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Vida y filosofía de Sócrates

Sócrates, nacido en Atenas en 470 A.C., es conocido por su método inductivo y su enfoque en el diálogo para alcanzar la verdad. Criticó a los sofistas y defendió la existencia de valores absolutos, enfatizando la importancia del conocimiento de uno mismo y la introspección. Su filosofía se centra en la virtud como sabiduría y la idea de que el conocimiento del Bien y del Mal es esencial para la acción moral.

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Vida y filosofía de Sócrates

Sócrates, nacido en Atenas en 470 A.C., es conocido por su método inductivo y su enfoque en el diálogo para alcanzar la verdad. Criticó a los sofistas y defendió la existencia de valores absolutos, enfatizando la importancia del conocimiento de uno mismo y la introspección. Su filosofía se centra en la virtud como sabiduría y la idea de que el conocimiento del Bien y del Mal es esencial para la acción moral.

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Sócrates.

Hijo de un escultor llamado Sofronisco, y de una partera llamada


Fenaretres Sócrates nació en Atenas, probablemente en el año 470 A.C. y
murió en la misma ciudad, en el 399 A.C. Su familia pertenecía a la tribu
antióquida de Alópeque, de la polis de Atenas; por lo cual fue ciudadano de ella
con todos los derechos políticos. Se educó casi seguramente como alumno de
Arquelao, sucesor de Anaxágoras, en la época de oro de Atenas, siendo
contemporáneo del gobierno de Pericles; pero a raíz de la Guerra del
Peloponeso Atenas se vió ocupada por los ejércitos de Esparta y quedó bajo el
gobierno de los Treinta Tiranos. Casado con Xantipa, tuvieron tres hijos.
Fueron sus discípulos más destacados Alcibíades, Jenofonte y Platón.

El método socrático.

Un aporte esencial de Sócrates al progreso del pensamiento y también


de la ciencia, lo constituye su descubrimiento y aplicación del método inductivo,
consistente en que, a partir de los conceptos individuales, particulares, se
llegue a obtener conceptos de validez universal; método que a menudo se
resume expresando que es el que va “de lo particular a lo general”.
El método socrático para llegar a la verdad, era el diálogo con sus
discípulos, mediante el cual les formulaba preguntas acerca de las cuestiones
que planteaba a la discusión, y luego confrontaba y analizaba criticamente las
respuestas, hasta que llegaban todos a una respuesta que les pareciera
verdadera. La palabra diálogo, precisamente, tiene en griego la significación de
la búsqueda del conocimiento entre dos. Es precisamente esta metodología las
que muestra Platón en sus “Diálogos”, obra en la cual, recogiendo los dichos
de Sócrates sus alumnos, expuso el pensamiento de aquel.

El método de Sócrates de expresa en tres formas:

La ironía, mediante la cual, a través de las preguntas, el maestro procura


desconcertar al alumno, exponerlo a sus contradicciones, destruyendo su
aparente conocimiento, hasta que sea consciente de su ignorancia. Según la
“Apología” de Platón, Sócrates descubrió este método cuando su amigo
Querefonte preguntó al Oráculo de Delfos quién era el hombre más sabio y
recibió como respuesta que lo era Sócrates. Meditando sobre eso, llegó
Sócrates a la conclusión de que como él era consciente de su propia ignorancia
- lo que expresaba en su también célebre frase “sólo sé que nada sé” - el
Oráculo reconocía que su sabiduría consistía en ese conocimiento de la propia
ignorancia, que pone al hombre el camino de disponerse a buscar la verdad.
La mayéutica, expresión equivalente a “dar a luz” que Sócrates asociaba
a la condición de partera de su madre, de quien decía haberla aprendido, en
cuanto en vez de aplicarla a los cuerpos, él la aplicaba a las almas. Por medio
de ella, aplicando el método de las preguntas y respuestas, se lograba que el
alumno encontrara la verdad dentro de sí, haciendo nacer sus ideas innatas, no
nacidas.
El descubrimiento, resultante del empleo de la mayéutica, cuando a
partir de un pasaje de lo oscuro a lo iluminado, de lo particular y accidental a lo
general y permanente, se alcanza el concepto universal; que por encima de las
particularidades se expresa en la definición.

La doctrina de Sócrates.

Aunque formado en la sofística, Sócrates se convirtió finalmente en un


acérrimo crítico de los sofistas; a quienes expuso a su desprecio,
especialmente por recibir dinero por sus enseñanzas. Su pensamiento se
conoce solamente mediatizado por los relatos de sus discípulos, porque no
dejó ninguna obra escrita. En particular Platón en sus Diálogos es quien ha
expuesto sus ideas de una manera más completa; aunque también Jenofonte
lo ha hecho en sus obras “Memorables”, “El banquete” y “Apología de
Sócrates”. Otra fuente importante acerca del pensamiento socrático, son las
referencias contenidas en la obra de Aristóteles.
La idea principal en que Sócrates se apartó radicalmente de los sofistas
- al menos respecto de los últimos representantes de la sofística - fue su
afirmación terminante acerca de la existencia del Bien y del Mal, sustentando la
existencia de valores absolutos, en contraposición con el relativismo de los
sofistas; pero igualmente consideró esencial mantener una actitud crítica como
medio de alcanzar el conocimiento de la verdad. Sostuvo la diferenciación entre
el cuerpo y el alma, considerando que ella es inmortal; y afirmó que existe una
inteligencia suprema que gobierna los destinos del mundo.
Pensaba Sócrates que era indispensable apartarse del relativismo
postulado por los sofistas, y que para ello era necesario descubrir la existencia
de algo universal y objetivo, que no estuviera sujeto a la opinión de los
hombres. Surge de ello una inclinación hacia la búsqueda de las definiciones
de las cosas, con lo que en cierto modo constituye un retorno a las
especulaciones presocráticas que buscaban una explicación racional y única
del Universo.
Una definición, según Sócrates, permitiría acceder a la esencia universal
y objetiva de las cosas. A la cuestión de cómo sería posible tener la certeza de
que esa definición fuera verdadera, respondía Sócrates afirmando que en el
alma de cada hombre están presentes de una manera originaria, innata, los
verdaderos conceptos de todas las cosas; de tal manera que mediante la
introspección es posible alcanzar a descubrir la verdad existente en el interior
de uno mismo.
La concepción del alma como aquello que fundamentalmente es el ser
humano, adquiere gran importancia en la filosofía de Sócrates; que la
considera el centro de la personalidad intelectual y moral del hombre. La
introspección es el medio de descubrir la verdad en el interior de uno mismo,
por lo cual Sócrates consideraba que su misión no consistía en enseñar
determinadas concepciones, sino en lograr que sus alumnos aprendieran a
conocerse a sí mismos, en ayudarlos a descubrir el contenido de su propio
espíritu para cuidarlo y cultivarlo. De ahí la expresión célebre que Platón pone
en sus labios: “conócete a tí mismo”.

La virtud en Sócrates.

Sócrates contrapuso a la escala de valores tradicionales de los griegos


antiguos (la fuerza física, la riqueza, la fama y el poder) un valor de índole
espiritual consistente en la obtención de la sabiduría por medio del
conocimiento de la propia alma.
Para Sócrates, la ciencia o sabiduría que busca el filósofo, es
esencialmente virtuosa, mientras que quien permanece en la ignorancia incurre
en el vicio. El primer paso para alcanzar esa virtud del saber, es reconocer la
propia ignorancia.
El obrar moral del hombre responde a los mandatos que cada uno lleva
en su alma. Pero Sócrates introdujo también el concepto de la jerarquía entre
los valores, considerando que existe una graduación interna de los valores. Por
lo tanto, para obrar justamente, es preciso atenerse a la tendencia del hombre
a la perfección que se consigue con el ejercicio de la virtud.
Actuar según la virtud es posible cuando se posee el conocimiento del
Bien y del Mal, porque, en tal posesión del saber, la práctica del bien es el
resultado espontáneo del obrar humano. El hombre que actúa mal, en
consecuencia, no lo hace por ser malo, sino porque está en la ignorancia de la
virtud.
La moral que propone Sócrates se origina y se nutre en sí misma; en
ella, el obrar correctamente es resultado de la reflexión que el hombre hace
sobre las exigencias de su alma, de tal manera que esencialmente se convierte
en juez de sí mismo.
Esta concepción del llamado “intelectualismo ético”, es a menudo
criticada en función del concepto de voluntad. Pero no se puede perder de vista
que, en definitiva, su aporte a la concepción de la regla moral como algo
absolutamente íntimo y personal es sumamente valioso

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