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La Reverencia a la Eucaristía según San Francisco

El documento destaca la reverencia de San Francisco hacia la Eucaristía, considerándola la manifestación más importante de su piedad y un motivo central de su misión apostólica. Se enfatiza la necesidad de honrar y venerar este sacramento, así como la importancia de la humildad y la gratitud hacia Dios en la celebración de la Eucaristía. A través de oraciones y alabanzas, se invita a los participantes a reconocer su dependencia de Dios y a vivir en conformidad con su voluntad.
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La Reverencia a la Eucaristía según San Francisco

El documento destaca la reverencia de San Francisco hacia la Eucaristía, considerándola la manifestación más importante de su piedad y un motivo central de su misión apostólica. Se enfatiza la necesidad de honrar y venerar este sacramento, así como la importancia de la humildad y la gratitud hacia Dios en la celebración de la Eucaristía. A través de oraciones y alabanzas, se invita a los participantes a reconocer su dependencia de Dios y a vivir en conformidad con su voluntad.
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Monitor: Cuando se nos relata que San Francisco tenía en gran reverencia lo que es digno de toda

reverencia, se refería naturalmente a la Eucaristía. Sabemos que el culto de la Sagrada Eucaristía


era la manifestación más importante de su piedad; que sobre todo al recibir al Cordero inmolado,
inmolaba también el corazón. Y él, que en todo se sentía espontáneamente impulsado a compartir
con los demás, los dones que recibía del Señor, tuvo como uno de los principales motivos de su
misión apostólica defender propagar la dignidad del culto a la Eucaristía. Aún en vísperas de su
muerte fue categórico en este punto: Quiero que estos santísimos misterios sean honrados y
venerados por encima de todo, y colocados en lugares preciosos. Es lo que nosotros deseamos de
todo corazón y lo queremos reafirmar con esta celebración.

Canto inicial.

Presidente: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Presidente: Hermanos, convocados espiritualmente ante el misterio de la Eucaristía, recibamos de


corazón la invitación que San Francisco nos hace con respecto a Jesús Sacramentado y pidámosle
que nos haga dignos de El, con esta plegaria de San Buenaventura.

De rodillas:

Todos: Señor mío, ¿Quién eres Tú, y quién soy yo…? Mil años de lagrimas y penitencia no bastarían
para hacerme digno de tan noble sacramento; cuánto mas indigno soy, ay miserable de mí. Porque
peco todos los días, persevero incorregible y me acerco a Ti sin preparación. Pero tu misericordia
es infinitamente mayor que mi miseria; por esto, confiado me atrevo a acercarme a Ti, que vives y
reinas por los siglos de los siglos. Amén

De pie, sentado o de rodillas (la posición que desees)

Lector: Miren hermanos la humillación de Dios y derramen ante El sus corazones: humíllense
también ustedes, para ser enaltecidos por El.

Silencio.

Lector: Nada de ustedes retengan para ustedes mismos, para que enteros les reciba el que entero
se entrega por ustedes.

Monitor: Hemos sido llamados en Cristo y por Cristo y nuestra vocación es para empezar desde
esta vida, la contemplación de su grande gloria, El es nuestro creador y ya desde el vientre
materno nos consagró totalmente para El, pues del El somos.

Silencio:

Lector: Jn 15

Canto de meditación.
Monitor: Nuestro padre Francisco olvidándose de suyo, de su propia persona se abandona
completamente en los brazos del Padre y hace en El una sola persona, un solo ser. Y reconocía su
grandeza sabiendo que sólo existía un Tú, pero un Tú que le hacía reconocerse el más
insignificante de todos los seres y a la vez se confiaba plenamente en Dios ya que sabía que de Él
todo provenía.

A ejemplo de nuestro padre Francisco digamos junto con él las alabanzas al Dios Altísimo.

Presidente: Tu eres el Santo.

Coro 1: Señor Dios único, el que haces maravillas.

Coro 2: Tú eres el fuerte. Tú eres grande. Tú el Altísimo.

Coro 1: Tú eres el Rey omnipotente; Tú Padre Santo, Rey del cielo y de la tierra.

Todos: Tú eres el Bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Coro 1: Tú eres el Amor, la Caridad. Tú eres la Sabiduría. Tú eres la Humildad.

Coro 2: Tú eres la Paciencia. Tú eres la Hermosura. Tú eres la Mansedumbre.

Coro 1: Tú eres la seguridad. Tú eres la quietud. Tú eres el gozo. Tú eres nuestra esperanza y
alegría.

Coro 2: Tú eres la Justicia. Tú eres la Templanza. Tú eres nuestra riqueza a saciedad.

Coro 1: Tú eres la Hermosura. Tú eres la Mansedumbre. Tú eres el Protector.

Coro 2: Tú eres nuestro custodio y defensor. Tú eres la Fortaleza. Tú eres el Refrigerio.

Coro 1: Tú eres nuestra esperanza. Tú eres nuestra fe. Tú eres nuestra caridad.

Coro 2: Tú eres toda nuestra dulzura. Tú eres nuestra vida eterna.

Todos: Grande y Admirable Señor, Omnipotente Dios, Misericordioso Salvador. Amen.

Canto de meditación.

Presidente: Hermanos, reconozcamos nuestra gran necesidad de este Manjar y hagamos nuestras
algunas de las preocupaciones que nuestro padre Francisco expresa en sus escritos para que
nuestro trato con la sagrada Eucaristía sea siempre digno, diciéndoles que nos dé siempre de este
pan.

Todos: Señor, danos siempre de este pan.


Monitor: Para que seamos sensibles siempre ante el gran pecado e ignorancia en que incurren
algunos sobre el Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, y tratemos de
compensarlo con mayor delicadeza de nuestra parte, roguemos al Señor.

Todos: Señor, danos siempre de este pan.

Monitor: Para que nuestra fe no deje de tener muy presente que nada tenemos ni vemos
corporalmente en este mundo del Altísimo, sino el Cuerpo y la Sangre, con lo que fuimos
redimidos de la muerte a la vida. Roguemos al Señor.

Todos: Señor, danos siempre de este pan.

Monitor: Para que siempre recordemos que nadie puede salvarse, sino el que recibe el Cuerpo y
Sangre del Señor y nos veamos movidos a tributar siempre alabanzas y acciones de gracias al Dios
Omnipotente en toda la tierra, roguemos al Señor.

Todos: Señor, danos siempre de este pan.

Monitor: Para que todos cuidemos sobre todo de asociarnos espiritualmente al misterio de la
Eucaristía, procurando que cuando el sacerdote ofrece el sacrificio sobre el altar, rindamos
alabanzas, gloria y honor al Señor Dios vivo y verdadero, roguemos al Señor.

Todos: Señor, danos siempre de este pan.

Canto de meditación.

Presidente: Agradezcamos a nuestro Dios Altísimo todo cuanto El ha hecho y hace por nosotros y
para nosotros.

Todos: Dios Omnipotente que te has dignado bajar tu mirada a estos tus miserables siervos,
llamándonos a vivir conforme a tu voluntad. Conserva en nosotros la dicha de ser portadores de la
luz de Cristo y que a ejemplo de nuestro padre San Francisco te alabemos y bendigamos en toda la
creación que es para nosotros una carta que expresa tu infinito amor.

Monitor: Unámonos todos para alabar y bendecir junto con San Francisco al Padre de todo lo
creado con el mismo cántico que es mismo San Francisco nos dejo como herencia a todos su hijos.

Presidente: Altísimo, omnipotente, buen Señor,

Coro 1: Tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

Coro 2: A ti solo, Altísimo, corresponden y ningún hombre es dignos de hacer de ti mención.

Coro 1: Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermanos Sol, el
cual es día y por el cual nos alumbras.

Coro 2: Y él es bello y radiante con gran esplendor: de ti, Altísimo lleva significación.
Coro 1: Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas: en el cielo las has formado
luminosas, y preciosas y bellas.

Coro 2: Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento, y por el aire, y el nublado y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Coro 1: Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y
casta.

Coro 2: Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual alumbras la noche: y él es bello
y alegre y robusto y fuerte.

Coro 1: Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, la cual nos sustenta y
gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Coro 2: Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedad y
tribulación.

Coro 1: Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán.

Coro 2: Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún
hombre viviente puede escapar.

Coro 1: Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados aquellos a quienes


encontrará en su santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal.

Todos: Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad.

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