidan en enviarlos a la escuela, no preocupándose demasiado de que
vayan a ella y sean muy asiduos, lo cual es bastante corriente entre los pobres, o porque
sienten indiferencia y frialdad hacia la escuela, convencidos de que sus hijos no
aprenden nada o muy poco; o porque los ponen a trabajar.

[GE 16,2,18] El medio de remediar la negligencia de los padres, sobre todo de los
pobres, será, en primer lugar, hablar a los padres y hacerles comprender la obligación
que tienen de hacer que sus hijos se instruyan, y el perjuicio que les ocasionan al no
hacer que aprendan a leer y a escribir; cuánto les puede dañar esto y que casi nunca serán
capaces de nada en ningún empleo, si no saben leer y escribir. Y hay que esforzarse en
hacer que comprendan esto mucho más que el perjuicio que les pudiera causar la falta de
instrucción en lo referente a su salvación, que a los pobres, de ordinario, les preocupa
poco, ya que ellos mismos no viven la religión.

[GE 16,2,19] En segundo lugar, como este tipo de pobres son aquellos a quienes de
ordinario se les da limosna, hay que tratar de conseguir de los sacerdotes de la parroquia
y de las Damas de la Caridad, que no se la den, y que no les consigan ninguna limosna
hasta que envíen a sus hijos a la escuela. Incluso habría que entregarles una nota con
todos los que no asisten, con sus nombres y edad, el de sus padres y madres, con su
parroquia y domicilio, para que no se dé ninguna limosna a sus padres y puedan los
párrocos obligarles a que envíen sus hijos a la escuela.

[GE 16,2,20] En tercer lugar, hay que intentar atraer a este tipo de niños, lograr que
acudan a la escuela y animarlos por todos los medios posibles, lo que a menudo puede
dar buen resultado, ya que de ordinario los hijos de los pobres no hacen más que lo que
quieren y, como los padres no tienen ningún cuidado de ellos, e incluso idolatran a sus
hijos, lo que quieran los hijos, eso mismo es también lo que quieren los padres y las
madres; por lo cual, bastará que los hijos quieran ir a la escuela para que los padres estén
satisfechos de enviarlos a ella.

[GE 16,2,21] Cuando los padres retiran a sus hijos de la escuela demasiado jóvenes,
o sin estar suficientemente instruidos, para ponerlos a trabajar, hay que darles a conocer
que les perjudicarán mucho, y que por hacer que ganen una nonada, les hacen perder
ventajas considerables. Para convencerlos hay que hacerles ver cuán importante es para
un artesano saber leer y escribir, pues por pocos alcances que tenga, sabiendo leer y

197
escribir, será capaz de todo. Hay que comprometer a los padres a que envíen a sus hijos
una hora por la mañana y otra por la tarde, o toda la tarde completa. También hay que
vigilar especialmente sobre este tipo de alumnos y tener cuidado de ellos.

[GE 16,2,22] Si sucediera que los padres se quejasen de que sus hijos no aprenden
nada o muy poco, y quisieran sacar a sus hijos por este motivo, hay que solucionar este
inconveniente: primero, no poniendo en una clase de escritura a un maestro que no sea
capaz de enseñar a escribir; segundo, procurar no poner o dejar en ninguna clase a un
maestro que no sea capaz de cumplir su deber y enseñar debidamente a los niños que
están a su cargo.

[GE 16,2,23] Como la capacidad de los maestros no es igual en todos, y algunos


poseen naturalmente más firmeza, vigilancia y aplicación que otros, también pueden
enseñar a mayor número de alumnos que aquellos cuyas cualidades son menores o de
menor alcance. Hay que proporcionar el número de alumnos a la capacidad de los
maestros, para que puedan enseñar adecuadamente a aquellos que tienen a su cargo.

[GE 16,2,24] Los Directores de las casas o Inspectores de las Escuelas deben vigilar
con suma fidelidad, sobre todo a los maes tros de los que están encargados, y
especialmente sobre aquellos cuya capacidad es menor, y procurar que se apliquen con
esmero a enseñar a los alumnos que tienen a su cargo, y que no descuiden a ninguno; que
su dedicación sea igual para todos, e incluso mayor con los más atrasados y con los más
negligentes; que todos los maestros hagan observar el orden en las clases; y que los
alumnos no se ausenten fácilmente, ya que la libertad que se les da para ausentarse es la
causa de que no aprendan nada.

[GE 16,2,25] La 3.a causa por la que los alumnos se ausentan fácilmente, es porque
el Inspector de las Escuelas o los maestros se muestran demasiado fáciles en tolerar las
ausencias y en admitir y excusar a los alumnos cuando han faltado a clase sin permiso; o
porque los maestros conceden con demasiada facilidad permiso para ausentarse.

[GE 16,2,26] El medio de remediar estos inconvenientes es que cada maestro sea
exacto en vigilar a los visitadores; que estos señalen fielmente los ausentes de su barrio,
que vayan a la casa de cada uno, que no se dejen engañar con motivos falsos y que los
visitadores den luego cuenta a los maestros de los motivos que les hayan aducido; que el
Inspector exija a los padres que lleven a sus hijos cuando estos se hayan ausentado, y
que no admita a ningún alumno que se haya ausentado sin conocer y examinar
cuidadosamente las razones que haya tenido para ausentarse; que pida, incluso,
información al maestro antes de admitirlo, y si tiene dudas o no conoce nada por otros
medios, que se informe del mismo padre que presenta excusas.

198
[GE 16,2,27] Los motivos ordinarios son: o que los padres tuvieron necesidad de
ellos, o que estuvieron enfermos, o que se ausentaron por indisciplina.

[GE 16,2,28] Tocante al primer motivo, para que sea bueno y válido, es preciso que
la necesidad haya sido muy grande y que ocurra rara vez.

[GE 16,2,29] Respecto al segundo motivo, para que sea bueno y válido, el Inspector
y el maestro no lo admitirán si se hubiera visto al alumno fuera de su casa o jugando con
otros alum nos; cada maestro cuidará, incluso, que los visitadores vean a todos los
alumnos enfermos, y que les refieran en qué estado los encontraron.

[GE 16,2,30] En cuanto a los indisciplinados, el Inspector y el maestro observarán lo


que se dijo anteriormente en el artículo de los alumnos a los que se debe o no se debe
castigar, y no los castigarán ellos mismos, sino que exigirán a los padres que los
castiguen en su casa antes de permitirles volver a la escuela.

[GE 16,2,31] En cuanto a quienes se hayan ausentado sin permiso, so pretexto de que
sus padres tuvieron necesidad de ellos, no habrá que admitir las excusas fácilmente; y
como de ordinario son los mismos los que faltan a clase, si vuelven a reindicir tres o
cuatro veces sin preocuparse por ello, habrá que despacharlos, y no admitirlos de nuevo
hasta que estén dispuestos, tanto ellos como sus padres, a solicitar permiso cada vez que
falten a clase.

[GE 16,2,32] Pero una de las cosas en las que deben poner los maestros mayor
cuidado es en no conceder fácilmente permiso para faltar a clase, lo cual causaría gran
desorden en las escuelas, y sería motivo para que siempre faltaran algunos. Es preciso
que los maestros se muestren siempre poco dispuestos a conceder este tipo de permisos y
que no los concedan sin haber ponderado las razones y juzgado que son justas y
necesarias; y si tienen duda sobre ello, que lo consulten al Director o al Inspector. Y es
también preciso, aparte de mostrarse poco fáciles en acceder, que concedan esos
permisos solo muy raras veces.

[GE 16,2,33] Las ausencias, o se cometen por causas ligeras o deben ser más bien
raras. Los maestros tienen que poner mucho cuidado en ello, y sobre todo los
Inspectores. Es preferible despedir a algún alumno que permitirle ausentarse con
frecuencia, ya que esto constituye un ejemplo muy malo.

[GE 16,2,34] En una escuela habrá, como mucho, tres o cuatro que pidan poder faltar
a clase; si se les concede, serán causa de que los otros se ausenten fácilmente. Es
preferible despedir a estos alumnos y tener cincuenta que sean muy asiduos, a tener un

199
centenar que faltan a clase a cada paso; o en caso de necesidad, que falten más bien
algunos días por semana, o que vengan todos los días solo a determinadas horas. A este
respecto, el Inspector tendrá cuidado y será muy estricto y muy firme en hacer observar
este artículo.

[GE 16,2,35] Con todo, antes de despedir a los alumnos por esos motivos o por otras
razones, el Inspector hablará varias veces con los padres, para explicarles cuán
importante es que sus niños asistan a clase con asiduidad, y que, sin eso, es casi
imposible que aprendan algo, pues olvidan en un día lo que han aprendido en muchos.

[GE 16,2,36] Ni el Inspector de las Escuelas ni los maestros despedirán a los


alumnos a menos que vean que ni a ellos ni a sus padres les importa nada todo lo que se
les advierte; y, en tal caso, no dudarán en despedirlos.

[GE 16,2,37] Antes de despedir a los alumnos por razón de sus ausencias, u otras
causas, se podrán utilizar, y será muy oportuno, los siguientes medios: 1.° privar al
alumno que haya faltado a clase, incluso con permiso, de todas las autorizaciones y
recompensas que se le hubieran dado por haber sido asiduo; 2.° no pasarle de clase o de
lección en la próxima fecha de cambios, incluso si supiera leer perfectamente o estuviera
preparado para ser cambiado; 3.° durante varios días, o incluso una semana, dejarlo sin
leer, y acordarlo así con los padres; y admitirlo solo con esta condición, y sin que pueda
faltar a clase durante ese tiempo, por cualquier motivo que sea; 4.° mandarle que esté
varios días de pie en clase, junto a la puerta; o, en fin, imponerle alguna penitencia que le
humille y que cause pesar a sus padres, para comprometerlo a acudir fielmente y forzar a
sus padres a que le exijan asiduidad.

[GE 16,2,38] La 4.a causa principal de ausencia de los alumnos viene de parte de los
visitadores, o porque no son aptos para su oficio, o porque no señalan fielmente a los
ausentes, o porque no van a sus casas cada vez que faltan, o porque se dejan sobornar
por los padres o por los alumnos, para presentar motivos falsos.

[GE 16,2,39] Para evitar este inconveniente, es preciso, en primer lugar, que el
Inspector y el maestro de cada clase pongan sumo cuidado en escoger bien a los
visitadores de ausentes, y que procuren que tengan todas las cualidades señaladas en el
artículo en que se habla de estos encargados; y si en lo sucesivo advierten que no son
aptos para su empleo, o que no lo cumplen debidamente, los cambiarán. Con todo, a fin
de animarlos a que cumplan bien con su oficio, el Inspector y el maestro tendrán cuidado
de recompensarlos todos los meses, a cada uno en proporción a su fidelidad, de modo
que les satisfaga y anime a desempeñar bien un oficio de tanta importancia.

200
[GE 16,2,40] En segundo lugar, es necesario que el maestro sea fiel en leer cada día,
cada vez que haya clase, los registros de los visitadores y de los primeros de banco, y
que vele para que unos y otros no dejen de llevárselos a la hora señalada en el artículo de
su oficio; y que, al leerlos, examine si están señalados exactamente todos los ausentes en
ambos catálogos, y si coinciden uno y otro.

[GE 16,2,41] En tercer lugar, para obligar a los visitadores a que vayan cada vez, sin
falta, a la casa de los ausentes, el maestro ponderará mucho los motivos de las ausencias
que le comuniquen los visitadores, y examinará cuidadosamente su solidez y
correspondencia. Así, de vez en cuando hará preguntas de improviso a los visitadores,
para sorprenderles y darse cuenta de si hablan con exactitud y si lo que cuentan es
efectivamente tal como lo dicen.

[GE 16,2,42] En cuarto lugar, para discernir mejor si los visitadores no se han dejado
corromper por los alumnos o por sus padres, el maestro prohibirá a los visitadores, so
pena de castigo, que reciban cualquier cosa de los alumnos ausentes o de sus padres.

[GE 16,2,43] En quinto lugar, se informará, en particular, a través de otros alumnos


vecinos, de si han visto al alumno ausente y si conocen la causa de su ausencia, o lo que
hace. Cuando el maestro dude de la verdad del motivo de excusa que le refiera el
visitador, enviará a un alumno de confianza a casa del ausente de que se trata, y de vez
en cuando, también a la casa de otros ausentes, incluso durante el tiempo de clase, sin
que lo sepa el visitador, para ver si ese alumno le indica el mismo motivo de ausencia
que le haya dado el visitador. Y si el Inspector o el maestro hallan que el visitador ha
incurrido en la falta de dejarse corromper, se le castigará ejemplarmente en lugar del que
se había ausentado, y si vuelve a caer otra vez, será castigado y luego destituido.

[GE 16,3] ARTÍCULO 3.°

DE QUIÉN DEBE CASTIGAR Y EXCUSAR LAS AUSENCIAS Y DEL MODO DE


HACERLO

[GE 16,3,1] El Hermano Director o el Inspector de las Escuelas recibirá y excusará a


los que se hayan ausentado, cuando los lleven, en la escuela en que se encuentre en ese
momento, en caso de que sea Inspector de diversos barrios; y si solo es Inspector de una
escuela, recibirá siempre y excusará a los ausentes de todas las clases de esa escuela. Si
es Inspector de escuelas de diversos barrios, el Director encargará a un maestro de cada
escuela que reciba y excuse a los ausentes cuando no esté el Inspector, y que le dé cuenta
luego de aquellos a quienes hayan traído durante su ausencia.

201
[GE 16,3,2] A los que se hayan ausentado, no se les podrá recibir y excusar pasadas
las ocho y media, por la mañana, y las dos, por la tarde.

[GE 16,3,3] Los maestros no dejarán de avisar a todos los alumnos de que todos
aquellos que hayan faltado a clase deben estar en la escuela antes que el maestro, y que
si no se ha admitido su excusa antes de que comience a sonar la campana, a las ocho y
media de la mañana y a las dos por la tarde, serán despedidos, cualesquiera que sean las
razones que aleguen ellos y sus padres.

[GE 16,3,4] No se recibirá ni excusará a ningún alumno ausente si no fuere por causa
de enfermedad, de lo cual habrá que asegurarse, y sin que alguno de los padres lo lleve a
la escuela.

[GE 16,3,5] Los alumnos que hayan faltado a clase no entrarán en la escuela hasta
que la persona que los lleva haya hablado con el que recibe a los ausentes. El lugar en
que se excusará a los ausentes será ante la puerta de entrada a la escuela.

[GE 16,3,6] Si cuando los padres lleven a los alumnos expresan quejas sobre el
maestro, quien los reciba tendrá cuidado de excusar siempre al maestro, incluso si cree
que el maestro obró mal.

[GE 16,3,7] Luego dará al maestro los avisos que considere necesarios, si es él el
Director. Si no lo es, cuidará de referir al Director todo lo que le hayan dicho, las quejas
que hayan expresado y a propósito de qué.

[GE 16,3,8] El encargado de excusar a los ausentes procurará terminar con los padres
en pocas palabras, y si los padres han contribuido a la ausencia de sus hijos, les hablará
con firmeza, para que lo que les dice les cause efecto, y no excusará con facilidad. Con
todo, dará a los padres los avisos necesarios para que impidan las ausencias de sus hijos.

[GE 16,3,9] Si el alumno estuvo ausente por culpa de sus padres, mandará al alumno
que entre en la escuela, y después hablará a los padres en particular, para que se den
cuenta de la falta y del perjuicio que han causado a su hijo, al ocasionar o permitir su
ausencia, y les comprometerá a que sean fieles en obligar al alumno a que acuda
asiduamente; incluso les manifestará que, si vuelve a faltar por ese tipo de motivos, no se
lo admitirá; lo cual habrá que cumplir, efectivamente.

[GE 16,3,10] Si el alumno faltó a clase por su culpa, el Inspector, o quien ocupe su
lugar, le reprenderá en presencia del padre que lo haya llevado, y luego, en particular,
dará al padre los avisos que considere necesarios para impedir esas ausencias.

202
[GE 16,3,11] Si el Inspector desconoce la conducta del alumno y las razones por las
que ha estado ausente, o si duda de ellas, irá a preguntar al maestro, dejando al alumno y
al padre en la puerta, y luego volverá a hablar con ellos y les dirá lo que sea oportuno.

[GE 16,3,12] Los alumnos que hayan faltado a clase y que hayan sido excusados,
entrarán en la escuela y se pondrán en el centro de su clase hasta que el Inspector o quien
ocupa su puesto haya hablado con sus maestros, y que los maestros les indiquen que
vayan a su sitio o al banco de los ausentes.

[GE 16,3,13] Cuando el Inspector o quien ocupa su puesto haya recibido y excusado
a los ausentes, cada vez que ya no quede nadie a la puerta, irá a comunicar al maestro, en
cada clase, los alumnos a quienes han traído, lo que hayan dicho los padres, quiénes han
sido admitidos y excusados, y de qué forma y con qué condición se les ha admitido.

[GE 16,4] ARTÍCULO 4.°

DE LOS CASTIGOS QUE SE IMPONDRÁN A LOS ALUMNOS QUE HAYAN


FALTADO A CLASE SIN PERMISO 0 QUE HAYAN LLEGADO TARDE

[GE 16,4,1] Los alumnos que hayan faltado a clase sin permiso, una vez admitidos,
se colocarán en su clase en el banco de los negligentes, reservado a los que se hayan
ausentado sin permiso y a los que han llegado tarde. Permanecerán en ese banco el doble
del tiempo que hayan faltado a la escuela, de modo que si faltaron medio día,
permanecerán un día entero en el banco, y así aumentando, en proporción al tiempo que
hayan estado ausentes; y mientras estén en ese banco, no se ajustarán a los otros alumnos
de su lección, sino que un alumno les hará leer durante el desayuno y la merienda, y si
aprenden a escribir, no escribirán.

[GE 16,4,2] Los que hayan llegado tarde también se colocarán en ese banco cada vez
que lleguen tarde, y no leerán; y al final de la clase, el visitador de su barrio irá a
comunicar a sus padres que no han leído porque llegaron demasiado tarde.

[GE 16,4,3] Cuando un alumno llegue tarde dos veces en la semana, será castigado
con la vara, a menos que tuviera antes autorización.

[GE 16,4,4] A quienes durante el mes hayan faltado a clase diez veces, es decir,
cinco días de escuela completos, incluso con permiso, no se les cambiará de lección al
final del mes, aun cuando fueran capaces de ello.

[GE 16,4,5] A quienes durante el mes se hayan ausentado, sin permiso, dos días
completos, es decir, cuatro veces, no se los cambiará de lección al final del mes. A

203
quienes hayan llegado tarde seis veces durante el mes, tampoco se los cambiará.

[GE 17] CAPÍTULO 7.° (17)

De los asuetos

[GE 17,0,1] Es importante que en las escuelas estén siempre debidamente regulados
los asuetos y las vacaciones, y es una de las cosas que contribuyen mucho a mantener en
ellas el buen orden.

[GE 17,0,2] Hay cuatro cosas que guardan relación con este capítulo: 1. Los asuetos
ordinarios, y 2. Los asuetos extraordinarios; cuándo se pueden conceder o no; 3. Las
vacaciones; 4. El modo de indicar y hacer saber a los maestros y a los alumnos los días
de asueto.

[GE 17,1] ARTÍCULO 1.°

DE LOS ASUETOS ORDINARIOS

[GE 17,1,1] Los asuetos ordinarios son los que se expresan a continuación. Se dará
asueto por todo el día todos los jueves de las semanas en que no ocurra ninguna fiesta.

[GE 17,1,2] Cuando haya una fiesta en la semana, si esa fiesta cae el lunes, el martes
o el sábado, se dará asueto el jueves por la tarde. Si la fiesta cae el jueves o el viernes, se
dará asueto el martes por la tarde; y si la fiesta cae el miércoles, no habrá asueto esa
semana.

[GE 17,1,3] Cuando en la semana haya dos fiestas o más, no habrá asueto.

[GE 17,1,4] El día de los Fieles Difuntos se dará asueto todo el día. El día de la fiesta
de san Nicolás, patrón de los escolares, y el día de Cenizas, se dará asueto todo el día en
lugar del jueves.

[GE 17,1,5] Con todo, en esos dos días se mandará a los alumnos que vayan a la
escuela por la mañana, y se les dará el catecismo desde las ocho hasta las nueve; el día
de san Nicolás, sobre el tema de la fiesta, y el día de Cenizas, sobre la ceremonia de la
ceniza. A las nueve se dirá la oración de la mañana, y luego se llevará a los alumnos a la
santa Misa, a la iglesia donde la oyen de ordinario.

[GE 17,1,6] El día de Cenizas, después de la santa Misa, se hará que reciban la
ceniza; si hubiere algún intervalo entre la oración y la asistencia a la santa Misa, se

204
enseñará de forma práctica a los alumnos lo que deben observar y de qué modo han de
acercarse al altar para recibir la ceniza; si no hubiere intervalo entre la oración y la
asistencia a la santa Misa, se hará durante el último cuarto de hora del catecismo.

[GE 17,1,7] Si la fiesta de san Nicolás cae en domingo, la celebración de la fiesta


para los alumnos se trasladará al jueves siguiente, yen ese día se observará lo indicado
antes.

[GE 17,1,8] El día de la fiesta de san José, patrono de la comunidad, se dará asueto
todo el día, en vez del jueves. Cuando esta fiesta caiga en domingo o en Semana Santa,
se celebrará el día al que haya sido trasladada por la Iglesia o por la diócesis en que está
la escuela.

[GE 17,1,9] Se dará asueto desde el jueves de la Semana Santa inclusive, hasta el
martes siguiente, exclusive, día en que se volverá a tener clase.

[GE 17,1,10] Los días de las fiestas de la Transfiguración de Nuestro Señor, de la


Exaltación de la Santa Cruz, de la Presentación y de la Visitación de la Santísima Virgen
se dará asueto todo el día, en vez del jueves, a menos que alguna de esas fiestas caiga en
domingo; y no se dará ningún otro asueto en toda esa semana.

[GE 17,2] ARTÍCULO 2.°

DE LOS ASUETOS EXTRAORDINARIOS

[GE 17,2,11 No se dará ningún asueto extraordinario sin necesidad evidente e


indispensable; y cuando el Director de una casa se crea obligado a dar alguno, pedirá el
parecer al Superior del Instituto, antes de darlo, en caso de que pueda preverlo.

[GE 17,2,2] Si no pudo preverlo, lo comunicará cuanto antes al Superior del


Instituto, dándole a conocer los motivos que lo forzaron a ello.

[GE 17,2,3] Cuando sea necesario dar asueto extraordinario, lo concederá siempre en
lugar del jueves o del asueto de la semana. Si hubiere una fiesta en esa semana, el asueto
extraordinario solo se dará por la tarde, en caso de que la necesidad sea solo por la tarde;
y si la necesidad fuera para la mañana, se dará asueto por todo el día.

[GE 17,2,4] Las ocasiones en que se dé asueto extraordinario serán las siguientes: se
dará asueto los días de feria cuando no duren más que un día.

[GE 17,2,5] Se dará asueto el día en que se entierre a un Hermano fallecido en la

205
casa de esa ciudad. Se procurará que a los Hermanos los entierren siempre por la tarde.

[GE 17,2,6] Si no se puede celebrar el funeral al día siguiente, ni durante la semana,


el día del entierro se dará asueto durante todo el día, en vez del jueves.

[GE 17,2,7] Si el funeral se puede celebrar al día siguiente, también se dará asueto al
día siguiente por todo el día.

[GE 17,2,8] Si el funeral se celebra un día distante del entierro, en la misma o en otra
semana, el día del funeral se dará asueto por todo el día.

[GE 17,2,9] Se dará asueto los días en que tenga lugar en la ciudad una ceremonia o
algo extraordinario, con tal que no sea malo, y que no sea perjudicial para los alumnos
asistir a ellos, cuando se considere que no se podrá prohibir a los alumnos que vayan a
verlo, ni obligarles a ir a la escuela.

[GE 17,2,10] Se dará asueto el día de la fiesta del patrón de cada parroquia en las que
hay escuelas; también se dará asueto los días de determinadas fiestas, aunque no sean de
obligación, siempre que sean guardadas en la ciudad o en la parroquia donde se
encuentra ubicada la casa del Instituto en esa ciudad.

[GE 17,2,11] También se dará asueto el día de la octava del Santísimo Sacramento,
incluso si ocurre una fiesta en esa semana.

[GE 17,2,12] Las ocasiones en que no se dará asueto, ni ordinario ni extraordinario,


son los siguientes días:

[GE 17,2,13] Nunca se dará asueto, en ningún sitio, el lunes y martes que preceden
inmediatamente al primer día de Cuaresma, y que de ordinario se llaman lunes y martes
de carnaval. Incluso se obligará a los alumnos a que esos días sean más fieles que los
otros en ir a la escuela y que no falten a menos que estén enfermos.

[GE 17,2,14] En ningún sitio se dará asueto los días de Rogativas y en la fiesta de
san Marcos, so pretexto de asistir a la procesión, y tampoco se llevará a ella a los
alumnos.

[GE 17,2,15] No se dará asueto el día de la Traslación de san Nicolás, so pretexto de


que es una de las fiestas del patrono de los alumnos. En ningún sitio se dará asueto los
días de las fiestas de los patronos de los oficios, sin ninguna excepción.

[GE 17,2,16] Nunca se disminuirá el tiempo de clase, si no es por necesidad evidente

206
e indispensable.

[GE 17,3] ARTÍCULO 3.°

DE LAS VACACIONES

[GE 17,3,1] Este artículo comprende cuatro cosas: 1. Lo que se refiere a las
vacaciones en sí mismas; 2. Los avisos que los maestros darán a los alumnos para que
pasen bien las vacaciones; 3. Lo que se hará el último día de clase antes de las
vacaciones; 4. Lo que se hará el primer día de clase después de las vacaciones.

[GE 17,3,2] Todos los años y en todas partes se dejará de dar clase durante un mes.
A esta interrupción de las clases se le da el nombre de vacaciones.

[GE 17,3,3] No se cambiará a los alumnos de lección el último día antes de las
vacaciones, sino que se esperará a después de las vacaciones. A aquellos que son torpes
o que se aplican poco en clase, se les dirá que durante las vacaciones deben estudiar y
leer a menudo en su casa, e incluso escribir, si están aprendiendo a escribir, para no
olvidar lo que hayan aprendido, y para no tener que ponerlos, por su negligencia, en un
orden más bajo de la lección, o incluso en una lección inferior a aquella en que se
encuentran.

[GE 17,3,4] El último día de clase antes de las vacaciones solo se dará el catecismo,
desde la una y media hasta las tres; versará sobre el modo como deben pasar los alumnos
el tiempo de vacaciones.

[GE 17,3,5] Los principales avisos que los maestros darán a los alumnos para pasar
bien las vacaciones son: 1. No dejar de rezar durante ese tiempo, al levantarse y al
acostarse, las oraciones de la mañana y de la tarde que se rezan cada día en la escuela; 2.
Oír todos los días la santa Misa con piedad, y rezar durante la misma las oraciones que
están en su libro de ejercicios;

[GE 17,3,6] 3. Asistir todos los domingos y fiestas a la Misa mayor y a vísperas, en
su parroquia; 4. Confesarse; y a los que comulgan, que lo hagan al menos una vez
durante ese tiempo; 5. Pasar todos los días por lo menos un cuarto de hora ante el
Santísimo Sacramento;

[GE 17,3,7] 6. Rezar todos los días el rosario, para adquirir y conservar la devoción a
la Santísima Virgen; 7. No frecuentar malas compañías; 8. No ir a los huertos y viñas a
rapiñar, lo que sería un robo; 9. No bañarse, no jugar a las cartas ni a los dados, ni
apostar dinero.

207
[GE 17,3,8] A las tres se tendrá la oración y después repartirá el maestro los premios
a los alumnos, de acuerdo con su religiosidad y asiduidad.

[GE 17,3,9] Se devolverán después los cuadernos a los escribientes y se les darán
modelos, para que puedan ejercitarse en la escritura durante las vacaciones, y les
animarán a que lo hagan.

[GE 17,3,10] Al final del catecismo avisarán a los alumnos y los comprometerán a
que se hallen todos el día que se les indique, a las siete de la mañana, para asistir a la
Misa del Espíritu Santo, que se dirá por ellos; y luego, para los cambios de lección, que
se realizará inmediatamente después.

[GE 17,3,11] Cada maestro advertirá a sus alumnos que quienes no se hallen en la
escuela antes de la santa Misa, no serán cambiados de la lección en que estaban antes de
las vacaciones.

[GE 17,3,12] El primer día en que se comience la clase después de las vacaciones,
los alumnos se reunirán a las ocho, como de ordinario, y después de recitar la oración
que se reza a diario al comenzar la clase, el maestro llevará a los alumnos a Misa, que se
dirá para implorar la asistencia del Espíritu Santo.

[GE 17,3,13] Para este fin, se rogará a los señores párrocos que la digan o la manden
decir, y si no, se mandará decirla a expensas de la casa.

[GE 17,3,14] En ese día y los siguientes, se exhortará a los alumnos y se les
cambiará de lección. Se indicará a cada uno su clase, su sitio, su lección y su orden de
lección.

[GE 17,3,15] Quienes no hayan asistido a la Misa del Espíritu Santo el día de
entrada, seguirán en el orden de lección en que estaban antes de las vacaciones.

[GE 17,4] ARTÍCULO 4.°

DEL MODO DE INDICAR Y DAR A CONOCER A LOS MAESTROS Y A LOS


ALUMNOS LOS DÍAS DE ASUETO

[GE 17,4,1] Todos los domingos, después de la acción de gracias de la comunión, en


cada casa el Director anunciará a los Hermanos, puestos todos de pie, los días de fiesta
que ocurran en la semana y el día en que habrá asueto, y si es de todo el día o solo por la
tarde.

208
[GE 17,4,2] Si sucediera que hubiese que dar algún asueto extraordinario, que no se
hubiera previsto el domingo, el Director avisará de ello la víspera, por la mañana,
después de las letanías del Santísimo Niño jesús, o a mediodía, después de las letanías de
san José.

[GE 17,4,3] Si alguna semana hubiera que realizar alguna cosa particular en las
escuelas, el Director lo avisará igualmente.

[GE 17,4,4] Si se trata de algo extraordinario y que el Director haya previsto, lo


avisará el domingo; si se trata de algo que no haya previsto, avisará la víspera en el
oratorio, después de las letanías del Santísimo Niño jesús o de san José.

[GE 17,4,5] Cada maestro en su clase anunciará los días de asueto o lo que haya de
hacerse de especial, la víspera, al acabar la escuela, inmediatamente después de la
oración de la tarde.

[GE 17,4,6] Todos los maestros procurarán decir todo esto en pocas palabras, sin
olvidar nada, y de expresarlo de tal forma que todos los alumnos puedan entenderlo.

[GE 18] CAPÍTULO 8.° (18)

De los oficios en la escuela

[GE 18,0,1] En las escuelas habrá varios encargados de realizar varias y diferentes
funciones que los maestros no pueden o no deben hacer ellos mismos. Estos encargados
son: 1. El recitador de oraciones; 2. El que, en los repasos de la santa Misa, dice lo que
debe decir el sacerdote, llamado por este motivo ministro de la santa Misa; 3. El
limosnero; 4. El portahisopo; 5. El rosariero y sus ayudantes; 6. El campanero; 7. El
inspector y los vigilantes; 8. Los primeros de banco; 9. Los visitadores de los ausentes;
10. Los distribuidores y recogedores de cuadernos; 11. Los distribuidores y recogedores
de libros; 12. Los barrenderos; 13. El portero; 14. El encargado de las llaves.

[GE 18,0,2] Todos los oficiales serán nombrados por el maestro en cada clase, el
primer día de clase después de las vacaciones. Cada maestro contará al respecto con el
parecer del Director o del Inspector de las Escuelas; y si en lo sucesivo hay necesidad de
cambiarlos o de cambiar a alguno, los nuevos nombramientos se harán de la misma
forma.

[GE 18,1] ARTÍCULO 1.°

DEL RECITADOR DE ORACIONES

209
[GE 18,1,1] En cada escuela habrá dos alumnos que se encargarán de recitar las
oraciones, uno por la mañana y otro por la tarde, los cuales se sustituirán mutuamente, en
caso de que quien deba recitarlas llegue tarde o falte a clase; el que durante una semana
haya dicho las oraciones de la mañana, a la semana siguiente dirá las oraciones de la
tarde, y el otro cambiará del mismo modo.

[GE 18,1,2] Recitarán todas las oraciones que se hacen en la escuela, lentamente, con
atención y modestia, según el orden indi cado en el capítulo de las oraciones, y en un
sitio desde donde puedan ser oídos fácilmente en todas las clases.

[GE 18,1,3] No se encargará de este oficio a ningún alumno que no sepa


perfectamente todas las oraciones, que no las recite con claridad, que no tenga voz
suficiente para que le oigan en todas las clases, y que sea recogido y modesto, para no
distraer a los alumnos.

[GE 18,1,4] Estos dos recitadores de oraciones serán nombrados todos los meses, y
ambos serán de la clase de los escribientes. El maestro podrá prolongarles el encargo con
el parecer del Director o del Inspector de las Escuelas, si es que no hay ningún otro que
pueda desempeñar este oficio tan bien como ellos. No se les prolongará el cargo por
otros motivos, pues este oficio contribuye mucho a lograr que los alumnos reciten bien
las oraciones en privado, y a que se habitúen a decirlas reposada y atentamente.

[GE 18,2] ARTÍCULO 2.°

DEL MINISTRO DE LA SANTA MISA

[GE 18,2,1] Habrá un alumno encargado de desempeñar el oficio de sacerdote en el


repaso de las respuestas de la santa Misa, el martes de cada semana, durante el desayuno.

[GE 18,2,2] Desempeñará este oficio de la manera siguiente: estará siempre de pie en
un mismo sitio, y el que dice las respuestas se pondrá de rodillas, a su lado, como debe
hacerlo el ayudante de la santa Misa. Comenzará diciendo: In nomine Patris, etc.,
Introibo, etc., que dice el sacerdote hasta que sube al altar; luego dirá Kyrie eleison, con
el ayudante, y todo lo que figura en el libro, que debe tener en la mano durante ese
tiempo.

[GE 18,2,3] Al final de los dos evangelios, en las dos o tres últimas palabras, hará
una inflexión de voz; inclinará la cabeza cada vez que diga Jesús, María y Oremus.
Después del Sanctus hará dos genuflexiones lentamente, una tras otra, para indicar al
ayudante el momento en que debe tocar para la consagración. Se golpeará tres veces el

210
pecho al Agnus Dei y al Domine non sum dignus. Después del Domine non sum dignus
presentará un vaso pequeño, hecho ex profeso como para realizar la primera ablución.
Luego se volverá del lado del ayudante, poniendo los cuatro dedos sobre el vaso, como
hace el sacerdote al realizar la segunda ablución, para indicar al ayudante la manera de
hacerlo.

[GE 18,2,4] La primera vez en que se reciten las respuestas de la santa Misa, después
de las últimas oraciones cerrará el libro, y la segunda vez lo dejará abierto, para indicar
al ayudante que cuando el sacerdote deja el libro abierto así, hay que pasarlo al otro lado.

[GE 18,2,5] Este alumno debe ser juicioso, serio, modesto y comedido, para que
pueda ser motivo de edificación y favorecer la modestia de aquellos que recitan las
respuestas de la santa Misa.

[GE 18,2,6] Este encargado será cambiado cada mes, si el maestro lo considera
oportuno, después de proponérselo al Director o al Inspector de las Escuelas; y si lo
cambia, es preciso que quien lo sustituya tenga también buen comportamiento. Esta
condición tiene mucha importancia en este oficio.

[GE 18,3] ARTÍCULO 3.°

DEL LIMOSNERO

[GE 18,3,1] En cada clase habrá un alumno encargado de recoger las limosnas, es
decir, los trozos de pan que se entreguen para los pobres durante el desayuno y la
merienda.

[GE 18,3,2] Entre la mitad y el final del desayuno y de la merienda, después de


saludar al maestro, tomará en la clase el cestito que está destinado a este fin. Lo irá
presentando ante los bancos, primero de un lado de la clase y después del otro, sin decir
ni una palabra y guardándose mucho de pedir nunca nada a nadie.

[GE 18,3,3] Cuando camine por la clase durante el tiempo en que ejerce este oficio,
lo hará con suma modestia y sin ruido, y procurará no mirar fijamente a ningún alumno.

[GE 18,3,4] Cuando se hayan recogido todas o casi todas las limosnas, después de
saludar al maestro, le presentará el cesto para distribuirlas.

[GE 18,3,5] Cada maestro cuidará de que el encargado de este oficio tenga piedad y
amor a los pobres, y sobre todo que no esté inclinado a la glotonería; no consentirá que
dé ningún trozo de pan, ni de ninguna otra cosa, a quienquiera que sea, y mucho menos

211
que tome cualquier cosa de lo que haya en el cesto para sí mismo; y si se comprueba que
ha incurrido en una u otra cosa, será castigado severamente y se le privará del oficio
inmediatamente. Se cambiará a este encargado cuando el maestro lo considere oportuno
o necesario, con el parecer del Director.

[GE 18,4] ARTÍCULO 4.°

DEL PORTAHISOPO

[GE 18,4,1] En cada escuela habrá un alumno que, desde la escuela, llevará el hisopo
cada día a Misa y a vísperas, a fin de que los alumnos puedan tomar agua bendita al
entrar en la iglesia y al salir.

[GE 18,4,2] Este encargado y el rosariero irán los dos primeros a la santa Misa, y
guiarán a los alumnos al ir a la iglesia.

[GE 18,4,3] Este encargado, al entrar en la iglesia, se colocará cerca de la pila de


agua bendita, y permanecerá allí hasta que todos los alumnos hayan pasado y hayan
tomado agua bendita.

[GE 18,4,4] Se hará lo mismo cuando los alumnos salgan de la iglesia. En el sitio en
que le indique el maestro o el Inspector, se colocará de manera que todos los alumnos
puedan tomar fácilmente el agua bendita. Cuando se halle en ese sitio, tomará agua
bendita con el hisopo, sumergiéndolo en la pila del agua bendita, y lo volverá a hacer en
cuanto note que en el hisopo ya no queda.

[GE 18,4,5] Pondrá el hisopo tendido y colocado delante de él, y se guardará mucho
de usarlo para asperjar o para juguetear, so pena de castigo.

[GE 18,4,6] Mientras pasan los alumnos, estará de pie, en actitud modesta, con los
ojos bajos, sin mirar a ninguno de los que pasan, y sin girar la cabeza con ligereza.

[GE 18,4,7] Cuando hayan salido de la iglesia todos los alumnos, si no se vuelve a la
escuela, él, con el rosariero, irán a dejar el hisopo al sitio donde se acostumbra recogerlo.
Este encargado debe ser muy piadoso y muy modesto. No se le cambiará durante el año,
a menos que el maestro lo considere necesario, con el parecer del Director.

[GE 18,5] ARTÍCULO 5.°

DEL ROSARIERO Y DE SUS AYUDANTES

212
[GE 18,5,1] Habrá en cada escuela un alumno encargado de llevar rosarios a la
iglesia, todos los días para la santa Misa, y los domingos para la Misa mayor y para
vísperas.

[GE 18,5,2] Este alumno recibirá los rosarios, contados, del maestro, y cuidará de
contarlos todos los días antes de la santa Misa, o al comienzo de la clase por la tarde, si
se va a la santa Misa al final de la clase, y avisará al maestro cuando falte alguno.

[GE 18,5,3] El maestro los contará el último día de clase de cada semana. Habrá
tantos manojos como filas de dos alumnos haya en la iglesia. Si los alumnos forman a lo
largo más de una fila de dos, habrá uno o varios ayudantes para distribuir a cada fila de
dos.

[GE 18,5,4] En cuanto los alumnos se hayan arrodillado en su sitio, este encargado
tomará un manojo de rosarios, y dará otro u otros a su ayudante o ayudantes. Cada uno
de ellos se dirigirá a una fila de dos, de principio a fin, para distribuir rosarios a aquellos
de la fila que no saben leer, es decir, a los que leen en los carteles, en el silabario y en el
primer libro.

[GE 18,5,5] En cuanto haya terminado la santa Misa, se dirigirán igualmente cada
uno a la fila que tenga asignada, para recoger los rosarios a aquellos a quienes los
entregaron al comienzo de la santa Misa, y luego el rosariero recogerá los manojos de
sus ayudantes, los juntará con el suyo, y una vez que regresen a la escuela, los contará.

[GE 18,5,6] Si los alumnos no vuelven a la escuela después de la santa Misa, irá con
el portahisopo a dejar los rosarios en el sitio donde se acostumbra recogerlos.

[GE 18,5,7] Este alumno estará también encargado de entregar todos los días el
rosario, al comienzo de la clase, a los primeros que deben recitarlo, y tendrá cuidado de
acordarse de los últimos que lo hayan rezado durante la clase anterior.

[GE 18,5,8] Debe conocer el orden que ha de seguirse para rezarlo, el banco que
debe comenzar y el que debe acabar. Avisará a todos los alumnos para rezarlo, unos tras
otros, siguiendo el orden de bancos y de fila que tienen en el banco; cuando dos lo hayan
rezado, recogerá el rosario y se lo llevará a los dos alumnos siguientes.

[GE 18,5,9] Tendrá cuidado de que quienes recen el rosario en la clase lo reciten
pausadamente y con recogimiento. Vigilará y tendrá cuidado de que no hablen, que no
jugueteen, que recen efectivamente el rosario y que no cesen de rezarlo. Y si advierte
que faltan a alguna de estas cosas, avisará inmediatamente al maestro.

213
[GE 18,5,10] Este encargado, lo mismo que el anterior, debe ser muy piadoso y muy
modesto, y además muy fiel para cuidar de que no se extravíen los rosarios, para no
perderlos ni dejar que se pierdan. También debe observar buena conducta y no ser
atolondrado, desordenado ni impetuoso.

[GE 18,5,11] Este encargado y sus ayudantes serán escogidos en aquellas clases en
que se reza el rosario, y si en una clase no hay ninguno capaz de tal oficio, se escogerá
de una clase superior, con el parecer del Director o del Inspector de las Escuelas.

[GE 18,5,12] Durante el año no se cambiará a este encargado, a menos que el


maestro lo considere necesario, siguiendo el parecer del Director.

[GE 18,6] ARTÍCULO 6.°

DEL CAMPANERO

[GE 18,6,1] En cada escuela habrá un alumno cuya función será tocar la campana,
para comenzar la clase y los ejercicios de la escuela.

[GE 18,6,2] Para el inicio de la clase, y a cada hora tocará veinte campanadas al
vuelo; cada media hora repicará veinte; al final de la clase también tocará veinte
campanadas al vuelo, y luego repicará veinte para indicar que es el final de la clase y que
se debe comenzar la oración.

[GE 18,6,3] Tendrá cuidado de escuchar atentamente la hora y de tocar con toda
exactitud a la hora, en cuanto haya dado la última campanada; y a la media, en cuando
haya finalizado el carillón.

[GE 18,6,4] Aproximadamente el tiempo de un miserere antes de la hora de la


oración y antes del catecismo de la tarde, repicará cinco campanadas para avisar a los
alumnos que cierren sus libros, a los recogedores de libros y de cuadernos, que los
recojan, y a todos, que se dispongan y estén preparados para la oración, para poderla
comenzar en cuanto la campana deje de sonar, sin esperar un solo momento.

[GE 18,6,5] Este encargado debe ser asiduo a la escuela, cuidadoso, vigilante, exacto
y muy puntual para tocar en el momento establecido, y el maestro procurará que no deje
nunca de tocar a la hora. No se le cambiará a menos que el maestro, con el parecer del
Director, lo juzgue conveniente.

[GE 18,7] ARTÍCULO 7.°

214
DEL INSPECTOR Y DE LOS VIGILANTES

[GE 18,7,1] Habrá inspectores en cada clase cuando se ausente el maestro, y no los
habrá en ningún otro momento; salvo en las clases de escritura, en las que habrá un
inspector durante el desa yuno y la merienda, que vigilará a los que repasan las
oraciones, el catecismo y las respuestas de la santa Misa.

[GE 18,7,2] La misión del inspector en cada clase consistirá en vigilar todo lo que
ocurra en clase durante la ausencia del maestro.

[GE 18,7,3] Toda su ocupación consistirá en observar y tener cuidado de cuanto


ocurra en la clase, sin decir nunca ni una palabra, pase lo que pase, y sin dejar su sitio.
No consentirá que ningún alumno le hable ni se acerque a él durante el tiempo en que
desempeña su función.

[GE 18,7,4] Incluso, nunca amenazará a ningún alumno, ni por signos ni de cualquier
otra forma, sea cual fuere la falta que cometa; estará siempre sentado en el sitio que se le
haya indicado. Será fiel en informar al maestro de todas las cosas, tal como hayan
ocurrido y con todas sus circunstancias; será exacto en no decir ni más ni menos. No
dejará pasar en los alumnos la mínima falta sin señalarla; se fijará en los que falten al
silencio o causen el mínimo ruido.

[GE 18,7,5] El maestro explicará al inspector, que ha sido puesto, no solo para
vigilar sobre todo lo que pasa en la clase, sino también para ser modelo y ejemplo al que
todos los demás se deben conformar. El maestro examinará atentamente lo que el
inspector le haya transmitido, antes de decidir si castiga o no a los que acusa de haber
cometido falta; así pues, para comprobar mejor si el inspector dice la verdad, el maestro
preguntará a los más formales que hayan sido testigos de la falta, si las cosas han
sucedido del modo y con las circunstancias que le ha expuesto el inspector.

[GE 18,7,6] No castigará a los alumnos acusados sino según la coincidencia que
encuentre entre el informe del inspector y lo que afirman los demás.

[GE 18,7,7] El maestro escuchará las quejas contra el inspector, especialmente si


quienes las hacen no están interesados y son de los más fiables; y si el inspector es
considerado culpable, se le castigará con más severidad que a otro que haya cometido la
misma falta, y será depuesto inmediatamente de su oficio.

[GE 18,7,8] Hay que escoger para inspector al más vigilante y al más fiel en llegar
de los primeros; que sea despierto para darse cuenta de lo que ocurra en la clase; que sea

215
silencioso y comedido; que no sea ligero, ni disimulado, ni mentiroso; que sea incapaz
de hacer acepción de personas, de modo que pueda acusar con la misma libertad a sus
hermanos, amigos y compañeros, es decir, a aquellos a quienes frecuenta, que a los
demás; y sobre todo, que nunca reciba ningún regalo de nadie; y si se demuestra que ha
cometido esa falta, el maestro lo castigará muy severamente y dará su cargo a otro.

[GE 18,7,9] No se cambiará a este encargado más que si el maestro, con el parecer
del Director o Inspector de las Escuelas, lo juzga conveniente o necesario.

[GE 18,7,10] De los vigilantes

En cada clase habrá dos alumnos que estén encargados de vigilar el comportamiento
del inspector cuando desempeña su oficio, para observar si se deja corromper con algún
regalo, o si exige algo de los demás para no comunicar sus faltas al maestro; si llega de
los primeros, o incluso el primero; si guarda silencio; si él mismo es causa de desorden
en la clase; si abandona su sitio y se mezcla con los otros; si procura que nadie salga de
su sitio; en fin, si cumple su deber con exactitud.

[GE 18,7,11] El maestro procurará que el inspector no sepa quiénes son esos
vigilantes, y con este fin, no se les nombrará como a los demás encargados, ni tendrán
nombre de tales.

[GE 18,7,12] Los vigilantes serán de los alumnos más sensatos, de los más piadosos,
de los más diligentes en ir a la escuela y que tengan suficiente habilidad para observar el
comportamiento del inspector sin hacerse notar.

[GE 18,7,13] El maestro les indicará en privado que observen el comportamiento del
inspector, y que le den cuenta de él de vez en cuando, sin que se note, e incluso lo antes
posible, si hubiere sucedido algo importante.

[GE 18,7,14] También habrá una especie de inspectores o vigilantes en las calles,
sobre todo en aquellas donde viven muchos alumnos, para observar de qué manera se
comportan los alumnos de ese barrio al regresar de la escuela.

[GE 18,7,15] También los habrá en cada uno de los barrios yen cada calle
importante, que observen lo que sucede en su barrio o calle por parte de los alumnos, y
que informen al maestro de la manera como se indicó anteriormente.

[GE 18,8] ARTÍCULO 8.°

DE LOS PRIMEROS DE BANCO

216
[GE 18,8,1] El primer alumno de cada banco está encargado del registro de su banco,
y señalará las ausencias de clase de sus compañeros de banco, sacando el cordón
correspondiente a cada alumno ausente. Cada primero de banco sacará el cordón de los
ausentes de su banco cada día, por la mañana, a las ocho y media, y por la tarde, a las
dos. Después de haber señalado de ese modo a los ausentes, todos los primeros de banco
irán a presentar su lista al maestro, para que lea los ausentes y compruebe si hay alguno
de más o de menos.

[GE 18,8,2] Los maestros de las clases inferiores, en las que los alumnos no saben
leer, enseñarán a leer los nombres de las listas a los primeros de banco, incluso de
memoria; y si no encuentran quién lo haga, o no son suficientemente capaces de
aprender de memoria y recordar el orden, los leerán ellos mismos, o al menos en
aquellos casos en que los primeros de banco no sean capaces de leer. Los leerán al final
de la clase por la mañana, antes de la oración, y por la tarde, al comienzo de la merienda;
y también señalarán ellos mismos a los ausentes de esos bancos, sacando los cordones
correspondientes.

[GE 18,8,3] Los primeros de banco serán de los más asiduos a clase, los más
diligentes entre los alumnos, los más juiciosos y los más modestos.

[GE 18,8,4] Este oficio se dará de ordinario como premio por su asiduidad, cordura,
modestia y capacidad. No serán cambiados, a menos que el maestro lo considere
necesario, por alguna falta que hayan cometido o por algún otro motivo importante.

[GE 18,9] ARTÍCULO 9.°

DE LOS VISITADORES DE LOS AUSENTES

[GE 18,9,1] En cada clase habrá dos o tres alumnos encargados de velar por la
asiduidad de los alumnos de varias calles de determinado barrio de la ciudad, que les sea
asignado.

[GE 18,9,2] Cada uno de ellos tendrá una lista de los alumnos del barrio del que
estén encargados, en el que estarán indicados los nombres y apellidos de los alumnos y
la calle en que viven. Si en las clases inferiores no se encuentra ningún alumno capaz de
desempeñar este oficio, o no hay suficientes, el maestro, siguiendo el parecer del
Director o del Inspector de las Escuelas, escogerá alumnos de alguna clase superior para
suplirlos.

[GE 18,9,3] Los visitadores de las clases inferiores, escogidos en alguna clase

217
superior, hacia el final de la clase de la mañana y durante la merienda de la tarde, irán a
señalar a los ausentes, y después de saludar al maestro, sacarán los cordones
correspondientes a los ausentes, sin decir ni una palabra, y en seguida regresarán a su
clase.

[GE 18,9,4] Cuando los visitadores hayan señalado a los ausentes del barrio que
tienen asignado, irán, uno tras otro, a presentar su lista al maestro, que leerá los ausentes
y después se la devolverá.

[GE 18,9,5] Cada visitador señalará en su lista a los ausentes de su barrio, sacando el
cordón correspondiente, y cuidará de ir a la casa de cada uno al final de la clase, sin
necesidad de que el maestro se lo diga.

[GE 18,9,6] Cada visitador informará al maestro, al entrar en la siguiente clase, de lo


que le hayan dicho en la casa de cada uno de ellos, de las causas de su ausencia, con
quién hablaron y cuándo les dijeron que volverían a la escuela.

[GE 18,9,7] Los visitadores visitarán de vez en cuando, según se lo indique el


maestro, e incluso por propia iniciativa, a los alumnos enfermos del barrio de que están
encargados; los consolarán y los alentarán a sufrir su enfermedad con paciencia y por
amor de Dios. Después informarán al maestro de su estado de salud y si la enfermedad
disminuye o se agrava.

[GE 18,9,8] Los visitadores hablarán siempre con el padre o la madre del alumno
ausente, o con alguna persona de edad razonable, de quien puedan tener la certeza de que
conoce la causa de la ausencia del alumno, y que cuanto dice es verdad. Hablarán
siempre a esas personas con mucha educación y las saludarán de parte del maestro.

[GE 18,9,9] Si a algún visitador le dicen que alguno de los ausentes de su barrio está
enfermo, procurará verlo, y rogará insistentemente que se lo permitan, manifestando que
el maestro lo envía para conocer de qué mal está enfermo y cuál es su estado de salud.

[GE 18,9,10] Los visitadores tendrán cuidado de no dejarse corromper, sea por los
alumnos o por sus padres, para transmitir al maestro falsos motivos de su ausencia, y de
no aceptar ningún regalo de los alumnos de su barrio o de sus padres, bajo ningún
pretexto.

[GE 18,9,11] Cada maestro velará sobre todo ello, y si descubre que un visitador se
ha dejado corromper, lo castigará severamente en vez del que está ausente, y lo depondrá
de su oficio, a menos que prometa no incurrir nunca más en esa falta. Pero si vuelve a

218
caer por segunda vez, será destituido de él para siempre.

[GE 18,9,12] Cuando el maestro dude de la fidelidad de un visitador, y vea, por


ejemplo, que un alumno falta a clase con frecuencia, y que las razones no son muy
sólidas, enviará en secreto a un alumno a la casa del ausente, incluso durante la clase,
para conocer con mayor seguridad si los motivos que se le dan coinciden con los del
otro.

[GE 18,9,13] De vez en cuando se procurará premiar a los visitadores que


desempeñen bien su oficio, para animarles a que sigan siendo fieles; incluso, se hará de
ordinario todos los meses.

[GE 18,9,14] Los visitadores serán elegidos entre los más afectos y los más asiduos a
la escuela; es preciso que sean despiertos, honrados y de buen comportamiento; que no
se inclinen a la mentira, ni se les considere capaces de dejarse corromper, que tengan
sumo respeto hacia el maestro y total sumisión y docilidad de espíritu.

[GE 18,9,15] Para manifestar su afecto y su celo por la escuela, procurarán exhortar
a los indisciplinados, que faltan a clase fácilmente y por ligereza, a que sean asiduos; e
incluso, si encuentran a niños ociosos o vagabundos que no van a la escuela, los
animarán a que vayan.

[GE 18,9,16] Los maestros no cambiarán a estos encargados durante todo el año, a
menos que, después de consultarlo con el Director, lo consideren necesario; o que hayan
comprobado que alguno no es apto para tal oficio; o que lo ha desempeñado mal; o que
hay otros alumnos mucho más capaces.

[GE 18,10] AizrícuLo 10.°

DE LOS DISTRIBUIDORES Y RECOGEDORES DEL PAPEL

[GE 18,10,1] En cada clase de escribientes habrá uno o dos alumnos, según el
número de escribientes, cuya misión sea distribuir el papel a los que escriben, al
comenzar la escritura, y recogerlo cuando haya terminado el tiempo de escritura, y luego
dejarlo en el sitio en que se guarda en la clase.

[GE 18,10,2] Si todos los alumnos de la clase escriben, habrá dos; si solo escribe una
parte de ellos, y no son muchos, no habrá más que un encargado de este oficio.

[GE 18,10,3] Los distribuidores y recogedores del papel tendrán cuidado de colocar
los papeles seguidos, unos encima de los otros, según el orden que ocupan los alumnos a

219
los que pertene cen, con el fin de que se puedan entregar con seguridad a cada uno el
suyo.

[GE 18,10,4] Irán de banco en banco, desde el comienzo de un banco hasta el final,
tanto para distribuir el papel como para recogerlo; lo colocarán sobre el pupitre, cada
uno delante de aquel a quien pertenece; si algún alumno está ausente, pondrán su papel
en su sitio; lo harán de forma que puedan distribuirlos con rapidez, para que ni ellos ni
los demás pierdan el tiempo que deben emplear en la escritura.

[GE 18,10,5] Estos dos encargados, inmediatamente antes de recoger los papeles,
pasarán junto a los alumnos de quienes están encargados, y observarán lo que ha escrito
cada uno, y si ha escrito todo lo que debía; si aquellos a quienes corresponde tienen el
modelo, la falsilla y el papel secante; si el papel está emborronado y si el alumno a quien
pertenece ha escrito algo que no esté en el modelo. Si ven que alguno ha faltado a alguna
de las cosas aquí indicadas, avisarán de inmediato a los maestros de lo que esté mal, y le
llevarán y enseñarán esos papeles. Cuidarán de que todos doblen sus papeles antes de
entregarlos.

[GE 18,11] ARTÍCULO 11.°

DE LOS DISTRIBUIDORES Y RECOGEDORES DE LIBROS

[GE 18,11,1] En cada clase habrá cierto número de libros de cada lección, para
prestar a los alumnos que son muy pobres y no tienen con qué comprarlos; en cada clase
habrá un alumno encargado de distribuir esos libros a aquellos a quienes el maestro haya
indicado que se los entregue. En cada clase habrá una lista de aquellos que han de usar
esos libros, respecto de los cuales el Superior o Inspector de las Escuelas habrá
comprobado que son realmente tan pobres que no tienen con qué comprarlos. Esos libros
no se entregarán a ningún otro alumno para que los use, si no se encuentra en esta
situación.

[GE 18,11,2] Este encargado conocerá el número de libros que en cada clase están
destinados a los pobres. Al recogerlos tendrá cuidado de que no haya ninguno
estropeado, y que las hojas no estén dobladas, ni siquiera en los ángulos; y que cada uno
devuelva el que recibió. Y si falta alguno o algún alumno estropeó el suyo, el encargado
avisará de ello al maestro, en cuanto haya dejado los libros en su sitio.

[GE 18,11,3] También cuidará de juntar los papeles, las palmetas y los libros de los
maestros y de dárselos cuando los necesiten; tendrá cuidado de que no se pierda ni se
estropee ninguna de todas estas cosas que tiene en custodia.

220
[GE 18,12] AizrícuLo 12.°

DE LOS BARRENDEROS

[GE 18,12,1] En cada clase habrá un alumno cuya función será barrer la clase y
dejarla limpia y adecentada; la barrerá una vez al día, sin falta, al final de la clase de la
mañana; y si se va a Misa al final de la clase, él regresará para hacerlo. Antes de
comenzar a barrer moverá los bancos y los pondrá uno sobre otro, junto a la pared, unos
de un lado y los otros del otro; los barrenderos de dos lugares contiguos se ayudarán
mutuamente para levantar los bancos y volverlos a colocar, y para nada más.

[GE 18,12,2] Después de amontonar los bancos, rociará la clase, si es necesario, y


después la barrerá. Llevará la basura a la calle en el cesto o canasta, al lugar destinado a
ello, y luego dejará la escoba, el cesto y las demás cosas que haya utilizado en el sitio en
que se colocan de ordinario.

[GE 18,12,3] Cuando su escoba ya no sirva, cuidará de decírselo al maestro y de


seguir sus órdenes para ir a pedir otra a la casa.

[GE 18,12,4] El maestro cuidará de que los barrenderos barran cada uno la clase de
la que están encargados y de que estén siempre muy limpias.

[GE 18,12,5] Los barrenderos no deben ser lentos, sino diligentes, para no emplear
demasiado tiempo en cumplir este oficio.

[GE 18,12,6] En ellos debe advertirse mucho cuidado por la limpieza y la pulcritud.
Es preciso, además, que sean juiciosos, y no estén inclinados a disputas ni a hacer
tonterías.

[GE 18,12,7] Serán escogidos cada mes, a menos que el maestro considere oportuno
prolongarles el tiempo, siguiendo el parecer del Director o del Inspector de las Escuelas;
y todos los meses tendrá cada uno como recompensa una estampa y una sentencia.

[GE 18,13] ARTÍCULO 13.°

DEL PORTERO

[GE 18,13,1] En cada escuela solo habrá una puerta de entrada, y si hubiere más de
una, las otras puertas, que serán las que el Director considere oportuno, serán inutilizadas
o estarán siempre cerradas.

221
[GE 18,13,2] Habrá un alumno de una de las clases, que de ordinario será de la clase
por donde se entra, que estará encargado, por orden del Director, de abrir y cerrar esa
puerta cada vez que alguien entre o salga de la escuela, y por ese motivo se le llamará
portero.

[GE 18,13,3] Estará colocado cerca de la puerta para poder abrirla con prontitud, y
nunca dejará la puerta abierta, sino que siempre echará el cerrojo.

[GE 18,13,4] No permitirá entrar en la escuela más que a los maestros y a los
alumnos, y al señor párroco de la parroquia en que está la escuela. No dejará entrar a
ninguna otra persona, si no es por orden del Director o del maestro que tenga la
inspección de esa escuela en su ausencia.

[GE 18,13,5] Cuando alguien llame a la puerta, abrirá en seguida, y lo menos


posible; solo lo suficiente para poder hablar y responder a la persona que llame; luego
cerrará la puerta con cerrojo y avisará de inmediato al maestro encargado de atender.

[GE 18,13,6] Mientras el maestro hable con alguien, dejará la puerta abierta de tal
modo que desde el interior de la clase se pue da ver al maestro y a las personas con
quienes habla. El portero custodiará la puerta desde su apertura hasta que los alumnos
comiencen a salir de la escuela. Por este motivo debe ser el primero en llegar.

[GE 18,13,7] Siempre guardará silencio y no hablará a ningún alumno que entre o
salga; y si habla a alguno, será castigado.

[GE 18,13,8] El maestro tendrá cuidado de que este encargado lea cuando le toque, y
que se aplique a la lección y a seguir todo el tiempo que no esté ocupado con la puerta.

[GE 18,13,9] Este alumno se encargará de la varita que se da a los alumnos cuando
van al servicio; se la dará al que vaya; procurará que ningún alumno salga sin la varita
cuando va allí, y que nunca salgan dos al mismo tiempo por ese motivo. La guardará
todos los días al final de la clase, tanto por la mañana como por la tarde.

[GE 18,13,10] Este encargado se escogerá entre los más diligentes y asiduos a la
escuela; debe ser juicioso, comedido, modesto, silencioso, y capaz de edificar a los que
vayan a llamar a la puerta.

[GE 18,14] AizrícuLo 14.°

DEL ENCARGADO DE LAS LLAVES

222
[GE 18,14,1] En cada escuela que esté fuera de la casa, habrá un alumno encargado
de la llave de la puerta de entrada. Será muy exacto en hallarse presente todos los días a
la hora en que se debe abrir la puerta, cuando comienzan a entrar los alumnos, es decir,
antes de las siete y media por la mañana, y antes de la una, por la tarde. Por este motivo
se procurará que no viva demasiado lejos de la escuela.

[GE 18,14,2] Tendrá prohibido dejar la llave de la escuela a cualquier alumno, sin
orden del maestro encargado del cuidado y la inspección de la escuela, por orden del
Director, en su ausencia.

[GE 18,14,3] Si después de la santa Misa se vuelve a la escuela, volverá el primero


con el portero, para guiar a los alumnos. Si no se regresa a la escuela después de la santa
Misa, volverá con el rosa riero, el portahisopo y los barrenderos, y cuidará de que no
armen barullo mientras barren, y no saldrá de la escuela antes que ellos.

[GE 18,14,4] Este alumno también estará encargado de la conservación de cuanto


haya en la escuela, y cuidará de que nadie se lleve nada de ella. Deberá ser escogido
entre los más asiduos a la escuela y que nunca faltan a ella.

[GE 18,14,5] Este encargado y los tres anteriores, es decir, el portero y los
distribuidores del papel y de los libros, no serán cambiados sino cuando el maestro, con
el parecer del Director o Inspector de las Escuelas, lo considere necesario.

La edición príncipe, de 1720, añade un capítulo 9. ° una de cuyas partes son los
carteles, que en el manuscrito de 1706 van en el capítulo 3. ° El Cahier Lasallien n. '24
los ha puesto al final, correspondiéndose con el capítulo 9. 'de 1720. En la edición des
Oeuvres Complétes se han omitido los carteles, pero se da una parte del capítulo 9. ° con
la numeración de 19. 'y con el título «De los carteles del alfabeto»; pero reproduce
solamente los párrafos que describen los carteles. Dado que los carteles de 1706 y de
1720 no son exactamente iguales, en esta edición se recogen todos ellos, los del
manuscrito de 1706, en el capítulo 3. ° y los de 1720, en su integridad, en el capítulo que
sigue a continuación.

[GE 19] CAPÍTULO 9.° (19)

De la estructura, de la uniformidad de las escuelas y de los muebles que se requieren

[GE 19,0,01] Las escuelas deben estar dispuestas de tal manera que los maestros y
los alumnos puedan cumplir con facilidad sus obligaciones. Los locales deben estar al
mismo nivel, así en la planta baja como en la alta. La puerta de entrada, en cuanto sea

223
posible, ha de estar dispuesta de tal modo que los alumnos no tengan que pasar por otras
clases para entrar en la suya.

[GE 19,0,02] Cuando las clases estén en un local que da a la calle o a un patio
común, hay que procurar que las ventanas queden al menos a siete pies del suelo, para
que los transeúntes no puedan ver el interior de la clase.

[GE 19,0,03] También hay que procurar que haya retretes para los niños, pues hay
muchos inconvenientes en que salgan a las calles.

[GE 19,0,04] Es necesario que las clases disfruten de buena luz y ventilación, y para
eso, que haya ventanas en los dos extremos de cada clase, si se puede, a causa del sudor;
que tengan al menos 18 o 20 pies en cuadro, o a lo más 25, pues las clases demasiado
largas o estrechas resultan incómodas.

[GE 19,0,05] Que las clases pequeñas y medianas tengan por lo menos de 15 a 18
pies de lado; y que la puerta de comunicación esté dispuesta de tal modo que se pueda
colocar el sitial del maestro pegado a la pared, frente por frente de dicha puerta.

[GE 19,0,06] Los bancos en las clases deben ser de diversas alturas, a saber: de 8, 10,
12, 14 y 16 pulgadas de altura, y de largos entre 12 y 15 pies; todo ello ensamblado. El
grosor de cada banco debe ser de alrededor de pulgada y media, y la anchura de seis
pulgadas; cada banco debe tener tres pies, y cada pie, dos montantes y un travesaño
abajo.

[GE 19,0,07] En las clases inferiores debe haber dos bancos de 8 pulgadas de altura,
para los alumnos más pequeños, 3 de 10 y 3 de 12 pulgadas para los medianos y para los
mayores, que podrán aumentarse o disminuirse según el número de alumnos.

[GE 19,0,08] En las clases de mayores debe haber cierto número de mesas, según la
cantidad de alumnos, para el ejercicio de la escritura: dos más altas para los alumnos
mayores, y las otras más bajas, para los menores y más pequeños; y bancos de la misma
longitud.

[GE 19,0,09] Las mesas más altas deben tener dos pies y tres pulgadas, por detrás, y
dos pies y una pulgada por delante, para que la mesa tenga inclinación; los bancos que
sirven para esas mesas deben tener 16 pulgadas de alto. Las mesas más bajas deben tener
dos pies de alto por detrás y un pie y diez pulgadas por delante; los bancos que sirven
para estas mesas deben tener 14 pulgadas de alto. Las mesas deben tener 15 pulgadas de
ancho, y al menos pulgada y media de grosor; de largo, serán de nueve, doce y quince

224
pies, en proporción a las dimensiones de la clase.

[GE 19,0,010] Cada mesa debe estar sostenida por tres caballetes o pies de mesa. El
lomo de cada caballete debe ser tan largo como la anchura de la mesa, de unas 3
pulgadas de grosor y 5 de anchura. Los 3 pies, que deben estar ensamblados con el lomo,
deben tener cada uno 2 pulgadas de lado, y el travesaño de abajo debe tener una abertura
de unas 15 pulgadas, para la solidez y buen asiento del caballete. Cada pie de mesa debe
estar asegurado con un tornillo grande, de cabeza cuadrada, encajado a ras de la mesa,
que atraviese de parte a parte, mesa y caballete, y asegurado por debajo con un tornillo.

[GE 19,0,011] Sobre las mesas, en la medida en que se pueda, habrá tinteros de
plomo, donde los alumnos puedan tomar tinta de dos en dos.

[GE 19,0,012] Con todo, si algún Hermano encuentra en el futuro otro modo de
construir las mesas de los escribientes más sólidas y sencillas, lo propondrá al Hermano
Superior del Instituto antes de mandarlas hacer.

[GE 19,0,1] Los dos carteles del Alfabeto y de las Sílabas, estarán compuestos de la
siguiente manera, y serán iguales en todas las casas de las Escuelas Cristianas:

MODELO DE CARTELES DEL ALFABETO

MODELO DEL CARTEL DE LAS SÍLABAS

225
[GE 19,0,2] Los carteles tendrán, al menos, dos pies y cuatro pulgadas de ancho y un
pie y ocho pulgadas de alto.

[GE 19,0,3] Las letras y sílabas estarán colocadas una sobre otra, tal como está
indicado arriba, en el modelo de los dos carteles.

[GE 19,0,4] El cartel del alfabeto estará dividido en dos tablas, la primera de letras
minúsculas y la segunda de letras mayúsculas, tal como queda indicado más arriba.

[GE 19,0,5] Cada cartel contendrá seis líneas y cada línea cinco letras; las letras
unidas y ligadas entre sí, puesto que vienen a ser como una; por ejemplo, &t, W, X, y así
las demás, que en cada línea ocupan solamente el lugar de una sola letra.

[GE 19,0,6] Las dos tablas de las letras minúsculas y mayúsculas estarán separadas
una de otra el espacio de unas tres pulgadas, de manera que haya tres pulgadas de
distancia entre la última letra de cada línea de la (primera parte y la primera letra de la)
segunda parte; que haya, por ejemplo, tres pulgadas de distancia ente la e minúscula, que
es la última letra de la primera línea de la primera tabla, y la A mayúscula que es la
primera letra de la primera línea de la segunda tabla, y así de las demás.

[GE 19,0,7] El primer miembro de cada letra en ambas tablas debe estar separado del
primer miembro de la letra siguiente al menos una pulgada y dos tercios de pulgada; y
las líneas deben estar separadas unas de otras al menos tres pulgadas.

[GE 19,0,8] El segundo cartel, que es el de las sílabas con dos y tres letras, debe
contener siete líneas, y cada línea siete sílabas; las tres primeras sílabas, con la quinta y
la sexta, deben ser sílabas de dos letras, y la cuarta y la séptima, sílabas de tres letras, tal
como está indicado en el modelo anterior.

[GE 19,0,9] Es preciso que haya al menos dos pulgadas y dos tercios de pulgada
entre cada sílaba, es decir, desde el final de la sílaba precedente hasta el comienzo de la
siguiente; y las líneas deben estar separadas unas de otras tres pulgadas.

226
[GE 19,0,10] El cartel de las cifras francesas y romanas tendrá tres pies y ocho
pulgadas de alto y siete pies de largo; estará dividido en dos paneles.

[GE 19,0,11] En el primer panel se pegará una hoja grande de papel en la que estén
impresas las cifras francesas y romanas; y en el otro, las vocales, las consonantes, las
puntuaciones y las abreviaturas.

MODELO DE NÚMEROS FRANCESES

[GE 19,0,12] En cada clase en que se escriban textos seguidos, habrá también un
tablero grande, de cinco pies de largo y tres pies de alto, que contenga dos paneles; en
los que pueda ponerse, en cada uno, dos operaciones de aritmética, exceptuada la
división y las operaciones que dependen de ella, para las que hay un panel completo.

MODELO DE NÚMEROS ROMANOS

227
[GE 19,0,13] Este tablero debe estar sujeto a la pared, en el lugar más cómodo; la
parte baja estará elevada del suelo alrededor de cinco pies, y la parte alta inclinada hacia
adelante.

[GE 19,0,14] Es necesario que los dos paneles de este tablero estén pintados al óleo
en negro, de forma que se puedan escribir en él operaciones con tiza.

[GE 19,0,15] El tablero debe estar hecho de esta forma:

[GE 19,0,16] Respecto a los sitiales para los maestros en cada clase, tendrán, desde
el asiento hasta el escalón, 20 pulgadas; los peldaños sobre los que se colocan los
sitiales, doce pulgadas de altura; y desde el asiento a lo alto del respaldo habrá 18
pulgadas, y estarán recubiertos de paja.

MODELO DE VOCALES Y CONSONANTES

228
[GE 19,0,17] Habrá un cofre o armario para colocar los cuadernos y los demás
utensilios de los maestros y de los alumnos.

[GE 19,0,18] También habrá en cada clase un crucifijo de papel, un cuadro de la

229
Santísima Virgen, otro de san José, del Ángel de la Guarda, y las cinco sentencias que se
indican en el artículo 5.° del capítulo 1.° de esta segunda parte. Todo ello pegado sobre
soportes o con marcos.

[GE 19,0,19] En fin, en cada clase de escribientes habrá una campanilla para tocar a
los ejercicios de la escuela.

[GE 19,1] LAS DOCE VIRTUDES DEL BUEN MAESTRO

[GE 19,1,1] Gravedad, silencio, humildad, prudencia, sabiduría, paciencia, mesura,


mansedumbre, celo, vigilancia, piedad y generosidad.

APROBACIÓN

Imprimatur si videb. Reverend. Pat. Inquisitori Pertuys, Vic. & Off. Gls.

Imprimat. E Petrus La Crampe, Inquisit. Gral.

230
Deberes del Inspector de las Escuelas

(20)

[GE 20,1] DEBERES DEL INSPECTOR DE LAS ESCUELAS

[GE 20,1,1] En todas las casas del Instituto habrá un Inspector de las Escuelas, que
tendrá autoridad sobre todas las escuelas dependientes de la misma casa. El Director será
este Inspector; si hubiere tres o cuatro escuelas dependientes de la casa de la que es
Director, se le podrá asignar un Hermano para que le ayude en la inspección de las
Escuelas, de las que él será, sin embargo, vigilante, de manera que el Hermano no haga
nada sino por orden suya, y le dé cuenta de todo cuanto haga y de todo lo que haya
ocurrido en las escuelas.

[GE 20,1,2] El Inspector de las Escuelas estará siempre en alguna de las escuelas
cuya dirección tiene, ya en una, ya en otra, pero no según su elección, sino según la
necesidad que haya de su presencia; una tras otra, siguiendo el orden que le haya
indicado el Superior del Instituto.

[GE 20,1,3] No se ausentará de ella sin evidente necesidad; y si es Director, dará


cuenta al Superior del Instituto del tiempo que no haya estado en ella, de la necesidad, y
de las razones que tuvo para ausentarse.

[GE 20,1,4] Permanecerá en la misma escuela desde el principio al fin, y velará


sobre todo lo que suceda en todas las clases. Tendrá cuidado de que las reglas y
costumbres de la escuela se observen exactamente, sin ningún cambio ni alteración.

[GE 20,1,5] El cargo de Inspector de las Escuelas consiste principalmente en tres


cosas: 1.a, en la vigilancia que debe tener de las clases, de los maestros y de los alumnos;
2.a, en distribuirlos en las clases y asignarles su lección; 3.a, en cambiarlos de lección
cuando estén capacitados para otra superior.

[GE 21] CAPÍTULO 1.° (21)

La vigilancia del Inspector de las Escuelas

[GE 21,1] ARTÍCULO 1.°

231
SOBRE LA VIGILANCIA QUE EL INSPECTOR DE LAS ESCUELAS HA DE
EJERCER EN LAS CLASES

[GE 21,1,1] El Inspector de las Escuelas cuidará y prestará atención a que haya una
benditera junto a la puerta de cada escuela, y que siempre haya suficiente agua bendita.

[GE 21,1,2] Que en todas las clases haya cuatro imágenes: un crucifijo, la imagen de
la Santísima Virgen, la de san José y otra de Jesús en la escuela; y que en todas las clases
estén todas las sentencias que sirven como señales.

[GE 21,1,3] Que en cada escuela haya suficientes rosarios, para los alumnos que no
saben leer.

[GE 21,1,4] Que haya un hisopo en cada escuela para tomar agua bendita al entrar y
al salir de la iglesia; que en cada clase haya un cesto para recoger el pan que se da para
los pobres durante el desayuno y la merienda.

[GE 21,1,5] Que haya libros de todas las lecciones, tantos como sean necesarios para
los pobres que no los pueden adquirir.

[GE 21,1,6] Que haya también papel para los escribientes pobres que no pueden
comprarlo; que haya todos los libros necesarios para cada maestro; y que no haya ningún
otro libro que los de la escuela, por ningún motivo, cualquiera que sea.

[GE 21,1,7] Que en cada clase de escritura haya un estante o un armario, si no hay
una alhacena, para colocar los cuadernos de los que escriben, los manuscritos y los libros
para los pobres; y que todos los libros estén bien colocados.

[GE 21,1,8] Que haya tinteros embutidos en los pupitres, entre dos escribientes, y
que todos estén tapados. Que haya una varita con una cuerda en su extremo por la que se
pueda pasar el brazo, que tomará cada alumno cuando vaya al servicio, y que no haya
más que una.

[GE 21,1,9] Que haya tantas escobas para barrer como clases, y que se las reemplace
cuando sea necesario; que en las escuelas que están fuera de la casa haya un cubo, una
regadera, un rastrillo y un cesto para quitar la basura. Que haya un registro por cada
banco, que haya solo un manojo de varas o un azote para todas las clases de la misma
escuela, y que un maestro esté encargado de ellos por orden del Hermano Director; y que
todo esté bien colocado, en orden y muy limpio.

[GE 21,1,10] Que todos los pupitres estén sanos y salvos, es decir, en buen estado, y

232
que se los repare cuando haya algo que hacer, por poco que sea. Que estén bien
colocados, siempre en el mismo lugar; que no se cambie ninguno sin conocimiento y sin
que lo mande el Hermano Director.

[GE 21,1,11] Que las clases estén limpias y no haya por el suelo papeles, trozos de
plumas, pepitas de frutas, ni ninguna otra cosa que pueda mancharlas o estropearlas. Que
todos los días se barran todas las clases, y que se las rocíe al barrerlas.

[GE 21,1,12 1 Que no haya barro ni inmundicias pegadas al suelo de las clases, y que
se raspen de vez en cuando; que los cristales estén siempre en buen estado.

[GE 21,2] ARTÍCULO 2.°

SOBRE LA VIGILANCIA QUE EL INSPECTOR DE LAS ESCUELAS DEBE


TENER DE LOS MAESTROS

[GE 21,2,1] El Inspector de las Escuelas velará, respecto de los maestros, para que
quienes tienen la escuela en la casa bajen a la clase inmediatamente después del rosario,
y no entren en ningún lugar de la casa, sin necesidad y sin permiso.

[GE 21,2,2] Que todos los maestros que van a las escuelas fuera de casa, al salir del
oratorio vayan directamente a la puerta, sin pararse en ningún sitio; que reciten el rosario
por el camino y que no se hablen.

[GE 21,2,3] Que vayan por las calles con suma modestia y que, con su exterior, sean
motivo de edificación para todo el mundo.

[GE 21,2,4] Que no se acerquen a nadie en las calles ni entren en ninguna casa, por
cualquier pretexto que sea; que si alguno se acerca a ellos en las calles, responda solo el
primero, en pocas palabras, a lo que le digan o pregunten, en caso de que pueda o deba
responder; si no, que se disculpe cortésmente.

[GE 21,2,5] Que todos comiencen la clase y los ejercicios de clase exactamente a la
hora indicada, sin perder un solo instante; que en todas las clases esté regulado el tiempo
que ha de durar cada lección en proporción con el número de alumnos.

[GE 21,2,6] Que una vez reglamentado el tiempo que ha de durar cada lección,
ningún maestro prolongue o acorte el tiempo que esté prescrito para cada una.

[GE 21,2,7] Que ningún maestro introduzca en su clase nada contra la regla y sin
orden del Director; que siempre estén sentados o de pie ante su sitial, y que no salgan de

233
su puesto sino por evidente necesidad; que velen siempre sobre los alumnos y los tengan
siempre a la vista.

[GE 21,2,8] Que durante el tiempo de las lecciones se esfuercen en lograr que los
alumnos lean pausadamente y con claridad, ni demasiado alto ni demasiado bajo, sin
tonillos incorrectos y según el orden y la norma de la lectura.

[GE 21,2,9] Que siempre utilicen la señal y no hablen nunca alto a los alumnos
durante el tiempo de las lecciones; que siempre sigan en su libro y sean exactos en
corregir durante todo el tiempo de las lecciones.

[GE 21,2,10] Que durante la clase no lean en ningún libro que no sea de clase, y en
el lugar de la lección; que hagan leer a todos los alumnos, sin dejar a ninguno; que les
hagan leer más o menos la misma extensión a unos y a otros.

[GE 21,2, 111 Que los maestros de escritura tengan mucho cuidado para conseguir
que los alumnos que escriben mantengan debidamente la pluma y el cuerpo, y para
corregirles las faltas que cometen en la escritura; en una palabra, que observen todo lo
indicado en la regla de la escritura.

[GE 21,2,12] Que hagan escribir a los alumnos en letra redondilla o bastardilla según
su capacidad, su edad, el oficio que puedan seguir y el tiempo que puedan asistir a la
escuela; que se apliquen por igual, e incluso con más afecto, a instruir a los pobres que a
los ricos, que no descuiden a nadie ni muestren preferencia por ninguno.

[GE 21,2,13] Que no tengan afecto particular a ningún alumno; que no les hablen
nunca en particular, sino en pocas palabras, por motivo de ausencia pasada o que vaya a
tener lugar; que nunca los mande sentar cerca de sí; que cuiden de que los nuevos
admitidos aprendan las oraciones; que hagan exactamente lo que tienen que hacer.

[GE 21,2,14] Que ningún maestro escriba en clase, excepto los maestros de escritura,
y solo para corregir; que ningún Hermano hable con otro en la escuela, sino a quien
ocupa el puesto de Inspector; y si hubiere alguna cosa o alguna opinión que dar relativa
al bien de la escuela, que la exponga al Director.

[GE 21,2,15] Que dé el catecismo a la hora y sobre la lección de la semana; que no


exponga en los catecismos nada que no haya leído en libros debidamente aprobados y
autorizados, y que nunca decida nada, como pecado mortal o venial. Que nunca reciba
nada de los alumnos, y si retiran alguna cosa a los alumnos, por juguetear con ella o por
cualquier otra razón, que se la devuelvan al final de la clase; y si creen que no es de

234
utilidad o que es perjudicial para los alumnos, que se la den al Hermano Director. Que
nunca den nada a ningún alumno sino como premio, pero no por amistad o simpatía.

[GE 21,2,16] Que no se familiaricen ni entablen amistad con nadie, por ninguna
razón; que nadie vaya a verlos a la escuela y que no hablen a nadie, sino a los padres de
los alumnos cuando vuelvan para llevarlos, en ausencia del Hermano Director; y que
siempre les hablen con mucha cortesía y en pocas palabras. Que no permitan entrar en la
escuela a nadie, excepto al señor cura de la parroquia en que está la escuela, o a alguna
otra persona que tenga permiso del Director para ver las clases y el modo de llevarlas.
Que los maestros no salgan de su sitio sino por necesidades comunes y ordinarias; que
no se dejen llevar de la impaciencia al reprender o castigar a los alumnos; que los
castigos de vara sean raros, y que los de palmeta no sean demasiado frecuentes, y que no
sobrepasen la regla.

[GE 21,2,17] Que no castiguen durante el catecismo y las oraciones; que los
maestros nuevos y jóvenes no castiguen con varas sin haberlo propuesto al Inspector o a
quien ocupa su puesto, y que no se sirvan de la palmeta con excesiva frecuencia.

[GE 21,2,18] Que los maestros impongan penitencias con seriedad, y que no
impongan sino las que están prescritas; que los maestros procuren que sus alumnos oigan
todos los días la santa Misa, con piedad y modestia; que los maestros no tengan ningún
libro durante la santa Misa, sino que toda su ocupación consista en vigilar a los alumnos.
Que los que dan clase fuera regresen a casa en cuanto se acabe la clase, sin demorarse en
la escuela ni en ningún otro sitio fuera de la casa, sino que vayan de inmediato a la sala
de ejercicios sin retrasarse.

[GE 21,2,19] Que los maestros, al volver de la escuela, informen sobre las personas
que hayan ido, tanto a la escuela como a la puerta de la escuela, y de los asuntos por los
que hayan ido, de lo que hayan hecho y dicho, del Hermano a quienes ellas hayan
hablado y de lo que le hayan dicho.

[GE 21,2,20] El punto principal sobre el que vigilará y tendrá sumo cuidado es
impedir que los maestros peguen a los alumnos con el pie, con la mano o con el puntero;
que no hablen alto, sino rara vez y por importante necesidad, fuera del tiempo del
catecismo, del examen y de las reflexiones [en el texto dice recepciones]; que no salgan
de su sitio; que sigan en su libro leyendo lo que se lee, y que en todo momento no hagan
ninguna otra cosa distinta de su deber. Que corrijan la escritura en el tiempo y según el
orden indicados. Que no tengan a ningún alumno junto a ellos, y que ningún maestro
hable con otro, si no es al encargado de recibir las disculpas de los ausentes cuando
lleven alguno, o a quien esté encargado de hablar cuando sea necesario hacerlo; y que

235
incluso este solo hable de lo que es necesario en ambas ocasiones.

[GE 21,2,21] Que no reciban a nadie en la puerta de la escuela para hablar o a modo
de visita; que no vayan a hablar con nadie fuera de la escuela. Que no acepten nada sea
de los alumnos o de sus padres, o de cualquier otra persona, por ningún motivo y de
cualquier manera que sea; y que no retengan nada de los alumnos, aunque solo sea un
alfiler.

[GE 21,2,22] Todas esas faltas son muy importantes y de gran trascendencia, y no
hay que tolerarlas nunca en los maestros, ni siquiera una vez; nunca deben cometerlas,
cualesquiera que sean las razones que pudieran alegar para dispensarse de ello.

[GE 21,3] ARTÍCULO 3.°

DE LA VIGILANCIA QUE EL INSPECTOR DE LAS ESCUELAS DEBE TENER


SOBRE LOS ALUMNOS

[GE 21,3,1] Respecto de los alumnos, el Inspector de las Escuelas velará para que
lleguen antes de comenzar la clase y que no falten sin permiso y sin justa y evidente
necesidad; que sean modestos, comedidos y edificantes en las calles. Que no se
amontonen ni al ir a la escuela ni al volver de ella; que ninguno se detenga ni grite en las
calles; que no se queden en la calle ni ante la puerta de la escuela cuando esté abierta;
que no se peguen entre ellos ni con otros; que no se paren en las calles, ni siquiera para
orinar; que no hagan sus necesidades en la calle, ni al ir a la escuela ni al volver. Que
entren en la escuela con modestia y compostura; que permanezcan en ella en silencio;
que mantengan siempre su vista en el libro, que sigan la lección y que digan por lo bajo
lo que el lector dice en voz alta.

[GE 21,3,2] Que en cada turno lean todos; que todos escriban durante el tiempo de
escritura, ni demasiado deprisa ni con demasiada lentitud, y que tracen bien las letras.
Que no hablen a los maestros sin necesidad y que lo hagan en voz baja y en pocas
palabras; que no hablen con sus compañeros y que no vuelvan la vista de uno a otro lado.

[GE 21,3,3] Que sepan bien las oraciones y el catecismo, e incluso las respuestas de
la santa Misa, si son capaces de ello; que recen todos los días, mañana y tarde; que
tengan devoción a la Santísima Virgen y a san José; que sean modestos, que sean
piadosos y que en la iglesia recen de continuo.

[GE 21,3,4] Que si pasan delante de alguna iglesia al ir a la escuela, entren en una de
ellas para orar y venerar al Santísimo Sacramento. Que de vez en cuando vayan a

236
confesarse, e incluso a menudo, si es posible; que, con este fin, se pida a algún sacerdote
que se preste a confesarlos a menudo.

[GE 21,3,5] Que quienes ya comulgan, lo hagan al menos mensualmente, y que sean
asiduos a su parroquia, los domingos y fiestas, así como al catecismo. Que tengan sumo
respeto a su padre y a su madre, y que los ayuden con mucha humildad y respeto hacia
ellos.

[GE 21,3,6] Que saluden con respeto a las personas de bien, sobre todo a los
eclesiásticos, a los religiosos, a sus maestros y a las personas de autoridad.

[GE 21,3,7] Que ningún alumno vaya a los servicios sin llevar la varita, y que nunca
vayan dos o más a la vez; que los mantengan limpios y aseados. Que todos vayan con su
compañero al salir de la escuela, que no se separen, y que no se junten con otros, hasta
que hayan llegado a su casa.

[GE 21,3,8] Que no frecuenten malas compañías y, sobre todo, que eviten con sumo
cuidado la de las muchachas; que vayan, en cambio, con compañeros juiciosos,
comedidos, honestos y que puedan inducirlos al bien, tanto con sus ejemplos como con
sus palabras. Que todos los encargados de cada escuela y de cada clase cumplan con
exactitud su obligación.

[GE 21,3,9] La vigilancia que el Inspector de las Escuelas debe ejercer sobre todas
estas cosas no ha de impedir la que deben tener los maestros para observarlas y hacer
que se observen. Unos y otros deben aplicarse a mantener el orden en las escuelas, de
forma unánime y con la debida dependencia, por espíritu de regularidad y de exactitud a
lo que les está mandado y que Dios exige de ellos.

[GE 22] CAPÍTULO 2.° (22)

De la admisión de los alumnos

[GE 22,1] ARTÍCULO 1.°

DE QUIÉNES DEBEN ADMITIR A LOS ALUMNOS EN LA ESCUELA Y DEL


MODO DE HACERLO

[GE 22,1,1] Solo el Superior, o el Inspector de las Escuelas en su ausencia y por


orden suya, podrá admitir a los alumnos que se presenten para asistir a la escuela.

[GE 22,1,2] Los admitirá el primer día de clase de la semana; si solo hay en la ciudad

237
dos escuelas que dependan de la casa, el primer día de clase por la mañana admitirá a los
de una escuela, y por la tarde del mismo día a los alumnos para la otra escuela.

[GE 22,1,3] Si hay tres o cuatro, recibirá a los de la tercera el segundo día de clase,
por la mañana, y a los de la cuarta, el mismo día por la tarde.

[GE 22,1,4] Solo se admitirá a los alumnos el día de la semana, y a las horas
destinadas para recibirlos. A quienes se presenten otro día o en otro momento se les
remitirá a ese día y a ese momento, a menos que cuando se presenten se halle en la
escuela el Director.

[GE 22,1,5] Quienes no puedan presentarse en la escuela en el día y en el momento


destinados a la admisión de los alumnos, o que no les resulte fácil, podrán ir el domingo
a la casa, día en que el Director recibirá a todos aquellos que se presenten, para cualquier
escuela que sea.

[GE 22,1,6] Cuando el Superior admita en la casa a alumnos para otra escuela
distinta de aquella que está en la casa, les dará una pequeña nota para que sean acogidos
en dicha escuela; en ella debe figurar el nombre y apellido del alumno admitido, la fecha
del día de admisión, la lección en que se le ha de poner, el nombre de su padre y de su
madre, o de la persona con quien vive, el oficio, la calle y el emblema de la vivienda, de
esta forma:

[GE 22,1,7] Jean-Baptiste Gribouval: 6 años de edad; que vive con Pedro Gribouval,
su padre, cardador de lana, en la calle de la Couture, en un taller; ha sido admitido para
la escuela de Tillois, el 19] de octubre de 1706, para ponerlo en la primera línea del
primer cartel.

[GE 22,1,8] Francois Richard: 12 años, que vive con Simon Richard, su padre,
registrador, o con la viuda de Richard, su madre, revendedora, o en casa de Juan
Richard, su tío, escribano, en la calle de l'Oignon, en casa de un cirujano, 2.a habitación,
delantera o trasera, fue admitido a la escuela el 1 de mayo de 1706, para escribir en el
sexto orden de escritura redondilla.

[GE 22,2] ARTÍCULO 2.°

DE LOS PUNTOS SOBRE LOS CUALES HAY QUE INFORMARSE AL ADMITIR


A LOS ALUMNOS

[GE 22,2,1] El Hermano Director no admitirá en la escuela a niños que no sean


presentados por su padre o su madre, o la persona en cuya casa vive; o algún otro a quien

238
esté encomendado, y que tenga edad suficiente, y se tenga de él la seguridad que acude
de parte de ellos.

[GE 22,2,2] Al recibir a un alumno, el Director se informará, por medio de la


persona que lo presenta, del nombre y apellido del niño, el de su padre y el de su madre,
o de la persona a cuyo cargo se halle; su profesión y domicilio, calle, emblema y
parroquia; la edad del niño; si está confirmado y si ha hecho la primera comunión; si ha
ido ya a la escuela, a cuál, y por qué motivo salió de ella; si fue por alguna travesura o
por haber sido castigado; si ha estado ya en las Escuelas Cristianas, y por cuánto tiempo
estuvo; si fue despedido, lo que el Director sabrá por el registro, si está bien llevado.

[GE 22,2,3] Si es un muchacho mayorcito, sobre lo que quieren sus padres que sea,
si desean que aprenda un oficio y en cuánto tiempo; la capacidad que tiene para leer y
para escribir; hará que lea algunas letras, que deletree o lea en francés o en latín, para
ello le mandará leer en algún libro que no sea corriente, para que no lea de memoria;
cuáles son los buenos y malos hábitos o cualidades del muchacho; si tiene alguna
dolencia o enfermedad corporal, sobre todo si tiene escrófula, tiña grave o epilepsia, o
cualquier otra enfermedad que se pueda contagiar, en lo cual hay que poner sumo
cuidado. Si tuviera alguna enfermedad corporal, el Director se informará si esto podría
impedirle asistir a la escuela.

[GE 22,2,4] Igualmente, sobre cuánto tiempo hace que no se confiesa, si lo hace con
frecuencia; si va con muchachos indisciplinados; y a través del alumno mismo, se
informará si duerme solo o con otro, y con quién.

[GE 22,3] ARTÍCULO 3.°

DE LO QUE SE DEBE EXIGIR A LOS PADRES Y A LOS ALUMNOS AL


ADMITIRLOS

[GE 22,3,1] Cuando se admita a algún alumno en la escuela, se exigirá a los padres y
al alumno que tenga todos los libros necesarios, y un libro de oraciones, si sabe leer, o un
rosario, si no sabe leer, para rezar durante la santa Misa.

[GE 22,3,2] Que sea asiduo a la escuela y no falte nunca sin permiso; que sea exacto
en hallarse todos los días en la escuela, por la mañana a las siete y media, y por la tarde,
a la una.

[GE 22,3,3] Que no falte al catecismo ni a la Misa mayor los domingos y fiestas, sin
gran necesidad y sin permiso, de no ser así, sería despedido; que no desayune ni

239
meriende fuera de la escuela, para enseñarle a comer cristiana y educadamente.

[GE 22,3,4] Que no cuente nada de lo que suceda en la escuela, tanto respecto de
algún otro alumno como de lo que le afecte a él. Si cuenta alguna cosa en casa o en otros
sitios, será castigado severamente.

[GE 22,3,5] Que los padres no den oídos a las quejas que puedan llevarles sus hijos,
sea contra el maestro o contra su proceder; sino que cuando se quejen de algo, se tomen
la molestia de ir a hablar, sin que sus hijos estén presentes, con el maestro, que procurará
que queden satisfechos. Que los padres envíen a sus hijos tanto durante el invierno como
durante el verano.

[GE 22,3,6] Que el alumno lleve ropa limpia y que acuda a la escuela solo con
atuendo limpio, bien lavado, bien peinado y limpio de parásitos. Cada maestro tendrá
cuidado en esto con todos sus alumnos, sobre todo con los más desaseados; que nunca
vayan a la escuela con las piernas desnudas o solo con camisa, pues de lo contrario se los
castigará y se los mandará a casa.

[GE 22,3,7] Que durante el verano no vaya a bañarse, porque hay gran peligro en
ello para su pureza; que no patine ni arroje nie ve durante el invierno; que no vaya con
chicas ni con compañeros indisciplinados, aunque no fuera más que para jugar con ellos.

[GE 22,3,8] Que no duerma con su padre o con su madre, ni con ninguna de sus
hermanas, ni con ninguna persona del otro sexo; y si duerme con ellas, hay que instar a
los padres a que lo separen, y en caso necesario, decírselo al señor cura de la parroquia
en que está el domicilio, para que se lo mande.

[GE 22,3,9] Que los padres no den dinero a sus hijos, y que no permitan que lo
tengan, por poco que sea; esta es, de ordinario, una de las principales causas de que se
descarríen. Si el alumno estuvo en otra escuela, que los padres salden su cuenta con el
maestro con quien tuvieron a su hijo, si no le hubieran pagado totalmente.

[GE 22,4] ARTÍCULO 4.°

DE LOS QUE PUEDEN 0 NO PUEDEN SER ADMITIDOS

[GE 22,4,1] Hay cuatro clases de niños que pueden presentarse para ser admitidos en
nuestras escuelas: los que han estado en otras escuelas; los que nunca han ido a ninguna
escuela; los que ya vinieron a la escuela y la dejaron, sea para trabajar, sea para estar
ociosos, o para ir a otra escuela; y los que fueron expulsados de la escuela.

240
[GE 22,4,2] Sección 1.

De los que nunca fueron a ninguna escuela

No se admitirá a ningún alumno que no haya cumplido seis años, a menos que en
alguno la inteligencia o el desarrollo físico suplan la falta de edad. No se recibirá a niños
pequeños para asistir solamente durante el verano, o cuando el tiempo es suave, o para
llegar más tarde que los demás.

[GE 22,4,3] No se admitirá a ningún alumno que sea tan retrasado mental o tan torpe
que no pueda aprender nada, y que pueda estorbar a los demás y causar molestias en
clase.

[GE 22,4,4] No se admitirá, por ningún motivo, a nadie que padezca algún mal que
pueda contagiarse, como la escrófula, la tiña perniciosa o la epilepsia; si ocurre que
algún alumno que ya viene a la escuela cae en alguna de esas enfermedades, se lo hará
visitar por el médico de la casa, y si el mal es de esa naturaleza, se lo enviará a casa hasta
que esté curado, en caso de que el mal pueda curarse.

[GE 22,4,5] A los alumnos cuyos padres sean ricos, solo se les permitirá acudir el
primer día sin tener los libros que necesitan para su lección; y en caso de que escriban,
sin el papel, las plumas y la escribanía para escribir. Tampoco se admitirá a ningún
alumno que no pueda ser asiduo a la escuela, ya sea por enfermedad, o por cualquier otro
motivo; esta asiduidad consiste en no faltar a clase más de dos veces por semana, incluso
por motivos serios, y con permiso.

[GE 22,4,6] No se admitirá a ningún alumno que no quiera asistir al oficio de los
domingos y fiestas con el maestro y los alumnos, y al catecismo; y si alguno no asiste
asiduamente, será despedido.

[GE 22,4,7] No se admitirá a ningún alumno que acuda solo para dar su lección o
para escribir, y luego se vaya. Se podrá admitir a algún alumno que por su trabajo o
cualquier otro empleo tenga que llegar más tarde, con tal que sea a una hora regulada.
No se admitirá a ninguno que no asista al catecismo y a las oraciones.

[GE 22,4,8] No se podrá admitir a ningún alumno que haya de llegar más tarde que
los demás, si no es por razón de su trabajo; se procurará que aquellos a quienes se haya
concedido permiso para llegar más tarde que los demás por la mañana, asistan a la santa
Misa con todos.

[GE 22,4,9] Se podrá admitir a algún alumno que asista a la escuela solo por la tarde,

241
pero no se podrá admitir a ninguno para asistir solo por la mañana; no se podrá admitir a
ningún alumno para quien se solicite que se le dispense de vez en cuando de la escuela
para guardar la casa o a los niños.

[GE 22,4,10] Se podrá admitir en la escuela a alumnos que trabajen en algún oficio
que no estorbe, como el tejido u otro semejante. No se admitirá a ningún alumno que no
proceda en todo como los demás.

[GE 22,4,11] Sección 2.°

De los que estuvieron en otras escuelas

No se admitirá a alumnos que hayan estado en otras escuelas sin que se sepa por qué
motivo las dejaron.

[GE 22,4,12] Si se advierte que los alumnos dejaron la escuela a la que iban por
excesiva propensión al cambio, se explicará a los padres que eso perjudica mucho a los
niños; que deben resolverse a no cambiarlos más, y que si en lo sucesivo dejan la
escuela, no se les admitirá de nuevo. Si el motivo por el que dejan esa escuela es por
haber sido castigados, hay que manifestar a los padres que no deben dar oídos a las
quejas que sus hijos les presentan contra el maestro, pues si no cometieran faltas no se
les castigaría, y que es preciso que deseen sinceramente que se les castigue cuando las
cometan; de lo contrario, no deben enviarlos a la escuela. Si el alumno deja la escuela
porque no le enseñaban adecuadamente, o por algún otro motivo en el que
aparentemente sea el maestro quien se ha equivocado, se evitará con mucho cuidado
censurar al maestro, antes bien se lo excusará en la medida que sea posible.

[GE 22,4,13] En el caso de que al alumno le hubieran enseñado mal, por ejemplo si
se le enseñó a escribir antes de saber leer, o a leer antes de saber deletrear, o incluso
antes de conocer todas las letras, el Inspector hará notar a los padres estos defectos y los
remedios que hay que poner, como es, por ejemplo, enseñarle las letras, o a deletrear, o
solo a leer antes de escribir, según los defectos en que se haya incurrido al enseñarle, y
les dará a entender, con mucha prudencia, la importancia de ese método, sin el cual el
alumno nunca podrá aprender nada, aun cuando acudiera diez años a la escuela.

[GE 22,4,14] Nunca se admitirá a ningún alumno de estos, si los padres no están de
acuerdo con lo que se les ha propuesto. Si no quieren o no pueden comprender la razón
de ello, se les pedirá, en último extremo, tres meses de prueba, y se les explicará que el
fundamento de la lectura es conocer perfectamente las letras y saber deletrear y leer las
sílabas claramente, sin lo cual resulta imposible saber nunca algo de lectura, si no es de

242
memoria.

[GE 22,4,15] Sección 3.°

De quienes ya vinieron a la escuela y la dejaron voluntariamente

Los que ya han venido a nuestras escuelas y las han dejado voluntariamente, o por la
excesiva ligereza y credulidad de sus padres, y se presentan para ser admitidos, solo lo
serán con sumas precauciones.

[GE 22,4,16] Se examinará con sumo cuidado la causa de su salida, y no se les


admitirá de buenas a primeras. Se hará de rogar durante un tiempo, sin rechazar, sin
embargo, a los padres, pero solo para que estimen el favor que se les va a hacer; y se les
dirá que si su hijo estaba bien en nuestras escuelas, no hubieran debido sacarlo.

[GE 22,4,17] Solo se admitirá dos veces a los alumnos que hayan dejado nuestras
escuelas para ir a otras; solo una vez después que la hayan dejado; y cuando se admita a
este tipo de alumnos, por segunda vez, se les hará saber que es la última que se los
admite, y que si la dejan de nuevo, ya no se los volverá a admitir.

[GE 22,4,18] Sección 4.°

De los que fueron expulsados de la escuela

Si se presenta para ser admitido en la escuela alguno que, habiendo ya asistido a ella,
haya habido que expulsarlo, se examinará en el registro cuál fue la causa; y después de
explicar a los padres los importantes motivos que hubo para expulsar de la escuela a este
alumno, y dejar que sigan pidiendo durante algún tiempo, se lo admitirá, siempre que
haya esperanzas de enmienda, y con la condición de expulsarlo de nuevo y no admitirlo
más, si no cambia de conducta.

[GE 22,4,19] Si hubiera pocas esperanzas de que se corrija, que es lo más frecuente,
no se lo admitirá sino después de haberlo sometido seriamente a prueba; yen caso de que
no se corrija, se lo expulsará.

[GE 23] CAPÍTULO 3.° (23)

De la distribución de los alumnos y de la organización de las lecciones

[GE 23,1] ARTÍCULO 1.°

DE LA DISTRIBUCIÓN DE LOS ALUMNOS EN LAS CLASES Y EN LOS

243
PUESTOS QUE LES CONVIENEN

[GE 23,1,1] El Inspector, una vez admitido el alumno y examinada su capacidad,


como se ha dicho en el capítulo anterior, le asignará la clase, la lección y el lugar en que
deba estar.

[GE 23,1,2] Al colocar a un alumno recién admitido, procurará ponerlo junto a


alguno que le pueda enseñar a seguir con facilidad, y que no se dedique a hablar con él.
En cada clase habrá lugar asignado para los alumnos de las diversas lecciones, de manera
que todos los de la misma lección estén colocados en el mismo lugar, siempre fijo, a
menos que esa lección se traslade a otra clase.

[GE 23,1,3] Los alumnos de las lecciones superiores se colocarán en los bancos más
próximos a la pared, y a continuación los otros, según el orden de lecciones, avanzando
hacia el centro de la clase.

[GE 23,1,4] El Inspector de las Escuelas tendrá cuidado de que las mesas de los que
escriben estén colocadas de tal manera que puedan escribir cuando el día es claro y
luminoso; en cuanto a los alumnos que leen en los carteles, estarán colocados según se
indica en el artículo de la lectura de los carteles.

[GE 23,1,5] Cada alumno en particular tendrá señalado un sitio, y ninguno lo dejará
ni cambiará el suyo, sino por orden o con el consentimiento del Inspector de las
Escuelas.

[GE 23,1,6] Tendrá cuidado de que los alumnos estén [colocados] con orden y
prudencia, de modo que aquellos cuyos padres son descuidados, y tienen parásitos, estén
separados de quienes son limpios y no los tienen; que un alumno inquieto y atolondrado
esté entre dos que sean juiciosos y tranquilos; uno indisciplinado, solo o entre dos de
reconocido buen comportamiento; un charlatán, entre dos que sean silenciosos y muy
atentos; y así de los demás.

[GE 23,1,7] El Inspector tendrá cuidado de distribuir a los alumnos en las clases, de
asignarles su puesto y de establecer el orden en las clases, a medida que vuelven los
alumnos a la escuela después de las vacaciones; en cada clase, incluso, pondrá el número
de alumnos que convenga.

[GE 23,1,8] Los alumnos estarán distribuidos en las clases, no tanto en consideración
a la lección en que están, de manera que todos los alumnos de la misma lección estén en
la misma clase, sino más bien teniendo en cuenta el número de alumnos en cada clase, de

244
modo que no se sobrepase cierto número de alumnos por clase. Cuando en una clase
haya demasiados alumnos, en comparación con la otra o las otras, si hay varias, el
Inspector trasladará una parte a la clase superior o a la inferior. Con todo, debe procurar
que los alumnos de una misma lección no estén en clases diferentes, a menos que no
pueda, en absoluto, hacer de otro modo.

[GE 23,1,9] El número de alumnos en cada clase será en torno a los cincuenta o
sesenta. En las escuelas donde haya más de dos clases, el número de alumnos podrá ser
mayor en la intermedia que en la inferior y en la superior.

[GE 23,1,10] En las clases en que solo hay alumnos que escriben, o en aquella en
que solo se lee en los carteles o en el silabario, el número de alumnos no debe sobrepasar
los cincuenta, y eso a lo sumo.

[GE 23,1,11] Cuando el Inspector cambie de lección a los alumnos de una escuela, se
fijará si alguna de las clases está sobrecargada de alumnos en comparación con la otra, o
con las otras, si hay más de dos. Hará una nueva distribución de los alumnos en las
clases de esa escuela, si fuere necesario; o, si no es el Director, en caso de que el
Director lo considere conveniente.

[GE 23,2] ARTÍCULO 2.°

DE LA DISTRIBUCIÓN EN DIVERSOS ÓRDENES DE LOS ALUMNOS QUE


APRENDEN A LEER

[GE 23,2,1] El Inspector de las Escuelas dividirá a los alumnos de las diversas
lecciones en tres órdenes, excepto a los que leen en los carteles. El primer orden será el
de los principiantes, el segundo el de los medianos, y el tercero el de los aventajados o
sobresalientes en esa lección.

[GE 23,2,2] A los principiantes no se les llama así porque acaben de principiar en esa
lección, pues algunos podrían quedar mucho tiempo en ese orden de la lección, ya que
no sabrían lo suficiente para ponerlos en otro orden superior. El Inspector pondrá, pues,
en el orden de los principiantes de cada lección a aquellos que aún cometen muchas
faltas.

[GE 23,2,3] En el orden de los medianos de cada lección solo pondrá a aquellos que
cometen pocas faltas al leer, es decir, una o dos, cada vez, a lo sumo.

[GE 23,2,4] En el orden de los aventajados o sobresalientes de cada lección solo


pondrá a los que leen bien y que de ordinario no cometen ninguna falta. Con todo, a los

245
lectores de la Urbanidad, solo los distribuirá en dos órdenes: en el primero pondrá a los
que cometen faltas al leer, y en el segundo a los que no cometen ninguna.

[GE 23,2,5] A los que leen manuscritos los distribuirá en seis órdenes, según se
distingan los manuscritos unos de otros, y procurará que los manuscritos de un orden
superior sean más difíciles de leer que los del orden inferior precedente, tal como queda
indi cado en el artículo 9.° del capítulo de las lecciones, en la primera parte.

[GE 23,2,6] El Inspector cuidará de asignar a cada orden de lección un lugar fijo y
determinado en la clase, de modo que los alumnos de un orden de la lección no se
confundan ni mezclen con los de otro orden de la misma lección; los principiantes, por
ejemplo, con los medianos; sino que se puedan distinguir fácilmente unos de otros por el
lugar que ocupan.

[GE 23,2,7] Con todo, a los que aprenden a escribir los colocará en los bancos, no
por el orden en que están, sino por la estatura; los que son, más o menos, de la misma
talla, en el mismo banco.

[GE 23,2,8] También procurará colocarlos de tal modo que ponga, en la medida de lo
posible, a uno que comienza en un orden de escritura junto a otro que se perfecciona, o
junto a uno que esté en el orden siguiente o inmediatamente superior; a un alumno que
tenga dificultad para realizar el movimiento de la mano, junto a otro que haga el
movimiento con facilidad; a uno que tenga dificultad para mantener bien el cuerpo y la
pluma, junto a otro que mantenga bien uno y otra; y así de los demás, para que se puedan
formar con su ejemplo.

[GE 23,3] ARTÍCULO 3.°

DE LA DISTRIBUCIÓN DE LOS ALUMNOS QUE APRENDEN A ESCRIBIR


REDONDILLA, EN DIVERSOS ÓRDENES

[GE 23,3,1] El Inspector de las Escuelas dividirá a los que escriben en ocho órdenes
distintos, distinguidos por las diferentes cosas que se les enseñan.

[GE 23,3,2] En el primer orden de los que escriben pondrá a los que acaban de
comenzar, y procurará que los de este orden se apliquen a mantener bien el cuerpo y la
pluma, y a realizar bien los dos movimientos, recto y circular.

[GE 23,3,3] En el segundo orden pondrá solo a los que mantienen bien el cuerpo y la
pluma, y que han adquirido facilidad para hacer esos dos movimientos; y procurará que
los de este orden aprendan a trazar estas cinco letras: c, o, i, f, m, y que escriban una

246
página con cada una de esas cinco letras, enlazadas una a otra, hasta que las tracen con la
forma que deben tener; y que escriban esas cinco letras en grandes caracteres de
contabilidad.

[GE 23,3,4] En el tercer orden solo pondrá a aquellos que no solo mantienen bien el
cuerpo y la pluma, sino que también dominan el orden de las letras c, o, i, f, m. Procurará
que los de este orden se apliquen a formar correctamente y a unir debidamente las letras
que deben estarlo.

[GE 23,3,5] Procurará también que escriban una página de cada letra del alfabeto,
una tras otra; que enlacen las letras que deben estar enlazadas, y que no enlacen las que
no deben estarlo; y velará para que hagan de este modo una página de cada letra hasta
que sepan formarlas bien y unirlas limpiamente, tal como deben estarlo; que estén bien
colocadas; y que luego aprendan a formar las tres letras o, i, f, y las que se derivan de
ellas; sin dejar de hacer, sin embargo, una página de cada letra.

[GE 23,3,6] En el 4.° orden de escribientes solo pondrá a aquellos que forman bien
todas las letras, sin exceptuar ninguna; que hacen las uniones nítidas, tal como deben
serlo, y que conocen las letras que se derivan de o, i, f, y de qué forma se derivan.
Procurará que los de este orden se apliquen a dar a las letras la situación e igualdad que
deben tener en la misma línea; que eleven el trazo superior por encima del cuerpo de
escritura, y que hagan descender los rasgos que bajan tanto como deben subir o bajar; y
procurará que los de este orden escriban una línea de cada letra del alfabeto, toda unida,
una tras otra, y que estén todas ligadas.

[GE 23,3,7] En el 5.° orden no pondrá más que aquellos que además de formar y unir
bien y adecuadamente todas las letras, escriben las líneas derechas, colocan bien las
letras, forman el cuerpo de las letras con la misma altura, y dan a los rasgos ascendentes
o descendentes la longitud que deben tener según la norma. Cuidará de que los de este
orden se esmeren en dar a sus letras elegancia y firmeza, y que las tracen con resolución
y soltura, que coloquen las letras a la distancia, y las líneas con la separa ción que debe
haber entre una y otra; y que siempre escriban el alfabeto de seguido y completo en cada
línea, a menos que haya algunas letras que no sepan trazar perfectamente; en tal caso, se
les mandará hacer algunas líneas de ellas en el reverso de la hoja, todos los días, al
comenzar la escritura, hasta que sepan formar bien todas.

[GE 23,3,8] En el 6.° orden no pondrá sino a aquellos que den a todas las letras la
forma que les conviene, que hagan el cuerpo de las letras de igual altura, y los rasgos
ascendentes y descendentes con la longitud que les corresponde, según la norma; que
escriban las líneas aproximadas o alejadas una de otra tanto como deben estarlo; aquellos

247
cuya escritura tenga elegancia y firmeza, y que ya escriban con resolución y soltura.

[GE 23,3,9] Procurará que los de los órdenes citados escriban cada día el alfabeto
completo y seguido en el dorso de la hoja, al comenzar la escritura; una página cada vez
de los textos escritos con grandes caracteres de contabilidad; una línea de su modelo
cada día durante dos semanas; y el modelo completo, y de seguido, las dos semanas
siguientes.

[GE 23,3,10] En el 7.° orden de escritura no pondrá más que a aquellos que sepan
escribir textos escritos en grandes caracteres de contabilidad, como queda indicado
anteriormente. Velará para que los de este orden escriban letra de contabilidad por la
mañana, y por la tarde letra comercial; que escriban su modelo todo seguido, y que sigan
escribiendo el alfabeto en el dorso de su hoja.

[GE 23,3,11] En el 8.° orden no pondrá sino a aquellos que sepan escribir textos
trazados con letra comercial, tal como queda indicado antes; cuidará que los de este
orden escriban por la mañana con letra comercial, y por la tarde, con letra de acta
pausada; y que en vez de escribir el alfabeto al comienzo de la escritura, escriban letra de
acta rápida, en la mitad del dorso de su hoja; que por la mañana copien de algún buen
libro, y que por la tarde copien documentos manuscritos; y que después de estar tres
meses en este orden, dos veces por semana, los días en que se enseña escritura y
ortografía, escriban por propia iniciativa, con letra corrida, bien legible y correcta
ortografía, cartas, contratos, recibos, alqui leres y contratos de trabajo, y cualquier otra
cosa que les pueda ser útil para el futuro. Procurará también que los maestros corrijan
perfectamente las faltas que hayan cometido, tanto en la redacción como en la escritura,
en la ortografía y en la puntuación.

[GE 23,4] ARTÍCULO 4.°

DE LA DISTRIBUCIÓN DE LOS ALUMNOS QUE APRENDEN A ESCRIBIR EN


BASTARDILLA, Y LOS QUE APRENDEN ARITMÉTICA, EN LOS
DIFERENTES ÓRDENES

[GE 23,4,1] El Inspector de las Escuelas procurará que ningún alumno escriba en
letra bastardilla si no ha escrito en redondilla en el orden 2.° y 3.°, y si no estuviera en
situación de ser cambiado del 3er orden y ser puesto en el 4.0, a menos que se den los
motivos indicados en el artículo 1.° del capítulo 4.° de la primera parte, sobre la
escritura.

[GE 23,4,2] Por tanto, de ordinario, un alumno no comenzará a escribir en letra

248
bastardilla mientras no llegue al 4.° orden de escritura en letra redondilla; y, desde luego,
si el Inspector y el maestro consideran adecuado que escriba en letra bastardilla, harán
que deje la letra redondilla. Dividirá a los que escriben en letra bastardilla en cinco
órdenes, después que hayan comenzado a escribir en letra redondilla.

[GE 23,4,3] El Inspector de las Escuelas no pondrá a ningún alumno en el ler orden
de escritura bastardilla sino por los motivos indicados en el capítulo 4.° de la primera
parte: 1.° Que haya escrito ya en el 3er orden de escritura en letra redondilla y que la
sepa formar suficientemente bien; 2.° Que sus padres lo deseen; 3.° Que incline
demasiado las letras y que no se consiga hacerle perder el hábito; 4.° Que ya haya
pasado por todos los órdenes de escritura redondilla, cuando se quiere que aprenda las
dos.

[GE 23,4,4] Procurará que a estos se les enseñe la diferencia que hay entre el tipo de
letra bastardilla y el de la redondilla, y el modo de formar las letras bastardillas y de
inclinarlas, así como la colocación que deben tener; y que escriba un renglón de cada
letra, ligadas, una tras otra.

[GE 23,4,5] No pondrá en el 2.° orden sino a aquellos que sepan formar bien todas
las letras, sin ninguna excepción, y darles la inclinación y la forma convenientes.
Procurará que los de este orden se esmeren en dar a las letras la misma altura, y en
separar las letras y las líneas tanto como deben estarlo según la norma; y que se ejercite,
incluso, en dar elegancia a sus letras y a pasar con destreza de una a otra; y que escriban
el alfabeto completo y seguido en la misma línea.

[GE 23,4,6] En el 3er orden no pondrá más que a aquellos que den a las letras la
debida forma, colocación, inclinación, igualdad, altura y distancia entre letras y entre
líneas, elegancia, destreza y soltura. Procurará que los de este orden escriban textos
hechos con caracteres medianos; y los del 5.°, por la mañana, textos hechos en caracteres
medianos, y por la tarde, en caracteres pequeños.

[GE 23,4,7] En estos tres órdenes de escritura en letra bastardilla, el Inspector


observará y hará que se observen las mismas cosas que en los órdenes 6.° 7.' y 8.' de
escritura en letra redondilla.

[GE 23,4,8] Si ocurre que algún alumno, por los motivos indicados en el artículo
primero del capítulo de la escritura, aprende a escribir letra bastardilla sin haber
comenzado a escribir con letra redondilla, y que no dispone más que de un año, esto es,
once meses, para aprenderla, el Inspector le señalará y distribuirá el tiempo que esté en
cada orden, de la manera siguiente.

249
[GE 23,4,9] Le pondrá un mes en el ler orden, para enseñarle a mantener
debidamente el cuerpo y la pluma y a hacer con facilidad los dos movimientos, recto y
circular. Luego le hará aprender el alfabeto durante seis meses, los dos primeros meses,
una página de cada letra, sin ligar; los meses siguientes, una línea de cada letra, ligadas;
y los dos últimos meses, el alfabeto completo y seguido, en cada línea. Durante los
cuatro últimos meses, hará que escriba textos hechos con caracteres medianos, y el
alfabeto, al comenzar la escritura, como queda dicho en el artículo precedente relativo a
los que escriben en letra redondilla.

[GE 23,4,10] Si un alumno solo dispone de seis meses para aprender a escribir en
bastardilla, el Inspector le indicará y distribuirá su tiempo de la siguiente manera: hará
que escriba el alfabeto durante tres meses, los dos primeros meses, una línea de cada
letra, ligadas; y el tercer mes, el alfabeto completo y seguido en cada línea. Los otros tres
meses hará que escriba textos hechos con caracteres medianos, y el alfabeto al comienzo
de la escritura.

[GE 23,4,11] El Inspector de las Escuelas distribuirá el tiempo de la forma antes


expuesta, para los alumnos que dispongan de poco tiempo para aprender a escribir, en
proporción al tiempo que puedan dedicar a ello; y los cambiará por necesidad al cabo del
tiempo señalado, tanto si saben lo que se necesita para ser cambiados, como si no lo
saben.

[GE 23,4,12] El Inspector de las Escuelas dividirá en cinco órdenes a los alumnos
que aprenden aritmética. En el primer orden pondrá a los que solo son capaces de
aprender a sumar; en el segundo, pondrá a los que ya saben sumar bien; aprenderán a
restar, la prueba de la suma por sustracción, y la prueba de la sustracción mediante la
suma. En el tercer orden no pondrá sino a los que sepan debidamente la suma y la resta,
con la prueba de una y otra, y puedan aprender la multiplicación. En el 4.° orden pondrá
a los que sepan la multiplicación perfectamente, y aprenderán la división. En el 5.° orden
pondrá a los que realizan ya con facilidad todo tipo de divisiones, y pueden aprender la
regla de tres, las proporciones y los quebrados.

[GE 23,5] ARTÍCULO 5.°

DEL MODO DE REGULAR EL TIEMPO QUE DEBE DURAR CADA LECCIÓN

[GE 23,5,1] Como el número de alumnos no es siempre el mismo en cada lección,


sino que cambia cuando se cambia de lección a los alumnos, o cuando llegan nuevos, o
cuando se marchan, el tiempo que debe emplear cada maestro en hacer leer a los
alumnos de la misma lección no se puede reglamentar, ni puede ser siempre el mismo.

250
Es obligación del Director o del Inspector de las Escuela regular el tiempo que deben
emplear en leer los alumnos de cada lección en todas las clases.

[GE 23,5,2] Para cada lección el tiempo debe regularse en proporción al tiempo que
el maestro debe emplear en hacer leer, al número de alumnos que haya en cada lección, a
la facilidad o dificultad que los alumnos tengan para leer en cada lección, y al número
aproximado de líneas que cada alumno debe leer en ella.

[GE 23,5,3] El Director o Inspector regulará el tiempo que ha de durar cada lección
de acuerdo con la distribución que se da a continuación, en proporción al mayor o menor
número de alumnos que haya en cada lección, respecto a los que hay en la distribución
siguiente:

[GE 23,5,4] En media hora, doce alumnos pueden leer fácilmente, cada uno tres
veces, la línea en el cartel del alfabeto; diez alumnos pueden leer fácilmente tres líneas
cada uno en el cartel de las sílabas, en media hora; ocho alumnos fácilmente pueden
deletrear tres líneas cada uno en el [silabario, segundo libro] en media hora; diez
alumnos pueden fácilmente deletrear y luego leer tres líneas cada uno en el segundo
libro, en media hora.

[GE 23,5,5] Si todos los alumnos mencionados, que suman cuarenta, estuvieran en la
misma clase, parece que se podría conseguir que leyeran todos en el tiempo de clase de
la tarde; y como por la mañana hay media hora menos de tiempo que por la tarde, el
maestro hará leer a los alumnos por la mañana, en cada lección, medio cuarto de hora
menos de lo que está indicado que deben leer.

[GE 23,5,6] De la distribución hecha antes se sigue que, si en lugar de doce alumnos
hay dieciocho en el cartel del alfabeto, deberán tener tres cuartos de hora para leer; y si
hay quince, tendrán media hora y medio cuarto de hora; y si solo hubiera nueve, no se
les dará más que un cuarto de hora y medio para leer. Se les aumentará o disminuirá el
tiempo de lectura en proporción a que haya más o menos alumnos que leen; y lo mismo
se hará en proporción con todas las demás lecciones, ya sea que se tengan en la misma
clase o en clases diferentes.

[GE 23,5,7] Doce alumnos que lean en el 3er libro, en media hora fácilmente pueden
leer, cada uno de los principiantes, ocho líneas, y cada uno de los adelantados, de doce a
quince. Los alumnos que lean en el salterio fácilmente pueden leer seis líneas cada uno
de los que leen por sílabas, y los que leen por frases, diez lineas en un [¿cuarto de hora?].

[GE 23,5,8] Los alumnos que leen en la Urbanidad, fácilmente pueden leer, en un

251
cuarto de hora, ocho líneas cada uno de los del primer y segundo orden, y diez líneas
cada uno de los otros dos órdenes, en documento o pergamino de anchura normal.

[GE 23,5,9] Así, si en una clase en que se escribe hay cincuenta alumnos que asisten
habitualmente: doce o trece que leen solo en el 3er libro, doce o trece que leen también
en el latín, y veinte o veinticinco que escriben, de los que diez leen manuscritos, tendrán
un cuarto de hora por la tarde para leer en manuscritos, y luego una hora para leer en
francés; después, los que leen en latín, leerán durante un cuarto de hora; todos los que no
leen más que en el 3er libro, leerán solo en el latín durante tres cuartos de hora, y luego,
los que leen en la Urbanidad, leerán en ella durante un cuarto de hora; los que solo leen
en francés, desde las ocho y tres cuartos hasta las nueve; y como el maestro tendrá la
mitad de alumnos que escriben, corregirá su escritura durante ese tiempo. Si todos los
alumnos escriben, leerán por la mañana tres cuartos de hora en el latín, y un cuarto de
hora en la Urbanidad; y por la tarde, media hora en los contratos manuscritos, y luego
una hora en el francés.

[GE 23,5,10] El Director o Inspector de las Escuelas procurará que a los maestros no
les sobre tiempo después de haber hecho leer a todos los alumnos, y que cada alumno lea
aproximadamente, cada vez, como los demás, más o menos. Por lo cual, si en cada clase
hay menos alumnos de los que se necesitan para llenar todo el tiempo que debe
emplearse en leer, leyendo cada alumno aproximadamente el número de líneas que debe
leer según la norma, el Inspector de las Escuelas velará para que el maestro haga leer a
cada alumno tantas líneas, más o menos, como sea necesario para ocupar todo el tiempo
destinado a la lectura en esa clase; ya que no debe desaprovecharse el tiempo en ninguna
clase, o emplearlo de modo diferente a lo prescrito. Si ocurre, igualmente, que por
necesidad se vea obligado a poner en una clase mayor número de alumnos, para hacerlos
leer a todos en el tiempo que debe emplearse en leer, si cada alumno lee
aproximadamente el número de líneas que está regulado, el Director o Inspector de las
Escuelas procurará que los alumnos de cada lección lean menos líneas cada uno de lo
que está indicado que deben leerse en la lección, en proporción con lo que aumente el
número de alumnos, para que todos los alumnos puedan leer sin que en esa clase se
dedique más tiempo del destinado para ello.

[GE 24] CAPÍTULO 4.° (24)

Del cambio de los alumnos de una lección a otra

[GE 24,0,1] Una de las cosas de mayor importancia en una escuela es cambiar a los
alumnos de lección de forma adecuada, y el Inspector de las Escuelas pondrá en ello
sumo cuidado. A este fin, los cambios de lección se harán según norma y con orden; y

252
para realizarlo: primero, cada maestro preparará para ello a sus alumnos, tal como está
indicado en la primera parte; segundo, el Inspector hará esos cambios y tomará
determinadas precauciones para realizarlo bien; tercero, procurará que los alumnos
tengan las condiciones y cualidades necesarias para ser cambiados; y cuarto, los cambios
se harán en tiempo y forma regulados.

[GE 24,1] ARTÍCULO 1.°

DE LO QUE DEBE HACER EL INSPECTOR ANTES DE EFECTUAR LOS


CAMBIOS DE LECCIÓN

[GE 24,1,1] El Inspector de las Escuelas avisará a los maestros, hacia el final de cada
mes, del día en que habrán de examinar a los alumnos que puedan ser cambiados; luego
concertará con ellos quiénes no podrán ser cambiados, ya por incapacidad, o por
ausencia, o por falta de piedad o de buen comportamiento, o a causa de su pereza y
negligencia, o por ser demasiado pequeños, o, en fin, para ayudar con su estímulo a los
de la misma lección y a que se desarrolle en buen orden.

[GE 24,1,2] Sin embargo, el Inspector cuidará mucho de no dejar a un alumno en la


misma lección o en el mismo orden de lección cuando sea capaz de ser cambiado, sin
que el alumno no quede muy satisfecho con ello; y esto procurará conseguirlo con
mucha habilidad, de acuerdo con los maestros, sea con recompensas, o encomendándole
algún oficio; a menos que deje a ese alumno por motivo de ausencia, de negligencia y
pereza, o por alguna falta importante, lo cual tomará como pretexto cuando se presente la
ocasión.

[GE 24,1,3] El Inspector, si es el Director, indicará luego a los maestros el día en que
prepararán la memoria, para que se la puedan entregar antes del cambio de lección; y si
no es el Director, solicitará al Director que lo indique; y cuando reciba las memorias de
los maestros, les pedirá las aclaraciones y explicaciones que necesite para no equivocarse
en el cambio.

[GE 24,1,4] Después, el Inspector avisará a los alumnos de todas las escuelas del día
en que cambiará de lección en cada escuela, para que todos puedan estar presentes en la
escuela; y advertirá que, quienes no se encuentren en ella cuando se haga el cambio, no
serán cambiados hasta el final del mes siguiente.

[GE 24,1,5] En el cambio de lecciones, el Inspector no tendrá preferencia por


ninguno, ni atenderá a ninguna recomendación, ni cambiará a ningún alumno de lección
o de orden si no tiene la capacidad y todas las condiciones que se expresan en el artículo
siguiente. Procurará también, con gran cuidado, que los maestros no le presenten

253
alumnos para cambiarlos de lección o de orden de lección, si no están suficientemente
capacitados. El cambio de lección lo hará en todas las escuelas y clases siempre en el
mismo orden, comenzando siempre por el mismo orden y por la misma clase, y
acabando también siempre por la misma. En cada escuela comenzará por la inferior y
terminará por la superior; y en cada clase, también comenzará por la lección inferior y
por el orden de los principiantes en las lecciones.

[GE 24,2] ARTÍCULO 2.°

DE LAS CUALIDADES Y CONDICIONES QUE HAN DE TENER LOS ALUMNOS


PARA SER CAMBIADOS DE LECCIÓN

[GE 24,2,11 Es de suma importancia no pasar nunca a un alumno a una lección para
la que no está preparado todavía, pues de lo contrario se le pondría en situación de no
poder aprender nunca nada, yen peligro de permanecer toda la vida en la ignorancia. Por
eso no se debe tener en cuenta la edad, ni la estatura, ni el tiempo que un alumno lleva en
una lección, cuando se les quiere pasar a otra más avanzada, sino solo su capacidad; así,
por ejemplo, antes de hacer que un alumno lea por pausas, es preciso que sepa deletrear
perfectamente y leer por sílabas.

[GE 24,2,2] En cuanto a los pequeños que sean muy despiertos y tengan memoria, no
siempre hay que cambiarlos aunque sean capaces, pues de otro modo no asistirían a la
escuela el tiempo suficiente; esto sería lo deseable y lo que habrá que intentar en la
medida que se pueda, evitando, con todo, descontentar a los padres. Sin embargo, hay
que evitar los dos extremos: no es conveniente mantener demasiado tiempo a un alumno
en una lección, para evitar que se aburran él y sus padres; ni tampoco es oportuno
adelantar demasiado a los que son demasiado pequeños o demasiado jóvenes, o que no
están capacitados, por los motivos que ya se han expuesto. Las condiciones y cualidades
que necesita tener un alumno para ser cambiado de una lección a otra son las siguientes:

[GE 24,2,3] Quienes hayan faltado al buen comportamiento y a la piedad, o que


hayan sido negligentes y perezosos en estudiar y atender, no serán cambiados sino con
mucha dificultad, y se les examinará con mucho mayor rigor y exactitud que a los
demás; y si al mes siguiente vuelven a incurrir en la misma falta, tampoco se les
cambiará en la siguiente ocasión, por mucha capacidad que tengan.

[GE 24,2,4] A quienes hayan faltado, con permiso, durante el mes, cinco días
completos, es decir, diez veces a clase, no se les cambiará de lección al final de mes, aun
en el caso de que estuvieran capacitados.

254
[GE 24,2,5] A quienes hayan faltado, sin permiso, dos días completos, es decir
cuatro veces a clase, durante un mes, no se les cambiará de lección ni de orden de
lección. A los que hayan llegado seis veces tarde durante el mes, no se les cambiará.

[GE 24,2,6] No se cambiará de una lección a otra a ningún alumno que no haya
pasado por los tres órdenes, de principiantes, medianos y adelantados. Tampoco se
cambiará de lección a ningún alumno, ni de orden de lección, si no ha permanecido en
ellos todo el tiempo indicado.

[GE 24,2,7] No se cambiará a los alumnos del cartel del alfabeto mientras no hayan
leído al menos durante dos meses, es decir, que hayan leído cada línea al menos durante
una semana, y el resto de los dos meses todo el alfabeto completo. No se les cambiará
del cartel de las sílabas mientras no hayan leído al menos durante un mes.

[GE 24,2,8] Los que leen en el silabario no serán cambiados hasta que no hayan
leído en él, por lo menos, durante cinco meses; dos meses en cada uno de los dos
primeros órdenes, y un mes en el tercero.

[GE 24,2,9] Los que deletrean en el primer libro no serán cambiados hasta que no
hayan leído al menos tres meses, un mes en cada orden de esa lección.

[GE 24,2,10] Los que deletrean y leen en el segundo libro no serán cambiados hasta
que hayan leído otro tanto de tiempo. Los que solo leen sin deletrear en el segundo libro,
no serán cambiados hasta que hayan leído otro tanto de tiempo.

[GE 24,2,11] Los que leen en el 3er libro, estarán en él al menos seis meses: dos
meses en cada orden, antes de poder ser cambiados de lección; los que leen en latín, no
pasarán a leer por pausas hasta que no hayan leído por sílabas durante dos meses, al
menos; y no serán cambiados si no han leído por pausas al menos durante cuatro meses:
dos meses en el orden de medianos y dos meses en el de los avanzados.

[GE 24,2,12] Los que leen en la Urbanidad no serán cambiados del primero al
segundo orden si no han leído al menos durante dos meses, y luego se quedarán en el
segundo orden todo el tiempo que sigan viniendo a la escuela. Los que leen en
manuscritos no serán cambiados del primero al segundo orden mientras no hayan leído
al menos durante tres meses; esto mismo se observará también en el cambio de los
cuatro órdenes siguientes. Cuando lleguen al último orden, permanecerán en él todo el
tiempo que sigan en la escuela.

[GE 24,2,13] Los alumnos no serán cambiados del primer orden de escritura, en el

255
que se aprende a mantener bien el cuerpo y la pluma, y a hacer los dos movimientos,
recto y circular, si no han estado un mes, por lo menos, en esa lección. Los del segundo
orden de escribientes, que escriben las cinco letras: c, o, i, f, m, no serán cambiados hasta
que no hayan escrito al menos durante tres meses.

[GE 24,2,14] Los que están en el orden 3.° y en el 4.°, que escriben el alfabeto
ligado, una página o una línea de cada letra, no serán cambiados hasta que no hayan
escrito durante seis meses, al menos, una página de cada letra durante cuatro meses, y
luego una línea de cada letra durante dos meses.

[GE 24,2,15] Los que escriben el alfabeto ligado y entero en cada línea, no serán
cambiados si no han escrito durante tres meses. Los que escriben líneas con grandes
caracteres de contabilidad, no serán cambiados hasta que no hayan escrito al menos
durante tres meses.

[GE 24,2,16] Los del orden 7.°, que escriben con letra comercial, no serán
cambiados, para escribir la de actas y en letra corrida, si no han escrito en ese 6.° orden
al menos durante seis meses.

[GE 24,2,17] Los del 1 er y 2.° orden de aritmética, que aprenden la suma y la resta,
no serán cambiados hasta que no hayan terminado una y otra, al menos durante dos
meses.

[GE 24,2,18] Los del 3er orden, a los que se enseña la multiplicación, no serán
cambiados si no lo han practicado al menos durante tres meses. Los del 4.° orden, que
hacen las operaciones de la división, no serán cambiados para la regla de tres, si no se
han ejercitado en la división simple al menos durante cuatro meses.

[GE 24,3] ARTÍCULO 3.°

DE LA CAPACIDAD QUE DEBEN TENER LOS ALUMNOS PARA SER


CAMBIADOS DE LECCIÓN EN LA LECTURA

[GE 24,3,1] Los alumnos que aprendan el alfabeto, para ser cambiados de línea,
deben conocer tan bien todas las letras, que puedan pronunciarlas todas inmediatamente,
y sin vacilación alguna, en cuanto les sean señaladas, sin orden y salteadas; y no se les
pondrá en el cartel de las sílabas si antes no son capaces de nombrar todas las letras del
alfabeto, tal como estén, con rapidez y sin dudar.

[GE 24,3,2] A los que lean en el cartel del las sílabas no se les pondrá en el silabario
más que si deletrean, perfectamente y de corrido, todas las sílabas que hay en ese cartel.

256
Respecto de los que deletrean y leen, tanto en el silabario como en los otros libros,
cualesquiera que sean, no podrán ser cambiados del primero al segundo orden de los que
deletrean o leen en ese libro, sino cuando cometan muy pocas faltas, es decir, una o dos.

[GE 24,3,3] Los que estén en el segundo orden de los que deletrean o leen en cada
libro, no serán puestos en el 3er orden sino cuando no cometan, de ordinario, ninguna
falta al leer en él; y cuando las faltas que cometen (si las hacen), además de ser muy
raras, las cometan por sorpresa, pero no por ignorancia.

[GE 24,3,4] A los que estén en el 3er orden de los que deletrean o leen en cualquier
libro que sea, no se les cambiará ni se les pondrá en otra lección si no leen perfectamente
en aquella; y si, por ejemplo, deletrean, para cambiarlos de lección es preciso que
deletreen perfectamente, sin tener que buscar o adivinar las sílabas; del mismo modo, si
leen por sílabas, es preciso que no hagan sonar dos sílabas como una sola, y que lleven
unos quince días o tres semanas habituados a pronunciar, con soltura y claridad, todas las
sílabas, y que no encuentren en ello dificultad alguna para disponerse a comenzar a leer
por pausas.

[GE 24,3,5] Los que leen por pausas, para ser cambiados del ler al 2.° orden, es
preciso que no cometan ya ninguna falta en la puntuación, es decir, que hagan las pausas
donde se debe, que no las hagan donde no hay que hacerlas, y que hagan cada una lo
larga que debe ser. Y para dejar el 3er orden y ser puesto en el latín, es preciso que lean
perfecta y claramente y con sentido, y que sepan pronunciar muy bien.

[GE 24,3,6] Respecto de los alumnos que leen en latín, para pasar del 1er al 2.°
orden, es preciso que distingan y lean bien las sílabas, sin cometer, de ordinario, ninguna
falta, y para ser cambiados del 2.° al 3er orden, es preciso que sepan leer por pausas, sin
cometer de ordinario ninguna falta, ni en las palabras, ni en las pausas; y para ser
cambiados de esta lección y ponerlos en la escritura, es preciso que lean perfectamente y
de corrido.

[GE 24,3,7] Los que leen en la Urbanidad, para ser puestos en el segundo orden, no
deben cometer, de ordinario, ninguna falta. Los que leen en los manuscritos no podrán
ser cambiados de una lección a otra más que cuando lean de corrido los manuscritos en
los que leen, es decir, sin titubear y sin cometer, de ordinario, ninguna falta.

[GE 24,4] ARTÍCULO 4.°

DE LA CAPACIDAD QUE DEBEN TENER LOS ALUMNOS PARA PODER


CAMBIARLOS DE LECCIÓN EN LA ESCRITURA

257
[GE 24,4,1] Sección 1.°

De la capacidad que deben tener los alumnos para poder cambiarlos del primer al
segundo orden de escritura, y del segundo al tercero

Los que comienzan a escribir y aprenden a mantener bien el cuerpo y la pluma y a


realizar los dos movimientos, recto y circular, no serán cambiados hasta que no
mantengan bien su cuerpo y la pluma, y que ejecuten esos dos movimientos con
facilidad. Para este fin, el Inspector de las Escuelas les exigirá, y cuidará al mismo
tiempo, que mantengan bien el cuerpo y la pluma. Los que comienzan a formar las letras
y cuya lección son las cinco letras: c, o, i, f, m, no serán cambiados hasta que no den a
esas letras la forma que han de tener.

[GE 24,4,2] Con este objeto, el Inspector de las Escuelas examinará sus hojas, para
ver si las letras tienen por lo general su forma, y si no muestran los defectos que se
expresan a continuación.

[GE 24,4,3] Que la o no quede vuelta hacia la izquierda o recostada hacia la derecha,
que no tenga trazos demasiado finos o gruesos, que no sea demasiado ancha o estrecha,
demasiado redonda o demasiado aplastada, demasiado larga o demasiado corta; que no
quede deforme; que los finos no queden en los lados y los gruesos abajo, sino los
gruesos en los lados y los finos arriba y abajo; que no quede puntiaguda por arriba o por
abajo, que se incline a la izquierda un pico de pluma, y que esté completamente cerrada
por arriba y no abierta.

[GE 24,4,4] Que la i no se incline a la derecha ni a la izquierda; que su trazo sea


recto y que sea fina arriba; que no esté trazada al revés, sino subiendo, y luego bajando,
de izquierda a derecha; que lo fino tenga de largo dos picos de pluma; que la base no
quede aplastada, sino redondeada; que no sea demasiado grande, sino de la longitud del
pico de la pluma; que la unión tenga una amplitud de dos picos de pluma y que no suba,
como si tratara de unir la i con otra letra is; que no sea puntiaguda ni demasiado gruesa,
sino que tenga la anchura de un pico de pluma.

[GE 24,4,5] Que la f no se incline demasiado a la derecha ni demasiado a la


izquierda, sino que se incline a la izquierda un pico de pluma; que la cabeza no sea
plana, sino redondeada, y no sea más ancha de cuatro picos de pluma; que comience con
un trazo grueso cuadrado y no con un rizo abultado; que el grueso penetre hacia el
interior, y afecte al cuerpo de la f, en el interior, al lado derecho del cuerpo de la letra y
que no tire recto al dirigirse a la izquierda; que la anchura sea de cuerpo y medio, es
decir, seis picos de pluma, y la altura de tres picos de pluma; que haya dos finos en la f,

258
uno en la parte alta y otro en la baja, al volver a la izquierda de la f; que el trazo
transversal no sea ascendente ni descendente, que no corte la f ni esté hecho con el
grueso de la pluma, sino que sea fino y tenga de largo dos picos de pluma.

[GE 24,4,6] Respecto de la m, que los tres pies no se inclinen uno a derecha y otro a
izquierda, sino todos rectos y paralelos; que uno no descienda y otro suba, sino que estén
trazados con igual altura y sobre la misma base, que los finos no salgan de la mitad del
pie ni tampoco entren en la mitad del pie siguiente, sino que salgan del pie y suban de
inmediato a la cabeza; que los finos no estén hechos redondeando de derecha a
izquierda, ni serpenteando, ni tampoco en línea cóncava, sino en línea un poco convexa;
que los perfiles no sean demasiado gruesos, sino finos; y que las bases no sean
ganchudas, como esta.

[GE 24,4,7] Sección 2. a

De la capacidad que han de tener los alumnos para ser cambiados del 3. er al 4. ° orden

Para ser cambiados del 3er orden de escritura, en la que se hace una página de cada
letra del alfabeto, ligada, al 4.°, que es el de los que hacen una línea de cada letra, ligada
una tras otra, será preciso que los que escriben sepan dar a todas las letras del alfabeto la
verdadera forma, y que enlacen una letra con otra de la forma en que se debe hacer; que
la primera parte de la a, que es lo redondo, no sea demasiado ancha, que tenga la misma
forma que la o; que la primera parte se superponga con el grueso de la o, comenzando
por un fino, como si se fuera a hacer la e, o la c; que la parte alta y la baja de la 2.a parte
estén separadas un pico de pluma, tanto arriba como abajo del extremo de la 2.a parte;
que esta 2.a parte de la a no suba más arriba ni descienda más abajo de la 1.a parte.

[GE 24,4,8] Que el trazo superior de la b sea como el de la f, que sea recto,
redondeando abajo, como para hacer una o, subiendo con un reverso de pluma, como
para tocar lo recto de la b, de modo que quede un pico y medio de pluma entre lo recto y
el reverso de la b; que en el centro haya tres picos de pluma entre la cabeza y la parte
baja; que la redondez de abajo no sea demasiado ancha ni demasiado picuda, ni que suba
totalmente recta, sino que se vaya curvando de derecha a izquierda.

[GE 24,4,9] Que la cabeza de la c sea como la de laf, que el fino sea igual, y que se
trace hacia la izquierda, redondeando, y no totalmente recto, acabando con un enlace
fino.

[GE 24,4,10] Que la parte baja de la d sea como una o, con la misma altura y
anchura; y que su brazo suba por encima otro tanto que su parte redondeada, es decir, la

259
altura de una o, y no totalmente recta, sino redondeando de izquierda a derecha.

[GE 24,4,11] Que la e sea como la c, excepto en la cabeza; que su capucha sea como
la primera parte de una r rota, comenzando con fino y acabando con fino; que esté
redonda y no recta, inclinada a izquierda un pico de pluma, y no tumbada hacia la
derecha.

[GE 24,4,12] Que la f sea como se ha dicho en el artículo anterior.

[GE 24,4,13] Que la primera parte de la g esté formada como la o; que la segunda
parte sea la cola. Es preciso que al hacer la segunda parte de la g, para unirla a la
primera, el ancho de la primera se superponga al ancho de la 2.a; y que la 2.a parte
comience por arriba a un cuarto del cuerpo de la letra; y que su punta salga al exterior la
mitad de un pico de pluma.

[GE 24,4,14] Que la primera parte de la h sea como la 1, excepto la parte baja, que
debe ser trazada toda recta, sin gancho y sin unión, acabando con un ancho cuadrado;
que la 2.a parte comience en la mitad de la 1.a; que el fino comience en la cuarta parte,
yendo de abajo hacia arriba, y que se haga redondeando, como para hacer lap; que no sea
demasiado plana, y que el vientre no avance más que la cabeza; que la extremidad de la
cola caiga enfrente de la primera parte, y que descienda bajo el cuerpo de la letra cuatro
picos de pluma.

[GE 24,4,15] Que la i esté hecha como se dijo en el artículo anterior.

[GE 24,4,16] Que la l sea como la primera parte de la h, excepto que debe estar
redondeada abajo; que la curva sea de la anchura de un pico de pluma, con un enlace de
espera; que su curvatura no sea demasiado ancha, ni demasiado echada a la derecha, ni
demasiado aplastada.

[GE 24,4,17] Que la m esté formada como se dijo en el artículo anterior.

[GE 24,4,18] Que la n inicial esté formada como la m, con la diferencia de que la n
tiene dos pies, y la m, tres; que la primera parte de la n final esté formada como una i,
excepto que el pico debe terminar en un grueso, cuadrado, sin enlace; y que la 2.a parte
se inicie hacia la mitad de la i, y se termine como la 2.a parte de la h, siendo en la n de
igual altura que la primera parte.

[GE 24,4,19] Que la o esté formada como se dijo en el artículo anterior.

[GE 24,4,20] Que la cabeza de lap comience con un reverso de pluma descendente,

260
inclinando hacia el lado izquierdo y redondeando la cola, como la cola de la f, que la
cabeza no sea demasiado plana, que comience en fino, yendo de derecha a izquierda y
volviendo de izquierda a derecha; que la 2.a parte comience entrando en la primera al
filo de la línea, en la parte baja del cuerpo de la letra o; que no comience con trazo fino,
sino con uno grueso, superpuesto al grueso de la cola, y que termine con un grueso frente
a la cabeza; que sea de igual altura que la cabeza, ni más alta ni más baja, y que entre la
parte alta de la primera y de la segunda parte haya una abertura de pico y medio de
pluma, como máximo; que la cola no se incline demasiado a la izquierda; que tampoco
sea demasiado corta, que de ordinario no sobrepase la cabeza cuando esta es demasiado
ancha, y que tenga cuerpo y medio de anchura, tanto si la cabeza es ancha como si es
estrecha.

[GE 24,4,21] Que la primera parte de la q esté formada como una o, y que la 2.a
comience con una pequeña punta; que su grueso quede superpuesto al grueso de la o,
como la segunda parte de la g; que descienda por debajo del cuerpo de la letra cuerpo y
medio; que la cola sea recta y un poco inclinada al trazar el extremo; que en la parte baja
no haya gancho.

[GE 24,4,22] Que la r redondilla sea como la parte baja de la b, y no tenga ni más ni
menos abertura por arriba; que el enlace sea como el de la parte superior de la i; que la
cabeza de la r quebrada comience con fino, entrando de izquierda a derecha y haciendo
en el extremo de ese fino el bucle de una e, sin soltar la pluma, y que pase por detrás de
la segunda un pico de pluma; que la segunda parte comience como la segunda parte de la
c, y entre en el segun do fino de su cabeza, redondeando a izquierda y terminando con un
enlace de espera, como se hace en la c.

[GE 24,4,23] Que la cabeza de la s inicial sea como la cabeza de lafs; que su cuerpo
se incline un poco a la derecha, y su segunda parte redondeada volviendo a la izquierda;
que su altura sea de dos cuerpos de escritura, y la cola como la de la f, y que la cabeza
avance hacia adelante dos picos de pluma; que no se incline a la derecha, ni demasiado a
la izquierda; que su vientre no salga hacia adelante frente a la cabeza; que tampoco se
incline como la f; que la s intercalada comience con un fino que suba de izquierda a
derecha y su vientre esté trazado hacia la derecha; que su cola vaya hacia la izquierda
redondeando; que no sea más ancha que una o, y que solo sobrepase el cuerpo de
escritura un pico de pluma.

[GE 24,4,24] Que las dos partes de la s final estén formadas como una e, y que arriba
tenga, entre las dos partes, la caperuza de una a; que la primera parte descienda más
abajo medio pico de pluma que la segunda; que la segunda parte suba un pico de pluma;

261
que en la primera, el capuchón quede entre las dos partes, y que su fino penetre en el fino
de la segunda parte un punto de pluma por encima de lo alto, y que suba tan alto como la
primera parte.

[GE 24,4,25] Que la t inicial y la intermedia tengan el trazo recto, sin el fino por
arriba, y que por abajo tenga un enlace como el de la i; que la flecha sea como la de la f,
medio cuerpo por debajo de lo alto, e inmediatamente encima de la altura del cuerpo de
las letras o t: de manera que la t tenga la altura de dos picos de pluma más que las otras
letras; que la t final esté formada como una j, excepto que en lo bajo se debe hacer un
pequeño trazo recto, en fino.

[GE 24,4,26] Que la u esté formada como dos i unidas, separadas una de otra como
los dos pies de la n, es decir, dos picos de pluma; que el enlace que une los dos pies vaya
desde la parte baja del primer pie al tercio del segundo; que la u inicial esté formada
como una r quebrada, excepto que se debe añadir el reverso de una o; y que tenga cinco
picos de pluma de ancho y cuatro de alto.

[GE 24,4,27] Que lax esté formada como con dos c, una a derecha y otra a izquierda,
salvo que la cabeza de la que está invertida debe estar abajo, y que los dos gruesos estén
sobrepuestos uno en otro, y aparezcan como un solo grueso; que no se entrecrucen una
con la otra, y que una de las partes no sobrepase a la otra, tanto por arriba como por
abajo.

[GE 24,4,28] Que la parte de la y sea como una curva, que comience con un fino que
suba de izquierda a derecha, continúe grueso, firme, que baje de izquierda a derecha, y
que termine a la derecha en redondo; que baje también en grueso cuadrado, más o menos
como la cola de una d minúscula; que solo tenga dos alturas, pero que la primera parte de
la y baje un poco más por la izquierda, aproximadamente dos picos de pluma; que la
segunda parte comience con fino, como la cola de la j, un poco más inclinada y más fina,
y que comience entrando en el medio de la primera parte; que se junte por abajo, y que
las dos partes unidas tengan juntas, hasta la cola, un cuerpo de escritura, y la anchura de
una m; que la y no quede demasiado derecha y que el cuerpo tenga la anchura de una o;
que la segunda parte no suba por arriba ni descienda por abajo más que la primera; que
quede un claro entre las dos partes en medio de los dos picos de pluma; que la línea
trazada de arriba abajo del cuerpo no sea demasiado recta, que la cola no avance más de
dos picos de pluma por debajo de la cabeza; que no sea más corta que un cuerpo y medio
de escritura por debajo del cuerpo de la letra o, v, y.

[GE 24,4,29] Que la z inicial comience como una r quebrada, trazando en seguida
una breve línea de alto a bajo y de derecha a izquierda, que termine con una cola de la

262
anchura de una m en forma de o no cerrada; que la z del medio y la final comience por
una e al revés, no acabada, a la altura de dos picos de pluma, y que termine como una s
intermedia; que no haya ningún defecto de los indicados para la s intermedia; que la
caperuza no sea demasiado larga ni separada de la primera parte, y no quede cerrada; que
las dos partes no queden separadas una de otra y que solo haya un pico de pluma entre
los gruesos, tanto por arriba como por abajo.

[GE 24,4,30] Respecto de los enlaces, el Inspector no cambiará a los de este 3er
orden si no los hacen netos y muy finos, que normalmente no sean demasiado gruesos,
pero que se noten suficientemente.

[GE 24,4,31] También tendrá cuidado de que estén bien colocados, que todos vayan
desde el pie a la cabeza, excepto para io, para las de la e, que a causa de su caperuza se
une de cabeza a cabeza con todo tipo de letras, y las de la o, que solo se enlaza
impropiamente, y que se traza siempre de los dos tercios a la letra que sigue, de modo
que el enlace toca solo el comienzo de la letra, como lo haría un enlace de espera, que
apenas toca la o ligeramente.

[GE 24,4,32] El Inspector tampoco cambiará a los de este orden hasta que no sepan
las letras que derivan de la o y de la f, de qué modo derivan, y las puedan formar ellos
mismos.

[GE 24,4,33] Sección 3."

De la capacidad que deben tener los alumnos para ser cambiados del 4. ° orden de
escritura y de los siguientes

Los que están en el 4.' orden de escritura, que hacen una línea de cada letra ligada
una con otra, no serán cambiados hasta que sepan dar a las letras la colocación y la
igualdad que les conviene; así, para ser cambiados, convendrá que en el tipo de
redondilla den a las letras cuatro picos de pluma en cuadro.

[GE 24,4,34] Que las colas de las letras g, p, q, y, tengan cuerpo y medio, es decir,
seis picos de pluma, por debajo del cuerpo de letra; que las colas de la f, h, s grande y z,
tengan solo un cuerpo por debajo de las letras.

[GE 24,4,35] Que las cabezas de la b, f, h, 1, y de las grande, tengan solo un cuerpo
por encima del cuerpo de letra.

[GE 24,4,36] Que la cabeza de la t inicial y de la intercalada, solo tengan un pico de


pluma por encima.

263
[GE 24,4,37] Que todos los cuerpos de letra estén sobre la misma línea, y que los
renglones estén derechos; y que ninguna letra, fuera de las que tienen colas, sobrepasen a
las otras por encima o por debajo.

[GE 24,4,38] Que las letras no queden atravesadas, ni tumbadas a la derecha, sino
derechas; que el cuerpo de todas las letras sea de la misma altura y grosor.

[GE 24,4,39] Los que están en el 5.° orden de escritura, que se ejercitan en los
diferentes tipos de letras, y que hacen como si hubiera una palabra en cada renglón, no se
les cambiará al 6.0 orden, para escribir en textos seguidos, hasta que no separen las letras
unas de otras tanto como deben estarlo, y no más; y por tanto que entre el cuerpo de las
letras haya pico y medio de pluma de distancia, excepto entre la quebrada y la que le
precede.

[GE 24,4,40] Que entre un pie y una curvatura haya igualmente pico y medio de
pluma, excepto para e, c, o, y, en las que solo debe haber un pico de pluma de distancia.

[GE 24,4,41] Que las palabras estén separadas unas de otras la anchura de una m, es
decir, ocho picos de pluma; que las líneas estén separadas entre sí cuatro cuerpos de
escritura.

[GE 24,4,42] Tampoco serán cambiados los de este orden hasta que se note en su
letra seguridad, elegancia y soltura. Para ello, el Inspector, para pasarlos al 6.° orden, les
exigirá que en las letras los pies estén derechos, que no se inclinen ni a derecha ni a
izquierda; que las o no estén aplastadas ni rotas, ni gibosas, ni picudas por abajo o por
arriba; que ninguna letra parezca descuidada, temblorosa ni amontonada. Que muestren
que hacen las letras con decisión y soltura; que tengan elegancia y gracia, y que pasen
con facilidad de una letra a la otra.

[GE 24,4,43] A los que están en el 6.° orden de escritura y escriben textos seguidos
en caracteres grandes de contabilidad, no se les cambiará a que escriban en caracteres
comerciales sino cuando los formen con la misma facilidad, elegancia y soltura que la
que se indica que han de tener para ser cambiados los del orden anterior, al escribir el
alfabeto. Es preciso que cumplan las mismas condiciones que las expresadas para el
orden anterior.

[GE 24,4,44] Los del orden siguiente serán cambiados, según criterio del Inspector,
cuando escriban con facilidad: los del 7.° orden, en carácter comercial, y los del 8.', en
letra de acta pausada.

264
[GE 24,4,45] Sección 4.'

De la capacidad que deben tener los alumnos que escriben en letra bastardilla para ser
cambiados

Respecto de los que escriben en letra bastardilla, después de haber escrito en letra
redondilla, los del primer orden, es decir, los que aprenden a formar las letras en
bastardilla, no serán cambiados hasta que no les den la forma que les corresponde; las
inclinen a la izquierda tanto como deben estarlo, ni más ni menos, es decir, tres picos de
pluma; que les den la colocación adecuada, de manera que el cuerpo de todas las letras
esté sobre la misma línea y que todos los renglones estén derechos. Por ejemplo: Ustedes
no saben lo que hemos mandado.

[GE 24,4,46] Hasta que no den al cuerpo de las letras la altura y la anchura que les
corresponde, que consiste en siete picos de pluma de alto [m...] y cinco de ancho [m]; no
hagan bien los enlaces, que deben estar trazados desde el pie de la letra anterior al medio
de la siguiente [m] excepto en los enlaces de algunas letras, como x, y, z, que se inician
en el pie de la precedente hasta la cabeza de estas tres letras.

[GE 24,4,47] He aquí cómo deben estar formadas las letras bastardillas para que
estén bien hechas, y lo que hay que observar en cada letra para cambiar a quienes
aprenden a formarlas:

[GE 24,4,48] Que todas las redondeces y semirredondeces sean ovaladas y no


redondas; que la a, la c y la g, la cabeza de la f y de la q, comiencen grueso, no por fino,
y su segunda parte como una t, cuadrada por arriba y redondeada por abajo.

[GE 24,4,49] Que la e comience con un fino y por un bucle.

[GE 24,4,50] Que la d, la o y la f final comiencen con fino; que la o sola y la u


terminen con grueso.

[GE 24,4,51] Que el cuerpo de la h sea una c al revés, comenzando con fino y
acabando con un bucle.

[GE 24,4,52] Que las m y las n estén bien redondeadas por arriba y cuadradas por
abajo, y que todos los finos estén entre los dos pies. Que las cuatro letras: i, 1, t, u, estén
bien redondeadas por abajo y cuadradas por arriba, y que lar derecha esté bien cuadrada
por arriba y por abajo, y que el segundo miembro salga desde la mitad del primero,
comience con fino y acabe con grueso, redondeando por arriba.

265
[GE 24,4,53] Que las colas de estas letras se mantengan derechas; las colas de la p y
de la y se pueden trazar derechas o curvas.

[GE 24,4,54] Que el cuerpo de la y sea como una v, excepto que la primera parte
comienza con fino, de izquierda a derecha, y redondeando.

[GE 24,4,55] Todo lo demás sobre la forma de cada letra bastardilla que no se indica
aquí se hace como en la letra redondilla, salvo que no deben estar derechos, sino
inclinados, en la medida indicada más arriba.

[GE 24,4,56] Para cambiar a los del 2.' orden y ponerlos en el 3.°, el Inspector
examinará las mismas cosas que se han dicho respecto del cambio de los del 5.° orden de
escritura en letra redondilla al 6.°, salvo que los renglones en letras bastardillas deben
estar separados uno de otro todo el cuerpo de escritura solamente.

[GE 24,4,57] Para cambiar a los del 3er orden y ponerlos en el 4.°, se observarán
también las mismas cosas que en el cambio del 6.° orden al 7.° en letra redondilla; y se
cambiará a los del 4.° para ponerlos en el 5.', como si en la letra redondilla se cambiara a
los del orden 7.° para ponerlos en el 8.', ya que no hay tanta diferencia en la anchura de
los caracteres como la que existe en la letra redondilla.

[GE 24,5] ARTÍCULO 5.°

DE LA CAPACIDAD QUE DEBEN TENER LOS ALUMNOS PARA SER


CAMBIADOS DE LECCIÓN EN ARITMÉTICA

[GE 24,5,1] No se cambiará a los alumnos del ler orden de aritmética, en el que se
aprende la suma, al segundo, hasta que no sepan con facilidad y por sí mismos todo tipo
de sumas, por difíciles que sean.

[GE 24,5,2] Los del segundo orden, en el que se aprende la resta, no serán cambiados
mientras no sepan hacer muy bien, por sí mismos, todo tipo de restas por suma, y la
prueba de la suma por la resta.

[GE 24,5,3] Los del 3er orden, en el que se aprende la multiplicación, no serán
puestos en el 4.° mientras no multipliquen por sí mismos todo tipo de cantidades.

[GE 24,5,4] Los del 4.° orden, en el que se aprende la división simple, no serán
cambiados y puestos en el 5.° mientras no realicen por sí mismos sin dificultad las
divisiones simples más difíciles, y mientras no hagan la prueba ordinaria de la división
por la multiplicación, y la prueba de la multiplicación por la división.

266
[GE 24,6] ARTÍCULO 6.°

DEL TIEMPO EN QUE SE DEBE CAMBIAR DE LECCIÓN A LOS ALUMNOS Y


DEL MODO DE HACERLO BIEN

[GE 24,6,1] Los alumnos de todas las lecciones, excepto los que aprenden el
alfabeto, no serán cambiados durante el transcurso del mes, sino solo al final del mes.

[GE 24,6,2] Los que aprenden el alfabeto y tienen una línea como lección, serán
cambiados de su línea al cabo de cada semana, con tal que sepan bien todas las letras que
contiene; pero no se les cambiará de la lectura del alfabeto entero para ponerlos en el
cartel de sílabas más que a final del mes.

[GE 24,6,3] Con todo, si ocurre que un alumno aprende el cartel del alfabeto
completo al comienzo de un mes, se le cambiará y se le pondrá en el cartel de las sílabas
en cuanto sepa perfectamente el cartel del alfabeto, y se le cambiará del cartel de las
sílabas al final del mes, en caso de que lo sepa.

[GE 24,6,4] Los cambios de lección se harán los dos últimos días del mes y los
primeros días del mes siguiente determinados por el Director, e indicados por el
Inspector en cada escuela.

[GE 24,6,5] Aquellos de cualquier lección que no hayan sido cambiados al final del
mes, serán propuestos para cambiarlos al final del mes siguiente, si están preparados; y
los que tienen una línea como lección en el alfabeto y no hayan sabido todas las letras de
esa línea al final de la semana, serán propuestos para cambiarlos al final de la semana
siguiente, si las saben bien.

[GE 24,6,6] Cuando llegue el día de hacer los cambios en una escuela, el Inspector,
para cambiar a los alumnos que aprenden el alfabeto y ponerlos en el cartel de sílabas,
les mandará leer, a cada uno en particular, y uno tras otro, todo el alfabeto, más o menos,
completo, pero no las letras de seguido, sino salteadas, particularmente las más difíciles
y las que tienen relación entre sí, tanto por la forma, como d, b, q, n, u, como por la
pronunciación, como g, j, y las que forman unión, como et,fs, hf, jb.

[GE 24,6,7] Para cambiar a los alumnos que leen en el cartel de las sílabas, el
Inspector les mandará leer en su cartel, en diveros lugares, sobre todo de los más
dificiles; hará que lean más o menos la mitad de su cartel, y comprobará si las dicen
todas con decisión y sin titubear; los que estén en esta lección leerán todos
separadamente, uno tras otro, para ser cambiados de lección.

267
[GE 24,6,8] En las clases en que se deletrea o se lee, el Inspector mandará leer a los
alumnos de cada lección y de cada orden de lección, en el libro que leen, cada uno en
particular, uno tras otro, en voz baja, en un lugar del libro en que no hayan leído aún (si
no lo han leído aún por entero); les mandará luego leer en un sitio del libro en que hayan
leído desde hace tiempo y que sea difícil de leer o deletrear; por ejemplo, en el silabario,
las sílabas o palabras más difíciles de lo que hayan leído, o les mandará leer de
inmediato, sin darles tiempo para prepararlo.

[GE 24,6,9] Los alumnos de cada orden de lección leerán separadamente de los de
otro orden; por ejemplo, los del primer orden, que son los principiantes, separados de los
del 2.° orden, que es el de medianos; y así de los demás.

[GE 24,6,10] Los que deletrean leerán al menos tres líneas, y los que silabean leerán
también al menos tres líneas; en cuanto a los que leen por frases, los del primero y
segundo orden, unas cuatro líneas, y los del 3er orden, al menos seis líneas.

[GE 24,6,11] Los alumnos de cualquier orden de lección, leerán todos seguidos, por
orden de bancos, uno tras otro. Mientras lean para ser cambiados, ni el Inspector ni el
maestro corregirán ninguna de las faltas que cometan los alumnos.

[GE 24,6,12] En cuanto el Inspector haya examinado a cada alumno, si encuentra


que está capacitado para ser cambiado, escribirá en el registro de cambios de lección, a la
derecha de cada nombre, en la 4.a columna, el día del mes, y en la 5.a, el mes en que ese
alumno haya sido examinado y cambiado de lección o de orden de lección; y no los
inscribirá en el orden en que deben estar sino después de haber examinado a todos.

[GE 24,6,13] Luego, el Inspector nombrará a todos aquellos que deberán ser
cambiados, y les encargará que al día siguiente lleven el libro que van a necesitar, en
caso de que cambien de una lección a otra; pero no serán cambiados de clase ni leerán en
la lección a la que hayan sido cambiados hasta que no tengan su libro, ya que les es
necesario.

[GE 24,6,14] El Inspector recompensará en esta ocasión a los que hayan leído con
mayor soltura y a los que se haya visto que son los más capacitados; uno de cada orden,
si son pocos, y dos, si son muchos los que leen en ese lugar de la lección.

[GE 24,6,15] Cuando a algún alumno de cualquier lección u orden de lección se le


haya examinado tres veces para cambiarlo y no lo haya sido por falta de capacidad, se lo
pondrá en un banco especial, colocado en un sitio visible de la clase, y que se
denominará banco de los torpes, y detrás del mismo, en la pared, estará escrito: «Banco

268
de los torpes»; y permanecerá en ese banco hasta que sea capaz de ser cambiado de
lección o de orden de lección.

[GE 24,6,16] El Inspector de las Escuelas cambiará a los que escriben y los
examinará para cambiarlos, durante su tiempo de escritura. Primero les mandará escribir
a todos durante la primera media hora y durante el tiempo en que escriben examinará su
postura, el modo como sostienen la pluma, la actitud natural, forzada, fácil o reposada
con que realizan los movimientos. Con este objeto, durante ese tiempo, se acercará a
todos los que escriben que están en situación de ser cambiados, y vigilará a todos ellos;
en un papelito anotará los defectos que note en ellos, relativos a todo lo indicado
anteriormente y examinará su escritura: primero lo que acaban de escribir, segundo,
todas sus hojas de escritura, desde el comienzo hasta el final; examinará si lo que acaban
de escribir se corresponde con lo que han escrito en los quince días anteriores, y si no
guarda mucha conformidad, no se les cambiará.

[GE 24,6,17] Después examinará si lo que acaban de escribir y lo que escribieron


durante los últimos quince días corresponde a lo que se debe exigir para que puedan ser
cambiados de orden, según se indica en el artículo sobre la capacidad que han de tener
los alumnos para ser cambiados de orden de escritura; y el Inspector solo cambiará a
aquellos en quienes advierta, al examinar lo que hayan escrito durante los últimos quince
días, que han observado normalmente lo que está indicado que sepan, y el modo como
han de formar las letras para poder ser cambiados del orden de escritura en que están, y
que no falte a ningún alumno la capacidad que necesita para ser cambiado, según se
indica en todas las secciones del artículo 5.°, en el que se habla de ello.

[GE 24,6,18] También dará a conocer a los maestros los defectos de aquel alumno
que no haya sido cambiado, y los motivos por los que no se ha hecho, para que el
maestro ponga atención y procure que el alumno se corrija, y lo dejará para que sea
cambiado al final del mes siguiente.

[GE 24,6,19] El Inspector dará a cada alumno a quien cambie de orden de escritura
un modelo del orden en que lo pone, y le recogerá el modelo que tenía en el orden
anterior.

[GE 24,6,20] Cuando el Inspector vaya a cambiar a un alumno de cualquier orden de


aritmética, primero examinará en el cuaderno del alumno las operaciones que haya hecho
él mismo en ese orden, y le pedirá explicación de algunas de las más difíciles; en
segundo lugar, escribirá en el tablero de aritmética una operación de las más difíciles de
ese orden, y mandará al alumno que la realice en público, y que después haga la prueba.

269
[GE 25] FORMACIÓN DE LOS MAESTROS NOVELES 0 [APÉNDICE A LA]
TERCERA PARTE DE LA GUÍA DE LAS ESCUELAS

[GE 25,1] REGLA DEL FORMADOR DE LOS MAESTROS NOVELES

[GE 25,1,1] La formación de los maestros noveles consiste en dos cosas:

1.°Eliminar en los maestros noveles lo que tienen y no deben tener.

2.°Darles lo que no tienen y que es muy necesario que tengan.

[GE 25,1,2] Lo que hay que eliminar en los maestros noveles es:

[Link] demasiado.

[Link] actividad excesiva.

[Link] ligereza.

[Link] precipitación.

[Link] excesivo rigor y la dureza.

[Link] impaciencia.

[Link] hastío hacia algunos, la acepción de personas.

[Link] lentitud.

[Link] torpeza de movimientos.

[Link] flojedad.

[Link] fácil desaliento.

[Link] preferencias y las amistades particulares.

[Link] espíritu de inconstancia e improvisación.

[Link] exterior disipado, vago y parado o fijo en un punto.

[GE 25,2] De los medios para eliminar y desarraigar todos los defectos en el maestro
novel

270
[GE 25,2,1] Primero.

De los medios para eliminar el hablar demasiado

[GE 25,2,1,1] Inducir a los maestros noveles a que no hablen en absoluto durante
algún tiempo, por ninguna razón, incluso aunque parezca conveniente o necesario. Al
principio, durante un cuarto de hora, luego, durante media hora, y, en fin, durante una
hora o más, según se juzgue oportuno para acostumbrarlos así, poco a poco, a guardar
silencio. Y cuando haya pasado ese tiempo, incitarlos de nuevo a que continúen de la
misma forma un cuarto de hora más, o media hora, según se los juzgue capaces de
hacerlo.

[GE 25,2,1,2] Cuando hable inútilmente, hacerle notar de inmediato, o al final de la


clase, la inutilidad de sus palabras, y al mismo tiempo decirle lo que hubiera debido
hacer para no hablar; por ejemplo, que al mandar leer a un alumno corregía él mismo las
faltas que cometía el alumno.

[GE 25,2,1,3] Hay que hacer que se dé cuenta de que en lugar de hablar para ese fin,
hubiera debido dar dos toques con la señal, lo que hubiera obligado al alumno a iniciar
de nuevo la palabra que hubiese dicho mal, y que tal vez la hubiera dicho luego bien; que
si no la dijere bien una o dos veces, tendría que dar un solo toque de señal, para lograr
que todos los demás mirasen, e indicar a uno de los que están en la misma lección, que
leyera, el cual diría bien la palabra que el otro no sabía decir, etc.

[GE 25,2,1,4] Al comienzo no hay que exigirles que guarden silencio durante un
largo espacio de tiempo, pues podría resultarles molesto y hasta asustarlos; sino solo
durante un tiempo corto, después del cual se les animará a continuar así hasta el final de
la clase, haciéndoles ver que si han logrado abstenerse de hablar durante el cuarto de
hora anterior, con la misma facilidad podrán abstenerse el siguiente; y hasta sería
provechoso imponerles esta práctica como penitencia, y exigirles que comuniquen, al
final de la clase, si la han cumplido con fidelidad y cómo se han sentido. Si los alumnos
han observado mayor silencio o si han hablado poco.

[GE 25,2,1,5] E indicarles como práctica que, en vez de hablar, se pongan de pie
junto a su sitial, o que hagan la señal de la santa cruz o que digan algunas palabras, como
jesús, María y José, o que eleven su corazón a Dios o que miren al crucifijo, para que
tales actos les permitan saber qué deben hacer.

[GE 25,2,2] De los medios de eliminar la excesiva actividad y la demasiada


precipitación

271
[GE 25,2,2,1] Aunque no sea conveniente estar siempre en clase como una estatua,
sin acción ni movimiento, tampoco es conveniente ser demasiado activo o inquieto.

[GE 25,2,2,2] Hay que evitar ambos extremos. Lo uno hace que los maestros no
tengan suficiente vigilancia y compostura, y lo otro les quita autoridad y atrae sobre ellos
el menosprecio de sus alumnos.

[GE 25,2,2,3] Hay que eliminar en el maestro novel ese modo de ser y ese natural
fogoso y precipitado.

[GE 25,2,2,4] Hay que incitarle, en primer lugar, a que se mantenga tranquilo,
sentado en su sitial, y exigirle, como en el caso anterior, que permanezca en esa postura,
o incluso sin levantarse, por espacio de un cuarto de hora, o media hora.

[GE 25,2,2,5] No permitirle que vaya junto a los alumnos para dar con la palmeta o
para ponerlos bien.

[GE 25,2,2,6] Lograr que no se mueva con excesiva facilidad, y que no cambie
continuamente de posición, de postura o de sitio, apoyándose una vez en un pie y luego
en el otro.

[GE 25,2,2,7] Que no vuelvan la cabeza a un lado y luego la vuelvan con ligereza al
otro sin pausa, y como si no pudiera permanecer ni un momento en la misma postura.

[GE 25,2,2,8] Y para esto, estar siempre, o lo más a menudo que se pueda, cerca de
él, para avisarlo cuando realice algo que no debe hacer, e incluso imponerle penitencias
adecuadas para recordarle lo que debe hacer.

[GE 25,2,2,9] No consentirle que cuando dé toques de señal lo haga con


precipitación, moviendo todo el cuerpo, y hacérselo notar al momento cuando incurra en
ello.

[GE 25,2,3] De los medios para eliminar la ligereza

[GE 25,2,3,1] A los maestros noveles que sean ligeros por temperamento hay que
exigirles que observen el silencio con mucha exactitud, y no permitirles en absoluto que
hablen sin extrema necesidad; hay que darles a entender cuándo es necesario que hablen
y cuándo no es necesario.

[GE 25,2,3,2] Vigilar mucho sobre ellos para no consentirles que hagan nunca nada
en clase que trasluzca la mínima ligereza.

272
[GE 25,2,3,3] Que no se rían, y que no hagan nada ellos mismos, ni manden hacer
nada a los alumnos que resulte inconveniente y ridículo, por poco que sea, o que pueda
mover a risa a los demás.

[GE 25,2,3,4] Imponerles penitencias importantes cuando hayan incurrido en alguna


ligereza en clase y no se hayan comportado con comedimiento.

[GE 25,2,3,5] No tolerar que manden ir a los alumnos junto a ellos.

[GE 25,2,3,6] Advertirles de todas las faltas de ligereza que cometan en cuanto se
note que las han cometido, y hacerlo siempre.

[GE 25,2,3,7] Hacerles alguna señal o algún signo que les permita caer en la cuenta
cuando hayan hecho algo que no sea adecuado.

[GE 25,2,3,8] Exigirles que permanezcan siempre sentados en su sitial y que no


salgan de él por ningún motivo.

[GE 25,2,4] De los medios para eliminar el excesivo rigor, la dureza y la impaciencia

[GE 25,2,4,1] No permitirles los castigos demasiado frecuentes, y para ello intentar
persuadirles de que la dureza y el rigor no es lo que produce el buen orden en la clase,
sino la vigilancia continua, unida a la circunspección y a la mansedumbre.

[GE 25,2,4,2] Velar sobre todos los castigos que apliquen, observar sus deficiencias
y hacérselas notar a ellos mismos.

[GE 25,2,4,3] Acostumbrarlos a que mantengan siempre aspecto tranquilo, rostro


sereno, y un exterior que indique un modo de ser firme y lleno de bondad.

[GE 25,2,4,4 Indicarles, en la medida de lo posible, las ocasiones en que deben


castigar, y enseñarles con frecuencia el modo de hacerlo con moderación.

[GE 25,2,4,5] No permitirles que golpeen con excesiva dureza con la palmeta, y
señalarles el número de palmetazos que nunca podrán sobrepasar sin haber pedido
autorización.

[GE 25,2,4,6] No consentir que toquen a los alumnos con la mano, que tiren de ellos,
los empujen o zarandeen.

[GE 25,2,4,7] Para esto, exigirles que permanezcan siempre en su puesto y que no se

273
acerquen a ellos para sacarlos de su sitio, etcétera.

[GE 25,2,4,8] Obligarles a que nunca den más de un palmetazo a la vez al mismo
alumno.

[GE 25,2,4,9] (El párrafo que sigue aparece tachado en el manuscrito) No permitirles
fácilmente que castiguen con la vara o con el azote. Y sobre todo, que solo lo hagan en
presencia del Inspector o del formador, y que nunca den más de tres golpes. Que no los
den con demasiada rapidez ni con apresuramiento, sino como indica la regla que debe
hacerse.

[GE 25,2,4,10] No consentirles que arrojen nunca algo a los alumnos, como la
palmeta; ni siquiera si lo hacen con moderación.

[GE 25,2,4,11] Exigirles que nunca impongan ningún castigo sino después de algún
momento de reflexión y de entrar en sí mismos, y después de elevar a Dios su corazón.
Imponerles como penitencia prácticas parecidas a esta.

[GE 25,2,4,12] Mandarles que recapaciten sobre todos los castigos que hayan
impuesto, de los motivos por los que los impusieron y del modo como hayan procedido.

[GE 25,3,4,13] Exigirles que observen profundo silencio y suma moderación cuando
se sientan movidos a la impaciencia; y que permanezcan muy tranquilos durante todo el
tiempo en que sientan su ánimo agitado. No hay mejor medio que este para reprimir la
impaciencia.

[GE 25,2,4,14] No dejar cerca de ellos nada con que puedan golpear a los alumnos,
ni palmeta ni varas.

[GE 25,2,5] De los medios para eliminar la repugnancia respecto a alguno

[GE 25,2,5,1] A todos los maestros noveles hay que infundirles caridad perfecta y
desinteresada hacia el prójimo. Sugerirles, incluso, que manifiesten mayores señales
externas de amistad y afecto hacia los pobres que hacia los ricos.

[GE 25,2,5,2] Darles a entender la importancia de la obligación que tienen de amar a


todos con igual caridad, cuando se vean forzados a manifestar o dejar traslucir
externamente rechazo hacia algún alumno.

[GE 25,2,5,3] Hay que pedirles que en lo sucesivo les muestren más cordialidad y
mayor afecto que a los demás.

274
[GE 25,2,5,4] Será conveniente, incluso, exigirles algunas veces que se tomen mayor
interés por ellos que por los demás, y que les manden leer más, o responder en el
catecismo con más frecuencia, y que corrijan su escritura el doble que a los demás.

[GE 25,2,5,5] Que solo les hablen con afabilidad y dulzura. Que les den algún
premio, incluso si no lo hubiesen merecido del todo. Que hasta se acerquen a ellos, si se
puede hacer sin causar desorden, incluso cuando tuvieran motivo para rechazarlos.

[GE 25,2,5,6] El formador hasta podrá disimular el motivo que tengan para ello, y
animar a los maestros noveles a que se venzan en tales ocasiones.

[GE 25,2,5,7] Sin embargo, el formador procurará, por su parte, remediar la falta de
los alumnos, bien corrigiéndolos o bien exhortándolos a que actúen mejor.

[GE 25,2,6] De los medios para eliminar la predisposición al desaliento

[GE 25,2,6,1] Para conseguir esto es preciso inspirar a todos los maestros noveles
perfecta caridad; procurar que no se fijen en varios defectos o dificultades ala vez, sino
en uno o dos, a lo sumo, y facilitarles los medios para superarlos. Alentarles a ello y
comprometerlos, animándolos de vez en cuando.

[GE 25,2,6,2] Con este tipo de temperamentos hay que tomar precauciones que no se
necesitan adoptar con otros más equilibrados. Pues precisan ser guiados con suavidad y
condescendencia, de modo que si se pretendiera forzarlos, o si se les exigiese demasiado,
en vez de animarlos a cumplir bien sus deberes, se les alejaría de su obligación.

[GE 25,2,6,3] Pero [no] con los demás, que no se dejarán abatir tan fácilmente.

[GE 25,2,7] De la familiaridad

[GE 25,2,7,1] Para eliminar en seguida la familiaridad solo hay que hacer una cosa:
no hablar a los alumnos ni permitir que ellos le hablen.

[GE 25,2,7,2] El formador tendrá cuidado de que los maestros noveles no hablen a
los alumnos sin verdadera necesidad; que tampoco les hablen desde su sitio; que no les
hablen en voz alta; que nunca se rían con ellos; que no les den nada por sentimiento de
familiaridad; que no les manden hacer nada con ese sentimiento; que no toleren sus
faltas por timidez, a causa de la familiaridad que han trabado con ellos.

[GE 25,2,7,3] Que tampoco permita que les hablen. Que ningún alumno les hable sin
permiso, ni con poco respeto y comedimiento; que lo haga en pie, con la cabeza

275
descubierta y en voz baja.

[GE 25,2,7,4] Que nunca manden que se acerquen a ellos para hablarles. Que en
cualquier caso, no les hablen sin gravedad y comedimiento como si fueran sus
compañeros.

[GE 25,2,7,5] El formador debe cuidar de advertir a los maestros noveles sobre todo
este tipo de defectos, cada vez que note que los cometen, y darles los medios para
evitarlos.

[GE 25,2,7,6] Por ejemplo, que dé un golpe de palmeta a cuantos le hablen sin
permiso, o desde el sitio, o sin respeto; o bien, que se los envíe a él, para que sientan
temor.

[GE 25,2,7,7] La familiaridad engendra el menosprecio, y cuando un maestro es


menospreciado por sus alumnos, ya no hacen caso de cuanto haga o diga. Todas sus
enseñanzas e instrucciones carecen de peso y no producen ningún buen efecto. Los
alumnos se hacen insolentes y le tratan como a un pingajo.

[GE 25,2,7,8] El formador debe tener cuidado y prestar atención a este punto, que es
de suma importancia, y no ahorrar medios para evitar que suceda esto a quienes tiene
que formar.

[GE 25,2,7.9] Con este fin, si es Director, debe imponer penitencias adecuadas a
quienes pudieran incurrir en ello; y si no lo es, debe informar de ello al Hermano
Director.

[GE 25,2,7,10] Se puede hablar a los alumnos familiarmente o de manera familiar


sin caer en la familiaridad y sin que pierdan el respeto que deben a la persona a la que
hablan.

[GE 25,2,8] De los medios de eliminar la lentitud y la desidia

[GE 25,2,8,1] Hay que velar mucho sobre los maestros noveles lentos y torpes, y
exigirles, incluso por medio de penitencias, que cumplan su deber en la clase, que velen
y hagan observar el silencio y el orden y que hagan seguir a todos los alumnos.

[GE 25,2,8,2] Que haga leer a todos y tanto como deben y es necesario hacer.

[GE 25,2,8,3] Que se comiencen todos los ejercicios a la hora exacta, como el repaso
de la oración, las respuestas de la santa Misa o del catecismo, o el rosario, en cuanto se

276
haya terminado la oración de la clase por la mañana y la bendición de la merienda por la
tarde, tan pronto como se haya terminado la oración de la clase; y así de lo demás.

[GE 25,2,8,4] También debe tener cuidado de que hayan dado todas las lecciones
dentro del tiempo, y que les sobre tiempo en vez de faltarles. Esto lo lograrán si hacen
leer poco cada vez, pero a menudo.

[GE 25,2,8,5] Que no estén en clase sin hacer nada, y sobre todo, que durante las
lecciones se apliquen constantemente en hacer leer y lograr que sigan.

[GE 25,2,9] De los medios de eliminar las preferencias y las amistades particulares

[GE 25,2,9,1] Para esto, es preciso lograr que los maestros noveles, antes de
dedicarlos a la clase, se den cuenta de que deben tener una caridad general e igual con
todos los alumnos, igual que con todos sus Hermanos, y que nunca deben amar a nadie
con perjuicio para los demás.

[GE 25,2,9,2] Esto no significa, sin embargo, que no se puedan y deban preferir
siempre los pobres a los ricos, porque tienen mayor semejanza con Nuestro Señor
jesucristo y le pertenecen más que los ricos, ya que los llama hermanos suyos.

[GE 25,2,9,3] Tampoco quiere decir que no se deba apreciar particularmente a los
que por su bondad, fidelidad, exactitud, docilidad y asiduidad en llegar cada día
temprano, y especialmente por sus buenas cualidades, se hacen más recomendables.

[GE 25,2,9,4] Sino que de ordinario y delante de todos en común, no hay que
mostrar a unos más que a otros ningún signo externo de amistad.

[GE 25,2,9,5] Así, pues, los formadores tendrán cuidado de no permitir nunca que
los maestros a quienes forman manifiesten más afecto y mayor benevolencia a unos que
a otros; sino que a todos se la manifiesten por igual, si no es a los más pobres y a los que
no tienen ningún atractivo externo que pueda ganar su afecto y amistad, y que esto lo
hagan más para mortificarse y vencerse que para contentarse y satisfacerse.

[GE 25,2,9,6] Que no tengan «benjamines» junto a ellos ni les comuniquen sus
confidencias y secretos en la clase.

[GE 25,2,9,7] Que no pongan cerca de ellos a los guapos, agraciados, listos y de
buena apariencia.

[GE 25,2,9,8] Que no les hablen en particular, si no es al final de la clase, por turno,

277
para animarlos a que cumplan bien sus obligaciones.

[GE 25,2,9,9] Que corrijan por igual a todos los que merezcan corrección, y que no
toleren en unos lo que no tolerarían en los demás.

[GE 25,2,9,10] Exigirles incluso, en estas ocasiones, que actúen en contra de sus
inclinaciones y contra su repugnancia.

[GE 25,2,9,11] El formador hará que se den cuenta de que estos tipos de amistades
particulares son causa de muchos y grandes inconvenientes, tanto para quienes son
preferidos y estimados de ese modo, como para los otros que no lo son.

[GE 25,2,9,12] Los primeros se valen a menudo de esa amistad para el mal y se
hacen, en lo sucesivo, insolentes, de manera que pierden todo el respeto y el temor que
debieran tener a sus maestros y ya no se esfuerzan; y los otros sienten envidia de ellos, y
surge el resentimiento y la aversión hacia los maestros y hacia los alumnos que creen
que son más apreciados que ellos.

[GE 25,2,10] De los medios de evitar el exterior disipado, o la mirada vaga, parada o fija
en un punto

[GE 25,2,10,1] Aunque en la clase no haya que tener los ojos cerrados ni aplicarse al
recogimiento externo, como en la sala de ejercicios o en el oratorio, con todo no hay que
darles otro uso que velar y mirar continuamente a los alumnos.

[GE 25,2,10,2] El formador tendrá, pues, cuidado para lograr que los maestros
noveles a quienes ha de formar eviten estos dos extremos, a saber: el exterior demasiado
disipado, ligero, superficial y poco circunspecto, y el recogimiento excesivo, la
aplicación constante al recogimiento, que impide la que se debe poner en velar por los
alumnos.

[GE 25,2,10,3] Para remediar lo primero, es preciso exigirles que no vuelvan la


cabeza con ligereza, y que no miren ni fisguen en las otras clases.

[GE 25,2,10,4] En cuanto a lo segundo, hay que exigirles que miren a los alumnos en
todo momento, y que vean a todos; y que no pase más espacio de tiempo que el de un
Pater sin verlos y sin saber lo que hacen, de manera que si se le preguntara qué está
haciendo fulanito, pudieran responder de inmediato y decir: está haciendo tal cosa.

[GE 25,2,10,5] Y que no tengan los ojos fijos y parados mucho tiempo en el mismo
sitio, sino que hagan constantemente la ronda.

278
[GE 25,2,10,6] Y también, que mientras lo observan todo, coloquen el dedo o la
punta de la señal en su libro o en la línea que se lee, o algunas líneas por debajo, para no
perder la lección.

[GE 25,2,10,7] Que se apliquen tanto a mirar el libro como a mirar a los alumnos y a
vigilarlos.

[GE 25,2,10,8] En una palabra, tratarán de hacer todo lo mejor posible, con
prudencia y con la experiencia que irán adquiriendo con el tiempo.

[GE 25,2,10,9] Sería conveniente que, durante el tiempo de su formación y hasta que
se acostumbren bien a hacer leer y a hacer seguir, y a vigilar al mismo tiempo, repasen
tres o cuatro veces la lectura que hayan de hacer por la mañana o por la tarde, para tener
cierta idea que les dé facilidad para no perderse fácilmente en la lectura, o a encontrarla
con mayor facilidad si se pierden.

[GE 25,3] De las cosas que hay que procurar que adquieran los maestros noveles y de los
medios para conseguirlo

[GE 25,3,0] Las cosas que hay que lograr que adquieran son:

1. Decisión.

2. Autoridad y firmeza.

3. Circunspección; exterior grave, digno y modesto.

4. Vigilancia.

5. Atención sobre sí.

6. Compostura.

7. Prudencia.

8. Aire simpático y atrayente.

9. Celo.

10. Facilidad para hablar y expresar con claridad y orden, y al alcance de los niños,
lo que se enseña.

279
[GE 25,3,11 De los medios para lograr que adquieran autoridad, decisión y firmeza

[GE 25,3,1,1] Hay que ejercitarlos a menudo, durante el noviciado en dar clase;
enseñarles el modo de conducirse en ella en todo, después de que tengan ya buena idea
de la clase y antes de mandarles que entren en una clase para dirigirla.

[GE 25,3,1,2] Hay que exigirles que entren en ella con aire decidido y grave, con la
cabeza levantada y mirando a todos los alumnos con autoridad, como si llevaran ya
treinta años de práctica.

[GE 25,3,1,3] Que realicen en seguida lo que deben hacer, a saber: arrodillarse,
saludar al crucifijo y luego sentarse en el sitial.

[GE 25,3,1,4] Que si cualquier alumno pretendiera hablarle, le mande arrodillarse


allí mismo, sin hablarle.

[GE 25,3,1,5] Que vaya a su sitio con tanto comedimiento y gravedad y realice todas
las cosas con tanta decisión como si llevara mucho tiempo dando clase.

[GE 25,3,1,6] Que no refleje ningún temor. Que durante los primeros días no permita
que ningún alumno le hable en la escuela.

[GE 25,3,1,7] Si tiene algo que decir en clase, que se lo diga en voz baja a un alumno
y le mande que lo diga en voz alta. Pero que esto sea rara vez.

[GE 25,3,1,8] Que realice todo de manera decidida y ágil. Por ejemplo, que mande
decir a un alumno todo lo que desea que hagan.

[GE 25,3,1,9] Que si yendo a la santa Misa o estando en ella, faltaren a lo que esté
indicado, que los castigue severamente.

[GE 25,3,1,10] Que tengan cuidado hasta de la más pequeña cosa que ocurra en la
clase o en la iglesia, y que no toleren ni siquiera que un alumno vuelva la cabeza en la
iglesia sin castigarlo.

[GE 25,3,1,11] Durante los primeros ocho días no hay que dar ningún castigo, a no
ser por cosas que se hayan advertido previamente.

[GE 25,3,1,12] Que al principio no la tomen con el más débil. Pero si es preciso dar
algún castigo, que se lo den a los más revoltosos y a aquellos cuya corrección puede
producir temor, como sería a un mayor.

280
[GE 25,3,1,13] En cuanto a la autoridad, que no permitan que ningún alumno les
hable en voz alta, sin permiso o sin respeto, sino siempre muy bajo, descubierto, de pie,
con actitud muy seria.

[GE 25,3,1,14] Que habitualmente no dejen traslucir excesiva bondad y ternura.

[GE 25,3,1,15] Que hablen poco y que solo hablen con mucha mesura, de forma
reposada y resuelta, y exigiendo que se haga lo que dice.

[GE 25,3,1,16] Que no hablen sin la debida consideración y nunca de manera


precipitada, comiéndose la mitad de las palabras.

[GE 25,3,1,17] Que no se muevan en exceso, ni siquiera en su sitio; que no sean


demasiado activos; que no se rían nunca, ni siquiera si surge alguna ocasión.

[GE 25,3,1,18] Que solo castiguen desde su sitio.

[GE 25,3,1,19] Que cuando tengan que mandar que se ejecute algo, siempre se lo
manden hacer primero a los más mayores; y que para castigar los defectos que adviertan,
se fijen siempre más en los alumnos mayores que en los pequeños.

[GE 25,3,1,20] Que cuando hayan de castigar a un mayor que pretenda resistirse, no
tomen el tiempo del final de la clase, sino un momento en que puedan realizarlo con
tiempo suficiente. Que no lo dejen marchar sin haberlo castigado.

[GE 25,3,1,21] Si no está dispuesto a obedecer, que lo castigue por no haber


obedecido con prontitud, aunque solo sea con un golpe de palmeta, de manera que reciba
el castigo normal que no hubiera recibido.

[GE 25,3,1,22] Si hubiera dos o tres que han de recibir el castigo, que les digan que
el último que esté preparado será castigado con más severidad que los demás si son
exactos y puntuales.

[GE 25,3,1,23] Será oportuno perdonarlos, si la falta no fue importante en razón de


su sumisión.

[GE 25,3,1,24] Cuando los alumnos griten, hay que golpear hasta que callen, y luego
decirles que se suban el pantalón. Después, mandarles que se preparen por sí mismos a
recibir el castigo e impartírselo de nuevo, como si no lo hubieran recibido, explicándoles
que antes se les castigó solo para que callasen. Este proceder contribuye en gran medida
a que el maestro adquiera autoridad.

281
[GE 25,3,1,25] Que los maestros no escuchen en particular a los alumnos más que
una vez al día, o una vez por la mañana y otra por la tarde.

[GE 25,3,1,26] La firmeza consiste en mandar hacer lo que se desea de forma


inmediata, sin dilación. Si un alumno no hiciera inmediatamente lo que su maestro le
dice, no debe dejar de castigarlo hasta que lo haga, y luego mandárselo hacer. Y si
todavía no lo hace, debe castigarlo de nuevo. Que nunca se doblegue ante el alumno,
sino que le obligue decididamente a hacer lo que le manda.

[GE 25,3,1,27] El formador debe tratar de conseguir que el maestro a quien forma
realice todo lo que haya emprendido, e incluso le ayudará, si fuere necesario.

[GE 25,3,1,28] No consentirá que se despreocupe de un alumno que se hubiere


resistido, sin hacerle nada; sino que le exigirá que haga todo lo posible para que consiga
aplicar el castigo y le dará los medios para hacerlo.

[GE 25,3,1,29] Dejará que los maestros asuman toda su autoridad en lo que es su
deber, y les dará a entender que deben proceder en todo como si él no estuviese presente.

[GE 25,3,1,30] En la medida de lo posible, a un maestro novel lo pondrá cerca de


otro que desempeñe bien su deber.

[GE 25,3,1,31] Es preciso procurar que los niños salgan siempre contentos de la
escuela, de modo que no puedan referir a sus padres nada que pudiera disgustarlos.

[GE 25,3,1,32] Cuando en una clase no hay orden, es preciso que el Hermano
maestro sea muy firme al principio, y que corrija más y con mayor rigor que si hubiera
orden.

[GE 25,3,1,33] Al principio también es necesario recompensarlos cuando actúen


bien, y de ordinario no dejar ninguna falta sin castigo. Corregir a aquellos cuyo castigo
sirva de ejemplo, que de ordinario son los mayores y los más revoltosos.

[GE 25,3,1,34] No hay que actuar contra aquellos que son tímidos de carácter y que
solo incurren en falta rara vez, y no caen en ella por malicia.

[GE 25,3,1,35] Es necesario conocer muy bien el temperamento, los hábitos y las
inclinaciones de los niños para poder proceder con ellos del modo que sea más
conveniente.

[GE 25,3,1,36] Si los niños faltan en algo, de ordinario hay que advertirles de ello o

282
castigarlos en ese momento, y no en otro tiempo.

[GE 25,3,2] La espiritualidad que hay que suscitar en los niños

[GE 25,3,2,1] Hay que inspirarles piedad, temor de Dios y horror al pecado, y
animarlos a que frecuenten a menudo los sacramentos.

[GE 25,3,2,2] Tener más tiempo durante el examen y las reflexiones. Formar bien en
esto a los maestros, y enseñarles la forma de hablar y exhortar a los niños.

[GE 25,3,2,3] Dar el catecismo de moral dos o tres veces por semana. Hablarles en
particular. Lograr que se confiesen todos los meses y que comulguen, y facilitarles
buenos confesores.

[GE 25,3,2,4] La exactitud en rezar por la mañana y por la tarde; la asistencia a la


santa Misa con piedad; la oración frecuente durante el día.

[GE 25,4] REGLA DEL MAESTRO DE INTERNOS

[GE 25,4,1] El Hermano Superior del Instituto encargará la dirección de los internos
a uno o varios Hermanos, si se necesitaran varios, a quienes considere capaces de este
empleo.

[GE 25,4,2] El maestro de los internos, o el primer maestro, si hubiere varios,


recibirá bajo inventario, cuando entren, todo lo que sea para su uso, como ropas,
vestidos, vajilla, etc., para devolvérselo, también bajo inventario, cuando salgan.

[GE 25,4,3] Habrá un inventario y memoria en el libro destinado a este fin, y


entregará una copia al Hermano Superior del Instituto, para poder darle cuenta de ello, o
bien al que esté encargado, cuando cese en el empleo.

[GE 25,4,4] Cuidará de que todas las ropas y vajilla de los internos estén marcadas,
para que pueda devolvérselas más fácilmente por inventario cuando salgan.

[GE 25,4,5] Tendrá cuidado de que todas sus ropas y vestidos estén bien conservados
para que se mantengan con suma limpieza y aseo.

[GE 25,4,6] Tendrá cuidado de que su dormitorio esté siempre barrido y las camas
hechas con esmero, y que se cambie la paja cuando haya necesidad, de lo cual dará aviso
al Hermano Superior del Instituto cuando lo crea necesario, para que tenga la bondad de
proveer a ello, si le place.

283
[GE 25,4,7] Vigilará para conseguir que se les procure todo lo que necesiten, y
cuidará que no les falte nada en la alimentación cuando estén enfermos o indispuestos, y
en tal caso rogará al Hermano Superior que lo ordene.

[GE 25,4,8] Velará sobre todo que no tengan parásitos ni en la cabeza ni en el


cuerpo. El maestro de los internos pequeños revisará la cabeza de todos una vez por
semana.

[GE 25,4,9] Cada semana dará cuenta del comportamiento que tienen al Hermano
Superior o Director, después de haber dado cuenta del suyo, y solicitará con frecuencia
su parecer sobre el modo en que debe proceder con ellos, tanto en general como en
particular, y seguirá en todo sus órdenes.

[GE 25,4,10] Cuando los internos sean requeridos por sus padres o por otras
personas, los maestros, o uno de ellos, si son varios, u otro Hermano, según haya
considerado oportuno el Hermano Superior, los guiará al lugar destinado para que los
vean o les hablen, y quien los acompañe no los dejará hasta que dichas personas hayan
salido.

[GE 25,4,11] Tendrá cuidado de que todos los días, mañana y tarde y al comienzo de
sus principales acciones, recen las oraciones habituales, pausada y dignamente, con
piedad, que ofrezcan sus acciones a Dios y que renueven a menudo la ofrenda que hayan
hecho.

[GE 25,4,12] Velará particularmente sobre sus costumbres, tratando de inspirarles


amor a la virtud y aborrecimiento del vicio, hablándoles a menudo y relatándoles
historias edificantes sobre el particular, ya que los niños, no siendo capaces de muchos
razonamientos, están más inclinados y dispuestos a la práctica del bien por medio de
ejemplos que se les ofrezcan a menudo, relativos a jovencitos semejantes a ellos, que por
medio de largos discursos.

[GE 25,4,13] Les corregirá de sus faltas, haciéndoles sentir vivo horror hacia ellas,
por medio de comparaciones adecuadas a su inteligencia; y lo hará con tanta dulzura y
caridad, que se sientan más afectados por las faltas que hayan cometido que por la pena
que les pueda causar la corrección que se les haya hecho por ellas.

[GE 25,4,14] Se guardará mucho de corregirlos con vehemencia, pero si se viera


forzado a castigar, es preciso que se note que lo hace con razón y con caridad.

[GE 25,4,15] Tratará de hacerse querer más que de hacerse temer. Con todo, no

284
dejará de reprenderlos por sus faltas de malicia, para evitar la costumbre.

[GE 25,4,16] Nunca manifestará más amistad a unos que a otros para evitar la
envidia, salvo si alguno ha actuado bien, para presentarlo como estímulo a los demás,
diciendo al mismo tiempo que apreciará de la misma forma a cuantos obren igual.

[GE 25,4,17] No consentirá en los internos la glotonería, riñas, envidias,


menosprecios, maledicencia, mentira, ni relaciones que vienen a ser como la raíz de
otros muchos vicios; ni consentirá, sobre todo, aquellos vicios que inducen a la
impureza.

[GE 25,4,18] Nunca dejará a algunos solos y separados de los demás durante los
recreos.

[GE 25,4,19] De vez en cuando les dará el catecismo sobre la confesión y la


comunión para enseñarles las disposiciones que hay que tener para recibir bien esos
sacramentos. Y procurará animarlos a que, cuando los reciban, lleven las disposiciones
necesarias.

[GE 25,4,20] Tendrá cuidado de que se confiesen a menudo, pues nunca será
demasiado pronto para adquirir esa costumbre, ya que nada hay tan adecuado para
impedirles caer en pecados importantes.

[GE 25,4,21] Aun cuando hubiere entre ellos algunos que no tengan edad para recibir
la absolución, no dejará, con todo, de hacer que se confiesen, para disponerlos y
acostumbrarlos a frecuentar los sacramentos.

[GE 25,4,22] Por este motivo, procurará que ningún interno, pequeño o grande, deje
pasar quince días sin confesarse; y que los que se confiesen, no dejen de comulgar, con
tal que el confesor lo considere oportuno para ellos.

[GE 25,4,23] Dedicará tiempo suficiente, seis meses al menos, para preparar a la
sagrada comunión a quienes deben recibirla por primera vez; yprocurará este beneficio,
siguiendo el consejo del Hermano Superior del Instituto, solo a quienes juzgue que están
preparados, tanto por su piedad como por su conducta y por el provecho que hayan
sacado de las instrucciones que les hayan dado, y con tal que tenga al menos doce o trece
años y que considere que están en disposición de conservar la gracia de su primera
comunión.

[GE 25,4,24] Si hubiera alguien que no estuviera confirmado, los preparará para

285
recibir el sacramento de la confirmación, si encuentra facilidad para que la reciban.

[GE 25,4,25] Les enseñará la necesidad de orar a menudo y el modo de hacerlo bien,
y tendrá cuidado de que cumplan este deber con piedad.

[GE 25,4,26] Los instruirá también sobre las promesas que hicieron en el santo
bautismo y de las renuncias que hicieron por boca de sus padrinos y madrinas.

[GE 25,4,27] Les inspirará profundo respeto al Santísimo Sacramento del altar, que
les sirva para mantenerse atentos en la iglesia y en el servicio divino, sobre todo en la
santa Misa; les explicará que quienes no oran en ella, no puede considerarse que hayan
asistido, y tienen obligación de confesarse de ello, como si no la hubieran oído.

[GE 25,4,28] Les inspirará especial devoción hacia la Santísima Virgen, a san José, a
su Ángel de la Guarda y a su santo patrono, haciendo que lean, o contándoles, el
resumen de su vida, para suscitar su estima hacia él, y dará recompensas a quienes vea
que más se esmeran en ello.

[GE 25,4,29] Logrará poco a poco que practiquen la piedad y se aplicará con cuidado
a que conserven la inocencia bautismal, inspirándoles suma estima hacia ella y haciendo
que aprecien tal beneficio.

[GE 25,4,30] En fin, les enseñará a leer, a escribir, la aritmética y la reglas de


urbanidad, teniendo en cuenta, sobre todo, el libro de Cortesía cristiana, aplicándose a
esto con tanto cuidado que se lo pueda enseñar lo más perfectamente posible.

[GE 25,4,31] Habrá uno o varios Hermanos designados por el Hermano Superior del
Instituto para llevarlos a acostar a los dormitorios de internos, y velar para que no ocurra
nada inconveniente durante la noche. El Hermano Superior podrá mandarlos cambiar de
vez en cuando, al final de la oración de la mañana.

[GE 25,4,32] El maestro o maestros de internos, si hubiera varios, irán a los


dormitorios para sustituir a los Hermanos que hayan dormido allí y para impedir que al
levantarse o al vestirse cometan alguna inmodestia.

[GE 25,4,33] Cuidará de que los internos, al salir de sus dormitorios, abran las
ventanas, para que no quede en ellos el aire viciado, y que los barran con esmero y en
silencio.

[GE 25,4,34] Será fiel en observar y hacer cumplir el Reglamento diario que les
corresponde.

286
[GE 25,5] DE LOS DISTINTOS TIPOS DE CASAS DE ESTE INSTITUTO

[GE 25,5,1] Para dar a la finalidad de este Instituto la amplitud necesaria, habrá tres
tipos de casas, en las cuales serán distintos la mayor parte de los ejercicios.

[GE 25,5,2] 1.° Habrá una casa en la que se formará y educará en el espíritu de este
Instituto a quienes se presenten para ser admitidos en ella.

[GE 25,5,3] 2.° Habrá casas de escuelas, en las cuales los Hermanos se dedicarán a
tener las escuelas gratuitamente.

[GE 25,5,4] 3.° Podrá haber casas de Seminarios, en las cuales los Hermanos se
dedicarán a formar, durante algunos años, maestros de escuela para las parroquias de las
ciudades pequeñas, pueblos y aldeas de zona rural.

[GE 25,5,5] No habrá ninguna casa de escuelas regentadas por los Hermanos de este
Instituto sino en las ciudades; en ellas habrá, al menos, cinco Hermanos, cuatro para
atender la escuela, uno de los cuales tendrá la dirección de la casa, y un Hermano
sirviente para atender las necesidades temporales de la casa y, en caso necesario, sustituir
a algún Hermano que pudiera enfermar o que requiriese algunos días de reposo.

[GE 25,5,6] Con todo, podrá haber algunas casas de dos Hermanos, con tal que sean
muy pocas en número y que cada una esté cerca de una ciudad en la que haya una casa
completa de Hermanos de este Instituto; estas casas de dos podrán estar ocupadas por
Hermanos que estén enfermos o que sean de edad y necesiten descanso.

1 [Link], La vie de Monsieur Jean Baptiste de La Salle, Instituteur des Fréres des
'Ecoles chrétiennes, 2 vols., Rouen, 1733. Reproducción facsímil en Cahiers Lasalliens,
núms. 7 y 8, 1961, Roma.

2 Ibíd., pág. 165.

3 Ibíd., págs 166-167.

4 Obras Completas, MSO,1,, 77.

6 Ibíd., tomo I, pág. 170.

7 Ibíd., tomo I, págs. 180-181.

9 [Link], La vie de MonsieurJean-BapKste..., ob. cit., tomo I, pág. 179.

287
s Carta 111, Obras Completas, tomo I, pág. 683.

5 [Link], La vie de MonsieurJean-Baptiste, ob. cit., tomo I, pág. 175.

i4 Ibíd., tomo 1, págs. 262-264.

12 Ibíd., tomo I, págs. 183, 281.

lo Ibíd., tomo I, págs. 185-189.

u Ibíd., tomo I, págs. 203 y sigs.

16 Précis d'Histoire de 17nstitut..., ob. cit., pág. 12.

la Ibíd., tomo I, pág. 234.

is Para el conocimiento de la historia de la educación en Francia durante este período


puede consultarse las siguientes obras: [Link]:, L 'enfant et la vie familiale sous
l'Ancien Régime, París, Seuil, 1973; [Link], [Link]ére et [Link]., L 'éducation
en France du XVIe au XVIIIe siécle, París, Sedes, 1976; [Link]; Abécédaire et
Férule, París, Imago, 1997 (Reeditada en 2003 bajo el título Histoir de 1 École, París,
Imago); [Link]: Tableau de Paris I, París, Mercure de France, 1994 y J. de
Viguerie: L 'institution des enfants: 1'éducation en France du XVIe au XVIIe siécle,
París, Calmann-Lévy, 1978; [Link], La Pédagogie en France aux XVIIe et XVIIIe
siécles, París, P.U.F., 1965.

18 En la Guía de 1706 hay un modelo de cartel para aprender las sílabas, y otro para
los números y cantidades, en números árabes y en números latinos (Cfr. Obras
Completas, II, págs. 31-32); y otro para la aritmética, es decir, las operaciones (pág. 48).
Y en la edición de 1720 hay otros seis modelos de carteles, págs. 132-136, cuyas
variaciones con los carteles de 1705 indican el esfuerzo de acomodación de los maestros
para ponerse al día en la metodología empleada.

17 Cfr. la memoria elaborada por Juan Bautista de La Salle para Mons. Godet des
Marais, obispo de Chartres, sobre este particular. Obras Completas I, págs. 105-108.

i9 Este espíritu que impregna la Guía de las Escuelas está ampliamente expuesto en
las dieciséis Meditaciones para el tiempo del Retiro y en las Reglas Comunes.

20 La primera en Reims, en 1686; la segunda en París, en 1705; la tercera en Saint


Denis, en 1710.

288
21 1 [Link], La vie de MonsieurJean-Baptiste..., ob. cit., tomo I, pág. 287.

23 Ibíd., tomo I, pág. 295.

zz Ibíd., tomo I, pág. 293; tomo II, págs. 266 y 380.

24 Ibíd., tomo I, págs. 341-347.

26 Ibíd., tomo I, pág. 360.

27 Ibíd., tomo I, pág. 368.

28 Ibíd., tomo I, pág. 309.

zs Ibíd., tomo I, págs. 246-347.

29 [Link], La vie de Monsieur Joan-Baptiste..., ob. cit., tomo I, págs. 410411.

31 Ibíd., tomo I, págs. 131 y 393.

32 Ibíd., tomo I, pág. 37.

al Ibíd., tomo I, págs. 710.

a4 Ibíd., tomo II, págs. 72 y sigs.

31 Ibíd., tomo II, pág. 30.

as Ibíd., tomo II, págs. 82 y sigs.

ae Ibíd., tomo II, págs. 92-94 y sigs.

37 Ibíd., tomo II, págs. 103-104 y 273-274.

38 Ibíd., tomo II, págs. 118 y sigs.

39 Ibíd., tomo II, págs. 124-127.

42 Ibíd., tomo II, págs. 173-174.

4o A la casa de San Yon. Ibíd., tomo II, págs. 222-223.

4i Ibíd., tomo II, pág. 135.

289
43 Ediciones Fréres des Écoles Chrétiennes, Roma, 1993.

44 Jean-Baptiste de La Salle: Obras Completas de San Juan Bautista de La Salle,


Madrid, Ediciones S.Pío [Link] tomos, 2001, Traducción de José María Valladolid.

46 Ambas se recogen en el tomo II de las Obras Completas.

41 Todas estas obras se recogen en el tomo I de las Obras Completas.

41 Todos ellos se recogen en el tomo III de las Obras Completas.

48 Reglas Comunes, cap. 2.

49 Reglas Comunes, 7, 13.

so Cfr. Meditaciones para el (lempo de Retiro.

51 Reglas Comunes, 7, 1.

52 En la terminología de aquel momento histórico denominaron así lo que hoy


llamaríamos materias y niveles de aprendizaje.

53 Este libro se imprimió en Troyes, y cuando se presentó para la aprobación del


censor, ya iba confeccionado en pruebas de imprenta. Con el tiempo, a la escritura gótica
se la llamó en Francia «écriture de la bienséance».

54 Cfr. los modelos en la Guía de las Escuelas de 1706 y 1720. Obras Completas II.

ss Un estudio de estos cinco catecismos se hallará en [Link]: San Juan


Bautista de La Salle, Catequista, tomo III, Madrid, Ed. San Pío X, 2007.

56 Cfr. Guía de las Escuelas, caps. 8 y 9; págs. 55-69.

57 Obras Completas III, págs. 661-697.

58 Guía de las Escuelas, págs. 75 y sigs.

11 Biblioteca Nacional de París, ms. fr. 11759.

60 Guía de las Escuelas, Obras Completas II, pág. 11 (GE 0.0.2).

61 Obras Completas de San Juan Bautista de La Salle, II, págs. 41-89.

290
62 Ibíd., págs. 12-70.

63 Ibíd., págs. 71-136.

64 Ibíd., págs. 137-165.

65 Ibíd., cap. I.

66 Ibíd., cap. II.

67 Ibíd., cap. III.

71 Ibíd., caps. XIV y XV.

72 Ibíd., caes. XVI y XVII.

73 Ibíd., cap. XVIII.

74 Ibíd., cap. XIX.

68 Ibíd., cap. XI.

69 Ibíd., cap. XII.

70 Ibíd., cap. XIII.

75 Ibíd., págs. 137-168.

76 Ibíd., págs. 169-179.

77 Ibíd., págs. 179-181.

78 [Link]üle: La Salle. Lectura de unas lecturas, Bogotá, Región Latinoamericana


lasallista, 2003.

79 [Link], La Guía de las escuelas cristianas. Enfoque pedagógico, en Cahiers


Lasaliens, núm. 62, Roma, 2006.

80 [Link]ía Ahumada, «350 años del natalicio de San Juan Bautista de La Salle»,
Anuario de Historia de la Iglesia, núm. 11, 2002, págs. 375-381.

81 Cfr. Meditaciones para el tiempo del Retiro, Med. 193, 194, 195... Obras
Completas, I, págs. 579 y sigs.

291
82 [Link], Vigilar y castigar, Madrid, Siglo XXI, 1968.

83 [Link]á, Prefacio a la obra de [Link], La Guía de las escuelas..., ob. cit., pág. S.

84 [Link]ías, El proceso de civilización, México, Fondo de Cultura Económica, 1989.

85 El buen ejemplo es uno de los medios fundamentales para transmitir a los niños
una buena educación. Cfr. Reglas Comunes, 7, 15.

86 Cfr. Reglas Comunes, c. 2. Obras Completas, I, pág. 13.

87 Meditaciones para el tiempo del Retiro, M. 194 Obras Completas I, pág. 581.

89 Citado por [Link]á en el Prefacio a la obra de [Link], La Guía de las escuelas...,


ob. cit., pág. 13.

88 Agathon, Les douze vertus d'un bon maftre par Monsieur Jean Baptiste de La
Salle, Instituteur des Fréres des Écoles chrétiennes): expliqués par le Frére Agathon,
Supérieur Général (Melun, 1785). Ed. española: Explicación de las doce virtudes del
Buen Maestro según S. J. B. de La Salle, Madrid, 1952

9ó [Link] (fsc), El Instituto al servicio educativo de los pobres, Roma, Hermanos


de las Escuelas Cristinas, Estudios Lasalianos, núm. 7, 2000, pág. 33 y sigs.

9i Los votos que emitieron los Hermanos antes de ser aprobados por la Iglesia, en
1725, eran de asociación para sostener las escuelas, estabilidad en la Sociedad y
obediencia.

91 Cfr. [Link], Institutos y Fundadores de Educación Cristiana, 7 tomos, Valladolid,


CVS, 2000.

93 Características de la Escuela Lasaliana hoy. Publicación de la Secretaría de


Educación, Roma, F.S.C., 1987.

94 [Link], Iniciación a la Historia del Instituto de los hermanos de las Escuelas


Cristianas. Siglos XIX 1805-1875, Roma, Casa Generalicia FSC, 2004, pág. 199.

95 [Link], Iniciación a la Historia del Instituto de los hermanos de las Escuelas


Cristianas. Siglos XIX-XX 1875-1928, Roma, Casa Generalicia FSC, 2006.

96 [Link], «Ciento veinticinco años de escuela laica en Francia«, en Anuario de


Historia de la Iglesia, núm. 14, 2005, págs. 83-92.

292
97 [Link], Iniciación a la Historia del Instituto..., ob. cit., 2004, pág. 174.

98 Citado por [Link], Sembraron con amor. La Salle. Centenario en España. San
Sebastián, Conferencia de Visitadores, 1978, pág. 29.

99 [Link] (1997), Hermanos de las Escuelas Cristianas, lasalianos, en [Link]é:


Historia de la acción educadora de la Iglesia en España. Edad Contemporánea. Madrid,
Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pág. 437. También se puede consultar los anexos
de la obra de [Link], Sembraron con amor..., ob. cit.

101 J [Link]ú y [Link], Cent anys de La Salle Bonanova, Barcelona, editor


[Link], 1989.

102-A. Calvo, Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas. Crónica de cien años
1892-1992, Madrid, Edición del propio colegio, 1995.

100 [Link], Lourdes, stella in Castella. Historia del Colegio Nuestra Señora de
Lourdes de Valladolid (1884-2009), Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2009.

104 [Link], Las marianistas durante el período de secularización en Francia (1898-


1920), Madrid, Servicio de Publicaciones Marianistas, 1997, pág. 60.

103 [Link]:, Privatización y liberación del culto en Francia. La Ley francesa de 9 de


diciembre de 1905, en Anuario de Historia de la Iglesia, vol XIV, 2005, págs. 69-82.

107 [Link]ñao, Escuela para todos, Madrid, Marcial Pons, pág. 206.

ios [Link], Panorámica general del exilio congregacionista, en Anuario de


Historia de la Iglesia, vol, XIV, 2005, pág. 102.

101 [Link], Panorámica general del exilio.... ob. cit, 2005, pág. 104.

109 [Link]ía Tejedor, La polémica sobre la secularización de la enseñanza en España


(1902-1914), Madrid, Fundación Santa Maria, 1985, pág. 81.

ios [Link], Privilegio, persecución y profecía. La Iglesia Católica en España 1875-


1975, Madrid, Alianza Editorial, 1987, pág. 84.

111 P.Dávila, La política educativa y la enseñanza pública en el País Vasco


(18601930), San Sebastián, Universidad del País Vasco, 1995.

293
111 J [Link], Exilio o refugio en España (veinticinco años después) en Anuario
de Historia de la Iglesia, vol. XIV, 2005.

iíz J .M. Delaunay, Exilio o refugio en España..., ob. cit., pág. 158.

ua J-M. Delaunay, La Grande Guerre ou la clé du retour, en Mélanges de la Casa de


Velazquez, vol. XIX, 1983, pág. 363.

115 [Link], Sembraron con amor..., ob. cit.

114 En el anexo 3 del artículo citado de J-M. Delaunay, La Grande Guerre..., ob. cit.
se recoge la cronología del retorno de las congregaciones masculinas y femeninas, desde
1915 hasta 1940. Los primeros en volver son los eudistas de Alsasua (Navarra) y las
Religiosas del Sagrado Corazón, en 1915, los últimos los Hermanos de las Escuelas
Cristianas en 1940.

111 Ídem, Anexos; [Link], «Órdenes, Congregaciones y Asociaciones eclesiales


masculinas dedicadas a la educación y la enseñanza» en [Link]é., Historia de la
acción educadora de la Iglesia en España. Edad Contemporánea, Madrid, Biblioteca de
Autores Cristianos, 1997, pág. 437

111 [Link], Iniciación a la historia del Instituto..., ob. cit., 2006.

120 P.Dávila, [Link] y [Link], Bajo el signo de la Educación. 100 años de La


Salle en Gipuzkoa, San Sebastián, Hermanos de las Escuelas Cristianas, Distrito de
Bilbao, 2009.

[Link], Sembraron con amor..., ob. cit, pág. 339.

119 [Link], «Apuntes sobre la presencia y la aportación de los Hermanos franceses


en Gipuzkoa de 1904 a 1930», en Unanimes, 2007, núm. 173.

121 Para un estudio más detenido de la presencia de las ordenes y congregaciones


religiosas, conviene leer con atención, el capitulo referente al «subsistema educativo de
la Iglesia» para contextualizar adecuadamente el análisis de este fenómeno, en [Link]ñao,
Escuela para todos, Madrid, Marcial Pons, 2004.

122 [Link], Sembraron con amor..., ob. cit, anexos.

123 P.Dávila, [Link] y [Link], Bajo el signo de la educación..., ob. cit. y


[Link], Entre Religión y Modernidad, Bilbao, Universidad del País vasco, 2000.

294
Por otra parte existen monografías con motivo de algún aniversario de los siguientes
centros de Gipuzkoa: Beasain, Zumárraga, Andoain, Irún, San Sebastián y Zarauz.

124 J Álvarez Pérez De Labeaga, [Link] Roncal, Cien años, gracias a ti. Colegio
La Salle Montemolín, La Salle Montemolín, Zaragoza, 2009; J.M.Ávila Bosch,
Exalumnos La Salle de Benicarló 1906-2006. Vida y luz de la Asociación. Asociación
de Exalumnos La Salle Benicarló, 2006; [Link] Ordíaz, La Salle Aragón. Cien
años de historia, Paterna, La Salle, 2000; [Link]ín Hemriquez, Centenario «La Salle» en
Canarias Artauca 1908-2008, Las Palmas, Ayuntamiento Araucas, 2006; [Link]
Urios, Bakio. Historia del colegio La Salle en Paterna, Paterna, Graficas Alcañiz, 2001;
[Link] Gomez, Abriendo caminos... Centenario del distrito Lasaliano de Madrid,
Madrid, Hermanos de las escuelas cristianas Distrito de Nadrid, 1999; J. [Link], 100
anys de La salle a Tarragona, Tarragona, La Acalle, 2008.

125 [Link] González, Testigos dila escuela cristiana. Beatos martires de la


Revolución de Asturias, Valladollid, Hermanos de las escuelas cristianas Provincia
religiosa de Valladolid, 1989.

121 Anselmo Lorenzo (fsc), Los Hermanos de las Escuelas Cristianas en España. Su
labor educadora durante Medio Siglo 1878-1928, Madrid, Asilo de Huérfanos del
Sagrado Corazón de jesús, 1928 y la de [Link], Sembraron con amor..., ob. cit.

127 Este trabajo se inscribe en la línea de investigación del Grupo de Estudios


Históricos y Comparados en Educación-Garaian (Gobierno Vasco, IT 298/10) y de la
Unidad de Formación e Investigación Educación, Cultura y Sociedad (UFI 11/54) de la
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea UPV/EHU.

295
Índice
INTRODUCCIÓN, José María Valladolid y Paulí Dávila Balsera 16
[Link] Bautista de La Salle y la Guía de las Escuelas 17
Juan Bautista de La Salle, un itinerario vital 18
El compromiso de La Salle con las escuelas de niños 20
Las escuelas cristianas en París, contexto social y pedagógico 22
Expansión de las escuelas cristianas y persecuciones en defensa del
25
derecho a enseñar
La retirada hacia el sur de Francia 28
Obra escrita de Juan Bautista de La Salle 30
Elaboración de la Guía de las Escuelas 33
El contenido de la Guía de las Escuelas 34
La pedagogía de La Salle: tradición, innovación y aportaciones 36
Defensa del derecho a la educación 37
Innovaciones en las didácticas de la enseñanza básica y nueva
38
cultura escolar
La formación profesional del magisterio lasaliano 42
Fundación de una congregación religiosa docente 44
La Guía de las Escuelas en el mundo de hoy 44
II. Las escuelas de La Salle en España 45
Política laicista francesa y exilio religioso, 1904-1936 48
El exilio religioso en España 48
País vasco y Cataluña polos de atracción del exilio religioso 50
El retorno de los Hermanos franceses a Francia 50
Proceso de «hispanización» de La Salle 52
Evolución de los centros educativos de La Salle en España 54
BIBLIOGRAFIA 58
PREFACIO 70
CAPÍTULO 1.° De la entrada en la escuela y del comienzo de la
73
clase

296
Artículo 2.° De la entrada del maestro en la clase y de su comienzo 75
CAPÍTULO 2.° Del desayuno y de la merienda 77
Artículo 2.° De lo que se practica durante el desayuno y la
77
merienda
Artículo 3.° De la colecta que se hace para los pobres y del modo
82
de hacer la distribución
CAPÍTULO 3.° De las lecciones 83
Sección 2 á De la postura que el maestro y los escolares deben tener
85
y del modo como deben comportar
Sección 3.a De lo que debe hacer cada maestro para preparar a sus
86
alumnos a ser cambiados de lección
Artículo 2.° De los carteles 87
Sección 2.a Del modo de hacer leer en el primer cartel 90
Sección 3.a Del modo de hacer leer en el segundo cartel 91
Artículo 3.° Del silabario 92
Artículo 4.° Del primer libro 93
Artículo 5.° Del segundo libro 94
Artículo 6.° De los libros tercero y cuarto 94
Artículo 7.° De los carteles de vocales y consonantes, de
95
puntuación y acentos y del cartel de númer
Artículo 8.° De la lectura del latín 97
Artículo 9.° De la Urbanidad 100
CAPÍTULO 4.° De la escritura 102
Sección 2 á De las plumas y del cortaplumas 102
Sección 3.a De la tinta 103
Sección 5.a De las falsillas y de los secantes 104
Artículo 3.° Del tiempo que se dedicará en clase a la escritura y de
105
lo que debe hacer cada alumno t
Artículo 4.° De los diferentes órdenes de alumnos que escriben en
106
redondilla
Artículo 5.° De los diversos órdenes de alumnos que escriben en
107
bastardilla
297

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